FABULAS
El mosquito y el toro
Un mosquito voló por el prado y se posó en la punta del cuerno de un enorme toro. Después
de descansar por un buen rato, se preparó para volar. Pero antes de irse se acercó al oído
del toro para disculparse:
— Lamento haber usado tu cuerno como lugar de descanso. Debes estar muy contento de
que me vaya ahora —dijo el mosquito.
El toro levantó la vista y respondió con indiferencia:
—Pequeño mosquito, gracias por compartirme tan grandiosa disculpa. Pero piensas
demasiado bien de ti mismo. ¡Ni siquiera me di cuenta de que estabas allí!
Moraleja: Para muchos, la vanidad es reflejo de la ignorancia
El león y el ratón
En un día muy soleado, dormía plácidamente un león cuando un pequeño ratón pasó por su lado y lo
despertó. Iracundo, el león tomó al ratón con sus enormes garras y cuando estaba a punto de
aplastarlo, escuchó al ratoncito decirle:
—Déjame ir, puede que algún día llegues a necesitarme.
Fue tanta la risa que estas palabras le causaron, que el león decidió soltarlo.
Al cabo de unas pocas horas, el león quedó atrapado en las redes de unos cazadores. El ratón, fiel a
su promesa, acudió en su ayuda. Sin tiempo que perder, comenzó a morder la red hasta dejar al león
en libertad.
El león agradeció al ratón por haberlo salvado y desde ese día comprendió que todos los seres son
importantes.
Moraleja: No menosprecies a los demás, todos tenemos las cualidades que nos hacen muy
especiales.
La cigarra y la hormiga
Durante todo un verano, una cigarra se dedicó a cantar y a jugar sin preocuparse por nada. Un día, vio pasar a
una hormiga con un enorme grano de trigo para almacenarlo en su hormiguero.
La cigarra, no contenta con cantar y jugar, decidió burlarse de la hormiga y le dijo:
—¡Qué aburrida eres!, deja de trabajar y dedícate a disfrutar.
La hormiga, que siempre veía a la cigarra descansando, respondió:
—Estoy guardando provisiones para cuando llegue el invierno, te aconsejo que hagas lo mismo.
—Pues yo no voy a preocuparme por nada —dijo la cigarra—, por ahora tengo todo lo que necesito.
Y continuó cantando y jugando.
El invierno no tardó en llegar y la cigarra no encontraba comida por ningún lado. Desesperada, fue a tocar la
puerta de la hormiga y le pidió algo de comer:
—¿Qué hiciste tú en el verano mientras yo trabajaba? —preguntó la hormiga.
—Andaba cantando y jugando —contestó la cigarra.
—Pues si cantabas y jugabas en verano —repuso la hormiga—, sigue cantando y jugando en el invierno.
Dicho esto, cerró la puerta.
La cigarra aprendió a no burlarse de los demás y a trabajar con disciplina.
Moraleja: Para disfrutar, primero tienes que trabajar.
El perro y su reflejo
Un perro muy hambriento caminaba de aquí para allá buscando algo para comer, hasta que un carnicero le tiró un
hueso. Llevando el hueso en el hocico, tuvo que cruzar un río. Al mirar su reflejo en el agua creyó ver a otro perro
con un hueso más grande que el suyo, así que intentó arrebatárselo de un solo mordisco. Pero cuando abrió el
hocico, el hueso que llevaba cayó al río y se lo llevó la corriente. Muy triste quedó aquel perro al darse cuenta de
que había soltado algo que era real por perseguir lo que solo era un reflejo.
Moraleja: Valora lo que tienes y no lo pierdas por envidiar a los demás.
El gallo y la joya
n la granja, un gallo muy hambriento escarbaba la tierra buscando algo de comer para él y
las gallinas con las que compartía su gallinero, cuando descubrió un diamante que la esposa
del granjero había perdido.
—¡Qué desilusión! —dijo el gallo—. Sin duda eres una prenda muy costosa y quien te perdió
daría mucho por encontrarte. Pero yo prefiero un solo grano de maíz o de trigo antes que
todas las joyas del mundo.
Moraleja: Aquello que no es útil no tiene valor.