Responsabilidad Extracontractual: Conceptos Clave
Responsabilidad Extracontractual: Conceptos Clave
Es decir, en el derecho civil hay responsabilidad cada vez que una persona tiene que reparar el
perjuicio que otra persona ha sufrido. Por eso es que en derecho civil se define la
responsabilidad como "la obligación que pesa sobre una persona de indemnizar el daño sufrido
por otra".
Responsabilidad Civil.
La responsabilidad civil puede emanar de distintas causas, dicho de otro modo, varias
pueden ser las fuentes de la responsabilidad civil.
La responsabilidad que emana del delito civil, del cuasidelito civil y de la ley, constituye la
denominada "responsabilidad extracontractual", cuya fuente principal son los delitos y
cuasidelitos civiles. Los casos de responsabilidad legal son excepcionales.
Estas expresiones de "delitos" y "cuasidelitos" se emplean tanto en el derecho civil como penal,
y si bien es cierto que en ambas ramas del derecho se trata siempre de hechos ilícitos, los que
constituyen delitos y cuasidelitos presentan tales diferencias entre sí que no es posible
confundirlos. Así, el delito civil "es el hecho ilícito cometido con la intención de dañar y que ha
causado injuria o daño en otra persona". El cuasidelito es el hecho culpable cometido sin la
intención de dañar y que ha inferido injuria o daño a otra persona (artículos 1.437 y 2.284).
Lo que caracteriza al delito y cuasidelito civil es el hecho de inferir daño a otra persona. Por ello,
un hecho ilícito que no causa daño a otra persona, no constituye delito ni cuasidelito civil,
porque la consecuencia del delito y cuasidelito es el deber de reparar el daño, y ello sólo es
procedente cuando el daño se ha causado: "Sin daño no hay responsabilidad civil" (así fluye de
los artículos 1.437 y 2.314).
El delito y cuasidelito civil se asemejan entre sí en que ambos son hechos ilícitos, ambos causan
daño y ambos producen obligaciones.
La diferencia que existe entre ellos se encuentra en la intención que el autor ha tenido. Así:
a) El delito civil es el hecho ilícito cometido con la intención de cometer daño; aquí la
voluntad del autor era causarle daño a otra persona.
Lo que sucede es que el delito civil supone dolo: el daño ha sido deseado por el autor del
hecho; en tanto que el cuasidelito civil supone culpa, es decir, una falta de diligencia o de
cuidado del autor. Es por eso que en materia civil un mismo hecho puede ser delito o
cuasidelito según si ha habido o no intención de dañar a otra persona.
Esta distinción entre delito y cuasidelito es una distinción clásica y tradicional, pero en
realidad ella no presenta utilidad y, aún más, hoy en día se sostiene que es totalmente inútil
hacer esta distinción, y también se señala que carece de justificación teórica porque ambos
son hechos ilícitos, porque uno y otro obligan al autor a reparar el daño causado en su
totalidad y el monto de la indemnización se regula atendiéndose al daño causado y no a la
naturaleza del hecho que originó el daño.
Luego, es muy posible que la indemnización causada por un cuasidelito civil sea mayor a
la originada en un delito civil. Es por estas razones que el Código Civil sometió a los delitos y
cuasidelitos civiles a una misma y única reglamentación en los artículos 2.314 y siguientes.
En el primer caso son de acción, como el que mata a otro intencionalmente o el que hiere a
otro al disparar un arma imprudentemente. En el segundo caso estamos frente a una
omisión, como sería el caso de aquellas personas que estando obligada a realizar una acción,
no lo realiza.
El Código Civil admite estas clasificaciones en varios artículos (2.320, 2.321, 2.322, 2.323),
pero esta es una clasificación más bien doctrinaria, porque desde el punto de vista práctico
todas ellas producen el mismo efecto y se rigen por las mismas reglas: obligan al autor a
indemnizar el daño causado si el hecho o la abstención que lo originaron es ilícito.
No hay que confundir responsabilidad con reparación de daños, ya que hay muchos sistemas
de reparación de daños, pero hay responsabilidad solamente, cuando la reparación del daño
es atribuida al que lo ha causado, cuando el que debe reparar el daño es que el que lo ha
causado el daño. Cuando hay una relación, peso, o carga en que la reparación es puesta
sobre un sujeto, y que ese sujeto es causante del daño.
Nuestro Derecho conoce otros sistemas de reparación, por ejemplo, el sistema de seguridad
social, contiene también elementos de la reparación de daños, pero aquí no hay
responsabilidad, el caso más claro es la ley de accidentes del trabajo, para los accidentes
del trabajo nuestra legislación ha elaborado todo un sistema de reparación del daño que
causa el accidente, pero en base a un sistema de seguros, por lo tanto ahí no se atribuye a
un sujeto determinado la reparación del daño causado por accidente sino que este es
reparado por el sistema de seguros que contiene esa ley. Sin perjuicio, de que la ley de
accidentes del trabajo deja a salvo, también, a la víctima una acción común de
responsabilidad por los daños que no sean reparados por el sistema de seguridad social de la
ley.
Hay sistema de reparación del daño, pero el daño no es atribuido a un sujeto determinado,
sólo cuando sea tribuido a un sujeto hablaremos de responsabilidad. Tradicionalmente se
separa al sistema de responsabilidad civil en dos:
La responsabilidad puede ser moral o jurídica. La responsabilidad jurídica, a su vez, puede ser
penal o civil.
Por su parte, la responsabilidad jurídica proviene de un hecho que causa daño a la persona o
propiedad de otro.
También puede provenir de una omisión que produzca iguales efectos, o bien, de un hecho
penado por la ley por ser contrario al orden social.
El efecto que de ella se deriva es la obligación de reparar el daño causado. Debe tenerse
presente que la responsabilidad penal y la responsabilidad civil delictual o cuasidelictual
pueden coexistir respecto de un mismo hecho, ello sucede cuando el delito o cuasidelito del
cual derivan la responsabilidad civil y penal sea a la vez delito o cuasidelito civil y penal, ello
porque ha inferido un daño a la persona o propiedad de otro y, además, porque es una
acción u omisión penada por la ley. Es lo que sucede en el caso del hurto, del robo, de las
lesiones, que son a la vez delitos civiles y penales.
Pero, no obstante que pueden coincidir, estas dos responsabilidades son independientes
entre sí y su coexistencia resulta solamente de que el mismo hecho es a la vez civil y
criminalmente delictuoso. La independencia de estas dos formas de responsabilidad queda
en claro en algunas disposiciones del Código Civil, como sucede en el artículo 2.314 ("...sin
perjuicio de..."); Lo mismo sucede en el artículo 10 Código de Procedimiento Penal. Por otro
lado, estas dos clases de responsabilidad presentan diferencias:
4. - Existen también diferencias en cuanto a las personas a quienes afectan estas clases de
responsabilidad. La responsabilidad penal afecta exclusivamente a la persona del
delincuente, se trata de una responsabilidad personalísima y por la naturaleza misma
de esta responsabilidad y por las sanciones que ella produce, sólo recae en las personas
naturales, no hay responsabilidad penal de las personas jurídicas (artículo 58 Código
Procesal Penal). En tanto que, la responsabilidad civil, afecta al autor del daño y a sus
herederos (artículo 2.316 inciso 1) y puede afectar tanto a las personas naturales como
a las jurídicas.
Pero, hay autores como Planiol, que no aceptan la distinción entre estas dos clases de
responsabilidad (contractual y extracontractual). Planiol sostiene que estas dos formas de
responsabilidad son idénticas y ello porque ambas crean una obligación: reparar el daño
causado. Pero, Planiol va aún más allá, sosteniendo que ambas clases de responsabilidad
suponen una obligación anterior, que en la responsabilidad contractual nace del contrato y
en la extracontractual nace de la ley; y en ambas la fuente de la responsabilidad es el
incumplimiento de las obligaciones. Afirma Planiol que el incumplimiento de una obligación
contractual constituye un hecho ilícito.
2. - Por otro lado, pareciera ser más un principio de carácter moral que netamente jurídico.
Es efectivo que ambas clases de responsabilidad llevan a la reparación del daño causado,
pero eso no obsta a su distinta naturaleza.
En materia contractual la culpa admite graduaciones, así hablamos de culpa grave, leve y
levísima (artículo 44). En materia de responsabilidad extracontractual, la culpa no admite
esas graduaciones, se habla lisa y llanamente de culpa.
El nombre de "cúmulo" nos puede inducir a error, porque el problema consiste en determinar
si el incumplimiento de una obligación emanada de un contrato da origen exclusivamente a
responsabilidad contractual, o si en el caso de que origina también responsabilidad delictual
o cuasidelictual, el acreedor puede elegir una u otra clase de responsabilidad para obtener la
reparación del daño.
En caso de aceptarse esta opción se estaría permitiendo al acreedor situar su caso personal
en el terreno más conveniente para sus intereses. Por consiguiente, no significa, no
obstante, de hablar de cúmulo de responsabilidades, porque si esto se permitiera se daría
lugar en el fondo a una doble reparación del mismo daño, lo cual implica un enriquecimiento
sin causa.
Cabe recordar que conforme al artículo 1.554 inciso Final y artículo 1.558 inciso Final, las
partes pueden modificar las normas sobre responsabilidad contractual haciendo que el
deudor tenga una responsabilidad menor e, incluso, eximiéndolo de responsabilidad.
Para esta teoría son 2 los requisitos fundamentales que deben reunirse para que exista
responsabilidad extracontractual:
1. - El daño,
Según esta teoría, como las personas pueden actuar libre e independientemente, cada una
de ellas debe aprovechar los beneficios que le reporta su actividad y soportar los daños que
le causa la naturaleza o el hecho ajeno. No basta, para esta teoría, con que una persona
sufra un daño en sí misma o en sus bienes para que surja la obligación de repararlo.
Para que exista obligación de indemnizar ese daño, es necesario que provenga del dolo o
culpa del autor: sin dolo o culpa no hay responsabilidad.
Esta teoría subjetiva es criticada en la actualidad, señalándose que ella se conformaba a los
requerimientos de la sociedad de la época de su formulación, pero que no responde en
manera alguna a los de la sociedad actual, ello porque en este sistema la víctima de un
daño va a poder obtener la reparación del daño mismo sólo si prueba el dolo o la culpa del
autor. De tal manera que, si no logra probar ese dolo o esa culpa, su demanda va a ser
rechazada, debiendo la víctima soportar la totalidad del daño. Es precisamente esta
prueba la que enfrenta a la víctima del daño a un serio problema, porque en numerosos
casos la prueba de la culpa o del dolo es sumamente difícil y en otros es imposible; así, por
ejemplo, a un trabajador de una empresa que sufre un accidente de trabajo le será
sumamente difícil probar que ese accidente se debió a culpa o dolo de la empresa.
Ahora, si bien es cierto que este es el gran defecto de esta teoría, se han buscado diversos
caminos para palear sus inconvenientes. Tanto la ley, la jurisprudencia como la doctrina, sin
alterar el fundamento subjetivo de esta teoría, han adoptado diversas medidas y soluciones
a los problemas que ella plantea. Así, en primer lugar, el legislador, para liberar a la víctima
de la prueba de la responsabilidad, ha establecido en su favor diversas presunciones legales
(en nuestro Código Civil tales presunciones se encuentran en los artículos 2.320, 2.322,
2.326, 2.328 y 2.329).
Cuando existen estas presunciones, la víctima va a tener que probar solamente los hechos
de los cuales la ley deduce la culpa; luego, establecidos estos hechos, se va a presumir la
culpa de la persona civilmente responsable y le va a corresponder a ella probar que no hubo
culpa para exonerarse de responsabilidad. Estas presunciones pueden ser simplemente
legales o de derecho:
La jurisprudencia ha ampliado cada vez más el concepto de culpa; así por ejemplo: se ha
resuelto que el ejercicio abusivo de un derecho puede importar culpa y generar
responsabilidad; también se ha resuelto que hay culpa en el no ponerse a tono con el
progreso (ejemplo: empresario que trabaja con máquinas obsoletas).
El problema que plantea esta teoría es la extensión que debe dársele a esta noción, y al
respecto hay diversas opiniones:
2. - Otros consideran el problema desde un punto de vista distinto y hablan del riesgo -
beneficio, sosteniendo que toda persona que desarrolla una actividad para obtener
beneficios para ella, tiene que responder, como contrapartida de esos beneficios, de los
daños que le cause a otra persona.
Esta teoría es también criticada, siendo la principal el hecho de que ella es peligrosa, porque
si hay que reparar de todas maneras el daño, puede producirse la idea de que ante el
derecho es indiferente actuar con o sin diligencia.
De modo que aún la persona más diligente, si causa un daño a otro, va a tener que
indemnizarlo, y para defenderse de esta posibilidad de indemnizar todos estos daños y no
actuar con la diligencia debida, puede contratar seguros sobre la materia. Por otro lado,
hay que tener presente que el derecho civil se funda principalmente en las teorías
subjetivas, y en estas materias no puede dejar de considerarse a la persona y a su accionar
para adoptar un criterio meramente material, considerándose sólo el efecto que se ha
producido.
De los artículos 2.284, 2.314 y 2.319 se desprende que para que un hecho genere
responsabilidad delictual o cuasidelictual civil, es necesario que concurran los siguientes
elementos:
4. - Que entre el hecho u omisión doloso o culpable y el daño causado exista una relación
de causalidad.
1. - Que el hecho u omisión provenga de culpa o dolo del autor
Para que un hecho u omisión que causa daño a otra persona genere responsabilidad
delictual o cuasidelictual civil, es indispensable que haya habido dolo o culpa del autor en su
ejecución, porque en el sistema del Código Civil origina responsabilidad el hecho perjudicial
liso y llano.
La clasificación en delito y cuasidelito civil se funda en las diferencias de actitud del autor
del daño, siendo todos sus demás elementos comunes. La diferencia está en que en el delito
civil hay dolo, en tanto que en el cuasidelito civil hay culpa y, salvo este aspecto, no existe
ninguna otra diferencia entre ellos, hasta tal punto que la responsabilidad no es mayor si
hay dolo que si hay culpa, porque la extensión o intensidad de la responsabilidad se mide
por el daño causado y no por el actuar del autor.
Dolo
El dolo, definido en el artículo 44 del Código Civil, existe cuando de parte del autor del daño
ha existido el propósito deliberado de causarlo, es decir, cuando con la acción u omisión lo
que se persigue es causar un daño. El dolo presenta la particularidad de transformar en
ilícito todo acto, por lícito que éste haya sido en sí mismo. Así, incluso el ejercicio de un
derecho se hace ilícito cuando lo único que se persigue es causarle un daño a otra persona.
El dolo se aprecia en concreto, según las circunstancias del autor, porque el dolo incluye un
elemento psicológico: la intención de causar el daño y la prueba de este dolo le va a
corresponder a la víctima del daño, ello porque el dolo no se presume.
Culpa
En cuanto a la culpa, el Código Civil la define en el artículo 44, referida ella a la culpa
contractual, que es la única que admite las graduaciones que ahí se señalan. Pero, el
concepto mismo de culpa es igual en ambas clases de responsabilidad. De todas las
definiciones que da el artículo 44, se puede concluir que la culpa es "la falta de aquella
diligencia o cuidado que los hombres prudentes emplean ordinariamente en sus actos o
negocios propios". En cuanto a la forma de apreciar la culpa, en la doctrina hay dos
concepciones:
El Código Civil chileno adopta la primera posición, esto es, la de la culpa en abstracto, y
establece también cuál es el sujeto ideal de comparación, siendo éste el del buen padre de
familia (artículo 44). Es decir, en el sistema del Código Civil lo que debe hacerse es
comparar la conducta del autor del daño con la que habría tenido un hombre prudente de la
misma profesión u oficio, colocado en el mismo lugar, tiempo y circunstancias externas que
el autor del daño, y lo que habrá que determinar es si este tipo ideal habría actuado o no
en igual forma o habría tomado otras precauciones que el autor del daño. Si se concluye que
habría actuado de modo diferente al autor del daño, hay culpa, en caso contrario no.
Hay ciertas obligaciones que están establecidas por la ley o en algún reglamento. Si el daño
se produce por infracción a esta obligación, no es necesario proceder a la apreciación de la
culpa del autor, porque en ese caso estamos ante lo que se denomina "culpa contra la
legalidad".
En relación con esta materia se ha planteado entre nosotros una discusión acerca de lo que
establece el artículo 2.329 inciso 1 en relación con lo dispuesto en el artículo 2.314 y que
tiende a determinar cuál es el alcance de la norma del artículo 2329.
Algunos estiman que esta norma lo único que hace es reiterar lo establecido en el artículo
2314, norma que impone a quien ha cometido un hecho ilícito la obligación de reparar el
daño que de el se deriva.
Pero, Alessandri estima (en su obra sobre la responsabilidad extracontractual) que en el
artículo 2.329 hay una presunción de responsabilidad por hecho propio, en aquellos
casos en que el daño proviene de un hecho que por su naturaleza o por las circunstancias en
que ese hecho se realizó, puede atribuirse a dolo o culpa del autor. Para ello, se funda
principalmente en 3 puntos para sustentar su tesis:
1. - En la ubicación del artículo 2.329, el cual está situado inmediatamente después de las
presunciones de responsabilidad por hecho ajeno o por hecho de las cosas. Este sería
un argumento exegético.
2. - En cuanto a la redacción del artículo 2.329, esta norma nos dice "...que pueda
imputarse..." y no "que sea" imputable: entonces, para que exista responsabilidad
basta con que sea lógico entender que hubo culpa. Argumento de texto. Es decir, la
norma ya incluye en si una valoración de culpabilidad. En el mismo sentido, los
ejemplos indicados en el inciso 2 son demostrativos de conductas que prima facie son
expresivas de culpa.
3. - Por último, argumenta con los ejemplos del artículo 2.329, ya que todos ellos suponen
por sí solos que hubo culpa.
Así, Alessandri sostiene que la presunción de culpabilidad por el hecho propio del artículo
2.329 se aplicará a dos grupos de casos:
b) Las actividades en que de las circunstancias se desprende, prima facie, que el daño
ha sido causado por descuido o negligencia.
Sin embargo, estos no son los únicos casos de presunción de responsabilidad, porque
también existen algunas presunciones de derecho de responsabilidad y es lo que sucede en
los casos de los artículos 2.321 y 2.327.
En esta materia hay que tener cuidado en no confundir los casos de presunción de
responsabilidad con la llamada "responsabilidad objetiva", porque cuando hay presunción de
responsabilidad y se trata de presunciones simplemente legales, el deudor puede eximirse
de responsabilidad acreditando que no hubo culpa de parte suya; en cambio, en la
responsabilidad objetiva, como la culpa no es elemento de esa responsabilidad, aún cuando
el deudor acredite su no existencia, va a ser igualmente responsable.
Donde hay una vinculación más estrecha con la responsabilidad objetiva es con la
presunción de derecho de responsabilidad, porque ésta no admite la prueba de falta de
culpa.
El problema que plantea la noción de culpa es que ella es relativa y va a depender
normalmente de las circunstancias de hecho existentes en el momento determinado. Sin
embargo, es posible señalar algunos casos generales de culpa, como son los siguientes:
2. - El abuso de derecho.
El abuso de derecho
La regla en esta materia es que si una persona actúa ejerciendo un derecho que le
corresponde, aunque cause daño a otro no tiene responsabilidad. Pero, en ciertos casos, el
ejercicio de un derecho puede hacer responsable al titular de ese derecho cuando lo ejerce en
forma abusiva. Esto es lo que configura la llamada "teoría del abuso de derecho".
La doctrina no está de acuerdo en cuáles son los requisitos que deben concurrir para que
haya abuso de derecho, pero en general se aceptan los siguientes requisitos:
1. - Tiene que existir un derecho: si una persona actúa sin que exista un derecho y causa
daño a otro, se está ante los casos generales de responsabilidad.
2. - Ese derecho tiene que ser de ejercicio relativo, lo cual constituye la regla general.
Pero, hay algunos casos en que la ley le da a ciertos derechos el carácter de absolutos,
es decir, no les señala limitación alguna: en estos derechos absolutos no cabe el abuso
de derecho. Como ejemplos de derechos absolutos, podemos citar los siguientes:
3. - Que el ejercicio del derecho sea abusivo: aquí es donde se plantea el grave
problema de esta teoría porque es sumamente difícil precisar cuándo hay abuso en el
ejercicio de un derecho. Hay autores que incluso sostienen que no puede hablarse de
abuso de derecho, sino que lo que habría sería un exceso en su ejercicio.
Pero, hay legislaciones que señalan en qué casos puede entenderse que hay abuso de
derecho; así, en Alemania el Código Civil en su artículo 226 dice que: "el ejercicio de un
derecho no está permitido cuando no pueda tener otro fin que causar daño a otro". Esto
prácticamente equivale al dolo, porque se entiende que habría abuso de derecho
cuando ese derecho se ejerce con el solo fin de causar perjuicios a otra persona y sin
reportarle utilidad al titular de ese derecho.
Otros, en doctrina, señalan que los derechos deben ejercerse de buena fe, en el sentido de
que el ejercicio del derecho no debe sobrepasar el objeto en cuya consideración se otorgó ese
derecho al titular.
En la doctrina francesa, seguida entre nosotros por Alessandri, se estima que el abuso de
derecho no difiere de otros casos de responsabilidad extracontractual, y sostiene que habrá
lugar a él siempre que concurran los requisitos de la responsabilidad extracontractual, esto es,
una acción u omisión, dolosa o culposa, que cause daño a otro y con la particularidad que la
acción va a corresponder al ejercicio de un derecho
En nuestra legislación no existen normas expresas relativas al abuso de derecho, sólo hay
algunas normas aisladas que dicen relación con esta materia. Hay casos, entre estas
normas, en que al establecer derechos absolutos, el legislador no acepta el abuso de
derecho, como sucede por ejemplo con el artículo 1.489. Hay otras circunstancias en las
cuales el legislador hace aplicación de los principios del abuso de derecho.
Los tribunales han acogido la teoría del abuso de derecho principalmente en relación con el
ejercicio abusivo de acciones criminales, como sería el caso del querellante que ejerce la
acción criminal a sabiendas de que el querellado es inocente. Se ha sostenido por los
tribunales que si del ejercicio de un derecho se deriva un daño, mediando dolo o culpa, éste
se transforma en un delito o cuasidelito civil.
El efecto que produce el abuso de derecho es que se sanciona a quien ha hecho uso abusivo
de sus facultades con la indemnización por los perjuicios que hubiere causado.
Culpa derivada de las relaciones de vecindad
El problema es que en la actualidad los roces entre vecinos pueden ser muy frecuentes, lo
cual nos lleva necesariamente a exigir un mayor respeto hacia el derecho ajeno. Donde con
mayor frecuencia se pueden plantear estos problemas es en los inmuebles acogidos a la ley
de propiedad horizontal (recordar que ésta no sólo se aplica a los edificios en altura, sino
que también a los condominios). Es por ello que la ley en materia de propiedad horizontal
exige la dictación de un reglamento de copropiedad, reglamento que generalmente
contiene numerosas prohibiciones para prevenir molestias a las personas que viven en el
propio edificio, estableciéndose sanciones para el caso de infracción, sin perjuicio de las
indemnizaciones de perjuicios que procedan.
La culpa no sólo puede provenir de una acción, sino que también puede originarse en una
omisión, es decir, por no actuar. Lo normal en estos casos va a ser que la omisión se
produzca en el ejercicio de una determinada actividad, principalmente por no adoptarse una
precaución que debió tomarse o por preverse un determinado peligro. Algunos la llaman
"culpa-negligencia", para oponerla a la "culpa-imprudencia", que sería la culpa por acción.
También se sostiene que hay culpa no sólo en la omisión, sino también en la abstención de
realizar un hecho, como sería el caso de un médico que sin una razón fundada se niegue a
atender a un herido en un accidente.
Estos son hechos que excluyen la existencia de culpa o de dolo y otros que, no obstante
existir culpa o dolo, hacen que no se responda civilmente o que se modifique la
responsabilidad. En el primer caso, estamos ante las llamadas "eximentes de
responsabilidad" y, en el segundo, ante las llamadas "cláusulas de irresponsabilidad".
Las dos producen el mismo efecto, cual es que el autor no sea civilmente responsable, pero
en el fondo existen diferencias entre ambas, ello porque las eximentes de responsabilidad
suponen la ausencia de culpa o dolo en el autor; en cambio, en las cláusulas de
irresponsabilidad hay culpa o hay dolo, pero no se responde de ellas porque así se ha
convenido.
Entre los hechos que alteran o eximen de responsabilidad podemos señalar los siguientes:
1. - El caso fortuito.
2. - El estado de necesidad.
3. - El hecho de un tercero.
4. - La culpa de la víctima.
5. - Las causales eximentes de responsabilidad, especialmente de orden penal.
6. - Las convenciones de responsabilidad.
1. - El caso fortuito
Está definido en el artículo 45: "Se llama fuerza mayor o caso fortuito al imprevisto al que no
es posible resistir...". Cuando hay caso fortuito o fuerza mayor no hay culpa del autor del
daño y éste queda eximido de toda responsabilidad. Es diferente el caso fortuito que la
ausencia de culpa, puesto que éste supone un hecho imprevisto e irresistible, en tanto que
en la ausencia de culpa se ha probado que se actuó con la debida diligencia o cuidado,
siendo accidental el daño causado.
a) En primer lugar, cuando el caso fortuito proviene de culpa (artículo 934); ello es así
porque el caso fortuito exime de responsabilidad cuando él es la única causa del daño.
b) En segundo lugar, el caso fortuito no exime de responsabilidad en los casos que la ley
establece y que veremos más adelante.
2. - El estado de necesidad
Es aquella situación que se plantea cuando una persona se ve obligada a causar un daño a
otra persona para evitar uno mayor a sí misma o a un tercero. Aquí hay también un hecho
imprevisto, pero no es irresistible, sino que se puede resistir, pero a costa de causar un
daño a otra persona.
El problema que plantea el estado de necesidad es que hay un claro conflicto de intereses,
porque por un lado está el interés de aquél que para evitarse un daño a sí mismo o a otro, le
causa un daño a un tercero y, por otro lado, el interés de la víctima del daño. De modo que
el problema que plantea el estado de necesidad es el de decidir cuál de estos intereses es el
más legítimo. Es comprensible la actitud de aquella persona que para evitar un daño mayor
opta por causarle un daño a un tercero que es ajeno al hecho, pero también hay que
considerar que el que sufre el daño no ha tenido parte alguna en los hechos que lo motivan
y, en caso de aceptarse que el estado de necesidad sea eximente de responsabilidad, ese
tercero sufriría íntegramente el daño.
La legislación chilena no contempla al estado de necesidad, por ello, para acogerlo, debe
hacerse una asimilación a alguna situación reglamentada, como ausencia de culpa, caso
fortuito, etc.
3. - El hecho de un tercero
Aquí hay que distinguir si el hecho del tercero es o no la única causa del daño:
1. - Si el hecho del tercero es la única causa del daño, pero el acto no es doloso ni
culpable, no hay responsabilidad.
3. - Si el hecho del tercero concurre con otro a causar el daño, debe distinguirse:
4. - La culpa de la víctima
No siempre los daños se producen debido a la culpa del autor del daño, sino que a veces se
origina la culpa en quien la sufre, esto es, en la víctima. Cuando hablamos de culpa de la
víctima, tenemos que hacer una distinción y ver cuál es la causa del daño:
1. - Hay ciertos casos en que la única causa del daño es la culpa de la víctima. En este caso,
no hay responsabilidad para el autor, porque no hay culpa suya (es lo que ocurría, por
ejemplo, si el peatón no cruza la calzada cumpliendo las reglas del tránsito).
2. - La otra situación es aquella en que hay un concurso de culpa, hay tanto culpa de la
víctima como del autor del daño. En este caso, se aplica el artículo 2.320,
produciéndose una rebaja de la indemnización, la cual se va a determinar por el
tribunal correspondiente.
Estas tienen importancia en materia penal, porque en ella hay ciertas circunstancias que
eximen, atenúan o extinguen la responsabilidad penal. Si bien tienen gran importancia en
materia penal, no la tienen en materia de responsabilidad civil; así, se ha resuelto que una
sentencia absolutoria de responsabilidad penal, si se ha fundado en circunstancias eximentes
de responsabilidad penal, no produce cosa juzgada en materia civil.
Esta es una materia que ha sido objeto de discusión tanto en la responsabilidad contractual
como en la extracontractual, y lo que se discute es la validez de las cláusulas convencionales
destinadas a modificar o a suprimir la responsabilidad del autor del daño. En nuestro país
estas cláusulas son en general aceptadas en materia de responsabilidad contractual,
teniendo como base lo dispuesto en el artículo 1.547 inciso final. El problema se plantea con
la procedencia de estas cláusulas en materia de responsabilidad extracontractual, esto es, en
el campo de los delitos y cuasidelitos civiles. Es posible que en algunos casos se presenten
también estas cláusulas en los hechos ilícitos, por ejemplo: si antes de una carrera de
automóviles se conviene entre los participantes la irresponsabilidad por los accidentes que
pudieran ocurrir.
En lo que si hay general acuerdo es en que después de cometido el hecho ilícito la víctima
pueda renunciar o transigir respecto de las indemnizaciones que le corresponden. Lo que no
se admite es que con anterioridad al hecho ilícito se establezca la irresponsabilidad o se
atenúe la responsabilidad del eventual autor del daño.
Sin embargo, en los últimos tiempos ha surgido una tendencia que dice que aquella posición
incurre en una confusión de algunos aspectos de la responsabilidad penal con algunos
aspectos de la responsabilidad delictual y cuasidelictual civil, señalando que en materia penal
sí está en juego el interés social, el cual está representado por la represión del delito, pero
que en el campo de los delitos y cuasidelitos civiles, en lo que dice relación con la
indemnización del daño causado, está en juego sólo el interés personal de la víctima, la cual
puede perfectamente renunciar a la indemnización antes o después del delito.
II. - Que el autor sea capaz de delito o cuasidelito civil
La regla general en esta materia es que toda persona natural o jurídica es capaz de delito o
cuasidelito civil. Sólo son incapaces los que carecen de suficiente juicio y discernimiento para
comprender el alcance del acto que están ejecutando. Ello es así, pues, de acuerdo con el
sistema seguido en esta materia por el Código Civil, sólo hay responsabilidad delictual o
cuasidelictual civil cuando la acción provenga de dolo o culpa del autor y, solamente podrá
haberlos cuando éste tenga voluntad, cuando se dé cuenta de la trascendencia del acto que
realiza.
En el artículo 1.447 se establece una distinción entre los absoluta y los relativamente
incapaces en materia contractual, norma ésta que no tiene aplicación en el campo de los
delitos y cuasidelitos civiles, porque en esta materia hay reglas propias de la responsabilidad
extracontractual, las cuales, por ser normas especiales, prevalecen por sobre las del artículo
1.447, que es de carácter general. La norma importante sobre capacidad en materia de
responsabilidad extracontractual es la del artículo 2.319 del Código Civil.
1. - Los infantes: de acuerdo al artículo 26 Código Civil, infante o niño es todo aquel
que no ha cumplido los 7 años.
4. - Responsabilidad del ebrio: el ebrio responde de los daños que haya causado aún
cuando la ebriedad lo tenga en un estado de privación de razón (artículo 2.318). Aquí
se plantea también una discusión de carácter doctrinaria, porque la ley establece esta
norma tomando como base el que el ebrio es el responsable de su ebriedad, pero ¿Qué
sucede si el estado de ebriedad se debe a obra de terceros y el ebrio ha sido colocado
en esta situación en contra de su voluntad?. Tendrá o no responsabilidad en este caso.
La doctrina estima que no, pero la ley no hace distinción alguna. Ahora, la misma regla
del artículo 2.318 se aplica o debe aplicarse a las personas que actúan bajo influencia
de estupefacientes.
La doctrina en general es consistente en cuanto a que el acto jurídico celebrado por una
persona en estado de inconsciencia, es nula por falta de voluntad. EL principio en los
estados de inconsciencia es que quien cae en tal estado voluntariamente, deberá
asumir las consecuencias que de ello provengan.
Ahora, en materia de responsabilidad civil debe tenerse presente que hay una norma
diferente de la que existe en materia penal respecto de las personas jurídicas, porque éstas
son incapaces de delito o cuasidelito penal, ello, sin perjuicio de la responsabilidad de la
persona natural que haya actuado en el delito; pero, si hay responsabilidad civil de las
personas jurídicas (artículo 59 CPP), Cabe consignar que hay ciertas materias muy
especiales en que las personas jurídicas son responsables de delitos o cuasidelitos penales,
como ocurre en materia de cambios internacionales.
Con todo, cabe tener presente que por ellos responden los terceros que los tengan a su
cargo, debiendo su culpa ser acreditada.
Es así, por ejemplo, que los delitos frustrados no originan responsabilidad civil. A la inversa,
hay situaciones como las que se plantean en la responsabilidad objetiva en que hay una
acción u omisión, no hay culpa ni dolo, pero existe un daño: en este caso, va a existir la
obligación de indemnizar.
Para que el daño dé lugar a la indemnización de los perjuicios, tiene que reunir ciertos
requisitos:
1.- Tiene que ser cierto. Esto significa, que sea real, efectivo, que tenga una existencia
concreta. Por esta razón es que no se acepta la indemnización del daño eventual, es
decir, de aquel daño que no se sabe si va o no a existir; por ejemplo: una persona no
podría demandar perjuicios por la muerte de otra de quien recibía ayuda ocasional o
esporádica y de carácter esporádico. En este caso, se trataría de un daño eventual,
porque esa ayuda, por sus características, podría cesar en cualquier momento.
El problema que plantea el daño eventual es que el juez, por las características de ese
daño, no podría fijar su cuantía ni su duración.
2.- No tiene que haber sido ya indemnizado. El daño no tiene que haber sido
indemnizado, es decir, es improcedente el cúmulo de indemnizaciones. El principio en
esta materia es que no puede pedirse la indemnización o reparación de un
perjuicio ya reparado, porque hay ciertos casos en que la víctima tiene sólo acción
por el total de los perjuicios en contra de varias personas, como sucede con la acción
solidaria contemplada en el artículo 2.317. En estos casos, una vez obtenida la
reparación o indemnización total del daño de una de esas personas, no pueden volverse
a cobrar los daños a otra de las personas obligadas.
Se plantea aquí el problema del cúmulo de indemnizaciones, esto es, aquel caso en
que la víctima ha obtenido de un tercero ajeno al hecho ilícito la reparación total o
parcial del daño que ha sufrido, como por ejemplo: cuando ha sido indemnizado por
una compañía de seguros. La duda es si podrá en este caso dirigirse también por los
daños en contra del autor del hecho ilícito. La solución más aceptada en esta materia
es que si la indemnización obtenida del tercero extraño al hecho ilícito ha reparado
totalmente el daño sufrido, la obligación de indemnizar se extingue y no puede exigirse
nuevamente su reparación, aún cuando esto signifique un beneficio para el autor del
daño, ya que éste se libera en todo o parte de la obligación de indemnizar, porque, la
regla general es que el tercero que ha pagado no puede repetir en contra del autor del
daño, a menos que la víctima le ceda las acciones correspondientes o la ley se las
confiera (es justamente esto último lo que sucede en materia de seguros).
3.- Tiene que lesionar un derecho o interés legítimo. El hecho ilícito puede lesionar
derechos patrimoniales (como el derecho de dominio) o extrapatrimoniales (como el
honor de una persona). Puede ser que una persona víctima de un hecho ilícito
sobreviva a ese hecho ilícito y muera con posterioridad sin haber cobrado su
indemnización; en este caso, el derecho a demandar la indemnización es transmitido a
sus herederos, porque la víctima adquirió el derecho a ser indemnizada, de modo que
ese derecho estaba en su patrimonio y por eso pasa a sus herederos. Pero, si la víctima
del hecho ilícito fallece instantáneamente, nada transmite a sus herederos, porque nada
alcanzó a adquirir; pero, en este caso, los herederos, personalmente ahora, podrían
haber sufrido un daño como consecuencia del fallecimiento de la víctima y, en este
caso, si concurren los requisitos legales para la indemnización de perjuicios, los
herederos podrán demandar perjuicios, pero no los cobran en su calidad de herederos
sino que en su calidad de víctimas del daño personal que ellos han experimentado.
Clasificación de los daños
Los daños admiten diversas clasificaciones, sin embargo, estas clasificaciones no tienen una
gran importancia en materia de responsabilidad extracontractual, porque el principio
imperante en esta materia es que todo daño debe ser indemnizado. Es aquí inversa la
situación a la que se plantea en la responsabilidad contractual, en la cual hay limitaciones en
cuanto a los daños que se indemnizan.
En general, el daño moral está configurado por el sufrimiento que experimenta una persona
por una herida, una ofensa en su honor o por la muerte de un ser querido. El daño moral
puede presentarse unido al daño material o en forma aislada o independiente.
Por otro lado, en el artículo 2331 se niega expresamente la indemnización del daño moral y,
si así lo hace en este caso, es porque en los demás se acepta.
Prueba del Daño
Corresponde a la víctima la prueba del daño, siendo la determinación del monto del
mismo una cuestión de hecho.
4. - La relación de causalidad
Para que surja la obligación de indemnizar no basta con la sola concurrencia de los requisitos
vistos, es decir, no es suficiente que el autor del daño sea capaz, que haya actuado con culpa
o dolo y que se haya causado el daño, sino que además es necesario que entre la culpa o el
dolo y el daño exista una relación de causalidad, es decir, que el daño causado sea el efecto o
la consecuencia del actuar doloso o culpable del autor.
La relación de causalidad tiene que concurrir, sea que el daño provenga de una acción u
omisión, sea que se trate de una responsabilidad simple o compleja. También debe estar
presente la relación de causalidad en la responsabilidad objetiva y en los casos de
responsabilidad sin culpa; pero, en estos casos, la relación de causalidad se presenta en una
forma distinta, porque ella tiene que existir entre el hecho y el daño y no entre el daño y la
culpa o el dolo, como acontece en la responsabilidad subjetiva.
Existe relación de causalidad cuando la acción u omisión culpable o dolosa es la causa directa y
necesaria del daño, de tal forma que de no mediar el hecho u omisión culpable o doloso, el
daño no se habría producido. No tiene importancia a este respecto que el daño tenga una o
varias causas, o que se produzcan coetáneamente con el hecho o con posterioridad. Lo
esencial es que el dolo o la culpa sea la causa directa y necesaria del daño, de tal suerte que
de no mediar ellos, el daño no se habría producido.
Si el daño se hubiere producido de todos modos, aun sin el hecho culpable o doloso, no hay
relación de causalidad y el hecho ilícito no habría sido la causa directa y necesaria del daño
causado.
En la relación de causalidad se nos presenta un problema: cuando la causa del daño es una
sola no hay mayor dificultad en cuanto a la relación de causalidad, pero es frecuente que las
causas del daño sean múltiples y, aún más, estas varias causas pueden presentarse en
distintas formas; así, en algunos casos ellas pueden ser concurrentes y, en otros sucesivas,
pero presentándose en tal forma que si una de esas causas hubiere faltado el daño no se
habría producido.
En estos casos, basta que entre esas causas se encuentre un hecho u omisión culpable o
doloso para que exista relación de causalidad, siempre que ese culpable o doloso haya sido el
elemento necesario y directo del daño, es decir, que sin él el daño no se habría producido, aun
cuando concurrieron los demás hechos.
Las dos causas han concurrido a la producción del daño y la falta de vigilancia o cuidado del
civilmente responsable ha sido tan necesaria para la producción del daño que, si esta
persona hubiese tenido la debida diligencia o cuidado, el daño no se habría producido.
Por eso ha surgido otra teoría, la llamada "teoría de la causa eficiente, adecuada o
determinante". Su autor es Von Kries, quien planteó que entre todas las causas que
concurran a la producción de un daño, debe elegirse aquella que normalmente ha de
producir el daño, es decir, aquella que entre varias causas ha desempeñado un papel
preponderante en la ocurrencia del perjuicio. Sin embargo, esta teoría no ha sido
generalmente aceptada.
1. - Es inmediata cuando el daño deriva directamente del hecho ilícito, es decir, cuando
entre el hecho y el daño no se interpone otra causa, como sería el caso de la persona
que manejando su automóvil atropella a otra y le da muerte inmediatamente.
2. - Es mediata cuando entre el hecho ilícito y el daño se interponen otras causas, las cuales
también han influido en la producción del daño, como sería el caso en que un vehículo
atropella a una persona a cuyas expensas vive otro individuo y la víctima muere con
posterioridad. Cronológicamente.
2. - La muerte de la víctima,
3. - La pérdida que experimenta la persona que vivía a expensas de la víctima.
Así por ejemplo, sucedería en el caso de una persona que ha sufrido lesiones leves por un
hecho ilícito, y esa persona muere porque no se cuidó o porque hubo una negligencia
médica. En este caso, hubo hecho ilícito, pero la causa del daño (muerte) no es el hecho
ilícito, sino que es esta causa extraña (el no haberse cuidado o la negligencia médica, en su
caso).
Presunciones de responsabilidad o de culpa
Uno de los problemas graves que presenta la responsabilidad delictual o cuasidelictual civil es el
de la prueba, especialmente de la culpa, la cual recae sobre la víctima. Para palear los
problemas que ella presenta, el legislador ha establecido algunos casos de presunciones de
responsabilidad o presunciones de culpa. De acuerdo con el sistema de responsabilidad subjetiva
(que es el aceptado por el Código Civil), la víctima de un hecho ilícito tiene sobre sí el peso de la
prueba de la culpa o dolo del autor, lo cual evidentemente presenta dificultades para la víctima.
Para atenuar estos inconvenientes y hacer más expeditos el ejercicio de la acción que a la
víctima le corresponde, el legislador en ciertos casos supone la existencia de culpa, es decir,
presume la responsabilidad del autor del daño. Cuando estamos ante estas presunciones, la
víctima no debe probar ni el dolo ni la culpa, solamente va a tener que acreditar la existencia del
hecho que produjo el daño, es decir, va a tener que probar los hechos de los cuales la ley deriva
la presunción. En este caso, se invierte el peso de la prueba, porque no es la víctima la que va a
tener que probar la ausencia de culpa, es decir, debe acreditar que el daño se debe a caso
fortuito, culpa de la víctima o hecho de un tercero.
3. - Presunciones de responsabilidad por hecho de las cosas (artículos 2323, 2324, 2326,
2327 y 2328).
Lo que sucede es que esta disposición en su inciso 1 establece la regla general en materia de
responsabilidad delictual o cuasidelictual civil al decir que: "por regla general todo daño que
pueda imputarse a malicia o negligencia de otra persona, debe ser reparado por ésta".
Cuando el Código Civil utiliza la expresión "malicia", se está refiriendo al dolo y, con la
expresión "negligencia", se está refiriendo a la culpa.
Pero, esta norma del artículo 2329 añade en su inciso 2: "son especialmente obligados a
esta reparación..." y hace una enumeración de las personas obligadas a reparar. En cuanto a
esta enumeración, la norma se aparta de la regla general del inciso 1; ello, sostienen los
autores, queda evidenciado por la redacción del inciso 2., quienes toman como base la
expresión "especialmente" y dicen que la norma se separa de la regla general, porque se
está refiriendo necesariamente a aquello que se diferencia de lo genera y la singularidad que
tiene esta situación de apartarse la norma de la regla general es que, en estos casos
enumerados, hay una presunción de culpa del autor.
La importancia de establecer una presunción de culpa del autor es que se modifican por este
hecho las reglas generales en materia de prueba de la responsabilidad delictual y
cuasidelictual civil, porque en estos casos que enumera el artículo 2329, como se presume la
culpa del autor, la víctima no va a tener que entrar a probar la culpa de éste, sino que es el
autor del daño quien va a tener que probar que actuó con la debida diligencia o cuidado.
Uno de los motivos principales que origina la responsabilidad delictual o cuasidelictual civil
deriva de los accidentes causados en la actualidad por vehículos motorizados y sucede que
ya en el CP se establecieron normas para los accidentes causados por vehículos de tracción
mecánica o animal y en que resultaren personas lesionadas o se produjere la muerte.
La norma del CP nos dice que en estos accidentes causados por vehículos de tracción
mecánica o animal en que resultare herido un peatón, se presume la culpa del conductor del
vehículo dentro del radio urbano cuando el accidente se hubiere producido en el cruce de las
dos calzadas o en la extensión de los 10 metros anteriores a la esquina; ocurrido el
accidente en otro lugar que no sea éste, se presume la culpa del peatón (artículo 492 CP).
Por su parte, la actual Ley del Tránsito (L.18290), consagra una serie de presunciones de
culpa en su artículo 172.
La regla general en esta materia está dada en el artículo 2316: cada persona responde por
sus delitos o cuasidelitos o por la persona de quien se es heredero. Es decir, la regla general
es que la persona responde por hecho propio y no por hecho ajeno.
Pero, hay casos de excepción, porque hay circunstancias en que una persona va a entrar a
responder por hechos ajenos, lo que va a suceder cuando el autor del delito o cuasidelito
está bajo el cuidado o bajo la dependencia de la persona que va a responder por el hecho
ajeno: este es una caso de responsabilidad civil que la ley presume (artículo 2320 inciso 1).
El fundamento de esta responsabilidad por hecho ajeno radica en que la ley estima que
cuando una persona tiene a otra bajo su cuidado o dependencia, aquélla tiene que vigilar a
esta última para evitar que cause daño. Pues bien, el legislador razona sobre la base que
es de suponer que si la persona que está al cuidado o bajo la dependencia de otra causa un
daño es porque la persona que debía vigilarla no empleó el cuidado suficiente para evitar
que el hecho se produjera.. De modo que lo que la ley hace es presumir en estos casos que
el daño se produjo porque no se empleó la debida diligencia para cuidar o controlar a la
persona que se tiene a cargo, ya que si la hubiere empleado el daño no se habría producido.
En los casos de responsabilidad por el hecho ajeno hay una presunción de responsabilidad,
la cual consiste en suponer que el daño se produjo por culpa de la persona encargada de
vigilar al autor del daño y es esa culpa la que la ley presume.
Basta ver los casos de responsabilidad por hecho ajeno para ver cuál es el principio que
inspira a todas estas presunciones.
La diferencia entre estas dos situaciones está en que si el autor del daño es
capaz, se presume la culpa de la persona que lo tenía a su cuidado. En cambio, si
es incapaz, la víctima va a tener la culpa del guardián, porque la ley exige como
requisito para su responsabilidad el que pueda imputársele negligencia.
Veamos ahora los casos de responsabilidad por hecho ajeno, algunos de los cuales están
expresamente señalados en el artículo 2320. Hay otros que pueden encuadrarse en el inciso
1 del artículo 2320 y, finalmente, también hay algunos que se encuentran establecidos en
otras leyes. Estos casos son los siguientes:
1. - La responsabilidad del padre o la madre por los hijos menores que habiten con
ellos. Para que se configure esta responsabilidad tienen que concurrir los siguientes
requisitos:
b) Tienen que ser hijos menores de 21 años. Por los hijos mayores de edad no
responden los padres, sino que personalmente el autor del daño. Por esta razón,
si el hijo de familia comete un delito o cuasidelito civil y tiene peculio profesional o
industrial, no va a responder el padre, porque cuando es así, ese hijo se mira
como mayor de edad (artículo 240). Esta institución de la patria potestad
(conjunto de derechos que la ley confiere al padre sobre los bienes del hijo)
termina por la emancipación y no con la obligación de cuidado del hijo, por
consiguiente, no elimina la responsabilidad por los hechos ilícitos de él.
c) Que el hijo habite en la misma casa del padre o madre: esta exigencia de la ley se
basa en que solamente puede exigirse esta obligación de vigilancia o cuidado del
padre o la madre en el caso que el hijo conviva con ellos, ya que si no viven
juntos es difícil que el padre o la madre puedan dar cumplimiento a esa
obligación. De tal suerte que si el hijo no habita en la casa de su padre o madre,
no va a existir la presunción de responsabilidad, es decir, el padre o la madre no
van a responder de los delitos o cuasidelitos civiles cometidos por el hijo menor,
salvo la situación excepcional que se contempla en el artículo 2321, en el cual hay
responsabilidad de los padres por los actos del hijo, no obstante que no habiten
en la misma casa.
d) Que el padre, con la autoridad que le corresponde y a través del ejercicio de ésta,
haya podido evitar el hecho ilícito, porque si no fuere así no hay responsabilidad
para ellos (artículo 2.320 inciso final). De estos requisitos, tan solo el peso de la
prueba le corresponde a los padres en el último caso y, lo que ellos deberán
probar allí es que no obstante su diligencia y cuidado no pudieron impedir el hecho
ilícito, prueba que no le es admisible en la situación que contempla el artículo
2.321. Las demás condiciones tienen que ser probadas por la víctima del hecho
ilícito.
2. - La responsabilidad del guardador (tutor o curador) por los hechos del pupilo:
para que se configure esta responsabilidad es necesario que el pupilo viva bajo la
dependencia de éste. De tal manera que esta responsabilidad afecta a aquellos
guardadores a quienes se encomienda la tuición o el cuidado personal del pupilo,
porque no todo guardador tiene tuición o el cuidado personal del pupilo, ya que hay
algunos a quienes lo que se encarga es la administración de los bienes del pupilo, tal es
la situación que se presenta con los curadores de bienes, los curadores especiales y los
curadores adjuntos. De tal suerte que un curador de bienes no va a tener
responsabilidad por los hechos ilícitos que hubiere cometido el pupilo por la sencilla
razón de que él no tiene el cuidado personal de éste (la curaduría de bienes está
tratada en los artículos 473 y siguientes).
5. - Otros casos fuera del artículo 2.320: existe uno muy particular en el artículo 2322,
aquí el legislador emplea la expresión "amo", entendiéndose por tal la persona que
tiene a sus servicios a empleados domésticos; y por "criados" o "sirvientes", las
personas empleadas en esos menesteres. El amo responde sólo de los actos
ejecutados por el sirviente o criado que se realicen mientras este último
desempeñe sus funcione, labores o cumple las órdenes que se le han impartido.
No hay si responsabilidad por los actos ejecutados por éstos y que sean ajenos a
las funciones que les corresponden, ni tampoco por los actos que importen un
abuso de las funciones que le corresponden al criado o dependiente.
6. - Casos fuera del Código Civil: por ejemplo, en la Ley del Tránsito se establece la
responsabilidad por del propietario del vehículo por los hechos ilícitos que haya
cometido el conductor.
Efectos de la responsabilidad por hecho ajeno
Produce única y exclusivamente efectos civiles: jamás tiene efectos de carácter penal.
Los efectos civiles que produce son:
La razón del primer efecto está en que la responsabilidad por hecho ajeno tiene por
fundamento la idea que de parte del responsable ha habido un descuido, una negligencia, es
decir, una culpa por falta de vigilancia de la persona que está sometida a su autoridad y, es
por ello que se presume la responsabilidad de esta persona, presunción esta que es
simplemente legal, ya que la regla general en la materia nos la da el inciso final del artículo
2.320.
Pero, hay un caso en que la presunción no es simplemente legal, sino que es presunción de
derecho y es la presunción de responsabilidad de los padres que se contempla en el artículo
2321.
El segundo efecto, no lo dice expresamente la ley, sino que se deriva de la aplicación de las
reglas generales, porque el autor ha cometido un delito o cuasidelito civil y porque es
plenamente capaz en lo que dice relación con los hechos ilícitos y, por consiguiente, queda
comprendido en las disposiciones generales de los artículos 2.314 y 2.329 inciso final.
Por lo demás, no hay ninguna norma legal expresa que excluya la posibilidad de dirigirse
contra el hechor, es decir, si la víctima del hecho ilícito no ha sido reparada por la persona
civilmente responsable, va a poder accionar en contra del autor del hecho ilícito. No va a ser
esta la situación frecuente y normal, porque la presunción de responsabilidad se encuentra
establecida, entre otras razones, por la posible insolvencia del hechor o autor. Basta analizar
los casos de responsabilidad por hecho ajeno contemplados en el artículo 2.320 para concluir
que en la mayor parte de ellos el autor o hecho no tiene la capacidad económica suficiente
como para responder de los perjuicios que hubiere causado.
Lo que no puede hacer la víctima del hecho ilícito es demandar al hechor y al tercero
civilmente responsable en forma conjunta, porque la regla general en esta materia es que no
existe solidaridad, salvo en el caso del propietario de un vehículo, que responde solidariamente
con el conductor, regulado en la ley 18.290 de Tránsito.
Tampoco le está permitido por la ley el que pueda acumular la responsabilidad por hecho
ajeno proveniente de distintas causas, como sería el caso de un hijo menor que a la vez es
estudiante: no podría acumular la responsabilidad del padre o de la madre y la del director de
la escuela o colegio.
a) El hecho ilícito tiene que haber sido cometido por persona capaz.
c) El hecho ilícito tiene que haberse cometido sin orden de la persona que pretende
repetir.
d) Que el hechor tenga bienes sobre los cuales pueda dirigirse el civilmente responsable.
Se presenta cuando ellas actúan con independencia de la acción del hombre, esto es, por la
fuerza misma de la naturaleza o por la falta de intervención de la acción humana.
1. - Responsabilidad por hecho de los animales: está tratada en los artículos 2.326 y
2.327, disposiciones que establecen la responsabilidad del dueño o de la persona que
se sirve de un animal ajeno por el daño causado por éstos, e incluso por aquellos daños
que causaren después de haberse soltado o extraviado.
Hay ciertos casos en que la prueba de culpa por parte del dueño o del que tenía el
animal bajo su responsabilidad ni siquiera es admisible, como sucede en la
situación contemplada en el artículo
2.327 respecto del animal fiero del que no se reporta utilidad para la guarda o
servicio de un predio.
2. - La responsabilidad por ruina de un edificio: está tratada en los artículos 2.323 y
2.324. En estas disposiciones las expresiones "edificio" y "ruina" están tratados en un
sentido muy amplio. La palabra "edificio" se refiere a toda construcción que se
adhiera al suelo en forma permanente y "ruina" no implica necesariamente la
destrucción total de la obra.
Ahora, si la ruina del edificio se debe, no a la falta de cuidado del propietario, sino
que a defectos en la construcción del mismo, la responsabilidad va a recaer
sobre el constructor y, para hacerla efectiva, habrá que considerar el respectivo
contrato de construcción.
3. - El daño causado por una cosa que cae o se arroja de la parte superior de un
edificio: (artículo 2.338) Aquí debe tratarse de una cosa que no forma parte del
edificio (no debe estar adherida a éste), porque si así fuera no se estaría en esta
situación, sino que en la anterior, esto es, en el caso de la ruina de un edificio con la
consiguiente responsabilidad del dueño. En este caso, la responsabilidad no es del
dueño.
Para obtener la reparación de los perjuicios, la víctima tiene una acción indemnizatoria, la cual
presenta las siguientes características:
* Es siempre una acción mueble, porque tiene por objeto, normalmente, el cobro de una
suma de dinero y, en ciertos casos, la ejecución de un hecho.