DELIRIO
De Iván Vera-Pinto Soto
“Me siento muy vinculado a usted [...] mi vida y la suya se parecen mucho en cierto sentido”, del Führer
a Hamsun
Personajes
Hombre: No tiene edad, no tiene nombre
(El escenario está dividido en tres espacios definidos por la iluminación. Uno de ellos
es un cuarto lúgubre donde hay una vieja cama, un bastón, un jarrón de loza, una silla
y sobre ésta un lavatorio. En la otra zona hay una banca de plaza. En la tercera área,
ubicada en el foro, habrá un cilindro metálico y unos libros. En la pieza hay un hombre
semidesnudo, de aspecto enfermizo y desgreñado que duerme en un catre. Se escucha
lejano el sonido de un despertador que repica las ocho horas y por una ventana abierta
entra el bullicio de gente. El ambiente es claro. El protagonista se despierta, bosteza,
estira sus brazos, levanta su torso y mira malhumorado a su alrededor)
HOMBRE
Este cuarto de mierda me provoca un terror profundo, lo siento tan tétrico y vacío .
Además, ya no me queda nada, ni siquiera una sombra de apariencia digna. Únicamente
me rodean las telarañas y unas decenas de zancudos noctámbulos que extraen de a gota
mi sangre ¡Carajo! No sé cuánto tiempo llevo durmiendo. En medio de los desmayos y
desvaríos he perdido la noción de las horas.
(Se levanta lentamente, se sienta en el borde de la cama. Luego se agacha y recoge del
piso un papel y un lápiz. En el mismo suelo intenta escribir, sin embargo, no puede,
porque siente un dolor en el abdomen)
¡Mierda! ¡Tengo hambre! ¡Mucha hambre!
(Se desliza por el piso y saca debajo de la cama una bolsa de género. Mete su mano en
busca de algo. No encuentra nada. Lanza la bolsa con furia hacia un rincón)
¡Qué cagada! No tengo ni un mísero pan para comer
(Se estira en el suelo con su cuerpo mirando el cielo)
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Me siento tan agotado de escuchar promesas, eternos “no” e ilusiones que nacen y se
desvanecen con la rapidez de un rayo.
(Se levanta con dificultad y toma del borde de la cama un pantalón, una camisa y un
saco de vestir. Se viste con desgano)
Lo peor de todo es este desgastado vestuario, no me permite presentarme en ningún sitio
de manera decente.
(De la cama toma la almohada y le habla como si fuese un personaje)
Señor director, disculpe por molestarlo, le traigo estos artículos sobre algunos temas
increíbles que se me han ocurrido escribir en cementerios, plazas y en muchos lugares
donde he vagabundeado. Estoy seguro que le va a gustar. Escuche, le leo uno para que
vea de qué se trata… ¿No tiene tiempo para escucharme? ¿Qué vuelva en unos días
más? ¿Qué usted me va a llamar?...Entiendo…Sí, disculpe… (Habla para sí) Las
mismas palabras de siempre: “lo llamaremos” “estudiaremos su propuesta”… En las
editoriales me dan de portazos en las narices o me dicen palabras de buena crianza. En
vano escribo con pasión.
(En los próximos textos lanza la almohada contra la pared. Luego coge el bastón y con
furia golpea la almohada en el piso. Prontamente con sus manos la hace trizas y la
lanza a los aires. Caen muchas plumas por el espacio. Con el bastón intenta golpear las
plumas)
¡Cretinos! ¡Mierdas! ¿Qué se han creído? ¿Acaso debo besarle el culo para que me
publiquen y me paguen unas míseras monedas? Los voy a reventar a todos cuando sea
un escritor famoso. Me tendrán que limpiar los zapatos con su lengua y lamerme el
pene. ¡Mueran ratones de cola pelada! ¡Hijos de puta! ¡Miserables! ¡Mal paridos! Ya
verán cuando tenga fama y poder...
(Agotado arroja la vara a los pies de la cama. Transición. Ríe desquiciado)
¿Famoso?... ¿Y para qué mierda quiero ser famoso?... ¡No, eso no! Si llegara a ser
famoso perdería la libertad que gozo hoy como mísero desconocido. Me vería obligado
a cambiar mi vida por la dolorosa existencia de un desviado, sucio de popularidad…
Prefiero vivir apartado del mundo, lejos de príncipes y cortesanos. He conocido a varios
que aparte de ser ególatras pretenden que se les reconozcan cierto halo de sabiduría
inexistente ¡Váyanse a la mierda los famosos y falsos! Yo no vivo de la vanidad ni la
ambición social.
(Va hacia un jarrón de loza, vierte de él agua en el lavatorio y mete su cabeza. Pausa.
Luego se seca su cara con el cubrecama. Después humedece con un poco de agua las
brillantes rodilleras del pantalón para ennegrecerlas y darles aspecto renovado. En
seguida, se coloca un saco de vestir. Toma del piso algunas hojas y un lapicero, los
guarda en el bolsillo de su vestón. Antes de salir mira el bastón, hace un intento de
tomarlo, pero se arrepiente de recogerlo)
Es mejor dejar de pensar y salir de este cuartucho asfixiante.
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(Se desplaza sigilosamente hacia el área de la banca)
Bajaré en silencio. No debe verme la dueña de casa; le debo un mes de arriendo y no
tengo ni una puta moneda en mis bolsillos.
(Se ilumina la plaza. Se escucha el tráfico de la ciudad. Pausa. El hombre se inquieta y
se pasea de un lado a otro)
Este maldito tráfico me pone muy nervioso, me acelera y me dan ganas de escapar de
este mundo… ¡Si tuviera algo que comer sería todo muy distinto! (Observa a la gente
que pasa) Tanta gente hay en esta ciudad, pero nadie tiene tiempo de mirar, parar,
conversar y ayudar. Creen que viven solos en este planeta. Todos corren, atropellan,
golpean, compiten, luchan y giran sus ojos a la nada… ¿Qué pasará por sus mentes?
¿Cuáles serán sus preocupaciones? ¿En qué soñarán? ¿Soñarán?... ¡A nadie le importa
un carajo lo que le pasa al otro!... No me gusta la gran ciudad, me gustaría volver a mis
viejas raíces rurales (Proyecta su vista hacia una mujer imaginaria) Esa mujer que está
en la puerta del almacén posiblemente esté preocupada en qué comprar para su
almuerzo… No puede ser, tiene un solo diente en la parte superior ¡Qué asco! Su cara
me produce repugnancia. Tiene un gran colmillo amarillo que parece un pequeño dedo
que sale de la mandíbula, y su boca está todavía llena de alguna comida asquerosa que
comió hace poco ¡Qué se cree la infeliz! Me observa con menosprecio, como si yo fuera
una cucaracha repugnante. La verdad que su aspecto y su mirada me anula el apetito,
incluso hasta me provoca vomito (Grita) ¡Vieja nauseabunda!
(Hace un gesto grosero a la mujer. Se sienta en la banca. Saca unos papeles e intenta
escribir algo, no puede. Vuelve a mirar a su alrededor)
¡Ajá! Allá viene Rodolfo, mi amigo (Se levanta de la banca y saluda de manera muy
afectiva a un personaje imaginario) ¡Hola, Rodolfo! (No recibe respuesta) ¡Qué
extraño no me saluda y sigue apurado su camino como si yo no existiera!… ¿Por qué irá
tan a prisa? Ni siquiera pensé pedirle plata; al contrario, quería contarle que en pocos
días le devolvería la frazada que me prestó. Seré un muerto de hambre, pero digno ¿Por
qué la gente es tan cruel cuando uno está pasando por un mal momento?... ¡A la mierda
los amigos! ¡Todos los amigos son enemigos! ¡A la mierda esa gente de mierda!
(Hace un gesto grosero. Respira profundo. Pausa. Se levanta se traslada al borde del
escenario)
Desde aquí puedo ver el fangoso y mal oliente río que cruza la avenida; al parecer ya a
nadie le molesta el ensordecedor ruido que provoca sus turbulentas aguas, plagadas de
animales muertos, basura y excremento humano. Desde luego todos se han
acostumbrado a vivir en esta creciente inmundicia y en la vasta fealdad. Todos ellos:
hombres, mujeres y niños son los inventores de esta gigantesca cloaca. Es increíble
cómo la gente y el espacio se desgarran en sangrantes pedazos. Soy un morboso
vouyerista que siente placer al observar a vagabundos que fornican; muchachos que
explosan sus venas con la alquimia más barata y a enamorados que se prometen un
amor eterno que no existe y nunca existirá…Podría escribir acerca de todo lo que mis
ojos desorbitados atrapan. Pero ¿para qué? ¿A quién le importa lo que escribo? A nadie.
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Lo único que me preocupa es que estoy solo y hambriento. Hoy en día, extrañamente,
mi aliado es el conspirador y perpetuo ayuno que nubla mi juicio…
(Siente un fuerte dolor abdominal que lo dobla en dos. Comienza a girar mareado por
todo el espacio. Se detiene y hunde sus dedos en su vientre)
¡Hambre! Mi fiel compañero. Retuerces con furia mis intestinos, mis dedos, mis zapatos
y te transformas en mi expiración pausada, olvidada y deseada infinitamente desde que
me engendraron. Aunque no quiera mi conciencia, eres tú quien gobierna mis lóbregos
y sombríos sueños. Hambre, eres el testamento escrito en tinta densamente negra,
helada, alucinada y retorcida en mil nudos de marinos ciegos. Hambre, eres infección
engendrada en un festín de sangre, de esperma y paranoia de un burdel infausto.
Hambre, militante dolor, cruz y hostia envenenada que ni siquiera la religión católica
apostólica podrá excomulgar ni resucitar. Hambre, fiebre apremiante y espoleada, vives
en los inconmovibles temblores que remecen los lugares más secretos de mi carne y
esqueleto. Ante tu presencia los goterones de amor que me dan los pocos rostros
amistosos, son minúsculas moléculas que no alcanzan aplacar el llanto hecho polvo en
las cuencas vacías de mis afiebradas alboradas
(Le vienen arcadas profundas que le vuelven a doblar el cuerpo de dolor. Pausa. Se
recompone y proyecta alucinado el cielo. Una luz cruda cae sobre su figura)
¡Oh Dios! Me miro y me reconozco como un insecto agonizante, embargado por el
aniquilamiento en medio de este universo próximo a dormirse. Lo sé… Lo sé…Es el
dedo de Dios que ha dejado fibras y finas raicillas arrancadas a los hilos de mis
entrañas…Es Dios que me toca y luego me deja tranquilo, en paz, pero con la herida
abierta en mis frágiles intestinos. Por momentos siento dolor en mis brazos, en mis
piernas, en todo mi cuerpo. Es mejor que camine para que no se me adormezcan los
músculos, sin mirar a la gente ni pensar en nada.
(Se pasea rápidamente alrededor de la banca. Luego se detiene bruscamente)
¡Basta! Es mejor escribir… Sí, escribir todo lo que siento en este momento de angustia.
Debo escribir para comer y debo comer para escribir.
(Se mira su mano derecha con un deseo incontrolable. Se mete el dedo índice en la
boca y empieza a chuparlo)
¿Y si lo mordiera?
(Cierra sus ojos y lo muerde. Contiene el dolor. Se extasía con la sensación dolorosa.
Pausa. Saca unas hojas y un lápiz de su chaqueta. Se envuelve la mano derecha con un
pañuelo que extrae del bolsillo de sus pantalones. Se arrodilla y apoya en la banca el
papel)
Escribo con la mano envuelta en trapo, porque no soporto mi propio aliento sobre ella…
(Intenta escribir) ¡Mierda! ¡No puedo escribir! ¡Tengo la mente castrada por la
necesidad de comer! El hambre hunde mi mente en el silencio inconmovible, la cabeza
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está vacía, el pensamiento se ausenta de mí y el peso abrumador gravita sobre mis
espaldas.
(Siente mosquitos que se posan en su rostro y los espanta con sus manos)
¡Diablo! ¡Fuera de aquí mosquitos! ¡Váyanse al infierno! Quieren devorar mi cabeza
con sus tentáculos (Lanza manotazos al aire para intimidar a los mosquitos que ahora
se posan en sus hojas) ¡Monstruos dejen mi escritos! No posen sus patas asquerosas,
llenas de excretas sobre mis escritos; dejen tranquilos a mis puntos y comas.
(Se escuchan unos clarines al viento. Guarda velozmente en su chaqueta los papeles y
se queda en alerta con la vista extraviada. Al instante empieza a temblar su cuerpo)
Percibo un temblor convulsivo y extraño que recorre mis nervios, como si estuviese
bajo el dominio de una fuerte corriente huracanada. Tal vez, es la impávida muerte que
ya viene. (Se esconde detrás del banco) ¡Nooooo! ¡Déjame diosa enlutada, aún no me
puedes llevar! ¡Tengo que dejar huellas en este mundo! Escúchame, virgen enlutada,
aún no me puedes llevar, antes tengo que cumplir el mandato divino: limpiar de la faz
de la tierra la miseria y el hambre… (Grita) ¡Nooo! ¡Qué dolor! El hambre se clava en
mi piel y me arranca parsimoniosamente las carnes y los huesos (Se toma la cabeza) El
pelo se me cae a grandes mechones y los dolores de cabeza son más intensos.
(Se cubre la cabeza con sus manos. Pausa. Sale secretamente de su escondite. Escucha
atento)
Ya no se oyen los fatídicos clarines que resonaban sin cesar hace pocos momentos en
mis oídos ¡Qué alivio! Al parecer fugazmente se alejó la muerte con su largo manto de
llanto y soledad (Llora en silencio. Pausa. Se rehace) ¿Estoy llorando? ¡Qué horror, no
quiero ser sentimental! (Pausa. Su mirada se ilumina) Mi alma no siente miedo, ahora
renace, purificada en fuego. (Proyecta la vista hacia sus zapatos) Ustedes son mis
camaradas de verdad que me acompañan desde hace mucho tiempo, sin tener ningún
interés oculto (Camina y mira detenidamente sus zapatos) Antes no se me había
ocurrido mirarlos, admirar su fisonomía especial, su piel decolorada y usada, su negra
costura y su expresión propia. Algo de mi propio mí está reflejado en ustedes, quizá, un
aliento de mi “yo”, una parte palpitante de mí mismo.
(Se saca los zapatos y con la manga de su saco de vestir los lustra prolijamente)
Me siento minúsculo en este constante movimiento de cuerpos e intereses que no
alcanzo a comprender ni menos a sentir placer. Es preferible que regrese a mi sombrío
cuarto a dormir eternamente, quizás en ese estado perciba a la humanidad diferente: más
noble y solidaria ¿Por qué la humanidad será tan vanidosa y cruel? Creo que con todo lo
que estamos haciendo lo único que va a desaparecer de este universo es la humanidad
misma. No, no creo que se destruya a sí misma, porque la muerte sería una recompensa.
La humanidad tiene que vivir, para sufrir el destino que está creando… (Proyecta su
mirada al vacío) ¡Dios todopoderoso! Si me dieras valor para suprimir de todos las
naciones el hambre y la miseria, te juro que lo haría con mucha voluntad y prolijidad.
Prometo que no me inmolaría, por el contrario, haría pagar en carne viva a la
humanidad todos sus pecados.
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(Vuelve a sentir dolores en todo su cuerpo. Pausa. Se ve muy cansado)
Me siento muy cansado. Debo dormir, descansar con el sueño. Permanecer en silencio y
sin movimiento (Actitud confidencial) Quiero doblarle la mano al hambre, romper
cientos de muros, tal vez así pueda engañar el dolor inquebrantable que siente cada
parcela de mi cuerpo.
(Sufre un breve desvanecimiento, se apoya en la banca. Pausa. Se rehace y camina
hacia el área de su cuarto. Ingresa y se queda mirando un momento su cama. De
pronto se lanza hacia ella como un nadador. Cae pesadamente y se queda en silencio.
La luz cambia de color, ahora es azulina. El hombre se aferra a las sabanas y habla
con una voz enigmática, como si fuera otra persona)
Duerme…tómate todos los siglos que quieras, en este instante afuera todo sigue
cayendo a pedazos retorcidos. Lejos o cerca, todo y todos están inquietos que los
cañones no dormiten y que la bolsa de valores suba y suba. Duerme… mientras algunos
vegetan en la indolencia y se bañan en champagne sangrante hasta llegar al orgasmo
más doloroso. Duerme… seguro te encontrarás con el unicornio que te llevará a
sobrevolar lejos para mostrarte desconocidos horizontes e increíbles luces que
destellarán en tu imaginación. Duerme…goza y búrlate con la masa de palabras; ellas
tienen no sólo la fuerza directa, sino también la secreta. Duerme…disfruta del canto de
ese ángel de ala rota que retumba entre los féretros acantilados del desierto
inmarcesible. Duerme… es muy posible que ese coche que viaja en el tiempo te lleve de
pasajero a un lugar, más allá de las fronteras, donde no pidas permiso, ni limosnas y
seas dueño de lo que en este mundo no existe…
(Se levanta bruscamente de la cama y se sienta en el borde. Se restriega sus ojos y
esboza una leve sonrisa. Se coloca de pie y se aproxima a las paredes. Palpa cada una
de ellas y después coloca una oreja en la muralla para escuchar algo. Todo es silencio)
¡Es el pájaro de la noche que habita al otro lado del mundo! ¿Existirá o es una
alucinación? (Se pasea con la cabeza gacha por el espacio. Se detiene. Proyecta al
cielo) Sólo arriba, en lo alto palpita su canto eterno. Sí, ahí está el aliento del mundo
que nunca cesa. Lo siento, está en mi mente y en mi cuerpo. Es el canto de los mundos
tutelares, el ritmo de los astros milenarios que se derrumba en mí como un canto de
estrellas dilapidadas (Su cuerpo empieza a temblar) Mi cuerpo tiembla como un perro
desconcertado, sin dueño y sin patas. Las piernas se congelan entre el sopor y el miedo
inexplicable del mañana que no existe.
(Golpea su cabeza con fuerza contra la pared)
La locura se apodera rabiosa de mi cerebro , soy muy consciente de que estoy sometido
a influencias sobre las que no tengo ningún control.
(Cae desvanecido. Después de un instante, vuelve en sí y se levanta con torpeza)
Debo salir de aquí, si he de morir que lo sepa todo el mundo, tal vez alguien allá fuera
me arrastre a la fosa común de los desaparecidos.
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(Sale a tientas del cuarto y va hacia el área de la banca. Se recuesta en ella y mira al
cielo)
Y esas luces que se ven a los lejos ¿qué serán? Me saludan y me sacan caprichosamente
la lengua ¿Se burlan o quieren jugar conmigo? ¿Qué quieren? Posiblemente sea la
procesión del Cristo pueblo que llora desconsolamente por todos los necesitados de esta
tierra.
(Se levanta del asiento, se saca la chaqueta y su camisa. En su torso desnudo clava sus
uñas. Cae en un paroxismo absoluto)
¡Ven hambre! ¡Ven muerte anhelada, devora con avidez mi carne y mi sangre! ¡Llévate
todo de mí! ¡Quítame la última sonrisa! ¡Róbame la piel traslucida que mis manos
poseyeron en un palacio fantasmal! ¡Llévate el amor sufriente de noches y domingos
envenenados de dudas grisáceas! ¡Clava tu puñal en mis testículos urgentes!
¡Despedázame y sepúltame en el despeñadero donde yacen los héroes anónimos!
¡Arrástrame y lánzame de una vez a los barrancos violentos del infierno! ¡Quítame la
vida! ¡Llévate todo de mí! ¡No me dejes nada, ni siquiera una migaja de amor! ¡Quiero
morir desgarrado por los caballos en una plaza antigua, llena de oro conquistado! ¡No
quiero bandas! ¡No quiero discursos vacíos ni llantos fingidos! ¡No quiero medallas
ilustres ni golondrinas de paso!
(Transición. Se sienta en la banca. Se dibuja en su rostro una expresión de ternura)
¡Quiero morir con esos señeros ojos almendrados que se entregaron por amor, sin medir
preceptos ni razón! ¡Quiero los generosos senos de mi madre y el amor absoluto que
nació en el encierro de paredes blanquecinas y humo liberador!
(La luz se vuelve rojiza. Se siente en el ambiente un viento huracanado y el hombre es
lanzado como un muñeco por los aires. Cae y vuelve a caer, sin control. Vuelan por
todos lados papeles. El hombre yace en el suelo. Se arrastra y alcanza una hoja. Lee
para si mismo. Recobra energía y se levanta. Vuelve a leer. Ríe a carcajadas.
Finalmente lee en voz alta)
Muy señor nuestro: Debo comunicarle que nuestro Consejo Editorial, luego de estudiar
su obra “Vida, muerte o putrefacción”, ha determinado que su creación tiene altos
méritos literarios para ser publicada por nuestra empresa…
(El hombre ahora ríe más fuerte, con júbilo)
¡Por fin un real merecimiento a mi creatividad!
(Da brincos juguetones por todos lados; rápidamente se saca los zapatos y les besa.
Después los lanza al aire y grita de alegría)
¡A la mierda las agujas de reloj que marcan mi respiración! ¡Ahora el tiempo es eterno!
¡Ya no habrá tiempos de hambre, de angustias, de lágrimas, de raspones en las rodillas y
el alma! ¡Ahora podré hacer que lo mágico y lo real sea uno mismo, así como eclipse!
¡Ahora podré soñar con los ojos abiertos! ¡Oh Dios profundamente negado en mil días
viscerales! ¡Ahora te siento en mi pecho! Sé que ahora que he llegado a esta anhelada
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instancia me puedes confiar el valor para desterrar la miseria y el hambre en todos los
continentes. ¡Dios misericordioso! …¿Quieres confiar en mí? ¿Crees en mi fuerza
insurrecta? ¿Crees en un hombre que no pertenece a tu familia? (Se queda quieto a la
espera de una respuesta) ¿Sí? ¡Lo sabía, lo sabía! Lo entiendo, no te quedan manos
amigas; tus seguidores son tus viles enemigos. Hoy en día los mantos púrpuras se han
convertido en ángeles oscuros que usan tu voz para mancillar la pureza en las escuelas,
en los templos y en las calles...Entonces recurres a mí como tu último bastión.
(Se arrodilla y masculla una plegaria ininteligible hacia el suelo. Luego vuelve a
levantarse extraviado)
Cuando la esperanza se pierde en la bruma del bosque, cuando los ojos extravían su
brillo natural, cuando al final de una historia todos esperan escuchar un triste y
consabido epílogo y, el viento marino se lleva lejos la impar flor del jardín; en ese
instante, sólo en ese escuálido segundo, ocurre algo sorprendente: llega la primavera
palpitante y la aurora sonríe transparente…
(Da un grito despiadado que nace de sus entrañas)
Debo gritar a los cuatro vientos con fuerza y arrebato contra los horrores, las injusticias,
la inequidad y la violencia. Esta sociedad es falsa y perversa; por ello tengo que gritar
contra todo lo que me atormenta, incluso contra ti: Dios.
(Se introduce los dedos de su mano en la boca y vomita. Se limpia sus labios con la
manga de su vestón. Pausa. Los textos siguientes los dice balbuceante)
Cuando el hambre corroe mis huesos y carnes enjutas, entonces mi cerebro se desprende
dulcemente de mi cabeza y se lanza al vacío. En ese estado fascinante y horroroso
percibo visiones que me impulsan a cambiar este mundo por otro más humano y
digno… (Habla como un predicador) En ocasiones he escuchado una voz que me dice:
eres el hijo de Dios; el responsable de cambiar el mundo ¿Es verdad todo ello? ¿Soy
realmente el Mesías? ¿Soy la única esperanza de esta civilización?… (Cambia
bruscamente de actitud. Se coloca iracundo) ¡Qué asqueroso discurso! ¿Cambiar el
mundo? ¡Qué ambigüedad más idiota! ¡Qué tal vanidad!
(Saca un lápiz de su vestón y lo clava decididamente en una de sus manos. Un grito
contenido deja escapar de sus labios. Luego bebe el hilo de sangre que corre por su
articulación. Pausa. Adopta la postura de un hombre hipnotizado por una visión. En el
fondo del escenario se proyecta una gran sombra de un hombre, vestido con un abrigo
largo y sombrero de paño)
Dios mío: Si el género humano hubiera sido transformado profundamente, no habría
necesidad de gobernantes y mucho menos de dictadores y tiranos. Pero la sabiduría y la
virtud de los sabios antiguos no lograron cambiar a los hombres y al cabo de casi dos
milenios tampoco pudo hacerlo el cristianismo. Si los filósofos, educadores, apóstoles y
sacerdotes, hubieran hecho de los brutos seres humanos otros tantos seres amables o por
lo menos razonables, no habría necesidad de monarcas, presidentes, gobernadores,
magistrados, y muchos menos de regímenes totalitarios. Pero, los hombres han
continuado siendo egoístas y feroces. Para domar a fieras se precisa la magia verbal del
encantador y, por sobre todo, el látigo del domador. Las tribus humanas no se rigen con
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razonamientos ni afectos. Se precisa excitar la fantasía e inspirar temor. El animal-
hombre únicamente se doblega si se le amenaza con privarle la libertad y la vida.
(Cree escuchar unos aplausos lejanos. Sonríe satisfecho, alza su cuerpo orgulloso y
hace un saludo nazi con su mano. La sombra en el fondo se pierde. Se escucha una
música de ceremonia. Se inclina y hace la mímica que recibe una medalla en su cuello.
Con la cabeza gacha dirá el próximo texto)
Señor: Creo que hoy nace el déspota natural, el líder, el que no se elige pero que se
erige a sí mismo en caudillo sobre las hordas de la tierra. Creo y confío en una cosa, el
regreso del gran terrorista, en el César (Alza su medalla) ¡Guerrero de la humanidad te
ofrendo mi alta distinción con fe y devoción!
(Coloca la medalla en el piso y hace una genuflexión. Se superpone a la música del
ceremonial un coro de llantos y lamentos infantiles. Se levanta con su rostro iluminado
por un retorcido goce personal)
Soy un genio que avergonzaré a muchos, pero que sin embargo cambiaré el rumbo de la
literatura de mi tiempo. Yo no escogí ser escritor, lo soy por una necesidad interior, por
un imperativo que me lleva a trabajar eternamente. Es decir, tengo por naturaleza la
vocación de poeta. Tengo la pasión morbosa hacia la belleza que nadie alcanza a
comprender y eso me deprime y me hace eternamente infeliz.
En este día de gloria recibo el premio más valioso que puede pretender un escritor; en
cambio, mañana seré juzgado y condenado como traidor a la patria. Seguramente iré a la
tumba con un cortejo de hostilidad. Nadie entenderá por qué fui hechizado por un
profeta del evangelio que trajo la justicia al mundo... (Su voz se debilita) Me recordarán
entre la ira y la reflexión, durante muchísimos años…
(Se ahoga su voz y cae desfalleciente al suelo. Pausa. Vuelve en sí, jadea y su cuerpo se
retuerce por un dolor misterioso y metafísico. Su voz se escucha agarrotada)
Estoy muerto públicamente. Sí, lo acepto: soy un asesino y debo morir humillado por
todos. No me arrepiento de nada. Ahora es preferible cruzar solo el viento tibio, la
montaña eterna y el paso de los hielos infinitos. Ya he hablado toda la noche con Dios
del asunto.
(Se produce un repentino cambio de luz. El ambiente ahora es rojo fuerte. El hombre
cambia su actitud, ahora se le ve como un ejecutor que camina resueltamente a una
zona neutra donde hay un gran cilindro. Saca de su bolsillo una caja de fósforo y
enciende el tambor de lata. Luego del suelo recoge unos libros; con voz acusadora
comienza a romperlos y lanzarlos al fuego)
¡Asesino!... ¡Nazi!... ¡Verdugo!... ¡Monstruo!... ¡Traidor!... ¡Venganza!... ¡Justicia!...
¡Sanguinario!... ¡Bestia!... ¡Demonio!... ¡Criminal!... ¡Genocida! …¡Quiten sus
bienes!... ¡Quiten sus honores!... ¡Muere como perro!...
(Se escucha un fragmento distorsionado de Aída, de Giuseppe Verdi, entremezclado con
voces de multitud regocijada. Dos palomas cruzan el espacio: una blanca y otra negra.
El hombre cae al piso en otro desvanecimiento. Se extingue la música y el sonido de
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gente. Pausa breve. Se levanta y se encamina hacia la zona de la cama. Se da la luz de
en esa área. Llega al borde del catre. Se saca el pantalón y queda solamente en ropa
interior. Saca de abajo del colchón un pijama de hospital, tipo túnica y se lo coloca.
Luego se recuesta. Su físico se observa más viejo y acabado. Grita con desesperación.
Su voz se escucha en el espacio como un eco)
¡No estoy senil, al menos no lo estaba cuando entré a este manicomio!
(Apagón rápido. Se proyecta en el foro, de manera breve y rápida, imágenes de campos
de concentraciones nazis y de Hitler; las fotos revientan toda la magnitud del
escenario. Vuelve la luz. Se ve al hombre en calma. Toma un papel y un lápiz que están
sobre la cama. Escribe una línea y se detiene. Mira perdido en la lejanía)
Estoy ciego y sordo, a pesar de ello aún escribo pequeñas historias para mí. No tienen
ningún fin, sólo es una antigua costumbre. Goteo palabras suaves. Soy un grifo que está
goteando, uno, dos, tres, cuatro… Al igual que en mi nacimiento estoy desposeído de
todo, subsisto en la miseria hereditaria. ¡Qué asquerosos! Los mismos que antes me
admiraban me han destruido, incluso mis escritos son meras cenizas que se desplazan a
la deriva en el mar. ¡Qué mediocre existencia la mía! (Ríe burlonamente) Lo único que
no me han podido arrebatar es mi hambre perpetuo y mi soledad con todos sus tonos
claroscuros. Esta es mi vida, mi muerte y putrefacción (Vuelve a sentir un dolor
profundo en su cuerpo) ¡Maldito hambre déjame morir en paz!
(Se desvanece levemente. Abre sus ojos expresivamente y se queda en silencio
expectante)
¿Qué es eso que revolotea a mis espaldas? (Se queda absorto) ¿Una mariposa? ¿Aquí,
en este mundo? Claro, es una mariposa que viene a maldecir mi póstumo texto. Mis
archivos los esconderé aquí… ¡Sí! Debajo del piso de mi finca (Esconde las hojas bajo
la almohada) Qué se ha creído la muy puta, venir a robarme hasta mi propio ayuno
¡Mierda! ¿Por qué no puedo dejar de existir tranquilo con todas mis cicatrices, heridas,
huellas y recuerdos del hambre?
(Se levanta torpemente de la cama, coge el bastón que está en un costado y se dirige al
centro de la pieza. Comienza a dar bastonazos a diestra y siniestra, hasta que mata a la
mariposa. Silencio. Sonríe misteriosamente)
¡Al fin un poco de paz!
(Saca de un bolsillo de su pijama un pedazo de pan que comienza al principio a morder
con suavidad y luego con avidez placentera. La luz en resistencia)
TELON
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Iquique, Otoño, 2010
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