LAGUNA DE MAGDALENA
La laguna de La Magdalena se localizó a setenta kilómetros al poniente de
Guadalajara, sobre los municipios de Magdalena, Etzatlán, Antonio Escobedo y
Hostotipaquillo. Tuvo una extensión de cincuenta y cinco kilómetros cuadrados
aproximadamente, que la convertía en la segunda más grande del estado de
Jalisco. Contó con dos pequeñas islas en su centro. Según un informe del
ingeniero Manuel Iglesias, presentado ante la Secretaría de Fomento en el año de
1866; la laguna proporcionaba pescado, en especial bagre, así como tule, que fue
utilizado por los ribereños en la manufactura de diversos productos que vendían
en la región. Era además un medio eficiente de comunicación entre pueblos y
haciendas, ya que facilitaba el transporte de mercancías. Sus aguas eran
utilizadas en el regadío de plantíos de maíz, trigo, fríjol, cebada, maguey, entre
otros productos, que se producían en las haciendas de San Andrés, La Quemada,
Estancia de los Ayllones, San Sebastián, La Esperanza y 10 ranchos más.
También daba de beber a más de 40,000 cabezas de ganado.
En 1856 el general Refugio González solicitó al presidente de la República Ignacio
Comonfort, la autorización para desecar la laguna de La Magdalena, alegando que
con ello obtendrían tierras fértiles para el cultivo, así como aguas que serían
utilizadas para irrigar el valle de Ahualulco.] El proyecto fue aprobado e
inmediatamente comenzaron los trabajos, que consistieron en la construcción de
un canal que conduciría el agua a una presa en las cercanías de Ahualulco. La
ganancia que obtendría González sería el usufructo del agua por 15 años,
mientras que el gobierno conservaría todos los terrenos desecados. Los
hacendados del lugar no estuvieron de acuerdo y entablaron un litigio en contra de
González, ya que la obra afectaría la productividad de sus haciendas que no
contarían con el agua suficiente para sus plantíos. Iglesias afirmó al respecto, que
la desecación produciría la ruina de los pueblos, haciendas y ranchos ribereños,
por la falta de agua y humedad, además manifestó que productores como Miguel
Camacho tendrían pérdidas considerables ya que poco tiempo antes había
invertido fuertes cantidades en obras de irrigación. Los propietarios lograron
detener las obras de desagüe por algunos años. Sin embargo en 1879, Porfirio
Díaz revalidó la licencia a González quien reanudó las obras del canal, que de
nuevo fueron suspendidas por los amparos logrados por los hacendados. El pleito
se prolongó por muchos años y en la segunda década del siglo XX, el gobierno
concedió la autorización para la desecación, que sería llevada a cabo por la
Compañía Andazor, cuyo gerente era Andrés Andazor. Para el efecto se construyó
un canal que atraviesa el pueblo de Antonio Escobedo, y que fue conocido por el
nombre de “El Tajo” que conducía el agua hasta la presa “Colorada” donde se
redistribuía. Para el año de 1934 la mayor parte de la laguna se encontraba seca y
solo durante el temporal de lluvias subía el nivel gracias a los abundantes
escurrimientos de aquella época, pero en pocos días volvía a secarse.[5] Con los
años la laguna desapareció por completo.
Leyendas
La que narra el sacrificio de la princesa aborigen Neovilt, convertida al
cristianismo y bautizada con el nombre de Magdalena. Y en cuyo honor se
originó la población del mismo nombre.
TRADICIONES Y COSTUMBRES DE MAGDALENA JALISCO
La festividad del Señor de los Milagros, del 18 al 29 de septiembre. La
celebración denominada La Entrada de la Virgen del Pueblito, que inicia el
miércoles de ceniza en el mes de febrero. Del 16 al 24 de abril se llevan a
cabo peleas de gallos.
Tradiciones y Costumbres
En las festividades del Señor de los Milagros se celebra un novenario que inicia
el 18 septiembre, durante ese lapso se oficia una misa de función por la
mañana, además hay música y cohetes en el atrio y exposición del Santísimo. A
las 7 de la noche, antes del rosario, hay procesión encabezada por un
sacerdote y en la que participan las diferentes asociaciones piadosas.
Posteriormente hay quema de castillo y serenata con la banda de música
municipal. También se dedica un día para el recibimiento de los hijos ausentes y
otro para recibir a las peregrinaciones de Hostotipaquillo, Tequila, San Juanito,
Etzatlán, San Andrés, La Joya, La Quemada, San Simón y Santa María.
Durante los festejos de la entrada de la Virgen del Pueblito se ejecutan
vistosas danzas denominadas: de la “Conquista”, la del “Turbante” y la de
“Jicaritas”. Actualmente la que se organiza con mayor frecuencia es la del
“Turbante”
La pila de las culebras
El pueblo de Tapalpa esconde muchos secretos. No obstante, hay
una pila con cuatro serpientes que ha inspirado más de una historia
entre sus habitantes.
Las malas lenguas cuentan que hace mucho tiempo vivían en Tapalpa
cuatro comadres. Cada día se reunían alrededor de la fuente y
chismorreaban sobre los asuntos del pueblo. Un día, un indio otomí
llamado Macario les advirtió que no debían de hablar de las
personas a sus espaldas, pero las mujeres se burlaron de él y
siguieron con su chisme.
Macario, ofendido, tomó agua de la fuente y mojó a las cuatro
amigas con ella, para luego maldecirlas en lengua otomí. El hechizo
transformó a las comadres en culebras de piedra que se enroscaron
alrededor de la fuente. Desde ese entonces, las mujeres han estado
condenadas a pasar toda la eternidad convertidas en estatuas,
incapaces de contar un último chisme sobre los habitantes de
Tapalpa.
La carreta de Mexicaltzingo
Un hombre de la aristocracia tapatía cayó enfermo un día. Los
doctores no encontraban cura y su vida corría peligro, por lo que
decidió usar su último recurso y prometió a Dios terminar de
construir la iglesia de Mexicaltzingo si éste le devolvía su salud.
Poco después, el hombre sufrió una recuperación milagrosa y se
corrió la voz de la causa de su mejora.
A pesar de su manda, el aristócrata nunca terminó la iglesia
prometida. Llevó una vida de lujos y juerga y la obra en
Mexicaltzingo nunca se finalizó. Pasaron los años y el hombre
eventualmente murió. Los habitantes de la zona creyeron que sería
el fin de la promesa del hombre, pero a los pocos días de su
entierro, los vecinos aseguraron ver una carreta cargada de piedras
dirigirse hacia la iglesia para luego desaparecer.
Hasta el día de hoy algunas personas dicen ver a un hombre
empujando la carreta y se rumora que es el alma en pena del
aristócrata, pagando la deuda que no cumplió en vida.