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El Peligro de Las Redes Sociales

El documento discute cómo las redes sociales están afectando negativamente a los jóvenes, presionándolos a crear una identidad falsa y buscar constantemente la aprobación de los demás a través de "me gusta" y comentarios. También expone cómo los jóvenes viven sus vidas en las redes sociales en lugar de cultivar relaciones significativas en el mundo real. Finalmente, enfatiza la importancia de transmitir el mensaje de la aceptación y el amor incondicional de Dios a los jóvenes.

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El Peligro de Las Redes Sociales

El documento discute cómo las redes sociales están afectando negativamente a los jóvenes, presionándolos a crear una identidad falsa y buscar constantemente la aprobación de los demás a través de "me gusta" y comentarios. También expone cómo los jóvenes viven sus vidas en las redes sociales en lugar de cultivar relaciones significativas en el mundo real. Finalmente, enfatiza la importancia de transmitir el mensaje de la aceptación y el amor incondicional de Dios a los jóvenes.

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La vida detrás de la máscara: cómo las redes

sociales están afectando a la juventud de hoy

En mi pequeño grupo esta mañana, estábamos hablando de nuestros hijos adolescentes y las
presiones que enfrentan. Si bien hay muchas, acordamos que las redes sociales son una de las más
poderosas, no solo ejerciendo una tremenda influencia sobre ellos, sino que algunas veces dictan
quiénes son realmente.

Los jóvenes se sienten obligados a crear una identidad que es falsa. John Tyson, pastor de una
iglesia en Nueva York, habla sobre esto. Lo llama “mantener la imagen” y discute lo difícil que
puede ser. Nuestros niños y jóvenes se están agotando, tratando de mantener las apariencias,
tratando de mantener múltiples conversaciones en múltiples canales de redes sociales.

Tienen esta amplitud de contacto con las personas — múltiples toques. Pero sin profundidad en
absoluto. Nada significativo. El mayor desafío que parecen tener es mantenerse al día con la
imagen que intentan retratar en el mundo que los rodea.

Me parece curioso que la generación más joven critique a la generación anterior por no ser muy
auténtica. Usted podría argumentar que es al revés. Ellos son quienes están desempeñando sus
vidas en el escenario de las redes sociales. Quieren ser aceptados por sus compañeros.
Constantemente controlan su apariencia, lo que tienen y lo que hacen. Y solo publican aquellas
cosas que creen que las harán ver bien o ganarán la aceptación de sus compañeros. Están
buscando ver cuántos “me gusta” pueden obtener. Para ellos, los “me gusta” son una forma de
afirmación.

Louis Giglio en su libro, “Goliat debe caer”, escribió esto: “La adicción más extendida en el mundo
hoy en día es la aprobación de los demás. Si las redes sociales es donde obtiene su aprobación, y si
es su droga, entonces las redes sociales lo matarán”.

Cuando vives tu vida buscando la aceptación de otras personas, vives decepcionado.

A veces, ese deseo desesperado de aceptación y aprobación de otros puede incluso proyectarse
en nuestra relación con Dios. Todos nosotros, jóvenes y viejos, podemos comenzar a pensar que
debemos realizar ciertas cosas y hacer ciertas cosas para obtener la aceptación y aprobación de
Dios. Pero la historia de la fe cristiana no está trabajando para la aprobación de Dios. Está
trabajando desde la aprobación de Dios. Una vida de fidelidad a Dios es en realidad una respuesta
a su aceptación, no una forma de lograr su aceptación.

Giglio señala que al comienzo del ministerio terrenal de Jesús, la voz del cielo dijo: “Este es mi Hijo
amado; estoy muy complacido con él”. Eso fue antes de que él comenzara, antes de su ministerio
público. El punto es que trabajamos desde la aceptación de Dios.

Una de las cosas clave que debemos transmitir a los jóvenes es este mensaje de la aceptación de
Dios: la gracia de Dios, el amor de Dios. Especialmente cuando están siendo bombardeados por
voces que dicen que para ser aceptados, valorados y amados, deben actuar de cierta manera.

El mensaje de la Biblia, y de programas como nuestro Reach4Life (Decídete a Vivir), es que no


tienen que comportarse de cierta manera o presentar apariencias para obtener aceptación y
encontrar significado. Tu significado proviene de quién es Dios.

Tenemos que construir una base en los niños para darles algo sólido a lo que aferrarse. La idea es
no restringirlos. Algunas personas piensan que los principios cristianos son restrictivos. Pero es
una base sólida para saber quién eres y para qué fuiste creado. Nos permite comprometernos con
el mundo.

En Biblica, estamos comprometidos a alcanzar a los niños con la Palabra de Dios. Especialmente
niños en riesgo. En todo el mundo hay niños y jóvenes que enfrentan abuso sexual, abuso físico,
desplazamiento, pobreza… ¿Cómo nos relacionamos con estos niños y les proporcionamos algo
sólido en medio de situaciones y entornos volátiles?

Una forma es trabajando con socios que no solo entreguen Biblias, sino que se involucren con
estos niños, disciplinándolos y enseñándoles a largo plazo. Se han comprometido a ver a los niños,
caminar con ellos y ser parte de sus vidas.

Proyectos del ministerio como “Decídete a Vivir” y “Aventuras Bíblicas” están diseñados para
acompañar a los niños en un largo viaje de fe a través de las Escrituras. No solo dejamos caer algo
y esperamos lo mejor.

Tan pronto como los niños salen por la puerta o encienden un televisor o un teléfono celular, se
encuentran con una miríada de voces. Todas estas voces mundanas buscan influenciarlas. Pero si
podemos darles la base sólida de la Palabra de Dios, ellos pueden vencer al mundo a través de
Cristo.

Los jóvenes necesitan desesperadamente una base sólida. Lo que están obteniendo de todos lados
no es sólido en absoluto. Depende de nosotros compartir la verdad de las Escrituras con ellos y
permitir que Dios traiga transformación.

Todas las cosas son posibles, a través de Cristo.


Siete Riesgos de las Redes Sociales para
el Cristiano
Escrito por Peter Goeman, Profesor del Seminario Teológico Shepherds. Publicado originalmente
bajo el título “7 Potential Social Media Snares for the Christian.”

Hay muchas razones para creer que las redes sociales llegaron para quedarse. Las redes sociales
brindan una oportunidad increíble para conectarse con familiares y amigos, o para estar atento a
las noticias, los deportes y el clima. Se estima que este año (2020), 3.6 billones de personas
participarán en las redes sociales. Las redes sociales son inmensamente populares entre la
generación más joven, ya que los jóvenes de 16 a 24 años pasan más de tres horas al día en las
redes sociales.

La naturaleza masiva de las redes sociales requiere que los cristianos piensen críticamente sobre
los pros y contras del uso de estas plataformas, así como las consecuencias de su uso frecuente.
Muchos de los beneficios de usar las redes sociales como cristiano son evidentes. Podemos
alcanzar con el evangelio a algunas personas que de otra manera no podríamos impactar. Además,
podemos compartir recursos útiles que promueven la semejanza a Cristo. También podemos
edificarnos y animarnos mutuamente. Realmente hay muchos beneficios desde una perspectiva
cristiana en el uso de las redes sociales.

Pero también hay un lado oscuro de las redes sociales. Algunos de estos riesgos pueden ser
evidentes, pero otros pueden pasar desapercibidos. En un esfuerzo por ayudarnos a pensar en
algunos de los peligros de las redes sociales, aquí hay siete riesgos de las redes sociales.

1. Las redes sociales pueden ser una pérdida de tiempo

La autodisciplina es una parte importante de lo que significa ser cristiano. Las redes sociales a
menudo ocupan nuestro tiempo cuando podríamos estar trabajando duro y logrando cosas
productivas. Muchos (incluyéndome) conocen muy bien la tentación de navegar por Twitter,
Facebook o Instagram mientras se supone que estemos estudiando, escribiendo, leyendo u
orando. A menudo lo racionalizamos diciendo que 5 minutos no es tiempo suficiente para hacer
otra cosa, pero esos segmentos de 5 a 10 minutos desperdiciados se suman a lo largo del día.

Recuerde, el tiempo dedicado a mirar Facebook es tiempo que no recuperaremos (ej. Efesios


5:16). ¡Y puedo prometerle que Dios no lo recompensará por el tiempo que pasa mirando fotos de
Instagram!

2. Las redes sociales pueden promover los celos

Aunque liberados del pecado, los cristianos todavía luchan con la carne. La carne anhela lo que
tienen los demás. ¿Cuántas personas solteras están celosas de las relaciones que ven en las redes
sociales? ¿Cuántas mamás desearían que sus hijos fueran más como los niños que ven
representados en las redes sociales? ¿Cuántos desearían poder experimentar ese crucero de lujo?
Todas estas son tentaciones relacionadas con los celos o la envidia – queremos lo que otros tienen
y estamos descontentos con lo que Dios nos ha dado.
3. Las redes sociales pueden facilitar la jactancia

La otra cara de los celos es la jactancia, el alarde y la vanagloria. ¿Por qué publica la foto de su
comida? ¿Por qué publica la foto de su auto nuevo? ¿Por qué publica sobre la promoción que
obtuvo en el trabajo? A menudo podemos racionalizarlo, pero si somos honestos, muchas de las
veces que publicamos nuestros logros es para que la gente nos vea como personas exitosas.
Pecamos por fanfarronear.

4. Las redes sociales pueden generar chismes o calumnias

Nos encanta saber lo que está sucediendo y nos encanta hablar con nuestros amigos al respecto.
Queremos conocer los detalles de la vida de todos y nos gusta compartir la primicia. No está mal
disfrutar de las conversaciones digitales en las redes sociales. Pero haríamos bien en recordar que
nuestras conversaciones digitales no deben pasar por alto las pautas claras de la Escritura en
cuanto a la comunicación (ej. Efesios 4:29, 31; Mateo 12:36). Hay muchas cosas que no
deberíamos decir (o leer) ya sea en la vida real o digitalmente.

5. Las redes sociales pueden alimentar la ansiedad

La mayoría de los estadounidenses obtienen sus noticias de las redes sociales y


aparentemente Latinoamérica no se queda atrás. Estamos inundados de noticias todo el tiempo
(la mayoría de las cuales son negativas). Constantemente recibimos información en cuanto a la
crisis de salud, amenazas de guerra, hambruna, terroristas, tormentas, crisis políticas y financieras,
etc. Es fácil concentrarse en las muchas dificultades del mundo y ponerse ansioso. Pero la Escritura
nos manda a regocijarnos en Dios y confiar en Él (Filipenses 4:6). Pero a veces lo hacemos más
difícil de lo necesario al inundarnos con tantas cosas que pueden causarnos ansiedad.

6. Las redes sociales pueden darnos una percepción errónea del éxito

A los ávidos usuarios de las redes sociales les gusta agradar a los demás (al menos en línea). De
hecho, a menudo nos sentimos tentados a evaluar nuestro valor por la cantidad de “me gusta”
que recibimos en nuestras publicaciones. Lamentablemente, muchos se han condicionado a tener
un sentimiento de logro no al lograr alguna tarea importante, sino al ver cómo perciben los demás
esa tarea en las redes sociales. En la vida real, lo que importa es el logro. Pero en las redes
sociales, lo que importa es la percepción. Muchos de nosotros hemos cambiado la experiencia de
la vida real por cómo nos perciben los demás. Y así hemos cambiado la sabiduría por la locura.

7. Las redes sociales pueden distraernos de lo esencial

Revisamos nuestros teléfonos todo el tiempo. Un estudio indicó que algunos de


nosotros revisamos nuestros teléfonos cada 4.3 minutos. En el caso de muchos cristianos, lo
primero que hacen por la mañana es levantar su teléfono inteligente, no orar ni abrir la Biblia. Esta
compulsión de ver el teléfono se debe generalmente al deseo de estar conectado con nuestros
perfiles sociales y las noticias. Pero esta adicción resulta en menos oración, lectura de calidad,
tiempo devocional y relaciones de calidad en la vida real.

Podemos decir que las redes sociales no son esenciales para nuestro bienestar, pero la forma en
que las usamos y el tiempo que invertimos en ellas a menudo demuestra que, de verdad, es
nuestra mayor prioridad. Al mismo tiempo, desplaza las disciplinas cristianas que absolutamente
necesitamos.

El famoso pastor John Piper sabiamente dijo:

Pensamientos finales

Las redes sociales presentan algunas oportunidades asombrosas para el cristiano, pero también
existen algunos peligros graves. Para cuando lea esta publicación, habré compartido esta
publicación en Facebook y Twitter. Es posible que haya respondido a varios comentarios en mi
publicación. No hay nada intrínsecamente malo en las redes sociales, pero el estándar es alto para
que el cristiano sea sabio y controlado.

Debemos recordar que solo porque nos comunicamos en línea, el estándar de la comunicación
cristiana no cambia. Quizás podríamos resumir la intención de este artículo con la frase «piénsalo
dos veces, publica una vez».
Muchas veces nos preocupamos por nuestro testimonio y ejemplo como cristianos en nuestro
diario vivir, pero descuidamos nuestro comportamiento en nuestras redes sociales. La manera en
que nos presentamos al mundo en internet es un reflejo de nuestro verdadero corazón. Como
seguidores de Cristo debemos demostrar sus enseñanzas en todo momento, y no solo cuando
creemos que alguien nos está mirando.

Si bien en los tiempos bíblicos no existían las redes sociales, hay versículos que sirven de guía para
nuestras vidas dentro y fuera de Internet.

Qué dice la Biblia sobre las redes sociales


1. Las redes sociales no deben reemplazar el contacto humano

En la antigüedad se comunicaban mediante cartas escritas a mano, las cuales demoraban meses
(dependiendo de la lejanía) en llegar a sus destinatarios. Aunque era la forma más práctica de
enviar un mensaje privado, el autor de la segunda carta de Juan hace énfasis que el contacto
humano genera alegría que no puede transmitirse por medio de las palabras.

Aunque tengo mucho más que decirles, no quiero decirlo por carta. Espero ir y hablar
personalmente con ustedes. Así podremos alegrarnos juntos.

2 Juan 1:12 (PDT)

2. Debemos tener autocontrol

Es fácil dejarse llevar por el contenido de las redes sociales. Un click a una publicación lleva a otra,
y al final del día hemos perdido nuestro tiempo viendo cosas que realmente no valen la pena. La
aparente libertad que tenemos en internet nos nubla de la conciencia y raciocinio que debemos
practicar; y es por eso que la Biblia nos advierte que tengamos autocontrol.

Tengan cuidado de cómo se comportan. Vivan como gente que piensa lo que hace, y no como
tontos. Aprovechen cada oportunidad que tengan de hacer el bien, porque estamos viviendo
tiempos muy malos.

Efesios 5:15-16 (TLA)

3. Las redes sociales te hacen perder el enfoque

Las redes sociales dan la ilusión de que las personas tienen una mejor vida de la que viven en
realidad. En gran manera, esto es un incentivo que nos hace anhelar las cosas terrenales más que
las celestiales; y Jesús mismo advirtió que esta práctica no es la adecuada de un cristiano.

No guarden tesoros para ustedes aquí en la tierra, donde la polilla y el óxido los dañarán, y
donde los ladrones entran a robárselos. Más bien, guarden tesoros para ustedes en el cielo
donde ni la polilla ni el óxido los dañarán y donde los ladrones no pueden entrar a
robárselos. Pues donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón.

Mateo 6:19-21  (PDT)


Dios les dio nueva vida, pues los resucitó juntamente con Cristo. Por eso, dediquen toda su vida
a hacer lo que a Dios le agrada. Piensen en las cosas del cielo, donde Cristo gobierna a la derecha
de Dios. No piensen en las cosas de este mundo.

Colosenses 3:2  (TLA)

4. Las publicaciones deben tener un propósito

Las redes sociales prácticamente nos permiten publicar cualquier cosa que queremos. Sin
embargo, esto no es una excusa para dejarnos llevar por el momento y postear comentarios,
imágenes, textos o vídeos que no son para alabar a Dios.

En conclusión, ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la
gloria de Dios.

1 Corintios 10:31  (NBD)

5. Las redes sociales no deben ser un pedestal para mostrar nuestras buenas acciones

Hay numerosos pasajes en la Biblia en donde se remarca que Dios rechaza a los orgullosos, pero
que acepta a los humildes. Las redes sociales se han convertido, para algunos, en una manera de
anunciar las cosas buenas que hacen, pero todo con el fin de vanagloriarse y ganar fama. No
obstante, la Biblia nos advierte que el mejor premio de hacer el bien lo da Dios.

No hagan sus buenas obras delante de la gente sólo para que los demás los vean. Si lo hacen así,
su Padre que está en el cielo no les dará ningún premio.

Mateo 6:1  (DHH)

6. No debemos usar las redes sociales para criticar

Si bien todos tenemos libertad de expresar nuestra opinión, no debemos caer en la crítica. Así
como las palabras dichas en persona tienen consecuencias, las que escribimos en las redes sociales
también. La Biblia explica que la sabiduría solo proviene de Dios, y que Él es el único quien tiene la
capacidad de juzgar con justicia a todas las personas.

No presumas de sabio, respeta al Señor y evita el mal.

Proverbios 3:7 (BLPH)

No hagan nada por rivalidad ni orgullo. Sean humildes y cada uno considere a los demás como
más importantes que sí mismo.

Filipenses 2:3  (PDT)

7. Las redes sociales no son negativas, pero debemos usarlas con sabiduría

Las redes sociales son de mucha ayuda en la actualidad, pero si queremos sacar provecho positivo
de ellas, debemos tener en cuenta a Dios en todas nuestras acciones y pensar si Él estaría
orgulloso de nuestro comportamiento en Internet. La Biblia dice que tenemos libertad para hacer
lo que queramos, pero que esa libertad viene con la responsabilidad de que debemos asumir las
consecuencias.
Algunos de ustedes dicen: «Yo soy libre de hacer lo que quiera.» ¡Claro que sí! Pero no todo lo
que uno quiere, conviene; ni todo fortalece la vida cristiana.

1 Corintios 10:23 (TLA)

8. Las redes sociales no deben apartarnos de Dios

Muchos utilizan el versículo de Marcos 1:18 (RVR1960): «y dejando luego sus redes, le siguieron»,
para hacer énfasis en que le demos el primer lugar de nuestra vida a Dios, y no a las redes sociales.
Aunque el contexto de ese pasaje es otro, es un excelente recordatorio de que debemos
enfocarnos más en los asuntos de Dios que en otra cosa.

9. No debemos seguir a las personas, sino a Dios

Hoy en día hay personas famosas que buscan que las personas las sigan, y aunque algunos de ellos
son una buena influencia para los demás y tienen un motivo sincero de ayudar a los demás; hay
otros que están más enfocados en conseguir dinero y reconocimiento. En su carta a los corintios,
Pablo les dice que lo imiten en su forma de seguir el ejemplo de Jesús. Con esto dejó en claro que,
como cristianos, debemos tener solo una persona a la cual seguir, admirar e imitar, a Jesús.

Sigan mi ejemplo, así como yo sigo el ejemplo de Cristo.

1 Corintios 11:1  (PDT)


El peligro de las redes sociales
“Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito,  pero  no  todo  edifica.”  (1 Corintios
10:23)

Mientras escribo este artículo, el mundo toma decisiones acerca de la posibilidad de continuar con
la popular aplicación de la mensajería instantánea

‘WhatsApps’, debido al cambio de su política de privacidad.

¿Pero será sólo el tema de la privacidad y la exposición a la publicidad el único peligro de las redes
sociales, o existen otros aspectos aún más serios a considerar? ¿Qué hay de bueno y de malo en
las redes sociales? ¿Es sólo un problema potencial para la población joven? ¿Cómo puedo detectar
que las redes se están convirtiendo en un problema para mí, y cómo avanzar hacia la solución?
¿Qué medidas preventivas deberían considerar los individuos y las familias antes de que la
situación los desborde? Como cristianos, debemos conocer qué dice Dios en Su Palabra con
respecto a este tema muy actual.

Lo bueno de las redes sociales

En tiempos de distanciamiento social por la pandemia, encontramos en las plataformas


tecnológicas una muy útil herramienta para seguir conectados. Así, muchos pudieron continuar,
de manera virtual, dictando o tomando clases, desde la básica hasta la superior; otros realizaron
teleconsultas a sus pacientes. Pero lo más importante ha sido que se continuaron las reuniones
cristianas por este medio; de hecho, se vio un aumento en la participación, además de que
pudimos interconectarnos, de manera regular, aun con hermanos de otros países, hecho que sólo
se producía anteriormente de manera excepcional. También debemos mencionar a su favor que
estas plataformas pueden constituirse en una ventana permanentemente abierta para la
predicación del Evangelio y para la promoción de material de edificación para la Iglesia.

De este modo reconocemos, de manera positiva, que las redes y la tecnología permiten
ampliamente la comunicación, como nunca antes había existido en la historia de la humanidad.

En tiempos de distanciamiento social por la pandemia, encontramos en las plataformas


tecnológicas una muy útil herramienta para seguir conectados. Así, muchos pudieron continuar, de
manera virtual, dictando o tomando clases, desde la básica hasta la superior; otros realizaron
teleconsultas a sus pacientes. eces prolongado y silencioso), y no encuentra otra manera de
hacerlo.

Sin ser exhaustivos, otros aspectos positivos que han sido considerados incluyen: Actualización de
noticias en tiempo real, facilidad para encontrar personas con quienes compartimos intereses y
aficiones, acceso a todo tipo de consejos, guías, tutoriales y manuales que nos ayudan en nuestro
día a día, desde cómo hacer algún remedio casero o una receta de cocina, hasta cómo resolver el
más complicado problema de cálculo infinitesimal. Las redes sociales han permitido promocionar
negocios y nuevos emprendimientos y, de hecho, las tiendas virtuales han revolucionado el
mercado.

Peligros evidentes de las redes sociales 

Pero no todo es bueno. También debemos reconocer serios peligros, tales como la suplantación
de identidad, la cual se volvió frecuente con el uso de perfiles falsos. Abundan en estos días
diversas clases de delitos cibernéticos: las estafas, la extorsión, y el chantaje, los cuales se han
vuelto comunes. Muchos se han vuelto expertos en técnicas de engaños y estafas virtuales. Los
jóvenes abandonados por sus padres son víctimas de acoso cibernético, maltrato, abuso y agresión
a través de las redes sociales, desencadenando una epidemia de bajo rendimiento académico,
depresión, ansiedad, sentimientos de soledad y cambios en los patrones de sueño y de
alimentación, que pueden alterar seriamente la vida de las personas; a esto hay que añadir las
altas tasas de obsesión compulsiva en la cual viven jóvenes que no conciben estar desconectados
de la red. También tenemos un aumento de delitos sexuales en la red. Internet se volvió la cueva
ideal de pedófilos y pederastas, quienes, ganando la confianza de menores o adolescentes,
mediante el engaño, llevan a sus víctimas a la tragedia del abuso sexual.

Peligros de las redes sociales no tan evidentes 

Pasando a otro grupo de peligros que pasan sutilmente desapercibidos, pero que potencialmente
pueden ser muy peligrosos para la vida espiritual, moral y social de las personas, podríamos hablar
del exhibicionismo selectivo que satura la mayoría de las redes sociales. Se exhibe una sola cara de
nuestra vida, la atractiva, donde abundan el dinero, los éxitos, viajes, compras y alegrías, dejando
a un lado los despidos en el trabajo, las rupturas amorosas, las crisis económicas… o todo aquello
que nos pueda hacer sentir vulnerables o inferiores a los demás. Parece que las redes sociales se
han convertido en un asunto donde “todo es vanidad” (Ec. 1:2), tal como lo decía el rey Salomón, y
donde abunda realmente la excesiva vanidad. Desde las exageraciones de currículum y experiencia
profesional en LinkedIn, hasta cierto tipo de filtros en fotos en Instagram para ocultar aquellas
partes de nuestro cuerpo que no nos agradan. La obsesión por los ‘retuits’ y la reproducción de
nuestros videos se volvió un elemento de alegría o profunda tristeza. Los hombres que siempre
están buscando llamar la atención sobre sí mismos, encontraron en la guarida de las redes un
lugar donde exaltar y promocionar su ‘yo’. Todas estas tentaciones son características de una
generación sin Dios, sin Cristo y sin propósito para su vida; generación presa de los intereses
económicos de multinacionales, y caracterizada por corazones vacíos, hambrientos y
dependientes. Lo que el hombre busca en las redes sociales es aquella tan anhelada “felicidad y
realización”, que sólo verdaderamente podrá encontrar cuando venga humildemente en
arrepentimiento y fe a los pies de Cristo y Su Evangelio.

La familia de los “huérfanos digitales”

Los padres de hoy tenemos un nuevo desafío ante nosotros: saber utilizar la tecnología a favor, y
cuidar de sus peligros. Lastimosamente, ahora es muy común encontrar a padres y madres de
familia que, de manera inconsciente, prestan mayor atención a sus celulares que a sus
hijos. Huérfanos digitales  es el concepto que se les ha dado a los niños, niñas y adolescentes, hijos
de padres adictos a la tecnología en tal grado, que prestan mayor atención a los dispositivos
móviles o computadoras que a su mismo hijo o hija. Estas familias se caracterizan porque en los
tiempos de comida (si acaso la tienen juntos) no existe una conversación fluida, sino que se ve
interrumpida por el uso de los celulares. A pesar de que estos niños reciben los cuidados
fundamentales para su desarrollo, sin embargo, carecen de apego emocional por parte de sus
padres, de dirección espiritual y de disciplina moral, lo cual genera graves consecuencias, tales
como inmoralidad, rebeldía, inseguridad y problemas en sus relaciones interpersonales presentes
y futuras. El uso excesivo de la tecnología y la falta de atención a los hijos, convierte a los niños y
jóvenes en seres retraídos, aislados y propensos a malas influencias. Se rompe el lazo del amor y
del vínculo familiar, tan indispensable en el impacto de las futuras generaciones que estamos
criando para Cristo. Los padres que crían en el temor del Señor a sus hijos, que tienen
conversaciones profundas y trascendentales con ellos, que realizan el culto familiar regularmente,
que conocen y suplen las necesidades emocionales y espirituales de sus hijos, que juegan y se
divierten con sus hijos, son cada vez más escasos; y los que hay están más propensos a las
sutilezas y trampas de un mundo digital cada vez más poderoso, donde escasea el amor de Cristo y
Su verdad.

¿Podrías tú estar adicto a las redes?

En este punto, la pregunta que demanda una respuesta honesta es: ¿Controlas el manejo de tus
redes sociales o ellas te están controlando? Hay algunas señales que pueden ayudarte a conocer
tu nivel de dependencia de dichas redes:

 Si lo primero que haces al abrir los ojos, en vez de invocar el nombre del Señor y orar, es
consultar tus redes sociales en busca de novedades.

 Si revisas con más frecuencia tus redes que tu Biblia.

 Si conoces más tu lista de contactos y sus publicaciones que a los hermanos de tu iglesia
local.

Se exhibe una sola cara de nuestra vida, la atractiva, donde abundan el dinero, los éxitos, viajes,
compras y alegrías, dejando a un lado los despidos en el trabajo, las rupturas amorosas, las crisis
económicas… o todo aquello que nos pueda hacer sentir vulnerables o inferiores a los demás. 

 Si exploras con avidez las publicaciones de tus “amigos” en busca de sus nuevos
acontecimientos, y te sobreviene el pensamiento de que su vida es mejor que la tuya.

 Si estar con los hermanos de la iglesia o familiares no es un impedimento para estar


revisando constantemente tu celular.

 Si caes en el exhibicionismo y la necesidad de publicar y fotografiar todo lo que te sucede,


desde tus comidas diarias hasta tu pose antes de dormir.

 Si sustituyes las conversaciones cara a cara por las charlas a través de internet, en las
cuales te sientes más cómodo.

 Si prefieres el culto ‘online’, que asistir presencialmente a las reuniones de la iglesia.

 Si te mantienes en línea casi todo el día.

 Si salir de casa sin tu teléfono es sinónimo de estrés y taticardia.


Hoy existe un desorden llamado ‘nomofobia’, que consiste en el miedo irracional a permanecer un
intervalo de tiempo sin el celular. El término, que es un acrónimo de la expresión inglesa “no-
mobile-phone phobia”, fue acuñado durante un estudio realizado por la oficina británica de
correos Royal Mail, y encargado al instituto demoscópico YouGov (estudia las orientaciones y la
opinión pública sobre algún asunto) para estimar la ansiedad que sufren los usuarios de teléfonos
móviles. Como hay gente que sólo se convence cuando tiene los números delante, ya existen
aplicaciones para estimar el tiempo consumido en las redes. Por ejemplo, FaceUp es una
aplicación que acumula estadísticas sobre el tiempo que usas el celular, al igual que Checky, que te
da la información sobre cuántas veces has consultado el teléfono ese día y dónde; o Moment
Family, que rastrea el uso del celular y establece un límite para toda la familia. “La vida es lo que
pasas mientras miras la pantalla del Smartphone”, es el lema de FaceUp. Podríamos hacer el
ejercicio y escudriñar nuestro diario vivir para ver cómo está nuestra vida espiritual en esta área.

Consejos para iniciar la desintoxicación

El primer punto para solucionar un problema es reconocerlo. Una vez hayamos admitido que
tenemos debilidad y somos propensos a pecar en esta área, podemos comenzar a tomar algunos
pasos prácticos en la gracia de Dios para vencer en este asunto y retomar el control.

1. Desconéctate, y ten prioridades. Jesús decía: “Por  tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer,
sácalo…” (Mt. 5:29). Si tenemos cosas que nos están haciendo pecar, debemos sacarlas de nuestra
vida. Desconectarnos en ciertos momentos del día sería un buen comienzo: una hora antes de
acostarte y en períodos del día, especialmente en tus horas de devoción personal y cuando estés
con tu esposa y/o hijos, deja tus dispositivos fuera de la habitación y en modo avión; eso sería una
manera de priorizar tu vida espiritual y las relaciones personales antes que las virtuales.

“La vida es lo que pasas mientras miras la pantalla del  Smartphone”, es el lema de FaceUp.
Podríamos hacer el ejercicio y escudriñar nuestro diario vivir para ver cómo está nuestra vida
espiritual en esta área.

2. Usa las redes para edificación: Dios le habló a Habacuc: “…Escribe la visión, y grábala en tablas,
para que corra  el que la lea.  ” (Hab. 2:2; versión LBLA). Si tienes redes sociales úsalas de manera
sabia y edificante. Como cristianos deberíamos usar todos los medios a nuestro alcance para la
expansión del Evangelio y la verdad de Cristo. Cuántos amigos, familiares y hermanos en la fe
tenemos que necesitan desesperadamente una voz de esperanza. Si el diablo y sus hijos usan estas
herramientas para contaminación, ¿no debería esto animarnos para ser luz en estas esferas?
Damos gracias a Dios por todos los ministerios que propagan la verdad de Dios a través de estas
herramientas actuales y de alta difusión.

3. Organiza tu tiempo: “Andad sabiamente… redimiendo el  tiempo.  ” (Col. 4:5). Son muchas las
personas que consultan el móvil a lo largo del día para ver qué ha pasado y qué cosas han subido o
compartido sus contactos. Y al final, la suma de esos ‘breaks’  (o rupturas) resulta en un total de
tiempo empleado en redes que no se ha dedicado a otras tareas, ya sean a nivel personal,
espiritual, familiar o laboral. Esta pérdida de tiempo puede ser una de las más peligrosas sutilezas
en este asunto; por eso, debemos ser vigilantes y hacer una administración sabia de nuestro
tiempo. Organizar nuestra vida basada en prioridades dará un curso sabio y fructífero a nuestro
tiempo y fuerzas. Horas para la lectura de la Palabra, oración, deberes diarios, tiempos familiares,
actividades eclesiásticas, comidas y otras cosas, deben estar en nuestra agenda diaria. Optimizar el
tiempo nos ayudará para darle el lugar debido a aquello que podemos considerar ocio o
entretenimiento, sin abusar de ello y sin que llegue a dominarnos. Reorganiza tus prioridades. Es
fácil dejar para lo último actividades importantes, mientras consumes valiosos minutos de tu día
haciendo ‘click’ para mirar la vida de otros, mientras pierdes el control de la tuya.

4. Aspectos prácticos: Responde tu correo electrónico en una “sola sentada”. Puede que ya uses
este truco para el correo electrónico, pero si no lo has hecho, es muy sencillo: en lugar de
responder cada mensaje que llega e interrumpe tu día, asigna diez minutos, cuando estés libre,
para responder a todo lo que haya llegado en las últimas dos horas. Esto liberará mucho tiempo y
ancho de banda mental. No mezcles el tiempo de trabajo y las redes sociales, ¡cómo si no
estuvieras ya lo suficientemente distraído en el trabajo! No revises tus cuentas personales de
redes sociales hasta que estés en un descanso.

El fondo del problema 

Jesús dice: “Porque  donde esté vuestro tesoro, allí estará también  vuestro corazón.” (Mt. 6:21).
Jóvenes y adultos han puesto su tesoro en la distracción y entretenimiento de las pantallas, han
puesto su corazón en falsas promesas de las redes sociales. Conscientes o no, a cada instante se
lleva a cabo una lucha, y la mente es el campo de batalla.Y por la sobreexposición a contenidos
que no edifican, desvían la atención y consumen el tiempo de lo que sí realmente edifica, y nos
hacemos más y más vulnerables. A este tipo de cuidado y vigilancia nos llama el elocuente
proverbio: “Con toda diligencia, guarda tu corazón; porque de él brotan los manantiales de la
vida.” (Pr. 4:23; LBLA). Jesús, en Su Evangelio, dirige nuestro amor a Dios por sobre todas las cosas,
y de manera íntegra (Mt. 22:37). Somos responsables de lo que pongamos delante de nuestros
ojos. El salmista decía: “Me negaré a mirar cualquier cosa vil o vulgar…” (Salmo 101:3; NTV). La
alternativa para alimentar nuestra mente está en Filipenses 4:8 (versión Lenguaje Actual):

“Finalmente, hermanos, piensen en todo lo que es verdadero, en todo lo que merece respeto, en
todo lo que es justo y bueno; piensen en todo  lo que se reconoce como una virtud, y en todo lo que
es agradable y  merece ser alabado.”

Esclavitud o libertad

En la primera carta de Pablo a los Corintios, versículos 6:12 y 10:23, se nos enseña que todas las
cosas nos son lícitas o permitidas, pero no todas nos convienen, no todas nos edifican y no
podemos dejarnos dominar por ninguna. Habiendo reconocido algunas de las bondades de las
herramientas tecnológicas, en general, y de las redes sociales, en particular, debemos admitir que
no es el uso, sino el abuso de las mismas las que han terminado ocupando mucha atención en
nuestras vidas y consumiendo tiempo y energía, desorganizando nuestras prioridades y
desplazando actividades vitales, como el tiempo para la familia, la actividad física, la lectura y la
oración.

  “Andad sabiamente… redimiendo el  ” (Col. 4:5). Son muchas las personas que consultan el móvil a
lo largo del día para ver qué ha pasado y qué cosas han subido o compartido sus contactos. Y al
final, la suma de esos ‘breaks’  (o rupturas) resulta en un total de tiempo empleado en redes que no
se ha dedicado a otras tareas, ya sean a nivel personal, espiritual, familiar o laboral.
Hoy, un creyente puede pasar fácilmente varias horas al día en las redes sociales, pero le cuesta
permanecer unos minutos en la oración, lo cual demuestra que ha perdido el control y,
lentamente, ahora son las redes las que lo manejan o dominan y, como lo señalan los versículos ya
citados, esto no conviene, ni edifica. Es el momento de iniciar los correctivos.

John Piper, escritor cristiano, señala: “Los dos motivos bíblicos de por qué se debe luchar para
liberarse de cualquier tipo de dominio, son: primero, porque la esclavitud es tan peligrosa; y
segundo, porque ¡la libertad es tan maravillosa!

La esclavitud es realmente peligrosa. El persistente rechazo a decir “¡No!” a una costumbre


dominadora, implica el riesgo de que tu conciencia se endurezca, de modo que ya no te sientas
culpable por dicha esclavitud. Y después, otras costumbres se justificarán más fácilmente, y pronto
podría suceder que todo el concepto bíblico de lucha espiritual, vigilancia, abnegación y
autocontrol, desaparezca de tu vida. Por eso, el que se cree muy seguro, ¡cuídese de no caer!” (1
Co. 10:12) ¿Crees que estás más allá de la posibilidad de que tu fe naufrague? ¿De dónde crees
que surgen los desviados de la doctrina bíblica y los apóstatas? Son gente que, poco a poco,
ignoran la voz de Dios en sus propias conciencias con respecto a cosas que, aparentemente, no
son importantes, pero que realmente sí lo son.

La segunda razón por la que debemos luchar para liberarnos de toda esclavitud es porque la
libertad es realmente maravillosa. El apóstol Pablo dice: “Bienaventurado  (dichoso) el que no se
condena a sí mismo en lo que aprueba.” (Ro. 14:22).

¡Ceder de forma persistente a los excesivos deseos del cuerpo, en contra de la voz de la
conciencia, implica una vida de miseria! Pero enfrentarse y hacer lo contrario, aprovechar la Ley
del Espíritu de Vida interior, y sentir que uno mismo tiene el fruto del dominio propio, doblegando
al cuerpo rebelde para que se someta, de modo que ya no sea un maestro, sino un sirviente… ¡Eso
sí que es alegría y victoria!

Querido lector, busca esta libertad de la esclavitud de las redes sociales, y disfruta de sus
bienaventuradas recompensas.

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