Conflictos
Los seres humanos somos distintos: tenemos intereses, preocupaciones, expectativas, problemas,
experiencias, sueños, opiniones y gustos diversos. Lo que nos distingue sin duda nos enriquece,
pero también es fuente de conflicto. A menudo nos descubrimos discutiendo, tratando de llegar a
acuerdos o enojándonos por conflictos cotidianos. Y es que los conflictos son eso, cotidianos.
Nacen de nuestro interactuar diario con los demás, de las relaciones que formamos y hemos ido
construyendo a lo largo de la vida.
Los conflictos son una constante en la historia de la humanidad, se consideran una fuerza motora
que contribuye a generar cambios en provecho de la sociedad; sin embargo, cuando éstos no se
solucionan, paulatinamente derivan en actos de violencia que ocasionan severos daños en las
personas y a la sociedad (Galtung, en Calderón, 2009).
El conflicto se entiende como situaciones de disputa o desacuerdo en las que existe una
contraposición de intereses, necesidades, sentimientos, objetivos, conductas, percepciones,
valores, y/o afectos entre individuos o grupos que definen sus metas como mutuamente
incompatibles. El significado que usualmente se le asigna tiende a coincidir con términos como:
tensión, riña, enfado, malestar e incomodidad, los cuales denotan una situación negativa (Muñoz,
2010). Esta asociación con aspectos principalmente negativos genera que las personas que lo
experimentan prefieran evadirlo o esconderlo, lo que no contribuye a su transformación o
resolución, e incluso, lo complica. Asimismo, el tiempo es un factor que incrementa la complejidad
de los conflictos y disminuye la posibilidad de resolverlos o aprovecharlos de mejor manera.
El conflicto puede ser visto de forma positiva o negativa. Dependiendo de la visión que tengamos
de este, serán las funciones y los riesgos que seremos capaces de identificar. Desde una visión
positiva, el conflicto ofrece grandes posibilidades de crecimiento y aprendizaje; sin embargo,
cuando es visto como una amenaza, conlleva riesgos que impactan de manera negativa en
individuos y relaciones. El conflicto no es bueno ni malo en sí mismo, depende de la forma en que
decidamos enfrentarlo y de las herramientas de que dispongamos para hacerlo; así como de la
decisión de los involucrados para canalizarlo de forma constructiva.
Un conflicto puede ser interpersonal, interrelacional e intergrupal, y se conforma principalmente
de tres elementos: personas, problema y proceso. Es importante analizar cada uno de estos
elementos y así entender cuáles fueron las causas que hacen que un conflicto escale, cuál es el
problema, sus causas y efectos; o bien, cuáles son las convergencias y divergencias entre las partes
en conflicto.
Dentro de las alternativas existentes para solucionar un conflicto o transformarlo de manera que
pueda ser conducido por las partes involucradas sin que éstas se dañen y posibiliten medidas no
violentas, se encuentran los Métodos Alternativos para la Transformación de Conflictos. Una de
ellas es la vía del interés (la negociación, la facilitación, la mediación, la conciliación y el arbitraje),
que permite que las partes lleguen a un acuerdo en el que ambas partes ganen. La transformación
positiva de conflictos es un ejemplo de este tipo de vía y abarca tanto la prevención, análisis y en
su caso, la atención de los conflictos.
Para poder mejorar nuestras relaciones y prevenir conflictos, es necesario que la comunicación sea
asertiva. Ésta se logra cuando logramos expresar con claridad y respeto lo que queremos y
sentimos, además de mostrar interés y respeto por las ideas y sentimientos de la otra persona con
la que dialogamos.
La falta de interés por conocer las verdaderas necesidades y posiciones de las personas promueve
una falta de entendimiento entre ellas, y frecuentemente es causa de un conflicto; sin embargo, si
modificamos nuestra forma de escuchar y comunicarnos con los otros, los conflictos pueden
evitarse y transformarse positivamente.
Es importante que desarrollemos la escucha activa, “ya que esta nos permite mostrar apertura a lo
que la otra persona está tratando de comunicarnos, poniendo atención no sólo a lo dicho, sino a lo
no dicho” (CESUP, 2014:44). A pesar de ser un proceso que requiere esfuerzo y decisión, la buena
noticia es que existen varias técnicas que nos ayudan a propiciar la escucha activa, como
parafrasear, resumir, hacer preguntas, reformular y reconocer. Con éstas mostramos al
interlocutor que lo estamos tomando en serio, y de esa forma se contribuye al diálogo sustantivo y
constructivo y se genera la confianza necesaria para lograr un entendimiento mutuo.
Referencias
Calderón Concha Percy, (2009). Teoría de conflictos de Johan Galtung, Revista Paz y conflictos,
número 2, Universidad de Granada, España. Consultado en:
[Link]
Galtung Johan, (2000). Conflict Transformation by Peaceful Means (The Transcend Method),
United Nations Disaster Management Training Programme (DMTP).
Muñoz Yolanda, et. al. (2010). Guía para el diagnóstico y la resolución de los conflictos cotidianos,
Gipuzkoa/ Centro Universitario para la Transformación de conflictos.
Guzmán Horacio, (2014). Programa Empoderamiento y Conflictividad Social, ITESO Universidad
Jesuita de Guadalajara. Consultado en:
[Link]
%2B2015%2BNov%2B2014/28410164-87bf-49ea-8bc4-0fc1e270e2ad?version=1.1
Kolangui Nisanof Tamara y Luz Paula Parra Rosales, (2013). El Diálogo para la Resolución de
Conflictos. Guía de actividades para el docente, Editorial Limusa, México.
Parra Rosales, Luz Paula (2013). Diálogo y Resolución de Conflicto, Series de Educación para la Paz-
Cátedra Simón Pérez, Editorial Limusa-Universidad Anáhuac, México.