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Búhos y alondras: Vigilancia espiritual

El documento habla sobre la clasificación de las personas como búhos o alondras dependiendo de si son más activos por la noche o por la mañana. Luego reflexiona sobre la invitación de Jesús a estar vigilantes y despiertos para su llegada en cualquier momento, ya que viene a nuestro encuentro a lo largo del día de diferentes maneras. Finalmente argumenta que debemos estar despiertos las 24 horas, tanto en los momentos fáciles como difíciles, para poder recibir a Dios.

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Búhos y alondras: Vigilancia espiritual

El documento habla sobre la clasificación de las personas como búhos o alondras dependiendo de si son más activos por la noche o por la mañana. Luego reflexiona sobre la invitación de Jesús a estar vigilantes y despiertos para su llegada en cualquier momento, ya que viene a nuestro encuentro a lo largo del día de diferentes maneras. Finalmente argumenta que debemos estar despiertos las 24 horas, tanto en los momentos fáciles como difíciles, para poder recibir a Dios.

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¿Búho o alondra?

Una vez, un doctor me preguntó si yo era un búho o una alondra. Me explicó el significado de
cada uno de ellos y sin dudar, respondí que yo era una típica alondra. Fue una pregunta que
me encantó.

Contenta con mi descubrimiento, empecé a hacer esta pregunta a cada hermana fraterna
que vivía conmigo. Muchas que lean ésto se reirán acordándose de las distintas reacciones
que tenían cuando les preguntaba.

Años después, me vine a enterar que grupos científicos sí hacen esta clasificación. Que, por la
hora de dormir, se clasifica a las personas en dos grandes categorías con estos mismos
nombres.

Son búhos quienes están muy lúcidos y despiertos en la noche y les cuesta madrugar. Sus
mejores momentos de creatividad y productividad son en la noche. Y las alondras, personas
que no les cuesta madrugar y se levantan con mucha lucidez y energía. Ellas tienden a
amanecer de buen ánimo. Algunos estamos más despiertos y lúcidos en las primeras horas del
día y otros en las últimas. Ninguna categoría es mejor que la otra, sencillamente somos
diferentes.

Y me dio risa acordarme de esta historia cuando meditaba en las lecturas de esta Primera
Semana de Adviento.

El Evangelio es corto y claro: Jesús nos invita a velar y vigilar. Estar atentos, porque no sabemos
cuándo llegará a nuestras vidas.

Lo primero que empecé a reflexionar es que esta vigilia no es sólo para su venida al fin de los
tiempos, o en el día de nuestra muerte o incluso la de su llegada histórica que celebramos
cada Navidad.

Creo que si el Señor nos llama a estar atentos, vigilantes y dispuestos para su venida, es porque
también viene a nuestro encuentro a cada momento. Es un Dios que está siempre presente en
nuestra vida. El reto es tener un espíritu despierto y atento para poder descubrirlo.

Jesús viene a lo largo del día, de las horas o de esos minutos que pueden ser eternos cuando
se viven con Él.

Y cuando somos conscientes de su presencia viva, nos lleva a esa experiencia de amor a la
vida, al presente y a todo lo que nos rodea.
¿Cómo perdernos todo ésto por estar distraídos?

Empecé entonces a experimentar que el Señor me decía que velar exige más que estar
despiertos. Cuántas veces podría estar despierta, pero con el corazón dormido sin darme
cuenta de toda la vida, el amor y la presencia que me rodea.
Y es que no basta con ser búho o alondra, es decir con estar más despiertos y atentos en algún
momento del día. Se trata de estarlo las 24 horas. No sólo estarlo en los momentos fáciles y
lúcidos. También es estar atentos y con las puertas abiertas cuando algo cuesta y es difícil.

Que nuestros búhos puedan estar con el corazón despierto al iniciar los nuevos retos, y nuestras
alondras lo estén en la oscuridad de la noche.

Estemos confiados y seguros que Él llega para ayudarnos cuando lo necesitemos, cuando
corramos el riesgo de querer dormirnos para evitar el dolor o las pruebas de la vida.

Necesitamos estar despiertos y vigilantes de día, de noche y con toda el alma, porque el Señor
viene a nuestro encuentro en todo y todos los que nos rodean.
Esperamos a un Dios vivo que nos busca y quiere encontrarse con nosotros de muchísimas
maneras y de las formas más sorprendentes.

Como nos dice en el libro de los Proverbios:

“Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas cada día,


aguardando a los postes de mis puertas. Porque el que me halle, hallará la vida,
Y alcanzará el favor de Dios”. Prov. 8,34-35
Qué hermoso poder iniciar este Adviento vigilantes, abriéndole las puertas y las ventanas del
espíritu, para acogerlo en nuestra casa y la llene del viento fresco de su amor.

Iniciemos nuestro Adviento con un corazón alegremente despierto y lleno de esperanza,


porque aguardamos a Aquel que ya está a nuestro lado velando nuestros sueños, nuestros días
y nuestras noches.

Que toda la creación, incluyendo los búhos y alondras, alabemos a Dios con nuestra vida y
aguardemos felices su constante llegada a nuestras vidas.

¡Gracias Señor por tu eterna presencia y estar para siempre a nuestro lado!

“Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento. Al igual que
un hombre que se ausenta: deja su casa, da atribuciones a sus siervos, a cada
uno su trabajo, y ordena al portero que vele; velad, por tanto, ya que no sabéis
cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al
cantar del gallo, o de madrugada. No sea que llegue de improviso y os
encuentre dormidos. Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!”
Mc 13,33-37

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