La Armada de México: 200 años de historia
La Armada de México: 200 años de historia
Corrector de Estilo
Tte. Fgta. SCS. L. Ccias. Com. Rodrigo Orlando Huerta Montoya
Tte. Corb. SCS. L. Ccias. Com. José de Jesús Fonseca Martínez
2 Revista del Centro de Estudios Superiores Navales. Volumen 42. Número 2. ISSN: 1870-5480
Presidente
Vicealmirante
Raymundo Pedro Morales Ángeles
Director
Centro de Estudios Superiores Navales
Vicepresidente
Contralmirante
Jorge Ernesto Bañares Rosete
Director de Áreas Tecnológicas,
Humanidades, Idiomas e Investigación
Tercer Vocal
Primer Vocal Doctor
Contralmirante Juan Velázquez
José Chapa Tellez Abogado Penalista
Secretaría de Marina-Armada de México
Cuarto Vocal
Segundo Vocal Doctor
Doctor Emilio Vizarretea Rosales
Javier Oliva Posada Investigador y Académico del
Universidad Nacional Autónoma de México Centro de Estudios Superiores Navales
Quinto Vocal
Maestro
Juan Manuel Ibarrola Carreón
Milenio
Secretario Técnico
Capitán de Fgta. C.G. DEM.
Alexander Fonseca Saynes
Centro de Estudios Superiores Navales
Revista del Centro de Estudios Superiores Navales. Volumen 42. Número 2. ISSN: 1870-5480
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Editorial 7-8
Editorial
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E
l próximo 4 de octubre se cumplen 200 años de la creación de la Armada
Nacional, sus orígenes se remontan a los inicios del México Independien-
te, cuando Agustín de Iturbide en su calidad de Generalísimo Almirante
y Presidente de la Regencia, determinó la necesidad de crear una Armada ante la
continuidad de la guerra con España, debido a que esta última se negó a reconocer
la autonomía de México; instaurando así el Ministerio de Guerra y Marina a cargo
del Teniente de Navío Antonio de Medina Miranda, quien fue designado como
Secretario de Estado responsable de los asuntos de Guerra con encargo de Marina.
Es así como vislumbran los orígenes de la Armada de México; que tuvo como
primera misión enfrentar a los invasores en San Juan de Ulúa y expulsar al último
reducto español que existía en territorio mexicano; acontecimiento histórico con el
que inició la vida de nuestra institución, y el cual contribuyó a la consolidación de la
independencia nacional, el 23 de noviembre de 1825, al mando del Capitán Pedro
Sainz de Baranda y Borreyro.
En el marco de esta conmemoración, se edita el presente número especial de la
Revista del Centro de Estudios Superiores Navales «La Armada de México a 200
años de su creación», el cual incluye artículos con los hechos históricos que dan fe de
su creación y continuidad institucional durante ese periodo de tiempo, en la defensa
de la soberanía nacional y coadyuvancia en la seguridad interior del país.
Continuidad institucional que queda de manifiesto, tal como lo menciona el
Doctor José Manuel Villalpando César en la narrativa de su conferencia magistral
dictada durante el coloquio histórico «La Armada de México a 200 años de su crea-
ción»: que aunque la triunfante Revolución, decide disolver mediante los Tratados de
Teoloyucan, el Ejército y la Armada Federal que se le opusieron, muy pronto repara
este error y decide que los oficiales de la marina de guerra permanezcan en el activo.
Influyendo en esta determinación, no solo, la evidente necesidad de personal técni-
camente preparado para tripular y dirigir los barcos, sino sobre todo, la confianza en
que los oficiales de la Armada siempre habían cumplido con su deber, bajo cualquier
circunstancia, respetando la constitucionalidad del poder Ejecutivo establecido en
todo tiempo. Por ello, tanto don Venustiano Carranza como el General Álvaro
Obregón encomendaron a los hombres de la Armada, los que antaño habían sido
«porfiristas» o hasta «huertistas», el mando de la misma.
Por su parte, la Doctora Martha Ortega Soto indaga sobre la posible herencia que
las expediciones de altura al noreste de América del último tercio del siglo XVIII,
ordenadas por el Virrey de la Nueva España, tuvieron sobre la práctica náutica de la
Marina.
El General Juan Manuel Díaz Organitos, analiza la consumación del movi-
miento de Independencia, desde el punto de vista castrense, tomando como base
los preceptos del Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba, haciendo una reflexión
en torno a la trayectoria del nuevo Estado mexicano y su impacto en las fuerzas
armadas.
En su artículo, la Doctora Leticia Rivera Cabrieles, habla sobre el nacimiento
de la Armada de México, destaca la misión con que surgió al tener como desafío la
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responsabilidad de consolidar la independencia, ante la reticencia de España para
reconocer la soberanía nacional.
El Doctor Edgar Urbina Sebastián, publica sobre los combates navales que se
desarrollaron en la región noroeste de México en el año de 1914, refiere al encuentro
en Topolobampo, considerado el primer combate aeronaval en la historia mundial;
analiza el comportamiento de los marinos contendientes de los tres buques involu-
crados que para ese entonces formaban parte de la Armada de México: el «Tampico»,
el «Guerrero» y el «Morelos».
El artículo del Doctor Francisco Lazarín Miranda, habla sobre los inicios de
la aviación naval, describe y analiza, desde el enfoque de los estudios de Ciencia,
Tecnología y Sociedad (CTS), el proceso de cambio en la estructura orgánica de las
armadas del mundo con la introducción de la tecnología aeronáutica como arma de
guerra entre 1903 y 1946, lo que representó una revolución técnico-científica en el
sector naval. Asimismo, muestra los inicios de la aviación naval en México con la
aplicación de la nueva tecnología aérea.
Así mismo, el Capitán de Navío José Ramón Rivera Parga, presenta la evolución
de las capacidades de la Armada de México, después de 200 años de existencia y
afirma que su misión no ha cambiado en su esencia, ya que desde un inicio ha servido
como marina de guerra y ha desempeñado funciones de guardia costera.
Por último, la Contralmirante Atala Teliz Rodríguez, hace un análisis retrospec-
tivo de la presencia de la mujer en la Armada de México a 200 años de su creación,
identificando los diversos hechos que dan fe de su participación y evolución.
Con estos hechos históricos, después de 200 años de su creación y continuidad
institucional, la Armada de México se ha consolidado como un componente opera-
tivo, empleando el poder naval de la federación con sus fuerzas de mar, aire y tierra,
para la defensa exterior y coadyuvar en la seguridad interior del país, desempeñando
dos roles fundamentales: como Marina de Guerra y en funciones de Guardia Costera.
Como antesala de los eventos conmemorativos de los 200 años de la Armada
de México, la Dirección del Centro de Estudios Superiores Navales y este comité
editorial decidieron plasmar, con un homenaje, este importante hecho histórico;
asimismo, agradece la participación de cada uno de los participantes y colaboradores,
quienes contribuyen a la divulgación científica y académica en pro de la educación
naval y cultura marítima.
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L a Armada de México a 200 años de su Creación
The Mexican Navy 200 years after its creation
L
os mexicanos le hemos dado la espalda al mar. Lamentablemente, no
tenemos una cultura ya no digamos de aprovechamiento de los recursos
marinos de que disponemos, sino ni siquiera de conocimiento de ellos.
Por supuesto, de historia marítima mexicana sabemos muy poco, casi nada, inclu-
yendo en ella tanto la historia de la navegación como la de la institución que tiene a
su cargo la salvaguarda de los mares que nos pertenecen.
Tristemente, hasta los grandes poetas mexicanos, tan inspirados y que tan her-
mosamente han cantado a nuestros paisajes, ignoraron el mar y sus circunstancias,
los océanos y su belleza. Simplemente, y a manera de ejemplo, bastan citar a un par
de ellos, inmortales en nuestras letras, pero cuya notable coincidencia es que no
hablaron en sus versos más que vaguedades de nuestros mares.
Ramón López Velarde, por ejemplo, de quien este año de 2021 recordaremos
dos centenarios: el de la escritura de su mexicanísimo poema la «Suave Patria»,
el próximo 24 de abril, así como el de su fallecimiento, el 19 de junio. Poeta tan
celebrado justamente por las palabras con las que describió a la patria, no tuvo más
que unas cuantas para referirse al mar, y eso solo cuando anunció que «navegaré por
las olas civiles con remos que no pesan...», lo cual permite deducir que jamás bogó
ni remó en embarcación alguna. Es obvio: López Velarde nunca conoció el mar, y lo
demuestra cuando en otros versos le pregunta a «Fuensanta», su musa: «¿Tú conoces
el mar? Dicen que es menos grande y menos hondo que el pesar...», lo cual como
figura retórica pasa, pero denota su carencia de la visión de quien al menos se ha
asomado desde la playa o desde un acantilado a observar el mar.
Amado Nervo, en cambio, si conoció el mar: él sí realizó largos viajes tanto
a Europa como a Sudamérica, trasladándose en cómodos paquebotes. Su fama
internacional de bardo inspirado lo vincularía con la Armada de México, porque
sus restos mortales serían traídos a nuestro país en la corbeta Zaragoza en 1919.
Pero a pesar de su experiencia marina solo fue capaz de legarnos unos breves versos,
escritos para los niños, como aquellos de «las olas vienen, las olas van, cantando
llegan, cantando irán», o ese otro que recrea un juego infantil: «con la mitad de un
periódico, hice un barco de papel».
Si hasta los más ilustres poetas mexicanos le dieron la espalda al mar, ¿A
quién debemos recurrir para llenar ese vacío literario de nuestras letras patrias?
Afortunadamente viene en nuestra ayuda un gran poeta de una nación hermana,
de Chile, país marinero de larga tradición naval, Pablo Neruda, quien obtuviera
el Premio Nobel de literatura, que vivió en México y quiso a México. Él, en una
sencilla línea, logró captar la inmensidad de nuestros mares: «México, de mar a mar
te viví...» Sea este verso de Neruda, el ideal al que debemos aspirar, «México, de mar
a mar te viví...»
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Y entrando al tema que nos ocupa en este día, es el momento de recordar que
hace 200 años, para ser precisos el día 4 de octubre de 1821, se creó la Armada de
México. Si un nuevo Estado nacía a la vida independiente, resultaba impostergable
el dotarlo de los elementos indispensables para su superviviencia pervivencia, y uno
de ellos fue el contar con una fuerza naval que asegurara su libertad para poder
desarrollarse y progresar.
Son 200 años, sí, de una institución, pero son también 200 años en los que
hombres y mujeres han participado en ella, formando parte de ella, viviendo para
ella, sufriendo por ella; incluso, muriendo por ella. Son 200 años de una historia de
amor a México y de amor al mar, representados en esos dos siglos de existencia de la
Armada de México.
Es una historia de hombres y mujeres, donde también, y como nota distintiva, el
amor a la Armada se trasmite de padres a hijos, de abuelos a nietos.
Es una historia muchas veces incomprendida, reflejo de que no volteamos a ver
el mar, y que las más de las veces es una historia en realidad desconocida, pues solo
unos cuantos se han preocupado por saber de ella.
Una historia de hombres y mujeres, insisto, donde no hay buenos ni malos, dónde
todos cumplen con su deber, dónde todos pueden ser llamados héroes.
Héroes, sí, porque no de otra manera puede calificarse la entrega y la vocación de
servicio de ese puñado de hombres, pocos proporcionalmente hablando si se compa-
ra con nuestro Ejército Mexicano, que han dedicado su vida y sus afanes -y hasta su
sangre- a servir a la Armada de México.
Una Armada, y hay que decirlo con claridad, que fue relegada por muchas
décadas, deliberadamente hecha a un lado incluso; con poco personal, con pocas
embarcaciones, con pocos recursos.
Y, sin embargo, una Armada que ha cumplido con su deber a lo largo de doscien-
tos años, ininterrumpidamente, en una continuidad sobresaliente, sin rompimientos
ni cortes, permaneciendo siempre leal a México, sin importar las ideologías políticas,
sin divisiones a causa de las luchas partidistas.
Sus orígenes se remontan al año de 1821, cuando una vez consumada la
Independencia de México, el libertador Agustín de Iturbide comprendió de in-
mediato la necesidad e importancia de contar con una fuerza naval permanente
para defender a la nueva nación. ¿De dónde podría provenir un ataque? Del mar,
obviamente. Amagado el puerto de Veracruz, y el castillo de San Juan de Ulúa aún
en poder de los españoles, resultaba lógica la creación de la Armada de México,
concomitantemente al instituirse también, bajo la figura del Ministerio de Guerra
y Marina, las fuerzas permanentes que tendrían como misión la salvaguarda de la
recién ganada independencia. Pero no solo eso: en la concepción geo-estratégica de
la defensa, la primacía debía llevarla la fuerza naval, y por ello, Iturbide confío la
organización y mando de dicho ministerio a un marino.
Por cierto, y como una nota de mi propia interpretación, es también probable
que Iturbide se haya percatado de la importancia estratégica de contar con naves
de guerra en ambos litorales, porque la naciente nación no solo tenía costas en el
Golfo de México, sino que también abarcaba una inmensidad de línea de playa en
el océano Pacífico; por ello, no sin cierta envidia, aceptó la ayuda que la escuadra
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Chilena, al mando del Almirante Cochrane, inglés de nacimiento pero al servicio de
aquel país hermano, quien acatando las órdenes de Bernardo O’Higgins, se presentó
ante Acapulco con la misión de apoyar la consumación de nuestra independencia.
Llegó tarde: cuando ancló en ese puerto, ya había desfilado triunfalmente el Ejército
Trigarante en la capital. Sin embargo, Iturbide resolvió aprovechar sus servicios y le
pidió que llevara la noticia de la Independencia a la península de la Baja California,
específicamente a San José del Cabo y a Loreto.
Años después, mientras poco a poco la Armada adquiría barcos -con las limi-
taciones presupuestales que fueron comunes durante buena parte de la historia de
la Armada-, el peligro que representaba el castillo de San Juan de Ulúa era pa-
tente; incluso, los españoles se atrevieron bombardear el puerto de Veracruz. Era
indispensable arrojarlos de allí y a la Armada de México correspondió consumar la
Independencia. La historia es conocida: las goletas Anáhuac e Iguala, así como una
flotilla de balandras, a las órdenes del Capitán de Fragata Pedro Saínz de Baranda
-veterano por cierto de la batalla de Trafalgar-, consiguieron bloquear el islote donde
se halla el castillo, ahuyentar a la escuadra española que intentaba aprovisionar a
sus defensores y, finalmente, lograron que la fortaleza se rindiera a las autoridades
militares mexicanas.
Y la Armada de México comenzó a ser leyenda. El país resultaba atractivo y un
navío de guerra español, el Asia, desertó de sus banderas porque su tripulación quiso
unirse a nuestra patria. Luego de varias peripecias, la nave llegó a Acapulco y de allí
fue destinada al puerto de Veracruz, dando la vuelta al continente por el Estrecho
de Magallanes. Ya rebautizado como Congreso Mexicano, el gigantesco navío, de
varias decenas de cañones por banda, permaneció atracado por décadas en San Juan
de Ulúa pues no hubo recursos para poder emplearlo en la vigilancia y defensa de
nuestros mares; este episodio fue inmortalizado por el gran escritor Julio Verne,
quien dedicó a él una de sus espléndidas novelas, titulada Un drama en México.
La falta de recursos era la verdadera tragedia; quizá por ello fracasamos en el
intento de apoyar la independencia de Cuba. Débiles en el mar, por la carencia de
dinero y de oficiales, tuvimos que recurrir a profesionales de los Estados Unidos. El
Comodoro Porter comandaba nuestra pequeña escuadra que fue derrotada por la
española cerca de Mariel, en aquella isla que pretendíamos alegar nos pertenecía por
haber formado parte del Virreinato de la Nueva España.
Pero no todo era tragedia: para los años 40 del siglo XIX, el gobierno mexicano
decidió apoyar a la Armada. Fresca aún la herida por las derrotas terrestres en Texas,
y ante la intentona de los dirigentes de esa República de aliarse con Yucatán, adquiri-
mos a crédito dos buques modernos, las fragatas Moctezuma y Guadalupe, esta última
quizá la más avanzada del mundo por la tecnología marinera que empleaba: casco
de metal, máquina de vapor, paletas propulsoras laterales, cañones con movimiento
sobre su eje. La pequeña escuadra mexicana, al mando del Comodoro Tomás Marín,
derrotó a una escuadra texana compuesta por ocho embarcaciones frente al puerto
de Campeche. Una gran victoria naval mexicana, la primera, la única, ensombrecida
por el tristísimo hecho de que, al llevar a la Guadalupe a reparar a La Habana, fue
requisada y embargada por los astilleros donde la adquirimos, pues México no cum-
plió con sus obligaciones de pago.
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Por carecer de una marina de guerra competente, le fue imposible a México
ofrecer resistencia seria a la invasión norteamericana de 1847, pues los barcos
enemigos pudieron acercarse tranquilamente a nuestras costas y desembarcar a sus
tropas invasoras. Sin embargo, los hombres de mar, los marinos mexicanos, no se
quedaron con los brazos cruzados. Muchos decidieron unirse al ejército para repeler
la agresión. Solo como ejemplo, recordemos al Segundo Teniente de la Armada,
José Antonio Mijares, que muriera heroicamente al intentar echar de nuevo al mar a
los americanos, allá en San José del Cabo, en la Baja California Sur. En su honor la
plaza principal de esa ciudad lleva su nombre. Un corolario dramático a su sacrificio
fue el calvario que padeció su viuda para poder cobrar la pensión del valiente marino.
Años después, combatiendo de nuevo contra barcos norteamericanos, el
Comodoro Tomás Marín, fue derrotado frente a Antón Lizardo, allá en Veracruz.
Sus dos barcos fueron apresados por las tres naves enemigas que lo acecharon, ca-
zaron y capturaron. Más allá de sí Marín servía a los conservadores, era un marino
mexicano, quizá el más prestigiado en aquella primera mitad del siglo XIX, que
cumplió con su deber de oficial naval al enfrentarse a quienes protegían a los libera-
les. Las discordias civiles no deben empañar la valía y el pundonor de quienes, a lo
largo de nuestra historia patria, han demostrado ser dignos ejemplos para la Armada
de México.
De nueva cuenta, lo mismo sucedería cuando ocurrió la invasión francesa: la
carencia de naves y de recursos también impedirían que la Armada se opusiera a los
agresores; y de nueva cuenta también, los marinos mexicanos se incorporaron a los
defensores de la República, para combatir en tierra. Allí está el ejemplo del coman-
dante de la Armada, Manuel Márquez de León, quien, formando parte del Ejército
de Occidente, a las órdenes del General Ramón Corona, participaría en la campaña,
destacándose en la toma de Mazatlán, donde alcanzaría el generalato. Su destacada
participación en el sitio de Querétaro en 1867, le merecería ser distinguido con la
confianza del mando superior para encargarse de la custodia y posterior ejecución de
Maximiliano de Habsburgo.
Por cierto, que un capítulo especial merece en la historia marítima de México
la presencia de Maximiliano. Obviamente se trata de un usurpador, pero no puede
pasar desapercibido que su paso por nuestro devenir dejaría una singular huella.
Quizá porque su vocación fue ser marino -no solo navegó bastante, sino que llegó
a ser comandante general de la Armada austriaca- en México trató de aplicar sus
conocimientos navales, al menos en el papel, legislando ampliamente sobre temas
que tenían vinculación directa con la actividad naval; por ejemplo, fue el primer
legislador que en México habló acerca del mar territorial, además de que dispuso
la creación de prefecturas marítimas y capitanías de puertos; hasta un reglamento
para los «prácticos» expidió en su afán porque México contara con una regulación
marítima moderna. Claro, todo esto solo fue un sueño fallido.
En cambio, Benito Juárez, una vez restaurada la República, se apuró a tratar de
remediar la situación de la Armada: aunque -como siempre- había pocos recursos,
ordenó la adquisición de dos nuevas naves cañoneras, la Libertad y la Independencia,
que sería el pie de la renovada Armada de México de la que el país podría enorgulle-
cerse a fines del siglo XIX y principios del XX.
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Porque el General Porfirio Díaz decidió apoyar -como nunca se había hecho en
México- el desarrollo naval. Aconsejado por su Jefe de Estado Mayor Presidencial,
el Comodoro Ángel Ortiz Monasterio, mandó construir a diversos astilleros euro-
peos y norteamericanos, diversos buques de guerra, los que ya reunidos, podrían ser
denominados «la flota de don Porfirio». Comenzó con la goleta escuela Zaragoza, que
incluso sería el primer barco mexicano en darle la vuelta al mundo, y seguirían después
los cañoneros Bravo y Morelos, así como el Tampico y el Veracruz, rematando con dos
transportes de guerra, el Guerrero y el Progreso. México contaba por primera vez en su
historia con una Armada digna, con embarcaciones nuevas y eficientes. Encontró ade-
más el apoyo de los pocos oficiales navales que por ese entonces existían: la Armada de
México recuerda con orgullo los nombres del propio Ángel Ortiz Monasterio, Manuel
Azueta, Hilario Rodríguez Malpica, Othón P. Blanco y varios más.
Pero hacían falta más oficiales navales profesionales. Por ello don Porfirio es-
tablece y funda la Escuela Naval Militar. En ella estudiarían quienes en el futuro
comandarían esos nuevos barcos, garantizando la formación de calidad dentro de la
disciplina militar. Por supuesto, el patriotismo se inculcó a todos esos jóvenes que ya
como cadetes o bien como aspirantes y luego guardiamarinas, fincaron el compro-
miso de servir a México como oficiales de la Armada. Como es sabido, en 1914, la
Escuela Naval Militar sería la protagonista de un episodio donde la dignidad de la
patria quedó en manos de los cadetes, pues solo ellos intentaron resistir una nueva
agresión norteamericana, muriendo por efecto del combate dos de sus alumnos: el
Teniente José Azueta y el Cadete Virgilio Uribe. Naturalmente, la conducta de todos
ellos, la actuación de toda la Escuela Naval, le merecerá, como hoy honrosamente la
llamamos, el calificativo oficial de «Heroica».
La Revolución Mexicana fue por otra parte, el escenario histórico para que la
Armada participara en un conflicto entre hermanos. Oficiales navales hubo que se
adhirieran al movimiento revolucionario por la esperanza de un México mejor; otros
de sus compañeros resolvieron permanecer leales al gobierno constituido conforme
los principios que se habían inculcado en la Escuela Naval. Se enfrentaron entre
ellos en los combates navales sucedidos frente a Topolobampo, Sinaloa, cuando fue
hundido el cañonero Tampico por el transporte Guerrero. Más allá de las ideologías,
lo que poco se ha valorado antes de condenar a unos o ensalzar a otros, es que los
tripulantes de esos dos barcos de la Armada de México, se vieron en la terrible
situación de tener que matarse y hundirse entre ellos mismos, entre hermanos.
La triunfante Revolución decidió disolver las fuerzas federales que se le opusie-
ron, tanto al Ejército como a la Armada, pero muy pronto reparó este error y decidió
que los oficiales de nuestra marina de guerra permanecieran en el activo. No solo
influyó en la determinación la evidente necesidad de personal técnicamente prepara-
do para tripular y dirigir los barcos, sino sobre todo, la confianza en que los oficiales
de la Armada siempre habían cumplido con su deber, bajo cualquier circunstancia,
en todo tiempo. Por ello, tanto don Venustiano Carranza como el General Álvaro
Obregón encomendaron a los hombres de la Armada, los que antaño habían sido
«porfiristas» o hasta «huertistas» -según consideraciones políticas y de discrimina-
ción-, el mando de la Armada de México; por ello, otorgaron su beneplácito para que
al frente de ella estuvieran Hilario Rodríguez Malpica y, después, Othón P. Blanco.
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Lamentablemente, este reconocimiento a la valía patriótica y profesional no se
vio acompañado de recursos económicos para dotar a la Armada de nuevas unidades
navales, tanto como para reponer las que se habían perdido en la Revolución -el
Tampico, el Morelos, el Veracruz-, como para incrementar la flota en aras de la tarea
enorme de vigilar nuestros mares. Acaso unos viejos barcos, incluso alguno hasta
de segunda o tercera mano, como el acorazado Anáhuac, o como el cañonero Agua
Prieta, fueron adquiridos, pero en realidad resultaron inútiles para el servicio.
Pero la Armada resurgió gracias al entusiasmo de unos jóvenes oficiales que
retaron la disciplina; comprendiendo que quizá había quienes en el gobierno sentían
desconfianza hacia los mandos navales por su veteranía, saltándose los conductos
lograron convencer al presidente Lázaro Cárdenas de la urgente necesidad de forta-
lecer a la Armada para que pudiera cumplir con su misión. Ellos fueron, entre otros,
los tenientes Antonio Vázquez del Mercado, Antonio Aznar Zetina y Luis Bravo
Carrera. Gracias a ellos el gobierno mexicano, a la vez que establecía amistosas rela-
ciones comerciales con la República Española, encargó a los astilleros navales de ese
país la construcción de una nueva flota para México. Esos nuevos barcos, que serían
de gran tradición en la Armada por sus largos años de servicio eficiente, fueron el
transporte Durango, los cañoneros Guanajuato, Querétaro y Potosí, así como la decena
de guardacostas de la serie «G».
Al estallar la Segunda Guerra Mundial, México comprendió de golpe la impor-
tancia de contar con una política de defensa naval. Por ello, la Armada dejó de formar
parte -administrativamente- de la llamada entonces Secretaría de Guerra y Marina,
y se creó, para su dirección, el Departamento Autónomo de Marina, al mando del
comodoro Roberto Gómez Maqueo, y luego, elevándola de nivel en el gobierno
federal, se establecería finalmente la Secretaría de Marina. Si bien se le encomendó
a un general del ejército -el anecdótico Heriberto Jara que dispuso la construcción
de astilleros en Chapultepec y la botadura de un barco de cemento- en realidad, las
actividades militares y profesionales se les encargaron a los otros mandos, todos ellos
marinos de trayectoria destacada, como Othón P. Blanco, designado Subsecretario
y Ángel del Corzo como Oficial Mayor. Estas dos designaciones son la prueba evi-
dente de la continuidad de la Armada de México a través de nuestra historia, pues
pudo navegar de un período a otro, de un gobierno a otro contrario, sin sobresaltos:
los mismos hombres, como Othón P. Blanco, quien fuera Jefe de la Armada en la
época de Victoriano Huerta y años después, en los que continuó en servicio, fue el
primer Subsecretario de la Secretaría de Marina, de la cual, solo para remachar el
comentario, la designación de Ángel del Corzo significó el reconocimiento a la gesta
del 21 de abril de 1914, porque él fue uno de los oficiales a cargo de los cadetes de la
Escuela Naval ese día en que se cubrieron de gloria.
La época de la Segunda Guerra Mundial sería también ocasión para que la ac-
tuación de los hombres de la Armada de México nuevamente se cubriera de gloria.
En efecto, no solo como cuando a las órdenes del General Lázaro Cárdenas una
pequeña escuadrilla mexicana, compuesta por los cañoneros bajo el mando del
Comodoro Gómez Maqueo fue suficiente para ahuyentar de Bahía Magdalena a una
flota norteamericana, sino sobre todo cuando oficiales de la Armada, fieles a la tradi-
ción patriótica, en cumplimiento del deber y con el compromiso de servir a México,
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fueron destinados a tripular los barcos petroleros mexicanos que luego serían hundidos
por submarinos alemanes. En el Potrero del Llano, en el Tuxpan, en el Amatlán, en la
Faja de Oro, en Las Choapas, varios de los oficiales y tripulantes que en ellos perecieron
pertenecían, digna y orgullosamente, a la Armada de México.
El final de la contienda mundial, gracias a la alianza con los países vencedores,
propició el aumento de las unidades de nuestra Armada, que se sumaron a las ya
existentes, adquiridas, como se dijo, en España años antes. Así un puñado de nuevas
corbetas -entre ellas: Tomás Marín y la Blas Godínez, con las que la Armada honró a
dos de sus adalides históricos sin importar sus filiaciones políticas- y otro más de
fragatas-transporte, como la Usumacinta o la Tehuantepec -en la que yo pude navegar
en el viaje de prácticas del Primer Regimiento de Infantería de Marina en el que cum-
plí mi obligación cívica-, así como una veintena de «dragaminas», barcos todos con los
que pudo acompañarse la política marítima y naval del gobierno mexicano, que por
primera vez reconoció que en México hacía falta una «marcha al mar».
Apenas hace cincuenta años, las atribuciones a cargo de la Armada de México se
incrementaron notablemente. Ya no solo estaría a su cargo la vigilancia y defensa de
nuestro mar territorial y de sus playas. Ahora también sería responsable del auxilio
a la población civil en casos de desastre en las costas mexicanas, de la vigilancia y
supervisión del mar patrimonial -que incrementó en más de 3 millones de kilómetros
cuadrados nuestra superficie marítima, pero también de colaborar en el combate al cri-
men organizado, especialmente contra el narcotráfico y la piratería en el mar, además
de las de búsqueda y salvamento que cada vez son más necesarias. Apenas medio siglo
y sin embargo, esas nuevas atribuciones tienen ya una historia que contar y que no ha
sido escrita aún. Simplemente y como ejemplo, poco se sabe del apoyo que naves de
la Armada de México han brindado no solo a nuestros connacionales en las terribles
circunstancias de un huracán, sino que también, en casos similares, han llevado su
auxilio a países cercanos como Haití o hasta la lejana Indonesia.
Ante esas nuevas encomiendas, fue necesario modernizar e incrementar la fuerza
naval. Aparecieron entonces las patrullas «Azteca» así como nuevos guardacostas.
Luego, para fortalecer la formación de oficiales, llegaría el velero escuela Cuauhtémoc
y los cañoneros tipo «Holzinger», las interceptoras «Polaris» y más recientemente las
patrullas «Costeras», «Oceánicas» y la «POLA», de largo alcance, hasta contar, al día
de hoy con más de 250 unidades a flote, muchas de ellas ya construidas en México, en
los diversos astilleros con que contamos en ambos litorales. Por supuesto, también fue
reforzada la fuerza aeronaval con nuevos aparatos tanto de ala fija y de ala rotativa y,
naturalmente, se ha adiestrado y elevado los rendimientos, ya de por sí notables, de la
Infantería de Marina, cuerpo indispensable sobre todo ahora en que tiene a su cargo
las más delicadas y riesgosas misiones de seguridad nacional.
Pero insisto, esta historia reciente aún está por contarse; es quizá temprano toda-
vía para hacerlo -comúnmente es aceptado el principio de que la reflexión histórica
requiere de que haya pasado el tiempo y precisamente, los límites establecidos son
50 años- pero no debemos olvidarla y es deber y compromiso de la Armada, en su
momento, el fomentar su estudio y divulgación.
Y hay otra historia más que tampoco ha sido contada: la de las mujeres de la
Armada. Y no me refiero a quienes, también desde hace medio siglo, han comenzado
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a incorporarse a ella en las armas y en los servicios. No, se trata de otras mujeres, de
las que no sabemos nada y cuya existencia ha transcurrido desde el momento mismo
en que, en 1821, hace doscientos años, nació la Armada de México: las madres, las
novias, las esposas, las viudas de los marinos mexicanos.
Porque ellas, esas mujeres, madres, novias, esposas, viudas, son también parte de
la Armada y de su historia. Simplemente, valdría la pena saber que han pensado, a
lo largo de las décadas, esas mujeres cuando los hombres a los que aman se embarca-
ban, sin saber si volverían. Hoy en día, a esas mismas mujeres podría preguntárseles
qué sienten cuando ese hombre de su vida forma parte de la tripulación de un barco
que navega en medio de un temporal para rescatar a unos náufragos, o qué sienten
cuando ese hombre pilotea un helicóptero que debe rastrear a delincuentes armados
con cohetes, o bien, cuando ese hombre integra una partida de infantes de marina
que cumplen con un operativo peligroso. La voz de las mujeres de la Armada, de esas
mujeres, está ausente: vale la pena saber de ellas y de sus historias, porque también
forman parte de la historia naval mexicana.
Esta es, a grandes rasgos, la historia de la Armada de México. Una historia
continua e ininterrumpida de doscientos años. Quizá la mejor prueba de que se
trata de la misma Armada que la de hace dos siglos está en un pequeño detalle que
pasa desapercibido para los legados, pero que en la propia Armada es uno de los
deberes cotidianos del personal embarcado: la bandera trigarante, la bandera de la
independencia, es más, la bandera de Iturbide, la bandera que nos dio la libertad,
sigue ondeando en los buques de guerra de la Armada de México. Es la misma, la
de tres colores en franjas diagonales, la llamada «bandera de torrotito» o «bandera de
proa». En el Reglamento de Honores, Banderas y Luces de la Armada de México,
se establece que esa bandera, la trigarante, «se iza en la driza del torrotito de proa
en los casos siguientes: los días domingos; los días festivos y en ceremonias oficiales,
los días en que haya buques de guerra extranjeros en puerto nacional, o cuando un
buque nacional permanezca en puerto extranjero». Esta es la mejor demostración,
palpable y visible, de una historia continua a lo largo de dos siglos exactos.
Podemos concluir resumiendo en unas pocas palabras lo que ha sido la historia
de la Armada de México en estos doscientos años; para ello, nos atreveremos a
modificar levemente, pero con el mismo sentido de patriotismo, la hermosa frase
de aquel poeta que fuera también Almirante de la Armada de México, Gustavo
Rueda Medina, cuando escribiera el lema de la Escuela Naval Militar. Hagamos una
pequeña modificación en esas palabras, porque también podemos decir con el mismo
orgullo: «Esta es la Armada de México, noble por la pureza de sus tradiciones; heroi-
ca por los hechos gloriosos de sus hijos». Sí, así es la Armada de México, institución
bicentenaria que está «para servir a México».
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L as expediciones de altura al noroeste de América;
herencia náutica para la Armada de México
High E xpeditions to the Northwest of the A mericas :
nautical heritage for the Mexican Navy
Resumen
Este artículo indaga sobre la posible herencia que las expediciones de altura al noreste de América
del último tercio del siglo XVIII, ordenadas por el Virrey de la Nueva España, tuvieron sobre la práctica
náutica de la Marina-Armada de México. Esta institución es el resultado de continuidades de gobierno
y administrativas que prevalecieron entre el Virreinato de la Nueva España y el Imperio mexicano
primero y la República mexicana poco después. Las embarcaciones, los puertos habilitados y, al parecer,
gran parte de quienes sirvieron en los barcos españoles, que recorrían las costas de Nueva España,
permanecieron en el nuevo Estado. Esta herencia ¿Dejó su huella en la Armada mexicana? Aportar
elementos para responder a esa pregunta es el objetivo que se propone en este texto.
Palabras Clave
Expediciones de altura, noroeste de América, Nueva España.
Abstract
This paper inquire into the possible heritage that the high altitude expeditions to Northwestern
America orders by New Spain´s Viceroy in the last third of the 18th century had in the naval practice of
the Mexican Army. This Institution resulted of the continuities in the governance and the administration
between the New Spain and the Mexican Empire, first, and the Mexican Republic, secondly. The boats,
enabled ports, and the people, who served in the Spanish boats, seems to remain in the new State.
Did this heritage leave a mark in the Mexican Army? This paper tries to give elements to answer this
question.
Keywords
High altitude expeditions, Northwestern America, New Spain.
Revista del Centro de Estudios Superiores Navales. Volumen 42. Número 2. ISSN: 1870-5480
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Las expediciones de altura al noroeste de América;
herencia náutica para la Armada de México
Luis Alberto Arrioja Díaz Viruell, Zamora, Michoacán: El Colegio de Michoacán, Universidad de
Zacatecas, 2019, pp. 19-47. (Colección Investigaciones).
Correo: [email protected]
La autora de este artículo, hace del conocimiento de los editores, que el presente manuscrito es
original y de su autoría, no ha sido publicado parcial o completamente en ninguna parte con anterioridad
y actualmente no se encuentra en revisión en ninguna otra revista.
Artículo recibido el 4 de junio de 2021.
Los errores remanentes son responsabilidad del autor.
Aprobado el 18 de Junio de 2021.
El contenido de la presente publicación refleja el punto de vista del autor, que no necesariamente
coinciden con el del Alto Mando de la Armada de México o la Dirección de este plantel.
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18 Revista del Centro de Estudios Superiores Navales. Volumen 42. Número 2. ISSN: 1870-5480
Doctora Martha Ortega Soto
Introducción
A
l referirnos a la creación de una institución como es el caso de la Armada
de México, es necesario preguntarse no solo cuándo fue fundada sino
los antecedentes que había en el Estado y en la sociedad en la cual fue
instaurada. Tal vez resulte ocioso recordar que gran parte de las instituciones que
se crearon después de la Independencia de México, fueron herederas de tradiciones
que surgieron en la Nueva España. Si bien, la Nueva España no tuvo una Armada
propia, ya que era una colonia del imperio español, este sí tuvo una Armada im-
perial. La gran Armada española que luchó por imponer su hegemonía en el mar
Mediterráneo, transitó por primera vez por las aguas del océano Atlántico y cruzó
las del Pacífico, desde América hasta Asia no tuvo una réplica en los territorios de
Ultramar. Sin embargo, las flotas que llegaban desde Europa a América a través del
Atlántico tuvieron que repararse, reabastecerse de bastimentos y reclutar marineros
y mandos medios en los puertos americanos.
La metrópoli no se conformó con añadir a su imperio gran parte de los territorios
americanos, de hecho, muy tempranamente conquistadores y navegantes buscaron
la manera de llegar a las islas de la especiería y para ello debieron dirigirse a las
costas de un océano desconocido para ellos, que les permitiera alcanzar el sur de
Asia. Así fue como en 1513 Vasco Núñez de Balboa descubrió lo que llamó la Mar
del Sur, poco después llamado por la monarquía española el Mare Nostrum y hoy
denominado océano Pacífico. La experiencia europea en este enorme océano inició,
pues, con la búsqueda de rutas marítimas que condujeran a los navíos españoles a las
islas de la especiería.1 Así inició el aprendizaje náutico desde la Nueva España en
dirección a Asia y viceversa. Trazar el viaje desde el primer puerto novohispano en el
Pacífico, Acapulco, hacia Las Filipinas y el tornaviaje implicó inversiones cuantiosas
por parte de los comerciantes españoles, así como la exploración de un espacio geo-
gráfico ignoto. Estas expediciones nutrieron paulatinamente la experiencia tanto de
la Armada española como de la población novohispana involucrada en la habilitación
de puertos, la construcción y el mantenimiento de las embarcaciones y la navegación
por el Pacífico.
Sobre el tema de la vinculación entre la Nueva España y Las Filipinas existe una
enorme cantidad de estudios históricos tanto en la historiografía mexicana, como
en la española y, sin exagerar, a nivel mundial. Solamente enumerarla implicaría
realizar un estudio historiográfico que rebasaría con mucho las dimensiones de un
artículo. Gran parte de estos estudios destacan la herencia de la navegación espa-
ñola en América, en general, y en especial en México. Otros temas acerca de la
participación novohispana en las rutas transpacíficas han recibo menor atención por
parte de la historiografía, no obstante, tampoco han sido ignorados. En este artículo
rescatamos el de las expediciones de altura desde la perspectiva que estas tuvieron en
la experiencia náutica de la Marina-Armada de México.
Revista del Centro de Estudios Superiores Navales. Volumen 42. Número 2. ISSN: 1870-5480
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Las expediciones de altura al noroeste de América;
herencia náutica para la Armada de México
Análisis
Las últimas expediciones que zarparon desde la Nueva España para conocer la
vastedad del Pacífico se realizaron en el último tercio del siglo XVIII. Se conocen
en la historiografía como las expediciones de altura, ya que se dirigieron al noreste
del Pacífico para dibujar la costa del noroeste de América y garantizar la posesión
española de los territorios al norte de la provincia de Las Californias hasta entonces
desconocidos por los europeos. En este artículo me referiré a la experiencia que este
último emprendimiento legó a la institución que se fundó un poco más de cincuenta
años después: la Armada de México.
a) La inquietud española 2
Auspiciado por los gobiernos de Pedro I e Isabel I de Rusia el Capitán danés
Vitus Bering, al servicio de la Armada rusa, realizó dos expediciones al norte del
Pacífico para establecer si Asia y América estaban separadas. En términos de los
intereses geográficos rusos ambas exploraciones concluyeron la separación entre los
dos continentes. La segunda expedición brindó nuevas oportunidades para la ex-
pansión del imperio ruso pues dio a conocer la abundancia de presas de piel fina que
había en al noroeste de América, precisamente una de las fuentes de ingresos más
importantes para el Estado ruso y sus súbditos. Por ello desde 1743, los cazadores
y emprendedores rusos avanzaron por las islas Aleutianas hasta alcanzar la costa
de la península de Alaska apoderándose del territorio.3 La corona española tuvo
certeza de la presencia de los rusos en el noroeste de América gracias a los informes
que el embajador en la corte rusa envió al rey en 1761. Es necesario aclarar que ni
los rusos ni los españoles conocían con exactitud la distancia que mediaba entre los
campamentos rusos y los asentamientos españoles en la gobernación de Sonora y
Sinaloa y en la provincia de Baja California. Por el momento, se decidió colonizar
Alta California con el fin de proteger la frontera noroeste del Virreinato de Nueva
España. Los informes enviados desde Rusia en 1773 renovaron la inquietud de la
corona española. En consecuencia, el Virrey Antonio María de Bucareli y Ursúa
fue instruido para tomar las medidas necesarias con el fin de prevenir una posible
invasión rusa a la Nueva España.
Entre las diversas disposiciones del virrey estuvo la de organizar expediciones
de altura que exploraran minuciosamente la costa del noroeste de América hasta
precisar en dónde se encontraban los establecimientos rusos. Estas expediciones
fueron organizadas en la Nueva España con los limitados recursos de los que dis-
ponía el virreinato en la costa del Pacífico los cuales se concentraban en Acapulco
y en el puerto de San Blas. Además, se debía buscar el estrecho de Anián que se
creía permitía la comunicación, por el norte, entre los océanos Pacífico y Atlántico.
Resultado de estas exploraciones y de las expediciones inglesas pronto se demostró
que tal estrecho no existía.
2 La mayoría de los datos están tomados de Martha Ortega Soto «En busca de los rusos: «Expediciones novohispanas al
noreste del Pacífico 1774-1788» …, pp.125-137; Para un enfoque desde el punto de vista de la historiografía española
con una recopilación documental amplia véase Francisco Fuster Ruiz, El final del descubrimiento….
3 Martha Ortega Soto, «Impact on the Spanish Empire…» pp. 342-362.
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20 Revista del Centro de Estudios Superiores Navales. Volumen 42. Número 2. ISSN: 1870-5480
Doctora Martha Ortega Soto
4 Antonio Sanchez, «Spanish Exploration: Juan Perez Expedition of 1774 — First European Discovery and Exploration
of Washington State Coast and Nueva Galicia (the Pacific Northwest)» en https://www.historylink.org/File/5677,
consultado 6 de abril 2021.
5 «Biography of Esteban José Martínez (1742-1798)» en https://thebiography.us/en/martinez-esteban-jose consultado
6 de abril de 2021.
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Las expediciones de altura al noroeste de América;
herencia náutica para la Armada de México
Bruno de Heceta y de Fontecha quien había llegado a San Blas un año antes por lo
que su experiencia en aguas del Pacífico recién iniciaba.6 Tal vez por esa razón llevó
como segundo piloto a Juan Pérez, quien apenas tuvo tiempo de enviar sus informes
a la capital del virreinato. Ambos navegaron en la ya mencionada fragata Santiago.
Los acompañó como nave consorte la goleta Sonora también llamada Felicidad.
Esta estuvo al mando del Teniente Juan Francisco de la Bodega y Cuadra, navegante
nacido en Perú con amplia experiencia, aunque había llegado a San Blas un año
antes.7 Lo acompañaba como segundo piloto el Alférez Francisco Antonio
Maurelle de la Rúa, nacido en la Coruña y quien se presentó en San Blas en 1775
año de la expedición.8 Así pues, los comandantes del viaje de exploración no eran
novohispanos, pero embarcaciones, marinería y el resto de los recursos sí lo eran. La
única diferencia con respecto de las instrucciones de la primera expedición consistía
en que en esta ocasión se debían alcanzar los 65° latitud norte. Las naves zarparon
de San Blas el 16 de marzo de 1775.
Las embarcaciones navegaron juntas hasta los 47° 20’, y, tras un ataque de los
nativos, decidieron continuar su viaje hacia el norte. Pero el viento separó las naves
y a partir del 14 de julio cada una continuó navegando en solitario. Heceta y Pérez
subieron hasta los 50°, entraron en contacto con algunos nativos y regresaron a
Monterrey el 29 de agosto de 1775 sin ninguna novedad. En cambio, De la Bodega
y Cuadra y Maurelle lograron navegar hasta los 58° latitud norte, es decir, al sur
de la península de Alaska. Se encontraban muy cerca de la costa, sin embargo, no
encontraron ningún poblado ruso, aunque ya había uno en la isla de Kodiak. Para
entonces, el escorbuto hacía estragos entre los marineros y regresaron hacia el sur.
Arribaron a Monterrey el 7 de octubre de 1775 donde se encontraron con Heceta y
Pérez. El Santiago y la Felicidad llegaron a San Blas el 20 de noviembre, ahí terminó
el viaje.
Para corroborar los datos obtenidos en ambas exploraciones el Virrey Bucareli
ordenó una tercera expedición de altura. En esta ocasión tocó al Teniente de Navío
Ignacio de Arteaga encabezar la expedición. Había llegado a San Blas en calidad de
exiliado por su mal comportamiento, no obstante, no lo expulsaron de la Armada lo
que le permitió estar al frente de esta expedición. Piloteó la fragata Nuestra Señora
del Rosario alias La Princesa. La nave consorte fue Nuestra Señora de los Remedios tam-
bién conocida como La Favorita y estuvo al mando de Juan Francisco de la Bodega
y Cuadra. Una vez más, la expedición fue preparada en el puerto de San Blas de
donde zarpó el 11 de febrero de 1779. Navegaron hasta la isla de Nutka, ahí tomaron
posesión del puerto que llamaron de la Santa Cruz. Permanecieron en el lugar hasta
finales de junio. Prosiguieron hacia el norte y llegaron hasta los 57° 8’ latitud norte.
Tomaron posesión de algunos sitios a favor del Eey de España sin sospechar que
algunos de ellos ya habían sido declarados posesión de su Majestad Británica. A
pesar de que los nativos no parecían sorprendidos con el arribo de los barcos, los
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Doctora Martha Ortega Soto
comandantes hispanos creyeron que su toma de posesión era legítima. Esta situación
años después generó una controversia entre la corona española y la británica por los
derechos de posesión del territorio. Por lo pronto y en vista de que gran parte de la
tripulación padecía escorbuto, los comandantes decidieron regresar, la expedición
terminó cuando las embarcaciones arribaron al puerto de San Francisco el 13 de
agosto de 1779.
Pasaron algunos años y los diarios de navegación de Jean Francois de Galoup
Lapérouse y de James Cook, que habían visitado la costa del noroeste de América,
hablaban de que había poblados rusos en las islas Aleutianas y en la costa de Alaska.
Inmediatamente, la corona española ordenó una nueva expedición para cerciorarse
de la veracidad de esos diarios. En enero de 1787 el Virrey Manuel Antonio Flores
recibió la orden y sin dilación se preparó una nueva expedición en San Blas. Ya que
el comandante electo, José Camacho enfermó, lo sustituyó el Alférez Esteban José
Martínez, quien, como señalamos líneas arriba, ya había navegado el noroeste de
América en 1774. Estuvo al mando de la fragata La Princesa. La nave consorte fue
el paquebote San Carlos alias El Filipino al mando del Primer Piloto Gonzalo López
de Haro Moreno. López de Haro tenía una amplia experiencia en la navegación, era
un excelente cartógrafo y participó en varias batallas navales.9 Es evidente que tenía
más experiencia tanto naval como militar y política que Martínez. La expedición
partió de San Blas el 8 de marzo de 1788. Desde un principio hubo problemas entre
los dos comandantes.
Martínez hizo caso omiso de las noticias que los nativos les proporcionaban
sobre la estancia de otros barcos y otros fuereños así que subió hasta los 56° 44’
donde exploró con sumo cuidado la isla de la Trinidad. Entretanto, López de Haro
se dirigió a la isla de Kodiak y por fin los españoles encontraron una aldea rusa. El
piloto permaneció algunos días en el lugar y después partió para informar a Martínez
de su visita. El Alférez indicó que juntos navegaran a la isla de Onalaska en donde se
encontraron con una partida de cazadores rusos. El jefe les comentó que preparaban
una expedición para avecindarse en la isla de Nutka donde sabían que los ingleses
querían establecer una factoría. Martínez no prestaba atención a los señalamientos
de López de Haro acerca de que la información que él había obtenido no coincidía
con la que recibían de ese jefe ruso. Los desencuentros llegaron al punto de que cada
uno de los comandantes regresó por su parte al sur. Del Haro llegó a San Blas el 22
de octubre y Martínez arribó el 14 de noviembre de 1788.
Conclusiones
Las cuatro expediciones de altura que hemos referido proporcionaron a la corona
española dos beneficios: se cartografió la costa del noroeste de América y se tuvo la
certeza de que los rusos se habían expandido en las Aleutianas, la isla de Kodiak y
una parte de la costa de Alaska. Lo que también encontraron, sin esperarlo, fue que
los ingleses ya también habían explorado al sur de los territorios ocupados por los
rusos y estaban dispuestos a apoderarse de una porción de ellos. El establecimiento
de una avanzada en el puerto de Santa Cruz de Nutka al año siguiente mostró que
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herencia náutica para la Armada de México
los días de gloria de la Armada española habían pasado hacía ya tiempo. El intento
de colonización en la zona fue un fracaso porque los recursos navales con los que
contaba la Nueva España en la costa del Pacífico y particularmente desde San Blas
hasta San Francisco, eran extremadamente exiguos de manera que no lograron opo-
nerse a la ocupación británica de la isla de Nutka ni a la fundación de un fuerte ruso
al norte de la Bahía de San Francisco. Así, la Armada de México heredó en 1821 tan
solo con algunas embarcaciones pequeñas y unas cuantas piezas de artillería viejas
y dañadas. Sin embargo, los diarios e informes de estas expediciones en su mayoría
están resguardados en el Archivo General de la Nación y en el Fondo de Origen de
la Biblioteca Nacional de México. Asimismo, la experiencia de los marineros y los
constructores de embarcaciones quedaron en la población que vivió en los puertos
novohispanos. Cuando México debió enfrentar el comercio ilegal que ingleses y
estadounidenses realizaban en las costas del noroeste de México, la Armada no tenía
embarcaciones suficientes ni para patrullar las costas y mucho menos para proteger-
las. Tal y como se había evidenciado en las expediciones de altura las cuales si bien
realizaron aportaciones importantes para la cartografía de la costa del noroeste de
América también mostraron la debilidad defensiva del los puertos ubicados en el
noroeste del Virreinato de Nueva España misma que heredó la Armada de México
cuando se obtuvo la independencia.
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24 Revista del Centro de Estudios Superiores Navales. Volumen 42. Número 2. ISSN: 1870-5480
Doctora Martha Ortega Soto
Fuentes
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bruno-de-heceta-y-de-fontecha consultado 6 de abril de 2021.
• «Francisco Antonio Mourelle de la Rúa» en Real Academia de Historia http://dbe.rah.es/
biografias/6471/francisco-antonio-mourelle-de-la-rua consultada 6 de abril 2021.
• Fuster Ruiz, Francisco, El final del descubrimiento de América. California, Canadá y Alaska (1765-1822).
Aportación documental del Archivo General de la Marina. Murcia, Servicio de Publicaciones de la
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• Knauth, Lothar, «El sureste asiático, punto final hacia la expansión al occidente» en Revista de
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expansion-al-occidente recuperado 5 de abril de 2021.
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Pacífico insular. Actas de las Segundas Jornadas internacionales celebradas en la Ciudad de México del 17
al 21 de septiembre de 1990. México, INBA, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Embajada
de España en México, Comisión Puebla V Centenario, Centro de Estudios de Historia de México
Condumex, Universidad Iberoamericana, Departamento de Historia, 1992. pp. 11-26.
• Ortega Soto, Martha, «En busca de los rusos: expediciones novohispanas al noreste del Pacífico
1774-1788» en Ma. Cristina Barrón y Rafael Rodríguez Ponga (coords), La presencia novohispana
en el Pacífico insular. Primeras jornadas internacionales celebradas en la Ciudad de México, del 19
al 21 de septiembre de 1989. México, Universidad Iberoamericana, Embajada de España en México,
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• ___________, «Impact on the Spanish Empire of the Russian Incursion into the North Pacific,
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• Sanchez, Antonio, «Spanish Exploration: Juan Perez Expedition of 1774 — First European Discovery
and Exploration of Washington State Coast and Nueva Galicia (the Pacific Northwest)» en https://
www.historylink.org/File/5677, consultado 6 de abril 2021.
Revista del Centro de Estudios Superiores Navales. Volumen 42. Número 2. ISSN: 1870-5480
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L as Fuerzas Armadas en el proceso de Consumación de la Independencia
The Armed Forces in the process of the C onsummation of Independence
Resumen
Uno de los movimientos sociales más importantes de la historia nacional es la guerra por la
Independencia de México. El presente ensayo pretende analizar la consumación de este movimiento,
desde el punto de vista castrense, tomando como base los preceptos del Plan de Iguala y los Tratados de
Córdoba, haciendo una reflexión en torno a la trayectoria del nuevo Estado mexicano y su impacto en
las fuerzas armadas, conectando la evolución de éstas y el impacto que han tenido hasta nuestros días,
ofreciendo un vínculo de nuestro pasado con el actual Ejército Mexicano.
Palabras clave
Independencia, Consumación, Consolidación, Ejército Trigarante, Ejército Mexicano.
Abstract
One of the most important movements of the National History is the Mexican War of Independence.
From the military perspective, this essay intends to analyze the Consummation of this war based on
the precepts of the Iguala Plan and the Córdoba Treaties and conducts a reflection on the path of the
new Mexican State and its impact on the Armed Forces. It also set a linkage between the evolution of
the above-mentioned Armed Forces and the impact that they have had up to our time. This represents
a bond between our past and the current Mexican Army.
Keywords
Independence, Consummation, Consolidation, Mexican Army, Ejército Trigarante.
Revista del Centro de Estudios Superiores Navales. Volumen 42. Número 2. ISSN: 1870-5480
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Las Fuerzas Armadas en el proceso
de Consumación de la Independencia
El autor de este artículo, hace del conocimiento de los editores, que el presente manuscrito es
original y de su autoría, no ha sido publicado parcial o completamente en ninguna parte con anterioridad
y actualmente no se encuentra en revisión en ninguna otra revista.
Artículo recibido el 4 de junio de 2021.
Los errores remanentes son responsabilidad del autor.
Aprobado el 18 de Junio de 2021.
El contenido de la presente publicación refleja el punto de vista del autor, que no necesariamente
coinciden con el del Alto Mando de la Armada de México o la Dirección de este plantel.
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General de Brigada DEM. Juan Manuel Díaz Organitos
Introducción
C
omo es bien conocido, la madrugada del 16 de septiembre de 1810, se llevó
a cabo el «Grito de Independencia», hecho con el que dio inicio el movi-
miento de emancipación de la Nueva España, una guerra que se prolongó
por cerca de 11 años y que ha sido desde el principio, objeto de estudio para la ciencia
histórica, pues dejó a su paso una serie de cambios políticos, económicos y sociales que
le dieron a nuestro país una nueva forma de entenderse como nación.
Ante tales eventos, la historiografía se ha preguntado frecuentemente sobre la etapa
de la consumación de la independencia, sin duda una de las fases más interesantes en
materia de administración pública, pues es evidente que pretender el establecimiento
de un nuevo gobierno, cualquiera que fuera esta su modalidad, se convirtió en un
reto que implicaba entre sus vertientes el contar con elementos que propiciaran la
consolidación y con ello la credibilidad de las nuevas instituciones. En este sentido,
nos cuestionamos, cuáles fueron estos elementos que permitieron consolidar el esta-
blecimiento del nuevo Estado, así como el impacto que tuvieron en la dirección de
las instituciones que se encargarían de administrarlo.
Las diversas interpretaciones que han surgido de los hechos nos ofrecen un
amplio abanico de fuentes, que han colaborado en la construcción de un panorama
más extenso de la historia; podemos encontrar entre ellas, obras que centraron sus
intereses en el rescate de la esencia de la lucha, ejemplo claro de ello fue Carlos
María de Bustamante (Bustamante, 1846) o José María Luis Mora (Mora, 1950);
sin embargo, y para el propósito del presente ensayo, es posible aprovechar escritos
cuya construcción se centró en el ámbito de la conciliación, de manera un tanto más
política, y que tiene por objeto de estudio las avenencias que se suscitaron entre los
ejércitos insurgente y realista, como en el caso de Lucas Alamán (Alamán, 1852.);
de igual forma encontramos en estudios más recientes una revalorización de dicha
situación, y que han brindado una reinterpretación de los mismos al entender este
periodo como el fin de un proceso reaccionario y el principio de una contrarrevolu-
ción que apaciguó los ánimos con modos de corte más conservador pero que fueron
funcionales a la causa, como lo expone Luis Villoro (Villoro, 1983).
Por otro lado, y como parte de los estudios que se han enfocado a observar este
fenómeno desde la vertiente de la historia militar y en torno a esta consolidación de
la consumación de la independencia, Rodrigo Moreno Gutiérrez (Gutiérrez, 2016),
amplía el panorama de la escritura tradicional de los hechos armados de manera
significativa, al reconocer en las fuerzas armadas un factor elemental para alcanzar
la independencia, sustentando dicha empresa en los preceptos del Plan de Iguala,
mismo que dio lugar a la creación del Ejército Trigarante, ente que representaría
en sí mismo las aspiraciones para la conformación del nuevo Estado mexicano.
Como éste, estudios realizados por Jaime del Arenal (Fenochio, 2002) y Alfredo
Ávila (Ávila, 2010) nos ofrecen además un amplio panorama visto desde el ámbito
político-social rumbo a la consolidación del Estado.
Con base en lo anterior, surge la necesidad de poder explicar, además de las
implicaciones políticas, el papel que jugó la conformación de un ejército, más espe-
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2 Los conjurados buscaron el apoyo de un militar de prestigio, capaz de aglutinar adhesiones y erradicar la resistencia
insurgente, Como resultado, Iturbide sustituyó a Gabriel Armijo, como Comandante en Jefe de los Ejércitos del Sur.
(Guerrero, 2018).
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Una vez que el caudillo insurgente le aseguró su apoyo militar, Iturbide decidió
suscribir el Plan de Iguala, el 24 de febrero de 1821, acuerdo político que en 23 artí-
culos convocó a los novohispanos a la concordia, a culminar la guerra y a establecer
las bases para la consumación de la independencia de México. Esta convocatoria tuvo
eco y logró adherir a las fuerzas insurgentes y realistas enfrentadas desde septiembre
de 1810, para instaurar un gobierno autónomo, bajo las garantías de independencia,
religión y unión.
Las Tres Garantías contenían las bases para la consumación de la independencia
en la que, como plataforma fundamental, se privilegió la concordia entre españoles
y mexicanos por el bien de la nueva patria, evitando así mayores derramamientos
de sangre y poner fin a la añeja y cruenta guerra civil. Iturbide planteó que solo
mediante la reconciliación se podría edificar una nación con bases sólidas.
3 A lo largo de su contenido, es posible realizar una lectura sobre las intenciones no sólo políticas y conciliatorias de
Agustín de Iturbide, sino también de la necesidad prioritaria por conformar una fuerza armada capaz de defender
aquellos preceptos que establecía su plan.
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convirtiéndolo no en una lucha interna, sino en un fin por el bien común entre toda la
sociedad novohispana, acompañando su discurso de un simbolismo único que repre-
sentaría a este nuevo Estado; finalmente, uno de los puntos principales para nuestros
fines, es pues, la conformación del Ejército Trigarante como la fuerza armada encarga-
da de consolidar y defender la causa de la consumación.4 (Pérez, 2014).
Al consumar finalmente la independencia, fue la Junta Provisional, el primer ente
gubernamental que sirvió como cuerpo consultivo en tanto se definiera la situación
de la corona del Imperio Mexicano. Reunida esta junta, se redactó y decretó el Acta
de Independencia y además se designó a los individuos que debían formar la regencia,
órgano encargado de llevar a la práctica las determinaciones que darían rumbo al país.5
Con la junta en funciones y la regencia instalada, se tomaron las primeras de-
cisiones fundamentales. Cabe mencionar que Agustín de Iturbide alcanzó la presi-
dencia de la regencia, para después ser nombrado Generalísimo de Armas de Mar y
Tierra del Imperio; ambos cargos se consolidaron y dieron fortaleza uno al otro, es
importante observar la conjunción que fortificó su figura mediante el lazo histórico
que une al gobierno con sus fuerzas armadas.6
Es así como, el 4 de octubre de 1821, se expide la circular que da a conocer los
nombramientos de los cuatro ministros que se harían cargo de las necesidades admi-
nistrativas del gobierno, creando las Secretarías de Negocios y Relaciones Interiores
y Exteriores, la de Justicia y Negocios Eclesiásticos, la de Hacienda, así como la
Secretaría de Guerra con encargo de la de Marina, de quien fue titular Antonio de
Medina. La circular cita que «La Regencia del Imperio Mexicano, Gobernadora
interina por falta del Emperador, considerando la urgente necesidad en que se halla
de elegir prontamente Ministros idóneos y beneméritos para que puedan dar su
debido curso a los negocios que quedaron pendientes en el anterior Gobierno, y a
los que en gran número han empezado a ocurrir, y hallándose muy bien instruida
de las circunstancias que deban reunirse para el cabal desempeño de tan delicados
destinos, ha tenido a bien elegir y nombrar, como efectivamente elige y nombra»
(AHSDN, XI/481.3/13).
Por otra parte, el Reglamento para el Establecimiento de los Ministerios (Lozano,
1976) de fecha 8 de noviembre de 1821, confirmó la autoridad que representaban
cada uno de estos organismos, pues se dieron a conocer las obligaciones particulares
de cada uno de ellos, en consecuencia, a Antonio de Medina, le correspondió el
desahogo de todos los asuntos pertenecientes a las armas y guerra de mar y tierra,
así como la provisión general de los empleos de este vasto ramo. En consecuencia,
su prioridad como encargado de citado despacho, fue el de garantizar la defensa
de la independencia nacional, y se le confirió todo lo relacionado con la seguridad
exterior e interior de la nación empeñándose en crear una eficiente organización para
4 Guzmán Pérez, en su ensayo «El Movimiento Trigarante y el fin de la guerra en Nueva España (1821)» observa la
conformación de las líneas del Ejército Trigarante y su relación con la Consumación de la Independencia. (Guzmán,
2014).
5 Véase: AHSDN, Decreto para la creación de una Junta Consultora Gubernativa Militar, 7 de julio de 1821, Fondo
Operaciones Militares, XI/481.3/51, Tomo I.
6 La Regencia también tomó acciones con respecto a los cargos que asumiría Agustín de Iturbide, decretando y haciendo
difusión sobre las facultades que a éste se le inferían; Véase: Circular dando a conocer el decreto de 14 de noviembre,
relativo a las facultades, honores y preeminencias que corresponden a Don Agustín de Iturbide, como Almirante
Generalísimo, 5 de noviembre de 1821, Fondo Operaciones Militares, XI/481.3/73, Tomo I.
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7 Para consultar el Reglamento, véase Dublan Manuel y José María Lozano, Legislación Mexicana o Colección com-
pleta de las disposiciones legislativas expedidas desde la Independencia de la República, Imprenta del Comercio,
México, 1976.
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Fuentes de Consulta
Archivo:
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de los Ejércitos de España y Don Agustín de Iturbide, Jefe del Ejército Imperial Mexicano, 24 de
agosto de 1821, Fondo Operaciones Militares, XI/481.3/9, Tomo I.
• _____, Decreto para la creación de una Junta Consultora Gubernativa Militar, 7 de julio de 1821,
Fondo Operaciones Militares, XI/481.3/51, Tomo I.
• _____, Circular dando a conocer los nombramientos siguientes: Secretaría de Negocios y Relaciones
Exteriores e Interiores, de Justicia y Negocios Eclesiásticos, de Guerra con encargo de la de Marina, y
de Hacienda, 4 de octubre de 1821, Fondo Operaciones Militares, XI/481.3/13, Tomo I.
• _____, Extracto del Plan de Iguala autorizado por Agustín de Iturbide, 24 de Febrero de 1821, Fondo
Operaciones Militares, XI/481.3/155, Tomo I.
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L a defensa de la soberanía ante el desafío español:
el nacimiento de la Armada de México a 200 años de su creación
The defense of sovereignty in the face of the Spanish challenge :
the birth of the Mexican Navy 200 years after its creation
Resumen
El propósito de este artículo es analizar la importancia de la Armada mexicana a 200 años de su
creación; el estudio se delimita a su nacimiento en el contexto de construcción del Estado mexicano. Se
destaca la misión con qué surgió, al tener como desafío la responsabilidad de consolidar la independencia,
ante la reticencia de España a reconocer la soberanía nacional. El texto se nutre de los paradigmas
State Building de Charles Tilly y el monopolio de la violencia legítima de Marx Weber, para explicar
la importancia que la joven nación concedió una vez consumada la independencia a la construcción
de instituciones que garantizaran la preservación de la soberanía recién adquirida. Bajo este tenor, se
examina la importancia de la Armada como primera línea de defensa al trasladarse la guerra con España
de un espacio terrestre a uno marítimo.
Palabras clave
Estado en construcción, Guerra de Independencia, Ministerio de Guerra y Marina, Armada de
México, Consolidación de la Independencia.
Abstract
The purpose of this article is to analyze the importance of the Mexican Navy 200 years after its
creation; the study is delimited at its birth in the context of construction of the Mexican State. The
mission with which it arose is highlighted, having as a challenge the responsibility of consolidating
independence, in the face of Spain’s reluctance to recognize national sovereignty. The text draws on the
State Building paradigms of Charles Tilly and the monopoly of legitimate violence of Marx Weber,
to explain the importance that the young nation once granted independence to the construction of
institutions that would guarantee the preservation of the sovereignty just recently acquired. Under this
tenor, the importance of the Navy as the first line of defense is examined when the war with Spain
moves from a land space to a maritime one.
Keywords
State Building, War of Independence, Ministry of War and Navy, Navy of Mexico, Independence
Consolidation.
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La defensa de la soberanía ante el desafío español:
el nacimiento de la Armada de México a 200 años de su creación
Especialista en Historia Política y Social de México siglo XIX y XX, así como en Historia Naval de
México. Maneja las líneas de investigación sobre intervenciones extranjeras, historia social de la guerra,
violencia estatal contemporánea de México e historia de la Armada de México.
Autora de cuatro libros de historia naval de México; ha coordinado 28 libros históricos y publicado
más de 30 capítulos en diversas obras. Entre sus publicaciones más recientes se encuentran:
«1914: la última cicatriz» en Veracruz: Puerta de Cinco Siglos, México, Universidad de Veracruz e
Índice Fons, 2019.
«Veracruz y el último bastión español. Los inicios de la construcción de la identidad nacional» y
«Veracruz y el rostro de la guerra de 1914» en Veracruz 500 años de cara al mundo a través del mar,
INAH (en prensa).
«La construcción de la conciencia marítima en México vista desde una perspectiva de la longue
durée», Revista Científica de Estudios Marítimos y Sociales de la Universidad del Mar del Plata,
Argentina, 2021.
Contacto: [email protected]
Código orcid: http://orcid.org/0000-0003-2260-1109
La autora de este artículo, hace del conocimiento de los editores, que el presente manuscrito es
original y de su autoría, no ha sido publicado parcial o completamente en ninguna parte con anterioridad
y actualmente no se encuentra en revisión en ninguna otra revista.
Artículo recibido el 4 de junio de 2021.
Los errores remanentes son responsabilidad del autor.
Aprobado el 18 de Junio de 2021.
El contenido de la presente publicación refleja el punto de vista del autor, que no necesariamente
coinciden con el del Alto Mando de la Armada de México o la Dirección de este plantel.
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Doctora Leticia Rivera Cabrieles
Introducción
L
a génesis de la Armada Nacional se encuentra en los albores del México
independiente con la creación el 4 de octubre de 1821 del Ministerio de
Guerra y Marina, donde quedó adscrita como un Departamento.1 Desde
entonces, su misión invariable en el tiempo, ha sido la defensa tanto de la soberanía
como de la seguridad interior.
Al ser una institución de largo aliento,2 ha experimentado una serie de trans-
formaciones y rupturas, pero también de continuidades -como parte de su proceso
evolutivo-, que le han permitido no solo perdurar en el tiempo; sino ser considerada
como una de las instituciones más respetadas con que cuenta el Estado mexicano en
la actualidad.
Por la trascendencia que significa cumplir 200 años de vida al servicio de la
seguridad del Estado mexicano; el propósito de este artículo es analizar el quehacer
institucional de la Armada de México en un momento muy concreto de su historia
relacionado con la creación del Ministerio de Guerra y Marina donde se ubica su
nacimiento, así como ponderar la importancia de la misión con qué surgió al tener
como primer desafío la responsabilidad de consolidar la independencia nacional
en un contexto álgido en que España no reconocía la soberanía proclamada por el
Estado mexicano.
La premisa de que se parte, es que la consumación de la independencia en 1821,
no se tradujo en una consolidación inmediata de su soberanía; al contrario provocó
la prolongación de la guerra con España por 15 años más. Sin embargo, a diferencia
de 1810 a 1821, se trasladó de un teatro de guerra esencialmente terrestre a uno
marítimo, al ocupar el último reducto español el Castillo de San Juan de Ulúa; lo
que representó un grave peligro para la frágil autonomía con que emergía el Estado
mexicano que en ese entonces, se hallaba en pleno proceso de construcción.
El enfoque que se sigue en esta investigación, gira alrededor de dos propues-
tas metodológicas: la primera, sobre el Estado en construcción (State Building) de
Charles Tilly, la cual ayuda a comprender la complejidad de los primeros momentos
de vida del Estado mexicano y su aparato de defensa (Tilly, 1985); mientras que la
segunda, se sustenta en el aporte de Max Weber sobre el monopolio de la violencia
legítima (Weber, 1992), para explicar el papel de las fuerzas armadas en un contexto
caracterizado por un constante estado de guerra.
A partir de estos andamiajes metodológicos, se analiza el proceso de organización
administrativa y militar que México emprendió una vez consumada la independen-
cia y que derivó en la instauración de un imperio y cuatro ministerios: Hacienda,
Relaciones Exteriores e Interiores, Justicia y Asuntos Eclesiásticos, así como Guerra
y Marina, donde estaba adscrita la Armada.
1 Gaceta Imperial extraordinaria de México, 5 de octubre de 1821. Imprenta imperial de D. Alejandro Valdés, año de
1821, primero de la Independencia. Biblioteca Nacional de España; Reglamento Provisional Político del Imperio
Mexicano, 1822, https://archivos.juridicas.unam.mx/www/legislacion/federal/historicos/regprov.pdf.
2 El término «largo aliento» se entiende aquí en este texto como sinónimo del concepto utilizado por Fernand Braudel
sobre «la larga duración» ; el cual sirve para captar y comprender el movimiento de las sociedades más allá del aconteci-
miento y la coyuntura. La larga duración permite percibir de una manera profunda la realidad social. Al ser la Armada
de México una estructura longeva, ha registrado una serie de cambios en su interior, así como de permanencias.
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42 Revista del Centro de Estudios Superiores Navales. Volumen 42. Número 2. ISSN: 1870-5480
Doctora Leticia Rivera Cabrieles
ciales (Escamilla, 2000); al ser descubierta, propició que Miguel Hidalgo decidiera
adelantar el levantamiento, dando inició la rebelión insurgente con los fieles de la
parroquia del pueblo de Dolores.
Aunque en el proyecto original de rebelión, no se contempló la participación de
los indígenas y castas -pues existía el temor fundado de que fueran inmanejables-, la
experiencia de lo sucedido en la colonia francesa de Saint Domingue en las Antillas
de 1804, había provocado una profunda cicatriz en la conciencia criolla de la Nueva
España (Humboldt, 1966, pp. 560-561).
El temor hacia el pueblo generó que la praxis revolucionaria de Miguel Hidalgo
fuera rechazada casi de manera inmediata por los criollos y las elites (Terán y Páez,
2004, p. 15); lo que quedó confirmado con el baño de sangre en la Alhóndiga de
Granaditas, acción militar calificada por la historiografía de la época, como un acon-
tecimiento extremadamente violento y cruel (Hernández y Dávalos, 1878, Tomo II,
Documento 157).
No obstante, los trágicos resultados en Granaditas no invalidan lo trascendente
de la conducción de Hidalgo, al ser capaz no solo de iniciar la rebelión; sino también,
de imprimir al movimiento una fuerza inusitada relacionada con el proyecto social
que encabezó (Kahle, 1997; Roque, 2007 y Gutiérrez, 2008).
No extraña por todo lo expuesto, que aunque los jefes insurgentes habían actuado
en función de los intereses políticos y económicos de los criollos que ellos representa-
ban; una lucha así, para el pueblo no tenía sentido;5 por lo que el mérito de Hidalgo
reside en que fue capaz de discernir las demandas del pueblo, y se vio compelido a
velar por los intereses de este sector mayoritario.
Es contundente que ni el propio Hidalgo, fue capaz de visualizar la rapidez y el
ímpetu con que se extendería la guerra por el Bajío; de tal forma que, a solo un mes
del levantamiento, fue capaz de reunir un ejército de 60 mil hombres integrado por
«una chusma de indios y gente del campo, con piedras, con palos… sin organización
de ninguna clase… las hordas desnudas y hambrientas venían mezcladas… eran
familias enteras» (Krauze, 1994, p. 56).
El giro radical que Hidalgo imprimió al movimiento -al incluir al pueblo-,
desató una lucha exacerbada por parte del ejército realista, y el rechazo, no menos
importante de la oligarquía colonial, así como de casi todos los criollos. Se llega a
la conclusión de que Miguel Hidalgo no pudo desoír las aspiraciones y demandas
contenidas durante tres siglos de opresión. Así, la abolición de la esclavitud,6 la
5 A las injusticias sociales se suman los efectos dramáticos que provocaron las sequías que se produjeron en el Bajío
entre 1808 y 1810, las cuales tuvieron como consecuencia no sólo la escases de granos, sino el juego de la oferta y la
demanda que derivó en un alza sistemática de los precios de los artículos de primera necesidad. La escases y la carestía
desataron el hambre, las epidemias, y la muerte tanto de animales como de personas; por lo que es fácil comprender por
qué en esta área geográfica prendió el movimiento como reguero de pólvora. Para mayor información, véase a Rivera
Cabrieles, Leticia. (1989). La revolución de independencia mexicana a través de Miguel Hidalgo. La cuestión agrícola
1810-1811. Tesis de licenciatura. Universidad Autónoma Metropolitana.
6 Decreto de Miguel Hidalgo y Costilla contra la esclavitud, las gabelas y el papel sellado, 6 de diciembre de 1810,
dado en Guadalajara, Nueva Galicia en 500 años de México en documentos, http://www.biblioteca.tv/artman2/
publish/1810_115/Decreto_de_Miguel_Hidalgo_y_Costilla_contra_la_esc_1183.shtml.
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La consumación de la independencia
a partir de una alianza
Aun cuando algunos estudios han minimizado el verdadero papel de la insur-
gencia mexicana por la forma en que se consumó la independencia, es innegable
que sus acciones marcaron un antes y un después para la Nueva España, ya que por
ejemplo, ayudó a modificar sensiblemente la percepción de la metrópoli en torno a lo
que sucedía en su colonia. Por tanto, es evidente que no fue casual el incremento de
efectivos del Ejército Virreinal que de 29,000 hombres en 1810 se disparó a 86,000
en 1820; lo que puede interpretarse como un síntoma del temor que llegó a sentir la
monarquía española (Fernández de Velasco, 1967, pp. 105-107), frente al movimien-
to insurgente.
Huelga decir entonces que con Hidalgo inició y con Morelos concluyó esa fase
del movimiento insurgente que es catalogada como una gran lucha popular con re-
sonantes victorias militares, pero que a la muerte del Siervo de la Nación, produjo no
solo su debilitamiento, sino a una feroz contraofensiva realista que retrasó algunos
años más la independencia y que llevó a los insurgentes con Vicente Guerrero a la
guerra de guerrillas (Rivera, 1989).
Fue solo, tras la rebelión del ejército regular -bajo la égida de Agustín de Iturbide-
y la firma del Plan de Iguala que se logró consumar la independencia nacional el 27
de septiembre de 1821; es decir, 11 años después del grito de Dolores de 1810. Sin
embargo, se trataba de una emancipación pactada entre diversos sectores que no
respondía al proyecto original (Arenal, 2006).
Por otra parte, el hecho de que México proclamara su independencia el 28
de septiembre y diera a conocer la creación de la Soberana Junta Gubernativa y
la Regencia (AHSEDENA, 1821, Exp. XI/481.3/5); no significaba que España
reconociera su soberanía.
La consecuencia militar inmediata de este acontecimiento, fue la ocupación del
fuerte de San Juan de Ulúa en el puerto de Veracruz por el General realista José
María Dávila, quien se negó a reconocer los Tratados de Córdoba que habían firma-
do Iturbide y O› Donojú (AHSEDENA, 1821, Exp. XI.481.3/9), dando con ello,
inició a una nueva etapa de confrontación que duraría 15 años más, dado que México
era un Estado en construcción que no contaba con la experiencia, ni los recursos para
desligarse totalmente de España.
11 Para mayor información véase «Los embajadores de Hidalgo ante Estados Unidos», disponible en:http://www.collo-
qui.org/colloqui/2013/1/20/los-embajadores-de-hidalgo-ante-estados-unidos.html.
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el nacimiento de la Armada de México a 200 años de su creación
El nacimiento de un Imperio y la
creación de los 4 ministerios
De acuerdo con la tesis de Charles Tilly (1985), el surgimiento del Estado-Nación
fue resultado de la ordenación de la violencia a partir de la creación de instrumentos
durables de vigilancia y control del territorio; la fundación de ejércitos y marinas; la
instauración de tribunales (marco jurídico) y el establecimiento de estructuras fiscales
y contables (p.181). En el caso de México, estos elementos fueron erigidos de una
manera compleja debido a una serie de factores tanto internos como externos que
incidieron en su construcción y que fueron cruciales.
En el plano interno, la desigualdad social, siguió siendo uno de los grandes pro-
blemas, el cambio de estatus de colonia a país independiente no modificó los grandes
contrastes sociales; no obstante, quizá el problema más fuerte que enfrentó México,
fue el de las diferencias ideológicas -entre iturbidistas, borbonistas y republicanos-
que existían en el grupo en el poder, lo que obstaculizó la instauración de un proyecto
de nación consensado. Esta situación derivó en una inestabilidad política sin prece-
dentes, por lo que fue común que prendieran levantamientos civiles y militares a causa
de la disputa política e ideológica.
Asimismo, el problema fiscal y financiero tuvo graves consecuencias, pues impactó
en la construcción de las primeras instituciones del Estado, entre ellas, el Ministerio
de Guerra y Marina, el cual demandó constantemente más presupuesto, así como de
reclutas, barcos y cuarteles (Kahle,1997 y Serrano,1996), con el fin de enfrentar los
amagos navales del exterior, pues a la situación de fragmentación interna se sumó el
desafío del exterior y México tuvo que encarar varias intervenciones extranjeras, las
cuales evidenciaron no solo la debilidad de sus fuerzas armadas, sino la ausencia de
una verdadera política de defensa (Rivera, 2021). Por lo que, la violencia legítima del
Estado al estilo weberiano, se trató de aplicar tanto hacia el interior para apagar la
inestabilidad generada por los levantamientos, y hacia el exterior, para refrendar su
soberanía frente a otros Estados o naciones (Weber, 1992 y Rivera, 2016).
En este contexto, dos de los desafíos inmediatos que enfrentó el Estado mexicano,
una vez declarada la consumación de la independencia el 27 de septiembre de 1821,
fue instituir una forma de gobierno y hacer frente al rechazo de la corona española a
la independencia del país. Respecto al primer punto, se instauró -no sin confronta-
ciones- un Imperio Monárquico Constitucional Moderado con base a los Tratados de
Córdoba, los cuales contemplaron en tanto se instalaba el imperio, la creación de una
Junta Provisional Gubernativa y una Regencia (AHSDN, 1821, exp. XI.481.3/9).
El punto a destacar que aunque se estableció una nueva forma de gobierno, pronto
afloraron las divergencias ideológicas, lo que no era extraño dado que la consumación
de la independencia fue resultado de un pacto político entre una diversidad de grupos
con aspiraciones diferentes. Por esta razón, el Imperio tuvo sus días contados pues la
oposición de los republicanos no se hizo esperar.
Simultáneamente a esta situación de inestabilidad interna, se sumó el gran de-
safío que implicó el hecho de que España se negara a reconocer la independencia de
México y por consecuencia a nombrar un soberano; razón por la cual, durante varios
meses gobernaron las dos figuras que preveían los Tratados de Córdoba: la Soberana
Junta Provisional Gubernativa -que tenía bajo su encargo el poder Legislativo- y la
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Ministerio Responsable
Hacienda Rafael Pérez Maldonado
Guerra y Marina Antonio de Medina
Del interior y Relaciones Exteriores José Manuel Herrera
Justicia y Negocios Eclesiásticos José Domínguez
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Sobre las razones de la fallida compra de buques -la planeación original había
contemplado una fragata y ocho corbetas-, refiere el Secretario de Guerra y Marina,
General José Joaquín de Herrera:
En el año anterior… Se dio cuenta al Congreso de haberse dispuesto la compra
de una fragata y ocho corbetas que el gobierno creyó por entonces bastantes para
la protección del comercio y seguridad de las costas. Esta empresa no tuvo todo su
efecto por la falta de recursos en que se encontró el jefe comisionado en los Estados
Unidos de América, ocasionada por la invalidez de las letras que Barry giró a favor
del gobierno, a cuenta del empréstito que había contratado, y que se declaró nulo
por las casas de comercio extranjeras a quienes había comprometido. En conse-
cuencia y apenas produjo la comisión de dos goletas de guerra y seis balandras
cañoneras que obran activamente contra la fortaleza de San Juan de Ulúa…Restan
en Filadelfia cuatro balandras iguales a las otras, que deberán venir a incorporarse
a éstas …Ya se deja entender que estas pequeñas fuerzas no son bastantes para el
feliz éxito de la empresa que hoy ocupa a la Nación, de arrojar de su continente,
los últimos restos de la dominación española (Memoria de Marina, 1823, pp. 5-7).
El resultado fue que el conflicto en Ulúa se prolongó más allá de la existencia del
Imperio, a la vez que la tensión se incrementó por los bombardeos de la fortaleza hacia
la ciudad de Veracruz. Todo ello en medio de la crisis política que desencadenó la
caída de Iturbide al fraguarse las rebeliones de Casa Mata y Veracruz que dieron fin al
primer Imperio mexicano.
Con estas conspiraciones, se abrió el camino hacia la República, pero también
a la encrucijada entre el modelo centralista y federalista, lo que dividió aún más a
la sociedad y prolongó la inestabilidad política a causa de la lucha ideológica que se
entabló (Rivera, 2019).
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Fue hasta 1824 cuando hubo cambios estratégicos que favorecieron la expulsión,
resultado del crudo informe que rindió ante el Congreso el Secretario de Guerra y
Marina, el General José Joaquín de Herrera en noviembre de 1823, al puntualizar que
sólo a la Marina correspondía la tarea de desalojar el fuerte de San Juan de Ulúa:
Aun la pequeña escuadrilla de que he hablado [se refiere a la primera flota
naval comprada en Estados Unidos] nos sería hoy inútil en lo absoluto, si no fuera
por el patriotismo de los habitantes de Alvarado y las costas… Equívocos fatales, y
las circunstancias políticas y extraordinarias Dieron lugar al regreso de la brillante
tripulación con que vinieron dotados estos buques de Norte América, que el comi-
sionado había contratado al servicio de México. En estas circunstancias, y cuando
el gobernador de Ulúa rasgando el velo que encubría su mala fe, manifestó sus
miras de ocupar Sacrificios, y hallándose estos buques casi abandonados, Alvarado
los tripuló con sus vecinos, y de este modo marcharon… oponiéndose al furor de
sus enemigo… El gobierno identificado con los sentimientos de los mexicanos,
ha pronunciado el decreto de bloqueo contra la fortaleza de Ulúa, y para llevarlo
a cabo ha dictado cuantas providencias estuvieron al alcance de sus facultades y
de sus recursos… pero habiendo cambiado el aspecto de la guerra, a la Marina
solo toca consumar esta grande obra y consolidar por siempre la independencia
nacional (Memoria de Marina, 1823, pp. 6-8).
La sensibilización generada tras los enormes daños que los bombardeos habían
provocado en la ciudad y puerto de Veracruz; motivó que el gobierno emitiera tanto el
decreto de guerra, como el de bloqueo naval (AHSEDENA, 1823, exp. XI.481.3/213);
lo que significó que a partir de ese momento se destinaran recursos a través de emprés-
titos con Inglaterra, para comprar tres barcos de mayor desplazamiento y artillería que
fueran útiles para el bloqueo: se trataba de la fragata Libertad y los bergantines Bravo y
Victoria (Rivera, 2018, p. 17).
Aunque Ulúa finalmente se rindió el 17 de noviembre de 1825 ante la
efectividad del bloqueo impuesto por la Armada y el 23 de noviembre zarpó el último
reducto español con rumbo a la Habana, no significaba que se hubiese acabado la
guerra con España (AHSEDENA, 1825, Exp. XI.481.3/215).
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La victoria obtenida en 1825 -al expulsar al último reducto español-, había animado
al Estado mexicano a iniciar las operaciones navales necesarias en la zona del Caribe;
sin embargo, el desarrollo de esta empresa requería de capitanes con experiencia y
dado que la escuela naval de Tlacotalpan todavía no daba frutos en ese sentido,14 se
recurrió a la contratación de capitanes y tripulación extranjera, entre ellos, el Capitán
de Navío David Porter quien fue designado comandante de la escuadra que se integró
para dicha misión.15
En 1826, Porter tomo posesión de la escuadra naval conformada por la fragata
Libertad y los bergantines Bravo, Victoria, Hermon y Guerrero.16 A pesar de lo exitoso
de la misión del lado mexicano; hacia finales de 1828, la flota desapareció debido a
la crisis financiera del Estado mexicano que no pudo sufragar los gastos de mante-
nimiento, lo que quedó asentado en la Memoria del General Francisco Moctezuma,
Secretario de Guerra y Marina:
Tengo el dolor de anunciar que el servicio de la Marina se encuentra comple-
tamente paralizado: las causas de esta desgracia son demasiado conocidas a los
padres de la patria: las convulsiones políticas empobrecieron la hacienda, mucha
parte de sus ingresos han cubierto atenciones extraordinarias del momento, las
tripulaciones enganchadas no pudieron satisfacerse y abandonaron los buques […]
la prudencia y la necesidad obligaron al gobierno a retirar los cruceros sobre el
enemigo; este engrosaba sus fuerzas a la par que disminuían nuestros recursos para
el sostén de nuestras atenciones marineras (Memoria de Marina, 1829).
Esta situación de indefensión naval por parte de México, propició que España
ordenara la expedición del Brigadier Isidro Barradas a Cabo Rojo (AHSREX,
Expedición Isidro Barradas, 1829), quien fue derrotado por Santa Anna en Pueblo
Viejo (Andrews, et. al. 2009). La disputa entre España y México se centralizó a partir
de ese momento en un plano estrictamente diplomático, pues ambas no contaban con
los recursos para enfrentarse. Una vez que falleció Fernando VII, su esposa, la Reina
María Cristina de Borbón signó el Tratado de Paz el 28 de diciembre de 1836, lo que
vino a poner fin a una guerra que había durado 26 años, donde a México le había cos-
tado once años conseguir la independencia y 15 años más refrendar su emancipación
como un Estado libre y soberano.
Reflexiones finales
Como se ha visto a lo largo de este artículo, al emerger el Estado en el México
independiente fue necesaria la construcción de varias instituciones que eran necesa-
rias para su organización administrativa y financiera, como para la protección de su
seguridad; lo que dio origen a la creación de los Ministerios de Hacienda, Relaciones
Interiores y Exteriores, Justicia y Asuntos Eclesiásticos y Guerra y Marina.
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Fuentes empleadas
Fuentes primarias
Documentos de Archivo
• AHSEDENA, Tratados celebrados en la Villa de Córdoba entre Don Juan O› Donojú, Teniente
General de los Ejércitos de España y Agustín de Iturbide, Jefe del Ejército Imperial mexicano, 24
agosto de 1821, exp. XI.481.3/9.
• AHSEDENA, Juramento de los miembros de la soberana junta provisional gubernativa y elección de
la Regencia de acuerdo con el artículo 11 de los Tratados de la Villa de Córdoba, 29 de septiembre de
1821, exp. XI/481.3/52.
• AHSEDENA, Decreto declarando la fortaleza de San Juan de Ulúa, Veracruz en estado de bloqueo,
1823, exp. XI.481.3/213.
• AHSEDENA, Oficio de capitulación para la entrega del Castillo de San Juan de Ulúa, 1825, exp.
XI.481.3/215.
Colección de documentos
• Decreto de Miguel Hidalgo y Costilla contra la esclavitud, las gabelas y el papel sellado, 6 de
diciembre de 1810, dado en Guadalajara, Nueva Galicia, 500 años de México en documentos, http://
www.biblioteca.tv/artman2/publish/1810_115/Decreto_de_Miguel_Hidalgo_y_Costilla_contra_
la_esc_1183.shtml.
• Decreto de Miguel Hidalgo sobre devolución de sus tierras a los pueblos indígenas; dado en el Cuartel
General de Guadalajara, 5 de diciembre de 1810, 500 años de México en documentos, http://www.
biblioteca.tv/artman2/publish/1810_115/Decreto_de_Miguel_Hidalgo_sobre_devoluci_n_de_sus_
tierras_a_los_pueblos_ind_genas.shtml.
• Diario de las Sesiones de la Soberana Junta Provisional Gubernativa del Imperio Mexicano, instalada
según previenen el Plan de Iguala y Tratados de la Villa de Córdova, México, Imprenta imperial de
Don Alejandro Valdés, Año de 1821, primero de la independencia, p. 11. http://cdigital.dgb.uanl.mx/
la/1020002211/1020002211.PDF.
• Dublan Manuel y Lozano José María, Decreto del 14 de noviembre de 1821. Prerrogativas, honores
y facultades del Serenísimo Sr. D. Agustín de Iturbide por sus empleos de Generalísimo-Almirante,
en Legislación Mexicana o Colección Completa de las Disposiciones Legislativas expedidas desde la
independencia de la República, t. 1, 1876, p. 559.
• En nombre de Hidalgo, Morelos publica supresión de castas, esclavitud, tributos, deudas a europeos, monopolio
de pólvora, Cuartel General del Aguacatillo, 17 noviembre de 1810, Memoria Política de México, https://
www.memoriapoliticademexico.org/Textos/1Independencia/1810HMS.html#:~:text=1810%20En%20
nombre%20de%20Hidalgo,Noviembre%2017%20de%201810.&text=Nadie%20pagar%C3%A1%20
tributo%2C%20ni%20habr%C3%A1,que%20los%20tengan%20ser%C3%A1n%20castigados.
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general-y-completa-tomo-3-la-guerra-de-independencia-846426/.
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Los combates navales en la región noroeste durante 1914
Naval battles in the Northeast region during 1914
Resumen
En el periodo que va de febrero a junio de 1914 se desarrollaron una serie de combates navales en
la zona noroeste de México. Sobre este hecho histórico la mayor parte de la producción historiográfica
se refiere al encuentro en Topolobampo, por ser considerado el primer combate aeronaval en la historia
mundial. No obstante, se omite o se pasa por alto que durante ese tiempo se ven involucrados tres
buques que para ese entonces formaban parte de la armada de México: el «Tampico», el «Guerrero» y el
«Morelos» . Analizar el comportamiento de los marinos contendientes de ambos bandos y reflexionar
sobre las operaciones navales es de suma importancia, por tal motivo, el trabajo aborda los siguientes
aspectos: Primero se muestra un recorrido fáctico general para que aquellos que no están familiarizados
con el tema puedan tener una base de interpretación. Posteriormente, se hace un balance historiográfico.
Más adelante se analiza lo sucedido en el Pacífico, desde dos enfoques: uno desde el discurso y la disputa
por la legitimidad, y otro, haciendo énfasis en el lado humano, sobre todo retomándolo desde los
aspectos del honor y la moral. Finalmente, se dan unas breves conclusiones.
Palabras clave
Revolución, Armada, Topolobampo, legitimidad, historiografía.
Abstact
From the period of February to June of 1914 there was a development of different naval combats in
the Northeastern parts of Mexico. Due to this historical moment a great deal of important historiography
was taken in consideration referring to the battle of Topolobampo because it was here where the first air to
naval combat took place worldwide. Nevertheless, it’s overlooked that during this period there were three
very important ships that formed part of the armed naval forces of Mexico, «El Tampico», «El Guerrero»
and «El Morelos» . Analyzing the behavior of the marines from both sides and their reflection of their
naval operations are highly important as well. First, they are given a rundown of the general process
in depth for those who were not familiarized with the process. Afterwards, there would be a balancing
of the historiography factors followed by an analysis of what occurred in the Pacific from two different
standpoint. First point of view would be the dispute of legitimacy that was occurring and the second
point would be the focus on the marines themself, especially in the aspect of honor and moral
responsibility. Finally, they are given a brief conclusion.
Keywords
Revolution, Armed Forces, Topolobampo, legitimacy, historiography .
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Los combates navales en la región noroeste durante 1914
Mexicana, otorgado por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México.
Ha publicado «El preludio de la Revolución Mexicana» en la Gaceta Vizcaínas; «La entrada del
Ejército Constitucionalista a la ciudad de México» en el volumen El triunfo del Constitucionalismo
(2015); el cuento histórico «Volviendo a casa», en la revista 3ES En el Extremo Sur (2019) y el libro
Francisco I. Madero: la génesis de la Revolución (2020).
Correo: [email protected]
El autor de este artículo, hace del conocimiento de los editores, que el presente manuscrito es
original y de su autoría, no ha sido publicado parcial o completamente en ninguna parte con anterioridad
y actualmente no se encuentra en revisión en ninguna otra revista.
Artículo recibido el 4 de junio de 2021.
Los errores remanentes son responsabilidad del autor.
Aprobado el 18 de Junio de 2021.
El contenido de la presente publicación refleja el punto de vista del autor, que no necesariamente
coinciden con el del Alto Mando de la Armada de México o la Dirección de este plantel.
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Doctor Edgar Urbina Sebastián
Introducción
D
esde que empezó la lucha en contra de Victoriano Huerta en febrero
de 1913, en un primer momento las actividades militares solo tuvieron
un relativo éxito en la zona de influencia de los jefes sonorenses. No
obstante, las operaciones del Ejército del Noroeste habían quedado empantanadas
a partir del 20 de noviembre de 1913.1 Desde ese momento estuvieron varados, en
gran parte debido a que no habían podido tomar los puertos, ya que estaban bien
abastecidos por el mar por la flota del Pacífico. De ahí la importancia de contar con
un barco para contrarrestar al enemigo.
1 El ejército del noroeste pasaría prácticamente cinco meses inactivo desde la caída de Culiacán en el mes de noviembre
de 1913. Para ver la trayectoria de la columna de Álvaro Obregón, véase: (Aldama, 2014, p. 406) (Garciadiego, 2013,
pp. 92-95).
2 Algunas fuentes dicen que fue el 24, entre ellos (Jiménez, 2018, p. 13) y (Martínez, 2014, p. 380).
3 Hilario Rodríguez Malpica. (Coatzacoalcos, Veracruz, 1889-1914) A la edad de quince años ingresó a la Heroica
Escuela Naval Militar, de la que se graduó en 1909. En noviembre 1911 fue ascendido a subteniente y se le asignó al
buque Tampico. Tal vez su ascenso se debió a la llegada de Francisco I. Madero al poder, recordemos que su padre
sería nombrado Jefe del Estado Mayor del Presidente. En 1913 fue ascendido a teniente. Al momento de la rebelión
formaba parte de la tripulación del Tampico que defendía el puerto de Guaymas. (Valdez, 2011).
4 Para los pormenores del día de la rebelión véase (Ramírez, 2005, pp. 196-197). También «Relación detallada de la
sublevación habida a bordo del cañonero Tampico», El País, 11 de marzo de 1914; «Lo que dice el señor general
Blanquet sobre la defección del C. Tampico», en El País, 12 de marzo de 1914, y «Después de la insubordinación,
anarquía y pandemónium a bordo del Tampico», El Imparcial, 4 de abril de 1914.
5 En el mismo astillero fue mandado a construir y en el mismo año llegó a nuestro país el cañonero transporte «Vera-
cruz». (Lavalle, 1991, Tomo I, p. 156).
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Los combates navales en la región noroeste durante 1914
por 10 de manga (ancho) y 4 de puntal (altura del casco) y desplazaba 1000 toneladas.6
Los rebeldes, ya apoderados de la situación, se hicieron a la mar con el objetivo de
entrar a Mazatlán para atacar al cañonero-transporte «Guerrero» .7 No obstante, en
el camino el fuerte oleaje le destruyó una paleta del timón y el barco quedó al garete.
Era un negro presagio para una aventura que terminaría mal.
Al pasar por Topolobampo avistaron al vapor comercial «Herrerías», lo
abordaron, tomaron prisionero a su capitán, obtuvieron sus provisiones, además de
carbón y sumaron a su movimiento a la tripulación. Fue desechada la propuesta de
Agustín Rabatet, una de las cabezas del movimiento, quien había sugerido artillar
el buque para también utilizarlo en la campaña que se iba a emprender. No tomar
aquella disposición a la postre les resultaría fatal.
Desembarcaron en la Bahía de Topolobampo. Ahí los oficiales Fernando Palacios
y Agustín Hass fueron comisionados para ir en busca del gobernador carrancista
Felipe Riveros, darle cuenta de los hechos y hacerle presente su adhesión. Mientras
los enviados realizaban su comisión fue reparado el buque y zarpó. Horas más tarde
recogieron a los emisarios, quienes dieron cuenta de su exitosa gestión.
De esta manera, el día 26 de febrero, se reunieron en el cañonero «Tampico»,
representantes de los constitucionalistas y del gobierno de Sonora, entre ellos el
Coronel Eduardo Hay y el Mayor Federico Schmidt, con parte de la tripulación que
era representada por Hilario Rodríguez Malpica, Agustín V. Rabatet y el Mayor
Luis Morfin. Se firmó el acta de adhesión a las fuerzas revolucionarias y simbóli-
camente se entregó la embarcación a la causa. De ello se dio cuenta al Primer Jefe,
Venustiano Carranza, quien un día después decretó algunos ascensos.
Después de firmada el acta, el «Tampico» zarpó de la Bahía de Topolobampo.
Cabe mencionar, que no hay muchos datos para reconstruir lo que ocurrió con el
Tampico durante casi un mes. Las noticias que dio la prensa son nulas y los partes
que mandan los jefes militares de la División del Yaqui, sobre el «Tampico», también
son escasos, todo indica que permaneció cerca de la bahía de Topolobampo durante
todo ese tiempo.
6 (Dirección General Adjunta de Oceanografía, Hidrografía y Meteorología. [DIGAOHM]. 2021) (Tapia, 2020, p. 55)
Como dato curioso habría que mencionar que el «Tampico» era la embarcación que proveía a la Isla Clipperton, a la
que después se le puso el nombre de la Isla de la Pasión lugar donde vivió Victoriano Salado Álvarez como amo y señor,
al ya no tener contacto con tierra. Los hechos se suscitaron de la siguiente manera: En 1905 un grupo bajo el mando
del capitán Ramón Arnaud Vigno, de padres franceses pero nacido en Veracruz, llegó a la Isla Clipperton, (sitio a 945
kilómetros de Acapulco y con una extensión de 5km2), su misión era vigilar y defender el punto, ya que compañías
extranjeras extraían el guano, dejado por el pájaro bobo, sin ninguna restricción. Además de que México estaba en
disputa con Francia por la posesión de la isla. A lo largo del tiempo se enviaron constantes comisiones. Ya durante
el huertismo, específicamente el 7 de enero de 1914, llegó nuevamente Arnaud, ahora con el carácter de gobernador,
acompañado de su esposa de nombre Alicia Rovira Gómez, sus 3 hijos y con 19 personas más. Precisamente el buque
encargado de proveerlos era el «Tampico», quien les hacía llegar mercancías de Topolobampo. Cuando Rodríguez
Malpica se rebeló, la isla Clipperton quedó incomunicada y olvidada, con el paso del tiempo llegaron las enfermedades.
Una tarde los habitantes de la isla avistaron un barco, Arnaud y un grupo de hombres tomaron una lancha con el
objetivo de lograr contacto, pero murieron ahogados. En la isla quedó un solo hombre, Victoriano Álvarez, quien
asumió el rol del jefe y se aprovechó de las mujeres. Cuando quiso abusar de la esposa del fallecido Arnaud, ella lo
mató. Las 4 mujeres y los 7 niños que vivían en la isla, fueron rescatados hasta 1917 por el buque norteamericano
Yorktown. (Reyes, 2003). Cabe mencionar que en 1931 la isla fue concedida a Francia.
7 Paradojas de la Historia: el «Guerrero» había sido el buque en el que el presidente nicaragüense Santos Zelaya, depues-
to por la intervención estadounidense, había encontrado refugio durante el porfiriato. El comandante del cañonero en
aquella ocasión había sido el capitán de fragata Hilario Rodríguez Malpica, padre del ahora rebelde. (Lajous, 2010. pp.
103-104) Para una historia novelada que abarca parte de los hechos: (Villalpando, 2018).
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8 Misma historia fue la del «Nicolás Bravo» . (Lavalle, 1991, Tomo I, p. 156).
9 «El Cañonero Demócrata fue construido en Inglaterra en 1874 y adquirido por la marina mexicana en 1877. Este
buque fue de gran utilidad en el litoral del Pacífico, hasta que fue llevado a San Francisco, California, para carenarlo
y aplicarle un embono de madera. Se fue a pique y la compañía repuso el buque con apego a las características de
casco de madera, tres palos, aparejo de barca, máquina de vapor horizontal, artillería de 4 piezas, etc.» (Secretaría de
Marina, 2009).
10 El Oaxaca era un viejo buque que fue dado de baja en 1908, y sustituido por el «General Guerrero» . El «Oaxaca»
desde entonces había quedado instalado en Guaymas utilizado solo como pontón. (Lavalle, 1991, Tomo I, p. 156).
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11 Nacido en Cuatro Ciénegas, Coahuila, el 19 de julio de 1893. Pariente de Venustiano Carranza.
12 Lavalle Argudín, dice quedó encallado al entrar Estero del Astillero, en la Isla de Piedra, y permaneció ahí por dos o
tres años y después fue vendido como fierro viejo, (Lavalle, 1991, Tomo I, p. 156).
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El balance historiográfico
Para conocer más acerca de los combates navales tenemos diversas fuentes, tanto
primarias como secundarias, que nos permiten acercarnos al fenómeno histórico
desde diversos puntos y perspectivas.
En cuanto a las fuentes primarias, contamos con algunas de las siguientes:
-Testimonios. Aquí tenemos el libro de Álvaro Obregón, Ocho mil kilómetros en
campaña, (1973) y los textos de Juan Barragán (1986) y Jacinto B. Treviño, quienes
si bien es cierto estos dos últimos no estuvieron en el teatro de los hechos, si estaban
cerca del Primer Jefe. En el caso de este último, anota la respuesta de Carranza al
enterarse del hundimiento del Tampico. (1961, p. 64).
Mención especial merece A media asta del Capitán de Altura Rafael López
Fuentes, (2021), ya que fue uno de los actores en los sucesos y fue un trabajo realizado
a partir de testimonios de varios de los sobrevivientes y con documentos oficiales. El
texto se encontraba en el expediente del Capitán Hilario Rodríguez Malpica, pero
afortunadamente la Secretaría de Marina, tuvo el acierto de ponerlo a disposición del
público de forma digital.
-Partes militares desde el constitucionalismo. Estos pueden ser consultados
principalmente en el Archivo del Primer Jefe, del Centro de Estudios de Historia de
México, Carso, y en el Archivo Juan Barragán, ubicado en el Archivo Histórico de la
UNAM del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y Educación.
-Partes militares desde el huertismo. Disponibles en el Archivo Histórico de la
Secretaría de la Defensa. Contiene dos Ramos: el Ramo Revolución, y el Cancelados,
en este último podemos ingresar a los expedientes de los militares involucrados en los
acontecimientos, entre ellos al de Gustavo Salinas Camiña14.
-Partes de la flota naval norteamericana. Los destructores estadounidenses USS
«Preble» y el USS «Perry», quienes estaban por la zona, rindieron sus informes de los
hechos. Parte de su transcripción podemos consultarlos en un artículo publicado en
1918, del que más adelante hablaré.
13 La tripulación del «Tampico» intentó engañar al «Guerrero», quemaron en la parte baja de la chimenea, todo lo
que encontraron a su alcance para dar la apariencia de que el barco podría marchar perfectamente, la treta no resultó.
(Tapia, 2020, p. 55)
14 A partir de 1986 se permitió a los investigadores civiles el acceso a este archivo. (Ibarrola, 2010, p. 194).
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-Los artículos periodísticos. Gran parte de los hechos fueron noticia a través de
los medios revolucionarios y gobiernistas. Entre los primeros tenemos a El Pueblo;
entre los segundos a El Independiente y El Imparcial.
-Archivo General de la Secretaría de Marina-Armada de México. Aquí se
encuentran los expedientes de varios de los marinos participantes, entre ellos el de
Hilario Rodríguez Malpica.
-Archivo Histórico del Senado. Cuenta con los expedientes personales de los
oficiales de jerarquías superiores: de capitanes de navío a almirantes. También pode-
mos encontrar las ratificaciones de ascenso.
-Fotografías. Algunas de ellas pueden ser consultadas en el Archivo Casasola y
en la Fototeca del INAH, así como en algunos blogs especializados.
Pasemos ahora a las fuentes secundarias:
Lo sucedido en el Pacífico ha sido objeto de narraciones, de estudios historiográ-
ficos, monografías, biografías, ensayos, artículos, testimonios gráficos, documentales,
de literatura y de estudios científicos. Cabe mencionar que la calidad y la extensión es
sumamente variable; van desde únicamente lo fáctico a análisis más elaborados donde
se expone la estrategia, las armas y las posiciones. No obstante, en la mayor parte
de los trabajos realizados comúnmente se refieren más al combate de Topolobampo,
por ser considerado el primer combate aeronaval en la historia mundial,15 en el cual
participa Gustavo Adolfo Salinas Camiña.
En la mayoría de los textos se omite, se pasa por alto o se les da poca importancia a
las operaciones navales desarrolladas en los meses de febrero a junio de 1914. Esto habría
que cambiarlo, ya que se ven involucrados cinco buques que para ese entonces formaban
parte de la Armada de México, y que representaban un alto porcentaje de la misma.
Antes de iniciar la revolución la fuerza naval consistía en «dos corbetas escuelas»
«Zaragoza» y «Yucatán» de vapor y vela respectivamente, seis cañoneros «Bravo»,
«Guerrero», «Morelos», «Tampico», «Veracruz» y «Demócrata»; dos transportes de
guerra: «Progreso» y «Oaxaca» y las pequeñas embarcaciones de la flotilla del sur en
el territorio de Quintana Roo.16 Como podemos apreciar, tenemos que la mitad de
la fuerza naval se vio involucrada en los combates del Pacífico.17
Es poca la Historia de la Revolución mexicana que se refiere a las operaciones
navales. La que existe se refiere en su mayor parte a la invasión al puerto de Veracruz
en 1914, donde existen obras de gran valor como los diversos trabajos de la Doctora
y Capitán Leticia Rivera Cabrieles.
Para exponer las fuentes secundarias iré de lo general a lo particular.
15 Algunos otros consideran el primer combate aeronaval al ocurrido el 13 de mayo de 1913, cuando el avión constitu-
cionalista Sonora, piloteado por el francés Didier Masson, atacó a las fuerzas federales. Ahí no hubo éxito en el tiro y
tampoco fue repelido por los barcos. (Martínez, 2014, p. 378).
16 Para entonces además de los buques arriba mencionados en Tampico se encontraban el Zaragoza, Progreso y Vera-
cruz, este último también se fue a pique por esa época. Por lo tanto, la armada quedó muy mermada. (Lavalle, 1991,
Tomo I, p. 156).
17 La flota era muy exigua. Leticia Rivera Cabrieles, quien hace un balance de la política en ese rubro de los gobiernos
de Díaz, Madero y Huerta dice que no tuvieron intenciones de impulsar el poderío naval y que a final de cuentas
las tareas realizadas fueron insuficientes para hacer frente a la Revolución y a las intervenciones de Estados Unidos.
(Rivera, 2017, p. 81).
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Historias generales
Existen obras generales que hablan sobre la Historia de la Armada en México, en
casi todas ellas se aborda de manera tangencial los combates navales de 1914, entre
ellas están el texto publicado en 1960 por Raziel García Arroyo, Biografía de la marina
mexicana: semblanzas históricas. Tres años después salió a la luz el texto de Juan de
Dios Bonilla, Historia marítima de México, (1963) quien le dedica el capítulo XI a los
combates.
Ya para 1970 apareció la Semblanza marítima del México independiente y revolucio-
nario, de Enrique Cárdenas de la Peña, en ella podemos encontrar algunas narraciones
sobre el combate y transcripción de la relación de los ascensos dados al personal del
«Guerrero» y de los 61 individuos capturados del «Tampico». (1970, p. 238).
En la siguiente década aparecieron los Anales gráficos de la historia militar de México,
1810-1980, (Casasola, 1980) en la que como su nombre lo menciona, podemos encon-
trar algunas imágenes sobre los cañoneros y los personajes participantes. En 1991, el
Vicealmirante I.M.N., Mario Lavalle Argudín, (1991) da unas líneas al incidente y
presenta datos sobre las embarcaciones contendientes en, Memorias de Marina, Buques
de la Armada de México, Acaecimientos notables.
Ya de manera más reciente están los libros: Historia General de la Secretaría de
Marina-Armada de México. Su desarrollo histórico, de la época prehispánica a la posre-
volución (2012); Historia gráfica de la Secretaría de Marina-Armada de México (2012);
Militares y marinos destacados. Héroes y próceres del Ejército, Fuerza Aérea y Armada de
México (2011). En el 2013, se publicó el texto Las fuerzas armadas en la Revolución
Mexicana, que le dedica a los Rodríguez Malpica, su último capítulo. También tene-
mos la Historia General de la Infantería de Marina Mexicana (2012) y la Síntesis de la
Historia de la Armada Mexicana 1821-1940, (2016) en la que la coordinación general
estuvo a cargo del Capitán de Navío Álvaro Alejandro Alfaro Flores y la Coordinación
histórica de la Doctora y Capitán de Corbeta Leticia Rivera Cabrieles.
Ahora pasemos a los trabajos que abordan directamente el tema:
Lo sucedido en aguas mexicanas pronto despertó el interés, sobre todo de escritores
estadounidenses, quienes contaban con material para reconstruir la historia. A solo
cuatro años de lo sucedido J. H. Kleein Jr., escribió el artículo: «The career of the
mexican gunboat Tampico», para la revista United States Naval Institute Proceeding,
(1918) en el que se rescatan los informes dados desde los buques norteamericanos. En
él podemos apreciar también algunas fotografías en los momentos de combate. Diez
años más tarde, en la misma revista H. E. Kays (1927) publicó «The Naval Battle of
Topolobampo, 1914» .
Dentro de los trabajos escritos en México, fue hasta muy tarde que hubo un interés
sobre el tema. Cabe mencionar que los trabajos sobre el hecho varían de acuerdo a su
extensión y calidad.
En la década de los setenta Roberto Fierro (1978) escribió dos artículos muy gene-
rales para la revista Presagio. A finales de la década se publicó el texto de Mario Lavalle
Biografía del Capitán de Navío de la Armada Nacional Hilario Rodríguez Malpica.
Combates y hundimiento del cañonero constitucionalista «Tampico», (1978).
En la década de los noventa en la Revista Secretar{ia de Marina, encontramos los
artículos «La batalla naval de Topolobampo» (1995). Ya en los años más recientes se
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dieron a conocer otros trabajos, entre ellos los textos de Martín Martínez Baizabal y
Raúl Tapia Rosas, publicados el primero en el 2014 y el segundo, apenas el año pasado.
Hasta el momento el trabajo más completo es la tesis de Otilio Silva Andraca, que lle-
va por título, La incorporación del buque cañonero Tampico a la Revolución Constitucionalista
en 1914, sin embargo, fue escrita en el 2010 y de ahí a la fecha se han sumado otras
investigaciones que siguieron aportando para conocer más sobre el tema.
En los últimos años ha existido un impulso importante sobre la investigación,
relacionada con temas navales. La apertura de museos, la publicación de revistas, de
libros, la creación de organizaciones, seminarios, estudios, ciclos de conferencias, ins-
tituciones y la realización de diversos proyectos de investigación multidisciplinarios,
además de la conmemoración de eventos relacionados con efemérides, han permitido
el surgimiento de nuevos trabajos. Hubo un boom a partir del 2010, debido a la
celebración del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución.
Además, por la serie de publicaciones y cooperaciones entre civiles y miembros de las
instituciones navales y militares, que esperemos se sigan llevando a cabo.
Mención especial merece el proyecto interdisciplinario, llevado a cabo reciente-
mente por el INAH y la Secretaría de Marina, que tuvo dos temporadas de campo18
y que dio como resultado el año pasado a la ubicación e identificación del cañonero
Tampico, hundido a una profundidad de más de 40 metros. Cabe mencionar que la
investigación se basó en fuentes documentales y etnográficas. En él participaron espe-
cialistas de la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del INAH, que dirige
el doctor Roberto Junco Sánchez y que contó con la participación del historiador Raúl
Tapia Rosas, el fotógrafo Alberto Soto Villalpando y el arqueólogo Josué Guzmán
Torres. Fue una investigación que duró 10 años. (Tapia, 2020, p. 55).
Cabría hacer énfasis que la llegada de la era digital favoreció enormemente el
acceso a fuentes, archivos y bibliotecas alrededor de todo el mundo lo que también
ha favorecido a la producción histórica. Esperemos que en lo venidero se siga en esta
misma dinámica.
18 La primera temporada fue del 30 de marzo al 2 de abril, en ella se obtuvieron imágenes tridimensionales el océano
donde se pudo obtener una anomalía que correspondía a las dimensiones del «Tampico» . La segunda temporada se
llevó a cabo del 8 al 12 de septiembre. Ahí se hicieron dos inmersiones profundas que confirmaron la existencia del
buque. Se tiene pensado realizar más inmersiones para realizar modelos de Tercera dimensión. Para su localización «se
empleó tecnología multihaz que, por medio de un pin acústico, emite sonidos que rebotan en grandes profundidades
marinas y genera lecturas detalladas de los objetos que yacen en ellas.» (DIGAOHM. 2021).
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hacer presentes en sí mismos los valores de la institución de la cual ellos formaban parte.
Lo que tenemos, en esos momentos, es una disputa en relación a la legitimidad, la
legalidad y la descalificación del otro.
Es un marco de lo contencioso que podemos apreciar en el siguiente esquema:
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El sentido de unidad
Según algunos datos, se dice que la mañana del 16 de junio la tripulación del
«Guerrero» intentó parlamentar con el «Tampico», y mandó un bote para obtener
su rendición. Sabían que las condiciones de sus enemigos no eran las óptimas y
pretendieron evitar combatir a sus antiguos camaradas, y así dar una salida honrosa
para ambos.
El afecto entre integrantes de la misma arma, da un sentido de hermandad, de
comunidad. Es conocido que el formar parte de una institución da un sentido de
pertenencia, y uno de los más fuertes se dan en las corporaciones armadas que, en ese
momento, por las coyunturas históricas, se encontraban enfrentados. El «Tampico»,
tal vez por no avistar el bote o por ignorarlo, decidió combatir, teniendo el desenlace
arriba descrito. (Tapia, 2020, p. 54).
Pese a lo anterior, el código entre marinos fue respetado. Ante la muerte de
Rodríguez Malpica, los tripulantes de las embarcaciones nacionales y extranjeras
reconociendo su acto, y yendo a contracorriente del discurso huertista, reconocie-
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Más tarde volvieron a interceder por ellos, cuando vieron las pésimas condiciones
en las que estaban purgando sus penas.20 Aunque enemigos y enfrentados en un
combate naval, de alguna manera los derrotados seguían siendo de los suyos.
Pensemos en un marino, que combate a sus amigos, camaradas, a los miembros de
su gremio, que antepone de sí, antes que los afectos personales, su perfil profesional, y
de lo que considera honesto y justo, pues son principios que le han dado vida y forma.
De alguna manera el cuartelazo de 1913 había creado una ruptura al interior
de los gremios armados, al provocar la ruptura entre el deber ser y el ser. Lo que
tenemos aquí es que había una continuidad y uniformidad en el discurso tanto en
la Armada como en el Ejército de arrogarse la representatividad de la nación y de la
defensa de las instituciones. No obstante, el Ejército se autotraicionó, al cometerse
la detención y posterior asesinato del presidente. Con ello la unidad al interior del
gremio castrense y de sus principios fue rota. Hubo una serie de crisis a lo largo de
los siguientes años, que finalmente culminó en el mes de agosto de 1914, con la
disolución del Ejército y la Armada Nacional, heredera del porfirismo. La resultante
tuvo otros caminos y otros procesos, pero de aquello ya no me toca hablar a mí.
La imagen que tenemos hoy de la Armada Nacional se presenta en términos
fetichizados. Es decir, en términos de la idea que representa lo concreto y lo real,
que en término de simbolismo y significado-significante representa a la Marina y sus
principios. Hoy en día en la Armada, afortunadamente, la conjunción de la legitimi-
dad con la legalidad y, por tanto, de la defensa de nación y de sus instituciones está
vigente y que esperemos no se rompa.
Hoy sigue en el terreno de lo contencioso la figura o figuras y hechos que dan
configuración a la Armada, se exaltan algunos nombres y se rememoran algunos
hechos y se ocultan otros. En el caso de los rebeldes del Tampico y de Hilario
Rodríguez Malpica, es un acierto por parte de la Armada que forme parte de los
primeros.
20 Cubrían sus penas en el pontón Primos Valdemar, frente a las costas del puerto colimense, y se pidió fueran traslada-
dos a la Casa Municipal, donde había mejores condiciones. (Silva, 2010).
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Conclusiones
Después de expuesto lo anterior, podemos llegar a las siguientes conclusiones:
1) La utilización de la flota naval, fue esencial para que el Ejército del Noroeste
no pudiera avanzar y tuviera el control de todo el sector Noroeste de nuestro
país. Para mayo de 1914 las fuerzas revolucionarias dominaban toda esa zona,
a excepción de los Puertos de Guaymas y Mazatlán, que eran abastecidas por
los buques mencionados.
2) La suma del «Tampico» al bando revolucionario, ocasionó que se mantuvieran
entretenidos a los buques federales y no fuera tan presto el auxilio a las fuerzas
federales en tierra que pudieran contrarrestar a los revolucionarios.
3) La inutilidad del «Tampico» y el «Morelos» debido a los combates en la zona
noroeste, sumada a la desaparición del «Veracruz» en el Golfo, por eso años,
mermó aún más a la ya de por sí disminuida fuerza naval con la que contaba
el país.
4) Las fuentes tanto primarias como secundarias disponibles al público, afor-
tunadamente han ido creciendo en los últimos años, pero es necesario seguir
escribiendo sobre el tema.
5) La legitimidad no siempre va de la mano con la legalidad. La legitimidad que
tenía la Armada y en general el ejército se había roto con la traición de Huerta
hacia Madero en febrero de 1913. Hilario Rodríguez Malpica y parte de la
tripulación del Tampico trataron de reconstituirla cuando se pasaron al bando
revolucionario en febrero de 1914.
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Fuentes
Archivos
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Revista del Centro de Estudios Superiores Navales. Volumen 42. Número 2. ISSN: 1870-5480
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Los inicios de la aviación naval. Una revolución tecno-científica
The beginning of naval aviation. A technoscientific revolution
Resumen
A finales del siglo XIX y principios del XX, la industria, ciencia y tecnología empezaron a desarrollar
una relación dialéctica que continuó a lo largo del XX y XXI. Dicha relación tuvo un impacto positivo
en las fuerzas armadas del mundo, principalmente en las potencias mundiales. La ciencia, tecnología
e industrialización permitieron la fabricación de armamento nuevo para las distintas especialidades
de las fuerzas armadas: la infantería, artillería, caballería y marina conocieron muchas aplicaciones
tecnológicas de la era industrial. En este contexto, la industrialización posibilitó el surgimiento de la
aviación y su incorporación a las fuerzas armadas, que dio vida a la aviación militar y naval.
El objetivo del artículo es describir y analizar, desde el enfoque de los estudios de Ciencia,
Tecnología y Sociedad (CTS), el proceso de cambio en la estructura orgánica de las armadas del mundo
con la introducción de la tecnología aeronáutica como arma de guerra en entre 1903 y 1946, lo que
representó una revolución técnico-científica en el sector naval. Asimismo, se mostrarán los inicios de la
aviación naval en México con la aplicación de la nueva tecnología aérea.
Palabras clave
Aviación, naval, ciencia, tecnología, militar, guerra, industrialización.
Abstract
In the late 19th and early 20th centuries, the industry, science and technology began to develop a
dialectical relationship that continued throughout the 20th and 21st centuries. This relationship had
a positive impact on the world’s armed forces, mainly on world powers. The Science, technology and
industrialization allowed the manufacture of new armament for the various specialties of the armed
forces: infantry, artillery, cavalry and marine, met many technological applications of the industrial era.
In this context, industrialization enabled the emergence of aviation and its incorporation into the armed
forces, that gave life to military and naval aviation.
The objective of this article is to describe and analyze, from the focus of Science, Technology and
Society (CTS) studies, the process of change in the organic structure of the world’s navies with the
introduction of aeronautical technology as a weapon of war, between 1903 and 1946, which represented
a technical-scientific revolution in the naval sector.
Keywords
Aviation, naval, science, technology, military, war, industrialization.
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Los inicios de la aviación naval. Una revolución tecno-científica
El autor de este artículo, hace del conocimiento de los editores, que el presente manuscrito es
original y de su autoría, no ha sido publicado parcial o completamente en ninguna parte con anterioridad
y actualmente no se encuentra en revisión en ninguna otra revista.
Artículo recibido el 4 de junio de 2021.
Los errores remanentes son responsabilidad del autor.
Aprobado el 18 de Junio de 2021.
El contenido de la presente publicación refleja el punto de vista del autor, que no necesariamente
coinciden con el del Alto Mando de la Armada de México o la Dirección de este plantel.
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76 Revista del Centro de Estudios Superiores Navales. Volumen 42. Número 2. ISSN: 1870-5480
Doctor Federico Lazarín Miranda
Introducción
E
n el último tercio del siglo XIX el proceso de industrialización tenía un
desarrollo impresionante, su impacto en la economía y sociedad mundia-
les era palpable en casi todos los países del mundo, aún en las regiones
sin industria se conocían los productos industrializados, gracias a la integración del
mercado mundial. A la par con esa evolución, también se dio el desarrollo científico
y tecnológico en la segunda mitad del siglo XIX, lo que dio paso a una interrelación
cada vez más estrecha entre industria, tecnología y ciencia.
Por su parte, las fuerzas armadas de las potencias mundiales entraron en un
proceso de reestructuración y rearme después de las guerras de Crimea (1853-1856),
de Secesión en los Estados Unidos (1861-1865) y la intervención francesa en México
(1862-1867), como consecuencia de estos conflictos la competencia militar entre las
potencias se incrementó con la incorporación de nuevas tecnologías producto de la
investigación científica y el desarrollo industrial.
Ello generó una revolución técnico-científica en las fuerzas armadas pues la
incorporación de las tecnologías industrializadas permitió la adopción de nuevas
armas como la ametralladora al finalizar el siglo XIX y en los primeros años del XX
inició la incorporación de vehículos automotores.
La ventaja de la industrialización en la producción de nuevas armas se reflejó, en
primer lugar, en la producción masiva de armas, equipo, pertrechos e indumentaria,
a partir de entonces, se pudieron producir cantidades impensadas en otras épocas de
insumos militares. En segundo lugar, las fuerzas armadas se apropiaron de avances
tecnológicos como el barco de vapor, que permitió la fabricación de buques de metal
con artillería de mayor calibre, más rápidos y que ya no dependían de los vientos o
de las corrientes marinas para navegar. También se echó mano del ferrocarril como
un transporte rápido y eficiente de tropas, armamentos y pertrechos, lo que se define
como logística: en las guerras de Secesión en los Estados Unidos y en la franco-
prusiana (1870-1871), los bandos vencedores: Ejército de la Unión o del Norte,
en la primera, y Ejército Prusiano, en la segunda; lograron su triunfo gracias a la
utilización táctica que hicieron de los ferrocarriles transportando grandes cantidades
de tropas, armamento y pertrechos con rapidez y facilidad al frente de batalla.
De tal forma, el diseño de nuevas armas para la guerra con la investigación
científico-tecnológica y su fabricación en la industria, logró la producción de fusiles
y artillería de retrocarga y ánima rayada que dieron grandes ventajas a los ejércitos
francés y británico, en Crimea, contra rusos y griegos que todavía utilizaban artillería
y fusilería de avancarga. Después se dieron los primeros diseños de la ametralladora,
una de las más famosas fue la Maxim de (1884) desarrollada por el empresario Sir
Hiram Stevens Maxim. También se descubrió el uso de los uniformes mimetiza-
dos o tropicalizados, es decir, la utilización indumentaria que ayudara al soldado
e infante de marina a soportar mejor las condiciones del clima o a perderse en el
horizonte al utilizar ropas que tuvieran colores semejantes a los del medio ambiente
en el que actuaban. Aquellos viejos uniformes muy vistosos que utilizaban los colores
nacionales fueron desapareciendo gradualmente pues eran fáciles de localizar para
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las tropas que tenían nuevos fusiles con alcances efectivos de tiro cercanos a los mil
metros. Además, los uniformes de lana que venían muy bien en Europa, por el clima,
eran insoportables en los climas desérticos de África o en los tropicales y húmedos
de Asia, de tal forma que se empezaron a utilizar materiales como el lino y algodón
que resultaban más frescos por los ejércitos coloniales europeos en estos continentes.
Después de 1903 cuando los hermanos Wright hicieron posible el vuelo de un
aparato más pesado que el aire, mejor conocido como aeroplano, la mayor parte de
las fuerzas armadas del mundo iniciaron la experimentación con esta tecnología en
cometidos militares. Las armadas no quedaron atrás en este proceso, surgiendo así el
ala naval de muchas marinas de guerra.
El objetivo de este artículo es describir y analizar, desde el enfoque de los estu-
dios de Ciencia Tecnología y Sociedad (CTS), el proceso de cambio en la estructura
orgánica de las armadas del mundo con la introducción de la tecnología aeronáutica
como arma de guerra entre 1903 y 1946, lo que representó una revolución técnico-
científica en el sector naval. Asimismo, se mostrarán los inicios de la aviación naval
en México con la aplicación de la nueva tecnología aérea.
De acuerdo con Javier Echeverría (2003) los estudios de ciencia tecnología y
sociedad permiten explicar cómo el desarrollo de las dos primeras obedece a necesi-
dades sociales, por lo que al historizar estos factores debemos tener en cuenta a los
actores sociales que necesitaban y utilizaron los nuevos desarrollos tecno-científicos.
Es decir, que las necesidades sociales y políticas motivan a científicos e ingenieros
para hacer investigación y propiciar el desarrollo tecnológico. El caso del proceso de
surgimiento de la aviación naval se puede analizar desde esta perspectiva.
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podían operar en climas y territorios difíciles en las guerras coloniales (Lazarín, 2015).
En los años que transcurrieron entre 1907 y 1914 la mayor parte de las potencias
mundiales empezaron a establecer cuerpos, grupos o secciones aéreas. Por ejemplo,
en Gran Bretaña, también, después del vuelo de Louis Blériot a través del Canal
de la Mancha (o Inglés) en 1909, se insistía que se tenían que crear políticas de
desarrollo aeronáutico naval y militar, pues las fases experimentales del empleo del
aeroplano ya se habían superado y se debería considerar su empleo en la guerra.2 Para
lo cual el Departamento de Guerra destinó 10,000 libras para invertir en aviones
militares, en 1911 se creó el Air Batallion (AB) adscrito a la Royal Engineers Division
con una compañía de dirigibles y otra de aeroplanos, conformado por cinco naves
cuyo propósito era el reconocimiento aéreo. En ese año, el mismo Departamento
decidió transformar la Royal Ballon Factory en Royal Aircraft Factory, a esta iniciativa
siguió la de transformar el AB en The Royal Flying Corps (RFC, Reales Cuerpos
Voladores), constituidos por dos alas: The Naval Wing y The Military Wing, en abril
de 1912. También se creó The Central Flying School (Escuela Central de Vuelo) en
Salislsbury Plain (Murphy, 2003: 35).3
En 1911, la armada de guerra más importante del mundo: la británica, descubrió
el potencial bélico que le daba la incorporación de la aviación a su arsenal. El primer
Lord del Almirantazgo Winston Churchill (1874-1965), apoyó la incorporación de
aeroplanos en la marina y jugó un papel muy importante en la organización del Royal
Naval Air Service (RNAS), como el ala naval del Royal Flying Corps al año siguiente
(Murphy, 2003: 185186). En 1912, el RNAS británico instaló plataformas en bu-
ques de batalla como cruceros y acorazados desde las que experimentó el despegue
de aviones, pronto se descubrió que ésta no era una solución práctica: el problema era
que los aeroplanos no tenían donde aterrizar, debido a lo cual se empezó a diseñar
un nuevo buque denominado portaviones.4
Por su parte, la marina de guerra de los Estados Unidos empezó a incorporar
la aviación en 1908, el Teniente George C. Sweet y William McIntee observaron
las pruebas de los hermanos Wright. Un año después, el Almirante George Dewey
ordenó al Capitán Washington Irving Chambers, Jefe de la Oficina de Ordenanza
de la Marina, que investigará las posibilidades de la aviación naval. Para lo cual
Chambers adquirió dos biplanos Curtiss designados como A-1, por un costo total
de 4,400 dólares americanos (Joenks, 2008: 1-2). Con estos aeroplanos Chambers
inició pruebas de despegue y aterrizaje en cruceros y acorazados a los que se les
habían instalado plataformas de madera a manera de pistas. El 14 de noviembre de
1910, Eugene Burton Ely a bordo de uno de los biplanos Curtiss realizó el primer
despegue desde el crucero ligero USS Birmingham, anclado en Hampton Roads,
Virginia. Ese mismo mes, Glenn Curtiss ofreció de forma gratuita un curso para un
oficial naval al Secretario de Guerra.5
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1915
Reino de Serbia Comando Aéreo del Ejército 1912-
1924
Imperio The Kaiserliche und Königliche 1912 9 cías. (85p 39
Austrohugaro Luftfahrtruppen (Imperiales y arsts)
Reales Tropas de Aviación)
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De tal forma que, en 1930, la aviación naval tenía su lugar en la mayor parte
de las marinas de guerra de las potencias mundiales ya sea con asiento en bases
aeronavales en costas e islas o en portaviones como fue el caso de EE.UU, Francia,
Gran Bretaña y Japón. Del tal forma la incorporación de la nueva tecnología aérea
propició una revolución tecnocientífica, pues el uso del avión en las marinas de
guerra propició cambios en la estructura orgánica e innovaciones en las estrategias,
tácticas y técnicas de combate, surgiendo de tal forma la guerra aeronaval.
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en los bajos que circundan el Arsenal Nacional situado en el castillo de San Juan
de Ulúa, fue votado al agua el primer hidroaeroplano mexicano biplano Serie A 5,
con motor nacional «Aztatl» de 80 H. P. piloteado por el aviador Carlos Santana,
el hidroavión se deslizó sobre la superficie del agua, desprendiéndose de ella para
luego elevarse y dirigirse hacia el oriente hasta salir fuera de la bahía, regresando
después de unos minutos y acuatizando sin novedad en el punto de partida (Tohtli,
1918: 275).
Al final del vuelo se detectó que había agua dentro de los flotadores, por lo que
se encargó al Arsenal Nacional que construyera otros. En lo que ello sucedía al
Serie A5 se le adaptó un tren de aterrizaje, por la tarde del 20 de ese mismo mes se
realizaron dos vuelos más despegando desde la playa Sur. En el primero, se sobrevoló
la ciudad de Veracruz a las 17:30 horas, el aeroplano alcanzó una altura de 1,200
metros en donde efectuó algunas acrobacias como una vuelta invertida conocida
como loop-the-loop en la jerga aeronáutica y descendió efectuando un vol-plané, es
decir, en una espiral de 10 vueltas y aterrizando sin novedad en la misma playa de
donde partió, de acuerdo con la crónica de Tohtli (1918: 275). El segundo vuelo se
efectuó a las 18:00 horas, en el que se atravesó la bahía y nuevamente sobrevoló la
ciudad de Veracruz a 1,000 metros, a esa altura realizó cuatro vueltas invertidas
(loop-the lops) y descendió «en otro vistoso y atrevido vol-plane espiral muy picado».
Según la descripción de la revista Tohtli: «al ver la intrepidez del aviador mexi-
cano y contemplar el escudo nacional en las alas del avión, el pueblo de la heroica
ciudad no pudo contenerse por más tiempo y en medio de delirantes aclamaciones
de júbilo, cargó en hombros al piloto y lo paseó en triunfo por las calles del puerto»
(Tohtli, 1918: 276).
El 25 de agosto (domingo) los flotadores nuevos estaban listos, se instalaron en
el aeroplano y Santa Ana llevó a cabo varios vuelos sobre el mar y la ciudad acuati-
zando sin problemas. Esta vez llevó en cada vuelo un pasajero, entre ellos se pueden
citar al Comandante Luis G. Izaguirre, al Coronel Javier Ordoñez y al General
Silvino García. La crónica del momento advierte que «las tripulaciones de los barcos
nacionales y extranjeros surtos en la bahía tributaron calurosas ovaciones al piloto»
(Tohtli, 1918: 276). En la nota del primer vuelo del hidroavión en Veracruz de la
revista Tohtli y en otras fuentes de la Secretaría de Marina, se dice que a partir de ese
acontecimiento se siguió utilizando el hidroaeroplano para el servicio de la Armada
de México.
Dos años después el Capitán Benjamín Becerril publicó un artículo en la misa
revista denominado «Ligeros Apuntes sobre el empleo de los Hidroplanos para la
Vigilancia y Defensa de las Costas de Nuestra República»; en el artículo primero
se llama la atención sobre los inmensos litorales que tenía el país en las costas del
Atlántico y Pacífico, en esos momentos se calculaban más de 5 mil millas (8,046
km), por lo que el autor consideraba que no podían ser vigiladas por la reducida
marina mexicana, lo que permitía que contrabandistas depositaran sus equipos sin
conocimiento del fisco, o se diera la pesca clandestina a gran escala, en este sentido
vemos que coincide con Ávila, añadía además, que era lamentable observar que tam-
bién el aprovisionamiento de equipo, armas y parque para los rebeldes que se habían
levantado en contra del gobierno, se hacía por estas costas.
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El autor hizo una comparación entre la vigilancia que podía ofrecer una flotilla de
12 destructores y el de escuadrillas navales aéreas: de acuerdo con Becerril los buques
de 500 toneladas de desplazamiento y 20 millas por hora costarían 14 mil millones
en oro nacional, incluidos los gastos de tripulaciones, reparaciones, combustibles y
entretenimiento.
Por su parte, una flota de 22 escuadrillas de hidroplanos con seis máquinas cada
una (132 aviones), con motores de 200 H.P., que alcanzaran velocidades de 200
km/h, calculaba que costarían una tercera parte del presupuesto estimado para los
buques, esto es un poco más 4.5 mil millones, incluidos tripulaciones, personal obre-
ro, adquisición de hangares y automóviles para servicios de playa (Becerril, 1920:
37). Las ventajas de la flota aérea eran la «velocidad de los aparatos y su inmenso
radio visual permitirían rápidos extensos recorridos de día y de noche auxiliándose
para ello de los aparatos de señales inalámbricos y luminosos para establecer una
inmediata correspondencia con las bases próximas» (Becerril, 1920: 37).
Además, proponía el tipo de aeronaves a utilizar: «biplanos, biplaza con motores
de 200 a 300 caballos de fuerza y velocidad de 160 a 220 kilómetros por hora, com-
bustible para cuatro a seis horas y admisión de sobrecarga de 70 a 110 kilogramos
para explosivos, mercancía o correspondencia; llevando además a bordo una ame-
tralladora fija para el piloto, sincronizada con la hélice, y otra libre para el artillero
observador» (Becerril, 1920: 37).
Además, especificaba que los pilotos marinos de las escuadrillas se podrían
entrenar en la Escuela Militar de Aviación y bases navales en aproximadamente un
año, especializándose en el empleo de los hidronaves, estudio de aparatos a bordo
y materias inherentes a la aviación. Asimismo, Becerril propina que la flota aérea
se dividiera en nueve escuadrillas para el Atlántico y 13 para el Pacífico y Golfo de
Cortés, de esa forma calculaba que las bases estarían a cuatro horas de vuelo cada
una. Para finalizar, añadía que con el tiempo, siempre y cuando las circunstancias del
erario lo permitieran, se podría ampliar el servicio con unidades navales armadas de
superficie de rápido andar (alta velocidad) con lo que se formaría «una red combinada
impenetrable a los ataques por sorpresa y a los contrabandos» (Becerril, 1920: 37).
Hasta aquí se puede observar cómo en México hubo militares que teorizaron
con las ventajas económicas y operativas que tendría la aviación naval, por lo que
proponían al gobierno y autoridades de la Secretaría de Guerra que adquiriera dichos
aparatos. No obstante, todavía no se mencionaba la creación un cuerpo aéreo naval.
Según Federico Lazarín (2017: 274), en 1919 el Departamento de Marina estaba
integrado por una Jefatura comandada por el Contralmirante Hilario Rodríguez
Malpica y como Subjefe el Capitán de Navío Eduardo Oliver G., además, del
Comodoro Rafael Montalvo, Comandante General de Marina del Golfo y la Sección
Técnica, estas constituían las oficinas superiores. De la misma forma, estaban en
el Departamento los siguientes cuerpos: de Guerra, de Maquinistas, de Ingenieros
Navales, de Infantería de Marina y de Administración Naval. Podemos observar que
no existía ninguna dependencia o unidades aeronavales en ese año.
En 1921 se formuló un proyecto de programa naval denominado «Organización
y Desarrollo de los Diversos Servicios Marítimos Militares del País», escrito por
el Contralmirante Hilario Rodríguez Malpica, Jefe del Departamento de Marina,
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Hidroplanos de la 1918
Armada de México 1926
Servicio de Hidroavia- 1944
ción de la Armada 1946
Cuerpo de Hidro-
aviación de la Armada
Cuerpo de Aero-
náutica Naval
Conclusiones
Desde la perspectiva de los estudios de sociedad, ciencia y tecnología podemos
observar cómo en el ámbito mundial, sobre todo en las potencias mundiales (Reinos
de Alemania e Italia, Gran Bretaña, Francia, Imperios ruso, otomano y japonés,
Estados Unidos) y otros países (cuadro1), se dio una revolución tecnocientífica al
incorporar el uso del avión en sus marinas de guerra. Podemos hablar de una revo-
lución pues como se mostró en el primer apartado del artículo la incorporación de la
tecnología aérea y los cambios en la estructura orgánica, así como en las operaciones,
estrategias y tácticas de combate se dio en cinco o seis años en las potencias mundia-
les o en los otros países de Europa.
Esta revolución no solo fue el hecho de incorporar la nueva tecnología aeronáuti-
ca como arma de guerra, la podemos observar en cuatro factores: 1. La modificación
de la estructura orgánica de las marinas de guerra; 2. La creación de nuevos tipos
de navíos de superficie; 3. La modificación de las prácticas bélicas y 4. La formación
de personal especializado para efectuar las operaciones aeronavales. De tal forma:
a) Incorporar la aviación a las marinas de guerra implicó su transformación
orgánica. Estas tuvieron que modificar sus estructuras para crear cuerpos
aeronavales en los que estuvieran adscritos los aviones, de tal forma que
después de varios siglos de tener una estructura ideada para agrupar a las
unidades de superficie, a la marinería y a la infantería de marina; se tuvo que
ampliar la estructura para dar cabida a los aviones en la figura de cuerpos
aeronavales, unidades que se incorporaron a las operaciones defensivas,
ofensivas y logísticas de las marinas de guerra.
b) Es interesante observar cómo en cuanto se incorporaron los aeroplanos
a las marinas de guerra se pensó en embarcarlos en buques (acorazados o
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cruceros) para acercarlos a las zonas de combate, sobre todo las potencias que
tenían dominios en ultramar o conflictos allende sus mares. Pero el espacio
de esos barcos era limitado se podían llevar pocos aeroplanos (entre 2 y 4),
las operaciones eran complicadas, primero se descubrió que los aviones con
tren aterrizaje solo podían despegar del buque, pero no podían regresar a
él, después se optó por hidroaviones y botes voladores. Hasta que al final se
desarrolló un nuevo tipo de navío: el portaviones.
c) La creación de los cuerpos aeronavales revolucionó, asimismo, las prácticas
bélicas. Con la aviación las marinas de guerra podían extender sus áreas de
combate más allá del alcance de las piezas de artillería más grandes de los
acorazados y cruceros (25 o 30 km), los aeroplanos podían atacar objetivos que
estaban a cientos de kilómetros, incluso efectuar misiones sobre tierra. De tal
forma que el reconocimiento, patrullaje, control de tiro artillero, bombardeo,
ataque a tierra, defensa y combate aéreo fueron nuevas prácticas de guerra,
ello provocó que estrategias, operaciones, tácticas y logística de las armadas
se modificaran para utilizar la tecnología aeronaval, como se mostró en la
Segunda Guerra Mundial.
d) La nueva tecnología requirió de la formación de personal especializado, lo
que llevó a la creación de escuelas de instrucción de diversos conocimientos
y saberes que surgieron con la utilización de los diversos tipos de aeroplanos:
pilotaje, control de vuelo, meteorología, radiocomunicación, fotografía, me-
cánica de aviación, etcétera.
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Evolución de las Capacidades de la Armada de México:
Una metamorfosis indispensable para poder servir mejor
Evolution of the Mexican Navy C apabilities :
an essential metamorphosis to be able to serve better
Resumen
Después de 200 años de existencia, podemos afirmar que la misión de la Armada de México no ha
cambiado en su esencia, ya que desde un inicio ha servido como Marina de guerra y ha desempeñado
funciones de guardia costera. Definitivamente este doble rol se mantendrá por los próximos años.
Dada la naturaleza marítima de nuestro país, su desarrollo puede ser potencializado a través de su
desarrollo marítimo, mismo que está íntimamente ligado al poder naval, el cual recae en la Armada
de México, ya que esta institución tiene la atribución y responsabilidad de crear las condiciones de
seguridad adecuadas en los mares, costas e islas nacionales para que puedan llevarse a cabo las
actividades productivas; por lo tanto, la existencia de una Armada fuerte impacta en el desarrollo
nacional de México ya que muchas de las actividades productivas de nuestro país están ligadas directa
o indirectamente al mar.
En este sentido, la Armada de México debe prepararse para los actuales y futuros retos que el
mundo actual presenta y en específico debe evolucionar en función de los desafíos marítimos, que
tales como el incremento de la actividad marítima mundial, la delincuencia organizada, los desastres
naturales, el terrorismo, las amenazas aeroespaciales, pero sobre todo no debe perder su naturaleza de
marina de guerra.
En definitiva, la evolución en medios y capacidades de la Armada de México ante los nuevos
desafíos del futuro es lo único que garantizará que se tenga la capacidad de servir mejor a nuestro país
en los próximos años.
Palabras clave
Desarrollo, desafíos, evolución, Armada.
Abstract
After 200 years of existence, we can say that the mission of the Mexican Navy has not changed its
essence, since from the beginning it has served as a Navy and has carried out coast guard functions. This
double roll will definitely stick around for years to come.
Given the maritime nature of our country, its development can be potentiated through its maritime
development, which is closely linked to naval power, which falls to the Mexican Navy since this
institution has the attribution and responsibility of creating the conditions for security in the seas,
coasts and national islands so that productive activities can be carried out; therefore, the existence of a
strong Navy impacts the national development of Mexico since many of the productive activities of our
country are directly or indirectly linked to the sea.
In this sense, the Mexican Navy must prepare for the current and future challenges that the world
presents and specifically must evolve based on maritime challenges, such as the increase in global
maritime activity, organized crime, natural disasters, terrorism, aerospace threats, but above all it must
not lose its military nature.
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Evolución de las Capacidades de la Armada de México:
Una metamorfosis indispensable para poder servir mejor
In short, the evolution of the Mexican Navy’s means and capabilities in the face of the new
challenges of the future is the only thing that will guarantee that we will have the capacity to better
serve our country in the coming years.
Keywords
Development, challenges, evolution, Navy.
CONDECORACIONES
De perseverancia en el servicio activo de la Armada de México por 10,15,20,25 y 30 años de
servicio; Legión de Honor, Espadín de Honor de la Armada Italiana, Al Merito Naval por parte de la
Armada del Perú y Mérito Facultativo Naval Primera Clase en cuatro ocasiones (Estudios en la Heroica
Escuela Naval Militar, Especialidad de Mando Naval, Maestría en Administración Naval y Maestría
en Seguridad Nacional).
El autor de este artículo, hace del conocimiento de los editores, que el presente manuscrito es
original y de su autoría, no ha sido publicado parcial o completamente en ninguna parte con anterioridad
y actualmente no se encuentra en revisión en ninguna otra revista.
Artículo recibido el 4 de junio de 2021.
Los errores remanentes son responsabilidad del autor.
Aprobado el 18 de Junio de 2021.
El contenido de la presente publicación refleja el punto de vista del autor, que no necesariamente
coinciden con el del Alto Mando de la Armada de México o la Dirección de este plantel.
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Cap. de Navío ANPA. DEM. José R amón Rivera Parga
Introducción
D
urante estos 200 años de existencia, la Armada de México ha partici-
pado y dejado huella en la historia de nuestro país de una manera clara
y precisa, ya que la creación de nuestra fuerza armada fue consecuencia
de la necesidad de contar con una fuerza naval capaz de defender la soberanía de un
país aun en el proceso de consolidación; posteriormente, nuestra armada creció en
fuerza, identidad y doctrina con el único objetivo de servir a México y cumplir con
la misión asignada por ley. Historiadores han dado fe y seguimiento a este proceso de
desarrollo, pero en el presente ensayo, se parte de la Armada actual y se enfoca hacia
dónde debemos de ir, es por ello que como guía se estableció la siguiente pregunta
de investigación que se espera el lector pueda responderla al finalizar la lectura del
mismo:
¿Cómo debe evolucionar la Armada de México para continuar sirviendo a
nuestro país en los próximos años?
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Evolución de las Capacidades de la Armada de México:
Una metamorfosis indispensable para poder servir mejor
1 El comercio marítimo en la economía mundial tiene tanta influencia que, hablando del ámbito nacional, hay estado
que no son costeros cuya economía depende del comercio marítimo; tal es el caso de Aguascalientes y Guanajuato cuya
economía depende en gran proporción de la industria automotriz y una gran parte de los insumos y exportaciones se
realizan a Europa y Asia……a través del mar; así que de no existir las condiciones en el mar para que se lleven a cabo
estas exportaciones los impactos económicos en estos estados no costeros serian de grandes dimensiones.
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2 Estos desafíos fueron identificados por el autor, como consecuencia de su experiencia, de una investigación bibliográ-
fica y análisis teórico, sin embargo, existen otros analistas que quizá desde su perspectiva consideren que la lista aquí
presentada pudiera ser actualizada o mejorada.
3 Actualmente somos más de 7 mil millones de personas habitando en nuestro planeta y se prevé que para el 2025 seamos
8 mil millones y para el 2040 más de 9 mil millones (Naciones Unidas, 2021).
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Una metamorfosis indispensable para poder servir mejor
el comercio en nuestros mares y puertos y con ello crear las condiciones propicias
para el desarrollo de nuestro país.
En este sentido, el producto final de esta ecuación es: para los próximos años, la
Armada de México tendrá que evolucionar y redoblar sus esfuerzos para apoyar a la
Secretaría de Marina en su función de Autoridad Marítima Nacional tanto en los
puertos como en los mares mexicanos en funciones de guardia costera, además de
salvaguardar la vida humana en la mar, como hasta ahora lo ha hecho, pero reco-
nociendo que sus capacidades deberán de crecer a la par del crecimiento en el uso y
aprovechamiento de nuestros puertos y mares.
B. Desastres naturales
La posición geográfica de nuestro país es envidiable: bioceánico, con selva, de-
sierto, ríos, áreas montañosas; etcetera. Sin embargo, nada en este mundo es gratis:
cada beneficio que recibimos los humanos viene con una responsabilidad y en este
caso, la misma posición geográfica que nos favorece a nosotros, es propicia para los
desastres naturales, los cuales se pronostica que se incrementarán en los próximos
años por el efecto del calentamiento global.
Por tomar un ejemplo, de seguir el incremento de la temperatura atmosférica se
espera que el mar en sí mismo incremente también su temperatura promedio, lo que
provocará el incremento en cantidad y fuerza de los huracanes que cada año afectan a
la población costera de nuestro país (Center for Climate and Energy Solutions, 2021).
No olvidemos además, que los expertos han pronosticado que al alterarse la
temperatura de la atmosfera, alterarán el ciclo de vida de muchos seres vivos….inclu-
yendo bacterias y virus (Harvard T.H. Chan , 2020), por lo que desafortunadamente
pueden darse más eventos de epidemias y pandemias y precisamente, aunque no se
ha hablado mucho de esto, el nuevo Centro de Estudios Navales en Ciencias de la
Salud fue producto de la visión del Alto Mando de la Armada de México ante la
necesidad de evolucionar y mejorar nuestra capacidad de atención médica.
En este sentido, la Armada de México ha participado desde inicios del siglo
pasado, de manera activa en el apoyo a la población civil en zonas y casos de desas-
tres, con el Plan Marina y en coordinación con otras dependencias e incluso se ha
equipado para poder apoyar y servir mejor en estos casos, por ejemplo, a principios
de los 90 adquirió los helicópteros MI-17 que hasta la fecha han sido de gran utilidad
para rescate de personas y adquirió también en esa época los aviones Antonov AN32
B que aunque ahora ya están fuera de servicio y fueron reemplazados por aviones
CASA 295 se constituyeron en el elemento clave para crear el puente aéreo en mu-
chos de los desastres naturales que han aquejado a nuestra nación en las últimas
fechas; por otro lado, la Secretaría de Marina construyó dos buques logísticos que
han servido también de apoyo invaluable para el traslado y almacenamiento de apoyo
humanitario.
Una acción que no debe pasarse en alto y que ratifica con hechos la constante
evolución de nuestra institución para poder apoyar de la mejor manera a la población
mexicana en casos de desastre es la creación del Centro de Alerta de Tsunamis
(CAT) en septiembre del 2011 y que ha servido no solo como alerta sino preparación
para el caso de que nuestro país sufra un desastre de este tipo.
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D. Terrorismo
A la fecha y para fortuna de nuestro país, no hemos sido víctimas de algún aten-
tado terrorista como el ocurrido el 11 de septiembre del 2001 en los Estados Unidos;
sin embargo, México no está exceptuado de la posibilidad de sufrir algún dia de
algún ataque de esta naturaleza; sobre todo, en el ámbito marítimo donde se encuen-
tran las instalaciones estratégicas de explotación de petróleo y que se constituyen,
hasta la fecha, como fuente de energía que exportamos a otros países, incluyendo a
los Estados Unidos.
Recordemos, por ejemplo, el hundimiento de los buques petroleros Faja de Oro
y Potrero del Llano durante la Segunda Guerra Mundial, donde quedó claro que
debido a la relación que tenemos con los Estados Unidos, podemos ser blanco de
este tipo de ataque con la finalidad de afectar los intereses o fortalezas de nuestro
vecino del norte.
La Armada de México, tiene como una de sus atribuciones la de proporcionar
seguridad a las instalaciones estratégicas y específicamente los esfuerzos van íntima-
mente dirigidos a las instalaciones petroleras, por lo que, para evitar ser víctimas de
un ataque terrorista en los próximos años es vital continuar fortaleciendo las capa-
cidades de inteligencia a manera preventiva pero a la vez hacer contar con medios
operativos que puedan reaccionar y responder de manera eficaz y eficiente ante la
posibilidad de un ataque de este tipo.
E. Permanencia de la naturaleza
militar de la Armada de México
La mayor parte de los desafíos hasta aquí expuestos, están relacionados con la
actuación de la Armada de México como guardia costera, lo cual corresponde a la
segunda parte de la misión de la Armada que establece «coadyuvar con la seguridad
interior»; sin embargo, la primera parte de la misión de «defender la soberanía» es
decir, como fuerza armada, poco se ha mencionado debido a que afortunadamente
hasta esta fecha no se ha identificado algún otro país como amenaza a la seguridad
nacional. El no tener una hipótesis de guerra es muy positivo; sin embargo, antes de
afirmar con certeza que esa condición permanecerá por siempre, es oportuno que
consideremos los siguientes puntos:
Primero, recordemos la historia de nuestro país: 1521 inicio de la conquista de
México; 1829 intento de reconquista de México por parte de España; 1838 1ra.
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Intervención de Francia; 1846 1ra. intervención de los EUA; 1862 2da. intervención
Francesa; 1914 2da intervención Norteamericana y 1942 ataque alemán a los buques
Potrello del Llano y Faja de Oro. Como dato interesante todas estas agresiones
llegaron, fueron perpetradas o tuvieron un componente en el mar.
Segundo, en la página de «Global Conflict Tracker» muestra 26 conflictos en el
entorno mundial (Relations, 2021), desde guerra civil, violencia criminal, inestabi-
lidad política, disputa territorial, de los cuales 3 son conflictos entre estados. Esto
indica que desafortunadamente el fantasma de la guerra permanece en la faz de la
tierra.
Tercero, la alta tecnificación de los sistemas de armas demanda tener personal
altamente entrenado para responder a un conflicto de guerra, por lo que resultaría
imposible responder a un ataque armado, en un futuro si no se cuenta con equipo y
personal preparado para ello.
Cuarto, al analizar la génesis de conflictos del futuro, no podemos pasar en alto
el fenómeno catalizador del calentamiento global cuyas consecuencias ya empe-
zamos a sentir. Algunos de los efectos catastróficos en nuestro planeta, todos lo
sabemos es el incremento del nivel del mar cuya afectación a una gran parte de
países, incluyendo el nuestro será directamente sobre el territorio, causando además
inundaciones, sequías, falta de alimentos… y todo esto puede ser la mezcla perfecta
para la creación de conflictos armados con el único fin de buscar la sobrevivencia en
un planeta en caos.
Quinto, una arista alarmante más de fenómeno, puede claramente vislumbrarse
con el hecho de que para muchas personas el mar solo tiene dos dimensiones: Largo
y ancho; sin embargo, en la realidad este cuerpo geográfico tiene tres dimensiones,
ya que hay que incluir la dimensión vertical, o dicho en palabras poéticas, el mar
tiene techo… y ese techo es el cielo… en esa dimensión opera actualmente la avia-
ción naval, funcionando como una fuerza de apoyo a las unidades de superficie y
terrestres y fundamentando su actuar en la Ley Orgánica de la Armada de México
que establece que la soberanía mexicana y derechos de explotación debe defenderse
en los mares… y en su espacio aéreo. Es de mencionarse que en esta atribución, al
igual que en otras, en caso de requerirse ha de hacerse en coordinación con otras
instituciones, en este caso, con la Fuerza Aérea Mexicana.
Pero ¿Dónde termina entonces el área de actuación al hablar de «defender» la
soberanía en el espacio aéreo sobre los mares?. La respuesta es muy ambigua, ya que
legalmente no existe un límite oficial que divida el espacio aéreo del espacio exterior
aunque por costumbre se dice que es a los 100 kilómetros de altitud; sin embargo, lo
que sí está claro es que hoy en dia los antagonismos a la seguridad nacional de cual-
quier país sobre la faz de la tierra, incluyendo el nuestro, pueden venir del espacio
exterior, ya que muchas de nuestras capacidades dependen de la información de los
satélites: servicios de internet, comunicaciones, sistemas de navegación, inteligencia
por imágenes satelitales, entre otros.
Nuestra vulnerabilidad a ataques o agresiones en este sentido ha sido claramente
identificada por los Estados Unidos de América desde los años 50, cuando se dio ini-
cio la carrera espacial, pero ha sido ratificado en diciembre del 2019 con la creación
de la Fuerza Espacial de los Estados Unidos.
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Por este motivo, otros países, además de EUA y Rusia ya se han incorporado a la
carrera espacial: Inglaterra, Japón, Francia, Brasil, India, entre otros.
En las películas de ciencia ficción hemos visto muchos escenarios donde el teatro
de operaciones de un conflicto armado es en el espacio, sin embargo, las posibilida-
des de un conflicto o agresión ya están presentes en nuestros días.
En este campo, es de especial enfatizar el efecto catalizador que tiene el desarrollo
en ciencia y tecnología actual, ya que si bien, los Estados Unidos llegaron a la luna en
1969 con un módulo espacial cuya computadora tenía ¡2 Kb de Memoria Ram y 36
kb de memoria de almacenamiento! (Shillito, 2017), cabe preguntarse, ¿Hasta dónde
podemos llegar en este campo con los avances tecnológicos actuales y por venir?
¿Cuánto de este conocimiento puede llegar a manos de personas u organizaciones
que operan al margen de la ley?
Con estos hechos no queda más que afirmar que para cumplir con la misión de
defender la soberanía nacional en nuestros mares es indispensable que la Armada
de México, en conjunto con las otras fuerzas armadas, integremos nuestras fuerzas
en esta dirección a fin de asegurarnos que las generaciones de mexicanos que en
unos años habitarán nuestro país, puedan estar con la tranquilidad de que no habrá
agresión que llegue desde el espacio exterior.
Por todo lo anterior, se puede afirmar que si bien la Armada de México tiene
una actuación preponderante en su rol de guardia costera y ocupa todos sus medios
en ello, no puede y no debe perder su naturaleza de fuerza naval preparado para
defender la soberanía nacional como marina de guerra en caso de requerirse en las
décadas venideras y su evolución, por tanto, debe ser de tal manera que en su perso-
nal se mantengan los valores y disciplina que los ha caracterizado y se asegure tener
en todo momento los medios y recursos humanos preparados para entrar en defensa
de la soberanía si la nación lo demandase.
CONCLUSIONES
Después del análisis de la importancia de la evolución de la Armada de México,
así como de los desafíos que enfrentará nuestro país en el ámbito marítimo, se llega
a las siguientes conclusiones:
a) El desarrollo marítimo de nuestro país está íntimamente ligado al poder naval
que recae en la Armada de México, ya que esta institución tiene la atribución
y responsabilidad de crear las condiciones de seguridad adecuadas en los ma-
res, costas e islas nacionales para que puedan llevarse a cabo las actividades
productivas.
b) La existencia de una Armada fuerte impacta en el desarrollo nacional de
México ya que muchas de las actividades productivas de nuestro país están
ligadas directa o indirectamente al mar.
c) Después de 200 años de existencia, podemos afirmar que la misión de la
Armada de México no ha cambiado en su esencia, ya que desde un inicio
ha servido como Marina de guerra y como guardia costera y este doble rol se
mantendrá por los próximos años.
d) La Armada de México debe evolucionar en función de los desafíos maríti-
mos que actualmente se identifican tales como el incremento de la actividad
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Bibliografía
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L a Mujer en la Armada de México
Women in the Mexican Navy
Resumen
La mujer es un ser humano con características físicas definidas, propias de su sexo, quien tiene la
gran virtud de traer vidas al mundo, lo que la posiciona en un lugar privilegiado como madre al cuidar,
educar y apoyar a los hijos en su crecimiento personal, además de ser el pilar de una familia que mantiene
unidos a todos sus integrantes.
No obstante lo anterior, la mujer tiene la necesidad de salir a trabajar para contribuir con los gastos y
mantenimiento del hogar, lo que implica dejar a los hijos solos o al cuidado de otras personas para poder
cumplir con las responsabilidades que su trabajo conlleva.
Muchas de estas madres forman parte de «La Gran Familia Naval», laborando en diferentes áreas
tanto operativas como administrativas, ocupando diferentes cargos de acuerdo a sus competencias y
conocimiento profesional.
A 200 años de existencia de la Armada de México, la mujer naval cuenta con diversos beneficios
relacionados con la maternidad y oportunidades de superación al igual que el personal masculino,
estableciéndose una equidad de género en el desarrollo y crecimiento profesional, ya que existe igualdad
de oportunidades para ambos sexos.
Palabras clave
Mujer Naval, familia Naval, Armada de México, equidad de género, igualdad.
Abstract
TThe woman is a human being with defined physical characteristics, typical of her sex, who has
the great virtue of bringing life into the world, which places her in a privileged position as a mother by
taking care, educating and supporting her children in their personal growth, besides being the pillar of
a family that keeps all its members together.
Notwithstanding the above, women have the need to go out to work to contribute to the expenses
and maintenance of their homes, which implies leaving the children alone or in the care of others in
order to fulfill the responsibilities that their work carries on.
Many of these mothers are part of "The Great Naval Family", working in different operational and
administrative areas, occupying different positions according to their skills and professional knowledge.
After 200 years of existence of the Mexican Navy, naval women have several benefits related to
maternity and opportunities for personal growth in equality compered to male personnel, establishing
gender equity in the development and professional growth, since there are equal opportunities for both
sexes.
Keywords
Naval woman, Naval family, Mexican Navy, gender equity, equality.
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La Mujer en la Armada de México
La autora de este artículo, hace del conocimiento de los editores, que el presente manuscrito es
original y de su autoría, no ha sido publicado parcial o completamente en ninguna parte con anterioridad
y actualmente no se encuentra en revisión en ninguna otra revista.
Artículo recibido el 4 de junio de 2021.
Los errores remanentes son responsabilidad del autor.
Aprobado el 18 de Junio de 2021.
El contenido de la presente publicación refleja el punto de vista del autor, que no necesariamente
coinciden con el del Alto Mando de la Armada de México o la Dirección de este plantel.
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Contralmirante S.S.N. Atala Teliz Rodríguez
Introducción
L
a Armada de México es una Institución Militar Nacional, de carácter
permanente, cuya misión es emplear el poder naval de la Federación para
la defensa exterior y coadyuvar en la seguridad interior del país; en los
términos que establece la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, las
leyes que de ella derivan y los tratados internacionales (SEMAR 2021).
De alguna manera los cambios generados en el mundo, por la presencia de los
Derechos Humanos y el constante deseo de superación en la mujer, ha propiciado una
serie de modificaciones en la vida de todas ellas en general, desde el derecho al voto
hasta poder viajar al espacio, transición que requirió constancia y tenacidad nada fácil
de vivir.
En diferentes armadas del mundo la presencia de la mujer es cada día más notable,
desempeñando actividades de mayor responsabilidad, ejerciendo funciones que im-
plican estar al mando de una tripulación como responsable de una unidad operativa,
desarrollando superiores órdenes de operaciones y diversas actividades para las que
fueron preparadas.
Análisis
La presencia de la mujer en la Armada de México se remonta a los años de 1942,
en donde las primeras mujeres que causaron alta en el servicio activo, lo hicieron
como enfermeras y afanadoras, dando lugar más tarde a la contratación de personal
femenino como oficinistas y años después a mujeres con estudios de nivel técnico y
licenciatura. Barillas E. (2021, Abril 1).
La Armada de México a 200 años de existir ha fortalecido sus procesos para el
cumplimiento de su Misión, lo que involucra la formación y preparación del recurso
humano, a través del Sistema Educativo Naval, normado actualmente por la Rectoría
de la Universidad Naval, organismo que en agosto del 2015, sustituyó a la Dirección
General Adjunta de Educación Naval. (SEMAR 2021).
El Sistema Educativo Naval se encuentra integrado por diversos establecimientos
educativos navales, los cuales al inicio de su creación aceptaban únicamente personal
masculino (Heroica Escuela Naval Militar y Centro de Capacitación de la Armada
de México), en 1972 se creó la Escuela de Enfermería Naval, plantel que desde su
primer generación acepto personal femenino de procedencia civil y personal naval,
considerando desde su creación los espacios y servicios para cada género, incremen-
tando con ello el número de personal femenino en la Armada de México y una
participación activa de la mujer dentro de la institución.
A lo largo de 79 años la presencia de la mujer en esta fuerza armada, ha sido
constante y permanente, de igual forma su incorporación en los diferentes ámbitos
laborales de la institución, todo este cambio se ha dado de manera paulatina confor-
me al desarrollo de nuestra institución y a los momentos históricos que ha vivido el
país, lo que ha permitido asimilar, aceptar y considerar presencia femenina como un
recurso humano más en la Armada de México. (AHSEMAR, 2021).
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Contralmirante S.S.N. Atala Teliz Rodríguez
Conclusión
A 200 años de su creación, la Armada de México es una honorable institución
conformada por hombres y mujeres navales, con elevados principios éticos y mora-
les, que son la base de su actuación profesional, lo que le permite incorporar y hacer
suyos, los valores de HONOR, DEBER, LEALTAD Y PATRIOTISMO, para
servir a México en el mar, en el aire y en la tierra.
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Fuentes Consultadas
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Abstract Abstract
Keywords Keywords
Introduction Introduction
Material and Methods Analysis or discussion
Results Conclusions
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Conclusions
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118 Revista del Centro de Estudios Superiores Navales. Volumen 42. Número 2. ISSN: 1870-5480