A lo largo de nuestra historia, los conceptos de ciudad y vivienda han dado lugar a
innumerables discusiones, teorías y movimientos. Fenómenos como el crecimiento
descontrolado de las ciudades, el surgimiento de las megalópolis y ciudades
globales, la actual movilidad de las personas, sumado al constante
cuestionamiento humano en busca de explicar el futuro de nuestra existencia,
sigue dando a arquitectos, urbanistas y sociólogos (entre otros) espacio para la
especulación. El futuro de las ciudades o aglomeraciones urbanas es un tema que
ha generado diversas teorías que han ido mutando a lo largo del tiempo,
particularmente en los últimos sesenta años.
La Segunda Guerra Mundial marcó la historia de la humanidad. Además de la
muerte de millones y desaparición de ciudades enteras, fue un momento que
desencadenó el surgimiento de distintos pero interconectados movimientos
intelectuales y nuevas tendencias dentro de la arquitectura y el urbanismo.
Las décadas siguientes al final de la guerra representaron para la arquitectura un
periodo de investigación y creatividad importante. Con la mirada de los arquitectos
centrada en la construcción de ciudades completas, y como consecuencia del
desfase entre la problemática social y la respuesta del la arquitectura y el
urbanismo, surgieron movimientos como el de Archigram, el Metabolismo, el
Funcionalismo y el Postmodernismo, que buscaban repensar la ciudad, los
procesos que en ella ocurren y la manera en que estas deben de ser concebidas y
diseñadas.
Japón, al igual que muchos otros países, se enfrentaba a ciudades desiertas o
casi completamente destruidas que debían de ser reconstruidas desde cero. Con
una nueva y frágil democracia impuesta por Occidente, un grupo de arquitectos
planteó una visión radicalmente distinta y se autodenominaron “Metabolistas”. El
grupo de arquitectos japoneses, compuesto por Kisho Kurokawa, Kiyonori
Kikutake, Fumihiko Maki, Masato Otaka y Kenzo Tange, entre otros, lograría
reposicionar la figura del arquitecto en el centro de las conversaciones y
presentaría en 1960 el manifiesto “Metabolismo: Propuestas para un nuevo
urbanismo” durante el Congreso Mundial de Diseño.
El Metabolismo fue el movimiento urbano, arquitectónico, artístico y filosófico más
importante que ha producido Japón en el siglo XX. Su influencia en una sociedad
que atravesaba un crecimiento económico sin precedente se materializó en
proyectos específicos que, hasta el día de hoy, causan controversia desde un
punto de vista arquitectónico y teórico dentro y fuera del país asiático. El
Metabolismo planteaba que las ciudades, y las formas arquitectónicas que las
componen, debían ser concebidos como seres vivos y, por tanto, deberían crecer
orgánicamente como respuesta a las nuevas necesidades de sus habitantes.
Kenzo Tange, uno de los arquitectos que más impulsaría globalmente el
movimiento, al reconocer que las sociedades, sus costumbres y estilo de vida
habían cambiado a raíz de la guerra, proponía una nueva forma de urbanismo en
contrapropuesta al crecimiento irregular y descontrolado de las grandes ciudades
japonesas. En su “Tokyo Plan 1960”, Tange revelaría la verdadera radicalidad
como urbanista metabolista al transformar sus investigaciones en un plan utópico.
Como metabolistas, las utopías y proyectos propuestos, no sólo los guiaría un
idealismo académico, sino también consideraciones económicas, sociales,
políticas y tecnológicas.
Con orígenes en la arquitectura japonesa tradicional, el movimiento metabolista
jugo un papel fundamental en la configuración, tanto urbana como arquitectónica
del país. Si bien es cierto que pocas obras propuestas fueron llevadas a la
realidad, como sería el caso de la Torre Nakagin, de Kisho Kurokawa, el primer
edificio de cápsulas intercambiables en el mundo, o la Nakagin Capsule Tower,
Kisho Kurokawa, la manera de hacer ciudad, a través de una arquitectura flexible y
adaptable que respondiera a las necesidades del hombre fue un movimiento que
hasta el día de hoy marca a la arquitectura japonesa. Como parte de la propuesta,
y ante la realidad del territorio de una isla que constantemente enfrenta riesgos de
origen natural como terremotos y tsunamis, el Metabolismo planteaba el desarrollo
de ciudades con la capacidad de adaptarse, desarrollarse y crecer según la
circunstancia y ser resilientes ante impactos de distinta índole.
Si bien la arquitectura modular que surgió a partir del movimiento, hoy en día nos
parece poco relevante, el tener la capacidad y visión al futuro al momento de
desarrollar espacios urbanos desde cero es algo que debemos de aprender de
este tipo de movimientos.
Las contradicciones entre la tecnología empleada en la arquitectura y la baja
calidad socio-espacial de los ambientes urbanos, aún no se han superado en las
grandes ciudades de Japón, ni en el resto del mundo. Fenómenos y
transformaciones urbanas y sociales, como la actual crisis de migración, el
calentamiento global y los avances tecnológicos, entre muchos otros, han
ocasionado la búsqueda de nuevas soluciones nos está acercando nuevamente a
las ciudades flotantes y cápsulas modulares de los Metabolistas.
Una planeación urbana sistemática, que responde de manera flexible a las
circunstancias, como planteaba Tange al inicio de su carrera, debería dominar, o
al menos ser parte clave en la agenda urbana global actual. Fomentar
movimientos intelectuales que busquen respuesta a las problemáticas urbanas
actuales y que empiecen desde cero disminuiría el desarrollo de suburbios
desconectados de los centros urbanos, de infraestructura vial ineficaz y de la
segregación socio-económica y espacial hoy presente en la gran mayoría de las
ciudades. Al fin de cuentas si entendiéramos a las ciudades como un metabolismo
probablemente nunca permitiríamos que algunos de sus “órganos vitales”
estuvieran al borde del colapso.
Metabolismo es el nombre del movimiento arquitectónico que esbozó una nueva
imagen de la ciudad japonesa entre los años sesenta y setenta. La Nakagin
Capsule Tower de Kurokawa Kishō, obra abanderada de aquella corriente, será
demolida en 2022. Muchas construcciones singulares, originadas a partir de las
ideas revolucionarias de jóvenes arquitectos de la época, se hallan hoy en peligro
de extinción.
Una buena parte de Japón quedó devastada tras la Segunda Guerra Mundial. A
mediados de los años cincuenta, después de un decenio reconstruyéndose desde
sus cenizas, el país entró en una era de crecimiento económico acelerado cuya
bonanza duró hasta la crisis del petróleo de 1973. En aquellos años surgió una
nueva generación de arquitectos que se encargaron de desarrollar las ciudades y
dieron forma a una multitud de proyectos que vaticinaban un futuro utópico.
Un grupo de arquitectos jóvenes liderados por Tange Kenzō (1913-2005) fundaron
un movimiento que integraba los principios biológicos del metabolismo en los
bloques de pisos y las grandes edificaciones. De entre ellos salieron figuras clave
de la arquitectura nipona como Maki Fumihiko (1928) e Isozaki Arata (1931), que
lograron sendos premios Pritzker —considerados los Nobel de la arquitectura— en
1993 y 2019.
En este artículo veremos unos cuantos proyectos originados de aquella corriente
arquitectónica experimental. El más emblemático es la Nakagin Capsule Tower, en
el barrio tokiota de Ginza. Ha sobrevivido hasta nuestros días gracias a su
proximidad a las zonas turísticas y a su mediática ubicación, pero ha acabado
sucumbiendo a la presión por echarlo abajo debido a su deterioro.
Casi todos los edificios que se erigieron en la época han sido derribados porque
su desgaste conllevaba costes astronómicos de mantenimiento. Además, el
encogimiento demográfico influye implacablemente en las construcciones
públicas. Puse en marcha mi proyecto sobre la arquitectura del metabolismo en
2016 y algunos de los edificios que fotografié se destruyeron más tarde.
Prácticamente todos los que quedan en pie están a punto de desmantelarse.
A pesar de su orientación al futuro, el movimiento del metabolismo, al igual que la
tradición sintoísta que viene perpetuándose desde tiempos antiguos, se basa en el
ciclo regenerativo de derruir y reconstruir.
Las fotografías que voy a mostrarles captan la “última imagen” de la arquitectura
del metabolismo en el entorno donde está integrada y son una selección de las
que hice para el proyecto de la colección L’architecture du futur au Japon : Utopie
et Métabolisme (La arquitectura del futuro en Japón: utopía y metabolismo), que
publiqué en noviembre de 2020 con la editorial francesa Le Lezard Noir.
Nakagin Capsule Tower
Diseño: Kurokawa Kishō (1934-2007)
Ubicación: Ginza, Chūō-ku, Tokio
Finalización: 1972
Consta de 140 cápsulas de 10 metros cuadrados. En la época se publicitaba en
los grandes almacenes con el lema “Escondrijos para hombres de negocios”.
Sekine Takayuki es uno de los copropietarios. Adquirió su parte con su esposa por
4 millones de yenes en 2005 y sigue implicado en el proyecto de conservación y
regeneración del edificio.
En 2007 se decidió derruir y reconstruir el edificio en una votación de la
comunidad de propietarios, pero la empresa de inversiones encargada quebró
posteriormente. Desde entonces, parte de los propietarios han ido comprando las
cápsulas y trabajando por la conservación y la regeneración de la torre, pero en
primavera de 2021 se acordó venderla a una empresa inmobiliaria que planea
tirarla. Se prevé iniciar el desmantelamiento en marzo de 2022 o más tarde.
Centro Internacional de Conferencias de Kioto
Diseño: Ōtani Sachio (1924-2013)
Ubicación: Sakyō-ku, Kioto
Finalización: 1966
Es el primer centro de conferencias nacional construido en Japón. En él se firmó el
Protocolo de Kioto en 1997. Tiene una superficie de 156.000 metros cuadrados.
Linda con el parque Takaragaike. Se caracteriza por la combinación de dos estilos
arquitectónicos: el tradicional japonés gasshō-zukuri y el contemporáneo. Al
edificio principal, finalizado en 1966, se añadieron un pabellón de actos en 1985 y
un pabellón anexo en 1998, todos diseñados por Ōtani Sachio y sus asociados.
Centro Cultural de Yamanashi
Diseño: Tange Kenzō
Ubicación: Kōfu, prefectura de Yamanashi
Finalización: 1966
Las empresas del Sannichi YBS Group, como The Yamanashi Nichinichi Shimbun
o Yamanashi Broadcasting System, usan el pabellón como instalaciones de la
empresa. En el tejado se yergue la gigantesca antena que antaño emitía las
señales analógicas. Su estructura se sostiene con columnas circulares y vigas, por
lo que el espacio interior no requiere paredes fijas y puede distribuirse libremente.
La superficie se ha ido ampliando y reformando, con lo que ha pasado de los
18.000 metros cuadrados originales a 21.900 en la actualidad, una evolución que
atestigua el valor de los ideales del metabolismo.
Tōkōen
Diseño: Kikutake Kiyonori (1928-2011)
Ubicación: Yonago, prefectura de Tottori
Finalización: 1964
Las aguas termales de Kaike, conocidas como “el Atami de San’in”, dan al Mar del
Japón. El Tōkōen es un nuevo hotel que construyeron los dueños del antiguo
ryokan. Seis titánicas columnas maestras sostienen las plantas superiores, con las
habitaciones de huéspedes, como en un santuario. Cada columna maestra se
aguanta por columnas de refuerzo y vigas penetrantes (nuki), formando una
estructura de hormigón armado que emula la tradicional de madera. El arquitecto
que lo creó, Kikutake Kiyonori, fue uno de los miembros fundadores de la corriente
del metabolismo.
Oficinas del santuario de Izumo (Izumo Taisha Chō no Ya)
Diseño: Kikutake Kiyonori
Ubicación: Izumo, prefectura de Shimane (desaparecido)
Finalización: 1963
El Chō no Ya era el edificio administrativo del santuario de Izumo. Se construyó
para sustituir las oficinas de madera que se habían quemado en 1953 y ostentaba
una estructura espléndida, con dos enormes pilares adornados con motivos de
inekake (tendederos de madera para arroz típicos de la zona de Izumo), unidos
por vigas de 40 metros de longitud. Creado con técnicas de construcción
modernas y con hormigón armado para prevenir incendios, se integraba
armoniosamente en el tradicional ambiente sacro del recinto. Su
desmantelamiento, en noviembre de 2016, fue muy lamentado.
NOA Building
Diseño: Shirai Seiichi (1905-1983)
Ubicación: Azabudai, Minato-ku, Tokio
Finalización: 1963
Situado en el cruce de Iikura, cerca de la torre de Tokio, es un edificio de oficinas
que se caracteriza por su exterior en forma de cilindro negro. Acoge oficinas de
empresa y la Embajada de Fiyi. Su arquitecto, Shirai Seiichi, que estudió en la
Universidad de Berlín antes de la guerra y se formó en filosofía y arquitectura
gótica, reflejó el concepto filosófico de la luz y la sombra en su diseño. La foto
muestra el techo del vestíbulo de entrada visto desde abajo.