Las Sociedades Civiles Sin Personalidad Jurídica en El Ordenamiento Español
Las Sociedades Civiles Sin Personalidad Jurídica en El Ordenamiento Español
UNIVERSIDAD DE MÁLAGA
FACULTAD DE DERECHO
ÍNDICE
ordenamiento ................................................................................................................... 9
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grupo .................................................................................................................. 66
organización ....................................................................................................... 76
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2.1. Las relaciones de la sociedad civil personificada con los terceros ........... 170
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2. La posible eficacia frente a terceros del vínculo social en las sociedades civiles ... 213
3.1. La sociedad sin personalidad jurídica entendida como aquella sociedad que
3.3. La sociedad sin personalidad jurídica entendida como sociedad irregular 230
3.4. La sociedad sin personalidad jurídica entendida como sociedad interna . 236
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.......................................................................................................................... 275
5.3. Circunstancias a las que alude el artículo 1669 CC: la sociedad interna
...................................................................................................................................... 316
3.1. Pretensión de las partes al constituir una sociedad interna ....................... 321
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3.7 Modo de operar con los bienes existentes de la persona legitimada para ello:
............................................................................................................... 381
.......................................................................................................................... 409
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4.7. El acreedor del socio por deudas ajenas a la sociedad: posición .............. 417
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histórico del modo más inmediato. Sin embargo, existen cuestiones que no parecen tan
actuales, pero que, debido a que su regulación, cuando existe, no es la más adecuada, o
nacidos de dicha regulación, siguen siendo una fuente de conflictos y dudas permanente.
Esto ocurre con las sociedades civiles sin personalidad jurídica: existe en nuestro
ordenamiento común un único artículo general referido a las mismas, el artículo 1669
dudas que se plantean en torno suyo y en tercer lugar, que la diversidad de opiniones
cuestión del régimen jurídico es indicio de que la claridad no brilla en este campo.
Y para incidir en el dato de que estamos ante un tema que, pese a no parecer actual,
es de vital importancia resolver hoy día, acogemos en este momento las gráficas
como el Real Decreto del 4-9-1998, en su disp. adic. única) han vuelto a poner de
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manifiesto, que a las puertas del III Milenio, cuando a juicio de algunos los temas a
considerar, los “temas con futuro” deberían ser tales, como “la adquisición a “non
domino” de bienes muebles por internet”, “la banca por satélite” o “la galaxización del
mercado de valores”, todavía existen cuestiones mucho más “a ras de tierra” -nunca
mejor dicho-, que distan de haber sido adecuadamente captadas por instancias, en mayor
particularmente maltratada últimamente por la DGRN, aunque hay que reconocer que
En este capítulo inicial expondremos las razones por la que nos interesó el estudio de
esta cuestión, qué aspectos resultan de especial relevancia y cómo es necesario dicho
ordenamiento
que una sociedad civil goce o no de personalidad jurídica y de la necesidad, por tanto,
que se plantea reside en que la decisión que tomemos a ese respecto va a ser
1
EIZAGUIRRE, J. M. DE: “La subjetivación de las sociedades de personas”, Revista de Derecho de
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Secretario. Este caso, resuelto de modo bastante criticable por la RDGRN 31-3-1997,
inmueble por parte de la persona jurídica parece que puede constar registralmente,
mientras que si no existe persona jurídica, dicha titularidad debe corresponder a los
por destacar un dato especialmente relevante, así como respecto del modo de operar del
nacionalidad, etc.
1669 CC. El artículo 1669 CC no es, de ninguna forma, artículo fácil a la hora de ser
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Sin perjuicio de que posteriormente justifiquemos cada una de las observaciones que
interés que despierta en nosotros dicho precepto, así como por qué nos conducimos con
esta prudencia ante el mismo, y los problemas y disfunciones que se pueden presentar.
debe acudirse al artículo 1669 CC. Este precepto está encuadrado, obviamente, dentro
muy concreto y que se presenta como excepcional: la sociedad civil que no gozará de
personalidad jurídica. Señala expresamente que “No tendrán personalidad jurídica las
sociedades cuyos pactos se mantengan secretos entre los socios, y en que cada uno de
éstos contrate en su propio nombre con los terceros. / Esta clase de sociedades se regirá
sociedad que no gozará de personalidad jurídica, cabe entender a sensu contrario que,
en principio, toda otra sociedad civil goza de personalidad jurídica como norma general.
personalidad jurídica. Hay quien apunta que debe inscribirse la sociedad civil en el
3
De entrada, en ningún artículo de los dedicados a la sociedad civil, esto es, los artículos 1665 a 1708
CC, se regula de modo directo la concesión de personalidad jurídica a la sociedad civil (como se hace en
ciertas leyes especiales concretas con otras sociedades, por ejemplo las sociedades anónimas y las de
responsabilidad limitada, o con las asociaciones en general). Se presenta a la sociedad civil ante todo
como un contrato que no requiere, como criterio general, una forma concreta para que quede válidamente
constituido, salvo en un par de casos excepcionales, donde sí se regula dicha peculiaridad de modo
expreso. Y toda sociedad civil gozará de personalidad jurídica salvo que caiga en la órbita del artículo
1669 CC. Esto es bastante novedoso como tal, pues contradice no sólo la tradición jurídica en este
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Registro mercantil u otro ad hoc para que adquiera su personalidad jurídica, o que es
intenso el debate entre los autores a la hora de configurar la sociedad sin personalidad
si una concreta sociedad civil gozaba de personalidad jurídica, si podía como tal ente
documento privado y, en segundo lugar, que en la adquisición es uno de los dos socios
aspecto, sino la propia regulación legal de los códigos civiles que se van publicando (el francés en 1804,
el italiano en 1865, el portugués en 1866 y el alemán en 1896, por citar los más importantes ejemplos).
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No es coherente, señala, supeditar la adquisición de la personalidad jurídica por las sociedades
mercantiles a su inscripción en un Registro público y prescindir de dicha exigencia en el caso de las
sociedades civiles sin forma mercantil, cuando entiende similares las repercusiones que para el tráfico
tiene la personificación de unas y otras.
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La publicidad de hecho no asegura que la concesión de la personalidad jurídica se alcance en un
momento preciso y determinado: es necesaria una posibilidad legal de conocimiento por todos, algo que
sólo se garantiza mediante el acceso de los pactos sociales a un instrumento oficial de publicidad
establecido al efecto por la ley.
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sociológico7. En el caso concreto, dado que la sociedad civil no había sido inscrita en el
Registro Mercantil, no goza de personalidad jurídica, y, por ello, no era posible inscribir
en el Registro de la Propiedad el bien inmueble a favor de ella como tal ente, sino que
se debía inscribir la titularidad a nombre de todos los socios. Esta opinión se verá
estima oportuno revisar los argumentos antes defendidos y se ponen en cuestión (tanto
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Se incide en la conexión entre los artículos 1669 y 1670 CC, introducidos en el mismo momento en el
CC y que deben ser interpretados conjuntamente. Dicha interpretación recomienda sostener que las
sociedades civiles no contempladas en el artículo 1670 CC carecen de personalidad jurídica, algo que
además, no sólo beneficia a la seguridad de las relaciones jurídicas en el ámbito civil, sino que se camina
a la unificación de criterio en lo que toca a la constitución de las sociedades, a la hora de obtener la
personalidad jurídica, algo que sería de interés lograr.
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La solución defendida, se señala, responde a las necesidades de la realidad social y coordina con las
tendencias de la nueva legislación, pues contribuye a dar seguridad a las relaciones jurídicas a través de la
publicidad registral.
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Se indica que hoy no puede decirse que la sociedad mercantil no inscrita carezca, sin más, de
personalidad jurídica, ya que sería no tener en cuenta doctrinas como la de la personalidad jurídica de las
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Esta última decisión nos parece afortunada12, pero el proceso descrito demuestra que
ante problemas idénticos se han ofrecido soluciones opuestas por parte de un mismo
no la titularidad del inmueble por tal ente como ente, entre otras también relevantes.
De la redacción del artículo 1669 CC parece que cierta dosis de falta de publicidad
parece implicar esta situación, aunque no se aclara exactamente cuál es. Además, los
socios deben contratar en su propio nombre con terceros. Demasiadas cuestiones son
sociedades irregulares o en formación, así como alterar la propia doctrina de la DGRN en tantas otras
cuestiones conexas a ésta (cancelaciones registrales, reactivación de sociedades disueltas de pleno
derecho, etc.). Además, los artículos 1669 CC y 119 C de c. no regulan supuestos idénticos: mientras el
primero alude a una sociedad que no se muestra como tal frente a terceros, el segundo alude a una
sociedad mercantil con pactos secretos.
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Se disminuye la importancia de este argumento: lo que realmente importa a los terceros que se
relacionan con la sociedad es que se exteriorice el vínculo societario, más que los pactos societarios en sí.
10
Se recuerda que el Anteproyecto de 1882-1888 aludía en el artículo 55 a las asociaciones en general
(sociedades civiles, asociaciones con personalidad jurídica, y asociaciones sin personalidad jurídica), y
cuando se suprime el artículo 5 y se sustituye el Título II del Anteproyecto por los artículos 1669 y 1670,
se entiende de modo casi unánime que las sociedades a las que no fuesen aplicables estos preceptos tenían
personalidad jurídica propia.
11
Aquí la contestación es clara: es cierto que la seguridad jurídica ganaría con ese registro específico,
pero esa reforma requiere cobertura legal que la imponga. Y dicha reforma legal no se ha producido, por
lo que no es posible defender esa aplicabilidad.
12
Así lo expusimos en nuestro trabajo “Sobre la personalidad jurídica de la sociedad civil”, La Ley, núm.
5520, miércoles, 10 de abril de 2002, pp. 1-5, La Ley, 2002-3, D-98, pp. 1785-1791.
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toda una gama de teorías explicativas y ello justifica un estudio reposado y una
sociedades lo que existe es una falta de tratamiento fundamental. Esto justifica también
nuestro estudio, por razones diferentes a las indicadas para el caso de la configuración.
Una vez configurada la sociedad civil sin personalidad jurídica, el artículo 1669 da el
Para ello, remite al de la comunidad de bienes, aunque dicha remisión genérica, sin más,
¿Qué valor tiene el pacto celebrado entre los socios? ¿Existe realmente una comunidad
de bienes? ¿Cómo se relaciona con terceros esta sociedad? ¿Se relaciona realmente con
terceros? ¿Cómo se relacionan los socios entre ellos? Todas estas preguntas no han sido
Las referencias doctrinales a esta cuestión son colaterales, parciales y no son fruto de
una dedicación sosegada, por lo que estimamos que debemos realizar dicho estudio. No
aportado, qué ocurre si el socio contratante manifiesta al tercero que realmente contrata
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ordenamiento jurídico para dedicar principalmente nuestra atención a los dos grandes
temas que deben estudiarse para conocer estas sociedades: en primer lugar, la
Una vez que nos hemos iniciado de alguna forma en el tema de investigación, el
del mismo, es el momento de exponer el esquema con el que vamos a afrontar dicha
labor, para adelantar los bloques temáticos que iremos estudiando en cada momento.
exista o no persona jurídica. Ambos planos serán bastante relevantes con posterioridad.
La siguiente cuestión a abordar, una vez encuadrados en la sociedad civil, nos llevará
persona jurídica. Para ello será útil un análisis histórico de la cuestión y un estudio de
las consecuencias que conlleva esa personificación. Repasada dicha regla general, es el
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Es evidente que el próximo paso debe ser, ya, ocuparse del supuesto de hecho a
capítulo reside en desentrañar cómo una sociedad civil se encuadra dentro de la órbita
sociedad civil sin personalidad jurídica, cuestión que no ha sido atendida dentro de
nuestra doctrina más que de modo colateral y sin solucionar las cuestiones que
último, nuestra atención a saber si este régimen descrito puede ser de interés para otras
participación o la comunidad naval, ya que todas tienen especialidades que pueden estar
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Y VERTIENTE ORGANIZATIVA
civil sin personalidad jurídica, debe ser ubicado dentro del marco más general del
contrato de sociedad civil. Afrontar con garantías el estudio de la concreta cuestión que
queremos repasar exige encuadrar previamente el tema y sentar ciertas bases que en su
Por ello, vamos a dedicar este capítulo inicial de nuestro trabajo a encuadrar la
sociedad civil que debemos tener claras: qué características la especializan, qué
que, persiguiendo un fin lucrativo común a los socios o miembros, desarrollan una
personalidad jurídica del grupo, ya que imprimirá ciertas pautas de interés a la cuestión.
nuestro ordenamiento como un contrato, con todo lo que ello conlleva, pese a que su
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naturaleza jurídica sea discutida por ciertos sectores doctrinales (la consideración de la
que defendamos dicha configuración, será especial, pues pueden concurrir más de dos
partes, que, además, satisfacen sus intereses particulares mediante la realización previa
permita la correcta actividad posterior en la vida social y, por norma general, también al
entrada, nos quedaremos con el aspecto más próximo al dato contractual, aunque debe
incidirse en esta distinción, tan relevante como para que, por ejemplo, el Derecho
interés particular, según establece el artículo 35.2 CC, y que se regula en nuestro CC en
sus artículos 1665 a 1708, dentro del Libro IV del CC, “De las obligaciones y
contratos”, junto al resto de contratos. Tal y como señala PAZ-ARES, cumple una
función residual: estamos ante la sociedad general del tráfico, que entra en juego
13
Por otra parte, debemos aclarar que nos vamos a referir únicamente a aquellas sociedades civiles que se
constituyan con forma civil, y no a aquellas que se constituyan y revistan las formas previstas en el C de
c, tal y como admite el artículo 1670 CC, debido a que en estos casos estas sociedades se sujetan a los
formalismos típicos de las sociedades mercantiles, y ello escapa de nuestra órbita de estudio.
14
PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1665 CC, dentro de “Comentario del CC”, Tomo II, Secretaría
General Técnica del Ministerio de Justicia, Madrid, 1991, p. 1314. En idéntico sentido, previamente,
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cierto aunque no totalmente15, pero no implica que sea una reliquia histórica o una
estructura inservible o inútil16 (aunque sus artículos lo sean en bastantes casos17), como
demuestra el hecho de que no solamente sea la forma asociativa propia del tráfico
económico familiar, agrícola o artesano18 (comentario éste muy influido por la opinión
GIRÓN TENA, que presentó a la sociedad civil como tendente a satisfacer la función de régimen
supletorio y de Sociedad en sentido amplio (GIRÓN TENA, J.: “Derecho de sociedades”, Tomo I, p. 38).
En Derecho alemán, sin embargo, se abstrae todavía más y se alude a régimen general de todo tipo de
agrupaciones de personas con fin de ganancias (en este sentido, SCHLECHTRIEM, P.: “Schuldrecht.
Besonderer Teil. 4. Auflage, Tübingen, 1995, p. 227).
15
Pensemos que la sociedad civil se configura como personalista por nuestro legislador (no hay más que
repasar las normas sobre disolución de la sociedad para no abrigar la más mínima duda a este respecto), y
que en esos elementos que caracterizan a la sociedad civil como personalista no puede ser regla común de
todo tipo de sociedad, pues poco tienen que ver con algunos aspectos las sociedades capitalistas. No es
correcto decir, por ejemplo, que las causas de extinción de la sociedad civil sean básicas para entender la
extinción de la sociedad anónima, por ejemplo. La sociedad civil es el esquema básico para las sociedades
personalistas, pero no cumple idéntica misión entre las sociedades capitalistas, como estudiaremos.
16
Como parece deducirse del comentario de DURÁN Y BAS, cuando, durante la elaboración del CC,
indica: “Lo confieso: en mi ya dilatada práctica no he visto una sola vez aplicado el contrato de sociedad
general en lo civil” (vid. “Diario de Sesiones de las Cortes. C. Diputados”, núm. 53, 23-2-1889, p. 882).
17
Ello se deriva de que muchos de dichos artículos, como ocurrió en el caso del Code francés, se tomaron
directamente por sus redactores de los antiguos jurisconsultos, que, a su vez, recibieron dichas normas de
los textos romanos, pasado por el tamiz del Tratado de POTHIER, como la doctrina francesa ha estudiado
convenientemente. Como señalaban COLIN y CAPITANT, “son esas reglas, por consiguiente, de un
orden más teórico que práctico, y en su mayor parte enteramente inadecuadas al buen funcionamiento de
una sociedad. Por esta razón, las personas que redactan una escritura de sociedad tienen ordinariamente
buen cuidado de suplir aquellas reglas con las cláusulas de su contrato” (COLIN, A. y CAPITANT, H.:
“Curso Elemental de Derecho Civil”, Tomo IV, Contratos usuales, Ed. Reus, Madrid, 1981, pp. 613-
614). Pero este comentario es perfectamente aplicable también al caso español, como se comprueba en el
propio texto citado, en la Nota realizada por el profesor DE BUEN, aplicando al Derecho español el
estudio, donde, al tratar la insuficiencia y arcaísmo de nuestra regulación, remite directamente al
comentario de COLIN y CAPITANT (COLIN, A. y CAPITANT, H.: “Curso Elemental....”, cit., p. 667).
18
Palabras textuales de FERNÁNDEZ DE LA GÁNDARA: “La atipicidad en Derecho de Sociedades”,
Pórtico, Zaragoza, 1977, p. 21. GONZÁLEZ ORDOÑEZ, en perfecta sintonía con este criterio, indica
que “sólo servirán (las sociedades civiles) para rudimentarias explotaciones agrícolas o mineras, de
carácter familiar aldeano, entre modestos propietarios a quienes convenga poner sus métodos de
producción en fondo común para obtener algunas ventajas” (GONZÁLEZ ORDOÑEZ, J. M.: “Los
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italiana al respecto). Encierra su parte de razón pero no es del todo exacto, pues la
El artículo 1665 CC señala que “la sociedad es un contrato por el cual dos o más
personas se obligan a poner en común dinero, bienes o industria, con ánimo de partir
entre sí las ganancias”. De dicho artículo se deduce que el contrato de sociedad es aquel
contrato por medio del cual varias personas colaboran patrimonialmente para conseguir
lícita (el objeto debe ser lícito, señala el artículo 1666 CC), actividad que, para que la
sociedad sea civil, debe ser de índole no mercantil, ya que, de lo contrario, el supuesto
criterios del Derecho español sobre distinción de sociedades mercantiles y sociedades civiles y sus
consecuencias prácticas”, RDM, 1956, núm. 59, p. 70).
19
En este sentido, podemos aludir a casos tan citados por la jurisprudencia como los de los pequeños
negocios, o, incluso, por citar un sector especialmente peculiar y actual también tratado por el TS, los
grupos musicales, de artistas o profesionales en general (vid. SSTS 17-2-1993 y 8-3-1993). Estudia con
detalle dicha operatividad PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1678 CC, dentro de “Comentario del
Código civil”, Tomo II, Ministerio de Justicia, Madrid, 1991, pp. 1393-1401.
20
MUÑOZ DE DIOS ha repasado los problemas, fraudes, ocultamientos, etc., que pueden verse
beneficiados por la utilización de la figura de la sociedad civil, pero concluye que debe realmente tener su
hueco en nuestro panorama jurídico (MUÑOZ DE DIOS, G.: “¿Existe la sociedad civil?”, Libro
Homenaje a Jesús López Medel, tomo I, CER, Madrid, 1999, pp. 493-508).
21
ARRIBA FERNÁNDEZ, M. L. DE: “La sociedad civil no puede inscribirse (A propósito de la
sentencia de la Sala Tercera del Tribunal Supremo de 24 de febrero de 2000)”, La Ley, 2000-6, D-196, p.
1883.
22
Para adquirir una visión sobre las diferentes definiciones aportadas, en el plano civil y en el mercantil,
vid. TENA PIAZUELO, I.: “La caracterización de la sociedad civil y su diferencia con la comunidad de
bienes”, Ed. Tirant lo Blanch, Valencia, 1997, pp. 24-29. Expone su concreta opinión en pp. 35-73.
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respecto del objeto (artículo 1666), la libertad en cuanto a la forma (artículo 1667,
La sociedad civil es, ante todo, un contrato. Así se entiende desde la época romana,
civil, junto con el resto de contratos tipificados, como del tenor literal del artículo 1665
CC. Pese a ello, ha existido (y existe, aunque la cuestión ya es más pacífica) cierto
debate doctrinal al hilo de dicha naturaleza del acto constitutivo de la sociedad, que, en
último término, implica un debate acerca de los límites del propio concepto de contrato.
Los caracteres del contrato de sociedad civil, tal y como se diseñan en el CC, los
podemos extraer del artículo 1665. Indica este artículo que “la sociedad es un contrato
por el cual dos o más personas se obligan a poner en común dinero, bienes o industria,
con ánimo de partir entre sí las ganancias”. De aquí podemos deducir la serie de
importancia, vamos a dedicar bastante atención en nuestra exposición, pues es dato que
será muy relevante para tener en cuenta con posterioridad, y debemos calificarlo
vez que hayamos repasado esta característica, y el resto que veremos, estudiaremos los
23
En este sentido, MANRESA Y NAVARRO, J. M.: comentario al Título VIII, dentro de “Comentarios
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elementos esenciales del acto constitutivo. Pero para estudiar dichos elementos, es
necesario previamente tener la seguridad de que estamos ante un contrato o no, de ahí
importancia del acto constitutivo de sociedad civil, entroncando con los estatutos de la
En segundo lugar, del artículo se deduce que es un contrato por medio del cual dos o
más personas pondrán en común dinero, bienes o industria. En tercer lugar, que dichas
partes contractuales tienen ánimo de partir las ganancias. En cuarto lugar debemos
civil entendida como contrato, nos queda por repasar la cuestión de la forma del
para extraer las consecuencias oportunas y conocer cómo afecta a nuestra investigación.
según señala literalmente el artículo 1665 CC: “la sociedad es un contrato...”. Sin
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redefinir el concepto de contrato, para conocer sus auténticos límites y si dentro del
con ésta, como son la de los elementos esenciales de ese acto constitutivo conforme a la
sociedad es, ante todo, un contrato. Respecto de dicha configuración también se han
punto de vista, ¿es posible un contrato en el que existan más de dos partes y en el que,
fin común que se presenta para muchos como antitético con lo que debe ser realmente
órbita del Derecho civil24. Esta duda se ha planteado y desarrollado tanto en Alemania
como en Italia, mientras que en nuestro país la doctrina ha prestado menos atención al
24
Durante la elaboración del CC, SILVELA, FABIÉ y COMAS lo debatieron, apostando los primeros
por extraer la cuestión de la órbita civil, mientras que el último, con mejor criterio, se oponía (Diario de
Sesiones de Cortes de 12 de marzo y de 13 de marzo de 1885, núms. 84 y 85). Para SILVELA, la
constitución y estatuto de las asociaciones debía relegarse al Derecho mercantil y administrativo.
24
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Estamos ante un debate que, realmente, no es actual, debemos tenerlo presente, pero
cuyas consecuencias nos llegan hasta hoy bastante claras: baste señalar que en la
regulación italiana del contrato plurilateral se exige la efectiva presencia de más de dos
partes y de una comunidad de fin en todo caso, algo que dogmáticamente puede ser
cualquier caso se intuye que no está totalmente enterrada todavía la vieja polémica.
El primer paso para admitir las posibles categorías citadas está en saber si, dentro de
los límites de nuestro concepto de contrato, es posible ubicar tanto contratos con más de
dos partes como contratos con finalidad asociativa, que son las características que nos
ni siquiera en los textos codificados del siglo XIX se alude expresamente a la existencia
de contratos con más de dos partes o de contratos asociativos, aunque se admite, por
ejemplo, la configuración de la sociedad como contrato, algo que proviene del Derecho
únicamente como un contrato interno entre las partes, conforme a dicha categoría, no se
le dotaba de personalidad jurídica, ya que era un contrato más, sin mayor especialidad.
contrato que de alguna forma orienta nuestra regulación. Así, el artículo 1089 ofrece
25
En este sentido, resultan de interés dos textos de las Instituciones de GAYO. El primero, III, 154, indica
que Sed ea quidem societas, de qua loquimur, id est quae nudo consensu contrahitur, iuris gentium est;
itaque inte omnes homines naturali ratione consistit. Traducido al castellano : “Pero esta Sociedad de la
que estamos hablando, esto es, aquella que se contrae por el mero consentimiento, es de Derecho de
gentes, y por este motivo existe entre todos los hombres por razón natural” (traducción de Abellá
Velasco, Arias Bonet, Iglesias-Redondo y Roset Esteve, Ed. Civitas, Madrid, 1985, p. 273). El segundo es
III 135, D. 44, 7, 2 pr. e Inst. 3, 22, pr.: Consensu fiunt obligationes in emptionibus et uenditionibus,
locationibus conductionibus, societatibus, mandates, que traducido indica que “Se contraen obligaciones
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contratos, en referencia que se completa con el artículo 1091, que asegura la fuerza de
ley entre las partes de lo pactado. A ello debe añadirse lo expuesto en el artículo 1254,
que alude al pacto contractual entre dos o más personas indicando que “el contrato
existe desde que una o varias personas consienten en obligarse, respecto de otra u otras,
a dar alguna cosa o prestar algún servicio”26, y, sobre todo, en el artículo 1255, que
regula los elementos voluntarios del contrato fijando los límites a la autonomía de la
voluntad (leyes, moral y orden público). Este artículo se completa con los elementos
necesarios que establece el artículo 1258. Por tanto, no se habla expresamente de más de
civil es un contrato, pese a que puedan concurrir más de dos partes y el interés privativo
CC, sigue perfectamente vigente hoy día, aunque modulada en algún supuesto por
deba existir inconveniente, de entrada, en pensar que pueda perfeccionarse con más de
una o varias personas, y no a partes, como, por ejemplo, señalaba el artículo 1321 del
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vigente Codice italiano27. Sin embargo, es conforme a la más elemental lógica jurídica
contractual, estamos aludiendo a una determinada esfera jurídica concreta, una posición
jurídico (estaremos ante una parte contractual simple), o en torno a varios (habría una
parte con más de un interviniente en dicha posición, por lo que sería una parte
es la parte si uno es el interés, y dos son las partes si dos son los intereses”31.
italiano (cambio terminológico citado, que implica modificación de fondo), por lo que,
ante la falta de disposición expresa en dicho sentido habrá que interpretar si caben más
27
Este artículo modificó el término “personas” del artículo equivalente del Codice de 1865, el artículo
1098, por el término “partes”. El artículo 1098 del texto de 1865 indicaba expresamente lo siguiente: “il
contratto è l’accordo di due o più persone per costituire, regolare o scioglere fra loro un vincolo
giuridico”. El artículo 1321 del texto vigente señala que “Il contratto è l’accordo di due o più parti per
costituire, regolare o estinguere tra loro un rapporto giuridico patrimoniale”. Esta modificación ha sido
celebrada doctrinalmente (en este sentido, por todos, PIAZZA, G.: “L’identificazione del soggetto nel
negozio giuridico”, Casa Editrice Dott. Eugenio Jovene, Napoli, 1968).
28
MESSINEO, F.: “Il negozio giuridico plurilaterale”, Annuario della Università Cattolica del Sacro
Cuore, Milano, Anno 1926-1927, pp. 53-55. Criticaba este autor el asemejar, sin más, interviniente a
parte, pues “parte” significa centro de intereses a los que el contrato aprovecha y aprovecha de modo
diverso, según que varíe la cualidad de parte o según el contenido del contrato mismo.
29
No le agrada la misma a CARRESI, F.: “Gli atti plurisoggettivi”, RTDPC, 1957, pp. 1255 y 1262-1265.
30
En este sentido, MAIORCA, S.: voz contratto plurilaterale, en Enciclopedia Giuridica, Istituto della
Enciclopedia Italiana, 1988, t. IX, p. 4.
31
STOLFI, G.: “Teoría del Negocio Jurídico”, Ed. Rev. de Derecho Privado, Madrid, 1959, nota 1, p. 49.
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posible que ciertos contratos se celebren entre más de dos partes. Ciertamente no todos,
su estructura sólo pueden ser celebrados entre dos partes32. Sin embargo, otros, como un
dicha comunidad, pueden celebrarse entre más de dos intervinientes, entendiendo a cada
uno de ellos como partes, pues son centros de imputación de intereses diferentes33.
Además, cuando se trata el contrato de sociedad civil, al aludir a los socios estamos
Por ello, no parece que exista inconveniente en admitir que el acto constitutivo,
como señala el artículo 1665 CC, es un contrato: el artículo 1254 no parece cerrar la
puerta a los contratos con más de dos partes34, la lógica jurídica recomienda admitirlo
para evitar cambios de naturaleza que dependan exclusivamente del número de partes en
como contrato a la sociedad (siendo consciente de que pueden existir más de dos centros
32
Con independencia del número de intervinientes que se agrupen en cada una de ellas. Podemos
encontrarnos ante una parte subjetivamente compleja, pero en cualquier caso única como tal parte (por
ejemplo, tres compradores o cuatro vendedores).
33
Y de ninguna forma sería lógico entender que estamos ante un contrato si se celebrara únicamente entre
dos partes y ante otro tipo de negocio si se celebrase entre más de dos. No es adecuado que se modifique
su naturaleza si estamos esencialmente ante el mismo acto, únicamente por causa del número de
intervinientes, pues un cambio de naturaleza no puede depender de un dato como ese.
34
Como botón de muestra, baste citar cómo JORDANO BAREA, en determinado trabajo, se basa en el
artículo 1254 CC para aludir a la admisibilidad de la pluralidad de partes, y no de personas: “Todo
contrato –también el de sociedad- supone una dualidad o pluralidad de partes (centros de interés) (cfr. art.
1254 CC).” (JORDANO BAREA, J. B.: “La sociedad de un solo socio”, RDM, 1964, p. 13).
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de intereses presentes, y es probable que existan). Por tanto, no hay problema para
admitir la posible existencia de contratos con más de dos partes, y para ubicar al acto
entre dos partes han sido siempre minoritarias, algo reduccionistas y hoy están en claro
retroceso, además de que entendemos que no tienen consistencia (otra cuestión diferente
será que se determine correctamente qué debe entenderse por contrato plurilateral, pero
pueden ser celebrados entre dos partes, y el legislador los tiene en mente al redactar los
artículos dedicados a la teoría general de los contratos en el CC, resulta innegable. Pero
sobre todo teniendo en cuenta el contrasentido que sería defender, por ejemplo, que un
pacto entre comuneros que regule la comunidad sería contrato si son únicamente dos los
comuneros y no podría ser contrato si los comuneros fuesen más de dos. Esa mutación
de naturaleza por causa exclusiva del número de participantes no nos parece lógica ni
correcta36. Estaremos ante un contrato plurilateral, aunque el pacto sea entre los dos
comuneros existentes, o bien exista una sociedad civil con dos socios. En ambos casos
estamos ante contratos cuya estructura permite incluir a más de dos partes, por lo que
será plurilateral con independencia del número de intervinientes del caso concreto.
35
Opción claramente defendida por MESSINEO en su trabajo citado: “Il negozio giuridico plurilaterale”,
cit., pp. 53 y 59, aunque posteriormente madurase su postura. Pero en este trabajo llega a señalar que el
contrato se mantiene siempre e invariablemente negocio bilateral así como que el hecho de que
concurran más de dos partes es fenómeno que no puede experimentarse en el contrato.
36
Respecto de este ejemplo concreto, se expresa en los términos aquí expuestos MORENO DEL VALLE,
M. A.: “La organización de las comunidades de bienes por los propios comuneros”, Ed. Tirant lo Blanch,
Valencia, 1999, pp. 89-102.
29
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La diferencia será, por tanto, entre contratos que se perfeccionan con la exclusiva
intervención de dos partes y contratos plurilaterales, en los cuales pueden admitirse más
de dos partes, tres o más, por propia estructura, pero que no necesariamente deben
ciertos matices que no son acertados: el artículo 1321 admite de modo expreso la
37
El polémico debate acerca de la admisibilidad o no de la figura del contrato plurilateral se produjo a
finales del siglo XIX en Alemania, al hilo del debate sobre la posible consideración contractual del acto
constitutivo de la sociedad (GIERKE, KUNTZE, etc.). Según BORSI, desde 1892 la concreta figura del
acto complejo, una de las categorías “rivales” del contrato plurilateral, tiene un lugar seguro en la
sistemática jurídica alemana (BORSI, U.: “L’atto amministrativo complesso (Contributo alla teoria degli
atti amministrativi)”, Studi Senesi nel Circolo Giuridico della R. Università, vol. XX, 1903, p. 4). El
debate también se produjo en la doctrina italiana durante el primer tercio del siglo XX, polémica que
encierra desde las reflexiones de AULETTA, hasta la defensa de ASCARELLI en múltiples obras (que
pensaba inicialmente en el caso de las agrupaciones de empresarios, pero se encontrará con que el tema
del acto constitutivo de la sociedad es más fructífero), pasando por las críticas de MESSINEO, y que
culminará con la positivación en el Codice de 1942.
Las obras de ASCARELLI que nos resultan de más interés son las siguientes: La liceità dei sindacati
azionari, Rivista del Diritto Commerciale, 1931, XXIX, P. II, p. 258; Contratto plurilaterale e negozio
plurilaterale, Il Foro della Lombardia, 1932, núm. 5, pp. 439-443; Le unioni di imprese, Rivista di Diritto
Commerciale, 1935-I, pp. 152-184; “Consorzi volontari tra imprenditori”, Milano, Dott. A. Giuffrè –
Editore, 1937, pp. 37-48; “El contrato plurilateral”, Editorial Jus, México, 1949; Il contratto plurilaterale,
en “Saggi giuridici”, Milano, Dott. A. Giuffrè – Editore, 1949, pp. 259-316; Il contratto plurilaterale, en
“Studi in tema di contratti”, Milano, Dott. A. Giuffrè – Editore, 1952, pp. 95-178; Contratto plurilaterale;
comunione di interessi; società di due soci; morte de un socio in una società personale di due soci, dentro
de “Saggi di Diritto Commerciale”, Milano, Dott. A. Giuffrè – Editore, 1955, pp. 325-358; Alcuni
Problemi in tema di società, en “Problemi Giuridici”, Tomo I, Casa Editrice Dott. A. Giuffrè, Milano,
1959, pp. 272-276 (nota 28), y Fideiussione; conflitto di interessi e deliberazioni di consiglio; oggetto e
capacità sociale, Rivista delle Società, 1959, pp. 736-747.
Del profesor MESSINEO, por su parte, nos van a interesar principalmente las siguientes obras: Il negozio
giuridico plurilaterale, cit.; La struttura della società e il c. d. contratto plurilaterale, en “Studi di Diritto
delle Società”, Milano, Dott. A. Giuffrè Editore, 1958, pp. 15-58; y voz Contratto plurilaterale e
contratto associativo, en Enciclopedia del Diritto, t. X, 1962, pp. 139-166.
30
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posibilidad de adhesión al contrato39 y los artículos 1420, 1446, 1459 y 1466 se ocupan
inconveniente en admitir esa posible concurrencia, pues en el siglo XIX ello ya era
admitido en el imaginario jurídico europeo sin ningún problema41. Sin embargo, dicha
regulación acoge como elemento esencial del contrato plurilateral la comunidad de fin,
38
“ Il contratto è l’accordo di due o più parti per costituire, regolare o estinguere tra loro un rapporto
giuridico patrimoniale”. El artículo equivalente en 1865, artículo 1098, hablaba de personas: “il contratto
è l’accordo di due o più persone per costituire, regolare o scioglere fra loro un vincolo giuridico”.
39
“Se ad un contratto possono aderire altre parti e non sono determinate le modalità dell’adesione, questa
deve essere diretta all’organo che sia stato costituito per l’attuazione del contratto, o, in mancanza di esso,
a tutti i contraenti originari”. Sobre esta cuestión, vid. principalmente los trabajos de RAVAZZONI, A.
(L’adesione di altre parti al contratto aperto, “Studi in onore di Francesco Santoro-Passarelli”, Napoli,
Casa Editrice Dott. Eugenio Jovene, 1972, t. IV, pp. 75-117) y CESÀRO, E. (“Contratto aperto e
adesione del terzo”, Editore Jovene Napoli, 1979).
40
Aunque un par de datos separan esta categoría de la categoría correctamente configurada. De entrada,
se exige la presencia de más de dos partes en todo caso, algo que no nos parece necesario
estructuralmente, ya que bastará con que sea posible dicha intervención. Además, se incluye la finalidad
común en ellos, elemento éste, en su caso, del contrato asociativo, no plurilateral, como veremos a
continuación. El primero indica que “Neo contratti con più di due parti, in cui le prestazioni di ciascuna
sono dirette al conseguimiento di uno scopo comune, la nullità che colpisce il vincolo di una sola delle
parti non importa nullità del contratto, salvo che la partecipazione di essa debba, secondo le circostanze,
considerarse essenziale”. El artículo 1446 señala que “Nei contratti indicati dall’articolo 1420
l’annullabilità che riguarda il vincolo di una sola delle parti non importa annullamento del contratto, salvo
che la participazione di questa debba, secondo le circostanze, considerarsi essenziale”. El artículo 1459,
por su parte, señala que “Nei contratti indicati dall’articolo 1420 l’inadempimento di una delle parti non
importa la risoluzione del contratto rispetto alle altre, salvo che la prestazione mancata debba, secondo le
circostanze, ocnsiderarse essenziale”. Por último, el artículo 1466 se expresa en estos términos: “Nei
contratti indicati dall’articolo 1420 l’impossibilità della prestazione di una delle parti non importa
scioglimento del contratto rispetto alle altre, salvo che la prestazione mancata debba, secondo le
circostanze, considerarsi essenziale”.
41
Vid. BELVEDERE, A.: “La categoria contrattuale di cui agli artt. 1420, 1446, 1459, 1466 c.c.”,
RTDPC, 1971, pp. 662-666, y VILLA, G.: “Inadempimento e contratto plurilaterale”, Milano, Dott. A.
Giuffrè Editore, 1999, pp. 34-35.
31
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grave error, desde nuestro punto de vista, pues dicho elemento no es necesario en la
figura del contrato plurilateral, sino en la figura del contrato asociativo, si admitimos
la satisfacción de los intereses particulares de los socios: por ejemplo, el contrato por el
que las partes pactan la división de una comunidad de bienes44. La estructura del
contrato plurilateral, además, únicamente exige esa posible apertura a más de dos partes
puedan participar más de dos partes, y suponen una subespecie dentro de la categoría
necesariamente deben concurrir dos partes, dato éste que marca la gran diferencia. La
seno a más de dos partes es un dato lo suficientemente relevante como para aceptar
42
SALANDRA, V.: “Il contratto plurilaterale e la società di due soci”, RTDPC, 1949, pp. 836-842.
43
En este sentido, INZITARI, B.: “Riflessioni sul contratto plurilaterale”, RTDPC, 1973, p. 528.
44
Aluden a dicha configuración como contrato plurilateral, por ejemplo, FERRI, G. (voz contratto, en
“Novissimo Digesto Italiano”, tomo IV, Unione Tipografico-Editrice Torinese, 1959, pp. 494-495, y voz
contratto plurilaterale, dentro de “Novissimo...”, cit., p. 687) y MIRABELLI, G. (voz divisione, dentro
de “Novissimo...”, cit., p. 36, e “Intorno al negozio divisorio”, Archivo Giuridico “Filippo Serafíni”,
1948-1949, vol. 136, pp. 48). En nuestro país, vid. CRESPO ALLUÉ. F.: “La división de la comunidad
de bienes”, Ed. Lex Nova, Valladolid, 1993, pp. 143-152.
32
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cierta finalidad común previa a la consecución del interés particular de cada socio,
finalidad que conlleva por ello la realización de una actividad común, algo que no existe
concurrir dos partes, y en el que, por propia estructura, el interés de cada una de ellas se
satisface sin necesidad de que deba realizarse actividad común previa y alcanzarse una
finalidad común previa entre las partes46, además de que cada parte suele resultar más
existencia de conflicto de intereses entre las partes como requisito a tener en cuenta para
que exista contrato. Es típico de los contratos con dos partes: el comprador se verá
pretensión en la medida en que obtenga el mayor precio posible, algo que no beneficiará
los intereses del comprador. A la vista de que se solía incidir en esa existencia de
45
En este sentido se expresa ASCARELLI, clásico en esta cuestión, en sus diversos trabajos sobre el
contrato plurilateral.
46
Es diferente de la colaboración normal necesaria en todo contrato para que éste se desarrolle
adecuadamente, que sí está presente en toda clase de contrato.
33
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asociativos eran realmente contratos o no, aunque la doctrina comenzase hace ya tiempo
Esta exigencia de finalidad común ha sido utilizada por algunos autores, sobre todo
italianos, para distinguir la figura del contrato plurilateral, cuya mera existencia en
algunos casos suelen poner en duda, de otra serie de actos en los que intervienen
diversas partes, pero en los que los intereses que están en juego no son divergentes, sino
confluyentes o paralelos48, lo que, según ellos, los extrae de la órbita contractual. Suelen
MESSINEO en cierto trabajo inicial49, y algunos otros en nuestro país50, para los que
sólo hay contrato cuando, de modo antagónico, existen deudor y acreedor con intereses
que los intereses sean meramente diversos para que exista contrato.
Por nuestra parte, nos parece lo más frecuente que al perfeccionarse un contrato
47
Cuestión estudiada en Italia con dos trabajos de conjunto bastante interesantes: CARLO, A.: “Il
contratto plurilaterale associativo”, Casa Editrice Dott. Eugenio Jovene. Napoli, 1967, y, sobre todo,
FERRO-LUZZI, P.: “I contratti associativi”, Milano Dott. A. Giuffrè Editore, 1971.
48
La doctrina italiana es de las que más se ha manifestado a favor de la exigencia del conflicto de
intereses en los contratos. Por ejemplo, vid. los autores que cita BELVEDERE en este sentido
(BELVEDERE, A.: “La categoría contrattuale...”, cit., nota 118, pp. 668-669): COVIELLO, ROCCO,
FADDA, AULETTA. DALMARTELLO, etc.
49
MESSINEO, F.: “Il negozio giuridico plurilaterale”, cit, pp. 53-55.
50
Por citar los más ilustres, vid. FERNÁNDEZ DE VELASCO, R. (“Relaciones jurídicas bilaterales de
origen no contractual”, RGLJ, tomo 144, 1924, pp. 566-585), ROCA SASTRE, R. M. (“Naturaleza
jurídica de la aportación social”, RGLJ, tomo 179, 1946, p. 425), u OSSORIO MORALES, J. (“Notas
para una teoría general del contrato”, RDP, 1965, pp. 1074-1075).
34
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compraventa, el vendedor entrega una cosa y su interés reside en hacerlo a cambio del
precio más elevado posible, mientras que el interés del comprador está en obtenerla al
precio más reducido posible. En este ejemplo, así como en otros, caracterizados por una
ya que el beneficio del interés de cada una de las partes implica perjudicar de alguna
forma el interés de la otra. Sin perjuicio de que en todo caso el buen fin del contrato
exija una actividad colaboradora de las partes, que no altera dicha estructura.
Sin embargo, no en todos los casos será exactamente así, y esto implica la
característica contractual: por ejemplo, puede que en los contratos lucrativos no esté la
en dicho sentido)53. Estamos ante contratos en los que esa divergencia de intereses no se
reduccionista que se ofrece en bastantes casos: el contrato es, además de una situación
en la que cada parte pretende obtener el máximo provecho al menor costo posible, un
51
GIMENO LINARES, A.: “Del concepto de contrato”, RGLJ, tomo 157, 1930, pp. 260-265.
52
AULETTA, G. G. : “Il contratto di società commerciale. Requisiti. Conclusione. Vizi”, Dott. A Giuffrè
Editore, Milano, 1937, p. 23.
53
Estamos ante un contrato basado en la confianza entre ambas partes, y que en principio será gratuito,
según se desprende del artículo 1711 CC. En él no está tan clara esa presunta contraposición de intereses,
ni en el momento de celebración del contrato ni en la relación de gestión derivada de dicha celebración.
35
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fe, y en todo contrato debe existir, además, esa cierta colaboración entre las partes
intereses exista y se mantenga (de lo contrario, el fin del proceso estaría seguramente
Entendemos que los contratos de cambio son aquellos en los que la finalidad
perseguida por las partes se cumple sin la necesidad de que se deba realizar algún tipo
partes serán divergentes, mientras que en los contratos asociativos el objetivo de cada
parte se cumplirá mediante la realización de un fin común previo (no interés común, que
sería cuestión bastante diferente), que debe conseguirse de modo inmediato para que,
54
En este sentido, GALGANO, F. “El negocio jurídico”, Ed. Tirant lo Blanch, Valencia, 1992, p. 190.
Recordando a OSTI, señala que “concordancia de intereses e identidad del fin ya no pueden ser
considerados como caracteres incompatibles con el concepto de contrato, del cual se tiende a acentuar,
por el contrario, la función de “instrumento técnico-jurídico de colaboración económica entre los sujetos”
que aquel desarrolla en todo caso”.
55
AULETTA, G. G.: “La communanza di scopo e la causa nel contratto di società”, Rivista di Diritto
Civile, 1937, p. 1.
56
Influencia que han descrito adecuadamente autores como PIAZZA, G. (“L’identificazione del
soggetto...”, cit., nota 2, p. 12), y CESÀRO, E. (CESÀRO, E.: “Contratto aperto...”, cit., p. 17).
36
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mediatamente, las partes satisfagan sus objetivos particulares. Coexisten, por tanto, fin
pues los socios intentarán que sus aportaciones sean del menor valor posible, pero
válido que exista un pacto en este sentido (artículo 1255 CC), que las partes pacten un
contrato asociativo, incluso dos partes, pues no es necesario que sean más de dos57.
intereses divergentes (pese a lo que señale alguna que otra Sentencia en nuestro
ejemplo?)60, sino que lo que realmente ocurre es que existe una coexistencia entre
finalidad común a lograr de modo inmediato y divergencia de intereses entre las partes,
que no se contraponen dado que nos movemos en dos planos diferentes61: cada parte
realización del menor esfuerzo y gasto por su parte (existe, por lo tanto, divergencia de
intereses en ese sentido), pero dicha obtención está a expensas de que la realización del
57
Normalmente se suele vincular el contrato asociativo con la intervención de más de dos partes, pero
ello no debe ser así. Pueden existir contratos que, además de asociativos, son plurilaterales, como el acto
constitutivo de sociedad, y contratos asociativos donde sólo puedan intervenir dos partes, como es el caso
del contrato de aparcería.
58
En este sentido, por ejemplo, SSTS 3-12-1981 (M. A. 5042) y 18-11-1986, SAP de Cádiz 24-3-1995 y
SAP de Córdoba 22-10-1998.
59
En el sentido que nos interesa, la RDGRN 9-3-1943.
60
GALGANO ha destacado que esta valoración positiva sirve para insertar en el ámbito contractual a las
relaciones asociativas, algo que estudiaremos en su momento (GALGANO, F.: “El negocio jurídico”, cit.,
pp. 189-199). Y autores como RESCIGNO destacan que la existencia de fin común no conlleva negación
de la naturaleza contractual (RESCIGNO, P.: voz Contratto, en Enciclopedia Giuridica, t. IX, 1988, p. 5).
61
En este sentido, AULETTA, G. G.: “La communanza di scopo...”, cit., p. 5.
37
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fin común previo a cumplir sea lo más satisfactoria posible. Por ello, pese a que los
intereses sean divergentes, hay un interés inmediato coincidente entre todas las partes,
interés está presente al celebrar el contrato, pero orienta siempre la actuación de las
62
AULETTA, G. G.: “Il contrato di società commerciale...”, cit., pp. 22-26 y 32-37.
63
CARLO, A.: “Il contratto plurilaterale associativo”, cit., p. 81.
64
SENA, G.: “Contratto di società e comunione di scopo”, Rivista delle Società, 1956, pp. 734-735.
65
CAPILLA RONCERO se expuso en términos bastante parecidos, aunque con diferente razonamiento,
en “La sociedad civil”, Publicaciones del Real Colegio de España, Bolonia, 1984, pp. 40-41.
66
En este sentido, vid. CARRESI, F.: “Gli atti plurisoggettivi”, cit., pp. 1241-1271; MESSINEO, F.: La
struttura della società..., cit., pp. 27-29; SANTORO PASSARELLI, F.: “Doctrinas generales del Derecho
Civil”, Ed. Revista de Derecho Privado, Madrid, 1964, pp. 251-258; OSTI, G.: “Scritti Giuridici”,
Milano, Dott. A Giuffrè Editore, 1973, pp. 587-591 y 703-708; CARRESI, F.: “Il contratto”, Milano,
Dott. A Giuffrè Editore, 1987, pp. 70-87. Interesante la crítica que realiza ASCARELLI, T., en “El
contrato plurilateral”, cit., pp. 11-15.
67
DÍEZ-PICAZO, L., ha dedicado a esta distinción un epígrafe en sus “Fundamentos del Derecho Civil
Patrimonial”, vol. I: Introducción. Teoría del Contrato, Ed. Civitas, Madrid, 1993, p. 77. También la ha
estudiado DE SALAS MURILLO en su trabajo “Las asociaciones sin ánimo de lucro en el Derecho
español”, CER, Madrid, 1999, pp. 446-449.
38
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alemán, o como acto colectivo71, acto complejo72 o acto colegial73 en el caso italiano.
68
En los actos conjuntos (Gesamtakte) nos encontramos con varias personas entre las que no existe
enfrentamiento de intereses, que constituyen en conjunto una sola parte, y cooperan para alcanzar un
resultado jurídico idéntico, emitiendo declaraciones de voluntad paralelas: es la voluntad dirigida a un
mismo fin, frente a la contraposición de voluntades clásica de los negocios jurídicos bilaterales. Se cita el
caso de un negocio fundacional en el que existen varios fundadores.
69
Los acuerdos o decisiones (Beschlüsse), se presentan como aquellas declaraciones de voluntad de
asociaciones, sociedades o comunidades, en las que los declarantes emiten declaraciones de idéntica
dirección que desembocan en la creación de un contenido unitario de voluntad decisivo para la
comunidad o para el conjunto, diferenciándose de los actos conjuntos en que el acuerdo no requiere la
declaración de todos los participantes, sino de la mayoría (caso de socios de una sociedad, por ejemplo).
70
El convenio o convención (Vereinbarung) es el negocio en el que los declarantes no se enfrentan entre
sí como portadores de intereses contrapuestos, y no emiten, por ello, declaraciones intrínsecamente
diferentes, sino coincidentes.
71
En el acto colectivo existen diversos intervinientes, cuyas declaraciones expresan voluntades distintas
que se ponen al servicio de intereses idénticos pero diferentes a los de cada uno de los sujetos
intervinientes, que siguen conservando su individualidad. MESSINEO llega a hablar de “comunión de
declaraciones de voluntad con el mismo contenido y tendentes a un mismo efecto jurídico, en el cual cada
uno de los declarantes participa en su cuota”, y alude a que, pese a su pluralidad de declaraciones, el
contenido es idéntico y se tiende a un resultado común, aunque hay quien alude a actos homogéneos o
heterogéneos, según que se compongan de actos o declaraciones de voluntad idénticos o diversos. Por
ejemplo, los actos fruto de decisiones tomadas por los copartícipes de una comunidad de bienes (artículo
398 CC), o de los integrantes de una sociedad, se presentan como actos colectivos, actos para los cuales
no es necesaria la unanimidad, lo que implica la gran diferencia con el contrato. La STS 29-7-1995 (M.
A. 5920) ha recogido dicha configuración.
72
El acto complejo es aquel en el que los intervinientes expresan voluntades distintas, pero que se ponen
al servicio de un único interés, perdiendo así su individualidad: el interés de uno de los agentes o de
terceros por cuenta de los cuales actúan los que emiten la declaración (MESSINEO lo presenta
externamente como declaración unitaria de voluntad). Las declaraciones de voluntad están destinadas a
fundirse y los actos se configuran como complementarios. SANTORO PASSARELLI alude a actos
complejos iguales, con declaraciones de voluntad equivalentes, como las de los socios administradores de
una sociedad simple, y actos complejos desiguales, en los que alguna de las declaraciones es principal:
por ejemplo, el constituido por las declaraciones de la persona limitadamente capaz de obrar y de su
curador (SANTORO PASSARELLI, F.: “Doctrinas generales del Derecho Civil”, cit., p. 254).
73
El acto colegial debe entenderse como aquel en el que las declaraciones de voluntad concurren a formar
una declaración de voluntad imputable a un sujeto distinto de los agentes y dirigida a tutelar un interés de
39
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órbita contractual, y en dicha órbita debemos, por tanto, encuadrarlo, y los argumentos
opuestos a dicha inclusión no nos resultan convincentes para modificar nuestra opinión.
comprobado cómo cabe que un contrato sea perfeccionado con la intervención de más
de dos partes y que coexista la finalidad de satisfacer el interés particular de cada socio
constituir una sociedad dentro de los límites del artículo 1254 CC, además de que del
mismo surgen obligaciones que vinculan a las partes que emitieron su consentimiento
califica como contrato y dicha calificación legal expresa no debe darse de lado a la
ligera, pues es la voluntad legal, voluntad no reciente, por otra parte. Las partes pueden
aquel sujeto y, por consiguiente, ajeno al de los intervinientes (vinculado habitualmente a la personalidad
jurídica de dicho sujeto). Por decirlo de alguna manera, “se funden” las declaraciones de voluntad de los
individuos que actúan como componentes del órgano colegial al que se imputa el acto, y no es necesaria
la unanimidad para que nazca, salvo que se exija expresamente, pero esto ya lo separa necesariamente de
lo contractual. Suele citarse como ejemplo aquellas decisiones que derivan de asambleas, consejos,
colegios de asociaciones, sociedades y fundaciones.
40
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obtención de una previa finalidad común a todos, finalidad propia del ente74.
El gran problema, desde nuestro punto de vista, es que el tratamiento legal recibido
por los contratos plurilaterales como tales, cuando se ha realizado (por ejemplo, en
Italia), no ha sido todo lo riguroso que debiera, y al hablar del contrato constitutivo de
ya incluía, conforme a las más ilustres opiniones doctrinales, además, el fin común
como requisito para dicha consideración como contrato plurilateral75 (se puede
Rechazamos, por ello, las tesis que defienden la no contractualidad del acto
complejo, etc. Los textos positivos vigentes, además, se decantan por la configuración
74
También está presente esa defensa del interés particular del socio en el momento de determinar las
aportaciones de cada uno, pues como vimos tenderán a que resulten lo menos gravosas posibles para él,
aunque la intención sea siempre obtener el mayor rendimiento posible.
75
Ya hemos rechazado motivadamente que esa finalidad común sea requisito necesario para que un
contrato sea considerado plurilateral.
76
BOTANA AGRA llega a señalar que la concepción de la sociedad como un contrato es uno de los
dogmas sobre los que se asienta nuestro Derecho positivo (BOTANA AGRA, M.: “La sociedad de
responsabilidad limitada de socio único en los Derechos comunitario y español”, Cuadernos de Derecho y
Comercio, núm. 8, diciembre de 1990, p. 44).
77
Los artículos 980 a 1021 regulan la sociedad. El artículo 980 señala que “Contrato de sociedade é
aquele em que duas ou mais pessoas se obrigam a contribuir com bens ou serviços para o exercício em
comum de certa actividade económica, que nâo seja de mera fruiçao, a fim de repartirme os lucros
resultantes dessa actividade”.
78
La sociedad se regula en los artículos 2247 a 2510. El artículo 2247, bajo el epígrafe contrato de
sociedad, señala que “con il contratto di società due o più persone conferiscono beni o servizi per
l’esercizio in comune di un’attività economica allo scopo di dividerne gli utili”.
41
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francés79, así como bastantes de otras latitudes, por influencia de éstos), y alguna
resolución de nuestra DGRN acepta expresamente dicha consideración, sin por ello
jurídica82, sino que se debe a meras razones prácticas: si se repasan los trabajos más
Estamos ante una ficción jurídica que al legislador interesa reconocer por razones
79
La sociedad civil se regula en los artículos 1832 a 1873. El artículo 1832 indica que “La société est un
contrat par lequel deux ou plusieurs personnes conviennent de mettre quelque chose en commun, dans la
vue de partager le bénéfice qui pourra en résulter”.
80
En este sentido, por ejemplo, la RDGRN 25-11-1998 (M. A. 8540), que llega a indicar que parte de la
base de que la sociedad civil es ante todo un contrato (artículo 1665 del Código Civil), por más que su
naturaleza sea discutida.
81
DOCE 30-12-1989, L 395.
82
Pese a las importantes críticas dogmáticas suscitadas. Por todos, DE LA CÁMARA, M.: “El contrato
de sociedad. ¿Crisis del concepto?”, Academia Sevillana del Notariado, Tomo VII, 1993, pp. 421-488, así
como “Estudios de Derecho Mercantil”, vol. I, Ed. Derecho Financiero, 1977, pp. 269-280.
83
En este sentido, por ejemplo, los trabajos de DE LA CÁMARA citados en nota anterior, así como los
trabajos de BOQUERA MATARREDONA, J. (“La sociedad unipersonal de responsabilidad limitada”,
Ed. Civitas, Madrid, 1996), BOTANA AGRA, M. (“La sociedad de responsabilidad limitada de socio
único...”, cit., pp. 31-55), GARCÍA COLLANTES, J. M. (“Sociedades unipersonales: nuevas
orientaciones”, AAMN, t. XXXI, 1992, pp. 271-301) y SÁNCHEZ RUS, H. (“La sociedad de un solo
socio”, RGD, núm. 603, diciembre 1994, pp. 12911-12957).
42
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interés por diferenciar el patrimonio social del patrimonio personal del empresario86.
Cabe recordar que esta necesidad ya fue puesta de manifiesto por la fundamental
sociedad con un solo socio en nuestro país. Realmente, no estamos sino ante un
mecanismo legal necesario para obtener una finalidad muy concreta ya expuesta, y no
debemos dudar, por esta admisión, de la naturaleza contractual del acto constitutivo de
que interesa reconocer. En este caso la sociedad nace de un acto unilateral, pero estamos
ante una clara excepción en nuestro ordenamiento, una ficción jurídica a la que el
Derecho ha acudido para beneficiar ciertos intereses que entiende dignos de protección,
que son los del empresario que pretende limitar su responsabilidad sin necesidad de
84
Vid. en este sentido GARCÍA-PITA Y LASTRES, J. L.: “Reflexiones sobre el concepto de sociedad y
el Derecho de Sociedades”, CDC núm. 33, diciembre 2000, pp. 89-90.
85
BOQUERA MATARREDONA, J.: “La sociedad unipersonal...”, cit., pp. 59-60.
86
Vid., en este sentido, GRISOLI, A.: “Las sociedades de un solo socio”, Ed. Revista de Derecho
Privado, Madrid, 1976, especialmente pp. 15-44.
87
M. A. 5366.
43
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contrato. Un contrato algo especial, ciertamente, pero contrato. Y estar ante un contrato
conlleva la existencia de unos elementos esenciales del mismo, como ocurre con todo
contrato. El artículo 1261 CC señala que no hay contrato sino cuando concurren los
siguientes requisitos: consentimiento de los contratantes, objeto cierto que sea materia
acompañan de una forma de exteriorización del contrato, pese a que el artículo 1261 no
1261 CC, el artículo 1325 del Codice88). Estos elementos son comunes a todos los
concurso de la voluntad de los sujetos sobre los elementos esenciales del mismo (causa
constituir una sociedad civil, bien que se deduzca del pacto (incluso de la situación), o
versó sobre otra forma no reconocida legalmente, y se constituyó al final una sociedad
civil89. Debe formarse y expresarse libremente y ser prestado por personas capaces.
88
Señala expresamente que “I requisiti del contratto sono: 1) l’accordo delle parti; 2) la causa; 3)
l’oggetto; 4) la forma, quando risulta che è prescritta dalla legge sotto pena di nullità”.
89
En este sentido, vid. PAZ-ARES, C.: Capítulo 20: “La sociedad en general: elementos del contrato de
sociedad”, en URÍA-MENÉNDEZ: “Curso de Derecho Mercantil”, I, Ed. Civitas, Madrid, 1999, p. 463.
44
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De entre las cuestiones que pueden resultar de cierto interés, el tema de la capacidad
de los contratantes no presenta peculiaridad de ningún tipo (ni siquiera el artículo 1677
anulabilidad del contrato en su totalidad, sino la del vínculo de esa concreta parte, salvo
éxito del contrato como tal (este criterio se plasmó, acertadamente, en el artículo 1446
Codice italiano91).
En el caso que nos ocupará en su momento, esto es, el de los pactos a los que alude
el artículo 1669, tal y como se estructuran deben ser adoptados por todos los socios, no
sólo por algunos de ellos, dada la finalidad que parece orientar el precepto. Así que será
lo frecuente que más de dos partes emitan su consentimiento para concluir los pactos en
90
El menor emancipado puede ser socio de la sociedad (en este sentido, RDGRN 27-7-1917), sin
perjuicio de la necesidad de complemento de capacidad si asume la obligación de aportar bienes
inmuebles o cualquier otro mencionado en el artículo 323 CC. Por su parte, el menor no emancipado no
podrá celebrar por sí solo el contrato de sociedad (vid. artículos 322, 323 y 1263 CC), y tampoco puede
hacerlo el representante del menor si la aportación tiene por objeto inmuebles, valores mobiliarios,
objetos preciosos o un establecimiento mercantil, pues son de aplicación los artículos 166 y 271 CC.
Sobre esta cuestión, vid. las reflexiones de GARCÍA MÁS (GARCÍA MÁS, F. J.: “La Sociedad Civil en
el marco de la reforma del Reglamento del Registro Mercantil en virtud del Real Decreto 1867/1998, de 4
de septiembre”, RCDI, núm. 657, 2000, pp. 1082-1085) y APARICIO CARRILLO (APARICIO
CARRILLO, E. J.: “Reflexiones sobre la posibilidad de que las sociedades civiles sean objeto de
inscripción en el registro mercantil”, en “Homenaje al Profesor Bernardo Moreno Quesada”, vol. I,
Universidades de Almería, Granada y Jaén, Almería, 2000, pp. 170-171).
91
Señala el artículo 1446 que “nei contratti indicati dall’articolo 1420 (contratos plurilaterales)
l’annullabilità che riguarda il vincolo di una sola delle parti non importa annullamento del contratto, salvo
che la partecipazione di questa debba, secondo le circostanze, considerarsi essenziale”.
45
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En lo que toca al objeto del contrato, éste se configurará con las aportaciones que se
obligan a realizar los socios para la promoción en común del fin social. Además de que
actividad social debe ser, obviamente, civil, y no caer bajo la órbita del Derecho
mercantil, para que sigamos hablando de sociedad civil92. Esto excluye que la sociedad
civil pueda constituirse bajo la forma de sociedad anónima o limitada pese al artículo
1670 CC, porque los artículos 3 de los respectivos textos reguladores de ambas
sociedades indican que, cualquiera que sea su objeto, tendrán carácter mercantil93.
de interés y que merece ser revisado desde una óptica más actual. Es posible que el
problema no sea otro que trasladar al ámbito societario la más general cuestión de la
92
Es muy complicado hoy día diferenciar ambos tipos de objetos, pues ni existe justificación dogmática
para dicha distinción ni los tribunales son rigurosos con la misma.
93
Por ello, las sociedades con finalidad “mercantil” deben constituirse con forma mercantil, ya que de lo
contrario caerían generalmente dentro de las sociedades mercantiles irregulares, o bien se utilizaría de
forma poco ortodoxa la regulación civil y volveríamos, generalmente, a la órbita de la irregularidad
mercantil, como estudiaremos.
94
En términos parecidos GIRÓN TENA, J.: “Los conceptos y tipos de sociedades de los Códigos civil y
de comercio y sus relaciones”, en Centenario de la Ley del Notariado, Sección III, Volumen IV, Ed.
Reus, Madrid, 1963, p. 96.
46
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etc.95). Sin embargo, debemos plantearnos si hoy día tiene sentido mantener esa
enturbiado, en cierta medida, por la autorización concedida a las sociedades civiles por
su objeto para adoptar forma mercantil, conforme al artículo 1670 CC97, pese a que no
Esta argumentación tan clásica nos induce a plantearnos si realmente es tan diferente
el ánimo de lucro en uno y otro caso: ¿es correcto mantener esa escisión entre ambos
conforme a la actividad que desarrollan? Parece dudoso, y aunque de lege lata debemos
95
Las repasan detalladamente TENA PIAZUELO, I.: “Distinción entre sociedades civiles y mercantiles,
irregularidad societaria y el artículo 1670 del Código civil”, RCDI, núm. 643, noviembre-diciembre 1997,
pp. 2039-2061 y 2078-2096, y AZURZA Y OSCOZ, P. J. DE: “Problemas de la sociedad civil”, ADC,
1952, pp. 125-170. También BADÍA SALILLAS, A.: “En torno a la problemática de la personalidad
jurídica de la sociedad civil en el Derecho español”, RCDI, núm. 573, 1986, pp. 317-321.
96
Históricamente, se han excluido del sector mercantil actividades como las agrícolas, pesqueras,
ganaderas o forestales, incluso mineras y artesanales, con lo que lo lógico es que dichas actividades deban
entenderse como típicamente civiles, además de las actividades desarrolladas por sociedades
profesionales y de medios (interesante recorrido histórico de la distinción realiza GIRÓN TENA, J.:
“Sociedades civiles y sociedades mercantiles: distinción y relaciones en Derecho español”, RDM, 1947,
núm. 10, pp. 11-29). Asimismo, existen pequeños negocios que, pese a que debieran estimarse
mercantiles por su objeto, se tienden a considerar civiles por el TS, por estimar excesivo el sometimiento
al rigor mercantil de los mismos, tales como bares, cafeterías, ciertos espectáculos, etc. (en este sentido,
FORNIÉS BAIGORRI, A.: “Sociedad civil-Sociedad mercantil. La determinación del carácter civil de la
sociedad y normativa aplicable”, en “Estudios de Derecho mercantil en Homenaje al Profesor Manuel
Broseta Pont”, Tomo II, Tirant lo Blanch, Valencia, 1995, p. 1398).
97
En este sentido, AZURZA Y HOSCOS, P. J.: “Problemas de la sociedad civil”, cit., pp. 133-134.
98
CASTÁN TOBEÑAS ha realizado una mención histórica al respecto en nuestro país, señalando que
con el Código de comercio de 1829 se incidía más en la cuestión objetiva para diferenciar una sociedad
de otra, pero con el texto de 1885 dicha incidencia se desplazó más hacia lo formal, para volver al criterio
objetivo con la aprobación del Código civil en 1889 (CASTÁN TOBEÑAS, J.: “Alrededor de la
distinción entre las sociedades civiles y las comerciales”, RGLJ, tomo 155 - núm. I, 1929, pp. 11-14).
47
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otras no sólo se han fijado por el TS arbitrariamente en algunos casos, sino que hoy no
tienen una razón de ser relevante, desde el momento en que no hay justificación
esencial para esa diferenciación con todas las distinciones que implica, por otra parte99.
entre ambas, como plantea algún autor100, realmente no es más que una consecuencia de
dicha diferencia de régimen, pese a la existencia de ilustres opiniones que conceden una
sabe que la cuestión formal es más laxa, como comprobaremos, mientras que si la
personalidad jurídica y la civil no, ya que ambas gozan de ella, como comprobaremos.
99
No es un tema nuevo en nuestra doctrina: ya se lo planteaba AZURZA Y OSCOS en 1952 (AZURZA
Y HOSCOS, P. J.: “Problemas de la sociedad civil”, cit., pp. 126). Una visión más reciente sobre la
cuestión en TORRES PEREA, J. M. DE: “Alcance de la personalidad jurídica de la sociedad civil
externa”, Ed. Tirant lo Blanch, Valencia, 2003, p. 122, así como en MARTÍ SÁNCHEZ, J. N.:
“<<Sociedad>> y <<contrato>> en una prevista futura regulación de las sociedades mercantiles”, Diario
La Ley, núm. 5772, 2 de mayo de 2003, nota 3, p. 5, además de nota 12, pp. 5-6. En esta última enfoca la
cuestión desde un punto de vista típicamente mercantilista y alude a la imposibilidad de determinar el
objeto civil de una sociedad.
100
En concreto, TENA PIAZUELO, I.: “Distinción entre sociedades civiles...”, cit., pp. 2043-2045.
101
Por ejemplo, GIRÓN TENA concluye que “las funciones de la sociedad civil en Derecho comparado
ponen de manifiesto que cada vez importa menos el objeto de la sociedad y más la forma adoptada”
(GIRÓN TENA, J.: “Sociedades civiles y sociedades mercantiles: distinción y relaciones en Derecho
Comparado”, RDM, 1946, vol. II, núm. 6, p. 403). GONZÁLEZ ORDOÑEZ, por su parte, indica que
para que una sociedad sea civil debe concurrir la doble circunstancia de que su objeto consista en ejercer
actos de comercio y carezca de forma mercantil (GONZÁLEZ ORDOÑEZ, J. M.: “Los criterios del
Derecho español...cit., pp. 97-98). Realmente, la sociedad civil puede adoptar una forma mercantil, como
se puede deducir del artículo 1670 CC.
48
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constituye para el ejercicio en común de una actividad concreta de tipo económico, con
ánimo de obtener una ganancia común y repartir los beneficios entre los socios103, por lo
Hay quien defiende que dicha causa consiste en las aportaciones recíprocas de las
sinalagmático) y por el fin común de realizar ganancias perseguido por los socios,
opinión que parece correcta conforme al artículo 1274 CC104. Por último, ha habido
común próximo107: mientras el último sería un fin abstracto, una meta más remota,
102
Sobre este tema hubo importantes debates doctrinales: una línea doctrinal separa radicalmente el fin
común del objeto social (incidiendo preferentemente en el fin común), mientras que otra línea los
identifica (incidiendo preferentemente en la actividad a realizar por la sociedad). Sobre ambas teorías, y el
modo de superarlas acertadamente, vid. PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1665 CC, cit., p. 1322, así
como Capítulo 20: “La sociedad en general...”, cit., pp. 470-476 .
103
En este sentido, además de la relevante STS 27-2-1945, vid. SSTS 10-11-1986, 18-11-1986 y 1-4-
1988.
104
En este sentido, PAZ-ARES, C.: Capítulo 20, cit., p. 470.
105
La realización económica se ve acompañada inescindiblemente de la personificación de las relaciones
societarias, debido a la proyección negocial de la personalidad jurídica societaria. En este sentido, FONT
GALÁN, J. I. y PINO ABAD, M.: “La relevante causa negocial de la sociedad. Una relectura (sólo)
jurídica del concepto legal de sociedad”, RDM, núm. 239, enero-marzo de 2001, pp. 7-95.
106
En este sentido, PAZ-ARES, C.: Capítulo 20, cit., pp. 470-471.
107
EIZAGUIRRE, J. M. DE: “Derecho de Sociedades”, Ed. Civitas, Madrid, 2001, pp. 110-111.
49
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objeto social, la actividad concreta a realizar, necesaria para obtener el fin último. En
nace la misma. Sin embargo, junto con él, o incluso dentro de él, debe aludirse a los
Estatutos de dicha sociedad, o normas de contenido estatutario (no tienen por qué
grupo asociativo. Por lo tanto, y dada la falta de regulación expresa en ningún sentido
en lo que toca a las sociedades civiles, los Estatutos pueden ser parte del contrato
108
En este sentido, vid. la completa reflexión de PAZ-ARES, C.: Capítulo 20, cit., pp. 472-474.
109
Pueden ser denominados expresamente de esta forma por el texto legal (caso de las asociaciones y de
las sociedades mercantiles), o bien puede no ocurrir así, como en el caso de la sociedad civil.
110
CASTÁN TOBEÑAS presenta al Estatuto como “unido a veces al acto constitutivo como parte
integrante suya, pero tiene siempre una propia naturaleza jurídica” (CASTÁN TOBEÑAS, J.: “Derecho
Civil Español, Común y Foral”, Tomo I, vol. II, Ed. Reus, S. A., Madrid, 1984, p. 449). Esta unidad
permite a BOLAFFI defender sin problema el carácter contractual de los Estatutos, por ser parte del acto
constitutivo. Puesto que son parte integrante del acto constitutivo, y éste tiene naturaleza contractual, no
se puede atribuir una distinta naturaleza al estatuto que, por disposición legislativa, es considerado como
parte integrante del mismo: acto constitutivo y estatuto no pueden no tener la misma naturaleza jurídica
(vid. BOLAFFI, R.: “La società semplice. Contributo alla Teoria delle Società di persone”, Milano, Dott.
A. Giuffrè Editore, 1975, pp. 122-123).
111
Pese a no aludirse expresamente a su necesariedad, sí existe la necesidad normativa que justifica su
existencia, se les denomine así o se incluyan, sin más, dentro del contrato social constitutivo. Y ello es
claro, porque la sociedad debe ser dotada de unas normas reguladoras que rijan su adecuado desarrollo
social en todo caso (vid. CORAPI, D.: “Gli statuti delle società per azioni”, Milano, Dott. A. Giuffrè
Editore, 1971, p. 69): es la propia necesidad de organización de la colectividad para el fin que se propone
la que hace imprescindible esta presencia. Los estatutos son para la asociación lo que la constitución es
para un sistema político estatal, en acertada expresión de GARRIGOU-LAGRANGE, J. M.
50
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posterior de dicho ente, y vienen a ser “el contrato de asociación o sociedad como
estatutaria del acto constitutivo) para saber cómo actuará la sociedad en el mercado.
Algún autor113 lo ha definido como “la regla superior interna, dotada de fuerza de
interna dotada de fuerza de ley para el gobierno de una asociación”, ideas que nuestra
(“Asociaciones y poderes públicos”, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1974, p. 45), o, como
señalaba DE CASTRO, constituyen la estructura ósea de la persona jurídica (DE CASTRO, F.: “La
persona jurídica”, publicado en “Temas de Derecho Civil”, Madrid, 1972, y recogido en “La persona
jurídica”, Ed. Civitas, Madrid, 1991). Como ha recordado reiteradamente nuestro TC para el caso de las
asociaciones, en argumento extensible a las sociedades civiles, el derecho de asociación recogido en el
artículo 22 CE comprende no sólo el derecho de asociarse, sino también el de establecer la propia
organización del ente creado por el acto asociativo dentro del marco de la Constitución y de las leyes que
lo desarrollen o lo regulen (en este sentido, por ejemplo, SSTC 5/1981, de 13 de febrero, y 67/1985, de 24
de mayo). Se extiende sobre ello, en Derecho alemán, con argumentos muy interesantes, OTT, S.:
“Vereine gründen und erfolgreich führen”, 2. Auflage, München, 1986, pp. 4-7. Además de ocuparse de
su contenido, incide en que los límites del mismo son de orden constitucional y penal, y comprensibles
restrictivamente.
112
Porque la naturaleza es contractual. Sobre esta cuestión, vid. SCORZA, B.: “Gli statuti degli enti a tipo
asociativo (con particulare riguardo alle società di commercio)”, Roma, 1934-XII, Società Editrice del
<<Foro Italiano>>, Roma, 1934, pp. 79-85.
113
En concreto, LLUIS Y NAVAS, J.: “Derecho de Asociaciones”, Ed. Bosch, Barcelona, 1967, p. 119.
114
En este sentido, entre otras, SSTS 20-3-1908, 5-7-1913, 4-5-1990 y 17-12-1990, así como STC
218/1988, de 22 de noviembre. De “ley libremente establecida y convenida entre los asociados” hablaba
la STS 9-2-1905, y la STS 3-2-1931 presentaba los Estatutos de las asociaciones como constituyentes del
“alma, la esencia y las características de su personalidad jurídica”. La STS 4-11-1981, por su parte, aludía
a los Estatutos como programa orgánico.
51
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oportunas115, y pese a ser la norma más importante de la asociación, puede no ser única,
sino que puede existir una necesidad de mayor o menor desarrollo, según el caso. Pero
Datos a tener en cuenta, por consiguiente, son tanto su naturaleza contractual como
la STS 5-7-1913 en el primer caso)116, así como que se elaboran por aquellos que se
someterán a ellos, que quedan vinculados en la medida en que es fruto del propio
es claro que en el contrato constitutivo del mismo debe preverse de alguna forma algún
principal que justifica su necesidad. Sin embargo, no existe registro público donde
socios, etc. Se presentarán, por lo tanto, como documento en que consta la estructura
115
En este sentido, STC 104/1999, de 14 de junio.
116
La importancia de los Estatutos queda fuera de toda duda si repasamos dos concretos artículos de
distintos textos legales de nuestro ordenamiento: por una parte, el artículo 37 CC, que señala que la
capacidad civil de las asociaciones se regirá por sus estatutos; por otra, el artículo 11.2 de la Ley Orgánica
1/2002, de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación (LODA), al indicar que “en cuanto a su
régimen interno, las asociaciones habrán de ajustar su funcionamiento a lo establecido en sus propios
Estatutos, siempre que no estén en contradicción con las normas de la presente Ley Orgánica y con las
disposiciones reglamentarias que se dicten para la aplicación de la misma”.
117
La STC 218/1988, de 22 de noviembre, considera elementos esencial en el ingreso en una asociación
la aceptación en bloque de sus normas estatutarias. El propio voto particular de GARCÍA-MON y DE LA
VEGA BENAYAS señala que “.... los integrantes de una asociación, al ingresar, deben saber a qué
atenerse a la vista de los estatutos, que se entiende que aceptan,.....” (punto 2).
52
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estabilidad y, quizá, cierta rigidez (la STS 3-2-1931 llegaba a defender en principio la
todos los entes no tiene por qué ser idéntica, sino que ésta dependerá de la complejidad
de cada grupo concreto, y en cada caso los Estatutos fijarán la estructura adaptada al
tipo de grupo asociativo. Así, mientras para algunos esa estructura será más compleja,
para otros no será así. Y a los Estatutos corresponde determinar dicha estructura en cada
caso (no serán idénticos los Estatutos de una pequeña sociedad civil constituida por tres
hermanos que los de una gran sociedad anónima con una elevada cifra de capital social).
Respecto de su contenido, deben incluir una concreta regulación acerca del ente
social, lo que determinará la conducta que esa asociación puede llevar a cabo.
Las normas reguladoras de las distintas sociedades mercantiles establecen una serie
de datos y cuestiones que deben constar en los Estatutos, como ocurre en el caso de las
formal será válida, pero la agrupación por materias facilita mucho la lectura, siendo
además importante que la redacción sea correcta y que el sentido de cada artículo quede
53
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claro aisladamente y en concordancia con los demás, para evitar “lagunas” a la hora de
interpretar dichos Estatutos, sobre todo teniendo en cuenta que estamos ante un
instrumento al que hay que acudir constantemente durante el desarrollo vital del grupo.
difiere en demasía del establecido para las sociedades mercantiles, adaptado a sus
concretas peculiaridades, claro está. Para conocerlo podemos utilizar a título orientativo
el artículo 269 bis del Reglamento del Registro Mercantil, introducido por la
la STS, Sala 3ª, 24-2-2000, como estudiaremos. Señala este precepto que en la
plazo de duración si se pactó, y los demás pactos lícitos que se hubieren estipulado119.
Para completar los datos de interés es útil la redacción existente en el caso de las
órganos colegiados, si fuere necesario, así como cualquier otro dato que se considere de
118
LÓPEZ-NIETO Y MALLO, F.: “La ordenación legal de las asociaciones. Doctrina. Jurisprudencia.
Formularios”. Dykinson, Madrid, 2000, pp. 407-408.
119
Tales como el de confiar a un tercero la designación de la parte de cada socio en las ganancias o
pérdidas, el pacto que excluye al socio de industria de responsabilidad en las deudas, pacto de asociación
de un socio con un tercero, pacto de continuación de la sociedad entre los socios supervivientes, pacto de
continuación con los herederos del socio difunto o el pacto de limitación de responsabilidad de algunos
socios en las relaciones internas, todos ellos aceptados por la regulación codificada (vid. artículos 1690,
1691.2, 1696 y 1704 CC).
120
En este sentido, los artículos 9 LSA y 13 LSRL, pudiendo diferenciarse perfectamente de los artículos
8 LSA y 12 LSRL (y del artículo 125 C de c), relativos a los datos del pacto constitutivo, dirigidos a crear
el ente y no a regular su vida posterior, que es lo que nos interesa, así como también el artículo 7 LODA.
54
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interés para las partes contratantes (derechos y obligaciones de socios, por ejemplo,
deben plasmarse por escrito conforme a una forma rígida preestablecida (los Estatutos
no sólo pueden no denominarse de esa forma, sino incluso estar implícitos a lo largo del
porque a la hora de interpretar el artículo 1669 CC y configurar por ello las sociedades
civiles sin personalidad jurídica, cierta tesis bastante fundamentada, desde posiciones
contrato social reflejado en los Estatutos. Entiende que la sociedad que no tiene
personalidad jurídica es aquella configurada como sociedad interna por dichas partes,
creada por ellas no para tener relaciones jurídicas con terceros como tal ente. Y es la
autonomía de la voluntad de las partes la que determina que esa sociedad no tenga
personalidad jurídica. Es, por tanto, de gran importancia tener perfectamente claro el
sentido de lo que viene a ser el Estatuto de la sociedad, y así saber que en él las partes
121
Si no existieran estatutos ni normas estatutarias, total o parcialmente, habría que reconstruir la
voluntad de las partes para ver qué pretendían, dentro del marco legal, aplicable supletoriamente (en
algunos casos éste sería de aplicación, como en el caso de que no se diseñase órgano de administración,
55
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“en común de dinero, bienes o industria”, que exige a continuación dicho artículo.
Pese a que es posible que la puesta en común sea sólo de industria122, y ello tanto en
demuestra que, por norma general, el patrimonio común, pese a no ser un requisito
legal, suele ser de hecho necesario123 (aunque la propia realidad haya modificado en
parte esta cuestión: por ejemplo, las sociedades de profesionales suelen constituirse sin
aportación de local ni mobiliario). Este dato general es muy interesante, pues esa puesta
en común puede conllevar que exista una comunidad entre los socios (se estudiará en su
momento), y cuando nazca la persona jurídica, su patrimonio social se formará con esas
existencia de una comunidad entre los socios y, por ello, remite a dicho régimen.
Lo que queda claro de la simple lectura del artículo 1665 CC es que siempre el socio
está obligado a aportar, es decir, debe contribuir al patrimonio social con algún
elemento citado susceptible de valoración económica, ya sea bien, ya servicio. Por ello,
por ejemplo, pero otros elementos deben constar necesariamente y no cabe imaginar que no consten en el
contrato constitutivo, por ejemplo, la denominación social, el objeto social o las aportaciones realizadas).
122
Teóricamente cabe esta opción, aunque sea una hipótesis relativamente poco frecuente en la práctica.
123
En este sentido, por ejemplo, SSTS 3-12-1959 y 18-11-1986.
56
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nace persona jurídica estudiaremos en su momento qué ocurre con ese bien (cabe
imaginar en cualquier caso que debe modificarse su situación de alguna forma, aunque
goce sobre cosa ajena, o bien de algún tipo de derecho personal. Pero en todo caso se
debe aportar, pues la colaboración económica entre los socios es vital para estar en
condiciones de operar en el mercado (cada parte aportará aquello que resulte más
industria. Señala, además, el artículo 1665 CC que dicha puesta en común lo es “con
ánimo de partir entre sí las ganancias”. Por ello, la finalidad lucrativa debe estar
124
Interesante resulta la visión con tintes sociológicos que en 1871 aportaba ya BENITO GUTIÉRREZ
acerca de la filosofía que sustentaba el contrato de sociedad: señalaba que “los hombres no tienen todos
iguales aptitudes, y sus diferencias quedan compensadas por el espíritu de asociación. Los hay de
inteligencia privilegiada para la especulación que carecen de capital, y otros que, con medios de fortuna,
carecen de los conocimientos necesarios para emplearlos dignamente; y aun los hay que, teniendo lo uno
y lo otro, no quieren imponerse la carga que lleva consigo el ejercicio de alguna industria” (GUTIÉRREZ
FERNÁNDEZ, B.: “Códigos o Estudios Fundamentales sobre el Derecho Civil español.”, Tomo IV,
Madrid, 1871, p. 483). GOROSABEL, antes, indicaba que “Ella (la sociedad) es la que mueve la
industria; ella la que aviva el comercio; ella la que nos proporciona muchas veces los objetos de
necesidad, comodidad ó de lujo; ella en fin la que contribuye poderosamente a hacer la riqueza de las
naciones” (GOROSABEL, P.: “Examen de los principios del Der. civil español”, tomo II, 1834, p. 202).
57
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finalmente, ya que dependerá de muchos factores que ello se consiga (mayor o menor
pericia y rigor al gestionar los intereses, posición del grupo en el mercado, etc.).
Pero sí debe existir en todo caso esa intención en las partes, ánimo que debe ser
125
Pese a que no deba existir de modo exclusivo. En este sentido, la STS 28-3-1919.
126
Puede planteársenos cierta duda en este último caso, en el que no podemos profundizar pues se desvía
de nuestro tema de investigación, pero que debemos apuntar. Es un supuesto bastante frecuente en la
práctica cotidiana, con tintes asociativos pero hay que determinar si también exactamente societarios: si la
intención común de la serie de personas que celebra el pacto está no en obtener un incremento
patrimonial, sino en ahorrar una serie de gastos, por ejemplo, ¿puede considerarse que realmente existe
sociedad entre ellos? Téngase en cuenta la relevancia del argumento, sobre todo si se valora que el ánimo
de lucro ha sido habitualmente utilizado como criterio de distinción de la sociedad respecto de la
comunidad. PANTALEÓN PRIETO aporta palabras sugerentes, dando un paso más, incluso, y plantea
realmente una necesidad de reconstruir el Derecho de sociedades en este punto: el ánimo de lucro no es
requisito conceptual de la sociedad, sino un rasgo de caracterización de los tipos legales societarios (vid.
PANTALEÓN PRIETO, F.: “Asociación y sociedad (a propósito de una errata del Código Civil)”, ADC,
1993, Fasc. I, p. 45). Esto es algo que ya había planteado PAZ-ARES en “Ánimo de lucro y concepto de
sociedad”, Estudios en homenaje a José Girón Tena, así como en Capítulo 19: “La sociedad en general:
caracterización del contrato de sociedad”, en URÍA-MENÉNDEZ: “Curso de Derecho Mercantil”, I, Ed.
Civitas, Madrid, 1999, pp. 431-435: el ánimo de lucro como fin usual de la sociedad y no como fin
esencial. Sobre todo ello, además, vid. BOTANA GARCÍA, G. A.: “Hacia un nuevo enfoque jurídico de
la comunidad de bienes”, Derecho de los negocios, año 9, núm. 96, septiembre 1998, p. 15.
Sin dar ese paso más esbozado, interesante de lege ferenda, parece razonable entender esta exigencia de
ánimo de lucro del modo laxo indicado, pues realmente se camina en este sentido, y sería poco útil dejar
fuera del ámbito de la sociedad este sector de grupos fundados con esta pretensión citada, como vendrían
a ser las sociedades de medios, o incluso en casos conexos pese a no ser sociedades, como viene a ser la
cuestión patrimonial de interés en el caso de las uniones de hecho (aunque no en todas, pues no es
generalizable el razonamiento). El artículo 27.1.c) del Estatuto General de la Abogacía Española,
aprobado por Real Decreto 658/2001, de 22 de junio, alude a la sociedad de medios expresamente,
cuando señala que no se pierde la condición de abogado que ejerce como titular de su propio despacho
individual cuando “comparta los locales, instalaciones, servicios u otros medios con otros abogados, pero
manteniendo la independencia de sus bufetes, sin identificación conjunta de los mismos ante la clientela”.
Realmente, actúa como un socio de sociedad interna, algo que veremos posteriormente. LECIÑENA
IBARRA ha defendido la naturaleza societaria de la sociedad de medios, con abundantes argumentos, en
58
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disfrutar de algo concreto sin más (por ejemplo, un grupo de seis personas aportan unas
Por otra parte, debemos destacar que el ánimo de obtener un lucro en el ámbito civil
ambos tipos de sociedades, pues la línea de distinción no es nítida y las diferencias que
éxito en las doctrinas germánica e italiana129 (pese a alguna adhesión entusiasta, como la
LECIÑENA IBARRA, A.: “La sociedad de medios entre profesionales”, Editorial Práctica de Derecho, S.
L., Valencia, 2001, especialmente pp. 21-65 y 137-241.
127
Algo que se deduce, incluso, de la propia denominación: ULPIANO, gran estudioso de la misma,
aludía a la affectio societatis, a animus contrahendae societatis o a societatis contrahendae causa.
128
Donde se la dota de contenido, y se incide en la idea de colaboración entre los miembros de la
sociedad, colaboración que será activa, en condiciones de igualdad dirigida a la realización de una
actividad común. Vid. BEZARD, P.: “Sociétés civiles. Contrat de société. Sociétés en participation.
Registre du commerce et des sociétés”, Librairies Techniques, Paris, 1979, p. 60-63.
129
En este sentido, GIRÓN TENA, J.: “Los conceptos y tipos de sociedades...”, cit., p. 31.
130
MANARA, U.: “Delle società e delle associazioni commerciali”, Volume Primo, Parte Generale,
UTET, 1902, pp. 321-336.
59
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aportado para perfeccionar el contrato (por ello, realmente, este pretendido presupuesto
a un mismo fin negocial, o voluntad de unión de una pluralidad de sujetos para correr en
Sin embargo, entendemos que este presunto requisito del contrato de sociedad
tuviera para el estudioso cierto interés desde el momento en que resultaba difícil
contratos también. Y se acudía a analizar para ver si existía la affectio y saber si era una
sociedad o no aquello ante lo que se estaba134. De todas formas, en el caso que nos
ocupará puede ser de gran interés meditar su posible necesidad o no, ya que es lugar
común de la doctrina entender que la sociedad civil pactada por las partes coexiste con
131
Vid. CASTÁN TOBEÑAS, J.: “Derecho Civil Español, común y foral”, Tomo IV, Ed. Reus, Madrid,
1993, pp. 592-593.
132
M. A. 7624.
133
TARELLO indicaba que los jurisconsultos romanos usaban la palabra “socio” y “societas” no sólo
para indicar al socio y a la sociedad, sino también para indicar al comunero y a la comunidad, pese a lo
cual se pueden distinguir ambos institutos (TARELLO, M.: “Le società civili”, Torino, Fratelli Bocca,
Editori, 1932, n.3, p. 6).
60
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porque han expresado perfectamente la idea que estimamos acertada: “El contrato de
que sea distinto del que requieren los demás tipos contractuales. En todos los contratos
cierta voluntad de alcanzarlos. La affectio societatis no parece ser otra cosa que el
genérico consentimiento contractual, unido al fin que las partes persiguen”. Es acertado:
del TS haya dedicado tanta atención a la affectio. En alguna sentencia, como la STS 27-
contractual”, mientras que en la STS 3-12-1959 se llega a señalar que el Juez debe
“indagar en cada caso la intención que preside la celebración del contrato, para discernir
134
GIORGI, G.: “La dottrina delle persone giuridiche o corpi morali esposta con speciale considerazione
del Diritto moderno italiano”, vol. VI, (Parte Speciale), Firenze, Casa Editrice Libraria “Fratelli
Cammelli”, 1902, n. 151, p. 324.
135
En este sentido, por todos, LACRUZ BERDEJO, J. L.: Contratos asociativos y parciarios, dentro de
“Elementos de Derecho Civil”, II, Derecho de Obligaciones, vol. 2, Ed. Dykinson, Madrid, 1999, p. 269.
136
DÍEZ-PICAZO, L. y GULLÓN, A.: “Sistema de Derecho Civil”, vol. II, Ed. Tecnos, 2002, p. 461.
137
Cabe indicar que la doctrina española alude generalmente a la inutilidad de este requisito. Por todos,
vid. BLASCO GASCÓ, F. (“Contratos societarios”, dentro de Derecho Civil. Derecho de Obligaciones y
61
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voluntad de unión de una pluralidad de sujetos para correr en común ciertos riesgos”138.
forma del contrato de sociedad civil. El sistema espiritualista que se deriva del artículo
absolutamente dicha regulación, recogida en los artículos 1667 y 1668 CC. Señala el
primero de ellos que la sociedad civil se podrá constituir en cualquier forma, salvo que
se aporten a ella bienes inmuebles o derechos reales, en cuyo caso será necesaria la
escritura pública, mientras que el segundo indica que es nulo el contrato de sociedad,
por las partes, que deberá unirse a la escritura. La intención de estas exigencias reside
es exigible esta concreta forma, pues en cualquier otro caso el principio inspirador será
Contratos”, coordinados por VALPUESTA y VERDERA, Ed. Tirant lo Blanch, Valencia, 2001, p. 502),
y aplicado al caso de la sociedad civil, PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1665 CC, cit., p. 1321.
138
Por citar otras sentencias relevantes a estos efectos, vid. SSTS 12-3-1958, 21-5-1960, 27-6-1960, 23-5-
1962, 11-12-1965, 20-12-1980, 20-3-1984, 10-4-1986 y 22-5-1987, o las más actuales 25-10-1999 (M. A.
7624), 11-3-2000 (M. A. 1490) y 29-5-2001 (M. A. 3441). Alude también a la necesidad de esa affectio,
ALBIEZ DOHRMANN, K. J.: “La aparcería industrial (Una figura contractual ignorada)”, Ed. Bosch,
Barcelona, 1992, pp. 70-72.
62
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alteración general del régimen del artículo 1278 CC y siguientes, pese al estricto tenor
literal de la ley (el artículo 1667 señala la necesidad de la escritura pública, y el 1668
declara nulo el contrato si falta el inventario)140: el contrato existe y vincula como tal a
las partes, aunque no surja con vida jurídica con relación a terceros141.
sosegadamente el tema, consideran que ni siquiera esos casos específicos citados por
estos artículos conllevan contraposición del principio general de libertad de forma, y por
ello, es perfectamente válido entre las partes el contrato en que no se guarden las formas
1279 y 1280 CC, aplicables a este caso143. PANTALEÓN PRIETO, a su vez, señala que
139
Dice la STS 9-6-1969 que el contrato de sociedad celebrado sin formalidad alguna y sin aportación
de inmuebles es válido y eficaz entre quienes le suscribieron. La sociedad produce efectos entre las
partes. Además, en este sentido, SSTS 24-4-1953 (M. A. 1958), 1-5-1960 y 11-6-1987 (M. A. 4289).
140
En cualquier caso, el argumento literal debe relativizarse, pues es conocida la imprecisión dogmática
del legislador español en cuestiones de ineficacia contractual (incide en esta cuestión CAPILLA
RONCERO, F.: comentario a los artículos 1667 y 1668, dentro de “Comentarios al Código Civil y
Compilaciones Forales”, Tomo XXI, vol. 1, EDERSA, Madrid, 1986, p. 32).
141
En este sentido, desde la STS 2-12-1902 en adelante (incluso antes, encontrábamos la STS 24-2-1902).
Por citar casos relativamente recientes, vid. SSTS 9-6-1969, 28-6-1975, 14-6-1976, 7-10-1976, 10-11-
1978 (especialmente relevante), 2-6-1981, 19-11-1984, 5-5-1986, 22-12-1986, 21-2-1987, 9-10-1987, 26-
4-1988, 24-6-1988, 2-3-1989, 21-6-1990, 27-5-1993, 24-7-1993, 12-7-1996 y 17-7-1996.
142
Vid. SANTOS MORÓN, M. J. (“La forma de los contratos en el Código Civil”, Universidad Carlos
III-BOE, Madrid, 1996, pp. 322, 326 y 328), y TENA PIAZUELO, I. (“El concepto de sociedad civil
irregular en la jurisprudencia del Tribunal Supremo”, Ed. McGraw-Hill, Madrid, 1998, pp. 20, con ciertas
reservas, y 36). Vid. también en ese sentido LECIÑENA IBARRA, A.: “La sociedad de medios entre
profesionales”, cit., pp. 86-97.
143
CAPILLA RONCERO, F.: comentario a los artículos 1667 y 1668, cit., p. 29. Apunta, además, que
dicha exigencia de escritura pública en este caso como elemento constitutivo no es sino la “manifestación
de la desconfianza del legislador hacia las sociedades universales, como medio de encubrir donaciones;
63
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“su único significado útil (de los artículos 1667 y 1668) se encontraría entendiéndolos
en el sentido de que limitan los medios de prueba de la existencia (y fecha) del contrato
Parecen aceptables dichas opiniones: es correcto conceder validez entre las partes al
a dicho pacto. La sociedad nace del mismo, y el contrato vincula a los celebrantes.
los socios para no cumplir con las obligaciones contraídas, y de dichos defectos no
puede aprovecharse ninguno de los socios, pues dieron lugar a ellos (consecuencia de la
buena fe y de la obligatoriedad de los contratos, según los artículos 1256 y 1258 CC).
Por otra parte, hay que destacar una cuestión que posteriormente será del mayor
interés: los artículos 1667 y 1668 no forman un bloque conceptual temático con el
artículo 1669. Este dato será del mayor interés en su momento, pero debemos apuntarlo
ya para aclarar ciertas ideas. Los artículos 1667 y 1668 se refieren a cuestiones
civiles sin personalidad jurídica. Pese a ello, unas de las teorías que intentan describir lo
que deba entenderse por sociedad sin personalidad jurídica califica a éstas como
desconfianza extendida en este caso a todas las sociedades a que se aporten bienes inmuebles, exigiendo
los mismos requisitos formales para la sociedad que para la donación” (CAPILLA RONCERO, F.:
comentario a los artículos 1667 y 1668, cit., p. 31).
144
PANTALEÓN, F.: “La personalidad jurídica de las sociedades civiles. Contra la resolución de la
DGRN de 31 de marzo de 1997”, La Ley, 1997-4, D-232, p. 1378.
145
PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1667 CC, dentro de “Comentario del CC”, Tomo II, Secretaría
General Técnica del Ministerio de Justicia, Madrid, 1991, p. 1348.
64
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vinculada en uno de los supuestos a la falta de la forma establecida en los artículos 1667
y 1668 CC. Se une, además, en un mismo bloque de preceptos a estos tres artículos,
como si fueran un todo con un sentido único, una unidad conceptual (en este sentido,
TENA PIAZUELO146).
pena destacar ya que, valorando los mismos, se comprueba que los artículos 1667 y
1668 tienen un proceso de formación e inserción en el CC muy diferente del que sufrirá
el artículo 1669: los dos primeros se ocupan de la forma del contrato, existen en el
Anteproyecto de 1888 entre los artículos dedicados a las sociedades sin personalidad
jurídica, y tienen una tradición previa bastante concreta (la libertad de forma se
reconocía en el artículo 3 del Anteproyecto, precepto del que surgirá el artículo 1667147,
así como es de interés el artículo 4148, cuyo contenido es idéntico al del artículo 1565
del proyecto de 1851149), mientras que el artículo 1669, como comprobaremos, es fruto
las sociedades civiles como criterio general. TENA PIAZUELO llega a señalar dos
razones de presunta semejanza entre los preceptos, que justifican esa unidad temática de
la que habla: en primer lugar, señala que los tres se refieren al ámbito externo de
146
TENA PIAZUELO, I.: “El concepto de sociedad civil irregular...”, cit., pp. 32-43 y 212-230.
147
“La sociedad civil se podrá constituir en cualquiera forma, salvo en el caso de aportarte a ella bienes
inmuebles o derechos reales, en el cual será necesaria la escritura pública”. Este artículo no tiene
precedente ni en el Proyecto de 1851 ni en el Anteproyecto de LAURENT. Pese a ello, cabe recordar que
esa libertad de forma entronca con el antiformalismo contractual clásico en nuestro país desde el
Ordenamiento de Alcalá.
148
“Es nula la sociedad, siempre que se aporten bienes, si no se hace un inventario de ellos firmados por
las partes, que deberá unirse a la escritura cuando ésta sea necesaria”.
65
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cuando lo realicemos posteriormente. Pero debe quedar claro que a la hora de estudiar la
personalidad jurídica de la sociedad civil debemos incidir en el artículo 1669 CC, pero
no en los artículos dedicados a la forma del contrato de sociedad, artículos 1667 y 1668,
que no forman una unidad temática con el polémico artículo que les sigue. Las
cuestiones de que se ocupan ambos bloques, esto es, artículos 1667 y 1668, por un lado,
y 1669 por otro, son diferentes: en el primer caso, la forma del contrato de sociedad
de sus Estatutos, incluidos o no dentro del propio acto constitutivo, y repasadas otras
consecuencias puede tener dicha consideración en lo que toca a la vida del grupo como
tal y respecto de los socios, que es lo que nos interesa en nuestra investigación (además
conducirse de una determinada forma, basando dicha libertad para obligarse tanto en el
artículo 1255 CC como en los preceptos reguladores de la sociedad civil. Por tanto, esas
149
Literalmente señalaba que “Es nula la sociedad siempre que se aportan bienes, si no se hace un
inventario ó estado firmado por las partes, que deberá unirse á la escritura, cuando esta sea necesaria”.
150
TENA PIAZUELO, I.: “El concepto de sociedad civil irregular.....”, cit., pp. 213-214.
66
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a dicho pacto se les puede exigir responsabilidad, tanto si los citados socios se insertan
en una sociedad con personalidad jurídica como si dicha sociedad no goza de la misma.
En ambos casos estamos ante un contrato vinculante para los contratantes, y las partes
deben cumplir con aquello a lo que se obligaron. Ese contrato fijará una serie de
pérdidas, etc. Todo ello debe cumplirse por las partes, obligadas por dicho contrato.
por el dañado en cada caso, bien la sociedad, bien los socios o alguno de ellos,
que será de bastante utilidad para resolver problemas relativos a la conducta de los
especialmente relevante, pues el socio que actúa en el mercado (si actúa un socio, y no
un tercero, algo posible) se obliga a conducirse de una forma bastante concreta, descrita
en el artículo 1669 CC, y cualquier actuación en otro sentido implica alejarse del pacto
existe persona jurídica es ésta la que puede exigir el oportuno resarcimiento por el
exista persona jurídica, serán los socios los que exijan la reparación del oportuno daño
151
Pensemos en que ese socio que debiera contratar en su propio nombre manifiesta la existencia de una
sociedad civil personificada: los otros socios pueden exigir la oportuna responsabilidad a ese socio que no
se ha comportado de modo acorde con el pacto celebrado en su día.
67
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Por otra parte, el ser contrato conlleva la aplicación al caso de los artículos
contractual ya repasado. Pese a que dichos preceptos están enfocados para los contratos
en los que únicamente participan dos partes, el contrato plurilateral, como categoría
contractual, debe tener su cobertura en los mismos, con las peculiaridades que
Además, pasando a otra cuestión, esas partes realizan una serie de aportaciones para
que se pueda atender a la vida social adecuadamente. De ahí se deriva que las mismas
lo que ello conlleva, si existe dicha persona diferenciada de las personas de los socios
(ese patrimonio es el que debe cubrir las actividades de la sociedad). En el caso de que
no existiese persona jurídica, habrá que determinar cómo se articula exactamente esa
masa aportada, pero las partes realizan sus aportaciones para que con ellas se cumpla el
fin social del grupo, con lo que debe respetarse por las mismas esa finalidad que
plano real, pero desde el punto de vista obligacional es evidente que las partes deben
actuar entre ellas como si éste existiera (deben utilizarse dichas aportaciones para
sociedad civil sin personalidad jurídica; destinarlos a alguna otra finalidad es realmente
faltar al pacto, lo que implica un incumplimiento contractual). Eso supone, además, que
las partes están obligadas por el contrato, exista patrimonio social o no desde un punto
152
El contrato social cumplirá una misión parecida a la que cumple en la representación el poder, que fija
el marco hasta donde llega el mandato establecido.
153
Respecto de dicha aplicación, en el sentido aquí defendido, RDGRN 25-11-1998 (M. A. 8540).
68
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(es decir, de alguna forma, desde un punto de vista obligacional, existirá un “patrimonio
social”). De esa obligación se deriva que, si alguien está legitimado para actuar en su
está también para hacer frente con el patrimonio aportado por los socios a las
obligaciones que contraiga, sin que dichos socios puedan oponerse a ello, o pretender
que el socio contratante asuma con su patrimonio particular la obligación. Parece lógico
que así ocurra, pues es voluntad de las partes destinar esos bienes a dicha labor. Y si
contractual por su parte: se obligó, como los otros contratantes, a aportar lo que fuese
oportuno y a conducirse del modo necesario para obtener el lucro oportuno, conforme
tanto al pacto como a las consecuencias derivadas de la buena fe, usos y ley. Cuando
menos, no es conforme a esa buena fe actuar de esa forma: implica tanto como
deben permitir, incluso, la disposición de bienes por parte del socio que gestiona el
interés social154.
para ver si, pese a ser lógicas, son jurídicamente aceptables. Sin perjuicio, en todo caso,
de alguno de esos bienes aportados para fines distintos de los previstos como sociales:
debe responder de ello frente a los otros socios, pues está faltando al pacto celebrado.
154
Si el contratante con la sociedad pretende cobrarse con bienes personales del socio ajenos a la
sociedad, parece lógico que éste deba poder poner de manifiesto la existencia de la sociedad sin
personalidad jurídica y, por tanto, la existencia de unos bienes destinados a cubrir sus operaciones, sin
69
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Desde el punto de vista de la sociedad, si existe ente social éste puede exigir la
responsabilidad oportuna a los socios que no hayan obrado del modo adecuado, esto es,
conforme al pacto social, incumpliendo su contrato, así como podrá actuar contra aquel
que haya causado algún tipo de perjuicio a la sociedad. Obrar conforme al pacto social
consecuencias derivadas de la buena fe, usos y ley en el caso concreto (ser fiel a la
Si no existe ente, serán los socios los que puedan exigir esa responsabilidad si
interesante en el caso del socio que contrata en su propio nombre con terceros o bien en
el de los socios que destinen algún bien aportado a fines diferentes a los sociales.
jurídica. Será una configuración que nos orientará en todo momento a la hora de
encontrar soluciones a los problemas que puedan existir durante la vida del grupo, y que
que los otros socios puedan oponerse a ello. Sin perjuicio todo ello de la posible exigencia de
70
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disección de lo que implica la vida social para los socios, exponiendo cuestiones tales
relevante, pues el grupo actuará como ente en el mercado, y ello exige, además, una
organización que desarrollará su labor no sólo entre los socios, sino frente a terceros.
Pero no debe pensarse que si no existe persona jurídica no hay necesidad alguna de
organización, ya que las cuestiones a reglamentar dentro del grupo como tal siguen
los derechos de los socios, sus participaciones en ganancias y pérdidas, etc., exigen una
actividad constante, permanente, e implican una auténtica vida social y esto requiere la
existencia de una regulación organizativa para lograr ese correcto desarrollo social. Si
además la sociedad opera como ente en el mercado, y existe persona jurídica, debe
71
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organización interna del grupo, incluso de cara a operar en el mercado, pues incluso sin
operar como ente puede tener necesidad de actuar en el mercado. Lo que ocurrirá es que
antecedente más directo que tuvo nuestro CC, que es el Anteproyecto de 30 de abril de
1888, donde las sociedades no dotadas de personalidad jurídica disponían de toda una
organización como tal sociedad y ello no estaba reñido con su evidente falta de
cuestión, y no hacer un recorrido histórico sobre la cuestión. Resulta, por ello, útil
detenernos ligeramente a repasar los artículos oportunos del texto citado, porque
Este texto de 1888 dedica su Libro IV a las obligaciones. Estamos ante un libro
bastante especial, pues una parte sigue la numeración correlativa del texto y otra parte
no, y en esta última ni siquiera aparecen los Títulos numerados. Entre los títulos no
numerados aparecen dos dedicados a la sociedad, uno compuesto por cuarenta y seis
157
No parece estar tan claro en la doctrina alemana, donde, por ejemplo, ULMER, indica que, como
regla, la sociedad que no opera frente a terceros como ente no precisa de organización al margen de las
relaciones existentes entre los socios y, si existe, ésta es muy rudimentaria (vid. ULMER, P.: comentario
a & 705, en Münchener Kommentar zum Bürgerlichen Gesetzbuch. Band 3. Schuldrecht. Besonderer
Teil. 2. Halbband (&& 657-853), München, 1980, p. 310). Tiene cierta base debido a la gran cantidad de
figuras existentes en Derecho alemán, con asociaciones personificadas, asociaciones no personificadas
pero dotadas de capacidad jurídica, así como comunidades en mano común, no personificadas pero que
operan como grupo, y la distinta estructura que requiere cada una.
72
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momento, pero es oportuno ofrecer ahora unas pinceladas sobre el primero para
que presenta a la sociedad, conforme al artículo 1, como “un contrato por el cual dos o
más personas se obligan a poner en común dinero, bienes o industria, con ánimo de
partir entre sí las ganancias”. Su artículo 5 declara rotundamente que “La sociedad civil
términos: “Los acreedores de la sociedad son preferentes a los acreedores de cada socio
sobre los bienes sociales. Sin perjuicio de este privilegio, los acreedores particulares de
cada socio pueden pedir el embargo y remate de la parte de éste en el fondo social; en
artículo encontramos una idea que puede sernos de gran interés posteriormente: se alude
responda con unos bienes aportados que, sin ser patrimonio común, se aportan con esa
158
Coincide este texto con el del artículo 1594 del Proyecto de 1851 que estudiaremos en su momento, y
conlleva que, incluso sin que la sociedad se vea dotada de personalidad jurídica, goza de un patrimonio
diferenciado del de los socios, gracias al precepto.
159
PEÑA BERNALDO DE QUIRÓS, M.: “El anteproyecto del Código civil español (1882-1888)”, en
Centenario de la Ley del Notariado, Sección Cuarta, volumen I, publicado por la Junta de Decanos de los
Colegios Notariales de España, Madrid, 1965, p. 651.
73
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con la misma finalidad en el Proyecto de 1836 (el artículo 1462160) y un texto idéntico
caso de las sociedades sin personalidad jurídica. Así, el reparto de pérdidas y ganancias
responsabilidad frente a terceros en los artículos 34 a 37, en todos los casos de modo
de que es necesaria una organización dentro de toda sociedad, con independencia de que
jurídica, y que comprende los artículos 47 a 55, encontramos la regulación de estas otras
personalidad jurídica a sociedades civiles, aunque se las trate como excepción y no sean
sociedad civil, sólo constituyen una entidad jurídica, independiente de la personal de los
160
“Si uno de los socios tuviere a su favor algún crédito de cantidad líquida contra un deudor que lo sea
también de la sociedad por otra cantidad líquida y recibiere alguna parte de éste en pago, sin expresarse
por cuenta de quién, se entenderá ser en beneficio suyo y de la sociedad a prorrata”.
161
“Los acreedores de la sociedad son preferibles a los acreedores de cada socio sobre los bienes sociales.
Pero, sin perjuicio de este privilegio, los acreedores particulares de cada socio pueden pedir el embargo y
remate de la parte de este en el fondo social; en cuyo caso habrá lugar a la disolución de la sociedad, y el
socio que la ocasione responderá de los daños y perjuicios, si se verificase en tiempo oportuno”.
162
Las ganancias se repartirán conforme a lo pactado, o de modo idéntico a la participación en pérdidas.
En caso contrario, la participación será proporcionada a lo aportado, siendo nulo el pacto que excluye de
la participación en pérdidas o ganancias.
163
Diseña el administrador individual, el colectivo y los modos de operar en cada caso.
74
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individuos que las componen, cuando tienen dicho concepto por la ley o se forman con
“una escasa simpatía por la libertad de asociación, al dejar la vida jurídica de las
únicamente exponer gráficamente que no es necesario que una sociedad civil se dote de
personalidad jurídica para que sea necesario que exista una estructura interna
persona jurídica, es algo relativamente nuevo (es en este texto que tratamos donde se
164
Dicho criterio se aprecia también, además de en el citado artículo 5, en el artículo 53, donde se señala
que “la concesión de la personalidad puede revocarse por la ley o por la autoridad que la ha otorgado”,
añadiendo que “cuando la asociación es de exclusivo interés privado, puede acabar por la voluntad
unánime de los socios, a no impedirlo alguna de las cláusulas de la concesión”.
165
PANTALEÓN PRIETO, F.: “Asociación y sociedad....”, cit., nota 45, p. 30.
166
Consecuencias de esa personalidad se pueden comprobar en los artículos 48 y 49: en primer lugar,
pueden contratar, adquirir a título oneroso o gratuito, disponer de sus bienes y comparecer en juicio,
aunque todo ello lo harán adecuadamente, “por medio de sus administradores o gerentes establecidos en
el título de concesión de la personalidad, o con arreglo a sus estatutos”, conforme indica el artículo 49, ya
que, como señala en su segundo párrafo, “los asociados carecen de personalidad para gestionar en nombre
de la asociación, y sólo tienen derecho a la parte que les corresponda en los beneficios y en el fondo
social”. El artículo 51 también sintoniza bastante con la configuración personalizada de la sociedad, e
indica que “los acreedores de la sociedad carecen de acción contra los socios en particular, y sólo pueden
reclamar contra la misma y cobrarse del fondo social”. Resulta curioso que la personificación diseñada en
este texto era más perfecta que la que se plasmará en el Código, donde el artículo 1698 establece la
responsabilidad de los socios por las deudas de la sociedad. El artículo 55 se repasará en su momento, y
75
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pensase en la misma como una regulación básica para todo tipo de sociedad.
En este apartado que iniciamos daremos dos pasos diferentes: primero realizaremos
Hemos comprobado que para que existiera la necesidad de una organización interna
Pretendemos ahora ofrecer una breve visión panorámica acerca de la vida de la sociedad
los socios. Y no por el hecho de que todo ello exista, dicha sociedad se dota ya de
personalidad jurídica, sino que deben existir en todo caso para la correcta vida social, se
se dedica a la privación de personalidad jurídica de las sociedades. No se alude más que de modo
76
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Los socios se conducirán en sus relaciones internas, ante todo, conforme a los pactos
que hayan establecido, que determinarán toda una gama de derechos y obligaciones
concretos, así como también de acuerdo con la legislación imperativa deducible de los
artículos 1665 y siguientes, que configuran a la sociedad civil. Además, el artículo 1258
La primera cuestión a tener en cuenta es que los socios, por el mero hecho de
ostentar dicha condición, gozan de una serie de derechos y asumen una serie de
participar en las ganancias sociales conforme establece el artículo 1689 CC167, así como
no significa que en todo caso se plasme de la misma forma, sino que la autonomía de la
voluntad tiene importante margen de actuación. Eso no quiere decir que no existan
ciertos límites: así, por ejemplo, el artículo 1690 impide a los socios la labor de
determinar la parte en ganancias o pérdidas que corresponde a los socios en general. Por
77
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otra parte, el artículo 1691 considera nulo el pacto que excluye a uno o más socios de
toda parte en las ganancias o en las pérdidas, prohibición general, añadiendo que sólo el
gestión para la sociedad civil: hay una pluralidad de sujetos, posiblemente con
promueven la realización del fin social y que necesariamente deben realizarse. Pero el
puede ejercer todos los actos administrativos sin embargo de la oposición de sus
compañeros, salvo que proceda de mala fe, y su poder será irrevocable sin causa
legítima. Conforme al segundo, cuando dos o más socios han sido encargados de la
administración social sin determinarse sus funciones o sin haberse expresado que no
podrán obrar los unos sin el consentimiento de los otros, cada uno puede ejercer todos
168
PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1689 CC, dentro de “Comentarios al Código Civil”, Tomo II,
Secretaría General Técnica del Ministerio de Justicia, Madrid, 1991, p. 1434.
169
Estamos, según CAPILLA RONCERO, ante una regla cuya virtualidad es doble: por una parte, es
dispositiva, solamente se aplica en defecto de disposición contraria de los propios socios, que pueden
arbitrar un sistema diferente de administración social, y en segundo lugar, presupone que en el esquema
de gestión social legalmente configurado, cada socio es administrador natural de la sociedad o tiene
derecho a administrar la sociedad (CAPILLA RONCERO, F.: comentario a los artículos 1692 a 1695,
dentro de “Comentarios al Código Civil y Comp. Forales”, Tomo XXI, vol. 1, EDERSA, 1986, pp. 432).
78
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las operaciones del otro antes de que éstas hayan producido efecto legal. Es un sistema
conjunta, pues no funcionarán los unos sin el consentimiento de los otros: de ahí que se
necesite el concurso de todos para la validez de los actos, sin que pueda alegarse la
daño grave o irreparable para la sociedad. Exige siempre un acuerdo previo, ya que la
el caso de que dichos administradores sean ajenos a la sociedad, algo posible pero que
no nos interesa en este momento172) deben contar con todas las facultades necesarias
170
La condición de administrador conlleva la facultad de oponerse a las decisiones de los demás
administradores, algo de lo que carece el socio no administrador. No es necesario acuerdo tácito de los
coadministradores, ni siquiera que éstos conozcan previamente las iniciativas de cada uno de los otros.
171
En este sentido, PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1693 CC, dentro de “Comentarios al Código
Civil”, Tomo II, Secretaría General Técnica del Ministerio de Justicia, Madrid, 1991, p. 1462.
172
Se muestra en contra de esta posibilidad la doctrina mayoritaria, según APARICIO CARRILLO, que
cita reflexiones de GIRÓN TENA y LACRUZ (APARICIO CARRILLO, E. J.: “Reflexiones sobre la
posibilidad de que las sociedades civiles sean objeto de inscripción en el registro mercantil”, en
“Homenaje al Profesor Bernardo Moreno Quesada”, vol. I, Universidades de Almería, Granada y Jaén,
Almería, 2000, p. 173). Expone cómo entienden estos autores que dicho nombramiento “desnaturaliza la
administración social e incluso la propia figura de la sociedad civil como sociedad personalista”, y rebate
posteriormente dicha idea.
79
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para promover la consecución del fin social173. Este dato será del mayor interés
que actúa en el mercado lo hace en su propio nombre y, para ello, debe estar legitimado
A este derecho debe unirse la denominada actio pro socio, entendida como el
tal fin, así como la información oportuna en cada momento. Estos derechos se
configuran legalmente, pero pueden completarse con otros pactados por dichas partes.
Pensemos que en el caso de las sociedades sin personalidad jurídica pueden ser
especialmente relevantes en lo que toca a la actuación del socio que contrata frente a
oponibilidad a dicha actividad por parte de los otros socios que no contratan con
Por lo tanto, sin perjuicio de que ahora estemos hablando de derechos de los socios,
de administración que gestione los intereses de la sociedad, bien sea cubierto por los
Aunque dada la envergadura de la sociedad civil, menor que en las mercantiles por
norma general, el caso más típico es precisamente aquél en el que sean los propios
socios los que se dediquen a ello, sobre todo en las sociedades sin personalidad jurídica.
173
Para profundizar en la administración de la sociedad, de modo incisivo, vid. PAZ-ARES, C.:
comentario al artículo 1692 CC, dentro de “Comentarios al Código Civil”, Tomo II, Secretaría General
Técnica del Ministerio de Justicia, Madrid, 1991, pp. 1448-1461.
80
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aportar, bienes corporales o incorporales, dinero o industria (artículos 1681 a 1683 CC),
socios a otras cuestiones de configuración relevantes, hay que indicar que en lo que toca
óptica esta cuestión. Hemos visto cómo los artículos 1692 a 1695 CC exponen
todos los socios se consideran administradores (artículo 1695.1 CC), y ejercitarán dicha
labor de forma solidaria o separada (artículos 1693 y 1695.1 CC). Ciertamente, existe
el artículo 1693, o de administrador único, bien un socio, bien un tercero (ya que en el
174
Si existe persona jurídica el administrador tiene esa capacidad para actuar operando con el patrimonio
de la persona jurídica, pero en el caso de que no exista ente, no resultaba tan claro doctrinalmente.
175
Destaca una serie de reglas operativas, al señalar su aplicabilidad “cuando no se haya estipulado el
modo de administrar”.
81
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diseñar una estructura organizativa para la sociedad. Antes hemos indicado cómo debía
desarrollo vital y se adopten las decisiones necesarias que no puedan adoptarse por el
necesario para fiscalizar la actividad del órgano de administración, para que los socios
no administradores puedan intervenir en el correcto devenir del grupo. Por tanto, este
órgano es necesario exista persona jurídica o no exista. Este diseño orgánico interno
debe realizarse en todo caso, para que la vida social se desarrolle adecuadamente
el caso de que exista persona jurídica, el actuante opera en nombre de dicho ente y es el
nombre en el mercado, pues no existe ente que opere como tal. No estaremos
es fundamental tener bien claro que en cada caso la organización será diferente, según
que del contrato de sociedad se derive el nacimiento de una persona jurídica o no.
82
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las deudas sociales que implicará que la sociedad responda de sus deudas como ente.
que responde de las obligaciones, los socios responden también por deudas ajenas: la
responsabilidad de los socios, según se desprende del artículo 1698 CC, es personal,
persona jurídica y los socios no es total. Sin embargo, conforme al artículo 1699 CC, los
acreedores de la sociedad son preferentes a los acreedores de cada socio sobre los bienes
sociales. Por tanto, sí existe esa preferencia respecto del patrimonio social. En todo
ser idéntico al caso de que sí exista persona jurídica. Como será objeto importante de
En conclusión, una vez realizado este repaso, sin ánimo exhaustivo, de las distintas
de los socios. Todo ello se puede comprobar fácilmente siendo consciente de que toda la
regulación antes repasada estaba orientada hacia sociedades sin personalidad jurídica,
pues procede en bloque del título primero del Anteproyecto de 1888, antes citado. Con
del modo en que estudiaremos, y estos preceptos, pensados para sociedades sin
176
Señala que “Los socios no quedan obligados solidariamente respecto de las deudas de la sociedad; y
83
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como ente en el mercado, mientras que si no goza de la misma ello no ocurrirá, pero
organizativa y la propia estructura serán diferentes en cada caso, siendo más complejo
La sociedad civil, por tanto, cuenta con una estructura interna, con unos órganos de
gestión y tendrá una serie de relaciones con terceros, goce o no de personalidad jurídica,
aunque en cada caso será diferente. Pero en el CC se configura como persona jurídica
influencia romana se dejará sentir en los Códigos civiles del siglo XIX177 y, por tanto,
ninguno puede obligar a los otros por un acto personal, si no le han conferido poder para ello”.
177
De hecho, los códigos civiles francés, italiano y portugués en ningún momento reconocen
expresamente la personalidad jurídica de la sociedad civil, ni parece que quepa deducirlo de su articulado,
84
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jurídica como si fuesen realidades indisociables. Que tengamos una persona jurídica
exige, obviamente, la existencia de una serie de órganos que permitan una adecuada
organizativa de la sociedad civil, pues debemos atender a problemas diferentes. Esto nos
jurídica “sociedad civil” y, dando un nuevo paso, qué ocurre cuando exista una sociedad
El artículo 1669 CC es, de entrada, bien claro: “No tendrán personalidad jurídica...”.
Es incuestionable que se quiere hacer gran hincapié en este dato, pues comienza
el contrato de sociedad civil de la existencia de persona jurídica, pese a que hoy será la
repasemos históricamente esta cuestión sabremos que no siempre fue así. Por tanto, no
es esencial para la sociedad gozar de personalidad jurídica, sino que la sociedad civil
puede estar dotada de ella o no, sin que ello afecte a su naturaleza societaria.
como estudiaremos. Únicamente dará el paso hacia ello el texto francés y en 1978, después de más de
siglo y medio de problemas con la cuestión y de corrección jurisprudencial de los defectos legales. Los
nuevos textos italiano y portugués, de 1942 y 1966, respectivamente, no lo harán, pese a la sustitución
italiana de la società civile por la società semplice.
85
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actuar como tal en el mercado, y ello simplificará su relación con los terceros178. Pero
gozar de ella no es imprescindible, como hemos comprobado, para que estemos ante un
En este apartado vamos a repasar, de entrada, aquellas atributos que se derivan del
disfrute de personalidad jurídica y que serán bastante importantes para esos terceros que
sociedades civiles de modo general que no lo pueden ser de las sociedades encuadradas
dentro del artículo 1669 CC, precisamente porque el mismo les niega esa personalidad
jurídica que es un atributo natural de toda sociedad civil que no caiga bajo la órbita del
artículo 1669. Estas consecuencias se deducen del hecho de que de toda personalidad
existencia de una entidad diferente de las personas físicas que la componen, reconocida
además de alguna forma por el legislador, apta para ser titular de derechos y
obligaciones y que debe poder ser identificada mediante un nombre concreto y actuar en
el mercado como tal ente. Todo ello exigirá, además, la existencia de una organización
interna y externa que permita el correcto desarrollo de la vida social. Sin embargo,
existirán otras circunstancias que no serán idénticas en toda persona jurídica, como
178
En este sentido, BEZARD, P.: “Sociétés civiles. Contrat de société,...”, cit., núm. 253, p. 113.
179
En parecidos términos se expresó SIMONART, V.: “La personnalité morale en Droit Privé Comparé.
L’unité du concept et ses applications pratiques –Allemagne, Angleterre, Belgique, Etats-Unis, France,
Italie, Pays-Bas et Suisse”, Ed. Bruylant, Bruxelles, 1995, núms. 514-523, pp. 451-454.
86
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Y existen, por otra parte, comentarios no tan contundentes sobre la utilidad de dicha
Todas estas consecuencias de las que hablamos producen una dificultad respecto de
diferenciada de las personas físicas de los socios, que debe poder actuar en el mercado
como tal ente con todo lo que ello conlleva esa autonomía en lo referente a capacidad,
cuando señala en su primer párrafo que “las personas jurídicas pueden adquirir y poseer
bienes de todas las clases, así como contraer obligaciones y ejercitar acciones civiles o
personalidad jurídica básica, la que se describe en este artículo, muy útil para nosotros
180
En este sentido, CAPILLA RONCERO, F.: “La sociedad civil”, cit., pp. 380-382. Estima el profesor
CAPILLA que en muy buena medida, con las normas del Código civil español en la mano, resulta
innecesario acudir a idea alguna de personificación de la sociedad para obtener los resultados prácticos
que mediante la misma se intentaban explicar y justificar. Inmediatamente después de realizar los
comentarios citados, reflexiona sobre “la degradación del concepto de persona jurídica” (“La sociedad
civil”, cit., pp. 382-386), algo que ya había estudiado en su día FEDERICO DE CASTRO.
181
En este sentido, va algo más allá FERRI al estudiar el caso en la sociedad anónima, en reflexiones
perfectamente trasladables al caso de nuestra sociedad civil, y llega a indicar que la personalidad jurídica
pretende resolver principalmente el problema de la creación de los aparatos y de las posiciones de las
normas que deben presidir el funcionamiento para que la acción unitaria del grupo pueda realizarse
ordinariamente (FERRI, G.: “Le società”, dentro de Trattato di Diritto Civile Italiano, vol. X, tomo III,
UTET, Torino, 1985, p. 521). Desde nuestro punto de vista, la cuestión del funcionamiento no se resuelve
realmente con la adquisición de personalidad jurídica, sino con una adecuada redacción estatutaria, pero
es innegable que la adquisición de la personalidad jurídica implica una buena dosis de unidad y seguridad
jurídica para la sociedad.
182
A la hora de entablar pleitos contra la sociedad, por ejemplo.
183
Por ejemplo, y por citar cierto aspecto especialmente relevante en la práctica, respecto de la
vinculación del patrimonio social a las responsabilidades nacidas de las actividades constitutivas del
objeto social.
87
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porque será la que disfrute la sociedad civil (en su momento nos ocuparemos de la
obviamente, al existir como tal persona, debe pregonarse de ella su derecho a gozar de
CC184 y completada en el artículo 38 CC citado (pese a que operen personas físicas por
ella, será la persona jurídica la que actúe, obviamente185), donde se recoge el contenido
de la personalidad jurídica mínima de la que puede gozar una persona jurídica para
celebrar negocios, para responder por los actos de que deba hacerlo, etc.186.
Consecuencia de ello será que, para actuar de modo externo, puede hacerlo como tal
sociedad, ya que existe como ente. No actúa la persona tal, socio de la sociedad que sea,
sino que actúa la propia sociedad mediante persona habilitada para ello, y gracias a la
su vertiente procesal: por propia esencia, puede comparecer en juicio por medio de
184
En este sentido, SSTS 16-3-1920 y 5-11-1959 (M. A. 4711), que alude a la capacidad plena y general
de la sociedad. También RDGRN 16-10-1964 (M. A. 4500) y 2-2-1966 (M. A. 1398).
185
Tal y como se refleja en las SSTS 1-5-1945 (M. A. 574), 21-3-1946 (M. A. 272), 30-12-1975 (M. A.
4844) y 2-6-1992 (M. A. 4989)
186
Un grado mayor de subjetividad se derivará de la oportuna inscripción en el registro de que se trate,
como ocurre con las sociedades mercantiles en general, y muy especialmente en el caso de las sociedades
limitadas y anónimas, donde se limita la responsabilidad de los socios integrantes de la misma.
187
Obviamente, no en todo caso le interesará actuar como ente, y puede decidir actuar en determinado
negocio o determinados negocios mediante un representante indirecto. Pero esta cuestión de táctica
empresarial no empaña el anterior comentario general.
88
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domicilio, como las personas físicas, para tener una localización espacial, y poder
188
Nuestras normas procesales permiten en algún caso esa legitimación de entes que no son personas
jurídicas, pero debe reconocerse expresamente en cada caso concreto, pues a estos entes no les
corresponde, por propia naturaleza. Así, el artículo 6.1.5 de la LEC indica que “podrán ser parte en los
procesos ante los tribunales civiles (...). 5º. Las entidades sin personalidad jurídica a las que la ley
reconozca capacidad para ser parte” (pensemos, por ejemplo, en las comunidades de propietarios en
régimen de propiedad horizontal). Y el artículo 6.2, tras la enumeración rigurosa del apartado 1, añade
que “sin perjuicio de la responsabilidad que, conforme a la ley, pueda corresponder a los gestores o a los
partícipes, podrán ser demandados, en todo caso, las entidades que, no habiendo cumplido los requisitos
legalmente establecidos para constituirse en personas jurídicas, estén formados por una pluralidad de
elementos personales y patrimoniales puestos al servicio de un fin determinado”. Por lo tanto, “la LEC
rompe la dualidad y la correlación absoluta entre personalidad jurídica y capacidad para ser parte” (DE
LA OLIVA, A. y DÍEZ-PICAZO GIMÉNEZ, I.: “Derecho Procesal Civil. El proceso de declaración”,
Ed. Centro de Estudios Ramón Areces, S.A., Madrid, 2001, p. 117). De aquí, como estudiaremos en su
momento, la doctrina procesalista ha deducido la capacidad procesal de la sociedad irregular para ser
demandada, pero siempre hay que tener en cuenta que ello se debe a la expresa concesión legal de la
misma, pues en circunstancias generales ello no podría ser así, por ir contra la naturaleza de la cuestión.
189
Este lugar será tomado en consideración para determinar en su caso la competencia judicial, pues
estamos, realmente, ante la “sede jurídica” de esa persona. No se puede negar tampoco que cumple una
función de policía y control.
190
Ya la STS (Sala 3ª) 4-6-1883 indicaba que el domicilio es el fijado en la escritura de sociedad o
estatutos por los que se rija, sin que se alterase este dato por la apertura de una sucursal en otro punto.
89
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debe tener conexión real con los intereses de esa sociedad191 y se determinará en último
expresar el vínculo que une a una persona con un Estado determinado, integrando al
dispone el artículo 9.11 CC, “la ley personal correspondiente a las personas jurídicas es
nacionalidad española, siempre que tengan el concepto de personas jurídicas con arreglo
personalidad conforme a nuestra Ley, son los criterios a tener en cuenta a la hora de
191
Debe vincularse a la “localización de la gestión del fin común”, según indica PAZ-ARES, C.:
comentario al artículo 1669 CC, dentro de “Comentario del CC”, Tomo II, Secretaría General Técnica del
Ministerio de Justicia, Madrid, 1991, p. 1365.
192
CAPILLA RONCERO, F.: “La persona jurídica: funciones y disfunciones”, Ed. Tecnos, Madrid,
1984, pp. 80-81.
193
Sobre esta cuestión ofrece una reflexión bastante contrastada SERICK, R.: “Apariencia y realidad en
las sociedades mercantiles. El abuso de derecho por medio de la persona jurídica”, Ediciones Ariel,
Barcelona, 1958, pp. 154-165.
90
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jurídica, diferenciado de los patrimonios de las personas físicas socias de la misma, que
sirve para el cumplimiento de sus fines, para soportar sus deudas y responsabilidades
patrimonio será beneficioso para el correcto desarrollo de la vida social. Además, ese
patrimonio social, las personas que realizan esas aportaciones dejan de ser propietarias
de las mismas, pues la sociedad pasa a ser propietaria de todo ese caudal patrimonial y
centros que conllevan cada socio, con sus relaciones jurídicas concretas: habrá un
ámbito de relaciones jurídicas en torno a la persona jurídica y otro en torno a cada socio.
obligaciones (sin que ningún socio pueda pretender compensación alguna por
patrimonio social unificado, sino en su caso una serie de bienes destinada a una
finalidad concreta (la labor social) por una serie de personas. Por ello, en puridad
sino que únicamente tendremos los patrimonios de los socios, y dentro de los mismos,
194
Aunque el ordenamiento pueda afectar también el patrimonio de las personas físicas integrantes en
algún caso, como precisamente en el de los socios de la sociedad civil, donde la situación es algo peculiar,
derivada del carácter imperfecto predicable de esta concreta persona jurídica.
91
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Ocurrirá así salvo que expresamente la ley fije una autonomía patrimonial,
(implica cierta subjetividad, es innegable). Al estar ante una ficción (la sociedad, que no
es persona, es como si lo fuese a efectos de patrimonio social), debe fijarse por la ley
civil como persona jurídica, GARCÍA GOYENA entendió que lo era y, como tal, debía
existir un patrimonio particular de esa sociedad, como se deduce del artículo 1594197.
sociedad como persona jurídica, algo en cierto modo discutible, pero no descabellado.
195
Recogida por DÍEZ-PICAZO, L.: “Estudios sobre la jurisprudencia civil”, volumen I, Ed. Tecnos,
Madrid, 1979, núm. 36, pp. 99-102. Esta sentencia basaba la presencia de una persona jurídica en el dato
de que funcionaba con autonomía económica y personalidad propia, y había sido reconocida como tal
persona porque el litigante le había reclamado a ella el pago, reconociéndole dicha personalidad. DÍEZ-
PICAZO critica bastante esta idea, y señala que la personalidad jurídica se adquiere cuando la ley la
concede, no cuando terceros reconocen al grupo como persona, como parece deducirse de esta Sentencia
del TS. Algunas ideas que estudiaremos a continuación ya están presentes aquí (modo de adquirir la
personalidad jurídica, función de la misma, publicidad en el mercado como persona jurídica, etc.).
196
En el Codice no se personifica a la società semplice, pero pese a ello el artículo 2267 se expresa en
estos términos: “I creditori della società possono far valere i loro diritti sul patrimonio sociale...”.
197
Este precepto, literalmente, se expresa en estos términos: “Los acreedores de la sociedad son
preferibles a los acreedores de cada socio sobre los bienes sociales. Pero, sin perjuicio de este privilegio,
los acreedores particulares de cada socio pueden pedir el embargo y remate de la parte de este en el fondo
social; en cuyo caso habrá lugar a la disolución de la sociedad, y el socio que la ocasione responderá de
los daños y perjuicios, si se verificase en tiempo oportuno”.
92
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citado artículo 37, encuadrado en el Título Primero198. Estamos, por tanto, ante un grupo
jurídica, la separación patrimonial es total, como se desprende del citado artículo 51200).
Sin embargo, no debe entenderse en todo caso personalidad jurídica como sinónimo
de las deudas sociales. No todas las personas jurídicas gozan de la misma estructura. En
el caso de la sociedad civil, esa autonomía patrimonial no sólo no es tan perfecta como
ante una persona jurídica que, pese a ello, goza de una ínfima autonomía patrimonial202.
198
“Los acreedores de la sociedad son preferentes a los acreedores de cada socio sobre los bienes sociales.
Pero, sin perjuicio de este privilegio, los acreedores particulares de cada socio pueden pedir el embargo y
remate de la parte de éste en el fondo social; en cuyo caso habrá lugar a la disolución de la sociedad, y el
socio que la ocasione, responderá de los daños y perjuicios, si se verificase en tiempo inoportuno”.
199
Algo parecido ocurre con la società semplice del vigente Codice italiano de 1942, así como en la
partnership anglosajona, caso que obviaremos por ser algo ajeno a nuestra tradición jurídica. En el caso
italiano, no se reconocía a dicha società personalidad jurídica, pero sí que se le reconoce esa autonomía
patrimonial: el artículo 2267, bajo el epígrafe “Responsabilità per le obbligazioni sociali”, señala
expresamente que “I creditori della società possono far valere i loro diritti sul patrimonio sociale”.
200
“Los acreedores de la sociedad carecen de acción contra los socios en particular, y sólo pueden
reclamar contra la misma y cobrarse del fondo social”.
201
En Derecho alemán, tan rico en figuras asociativas, la atribución de personalidad significa, como
aclaró claramente WIEACKER, independencia jurídica de la organización, especialmente frente a sus
miembros (vid., por todos, REUTER, D.: “Münchener Kommentar BGB”, Allgemeiner Teil, & & 1-240,
München, 1978, p. 204, y JAEVRNIG, en JAVERNIG-SCHLECHTRIEM-STÜRNER-TEICHMANN-
VOLKOMMER: “BGB. Bürgelliches Gesetzbuch”, München, 1990, p. 5).
202
En expresión literal de CAPILLA RONCERO, F.: “La persona jurídica...”, cit., p. 131.
93
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Al hilo de esta reflexión debemos tener clara la diferenciación, expuesta por cierta
del propio pacto entre las partes y se describe en el artículo 38.I CC, cuando indica que
“Las personas jurídicas pueden adquirir y poseer bienes de todas clases, así como
simples: sociedades de estructura personalista como la sociedad civil, “siempre que por
voluntad de sus miembros o por disposición legal hayan sido configuradas como
203
Obviamente, el escalón previo a estas categorías sería la ausencia de personificación. Pero lo
obviaremos aquí, pues ya estamos aludiendo a personas jurídicas.
204
GIRÓN TENA, J.: “Derecho de Sociedades”, cit., pp. 164-176.
205
PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1669 CC, cit., pp. 1354-1362.
206
Recoge estos datos EIZAGUIRRE, J. M. DE: “La personalidad jurídica de la sociedad civil (A
propósito de la resolución de la Dirección General de los Registros y del Notariado de 31 de marzo de
1997)”, La Ley, 1997-6, núm. VII, pp. 1720-1721. Recopila las reflexiones más importantes de los
distintos autores EIZAGUIRRE, J. M. DE: “Derecho de Sociedades”, Ed. Civitas, Madrid, 2001, pp. 79-
85. Respecto de los autores, nota 98, p. 80, donde cita, junto a DE CASTRO, PAZ-ARES, PANTALEÓN
PRIETO y él mismo, a SÁNCHEZ CALERO, ALONSO LEDESMA y ALONSO UREBA.
207
EIZAGUIRRE, J. M. DE: “Derecho de Sociedades”, cit., p. 80.
94
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disfrute suele vincularse a la previa inscripción del grupo en un registro. Ello conlleva
caso, por ejemplo, de las asociaciones, de las sociedades anónimas o de las sociedades
personalidad jurídica situaciones que de otra forma deberían ser resueltas de modo
menos armónico con nuestro ordenamiento (regulaciones parciales, etc.). Pero esta
diferenciación citada no es óbice para que dichos grupos que después de la inscripción
personificación, derivado del propio pacto, que les otorgaba la capacidad para actuar en
posteriormente va a ser de gran interés, pues una de las más relevantes teorías acerca de
208
Aunque no se pueda situar en el mismo nivel a las asociaciones y a las sociedades mercantiles citadas,
pues mientras en el caso de las asociaciones, la inscripción registral tiene el efecto de nacimiento del
patrimonio social propio y su eficacia frente a terceros (artículos 5, 10 y 15 LODA), en las sociedades
mercantiles citadas estamos ante un requisito constitutivo para alcanzar su plena personalidad jurídica.
209
Esto ya fue apuntado por COSSÍO, quien señalaba expresamente que “En cierto modo, por tanto,
depende de la voluntad de los socios el dotar a la entidad de una personalidad independiente y unitaria.
Decimos en cierto modo porque tal actividad creadora se halla sometida a determinados límites, de una
parte, porque si la finalidad perseguida es inmoral o ilícita, o el contrato celebrado adolece de nulidad, por
cualquier causa, la sociedad carecerá de personalidad jurídica, aunque pudiera tenerla <<aparente>>
frente a los terceros de buena fe que desconocieren la existencia del defecto y contrataren con ella, y de
otra, que cuando se persigue una finalidad que no es de carácter lucrativo, no bastará el contrato para dar
nacimiento a la persona jurídica, sino que será preciso, además, dar cumplimiento a los requisitos a tal
efecto exigidos por la Ley de Asociaciones” (COSSÍO, A. DE: “Instituciones de Derecho Civil, 1. Parte
general. Derecho de Obligaciones”, Ed. Alianza Universidad, Madrid, 1975, pp. 431-432).
95
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Una vez analizada esta diferenciación, debemos realizar otra distinción conexa a la
misma, que es de alguna forma otro enfoque para entender la distinción: la diferencia
están afectadas por el cambio o estado de sus miembros”, mientras que las imperfectas
“son asimiladas a las personas para expresar que tienen algunas de las prerrogativas de
jurídica. Entre éstas figura la sociedad civil, que no logra independencia completa
colectiva mercantil. Por otra parte, las dos personas jurídicas perfectas de mayor interés,
leyes. Esto no quiere decir que no gozasen de personalidad jurídica previamente, sino
que su personificación, hasta ese momento, era la básica, derivada exclusivamente del
jurídica plena. Y ello debe ser así, pese a la doctrina clásica al respecto, porque otra
210
DE CASTRO, F.: “La persona jurídica”, dentro de “La persona jurídica”, cit., pp. 266-274. Estamos,
según SOLÍS VILLA, ante una de las “ideas más fecundas de DE CASTRO (SOLÍS VILLA, I.: “La
teoría de la persona jurídica en la obra de Don Federico de Castro”, Conferencias en homenaje al profesor
Federico de Castro y Bravo”, CER, Madrid, 1997, p. 102), aunque CAPILLA RONCERO matiza esta
terminología (“La persona jurídica...”, cit., p. 106): “Mejor debiera hablarse de “perfección” de grado de
la separación patrimonial consentida por la ley”.
96
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solución es un grave perjuicio para los terceros que contratan con ella, perjuicio que se
causa en nombre de la protección de los mismos, algo que no deja de ser curioso211.
por los beneficios que ello tenía tanto entre las partes212 como frente a terceros213,
(en otros países, como Italia o Alemania, no se realizó así y las sociedades personalistas,
Por ello, es básico tener siempre presente que aludir a la personalidad jurídica no es
jurídica no significa que toda persona jurídica deba disfrutar de las mismas
211
Pensemos en que una sociedad mercantil comienza a operar plenamente como tal, ofreciendo una
imagen de persona jurídica frente a los terceros, que confían en dicha imagen, pese a no estar inscrita en
el Registro. La teoría que niega la personalidad jurídica básica a esa sociedad sólo puede perjudicar a los
terceros, ya que le impide reclamar contra ella, al no reconocerle personalidad jurídica, y basta, como se
ha indicado, con poner al frente de sus operaciones a un insolvente para lesionar gravemente la
satisfacción del interés de los terceros que trabaron contacto con el grupo.
212
La personalidad jurídica es fruto de la autonomía de la voluntad de los contratantes: son ellos los que
deciden si quieren crear una persona jurídica o no.
213
La personalidad jurídica facilita la relación en el mercado.
214
Aunque no todo será ventajas, ya que la configuración como sociedad imperfecta no es más que una
decisión del legislador, y puede que los socios pretendan configurar una sociedad típicamente imperfecta
como perfecta y no les resulte posible como criterio general. Por ejemplo, una serie de personas pretende
fundar una sociedad civil con personalidad jurídica pero en la que respondan sólo con lo aportado,
obviando la responsabilidad establecida en el artículo 1698 CC. Para ello deben, en primer lugar, pactarlo
así; en segundo lugar, exponerlo cada vez que celebren contrato con algún tercero y, en tercer lugar, que
éste lo acepte, como veremos. Pero eso no es configurar la sociedad, en abstracto, como perfecta para que
pueda operar como tal en el mercado, sino que es necesario dar publicidad al pacto frente a todo aquel
ante quien se pretende que opere. Es algo en lo que no pensaba el CC, y parece operativo, pero cuya
validez es claramente inter partes.
97
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características de cualquier otra, como si fuesen todas idénticas215. Por ejemplo, así
jurídicas todas, no existe total incomunicabilidad de patrimonios con los de los socios,
tanto las unas como las otras216. No por aludir a una persona jurídica ya hacemos
215
Por ello, no podemos universalizar el comentario de BONELLI, cuando indicaba que “in fondo, il
concetto di personalità coincide con quello di autonomia: autonomia patrimoniale (sostanziale) e
autonomia formale” (BONELLI, G.: “Personalità e comunione”, Riv. Diritto Comm., 1913-I, p. 744).
216
Ello se debe a que estamos ante distintos grados de personalidad jurídica: mientras en el primer caso
estamos ante la personalidad básica, emanada de la voluntad de las partes, en el segundo estamos ante la
plena personalidad jurídica, obtenida tras la inscripción registral de la sociedad.
En la sociedad civil, el artículo 1698 CC señala que “los socios no quedan obligados solidariamente
respecto de las deudas de la sociedad”, mientras que el artículo 1699 CC señala que “los acreedores de la
sociedad son preferentes a los acreedores de cada socio sobre los bienes sociales”. La redacción de este
precepto es anterior al reconocimiento de personalidad jurídica a las sociedades civiles, como sabemos,
pues la separación patrimonial se había logrado sin necesidad de reconocer esa personalidad jurídica (vid.
el razonamiento que realiza al respecto BOLDÓ RODA, C.: “Personalidad jurídica y sociedad en
Derecho español”, en “Estudios en homenaje a la profesora Teresa Puente”, volum. I, Departament de
Dret Civil, Universitat de València, 1996, pp. 165-167). Nos encontramos, en el caso del artículo 1698,
con una responsabilidad personal, ilimitada, subsidiaria (subsidiariedad simple) y mancomunada (incide
en todo ello PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1698 CC, dentro de “Comentarios al Código Civil”,
Tomo II, Secretaría General Técnica del Ministerio de Justicia, Madrid, 1991, pp. 1481-1485).
Por su parte, en la sociedad colectiva los socios también responden por las deudas sociales,
responsabilidad ex lege que se recoge en el artículo 127 C de c (así la califica PAZ-ARES, C.: “La
responsabilidad del socio colectivo”, Cuadernos Civitas, Ed. Civitas, Madrid, 1993, pp. 27-28), y que es
personal, ilimitada, provisional, subsidiaria (subsidiariedad cualificada) y solidaria (vid. PAZ-ARES, C.:
“La responsabilidad del socio colectivo”, cit., pp. 89-121). Señala este artículo expresamente que “todos
los socios que formen la compañía colectiva, sean o no gestores de la misma, estarán obligados personal y
solidariamente con todos sus bienes, a las resultas de las operaciones que se hagan a nombre y por cuenta
de la compañía, bajo la firma de ésta y por persona autorizada para usarla”.
Valórese cómo en ambos casos se pretende que los socios respondan por las deudas de la sociedad
personificada, pero mientras en el caso civil los socios responden mancomunadamente, en el mercantil lo
hacen de modo solidario. Sintoniza esto con la sensibilidad que vincula, de modo genérico, la
mancomunidad con la órbita civil (artículos 1137 y siguientes CC) y la solidaridad con la mercantil. Así,
recordaba CAPILLA RONCERO que con esta disposición del artículo 1698, “...el legislador evita que se
extienda a la sociedad civil un carácter considerado propio solamente de las sociedades mercantiles, como
98
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mención a un todo idéntico en cualquier caso, sino que es un concepto donde caben
distintas clases, incluso distintos grados217, y en todo caso estamos ante una persona
jurídica, algo posible gracias al concepto tan amplio predicable de la misma218. Tan
extenso es dicho concepto que así evitamos tener que acudir a configuraciones algo
ajenas a nuestra tradición, como la que sostiene que las sociedades personalistas son
entendido en este sentido tan extenso no parece incorrecto y evita tener que acudir a
una estrecha vinculación personal entre los miembros de la misma, y por ello dependen
no sintonice con ellas el cambio de socios, y la entrada y salida de los mismos sea algo
es la solidaridad” (CAPILLA RONCERO, F.: comentario a los artículos 1697 y 1698 CC, “Comentarios
al Código Civil y Compilaciones Forales”, Tomo XXI, vol. 1, EDERSA, Madrid, 1986, pp. 556).
217
Sobre ello, vid. EMBID IRUJO, J. M.: “Perfiles, grados y límites de la personalidad jurídica en la ley
de sociedades anónimas”, en “Estudios de Derecho Mercantil en Homenaje al Profesor Manuel Broseta
Pont”, Tomo I, Ed. Tirant lo Blanch, Valencia, 1995, pp. 1023-1045.
218
Sobre ello, vid. EIZAGUIRRE, J. M. DE: “La subjetivación...”, cit., pp. 86-87.
219
Tal y como explicó EIZAGUIRRE, J. M. DE: “La subjetivación...”, cit., pp. 90-94.
220
Una explicación breve pero clarificadora de las mismas se encuentra en EIZAGUIRRE, J. M. DE:
“Derecho de Sociedades”, cit., pp. 26-29.
99
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modificación implica un cambio esencial del contrato social (ya que los socios lo son,
precisamente, en atención a sus cualidades personales, que hacen que el resto de socios
económica que las capitalistas: los socios se suelen encargar de la administración, existe
comunicación entre los patrimonios del grupo y de los miembros (pese a existir
patrimonio social, los socios pueden responder también de las deudas del ente con su
personalista básica, aunque no debe considerarse modelo para todo tipo de sociedad,
221
AÑOVEROS TRÍAS DE BES ha reflexionado sobre la razón de ser de las sociedades personalistas y
solicita un debate acerca de la conveniencia de su mantenimiento y, en caso de que se considerase
beneficioso dicho mantenimiento, demanda reformas importantes, apuntando propuestas para una
regulación más racional (AÑOVEROS TRÍAS DE BES, X.: “Razón de ser de las sociedades
personalistas”, en “Estudios de Derecho Mercantil. Homenaje al Profesor Justino F. Duque”, vol. I,
Universidad de Valladolid – CajaDuero, Valladolid, 1998, pp. 149-162).
222
No puede pensarse que las causas de extinción de la sociedad civil, por ejemplo, sean de utilidad como
regulación básica para las sociedades anónimas. PAZ-ARES diferenciaba el eje articulado en torno a las
sociedades de estructura personalista, que tiene como tipo básico a la sociedad civil, y el eje articulado en
torno a las sociedades de estructura corporativa, que tiene como tipo básico a la asociación (PAZ-ARES,
C.: comentario al artículo 1665 CC, cit., p. 1300). Es acertado: pese a que la asociación es el género,
100
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ser indiferente para la correcta subsistencia del grupo (pensemos en las sociedades
Y estas categorías están conectadas entre ellas: así, las sociedades personalistas
registral, son personas jurídicas perfectas y gozan de personalidad plena (aunque antes
de ello gocen de personalidad jurídica básica y sean imperfectas, pese a ser capitalistas).
afrontar otros aspectos sobre las mismas, en general, con la intención de aclarar algunas
dudas sobre la persona jurídica que nace de la sociedad civil. Debemos referirnos,
recordar además el carácter heterogéneo que conlleva que no todas sean idénticas224.
Esta cuestión no es nueva, pero tampoco está lo suficientemente tratada como para
soslayarla sin más en nuestra exposición. Existen elementos que se diferencian de una
como veremos, y modelo general, en el caso de las sociedades personalistas es la sociedad civil la que
debe inspirar el sistema.
223
Por citar dos trabajos especialmente relevantes a este respecto, vid. las reflexiones de DE CASTRO
(DE CASTRO, F.: “Formación y deformación del concepto de persona jurídica (Notas preliminares para
el estudio de la persona jurídica”, en “La persona jurídica”, Ed. Civitas, Madrid, 1991, pp. 204-236 y 241-
249) y CAPILLA RONCERO (CAPILLA RONCERO, F.: “La persona jurídica...”, cit., pp. 62-78).
224
Por ejemplo, en unas las personas físicas integrantes de la misma responden también de las deudas del
ente, mientras que en otras ello no es así. VALENZUELA GARACH, influido por DE CASTRO Y
CAPILLA, llegó a hablar de la existencia de un “mito” de la personalidad jurídica, algo que debe evitarse,
pues como hemos visto, basta una regulación sectorial para no necesitar acudir al expediente jurídico de
la personalidad jurídica con la finalidad de obtener ciertas características de necesario interés
101
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(responsabilidad de los socios por las deudas del grupo, forma de constitución, etc.).
persona jurídica. Sin embargo, no todos los atributos de esa nueva persona son de una
municipio, o una nacionalidad concreta, no suelen ser tan vitales para el tráfico
Podrá parecer más o menos correcto desde el punto de vista dogmático, pero es posible.
personalidad jurídica a la sociedad civil, como pasaba en los textos de los proyectos
italiano con la società semplice). En ese caso, puede que, pese a ello, quisiera conceder
preferencia a los acreedores sociales sobre los bienes que forman la masa social, para lo
cual no es necesario reconocer personalidad jurídica, sino que basta con establecer esa
en el derecho italiano con la società semplice). De esa forma resuelve un gran problema
grupo, pero puede que tampoco se estime necesario para resolver las cuestiones a las
que se desea ofrecer una solución. MOLINA NAVARRETE es certero cuando indica
(VALENZUELA GARACH, F.: “Un panorama general del problema de la personalidad jurídica de los
102
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que “la posibilidad, por tanto, de individualizar un sujeto jurídico diverso de la persona,
servir a una determinada finalidad, acerca de si puede ser más útil la existencia de una
de ese amplio campo de posibilidades tenemos distintas opciones, como dividir los
derechos sin crear un sujeto, como haremos en la sociedad interna, o bien unificar los
sujetos, como en la sociedad externa226. Así, nos encontramos con que podemos
configurar ese patrimonio como una masa común, acudiendo a las normas de la
comunidad ordinaria pro indiviso, o bien podemos crear una personalidad jurídica
diferente, que pase a convertirse en titular de ese patrimonio. También puede pensarse
sino que se hace con fines instrumentales para determinar el quantum de participación
supuestos tan ricos como puede ser el de la sociedad legal de gananciales, donde no
existe persona jurídica, pero existen deudas a cargo de dicha masa ganancial. En su
103
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momento le dedicaremos atención, porque algunas ideas son muy interesantes de cara a
puede decidir el que estime más oportuno, aunque comunidad de bienes y sociedad civil
no son realidades parangonables que podamos equiparar o comparar (la sociedad civil
a estos efectos, como hace la LEC en su artículo 6, del modo que estudiaremos.
que proporciona una unidad al grupo que no lograría de otro modo, y facilita su
actividad de forma importante, pero que no debemos mitificar su importancia, pues con
los problemas que preocupan al legislador sin reconocer personalidad. Pese a ello, la
personificación de la sociedad civil no sólo nos parece beneficiosa, sino muy necesaria
Por último, conexo además con todo lo expuesto, debemos también deslindar la
puede permitir que se constituya una persona jurídica sin que se necesite cumplir
más nos orientamos hacia la idea de que la personalidad jurídica puede no ser sino un
104
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directo del poder público, que todavía podemos encontrar de modo expreso por ejemplo
en Italia: el artículo 12 del vigente Codice, en su primer párrafo, señala que “las
interés de los terceros al grupo, sino que su principal función es ser útil a las propias
toda sociedad o asociación donde las partes así lo desean (es parte de la libertad de
227
En sentido contrario al aquí expuesto, CAPILLA RONCERO, F.: “La persona jurídica...”, cit., pp.
124-127. Llega a concluir que “en definitiva, la personalidad jurídica de las asociaciones presupone
publicidad”. También BLANQUER UBEROS, defensor de la unión de los requisitos de forma y
publicidad para adquirir la personalidad (BLANQUER UBEROS, R.:”La unificación subjetiva. Notas
sobre la solución adecuada a la concurrencia de una pluralidad de sujetos en la titularidad de relaciones
jurídicas privadas propias de una urbanización”, RDN, núms. 101-102, julio-diciembre 1978, pp. 99-100).
228
Indica que “Le associazioni, le fondazioni e le altre istituzioni di carattere privato acquistano la
personalità giuridica mediante il riconoscimento concesso con decreto del Presidente della Repubblica”.
229
Esta concepción que señalamos inspiraba el texto de 1888 citado, pero el legislador modificó en el CC
su postura radicalmente, como estudiaremos, para facilitar la constitución de personas jurídicas: el
legislador admite en su regulación que dependa únicamente de las partes la creación de la persona
jurídica. De todas formas, siempre está latente la cuestión de la publicidad del grupo al aludir a la
personalidad jurídica, ya que ese grupo, al actuar, se mostrará como tal frente a terceros. Aunque no sea
condición para el nacimiento de la persona jurídica, parece evidente que está vinculada a la misma.
230
A ello dedicamos atención en nuestro trabajo “La personalidad jurídica de la asociación en la Ley
Orgánica 1/2002, de 22 de marzo”, Act. Civil Nº 11, 10-16 marzo 2003, Doctrina XVII, pp. 286-289.
231
Debe encuadrarse dentro de la libertad de organización de la asociación.
105
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de la voluntad de las partes (y, por ello, existente siempre que las partes la pretendan,
prever el marco para que ello sea así, obviamente, pues también puede prever una
legislación que no sintonizase con dicha inspiración (por ejemplo, porque exigiese
a que a ellos les afecte de modo fundamental, y les resulte más fácil su relación con el
los socios, que por ello deciden dotar de personalidad a su grupo asociativo235.
232
Como indicaba VENTURA-TRAVESET HERNÁNDEZ, ...”cualquiera que sea el sistema que se
adopte (reconocimiento por libre constitución, automático por determinación normativa, o concesión
estatal), el reconocimiento o atribución de la personalidad jurídica a un determinado ente siempre
dependerá de la voluntad legislativa del Estado” (VENTURA-TRAVESET HERNÁNDEZ, A.: “El papel
del Notario en la constitución de las personas jurídicas”, RDN, núm. 144, abril-junio 1989, p. 142).
233
La típica sociedad irregular mercantil estaría dotada de personalidad jurídica básica, pese a no gozar de
la plena subjetivación, y esta teoría beneficia a los terceros a la sociedad, pese a que la doctrina clásica
opinara exactamente lo contrario. En su momento estudiaremos esta cuestión.
234
O, como ocurre en Derecho italiano con las asociaciones, exigir el reconocimiento de la asociación
para su nacimiento. No es universalizable esta necesidad, por lo que discrepamos con SÁNCHEZ DE
FRUTOS cuando indicaba que “la teoría general de la persona jurídica nos enseña que para que nazca un
ser o persona moral al Derecho se requiere un “substratum” y su reconocimiento” (“La asociación. Su
régimen jurídico en Derecho español”, RCDI, núms. 446-447, 1965, p. 892).
235
Sistematiza estas ideas con detalle, EIZAGUIRRE, J. M. DE: “Derecho de sociedades”, cit., pp. 79-83.
106
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Sin embargo, esta configuración soluciona bastantes problemas de fondo que se han
planteado respecto, por ejemplo, de las sociedades mercantiles, pues suaviza el rígido
(que los terceros conozcan que existe persona jurídica: por tanto, que sólo lo sea aquella
imagen ofrecida al tercero y la apariencia en que éste pudiera confiar (una sociedad no
inscrita negocia con terceros como ente, y de esa no inscripción se debe derivar la falta
de patrimonio social autónomo, la falta de legitimación procesal, etc., datos todos ellos
Por otra parte, debemos tener presente que desde un punto de vista objetivo, el gozar
o no gozar de personalidad para la sociedad no es más que una situación que no debe
vincularse a la valoración positiva o negativa del grupo por parte del ordenamiento o
como positiva por el ordenamiento: una plasmación de esa voluntad con vistas a operar
en el tráfico jurídico. Si las partes lo desean, ese grupo gozará de personalidad jurídica,
gozar o no de personalidad jurídica, pese a que en otras épocas fue así, como veremos.
236
Estas ideas son expuestas por los autores defensores de ideas estructuralistas en la cuestión que
estudiaremos, como PAZ-ARES o PANTALEÓN. Para una exposición del tema, vid. EIZAGUIRRE, J.
M. DE: “La personalidad jurídica de la sociedad civil...”, cit., pp. 1720-1721. Allí incide en la
diferenciación entre el grado elemental de persona jurídica, emanación de la autonomía de la voluntad de
los contratantes, y la plena subjetivación jurídica, obtenida tras la oportuna inscripción registral.
237
No es una sociedad donde los socios obran bien o la que es valorada positivamente por el
ordenamiento la que goza de personalidad jurídica, mientras que no goza de personalidad aquella que
debe ser castigada de alguna forma por el legislador (por ejemplo, por no haberse inscrito en el Registro
Mercantil) o la que el ordenamiento considera que no debe gozar de personalidad jurídica.
107
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PERSONA JURÍDICA
también, como norma general, una persona jurídica, y qué implicaciones tiene dicha
persona jurídica, y eso tiene una serie de implicaciones (actuación como ente en el
domicilio, etc.). Encuadraremos ese estudio con un análisis histórico y comparado con
persona jurídica por parte de la sociedad civil, cuestiones todas ellas que debemos
Por último, nos introduciremos en la excepción a este sistema. Dado que vamos a
al dictar una norma muy concreta, pero muy problemática: el artículo 1669 CC, con el
108
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Aún a riesgo de ser repetitivo, debemos reiterar la idea de que sociedad civil y
personalidad jurídica no fueron unidas durante gran parte de nuestra historia jurídica.
Sin embargo, ahora sí que aparecen unidas, y pensar lo contrario, desde finales del siglo
XIX, puede parecer poco menos que pretender dificultar el tráfico económico: parece
arraigado en nuestro imaginario que la sociedad civil, para que opere adecuadamente en
el mercado, debe obrar como persona jurídica. Una vez repasadas anteriormente las
ventajas de las que goza un grupo cuando existe personalidad jurídica, realizaremos el
recorrido histórico por los diversos textos anteriores al Código civil (y épocas
sociedad civil en nuestro país y cómo se plasma en nuestra legislación vigente. Ello nos
aportará la base necesaria para justificar que sociedad civil y personalidad jurídica no
persona jurídica nos exige realizar un recorrido histórico acerca de la cuestión, para
saber cómo ha sido dicha relación en las distintas épocas de interés. Si pasamos a
analizar dichos antecedentes históricos, cabe indicar que en el Derecho romano, sin
238
Se detienen a repasar ese origen GIRÓN TENA, J.: “Derecho de Sociedades”, cit., pp. 147-148, y
GARCÍA-PITA Y LASTRES, J. L.: “Reflexiones sobre el concepto de sociedad...”, cit., pp. 77-83. Baste
109
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antecedente, salvo en ciertos casos muy concretos, personalidad jurídica239 (hay quien
social distinto del patrimonio de los socios de la societas241, pese a que existiese la
concreta.
destacar su entronque con el consortium ercto non cito y la posterior societas omnium bonorum,
antecedentes de la societas.
239
RODINO, sin embargo, pese a que defiende que no se admitía esa personalidad jurídica de modo
general, sí admite que podía concederse personalidad jurídica a sociedades con intención de obtener
beneficios, pero de modo limitado (RODINO, L.: voz “Società civile”, en “Il Digesto Italiano”, volume
ventunesimo, parte terza, sezione prima, 1895-1902, n. 150, p. 665). Como veremos, se consideraban
personas civiles las grandes sociedades creadas para la explotación de las rentas públicas, como las
sociedades de publicanos y las dedicadas a la explotación de las minas de oro y plata y las salinas
(GAYO, en D., 3, 4, 1: “No se concede a cualquiera el poder constituir una sociedad, un colegio u otra
corporación semejante, porque esto se halla regulado por leyes, senadoconsultos y constituciones
imperiales. En muy pocos casos se han permitido tales corporaciones; por ejemplo, se permitió formar
corporación a los socios arrendatarios de la recaudación de las contribuciones públicas o de las minas de
oro o plata, o de las salinas. También existen en Roma ciertos colegios, cuya corporación fue confirmada
por senadoconsultos y constituciones imperiales, como el de los panaderos y otros varios, y los de los
navieros que también existen en las provincias. (1) Los que pueden constituirse como colegio, sociedad o
cualquier otra corporación, tienen, como si fueran una ciudad, bienes comunes, caja común y un
apoderado o síndico, por medio de quien, como en una ciudad, se trate y haga lo que deba tratarse y
hacerse en común”, “El Digesto de Justiniano”, Tomo I, traducción de D’ORS, HERNÁNDEZ-TEJERO,
FUENTESECA, GARCÍA-GARRIDO y BURILLO, Ed. Aranzadi, Pamplona, 1968, p. 157).
240
En concreto, MARTÍ, J. N.: “El contrato de sociedad en el Derecho codificado español, con especial
referencia al Código Civil (Reflexiones en torno a su delimitación conceptual y funcional)”, en
Centenario del Código Civil, tomo III, Univ. Popular Enrique Tierno Galván, Madrid, 1989, p. 450.
241
VIVANTE, por ejemplo, al hilo de este tema, indica que la personalidad jurídica de las sociedades
comerciales es una conquista del Derecho medieval italiano (VIVANTE, C.: “Trattato di Diritto
Commercile, vol. II. Le società commerciali”, casa Editrice D. F. Vallardi, Milano, 1923, n. 301, p. 5).
110
MENU SALIR
concebía como un vínculo puramente interno, que sólo hacía nacer obligaciones entre
los socios, sin que naciera un nuevo sujeto, un ente titular de derechos242 (más bien
vínculo contractual interno entre los socios, sin relevancia frente a los terceros,
obligando los actos realizados por cada socio únicamente a él. Su origen era familiar y
relación presidida por la buena fe), poco útil en el caso de las sociedades mercantiles245.
comunidades territoriales247 y algún otro caso añadido248, pero la regla general era que
el contrato de sociedad sólo producía efectos entre los socios, sin que pudiese afectar a
terceros al mismo (el concepto predominante era más el de sociedad que el de persona
242
Esta situación ha sido explicada de modo detenido y riguroso por ARNÒ, C.: “Corso di Diritto
Romano. Il contratto di società”, G. Giappichelli Editore, Torino, 1938, especialmente pp. 137-155.
243
Tal y como explica TENA PIAZUELO, I.: “Aproximación al origen histórico de la sociedad en el
Derecho Romano”, Revista Jurídica del Notariado, núm. 23, julio-septiembre 1997, p. 210.
244
FERRARA, F.: “Indole giuridica della società civile”, Rivista di Diritto Commerciale, 1909-I, p. 516.
245
CASTÁN TOBEÑAS, J.: “Derecho civil español, común y foral”, Tomo IV, cit., p. 594.
246
Con peculiaridades, pues no se puede hablar de persona jurídica en los términos en que hoy se hace. El
Estado, señalaba IGLESIAS, tiene un patrimonio pero sus bienes no son susceptibles de propiedad
privada, sino que son res extra commercium (IGLESIAS, J.: “Derecho Romano. Historia e Instituciones”,
Ed. Ariel, Madrid, 1994, pp. 144-147).
247
Los entes de Derecho Público gozaban de personalidad jurídica (VIGHI. A.: “La personalità giuridica
delle società commerciali”, Fratelli Drucken, Verona (Librería alla Minerva) – Padova (Librería
all’Università), 1900, pp. 35 y 45).
248
La personalidad se vinculaba a ciertas sociedades que operaban en sectores importantes de la
economía.
249
Palabras de SCHUPFER, F.: “Il diritto privato dei popoli germanici con speziale riguardo all’Italia, I.
Le persone. La famiglia”. Città di Castello, Casa Editrice, S. Lapi, Roma-Torino-Firenze, 1907, p. 162.
111
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régimen especial de solidaridad entre los socios la hace diferente, además de ciertos
casos adicionales, como los de las sociedades de comercio de esclavos y las de los
Este dato es de gran interés, por sus posibles consecuencias: la societas no gozaba,
como criterio general, de personalidad jurídica252, pero ello sí ocurría cuando era
necesario, lo que nos puede inducir a pensar que quizá ese no reconocimiento de la
misma se podía deber, además de a esa concepción de sociedad como mero contrato de
regulación de intereses entre las partes y con orientación familiar, como norma general,
al escaso desarrollo de los sectores económicos donde podían ser de interés estas
Por consiguiente, es cierto que en Derecho romano la sociedad era más concebida
como regulación de intereses entre las partes que como persona que entrase en contacto
con terceros253. Pero también que cuando la operatividad económica lo hizo necesario,
parece existir un patrimonio diferenciado como tal, sino que se alude vagamente a la
250
Esta cuestión ha sido estudiada minuciosamente por ARIAS BONET y concluye que, pese a todo, los
jurisconsultos no elaboraron una teoría de la personalidad como abstracción (ARIAS BONET, J. A.:
“Societas publicanorum”, AHDE, t. XIX, 1948-49, pp. 302-303).
251
En concreto, las estudia SERRAO, F.: “Sulla rilevanza esterna de rapporto di società in diritto
romano”, en Studi in onore di Eduardo Volterra, vol. V, Casa Ed. Giuffrè, Milano, 1971, pp. 743-767.
252
El conjunto de normas de interés al respecto puede encontrarse en la rúbrica Pro socio, inserta en el
título II del Libro XVII del Digesto.
253
En parecidos términos se expresó también CASTÁN TOBEÑAS (CASTÁN TOBEÑAS, J.:
“Alrededor de la distinción entre las sociedades civiles y las comerciales”, cit., pp. 84-85).
112
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existencia de una comunidad entre los socios, sin mayor profundidad (el patrimonio
del todo clara en las fuentes, donde incluso la terminología inducía a confusión y la
elipsis verbal para aludir al “conjunto de socios”, utilizada para facilitar la redacción.
societatis intersit, societati expedit, societaem laesit, societati periit, societatis nomine,
etc257.
Sin embargo, pese a la solidez de esta opinión, algún autor aislado (como fue el caso
de tipo mercantil), aunque fue debidamente puesto en entredicho por la doctrina italiana
254
Recordemos en este sentido el texto de GAYO citado anteriormente (D. 3. 4. 1).
255
Ha dedicado bastante atención a la existencia de la comunidad, en el seno de la societas, DELHAY
(DELHAY, F.: “La nature juridique de l’indivision. Contribution à l’étude des rapports de la notion
d’indivision avec les notions de société civile et de personnalité morale”, Librairie Générale de Droit et de
Jurisprudence, Paris, 1968, núms. 78-82, pp. 130-136; en concreto, la frase citada, núm.79, p. 131).
256
De ahí que se aludiera con especial interés en destacar la existencia de affectio societatis en el caso de
la sociedad. Ha explicado esta situación DELHAY, F.: “La nature juridique de l’indivision...”, cit., pp.
129-142, quien ya antes aludía a “la ausencia en el vocabulario jurídico romano de un término distinto
para designarlas situaciones que hoy agrupamos bajo la denominación de indivisiones” (p. 36).
257
En este sentido, ARNÒ, C.: “Corso di Diritto Romano. Il contratto di società”, cit., pp. 138-139.
258
TROPLONG: “Commentario del Contratto di Società in materia civile e commerciale”, vol. I, Napoli,
Dallo Stabilimento-Tipografico di Domenico Capasso, 1843, núms. 58 a 74, pp. 67-74.
113
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aportaciones de los socios se derivaba la existencia de una masa común entre ellos
desde el punto de vista obligacional, no real, fruto de las aportaciones por ellos
caso, los socios respondían de las obligaciones de la sociedad, así como obtenían los
destacar que la herencia romana se deja sentir en nuestra regulación vigente de modo
modo bastante fiel por medio del Tratado de POTHIER, y de allí pasa a nuestro Código,
como ocurrió en otros textos codificados262. Sin perjuicio de las diferencias que puedan
introducirse, como en el aspecto que nos interesa, esto es, el de la personalidad jurídica,
En el Derecho germánico (y empleamos esta expresión con todas las reservas que
implica aludir a “derecho germánico”, algo que como sistema orgánico y uniforme
259
Esta idea puede resultarnos de gran utilidad cuando estudiemos el régimen jurídico de la sociedad civil
sin personalidad jurídica.
260
En este sentido, D. 17, 2, 30: “Escribe Mucio, 14 <ius civile>, que no puede contraerse una sociedad
de modo que el socio perciba un parte del lucro y otra distinta del perjuicio. Servio, en las notas a Mucio,
dice que no puede contraerse una sociedad así, pues no se entiende que hay ganancia sino una vez
deducido todo perjuicio, ni tampoco perjuicio si no se deduce todo el lucro, pero puede contraerse una
sociedad de modo que se obtenga una parte de la ganancia que haya quedado a la sociedad, una vez
deducido todo perjuicio, y que se soporte otra parte distinta del perjuicio que igualmente haya quedado
<después de deducir el lucro> (Paul. 6 Sap.)” (“El Digesto de Justiniano”, ed. cit., p. 644).
261
En este sentido, CAPILLA RONCERO, F.: “La sociedad civil”, cit., p. 22.
262
Por ejemplo, este argumento lo exponía TARELLO en el caso del Codice italiano de 1865
(TARELLO, M.: “Le società civili”, cit., p. 3).
263
Para tener una visión de conjunto, pero profunda, sobre la sociedad en Derecho romano, vid.
ARANGIO-RUIZ, V.: “La società in Diritto Romano”, Casa Editrice Dott. E. Jovene, Napoli, 1965.
114
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este nuevo paso en lo que toca a las sociedades, sino que lo que predomina es el
principio colectivista. Las figuras asociativas parten de dos troncos fundamentales, que
Las comunidades citadas hoy han desaparecido, pero subsiste la idea de la mano
común. Existe un derecho sobre una misma cosa por parte de una pluralidad de sujetos,
264
En este sentido, GARCÍA GALLO, A.: prólogo a la versión castellana de PLANITZ, H.: “Principios
de Derecho Privado Germánico”, Ed. Bosch, Barcelona, 1957, p. XXIV.
265
Traducido, gremio o corporación.
266
En este sentido, vid. SCHUPFER, F.: “Il diritto privato dei popoli germanici.....”, cit., p. 162.
267
Tal y como explica PLANITZ, H.: “Principios de Derecho Privado Germánico”, cit., p. 66.
268
Lo explica GIRÓN TENA, J.: “Derecho de sociedades”, cit., p. 148.
269
Con orígenes en uniones agrarias, en cooperativas de pobladores para administrar una explotación
agraria. Sobre ellas, vid. PLANITZ, H.: “Principios de Derecho Privado Germánico”, cit., pp. 70-73.
270
Sobre el tema, vid. PLANITZ, H.: “Principios de Derecho Privado Germánico”, cit., pp. 67-68.
115
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sin que se constituya un nuevo ente ni éste se desintegre en cuotas271. En el caso de las
puede decir que se concibiera lo que hoy entendemos como persona jurídica, pese a
nuevo sujeto: existe un único derecho total con pluralidad de titulares, pero falta el
concepto de cuota273. Por ello, el derecho de los comuneros se extiende a todas las cosas
(germánica) a los postulados jurídicos de la societas (romana): sin embargo, en los usos
prácticamente nula”276.
271
Vid. la explicación aportada al respecto por ROCA SASTRE, R. M., en dos trabajos: “La partición
hereditaria, ¿es acto traslativo o declarativo de propiedad?”, RCDI, 1929, pp. 651-653, y “La comunidad
de gananciales: destino de éstos en caso de renuncia”, RCDI, 1930, pp. 166-168.
272
SALEILLES, R.: “De la personnalité juridique. Histoire et Théories”, París, Lib. A. Rousseau, p. 184.
273
Cuando en el Derecho germánico se habla de cuota, ésta es entendida como condición, posición o
situación del comunero como miembro de la comunidad, pero no como derecho concreto del mismo sobre
una parte de los bienes de dicha comunidad (tal y como explica BELTRÁN DE HEREDIA Y
CASTAÑO, J.: “La comunidad de bienes en el Derecho español”, Ed. Rev. D. Privado, 1954, p. 81).
274
Brevemente, ROCA SASTRE ha explicado estas cuestiones en comentarios colaterales: “La partición
hereditaria, ...”, cit., pp. 651-658 y “La comunidad de gananciales:...”, cit., pp. 166-173.
275
PLANITZ, H.: “Principios de Derecho Privado Germánico”, cit., pp. 85-86.
276
Palabras textuales de CAPILLA RONCERO, F.: “La sociedad civil”, cit., p. 23. Sin embargo, en el
campo de la comunidad de bienes la riqueza de la construcción germánica ha influido también en nuestro
ordenamiento, por lo que la remisión a dicho régimen podría implicar influencia indirecta en el sector del
que nos ocupamos: ¿existirá algún tipo de comunidad sui generis en el caso de la sociedad sin
personalidad jurídica?. Contestaremos a esta cuestión en su momento, pero apuntemos ya el dato.
116
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independiente de los socios y originada en una voluntad exterior a los mismos, a cuyo
Serán los postglosadores los que ampliarían el ámbito de las personas jurídicas,
(hay referencias que datan de 1784), mientras que otros países como Alemania o
reconocía a las sociedades personalidad jurídica, como norma general, y existía una
dicha configuración, que obviaba la personalidad jurídica para las sociedades, como en
instituciones como el Estado, la Iglesia, los Consejos o Municipios, pero ninguna ley
277
Téngase en cuenta, por ejemplo, la acuñación del término persona ficta, contrapuesto a la vera
persona que era la persona física, que influirá en el nuevo significado que adoptarán la universitas y el
corpus.
278
Incluso SINIBALDO DEI FIESCHI consideraba que la societas no era más que el nombre colectivo
que se daba a los socios. Sobre ello, vid. CASTÁN TOBEÑAS, J.: comentario dentro de SCAEVOLA, Q.
M.: “Código Civil”, Tomo XXV, Parte primera, Ed. Reus, Madrid, 1933, pp. 437-438.
117
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Como ejemplo de dicha regulación cabe citar las Partidas, tan apegadas a la
respecto de la concepción romana expuesta, algo que han comentado ilustres autores de
del Título X, señala que “Compañia es ayuntamiento de dos omes, o de mas, que es
fecho con entenció de ganar algo deso uno, ayuntando se los unos con los otros”. Con
algún mecanismo que separase su patrimonio de alguna forma del de cada socio281.
279
La Partida V, dedicada íntegramente a los contratos (pleytos) sigue la doctrina romana en lo que toca a
solemnidades, de tal forma que MARTÍNEZ MARINA llega a señalar que las Partidas V y VI “no
hicieron más que trasladar o extractar las leyes del Código y Digesto” (MARTÍNEZ MARINA, F.:
“Ensayo Histórico-Crítico sobre la Antigua Legislación y principales cuerpos legales de los Reynos de
León y Castilla, especialmente sobre el Código de D. Alonso el Sabio, conocido con el nombre de las
Siete Partidas”, Imprenta de la Hija de D. Joaquín Ibarra, Madrid, 1808, núm. 398, pp. 336-337). No
queda aquí: en la nota 2 a dicho apartado aclara que tanto se respetó al Código Justinianeo, le siguieron
tan ciegamente, que alguna vez que les pareció justo desviarse de él, procuráron justificarse como si
hubieran incurrido en delito, ó cometido un gran atentado. Presenta este autor la Partida V como
“bastante acabada, y forma un bello tratado de legislación”.
280
“Las leyes de esta Partida (Partida V) han sido copiadas servilmente de la legislación romana, y por
consiguiente se encuentran en ellas principios escelentes de eterna justicia, y abundantes sutilezas y
solemnidades ridículas” (ORTÍZ DE ZÁRATE, R.: “Análisis histórico-crítico de la legislación española”,
Tomo I, Vitoria, 1845, p. 181). Sin embargo, su opinión acerca de la misma es elevada: es la más perfecta
y acabada de todas, donde era destacable su respeto casi supersticioso al derecho romano.
281
Sin embargo, existe una extraña referencia en otra parte, en concreto, P. 3, 38, 47, que alude a que
“quando fazen los omes compañias entre si, poniendo que todos los bienes, que han o ganaren dende
adelante, que sea comunalmente de todos los compañeros; que luego que tal compañía ayan fecha, e
firmada, e otorgada entre si, que passa el señorio de todas las cosas, que cada uno dellos ha, a los otros,
también como si unos a otros se oviessen apoderado en todos los bienes, que oviessen, corporalmente”.
Parece aludir a la existencia de un patrimonio común, de acuerdo con la configuración, que estudiaremos
en su momento, de que toda sociedad encierra una comunidad en su seno (sobre ello, vid. SANTOS
MORÓN, M. J.: “La forma de los contratos...”, cit., nota 15, p. 296).
118
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produjo con el Código de Comercio de 1885, en el plano mercantil282, pese a que esa
personalidad era admitida anteriormente, sin soporte legal, por las doctrinas civilista y
mercantilista (incluso por alguna sentencia del TS283). Triunfa en este texto la
exige que las sociedades entren en contacto con terceros como cuerpos morales, para
agilizar el tráfico, algo que en otras épocas no era así (incluso en Derecho romano,
extraeremos los orígenes del artículo 1669 CC, es necesario tener en cuenta la existencia
de toda una serie de textos previos que se elaboraron y sucedieron con la pretensión de
que llegara, cada uno en cada momento, a convertirse en Código Civil (obviaremos los
282
En el Código de Comercio de 1829, por influencia francesa, no se reconocía personalidad jurídica a las
sociedades comerciales.
283
La STS 18-4-1872 señaló que es innegable que al constituirse toda sociedad mercantil se crea una
personalidad jurídica distinta de los socios. Antes de ésta, la STS 17-6-1867 había utilizado el concepto
de persona jurídica para determinar la competencia: no atiende a la del Director, sino a la de la compañía
en cuestión demandada, porque ésta “es en realidad la persona jurídica que ha sido demandada”. Sobre
este tema, vid. DE CASTRO, F.: “Formación y deformación del concepto de persona jurídica (Notas
preliminares para el estudio de la persona jurídica)”, en “La persona jurídica”, cit., nota 203, pp. 197-198.
284
AMORÓS GUARDIOLA, M.: Nota Introductoria a DE CASTRO: “La Persona Jurídica”, cit., p. 15.
119
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naturaleza de todos aquellos (contratos) que son conocidos en las sociedades cultas289.
reguló291.
285
Para su estudio remitimos a BARÓ PAZOS, J.: “Los proyectos de Código Civil de iniciativa particular
elaborados hasta el Proyecto de García Goyena”, en “Escritos Jurídicos en memoria de Luis Mateo
Rodríguez”, tomo II, Universidad de Cantabria, Facultad de Derecho, 1993, pp. 31-52.
286
En este sentido, por todos, tanto CASTÁN TOBEÑAS, J. (comentario dentro de SCAEVOLA, Q. M.,
cit., p. 777) como CAPILLA RONCERO, F. (comentario al artículo 1669 CC, dentro de “Comentarios al
Código Civil y Compilaciones Forales”, Tomo XXI, vol. 1, EDERSA, Madrid, 1986, p. 41).
287
Un repaso que incluye encuadre, breve pero destacable, se encuentra en BOLDÓ RODA, C.:
“Personalidad jurídica y sociedad en Derecho español”, cit., pp. 149-167, así como en GUAL DALMAU,
M. A.: “Las cuentas en participación”, Ed. Civitas, Madrid, 1993, pp. 145-162.
288
Ha realizado un interesante estudio del mismo BARÓ PAZOS, J.: “La Codificación del Derecho Civil
en España (1808-1889)”, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cantabria, 1993, pp. 55-64.
También es bastante clarificador el comentario al respecto de DE CASTRO (CASTRO, F. DE: “Derecho
Civil de España”, tomo I, Ed. Civitas, 1984, original del Instituto de Estudios Políticos, 1949, pp. 187-
188). El texto del Proyecto se puede encontrar en LASSO GAITE, J. F.: “Crónica de la Codificación
Española”, 4, Codificación Civil, vol. II, Ministerio de Justicia, Madrid, 1970, pp. 7-71.
289
Discurso Preliminar, Parte Primera, Libro Segundo, Título VI, De los contratos en particular.
290
En el Discurso Preliminar, parte citada en nota anterior, se señala que “la sociedad conyugal, por
ejemplo, que es una modificación del contrato de sociedad, ...”.
291
Dentro del Libro Tercero, dedicado a la propiedad, derechos reales, obligaciones y contratos, no
redactado, el Título VI se iba a ocupar de los “contratos en particular”, y tras un título general, se
regularía cada contrato en particular, con clara influencia francesa (sobre ello, vid. PESET REIG, M.:
“Análisis y concordancias del proyecto de código civil de 1821”, ADC, 1975, pp. 96-98). Por tanto, pese
a que no disponemos de la posibilidad de reflexionar con la regulación exacta, ésta no hubiera diferido de
la tradición romana. Cabe deducir de ello que no se pretendía dotar de personalidad jurídica a la sociedad
civil ni diferenciarse de la configuración romana de sociedad: en la parte citada del Discurso Preliminar
citado alude a que la Comisión no iba a entrar a examinar cada contrato, indicio de que no iban a existir
modificaciones que justificaran una explicación al respecto en este Discurso.
120
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en un capítulo dedicado a las causas que dan lugar a restitución, en concreto con la
menor edad292. Pero el texto del Proyecto es de escaso interés para nosotros.
nuestra historia codificadora, también incompleto294. La parte que más nos podría
interesar es el Título XI, donde once artículos se ocupan “de las personas morales”,
292
Dice así: “Los cuerpos morales, de cualquier clase, no se reputan menores para gozar de restitución;
pero las personas que intervinieron en la aprobación del acto que causó la lesión son responsables a
prorrata para la indemnización. / Son parte para reclamarla los que tienen interés inmediato en el cuerpo,
por contribuir a sus cargas, o por tener derecho a la percepción de sus ventajas”. Aunque de modo
colateral, es destacable esta referencia expresa, en la que parece evidente la influencia iusnaturalista (vid.
MALUQUER DE MOTES, C.: “La fundación como persona jurídica en la codificación civil: de
vinculación a persona (estudio de un proceso)”, Universitat de Barcelona, 1983, p. 114).
293
Proyecto de Cambronero. Vid. LASSO GAITE, J. F.: “Crónica de la Codificación...”, cit., pp. 73-88.
294
En este proyecto, que pretende superar los defectos del anterior, se prevé un Libro Primero del que
existen tres títulos: el Título IX, “De la tutela y curatela” (ciento quince artículos divididos en trece
capítulos), el Título X, “De la ausencia” (cuarenta y nueve artículos en cinco capítulos), y el Título XI,
“De las personas morales” (once artículos). Es un trabajo que SÁNCHEZ ROMÁN presenta como
ecléctico, pues se nutre de material castellano y foral (SÁNCHEZ ROMÁN, F.: “La Codificación civil en
España, en sus dos períodos de preparación y consumación. Estado del Derecho civil de España, común y
foral, antes y después de la promulgación del Código Civil”, Madrid, 1890, p. 22).
295
El artículo 1 indica que “se entienden legalmente bajo el nombre de personas morales las juntas de
diferentes individuos en un solo cuerpo para objetos de religión, de beneficencia y administración
pública”, y el artículo 2 completa: “pertenecen a esta especie de comunidades: los ayuntamientos, los
cabildos eclesiásticos, los conventos y monasterios, las universidades o academias literarias, los
hospitales y otros cualesquiera institutos destinados al interés general”. Además, la concesión de
personalidad moral se somete a la aprobación de la autoridad, pues es necesaria la “licencia real” para la
válida existencia, conforme al artículo 3, además de la autorización del prelado de la diócesis, si estamos
ante iglesias, conventos, cofradías y cualquier otro establecimiento religioso, según el artículo 4. Los
derechos de las personas morales se rigen, según el artículo 6, por el tenor de sus actas fundacionales y
121
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tratamiento del ordenamiento jurídico privado que se realiza en este texto es parcial, y
atención a la persona jurídica, pero no existe tratamiento del contrato de sociedad civil.
que se redacta completo en nuestra historia codificadora296, y por ello, más elaborado,
aunque tampoco ofrezca una regulación completa de las cuestiones que nos interesan.
objeto determinado y de conocidos límites como los demás297, además de incidir en que,
respecto de su regulación, no ha podido hacerse otra cosa que sentar reglas generales
estatutos, y a la posibilidad de actuación de las mismas se dedican los artículos 7 (derecho de administrar
su patrimonio y de ejercitar acciones en su caso) y 8 (adquisición de bienes inmuebles).
Pese a que hasta este momento sólo se alude a personas morales en las que existe un cierto interés
general, el artículo 9 destaca que “son prohibidas todas las sociedades que tengan un objeto contrario a las
buenas costumbres, a la seguridad pública y a la ley política del reino” (la infracción de este precepto
conlleva sanción penal, conforme al artículo 11), pero en el artículo 10 vuelve a establecer importantes
restricciones en agrupaciones con inquietudes de interés público: señala que “no se entienden vedadas por
esto, antes bien merecen la aprobación de un gobierno ilustrado y paternal del Rey, las compañías y
asociaciones que se dirigen a establecer o fomentar establecimientos de literatura, arte, agricultura,
industria y comercio, con tal que se pongan en noticia del magistrado ordinario del pueblo”.
296
La estructura parece bastante acertada: el texto se divide en cuatro libros, precedidos de una
Exposición de Motivos y de un Título Preliminar. El Título Preliminar se dedica a la cuestión general de
las leyes siguiendo el modelo del Code francés. El Libro Primero se ocupa de las personas en casi toda su
extensión. El Libro Segundo se ocupa de las diversas clases de bienes, del derecho de propiedad y de las
servidumbres. El Libro Tercero es el que más nos va a interesar, dedicado a las obligaciones y contratos y
a la prueba judicial. Engloba a los artículos 865 a 2200, y en él se regulan las obligaciones en general y
los contratos en general para, a continuación, repasar los contratos en especial y dentro de los mismos,
por primera vez, el contrato de sociedad (Título IX, artículos 1438 a 1490). Por último, el Libro Cuarto se
dedica a las sucesiones hereditarias. El texto ha sido recogido por LASSO GAITE, J. F.: “Crónica de la
Codificación...”, cit., pp. 89-320 y comentado por BARÓ PAZOS, J.: “La Codificación...”, cit., pp. 67-87.
297
Continúa: “... Aquél se extiende a toda clase de empresas, contrataciones o negocios; puede abrazar la
universalidad de bienes y la industria; en suma, tiene una extensión, por decirlo así, ilimitada”.
122
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(Título XIV del Libro Primero, artículos 541 a 547), fuertemente influida por los
artículos equivalentes del texto de 1833 y sin novedad relevante respecto de ellos.
Una vez citados estos artículos, que no mencionan clases de personas morales,
tal, existe completa en estos textos. Se encuentra en el Título IX del Libro III, entre los
contratos, artículos 1438 a 1490 (y la sociedad conyugal en los artículos 1491 a 1519).
de diversos artículos. Así, el artículo 1454 señala que a falta de reglas o disposiciones
convencionales de los socios, estarán éstos sujetos a las determinaciones que recoge, y
en el apartado primero indica que “el socio está obligado a poner en la sociedad todo lo
que ha prometido y a responder de evicción de los bienes que haya entregado”. Ese
patrimonio común a los socios, fruto de las aportaciones, destinado a realizar los fines
298
El artículo 1438 señala que “sociedad es un convenio por el cual dos o más personas estipulan poner
alguna cosa en común, con el fin de participar de las ganancias que puedan resultar de esta asociación”.
El artículo 1450 completa este régimen señalando que “la sociedad empieza desde el instante mismo en
que se ha celebrado el convenio, a no ser que en éste se designe día o época en que deba dar principio”.
299
No se reconoce de modo expreso, así que habrá que determinar si se está presuponiendo o no en el
articulado. La regulación se divide en seis capítulos, dedicados a configuración, obligaciones de los
socios entre sí y respecto de terceros, administración de la sociedad, participación de los socios en
ganancias y pérdidas, disolución y efectos respecto de los herederos del socio difunto.
123
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produce algún tipo de modificación en la titularidad del bien. El artículo 1458 alude a
posibles daños causados por socios a la sociedad, con lo que presume dicha diferencia
Por otra parte, el artículo 1462 diferencia los créditos a favor de un socio de los
créditos a favor de la sociedad, e indica que “si uno de los socios tuviere a su favor
algún crédito de cantidad líquida contra un deudor que lo sea también de la sociedad por
otra cantidad líquida y recibiere alguna parte de éste en pago, sin expresarse por cuenta
“sociedad” para designar al conjunto de los socios pero no se configura como ente,
Esto se completa si leemos la alusión expresa a las deudas sociales del artículo 1463,
que señala que “en la sociedad no están los socios obligados mancomunadamente o in
solidum por las deudas sociales. Cada uno de ellos no podrá obligar a los demás
precepto, junto con el artículo 1464301, que alude a relaciones de los socios con terceros
a la sociedad, y establece que cada socio responderá de su parte en las deudas sociales.
Si a todo ello unimos que el artículo 1471 alude expresamente al “fondo o masa
300
Aluden a gastos necesarios y útiles realizados por los socios en beneficio de las operaciones comunes.
301
Señala que “Aún cuando un socio estipule que negocia por cuenta de la sociedad, esta estipulación
sólo le obliga a él y no a los demás, excepto en el caso de que éstos le hubieran autorizado para hacerlo o
que el negocio se haya convertido en beneficio de la sociedad”.
302
Señala expresamente este precepto que “si en el contrato de sociedad no se hubiere expresado la parte
que ha de tener cada socio en las ganancias o pérdidas, será proporcional a lo que hubiere puesto en el
fondo o masa común de la sociedad”.
124
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los socios, con lo que puede hablarse de cierta autonomía patrimonial, atributo típico
personificada pero no configurada como secreta, con la ventaja que implica para los
terceros la existencia de un patrimonio que, como tal, responda de las deudas sociales.
Así llegamos al Proyecto de Código de 1851, esencial para entender nuestro vigente
La regulación del contrato de sociedad civil se establece en los artículos 1564 a 1601,
título XI del Libro Tercero305. A la persona jurídica en general dedica el artículo 33,
303
El más importante y completo de cuantos proyectos precedieron al CC, presentado como influyente,
inquietante y de una renovada actualidad, así como base y fuente primordial del Código en vigor por
VATTIER FUENZALIDA (Alonso Martínez, la Codificación y la Ciencia del Derecho Civil en el siglo
XIX, dentro de ROGEL, C. y VATTIER, C.: “Manuel Alonso Martínez. Vida y Obra”, Tecnos, 1991, p.
483). Prueba de su importancia es el reconocimiento explícito de ello en la Base Primera de la Ley de
Bases de 11 de mayo de 1888. D`ORS y BONET CORREA ponen de manifiesto la interesante mezcla de
tradición de Derecho histórico español e influencia francesa que caracterizan a este proyecto (D’ORS, A.
y BONET CORREA, J.: “En el Centenario del Proyecto Isabelino de Código Civil”, Información
Jurídica, núm. 96, mayo 1951, p. 491). Un estudio detallado de su repercusión en REPÁRAZ PADRÓS,
M.: “La crítica contemporánea al Proyecto de Código Civil de 1851”, ADC, 1997-III, pp. 1015-1220.
304
Este Proyecto representaba el sistema de unidad en su forma más centralista y exclusiva, y fracasará
por una serie de razones, de entre las que RICO-PÉREZ destaca tres: en primer lugar, ser
extremadamente liberal en materia de propiedad y muy radical en cuestiones de tipo religioso y moral; en
segundo lugar, ser excesivamente afrancesado; por último, olvidar demasiado a las regiones forales en su
orientación (RICO-PÉREZ, F.: “La Codificación del Derecho Civil en España”, Separata de <<Pretor>>,
núm. 90, noviembre-diciembre de 1975, p. 13).
305
Libro dedicado a los modos de adquirir la propiedad. Según señala MARTÍNEZ CABALLOS, fue
redactado por LUZURIAGA (MARTÍNEZ CABALLOS, M.: “Aproximación a una perspectiva de la
sociedad civil”, Tortosa, 1990, p. 8). Se divide en cinco capítulos: uno dedicado a disposiciones generales
(artículos 1564 a 1567); el segundo, a la sociedad universal (artículos 1568 a 1571); el tercero, dedicado a
la sociedad particular (artículo 1572); el capítulo cuarto, acerca de las obligaciones de los asociados
(artículos 1573 a 1594, repartidos en dos secciones, dedicadas a las obligaciones de los asociados entre sí
y para con un tercero), y el capítulo quinto, dedicado a los modos de extinción de la sociedad.
125
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atención que parece demasiado escueta306. Este artículo, que parece presuponer el
conocimiento de qué sea una persona moral307, señalaba expresamente que “las
dentro del concepto genérico de “asociaciones reconocidas por la ley”, o bien que en la
306
Es poco acertado dedicar a un tema de la relevancia de la persona jurídica un único artículo. Parece
presente el prejuicio francés de 1804 contra las personas jurídicas. Este escaso tratamiento ya lo criticó en
su día TARRASA: es uno de los dos defectos que denuncia en el texto, que se haya limitado este artículo
a declarar que son personas jurídicas, sin más. “Aunque estas omisiones puedan suplirse por algunas
reglas relativas al contrato de sociedad, éstas, sin embargo, no son enteramente aplicables a toda
asociación, pues se refieren a sociedad económica o de ganancias, y ya hemos visto que hay asociaciones
de otras muchas clases” (TARRASA, M.: “Estudios de Derecho Civil de España comparado con el
Romano y el Extranjero, según el orden del Proyecto de Código Civil Español”, Estudio Primero,
comentario al artículo 33, Imprenta de la Casa-Hospicio, Salamanca, 1866, pp. 292-298). Hay quien
critica de modo más contundente esta escasez en la regulación: basta recoger las palabras de COMAS
para comprobarlo: “... al advenimiento de todas esas grandes fuerzas sociales que son una aspiración en
este siglo, y tal vez la manera de evitar, o aplazar al menos, grandes catástrofes para nuestra Patria, ¿qué
es lo que les dáis en el proyecto de Código civil de 1851? Un artículo, que es el artículo 33 del proyecto
de 1851, que es el 26 del Código que está presentado en el Senado. No hay más: y este artículo ó este
precepto viene á reducirse á los siguientes términos. Dice <<Las corporaciones, los establecimientos y las
asociaciones que estén reconocidas por la ley (me parece, si no recuerdo mal, que estas poco más o menos
son las palabras), serán reputadas como personas morales, dice el uno; como personas jurídicas, dice el
otro>>. / Pues bien; este es el único precepto que yo encuentro en el proyecto de Código civil que intenta
darse á este país” (COMAS, A.: “Proyecto de Código Civil, enmienda presentada al Senado,
Establecimiento Tipográfico de Eduardo Fé, Madrid, 1885, pp. 155-156).
307
MALUQUER DE MOTES ha indicado que en este texto existe la persona moral, pero no se la define.
Se la reconoce como sujeto de derechos y con una capacidad de obrar específica, pero no puede decirse
que el proyecto de 1851 sea la plasmación de toda la idea reinante en la primera mitad del siglo XIX, que
construya en abstracto la figura (MALUQUER DE MOTES, C.: “La fundación...”, cit., p. 134).
126
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civil. Repasaremos dicho articulado que, por otra parte, no aporta grandes novedades308.
pretendía encuadrar bajo este epígrafe, como nuestro vigente artículo 1665309; el
sociedad conyugal.
asociados se dedican los artículos 1573 a 1594, del mayor interés para entender a esta
artículos pueden resultar de interés a la hora de entender esa disposición hacia ello. Así,
el artículo 1580 obliga al socio a responder ante la sociedad por los daños causados, y el
exhaustivo. Por su parte, el artículo 1591 señala que “los socios no quedan obligados
308
FALCÓN indicaba que la sociedad, como los otros contratos, “encuentra reglas precisas y completas
para su régimen, sacadas de cuanto sobre el particular consignaron las leyes romanas y han escrito las
legislaciones más científicas de los tiempos modernos” (FALCÓN, M.: “Historia del Derecho Civil
español, común y foral”, Establ. Vicente Oliva, Salamanca, 1880, p. 678).
309
Señala que “La sociedad es un contrato pro el cual dos ó mas personas se obligan á poner en comun
sus bienes ó industria, ó alguna de estas cosas, con ánimo de partir entre sí las ganancias”. En su
comentario al artículo, destaca GARCÍA GOYENA la necesidad de que cada socio ponga algo en común.
310
“Es nula la sociedad siempre que se aportan bienes, si no se hace un inventario ó estado firmado por
las partes, que deberá unirse á la escritura, cuando esta sea necesaria”.
127
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Del mayor interés es la regulación que establece el artículo 1594, cuando señalaba
que los acreedores de la sociedad eran preferibles a los acreedores de cada socio sobre
los bienes sociales312. Se inserta este artículo dentro de los dedicados a las obligaciones
de los socios con terceros, que se inicia con el artículo 1591 (artículo que recoge la
encontramos los bienes de los socios y, por otro lado, los bienes sociales, afectos éstos
la medida argumentando que la sociedad era una persona moral, conforme al artículo 33
español hasta ahora vigente315, y de dicho artículo se desprende para él que la sociedad
civil es una persona moral316, aunque en los artículos dedicados al contrato de sociedad
311
En su comentario a dicho artículo, GARCÍA GOYENA se centra en la actuación del socio frente a
terceros, pero indica que no responderán mancomunadamente salvo pacto expreso, sino que responderán
de su parte en cada caso (GARCÍA GOYENA, F.: “Concordancias, motivos y comentarios del Código
Civil Español”, Zaragoza, 1974, p. 831).
312
“Los acreedores de la sociedad son preferibles a los acreedores de cada socio sobre los bienes sociales.
Pero, sin perjuicio de este privilegio, los acreedores particulares de cada socio pueden pedir el embargo y
remate de la parte de este en el fondo social; en cuyo caso habrá lugar a la disolución de la sociedad, y el
socio que la ocasione responderá de los daños y perjuicios, si se verificase en tiempo oportuno”.
313
Señalaba GARCÍA GOYENA que “Los socios, pues, aunque respondan de la totalidad de la deuda
social, no responden mancomunadamente, sino cada uno por su parte y porción” (GARCÍA GOYENA,
F.: “Concordancias, ...”, cit., p. 831).
314
La jurisprudencia francesa se servía de la persona jurídica para justificar la preferencia de los
acreedores sociales (vid. GUAL DALMAU, M. A.: “Las cuentas en participación”, Civitas, 1993, p. 158).
315
GARCÍA GOYENA, F.: “Concordancias...”, cit., p. 21.
316
Así lo señala expresamente en la nota al artículo 1594 (GARCÍA GOYENA, F.: “Concordancias,...”,
cit., p. 833). Sigue las ideas defendidas por ROGRON respecto del artículo 1872 del Code (tal y como
128
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civil nada se establece expresamente para tal caso específico. Sintoniza con la
El ser persona moral, entiende GARCÍA GOYENA, conlleva que sea admisible esa
explica CAPILLA RONCERO, F.: comentario al artículo 1699 CC, dentro de “Comentarios al Código
Civil y Compilaciones Forales”, Tomo XXI, vol. 1, EDERSA, Madrid, 1986, pp. 561-562). Realmente,
como indicara SOLÍS VILLA siguiendo a DE CASTRO, está olvidando los precedentes doctrinales
(FONTANELLA, SALGADO DE SOMOZA) que habían justificado dicha presencia en otras razones,
como la acción tributoria (D. 14,4), o bien directamente llegaban a dicha solución sin presuponer la
personalidad jurídica, como en el caso del artículo 297 del C de c de 1829 (SOLÍS VILLA, I.: “La teoría
de la persona jurídica en la obra de Don Federico de Castro”, cit., p. 98; el comentario en CASTRO, F.
DE: “Formación y deformación...”, cit., p. 194). La acción tributoria estaba referida a la posición del
dueño en los contratos celebrados por su esclavo, y se puede leer un texto de interés en D. 14. 4. 5. 16: “Si
el esclavo tenía varios acreedores, pero algunos relativos a determinadas mercancías ¿se habrán de
confundir todos sin distinción de mercancías y habrán de ser llamados todos al mismo reparto? Por
ejemplo, si uno tenía dos negocios distintos, por ejemplo, uno de trajes y otro de tejidos, y tenía un
acreedor en cada uno de ellos: creo que deben ser llamados al reparto separadamente, porque cada uno
debe ser considerado más como acreedor de la mercancía que del propio esclavo (“El Digesto de
Justiniano”, ed. cit., p. 555).
317
Señalan esta influencia de modo destacado AMORÓS GUARDIOLA, M. (Nota Introductoria a DE
CASTRO, F.: “La persona jurídica”, cit., p. 15) y CAPILLA RONCERO, F. (“La sociedad civil”, cit., p.
23). Realiza un breve análisis, pero muy clarificador, SOLÍS VILLA, I.: “La teoría de la persona jurídica
en la obra de Don Federico de Castro”, cit., pp. 96-99.
318
DE CASTRO, F.: “Formación y deformación...”, cit., pp. 175-204, especialmente 192-193.
319
DE CASTRO ha ofrecido una explicación a esa fijación de GARCÍA GOYENA, y señala que quizás
para él, la mención a la societas en D. 46, 1, 22, significa la atribución de la personalidad jurídica a todas
las sociedades (y no sólo a las de Derecho público), “como podría entenderse, señala, de una lectura
apresurada” (DE CASTRO, F.: “Formación y deformación del concepto de persona jurídica...”, cit., nota
192, p. 194). Dicho texto alude a que “la herencia hace de persona, como un municipio, una curia
municipal o una asociación”.
320
En este sentido, CAPILLA RONCERO, F.: “La sociedad civil”, cit., pp. 365-367.
129
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GOYENA parece clara321: estima, como ocurría en Francia, que la persona jurídica es
sociedad322, para cobrarse de los bienes sociales, respecto de los acreedores de los
socios.
Por otra parte, no se alude en precepto alguno a las cuestiones que se insertarán en el
A modo de conclusión de este repaso por los textos citados, podemos señalar que en
una sociedad civil sin personalidad jurídica, pues se estima que se obtienen sus ventajas
de otra forma cuando son necesarias, o lo que es más posible, que no son siquiera
después de los más tímidos pasos sobre autonomía patrimonial en 1836, son los
asociaciones reconocidas por la ley (entre las que GARCÍA GOYENA entiende
sociedad civil en todo caso, precisamente debido a que la considera persona jurídica.
321
Tal y como expuso DE CASTRO, F.: “Formación y deformación del concepto...”, cit., p. 193.
322
Para que existan dichos acreedores, obviamente, es necesaria una proyección exterior de la sociedad,
ya que si la sociedad es meramente interna y no tuvo contacto con terceros a la misma, no existen.
323
En este sentido, DE CASTRO, F.: “Formación y deformación...”, cit., p. 194.
130
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Del repaso de los textos anteriores resulta fácil deducir que existen cuestiones que no
encontrar los antecedentes oportunos del artículo 1669 CC así como la regulación de la
En primer lugar, cabe señalar que el texto se divide en un Título Preliminar y cuatro
asociaciones, que llegaría en 1887, algo que se dejará notar en su redacción. Existirán
324
Por ejemplo, GUTIÉRREZ FERNÁNDEZ alude a ello en diversos momentos de un trabajo ya citado
(GUTIÉRREZ FERNÁNDEZ, B.: “Códigos o estudios fundamentales sobre el Derecho Civil español”,
cit., pp. 468 y 486), o DE MORATÓ, quien alude a la compañía, considerada como una persona jurídica
(DE MORATÓ, D.: “El Derecho civil español con las correspondencias del Romano”, tomo 2,
Valladolid, 1868, núm. 1915, p. 443). TARRASA parte de la personalidad jurídica de la sociedad civil en
su argumentación, critica que el artículo 33 del Proyecto fuese tan escueto, y deba suplirse con la
regulación de la sociedad civil (TARRASA, M. B.: “Estudios de Derecho Civil de España...”; cit. pp.
291-298). ELÍAS indicaba que “la sociedad constituye una persona moral que se considera como distinta
y separada de los asociados (ELÍAS, J. A.: “Derecho civil general y foral de España”, vol. II, tomo III,
Victorino Suárez, Madrid, 1884, núm. 3801, pp. 162-163). Antes, ya MARTÍ DE EIXALÁ señalaba que
“toda sociedad una vez formada es un ser moral que contrata, obliga y se obliga, de la misma manera que
cualquier persona” (MARTÍ DE EIXALÁ, R.: “Tratado elemental del Derecho Civil Romano y Español”,
tomo 2, Imprenta de Joaquín Verdaguer, Barcelona, 1838, p. 260). Realizan un resumen completo de
dicha situación y citan los trabajos oportunos CABANAS TREJO, R. y BONARDELL LENZANO, R.:
“La vuelta a la caverna: la sociedad civil no tiene personalidad jurídica (Comentario crítico de la Res. de
la DGRN de 31 de marzo de 1997)”, La Notaría, núm. 4, abril de 1997, pp, 63-64, así como en
“Reflexiones en torno a la personalidad jurídica de las sociedades civiles (Comentario crítico a la
RDGRN de 31 de marzo de 1997)”, Revista de Derecho de Sociedades, núm. 9, 1997, pp. 374-375.
325
El Libro Cuarto está dedicado a las Obligaciones. Este Libro es bastante especial, pues una parte sigue
la numeración correlativa del texto y otra parte no, y ni siquiera aparecen los Títulos numerados. Entre
estos no numerados se dedica un título a la sociedad sin personalidad jurídica, título compuesto por 46
artículos, y otro título a la sociedad con personalidad jurídica, título siguiente, artículos 47 a 55.
131
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evidente327.
las sociedades sin personalidad jurídica328, mientras que el segundo, titulado “De las
326
Podemos encontrar el articulado de los mismos, así como las fuentes de inspiración en cada momento,
en PEÑA BERNALDO DE QUIRÓS, M.: “El anteproyecto del Código civil español (1882-1888)”, en
Centenario de la Ley del Notariado, cit. En concreto, el Título De la sociedad, en pp. 634-657, y el Título
De las sociedades con personalidad jurídica, en pp. 657-660. De este autor también resulta muy
clarificador “El Anteproyecto del Código civil en 30 de abril de 1888”, ADC, 1960, pp. 1171-1193.
Ambos serán, por su interés, citados con frecuencia en nuestra exposición.
327
La influencia del Anteproyecto belga de LAURENT, de 1879 es muy importante, como se comprobará
casi en cada precepto. Este texto, el Avant Projet de révision du Code civil redigé par F. Laurent, nunca
llegó a ser ley, y su valor fue realmente doctrinal. Se le achacaba acendrado liberalismo y según algunos,
carácter sectario, pero en cualquier caso, nadie negaba a LAURENT su condición de gran jurista, gran
civilista y auténtico liberal, el más grande jurista belga del siglo XIX. Su relevancia es explicada por
PEÑA BERNALDO DE QUIRÓS, M., en el Estudio preliminar al anteproyecto (“El anteproyecto del
Código civil español (1882-1888)”, cit., p. 33, nota 97). De todas formas, para repasar las influencias del
texto en general, vid. PEÑA BERNALDO DE QUIRÓS, estudio preliminar citado, pp. 24-35. Para el
texto, con los comentarios del autor, vid. LAURENT, F.: “Avant-Projet de Révision du Code Civil”,
rédigé par F. Laurent sur le demande de M. Le Ministre de la Justice, Bruxelles, Typographie Bruylant –
Chripstophe & Compagnie, 1885, T. V, sobre la sociedad, artículos 1873-1958, pp. 401-543.
Para profundizar en la personalidad de LAURENT, vid. SALVADOR CODERCH, P. y
SANTDIUMENGE LL. M., J.: “La influencia del Avant-Projet de Revision du Code Civil belga de
François Laurent en el Código civil español de 1889”, en Centenario del Código Civil (1889-1989), tomo
II, Profesores de Derecho Civil. Ed. Centro de Estudios Ramón Areces, Madrid, 1990, pp. 1927-1932.
328
La mentalidad es típicamente romana, tal y como se plasmará en otros textos de otros países por esa
época. Engloba este título los artículos 1 a 46, repartidos en cinco capítulos: disposiciones generales
(artículos 1 a 8), sociedad universal (artículos 9 a 14), sociedad particular (artículo 15), obligaciones de
los socios (artículos 16 a 37, en dos secciones, relativas a las obligaciones de los socios entre sí, y a las
obligaciones de los socios para con un tercero), y modos de extinción de la sociedad (artículos 38 a 46).
132
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jurídica. Es presentada, conforme al artículo 1, como “un contrato por el cual dos o más
personas se obligan a poner en común dinero, bienes o industria, con ánimo de partir
civil no se verá dotada, como criterio general, de personalidad jurídica. Y este espíritu
las reconoce como tales en España, a no concedérsela una ley o los tratados”333.
329
Texto coincidente con nuestro vigente artículo 1665 CC, y casi literalmente con el artículo 1564 del
Proyecto de 1851: “la sociedad es un contrato por el cual dos o más personas se obligan a poner en común
sus bienes o industria, o alguna de estas cosas, con ánimo de partir entre sí las ganancias”.
330
“La sociedad civil se podrá constituir en cualquiera forma, salvo en el caso de aportarte a ella bienes
inmuebles o derechos reales, en el cual será necesaria la escritura pública”. Este artículo no tiene
precedente ni en el Proyecto de 1851 ni en el Anteproyecto de LAURENT.
331
“Es nula la sociedad, siempre que se aporten bienes, si no se hace un inventario de ellos firmados por
las partes, que deberá unirse a la escritura cuando ésta sea necesaria”.
332
Artículo de clara inspiración belga. El artículo 1879 del Anteproyecto de revisión del Código belga de
LAURENT, que inspira este precepto, se expresaba en estos términos: “Le société civile ne forme pas une
individualité juridique distincte de celle des associés” (en traducción incluida por PEÑA, “La sociedad
civil no constituye una individualidad jurídica distinta de la de los socios”). En el comentario a este
artículo, LAURENT admite que la Corte de Casación de Bélgica hizo excepción con las sociétés
charbonnières, dedicadas a la explotación minera (LAURENT, F.: “Avant-Projet...”, cit., p. 406). Explica
las mismas en LAURENT.F.: “Principes de Droit Civile”, t. XXVI, Bruxelles, Bruylant-Christophe & C.
Éditeurs, Paris, Librairie A. Maresq, Ainé, 1878, núms. 419-431, pp. 423-437.
333
Artículo prácticamente idéntico al artículo 1880 del Anteproyecto de LAURENT. Este tema es
comentado por LAURENT en su “Droit Civil internationale”, t. IV, Bruxelles, Bruylant-Christophe & C.
Éditeurs, Paris, Librairie A. Maresq, Ainé, 1880, núms. 119-143, pp. 231-280. Al nacer una persona
133
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en algún caso concreto (supuestos del título segundo), únicamente cuando se estimaba
necesario, que será algo que deba definirse en el Título dedicado a las sociedades con
personalidad jurídica. Pero como criterio general, y en sintonía, por tanto, con el tenor
literal del Code francés de 1804, el Codice italiano de 1865 o el Código portugués de
se reconoce personalidad sólo por medio de la ley (artículo 1943), como se hace con las
ponen de manifiesto que esos socios responden de las deudas sociales del modo
descrito335. Es lógico que así sea, pues no existe persona jurídica que deba hacerse cargo
de las mismas (en la sociedad personificada será diferente, conforme al artículo 51).
jurídica estamos ante la creación de una ficción, y ello implica reconocimiento del legislador, pero sólo el
legislador de un Estado puede crear personas jurídicas en él (fuera de él no tiene autoridad).
334
Estas medidas parecen lógicas, teniendo en cuenta el objeto social al que se dedicaban estas
sociedades, las explotaciones mineras, labor tan peligrosa en esa época, con lo que una ilimitación de la
responsabilidad por parte de los socios desincentivaría la participación en esta empresa, con lo que ello
implicaría en el sector de la explotación minera y, por tanto, de la economía en general.
335
El artículo 34 señala que “Para que la sociedad quede obligada con un tercero por los actos de uno de
los socios, se requiere: 1º que el socio haya obrado, en su carácter de tal, por cuenta de la sociedad. 2 que
tenga poder para obligar a la sociedad en virtud de un mandato expreso o tácito. 3º que haya obrado
dentro de los límites que le señala el poder o mandato”.
El artículo 35 indica que “Los socios no quedan obligados solidariamente respecto de las deudas de la
sociedad; y ninguno puede obligar a los otros por un acto personal suyo, si no le han conferido poder
expresamente para ello. / La sociedad no queda obligada respecto a tercero por actos que el socio haya
realizado en su propio nombre; pero queda obligada para con el socio en cuanto dichos actos hayan
redundado en provecho de ella. / Si el socio se ha obligado en nombre de la sociedad, pero sin poder para
134
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Sin embargo, un dato puede ser de especial interés respecto de estas sociedades sin
dedicado a este tema, que se expresa en estos términos: “Los acreedores de la sociedad
son preferentes a los acreedores de cada socio sobre los bienes sociales. Pero, sin
perjuicio de este privilegio, los acreedores particulares de cada socio pueden pedir el
embargo y remate de la parte de éste en el fondo social; en cuyo caso habrá lugar a la
el Proyecto de 1836 (el artículo 1462) y otro idéntico al ahora comentado en el Proyecto
sociedad y patrimonios de los socios para responder, como se deducirá del artículo 51.
un contrato inter partes y sin que nazca un ente que actúe como tal frente a terceros. Se
configura el contrato para no tener relaciones con terceros como tal ente, ya que la
personalidad jurídica se reconocerá sólo en los supuestos del siguiente apartado. Ésta
estudiaremos en su momento. Pero debemos apuntar el dato ya aquí: estamos ante una
sociedad que no operará en el tráfico jurídico como ente, donde existe cierta autonomía
patrimonial, pero son los socios los que responden de las deudas. Pese a existir una
hacerlo, la sociedad quedará obligada respecto a tercero en cuanto se haya aprovechado de los actos del
socio. / Lo dispuesto en este artículo se entiende sin perjuicio de lo establecido en la regla 1ª del art. 32”.
135
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Hay que esperar al segundo título del Anteproyecto, que comprende a los artículos
47 a 55, recogidos bajo la rúbrica “De las sociedades con personalidad jurídica”, para
algo que no entraba dentro de los esquemas romanos y que, posiblemente, se redactase
pensando en un concepto más amplio que el que aquí entendemos como sociedad civil
sin más. Es la primera vez que un texto en nuestro país reconoce claramente
Repasemos cada precepto de este segundo título para hacernos una idea de esta
historia codificadora. El artículo 47, donde también se percibe la influencia belga del
Por último, el artículo 36 señala que “Los socios responden por partes iguales al acreedor con quien
contratan, aunque su interés social sea desigual, a no haberse pactado lo contrario; pero los socios serán
responsables entre sí en proporción a su interés social”.
336
Ciertamente, en el caso de las sociedades mercantiles, el Código de Comercio acababa de conceder esa
personalidad en 1885 (en este sentido, el artículo 116, que corregía la redacción del antiguo artículo 264
del Código de 1829), pero en el campo de las sociedades civiles era nueva esa regulación, tan diferente no
sólo a la tradición romana, sino a los textos europeos de la época, como veremos. Es bastante posible que
esa regulación mercantil citada influyera en el texto del presente Anteproyecto (hasta ese momento no se
había planteado nunca en nuestros textos esa posibilidad: simplemente existía una opinión personal de
GARCÍA GOYENA que no se plasmaba expresa e indubitadamente en su Proyecto), y la euforia por la
persona jurídica que lo inspira, así como el conocimiento de los problemas prácticos derivados de las
regulaciones europeas de la época, y los debates doctrinales y decisiones jurisprudenciales que pretendían
solucionar dichos problemas. La sociedad configurada para actuar como ente frente a terceros. Ésta será
la base de lo que después cierta doctrina denominará sociedad externa.
337
En concreto, en este caso hay que indicar que el artículo 1943 del Anteproyecto de LAURENT se
expresaba en estos términos: “Les associations de personnes, sans distinguer si elles forment des sociétés
civiles ou non, ne peuvent être personnifiées ou incorporées que par la loi ou en vertu de la loi”. Principio
universalmente admitido, según LAURENT, en sociedades a las que denomina incorporées (comentario
al artículo 1943, en “Avant-Projet...”, cit., p. 444).
136
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personal de los individuos que las componen, cuando tienen dicho concepto por la ley o
aludir a la concesión de personalidad jurídica parece fuera de toda duda, como se puede
vaya algo más lejos admitiendo la persona jurídica, pese a sus prejuicios). Esta
regulación tan intervencionista no pasará al código, pues éste se verá inspirado por
civil: no sólo se reconocerá como norma general, sino que no se exigirá esa intervención
pública aquí establecida para que surja la persona jurídica. Del artículo 47 se deduce
que la personalidad no surge del ente, sino que es reconocida por la autoridad oportuna.
Al artículo 5 del anterior Título, por tanto, hay que añadir este precepto que alude a
propio epígrafe de cada título: el título relativo a la sociedad sin personalidad jurídica
es, genéricamente, “de la sociedad”, mientras que este segundo título, excepción al
anterior, es “de las sociedades con personalidad jurídica”. Es más, en este artículo
escasa simpatía por la libertad de asociación, al dejar la vida jurídica de las asociaciones
artículo 47 citado unimos los artículos 53.1 y 55, que repasaremos a continuación339.
338
PANTALEÓN PRIETO, F.: “Asociación y sociedad...”, cit., nota 45, p. 30.
339
Esta regulación tan estricta puede plantear importantes problemas no tratados: imaginemos que una
sociedad pretende que se reconozca su personalidad jurídica, pero todavía ello no ha ocurrido. Si se ha
constituido válidamente como sociedad, mientras se resuelve el reconocimiento de su personalidad
jurídica, ¿se rige por las normas de la sociedad civil sin personalidad jurídica? ¿Por las de la comunidad
de bienes, a las que remite el artículo 55 para el caso de que no se reconozca la misma? No se resuelve en
el texto dicha situación, aunque parece que no puede operar plenamente en el mercado como ente, pues
no lo es todavía, pese a la voluntad de los socios. Sin embargo, no se puede actuar respecto de la misma
como si se le hubiese denegado la personalidad, pues tampoco es el caso. Las partes pretenden configurar
137
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Los artículos 48 y 49, aluden a aspectos novedosos que implica para estas sociedades
oneroso o gratuito, disponer de sus bienes y comparecer en juicio340, aunque “por medio
personalidad, o con arreglo a sus estatutos”, según el artículo 49, pues “los asociados
El artículo 50, también receptor de la influencia belga que orienta a todos estos
preceptos342, señala que “el derecho de modificar los estatutos, cuando proceda,
señala que “los acuerdos se toman por mayoría, formada con arreglo a los mismos
que “los acreedores de la sociedad carecen de acción contra los socios en particular, y
sólo pueden reclamar contra la misma y cobrarse del fondo social”343. Parece lógico, y
su sociedad para que opere en el mercado, así que no parece exacto remitir sin más al régimen de las
sociedades sin personalidad jurídica. Parece que entre las partes se deben regir los socios por lo pactado,
salvo en aquello que presuponga personificación, mientras que frente a terceros, teniendo en cuenta que
habrá actuado ofreciendo una imagen social en el mercado y que se debe proteger esa confianza suscitada,
si ello ha ocurrido así debiera poder entenderse personificada a los efectos de dirigir contra ella
reclamaciones, aunque no exista persona jurídica. Responderán dichos socios en la proporción por ellos
pactada o que sea deducible de la proporción de sus aportaciones, sin perjuicio de que puedan exigir la
oportuna responsabilidad a los actuantes en su caso.
340
Artículo 48, prácticamente calcado del artículo 1944 del Anteproyecto de LAURENT.
341
Este artículo es la reproducción del artículo 1945 del Anteproyecto de LAURENT.
342
En este caso, el artículo del Anteproyecto de LAURENT que lo inspira es el artículo 1946.
343
Nuevamente, la inspiración belga es innegable, como se deduce de su cotejo con el artículo 1947 del
Anteproyecto de LAURENT, que indica que “Les créanciers de la société ont pour l`être fictif avec lequel
ils ont traité, et pour gage le fonds social. Ils ne sont pas créanciers des associés, et les créanciers des
associés ne sont pas créanciers de la société; ils n’ont pour gage que les biens de leur débiteur, sauf à
exercer les droits de leur débiteur dans le fonds social, après que les crèanciers de la société sont payés”.
138
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es importante: existe una persona jurídica que actúa como tal, y se debe ser consecuente
donde los socios respondían de las deudas. Aquí existe persona jurídica, y será la misma
la que responda, como persona jurídica que es, y además diseñada como perfecta344. El
artículo 52, también congruente con la personificación social, señala que “las
personalidad jurídica de la sociedad civil es el artículo 53346, donde se señala que “La
acabar por la voluntad unánime de los socios, a no impedirlo alguna de las cláusulas de
El artículo 54 indica que “en caso de disolución (...), el activo social se dividirá entre
El artículo 55, último dedicado al tema, y que, debido a su importancia para nuestra
reflexión, será estudiado a continuación de modo más extenso, indica que “las
344
Esta regulación no se trasladará al CC, donde del artículo 1698 se deduce que estamos ante una
persona jurídica imperfecta. Por tanto, tal y como se configura en el Anteproyecto, la sociedad civil sólo
se verá personificada de modo excepcional, pero cuando ello ocurra la persona jurídica es perfecta.
345
Artículo prácticamente idéntico al artículo 1948 del Anteproyecto de LAURENT, y es congruente con
la configuración plasmada.
346
El artículo del Anteproyecto de LAURENT que inspira este precepto es el 1949.
347
El artículo 1950 del Anteproyecto de LAURENT es el que inspira este precepto.
139
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que no adquieran el concepto de persona jurídica según el artículo 46, se regirán por las
socios, en los contratos con relación a terceros, como personas particulares”. Por tanto,
En resumen, una vez repasados todos los preceptos de interés del texto de este
segundo título, y teniendo siempre presente la redacción del artículo 5 y los propios
epígrafes de los títulos, parece que la personalidad jurídica se presenta como algo
artículo 53 citado, lo que acentúa esa excepcionalidad y esa visión restrictiva del
derecho de asociación. Sin embargo, una vez que existe persona jurídica, ésta es
perfecta. Esa visión es inspirada por el Anteproyecto belga citado, donde la sociedad
para ver cómo se reconoce claramente personalidad jurídica a una sociedad civil,
aunque de modo especial: por concesión del poder público y entendida restrictivamente.
artículos (artículos 1665 a 1708) encuentren su precedente, salvo el artículo 1669 que
nos ocupa, cuyo relativo antecedente lo tiene en el artículo 55, ubicado en el Título
140
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pasa a ser la regla general. Toda sociedad civil goza de personalidad jurídica, salvo que
se encuadre en el supuesto de hecho del artículo 1669 CC, que indica que “No tendrán
personalidad jurídica las sociedades cuyos pactos se mantengan secretos entre los
socios, y en que cada uno de éstos contrate en su propio nombre con los terceros. / Esta
Ningún artículo concede de modo positivo esa personalidad, pero sí se considera que no
existe dicha personalidad en el caso del artículo 1669. Únicamente aquí, claro está.
Aunque por propia sistemática derivada de la situación previa, tal y como se han
insertado los artículos 1669 y 1670 en el CC, o bien se ha realizado dicha labor de
personalidad jurídica y que por causa del artículo 1669 pasa a regular sociedades con
Por otra parte, otro dato venía a enrarecer la cuestión348: el tratamiento que se
dispensaba a las sociedades con personalidad, realmente, parece exceder de lo que viene
a ser la regulación del contrato de sociedad civil, y quizá realmente estábamos ante un
vigente. Sin embargo, antes de que estuviese preparado el CC, se redactó una nueva Ley
141
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Por tanto, una reforma de última hora provoca que cambie radicalmente la
después, parte de la base de que todas las sociedades civiles gozan de personalidad
jurídica, salvo la que quede encuadrada en su propia órbita (es fácilmente deducible de
Persona jurídica que, además, se configura como imperfecta: la sociedad civil gozará
personalidad jurídica en los países de nuestra órbita más próxima: así, en Francia sólo se
reconoció expresamente con la reforma del artículo 1842 del Code producida por la Ley
348
En este sentido, CAPILLA RONCERO, F.: comentario al artículo 1669 CC, dentro de “Comentarios al
Código Civil y Compilaciones Forales”, cit., p. 42.
349
Se concede dicha personalidad generosamente. Señala DE CASTRO, como novedad del CC frente al
Proyecto de 1851, “...... la generosidad con la que se atribuye la personalidad jurídica, concedida a todas
las sociedades civiles, excepto a las que mantengan sus pactos secretos (1669)” (DE CASTRO, F.:
“Estudio preliminar” al Código Civil de España, Inst. de Cultura Hispánica, Madrid, 1959, pp. 20-21).
350
El artículo 7.1. a) de la Ley 43/1995, de 27 de diciembre, reguladora del Impuesto de Sociedades,
establece que serán sujetos pasivos del Impuesto las personas jurídicas, excepto las sociedades civiles. El
artículo 10 de la Ley 40/1998, de 9 de diciembre, reguladora del IRPF, establece que las rentas
correspondientes a las sociedades civiles, tengan o no personalidad jurídica, se atribuirán a los socios
según las normas o pactos aplicables y si éstos no constaran a la Administración Tributaria
fehacientemente, se atribuirán por partes iguales. Diferencia, por tanto, ambos tipos de sociedades civiles.
351
Ello se comprueba leyendo el artículo 1698 CC, tan diferente del artículo 51 del Anteproyecto, que
diseña la vinculación de los patrimonios particulares de los socios al cumplimiento de las deudas sociales.
352
Algo perfectamente comprobable observando, por ejemplo, que conforme al artículo 1700.3 CC, la
sociedad se extingue por muerte de cualquier de los socios, algo inimaginable en una sociedad capitalista.
142
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de 4 de enero de 1978353, ya que antes el Code era bastante reacio a ello354, y la reforma
353
Pasó a expresarse en estos términos: “les sociétés autres que les sociétés en participation visées au
chapitre III jouissent de la personnalité morale à compter de leur immatriculation”.
354
Esto es explicado con cierto detalle por CAPILLA RONCERO, F.: “La persona jurídica...”, cit., pp.
22-25. Vid. también DELHAY, F.: “La nature juridique de l’indivision...”, cit., pp. 353-367.
355
Repasa esta última Sentencia y su importancia, THIRY, M. V.: “Des rapports existant dans les sociétés
civiles entre les asociés et les tires”, Revue Critique de Legislation et de Jurisprudence, tome 7, 1855, pp.
289-316. Ya previamente había estudiado el tema en THIRY, M. V.: “Les sociétés civiles constituent-
elles de persones juridiques distinctes de celles des asociés?”, Revue Critique de Legislation et de
Jurisprudence, tome 5, 1854, pp. 412-446.
356
En este texto no se reconocía expresamente personalidad jurídica a la sociedad civil, por causa de la
influencia francesa al respecto (COELHO DA ROCHA. M. A.: “Instituiçôes de Direito civil Portuguez”,
Coimbra, 1867, tomo II, p. 672). La regulación de la sociedad civil se encuentra en el Capítulo II (Do
contrato de sociedade) del Título II (Dos contratos em particular) del Livro II (Dos direitos que se
adquirem por ipso e contade propia e de outrem conjunctamente), artículos 1240 a 1280. De ellos, el
artículo 1240 encuadra a la sociedad, y ningún artículo alude expresamente a la concesión de
personalidad jurídica. Es más, se señala que los socios responden frente a los acreedores, en proporción a
sus respectivas partes en la sociedad, salvo pacto en contrario (artículo 1273), aunque existe un
patrimonio social destinado preferentemente a los acreedores sociales (artículo 1274: “os credores da
sociedade preferem aos credores de cada um dos socios, pelo que toca aos bens sociaes; mas podem os
credores particulares de cada socio penhorar, e fazer execuçâo, na parte soial do devedor”). Ante la falta
de declaración expresa, la doctrina interpreta el texto y extrae sus conclusiones respecto de la
personalidad jurídica de la sociedad civil. La mayoría de la doctrina defendía que la sociedad civil no
gozaba de personalidad jurídica, pues ni se señala expresamente, ni se deduce del articulado indicado (en
este sentido, autores como MOREIRA, GONÇALVES o ANDRADE). Sin embargo, un sector bastante
minoritario defendía que sí existía esa persona jurídica que era la sociedad civil, pese a que no se
estableciera expresamente (autores como DIAS FERREIRA o TAVARES): para defender su postura
aludían a que la sociedad civil era una entidad con derechos, bienes y obligaciones, que era representada
143
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del texto de 1942359 (por supuesto, antes de 1865 tampoco se reconocía en los diversos
en juicio por sus administradores, y gozaba de un patrimonio propio. Estos argumentos eran puestos en
duda por la doctrina mayoritaria, que indicaba que el patrimonio autónomo era fruto de la constitución, y
el tema de la representación en juicio, tal y como se exponía por esta doctrina minoritaria, era inexacto,
pues los administradores comparecían por mandato expreso de los consocios, o de lo contrario debían
comparecer todos (DIAS FERREIRA, J.: “Codigo Civil Portuguez annotado por J. D. F.”, volume III,
Imprenta Nacional, Lisboa, 1872, p. 311). En cualquier caso, debemos destacar la clara influencia del
Derecho romano en dicha configuración: en ningún momento se plantea reconocer personalidad jurídica a
la sociedad civil, debido a los esquemas romanos que siguen predominando en la construcción de la
sociedad civil. Y ni se recoge expresamente, ni parece que estuviera en la mente del codificador, a la vista
del articulado, pese a los argumentos de la doctrina minoritaria citada.
357
Aprobado el nuevo Código civil por Decreto-Lei nº 47344, de 25 de noviembre de 1966, la sociedad
civil es regulada en sus artículos 980 a 1021 (forma el capítulo III, Sociedade, del Título II, Dos contratos
em especial, del Livro II, Direito das Obrigaçôes). Tampoco se resuelve expresamente el tema: ningún
artículo concede expresamente esa personalidad, ni parece perfectamente deducible de dicho articulado.
Predomina la doctrina que niega la personalidad jurídica de la sociedad civil, autores como MOTA
PINTO, BRAZ TEIXEIRA, ALVES DOS SANTOS o CASTRO MENDES (vid. ANDRADE PIRES DE
LIMA, F. y ANTUNES VARELA, J. M.: “Código Civil Anotado”, Coimbra, vol. II, 1986, pp. 310-311).
Algunas normas inciden en la idea de cierta autonomía patrimonial, pero no estamos ante una nueva
persona jurídica. Respecto de la responsabilidad por las obligaciones sociales, señala el artículo 997, en
su párrafo primero que “Pelas dívidas sociais respondem a sociedade e, pessoal e solidariamente, os
sócios”. Y el párrafo segundo acepta la existencia de un patrimonio social (“Pórem, o sócio demandado
para pagamento dos débitos da sociedade pode exigir a previa excussâo do patrimonio social”), además
de no admitirse, en el artículo 1100 la compensación por las obligaciones de los terceros respecto de los
socios y de la sociedad (“Nâo é admitida compensaçao entre aquilo que um terceiro debe à sociedade e o
crédito dele sobre algum dos sócios, nem entre o que a sociedade debe a terceiro e o crédito que sobre
este tenha algum dos sócios”).
En conclusión, el Código portugués no concede expresamente la personalidad jurídica a la sociedad civil,
y tampoco es deducible de los artículos de la regulación oportuna, pese a la existencia de un patrimonio
social, ya presente en el anterior texto, y de la existencia de una organización para la gestión de la misma.
La doctrina mayoritaria entiende que no goza de personalidad jurídica.
358
La società civile se regula en el Título X del Libro III (“Dei modi di acquistare e di trasmettere la
propietà e gli altri diritti sulle cose”), titulado “Del contratto di società”, y que ubica al contrato de
sociedad, como contrato que es, junto al resto de contratos, como la compraventa, la permuta , el alquiler,
el mandato o la transacción, artículos 1697 a 1736. Durante la elaboración del texto, se rechazó
expresamente en la Comisión de Coordinación de la Cámara de Diputados la concesión a la società civile
144
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de personalidad jurídica (vid. BATTISTA, M.: “Del contratto di società e del mandato”. Eugenio
Marghieri (Napoli) / UTET, 1925, en “Il Diritto Civile Italiano secondo la dottrina e la giurisprudenza”,
núm. 34, p. 119, y GIORGI, G.: “La dottrina delle persone giuridiche o corpi morali esposta con speciale
considerazione del Diritto moderno italiano”,vol. I, (Parte Generale), Firenze, Casa Editrice Libraria
“Fratelli Cammelli”, 1913, n. 27, p. 78). En conclusión, la falta de personalidad jurídica la deducimos
tanto de que expresamente no se reconoce, como de que no es posible deducirlo de modo tácito, teniendo
en cuenta el propio proceso de elaboración del Codice, sus claras influencias romanas y su propio
articulado orientado en sentido opuesto a la creación de una persona jurídica de este contrato. Ni siquiera
puede deducirse la existencia de una autonomía patrimonial, ya que no nace un patrimonio social distinto
del patrimonio de los socios y con el cual los acreedores puedan satisfacerse prioritariamente respecto a
los otros acreedores, y esto es perfectamente deducible de los artículos 1726 a 1728, dedicados a regular
las obligaciones de los socios frente a los terceros.
359
En el texto de 1942, vigente, el dato de interés inicial será la desaparición de la società civile y la
aparición de la società semplice, que pretende superar problemas de la anterior configuración,
modificando la estructura e intención. Es un grave error equiparar ambas, como han realizado algunos
autores, porque implica desconocer la intención del proceso de tránsito del uno a la otra (por ejemplo,
TORRES PEREA, J. M.: “Alcance de la personalidad jurídica de la sociedad civil externa”, cit., p. 142).
La società semplice no se ubica entre los contratos (Livro IV, dedicado a las obligaciones), sino en el
Título V del Livro V, “Del lavoro”, que incide más en cuestiones de organización empresarial.
Sin embargo, pese a ese ánimo de ruptura, no existe artículo que, de modo expreso, reconozca la
personalidad jurídica a la società semplice (como ocurre en el caso de la società per azioni con el artículo
2331), por lo que, como ocurría en el texto de 1865, se debe interpretar y deducir del articulado si se
reconoció o no dicha personalidad, con lo que ello conlleva. Lógicamente, doctrina y jurisprudencia
discuten y se defienden posturas diversas: desde que la società semplice es una persona jurídica, hasta que
de ninguna forma lo es, pasando por posturas intermedias que aluden a la existencia no de personalidad
jurídica, pero sí de autonomía patrimonial (cierta autonomía patrimonial, vid. GORLA, G.: “Le società
secondo il nuovo Codice. Breve guida pratica”, Milano, Dott. A. Giuffrè Editore, 1942-XX, p. 1).
Parece claro, si se repasa la regulación de la misma, que no goza de personalidad jurídica, ya que no
existe artículo alguno que se la conceda expresamente (como hace, por ejemplo, el artículo 2331 para la
sociedad por acciones), ni se puede deducir del resto de articulado, aunque sí que existe autonomía
patrimonial, derivable del artículo 2267, que garantiza el derecho de los acreedores sociales a cobrarse
sobre el patrimonio social. Como las otras dos sociedades personalistas, la società in nome collettivo y la
società in accomandita semplice, la personalidad jurídica no es atributo de la misma, siéndolo solamente
de las sociedades de capital.
360
Estos textos se han recopilado en “Collezione completa dei Moderni Codici Civili degli Stati d’Italia
secondo l’ordine cronologico della loro pubblicazione”, Libreria della Minerva Subalpina, Torino, 1845.
De la lectura de los mismos se desprende que no aportarán nada sustancialmente novedoso a la regulación
codificada de 1865.
145
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Mientras, en Alemania, a la sociedad civil, regulada en los parágrafos 705 a 740 del
ellos en mano común364; en cualquier caso, en el Derecho alemán existe gran riqueza de
361
Parágrafos que componen el Título Decimocuarto del capítulo Séptimo, dedicado a “Relaciones
obligacionales especiales”.
362
Únicamente una norma procesal parece presuponer que la sociedad civil no tiene personalidad jurídica,
y es el parágrafo 736 ZPO, que exige un título contra los socios para demandarlos (tal y como indica
TORRES PEREA, J. M. DE: “La personalidad jurídica de la sociedad civil externa. Estudio comparativo
de los ordenamientos español y alemán.”, Diario La Ley, núm. 5539, 8 de mayo de 2002, p. 6, nota 22).
Si se partiese de la consideración de la sociedad como persona, bastaría con tener un título contra ella, sin
más, para demandarla.
De hecho, al estudiar el Registro mercantil alemán, SEQUEIRA MARTÍN reflexiona sobre la
personalidad jurídica de las sociedades personalistas y divide a las figuras asociacionales en “sociedades
en sentido estricto”, carentes de personalidad, y “asociaciones”, reguladas en la parte general referente a
las personas jurídicas. Las primeras se regulan en los parágrafos 705 y siguientes (SEQUEIRA MARTÍN,
A.: “La eficacia de la publicidad registral mercantil (Introducción histórica y Derecho Comparado)”,
RCDI, núm. 629, 1995, pp. 1265-1269).
363
Vid. HEDEMANN, J. W.: “Tratado de Derecho Civil”, vol. III, Derecho de Obligaciones, Rev. Dº
Priv., 1958, pp. 453-458. En contra, SCHLECHTRIEM, P.: “Schuldrecht Besonderer Teil”, cit., p. 232).
364
Esta estructura conlleva unas claras consecuencias. De entrada, la sociedad, como tal, y salvo ciertas
excepciones, no puede demandar ni ser demandada bajo su nombre; en segundo lugar, los socios
responden personal y solidariamente de las deudas de la sociedad; en tercer lugar, la sociedad de extingue
por una serie de causas que no tienen por consecuencia la extinción de una corporación; por último, no se
admite un concurso sobre el patrimonio de la sociedad). Vid. ENNECCERUS, L.: “Derecho de
Obligaciones”, vol. II, dentro de “Tratado de Derecho Civil”, de ENNECCERUS, L., KIPP, T. y WOLFF,
M., Tomo II, Ed. Bosch, Barcelona, 1966, núm. 176, pp. 690-691.
365
Junto a las asociaciones personificadas existen asociaciones no personificadas pero con capacidad
jurídica autónoma, y sociedades civiles, sin personalidad. En algún caso se habla incluso de sociedades
internas y externas, en términos parecidos a como veremos ocurre en Derecho español, reservando el
nombre de internas para aquellas donde no existe poder de representación y no actúan en el mercado
como entes (vid. THOMAS, H., Palandt Bürgerliches Gesetzbuch, 55 Auflage, Verlag C. H. Beck
München 1996, comentario al & 705, p. 820).
146
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tónica habitual en los textos codificados. Sin embargo, debemos plantearnos, para
influir bastante en la visión que tengamos del tema: ¿es la sociedad civil un tipo
366
Su importancia es tal que hay quien, como KARSTEN SCHMIDT, ha indicado que, tras ella, el
Derecho vigente en materia de sociedades civiles queda atrasado y requiere una revisión. En esta
sentencia se resuelve un asunto en el cual se había interpuesto demanda por impago de una letra de
cambio contra una sociedad civil, aceptante de la misma, y los dos socios de la misma. En primera
instancia se condenó solidariamente a pagar, pero se interpuso recurso y el tribunal regional no admitió
esa condena porque la sociedad civil no era un sujeto de derecho con capacidad procesal. El Tribunal
federal casó la sentencia y confirmó la de primera instancia, ya que estimó que la sociedad civil sí tiene
personalidad jurídica, es un sujeto de derecho con capacidad procesal. Sobre esta modificación de
enfoque del Derecho alemán, vid. TORRES PEREA, J. M. DE: “Alcance de la personalidad jurídica de la
sociedad civil externa”, cit., pp. 142-151. Llega a indicar expresamente que “se ha señalado que la
personalidad jurídica de la sociedad civil externa ha de considerarse sin limitaciones, pudiendo ser titular
de derechos, propietaria, arrendadora, heredera, y adoptar cualquier posición jurídica propia de un sujeto
de derecho” (ob. cit., p. 150).
367
Pensemos cómo el derecho a fundar o integrarse en el seno de una sociedad civil o mercantil es
también una manifestación de la libertad de empresa reconocida en el artículo 38 CE. Ya no estamos
ante un derecho fundamental, sino ante un derecho de los ciudadanos (el último, para ser exactos).
Indicaba GARCÍA PELAYO que estamos ante un derecho para crear y mantener empresas (GARCÍA
PELAYO, M.: “Consideraciones sobre las cláusulas económicas de la Constitución”, en “Estudios sobre
la Constitución Española de 1978”, dirigido por M. RAMÍREZ, Libros Pórtico, Zaragoza, 1979, p. 42).
Dentro de ese derecho a crearla debemos incluir el derecho a elegir la forma legal más oportuna para ello.
147
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respuesta positiva a esta cuestión son interesantes desde el punto de vista estructural,
la misma368. El artículo 5.2 LODA señalaba que el acuerdo de constitución, que incluirá
documento público o privado, y añadía que “con el otorgamiento del acta adquirirá la
Parece, por tanto, que la personalidad jurídica en la asociación debe entenderse como
intereses de terceros. Y en la sociedad civil la ratio parece idéntica, algo que no debe
148
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extrañarnos si tenemos en cuenta esa inserción descrita de la sociedad dentro del grupo
las asociaciones, como tal, de la sociedad civil, y cuando existen comentarios suelen
resultar bastante colaterales, sin que se profundice en la cuestión. Así, por ejemplo,
aparcería, los incluye bajo un único epígrafe, “Los contratos societarios”, y los encuadra
bajo la norma básica del artículo 22 CE, plasmada en la regulación de los artículos 35 y
36 CC, donde las asociaciones de interés particular personalistas cuyo objeto sea civil
369
BLASCO GASCÓ, F.: “Los contratos societarios”, cit., p. 500.
370
CAFFARENA LAPORTA, J.: comentario al artículo 35 CC, dentro de “Comentarios del Código
Civil”, Ministerio de Justicia, Tomo I, Madrid, 1993, II, p. 236, así como comentario al artículo 36 CC,
dentro de “Comentarios del Código Civil”, Ministerio de Justicia, Tomo I, Madrid, 1993, II, p. 241.
Especialmente incisivo en este último comentario, donde indica que “...Hay que decir que este artículo
proporciona un importante argumento para entender que el CC identifica a las asociaciones de interés
particular, o, al menos las dotadas de personalidad jurídica, con las sociedades, ya que la remisión a las
disposiciones relativas al contrato de sociedad se refiere a las asociaciones del artículo 35.2º sin más”.
371
COSSÍO Y CORRAL, A. DE: comentarios al artículo 35 CC, en “Comentarios al Código Civil y
Compilaciones Forales”, Tomo I, EDERSA, 1978, p. 832, y artículo 36 CC, “Comentarios...”, cit., p. 843.
372
O’CALLAGHAN, X.: comentario al artículo 35 CC, dentro de “Código civil comentado y con
jurisprudencia”, Ed. La Ley, Madrid, 2001, p. 84. Tras ocuparse de la división entre asociaciones, señala
que “las sociedades, pues, son una especie dentro del género de las asociaciones”.
373
MARTÍ SÁNCHEZ, J. N.: “El empresario social como sujeto de Derecho en el ordenamiento jurídico
español”, cit., pp. 119-127, y PINO ABAD, M.: “La discutida personalidad jurídica de las sociedades no
inscritas”, CDC, núm. 29, septiembre 1999, pp. 222-224.
149
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asociación caracterizada por su finalidad concreta376. La LODA parece partir de esa idea
También parece deducirse en cierto modo, aunque su posición es algo más compleja,
grupo, entre otras, las asociaciones en sentido estricto, aunque la configuración es algo
374
CABANAS TREJO, R. y BONARDELL LENZANO, R.: “Reflexiones en torno a la personalidad
jurídica de las sociedades civiles...” cit., p. 358.
375
VENTURA-TRAVESET HERNÁNDEZ, A.: “El papel del Notario en la constitución de las personas
jurídicas”, cit., pp. 236-240.
376
CAPILLA RONCERO, F.: “La persona jurídica..”, cit., pp. 118-119 y 127-132.
377
Lo explica en el apartado segundo de la Exposición de Motivos: su finalidad y naturaleza no responde
a la esencia comúnmente aceptada de las asociaciones, “sin perjuicio de reconocer que el artículo 22 CE
puede proyectar, tangencialmente, su ámbito protector cuando en este tipo de entidades se contemplen
derechos que no tengan carácter patrimonial”.
378
PANTALEÓN PRIETO, F.: “Asociación y sociedad...”, cit., pp. 5-56. En este sentido, alude al género
de asociaciones en sentido amplio, y dentro de él, distingue las corporaciones jurídico-privadas
(asociaciones en sentido estricto) de las sociedades contractuales (sociedades en sentido estricto). Dentro
de las primeras, destacan las asociaciones estatutarias (previstas en la ley de asociaciones, sindicatos,
partidos políticos, asociaciones religiosas, etc.) y las sociedades estatutarias (sociedades anónimas,
limitadas, comanditaria por acciones, cooperativas, etc.). En el segundo grupo se incluyen la sociedad
civil, colectiva, comanditaria, agrupaciones de interés económico, cuentas en participación, etc. (esquema
gráfico en trabajo cit., p. 45).
379
Vid. PANTALEÓN PRIETO, F.: “La personalidad jurídica de las sociedades civiles. Contra la
Resolución DGRN de 31 de marzo de 1997 (BOE de 26 de abril)”, AAMN, t. XXXVIII, 1999, núm. 11,
p. 30. También algo diferente es la posición al respecto de GARCÍA-PITA Y LASTRES, quien parte de
que toda sociedad es conceptualmente una asociación, pero posteriormente invierte los términos
150
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Una opinión algo diversa de las hasta aquí expuestas es la del profesor PAZ-ARES,
punto de vista estructural, ya que, tal y como se delimita en la Ley reguladora (aludía al
Establece que el sistema del derecho de sociedades gira sobre dos ejes principales, como
son el articulado en torno a las sociedades de estructura personalista, cuyo tipo básico es
151
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la sociedad civil, y el eje en torno a las sociedades de estructura corporativa, cuya forma
básica es la asociación, y como puente de unión entre ambos está la sociedad general385.
Sin embargo, finalmente admite que el derecho de asociación no cubre sólo a las
asociaciones stricto sensu, sino también las sociedades de derecho privado, en ideas
Desde nuestro punto de vista, sin embargo, y pese a estas últimas ideas indicadas,
organizado de personas que se unen para alcanzar un fin común a todas ellas y dicha
caso: si ésta no es lucrativa, estaremos ante una asociación en sentido estricto, y si lo es,
esa asociación será una sociedad. Parece existir una estructura común unificadora digna
de ser tenida en cuenta, y los artículos 35 y 36 CC, además, avalan esta postura388.
385
Es una idea valiosa para estructurar las sociedades, pero no para configurar las mismas sobre esta base.
386
PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1669 CC, dentro de “Comentarios...”, cit, pp. 1358-1359.
Señala que “a nuestro juicio, (el derecho de asociación) no cubre sólo las asociaciones stricto sensu, sino
también las sociedades de derecho privado”, y encuadra su argumentación dentro del artículo 22 CE.
387
FERNÁNDEZ FARRERES, G.: “El concepto de asociación a los efectos de lo dispuesto en el artículo
22 de la constitución: consecuencias e implicaciones jurídicas”, en “Asociaciones y Constitución (Estudio
específico del artículo 22 de la Constitución)”, Ed. Civitas, Madrid, 1987, pp. 147-190.
388
El primero señala que son personas jurídicas, conforme a su párrafo segundo, “Las asociaciones de
interés particular, sean civiles, mercantiles o industriales, a las que la ley conceda personalidad propia,
independiente de la de cada uno de los asociados”, mientras que el artículo 36 indica que “Las
asociaciones a que se refiere el número 2 del artículo anterior se regirán por las disposiciones relativas al
contrato de sociedad, según la naturaleza de éste”.
152
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aplicación a las sociedades, pero ello no determina que no podamos movernos con los
regularán estas asociaciones en sentido extenso que son las sociedades, que gozan de
asociaciones cuyo finalidad no sea lucrativa y privar de dicha base a las asociaciones en
que existe esa finalidad de lucro: la intención de asociarse es idéntica en todo caso.
sentido estricto no debe servirnos para dar de lado a la naturaleza asociativa general de
la sociedad, que no deja de ser sino una asociación específica y con regulación propia
el caso de las sociedades, pues también se conectan con el artículo 38), y no sólo
389
Debido a la su gran importancia económica, disponen de una regulación propia bastante asentada.
390
Dicho engarce existe también, bastante claro, en Derecho alemán, donde el artículo 9.1 de la Ley
Fundamental incide en este derecho. A este respecto, por todos, vid. REUTER, D.: “Münchener
153
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mercantil como manifestación del derecho de asociación, con todo lo que implica: la
jurídica por parte del grupo391, algo que estudiaremos en su momento. La regulación de
ambos supuestos: en la sociedad civil, que es la que más nos afecta, puede no ser precisa
pretenden constituir ese grupo para que actúe como ente. Para ello no son necesarios los
registros, pues la personalidad jurídica se orienta más a ser un atributo deducible del
pacto entre las partes que a proteger intereses de terceros (aunque se beneficiarán de la
Kommentar BGB”, cit., p. 224, y OTT, S.: “Vereine gründen und erfolgreich führen”, cit., pp. 4-7. Llega
OTT a considerar inconstitucional el & 54 BGB por causa de su remisión, en el caso de las asociaciones
sin personalidad, al régimen de las sociedades civiles, posiblemente por contravenir esa autonomía de los
titulares del derecho para regular sus intereses.
391
En este sentido, PAZ-ARES, C.: Capítulo 19: “La sociedad en general...”, en URÍA-MENÉNDEZ:
“Curso de Derecho Mercantil”, cit., pp. 448-449.
154
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jurídico a la hora de relacionarse con ella). Cuanto menos margen se pretenda conceder
fundaciones: aunque no existe esa base estructural de la que hablamos en el caso de las
Por otra parte, ese encuadre entre las asociaciones puede ser útil en algún caso
concreto a la hora de utilizar la regulación asociativa para cubrir alguna posible laguna
que pueda existir en el marco de las clases de asociaciones, aunque no de modo general
(no estamos ante realidades identificables, sino ante una relación género-especie con
demasiadas peculiaridades en la especie como para generalizar), aunque esto será más
relevante en las sociedades capitalistas que en las personalistas, cuya estructura básica
es la sociedad civil. Pero en algún caso concreto, como por ejemplo, el de los estatutos
de la sociedad civil, puede ser interesante acudir a la LODA para encontrar elementos
como no habíamos aclarado este dato, remitimos al derogado artículo 269 bis RRM).
Sin embargo, que la sociedad civil sea un tipo de asociación no impide que existan
diferencias relevantes con el género (de ahí que no quepa realizar remisiones genéricas
para llenar lagunas): por ejemplo, mientras la sociedad civil se configura como una
persona jurídica imperfecta (artículo 1698 CC), la asociación es una persona jurídica
392
En nuestro país, por otra parte, cuando se ha querido controlar la actividad de las asociaciones se ha
realizado dicho control mediante el estudio detenido de los Estatutos y la denegación, en su caso, del
efectivo nacimiento de la asociación por causa de la intervención administrativa. Y pensemos la evidente
relevancia que tiene el reconocimiento de la personalidad jurídica para la vida y actividad del grupo:
surge la necesidad de ostentar determinados derechos y cualidades ya repasadas, así como se modifica la
forma de operar en el mercado, pues ya actúa una persona jurídica.
155
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existencia de una personalidad jurídica básica de la mera conclusión del pacto social
configurador, que sintonice con el artículo 22 CE, y de una mínima regulación común a
las asociaciones, tal y como demuestran tanto el género (las asociaciones, en el artículo
22.3 CE, desarrollado en la LODA), como las especies (sociedades civiles, con el
las sociedades al margen del Registro mercantil). Esa personalidad jurídica nace,
realmente, del propio pacto entre las partes. Y esta configuración se ve legitimada por la
consecuencia que nos interesa de esa configuración, sin olvidar las otras ya expuestas.
civil en nuestro texto vigente y cómo es la persona que nace, aunque todavía no nos
personalidad jurídica del modo que estime en cada caso más oportuno. En este apartado
393
Señala que “Los asociados no responden personalmente de las deudas de la asociación”.
156
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Así, por ejemplo, en lo que toca a las sociedades mercantiles, hoy día existe una
jurídica a los entes societarios constituidos conforme a sus normas: el artículo 116.2 C
de c señala que una vez constituida la compañía mercantil, tendrá personalidad jurídica
en todos sus actos y contratos, y el artículo 119 C de c indica que “Toda compañía de
comercio, antes de dar principio a sus operaciones, deberá hacer constar su constitución,
ello el principio general del artículo 51 C de c395. Según esta idea clásica, la
algo que concuerda con la complejidad de las sociedades mercantiles, dado que su
394
En 1829 no se personificaron estas sociedades. Realiza un excelente recorrido histórico PINO ABAD,
M.: “La discutida personalidad jurídica...”, cit., pp. 185-204.
395
Hay quien lo vincula a cuestiones de índole moral. ALONSO GARCÍA, por ejemplo, indica que el
reconocimiento de personalidad jurídica implica un “premio al buen comportamiento” y la negación un
“castigo a la desobediencia” (vid. ALONSO GARCÍA, R.: “La Sociedad Anónima no inscrita. Régimen
jurídico de los actos y contratos celebrados en su nombre”, Cuadernos Civitas, Madrid, 1986, p. 44).
396
Opinión contraria sostiene algún otro autor, como MARTÍ SÁNCHEZ, J. N.: “El empresario social
como sujeto de Derecho en el ordenamiento jurídico español”, RDM, núms. 211-212, 1994, pp. 140-141.
397
Esto ya ocurría con el texto codificado mercantil de 1829. Vid. DE SOGRAVO Y CARIBE, D.:
“Elementos del Derecho Mercantil Español”, Est. Lit.-Tip. de Madoz y Sagasti, Madrid, 1846, p. 42.
157
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cumplirse unas formas que beneficien esa seguridad de los terceros398. Una sociedad en
la que no se han cumplido estos requisitos sería una sociedad irregular, y no disfrutaría
estudiado, y al que los textos específicos dedican la atención oportuna, pese a que es
(criterio, todo sea dicho, típicamente romano)400, y se presenta lógica esa necesidad de
mercantiles, por sus respectivas normas: las sociedades anónimas y las sociedades
398
Vid. LANGLE, E.: “La compañía mercantil irregular”, RDM, núm. 25, 1950, pp. 9-10.
399
El primer planteamiento legislativo del problema, incompleto, se produjo en 1673, en la Ordenanza
francesa del comercio (vid. GIRÓN TENA, J.: “Las sociedades irregulares”, ADC, 1951, recopilado en
“Estudios de Derecho Mercantil”, Editorial Revista de Derecho Privado, Madrid, 1955, p. 127).
400
BENITO, J. L. DE : “La personalidad jurídica de las compañías y sociedades mercantiles”, Editorial
Revista de Derecho Privado, s. f., Madrid, núm. 74, p. 108.
401
Señalan algunos autores que es necesaria debido a la necesidad de proteger a los terceros en estos
casos en los que la responsabilidad de los socios es limitada: la seguridad del tráfico exige que los
terceros puedan conocer, entre otros datos de la máxima relevancia, la cifra del capital, porque ésta
constituye su única garantí[Link] este sentido, GÓMEZ SEGADE, J. A.: La publicidad de las sociedades
de capital: la reforma del Derecho registral mercantil, dentro de “La reforma de la Ley de Sociedades
Anónimas”, dirigido por ROJO, A., Ed. Civitas, Madrid, 1987, p. 24. En parecidos términos,
MARTÍNEZ SANZ, F.: “Consideraciones en torno a la sociedad irregular. Comentario a la STS (Sala 1ª)
de 9 de marzo de 1992)”, La Ley, 1992-4, p. 184.
158
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fundación y para que sea oponible a terceros sólo falta la publicación en el BORME.
GIRÓN TENA403 y de otros autores posteriores404. Existen, por tanto, opiniones menos
rigurosas con el formalismo expuesto, como la inteligente visión del profesor PAZ-
ARES405, que defiende el antiformalismo del artículo 1278 CC como aplicable tanto al
402
El artículo 7 de la vigente Ley de Sociedades Anónimas, Texto Refundido aprobado por Real Decreto
Legislativo 1564/1989, de 22 de diciembre, señala en el primer párrafo de su apartado primero, que “la
sociedad se constituirá mediante escritura publica, que deberá ser inscrita en el Registro mercantil. Con la
inscripción adquirirá la sociedad anónima su personalidad jurídica”. A su vez, el artículo 11.1 de la
vigente Ley de Sociedades de Responsabilidad Limitada, Ley 2/1995, de 23 de marzo, señala que “la
sociedad se constituirá mediante escritura pública, que deberá ser inscrita en el Registro mercantil. Con la
inscripción adquirirá la sociedad de responsabilidad limitada su personalidad jurídica”.
403
GIRÓN TENA, J.: “Las Sociedades irregulares”, cit., pp. 1291-1347 (su crítica a las opiniones más
clásicas en pp. 1330-1332, donde pone de manifiesto el escaso beneficio a los intereses de terceros que se
deriva de la teoría clásica negadora de personalidad jurídica de las sociedades irregulares). También
“Derecho de Sociedades”, cit., pp. 226-255.
404
En este sentido, algún autor, incluso, confiesa tratar el tema atraído por las páginas dedicadas por
GIRÓN TENA al tema, como por ejemplo, GARCÍA VILLAVERDE (GARCÍA VILLAVERDE, R.:
“Sociedades irregulares”, CDC, núm. 11, septiembre de 1993, pp. 13-50). Especialmente interesantes las
reflexiones de PANTALEÓN PRIETO, F.: “Asociación y sociedad...”, cit., pp. 53-54 y PAZ-ARES, C.:
comentario al artículo 1665, cit., pp. 1339 y ss. Vid. también VALPUESTA GASTAMINZA, E. M.: “La
sociedad irregular”, Ed. Aranzadi, Pamplona, 1995, así como el breve pero interesante contraste de
opiniones entre GARRIGUES, LANGLE y GIRÓN TENA en FARIAS BATLLE, M.: “La sociedad
irregular en la jurisprudencia del Tribunal Supremo (1970-1992)”, Servicio de Publicaciones de la
Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, 1993, pp. 7-22.
405
PAZ-ARES, C.: “Sociedad irregular”, Enciclopedia Jurídica Básica, IV, Civitas, 1993, pp. 6335-6339.
159
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las sociedades mercantiles y, sobre todo, solucionar el problema práctico relevante que
plantean las sociedades irregulares, rebatiendo los argumentos utilizados para defender
patrimonio separado del de los socios, por ejemplo, pues los terceros son perjudicados
por la conducta de los socios). La teoría clásica realmente perjudica a los terceros a los
que pretende beneficiar, por los problemas que plantea negar esa personalidad cuando la
sociedad actúa como ente407, generando efectos externos, además de que afecta a los
contratos celebrados antes408 (bastaría con situar al frente a un insolvente para burlar a
se convierte en una persona jurídica perfecta con total separación patrimonial entre la
persona jurídica y las personas que la integran. Permite esta idea evitar los problemas
406
Sobre el tema, vid. CUESTA DÍAZ DEL CAMPO, M.: “La inscripción de la compra de un inmueble
por una sociedad en formación. Comentario a la RDGRN de 22 de abril de 2000 (RJ 2000, 5835)”,
Revista de Derecho de Sociedades, núm. 16, 2001, pp. 322-326. Recordemos las palabras de DE LA
OLIVA SANTOS, cuando señalaba que “no conduce a resultados justos negar capacidad para ser parte a
la sociedad irregular” (DE LA OLIVA SANTOS, A.: “La sociedad irregular mercantil en el proceso”,
Ediciones Universidad de Navarra, Pamplona, 1971, p. 18).
407
Esto lo ha observado muy agudamente PINO ABAD, quien ha dedicado a esta cuestión interesantes
reflexiones (PINO ABAD, M.: “La discutida personalidad jurídica de las sociedades no inscritas”, cit.,
pp. 205-234). También VALPUESTA GASTAMINZA, E. M.: “La sociedad irregular”, cit., pp. 71-72.
408
Tal y como explica TAPIA HERMIDA, A.: “La sociedad anónima falta de inscripción registral”, Ed.
Civitas, Madrid, 1996, p. 78.
409
Sobre ello, vid. PINO ABAD, M.: “La discutida personalidad jurídica...”, cit., pp. 205-234.
160
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expuestos por la teoría clásica, algo que desde GIRÓN TENA se considera necesario y
En Francia, por ejemplo, nunca se ha dudado de que toda société commercial gozaba
sin texto legal expreso, se pensaba que la persona jurídica se derivaba de la constitución
410
Señala TAPIA HERMIDA que “para proteger los intereses concurrentes de los socios y de los terceros
no era preciso dotar a la sociedad irregular de personalidad jurídica, sino que bastaba con diseñar o
establecer un régimen jurídico determinado” (TAPIA HERMIDA, A.: “La sociedad anónima falta de
inscripción registral”, cit., p. 144).
411
“Está fuera de toda duda y admitido por todos”, señalaba expresamente ALAUZET, ya en pleno siglo
XIX (ALAUZET, M. I.: “Commentaire des lois sur les Sociétés Civiles et Commerciales”, tome premier,
Imprimerie et Librairie Genérale de Jurisprudence, 1879, núm. 371, pp. 30-33; en el mismo sentido,
BEZARD, P.: “Sociétés civiles.....”, cit., núm. 251, p. 111).
412
En concreto, lo basaban en el artículo 529 del Code civil y el artículo 69.6 del Code de procédure
civile. El primero calificaba como muebles las acciones o intereses en las compañías de finanzas, de
comercio o de industria, mientras que el artículo 69.6 señala que se demandará a la sociedad comercial,
en tanto que existen, en su sede social o en el domicilio de alguno de los asociados.
413
La reforma era necesaria, ante la proliferación de textos existente (HÉMARD, J., TERRÉ, F. y
MABILAT, P.: “Sociétés commerciales”, tome I. Librairie Dalloz, Paris, 1972, núm. 1, p. 2).
414
Esta idea tampoco era nueva en el imaginario jurídico francés: ya se defendía esta idea en las
Ordonnances de Roussillon (1563), de Blois (1579) y en el Code Michaud (1629). Señala el artículo 5
citado que les sociétés commerciales jouissent de la personnalité morale à dater de leur immatriculation
au registre du commerce.
415
En este sentido, respecto de la società per azioni, señala el artículo 2331 del Codice, en su primer
párrafo, que “Con l’iscrizione nel registro la società acquista la personalità giuridica”, mientras que en el
caso de la società in acommandita per azioni o la società a responsabilità limitata, el artículo 2498 del
Codice, bajo el epígrafe Trasformazione in società aventi personalità giuridica, alude al caso de que
sociedades en nombre colectivo o en comandita simple se transformen en alguna de las indicadas arriba.
El último párrafo es inequívoco: “La società acquista personalità giuridica con l’iscrizione della
deliberazione nel registro delle imprese e conserva i diritti e gli obblighi anteriori alla trasformazione”.
161
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Las asociaciones en sentido estricto, por su parte, gozan hoy de una situación clara,
pues con la LODA se cierra la intensa polémica que existió desde 1978 acerca del
legal sobre el tema416 (en el texto de 1887, e incluso antes, por esa cierta repugnancia417
a calificar a las asociaciones como personas jurídicas, como en el de 1964)418, como por
la redacción del artículo 22.3 CE: “las asociaciones constituidas al amparo de este
artículo 10”. Este artículo recoge el contenido del artículo 22.3 CE en su apartado
primero, y recuerda en su apartado segundo que “la inscripción registral hace pública la
constitución y los Estatutos de las asociaciones y es garantía tanto para los terceros que
con ellas se relacionan como para sus propios miembros”. La personalidad jurídica se
416
En este sentido MONTILLA MARTOS, J. A.: “La inscripción registral de asociaciones en la
Constitución”, REP (NE), núm. 92, abril-junio 1996, p. 175.
417
Palabras textuales de DE CASTRO para aludir a la regulación de 1868, con las reformas de 1869 (DE
CASTRO, F.: “Formación y deformación...”, cit., nota 196, p. 195).
418
Curioso ese silencio, pese al intervencionismo administrativo que inspiraba el texto. Así, el artículo 3
de la anterior Ley, Ley 191/1964, de 24 de diciembre, de Asociaciones, relativo a la constitución de las
asociaciones, no se ocupaba de ello.
419
Apartado más polémico de la regulación del derecho de asociación en la CE, según PÉREZ SOLA, N.:
“Precisiones sobre el tratamiento jurisprudencial del derecho de asociación”, dentro de “Estudios de
Derecho Público. Homenaje a Juan José Ruiz-Rico”, volumen I, Ed. Tecnos, Madrid, 1997, p. 872.
162
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Por tanto, parece total la sintonía con el artículo 22.3 CE, aunque no lo será
que “las asociaciones inscritas responden de sus obligaciones con todos sus bienes
inscritas en lo tocante a su patrimonio, que no existe como tal todavía y ello perjudica
420
Opina de diferente forma BERCOVITZ RODRÍGUEZ-CANO, que entiende que la Constitución no
entró a valorar esta cuestión (BERCOVITZ RODRÍGUEZ-CANO, R.: “Personalidad jurídica y registros
públicos”, Aranzadi Civil, 1998-III, p. 14).
421
El artículo 15.2 LODA indica que “Los asociados no responden personalmente de las deudas de la
asociación”.
422
Pese a que la CE prohíbe que los efectos de la inscripción excedan de lo meramente publicitario aquí
parece excederse de ello, pues se vinculan efectos patrimoniales a la inscripción.
423
Sobre la cuestión, vid. nuestro trabajo “La personalidad jurídica de la asociación...”, cit., pp. 286-289.
GONZÁLEZ PEREZ-FERNÁNDEZ FARRERES han valorado positivamente esta situación, llegando a
indicar que “los más elementales postulados de la seguridad del tráfico jurídico, de la protección de la
apariencia y, en definitiva, de los terceros, demandan que aquella muy cualificada restricción de la
responsabilidad patrimonial de los asociados haya de ser fehacientemente proclamada con carácter previo
a la producción de sus efectos”. Concluyen que el legislador ha obtenido los resultados que deseaba
respetando el imperativo del artículo 22.3 CE (vid. GONZÁLEZ PÉREZ, J. y FERNÁNDEZ
FARRERES, G.: “Derecho de Asociación. Comentarios a la Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo”, Ed.
Civitas, Madrid, 2002, especialmente comentarios a los artículos 5, pp. 177-187, y artículo 10, pp. 211-
218). Pero la duda es evidente: ¿responden los asociados con sus bienes propios si la asociación contrata
con terceros sin estar todavía inscrita? Existe persona jurídica, pero no patrimonio separado como tal, ni
posibilidad de hacer responder a los bienes aportados (pues equivaldría a estos efectos a la existencia de
un patrimonio desde un punto de vista real). Si a ello se une la no determinación de responsabilidad
directa frente a terceros por parte de los actuantes, no queda más remedio que admitir la necesidad de que,
pese a que se pueda demandar a la asociación, pues es persona jurídica, sean los asociados los que
respondan con sus bienes de las deudas contraídas, y que lo hagan mancomunadamente, pues no se
establece solidaridad en ningún precepto. Sin perjuicio, obviamente, de que puedan exigir la oportuna
responsabilidad conforme a los artículos 15.3 y 15.4 LODA.
163
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Por consiguiente, en este momento gozamos en nuestro país de una regulación clara
Una vez repasadas las asociaciones, pasaremos a dedicar cierta atención a otras
personas jurídicas como son las fundaciones. En contraste con la enrevesada situación
anterior (y pese a que las fundaciones “han sido consideradas tradicionalmente unas de
unificadora del régimen. Señala que “las fundaciones tendrán personalidad jurídica
Registro de Fundaciones. La inscripción sólo podrá ser denegada cuando dicha escritura
cuando señala que “sólo las entidades inscritas en el Registro al que se refiere el
424
En la Ley de 1 de julio de 1901 se diseñan tres tipos de asociaciones: las asociaciones non déclarées
(sin personalidad jurídica), las asociaciones déclarées (gozan de personalidad jurídica tras cubrir ciertos
requisitos publicitarios, aunque no sea comparable a la personalidad jurídica de las asociaciones de
utilidad pública) y las asociaciones reconnues d’utilité publique, que gozan de gran personalidad. Vid.
RÉGNIER, M.: “Les associations, fondations, associations cultuelles et diocésaines, congrégations.
Régimes juridique et fiscal. Formules-textes”, Juridictionnaires Joly, París, 1983, pp. 39-64.
425
En Italia, la asociación adquiere su personalidad jurídica tras su reconocimiento por decreto, conforme
al artículo 12 del Codice civile. La falta de reconocimiento implica diferente régimen, el previsto en los
artículos 36 a 42 del Codice.
426
GARCÍA-ANDRADE, J.: “La fundación: un estudio jurídico”, Esc. Libre, Madrid, 1997, p. 57.
427
Esta situación anterior a la Ley de 1994 es repasada por DE LORENZO GARCÍA, R.: “El nuevo
Derecho de Fundaciones”, Marcial Pons, Madrid, 1993, pp. 381-385. Las Fundaciones asistenciales
tenían personalidad desde que quedaban válidamente constituidas en virtud del negocio fundacional, pero
para todas las demás era necesaria, sin embargo, la inscripción administrativa. Sobre estas cuestiones, vid.
también MALUQUER DE MOTES, C.: “La fundación como persona jurídica... “, cit., pp. 224-229.
164
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inscripción, no como las asociaciones, pese a que ciertos efectos se adquieran antes (el
En otros países, sin embargo, la solución puede ser diferente. Así, en Italia la
428
Sobre este debate, aunque referido a la anterior ley, pero en comentarios perfectamente trasladables,
PIÑAR MAÑAS, J. L.: comentario al artículo 3, dentro de “Comentarios a la Ley de Fundaciones y de
Incentivos Fiscales”, VV. AA., Tomo I, Escuela Libre Editorial–Marcial Pons, Madrid, 1995, pp. 27-28.
429
PIÑAR MAÑAS, lo considera un gran acierto, pues “sólo la inscripción en un Registro Público como
el de Fundaciones ofrece garantías suficientes frente a terceros y en el propio sector fundacional” (PIÑAR
MAÑAS, J. L.: comentario al artículo 3, cit., pp. 27-28). También REAL PÉREZ, pues estima que así
ganan la seguridad en el tráfico y la seguridad de los terceros (REAL PÉREZ, A.: “Las fundaciones en
proceso de formación: comentario del artículo 11 de la Ley 30/1994, de Fundaciones”, dentro de
“Constitución y Extinción de Fundaciones”, dirigido por REAL PÉREZ, A., Centro de Fundaciones,
Tirant lo Blanch, Valencia, 1999, pp. 152-153) y CAFFARENA LAPORTA, J. (“El régimen jurídico de
las fundaciones: estudio para su reforma”, Ministerio de Asuntos Sociales, Madrid, 1991, p. 71).
430
CARRANCHO HERRERO ha vertido importantes críticas. No entiende bien cómo una institución de
carácter privado ha de quedar sometida a la exigencia de tantos requisitos formales a la hora de
proceder a su constitución. La personalidad debería obtenerse, señala, cuando concurren los dos
elementos esenciales del negocio jurídico fundacional, manifestación de la voluntad de fundar y
dotación. Por último, estima que la opinión que defiende es la más conforme con el contenido del artículo
34 CE (vid. CARRANCHO HERRERO, M. T.: “La constitución de las fundaciones”, Ed. Bosch, 1997,
especialmente pp. 175 y 183 a 191, donde cita la opinión en este sentido de GARCÍA DE ENTERRÍA).
165
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de 1987 señala que desde la entrada en vigor del Decreto del Consejo de Estado
entrada, será el que decida a qué grupo reconoce personalidad jurídica y a qué grupo no:
obtiene simplemente tras existir pacto constitutivo entre los socios, como en el caso de
jurídica, como ocurre con la asociación. Sin embargo, puede pretenderse integrar la
intención de que consten perfectamente frente a terceros todos los datos de esos
431
“Le asociazioni, le fondazioni e le altre istituzioni di carattere privato acquistano la personalità
giuridica mediante il riconoscimento concesso con decreto del Presidente della Repubblica”. Su
regulación, junto a la de las asociaciones, se recoge en los artículos 14 a 35 del Codice.
432
Tal y como explica MICHOUD, L.: “La théorie de la personnalité morale et son application au Droit
français”, LGDJ, Paris, 1932, tome I, núms. 160 bis y 161, pp. 503-505.
166
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Por último, será también el legislador el que determine qué contenido tendrá dicha
personalidad, pues no todas las personas jurídicas gozan del mismo grado de autonomía,
Del anterior apartado hemos deducido que del contrato de sociedad civil nace, como
norma general, una persona jurídica, que se configura como imperfecta, ya que no se
alcanza un grado pleno de autonomía, y cómo ese ente era una sociedad personalista.
Expusimos ya cómo este dato influía, en abstracto, sobre el grupo al que se dotaba de
posturas críticas respecto de dicha personificación. Así, pese a que alguna de las
167
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que se refieren estos autores quedaba garantizado desde antes en nuestros textos434,
Ello se debe a que si no existe el ente no podía legitimarse a esa sociedad de ese modo,
Pero la personalidad jurídica es mucho más que una mera cuestión de patrimonios
una forma de unificar una agrupación a determinados efectos, que pueden ser resumidos
Además, en algunos casos existirá persona jurídica perfecta y en otros no. Por ello,
indicar que porque existía previa autonomía patrimonial en la sociedad civil antes de
que se le dotara de personalidad jurídica ésta no aporta nada a la sociedad civil, es una
denominación concreta, ya que ha nacido un ente diferente, una persona jurídica, así
433
GUAL DALMAU, M. A.: “Las cuentas en participación”, cit., p. 160. Señalaba CAPILLA
RONCERO de modo expreso que “curiosamente, en muy buena medida, con las normas del Código civil
español en la mano, resulta innecesario acudir a idea alguna de personificación de la sociedad para
obtener los resultados prácticos que mediante la misma se intentaban explicar y justificar” (CAPILLA
RONCERO, F.: “La sociedad civil”, cit., pp. 379-382).
434
Recordemos que ya en el Proyecto de 1851 existía un precepto idéntico a nuestro vigente artículo 1699
CC y no se había reconocido expresamente personalidad jurídica. Sin embargo, ya hemos estudiado cómo
en la redacción del artículo 1594 influye la consideración de la sociedad civil como ente moral.
168
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como de una capacidad jurídica concreta para actuar en el mercado, que será la descrita
en el artículo 38 CC. Gracias a ella podrá actuar en el mercado como tal ente, que es lo
que estime oportunas. Además, se le puede exigir, como ente, aquello a que se obligara,
tanto judicial como extrajudicialmente. Por otra parte, tiene también necesidad de
disfrutar de un domicilio como centro de referencia de sus intereses, así como de una
mercado, fundamental para que la autonomía sea total. El nuevo ente tiene intención de
actuar en el mercado como tal, operando del modo pactado. Y esa existencia provoca la
necesidad de que el ente disfrute de la situación propicia para desarrollarse como tal y
Estamos, por tanto, ante las consecuencias que conlleva para la sociedad civil gozar
de personalidad jurídica. Pero algunas de ellas nos resultan de mayor interés para
435
No es exacto, por ello, el comentario de PELLIZZI, cuando indicaba, basándose en KELSEN, que
cuanto el legislador afirma de la persona jurídica sólo aparentemente lo afirma de ella: en realidad lo
afirma de todas las personas físicas que la componen. Si dice “La sociedad tiene derecho”, esto significa
que todo socio tiene una parte de aquel derecho. Si dice “la sociedad es propietaria de un concreto
inmueble”, significa que cada socio es propietario de una parte. No es cierto: en último término sí será así,
pero no se puede indicar de ese modo. Literalmente, indicaba PELLIZZI lo siguiente: “Il punto di
partenza –risalente, come ho detto, al Kelsen- è che quanto il legislatore afferma della persona giuridica
solo aparentemente lo afferma della persona giuridica: in relata, lo afferma di tutte le persone fisiche che
la compongono. Se dice “la società ha diritto”, ciò significa, soltanto, che ogni socio ha un pezzetto di
quel diritto. Se dice “la società è propietaria d’un certo immobile”, ciò significa che Izaskun socio è
propietario per un pezzetto” (PELLIZZI, G. L.: “La società persona giuridica: dove è relata e dove è
vuota formula (esperienze delle banche)”, Rivista di Diritto Civile, 1981-I, núm. 4, p. 483).
169
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por las deudas sociales; por último, la influencia que tiene esa personificación a la hora
Si existe una persona jurídica, es lógico que esa persona pretenda mantener
relaciones como tal ente con terceros a la misma, relaciones sociales entabladas para la
consecución del concreto fin social. Que actúe plenamente como persona en el mercado
(el grupo no actuará del modo en que lo haría si no existiera persona jurídica).
como ente por medio de sus órganos de administración y representación, que obligarán
Tanto judicial como extrajudicialmente, y desde un punto de vista tanto activo como
dicha ciudad, y adquiere material de oficina. En todo momento, para ello actúan sus
436
Señala en su párrafo primero que “las personas jurídicas pueden adquirir y poseer bienes de todas
clases, así como contraer obligaciones y ejercitar acciones civiles o criminales, conforme a las leyes y
reglas de su constitución”.
170
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ser propietaria de cosas, actuar en el mercado como tal, obligarse, etc. Sin embargo,
teniendo en cuenta que la sociedad civil es configurada por el CC como una sociedad
personalista y de pequeña envergadura, es posible que sean los propios socios los que se
encarguen de la administración, incluso todos los socios en algún caso, por lo que puede
darse el supuesto de que sean éstos los que contraten y puedan vincular a la sociedad,
supuesto previsto 1697 a 1699 CC, dedicados a las “obligaciones de los socios para con
deudas sociales. Así, el artículo 1697 CC ha previsto en qué casos quedará ésta obligada
por dichos actos: el socio habrá obrado en su carácter de tal, por cuenta de la sociedad,
con poder para obligar a la sociedad en virtud de un mandato expreso o tácito, y dentro
de los límites que le señala su poder o mandato. Recoge este precepto el régimen básico
ambas desde la que se enfoca un mismo fenómeno437). La sociedad obra como ente,
El citado artículo 1698 fija el modo en que los socios se obligan por las deudas de la
a terceros por actos que un socio haya realizado en su propio nombre o sin poder de la
sociedad para ejecutarlo, pero sí con el socio en lo que este acto le haya beneficiado. El
indicar que “los acreedores de la sociedad son preferentes a los acreedores de cada socio
437
En este sentido, PAZ-ARES, C.: comentario al art. 1697 CC, dentro de “Comentarios...”, cit., p. 1477.
171
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ello, sea un socio, o bien puede actuar puntualmente por medio de alguien apoderado
implica que esa sociedad caiga bajo los efectos del artículo 1669 CC, pues no es una
sociedad que no pretende aparecer en el mercado como tal, sino una sociedad que no se
Por lo tanto, la sociedad, que fue creada para operar como ente en el mercado actúa
apoderados, dentro del marco de los pactos correspondientes. Pero es el cuerpo moral el
obliga, la que debe cumplir sus obligaciones y la que puede exigir (y a la que se puede
La sociedad civil actuará como ente en el mercado, por lo que es lógico que soporte
el coste económico de dicha actividad con su patrimonio social, fruto tanto de las
aportaciones realizadas inicialmente por los socios, como de las operaciones posteriores
438
En este sentido, GULLÓN BALLESTEROS, A.: “Curso de Derecho Civil. Contratos en especial.
Responsabilidad extracontractual”, Ed. Tecnos, Madrid, 1972, p. 356.
439
Patrimonio separado de los patrimonios de los socios. En este sentido, vid. la interesante reflexión de
PANTALEÓN PRIETO, F.: comentario a la STS 28-5-1984, CCJC, Nº 5, núm. 143, pp. 1714-1715.
172
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El artículo 1665 CC indica que “la sociedad es un contrato por el cual dos o más
personas se obligan a poner en común dinero, bienes o industria, con ánimo de partir
entre sí las ganancias”. Por tanto, la puesta en común es necesaria y, aunque el artículo
no exige que dicha puesta sea necesariamente de bienes, acaba siendo muy positiva para
en el mercado. Los socios, por tanto, realizan una serie de aportaciones, y las mismas
que se trate440. Las partes dejan de ser propietarias de lo aportado, que pasa a ser
derecho de arrendamiento, del que será titular el ente, o de otro derecho sobre una cosa
diferente del derecho de propiedad)441. Las partes realizan un acto de aportación en todo
caso, y eso modifica su situación patrimonial necesariamente. En el caso del que nos
ocupamos ahora, la aportación pasa a engrosar el patrimonio social del ente (en la
440
Así, además, dichos bienes se abstraen del ámbito de actuación de los socios individualmente
considerados y se destinan a la misión social existente (en este sentido, CAPILLA RONCERO, F.: “La
sociedad civil”, cit., p. 34).
441
Es una cuestión que parece lógica, aunque no siempre existiera acuerdo sobre el tema (para repasar el
debate doctrinal al respecto, vid. CAPILLA RONCERO, F.:”La sociedad civil”, cit., pp. 34 y 69-72, así
como comentario a los artículos 1681 a 1683 CC, dentro de “Comentarios al Código Civil y
Compilaciones Forales”, Tomo XXI, vol. 1, EDERSA, Madrid, 1986, pp. 193-199). Sin embargo, pueden
existir dudas acerca del valor de la aportación a la hora de adquirir la propiedad de lo aportado por parte
de la persona jurídica en supuestos muy concretos y específicos, como en el caso en que las partes
realicen aportaciones pero hayan pactado que hasta que no se cubra un tanto por ciento de las mismas no
se constituya la persona jurídica. La adquisición de la propiedad por el ente no puede ser anterior al
nacimiento del mismo, así que el bien seguiría en el patrimonio del aportante, aunque estuviera destinado
a la sociedad y materialmente entregado (obligacionalmente estaría obligado a mantener esa finalidad).
442
Sobre la cuestión de la aportación y del patrimonio común en la sociedad personificada, vid.
CAPILLA RONCERO, F.: “La sociedad civil”, cit., pp. 25-166 (sobre aportación de los socios), y 285-
378 (autonomía patrimonial), así como PAZ-ARES, C.: comentario al art. 1665 CC, cit., pp. 1305-1306.
173
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Este patrimonio social nace para hacer frente a las obligaciones que esa sociedad
contraiga al operar en el mercado (pese al tenor literal del artículo 1689 CC, que pudiera
inducir a pensar otra cosa443). Con el mismo se dota a la sociedad de los medios
necesarios para su correcto desarrollo como ente. Será, por tanto, la sociedad la que
quede obligada frente a los terceros, del modo en que establece el artículo 1697 CC, y la
que deba responder de las deudas que contraiga: estamos ante un ente nuevo y debe
gozar de una existencia separada de las personas que lo integran como socios. En su
momento repasamos cómo el artículo 1697 indicaba que la sociedad quedaba obligada
frente a terceros por los actos de los socios siempre que el socio obrase en su condición
de tal, por cuenta de la sociedad, tuviese poder para actuar así y hubiese obrado dentro
de los límites que señalase dicho poder. Obviamente, no es necesario ser socio para
Además de ello, el artículo 1699 CC reconoce que los bienes integrantes del fondo
de las deudas sociales. Señala este artículo que “Los acreedores de la sociedad son
preferentes a los acreedores de cada socio sobre los bienes sociales. Sin perjuicio de este
derecho, los acreedores particulares de cada socio pueden pedir el embargo y remate de
los acreedores sociales y de los acreedores de los socios respecto del fondo social
contraídas por el ente, los acreedores sociales gozan de una especial garantía, esa mal
llamada preferencia sobre los bienes sociales para cobrar sus créditos, fruto de la
443
Al señalar este artículo que “Las pérdidas (...) se repartirán en conformidad a lo pactado”. Es cierto
que ello será así, pero con el patrimonio social se responderá inicialmente de dichas obligaciones, pues
para eso se aporta, de modo principal: para hacer frente a las obligaciones que se deriven de dicha
actividad social. Y se aportará en las proporciones pactadas.
174
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preferencia: en realidad el sistema está articulado para impedir que las distintas
categorías de acreedores concurran sobre los mismos bienes444). Dicha situación, que en
1851), en último término se basa en ella445, aunque puedan ir desvinculadas una de otra.
Por otra parte, el acreedor particular no puede dirigirse directamente contra bienes
artículo 1911 CC, y dentro del mismo cabe incluir la participación en la sociedad.
más recordar que el artículo 15.2 LODA es bastante explícito en lo que toca a la
supuesto de la asociación del tipo sociedad civil no se diseña una persona jurídica
perfecta, por lo que no puede extenderse a ella esta forma de resolver la cuestión. La
sociedad civil debe, de entrada, hacer frente a sus deudas sociales con el patrimonio
propio del ente, que para ello fue aportado. Para el caso de que el patrimonio social no
fuese suficiente, sí debe acudirse directamente a que las partes asuman la deuda de
modo proporcional, del modo establecido entre ellas, conforme al artículo 1689.
Pero en todo caso, además de lo establecido, dado que la sociedad civil se diseña por
el legislador como una persona jurídica imperfecta, el artículo 1698 CC, en su párrafo
444
PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1699, cit., pp. 1486-1487.
445
Recordemos la justificación que daba GARCÍA GOYENA en su trabajo explicativo del Proyecto de
1851 acerca de la autonomía patrimonial de la sociedad civil, plasmada en el artículo 1594: precisamente
incidía en su consideración de persona jurídica para ello.
175
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primero, establece que “los socios no quedan obligados solidariamente respecto de las
deudas de las sociedad; y ninguno puede obligar a los otros por un acto personal, si no
le han conferido poder para ello”. Se hace, por tanto, responsables a los socios, del
modo indicado, de las deudas de la persona jurídica. Se debe a que esa persona jurídica
es imperfecta: es el ente el que, en todo momento, actúa como tal frente a terceros en el
socios es algo, en principio, anómalo, que debe preverse por el legislador expresamente
para que opere447, como así ocurre, y tal y como se configura, aparece como una
responde de las deudas como ente deudor que es. Si los socios también responden de las
civil, algo que debe diseñarse expresamente, como ocurre en nuestra regulación.
446
Sobre ello, vid. CAPILLA RONCERO, F.: “La sociedad civil”, cit., pp. 298-350.
447
En principio, de las deudas de una persona jurídica responde la persona jurídica, salvo que se diseñe de
otra forma por el legislador. Que los socios respondan de las deudas del ente social es una imperfección
que debe regularse expresamente, por ir contra la esencia de la institución, que por lógica recomienda, en
abstracto, que la persona jurídica sea perfecta. Pensemos, además, en la rotunda regulación del artículo
15.2 LODA separando perfectamente el patrimonio del ente jurídico del patrimonio de sus socios.
Coinciden con esta opinión, respecto de las sociedades profesionales, GARCÍA PÉREZ (GARCÍA
PÉREZ, R.: “El ejercicio en sociedad de profesiones liberales”, Ed. Bosch, Barcelona, 1997, pp. 219 y
247) y PANTALEÓN PRIETO, que además encuentra injustificada la responsabilidad de los socios
auditores no firmantes del informe de auditoría (PANTALEÓN PRIETO, F.: “La responsabilidad civil de
los auditores: extensión, limitación, prescripción”, Cuadernos Civitas, Madrid, 1996, pp. 13-27).
176
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no siempre fue pacífica. La RDGRN 31-3-1997 desató una intensa polémica debido a
que tomó una decisión controvertida, mediante unos argumentos bastante discutibles.
Estábamos ante una sociedad civil que pretendía inscribir su titularidad sobre un
sociedad civil, nos interesa para resaltar la cuestión que debemos abordar ahora: la
Una sociedad civil, cuando está dotada de personalidad jurídica, ¿puede inscribir la
en documento privado, y el bien inmueble debe inscribirse, por tanto, a favor de todos
los socios, y no de la sociedad como tal ente, que no existe. Esta opinión fue rebatida en
la RDGRN 14-2-2001, que plantea que la sociedad civil, en dichas circunstancias, goza
de personalidad jurídica y, por tanto, puede constar como tal titular registral.
permitieran la inscripción de la titularidad del bien, sino los argumentos en que basaban
448
Vid. en este sentido PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1698 CC, dentro de Comentarios al Código
177
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las tres Resoluciones citadas mantienen una posición idéntica y acertada: la sociedad
civil que goza de personalidad jurídica puede ser titular registral de un bien inmueble.
Sólo que en 1997 se decidió que no existía persona jurídica y en 2001, sí.
Estudiemos si ello es así, sin más. Para tratar el tema de la relación “sociedad civil
Nuestra duda, entonces, será la siguiente: tenemos ya a una sociedad civil que goza
aptitud para figurar como titular registral bajo una denominación social propia. Estima
que no debía incluirse, aunque al final sembrara cierta duda al respecto. Seguir ese
razonamiento conlleva que ninguna sociedad civil que no se haya inscrito en el Registro
mercantil pueda inscribir esa titularidad, sobre todo teniendo en cuenta la regulación del
artículo 383 RH, que señala en su primer párrafo que “no podrá practicarse a favor de la
de bienes inmuebles o derechos reales, sin que previamente conste haberse extendido la
Civil”, Tomo II, Secretaría General Técnica del Ministerio de Justicia, Madrid, 1991, pp. 1481-1484.
449
PANTALEÓN PRIETO, F.: “La personalidad jurídica...”, AAMN, cit., núm. 3, pp. 18-20.
178
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Desde nuestro punto de vista, debemos tener siempre presente que estamos aludiendo
a una persona jurídica, con lo que cualquier restricción a los atributos que parecen
patrimonio, capacidad, etc.). Y si esa persona jurídica tiene capacidad para ser titular
elevar a escritura pública la sociedad se habrá mostrado como ente ante el Notario. Es
no sólo lógico sino deseable que la realidad registral refleje la realidad extrarregistral.
que parece conforme a la naturaleza de una persona jurídica ser titular, como ente que
es, de bienes y, en su caso, inscribir dicha titularidad en registro público, para que la
Y no sólo no encontramos restricción, sino que del artículo 51.9.b) RH cabe deducir
450
PANTALEÓN PRIETO, F.: “La personalidad jurídica de las soc. civiles..”, AAMN, cit., 3, pp. 19-20.
451
En este sentido, RUIZ-RICO señala que se debe justificar su constitución, “presentando el documento
en que se haya constituido (si es en documento privado deberá tener lógicamente la legitimación notarial
de sus firmas) y si se aportaran al constituirse inmuebles o derechos reales deberá constar en escritura
pública” (RUIZ-RICO, J. A.: “Las sociedades y el Registro de la Propiedad” Boletín del Colegio
Nacional de Registradores, núm. 268, junio de 1990, p. 1237). Totalmente contrario se muestra GARCÍA
MÁS, que realiza una crítica bastante importante a esta opinión y manifiesta su discrepancia de una
manera radical (GARCÍA MÁS, F. J.: “La sociedad civil: su problemática en el tráfico jurídico (Un
179
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nacionalidad, si fuere una entidad extranjera, y el domicilio con las circunstancias que
imprescindibles únicamente en el caso de que ésta sea necesaria permite pensar que no
siempre es necesario que lo sea, por lo que cabe la sociedad civil en este apartado452.
Sin embargo, nos podemos encontrar con el ya citado obstáculo del artículo 383 RH.
Estamos ante un artículo que no puede aplicarse directamente a la sociedad civil por
grado de personalidad jurídica que ésta puede ostentar, algo que la ley fija como
del RH es coherente con ello. Por eso, pese a que se camina a la unificación en derecho
privado en tantas cuestiones, no es fácil encontrar esa identidad de razón para aplicar
segundo lugar, es una norma que restringe la posibilidad de aprovechar las ventajas del
Por lo tanto, el artículo 383 RH no debe aplicarse a las sociedades civiles, que podrán
análisis jurisprudencial)”, Boletín de Información del Ilustre Colegio Notarial de Granada, núm. 170,
febrero de 1995, pp. 606-607).
452
En este sentido, CABANAS TREJO, R. y BONARDELL LENZANO, R.: “Reflexiones en torno a la
personalidad jurídica de las sociedades civiles...” cit., p. 361.
453
Pese a que la personalidad jurídica básica de ambas surge como consecuencia de la voluntad de las
partes, es evidente que en las sociedades mercantiles la regulación va más allá, para adquirir la plena
personalidad jurídica, y no se puede obviar la importancia del registro en dicho caso.
180
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celebración del negocio que causa esa adquisición y se haya elevado el mismo a
Por otra parte, también puede la sociedad civil personificada ser titular registral de
cualquier otro derecho inscribible (por ejemplo, usufructuaria de una finca rústica).
artículo 1669 CC. Iniciamos ahora el estudio del precepto para saber cómo se redactó.
1888, esencial para entender nuestro CC, y cómo la sociedad civil se definía en él como
jurídica como norma general. Era el título segundo el que regulaba las sociedades con
454
Ya lo comentamos antes: el Notario otorgante ya habrá valorado positivamente la existencia de esa
personalidad jurídica, pues la sociedad actuó como persona. Habrán actuado todos los socios en nombre
de la sociedad civil, o alguno de ellos apoderado por el ente para ello o en calidad de administrador y
legitimado para ello. Argumentación parecida a la nuestra, a la hora de resolver esta cuestión, utiliza
ARIAS VARONA, F. J.: “Noticia de una rectificación: la DGRN y la personalidad jurídica de las
sociedades civiles (RDGRN de 14 de febrero de 2001)”, CDC, núm. 34, abril 2001, pp. 365-366.
181
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de personalidad jurídica. Dado que era la primera vez que se personificaba en nuestro
Estamos ante el último artículo del título dedicado a las sociedades con personalidad
constituyen una sociedad civil en conformidad al artículo 1º, y las que no adquieran el
concepto de persona jurídica según el artículo 46 (realmente, artículo 47), se regirán por
los socios, en los contratos con relación a terceros, como personas particulares”.
concretos puede reconocerse esa personalidad, siempre de modo excepcional y por parte
del poder público. En tercer lugar, es posible que a ciertas sociedades civiles, por el
motivo que sea, no se les permita adquirir personalidad jurídica. En cuarto lugar, en
dicho caso las sociedades a las que se refiere este precepto se regirán por las
disposiciones relativas a la comunidad de bienes, no por las del título primero dedicado
a sociedades. Por último los socios de esa sociedad sin personalidad serán considerados
182
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inspiración directa está en los artículos 1881 a 1884 del texto de LAURENT, dedicados
civiles”457. El artículo 1882 señala que “Pueden contratar como las sociedades, es decir,
de modo que los miembros figuren en los contratos como propietarios, acreedores o
deudores”458. En el artículo 1883 la redacción era la que sigue: “Si hay muebles
455
Dicha inspiración, puesta de manifiesto anteriormente, también la señala DÁNVILA, “Diario de
Sesiones de las Cortes. Congreso de los Diputados”, 1889, número 75, p. 2004, y la recuerda tanto PEÑA
BERNALDO DE QUIRÓS, M. (“El Anteproyecto del Código civil en 30 de abril de 1888”, cit., p. 1180,
nota 41, y “El anteproyecto del Código civil español...”, cit., pp. 659-660), como PANTALEÓN
PRIETO, F. (“Asociación y sociedad...”, cit., p. 27).
456
Literalmente indica que “La société civile ne forme pas une individualité juridique distincte de celle
des associés”. En su comentario al artículo, indica LAURENT que se consagra la decisión de la ley de 18
de mayo de 1873, en su artículo 2, que ha puesto fin a las controversias en derecho belga, mientras que en
derecho francés ello no ha sido así. Sin embargo, indica que la corte de casación belga ha excepcionado
de a les sociétés charbonnières, que LAURENT recoge en los artículos 1940 a 1942. Se personifican en
el artículo 1940, pues se asimilan a las sociedades comerciales.
457
“Les sociétés d’agrément ne sont point des sociétés civiles”. Señala LAURENT en su comentario al
artículo que ninguna sociedad forma una persona jurídica, a menos que se haya incorporado por la ley.
458
“Elles peuvent contracter comme les sociétés, en ce sens que les membres figurent dans les
conventions comme propiétaires, créanciers ou débiteurs”. Esta regulación, totalmente lógica, está en el
origen del comentario final del artículo 55, al aludir a los socios teniéndolos como personas particulares.
183
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comunes, se aplican los principios que rigen la comunidad de hecho”459. Por último, el
artículo 1884 puntualizaba que “Los miembros sólo son propietarios si figuraron en los
destaca que no son sociedades civiles, pues no tienen finalidad lucrativa, como exige el
artículo 1832 del Code462 (aunque en su estudio incide en el dato de que las sociedades
despersonificadas. Pero sus reglas, entiende el legislador español, son útiles: remisión al
Una vez repasados los artículos belgas de inspiración es relativamente fácil encontrar
ciertas influencias concretas y directas de dichos preceptos en el texto del artículo 55: en
primer lugar, la influencia del artículo 1883 está en la base de la remisión al régimen de
citado: si existen cosas en común y ninguna persona jurídica que aglutine la titularidad
de las mismas, obviamente, parece que estamos ante un patrimonio en común de los
aportantes. Eso lo entiende como una comunidad de bienes, como repasaremos después.
459
“S’il existe un mobilier commun, on applique les principes qui régissent la communauté de fait”.
Nuevamente, encontramos esta influencia en la regulación del artículo 55: si hay mobiliario común, el
régimen será el de la comunidad de bienes.
460
“Les membres ne sont propiétaires que s’ils ont figuré dans les conventions, personnellement ou par
mandataire; ils ne sont pas représentés par le president, quand même le règlement lui donnerait le droit de
représenter la société”.
461
“Principes de Droit civil”, cit., núms. 186-192, pp. 189-199.
462
LAURENT, F.: “Principes de Droit civil”, cit., núm. 187, p. 191.
463
LAURENT, F.: “Principes de Droit civil”, cit., núms. 181-185, pp. 184-189.
184
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de que se considere a los socios, en los contratos con relación a terceros, como personas
particulares respecto del grupo asociativo al que pertenecen y que deben concurrir
personalmente para sentirse vinculados por el pacto, pues no hay ente y de ahí se deriva
que no se pueda representar a nadie. Es lógico que así sea, y esto acabará pasando por
lógica al artículo 1669 CC, debido a que al tercero que contrata con la sociedad se le
aparece, sin más, un particular, y parece lógico mantener esa apariencia frente a él.
señalaba que “Las asociaciones que no constituyen una sociedad civil en conformidad al
artículo 1º, y las que no adquieran el concepto de persona jurídica según el artículo 46
artículo alude a las asociaciones que no constituyen una sociedad civil en conformidad
aquellas asociaciones que no constituyan una sociedad civil conforme al artículo 1 del
título dedicado a las sociedades. Interesante dato, pues demuestra que estos títulos, pese
a que se orientan fundamentalmente hacia las sociedades civiles, con y sin personalidad
jurídica, exceden del ámbito de las mismas. Se pensaba recoger bajo su órbita a todas
185
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las asociaciones en general464. Por tanto, las asociaciones que no sean sociedades civiles
se regirán por las normas de la comunidad de bienes, según se deduce del artículo 55465.
jurídica conforme al segundo título es más polémica. Las sociedades civiles con
apruebe la autoridad pública. En el caso del artículo 55 las partes han pretendido dicho
Por ello, lo primero que pensaría un intérprete de la norma, en abstracto, es que toda
sociedad civil que lo sea realmente, y no goce de personalidad jurídica se regirá por las
normas que regulan las sociedades civiles sin personalidad, y no por las de la
segunda remisión que realiza el artículo 55, y únicamente se regirían por las normas de
Por otra parte, una remisión al régimen de la comunidad de bienes en todo caso en
que una sociedad civil no gozara de personalidad jurídica, como parece proponer
literalmente el artículo 55, llevaría al absurdo de que dejaría sin contenido todo el título
primero del anteproyecto, el que establece la regulación general relativa a las sociedades
que las sociedades civiles sin personalidad jurídica serían la regla general, aunque se
regirían por las normas de la comunidad de bienes, y no por sus normas propias, las del
464
Vid. CAPILLA RONCERO, F.: comentario al artículo 1669, cit., p. 42.
465
El dato es importante, teniendo en cuenta que durante bastante tiempo, en el proceso de elaboración
del Anteproyecto, no hubo texto regulador de las asociaciones en general. En 1887 se promulgará la Ley
de Asociaciones, y dicha referencia desaparecerá en el texto del artículo 1669 CC, ya que dejará de ser
necesaria. El artículo 18 de dicha Ley, sin embargo, mantendrá el mismo criterio e indicará que “Las
Asociaciones quedan sujetas en cuanto á la adquisición, posesión y disposición de sus bienes, para el caso
de disolución, á lo que dispongan las leyes civiles respecto á la propiedad colectiva”.
186
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Título Primero, que contienen la regulación general y más detallada para las sociedades,
esto es, la de las sociedades sin personalidad jurídica, salvo en el caso excepcional de
Otra posible opción interpretativa residiría en obviar, sin más, la remisión del
artículo 55, y defender que toda sociedad dotada de personalidad se regula por el Título
segundo indicado, y toda sociedad sin personalidad jurídica por el Título primero. No es
acertado: no es riguroso eliminar un artículo que tiene que tener un sentido, pues de lo
contrario no se habría incluido o se habría remitido sin más a la regulación del título
anterior. Sin embargo, no ha despertado interés doctrinal como para ser estudiado.
Por ello, debemos realizar una interpretación más lógica de la cuestión, con base en
el propio texto del artículo 55 y del Anteproyecto, destacando la existencia de dos tipos
vista estructural son diferentes las sociedades sin personalidad jurídica y las sociedades
las partes será operar en el mercado como ente, mientras que si no se pretende, la
voluntad de las partes reside en poner en común una serie de bienes o aportar un trabajo,
Por consiguiente, no en todo caso los socios de una sociedad pretenderán que a ésta
necesariamente un ente, y para los casos, mayoritarios, en los que las partes no
187
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pretenden configurar un ente que actúe como tal en el mercado, está el régimen general
primero. Debido a que se pretende que del contrato surja una persona jurídica y esto
exige necesariamente intervención extraña a las partes, intervención pública, con lo que
La voluntad de las partes es diferente en cada caso: en uno se pretende una puesta en
común para obtener un beneficio, y en el otro dicha puesta en común, pero creando un
ente que actúe como persona jurídica en el mercado. Si se reconoce esa personalidad,
estaremos ante una sociedad con personalidad jurídica y se regulará por el segundo
título citado. Si, por el contrario, pese a pretender dicho reconocimiento no lo consigue,
remite su regulación a las normas sobre las sociedades sin personalidad jurídica, y
entonces el artículo 55, al entender que existe esa cotitularidad respecto de las
configurar su régimen jurídico. Con el defecto, además, de que sólo sería posible en el
caso de autorización concedida por la autoridad pública, no por medio de ley, porque la
ley establecerá en cada caso las sociedades civiles a las que concede personalidad
466
Realmente, el legislador diseñaba lo que después algunos autores denominarán sociedad interna: no se
pretende crear un nuevo ente, sino únicamente poner ciertas cosas o servicios en común para obtener un
beneficio, sin más. La sociedad conocida desde los tiempos del Derecho romano como norma general.
467
Es lo que se denominará en el futuro por algunos autores una sociedad externa, aunque tendrá sus
peculiaridades respecto de la sociedad externa del CC, pues en el Anteproyecto la intervención pública, el
reconocimiento, es imprescindible para adquirir esa personalidad jurídica, algo que no ocurrirá en el CC.
No depende únicamente de los particulares contratantes que surja ese nuevo ente: depende de
intervención pública, que puede reconocer esa personalidad o denegar dicho reconocimiento.
188
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jurídica, sin más, sin denegar a otras, salvo que fuese una ley concreta la que
Por lo tanto, estas sociedades externas se rigen por las normas del Título Segundo,
primero, dedicado a las sociedades sin personalidad, sino por las normas de la
que los pactos celebrados por las partes puedan ser útiles en el plano obligatorio en lo
46 (realmente, artículo 47)”. No son, por tanto, sociedades sin personalidad sin más,
pacto entre los socios, pues estamos ante una sociedad a la que se ha negado
idéntica cuestión pero a la hora de estudiar el artículo 1669 CC, donde lo estudiaremos.
que no exista persona jurídica que aglutine la titularidad de un patrimonio común a los
partícipes. Por ello, la lógica induce a regular la cuestión conforme a las normas de la
comunidad de bienes, que será lo que realmente exista respecto de ese patrimonio, una
comunidad en la que los aportantes son cotitulares de ese patrimonio. Pese a todo, debe
destacarse que no es ésa la pretensión de los contratantes, claro está, pues esas partes no
189
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sentido armónico a la regulación, pese a que no se han previsto todas las consecuencias
idéntica. No es igual una sociedad configurada sin personalidad jurídica que una
comunidad de bienes para organizar la normativa aplicable al caso que acota468, con lo
que conlleva de diferente régimen. Parece que al particular que pretendiese agruparse se
La base para acudir a esta regulación reside en una idea que, en principio, parece
lógica: prácticamente en todos los casos en que exista alguna de estas agrupaciones,
conseguir la finalidad social de que se trate. Si no hay persona jurídica titular de dichos
bienes, lo que existe es una cotitularidad respecto del patrimonio total aportado, que no
468
Comunidad de bienes que aparecía regulada en los artículos 394 a 409 del Anteproyecto y no
presentaba novedades esenciales respecto de la regulación hoy vigente.
469
Señalaba MANRESA que en este caso (sociedad sin personalidad jurídica) “no existe más que la
comunidad de intereses de los socios y de las cosas aportadas por los mismos. Por eso se han de regir por
las disposiciones relativas a la comunidad de bienes” (MANRESA Y NAVARRO, J. M.: “Comentarios al
Código Civil español”, cit., p. 408).
190
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LAURENT esta idea se plasmó en el ya citado artículo 1883. Por tanto, siempre que
cotitularidad, de los estados de indivisión en general. Una sociedad civil es una especie
alguno ya citado, como MANRESA y DONDERIS, alguno todavía no, como BONET
sentencia de nuestro TS476. Pero de entre ellos debemos destacar a alguien fundamental
470
Expresión literal de DONDERIS TATAY, L.: “La copropiedad. Teorías. Derecho español”, Ed. Reus,
Madrid, 1933, p. 20.
471
PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1665 CC, dentro de “Comentarios...”, cit., p. 1306.
472
Basta acudir a D. 17.2.31, cuyo texto señala lo siguiente (las cursivas son nuestras): “Para que tenga
lugar la acción de socio debe mediar una sociedad pues no basta que la cosa sea común si no existe una
sociedad y puede haber una gestión común también sin mediar sociedad, por ejemplo, cuando nos
encontramos en comunidad sin intención de contraer una sociedad...” (“El Digesto de Justiniano”, cit., p.
644). Incidió en ello, como sabemos, DELHAY, F. (“La nature ujridique de l’indivision”, cit., núms. 78-
82, pp. 130-136). De modo crítico, ARANGIO-RUIZ, V.: “La società in Diritto romano”, cit., pp. 32-62.
473
BONET RAMÓN, F.: comentario a la STS 15-10-1940, RDP, 1941, pp. 34-37.
474
Vid. OYUELOS, R.: comentario al artículo 1669, en “Digesto. Principios, doctrina y jurisprudencia
referentes al Código civil español concordados con los códigos americanos y portugués”, tomo VII,
Cuerpo del Derecho español, Madrid, 1932, p. 75. Allí comenta que si la entidad creada no tiene
personalidad, “resulta así una simple comunidad –lo es el fondo o subsistencia de toda sociedad-”.
475
Indicaba GIRÓN TENA que “...En el Código civil hay una Comunidad romana para las sociedades no
publicadas...” (GIRÓN TENA, J.: “Derecho de Sociedades”, cit., p. 174).
476
En este sentido, por ejemplo, la STS 21-3-1988 (M. A. 2221) indica expresamente que “no es
concebible sociedad sin algún género de comunidad”.
191
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sociedad la especie477, idea que puede parecer acertada o no (para nosotros no lo es,
como argumentaremos en su momento) pero que es la que inspira a este autor, así como
a otros478, y, por él, a la regulación del artículo 55. Por tanto, comunidad con ánimo de
resultat d’un hasard, d’une succession”. Y en coherencia con ello, la vemos plasmada en
el citado artículo 1883 del Anteproyecto belga, desde donde pasará a nuestro texto479.
Incluso autores actuales de gran peso a la hora de estudiar esta cuestión, como
MIQUEL GONZÁLEZ, han incidido expresamente en esta idea: “... Toda sociedad en
la que se hayan puesto bienes en común, si carece de personalidad, lleva consigo una
artículo 1669, que realiza idéntica remisión al régimen de la comunidad de bienes (por
477
LAURENT, F.: “Principes de Droit Civile”, t. XXVI, cit., núm. 433, pp. 438-439. Allí alude a la
diferencia esencial: la comunidad resultante de una sociedad está formada por la voluntad y el acuerdo de
las partes, mientras que la comunidad en general se forma sin dicho acuerdo. Y critica a POTHIER por,
según él, no diferenciar ambas situaciones.
478
Así, BENITO GUTIÉRREZ señala que “la sociedad supone una comunidad, pero no toda comunidad
es sociedad; la comunidad es el género, la sociedad es la especie y una especie aparte” (GUTIÉRREZ
FERNÁNDEZ, B.: “Códigos o Estudios Fundamentales sobre el Derecho Civil español....”, cit., p. 485),
y PONSÁ GIL indica que “toda sociedad supone una comunidad, pero no toda comunidad es una
sociedad” (PONSÁ GIL, J.: “Sociedades civiles, mercantiles, cooperativas y de seguros”, tomo I, Librería
Bosch, Barcelona, 1923, núm. 56).
479
Esta idea ha sido, sin embargo, criticada por algún otro autor, como ha sido el caso de GITRAMA
GONZÁLEZ, quien señalaba que este sometimiento al régimen de la comunidad de bienes, “no obstante
hallarse en congruencia con lo dispuesto en el artículo 18 de la ley de Asociaciones de 1887, no deja de
ser a todas luces inadecuado, dada la fundamental diversidad entre copropiedad y asociación”
(GITRAMA GONZÁLEZ, M.: prólogo a RUBINO, D.: “Las asociaciones no reconocidas”, Editorial
Revista de Derecho Privado, Madrid, s. f., p. 8).
480
MIQUEL GONZÁLEZ, J. M.: comentario al artículo 392 CC, dentro de “Comentarios del Código
Civil”, Tomo I, Ministerio de Justicia, Madrid, 1993, p. 1070.
481
BADÍA SALILLAS, A.: “En torno a la problemática de la personalidad jurídica de la sociedad civil en
el Derecho español”, cit., p. 329. RUBINO indicaba, en el caso análogo italiano, que o estábamos ante un
192
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IGLESIAS ha incidido en que “la sociedad, aunque sea una realidad jurídica distinta de
reflexión con el recuerdo del brocardo “Non est societas sine communione”482.
Por lo tanto, se parte de la idea de que si existe una sociedad con un patrimonio
común, ésta no es más que un supuesto especial de comunidad de bienes, y para el caso
régimen de la comunidad de bienes. Tiene lógica dicha remisión desde esa concepción,
de personas, de los estados de indivisión, régimen al que hay que volver en estos casos,
intención de reserva, sino que existen grupos asociativos que no alcanzan dicha
1887 también incidía en dicha idea, como hemos visto). La intención de las partes no
patrimonio sin sujeto, o “bien es una comunidad entre los asociados”, opción por la que se decanta y a
partir de lo cual se dedica a reflexionar acerca de si estamos ante una comunidad de tipo romano o
germánico (RUBINO, D.: “Las asociaciones no reconocidas”, cit., núm. 49, pp. 173-182).
482
NUÑEZ IGLESIAS, A.: “Comunidad e indivisibilidad”, Ed. McGraw-Hill, 1995, pp. 152-153.
483
PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1665 CC, dentro de “Comentarios al CC”, cit., pp. 1305-1306.
484
PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1669 CC, cit., núms. IV y V, pp. 1366-1374, así como voz
“sociedad interna”, cit., núm. III.4, pp. 6333-6334.
485
BLANQUER UBEROS, R.: “Acerca de la sociedad de gananciales, la responsabilidad patrimonial y la
relación obligatoria”, AAMN, t. XIX, Madrid, p. 203.
193
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excluye operar como ente en el mercado, por lo que la apariencia de cotitularidad puede
Además, aunque no está en la mente del redactor del Anteproyecto de esa forma, se
entenderá posteriormente por el legislador que con esta regulación se puede también
proteger al tercero, a un tercero que no sabe, en principio, que contrata con un grupo y,
sin embargo, comprueba cómo el artículo remite a un régimen de colectividad básico (el
plasmada de modo desenfocado, pues parece entenderse que con la remisión al régimen
momento posterior, ese tercero al grupo podría saber que está ante un colectivo, no ante
tercero, seguramente se optaría por alguna otra regulación que incidiese expresamente
socios, antes que por aplicar al grupo un régimen que ese tercero nunca habría podido
imaginar, pues nunca pudo prever la existencia de un grupo asociativo de ningún tipo.
486
En este sentido, SSTS 2-12-1902, 18-11-1927 y 11-2-1967, bastante influyentes en la doctrina
inmediatamente posterior.
194
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Pese a ello, parece que ese interés en proteger al tercero no estará ausente de la mente
del codificador, lo que ocurre es que la medida, obviamente, no es la ideal para ello487.
los aportantes” no es exacta. Realmente, en ese caso lo que existe es una masa destinada
constituir una comunidad de bienes, sino constituir una sociedad, y a ese régimen se
llega por esa remisión un tanto curiosa: unas personas pretenden constituir una
sociedad, realizan las aportaciones oportunas para ello y, sin que exista la más mínima
casi toda sociedad existe una masa aportada, pero es otra cuestión diferente, como
veremos. Además, esta remisión presenta una serie de problemas que no se planteó el
487
No estará ausente porque se tiene en mente la necesidad de demandar a los copropietarios para
ejercitar derechos frente a una comunidad de propietarios de una cosa, y ello en este caso implica poder
dirigirse contra los otros socios también. Además, en caso de que se pretendiese exactamente lo contrario,
bastaba con conducirse como lo había hecho el codificador mercantil en el caso de la cuenta en
participación, obligando al tercero a dirigirse únicamente frente a su contratante, aunque tuviera
conocimiento de la existencia del contrato de cuenta en participación.
195
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Una vez que, teniendo como base el Anteproyecto de 1882-1888 se redacta el texto
citado segundo título del Anteproyecto, se sustituye todo él por los actuales artículos
1669 y 1670, propuestos por GAMAZO488, y los artículos destinados a regular a las
Anteproyecto, donde cuando existía era perfecta, según se desprendía del artículo 51.
los cánones romanos que se habían conocido en otros países y que había provocado que
número y el mismo texto en las dos ediciones de nuestro CC, tanto en la primera490
488
Tal y como explica PEÑA BERNALDO DE QUIRÓS, M.: “El anteproyecto del Código civil
español...”, cit., nota 114, p. 38.
489
DE CASTRO, F.: “Formación y deformación del concepto de persona jurídica (notas preliminares para
el estudio de la persona jurídica)”, en “La persona jurídica”, cit., pp. 191-201.
490
R. D. 6 octubre 1888. En concreto, el artículo en G. de Madrid núm. 340, 5 diciembre 1888, p. 721.
196
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sociedades mixtas: “las sociedades civiles, por el objeto a que se consagren, pueden
revestir todas las formas reconocidas por el Código de comercio. En tal caso, les serán
491
R. D. 24 julio 1889. En concreto, el artículo en G. de Madrid núm. 208, 27 julio 1889, p. 307.
492
El día 18 de noviembre de 1888 (PEÑA BERNALDO DE QUIRÓS, M.: “El anteproyecto del Código
civil español...”, cit., nota 128, p. 45). Destacado con cierto detalle por SANTOS MORÓN, M. J.: “La
forma de los contratos...”, cit., p. 300.
493
El legislador pretende consentir que, para desempeñar ciertas actividades consideradas no mercantiles,
se autorizara a los particulares a adoptar alguna de las formas mercantiles, por sus ventajas prácticas. “En
particular, se planteaba la cuestión de consentir la adopción del tipo de las sociedades anónimas, para
acometer actividades no mercantiles, cuya envergadura excedía en mucho a las posibilidades de pocas
personas, siendo conveniente para recabar los fondos necesarios autorizar la división del capital en
acciones y otorgar el privilegio de la limitación de responsabilidad” (CAPILLA RONCERO, F.:
comentario al artículo 1670 CC, dentro de “Comentarios al Código Civil y Compilaciones Forales”,
Tomo XXI, vol. 1, EDERSA, Madrid, 1986, p. 62).
Esta cuestión se planteó en los países de nuestro entorno, especialmente en aquellos donde el criterio de
distinción era estrictamente el objetivo, y con esta regulación, señala CAPILLA RONCERO, “el
legislador quiso modificar el sistema consagrado en el Código de comercio, en el sentido de atraer al
ámbito civil, parcialmente, las sociedades que tuvieran por objeto actividades no mercantiles, mas no con
la pretensión, entiendo, de alterar los criterios de definición del ámbito mercantil, sino para autorizar
expresamente estas sociedades mixtas” (CAPILLA RONCERO, F.: comentario al artículo 1670 CC,
dentro de “Comentarios al Código Civil...”, cit., p. 63).
197
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indicio de que esta integración sería problemática494. Baste recordar que entre el 6 de
veinte sesiones495 en las que, en algunas ocasiones, sólo participaron tres de sus treinta
había comenzado ya a publicarse como Código, lo que ocasionó las lógicas protestas496.
El artículo 1669 alude a las sociedades cuyos pactos se mantengan secretos entre las
partes y en las que los socios contraten en su propio nombre con terceros. El que a los
socios se les considere como particulares a la hora de celebrar contratos con terceros
parece lógico, ya que esa sociedad no estará dotada de personalidad jurídica y se acude
la sociedad como persona jurídica, sino que se le presenta una persona individual, sin
comunidad de bienes parece indicio de que se pretende no tanto beneficiar al tercero que
contrata con la sociedad interna (que también existe algo de ello, pero de modo
como, sobre todo, actuar con rigor jurídico, y remitir a las normas de la comunidad de
494
Se manifiestan durante la propia tramitación parlamentaria. Vid., por ejemplo, DANVILA, en “Diario
de Sesiones de las Cortes. Congreso de los Diputados”, 1889, núm. 75, de 21 de marzo de 1889, p. 2004.
495
PEÑA BERNALDO DE QUIRÓS apunta la duda de si fueron veinte o veinticuatro las sesiones,
siempre basándose en las palabras de DÁNVILA (vid. PEÑA BERNALDO DE QUIRÓS, M.: “El
anteproyecto del Código civil español...”, cit., nota 128, p. 44).
496
SANTOS MORÓN, M. J.: “La forma de los contratos en el Código Civil”, cit., nota 26, p. 300.
198
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bienes como régimen básico de cotitularidad en nuestro ordenamiento, pese a que por
Ésa es, junto con la concepción teórica que inspira la relación comunidad-sociedad,
sigue aquella idea de toda sociedad civil encerraba en su seno una comunidad. Y no se
sociedad civil (artículo 1665), las peculiaridades sobre el objeto (1666), la forma (1667
y 1668), las sociedades mixtas (1670), y las clases de sociedades civiles (1671 a 1678).
497
Esa remisión proviene del artículo 55 antes expuesto y se basaba en el rigor jurídico ya expuesto a la
hora de configurar las sociedades. Pero el legislador parece encontrar también una baza para proteger a
ese tercero, pudiendo hacer responsable, en su caso, a los otros socios de alguna forma, frente a él, o así lo
ha entendido el TS, que en las sentencias citadas anteriormente configuraba este artículo como una
garantía para terceros: el tercero deberá dirigirse a la persona con la que contrató para satisfacer su
interés, pero si en algún momento tiene conocimiento de la existencia del grupo, parece que puede dirigir
su pretensión frente a los otros socios, y la remisión al régimen de la comunidad se entiende como
legitimadora para dicha extensión (pues para ejercitar derechos frente a una comunidad de bienes debe
dirigirse la pretensión contra todos los socios). En un caso relativamente parecido, el de la cuenta en
participación, el legislador mercantil pretendía que actuara uno solo de los intervinientes contractuales
frente a terceros, y establece expresamente que sólo frente a ése existirá acción por parte del tercero.
199
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como norma general, debe alterarse su sentido (lo que provoca su oscurecimiento)498.
Por otra parte, en ese “camino” hacia la regulación codificada del contrato de
El artículo 1669 es, por tanto, un precepto bastante singular. CASTÁN TOBEÑAS
cree encontrar su equivalente y señala que se corresponde con los artículos 119 y 120
del Código de Comercio (de 1885)499. No es exacto, ya que los pactos a los que alude el
artículo 119 no pueden equipararse a los del artículo 1669 CC500: en el caso del artículo
Registro (por tanto, hay una sociedad perfectamente constituida que se inscribe en el
Registro y aparece como ente frente a terceros, aunque existan pactos al margen de esa
imagen “oficial”), mientras que en el caso del artículo 1669 CC la sociedad no aparece
como tal frente a terceros, porque, en primer lugar, los pactos se mantienen reservados
entre las partes, y segundo, éstas contratan con terceros en su propio nombre501.
498
CAPILLA RONCERO interpreta que la contraposición existente no es entre el régimen de la sociedad
y el régimen de la comunidad de bienes, sino entre el régimen de las sociedades con personalidad y la
comunidad de bienes, con el hueco correspondiente a las sociedades sin personalidad (CAPILLA
RONCERO, F.: comentario al artículo 1669 CC, dentro de “Comentarios al Código Civil y
Compilaciones Forales”, cit., p. 43).
499
CASTÁN TOBEÑAS, J.: comentario dentro de SCAEVOLA, Q. M., cit., p. 777.
500
Indica este precepto que “Toda Compañía de comercio, antes de dar principio a sus operaciones,
deberá hacer constar su constitución, pactos y condiciones, en escritura pública que se presentará para su
inscripción en el Registro Mercantil, conforme a lo dispuesto en el artículo 17. (...). Los socios no podrán
hacer pactos reservados, sino que todos deberán constar en la escritura social”.
501
Por otra parte, indicaba el mismo autor en el año 1933, en el trabajo citado, que, dentro de la órbita del
Derecho comparado, este artículo 1669 concuerda, literalmente, con el artículo 1360 del Código
200
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pública para reconocer a la persona jurídica (que legitimaba incluso para privar de la
sociedad civil una personalidad jurídica que “...ni es tradicional en nuestro derecho
histórico (ni en el Derecho Romano ni en las Partidas constituye la sociedad civil una
panameño, el 1689 hondureño y 696 del Código de Obligaciones y contratos de la Zona hispanomarroquí,
y en esencia, con los artículos 1274 del anterior Código portugués, el 1656 del peruano, 1780 del
guatemalteco y 565 del Proyecto de Código de Obligaciones común para Francia e Italia.
502
La parte dedicada a la personalidad jurídica no se encuentra expresamente en dicho artículo, pero es
lógico, pues era la autoridad la que determinaba qué sociedad, de entre las que lo pretendían, disfrutaba
de personalidad jurídica y qué sociedad no. El problema no se planteaba antes: la agrupación de personas
o es comunidad, o es sociedad, o es asociación. Además, la negativa a reconocer personalidad se troca en
secreto de la sociedad por las partes y contratos de los socios en el mercado en su propio nombre.
201
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España de la época, todo ello enmarcado en el nuevo aire de libertad –efímera- que se
respira a partir del estallido de la Gloriosa revolución del año 68”. A continuación,
jurídica”, que anima a personificar también a las sociedades civiles, una vez que se
logró con las mercantiles en 1885504. Pese a su visión crítica sobre la cuestión de la
intención por personificar a la sociedad civil dentro de un clima proclive a ello, tanto
que el cambio de orientación será total, como hemos comprobado. Dicho clima es
PANTALEÓN PRIETO, por su parte, indicaba que la desaparición del segundo título
primera era que su disciplina era mucho menos liberal que la entonces reciente Ley de
1670, no existía motivo para tratar en esta sede el contenido de los artículos 49 a 52506.
En otro sentido, es bastante posible también que se haya tenido muy presente el
503
HERNÁNDEZ MANCHA, M.: “Las sociedades civiles particulares ante el Registro de la Propiedad”,
Boletín del Colegio Nacional de Registradores, núm. 280, julio-agosto 1991, p. 1601.
504
CAPILLA RONCERO, F.: “La sociedad civil”, cit., pp. 383-386.
505
Por otra parte, también hay que aludir a otro dato que conlleva la necesidad de modificar el sentido de
los artículos respecto del texto del Anteproyecto, y es la existencia desde 1887 de una Ley de
Asociaciones, que implica extraer de la órbita del texto codificado su regulación. Esto, si bien no explica
el cambio radical operado, sí que inserta dicha modificación en una necesidad de cambio clara.
202
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sólo recoger el articulado del Code, que también se realizó, sino superar la disfunción
personalidad jurídica de la sociedad civil que duraba ya más de ochenta años507. Por
tanto, pese a que es clara la influencia francesa en nuestro texto a la hora de seguir las
evitar ese intenso debate sufrido en Francia508 (también, aunque menos, en Italia y
506
PANTALÉON PRIETO, F.: “Asociación y sociedad...”, cit., pp. 33-34. Sobre esta motivación, vid. el
repaso realizado por CABANAS TREJO, R. y BONARDELL LENZANO, R.: “Reflexiones en torno a la
personalidad jurídica de las sociedades civiles...” cit., p. 377.
507
Los puntos clave de la polémica eran los siguientes: en primer lugar, el Code no reconoció
personalidad jurídica a la sociedad civil, fruto, de una parte, de la inspiración romana existente en el
mismo e introducida gracias al Tratado sobre el contrato de sociedad civil de POTHIER y, de otra, de los
escrúpulos revolucionarios hacia las personas jurídicas privadas; en segundo lugar, la realidad social
parecía exigir esa personificación de la sociedad, pese al silencio legal, para facilitar la intervención en el
mercado de la misma; en tercer lugar, la jurisprudencia y la doctrina deben realizar constantes
interpretaciones extensivas de la ley que permitan admitir esa personalidad jurídica para esta sociedad.
508
El viejo Derecho francés siguió la tradición romana y continuó sin reconocer la personalidad jurídica
de la sociedad civil, opinión que defendieron los grandes juristas de la época del Code (MERLIN,
TOULLIER o ZACHARIAE), así como posteriores comentaristas de la talla de VAREILLES.
En la redacción original del vigente Code de 1804 ningún artículo reconoce expresamente la personalidad
jurídica a las sociedades civiles. Esta regulación codificada, “en lo que concierne a la sociedad civil, no
ha sufrido ninguna modificación esencial y directa” respecto del Derecho anterior (vid. PETRUSCA, J.:
“Les sociétés civiles en Droit Comparé”, Librairie de Jurisprudence Ancienne & Moderne, Paris, 1931,
pp. 188). En ello influye el importante ascendiente de POTHIER y su Traité du Contrat du Société sobre
la regulación codificada y que el ilustre jurista nunca pensase en una persona jurídica al tratar el contrato
de sociedad (vid. núms.. 1 y 2 del Traité). Ello generó problemas prácticos que la jurisprudencia
solucionó cada vez que se le planteaban los concretos supuestos, y que acabaron por justificar la reforma
de la Ley de 4 de enero de 1978, precedida de una importante crítica doctrinal y una labor jurisprudencial
relevante: el texto modificado del Code parte ahora de la base de que toda société goza de personalidad
jurídica (artículo 1842). Era necesario ofrecer una ley general unificadora, y evitar así la solución
casuística por parte de los tribunales, sin una base legal sólida que ofreciera cobertura a dichas decisiones.
509
Del Codice de 1865 no se puede deducir que la societá civile goce de personalidad jurídica, ni siquiera
de autonomía patrimonial, como sabemos. En el mismo sentido, el texto portugués de 1867.
203
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la claridad de nuestra regulación es evidente, pese a que surge un nuevo debate, que es
y esto beneficia a una economía desarrollada por la agilidad que imprime (actúa como
grupo, no debe demandarse a los socios como personas físicas sino al grupo, responderá
Sin embargo, alguna de las grandes cuestiones a resolver con la personalidad jurídica
cuestión de la autonomía patrimonial estaba clara en los textos). Pero tampoco es cierta
cuando indicaban que la personalidad “no producía ningún efecto nuevo en el régimen
resuelta, otros aspectos se verán muy modificados, como la existencia de una capacidad
una intención del legislador de regular totalmente con este precepto el régimen jurídico
510
GUAL DALMAU, M. A.: “Las cuentas en participación”, cit., p. 160.
204
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Sin embargo, como no se nos ofrecen los criterios para atender a la concesión y
utilización de dicha persona con fines de alguna forma considerados como negativos
511
La falta de inscripción se castiga negando la personalidad jurídica y remitiendo al régimen de la
comunidad de bienes.
205
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la necesidad de publicidad de hecho para que nazca la persona jurídica512, mientras que
independencia de ella, desde nuestro punto de vista no parece existir realmente una
dogmática: no existe ente propietario del patrimonio, pero sí patrimonio del que son
copropietarios diversas personas. Parece lógico, por tanto, acudir a estas normas.
respecto del que la provocaba en el Anteproyecto: en éste no hay una causa que dependa
previstos, pero en el artículo 1669 siempre dependerá de la actuación de las partes, pues
o se configurará como sociedad interna esa sociedad, según la teoría que se siga513.
interna parece el diseñado en los artículos 1665 y siguientes, salvo que se hiciera
incompatible con el no disfrute de personalidad (por ejemplo, caso del artículo 1699).
512
Para que la sociedad sea un ente debe actuar como tal y mostrarse como tal: si no lo hace, esto es, si no
ha cumplido ese requisito de publicidad de hecho, esa sociedad se deberá regir por la regulación dedicada
a la comunidad de bienes del modo expuesto en el artículo 1669.
513
Además, el que influya la existencia de esa reserva, en todo caso, es novedoso como idea inspiradora:
la sociedad que no se muestre como tal no debe regirse por normas societarias frente a los terceros (con
todos los matices que esto encierra), sino que se regirá por las normas de la comunidad de bienes.
206
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Se expresa en estos términos: “No tendrán personalidad jurídica las sociedades cuyos
pactos se mantengan secretos entre los socios, y en que cada uno de éstos contrate en su
propio nombre con los terceros. / Esta clase de sociedades se regirá por las
diferenciables: un primer párrafo donde describe lo que entiende por sociedad sin
entre los socios y los socios contratan en su propio nombre con terceros), y configura,
por tanto, el supuesto de hecho, y un segundo párrafo donde se remite al régimen que
la sociedad civil en general: el único caso en que no sea así será el del artículo 1669.
conducta concreta de los socios, y de que el primero parece de mayor relevancia que el
personalidad como criterio general, salvo la que se encuadra dentro de la órbita del
207
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en el tráfico será fundamental: toda sociedad civil gozará de personalidad salvo que se
observe ese “secretismo”, que de alguna forma debe ser consecuencia de la intención de
las partes de no aparecer como ente. Obviamente esto es nuevo, pues en ningún caso se
podía gozar de personalidad jurídica en los textos previos, y cuando fue posible, era
Por otra parte, el párrafo segundo se dedica a la cuestión del régimen jurídico
investigación. Se piensa en todo caso en una sociedad civil donde existe un patrimonio
común, pues de lo contrario no tendría un sentido total remitir a dicho régimen. Las
partes no pretenden constituir una comunidad, sino más bien un patrimonio colectivo
para hacer frente a la vida de esta sociedad sin personalidad jurídica. Esta cuestión del
que en los antecedentes del precepto no existe un ánimo de protección de terceros como
la comunidad permite demandar también a los otros socios, y esto beneficia los
intereses del tercero. Esta idea es difundida por el TS, que presenta al artículo 1669
como protector de los terceros, aunque ello no es cierto, como hemos comprobado.
sociedad con personalidad jurídica una serie de preceptos redactados para regular
sociedades sin personalidad jurídica, debido al cambio de orientación citado. Por otra
208
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bienes. Además, no se determina hasta dónde se llega en dicha remisión a este régimen,
209
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acudir al artículo 1669. Hemos conocido cómo se alcanzó esa redacción, y parece
llegado el momento de aclarar exactamente cuáles son las circunstancias necesarias para
que una sociedad civil no goce de personalidad jurídica. Qué consecuencias, además,
puede tener ese dato desde la óptica del contrato y desde la óptica de la organización.
redacción como a su proceso de inserción en el CC, tal y como hemos estudiado. Las
circunstancias necesarias para su aplicación son dos, y parece que deben concurrir
ambas515: en primer lugar, los pactos deben mantenerse secretos entre los socios, y en
514
En este sentido, SSTS 2-12-1902, 18-11-1927 y 11-2-1967. Hay quien señala que estamos ante un
precepto que mira sobre todo a las relaciones externas (TENA PIAZUELO, I.: “El concepto de sociedad
civil irregular......”, cit., p. 288). A continuación comprobaremos si es realmente así.
515
No es correcta la idea de que el artículo 1669 CC es de aplicación a las llamadas sociedades secretas
entendidas como aquellas que mantienen ocultos sus pactos sin más, término que, por ejemplo, utiliza ya
el propio DÁNVILA en los debates parlamentarios, cuando señalaba literalmente: “Confieso que es
difícil comprender este artículo, acaso por la insuficiencia del que lo ha estudiado, no lo niego; pero
resolver la personalidad jurídica de las personas colectivas solo por el precepto de que las sociedades
secretas no pueden tener capacidad civil, francamente, no hace mucho honor a los autores del Código, ni
puede justificarse en modo alguno ante la ciencia ni ante el buen sentido” (DANVILA, en “Diario de
Sesiones de las Cortes. Congreso de los Diputados”, 1889, número 75, 21 de marzo de 1889, p. 2004).
210
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segundo lugar, cada uno de esos socios debe contratar en su propio nombre con los
terceros. Las consecuencias son claras: esa sociedad descrita no tendrá personalidad
Tal y como opera la publicidad en el ámbito de las sociedades civiles, tan diferente
sociedad civil que opere como tal sociedad externa en el mercado y los terceros a la
misma sepan que es una sociedad civil, pero no tengan conocimiento de su regulación
contractual. No es posible aplicar el artículo 1669 CC, aunque a los terceros al contrato
Nos puede surgir una importante duda: ¿qué situación pretende contrarrestar este
artículo?. Existió cierta tendencia jurisprudencial516 que entendía que el artículo 1669
mercado y teniendo relación con la sociedad misma entendida como ente, no tiene
conocimiento de que contrata con una sociedad civil, tendencia seguida por algunos
autores que han recogido literalmente esta idea517. Y no tiene ese conocimiento porque
Que se exija la concurrencia de ambos factores es algo que se refleja en otras partes de la propia
regulación codificada: así, el artículo 1698 CC, en su párrafo segundo, fija las consecuencias que tendrá
para la sociedad que un socio celebre contratos en su propio nombre con terceros, y esas consecuencias
no son la falta de personalidad jurídica, sino la no obligación de la sociedad por dicho pacto, según señala
el precepto expresamente, esto es, la no vinculación del patrimonio social.
516
En este sentido las ya citadas SSTS 2-12-1902, 18-11-1927 y 11-2-1967.
517
Por citar un ejemplo, vid. MANRESA Y NAVARRO, J. M.: comentario al artículo 1669, dentro de
“Comentarios...”, cit., p. 408. Sin embargo, un análisis algo más detallado del precepto induce a pensar
que no es así, que el fundamento no puede ser esa protección de los terceros: de entrada, porque remite al
régimen de la comunidad de bienes, algo que no es claro que beneficie de modo claro al tercero, aunque
desenfocadamente parece tenerse en mente lo contrario, además de que dicho régimen se determina con
independencia del tercero, que nunca podrá apreciar la apariencia de cotitularidad que está en la base de
dicha remisión. ¿Cómo se pretende proteger a ese tercero? Evitando que se le aplique el régimen de la
sociedad, que no era conocida por él, dado que se había ocultado dicha existencia, y acudiendo al régimen
de la comunidad de bienes. Sin embargo, dicha protección podía haberse producido incidiendo en la
cuestión de la apariencia presentada a ese tercero, pese a que no era estrictamente necesario, por ser
211
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se dan dos circunstancias que posibilitan dicha situación, y hay quien alude a la
existencia de una sociedad secreta: los socios mantienen reservados entre ellos los
pactos y contratan con esos terceros en su propio nombre, por lo que al tercero le resulta
imposible saber que está contratando con alguien socio de una sociedad.
comunidad es un género, y la sociedad una especie del mismo: si no hay ente jurídico
que aglutine la titularidad de un patrimonio, no existe más que una cotitularidad del
mismo por parte de los aportantes. No existe otra intención principal que tratar la falta
Es verdad que cierta intención protectora de terceros está de modo difuso en la mente
personalidad jurídica, o cómo una sociedad civil cae en la órbita del artículo 1669 CC.
conducta de normal tráfico jurídico y conforme a la más elemental lógica. En el artículo 55 del
Anteproyecto esta remisión tenía más sentido: existía o podía existir cierta apariencia de cotitularidad
frente a los terceros, pues eran sociedades que no habían alcanzado la personalidad jurídica, pero no eran
sociedades sin apariencia de tales, sino que los socios pretendían actuar como ente en el mercado. No
gozan de personalidad jurídica porque no les fue concedida.
518
Es evidente que, al tener contacto con una comunidad de bienes, a la hora de ejercitar acciones contra
la misma se debe uno dirigir contra todos los copropietarios, y ello se tiene presente también aquí aunque
no resulte de inspiración directa (pues el legislador no intenta realmente regular cuestiones de régimen
jurídico, sino meramente aludir a la personalidad jurídica). Parece garantizarse así que el tercero se pueda
dirigir no sólo contra el socio contratante, sino contra los otros socios, y así ve reforzado su interés. Es un
sentimiento vago que está, de alguna forma, presente, pero que si se medita adecuadamente no es
necesario para que el tercero pueda dirigirse contra los socios no contratantes, como veremos. Pero ya
hemos comentado que el legislador no tenía exactamente claro lo que realizaba al insertar este precepto,
por qué lo hacía ni las consecuencias de su redacción. No era el interés que veremos presente
expresamente en el caso mercantil de la cuenta en participación, donde se pretende que no se pueda
dirigir más que al contratante.
212
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2. La posible eficacia frente a terceros del vínculo social en las sociedades civiles
la posible eficacia de sus pactos respecto de terceros, cuestión que no siempre ha sido
encuentra bajo la órbita del artículo 1257 CC, y los terceros a la misma no tienen por
qué conocer, en principio, esos pactos que regularán una relación contractual a la que
son ajenos. Pero, por otra parte, la sociedad como tal también suele ser un ente que tiene
contacto con terceros a la misma, y en ese sentido, puede resultar de interés a los
terceros conocer los pactos que la regulan, para garantizar la seguridad de su posición.
Por ello, los terceros a la sociedad pueden poseer un interés legítimo en conocer
dichos pactos reguladores y en poder actuar teniendo en cuenta dichos pactos. Y esta
519
En este sentido, el propio CAPILLA RONCERO se plantea si el problema del artículo 1669 CC no
será realmente el de la oponibilidad del contrato social. Señala literalmente: “¿No será equiparable la
personificación a la eficacia frente a terceros de los vínculos sociales? Parece que sí” (CAPILLA
RONCERO, F.: “La sociedad civil”, cit., p. 394).
213
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jurídica, pues no necesariamente debe vincularse lo uno con lo otro. La sociedad goza
de personalidad jurídica y actúa frente a terceros como tal persona jurídica, o bien no
mercado. Una cuestión es que la sociedad exista como ente y otra distinta que sus
pactos reguladores puedan ser opuestos a terceros o utilizados por los mismos.
contractual, debemos aludir a dos concretas cuestiones que pueden resultar de interés520:
en primer lugar, la utilizabilidad por los terceros de los pactos sociales, y en segundo
En primer lugar, merece nuestra atención la utilizabilidad por los terceros de los
pactos sociales, algo que finalmente se reduce a una cuestión de conocimiento por ese
tercero de aquello que invoca (por cuestiones prácticas: no para que se pueda apoyar en
520
El acertado esquema aparece ya propuesto por PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1669 CC, cit.,
pp. 1362-1364, que ha estudiado la cuestión con cierto detenimiento.
521
Antes, sin embargo, debemos tener bien clara la diferencia entre eficacia directa del contrato,
extensión de dicha eficacia directa y eficacia indirecta del mismo. La eficacia directa de un contrato
conlleva que el pacto vincule a las partes contratantes y a sus herederos, en los términos del artículo 1257
CC. La extensión de dicha eficacia directa es un fenómeno jurídico anómalo conforme al cual personas
distintas a las contratantes se ven vinculadas por dicho pacto, de modo excepcional y por imperativo
legal. Caso, por ejemplo, del artículo 480 CC: pese a que se extingue el usufructo, el propietario está
obligado a respetar el arrendamiento concertado por el usufructuario durante el año agrícola, un contrato
en el que no es parte. La eficacia indirecta es el influjo que la actuación jurídica ajena puede tener sobre
los legítimos intereses de los terceros, que deben contar con dicho pacto, aunque no estén obligados por el
mismo, apartado donde se inserta la oponibilidad. Para profundizar en estas cuestiones en general, vid.
RAGEL SÁNCHEZ, L. F.: “Protección del tercero frente a la actuación jurídica ajena: la inoponibilidad”,
Ed. Tirant lo Blanch, Valencia, 1994, pp. 49-69, donde sigue algunas de las acertadas ideas de DÍEZ-
PICAZO, L.: “Fundamentos de Derecho civil patrimonial”, Tomo I, Introducción. Teoría del contrato”,
Ed. Civitas, Madrid, 1993, pp. 398-403. Aplicada al caso de la sociedad civil, vid. el análisis de TORRES
PEREA, J. M. DE: “Alcance de la personalidad jurídica de la sociedad civil externa”, cit., pp. 79-88.
214
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ella, sino para poder sustentar su argumentación sobre dicha regulación contractual)522 y
“publicidad de hecho” resultará necesaria, ya que se trata de que ese tercero tenga
conocimiento de esa regulación concreta que ahora puede ser utilizable por él.
Si se prueba esa existencia, los terceros podrían llegar a valerse de esa realidad, que
no puede ser negada por quien la constituyó, utilizándola si lo estiman oportuno, salvo
que exista una norma que establezca expresamente otro régimen, como podría pasar en
sociedad), el pacto contractual se les puede oponer si tenían conocimiento del mismo
(en algún caso, además, aceptación, como en los supuestos en los que, de alguna forma,
se empeora la situación del tercero diseñada por la ley). Por ejemplo, alguien recibe un
daño extracontractual por parte de otra persona que actúa adecuadamente en nombre de
una sociedad civil que en este caso está personificada, y el dañado dirige su reclamación
contra ese socio concreto: éste puede oponerle el contrato de sociedad, para que reclame
a la misma. O bien, un acreedor de un socio pretende embargar algo que éste hubiese
aportado a la sociedad, o algo adquirido de ese socio por un tercero adquirente, después
del contrato social: a dicho acreedor se le puede oponer, por la sociedad, la existencia
522
Señala PAZ-ARES un ejemplo donde se comprueba lo que señalamos. Alguien sufre un daño de una
sociedad, y dicho acreedor extracontractual quiere que se le repare. Le bastará con probar que existía una
sociedad para que se le pague. Si un acreedor contractual reclamar de un socio el pago íntegro de una
deuda social, le bastará con probar que el contrato había previsto la responsabilidad solidaria de todos los
socios. No conocer el hecho no impide utilizar en su favor la cláusula (vid. PAZ-ARES, C.: comentario al
artículo 1669 CC, cit., p. 1363).
215
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del contrato social, en concreto las cláusulas que prevean la aportación en litigio.
realidad jurídica que no hayan conocido al celebrar el contrato, sino a aquello que hayan
ordenamiento en la que hayan podido confiar. Es decir, a un tercero que contrata con
una sociedad civil y sabe que lo es, se le puede oponer aquello establecido en el CC
respecto de las sociedades civiles, pero también aquellas cláusulas que haya conocido,
bien porque el pacto contractual hubiera accedido al Registro mercantil (posible durante
523
El artículo 21.1 C de c indica que “Los actos sujetos a inscripción sólo serán oponibles a terceros de
buena fe desde su publicación en el Boletín Oficial del Registro mercantil. Quedan a salvo los efectos
propios de la inscripción”. En este caso, se gozaría de oponibilidad absoluta, y el sujeto inscrito tiene la
posibilidad de hacer valer sus circunstancias de responsabilidad y representación ante terceros (vid. el
análisis de FARIAS BATLLE, M.: “Realidad del tráfico y Registro Mercantil (algunas reflexiones sobre
el principio de inoponibilidad)”, RCDI, núm. 646, 1998, pp. 911-920, en concreto, la cita, en p. 912).
524
La STS 22-10-1973 (M. A. 3655) se ocupó de un caso en el que los socios de una sociedad calificada
de “irregular” fueron demandados nominalmente por un tercero, y opusieron su falta de legitimidad
pasiva. El TS señaló que “existiendo entre los demandados vínculos societarios (...) con la denominación
“Almacenes Mimae”, en cuyo nombre se lleva a cabo toda la contratación, no resulta correcta la llamada
individual al proceso de los demandados por parte del actor, primer reconociente de la existencia de
semejante situación social”. De ahí deriva que el actor debía “dirigirse procesalmente contra la misma”.
Si no conocía ni podía conocer el pacto (esta cuestión de la diligencia la estudiaremos en su momento),
obviamente, no puede serle opuesto, pues resultaría contrario a la más elemental exigencia de buena fe en
el tráfico jurídico (en este sentido, PANTALEÓN PRIETO, F.: “La personalidad jurídica de las
sociedades civiles...”, AAMN, cit., núm. 11, p. 31).
216
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posible unión posterior. En lo que ahora nos ocupa, el conocimiento de los pactos por el
actuado diligentemente, será el dato a valorar, así como en todo caso debe protegerse la
ante dos cuestiones diferentes, que pueden entrelazarse en algún momento, pero será
Y es vital diferenciarlas cuando hay un dato que necesariamente debe ser diferente:
mientras un mismo acto puede ser oponible para algunos terceros e inoponible para
otros, ya que ello depende del conocimiento del mismo que se tenga526, sea cual sea la
defender que ésta pueda gozar de personalidad frente a unos terceros y no frente a otros.
525
Incluso autores de la talla de PLANIOL y RIPERT han confundido ambas cuestiones: así, indicaban
en su argumentación un medio ingenioso que consistía en “admitir que en las sociedades mercantiles lo
que determina la personalidad jurídica no es la publicación de los estatutos, sino la celebración misma del
contrato de sociedad, contrato que, por su propia naturaleza, debe surtir efectos respecto a tercero”
(PLANIOL, M. y RIPERT, J.: “Tratado Práctico de Derecho Civil Francés”, T. XI. Los contratos civiles,
2ª parte, 1946, núm. 1017 bis, p. 281).
526
Esto lo ha explicado RAGEL SÁNCHEZ, L. F.: “Protección del tercero...”, cit., pp. 198-199.
217
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adquisición
En el capítulo anterior partimos de la base de que la sociedad civil era una persona
dedicaremos nuestra atención a exponer las diferentes teorías que se han ofrecido
pueda ser deducible de otros artículos, según algún autor527), pero sí hay un artículo que
niega esa personalidad en ciertas circunstancias muy concretas: el artículo 1669 CC, que
civiles, mientras que su no disfrute es una excepción en un supuesto muy concreto (el
527
En ese sentido se expresaba ya SCAEVOLA (SCAEVOLA, Q. M.: “Código civil”, Tomo XXV, Ed.
Reus, Madrid, 1933, p. 459) citando los artículos 1681 y siguientes (derechos y responsabilidad de la
sociedad frente a los socios), 1697 y 1698 (obligaciones de la sociedad como distintas de las de los
socios), así como el artículo 1699 (que reconoce la existencia de un patrimonio social separado).
218
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descrito expresamente en el artículo 1669, ese supuesto y ningún otro más528). Esta
situación un tanto extraña deriva del peculiar proceso de redacción y definitiva inclusión
posteriores de otras normas han venido a confirmar esta idea, presuponiendo esa
tributaria530. Si bien es claro que las sociedades civiles gozan de personalidad, algo que
528
En este sentido, por ejemplo, la STS 31-5-1994 (M. A 3768).
529
En concreto, el artículo 91.1 de la Ley 2/1995, de 23 de marzo, por la que se aprueba la Ley de
Sociedades de Responsabilidad Limitada (LSRL). El artículo 3 LSRL señala que “la sociedad de
responsabilidad limitada, cualquiera que sea su objeto, tendrá carácter mercantil”, pero el artículo 87.2
LSRL permite que “cuando el objeto de la sociedad de responsabilidad limitada no sea mercantil, pueda
transformarse (...) en sociedad civil”. Y el artículo que nos interesa, el artículo 91.1 establece que “la
transformación efectuada con arreglo a lo prevenido en esta Ley no cambiará la personalidad jurídica de
la sociedad, que continuará subsistiendo bajo la forma nueva”. Sin ser un argumento excesivamente
determinante, es claro que sobreentiende expresamente el goce por la sociedad civil de personalidad
jurídica. Y lo sobreentiende de modo acertado, pues es así, algo que se confirma en el artículo 92.1 del
mismo texto, al señalar que “la transformación de sociedades civiles (...) en sociedades de responsabilidad
limitada no afectará a la personalidad jurídica de la sociedad transformada”.
530
Ya aludimos en su momento a esta cuestión: el artículo 7.1. a) de la Ley 43/1995, de 27 de diciembre,
por la que se regula el Impuesto de Sociedades, establece que serán sujetos pasivos del Impuesto las
personas jurídicas, excepto, en el caso del citado apartado, las sociedades civiles. Y será el artículo 10 de
la Ley 40/1998, de 9 de diciembre, reguladora del IRPF, el que establezca expresamente que las rentas
correspondientes a las sociedades civiles, tengan o no personalidad jurídica, se atribuirán a los socios
según las normas o pactos aplicables y si éstos no constaran a la Administración Tributaria
fehacientemente, se atribuirán por partes iguales. Por ello, pese a que el régimen de aplicación sea
idéntico, se reconoce expresamente esa personalidad y así se manifiesta en el artículo. La causa de que se
trate de esta forma a una persona jurídica como la sociedad civil personificada está en la desconfianza
ante la misma: se entiende que más que conformar un auténtico centro autónomo e independiente de
imputación jurídica y económica, puede constituir un expediente para alejar la tributación de ciertas
rentas del IRPF (en este sentido, CAZORLA PRIETO, L. M. y PEÑA ALONSO, J. L.: “El Impuesto
sobre la Renta de las Personas Físicas (Ley 40/1998 y su Reglamento)”, Ed. Aranzadi, 1999, p. 53). Para
evitarlo, se considera que las rentas obtenidas lo son directamente por los socios, sin que la entidad esté
sometida a tributar por el Impuesto de Sociedades, como hemos comprobado (sobre ello, vid. LÓPEZ
MESA, A. B.: comentario al artículo 10, dentro de [Link]., “Comentarios a la Ley del Impuesto sobre la
Renta de las Personas Físicas y a la Ley del Impuesto sobre la Renta de no residentes”, Ed. Lex Nova,
Valladolid, 2001, pp. 73-76).
219
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3.1. La sociedad sin personalidad jurídica entendida como aquella sociedad que no
entenderse por pacto secreto como aquel que no había accedido al Registro mercantil. A
esta idea se llega habiendo superado otra idea ligeramente sugerida, que aludía a que las
jurídica por mantenerse ocultos los pactos sociales, pues la escritura pública per se no
proporciona publicidad al negocio que contenga: pese a ser presupuesto para que se
En este sentido, PÉREZ ROYO aludía como base inspiradora de dicha inclusión “... la desconfianza del
legislador hacia unas entidades en las que no hay criterios claros sobre cuándo alcanzan la personalidad y
en las que la publicidad registral –que es lo que, en definitiva, otorga mayores garantías- no aparece con
la misma intensidad que en las sociedades mercantiles. Y es precisamente por ello que algunas sociedades
civiles que, por su régimen jurídico propio, no presentan estos inconvenientes (las sociedades agrarias de
transformación) quedan excluidas de la regla general tributaria por el Impuesto de Sociedades” (PÉREZ
ROYO, I.: “Manual del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas”, Marcial Pons, Ediciones
Jurídicas y Sociales, S. A., Madrid-Barcelona, 1999, p. 60).
220
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Esta configuración fue apuntada levemente, más que defendida de modo abierto, por
desgraciada redacción del artículo 1669, que “permite toda duda”, aunque no sea su
único defensor533 (incluso algún autor ha defendido la bondad de esta opción como
531
Así, en la STS 19-1-1976 se puede leer la alusión a ...”un contrato de sociedad, justo porque sus pactos
son secretos, al no constar en forma pública...”. Además, SSTS 30-12-1931, 10-3-1949 y 24-1-1962.
532
DE CASTRO, F.: “La persona jurídica”, dentro de “La persona jurídica”, cit., pp. 281-283, así como
“Temas de Derecho civil”, cit., pp. 83-85 (tal y como recuerda BERCOVITZ RODRÍGUEZ-CANO, R.:
“Personalidad jurídica y registros públicos”, cit., p. 13).
533
Así, pese a que aluda al Registro civil, se puede leer a PEDREGAL Y CAÑEDO que “no siendo las
compañías civiles una personalidad jurídica, como lo demuestra el hecho de que no estén sujetas a la
solemnidad del registro civil, ....” (PEDREGAL Y CAÑEDO, M.: “Texto y comentarios al Código civil
español”, II, Imprenta de Enrique Maroto y hermano, Madrid, 1889, p. 705). FALCÓN, por su parte,
señalaba que “además, para que la sociedad que se establece tenga personalidad jurídica, es indispensable
que se dé publicidad a sus pactos constitutivos. No prescribe la ley (artículo 1669) la manera de hacer
públicos esos pactos; y en su silencio debe entenderse aplicable lo dispuesto para el código de comercio
para las sociedades mercantiles, es a saber, su inscripción en los Registros públicos” (FALCÓN, M.:
“Exposición doctrinal del Derecho Civil español, común y foral”, tomo IV, Tipografía Industrial-
Económica, 1889, p. 383, núm. 2). Y DÍAZ-ARIAS, pese a rectificar parcialmente con posterioridad,
señala como primer requisito “para que tenga personalidad jurídica, el Código de comercio y el propio
Código civil exigen: 1º Que se inscriban en el Registro Mercantil, lo cual determina que los pactos no se
mantengan secretos entre los socios” (DÍAZ-ARIAS Abogados: “La sociedad civil particular,
comunidades de bienes y otros entes sin personalidad jurídica. Su tratamiento fiscal”, Tapia. Publicación
para el mundo del Derecho, Abril, 1984, núm. 16, p. 27).
534
BADÍA SALILLAS, A.: “En torno a la problemática de la personalidad jurídica...”, cit., p. 317-332, y
SÁNCHEZ CID, I.: “La personalidad jurídica de la Sociedad Civil (A propósito del Real Decreto
1867/1998, de 4 de septiembre y de la Sentencia del Tribunal Supremo de 24 de febrero de 2000)”,
Aranzadi Civil, 2001-II, especialmente pp. 2289, 2294, 2305, 2306 y 2310-2312). Además, es algo que
reivindica desde hace tiempo GARCÍA MÁS en distintos trabajos (“La sociedad civil y su conexión
registral (Conferencia dada en el centro de Estudios Hipotecarios de Granada, febrero de 1990)”, RCDI,
núm. 599, julio-agosto 1990, pp. 155-169, “La Sociedad Civil: su problemática en tráfico jurídico (Un
análisis jurisprudencial)”, RCDI, núm. 633, marzo-abril de 1996, p. 512, y “La Sociedad Civil: una crisis
221
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DGRN que de su propia virtualidad en sí: esta opinión inspiró, entre otras, a la polémica
Asimilaba, por tanto, DE CASTRO, el pacto secreto del artículo 1669 al pacto no
terceros no tendrán acceso a su pacto constitutivo. Se encuadra dentro del artículo 1669.
El argumento que exponemos tiene, pese a todo lo que se pueda indicar en su contra,
descabellado que el legislador pudiese haber optado, en abstracto, por exigir este
requisito para que la sociedad civil adquiriese su personalidad jurídica, como ocurrió en
según la opinión más clásica. Sin embargo, si ésa hubiese sido la pretensión del
provocada. Comentario crítico a la Resolución de 31 de marzo de 1997 de la DGRN”, RCDI, núm. 647,
julio-agosto 1998, pp. 1165-1190). Después de la STS 24-2-2000, lo ha defendido en una Breve Addenda
a su trabajo “La Sociedad Civil en el marco de la reforma del Reglamento del Registro Mercantil en
virtud del Real Decreto 1867/1998, de 4 de septiembre”, RCDI, núm. 657, 2000, pp. 1107-1111.
535
PANTALEÓN, F.: “La personalidad jurídica de las sociedades civiles....”, cit., pp. 1376-1384.
536
Vid. nuestro trabajo “Sobre la personalidad jurídica de la sociedad civil”, cit., pp. 1-5.
222
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clara: las sociedades civiles que gozan de personalidad jurídica son las que no
mantienen secretos sus pactos, y estas sociedades que no mantienen secretos sus pactos
son únicamente las que han sido inscritas en el Registro Mercantil. Esto equivalía a
defender que si una sociedad civil quería dotarse de personalidad jurídica debía revestir
alguna de las formas reconocidas por el Código de Comercio, y, por ello, ser inscrita en
el Registro mercantil. Vacía de contenido el artículo 1669 a favor del artículo 1670:
desprovista de personalidad jurídica pasará a ser sociedad personificada, con todo lo que
A esta tesis, la doctrina que se ocupó de ella ha opuesto severas críticas. La propia
Resolución DGRN 14-2-2001 no es, realmente, más que una gran crítica a la misma: la
presente tesis no es admisible, pese a que las razones que motivasen dicha decisión y las
negar la personalidad jurídica a las sociedades civiles que no se constituyan bajo forma
537
Modo de operar en el mercado, legitimación activa y pasiva para operar judicial y extrajudicialmente,
nacimiento del patrimonio propio, nacimiento de las necesidades de gozar de domicilio, nacionalidad, etc.
538
Dichas razones han sido expuestas de modo breve por GARCÍA GARCÍA. Señalaba que se pretendía
cortar con los abusos que se producían con las sociedades civiles, que proliferaban con la intención
fraudulenta de obviar la legislación de las sociedades mercantiles o de ocultar la persona física frente a los
acreedores (GARCÍA GARCÍA, J. M.: “La titularidad registral en las sociedades civiles” Boletín del
Colegio de Registradores, núm. 39, julio 1998, p. 1519). También AGUIRRE FERNÁNDEZ ha incidido
en ellas (AGUIRRE FERNÁNDEZ, B. J.: “La personalidad jurídica de las sociedades civiles. A propósito
de la Resolución de la DGRN de 31 de marzo de 1997”, RCDI, 1998, núm. 647, pp. 1202-1203).
539
PANTALEÓN, F.: “La personalidad jurídica de las sociedades civiles....”, cit., p. 1377.
223
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mercantil (la sociedad civil “con forma civil carecería de personalidad jurídica”540) o
regulación del CC, donde de modo expreso aunque a sensu contrario, se reconoce en
respecto del Anteproyecto de 1888. La intención del legislador no parece ser la de negar
la personalidad jurídica a las sociedades civiles, pese a que los artículos 1669 y 1670 se
incluyesen de modo conjunto y apresurado en el Código y ello pueda dar pie para
pensar algo parecido. Y del argumento del profesor DE CASTRO se deduce que sólo
aquella sociedad civil que acceda al Registro puede evitar que su pacto no sea secreto.
Además, es gravemente erróneo asimilar los pactos secretos civiles a los pactos
vista del diverso papel que juega el Registro en cada caso, tal y como repasamos en su
CE, parece que una regulación opuesta al mismo debe ser establecida de modo expreso.
citada, destacando las consecuencias tan perjudiciales que produciría, aunque es cierto
que la única manera de que no exista la más mínima reserva en los pactos es que exista
540
Palabras textuales de MARTÍNEZ BALMASEDA, A.: “La personalidad jurídica de la sociedad civil
según la nueva doctrina de la Dirección General de los Registros y del Notariado”, Diario La Ley, núm.
5507, 21 de marzo de 2002, p. 2.
541
En este sentido, por ejemplo, GARCÍA GARCÍA, a quien leemos, por ejemplo, que “el artículo 1669
CC prevé la posibilidad de que los pactos de la sociedad civil no queden reservados entre los socios. Pues
bien, la única manera de que no queden reservados entre los socios, sino abiertos a todos los terceros, es a
través de la inscripción en el Registro Mercantil, que es el único Registro existente para sociedades y
entidades” (GARCÍA GARCÍA, J. M.: “La titularidad registral en las sociedades civiles”, cit., p. 1523).
224
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fruto del deseo de ofrecer una solución que logre que la publicidad requerida sea
Ante el problema de que no existiera una publicidad registral para las sociedades
civiles, se plantearon algunas dudas respecto de aquellas sociedades civiles que querían
Para intentar evitar ciertos fraudes que se apreciaban en la práctica y a los que tenían
que hacer frente los registradores de la propiedad, dos Registradores propusieron una
solución que de alguna forma hiciera frente a dicha situación, y que implicaba que la
sitio544.
Posteriormente, señala en la tercera de las conclusiones del mismo trabajo, que “las sociedades civiles con
objeto civil, constituidas en escritura pública o elevado el documento privado de su constitución a
escritura pública, deberían inscribirse en el Registro Mercantil como prueba de que sus pactos no se
mantienen reservados y tienen personalidad jurídica “erga omnes”, ya adopten la forma mercantil o la
forma civil” (GARCÍA GARCÍA, J. M.: “La titularidad registral en las sociedades civiles”, cit., p. 1525).
542
HERNÁNDEZ MANCHA, M.: “Las sociedades civiles particulares...”, cit., pp. 1609-1610.
543
GARCÍA GARCÍA, J. M.: “Las sociedades civiles y el Registro de la Propiedad: apunte sobre la
forma de practicar la inscripción”, Boletín Colegio N. Registradores, núm. 283, nov. 1991, pp. 2336-
2338.
544
Apuntó en otro sitio que las sociedades civiles constituidas en documento privado, salvo que tuvieran
un reconocimiento judicial de su personalidad, “hay que entender que en el tráfico jurídico carecen de
ella” (GARCÍA GARCÍA, J. M.: “La titularidad registral en las sociedades civiles”, cit., p. 1524).
225
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arbitrar un mecanismo de seguridad jurídica de los terceros frente a esos socios y esa
misma”. Así, se logra que, pese a que nuestro ordenamiento no ha previsto un sistema
de publicidad de las sociedades civiles, “se consigan efectos análogos mediante una
Mercantil no es factible en estos momentos, entiende que cabe llegar a una “solución
nombre de la persona jurídica sociedad civil, pero como requisito simultáneo, se harían
sociedad civil. Y añade que “en la persona física, no se concibe una titularidad registral
545
GARCÍA GARCÍA, J. M.: “Las sociedades civiles y el Registro de la Propiedad...”, cit., p. 2336.
226
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sin expresión de sus nombres y apellidos, estado civil, edad, vecindad, régimen
económico matrimonial, etc. Pues bien, tratándose de persona jurídica sociedad civil, no
se puede concebir una inscripción de los bienes a nombre de la misma, ni ser por tanto,
titular registral, sin constar todos los datos relativos a los pactos entre los socios”546.
sociedad civil constituida en documento privado y que pretende existir y actuar como
ente en el tráfico. Esta forma de constitución despierta inquietud entre los registradores
de la propiedad cuando se les presenta el caso de tener que inscribir esta titularidad.
La base de estas teorías es, por tanto, que exista constancia registral de que la
3.2. La sociedad sin personalidad jurídica entendida como aquella sociedad de la que no
generales como en algunos de nuestros trabajos más clásicos o más relevantes que se
ocupan del artículo 1669 CC547. Esto, sin embargo, está cambiando conforme los
546
GARCÍA GARCÍA, J. M.: “Las sociedades civiles y el Registro de la Propiedad...”, cit., p. 2337.
547
Merecen ser destacados los importantes trabajos de CAPILLA RONCERO al respecto. Vid.,
especialmente, “La sociedad civil”, cit., pp. 395-398, además de “La persona jurídica...”, cit., pp. 125-
126, el comentario al artículo 1669, cit., p. 51-56 y la voz “Sociedad”, en Enciclopedia Jurídica Básica,
227
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cuestión.
primeros comentaristas del CC, así como por otros autores que se han acercado al
alabar nuestro artículo 1669 CC, pues señalaba que “no habiendo publicidad organizada
de la sociedad para que no caiga bajo su órbita, ya que alude a sociedades cuyos pactos
se mantengan secretos entre los socios. Esa publicidad que se exige podría ser, en
derecho no se recoge expresamente en nuestro CC, por lo que, pese a tener cierta lógica,
vol. IV, Ed. Civitas, Madrid, 1995, pp. 6264-6265. Vid. también MORENO CATENA, V. y CAPILLA
RONCERO, F.: comentario a la STS 12-11-1985, CCJC, Nº 9, núm. 248, p. 3082. A esto debemos añadir
bastantes manuales generales, que soslayan la cuestión incidiendo de modo colateral en esta opinión (en
este sentido, ALBALADEJO, M.: “Derecho Civil”, Tomo II, “Derecho de Obligaciones”, Volumen II,
Barcelona, 1994, pp. 288-289, SCAEVOLA (ob. cit., p. 469), DÍEZ-PICAZO y GULLÓN, ESPÍN
CANOVAS, etc.), más otros que han tratado tangencialmente el tema (por ejemplo, VENTURA-
TRAVESET HERNÁNDEZ, A.: “El papel del Notario...”, cit., pp. 251-255).
548
Vid. SCAEVOLA, Q. M.: “Código civil”, cit., p. 469.
228
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Tal y como señala CAPILLA RONCERO, parece que hay que concluir que la
que contratan por cuenta de la sociedad, cuando entablen relaciones con terceros a la
misma, esto es, a través de la actividad de la sociedad en el mercado operando como tal
grupo independiente de los socios, así como también se puede obtener por medios de
publicidad útiles en el mercado en que opere esa sociedad, medios que concedan
Ante la falta de registro oportuno para inscribir a la sociedad y aprovechar así las
embargo, no se define en precepto alguno dicha publicidad, y existe cierta duda sobre lo
que se quiere decir exactamente con ello, sobre cómo se salva el obstáculo del requisito
publicitario. Se piensa que se salva manifestando al tercero con el que se contrata que
estamos ante una sociedad, y parece lógico que así sea. También se salvará si esa
sociedad es conocida como tal en el ámbito en que opera, algo que ya es más etéreo.
Hay quien alude a “publicidad suficiente”, entendiendo por ésta “cualquier medio por el
549
CAPILLA RONCERO, F.: “La sociedad civil”, cit., p. 396
550
En concreto, PÉREZ GONZÁLEZ, B. y ALGUER, J.: comentarios en ENNECCERUS, L., “Derecho
de Obligaciones”, vol. II, dentro de “Tratado de Derecho Civil”, de ENNECCERUS, L., KIPP, T. y
WOLFF, M., Tomo II, Ed. Bosch, Barcelona, 1966, p. 689.
229
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para que la sociedad sea conocida como tal, y a ellos debe estarse para que esa sociedad
reúna los requisitos de publicidad necesarios. CAPILLA RONCERO indica que esta
publicidad se extiende, de una parte, a los pactos integrantes del contrato constitutivo de
la sociedad, y de otra, a la existencia del propio vínculo social, que posiblemente sea lo
cambio de régimen en la sociedad, con todo lo que implica, aunque el momento en que
se produce el cambio aquí es menos claro, y según cómo se defienda esta teoría puede
exista dicho conocimiento de hecho no la adquirirá y será una sociedad sin personalidad
que, por tanto, se ve sometida al régimen que para ella establece el artículo 1669 CC.
tesis anterior, pero califica expresamente a las sociedades sin personalidad jurídica
formales ligadas a la apariencia frente a terceros. Es congruente con la idea, por ella
defendida, de que los artículos 1667 a 1669 CC forman un bloque conceptual único.
551
CAPILLA RONCERO, F.: “La sociedad civil”, cit., p. 396.
230
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La denominación que preside esta visión está muy extendida, sobre todo
visión anterior. Esta configuración que ahora comenzamos a estudiar entiende que la
que es aquella sociedad que no tiene trascendencia frente a terceros como tal sociedad.
Esa falta de trascendencia frente a terceros se debe a que permanece oculta, pues no
cubierto los requisitos formales exigidos en los artículos 1667 y 1668 CC en el caso de
que fuesen necesarios552. Cualquiera de dichas situaciones determina que sea oculta.
Pese a que el artículo 1667 CC no exige como criterio general forma concreta para la
válida constitución de una sociedad civil, tanto él como el artículo 1668 la exigen en
ciertos casos concretos descritos. Si falta esa forma siendo necesaria, se considera que
frente a terceros. Hay una graduación en la publicidad que precisan las sociedades: para
para otras legal, derivada de los requisitos señalados en los artículos 1667 y 1668 CC.
El artículo 1669, se señala, no puede entenderse aislado, sino que forma una
secuencia única con los artículos 1667 y 1668, se refieren a una misma realidad, pues
tienen lazos comunes553: en primer lugar, van referidos al mismo ámbito de relaciones
552
Se puede encontrar un resumen de su postura en TENA PIAZUELO, I.: “El concepto de sociedad civil
irregular...”, cit., nota 37, p. 212. Esa postura se ve plenamente desarrollada a lo largo de dicha obra,
especialmente pp. 195-284.
553
Lo explica TENA PIAZUELO, I.: “El concepto de sociedad civil irregular...”, cit., pp. 213-214.
Aunque no lo defiende abiertamente, parece estar subyacente en SÁNCHEZ CID, I.: “La personalidad
jurídica de la Sociedad Civil...”, cit., especialmente pp. 2288 y 2315.
231
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jurídica.
Esta denominación ha sido muy utilizada por el TS, aunque no de modo unívoco554:
así, se pueden encontrar sentencias para las que la sociedad irregular es una sociedad
carente de publicidad555. Para otras, sin embargo, es aquella a la que se aportan bienes
inmuebles sin observar la forma de los artículos 1667 y 1668 CC556. Por último, otras
formalismo del artículo 119 C de c557, y si esta sociedad tiene por objeto actos de
“se aparta de una regla, y tiene respecto de ésta un carácter excepcional o especial”560.
554
Tal y como ha explicado MARÍN LÓPEZ, J. J.: comentario al artículo 1669 CC, dentro de
“Comentarios al Código Civil”, coordinados por R. BERCOVITZ RODRÍGUEZ-CANO, Ed. Aranzadi,
Navarra, 2001, pp. 1889-1890.
555
En este sentido, SSTS 30-12-1931 (M. A. 2331), 10-3-1949 (M. A. 421), 22-12-1962 (M. A. 5065),
28-6-1975 (M. A. 2616), 11-10-1990 (M. A. 7857), 22-7-1993 (M. A. 6274) y 10-7-1995 (M. A. 5555).
556
En este sentido, SSTS 15-10-1940 (M. A. 886), 29-5-1943 (M. A. 578), 12-6-1950 (M. A. 1163), 28-
6-1950 (M. A. 1178), 24-4-1953 (M. A. 1958), 13-11-1953 (M. A. 3126), 7-10-1961 (M. A. 3593), 23-5-
1962 (M. A. 2521), 10-11-1978 (M. A. 4061), 30-4-1986 (M. A. 2068), 22-11-1986 (M. A. 7792), 27-5-
1993 (M. A. 4080), y 2-12-1993 (M. A. 9487).
557
En este sentido, SSTS 16-4-1942 (M. A. 468 bis), 14-2-1945 (M. A. 136), 4-4-1959 (M. A. 2956), 26-
6-1959 (M. A. 2936), 3-3-1960 (M. A. 944) y 3-7-1995 (M. A. 5459).
558
En este sentido, SSTS 29-11-1958 (M. A. 3810), 21-6-1983 (M. A.3647), 1-10-1986 (M. A. 5230), 30-
5-1992 (M. A. 4831), 29-9-1992 (M. A. 7331) y 8-7-1993 (M. A. 6326).
559
TENA PIAZUELO, I.: “El concepto de sociedad civil irregular...”, cit., pp. 87-95 y 195-284, y “El
contrato de sociedad civil y las sociedades irregulares en los derechos español, francés e italiano”, ADC,
1999, fasc. IV, pp. 1435-1489.
560
Antes que él ya otros autores habían aludido a los defectos formales como causa de inexistencia de
personalidad jurídica (vid. la relación que hace BOTANA GARCÍA, G. A.: “¿Hacia un nuevo enfoque
jurídico de la comunidad de bienes?”, Derecho de los negocios, año 9, núm. 96, septiembre 1998, nota 52,
232
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irregular la sociedad que no cubre la forma necesaria exigida por los artículos 1667 y
1668 CC, así como la publicidad de hecho, si no necesitase de dichas formas citadas. En
ambos casos la sociedad no se manifiesta frente a terceros como ente. Por ello, estamos
registral, en el plano civil debe conectarse a la falta de publicidad general, sin más, lo
que provoca que no se dote de personalidad jurídica. Y para ello descarta términos
como los de sociedad interna, de hecho, particular, tácita, aparente, secreta u oculta563.
que la sociedad sea regular si no debe cubrir ningún requisito formal, sino que lo
integra. Lo que se requiere para que se cubra en ese caso la necesidad de trascendencia
p. 22). Además, cabe recordar cómo CAPILLA RONCERO citaba esta configuración vinculada a la
forma, para después desmarcarse de ella (CAPILLA RONCERO, F.: comentario a los artículos 1667 y
1668 CC, cit., pp. 34-37 y comentario al artículo 1669 CC, cit., p. 54).
561
TENA PIAZUELO, I.: “El concepto de sociedad civil irregular...”, cit., p. 238.
562
Doctrinalmente, sin embargo, está bastante extendida la opinión de que la sociedad irregular debe
reservarse para la órbita mercantil, pues la irregularidad se vincula a no inscripción en el Registro
mercantil. Por todos, vid. las explicaciones en este sentido de FARIAS BATLLE (FARIAS BATLLE,
M.: “La sociedad irregular en la jurisprudencia del Tribunal Supremo (1970-1992)”, Servicio de
Publicaciones de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, 1993, pp. 3-7 y 30-
32), VALPUESTA GASTAMINZA (VALPUESTA GASTAMINZA, E. M.: “La Sociedad Irregular”,
Ed. Aranzadi, Pamplona, 1995, p. 20, nota 1, donde cita gran bibliografía) y PAZ-ARES (PAZ-ARES, C.:
voz “Sociedad irregular”, Enciclopedia Jurídica Básica, Tomo IV, Ed. Civitas, 1995, p. 6335).
233
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consolidado, pero incorrecto desde nuestro punto de vista, que vincula la sociedad
bien se reserve el concepto para el ámbito mercantil, resultando imposible que una
sociedad civil sea considerada irregular, o bien la sociedad civil sea irregular en todo
caso, salvo que acceda al Registro mercantil (porque se constituya bajo forma
estricto ámbito mercantil al que se veía relegado566, ya que si lo irregular es aquello que
se aparta de la regla general, y que vinculamos a cuestiones formales, tanto lo puede ser
en el plano mercantil como en el plano civil, cada uno de una concreta manera.
cuestión caiga en la órbita del artículo 1669 CC: la sociedad que se incluye dentro de
563
TENA PIAZUELO, I.: “El concepto de sociedad civil irregular...”, cit., pp. 95-114.
564
La mayor parte de la doctrina mercantil. En este sentido, y por citar algunos de los trabajos más
interesantes o completos, GIRÓN TENA, J. (“Las sociedades irregulares”, cit., pp. 1291 y ss., trabajo
corregido en “Derecho de Sociedades”, cit., pp. 226 y ss.), PAZ-ARES, C. (voz “Sociedad irregular”,
Enciclopedia Jurídica Básica, Tomo IV, pp. 6335-6336), FARIAS BATLLE, M. (“La sociedad irregular
en la jurisprudencia del Tribunal Supremo (1970-1992)”, Servicio de Publicaciones de la Facultad de
Derecho de la Universidad Complutense de Madrid-Centro de Estudios Judiciales del Ministerio de
Justicia, Madrid, 1993, especialmente pp. 3, 6 y 30) o, haciendo balance de todo ello, VALPUESTA
GASTAMINZA, E. M. (“La Sociedad Irregular”, cit., pp. 20 y 91-93).
565
CAPILLA RONCERO, F.: “La sociedad civil”, cit., pp. 105-106.
566
En 1951 ORTEGA PARDO ya había aludido a la sociedad civil irregular, pero no tuvo la resonancia
doctrinal necesaria, sin perjuicio de que incidiera en cuestiones reguladoras bastante discutibles
(ORTEGA PARDO, G. J.: “Sociedad civil irregular”, ADC, 1951, pp. 311-321).
234
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falta de publicidad567. Además, estima que dicha concepción es cuando menos algo
Estas ideas que exponemos tienen una cierta lógica, y el TS las ha seguido569, aunque
la constituida conforme a los cánones generales expuestos en los artículos 1665 a 1668
CC, e irregular es aquella que no cumple los requisitos formales oportunos para tener
trascendencia frente a terceros, y por ello queda encuadrada dentro de la regulación del
artículo 1669 CC. Sin embargo, se puede inducir a pensar, si calificamos como sociedad
irregular a la insertable en el artículo 1669 CC, que existe algún tipo de “defecto” en
dicha sociedad, y que éste es meramente formal, argumento que resulta discutible.
Cabe señalar que hay quien ha criticado la mera existencia de este tipo de sociedades
567
Entiende que es demasiado artificiosa, y, sobre todo desconectada en algunos aspectos de la propia
sociedad civil (TENA PIAZUELO, I.: “El concepto de sociedad civil irregular...”, cit., p. 83).
568
TENA PIAZUELO, I.: “El concepto de sociedad civil irregular...”, cit., pp. 95-100.
569
Tal y como describe CAPILLA RONCERO, F.: “La sociedad civil”, cit., p. 101.
570
En concreto, CANO MARTÍNEZ DE VELASCO, quien señala que, rigurosamente, la sociedad
irregular no existe, basándose en que, señala, si algún día llega a constituirse válidamente, los efectos de
la nueva sociedad regular deben retroceder al momento de creación de la irregular, borrando las
consecuencias de la anterior sociedad, y la sociedad misma, y en segundo lugar, si no se llegara a
constituir, no tiene entidad como tal, y los contratos celebrados serían nulos (CANO MARTÍNEZ DE
VELASCO, J. I.: “La exteriorización de los actos jurídicos: su forma y la protección de su apariencia”,
Ed. Bosch, Barcelona, 1990, pp. 121-150).
235
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visión estructuralista que comenzamos a tratar pretende ofrecer una respuesta correcta a
sido efectuado por una serie de autores que ha entendido que había que solucionar el
seguidismo que había provocado que se aceptaran teorías sin meditarlas adecuadamente
ni, por supuesto, medir totalmente las consecuencias que se derivaban de su aceptación.
PANTALEÓN PRIETO572, así como de algún otro autor que ha tratado el tema de
forma más colateral573, y que han sabido imprimir a la cuestión una visión estructural
Esta teoría parte en su argumentación de una idea que fue apuntada levemente por
sociedad civil: siempre dentro del marco diseñado por el legislador, la personalidad
571
Especialmente PAZ-ARES, C.: voz “Sociedad interna”, cit., pp. 6331-6335, comentario al artículo
1669 CC, cit., pp. 1352-1376 y Capítulo 19: “La sociedad...”, en URÍA-MENÉNDEZ, cit., pp. 446-452.
572
Trabajos citados ya anteriormente. Por ejemplo, “La personalidad jurídica de la sociedad civil...”, cit.,
núms. 5 y 6, pp. 21-24.
573
Por ejemplo, GARRIDO PALMA, V. M.: “Hacia un nuevo enfoque jurídico de la sociedad civil”,
RDP, 1972, pp. 770-773, DE LA CUESTA RUTE, J. M.: “La sociedad interna y la suspensión de pagos”,
La Ley, 1983-1, p. 833, o EIZAGUIRRE, J. M. DE: “La subjetivación de las sociedades de personas”,
cit., especialmente pp. 85-94, y “Derecho de Sociedades”, cit., trabajo éste donde defiende más
sosegadamente esta teoría, acogiendo primordialmente las ideas de PAZ-ARES (vid. especialmente pp.
67-85 y 132-133). También sigue la opinión de PAZ-ARES, LECIÑENA IBARRA, A.: “La sociedad de
medio entre profesionales”, cit., pp. 69-86.
236
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necesaria publicidad alguna para que una sociedad aparezca dotada de personalidad
simplemente una relación inter partes, estructurada como mero vínculo y que no goza
publicidad de la sociedad en el tráfico, sino en la estructura con que las partes diseñen a
GARRIDO PALMA, “la sociedad civil no pretende tener personalidad jurídica: todas
las relaciones entre los socios, entre ellos se traban, no necesitan exteriorizarse por ello.
pero ello no por defecto sancionable, sino por innecesidad”576. En las otras teorías, de
una forma o de otra se incidía en que la sociedad se mostrase como ente frente a
574
Idea expuesta por primera vez por COSSÍO, A. DE: “Instituciones de Derecho Civil, 1. Parte general.
Derecho de Obligaciones”, cit., pp. 431-432. Señala literalmente, tras recordar el tenor del artículo 1669
CC: “En cierto modo, por tanto, depende de la voluntad de los socios el dotar a la entidad de una
personalidad independiente y unitaria, y decimos en cierto modo porque tal actividad creadora se halla
sometida a determinados límites, de una parte, porque si la finalidad perseguida es inmoral o ilícita, o el
contrato celebrado adolece de nulidad, por cualquier causa, la sociedad carecerá de personalidad jurídica,
aunque pudiera tenerla <<aparente>> frente a los terceros de buena fe que desconocieren la existencia del
defecto y contrataren con ella, y de otra, que cuando se persigue una finalidad que no es de carácter
lucrativo, no bastará el contrato para dar nacimiento a la persona jurídica, sino que será preciso, además,
dar cumplimiento a los requisitos a tal efecto exigidos por la Ley de Asociaciones”. Posteriormente
reiteraría esta idea en la segunda edición de dicha obra, así como en su comentario al artículo 35 CC, en
“Comentarios al Código Civil y Compilaciones Forales”, Tomo I, EDERSA, 1978, pp. 835-837: “...la
personalidad jurídica no nace más que en el caso en que así lo deseen los socios” (p. 837).
575
La posibilidad de pactar este tipo de sociedad parece fuera de duda conforme al artículo 1255 CC.
576
GARRIDO PALMA, V. M.: “Hacia un nuevo enfoque jurídico de la sociedad civil”, cit., p. 771.
237
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terceros para adquirir la personalidad jurídica, mientras que ahora en lo que se incide es
en que las partes quisieran esa creación del ente (después actuarán en consecuencia).
configuración, sino en la propia estructura de dicha sociedad, tal y como se define por
artículo 1669 CC, se estructura como vínculo y no deja de ser una relación obligatoria,
organizativa externa (afectará a terceros en la misma medida en que les puede afectar
cualquier otro contrato), y la voluntad de las partes consiste en poner en común dinero,
bienes o industria con ánimo de partir entre sí las ganancias, pero sin operar como ente
pero es otro tema que no influye, según PAZ-ARES, para la concesión o falta de
577
PAZ-ARES, C.: voz “Sociedad interna”, cit., p. 6331, así como comentario al artículo 1669 CC, dentro
de “Comentario del CC”, cit., pp. 1352-1376. Extenso el estudio que le ha dedicado, EIZAGUIRRE, J. M.
DE: “Derecho de Sociedades”, cit., pp. 67-76.
578
Si en una sociedad interna el socio gestor hace trascender la sociedad, no por ello adquirirá
personalidad jurídica, conforme a este criterio, pero sí que hay incumplimiento por parte del gestor y una
apariencia que debe respetarse. Lo estudiaremos en su momento desde nuestra óptica.
238
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En principio, todas las sociedades civiles son externas y, por tanto, dotadas de
personalidad jurídica, pues eso pretende el CC: para que sea interna, la voluntad
personalidad es atributo natural de toda sociedad externa, existe desde la perfección del
pues se dota de personalidad jurídica a aquella sociedad que la necesita, porque operará
en el tráfico jurídico como tal ente frente a terceros, y ello no ocurrirá cuando, por no
existir dicha intención en las partes, intención de operar como ente en el tráfico jurídico,
la sociedad regula solamente relaciones internas entre ellas (al más puro estilo romano).
personalidad jurídica es un atributo que se orienta más a las propias partes que a
dan los requisitos descritos en el artículo 1669 CC: la sociedad no se muestra como tal
En otro sentido, cabe señalar que la seguridad que aporta esta visión estructuralista es
jurídica, pues el dato determinante es estructural, y no hay que dejar dicha presencia o
legitimación activa y pasiva, etc). Además, es coherente con la visión que sostenemos
579
Propuesta por PAZ-ARES principalmente, alude a aquella cláusula contractual por la que se acuerda
que los pactos sociales carecen de trascendencia frente a terceros o, mejor dicho, que los pactos sociales
no modifican la posición de los socios frente a terceros.
239
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contratantes, pues sólo nacerá cuando las partes lo hayan decidido así.
aunque se plasmará en el modo de operar, claro está: en principio se entiende que las
sociedades son externas como criterio general, esto es, la voluntad de las partes al
algo que influirá en la conducta de las partes y les llevará a actuar frente a terceros en su
propio nombre, como indica el artículo 1669 CC, sin proyectar imagen social.
Por ello, la sociedad que describe el artículo 1669 CC es lo que denomina PAZ-
ARES sociedad interna, con todo lo que implica, y que el TS indicará en algunas de sus
sentencias580. Estamos ante un contrato meramente interno entre las partes, una sociedad
concebida para no tener relaciones con terceros como tal sociedad, y en la que las partes
580
Como la STS 22-3-1993, pese a que aluda nominalmente a sociedad irregular, pues alude a una
“sociedad que simplemente funcionará entre ellos (los socios), como vínculo obligacional y, por tanto,
con efectos exclusivamente internos”.
581
PAZ-ARE alude como ejemplos de sociedades internas a los consorcios, las sociedades de ganancias,
las sociedades de medios, las subparticipaciones, frecuentemente las sociedades de cónyuges, la cuenta en
participación mercantil, etc. (PAZ-ARES, C.: com. art. 1669 CC, “Comentario del CC”, cit., p. 1366).
240
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3.5. Utilización jurisprudencial del artículo 1669 CC: configuración de la sociedad sin
que su inspiración reside en “la necesidad de que sean conocidos todos los pactos de las
resulta criticable esa pretendida intención protectora de los terceros que alguna
aludir a las sociedades civiles recogidas en el artículo 1669 CC. Así, el grupo más
irregular el mismo tipo de sociedad583. Por otra parte, los ponentes que redactan estas
582
Este tema ha sido cuidadosamente estudiado por TENA PIAZUELO, I.: “El concepto de sociedad civil
irregular...”, cit., pp. 85-114.
583
Recordemos cómo el TS utilizaba el término para calificar, a veces, a sociedades carentes de
publicidad, otras veces a las que no seguían las reglas formales de los artículos 1667 y 1668 CC cuando
dicha forma era exigida, mientras que en otras ocasiones la sociedad irregular era la sociedad mercantil no
241
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incumplimiento de los requisitos formales que fijan los artículos 1667 y 1668 CC. No se
preceden. Alguna sentencia va algo más allá en este tema y llega hasta los extremos de
acudir al artículo 1669 (como hace la STS 19-1-1976), algo que es gravemente erróneo,
ante la denominación más repetida por nuestro TS, que configura la sociedad del
constituida conforme a las exigencias formales descritas en el artículo 119 C de c (vid. MARÍN LÓPEZ,
J. J.: comentario al artículo 1669 CC, cit., pp. 1889-1890).
584
No deja de ser curioso que el TS utilice esta denominación cuando doctrinalmente se reserva la misma
para el ámbito mercantil, de modo erróneo, ciertamente, pero generalizado y prácticamente unánime.
585
M. A. 353. No explica por qué es irregular la sociedad, aunque alude a su defectuosa constitución. El
contrato de arrendamiento que celebra la sociedad lo celebra realmente un socio en su propio nombre.
586
M. A. 658. Nuevamente, otra sentencia que alude a la sociedad irregular sin configurarla. Presenta,
además, al artículo 1669 CC como garantía de terceros, no de los socios.
587
M. A. 3357. Califica como irregular a una sociedad donde se aportan inmuebles, pero que se
constituye sin sujeción a formalidad alguna.
588
M. A. 7792. Habla de constitución irregular de la “presunta” sociedad civil. Incide en que el problema
de estas sociedades es frente a terceros, pero que entre las partes debe estarse a lo pactado.
589
M. A. 5885. Recuerda que el artículo 1669 CC está sometido a múltiples interpretaciones. Obliga a
aplicar las normas de la comunidad de bienes sin restricción alguna, señala.
590
M. A. 5724. Incide en la necesidad del animus societas para la existencia de la sociedad, sin necesidad
de formalidad de ningún tipo.
242
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artículo 1669 como sociedad irregular, vinculando el “vicio” que la aqueja a defectos
configuración de las sociedades como internas, siguiendo las ideas que desarrollaran
adelante respecto de la mera irregularidad civil antes citada. En este sentido, cabe
1996595.
hecho, configuración de origen alemán que nos llega con inevitable influencia
591
M. A. 6193. Únicamente se utiliza la denominación de sociedad interna como referencia doctrinal, sin
adentrarse en disquisiciones más profundas.
592
M. A. 2542. Pese a que alude a la sociedad irregular, está realmente apuntando a la sociedad interna:
es una “sociedad que simplemente funcionará entre ellos (los socios), como vínculo obligacional y, por
tanto, con efectos exclusivamente internos”.
593
M. A. 6760. Alude a “la existencia de una sociedad irregular civil, que algunos denominan “interna”
de las previstas en el artículo 1669 CC”.
594
M. A. 8122. Menciona la existencia de una “relación societaria civil, sin personalidad jurídica propia,
válidamente concertada”, y basa su posible pacto en el artículo 1255 CC.
595
M. A. 5724. Se establece la existencia de una “relación societaria civil irregular”, que integra una
“sociedad interna” regida “por los pactos que hayan acordado los socios”. Por otra parte, señala que en
cuestiones formales, “el artículo 1667 ha de entenderse subordinado al 1278, también del Código Civil”.
596
SANTOS MORÓN alude a la distinción entre la société de fait y la société creé de fait. Esta última se
corresponde con lo que en el antiguo Derecho francés venía a ser la sociedad tácita, en la que la voluntad
se manifestaba por hechos concluyentes. “Sociedad de hecho” era aquélla en que el negocio constitutivo
adolecía de algún vicio que determinaba su nulidad, pero la sociedad producía efectos jurídicos
(SANTOS MORÓN, M. J.: “La forma de los contratos...”, cit., pp. 316-317).
243
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citar las SSTS 7-10-1961599, 24-1-1962600, ó 24-7-1993601, por señalar las sentencias
597
La sociedad de hecho viene a ser aquella sociedad en la que no se formula expresamente el pacto
constitutivo, sino que se hace de modo tácito o presunto, así como las sociedades afectadas por un vicio.
598
Pues no aluden a vicios de la voluntad en ningún momento, o bien a supuestos en los que no se
formula de forma expresa el pacto constitutivo, sino de modo tácito o presunto.
599
M. A. 3593. Alude a las sociedades irregulares o de hecho, que se desenvuelven en el ámbito de las
relaciones internas entre los socios. Esta denominación se puede encontrar en otras sentencias, como por
ejemplo las SSTS 11-5-1971 (M. A. 2780), 19-4-1972 (M. A. 2550), 10-11-1978 (M. A. 4061), 30-4-
1986 (M. A. 2068), 22-12-1986 (M. A. 7792), 12-5-1987 (M. A. 3435), 17-2-1993 (M. A. 1240), 25-5-
1993 (M. A. 3735), 27-5-1993 (M. A. 4080) y 9-2-1994 (M. A. 838).
600
M. A. 549. Contrapone sociedades de hecho, con efectos únicamente inter partes, a sociedades con
personalidad jurídica. Además de dicha incorrección, sigue las ideas de DE CASTRO, tan erróneas desde
nuestro punto de vista.
601
M. A. 6479. La sociedad de hecho es la formalmente defectuosa, y alude expresamente a la sociedad
irregular o de hecho para aludir a la sociedad encuadrada en el artículo 1669 CC.
602
M. A. 340.
603
M. A. 552.
604
M. A. 2186. La sociedad civil recogida en el artículo 1669 CC es una “sociedad civil particular”.
605
M. A. 242. Importante equivocación la que comete pues alude, para referirse a la sociedad del artículo
1669, simultáneamente, a sociedad de hecho, irregular y particular.
606
M. A. 2616. Bastante confusa, habla de “sociedad civil de naturaleza particular y carácter irregular”.
607
M. A. 1938.
608
M. A. 7792. La sociedad referida en la sentencia es calificada como sociedad particular e irregular,
además de mencionarla como sociedad de hecho, algo que entronca con el anterior grupo de casos.
609
M. A. 8356. La sociedad constituida en documento privado para explotar una sala de fiestas es una
sociedad particular.
610
M. A. 3937.
611
M. A. 5459.
244
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concepto autónomo, sino como fenómeno relacionado con las consecuencias que para
terceros tienen los contratos celebrados, y ello se puede comprobar en las SSTS 10-4-
amplio, alguna sentencia alude a la sociedad del artículo 1669 como sociedad secreta,
1967614 califica como sociedad secreta y privada a la sociedad del artículo 1669. En
otros casos, por último, se alude a la sociedad oculta, vínculo reservado entre los socios
y sin trascendencia para terceros, como sinónimo de sociedad irregular, como en las
612
M. A. 1945.
613
M. A. 3524.
614
M. A. 250.
615
M. A. 2912. Alude a una “sociedad de pactos ocultos o irregular”.
616
M. A. 6193.
617
M. A. 7486.
618
M. A. 4624.
619
BOE núm. 233, 29 de septiembre de 1998. M. A. 2381.
245
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ella se pretendió beneficiar la seguridad jurídica abriendo las puertas del Registro
produjeron622. En ambas se planteaba idéntico caso: si una concreta sociedad civil tenía
como titular registral, teniendo en cuenta, en primer lugar, que se había constituido en
documento privado y, en segundo lugar, que en la adquisición es uno de los dos socios
permanecen secretos entre los socios, por una serie de razones que expone623. La
620
M. A. 2049.
621
M. A. 8822.
622
Aunque ya antes alguna Resolución había apuntado esta opinión para el caso de las sociedades
mercantiles: la RDGRN 28-6-1985 (M. .A. 3501) ya indicaba que “la sociedad mercantil constituida sólo
alcanza carácter regular y plenitud de personalidad jurídica frente a terceros cuando se cumple con los
requisitos de escritura e inscripción”, por lo que no se puede inscribir en el Registro bien a nombre de la
sociedad como tal.
623
De entrada, aduce un argumento sistemático, y defiende la presunta incoherencia de supeditar la
adquisición de la personalidad jurídica de las sociedades mercantiles a su inscripción en un Registro
público y prescindir de dicha exigencia para la personificación de las sociedades civiles sin forma
mercantil, cuando tan similares son las repercusiones que para el tráfico tiene la personificación de unas y
otras. A este argumento se une un argumento lógico: la publicidad de hecho, defendida mayoritariamente
por la doctrina, no asegura que la concesión de la personalidad jurídica se alcance en un momento preciso
y determinado, haciéndose necesaria una posibilidad legal de conocimiento por todos, y esto sólo se
garantiza mediante el acceso de los pactos sociales a un instrumento oficial de publicidad establecido al
efecto por la ley. Además, la DGRN añade un argumento histórico que conecta los artículos 1669 y 1670
CC: se introdujeron en el CC en el mismo momento y deben interpretarse conjuntamente, lo que
recomienda sostener que las sociedades civiles no contempladas en el artículo 1670 CC carecen de
personalidad jurídica. También con este argumento se beneficia a la seguridad en las relaciones jurídicas
246
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consecuencia que la DGRN extrae de todo ello es que la sociedad civil del caso no goza
de personalidad jurídica, y el bien inmueble debe inscribirse a favor de todos los socios,
una tesis que, sin perjuicio de que pudiera parecer más o menos lógica en abstracto, no
tenía base legal, además de que los argumentos expuestos en su defensa eran bastante
discutibles624. Pero se consideró por algunos sectores que la solución era interesante, y
que debía concederse la base legal necesaria para que pudiese articularse legalmente.
dicha medida es clara: que las sociedades puedan gozar de las ventajas de la inscripción
247
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sociedad civil pueda disfrutar de la publicidad del Registro Mercantil para poder
después inscribir los bienes a su nombre en el Registro de la Propiedad sin que exista el
más mínimo problema sobre la existencia plena de esa sociedad civil como persona
del CC se deduce que no es necesaria formalidad alguna para que la sociedad civil sea
una persona jurídica, así que este razonamiento nos parece equivocado, sin perjuicio de
las posibles bondades que pueda tener la publicidad en el Registro mercantil, que será
incluye un apartado tercero en el artículo 81 RRM, y añade el artículo 269 bis al mismo
texto legal. Repasemos cada uno de ellos. Respecto del artículo 81.3 RRM, el mismo
civiles, cualquiera que sea su objeto, aunque no tengan forma mercantil”. De entrada,
sistemáticamente es defectuosa la inserción del párrafo en este artículo, por causa del
Mercantil, para poder después inscribir los bienes a su nombre en el Registro de la Propiedad. Se
resuelve así el problema de las sociedades que realmente quieren regirse como sociedades civiles, sin
adoptar una forma mercantil que las desvirtúe” (las cursivas son nuestras).
627
Tal y como ha explicado en su interesante trabajo GARCÍA VILLAVERDE, R.: “La inscripción de las
sociedades civiles en el Registro mercantil español”, cit., pp. 53-75. El título del epígrafe en que se ocupa
de ello es lo suficientemente significativo: Los antecedentes del problema en la RDGRN de 31 de marzo
de 1997. También en este sentido DÍAZ FRAILE, J. M.: “Comentario a la STS 24 de febrero de 2000 por
la que se anulan diversos artículos del Reglamento Hipotecario”, Boletín del Colegio de Registradores,
núm. 70 bis, pp. 1066-1072.
628
Tampoco estimamos que resulte necesaria ni especialmente beneficiosa dicha publicidad en el caso de
las sociedades civiles: su personalidad jurídica es básica, emanada de la autonomía de la voluntad.
248
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contenido del mismo629, y por otra parte, no se modifica la regulación del CC en ningún
momento aunque se permita esa inscripción630, y esto puede conllevar cierto discutible
la misma el nacimiento de la persona jurídica, pues ello conlleva estimar privada de ella
al resto de sociedades civiles, algo que sólo podría realizarse mediante la oportuna
629
El artículo 81 RRM es el primer artículo del Capítulo Primero, sobre Disposiciones Generales, del
Título II del RRM, titulado “De la inscripción de los empresarios y sus actos”. El rótulo de dicho artículo
es inequívoco, y deja lugar a pocas dudas: “sujetos y actos de inscripción obligatoria”. Pese a ello, se
incluye aquí ese apartado tercero, apartado que permite pero no obliga a las sociedades civiles que
quieran beneficiarse de dicha ventaja, a inscribirse en el Registro mercantil. Además, tampoco es acertada
la alusión a las sociedades civiles, cualquiera que sea su objeto (para profundizar en esta crítica, vid.
EIZAGUIRRE, J. M. DE: “La subjetivación de las sociedades de personas”, cit., pp. 101-104). Incluir un
caso de inscripción potestativa dentro de un precepto dedicado a la inscripción obligatoria no es
sistemáticamente acertado.
630
Algo relativamente parecido ocurrió en Italia en 1993, con la diferencia de que allí la società semplice
sí debe ya inscribirse, y la falta de modificación del texto codificado provoca que se entienda que no se
modificó la cuestión de la libertad de forma para la constitución de la sociedad. La ley supo preverlo así.
631
La reforma producida en 1978, que modificó el artículo 1842 del Code y la propia concepción en lo
que tocaba a la publicidad de las sociedades civiles, se realizó por ley y afectó a la regulación codificada.
632
Especialmente gráfico el comentario de DÍAZ MORENO, cuando indica que con esta reforma “no se
vinculó la personalidad jurídica a la inscripción registral -¡hubiera constituido un exceso reglamentario
aún más evidente que el efectivamente cometido!-. Pero se pretendió –también reglamentariamente y, por
tanto, con un obvio déficit de rango normativo- abrir la puerta del RM a las sociedades civiles” (DÍAZ
MORENO, A.: “Las Sociedades civiles vuelven a no ser inscribibles en el Registro Mercantil. Sobre la
reciente anulación del tercer apartado del artículo 81 y del artículo 269 bis del RRM”, La Toga, vol. 119,
julio-agosto 2000, p. 12).
633
Algo que también se deduce del trabajo de BERCOVITZ RODRÍGUEZ-CANO, R.: “Personalidad
jurídica y registros públicos”, cit., p. 14. En él indica que tras la reforma tenemos “dos tipos de sociedades
civiles a efectos del reconocimiento de su personalidad jurídica: las sociedades civiles sin forma
249
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que “tras la reforma del RRM y la apertura de este Registro a las sociedades civiles,
debe entenderse que la inscripción dota de personalidad jurídica a las sociedades civiles
que acceden a ella”634, y MÍNGUEZ SANZ aludía a que esta inscripción era “voluntaria
la sociedad que se inscriba en el Registro mercantil al amparo del artículo 81.3 RRM,
que será externa637, gozará de personalidad jurídica como cualquier otra sociedad civil
escritura pública, necesaria ahora para la inscripción oportuna. Pero como la reforma no
inscripción a la hora de no poder considerar ocultos los pactos de esa concreta sociedad,
mercantil, que se inscriban voluntariamente en el Registro Mercantil (para lo que deberán constituirse
mediante escritura pública), y las sociedades civiles con forma mercantil, que deberán inscribirse en el
Registro Mercantil. Las demás sociedades civiles, secretas o no, carecerán de personalidad jurídica” (la
cursiva es nuestra). Sin embargo, después entiende que la solución es “práctica y puede acogerse
satisfactoriamente”, pero considera que la fórmula es “demasiado expeditiva y, por consiguiente, no
debería valer más que transitoriamente”.
634
ÁVILA NAVARRO, P.: “Titularidad registral y entidades sin personalidad jurídica. Artículo 1 del
RH”, dentro de [Link].: “La reforma de los Reglamentos Hipotecario y del Registro Mercantil por RD
1867/1998, de 4 de septiembre”, CER, Madrid, 1998, p. 57.
635
MÍNGUEZ SANZ, S.: “Intercambio entre Registros mercantiles. Inscripción de sociedades civiles.
Artículos 12, 81 y 269 bis del RRM”, en “La reforma de los Reglamentos Hipotecario...”, cit., p. 373.
636
Señala literalmente, tras repasar ambas ideas: “prefiero pensar que el abracadabrante error que
contienen ambas citas es fruto de una ignorancia inexcusable, dado que la otra posible alternativa es
considerarlas prueba ejemplar de cómo la defensa de los intereses corporativos puede llegar a asfixiar la
más elemental honestidad científica” (PANTALEÓN PRIETO, F.: “La personalidad jurídica de las
sociedades civiles...”, AAMN, cit., p. 40). En el mismo sentido GARCÍA MAS, F. J.: “La Sociedad Civil
en el marco de la reforma del Reglamento del Registro Mercantil...”, cit., pp. 1075-1077.
637
Toda sociedad civil que acceda al Registro mercantil al amparo de este precepto sería una sociedad
civil pactada por las partes como externa, ya que no se pacta una sociedad como interna, para no operar
en el mercado, y se inscribe como sociedad en el Registro mercantil. Es contrario a su configuración.
250
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parece ser, en este caso, la de configurar una sociedad externa y permitir al tercero que
contratase con la misma conocer su existencia y los pactos que hayan accedido al
Por su parte, el otro artículo incluido en el RRM es el artículo 269 bis. Este precepto
se incluye dentro del Título II (“De la inscripción de los empresarios y sus actos”),
Quinta dentro del mismo, titulada “De la inscripción de las sociedades civiles”. Este
apartados. El primero indica que “las sociedades civiles con forma mercantil serán
objeto de inscripción con arreglo a las reglas aplicables a la forma que hubieran
adoptado”. El apartado segundo señala que “las sociedades civiles que no tengan forma
mercantil podrán inscribirse con arreglo a las normas generales de este Reglamento en
638
La consecuencia de esta idea sería insertarnos en la teoría de DE CASTRO total y absolutamente: sólo
gozaría de personalidad jurídica aquella sociedad civil que haya sido inscrita en el Registro mercantil. No
es lo que pretendió el legislador en el CC, ni lo pretende ahora este Real Decreto.
639
En ella se harán constar las siguientes circunstancias: “1º. La identidad de los socios. / 2º. La
denominación de la sociedad en la que deberá constar la expresión <<Sociedad Civil>> / 3º. El objeto de
la sociedad. / 4º. El régimen de administración. / 5º. Plazo de duración si se hubiera pactado. / 6º. Los
demás pactos lícitos que se hubieren estipulado. / En la hoja abierta a la sociedad serán inscribibles el
nombramiento, cese y renuncia de los administradores, los poderes generales, su modificación o
revocación, la admisión de nuevos socios, así como la separación o exclusión de los existentes, la
transmisión de participaciones entre los socios, y las resoluciones judiciales o administrativas que afecten
al régimen de administración de la sociedad”.
251
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Ya hemos indicado cómo esta reforma estaba inspirada en la polémica originada por
las citadas Resoluciones DGRN, su eco y la pretensión de ofrecer algún tipo de asidero
legal a la solución adoptada en ellas. La reforma fue bien acogida entre los registradores
de la propiedad que escribieron sobre el tema, citados anteriormente, así como hubo
alguna que otra voz que la consideró interesante (los autores citados, así como VICENT
GULLÓN BALLESTEROS le han dedicado palabras amables642), pero las críticas eran
640
Describe las reacciones doctrinales a la reforma, sucintamente, TORRES PEREA, J. M. DE: “La
personalidad jurídica de la sociedad civil externa. Estudio comparativo de los ordenamientos español y
alemán”, cit., nota 15, p. 6. Algo más extenso en “Alcance de la personalidad jurídica de la sociedad civil
externa”, cit., pp. 133-138.
641
Recordemos cómo defendía de lege ferenda la necesidad de exigir la inscripción registral de las
sociedades civiles en el Registro Mercantil, por razones de seguridad jurídica, aunque con carácter
potestativo. Celebró esta reforma que indicamos con las siguientes palabras (la cursiva es nuestra): “...La
Disposición Adicional Única permite, por fin, la inscripción de estas sociedades civiles en el Registro
Mercantil...” (GARCÍA MÁS. F. J.: “Breves notas al Real Decreto 1867/1998, de 4 de septiembre, por el
que se modifican determinados artículos del Reglamento Hipotecario, con especial consideración a las
inmatriculaciones y a los excesos de cabida”, RCDI, núm. 655, noviembre-diciembre 1999, p. 2250). Más
reposadamente comenta que “Como punto de partida, me congratulo de que por fin el legislador haya
permitido la inscripción de las Sociedades Civiles en el concepto de Sociedad Civil que estamos dando en
el Registro Mercantil. Como reivindicación que hemos planteado ya desde el año 1990, ello supone un
motivo de alegría, y debemos ser congruentes con lo que hemos expuesto”, y posteriormente valora la
STS 24-2-2000, para seguir defendiendo el carácter potestativo de la inscripción (GARCÍA MÁS, F. J.:
“La Sociedad Civil en el marco de la reforma del Reglamento del Registro Mercantil...”, cit., p. 1074).
642
Literalmente señalaban que “la idea no era mala, pues se hubiera dotado a la sociedad de un
instrumento objetivo de publicidad” (DÍEZ-PICAZO, L. y GULLÓN BALLESTEROS, A.: “Sistema de
Derecho Civil”, vol. II, cit., p. 463).
643
Indicaba que el despropósito de la norma era doble: “abre el Registro Mercantil a quien debe
permanecer fuera de él y, además, propicia un nuevo malentendido, a saber: que a partir de ahora las
sociedades dedicadas a una explotación mercantil pueden revestir la forma de sociedad civil” (PAZ-
252
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parece muy criticable aunque no incidiremos todavía en ella645, sino por el hecho de que
ciertos preceptos legales son contradichos por esta reforma, realizada mediante una
mercantil tiene por objeto la inscripción de, según su apartado quinto, cualquier
persona, natural o jurídica, cuando así lo disponga la Ley646. Por lo tanto, para que la
ninguno de los otros epígrafes del apartado 16, debe ser una ley la que lo establezca, y
no una norma de rango reglamentario. Por otra parte, del artículo 19.2 C de c se deduce,
además, que la inscripción será obligatoria como norma general en los supuestos del
CC. Por tanto, existen importantes defectos que hacen que esta reforma, con
Lógicamente, la declaración de nulidad por parte del TS era esperada por la doctrina, y
ARES, C.: Capítulo 21: “La sociedad mercantil: mercantilidad e irregularidad de las sociedades”, en
URÍA-MENÉNDEZ: “Curso de Derecho Mercantil”, I, Ed. Civitas, Madrid, 1999, pp. 498-500).
644
En concreto, PANTALEÓN PRIETO, F.: “La personalidad jurídica de las sociedades civiles”, AAMN,
cit., pp. 40-43, EIZAGUIRRE, J. M. DE: “La subjetivación de las sociedades de personas”, cit., pp. 101-
104 y GARCÍA VILLAVERDE, R.: “La inscripción de las sociedades civiles en el Registro mercantil
español”, cit., pp. 47-84.
645
Quedémonos con la frase de PAZ-ARES, cuando indicaba que “No tiene sentido, en efecto, someter a
publicidad registral (en el Registro Mercantil) a sujetos que desempeñan actividades civiles,...” (PAZ-
ARES, C.: comentario al artículo 1670 CC, dentro de “Comentario del CC”, Tomo II, Secretaría General
Técnica del Ministerio de Justicia, Madrid, 1991, p. 1382).
646
La intención de este precepto es permitir la inscripción de supuestos donde pudiera no darse el
requisito de la habitualidad en el ejercicio del comercio, pero sí realizaran actos o poseyeran bienes
sujetos a inscripción según las leyes o reglamentos. Por tanto, la intención es generosa a estos efectos (en
este sentido, FERNÁNDEZ DEL POZO, quien ha descrito el proceso de redacción del precepto; vid.
FERNÁNDEZ DEL POZO, L.: “El nuevo Registro Mercantil: sujeto y función mercantil registral. Crítica
general sobre su ámbito institucional”, CER, Madrid, 1990, pp. 43-46).
253
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La reforma de 1998, por tanto, quedó en el recuerdo como una reacción a las
simples, respectivamente y en ambos casos, con las dudas dogmáticas que se quieran
del Code, dedicado a las sociedades civiles. El texto parte de la base de que toda société
647
M. A. 2888 (BOE núm. 98, de 24 de abril de 2000).
648
En palabras de ARRIBA FERNÁNDEZ, la STS “ha supuesto el reconocimiento para la comunidad
científica” (ARRIBA FERNÁNDEZ, M. L. DE: “La sociedad civil no puede inscribirse...”; cit., p. 1887).
649
En este sentido, es curioso el Auto de la AP Sevilla 26-1-2001. Basa su rechazo a la necesidad de que
conste la inscripción de la sociedad civil en el Registro Mercantil para que goce de personalidad jurídica
en la STS 24-2-2000, y defiende la tesis de la necesidad de publicidad de hecho.
254
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Algo comienza a enturbiar esa claridad existente en las sociedades civiles hasta ese
momento, pese a que esta modificación expuesta es ajena a la sociedad civil por
amplio movimiento a favor del mismo: la Ley de 4 de enero de 1978 extiende dicha
configuración a las sociedades civiles, indicando el retocado artículo 1842 que les
sociétés autres que les sociétés en participation visées au chapitre III jouissent de la
650
Idea que tampoco era nueva en el imaginario jurídico francés, pues ya se defendía esta idea en las
Ordonnances de Roussillon (1563), de Blois (1579) y en el Code Michaud (1629).
651
Lo que no impedía que la doctrina y la jurisprudencia admitieran la personificación de la sociedad
civil, a la vista de los problemas que planteaba su posible no personificación.
652
En este sentido, la Decisión del Consejo de Estado francés de 13 de mayo de 1992 acepta la tesis del
nacimiento anticipado y progresivo de la persona jurídica. Sobre ella, vid. TORRES PEREA, J. M.:
“Alcance de la personalidad jurídica de la sociedad civil externa”, cit., pp. 138-141. Además, queda a
salvo la acción de regularización del artículo 1839 para subsanar, por medio de demanda judicial,
defectos formales en los estatutos.
255
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las sociedades simples: el artículo 2251 del Codice no sujeta a forma alguna a la società
semplice para que quede válidamente constituida, por lo que estamos ante un contrato
no formal653. Sin embargo, la Ley 580/1993 sujeta a las società semplici a inscripción
dicha Ley. Por primera vez se prevé un régimen de publicidad para las società semplici.
Sin embargo, ni siquiera esta reforma conlleva mayor formalismo para el contrato de
Pese a la intención, estamos ante una reforma con algunos puntos débiles654: de
entrada, se realiza sin modificar para nada el texto codificado, algo que puede resultar
importante (pensemos, por ejemplo, en el ejemplo francés). Por otra parte, resulta
para el incumplimiento de esta obligación (debemos acudir a la que fija el artículo 2194,
653
Señala que “Nella società semplice il contratto non è soggetto a forme speciali, salve quelle richieste
dalla natura dei beni conferiti”. En este sentido, el artículo 1350, primero dedicado a la forma en los
contratos, alude a los actos que deben realizarse cubriendo una forma concreta, y en su apartado 9 alude a
“I contratti di società o di associazione con i quali si conferisce il godimento di beni immobili o di altri
diritti reali immobiliari per un tempo eccedente i nove anni o per un tempo indeterminato”.
654
Tal y como han explicado acertadamente MARASÀ, G. e IBBA, C.: “Il registro delle Imprese”, en “Il
Diritto Attuale”, 27, UTET, Torino, 1997, pp. 5-8.
256
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sustantivo, al menos parcialmente, parece que ello no debe tener excesiva relevancia.
En conclusión, pese a que el beneficio de estas medidas sea una cuestión bastante
opinable, y reiteramos nuestra postura contraria a las mismas, distintos legisladores han
más próxima con su inscripción en algún tipo de registro, bien para afectar a la
lo que provoca que no existan problemas de legalidad. En nuestro país no ocurrió así, y
a la crítica sustantiva por la intención de la reforma, pues estimamos que no aporta nada
655
En concreto, bajo el epígrafe Inosservanza dell’obbligo di iscrizione, indica que “Salvo quanto
disposto dagli articoli 2626 e 2634, chiunque omette di richiedere l’iscrizione nei modi e nel termine
stabilito dalla legge, è punito con la sanzione amministrativa da lire ventimila a un milione”.
656
Indica que “Agli amministratori, ai sindaci, ai liquidatorie ai preposti all’esercizio di sede secondaria
nel territorio dello Stato di società di sede costituite all’estero che omettono di fare, nel termine stabilito,
all’ufficio del registro delle imprese una denunzia, una comunicazione o un deposito, a cui sono dalla
legge obbligati, o il eseguono o li fanno eseguire in modo incompiuto, ovvero omettono di richiedere una
pubblicazione nel Bolletino ufficiale delle società per azioni e a responsabilità limitata, nei casi in cui
detta pubblicazione è prescritta dal codice, si aplica la sanzione amministrativa del pagamento di una
somma da lire centomila a lire due milioni. / La stessa sanzione si applica al notaio nei casi in cui
l’obbligo della denunzia, dellaa comunicazione, del deposito o della pubblicazione è posto dalla legge
anche a di lui carico”.
657
En este sentido, CAGNASSO, O.: “La società semplice”, “Trattato di Diritto Civile”, diretto da
Rodolfo Sacco, “I singoli contratti”, 6, UTET, Torino, 1998, p. 80.
257
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configuración
tres apartados: en primer lugar, aportaremos nuestra opinión crítica acerca de las
distintas teorías explicativas defendidas por la doctrina. En segundo lugar, con dicho
1669. Por último, analizaremos cada uno de los presupuestos citados en dicho artículo
como necesarios para configurar esta sociedad, a la luz de la concepción que estimemos
más acertada, para comprobar si realmente se exigen del modo indicado o ello no es así.
oportuno ofrecer una crítica de cada una de ellas, para ir desechando ideas desacertadas
258
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No es, en abstracto, ilógica, sin embargo: el legislador puede estimar aceptable que la
oportuna. En nuestro país esa plasmación no se ha producido, y no sólo eso, sino que
Consecuencia de esta teoría sería que todas las sociedades civiles se ven desprovistas
civil con forma civil carecería de personalidad jurídica. Interpretación errónea, pues la
intención del legislador reside en dotar de personalidad a todas las sociedades civiles
658
No es realmente una discriminación respecto de las sociedades civiles con forma mercantil, como
señala GARCÍA GARCÍA (GARCÍA GARCÍA, J. M.: “La titularidad registral en las sociedades civiles”,
cit., p. 1520). Estamos ante una evidente incorrección, sin más.
659
Es más, esta razón llevó a que la Comisión Permanente del Consejo de Estado rechazase la reforma
plasmada en el Real Decreto 1867/1998, antes descrita. Sobre esto, vid. la explicación de PANTALEÓN
PRIETO, F.: “La personalidad jurídica de las sociedades civiles”, AAMN, cit., addendum, 2. ii, pp. 41.
259
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dejaría sin sentido la necesidad de que los socios contratasen en su propio nombre frente
a terceros a que alude el artículo 1669 para que la sociedad no goce de personalidad,
Será, sin embargo, la DGRN la que las ha revitalizado, pues se percibe su influencia en
realmente existente, como es el de que se pueda dudar de la existencia del ente como tal,
texto legal662. Pese a que, en abstracto, podría ser una opción jurídicamente posible si
fuese acogida de modo expreso por la ley, no nos resulta acertada, debido a nuestra
concepción sobre la personalidad de la sociedad civil. No nos parece que deba acogerse,
660
Pensemos que el mayor grado de personalidad que puede adquirir la sociedad civil lo adquiere al
margen del registro. Salvo que se pretendiera reconocer personalidad jurídica plena, no sería útil esa
inscripción a la hora de alcanzar el mayor grado de personalidad posible.
661
En este sentido, también, CAPILLA RONCERO, F.: comentario al artículo 1669, cit., p. 53.
662
Incluso los autores que rinden homenaje a DE CASTRO reconocen que este punto de su teoría merece
una revisión. En este sentido, SOLÍS VILLA, tras recorrer los caracteres fundamentales comunes a las
personas jurídicas y detenerse en la publicidad, se expresa en estos términos: “En mi opinión, este es uno
de los puntos en los que cabría matizar la doctrina de D. Federico, a la vista de los cambios legislativos y
jurisprudenciales; baste indicar aquí que en materia de sociedades y asociaciones no veo inconveniente
alguno en restringir la necesidad de publicidad, a los supuestos de personalidad jurídica perfecta, con lo
que es posible, por ejemplo, la existencia de sociedades civiles y colectivas no inscritas” (SOLÍS VILLA,
I.: “La teoría de la persona jurídica en la obra de Don Federico de Castro”, cit., p. 104).
260
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como propusieron algunos autores citados, pues nada aporta a la acertada idea de que la
la voluntad de los contratantes, y por ello, cuando exista, debe reconocerse sin
quedaría más remedio que aceptar la fuerza de los hechos, aunque consideremos que es
inmediata a un problema con los medios existentes. No es correcta por diversas razones.
sociedades civiles por la inseguridad y el caos que conllevaría este sistema: resulta
desconcertante que el tercero que quiera conocer la existencia de una sociedad deba
que se adjuntaron los Estatutos, para acceder a ellos. Por otra parte, esta teoría encierra
efectos del artículo 1669 se consigue mediante esta inscripción, y que así no se entra
663
Este argumento nos induce a defender que ni siquiera es interesante crear un registro ad hoc, como en
el caso de las asociaciones en general, aunque la inscripción se desposeyera de efectos sustantivos
respecto de la adquisición de personalidad jurídica por parte de la sociedad civil. Estimamos que la
personalidad jurídica de la sociedad civil es emanación natural de la autonomía de la voluntad de las
partes, y la existencia de un registro no aporta ninguna ventaja a dicha configuración. El mayor grado de
personalidad que puede ostentar la sociedad civil lo logra al margen de cualquier tipo de inscripción
registral, y estimamos que así debe seguir siendo.
261
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dentro de la órbita del artículo, parece poco correcto inscribir una propiedad a nombre
de una sociedad civil que todavía no existe como tal si entendemos que la publicidad
necesaria para que exista como tal persona jurídica se deriva de la propia inscripción.
Los problemas no cesan aquí. Otra duda será si deben inscribirse los Estatutos cada
basta con la primera vez, ¿en la inscripción de las otras titularidades posteriores se debe
remitir a esta primera para acceder a esos estatutos?. Nada se aclara por estos autores.
inmuebles cuya titularidad sea inscrita en el Registro de la Propiedad, pero queda sin
solución todo el resto de casos, con lo que el abanico de opciones que cubre es
primer lugar, adquiriera algún inmueble como titular, y, en segundo lugar, decidiera
requisitos. Por tanto, no sólo es técnicamente incorrecta esta postura, sino fruto de
graves problemas que quedan sin solución, pese a la buena intención de sus defensores.
cómo CAPILLA RONCERO defendía esta opinión), idea que en este caso tiene cierta
base en la propia letra del artículo 1669 CC. Congruentemente con ello, ya que es
262
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de que exista algún otro tipo de publicidad que sirva a estos efectos, se acude a la
Sin embargo, pese a que en este caso pueda tener cierta base, como vimos, y pueda
resultar más o menos deseable (esta cuestión ya es opinable665), esta idea de vincular
Es cierto que la seguridad jurídica puede no recomendarlo, opinión que nos parece
adoptadas no generan inseguridad para los terceros, pues la fecha en que se adquiere
jurídica, desde nuestro punto de vista, ya que la misma no se dirige tanto hacia los
terceros como a las propias partes contratantes. Debemos corregir esa concepción de la
personalidad jurídica como orientada fundamentalmente a los terceros, que pudo ser útil
en otras épocas. La personalidad jurídica no es más que un nuevo efecto de los pactos
664
Pensemos en la cantidad de sociedades civiles que no son propietarias como tales entes de inmuebles,
o de las que sí lo son, pero dicha titularidad no consta registralmente.
665
Personalmente, entendemos que no lo es en el caso de la sociedad civil, pues su personalidad jurídica
es emanación de la autonomía de la voluntad de los contratantes, pero es cuestión que se presta a debate.
666
Y con sintonía constitucional en algún caso. Tengamos en cuenta, por ejemplo, que nuestro artículo
22.3 CE no liga efectos sustantivos a la inscripción de las asociaciones. El ya citado artículo 5.1 LODA
desarrollando esta idea señala que “con el otorgamiento del acta adquirirá la asociación su personalidad
jurídica y la plena capacidad de obrar, sin perjuicio de la necesidad de su inscripción a los efectos del
artículo 10” (efectos meramente publicitarios).
263
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Sintoniza con la idea de que la personalidad jurídica es un atributo que está más
terceros, y confirma que la personalidad jurídica no es otra cosa que una consecuencia
la relación del grupo con terceros669, pero que se dirige más a autocomponer los
intereses de los contratantes que los de terceros. Entender la personalidad jurídica como
En segundo lugar, esta teoría configura la necesidad de publicidad de hecho sin que
en ningún artículo del CC se establezca que es necesaria del modo expuesto por estos
autores, o al menos sin que se pueda deducir de alguna forma sin acabar realizando
artículo 1669 CC pretende que la existencia de la sociedad no quede reservada entre los
667
Es una idea que late en los autores que defienden posiciones estructuralistas, con base en el comentario
de COSSÍO citado en su momento.
668
Sin embargo, es cierto que en algún ámbito, como en el de las fundaciones, y en otros países de
nuestro entorno, suelen vincularse ambas. El legislador, en estos casos, “tranquiliza” su conciencia al
estimar que ello proporciona posibilidad de conocimiento por todos, con la publicidad consabida y la
seguridad consiguiente. Es cierto, pese a los problemas que también puede provocar, como sabemos.
669
No se puede decir que sus efectos sean únicamente inter partes sin incurrir en grave error. La
personalidad jurídica de una sociedad incide en los terceros a la misma, que deben asumir que actúan
frente a un sujeto de derecho.
264
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publicidad para la adquisición de la personalidad, sino que ésta se configura como una
Por otra parte, esta teoría exige conceder la máxima importancia a la conducta de los
que ello provoca. Además, puede que esa actividad publicitaria no se produzca desde el
primer momento, por lo que debe asumirse por el defensor de esta configuración la
régimen, sino que la sociedad, siendo coherente con esta visión, puede adquirir y perder
A las críticas antes señaladas hay que unir otra que resulta muy relevante: estamos, al
hablar de publicidad de hecho, ante un requisito demasiado etéreo como para elevarlo a
socios manifiestan a las personas con las que tienen contacto que contratan en nombre
de una sociedad civil. La pretendida necesidad de que exista algún tipo de publicidad
para que se reconozca personalidad jurídica a una sociedad civil, y la falta de regulación
al respecto, provoca que cierta doctrina, que lo estima necesario, acuda a la publicidad
265
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del resto de operadores de que existe. Pero esto puede ser verdaderamente problemático,
porque no se aclara cómo se satisface ese requisito publicitario y, sobre todo, ante
quién. Puede ser conocido por unos y no por otros operadores, y ello implicaría, dado
que no se objetivizan estas ideas, que ante unos terceros se goce de personalidad
territorial donde debe conocerse a esa sociedad, por ejemplo. Por ello, no podemos
menos que discrepar del profesor ALBIEZ DOHRMANN cuando indicaba que “en
cuanto la sociedad se da a conocer a los terceros que contratan con ella adquiere
aquellos terceros con los que entre en contacto, como indicaba ALBIEZ DOHRMANN?
existencia de esa sociedad civil? Parece lógico que entonces deba exigirse una
diligencia media al tercero a la hora de contratar y conocer que lo hace con una
sociedad. Puede darse el caso de que la sociedad contrate con un tercero que no conozca
que es tal sociedad, porque el socio con el que contrata lo haya hecho en su propio
670
EIZAGUIRRE, J. M. DE: “La personalidad jurídica de la sociedad civil...”, cit., p. 1722.
671
ALBIEZ DOHRMANN, K.: comentario al artículo 1669 CC, dentro de ALBÁCAR LÓPEZ, J. L. y
SANTOS BRIZ, J.: “Código Civil . Doctrina y Jurisprudencia”, Tomo VI, Ed. Trivium, 1991, p. 115.
266
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haber sabido que era una sociedad debido a que se había manifestado como tal en el
mercado y era considerado como ente gracias a mecanismos publicitarios como, por
Por tanto, si bien es lógico sostener la necesidad de esa publicidad de hecho para
esa inseguridad en lo que toca a la personalidad. Cabe que un pacto se pueda oponer a
unos terceros y no a otros, dependiendo del conocimiento que tengan del mismo, pero
Pese a los problemas que plantea, algún autor673 ha defendido esta necesidad de
publicidad de hecho incluso para el caso de la sociedad mercantil, al negar el valor que
jurídica: pese a que estemos ante un dato cuya mayor relevancia es entre la partes y no
frente a terceros, gozar de la misma frente a unos terceros pero no frente a otros
generaría una evidente inseguridad jurídica que no tenemos por qué asumir.
Además, puede indicarse que la sociedad debe ser conocida en el mercado en que
opera, pero ello conlleva también una serie de imprecisiones que sintonizan mal con la
672
Por ejemplo, la Administración tributaria, a la hora de rendir los impuestos, o las administraciones
concesionarias de licencias profesionales, en su caso.
673
En concreto, PINO ABAD, M.: “La discutida personalidad jurídica de las sociedades mercantiles no
inscritas”, cit., pp. 205-220, especialmente nota 98, p. 219.
267
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también valorar la diligencia de esos terceros que operan en el sector respecto del
Por último, cabe recordar que otras consecuencias a las que conduce esta teoría
también son muy perjudiciales para la seguridad jurídica: asumiendo estas ideas
debemos tener en cuenta la conducta de los socios posterior al pacto constitutivo (la
jurídica exige aclarar el momento en que ello se produce, pues no es lo mismo que
exista una persona jurídica a que deje de existir, a todos los efectos (y pensemos en los
personalidad jurídica? ¿Se puede comenzar la existencia sin personalidad jurídica, pues
con posterioridad perderse esa personalidad, porque se empiece a actuar del modo
contratos como tal sociedad, pero a partir de un momento actúa del modo citado en el
artículo 1669: deja por ello de gozar de personalidad jurídica. Y, además, a partir de qué
momento: puede bastar con el primer contrato celebrado de ese modo, o bien deben ser
Estos problemas conllevan acudir al caso por caso para comprobar si existió esa
268
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postura también debe ser desechada, dado que esta solución no está regulada en
precepto alguno, algo suficiente para rechazarla desde el punto de vista del Derecho
provisionalidad, etc.), junto a un inconveniente que hace que sea muy perjudicial: exige
que se declare en cada caso si existió la publicidad de hecho necesaria o no para que la
personalidad jurídica pudiese concederse, lo que provoca que será la sentencia la que lo
parte al cumplimiento de ciertos requisitos formales, alude a las sociedades del artículo
1669 como sociedades irregulares, debido a que conectan el artículo 1669 CC con
precepto aquí fijada. Debemos aproximarnos más a la configuración que las partes
a los terceros, y por ello exige esa manifestación frente a los mismos.
De entrada, es errónea esa consideración de los artículos 1667 a 1669 como parte de
una única serie lógica, ya que mientras los artículos 1667 y 1668 aluden a cuestiones
forman una unidad: mientras los dos primeros provienen del texto del Anteproyecto de
269
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posteriormente y con la intención ya expuesta, por lo que debemos señalar que nunca
simplemente debemos resaltar que los requisitos formales de los artículos 1667 y 1668
674
Recordemos los ya repasados artículos 3 y 4 de dicho texto.
675
El proyecto de 1836 recogía un artículo, el 1447, en el que indicaba que “Es nula cualquier sociedad
en que no se especifican los bienes o capitales que se ponen los socios, ni el negocio para que se contrae”.
El Proyecto de 1851 no incluye exigencia formal de ningún tipo, sintonizando con el criterio de los
artículos generales 1001 a 1004, y recuerda en su artículo 1565 que “es nula la sociedad siempre que se
aportan bienes, si no se hace un inventario ó estado firmado por las partes, que deberá unirse á la
escritura, cuando esta sea necesaria”.
676
En parecido sentido se expresaba CAPILLA RONCERO, cuando señalaba que “considero desacertado
que se afirme que el efecto dimanante de la ausencia de observancia de los requisitos formales prescritos
en los artículos comentados (1667 y 1668), estriba en que la sociedad carece de personalidad jurídica,
realizando una interpretación conjunta de los artículos 1667, 1668 y 1669 que, desde luego, no estuvo en
la mente del legislador y que tampoco resulta razonable” (CAPILLA RONCERO, F.: comentario a los
artículos 1667 y 1668, dentro de “Comentarios al Código Civil y Compilaciones Forales”, Tomo XXI,
vol. 1, EDERSA, Madrid, 1986, pp. 27-37).
677
Podemos encontrar un esquemático resumen de su teoría en “El concepto de sociedad civil
irregular...”, cit., nota 37, p. 212.
270
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la escritura pública ni el posible inventario anejo sirven a estos efectos. Ello se debe a
que ninguno provoca esa publicidad del ente que exigiría esa trascendencia que se
publicidad, no es correcto unir el artículo 1669 con los dos preceptos anteriores.
no ser correcta esa vinculación con la personalidad jurídica. Dicho mérito reside en
registral, algo que nos parece incorrecto por reduccionista. También en el ámbito civil
irregulares serán aquellas que no se hayan amoldado a las formas oportunas fijadas en
los artículos 1667 y 1668 CC. Por ello, para valorar la existencia de sociedades
irregulares habrá que acudir a los artículos 1667 y 1668 CC, no al 1669. Y es erróneo
encuadrar todos estos preceptos en una unidad material. Por tanto, es interesante que
riguroso, sin vincular esa irregularidad con la falta de personalidad jurídica de esa
externa, estamos ante dos planos diversos, pero la irregularidad se derivará únicamente
678
PANTALEÓN PRIETO ha dedicado cierta atención a la cuestión de la falta de efectos publicitarios de
la escritura pública, de modo breve pero acertadísimo y aportando bibliografía (vid. PANTALEÓN
PRIETO, F.: “La personalidad jurídica de las sociedades civiles...”, AAMN, cit., núm. 2, p. 15, y “La
personalidad jurídica de las sociedades civiles...”, La Ley, cit., p. 1377, nota 3).
679
Señala TENA PIAZUELO que “no carecen de fundamento las objeciones sobre la eficacia de la
publicidad que el artículo 1667 con sus exigencias formales procura”, pero opone que “simplemente se
proporciona una publicidad legal”, y que lo verdaderamente importante no es “asegurar que dichos
terceros conocen, sino que pueden conocer el pacto social” (TENA PIAZUELO, I.: “El concepto de
sociedad civil irregular...”, cit., p. 12).
271
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En otro sentido cabe destacar que si TENA PIAZUELO no cayera en valorar la idea
incluso sería una configuración con cierta sintonía con las ideas que parecen más
ningún sentido, sólo cubrir esos requisitos formales. De ahí se deriva algo que no se ha
aquellas sociedades que no deban cubrir requisito formal alguno para su correcta
del pacto social. El argumento tiene cierto interés, pero no se planteó en estos términos
solución al problemático artículo 1669 CC. Cuando habla de sociedad cuyo pactos
permanecen secretos entre los socios y en la que dichos socios contratan en su propio
nombre con terceros, quiere aludir a sociedades configuradas como sociedades internas
entre los socios, que no operarán como tal ente frente a terceros en el mercado. Y de
dicha configuración se deriva que los pactos permanezcan secretos entre dichos socios
(la sociedad no quiere operar como tal en el mercado), y que los socios contraten en su
272
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propio nombre con terceros (es obvio: si la sociedad no actúa como tal, deben ser los
socios los que lo hagan del modo descrito). Este pacto es perfectamente posible,
conforme al artículo 1255 CC: es perfectamente válido que exista una sociedad
Sin embargo, algún aspecto nos parece criticable: los autores que defienden esta
postura aluden casi exclusivamente a que debe existir una cláusula de ocultamiento o de
representación indirecta para que exista una sociedad interna. De entrada, es erróneo
representado claramente definido como ente (la sociedad no existe como persona
(pues es el interés de todos los socios, incluido él), ni existe un poder de representación
como tal, sino una actuación conforme al pacto social concluido en su momento.
Recurren, por tanto, a pacto expreso en dicho sentido, pacto de modo claro y evidente.
claro ejemplo de sociedad interna, pero limitar a este caso los supuestos de sociedades
supuesto de hecho del artículo 1669 CC. Las partes pueden configurar una sociedad
interna sin necesidad de pactar esta cláusula expresamente, por ejemplo, nombrando a
680
También estaba presente en otros países. Por ejemplo, en Derecho alemán se alude también a la
existencia de las sociedades internas, en general o en casos especiales como la wederlegginge o
contracolocación, cuya finalidad era muy concreta. El comerciante que iba a salir de viaje, con ocasión
del mismo, recibía dinero de un conciudadano suyo para que ejerciese el comercio “a provechos
comunes”, y frecuentemente el comerciante colocaba el dinero en la sociedad ésta a la que aludimos. Ésta
era sólo una sociedad interna (stille Gesellschaft), generalmente convertida en una sociedad industrial no
de larga duración (vid. PLANITZ, H.: “Principios de Derecho Privado Germánico”, cit., pp. 68-69).
681
Aunque este dato no es decisivo en la argumentación, es necesario que sea también tenido en cuenta.
273
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Sin perjuicio de que en su momento expondremos las ideas que nos inspiran, y que
que no se debe ser tan reduccionista, y que deben considerarse sociedades internas no
sólo aquellas en las que en el contrato social conste una de estas cláusulas citadas, sino
sociedad, se haga de tal forma que sea deducible que la sociedad no operará como tal
ente en el mercado682. No cabe duda de que las que más claramente se insertarán dentro
de esta categoría serán aquellas en las que se haya incluido alguna de estas cláusulas
citadas por la doctrina que estudiamos, pero entendemos que debemos siempre
interna o externa, con todo lo que implica a efectos de disfrute de personalidad jurídica.
Pero entra dentro de lo lógico que se organice esa sociedad para operar en el mercado
Por otra parte, se echa en falta en los autores que han defendido esta opinión un
estudio más sosegado del régimen jurídico de la sociedad interna, ya que ponen de tal
sociedad civil sin necesidad de que exista publicidad de ningún tipo, que no dedican la
atención que merece al régimen jurídico, y éste puede dar la clave para resolver
682
El hacer depender la existencia de la sociedad interna del pacto contractual requiere interpretarlo, pero
ello no genera necesariamente inseguridad jurídica, debido a que no operamos en el vacío: la
configuración pactada inspirará la forma de actuar de los socios y será observable la consecuencia de esa
configuración, que es el modo de operar de la sociedad en el mercado.
274
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Con independencia de que nos decantemos por la teoría estructuralista, por ser la
correcta desde nuestro punto de vista, debemos tener en cuenta que todas las teorías
inciden, de una forma o de otra, en destacar que la sociedad civil goza de personalidad
jurídica cuando se presenta como ente y actúa como tal: la tesis de DE CASTRO y la
o de la propiedad como tal ente; la tesis que exige publicidad de hecho, porque se
cubre la forma necesaria para aparecer como ente, y la estructuralista porque la sociedad
se configura como ente y actúa como tal. Pero comprobamos cómo la forma de
desarrollar esta idea es muy diferente y, lógicamente, no siempre correcta. Es cierto que
Hemos repasado de modo crítico todas las configuraciones que se han planteado
parte de las sociedades civiles, y no es posible aportar solución alguna acerca del tema
sin basar la misma en el artículo 1669 CC. También hemos destacado la corrección de la
La mera existencia del artículo 1669 CC, en los términos en que se expresa, conlleva
que toda sociedad civil esté, en principio, dotada de personalidad jurídica como norma
275
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general, ya que aquella sociedad en que no sea así será la que caiga bajo la órbita del
artículo 1669 CC, algo que se configura como excepcional. Esto podemos verlo de
alguna forma confirmado por el artículo 1679 CC, que alude al comienzo de actividades
tanto, salvo pacto en contrario, desde la perfección del contrato comienza no sólo el
contrato de sociedad, sino la sociedad como ente. Desde que hay consentimiento
(artículo 1254 CC) existe contrato de sociedad, y desde ese momento produce sus
efectos (artículo 1258 CC), pero además surge esa persona jurídica como tal ente684.
Esta idea expuesta, de entrada, nos parece clara: así como en otros ordenamientos, a
respecto de si es posible deducir la misma o no (en este sentido, por ejemplo, Francia
hasta 1978, Italia o Portugal), en nuestro país la sociedad civil goza de personalidad
jurídica, y ello se deduce del artículo 1669 CC. Contraviene así la concepción romana
pero se adapta mejor a una economía más desarrollada, aunque estemos ante una
683
Señala literalmente este precepto que “La sociedad comienza desde el momento mismo de la
celebración del contrato, si no se ha pactado otra cosa”.
684
Este artículo ya existía en el Proyecto de 1851 (artículo 1573), texto en el que GARCÍA GOYENA
pensaba en una sociedad civil con personalidad jurídica aunque no se determinase de modo expreso, así
como en el Anteproyecto de 1888, donde el artículo 16 gozaba de idéntica redacción, aunque se dirigiera
a las sociedades sin personalidad jurídica. Por lo que, si bien históricamente se ha insertado en el marco
de sociedades con y sin personalidad jurídica, si se incluye dentro de la regulación de sociedades con
personalidad jurídica debe interpretarse de la forma en que lo hacemos, pues su sentido, inserto dentro de
este marco, es evidente. Interpreta este artículo del modo aquí expuesto, PAZ-ARES, C.: comentario al
artículo 1679 CC, dentro de “Comentario del Código civil”, Tomo II, Secretaría General Técnica del
Ministerio de Justicia, Madrid, 1991, p. 1408. En sentido contrario, sin embargo, CAPILLA RONCERO,
F.: comentario al artículo 1679 CC, dentro de “Comentarios al Código Civil y Compilaciones Forales”,
Tomo XXI, vol. 1, EDERSA, Madrid, 1986, pp. 172-173.
276
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sociedad personalista, y por ello la personalidad jurídica no sea tan perfecta como en
Por tanto, toda sociedad civil que no caiga dentro de la órbita del artículo 1669
gozará de personalidad jurídica. Debemos repasar en qué caso se cae bajo su órbita. Y
para explicar dicha cuestión, ya lo hemos visto, se han propuesto una serie de teorías,
expuestas en su momento686, tras cuyo detalle hemos concluido que era la teoría
Tanto por la lógica y corrección de su planteamiento como incluso por su armonía con
los antecedentes históricos del artículo 1669 CC, además de por la gran cantidad de
inconvenientes que evita al intérprete y la seguridad jurídica que aporta (aunque haya
que dar algún paso más que el ofrecido hasta ahora por los defensores de esta idea). Si a
ello unimos el desacierto de las otras visiones propuestas, tal y como hemos expuesto,
Respecto de la sintonía con los antecedentes históricos, cabe señalar que la misma es
685
Es algo que debemos reconocer. Hay, sin embargo, quien incide con mayor dureza en el tema, como
ya comprobamos en los textos de CAPILLA RONCERO. Añadamos, por ejemplo, el comentario de
TORRENTE GARCÍA DE LA MATA, cuando calificaba la personalidad jurídica de la sociedad civil
como “una personalidad balbuciente, rudimentaria, poco diferenciada de las personas de los contratantes”
(TORRENTE GARCÍA DE LA MATA, J.: “Una extraña figura: las sociedades civiles con objeto
mercantil”, Boletín del Colegio Nacional de Registradores, núm. 259, septiembre de 1989, p. 1837).
686
En dicho recorrido dimos de lado a algunas ideas señaladas por cierta doctrina y que no parecían
relevantes para ser tenidas en cuenta, como el extraño comentario que puede encontrarse en la STS 2-12-
1902 recogido por ABELLÁ, que apuntaba que “no pueden estimarse secretos los pactos consignados en
el documento de constitución de la sociedad, por no tener el carácter de reservados” (ABELLÁ, J.:
“Código civil español”, Madrid, 1904, p. 593, nota 2. En el mismo sentido, OYUELOS, R.: “Digesto.
Principios, doctrina y jurisprudencia referentes al Código civil español concordados con los códigos
americanos y portugués”, tomo VII, Cuerpo del Derecho español, Madrid, 1932, p. 72), así como la
opinión de que de la escritura pública se derivaba la publicidad que necesitaba la sociedad para ser
conocida por terceros, pues es falsa.
277
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ente con terceros como norma general (la influencia romana es importante) y otro
modelo de sociedades que sí operaran frente a terceros como tal, aunque excepcionales.
jurídica parece diseñar realmente una especie de sociedad interna687, contrato entre las
partes sin que nazca ente que actúe como tal en el mercado, y el Título segundo una
especie de sociedad externa, pretendida por las partes como externa aunque necesitada
de reconocimiento público expreso para que naciera el ente688. La sintonía de esta tesis
estructuralista con el antecedente histórico más importante parece evidente, pese a que
partes (en las sociedades sin personalidad jurídica éstas se acogen a la forma diseñada
mientras que en el CC la sociedad interna es excepción y la externa regla, fruto todo ello
estructural influye en algo tan relevante como que la sociedad sin personalidad jurídica
se rige por sus normas propias y la sociedad que no obtiene la personalidad, que es
Por otra parte, sintoniza perfectamente esta teoría con la configuración de la sociedad
civil como asociación y, por tanto, con la base que ofrece el artículo 22.3 CE, que
687
Sociedad en la que los contratantes no pretenden actuar en el mercado como ente, pero que es el
supuesto general.
688
Se configuran como externas por las partes, obviamente, pues pretenden gozar de esa personalidad
jurídica, pero necesitan de la intervención pública para ello, algo que no ocurre ahora en el CC.
278
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que no debe interpretarse como medio de garantía de terceros sino como consecuencia
registralmente, porque no se prevé así en su legislación, pero ello sintoniza con esta
para aquellas sociedades en las que las partes hayan incluido cláusulas de ocultación o
implicar a la sociedad, aunque gestionando su interés), que serán las más claras
sociedades internas690, sino para toda aquella sociedad en la que las partes no pretendan
presentarse como ente frente a terceros y la hayan configurado, por tanto, como interna,
algo que resultará perfectamente deducible del pacto social (no por existir de modo
expreso alguna de las cláusulas citadas, sino por ejemplo, porque falta la organización y
la estructuración social para actuar en el mercado como ente, o bien se estructura para
operar de modo que la sociedad no aparezca como ente en el mercado y el actuante o los
Y ello puede ser así originariamente, porque desde el primer momento se pactase así,
contratantes, por lo que en este caso la sociedad pasaría de ser externa a interna, pero en
689
Ni siquiera el conocimiento previo del estado patrimonial es una garantía necesaria para terceros que
resulte justificable, pues en las relaciones entre personas físicas el conocimiento de ese estado patrimonial
corre de cuenta del acreedor.
690
No es exactamente representación indirecta, pues la sociedad, como tal ente, no existe.
279
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todo caso fruto de la autonomía de la voluntad de las partes. Esto puede generar cierta
claro el momento en que se cambia la voluntad de las partes, con todo lo que implica,
por ser el del pacto: pensemos en la sociedad constituida para adquirir por los socios y
gestionar por todos ellos, para poner en común los beneficios, una serie de fincas
rústicas. La sociedad externa se extinguiría, con todo lo que conlleva y del modo
previsto para ello, y surgiría una sociedad interna, también con todo lo que implica.
Las partes celebran un contrato de sociedad interna porque pretenden una puesta en
común de bienes, dinero o industria con ánimo de partir entre sí las ganancias, sin para
ello operar como ente en el mercado. No pretenden crear un ente jurídico (ya que
habrían pactado una sociedad externa) o crear una comunidad de bienes, pues no se
Estas sociedades internas deben pactarse expresamente: la regla general será que toda
sociedad sea, en principio, externa, y toda sociedad externa nace con personalidad
jurídica, atributo natural de la misma, tal y como cabe deducir del propio Código Civil
(artículos 1669 y 1679 CC)691. Esa personalidad será la personalidad básica con la que
nace la sociedad civil, definida en el artículo 38 CC, que alude a la “capacidad para
adquirir y poseer bienes de todas clases, así como contraer obligaciones y ejercitar
691
El artículo 1669 está realmente describiendo a la sociedad configurada como interna, excepción a la
regla general de que toda sociedad civil es en principio externa. Estamos ante la sociedad que
estructuralmente no surge para tener relaciones con terceros como ente, y por ello mantiene reservados
sus pactos y los socios contratan en su propio nombre con terceros, con lo que no aparecerá como tal. En
Derecho alemán no ocurre así, obviamente, porque la sociedad civil no es personificada de modo expreso
(así lo explica KESSLER, E.: “Staudinger Kommentar zum Bürgerlichen Gesetzbuch mit
Einfürungsgesetz und Nebengesetzen”, cit., pp. 312-313).
280
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Será difícil que exista duda acerca de la voluntad de las partes respecto de si la
sociedad pactada es externa o interna, pues en cada caso dicha voluntad se plasmará de
contrato, y son de aplicación, por tanto, los criterios de interpretación de los artículos
1281 a 1289 CC (es difícil que, después de haber acudido a dichos criterios, no
692
Es claramente perceptible que la voluntad de las partes es actuar como ente en el mercado si
comienzan una campaña de publicidad para difundir la existencia de la sociedad civil dedicada a la
cuestión de que se trate, mientras que si las partes se limitan a poner en común unas cantidades de dinero
para realizar una fiesta de despedida de año y repartir las ganancias, actuando uno de los socios en el
mercado en su propio nombre, la voluntad es de creación de una sociedad interna.
693
En el hipotético caso de que ello ocurriera, hay que tener en cuenta que la voluntad del legislador es la
de que la regla general sea la sociedad externa y la excepción la sociedad interna, con lo que la sociedad
interna sólo nacerá si las partes la han deseado así y lo han expresado de modo que sea posible deducirlo
del contrato. Esta opinión no contraviene la gran importancia que concedemos a la autonomía de la
voluntad a la hora de configurar las sociedades, ya que ésta goza de dicha prevalencia, pero siempre
dentro del marco legal establecido y con la concreta inspiración que el legislador quiera imprimir, y si el
marco fuese diferente debe ello tenerse en cuenta a la hora de interpretar el contrato. Pensemos, por
ejemplo, que la voluntad del legislador fuese conceder ese amplio margen de actuación a la autonomía de
la voluntad, pero estableciese como regla la sociedad civil desprovista de personalidad jurídica y como
excepción la sociedad dotada de la misma, siendo necesaria para su existencia el pacto expreso de las
partes en dicho sentido. En este caso cabe señalar que sólo si del contrato social se puede deducir esa
intención de personificar a la sociedad, ésta será personificada, y no en caso contrario. Y no parece
atentarse a esa relevancia de la autonomía de la voluntad, sino simplemente se trata de encuadrarla en el
lugar que le corresponde. Pensemos, además, que si en último término somos incapaces de saber si la
sociedad es interna o externa, estamos ante un dato de vital importancia atinente al objeto del contrato,
pues afecta al nacimiento o no de un patrimonio social y a la propia vida de la sociedad, y en ese sentido,
el artículo 1289 CC asume, en último término, la nulidad del contrato, solución ésta que resulta
excesivamente traumática, teniendo en cuenta sus efectos, y que no tenemos por qué asumir si el
legislador ha optado por configurar la personalidad de la sociedad civil en un sentido concreto. Diferente
hubiera sido que el legislador hubiese dejado total libertad a las partes para configurar a la sociedad civil
con o sin personalidad jurídica, pero ninguna de esas situaciones fuese regla general ni excepción: en
dicho caso extremo sí que no tendríamos elemento alguno para decantarnos por la personificación de la
sociedad o por su falta de personalidad jurídica, con todo lo que ello conlleva.
281
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Por ejemplo, imaginemos que se celebra un contrato de sociedad civil, pero las partes
no tienen interés en que dicha sociedad actúe como ente frente a terceros y no se dota de
varios o a todos, a operar en su propio nombre cuando sea necesario tener contacto con
algún tercero. Los socios pretenden rentabilizar una explotación agrícola entre ellos,
repartiendo gastos, pérdidas y ganancias, pero sin operar como sociedad. Esta sociedad
será existente como tal contrato, pero existe interés en no aparecer como tal ente frente a
terceros, porque el interés lo satisfarán perfectamente sin dicho contacto como norma
general, por lo que mantendrán reservados sus pactos y su propia existencia y, para
evitar aparecer como ente en el mercado, si es necesario contratar, los socios contratarán
propia configuración que se imprimió al pacto. Configuración que excede de las meras
deducir el carácter interno o no de la sociedad pactada. Por ello, la regla general será
que toda sociedad es, en principio, externa, salvo que se configure como interna694. Y el
694
La importancia de la autonomía de la voluntad es vital. Ésta puede llegar hasta a provocar una
separación patrimonial en la sociedad personificada, derogando inter partes la responsabilidad que diseña
el artículo 1698 CC (incluso frente a terceros del modo que estudiaremos). Y si en algo la autonomía de la
voluntad no regula la cuestión oportuna, debemos integrar dicha falta con la regulación legal existente
(por ejemplo, que no se haya diseñado un órgano de administración por los socios).
282
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Por tanto, nos integramos plenamente dentro de esquemas estructuralistas695. Por otra
diferentes, y para adquirir la personalidad jurídica no, pero para esta segunda situación
hubiese sido diligente, y en algún caso, incluso el consentimiento. Pero son dos
cuestiones diferentes: una sociedad interna cuya existencia termine siendo conocida por
el tercero al contratar puede oponerle algún pacto cuando manifieste su existencia. Pero
695
Debemos reconocer que no en todo momento hemos defendido esta postura del modo exacto en que lo
hacemos ahora: en cierto trabajo anterior (“Sobre la personalidad jurídica de la sociedad civil”, cit., p. 5)
nos acercábamos a la posición estructuralista que ahora defendemos como la más acertada, pero además
dejábamos abierta la posible inclusión, dentro del artículo 1669, de otras sociedades en las que de alguna
forma se tuviera en cuenta no sólo la voluntad de los socios, sino su conducta posterior. Estudiando con
cierto detenimiento la cuestión estimamos que tener en cuenta la conducta posterior de los socios es
fuente de grave inseguridad y no resulta una interpretación armónica y congruente con la propia letra del
precepto, pues el celebrar contratos en su propio nombre con terceros, realmente, como estudiaremos, no
es más que una consecuencia de la configuración pretendida por las partes. Por ello, debe minimizarse su
importancia y no caer en argumentaciones que conduzcan a problemáticas consecuencias, como sería toda
argumentación que exigiese valorar la conducta posterior de las partes. Debemos, por tanto, criticar
aquella posición apuntada entonces y corregirla ahora, para que nuestro sistema sea totalmente acertado.
Ello no obsta para que pueda existir un pacto modificativo del carácter de la sociedad, incluso
manifestado primordialmente por medio de los actos de los socios, para que exista modificación del
carácter de la misma. Pero es otro tema.
283
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voluntad debe tener ciertos límites696. Además, con este artículo la intención principal
era ser riguroso desde el punto de vista técnico-jurídico y no proteger a esos terceros
que nunca tuvieron posibilidad de conocer esa apariencia de cotitularidad que puede ser
riguroso con esa configuración: un patrimonio en común que no tiene una sociedad
como propietaria no es más que una comunidad entre los aportantes. Y a esta sociedad
pretende no tener relaciones como tal sociedad con terceros697. En cualquier caso,
tanto, los socios que gestionen el interés común celebrarán los contratos en su propio
696
Las partes configuran la sociedad civil como estiman oportuno, con o sin personalidad jurídica, y
pueden pactar “desnaturalizaciones” de ese carácter personalista que el CC reserva para la sociedad civil.
Por ejemplo, pactos que eviten la responsabilidad de los socios del artículo 1698 CC, o que modifiquen
las causas de extinción del artículo 1700 CC o eviten la aplicación de alguna de ellas. Pactos válidos entre
ellos y perfectamente vigentes. Sin embargo, para que pudieran ser operativos respecto de terceros en
general, debido a que no existe un registro donde inscribir estas sociedades y que dicha configuración
resultase cognoscible por todos, debe ponerse en conocimiento de cada tercero con el que operan y, en su
caso, que éste consienta dicha operatividad (caso de las limitaciones de responsabilidad). Por ello, pese a
que las partes pueden celebrar este tipo de pactos, no resultan operativos de modo general en el mercado y
la sociedad no puede operar como se ha pactado frente a todos salvo que lo manifieste sistemáticamente
cada vez que contrata. De lo contrario, sería necesaria la existencia de una inscripción registral para ello.
En general debe acudirse a la regulación del CC, que es la que “espera” el tercero que conoce que está
frente a una sociedad civil pero no tiene acceso a sus pactos configuradores y nadie le ha puesto en
conocimiento, ni pudo hacerlo él, de la existencia de ningún tipo de pacto que altere ese diseño.
697
Otras denominaciones nos parecen erróneas o de menor interés: así, por ejemplo, no es exactamente
una “sociedad secreta”, pues la cuestión relevante es de configuración y una sociedad puede ser
perfectamente interna sin ser secreta (como ocurre con la cuenta en participación mercantil), ni oculta, así
como tampoco irregular, que sugiere la presencia de defectos formales. Es interna porque las partes no
quieren que surja un ente moral del contrato, desean que éste se mantenga en un plano interno entre ellos,
y esa voluntad se manifiesta de modo expreso (pactando cláusula de secreto o de “representación
indirecta” o alguna otra expresa, o estableciendo una configuración oportuna) o bien de modo tácito.
284
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nombre (no podía ser de otra forma: no existe ente, no pueden sino contratar en su
relaciones con terceros como tal ente, y de dicha configuración se deriva que sus pactos
se reserven entre los socios y éstos contraten con terceros en su propio nombre, con la
intención de que la sociedad no actúe como ente en el mercado. En Francia, desde 1978,
las sociedades civiles se personifican tras su inscripción registral, algo que permite dejar
derive una persona jurídica o no. Pero a la hora de saber qué sociedades no se llevan al
registro, los redactores de la ley francesa tenían en mente aquellos supuestos en los que
sociedad, bien porque las partes no lo necesitan para satisfacer sus intereses, bien
En nuestro país no existe la sociedad sin personalidad jurídica que pretenda operar
sociedad interna la sociedad oculta que se diseña en Derecho italiano, donde se piensa
698
En concreto, se tenían en mente los casos de gestión de ciertos bienes familiares y de los pequeños
negocios agrícolas, en los que la personificación no aporta nada sustancial para satisfacer los intereses de
las partes (sobre esto, vid. BEZARD, P.: “Sociétés civiles...”, cit., núm. 278, p. 125).
285
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más en la existencia de una sociedad perfectamente constituida y que actúa como tal,
5.3. Circunstancias a las que alude el artículo 1669 CC: la sociedad interna plasmada en
este precepto
Una vez repasada la concepción que estimamos más acertada, siempre basándonos
presupuestos que destaca el precepto para aludir a estas sociedades. Éstos, como hemos
sociedad, sociedad interna. Procede, por tanto, detenerse en cada uno de ellos y ver si es
la suya la mejor redacción posible o sería interesante propugnar la reforma del precepto.
El primer factor al que alude expresamente este artículo es que los pactos
permanezcan secretos entre los socios. Exige, por tanto, una conducta por parte de
699
En este sentido, es perfectamente comprobable si se repasan los principales trabajos doctrinales al
respecto. Vid. BRACCO, B.: “Le società commerciali non manifeste”, Milano, Dott. A. Giuffrè Editore,
1938; BIGIAVI, W.: “L’imprenditore occulto”, Padova, CEDAM, 1954; BIGIAVI, W.: “La sentenza c.
d. di estensione del fallimento alla società oculta”, Rivista di Diritto Civile, 1956-I, pp. 336-371;
BIGIAVI, W.: “L’imprenditore occulto nella società di capitali e il suo fallimento “in estensione”, en
Scritti in ricordo di Ferdinando Salvi, Incola Zanichelli Editore, Bologna, 1960, pp. 51-83; BIGIAVI,
W.: “Difesa dell “imprenditore occulto””, Padova, CEDAM, 1962; PAVONE LA ROSA, A.: “La teoría
dell “imprenditore occulto” nell’opera di Walter Bigiavi”, Rivista di Diritto Civile, 1967-I, pp. 623-686;
BIGIAVI, W.: “Imprese di finanziamento come surrogati del “socio tirano” – Imprenditore occulto”, en
Scritti in memoria di Alessandro Graziani. Impresa e società, vol. I, Morano Editore, 1968, pp. 79-133. a
modo de resumen general, y aunque defienda posturas diferentes de las nuestras, vid. TENA PIAZUELO,
286
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todos los socios: la intención es la de que esos socios hayan decidido que no sólo el
contenido, sino la mera existencia de ese pacto social no sea conocida por terceros. “La
afirmación, pues, además, debemos determinar exactamente a qué tipos de pactos alude,
teniendo en cuenta, en primer lugar, que dependiendo de la visión que se tenga del
artículo 1669 la solución será diferente, sobre todo teniendo en cuenta que no se aclara
realmente nada de modo definitivo por parte del legislador701. En segundo lugar,
además, esos pactos constitutivos no son los únicos pactos que pueden existir en el seno
de la sociedad civil, sino que caben otro tipo de pactos, posteriores, entre los socios que,
igualmente, pueden pretender cierta reserva, incluso con cierta operatividad, que no
sean encuadrables dentro de la órbita del artículo 1669 CC, y deben ser diferenciados de
defienda respecto de las sociedades que se encuadren dentro del artículo 1669 CC, y
I.: “El contrato de sociedad civil y las sociedades irregulares en los derechos español, francés e italiano”,
ADC, 1999-IV, pp. 1478-1480.
700
GONZALO DE LAS CASAS, J.: “Aplicación práctica del CC español a todos los actos y contratos
que comprende formulados según deben redactarse ó comentario teórico-práctico general del mismo”,
Oficina de la Gaceta del Notariado, Madrid, 1889, p. 601.
701
Así, señalaba FALCÓN que “Para su constitución (de la sociedad) sólo se requieren las personas
capacitadas para obligarse, y que den publicidad al pacto que forman libremente para que públicamente
conste el nacimiento de la nueva personalidad jurídica. Exige con tal rigor la ley esta publicidad, que
niega personalidad jurídica a toda asociación que mantenga secretos sus pactos; pero no determina el
modo de dar cumplimiento a esta publicidad. Ignórase que lo mismo, porque el código no lo ha resuelto,
si se entenderá bastante publicidad la de los anuncios, prospectos, carteles, rótulos y demás medios a que
ordinariamente se recurre para hacer notorio un hecho de esta naturaleza. Y la ley no ha prescrito una
forma general de publicidad, porque no podía imponer una misma a toda clase de sociedades. No podría
imponer, por ejemplo, la inscripción en los Registros o la publicación en la Gaceta de la escritura
constitutiva de la sociedad, porque no toda sociedad se constituye en Derecho civil por medio de una
escritura pública” (FALCÓN, M.: “Código civil español”, Tomo IV, Ed. Góngora, 1889, pp. 313-314).
287
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aquellos que permanezcan reservados entre las partes de tal modo que la propia
Tampoco pueden ser, por otra parte, equiparados a los posibles pactos reservados en
cada caso: el pacto reservado al que alude la legislación mercantil es el pacto celebrado
por todos o algunos de los socios de una sociedad perfectamente constituida y que no se
plasma en la escritura social que accede al Registro. Pero la sociedad existe, disfruta de
El secreto, por tanto, es algo pretendido por las partes al no configurar a la sociedad
reservados entre los socios generalmente, pues la sociedad no operará como tal ente. Por
lo tanto, no cabe que el secreto del que habla el artículo 1669 afecte únicamente a
702
La escritura pública no garantiza la publicidad de los mismos. Ello se puede deducir de la lectura del
artículo 32 de la Ley Notarial, que prohíbe extraer del edificio en que se custodien ni la escritura matriz ni
el libro protocolo, ni siquiera por decreto judicial u orden superior, salvo para trasladarlo al archivo
correspondiente o en casos de fuerza mayor. El artículo 274 del Reglamento notarial, por su parte, es
claro: “los protocolos son secretos”. Sin embargo, alguna sentencia equiparó pacto secreto al no elevado
a escritura pública, como la STS 19-1-1976, que señalaba expresamente que los pactos sociales eran
secretos al no constar en forma pública.
288
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algunos de los pactos, como planteaba BLASCO GASCÓ703, ni siquiera a todos pero
que no se presentará como tal al operar en el tráfico. Existirá sociedad como contrato
pero no como persona jurídica, que es lo que se deduce del artículo 1669 CC. Pese a que
comentario al señalar que el artículo 1669 no exige una publicidad total y absoluta del
se hubiese diseñado algún tipo de registro donde inscribir las sociedades civiles704.
Tampoco se refiere esta redacción a aquellos pactos que sean alcanzados por las
existiendo la sociedad como ente externo705, donde la cuestión será de falta de posible
Desde nuestro punto de vista debemos derivar el pretendido secreto de estos pactos
predisposición de esa sociedad para no tener relaciones con terceros como tal sociedad.
Entendemos que deben encuadrarse aquí aquellos casos en los que a los terceros no
resulta posible conocer que contratan con una sociedad, precisamente porque la
703
BLASCO GASCÓ, F.: Los contratos societarios, cit., p. 808.
704
SCAEVOLA: comentario al artículo 1669 CC, cit., p. 780.
705
Por ejemplo, existe una sociedad civil que opera como tal en el mercado, y las partes, o alguna de
ellas, alcanzan determinado pacto al margen del contrato constitutivo o estatutario. El matiz es
importante: la sociedad como ente existe y opera como tal, y al margen de ello, existe este pacto en
cuestión. Imaginemos que la sociedad X opera en el mercado como tal sociedad, e incluso ha sido inscrita
en el Registro mercantil bajo la vigencia de la reforma citada de 1998. Pero al margen de lo que se
disponga en dicha inscripción, las partes han acordado un reparto en las ganancias diferente del allí
289
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sociedad se ha configurado como interna. Por ello, se encuadran aquellos casos en los
que la sociedad permanece desconocida para terceros como tal, pero no aquellos donde
se sabe que existe sociedad aunque sus pactos permanezcan secretos total o
parcialmente, pues en dichos casos la sociedad se muestra como tal en el tráfico, aunque
parezca contradecir el tenor literal del artículo 1669, en el primero de los casos706. Es
pactos o sólo alguno de ellos se mantengan reservados entre las partes, estamos
realmente ante otro problema, que es el de la falta de oponibilidad de los mismos, pero
no dentro de la órbita de acción del artículo 1669 CC. Aludimos a aquellos pactos
celebrados al margen de la vida social reglada, pero conectada con la misma, que
permanecen reservados entre los contratantes que los han celebrado y no llegan a
de modo específico o genérico, o no pretenderlo, pero en todo caso saben que existe una
expuesto, por ejemplo, pretendiendo que nadie lo conozca. Ese pacto estará al margen de la vida reglada
de la sociedad, y no será encuadrable dentro de los pactos a los que alude el artículo 1669 CC.
706
Así, la STS 13-3-1930 indicaba que las prescripciones del párrafo primero de este artículo (1669),
inspiradas en la necesidad de que sean conocidos todos los pactos de las sociedades civiles, se refieren
exclusivamente a los socios,...... Desde nuestro punto de vista, no es ésa la filosofía inspiradora del
artículo 1669 CC, que no debe pretender que los terceros conozcan todos los pactos reguladores de la
sociedad, sino que conozcan que se contrata con una sociedad que opera como tal.
707
En este sentido, SCAEVOLA indicaba que era necesaria la publicidad de los pactos constitutivos, pero
ello no quería decir que debieran conocerse con todo detalle, sino que era suficiente un conocimiento
superficial y bastando con que lo sean únicamente en lo que afecta a terceros, pues aquellos otros de
carácter adjetivo que afecten únicamente a los socios y no rocen los elementos esenciales del contrato,
no es necesario que sean públicos (SCAEVOLA: comentario al artículo 1669 CC, cit., p. 780). Incluso si
nos moviésemos en parámetros no estructuralistas, debemos concluir que en este supuesto no estamos
ante una sociedad con pactos secretos, pues se manifiesta como tal frente a terceros. Como vimos, será la
situación más frecuente, que operen sociedades civiles conocidas como ente, pero de las que se
desconozcan sus pactos reguladores, por propia configuración de la publicidad en su regulación.
290
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Por otra parte, debemos resaltar que estos pactos que pretendemos diferenciar de los
que menciona el artículo 1669, pese a conectarse con la actividad social709, se celebran
al margen de los pactos constitutivos. Sin embargo, esta idea que ofrecemos de pacto
inscrita en el Registro, los pactos reservados serán los que no consten registralmente
pero existen, según se deduce de artículos como el 119 del C de c, 7 LSA o 11.2 LSRL.
708
Por ejemplo, imaginemos que una sociedad civil opera como tal en el tráfico jurídico (no es sociedad
interna, lo que provoca que no sea afectada por el artículo 1669 CC), y entra en contacto con un tercero a
la misma, que solicita información sobre las normas reguladoras de dicha sociedad, con objeto de
conocer, al menos someramente, su situación antes de tener relación con la misma (por ejemplo, sobre
cuestiones patrimoniales, ya que no se conocen bienes inmuebles a su nombre, y el tercero que entra en
contacto está interesado en este dato, así como sobre pactos concretos en lo tocante a reparto de
beneficios, porque también es acreedor de un socio, y le interesa conocer dicho dato). En dicha sociedad
puede existir, por ejemplo, un pacto en el contrato constitutivo por el que se fijan las proporciones
necesarias para realizar el reparto de beneficios entre los socios. Sin embargo, de modo ajeno a dicho
pacto, las mismas partes fijaron otra proporción diferente sin modificar el pacto “oficial”, con la intención
de que nadie tuviese conocimiento del mismo. A la hora de exponer a ese tercero los pactos sociales que
se estiman de interés de esa sociedad, directamente, se le describe un análisis general que obvia dicho
dato, o, incluso el tercero, ante la falta del mismo, se interesa por él y se le hace partícipe del dato tal y
como consta en el contrato constitutivo, y no conforme a ese acuerdo al que han llegado las partes
posteriormente. Ese pacto debe considerarse secreto, sin que deba operar el artículo 1669 CC, sino que el
problema será de inoponibilidad frente al tercero de dicho pacto concreto (pensemos que la existencia de
este pacto no le dejaría indiferente, como acreedor que es).
709
Los pactos que nos interesan serán aquellos que puedan resultar relevantes para la actividad social
desempeñada por la sociedad civil, ya que si el pacto se celebra, pero nada tiene que ver con el objeto
social no nos interesa a la hora de valorar posibles influencias respecto de contrato constitutivo. Las
partes en una sociedad tienen su vida privada y profesional al margen de la misma, y nada impide que
lleven a cabo los pactos, totalmente ajenos a la actividad de la misma, que estimen oportunos al margen
de la sociedad, incluso entre socios. Por ejemplo, pensemos en la celebración de un contrato de
arrendamiento de una finca rústica entre dos socios de una sociedad civil que no está vinculada a la
291
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pacto, haya sido celebrado entre todos o sólo entre algunos de los socios712.
El segundo factor al que alude el artículo 1669 CC es el de que cada uno de los
socios “contrate en su propio nombre con los terceros”. Esto será consecuencia del
como ente en el mercado porque no existe, por lo que deben contratar los socios en su
actividad de dicha sociedad. En ese caso, estamos ante un pacto que, realmente, no nos resulta de interés
para nuestro estudio, como fácilmente puede comprenderse, pues no se conecta con la actividad social.
710
Pactos que contravengan algún apartado del pacto estatutario. Si se celebraron entre todos los socios,
realmente estamos ante una modificación del pacto regulador, aunque será inoponible a los terceros a la
sociedad, en la medida en que se mantiene reservado entre los socios. Pero si se celebraron entre algunos
socios no es así, y choca la libertad contractual de los particulares con los límites dentro de los cuales
pueden éstos moverse, por haber pactado un contrato de sociedad o haberse integrado en ella. Su validez
dependerá de si esa contradicción es en un dato relevante o fundamental para la esencia o actividad social
o no es así, algo que debe valorarse caso por caso: en este último caso el pacto será válido entre dichas
partes (imaginemos, por ejemplo, que existe una proporción pactada sobre los beneficios y pérdidas y dos
contratantes fijan otra alternativa para que opere únicamente entre ellos). Si estamos ante un dato
esencial, sin embargo, las partes estarían faltando a su deber de fidelidad con la sociedad y contraviniendo
el pacto social existente (por ejemplo, esas partes pactan no cumplir alguna o todas las obligaciones
esenciales que les incumben respecto de la sociedad). Como los contratantes conocen dicha contradicción,
es evidente que los motivos que les inspiran al faltar a ese deber citado pueden elevarse a la categoría de
causa y podemos considerar nulo el pacto, ante la ilicitud causal existente (artículo 1275 CC).
711
En este caso parece perfectamente lógica la operatividad inter partes del pacto.
712
Obviamente, estos pactos también pueden celebrarse entre los socios de una sociedad personificada.
Imaginemos que varios socios de la sociedad se comprometen a distribuir entre ellos las ganancias del
modo en que decidan, diferente del pactado en el contrato social.
292
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sociedad en la que los pactos se mantienen reservados entre los socios en el sentido
no lo sea, pues no existe una persona representada como tal, cuestión en la que nos
indirecta “cuando el agente o gestor actúa en su propio nombre con el tercero con quien
ajeno, y sólo de modo indirecto, a través de una actividad posterior del gestor, repercute
713
La sociedad no goza de personalidad jurídica, por lo que no existe representado como tal. El socio
actúa gestionando los intereses de la sociedad interna, que es como decir el interés común de los socios,
entre ellos él mismo (pero común, no el interés particular de cada uno de ellos). Otra nota, además, viene
a enturbiar esa posible configuración de la situación dentro del ámbito de la representación, y es que el
socio presunto representante no gestiona intereses ajenos a los suyos, sino que estos intereses también son
sus intereses, él no es extraño a ellos. Por otra parte, tampoco es exacto que se produzcan en todo caso
efectos en el patrimonio del actuante, pues éste gestiona los intereses de la sociedad interna, y el supuesto
general será el de que la misma interiorice la operación directamente, aunque frente al tercero sea el
actuante, como particular, el que opera.
714
En nuestro país se suele aludir en todo caso como ejemplos al artículo 1717 CC, así como al artículo
246 C de c., supuestos ambos de representación indirecta stricto sensu.
715
DÍEZ-PICAZO, L.: “La representación en el Derecho Privado”, Ed. Civitas, Madrid, 1992, p. 45.
716
En este sentido, GASPAR ALFARO, J.: “La representación indirecta”, en “Estudios de Derecho
Privado” dirigidos por ANTONIO DE LA E. MARTÍNEZ-RADÍO, vol. I, Ed. Revista de Derecho
Privado, 1962, p. 313. La representación indirecta resulta perfectamente encuadrable dentro de la órbita
más general de la representación (DÍEZ-PICAZO, L.: “La representación....”, cit., pp. 46-48), pues, pese a
que no existirá relación jurídica entre representado y tercero, tiene en común con la representación directa
la base sustancial del fenómeno, esto es, “el interés por un interés ajeno, al que se une la ajeneidad del
negocio concluido por el representante” (PUGLIATTI, S.: “Studi sulla rappresentanza”, Milano, Dott. A.
Giuffrè Editore, 1965, p. 402).
293
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En el caso que nos ocupa se actúa por cuenta de una sociedad que no existe como
terceros, y como no actuará como ente, lo hará el socio, que para actuar en sintonía con
Esta forma de operar no debe confundirse con la citada en el párrafo segundo del
artículo 1698 CC719: éste señala que “la sociedad no queda obligada respecto a tercero
por actos que un socio haya realizado en su propio nombre o sin poder de la sociedad
para ejecutarlo; pero queda obligada para con el socio en cuanto dichos actos hayan
calificar de sociales, pero que se contraen por cuenta de los intereses de la sociedad720.
Puede, por tanto, darse el caso de que el socio celebre algún contrato en su propio
nombre, y que ese contrato produzca esos efectos que aquí se pretenden aclarar. Por
ello, cuando un socio celebra un contrato en su propio nombre con alguien ajeno a la
sociedad, no necesariamente entra ya la propia sociedad bajo la órbita del artículo 1669
CC, sino que para que ello ocurra dicha actuación en el mercado debe ser fruto de la
configuración como interna de la sociedad civil, que será la causa de que se contrate de
La diferencia entre ambos casos está en que, en el supuesto del artículo 1669, el
tercero que contrata con el socio no tiene la posibilidad de conocer que existe una
717
Salvo que no sea un socio el que actúe, sino un tercero que profesionalmente gestiona el interés social.
718
De hecho, hay quien ha defendido su presencia, como TENA PIAZUELO, I.: “El concepto de
sociedad civil irregular......”, cit., pp. 329-340, expresamente p. 333.
719
En este sentido, GULLÓN BALLESTEROS, A.: “Curso de Derecho Civil...”, cit., p. 356.
294
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sociedad y que está contratando con ella, pues la sociedad es interna y se conducirá del
modo expuesto habitualmente, mientras que en este otro caso es conocida la existencia
porque actúa como ente, sin perjuicio de que el socio haya celebrado el contrato de este
modo tan particular en este caso (para que la sociedad quede obligada por el contrato
celebrado por su socio, debe haberse conducido conforme al artículo 1697 CC721).
ofrecido a este segundo presupuesto ha sido muy diferente. Para los autores que
sociedad: las partes han establecido la reserva de los pactos sociales para evitar que la
PAZ-ARES723, por ejemplo, estima que esta sociedad a la que alude el 1669 no es la
que desarrolla su actividad mediante la representación indirecta, sino que contiene una
cláusula contractual que impide la utilización del nombre del grupo –el expendere
720
CAPILLA RONCERO, F.: comentario a arts. 1697 y 1698 CC, en “Comentarios.....”, cit., p. 516.
721
Este artículo exige, para que la sociedad quede obligada con un tercero por los actos de uno de los
socios, en primer lugar, que el socio haya obrado en su carácter de tal, por cuenta de la sociedad; en
segundo lugar, que tenga poder para obligar a la sociedad en virtud de un mandato expreso o tácito; por
último, que haya obrado dentro de los límites que le señala el poder o mandato.
722
Repasando otras opiniones, quien ha vinculado la adquisición de personalidad jurídica a la inscripción
registral de la sociedad no ha estudiado esta cuestión, porque realmente, para ellos basta con la no
inscripción de la sociedad para considerar que no se adquiere la personalidad jurídica, sin que se deba
valorar conducta posterior alguna de los socios. La obvia, sin más. Los defensores de la doctrina de la
publicidad de hecho, sin embargo, han sobrevalorado esta actuación posterior de los contratantes: el
artículo 1669 no permite calificar a una sociedad en ningún sentido en el momento de formalización del
pacto constitutivo, sino que la actuación posterior de los socios es relevante para concluir la existencia o
inexistencia de personalidad jurídica en el grupo asociativo.
723
PAZ-ARES, C.: voz “Sociedad interna”, cit., p. 6332.
295
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“¿No es obvio, por el contrario, que dicha frase (que cada socio contrate en su propio
nombre con terceros) describe con gran precisión la forma de contratar con los terceros
típica de los socios de una sociedad interna (cfr. art. 241 del Código de Comercio)?”724.
GARRIDO PALMA recuerda que si la sociedad se configura como interna, “si alguna
relación con extraños fuere necesaria, basta con las normas comunes del apoderamiento,
orientación de lo que pretende el artículo 1669: los socios celebran contratos con
terceros, pero para que sea aplicable, además, deben ser secretos entre los socios los
pactos sociales, con lo cual el tercero que contrata con la sociedad no sólo no sabe que
existe, sino que piensa que celebra contrato con un particular, persona que actúa en su
propio nombre. La ligazón se deriva de que la citada conducta se deriva del pacto.
él como tal, sino una actuación consecuente con la configuración pretendida por los
que el primer presupuesto, el del secreto de los pactos, indicio de que su relevancia, de
alguna forma, es menor que la del otro dato a tener en cuenta, ya estudiado.
cualquier tipo de contratos, sino que deben ser, en primer lugar, relacionados con el
contratar vinculando de alguna forma a la misma. Por ejemplo, no será pacto relevante a
724
PANTALEÓN PRIETO, F.: “La personalidad jurídica de las sociedades civiles”, cit., núm. 7, p. 25.
296
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tener en cuenta a estos efectos aquel contrato que celebre algún socio de una sociedad
contrato de agencia con una entidad aseguradora, ya que además de ser socio de la
pactos con terceros de aquellos que interesan al objeto social: por ejemplo, si repara
ciclomotores, que repare el ciclomotor del cliente sin exponer en ningún momento la
factura a su nombre, porque así lo está el negocio, pese a existir el contrato de sociedad
civil con otras personas, contrato cuyo efecto será meramente interno entre las partes.
Repasado el texto del párrafo primero del artículo 1669 CC, debemos plantearnos si
hacer una lectura estructuralista clara, pues los presupuestos en él citados no son sino la
la autonomía de la voluntad de las partes (que no pretenden crear un ente) antes que en
sus consecuencias, como ocurre727. Aún así, la lectura defendida es posible y correcta728.
725
GARRIDO PALMA, V. M.: “Hacia un nuevo enfoque jurídico de la sociedad civil”, cit., p. 771.
726
Y en el primero de los casos expresado de modo deficiente, además, porque esa alusión a los “pactos
(que se) mantengan secretos entre los socios” no va referida literalmente a dichos pactos, como hemos
comprobado, sino, en realidad, a la reserva de la existencia de la propia sociedad.
727
Por ejemplo, un precepto que indicara expresamente que no gozan de personalidad jurídica aquellas
sociedades en las que las partes no han querido constituir una persona jurídica.
728
Hasta tal punto es exacta esa plasmación del artículo 1669 (con su incorrección, citada en nota 213)
que cuando la doctrina alemana se refiere a la sociedad interna alude a que esta sociedad no participa en
el tráfico y actúa a través de un socio que opera en su propio nombre (en este sentido, ULMER, P.:
“Münchener Kommentar zum Bürgerlichen Gesetzbuch”. Band 3. Schuldrecht. Besonderer Teil. 2.
Halbband (&& 657-853), München, 1980, cit., p. 311, KESSLER, E.: “Staudinger Kommentar zum
Bürgerlichen Gesetzbuch mit Einfürungsgesetz und Nebengesetzen”, cit., p. 311).
297
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Por último, una vez repasada la sociedad interna descrita, cabe destacar que en algún
todo caso. Tal es el supuesto de las sociedades de abogados stricto sensu reguladas en el
primero ya adelanta que pueden adoptar cualquiera de las formas lícitas en Derecho,
apartado cuarto da la clave para entender estas sociedades como sociedades externas, al
señalar que los abogados “en las intervenciones profesionales que realicen y en las
minutas que emitan deberán dejar constancia de su condición de miembros del referido
colectivo”. Ello impide que los clientes no conozcan que operan con una sociedad, pese
a que hayan decidido acudir a ella en atención a un abogado concreto, pues es otro tema
relaciones externas como sociedad profesional, tanto con sus clientes como con el
que se pretende configurar esta sociedad como externa, según se desprende del tenor del
precepto citado (los socios no actuarán como los de las sociedades internas, sino como
socios de una sociedad externa que actúa como tal), aunque es bastante matizable que
729
ALBIEZ DOHRMANN, K. J.: “La sociedad de abogados stricto sensu en el Estatuto General de la
Abogacía”, Diario La Ley, núm. 5665, jueves, 28 de noviembre de 2002, p. 3.
730
Una norma de rango reglamentario no puede contravenir la regulación codificada civil, y el CC es
claro a la hora de permitir estos pactos en general.
298
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legalmente, y nos encontramos con algún supuesto en el que no tenemos una sociedad
que pretenda operar como tal, sino a una unión de empresas meramente temporal y con
intención de colaborar entre ellas para realizar una obra, servicio o suministro concreto,
insertables dentro del grupo más general de las uniones consorciales: son las Uniones
o suministro”. El grupo de sociedades es, para algún autor, una “unidad empresarial
El párrafo segundo de dicho artículo 7 no deja lugar a dudas: “La Unión Temporal de
defendemos en nuestra investigación, de que sólo las sociedades donde los socios lo
pretendan gozarán de personalidad jurídica: aquí, el legislador configura este tipo social
como sociedad en la que los socios no pretenden operar como ente en el mercado, sino
731
BOE núm. 137, de 9 de junio de 1982.
732
Definición aportada por MASSAGUER, J.: “La estructura interna de los grupos de sociedades
(Aspectos jurídico-societarios)”, RDM, núm. 192, abril-junio 1989, p. 281.
299
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733
Ejecutarlo no como ente, sino como consecuencia de una colaboración entre personas físicas y
jurídicas. Vid. artículo 8. b y 8. c de la Ley reguladora. El primero indica en su párrafo primero que “El
objeto de las Uniones Temporales de Empresas será desarrollar o ejecutar exclusivamente una obra,
servicio o suministro concreto, dentro o fuera de España”. El segundo indica que “La Unión Temporal de
Empresas tendrá una duración idéntica a la de la obra, servicio o suministro que constituya su objeto, pero
siempre con el límite máximo de diez años...”.
734
Algún otro supuesto de base consorcial, como la Agrupación de Interés Económico, sí que goza de
personalidad (artículo 1 de la Ley 12/1991, de 29 de abril, de Agrupaciones de Interés Económico). La
finalidad de los socios al constituirla, “facilitar el desarrollo o mejorar los resultados de la actividad de
sus socios”, no conlleva ese desinterés por presentarse como ente.
735
Que no se dote de personalidad jurídica debido a su temporalidad y a su actuación para un caso “ad
hoc” no es argumento que sirva para negar su naturaleza, pese a que no es falso lo que se señala: es cierto
que se crea para realizar un trabajo concreto y cuando éste termine se extingue la UTE, pero no es menos
cierto que estamos ante una puesta en común para realizar una actividad y obtener un lucro, y eso es una
sociedad. Como no pretende actuar como ente en el mercado, es una sociedad interna. Que sea temporal y
que se constituya para un caso concreto no es más que describir lo que existe, y que sirve para incidir en
su naturaleza societaria y en su condición de sociedad interna.
736
Palabras textuales de PAZ-ARES, que coincide con la consideración aquí defendida (PAZ-ARES, C.:
Capítulo 55: “Uniones de empresas y grupos de sociedades”, en URÍA-MENÉNDEZ, cit., pp.1324-1325).
737
El artículo 8.e) 1 de la Ley lo exige en la escritura pública que incluya los Estatutos, denominación que
será la de una o varias o todas las Empresas miembros, seguida de la expresión <<Unión Temporal de
Empresas, Ley .../..., número...>>.
738
El artículo 8.d) indica que existirá un gerente único de la UTE, con poderes suficientes de todos y cada
uno de sus miembros para ejercitar los derechos y contraer las obligaciones correspondientes.
739
El artículo 8.e) 5 de la Ley admite su posible existencia.
300
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740
Tal y como establece el artículo 8.e) 8 de la Ley.
741
SSAP Madrid 27-6-1994, Albacete 21-3-1994 y Salamanca 6-5-1997. Sobre ello, vid. EIZAGUIRRE,
J. M. DE: “Derecho de Sociedades”, cit., nota 75, p. 45.
301
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1. Introducción
debemos incidir en que la sociedad seguirá siendo sociedad, pese a que en su régimen
redacción del artículo 1669, cuando las califica expresamente como sociedades (“... Esta
bienes”743).
742
En su momento estudiaremos qué preceptos del régimen de la sociedad civil son de aplicación.
Pensemos que el artículo 1669 remite al régimen de la comunidad de bienes, por lo que hay que valorar la
operatividad de dicha remisión y el papel en que queda el régimen de las sociedades civiles.
743
Seguirá existiendo contrato, vinculante entre las partes, y seguirá siendo de sociedad, pues la
personalidad jurídica no es requisito esencial para la existencia de sociedad.
744
Vid., en este sentido, SSTS 12-11-1915, 23-11-1961 y 19-2-1982.
745
En este sentido, debemos recordar las opiniones contrarias de autores como BONEL Y SÁNCHEZ,
MANRESA, BELTRÁN DE HEREDIA o ALBALADEJO. Señalaba BONEL Y SÁNCHEZ que “...no
hay tal sociedad, habrá comunidad de bienes, habrá apoyo mutuo entre dos personas, habrá cualquier cosa
menos sociedad, porque para que ésta exista, (.........) se hace indispensable que de esa confluencia de
voluntades de varias personas naturales, nazca una persona civil, surta una entidad jurídica...” (BONEL Y
SÁNCHEZ, L.: “Código civil español”, Tomo IV, Libro IV, A. López Robert, Barcelona, 1891, p. 680).
MANRESA indicaba que la remisión era lógica, pues estas sociedades no tienen personalidad jurídica,
adolecen de “ese defecto”, y “no existen legalmente y no son eficaces por ser contrarias a la moral y a los
buenos principios” (MANRESA Y NAVARRO, J. M.: comentario al artículo 1669 CC, cit., p. 408).
302
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que rige las relaciones entre los contratantes, a la hora de rellenar su contenido si fuera
No gozar de personalidad jurídica conlleva, por una parte, limitar los efectos de la
existencia de contrato interno, sin personificación de dicho grupo y, por otra parte, no
disfrutar de las consecuencias que dicha personalidad separada de la de los socios lleva
BELTRÁN DE HEREDIA, literalmente, señala: “si es la sociedad civil la que no cumple el último de los
requisitos exigidos en la ley para que se la pueda reconocer una personalidad jurídica, por estar sus pactos
secretos y contratar cada uno de los socios en su propio nombre, entonces, ciertamente, como dice el
legislador civil, no existirá una sociedad en el estricto sentido de la palabra, sino una comunidad de bienes
que, por las reglas relativas a ésta, deberá regularse (art. 1669 CC)” (BELTRÁN DE HEREDIA Y
CASTAÑO, J.: “La comunidad de bienes en el Derecho español”, cit., p. 75). Leyendo el precepto del CC
se comprueba que, en contra de esta opinión que exponemos, realmente no dice eso el legislador.
A su vez, ALBALADEJO indica que “la sociedad que carece de personalidad jurídica es sólo una
comunidad de bienes” (ALBALADEJO, M.: “Derecho Civil”, Tomo II, cit., pp. 289).
Otros autores son CANO MARTÍNEZ DE VELASCO, J. I. (“La exteriorización de los actos jurídicos...”,
cit., p. 126), o también PUIG PEÑA o PUIG BRUTAU (sobre ellos, vid. TENA PIAZUELO, I.: “El
concepto de sociedad civil irregular...”, cit., nota 3, pp. 197-198). Curiosa la total inexactitud que
demuestran en este sentido algunos autores de nuestra doctrina tributaria, cuando aluden a “La sociedad
civil, muchas veces llamada comunidad de bienes” (en concreto, TATO PLA, F., BENGOECHEA
SALA, J. M. y SIMÓN MARTÍNEZ, J.: “El IRPF de los empresarios y profesionales. Estudio especial de
la fiscalidad de los agentes comerciales”, Editorial de Derecho Financiero, EDERSA, 1997, p. 69).
746
Hay, sin embargo, quien ha pretendido asemejar la sociedad sin personalidad jurídica a la comunidad
en mano común (ESTÉVEZ, J. L.: “La distinción de condominio y sociedad”, RGLJ, 1947, pp. 681-709),
categoría que es defendida por ciertos autores para configurar las sociedades personalistas en general
(EIZAGUIRRE, J. M. DE: “La subjetivación de las sociedades de personas”, cit., pp. 90-94).
747
Algo que debería hacerse incluso analógicamente, tal y como explica PAZ-ARES, C.: comentario al
artículo 1669 CC, cit., pp. 1371-1372.
748
En este sentido, cabe recordar que el artículo 241 C de c, regulador de las cuenta en participación,
indica que “en las negociaciones (...) no se podrá adoptar una razón comercial común a todos los
303
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puede operar con órganos sociales inexistentes, sino que las partes deben apoderar
derivarse del pacto social esa legitimación para actuar en el mercado, pero actuando el
gestor en su propio nombre, no por cuenta de un ente inexistente, que será el supuesto
general750.
ente, pues no goza de capacidad procesal, y por naturaleza carece tanto de legitimación
contrario751. Y así parece ocurrir en nuestro caso: la vigente LEC permite en su artículo
6.1.5 que puedan ser parte en los procesos ante los tribunales civiles “las entidades sin
personalidad jurídica a las que la ley reconozca capacidad para ser parte”752. Es lógico,
pues por naturaleza no gozan de la misma. En el caso que nos ocupa, esa ley de interés
es el artículo 6.2 LEC, que establece que se pueda demandar a aquellas entidades que no
jurídicas (en nuestro caso, no se constituyó como sociedad externa) y están formadas
partícipes, ni usar de más crédito directo que el del comerciante que las hace y dirige en su nombre y bajo
su responsabilidad individual”.
749
En este sentido, STS 10-7-1995 (M. A. 5555).
750
No será lo más frecuente que se apodere a alguien para actuar en su propio nombre pero gestionando el
interés de los socios o de la sociedad interna, pues normalmente ello se derivará del pacto social
constitutivo. Pero los socios de la sociedad interna pueden entender adecuado que una persona concreta
realice una determinada gestión en beneficio de la sociedad interna, aunque actuando, obviamente, en su
propio nombre. Ello no implica que exista pretensión de actuar como persona jurídica, sino de operar en
el mercado del modo propio en una sociedad interna.
751
La demanda debe dirigirse contra todos los socios, tal y como expresa la STS 20-7-1994 (M. A. 6512).
752
Interesante es la crítica realizada a esta remisión legal por MONTERO AROCA, quien señalaba que
“no acaba de entenderse cómo una ley distinta de la LEC puede reconocerles capacidad para ser parte,
siendo aquélla la norma adecuada para el otorgamiento de ese tipo de capacidad” (MONTERO AROCA,
J. y otros: “Derecho jurisdiccional, II. Proceso Civil”. Ed. Tirant lo Blanch, Valencia, 2002, p. 63).
304
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Por tanto, con dicha intención protectora755, se concede esta legitimación pasiva que
parte del tercero, pues de lo contrario dirigirá sus pretensiones únicamente contra
aquella persona con la que contrató. Por último, debemos aclarar la general inexistencia
753
Señala literalmente el artículo 6.2 LEC que “Sin perjuicio de la responsabilidad que, conforme a la ley,
pueda corresponder a los gestores o a los partícipes, podrán ser demandados, en todo caso, las entidades
que, no habiendo cumplido los requisitos legalmente establecidos para constituirse en personas jurídicas,
estén formados por una pluralidad de elementos personales y patrimoniales puestos al servicio de un fin
determinado”. Este artículo es bastante amplio y pretende solucionar el problema, que con la anterior
legislación se planteaba, de si estos entes tenían o no capacidad para ser parte en un proceso (en este
sentido, JIMÉNEZ FORTEA, F. J.: “La capacidad en los procesos para la tutela de los derechos e
intereses de los consumidores”, en BARONA VILAR, S.: “Tutela de los consumidores y usuarios en la
nueva Ley de Enjuiciamiento Civil”, Ed. Tirant lo Blanch, Valencia, 2002, p. 74). Aunque ya entonces
había opiniones más progresivas sobre el tema: así, SERRA DOMÍNGUEZ señalaba que el problema de
estos entes era “a nivel de representación. En cuanto dichas entidades contaran con un representante legal,
o, sin tenerlo, su representante voluntario hubiera sido reconocido por la otra parte extraprocesalmente,
podrían intervenir en el proceso, sin plantear problema alguno de capacidad procesal” (SERRA
DOMÍNGUEZ, M.: “Precisiones en torno a los conceptos de parte, capacidad procesal, representación y
legitimación”, Justicia, 1987, núm. II, p. 303).
754
Es cierto que el legislador parece tener en mente casos donde no siempre se ha tenido claro el disfrute
de personalidad jurídica, como las sociedades irregulares o en formación, más que las sociedades
pretendidas establemente sin personalidad, donde la voluntad de las partes es no actuar como persona.
Pero entendemos que esta legitimación procesal pretende beneficiar al tercero (aunque se piense en otro
supuesto, cierto: se piensa en el caso en que se actúa en el mercado como ente y no se es), y por ello,
sintoniza con esa idea de protección que la utilicemos en nuestro caso. Sobre todo, teniendo en cuenta que
es perfectamente insertable dentro de su regulación. No sería lógico que se reconociera legitimidad activa
a la sociedad interna, pero pasiva no creemos que sea erróneo ni nocivo.
755
En este sentido, SAMANES ARA, C.: “Las partes en el proceso civil”, La Ley, Madrid, 2000, p. 21.
Señala literalmente que “Es una exigencia de justicia no dejar desprotegidos los intereses de quien
contrató con una de estas entidades, lo que se resuelve otorgándoles capacidad pasiva”.
756
No se crea un centro de imputación de relaciones jurídicas diferente de los distintos centros que
conllevan cada uno de los socios, como ocurría con la sociedad personificada. Por ello, puede no ser
305
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que implica la existencia de una sociedad civil sin personalidad jurídica, para, a
jurídica debemos aludir a otros regímenes cuya conexión con nuestro caso puede ser de
interés, porque pueden aportarnos alguna que otra idea sugerente para entender (o
acertado el comentario de MUÑOZ XANCÓ, al indicar que siempre que exista sociedad existirá
“concentración en una unidad jurídica y la eliminación de todo derecho inmediato de los bienes por parte
de los miembros que la componen” (MUÑOZ XANCÓ, J.: “El condominio español en su aspecto
distintivo de la sociedad”, RDP, 1985, p. 961). Empleaba este argumento para diferenciar a la sociedad de
la comunidad, que implicaba “pertenencia de derechos absolutos que otorga el derecho de propiedad a
unas personas físicas”. La falta de personalidad jurídica implica que parezca existir una copropiedad, ya
que no existe ente personificado diferente de los socios (en este sentido, STS 27-4-1973 (M. A. 1873)),
pese a existir la sociedad como contrato. Todo ello ocurrirá así salvo que expresamente la ley determine
una autonomía patrimonial, fijando expresamente la existencia de un patrimonio social pese a no existir
persona jurídica, como ocurrió en nuestro país en los textos de 1851 ó 1888, algo que no ocurre en el caso
de la sociedades sin personalidad jurídica (sobre ello, vid. DELHAY, F.: “La nature juridique de
l’indivision...”, cit., pp. 377-394).
757
Antes de insertarnos en el mismo, es de interés destacar que el artículo 1319 CC, aplicable a cualquier
régimen económico-matrimonial, indica que “cualquiera de los cónyuges podrá realizar los actos
encaminados a atender las necesidades ordinarias de la familia, encomendadas a su cuidado, conforme al
uso del lugar y a las circunstancias de la misma. / De las deudas contraídas en el ejercicio de esta potestad
responderán solidariamente los bienes comunes y los del cónyuge que contraiga la deuda y,
306
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patrimoniales frente a las deudas, algo que puede ser muy interesante en nuestro caso.
Las deudas serán, en sentido estricto, particulares, pero en unos casos se responderá con
unos bienes y en otros casos con otros760. Debemos diferenciar en todo momento la
subsidiariamente, los del otro cónyuge”. Interesante resulta que a estos efectos se vincule, de modo
subsidiario, el propio patrimonio del cónyuge no contratante, además de los bienes particulares del
cónyuge contratante y los posibles bienes comunes que puedan existir.
758
Sobre los tres períodos históricos existentes en su regulación, vid. BENAVENTE MOREDA, P.:
“Naturaleza de la sociedad de gananciales. Legitimación individual de los cónyuges”, Centro de Estudios
Registrales, Madrid, 1993, pp. 29-206, LACRUZ BERDEJO, J. L.: “En torno a la naturaleza jurídica de
la comunidad de gananciales del Código civil”, RGLJ, 1950, I, pp. 8-18 y CANO TELLO, C. A.: “La
nueva regulación de la sociedad de gananciales”, Cuadernos Civitas, Ed. Civitas, Madrid, 1983, p. 11.
759
Esa configuración prosperó históricamente, sobre todo teniendo en cuenta la existencia de la sociedad
universal de ganancias (hoy recogida en el artículo 1675 CC, donde no parecería difícil encajar esta
comunidad). Vid. COSSÍO Y CORRAL, A.: “La Sociedad de Gananciales”, dentro de Tratado Práctico y
Crítico de Derecho Civil, Tomo 50, volumen I, Instituto Nacional de Estudios Jurídicos, Madrid, 1963,
pp. 16-41, y MAGARIÑOS BLANCO, V.: “Sociedad de gananciales y sociedad civil”, Academia
Sevillana del Notariado, Homenaje a Francisco Manrique Romero”, 1989, pp. 301-331.
Tras la reforma de 1981 hay quien habla de que estamos ante una comunidad de tipo económico y no
jurídico (CASTILLO TAMARIT, V. J.: “Aspectos parciales de la reforma del Código civil en tema de
sociedad de gananciales”, RDN, núms. CXXI-CXXII, julio-diciembre 1983, pp. 10-12), quien admite que
estamos ante una comunidad, pero más, mucho más que una comunidad (BLANQUER UBEROS, R.: “La
idea de comunidad en la sociedad de gananciales. Alcance, modalidades y excepciones”, RDN, núm.
CXV, enero-marzo 1982, pp. 7-86), o bien ante una mancomunidad germánica (MARTÍNEZ VÁZQUEZ
DE CASTRO, L.: “Normativa supletoria de la sociedad irregular y de la sociedad legal de gananciales”,
ADC, 1985, p. 43), por citar varios ejemplos de opiniones de interés. Un detallado y sistemático recorrido
por esta cuestión ha sido llevado a cabo más recientemente por GUILARTE GUTIÉRREZ, quien
concluye aceptando la configuración de la sociedad de gananciales como una comunidad proindivisa.
Reacciona así frente a la ya citada configuración como comunidad de tipo germánico y frente a la
configuración societaria (vid. GUILARTE GUTIÉRREZ, V.: “La naturaleza de la actual sociedad de
gananciales”, ADC, 1992-III, pp. 925-928).
760
En los matrimonios donde rija el régimen de sociedad de gananciales, nos vamos a encontrar con tres
tipos de bienes: los bienes privativos de cada uno de los cónyuges, detallados en el artículo 1346 CC, por
una parte, y los bienes gananciales, descritos en el artículo 1347 CC, por otra. Cada cónyuge administra y
307
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patrimonial concreta que deba asumirla, aunque tampoco sea rigurosamente exacto761.
El artículo 1373 CC indica que cada cónyuge responde con su patrimonio personal de
las deudas propias, como criterio general. Sólo si esos bienes privativos no fuesen
suficientes se acudiría a los bienes gananciales del modo expuesto. Para saber qué
dispone libremente de sus bienes privativos conforme a su naturaleza, pero existirán esos bienes
gananciales que deben ser administrados y sobre los que se podrá disponer en su momento, si se estima
oportuno. En defecto de pacto, los artículos 1375 a 1391 CC diseñan un sistema de administración y
disposición conjunta de esos bienes, con las excepciones previstas en algún caso. El campo de actuación
de cada cónyuge individualmente, al margen del pacto expreso, está presente en la “potestad de las llaves
o doméstica” (artículos 1319 y 1362.1 CC), la ejecución de actos urgentes (artículo 1386 CC), la potestad
individual de cada cónyuge para el pleno ejercicio de titularidades fiduciarias que un cónyuge ostenta
para el consorcio (artículos 1384 in fine y 1385.1 CC), así como en el caso de los bienes reservados
(artículo 1384 CC, primer inciso). Y esa gestión individual puede ser disjunta o concurrente (cualquiera
de los cónyuges puede “endeudar” a la sociedad de bienes gananciales) o individual stricto sensu.
761
Es obvio que la sociedad de gananciales no puede ser deudora, al no estar personificada, sino que serán
los cónyuges los que sean deudores, como personas individuales en todo momento, pero debiendo acudir
a según qué bienes a la hora de responder, según sea el tipo de actuación por la que se endeuda. Por
utilizar palabras de MARTÍNEZ VÁZQUEZ DE CASTRO, “en la sociedad de gananciales hay sólo dos
eventuales deudores, pero tres patrimonios que pueden ser responsables: los patrimonios privativos de los
cónyuges (en virtud del art. 1911 CC) y el patrimonio ganancial, directamente responsable de las deudas
consorciales. En otros términos, la sociedad no debe, pero responde” (MARTÍNEZ VÁZQUEZ DE
CASTRO, L.: “Responsabilidad patrimonial de la sociedad de gananciales”, Cuadernos Civitas, Ed.
Civitas, Madrid, 1995, p. 14). Porque no debe ni responde, en sentido técnico estricto, RAGEL
SÁNCHEZ habla de que calificar a una deuda como consorcial o ganancial es una calificación imperfecta
(RAGEL SÁNCHEZ, L. F.: “Ejecución sobre bienes gananciales por deudas de un cónyuge”, Ed. Tecnos,
Madrid, 1987, p. 30). Por tanto, el cónyuge opera en el mercado, y en algún caso responderá de sus
deudas con su patrimonio privativo y en otros serán los bienes gananciales, el patrimonio ganancial, el
que responde de ciertas deudas, idea interesante para meditar en el caso de la sociedad sin personalidad
jurídica. La existencia o inexistencia de patrimonio ganancial en sentido real ha sido tratada por algunos
autores. No se diseña directamente como tal patrimonio, pero en caso de que existan bienes expresamente
separados del resto del patrimonio, adscritos a una finalidad concreta y con peculiaridades normas de
administración, disposición y responsabilidad, estamos hablando de un auténtico patrimonio separado (en
este sentido se ha expresado incluso la DGRN en algunas ocasiones, vid. VELA SÁNCHEZ, A. J.:
“Actuación individual de los cónyuges y responsabilidad ganancial”, Ed. Tecnos, Madrid, 1997, p. 10).
308
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obligaciones debe asumir el patrimonio ganancial, cabe acudir a las obligaciones que
contraigan los dos cónyuges conjuntamente, o uno con el consentimiento del otro
(artículo 1367 CC), las obligaciones contraídas por un cónyuge sin el consentimiento
del otro en ciertos casos762, así como el supuesto del artículo 1370 CC. Si dichos bienes
no son suficientes, es lógico que respondan los bienes privativos del cónyuge deudor.
sociedad interna, estamos ante personas físicas que actúan en su propio nombre,
“patrimonio” (inexistente desde el punto de vista real) para responder ante diferentes
tipos de deudas. Hay que atender al concepto en que se contrajo la deuda para saber si el
deudor responde con sus bienes privativos o con bienes gananciales y si no se puede
cubrir con los mismos, acudir a otros bienes. Pero tengamos presente un dato que
diferencia claramente a este caso del nuestro: en estos negocios existe imagen de la
Por otra parte, también la situación patrimonial en el ámbito de las uniones de hecho
pactos son recomendables, y las normas autonómicas que se van promulgando los
762
En situación normal del matrimonio, en los supuestos recogidos en el artículo 1365 CC, así como en
las obligaciones extracontractuales conforme al artículo 1366. En situación de separación de hecho,
conforme al artículo 1368 CC.
763
Vid. la interesante y temprana defensa al respecto de PANTALEÓN PRIETO, F.: “La autorregulación
de la unión libre”, Poder Judicial, núm. 4, 1986, pp. 119-125.
764
BAYOD LÓPEZ basa la justificación tanto en el artículo 1255 CC como en el artículo 1315 CC
(BAYOD LÓPEZ, M. C.: “Parejas no casadas, capítulos matrimoniales y normas de régimen económico
matrimonial”, RCDI, núm. 626, 1995, pp. 147-148).
309
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terceras personas de las obligaciones contraídas por razón de los gastos comunes, en
Libremente, por tanto, pueden alcanzar el pacto que estimen oportuno, decidiendo,
765
En este sentido, el artículo 3.1 de la Ley 10/1998, de 15 de julio, del Parlamento de Cataluña, de
uniones estables de pareja (BOE núm. 198, de 19 de agosto). También artículos 5.1 de la Ley 6/1999, de
26 de marzo, de las Cortes de Aragón, de parejas estables no casadas (BOA núm. 39, de 6 de abril), 5.1 de
la Ley Foral 6/2000, de 3 de julio, del Parlamento de Navarra, para la igualdad jurídica de las parejas
estables (BON núm. 82, de 7 de julio), 4.1 de la Ley 1/2001, de 6 de abril, de las Cortes Valencianas,
reguladora de las uniones de hecho (DO Generalitat Valenciana núm. 3978, de 11 de abril), 4.1 de la Ley
18/2001, de 19 de diciembre, del Parlamento de las Illes Balears, sobre normas reguladoras de las parejas
estables (BO Illes Balears núm. 156, de 29 de diciembre), 4.1 de la Ley 11/2001, de 19 de diciembre, de
la Asamblea de Madrid, reguladora de las uniones de hecho (BO Comunidad de Madrid, núm. 2, 3 de
enero de 2001), 10 de la Ley 5/2002, de 16 de diciembre, de parejas de hecho de Andalucía (BOJA núm.
153, de 28 de diciembre), 6.1 de la Ley 5/2003, de 20 de marzo, de Parejas de Hecho de la Comunidad
Autónoma de Extremadura (BOE núm. 111, de 9 de mayo), 7.1 y 7.2 de la Ley 5/2003, de 6 de marzo,
para la regulación de las Parejas de Hecho de la Comunidad Autónoma de Canarias (BOE núm. 89, de 14
de abril) y 5.1 de la Ley 2/2003, de 7 de mayo, reguladora de las parejas de hecho en el País Vasco
(BOPV de 23 de mayo).
766
En este sentido, los artículos 3.2 de la Ley 10/1998 catalana, 5.3 de la Ley 6/1999 aragonesa, 5.3 de la
Ley Foral 6/2000, 4.2 de la Ley 1/2001 valenciana, 5.1 de la Ley 18/2001 balear, 4.3 de la Ley 11/201
madrileña, 6.2 de la ley extremeña, 7.3 de la ley canaria y 6.1 de la vasca.
767
En este sentido, los artículos 5 de la Ley 10/1998 catalana, 5.4 de la Ley 6/1999 aragonesa, 7 de la Ley
Foral 6/2000 y 12.4 de la Ley 5/2002 andaluza.
310
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oportuna identidad de razón necesaria para ello, así como tampoco existe una
comunidad por el simple hecho de constituir este tipo de pareja769. Pese a que
teóricamente el TS sigue esta opinión, suele resolver los conflictos inspirándose en las
A la hora de valorar ese pacto expreso de los convivientes, cabe indicar que, además
constitución de una sociedad civil, pero no por existir, sin más, pacto regulador de
relaciones patrimoniales, sino que para ello deben concurrir los requisitos de la misma
deducibles del artículo 1665 CC, expresa o tácitamente771. Dicha sociedad nacería
768
Admite esta posibilidad el TS en Sentencias como las de 18-5-1992 (M. A. 4907), 21-10-1992 (M. A.
8589), 23-7-1998 (M. A. 6131), así como jurisprudencia menor. Dentro de nuestra doctrina, por ejemplo,
MESA MARRERO, C.: “Las uniones de hecho. Análisis de las relaciones económicas y sus efectos”, Ed.
Aranzadi, Pamplona, 1999, pp. 123-126. Sin embargo, la remisión nunca será plena, pues el acuerdo no
tendrá trascendencia frente a terceros: ni los Registros de uniones de hecho ofrecen publicidad a terceros
ni en el Registro de la Propiedad tales bienes en común pueden calificarse como gananciales, sino como
una mera copropiedad.
769
En este sentido, STS 21-10-1992 (M. A. 8589).
770
En este sentido, encontramos que el TS ha aplicado analógicamente estas normas en algunos casos.
Así, en las SSTS 16-12-1996 (M. A. 9020), 27-3-2001 (M. A. 4770, que señalaba que algunos aspectos
del régimen matrimonial se hacían extensivos con moderación), 5-7-2001 (M. A. 4993) o 16-7-2002 (M.
A. 6246). La SAP Asturias 9-10-2001 indica que “es lo cierto que las normas relativas al régimen
económico matrimonial se hallan por hipótesis excluidas del supuesto, pero no las correspondientes a su
ruptura”.
771
Vid. MESA MARRERO, C.: “Las uniones de hecho....”, cit., pp. 128-145. El TS ha seguido esta
concepción. En concreto, SSTS 18-5-1992 (M. A. 4907), 21-10-1992 (M. A. 8589), 11-12-1992 (M. A.
9733), 18-2-1993 (M. A. 1246), 22-7-1993 (M. A. 6274) y 10-12-1993 (M. A. 9894). Más actualmente, la
STS 27-1-2001 (M. A. 1678) también señalaba que por el mero hecho de existir unión no nacía
automáticamente ni comunidad de bienes ni sociedad, sino que para que se pudiera admitir dicha
presencia debía existir pacto expreso, o derivarse de hechos concluyentes.
311
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como ente jurídico, sino poner en común una serie de cosas y obtener ganancia con ello,
interna772.
comunidad que hay quien pretende no incidental, recogida en el CC, sino convencional,
fruto de la autonomía de la voluntad774 (aunque para ello debe admitirse esa posible
figuras híbridas para aludir a la naturaleza del pacto existente777 e, incluso, puede darse
772
En este sentido se expresó la STS 18-3-1995 (M. A. 1962), y en la doctrina alemana se encuentra en
SCHLECHTRIEM, P.: “Schuldrecht Besonderer Teil”, cit., p. 227. Sin embargo, no es totalmente
descartable que las partes hubieran querido operar como sociedad con personalidad. En dicho caso la
sociedad se habría pactado como externa, aunque este supuesto no será el más frecuente.
773
En este sentido, SSTS 2-9-1991 (M. A. 6042), 11-10-1994 (M. A. 7476), 29-10-1997 (M. A. 7341) y
23-7-1998 (M. A. 6131), así como numerosa jurisprudencia menor.
774
En este sentido, MORENO QUESADA, B.: “La comunidad de bienes surgida en la convivencia de
parejas de hecho”, en “Parejas de Hecho. Curso de Verano de la Universidad Complutense en Almería”,
dirigido por HERRERA CAMPOS, R., Academia Granadina del Notariado, Granada, 1996, pp. 70-76.
775
El gran defensor es, salvando los apuntes de ROCA SASTRE, MORENO QUESADA, B. (vid. “La
naturaleza jurídica de la comunidad contractual”, Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad de
Granada, número 10, 1986, 2º cuatrimestre, Homenaje al Profesor Miguel Motos Guirao, pp. 279-292),
así como TRUJILLO CALZADO, M. I.: “La constitución convencional de comunidades: el contrato de
comunicación de bienes”, Ed. Bosch, Barcelona, 1994. Sobre ello, vid. la detallada bibliografía aportada
por LECIÑENA IBARRA, A.: “La sociedad de medios entre profesionales”, cit., nota 62, pp. 41-42.
776
MIQUEL GONZÁLEZ reitera sus ideas en sus comentarios al artículo 392: comentario al artículo 392,
dentro de “Comentarios al CC y Compilaciones Forales”, Tomo V, vol. 2, EDERSA, Madrid, 1985, pp.
32-35, y comentario al mismo artículo, dentro de “Comentario del Código Civil”, Ministerio de Justicia,
tomo I, Madrid, 1993, pp. 1066-1072.
777
Figuras surgidas de la combinación de las normas del régimen de gananciales, comunidad de bienes y
sociedad, como ha ocurrido con las SSAP Granada 4-4-1990, La Rioja 3-4-1992, Córdoba 15-6-1992 y
Pontevedra 6-4-1998 (sobre ellas, vid. LÓPEZ AZCONA, A.: “La ruptura de las Parejas de Hecho.
Análisis Comparado Legislativo y Jurisprudencial”, Cuadernos de Aranzadi Civil, Ed. Aranzadi, Navarra,
2002, pp. 59-60, nota 72).
312
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el caso de que deba recurrirse finalmente a las normas del enriquecimiento injusto y
equidad para resarcir a un conviviente por causa del favorecimiento injustificado del
otro778.
desarrollar su vida personal asumiendo los gastos que ello provoca, algunos comunes y
otros no779. Aunque las partes en algunos casos puedan tener otras intenciones que se
gastos780).
considerados comunes de los convivientes. Algunas leyes autonómicas han optado por
recoger expresamente la solución que más beneficia al deudor y evitar problemas cara a
obligaciones contraídas por razón de los gastos comunes existentes. Responden, por
tanto, con sus respectivos patrimonios personales, algo que puede interesarnos.
las deudas contraídas por uno de ellos para atender a gastos comunes, sin más
778
Aunque en este supuesto hay que recordar el valor residual de esta remisión y la necesidad de que
concurran los requisitos establecidos para ello. El TS se ha hecho eco de ello alguna vez, en concreto en
las SSTS 11-12-1992 (M. A. 9733) y 27-3-2001 (M. A. 4770), así como la SAP Guipúzcoa 25-10-1993,
para desestimar la petición. Cabe recordar que las leyes autonómicas se han hecho eco de ello en sus
articulados (a modo de ejemplo, vid. artículos 13 Ley catalana, 7 Ley aragonesa y 5.5 Ley navarra). Sobre
esta cuestión, en general, vid. CORRAL GIJÓN, M. C.: “Las uniones de hecho y sus efectos
patrimoniales (Parte Segunda: Efectos Patrimoniales)”, RCDI, núm. 664, 2000, pp. 577-580.
779
Gastos comunes son los derivados del mantenimiento de la pareja e hijos convivientes en cada caso
(especialmente gastos de alimentos, conservación o mejora de viviendas y otros bienes de la pareja,
asistencia sanitaria de los convivientes, etc.).
780
La intención de ahorrar costes es cada vez más frecuente al constituir sociedades.
313
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no existe en la sociedad interna781. Si las partes, además, pactaran una sociedad civil al
regular su régimen económico, ésta sería casi siempre una sociedad civil interna.
artículo 102 de la vigente Ley de Arrendamientos Rústicos indica que por este contrato
el titular de una finca rústica cede temporalmente para su explotación agraria el uso y
25 %, como mínimo, del valor total del ganado, maquinaria y capital circulante y
Las partes configuran un contrato por el que frente a la prestación de una de ellas, la
contraprestación debida está representada por una cuota de los frutos, productos o
parece aproximarse a la sociedad interna: estamos ante una actividad realizada con
destinada a la obtención de un lucro para las mismas. Pero operará en el mercado uno de
781
Esa imagen no implica que si se pacta una sociedad sea externa, sino que simplemente queremos
destacar que eso no suele ocurrir en el caso de las sociedades internas.
782
Los debates acerca de su naturaleza jurídica han sido intensos, planteándose distintas posibles
configuraciones sobre la misma: contrato de arrendamiento, contrato de sociedad, contrato mixto de
ambos, uno u otro según la voluntad de las partes o la costumbre de la tierra, contrato atípico, contrato
asociativo (señala COBACHO GÓMEZ que no es un contrato de sociedad, sino un “contrato de tipo
asociativo en le que existe colaboración en el esfuerzo y en los resultados” (COBACHO GÓMEZ, J. A.:
“La aparcería agrícola”, RCDI núm. 550, 1982, p. 669), entre otras (un excelente resumen de las distintas
314
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los intervinientes, que actuará en su propio nombre. Además, de este contrato no nacerá
una persona jurídica, como ocurre en el caso de la sociedad interna, y ello se debe a que
tiene que responder frente a terceros por las deudas que contraiga el aparcero
relacionadas con la actividad desarrollada784, pues el riesgo que él asume es de otro tipo.
con lo cual, por norma general, la duda sobre si puede dirigirse también contra el
partícipe para satisfacer sus pretensiones no surgirá, pero puede que conozca la
existencia del pacto, y entonces es cuando la doctrina citada ha señalado que no puede
exigírsele que responda por dichas operaciones. Y parece lógico que así sea a la luz de
la regulación existente, pues para contravenir el sentido del artículo 1257 CC debiera
preverse expresamente dicha regulación alternativa y no se hizo (no existe, por ejemplo,
un artículo equivalente al artículo 1698 CC, que permita que personas que no son partes
posturas en GÓMEZ LAPLAZA, M. C.: “La aparcería agrícola en la ley de arrendamientos rústicos.
Fuentes y concepto general”, Ed. Tecnos, Madrid, 1988, pp. 60-80).
783
Ni en el sentido de que sólo pueda dirigirse el tercero hacia su contratante (como sucede en la cuenta
en participación), ni en el sentido de vincular a la otra parte en el contrato de aparcería. Cualquier
regulación que pretendiera distorsionar el mandato del artículo 1257 debiera preverse expresamente.
784
Algo expuesto de modo claro por ALBIEZ DOHRMANN, K. J.: “La aparcería industrial...”, cit., pp.
40-46 y 74-76. En esta idea incide también LACRUZ BERDEJO, cuando indica que “El concedente no
viene afectado por las obligaciones asumidas por el aparcero frente a terceros en el ejercicio de la
aparcería, a no ser que le hubiera concedido poder o intervenga ratificación (LACRUZ BERDEJO, J. L.:
Contratos asociativos y parciarios..., cit., p. 305).
315
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Una vez comprobado que existe una sociedad civil que no goza de personalidad
jurídica, y sugeridas ciertas ideas de posible interés extraídas de otros regímenes, hemos
de dar el primer paso y comenzar a estudiar el régimen general por el que se regulará la
Para ello debemos tener en cuenta, de entrada, dos cuestiones muy concretas: en
primer lugar, que esta sociedad no goza de personalidad jurídica debido a que ha caído
bajo la órbita del artículo 1669 CC, pero esos socios realizaron un pacto societario que
En segundo lugar, que el apartado segundo del artículo 1669 remite a una regulación
concreta para estas sociedades, e indica que “esta clase de sociedades se regirá por las
jurídico de estas sociedades que se realiza en el CC: habrá que conjugar, por tanto, esa
régimen. Podría pensarse que el régimen pactado entre las partes rija en el plano
785
Dos partes celebran un contrato por el que existe una colaboración en una gestión, ambos invierten en
la misma, pero frente a terceros operará uno de ellos únicamente, en su propio nombre, y responderá de su
gestión como contratante. Coincide con la sociedad interna tanto en el dato de que el régimen interesa
preferentemente a los socios y no a terceros, como en el modo individual de actuación en el mercado.
316
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incluso quien ha deducido esta consecuencia de la presunta hilazón entre los artículos
Debemos realizar dos concretas aclaraciones iniciales. Por un lado, hay que
distinguir entre la situación existente entre las partes y la regulación frente a terceros
que gocen de un interés legítimo, mientras que por otro lado debemos atender a la
este segundo tema, pues al primero nos referiremos a lo largo del presente subepígrafe.
mientras que la sociedad civil se regula en los artículos 1665 a 1708 CC, régimen
autor de modo bastante fundado, las diferencias entre ambos regímenes no son grandes
las relaciones externas, en la aplicación frente a terceros, donde las diferencias son
786
En este sentido se expresa, por ejemplo, la STS 3-4-1982, cuando limita la aplicación de las normas
sobre comunidad de bienes al sustrato material o fondo común formado por los socios. Además, es
comentario habitual en los autores que no se adentran demasiado en la cuestión, como veremos.
787
El socio tiene facultades para representar a sus compañeros y vincularlos directamente frente a
terceros, mientras que en la comunidad esto no cabe, salvo que los comuneros se confieran dichas
facultades.
788
El comunero tiene la libre transmisibilidad de su cuota, por lo que puede enajenarla a un tercero que
ingresará en la comunidad. En la sociedad, sin embargo, no cabe, en principio, esa libre transmisibilidad
de la participación social.
789
Los acreedores sociales gozan de una preferencia de la que no gozan los acreedores de la comunidad
(o sea, de todos los comuneros).
317
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para tener una idea general acerca del mismo que complete el estudio realizado sobre la
sociedad civil en su momento, y saber a qué régimen remite el artículo 1669. Así, el
artículo 392 indica cuándo existe comunidad de bienes y cómo se regula la misma,
cargas y beneficios se determina en el artículo 393 y debe conectarse con el artículo 395
también792, y en ella debe destacarse, nuevamente, la gran importancia del pacto de las
790
En este sentido, CAPILLA RONCERO, F.: comentario al artículo 1669 CC, dentro de “Comentarios
al Código Civil y Compilaciones Forales”, cit., pp. 48-50.
791
“Hay comunidad de bienes cuando la propiedad de una cosa o de un derecho pertenece pro indiviso a
varias personas. / A falta de contratos, o de disposiciones especiales, se regirá la comunidad por las
prescripciones de este título”.
792
Señala el primero que “El concurso de los partícipes tanto en los beneficios como en las cargas, será
proporcional a sus respectivas cuotas. / Se presumirán iguales, mientras no se pruebe lo contrario, las
porciones correspondientes a los partícipes en la comunidad”. El segundo indica que “Todo copropietario
tendrá derecho para obligar a los partícipes a contribuir a los gastos de conservación de la cosa o derecho
común. Sólo podrá eximirse de esta obligación el que renuncie a la parte que le pertenece en el dominio”.
793
“Cada partícipe podrá servirse de las cosas comunes, siempre que disponga de ellas conforme a su
destino y de manera que no perjudique el interés de la comunidad, ni impida a los copartícipes utilizarlas
según su derecho”.
794
“Ninguno de los condueños podrá, sin consentimiento de los demás, hacer alteraciones en la cosa
común, aunque de ella pudieran resultar ventajas para todos”.
795
“Para la administración y mejor disfrute de la cosa común serán obligatorios los acuerdos de la
mayoría de los partícipes. / No habrá mayoría sino cuando el acuerdo esté tomado por los partícipes que
representen la mayor cantidad de los intereses que constituyan el objeto de la comunidad. / Si no resultare
mayoría, o el acuerdo de ésta fuere gravemente perjudicial a los interesados en la cosa común, el Juez
proveerá, a instancia de parte, lo que corresponda, incluso nombrar a un Administrador. / Cuando parte de
la cosa perteneciere privadamente a un partícipe o a algunos de ellos, y otra fuere común, sólo a ésta será
aplicable la disposición anterior”.
318
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titular sobre ella796, mientras que el artículo 400 prevé la posibilidad de división de la
que existe realmente una comunidad en el seno de la sociedad civil sin personalidad
jurídica798, pero que la remisión del artículo 1669 no se realiza a todo su régimen, sino
sólo a una parte concreta799. PAZ-ARES, autor del anterior comentario, divide este
interpreta que sólo al segundo se entiende realizada la referencia del artículo 1669, pues
796
“Todo condueño tendrá la plena propiedad de su parte y la de los frutos y utilidades que le
correspondan, pudiendo en su consecuencia enajenarla, cederla o hipotecarla, y aun sustituir a otro en su
aprovechamiento, salvo si se tratare de derechos personales. Pero el efecto de la enajenación o de la
hipoteca con relación a los condueños estará limitado a la porción que se le adjudique en la división al
cesar la comunidad”.
797
“Ningún copropietario estará obligado a permanecer en la comunidad. Cada uno de ellos podrá pedir
en cualquier tiempo que se divida la cosa común. / Esto, no obstante, será válido el pacto de conservar la
cosa indivisa por tiempo determinado, que no exceda de diez años. Este plazo podrá prorrogarse por
nueva convención”.
798
“En el plano de la titularidad, hay comunidad. Esto no puede discutirse” (PAZ-ARES, C.: comentario
al artículo 1669 CC; cit., p. 1371).
799
En concreto, PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1669 CC; cit., p. 1373.
800
Artículos 393, 394, 395, 397 y 398 CC.
801
Artículos 399, 403 y 405 CC.
802
Artículos 400, 401, 402 y 404 CC.
319
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derecho real autónomo sobre una cuota del derecho común (no al primero803 ni al
tercero804).
Debemos tener en cuenta, por último, que las opiniones doctrinales generales y las
escasas y no suelen ofrecer una solución acertada a los problemas necesitados de ella.
Así, por ejemplo, encontramos una serie de referencias colaterales o breves de autores
803
En materia de gestión rigen las normas de la sociedad, a veces bastante diferentes de las de la
comunidad de bienes, sobre todo en lo tocante a la administración (por citar un ejemplo, vid. los artículos
395 y 1695.3 CC respecto del distinto valor del abandono en cada caso).
804
El socio no puede pedir la división. El contrato de sociedad obliga a continuar, salvo que concurra
causa que permita disolver el vínculo.
805
SCAEVOLA considera lógica esa remisión al régimen de la comunidad de bienes, aunque para ello
debía existir “base suficiente para demostrar la existencia de esa comunidad” (SCAEVOLA, Q. M.:
“Código civil...”, cit., núm. 365, p. 781).
806
“Claro y evidente –dice este autor- resulta que no pueden regirse (las sociedades sin personalidad
jurídica) por las prescripciones que regulan la sociedad civil, por no tener existencia válida, y en tal
concepto no existe más que la comunidad de intereses de los socios y de las cosas aportadas por los
mismos. Por eso se han de regir por las disposiciones relativas a la comunidad de bienes” (MANRESA Y
NAVARRO, J. M.: comentario al artículo 1669 CC, dentro de “Comentarios al Código Civil”, cit., p.
408). Discutible esa no existencia válida: no existe persona jurídica, pero sí sociedad.
807
Recuerda al estudiar la cuestión que también “las partes puede optar directamente por la comunidad de
bienes”, remitiendo al párrafo segundo del artículo 392 CC (ALBIEZ DOHRMANN, K. J.: comentario al
artículo 1669 CC, dentro de “Código civil...”, cit., p. 116).
808
Distingue, pues “las disposiciones de la comunidad de bienes sólo se aplican frente a terceros, no a las
relaciones internas entre los socios, que se regirán por las estipulaciones contractuales o, en su defecto,
por las disposiciones que regulan el contrato de sociedad; entre los socios se aplican las normas del
contrato de sociedad concertado entre las partes en virtud de su fuerza vinculante; no así a las relaciones
con los terceros a las que se aplicará el régimen de la comunidad de bienes en virtud de lo dispuesto en el
art. 1669”(HERNÁNDEZ GIL, F.: comentario al artículo 1669 CC, dentro de “Comentarios del Código
Civil”, Tomo 7, coordinados por SIERRA GIL DE LA CUESTA, I., Ed Bosch, Barcelona, 2000, pp. 805-
806). En esta idea incide O’CALLAGHAN, cuando señala que “en el aspecto interno, los pactos que
hayan celebrado los contratantes -estos pactos secretos- les obligan con preferencia a la normativa de la
320
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a las que no dedicaremos mayor atención como tales, pues no han aportado sugerencias
de gran calado al debate acerca del régimen jurídico de las sociedades sin personalidad
jurídica.
sin personalidad jurídica desde un punto de vista interno, dejando para el próximo
Ahora debemos incidir en qué es lo que han pretendido exactamente con ello, pues
copropiedad (incluso el propio artículo 392, segundo párrafo, antepone los pactos a la normativa legal)”
(O’CALLAGHAN, X.: “Código civil comentado y con jurisprudencia”, Ed. La Ley, 2001, p. 1751).
809
Considera inevitable el párrafo segundo del artículo 1669, por pura lógica: “Al no existir un sujeto de
Derecho distinto de los socios, el patrimonio adquirido como consecuencia del contrato de sociedad, bien
en el momento en que éste despliegue eficacia interna, bien después pero en aplicación de lo acordado en
el pacto constitutivo, no puede atribuirse a la sociedad, que no existe, sino que debe serlo a los socios de
acuerdo con lo pactado, siempre que el contrato haya alcanzado eficacia interna, o sea, entre los socios. Y
esta situación de pertenencia de bienes a varias personas constituye una comunidad; por ello, es inevitable
el párrafo 2º del 1669” (BADÍA SALILLAS, A.: “En torno a la problemática de la personalidad
jurídica...”, cit., pp. 328-329). Entiende que estas sociedades se regirán por las normas contenidas en el
contrato de sociedad y otros pactos que no infrinjan preceptos imperativos, por los artículos 1665 y
siguientes CC, en lo que puedan aplicarse a una sociedad sin personalidad jurídica, y por los artículos 393
y siguientes CC (BADÍA SALILLAS, A.: “En torno a la problemática de la personalidad...”, cit., p. 329).
810
PUIG BRUTAU incide en el dato de que esa aplicación de las reglas de la comunidad a la sociedad
civil sin personalidad “seguramente no dará a los acreedores de los partícipes más derechos que los
propios de los acreedores de los socios en la sociedad civil”. Además, señala que posiblemente la
sociedad civil no pueda regirse plenamente por las normas de la comunidad de bienes (PUIG BRUTAU,
J.: comentario del traductor a SERICK, R.: “Apariencia y realidad....”. cit., pp. 311-312).
321
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Evidentemente es claro que no desean constituir una persona jurídica para operar en
el tráfico y satisfacer así sus intereses, ya que la sociedad se constituiría como externa, y
pretendida expresamente por las partes, que conocen las consecuencias del negocio.
Nadie pretende constituir un ente y celebra para ello un pacto de sociedad civil interna.
Por otro lado, dichas partes tampoco pretenden constituir una comunidad de bienes
sobre esa masa aportada, ya que no se utilizaría para ello la celebración de un contrato
realización de una actividad común. La intención de las partes no sintoniza con lo que
una sociedad interna operando sobre el patrimonio social de modo instrumental y sin
una posible consecuencia del régimen existente812. Es un dato a tener en cuenta a la hora
811
Además, la comunidad de bienes es una situación de hecho, no se celebra un contrato como tal para
que nazca la misma, aunque se pueda derivar de él, tal y como expusimos en su momento (seguimos la
visión de MIQUEL GONZÁLEZ, frente a las ideas extensamente defendidas por MORENO QUESADA
y TRUJILLO CALZADO).
812
Ni se pretende constituir una comunidad pro indiviso, pues ello supondría una estructuración por
cuotas de cada bien aportado, algo que no se pretende por norma general, ni se pretende constituir una
comunidad de otro tipo, no regulada expresamente en nuestro ordenamiento y que exige una voluntad
clara a la hora de su posible creación.
322
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affectio societatis para entender que no se pretende constituir una comunidad de bienes,
sino una sociedad. Ya apuntamos que no era necesaria para que existiera una sociedad
civil, y ahora reiteramos dicha idea, pues si bien será necesaria la existencia, en las
elemento adicional distinto del consentimiento. Basta con interpretar la voluntad de las
partes y descubrir cuál es ésta para saber qué quieren al celebrar el contrato.
Las partes, realmente, desean aquello que señala el artículo 1665 CC en el sentido
más literal de la expresión: una puesta en común de bienes, dinero o industria con
patrimonio por causa de dicha afección. Y pretenden lograrlo, además, sin para ello
actuar como ente en el mercado, por algún tipo de causa. Una causa que puede ser
tenida en cuenta a estos efectos es la de que los socios pueden no tener intención de
aparecer en el mercado como ente para evitar ser responsables con sus patrimonios
particulares frente a ese tercero con el que contratan (pensemos en la regulación del
artículo 1698 CC), algo que se evitará si el actuante opera en su propio nombre y no
existen problemas de cumplimiento del contrato (si todo se desarrolla de modo normal,
riesgo los patrimonios particulares de los socios, cuya mera existencia será desconocida
por el tercero). El interés por no aparecer como ente puede ser también puramente
813
En este sentido, VÁZQUEZ LÉPINETTE, T.: “La cotitularidad de los bienes inmateriales”, Biblioteca
323
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abiertamente ilegal, por falsear la competencia, por ejemplo, caso en el que el pacto,
realmente, sería nulo por contravenir el artículo 1275 CC). O bien más sencillo: se
piensa que no es necesario tener contacto con terceros para satisfacer sus intereses (el
ánimo de lucro puede ser la intención de autoconsumo), por lo que la puesta en común
no tiene por qué ser conocida por extraños al pacto ni se tiene por qué operar en el
Por tanto, con tan variadas intenciones últimas las partes se pueden valer de la figura
Esto implica que, si bien no nace una persona jurídica, existen unas aportaciones
constituir una comunidad de bienes stricto sensu, pero sí asumen la necesidad de una
entre ellas. Pretenden, como indicaba VÁZQUEZ LÉPINETTE, separar esos bienes
actividad social816. Habrá que determinar cómo se articula esto en el plano real, pero la
324
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Respecto de la relación de los socios entre sí, pese a la remisión del artículo [Link]
CC es básico aplicar el régimen societario pactado por las partes817 (llenando posibles
CC), ya que estamos ante una sociedad civil (que puede coexistir con una comunidad de
817
En este sentido, PANTALEÓN PRIETO, F.: “Asociación y sociedad...”, cit., p. 48. Realmente, las
necesidades de organización interna existentes son muy parecidas a las que se pueden presentar en una
sociedad externa (pensemos en derechos y deberes de los socios, reparto de gastos, pérdidas y ganancias,
administración de la sociedad, etc). Además, en el apartado interno los artículos vigentes, pese a aplicarse
a sociedades con personalidad jurídica, se redactaron teniendo en mente a sociedades sin personalidad
jurídica, y de ahí se deduce que no existan problemas de aplicación a las mismas de dichos preceptos.
Cuestión diferente es la de las relaciones externas de dicha sociedad, pues la organización es diferente, al
no estar predispuesta para operar como ente en el mercado.
818
Dejaremos fuera de nuestro estudio, pues nos ceñiremos al caso general en que piensa el artículo 1669
CC, ciertos supuestos especiales de sociedad interna donde las partes pretenden operar como sociedad
interna, pero pactan de modo expreso un concreto modo de configurar la relación entre ellas diferente del
genérico que tiene en mente el artículo 1669 CC. Por ejemplo, sería el caso en que las partes
expresamente quisieran que todas las aportaciones se mantuvieran, por los socios, en copropiedad, para
gestionar la labor social. En dicho supuesto, cada elemento aportado pasará a ser copropiedad de todos los
aportantes, pues así lo han querido expresamente, y si hubiese algún bien inmueble entre dichas
aportaciones también pasa a ser copropiedad de todos (siempre que se cubra la forma oportuna, claro
está), estando legitimados los otros copropietarios para modificar registralmente dicha titularidad en
virtud del negocio de aportación realizado en dicho sentido (para el que es necesaria escritura pública). En
este supuesto, por causa del pacto expreso, sí que tenemos auténticos bienes en comunidad, con todo lo
que ello implica (a efectos de cuotas y posible ejercicio de tercerías por los copropietarios). En cualquier
caso, es una configuración extraña, pues no sintoniza con el modo de operar de una sociedad interna.
Pensemos en algún otro posible modo de configurar la relación, y sería por ejemplo el caso de que las
partes pactaran expresamente transmitir todas las cosas aportadas a uno de los socios, que actuará como
gestor, y que obrará con dicho patrimonio gestionando los intereses de la sociedad interna (lo admite en
Derecho alemán, aunque desvinculando la transmisión de la propiedad de la transmisión de la
administración efectiva, KESSLER, E.: Staudinger Kommentar zum Bürgerlichen Gesetzbuch mit
Einfürungsgesetz und Nebengesetzen”, cit., pp. 312-313, así como SCHLECHTRIEM, P.: “Schuldrecht
Besonderer Tail.”, cit., p. 233). En dicho caso aparentemente el patrimonio será de ese socio, sin perjuicio
de que los otros socios le puedan exigir la oportuna responsabilidad en su caso. Pero realmente lo que se
pretende también es destinar esa masa al correcto desarrollo vital de la sociedad interna. Inserto en el
contrato configurador de la sociedad existirá, como veremos, un mandato irrevocable por parte de los
socios hacia el gestor, para poder operar con esas aportaciones. Por tanto, esa propiedad “formal” está en
325
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nacen con personalidad jurídica, salvo que las partes configuren expresamente la
por los autores que defendían ideas donde este tema era demasiado relevante como para
soslayarlo (justo es determinar que los autores que defendieron tesis estructuralistas,
dependencia de los pactos originadores (en este sentido, DE CASTRO, F.: “El negocio fiduciario”, dentro
de “El negocio jurídico”, Ed. Civitas, Madrid, 1997, pp. 422-423), que realmente disimulan un mandato
para gestionar los asuntos sociales con dichas aportaciones (alude a la existencia de un mandato para
administrar bienes como negocio disimulado, con lo que ello implica, FUENTESECA, C.: “El negocio
fiduciario en la jurisprudencia del Tribunal Supremo”, Ed. Bosch, Barcelona, 1997, especialmente pp.
209-227). Aunque sí deba protegerse la buena de los terceros que confiaron en la apariencia ofrecida (en
este sentido, ALBALADEJO, M.: “El llamado negocio fiduciario es simplemente un negocio simulado
relativamente”, Actualidad Civil Nº 36, 4 a 10 octubre 1993, Doctrina XXXVI, p. 675). Pasando a otro
tema, cabe incluso que las partes pacten alguna obligación de conducta parcial, como la de quien aporta el
uso de un inmueble, pero legitima al gestor para disponer del inmueble mediante el apoderamiento
oportuno, si estima necesario que ello beneficia el correcto funcionar de la sociedad interna.
En estos casos concretos expuestos, las partes han diseñado un modo de configurar la sociedad interna y a
él habrá que estar. Pero las dudas del artículo 1669 CC se plantean allí donde no existe pacto de este tipo,
que son los casos donde hay que interpretar este artículo correctamente.
819
SCAEVOLA, Q. M.: “Código Civil”, Tomo XXV, cit., pp. 783-785.
326
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artículo 1669 CC, o bien en el caso de que la sociedad actúe en el mercado y después
momento posterior, puede darse el caso de que opere en el mercado y no haya nacido el
patrimonio propio del ente, y esto es fuente de problemas. Si no existe cambio todo es
Nuestro TS, pese a aludir a sociedades irregulares con lo que eso implica, no se ha
temporales820.
820
Es curioso que, siendo las ideas seguidas mayoritariamente por nuestro TS, nunca se haya detenido en
esta cuestión. En su momento estudiaremos cómo el TS aplica el artículo 1669 tras analizar la situación
del caso concreto y comprobar que se daban los requisitos que entiende necesarios, configurando el
objeto de regulación como la sociedad irregular. Y una vez catalogada como irregular esa sociedad, a la
misma se le debía aplicar el artículo, sin más, sin saber de modo exacto, ya que esa teoría debe asumir un
cambio de régimen, si realmente el caso controvertido era anterior o posterior a dicho cambio de régimen.
Este modo de operar sería posible si la concepción defendida por el TS fuese la estructuralista, pero no
puede serlo si la clave reside en la publicidad de hecho o en los defectos formales de la sociedad, porque
entonces hay que fijar un momento a partir del cual se cae bajo la órbita del precepto y deja de gozarse de
personalidad jurídica. En ningún momento se alude a dicho cambio de régimen, ni al momento en que
ello se produce, algo que sería fundamental si tenemos en cuenta que se defiende una postura que
conlleva como consecuencia necesaria esa modificación de régimen a que aludimos.
327
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patrimonio autónomo hasta que exista dicha persona, dato a tener en cuenta también.
Para los defensores de las ideas estructuralistas, ideas que acogemos del modo
821
En el caso de las ideas de DE CASTRO, la sociedad no adquirirá la personalidad jurídica hasta que se
inscriba en el Registro mercantil, por lo que existirá un antes de dicha adquisición (la sociedad civil no es
persona jurídica, con todo lo que eso implica) y un después (la sociedad civil pasa a ser persona jurídica).
Es cierto que ese momento está perfectamente determinado y claro, con lo que problemas de
indeterminación no existirían, aunque subsistirían los problemas de cambio de régimen en sí.
Los autores defensores de la necesidad de publicidad de hecho deben asumir idéntico problema que los
anteriores, pero, si antes el momento del cambio quedaba perfectamente determinado, ahora ya no es así,
y a los problemas que conlleva un cambio de régimen de aplicación hay que unir el dato de la inseguridad
que provoca el momento de inflexión citado. Debería determinarse claramente dicho momento en que la
sociedad no cubre ese requisito de publicidad de hecho, por operar en el mercado sin haber cubierto la
misma, con lo que quedaría bajo la órbita del artículo 1669 CC. Pero es algo que ni siquiera los
defensores de esta teoría han aclarado adecuadamente, como hemos estudiado en su momento. En este
sentido, BADÍA SALILLAS sí apunta la cuestión, aunque no aporte una solución concreta. Su
comentario resulta de lo más gráfico, pese a la inexactitud de dicha observación en lo que toca a la
conversión de la sociedad civil en comunidad de bienes: “Pero, ¿qué ocurre -dice- si luego ésta (la
sociedad que ab initio tiene personalidad jurídica) entra, con su actuación oculta, en el campo de
aplicación del párrafo primero del artículo 1669 ¿Se transformará, entonces, en una comunidad de bienes?
¿Y desde cuándo? Aquí la imprecisión es tremenda”. No le falta razón, como podemos comprobar,
aunque no aporta solución a la cuestión (BADÍA SALILLAS, A.: “En torno a la problemática de la
personalidad jurídica...”, cit., p. 328).
Dicha apreciación, por otra parte, se supone que debiera ser extrajudicial, ya que es un dato objetivo
perfectamente determinable, o debiera serlo, pero siguiendo una mínima lógica, en la práctica acabaría
siendo un dato que se determinaría judicialmente, dado que será difícil que las partes contractuales
societarias y el tercero coincidiesen en considerar que el momento concreto es el que establecen entre
ambos (si se fija en una sentencia debe acatarse, claro está).
328
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configurador de la sociedad. Ello se debe a que serán las partes las que determinen que
pacto sabremos si estamos ante una sociedad externa, con personalidad jurídica, o
interna, sin personalidad jurídica, dependiendo de que las partes hayan pactado la
sociedad como sociedad externa, para tener relaciones con terceros como tal ente, o
como interna, sin que se pretenda actuar en el mercado como persona jurídica.
Una vez que se haya determinado qué tipo de sociedad nace de ese contrato, se
obrará en consecuencia, logrando evitar cambios de regímenes, como en los otros casos:
personalidad jurídica que las partes nunca pretendieron y que no le será necesaria para
actuar en el mundo jurídico en ningún momento, debido al modo de actuar de los socios
sociedad pasara de ser interna a ser externa o viceversa, se debería a una modificación
grupo goza de personalidad jurídica, ello hace que su acción se unifique bastante a la
ente, pues se conocerá su existencia por haberse mostrado. Sin embargo, si no existe esa
persona jurídica, no se puede demandar a la sociedad como criterio general, sino a sus
329
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legitimación, como ocurre en nuestro caso con los citados artículos 6.1.5 y 6.2 LEC.
Antes hemos indicado que las partes realizan un acto de aportación de bienes,
aportación es una obligación derivada del negocio causal823. Con dichas aportaciones
adecuadamente la actividad que tiene por objeto y así se pueda obtener el lucro
pretendido que permita en su momento distribuir beneficios entre los socios. Estamos
tal. Así lo entendió el legislador, e históricamente se pensó que las aportaciones debían
seguir encuadradas dentro de los patrimonios de los socios, de ahí que se remitiera al
destinados a cubrir un fin pero que no pueden formar un patrimonio desde el punto de
vista del derecho real. Después sabremos si existe una auténtica comunidad de bienes.
822
En el hipotético caso de que se conozca la situación, pues lo más frecuente en el caso que nos ocupa es
que no sea así y sólo se conozca a alguno de los socios que actúa en su propio nombre.
823
Términos de LECIÑENA IBARRA, A.: “La sociedad de medios entre profesionales”, cit., p. 93.
330
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Pero en cualquier caso debe tenerse en cuenta que ese acto de aportación tiene un
valor concreto, ya que los aportantes realizan el mismo con la intención de que el bien
deje de ser un bien más, integrado en sus concretos patrimonios, como hasta ahora824, y
se destine a que la actividad social diseñada por las partes pueda ser llevada a cabo,
siempre del modo en que se pacte. Esa intención debe reflejarse en el plano del régimen
Desde nuestro punto de vista, los bienes que las partes aporten no pueden mantener
exactamente la misma situación que antes del acto de aportación, pues éste ha
bien que pretende aportar, con todo lo que ello implica, y pensemos que en el caso de
que la sociedad se dotara de personalidad jurídica, las aportaciones realizadas por los
socios pasarían a engrosar el patrimonio social del ente. Sin embargo, como no existe
persona jurídica en el caso que estudiamos, no tenemos sino una masa derivada de las
824
Y deje de ser único propietario del mismo, en el sentido de única persona legitimada para decidir sobre
el goce y destino del mismo.
825
En este sentido, cabe destacar el tratamiento otorgado a la aportación en general por CAPILLA
RONCERO, F.: “La sociedad civil”, cit., pp. 25-166, y comentario a los artículos 1681 a 1683 CC, cit.,
pp. 191-275, así como el tratamiento más específico de LECIÑENA IBARRA, A.: “La sociedad de
medios entre profesionales”, cit., pp. 92-105, trabajos todos que asumen el bagaje previo de reflexiones
de autores como ROCA SASTRE, MARTÍNEZ ALMEIDA o LÓPEZ JACOÍSTE.
826
En este sentido, por ejemplo, SSTS 22-12-1962, 11-11-1966, 19-5-1978, 20-12-1980, 17-9-1984, 20-
2-1988, 11-10-1990 y 9-2-1994.
331
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ambos casos es idéntica: separar de los patrimonios particulares de los aportantes una
serie de bienes para que sostengan la actividad económica del grupo. Pero habrá que
valorar cómo se articula dicha intención, y si tiene efectos desde el punto de vista real:
uso, si así se pacta en el caso concreto). En la sociedad interna habrá que aclarar si
destinar los bienes a una finalidad común, voluntad de que exista un régimen especial
próximo apartado, pues habrá que determinar si el bien continúa en el patrimonio del
socio, se forma una comunidad o existe un auténtico patrimonio social. La solución por
la que nos decantemos afectará no sólo a las partes, sino también a los terceros.
En definitiva, la idea que debemos dejar clara en este apartado es que el acto de
susceptibles de ser destinados por éste a la finalidad que estimara más oportuna (como
pleno propietario que es) a ser parte de una masa aportada por los socios y destinada a
cubrir las necesidades que conlleve el correcto desarrollo vital de la sociedad interna (si
destinarlo a cubrir la labor social, con todo lo que implica a efectos de su gestión,
administración y disposición, que pasa del propietario a la persona encargada para ello
(legitimada por el pacto societario para, en su caso, disponer del bien en el ejercicio de
827
En este sentido SSTS 11-12-1965, 22-11-1972, 30-3-1974, 3-4-1982, 30-9-1985 y 26-4-1988.
332
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su labor contractual societaria)828. Intentar dificultar esa labor es, realmente, faltar al
pacto societario concertado en su día. Por ello, la línea jurisprudencial que incidía en
Sí es cierto que si se aporta un bien inmueble hay que realizar alguna especificación.
Puede aportarse el uso del inmueble para la actividad social, caso en el que la exclusiva
propiedad seguirá en manos del aportante, como hasta ahora, aunque su utilización
queda más remedio que establecer una copropiedad sobre el mismo, formalizando en
otros socios, cotitularidad que puede acceder en tal caso al Registro de la Propiedad.
doctrinalmente no se pone en duda829, será una copropiedad bastante especial, pues los
bienes deben destinarse a un fin concreto, el actuante gozará de total legitimación para
modificar el objeto de esa copropiedad y casa mal con ciertos aspectos de la sociedad
828
Esa persona puede ser el mismo aportante, pero que operará sobre ese bien de modo diferente a como
lo hacía hasta que lo aportó: ahora lo hará para satisfacer las necesidades sociales, y no las individuales
propias de todo propietario.
829
Nadie duda de que exista una comunidad de bienes en el seno de la sociedad interna o, cuando menos,
de que deben coordinarse ambas normativas, y la principal preocupación es intentar esa utilización
armónica de las normas societarias y sobre comunidad de bienes (CAPILLA RONCERO, PAZ-ARES,
PANTALEÓN PRIETO, MIQUEL GONZÁLEZ, TENA PIAZUELO, etc.). Por todos, el ya citado
comentario de PAZ-ARES: “En el plano de la titularidad, hay comunidad. Esto no puede discutirse”
(PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1669 CC; cit., p. 1371).
333
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interna (por ejemplo, resultaría extraño que un socio ejercitara una tercería de dominio
en caso de que el tercero que contrató con el actuante en nombre de la sociedad interna
patrimonio social del ente sin personalidad jurídica (de lo contrario no habría que acudir
Pese a que la doctrina ha incidido en ello de modo mayoritario, hay que destacar que
los autores que se han planteado esta cuestión no han puesto en duda en ningún
que coexiste con el régimen societario (aunque en ningún momento la sociedad pierda
interpretación adecuada del artículo 1669 nos debe llevar a la aplicación tanto de las
830
Con alguna tímida crítica, como la manifestada por GITRAMA GONZÁLEZ, a quien la remisión del
artículo 1669 CC y del artículo 18 de la Ley de Asociaciones al régimen de la comunidad de bienes para
aludir al régimen de los grupos no personificados le parecía “a todas luces desorbitante e inadecuado,
dada la fundamental diversidad entre copropiedad y asociación” (GITRAMA GONZÁLEZ, M.: prólogo a
“Las asociaciones no reconocidas”; cit., pp. 7-8).
831
Vid. MIQUEL GONZÁLEZ, J. M.: comentario al artículo 392 CC, dentro de “Comentarios al CC y
Compilaciones Forales, Tomo V, vol. 2, Editorial Revista de Derecho Privado, Madrid, 1985, pp. 39-40,
así como el comentario al artículo 392 CC, dentro de “Comentario del Código Civil”, Tomo I, Ministerio
de justicia, cit., pp. 1071-1072.
334
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que se apliquen las normas de la comunidad por razón de que los terceros no han tenido
que a las relaciones entre los socios que nada tengan que ver con ese tema se debe
la comunidad a las relaciones con terceros, a los que no les vincula la existencia de la
sociedad, mientras que entre los socios, las relaciones deben regularse por el contrato de
sociedad: “el hecho de que exista comunidad no obsta para que las obligaciones de las
partes se rijan por las normas del contrato de sociedad, si es que existe tal contrato”833.
Pero es terminante: “toda sociedad en la que se hayan puesto bienes en común, si carece
1669 al régimen de la comunidad de bienes para las sociedades que actúan sin esa
originaria concepción que exigía personalidad jurídica como algo sustancial para la
sociedad, así como también la idea de que el artículo 1669 CC remite íntegramente a las
832
Respecto de la posible antinomia surgida entre los artículos 392 y 1669, señala que “tal antinomia
pudiera resolverse del modo más sugestivo aplicando a la comunidad convencional o sociedad-
comunidad las reglas acumuladas selectivamente; las reglas propias de la sociedad no se aplican a las
relaciones externas, sino que a éstas se aplican las reglas de la cotitularidad; al contrario, a las relaciones
internas no se aplican las reglas de la comunidad, sino las de la sociedad. Esto por lo siguiente: porque la
ratio del artículo 1669 impone la aplicación de las reglas de la comunidad en cuanto se trate de terceros”
(MIQUEL GONZÁLEZ, J. M.: comentario al artículo 392 CC, “Comentarios...”, EDERSA, p. 54).
833
MIQUEL GONZÁLEZ, J. M.: comentario al artículo 392 CC, “Comentarios...”, EDERSA, cit., p. 42.
834
MIQUEL GONZÁLEZ, J. M.: com. art. 392 CC, “Comentario...”, Minist. de Justicia, cit., p. 1070.
835
CAPILLA RONCERO, F.: “La sociedad civil”, cit., pp. 391-393, y com. art. 1669 CC, cit., pp. 45-50.
335
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existencia por la falta de publicidad, por lo que se deben aplicar las disposiciones
muy selectivamente, de suerte que no serán de aplicación todas aquellas normas que de
una u otra manera presupongan una organización para actuar en el tráfico”. Entendía
que “el patrimonio de la sociedad interna no está unificado, sino disgregado: pertenece
pro quota a los socios. La afectación al fin social es meramente obligacional y, por
tanto, no puede oponerse a los acreedores particulares de los socios. Estos pueden
dirigirse contra el patrimonio del socio y, como parte integrante de él, contra las cuotas
836
Por tanto, según la interpretación que considera acertada, en las relaciones sociales internas se aplica
íntegramente el régimen de la sociedad existente, régimen convencional pactado, o régimen legal en su
defecto (artículos 1665 y siguientes CC), valorando que la relación existente que une a las partes es
auténticamente una sociedad. Frente a terceros el régimen a aplicar será ya el de la comunidad de bienes.
837
PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1669 CC, cit., núms. IV y V, pp. 1366-1374, así como voz
“sociedad interna”, cit., núm. III.4, pp. 6333-6334.
838
PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1699 CC, dentro de “Comentarios del Código Civil”, Tomo II,
Secretaría General Técnica del Ministerio de Justicia, Madrid, 1991, núm. I.2, p. 1486. Debemos tener en
cuenta que existirán cuotas que puedan no ser computables a estos efectos, como las cuotas relativas a
inmuebles que no consten en el Registro de la Propiedad, y donde, como estudiaremos en su momento, la
gran cuestión es de protección de la apariencia que concede el Registro de la Propiedad frente a los
terceros, sin perjuicio de la reparación que pueda corresponder, en su caso, al copropietario. En Capítulo
19: “La sociedad en general...”, en URÍA-MENÉNDEZ: “Curso de Derecho Mercantil”, cit., p. 453, es
todavía más claro al aludir a la coexistencia de la sociedad y la comunidad en la sociedad interna.
336
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Y entre esas normas que serán de aplicación, según PAZ-ARES, cabe destacar las
que no se puede invocar la preferencia sobre los acreedores individuales de los socios,
las normas sobre representación, liquidación (al menos las referidas a las garantías de
apartados839, de los que sólo cabe aplicar a la sociedad interna uno de ellos (artículos
839
Son los siguientes: en primer lugar, la parte dedicada a administración y disposición de la cosa
(artículos 393, 394, 395, 397 y 398 CC); en segundo lugar, la parte dedicada a la configuración del
derecho de cada comunero (artículos 399, 403 y 405 CC); por último, la parte dedicada a la división y
extinción de la comunidad de bienes (artículos 400, 401, 402 y 404 CC). De ellos, sólo el segundo parece
de aplicación a las sociedades sin personalidad jurídica. En lo que toca a administración y disposición del
patrimonio de la sociedad debe estarse a lo pactado por las partes: cuestiones como el concurso de los
socios en beneficios y cargas, o uso de cosas en común, alteraciones, y administración no son
equiparables a las que se observan en una comunidad de bienes, pues de entrada el objeto ha sido reunido
con una finalidad concreta: se destina a sostener la actividad de una sociedad interna (por ello, la
legitimación para actuar sobre ese patrimonio, incluso disponiendo el gestor de bienes, es bastante
importante). Existe pacto y a él debe estarse, no a la regulación de estos artículos citados. Pensemos en lo
importante que será la libre disposición de bienes de ese “patrimonio social” por parte del gestor citado,
algo que normalmente no suele sintonizar demasiado con la regulación codificada de la comunidad de
bienes, que no suele orientarse hacia esa actividad tan intensa por parte del actuante (Salvo que exista una
copropiedad seguida de un apoderamiento por parte de los otros comuneros, algo que parece poco viable
en una sociedad interna como tal. Pese a ello, la operatividad será parecida: estaremos ante una sociedad
interna, que conlleva una copropiedad donde alguien podrá gestionar los bienes aportados para obtener las
finalidades colectivas que se persiguen).
Sobre la división y extinción de la comunidad, tampoco debe acudirse a los preceptos del CC sobre
comunidades, sino al pacto o a las normas de la sociedad civil: la actividad social debe seguir y, para ello,
los socios deben acudir a los bienes aportados. Ante todo, estamos ante una sociedad, aunque encierre una
comunidad de bienes. Normalmente, además, no existirán terceros afectados por esta situación.
337
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artículo 1669 en su párrafo segundo, mientras que será el plano obligatorio en el que
establecida entre los comuneros es una relación obligatoria contractual (sociedad) o una
relación obligatoria legal (comunidad). Por tanto, coexisten ambas figuras y son
efectivamente compatibles841.
Sin embargo, defiende que sí deban ser tenidos en cuenta los artículos 399, 403 y 405 CC a la hora de
ocuparnos de la configuración del derecho de cada comunero en esta comunidad de bienes tan especial.
840
El primero alude al derecho de cada comunero sobre la cosa común, derecho de propiedad sobre cada
cuota. Este precepto es útil a la hora de ser consciente de que sobre ese derecho puede tener que actuar,
llegado el caso, el acreedor del socio por operaciones extrasocietarias, pues estamos ante una parte de su
patrimonio. Posiblemente no sea conocida, pero debe tenerse en cuenta que estamos ante una parte del
patrimonio, y ello debe valorarse. Sin embargo, en las operaciones celebradas en interés de la sociedad,
se actuará de otra forma, como veremos, respecto de la exigencia de responsabilidad, y el dato relevante
está en responder actuando con la masa patrimonial, y no sobre cuotas en la misma.
El artículo 403 alude a la facultad de los acreedores y cesionarios de los partícipes de concurrir a la
división de la cosa común y oponerse a la que se verifique sin su concurso, algo que será de aplicación al
caso que nos ocupa a la hora de destacar esa relevancia de los derechos de los acreedores del socio
durante el proceso de desaparición de la sociedad interna, personas que no son parte en dicho proceso
(MIQUEL GONZÁLEZ, J. M.: comentario al artículo 403 CC, dentro de “Comentarios al CC y
Compilaciones Forales, Tomo V, vol. 2, Editorial Revista de Derecho Privado, p. 506). La aplicación de
este artículo es consecuencia de la existencia de una auténtica comunidad sobre esa masa aportada.
El artículo 405 completa esa protección de los terceros garantizando, frente al artículo 1068 CC, que la
división de la cosa común no perjudicará a tercero, que conservará los derechos de hipoteca,
servidumbres u otros reales que le pertenecieran antes de la partición, así como conservarán su fuerza los
derechos personales pertenecientes a un tercero contra los socios por razón de la comunidad. Esta
segunda parte es la que más nos interesa. Este precepto garantiza esa situación, pero no establece
preferencia alguna de los acreedores de la sociedad interna, y no puede aplicarse la solución del artículo
1699 CC (en este sentido, vid. MIQUEL GONZÁLEZ, J. M.: comentario al artículo 405 CC, dentro de
“Comentarios al CC y Compilaciones Forales, Tomo V, vol. 2, Editorial Revista de Derecho Privado,
Madrid, 1985, pp. 524-531 y comentario al artículo 405 CC, dentro de “Comentario del Código Civil”,
Tomo I, Ministerio de justicia, cit., pp. 1116-1117).
841
PAZ-ARES, C.: Capítulo 19: “La sociedad en general...”, en URÍA-MENÉNDEZ: “Curso de Derecho
Mercantil”, cit., pp. 452-456.
338
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significaba que “no existen más patrimonios que los individuales de los socios,
copropietarios por cuotas de los bienes dedicados a la consecución del fin común. Lo
que es plenamente consecuente con el supuesto de hecho del referido artículo: una
sociedad interna, esto es, una sociedad en la que los socios han excluido las relaciones
externas nomine societatis, que los socios han estructurado como mero vínculo
reservando la remisión citada para el ámbito de las relaciones jurídico-reales sobre los
bienes dedicados a la consecución del fin común, pues las relaciones obligatorias se
regirán por las normas del contrato de sociedad. Es más: diseña a las sociedades internas
del siguiente modo843: son aquéllas “en las que los bienes dedicados al cumplimiento
del fin común son propiedad por cuotas de los socios, y no hay otros acreedores que los
individuales de cada uno de ellos (que contratan en nombre propio con los terceros)”.
842
PANTALEÓN PRIETO, F.: “La personalidad jurídica de la sociedad...”, AAMN, cit., núm. 5, p. 22.
843
PANTALEÓN PRIETO, F.: “La personalidad jurídica de la sociedad...”, AAMN, cit., núm. 6, p. 23.
844
En este sentido, COSSÍO Y CORRAL, A. DE: comentario al artículo 35 CC, cit., p. 837, donde indica
que en estas sociedades “rigen, en cuanto a la titularidad de los bienes, las reglas propias de la
copropiedad, atribuyéndose la misma a los socios, por cuotas partes,...”, TENA PIAZUELO, I.: “El
concepto de sociedad civil irregular...”, cit., pp. 285-340 y GULLÓN BALLESTEROS, A.: “Curso de
Derecho Civil...”, cit., p. 357 (“La situación de los socios se regula por las reglas de la comunidad de
bienes. Pero hay que tener ante todo en cuenta el contrato entre ellos, porque como determina el artículo
392, las prescripciones legales en materia de comunidad de bienes son supletorias de los contratos que
eventualmente hayan podido celebrar los comuneros”). También en este sentido LECIÑENA IBARRA A.
(“La sociedad de medio entre profesionales”, cit., p. 97: indica que en este caso “...La titularidad de todo
lo aportado pertenecerá a todos los socios por cuotas ideales, habida cuenta la correlación que el artículo
1669.2 CC establece entre ausencia de personalidad jurídica y existencia de indivisión”) y NÚÑEZ
IGLESIAS, A. (“Comunidad e indivisibilidad”, Ed. McGraw-Hill, Madrid, 1995, pp. 152-170; en p. 153,
expresamente, indica que “cuando ese contrato sea de sociedad, puede afirmarse que la comunidad
coexiste con la sociedad”). BONET RAMÓN incide en que se regirá esta sociedad por las normas de la
339
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de bienes, tanto inter partes como frente a terceros845, así como hay quien, como
artículo847. Ha sido opinión bastante generalizada el sostener que esa remisión a las
comunidad de bienes “cuando haya base suficiente para demostrar la existencia de esa comunidad”
(BONET RAMÓN, F.: comentario al artículo 1669, dentro de “Código Civil comentado con sus
apéndices forales”, Ed. Aguilar, Madrid, 1964, p. 1316).
845
En este sentido, ESTRUCH ESTRUCH, J.: “Venta de Cuota y Venta de Cosa Común por uno de los
Comuneros en la Comunidad de Bienes”, Ed. Aranzadi, 1998, pp. 47-58.
846
Únicamente indica que “el derecho de cada socio, que se actúa sobre la totalidad de la cosa, coexiste
con un derecho concurrente y de la misma extensión por parte de los demás” (ESTÉVEZ, J. L.: “La
distinción de condominio y sociedad”, RGLJ, 1947, t. 181, p. 706)
847
Resultan útiles tanto el trabajo de NUÑEZ IGLESIAS (NUÑEZ IGLESIAS, A.: comentario al artículo
1669 CC, dentro de “Jurisprudencia Civil Comentada, Código Civil”, dirigido por PASQUAU LIAÑO,
tomo II, 2000, pp. 2927-2928), como el de BERCOVITZ RODRÍGUEZ-CANO, R. (comentario al
artículo 1669 CC, dentro de “Comentarios al Código civil”, Ed. Aranzadi, Navarra, 2001, p. 1890-1891).
848
En este sentido, SSTS 20-12-1980 (M. A. 4753), 27-9-1985 (M. A. 4476), 10-12-1985 (M. A. 6431,
alude a “dividir esa comunidad de bienes”), 21-3-1988 (M. A. 2221), 18-3-1995 (M. A. 1962), 30-6-1995
(M. A. 5273) y 12-7-1996 (M. A. 5885, que indica que el artículo 1669 “obliga a la aplicación de las
normas de la comunidad de bienes sin ninguna restricción del articulado a ello dedicado”).
849
En este sentido, SSTS 27-2-1970 (M. A. 1018), 20-12-1980 (M. A. 4753), 27-9-1985 (M. A. 4476),
21-3-1988 (M. A. 2221), 3-1-1992 (M. A. 145), 8-3-1993 (M. A. 2051), 27-5-1993 (M. A. 4080), 24-2-
1995 (M. A. 1109),15-6-1995 (M. A. 5297), y 30-6-1995 (M. A. 5273).
850
Así, en ciertos casos remite a las reglas societarias para realizar esa liquidación (en este sentido, SSTS
24-3-1952 (M. A. 733), 26-6-1959 (M. A. 2936), 3-1-1992 (M. A. 145) y 12-7-1996 (M. A. 5885)). En
alguna otra sentencia, pese a asegurar que en la regulación interna debe regir la comunidad, considera que
no en todos las aspectos debe ser así (en este sentido, STS 5-7-1982 (M. A. 4216)), mientras que en otras,
340
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así, la STS 3-3-1960852 considera aplicables entre las partes las normas de la comunidad
de bienes, pero declara la validez de lo pactado entre dichas partes, algo que también se
entre sociedad irregular y comunidad, pues las normas de interés en ambos casos son
pese a remitir a las normas de la comunidad de bienes, suaviza esa aplicación gracias al artículo 392.2 CC
(en este sentido, SSTS 19-1-1976 (M. A. 45) y 14-11-1997).
851
TENA PIAZUELO, I.: “El concepto de sociedad civil irregular...”, cit., pp. 300-319.
852
M. A. 944.
853
M. A. 3593. “Debe regirse generalmente por las reglas de la contratación y por las de la comunidad”.
854
M. A. 2550. Algo desenfocada en su argumentación, pero se expresa en dichos términos.
855
M. A. 1938. Las normas de la comunidad de bienes se reservan para el “sustrato material o fondo
común formado por los socios”.
856
M. A. 4216. Entre la “sociedad irregular” y la comunidad de bienes hay “ciertas semejanzas”, según
indica. Pero “sin que ello suponga necesariamente que, nacida por voluntad contractual una sociedad civil
(...) esté por ello sometida totalmente en su estructura y sobre todo en sus efectos económicos y
patrimoniales al régimen ordinario de la copropiedad...”.
857
M. A. 2041. Remite en primer lugar a la autonomía de la voluntad, pero después a las normas sobre la
comunidad de bienes., basándose en las ideas expuestas en las SSTS 21-11-1969 (M. A. 5504) y 30-4-
1986 (M. A. 2068).
858
M. A. 7937. Recuerda las sentencias anteriores en este sentido. La primera normativa a aplicar es el
pacto expreso.
859
M. A. 3669.
860
M. A. 2335. “... un patrimonio indiviso si la sociedad no tiene personalidad y se rige por las
disposiciones relativas a la comunidad de bienes”.
861
M. A. 4884. Fundamenta su argumentación en las SSTS 22-12-1956 y 24-3-1952.
862
M. A. 2780.
863
M. A. 4753.
341
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bienes se aplican únicamente en el ámbito del sustrato material o fondo común formado
por los socios, mientras que en el resto regían las normas societarias868.
Sin embargo, el propio TS percibe que el que una sociedad no goce de personalidad
jurídica no implica que deje de ser sociedad, sino que no dispondrá de personalidad
jurídica, que es bien diferente, y consecuente con ello admite que en el plano interno
obligacional de los socios deben ser aplicables las reglas pactadas por ellos, el contrato
punto de vista del derecho real, no existe un patrimonio independiente del patrimonio de
864
M. A. 2221. Incide en la afinidad sociedad-comunidad de bienes, procedente del Derecho romano, y
señala que no es concebible una sociedad sin ningún género de comunidad.
865
M. A. 5948. Alude a la remisión y aplicación de las normas de la comunidad de bienes.
866
M. A. 8239. Una sociedad sin pactos escritos, absolutamente irregular, se rige también por las normas
de la comunidad de bienes. El concepto de sociedad desprovista de personalidad jurídica, irregular, es
claramente incorrecto.
867
En este sentido, STSJ Navarra 12-2-1998 (M. A. 1713). Se estudia el caso de una sociedad no
conocida en el tráfico que compraba fincas para beneficiarse de su explotación y posible recalificación, y
alude a que dichas adquisiciones, por realizarse por una sociedad interna, lo serán en condominio de los
socios.
868
En este sentido, SSTS 3-4-1982 (M. A. 1938), 5-7-1982 (M. A. 4216), 19-11-1982 (M. A. 6549), 17-
9-1984 (M. A. 4297), 30-4-1986 (M. A. 2068) y las que cita, 26-4-1988 (M. A. 3279), 24-7-1993 (M. A.
6479) y 2-12-1993 (M. A. 9487).
869
En este sentido, SSTS 14-6-1962 (M. A. 3170), 27-4-1973 (M. A. 1873), 3-4-1982 (M. A. 1938), 5-7-
1982 (M. A. 4216), 19-11-1982 (M. A. 6549), 17-9-1984 (M. A. 4297), 26-4-1988 (M. A. 3279), 30-4-
1986 (M. A. 2086), 24-7-1993 (M. A. 6479) y 2-12-1993 (M. A. 9487).
870
Y alguna otra posterior: por ejemplo, la STS 19-11-1982 (M. A. 6549) señalaba que no hay en la
sociedad desprovista de personalidad jurídica (aludía expresamente a la sociedad irregular) la
“insensibilidad recíproca de los patrimonios, típica de las sociedades con personalidad jurídica”.
342
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cada socio. Existe, tal y como lo entiende el artículo 1669, una masa, ahora en
Parece totalmente claro, por tanto, para estos autores, que sociedad y comunidad
coexisten872. Con independencia de lo que opinen, esa masa resultante existe porque se
ha producido un acto de aportación que implica que cada aportante deje de ser
partes, sino de la creación de la sociedad interna, al existir unas aportaciones sin que un
871
Los socios realizan las aportaciones a la sociedad interna sabiendo perfectamente que las mismas se
insertan en el proceso de constitución válido de una sociedad interna, que no operará como tal en el
mercado, y a la realización de dichas aportaciones, el artículo 1669 CC anuda la consecuencia de que
deben regirse por las normas de la comunidad de bienes, ex lege, sin que las partes hayan pretendido en
ningún momento constituir esa comunidad de bienes y pretendiendo operar de modo contradictorio al que
sería lógico en una comunidad de bienes. Desde el momento en que se aportan, ya lo repasamos
anteriormente, parecen expresar su voluntad de destinar las mismas a la realización del fin social, por lo
que su interés es que dejen de ser de su exclusiva propiedad para pasar a engrosar de hecho una suerte de
patrimonio de la sociedad sin personalidad. Algo que, como jurídicamente no es posible desde un punto
de vista real, la ley convierte en una copropiedad entre los socios, pues no queda más solución
jurídicamente aceptable, según entiende: la inexistencia de persona jurídica que aglutine la titularidad del
patrimonio aportado conlleva que los aportantes pasen, sin que exista voluntad expresa por su parte, de
ser únicos titulares de su bien aportado a convertirse en cotitulares de todos los bienes aportados.
Estudiaremos esta cuestión a continuación. Desde el punto de vista de los socios, se pretende ser fiel a esa
consideración del régimen de la comunidad de bienes como régimen general de las cotitularidades (desde
el punto de vista de los terceros se pretendía que también los socios no contratantes pudiesen verse
perseguidos, en su caso, algo que hoy resulta más fácil gracias a la legislación procesal vigente).
Por tanto, el conjunto de bienes aportados debe hacer frente a las vicisitudes de la vida social, haciendo
frente los socios a las obligaciones del modo pactado, así como repartiendo los beneficios en su momento
del modo pactado, directamente o nutriendo el patrimonio que haga frente a las cargas de la sociedad.
872
Esta idea está muy extendida en nuestra doctrina, presente en los autores ya citados, que son los que
más atención han dedicado al tema: PANTALEÓN, PAZ-ARES, MIQUEL GONZÁLEZ, CAPILLA
RONCERO, etc. Por todos, vid. la interesante síntesis, al respecto, de NUÑEZ IGLESIAS, A.:
“Comunidad e indivisibilidad”, cit., pp. 152-176. Es una situación un tanto especial, sobre todo teniendo
en cuenta la gran cantidad de reflexiones destinadas a diferenciar a la sociedad de la comunidad.
343
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sociedad, pues nace para sostener económicamente la actividad social. Por ello, parece
entender el artículo 1669 que lo único que tendremos en las sociedades internas, desde
un punto de vista real, serán los patrimonios individuales de los socios, y en ellos se
Desde nuestro punto de vista, no nos parecen exactos estos comentarios realizados
artículo expreso que configure un patrimonio autónomo como tal, esto es inequívoco874.
Es evidente, sin embargo, que existe una masa aportada por las partes con un objetivo
realización de la labor social. Esa masa se caracteriza por que la finalidad existente
individualiza a estos bienes del resto de los patrimonios de las partes, y ello implica la
se pretende exactamente eso: separar del resto de patrimonio dicho bien y aportarlo para
Así, es lógico que el socio contratante, que actúa en nombre propio pero gestionando
el interés de la sociedad interna, esté legitimado para hacer frente a las obligaciones que
873
No existe patrimonio social en sentido estricto debido, en primer lugar, a que no existe persona
jurídica titular del mismo como unidad, así como a la inexistencia de artículo que lo prevea expresamente,
única forma en que podría existir un patrimonio si no existe persona jurídica propietaria. Señala DE LOS
MOZOS como primero de los “caracteres generales de los patrimonios separados y autónomos”, el de
que “son creación del ordenamiento jurídico, conforme a un sistema de numerus clausus, sin que puedan
extenderse por analogía a otros supuestos (como el establecimiento o la empresa mercantil)” (DE LOS
MOZOS, J. L.: “Aproximación a una teoría general del patrimonio”, RDP, 1991, p. 609). Por otra parte,
el hecho de que existan varios bienes en copropiedad no supone problema alguno respecto de la misma,
pues es posible que se constituya con un objeto múltiple (en este sentido, ha estudiado la cuestión,
basándose en las reflexiones de MIQUEL GONZÁLEZ, MORENO DEL VALLE, M. A.: “La
organización de las comunidades de bienes...”, cit., pp. 15-21).
344
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caso de bienes, pues es la sociedad interna la que debe asumir las operaciones. Opera
internamente, por tanto, como lo haría su homólogo en una sociedad personificada, pero
Por ejemplo, si una persona compra material de oficina en su propio nombre, pero
para la sociedad interna a la que pertenece, es lógico que para ello utilice dinero del
aportado por los socios, y no de su patrimonio particular stricto sensu. Esta peculiaridad
quien se ocupe de ello conforme al pacto social existente. Datos que individualizan a
esos bienes y los convierten en un conjunto a ser tenido en cuenta como bloque.
¿Cómo se configura, entonces, de modo general875, esa masa aportada por los
propietario de cada cosa aportada, por su lógica influencia respecto de todo tipo de
acreedores, y ya hemos indicado que el acto de aportación debe tener algún tipo de
las aportaciones. No hay que insistir demasiado en esta cuestión, pues un ente sin
874
Aunque el artículo 6.2 LEC conllevará cierta personificación instrumental en el caso concreto de que
se demande al ente desprovisto de personalidad.
875
Pueden existir casos particulares especiales, como que se constituya expresamente una comunidad
sobre los bienes o que se transmitan todos los bienes al gestor. Pero debe existir el negocio constitutivo en
este sentido, pues es un modo especial de configurar la sociedad interna, no el genérico que estudiaremos.
876
Idéntica cuestión se planteó expresamente LECIÑENA IBARRA, y concluirá la existencia de una
comunidad de bienes (vid. LECIÑENA IBARRA, A.: “La sociedad de medios...”, cit., p. 97). También lo
hizo RUBINO, que terminará defendiendo la existencia de un “verdadero patrimonio autónomo dirigido a
un fin” (RUBINO, D.: “Las asociaciones no reconocidas”, cit., núms. 49 a 51, pp. 173-189).
345
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doctrina antes citada con mayor o menor intensidad. El apoyo, además, está en el propio
artículo [Link] CC, que remite a su régimen, y en la argumentación lógica que inspiró
al legislador: se encontró con una masa de bienes, con unos aportantes y con la
los aportantes sobre la masa, partiendo de la base de que en toda sociedad existe una
esa comunidad de bienes, aunque el legislador parezca asumir que haya que acudir a
ella ex lege. No resulta correcto que se constituya una comunidad sobre unos bienes sin
877
Configuración defendida por RUBINO para el caso de las asociaciones no reconocidas (RUBINO, D.:
“Las asociaciones no reconocidas”, cit., núms. 49 a 51, pp. 173-189), y que se ha plasmado, por ejemplo,
en el artículo 37 del Codice italiano con las asociaciones no reconocidas. En Alemania, vid.
SCHLECHTRIEM, P.: “Schuldrecht Besonderer Teil”, cit., p. 233. ULMER, por su parte, indica que la
falta de patrimonio social en estas sociedades no es algo conceptualmente necesario, sino que puede
existir, según él, si los socios ceden en propiedad sus participaciones a la sociedad o si se llevan la mismo
objetos adquiridos para su cómputo interno (ULMER, P.: “Münchener Kommentar zum Bürgerlichen
Gesetzbuch”, cit., p. 311). Es matizable, pues ese cómputo interno del que habla puede ser consecuencia
de una forma de configurar la sociedad, sin más valor que el que resulte de su aplicabilidad inter partes.
No es satisfactoria la solución, pues plantea, además de problemas de propia configuración (¿quién es
exactamente el propietario de lo aportado, el ente?) problemas de seguridad: ¿dejó de ser propietario el
aportante?. ¿Quién es titular de los bienes?
878
En esto sí coincidimos con RUBINO, cuando considera que el régimen de la comunidad de bienes no
es el más armónico respecto de la dinámica de operatividad del grupo.
346
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comunidad de bienes surgida de una sociedad interna dicho objeto, además de múltiple,
variaría con cierta frecuencia, pues las aportaciones sostienen la actividad de la sociedad
civil, que es lo que realmente importa (la masa aportada se ampliará o reducirá
útil a la vida social, sin más). Ese destino de los bienes en copropiedad a una finalidad
concreta no sintoniza ni siquiera con la aplicación de los artículos 399, 403 y 405 CC,
resumido, mientras que la sociedad interna será una situación permanente, la comunidad
879
La tradición acompaña al contrato de que se trate, conforme establece el artículo 609 CC, con lo cual
no es algo aislado cuya existencia quepa defender, sino que se ve justificada por el pacto previo al que se
une para transmitir la propiedad o derecho de que se trate (sobre ello, vid. MIQUEL GONZÁLEZ, J. M.:
comentario al artículo 392 CC, dentro de “Comentarios...”, EDERSA, cit., pp. 32-35). SANTOS
MORÓN apuntaba que “En el Derecho histórico español el contrato de sociedad (universal) tenía como
efecto inmediato, y sin necesidad de tradición, la constitución del condominio” (SANTOS MORÓN, M.
J.: “La forma de los contratos...”, cit., p. 324). No puede ser acertada esa idea hoy día, como vemos.
880
Respecto del artículo 399 CC cabe indicar que la existencia de cuotas en la masa de bienes aportada
contradiría la forma de operar de la sociedad interna en el mercado. Pensemos que los bienes son
aportados para sostener económicamente la labor social de la sociedad interna. Por tanto, sería contrario a
dicha misión poder interponer una tercería de dominio por parte de otro socio ante el posible embargo de
un bien de los aportados y del que, por tanto, fuese copropietario, pues contradiría el pacto social que
celebró en su día. Y si admitimos que existe comunidad de bienes, la misma debe ser oponible frente a
terceros, y cabe, por tanto, admitir la legitimidad para interponer esa tercería, sin perjuicio de que dicha
interposición implicase incumplir el pacto social existente entre las partes (esto tendría efectos
obligacionales y únicamente inter partes). Por tanto, la existencia de cuotas contradice la intención de las
partes, que desean al obligarse que con sus aportaciones pueda sostenerse la actividad social de interés.
En lo que toca a los artículos 403 y 405, en ellos realmente se plasma una regulación protectora de
terceros típica de todo régimen de liquidación donde se pretenda proteger los derechos de terceros
347
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de bienes que permite su correcta vida social se modificará en su objeto con cierta
Además, habría un grave problema de sintonía con lo que pretenden las partes al
pactar, pues pretenden que con las aportaciones se sostenga la actividad del grupo,
disponiendo incluso de los bienes con tal fin si es necesario881. Por otra parte, tampoco
queda claro cómo se transmite la propiedad de cada bien aportado a todos los aportantes
sin más acto que el de aportación a la sociedad interna. ¿Ese acto de aportación implica
tercería, por ejemplo, en el caso de que se pretenda embargar un bien de los aportados.
incluso si fuese necesario, pueden enajenar un bien del mismo sin que fuese necesaria la
intervención del resto de copropietarios (algo que, salvo que exista pacto expreso en
bienes). Por todo ello, la regulación de la comunidad de bienes, menos adaptada para la
interesados, pero para ello no debe acudirse a preceptos reguladores de la comunidad de bienes. Por tanto,
tampoco son aplicables como tales, sin perjuicio de la necesidad de proteger los derechos de los terceros.
881
Una copropiedad conllevaría, por ejemplo, la posibilidad de los otros copropietarios de ejercitar
tercerías, en su caso. Ello contradiría el pacto social celebrado en su día y la correcta labor social.
882
Salvo que exista dicha voluntad expresa, como hemos apuntado en su momento.
883
Todos son propietarios, con lo que ello implica de posible lentitud a la hora de operar en el mercado.
884
En este sentido, LECIÑENA IBARRA, A.: “La sociedad de medios...”, cit., pp. 100-105.
348
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actuación económica en el mercado, no sintoniza con la situación pactada por las partes.
clara esta idea. Existe una aportación de los socios, pero no una comunidad de bienes.
La opción correcta que nos queda, tras descartar las posibilidades expuestas, es la de
que esos bienes, que tienen en cualquier caso que tener un propietario determinado,
continúen dentro del patrimonio de sus aportantes, pero no del modo en que estaban
siendo propiedad del aportante, pero con el acto de aportación está expresando una
incluso disponga del bien que aporta sin que él, propietario, pueda disturbar dicha labor
sin incumplir su obligación contractual886. Por ello, entre las partes, renuncia a ejercitar
las acciones oportunas para recuperar la cosa si el legitimado para ello, en el ejercicio de
sus funciones, dispone de ella o cede la posesión a algún tercero887. Claro está que
885
Posibilidad admitida también por la doctrina alemana mayoritaria en este caso, que entiende que la
sociedad interna (Innengesellschaft) no dispone de patrimonio común (vid. FIKENTSCHER, W.:
“Schuldrecht”, 9. Auflage. Berlin-New York, 1997, p. 614, WESTERMAN, comentario a & 718, en
ERMANN: “Handkommentar zum Bürgerlichen Gesetzbuch”. 8. neubearbeitete Auflage. 1. Band.
Münster, 1989, p. 2143 y KESSLER, E.: “Staudinger Kommentar zum Bürgerlichen Gesetzbuch mit
Einfürungsgesetz und Nebengesetzen”, cit., pp. 311-312, donde comenta que esta idea es confirmada por
algunos tribunales superiores de los Länders, el Tribunal Federal y buena parte de la doctrina, y otra
configuración es excepcional). Incluso quien duda de que ello sea así en todo caso, como ULMER, no por
ello acude al régimen de la comunidad (ULMER, P.: “Münchener Kommentar zum Bürgerlichen
Gesetzbuch”, cit., pp. 223-224).
886
En caso de disposición de un inmueble debe legitimarse expresamente para celebrar el concreto
negocio, por cuestiones de seguridad jurídica.
887
Este legitimado está obligado por el pacto contractual a operar con ese patrimonio en interés de la
sociedad interna, en virtud de una cláusula de mandato. Mandato que será irrevocable, debido a que el
socio no puede posteriormente actuar de modo contrario a ese pacto, como estudiaremos.
349
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tendrá efectos entre las partes contratantes, por lo que frente al tercero estos bienes
pertenecen a su propietario a todos los efectos, aunque exista alguien legitimado para
el patrimonio del aportante pese a estar afecto a la finalidad destinada, con lo que es
encuadrable dentro del pacto social que el propietario legitime al gestor de los intereses
Con las aportaciones, por lo tanto, se está formando una masa destinada
obligacionalmente al cumplimiento del fin social, de modo similar a como vimos que se
y, pese a que siga integrado dentro de su patrimonio, separarlo claramente del resto de
bienes del mismo (es una situación parecida a la de las obligaciones que debían soportar
matiz de que en dicho caso sí hay imagen de la situación existente frente al tercero889).
Por tanto, además de subsistir el pacto societario entre las partes890, los bienes aportados
deben sostener la actividad económica en la medida de lo posible (habrá que ver de qué
888
La legitimación proviene del contrato social constitutivo, o bien se legitima posteriormente para el
caso concreto, pero siempre teniendo en cuenta que la base legitimadora reside en el pacto social.
889
Se pretende “motivar la confianza del tercero, que contrata con una persona casada, para cubrir las
necesidades ordinarias de la familia de ésta. El acreedor queda protegido cuando existe una apariencia de
que la actuación de uno de los cónyuges se encuentra dentro del ámbito de la potestad doméstica”
(RAGEL SÁNCHEZ, L. F.: “Ejecución sobre bienes gananciales por deudas de un cónyuge”, cit., p. 58).
Pensemos que estamos aludiendo a “aquellas deudas que aparentemente se contraigan en interés de la
familia” (RUEDA PÉREZ, M. A. y RUEDA PÉREZ, J. M.: “Notas sobre la nueva regulación de las
cargas y obligaciones de la sociedad de gananciales tras la reforma del Código civil de 13 de mayo de
1981”, RDP, 1982, p. 557). Además, en el Registro Civil (y de la Propiedad) constará ese régimen, y el
tercero tiene acceso a esa información.
890
Sería un grave desatino jurídico contar con un pacto regulador de la relación y despreciarlo.
350
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sino que la persona legitimada para ello puede actuar con el mismo para obtener la
podemos hablar de patrimonio desde un punto de vista real, pues no se configura como
interna que estamos describiendo, es innegable, pues habría evitado dicha remisión.
Sin embargo, no serán los aportados los únicos bienes destinados a soportar la
actividad de la sociedad interna, sino que las partes deben soportar las obligaciones
proporcionalmente, del modo pactado, en caso de que dicha masa aportada no cubra
891
Pese a que no exista artículo que lo establezca expresamente, los bienes están afectos a un fin principal
y sometidos a pautas especiales de administración, disposición y responsabilidad, características
suficientes para hablar de un patrimonio particular según algún autor. En este sentido, aunque aplicado a
la sociedad de gananciales, vid. la explicación de VELA SÁNCHEZ, que basa su argumentación en las
ideas de DE CASTRO y FERRARA (VELA SÁNCHEZ, A. J.: “La sistematización del pasivo
ganancial”, Fundación El Monte, Sevilla, 1995, pp. 70-85; para ver su apoyo en las Resoluciones DGRN
vid. “Actuación individual de los cónyuges y responsabilidad ganancial”, cit., p. 10).
892
FAIRÉN, M.: “Patrimonio y responsabilidad patrimonial”, RDN, núm. XXXVI, 1962, pp. 302 y 307.
893
MOZOS, J. L. DE LOS: “Aproximación a una teoría general del patrimonio”, cit., pp. 607-609.
351
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aportaciones de los socios, para que éstos sostengan la actividad social en la proporción
socio o varios, debe tenerse en cuenta que se integra en su patrimonio, pero que el
El artículo 1669 CC es claro al indicar que las sociedades sin personalidad jurídica se
plano patrimonial, pues el bien aportado, pese a seguir inserto en el patrimonio del
interpretar, a la luz de esas certezas a las que hemos llegado, la remisión que realiza el
acerca de su existencia. Por ello, habrá que valorar el sentido de la remisión legal, si
ésta es total, parcial o inexistente, y si el pacto entre las partes continúa vigente y de qué
894
Masa formada por una serie de bienes que no han salido del patrimonio de sus aportantes, pese a que
obligacionalmente se destinen a los fines pactados.
895
Insistimos en la idea de que la sociedad interna puede configurarse de otro modo (comunidad sobre los
bienes, o transmisión de los mismos a la propiedad del gestor, por ejemplo). En dichos casos debe
pactarse expresamente así: el supuesto general de sociedad interna será el descrito en el presente apartado.
352
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forma o si ello no es así, sobre todo tras concluir que realmente existe un patrimonio
De entrada, entre los socios debe regir el pacto societario, realmente existente,
basándose ante todo en que dichas partes pretenden celebrar y celebran un contrato de
sociedad civil896. Y esa argumentación debemos basarla bien en el artículo 1255 CC897,
392 CC898, argumento que también se puede encontrar expuesto por el TS en algún
caso899, pese a que no es correcto900). El régimen será el pactado por las partes, ante
contar con la existencia del pacto y obviarlo: es voluntad de las partes su vigencia902.
896
Las partes están vinculadas por estos pactos en dichos términos (en este sentido, STS 24-7-1993, M.
A. 6479, y STS 8-3-1995, M. A. 2156). Incluso en el caso de que hayan establecido constituir una
verdadera copropiedad sobre lo aportado, supuesto en el que existiría, siempre que se den los pasos para
que se produjera la mutación jurídico-real (traditio e inscripción registral en el caso de inmuebles).
897
Las partes han celebrado un pacto y a él deben estar, cumpliendo fielmente aquello pactado, pues se
obligaron a ello. Y lo que las partes pactaron era una sociedad.
898
Se señala que si una sociedad cae en la órbita del artículo 1669 CC, su párrafo segundo remite a las
disposiciones de la comunidad de bienes. Por ellas deben regirse también las relaciones internas entre los
socios. Sin embargo, si acudimos a dichas normas (artículos 392 a 406 CC), encontramos que en el
artículo 392 se establece que las comunidades se regirán por dichos artículos sólo a falta de contratos, o
de disposiciones especiales, por lo que, habiendo en nuestro caso contrato (contrato de sociedad),
estaremos ante una comunidad de bienes que se regirá por ese contrato societario pactado entre las partes.
899
En concreto, STS 19-1-1970.
900
Coincidimos con la idea expuesta por MIQUEL GONZÁLEZ, quien señalaba que la aplicación de la
regulación pactada no se deriva del artículo 392.2, sino del propio artículo 1669 CC (MIQUEL
GONZÁLEZ, J. M.: comentario al artículo 392 CC, dentro de “Comentarios...”, EDERSA, cit., p. 55).
901
En este sentido, CAPILLA RONCERO, F.: com. art. 1669 CC, en “Comentarios al Código Civil y
Comp. Forales”, cit., p. 48. Esta idea de que entre las partes rigen estos pactos se puede encontrar también
expresamente en alguna sentencia del TS: así, la STS 24-7-1993 indica que el artículo 1669 “no significa
que las sociedades de hecho (las califica así) se identifiquen con la comunidad de bienes y la total
exclusión de las normas de la sociedad a efectos de regulación de las relaciones de los socios entre sí”.
902
Incluso si acudimos a la errónea conexión entre los artículos [Link] y [Link] volveríamos a defender
esa obligatoriedad inter partes del contrato de sociedad, y en lo no regulado por las partes hay que acudir
a las normas reguladoras del contrato de sociedad civil, conforme a los artículos 1665 y siguientes (la
353
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entre el plano obligatorio y el plano real, remitiendo para el obligatorio a lo pactado por
bienes en lo real, sin más, es no sólo soslayar la cuestión, sino incurrir en un grave error,
dudas que no son solucionadas por esta simplificación, cuestiones tales como, por
existe, salvo constitución expresa, comunidad de bienes, pues no es cierto que toda
sociedad sin personalidad jurídica sigue siendo sociedad). Es desechable, por tanto, la opinión que ha
sostenido el TS en algunas ocasiones, acerca de que la remisión del artículo 1669 CC al régimen de la
comunidad de bienes es absoluta y excluye la aplicación de los artículos dedicados al régimen jurídico de
la sociedad. Cabe señalar que en otras sentencias, el TS ha corregido dicha postura, expresándose de
modo correcto desde nuestro punto de vista. Así, la STS 30-4-1986 (M. A. 2086) indica que la
disposición del artículo 1669 CC no supone necesariamente que, nacida por voluntad negocial una
sociedad civil, irregular por falta de elementos formales, quede sometida totalmente en su estructura y
sobre todo en sus efectos económicos y patrimoniales al régimen de la comunidad, sino que habrá que
estarse a lo convenido. Estas ideas se encuentran reflejadas en bastantes otras Sentencias ya citadas.
903
PAZ-ARES lo estudió defendió esa remisión, por existir sociedad o por existir contrato innominado
análogo al de sociedad (PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1669 CC, cit., pp. 1371-1372).
904
Con esto no queremos decir que en ningún caso puedan coexistir sociedad y comunidad. Ello es
posible en el condominio naval, pero no en el caso del artículo 1669, salvo pacto expreso de las partes.
Por ello, no estamos de acuerdo con MIQUEL GONZÁLEZ cuando señalaba que “el artículo 1669 nos
354
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El aportante, pese a seguir siendo propietario del bien aportado, deja de tener la
aportación. Por ejemplo, un socio aporta una cosa o una cantidad de dinero a la sociedad
interna, y, desde ese momento, no puede operar como propietario sobre la misma
debido a que existe un mandato irrevocable por parte de cada aportante hacia el
legitimado para operar905. Pese a que el bien sigue dentro de su patrimonio, la capacidad
revocarse la misma sin incumplir el contrato. Ocurrirá así salvo que se constituya
Eso, por tanto, pese a que no exista persona jurídica titular ni patrimonio autónomo
labor social. Y como tal hay que tratarlo desde un punto de vista funcional, por lo tanto,
lleva a una importante consecuencia: comunidad y sociedad no son dos figuras incompatibles” (MIQUEL
GONZÁLEZ, J. M.: comentario al artículo 392 CC, cit., p. 39). No lo son, pero el caso con el que
podemos ejemplificar en abstracto no es el del artículo 1669, sino el del condominio naval.
905
Sobre el mandato irrevocable, sistematizando la cuestión aceptablemente, RUIZ-RICO RUIZ, J. M.:
“La representación en interés del representante”, Santander, 1985, pp. 433-462.
906
En este sentido, la citada STSJ Navarra 12-2-1998 (M. A. 1713), que entendía que las adquisiciones de
fincas por parte de una sociedad sin personalidad jurídica generaba ya, de por sí, una copropiedad sobre
cada una de ellas. Ello será así si se adquieren las fincas por los socios conjuntamente, pero no por
355
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riguroso dogmáticamente, según entiende el legislador, además de que exista en ella una
vaga intención protectora (que realmente no es necesaria, pues el artículo 1698 le sirve
de auténtica base para lo que pretende). Pero no se aplicará este régimen, pues ni existe
sociedad interna tiene su propia dinámica, en parte repasada y en parte por repasar, y no
Por ello, parece correcto defender la necesidad de modificación del artículo 1669
nuestro caso), sino que confunde al intérprete a la hora de afrontar el estudio de las
sociedades internas: induce a pensar que pudiera existir una comunidad de bienes en su
seno o que, pese a no existir, debamos acudir a su articulado para fijar el régimen de
El régimen por el que se regula la sociedad interna es, realmente, el existente para la
esencia de la sociedad desprovista de personalidad jurídica (puede adquirirse por uno de los socios, por
ejemplo, o por algunos, y destinar luego las fincas a la labor social oportuna).
907
En el seno de toda sociedad civil existirá una masa surgida de la puesta en común dirigida a sostener la
actividad social, surja persona jurídica o no. Pero eso no es una comunidad de bienes, eso no es otra cosa
que la formación del patrimonio del ente personificado, en el caso de que éste exista, o de una masa,
obligacionalmente considerada, destinada al fin social, si no existe persona jurídica.
908
Podría derogarse, sin más, o sustituirse por otra regulación que no hiciera más que elevar a rango de
ley las pautas generales de operatividad de la sociedad interna. En este sentido, lo principal sería destacar
que el régimen jurídico de aplicación sería el régimen de la sociedad civil, como veremos: el artículo
1669 no pretendió regular cuestiones de régimen jurídico, por lo que no aporta novedad alguna a este
respecto. Sin mayores profundidades, además, pues siempre contamos con la regulación dedicada a la
356
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sociedad civil en general, exceptuando del mismo aquellos preceptos que impliquen
patrimonio autónomo) o actuación como ente frente a terceros, y teniendo en cuenta que
los socios siguen siendo propietarios de lo aportado pese a estar vinculados por el
contrato social a la hora de ponerlo a disposición del interés social. El artículo 1669 CC
regulen tanto a las sociedades personificadas como a las internas909: los artículos 1665 a
1680, 1681 primer párrafo, 1682 a 1696 y 1700 a 1708 CC son perfectamente aplicables
a ambos tipos de sociedades, así como los artículos 1697 y 1698, modificando la
terminología necesaria para adaptarla al caso de la sociedad interna (ya que no estamos
ante el mismo caso: no hay representación de ente en ningún momento), mientras que
los únicos preceptos que no parecen aplicables al caso de las sociedades internas son el
párrafo segundo del artículo 1681 (que alude a evicción, algo conectado a modificación
sociedad civil, como veremos. No nos parece oportuno fijar un régimen de solidaridad respecto de
terceros, pues la intención es la opuesta a la inspiración del artículo 1698 CC, de aplicación a estas
sociedades. Por tanto, ni siquiera debemos basarnos en argumentaciones que reserven la solidaridad para
la órbita mercantil frente a la mancomunidad de la órbita civil (en este sentido, CAPILLA RONCERO,
F.: “La sociedad civil”, cit., pp. 340-350 y comentario a los artículos 1697 y 1698 CC, cit., pp. 556-559).
909
No debe sorprendernos: estos preceptos se redactaron pensando en sociedades sin personalidad.
910
Aunque ésta es la solución técnicamente correcta, en nuestra historia codificadora no se entendió así, y
podemos encontrar artículos que defienden esa obligación en el seno de sociedades no personificadas,
aunque sí dotadas de alguna forma de autonomía patrimonial. En concreto, son los artículos 1454.1 del
Proyecto de 1836, 1575.2 del Proyecto de 1851 y 18.2 del Anteproyecto de 1882-1888 (incluido
expresamente en la parte dedicada a las sociedades sin personalidad jurídica). Defendía GARCÍA
GOYENA su inclusión indicando que “su espíritu es que se preste en todos los contratos onerosos; (...) el
357
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En ese marco, hay que recordar que las aportaciones seguirán dentro del patrimonio
de cada aportante, pero se destinarán a cubrir la correcta labor social conforme al pacto
existente entre las partes del modo ya indicado. Creemos que no debe crearse un
patrimonio del ente no personificado, pues generaría problemas sobre titularidad de los
sustituir la seguridad que aporta a todos los efectos la permanencia del bien en el
patrimonio del aportante por la incertidumbre de crear un patrimonio sin sujeto titular.
Propiedad. Sin embargo, la cuestión cambia en el caso de las sociedades civiles sin
personalidad jurídica. Pensemos en que alguno de los socios puede aportar algún
inmueble, o bien puede adquirirse después para el correcto desarrollo de la vida social.
éste seguiría siendo propietario, sin perjuicio de que legitimara al gestor para operar con
el mismo912. En el caso de que un bien inmueble pertenezca a una sociedad civil sin
personalidad jurídica, realmente no pertenece a la misma como ente, que no existe, sino
artículo fija este punto sobre la base general de los contratos” (GARCÍA GOYENA, F.: comentario al
artículo 1575, en “Concordancias...”, cit., p. 823).
911
En parecidos términos, en la doctrina alemana, STÜRNER, quien indica que se aplicarán las normas
de la sociedad, salvo en lo tocante a representación y patrimonio propio (JAVERNIG-SCHLECHTRIEM-
STÜRNER-TEICHMANN-VOLKOMMER: “BGB Bürgelliches Gesetzbuch”, cit., p. 805).
912
Salvo que se pretenda expresamente constituir una copropiedad, del modo descrito en su momento.
358
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que habrá que ver cuál es su auténtica situación patrimonial: si existe una copropiedad
entre los socios, si pertenece a uno solo de los socios, o pertenece a algunos de ellos
(porque se haya adquirido por ellos únicamente, y no mediante actuación social, aunque
éste es tema que no nos interesa en este momento). En cualquier caso, un ente que no
existe no puede ser titular de derechos como tal ente, salvo que la ley expresamente le
Por lo tanto, una sociedad civil sin personalidad jurídica no puede ser propietaria de
un inmueble, porque no existe como ente. Dicho inmueble pertenece a los socios de
dicha sociedad, o a alguno de ellos, del modo ya citado (dependiendo de cómo se haya
constituido, pero no por ser sociedad interna se constituye una copropiedad913). Por
naturaleza es así. Sin perjuicio, claro está, de que en la escritura de compra pueda
constar la condición de socio de la sociedad interna X por parte de cada uno. Y si eso
este campo de dicha solución: no puede ser propietaria registral una sociedad civil que
no goza de personalidad jurídica, sino que debe inscribirse esa titularidad a nombre de
Hipotecario es consecuente con esta máxima lógica e indica que “no serán inscribibles
los bienes inmuebles y derechos reales a favor de entidades sin personalidad jurídica”.
gozan de personalidad jurídica, pero acierta al indicar que la sociedad civil sin
913
Como defendía la citada STSJ Navarra 12-2-1998 (M. A. 1713).
359
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personalidad no puede ser titular registral, sino que el bien debe inscribirse a nombre de
todos los socios. La base para ello será la escritura pública de compraventa a nombre de
los socios914. Si los socios adquieren un inmueble para la sociedad interna lo adquieren,
Por tanto, cuando se adquiere un inmueble para una sociedad sin personalidad
jurídica, si se pretende que acceda al Registro dicha titularidad, ésta deberá plasmar la
independencia del uso posterior a que se destine, conforme al pacto social existente)916.
Si se adquirió por varios de los socios, existirá una cotitularidad por parte de los
mismos, que debe constar registralmente, mientras que si se adquirió para la sociedad
por todos sus socios (estamos ante el inmueble de la sociedad), registralmente debe
914
El contrato no debe celebrarse necesariamente en escritura pública, pero si se pretende que la
titularidad conste en el Registro de la Propiedad, debe ser así. Además, las partes pueden compelerse a
elevar el contrato a escritura pública, conforme a los artículos 1279 y 1280 CC.
915
Recordemos cómo en el Preámbulo del Real Decreto 1867/1998, de 4 de septiembre, se recordaba su
intención al permitirse esa inscripción en el Registro mercantil: “Asimismo, se ampara -a través de una
disposición adicional que modifica el Reglamento del Registro Mercantil- la posibilidad de que las
sociedades civiles sean objeto de inscripción en tal Registro, aunque no tengan forma mercantil, con la
finalidad de que tales sociedades también puedan gozar de las ventajas del reconocimiento a través de un
instrumento de publicidad <<erga omnes>>. De esta manera no sólo las sociedades civiles con forma
mercantil sino también aquellas que tengan una forma puramente civil podrán gozar de las ventajas de
inscripción en el Registro Mercantil, para poder después inscribir los bienes a su nombre en el Registro
de la Propiedad. Se resuelve así el problema de las sociedades que realmente quieren regirse como
sociedades civiles, sin adoptar una forma mercantil que las desvirtúe” (las cursivas son nuestras).
916
El hecho de inscribir una titularidad exclusiva del comprador no implica que extrarregistralmente la
propiedad no pertenezca a los demás socios, con todo lo que conlleva a la hora de proteger esa propiedad.
360
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ajena a él. En ningún caso cabe que la titularidad corresponda a ese ente que no existe.
Si el inmueble es la aportación realizada por uno de los socios, sigue estando inserto
faltando al pacto social, los otros socios pueden exigirle la oportuna responsabilidad
incluso si conoce la existencia de la sociedad interna, pues eso no implica asumir que el
bien era común (no lo será salvo que exista pacto ad hoc en dicho sentido).
refleje en el Registro, bien porque conste la titularidad de una sola persona, bien porque
no consten todos los cotitulares existentes (existiendo voluntad de los socios de generar
una comunidad). En dicho caso, téngase presente que el tercero que contrata con la
917
En cualquier caso, estamos ante un supuesto en el que es bastante posible que ese cotitular no haya
sido diligente a la hora de defender sus derechos, ya que no parece diligente desconocer la realidad
registral de un inmueble de su propiedad, o lo que sería más importante, conocer la inexactitud y no instar
la oportuna modificación. Esto influirá a la hora de exigir alguna reparación ante la existencia del daño.
361
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3.7 Modo de operar de la persona legitimada con los bienes existentes: remisión al
socio o de la persona legitimada para operar tal y como se configura por las partes en el
Los socios actuantes, indica el artículo 1669 CC, operarán en su propio nombre con
los terceros. Aunque se está pensando en socios del pacto, cabe que pueda ser algún
tercero contratado para ello919. Y ocurrirá así porque las partes lo han pactado de ese
modo, legitimando a esa persona para que actúe gestionando el interés social y sin que
puedan perturbar dicha actividad. Las partes que legitiman están vinculadas realmente
por un pacto de mandato irrevocable con el actuante a la hora de permitirle actuar con el
918
Vid. en artículos 593 a 604 LEC.
919
Es posible que en la sociedad interna se nombre a un administrador o se contrate a un tercero para que
actúe en todo momento en su propio nombre, en vez de ser los socios los que lo hagan, sin que por eso
deje de ser operativo dicho precepto. El artículo 1669 CC no lo incluye porque el legislador tiene en
mente a una sociedad civil de tal simpleza orgánica como para que no exista necesidad de un órgano de
administración y representación “profesional” dedicado a dicha labor. Pero si una sociedad se configura
como sociedad interna y los socios deciden que una persona ajena a los socios se dedique a la
administración, esa persona celebra los contratos oportunos en su propio nombre, pues la sociedad no
pretende operar como tal en el mercado, y cae perfectamente bajo la órbita del artículo 1669 CC. No
operar como ente frente a terceros no es necesariamente indicio de escasa actividad societaria.
Imaginemos una sociedad interna destinada a la gestión de una gran cantidad de fincas rústicas. Puede
ocurrir que las partes no quieran aparecer como ente, pero la complejidad de dicha gestión puede
recomendar la existencia de un administrador profesional, que a la hora de contratar lo hará en su propio
nombre, del modo descrito en el artículo 1669 para los socios.
362
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obtención de las finalidades sociales existentes920 y, por tanto, del cumplimiento del
contrato social en el que todos están interesados921. Y todo ello será así aunque no se
El hecho de que se tenga relaciones con terceros, del modo expuesto, no prejuzga
que la sociedad sea externa, pues el propio artículo 1669 parte de esa base: que una
sociedad se pacte como interna no quiere decir que resulte autosuficiente para obtener la
finalidad perseguida, sino que para tener relaciones con terceros, el conjunto de socios
ha decidido que no operará como ente923. Por ello, al plantearnos si no resulta un tanto
contradictorio que una sociedad surja configurada para no tener relaciones jurídicas
como tal ente pero que sus socios, pese a que contraten en su propio nombre, celebren
los pactos teniendo en cuenta dicho interés social de ese grupo que no pretende tener
920
Existe lo que RUIZ-RICO RUIZ ha denominado un “interés lo suficientemente potente o cualificado
como para provocar la irrevocabilidad”, que será la realización de la actividad social de modo normal
(RUIZ-RICO RUIZ, J. M.: “La representación en interés del representante”, cit., p. 441).
921
En este sentido, GORDILLO CAÑAS, A.: comentario al artículo 1733 CC, dentro de “Comentarios
del Código Civil”, Tomo II, Secretaría General Técnica del Ministerio de Justicia, Madrid, 1991, p. 1585.
922
Está implícito en el pacto, como consecuencia del artículo 1258 CC (vid. en este sentido RUIZ-RICO
RUIZ, J. M.: “La representación en interés del representante”, cit., pp. 443 y 446).
923
Por tanto, incluso el nombrar a un “representante” o administrador, para actuar en su propio nombre,
no debe interpretarse como pretensión de constituir una persona jurídica, sino como un paso, sin más,
para satisfacer las necesidades sociales de una sociedad que no actúa como ente en el mercado. Por ello,
parece posible que el legitimado para actuar en su propio nombre gestionando el interés de la sociedad
interna sea no un socio, sino un profesional, un administrador ajeno a la misma por ejemplo. La clave
residirá en el contrato social regulador, sin que exista más límite que las necesidades sociales. Por ello, no
será frecuente que deba existir una especie de consejo de administración que actúe sin vincular a la
sociedad, pero sí puede ser necesario que actúen distintas personas, todas en su propio nombre.
363
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los socios lo pactan así y de ello se deriva que no nazca una persona jurídica. Pero eso
para satisfacer sus intereses: sólo que si para cumplir su interés social debe celebrarse
algún contrato con extraños al grupo, será el socio, o persona legitimada, el que lo
pues gestiona el interés social, entendido como el interés del conjunto de socios924.
La legitimación para actuar de esa forma descrita en el artículo 1669 (el gestor actúa
en su propio nombre y pudiendo operar con los bienes aportados) se deriva del propio
a todos o se contrata a alguien extraño, para que gestione los intereses sociales,
para los otros socios, como hemos visto, inserta en el más amplio contrato de
Además, si actuar en nombre propio del modo pactado por la sociedad fuese ya signo de voluntad de
constitución de sociedad externa, el artículo 1669 CC no tendría sentido, sería un contrasentido, pues
prevé expresamente dicho modo de actuación dentro de lo que es una sociedad interna.
924
Imaginemos que tres personas pactan un contrato de sociedad por medio del cual explotarán una finca
de uno de ellos, aportada a la sociedad, pactándose que otro de ellos se dedicará a las labores agrícolas y
el tercero será el que procure la gestión oportuna para que dicha explotación se haga en circunstancias
óptimas. Esa sociedad no pretenderá tener contacto con terceros como tal ente y se pacta como sociedad
interna, pero eso no es óbice para que existan necesidades sociales y se deba tener contacto con terceros a
la sociedad, por ejemplo, para comprar abonos, aperos, o para vender el producto, operaciones todas ellas
que los terceros a la sociedad celebrarán sin que ésta opere como tal en ningún momento, sino que
contratarán con el socio determinado, que obrará en su propio nombre, pues estima que a nadie interesa la
existencia de una sociedad entre los tres para dicha gestión, sino operar con una persona individual sin
más. Todo ello sin perjuicio de que después deba rendir cuentas ante sus socios, repartir las ganancias y
pérdidas del modo establecido, o responder en caso de que haya lesionado los intereses de la sociedad o
de algún socio. Pero que una sociedad se pacte como interna no quiere decir que no tenga intereses
sociales, ni tampoco que no pueda interesar celebrar un contrato con terceros a la misma, sino que esas
relaciones con terceros se canalizarán de un modo especial, ya que la sociedad no actúa como ente.
364
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Por tanto, por propia configuración social, los socios o actuantes se conducen como
si fuesen representantes indirectos de esa sociedad sin personalidad jurídica, algo que
un grupo que no pretende aparecer como dicho grupo y que, precisamente por ello, no
se dota de una personalidad jurídica que no le es necesaria para realizar esta labor
adecuadamente. Representa realmente los intereses sociales, que es como decir los
alguna de las causas establecidas en el artículo 1700 CC o pactada por las partes. En
dicho caso, debe procederse a la liquidación de la misma927. Para ello, deben distribuirse
las ganancias y las pérdidas entre los socios, siempre de acuerdo a las proporciones
925
En supuestos concretos posteriores sí que puede existir un contrato de mandato autónomo. Por
ejemplo, si el aportante de un inmueble legitima al actuante para que disponga del bien con objeto de
obtener fondos monetarios para la sociedad interna, apoderamiento para que celebre el negocio concreto.
O en el caso de que el actuante sea un tercero, no vinculado por el pacto social.
926
Imaginemos que tres personas aportan un dinero para gestionar entre los tres una finca rústica de uno
de ellos, y no pretenden operar en el mercado como sociedad, sólo gestionar participando en las ganancias
y asumiendo los gastos entre todos. Uno de ellos celebrará contratos para comprar abonos, semillas,
aperos, etc. Los celebra en su propio nombre, aunque dichos gastos, realmente, los asumirá la sociedad
civil, pues son operaciones que se realizan para que se cumpla su interés social.
927
PAZ-ARES entiende que en la sociedad interna “La extinción del vínculo determina la subsistencia
entre los socios de una mera situación de comunidad, cuya división procederá de acuerdo con sus reglas
365
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las partes al celebrar el contrato de sociedad, que ya tenían en mente esa puesta en
común para obtener un lucro y repartir entre sí las ganancias, aunque orientadas en este
caso hacia la liquidación final de la sociedad. Además, estamos ante un ámbito en el que
soberana, respetando ciertos mínimos fijados en los artículos 1690 y 1691928. Nos
encontramos ante el derecho del que goza cada socio de obtener una parte de los
cualquier otra sociedad. Si, además, queda patrimonio aportado, debe valorarse el
necesariamente el aportante recuperará de modo exacto lo que aportó, sino que, pese a
que pueda ser así (en la medida de lo posible es lo deseable, pues dicho bien nunca salió
bien a la hora de liquidar la sociedad930. Debemos operar con cuotas ideales que después
propias” (PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1700 CC, dentro de “Comentarios del Código Civil”,
Tomo II, Secretaría General Técnica del Ministerio de Justicia, Madrid, 1991, p. 1489).
928
CAPILLA RONCERO, F.: comentario al artículo 1689 CC, dentro de “Comentarios al Código Civil y
Compilaciones Forales”, Tomo XXI, vol. 1, EDERSA, Madrid, 1986, pp. 349-350.
929
CAPILLA RONCERO, F.: comentario al artículo 1689 CC, cit., p. 351.
930
El aportante asume que durante la existencia de la sociedad interna, el objeto de su aportación pueda
ser enajenado, incluso, para sostener la actividad social. Imaginemos, además, que el bien aportado es de
más valor que la proporción que le corresponde en la liquidación: en tal caso no puede recuperarlo sin
más, salvo que abone la cantidad que exceda a quien corresponda. Sin embargo, en sentido contrario al
aquí expuesto, CAPILLA RONCERO, F.: comentario al artículo 1689 CC, cit., pp. 355-356, así como
comentario al artículo 1708 CC, dentro de “Comentarios al Código Civil y Compilaciones Forales”,
Tomo XXI, vol. 1, EDERSA, Madrid, 1986, p. 697, donde comenta que “los bienes (aportados)
366
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deben concretarse: las aportaciones serán valoradas al calcular la cuantía del patrimonio
proporción oportuna también, para que cada socio asuma la parte que le corresponda.
responsabilidad, sino que se extingue la sociedad y se han hecho frente a las deudas, con
lo que toca ahora asumir por todos las operaciones. Puede que los acreedores, tanto por
deudas particulares como vinculadas a la sociedad, exijan satisfacer sus derechos, pero
aunque no deba trabajar con los libros contables exigidos en el caso mercantil, es
configuradores antes expuestos: qué desean las partes expresamente al constituir una
recuperables in natura, cesada la causa que justificaba su dedicación a las actividades sociales, debieran
retornar al patrimonio exclusivo del socio aportante”. Entendemos que no han salido del mismo y que no
necesariamente deben ser la parte que corresponda al socio en el reparto.
931
Conforme al valor que tengan en el momento de la liquidación, según defendió la STS 10-11-1978, y
parece lógico que así sea.
932
En este sentido, CAPILLA RONCERO, F.: comentario al artículo 1689 CC, cit., p. 365.
367
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bienes, sino en un conjunto de bienes afecto a un fin concreto. Una vez configurada,
veamos cómo opera en el mercado, cuando lo hace, la sociedad interna, pues su carácter
misma con los terceros, y confirmar la idea, ya expuesta, de que la existencia de dicha
sociedad no implica, per se, renunciar a cualquier tipo de relación externa. Puede que
dichas relaciones no se prevean como necesarias, pero no en todo caso será así.
sociedad civil interna, pues la forma de actuación de los socios, tanto en la sociedad
que se haya impreso a la misma933. La sociedad es pactada por las partes con la
intención de que no intervenga como ente en el mercado, pero eso no tiene por qué
implicar autosuficiencia para la obtención de sus fines. Por tanto, si bien es cierto que se
puede pactar una sociedad como interna porque los socios intuyen la innecesariedad de
actuar en el mercado, también puede ocurrir que las partes asuman que sea necesario
tener contacto con terceros, pero para ello no puede actuar la sociedad como ente, pues
nunca nace, sino que debe actuar a través de alguien que contratará en su propio
368
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nos da la clave, pues no debemos salir del primer párrafo de dicho artículo para conocer
cláusula contractual que impida la utilización del nombre del grupo en el tráfico934, pero
basta con que se desprenda del contrato regulador que se actuará en el mercado sin
sociedad opere como tal ente en el mercado: de lo contrario no sería una sociedad
interna, sino que operaría como sociedad externa. Cuando resulte necesario operar con
terceros un socio concreto, todos o algún tercero contratado para ello, si así se acuerda
en cualquiera de los casos, podrá celebrar los contratos que sean necesarios, pero en su
una sociedad civil como tal grupo, pues iría contra su naturaleza de sociedad interna. A
ese tercero se le presentará alguien que contrata con él en su propio nombre, tal y como
describe el artículo 1669 CC: un particular, por consiguiente. Debido a que la sociedad
se pacta como interna, ese socio que contrata con terceros lo hace en su propio nombre,
933
En este sentido ha sido especialmente claro PAZ-ARES, C., tanto en voz “Sociedad interna”, cit., p.
6332, como en comentario al artículo 1669 CC, cit., p. 1360.
934
PAZ-ARES, C.: voz “Sociedad interna”, cit., p. 6332, y comentario al artículo 1669 CC, cit., p. 1360.
935
Por tanto, el tercero que contrata con la sociedad tiene relación, según entiende él, con un particular, y
a éste debe exigir el cumplimiento del contrato y las responsabilidades oportunas en su caso, como
criterio general. Ese tercero que contrató con el socio de la sociedad interna no es consciente de tener
tratos con una sociedad civil, sino con un socio de la misma que, además, no se muestra como tal, lo que
provoca que sea a ese socio al que deba dirigirse en principio, sin ejercitar derechos frente a esa sociedad
que no existe, conforme a la apariencia que se le presentó a la hora de contratar y, por tanto, no la conoce.
Salvo, claro está, en situaciones excepcionales, que repasaremos a continuación, a la hora de estudiar el
cumplimiento del contrato y la exigencia de responsabilidad.
369
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Todo ello no es óbice para que ese socio actuante responda frente a sus socios de
conjunto de socios de alguna forma (ya que el socio actuaba en nombre propio pero
gestionando el interés de la sociedad interna, y debe rendir cuentas por ello). Obraba así
sin necesidad de acuerdo expreso previo de la sociedad para que lo hiciera, sólo
Por propia configuración social, en cumplimiento del contrato, los socios actúan
adquieren un bien lo adquieren del modo en que se haya pactado por la sociedad interna.
Sin embargo, realmente no podemos estar ante un representante stricto sensu936, debido
a que ese contratante está realmente gestionando los intereses de una sociedad
desprovista de personalidad jurídica (que no exista persona jurídica no quiere decir que
Aquí se nos puede plantear una duda que puede salvar la posible actividad
936
Pensemos que la representación indirecta es parte de lo que debe entenderse por representación (en
este sentido, DÍEZ-PICAZO, L.: “La representación en el Derecho Privado”, cit., pp. 45-48, así como
GASPAR ALFARO, J.: “La representación indirecta”, cit., pp. 313-337). Coincide con esta idea de que
no puede existir representación, en Derecho alemán, KESSLER, E.: “Staudinger Kommentar zum
Bürgerlichen Gesetzbuch mit Einfürungsgesetz und Nebengesetzen” cit., pp. 312-313.
937
Tal y como establece GASPAR ALFARO, J.: “La representación indirecta”, cit., p. 320.
370
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estricto, pero en el segundo caso sí podría ser posible. Si nos decantamos por los
gestión del interés de un ente sin personalidad, no cabe representación como tal.
contrato asociativo, y pese a que esté desprovista de personalidad jurídica existe una
finalidad social común por cubrir, finalidad social de cuyo cumplimiento depende que
los intereses particulares propios de cada socio se vean satisfechos posteriormente. Por
ello, defender que quien actúa en el mercado lo hace representando a cada uno de los
predicar la existencia de ese interés social, diferente del interés particular de cada socio,
Y debemos tener siempre claro que el que la sociedad no actúe como ente en el
mercado no elimina en todo caso la necesidad de ese grupo de socios de tener relaciones
“representación de la sociedad”, sino más bien una “representación” de todos los socios
en cuanto grupo sin personalidad o, técnicamente, una gestión de los intereses sociales
por parte de los socios, que actúan conforme al pacto concluido en su día. El socio que
938
A pesar de que el interés particular de cada socio sólo se vea beneficiado en la medida en que se
realice adecuadamente la labor social previa.
371
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contrataba en su nombre para comprar las semillas, aperos, etc., gestiona el interés de
No existe ente social que representar, ni poder expreso para actuar, generalmente,
sino pacto social legitimador para ello (con mandato irrevocable incluido) o decisión
posterior en dicho sentido. Además, si el gestor es socio, los intereses que gestiona no
son realmente ajenos, sino de todos los socios (entre ellos, él), y que no debe existir
habitualmente que, en el caso de que exista esa eficacia indirecta, “se suele dibujar
diciendo que las consecuencias del acto de gestión representativa –todos los derechos y
jurídica del representante que actuó y, viceversa, ningún efecto se produce de manera
embargo, en el caso que nos ocupa el actuante normalmente operará sobre la masa
aportada, pese a que se ofrezca la imagen de que opera con su patrimonio particular, por
posteriormente la repercutirá para que sea la sociedad interna la que la haga suya. Pero
Por ello, para expresarnos con propiedad no debemos hablar de representación, sino
El socio actuante o actuante, a secas, está legitimado para gestionar estos intereses
939
DÍEZ-PICAZO, L.: “Los efectos jurídicos de la gestión representativa”, ADC, 1978, p. 490.
372
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peculiar modo expuesto, sin operar como ente personificado. De ello debemos derivar la
inexistencia de deudas sociales entendidas como tales, en sentido técnico940. Por lógica
debe ser así. Si la sociedad no está personificada y no actúa como ente no puede
endeudarse como tal persona941. Por propia configuración no existirán deudas sociales
contraídas en su labor societaria. Indicaba PAZ-ARES, además, que “es claro que la
simple existencia de un lazo obligatorio entre los socios no autoriza al tercero para
No existen deudas sociales porque la sociedad no actúa como tal y las deudas son
(acudiendo a las aportaciones realizadas, o bien repercutiendo en los otros socios los
gastos, pese a que frente al tercero la imagen es la de que responde con su patrimonio
obligaciones contraídas realizando la actividad social, de lo que se deriva que sean los
socios como sociedad interna, esto es, con el patrimonio aportado o en la proporción
oportuna, los que deban asumir la operación. Trataremos esta cuestión en su momento.
940
Esta cuestión fue apuntada por PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1669 CC, cit., p. 1368.
941
En estos términos, FIKENTSCHER, W.: “Schuldrecht”, cit., p. 621.
942
Vid. PAZ-ARES, C., voz “Sociedad interna”, cit., p. 6334, y com. al artículo 1669 CC, cit., p. 1368.
373
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gananciales: las deudas serán individuales en todo momento, sin perjuicio de asumir las
mismas con determinados bienes, los aportados con dicha finalidad943, y de que se
pueda acudir en su caso contra el resto de socios, según repasaremos, que se harán cargo
dentro de los patrimonios que pueden ser de interés. Por ello, pese a ser deudas
En conclusión, y respecto de lo que nos interesa, baste indicar que el socio o actuante
se obligará individualmente en todo caso, unas veces por razones vinculadas con la
sociedad interna, y otras por razones extrañas a la misma, en su labor ajena a la sociedad
Hemos indicado que, por propia configuración, los socios o actuantes operan como si
sentido estricto de representación de la sociedad944, sino que sea más correcto aludir a la
943
Puede ocurrir que el operante tenga que operar con su propio patrimonio, pero inicialmente hay que
destacar la posibilidad de operar con el patrimonio aportado. Además, si asume la operación con su
patrimonio particular, puede repetir contra sus socios en la proporción oportuna con posterioridad, pues es
el conjunto el que debe interiorizar la operación.
944
Debido a que la sociedad no existe como tal ente. Además, el asunto que gestiona no es totalmente
ajeno a ese socio, como suele ocurrir con el representante (salvo que el autorizado no sea uno de los
socios, sino profesional) y tampoco existe un poder de representación como tal, sino que el actuante
cumple lo pactado en el contrato social, sin más.
374
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jurídica. Esto es fundamental a la hora de configurar las distintas relaciones que nacen y
estructura de la relación con la que nos encontraremos cuando un socio de una sociedad
que es quien entra en contacto con la misma para celebrar el contrato de que se trate, o
con quien la misma contacta con dicha finalidad. A él no se le presenta dicha sociedad
como tal, sino que se encontrará con que tendrá contacto con un socio (o tercero) que
actúa en su propio nombre, esto es, desde su óptica, un particular sin más, que
el caso de la sociedad constituida para explotar una cadena de restaurantes y que se crea
sociedad, por propia configuración, no opera como tal ente946). Se está actuando del
modo descrito: la sociedad no aparece, pues se pretende que no opere como tal, y
entonces aparecen dos particulares negociando, ambos en su propio nombre, pero uno
de ellos gestiona los intereses de una sociedad civil interna. Uno de los socios, actuando
pretende instalar. Y mantienen tratos, sin más, sin que conste la existencia de una
sociedad. De ahí que la relación quede constituida con las dos partes ya presentes.
Sin embargo, ese socio actúa en su propio nombre gestionando los intereses de la
sociedad interna, legitimado para actuar así por el contrato social. Esta sociedad,
945
Pues no necesariamente debe ocurrir, como sabemos.
946
Pues las partes ponen en común una serie de bienes para realizar una actividad económica y obtener
unos beneficios para repartir entre los socios. No pretenden otra cosa.
375
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entendida como el pacto celebrado por los socios que implica la aportación de un
está en juego en todo momento, interés común de todos los socios947, pero que por
propia configuración se mantiene al margen del mercado como ente (recordemos cómo
ello, necesariamente debe actuar el socio en su propio nombre, por propia configuración
social. Sin embargo, a nadie escapa que el interés que está en juego es el de la sociedad
jurídica, pues por propia configuración se conducirá por medio de esos socios que
el socio actúa gestionando el interés de esa sociedad sin personalidad a la que pertenece,
hacer café, espejos, botellas, etc., si no pensase instalar ese negocio, y ese negocio lo
instala gracias al pacto por el que no será la única persona que asuma su coste).
una parte, tenemos a una persona física o jurídica que actúa en su propio nombre (o
representando a alguien, tampoco nos interesa este dato en este momento), y, por otra, a
otra persona física que actúa en su propio nombre pero gestionando el interés de un
conjunto de socios que forman una sociedad interna, a la que está vinculado como socio
947
Técnicamente no existe un interés particular predicable de un ente jurídico inexistente, pero
impropiamente hablando es claro que el interés del conjunto de socios es, realmente, el interés de la
sociedad interna como grupo no personificado. Estamos ante un contrato asociativo, y ello se percibe en
este dato: el interés personal de cada socio no es idéntico al del interés conjunto de todos.
948
El artículo 1669 CC piensa en un socio que actúa de esta forma, pero cabe admitir la posibilidad de
que el contratante no sea socio, sino que administre la sociedad interna y actúe frente a terceros como si
376
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responderá con su patrimonio personal (aunque esté legitimado para operar con lo
aportado por los socios). Repasaremos las peculiaridades que se pueden presentar.
uno al otro. Es importante detenernos en este punto, pues no puede ser idéntica a la
existencia. Por ello, si todo se desarrolla adecuadamente de esa forma, el tercero sólo
conocerá la existencia del particular que con él contrata, con todo lo que ello implica a
responsabilidad oportuna, como partes contractuales que son, y el socio gestor no puede
oponer la existencia de una sociedad interna para evidenciar una posible falta de
fuese propio el negocio, o bien, haya sido contratado por la misma para realizar esta gestión concreta
377
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legitimación por su parte para responder. Ofreció una imagen al tercero, y éste tiene
contratante, que cara al tercero debe hacer frente con su patrimonio conforme al artículo
para acudir a los bienes o dinero aportados a la sociedad con la intención de que sea ésta
generalmente: si una sociedad interna opera de este modo como norma general, lo
378
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frecuente es que haga frente a sus operaciones con las aportaciones que forman su
“patrimonio” (patrimonio que no existe como tal, ya lo hemos aclarado). Por tanto, que
el socio que contrata se sirva del capital aportado para ello, pues estará legitimado para
obligación con “patrimonio social”, y si ello no es posible, por las razones de que se
trate, puede solicitar a los demás socios las cantidades oportunas conforme a la
proporción pactada, así como también hacer frente con su propio patrimonio, pues es
parte contractual, sin perjuicio de instar posteriormente la repetición para que sea el
conjunto de socios el que asuma su coste conforme al pacto existente entre los mismos
(en todo caso debe ser la sociedad la que soporte la operación, directamente o después
año con la intención de obtener y repartir unos beneficios, y para hacer frente a los
gastos cada una de ellas aporta una cantidad concreta de dinero. Una de ellas será la
gestora de la finalidad común, y con ese dinero hace frente al pago de la adquisición del
derecho de celebrar dicha fiesta en algún bar o discoteca, así como al pago de las
tercero con el que tenga contacto entienda que su contratante acude a su patrimonio
particular para hacer frente a las cargas, es lógico que responda con este capital,
951
En todo momento nos referiremos al caso de que el actuante sea socio, pues es el más genérico y en el
que piensa el CC. Pero puede darse el caso de que se contrate a un tercero para tales menesteres: en dicho
caso, ese tercero está legitimado para operar con el patrimonio aportado por los socios, y asume que, en
379
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aportado precisamente con dicho objetivo. No parece extraño que esos capitales no
cubran completamente esas necesidades, y que ese gestor, que actúa representando sus
intereses y el de sus socios, aporte dinero de su patrimonio personal para ello, dinero
que después le será reembolsado por el resto de socios, proveniente de sus patrimonios
particulares o de las ganancias obtenidas, antes de repartir dichas ganancias entre todos
poner de manifiesto la existencia de esta masa aportada por todos los socios, patrimonio
preferentemente con los mismos y, en caso de que no sea suficiente, responder ya con
su patrimonio privativo sin más (o integrar, en su caso, a los otros socios, estudiaremos
si es posible). En dicha operación no cabe que los otros socios se opongan a ella, pues
cumpla o se repare el daño causado, pues para eso es sociedad (aunque coexista la
citada copropiedad sobre las aportaciones, que soportan la actividad social), pese a ser
caso de que deba responder frente al tercero, puede que deba acudir a su patrimonio personal para hacerse
cargo de toda la deuda, sin perjuicio de la posterior repetición a los miembros de la sociedad interna.
952
Valórese la incoherencia de defender la existencia de una comunidad de bienes en este caso:
legitimaría al copropietario para ejercitar acciones que tiendan a evitar la salida de los bienes a estos
efectos, y, por tanto, perjudicar la correcta labor social.
380
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sociedad interna, el que realmente debe hacer frente a la operación, pues mediante la
contratante (no será necesario acudir a la legitimación del artículo 6 LEC, pues no se
Una duda que se nos puede plantear es la de si los socios de la sociedad interna, que
no operan en el mercado, son o pueden ser en algún caso responsables frente a terceros
de las deudas contraídas por el socio que contrata en su propio nombre. Sobre esta
dirigirse también a esos otros socios955, como en contra de ello956. Sin embargo, no es
953
Aunque realmente pone en juego su patrimonio para responder, puede acudir para ello a la masa
aportada a la sociedad interna.
954
Tengamos siempre presente que la sociedad no actuará en ningún momento como ente en el mercado,
frente al tercero, y que cualquier actividad de los socios no actuantes tendentes a perjudicar dicha labor
implica atentar contra el contrato que en su día celebraron, con lo que ello implica.
955
Podemos defender la posibilidad de dirigirse a los otros socios señalando de entrada que, si bien el
artículo 242 C de c se expresa en términos opuestos para el caso de la cuenta en participación, en el
artículo 1669 no sólo no se incluye una regulación en dicho sentido sino que además la inspiración, al
remitir al régimen de la comunidad de bienes, parece diametralmente opuesta (el TS ha repetido, incluso,
que iba dirigida a proteger los intereses de terceros). Ya hemos indicado cómo el contratante se conducía
como si fuese representante indirecto de la sociedad, y en este sentido cabe indicar cómo DÍEZ-PICAZO
defendía la posibilidad de dirigirse frente al representado, en el caso de la representación indirecta en
381
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general. “Se supone que el tercero desconoce el carácter representativo de la gestión y que actúa en la
creencia de que la persona con quien él ha contratado obraba por sí y para sí. Como ya vimos más arriba,
ello no ocurre siempre necesariamente así, porque pueden darse además estas dos hipótesis: una que la
persona con quien él ha tratado no haya ocultado su carácter de gestor, sino simplemente la persona por
quien actuaba, y otra que haya revelado su carácter de gestor e incluso la persona por quien actúa, pero
por especial conveniencia se haya decidido celebrar el negocio como si lo hiciera el mandatario en su
propio nombre” (DÍEZ-PICAZO, L.: “La representación en el Derecho privado”, cit., pp. 282-283).
En el terreno que nos ocupa será difícil que esto ocurra al contratar, porque contradiría la esencia de lo
que debe considerarse por modo de obrar del socio de una sociedad interna (salvo que diera a entender
que contrata en interés de una pluralidad de sujetos y no de una sociedad: no contradiría el sentido del
artículo 1669, si tienen voluntad de constituir expresamente una cotitularidad), pero puede darse el caso
de que posteriormente al negocio, por cualquier circunstancia, el tercero tenga conocimiento de que ese
contratante obraba por cuenta de una sociedad (sociedad interna, realmente, no quiere decir sociedad
secreta, aunque ésta pueda encuadrarse en dicho concepto).
Es más: el TS ha defendido la existencia de esa intención protectora de terceros que entiende presente en
este artículo. ¿Qué podría pasar en este caso? En el supuesto que estudiaba DÍEZ-PICAZO, tenía pocas
dudas: “Aun cuando el tercero ignorara al contratar el carácter representativo de la actuación de la
persona que trató con él, es claro –nos dice- que este carácter puede ser revelado a posteriori e incluso
plenamente justificado, supuesto en el cual no es enteramente justo dejar al tercero desprovisto de toda
clase de acciones contra el mandante o al mandante frente al tercero. A nuestro juicio, las acciones se
deben dar pero debe tratarse de acciones y de procedimientos judiciales en los cuales intervenga siempre
el mandatario, puesto que él es el punto de sutura entre ambos”. Entiende que se deben reconocer esas
acciones, aunque después estima que se debe distinguir la situación que se deriva de diferentes contratos:
“Probablemente significa que hay de algún modo que distinguir, en las operaciones proprio nomine,
según que el negocio jurídico sea de ejecución inmediata (p. ej., compraventa y, en general, negocios
traslativos) y aquellos otros llamados a determinar una relación jurídica de carácter diferido, donde es
evidente que la revelación del carácter representativo de la actuación no basta para que se produzca una
modificación en los efectos de tales relaciones jurídicas”.
Por ello, si posteriormente a la celebración del contrato el tercero contratante con la sociedad interna
conoce dicha existencia, puede dirigirse al contratante con el que en todo momento contrató, como antes
de conocer esa existencia, así como frente a la sociedad interna en sí, pues el artículo 6 LEC le legitima
para ello, pero también puede exigir el cumplimiento del contrato o la reparación oportuna, junto al socio
contratante, al resto de socios miembros de la sociedad o a algunos de ellos. GUAL DALMAU, para el
caso de la cuenta en participación, entendía que si se revela al tercero la existencia del contrato, ello no
implica la posibilidad de que responda el partícipe de las deudas contraídas por el gestor, pese a que nada
se establezca expresamente para este caso en el C de c (GUAL DALMAU, M. A.: “Las cuentas en
participación”, cit., pp. 192-195). Pero realmente la inspiración es diferente, pues mientras en la cuenta en
participación se pretende que sólo responda el contratante, en el artículo 1669 se pretende que puedan
responder los otros socios no contratantes.
382
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necesario reflexionar demasiado, en abstracto, acerca del tema, pues el artículo 1698 CC
Pensemos que si ello es posible incluso en las sociedades personificadas, según establece el artículo 1698
CC (donde existe ente jurídico deudor), no es irracional pensar que si no hay persona jurídica los propios
socios deban responder en último término de las deudas contraídas.
Además, si defendiéramos que no se puede acudir contra los demás socios, sino únicamente contra los
bienes aportados, como mucho, ¿dónde residiría la aportación novedosa del artículo 1669? Pensemos que
el gestor contratante, por razones de lógica configuradora ya repasadas, puede responder con las
aportaciones existentes frente a los terceros, aunque éstos no conozcan la existencia de la sociedad
interna. Si indicamos que el beneficio del artículo 1669 reside en poder acudir a los bienes sociales,
realmente no aporta nada al anterior comentario y, sobre todo, a la regulación posterior del artículo 6
LEC. Debe existir algo más: ese algo más será la posibilidad de acudir contra los otros socios, que, si bien
pueden satisfacer las pretensiones del tercero con bienes aportados, pueden ver cómo deben responder
con su patrimonio “extrasocietario”, sin perjuicio de que después repitan lo oportuno para que cada uno
asuma la parte que le corresponde conforme al pacto social. Como ocurre en las sociedades civiles con
personalidad, los socios pueden ver comprometidos sus patrimonios particulares (incluso con mayor
razón, pues aquí no existe ente jurídico fruto del contrato), algo que sintoniza con el artículo 1689 CC,
cuando señala que las pérdidas se repartirán en conformidad a lo pactado y presupone, por ello, la
posibilidad de tener que acudir al patrimonio personal del socio para hacer frente a dicha obligación.
Algo que también ocurre en el caso de cargas de la comunidad de bienes, según se encuentra en el
artículo 393 CC. Aquí se plantea una duda, y es que nada se señala respecto de si dicha forma de
responder será solidaria o mancomunada, algo que debe inducir a pensar que debe presumirse la
mancomunidad. Pese a ello, la jurisprudencia tiende a imponer la solidaridad en caso de compra conjunta
(SSTS 22-3-1950, 7-1-1970, 30-3-1973 y 2-6-1980). En el sentido aquí defendido, vid. MIQUEL
GONZÁLEZ, J. M.: comentario al artículo 393 CC, dentro de “Comentarios al CC y Compilaciones
Forales, Tomo V, vol. 2, Editorial Revista de Derecho Privado, 1985, p. 65, y comentario al artículo 393
CC, dentro de “Comentarios del Código Civil”, Tomo I, Ministerio de Justicia, 1993, p. 1073.
956
Se puede basar la misma en que la pretensión de los contratantes, al celebrar un contrato de sociedad
interna, es la de no aparecer en el mercado como ente y, por tanto, intentar no vincularse más que con lo
aportado a la sociedad interna. En este sentido, cabe indicar que realmente los socios no han asumido,
desde el punto de vista de la responsabilidad, cada concreta operación realizada en cada momento por el
contratante en su propio nombre, modo en que pudiesen vincularse con su patrimonio ajeno a la
copropiedad destinada a cubrir la actividad social. El contrato social parece no bastar a esos efectos, y no
existe precepto alguno que extienda la responsabilidad de modo expreso.
PAZ-ARES, por su parte, ha defendido esta opinión de que los socios no actuantes no responden, pues no
existen deudas sociales, sino individuales, y el contrato social no basta para que el tercero pueda dirigirse
contra los socios no directamente obligados, ni siquiera cuando se manifiesta frente a los terceros (PAZ-
ARES, C.: voz “Sociedad interna”; cit., p. 6334 y comentario al artículo 1669 CC, cit., p. 1368). Sólo
podrá acudirse frente a ellos en los casos en que ello es posible conforme a las reglas del derecho común
(casos del artículo [Link] CC, simulación subjetiva o confusión de patrimonios).
383
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es básico para solucionar esta cuestión, como ocurría en el caso de las sociedades
personificadas957, y fija una responsabilidad legal clara958. Señala su primer párrafo, que
ninguno puede obligar a los otros por un acto personal, si no le han conferido poder para
ilimitada de los socios, por deuda ajena, subsidiaria y mancomunada, respecto de las
pues aunque no existan deudas sociales ni patrimonio social como tal, existen deudas
preferentemente las necesidades sociales, y entendemos que entre las partes la idea
957
No es necesario acudir a los artículos 1717 y 1727, como apuntaba LECIÑENA IBARRA: “La
sociedad de medios entre profesionales”, cit., p. 123.
958
Vid. PAZ-ARES, C.: “La responsabilidad del socio colectivo”, cit., p. 148.
959
Tengamos en cuenta, incluso, que se redactó pensando en su aplicación a sociedades que no gozaban
de personalidad jurídica. Su antecedente es el artículo 35 del Anteproyecto de 1882-1888, que estaba
inserto dentro del capítulo dedicado a las sociedades sin personalidad jurídica y señalaba que “Los socios
no quedan obligados solidariamente respecto de las deudas de la sociedad; y ninguno puede obligar a los
otros por un acto personal suyo, si no le han conferido poder expresamente para ello. / La sociedad no
queda obligada respecto a tercero por actos que el socio haya realizado en su propio nombre; pero queda
obligada para con el socio en cuanto dichos actos hayan redundado en provecho de ella. / Si el socio se ha
obligado en nombre de la sociedad, pero sin poder para hacerlo, la sociedad quedará obligada respecto a
tercero en cuanto se haya aprovechado de los actos del socio. / Lo dispuesto en este artículo se entiende
sin perjuicio de lo establecido en la regla 1ª del artículo 32”.
Este precepto tiene sus orígenes, según PEÑA BERNALDO DE QUIRÓS, en el artículo 1591 del
Proyecto de 1851, que se expresaba en idéntico sentido (recordemos que en este texto la sociedad
tampoco se configuraba expresamente como persona jurídica, aunque esa concepción “flotara en el
ambiente”), así como en los artículos 1926 y 1927 del Anteproyecto de LAURENT, que diseñaba a las
sociedades civiles sin personalidad jurídica. En concreto, el artículo 1927 señalaba lo siguiente, según la
traducción aportada por PEÑA: “En las sociedades distintas de las mercantiles, los socios no quedan
obligados solidariamente respecto de las deudas sociales;...”. Pensemos que las sociedades mercantiles sí
se configuraban dotadas de personalidad jurídica (sobre todo ello, vid. PEÑA BERNALDO DE QUIRÓS,
M.: “El Anteproyecto del Código Civil español”, cit., pp. 650-651).
384
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inspiradora es idéntica tanto si existe persona jurídico como si no existe: existen deudas
prioritariamente con esas obligaciones, pues para ello se aportan a la sociedad interna
del modo estudiado. En algún caso, incluso, alguna sentencia se ha pronunciado a favor
(aunque exista cierta sensibilidad hacia la posibilidad de dirección del tercero hacia los
otros socios). Por ello, establecíamos que los artículos dedicados a la sociedad
responderán por las deudas contraídas en la actividad social de idéntico modo a como la
harían en caso de que existiera persona jurídica: realmente, si responden en dicho caso,
cuando ésta no exista parece más lógico, incluso, que así sea. Los socios, en este caso,
responderán no sólo con lo aportado, sino con su propio patrimonio particular ajeno a la
este dato debe tenerse muy en cuenta). Por tanto, no es que los socios de la sociedad
interna, al celebrar el pacto, asuman toda deuda que se contraiga durante la actividad
social, sino que, como ocurre con la sociedad externa, el CC anuda ex lege esa
960
Por ejemplo, la STSJ Navarra 14-11-2001 (M. A. 1451) acude a la responsabilidad solidaria en este
caso. Pese a citar el artículo 1698 CC, sin ofrecer justificación alguna, exige solidariamente la
responsabilidad a los socios.
385
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Sin embargo, el artículo 1698 CC, en general, puede ser contradicho por pacto de los
961
La cuestión básica es, realmente, saber dónde existe margen para la autonomía de la voluntad y dónde
no, dentro del articulado dedicado a la sociedad civil por nuestro CC. Realizando un recorrido por dicho
articulado, los artículos 1665 a 1678, dedicados a las cuestiones generales configuradoras de la sociedad,
dejan escaso margen a la autonomía de la voluntad, pues las cuestiones que tratan son de configuración
básica del contrato: definición de dicho contrato (artículo 1665), objeto lícito del mismo (artículo 1666),
forma del pacto (artículos 1667 y 1668), personalidad jurídica (artículo 1669), sociedades civiles con
forma mercantil (artículo 1670) y distinción entre sociedad universal y particular (artículos 1671 a 1678).
En ninguno de estos casos la autonomía de la voluntad puede contravenir esencialmente la regulación
codificada: por ejemplo, la sociedad no puede pactar un objeto ilícito, o la no necesariedad de la forma
establecida como imprescindible en el artículo 1667 CC, por ejemplo. Sin embargo, cabría pactar la
necesidad de una forma expresa si ello no fuese necesario. No cabe, por lo tanto, desnaturalizar los pilares
esenciales de la sociedad diseñados por el legislador, aunque sí realizar pactos que no impliquen esa
desnaturalización, algo que debe valorarse en cada caso.
A las obligaciones de los socios se dedican los artículos 1679 a 1699, divididos en dos secciones: la
primera dedicada a las obligaciones de los socios entre sí, y la segunda dedicada a las obligaciones de los
socios frente a los terceros. Respecto de la primera, nos encontramos con preceptos donde no parece
permitirse margen para la autonomía de la voluntad (artículos 1681 a 1686, 1688, 1691, 1692 y 1696), así
como con otros que sí permiten expresamente cierto margen de juego a la misma (artículos 1679, 1680,
1687, 1689, 1690 y 1693 a 1695), pero que en todo momento marcan las líneas fundamentales de la
configuración, dentro de las cuales puede moverse la autonomía de la voluntad. Por ello, pese a que se
establezca margen de acción a dicha autonomía de la voluntad, el diseño de cómo debe ser la sociedad
civil siempre está en manos del legislador, que lo fija de modo imperativo.
En lo que toca a las obligaciones de los socios con terceros, artículos 1697 a 1699, pese a que tampoco
parece dejarse, en principio, margen literal a la autonomía de la voluntad, pues son cuestiones esenciales
de configuración de la propia sociedad civil, la doctrina sí ha admitido la posibilidad de admitir pactos
respecto de la responsabilidad de los socios que se expresen en otros términos que no sean los del artículo
1698 CC (vid. el resumen realizado de dichas opiniones por PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1698
CC, dentro de “Comentarios al Código Civil”, Tomo II, Secretaría General Técnica del Ministerio de
Justicia, Madrid, 1991, pp. 1484-1485): se admite abiertamente en nuestra doctrina la posibilidad de que
los socios estipulen un régimen de responsabilidad solidaria o de responsabilidad principal y no
subsidiaria, así como aquellos pactos que limiten la responsabilidad interna sin trascendencia externa (con
el límite de que no configuremos una sociedad leonina, conforme se señala en el artículo 1691 CC (en
este sentido, CAPILLA RONCERO, F.: comentario a los artículos 1697 y 1698 CC, dentro de
“Comentarios al Código Civil y Compilaciones Forales”, Tomo XXI, vol. 1, EDERSA, Madrid, 1986, p.
550, así como “La sociedad civil”, cit., pp. 328-340).
386
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admite que ciertos aspectos del artículo 1698 CC puedan soslayarse por causa del pacto
de las partes y ser oponibles frente a terceros si se les ha dado publicidad expresa frente
a ellos, pues por naturaleza no puede ser así. Podrá pactarse que los socios responderán
de las deudas sociales sólo con lo aportado, y será oponible a terceros si lo conocen.
sociedad interna, y sus socios deben responder, del modo en que expondremos, por las
Existe mayor discusión en lo que toca a los pactos de limitación de la responsabilidad externa: así, admite
PAZ-ARES, de acuerdo con la doctrina mayoritaria, la validez de estos pactos si se insertan en los
contratos celebrados con tercero, aunque no de aquellos pactos entre los socios para ser opuestos a
terceros. Concluye de todo ello el carácter no imperativo del artículo 1698 CC. Admite su equivalente en
Derecho alemán la doctrina mayoritaria, entre otros, vid. SCHLECHTRIEM, P.: “Schuldrecht Besonderer
Teil”, cit., pp. 234-236 y FIKENTSCHER, W.: “Schuldrecht”, cit., p. 621, quien incide expresamente en
la necesidad de pacto con el acreedor o limitación recognoscible del poder de representación.
El capítulo tercero, dedicado a la extinción de la sociedad civil, también es fundamental a la hora de
diseñar la sociedad civil, en este caso a la hora de la extinción de la misma, y por eso coexisten artículos
aparentemente imperativos (artículos 1700, 1701 y 1705 a 1708) con otros que permiten a las partes
pactar dentro de los límites que fija (artículos 1702 a 1704). Pero no parece desacertado permitir el pacto
de alguna causa de extinción diferente de las del artículo 1700. Por consiguiente, este repaso realizado
nos deja una conclusión bastante evidente: los artículos dedicados por el CC a la sociedad civil, en su
mayoría, son artículos configuradores de lo que el legislador entiende que debe ser la sociedad civil, y allí
donde permite el juego de la autonomía de la voluntad previamente ha enmarcado la cuestión de tal forma
que esa autonomía de la voluntad no pueda desfigurar el diseño que se plasma en el CC.
962
Señala en su primer párrafo que “Las pérdidas y ganancias se repartirán en conformidad a lo pactado.
Si sólo se hubiera pactado la parte de cada uno en las ganancias, será igual su parte en las pérdidas”.
963
El párrafo segundo establece que “A falta de pacto, la parte de cada socio en las ganancias y pérdidas
debe ser proporcionada a lo que haya aportado. El socio que lo fuere sólo de industria tendrá una parte
igual a la del que menos haya aportado. Si además de su industria hubiere aportado capital, recibirá
también la parte proporcional que por él le corresponda”.
964
Indica que “Es nulo el pacto que excluye a uno o más socios de toda parte en las ganancias o en las
pérdidas. / Sólo el socio de industria puede ser eximido de toda responsabilidad en las pérdidas”.
387
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deudas contraídas en el ejercicio de la labor social. El socio asume que puede exigírsele
responsabilidad por las deudas contraídas por la actividad social en su caso, es decir,
contratante puede verse obligado a responder con todo su patrimonio y de toda la deuda,
pues contrató con el tercero, los socios no contratantes pueden responder de la deuda
Sin embargo, puede que los socios de la sociedad interna no quieran responder con
contradiría el tenor del artículo 1698 CC. Realmente lo que hacen los socios es
determinar con qué patrimonio responderán, como ocurría realmente en el caso anterior,
especial si se quiere hacer valer frente a terceros, claro está. Es cierto que en el caso
antes expuesto debe acudirse al contrato expreso, desconocido por los terceros, para
saber la proporción de la que responde cada socio, mas no es lo mismo que el tercero
desconozca esa proporción en la que responden a que desconozca que no responde, sin
más, como si estuviéramos ante el socio de una sociedad anónima o limitada. En este
fundamentadas y han aportado la idea que estimamos que debe estar en la base de
puede ser válido entre las partes, pero frente a terceros no puede serlo si éste lo
desconoce. Sin embargo, ambos autores van algo más lejos del mero conocimiento del
tercero: CAPILLA RONCERO indica que para que le sea oponible al tercero no basta
965
Entiende CAPILLA RONCERO que “con ello el legislador evita que se extienda a la sociedad civil un
carácter considerado propio solamente de las sociedades mercantiles, como es la solidaridad” (CAPILLA
RONCERO, F.: comentario a los artículos 1697 y 1698 CC, dentro de “Comentarios al Código Civil y
Compilaciones Forales”, Tomo XXI, vol. 1, EDERSA, Madrid, 1986, p. 556).
388
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con que el tercero conozca su existencia, sino que es necesaria su aceptación966, y PAZ-
con el acreedor por parte de alguno de los socios, concluido por el contratante967. Es
acreedor, por lo que es lógico que deba aceptarlo y no baste con el mero conocimiento.
Pero en el caso que nos ocupa ni tendremos que plantearnos esta cuestión: por propia
aportado968. Pese a que entre los socios rige plenamente dicho pacto de limitación,
puede repetir contra sus socios lo abonado si excede de lo que debiera asumir
966
Vid. CAPILLA RONCERO, F.: comentario a los artículos 1697 y 1698 CC, cit., pp. 550-554.
Contrarresta la desenfocada opinión de AZURZA.
967
PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1698 CC, cit., p. 1485.
968
Esto será así salvo en un posible supuesto que estudiaremos a continuación.
969
Sí gozaría de operatividad el artículo 1698 CC en el caso de que el socio operante, por haberse
constituido una comunidad sobre el objeto, actuara en nombre de los socios como representante de esos
comuneros. En ese caso tendría operatividad del modo descrito por PAZ-ARES y CAPILLA RONCERO.
389
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hora de poder dirigir su demanda contra la parte contratante, sin que se le obligue a
dirigirse frente a todos los socios970 (pretensión que se plasma de modo extremo en un
970
Gracias a la protección que merece la buena de ese tercero y la confianza que suscita en él la imagen
que se le ofreció. Esta cuestión ha sido tratada en otro caso diferente al que nos ocupa, en concreto al hilo
de la representación aparente, por GORDILLO, A.: “La representación aparente (Una aplicación del
principio general de protección de la apariencia jurídica)”, Anales de la Universidad Hispalense,
Publicaciones de la Universidad de Sevilla, Serie: Derecho, Sevilla, 1978, pp. 469-472. Esa protección se
basa en todo momento en razones de equidad y seguridad jurídica (GORDILLO, A.: “La representación
aparente”, cit., pp. 140-143).
Esto ha inspirado expresamente otras regulaciones societarias, en concreto los artículos 126 y 147 C de c.
El artículo 126 está inserto dentro de la regulación de las compañías colectivas, e indica en su párrafo
tercero que “los que, no perteneciendo a la compañía, incluyan su nombre en la razón social, quedarán
sujetos a responsabilidad solidaria, sin perjuicio de la penal, si a ella hubiere lugar”. El artículo 147, por
su parte, se encuadra dentro de la regulación de las compañías en comandita, y señala en su párrafo
segundo que “si algún comanditario incluyese su nombre o consintiese su inclusión en la razón social,
quedará sujeto, respecto a las personas extrañas a la compañía, a las mismas responsabilidades que los
gestores, sin adquirir más derechos que los correspondientes a su calidad de comanditario”. En ambos
artículos, por tanto, se aprecia esa pretensión de protección de la apariencia mostrada a los terceros a la
sociedad, basándonos en la necesidad de proteger esa buena fe diligente en el mismo y la confianza por él
mostrada en la imagen social que se le ofrece.
971
La cuenta en participación es una fórmula jurídica que permite a una persona participar en los
negocios realizados por otra ocultamente (terminología de SOLÁ DE CAÑIZARES, F.: “El contrato de
participación en el Derecho español y en el Derecho comparado”, Ed. Revista de Derecho Privado,
Madrid, 1954, núm. 1, p. 3). Su regulación se encuentra en el Título II del Libro II (“De los contratos
especiales del comercio”) del C de c, en los artículos 239 a 243. El artículo 239 señala que “podrán los
comerciantes interesarse los unos en las operaciones de los otros, contribuyendo para ellas con la parte del
capital que convinieren, y haciéndose partícipes de sus resultados prósperos o adversos en la proporción
que determinen”. El antiformalismo se plasma en el artículo 240.
El artículo 241 indica que “en las negociaciones de que tratan los dos artículos anteriores no se podrá
adoptar una razón comercial común a todos los partícipes, ni usar de más crédito directo que el del
comerciante que las hace y dirige en su nombre y bajo su responsabilidad individual”. Carácter reservado
de la sociedad, como se puede comprobar, con el que es congruente el artículo 242, cuando señala que
“los que contraten con el comerciante que lleve el nombre de la negociación, sólo tendrán acción contra
él, y no contra los demás interesados, quienes tampoco la tendrán contra el tercero que contrató con el
gestor, a no ser que éste les haga cesión formal de sus derechos”. Estamos ante un precepto que es
390
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¿dónde queda este precepto a estos efectos? ¿Es realmente útil?. Y, ¿en qué papel queda
durante o después de celebrar el contrato, no resulta, quizá, justo que sólo pueda
Puede el tercero que contrata con la sociedad interna dirigirse, en virtud del artículo
La inquietud del legislador de poder reclamar a los otros socios, que se plantea
cuestión973. Sin embargo, pese a que ello es cierto, el artículo 1669 no ofrece una
fondo exista cierta sintonía con la idea de que se pueda demandar también a los socios:
hace sino que remite a un régimen donde se debe dirigir las pretensiones contra todos
391
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Desde nuestro punto de vista, de entrada las partes contractuales pueden exigirse el
cumplimiento del contrato una a la otra: el actuante en todo momento debe demandar al
deuda como parte obligada que es). Es, en principio, la única persona a la que conoce, la
parte contractual, y a él debe dirigir sus pretensiones. Y será él solo el que puede exigir
de los otros socios o la sociedad interna, que no está legitimada procesalmente para ello.
Sin embargo, si el tercero conoce la situación social existente, pese a que puede
el artículo 6 LEC para acudir directamente al patrimonio aportado para cubrir esas
obligaciones, pues está legitimado por el pacto para ello, y los socios no pueden
oponerse sin incumplir el contrato vigente entre ellos)975, así como contra los propios
que le concede el artículo 1698 CC. Estas posibilidades, hasta entonces, también eran
974
Además, el legislador no era consciente de la gran cantidad de problemas que podían existir con este
artículo. Pensemos que no será idéntica la voluntad de los socios que no pretenden constituir una persona
jurídica por la escasa entidad de su negocio, que la de aquellos que pretenden que bajo ningún concepto
se conozca la existencia de la sociedad interna, pues en éstos parece existir una voluntad expresa de no
responder de las deudas que no será tenida en cuenta a la hora de aplicar el artículo 1669.
975
Aunque en el caso de la sociedad interna el artículo 6 LEC no es tan relevante como en otros casos a
los que pretende dar cobertura legal, debido a que el socio que opera en el mercado puede acudir al
patrimonio aportado para responder. En cualquier caso, aporta mayor seguridad al tercero poder dirigirse
directamente contra esos bienes, y no estar a expensas de que el socio actuante acuda a esa masa.
392
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Esta posibilidad de dirigirse contra los otros socios debe entenderse como un beneficio
para sus pretensiones, nunca como una obligación o una necesidad, solución a la que
nos puede conducir una interpretación equivocada del artículo 1669 (aunque a estos
976
Este artículo exige la aplicación a este caso de las normas relativas a la comunidad de bienes, aunque
ya hemos explicado la intención del legislador a este respecto. El TS entiende que cuando se ejercita un
derecho contra una comunidad hay que demandar a todos los partícipes (en este sentido, SSTS 5-6-1954
(M. A. 2005), 4-5-1971 y 17-11-1977 (M. A. 4224)). De lo contrario, el demandante se expone al éxito de
la oportuna excepción litisconsorcial. También la DGRN ha exigido en algún caso que para rectificar un
asiento en virtud de resolución judicial, dicha acción debía haber sido dirigida contra todos aquellos que,
según el asiento que se trate de rectificar, tengan algún derecho y, en el caso concreto de que se ocupa,
resultasen ser copropietarios del inmueble (en concreto, RDGRN 8-3-1950 (M. A. 537)).
Nos podemos encontrar en una situación un tanto peculiar, por lo tanto: si realizamos una interpretación
desenfocada del artículo 1669 en el caso que nos ocupa, pondría al tercero que contrata con la sociedad
interna en una tesitura que dificultaría bastante sus pretensiones, pues le exigiría que en todo caso
adivinara la existencia de ese grupo, cuando precisamente no sólo no le es posible de entrada dicho
conocimiento, sino que la base del precepto reside en que el grupo no actuará como tal grupo, por propia
configuración. Esto no deja de ser curioso en un artículo en el que es lugar común señalar que está
dirigido a proteger al tercero, según comentario jurisprudencial repetido en varias ocasiones y transcrito
literalmente por bastantes de los autores que se ocupan de la cuestión.
Por tanto, ese tercero resultaría perjudicado por dicho precepto si razonamos del modo expuesto, al
exigírsele algo que, realmente, le es imposible. Imposible resulta que conozca la existencia de ese grupo
cuando a él se le aparece una persona individual que contrata en su propio nombre, es decir, cuando en
ningún caso se le aparece como tal ente. Y contrario a la buena fe sería oponerle ahora una excepción
basada en este dato, pues en todo momento se mostró a ese tercero una persona individual: contradice los
propios actos de la misma alegar ahora la existencia de esa sociedad por quien no la había puesto de
manifiesto en ningún momento anterior.
La argumentación indicada, por tanto, no puede ser la correcta: debe ampararse el tercero en la confianza
suscitada en él por la otra parte, por lo que no es correcto exigir esfuerzos imposibles al tercero a la
sociedad y que, a la hora de ejercitar pretensiones procesales, “adivine” que existe un grupo que pretendía
no tener relaciones como tal grupo. Si el tercero no pudo conocer la existencia de la sociedad, no se le
puede pedir que conozca la existencia de más de una persona en dicho ente con el que tiene contacto, con
los efectos procesales que ello conlleva. No puede prosperar la excepción de litisconsorcio pasivo
necesario, pues no es posible que el tercero al grupo, que confió en la imagen que se le ofreció, conociera
esa existencia (si hubiese podido conocer esa existencia, como ocurre en los casos en que se tiene tratos
con un copropietario que actúa como tal; En los supuestos jurisprudenciales citados, el tercero conocía la
existencia de la comunidad, y por ello se le podía exigir que demandara a todos los socios.). Y debe
393
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posibilidad de dirigirse, además de contra el socio contratante, contra algún otro de los
Sin embargo, no será idéntica toda situación en la que el tercero conoce la existencia
recaída ya sentencia. Y cada una de estas situaciones exige una solución individual.
con una persona que contrata en su propio nombre, y celebra el negocio de que ese trate.
protegerse esa imagen mostrada y al tercero que confió de buena fe en ella (sobre esta cuestión, vid.
RAGEL SÁNCHEZ, L. F.: “Protección del tercero...”, cit., pp. 95-107).
Es la base para defender la postura que sostenemos. Iría, incluso, contra los propios actos de ese socio que
contrató con el tercero en su propio nombre ampararse ahora en la existencia de esa sociedad interna para
hacer fracasar la pretensión del tercero, pues atentaría contra la más elemental buena fe en el tráfico
jurídico. No sólo eso, sino que esa actuación de mala fe atenta contra la propia esencia de lo que es una
sociedad pactada como interna: una sociedad que, en ningún momento pretende aparecer como tal en el
tráfico, y ahora precisamente alega su condición de tal para que se la incluya dentro del supuesto de hecho
del artículo 1669 CC, con la intención de que resulte aplicable el régimen de la comunidad de bienes y
tenga éxito la excepción procesal oportuna. Puede ser de interés a otros efectos, es cierto: por ejemplo, se
puede dar noticia al tercero de la existencia de la sociedad por parte del contratante para evitar que sus
394
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necesitado de exigir el cumplimiento del contrato. No existe ninguna duda acerca de que
en este caso puede dirigir sus pretensiones contra su contratante, que es la persona con
la que celebró el contrato y a la que debe dirigir su pretensión de modo lógico por ser la
posibilidad está siempre presente), conforme al artículo 1257 CC. Además, el artículo 6
LEC le permite dirigirse contra la sociedad interna como tal, algo que, como hemos
Pero junto al socio contratante y a la sociedad interna, a los que conviene demandar
pretensiones también contra los otros socios (o alguno de ellos), pues le legitima el
artículo 1698 CC, socios que responderán del modo allí expuesto (es una
no ser partes en el contrato, se les puede demandar, gracias al artículo 14 LEC978: señala
este precepto en su apartado primero que “En caso de que la ley permita que el
bienes particulares sean embargados antes que los destinados a cubrir el fin social. Gozaría, en ese
sentido, de eficacia externa esa sociedad.
977
Se extiende sobre esta cuestión SAMANES ARA, C.: “Las partes en el proceso civil”, cit., p. 22.
978
Históricamente no existía precepto al que acudir, y ello provocaba la necesidad de ofrecer una
cobertura legal a cuestión tan lógica. Sobre dicha situación anterior, vid. LÓPEZ-FRAGOSO ÁLVAREZ,
T.: “La intervención de terceros a instancia de parte en el proceso civil español”, Ed. Marcial Pons,
Madrid, 1990, especialmente pp. 165-256, así como MONTERO AROCA, J.: “La intervención adhesiva
simple. Contribución al estudio de la pluralidad de partes en el proceso civil”, Ed. Hispano Europea,
Barcelona, 1972, pp. 33-43. Éste es especialmente clarificador, al indicar que “En España no sólo nuestra
legislación no contempla el supuesto (de intervención de terceros a instancia de parte) sino que, además,
es desconocido por nuestra doctrina; por ello, a riesgo de “inventar” hemos de acudir a las legislaciones y
doctrinas extranjeras, sobre todo a la italiana” (ob. cit., p. 41).
395
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ley disponga expresamente otra cosa. Admitida por el tribunal la entrada en el proceso
del tercero, éste dispondrá de las mismas facultades de actuación que la ley concede a
las partes”. Por tanto, debemos extraer dos presupuestos para la aplicación de este
precepto: en primer lugar, la ley debe permitir esta llamada por el demandante. La ley
previsora será sobre todo sustantiva (básicamente el Código civil979), aunque no estén
del todo claros los supuestos980, y nuestro ordenamiento no permita una interpretación
la demanda salvo que la ley disponga expresamente otra cosa. En nuestro caso, el
artículo 1698 CC legitima al tercero para dirigirse también contra los otros socios a la
hora de reclamar el cumplimiento del contrato, aunque estos socios responderán del
conjuntamente contra la persona que contrató con él, los otros socios no contratantes y
la propia sociedad interna, para que pueda exigirse que respondan los bienes aportados y
979
En este sentido, JOVÉ PONS, M. A.: “El proceso civil con pluralidad de partes. Litisconsorcio e
intervención de terceros”, en ALONSO-CUEVILLAS SAYROL, J.: “Instituciones del Nuevo Proceso
Civil. Comentarios sistemáticos a la Ley 1/2000”, vol. I, Economist & Jurist, Barcelona, 2000, p. 144
980
Los posibles casos “están por determinar”, según MONTERO AROCA, J.: “Derecho Jurisdiccional,
II”, Proceso Civil, Ed. Tirant lo Blanch, Valencia, 2002, p. 91.
981
No presenta problema la aplicabilidad del artículo 1698: si concede el derecho a dirigirse contra estos
socios, cabe pensar que debe existir un mecanismo procedimental oportuno, como es el caso.
396
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la sociedad interna durante la sustanciación del proceso, por las razones que sea (por
que se acuda antes a los bienes aportados). En este caso, la relación procesal ya está
constituida, y aunque parece lógico que el tercero se pueda dirigir también contra los
demás socios, que no tienen que alegar un interés que les legitime para intervenir983,
para saber si ello es posible debemos interpretar el artículo 14 LEC, pues no estamos
primero, que es el que alude a la llamada por parte del demandante, y que ya se ha
expuesto. Este párrafo se completa con el párrafo cuarto, que señala que “Si
982
Éste será el único supuesto en el que pueda tener operatividad un pacto limitativo de la
responsabilidad, pues el tercero conocerá la existencia de la sociedad antes de exigir sus pretensiones.
983
La decisión de intervenir no es de ese tercero, que debiera invocar para ello una legitimación
justificadora, sino de quien realiza la llamada (en este sentido, MONTERO AROCA, J.: “La legitimación
en el proceso civil”, Ed. Civitas, Madrid, 1994, pp. 76-77).
984
El tercero, según indica FONT SERRA, no está obligado a intervenir, sino que “habiendo sido llamado
en causa o garantía, litis denuntiatio, si no se persona en el proceso, deberá soportar las consecuencias
perjudiciales de su no personación” (FONT SERRA, E., dentro de CABAÑAS GARCÍA, J. C.:
“Comentarios prácticos a la nueva Ley de Enjuiciamiento Civil”, Ed. Trivium, Madrid, 2000, p. 79).
397
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Recordemos los dos presupuestos de aplicación del artículo 14.1 LEC: en primer
lugar, la ley debe permitir esta llamada por el demandante, y en segundo lugar, la
solicitud se debe realizar en la demanda salvo que la ley disponga otra cosa.
una parte, los supuestos específicos del artículo 14 LEC, que se establecen en
existencia de un proceso y al llamamiento del tercero” (y entre los ejemplos que cita, no
recoge ORTELLS RAMOS el que nos ocupa), y por otra el supuesto general de
intervención provocada establecido en el artículo 150.2 LEC, que señala que “Por
disposición del tribunal, también se notificará la pendencia del proceso a las personas
que, según los mismos autos, puedan verse afectadas por la sentencia que en su
momento se dictare. Esta comunicación se llevará a cabo, con los mismos requisitos,
cuando el tribunal advierta indicios de que las partes están utilizando el proceso con
fines fraudulentos”. La iniciativa, en este caso, no es de las partes, sino del tribunal,
“aunque nada impide que esta potestad se utilice en supuestos en que las partes debieron
Por tanto, para que se pudiese utilizar esta vía y, una vez iniciado un proceso en el
que no son partes, el tercero a la sociedad pudiese dirigirse también contra los socios no
contratantes, debe preverse legalmente esta posibilidad como primer requisito. Desde
nuestro punto de vista, pese a no ser inequívoco, existe asidero legal que puede ser
válido para cubrir este primer requisito, y es el artículo 1698 CC. Este precepto prevé
que los socios respondan también de las deudas contraídas en el ejercicio de las
actividades sociales. Del mismo cabe deducir que a los socios se les puede exigir
985
ORTELLS RAMOS, M.: “Derecho Procesal Civil”, Ed. Aranzadi & A. Thomson, 2002, pp. 201-203.
986
ORTELLS RAMOS, M.: “Derecho Procesal Civil”, cit., p. 203.
398
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responsabilidad también por las deudas de la sociedad interna (recordemos que este
Sin embargo, el artículo 14 LEC exige que el demandante se dirija contra estos
terceros en la propia demanda, salvo que legalmente se establezca otro momento, algo
que será imposible en el caso que nos ocupa, pues no es conocida esa existencia por
esto impedirá al tercero a la sociedad dirigirse tanto al ente como a los otros socios.
jurisdiccional para que utilice la vía del artículo 150.2 LEC987 y sean llamados al
proceso, tanto la sociedad sin personalidad como los socios, que será lo más lógico y lo
que se debe pretender en todo caso. Pero será algo que queda en manos del órgano
comunicar la existencia del proceso a los otros socios, sí parece legítimo exigir la
finalmente que el tercero gozara de esa garantía legal que le reconoce el artículo 1698
CC989. Pero en un futuro proceso posterior, para poder valorar la existencia y cuantía del
daño, pues puede ocurrir que no exista (si el contratante cumple con la obligación no
987
Motivando la petición, claro está, y justificando el interés en que concurran al proceso estos terceros al
mismo y la imposibilidad de que ello ocurra debido a la conducta de la otra parte, que al no ponerle en
conocimiento de la situación le ha privado de la operatividad del artículo 1698 CC.
988
Sin perjuicio de que el tercero pueda recurrir la providencia en la que no se acuerde notificar la
pendencia del proceso (pues del artículo 206.1.1º LEC se deduce que se resolverá mediante una
providencia), interponiendo el oportuno recurso de reposición conforme a los artículos 451 a 454 LEC: se
interpone ante el mismo órgano jurisdiccional en el plazo de cinco días y expresando la infracción, y se
resuelve mediante auto no recurrible.
399
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interna después de la sustanciación del proceso, una vez que ya recayó sentencia
firme al respecto. En este caso, puede demandar a su contratante junto a los otros socios
que se nos plantea es si esa sentencia firme anterior tiene fuerza de cosa juzgada y, por
Pensemos que para que sea operativa han de existir una serie de identidades entre
ambos procesos, tanto entre las pretensiones como entre los elementos subjetivos (en
este sentido se expresa el artículo 222 LEC). La pretensión como tal es, obviamente,
idéntica, pues se pretende lo que en el primer proceso, esto es, ser satisfecho en su
interés y ser reparado por causa del incumplimiento de un concreto contrato, pero el
objeto del proceso no lo es, pues la causa de pedir es diferente: antes se demandaba a
pero también a sus socios, en base a la responsabilidad que fija el artículo 1698 CC. La
sino a los otros socios, a los que no se pudo demandar en su momento y a los que
interesa demandar ahora. No existen hechos nuevos en el sentido del párrafo segundo
del artículo 222.2 LEC, aunque sí han sucedido hechos que han modificado la óptica a
989
Aunque de modo inmediato sea el órgano jurisdiccional el que ha decidido que no sea llamado tercero
alguno al pleito.
400
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Por tanto, si bien no cabe que se alegue la función negativa de la cosa juzgada990, la
función positiva respecto del hecho en sí debe ser tenida en cuenta, gracias a la
conexión evidente entre los objetos de los dos procesos: el nuevo proceso no es
reproducción literal del primero, pero el derecho a ser reparado en función del hecho
dañoso ya ha sido decidido en la sentencia firme anterior. Por ello, sobre el derecho de
ser reparado en la cuantía en que deba serlo no debe entrarse en este nuevo proceso,
salvo que existan nuevos daños y se solicite su reparación en la demanda. Pero debe
prácticas bastante relevantes. Imaginemos que el socio actuante sea titular de una cuenta
de modo conjunto con los otros socios (algo bastante típico en el caso de las sociedades
sociedad interna. Nos podemos preguntar si ese acreedor que contrató con el socio
actuante puede instar el embargo íntegro de la misma, o pueden los socios oponer
990
Si operase, la sentencia no debería entrar en el fondo del asunto, pues niega una segunda sentencia
sobre el fondo. Se impide, con ella, que vuelva a enjuiciarse y resolverse sobre una cuestión ya juzgada
(en este sentido, OLIVA SANTOS, A. DE LA: “Sobre la cosa juzgada (Civil, contencioso-administrativa
y penal, con examen de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional)”, Ed. Centro de Estudios Ramón
Areces, S. A., Madrid, 1991, p. 25).
991
OLIVA SANTOS, A. DE LA: “Sobre la cosa juzgada...”, cit., p. 25.
992
Tal y como describe SALINAS QUIJADA, F.: “Las cuentas corrientes indistintas”, Confederación
Española de Cajas de Ahorro, Madrid, 1977, p. 78.
401
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efectiva titularidad de ese dinero. En este sentido, SALINAS QUIJADA indicaba que,
deudor, está obligado a respetar el mandamiento en lo que afecta a esa parte y sólo en lo
aunque los otros titulares no deudores ejerciten las acciones de tercería oportunas y
primera cada uno de los titulares puede disponer de la cuenta como si fuese el único
titular de la misma, quedando obligado el banco a atender todas las instrucciones que le
formule cada uno de los titulares, dentro del marco de la cuenta corriente996, en la
cuenta conjunta o mancomunada, si bien cada titular puede realizar los ingresos que
993
SALINAS QUIJADA, F.: “Las cuentas corrientes indistintas”, cit., pp. 155-157. En idéntico sentido,
aunque consciente de la dificultad de la prueba, MUÑOZ-PLANAS, J. M.: “Cuentas bancarias con varios
titulares”, Ed. Civitas, Madrid, 1993, p. 218.
994
“a) Si las cuentas son de titularidad indistinta con solidaridad activa frente al depositario.,
habitualmente denominadas cuentas indistintas, el embargo podrá alcanzar a la parte del saldo
correspondiente al deudor conforme a una regla de división del mismo en partes iguales entre los titulares
de la cuenta, salvo que de los términos del contrato se desprenda otra cosa o que se pruebe una titularidad
material de los fondos diferentes”.
995
“b) Si las cuentas son de titularidad conjunta mancomunada, el saldo se presumirá dividido a partes
iguales, salvo que de los términos del contrato se desprenda otra cosa o que se pruebe una titularidad
material de los fondos diferentes”.
402
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estime oportunos y en general todos los actos que supongan un incremento del Haber de
idea expuesta de que el patrimonio aportado debe servir para hacer frente a las
sirve también a estos fines, pues nace con esta exclusiva finalidad998, parece lógico
entender que la pretensión debe poder ejercitarse sobre la cuenta en su totalidad, pues es
obligación que contrató. No estamos, por tanto, sino trasladando a este concreto campo
las ideas generales defendidas anteriormente. Será frecuente que el gestor actúe sobre
Ya hemos comprobado cómo responden los socios de la sociedad interna por las
deudas, como norma general. Sin embargo, parece oportuno dedicar cierta atención a un
996
MOXICA ROMÁN, J.: “La Cuenta Corriente Bancaria. Análisis de Doctrina y Jurisprudencia.
Formularios”, Ed. Aranzadi, Pamplona, 1997, p. 163.
997
MOXICA ROMÁN, J.: “La Cuenta Corriente Bancaria...”, cit., p. 164.
998
Cuenta en la que el dinero ha sido aportado a la sociedad interna o bien es fruto exclusivo de la
actividad “social”. Si sólo la parte aportada por alguno de los socios fuese aportada con dicha finalidad
ya cambia el panorama, pues entonces ya sí hay que deslindar las partes y proceder inicialmente sólo
contra lo aportado para cubrir la finalidad social.
403
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par de casos que presentan alguna especialidad observable, procedente de algún dato
interna haya obrado, por alguna razón extraña999 o quizás no tan extraña, como si
de una sociedad externa se tratase, esto es, mostrándose finalmente como ente en el
mercado por causa del modo de operar del socio encargado de ello. En este caso, por
una parte, parece esencial proteger al tercero a la sociedad a la hora de permitirle dirigir
sus pretensiones contra el ente inexistente, que contrata confiando en la apariencia que
se le presenta (buena fe unida a diligencia, como no puede ser de otra forma para que
resulte operativa), pero por otra no está claro que esos socios de la sociedad interna
deban asumir esa extralimitación (así lo defiende la doctrina alemana, que entiende que
al no estar cubiertos estos actos por el poder de representación no son actos válidos1000).
una sociedad civil para explotar un negocio de orfebrería, pero establecen que dicha
sociedad no opere en el mercado como tal ente. Sin embargo, al contratar, el socio que
celebra el contrato pone en conocimiento del tercero que obra por cuenta de una
sociedad civil, con lo que al tercero a la sociedad se le muestra, por tanto, como un ente
aunque no lo sea. ¿Qué ocurre en este caso? Intentaremos resolver esta cuestión,
999
Extralimitación en las funciones del socio contratante, por ejemplo, o concurrencia de cualquier tipo
de circunstancia que produzca ese conocimiento en el tercero y la sociedad, entonces, obre ya como ente
(conocimiento por causa de comentarios confidenciales de terceros, etc.).
1000
En este sentido, defienden por ello la no vinculación de los socios por esos contratos celebrados y
sancionan la responsabilidad del actuante, por ejemplo, ULMER, P.: “Münchener Kommentar zum
Bürgerlichen Gesetzbuch”, cit., pp. 310 y 313 y FIKENTSCHER, W.: “Schuldrecht”, cit., p. 621 (vid.
también resumen en GORDILLO, A.: “La representación aparente”, cit., pp. 228-234).
404
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en aquello que se le induce a pensar por la otra parte contratante1001, y hasta dónde se
De entrada, es claro que en cualquier caso, esa sociedad interna no gozará ahora de
actuar (es socio de una sociedad interna o tercero legitimado y ha actuado como si la
él se deriva un perjuicio para el grupo, bien porque se haya producido un daño concreto,
bien por el mero hecho de haber aparecido como ente por causa del socio contratante,
1001
Lógicamente, esa buena fe debe ir unida a una actuación diligente por su parte. Sobre esto, aunque
referente a otro ámbito, pero en argumentos universalizables, vid. GORDILLO, A.: “La representación
aparente...”, cit., pp. 255-316, comentario a la STS 26-11-1986, CCJC núm. 13, Nº 335, p. 4279 y
comentario a la STS 18-9-1987, CCJC núm. 15, Nº 387, pp. 5019-5020.
1002
Si siguiéramos la postura doctrinal defensora de la necesidad de publicidad de hecho, ya estaríamos
ante una persona jurídica. Eso no es correcto desde nuestro punto de vista: la configuración es la que
existe desde el primer momento, y tema diferente es que el socio contratante haya faltado a su deber
contractualmente impuesto y haya actuado manifestando la existencia de esa sociedad.
1003
Si el actuante opera habitualmente en el mercado destacando el carácter de sociedad interna existente,
incumple sus obligaciones como contratante de una sociedad interna. Este supuesto iría contra el enfoque
que hemos deducido del artículo 1669 CC, por lo que es previsible que los socios exigieran
responsabilidad a ese “reincidente” y evitasen que siguiera actuando de ese modo, apartándolo de esas
funciones o exigiéndole fidelidad al pacto. En ningún supuesto, sin embargo, esa sociedad puede dotarse
de personalidad jurídica por esta causa, ya que ello depende del pacto estatutario y no de la conducta
posterior de los socios o de la existencia de algún tipo de publicidad de la sociedad.
405
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reparación, puede demandar a la sociedad como ente, pues le indujo a pensar que existía
tal ente, ya que debe ser protegido en la confianza que ha depositado en la imagen
6, establece además la legitimación pasiva de este ente sin personalidad, pero incluso si
no existiera dicho artículo no se podría alegar excepción procesal alguna porque esa
interna, al tercero le cabe la posibilidad también de dirigirse contra los socios en tanto
que personas individuales, que responderán del modo expuesto anteriormente, pues el
Sin embargo, esa sociedad no puede actuar como si gozase de personalidad jurídica a
cualquier otro efecto: no podrá demandar como ente al tercero, en su caso, pues no goza
existencia de la sociedad pero no por vía de su contratante, sino por causas ajenas.
1004
Recordemos las palabras de DE LA OLIVA, que ya indicaba que “...los terceros pueden hacer valer
sus derechos frente a quienes aparecieron formando sociedad, aunque ésta no se constituyera
regularmente e incluso aunque no hubiera verdaderamente sociedad” (DE LA OLIVA SANTOS, A.: “La
sociedad irregular mercantil en el proceso”, cit., p. 37).
1005
En este sentido, en otro plano, pues no nos movemos en el plano de la representación aparente (no
hay sujeto al que tomar como referencia de los asuntos gestionados), GORDILLO, A.: “La representación
aparente”, cit., pp. 469-475 y comentario a la STS 10-5-1984, CCJC núm. 5, Nº 138, p. 1668.
1006
Sería un atentado contra los propios actos hacer creer al tercero de buena fe que existe una persona
jurídica y después ampararse en su inexistencia para intentar que fracasen sus pretensiones.
1007
Evidentemente, las partes, al pactar la sociedad como interna, no pretendían la operatividad efectiva
de este precepto, pero existe y debe ser aplicado, salvo pacto expreso en contrario comunicado al tercero
y aceptado por éste.
406
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existencia de la misma por otros motivos que no sean la conducta de ese socio
contratante con el que tiene contacto, sino por motivos ajenos a ello. Tengamos presente
conducta habitual del socio, pues atentaría contra la propia configuración social pactada
por todos los socios. Pero puede ocurrir que el tercero conozca por razones ajenas al
estricto contrato celebrado que realmente está teniendo contacto con una sociedad civil.
Por ejemplo, existe una sociedad civil que gestiona un hipódromo, pero las partes
desean no aparecer como ente frente a terceros, y cada vez que el interés social exige
contratar con terceros ajenos a la sociedad, los socios actúan en su propio nombre.
Imaginemos que uno de los socios, actuando siempre de ese modo, celebra un contrato
con cierto empresario del sector de la limpieza y el mantenimiento por el que éste se
mundo en que se mueve la sociedad interna es, como todo sector profesional, un sector
en el que las noticias del mismo acaban conociéndose, y ese tercero termina sabiendo de
la existencia de esa sociedad, bien porque le es revelada por algún tercero de alguna
forma, bien porque al ser la labor social un trabajo continuado, acaba conociéndose. Y
tengamos presente en todo momento que una sociedad interna no es una sociedad
secreta, por lo que es perfectamente posible que se conozca esa existencia, aunque la
En ese caso, si el tercero debe exigir el cumplimiento del contrato, la resolución del
mismo o algún tipo de reparación de daños, ¿ante quién debe dirigir esas demandas?
Desde nuestro punto de vista, debemos recordar las ideas expuestas anteriormente, y es
claro aunque suene tautológico, que la obligación incumbe a quien se vinculó: debe
407
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quiere satisfacer su interés: dirigir sus pretensiones contra el contratante. Sin embargo,
ahora sabe que existe esa sociedad, con lo que debe permitírsele la posibilidad de
dirigirse no sólo contra su contratante, sino también contra él y alguno de los otros
artículo 1698 CC y debe inspirarnos en este caso también. Además, debemos recordar
que el artículo 6 LEC le legitima, en este caso, para dirigirse directamente contra la
En el supuesto inverso, esto es, que sea la sociedad interna la que pretenda realizar
cualquier tipo de petición o reclamación al tercero, lo hará el socio contratante, que para
operaría de idéntico modo. En dicho supuesto, el tercero sigue sin estar obligado a
dirigir sus pretensiones a todos los socios o a la sociedad sin personalidad jurídica, pues
estamos ante un beneficio: puede dirigirse al socio con el que contrató únicamente,
único al que debe exigir esa reparación, o bien a éste y a todo el resto de socios o a
408
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Una vez que el tercero a la sociedad haya visto satisfecho su interés, bien porque se
haya cumplido aquello a lo que se había obligado su contratante (socio de una sociedad
interna), bien porque se debiera reparar cualquier tipo de daño y se haya reparado, es el
operación, directamente por medio de la respuesta con parte de los bienes aportados,
En este sentido, debemos distinguir dos posibles situaciones: en primer lugar, que
haya respondido frente al tercero el socio que contrató con él, y, en segundo lugar, que
hayan debido responder alguno o algunos de los otros socios que no sea aquel que
contrató con dicho tercero. Debemos repasar cada una de las distintas opciones,
adecuada reparación de algún posible daño causado, ya que en cada uno de estos casos
De entrada, haremos frente al supuesto general, que será aquel en el que es el socio
contratante el que satisface el interés del tercero con el que contrata. Será el
supuesto más general y sintoniza con la estructura de la relación: el tercero contrata con
una persona socia de una sociedad que actúa en su propio nombre y ésta responde frente
a él del contrato. Si ello sucede exclusivamente así, esto es, contrata y el socio cumple
sociedad sin personalidad jurídica, se asume con el patrimonio aportado por los socios y
409
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no tiene una trascendencia especial. De cara al tercero, el gestor hace frente con su
patrimonio, pero es lógico, pues para ese tercero, en principio, sólo existe él como
aportados para satisfacer esa obligación, y si no fuese suficiente, solicitar a los otros
gasto y repetir posteriormente a los otros socios, en la parte que corresponda (al ser el
Por ejemplo, imaginemos una sociedad sin personalidad jurídica dedicada a explotar
una finca rústica, donde uno de los socios contrata para satisfacer el interés social, y
pacta la compra de una cantidad de abonos químicos. Recibe los mismos y entrega el
precio con dinero proveniente del capital aportado por los socios. La operación se
peculiaridad. El gasto se asume por el grupo del modo pactado en el contrato social,
haciendo uso el gestor de las aportaciones realizadas por los socios1008 o bien
sociedad, que no existe como ente, ha actuado en el mercado por medio del socio
1008
Dichas aportaciones se realizan con la clara intención de sostener la actividad social, colaborando en
los gastos y esperando repartir los beneficios en su momento.
1009
Al ser parte contractual, responde frente al tercero íntegramente de la deuda, sin perjuicio de que
posteriormente pueda repetir contra los otros socios en la proporción oportuna.
410
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Sin embargo, si existiera algún tipo de daño o perjuicio causado a ese tercero y
debiera exigirse responsabilidad por parte del mismo, responderá en principio el socio
contratante que actúa en su propio nombre1010, que lo hará con bienes de los aportados o
con propios. En el caso de que lo haga con propios, podrá repercutir el coste en la
sociedad sin personalidad jurídica si se debió a la propia estrategia social, mientras que
actuante, no podrá repercutirlo. No será igual, por ejemplo, que el socio que contacta
con el tercero lo haga porque la sociedad ha decidido entretener a ese tercero para que
no contrate, a su vez, con otro particular y retirarse de la negociación sin más en cuanto
se aleje esa posibilidad (es una decisión que asume la sociedad sin personalidad jurídica
como grupo), que el hecho de que el socio, por negligencia personal, dañe al tercero al
socialmente, no debe ser asumida por el grupo (aunque el contratante dañante responda
por ello). Los gastos normales derivados de la celebración del contrato (pago del precio,
de gastos conexos, etc.), sí se asumen por el grupo, esto es, por el resto de socios
Por último, puede ocurrir que la formalización de ese contrato haya provocado algún
tipo de perjuicio al interés social: por ejemplo, que la operación se haya realizado por un
coste mayor del que debiera haber sido por causa del socio contratante, que ha
particulares, o por cualquier otro motivo, caso en el que los otros socios pueden exigirle
responsabilidad por su labor, obviamente, y el socio debe responder del perjuicio frente
1010
Salvo que también otros socios fuesen demandados, del modo estudiado.
411
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de la sociedad sin personalidad jurídica y en colisión con el mismo1011. Por ello, debe
responder de dicho abuso frente a los socios de la sociedad interna por ese
incumplimiento del contrato, pues no actuó conforme al contrato que en su día celebró.
También puede haber respondido el socio contratante pese a que la demanda se haya
La segunda gran opción posible está en el caso de que, por existir alguna de las
situaciones antes expuestas en que el tercero dirige sus pretensiones frente a todos o
vez, con dos posibilidades. La primera es que se haga frente al cumplimiento del
contrato con “patrimonio social”, sin más, como hemos comprobado que era posible
antes de acudir al patrimonio del socio, conforme al artículo 1698 CC: la sociedad hace
suya la operación, y se asume por todos los socios como cualquier otro gasto realizado
en beneficio de la actividad común. En este caso todo socio debe poder acudir en primer
por alguno de los otros socios debe considerarse un incumplimiento del contrato
pactado en su día, si todo se desarrolla del modo descrito1012. Si respondió con bienes
1011
Esta cuestión ha sido estudiada, para el caso de la representación, por GORDILLO, A.: “La
representación aparente”, cit., pp. 95-101.
1012
Aunque normalmente no se dará el caso, pues si se debe acudir a los otros socios es porque el
patrimonio aportado no ha sido suficiente para satisfacer al tercero.
412
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Sin embargo, si ese socio ha debido hacer frente a algún tipo de reparación de daño,
mancomunada diseñada en el CC. Pero la sociedad, pese a asumir frente al socio dañado
esa reparación, no se hará cargo de los perjuicios causados por las extralimitaciones del
socio (como anteriormente hemos expuesto, debe asumirlos él, y en este caso lo asumen
por él), así que puede exigir al socio contratante la reparación que ha debido realizar al
socio dañado, salvo, claro está, que dicho daño sea insertable dentro de las operaciones
En cualquier caso, por tanto, debe ser la sociedad interna la que interiorice las
operaciones, y por ello, que sea el patrimonio aportado por los socios el que responda de
las mismas en primer lugar (junto con el patrimonio del actuante, pues es parte
responsabilidad es mancomunada).
aspectos concursales
sociales, son conscientes de que cuentan con la garantía que les reconoce el artículo
1699 CC. Es un precepto, éste, que se expresa en los siguientes términos: “Los
acreedores de la sociedad son preferentes a los acreedores de cada socio sobre los bienes
sociales. Sin perjuicio de este derecho, los acreedores de cada socio pueden pedir el
413
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embargo y remate de la parte de éste en el fondo social”. Más que una preferencia, lo
sociales como tales se reservan a los acreedores sociales, mientras que los acreedores
particulares nunca podrán acudir a dichos bienes como tales, sino al patrimonio personal
cuestión, aunque por distintas razones de las nuestras: ese acreedor del socio por deudas
vinculadas a la actividad social no goza de preferencia de ningún tipo sobre los bienes
como tal, sino acreedores de los socios actuantes (o de los actuantes, sin más) en virtud
de los negocios que celebraron en beneficio de la sociedad interna. Pero, como punto de
partida, la sociedad no opera como ente, no hay imagen social en el mercado y de ahí se
deriva que no existan acreedores sociales. No existe dicha imagen como no existe
patrimonio separado oponible frente a terceros. Por tanto, no puede aplicarse, sin más,
1013
Que después podrá repercutir, aquello de lo que no debiera responder, sobre los otros socios, de modo
proporcional a sus respectivas obligaciones.
1014
Tal y como apunta PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1669, cit., pp. 1368 y 1374. En esta última
página es especialmente explícito. Indica que la existencia de la comunidad es determinante: “Frente a
terceros, el patrimonio social, fragmentado en derechos autónomos, corresponde individualmente a cada
uno de los socios. Esta situación determina la inestabilidad del patrimonio social: no se puede impedir a
los acreedores individuales de los socios que se reintegren con cargo al patrimonio social (art. 399
segundo inciso); no se puede impedir a los socios que transfieran a terceros el patrimonio social (art. 399
CC); y no se puede asegurar a los acreedores sociales un derecho de prelación frente a los acreedores
individuales de los socios sobre el patrimonio social”.
En parecido sentido, CAPILLA RONCERO, F.: “La sociedad civil”, cit., pp. 350-376. Recuerdan esta
idea también tanto GARCÍA MAS (GARCÍA MAS, F. J.: “La sociedad civil: su problemática en el
tráfico jurídico...”, cit., p. 602) como CABANAS Y BONARDELL (CABANAS TREJO, R. y
BONARDELL LENZANO, R.: “Reflexiones en torno a la personalidad jurídica de las sociedades
civiles...”, cit., pp. 372 y 385).
414
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no existe un patrimonio social desde el punto de vista real, sino una acumulación de
algo inter partes, sin modificación en el plano real1016. De ahí que no quepa que los
terceros cuenten con esos bienes de modo prioritario, aunque la condición de bien
aportado tenga la importancia explicada a la hora de cobrar sus deudas. Por ello no
resulta aceptable la aplicación analógica de este precepto a las sociedades internas. Este
acreedor no gozará de preferencia de ningún tipo sobre esos bienes respecto de otros
Por otra parte, ya estudiamos cómo ese tercero podía demandar el cumplimiento del
procedimiento concursal para ello, debido a que el actuante no pueda hacerse cargo de
las obligaciones contraídas (incluso puede que existan acreedores particulares y otros
1015
Pese a redactarse pensando en sociedades sin personalidad jurídica (recordemos cómo encontramos
una regulación parecida en el texto de 1882-1888, en el de 1851 e, incluso, en el de 1836). Sin embargo,
no se pensaba exactamente en sociedades internas. El legislador pensaba en una sociedad sin personalidad
jurídica, pero donde no tenía por qué desconocerse su existencia porque no se pretendiera actuar en el
mercado como ente, sino que seguramente ésta era conocida. Además, este precepto era la especialidad
dentro de dicha regulación, pues reconocía autonomía patrimonial a la sociedad no personificada.
1016
Salvo configuración expresa en dicho sentido, que no sería el supuesto general.
1017
En este sentido se expresa PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1699, cit., p. 1486. Recordemos que
la Ley 22/2003, de 9 de julio, Ley Concursal, en su artículo primero, no admite la declaración de
concurso respecto de la sociedad interna: en su apartado primero, como regla general, alude a que procede
respecto de cualquier deudor, sea persona física o jurídica. En los apartados segundo y tercero recoge las
415
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actuado en el mercado como tal), sino que será el actuante el que deba hacerlo, aunque
(artículos 1130 a 1317 LEC 1881) ni en la que la sustituirá a partir del 1 de septiembre
la sociedad interna (los socios de la sociedad interna lo sabrán, por cuestiones lógicas:
son las deudas “sociales” las que han provocado esta situación). A la hora de formar la
masa activa, debe realizarse la siguiente distinción: por una parte, están los bienes
todo aquel bien que se haya adquirido o insertado en su patrimonio exclusivamente para
realizar la actividad social, aunque él sea formalmente propietario1019. Por otra parte,
tenemos la masa aportada por los otros socios a la sociedad (es decir, la masa total
excepciones: el concurso de la herencia podrá declararse mientras no haya sido aceptada pura y
simplemente, y no cabe dicha declaración respecto de entes públicos.
1018
No estamos ante una persona jurídica, pero tampoco estamos, en rigor, ante una persona física sin
más, pues las deudas que le han llevado a esa situación se contrajeron posiblemente en actividades
sociales, conjuntamente con otras personales.
1019
Los acreedores por deudas sociales (o el propietario originario) deben encargarse de ponerlo de
manifiesto y obtener dicha diferenciación, porque en principio estamos ante un bien inserto en dicho
patrimonio, sin más, y como tal debe tratarse (los socios del actuante por deudas ajenas a la sociedad no
tendrán interés en realizar dicha diferenciación, pues contradice sus intereses al disminuir el patrimonio
con el que respondería frente a ellos). Pero es lógico y justo que se haga, pues la única razón de que el
bien se integre en su patrimonio es la de sostener la actividad social, a la que está afecta.
1020
Además, puede ser de interés tener en cuenta los patrimonios de los socios, como observaremos a
continuación.
416
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aquellos bienes adquiridos por el gestor o transmitidos a éste pero para ser destinados
Los bienes del concursado salvo el adquirido expresamente para la actividad social,
servirán para hacer frente tanto a las deudas sociales como a las personales de él (sin
que haya más privilegio que el legalmente existente conforme a los artículos generales
reguladores), mientras que los bienes aportados por los otros socios se destinarán
que los socios de la sociedad interna existen y pueden ver afectado sus patrimonios
expuesta no significa introducir el artículo 1699 de otro modo, sino que es pura
relación a los créditos, más que los que sean insertables dentro de los supuestos
regulados legalmente de modo general. Dentro de la Junta, los acreedores propios del
del aportante (y conjuntamente, en su caso, con los acreedores por deudas vinculadas a
la sociedad, sin preferencia especial, como hemos visto), mientras que los acreedores
sociales pueden cobrar sus deudas tanto de los bienes del gestor como de la masa
patrimonios de los otros socios conforme al artículo 1698 CC. Estamos, por tanto, ante
procedimiento concursal reglado, pero que debe tener una cabida en él, pese a su
especialidad.
417
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El socio que contrata gestionando los intereses de una sociedad interna celebra los
contratos en su propio nombre. Pero tanto él como los otros socios de la sociedad
interna pueden tener acreedores por otro tipo de relaciones que tengan vigentes con
otras personas, es normal que así ocurra y así lo hemos comprobado. Por ejemplo, en el
caso de una sociedad interna donde los socios se dediquen a la gestión de un restaurante,
puede ocurrir que cualquiera de esos socios deba hacer frente a la devolución de un
préstamo de dinero solicitado, sin ir más lejos, para realizar una serie de obras en su
plazos de un vehículo para su familia, por ejemplo. En ese supuesto, estamos ante un
socio que tiene algún acreedor por causas ajenas a la sociedad civil. La duda está en
dilucidar en qué posición queda ese acreedor, teniendo en cuenta que su deudor es socio
especial de los acreedores sociales respecto de los bienes del patrimonio social,
conforme establece el artículo 1699 CC, sin perjuicio de que los acreedores particulares,
como señala el último inciso de este precepto, “pueden pedir el embargo y remate de la
parte de éste en el fondo social”, mientras que el artículo 1700, dedicado a recoger las
supuesto previsto en el artículo 1699. No puede acudir directamente a los bienes del
418
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Sin embargo, en una sociedad sin personalidad jurídica la solución no puede ser la
explicada, como hemos visto, al existir diferencias importantes entre ambas situaciones:
está unificado, sino disgregado: pertenece pro quota a los socios. La afectación al fin
particulares de los socios. Estos pueden dirigirse contra el patrimonio del socio y, como
patrimonio del deudor para lograr que éste saldase su deuda, conforme establece el
sociedad desprovista de personalidad jurídica, sin que ello contraviniese el artículo 399
CC (que dicha cuota sea, en su momento, objeto de realización por el tercero para saldar
1021
PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1699 CC, cit., p. 1486.
1022
Sintoniza, obviamente, con el sentido del artículo 399 CC. En idéntico sentido, TORRES PEREA, J.
M. DE: “Alcance de la personalidad jurídica de la sociedad civil externa”, cit., p. 76.
1023
En este sentido, PAZ-ARES, quien ha defendido la bondad de dicha idea: comentario al artículo
1669, cit., p. 1361 (alude expresamente a la posibilidad de que las aportaciones puedan ser embargadas,
pro quota, por los acreedores particulares de los socios) y p. 1374 (recordemos el texto ya citado: “Frente
a terceros, el patrimonio social, fragmentado en derechos autónomos, corresponde individualmente a cada
uno de los socios. Esta situación determina la inestabilidad del patrimonio social: no se puede impedir a
los acreedores individuales de los socios que se reintegren con cargo al patrimonio social (art. 399
segundo inciso); no se puede impedir a los socios que transfieran a terceros el patrimonio social (art. 399
CC); y no se pueda asegurar a los acreedores sociales un derecho de prelación frente a los acreedores
419
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Desde nuestro punto de vista, sin embargo, el acreedor de un socio por deuda ajena a
es conforme al artículo 1911 CC, y dentro del mismo se encuadra el bien aportado por
éste a la sociedad interna. Y en el caso de que deba iniciarse un proceso concursal, por
todavía vigente o conforme a la Ley concursal cuando entre en vigor, concurrirá con los
acreedores por deudas sociales sin mayor especialidad, ya que no existe privilegio
Los acreedores por deudas particulares saben que dentro del patrimonio de este socio
están tanto sus bienes particulares stricto sensu (ajenos a la sociedad interna), como lo
existencia de esa masa obligacional, pues desde el punto de vista real no existe siquiera
se puede acudir para satisfacer la deuda, sin perjuicio de que si existen otros bienes el
socio deudor debe tener en cuenta la existencia del pacto contractual que le vincula a la
hora de hacer frente al cumplimiento de su obligación con bienes que no sean esa
aportación. Si no queda más remedio que cumplir con dicho bien aportado, con él debe
hacerlo, pues es parte de su patrimonio, aunque los otros socios pueden exigirle la
individuales de los socios sobre el patrimonio social”). En idéntico sentido, CAPILLA RONCERO, F.:
“La sociedad civil”, cit., p. 356.
1024
Directamente no, porque sintoniza con la sociedad personificada, mientras que analógicamente
tampoco, pues para aplicarlo a sociedades no personificadas debería al menos existir actividad externa
frente a terceros por su parte.
420
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conforme al artículo 1698 CC) se producirá una concurrencia sin que ninguno goce de
mercado, pues éste sí pone en juego su patrimonio al responder de la labor social, por
propia operatividad de la sociedad interna, pero esto es algo que no depende de él.
421
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1. Introducción
debemos aclarar una última cuestión para tener una comprensión total de la situación.
Esta última duda es si este régimen estudiado puede resultar también aplicable a otros
casos de alguna forma próximos al de las sociedades civiles sin personalidad jurídica.
Estamos ante una serie de supuestos que de alguna forma están próximos a estas
sociedades civiles, bien porque sean equivalentes mercantiles, bien porque no se hayan
se presenta a una sociedad mercantil como irregular y se aplica el artículo 1669 CC. Se
ofrece la impresión de que el artículo 1669 es un precepto utilizable para cualquier tipo
Antes de pasar a realizar dicho recorrido, debemos tener presente, de entrada, que
no toda sociedad civil sin personalidad jurídica debe haberse constituido mediante la
citada puesta en común que parece tener en mente el artículo 1669 CC, aunque no es
constitución de una sociedad civil personificada sin dicho patrimonio común). Pero si
así fuera, no existiría en ningún momento esa masa de aportaciones en que piensa el
artículo 1669, aunque ya hemos estudiado cómo esa referencia a la comunidad de bienes
422
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Debido a ello1025, y a que la regulación del artículo 1669 es la única regulación existente
sobre sociedades sin personalidad jurídica, le será de aplicación. Por tanto, al ser
común sometimiento a una dirección económica ejercida por otra sociedad”, y cómo del
artículo 7.I se derivaba su naturaleza societaria y civil1027, mientras que el artículo [Link] le
No tenemos una sociedad que pretenda operar como tal en el mercado (una
empresas meramente temporal y con intención de colaborar entre ellas para realizar una
aportando cierta unidad al contrato sin tener que acudir a la rigidez que implicaría la
personalidad jurídica cuando no parece deseada por las partes. Pensemos que no en todo
1025
Si existiera comunidad de bienes o, al menos se aplicara su regulación, existiría un problema, pero al
no ser así, no lo hay. La referencia a la misma era debida a razones meramente dogmáticas, como
sabemos.
1026
BOE núm. 137, de 9 de junio de 1982.
1027
Inciden en esta naturaleza civil tanto PAZ-ARES (comentario al artículo 1667, cit., p. 1349) como
EIZAGUIRRE (“Derecho de sociedades”, cit., p. 44).
1028
En este sentido, GIRÓN TENA, J.: “Derecho de Sociedades”, cit., p. 121.
423
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caso debe acudirse sin más a la personalidad jurídica para actuar en el mercado1029: aquí
las partes no pretenden actuar como ente, y no lo hacen. Simplemente se pretende una
colaboración temporal con ánimo de realizar una obra, servicio o suministro concreto y
se lleva a cabo una puesta en común de dinero, bienes o industria con dicha intención y
la de partir entre sí las ganancias. Para ello no es necesario que surja una persona
jurídica, sino que se celebra el contrato de sociedad sin que se pretenda que de dicho
contrato surja. Por tanto, el artículo [Link] no hace otra cosa que plasmar legalmente la
intención de las partes de no ser persona jurídica ni actuar como persona jurídica. Sin
de Empresas de ellas sin tener que reconocer una personalidad jurídica que excede de lo
Ello no quiere decir que estemos ante un pacto secreto: normalmente suele existir
colaboradora, sin más, sin operar en el mercado como ente. Por ello, sin necesidad de
la sociedad civil interna stricto sensu, donde esa pretensión de no actuar como ente en el
mercado se acompaña de falta de conocimiento del pacto societario. En este caso existe
que la ley citada regula expresamente los aspectos de interés de esta agrupación
1029
Inteligente desarrollo de esta idea en MOLINA NAVARRETE, C.: “Persona jurídica y disciplina de
los grupos de sociedades”, cit., especialmente pp. 154-174. La personificación disuelve más que que
resuelve los problemas planteados por este nuevo modelo organizativo de la empresa (ob. cit., p. 162).
424
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modo expuesto anteriormente. Dado que las cuestiones que pretende resolver el artículo
que en el régimen general, ya que estamos ante reconocimientos parciales que implican
cierta subjetividad funcional y procedimental, sin que el grupo llegue a ser plenamente
sociedad civil interna y existe una regulación propia, por lo que no será necesario acudir
interés la regulación del artículo 1669 CC: las sociedades irregulares, en primer lugar,
así como un par de sociedades internas mercantiles especiales, como son la surgida del
1030
En este sentido, PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1678 CC, dentro de “Comentario del Código
civil”, Tomo II, Secretaría General Técnica del Ministerio de Justicia, Madrid, 1991, p. 1398.
1031
Artículo 8.e) 1.
1032
Artículo 8.d).
1033
Artículo 8.e) 5.
1034
Artículo 8.e) 8.
1035
SSAP Madrid 27-6-1994, Albacete 21-3-1994 y Salamanca 6-5-1997. Sobre ello, vid. EIZAGUIRRE,
J. M. DE: “Derecho de Sociedades”, cit., nota 75, p. 45.
425
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2. Sociedades irregulares
El primer gran capítulo de sociedades próximas a las sociedades internas son las
irregular con sociedad falta de personalidad: ésta es la pactada por las partes como
interna, mientras que la sociedad irregular es aquella donde no se han cumplido los
sociedades civiles irregulares, que son aquellas sociedades en las que los artículos 1667
y 1668 exigían ciertos requisitos formales para su correcta formación y éstos no se han
cubierto. TENA PIAZUELO ha trabajado bastante esta cuestión, y sin perjuicio de que
1036
La doctrina no tenía tan clara esta inclusión, sobre todo la doctrina mercantilista, que se niega a hablar
de irregularidad civil, ya que vincula esa irregularidad a la falta de inscripción registral de la sociedad. En
su momento hemos criticado esta opinión tan firmemente arraigada.
1037
Ya que la opinión de ORTEGA PARDO, anterior en el tiempo, no había sido suficientemente
valorada a estos efectos. Vid. ORTEGA PARDO, G. J.: “Sociedad civil irregular”, cit. Sobre la
exposición de TENA PIAZUELO, vid. especialmente “El concepto de sociedad civil irregular...”, cit., pp.
71-73, donde argumenta claramente sus críticas a la reserva del concepto de sociedad irregular a la órbita
mercantil, así como pp. 195-284, donde se detiene a estudiar la cuestión con mayor profundidad.
426
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tiene reparo en hablar de sociedades civiles irregulares, aunque con no demasiado rigor,
como hemos comprobado: cuando existía algún tipo de defecto formal, ya fuera la
cumplido los requisitos formales oportunos exigidos por los artículos 1667 y 1668 CC,
deba cubrir requisito publicitario alguno. No estamos de acuerdo con esa configuración,
necesaria forma a cubrir en cada caso. Por ello, si al celebrar el contrato de sociedad
civil no era necesario cubrir una forma determinada, esa sociedad no puede ser
irregular. Sólo lo será aquella en la que debiera haberse cubierto una forma concreta y
sociedades con el artículo 1669 CC, pese a que el TS lo haya entendido así
la sociedad civil irregular. La sociedad civil puede, por tanto, ser irregular, y lo será
1038
Vid. estas sentencias en TENA PIAZUELO, I.: “El concepto de sociedad civil...”, cit., pp. 89-95.
427
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debe vincularse esto al disfrute o no de personalidad jurídica. Que una sociedad civil sea
Puede darse el caso de que la falta de la forma requerida sea un nuevo paso en ese
partes no quieren operar como ente en el mercado, de dicha intención puede derivarse
Pero estamos ante dos planos diferentes: una sociedad puede ser interna pero no
formales y pretende actuar del modo descrito en el artículo 1669 CC, no gozará de
personalidad jurídica, pero no por ser irregular, sino porque se pactó como interna1044.
Estaremos en ese caso ante una sociedad irregular e interna, pues ambas situaciones no
1039
Vid el análisis de TENA PIAZUELO, I.: “El concepto de sociedad civil irregular...”, cit., pp. 244-284.
1040
En contra, ORTEGA PARDO, quien aludía a la forma como “condición legal” para el reconocimiento
de la personalidad jurídica (ORTEGA PARDO, G. J.: “Sociedad civil irregular”, cit., pp. 318-319).
1041
Las partes la configuran para no operar como ente en el mercado, pero cubren las formalidades
exigidas por los artículos 1667 y 1668, algo que no les otorga per se publicidad frente a terceros. En este
sentido se expresa LECIÑENA IBARRA, A.: “La sociedad de medios entre profesionales”, cit. p. 88.
1042
Una sociedad que opere en el mercado como ente, pero no haya cubierto las formalidades
publicitarias oportunas.
1043
Las partes contratantes no pretenden operar como ente en el mercado y, además, no han cubierto los
requisitos formales necesarios, quizá, incluso, por pretendida coherencia con su condición interna.
1044
Es imaginable en este caso que la sociedad pueda ser irregular porque los socios pretenden
configurarla como interna y, orientados por ello, deciden no cubrir la forma necesaria como una etapa
previa más.
428
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pactada sea externa, esa sociedad gozará de personalidad jurídica con todo lo que
implica, pues no cae bajo la órbita del artículo 1669 y por tanto éste no será de
de dicho pacto, que resultarían oponibles frente a terceros en el caso de que éstos los
conocieran. Pero en todo momento gozará de personalidad jurídica, porque así lo han
numerosas sentencias aludiendo a que ese contrato es válido entre las partes. Pese a lo
todo momento. Por ello, una sociedad irregular, salvo que sea además interna, gozará de
personalidad jurídica, como sociedad externa que es, y se regirá por los pactos
1045
Tema que ha sido estudiado con profundidad por SANTOS MORÓN, M. J.: “La forma de los
contratos...”, cit., pp. 293-333, especialmente pp. 322-333. Allí alude a la necesidad de escritura pública
exigida en su caso como necesaria “únicamente para la eficacia real del contrato de sociedad” (p. 326).
429
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período previo a las sociedades irregulares1047 (ambas categorías, por tanto, se excluyen
entre sí). Las sociedades mercantiles irregulares serán aquellas donde los socios no
ente, en nombre de la sociedad1048. Es interesante este dato de que los socios pretenden
actuar como ente en el mercado, pues nos encontramos, por tanto, con sociedades
1046
Pese a que doctrinalmente no se ha configurado de modo totalmente exacto esta categoría, para tener
una visión doctrinal y jurisprudencial adecuada, vid., especialmente, FARIAS BATLLE, M.: “La
sociedad irregular en la jurisprudencia del TS...”, cit., y VALPUESTA GASTAMINZA, E. M.: “La
Sociedad Irregular”, cit.
1047
FARIAS BATLLE, M.: “La irregularidad de la sociedad de capital. Aspectos societarios y
registrales”, Ed. Comares, Granada, 2001, pp. 10 y 29.
1048
Parecida definición recoge VALPUESTA GASTAMINZA, E. M.: “La Sociedad Irregular”, cit. p. 91,
cuando alude a aquella sociedad “que actúa en el tráfico sin voluntad de inscribirse desarrollando una
actividad mercantil”. Téngase en cuenta que el dato de que no pretenden inscribirse en el Registro es
imprescindible y uno de los más estudiados a la hora de aludir a los requisitos de las sociedades
irregulares (vid., por todos, FARIAS BATLLE, M.: “Breve perspectiva jurisprudencial de las sociedades
irregulares”, CDC, núm. 11, septiembre 1993, pp. 200-202, y “La irregularidad de la sociedad de
capital...”, cit., pp. 39, 46-49 y 95-101). Muy importante, por tanto, es esa operatividad como ente: por
utilizar palabras de EMBID IRUJO, es una sociedad donde no se observa publicidad legal, pero sí
“publicidad de hecho” (EMBID IRUJO, J. M.: “Calificación jurídica de la sociedad irregular. Comentario
a la STS (Sala 1ª) de 6 de octubre de 1990)”, La Ley, 1991-I, p. 295).
430
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entendía que las sociedades irregulares no gozaban de personalidad jurídica, teoría cuyo
personalidad jurídica era un grave error, ya que realmente acababa perjudicando a los
terceros a los que se decía proteger. A estas sociedades se aplicaría el régimen de las
dotadas de personalidad jurídica, pues a ambas se les reconoce, por lo que la sociedad
como irregular.
La sociedad irregular responde, por tanto, como colectiva, o civil en su caso, aunque
1049
FARIAS BATLLE, M.: “Breve perspectiva jurisprudencial...”, cit., pp. 194-204.
1050
Sobre esta situación doctrinal, detalladamente, FARIAS BATLLE, M.: “La sociedad irregular en la
jurisprudencia del Tribunal Supremo”, cit., pp. 9-22. Las reflexiones de GIRÓN TENA, esenciales para
entender adecuadamente la cuestión, se pueden encontrar en “Las Sociedades irregulares”, cit., pp. 1291-
1347, así como “Derecho de Sociedades”, cit., pp. 226-255. Para encontrar un análisis riguroso de la
cuestión, vid. PAZ-ARES, C.: Capítulo 21: “La sociedad mercantil...:”, en URÍA-MENÉNDEZ: “Curso
de Derecho Mercantil”, cit., pp. 513-522.
1051
Vid. GARCÍA VILLAVERDE, R.: “Sociedades irregulares”, CDC, núm. 11, septiembre 1993, pp.
43-44, así como el análisis de PINO ABAD, M.: “La discutida personalidad jurídica...”, cit., pp. 205-234.
1052
Sobre su régimen general, vid. VALPUESTA GASTAMINZA, E. M.: “La sociedad irregular”, cit.,
pp. 89-103. Obviamente no compartimos su reserva de la irregularidad para el ámbito mercantil.
431
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régimen jurídico más que para saber si se aplicaría en algún momento el de las
sociedades internas, pero existen importantes dudas no estudiadas sobre dicho tema, que
aplicación sino por esa alusión genérica a los regímenes de las sociedades civiles o
relevantes como para realizar tan genérica remisión, sin más1053. Por otra parte, no
resulta acertado, desde un punto de vista dogmático, que se remita al régimen de una
sociedad personalista (civil o mercantil) cuando esta sociedad ha sido pretendida por los
general como cabeza del sistema societario, como puente de unión entre los dos ejes
sociedades personalistas en este caso, pues las partes no pretenden una sociedad de este
tipo1056. Parece lógico conjugar la configuración capitalista que las partes pretenden
1053
En ambas los socios responden de las deudas de la sociedad, pero mientras la responsabilidad de los
socios por las deudas sociales en la sociedad colectiva es solidaria, en la sociedad civil es mancomunada.
Habrá que determinar si el objeto es civil o mercantil para que sepamos si los socios responden solidaria o
mancomunadamente de las deudas sociales. Es una indeterminación importante. En ambos supuestos, sin
embargo, los socios responden ilimitadamente de dichas deudas, que es lo que se pretende en este caso.
1054
VALPUESTA GASTAMINZA ha defendido, erróneamente, que existe esa remisión porque en las
partes “hay una voluntad inequívoca de creación de una sociedad personalista” (VALPUESTA
GASTAMINZA, E. M.: “La Sociedad Irregular”, cit. pp. 158-178). Es lo que vienen a defender los
partidarios de la teoría de la conversión. No es cierto, pues en ese caso se habría constituido como
personalista, sin más. Entendemos que existe una voluntad de creación de una sociedad capitalista, sólo
que no parece existir voluntad de cumplimentar todos los requisitos procedimentales para que ésta
adquiera su plena personalidad, y ello se “sanciona” con esta remisión, con la inequívoca intención de que
los socios respondan con su patrimonio personal de las deudas sociales.
1055
PAZ-ARES, C.: comentario al artículo 1665 CC, cit., p. 1300.
1056
Se habría solucionado la cuestión reconociendo la personalidad de estas sociedades e imponiendo, por
ejemplo, la responsabilidad solidaria de los operantes y de los otros socios. No hubiera existido necesidad
432
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personalista, a modo de sanción (es la intención del legislador en el caso regulado, como
veremos1057).
las que no se han observado los requisitos de forma necesarios en el caso, remitiéndose
dicho régimen pero manteniendo el valor de lo pactado por las partes1060. En otras
sociedad mercantil en el ámbito externo1063, y en otros casos se interpretó que esa falta
dentro de la órbita del artículo 1669 CC (incluso, en algún caso, que es directamente
de remitir a un régimen no pretendido por las partes contratantes, como es el régimen de las sociedades
civiles o colectivas, personalistas en cualquier caso.
1057
En parecido sentido, aunque con argumentación bastante diferente, VALPUESTA GASTAMINZA,
E. M.: “La sociedad irregular”, cit., pp. 160-170. Incide expresamente en esa intención sancionatoria
EMBID IRUJO, J. M.: “La sociedad irregular”, en “X Seminario de Estudios sobre la Fe Pública
mercantil”, Consejo General de los Colegios Oficiales de Corredores de Comercio, Madrid, 1997, p. 139.
1058
Esto ha sido estudiado de modo sistemático por FARIAS BATLLE, M.: “La sociedad irregular en la
jurisprudencia del Tribunal Supremo (1970-1992)”, cit., pp. 23-78.
1059
SSTS 20-12-1980, 5-7-1982, 24-6-1988.
1060
SSTS 5-7-1982, 30-4-1986 y 29-10-1987.
1061
En este sentido, SSTS 12-6-1984, 17-9-1984 y 12-11-1985.
1062
SSTS 24-10-1975, 12-9-1985, 22-5-1987 y 24-9-1987.
1063
SSTS 6-3-1981 y 13-2-1985.
433
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sociedades que no tienen más que publicidad de hecho1065, mientras que otras reconocen
TRLSA) o las limitadas (artículo 11.3 LSRL, que remite al anterior), y al mismo debe
estarse, valorando que estamos ante personas jurídicas y que la pretensión es evitar
liquidación del patrimonio social, la restitución de sus aportaciones”. Existe, por tanto,
una voluntad expresa o tácita de operar como ente sin estar inscrita en el Registro.
parece lógico negarle personalidad jurídica a esta sociedad1067. Diferente es que esa
personalidad jurídica sea plena, como presupone el artículo 7 LSA, pues para ello es
1064
SSTS 29-11-1958, 26-1-1967, 21-12-1970, 5-5-1978, 2-6-1981, 19-11-1982, 24-3-1984, 10-10-1985,
27-9-1985, 18-7-1986, 19-9-1986, 11-6-1987, 21-3-1988, 13-3-1989, 18-10-1989, 2-12-1989, 8-2-1991,
6-11-1991 y 3-1-1992.
1065
SSTS 10-11-1975, 22-12-1976, 17-9-1984, 24-7-1985, 25-3-1987, 20-2-1988, 6-10-1990 y 9-2-1992.
1066
SSTS 10-5-1970, 26-5-1973, 16-4-1980, 25-5-1982, 12-11-1985, 30-4-1986.
1067
A este respecto, especialmente incisiva FARIAS BATLLE, M.: “La irregularidad de la sociedad de
capital...”, cit., pp. 67-103.
434
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Visión que soluciona algunos problemas importantes a ese tercero que contrató con ella,
en caso de incumplimiento1068.
sociedad civil. El apartado tercero del artículo anterior no será aplicable a la posterior
este precepto, tan novedoso, merece nuestra crítica por un par de cuestiones que
sociedades colectivas y civiles según la naturaleza del objeto, cuando debiera tenderse a
capitalista, aunque irregular, pues no sintoniza con lo pretendido por las partes, que no
pretenden configurar una sociedad personalista (no pretenden, por ejemplo, que las
causas de extinción sean las de una sociedad personalista). Ya hemos indicado que no
capitalista, como pretenden las partes, con la responsabilidad frente a terceros como si
1068
Puede dirigirse directamente a la sociedad para exigir el cumplimiento del contrato y, además, existe
patrimonio social para responder de las obligaciones.
1069
Por todos, VALPUESTA GASTAMINZA, E. M.: “La Sociedad Irregular”, cit., pp. 158-178.
435
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legislador1070. Se deduce del artículo 16.2 la pretensión de que los socios respondan con
conforme al artículo 120 C de c1071, y por ello deben conjugarse ambas regulaciones:
basta con configurar una sociedad capitalista pero con personalidad jurídica básica,
pero no por ser irregular, sino por pactarse como interna1072. Sin embargo, en el caso de
la sociedad irregular mercantil no será así, pues se configura legalmente como externa,
básica recogida en el artículo 38 CC, como sociedad externa que es (aunque sea
sociedad civil, debido a que esta sociedad goza de personalidad jurídica dicho régimen
1070
En este sentido, coincidimos en líneas generales (salvo en el aspecto que expondremos a
continuación) con la detallada argumentación realizada por GARCÍA-CRUCES GONZÁLEZ, J. A.:
“Irregularidad societaria y derecho de las sociedades de capital (Notas sobre el artículo 16 de la Ley de
Sociedades Anónimas”, RDP, 1996, pp. 661-680.
1071
Discrepamos de la opinión de GARCÍA-CRUCES GONZÁLEZ en este punto, que defiende la no
aplicabilidad del mismo con argumentos que no nos parecen correctos (GARCÍA-CRUCES
GONZÁLEZ, J. A.: “Irregularidad societaria y derecho de las sociedades de capital...”, cit., p. 670).
1072
En sentido contrario, ULMER quien, para el caso del Derecho alemán, y teniendo en cuenta la
rudimentaria estructura organizativa que observa en ambos casos, entiende que a la sociedad deficiente o
incompleta se debe aplicar el régimen de la sociedad interna (ULMER, P.: “Münchener Kommentar zum
Bürgerlichen Gesetzbuch”, cit., p. 310).
1073
Sobre ello, vid. VALPUESTA GASTAMINZA, E. M.: “La Sociedad Irregular”, cit., pp. 105-229.
436
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las sociedades irregulares mercantiles es que, pese a no cubrir los requisitos formales
lógico aplicar el régimen de la sociedad civil interna a ella también de modo subsidiario
las partes), pues estamos ante una regulación genérica de las sociedades sin
Sin embargo, en varios supuestos mercantiles parece existir esa sociedad interna de
la que hablamos y además se goza de un régimen jurídico que soluciona los problemas
1074
Sin perjuicio de ponderar si la aplicación de este régimen sea total o sólo frente a terceros, algo que
excede nuestro interés en este momento (sobre el debate al respecto, vid. VALPUESTA FERNÁNDEZ,
E. M.: “La Sociedad Irregular”, cit., pp. 160-170).
1075
En este sentido la STS 20-5-2002 (M. A. 4453), que concluye la existencia de una sociedad irregular
mercantil e indica que se rige por los pactos celebrados entre las partes y, en su defecto, por las normas de
la copropiedad.
1076
Puede darse el caso de que la sociedad no se inscriba en el Registro porque se pretenda configurar
como interna: en ese caso no gozará de personalidad, pero debido a su consideración de sociedad interna.
437
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que pretende solucionar el artículo 1669 CC. Un par de ejemplos de cierto interés en
este sentido que debemos tratar, que son los casos, ya citados colateralmente, del
589, en su primer párrafo, que “si dos o más personas fueren partícipes en la propiedad
en su segundo párrafo, que “esta compañía se regirá por los acuerdos de la mayoría de
sus socios”. El resto no interesa para tener una idea sobre su configuración.
No estamos ante una reliquia del pasado: es relativamente frecuente que una persona
individual no quiera o no pueda asumir ella sola la propiedad de un buque entero, con
buque por dos o más personas no ligadas en comunidad conyugal ni por una sociedad.
No surge, como ocurría con la comunidad de derecho común, como una situación
1077
“...El condominio satisfacía, principalmente, a las exigencias de la escasez de capitales y a la
gravedad, en la época, de los riesgos de la navegación” (GIRÓN TENA, J.: “El naviero: directrices
actuales de su régimen jurídico”, Patronato de la Universidad de Deusto, Bilbao, 1959, p. 139). Analiza
ese origen, breve pero detalladamente, NÚÑEZ IGLESIAS, A.: “Comunidad e indivisibilidad”, cit., pp.
164-167.
438
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transitoria, sino como un vínculo consorcial, de cara a una expedición que se prepara, o
bien con carácter permanente, y esto lo aleja de la comunidad genérica del CC1078.
ante una sociedad con objeto mercantil, con lo que ello conlleva de remisión a dicho
régimen. PAZ-ARES, por su parte, ha apuntado con acierto que “probablemente haya
de construirse como una sociedad interna con representante común”1081. GIRÓN TENA
1078
Ha incidido en esta cuestión con cierto detenimiento, en el caso del Derecho italiano pero en
comentarios perfectamente trasladables a nuestro ordenamiento, DOMINEDÒ, F. M.: “Sulla disciplina
della compropietà navale”, “Saggi di Diritto della Navigazione”, Padova, CEDAM, 1951, pp. 425-427.
1079
En este sentido, existen diversas teorías explicativas, que inciden más en el aspecto comunitario o en
el aspecto societario. JORDANO BAREA recoge los comentarios doctrinales más relevantes hasta 1957 y
se decanta por la consideración societaria del condominio naval, latente en nuestro C de c, que alude a
una “compañía” (JORDANO BAREA, J. B.: “Comunidad y sociedad entre los propietarios del buque”,
ADC, 1957, pp. 455-458, citado todo ello también por GIRÓN TENA, J.: “El naviero: directrices
actuales...”, cit., pp. 186-188). MIQUEL GONZÁLEZ indica que el Código de Comercio “presume la
existencia de una compañía, lo que no excluye que exista también una comunidad, porque sociedad y
comunidad no son incompatibles. En todo caso se trata de una comunidad regida por reglas especiales...”
(MIQUEL GONZÁLEZ, J. M.: comentario al artículo 392 CC, dentro de “Comentarios al Código Civil y
Compilaciones Forales”, cit., p. 24). DÍEZ-PICAZO, por su parte, repasa las configuraciones que la
vinculan al condominio, a la sociedad o la presentan como un híbrido entre ambas, y propone distinguir
entre el condominio del buque, condominio especial, y la sociedad naval, posible si existe affectio
societatis y no se ha formalizado un contrato de sociedad mercantil típica (DÍEZ-PICAZO, L.: “El
condominio del buque”, RCDI, 1965, y en “Estudios de Derecho Privado”, Ed. Civitas, pp. 286-292).
1080
EIZAGUIRRE, J. M. DE: “Derecho de Sociedades”, cit., p. 41.
1081
PAZ-ARES, C.: coment. artículo 1669 CC, cit., p. 1358. El artículo 594 C de c sintonizará con esa
idea.
439
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y de una explotación societaria del mismo por los copropietarios, sin pretender la
la propiedad del buque y podrá, en nombre propio y con tal carácter, gestionar judicial y
societaria conlleva que caigamos de lleno dentro de la órbita societaria mercantil, con lo
que ello implica a la hora de acudir a su regulación para regir cuestiones que no sean
sociedad que no opera como ente nos insertan en el ámbito de las sociedades internas.
interés sobre su régimen jurídico, para saber si resulta necesario acudir en algún
haber social. Antes, el artículo 586 establecía la responsabilidad civil del propietario y
del naviero respecto de los actos del capitán y de las obligaciones contraídas por éste
1082
GIRÓN TENA, J.: “Derecho de Sociedades”, cit., p. 86.
1083
GIRÓN TENA, J.: “El naviero: directrices actuales...”, cit., p. 139.
1084
Vid. REGLERO CAMPOS, L. F.: “El condominio naval”, ADC, 1991-I, pp. 191-201.
440
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los acreedores, indicando que “la responsabilidad proporcional a las partes, no solidaria
naviero escogido por los socios “representará la propiedad del buque y podrá, en
nombre propio y con tal carácter, gestionar judicial y extrajudicialmente cuanto interese
al comercio”. Disocia, por tanto, la responsabilidad por deudas y cargas, a la que hacen
Por consiguiente, parece preverse que el naviero actúe de modo parecido al socio
gestor del artículo 1669 CC, aunque separando su labor gestora de la asunción de las
deudas por responsabilidad, que deben ser acometidas por los copropietarios del modo
interés de la sociedad interna existente1086. Ello no impide que deba protegerse también
la apariencia frente al tercero, aunque será poco problemático esto debido a que se
mueven, y exista un régimen completo previsto sin necesidad de acudir al artículo 1669.
expresamente la solución a los problemas que pretende resolver el artículo 1669, por lo
copropiedad y sociedad, algo que no ocurre en la sociedad civil interna, por lo que las
1085
GIRÓN TENA, J.: “El naviero: directrices actuales...”, cit., p. 207.
1086
Sociedad interna pero que el tercero conocerá en su momento, pues el gestor no responderá de las
deudas al operar en el mercado.
441
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la que habla literalmente nuestro C de c con esa terminología y que en otros países se
denomina de otra forma. Estamos ante una fórmula jurídica que permite a una persona
participar en los negocios realizados por otra ocultamente1087: del artículo 241 se puede
cabe indicar que, desde nuestro punto de vista, estamos ante una sociedad, pues la
1087
En expresión de SOLÁ DE CAÑIZARES, F.: “El contrato de participación en el Derecho español y
en el Derecho comparado”, cit., núm. 1, p. 3.
1088
FERNÁNDEZ DE LA GÁNDARA cita una serie de Sentencias del TS que se habían expresado en
estos términos. Entre otras, las SSTS 7-2-1905, 13-1-1919, 6-12-1926, 21-9-1929, 15-10-1940, 30-1-1941
(une secretismo y accidentalidad), 29-5-1943, 12-6-1950, 20-6-1950, 4-10-1952, 20-12-1954, 28-2-1955,
9-5-1955, 29-11-1955, 9-3-1956, 15-11-1956, 22-5-1959, 3-3-1960, 3-5-1960, 30-9-1960, 24-1-1964, 22-
5-1987 y 4-12-1992 (vid. FERNÁNDEZ DE LA GÁNDARA, L.: “Las cuentas en participación: Un
ensayo de caracterización dogmática y funcional”, en “Estudios de Derecho Mercantil Homenaje al
Profesor Justino Duque Domínguez”, vol. I, Universidad de Valladolid – CajaDuero, 1998, pp. 262-263).
1089
EIZAGUIRRE entiende que “(las cuentas en participación) corresponden también inequívocamente
al genero sociedad”, aunque no ejerzan como tal el comercio (EIZAGUIRRE, J. M. DE: “Derecho de
Sociedades”, cit., p. 43). Tradicionalmente han existido dudas en torno al tema. SOLÁ DE CAÑIZARES,
partidario de la opinión de que estamos ante una sociedad con características especiales, ha dedicado su
atención a la situación existente hasta 1954 (en “El contrato de participación en el Derecho español...”, ya
citada), e incide en el dato de que mientras algunas legislaciones configuraban la cuenta en participación
como una sociedad (por ejemplo, Francia, Alemania, Bélgica, Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia,
Venezuela, o Ecuador), en otras no ocurría así (por ejemplo, Italia, México, Chile, Guatemala o Perú).
En nuestro país se dudaba de su calificación como tal (en el texto codificado no aparecía como tal
sociedad, aunque el Código de 1829 hablara de sociedad accidental o Cuentas en participación). De
442
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(existe una aportación por parte de cada socio, en un caso dinero, en otro actividad, con
la intención de obtener unas ganancias y partir las mismas). Pero de ella no nacerá una
persona jurídica en ningún caso, sino que dicha sociedad es interna, atendiendo a la
artículo 241, equivalente en este contrato del segundo presupuesto fijado en el artículo
consecuencia lógica del artículo 242, artículos todos ellos que repasaremos a
continuación. Esto lo acerca a nuestro objeto de estudio, pues estamos, también aquí,
La regulación, sin ser completa, atiende a los aspectos fundamentales a los que
pretendería ofrecer una solución el artículo 1669, y evita así el nacimiento de dudas
pactado por los contratantes. Y en su defecto, cabe acudir a los preceptos generales de la
443
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resolver con todo el material anterior. Esa remisión al CC sería al régimen de las
encuentra en el Título II (“De las cuentas en participación”) del Libro II (“De los
personalidad jurídica y antes de las meras relaciones obligatorias entre las partes,
ubicación que nos induce a valorar la proximidad con las sociedades personificadas y su
consideración contractual. De dichos artículos, el artículo 239 señala que “podrán los
comerciantes interesarse los unos en las operaciones de los otros, contribuyendo para
ellas con la parte del capital que convinieren, y haciéndose partícipes de sus resultados
el artículo 2401091, y el artículo 241 es claro en otro tema de interés: “en las
negociaciones de que tratan los dos artículos anteriores no se podrá adoptar una razón
comercial común a todos los partícipes, ni usar de más crédito directo que el del
diseñada en el artículo 1669 CC: el socio contrata en su propio nombre y sin que la
observable.
1090
Regulación un tanto escueta. LANGLE Y RUBIO alude a una figura desdibujada en su contorno,
carente de muchos perfiles esenciales (LANGLE Y RUBIO, E.: “Problemas jurídicos...”, cit., p. 201).
1091
SERRA MALLOL, sin embargo, recomienda “a efectos de prueba la forma escrita, e incluso su
constancia en documento público” (SERRA MALLOL, A. J.: “El contrato de cuentas en participación y
otras formas asociativas mercantiles”, Ed. Tecnos, Madrid, 1991, p. 48).
444
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Carácter reservado con el que es congruente el artículo 242, cuando señala que “los
que contraten con el comerciante que lleve el nombre de la negociación, sólo tendrán
acción contra él, y no contra los demás interesados, quienes tampoco la tendrán contra
el tercero que contrató con el gestor, a no ser que éste les haga cesión formal de sus
sociedad interna, donde la intención residía en que se pudiese acudir no sólo frente al
obligacional (la aportación pasa al socio gestor, que deviene propietario de ella1093), ni
nacimiento de una persona jurídica, tal y como ocurre en el artículo 1669 CC, existen
1092
Puestas de manifiesto claramente por GIRÓN TENA, J.: “Derecho de Sociedades”, cit., p. 79.
1093
Este dato no ha sido puesto en duda doctrinalmente (por todos, GIRÓN TENA, J.: “Derecho de
Sociedades”, cit., p. 79), y se deduce del artículo 239 C de c, aunque no lo establezca de modo expreso,
como ocurre en otros ordenamientos (sobre ello, vid. GUAL DALMAU, M. A.: “Las cuentas en
participación”, cit., pp. 208-209). Este precepto alude a aportación de dinero y como consecuencia de
mero “interés” de un comerciante en los negocios de otro, algo que sugiere cierto desapego hacia la labor
societaria, por lo que parece que el actuante en el mercado es el comerciante, que opera con su
patrimonio, pese a ese un “interés” colateral por parte de otro profesional que aporta una cantidad de
dinero y recibirá los beneficios oportunos en su caso. No existe un patrimonio común, sino el patrimonio
del actuante, en el que se integra una participación de otra persona, que tendrá el derecho obligacional que
se haya pactado. También GUAL DALMAU, M. A.: “Las cuentas en participación”, cit., pp. 208-212.
445
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por el C de c1094, y que impiden aplicar dicho régimen general a este caso. Pese a que la
ocurre así salvo en lo regulado por las propias normas del contrato, como ocurre con las
Por último, debemos dedicar nuestra atención a cierto precepto de Derecho navarro,
diseña un régimen propio o debemos acudir nuevamente al régimen general del CC.
CC. Nos referimos a la Ley 49 de la Compilación o Fuero Nuevo de Navarra, que, bajo
personalidad no haya sido reconocida pueden, sin embargo, actuar como sujetos de
1094
Sin embargo, debemos poner en cuestión el argumento de FERNÁNDEZ-NOVOA por lo que
encierra de incorrecto, cuando diferencia a la cuenta en participación de la sociedad atendiendo a que no
poseen ni patrimonio común ni personalidad jurídica (FERNÁNDEZ-NOVOA, C.: “Las notas distintivas
de las cuentas en participación...”, cit., p. 443). Como sabemos, gozar de patrimonio común no es
requisito imprescindible de toda sociedad conforme al artículo 1665 CC, aunque lo más frecuente es que
exista, ni tampoco lo es gozar de personalidad jurídica.
1095
Textualmente, DE PABLO CONTRERAS, dentro de PABLO CONTRERAS, P. DE y MARTÍNEZ
DE AGUIRRE ALDAZ, C.: “Curso de Derecho Civil Navarro”, tomo I, Introducción. Parte general.
EUNSA, Pamplona, 1990, p. 500.
446
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disponer de esos derechos. De las obligaciones contraídas por dichos sujetos colectivos
“Casa” navarra, regulada en la Ley 481096, con los problemas teóricos que ello ocasiona,
atención legal y doctrinal1097. En algún caso esta Ley ha sido aplicada por los
1096
Auténtica institución en Derecho navarro, que, incluso quienes no le reconocen personalidad jurídica,
señala SALINAS QUIJADA, “le reconocen su propio nombre, y ser sujeto de derechos y obligaciones
respecto a las relaciones de vecindad, prestaciones de servicios, aprovechamientos comunales,
identificación y deslinde de fincas, y otras relaciones establecidas por la costumbre y usos locales”
(SALINAS QUIJADA, F.: “Derecho Civil de Navarra”, Tomo I, Introducción, Ed. Aranzadi, Pamplona,
1971, pp. 268-272, en aproximación más sociológico-jurídica; para encontrar el análisis estrictamente
jurídico, vid. SALINAS QUIJADA, F.: “Derecho civil de Navarra”, Tomo II, Derecho de las personas.
Derecho de cosas, Ed. Gómez, Pamplona, 1972, pp. 237-248).
1097
Vid. SALINAS QUIJADA, F.: “Derecho civil de Navarra”, Tomo IV, Obligaciones y contratos, vol.
2, “De los contratos en particular”, Ed. Gómez, Pamplona, 1973, pp. 347-352. La propia Exposición de
Motivos de la Compilación de 1973, no derogada ni modificada por la Ley Foral 5/1987, de 1 de abril, va
todavía más lejos e indica expresamente que los sujetos colectivos sin personalidad jurídica son “una
realidad desatendida por la legislación, pero de insoslayable vigencia” (párrafo séptimo).
1098
Así, la SAT Pamplona 27-10-1973 remitía a ella en su argumentación, para aludir a una entidad con
denominación equívoca y una serie de problemas formales que acababa encontrando acomodo entre las
sociedades o agrupaciones sin personalidad aquí descritas. Idénticos argumentos se aprecian en la SAT
Navarra 7-12-1973 y STS 14-10-1974 (que resuelve el caso). Otras sentencias aplican directamente el
artículo, como la SAT Pamplona 19-5-1987. Se ha destacado, además, la posibilidad de actuar como
sujeto de derecho del modo descrito. En este sentido, SSTS 14-10-1974 (M. A. 3800), 28-2-1989 (M. A.
1408) y STSJ Navarra 27-12-1991 (M. A. 2583, Fundamento de Derecho Sexto).
1099
En este sentido, por ejemplo, GARCÍA-GRANERO FERNÁNDEZ, J.: comentario a la Ley 49 de la
Compilación o Fuero Nuevo de Navarra, dentro de “Comentarios al Código Civil y Compilaciones
Forales”, Tomo XXXVI, vol. 1, EDERSA, Madrid, 1990, pp. 109-119.
447
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personalidad, y es lógico, pues se remite al artículo 1669 CC con todos sus problemas e
inexactitudes.
problemas que se pudiesen plantear antes que atenerse a criterios formales1100, aunque el
respecto al artículo 1669 CC: mientras que la sociedad del artículo 1669 es una sociedad
personalidad jurídica, por lo que puede pretenderse por las partes como interna o como
facultado para ello les priva de personalidad”1102, regulación por ello teñida también de
sanción1103. La sociedad que diseña la Ley 49, por tanto, no coincide con la del CC,
1100
Se expresa SALINAS QUIJADA en estos términos: “En relación con este problema, muy vivo en la
actualidad, el Derecho navarro nunca se atuvo a criterios formales, sino que siempre fue sensible al hecho
social, de manera que la falta de una personalidad jurídica declarada no fue inconveniente para reconocer
la entidad de Derecho” (SALINAS QUIJADA, F.: “Derecho civil de Navarra”, Tomo II, cit., p. 236).
1101
No basta con la conducta de las partes como fuente de origen de la personalidad. Pese a ello, no
establece cómo se otorga ese reconocimiento público. La Ley 42 indica que “La Diputación Foral de
Navarra, persona jurídica de Derecho público, plena y autónoma, puede otorgar o reconocer personalidad
jurídica como corporación, asociación o fundación a cualesquiera instituciones o servicios que radiquen
en Navarra, creados o reconocidos por la misma Diputación”, mientras que la Ley 43 hace una alusión
inicial, sin mayor profundidad, a “las instituciones cuya personalidad se halla reconocida por las Leyes”.
1102
Términos de SALINAS QUIJADA, F.: “Derecho civil de Navarra”, Tomo II, cit., p. 234.
1103
Algo que se comprueba en la STS 14-10-1974, cuando indica en su tercer Considerando, respecto de
la sociedad a la que alude, que “por los defectos que en su confrontación con la Ley pudieran destacarse y
consecuentemente desconocérsela, calificarla, conforme a la Ley 49 de la Compilación del Derecho Civil
Foral de Navarra, como sociedad o agrupación sin personalidad”.
448
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pues se pudo configurar por las partes como sociedad externa pero no conseguir la
dato de vital importancia que le diferencia del artículo 1669, y es que alude a que esta
sociedad sin personalidad jurídica que diseña actúa como sujeto de derecho por
1669: mientras en este artículo la sociedad no actúa como ente, en la Ley navarra parece
que se pretende configurar esa actuación de modo contrario, algo que técnicamente es
de la Casa). Pero puede tener cierta lógica: en el artículo 1669 son las partes las que
externo, a algo que excede de la órbita de acción de los socios, por lo que la voluntad de
éstos puede no ser no actuar en el tráfico jurídico como ente, sino todo lo contrario1106.
como sujeto de derecho. Pero esto facilita la cuestión para demandar el cumplimiento
del contrato: como con el condominio naval, está claro quién contrata y a quién debe
régimen general de las sociedades internas se va más allá, como hemos explicado.
1104
Será, además, lo más posible, pues se pretende el reconocimiento público y además la Ley 49, como
veremos, diseña una sociedad que actúa como tal en el mercado.
1105
No es correcto admitir la condición de sujeto de derecho de un ente que carece de personalidad
jurídica (en este sentido, también DE PABLO CONTRERAS, P.: “Curso de Derecho Civil Navarro”, cit.,
p. 500).
1106
La SAT Pamplona 17-11-1987 reconoce esa capacidad para actuar en un procedimiento por parte de
la sociedad desprovista de personalidad jurídica, basándose en la regulación de la Ley 49.
449
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aunque internamente los derechos sean de todos los socios y todos responden
representante que hace actuar a la sociedad sin personalidad jurídica como sujeto de
derecho, pero así se establece expresamente, y los socios responden de modo solidario
frente a las deudas, aunque repartan del modo pactado su responsabilidad en derechos y
1669 y 1698 CC (aunque no deja de ser una opción interesante1108), así como tampoco
la unanimidad para disponer de los derechos, algo que sintoniza poco con la explotación
tercero sabrá que puede dirigirse tanto frente al representante como frente a los socios,
1107
Debe ser así para que el tercero pueda exigir solidariamente esa responsabilidad. Pensemos que la
sociedad no debe pactarse como interna, así que no tiene por qué pretenderse no aparecer como ente en el
mercado.
1108
Es un paso protector de los terceros, ahora sí. Un modo más moderno de afrontar la responsabilidad
frente a terceros, en contraste con el régimen mancomunado que diseña el CC.
1109
En el fondo también late aquí la idea de que el régimen básico de las cotitularidades es el de la
comunidad de bienes, y se obra en consecuencia. Sin embargo, parece que también aquí los bienes
aportados deben seguir perteneciendo a cada aportante, por los mismos argumentos que expusimos en su
momento.
450
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recomienda que dicho consentimiento sea necesario para que se pueda disponer
artículo 1669 CC, aunque se actúe de otra forma: se legitima por todos al actuante para
que opere, aunque mientras en el caso del CC lo hace en su propio nombre, en el caso
navarro no es así.
No debemos, por tanto, acudir al artículo 1669 CC para estudiar el régimen jurídico
en ella se les dota de una regulación escueta pero existente, idéntica en algún aspecto al
otro régimen, pero con intención diferente en algún otro. Y es que el propio supuesto de
hecho de la Ley 49 no es el del CC: mientras en aquella la sociedad puede ser interna o
Pero el régimen de estas sociedades excede con mucho de la breve regulación del
artículo del CC, como ocurre con la presente Ley navarra. Por tanto, cuestiones como la
dinámica de operatividad interna, el fondo real, etc., son comunes a ambos tipos de
sociedades. En algún aspecto, sin embargo, la regulación será diferente, como, por
responsabilidad a los socios o cuando parece negarse esa legitimación para operar sobre
451
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explicada.
452
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CONCLUSIONES
común a los socios, desarrolla una actividad de carácter económico, y en la que existe
Al estudiar la sociedad civil, hay que destacar tanto su vertiente más estrictamente
suelan ir ambos tan unidos que éste se integre generalmente dentro del pacto
ánimo de lucro entre las partes y la innecesariedad de cubrir requisito alguno de forma,
salvo en las excepciones previstas en los artículos 1667 y 1668 CC. La naturaleza
II. La otra vertiente de interés derivada del acto constitutivo es la vertiente organizativa.
Una vez perfeccionado el contrato constitutivo de sociedad civil existe una necesidad de
organizar el desarrollo vital del grupo que nace. Ello ocurrirá así con independencia de
453
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que del pacto nazca persona jurídica o no, pues siempre deben fijarse los derechos y
En el caso de que exista persona jurídica, dicha organización será más compleja y
elaborada, debido a que la sociedad actuará también como ente en el mercado, y ello
exige una organización que desarrollará su labor no sólo entre los socios, sino frente a
terceros como ente jurídico. Aunque no debe pensarse que si no existe persona jurídica
implicará que la sociedad actúe como ente y la otra no. En el caso de que exista persona
jurídica, además, habrá que determinar cómo es exactamente, ya que no todas son
idénticas (las hay perfectas e imperfectas, con personalidad básica o plena, sociedades
III. La sociedad civil en nuestro ordenamiento goza de personalidad jurídica como regla
según se deduce directamente del artículo 1669 CC, que recoge la excepción: la
de la época, donde no ocurrió así, por influencia romana (ni en Francia, ni en Portugal,
imperfecta, además de ser una sociedad personalista. Por tanto, como ocurre con otros
454
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contraiga (también los socios gracias al artículo 1698 CC, pero la deuda es social).
cuenta también los problemas vividos en Francia por la falta de personificación de las
Todo ello influyó en ese reconocimiento general de personalidad indicado, vigente hoy.
VI. A la hora de saber cómo una sociedad civil adquiere su personalidad jurídica en
terceros, así como en su configuración por las partes como sociedad externa.
455
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Esta última teoría es la acertada, gracias tanto a su perfecta lógica y corrección legal
como a los errores de las otras visiones. Por tanto, la sociedad sin personalidad jurídica
es aquella constituida como interna por las partes, que pretenden poner en común una
serie de bienes, dinero o industria y obtener un lucro sin para ello tener relaciones como
ente con terceros y sin que sea necesario cubrir requisito alguno de publicidad para que
nazca dicho ente (sí para que sus pactos sean oponibles frente a terceros, pero ésta es
Es posible realizar una lectura estructuralista del primer párrafo del artículo 1669,
VII. La polémica suscitada en nuestra doctrina por las RRDGRN 31-3-1997 y 11-12-
1997, que negaron personalidad jurídica a sociedades civiles por no estar inscritas en el
Registro mercantil, provocó que se pretendiera ofrecer cierta cobertura legal a dicha
que permitía inscribir en el Registro mercantil a las sociedades civiles con forma civil.
Sin embargo, el choque con el principio de jerarquía normativa era evidente, por la
contradicción con nuestros códigos civil y mercantil, y así lo apreció la STS 24-2-2000,
que declaró nula la reforma. En otros países como Francia o Italia se produjeron
pero se hizo de modo armónico con las legalidades vigentes en cada país.
456
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realizar una puesta en común de bienes, dinero o industria, separando dichos bienes del
Todo ello con ánimo de partir entre sí las ganancias, sin que para ello se deba actuar
nacería dotada de ella si se configurase por las partes como sociedad externa.
IX. Todo socio debe necesariamente realizar su aportación a la sociedad interna. Dicha
bien: el aportante no desea seguir actuando como propietario sobre el bien, sino que éste
debe ser separado del resto de su patrimonio para ser destinado al correcto
Con las aportaciones no se forma un patrimonio social, sino una masa destinada
aportantes, como regla general, siguen siendo propietarios de sus respectivos bienes
social.
457
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pacto celebrado y la regulación de la sociedad civil salvo en los artículos 1681.2 y 1699,
Registralmente, la sociedad interna no puede ser titular de bien o derecho alguno, pues
no existe como ente. Los titulares serán los socios, de acuerdo con la realidad
Por último, la sociedad se extinguirá cuando exista alguna de las causas oportunas para
ello y se liquidará la misma, repartiéndose las ganancias o las pérdidas del modo
pactado. Sin necesidad de acudir a las normas de la comunidad de bienes y sin que el
X. Al estudiar las relaciones externas de la sociedad interna, cuando éstas existan, cabe
indicar que esa configuración implica que los socios gestionen los intereses sociales
contratando en su propio nombre, sin que la sociedad aparezca frente a esos terceros con
los que se tiene contacto. El actuante está legitimado contractualmente para obrar en el
mercado, pero no existirán relaciones sociales como tales. Por tanto, tampoco existirán
deudas sociales, sino deudas individuales del socio contratante, causadas por la
actúa en el mercado es, en principio, clara: estamos ante dos personas particulares que
458
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sociedad), aunque una de ellas, el socio actuante (o actuante sin más) de la sociedad
interna, lo hace gestionando el interés de una serie de personas que formaron una
sociedad interna y que, por tanto, no aparece en el mercado como ente. En principio
necesario conocer la existencia de la sociedad para poder hacer pleno uso de la misma.
Por ello, y pese a que se deba demandar, como parte, al contratante (que responde
cubierto por la órbita del artículo 14 LEC, así que debe seguir el proceso como se
de la sociedad interna después, existiendo sentencia firme, puede iniciar otro proceso
dirigiéndose contra su contratante y sus socios, en virtud del artículo 1698 CC. La
sentencia firme sirve para, en el proceso que se abre, partir de la base del derecho a ser
459
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sociedad interna: es ésta, como conjunto de socios, la que debe asumir las operaciones,
bien de modo directo, respondiendo con el capital o bienes aportados, bien mediante la
generalmente, para que ésta asuma la operación, aunque frente al tercero parezca
patrimonio personal, puede repetir contra las aportaciones realizadas por el resto de
socios o contra ellos en la proporción establecida para cada uno, para que todos asuman
El segundo posible supuesto es aquel en el que también los otros socios responden de la
será la sociedad interna la que asuma la operación, pero si responden con su propio
XIII. El artículo 1699 no puede ser de aplicación, ni siquiera analógica, a los acreedores
de los socios por deudas sociales en la sociedad interna. Éstos no gozan de ningún tipo
de preferencia patrimonial sobre los bienes aportados a la hora de cobrar sus deudas. Y
que lo sufra, separándose sus bienes concretos (que incluyen lo aportado a la sociedad
interna), con los que hará frente a todo tipo de deudas, de los aportados a la sociedad
por los otros socios, destinados a satisfacer exclusivamente las deudas de la sociedad
interna. No existirá más privilegio que los regulados en la legislación concursal general.
460
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algún modo próximas. De entrada, por ejemplo, a las sociedades civiles internas que no
tengan ese patrimonio común les es perfectamente de aplicación el artículo 1669, pues
régimen general de la sociedad civil interna, pues su regulación propia prevé soluciones,
y el caso no es idéntico al genérico, ya que no existe más que una colaboración para
realizar una concreta obra, servicio o suministro, y no suele existir falta de publicidad.
por ejemplo, están dotadas de personalidad jurídica como tales, pues la adquisición o no
formales de ningún tipo. Por ello, su régimen no será el de las sociedades internas salvo
debiera acudir al régimen de la sociedad civil, éste no sería el de las sociedades sin
sociedades mercantiles que se configuren como internas, salvo que exista un régimen
propio, caso en el que habrá que estudiar si dicha aplicación es defendible o no.
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Dos supuestos resultan de especial interés en este sentido. De entrada, cabe señalar
respecto del condominio naval que, pese a gozar de un régimen sólo relativamente
artículo 1669 CC. Pese a que se deben aplicar subsidiariamente las normas de la
propia que soluciona los problemas que pretende resolver el artículo 1669. Además, la
Algo parecido ocurre con la cuenta en participación, el otro supuesto: pese a que la
dinámica de operatividad sea idéntica a la genérica y a que no nazca persona jurídica del
contrato, los problemas que pretende solucionar el artículo 1669 los resuelve la
ocurre con la falta de aportación patrimonial común de los socios o con la operatividad
de las acciones descrita en el artículo 242 C de c. Todo ello determina que tampoco
Por último, respecto del supuesto previsto en la Ley 49 de la Compilación navarra, cabe
señalar que pese a que tiene elementos comunes con la sociedad interna general, pues
provoca que no se deba acudir al régimen general común, aunque la operatividad interna
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