11.
Rúbricas textuales
Digamos brevemente que siempre se puede firmar el
libro, que permanece indiferente a quien lo firma, l a
obra --la Fiesta como desastre- exige la resigna-
ción, exige que quien pretenda escribirla renuncie a
s i y deje de designarse.
iPor qué entonces firmamos nuestros libros? Por
modestia, para decir: una vez más, no son sino
libros, indiferentes a l a firma.
Maurice Blanchot, L'entretien infini
Precisamente porque oluido leo.
Roland Barthes, S/Z
1. Las letras de un libro
"Que un individuo quiera despertar en otro individuo re-
puro plano narrativo, la paradoja de la biografía no es me-
nos inquietante que la de la ficción: que un autor -que un
: texto- quiera despertar en otro -en un lector, en otro tex-
to que dialoga con Q1- recuerdos (ecos) q u e no pertenecen
más q u e a u n tercero (un otro clausurado, que no participa
activamente en el diálogo), es igualmente paradojal, si no
u n a de s u s etapas, borrando distinciones, multiplicando si- acercamiento a A1motásim"- pero sí la primera ficción que
multdnearnente las posibilidades del diálogo narrativo. El Borges reconoce como tal. La señala como ruptura delibera-
autor dialoga con el lector pero a la vez se presenta como da: "entonces decidí escribir algo, pero algo nuevo y diferen-
lector (destinatario) de su propio mensaje leído: "nuestras te para mí, para poder echarle la culpa a la novedad del
nadas poco difieren; es trivial y fortuita la circunstancia de empeño si f r a c a ~ a b a " Considera
.~ Borges que lo que h a es-
que seas t ú el lector de estos ejercicios, y yo su redactor" crito antes no son cuentos; apenas glosas de otros libros o
( O p , 15). Los elementos de este diálogo perpetuamente re- falsas notas bibliográficas. Pero el empeño es menos nove-
versible son, a l a vez, vehículo y obst&culo de comunicación. doso de lo que parece o de lo que anuncia Ia declaración.
En el texto borgeano la letra escrita interrumpe la comuni- Más que una ruptura, "Pierre Menard* marca una clara con-
cación directa entre los hablantes reversibles, interpolando tinuacidn de las ficciones previas, reconocidas o no como re-
su propio espacio y exigiendo s u propia voz, perturbando la latos. Si hay cambio, éste se sitúa no en la elección de un
ya precaria comunicación entre emisor y destinatario, entre género nuevo sino en la mise a nu de los procedimientos que
autor-lector y lector-autor: como si la no persona que es lo solapadamente obran en sus textos anteriores: "Pierre Me-
otro' -aquello de que se habla, aquello que no interviene n a r d " no i n a u g u r a l a ficción borgeana, simplemente la
activamente en el diálogo- se contagiara de pronto de Ias afirma.3
"personasn que lo encuadran y aluden. La contaminación que Si el lector busca en este primer "cuento" borgeano los
borra los límites entre emisor y destinatario toca también al elementos que tradicionalmente componen un relato queda
texto, lo deslimita. Vuelto dialogante activo, a menudo incó- más que defraudado, como habrá quedado defraudado ante
modo, el texto modifica e inquiere tanto al "hablante* que lo la "biografía" de Evaristo Carriego, donde se burlan las re-
enuncia (autor, narrador) como al interlocutor (lector) que glas del juego. En "Pierre Menard" no pasa nada. No sería
lo recibe, del mismo modo que modifica e inquiere, en conti- éste un inconveniente forzoso; tampoco pasa nada, por ejem-
nuo diálogo, tanto a su pretexto como al texto que posterior- plo, en An International Episode, como lo señala el propio
mente lo incorporará. En la ficción borgeana se abre y se Henry James. Pero mientras el relato de James sustituye la
dinamiza, con obvio placer, un mensaje narrativo que está aventura -o mejor: constituye la aventura- a través de una
lejos de ser inerte y fijo, queintegra, como letras del libro, a tensión entre personajes cuyos estados configuran una com-
quienes lo redactan, lo narran, y lo leen, y a l a vez se disper- plicada textura psicológica, el relato de Borges borra gene-
sa en ellos. Las nadas entre escriba y lector poco difieren; rosamente la acción, el int&rprete,y su posible psicología.
tampoco difieren las nadas entieescriba y texto, entre texto La complicada textura que ofrece "Pierre Menard" -lo que
y lector, entre el texto "visible" y su pre-texto: son dialogantes por fin constituye la aventura del relato- es abiertamente
permutables 'en plano de igualdad.
"Pierre Menard, autor del Quijote" es la primera ficción
James E . Irby, 'Encuentro con Borges", en James Irby, Napoléon
de Borges. No la primera ficción borgeana -son anteriores Murat, Carlos Peralta, Encuentro con Borges (Buenos Aires: Galerna,
Evaristo Carriego, Historia universal de l a infamia y "El 1968), p. 37.
Aclara Borges que la aparente novedad de su empetio e s por otra
parte comun e n literatura: "Todo lo que yo he hecho estA en Poe, Stevenson.
1 El otro, lo otro, la no persona que e s la tercera persona en el sentido
Wells, Chesterton, y algun otro. Hasta el procedimiento de hacer falsas
e n que l a entiende &mile Benveniste. Cf. "La Nature d e s pronoms", notas biogrAficas esta ya e n el Sartor Resartus de Carlyle. Cuentos de ese
Problemes de linguistique gbnerale (París: Gallimard. 1966), pp. 255-275. tipo son raros e n espanol, pero no e n otras literaturas", (Irby, 37-38).
torioso volumen" (publicado por la condesa) donde también
textual. El personaje aparece literalmente perfilado por tex- colabora D'Annunzio, de u n soneto simbolista que apareció
tos, hecho de textos, lector de textos, emisor de textos. "La dos veces (con variaciones) en la revista L a Conque y de una
nómina de escritos que le atribuyo no es demasiado diverti- lista manuscrita de versos que deben s u eficacia a la pun-
d a pero no es arbitraria; es un diagrama de su historia men- tuación, resulta ser, como por ariadidura, autor de u n a mo-
tal" (F, 11).Ningún detalle físico, ni siquiera circunstancial; nografía sobre la posibilidad de construir u n vocabulario
anota el narrador con sorna: poético donde no hubiera "sino objetos ideales creados por
una convención y esencialmente destinados a l a s necesida-
Tuve también el propósito secundario de bosquejar la imagen de Pierre
Menard. Pero. jcómo atreverme a competir con las páginas áureas que me des poéticas" (F, 461, de u n a monografía sobre el pensamien-
dicen prepara la baronesa de Baeourt o con e l lápiz delicado y puntual d e to de J o h n Wilkins y de una discusión sobre las aporías
Carolus Hourcade? (F,49). eleáticas: tres temas aparentemente foráneos en la obra de
u n simbolista de Nimes; tres temas sobre los que h a escrito
Punto de partida del cuento que lleva su nombre, Pierre o sobre los que escribirá más tarde el propio Borges.'
Menard nunca encarna una situación como l o hace, según Al señalar sólo dos vertientes -aislando los elementos
Borges, el Wakefield de Hawthorne. Tampoco encarnaban las que las integran- dentro de esta bibliografía heteróclita que
situaciones los personajes de las ficciones previas, ya com- habrá de d a r al lector el diagrama de la historia mental de
puestos (y desarmados) sinuosamente, escudados por más- Menard, s e empobrece desde luego el texto. La obra visible
caras, ya insignificantes, como Evaristo. Carriego, ante l a del autor no es, como l a pretende el narrador, "de fácil y bre-
c a r a c t e r i z a c i ó n p e r i f é r i c a q u e los a l u d í a y p a s a b a a ve enumeración" (F, 45). Tal como se presenta la serie -como
reemplazarlos. Nunca ocurre, sin embargo, lo que ocurre en t a n t a s otras series en la obra borgeana- cuenta no sólo con
"Pierre Menard" donde se presenta u n a situación delibera- el contraste sino con l a tensión de l a yuxtaposición, inquie-
damente inencarnable, que se señala a sí misma en su as- t a n t e y necesaria, de múltiples elementos dispares: elemen-
pecto más descaradamente textual. U n narrador presenta a tos no desordenados sino virtualmente inordenables. La se-
un poeta, a un "llorado poeta" a quien conoció en u n uendredi rie no es arbitraria, como aclara Borges (F, l l ) , pero tampo-
de l a condesa de Bacourt y de quien se h a despedido "ante el co obedece a u n a autoridad que la justifique fácilmente: no
mármol final y los cipreses infaustos" (F, 45). El tono de ese hay criterio que permita reorganizarla ni establecer jerar-
narrador que inicia el relato, cursi precursor de otros hommes quías e n t r e s u s partes, y sin embargo l a serie, desafiante,
de lettres borgeanos (Carlos Argentino Daneri, Gervasio Mon- existe y tiene que ser leída entera. Cabe recordar que l a bi-
tenegro), fundamentaría sin esfuerzo l a verosimilitud del bliografía aparece como u n a serie de piezas y que alguna
personaje narrado: meritorio poeta francés -de segundo or- vez escribió Menard un artículo "sobre la posibilidad de en-
den, simbolista, incorregiblemente provinciano. riquecer el ajedrez eliminando uno de los peones de torre.
La bibliografía de Pierre Menard, citada a continuación, Menard propone, recomienda, discute y acaba por rechazar
mina categóricamente ese reconocimiento verosímil. Ciertas
entradas parecerían confirmarlo; otras, en cambio, extrañan
al personaje escritor más allá de todo reconocimiento. Así
Menard, además de un ciclo de sonetos para la baronesa de q n Ficciones. "Tlon, Uqbar, Orbis Tertius"; e n Discusión, "La perpe-
tua carrera de Aquiles y la tortuga" y "Avatares de la tortuga"; e n Otras
Bacourt, de una trasposición en alejandrinos del Cimetiere ~nquisiciones."El idioma analítico de John Wilkins".
morin, de un retrato de l a condesa de Bagnoregio e n un "vic-
y paródica- escasamente formará (en el sentido en que lo
esa innovación" ( F . 46). Todas las piezas enumeradas en la entendía Hawthorne: shape out) al personaje. Una cosa es
bibliografía de Menard, como las piezas de ajedrez -como conjugar esos elementos y otra reunirlos bajo un solo rostro
las piezas de todo texto-, por prescindibles que parezcan, autoritario. Queda la tarea para la crftica de Tlon que suele
cumplen s u función. Suprimir u n a de ellas o i n t e n t a r inventar autores: "elige dos obras disimiles -el Tao Te King
reubicarla de otro modo en la serie no significa ni enriqueci- y las 1001 Noches, digamos-, las atribuye a u n mismo es-
miento ni pérdida; significa, sí, una innovación: una nueva critor y luego determina con probidad la psicologfa de ese
serie. Otro texto. interesante homme de lettres ..." ( F , 27). En el caso de "Pierre
"La nómina de escritos que le atribuyo no es demasiado Menard, autor del Quijote", imaginar al interesante literato
divertida", escribe solemnemente Borges ( F , 11). Es, desde sobre l a base de su obra es tan difícil, si no mAs, que reunir,
luego, divertida. Conjuga esta bibliografía lo difícilmente en una imagen, pies del tipo X, una garganta del tipo Y y
conjugable, en u n a suerte de festival de alusiones eruditas mejillas del tipo 2, con la diferencia de que el propósito de
y privadas, niveladas por el texto. No cabe decodificar las este relato es menos la unión que la desubicación delibera-
alusiones privadas y extratextuales, del mismo modo que no da. La inquieta bibliografía, en perpetua tensión,' tiñe a los
cabe, ante el texto borgeano, la añoranza de Jean Wahl: "Hay demás elementos del relato, los contagia de ambigüedad
oue conocer toda l a literatura y toda l a filosofía para desci- burlona. El mediocre poeta de Nimes -anunciado en la pri-
---. .-obra de B o r-~ e s "Lo
frar la ~ ~ . ~ que propone por cierto la biogra- mera línea del texto como novelista- es autor de un Quijote
fía de Pierre Menard, como l a s d e m á s series borgeanas -y (de dos capitulas del Quijote) enriquecido. El pomposo y va-
por serie se habrá de entender algo más que una enumera- cuo narrador que abre el relato es el mismo -o mejor dicho
ción circunstancial: en más de un caso,' si no en todos, la es el mismo, el otro- que, lúcidamente y con retórica consi-
estructura profunda de l a prosa borgeana, ficción o ensa- derablemente menos adornada, endosa, al final del cuento,
yo- es u n reconocimiento, dentro de una serie parcial, de una sorprendente concepción de la literatura: alaba a-Menard
elementos igualmente parciales. Parciales y parcelados: así por haber "enriquecido mediante una tecnica nueva el arte
como el narrador postula y reconoce a Pierre Menard en los detenido y rudimentario de la lectura: la técnica del anacro-
fragmentos de s u obra visible e inuisible -Pierre Menard, nismo deliberado y de las atribuciones erróneas" ( F , 56). La
autor de sólo dos capítulos del Quijote- elige el lector, prac- ambivalencia, las contradicciones del narrador y de su suje-
ticando u n trabajo igualmente salteado, su reconocimiento. to narrado, no dejan de recordar las de Bouuard et Pécuchet,
No es necesario conocer toda la literatura y l a fil'osofía para tal como las entiende Borges: "Los idiotas, menospreciados
descifrar la obra de Borges; simplemente porque la obra de y vejados por el autor" (D.138) al principio, comparten por
Borges no reclama que se la descifre. En cambio propone al último con él la intolerancia de la estupidez humana. Del
lector, si no momentáneas identidades, momentáneas coin- mismo modo, el narrador de "Pierre Menard" y su personaje
cidencias: coincidencias no necesariamentedictadas por el no son determinados por una sola actitud, como tampoco será
autor pero sí reconocidas, elegidas por el lector. determinado por una sola actitud el lector que los lee. Como
El diagrama mental que surge de la bibliografía de Pierre Bouuard et Pécuchet para Borges, "Pierre Menard autor del
Menard -informativa, si se quiere: sobre todo desquiciante Quijote" es un llamado de atención sobre el ejercicio litera-
rio: propone una reflexión lúcida sobre los elementos que
5 Jean Wahl, "Les personnes et I'irnpersonnel", Cahrers de L'Herne (Pa-
intervienen en todo acto de escritura. en todo acto de lectu-
rís: 1964). p. 2 5 8 .
pero a la vez lo contrario: la felicidad de la creación, que
ra. Marca "el instante en que el soñador, para decirlo con
coincide con la pura indeterminación de la obra, que la pone
una metáfora afín, nota que está soñándose y que las formas
a prueba, pero sin reducirla sin privarla de todas las posibi-
de su sueño son éln (D,139). El soñador -léase autor, na- lidades que contiene [...l.'
rrador, lector- cobra conciencia de que está dando forma al La primera ficción declarada de Borges pone de manifies-
texto y a la vez que el texto le da forma. to lo que los relatos previos habían anunciado, lo que los
La primera ficción declarada de Borges no sólo "nos insta textos siguientes enunciarán incansablemente: que toda le-
a recorrer la Odisea como si fuera posterior a la Eneida y el
t r a escrita presiona, que toda letra escrita inscribe una ten-
libro Le J a r d i n d u Centaure de Madame Henri Bachelier sión. Que el acto de escribir, como el acto de leer, acaso pa-
como si fuera de Madame Henri Bachelier" ( F , 5 6 ) . Nos insta rezcan (acaso sean) actos tautológicos; que, sin embargo,
también a contemplar la posibilidad de un personaje dismi- entre el texto de Cervantes y el de Menard, media una dis-
nuido: un nexo entre tantos otros, como lo veía Tomachevski,' tancia indeterminada que no reduce sino enriquece la escri-
en el conjunto de motivos de la narración. Nos insta además tura o la lectura de un texto previo que la nueva escritura (o
a desconfiar de u n narrador, tan inconsistente, por sus exce- la nueva lectura) amplían. Los textos de Borges, al recupe-'
sos, como el personaje mismo que presenta. Personaje (au- r a r escritos anteriores, al anunciar escritos posteriores no
tor) y narrador (autor) pierden relieve individual a medida determinan: literalmente indeterminan el lugar fijo, el mo-
que cobra importancia una situación sólo deslindada por tex- numento horaciano en el que a menudo se entierra a la lite-
tos. Por cierto pasa algo en "Pierre Menard" -más exacta-
ratura.
mente: pasa algo por "Pierre Menardn- pero la situación Y
la aventura que propone el relato prescinde de la voz narra- 3%%
tiva y del simulacro personal, desviándolos. La situación se Q 2. La letra desviada
cifra en la nadería de la autoridad: fieles a ella, a medida ;g
que se desarrolla el cuento, tanto el narrador como el narra- .g
,.*G Entre el n a r r a d o r y el lector d e "Pierre Menard" p'asi
do se esfuman. No sólo no se encarnan: ni siquiera asientan 2.
i
una entonación única y característica que los vuelva incon- @
!-c.
-o no pasa- un mensaje ambiguo, cifrado en una biblio-
grafía. La deliberada indeterminación de la obra borgeana
i fundibles. Lo que pasa en y por "Pierre Menard" es por fin
una letra, que al perder sus cabales -como el protagonista
$ invita a toda suerte de defensas, d e l a s que no estan exclui-
del Quiiote
~
"- -
original- es sometida a la presión encantada
que Maurice Blanchot destaca en la'6brá. de Henry James.
~+... $ 4
4 das la risa, por incómoda que sea: "Este texto de Borges me
Pura presión textual, en el caso de "Pierre [Link] -pero
también e r a t e x t u a l l a presión que acosaba al l e c t o r ' Maurice Blanchot, Le Liure a venir (París: Gallimard, 1959). p. 163.
Afiade Blanchot u n comentario, en el que incluye u n a cita de los cuader-
Quijano- coincide con lo que Maurice Blanchot, al hablar nos de J a m e s . que igualmente podría aplicarse a Borges: "¿Qué nombre
de James, 'llama la paradoja apasionada. Representa: "la d a r a e s a presión a la que somete s u obra. no para limitarla sino al con-
seguridad de una composición determinada de antemano, trario p a r a hacerla hablar enteramente, s i n reserva, dentro d e s u secreto
'
s i n embargo reservado? ¿A e s a presión firme y s u a v e , a e s a solicitación
urgente? El nombre mismo q u e h a elegido como título p a r a s u relato fan-
tástico: O t r a uuelta de tuerca. '¿En quk r e s u l t a r á mi caso de K. B. [perso-
9.V. Tomachevski, ' T h h a t i q u e " , e n Théorie d e l a litfdrnlure (París: naje d e una novela q u e J a m e s nunca terminará1 u n a vez que s e lo someta
Seuil, 1965), p. 296. a l a presión y a otra uuelta de tuerca?'"
i
hizo reír u n buen rato, no sin un malestar indudable y difí- decir excéntrico- equivale a constituir un centro en la mis-
! cil de superar", escribe Foucault de "El idioma analítico de ma circunferencia, a reconocer la existencia del centro tra-
1 ' John W i l k i n ~ " Pero
. ~ la risa ante Borges, con Borges, esca- dicional y definirse con respecto a él, pero también a alejar-
se deliberadamente de ese centro, para verlo mejor y -si
sea, como escasea el reconocimiento de que el texto borgeano
i
acaso perturbe. El texto borgeano se h a vuelto cifra solemne fuera necesario-para burlarse de él.
1 ! e inamovible:anulado, casi, en nombre de la cultura. Sin embargo pocos se ríen, como Foucault, al leer a Borges.
Curioso destino, para un autor que por nacimiento y por Los dudosos beneficios de ese respeto que paraliza al lector,
vocación se elige marginal, cuyos textos desde un comienzo en admiración beata, parecen concentrarse en la erudición
!
piden distancia. Desde el principio, en sus poemas; Borges borgeana, inaugurada triunfalmente, como técnica de ficción,
elige l a periferia en desmedro del centro y a partir de esa en "Pierre Menard, autor del Quijote". La calculada inesta-
Lateraliclad, a la vez vital y literaria, escribe su obra. El lu- bilidad del relato debería ser aviso suficiente contra la in-
gar topográfico borgeano -si nos atrevemos a fijar tal lu- dagación arqueológica y vana. Así como tambalean el narra-
gar- parecería ser esa línea vaga-que deslinda la ciudad y dor, el personaje y el texto reescrito, deberían correr peligro
i
el campo, que permite; por un lado, la nostalgia del centro y, las citas eruditas, las alusiones literarias. Lamentablemen-
! te no siempre es el caso. Se lee la erudición de Borges en su
por el otro, esa perspectiva segura -esa libertad- que d a
el alejamiento. (La preferencia por las orillas es visible en letra, como aval que a s e g u r a r a la autenticidad de1,texto
la poesía de Borges; las noches son laterales; los arrabales, -ficción o ensayo- desatendiendo su función primqrdial:
últimos; las calles que recorre son las que desembocan "abru- la de inquietar básicamente a través de la risa, señalando a
madas por inmortales distancias" en "la honda visión / de la vez su falsía y verdad.
cielo y llanura" [OP,171.1 Los personajes de Borges, a partir de Pierre Menard, son
No es inútil recordar que Borges reclama esa margi- claras fabricaciones textuales. Alguna vez se h a descrito a
nalidad, justificándola plenamente, para toda la literatura Hamlet como un pobre joven con un libro en la mano, cuyo
hispanoamericana. Mejor: para toda literatura lateral. Como contenido -variable- ignoraba el espectador. Con un libro
i en l a mano -libro que leen, que escriben, del que son intér-
los judíos y los irlandeses, observa, los hispanoamericanos
"sobresalen en l a cultura occidental, porque actúan dentro pretes, que acaso sin saber completan, del que quizás sean
de esa cultura y al mismo tiempo no se sienten atados a ella sólo letras- aparecen los personajes borgeanos. De la lectu-
. '
por una devoción especial": r a del tomo duodécimo de la Ciuitas Dei surgen Aureliano y
8
J u a n de Panonia en "Los teólogosn; de una página de la Poe-
Creo que los argentinos, los sudamericanos en general, estamos en sía de Croce el Droctulft de "Historia del guerrero y de la
una situación análoga; podemos manejar todos los temas europeos, mane- cautiva". "El fin" provee un final provisorio al Martin Fierro
jarlos sin supersticiones, con una irreverencia que puede tener. y ya tie- de Hernández. Apoyándose en el mismo texto "original", "Bio-
... ne, consecuencias afortunadas ( D . 161).
grafía de Tadeo Isidoro Cruz" desliga un episodio del poema
gauchesco y lo elabora libremente a distancia. La situación
La irreverencia parece consecuencia inevitable de esa del episodio rescatado por Borges -el sargento que se vuel-
marginalidad aceptada y asumida: declararse marginal -es
ve gaucho malo- encuentra ecos en "La casa de Asterión":
el Minotauro, cuyo destino conoce todo lector, aparece no
Michel Foucault. Len m o t s e t l e s c h o s e s (París: Gallimard, 1966). p. como contrincante de Teseo sino como su víctima volunta-
9.
ria. El trastrocamiento de actitudes que registra el episodio una detestada zona de mi alma. Yo agonicé con él, yo morí
con él, yo de algún modo me he perdido con él" ( F , 87). En
de Hernández desgajado por Borges, se vuelve, en "La casa
de Asterión", trastrocamiento textual. No sólo en Tlon en- "El jardín de senderos que se bifurcan" se enfrentan -y coin-
cierra cada libro su contralibro (F,27): "La'casa de Asterión" ciden momentáneamente- u n persoriaje lector que h a des-
es el contratexto (uno de los posibles contrátextos) del texto cifrado u n laberinto de letras y u n personaje (previsto por
de Apolodoro. Las ajenas historias siguen fundamentando ese laberinto), que es catedrático y espía: que intenta y lo-
la ficción de Borges, no sólo como pretextos previos (excu- gra, mediante un asesinato, escribir un nombre que sus je-
I
1 sas) sino como pre-textos funcionales. Además de fundamen- fes alemanes descifrarán y leerán como 10 había previsto.
l
t a r la situación narrativa asientan a sus actantes. Los per- (En el mismo relato aparece, entre tantos motivos libres, u n
sonajes no se encarnan según criterios extratextuales, sí se lector inesperado: en el tren que lo lleva a casa d e Albert
encarnan, intertextualmente,.en la pluralidad de relatos que observa el narrador en un conjunto verosímil -labradores,
los contienen. u n a viuda de guerra, un soldado "herido y feliz"- a "un jo-
No en vano abundan e n l a ficción borgeana ciertos moti- ven que leía con fervor 10s Anales de Tácito" [F,1001.)E n
vos que indican al personaje. Borges h a escrito m á s de u n a "La muerte y la brújula" se enfrentan dos lectores: triunfa
vez, parafraseando a Stevenson, que toda ficción, que todo el m á s complejo, Scharlach, no sólo lector de los textos
personaje, es conjunto de palabras; que la transcripción de hasídicos sino autor y lector de la lectura de esos textos que
la realidad es una ilusión más de la llamada literatura rea- asigna a Lonnrot y que Lonnrot neciamente acata.
lista "porque la realidad no es verbaln (01,61). Las lecturas De manera significativa, la muerte del personaje borgeano
de los personajes borgeanos -o las lecturas del autor que coincide a menudo con el final de s u l e ~ t u r ao,, ~mejor dicho,'
apuntalan a esos personajes- son más que actividades cir- con el final de una lectura que h a practicado de manera
cunstanciales. De algún modo operan como caracterización reductora e ineficaz, fiel a u n a "supersticiosa ética" de lec-
emblemática, son señalamiento expreso de la textura de esos t u r a . Así muere Lonnrot, que lee u n a serie de crímenes se-,
! personajes . "La certidumbre de que todo está escrito nos gún u n esquema dictado; así desaparece Averroes, traductor
1 asiduo que carece de imaginación y a quien se le niega el
I anula o nos afantasma" ( F , 94), escribe Borges, que recuer-
. .
da, más de una vez, la hipótesis de Léon Bloy: los hombres reconocimiento (la lectura eficaz) de u n a palabra. Así, por'
-tanto los ficticios como los "realesm- acaso sean "versiculos fin muere Stephen Albert, t a n seguro de su lectura del labe-
. m
o palabras o letras de u n libro mágico, y ese libro incesante rinto de Ts'ui Pen -dentro del cual, sabe que Yu Tsun será
l.
es la única cosa que hay en el mundo: es, mejor dicho, el su enemigo-, que desconoce, como desconocen Lonnrot y
1
mundo" (01. 163).
En dos de sus avatares es escritor el personaje de "El In- W e r Tzvetan Todorov, "Les hommes-récits",Poétique de la prose (Pa-
mortal": cúando es Homero y cuando es Joseph Cartaphilus, ris: Seuil. 1971). S e aplican a los relatos borgeanos las observaciones del
escriba de "El Inmortal". Dahlmann, en "El Sur", es lector y inciso "Loquacité e t curiosité. Vie et mort" (pp. 86-88) sobre las Mil y una
bibliotecario: Averroes, escritor y traductor. Otto Dietrich noches, donde "narrar equivale a vivir". En el caso de Borges habría que
recalcar que narrar y sobre todo leer equivalen a vivir. Una declaración de
zur Linde, en "Deutsches Requiem", omite de la lista de sus Todorov coincide notablemente con el final de 'La busca de Averroes": "El
antepasados al más ilustre -un escritor-; luego, e n u n cam- hombre no e s sino relato; e n cuanto el relato deja de ser necesario, puede
po de concentración, empuja al suicidio a u n poeta de quien morir. Es el narrador quien lo mata. puesto que ya no cumple una fun-
es asiduo lector: "se había transformado en el símbolo de ción" (p. 87). I
Averroes, el momento exacto de la lectura: el momento pre- que permite dilatar esa muerte con l a inserción de un perfo-
sente, suerte de cuerpo a cuerpo con u n texto móvil, basado do ucrónico. "Pero Borges no h a tratado ese asunto desde un
e n otros textos móviles, jamás congelado. Al volverle l a es- punto de vista psicológico, como lo hicieron Bierce y Aiken,
palda a Yu Tsun, Albert reduce s u cuidadoso desciframiento sino mas bien con u n criterio que podría llamarse metafisi-
del laberinto de Ts'ui Pen a u n a de s u s muchas posibles si- con, escribe un c r í t i ~ o . 'El
~ cliché atribuido al criterio de
tuaciones: l a provoca y la fija, sin saberlo, con s u muerte. La Borges escasamente da cuenta de "El milagro secreto"; tam-
muerte que en tantos relatos del siglo diecinueve pone pun- poco, por otra parte, es psicológico el punto de vista de Aiken,
to final a las vidas mal vividas, corta -y delata- en estos sino mas bien irónico. Pero de hecho las diferencias existen.
textos de Borges, l a lectura "maln leída: el texto que se pasa El personaje de Bierce vive una muerte dilatada: en el espa-
por alto. cio que media entre dos instantes de su vida -el penúltimo
y el último- acomoda reconfortantes visiones del hogar, de
familia reunida. El personaje de Aiken, en el mismo espacio,
3. La muerte desviada acomoda u n viaje a Europa, un flirteo algo ridículo, y fúne-
bres expediciones s ~ n a m b ú l i c a s El
. ~ ~personaje de Borges,.
~ e c t u r ay escritura desatendidas: muerte. No se enten- escritor, e n el mismo espacio escribe:
derá esta coincidencia en los relatos borgeanos como conde-
n a moral, sí por cierto como falla del lector ante el texto. Minucioso, inmóvil, secreto, urdió e n e l tiempo s u a l t o l a b e r i n t o invi-
sible. Rehizo el t e r c e r a c t o dos veces. Borró a l g ú n símbolo d e m a s i a d o evi-
Como Lonnrot, como Averroes y como Albert, peca por res- d e n t e íL.1 N i n g u n a c i r c u n s t a n c i a lo i m p o r t u n a b a (F,167).
peto mal dirigido el Gracián de Borges, que "no vio l a glo-
ria". Muerto, "sigue resolviendo en l a memoria / Laberintos, Cada uno de los personajes, en suma, acomoda en ese es-
retruécanos y emblemasn (OP, 163). "El milagro secreton, pacio fuera del tiempo lo que constituye el goce principal de
"Tema del traidor y del héroe" y "La otra muerte", t r e s fic- s u existencia; y de Hladík sabemos que "fuera de algunas
ciones donde nuevamente se d a l a conjunción de escritura (o amistades y de muchas costumbres, el problemático ejerci-
lectura) y muerte, proponen finales -acaso habría que h a - cio de la literatura constituía su vida" ( F , 161).
blar de interrupciones- muy distintos. E n los tres relatos,
l a muerte no marca simplemente el final de una lectura ini
suficiente sino l a posibilidad p a r a el personaje de modificar, loE. L. Revol.. 'Anroximación . a l a o b r a d e J o r e e Luis Borees".
- . Cuader-
: nos, 5 (1954).
incluso de reescribir, l a lectura de s u propia muerte. Esa " Coincide m á s 'Mr. Arcularis". e n ciertos detalles. con "El S u r " d e
muerte aparecedesajustada, desviada, no como marco final Borges. Como D a h l m a n n , Mr. Arcularis s e r e c u p e r a d e u n a operación. Los
de l a narración sino como,final ilusorio, como un no final, y ; dos r e l a t o s s e d e t i e n e n e n e l goce del protagonista c u a n d o vuelve a l a v i d a
en los t r e s casosinterviene u n texto o u n a elaboración tex- "real", c u a n d o decide e m p r e n d e r u n viaje. E n los d o s t e x t o s s e m a r c a n l a s
i coincidencias e n t r e los personajes de l a clínica y los d e "afuera": Dahlmann,
tual p a r a lograr ese desajuste. : a l llegar a l s u r , reconoce a l enfermero d e l s a n a t o r i o e n el d u e ñ o d e l a
"El milagro secreto" h a sido comparado a menudo con "An
Occurrence a t Owl Creek Bridge" de Ambrose Bierce, y al-
g u n a vez con "Mr. Arcularis", de Conrad Aiken. La situación i
p u 1 p e r i a ; A r c u l a r i s reconoce a s u e n f e r m e r a , .\Iins Hoyle. e n l a Miss Dean
con a u i e n f l i r t e a e n el barco D a h l m a n n lee l a s MII Y u n a noches 'antes" Y
"después" d e s u operación; Arcularis escucha u n a r i a d e Caualleria
1
: R u s t i c a n a e n l a clinica y luego e n el barco. Coinciden los d o s r e l a t o s e n
de los t r e s relatos es l a misma: .un corte en el tiempo cuanti- ' u n último d e t a l l e circunstancial: l a s o p a q u e t o m a n los dos personajes,
tativo, inmediatamente anterior a l a muerte del personaje, "amo p r i m e r a comida d e l viaje. .