DIABETES
La diabetes es una enfermedad crónica (de larga duración) que afecta la forma
en que el cuerpo convierte los alimentos en energía.
La mayoría de los alimentos que come se convierten en azúcar (también
llamada glucosa) que se libera en el torrente sanguíneo. El páncreas produce
una hormona llamada insulina, que actúa como una llave que permite que el
azúcar en la sangre entre a las células del cuerpo para que estas la usen como
energía.
Si una persona tiene diabetes, su cuerpo no produce una cantidad suficiente de
insulina o no puede usar adecuadamente la insulina que produce. Cuando no
hay suficiente insulina o las células dejan de responder a la insulina, queda
demasiada azúcar en el torrente sanguíneo y, con el tiempo, esto puede causar
problemas de salud graves, como enfermedad del corazón, pérdida de la visión
y enfermedad de los riñones.
Todavía no existe una cura para la diabetes, pero se puede reducir mucho el
efecto que tiene sobre la vida si se practican hábitos de estilo de vida
saludables, se toman los medicamentos según sea necesario, se obtiene
información sobre el automanejo de la diabetes y no se falta a las citas con el
equipo de atención médica.
Causas de la diabetes
La diabetes mellitus se presenta de diversos tipos, y cada una de esas formas
pueden presentar diversas complicaciones, síntomas e incluso dispone de
tratamientos diferentes. Del mismo modo, cada tipo de esta enfermedad
también tiene unas causas diferentes.
Causas de la Diabetes Tipo 1
La causa principal de la diabetes tipo 1 es la nula producción de insulina por
parte del organismo que provoca unos niveles altos de glucosa en sangre. Esta
nula producción es debida a una reacción del sistema inmune que, por
alguna causa no descubierta aún, destruye las células que producen la
insulina en el páncreas. De momento, las causas de esta nula producción de
insulina no han sido determinadas, aunque se sabe que es debida a una
combinación entre predisposición genética y factores ambientales.
Por lo general, una persona con diabetes tipo 1 hereda una serie de
factores de riesgo de sus padres. Algunos de esos factores, según indica la
Asociación Americana de Diabetes, pueden ser la raza blanca, que son las que
presentan más alta tasa de diabetes. También puede interferir el clima, ya que
estos pacientes suelen vivir en lugares fríos en mayor medida. Otro factor
desencadenante pueden ser los virus o la lactancia materna, pues se ha visto
que la diabetes tipo 1 es menos frecuente en aquellos que fueron lactantes
durante más tiempo.
Causas de la Diabetes Tipo 2
La diabetes tipo 2 es debida a una combinación de una serie de factores
genéticos y metabólicos. Estos factores son los que intervienen en la
insuficiente producción de insulina o en el mal funcionamiento de la misma que
provoca el incremento de los niveles de azúcar en sangre, con el consiguiente
riesgo de complicaciones.
El riesgo de diabetes mellitus tipo 2 se ve aumentado cuando en la misma
persona intervienen aspectos como la etnia, antecedentes familiares de
diabetes, diabetes gestacional, la presencia de edad avanzada, exceso de
peso u obesidad, una mala alimentación, la falta de ejercicio y el tabaquismo.
De hecho, se calcula que la obesidad y el sobrepeso, además del
sedentarismo, son el origen de una gran parte de la carga mundial de la
diabetes, debido al exceso de grasa corporal. En general, los factores de
riesgo de la diabetes tipo 2 son:
Factores no modificables:
Edad: el riesgo es mayor a medida que se incrementa la edad.
Antecedentes familiares: las probabilidades de tener diabetes tipo 2 se
incrementan de 2 a 6 veces si la persona tiene un padre, madre, hermano o
hijo con diabetes, según un análisis de Diabetes UK.
Síndrome del ovario poliquístico: se trata de un trastorno que afecta a los
ovarios y que se asocia con una resistencia a la insulina, por lo que las mujeres
que lo sufren tienen más riesgo de diabetes tipo 2.
Factores modificables:
Presión sanguínea alta: las personas con presión arterial alta tienen más
riesgo.
Sobrepeso u obesidad: el exceso de grasa corporal interfiere en el desarrollo
de diabetes tipo 2. De hecho es uno de los rasgos más comunes en las
personas con esta patología.
Tabaquismo: fumar no solo incrementa el riesgo de diabetes tipo 2, sino de
otras afecciones como las cardiovasculares o el cáncer.
Sedentarismo: permanecer sentado o acostado durante largos períodos de
tiempo repercute en la falta de actividad física y en el aumento de peso, lo que
incrementa el riesgo de diabetes tipo 2.
Las personas que tengan relación con alguno de estos factores de riesgo
deberán prestar atención a la posible presencia de diabetes tipo 2 ya que, si no
reciben tratamiento, aumentan las posibilidades de complicaciones en otros
órganos como los riñones o los ojos, así como de infarto cardíaco o cerebral.
Por ello, será fundamental someterse a análisis de sangre periódicos que
permitan evaluar los niveles de glucosa.
Causas de la diabetes gestacional
Las hormonas producidas durante el embarazo pueden provocar que el cuerpo
de la madre desarrolle resistencia a la insulina. Todas las mujeres
embarazadas presentan cierta resistencia a la insulina hacia el final de la
gestación. La mayoría puede, sin embargo, producir la suficiente cantidad de
esta hormona para superar dicha resistencia. En cambio, las mujeres cuyos
páncreas no pueden generar la suficiente insulina desarrollan diabetes
gestacional: no pueden disminuir los niveles de glucosa en la sangre y por
tanto presentan hiperglucemia. Una vez finalizado el embarazo, la resistencia a
la insulina provocada por las hormonas de la placenta desaparece y los niveles
de glucosa en sangre suelen volver a la normalidad.
Tener exceso de peso u obesidad puede favorecer la aparición de resistencia a
la insulina. Una ganancia excesiva de peso durante el embarazo también
contribuye a desarrollar resistencia a la insulina. Otros factores de riesgo de
desarrollar diabetes gestacional son los antecedentes de diabetes,
familiares o en embarazos anteriores. Padecer síndrome de ovario
poliquístico también supone mayores probabilidades de desarrollar diabetes
gestacional.
CONSECUENCIAS DE LA DIABETES
Las consecuencias de la diabetes afectan tanto a la salud como a la calidad de
vida de los enfermos. Con el tiempo la diabetes puede causar serios daños en
el corazón, en los vasos sanguíneos, en los ojos, en los riñones y en el sistema
nervioso, e incluso se puede llegar a perder la vida.
Los adultos con diabetes, tienen un riesgo 3 veces mayor de infarto de
miocardio y accidente cerebrovascular.
La neuropatía de los pies en combinación con la reducción del flujo
sanguíneo incrementan el riesgo de úlceras en los pies, infección y
amputación en última instancia.
La retinopatía diabética es una causa importante de ceguera y es la
consecuencia del daño que se va acumulando a lo largo del tiempo de
los pequeños vasos sanguíneos de la retina.
Es una de las principales causas de insuficiencia renal.
PREVENCION DE LA DIABETES
A pesar de que la diabetes mellitus se caracteriza por la incapacidad del
organismo para controlar el exceso de glucosa en la sangre, las causas de
dicha incapacidad son distintas según el tipo de diabetes y, mientras que unas
son prevenibles, otras no lo son.
Tomar medidas para llevar unos hábitos de vida saludables puede servir para
prevenir o, al menos, retrasar el desarrollo de la diabetes tipo 2. En especial,
conviene llevar una alimentación sana y equilibrada, realizar ejercicio de
manera habitual y mantener el peso en un nivel saludable. Para lograr estos
objetivos, podrá ser útil seguir los siguientes consejos:
Comer frutas y verduras en cada comida. Este tipo de alimentos aportan
hidratos de carbono de absorción lenta y tienen fibra, lo que ayuda a la
sensación de saciedad. Cada comida principal debería incluir una verdura. La
fruta puede comerse como postre pero también como tentempié o merienda
saludable.
Equilibrar las fuentes de proteínas. Las proteínas son importantes, pero
conviene obtenerlas de fuentes saludables, reduciendo la ingesta de carnes
rojas y favoreciendo las proteínas de origen vegetal presentes en legumbres,
frutos secos y cereales integrales. También es recomendable incluir más
pescado, especialmente azul, aves y lácteos bajos en grasa; y reducir el
consumo de carnes rojas y fiambres.
Evitar el consumo excesivo de grasas saturadas y las grasas trans. Las
grasas saturadas, como las de origen animal presentes en carnes y lácteos,
son menos saludables que las insaturadas, generalmente de origen vegetal,
como el aceite de oliva, el aguacate o los frutos secos. El pescado azul también
es una fuente natural de ácidos grasos insaturados omega 3. Las grasas trans
son ácidos grasos insaturados obtenidos industrialmente por hidrogenación de
grasas saturadas y su ingesta eleva el riesgo de sufrir enfermedades
cardiovasculares, por lo que se debería evitar por completo el consumo de este
tipo de ingredientes, presentes en repostería industrial, aperitivos y platos
preparados.
Reducir el consumo de hidratos de carbono y evitar las bebidas con
azúcar. Los carbohidratos son necesarios, pero es preferible que estos sean
de absorción lenta, por lo que es mejor comer frutas y cereales integrales que
zumos y harinas refinadas. Es por ello recomendable evitar los refrescos
azucarados y el consumo habitual de dulces.
Eliminar el tabaco y evitar el alcohol. El consumo de estas sustancias
aumenta el riesgo de diabetes, además de presentar muchos otros efectos
perjudiciales para la salud.
Realizar actividad física a diario. Evitar el sedentarismo es fundamental para
llevar una vida saludable. La falta de actividad física suficiente contribuye al
sobrepeso y a generar resistencia a la insulina, mientras que unos hábitos de
vida activos contribuyen a mantener bajo control los niveles de glucosa en
sangre. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un mínimo de
30 minutos de ejercicio de intensidad moderada al día. Este objetivo se puede
conseguir si se incorporan a la vida diaria hábitos saludables, como caminar o
montar en bicicleta para ir a los sitios, en lugar de conducir, o subir escaleras,
en lugar de usar el ascensor.
Controles periódicos del estado de salud. Llevar un seguimiento del estado
de salud puede ayudar a mantener bajo control los niveles de glucosa en la
sangre, así como la presión arterial y el colesterol, y tomar las medidas
oportunas en caso de que se detecten desviaciones.