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La Historia de la Censura Bibliotecaria

Este documento presenta una introducción a un ensayo sobre la prohibición, quema y censura de libros a través de la historia. Explica la importancia fundamental de los libros y las bibliotecas para el desarrollo de las sociedades y la preservación del conocimiento. También describe cómo los libros y archivos han sido objetivos de destrucción a lo largo de la historia, ya sea para destruir ideas o por motivos de poder y control. El documento explora estos temas como preámbulo a examinar ejemplos específicos de ataques
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La Historia de la Censura Bibliotecaria

Este documento presenta una introducción a un ensayo sobre la prohibición, quema y censura de libros a través de la historia. Explica la importancia fundamental de los libros y las bibliotecas para el desarrollo de las sociedades y la preservación del conocimiento. También describe cómo los libros y archivos han sido objetivos de destrucción a lo largo de la historia, ya sea para destruir ideas o por motivos de poder y control. El documento explora estos temas como preámbulo a examinar ejemplos específicos de ataques
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Adelanto del ensayo final de historia de la cultura

Por Sofía Michelle Gutiérrez Ortuño

La Prohibición, Quema y Censura de Libros a Través de la Historia. De Nínive a


Sarajevo

I Introducción

1.1 El libro como vehículo de pensamientos, emociones, ideas e historias

Hablar del libro y las distintas etapas de su evolución como objeto y herramienta nos
llevaría muchísimo tiempo y miles, millones de líneas. Incontables palabras se han dicho y
escrito sobre su importancia y valor protagónicos en la Historia de la Humanidad.
Hablar de un libro, de los libros, es traer a la mente uno de los arquetipos/ íconos más
fuertemente arraigados en nuestra memoria e inconsciente colectivos, en nuestro ADN
mismo. Es la invención del libro, resultado por demás natural después de la invención de
la lectura y la escritura, uno de los grandes triunfos definitorios del Hombre como especie.
Es el libro el que permite añadirle definitivamente el apellido Sapiens al nombre Homo.
Es el libro algo tan fundamental en la vida humana, que no podríamos entender el
desarrollo, propagación y evolución de las ideas sin él.

1.2 La biblioteca como almacén de información vital para entender nuestras


sociedades.

Desde el principio, desde el momento en que los humanos se juntaron por primera vez en
comunidades organizadas, con la necesidad de comunicarse entre sí, se ha creado
conocimiento y se ha registrado información. En las comunidades más antiguas esto
comenzó como información oral, y el único registro permanente que tenemos actualmente
existe en forma de imágenes: pinturas en las paredes de las cuevas o símbolos
excavados en las piedras. No tenemos idea de los motivos detrás de estas marcas,
incluso los antropólogos y arqueólogos solo pueden adivinar y hacer conjeturas. Para
cuando llegamos a la Edad de Bronce, las comunidades ya se estaban volviendo mejor
organizadas y más sofisticadas. A medida que los grupos de nómadas se establecían en
un lugar fijo, involucrados en la agricultura y el pastoreo, más o menos desde el año 3000
AEC, los humanos comenzamos a llevar registros escritos. Desde estos primeros
archivos, y en los documentos que se encuentran en ellos, tenemos una sorprendente
cantidad de detalles sobre cómo operaban esas sociedades. Al mismo tiempo, en otros
documentos, las personas comenzaron a registrar sus pensamientos, ideas,
observaciones e historias. Y ya las bibliotecas más antiguas conservaban estos
documentos, en tablillas de barro primero y rollos de papiro y pergamino después.
Esta primitiva organización del conocimiento pronto requirió el desarrollo de habilidades
especializadas, que incluían el registro de conocimientos y técnicas para copiar. Con el
tiempo, estas tareas dieron origen a la creación de roles profesionales, vagamente
similares a los de bibliotecarios y archivistas. “Bibliotecario” proviene de la palabra griega
bibliothēkē, literalmente “repositorio de libros”, de biblion “libro” y thēkē "caja, baúl, funda".
“Archivista” proviene del latín archivum, que se refiere tanto a los registros escritos como
al lugar donde se guardan. Los orígenes de esta palabra derivan del griego archeia que
significa "registros públicos".
Las antiguas civilizaciones crearon cuerpos de conocimiento y desarrollaron habilidades
para organizarlos, muchos de los cuales reconocemos todavía hoy, como catálogos y
metadatos.
En la antigua Grecia y Roma, “las bibliotecas estaban disponibles para el público en
general (…) y comenzó a extenderse la creencia de que el acceso al conocimiento es un
elemento esencial de una sociedad saludable”1. Todavía hasta hoy sobrevive una lista de
los bibliotecarios en jefe de la Gran Biblioteca de Alejandría durante los siglos III y II AEC,
como Apolonio de Rodas (cuyo poema épico sobre Jasón y el Vellocino de Oro inspiró la
Eneida) y Aristófanes de Bizancio (inventor de una de las primeras formas de
puntuación)2.

Los “almacenes de conocimiento” han sido parte integral del desarrollo de las sociedades
desde sus inicios. Aunque las tecnologías de creación de conocimiento y las técnicas de
preservación se han modificado radicalmente, sus funciones centrales han cambiado
poco, sorprendentemente. En primer lugar, las bibliotecas y los archivos recopilan,
organizan y preservan el conocimiento. A través de obsequios, transferencias, compras e
incluso robo sistemático, desde siempre han acumulado tablillas, pergaminos, libros,
diarios, manuscritos, fotografías y muchos otros medios para documentar la civilización.
Hoy, estos formatos se expanden a través de medios digitales, desde archivos de
procesamiento de texto hasta correos electrónicos, páginas web y redes sociales.

En la antigüedad y el período medieval, el trabajo de organizar bibliotecas tenía


connotaciones sagradas: los archivos de los antiguos reinos de Mesopotamia a menudo
se guardaban en templos. Posteriormente, mediante el desarrollo y la publicación de sus
catálogos, la provisión de salas de lectura, el patrocinio de becas, la publicación de libros,
la organización de exposiciones y, más recientemente, la digitalización, las bibliotecas y
los archivos han sido parte de la historia de la difusión de ideas. La creación de
bibliotecas nacionales a partir del siglo XVIII y de bibliotecas públicas a partir del siglo XIX
ha ampliado enormemente el papel de estas instituciones en la transformación de la
sociedad.

El motivo principal de esto es la preservación. A estas alturas, ya comprobamos que el


conocimiento puede ser vulnerable, frágil, inestable. El papiro, el papel y el pergamino son
altamente combustibles. El agua puede dañarlos también con mucha facilidad, al igual
que el moho estimulado por la humedad. Libros y documentos pueden ser robados,
desfigurados y alterados. La existencia de archivos digitales puede ser aún más efímera,
debido a la obsolescencia tecnológica, la inmaterialidad de los medios de almacenamiento
magnético y la vulnerabilidad de todo el conocimiento almacenado “en la nube”.

Como se ha dado cuenta cualquiera que haya encontrado un enlace web roto, no puede
haber acceso sin preservación. Los archivos son diferentes de las bibliotecas. Las
bibliotecas son acumulaciones de conocimiento, construidas libro a libro, muchas veces
con un propósito estratégico, mientras que los archivos documentan directamente las
acciones y procesos de toma de decisiones de instituciones, administraciones y
gobiernos.

Las bibliotecas a menudo también tienen parte de este material, pero los archivos están,
por su naturaleza, llenos de información, a menudo de carácter mundano, que no está
destinado a ser leído por una audiencia masiva. Mientras que las bibliotecas se ocupan de
ideas, historias, descubrimientos, imaginaciones; los archivos detallan las cosas rutinarias
pero vitales de la vida cotidiana: la propiedad de la tierra, las importaciones y
exportaciones, las actas de los comités y los impuestos.

La otra cara de esto, por supuesto, es que la importancia de los libros y el material de
archivo es reconocida no solo por aquellos que desean proteger el conocimiento, sino
también por aquellos que desean destruirlo. A lo largo de la historia, las bibliotecas y los
archivos han sido objeto de múltiples y variados ataques. Muchas veces a lo largo de la
historia, los bibliotecarios y archiveros han arriesgado y perdido la vida por la preservación
del conocimiento. Exploraremos aquí un par de episodios clave de la historia para resaltar
diferentes motivaciones para la destrucción de los depósitos de conocimiento y como la
Humanidad ha resistido desde siempre la “Biblioclastia”, el “Librocidio”.

1.3. Poder, Violencia y Censura

(Desarrollo)

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