4 La Filosofia Moderna Racionalismo y Empirismo
4 La Filosofia Moderna Racionalismo y Empirismo
1 Introducción
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Descartes optará por una interpretación distinta del método. Comparte la idea de que la
naturaleza es una realidad dinámica con estructura matemática. Comparte también la
necesidad de la existencia del método dado el fracaso de los métodos anteriores en el
conocimiento de la verdad. Pero tiene una interpretación distinta del significado de las
matemáticas. Para Descartes el éxito de las matemáticas radica no en su estructura que
hoy denominaríamos axiomática, sino en el método que utiliza. Y ese método es un
método deductivo. Si el conocimiento de la naturaleza es posible gracias a las
matemáticas es pensable que utilizando el método que utiliza las matemáticas se pueda
alcanzar la verdad y la certeza en el conocimiento de los otros aspectos de la realidad.
Es la filosofía moderna la que califica este enfoque de ingenuo. ¿Cómo podemos estar
seguros de que la realidad exista? Y, aun suponiendo que exista ¿cómo podemos estar
seguros de que la conocemos tal y como es? Para el idealismo no conocemos la realidad
sino las ideas que tenemos sobre la realidad. Las ideas son representaciones mentales
que maneja el pensamiento. Se trata entonces de determinar que características han de
tener para considerarlas verdaderas o al menos probables. El racionalismo basará la
verdad en la evidencia, en la certeza que tenemos sobre su verdad. El empirismo en su
correspondencia con las sensaciones o vivencias psicológicas, en lo que llaman
experiencia.
Profundicemos un poco en las filosofías de los representantes más destacados del
racionalismo y el empirismo.
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2 El racionalismo de Descartes.
Por eso se propone reconstruir todo el conocimiento desde una metafísica cuyos
principios sean todos evidentes y la base de todo el edificio del saber. Para él, las
diversas ciencias no son más que manifestaciones de un saber único: la sabiduría
humana. El saber humano es como un árbol. Sus raíces las constituye la metafísica,
mientras que la física o filosofía natural es el tronco. Las ramas procedentes de ese
tronco son las otras ciencias, destacando como principales la medicina, la mecánica y la
moral. La sabiduría es única porque la razón es única. No hay un modo distinto de
razonar para cada ciencia, por eso es necesario un único método que unifique todas las
ciencias.
Critica de la lógica el silogismo, porque no sirve para descubrir nuevas verdades. Además piensa que la
lógica se compone de demasiadas reglas en las que se mezclan las que son evidentes con las que no lo
son. -Respecto a las matemáticas, el único conocimiento que le convence debido a la claridad y evidencia
de sus razonamientos, piensa que son muy abstractas y complicadas: la geometría griega construida por
Euclides, agota la imaginación debido a las muchas representaciones gráficas (dibujos) que hay que
realizar. Y el álgebra del momento se hace muy compleja debido a su nomenclatura. Descartes tratará de
solucionar estos problemas creando la geometría analítica.
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1ª- Evidencia1: “No aceptar como verdadero cosa alguna que no la conociese con evidencia
como tal, es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención y no admitir en mis
juicios nada más que lo que se presentase a mi espíritu tan clara y distintamente que no tuviese
ocasión alguna de ponerla en duda”
-En primer lugar, la primera regla constituye un nuevo criterio de verdad. Considera
verdadero sólo aquellos conocimientos que sean evidentes; y estos se caracterizan por
su claridad y distinción. La claridad es la presencia de un conocimiento en la mente,
cuya verdad es inmediatamente reconocible. La distinción es aquello que es tan preciso
y diferente que no puede ser confundido con otra cosa. La evidencia se opone a la
verosimilitud (posibilidad), que Descartes rechaza.
La verdad como evidencia radica en la certeza de la razón, en cambio, para la filosofía anterior
(antigua y medieval), la verdad consistía en la correspondencia entre el pensamiento y la realidad. Así lo
define Aristóteles: Decir de lo que es que es y de lo que no es que no es, es verdadero. Decir de lo que es
que no es y de lo que no es que es, es falso.
-En segundo lugar, la regla enumera los errores de la razón que hay que evitar. La
precipitación o exceso de confianza, que consiste en dar por verdadera una idea sin
haberla examinado suficientemente. Y la prevención que consiste en negarse a admitir
como verdadera una idea clara y distinta, a pesar de haberla examinado.
2ª- Análisis: "Dividir cada una de las distintas dificultades que examinase en cuantas partes
fuera posible y necesario para resolverlas más fácilmente”.
Consiste en descomponer los conocimientos complejos en sus partes más simples, hasta
llegar a las naturalezas simples o ideas claras y distintas, y por tanto, a las evidencias.
Estas naturalezas simples son ideas innatas como por ejemplo, las ideas de infinitud o
perfección.
3ª- Síntesis: “Conducir por orden mis reflexiones comenzando por los objetos más simples y
fáciles de conocer, para ir ascendiendo como por grados, hasta el conocimiento de las más
complejas, suponiendo inclusive un orden entre aquellas que no se suceden naturalmente las
unas de las otras”.
4ª- Enumeración: Hacer en todas partes enumeraciones tan completas y revisiones tan
generales que estuviese seguro de no omitir nada.
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Para Descartes la evidencia es una propiedad de las ideas que sólo se da en la intuición y su modelo es la
evidencia matemática (2+2=4).
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las matemáticas, porque estas poseen principios evidentes y el método recomienda
comenzar por los conocimientos más simples y evidentes (regla del análisis).
Comprueba que el método le lleva a relacionar la geometría y el álgebra y a resolver
fácilmente todas las cuestiones creando la geometría analítica.
2.3 La metafísica
1- De la información de los sentidos. Puesto que a veces los sentidos nos engañan es
posible suponer que nos engañen siempre. Podría ser que la realidad no fuera como la
percibimos. La duda afecta al conocimiento sensorial.
2- De los razonamientos matemáticos. Puesto que a veces los matemáticos incurren en
paralogismos (razonamientos incorrectos) sin ser conscientes de su error. Es posible
suponer que nuestro entendimiento este constituido de tal modo que nos conduzca al
error de los razonamientos irremediablemente. El planteamiento es similar a la
“hipótesis del genio maligno”.
3- De la realidad del mundo. La imposibilidad de distinguir entre el sueño y la
vigilia: mientras dormimos, las cosas en que soñamos nos parecen que tienen existencia
real, y solo al despertar descubrimos que ese mundo no existía en realidad. La mayoría
4 (Recordemos que el escéptico es aquel que considera que nada se puede conocer con seguridad y
certeza.)
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de nosotros creemos que podemos distinguir la vigilia del sueño, pero esa creencia no es
una certeza absoluta. Este es un tema recurrente de la época.
-En su obra, Meditaciones metafísicas, introduce otro motivo de duda, el más radical ya
que pone en duda su propio criterio de verdad (la evidencia). Se conoce como la
hipótesis del genio maligno. La hipótesis consiste en suponer la existencia de un dios
todopoderoso y maligno que hace que nos engañemos al considerar evidentes las ideas
que no lo son. Equivale a suponer que, tal vez, el entendimiento humano es de tal
naturaleza que se equivoca siempre y necesariamente cuando cree encontrar la verdad.
Con esta hipótesis pone en duda todos nuestros conocimientos.
La duda ha dejado entre paréntesis todo conocimiento y toda realidad excepto una: el
acto de pensar. La evidencia de estar pensando es indudable, incluso para los
argumentos escépticos que rechaza. Puede ser falso el contenido de sus pensamientos,
puede estar pensando dormido, pero es absolutamente cierto que piensa. Para Descartes,
pensar, es cualquier acto consciente de la mente, como dudar, imaginar, sentir, afirmar,
negar, etc.
Ahora bien, para pensar es necesario ser algo. El acto de pensar le lleva a conocer de
forma inmediata que él es una sustancia (“res cogitans”), cuya esencia o naturaleza
consiste en pensar. Es decir, el yo existe como sustancia pensante. No dice que exista
como hombre o persona de carne y hueso; lo que dice es: yo soy pensamiento. De
hecho, puede dudar que tenga un cuerpo, pero no puede dudar que piensa pues caería en
contradicción, ya que dudar o negar es pensar.
Descartes lo expresa con la frase, “pienso, luego soy” (en latín, cogito ergo sum). No
ha llegado a esta verdad mediante un razonamiento sino por una intuición, una
evidencia inmediata. Ya tiene el primer principio o la primera verdad que estaba
buscando para edificar el conocimiento.
También dice que es más fácil de conocer que el cuerpo. A la inteligencia le resulta más
fácil conocer aquellas cosas que tienen una naturaleza inteligible, como el alma, que
aquellas otras que tienen una naturaleza sensible, como el cuerpo. Sabemos que tenemos
un cuerpo por los sentidos y estos no son seguros, o podemos estar soñando que lo
tenemos (motivos de duda).
“Pienso, luego existo”, es el modelo de toda verdad y de toda certeza. Esta verdad es
evidente porque se percibe con toda claridad y distinción y todo lo que se perciba de la
mima forma será considerado verdadero.
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2.3.3 Deducción de la realidad extramental a partir de la idea del
pensamiento.
Descartes ya tiene una verdad absolutamente cierta: la existencia del yo como sujeto
que piensa. Pero todavía puede dudar de la existencia del mundo, e incluso de si tiene
un cuerpo, porque la información que tienen de ellos es a través de los sentidos, y los
sentidos me pueden engañar. Entonces, ¿cómo demostrar la existencia de una realidad
extramental? El problema es enorme, ya que no le queda más remedio que deducir la
existencia de la realidad a partir de la existencia del pensamiento. Así lo exige el
ideal deductivo: de la primera verdad –del “yo pienso”- han de deducirse todos los
conocimientos.
Descartes procede al examen del pensamiento, lo que supone aplicar el segundo
precepto del método, el análisis.
- El pensamiento piensa ideas
- Clases de ideas
Descartes analiza las ideas del pensamiento para comprobar si algunas son evidentes y
entonces sirven para construir el conocimiento. Concluye que las hay de tres tipos:
-Adventicias: son las ideas que parecen provenir de nuestra experiencia externa, como
las ideas de hombre, de árbol, los colores, etc. Decimos que parecen provenir porque
aún no nos consta la existencia del mundo. Por lo no sirven para demostrar la existencia
del mundo extramental.
-Ficticias o facticias: son aquellas ideas que construye la mente a partir de otras ideas,
como la idea de un caballo con alas o de sirena. Son producto de la imaginación.
Tampoco sirven.
-Innatas: son aquellas que el pensamiento posee en sí mismo. Ideas innatas son, por
ejemplo, las ideas de “pensamiento” y la de “existencia”, que ni son construidas por mí
ni proceden de experiencia externa alguna, sino que se imponen por sí mismas de forma
evidente, de forma clara y distinta. Esta es una afirmación fundamental del
Racionalismo, las ideas innatas existen y son las ideas primitivas a partir de las
cuales se ha de construir el edificio de nuestros conocimientos.
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Entre las ideas que posee el pensamiento encuentra una, la idea de perfección, que le
va permitir deducir la existencia de Dios. En su obra Meditaciones metafísicas, hace lo
mismo pero partiendo de la idea de infinitud. Descartes mostrará que no son ideas
adventicias (no tenemos experiencia directa de la perfección, tampoco de la infinitud),
ni tampoco son facticia (no podemos crear ideas que sobrepasen lo que nosotros
somos). Luego se trata de ideas innatas. En Discurso del método, utiliza tres
argumentos:
En esta prueba, Descartes quiere conocer la naturaleza de Dios en la medida que una
razón finita pueda conocer lo infinito y perfecto. El proceso consiste en atribuir a Dios
todas las perfecciones de las que tenemos ideas (infinitud, inmutabilidad, eternidad,
omnisciencia y omnipotencia) y negarle todas las imperfecciones (la duda, la
inconstancia, la tristeza, etc.)
Finalmente, deduce que la naturaleza de Dios, en tanto que perfecta, ha de ser simple
(una sustancia espiritual o inteligible), ya que lo compuesto implica dependencia entre
las partes. Así que, de existir otros cuerpos u otras inteligencias, dependerían de Dios
para existir.
En cambio, de la idea de un Ser Perfecto se intuye inmediatamente que ese ser tienen
que existir, ya que la existencia forma parte inherente idea de perfección. En la idea del
Ser Perfecto está contenida la existencia (infinito, omnipotente, omnisciente, bueno… y
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existente) de la misma manera que en la idea de triángulo está contenido el que la suma
de sus ángulos sumen 180º. Dicho de otra manera, pensar que el ser sumamente perfecto
no existe en la realidad es caer en contradicción porque sería pensar que el ser perfecto
no es perfecto (puesto que no existe). Según Descartes, la idea de Dios es la única de las
ideas que en sí misma lleva la garantía de su realidad exterior.
Estamos ante una reformulación del argumento ontológico de San Anselmo de Canterbury
(siglo XI). San Anselmo deduce la existencia de Dios del concepto de Dios. El concepto que
todos tenemos de Dios es el de un ser cuyo mayor no puede pensarse. Decir que no existe es
caer en una contradicción, pues entonces Dios no sería el ser mayor pensado, le faltaría la
existencia.
-El argumento ontológico había sido rechazado ya en la Edad Media por Tomás de Aquino.
Según éste, el argumento es falaz. Santo Tomás distingue entre ser pensado y ser real
extramental. Ambos existen, pero uno existe en la mente y el otro en la realidad. Esta diferencia
es de suma importancia porque significa que no todo lo pensado existe realmente.
-Después de Descartes, será Kant quien critique este argumento. Según Kant, la falacia del
argumento estriba en suponer que la existencia es una propiedad que forma parte de la esencia
(definición) de las cosas y que la hace más perfecta. Pero la existencia no forma parte de la
definición; por ejemplo: la definición de dinosaurios sigue siendo la misma aunque se hayan
extinguido.
Llegado a este punto dice que, la única manera de tener una certeza absoluta sobre la
existencia del mundo y de las cosas materiales es que Dios las garantice. Es decir, solo
si Dios existe, es bueno y veraz, las ideas claras y distintas sobre el mundo material
tienen una existencia real fuera del pensamiento. De este modo reformula el criterio
de verdad, pues aunque sigue siendo la evidencia, ahora necesita estar asegurado por
Dios.
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claras y distintas las ideas de las cualidades primarias (magnitud, forma, movimiento,
posición, duración y número), aquellas que son objetivas, que son matematizables. Las
secundarias (color, sonido, olor, sabor, etc.), son subjetivas porque dependen de cómo
las percibimos.
La realidad material se reduce a la extensión (forma o figura, magnitud, posición, etc.)
que es lo que caracteriza a la materia, que Descartes llama sustancia extensa. A partir
de las ideas de extensión y movimiento deduce toda la física.
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Por otro lado, Descartes afirma que a cada sustancia le corresponde un atributo (a Dios,
la infinitud o la perfección; al alma, el pensamiento; al cuerpo, la extensión). El
atributo es la esencia de la sustancia y se identifica con ella.
En tercer lugar, las diversas formas como está dispuesta la sustancia se llaman modos.
Son modos del pensamiento: afirmar, negar, razonar, dudar, imaginar, etc. Son modos
de la extensión: la figura y el movimiento.
Sustancia, atributo y modo son los tres conceptos fundamentales de la metafísica
cartesiana.
ACTIVIDADES
1 Elabora un esquema de este tema.
3 ¿Qué concepto tiene del saber? ¿El mismo método vale para todos los saberes? ¿Por qué?
4 Define el método. ¿Qué ciencias le sirven de modelo? Enuncia las reglas del método.
5 ¿En qué consiste el criterio de verdad? ¿Cuál era el criterio de verdad escolástico? ¿Cuál era el
criterio de verdad aristotélico?
6 ¿Cómo comprueba la eficacia del método? ¿Por qué no puede aplicarlo a la filosofía de su
tiempo?
7 ¿Para qué emplea la duda? Enuncia sus características. Enuncia los motivos de duda.
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11 ¿Cómo modifica el criterio de verdad?
12 ¿Cómo argumenta la existencia del mundo material? ¿Qué cualidades son reales?
3 El empirismo de Hume
El empirismo es una corriente filosófica surgida en las islas Británicas en los siglos
XVII y XVIII que se opone en sus tesis fundamentales al racionalismo. Los filósofos
más representativos del empirismo son Locke, Hume y Berkeley. Sin embargo hay
algunas ideas que comparten:
- Se plantean como problema fundamental y previo el origen, los límites y la
validez del conocimiento.
- Tienen una concepción subjetivista del conocimiento: el sujeto de conocimiento
conoce directamente las ideas, no las realidades a las que esas ideas
representan. Y esto plantea el problema de la correspondencia entre las ideas
que están en la mente y la realidad extramental.
Para Hume, los elementos del conocimiento son o impresiones (conocimiento por
medio de los sentidos: lo que veo, lo que oigo, siento…) o ideas (representaciones o
copias de impresiones en el pensamiento: lo que recuerdo haber visto, oído, sentido…).
Partiendo de esta distinción se va a oponer al racionalismo cartesiano tanto en lo que se
refiere al origen y los límites del conocimiento, como al criterio de verdad.
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- el origen del conocimiento no está en las ideas innatas sino en la experiencia, en las
impresiones.
- El conocimiento sí tiene límite, está limitado a nuestras impresiones actuales y a
nuestros recuerdos (ideas) de impresiones pasadas.
- El criterio de verdad para decidir acerca de la verdad de nuestras ideas será el
siguiente: una idea es verdadera solo si proviene de una impresión.
No tenemos ninguna impresión que se corresponda con la idea de sustancia 3, con esa
pretendida realidad objetiva que sería el soporte de las cualidades que causan nuestras
impresiones. La palabra “sustancia” no designa sino un conjunto de impresiones que
nos hemos acostumbrado a encontrar juntas. La idea de sustancia no es más que una
ilusión, un término vacío sin significación ninguna. No podemos afirmar por tanto,
como hace Descartes, que en la realidad existan propiamente sustancias: ni el yo, ni
Dios ni del mundo.
En particular, Hume hace una crítica de la sustancia pensante o yo, entendida
tradicionalmente como ese núcleo inalterable de la personalidad, como ese sujeto que
permanece constante e idéntico, que tiene contenidos mentales pero que es diferente
de éstos. Del yo, dice Hume, no tenemos tampoco ninguna impresión. “Si tuviéramos
una impresión que originara la idea del yo, ésta debería permanecer invariablemente
idéntica durante toda nuestra vida, pues se supone que el yo existe de ese modo”. Sin
embargo, las impresiones que tenemos de nosotros mismos van cambiando
continuamente (cuando era pequeña me gustaba bailar, antes estaba triste, ahora estoy
contenta…). No hay pues una esencia del yo sino una larga cadena de impresiones e
ideas que se suceden unas a otras con una rapidez increíble, que están en constante
cambio y movimiento y que nunca hemos percibido simultáneamente. Pasa como con
las imágenes sobre la pantalla de cine. Como cambian tan deprisa, no notamos que la
película está compuesta por imágenes simples que en realidad no están conectadas entre
sí. Para explicar la conciencia que tenemos de la propia identidad (yo soy la misma que
bailaba de pequeña y que estuvo ayer en la fiesta), Hume recurre a la memoria: gracias
a ella reconocemos la conexión existente entre las distintas impresiones que se suceden;
el error consiste en que confundimos sucesión con identidad.
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Sustancia literalmente significa “estar debajo de”. Para la filosofía tradicional y para Descartes
en particular la sustancia es la realidad que está debajo de las cualidades o accidentes y que les sirve de
soporte. Es la “cosa en sí”, “el ser de las cosas”. Por ejemplo, la sustancia “rosa” sería la realidad objetiva
que tiene el color tal, el olor tal, el tacto tal….
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calentará porque el fuego siempre produce ese efecto. Sin embargo, dice Hume, no
tenemos ninguna impresión de esa conexión necesaria, nunca hemos observado que
entre la causa y el efecto exista una conexión necesaria. Lo único que hemos observado
es que hasta ahora, siempre que se ha producido “A” se ha producido “B”. Por tanto,
propiamente hablando, no sabemos que el agua vaya a calentarse mañana, simplemente
creemos que lo hará. Nuestro pretendido conocimiento de los hechos futuros por
inferencia causal no es en rigor conocimiento, sino suposición y creencia: creemos que
los fenómenos naturales se comportarán siempre del mismo modo. Y nuestra certeza
acerca de los mismos se fundamenta en la costumbre, el haberlos observado siempre
juntos en el pasado.
La inevitable conclusión que Hume se ve abocado a extraer es que la ciencia, a diferencia
de lo que pensaba Descartes, no proporciona más que un conocimiento probable. La
ciencia versa sobre hechos (es decir, nuestras impresiones), y pretende obtener leyes de la
naturaleza. Pero las leyes están basadas en el principio de causalidad, y este principio,
como ya ha demostrado Hume, no tiene más fundamento que la costumbre de
experimentar la contigüidad y la sucesión en la naturaleza. En realidad, estas supuestas
leyes científicas (p.ej. “el calor dilata los cuerpos”), no son más que creencias, y, como
tales creencias, no son ni universales ni necesarias; como mucho son probables.
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