IGLESIA BAUTISTA
“DISCIPULOS DE
CRISTO”
EL MINISTERIO DEL DIÁCONO
IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
INDICE:
Siervos ejemplares -------------------------------- Pág. 3
El perfil bíblico del diacono --------------------- Pág. 5
Cuidado pastoral de los diáconos parte 1-- Pág. 15
Cuidado pastoral de los diáconos parte 2 --Pág. 20
La visitación como ministerio del diácono---Pág. 27
El diaconado y el púlpito ------------------------Pág. 34
DR. HUGO CRUZ. 2
IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
SIERVOS EJEMPLARES (MODELOS) EN LA VIDA
FAMILIAR CRISTIANA
(1 Timoteo 3:8-13)
INTRODUCCION: No debe esperarse que la familia del
diácono sea perfecta, pero los miembros de la misma
deben tener la oportunidad de ser ejemplos, en la vida
familiar.
Tres áreas en que la vida familiar del diacono debe
fortalecerse:
I. EL MATRIMONIO DEL DIACONO (1 Timoteo 3:2, 12).
El problema de muchos oficiales de la Iglesia es que en sus
hogares la esposa es líder y no el esposo como lo enseña
la Biblia (Efesios 5:22-25).
Muchas veces la esposa influye negativamente sobre
decisiones que su esposo debe tomar en cuanto a la
Iglesia.
II. LA ESPOSA DEL DIACONO (1 Timoteo 3:11). Se
espera que sean:
a) HONESTAS. Han de conducirse en maneras que
las hagan dignas de respeto. Esta característica significa
que ambos, los diáconos y las esposas, tendrán el
respaldo, respeto y la confianza de la Iglesia y la
comunidad.
b) NO CALUMNIADORAS. Las esposas deben evitar
los chismes ya que acarrean destrucción.
Los diáconos y sus esposas deben ser siervos que
edifiquen a la gente y no ser calumniadores que esparcen
falsos cargos que dañan la reputación de los demás.
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c) SOBRIAS. Moderadas, tienen auto-control.
Deben ser libres de excesos mentales, emocionales y
espirituales.
d) FIELES EN TODO. Ellas serán conocidas por ser
dignas de confianza. Esto incluye lealtad a Dios, al hogar, a
la Iglesia y a otra gente.
III. LA RELACION DEL DIACONO CON SUS HIJOS (1
Timoteo 3:12).
a) Los diáconos no serán padres perfectos, pero los
miembros de la Iglesia encaran la misma lucha para ser
padres cristianos efectivos. Ellos quieren ver cómo sus
diáconos se relacionan con sus hijos.
b) (Ef. 6:4) La disciplina paternal incluye establecer
límites para el niño y buscar que aprenda a vivir dentro de
la misma.
La disciplina incluye: dirección, enseñanza y a veces
castigo con vara. El propósito de la disciplina es ayudar al
niño a madurar hasta ser una persona que puede y debe
disciplinarse a sí misma.
¿ESTA SIENDO EJEMPLO ANTE SU IGLESIA COMO
DIACONO QUE ES? 1 Timoteo 3:8-13.
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EL PERFIL BIBLICO DEL DIÁCONO
Tal vez piensen, es fácil decirles a los diáconos lo
que tienen que ser siendo pastor el que lo dice. Veamos
que dice la Biblia en cuánto al perfil de los diáconos, es
decir, en la palabra encontramos bien definido el perfil, la
razón de ser del diácono.
1. El diácono debe ser un hombre honorable.
Los diáconos, como su nombre lo implica, son
llamados a ser siervos.
Pero el diácono es poseedor de un oficio que va mano a
mano con el del pastor. Uno de los tres versículos que
mencionan específicamente a los diáconos, en el sentido
técnico de la palabra, se encuentra en Filipenses [Link]
“Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos
en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y
diáconos”. Pablo distingue allí dos categorías: (1) los
santos, y (2) sus líderes. Los miembros de la Iglesia, por un
lado, y los oficiales de la Iglesia por el otro. Y el sustantivo
“obispos” está unido al sustantivo “diáconos” por una
conjunción simple, coordinativa. Esto implica que los
diáconos son personas de gran dignidad, como los obispos
o pastores lo son.
En 1 Timoteo 3:8 leemos: “Los diáconos así mismo
(deben ser) honestos”. La palabra allí traducida “honestos”,
tiene que ver con dignidad, honorabilidad y seriedad. Para
nosotros “honesto” tiene connotaciones de ser “honrado”;
pero, de eso, Pablo habla más adelante. Lo que Pablo está
diciendo es que los diáconos deben ser hombres dignos,
honorables y serios. Hay personas dentro de las Iglesias
que tienden a ver a los diáconos, no como siervos, sino
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como hombres servirles por causa de que sus ministerios
son más bien de carácter administrativo y material. Los ven
así, por causa de que son siervos que sirven bajo la
dirección de otro siervo, el pastor. Y, finalmente,
simplemente por causa de ser siervos.
Ahora bien, el diácono no puede dejar de servir, pero
sus propias actitudes le dan el lustre necesario a su oficio.
Su actitud digna, seria y honorable hace que su ministerio
no sea servil, sino de servicio.
Se dice que el diácono quiere evitar ser un payaso.
No debe ser un hombre triste y cara larga, desde luego. Su
sentido personal del humor es muy adecuado, ya que
siempre está tratando con gente. Pero debe ser digno,
honorable y serio.
Algo que le da honorabilidad al diácono es su
carácter de hombre santo. Cuando la Iglesia percibe en el
diácono a un hombre maduro, versado en la Escritura,
sabio para aplicarla, lleno del Espíritu Santo, y capaz de ser
un hombre de mundo sin ser mundano, entonces la Iglesia
lo tratará con respeto, percibiendo en él a un hombre
verdaderamente honorable. A esto se refiere el apóstol
cuando dice: “Porque los que ejerzan bien el diaconado,
ganan para si un grado honroso, y mucha confianza en la
fe que es en Cristo Jesús” (1 Timoteo 3:13).
2. El diácono debe ser un hombre leal.
Otra vez quiero llamar la atención a Filipenses 1:1
“Pablo y Timoteo… a todos los santos… con los obispos y
diáconos”. Hay una unión real entre estos dos oficiales de
la Iglesia. No hay divorcio entre ellos. Y no lo puedo haber,
si la Iglesia va a ser edificada.
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En Hechos 6:3 y 4, los apóstoles instruyen a la
Iglesia en cuanto al tipo de hombres que deben buscar
para diáconos y luego explican por qué: “…a quienes
encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en
la oración y en el ministerio de la palabra”. Los diáconos
son colaboradores del pastor que toman a su cargo los
ministerios y necesidades que puedan surgir, de manera
que el pastor se vea liberado para efectuar su tarea
pastoral.
Ahora bien, hay diáconos que piensan que son
policías puestos por la Iglesia para vigilar al pastor. Hay
diáconos también que piensan, que su deber es ser el
partido de la oposición para ir en contra del pastor. Y,
finalmente, hay diáconos que difaman al pastor, o a otros
diáconos. La función del diácono no es policial, ni de
oposición, ni de difamación. Su función es ser un siervo
colaborador y un consiervo leal.
Admitidamente, el diácono es un hombre bajo
autoridad. Sirve bajo la autoridad y la dirección del pastor.
Los apóstoles se refirieron a los diáconos diciendo: “a
quienes encarguemos de este trabajo”. La cabeza funcional
(no ontológica –esa es Cristo) es el pastor; solamente
puede haber una cabeza, de otra manera hay caos. (Esto
no tiene nada que ver con, ni destruye al gobierno
congregacional). Tal vez alguno piense que eso es
humillante e indigno. Pero, el que tal crea, debe concluir
también que es humillante e indigno que una esposa esté
sujeta a su marido (Efesios 5:22); o debe afirmar que es
humillante e indigno que Dios Hijo esté sujeto a Dios Padre
(1 Corintios 15:28). Dios ha introducido orden en todo. Uno
es cabeza. Otro es seguidor. “Dios (es) la cabeza de
Cristo”, “el varón es cabeza de la mujer”; “Cristo es la
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cabeza de todo varón” (1 Corintios 11:3) y el pastor es la
cabeza funcional (no ontológica –esa es Cristo) de la
Iglesia local.
No hay nada humillante ni indigno en servir bajo la
dirección de un consiervo. El pastor, créanme, no necesita
un policía que lo vigile, ni un opositor, ni un difamador. El
pastor necesita, desesperadamente, un colaborador leal.
3. El diácono debe ser un hombre veraz.
La segunda cualidad que Pablo cita en 1 Timoteo 3:8
es: “Sin doblez”. La traducción literal sería “no de dos
palabras”. El significado craso es, no mentiroso.
El diácono debe tratar muy abundantemente con los
ministerios administrativos de la Iglesia, y, por lo tanto, con
dinero. El diácono debe, por tanto, ser un hombre veraz.
Nada hay que destruya tanto la credibilidad de un diácono,
y por lo tanto su ministerio, como la mentira.
El diácono hallado en mentira pierde crédito y la
Iglesia llega a sentir, con razón, que no puede confiarle su
administración.
Un hombre veraz siempre es digno de confianza. El
que es fiel en lo poco es fiel en lo mucho. Un hombre que
se alinea con la verdad de Dios, para ser veraz, es un
hombre al que se le puede confiar la Iglesia y su
administración. Yo siento que un hombre veraz no será
avaro, y no caerá por tanto en la tentación de ganancias
deshonestas.
Debemos recordar que el apóstol dice que “no
tenemos lucha contra sangre y carne”, esto es, contra
seres humanos, “sino contra principados, contra
potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de
este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las
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regiones celestes” (Efesios 6:12). Por tanto, el apóstol nos
urge a vestirnos toda la armadura de Dios. Es significativo
que lo primero de la armadura que él menciona es “ceñidos
vuestros lomos con la verdad”. El diablo, y sus acólitos,
tratarán de destruir el ministerio del diácono metiéndolo en
situaciones en que su ministerio se vea en entredicho. La
mejor manera de protegerlo, dice Pablo, es ser veraz;
hablar siempre la verdad; hablará consistentemente la
verdad. No tener que tomar recurso a una segunda
mentira, y a una tercera, para encubrir la primera.
Definitivamente, el diácono debe ser un hombre veraz.
4. El diácono debe ser un hombre no dado al mucho
vino.
Esta cualidad, normalmente, no debiera requerir
exposición. Si el diácono es un hombre maduro, sabio y
espiritual, normalmente será un hombre capaz de gobernar
este aspecto de su vida. Sin embargo, la posición respecto
al uso del vino provoca conflictos, por un lado, dentro de las
Iglesias, por otro, ente consiervos. Por causa de esto, creo
que es necesario decir una palabra al respecto.
Sé que me voy a meter en problemas al asentar, y
por escrito, mi posición respecto a esta cuestión tan
debatida. Pero creo que debo ser honrado con lo que creo
que la Biblia enseña al respecto. Prueba de que esta es
una cuestión de controversia, es que cuando se celebró el
concilio para mi ordenación como pastor, por poco no fui
ordenado. El interrogador me preguntó de mi posición
acerca del vino; me atreví a decir que creo que la Biblia
enseña que lo cristianos deben ser personas temperantes
en el uso del vino, y eso provocó controversia dentro del
concilio.
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El apóstol le escribe a Timoteo: “Los diáconos
asimismo (deben ser) … no dados a mucho vino”. Lo
primero que hay que dejar claro es que Pablo quiere decir
con esto exactamente lo que escribe, literalmente lo que
dice. El versículo dice “mucho vino”, utilizando el adjetivo
“mucho”. Si Pablo hubiera querido enseñar una posición
abstemia, lo hubiera hecho fácilmente no utilizando el
adjetivo; de esta manera, hubiera dicho, “no dados al vino”.
Lo segundo que hay que aclarar es que no hay un
estándar para el diácono y otro para el pastor. En el v. 3
nuestras Biblias traducen, hablando del pastor, “no dado al
vino”. Sin embargo, no es esto lo que el griego dice.
Cuando Pablo escribe del pastor, dice, “no borracho”.
Utiliza una palabra compuesta, pároinon. Está formada de
la preposición para, que significa “al lado de”, y el
sustantivo oinos que significa “vino”. Literalmente quiere
decir, “uno que no se mantiene al lado del vino”. Esto es,
“no borracho”. Lo que debemos preguntarnos es, ¿que es
un borracho? La respuesta correcta es: un hombre que
bebe sin temperancia; uno que bebe dejando que el vino
tome el control (Cf. Efesios 5:18).
Así que, tanto del pastor como el diácono, lo que
Pablo dice es que ninguno de los dos debe ser un
borracho.
Habiendo dicho lo anterior, es importante que
digamos qué es lo que Pablo dice. Cuando Pablo enseña
que el pastor no debe ser borracho, y que el diácono no
debe ser dado a mucho vino, no está enseñando por
implicación que deben de beber poco, ni que deben de
beber algo. Esto es importante; no quiero que nadie diga
después que yo enseño que Pablo dice que los pastores
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y/o los diáconos deben de beber poco o algo. No es posible
sacar implicaciones negativas de una enseñanza positiva.
Abundando aún más, hay dos pasajes que hablan
claramente acerca de cómo los cristianos deben proceder
en el uso de cosas dudosas, sean estas comidas o
bebidas, o algún otro comportamiento que la Biblia no
condena explícitamente. Uno es Romanos 14, el otro es 1
Corintios 8. En ambos pasajes no da Pablo reglas
explícitas. Lo que da son principios que deben ser
aplicados, con sabiduría, en cada ocasión en particular. La
enseñanza se podría resumir de esta manera: El cristiano
tiene libertad para participar de aquello que la Biblia no
condena y tiene libertad de restringir su libertad por amor a
los demás.
5. El diácono debe ser un hombre de contentamiento.
Pablo enseña del diácono que debe ser “no
codicioso de ganancias deshonestas”. Esta es una
enseñanza particularmente importante respecto al diácono,
aún más que con respecto al pastor, porque a diferencia
del pastor, el diácono se ve mucho más expuesto a la
tentación de ganar algo deshonestamente. Los diáconos,
por razón de la materialidad de sus ministerios, se ven en
situaciones de manejar las ofrendas de los santos. A ellos
es encomendado, o debe serlo, el recolectar las ofrendas,
el contarlas, el registrarlas, administrarlas, distribuirlas o
gastarlas. Es entonces particularmente importante que el
diácono no sea amante de ganancias deshonestas.
Del pastor Pablo dice que sea “no avaro”. El
pensamiento es el mismo. Un hombre avaro es amante del
dinero, sea este poco o mucho. Y cuando es amante del
dinero, entonces es amante de ganancias deshonestas. No
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de balde Calvino decía: “el que quiere hacerse rico, quiere
hacerse rico pronto”. “El amor al dinero es raíz de toda
clase de males” (1 Timoteo 6:10). Para corregir esto, Pablo
recomienda a Timoteo cultivar la piedad acompañada de
contentamiento: “Pero gran ganancia es la piedad
acompañada de contentamiento” (1 Timoteo 6:6).
Contentamiento es la actitud del corazón, procedente de fe
en Dios, que se encuentra satisfecha con lo que Dios
permite que uno tenga. Puede ser mucho, puede ser poco,
pero que haya satisfacción en eso (Filipenses 4:11-12).
Hay situaciones en las cuales, lo que Dios permite tener es
tan poco, que hay que estar contento con sustento y abrigo
(1 Timoteo 6:8). Pero Pablo manda, específicamente,
“estemos contentos con eso”.
Aquí es importante decir una palabra precautoria a
las Iglesias con respecto a los diáconos. Las Iglesias
tienden a sentirse muy impresionadas con los hombres de
negocios prósperos, con influencia en la comunidad, sea
esta influencia de orden político, económico o social. Y al
revés, las Iglesias tienden a no sentirse muy impresionadas
con los hombres que no tienen grandes logros en ninguna
de esas esferas.
No es raro que las Iglesias elijan diácono a un
hombre próspero e influyente tan solo por ser próspero e
influyente, sin fijarse si su vida refleja el perfil bíblico del
diácono. Cuando las Iglesias hacen esto, proceden con
mundanalidad, porque se están guiando por los principios
por los cuales el mundo se guía. Y proceden con grandes
riesgos, porque acaban con un diácono remiso en las
manos, inútil para servir a la Iglesia si bien les va; o pueden
acabar con un diácono deshonesto, amante de ganancias
deshonestas, si les va mal. Por otro lado, el hombre que
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no es próspero económicamente, que tiene que ejercitar
contentamiento al vivir, puede ser un magnifico diácono, si
en su vida se observan las cualidades del perfil bíblico del
diácono. Las Iglesias pueden perderse de grandes
bendiciones cuando ignoran a estos hombres humildes en
cuanto al mundo, pero ricos en cuanto al Señor y su
servicio. Es importante que el diácono sea un hombre de
contentamiento.
6. El diácono debiera ser un buen administrador.
Esta es una cualidad que tiene que ver más con
hacer que con ser. No es necesario que el hombre cristiano
sea un buen administrador para que sea un diácono
idóneo. Pero es muy útil que el diácono sea un buen
administrador, si tiene el talento, o el don dado por Dios,
para hacerlo.
La voz verbal, diakonéo, es la palabra apropiada en
el griego para designar “administrar”. Y el sustantivo
diákonos es la palabra apropiada para designar a un
administrador. En 1 Corintios 8:19-20 Pablo usa el verbo
diakonéo de esta manera: “… y no solo esto, sino que
también fue designado (un hermano) por las Iglesias como
compañero de nuestra peregrinación para llevar este
donativo, que es administrado por nosotros para gloria del
Señor mismo, y para demostrar vuestra buena voluntad;
evitando que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda
abundante que administramos, procurando hacer las cosas
honradamente, no solo delante del Señor sino también
delante de los hombres”.
Pablo no solamente nos dice allí que la labor de
administración es extremadamente importante, sino que
también nos dice por qué. Es crucial que la administración
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IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
se lleve adelante de una forma honrada, no solamente
delante del Señor que conoce las intenciones del corazón.
Sino también delante de los hombres que solamente ven el
exterior. De esta manera no habrá censura para la
administración.
Los pastores, frecuentemente aptos para el
ministerio de administrar la Palabra, con igual frecuencia
son ineptos en el ministerio de administrar a la Iglesia y sus
bienes. Y no es necesario que sean aptos en esto último
porque para eso, precisamente están los diáconos.
No es un requisito de carácter que el diácono sea un buen
administrador, pero es un requisito funcional
extremadamente importante, si lo es. Si Dios ha dotado a
un hombre con talento para ser un buen administrador, en
él tenemos a un buen candidato para diácono.
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CUIDADO PASTORAL DE LOS DIACONOS HACIA SU
PASTOR (I PARTE)
“Jehová llamó a Samuel;
y él respondió: Heme aquí” (1 Samuel 3:4)
Antes de estudiar detenidamente el cuidado que
debemos tener hacia nuestros pastores, es pertinente
detenernos a discutir acerca del llamado, tanto a ellos
como a nosotros como diáconos. El caso de Samuel ilustra
lo que ha sucedido en la vida de muchos siervos del Señor,
que al sentir claramente en sus vidas el llamado, la
vocación, la identificación clara de la voz de Dios, no han
demorado en contestarle: Heme aquí. Al hacer un recorrido
por las Sagradas Escrituras encontramos muy diferentes
formas de llamado de Dios al hombre, y para muy
diferentes ministerios. Pero lo que aparece siempre
constante, es que el llamado siempre viene de Dios. Es
Dios el que escoge, la vocación viene de EL.
Así, nos encontramos a Enoc, llamado a “caminar
con Dios”, dando un testimonio de haber agradado a Dios.
Noé fue llamado a ser “heredero de la justicia que viene por
la fe”. Abraham, llamado a ser “padre de muchas
naciones”. Israel, fue llamado por Dios para “ser bendición
al pueblo escogido”, por ello bendice a cada uno de sus
hijos, de quienes saldrían las tribus de Israel. Moisés,
recibió el “llamado de Dios” en medio de una zarza
ardiendo, y aun cuando él se resistía a obedecer a Jehová,
terminó por ser obediente a la vocación de Dios. Rahab,
fue llamada por Dios para ser “instrumento en sus
preciosas manos”, y el haber obedecido la vocación del
Señor, la hizo merecedora de ser incluida en la genealogía
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IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
de nuestro Señor Jesucristo. ¿Y qué podemos decir del
llamado de Dios a David, a Isaías, a Jeremías, a Amós, a
Oseas, a Juan el Bautista, a cada uno de los apóstoles? ¿Y
qué podemos decir del llamado de Dios a cada uno de
nosotros, que, como diáconos y pastores, estamos seguros
de haber oído su voz?
Es así como entendemos que la vocación viene de
Dios, aún cuando ha llegado a nosotros de muy diferentes
maneras.
1. LA VOCACION SIEMPRE VIENE DE DIOS.
Vayamos por unos instantes a la época descrita en
los primeros capítulos del libro de los Hechos. El Señor ha
aparecido por última vez a sus apóstoles y discípulos, y les
ha dejado la promesa de que recibirían el poder del espíritu
Santo, entonces ellos serían testigos de El, en Jerusalén,
en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra.
Después de que recibieron el Espíritu Santo en aquel
Aposento Alto, y fueron testigos de palabra y de hecho, de
todo lo que el Señor Jesús había hecho y hablado, dice la
Biblia: “…así que, los que recibieron su palabra fueron
bautizados, y se añadieron aquel día como tres mil
personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles
en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y
en las oraciones” (Hechos 2:41-42).
A partir de aquel día la Iglesia del Señor comenzó a
crecer, y con el crecimiento se empezaron a dar los
problemas, que más bien podemos llamar nuevas
situaciones no previstas. Así, se percataron que era
prudente poner todas las cosas en común, y dejar que los
apóstoles repartieron a cada uno según su necesidad.
Claro que se dieron situaciones negativas con las nuevas
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IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
decisiones tomadas, como fue el caso de Ananías y Safira,
pero siempre el Espíritu Santo les guió para encontrar la
respuesta adecuada.
Es por ello que cuando se presenta otro nuevo
problema, es nuevamente Dios quien les guía a encontrar
la solución correcta, porque era la solución que ya Dios
había previsto. Como cuando las hermanas griegas se
empezaron a quejar de que no eran bien atendidas, los
apóstoles, guiados por el Señor, deciden proponer a la
Iglesia allí reunida, que se nombraran siete diáconos.
Recordemos que somos: “creados en Cristo Jesús
para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano
para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).
Recordemos también que: “a los que a Dios aman, todas
las cosas le ayudan a bien, esto es, a los que conforme a
su propósito son llamados” (Romanos 8:28). De tal manera
que cuando se presentó una nueva situación con las viudas
griegas, fue Dios el que hizo el llamado a siete hermanos,
para iniciar con ellos un nuevo ministerio. Ya Dios lo tenía
preparado de antemano, como dice Pablo en Efesios.
Igualmente pasó con siervos llamados al pastorado del
pueblo del Señor. Así, tenemos a Moisés, quien es llamado
a ser pastor de toda una nación, fue Dios el que lo escogió.
Dios sabía que a pesar de su temperamento que lo llevó a
matar al egipcio, o a destruir las tablas de la Ley, era el
siervo que El necesitaba. También tenemos a Sansón, con
todos sus defectos que ocasionaron que llegara a quedar
ciego, pero es incuestionable que el llamado vino de Dios.
Es El quien envía a su ángel y le dice a la esposa de
Manoa: “…he aquí que tú eres estéril, y nunca has tenido
hijos; pero concebirás y darás un hijo. Ahora, pues, no
bebas vino ni sidra, ni comas cosa inmunda. Pues he aquí
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IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
que concebirás y darás a luz un hijo; y navaja no pasará
sobre su cabeza, porque el niño será nazareo a Dios desde
su nacimiento, y él comenzará a salvar a Israel de mano de
los filisteos” (Jue. 13:3-5). Y como éstos dos siervos del
Señor hay muchos más en la Biblia, que aparecen
incuestionablemente como llamados por Dios. Por ello
decimos que la vocación siempre viene de Dios.
2. LA VOCACION DE DIOS ES IRREVOCABLE.
Existen en la Biblia dos llamados que ilustran
claramente esta aseveración. Los dos fueron llamados por
Dios, la diferencia en cada uno de ellos. Uno, tomó, muy en
poco el privilegio de ser llamado por Dios como siervo
suyo, el otro se ubicó perfectamente en la voluntad del
Señor, y todas sus acciones estuvieron normadas en esta
ubicación.
Saúl y David fueron estos dos escogidos. Recibieron
la vocación para ser reyes, pastores del pueblo del Señor.
El primero se desubicó, no se percató de quien era el que
lo llamaba, que no era Samuel, era el mismo Jehová.
Ciertamente estaba usando a Samuel como instrumento,
como hoy día usa Dios a la Iglesia, o a determinados
hermanos, pero el que llama es EL.
Tampoco se dio cuenta Saúl del privilegio que
significaba servir personalmente a Dios. Hoy día, algunos
pastores y diáconos, así como Saúl, tampoco se han
percatado del privilegio que significa servir personalmente a
Dios. Ello hace que estos preciosos ministerios los vean
como una pesada carga. Dice la Biblia que cuando Saúl
desobedece a Jehová, le envía al profeta Samuel a decirle:
“…porque como pecado de adivinación es la rebelión, y
como ídolo e idolatría la obstinación. Por cuanto tú
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IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
desechaste la Palabra de Jehová, El también te ha
desechado para que no seas rey” (1 Samuel 15:23).
Aparece aquí muy claro que la vocación de Dios es
irrevocable, pero tiene una excepción: Cuando nosotros lo
hemos desechado. Por cuanto hemos desechado su
Palabra, su llamado, El también, como en el caso de Saúl,
nos desecha como siervos suyos. Terrible cosa que llegara
algún día a suceder esto en la vida de algún siervo del
Señor, tanto en el pastorado como en el diaconado. Que,
por haber nosotros desechado su llamado, la Palabra que
El había puesto en nosotros, finalmente nos deseche. No
es la Iglesia, no somos ni siquiera nosotros mismos, los
que tenemos el derecho de decirle a Dios, que deseamos
apartarnos por un cierto tiempo del servicio en donde El
nos ha puesto. Su llamado fue para toda la vida.
En contraste con la vida de Saúl, David vivió
contentamente ubicado en la realidad del llamado de Dios a
su vida. El sentía que Dios estaba siempre con él, y no
dudó en servirle en cualquier circunstancia. Así, lo vemos,
que después de ser ungido por Samuel como rey, y
estando todavía Saúl en el trono, no duda en enfrentarse al
gigante Goliat, diciendo: “… ¿quién es éste filisteo
incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios
viviente?” (1 Samuel 17:26b). Y después de matar a Goliat,
continúa una vida de triunfo en triunfo.
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IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
CUIDADO PASTORAL DE LOS DIACONOS HACIA SU
PASTOR (II PARTE)
“¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi
siervo Moisés? (Números 12:8b)
La pregunta del Señor es taladrante, ¿por qué no
tuvimos temor de hablar contra el siervo de Dios?, hemos
discurrido acercar del llamado de Dios a sus siervos,
hemos entendido que el que llama es EL, que su
llamamiento sólo lo puede revocar EL mismo, como se lo
dijo a Saúl, por lo tanto, la responsabilidad del que es
llamado, es tremendo delante de Dios, a nosotros nos toca,
orar por ellos, respetarlos y “servir las mesas”.
Orar porque Dios guíe a nuestros pastores, y sepan
ser responsables ante EL, de la vocación que les ha hecho,
ya que habrán de responder de las ovejas que el Padre
haya puesto en sus manos. Respetarlos, por cuanto no
toca a nosotros juzgarlos por el comportamiento que
tengan en el seno de nuestras Iglesias. “Servir las mesas”,
porque para eso hemos sido llamados por Dios, para que al
hacerlo, nuestros pastores puedan “persistir en la oración y
en el ministerio de la Palabra”, como dice Hechos 6:4.
1. OREMOS POR ELLOS PARA QUE SU FE NO FALTE.
Nuestros pastores, ciertamente han sido llamados
por Dios, pero son humanos y como nosotros tienen fallas y
errores. Es necesario, por lo tanto, que oremos por ellos
para que Dios les guíe constantemente en el ministerio en
que han sido puestos. Pensemos un momento en Moisés,
puesto por Dios como pastor de toda una nación. Como tal,
se hizo necesario que muchos estuvieran orando porque él
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IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
no fallara. Como le hizo falta a Moisés ese poder en
aquellos momentos, cuando en Cades, le faltó la fe y en
lugar de hablarle a la peña como le había dicho Jehová, le
golpeó con su vara. Ello ocasionó que Dios le dijera: “Por
cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los
hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en
la tierra que les he dado”.
Veamos ahora, que pensaba Dios de éste su siervo, así,
con las fallas que tenía y que ameritaron la decisión que
tomó Jehová.
Sucede que sus propios hermanos de carne, María y
Aarón, quizá por conocerlo tan íntimamente y saber de sus
fallas y errores que había tenido, se atrevieron a hablar
contra él. El pretexto fue la esposa que Moisés había
tomado, no era del pueblo de Israel, era cusita. Y a partir
de ese pensamiento empezaron a externar preguntas
hirientes, cuestionando el llamado que Dios había hecho a
Moisés. “Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado
Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?” (Números
12:2). Llaman la atención dos cosas, hay envidia y no hay
sinceridad delante de Dios. Envidiaban el puesto que tenía
Moisés, y para obtenerlo empezaron propalar esa pregunta,
para poner en duda el llamamiento que Dios había hecho.
¿Es que acaso no podía Dios hablar también por
boca de ellos? ¿No había sucedido que delante de Faraón,
el propio Aarón había sido el vocero de Moisés?
Ciertamente así había sido, por aquella reticencia de
Moisés para obedecer a Jehová. El le había prometido que
su hermano sería como su boca, ya que él era “tardo en el
habla y torpe de lengua” (Exodo 4:10b). Tampoco había
sinceridad, ya que, si envidiaban el puesto de Moisés, su
obligación era servir a Dios en el lugar en el que El los
DR. HUGO CRUZ. 21
IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
había puesto, por encima de toda la congregación después
de Moisés.
Cuanto habrían ayudado estos dos hermanos, si en
lugar de tomar la actitud mencionada, hubieran estado
orando por el hermano, líder del pueblo, y escogido por
Dios como pastor de todos ellos. Ciertamente con muchas
cargas, lo que Moisés más necesitaba era la oración de los
que estaban más cerca de él.
Pero la pregunta es: ¿qué piensa Dios, cuando en
lugar de orar por sus siervos, empezamos a hablar contra
ellos? El lo contesta con esa otra pregunta taladrante que
le hace a María y Aarón: “¿Por qué, pues, no tuvisteis
temor de hablar contra mi siervo Moisés?”. Esta pregunta
de Dios sigue vigente hoy día, y nos ubica en esta
tremenda realidad, debemos de tener temor de hablar de
esa manera contra algún siervo del Señor. Dice el pasaje
que “entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos” (v.
9). El contrapunto es entonces, oremos por nuestros
pastores no sólo no hablemos contra ellos, sino oremos por
ellos, como decía un anciano miembro de una Iglesia en
cierta ocasión “lo que yo quiero es que cuando mi pastor
ore, toque el cielo”. Que nuestras oraciones como
diáconos, ayuden a nuestros pastores a lograrlo.
2. RESPETEMOSLES.
Si de alguien necesita el pastor respeto, es de los
que están muy cerca de él en el ministerio. Así como
Moisés necesitó el respeto de sus propios hermanos, los
pastores lo están necesitando de sus propios diáconos.
Quienes por estar tan cerca, conocen más sus cargas
espirituales que otros miembros de la Iglesia.
DR. HUGO CRUZ. 22
IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
Regresemos a las vidas de David y Saúl, y
analicemos el pensamiento de ese joven pastor de ovejas.
Ya había sido David, ungido por Samuel como rey de
Israel, por cuanto Dios había desechado a Saúl. Sin
embargo, Saúl todavía estaba en el trono, Dios no lo había
quitado todavía, era políticamente el rey. En esos días, este
rey quería matar a David, lo perseguía por todos lados,
había intentado atravesarlo con una lanza, y Dios había
librado a David. Esta situación la estaba viviendo este joven
ungido rey de Israel, quien, aunque sin el trono todavía, se
sentía acosado, y huyendo constantemente por cañadas,
montes y cuevas, tuvo un día la oportunidad de su vida.
Encuentra a Saúl, aquel loco rey, que había andado
amenazando su vida y que además ya Dios lo había
desechado, allí, a sus pies, dormido. ¿Qué pensamientos
pasaron por la mente de David? Era inminente la caída de
Saúl del trono de Israel, era incuestionable que estaba loco,
lo había querido matar varias veces, y él, David, ya había
sido ungido por Samuel, ¿qué impedía que el lo matara?
Que tremendo ejemplo nos deja este joven, cuando
ante esa situación, no duda en decir: “Jehová me guarde
de hacer tal cosa contra mi Señor, el ungido de Jehová,
que yo extienda mi mano contre él; porque es el ungido de
Jehová” (1 Samuel 24:6). El contrapunto es ahora,
debemos de orar por nosotros mismos, para que Dios nos
guarde de hacer tal cosa contra el ungido de Jehová.
Porque las acciones de los llamados por Dios, en
ninguna manera, justifican que nosotros hagamos algo
contra ellos. Es Dios el que desechó a Saúl y cuando El lo
juzgó oportuno, El lo quitó del trono. Nosotros, como David,
nos toca respetarlos y orar a Dios que nos guarde de
lastimarlos. Podrá haber aparentes razones para que
DR. HUGO CRUZ. 23
IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
tomemos la acción en nuestras manos, David tenía
muchas, y muy justificadas, pero no dudó en abstenerse de
hacerlo, al reconocer que Saúl, así como era, era el ungido
de Dios, era incluso su señor y así lo dice: “…Jehová me
guarde de hacer tal cosa contra mi Señor…”. Por ello
decimos, tremendo ejemplo de este joven, que ha quedado
en la Palabra de Dios, en nuestras respectivas Iglesias,
para con nuestros pastores.
Respetémosles, han sido llamados por Dios, son
ungidos de El, oremos porque Dios nos guarde de
lastimarlos.
3. SIRVAMOS LAS MESAS.
En tercer lugar, es necesario que tengamos el
cuidado pastoral hacia ellos, “sirviendo las mesas”.
Vayamos ahora al pasaje de Hch. 6 cuando por haber
crecido la Iglesia de Jerusalén, se empezaron a presentar
nuevas situaciones en el seno de la misma. Sucedió que
las hermanas griegas, se empezaron a quejar de que no
había justa repartición de lo que se distribuía diariamente,
la queja fue que “eran desatendidas” (Hechos 6:1). Ante
esta situación que se empezó a dar en la congregación, los
apóstoles deciden nombrar a siete hermanos que hicieran
esa labor, servir las mesas, “para que ellos persistieran en
la oración y en el ministerio de la Palabra”.
En la medida que nosotros como diáconos
cumplimos nuestra tarea a la que hemos sido llamados,
sirviendo las mesas, nuestros pastores pueden dedicarse a
su ministerio, al que a su vez Dios los ha llamado también.
Llama la atención que los apóstoles le llamen a este
servicio “servir las mesas”, pero no extraña mucho ello
cuando nos acordamos que ellos antes de llegar a ser
DR. HUGO CRUZ. 24
IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
pastores, como lo eran ahora, en realidad ellos mismos
fueron diáconos. Cuando necesitaba el Señor Jesús de
tiempo para dedicarse a la oración y el ministerio de la
Palabra, encomendó a sus apóstoles que ellos “sirvieran la
mesa”. Dice el evangelio según San Lucas, “Y Jesús envió
a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la pascua para
que la comamos… fueron, pues, y hallaron como les había
dicho; y prepararon la pascua” (Lucas 22:8, 13)
Concluimos este discurrir en la Palabra del Señor,
meditando en todo lo que puede beneficiar a nuestras
Iglesias, cuando nosotros como diáconos tenemos este
cuidado pastoral hacia quienes Dios ha puesto como
pastores en nuestras congregaciones. Ya que en la medida
en que nosotros cumplimos nuestra tarea, ellos pueden
realizar la que Dios les ha encomendado. Ello implica,
concretamente, orar por ellos para que su fe no falte, para
que Dios siempre les Ellos sabían hacer el trabajo de servir
las mesas, sabían cuanto ayudaba ello para que el Pastor
pudiera dedicarse a la oración y el ministerio de la Palabra,
por eso, cuando surge este problema en el seno de la
Iglesia, no tienen dificultad en ver que la solución estaba en
nombrar a quienes se encargaran de éste trabajo. Que
ciertamente vino a ser un precioso ministerio, en el cual
Dios ha querido darnos el privilegio de estar incluidos. El
contrapunto es ahora, cuánto ayudaría que los pastores,
antes de serlo, fueran diáconos.
esté dando palabras en su boca, con la cual pueda
ser guiada toda la congregación. Ciertamente Dios nos
puede hablar también a nosotros los diáconos, la prueba de
ello es que ahora lo está haciendo. Pero los escogidos
como pastores son ellos, no olvidemos que son ungidos del
Señor.
DR. HUGO CRUZ. 25
IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
Respetarles en su ministerio, sabiendo que la ira de
Jehová se encenderá contra los que sin temor hablan
contra los siervos de Jehová (Números 12:8-9). Y ese
respeto incluye, velar como diáconos por el bienestar
material de nuestro pastor, “El obrero es digno de su
alimento” (Mateo 10:10b). “Porque el obrero es digno de su
salario” (Lucas 10:7). “Digno es el obrero de su salario” (1
Timoteo 5:18b).
Servir las mesas, con ello entendemos, estar al
pendiente de todos los detalles que puedan estorbar el que
el pastor continué perseverando en la oración y el
ministerio de la Palabra. Estos detalles, pueden ser, que
haya reverencia durante el culto, que se adore con fervor,
que se tenga el santuario listo a la hora del culto, que lo
necesario para los bautismos y Cena del Señor, esté
preparado a tiempo para llevar a cabo ese culto glorioso, y
tantos otros detalles más que irán apareciendo cada día a
medida que Dios pone “nuevas situaciones en nuestras
Iglesias”, como lo fue el hecho de que las viudas griegas se
quejaran.
“A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos.
Rogad, pues, al Señor de la mies, que envié obreros a
su mies”. (Mateo 9:37-38).
DR. HUGO CRUZ. 26
IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
LA VISITACIÓN COMO MINISTERIO DEL DIACONO.
Arturo Morales Martínez
El presente trabajo pretende ser una pequeña
contribución al ministerio del diácono en las Iglesias
cristianas. Reconociéndose las limitaciones, a continuación,
ofrecen algunas guías para realizar visitas efectivas en
casa.
Acerca de las oportunidades disponibles de servicio
dentro del ministerio del diácono, está la visitación a los
miembros de la Iglesia. La importancia de las visitas a los
hogares es grande y nos ha sido dado por Jesús, como
cortesía o por cuidado pastoral, atendiendo a necesidades
concretas.
El primer milagro que Jesucristo realizó fue durante
una visita. Visitó a Pedro, a Mateo el cobrador de
impuestos, a Simón el leproso, a María, a Marta y a otros
que tenían algún tipo de necesidad. Algunas veces sus
visitas fueron de amistad, de compañerismo, otras fueron
por motivos de salud y otras más fueron para presentarles
el plan de salvación disponible a través de su sacrificio en
la cruz. El programa de actividades tan ocupado de Jesús
nunca dejó de considerar las visitas a personas
necesitadas.
Algunas veces no basta con la llamada telefónica o
con la nota escrita que se envía. En ocasiones, es
necesaria una visita a casa para un cuidado más personal.
El ministerio diaconal es familiar y debe tener un plan, que
se lleve a cabo para que sea de bendición y ha de
contemplar la visita a hogares de miembros inactivos, para
compartir y cuidar a la comunidad cristiana; para informar,
consolar y ayudar en la toma de decisiones de los
DR. HUGO CRUZ. 27
IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
hermanos en necesidad. La visitación puede hacerse por
rol o por las necesidades, según se vayan presentando;
pero es básico que se lleve a cabo.
A continuación, se presentan algunas
recomendaciones para asegurar que la visita diaconal sea
efectiva:
El aseo personal es importante.
Antes de realizar una visita verifique su apariencia
personal. Que nada de su aspecto personal estorbe ni sea
obstáculo, para realizar la visita. Esta sugerencia no quiere
decir que debe llevar ropa muy formal, como saco o
corbata. Significa que su cuidado personal sea limpio y su
ropa según el hogar que vaya a visitar. El diácono es un
siervo del Señor, es un embajador de la Iglesia de nuestro
Dios.
Visite con un propósito definido.
Otra recomendación importante a seguir cuando se
hagan visitas a los hogares, es que se tenga un propósito
de ésta. Esto hará que en todo tiempo esté buscando lograr
su objetivo y hacer que su visita sea productiva.
Cuando vaya de visita, siempre tenga una actitud
positiva. Una de las mejores formas de asegurar esta
actitud es orar antes de realizar la visita. Haga su visita es
un momento apropiado. Las visitas deberán ser hechas en
momentos oportunos para la familia visitada. Una llamada
telefónica puede ayudar a que la visita sea en la hora
conveniente. Si decide llevar a cabo una visita sin previa
cita, procure no hacerlo en horas de comida. Si por alguna
razón al llegar el diácono se da cuenta que su visita es
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IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
inoportuna, discúlpese y haga una cita para regresar más
tarde, o en otro día.
Cuando esté en un hogar, establezca una atmósfera
de amistad y ambiente informal. Refiérase a la familia de
una manera personal. La visita tiene que significar más que
llenar un requisito ministerial, debe reflejar sinceridad y
genuino cuidado. Haga sentir a la familia visitada que usted
se siente como en su casa, relajado y sin formalidades.
Llame a los hermanos por su nombre. Lleve a cabo la visita
como le gustaría que a usted le visitaran.
Alguien escribió lo siguiente: “La visitación
seguramente será más efectiva, cuando sea hecha de una
manera amigable. El visitante que muestra un espíritu
simpático, amable y un espíritu complaciente puede servir
mejor a su prójimo. Un diácono con estas características
podrá en el nombre del Señor enternecer al más duro
corazón, calentar al más helado sentimiento, lograr abrir la
puerta cerrada de resentimiento, y dar salida al ser más
oprimido de una manera amable y graciosa”.
Haga preguntas apropiadas.
No todas las preguntas son apropiadas. Algunas que
necesitamos hacer a estas personas visitadas, son para
conocerlas, identificarnos y aprender a amarles. Pero otras,
pueden ser para satisfacer nuestra curiosidad. Para hacer
preguntas apropiadas, es necesario conocer algo acerca de
la familia antes de llevar a cabo la visita. De esta manera
se evitará preguntar por miembros de la familia que ya
murieron u otro tipo de preguntas embarazosas que hagan
de la visita algo molesto o incómodo.
Es importante recalcar, que es necesario practicar el
valioso arte de escuchar. Se evitará hacer preguntas
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IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
inadecuadas cuando se escucha con atención e interés.
Las respuestas que se obtengan, dependerán de la forma
como se hagan las preguntas. Determine claramente el
propósito de su visita, para que en esa dirección formule
las preguntas. Siempre haga las preguntas de tal manera
que las personas sientan un interés genuino y un cuidado
de hermanos en la fe. Realice las preguntas de modo que
las personas no sientan que está llenando una encuesta,
cumpliendo con un requisito o satisfaciendo su curiosidad.
Un lenguaje cotidiano.
Usted como diácono no tiene que usar “el lenguaje
de la Iglesia”, especialmente si está visitando a personas
que apenas están conociendo a la Iglesia. Mucha gente no
entiende el lenguaje que se maneja entre la comunidad de
cristianos. La visitación no tiene como propósito
impresionar a nadie con palabras poco usuales, o términos
teológicos que el diácono puede conocer. Tampoco tiene
que mostrar lo educado o lo muy espiritual que es. Una de
las tareas básicas del diácono es precisamente mostrar
que la vida en Cristo se puede llevar a cabo en medio de la
cotidianeidad y que no es una vida monástica ni un neo
fariseísmo al que se le está invitando a entrar. La idea que
le debe quedar al visitado, es que Dios le ofrece una vida,
pero que se puede vivir con naturalidad y que la Iglesia
puede colaborar en este proceso a los que en ella se
congregan.
Respete el tiempo y el espacio.
Mientras el diácono puede sentirse confortable
estando y sentándose cerca de otra persona mientras
hablan, esta situación puede hacer que otra persona se
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IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
siente incomoda. A algunas personas les gusta que las
toquen y las abracen, pero hay otras que no les gusta.
Siempre hay que ser sensibles a los sentimientos de las
personas.
Como diácono con el ministerio de la visitación, no
necesita prolongar mucho su visita. Por supuesto, el
propósito de la visita puede determinar el tiempo que
durará la misma. En circunstancias normales, de treinta a
cuarenta y cinco minutos es un tiempo razonable y
suficiente para realizar una visita. Se pretende dejar en las
personas visitadas un sentimiento de que haber tenido en
casa a los ministros de la Iglesia fue algo bueno y oportuno.
Y no que se queden preguntando a qué vinieron y por qué
les quitaron tanto tiempo.
Escuche sensible y atentamente.
De todas las recomendaciones o sugerencias que
puedan hacerse para la visitación, ninguna es más
importante que la de saber escuchar. Como diácono
visitador, escuche sensible y atentamente. He aquí algunas
sugerencias de cómo escuchar bien.
Dé su atención sin distracciones a quien esté
hablando. Escuche con sensibilidad e involúcrese en la
emoción de la persona que tenga la palabra. Evite ser el
centro de atracción de la reunión, la persona más
importante es la visitada. Absténgase de decir alguna
experiencia personal por excelente que sea. Si usted no es
cuidadoso en esto, puede no llegar a cumplir el objetivo de
su visita. Escuche con atención lo que los hermanos
piensan puede ser una excelente retroalimentación para el
pastor.
DR. HUGO CRUZ. 31
IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
Practique el arte de escuchar y no solamente hará
de su diaconado un ministerio efectivo en la visitación, sino
alguien que será siempre bienvenido.
Cuantas personas deben hacer la visita.
Por razones culturales y de testimonio, no se
recomienda que el diácono visite solo a hermanas de la
Iglesia, siempre será conveniente que se haga acompañar
por su esposa o por otras dos personas. Son tres personas
la cantidad ideal para realizar la visita, pueden ser dos
mujeres y un hombre o viceversa. Mientras el diácono
dirige la reunión o da consejo, los acompañantes deberán
estar orando y no estar quitándose la palabra unos a otros.
Completando la visita.
Recuerde estas tres guías para completar la
visita:
1. Deje información apropiada para la familia. El
propósito de la visita determinará la clase de información
que usted dejará. Si el propósito de la visita es invitar a que
asistan al templo, deje los horarios de los servicios y
actividades de la Iglesia. Si la visita tiene que ver con
situaciones de crisis, deje versículos bíblicos que puedan
ayudar a resolver y/o esperar en Dios la solución.
2. Haga recomendaciones pertinentes y/o envíe con
algún especialista para mejor consejería. Para poder
ayudar de verdad, hay que reconocer nuestras limitaciones
y con la debida discreción y prudencia referirnos al pastor o
a un especialista. Para hacerlo deberá contar con el
permiso de la persona visitada, para que no se caiga en
DR. HUGO CRUZ. 32
IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
murmuraciones y se piense que no fue discreto ni es digno
de confianza.
3. Escriba un pequeño reporte de la visita. Si usted ha
realizado una visita como parte del ministerio familiar de
diáconos, escriba un breve reporte de sus actividades y en
forma confidencial páselo al pastor de la Iglesia para su
conocimiento y archivo. El mejor momento para escribir
este reporte es justo después de la visita. Los detalles
importantes aún los tiene en mente.
Las guías dadas hasta aquí no serán buenas si no
está dispuesto a dar y recibir bendiciones de Dios por
medio de la visitación. Algunas otras recomendaciones
para la visitación no pueden ser enseñadas propiamente, si
no que se aprenden visitando los hogares. Con la visitación
de los diáconos la Iglesia saldrá beneficiada. Su diaconado
saldrá beneficiado. Lo más importante, aquellos que
necesitan ser cuidados y restaurados recibirán el amor de
Dios, para gloria de EL y edificación de la Iglesia.
DR. HUGO CRUZ. 33
IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
EL DIACONADO Y EL PULPITO
Rolando Gutiérrez Cortés
Los primeros cristianos no tenían pulpitos como se
acostumbra actualmente en nuestros santuarios; sus
reuniones eran en casas, al aire libre y posteriormente a
escondidas en las catacumbas.
Pero el oficio de pastores u obispos, ancianos y
diáconos, se registra como elemento de orden doctrinal en
las congregaciones cristianas, vigilando la buena marcha
de la misión de las Iglesias.
Felipe y Esteban son dos diáconos reconocidos en
los Hechos de los Apóstoles. Se reconoce el don de
evangelista en Felipe, además del apoyo de una familia
consagrada que se ocupaba en profetizar. Se registra la
proclamación de Esteban plena de datos de la historia del
pueblo de Israel, demostrando un dominio magistral de las
Escrituras, pero, sobre todo, una fidelidad encomiable vista
por todos sus verdugos aún en la hora de morir lapidado –
prácticamente sepultándolo bajo las piedras-. Pablo registra
este incidente, como definitivo en su vida.
Se Predica la Palabra.
Quien se ocupe de la predicación en la dirección de
una congregación ha de hacerlo con fidelidad a la Palabra.
Tiene el propósito de anunciar el evangelio, excitar a los
creyentes y fortalecer el ministerio de la Iglesia; jamás
vuelve vacía y es útil para enseñar, corregir e instruir en
justicia.
Pablo exhorta a los Colosenses, diciéndoles: “La
palabra de Cristo more en abundancia en vosotros,
enseñándonos y exhortándonos unos a otros en toda
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IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al
Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo
lo que hacéis sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en
el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por
medio de él” (Colosenses 3:16-17).
La Palabra es el contenido ineludible de la
predicación del evangelio. Por eso hay una parte de la
Homilética –que atiende al arte de la comunicación oral del
evangelio- que se llama Homilética Material; es decir,
atiende que el contenido de la predicación sea un
minucioso análisis del texto (que se llama trabajo de
Exégesis); otro elemento interpretativo que explica el texto
a la luz de la Biblia misma (que se llama trabajo de
Hermenéutica); y otro que atiende a la forma de la
comunicación del mensaje (que se llama Homilético).
Se Predica la Palabra en Forma de Fácil Asimilación.
1. Hay que amar. Amar al Dios de la Palabra y la
Palabra de Dios. Pero interesarse, con todo el corazón en
las necesidades de las personas a quienes se les va a
compartir el mensaje del evangelio.
2. Hay que ser reverentes. Con reverencia absoluta a la
revelación de Dios que habrá de exponerse con toda
claridad; y con la disposición de inspirar respeto a esa
exposición de la Palabra a todos los que habrán de
compartir en la consideración que se haga de ella en un
momento determinado.
3. Hay que tener orden. Y el orden de las ideas que se
hallan en el texto bíblico, debe respetarse al máximo; de
modo que sea la misma lógica que tiene la Palabra del
Señor que sirva para estructurar los himnos, oraciones,
testimonios y comentarios sobre la predicación.
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IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
Si se comunica amor, reverencia y orden se logrará
la preparación de un ambiente adecuado para oír, asimilar
y asumir con gozo la Palabra del Señor. Pero, el que
primero tiene que cumplir estos requisitos es quien sirve
para exponer las enseñanzas del Señor.
Se Predica la Palabra Teniendo en Cuenta la Totalidad
que Rodea.
1. Hay que estar preparados como predicadores. La
preparación espiritual se logra a través de la oración
silenciosa y personal. La preparación del ánimo,
procurando cultivar la tranquilidad que lo que habrá
exponerse es Palabra del Señor y todas sus promesas
están sosteniendo a sus siervos en todo momento. La
preparación física, tratando de vigilar que la situación
corporal esté en las mejores condiciones.
2. Hay que estar preparados como oyentes. Aquí
también cuenta lo espiritual, lo anímico y lo físico. Debe
enseñarse a orar a la congregación antes de participar de
un culto, estimular su actitud para recibir el consejo de Dios
y evitar cansarles.
3. Hay que tener preparado el contenido y la forma
del Sermón. El contenido porque se ha leído con atención
llena de piedad. La forma porque se ha calculado con que
pensamientos, palabras o ilustraciones se puede comunicar
la palabra clave que se encuentra en el pasaje bíblico que
se quiere compartir.
Se Predica la Palabra con Soltura y Gracia.
1. La soltura se tiene cuando se conoce el auditorio al
que habrá de hablarse, para comunicar con vehemencia la
verdad bíblica.
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IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
2. La gracia se tiene cuando al tratar de hablar al
corazón de los oyentes se atiende su razón con claridad de
pensamientos, sus sentimientos con honestidad de
convicciones y su voluntad compartiendo la decisión con
que uno cree lo que les está anunciando.
Aquí es donde ayuda el conocimiento de la gramática
para construir cada oración que se anuncia, la literatura
para vestirla con las palabras más sugestivas y la lógica
con el mejor orden posible para que no se olviden de las
enseñanzaza centrales que se les quiere compartir.
Se Predica la Palabra con las Formas mas Adecuadas
al Auditorio.
1. A veces es de estímulo, para las almas agobiadas;
otras de consuelo para las almas tristes; otras de
exhortación para quienes están desorientados. Pero, en
todo momento, lleno del consejo de Dios en cada asunto,
cada razonamiento, cada ocasión compartida.
2. La Introducción debe asegurar la atención al tema y al
texto bíblico; es más importante que nosotros. ¡Hay que
presentar a Cristo y a este crucificado, insistía Pablo! ¡Hay
que presentar la verdad de Dios en cada momento
oportuno, con atención para cada persona!
3. Las Divisiones evidencian el pensamiento
consecutivo, pero, sobre todo, dan relieve a las ideas
fundamentales que desean destacarse. Hay que captar con
ellas el interés, pero clavar en el alma la verdad del
mensaje eterno en forma interesante, clara, progresiva y
contundente.
4. La Conclusión se alinea como final del tema que se ha
venido exponiendo; aplica las verdades centrales; apela a
aceptar el mensaje y destaca que es el oyente, el centro
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IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
del interés de Dios en la revelación que se está
considerando en su Palabra.
Se Predica la Palabra con Profundo Temor de Dios.
1. El ministerio de un diácono atiende las necesidades
concretas de los necesitados de la Iglesia; de modo que, si
lo hace a través de la exposición de la Palabra lo ha de
aprovechar para provocar reconciliación fraternal, evitando
fricciones particularmente discriminatorias. Ese fue el
primer motivo porque atendieran viudas.
2. El ministerio de un diácono atiende en amor y vincula
con amor; por eso la primera intención que debe vigilar al
prepararse en la exposición de la Palabra es el cuidado de
preparar el camino –allanando altibajos en la congregación-
de modo que la expansión del Reino continué sin tropiezos
que puedan ser evitados por él.
3. El ministerio de un diácono debe ser garantía de
sabiduría, llenura de Espíritu Santo, ejemplo de gobierno y
disciplina de su hogar, amor entrañable a su Señor,
fidelidad al apostolado de sus pastores, estimulando el
ministerio de la Iglesia. Las características del diaconado
los compromete a la evangelización como mencionamos
con Felipe e incluso al martirio fiel como se dio con Esteban
y Felipe en su familia así con Esteban trazando bien la
Palabra de verdad son ejemplos imborrables en la imagen
del diaconado.
4. El ministerio del diácono tiene alcances íntimos en
cuanto a su alma, personales en el cuidado de su cuerpo,
sociales en el cuidado de la disciplina de su familia,
reconciliadores en la obra de su Iglesia ¡como respaldo de
una predicación elocuente! Esto alcanza su relación con los
otros diáconos con quienes comparte responsabilidades:
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IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
oración, conocimiento de la Biblia y misión compartida en el
radio de influencia que les corresponde vivir.
Se Predica la Palabra con Sabiduría y Llenura del
Espíritu.
1. Hay sabiduría hasta para escoger que el título del
Sermón esté de acuerdo con el centro del mensaje que
tiene el texto bíblico.
2. Hay sabiduría en vigilar que el texto esté analizado con
fidelidad al temor de la revelación de toda la Escritura.
3. Hay sabiduría en saber definir con claridad la idea
central del texto bíblico que ha de considerarse.
4. Hay sabiduría en que toda ilustración que se use en el
sermón esté centrada en la palabra clave que se halló en el
texto bíblico.
5. Hay sabiduría en presentar el mensaje que va contenido
en el sermón, lleno del Espíritu, ferviente en Espíritu como
siervos…
6. Hay llenura de Espíritu cuando el corazón del diácono
vibra por las necesidades de quienes sirve, hablando con
amor la Palabra y llegándoles al corazón.
7. Hay llenura de Espíritu cuando la identificación con el
pasaje bíblico es tal, que el corazón del siervo de la
Palabra vibra al mismo compás de la intención de Dios que
se revela en el pasaje.
8. Hay llenura de Espíritu cuando más que el interés, la
claridad, la progresividad y la simetría de las divisiones del
sermón el oyente recuerda que Dios le habló, caló, invitó,
consoló, alentó.
9. Hay llenura de Espíritu cuando se provocan cambios en
el oyente, en sus actitudes y en sus acciones. Y la
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IGLESIA BAUTISTA “DISCIPULOS DE CRISTO”
transformación primaria, es la humildad de obedecer a Dios
sin condiciones.
10. Hay llenura de Espíritu cuando el servidor de la
Palabra no tiene otro propósito al concluir, que haber
cumplido con la intención que de rodillas Dios le reveló en
su corazón para dar ese mensaje y no otro.
¿Hay Herreros en Israel?
En 1 Samuel 13:19, revela la indolencia de Israel al
estar dependiendo de otros para la labranza de sus tierras
o la defensa de sus enemigos, porque esperaban de otros
para llenar sus necesidades básicas. ¿Por qué hay
descuido en una Iglesia cuando carece de pastores que la
ministren, siendo que tanto pastores como diáconos son los
oficiales bíblicos de la Iglesia según el Nuevo Testamento?
Plantear la proclamación del evangelio a través de
los diáconos de nuestras Iglesias locales es porque
creemos en la dirección del Espíritu Santo cuando escogen
a sus siervos para ministrarles: que son honestos y
honrados; dignos de confianza en su palabra y en su
trabajo; dignos de confianza en su doctrina bíblica y en la
administración para las necesidades de los santos –
espiritual, moral y materialmente- Eduquémonos a ser
dignos del ministerio que nos ha sido encomendado por
vocación y confirmación de su Iglesia.
DR. HUGO CRUZ. 40