El coyote y la tortuga de río
Leyenda hopi
Hace mucho tiempo, había muchas tortugas que vivían a orillas del río Colorado. Ellas no se
atrevían a nadar en él, porque temían de sus
corrientes y no sabían nadar. También por esa zona habitaba un coyote que, por supuesto,
siempre estaba hambriento.
Un día las tortugas decidieron ir río arriba a buscar comida, porque allí existía una clase de cactus
que les resultaba apetitoso. Pero el día que decidieron partir, una de las tortugas bebé se
encontraba durmiendo apaciblemente y su madre decidió no despertarla para dejarla descansar.
Así ella marchó con las demás tortugas en búsqueda de comida.
Luego de un rato, la pequeña tortuga despertó y se preguntó: “¿Dónde está mi madre? Tal vez
debió irse y me ha dejado sola, ¡debo ir a buscarla!”. La pequeña vio a las otras tortugas a lo lejos
nadando en la orilla, entonces decidió seguir sus pasos. Pero pronto cayó cansada y se detuvo bajo
un arbusto y comenzó a llorar.
El coyote, que escuchó a lo lejos el llanto de la tortuga, decidió acercarse para ver de qué se
trataba ese sonido. Entonces, le dijo:
—¡Qué bella canción! Sigue, canta otra vez para mí. Pero la tortuga bebé respondió:
—No estoy cantando, estoy llorando.
—Sigue cantando —replicó el coyote.
—No puedo cantar —contestó la tortuga—. ¿No te das cuenta de que estoy llorando? Quiero a mi
madre. —Y comenzó a gritar y gritar.
—Si no cantas —dijo el coyote—, te comeré ahora mismo.
El coyote estaba de mal humor y además muy hambriento. La pequeña tortuga, viendo que se
acercaba el final, tuvo una idea y dijo:
—Bueno, yo no puedo cantar, entonces tú me vas a comer. Está bien, ya que eso de ninguna
manera podrá hacerme daño. Me meteré dentro de mi caparazón, aquí estaré a salvo, y estaré
bien viviendo dentro de tu estómago.
Entonces, el coyote se detuvo a pensar por un rato en lo que había dicho la pequeña tortuga y no
le agradó mucho.
La pequeña añadió:
—Puedes hacer conmigo lo que quieras, solo te pido por favor que no me arrojes al río, ya que no
sé nadar y me ahogaré. El coyote estaba muy enfadado, y quería ser lo más cruelmente posible
con la pequeña que se burlaba de él. Entonces, cogió a la tortuga con su boca, se acercó al río y la
arrojó con furia en él.
La tortuga estaba más que feliz, sacó su pequeña cabeza fuera de su caparazón, estiró sus
diminutos pies y comenzó a nadar río adentro. Una vez ahí, le gritó:
—¡Adiós, señor coyote!
El coyote que observaba desde la orilla se enfurecía cada vez más al ver cómo esta lo había
engañado.
Finalmente, decidió marcharse a su casa. La pequeña, ya en su hogar, seguía riendo cuando llegó
su madre, quien también rio al escuchar la historia. Esas tortugas aún siguen viviendo en el
Colorado, pues desde esa época aprendieron a nadar y a disfrutar en sus aguas frescas y
cristalinas.
Archivo editorial.