SEMINARIO MAYOR, NUESTRA SEÑORA DEL CAMINO
DIÓCESIS DE SOLOLÁ-CHIMALTENANGO
SÍNTESIS TEOLÓGICA
Cristología de San Pablo
Estudiante: LIZARDO FELIPE SIGÜIL DE LEÓN
Profesor: Pbro. Lic. MARCOS MAGTZUL
CONTENIDO
INTRODUCCIÓN .................................................................................................... 5
CAPITULO I .......................................................................................................... 10
Aspectos de la Cristología de Pablo...................................................................... 10
¿Quién fue Saulo? ............................................................................................ 11
Un Cristo vivo y cercano ................................................................................... 13
El paralelismo Paulino; Cristo-Adán .................................................................. 16
CAPITULO II ......................................................................................................... 19
Himno Cristológico (Col 1,12-20) .......................................................................... 19
Relación con Dios (o Filiación Divina) ............................................................... 22
Relación con la creación (o Señorío cósmico de Cristo) ................................... 23
Relación con la Iglesia ...................................................................................... 25
CAPITULO III ........................................................................................................ 28
Himno Cristológico Fil 2,6-11 ................................................................................ 28
Su preexistencia y su condición terrena (Encarnación) .................................... 30
Humillación de la Muerte ................................................................................... 33
Exaltación celestial ............................................................................................ 35
CAPITULO IV ........................................................................................................ 37
Concepciones modernas sobre la Cristología Paulina .......................................... 37
K. Barth ............................................................................................................. 38
Rudolf Bultmann................................................................................................ 41
Benedicto XVI ................................................................................................... 44
CONCLUSIÓN ...................................................................................................... 47
BIBLIOGRAFÍA ..................................................................................................... 50
INTRODUCCIÓN
La cristología paulina es una de las grandes riquezas que el apóstol Pablo ha
dejado a la Iglesia, su doctrina cristológica gira entorno a la persona de Cristo
muerto y resucitado. El contenido dogmático que describe Pablo lo encontramos
disperso en todas sus cartas. Sin embargo, en este trabajo me he esforzado por
presentar al lector la cristología paulina desde algunos textos esenciales, lo cuales,
más a delante, estaremos detallando.
La doctrina cristológica que realiza Pablo no la encontramos separada de la
soteriología y de la antropología, va unida a ambas. Si la separamos se perdería el
sentido cristológico paulino, porque Pablo lo que hace no es describir con detalles
la naturaleza de Cristo o su esencia en sí misma, aunque tampoco la omite, más
bien, para Pablo su cristología es predicar al Cristo resucitado de entre los muertos
en quien todas las cosas fueron reconciliadas. Por tal razón, cuando Pablo elabora
su evangelio no tiene otra finalidad que anunciar a Cristo, muerto y resucitado que
trajo consigo nuestra justificación y nos ha reconciliado con el Padre.
La cristología paulina es una forma de ver la misión de la Iglesia, que consiste en
anunciar a Cristo. Junto a esto, Pablo es ejemplo de que tal anuncio debe ser
universal, según el mandato de Cristo (cf. Mt 28-19), por eso pablo se esfuerza en
5
predicar a Cristo, no solo a los judíos, sino también a los cristianos. De modo, que,
dispersando el anuncio de Cristo por todo el mundo, tanto paganos como judíos, se
den cuenta de la gran importancia de la fe en Cristo. Por esa fe hemos sido
justificados (cf. Rm 5,1-2), de modo que nuestra salvación se da por la fe en Cristo
y no por las obras. La salvación no es algo que el hombre logre por mérito propio,
sino que es por medio de Cristo, por pura Gracia de Dios. Es un regalo, y por esa
razón, el hombre debe aceptarla. Para Pablo, Cristo trajo consigo la salvación del
mundo y el perdón de los pecados (cf. Col 1,14).
Otro de los grandes aspectos de la Cristología paulina es atribuir al Mesías el
título de kirios, que significa Señor. Este título atribuido a Cristo, se lo gana por la
restauración que hizo por medio de su sangre y su exaltación en la Cruz, glorificando
de esa forma al Padre quien después lo glorifica a él con su resurrección. Ese
Señorío de Cristo se manifiesta en la primacía sobre el mundo y los hombres, todas
las cosas están bajo el señorío de Cristo y fuera de él nada subsiste por sí. Él es la
imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron
creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles
e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo
fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las
cosas en él subsisten”, (cf. Col 1,15-17).
Me propuse estudiar la rama de la Cristología por su importancia y lugar dentro
de la dogmática de la Iglesia, bien pude hacerlo desde el mismo Magisterio, pero
me enfoqué en la persona de San Pablo y su modo de ver a Cristo. En realidad, el
objetivo de este trabajo es comprender al igual que Pablo, la importancia de Cristo
para el hombre, sin la mediación de Cristo el hombre está destinado a la muerte (cf.
Col 2,21-22). Así como Cristo es el fundamento de la vida del hombre lo es también
para la Iglesia, Cristo es cabeza de la Iglesia porque por medio de él obtenemos la
salvación.
Además, me llamó mucho la atención la rama cristológica porque es de ella de
donde se desprenden las demás doctrinas, «la Cristología es el centro de la
Teología. Toda otra cuestión teológica sobre Dios, sobre la Iglesia, sobre el hombre,
6
sobre el mundo presente o futuro, depende de lo que hayamos dicho en la
explicación de esa profesión de nuestra fe»1, negando un aspecto de Cristo, es
negar la verdad de la Iglesia. Walter Kasper dice que la profesión “Jesús el Cristo”
resume toda la fe cristiana 2. Por tanto, me atrevo a decir que la Cristología es la
columna vertebral de toda la dogmática, sin ella no podríamos explicar la razón del
hombre, la Iglesia, el mundo, y el destino final del universo. Aunque consideremos
que ya se haya dicho de todo sobre la cristología, siempre será un misterio la
totalidad de la vida de Cristo. Es así como nació el deseo de ofrecer una explicación
de la cristología paulina.
El desarrollo de este trabajo está comprendido por cuatro capítulos, cada uno de
ellos con un fin en específico: en el primer capítulo me enfoque más sobre algunos
datos biográficos de San Pablo y la experiencia que tiene en su encuentro con el
resucitado, es impresionante cómo a pesar de no tener relación directa con Cristo
recibe por revelación su misterio de salvación, esto le lleva a Pablo a no quedarse
con esa experiencia sino a desear anunciarlo, enseñarlo y proclamarlo por medio
de su Evangelio. Además, en este primer capítulo realizo un paralelismo entre Adán
y Cristo, si por Adán entro el pecado en el mundo y junto a eso la muerte, por Cristo
obtenemos la justificación y con eso la vida.
En el segundo capítulo consideraremos el himno cristológico tomado del libro de
colosenses 1, 12-20, desde un análisis que nos ofrecen varios autores el himno se
divide en dos partes: la primera, resalta el primado de Cristo sobre la creación, Cristo
es el motivo y la causa por la que fueron creadas todas las cosas, además, todas
tienen su consistencia en él; en la segunda parte se resalta la primacía de Cristo
sobre la Iglesia, su nueva creación. La Iglesia es el cuerpo de Cristo que perpetúa
su redención. Pero en este capítulo, realice un aporte muy personal, consistió en
agregar una tercera parte al himno, la cual, está compuesto por el V.15, Cristo al
ser imagen de Dios, expresa consigo la relación filial que existe entre ambos. Si
Dios se complace en Cristo quiere decir que existe una relación mutua entre ambos.
1 JOSE RAMON BUSTO SAITZ, Cristología para empezar, 9
2 W. KASPER, Jesús, el Cristo, 14
7
En el tercer capítulo tengo presente otro de los grandes himnos que Pablo utiliza
para expresar su doctrina Cristológica. Es el himno de la carta a los filipenses 2,6-
11, en este himno se concentra la actividad salvífica de Cristo, y por medio del cual
Pablo quiere animar a la comunidad de Filipo a buscar la unidad y perseverancia en
la fe en Cristo. De forma sintética podemos decir que este himno tiene una
estructura de descenso y ascenso, que consiste en la forma en que Cristo se abaja
a la condición humana y asume todo el sufrimiento hasta el extremo de morir en la
cruz, todo esto por obediencia al Padre, a su vez, tal obediencia permitió que Dios
no se olvidase de él, sino que, lo exaltó sobre toda la humanidad otorgándole
dignidad y poderío divino.
Para finalizar, en el cuarto capitulo hago una consideración de la importancia de
la cristología paulina en la actualidad, me enfoque en tres autores; K. Barth, R.
Bultmann y Joseph Ratzinger. Cada uno de ellos analiza la cristología paulina desde
puntos de vista diferentes.
K. Barth, considera a la persona de Cristo como el vínculo de unión entre Dios y
el hombre, por medio de Cristo el Padre realiza su designio salvador, he ahí la
importancia de Cristo para K. Barth, sin la mediación de Cristo el hombre aun no
hubiese sido justificado. Cristo desvela el ministerio salvífico de Dios. por eso,
considera que no podemos vivir hoy en día ignorando la salvación que trajo Cristo
consigo, porque de lo contrario el hombre se constituye su único dueño y caería en
el error y la ignorancia. En la muerte de Cristo el hombre encuentra un sentido a su
existencia, en esa muerte el hombre encuentra vida.
R. Bultmann, para él la cristología se mueve dentro del plano antropológico y
soteriológico, si consideramos la situación del hombre antes de la venida de Cristo
encontramos a un hombre que busca su salvación, pero no la consigue porque el
hombre mismo se considera malo por naturaleza, pero Bultmann, desde la misma
esencia del ser del hombre, explica que existe una apertura a la trascendencia, y
eso lo ve claro san Pablo, por eso realiza la doctrina de la justificación, dando
esperanza mediante el acontecimiento salvífico de Cristo. Con eso, Pablo entiende
que el hombre no puede redimirse a sí mismo, por su condición. Sin embargo, esto
8
es posible por la misma iniciativa de Dios de querer redimir al hombre en su totalidad
y ese acontecimiento lo lleva a cabo Cristo. La salvación es un regalo que Dios
concede a la humanidad por mediación de Cristo y que el hombre debe aceptar por
medio de la fe.
Benedicto XVI, considera que la Cristología paulina no debe quedarse solo en los
datos y acontecimientos salvíficos que Cristo ha realizado, sino que nos debe de
llevar tener un auténtico encuentro con el Resucitado, de modo que, al igual que
Pablo tuvo un cambio en su vida, nosotros también la podamos experimentar con
ese encuentro. Pero eso, no se debe quedar solo ahí, sino que debemos de
manifestarlo con nuestra actitud y nuestra predicación. El anuncio de Cristo es un
elemento necesario para hoy en día, para devolver la esperanza de salvación a toda
la humanidad, por eso, Benedicto XVI nos invita a que debemos confesar y
testimoniar a Cristo con nuestras vidas.
9
CAPITULO I
Aspectos de la Cristología de Pablo
Considero que abordar el tema cristológico desde el enfoque paulino es girar en
torno a la persona de Cristo resucitado de entre los muertos, si bien sabemos que
en muchos tratados cristológicos el punto inicial es la Encarnación del Verbo, y
desde aquí se desglosan otras características que en el desarrollo del tratado se va
reflexionando. Sin embargo, son varios los teólogos, padres de la Iglesia, escritores
católicos y protestantes que se dedican al estudio cristológico y cada uno de ellos
conciben a Cristo desde una misma óptica; Cristo la segunda persona de la
Santísima Trinidad que se encarnó, padeció, murió y resucitó para la salvación de
los hombres. Pero al abordar la cristología desde el punto de vista paulino suscita
un gran interés, porque san Pablo, aunque no haya tenido una relación directa con
Cristo, como los apóstoles, describe a la persona de Cristo como; amoroso (cf. Ef
5,2), vivo y cercano (cf. Rm 8,10; Gal 2,20), al centro de todo (cf. Col 1, 15-20),
10
humillado y exaltado (Fil 2,6-11), justo que otorga la salvación a toda la humanidad
(cf. Rm 1,16).
Esta experiencia paulina trae consigo mucho valor dogmático en la forma en que
describe san Pablo la persona de Jesucristo, permite que las personas tengan para
sí un mejor concepto de Cristo. Por esa razón, considero que es oportuno hablar
algunos datos sobre san Pablo, para que conociendo su contexto podamos llegar a
conocer mejor su pensamiento.
¿Quién fue Saulo?
Describir a la persona de Saulo, es una tarea que resulta provechosa para
conocer su vida y su conversión. Es interesante poder notar cómo la persona de
Pablo resalta mucho dentro del pensamiento católico y más en todo el canon del
nuevo testamento, de quien, de los 27 libros que posee al menos 13 son de él. No
vamos a estudiar carta por carta, nuestra meta en todo este trabajo es encontrar la
síntesis de su Cristología.
Saulo, israelita, del linaje de Abrahán, hijo de padres “hebreos”, es decir, judíos
de origen palestinos y de lengua aramea y de la tribu de Benjamín, nació en Tarso,
capital de la provincia romana de Cilicia, hacia el año 5 de nuestra era. Se conoce
esto por los testimonios encontrados en Hch 21,39; Flp 3,5; 2 Cor 11,22.
Sus padres eran del norte de Galilea, pero muy probablemente fueron llevados a
Tarso como prisioneros de guerra y vendidos como esclavos, a causa de la
insurrección surgida a la muerte de Herodes el Grande (año 4 a.C.)3.
Si de Saulo se dice que era ciudadano romano de nacimiento (cf. Hch 16,37;
22,25-28), se explica porque sus padres debieron ser liberados de la esclavitud, ya
sea por sus amos romanos o por los servicios prestados al Imperio, convirtiéndose
así en ciudadanos romanos. En este caso, Saulo heredó automáticamente la
ciudadanía romana de sus padres. Por esa razón, Saulo tiene en sí tres culturas
3
SALVADOR CARRILLO ALDAY, M.Sp.S, Pablo, Apóstol de Cristo, su vida y sus epístolas, 13
11
distintas; el judaísmo desde el punto de vista religioso, el helenismo por la lengua,
y el romano por su aspecto político.
La ciudad de Tarso, capital de la provincia de Cilicia, actualmente Turquía, poseía
una gran riqueza en el conocimiento de la cultura, la filosofía y la religión, «La
insignificante aldea actual era entonces, gracias a su situación apta para el tráfico y
el comercio, una floreciente ciudad helenística»4. Pero no podemos afirmar por ello
que fue aquí donde Saulo se educó porque según Hch 22,3 Saulo desde su niñez
fue educado en Jerusalén, pero existe otra teoría que considera que sus padres al
tener un buen estatus económico le permitieron que ingresaran en la gran
universidad de Tarso, de ese modo podemos comprender el nivel intelectual que
poseía Saulo.
Las lenguas le resultan fáciles para aprender desde niño, pero dominaba tres en
específico; el hebreo, el griego y el arameo, de las cuales el griego será su lengua
de origen.
Sobre su formación religiosa podemos decir que la recibió de su familia y de las
sinagogas a las cuales participaba. El entusiasmo por el conocimiento le llevo a
separarse de su familia para obtener un vasto conocimiento sobre las escrituras de
manos de Gamaliel, quien era un rabino reconocido, «Saulo, pues, antes de ser
llamado a la fe, se nos presenta equipado con una notable serie de cualidades
humanas y religiosas: era a la vez israelita por su raza, griego por su cultura y
romano por su ciudadanía; era un judío practicante y un fariseo exigente. Dios lo
fue preparando, sin que Saulo se diera cuenta, para una gran misión»5.
Por otro lado, Saulo fue una persona de un aspecto físico de baja estatura, calvo,
débil, tímido y tembloroso. Una persona que vivió el celibato al igual que Jesús, no
podemos decir que se casó y tuvo hijos, al menos en una de sus cartas invita a los
solteros y viudos a estar como él, es decir, célibe (cf. 1 Cor 7, 7-8).
4 GÜNTHER BORNKAMN, Pablo de Tarso, 28
5 SALVADOR CARRILLO ALDAY, M.Sp.S, Pablo, Apóstol de Cristo, su vida y sus epístolas,15
12
Por último, se dice que Saulo fue un perseguidor de los cristianos los cuales
profesaban la fe en Jesús de Nazaret, el motivo de esta persecución se daba porque
para Saulo la salvación se daba por la observancia de la ley, pero los cristianos
predicaban la salvación puesta en Jesús. Saulo consideraba que los cristianos
estaban en un error, que debía ser corregido frontalmente, y por eso comenzó a
perseguirlos (cf. Flp 3,5-6), «Saulo persiguió a la Iglesia de Dios por celo de la Ley
de Moisés»6. Según Saulo los perseguía encarnizadamente.
Sobre su muerte podemos decir que llevo la suerte de ser martirizado al igual que
Juan el Bautista, sobre este testimonio Tertuliano quien precisa la circunstancia de
la muerte de los apóstoles: Pedro y Pablo «padecieron el martirio en tiempos de
Nerón, uno fue crucificado como Jesús, el otro decapitado como Juan el Bautista»7,
los autores entienden que es muy difícil determinar el año exacto de la muerte de
Saulo, pero al decir que fue en tiempos de Nerón se precisa que fue entre los años
60-65.
Un Cristo vivo y cercano
Antes de poder describir la demostración que hace Saulo sobre Cristo, al
demostrarlo como; vivo y cercano, debemos hacer énfasis en el cambio de nombre
que existe de Saulo a Pablo. Primero que nada, leemos en el libro de los hechos de
los apóstoles, principalmente en los capítulos 7-13, el nombre de Saulo, pero ya en
el capítulo 13, 9 leemos: entonces Saulo, que también es Pablo, y desde este
momento, en el libro de los hechos de los apóstoles, se hará referencia a él como
Pablo.
Pero ¿Qué significa el cambio de nombre? O ¿San Pablo tiene dos nombres?
Más que eso, «este doble nombre no es, de hecho, más que un ejemplo más de la
asociación de un nombre romano y de otro hebreo entre los judíos de la
antigüedad»8. Saulo, nombre hebreo, hace referencia al nombre del primer rey de
6 JORDI S. BOSCH, Escritos paulinos, 22
7 SIMON LÉGASSE, Pablo Apóstol, 272
8 Ibid., 45
13
Israel, de la tribu de Benjamín, y Pablo, es la traducción latina de Saulo, y significa
Pequeño.
El encuentro que tuvo san Pablo con Cristo en el camino hacia Damasco, le llevo
a darse cuenta de la verdadera razón de su existencia, este encuentro llevo a Pablo
a la conversión y desde entonces se convertirá en el apóstol de los gentiles «por vía
carismática»9 y es propio de esa vía tener visiones y oír palabras. Le basto a Pablo
tener esa experiencia de Cristo para convertirse en apóstol (cf. 1 Co 9,1ss). De aquí
en adelante Pablo deja de ser Perseguidor a ser proclamador del Cristo Resucitado.
Sin embargo, no se considera como el apóstol más importante y el primero sino
como el último de los apóstoles el cual tiene la misión de anunciar a Cristo glorificado
a los gentiles. Ese es el motivo principal por lo que Pablo dentro de su cristología
intenta mostrar a los gentiles a un cristo vivo y cercano. Y esto lo hace mediante la
predicación de su evangelio.
El evangelio, como buena nueva, contiene en sí una narración de la misma
persona de Cristo. El evangelio de Pablo no es un evangelio diferente al de los
demás apóstoles, Pablo conoce un solo evangelio y va a condenar aquellos que
intenten enseñar otro evangelio distinto (cf. Gal, 1-6). «No obstante, el evangelio de
Pablo no fue proclamado en forma de relatos sobre lo que Jesús dijo o hizo. Para
él, el evangelio es Jesucristo mismo. Y afirma enérgicamente que este es el
evangelio de Dios (cf. 1Tes 2, 1.8.9), que le ha sido confiado por el mismo Dios»10.
Por tal razón, se siente en la obligación de anunciarlo, enseñarlo y proclamarlo.
Teniendo claro el centro del mensaje cristiano paulino, podemos afirmar con total
serenidad de que san Pablo anuncia a un Cristo vivo, resucitado de entre los
muertos y él dirá: Dios se complació en salvar a los creyentes por la locura de la
predicación. Puesto que los judíos piden signos y los griegos buscan sabiduría,
nosotros, en cambio, predicamos un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y
locura para los paganos; pero para los llamados judíos o griegos, Cristo es poder
9 JORDI S. BOSCH, Escritos paulinos,24
10 JOSEPH A. FITZMYER, Teología de San Pablo, 71
14
de Dios y sabiduría de Dios (cf. 1 Cor 1,21-25; Rm 1,16; 2 Cor 4,4). A ese Cristo
crucificado, Dios lo resucitara de entre los muertos, por eso el evangelio de Pablo
es un evangelio de un Cristo vivo. Este Cristo vivo fue glorificado por Dios y
anunciado a los hombres.
Ahora bien, ¿cómo podemos demostrar la cercanía que habla san Pablo para
con los hombres? La carta a los romanos 8,10 nos da una respuesta cuando dice;
más si cristo esta entre vosotros, aunque el cuerpo este ya muerto a causa del
pecado, el espíritu es vida a causa de la justicia que habéis recibido. Desde un
primer momento podemos afirmar que esa cercanía de Dios para con los hombres
se realiza de modo espiritual, por la misma efusión del espíritu en los hombres. Otro
texto nos aclara esa cercanía, y la podemos ver en la carta a los gálatas 2,20; ya no
vivo yo, pero Cristo vive en mí. Todavía vivo en la carne, pero mi vida esta afianzada
en la fe del hijo de Dios que me amo y se entregó así mismo por mí. Con este otro
texto también podemos darnos cuenta de que Pablo hace referencia de la cercanía
de Cristo en los hombres de forma espiritual. De esa forma Cristo se convierte en
sujeto de todas las acciones vitales del ser humano.
Desde el antiguo testamento podemos darnos cuenta que Dios es quien se da a
conocer a los hombres y exige ser reconocido, por tal razón, desde el antiguo
testamento Dios se hace un ser cercano para con los hombres y los conduce hacia
su salvación. Sin embargo, dentro de la teología paulina esa cercanía de Dios se
manifiesta en la misma vida del cristiano, en la que el que tiene que habitar es Cristo;
ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Cristo habita en nosotros «para
comunicarse (hablar y escuchar) y para comunicarnos sus dones»11. Esta vida en
Cristo, estaría marcada por una ética que nos orienta a conseguir un actuar
cristiano. «Su ética no sería ética si no contuviera exhortaciones y reproches y no
sería cristiana sino colocara en el seno mismo de la exhortación la perspectiva de
participar un día plenamente en la gloria de Cristo»12.
11 JORDI SANCHEZ BOSCH, Maestro de los Pueblos, 298
12 Ibid., 299
15
Ahora bien, cómo se entiende esa cercanía Cristo desde una mirada actual.
Como una experiencia de Dios, en la que el católico desde la misma fe experimenta
esa llamada a la trascendencia y es consciente de que en medio de lo cotidiano está
llamado a la vida sobrenatural, el vaticano segundo hace referencia a ello, como la
llamada universal a la santidad que el mismo Dios del antiguo testamento le hace a
la humanidad entera: «Todos los fieles cristianos, de cualquier condición y estado,
fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el
Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que
es perfecto el mismo Padre»13.
El paralelismo Paulino; Cristo-Adán
«Un nuevo mundo ha sido creado en Cristo para los hombres»14. Esta frase tiene
mucho sentido al comparar la persona de Adán con la Persona de Cristo, con Adán
se daba inicio a la historia de la humanidad en esta tierra, pero lamentablemente
tras la desobediencia la humanidad quedo herida en su interior, pero Dios promete
un salvador, este es Jesucristo. Y en Cristo se constituye una nueva creación, en el
misterio de la Cruz.
Por esa razón, el Catecismo de la Iglesia afirma; La primera Creación encuentra
su sentido y su cumbre en la nueva creación en Cristo, cuyo esplendor sobrepasa
el de la primera15. Es mucho más lo que ha hecho Cristo en redimirnos que lo que
ha hecho en crearnos y sin Cristo nuestra vida no tendría sentido. Ante esto nos
viene a iluminar el vaticano II al decir; el misterio del hombre solo se esclarece en
el misterio del Verbo encarnado… Cristo, el nuevo Adán, manifiesta plenamente el
hombre al propio hombre y descubre la sublimidad de su vocación16. De esa forma
se constituye a Cristo como el nuevo Adán, porque en Él somos una nueva
Creación.
13 Cfr., Lumen Gentium, n 11
14 BERARD REY, La Nueva Creación según San Pablo, 55
15 Cfr., CEC, n 349
16 Cfr., Gaudium et Spes, n 22
16
Dentro de las cartas paulinas este título se le atribuye a Cristo en tres ocasiones,
aunque no de forma explícita;
En Romanos 5, 12-20, donde se hace una argumentación de la justificación de
los hombres por la obediencia de Cristo, porque, si por Adán entro el pecado por
Cristo entro la Gracia, resaltando la justificación de los hombres por obediencia de
Cristo a Dios. Se hace una analogía entre Cristo y Adán «en Cristo vemos al “un
solo hombre”, que nos salvó; en Adán, al “un solo hombre” que nos trajo la
perdición»17, por el pecado de Adán todos fuimos constituidos pecadores 18 y por
Cristo todos fuimos constituidos justificados. «Dios nos encerró a todos en la
desobediencia, era con el fin de tener de todos misericordia»19.
En 1 corintios 15,22 en el que el significado de Cristo nuevo Adán, manifiesta la
resurrección de toda la humanidad, puesto que «por un solo hombre, Adán, toda la
humanidad fue condenada a morir; por un solo hombre, Cristo, todos están
destinados a resucitar»20. Quien niegue la resurrección de los muertos, niega la
resurrección de Cristo. Por tanto, la resurrección de Cristo implica, pues, la
resurrección de todos. «Cristo sustituye el reino de la muerte, instaurado por Adán,
por el reino de la vida; actualmente los dos reinos coexisten, pero “al final” sólo
permanecerá el reino de la vida»21.
En 1 Corintios 15, 45 dice; en efecto, así es como dice la Escritura: el primer
hombre Adán, fue hecho alma viviente; el ultimo Adán, espíritu que da vida.
Significa, pues, que el primer hombre fue un ser dotado de vida por su alma, pero
de una vida puramente natural y sometido a las leyes del desgaste y la corrupción.
Pero en el último Adán, Cristo, el hombre obtendrá un cuerpo glorificado, a
semejanza del de Cristo resucitado, «dicho de otro modo, al mundo terreno de la
17 JORDI SANCHEZ BOSCH, Maestro de los Pueblos, 243
18 Podemos entender que por la desobediencia de Adán toda la humanidad fue constituida
pecadora, por tanto, se hace una referencia universal. Si se afirma que no todos fueron constituidos
pecadores, seria considerar que la muerte y redención de Cristo no la hubiesen necesitados todos
los hombres.
19 BERNARD REY, La nueva Creación según san Pablo, 89
20 Ibid., 59
21 Ibid., 61
17
carne, de la flaqueza y debilidad, de la corrupción y de la ignominia, sigue y
reemplaza un mundo divino de dominio y potestad, de incorrupción y de gloria»22.
Por tanto, en la primera carta a los corintios, principalmente en el capítulo 15, la
analogía entre Adán y Cristo, viene a manifestarle al hombre;
➢ La instauración de la nueva creación en Cristo.
➢ La afirmación de la resurrección de los muertos.
➢ La resurrección con un cuerpo glorificado.
➢ La justificación de la humanidad por la obediencia de Cristo.
Cada una de estas conclusiones del capítulo 15, muestran que, en Cristo resucitado,
la humanidad tras el pecado ha sido instaurada en una nueva creación. «Como es
Cristo en la Gloria, en su ser glorioso, así serán los resucitados. Este reino de Dios,
que quedo cerrado para los hombres desde que Adán fue arrojado del paraíso, de
nuevo les va a ser accesible en Cristo»23.
22 Ibid., 71
23 Ibid., 75
18
CAPITULO II
Himno Cristológico (Col 1,12-20)
Si bien, en el capítulo anterior intente mostrar de forma breve la vida del apóstol
Pablo, hemos visto, por decirlo así, el inicio de su gran aporte a la teología católica.
Es muy interesante poder notar cómo el apóstol, desde su encuentro con el
Resucitado, cambia su modo de pensar y de vivir, pero no hace esa experiencia
muy individual, sino que la quiera dar a conocer a todo el mundo y, principalmente
quiere demostrar a ese Resucitado de forma gloriosa y viva. También, hemos visto
la forma de presentar a Cristo a la humanidad, como cercano y vivo, y, además,
estudiamos el paralelismo entre Cristo-Adán.
19
Por eso, ahora en este capítulo comenzaremos centrando nuestra mirada en la
doctrina cristológica de Pablo, «ahora queremos considerar su contenido doctrinal,
porque no se trata sólo de un texto inspirado que revela aspectos del misterio de
Cristo, sino también de una página de gran valor especulativo»24. Cuando se dice
especulativo, hacemos referencia a que Pablo, no se limitó simplemente a expresar
el misterio revelado, sino que manifiesta su consideración sistemática y teológica,
es decir, Pablo quiere dejar su pensamiento teológico sobre el misterio de Cristo, y
ahí podemos encontrar su soteriología, su cristología, su eclesiología, su
antropología y su ética cristiana.
Digamos que San Pablo es un apóstol que elogia tanto a Cristo, al querer
demostrar a los gentiles su ministerio.
Por esos, vamos a estudiar la riqueza cristológica que nos presenta el libro de
colosenses, «el autor de la carta vuelve a proponer en una composición poética
inicial el primado de Jesucristo tanto en el ámbito de la creación como en el de la
redención o reconciliación universal»25. Esta carta fue escrita por san Pablo estando
en prisión y estaba dirigida a un grupo de personas que él no evangelizo, sino lo
hizo uno de sus ayudantes llamado Epafras (Cf. Col 1,7-8).
La estructura de la carta inicia mostrando a Jesús exaltado, Y en la biblia de
Jerusalén a esta parte la titula, parte dogmática, porque es consciente del valor
teológico que San Pablo quiere demostrar, no solo a los colosenses, sino a toda la
humanidad. El himno cristológico de colosenses es el siguiente:
12. gracias al Padre que os ha hecho aptos para participar en la herencia de los santos
en la luz.13. Él nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino del Hijo de su
amor, 14. en quien tenemos la redención: el perdón de los pecados. 15. Él es Imagen de
Dios invisible, Primogénito de toda la creación, 16. porque en él fueron creadas todas
las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las
Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él, 17. él
existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia. 18. Él es también la
24 Cfr., CLAUDIO BASEVI, Doctrina Cristológica del himno de col 1,15-20, 1
25 RINALDO FABRIS, Para Leer a San Pablo, 148
20
Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia: Él es el Principio, el Primogénito de entre los muertos,
para que sea él el primero en todo, 19. pues Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la
Plenitud, 20. y reconciliar por él y para él todas las cosas, pacificando, mediante la sangre
de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos.
La carta inicia con un poema que trata sobre el Mesías crucificado y exaltado. La
carta en sí tiene dos versos paralelos; el primero, explora cómo Jesús es la
verdadera imagen de Dios, en él, todo el carácter y propósito de Dios están
encarnados en un ser humano, él es el primogénito, una frase del Antiguo
Testamento que expresa la estatura real de Jesús sobre toda la creación, el
comparte su identidad con el Dios verdadero y creador, y a través de él todo ha sido
creado, lo espiritual y lo humano. En Jesús descubrimos al mismísimo autor de la
creación.
En el segundo verso; descubrimos que Jesús produce una nueva creación, él es
la cabeza de un nuevo cuerpo, la nueva humanidad y el pueblo de Jesús,
reconciliado en la muerte y resurrección.
Son dos cosas que trata en este himno san Pablo; la creación y la redención, una
deriva de la otra, por eso se ve entre ambas una mutua correspondencia, para
decirlo en otras palabras, a la humanidad caída le corresponde una humanidad
redimida, «en efecto, este es el elemento más relevante de todo el himno; la
correspondencia y continuidad entre la creación y la redención»26. Por esa razón,
«pueden señalarse en el himno dos estrofas: vv. 15-17, dedicada a la creación y al
cosmos, y vv. 18-20, que trata de la Iglesia y de la salvación»27.
Pero no solo estudiaremos la relación que existe entre Cristo, la creación y la
Iglesias, sino que me atrevo a agregar un verso más a este himno, y lo tomaré del
versículo 15a: él es imagen de Dios invisible, el cual, desde mi punto de vista,
primero debemos aclara la mutua filiación entre Cristo y Dios, para poder entender
la obra creadora y la obra redentora.
26 Cfr., CLAUDIO BASEVI, Doctrina Cristológica del himno de col 1,15-20, 3
27 FEDERICO PASTOR, Corpus Paulino II, 110
21
Algunos autores se atreven a mencionar que el himno comienza en el verso 15,
pero dado que desde el verso 12 se comienza hablando de la redención, se
considera que el himno comienza aquí. No obstante, interpretando los versos 12-14
son una forma de súplica y acción de gracias a Dios por la redención llevada a cabo
por el Hijo, el cual, no solo nos libera de las tinieblas, sino que nos hace participes
de su Reino y nos perdona los pecados. Con lo mencionado en el verso 14 se
introduce a demostrar la primacía de Cristo.
Relación con Dios (o Filiación Divina)
San Pablo presenta a Cristo como, imagen de Dios invisible y, de hecho, lo es.
San Pablo expresa de esa manera lo que el mismo Cristo había afirmado: quien me
ha visto a mí, ha visto al Padre (cf. Jn 14,9), y en muchos otros pasajes Cristo
demostrara su relación con el Padre.
También san Pablo en varios pasajes demuestra la relación estrecha entre Cristo
y Dios (cf. Rm 1,7; 6,4; 15,6; 1 Cor 1,3; 8,6; 2 Cor 11,31; Gal 1,1-3; Flp 1,2; 2,11),
con ello entendemos que Cristo, segunda persona de la Santísima Trinidad, posee
una relación directa con el Padre, incluso en este himno que estudiamos vemos en
el verso 13 que dice: él nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino
de su Hijo querido. Por lo cual entendemos que nada hace el hijo sin el Padre, y el
Padre sin el hijo.
Walter Kasper comprende que esa relación entre Cristo y Dios, se puede abordar
desde la misma frase que utiliza Jesús al referirse a Dios como su Padre, «desde
este exclusivo mi Padre, se percibe una relación intransferible y única de Jesús con
Dios»28, es decir, el título de hijo de Dios no es algo que se atribuye a Cristo en
forma de adopción, sino que de él se dice de una forma única y especial, tampoco
es algo que Cristo se haya atribuido así mismo, sino que es hijo natural del Padre y
lo demuestra en su obediencia y entrega filial a su voluntad. Y por eso Kasper
comprende que Jesús, como hijo se le ha dado pleno poder, se le ha entregado todo
para revelarlo a los demás, y como hijo debe hacer hijos a los demás, es decir, «el
28 WALTER KASPER, Jesús, el Cristo, 135
22
ser de Jesús como hijo es inseparable de su misión y de su servicio. Él es la
existencia de Dios para los otros»29. Por lo cual, en Kasper comprendemos que la
relación existente entre Dios y Cristo se manifiesta en la filiación natural, del Hijo al
Padre, que se expresa en la misión y servicio de Cristo, y por medio de la cual nos
hace participes de esa filiación.
Para san Pablo, también esa relación es única y especial, es decir, es una
perfecta filiación, y lo expresa del mismo modo que Kasper, con el termino mi Padre,
diciendo; Así todos juntos y a una sola voz alabaréis a Dios, Padre de nuestro Señor
Jesucristo (Rm 15,6); Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre
misericordioso y fuente de todo consuelo (2 Cor 1,3). En el fondo de estos textos
podemos comprender la paternidad divina de Dios hacia Cristo, la relación íntima
que existe entre Cristo y Dios, y por eso Cristo se refiere a él como Abbá+.
Y al Igual que Kasper, en san Pablo vemos que esa relación entre Cristo y Dios
se extiende a toda la humanidad, de forma que participando de la redención de Dios
nosotros nos hagamos hijos por el hijo. Pero san Pablo «especialmente nos asegura
que la paternidad de Dios respecto a Jesucristo es esencialmente distinta de la que
ejerce respecto a cualquier otro hombre»30. Cristo es Hijo natural, nosotros somos
hijos por adopción que gozamos de los méritos de Cristo.
Relación con la creación (o Señorío cósmico de Cristo)
Este es el primer verso, como dicen muchos autores, del himno cristológico que
abarca los versículos 15-17 y en el cual podemos notar afirmaciones como;
primogénito de toda criatura (…) en él fueron creadas todas las cosas del cielo y de
la tierra, visibles e invisibles (…) todo fue creado por él y para él (…) él es anterior
a todo, y todo tiene en él su consistencia, resalta parte de la doctrina cristológica de
Pablo.
29 Ibid., 137
30 JORDI SÁNCHEZ BOSCH, Maestro de los Pueblos, 75
23
La idea general es clara: Cristo está por encima de toda la creación, en cuyo
origen ha influido y a la que sigue dando consistencia. De ahí que es muy importante
para la cristología paulina el manifestar el primado de Cristo sobre el cosmos.
La soberanía de Cristo sobre la creación nos lleva a considerar el carácter
cristológico de toda la realidad, «es demasiado obvio, dado el tenor de las
expresiones, que el primado de Cristo no es de dominio impositivo, sino, por así
decirlo, más ontológico»31, lo que significa que en orden al ser de las cosas Cristo
es modelo de la creación, en cuanto perfección y plenitud del Ser, es como si Dios,
al crear, primero hubiese pensado en su Hijo encarnado, y conforme a ese modelo,
reflejo e imagen de sí mismo, hubiese formado a las criaturas. Pero eso no significa
que Cristo sea un ser creado. Jesucristo no es el primer ser creado, sino el que esta
sobre toda la creación, es decir, él es el creador.
Y por eso se dice de él que es primogénito de toda criatura, lo que nos lleva a
pensar que él no comenzó a existir en la creación. Cristo existió antes de la creación
del universo y por esa razón esta exaltado por encima de todo lo creado. De su
preexistencia hablaremos en el siguiente capitulo. En los versículos 16/17 se resalta
la soberanía de Dios que se extiende sobre lo visible e invisible y todas las
potestades.
La finalidad de la epístola, y en especial de este himno, es mostrar la
superioridad de Cristo sobre toda la realidad, vivible e invisible, «ahora sabemos
que esta superioridad se funda en el hecho de haber sido Cristo quien las ha creado,
lo que implica, como hemos visto, que él es anterior a ellas» 32. Y para enfatizar la
absoluta superioridad del Hijo sobre todo lo creado, lo hace con dos elocuentes
proposiciones: por él y para él.
Ambas preposiciones significan que Cristo da consistencia a todas las cosas y
todas subsisten en el Hijo y él mismo es el fin de la creación. La preposición “por él”
nos hace entender que Cristo es la causa de la creación o el motivo por el que se
31 FEDERICO PASTOR, Corpus Paulino II, 111
32 BERNARD REY, La Nueva Creación según san Pablo, 252
24
hace la creación, y con ello alude a que, desde la eternidad, Él estaba junto con el
Padre, cara a cara con el Padre, es decir, al empezar a existir la Creación y el
Universo, Cristo ya existía.
Con la preposición “para él” entendemos que Cristo es el fin mismo y la corona
de la creación «Nada escapa a su influjo, nada existe sin que esté relacionado con
él; los poderes que querían oponerse a su Reino le deben su existencia. Toda la
historia está orientada hacia él, porque sólo en él ha de hallar su culminación»33.
Ahora bien, de este primer verso podemos sacar otra enseñanza que nos
presentan varios autores y es la misma razón de identificar este señorío de Cristo,
como primicia de toda la creación, con lo que nos presenta la tradición sapiencial al
hablar de la “sabiduría”:
La sabiduría también aparece como la imagen de Dios, el espejo de su bondad y de
su existencia (cf. Sab 7,26), la sabiduría fue creada antes de todas las cosas (cf. Si 1, 4-
9), por medio de la sabiduría, Dios creo la tierra (cf. Prov 3,19) y formo al hombre (cf.
Sab 9,1)34.
Vemos entonces estas afinidades que nos presenta la tradición sapiencial sobre
la sabiduría, por eso se considera que san Pablo utilizo estas características para
poder exponer su doctrina cristológica sobre el señorío cósmico de Cristo, «quien,
pues, escribió que aquella Sabiduría, que viene a identificarse con Cristo, fue
“predestinada antes de los siglos...” bien pudo comprender que “él es antes que
todos”»35.
Relación con la Iglesia
El segundo verso del himno cristológico pretende demostrar la primacía de Cristo
sobre la Iglesia, pues, así como Cristo es primero en la creación, también lo es en
la Iglesia, la cual es su cuerpo y él es cabeza, así lo dice en otras cartas (cf. Ef 1,22-
23; 4,15;5,23) «el término «cabeza» indica a la vez la excelencia de Cristo y su
33 CHARLES AUGRAIN, P.S.S, Pablo, Maestro de vida espiritual, 257
34 BERNARD REY, La Nueva Creación según san Pablo, 248
35 JORDI S. BOSCH, Efesios y Colosenses ¿dos cartas de Pablo?, 93
25
gobierno universal y la unión estrecha con la Iglesia»36. Cristo quiere demostrar que
él gobierna dirigía y guía a la Iglesia, de la cual es cabeza, por eso, quien persigue
a la Iglesia, persigue a Cristo mismo, porque la Iglesia es su cuerpo.
En el primer verso se estudió a Cristo en orden a la creación, en este segundo
verso nos enfocaremos estudiar a Cristo en orden a la redención, «el asunto de las
dos estrofas es el mismo; en el orden de la creación como en el de la redención.
Cristo mantiene todas las cosas en el ser, es el principio y el instrumento del poder
creador y salvador de Dios»37. Cristo es el único principio, la única cabeza que
alimenta y dirige al cuerpo, y por esa razón, no debemos poner en duda la obra
redentora de Cristo que instauro en su resurrección. Si Cristo nos redime, Cristo no
salva, y por eso no debemos de buscar fuera de él los medios que conduzca a la
verdadera vida.
Por lo cual, «en Cristo, en efecto, Dios se da a conocer y en él realiza su obra
universal de salvación»38 restableciendo, no solo a la humanidad entera, sino a toda
la creación al Padre. Por eso se dice de él que es “el primogénito de entre los
muertos (Col 1,18) y, por tanto, el nuevo Adán que recapitula todas las cosas e
instaura la nueva creación. La creación estaba desorientada y lejos de Dios por el
pecado, pero cristo hace que todo se oriente de nuevo a Dios, por la obra redentora.
Cristo es el único capaz de llevar a cabo este acto, abriendo sus brazos en la
cruz trajo consigo la salvación para todo el mundo. Esta redención, obra de Cristo,
es deseo mismo de Dios, por eso Yves Congar al hablar de la redención de Cristo
dice: «Es el acto por el cual, gracias a la obediencia de Jesucristo, Dios introdujo en
el mundo el dinamismo que habrá de permitir a su creación conseguir el fin
propuesto y deseado primariamente»39. Con esto entendemos que, por medio de la
obra de Cristo, todas las cosas están de nuevo orientadas al su fin último que es
Dios, pues así lo presenta el himno que estudiamos; pues Dios tuvo a bien hacer
residir en él toda la plenitud (Col 1,19). «De esta manera los hombres, luego, con
36 Cfr., CLAUDIO BASEVI, Doctrina Cristologica del himno del Col, 1,15-20, 16
37 BERNARD REY, La Nueva Creación según san Pablo, 258
38 CHARLES AUGRAIN, P.S.S, Pablo, Maestro de vida espiritual, 255
39 YVES CONGAR, Jesús Cristo, 193
26
ellos, todas las cosas, pueden participar de esta plenitud, que primariamente se
halla en Cristo, cabeza de todas las cosas, para después comunicarse de él a todos
nosotros y a todos los demás»40.
Cristo se convierte para nosotros como el inicio de una nueva creación de forma
plena y perpetua en Dios, haciendo un mundo salvado. Tal salvación se perpetua
por medio de la Iglesia, por eso la Iglesia constituye una parte fundamental del
ministerio de Cristo, porque «todos los hombres encuentran la reconciliación con
Dios en el único cuerpo, que es la Iglesia»41, la Iglesia es continuación de la obra
redentora. De esta forma la Iglesia se convierte en plenitud de Cristo, en el sentido
que es cuerpo de toda la totalidad de la creación, y así todas las cosas visibles e
invisibles conocen mediante ella el plan salvífico de Dios.
40 Ibid., 151
41 JOSEPH A. FITZMYER, Teología de San Pablo, 181
27
CAPITULO III
Himno Cristológico Fil 2,6-11
(actividad salvífica de Cristo)
Hasta ahora hemos hecho un camino profundo sobre la persona de Pablo y su
concepción cristológica, hemos descubierto la importancia de Cristo para la
humanidad entera que lo corona como primicia de la creación y de la humanidad.
No podemos prescindir de que Cristo es cabeza de la Iglesia, a la cual le ha
encomendado continuar perpetuando su obra creadora mediante el anuncio del
evangelio.
Ahora en este tercer capítulo nos enfocaremos en un primitivo himno cristiano,
semejante al himno que hemos abordado en el capítulo anterior, que pablo
transcribe, no podemos atribuirlo directamente a Pablo, puesto que es un texto
28
primitivo, Pablo lo inserta para animar a la comunidad de Filipo y conseguir la unidad
de la misma.
Tradicionalmente ha sido interpretado en función de un esquema de descenso y
asenso divino, según el cual la kénosis de Cristo significo la renuncia a su gloria
divina con el fin de vivir una vida humana y asumir el sufrimiento. Sin embargo, su
estructura se basa manifiestamente en el esquema de la humillación, seguida de la
exaltación:
6. El cual, siendo de condición divina, no reivindico su derecho a ser tratado igual a Dios,
7. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo
semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, 8. Se rebajo así mismo,
haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. 9. Por eso Dios lo exalto y
le otorgó el Nombre sobre todo nombre, que está sobre todo nombre. 10. Para que al
nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, 11. Y
toda lengua confiese que Cristo Jesús es el SEÑOR para gloria de Dios Padre.
Este himno es muy rico y está lleno de pasajes del antiguo testamento,
especialmente la historia de Adán y su rebelión (cf. Gn 1-3) y de los poemas del
siervo sufriente en el libro de Isaías (cf. Is 40-55). Este himno es digno de
memorizarse, es una versión condensada de la narrativa del evangelio.
Antes de volverse humano el Mesías existía en un estado de gloria e igualdad
con Dios, y a diferencia de Adán, quien trato de alcanzar la igualdad con Dios, el
Mesías eligió no explotar su condición de igualdad para beneficio propio, más bien,
se despojó así mismo de esa condición, se hizo hombre, se volvió siervo de todos
los hombres y aún más permitió que lo humillaran. Él fue obediente al Padre al ir a
morir a una cruz, pero a través del poder y la gracia de Dios la muerte del Mesías
fue revertida por medio de la resurrección.
Y ahora Dios ha exaltado a Jesús como el rey sobre todo cuanto existe
otorgándole un nombre sobre todo nombre, para que toda la creación reconozca
que Jesús, el Mesías, es Señor, para la gloria de Dios Padre. En esta última
declaración pablo cita a Isaías (cf. Is 45:23) un pasaje donde toda la creación
reconoce al Dios de Israel como Señor. El punto de Pablo aquí es muy claro, en el
29
Jesús crucificado y resucitado descubrimos que el único y verdadero Dios de Israel
consiste en Dios el Padre y el Señor Jesús, así que para Pablo este himno expresa
su convicción de quién es Jesús.
Para detallar más sobre este aspecto analizaremos más detenidamente este
precioso himno que nos ha dejado san Pablo y lo dividiremos en tres partes:
1. Su preexistencia y su Encarnación (vv. 6-7)
2. Su humillación (v. 8)
3. Su exaltación (vv. 9-11)
Es un verdadero himno cristológico de un extraordinario valor dogmático y
constituye «la fórmula más precisa y acabada de la cristología paulina» 42, pues en
este himno se presenta de forma breve el conjunto de la actividad salvífica de Cristo;
«partiendo de la condición divina, asume la condición de siervo; y de la cruz es
exaltado por Dios y constituido Señor por encima de toda la creación»43.
Su preexistencia y su condición terrena (Encarnación)
La primera parte del himno cristológico gira en torno a los versículos 6/7 en los
que san Pablo quiere hacer resaltar la gloria radiante del Hijo de Dios antes de la
Encarnación, suponiendo de esta forma su preexistencia, y el abajamiento a la
condición humana. Ambas cosas queridas por Dios mismo, por lo que no podemos
suponer que hubo sometimiento de la libertad de Cristo.
La situación en la cual se encontraba Cristo antes de la Encarnación era la de un
ser igual a Dios, es decir, Cristo compartía con Dios la misma esencia divina, por
eso en varios pasajes Pablo ser refiere a él como hijo de Dios, título que muestra el
origen de Cristo y su singular relación con el Padre. «Su riqueza era ser Hijo de Dios
y su empobrecimiento, aparte de otras muchas pobrezas, fue hacerse hombre» 44.
La condición divina de Cristo, no es fruto de su resurrección, sino un hecho anterior,
del cual gozaba. «Lo que sucede es que Cristo no toma en su humanidad el estado
42 PROFESORES DE SALAMANCA, Biblia comentada, 279
43 Ibid., 272
44 JORDI SÁNCHEZ BOSCH, Maestro de los Pueblos, 182
30
glorioso y exaltante que le compete tras la resurrección, sino que toma carne de
debilidad, sometida a la obediencia y a la muerte»45
Literalmente suele traducirse «en la forma de Dios», y no cabe duda que Pablo
está aludiendo a la condición de Cristo antes de la encarnación, es decir, que Cristo
es un ser que se presentaba como Dios. Contraponiéndose a la persona de Adán,
Cristo no se aferra a su condición divina, sino que «renunció al rango o gloria
radiante de Dios, que había podido reivindicar incluso en su existencia humana»46
mientras que Adán pretende ser lo que no puede ser y fracasa. La preexistencia de
Cristo se fundamenta en la condición divina que gozaba.
Sin embargo, Oscar Cullmann comprende la preexistencia de Jesús desde las
mismas fuentes del Antiguo testamento, las cuales, por su valor propio en la historia
de la salvación, son la preparación de la venida de Cristo, es decir, en el Antiguo
Testamento encontramos la preexistencia del Hijo, Jesús existía desde antes y su
venida al mundo fue preparada por la historia de la salvación, por eso, «la historia
entera de la salvación tiende hacia la Encarnación»47.
Luego de ello aparece otra frase indicando que Cristo se despojó de sí mismo, o
como otros autores lo traducen «se anonadó» o bien aplican el término kénosis, que
da a entender el despojarse de su naturaleza divina o algunos de sus atributos
intrínsecos y esenciales, como ciencia, poder, etc. «Esta kénosis de Cristo (cf. Flp
2,7) no significa deposición del ser, del poder o del conocer divinos en una especie
de autoaniquilación, sino un acompasamiento tal de ellos a las condiciones de la
existencia finita, que le hacen posible vivir bajo las limitaciones de la creatura y
padecer las violencias en las que de hecho el hombre histórico vive» 48.
Esa interpretación nos sirve para entender algunos interpretes paulinos que
consideran que la kénosis para san Pablo no se refiere «precisamente en el hecho
de la unión hipostática con la naturaleza humana, sino en el hecho de esa unión con
45 JOSE ANTONIO SAYES, Cristología Dogmática, 220
46 PROFESORES DE SALAMANCA, Biblia comentada, 281
47 OSCAR CULLMANN, Cristo y el tiempo, 116
48 OLEGARIO GONZALES DE CARDENAL, Cristología, 396,
31
una naturaleza humana pobre, sujeta a penalidades y miserias»49. Significa que
para san Pablo la kénosis no simplemente se reduce a la unidad hipostática con la
naturaleza humana, asumiendo de esa forma la condición de hombre, sino que
también hace referencia a que se hizo hombre pobre y humilde, semejante a todos
los demás hombres, es decir, participando de todas las debilidades de la naturaleza
humana, a excepción del pecado (cf. 2 Co 5,21) y, por eso, su sacrificio es un
sacrificio agradable a Dios porque fue un cordero sin mancha y el sacrificio fue
perfecto, y por medio de ese sacrificio el hombre participa de la justicia Divina, de lo
contrario no habría sido posible nuestra justificación.
También puede entenderse como el despojo de algo que tenía, y eso en este
caso no puede ser otra cosa que aquello de lo que no quiso aprovecharse: el ser
igual a Dios, la condición propia de la gloria divina. Sino que toma una condición de
esclavo que equivale a decir «se hizo hombre», san Pablo resalta de manera
concreta la encarnación de Cristo, que se da en la plenitud de los tiempos (cf. Gal
4,4).
Con la anterior explicación sobre la kénosis no debemos entender que se
pretende rebajar la humanidad de Jesús. No obstante, si no hubiera sido diferente,
no habría podido salvarnos. Cristo compartió la naturaleza humana común a todos.
«Lo que Pablo quiere expresar con estas frases es que Cristo se hizo igual a todos
los hombres, tomó las apariencias de un hombre cualquiera»50.
Pablo no descarta la humanidad de Cristo que hace posible que se lleve a cabo
la salvación. Cristo compartió nuestra naturaleza humana, se hizo común a todos,
compartió nuestros sufrimientos y nuestras miserias. «Jesús tiene una humanidad
como la nuestra. San Juan subraya los aspectos humanos de Jesús: cansancio (cf.
Jn 4,6), sed (4,7), angustia (12,27) emoción frente a la traición (13,21) y habla
especialmente de los afectos de Jesús: el discípulo que amaba (20,2), amaba a
Marta y a María (11,5)»51.
49 PROFESORES DE SALAMANCA, Biblia comentada, 282
50 PEDRO ORTIZ, SJ, Filipenses,70
51 JOSE ANTONIO SAYES, Cristología Dogmática, 230
32
La tradición y el magisterio de la Iglesia no prescinden de este hecho ya que a lo
largo de la historia han surgido afirmaciones que manifiestan de forma absoluta la
humanidad de Cristo frente a herejías que intentan persuadirla (docetismo,
gnosticismo) definiendo «que el único y mismo Señor nuestro Jesucristo, es
proclamado juntamente perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad»52,
definición dogmática del concilio de calcedonia en el año 451. Además, la misma
profesión de fe expresa que fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació de
María Virgen.
En la patrística vemos a unos que defienden la humanidad de Cristo, como lo
hace san Irineo al afirmar que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Para
san Atanasio Cristo «se hace hombre para que lleguemos a ser Dios; se ha hecho
visible en su cuerpo, para que nos hagamos una idea del Padre invisible; ha
soportado los ultrajes de los hombres, a fin de que heredemos la incorruptibilidad»53.
Humillación de la Muerte
San Pablo en la carta a los gálatas resalta que el Padre envió al Hijo en la plenitud
de los tiempos (cf. Gal 4,4), este envió del Hijo supone consigo una finalidad que es
la salvación de la humanidad entera. Al envío del Hijo por el Padre para salvar a la
humanidad, corresponde de parte de Cristo la obediencia. Obediencia que le llevaría
asumir la muerte y una muerte de cruz. Con esto reafirmamos que Pablo «alude a
la condición humana de Jesús y a la aceptación integra de todos sus rasgos
humanos, aún los más negativos, perfectamente sintetizados en la cruz. No se trata,
pues, de una encarnación genérica; Cristo no sólo se hace hombre, sino tal hombre,
cualificado como esclavo, pobre, desvalido…»54. Cristo primero se hace hombre
para luego humillarse con la muerte en la Cruz. Cristo fue el siervo paciente de
Yahvé, que murió por los demás (cf. Is 53,3.5.7), Él no tenía pecado, por lo cual, no
tenía necesidad de morir, no tenía necesidad de ser reconciliado con Dios.
52 GIUSEPPE ALBERIGO, Historia de los concilios ecuménicos, 89
53 S. ATANASIO, La Encarnación del Verbo, P. 63.
54 FEDERICO PASTOR, Corpus Paulino II, 77
33
La humillación de Cristo llego hasta el extremo hasta asumir la muerte en la cruz,
«la muerte en la Cruz es la expresión suprema de la humillación, especialmente
para los ciudadanos romanos: muerte propia de esclavos y extranjeros»55, la muerte
en la cruz se consideraba como el acto más vergonzoso para aquel tiempo y por la
misma razón Cristo la asume, es decir, mientras la tradición primitiva solo insiste en
el efecto salvífico de la muerte de Cristo, Pablo subraya lógicamente que el valor
ejemplar de esta muerte está en el cruel castigo de la crucifixión. Por tanto, san
Pablo no quiere evitar resaltar el efecto salvífico de Cristo, pues en todas sus cartas
resalta la salvación del mundo por medio de Cristo, pero el interés que Pablo tiene
aquí es hablar de la actitud de Cristo, en su humillación. Del efecto salvífico de la
cruz Pablo lo aborda más adelante. La humillación de Cristo y su muerte en la cruz
preparan y reclaman a la vez su exaltación y su entronización como kirios, cosa que
viene hablar en el siguiente versículo.
Ahora bien, hemos descrito cómo Pablo entiende la humillación de Cristo en la
cruz, acción que no solo fue ejemplo de actitud que de debemos imitar, en el sentido
de cultivar la virtud de la humildad en nuestro ser, sino que junto a esa acción viene
un efecto que la misma tradición de la Iglesia ha interpretado como la salvación del
mundo. Por lo cual, nos sentimos obligados a describir la intención profunda de Dios
en el envío del Hijo al mundo, considero que la razón principal del envío es el amor,
tanto amó Dios al mundo que envió a su único Hijo… (cf. Jn 3,16), Por lo que
comprendemos que si Cristo murió lo hizo por amor a la humanidad, «en la cruz, Él
carga con el pecado del mundo y nos libra de él»56.
Con la muerte de Cristo la posibilidad de salvación se concede de nuevo a la
humanidad, las puertas del cielo se abren nuevamente y las personas quedan
justificadas por Cristo. «La muerte de Cristo es una muerte en el contexto del
servicio de expiación; una muerte que realiza la reconciliación y se convierte en una
55 PEDRO ORTIZ, SJ, Filipenses,71
56 JOSEPH RATZINGER, Jesús de Nazaret, 536
34
luz para los pueblos»57. Con esta acción de Cristo se borra nuestra condición
pecadora ante Dios y se restablece la relación salvífica entre Dios y los hombres.
«La muerte de Jesús es considerada como causa de nuestra salvación, y esta
causalidad se expresa, entre otras formas, bajo la categoría de sacrificio de su
sangre ofrecido a Dios»58, por eso vemos que tal acción lleva consigo una
trascendencia salvífica porque nos da la capacidad de unirnos a la Trinidad. El
hombre no tenía la capacidad de redimirse así mismo, fue el sacrificio de Cristo el
que salda nuestras deudas ante Dios. Sin embargo, tal iniciativa de redención surge
del mismo Dios, del Dios que ama al pecador y que quiere que todos los hombres
se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (cf. 1Tim 2,1-8).
A esa iniciativa de Dios corresponde la obediencia de Jesús, de la cual habla san
Pablo, que culmina con la muerte y a través de la cual se realiza la voluntad salvífica
del Padre. «La muerte de Jesús es tal que, por su propia naturaleza, se anula en la
resurrección, desemboca y muere en ella»59.
Exaltación celestial
Al estado de anonadamiento, lo que hablamos anteriormente, le sucede un
estado de exaltación. Cristo recibe del Padre, como premio de su humillación, la
gloria que tenía derecha y a la que había renunciado en la encarnación, la
exaltación. Es bastante claro que, aun cuando no se diga explícitamente, la
exaltación que viene inmediatamente después de la muerte se refiere a la
resurrección mencionada aquí con una de las formulaciones más antiguas, la
glorificación.
Cristo por haberse Negado, por haberse vaciado, por haberse abatido, y haber sido
obediente hasta la Cruz, hasta el Gólgota, Dios lo ha exaltado y le ha concedido
nuevamente la gloria que tuvo junto a él, y más aún, por haber llevado a cabo la
obra de la redención. «Exaltación significa, pues, entronización celeste y
57 Ibid., 555
58 RAHNER, K.- THÜSING, W., Cristología, 52
59 Ibid., 42
35
revestimiento de dignidad y poderío divino»60, es decir que Cristo glorificado
participa del poder y la gloria de Dios e intercede por nosotros ante el Padre. La
exaltación que recibe Cristo no hace que sea ajeno a este mundo, sino que el
revestimiento del poder, gloria y dignidad, que Dios le ha concedido, se extiende
sobre todo el cosmos.
Por eso sigue el texto diciendo que Cristo después de ser exaltado le fue concedido
el nombre que esta sobre todo nombre, de modo que el señorío de Cristo se
extiende a todo el cosmos, haciendo que el universo entero este sometido a Cristo,
de modo que, en los cielos, en la tierra y en los abismos toda rodilla se doble. «El
nombre de Jesús tiene en el himno un sentido funcional, pues no se trata de una
mera designación de la figura de Jesús, sino de una manera de hablar de cuanto
provoca el reconocimiento de Cristo por parte de todas las criaturas en virtud de lo
que él ha llevado a cabo cumpliendo el designio divino»61.
Este señorío universal, se explica con el termino κύριος (señor) un término que usa
Pablo para expresar el poder de Jesús resucitado y exaltado. Este término en la
antigüedad se otorgaba a los reyes y a los dioses, y ahora el Padre se lo otorga a
Jesucristo en virtud de su obra salvífica (cf. Hch 2,36). El himno concluye que toda
esta acción de Cristo es para agrado divino, para gloria de Dios Padre, quien es
fuente y origen primero de todo. «No se trata de que Cristo ahora tome el lugar del
Padre. Dios Padre sigue siendo el principio y el fin de todo»62
En general, este himno que hemos intentado explicar nos habla de la actuación
personal de Cristo en el designio salvador de Dios acerca de los seres humanos, en
cuanto un ser divino que comparte enteramente el destino y condición de la
humanidad hasta los extremos de humillarse en la cruz, sin embargo, la exaltación,
que posteriormente se resalta, nos presenta los puntos esenciales de la figura de
Jesucristo: la preexistencia, la encarnación y kénosis, la exaltación y glorificación
60 WAKTER KASPER, Jesús, el Cristo, 182
61 FEDERICO PASTOR, Corpus Paulino II, 78
62 PEDRO ORTIZ, SJ, Filipenses, 72
36
CAPITULO IV
Concepciones modernas sobre la Cristología Paulina
Veremos principalmente como en la época contemporánea dos teólogos han
dado un aporte para la interpretación del mensaje de Pablo: K. Barth y R. Bultmann.
El primero, en su libro “comentario original de la carta a los romanos”, quiere precisar
la relación entre el reino de Dios y la responsabilidad del hombre, recordemos que
el reino de Dios es la misma persona de Cristo que trae consigo la salvación de los
hombres por lo que a su vez el hombre se siente obligado a anunciar el reino de
Dios a todo el mundo. El segundo, en su libro “Teología del NT”, intenta traducir en
clave existencial el mensaje mítico de la tradición primitiva cristiana, es decir,
37
Bultmann quiere explicar que el acontecimiento salvífico de Cristo en la cruz
concede orientación y sentido a nuestra existencia.
K. Barth
El interés de Barth al estudiar la Sagrada Escritura es intentar demostrar la
relación que existen entre el hombre y Dios, así lo dice: «La relación de este Dios
con este hombre, la relación de este hombre con este Dios es para mí el tema de la
Biblia y el compendio de la filosofía»63. Y por eso comprende que Pablo no pudo
haber escrito sobre la vida de Jesús sin haber entrado en relación con él, y de eso,
el mismo Pablo relata su encuentro con el resucitado en el camino hacia Damasco.
Barth desde la perspectiva de la carta a los romanos considera que el núcleo
central del pensamiento paulino se resume en ocho puntos; la vida terrena de Jesús,
Cristo como hijo de Dios, la reconciliación mediante su sangre, Cristo y Adán, la
prueba escriturística paulina, el sacramento bautismal, la doble predestinación y la
actitud de Pablo frente a la autoridad civil. Nadie que intente hacer una cristología
Paulina hoy en día no puede evitar estos acontecimientos, ni considerarlos
incomodos para el pensamiento moderno. Sin embargo, Barth no niega que existen
pasajes en la carta a los romanos que son difíciles de explicar, porque él ha «podido
hablar de ellos explicando relativamente»64.
Desde el inicio debemos comprender que la cristología paulina va ligada a la
soteriología de la que Pablo habla fuertemente. Entiendo que, aunque Barth no
desarrolla una cristología paulina explícitamente, lo hace implícitamente al
demostrar la salvación que trajo Cristo y con lo que debemos estar sumamente
agradecidos. Cristo seria la parte constitutiva de la relación entre Dios y el hombre
y se funda por medio de su redención que trajo consigo la reconciliación de los
hombres y del mundo entero con su sangre. Por eso Barth considera que, sin tal
restauración, sin tal mediación de Cristo, «el hombre es su propio señor. Su unidad
con Dios está tan rota que la restauración se nos antoja ya imposible. Su condición
63 KARL BARTH, Carta a los Romanos, 54
64 Ibid., 56
38
creatural es su grillete. Su pecado es su culpa. Su muerte es su destino. Su mundo
es un caos informe de fuerzas naturales, psíquicas, y de algunas que se hinchan y
deshinchan. Su vida es pura apariencia»65. No habría esperanza alguna, pero
gracias a la mediación de Cristo, el hombre encuentra en él la esperanza de
salvación.
Cristo desvela el misterio salvífico de Dios. En Cristo habla Dios, se presenta
como el salvador, «se afirma a sí mismo negándonos a nosotros tal cual somos y al
mundo tal cual es»66, eso significa que Dios por medio de Cristo niega nuestra
condición pecadora para otorgarnos la condición salvadora, lo que significa que él
nos justifica justificándose así mismo.
La persona de Jesucristo es el contenido de la justicia de Dios que ha llegado a
la humanidad y se ha manifestado a los hombres. «Jesús, conocido como el Mesías,
confirma, acredita y corrobora toda impaciente espera humana»67, lo que nuestros
padres esperaron en el AT, lo que la historia de la salvación anunciaba en Cristo se
llega a la plenitud. Cristo es la plenitud de la historia de la salvación, su vida es la
obediencia perfecta a la voluntad de Dios. «Se pone como pecador entre los
pecadores. Toma la forma de esclavo… Por eso Dios le exaltó, en la exaltación es
conocido como el Cristo, con la exaltación se convierte en la luz de las cosas últimas
que brilla sobre todos y sobre todo»68.
Y a esa salvación nosotros accedemos por la fe. La fe que es sentir y comprender
el amor de Dios totalmente insensible, y según Barth es el «a pesar de», que
significa que a pesar de que nos encontramos en un mundo contra corriente a las
enseñanzas de la Iglesia nuestra fe en Cristo sigue permaneciendo. La fe es creer
en Dios a pesar de las circunstancias de la vida.
Barth comprende que hoy no podemos prescindir de la redención que trajo Cristo
consigo mismo. Cristo nos ha hecho justos ante Dios. La redención de Cristo es
65 Ibid., 85
66 Ibid., 88
67 Ibid., 145
68 Ibid., 146
39
cumplimiento de la voluntad de Dios y, sobre todo, más que la obra realizada es la
misma vida de Jesús la que lo hace posible, pues Dios exhibió a Jesús como
instrumento de propiciación (cf. Rm 3, 25), «la vida de Jesús es el lugar de la historia
cualificado por Dios para la reconciliación, el lugar de la historia que Dios ha
humillado y ensalzado con miras a la reconciliación»69. Y como punto culmen, como
el sello de la redención, está el derramamiento de la sangre de Jesús, es la firma
que asegura nuestra salvación.
En la muerte de Cristo el hombre encuentra un nuevo sentido a la existencia, por
la misma razón que con su muerte concedió vida al mundo. Con ese morir de Cristo,
Dios demuestra su amor por nosotros. «Ese morir es la abolición más radical y, con
ello, la quintaesencia y la fundamentación de toda escala de valores, es la
diversidad absoluta (no sólo relativa) de Dios en comparación con nosotros y, con
ello, la inseparable comunión entre él y nosotros»70. Y de esa forma el hombre goza
de nuevo de la comunión con Dios. Ahora bien, es muy interesante como Barth
comprende que la salvación ha llegado por iniciativa de Dios, el hombre por sí
mismo no podía hacer nada, por eso desde el AT todos los sacrificios ofrecidos a
Dios no lo complacían. Solo el mismo y único sacrificio de Cristo en la Cruz restaura
al hombre, haciendo de él un hombre nuevo, por eso las personas encuentran el
sentido a su existencia desde Cristo; quien demuestra que el hombre es llamado
para estar con Dios.
En K. Barth, comprendemos la Cristología paulina desde la misma acción
salvífica de Cristo. Es interesante como el autor comprende la necesidad de
salvación que tenía la humanidad y está por sí misma no podía redimirse. No era
capaz. Sin embargo, por iniciativa de Dios redime al hombre en la persona de Cristo,
el cual se hizo hombre, y desde nuestra condición lleva a cabo la obra de salvación.
Con su muerte devuelve al hombre su antigua condición, que es la participación de
la gloria de Dios. Pero cabe resaltar que solo podemos gozar de ella en la medida
en que nos adhiramos a Cristo por la fe.
69 Ibid., 153
70 Ibid., 215
40
Rudolf Bultmann
Al dedicarse a las consideraciones de la teología paulina comprende que San
Pablo no pudo elaborar tal doctrina si no hubiera entrado en relación con Cristo. La
relación, comprende Bultmann, no pudo ser simplemente sentimentalista o afectiva,
sino que implica conocimiento y asentimiento mediante el acto de fe, en la cual el
hombre descubre un significado a su existencia. Bultmann comprende que la
teología paulina «trata de Dios, pero no de su esencia en cuanto tal, sino
únicamente en cuanto que tiene una significación para el hombre, para su
responsabilidad, para su salvación»71, de acuerdo con esto podemos entender que,
en el pensamiento de Bultmann, la teología paulina es una antropología que se
manifiesta en la misma obra de Dios que lleva a cabo la redención. Pablo remarca
el actuar de Dios en la historia y en el mundo mediante la obra redentora, que lleva
a cumplimiento la persona de Cristo.
Bultmann no niega la cristología en San Pablo, él considera que, si prescindimos
de ese dato, cualquier interpretación que se haga al respecto es absurda y vacía.
La cristología de pablo se expresa en obra redentora, en esa voluntad de Dios por
redimir al hombre. Cristo es quien la lleva a cabo. Y su cristología, según Bultmann,
no se centra tanto «sobre la esencia metafísica de Cristo, sobre su relación respecto
de Dios y sobre sus «naturalezas», sino que habla de él como de aquél por quien
Dios obra la salvación del mundo y del hombre»72. Por eso, se considera la
Cristología paulina que es al mismo tiempo soteriología.
¿Cómo se encontraba el hombre antes de la revelación de la fe? Según Bultmann
el hombre desde la caída al pecado, quedo lejos de Dios y privado de su Gloria, sin
embargo, no se pierde en el hombre el deseo de acercarse a la divinidad, de buscar
a Dios, de reconocer su condición de pecador e intentar la forma de restituir el
hecho. El hombre tiene en su misma constitución corporal esa consciencia de
trascendencia, de comprender que no es un ser para la muerte. «El hombre es un
ser compuesto, es una unidad viviente que tiene la capacidad de orientarse hacia
71 RUDOLF BULTMANN, Teología del Nuevo Testamento, 244-24
72 Ibid., 245
41
algo bueno o malo, de tener una intención»73, significa que en la misma constitución
de nuestro ser esta ese impulso de querer un fin, de desear algo.
Si San Pablo comprende que el hombre desde siempre tuvo una relación consigo
mismo y que es responsable de su ser, Bultmann demuestra que «este ser no se
halla en el presente realizado, sino que es una meta o un proyecto y que puede
encontrar su realización o no, que puede acertar o equivocarse»74. Lo que significa
que el hombre puede ser bueno o malo. Ante esta estructura del ser del hombre, se
pone de manifiesto la opinión de Pablo, que el hombre ha equivocado su auténtico
ser, desde siempre él se considera malo. Esta es una concepción fundamental para
desarrollar su doctrina de salvación. De modo que, si todos los hombres son
pecadores por Adán, el pecado constituye el alejamiento hacia Dios, el obstáculo
que no nos deja alcanzarlo, el pecado es la negación de Dios, es rebelión contra
Dios, es negación a una vida feliz, y pretensión de buscar esa felicidad en las cosas
terrenas.
El hombre se hunde en su miseria, en su orgullo, buscando su propia justificación,
cosa que le es imposible realizar, por su misma condición de pecado, por eso
Bultmann dice: En cualquier caso, se describe la contradicción que caracteriza al
esfuerzo humano: quiere conseguir la vida y consigue solamente la muerte75. El
pecado trae consigo muerte. Rom 7, 7-25 describe detalladamente la perversión del
esfuerzo humano, que va tras de la vida y lo único que consigue es la muerte, por
eso el hombre no puede redimirse así mismo.
¿Cómo se encuentra el hombre bajo la fe? Después de haber comprendido la
situación del hombre antes del acontecimiento salvífico, ahora nos queda
comprender que tal situación no se queda en ese estado. Dios toma la iniciativa de
redimir al hombre en su totalidad, y esto mediante la persona de Cristo que se hizo
uno como nosotros y de esa forma nos hace justos ante Dios (cf. Rm 3,22).
73 Ibid., 264
74 Ibid., 281
75 Ibid., 303
42
Y qué podemos decir sobre el texto que escribe Pablo «no tengo por inútil la
gracia de Dios, pues si por la ley se obtuviese la justificación entonces hubiese
muerto Cristo en vano» (cf. Gal 2,21). No es que Pablo niegue el valor de las obras,
para comprender este texto debemos ubicarnos en su contexto. Pablo es
evangelizador de los gentiles, el anuncio de su evangelio es un anuncio universal,
por lo que en aquel entonces había una confrontación entre judíos y paganos, los
paganos que se adherían a la fe cristiana mediante la fe en Cristo, mientras que los
judíos seguían con las prescripciones de la ley. Con estas idead podemos decir que
Pablo pretendía demostrar que la justificación, la salvación, viene por la fe en Cristo.
Y pone como ejemplo a Abrahán que no fue justificado por las obras sino por la fe.
Por eso Bultmann considera que «no se puede, por tanto, conseguir la salvación
por el esfuerzo humano y ninguna prestación humana puede servir de fundamento
para una tal pretensión; es puro regalo»76.
Queda claro que las obras a las cuales San Pablo se está refiriendo son aquellos
preceptos legales (ceremoniales) que los judíos debían observar cómo ratificación
de su Alianza con Dios, como la circuncisión, repetidamente mencionada, la cual no
había necesidad de imponer a los gentiles convertidos. Mientras que los Diez
Mandamientos de la Ley de Dios, dados a Moisés en el Monte Sinaí, constituyen
una síntesis de la Ley Moral, que tanto circuncisos cuanto incircuncisos deben
observar, lo cual resulta en la práctica de buenas obras. No se contradice con la
carta de Santiago en la que se dice; así la fe si no es acompañada de obras, está
muerta en sí misma (cf. Sant 2,14-26). La fe en Jesucristo es necesaria para la
salvación, Pero si yo tengo fe en Cristo Jesús, debo ser coherente en seguir sus
mandamientos, y por lo tanto practicar las buenas obras que Él mandó.
Por tanto, si ya fuimos justificados por Cristo también fuimos reconciliados por
Cristo (cf. Rm 5,11) devolviéndole al hombre la relación con Dios. eliminando toda
distancia posible. Fuimos reconciliados por la sangre de Cristo que pago el precio
de nuestros males. «Todo esto tiene su origen en Dios, que nos ha reconciliado
consigo en Cristo» (2 Cor 5, 18). Insistimos de nuevo que Dios es quien tuvo la
76 Ibid., 337
43
iniciativa y que él mismo la lleva a cabo, el hombre solo le basta aceptarla, «los
hombres reciben la salvación que Dios ha regalado, y esto no en cuanto que él retira
el mal humor subjetivo, sino en cuanto que ha eliminado la relación de enemistad
objetiva que mediaba entre el hombre y Dios»77.
Con todo ello, podemos comprender que Bultmann comprende la cristología
paulina unida a la antropología y soteriología. Por eso, su interés por demostrar la
condición del hombre antes de la redención y después de la misma. Es muy
elocuente ver como en Bultmann el punto de unión es la misma fe, la fe que surge
en el hombre desde el AT en la espera de un redentor, y que Dios le manifiesta en
la historia de la salvación, y esa misma fe, es la que se acrecienta en la persona de
Cristo, que lleva a cumplimiento la voluntad de Dios. Bultmann es consiente de este
don magnifico que Cristo realizo en favor de los hombres.
Benedicto XVI
Cuando en el año 2008 inauguraba el año paulino no tenía otro objetivo que el
demostrar la experiencia que tuvo Pablo con el resucitado, para él, Jesús es una
persona viva, presente en medio de los suyos, el protagonista del evento decisivo
de la historia del mundo, por eso el papa comprende que la grandeza del hombre
de hoy en día es dejarse transfigurar por Cristo, y ese ejemplo nos lo da San Pablo.
San Pablo en su encuentro con el resucitado sufre un cambio, una
transformación, una iluminación (cf. 2 Co 4,6) y recibe una vocación. En este hecho
el papa comprende que «es importante que nos demos cuenta de cómo Jesucristo
puede influir en la vida de una persona y, por tanto, también en nuestra propia
vida»78. Lo que intenta el papa es considerar que el centro de nuestra vida sea Cristo
y nadie más, y eso lo conseguimos adhiriéndonos a él por medio de la fe,
presupuesto necesario para la salvación, y revistiéndonos de él para compartir tanto
su muerte como su vida.
77 Ibid., 343
78 BENEDICTO XVI, San Pablo y el Resucitado, 15
44
Benedicto XVI cuando aborda la cristología paulina tiene como objetivo
demostrar que San Pablo, más que hablar de la vida de Jesús, pretende «anunciar
sobre todo la realidad central de su muerte y resurrección, como culmen de su
existencia terrena y raíz del desarrollo sucesivo de toda la fe cristiana, de toda la
realidad de la Iglesia»79. Por eso la insistencia del apóstol en demostrar la
centralidad de Cristo en el misterio de la salvación, comprendiendo de esta manera
que el precio de nuestra justificación fue pagado con la pasión, muerte y
resurrección de Cristo.
El papa resalta que no existe diferencia alguna entre el Crucificado y el
Resucitado, Pablo también lo comprendió de esa forma en el encuentro que tuvo
con Cristo en el camino hacia Damasco, en ese acontecimiento Pablo comprende
que el sacrificio de Cristo en la cruz no es un sacrificio vano y por eso deja de
perseguir a los cristianos, porque se da cuenta que tal sacrificio es una redención.
Esto da paso para que Pablo comprenda que el Crucificado es el mismo que el
Resucitado y el Resucitado es el Crucificado. He ahí el motivo de anunciar a un
Cristo vivo y cercano, «Cristo Crucificado pasa a ser el motivo de su predicación»80.
La salvación que realiza Cristo la hace desde la cruz, en la cruz Cristo muere por
todos, por eso la salvación es universal, «cruz quiere decir salvación como gracia
dada a toda criatura»81, pero para algunos es escándalo, principalmente para los
judíos quienes comprenden ese hecho como algo contradictorio a la misma esencia
de Dios, y para otros es necedad, en el caso de los paganos que lo consideraban,
por decirlo así, una tontería, algo insignificante. Por eso, «el crucificado desvela, por
una parte, la debilidad del hombre; y, por otra, el verdadero poder de Dios, es decir,
la gratuidad del amor»82.
Sin embargo, la cruz no es el punto final de toda la cristología paulina, sino que
es la resurrección de Cristo, es Cristo exaltado y glorificado. La resurrección no
podía haber hecho falta, de lo contrario vana seria nuestra fe. Es en este
79 Ibid., 86
80 Ibid., 91
81 Ibid., 92
82 Ibid., 95
45
acontecimiento don de demuestra la identidad secreta de Jesús, de ese Jesús que
siendo Dios se hizo hombre y muere por nosotros para que ya no tengamos muerte,
sino que tengamos vida.
Por tanto, en la cristología de Pablo, Benedicto XVI comprender que el creyente
obtiene la salvación profesando con su boca que Jesús es el Señor y creyendo con
el corazón que Dios lo resucito de entre los muertos. Pero no basta solamente
asimilar la fe, debemos confesarla y testimoniarla con nuestras vidas, haciendo
presente la verdad de la cruz y la resurrección en nuestra historia.
46
CONCLUSIÓN
San pablo fue uno de los grandes apóstoles del Señor, su vocación consistió en
el anuncio de Cristo a los gentiles, de él se dice mucho y sobre él se ha escrito
mucho. Lo que más resalta sobre su personalidad es el celo por el Evangelio que
predica, si bien hemos estudiado que su objetivo es llevar a todas partes posibles
el mensaje de Dios y presentar su obra redentora, llevada a cabo por la persona de
Cristo. En su evangelio plasma su doctrina teológica sobre Cristo y de esta rama
cristológica se permite explicar lo antropológico, soteriológico y escatológico. En
este estudio me pude dar cuenta como Cristo es el fundamento esencial del cristiano
y por eso Pablo intenta describir, de un modo muy preciso, a la persona de Cristo.
Cristo trajo consigo la reconciliación de los hombres con Dios, por medio de Cristo
los hombres vuelven a tener la comunión con Dios. Hemos visto que en la persona
de Adán se da esa ruptura por medio de la desobediencia condenándose no solo
Adán, sino junto con él toda la humanidad, de ese modo, nuestra naturaleza fue
corrompida por el pecado. El hombre por sí mismo le era incapaz justificarse, por
47
eso Pablo ve una estrecha relación del hombre con Cristo, porque Cristo trajo la
liberación (cf. Rm 6,6-7) y el hombre participa de esa liberación adhiriéndose a
Cristo por medio de la fe. Cristo se convierte en el nuevo Adán y definitivo en el que
se haya el origen de una nueva humanidad (cf. Rm 5,17).
La obra redentora de Cristo nace del deseo de Dios de querer salvar a los
hombres, por esa obra el hombre queda reconciliado nuevamente con Dios. Pero
acción salvífica no hubiese sido posible sin la mediación de Cristo.
Es verdad que a lo largo de estos años de estudio se nos ha enseñado que Dios
pudo salvar a los hombres de diversas maneras, lo pudo hacer con la simple acción
de decirlo en palabras, pero ha querido hacernos justos desde nuestra misma
condición humana, por eso, en este estudio realizado se presentó la acción de Cristo
en la humanidad. Cristo que asume nuestra condición humana nos hace justos con
su sangre (cf. 1 P 1,18-19). Su abajamiento a la condición humana significo la
muestra de amor más grande de Dios hacia los hombres. Cristo compartió la
naturaleza humana común a todos, compartió nuestros sufrimientos y nuestras
miserias, experimento el cansancio la angustia y el dolor. Y fue tan grande su amor
que llego hasta morir en una cruz, la cruz para san Pablo es signo de victoria, y es
en ese contexto de muerte donde se da posible la justificación de los hombres.
Dicho acontecimiento no quedo al margen de Dios, sino que viendo a su Hijo
padece, por obediencia, lo exalta con la resurrección. Es ahí donde Cristo recibe
todo poder, gloria y dignidad que se extiende sobre toda la realidad. Para expresar
tal soberanía de Dios, Pablo utiliza el termino κύριος (Señor) para expresar el poder
de Jesús resucitado y exaltado.
Pablo, es claro que este acontecimiento no se debe quedar en el pasado, sino
que debe hacerse presente en toda la historia. Por eso, Pablo constituye una nueva
forma de ver de a Cristo y, a diferencia de los demás evangelios que narran la
actividad de Jesús, Pablo demuestra su acción salvadora y el efecto que trajo
consigo esta. Pone, además, el empeño en comprender que esa salvación es
universal, por eso, su esfuerzo en predicarlo (cf. 1 Co 9,16). Al igual que Pablo, hoy
en día se considera necesario seguir con el anuncio.
48
K. Barth, R. Bultmann y Benedicto XVI, concuerdan con una misma interpretación
sobre la teología cristológica de Pablo: la cristología paulina gira entorno a su acción
salvífica. Era una necesidad para el hombre de ser redimido, porque él no podía por
sí mismo. Es una acción que Cristo realiza en favor de los hombres y es algo de lo
que el hombre no puede evitar hablar y manifestar en su vida.
49
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