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APOCALISIS

Este documento analiza el contexto judío del Libro de Apocalipsis (Apocalipsis 1:1-2). Explica que la introducción del libro sigue el estilo de otros escritos apocalípticos judíos, describiendo cómo la revelación fue dada a Juan. Luego, compara brevemente con los libros de Enoc y 3 Baruc para ilustrar este punto. Finalmente, argumenta que intentos de separar el texto en partes "cristianas" y "judías" son artificiales, ya que conceptos como "Jesucristo" todavía tenían con

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APOCALISIS

Este documento analiza el contexto judío del Libro de Apocalipsis (Apocalipsis 1:1-2). Explica que la introducción del libro sigue el estilo de otros escritos apocalípticos judíos, describiendo cómo la revelación fue dada a Juan. Luego, compara brevemente con los libros de Enoc y 3 Baruc para ilustrar este punto. Finalmente, argumenta que intentos de separar el texto en partes "cristianas" y "judías" son artificiales, ya que conceptos como "Jesucristo" todavía tenían con

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El Libro De Revelación En El Contexto Judío (apocalipsis 1:1-2)

Dr. Eli Lizorkin-eyzenberg Y Peter Shirokov

“La Revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que
debían suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan…”
Apoc. 1:1-2.
La obra conocida por nosotros como la “Revelación de Juan” empieza del mismo modo que
otros escritos apocalípticos judíos:
Apoc. 1:1-2 apartado 1) lo que es (una revelación de Jesucristo) 2) por qué fue dado (para
mostrar a sus siervos las cosas que sucederían en corto plazo) 3) cómo fue dada (Dios lo
comunicó por medio de Su ángel) y 4) quien en realidad fue el primer receptor de esta
revelación (su siervo Juan, quien declaró la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo,
incluso todo lo que él vio).
Para que puedas ver que el comienzo de este libro es un tipo de apertura apocalíptica, sino
típica, al menos completamente aceptada por este género literario judío (literatura
apocalíptica) brevemente repasaremos unos pocos ejemplos relevantes. En Enoc 1:1-2:
“Palabra del bendito Enoc, como bendijo a los elegidos y a los justos, quienes estaban para
asistir en tiempos de aflicción; rechazando todo lo malvado e impío. Enoc, un hombre
justo, quien estaba con Dios, respondió y habló mientras su vista estaba abierta, y mientras
él vio una visión en los cielos.
Así los ángeles me mostraron. De ellos escuché todas estas cosas, y entendí lo que yo vi,
aquello que no sucederá en esta generación, pero en una generación que está por llegar en
un periodo distante, para consideración de los elegidos”.
También leemos en 3 Baruc 1:1-8 (Apocalipsis de Baruc):
Ciertamente, yo Baruc lloraba en mi mente y me lamentaba por el pueblo, y de que el rey
Nabucodonosor fuera autorizado por Dios para destruir Su ciudad… y he aquí que mientras
lloraba y me decía estas cosas, vi un ángel del Señor viniendo hacia mí y me decía:
Entiende, oh hombre, muy amado, y no te aflijas tanto por la salvación de Jerusalén porque
así ha dicho el Señor Dios, el Altísimo. Porque Él me ha enviado a ti, para hacerte saber y
para mostrarte todas (las cosas) … y el ángel de poder me dijo: Ven, y yo te mostraré los
misterios de Dios.
El pasaje anterior establece claramente que, lo que leemos en los primeros versículos del
Libro de Revelaciones, son de hecho muy similares a los otros relatos judíos apocalípticos,
ambos escritos durante o a través de un periodo de tiempo aproximado.
La autenticidad judía del Libro de Revelaciones, es tan obvia que un número de estudiosos
que no ven las tradiciones de Jesús como originalmente judías, erróneamente concluyen
que la forma presente del libro de Apocalipsis está llena de agrupadas interpolaciones
cristianas (la mayoría en el capítulo 1 y 22). Ellos mantienen que la versión original del
Libro Judío de Revelaciones, ha sido bajo estos y otros puntos, como sigue:
Si uno elimina “el material cristiano”, el texto mismo no puede leerse solo llanamente, sino
más llanamente (alegando que las interpolaciones cristianas al original judío son de carácter
firme). Así, por ejemplo, en Apoc. 1:1-3 leemos:
“La revelación (de Jesús el Cristo) que Dios dio (a Él) para mostrar a sus siervos lo que
debía suceder en breve, lo hizo saber enviando su ángel a su siervo Juan, el cual manifestó
la palabra de Dios y (el testimonio de Jesús el Cristo), incluso a todos los que vio. Bendito
es aquel que lee en viva voz las palabras de la profecía, y benditos sean aquellos que
escuchan y guardan lo que está escrito; porque el tiempo está cercano”.
Aunque intrigante, nosotros consideramos la prueba anterior como fútil y absolutamente
subjetiva. Argumentamos que algunos otros pasajes de esta y otras partes pudieron ser
recortados sin causar muchos problemas y con el mismo nivel de acierto. Esto, en sí, no
prueba nada. Hay otras cosas a considerar también.
Por favor, déjeme demostrarlo. Ha sido observado que la versión Samaritana de la Torah se
lee mucho más suavemente que la Torah judía. La Torah judía es muchísimo más áspera y
algunas veces inconsistente y compleja en la presentación de eventos. Pero si acaso, la
lectura fluida argumenta una posterior actividad editorial de los escribas samaritanos y no
viceversa.
Nuestro entendimiento en este caso, es justamente, porque el texto es de más suave lectura
una vez el contenido explícito “cristiano” es suprimido, no es indicación de algo
insignificante. Para concluir con algo más, es exagerar la evidencia que, por otra parte, no
es más que una curiosa e interesante posibilidad que no tiene absolutamente evidencia
alguna para ser respaldada.
Pero hay otro problema más, que creemos fastidiaría a quienes argumentan que el
Apocalipsis original judío (Libro de Revelación) fue cristianizado por alguien al final del
siglo I o incluso posterior. Brevemente, ellos fracasan al ver que tales frases (designadas
por ellos como atrevidas) como Jesucristo y Su “testimonio” (entre otras), son nombres
judíos y conceptos que solamente siglos después fueron eliminados de su conexión Israelita
original. El argumento para diferenciar entre material judío y cristiano es por lo tanto
anacrónico y artificial.

“Ap. 1:3 Bienaventurado es el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y
guardan las cosas en ellas escritas; porque el tiempo está cerca”.

Introduciéndonos lentamente a través del Libro de Apocalipsis veremos cada vez más que
el libro no es una esporádica y calenturienta versión escrita de lo que Juan vio que
sucedería en el Cielo. En su lugar, veremos que el Libro de Apocalipsis tiene una estructura
matizada muy cuidadosa, característico de las tradiciones literarias Bíblicas en general y del
género/tradición apocalíptico judío en particular entremezclado con epístolas (escrito
manual) y de tipo profético.

Cuando llegamos al versículo 3, se nos introduce por primera vez en las esmeradas series
de versiones de las siete bendiciones que hay intercaladas a través del libro. Es demasiado
pronto, en nuestra investigación, para ver el patrón rítmico en la presentación de Juan. Sin
embargo, una parte de ese patrón se puede observar incluso ahora.

Está claro que el número siete es un número crucial a lo largo de todo este libro, y
constituye la base numérica de la estructura de la composición del libro. La palabra
“Mesías” (el Ungido) o “Cristo” se emplea siete veces (1.1, 1.2, 1.5, 11.15, 12.10, 20.4,
20.6). Juan anuncia su venida siete veces (2:5, 2:16, 3:21, 16:15, 22:6, 22:12, 22:20), siete
veces para la frase “Señor Dios Todopoderoso/ Señor de los ejércitos”, está en (1:8, 4:8,
11:17, 15:3, 16:7, 19:6, 21:22). Por otra parte, hay siete “Amén” en el libro (1:6, 1:7, 3:14,
5:14, 7:12, 19:4, 22:20), la palabra “profetas” está referida en siete ocasiones (10:7, 11:18,
16:6, 18:20, 18:24, 22:6, 22:9) igualmente que la frase “el que está sentado en el Trono”, se
emplea siete veces (4:9, 5:1, 5:7, 5:13, 6:16, 7:15, 21:5). (1)
Por lo tanto, es obvio para cualquier lector que Juan es muy aficionado al número siete y lo
utiliza intencionalmente. Hay otras formas en que el número siete es utilizado, usualmente
en multiplicación (el nombre de Jesús es empleado 14 veces, y el “Cordero” es mencionado
24 veces). En este punto de nuestro estudio, es importante que estudiemos las siete
bendiciones/bienaventuranzas y veamos como la primera (Ap.1:3) se relaciona con las seis
restantes. Por favor, permítanme darles una breve explicación sobre el método literario que
antiguos autores judíos (bíblicos y no-bíblicos) frecuentemente empleaban para componer
sus trabajos.

En los estudios bíblicos modernos, a esta estructura literaria se le llama “quiástica”, por la
letra griega CHAI (X). Esencialmente ésta es la forma en que el patrón de pensamiento
semítico viene a ser presentado en estudios literarios. El estilo poético judío se basa en el
paralelismo, en la repetición, en la analogía típica de la segunda línea o idea que se va
repitiendo en el contenido de la primera línea, algunas veces llevándolo más lejos, otras
veces elaborando o clarificándolo. Es fácil mostrar primero un diagrama de cómo es la
estructura quiástica y entonces intentar explicarlo. La unidad literaria, cuando es analizada
tiene la siguiente estructura:

La frase, ya sea palabra por palabra o al menos pensamiento por pensamiento se repite al
principio y al final de la unidad literaria. Es como si el autor original fuese desde A1 a B1,
desde B1 a C1, desde C1 a D1. Entonces seguidamente cambia de rumbo y vuelve atrás en
el mismo orden (D2, C2, B2, A2).

Sugerimos que la primera bienaventuranza (Ap.1-3), está fuera de la estructura quiástica


que le sigue. Su propósito es resumir o ajustar la escena para las siguientes
bienaventuranzas que, de hecho, están establecidas en la forma quiástica. Una vez se
observa el conjunto por entero, el paralelismo del significado es dificilísimo de negar. Así
es como nosotros lo vemos.

Resumen del enunciado: “Bienaventurado es aquel que lee y aquellos que escuchan las
palabras de esta profecía y guardan estas cosas, que están escritas aquí, porque el tiempo
está cercano.” (Ap. 1:3). Tal resumen manifestado está conectado con Ap. 1:1-2 donde se
nos dice que este apocalipsis/develado tiene que ver con lo que pronto sucederá (en el v.3
“porque el tiempo está cercano”).

Estructura Quiástica

A1. “Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. “Sí”, dice el
Espíritu “descansarán de sus trabajos porque sus obras con ellos siguen”. (Ap. 14:13).

B1. “He aquí Yo vengo como ladrón en la noche. Bienaventurado es aquel que vigila y
guarda sus ropas, para que no tenga que salir desnudo y sea vista su desnudez”. (Ap.
14:13).

C1. “Bienaventurados aquellos que son llamados a la cena de las bodas del Cordero”. (Ap.
16:15).
C2. “Bienaventurado y santo es aquel que tiene parte en la primera resurrección”. (Ap.
20:6).

B2. “He aquí yo vengo pronto. Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de
este libro”. (Rev. 22:7).

A2. “Bienaventurados los que cumplen sus mandamientos, para que tengan derecho al árbol
de la vida y puedan entrar por las puertas de la Ciudad”. (Ap. 22:14).

Observen que A1 y A2 habla de la muerte del creyente y de su destino eterno (muertos en


el Señor, teniendo derecho al árbol de la vida y entrando por la puerta de la ciudad, tal
como encontramos más adelante, de la Nueva Jerusalén). Juan describe para sus lectores y
oyentes las puertas de la ciudad con los nombres de las tribus escritos en ellas.

Ambos B1 y B2 están sin lugar a dudas, conectados por la apremiante necesidad de


vigilancia (Yo vengo como ladrón y Yo vengo pronto). Además, la idea de vigilar es
también un factor de conexión (guardando la ropa para que no sea robada, guardar las
palabras de la profecía). (2).

Las bienaventuranzas de C1 y C2 no son una excepción, ambas hablan de una


bienaventuranza futura para los creyentes (siendo llamados a las bodas (3) del Cordero y
siendo dignos de participar en la primera resurrección).

La idea de ser “Bienaventurado” se pierde algunas veces en la traducción. La palabra


traducida del griego como “bienaventurado” es μακάριος (makarios) que es el equivalente
del hebreo ‫( אשרי‬ashrey) que quiere decir “feliz”, gozosamente bendito, estado de favorable
circunstancia. Esta palabra expresa una idea pasiva de alguien que está siendo objeto de un
favor y que muy a menudo se encuentra en el Libro de los Salmos. De hecho, el libro
empieza con “Cuan bienaventurado es el hombre que no anda en consejo de malvados”
(Salmo 1:1).

Entre tanto que continuamos moviéndonos de versículo en versículo, de capítulo en


capítulo, podemos ver un precoz destello del nivel de diseño del autor en la composición
del Libro de Revelaciones dentro de los oponentes tradicionales del Apocalipsis Judío.

-----------------------------

1 Bauckham Richard, El clímax de la Profecía, (Bloomsbury Publishing Edinburgh 1993),


pp 1-38.

2 Jesús habló de volver como un ladrón en la noche en Su discurso apocalíptico de Mateo


24. En sus parábolas Él también utilizó la imagen de las bodas cómo esperando el Reino de
Dios – como la novia espera al novio. Las bodas están acompañadas de una gran fiesta y
uno necesita “vestidos de boda” para ir a la fiesta (Mat. 22:11-14).

3 En el siglo I, las fiestas de boda judías ofrecían dos oportunidades para unirse a la
celebración. Una era, una admisión generalizada tal como uno iba preparado para seguir la
procesión nupcial en el patio de la casa del novio; la otra era por invitación personal/
individual, la cual se enviaba con tiempo anticipado a familiares y amigos.

1:4 Juan a las siete iglesias que están en la provincia de Asia:


Si bien el libro de Revelación es un apocalipsis en cuanto viene a ser de este género, no es
un apocalipsis puro (1), ya que está incluido dentro del contexto de la carta. Podemos verlo
claramente en los siguientes versículos. El libro de Revelación no es verdaderamente un
libro, de hecho, es una carta dirigida a las iglesias de la provincia de Asia. En su propio
testimonio, esta carta apocalíptica contiene también profecía (Apoc.1:3; 22:7).
Comúnmente se piensa que la profecía es una predicción, pero para la mentalidad israelita
es principalmente la proclamación de una verdad conocida con antelación, un llamado al
retorno y de no olvidar lo verdaderamente importante. Por eso, al Libro de Revelación se
puede decir que es una carta apocalíptica de contenido profético, que combina al menos tres
clases de géneros en un solo documento (apocalíptico, epistolar y profético).
Mientras que no es posible decir con certeza a quien escribió Juan esta Revelación, está
claro que su identidad era sobradamente conocida por las siete iglesias históricas
mencionadas en la carta. El autor debía haber sido suficientemente autorizado para ser
aceptado, ya que la Revelación de Juan no era el único apocalipsis en aquellas fechas. Sin
embargo, la autoría del Apóstol Juan es pronta y fuertemente autentificada. Algunos líderes
del siglo II (tales como Mileto, obispo de Sardis (c 165 EC) (2) – e Ireneo de Esmirna (c
180 EC) (3) -, cuyas iglesias estaban entre las primeras receptoras de la carta de
Revelación (4) mencionan explícitamente que la carta se creía pertenecer al Apóstol Juan. 
La causa de la autoría juanísta de la Revelación, irónicamente es más fuerte que la del
Evangelio de Juan. El argumento más significativo a favor de otro autor (en el caso de que
el autor del 4º Evangelio no fuese la misma persona) es que el griego del Apocalipsis es
significativamente de más baja calidad que el griego del Evangelio de Juan. Esto, sin
embargo, podría ser fácilmente resuelto suponiendo que Juan empleara a un escriba para la
composición del Evangelio (tal como hizo Pablo (5) entre otros muchos en la Roma
antigua), pero que no le fuera posible tener un escribiente cuando compuso el Libro de
Revelación ya que fue escrito bajo arresto domiciliario en la Isla de Patmos. En otras
palabras, se vio solo, con su limitada habilidad en el leguaje griego.
Todas las siete iglesias mencionadas en la carta, están localizadas dentro de la red de
calzadas de la Roma antigua. Por eso era efectivamente posible que la carta hiciese un
recorrido completo por todas las localidades después de ser originalmente enviada y leída
en las distintas congregaciones.
No todas las congregaciones de Asia fueron nombradas (por ejemplo, la iglesia de Losas).
La carta está ligada mediante la importancia del número siete, señalando la naturaleza
simbólica de las iglesias. Parece ser, que las siete congregaciones históricas del momento,
simbolizaban todas las iglesias existentes en el tiempo de Juan e incluso más allá del
escenario histórico.
Gracia y paz a vosotros de “el que es”, el que era y del que ha de venir…
Este pasaje es una alusión de Éxodo 3:14 según la versión griega de la Septuaginta, donde
Dios se refiere a sí mismo como “el que es” (ὁ ὤν). Del griego se traduce como la auto–
descripción divina en hebreo ‫ֲׁשר אֶ ֽ ְה ֶי֑ה‬
֣ ֶ ‫( אֶ ֽ ְה ֶי֖ה א‬Yo soy el que soy). Juan emplea las mismas
palabras solo que en griego (6). El nombre impronunciable YHWH se cree que está
relacionado con el verbo “ser” en hebreo, es un compuesto de aspecto pasado, presente y
futuro, todo comprendido, en una palabra, “El que es y el que era y el que será”. La
indicación está servida.
Este pasaje es uno de los muchos en que se puede decir que el griego usado por Juan es
pobre. Presten atención al anterior comentario sobre la autoría del Apocalipsis (y la posible
ausencia de un escriba en Patmos). Ya que no todas las porciones del Apocalipsis pueden
ser caracterizadas en esta forma, tampoco es posible explicar las irregularidades
gramaticales del griego tan solo por el trasfondo hebreo del pensamiento lingüístico de
Juan. Sin embargo, la explicación pudiera estar detrás de las torpes irregularidades
gramaticales, probablemente son intencionadas por naturaleza. Para el lector familiarizado
con ambos matices de la gramática, tanto hebrea como griega, actúan como indicio de que
algo más pasa.
…Y de los siete espíritus que están delante del trono,
El número siete, en una amplia variedad de tradiciones judías escritas, es el número
perfecto, total y completo. Tal como ha sido mencionado, el Apocalipsis está lleno de
conjuntos del número siete, pero justo en el caso de las iglesias, este hecho llama la
atención, y llama la atención no por el número en sí, sino más bien por la totalidad de lo
que se está debatiendo- en este caso el Espíritu (siete espíritus) que están delante del trono
de Dios. Aquí hay por lo menos dos opciones de interpretación. Una tiene que ver con el
Espíritu Santo y la otra con la clave de los seres angélicos.
Primero, la interpretación convencional conecta los siete espíritus del Apocalipsis, con los
siete “aspectos” del Espíritu en Isaías [Link] “El Espíritu del Señor está sobre él, el espíritu
de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y
temor del Señor” (NASB). En realidad, hay seis aspectos, no siete, porque el Espíritu del
Señor no es uno de los aspectos. Una traducción mejor (NetBible) sin embargo, está
prevista para los traductores de la NetBible, enseñando correctamente que cada par es
realmente un concepto, reduciendo así de seis a tres: “El Espíritu del Señor está sobre él- un
espíritu que da extraordinaria sabiduría, un espíritu que proporciona la habilidad para
ejecutar planes, un espíritu que produce absoluta lealtad al Señor. No importa que
traducción utilicemos para Isaías 11:2, la conexión entre estos versículos y los siete
espíritus en el Apocalipsis, no parecen los mismos.
Segundo, en los libros judíos no-canónicos tales como 1 Enoc que tiene muchas referencias
tradicionales a “el Hijo del Hombre”, encontramos repetidas veces una frase familiar “El
Señor de los Espíritus”.
Por ejemplo, leemos en 1 Enoc 46:1-2:
“Allí contemplé al Anciano de Días, cuya cabeza era blanca como la lana, y con él, otro,
cuya apariencia era como de hombre…. Entonces yo pregunté a uno de los ángeles, que
fue conmigo, y quien me mostró cada cosa secreta, concerniente al Hijo del hombre; quien
era, de donde era y por qué acompañaba al Anciano de Días. El respondió y me dijo: Este
es el Hijo del hombre, a quien le pertenece la justicia; en quien habita la rectitud y quien
revelará todos los tesoros que están ocultos: Porque el Señor de los Espíritus le ha
elegido; y por su posición sobrepasa a todo delante del Señor de los espíritus  en eterna
rectitud”.

Aquí tenemos un maravilloso pasaje estableciendo las tradiciones judías (contemporáneas


al libro del Apocalipsis) sobre Daniel (7), figura del Hijo del Hombre. Notemos que la frase
común de Enoc – “El Señor de los Espíritus”, puede conectarse con “los siete espíritus que
están delante del trono “de Apocalipsis (Ap. 1:4b).
Mientras que el paralelismo entre “el Señor de los Espíritus” y “siete espíritus que están
delante de su (Dios) trono” es intrigante, podríamos tratar aquí con un previo equivalente
judío pre sistematizado, más tarde la Trinidad Cristiana (aunque en diferente orden) –
Padre, Espíritu Santo e Hijo.
Sin embargo, otra posibilidad interpretativa que se nos presenta, es cuando comparamos el
Libro de Revelación con 1 Enoc. Los siete espíritus delante del trono de Dios podrían ser
las siete figuras angélicas clave que (son imaginadas en algunas tradiciones apocalípticas
judías) sirven delante del Trono de Dios.
Los ángeles, después de todo, son espíritus que sirven a Dios y estos siete espíritus
angélicos, de acuerdo con la tradición apocalíptica judía, sirven delante de Dios. Es
significativo que los siete no solo aparecen en Enoc, sino también en otros libros judíos
tanto bíblicos como para-bíblicos.
Mientras que los creyentes pueden ser tentados a sacar mucho de esta conexión, tenemos
que mantener esto en perspectiva. Sean o no los nombres de los siete ángeles claves
Gabriel, Miguel, Rafael, Uriel, Rajel, Ramiel, y Saraquel, tal como dice el libro de Enoc,
nunca lo sabremos, pero al menos es concebible que otros judíos contemporáneos
(incluyendo al que fue el autor judío de Revelación) tienen un concepto en mente similar al
del autor del libro de Enoc (1 Enoc 20: 1-8).
De modo que, otro que el Espíritu Santo, otra explicación potencial para los siete espíritus
podrían, de hecho, ser las siete figuras angélicas.
En este caso, Dios, los siete ángeles claves, y como pronto veremos, Jesucristo, son los
autores finales de parte de quienes Juan escribe/distribuye esta carta para ser enviada a los
seguidores de Cristo en las congregaciones de Asia Menor.
1:5 “Y de Jesucristo – el fiel testigo, el primogénito de entre los muertos, el que gobierna
sobre los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos libera del pecado con su sangre y nos hizo
reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea la gloria e imperio por los siglos de los
siglos. Amén”.
El quíntuple título para Jesucristo es claro- 1) fiel testigo, 2) primogénito (8) de entre los
muertos, 3) gobernante de los reyes de la tierra (1:5a), 4) el que nos ama y 5) el que nos
libera (1:5b).
Tan completa descripción titular (especialmente en comparación con otros autores o de
aquellos a quienes se les encomendó la carta) merece una doxológica exclamación- “A él
sea la gloria y el poder por siempre jamás” (1:6b). Esto es especialmente porque Jesucristo
nos nombra (presumiblemente Juan, su comunidad y los creyentes a quienes va dirigida la
carta) ser sacerdotes del reino, sirviendo al Dios de Jesús (su Dios) y Padre (1:6a).
La idea presentada en Apoc.1: 6-7, es que la grandeza multifacética de Jesucristo resulta,
eventualmente, en la gloria y el poder de su Dios y Padre. Suficientemente interesante,
también debe ser un paralelismo conceptual de Enoc 48. Leemos en Enoc 48:2-6:
“Y en esa hora en que el  Hijo del Hombre fue nombrado. En la presencia del Señor de los
Espíritus. Y su nombre delante del Origen de Dios…
El será el cayado de los justos donde ellos se apoyen y no caigan,
El será luz para los gentiles,
Y la esperanza de aquellos contritos de corazón.
Todos los que habitan la tierra se postrarán y le adorarán,
Y alabarán y bendecirán y celebrarán con cánticos al Señor de los Espíritus.
Y por esta razón han sido escogidos y guardados en Él,
Antes de la creación del mundo y para siempre jamás.

Lo que vemos en el texto de Enoc es que la alabanza y adoración al Hijo del Hombre que
recibe de los habitantes en la tierra, tiene como resultado final la alabanza y adoración al
Señor de los Espíritus (Dios mismo).
Desde luego, esto es un concepto muy similar al descrito en Apoc. 1:5-6 “… Jesucristo- el
testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que
nos amó y nos liberó de nuestros pecados al precio de su sangre y nos ha nombrado como
reyes y sacerdotes para servir a su Dios y Padre- A Él sea la gloria y el poder por los siglos
de los siglos. Amén”. (9)
1:7- ¡Miren! El vuelve en las nubes, y cada ojo le verá, incluso los que le traspasaron y
todas las tribus de la tierra se lamentarán por causa de Él. ¡Esto ciertamente sucederá!
Amén.
Lo que es muy importante mantener en mente, tal como lentamente leemos el Libro-Carta
de Revelación, es que tenemos una variedad de voces escuchándose en esta carta (Dios,
Juan, Espíritu, Jesús, Cristo, Novia. Etc.). Como si fuera una compleja composición, tan
rica polifonía de sonido celestial, requiere una cuidadosa y atenta audición, de manera que
claramente se distinga la variedad de voces, apreciar ambos, el mensaje coral y el
intérprete.
No está claro que voz escuchamos en Apoc. 1:7, pero a cualquiera que pertenezca esta voz,
nos hará el efecto de alerta del retorno de Cristo crucificado, volverá con poder (en las
nubes) y nadie (incluidos los que le mataron) será capaz de negar su resurrección (cada ojo
le verá, incluso los que le traspasaron).
Esto nos lleva al cumplimiento de las visiones de Daniel [Link] “Todo pueblo, naciones y
lenguas le servirán. Su autoridad es eterna y no tendrá fin, Su reino no será destruido”, lo
mismo que Zacarías 12:10 “Yo derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de
Jerusalén, espíritu de gracia y súplica, para que me miren, a quien traspasaron. Se
lamentarán por él como quien se lamenta por su propio hijo, y habrá amargo lamento como
quien se aflige por el primogénito”.

-----------------
(1) El Apocalipsis siempre es revelación, informa al desvelar otras experiencias terrenales y
visualiza realidades cósmicas. Hay una historia, una narrativa que puede ser seguida. En
ésta descripción pictórica de los eventos celestiales actuarían como trasfondo de los eventos
experimentados por los oyentes del escritor apocalíptico. Es una forma paralela y analógica
de pensar, típica del Medio Este. Los eventos terrenales presentados a la luz de los
celestiales, desvelando la gran realidad. (2) c. 165 EC; Eusebio, H.E. 4.26.2. (3) c. 180 EC;
Adv. Haer. 3.11.1, 4.20.11, 4.35.2. (4) Apoc. 1:11, 3:1-6,2:8-11. (5) Rom [Link] “Yo,
Tercio, el que escribe esta carta, os saluda en el Señor”. (6) Nota de Apc. 1:4, en la
NetBible ([Link]) disponible en [Link] (Último acceso 13-06-
2014). (7) Muchas Biblias tienen “lavado” (λούσαντι, lousanti) en lugar de “liberado”
(λύσαντι, lusanti ) pero muchos de los más nombrados manuscritos tienen “liberado”. Hay
una letra de diferencia entre los dos, pero “liberado” parece ser la variante
original. (8) Primogénito (Bikkurim) de entre los muertos es el único título judío, ligado al
concepto de los primeros frutos de la cosecha ofrecidos en el tercer día de la Pascua. El
motivo de la resurrección está implícito en esta celebración y éste título es utilizado por
Pablo en 1ª Corintios 15:20 y Colosenses 1:18.
 
(9) Juan, a las siete iglesias de Asia: Gracia y paz a vosotros en Él, el que es, el que fue y el
que ha de venir y de los siete espíritus que están delante del trono”. Apoc 1:4.
“Y escribe al ángel de la iglesia de Sardis: Esto dice el que tiene los siete espíritus de
Dios y las siete estrellas: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, pero que
estás muerto” Apoc. 3:1.
“Y del trono salían relámpagos y truenos y voces. Y había siete lámparas de fuego ardiendo
delante del trono, que son los siete espíritus de Dios” Apoc. 4:5.
“Y miré y contemplé que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes y en medio de
los cuatro ancianos estaba de pie un Cordero como si hubiese sido inmolado, tenía siete
cuernos y siete ojos los cuales son los siete Espíritus de Dios enviados por toda la tierra”
Apocalipsis 5:6. “Y vi a los siete ángeles que estaban delante de Dios, a los que fueron
dadas siete trompetas.” Apoc. 8:2.

1:7-8
He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá y los que le traspasaron; y todos los
linajes de la tierra harán lamentación por él…
Tal como dice Juan, la parte celestial y principal, es el encargo que le hacen de escribir y
compartir la carta del Apocalipsis/Revelación; está interrumpido al parecer por dos
inesperadas bendiciones. Una de ellas en el vs.5b-6 y la siguiente en el vs.7, donde vemos
referidas dos profecías Bíblicas – Daniel 7:13-14 y Zacarías 12:10.
“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un
hijo de hombre que vino hacia el Anciano de días y le hicieron acercarse delante de él. Y le
fue dado dominio, gloria y reino, para que todas las naciones y lenguas le sirvieran; su
dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido”.
“Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia
y de oración; y mirarán a mí, como a quien traspasaron, y llorarán como se llora por un hijo
unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito”.
Mientras que en varias tradiciones “Hijo del Hombre” y basadas en Daniel 7 ya eran
conocidas en la tradición apocalíptica judía en el tiempo en que se escribió el Apocalipsis,
la fusión de éstos dos conceptos (triunfo y tragedia) no lo eran. Es más, mientras que
documentos del Nuevo Testamento como el libro del Apocalipsis, funcionaron mayormente
dentro ya de un conjunto de conceptos judíos preexistentes, su autenticidad y singularidad
algunas veces pueden ser vistas en la fusión de varios conceptos judíos previos, tales como
“Logos de Dios” (Memra de Dios) y Encarnación en Juan 1:14, “Hijo de Dios” (Ben
Elohim), o “Hijo del Hombre” (Ben Adam /Bar Enosh) en Juan5:25-28. Incluso los sabios
talmúdicos de un periodo después, entendieron las profecías triunfantes y trágicas sobre el
Mesías al predecir dos Mesías, el Hijo de David y el Hijo de José.
“Nuestros rabinos enseñaron, el Santo, bendito sea, dirán del Mesías, el hijo de David
(¡esperemos se revele pronto a sí mismo en nuestros días!) Pregúntame y yo te daré, como
está dicho, Yo te diré los secretos, etc. este día yo te engendré, pídeme y yo te daré las
naciones por heredad (Sal. 2:7-8). Pero cuando vea que el hijo de José es traspasado, le dirá
a Él, Señor del Universo, te pido solo el don de la vida. Como la vida, Él responderá, tu
padre David ya profetizó lo concerniente a ti, como está dicho, Él demandó tu vida, tú se la
diste [incluso largura de días por siempre jamás. (Sal.21:5]”. (Talmud Babilónico, Sukka
52a) (1)
Otro pasaje del Talmud, que revela la comprensión rabínica de los méritos basados en la
recompensa del Mesías viniendo a redimir a Israel, muestra una alternativa, intentando
armonizar al Triunfante Mesías cabalgando sobre las nubes con el trágico Mesías
cabalgando sobre un asno. Propone que las profecías describen dos potenciales trayectorias
Mesiánicas que dependerán de la condición del pacto con el pueblo.
“… escrito está, a su tiempo [el Mesías vendrá] mientras que también esto está escrito, Yo,
[el Señor] a su tiempo [lo apresuro] haré que esto sea cumplido pronto”. (Is. 60:22), si ellos
son merecedores: Yo lo apresuro; sino [él vendrá] a su debido tiempo… como está escrito,
“He aquí, uno parecido al hijo del hombre viene con las nubes del cielo (Dan.7:13).
Mientras [en todas partes] está escrito [He aquí, tu rey viene a ti…] humilde y cabalgando
sobre un asno (Zac. 9:7). Si ellos son merecedores, [él vendrá] sobre las nubes del cielo, si
no humilde cabalgando sobre un asno. El rey Shapur [I] dijo a Samuel, vosotros manteneos
que el Mesías vendrá sobre un asno: Yo, mejor dicho, le enviaré sobre mi caballo blanco.
37 Él respondió, ¿tienes tú cientos de corceles multicolores (2)?” (Talmud Babilónico,
Sanhedrin 98a).
El Apocalipsis toma estas dos aparentemente, duros e independientes conceptos a
reconciliar del Mesías como uno, triunfante y victorioso el uno; el otro, un sufriente siervo
de Dios; los combina en una persona, el Mesías que ha de venir, sufriente y aun así
aclamado en plena gloria.
…Y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, Amén.
Es interesante que, en la imaginación religiosa cristiana, aquí, todo el mundo se lamenta por
el sacrificio del Cristo de Dios; pero dado el hecho de que este sacrificio es una alusión de
Zacarías (ver más arriba) sin duda, las tribus de Israel están en mente. Tierra (Arets) no es
la designación estándar para toda la tierra en hebreo, sino para la tierra de Israel en
particular.
8- “Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, dice el Señor, el que es, el que era y
el que ha de venir, el Todopoderoso”.
Aún y así, se acostumbra a hablar de Jesús como el Alfa y la Omega, lo mejor que podemos
decir es, que hay una distinción entre el Jesús glorificado y el mismísimo Alfa y Omega en
este texto, especialmente en Apoc.1:4 (ver comentario anterior).
La expresión técnica de Alfa y Omega aparece tres veces en Apocalipsis (Ap,1:8; 21:1-8;
22:6-15). En los tres casos, no puede ser interpretado inmediatamente como de Jesús
(aunque el autor no tiene problema al afirmar la divinidad de Jesús tal como fue mostrado
en otras partes de Nuevo Testamento). El único caso donde Jesús está más explícitamente
conectado con este título es en el último ejemplo de Apocalipsis 22:6-15, donde prosiguen
inmediatamente afirmaciones acerca del Alfa y Omega (en primera persona), de hecho, hay
una afirmación de Jesús (también en primera persona): “Yo Jesús he enviado mi ángel para
daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella
resplandeciente de la mañana”. (Ap. 22:16). Aunque debemos tener en mente que en el
libro de Apocalipsis hay una polifonía de voces que centran la escena del uno al otro a
medida que se desarrolla la historia.
Entre tanto, es posible armonizar el Alfa y el Omega de Ap.22:13 con Jesús en Ap.22:16,
pensamos que dar la identidad de Alfa y Omega con “el que es, el que era y el que ha de
venir” de Ap.1:8 y la clara distinción de Jesús como la misma persona que en Ap.1:4, la
posición que iguala a Jesús con Alfa y Omega como modelo directo, simplemente no es
factible. El libro del Apocalipsis pinta a propósito una diferente y más complicada
fotografía.
La maravillosa grandeza de Jesucristo se describe en Apocalipsis y aun así su distinción del
Señor Dios Todopoderoso en el libro, puede verse mejor contrapuesta al trasfondo de otras
tradiciones apocalípticas judías donde la divinidad de ambos del Hijo del Hombre y del
Anciano de días es explícita y a pesar de ello no armonizada (1Enoc 48 y 69).
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(1) Soncino, traducción del Talmud.
(2) Caballos de muchos colores

1:9 Yo Juan, vuestro hermano y copartícipe en vuestra tribulación, en el reino y en la


paciencia que es en Jesús, estaba en la isla de Patmos por causa de la Palabra de Dios
y del testimonio de Jesús.
Cuando una vez el Dios Todopoderoso dijo estas breves palabras, Juan se identificó a sí
mismo como el siguiente orador. De forma similar en Ap. 22:6-15, el orador hace una
conexión entre Dios Todopoderoso y Jesús, tal como vemos en el siguiente versículo
(Ap.22:16).
Aquí Juan, también identifica las circunstancias históricas que tuvieron lugar mientras tuvo
la visión y autorizó la carta en obediencia al mandato del Señor. Si bien nos gustaría saber
el año exacto en que Juan escribió el Apocalipsis, él creyó que era suficiente con escribir
algo de su exilio.
Su exilio fue en la isla de Patmos, donde se sabía que el gobierno de Roma enviaba a los
prisioneros políticos… Algunos comentaristas, de forma hipotética dicen que el tiempo en
que Juan estuvo en Patmos cuadra mejor con el año 95 DC aproximadamente, durante el
reinado de Domiciano o en los años 68-69 DC durante el reinado de Nerón, cuando las
persecuciones de los seguidores de Cristo fueron más intensas.

1:10a Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor…


Aquí hay tres opciones interpretativas.
Primero, el día del Señor podría ser el sábado. Tendría sentido al hablar del Día de Dios, el
sábado (Shabat), sería lo más lógico. Lo que funciona en contra de esta interpretación, es
que nunca vemos este término utilizado para señalar el Shabat (día de reposo). Si
efectivamente el día de la semana fuese el sábado como opuesto a los otros días de la
semana, no está claro por qué darle tanta importancia.
Segundo, esta es la opción tradicional, identificando el Día del Señor con el día de su
Resurrección- primer día de la semana israelita- Domingo. Esta teoría tiene problemas
similares.
Nunca es mencionado el primer día de la semana como Día del Señor anteriormente a este
presente ejemplo. Si fuese este el caso (que esto se refiere al primer día de la semana
israelita) no está del todo claro por qué Juan se sintió impulsado a comentarlo a sus
lectores/oyentes.
Tercero, desde nuestro punto de vista, esta opción es mucho más factible. El día del Señor
es el Día Final de los Tiempos en los cálculos y conjeturas de los cuales hablaron los
Profetas Hebreos. La frase “el Día del Señor” es utilizado muchas veces en la Biblia Hebrea
(Is.2:12; 13:6-9; Ezeq.13:5; 30:3; Joel 1:15; 2:1-31; 3:14; Amos 5:18-20; Ab.15; Sof. 1:7-
14; Zac. 14:1 y Mal.4:5). Tal como leemos en Mal. 4:5-6 “Mirad, Yo os envío al profeta
Elías, antes del día grande y terrible del Señor. Él animará a padres e hijos a volver a Mí,
para que Yo no tenga que venir con juicio a maldecir la tierra”.
Por eso, la referencia de Juan, notifica al lector que mientras él estaba escribiendo desde
una particular localidad histórica y durante un tiempo histórico en particular, la perspectiva
que él busca en comunicar a sus oyentes está arraigada en la realidad escatológica del
futuro Día del Señor. Lo mismo que en el caso de los profetas hebreos de la Biblia, Juan era
capaz de hablar en presente desde una dual perspectiva del pasado (el pacto) y el futuro (la
consumación del pacto y la restauración de todas las cosas).

Common questions

Con tecnología de IA

El número siete se considera un número de perfección, totalidad y plenitud en las tradiciones judaicas. En el Apocalipsis, este simbolismo se ve en referencias como los siete espíritus ante el trono de Dios, que han sido interpretados como refiriéndose al Espíritu Santo o a siete figuras angélicas en tradiciones apocalípticas judías. Esta dualidad de interpretación subraya la complejidad teológica del texto, conectando el simbolismo con significados tanto judaicos como cristianos .

Las bienaventuranzas en el Apocalipsis tienen la función de enfatizar las recompensas espirituales para los fieles, mediante frases que destacan futuros estados de bendición. Forman parte de una estrategia narrativa que yuxtapone bendiciones presentes con promesas futuras, involucrando así a los lectores en una expectativa escatológica activa sobre las promesas divinas .

El Apocalipsis se presenta como una carta que contiene elementos apocalípticos y proféticos, sirviendo como una combinación única de géneros literarios. Esto es teológicamente significativo porque integra predicciones apocalípticas y exhortaciones proféticas en una epístola dirigida a las iglesias, ofreciéndoles tanto revelaciones del futuro como guías morales y espirituales basadas en el presente .

El Apocalipsis presenta una narrativa donde triunfo y tragedia están fusionados, reflejando tanto el esperado retorno victorioso de Cristo como el sufrimiento y la persecución que enfrentan los fieles. Estas tensiones escatológicas modelan un escenario de esperanza dentro de la adversidad, lo que lleva a los creyentes a una fe perseverante en la promesa final de Dios a través de imágenes potente y proféticas .

La vigilancia espiritual es una temática destacada en el Apocalipsis, ilustrada en la estructura quiástica con frases como 'vengo como ladrón en la noche'. Esta idea es clave en B1 y B2, instando a los creyentes a estar preparados y mantener la fe, reflejando un llamado a la vigilancia continua como preparación para la llegada del Reino de Dios .

Las irregularidades gramaticales en el griego del Apocalipsis pueden sugerir una intención deliberada del autor para reflejar matices lingüísticos comunes en un marco cultural hebraico-griego. Este fenómeno sugiere un autor enraizado entre estas dos culturas, posiblemente comunicando familiaridad y relevancia a lectores con trasfondos diversos, lo que refuerza conexiones culturales y teológicas entre tradiciones judías y cristianas .

El Apocalipsis conecta con las tradiciones judías mediante referencias al 'Hijo del Hombre', un título ya presente en Daniel y en otros textos apocalípticos judíos como 1 Enoc. Además, utiliza conceptos como el 'trono' y visiones de seres celestiales, fusionando ideas de triunfo y tragedia ya conocidas en las tradiciones judías prenuevotestamentarias, pero las adapta en un contexto cristiano nuevo .

Algunos críticos sostienen que el libro de Apocalipsis contiene interpolaciones cristianas que transformaron una obra originalmente judía, por ejemplo en los capítulos 1 y 22, y sugieren que eliminando el contenido cristiano, la obra se leería más suavemente. Sin embargo, otros argumentan que el hecho de que el texto sea más fluido no prueba una actividad editorial cristiana significativa. Además, refutan la idea de anacronismo al señalar que conceptos como 'Jesucristo' aún estaban conectados a raíces judaicas en el primer siglo .

El simbolismo del Cordero en el Apocalipsis representa a Jesucristo como un sacrificio redentor, una idea central a la teología cristiana conectada con la Pascua judía y simbolizando la liberación del pecado. Este simbolismo enlaza con el Antiguo Testamento, donde el cordero pascual y otros sacrificios apuntan hacia la expiación y la redención, proporcionando continuidad entre las dos tradiciones bíblicas .

La estructura literaria del Apocalipsis es quiástica, donde las ideas se reflejan de manera simétrica (A1, B1, C1, D1, y luego D2, C2, B2, A2), lo que sugiere un diseño cuidadoso y planificado. Esta organización indica que el libro no se compuso de manera caótica, lo que contribuye al argumento de que Juan tuvo un propósito y una técnica narrativa específica, en lugar de ser simplemente una recopilación desorganizada de visiones apocalípticas .

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