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4 La Filosofia Moderna Racionalismo y Empirismo

El documento resume el contexto histórico y filosófico en el que se desarrolla la filosofía moderna entre los siglos XVII y XVIII, marcado por cambios sociales, políticos y científicos. Explica que la filosofía moderna se centra en cuestiones epistemológicas, debatiendo sobre el origen y alcance del conocimiento humano. Dentro de este marco, destaca el racionalismo de Descartes, cuyo objetivo era reconstruir el saber desde principios evidentes mediante un método que unificara

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4 La Filosofia Moderna Racionalismo y Empirismo

El documento resume el contexto histórico y filosófico en el que se desarrolla la filosofía moderna entre los siglos XVII y XVIII, marcado por cambios sociales, políticos y científicos. Explica que la filosofía moderna se centra en cuestiones epistemológicas, debatiendo sobre el origen y alcance del conocimiento humano. Dentro de este marco, destaca el racionalismo de Descartes, cuyo objetivo era reconstruir el saber desde principios evidentes mediante un método que unificara

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Tema 4.

La filosofía moderna: racionalismo e empirismo

1 Introducción

1.1 Contexto en el que se desarrolla la filosofía moderna.

La filosofía moderna se inicia en el siglo XVII y se extiende hasta el siglo XVIII.


Fueron numerosos los cambios sociales y políticos que se produjeron en Europa hacia el
final de la Edad Media. Entre ellos debemos señalar la emergencia de una nueva clase
social, la burguesía; el progresivo abandono del modo de producción feudal; la
constitución de los Estados nacionales; la renovación de las relaciones entre dichos
Estados y la Iglesia. Todos estos cambios van a provocar que los filósofos se interesen
por las cuestiones políticas sentando las bases del liberalismo político y la
socialdemocracia, entre otros modelos de estado.
En el ámbito cultural y filosófico, continúa desarrollándose el humanismo y la
separación entre fe y razón es progresivamente aceptada en Europa como un
presupuesto indiscutible. El desarrollo de la nueva ciencia, representada por los
filósofos especulativos y experimentales, modifica sustancialmente el panorama
intelectual de la Europa del XVII, provocando en la filosofía un giro epistemológico. Y
por otro lado, el desarrollo del escepticismo representado fundamentalmente por
Montaigne, suscitará un debate crítico en torno a la capacidad de investigación y del
conocimiento de la Escolástica que culminará en una crítica generalizada a todo saber.
A todo ello hay que sumar el hecho de que la filosofía comienza a hacerse de un modo
distinto. Si la filosofía medieval fue desarrollada por teólogos y profesores, los filósofos
modernos -Descartes, Galileo, Espinosa, Leibniz, Hume-, no son ni especialistas en
teología ni profesores que pertenezcan a las estructuras académicas oficiales. Frente al
comentario y la reflexión colectiva como forma de trabajo fundamental de la
escolástica, nos encontramos ahora con filósofos que realizan obras personales,
mediante la actividad individual, aunque esta sea compartida con otros filósofos o con
el público interesado en las cuestiones filosóficas. A todo ello hay que añadir la
progresiva utilización de las lenguas vernáculas, frente a la preeminencia del latín a lo
largo de toda la Edad Media.

1.2 La ciencia renacentista y el problema del método


La idea de que el método que utilizaba la escolástica (el silogismo) había fracasado y
que por tanto era necesario un nuevo método capaz de ofrecernos un conocimiento real
de la naturaleza se había extendido poco a poco por toda Europa. Esta idea aparece ya
de una manera clara y decidida en el "Novum Organum" de Bacon, que opta por el
método inductivo.
Lo mismo ocurre en el caso de Galileo. Su búsqueda de la objetividad en el
conocimiento de la naturaleza le llevará a rechazar los procedimientos escolásticos,
convencido de que el conocimiento de la naturaleza es posible pero requiere del
conocimiento matemático y de la experiencia para contrastar las hipótesis matemáticas
que se formulan sobre la realidad. Su propuesta será el método hipotético-deductivo.

0
Descartes optará por una interpretación distinta del método. Comparte la idea de que la
naturaleza es una realidad dinámica con estructura matemática. Comparte también la
necesidad de la existencia del método dado el fracaso de los métodos anteriores en el
conocimiento de la verdad. Pero tiene una interpretación distinta del significado de las
matemáticas. Para Descartes el éxito de las matemáticas radica no en su estructura que
hoy denominaríamos axiomática, sino en el método que utiliza. Y ese método es un
método deductivo. Si el conocimiento de la naturaleza es posible gracias a las
matemáticas es pensable que utilizando el método que utiliza las matemáticas se pueda
alcanzar la verdad y la certeza en el conocimiento de los otros aspectos de la realidad.

Frente al carácter explicativo de la metodología empleada por los escolásticos los


nuevos métodos han de tener la capacidad de descubrir e inventar.

1.3 Giro epistemológico de la filosofía moderna


La filosofía moderna comienza en el siglo XVII y suele considerarse el “Discurso del
método” de Descartes, la obra que marca su inicio. Esta obra aporta dos ideas
fundamentales: la afirmación de la razón como única fuente de conocimiento verdadero,
y el descubrimiento de la conciencia como realidad primera y punto de partida del
conocimiento. Por esta razón, Descartes se coloca a la cabeza de dos movimientos
fundamentales de la filosofía moderna: el racionalismo y el idealismo influyendo
también en corrientes tan opuestas como el empirismo. Esta nueva actitud frente al
conocimiento provocará el abandono definitivo del realismo ingenuo.

De ahí que el problema fundamental que se plantea la filosofía moderna es


epistemológico. Interesa sobre todo profundizar en el origen y alcance de nuestros
conocimientos y establecer los límites y las posibilidades, el método, que permita
avanzar en el conocimiento de manera segura. Este planteamiento va a provocar un
nuevo enfoque, una nueva forma de entender el conocimiento.

En la filosofía Antigua y Medieval, la forma de entender el conocimiento y la realidad


se conoce como realismo ingenuo. Se afirma que la realidad existe y que esa realidad
puede ser conocida tal y como es en sí misma por el sujeto a través de sus sentidos y
capacidad racional. De ahí que la verdad consista en la concordancia o adecuación entre
el pensamiento y la realidad externa. Aristóteles formula de este modo su concepto de
verdad: “Decir de lo que es que no es o de lo que no es que es, eso es falso; decir de lo
que es que es y de lo que no es que no es, es verdadero” (Metafísica, IV. 7).

Es la filosofía moderna la que califica este enfoque de ingenuo. ¿Cómo podemos estar
seguros de que la realidad exista? Y, aun suponiendo que exista ¿cómo podemos estar
seguros de que la conocemos tal y como es? Para el idealismo no conocemos la realidad
sino las ideas que tenemos sobre la realidad. Las ideas son representaciones mentales
que maneja el pensamiento. Se trata entonces de determinar que características han de
tener para considerarlas verdaderas o al menos probables. El racionalismo basará la
verdad en la evidencia, en la certeza que tenemos sobre su verdad. El empirismo en su
correspondencia con las sensaciones o vivencias psicológicas, en lo que llaman
experiencia.
Profundicemos un poco en las filosofías de los representantes más destacados del
racionalismo y el empirismo.

1
2 El racionalismo de Descartes.

2.1 Objetivo de su filosofía

Descartes conoce la filosofía escolástica a la que ha tenido acceso durante su formación


en el colegio jesuita de La Fleche, ya que la escolástica era todavía la doctrina oficial de
las escuelas y las universidades de la época. Piensa que todo el saber hasta ahora es
como un edificio en ruinas en el que se acumulan “opiniones” a menudo confusas y
contradictorias. Llega a decir: “No podría imaginarse algo tan extraño y poco
comprensible que no haya sido afirmado por alguno de los filósofos”. No le convencen
ni el método ni el criterio de verdad.

Por eso se propone reconstruir todo el conocimiento desde una metafísica cuyos
principios sean todos evidentes y la base de todo el edificio del saber. Para él, las
diversas ciencias no son más que manifestaciones de un saber único: la sabiduría
humana. El saber humano es como un árbol. Sus raíces las constituye la metafísica,
mientras que la física o filosofía natural es el tronco. Las ramas procedentes de ese
tronco son las otras ciencias, destacando como principales la medicina, la mecánica y la
moral. La sabiduría es única porque la razón es única. No hay un modo distinto de
razonar para cada ciencia, por eso es necesario un único método que unifique todas las
ciencias.

2.2 El método y las reglas


Descartes define el método como un conjunto de reglas ciertas y fáciles que sirvan para
dirigir bien la razón y no malgastar esfuerzos en el descubrimiento de la verdad. El
método lo que hace es dirigir las dos operaciones del entendimiento: la intuición y la
deducción.

a) La intuición intelectual es un acto inmediato de la mente, un “ver claro” de la


inteligencia que capta verdades.
b) La deducción es un proceso mediato que parte de verdades y por medio de
cadenas de razonamientos llega a otras verdades.

Se inspira en la lógica y las matemáticas (geometría y álgebra), tomando sus ventajas


(la evidencia de sus razonamientos y el empleo de la deducción) y excluyendo sus
defectos:

Critica de la lógica el silogismo, porque no sirve para descubrir nuevas verdades. Además piensa que la
lógica se compone de demasiadas reglas en las que se mezclan las que son evidentes con las que no lo
son. -Respecto a las matemáticas, el único conocimiento que le convence debido a la claridad y evidencia
de sus razonamientos, piensa que son muy abstractas y complicadas: la geometría griega construida por
Euclides, agota la imaginación debido a las muchas representaciones gráficas (dibujos) que hay que
realizar. Y el álgebra del momento se hace muy compleja debido a su nomenclatura. Descartes tratará de
solucionar estos problemas creando la geometría analítica.

Las reglas del método


En “Discurso del método”, dice Descartes que el método debe tener pocas reglas para que
puedan ser seguidas rigurosamente. (Compara las reglas con las leyes de los Estados, que deben
ser pocas para que sean cumplidas). Son las siguientes:

2
1ª- Evidencia1: “No aceptar como verdadero cosa alguna que no la conociese con evidencia
como tal, es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención y no admitir en mis
juicios nada más que lo que se presentase a mi espíritu tan clara y distintamente que no tuviese
ocasión alguna de ponerla en duda”

-En primer lugar, la primera regla constituye un nuevo criterio de verdad. Considera
verdadero sólo aquellos conocimientos que sean evidentes; y estos se caracterizan por
su claridad y distinción. La claridad es la presencia de un conocimiento en la mente,
cuya verdad es inmediatamente reconocible. La distinción es aquello que es tan preciso
y diferente que no puede ser confundido con otra cosa. La evidencia se opone a la
verosimilitud (posibilidad), que Descartes rechaza.

La verdad como evidencia radica en la certeza de la razón, en cambio, para la filosofía anterior
(antigua y medieval), la verdad consistía en la correspondencia entre el pensamiento y la realidad. Así lo
define Aristóteles: Decir de lo que es que es y de lo que no es que no es, es verdadero. Decir de lo que es
que no es y de lo que no es que es, es falso.

-En segundo lugar, la regla enumera los errores de la razón que hay que evitar. La
precipitación o exceso de confianza, que consiste en dar por verdadera una idea sin
haberla examinado suficientemente. Y la prevención que consiste en negarse a admitir
como verdadera una idea clara y distinta, a pesar de haberla examinado.

2ª- Análisis: "Dividir cada una de las distintas dificultades que examinase en cuantas partes
fuera posible y necesario para resolverlas más fácilmente”.

Consiste en descomponer los conocimientos complejos en sus partes más simples, hasta
llegar a las naturalezas simples o ideas claras y distintas, y por tanto, a las evidencias.
Estas naturalezas simples son ideas innatas como por ejemplo, las ideas de infinitud o
perfección.

3ª- Síntesis: “Conducir por orden mis reflexiones comenzando por los objetos más simples y
fáciles de conocer, para ir ascendiendo como por grados, hasta el conocimiento de las más
complejas, suponiendo inclusive un orden entre aquellas que no se suceden naturalmente las
unas de las otras”.

Es el proceso inverso al anterior. A partir de las evidencias se construye el conocimiento


por deducción. La deducciones una “sucesión ordenada de evidencias”.

4ª- Enumeración: Hacer en todas partes enumeraciones tan completas y revisiones tan
generales que estuviese seguro de no omitir nada.

Se trata de revisar todo el proceso de análisis y de síntesis. No omitir ninguna evidencia


y asegurarse de que el encadenamiento de la deducción sea correcto.

Descartes pone a prueba su método aplicándolo a las matemáticas. Descartes piensa


que todos los conocimientos están relacionados y si se construye desde lo mas simple y
evidente hasta lo más complejo según el orden de la deducción, ningún conocimiento
puede escapar a la capacidad racional del ser humano. Empieza aplicando el método en

1
Para Descartes la evidencia es una propiedad de las ideas que sólo se da en la intuición y su modelo es la
evidencia matemática (2+2=4).

3
las matemáticas, porque estas poseen principios evidentes y el método recomienda
comenzar por los conocimientos más simples y evidentes (regla del análisis).
Comprueba que el método le lleva a relacionar la geometría y el álgebra y a resolver
fácilmente todas las cuestiones creando la geometría analítica.

2.3 La metafísica

Descartes pone en práctica su método y comienza la reconstrucción del edificio del


conocimiento a partir de la metafísica que es “la raíz del árbol de la ciencia”, la ciencia
de los primeros principios. Va a ser muy cauteloso en la búsqueda de los primeros
principios o primeras verdades. No quiere correr el riesgo de que el edificio entero se
derrumbe porque los primeros principios adolezcan de algún defecto. Así, lo primero
que hará, como sugiere el método, será buscar una verdad absolutamente evidente, a
partir de la cual sea posible deducir el edificio entero de nuestros conocimientos. Y va a
emprender la búsqueda utilizando la duda metódica.

2.3.1 La duda metódica


Descartes decide dudar de todo aquello de lo que sea posible dudar para ver si queda
algún conocimiento que resista la duda. Es sólo un procedimiento metodológico, por
eso su duda es metódica y no una duda escéptica. Descartes no es escéptico2, la duda
no es para él una postura mental definitiva, ni siquiera la postura inicial pues él parte de
la confianza en la razón para alcanzar la verdad. Es además una duda radical, ya que
alcanza a cosas de las que no es natural dudar y artificiosa, porque considera falso lo
que solo es dudable.
El criterio de la duda se aplica entonces a todas las creencias a excepción de las
morales, por eso propone una moral provisional en la tercera parte del Discurso del
Método.

Descartes propone tres motivos para dudar:

1- De la información de los sentidos. Puesto que a veces los sentidos nos engañan es
posible suponer que nos engañen siempre. Podría ser que la realidad no fuera como la
percibimos. La duda afecta al conocimiento sensorial.
2- De los razonamientos matemáticos. Puesto que a veces los matemáticos incurren en
paralogismos (razonamientos incorrectos) sin ser conscientes de su error. Es posible
suponer que nuestro entendimiento este constituido de tal modo que nos conduzca al
error de los razonamientos irremediablemente. El planteamiento es similar a la
“hipótesis del genio maligno”.
3- De la realidad del mundo. La imposibilidad de distinguir entre el sueño y la
vigilia: mientras dormimos, las cosas en que soñamos nos parecen que tienen existencia
real, y solo al despertar descubrimos que ese mundo no existía en realidad. La mayoría

4 (Recordemos que el escéptico es aquel que considera que nada se puede conocer con seguridad y
certeza.)

4
de nosotros creemos que podemos distinguir la vigilia del sueño, pero esa creencia no es
una certeza absoluta. Este es un tema recurrente de la época.

-En su obra, Meditaciones metafísicas, introduce otro motivo de duda, el más radical ya
que pone en duda su propio criterio de verdad (la evidencia). Se conoce como la
hipótesis del genio maligno. La hipótesis consiste en suponer la existencia de un dios
todopoderoso y maligno que hace que nos engañemos al considerar evidentes las ideas
que no lo son. Equivale a suponer que, tal vez, el entendimiento humano es de tal
naturaleza que se equivoca siempre y necesariamente cuando cree encontrar la verdad.
Con esta hipótesis pone en duda todos nuestros conocimientos.

2.3.2 La primera verdad (la existencia del pensamiento)


“Pero, inmediatamente después, advertí que, mientras deseaba pensar de este modo que todo era falso, era
absolutamente necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa. Y dándome cuenta de que esta
verdad: pienso, luego soy, era tan firme y tan segura que todas las extravagantes suposiciones de los
escépticos no eran capaces de hacerla tambalear, juzgué que podía admitirla sin escrúpulo como el primer
principio de la filosofía que yo indagaba. (Discurso del método, IV)

La duda ha dejado entre paréntesis todo conocimiento y toda realidad excepto una: el
acto de pensar. La evidencia de estar pensando es indudable, incluso para los
argumentos escépticos que rechaza. Puede ser falso el contenido de sus pensamientos,
puede estar pensando dormido, pero es absolutamente cierto que piensa. Para Descartes,
pensar, es cualquier acto consciente de la mente, como dudar, imaginar, sentir, afirmar,
negar, etc.
Ahora bien, para pensar es necesario ser algo. El acto de pensar le lleva a conocer de
forma inmediata que él es una sustancia (“res cogitans”), cuya esencia o naturaleza
consiste en pensar. Es decir, el yo existe como sustancia pensante. No dice que exista
como hombre o persona de carne y hueso; lo que dice es: yo soy pensamiento. De
hecho, puede dudar que tenga un cuerpo, pero no puede dudar que piensa pues caería en
contradicción, ya que dudar o negar es pensar.
Descartes lo expresa con la frase, “pienso, luego soy” (en latín, cogito ergo sum). No
ha llegado a esta verdad mediante un razonamiento sino por una intuición, una
evidencia inmediata. Ya tiene el primer principio o la primera verdad que estaba
buscando para edificar el conocimiento.

Posteriormente, identifica el yo o sustancia pensante con el alma y dice que es


independiente del cuerpo porque ha llegado a concebir su existencia sin necesidad del
cuerpo: posee una idea clara y distinta de sí mismo como cosa que piensa e inextensa.
Define la sustancia como “lo que no necesita de otra cosa para existir”.

También dice que es más fácil de conocer que el cuerpo. A la inteligencia le resulta más
fácil conocer aquellas cosas que tienen una naturaleza inteligible, como el alma, que
aquellas otras que tienen una naturaleza sensible, como el cuerpo. Sabemos que tenemos
un cuerpo por los sentidos y estos no son seguros, o podemos estar soñando que lo
tenemos (motivos de duda).

“Pienso, luego existo”, es el modelo de toda verdad y de toda certeza. Esta verdad es
evidente porque se percibe con toda claridad y distinción y todo lo que se perciba de la
mima forma será considerado verdadero.

5
2.3.3 Deducción de la realidad extramental a partir de la idea del
pensamiento.

Descartes ya tiene una verdad absolutamente cierta: la existencia del yo como sujeto
que piensa. Pero todavía puede dudar de la existencia del mundo, e incluso de si tiene
un cuerpo, porque la información que tienen de ellos es a través de los sentidos, y los
sentidos me pueden engañar. Entonces, ¿cómo demostrar la existencia de una realidad
extramental? El problema es enorme, ya que no le queda más remedio que deducir la
existencia de la realidad a partir de la existencia del pensamiento. Así lo exige el
ideal deductivo: de la primera verdad –del “yo pienso”- han de deducirse todos los
conocimientos.
Descartes procede al examen del pensamiento, lo que supone aplicar el segundo
precepto del método, el análisis.
- El pensamiento piensa ideas

El pensamiento (sustancia pensante) posee ideas. Las ideas son representaciones


mentales, conceptos, que hacen referencia a posibles realidades externas al
pensamiento. Es decir, el pensamiento piensa ideas, maneja ideas, no las realidades a las
que representan, que ni tenemos la evidencia de que exista, ni de que sea tal y como lo
pensamos. Este planteamiento se conoce como idealismo o subjetivismo y va a estar
presente en la filosofía moderna. En el pensamiento anterior, el realismo, se
consideraba que el mundo y las cosas existen, y que nosotros tenemos una facultad (el
pensamiento, la inteligencia) capaz de percibirlo tal cual es.

- Clases de ideas

Descartes analiza las ideas del pensamiento para comprobar si algunas son evidentes y
entonces sirven para construir el conocimiento. Concluye que las hay de tres tipos:

-Adventicias: son las ideas que parecen provenir de nuestra experiencia externa, como
las ideas de hombre, de árbol, los colores, etc. Decimos que parecen provenir porque
aún no nos consta la existencia del mundo. Por lo no sirven para demostrar la existencia
del mundo extramental.

-Ficticias o facticias: son aquellas ideas que construye la mente a partir de otras ideas,
como la idea de un caballo con alas o de sirena. Son producto de la imaginación.
Tampoco sirven.

-Innatas: son aquellas que el pensamiento posee en sí mismo. Ideas innatas son, por
ejemplo, las ideas de “pensamiento” y la de “existencia”, que ni son construidas por mí
ni proceden de experiencia externa alguna, sino que se imponen por sí mismas de forma
evidente, de forma clara y distinta. Esta es una afirmación fundamental del
Racionalismo, las ideas innatas existen y son las ideas primitivas a partir de las
cuales se ha de construir el edificio de nuestros conocimientos.

2.3.3.1 La existencia de Dios se deduce a partir de la idea de perfección.

6
Entre las ideas que posee el pensamiento encuentra una, la idea de perfección, que le
va permitir deducir la existencia de Dios. En su obra Meditaciones metafísicas, hace lo
mismo pero partiendo de la idea de infinitud. Descartes mostrará que no son ideas
adventicias (no tenemos experiencia directa de la perfección, tampoco de la infinitud),
ni tampoco son facticia (no podemos crear ideas que sobrepasen lo que nosotros
somos). Luego se trata de ideas innatas. En Discurso del método, utiliza tres
argumentos:

1º Dios es la causa de la idea de perfección en la mente


Partiendo de la idea de perfección explica que él, siendo una sustancia imperfecta,
puesto que duda (dudar es más imperfecto que conocer), no ha podido crear la idea de
perfección. Lo imperfecto no puede ser la causa de lo perfecto (según un principio
escolástico, la causa debe contener mayor perfección y realidad que el efecto). Es
necesario, por tanto, que el autor de la idea de perfección sea un ser perfecto (Dios)
que ha puesto esa idea en su mente.

En “Meditaciones metafísicas” expone una prueba similar a partir de la idea de infinitud, y


concluye que él siendo una sustancia finita no puede haber construido la idea de infinitud. Por
tanto, debe haberla recibido de una sustancia infinita que es Dios.

Feuerbach (1804–1872 ), considerado padre el humanismo ateo contemporáneo, dice que es el


hombre quien ha creado la idea de Dios, proyectando en él su imagen idealizada. Desde este
punto de vista, sí es posible crear la idea de algo perfecto, aunque no seamos perfectos.

2º: Dios es causa de la existencia del yo pensante


Siguiendo con el argumento anterior, Descartes se plantea la existencia de su propio ser
como sustancia pensante. El yo pensante no puede ser el autor de la existencia de sí
mismo. De ser así, se habría creado con todas las perfecciones que conoce en la idea de
un ser perfecto. Por lo tanto el autor de su existencia es Dios.

En esta prueba, Descartes quiere conocer la naturaleza de Dios en la medida que una
razón finita pueda conocer lo infinito y perfecto. El proceso consiste en atribuir a Dios
todas las perfecciones de las que tenemos ideas (infinitud, inmutabilidad, eternidad,
omnisciencia y omnipotencia) y negarle todas las imperfecciones (la duda, la
inconstancia, la tristeza, etc.)

Finalmente, deduce que la naturaleza de Dios, en tanto que perfecta, ha de ser simple
(una sustancia espiritual o inteligible), ya que lo compuesto implica dependencia entre
las partes. Así que, de existir otros cuerpos u otras inteligencias, dependerían de Dios
para existir.

3º: Argumento ontológico


Comienza el argumento, examinando las demostraciones sobre objetos de la geometría
que hacen los matemáticos. Explica que su certeza se basa en la evidencia de sus
principios y deducciones, pero que de ellas no se puede inferir la existencia real del
objeto. Por ejemplo, de la idea de triángulo se deduce que la suma de sus ángulos suma
180º, pero no se deduce que exista triángulo alguno en la realidad.

En cambio, de la idea de un Ser Perfecto se intuye inmediatamente que ese ser tienen
que existir, ya que la existencia forma parte inherente idea de perfección. En la idea del
Ser Perfecto está contenida la existencia (infinito, omnipotente, omnisciente, bueno… y

7
existente) de la misma manera que en la idea de triángulo está contenido el que la suma
de sus ángulos sumen 180º. Dicho de otra manera, pensar que el ser sumamente perfecto
no existe en la realidad es caer en contradicción porque sería pensar que el ser perfecto
no es perfecto (puesto que no existe). Según Descartes, la idea de Dios es la única de las
ideas que en sí misma lleva la garantía de su realidad exterior.

Estamos ante una reformulación del argumento ontológico de San Anselmo de Canterbury
(siglo XI). San Anselmo deduce la existencia de Dios del concepto de Dios. El concepto que
todos tenemos de Dios es el de un ser cuyo mayor no puede pensarse. Decir que no existe es
caer en una contradicción, pues entonces Dios no sería el ser mayor pensado, le faltaría la
existencia.

- Críticas al argumento ontológico

-El argumento ontológico había sido rechazado ya en la Edad Media por Tomás de Aquino.
Según éste, el argumento es falaz. Santo Tomás distingue entre ser pensado y ser real
extramental. Ambos existen, pero uno existe en la mente y el otro en la realidad. Esta diferencia
es de suma importancia porque significa que no todo lo pensado existe realmente.

-Después de Descartes, será Kant quien critique este argumento. Según Kant, la falacia del
argumento estriba en suponer que la existencia es una propiedad que forma parte de la esencia
(definición) de las cosas y que la hace más perfecta. Pero la existencia no forma parte de la
definición; por ejemplo: la definición de dinosaurios sigue siendo la misma aunque se hayan
extinguido.

2.3.3.2 La existencia del mundo material se deduce a partir de la


existencia de Dios

-Reformulación del criterio de verdad

Ya cuenta con dos existencias: la del yo (sustancia pensante) y la de Dios (sustancia


perfecta). Ambas son conocidas con una certeza metafísica (absoluta). Pero sobre la
existencia del mundo solo tenemos una seguridad moral (probable). Descartes no ha
encontrado ninguna razón que haga indudable la existencia del mundo material; todavía
están los motivos de duda: podría ser fruto de la imaginación, o un sueño, o estar
engañado por el genio maligno.

Llegado a este punto dice que, la única manera de tener una certeza absoluta sobre la
existencia del mundo y de las cosas materiales es que Dios las garantice. Es decir, solo
si Dios existe, es bueno y veraz, las ideas claras y distintas sobre el mundo material
tienen una existencia real fuera del pensamiento. De este modo reformula el criterio
de verdad, pues aunque sigue siendo la evidencia, ahora necesita estar asegurado por
Dios.

- La existencia del mundo material o sustancia extensa

El planteamiento es el siguiente. Si Dios nos ha creado con la tendencia natural a creer


que el mundo existe, entonces existe. Ahora bien, Dios no garantiza todo lo que
pensemos del mundo, solo garantiza la existencia de las ideas que son claras y
distintas. Descartes distingue entre cualidades primarias y secundarias. Y sólo son

8
claras y distintas las ideas de las cualidades primarias (magnitud, forma, movimiento,
posición, duración y número), aquellas que son objetivas, que son matematizables. Las
secundarias (color, sonido, olor, sabor, etc.), son subjetivas porque dependen de cómo
las percibimos.
La realidad material se reduce a la extensión (forma o figura, magnitud, posición, etc.)
que es lo que caracteriza a la materia, que Descartes llama sustancia extensa. A partir
de las ideas de extensión y movimiento deduce toda la física.

El mundo cartesiano es un mundo de puras realidades geométricas (puntos, de líneas, de ángulos, de


octaedros, de esferas) que están en movimiento. Con Descartes se recupera el atomismo de Demócrito y
la concepción mecanicista de la naturaleza. El “modelo” de explicación del Universo va a ser la
“máquina”, en concreto la máquina más perfecta conocida hasta entonces, el reloj. La máquina del
Universo se compone exclusivamente de piezas extensas en movimiento. Pero Descartes utilizará también
este modelo para explicar el funcionamiento de los cuerpos vivos. Las plantas, los animales y el cuerpo
humano son concebidos como un puro mecanismo. Esta opinión permitió la experimentación y el
consiguiente avance en anatomía y fisiología animal y humana. Así mismo, la matematización de los
fenómenos observables hará posible el desarrollo de la física matemática.

- Eliminación de los motivos de duda

Demostrada la existencia de Dios y reforzado el criterio de verdad quedan eliminados


los motivos de duda: todo lo que concibamos de manera clara y distinta mediante la
razón será verdadero. Esto quiere decir que no debe preocuparnos si las ideas provienen
de los sentidos o la imaginación o si las tenemos dormidos o despiertos porque quien
decide sobre la verdad de las ideas es la razón, que juzga atendiendo a la claridad y
distinción de las mismas. Respecto a los errores de los razonamientos dice que, a
veces, se producen porque atendemos a ideas oscuras y confusas ya no somos perfectos,
pero que si utilizamos la razón de manera correcta y solo nos guiamos por la claridad y
distinción, no nos equivocaremos. Finalmente, la hipótesis del genio maligno cae por
su propio peso. Si Dios existe y es sumamente bueno y veraz, está claro que el genio
maligno no existe.

2.4 Las tres sustancias

Vemos en lo anteriormente expuesto que Descartes distingue tres esferas o ámbitos de


la realidad: Dios o sustancia perfecta (o infinita), el yo o sustancia pensante y los
cuerpos o sustancia extensa.

Con respecto a la sustancia infinita, si bien es la segunda realidad en el orden


epistemológico (la hemos deducido después de la sustancia pensante), en el orden
ontológico es la primera, pues las sustancias finitas son creadas por la sustancia infinita.

El concepto de sustancia es clave en la metafísica de Descartes y va a serlo en todos


los filósofos racionalistas. Descartes la define como toda cosa que existe de tal modo
que no necesita de ninguna otra cosa para existir. Tomada esta definición de un
modo literal, es evidente que sólo podría existir la sustancia infinita (Dios), ya que los
seres finitos, pensantes y extensos, son creados y conservados por él. Descartes mismo
reconoce que tal definición sólo puede aplicarse de modo absoluto a Dios, si bien la
mantiene por la independencia mutua entre la sustancia pensante y la sustancia extensa,
que no necesitan la una de la otra para existir.

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Por otro lado, Descartes afirma que a cada sustancia le corresponde un atributo (a Dios,
la infinitud o la perfección; al alma, el pensamiento; al cuerpo, la extensión). El
atributo es la esencia de la sustancia y se identifica con ella.
En tercer lugar, las diversas formas como está dispuesta la sustancia se llaman modos.
Son modos del pensamiento: afirmar, negar, razonar, dudar, imaginar, etc. Son modos
de la extensión: la figura y el movimiento.
Sustancia, atributo y modo son los tres conceptos fundamentales de la metafísica
cartesiana.

2.5 El dualismo cartesiano


El hombre es la composición de dos sustancias distintas y absolutamente
independientes: una inmaterial, el alma (res cogitans) y otra material, el cuerpo (res
extensa). La parte inmaterial distingue al ser humano de los animales, pero en lo demás
somos un puro mecanismo como ellos.
La autonomía del alma respecto de la materia se justifica, por lo demás, en la claridad y
distinción con que el entendimiento percibe la independencia de ambas: "puesto que,
por una parte, poseo una idea clara y distinta de mí mismo en tanto que soy una cosa
que piensa e inextensa, y, por otra parte, poseo una idea distinta del cuerpo en tanto que
es solamente una cosa extensa y que no piensa, es evidente que yo soy distinto de mi
cuerpo y que puedo existir sin él." (Meditaciones, VI).
Este dualismo plantea un problema fundamental que recibe en la historia de la filosofía el nombre
de “problema de la comunicación de las sustancias”. Está claro que existe una acción recíproca
entre el alma y el cuerpo, entre mente y cuerpo. Pero, ¿cómo es esto posible si se trata de dos
sustancias totalmente independientes? El pensamiento de Descartes fluctúa en este punto, pero
finalmente parece encontrar una parte del cuerpo donde se produce la interacción entre el alma y el
cuerpo: la glándula pineal (hipófisis).

ACTIVIDADES
1 Elabora un esquema de este tema.

2 ¿Qué aspectos de la escolástica critica Descartes?

3 ¿Qué concepto tiene del saber? ¿El mismo método vale para todos los saberes? ¿Por qué?

4 Define el método. ¿Qué ciencias le sirven de modelo? Enuncia las reglas del método.

5 ¿En qué consiste el criterio de verdad? ¿Cuál era el criterio de verdad escolástico? ¿Cuál era el
criterio de verdad aristotélico?

6 ¿Cómo comprueba la eficacia del método? ¿Por qué no puede aplicarlo a la filosofía de su
tiempo?

7 ¿Para qué emplea la duda? Enuncia sus características. Enuncia los motivos de duda.

8 Qué significa la expresión: “pienso luego existo”

9 Qué son las ideas según Descartes. Clasificación.

10 Expón brevemente las pruebas de la existencia de Dios.

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11 ¿Cómo modifica el criterio de verdad?

12 ¿Cómo argumenta la existencia del mundo material? ¿Qué cualidades son reales?

13 ¿Cómo argumenta la superación de los motivos de duda?

13 ¿Cómo es el mundo para Descartes?

14 ¿Cuáles son las tres sustancias?

15 ¿Cuál es su visión de ser humano?

3 El empirismo de Hume
El empirismo es una corriente filosófica surgida en las islas Británicas en los siglos
XVII y XVIII que se opone en sus tesis fundamentales al racionalismo. Los filósofos
más representativos del empirismo son Locke, Hume y Berkeley. Sin embargo hay
algunas ideas que comparten:
- Se plantean como problema fundamental y previo el origen, los límites y la
validez del conocimiento.
- Tienen una concepción subjetivista del conocimiento: el sujeto de conocimiento
conoce directamente las ideas, no las realidades a las que esas ideas
representan. Y esto plantea el problema de la correspondencia entre las ideas
que están en la mente y la realidad extramental.

Pero también ideas opuestas al racionalismo.


- Respecto al origen del conocimiento
Los racionalistas consideran que la razón es la única fuente de conocimiento verdadero
porque posee ideas innatas. Los empiristas, por el contrario niegan la existencia de las
ideas innatas. Piensan que la mente humana es como una hoja en blanco (tabula rasa,
expresión aristotélica) y que todo conocimiento comienza y acaba en la experiencia
(sensaciones o impresiones).

- Respecto a los límites del conocimiento


Para el racionalismo, la razón no tiene límites. Con la ayuda de un método, la razón
puede llegar al conocimiento absoluto de la realidad. De ahí que todos los racionalistas
definan un método y construyan una metafísica basada en la idea de sustancia: Alma,
Mundo y Dios. Sin embargo, para los empiristas el límite del conocimiento se encuentra
en la experiencia. Por consiguiente, nuestro conocimiento de la realidad sólo puede ser
probable. Sostienen que la metafísica no es una ciencia y critican sus conceptos
fundamentales.

3.1 Los elementos del conocimiento

Para Hume, los elementos del conocimiento son o impresiones (conocimiento por
medio de los sentidos: lo que veo, lo que oigo, siento…) o ideas (representaciones o
copias de impresiones en el pensamiento: lo que recuerdo haber visto, oído, sentido…).
Partiendo de esta distinción se va a oponer al racionalismo cartesiano tanto en lo que se
refiere al origen y los límites del conocimiento, como al criterio de verdad.

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- el origen del conocimiento no está en las ideas innatas sino en la experiencia, en las
impresiones.
- El conocimiento sí tiene límite, está limitado a nuestras impresiones actuales y a
nuestros recuerdos (ideas) de impresiones pasadas.
- El criterio de verdad para decidir acerca de la verdad de nuestras ideas será el
siguiente: una idea es verdadera solo si proviene de una impresión.

A partir de estos principios Hume va a hacer una crítica a la idea de sustancia y de


causa, ideas centrales de la metafísica racionalista.

3.2 Crítica a la idea de sustancia

No tenemos ninguna impresión que se corresponda con la idea de sustancia 3, con esa
pretendida realidad objetiva que sería el soporte de las cualidades que causan nuestras
impresiones. La palabra “sustancia” no designa sino un conjunto de impresiones que
nos hemos acostumbrado a encontrar juntas. La idea de sustancia no es más que una
ilusión, un término vacío sin significación ninguna. No podemos afirmar por tanto,
como hace Descartes, que en la realidad existan propiamente sustancias: ni el yo, ni
Dios ni del mundo.
En particular, Hume hace una crítica de la sustancia pensante o yo, entendida
tradicionalmente como ese núcleo inalterable de la personalidad, como ese sujeto que
permanece constante e idéntico, que tiene contenidos mentales pero que es diferente
de éstos. Del yo, dice Hume, no tenemos tampoco ninguna impresión. “Si tuviéramos
una impresión que originara la idea del yo, ésta debería permanecer invariablemente
idéntica durante toda nuestra vida, pues se supone que el yo existe de ese modo”. Sin
embargo, las impresiones que tenemos de nosotros mismos van cambiando
continuamente (cuando era pequeña me gustaba bailar, antes estaba triste, ahora estoy
contenta…). No hay pues una esencia del yo sino una larga cadena de impresiones e
ideas que se suceden unas a otras con una rapidez increíble, que están en constante
cambio y movimiento y que nunca hemos percibido simultáneamente. Pasa como con
las imágenes sobre la pantalla de cine. Como cambian tan deprisa, no notamos que la
película está compuesta por imágenes simples que en realidad no están conectadas entre
sí. Para explicar la conciencia que tenemos de la propia identidad (yo soy la misma que
bailaba de pequeña y que estuvo ayer en la fiesta), Hume recurre a la memoria: gracias
a ella reconocemos la conexión existente entre las distintas impresiones que se suceden;
el error consiste en que confundimos sucesión con identidad.

3.3 Crítica a la idea de causa


Hume observó que la relación causa-efecto la concebimos como una conexión
necesaria. Es decir, cuando afirmamos que “A” es causa de “B” entendemos que
siempre que ocurre “A” ocurre “B”: el fuego (causa) calienta (efecto) necesariamente.
Y observó que nuestras certezas acerca de hechos futuros se basan en esta idea de causa:
yo tengo la absoluta certeza de que mañana cuando ponga el agua sobre el fuego ésta se

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Sustancia literalmente significa “estar debajo de”. Para la filosofía tradicional y para Descartes
en particular la sustancia es la realidad que está debajo de las cualidades o accidentes y que les sirve de
soporte. Es la “cosa en sí”, “el ser de las cosas”. Por ejemplo, la sustancia “rosa” sería la realidad objetiva
que tiene el color tal, el olor tal, el tacto tal….

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calentará porque el fuego siempre produce ese efecto. Sin embargo, dice Hume, no
tenemos ninguna impresión de esa conexión necesaria, nunca hemos observado que
entre la causa y el efecto exista una conexión necesaria. Lo único que hemos observado
es que hasta ahora, siempre que se ha producido “A” se ha producido “B”. Por tanto,
propiamente hablando, no sabemos que el agua vaya a calentarse mañana, simplemente
creemos que lo hará. Nuestro pretendido conocimiento de los hechos futuros por
inferencia causal no es en rigor conocimiento, sino suposición y creencia: creemos que
los fenómenos naturales se comportarán siempre del mismo modo. Y nuestra certeza
acerca de los mismos se fundamenta en la costumbre, el haberlos observado siempre
juntos en el pasado.
La inevitable conclusión que Hume se ve abocado a extraer es que la ciencia, a diferencia
de lo que pensaba Descartes, no proporciona más que un conocimiento probable. La
ciencia versa sobre hechos (es decir, nuestras impresiones), y pretende obtener leyes de la
naturaleza. Pero las leyes están basadas en el principio de causalidad, y este principio,
como ya ha demostrado Hume, no tiene más fundamento que la costumbre de
experimentar la contigüidad y la sucesión en la naturaleza. En realidad, estas supuestas
leyes científicas (p.ej. “el calor dilata los cuerpos”), no son más que creencias, y, como
tales creencias, no son ni universales ni necesarias; como mucho son probables.

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