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Enrique Dy Español

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Xavier University

Exhibit
Father Francis J. Finn, S.J. Books Archives and Library Special Collections

1928

Enrique Dy (Spanish)
Father Francis J. Finn
Xavier University - Cincinnati

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P Franci s c o Finn. S.J .
NARRACIONEfi ESCOLARES

ENRIQUE DY
rO!-< EL

ri. P. FRANCISCO FINN, 5. j.

rlel 10.' al It' mil\ar

Tl!,ocrc~J J.:. LA EDCCAC..10~~


C>.Ll F /\.,. "Rb, 20, --- g '-Rt.ELC:\ /\
APROBACIONES
f:;r/
~--· 1

IMPRIMI POTEST
jOACHlMUS VILALLO!"GA, s. J.
Praep. Prov. Ara:;.

NIHIL OBSTAT
El Censor,
JuA~ TUsQUKTS TERRATS, Pni..:o.

IMPRiMASE
Barcelona, 6 de Agosto de 1928
·c JOSE, Obispo de Barcelona

Por maudato de Su Excia. llma.,


OR. FRANCISCO M." ORTEGA DE LA LORRXA
Canci/ler - Secretario

.• Reservados ..
todos los derechos

Vlll-926-4000
C'APi'l'CLO PHJlllBHO

En que necesito halilar de mis primeros aiios, y hacer


una excursion al campo para pasar la Nochebuena
en una casa muy enojosa

(jou to<lus los l'Cqncridos vernn:::;os dcl lcctor cs 111c~


1

nester que corniencc cstn 11a1Taci611 hnblando una bucna


1

piC'za de 1ni insigni-fieantc persona. No 80Y prccisamentc


rl hliroc de csta hi:-;toria pc1·0 vor un cxtra:fio concurso
1

t1c cirennstnncias inc hallo de tal 1nanera culnz~n1o eon )0:;


pel'sonajes y los hec·hos de elln, quc no cncucntro nH\Hc1·a
de cn1pezarla, ~;in decir algo de 1ni Yidu pasada.
Asi vncs, c~cn1Yicne quc scpa el Jector qnc, sicudo yo
todavia mny nifio, <li a rnis padres nn susto 1nayUscnlo
y le~ c·nnsC grandisima. solieitu<l .
....-\conteei6, pucs, (lllC una not·hr, cuando ini 1nadre,
scgltn su costtunbrc, entr() en 1ni aleoha autc8 de a<~ostar-
8c, para cubrir1nc con 1a colcha y darmc las huenas llO-
ehcs con el Ultimo beso 1 hal16 mi ca1na vacla.
Granden1ente aKusta<la por cl ca.so, llam6 a n1i paJrc,
procedieron a. una angnstio8a posquisa 1 hasta q_uc, con no
1nenor cspanto, me halluron paseando por el jardln, pro-
fun<lamcnte dormido.
G I'. Frandsen Finn. ~- J.

I,lamaron al dia siguiente al medico, consultaronle cl


caso, y despues de hacerme innumel'ables prcguntas, que
excitaro11 n1is uervios hasta un grado insu:Erible1 procurO
tranquilizar a mis queridos padres, aseguriindoles qne
aquello no era 1118.s que una -id1:osi11cra~ia, que probable·
mente desaparcceria con la edad.
El inedico cobr6 sus houorarios por tan in1portante
cxplicaciOn; pero no consigui6 devolver el sosiego a nii
pobre madrc que, temieudo cualquiera des1niin de uno de
aquellos accesos de sonamlrnlismo, abandono su Jecho
y vino desde entonces a. pasar todas las noches sentuda
en un sill6n jun to a ini cainitu. Ton1aba una de n1is n1anos
entre las suyas, y asi dormitaba sin acostarse, velando
continuarnente n1i suefio; y nre acuerdo con infinita ternu·
ra de las veccs que, al despertar de noche, sentia 1ni 1nano
entre las s11yas, y al darse ella cuenta de que me habia
<lespertado, 1ne pasaba. la n1a1~0 por la frente o n1e aeari-
ciaba con un an1oroso beso.
Con esta vida solicita, mi buena n1adre u1TninO ~u
salud y acelerO el fin de su vida. EstrechC entre las 1uias
aquella rnano fria, que inc habfa. prodigado tantas cnri-
eias. Bese por i'.tltima vez su rostro, blanco con la palidez
de Ia n1uerte, y uua nueva sornbra de tristeza sc extenditJ
sobre mi niiiez. endeble y neurastCnica.
Mi padre, apenas repuesto de aqucl terrible golpe, eom-
prendi6 que era neeesario buscar quicn sustituyera a ini
madre en ]a vigilancia de rni int.ranqnilo sueiio, que lus
impresiones recibidas. aqnellos dias hacian mas agitado.
Busc6 en la ciudad nna persona apta para aquel delicado
oficio, pero i11Utiln1ente. Por fin se resolviO a poner nu
anuncio en el dia.rio local 7'/ic 8ess-io-nsviZ.le De-n1oc1-rtt. qne
lo puhlieO en estos tC.r1ninos:
.'.... - ......
"Se desea una enfermera para velar. Ha de ser per-
sona seria y digna de completa confianza. Para mas in-
formes dirigirse a Jua11 Dy, 13, Diadison Street Scssions-
1

vjJle, ~1jssouri."
iAquella mis1na mafiana se p1·esentaron varias perso-
nas, y continuaron acudiendo otras muchas e11 los d.ias
siguientes. Mi padre, asistido de! medico de casa, las so-
metia a iu1 mint1cioso examen; y finalmente, descoufiados
de encontrar una veladora ideal, se hubieron de contentar
con la menos inconveniente de las 1·eales, que creyeron
hallar en Ia persona de una mujer de mediana edad, que
se anunciaba con el nombre de l\liss Ada Raynor.
A la verdad, una cosa habia que no satisfacia en ella;
y era el rnodo evasivo o rnuy vago con que eontestaba
a las preguntas refercntes a su pasado. Mi padre y el doc-
tor procururo11 in{1tilmc11te 8aca.r en limpio <le dondc pro-
cedia y em\Jes habian sido hasta entonces sus ocnpacio-
nc8. Las frases con que respondia mostraban una exqui-
xita edncaci6n y no comltn distil1ci6n de modules, pero no
hacian sino ernbrollar rnas y mas el Secreto de SU pasado.
Con todo eso, fuC adtnitiJn en casa, por mHs tine mi
padre la miraba con tor\'o cefi.o, y el mCdico movia a uno
y otro !ado, con aire de dnda, su docta cabcza. Por lo que
a mi toca, me mostrC nuis ftl.cil de contentar que ellos.
Los nifios se preocupan poco de lo pasado, embebidos
en la consideraci6n de lo porvenir, que se lcs 1nuestra
lleno de promesas c improoiones lisonjeras.
i\frs. Raynor estaba delante de mi, serena y sonriente,
respondia alegremente a mis preguntas y sc mostraba
presta a seenndar mis anhelos. ! Que se me daba de lo
qne hubiera hecho antes? En poco tiempo me encarifie
con clla cordialmente, y a pcsar de la• dudas de! doctor y
de mi padre, estaba cierto de quc c1Ja correspondia a 1ni
carifi.o. El modo gracioso y a.mahlc con quc inc llamaba
"Enrique", me recorclaba. YiYamente la voz y la cxpresi6n
de n1i inadre. Ade1n<ls1 iba dcscnbriendo en ella dla tras
<lla una porci6n cle cua1idadcs quc me la hacla11 quercr
111as tiernan1ente1 hasta quc, easi sin <la.rn1c cuenta. de cllo,
llegue a llamarla ma.ma.
i Con que alegre sonrisa ·vi ilurninarse su l'ostro la pri-
1nera vcz que Ia 1Jam6 asi ! \Tcrdaderamentc 11ac:ia conn1igo
oficio de madrc, y coloque en ella toda la confianza y amor
de un coraz611 inoccntc 'J anifiado.
Indudablemente, 1\Irs. Haynor era una veladora fiel.
Por la mafiana descansaba hasta cerca del mcdiodia; pcro
por la tarde y toda la nochc estaba continuamentc ocupada
en vigilarme. Cuantas veccs se tnrbaba la tranquilidad de
mi suefio, o 1nc sentia arrastrado por mi 'idiosin.crasia., Ia
encontraba a ini la<lo, pronta sien1prc a. cahnar1ne y a cs~
torbar suavc1nentc mis cscapatorias noctnrnas.
I'or desgracia, aquella dulce cordialidad ha.bla de iu-
terrun1pirse n1uy presto por las mas negras sospechns y
pesadumbres.

~ ..
Era la tarde del 21 de Dicicmbre, dia cu quo cumplia
mis once afi.os. Estaba sent.ado sobrc la al:fombra., delante
de la chimenea de nuest.ra snlita, lcycndo por la vigesin1a
vcz la Ilistoria de A!i Bab<i y los cw>r,enta f;:rdrones, y
lrnbia llegado prccisamentc al terrible paso en que Morgan
echa el agua hirviendo en las vasijas dondc sc hablan ocul-
tado los ladrones, cuando un paso firme y resuelto, que se
oy6 en la habitaci6n inmediata, me hizo poner en pie apre-
surada.ment.e.
lJ

Conocia n1uy bien aqncl paso 1 que era el de mi patlrc,


y le sali al encuentro con mucha alegria. Sn rcgreso era
para mi el mas agradable instante de! dfa; sicmpre, cuan<lo
llegaba, me encontraba en la pucrta esperandole, y, cogicn-
dome en sns brazos, me cubria de besos. A esto sc i·edu-
cia todo. Mi padre era hombre de pocas palabras; pcro en
esta ocasi6n se puso a convcrsar conmigo.
-Enrique - me dijo apcnas me hubo dcjado en tie-
rra - - 1 tcngo una gran 11oticia que <la.rte. Naturalmente 1
tc acucrdas de tu tio Jaime, ino cs verdad?
Me estremeci oyendo pronunciar aquel nombre. El tio
Jai1ne habia 8i<lo cl coco de 1ni nifiez. J_,c hahia visto s6lo
u1u1 vez, pero 1nc habia sobracJo.
En nuestra breve entrcvista, n1i tio habia hablado con
tanta durcza, habia 1nostrado un cefio tan adusto y ltn
scmblantc tan antipiitico, quc aquella noche me acostc con
la jn1aginaci6n pobla<la <le las mils pavorosas fa11tasias.
\r no era cxtrafio quc ini tio hubiera producido en mi
est a. impresi6n; pues era la quc produeia de ordinario en
cuantos le tratahmL Aquel vicjo era. uni1·ersalmente abo-
rrecido. De lo que habia oido decir de el, sabia qnc era
1nny rico y muy hosco; muy duro y muy avaro.
- i Si me acuerdo Jc! tio Jaime, papa i ; Ya lo crco que
n1e acuerdo !
--Pucs bien. Parece quc le ha aconteciJo algo extra-
ordinario. i Pobre Jaime! Es un diamantc en bruto, y
ahora se esfuerza con toda su alma para hacerse simpatico.
l;ee.
Y diciendo esto, sc dcsabrochO el gaMn, y sac6 del
bolsillo interior una cartera amarilla, de la cual tom6 una
carta.
-Mira - me dijo, poniendomela delantc de los ojos.
10 P. Francisco I 'inn, S. j,
1

-Leamela usted, papa. Sabe qne no teng·o facilidad


para entender el manuserito.
-Oye, pues. No omitire palabra:

"1'ower Hill Mansion, 20 de Diciembre de 18 ...

Sr. D. Juan Dy:

Mi querido hermano ...

l\Ii padre sc detuvo, a 1o qnc entendl 1n:ls ndelante, por


la dificultad que hallaba en conciliar con la dnrcza. de mi
tio, este snave comienzo de una carta. Lnego eontinu6:

Tengo necesidad de qne tu hijo Enriqn~, 1ni sobrinito


Enrique, venga. a pasar eon1nigo la Noehebue1u1 prUxitna.
Se trata de nn asnnto grnve. rrn hermano,
JAIME Jh."

Si mi padre crey6 que me halaga1·ia11 el desmotdo ca-


tifio de mi tio y el deseo que sn an1ab1e cart.a expresabn,
se equivoc6 de 1nedio a n1cdio. La. idea de pasa r nna noche
en casa de aquel pariente, ine era insoportable 1 en tt~rtni·
nos, qne me eclte a llorar, exclamando:
- i Oh, papii ! No quiero ir a rasa del tlo.
-t Por que eausa, Enrique?
-Porque ... porque... es un viejo horrible ... y vive solo
en el campo... y ... y ... no lo pnedo sufrir. (Dije estas
t'tltimas palabras interrnmpidas par vehementes sollozos).
-f; Que es esto) Enrique 1 i Nnnca te hubicra erefdo
tan malo!
Esta paterna inerepaei6n cerrO instantiineatneute la
1l

fuente de mis lagrimas. Mire a mi padre, y vi que ponia


un rostro muy severo, mientras co11th1uaha:
- i Pensar que mi hijo se atreva a califiea1· u n1i her-
n1ano mayor cle v·iejo horrible ... !
Comprendi que habfa cometido rnia falta. Dcspucs de
todo, era mi tio. Esta conciencia n1e inclin6 a ceder.
-6 Po<lra venir conmigo ~irs. llaynor 1 ~- pregunt6
a manera de transacci6n.
-Naturaln1ente. Ya ~e entiende. En seg·nida sc lo
dire.
Pe1'0 con no menor sorpresa niia que de 1ni padre, tnn
luego eomo le anunciO que 1ne acoinpnfial'la, l\tisttess l~ny­
nor mostr6 una grande agitaci6n.
-f, Es precisamente necesario que vaya yo? - pregun-
t6 <lPS}}U&s de reflexionar 1111 momento.
- i Oh ... ! No es _absolutarnente necesario -- res:pondiO
mi padre.
-Entonces, no ire.
La fisonomla de 1ni padre ea1nbi6 de exprcsiOn.
-1\IanuL - gritC asiCndole una 1nano - iquieres tll':
jarn1e ir solo a aqnella easa ... 1
-1\li qucrido En1·ique - repu~o -, siento mueho se·
pararme de ti; pero es mejor que vaya.s allU con cualqniel'<\
otra persona.
-Pero yo1 rna1nU 1 te nece;-;ito a ti. &No quier(•:; haeer·
me el favor de vcnir?
Co11 voz muy conn1ovida conte:-:t6 nirs. l{aynor:
-Vendre. Por tu ainor vcndrC yo tan1bil?n, };nriqne.
Conforme a esto, el dla 24 por la maiiana to1namos C'l
tren que conduce a Tower Hill, y he de confesar que pa'c
el dfa alegremente. _.A.l atardecer llegamos a la estaci{in,
donde enrontran1os un viejo carrnajP: eondncido por nn
:12

cochel'o vicjo, cl cual apenas huhin1os cntrado en CJ 1 ccrr6


la portezt1cla con U.it gesto groscro1 y a paso 1nodcrado
nos condujo a casa de 1ni tlo .
.:\quella noche cs1nYo 11en;t de terriblrs nracc~irnientos.

Cc\Pf'lTf,O lI

En que mi tio y Mrs. Raynor tienen una querella, se lee


un testamento y yo me voy a dormir con el animo
muy ·intranquilo

To,vcr I-Iill l\.Iansiou, aunquc nHH'ada scliorial, tenla un


a~peeto :frlo y antip(1tiro. Sobre su portacla pareclan es-
critas est.as pal a bras: ;.\To os .a.ccrqnf..is,· y cl interior c•o-
lTespondla. perfecta1nentc al exterior. }11 1nohlajc, desclc
fa sala hasta la lib1·erfa y desdc la libreria hi\,ta el euf11·to
de dorn1ir, era sevcro, 1nacizo y tCtrieo.
Cuando cl adusto cochero toc6 la ca1npa11illa. de la
puerta, n1c C'stre1neci, y er~riO n1i estrc1neci1nieuto cuando
la puerta giiniO sohrc su pesndo qnieio, abierta por utro
sirvientc nuis hosco todayfa. InstintiYaincnte n1c agarrC
a Ini aya, ~r no soltC sn nuu10 desde que pisan1os a.quel tris1e
un1bral, hast-a que entran1os en la librcrla, cerrada por pe-
sados cortinajes, rodeada de melanc6licos estantcs llcnos
de libros viejos, 1nohosos y aperga1ninados1 cntre los cna-
les estaba sent.ado mi tio, con su figura escuUlida, 111Us
triste que la misma t.risteza.
l\fientras ent1·Uban1os 1 n1i aya daba ineqnivocas sefia-
Enrique D3·

les de gra.ndc agitaci611: s11 rostro sc contraiu con Yul so y


1nc pareci6 que ahogaba lln sollozo. j C6mo te1nblaba sn
Jnauo entre Jas m:ias, cuando nos halla1nos frente a mi tio !
Levanto este lentamente los ojos, que brillaban a traves tle
sns enor1ncs antiparras, y, frunciendo sus cejas sombrias,
me mir6 scveramcnte nn b11c11 rato; pero todavia ton16 1111
aire mils scvcro, cuando ech6 de ver a ilfrs. R.aynor.
'rambien 11osotros le n1ir£tbamos a el, y yo le hallaha
t;il eomo lo habia visto otm vez: con su rostro a.fi!atlo y
;1marillento; la nariz aguilefia y fina, loo labios palitlos
,. frios. Los ojos hunditlos, parecian habitar en la region
de los hielos perpctuos, y sus calicllos tlescuidadamentc
ra.iUox ha.sta los hombros, parccia11 encanccidos no ta11to
1

por la edad, co1no por Ia atm6sfera glacial en que vivia


aquel hombre. La idea de una sonrisa ·hubiera parecido
ahsurda, en sn semhlante.
-Enrique - me dijo despucs de aquclla inspeccion
a ten ta y rno1csta: - &quC tiene qne ver contigo esa n1ujer?
--Es l\ilrs. Raynor, tio - le conteste - ; y haee con-
.lnig·o las veces de madre, tles<le quc perdi a mi mama.
---j Las vcces de madre ! - repitio frfamcnte -. Pues
ya me pareces demasiado grandc para andar eolgado de
las f:a.1dns de nadie. Esa n1u;icr no ha sido invitada ave-
nir. y pue<lc rctjrarse.
l\.Irs. Raynor se hab:la inostratlo sie1nprc tan duefia de
sL quc s~ habria. dicho no tenia pasiones. Pero su agita-
ei6n r cl relcin1pngo de ira quc brill6 entonces en sus
ojos, <lemostraron bicn n Jas ciaras lo contrario, y me Hc-
naron de terror.
--Dior:; sabc --- c~ontest.O a la hrusea jntin1aci6n de n1i
Ho - que r-sta easa cs el ultimo sitio de! mundo a donde
h<ihr'in itlu. Tjc ronozl·o~ Sr. Jni1n(' Dy. l~ n1ejor 1c ronoei6
11 I'. Franl'ii't'O Fillll. N. ;r.

n1 i pobrc 1na1'ido) que ha n1ucrto en la pobrcza v:iet.in1a de


sus fraudes .
.i.\ la primcra. palabra de n1i aya, n1i tio se sobrcsalt6,
:· a medicla que ella hablaba, su rostro se puso livido como
un cad•\ver. Extendi6 el brazo, r seiialandolc la puerta
con 1a. 1nano descarnada, insisti6 en su deseo de quc sc
aleja1'a;
- i Andad, andad ! - dccia con yoz cavernosa.
Pero yo le interru1npf, gritando: - i ''l'a.mbi6n yo n1c
marcharC, tio !
-No 1 n1uchacho ~ repuso hnperiosan1cntc - . QnC-
datc tu.
El susto n1e tenfa fucra de mf. ~fe aga.rrC convuJsiva-
mcnte al brazo de mi aya, gritando: - Mama, no quicro
apartar1nc de ti. Si te vas, n1c voy contigo.
I~Jntonces
1ni t.io sc abland6.
-Bueno - dijo -, pues quedaos los dos. - Y vicndo
quc no est3.ba.1nos ni.uy dispuestos a complacerlc, afiadi6;
- Pe~·done 1 seiiora, la dureza eon qne n1c he expresado.
No sospeehaba el afocto quc Yeo une a usted con mi so-
hrino.
I\frs. Raynor pareei6 dudar unos inst.antes. Pero al
fin se domin6.
-Os aseguro, - prosigni6 mi tlo -, que esta nor he
he1nos de arreglar un asunto de gran iinportancia para 1n
ponenir (dirigicndose a mi). Y para esto he querido aue
pasases eonmig·o esta Noehebuena )' el dia de Navidad .
..l\l pronnneiar estas palabras n1e pareci6 desenbrir en
1

e1 rostro y ]a VJZ de mi tio, 11n sf qu6 RUavidadi eomo pres·


tada de la dulznra de e8t.os 1101nbres; y esta i1npresi6n me
ha eonsolado nn poec de los tren1endos aeontecin1ientos
que aqurlla noehc sobreYinicron a nqnel dcsYl'ntnratlo.
J~nl'iqnp Dy 15

-Poz nmor de Enrique -- dijo 1ni aya - he YCEido: y


por cl rnis1no ~.nc quedarC.
:i\Ii tfo di6 a.lgunas sefialcs de con1place.ncia y i1os in-
1

vitO a sentarnos; y en seguida tir6 del cordOn de Ia ran1-


pani1Ja.
J~ntrD easi d( 1epente el horrible criado que 1103 habla
abierto la puer!c
-Ca get -- le dijo mi tfo Uspera1ncntc -·, di n Ia coci-
11('l'a quc i::u~)a CF seguida.
Ca get asint.i6 con un grufiido; sa1i6, y volvi6 a poco
acompafiado de una mujerona robusta, quo entr6 en la
sala con los brazos en .iarras y las 1na11os en las cadcras.
-Caget. - ordcn6 1ni tfo -, 1n8.-rchate de aqui.
El criado c1i6 una espccie de berrido, como sefial de
que obedecfo, y sc alej6 mirandome con una manera de
sonrisa que dcscubri6 sus dientes amarillos y asquerosos.
Bn cnanto la puerta se hubo cerrado ruidosamente tras
{ti n1i tfo reqniri6 nuestra atenci6n.
i

-Ahora - dijo -, vosotras dos, n1ujcrcs: y t(1 1 chico,


pnc estais atentos?
-Si, senor - eonteste tlmidamente, y sin aeabar de
rnlvcr de mi susto, aprete la mano de mi aya, que estaba
temblorosa y me pareela murmuraba en voz baja palabras
poco halagiieiias para mi pariente.
]~stc, ya scguro de nuestra atcnci6n, ton16 un p]iego
de su ee:icrihania, lo mir6 unos moment.os, y Iucgo sin otro
1

preUmbulo, Iey6 en voz alta lo quc sigue:


"Yo, Jaime Dy, estando en mi juicio cabal, dispongo
por el presente tcstamento de todo mi dinero y de enantos
bienes n1e perteneeen, en favor de mi criado Jaime Caget."
}_.qui sc inte1·l'l1mpi6 ;.· 1 volviendo hacia n1f los ojos,
dijo ~
f'. Fr:1n(i~cu Finn, ~. .T.

-· Sohrinll, tu padre y yo tuYin1os haec ticn1po nn di"-


~usto, 31or ln <'Hal r<'sol\'f no tl~jnrlc 11i 1111 <>Cnti1no de 1ni
dinl'ro. Por cso lti"c cstc t('sf:nnC'nto. l)ero la !:.'angrc 110
f'~ agua. :'\li cri;:ulo 110 0s de ini ia1nilia y t(1 sl. ..-\dc1nfl".
C'np:0t ~c ri1C' ha. heC'ho odioso.
-)Ii rad - - f'o11tiuu1'i: y haeil'ndo y dicirndl\ 1·a:-;g-O C'l
feslan1entu en n1c11udus pl'•.laz-o" ;· los .1t-rojO ii la cn<'('ll-
llida cliirncrtc><J.
't contin:16: - - J~scuehac1 ;1horn.
'rnn\c'1 1>fro plie.!..!;o cl<' ~u csl•t·il>anla. y lt'yt) Io que si~ur.:
'· \~0 1 ,Jui1nc J)y, e!-;tundo ('ll ini l~ab;il juil'io y saltul,

dispongo de todo n1i dinero y de todas n1is propicdlH.lcs y


valorcs de nti pertcne.ncia. en fayor do mi sobrino Enriqno
l)y". l·~H, pnes, iio hahCis ofdo?
--\~ t. no hay rnU.s'! ·- prcp,utttil :\{rs..It..aynor.
-·-:\~o h;.1y 1118..s -- cont1:1stO h1·t1Sc><-i1ncntc rnI tfv---. Lo
<1em3s toca a. Jos a boga<los.
· --Pc-1·0 ha.y otrns ohligaeiunC'~ quc ten er en r.uenta,
:Sr. lly ·-·- prosiguic'i )Jr~. Raynor-. ~Si le lligo a ustcd
quicn soy, pue<.lo cs:pcrar <i:1c me otorgnc nna inclcn1niza-
pj{)11 por los perjuieio:; qnt' irrog\'1 ustctl a. nti n1arido'
--··i I>c rstn hahlnrc111os rn otrn orasi1.>n !
.. _\firad. .·\dP11d;.iis a 1ni inarido ;"i0,000 dnrtls. \"n o"
1'('(·!;11110 rsta su1na 1 :· no d~istiI't~ de rni d('l'<'<'hn.
-·- "\~:,. o.~ he dicho qu~ c>n otrn 0('.1si1l.n.
-·--·\hora l's lirrnpn . .I~~ nstp,l vi<'jo. /Quit~!\ Ir Ji;t :1sc-
tn1rado qne Yi\·irti. nn11·ho r11clc:?
:\Ii tio la n1irl1 1nan~a1nentP. -- ~i clijo con lonti-
tntl - . -; soy Yi~.io~ soy \·irjo. l·:nriquc - - rontinnO <liri-
:.dt>1Hlo~e n 1nl. - he1nn~ tlc hnblnl' un poro en mi hahitn-
c-i,Jn. Pt•ro 1C'r1ninc1no~ anf<'S r . . fc nsnnfo. T.\;fr<lr·-; <lo.,
r'irn1r11 r..;f(' fl'~Lir1H'llfl1 t>ll l'nlid;1d dC' ft1sfig\1S'.
Enrique D~· 17

l\1rs. Rayi1or y la. cocinera firn1aron con sn nombre.


Luego mi tfo se volvi6 a mi y dijo:
- ...1\hora eres rico, sobrino.
'l'ir6 de la campanilla y Caget entr6.
-Caget, conduce a esta sefiora al cuarto de 1ni sobrino,
y procura qnc haya fuego y todo este en lrnen orden.
Sefiora, el desayuuo a las siete y la comida al toque de
ea1npana.
Y tomUndo1ne por la. ma.no, n1e contlnjo por nna es~
C'alera a su aposento, en el i1iso superior, dejando a l\'lrs.
R.aynor en compafiia de Caget.
. .A.cerc6 una si1la a la chimenca, n1e hizo sentar, y Re
parO, n1irilndon1c con l111a. 1nirat1a a1norosa.
---l~nriqnc - dijo por :fin 1 y me sorprendi6 eon 1a sna~
vi<lad de sn voz - ; tlt eres el rctrato de mi rnadte.
JJc mirC al rostro y Yl qnc tcnia Jo8 ojos crnpai'i:Hlos y
que sns labios tembluban ligeramente.
--)'" o era 1111 nifio, cnando mi inadre n1nri6. j l:>obrc
m11n1U ! Si hubiera viYido,. huhicra sido yo rnny diferen1e.
l~staba yo n1iraH<lo fijamcntc a n1i tio, qne ns:i n1e
hahlaba, y pcnsaba entrc mi, como hahia podido llamal'le
im viejo ho1Tib/.e. Ahora me parecla igual que mi padre.
-JiJnrique, - prosigui6 - ; ya soy viejo, y si rnne-
ro pronto 1 ser~ mcneste.r que tn padt·c rcpase mis euenlas y
satisfaga con justiriu a todos los qnc t ienen algl'in dereff
eho sohre mis bienes.
-Si, tio Jaime.
-He sido avaro, Enrique. Y ... y maiiann es NaYidad.
Tlt eres un 11ifio inocente. i l{uega mafiana por n1i !
- j Tio! - exclame, saltando a tierrn y agarrando su
mano.
1\'fi tio se agaeh6 y me hes6 leYemente en la frente.
E~RlQUF: PT - 2
1S

I.uego sc irgui6 de 11.UC'i'O y ocultO su rostro entre su.s n1a-


11os. Hubo lmos instantes de silencio. Despues, haciendo
un esfuerzo, n1e dijo:
-\Tete a acostar; el desaynno a las siete y Jn con1ida
al toque de eampana.
Y antes que pudiem voher en mi del asombro por sn
repentino cambio, cstaha et scntado e-11 su escritorio, con
sus cejas frnncidas quc atristuba11 sn rostro, y escribia
como si yo no me hallara presmte.
Sa1i ·:l 111C dirigl por un la.1'.go corrcdor1 y viendo qnc
salia luz de una puerta entreabierta, 1ne aprcsure n. llcg-ar
a. ella. Era. en efceto la estancia donde Jnc agunrfl;1ba
l\Irs. Raynor. Estaba. todavia n1ny agitada y observe que
ha bfa Ilorado .
...\quella noche estuvo mny co1nunicativa ini a.yn) y, ron
voz quebrada por la emoci6n, me cont6 algnnas eosas de
sn vida pasada: una penosa historia qnc for1naba nn ra~
pltulo oscuro de la vida de mi tlo. No hay para que inser-
tarla en la presente narraei6n. Por lo que snpe miis ade-
lante, i10 hubo una pala.bra de exage.raci611 en lo que n1e
refiri6, y inientras la ola, me estremecia de horror y sentia
arder en mi £tnbno la indignaci6u.
·1 ~<\y ! la escena ufectuosa. de poco antes se borr0 de n1i
mentc con10 uu suefio vago, y i J)ios me perdone ! dl en~
trada. en n1i pecho n. un .sentimie11to de odio contra n1i tio.
Aquella noehe, en que debia santificarme con ideas de paz
y de an1or, 1ne inspirD por el contrario Jos sentimie11tos
mas detestables.
Ya era mu;r tarde euando me dormi, y siento haber de
confesar que mis ensuefios estuvieron tambiCn llenos de
terrib1es imllgencs y fa.nta~fas contra el hermano de mi
padre.
CAPiTULO Ill

En que despierto en un triste dia de Navidad

rrenia. costnn1brc de leyantarn1e 1nuy tempra110. Pero


aqncl dfa serian ya las sictc cuando me desperte.
Nunca olvidarC aquel momenta. lVIe 8enti avispndo
sltbitamente y saltC de la cama con un grito de horroe.'
1\fe l1a1laba solo, y dcs<le hacia Jnnchos afios n1c neo1lt-cr:ia
csto por vcz primera al despertarmc.
Mire en derredor como at6nito y de repente qnede
mudo de espanto. Aeababa de ver sobre el cobertor de mi
cama una gran mancha de sangre, otra en el pavimento y
varias en mi can1isa <le dorn1ir. Sobrc la silla. en que la
noche antes hahla est.ado sentada junta a ml lVIrs. Raynor,
estaba nno de sus guantes, estrujado y mancha<lo asimiB-
mo de sangre.
Ifo cnanto recobrc el habla, fue para gritar: - i So-
corro! j socorro ! i asesinos ! - y fuera de ml de espantoi
me lance como cstaba, fuera de la habitaei6n y hallc a
Caget, mils tCtrico de lo que me habia parecido la nochc
anterior.
El me tom6 por el brazo rudamente, me llev6 hasta el
extrema del corrcdor y se par6 conmigo de1ante una puertn.
-tiSabes quC cual'to es Cstc1 - me pregunt6.
-Es el de mi tio.
-& Estuviste aqui esta noche, tarde l
-No.
20 l'. Pn1nei"ttl Finn, ~- .J.

a la ycrd,1d ! i mira, mira lo que has lwcho 1


- j Faltas
Y abriendo la puerta me hizo cntrnr hasta In alcoba.

-=c-:---
- -=-- --=::::.--~

A la prhnera inirnda vf n 1ni tio tenclido en su Jecho y


bull.ado en su sangrc. Este espectllculo era demasiado
fnerte para mis nervios y cal sin sentido.
Enrique Dy 21

Cuando vol vi de n1i aeuerdo, se ine ofrcci6 una tc1·riblc


historia de perversidad. l\Ie di a entender que mi aya,
ofendida en sus in.as caros ll1tereses y afectos por la ava-
ricia de- n1i tio, habia venga<lo de aquel modo su ruina y
la n1ucrte de su marido, victin1a de sus abusos.
j Oh!, i y c6mo me amarg6 aquella persuasi6n, quc vc-
ula a romper tan bruseamente mi afecto filial hacia aquc-
lla 1nujer a quien hacia aiios miraba co1no a mi segunda
madre ... !
Caget, no obstante, dej6 el asunto en duda. Por una
parte parecfa. creer qne yo mismo, en mi estado de sonan1-
bnlismo, habia dado n1uerte a n1i tio; por otra> empero, ia
desaparici6n de j\frs. Raynor, a quicn se busc6 en va.no,
eehaba sobre ella una grave sospecha.
Asi me lo explic6 mi padre, tan lucgo eomo me hallc
en estado de entcrarme de estas nuevas. Condenaba ade-
mas a l\Irs. Raynor otro tremendo indicio. Habia desapa-
rccido una gran snn1a <le dincro: prcei")amcnte 50,000 du-
ros. ~li tfo solia tenor c1i su easa una gruesa suma de
dincro eontante y, al acostarsc, la solla colocar <lcbajo
1

de Ia almohada. Aquclla nochc tenia eonsigo unos 50,000


dnros. Cagct, enterado de los asuntos de su arno, lo ase-
guraba asL Por otra partc, la coeinera referia el alterca-
do ocurrido entre mi tlo y ~Irs. Raynor cuando ]a lectura
del testamcnto. f_,a policia buscaba, pues, a la fugada con
grandc ahinco, y sin duda la hallarfa en breve ...
Con todo cso, :fi,Irs. Raynor no pareci6. Se diria q ne
sc la habia. tragado la tierra.
Tjos criados de easa ini tfo apenas consintieron en per-
n1anecer alli hasta su cntierro. Les parecia oir por la no-
che gemidos y Yoces t('n1erosas clel otro mundo, qu~ les
erizaban los cahellos. Todos sc marcharon. El n1ismo
22 P. l<'nulf.:iscu }<'Jnn, S. J.

Ca_get 110 estuyo alli, sino poeos dias inas, para poner las
cosas en orden y for1nar un inve11ta.rio de las a.lha.jas y
muebles. Nadie avel'igu6 eon quc fidelidad habfa desem-
peiiado su cometido; pero todos se mal'avillaban de su va-
lor, pa1·a pcrn1anecer solo en una casa que se daba por cier-
to rstar invadida por los eSJ)irit,ns.
Desde entoncesJ To,vcr I-Iill l\iu.nsion qnec16 elausuruda,
·y nose la <lesign6 con otro non1bre sino con el de la casa d,e
las es1Jirilns. El sileneio n18.s :f(1nebre pobl6 sus esta.neia.s;
i10 volviO faz humana a a8omarse a sus u.bcrtnras. Lu8
puertas estabn11 cerradas 1 las persianas corridas, y el
vi'"ento que si1baba al -choear en sus deuegridos n1uros
i pareci.a inurn1urar en las noches de i11vierno nu misterioso
req1Weni. .. ! J_Jas gentes que a m(ts no poder pasaban por
alli, despucs de puesto el sol, lrneian la seiial de la cruz y
apresul'aban cl paso, tc1nie11do qnc de algnna. pncrta. R<1·
liesc la descal'uada Inane de n1i tfo y los agarrasc por el
Ycst.ido ...
Todo esto, lo supe n1ncho n18.s a<lelantc. A la 8az6n 110
estaba para histol'ias. Aquella terrible agitaci6n de la
noche de Navidad, recaycndo sobre 1ni constituei6n en-
:fcrmiza1 ine prodnjo nna fiebrc eerebral que n1c tuvo a la
1nnertc. \!erdad cs que con csto dcRnpareei6 1ni sona1n-
bulismo. Pel'O me lwlle enteramente dcstitufdo de fuerzas
Y opriinido de una inela.ucolla nerviosa 1 que lu ciencia de
los medicos no lograba veneer.
I~os tres afios siguientes fueron los 1113.s dcsdichados
de mi Yida; no podfa quita.r1ne de la cabeza la imagen de
::\Irs. R-aynot, a quien tanto ha.bla. quel'ido, y que me ha.bi.a
<lejado nu l'eeuerdo tan espantoso. En las horas lal'gas
dr 1nis inso1nnjos veia a n1i tio., ...Ya con sn faz torva .va )
ilumin.i11do.sc, al inclinar.se 11acia n1i, con nn reJt:l1npago
de icrnura .
. A.si pase:, tristc y 111elanc61ico, los afios, que suclen ser
tan aleg1·es, de la 11ifiez. l\!Ii padre co11taba que con el
tiempo me iria cura.ndo de aquel!a. aJecci6n. Y, finalmentc,
despuCs de 1nnchas consult.as y n1editaciones, crey6 quc
la vida activa de 1111 internado n1e serla saludablc.
Por esto, cuando hube cumplido trece afios, me Jley6
a. un ('ioleg,io, dcI qnc le <lecfan quc junta.ha, en justas
pro})orciones, los cstu<lios., los cjercieios gimnllsticos y
las practicas de piedad. Y as], el 13 de Octnbre, me mcti6
en el 1ren: di.rigido al Co1cgio de San :Th'1auro.

C1\Pl'ITJ,() IV

En que tengo muy diversos encuentros, y llego alegre


al Colegio de San Mauro

--j Sau 11auro ! - grit6 nn e1npleado <lel fer~·ocarril)


n1ientras el tren sc pal'aba delanic de una pequeiia. esta-
ci6n, situa<la al ext rcn10 <le una a.Idea.
Le,"anttin<lome rHpi<lan1ente, agarre mi nu.deta 1 deseen-
di del vag6n y, mientras cl tr~n Yolvfa a ponerse en mar-
cha, mirC tlmidamentc en <lcrrcdor. n'le hablan dicho qne
el Colegio de San Mauro estaba cerea de! pueblo, pero no
sabla en qne direcciOn. ~~.. m]f:l ojos se ofreeieron mucJ1as
cosas; pero no pude descubrir el dichoso Colegio.
]\fo volvi hacia Poniente, por donde el tren se alejaha
24. l'. Fran('isto !<'inn, S. J.

con veloeidad, y mis ojos 110 divisaron 11or aqnella parte


11inglu1 edificio que tnviera trazas de ser el Colegio. En
ca1nbio, vf un grupito de tres j6venes que venian hacia n1i
siguiendo la via. Dos de ellos me pal'ccieron de mi edad.
mientl'as el tereero era mucho mas alto y mostraba scr
mayor que sus compnfieros. Los tres venian con sus es-
copetas de eaza al hom bro, y cl mayor trafa ademas un
znrr6n que pareeia bien repleto. Desde luego pense que
serian tres colegiales.
l\Iientras estuha n1irando aquel terceto quc- sc acercaba,
::r ine auimaba para dirigitle Ia pa1abl'a, me ton1aron de
iinproviso la maleta de las n1anos, y, lniranclo al que lo
hizo, n1c hallC con 1111 n11u:hacho de diceiseis o cliecisiete
!> ;:ifios, n1al yestido y de aspecto poco agTada.blc, quc mi-
r8ndon1c con aire fan.1iliar me dijo:
-J Es ustcd nn colcgial, J10 rs Yerdnd? 1-o llcYo ::;irn1-
pre las maletas de csos sefioritos; YCnga, scfiol'ito. ]~e llc-
rar€ cl equipaje por cincuenta cCntin1os.
-DcYnelYemc la maleta -· gritc.
--i ]Jc vcras? - rcspondiO C'l ot1·0, cclicindoseJa n1 hotn-
bro c inspeceionU.ndome eon gcsto pieareseo.
Hice lo posiblc por aleanzarla. Pero cl mueharholc
sc la eeh6 al otro hombro. Inlltilmcntc elf dos o !res saltos
en derredor suyo. Con el n1is1no gcsto bnrl6n, inc dijo:
-DC1ne los eineuenta eentimos yen seguida le dare SU
maleta .
..:-\ pesar de n1i t.iinidez c incxperiencia, cl scntiinie11to
i11gCnito de justieia me haeia resistirmc a nquella. vcjaei6n,
y asi procure todavla~ eon no n1ayor frnto,. alcanzar m1
maleta.
-No, querjdo - objet-6 el mozo, crh8-nt1osc J1acju un
lado - ; s61o d61nc Ju 1ncdia peseta y tendril su cquipajc;
81110 ..•
~·-j 1-Iola ! J)a.lc en seguida la n1aleta - gTit6 otra voz.
1/1,'( '\
Ii~,'
(- ,\
f;

cf

.;)le Yolvi y, eon grandc gozo, vi que aquellos trcs j6ve-


ncs eazatlorcs hahian aeudi<lo en mi auxilio 1nuy oportu-
namente.
El que habia hahlado era cl mas hajo de los tres: un
26 P. FraU(;iS.CO Finn, s ..J.
n1ocito morenillo, gor<lito, con ojos llenos de aiegre ina-
licia. Mc hizo 1m cordial saludo, lo propio quc el mayor
de sus compafieros, n1ientras el tercero n1e adJnirU con
una saluta~.i6n, que se pnreela m11cho a 11na profunda re-
verencia.
Oyendo su inthnaei6n, el mozo de la ma.let-a se apart6
muy de prisa.
- ! No has oido? - repiti6 el joyeneito - ; i deja esa
Yalija !
-& De veras? - replic6 el latlronzuelo; y haciendo con
la. n1ano un gesto granden1c.nt.c despreciativoi eehO n correr
con mi eq11ipa.je en direeei6n a Poniente.
Ya iba yo a correr 1ras el, euando cl mayor de mis
defensores me hizo a un ]ado, dej6 en tierra su e~copeta y
di6 tras el ladr6n.
-De,jele haecr, mocito - dijo cl iwimero que habfa
hablado-; no tenga pena par sn equipaje. Juan Donnel
lo traera, aunque con el hubiera de traer el pellejo dcl
ladr6n.
- ! No scrla mejor que fuframos tras ellos, Tom? -
observ'O el ot.ro eon nna -voz cnya suaYida.d me pro<lnjo
impresi6n notable.
-Vamos, pnes - contest6 Tom.
ysin_- mas
eonsideraciones, corrin1os loo trcs <letras
del perseguidor y el perseguido.
Si pot una parte Donnel iba embarazado por el zurr6n
lleno de caza, por otra mi usurpador se hallalJa no poco im-
pedido par la maleta. Pero por lo que toca al resultado
final; fRcil era conocer que Donnel ganarfa. la carrera- en
pocos minutos.
Con lentitud, pero con seguri<lad, se iba aeerca11do a
su adversario. No se trataba ya de buscar c6mo coger la
Enrique 1\y 27

liebrc, sino de c6mo gnisarla. La dificnltad estaba en cl


])l'oximo encuentro, y esta dificnltad se debi6 ofrecer viva-
mente al mas bajo de mis nuevos amigos, porquc exclam6:
~;Vivo, con1pafieros, apresur6monos, pues a.caso Donw
nel nccesite de nuestro auxilio !
A estas palabras, el otro colegial se dispar6 como una
fleclw, )' pronto nos hnbo dejado muchos metros detriis.
--j Cu8.nto n1e agrada Yer correr a Percy con est.a ligcw
reza ! - dijo cl jovencito riue sc habia quedado conmig9,
hahlando con tanta calma como si estuvieramos da11do llll
paseo ordinario. - Habfas de haberlo visto cuando lleg6
al Colegio cl afio pasado. Parcela una, Diiia vestida. de
ni.uchacho. Peru ahora 110 hay en todo Kansas otro ehieo
m£is veloz l' resndto que el. i Viva! Juan se ha quitado el
zn1'1·611 i ahol'a si que lo atrapa..
J~n l'ealidad, Juan, que cstaba a poeos pasos del per~
Hcguido, se habfo quitado de los hombros el zurr6n. Pero
r.n yez de nr1·ojarlo en ticrra lo tom6 por Jas corrcas, Io
1

hizo girar con fucrza, y lo lanz6 contra las piernas de su


advcrsario. Estc vaeiI6 y di6 consigo en el snclo; y antes
que Jrnbicra podido Jevantarse, Donnel sc apoder6 de mi
maleta, mientras nosotros llegabamos y rweabamosl a
nucstro eampe6n.
-~Os qucreis pelear? - grit6 cl n1alhcchor, 1cvantUn~
do.'ir y dirigicndo una inirada furiosa a Donnel.
-i, Cuanto es la apuesta? - prejlunt6 Juan.
-·-Un clolar e'1da uno ~· repnso el otro tras nna breye
pausa.
-Harias mejor en cscapartc - observ6 el mas bajo
de los compafieros; - mira que estiis hablando eon Juan
Donnel.
Oir este nombre y poner pies en polvorosa, fne una
28 P, Franci~co Finn, S. J.

cosa misn1a. il.fis eo~pafieros soltaron una Sono1·a car-


ca.jada.
-Dispense, sefior - n1c dijo Percy, conteniendo s11
risa; - los chicos de la aldea han cobra do un miedo terri-
ble a Donnel, desde que el afio pasado golpe6 lindamente
a su campe6n. Por cierto que yo fui la causa. Si loo
oyerais hablar, pensariais que Juan es un matasiete. Pe-
ro no es sino un joven amable y simpatico en el mas alto
grado. Y ahora permitidme que os presente. a Tom Play-
fair:
-1\fe alegro en conocerle - exela1n6 mi robusto an1igo,
tendiendome la mano y estl'cchando cordialmente la mia.
-Este joven del cabcllo rojo, que acaba de hacer este
discurso ...
--No tengo el polo rojo, sino rubio - interrumpi6 rien~
do Percy.
-Es - continue imperturbable To1n --- cl joven mas
cumplido del Colegio. Se llama Percy Winn. Tiene diez
hern1anas, a pesar de lo cual vive todavfa.
-No haga caso de Tom - dijo Percy apretiindomc la
n1ano y haciCndome una inclinaei6n; - siempre se divicr-
tc en burlarse de n1L
Por lo inenos en lo'' quo 1nira. al color de su pelo, no
hay duda sino quc Tom SC hurlaba de Percy, j)UCS estc te-
nfa una hermosa cabellera rubia, digno eoronamiento de
un rostro fino, distinguido y <le cxpresi6n por extremo
simpatica. 4

Juan Donnel era un muchacho rubio, de rostro franeo


y a bierto, y a.legre como un rayo de soL En todo ca.so, yo
eon1pre11df en seguida que n1e hallaba. entre tres j6venes
nadn yulgares, y debo afiadir que los afi.os r1ue han transeu-
Enrique J)y

rrido desde entonces, no han dehilitado aquella impre-


si6n.
-Me alegro mucho de lrnheros hallado y eonocido -
dije. - :Me llamo Emiqne Dy. He estado mal de salud
largo tiempo y mi padre ha creido que la vjda tranquila y
.ocnpa<la de un Colcgio podrU ser provechosa para mis
ncr-vios.
A estas pa la bras, rro1n me cogi6 por 1111 hrazo, riendo;
me hizo dar una vnelta completa, luego se alej6 un poco,
me contempl6 co11 aire de critico, con las manos en Jos
bolsillos, y aeab6, dieiendome alegremente:
-IJo que te hace falta, es otra capa de gra:.;a y nna
lrnena cantidail ilc alcgria. Habrias de imponerte la ohli-
gacjOu <le reir mucho antes y dcspuCs de las con1idas.
He ile confcsar quc las observaeiones <le Tom eran
juslisiinas. I~n aquel perlodo de mi vida estaha yo 1nny
flaco y tenla un aspecto sobra.damentc solemne. l\Ii rostl'o
era por extrema plllido; mis lahios y mis cejas tenian hll-
bito <le temblar a 1icmpo y fuera de tiempo, por efecto,
Rin duda, d<2 mi est~do nervioso.
-Pronto te pondriis mas grueso, eomien<lo el bucy <le
Kansas - <lijo Donnel. - Pero p10 seria bueno eelebrar
este encuentro? No sucede todos los dfas esto de hallar-
nos con un nuevo compafiero. Tom, a ti te 1oca obse-
quiarnos.
- i Que quereis? bPas!eles?
Donnel y Percy asintieron sin melindres.
-Bueno - repuso Tom. - Vosotros andad a vuestro
paso; yo correre un poco y los preparare. - Y se ech6 a
correr hacia el pueblo.
Siguiendo nuestro camino, ibamos charlando alegre-
mente, y yo no podia ocultar a mis nuevos amigos el pla-
ccr qne n1e causaba su co1npailia. Sus caracteres cran
serenos como un hern1oso dfa primaveral; hablaban y
refan con una ingenuidad, eo11 un aire de paz y alegrla,
quc se me ofrecfan como a.Igo nuevo y por extre1no grato.
Ning'nno de ellos hab16 entonces palabra de religi6n, y sin
crnbargo, no podfa inenos de dar1ne cucnta de qne rne
hullaba en unu cspecie <le at1n6sfera de santidad c ino-
cencia.
En cl preciso momento en que salfamos de! pueblo,
Ton1 nos aleanz6, riendose alcgremente y haciendo eon10
qnc nos sorprentlfa tle in1proviso. (!orri6 a nuestro en-
cuentro y tropez6 adrede con Percy, que easi perd iO cl
eqnilibrio.
- i Ved aqui - dijo Tom, clesenvolviendo el volnmino-
t::o paquete qne tra:ia en la n1ano, - u11a hcrrnosura cle pas-
teles ! Amigos, atracaos hoy de pasteles, pucs mafiann no
tendreis mas qne galletas.
Aludfa con esto al postre de! mccliodia m cl Colegio,
donde los pastelillos alternaban con las galletas. Y no
hay para que decir, que los colcgialcs.sabfan siempre pcr-
fectamente que postre tocaba, como mny intercSlldos en
el asunto.
Con gran sorpresa n1ia 1 Tom n1e ofreci6 nu pastel en-
tero; y COlllO yo opusiera alglin reparo, 61 SC mostr6 mn-
eho mas asombrado qne yo.
Cada nno de los clemiis tomo SU pastel sin haeer la mas
minima objeci6n, y he de aiiadir que hasta me ayudaron a
acabar con el mio. Para que sc vea hasta qne punto Jle-
gaba su amabilidad.
-Dime una cosa. - me pregnnt.6 Tom, mientras nos
dirigiamos hacia el Colegio, - i qui\ tal estas de fuerte en
el ju ego del base'ball?
n1
-No mucho - conteste, - ya vcs: soy demasiado de-
bil para tirar con :fuerza y para correr muy de prisa. Pero
tambien puedo hacer algo de provecho en el juego.
- ! No podrfas hacerle hacer un poco de ejercicio antes
de las nueve, Tom 1 - dijo Percy.
-No sC por quf nose podria hacer. Este no es un caso
descsperado como el tuyo cuando aca vinistc, - y vol-
viCndose a m:i, prosigui6 :
-Deblas haber visto que curioso estaba, con el cabello
como una nifia, andando a pasitos como un pich6n; y la
primera vez que tir6 una pelota, la lanz6 al pescuczo de
Donnel, y luego se puso a chillar, como mm mujer a la
vista de un topo. i Pero ahora es muy difercnte, yes cosa
de ver cuando corre en pos de una pelota ! Si no fuera
porque a veces tiene miedo de rodar por el suelo, seria el
mnchacho que corre mas velozmeute de toda nuestra di-
vision.
Observe que Tom estaba elocuente cuando hablaba de
su amigo Percy, cl cual entretanto se habia pnesto muy
colorado y miraba en derredor, como buscando donde
eseonderse.
Juan Donnel, que me habia estado mirando atentamen-
te mientras Tom hacia su panegirico, dijo:
-Perey tiene raz6n. Enrique tiene precisamente la
estruetura que se necesita para salir un buen jugador de
base-ban, si yo no me engafio. No necesita sino engorqar
un poco, y esto vendra en breve. Nos hace falta otro en
Ingar de Harry Quip, cuyo brazo no esta todavfa bastante
curado para que juegue regularmente. As! qne, Tom,
sera bueno que proeures adiestrar a Enrique Dy.
Tom y Percy escuchaban con mucho respeto los pala-
bras de Donnel; y por cierto, en esta materia gozaba de
P. li'ranrisco }'inn, B. .T.

grande autoridad; pues, auu cuando estaba todavia en la


division de los pequefios, era mirado como uno de los
mejores jugaclores de base-ball del Colegio. Inmediata-
mente despues de 61, era estimado Tom Playfoir, cnyo
metodo y resolnci6n ten:ia11 en ta.nto qne1 cuando al pl'in-
cipio de! segundo afio de Coleg·io se jnnto con los azu,le,<,
gracias prineipalmente al influjo de Donnely Keenan, fne
aclamaclo por capitan.
-Te haremos mien1bro de Ios az·u.les, si es posible, En-
rique -- dijo Ton1; -- ell menos de un rnes estar:ls p1•epa-
rado.
Estaba abso.1·to por la alegre cordialidnd de 1nis nne-
vos amigos, y hasla el dia de hoy, no he acabado ile enten-
der c6mo desde el primer 1nomento me tomaron tant-o al'ec-
to. I_Jos i1ifios Son mny certcros en sus simpa1ias y anli-
patias, j, })Or lo quo yo he podido cx.perin1entnr, se fnga-
fia11 raras vecc-s. Guiados por una cspeeie de _instin1t\ Jol'-
man .fUcilmentc n1nistades durables, al paso quc los hon1-
bres rnadnros y prudentes proceden con una reflexirn re-
serva, se comunicnn di lfcilmentc y sc engnfinn a mC'nullo
en sns preferencias.
Por eso se puede 1ener por dichoso cl qne en su jltl'<'ll-
1ud adquiri6 buenos amigos; y cuando traigo a la men10-
ria aquellos tiempos de mi moccdad, la inclinaci6n q110
desde luego me mostraro11 Ton1) Percy y ~lnan, es 1111 re~
cuerdo que me recrea y me inspira cierta como satis.facci6n
de mi mismo.
j Tom y Percy! i Cnanto daria por poderlos describir
a mis lectores, tales como Jes vi aquel dia, marcado con
letras de oro en la historia de mi vida !. Tom, robusto, mo-
1·eni.to, de buenos colores y rostro siempre sereno, eon
una alegre malicia qne chispeaba Riempre en sns ojos.
I~nrique Dy

Pero no mc11os que la alegrla se le1a. en sn regocijado


1

semblante la fuerza de voluntad que se acusaba con trazos


todavia mas salientes. Su boea era una de las mas firmes
que he visto, y al cerrarse con fuerza cuadraba su rostro
muy expresivamente.
Percy er<i de tipo totalmente diverse. Habfa en toda
sn persona cicrta de1icadeza. La finura de sus :facciones,
de sus n1ovimientos y expresi6n, ganaban <lesde luego, y
hasta su manera de vestir eontribufa al mismo efecto. Su
eutis era por extreme delieado, y su blancura descollaba
mas por el contrastc con el subido carmin de sus mejiJ!as.
En su frcnte y sns ojos b1·illaba la inteligencia, y toda su
fiHonomfa n1oviblc, dh;tinguida y llcna de carifiosa expre-
si6n, cm algo totalmente indcscriptible y que nunea habfa
visto en ning(m otro muchacho de su edad. Lo mismo que
'l'om, nsaba jersey y pantal6n corto. Mientras escribo
esto me parece verlos aun presentes, y me brota de! alma
nn i Dios los bendiga !
Por una de esas r<ipidas transieiones, pccu1iares a Jos
j6venes, la conversaci6n pas6 facilmente de! /Jase-ball a
los cjercieios de laR elase~, mientras llos iba1nos eneami-
1u1ndo a San 1\fauro.
-Perey y yo, -- dijo Tom, - estamos en cl terecr afio
de Humanidad€S. Ojala tc toeal'a a nne•tro eurso. Te-
ncmos un profe"n' esplfodido, cl P. Middleton, el cnal es
tambien nucstro Pl'cfocto. i Sa bes algo de latfn, Enrique!
-lh1 poco. J:.io he estudiado dos afios y medio con un
1naestro particular. A la verda<l easi no he cstudiado mcis
1

que ]atln, griego y aritmCtica: tenfa lecci6n todas las ma-


fianas de nueve a docc, y me dejaban las tardcs libres.
- i Al pelo ! - exclam6 Tom; - J qnc herrnosa distri.
buei6n ! i n1rdia ra<>a<>i6n todos los dlas l
J'.;qlJ•i!T l!f - - 3
P, Francisco l 'inll, S. J.
1

Por este tenor fne Tom iuterrogando a Enrique hasta


formar un concepto mny cabal de! estado de sus conoci-
mientos, y conccbir la espemn.za de qne lo tendrfan por
condiscipulo en la clasc de tercer afio.
-Percy y yo - dijo, - esta1nos cntnsias1nados por la",i
Humaniclades, y al afio pr6ximo hay probabilidad de quc
podamos concurrir a un cert<one·n pUblico, en que se dara
lllla 1nedalla de oro al que presentc una composici6n nuls
ucabada. en estilo cltlsico. ~iuchoS colegios concurrir8.n, ~r
tenemos grande empefio por dejar hien sentado cl nom-
bre de San Mauro.
-~J\.demas - afiadiO l:>ercy 1 - - co11ta.1nos cou las lcceio-
nes partieulares que nos dara el P. Middleton. Tiene mu-
chas ganas de que eoncurramos al certame11 honrosa1ncntc,
y bastaria esto para haeernos estudiar con todo empefio.
-Precisamente - ohsery6 rrorn, - 6ste es cl i\lthno
tifio que serti nuestro profesor. Despu6s irii a cstucliar
Teologia y ordcnarse de saccrdotc. b Sa bes? Nosoll'os lo
llamamos Padre, pero todavia no dic.c misa.. De todas ma-
neras, nosotros nos esforzare1nos por cstndiari de n1odo
qlle 110 serli. culpa 11neBtra, si i10 qncda satisfecho del Cxito.
'Ta1nb.i€n tft trUbajar<is CIJll no-sotl'os, sno cs verdad 1
-Esperc1nos quc sen a<ln1itido en Yncstru elase - <.'Oll-
teste; - y en cuanto c,stC en Jnf, har6 lo 1ncjor quc Hepa.
- j Danie esos einco ! - exclan16 '1'0111 con entusiasn10.
-~inguno de 11osotros tiene cmpe:fio principal en ser Cl u
otro de las compaficros el que obtcnga la medulla, con tal
quc sea uno de nuestra clasc. Pero si trabaja1nos' todos
de acuerdo y anin1osa1nentc, y nos ayudan1os unos a otros,
es mas seguro quc logremos reportar cl honor de ]a jor-
nada.
---.:,A<lemUs de la n1edalla de oro, hay nneve 1nc-nc-ione,~·
h rmorificM, y somos ya siete que estudiaremos, desde
ahora hasta el pr6ximo Abril, para aspirar al conemso.
rru podras ser uno de ellos, si quieres.
Si me habian agradado Jas palabras qne ha.bian1os
eambiado respecto del base-ball, todavia me produjcr.ma-
yor agrado y asombro el ardor con quc mis compafieros
habian abrazado la cuesti6n de los estudios. Eran cier-
tamente muchachos ideales, que amaban con toda su alma
el juego y el estudio: dos afectos quc no muchas veces se
alfan amigablemente.
Continuando llUestro ca1nino co11vini1nos en a.yudar-
1

nos de! modo siguiente: las seis g1'arrules (emno llamaba


'I'om a los aspirant cs al concurso), n1c ayudaria.n a prepa-
rar aquella parte de las clasicos quc habian vista en lo pa-
sado del curso; y yo, a. mi vcz, repasa~·ia co11 c1los los auto-
res qne habia prclc1do con mi maestro.
Apenas neaba1nos de rnti:ficar estc pacto, llegan1os a
1a.s puertas del Co1eg-io; y a~i, con c1 augurio de sinceros
.amigos y ya aJ1iinado para empren<ler al'dorosatnente mis
cstudios, hiec mi cntrarla en el Colcgio de San Mauro.

CAPITULO V

En que el partido de los azules adquiere un nuevo


mlembro y los colegiales tienen media vacacion

1'om Playfair me gui6 al aposento de! P. Rector, en


cuya presencia me halle un poco embarazado. Era rut
ho1nbrc a1to, flaco 1 1noreno, eon unos anteojos colosales.
}Jstaha e~crjhiendo atentan1ente1 y antes que Jevantara los
36 P. Ii'ra1H:isco Finn, S ..J.

ojos, tuvc tiempo de examinarlo eon curiosidad. life hizo


la impresion de ser hombre severo y dado al trabajo.
-Padre - le·dijo TOm, - este es un co1egial nnevo
que sc llama Enrique Dy.
El P. Rector dej6 la pluma y se Yolvi6 hacia nosotros.
Su rostro, que hucia un instante parcci'a duro y austero,
se ilumin6 co11 una simp:itica sonrisa, y inientras se Ie~
vant6 para saludarme, se disiparon todos mis temores.
J~l acogjmiento qne me hizo :fnC mny cordial, y me. eon£ir-
m6 en que mi primera impresi6n me habfa engaiiado, aun~
que por Yentura, no del todo. Pues cl P. Delmar era por
SU indole scvero; pero Cll el la g·racia habfa dominado la
naturaleza, y le ha.bia comunicado aquella suavidad quc
gana Jos corazones y cuyo se('l'eto es 1a propia abnegaci6n.
-Asi, pnes - dijo el P. Rector a 'Tom, luego quc hubi-
n1os can1biado lo~ prin1eros sa1udos - &en qnC cla$C pon-
drcmos a Enrique i
-En tereer afio, Padre - afirm6 Tom con su habitual
aplomo. - Ha cstndiado dos afios y mcdio de latfo y Hu-
1nanidadcs.
-~De vcrns ~ En todo easo, para ecrcior1:1r11os1 cxa1ni-
11arc1nos un poco a este joYencito. EspCratc un rnto fnern,
Tom: y lo pondrC en tus manoo.
Apcnas lrnbo salido Tom, el P. Rector me dijo con grn-
\'edad:
-Enrique, eelebro que su buena suerte le haya hef'ho
tropeza.r co11 Tom. Es un n1uehacho cxeclcntc en toda Ia
extensi6n de la palabra. Y no es cl l1nico que hay en su
dh·isi6n. Hay otros tamhicn.
-[Perey "\\Tinn ... ? - insiuuf>.
Ln cara. del P. Reetor sc dilat6 de mieyo con mia son-
i;;urique J),y

~· placeutera.
risa Aquel 1nodo de sonreir le hacia pureeer
por extremo amable.
- j Ah! ira le conoce nsted? Es usted muy afortnna-
do. Bajo todos conceptos, Percy es un muchaeho extruor-
dinario. Y lo que agrada mas en esos dos jovencitos es,
que 11inguno de ellos se tiene en mucho a si mis1no, y ca<ln
eual tiene la mils alta estima de! otro. Pero ahora ocupe-
1nonos un poco en nuestro examen.
El P. Rector era muy experimentado en esta materia, y
asi, en pocos minutos se hubo formado idea exaeta de lo
que yo sabia y, para decirlo franeamente, de lo que no
sabia. Con todo, se mostr6 satisfceho, y no tnvc empaeho
ningnno en descubrirle ingenua1ncnte n1is iguorancias.
-l\Iuy bien - me dijo terminando; - he de aprobar
el yeredicto de 'rom. Ahi tiene usted un billete para ser
admitido en su clase. Las cosas que le faltan las remediara
fUcilmente con el estudio privado. Y ahora vaya eon
Dias y que Bl le bendiga.
To1n, que me estabaB£spcrando fuera, 1ne llevO hacia
el patio de los peqnefios. Mientras nos acerciibamos a la
verja que lo separa del patio de los mayores, descubri a
Percy, que con Donnel y otra media docena de colegia!C's
cstaban en nn grupo.
--i l-Iurra ! - cxclan16 'ron1. - Percy -·:i Donnel lian
datlo notie-ia <le tn llrgada y han rennido a nuestros amigo:->.
Mita, all;\ va el P. l\Iid<lleton. Es cl mejor maestro dd
runndo. No hay ninglln alu1nno en nnestra clase que 110

este dispnesto a <lar por el tumque fuera la vi<la.


l\'Iientras rrom hablaba con entusiasmo, el I>. :l\'fiddle1on
sc acereaba y me salnd6 sonrien<lo.
-t-"- quC elase va, Enriqnc? --- me pregnnt0 estre-
rh.6ndorne la n1ano.
38 P. Frnncii;co Finn, S . .J.

-A la mia -- interrumpi6 Tom alborozado.


-1\foy bien. Sea bienvenido a San Mauro y la divi-
sion de los pequeiios, y a la clase de T<nn.
Verdaderamente me pareci6 qnc el Padre se alegraba
tanto como Tom y Percy. de tenerme en su clase. l\fo hizo
el efecto de que habla en el todavia algo de colegial: cierta
Yiveza y frescura, y cierto vigor de juventnd. En todas
sus relaciones con los colegiales se vela. que no habia olvi-
dado sns aiios de muchacho. Su simpatfa hacia nosotros
dnlcificaba la severidad de la disciplina.
-..Ahora ~ continu6 mi nuevo maestro, venga co111ni-
go y demos un vistazo a sns nuevos compaiieros.
Al poco rato me hallaba tan en mi centro con mis nue-
vos amigos, cuanto apenas se hubiera podido ereer de un
muchacho de mi temperamento y de mis costumbres. To-
dos me agradaron, particularmente iTorge J{eenan y IIarry
Quip. Estaba hablando con estos dos, cuando se me acer-
c6 un colcgialito mas nifio, me tom6 por la. mano, mo
apart6 a un la do y me dijo: .,
-Me alegro mucho de vertc aqui. Percy Winn tc
quiere; lo cua.1 significa que eres bneno. 6 Que te pnrC''f'C
a ti de Percy?
i\Iientras aqne1 nifio me dirigia. est a pregunt.a a qnC'nla·
1·ropa, sus o,jos vivos me miraban con airc de inol'ento
n1alicia.
-Mc pareee - le couteste :- que es nno de los me.lo·
res muchaC":hos qne yo he conocido. ~{e ha sido inuy siin·
patico.
-SimpRtieo, si, por eierto -- n1e interrumpiO. --· Y.
I. por quc te lo ha sido?
A ~ta. cne8ti6n a hoC'n de jarro, me qned(>. un tan1-o
cstupefacto y no supc que contestar. Pero cl nifio, viendo
mi embarazo, me sac6 de el con otra prcgunta:
- i 'l'e gustan las j\fatematicas 1
-Siento dccirte que no me gustan mucho.
A esta respuesta el colegialito suspir6; pero inmediatn-
mente se seren6 de nuevo y me dijo:
-Muchos colegiales amigos mfos queridos dicen lo
misn10. Sin embargo, a mi me gustan muchisimo. :.A.Ill
toclo se prueba. Tu eres cat6lico ! no es verdad?
-Si.
-Yo tambien. Me he convertido isabes? y he conver-
tido a mi padre. i Habias de habernos visto jnntos ! - Y
diciendo esto sonri6.
-Yo - eontinu6 - le probaba que no ten fa rar.6n, y
Cl no .accrtaba a rebatir mis argun1entos.
-Y i Jo hiciste todo por ti solo 1
~No enteramente. Tenla en mi po<ler un Cateci-sn10.
I\fi non1bre ~ dijo ca1nbiando de tono - es 'Prank Bnl'-
dock; tU te llamas Enrique Dy. t,N"o te parece que Frank
c:: un nombre bonito?
-Muy bonito.
-iPor que?
Afortunadamcnte me di6 un acceso de tos y la pregun-
ta qued6 al aire. En Jugar de esperar n1i respuesta, el ni-
fio co11tinu6 volublcn1ente:
-Queria decirte qne Percy Winn es el mejor mncha-
cho de! mnndo. No pretendo con esto decir mal de los
<lemas, ya comprendes; pero con to<lo eso, a mi juicio,
ninguno le llega a Percy. No lo olvides; - y ilirigiendo-
me una nueva sonrisa, aqnel ehiqui1lo 11eno <le seriedad sc
march6 a otra parte.
Son poeoo 10s joyen-citos qnc, en :in entTada en un Pen-
38 P. Fr:uH·i:-;eo Finn. ~. J.

-A la mia -·- interrumpi6 Tom alboroza<lo.


-Muy bien. Sea bienvenido a San Mauro y la divi-
sion de los pequeiios, y a la clase de Tmn.
Verdaderamente me pareci6 qne el Padre se alegraba
tanto eomo Tom y Percy. de tenerme en su clase. Me hizo
el efecto de que babia en el todavia algo de eolegial: cierta
viveza y frescura, y cierto vigor de juventud. En todas
sus relaciones eon los colegiales se vela que no habla olvi-
da<lo sllil aiios de muchacho. Su simpatia hacia nosotros
dulcificaba la severida<l de la <lisciplina.
-.Ahora - continu6 mi nuevo maestro, venga conmi-
go y demos un vistazo a sus nuevos compaiieros.
Al poeo rato me hallaba tan en mi centro con mis nue-
vos amigos, cuanto apenas se hubiera podido creer de un
muchacho de mi temperamento y de mis costumbres. 'fo-
dos me agradaron, particularmente Jorge Keenan y l-Iarry
Quip. Estaba hablando eon estos dos, euan<lo se me aeer-
c6 un colegialito mas i1iiio, me ton16 por Ja mano, mo
apart6 a un !ado y me dijo: fy

-Me alegro mucho de verte aquL Percy Winn tc


quiere i lo cual significa qnc eres bneno. l Que te pa1wc
a ti de Percy?
l\1ientras aqnel nifio me dirigln esta pregunt.a a qnPrna-
rropa, s11s ojos vivos me ntiraban con aire de ino<'entc
malicia.
-1\'Ic parecc --·- le conteste :--- qne es uno de los me.in·
res muchaehos qne yo he conocido. l\fe ha sido inny si1n-
patico.
-Simp3.tieo, sl, por cierto - n1e interrnmpi6. ~· Y.
1. par quo te lo ha sido?
A ~ta. cne~ti6n a horn de jarro mr qnedl> un tanlo
1
c~tupefacto y no supc quC contestar. Pero cl nifio 1 Yiendo
mi en1barazo, me sac6 de Cl con ot.ra prcgunta:
-& 'l'e gustan las lVIatematicas 1
-Sie11to <lecirte que no me gustan mncho.
A esta respuesta el colegialito suspir6; pero inmediata-
mente se seren6 de nuevo y me dijo:
-Muchos colegiales amigos mios queridos dicen lo
mismo. Sin embargo, a mi me gustan muchisimo. Alli
todo se prueba. 'l'11 eres cat6lico 6no es verdad !
-Si.
-Yo tambien. Me he convertido isabes? y he conver-
tido a mi padre. i Habfos de habernos visto juntos ! - Y
dicie.ndo esto sonri6.
-Yo - continn6 - le probaba quc no ten[a raz6n, y
et no accrtaba a rcbatir mis argumentos.
- Y ; lo hiciste todo por ti solo?
-No enteramente. Tenia en mi poclcr un Catecismo.
Mi nombre - <lijo cambiamlo de tono --- es Frank Bm-
dock; tll te llamas }~nriquc 11y. t,No tc parece qne Frank
c:: un nombre bonito?
-Muy bonito.
--iPor que?
Afortunadamente me di6 un acceso de tos y la prcgun-
ta qued6 al aire. En ]ugar de csperar 1ni respuesta, cl ni·
fio continu6 volublen1e11tc:
-Queria decirtc qne Percy \\Tinn c...;;; el n1ejor nlucha·
cho de! mundo. No pretendo con esto <lecir ma! de los
<lemcls, ya eomprentles; pero con todo eso, a mi juicio,
ninguno le llcga a Perey. No lo olvides; - y <lirigien<lo-
me una nueva sonrisa, aqnel chiquil1o lleno <le seriedad sc
march6 a otra partc.
Son poQOS 10s jovencitos qnc, en sn en11·ada en un Pen·
40
sionado, pueda11 evitar cierlas inolcstias cou que sus i1ue-
Yos compafi.eros se divierten e11 c1nbromarlos. Siendo,
como era, tlmido y i1ervioso 1 me habia preparado con no
poco miedo a este noviciado de mi Yida colegial, pero t;\.
cita o paladinamente, mis 11uevos amigos me defe11diero11
a maravilla de toda impertineneia.
Despufis de la cena, rrom, siempre atento a sus ncgo-
gos, me condujo al prado de los amiles, dieiendo:
-He pedido pcrmiso para traerte aca y jnzg·ar de tu
habilidad en arrojar la pclota.
Consiguientemente, iue hizo practicar ciertos ejerci-
cios, y he de confesar qne no poco me cnorgulleci6 la im-
presi6n que leia el). los ojos de Tom, chispeantes de gozo.
-Seri\s uno de nuestros mejores jugadores - excla-
m6; - es seguro. De todas ma.neras, lo haces muy bien, y
eon el cjercicio y la practica iriis siempre adclantando.
Luego todos los demas ejereicios gimnllsti~os te ayuda-
rlin, y luego ...
iVlientras Tom hablaba, Yino hacia nosotros Hat'l')'
Quip, corriendo hasta perder la respiraci6n:
-&Sabeis7 &sabC>is? -·- cxc1an16 anhelantc. --- jl.JlC'.gn~
mos a 250 !
Los dos nos queda1no~ inirando a I:Inrry; qne bailttba
como loco de contento.
~l. A la sombra 1 - pregunt6 ir611ican1ente rron1.
--Pero t quien habla ahora de tetn161netro? ~ gritl1
Harry. - Digo qne hemos llegado a 250 - y volvi6 a sn
zarabanda.
-f, Quicres neabar de hablai- scrian1ente? -- le dijo
'ron1.
Ent.on<'es Quip se detuvo, apo;y8..ndose l'iobre nna solu
pierna, y exelan16.
I~nrique Df 41

-Os digo, chicos, que somos ya 250 colegiales. La


llegada de Enrique cumple este numero.
Tom debi6 recibir como una si'.1bita iluminaci6n, por-
que se puso a danzar co1no Quip, con no menores mues-
tras de regoeijo.
- j Viva! - exclam6; - sin duda te11dremos nna n1e-
dia vacaci6n. 1250 !. .. Y ma:fiana es miercoles y podremos
ir a nadar al rfo.
Los dos muchaehos, fuera de si de gozo, me explicaron
a porfia cl suceso; y a pesar de hablar ambos a la vez,
interrumpiendose por la fuerza de su alborozo, llegue a
entender que mi venida al Colcgio habia completado el
numcro de 250 alumnos; por lo cual habia de ir a ver al P.
Rector, acompaiiado de una comisi6n de colegiales, para
felicitarle por la prosperidad de! Colegio y pedirle una
inedia vacaci6n.
Aun antes que hubiera acabado de comprender de! to-
do, amhos amigos me tomaron ca<la enal por nn brazo ;·
ine llevaron sin ceremonias hacia el patio de jnego.
Mi llegada fue acogida con un estruendoso aplauso.
Oiros entusiastas se juntaron eon Tom y con Harry, y
en pocos n1inutos ln1os veinte colegiales, anhelantes, per-
dido el huelgo, estabamos delante de la puerta de! aposen-
to de! P. Rector.
~i\.lll nos paran1os para cobrar uliento.
-···iQuien hara el discmso? - pregunt6 Whyte.
--Percy - dijeron muchos a la vez.
-Bneno - dijo Percy, que era el que permanecla mtis
tranqnilo.
En realidad, 61 perdia raras veees la respiraci6n o la
palabra.
Ea, pues, adelante - clijo; y llam6 a la puerta.
42 ti. Francisco :V4inn, s . .t.
-Padre Rector - comenzo Percy, luego que estuvie-
r'\Jn todos dentro - ; hemos venido a congratt1larnos con
V. R.
Los alumnos se echaron a reir. Frank Burdock cch6
al aire su gorra; pero no acert6 a. eogerla; por lo cual se
pUSO llllly coJorado y SC retiro a] angU]O mas OSCUro.
-;De veras! - exclam6 el Padre Rector-; iY de
que!
-Del hecho do haber llegado a 250 el numero de los
colegiales.
- j Si, sf, si ! - grit6 u11 coro de voces.
El Padre Rector sonri6 malieiosamente.
-Y bien - dijo - b que se sigue de a.hi I
-Muehlsimo - prosigui6 Percy-. Me han dicho
que cuando V. R. foe nombrado Rector, no habla mas qne
125 alumnos; y gra.cias a su influencia y tacto, el nUmero
se ha dnplicado. Por eso, Padre Rector, permitanos a nos-
otros, los pequefios, congratularnos eordialment.e con vnes~
tra reverencia.
-Bien, queridos mios; os agradezco vu,estra felici-
taci6n, y en recompensa del discursito de Percy, estoy
tentado de haceros yo tambien un discurso.
Todos los alumnos se pusieron serios.
-Pero - prosigui6 el Padre Rector - sospccho que lo
que deseais 110 es prccisamente m1 discurso.
I1os rostros de los oye11tes que se habfan puesto gra~
1

ves, volvieron a sonreir.


-Por eso, en vez de un discurso (que no deseais) ...
pero no con1eneeis a gritar hast.a que estCis de vnelta en
Vtlestro patio de juego ... , os concedo una media vacacich1
para maiiana, que indudablcmente es lo que apetcceis.
lTna cantidad inmensa de ;gracias, Padre!, 8ali6 cle
Enrique Dy 43

todos los pechos, y a escape, los veinte muchachos, con


1os ojos brillantes de gozo, se derramaron por el corre-
dor, y al l!cgar al patio, prorrumpieron en un tumultuoso
clamor de alegr'ia, quc esparci6 sUbitamente la buena. no~
ticia por todos !os ambitos de! Colegio.

CAP1TULO VI

En que vamos a nadar y tenemos una aventurs que


pudo ser desventura

Por la noehc, al entrar en el dorn1itorio, tuvc la grata


sorpresa de ver que mi cama estaba al Jado de la de Percy
Winn. Me acoste cansado de las varias peripecias del dfa,
y contra mi costumbre, me dorml casi de repente, para no
despertarme hasUi la mafiana dcspues de! toque de la
campanilla.
El concepto que forme de mi profesor, el Padre Midd-
leton, respondia enteramente a lo que de el me hahfan di-
cho mis compafieros. Los alumnos de su clase se entrega-
ban con ardor a\ estudio, y el mismo Padre era cl mas cn-
t usiasta de ellos.
L. a hora de clasc transcn1·riO -.::clozmente como sohre
alas doradas, y eso que no se desperdici6 ni un minuto.
El profesor y los discipulos tenian toda su atencion en la
materia explicada, la cual, por este influjo magnctico que
llenaba la clase, se revestia del mismo atractivo que los
juegos predilectos. Asi que, rapidamente Jlegamos al me-
diodia y con cl a la media vacacion snspirada.
A las t.res de ]a tarde, unos cnarenta, al'ompafil),dos
44 I'. Franei:::co Finn, S. J.

por el Pad1'e Middleton, tomamos el camlno quc, atrave-


sando la aldea, nos eonducia al rio, donde ibamos a tomar
el (tltimo bafio de hi temporada; pnes ya las mananas eo-
n1enzaba11 a ser frias, y e11 los n1eses de otofio se tenla el
rlo por poco segnro para la nataei6n,
}'ra11k Burdock., Percy y '1 01n era11 mis co1npaficros.
1

I_Juego que hubimos atravesado la aldea se nos ll1corpo-


raron Keenan, Donnel, Quip, Whyte, Rieart, Ruther y
otros cuyo 11omb1·e ignoraba.
-~Iira - me dijo F1 rank:-, hen1os formado nna pe-
quefia sociedad para rezar las Letanlas a la Vi1·gen Santi-
sima todas las veces que vamos a baiiarnos, a fin de preYe-
nir cualquiera desgracia. Es una buena idea b verdad !
-Sf, por cierto -, conteste.
-Se les oenrri6 a Percy y a To1n - repnso 1~ rank eon
1

aire de triunfo; y parecia quercr afiadi1· algnnn otra ro~n,


cuando Perc~r le interrumpi6 diciendo:
-1 Estamos prontos, chicos?
~Estamos, - contest6 To1n, despues de recorrcr eon
la n1irada toda aqnella alegre comitiva. Entonces l.)erry,
eon sn voz clara y suave, comenz6 a decir pausadan1en1e
las l;eta11las, y los demiis, con evidente devoci611 y reveM
rencia interua, iban1os contesttlndole: R·11.e2a 1JO-r nosofl·os.
El espiritu de la fe cat6lica y de la sincera piedail se
1nantenla vivo en el Colegio. Era un n1undo en pe<1nefio,
pero nn inundo cristiano, en que la plegaria y la fe afiaM
dlan un apacible resplandor a una ahn6sfera de jnegos y
estudios. Al dar las doce, no habia quedado poco asom-
brado cuando, en oyendo la campana, la escena de bulli-
cioso juego que ofrecian los patios, se habfa paralizado
instant3..nea111en1e. lTno habla dejado caer la pelota, otro
la maza, todos habia.n eortado en seeo el grito jngne.t6n qne
fJnriqne Dy

iba a salir de su garganta; todas las cabezas se habfan


descubierto, y todos los colegiales se habian parado para
rezar devotamente el Ange/;us Domfoi. Y luego, en otro
momento, se habfo roto el dique, y aquel torrente de vida
alborozada, detenido un instante, se habfa vuelto a preci-
pitar eomo en run1orosa catarata.
El mismo espiritu habia animado a todos los eolc-
giales en el rezo de las letanfas. Todos en el sc unieron
de coraz6ni y asi rezando llegamos a vista del rio.
--1\iira - exclam6 Franck-, &has vista nunca un rio
tan amarillo 7
-No parccc sino que padezca de icteria por haber
fu1nado cxeesivamentc, --:- obscrY6 alegremente Jorge
l(ccnun.
-Mc rccuerda, - ai\adi6 Tom - a un hombre que
eonoci, el cual tcnfa una enfermedad del higado, si no me
cqnivoco.
1\si segufa1nos charlando, y cscogi1nos un luga.r a pro-
pOsito para desuudarnos.
-Tcn10 que va1nos a tencr mucho frio - dijo To1n
quitandose la chaqueta-. ! Eres bucn nadador, Enri-
que?
--No, Tom; apenas sc dar una docena de brazadas.
-Entonccs, anda hoy con mucho cuidado. No salgas
de los 1itnites. Yo tc los mostrare. A ninguno de nosotros
e'ta pcrmitido pasar de ellos. Y de todas maneras, pro-
cura n1antenerte cerca de la playa.
-SI - observ6 interviniendo el pequefio Frank: - ;
asl es como aprenderB.s a nadar bien. Lo mismo hizo
Percy.
-Este vcrano hemos hecho mucho ejercicio de nadar
- dijo J:>cr('y--. 1\1uehos de nosotros cstnvim_os Yera--
4l1 , P. }'ranl'i$co Finn, S ..T.

neai1do en cl ''Tisconsin, en las .riberas de un lago 1 lo m&s


hermoso que se pueda imaginar. lbamos a bafiarnos una
o dos veees cada dia; asi quc, hemos salido ya grandes
nadadores.
-Pero To1n y Percy son los que nadan inejor - afia.
cli6 Frank con sn sonrisa de hombrecillo.
-Ea, clesnuclaos - exclam6 Tom, que se habia puesto
ya su traje de bafio y aguardando eon impaciencia a los
1norosos.
A Ios pocos momentos todos estabamos en el rio, y
en el aire tranquilo de aquel dfa de otofio se oian los
golpes que daban en el agua los quc se divcrtian nadando
y jugueteando alegremente. Con todo, el ag11a estaba
demasiado fria, y apenas podia permaneeer en ella sin
tcmblar.
Jugabamos con descuido procurando alca.nzarnos uno
a otro. Frank Burdock se hallaba cerca de Tom Playfair,
que tenfa s6lo agua l1asta Ia cintl1ra, y diO un- salto para
llegar hasta Frank. Este se retir6 riendo. Pero mientras
Cl continuaba andando hacia atras con grandes risotadas,
yo lance nn grito de espanto, y desgraciadamente, e1 ten1or
que 1ne lo habla arrancado, ~e rea1iz6 al instante. 1Jn tron-
co de arbol habia ve.nido flotando lrnsta poca cfalancia de
:Prank, y €1, que no lo habfo advertido, clio con la cabcza
un ·fuerte golpe, y se sumergi6.
I_janeCn1e hacia 61, sin co11side1·ar que lo nuis a <1ne i10-
dla. aspirar) era a 1nirar por xnf 1nismo. Pero de una bra-
zacla, Tom se puso a mi !ado dieiendo:
~(\'uelye atras> Enrique, vuelve hae).a atriis l
Obedeei instintivamente, sintiendo coma por natural
h1tuici6n 1 que Ton1 era un n1uchacho nacido para 1na11dar,
Sn rostro, hasta entonces alegre ? sereno, cxpresaba en
Enrique Dy 47

aquellos momcntos una rcsoluei6n energica, y con unas


brazadas de maestro, llcg6 al sitio donde se habia sumer-
gido Frank. En un instante apareci6 junto a el otra for-
1na hu1nana: era Pere:r Vlinn, que habia nadado bnen tre-
cho debajo del agna, y se hallaba al !ado de sn valeroso
amigo. En a.quel moment.0 1 unos veinte pies n13.s adelante,
en cl scntido de la corriente, sali6 a flor de agua cl rostro
del pobre l<'rank. Tenia cerrados los ojos y muy palidas
las mejillas. Dcba.jo de la sicn sc veia una herida sangtii-
nolenta, quc dej6 un rastro encarnado cu el lugar donde
Yo1Yi6 a sumergirse.
Oy6sc una voz clara quc ordenaha:
--j En no1nbrc de Dios, To1n y Percy, scguid adclantC.!
'l'odos los dcmas salgansc dcl agua.
Todos obedecimos a este mandato del Padre Middle-
ton, mientras To1n y Percy continuaban nadando animo-
samcnte .
..::\delantaban eon gran<les brazadas, con10 si na.daran
a porfia vara ganar una apt-;.csta. Eran dos cxcelcnte,..;
11adadorcs. DetuviCronse de pronto, 1niran<lo hacia todos
lados en del'redor. Pero en ninguna partc aparecia scfia-
ks de la prcsencia de Frank.
Luego 1 como movidos })Or un mismo impulso, ambos
se sun1ergieron en el agua. J~l sitio en donde la corriente
habia sun1ergido a I?rank estaba fuera de ]os limites se-
fi.alados y 1 al parecer, era 1nuy profundo.
Todo esto habia ocurrido en pocos scgundos, y por i.-;u
parte cl Padre Middleton no estaba ocioso. Quitandose
apresuradamcntc la sotqna y los zapatos, se habia echado
tambien al rio, y en breves instantes habia 11egado al sitio
del desastre. Nadaba maravillosamente; nunca habia yo
visto un nadador tan veloz como el.
48 P. Francisco Finn, S. J.

Cuando Tom volvi6 a flor de agua, ya el Padre estaba


a su !ado. Pero sus investigaciones habian sido infructuo-
sas. Un segnndo despues apareci6 Percy solo.
En la pla.ya reson6 un clan1or de pena; muchos cole-
gialcs cayeron de rodillas, mientras el Padre Middleton,
diciendo una frase, que no oimos, a Tom y Percy, se su-
mcrgfa en el agua.
Los segundos que siguieron fneron horas de agonla.
El sol se habfa escondido detras de una nnl~e, y nn silen-
cio de mnerte reinaba en aquella escena, poco antes tan
animada. No se percibia otm sefial de vida qne loo movi-
mientos de Tom y Percy qne nadaban uno al !ado de! otro.
Por fin se encresp6 el agua, se abri6 un snrco profnndo,
y un inmenso grito de alborozo acogi6 al Padre Middleton,
qne volvfa a la snpcrfieic llevando sobre el brazo al pobrc
Frank.
To1n estuvo a su lado en un ahrir y ccrrar de ojos, y
tomando una de las manos de Frank, ayudo al Prcfceto a
llevar al nifio desmayado.
En cnanto los tres llegaron a la orilla, todos aplandi-
1nos, eonvertida nuestra ansiedad en un delirante entu-
sias1no. Todos alargUbamos los brazos co1no pnra ayu-
darles a saltar a la playa.
l<,rank abri6 los ojos y recobrO los scnt.idos antes de
t.ocar en tierra., y todo se convirti6 en clamores de gozo y
apretones de .tnano, expresi6n de la mas intensa alegrla
ptH' el buen tCrn1ino que hnbi'a tcni<lo nquclla peligrosa.
a\·entura.
l~nrique l)y 49

CAPiTULO VII

En que se resume lo acontecido y se pasa en la enfermeria


una esplendida velada

-Estc Padre Middleton, cs uno de los hombres mas


fuertes y animosos que yo conozco - obscrv6 Juan Donnel,
micntras ibamos ca1ninando hacia casa.
-Seria capaz de nadar con los pies y las manos ata-
dos - afiadi6 Jorge Keenan-. i Era cosa digna de verse,
cuando nadaha para encontrarte, Flrank ! Parecia co1no si
corriese en cl agua. Ya prop6sito, Tom, t,quC os ha dicho
a ti y a J>crcy, antes de su1nergirse para bucear en busca
de Frank!
~"Muchachos, rezad un Ave Maria". Esto es lo Unico
que nos ha dicho; pero te aseguro que me ha llegado al
coraz6n. No crco habcr ora<lo con ta11to fervor en toda
1ni vida como en aquellos pocos instantes, si no es cuan-
do mi primera Comuni6n. Solo he dicho cl Ave M(]J1·W.
una vez; pero te ascguro que al llegar a aquellas palabras;
"ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muer-
te", pe11Baba de veras en lo mismo que estaba dieiendo.
-Si - afiadi6 Percy-; tambien yo he dicho cl Ave
1'la1~i-a, y nunca como entonceH habia sentido cu3.n her-
mosa oraci6n es.
-Mirad - intcrrumpi6 con vivacidad el pequcfio
Frank: - tal vez no me creereis, pero es un hecho cierto,
por miis que yo no pucda probarlo. Despues quc he dado
de cabcza en aquel tronco, no he sentido nada mas. Es-
taba ... £ c6mo se dice? ... ·
E!\RlQUF. PY - 4
50 P. Francisco Finn, S. J.

-Sin sentido - sugiri6 Percy.


Asi es, p1·ecisamente. Lo primero que he vuelto a per-
cibir es, que estaba tendido en el fondo Ueno de lodo, y
sentfa en los oidos nu ruido semejante al del trueno.
i Creereis que no he tenido miedo? Sentia qne me aho-
gaba y que en pocos momentos estaria muerto. Sentia un
gra.n tcmor, muy grando, t sab6is ·~ Pero sllbita-mento me
he acordado de que habiamos rezado las J,etanias a la
Santisima Virgen, y ! lo quereis creer! Se me ha quitado
todo el temor. Ya no tenia miedo de morirme, y he comen-
zado a decir el A.ve Mao-fa, y al llegar a aquellas palabras:
"ahora y en la hora de nuestra · muerte", lie sentido una,
mano que me cogia por un brazo, y he vuelto a perder el
conocimiento, hasta que me he dado cuenta de que
Tom y el Padre l\'[iddleton me llevaban hacia la orilla.
-Es curioso - observ6 Percy-; pnrece que los tres
hemos rczado el Ave i1farfa en el mismo momento.
-Oreo de veras que ha sido asi - dijo Tom. Y yo me
puse a reflexionar-: Haya o no habido milagro, es cierto
que la Virgen Santisima no se ha mostrado sorda a aque-
lla invocaci6n piadosa de sus devotes eongregantes; y
que, en cualquier trance de la vida, convendrfa emplear
aquella suplica.
Poco antes de la cena, el Padre l\'[iddleton llam6 a pa.rte
a Tom, y le dijo:
Tom, t, te acuerdas de aquella eena en la enfermerla,
el dia que Percy se cans6 excesivamente, yendoos a bns-
car a Pawnee Creek?
-J Como no he de acordarme? i Ya lo creo !
-Pnes, mira. He pensado que se puede repetir. Tu,
Percy y Frank, teneis necesidad de descansar mafiana
hasta un poco tarde, y no podeis esludiar esta velada.
Enrique Dy 51

Tambien sera bueno qne os acompaiie vuestro nervioso


amigo Enrique Dy. El percance de esta tarde podria pro-
ducirle una imprcsi6n nociva. Asi que, en cuanto toquen
al estudio, os vais los cuatro a la enfermcria. El Herma no
1ne ha pron1etido quc os dara una buena cena.
El Padre Middleton cort6, alejandose rapidamente,
las fervorosas acciones de gracias de Tom. Yo estaba jun-
ta a 6ste, cuando se le di6 aquella agradable noticia. Habia
formado de el un elevado concepto, y aguardaba con ex-
pectaei6n lo que entonces iba a decirme.
- j Supongo que tendremos abundancia de pasteles !
- exclam6 mi h8roe con granda entusiasn10, :r, dej&ndon1c
estupe-facto, corti6 a con1unicar a los dema8 la buena
noticia.
Y ahoi·a sc me viene a la memoria aquclla cena opi-
para. i Dias Santo! El lector me dispensarii que no me
dct2nga a 1·cfcrir con quC voracidad <lcspacharon los pla-
tos suculentos, aquellos salvadorcs de vi<las humanas.
Est a es la prosa de la vida; y el heroi8IDO mas excelso,
no sucle andar scpara<lo, sobre todo en la cdad de! creci-
n1iento, tlel buen apetito. Pero si _un joven es tan bueno
como Tom y Percy, bquien se atrevera a reprcnderle por-
que coma con gentil brio?
a
Luego que nos hubimos acostado, comence dar vuel~
tas por la cama y no podia conciliar el sueiio. Las im-
presioncs de aquel dia habfan sido para mi sobrado vehe-
mentes, y mis nervios se habian excitado grandcmente.
No pas6 mi inquietu<l inadvertida a Tom, y asi, de
pronto senti que me tocaban el brazo; y volviendome ha-
cia aquel !ado, vi, a la luz incierta de la lampara noeturna,
el rostro de Tom, que me miraba con expresi6n extremada-
mente ben6vola.
52 P. Francisco Finn, S. J.

-Enrique - n1e dijo - 1 tU i10 puedes dorn1ir, bllG

es verdad!
-No - murmure - ; y a fe que estoy bien cansado.
-Tus nervios se han excitado con exceso por lo que
ha acontecido en el rio. Lo siento por ti. Tan luego co-
ma te conocf sospechii de que se trataba.
-No te comprendo, Tom.
-Sencillamente. Tu debes de haber sido testigo de
a1guna escena 11orrible1 vgr. 1 de un asesinato.
Salte de la cama con la fuerza de la sorpresa.
-Lo he acertado bno es cierto? - continu6 To1n tran-
quilamente -. Pero no de bes preocuparte por ello. Te
parooes en algunas cosas a Jaime Aldine. ; Pobre Jaimi-
to ! Muri6, y era mi mejor amigo. Habia presenciado un
homicidio. lJn dia te con tare su historia, Yt-U a mi la tuya,
! no es verdad !
-Si, Tom.
-Bueno, Jforique. Mehan dicho que liabias perdido a
tu madre ; Aes asi !
Y al decir esto, Tom ine mir6 con un aire de simpatia 1
raro en un muchacho de su edad y temperamento.
-Si - contestC en voz baja, acordU.ndome de mi madre
difunta, y de aquella otra quc me habia hccho oficio de
madre y se habia separado de mi tan lamcntablcmente.
Y pensando en esto, mis ojos se llenaron de lagrimas.
-Igual me aconteci6 a mi - repuso Tom suavcmen-
te - ; yo no me acuerdo apenas del rostro de mi madre.
Mi padre dice que era 1ma santa. Yo lo ereo; y tengo la
seguridad de que euida de mi dcsde el cielo. Pero Enri-
que, esto quede entre nosotros dos: yo he rogado a otra
Madre mejor qne tomara el sitio de la que perdf. Hazlo
asi tu tambien.
Enrique Dy

Ambos guarda.mos silencio por unos 1no1nentos.


-Ahora me vuelvo a mi cama - continu6 Tom-.
·:Me hubiera dormido en scguida. Pero, pensando que tl'.1
estabas excesivamente agitado, te he observado y he vista
que te andabas volviendo de uno a otro !ado sin poder dor.
mir. Por csto he creido que tc haria bien cambiar con.
migo tus impresiones. Quiero que estes alegre y sientas
quc te hallas entrc buenos amigos.
Le di las gracias, tartamudeando algunas palabras in-
coherentcs. i Cuanto bien hacc la bondad amable ! Pero
la de Tom llegab.a hasta ser ingeniosa 'e inventar maneras
de mostrarse.
- i No hay quo hah1ar <le cso ! - clijo rro1n, interrnm-
piendo mis dcmostraciones de gratitud. - Cualquier co-
legial hubicra hccho otro tanto cuntigo. Pero yo n1e doy
mas cucnta de Io que te pasa, porque me he hallado en
circunHtancias parecidas. Cnando n1uri6 .Jaime Aldine,
casi cnda nochc tcnfn una cspr.cic de pesadiHa; y todavfa
no sc lnc ha o1viclado. Asi, pncs) bucnas noches. Duer~
mete en ser-;ui<la. PJcnsa que mnfiaJJa hen1os de tra.tar de
1:1' 0attas clc Cicer6n.
Y pcrsig:n5ndosc devot-amente, Tom sc acost6, cerrO
]os ojo.r;.;,- y a los pocos instantes c1Cmostr6 eon su respi-
raciOn acon1pn:;:aila -:-," ~onorri, qne <'Htaba profundamente
clormido.
Este cjemplo suyo me calm6 cnteramente, y me llen6
clc gozo aeorclarme de sus amistosas palabras y afcctuo-
s.os cnidados. 11crdaclcramentc 1 Tom habla socorrido a un
espiritu en pena.
Ans pnlabrai:; quc resonaban suavemente en mis oidos,
1

me condujcron en htcYe al pals encantado de 1os ensue-


iios; a. una regi6n llena de purns smistsd{,s, inoeene.ia y
afecto, y bendeeida por loo eel~stiales influjos.

C.APITrL<._1 YIU

En que paso una mala n<>che y produzco impresion


en el dormitorio

Conforme a las 6r<l.enes reeibida.s., nus le,ants.mos a


las siete y media de la mallana siguientt\ f~ y ties-
cansados. Despue.s de to-mar un buen di'SS.yuno, oimos la
ltltima mi.."8, y h1e-..go no tuDmo.s tien1r-0 sino p..2r-a ir- a to-
mar nuest!US lib:r--os : acndi:r a l.a els.st?.
Ha.eia. el medi-~2 tu'\""e nna larga c-.()~\--ers.:a-ei6n um
TOill, y le referl 1-os d_rnm8.t~ aeSBt:imientos d-e mi ~id-a~
que e1 esene-h-0 ~'11 gran SSiC:mbro. Cn-.and-0 ln100 termi-
nado mi rel-.at:t\ T·o-m. se- qiNdx.'1 m2--d.itan-do profun<l-am-i'nte_
-Tengo qn-f" rl-fX'irt-? mi p.ar&e---er - 0hserri) - . Yo
ert:-0 que t-ste n~{.){'_}.J n-v f~--ts d--?:l t.,_'*d-o c.,-,_;nt-1nidu. El a:feoeto
que tenias a tu a_ra es 11n. srg11.m-sntv E-.D. s-u f.a.-nr. Yo ereo
que el afeeto de lvs nifios nu y-e·rr:a siE.u raras Y-ffU : y
~-0 que si tu $.,~ m:st6 ef~e:ti:~mETii'f'_ a. tTI t~ 'r1-0 la
debi6 hzr~ s<Sl-0 por 0.odir:ia d£>l dini'-Y'O..
- j , Lo e!"fffl as1 ! - f:X·t:lamf e0n rmn Sffissei-~.n de al.i-
V:-0. En rc.ta.lidad, 1v qne m.&s mi' habia sp--?nsOO era la
ide.& d-e qoo u:na pe.rs-::n1~ a qlli-en h2.bia yo qneriOO t:anto.
hrrbiera sidv tan erim.:intl.
Enrique Dy 55

habfas observado en ella sefiales de que su cabeza no estu-


viera bien 1
Reflexione un momenta, y conteste:
-No. Se mostraba muy reservada y silenciosa con
los demas. Pero conmigo siempre era buena y carifiosa.
No recuerdo que nunca obrara de una 1nanera extrava·
gante.
-Pudo haber matado a tu tio en un momenta de frene-
si - observ6 Tom-. De todas maneras, tengo la segu-
ridad de que no cometi6 ese crimen a sangre fria.
No es posible expresar cuanto agradecf a Tom esta
apreciaci6n.
-Oira cosa - prosigui6 mi amigo-; &que piensas tU
de aquella casa 1 &crees verdaderamente que este infesta-
da de espiritus?
-No se, Tom; ninguno Se acerca a ella. Pero todos
dicen que esta infestada.
- i Ea, 110 puedo creer seriamente scmejante cosa 1
Mira, se me ocurre una idea: hemos de hacer una prueba,
para sacar en claro si hay o no espiritus en casa de tu
tio. Ahora tu estas debil y nervioso, y esto te predispcme
a alueinarte. Pero para las vacaciones pr6ximas, estoy
seguro de que habras cobrado tantas fuerzas, que la idea
de pasar una noche en casa de tu tio, no solo no te ate-
rrorizara como ahorai sino te parecer<i tan divertida como
a mi mismo.
-No te lo prometo, Tom.
-No le hace - respondi6 mi atrevido amigo-; pero
en primavera te recordare este proyecto y estoy seguro que
entonces consentiras en probarlo.
-1Lo dudo!
-I Es igual ! Y mira, Enrique: si no te sabe ma!, se lo
56 P. Francisco Finn, S. J.

contare todo a Percy. Puedes fiarte de el sin ning(m


recelo.
-Si por cierto, Tom; puedes decirselo todo a Percy.
Por lo que entendi mas adelante, estoy seguro de que
Tom no crey6 ni un instante que hubiera espiritus en casa
de mi tio. Pero le divertia todo cuanto parccie.se nna aven-
tura, y la perspectiva de pasar una noche en una ca.sa
abandonada por miedo a Jos duendes, le cncantaba y le
atraia irresistiblemente.
Durante todo aquel dia, y a pesar de mis esfnerzos en
contrario, mi fantasia estnvo ocupada con las dolorosas
memorias de aquella funesta noche pasada en casa de mi
tfo. Imiigenes horribles se pintaban en mi imaginaci6n
sin orden ni concierto. La angustiosa escena del bafio en
el rio me habfa excitado los ncrvios, y la prolija confercn-
cia tenida con Tom, habia refrescado en mi memoria todos
los pormenores de aquella noche todavfa demasiado pre-
sente en mi 3.nimo.
Al llegar la noche, aqnellas fantasias tomaron maJ;or
fuerza, y cuando me acostC, mis nervios estaba.n cxcita-
dos hasta el mas alto grado.
Mientras procuraba afanosa1nentc el suefio que hula
do mis p3.rpados, me parecia ver ante mi aqnella casa tCtri~
ea, a mi adusto tfo, al torvo Caget y a mi airada aya. Lue-
go eambiaba el euadro, y me pareefa hallarmc delante de!
Jecho de mi tio, y contemplaba su ensangrentado cadaver.
Creia tocar aquella sangrc, y ver su roja mancha en 1ni
propia eamisa de dormir, y sentir su ·humedad calida; e
impulsado por estas vivas imiigenes de! suefio, salte ver-
daderamente de la cama lleno de horror y gritando: i So-
corro!, i asesinos !
Con este grito y el esfuerzo consiguiente, me desper-
Enrique Dy 57

te, y me halle tembloroso en medio de! dorrnitorio, rodea-


do de muchachos piilidos de terror, que tenfon iijos en mi
los ojos asustados. Pero am1 antes que pudiera darme
cnenta de lo que me rodeaba, senti una mano suave quc
me acarieiaba, y una voz tierna como de una madrc quo
1nc susnrraba al oido palabras tranquilizadoras. Era.
Percy, fmico entre los colegiales a quien no habfan sacado
de qnieio mis elamores. Conservaba toda su preseneia de
animo y su mstro no expresaba otro afecto que el de una
inteligente simpatia.
-Despertad al Padre Middleton - murmnr6 junto a
n1i un alumno.
Cosa increible. Bl Padre Middleton tenia un suefio
tan profundo, que no le habia dcspertado todo aquel ruido.
-No - advirti6 Keenan-; dejadle dormir y reposar,
que buena falta le haee.
-Tienes mucha raz6n - dijo Percy-. Yo mismo
acompafiarC a Enrique a la cnfermcria y me estarC con el
Jo qne queda de la noche.
Hubo que veneer la resistencia de Tom, que querfa
qne Percy desfanRara y encargarse €1 de acompafiarme. _
Pero Keenan resolvi6 la duda en que Percy fuera con-
migo, y volviendose con resoluci6n a los demiis, !es dijo :
-Ea, chicos; todo el mundo a la cam a. Yo hago ahora
de Prcfecto.
r,os a!umnos, ya repncstos de! susto, le obedecieron
con risitas. Percy, por su parte, fue aquella noche un
verdadero iingel para conmigo, y, con su inestimable ca-
ridad, calm6 mi estado de irritaci6n nerviosa.
P. Francisco Finn, S. J.

CAPfTULO IX

Nuestras !areas escolarns

El ataque nervioso de que he hablado, fue el primero


y el ultimo que padeci en San Mauro. Dia por dia iban
acrecentandose mis fuerzas y robustez. Poco tiempo des-
pues de mi entrada en el Colegio, desaparccieron las con-
traeciones nerviosas de mi rostro (que llaman tics), y
antes de Navidad, el solicito medico de la Casa me declar6
del todo curado.
i Guan alegres y tranquilos transcurrieron aquellos me-
ses! En Octubre y Noviembre el base-ball ocup6 nuestros
recreos diarios. Tom se mostr6 infatigable en ejercitarme
en aquel .juego, y, aunque raras veces se atrevfa a encar-
garme las primeras partes, no perdia ocasi6n de dirigir-
me palabras de aliento.
-Aguarda - me decia - que llegue la primavera, y
veras. 1Veras de que cosas te habras hecho capaz!
Tom era ambicioso. Sn idea predilecta era poder ven-
eer a los nueve mas j6venes de la division de los mayores.
A muchos, este designio les parecfa cxcesivamente arries-
gado; pero sns esperanzas no estaban destituidas de fun-
damento: El era intrepido, y sabia preparar admirable-
mente a sus peqneiios jugadores.
Hay que aiiadir que nuestros futuros rivales nada sos-
pechaban de nuestros proyectos, y mientras nosotros nos
ejercitabamos sin tregua, ellos no se preocupaban en todo
el invierno en el base-ball, sino consagraba.n todos sus re-
creos a los juegos propios de la estaei6n. No asi nos-
Enrique Dy 59

otros. Tom nos tenia siempre en ejercicio y nunca per-


dia de vista el certamen :l'inal.
Entretanto los estudios segufan admirablemente. Du-
rante la hora de clase poniamos todo nuestro empeiio en
superarnos nnos a los otros. Percy era el mas diestro en
los desafios. Lucgo seguia Tom. Pero yo era tenido por
el primero en el conocimiento de! latin, gracias a la pre-
paraci6n particular de que habfa gozado. Bien vefa yo
que, en las materias nuevas, Tom y Percy me Ilevaban mu-
cha ventaja. Hubieramos deseado que d P. :Yliddlcton
presidiera nuestras reunionesl pero sablamos cuan ocu-
pado estaba y no nos atrevfamos a pedirlo. Por Io demas,
el clcsco cle complacerle y corrcsponder a su solicitud por
nosotros 1 nos estimulaba no menos que su misma presen-
cia. Creo que a todos nos asaltaban de cuando en cuando
sensaciones de cansancio y fastidio. Yo por mi parte,
confieso que las senti mas de nna vez. Pero nos sostenia
el esp1ritu de constancia y energia que nos habia infundi-
do nuestro entnsiasta maestro, el cual lo alimentaha y
conserva ba cotidianamente coll sus frases de aliento, y con
Ios recursos que le sugeria su extraordinaria habilidad
pcdag6gica.
Recuerdo un ejemplo curioso de estas sus artes. En la
seg1mda mitad de! afio eomenzamos a hablar en latin en
los ejercicios de la clasc. J,a mayor dificultad estaba en
animarnos a hahlar sin miedo, y para ello la primera se-
mana ofreci6 el P. Middleton un premio al que hiciera,
sin procurarlo de prop6sito, mayor 11umero de faltas de
Gramatica, al hablar en el dificil idioma de Cesar. Tom
Playfair ohtuvo el galard6n, y Percy Winn le fue muy a
los alcances. Era natural efecto de! arrojo con que ambos
se lanzaron a hablar en latln.
60 r. Frantisco l'inn, S. .T.

Al segundo mes, cl preiµio se reserv6 para el que co-


metiera menos faltas. Por fin se propuso, como meta, cl
cmplear cl mayor numero de terminos clasicos y frascs
de nuestros autores. Percy y yo quedamos pares en esta
concertaci6n, y cada uuo obtuvo en recompensa un her-
mo.so cuadro.
Era la mafiana del dfa 21 de l\!Iarzo. El sol, que habia
amanecido algunas horas antes, brillaba con todo el es-
plendor de la primavera. A nuestros oidos llegaba el ale-
gre gorjeo de los pajarillos, micntras la tierna hierba
que comenzaba a cubrir de verdura los prados, nos pro-
metia abundancia de flares y bullieiosos paseos por el
cam po.
Parecc que hay cierta analogia cntre la juventud y la
primavera; y sin duda por eso los poetas acuden a esta
para pintar los eneantos de aquella. En el nifio la vida
hiervc pujante con10 en la savia de los 8.rbolcs, cuando las
templadas brisas traen hi estaci6n florida; la frescura de
los brotes primaverales se parece mueho a los impulsos
juveniles, y despierta en el coraz6n de !os j6venes nna
secret.a simpatfa.
Tom se scntia alegrc como la estaci6n quc en1pczaba.
-Enrique - me dijo mientras cspaciaba. la vista con
delectaci6n por el verdeante paisaje, - ya vienc la pri-
rnavera.
-Estaba precisamente pensando en esto ~ eontestC.
-b Cuanto pcsa.bas cuando vinistc nca?
-Ochenta libras.
-&Y ahora?
-Ciento tres.
-& Te sientes ya con fncrzas para jngar al base-ba.ll?
-Oreo qne si.
J<jnrique J)y Gl

-l\.iira.,pues, c6mo tenia yo raz6n, cuando te anun-


ciaba que en p1imavera todo iria a pedir de boca. Acuer-
date, ahora, que el 15 de Abril hemos de jugar una buena
treta a los mayores.
-Pucdes contar conmigo, 'rom. Pues pondre cuanto
cste de mi parte, para ayudarte eficazmente.
-Cuento con esto, Enrique - rcpuso Tom. - Obten-
dremos uu exito colosal. Ya veras. Y esta.remos inflados
de org11llo, como dicen. Seis de }os jugadores pertenecen
a nuestra cla"ie, y si tienen valor para. sostener, con buei1
suceso, un examen a11te seis Padres examinadores, no mos-
trarlln menor 3.nimo ante un rfluchacho grande en el juego
de pelota.
rrom opinaba que la. mis1na encrgia con quc era capaz
de veneer las dificultadcs de los Autores clasicos, podria
triunfar tambieu en el terreno de los juegos. Para el un
muchacho que se aventajara en el base-b,all y fuera el ul-
timo en la clase, seria un verdadero fen6meno 1 un mons-
truo de la Naturaleza. En rcalidad, todos sus colegas
predilectos, mostraban tanta ligcreza y habilidad en los
juegos, como prontitnd y despejo en los estndios. Y al
escoger sus nueve campcones para la gran partida pro-
ycctada, habia preferido a aquellos qne eran los mas
adelantados en las clases, mejor que a los que, con apa-
riencias atl€ticas, tenian ingenio romo para los libros.
En medio de estas ilusioncs y proyectos foe entrando
la primavcra. Los pajarillos cantaban alegremente; las
flores matizaban los campos con los colores mas suaves
y variados, y llenaban el airc con fragantes olores. El sol
brillaba cada dia con mas poder sobre cl ruml del firma-
mento, y derramaba torrentes de lnz sobre la tierna verdn-
ra de los campos. Pero todos estos atraetivos no lograban
62 P. Francisco Finn, S. J.

arrancar de sus libros a nuestros j6venes colegiales. Du-


rante las clases y horas de estudio privado se entregaban
con ardor a sus trabajos academicos, y con esto, al llegar
los tiempos de recreaci6n, aspiraban con mayor fucrza
las delicias de la primavera, con el organismo sano y el
animo lleno de la satis:faeci6n que infunde la conciencia
de haber cumplido los deberes.
De esta manera, el tiempo SC desliz6 rapidamente y
lleg6 el 15 de Abril, asig1iado para el ensayo.

CAPfTULO X

Donde Percy Winn comete un yerro

El Rector, el Vice-Rector y el Decano de la Facultad,


honraron nuestro ensayo con su presencia.
Carlitos Ricart pronunci6 un elegante discurso de in-
troducci6n, que termin6 invitando a los respetables visi-
tantes de la clase a examinar a los alumnos, de ingh.~s,
latin y griego.
En primer lugar vers6 el exa1ncn sobre las reglas de
la composici6n inglesa. Los discipulos, que habian sido
muy bien preparados y sabfan todos los preceptos de me-
moria, contestaron con tanta seguridad por espacio de
15 minutos, que el Rector hizo la sefial de basta.
-Estas cosas - dijo - ~on demasiado faciles para
vosotros. \Tamos, pues, ahora a proponeros alga que ofrez-
ca mayor dificultad.
Entonces comenz6 propiamente la batalla. Las difi-
ciles frases del historiador Salustio, ofrecieron a los dies-
Enrique Dy

tros examinadores una buena piedra de toque. Propusie-


ron preguntas a dicstro y siniestro; pero los alumnos las
contestaban con igual rapidez que acierto. De la traduc-
ci6n se pas6 a la Sintaxis; pero tambien aqui estabamos
bien apercibidos. Los examinadores mostraban su satis-
facci6n en los rostros alcgrcs y sonrientes. Pero lo que a
nosotros mas nos satisfacia era ver el contento de! P. Mid-
dleton. No parece que el mismo se hubiera prometido un
cxito tan complete>.
Finalmente cl Rector se volvi6 hacia nuestro maestro.
-Padre Middleton - le dijo, - esto no vale. Habfa-
mos venido para examinar en que estaban flojos estos mu-
chachos, y hace ya una hora quc no logramos sino po11er
de manifiesto lo mucho que saben. i Sabria usted decir-
nos, en que punto los podrfamos hacer caer!
-Ta! vez - dijo el Profesor, - podria proponerseles
traducir de repente al latin frases compuestas a semejan-
za de las que ha vista en sus Clasieos. Aunque, en honor
de la verdad, he de adverti1' que mis diseipulos no e'pera-
ban esta prueba.
La propuesta pareei6 bien al Rector, el eual dijo, diri-
giendose a nosotros :
-Pues bien, mis queridos muchachos. Prometo un
hermoso libro al que, entre vosotros, diga correetamente
en latin las frases que le propondremos en nuestro idio-
ma. V ue.stro mismo Pro:fesor, serR el Urbitro. Cuando
uno cometa un yerro, el P. Middleton lo excluira de este
concurso. :' "k~,~!
Playfair, Percy, Quip, Whyte,, Ruthers, Ricart y yo
aceptamos esta invitaci6n. Ninguno habia podido prever
las preguntas qne se nos proponian. Pero habfamos re-
1'. Fr.:u1cisco Finn, S . .T.

pasado todo el .Autor, cjercitandonos en proponer frases


semejantes y verterlas al estilo de Salustio.
Los demas de la elase no osaron tomar parte en aque-
lla especie de certamen; no por falta de saber, sino por
exceso de miedo .
.A las pocas preguntas, y con gran sorpresa de todos,
Percy tropez6 en un verbo irregular; por lo cual, se puso
muy colorado y se retir6 a su sitio. Todos lo sentimos,
porque no habia en la clase otro colegial mas aplicado,
ni que gozara de mayor popularidad.
Whyte, Ruthers y Ricart le siguieron muy pronto, y
quedamos no mas que Tom, Sarry Quip y )"O. Tom estaba
sereno como siempre, y nos alentaba.
-M:anteneos firmes por el honor de la clase - susu-
rr6 - y no respondais hasta que esteis seguros.
Seguimos su consejo y resistin1os por una media hora.
El reloj di6 las once.
-Han pasado dos horas - dijo el P. Rector; - el exa-
men esta concluido. Mis queridos colegiales, me felicito
con vosotros por el examen extraordinario qu-0 habeis
dado. Os conccdo vacaci6n para el resto de! dia.
Naturalmente, recibimos cori las mayores demostracio-
nes de alegria esta concesi6n, que deseiibamos, pero que
fue una sorpresa.
Percy no se contrist6 poco ni mucho por su yerro.
Estaba demasiado ufano con mi latin - dijo - y me
ha humillado mucho incurrir en semejante falta; pero es-
toy pcrsuadido que tambien aprovecha muchas veces ha-
ber cometido algun error.
Hecha esta declaraci6n, Percy se alegr6 con nosotros
trcs tan ingcnuamcnte, quc nos dcmostr6 priieticamente
Enrique D;r 15

de que rnanera una derrota se puede convertir en victoria,


veneiendose a si rnismo y las propios afeetos de! animo.

CAP1TULO XI

En que se hablo de una partida de "base•ball"

El sol brillaba en un cielo de! todo limpio de nubes,


cuando nos desper\amos en el tan esperado dla.
Mientras nos diriglamos a la clase, ibamos pensando
c6mo cumplirlan con su deber nuestros jugadores... El
P. Middleton nos recibi6 con una sonrisa, si es posible,
mas bencvola que de costumbre.
-Ahora, chieos, - nos dijo, despues de haber termina.
do las oraciones, - ! tcndriais la bondad de decirme si me
podeis prestar atcncion i
-Si, si - exclamaron muchos. Pero el honra:do Tom
observ6:
-Ilarcmos cuanto estC en nucstra mano ... Pero, &Ba·
be, Padre. sabe! ! Verdad que lo sabe, P. Middleton!
Tom hacla csta pregunta con no se que aire patetico.
-Asi. pucs, - continua el P. Middleton - ! las cintu-
roncs a.zules o~ pondr6is ho:v por vez primcra vues~ros equi.
pos para el juego de base-ball?
- i Sl, scfior ! - exclamaron a un tiempo seis voees.
-j y screis vencidos l
-j No, scfior ! - fue la respuesta unUnime.
-Conficmos. Pero durante cstas dos horns quiero
que os quitcis de Ia cabeza cl pensamiento de! base-ball.
El Padre sc detuvo, mientras las alumnos se miraban
eontristados.
Jl:NlUQUll DY - 5
66 P. Frnnt'iSCO Finn, s. J.

-Porque - prosigui6 el Profesor scriamente, - os


voy a leer una historia.
Quisiera quc en aqnel momento se hubiera fijado por
la fotografia la expresi6n de nuestros rostros; pues creo
ciertamente quc nunca se coloc6 delante de un objetivo
scmejante colecci6n de earas alegres y ojos sonrientes.
- I Ved - advirti6 Tom a media voz, - si se puede
hallar otro Profesor como el nuestro !
En 'efecto: el "incon1parable Profcsor" hab:ia cscogido
una historia tan llena de intcres, que aquellas dos l1oras
que, dedicadas a una lecci6n ordinaria, habrian resultado
para nosotros las mas fastidiosas y prolijas de todo el
afio, nos parecieron unos breves instantes que nos trans-
portaron a un pais encantado.
A las tres en punto, i1osotros, los ciinitiuron.e:s az;u:le,r;,
saHamos de! dormitorio con todo el esplendor de nuestros
nuevos uniformes. Ibamos en fila llevando a la cabeza a
Frank Burdok. Los otros alumnos de nuestra division,
qne nos aguardaban en el patio de jucgo, hicieron estallar,
apenas nos divisaron, un prolongado aplauso; y en rea-
lidad, creo que dcbiamos prescntar muy bue11 golpe de
vista. Excepto yo, todos eran altos y robustos. Percy era
un poeo delgado; pero su porte distinguido y la gracia de
sus 1novimicntos lhunaban la atenci6n particularmente
hacia el.
Nuestro traje de juego era por den1:is sencillo: ca1nisa
de franela blanca, con una insignia azul sobre el pccho;
calz6n corto asimisn10 blanco, medias y cintur6n azules,
y 1111 gorrito blanco.
Tom estaba orgulloso de nucstro aspecto.
- j Sois un poema ! - exclam6; y luego vo1vi€ndose
)lacia mi; - Es una lastima que no te hayamos puesto al-
67

god6n en,esas pantorrillas. Pero aun asi puedes pasar.


Por lo menos andas ahora derecho, sin encorvarte como
antes, y tiimes color saludable. i Adelante, muchachos !

:g7[ adelante seguimos, escoltados por nuestros compa-


ficrgs de division, quc metian un ruido infernal, hasta
P. Francisco Finn, S. J.
j
que llegamos al terreno de! base-ball. Los alumnos ma-
yores estaban ya ejereitandose, pero a las tres y euarto
nos eedieron cl sitio. Anduvimos tirandonos la pelota de
mano en mano durante algunos minutos, y luego fuimos
a sentarnos en nnestros baneos, satisfeehos de que nos
moviamos con perfecta agilidad en nuestros· nuevos
equipos.
Tom gan6 la vez, y a las tres y media Willie Tip se
puso a. golpear con gran fuerza una lata de petr6leo, para
dar sefial de que el juego iba a cmpezar.
Yo me sentfa algo nervioso al ocupar mi sitio. Era la
primera vez que me presentaba en el juego de base-ball
delante de todo cl Colegio. Un alumna mayor, par nom-
bre Foley, fue designado coma arbitro. Cuando ocup6 sn
puesto y lanz6 la pelota, su voz se perdi6 entre el entu-
siasta aplauso que brot6 de! pecho de todos las especta-
dores.
El juego sigui6 su curso normal durante un rato bas-
tante largo y todos se portaron garbosamente, sin que
haya neeesidad de contar par mcnor cada uno de sus
particulares lances. Pero de pronto sc produjo un albo-
roto, a causa de un yerro cometido, sin duda involuntaria-
mente, por cl arbitro, cl cual apunt6 al reves nna jugada
favorable a Perey.
Tom Playfair, que se di6 inmediatamente euenta do
ello, micntras estaba extasiado ndmirando la manera de
jugar de aquellos j6venes, casi todos discipulos suyos en
el juego: se volvi6 de repente Jr, con las manos en los bol-
sillos y levnntando los hombres hasta las orejas, se largo.
Entendi quo se marehaba para no dar en alguna estriden·
cia, pues SU earacter era par naturaleza irascible. Pero
las demas jugadores no imitaron su heroieo vencimiento,
Enrique Dy 60

y el asendereado arbitro se vi6 aeometido por los miis


duros ap6strofes.
-1 Dejad vuestro sitio, senor arbitr<> ! - grit6 Ryan.
Estas palabras fueron repetidas hasta la saciedad por la
muchedumbre de jugadores agraviados. Pero el mii11 fu-
rioso de todos se mostr6 Prank Burdock.
Con una expresi6n de encendido furor en el rostro, se
adelant6 saltando de rabia hacia el malaventurado arbitro,
y le dijo con la mayor violencia en el tono:
-1 Coje nnos anteojos y p6ntelos en esos ojo;; d~
bubo!
Sentimos tener que decir que aquel manojo de nervios,
prorrumpi6 en expresiones que llenaron de estupor y des-
concertaron a su amigo Percy. Hay que reconocer, sin
embargo, que el pobre Frank habia tenido nna primera
educaci6n muy deficiente, y en aquellos instantes de suma
irritaci6n salieron de nuevo a la luz las antiguas cos-
tumbres y maneras.
Sin detenerse para cobrar aliento, continn6 dirigien-
dose al arbitro equivocado;
-1 Ven aea, animal, ojos de lechuza ! i Te voy a apa-
lear de manera que cntiendas c6mo debes hablar !
El infeliz arbitro, atnrrullado par aquellas explosio-
nes de indignaci6n, cambi6 su sentencia yendose al extre-
mo contrario. Pero s6lo consigui6 despertar otra mayor
indignacion y aumentar cl alboroto, en media del cual,
Percy se apodcr6 de su amigo Frank, se lo llev6 a parte,
y le hizo ver con pocas palabras, cuan vergonzosa y re-
prensible habia sido su manera de proceder.
Drew, entretanto, el capitan del partido contrario,
habla explicado SU error al arbitro, y Tom, que habia tor-
nado al juego con semblante impasible, le habfa dado la
70 P. Francisco Finn, S. J.

raz6n. Evidentemente el pobre Foley se habia equivocado


la primera vez, y Iuego se babia dejado aturdir por el
miedo. Tom logr6 restableeer la calma y volver a sus
rieles el interrumpido juego, el cual continu6 sin otros
obstaculos, hasta que surgi6 otra disputa sobre si la pe-
lota habia o no tocado al suelo. Percy, que estaba muy
interesado en aque!la divergencia, mostr6 su fortaleza y
sentimiento de justicia, y di6 una nueva prueba de la leal-
tad de SU animo. Pero el pobre muchacho no estuvo feliz
aquel dfa.
Al esforzarse por agarrar la pelota, lo consigui6 y di6
la victoria a su partido, pero le cost6 una peligrosa caida.
En un abrir y cerrar de ojos, Tom estuvo a su !ado y
le ayud6 a levantarse de! suelo; pero advirti6 que estaba
.Palido como un difunto y que vacilaba, por mas que el
le llevaba casi a pulso.
-Oreo... creo... Tom, que sera mejor que me siente.
Tom lo acompafi6 hasta 1111 asiento y eorri6 apresura-
damente en busca de! Padre Middleton.
-Perdone, Padre; Percy se ha hecho dafio; pero ha
sido un heroe y nos ha hecho obtener la vietoria. Ahora
todos quieren estrecharlc la mano y tengo miedo de que
se desmayc. Ya sabc ustcd que le sabe mal dar cspccta-
culos.
El Prefeeto di6 unas palmadas, y poniendose delante
de Percy, lo quit6 de la vista de sus compafieros, aguar-
dando hasta que todos se lrnbieron marchado menos Frank
Burdoek, Tom y yo.
-6 Como te sientes, Percy? - pregunt6 entonees Tom
ansiosamente.
-No es nada.. Solamente una rozadura, seglln creo
- contest-0 Percy.
Eririque by

Pero estaba muy desfollecido. r,os cabellos le caiau


sobre la frente, y teniendo apoyada _la cabeza sobre el
respaldo de! asiento, sus labios temblaban de manera quc
todos entendimos que sufria un dolor agudo.
-Mira - advirti6 Tom, - te sale sangre ahL
En realidad, la sangre manchaba su calz6n blanco alga
encima de la rodilla. A la vista de la sangre, Frank se
asust6 extraordinaria.mente.
-j Oh, - exclam6 - y todo por causa de las palabro-
tas que yo he dicho ! He metido demasiado alboroto y
producido est a confusion. I Me perdonas, Percy?
Este sonri6, y con la sonrisa le torn6 un poco de color
a las mejillas.
-jNo me morire, Ji'rank! 1sabes? Yen realidad ya
me siento muy bien. Me he hecho un carte en la rodilla
pegando contra los zapatos agudos de Drew. No pensaba
dar aquel salto. Pero cuando he vista que era la linica
manera de veneer, me he resuelto a ganar el lance, aun
cnando hubicran tenidG que volver en brazos al Colegio.
-j Bravo! - grit6 Tom con entusiasmo.
-Ahora, - prosigui6 Percy levant3.nc1ose - creo sera
lo mejor que nos vayamos a casa.
__:iAp6yate en mi brazo - ofreci6 Tom.
-No, no - exclam6 Frank con una impetllGsidad algo
parecida a la anteriGr-. Esto me toca a mi.
Tom cedi6, naturalmente.
-Y ahora - me dijo en voz baja Tom, acercandose-
me - 1que piensas de nuestro proyecto de pasar una noche
en la casa abandonada de tu tfo? I Vamos a hacerlG estas
vacaciones ~
-Si - le conteste inmediatamente.
:P. Francisco· Finn, S. J.

CAPfTULO XII

Donde Frank Burdock coge un gran pescado y entra en


relaciones con un sefiorito 1nuy orgulloso

Entre los dias felices de! Colegio de San ll'Iauro, pon-


go en el numero de los que qucdaron mas grabados en lo
profundo de mi coraz6n, los bellos meses de ll'Iayo y J unio.
Mayo, el herrnoso mes de Marin; Junio, cl dulce mes de!
Sagrado Corazon. No parecia sino que los resplandores
del cielo vinieran a adornar los primores de la Primavera;
y aunque, como todo buen estudiante, pensiibamos todos
con ansiedad en las pr6ximas vacaciones, esta ansjeclad es-
taba en nosotros coma espiritualizada por las an1ables
devocioneg de aquellos dos meses sagrados.
Asl que, cuando lleguron las vacaciones, nos hallaron
bien preparados para gozarlas. Para gozarlas intensa-
mente, porque habinmos cumplido nuestros deberes acer-
ca del estudio; y para gozarlas provechosamente, porque
nos habiamos penetrado entera1nente de las s61idas tradi~
ciones de picdad y rcctitud, ancjl.ls a los Ultimas meses
dc1 curso en el Colegio.
~Ii padre, que vino por mi, a pen as podia ere er a sus
propios ojos al verme. Ya l:abfa contado con hallarme
mas sano y robusto; pero, coma me dijo-: No cre:i'.a ha-
llarte hocho un atleta.
Tom, Frank Burdock y Percy, hicieron cuanto Rnpie-
ron para conquistarse la bcnevolencia de mi padre. I-Iabfa-
mos tran1ado entre nof·otros una conspirnci6n, y tengo el
placer de decir que salimos fticilmente eon In nuestra.
Enrique Dy 73

Aquellos tres conjurados obtuvieron de mi padre lo que


prctendiamos, en m1a sola entrevista; en tBrminos que,
luego que le propusieron la petici6n proyectada, contest6
el autor de mis dias:
-Enrique no podia pasar las vacaciones en mejor
compafiia; asl que, puede juntarse con vosotros.
Al air estas palabras, cambiamos apretones de manos
y miradas llenas de gozo; y aunque al despedirnos de!
Colegio, donde tan bien habiamos pasado aquel afio, no
dejamos de sentir alguna afioranza, los planes que traia-
mos entrc manos y la discusi6n de los mismos, hicieron
de nosotros, en pocos minutos, los mas felices pasajeros
del tren directo dcl Estc.

Esta bamos ya a la mitad del verano. Desde el la do


occidental dcl horizonte, donde se amontonaba un archi-
pi61ago de r6seas nubecillas, el sol enviaba sus postreros
rayos a esta parte del hemisferio. En el cenit se veian
algunos vellones vaporosos, que reflejaban debil, pero
alegrr.mcnte, aquellas luces rosadas que el sol habia co-
municado a las nubcs, sus hermanas, situadas alla abajo
en Occidente, y volaban ligeras por el aire, como gracio-
sas navecillas que surcaran por un ocCano de infinito
azul. Los variados colores dcl cielo se reflejaban placi-
damente sobrc las aguas dormidas de un Iago, donde cua-
tro muchachos estaban sentados en una barca, a unos
cien pies de la costa brava y pedregosa. Cada uno de
ellos tenia en la mano una cafia de pcscar; pero 1niis que
en la pcsca, su atenci6n se hallaba fija en el magnlfico
esriectaculo que les ofrecia la Naturaleza.
74 P. Francisco Finn, S. j.

-j Que hermoso es! - murmur6 Tom.


-Si - observ6 Percy suavemente - ; el mas hermoso
dia es siempre mas hello euando muere.
-Confiemos que sera as! la vida para nosotros - aiia-
di6 Tom-. Hay un verso de Shakespeare que viene aqui
como anillo al dedo; pero no soy capaz de citarlo.
- l Algo a8i como, que nada es tan hello en la vida
como el dejarla?
-Eso es, cabalmente - contest6 Tom.
-Si el Paralso terrenal era mas hermoso que este
paisaje, i que magnifico debia ser !
- j Ojala - interrumpi6 bruscamente Frank Burdock,
- nuestra madre Eva hubiera dejado en paz al padre
Adan, en vez de ofrecerle manzanas prohibidas ! Si yo
llego a casarme, ha de ser con una, muehaeha que no me
haga cometer tonterfas.
Entretanto habia llegado el crepusculo, y las nubes de
Poniente habian cambiado de color; una belleza sobria,
como la de! arte clasico, habia sucedido a los lujos orien-
tales de la puesta de! sol. La Juz dorada temblaba a110ra
sobre la superficie de las aguas, mientras la brisa ligern.
llevaba de una a otra orilla el aroma de las £lores.
-Qnisiera ten er el pod er <le Josue - exclam6 Frank.
-6 Por que? i QnC harlas entonces? - le pregunt6
Percy.
-Detendria el sol. Yo no soy poeta como tu, Percy.
Pero me doy cuenta cuando me agrada una cosa; y esto
que ahora vemos me encanta.
De subito puso termino a estas reflexiones artisticas
un movimiento imprevisto de! aparejo <le Frank, cuyo
corcho se calaba en el agua. Tom6 la cncrda, tir6 de ella
y grit6:
Enrique Dy 75

he cogido !... Dadme en seguida la redecilla.


- j Lo
-Anda dcspacio - observ6 Tom-. No te precipi-
tes.
-! Quien se precipita? - pregunt6 J<'rank desdefiosa-
mente -. No me tUTbarfa aunque viera el mayor pescado
que haya en el mayor Iago de Wisconsin ... i Oh!
Esta exclamaci6n fue arrancada por la aparici6n de un
pez grnnclisimo, que sali6 furiosamente del agna, para li-
brarse de! anzuelo de Frank. Nuestro amiguito quec16
tan sorprendido, que la cuerda se escap6 de su mana y
desapareci6 a lo lejos, con velocidad que demostraba la
prisa con que hula el pez.
- j V aya un sistema que tienes para n1ostrar ttL va-
lentia ! - le dijo 'l'om, luego que Frank hubo recobrado el
ovillo. - Mejor sera quc roe ocupe yo de tu pez.
- j Estate en tu sitio ! - replic6 Frank despreciativa-
roente -. Cuanclo tenga necesidad de tu auxilio, ya te lo
pedire.
Y ansioso pol' hacer olvi<lar su pasado yerro, mostr6
Frank entonces toda su habilidad y sangre fria. Sigui6
pacientcmente todas las caprichosas evoluciones de! desa-
tinado pez, hasta que, cansado y desesperado, le redujo
a pararse ecrca de la barca, donde Percy lo sac6 f:\cil-
roente de! agua.
- j Un magnlfico barbo ! - exclam6 Tom.
- j J... o menos pesa scis libras l - aiiacli6 Percy.
-Tienes raz6n - silbote6 Frank-; esta misma tarde
lo escribire a papa. Nunca ha logrado el coger un pez
tan grande. Yo se lo dire bien clarito.
Puesto en seguridad nuestro pescado, nos dedicamos
seriamente a continuar la pesca. Cebaroos de nuevo los
anzuelas, echamos felices lances, y todos nos aplicaroas
76 P. Francisco Finn, S. J.

al trabajo siguiendo eada cual alguno de los metodos pre-


feridos por los pescadores de aquella region.
De repente nuestra atencion fue atraida por otro es-
pectiiculo; por una nota de diferente genero que vino a
afiadirse a la belleza de aquella tranquila tarde de verano.
Doblando el pequefio promontorio que sobresalia al Este,
apareci6 con las elegantes lineas de un ave marina., un
pequefio yate de recreo, con velas blancas como la nieve,
adornado esp!endidamente con banderas de brillantes eo-
lores, y sobre cuya cubierta iban s6lo un muchacho y una
nifia.
Esta llevaba el tim6n, y era una linda criatura de siete
u ocho afios, que en todos los pormenores de su vestido
mostraba el alifio y buen gusto de una familia distinguida.
Sus cabellos, de un rubio dorado, caian sueltos sobre su
vestidito blaneo, hasta el cefiidor azul celeste, y ondula-
ban graciosamente a cada movimiento y a cada soplo del
viento. J unto a ella estaba el muchacho, que podr!a ten er
catorce o quince afios. Bastaba nna mirada, para entender
que era el el propietario de! yate, y quc estaba muy or-
gulloso de su. buque. Su aspecto era delicado y hubiera
sido agradable, si no lo cstropeara la expresi6n desdefiosa
y despreciativa de su boca; al paso que su cabeza, erguida
arrogantemente, daba idea de su excesiva altaneria.
Al pasar cerca de nosotros, la niiia nos sonri6 con la
dulce ingenuidad de la inoccncia, y sin pronunciar una
palabra, nos demostro eon la movilidad de sus facciones,
la satisfacci6n de verse sefiora de aquel hermoso yate,
como eonvidiindonos a regocijarnos con ella de su dicha.
No asi el patron de! yate Aurora, quien irguio todavia
mas la cabeza, como miriindonos desde la cumbre altiva
de su propiedad.
Enrique Dy

-Dirfose - observ6 en voz baja Tom-, quc el Jago es


un feude de ese personaje. Pero, tale, Su Majestad parece
que quiere l!acemos el honor de dirigirnos la palabra.
- ! Ha Mis hccho buena pesca, muchachos? - pregunt6
Su Majestad orgull(}samente.
- j V cd ! - cxclam6 Frank, ostentando su pescado.
-I Ah! - prorrumpi6 sorprendido su orgullosa Ma-
j est ad, con un gesto solemne, mientras Tom se escondia
debajo de un asicnto, para que no se advirtiera que estaba
ri0ndose como un loco.
-1 Oh, que magnifico pcscado ! - grit6 la nifia -. 1Lo
ha pescado nsted, sefiorito 1
-SI, senorita - contcst6 Frank, lisonjeado con el
senorita, y nsando una entonaci6n que oblig6 a Percy a
refugiarse donde Tom, para reir a su gusto -. Lo he co-
gido yo mismo con mis propias manos.
-Yo ... yo os comprare vnestro pescado, si no lo lle-
vaiH a mal - dijo su orgullosa J\fajestad.
Percy cstaba debajo del asiento; Frank iba a respon-
der con indignaci6n a la impcrtincnte propucsta, cuando
Tom acudi6 oportunamente.
-Senor - dijo con una malieiosa ironfa imposible de
describir, mientras se quitaba la gorra - ; los humildl-
simos servidores de Vuestra Scfioria no han puesto toda-
via tienda para ve11dcros su pcscado; pcro tan pronto
coma la pongamos, nos tcndrcmos par muy honrados con
servir a V nestra Sefiorfa.
Del fondo de Ia barca sali6 una risotada argentina y
arrastr6 en pas de sl las risas de todos. Ni siquicra el so-
Jemne Frank pudo contener la suya.
J,a misma nifia de! yate, se uni6 a nuestra alegrfa par
espfritu de imitaci6n, mientras Su Sciiorf.a, que se habfa
78 P. Francisco Finn, S. J.

puesto encarnado de enojo, descarg6 sobre ella su enfado.


-Rosa, si no te portas como debes, no te traere mas
en mi buque.
Habiendo de esta suerte puesto en orden a la nifia, Su
Seiiorfa se volvi6 contra 11osotros, dici€ndonos con mar-
cada ironia:
- j Sois muy groseros !
-Si, Sefioria -, contest6 Tom respetuosa, pero ale-
gremente - porque nunca hemos tenido ocasi6n de afi-
narnos - y aqui hizo una inclinaci611 que hubiera aproba-
do el mismisimo Chesterfield - gozando de vuestra com-
r•afiia, milord !
-Yo no soy un lord.
- i Oh, perdonad la equivocaci6n, nobilisimo duque !
- continu6 Tom seriamente - ; pero i1osotros ...
-Ea, To1n - indie6 Percy - - 1 pcrmitc que Sn Sefior:ia
diga una palabra o dos.
Su Sefioria no se hizo de rogar.
-Yo no soy un lord ni un duque - dijo con gravedad,
como si creyera sorprendernos con esta. declaraci6n - .
Vosotros, n1uchachos, t, vivls en estos alrededores ~
-Si, Majestad. Allii abajo, a la sombra de aquella
copuda haya (no hay ta! haya en cicn leguas de circunfe-
rencia) se halla una cabana miserable, en Ia que, por dc-
cirlo asi, hemos establecido nuestros reales. Por lo demiis,
conviene que sepa Vuestra l\fajestad, que nuestra pension
la. pagan con toda regularidad nuestros padres, porque,
aunque pobres, son gente honrada.
El duefio de! yate estaba. dudoso. r,e venian ganas de
insultarnos; mas ten.la miedo de comprometerse. Pero
prinoipalmente dudaba si Tom se burlaba de el o hablaba
Enrique Dy 79

inge11uamente. Asl, pues, tom6 un camil10 intermedio,


prcguntlindonos con fruncidas cejas:
- ! Sois cat6licos?
-Lo somos, si no desplace a Vuestra l\iajestad.
- i No me son simpatieos los cat61icos !
-Los mas de nosotros, Alteza Real, no podemos dejar
de serlo; pues hemos nacido en esta religion. Pero no es
enfermedad eontagiosa.
El yate se habia ido alejando y no se hallaba ya al
alcance de la voz. Pero cuando Tom hubo pronunciado
las ultimas palabras, vieron al soberbio propietario de el
que, soltando la ira, pateaba, mostraba los pufios y, en
sefial de surno desprecio, escupia en el agua.
Como para indemnizarnos por la conducta de su her-
mano, Rosa sacudi6 el pa:fiizuelo y nos envi6 un argen-
tino. i Buenas tardes ! Nos pareci6 que Su Sefioria la re-
prendia asperamente; pues la nifia baj6 la cabeza y se
cu bri6 el rostro con las manoo.
-Chicos - dijo Tom-, me sabe ma! haber hecho ra-
hiar a aquel sefiorito, porque lo pagan\, la pobre nifia. De-
biamos haber tenido paciencia, ya que no por el, por SU
hermanita. Os hago saber que, hace algun tiempo, he
deseado mucho que Dios me hubiera dado una hermana.
Estoy cicrto que yo serfa ahora mejor; pues me hubicra
ayudado a veneer mi rusticidad.
Percy sonri6, diciendo:
-Tu rustioid:ad, Tom, no quisiera yo te faltase. Pero
creo que es verdad lo que dices: que una buena hermana
es un tesoro para un muchacho. Buen testigo soy de ello
yo, que tengo las mejores hermanas de! mundo. No se
que hubiera sido de mi, si no hubiera sido por ellas.
-He oido deeir - aiiadi por mi partc - que no hay
P. Francisco Finn, $. J,

afecto en el mundo, que asf purifique y eleve, como el que


media entre hermano y hermana.
-Creo que es verdad - dijo Tom-; y as!, es cosa
muy fea lo que hacen ciertos jovenzuelos, que toman por
diversion mortifiear continuamente a sus hermanas. Hay
gente buena y cortes con los extraiios, y grosera e into-
lerable con los de casa. i Me temo que Su Seiiorla no sea
uno de tantos... !
-A prop6sito - dijo Percy-, recuerdo una cosa qne
me cont6 cl Padre Middleton. Hablaba de un mnchacho
que estuvo en San l\1:auro antes que tU llegaras, Tom. Te-
nfa once afios y era par extremo amable. Fue simpUtico a
todos; alumnos y profesores. Con todo eso, antes de la
primavera hubo de ser despedido por peligroso en sus
costumbres. Y ahora viene la observaci6n del Padre Pre-
feeto - : For muehas semanas - me decia - nada pude
descubrir de reprensible en la conducta de aquel mncha-
cho. Pero eierto dfa- hablandome confiadamcnte - me
dijo que era hijo Unico, que no tenla hermano ni hermana,
y que esp-0raba que no las tendria. Dcsde aquella confiden-
cia, comprendl que habla en su coraz6n a]go corrompido.
-f, Por que 10 pens6 asl1
-Supongo - respondi6 Percy-, porc111c rnttnifcst6
excesivo egolsmo y fa]ta de afec~o a sn frimilia.
-Un mnchacho de esta !ndole pucde haeerse perverso
y cruel - observ6 Tom-. He oldo decir que todos las
Santos tuvieron 11n coraz6n por dern3.s afectuoso ..
Los vnelos filos6ficos que ha hia tornado m1estra eon-
versaci6n, se abntieron de pronto por un pez sin jnlcio,
que intent6 escapar llev{rndose todo el aparejo de Perey,
Pero era este un muchacho n1uy avispaclo. y con poca
fat~a logr6 apoderarse de una magnifica trucha de dos
Enrique t>s 81

Jibras. Ailn no la habia metido en la barca, cuando ya


Tom estaba cogiendo otra, y antes que nos hubieramos
enterado, Frank estaba peleando con otro gran pescado
que se negaba a rcndirse.
Por mi parte estaba bien ocupado con mi aparejo.
- j Ilurra ! - exclarn6 li,rank- hen1os cogido casi.
1

veinte libras de pescado. Ya podriamos volver hacia casa.


Dentro de media hora estara oscuro. Yo tomare el remo.
-No, no, ]<'rank - dijo Tom, levantando el ancla -
mirad el cielo. No me maravillaria si sobreviniese Ulla
borrasca. Fijaos en las rafagas que Se dejan sentir sobre
el Iago.
- i Oh, que feos nubarrones se agolpan hacia Ponien-
te ! -- grit6 Percy-. A cada momento se ennegrecen mas.
Bueno ser<i que nos a.presuremos si no queremos tomar
un bafio de impresi6n.
La barca tenia dos pares de remos; y el banco central
admitfa dos remeros. En el nos sentamos Tom y yo cada
uno con su rcmo; Percy cstaba detriis con dos, y Frank
regia el tim6n. No habiamos andado una docena de bra-
zas, cuando llcg6 a nucstros o1dos un sordo rumor que
retnmbaba en la orilla.
-1 Ya la tenemos aqni ! j El vi en to agita furiosamente
los iirboles !
- j Paraos a escuchar ! - murmur6 Frank con un si es
o no cs <le miedo.
El rumor crecia por momentos. A poco entre los gemi-
dos de! viento se dej6 oir un silbido estridente como si
nos persiguieran con millares de pitos. El viento aumen-
taba su fuerza hasta sacndir las aguas de! Iago, levantan-
do altas oleadas coronadas con crestas de espnma.
-Es inU.til - exclam6 Tom-, tal vez podrlamos lle~
E:-i"UlQUE DY - · G
S2 l?. Francisco Finn,- S, J.

gar a la orilla opuesta; pero sera mejor que volvamos hacia


atras. Pero &que ocurre, Frank f
Este, que se hallaba frente a nosofros, se habia levan-
tado con el rostro palido.
- j l\!Iirad, mirad - grit6 -, el yate !

CAP1TULO XIII

En que mi re!acion esta a pique de terminarse last!mosa'


mente con la perdida de sus principales personajes

Los tres volvimos el rostro y nos hallamos con un es-


pectiiculo que nos hel6 la sangre.
El yate Aurora, que se habia perdido de vista hacia
Poniente, volaba a velas desplegadas, presa de la flll'ia
del viento y de las agitadas olas. Cediendo a un impulso
del huracan, se habia inclinado hasta lamer el agua con
las velas.
El duefio, agarrado al arbol con una mano, tentaba
inUtilmente de recoger la '7ela con la otra, mientras su
hermanita, con el cabello agitado por el viento, nos ten-
dia las manos implora11do socorro. Apenas 11abiamos te~
nido tiempo para hacernos cargo de aquel cuadro lasti-
mero, cuando pareci6 que se desplomaba de! cielo un velo
tenebroso, y la tormenta di6 sobre nosotros con violenta
furia.
-jA los remos, - rugi6 Tom-. Hay que salvarlos a
todo trance. j Ea, muchachos, bogad con toda la fuerza
que podais!
Enrique Dy 83

Afortuuadamente ninguno de nosotros era ya novicio


en el arte de manejar los remos. Durante tres semanas,
todos los dias habiamos hecho un rudo ejercicio, y cono-
clamos pcricctamente c6mo se dirige una barca. Y asi,
apretando los labios con fuerza, comenzamos a luchar
contra las olas y el viento.
-Ten la barca en la direcci6n del yate, Frank, - con-
tinu6 Tom-; note desvies nna pulgada a la derecha ni a
la izquierda.
-Bien va, Tom. - jYa no tengo miedo; fiate de mi!
- contest6 nuestro timonel con los ojos fijos en el Auro-
ra. - i Apretad, muchachos, apretad; se va a pique por
mementos!
-j No volviiis la cabeza - nos dijo Tom en voz ba-
ja - ; fiaos de ]!'rank y apretad los puiios !
-j Dios les ayude ! - grit6 Frank apretando con fuer-
za las cuerdas del tim6n, a pesar de la agitaci6n que expe-
rimen taba - ; jel yatc ba volcado!
Micntras Frank hablaba, oy6se un alai~do desesperado
en medio del estrepito del viento y del agua. Estabamos
at6nitos por el terror, y observe que las frentes de Tom y
de Percy se hallaban cubiertas de sudor que cafa en grue-
sas gotas. Frank sollozaba.
-Por amor de Dios, Frank-, exclam6 Tom con voz
ronca - ! se ven todavfa el chi co y la niiia !
-La niiia se ha hundido y el chico se esta hundiendo.
i Dios mio ! I Daos prisa, daos prisa ! - Y Frank parecia
querer saltar fuera de la barca.
-No te muevas - grit6 Tom-; si te mueves perde-
mos toda esperanza de salvarlos. i Remad ! ! Estan aun
debajo del agua !
-La niiia ha reaparecido; i pobre pequeiia ! Se ha
8i P. Francisco Finn, S. J.

agarrado al yate y se mantiene firme; i ah! tambien ha


salido el muchacho. Bueno; i el tambien se ha agarrado !
Loo tres lanzamos un gran suspiro· de alivio.
-Si os apresurais, podemos salvarlos. El yate viene
l1acia. 11osotros.
Mas por mucho que apretabamos los remos, adelan-
tabamos muy despacio.
La oscuridad creciente nos descorazonaba a cada mo-
mento. Parecfa quc las nubes caian derechamente hacia
uosotros. Cada golpe de remo dejaba en el agua un surco
negro, como si un genio malefico esparciera grandes pu-
fiados de th1ta 11egra en nuestro camino.
-No tcngais miedo - nos grit6 Frank-; veo perfec-
tamente el yatc. Tcngo buena vista y no le quito los ojos
de cnci1na 1 micntras sc vea por poco que fuere.
J\Iientras dec:ia esto, un reliimpago rasg6 las negras
nubes, seguido de un formidable trueno.
-No os olvideis de orar - sugiri6 Tom.
Siguieron con breves intcrvalos nna cantidad de relam-
pagos cada vez mas pr6ximos, y otras tantas detonaciones
espantosas, que por una parte parec!an aumentar la furia
del agua y del viento, y por otra nos hacian sentir mas
vivamente el poder de Dios y nuestra debilidad. Y entre
aquella terrible confusion, cada uno de nosotros remaba
con todas sus fucrzas y rogaba a Dias que nos enviara au-
xilio y guiase a los naufragos.
La situaci6n en que estos se hallaban era casi deses-
perada; pero Ia nuestra misma no carecia de peligro.
Hasta entonees poca agua habia entrado en nuestra barca,
pero velamos que de un momento a otro las olas enfure-
cidas podian volcarla y dar con nosotros en el Iago. Com-
prcndiamos asimismo que, aunque logriisemos Ilegar hasta
Enrique Dy 85

el yate, todo intento de librar a aquellos infe.lices estarfa


Ueno de peligro. Pensando en todo esto, se nos ofrecian
muchas cosas que pedir a Dios. Con todo eso, ninguno se

rendia al temor. En realidad l quien, que no fuera un


bellaco, se hubiera acobardado bajo un guia tan sereno y
valeroso como Tom Playfair? La presencia de animo no
86 P. Francisco Finn, S. J.

le desampar6 un punto, y su influencia sobre nosotros


era tal, que en los momentos mas criticos todos le mirii-
bamos como nuestro adalid con tiicito consentimiento.
· Una exclamaci6n de Frank interrumpi6 nuestra inti-
ma corilunicaci6n con Dias.
-1 Escuchad ! - gr:it6.
En efecto: de nnevo reson6 en los aires el clamor deses-
perado de la nifia naufraga.
-Oreo - observ6 Frank - que la pobre nifia no tiene
ya fuerzas para sostenerse. Se le escapa el yate... se ha
agarrado de nuevo ... Remad; dentro de un minuto esta-
mos alli.
Cuando Frank ca116, pareci6 que la tormenta se toma-
ba un momento de descanso. Por Poniente se vela un rom-
pimiento de nubes, que dejaba contemplar algo de las
hermosas luces de! crepusculo. El velo de tinieblas se
levant6 eon la misma rapidez con que se nos habfa venido
encima. Los truenos se fueron alejando poco a poco, el
viento amain6 casi del todo, y ya solo las olas, hinchadas
por la subita borrasca veraniega, mostraban los efectos del
pasado conflicto de los elementos.
Durante aquellos instantes de calma percibimos una
cosa que no olvidaremos jamRs, aunque vivamos cien afios.
Una vocecita clara y dulce dirigfa al cielo una tierna ple-
garia invocando el auxilio divino.
Sus palabras, interrumpidas por los ultimos murmu-
llos de la tormenta, acabaron por apagarse, como si la
pobre nifia hubiera perdido el aliento.
Entonces se oy6 otra voz mas fuerte que clamaba:
-1 Socorro, socorro ! I salvadnos !
Como dura respuesta a su clamor, el viento, que habfa
virado al norte, silb6 rugiente entre los arboles y por en-
Enrique Dy 87

cima de las olas; y nuestros corazones palpitaron de com-


pasi6n, cuando oimos que la nifia gritaba:
-1 Jesus, bu en Jesus! i salvadnos, Jesus mfo !
-Remad, chicos - grit6 Frank-; Ia pobre nifia se
desvanece ... ha soltado la tabla. Est.amos pr6ximos ... Dos
0 tres golpes de remo; i animo !...
-Percy - exclam6 Tom - ahora todo depende de ti;
y de ti, Enrique: atended, - y diciendo y haciendo, Tom
se quit6 brnscamente los zapatos. Se habia puesto en pie
y habfa visto desaparecer la pobre nifia en el agua a unos
cuarenta pies de nosotros.
-Tened fuerte la barca - grit6 mientras se lanzaba
al agua. Y a los pocos segundos apareci6 nadando cerca
del punto c1onc1e la nifia se hab!a sumergic1o.
-1 Detriis de ti, detras de ti, Tom! - reson6 la voz vi-
brante de Percy, en el momento en que la nifi.a volvlar a la
superficie. Tom se volvi6, y fue muy a tiempo; pues la
pobre criatura estaba a punto de tornarse a hundir.
Tom se le acerc6 con dos energicas brazadas; pero se
le escap6, y se sumergi6 en pos de ella.
A los pocos segundos reapareci6 con la nifia apoyada
en el brazo izquierdo, y gracias a Dios, a pocos pases de
nuestra barca.
-Vuelve la popa a Tom - grit6 Percy. Y obediente
nl tim6ni Ia barca vir6 en redondo micntras a.scendla s:obre
una gruesa ola.
No sin dificultad se asi6 Tom a la borda y, con el au-
xilio de Frank, deposit6 en ella a la nifia medio ahogada.
Hallabamono-~ entonces muy pr6ximos al yate donde el
duefio, eon las mejillas l!vida.g de terror, Ios ojos fuera
de las 6rbitas, desped!a sonidos inarticulados. .Antes que
Tom pudiera entrar en la barca, la torment.a recobr6 toda
88 P. Francisco Finn, S. J,

su furia. El viento levantaba y estrellaba contra nuestra


fragil navecilla las grnesas oleadas. El duefio de! yate,
sobrecogido de panico, extendi6 los brazos hacia nosotros
y cay6 en el agua, donde desapareei6 inmediatamente.
Yo previ lo que iba a pasar, y en un instantc me quite
la chaqneta y los zapatos. No era un gran nadador; pero
como Percy tenia !os rcmos y Frank el tim6n, pense que,
cualquiera que fuese mi riesgo tenia obligaci6n de lanzar-
me en auxilio de mi amigo. Porque apenas el duefio de!
yate se habia arrojado tan locamente al !ago alborotado,
Tom se habia apartado de la barca y se habia dirigido al
sitio en que el otro se habia sumergido.
Lo que acaeci6 cuando el sefiorito volvi6 a la super-
ficie, es demasiado horrible para describirlo. Tom lo al-
canz6, lo cogi6 por un brazo, y estaba pa·ra traerlo a nues-
tra barca, cuando el con un grito salva.je, se le arroj6 al
cuello aferrandolo con toda la fuerza que le daba el terror
de la muerte. Tom procur6 inutilmente resistirse, y los
dos asi agarrados se fueron a fondo.
No pude darme cuenta de! tiempo que permanecieron
bajo el agua. En cuando desaparecicron, dije a Percy que
no soltara los remos mientras yo haria todo lo posiblc para
salvar a Tom; y aprestandome a saltar al agua, escudri-
fiaba ansiosamente el lngar y el momento en que tornaran
a la superficie.
1Oh! 1cuan largo y terrible fue aquel espacio de tiem-
po en quc orabamos ardientemente por verlos reapareeer !
Por fin, asido todavia de! brazo de! otro, vimos flotar a
Tom.
Loque vi en el instante de lanzarme al agua, esta toda-
via grabado eon trazos indelebles en mi memoria, como si
Enrique Dy 89

lo estuviera contemplando en aquel tormentoso crepus-


culo.
Cuando poco antes el sefiorito se habfa agarrado a
Tom, le habia sujetado por detras. Entonces se echaba de
ver la violencia de aquel apret6n espasm6dico: El rostro
de Tom, estaba palido como el de un cadaver. Habfa pro.
curado volverse para quedar de cara a sn inconsciente ad-
versario, y cuando torn6 a la superficie, vi que comen-
zaba a librar su mano izquierda. Pero 1que expresi6n la
del otro ! Era una viva imagen dcl horror y el espanto
mas cobarde, del furor loco de la desesperaci6n. En SUS
rasgos no se advertia nada humano. i Era una. tremenda
desfiguraci6n de la imagen de Dios !
Todas estas cosas se me ocurrieron en un solo instante,
cuando me lance fuera de la barca. Loque acaeci6 duran-
te los momentos qn<J tarde en salir a fl@ de agua, me lo
refiri6 mas tarde Percy.
Cuando estuvieron en la superficie, Tom, que habfa lo-
grado librar una mano, hizo un esfuerzo por librar la otra
de aquel fatal abrazo. Con un grito salvaje, ronco, bes-
tial, el muchacho naufrago }e habia agarrado el brazo
libre, y lo habria retenido, si Tom no lo hubiese rechazado
violentameute, y no le hubiera golpeado el rostro con toda
su fuerza una, dos y tres veces; pero a ]a tercera, volvieron
1

a desaparecer ambos.
CuaTudo flote yo, no se veia rastro de ninguno de los
dos.
-Aguarda - dijo Percy, - mira atentamente.
Precisamente en aqnel momento Tom emergi6 miis
palido que antes, llevando entre sus brazos un cuerpo
inanimado.
-1 Pronto! Itomadlo ! - balbuce6.
90 P. Francisco Finn, S. J.

Yo tome el muchacho desmayado, y me acerque por


la popa a la barca, que Percy habia conseguido traer a
pocos pies de nosotros. Pero la tormenta, que se habia
calmado poco antes, volvia a recobrar su furia, precisa-
mente mientras estudiabamos el diffoil problema de me-
ternos los tres en la barca sin volcarla. Tom, que nadaba
junto a mi - i y cuan !lebilmente nadaba l - buscaba
perplejo la soluci6n de aquella dificultad.
-Si volcamos la barca - murmur6 angustiosamente
junto a mi oido - dirigfos todos hacia el yate.
Luego, esforzlmdo penosamente la voz, dijo:
-Percy y Frank, quitaos los zapatos.
En un abrir y cerrar de ojos Frank estuvo descalzo;
pero antes que Percy pudiera pensar .en recoger los remos,
una tremenda ola penetr6 en la barca, que comenz6 siibita-
mente a zozobrar.
-Yo cuidare de la nifia - grit6 Percy; - tU mira por
ti, Frank. I Todos hacia el yate !
Por fortuna habiamos permanecido cerca de aquel
malhadado ba]el. Fortuna fue• para Tom, extenuado por
los esfuerzos hechos para el anterior salvamento; para
Percy, que, embarazado con sus za.patos, sostenfa a la
niiia j y mas para mi que, no sien;do llli gran nadador,
habia de sostener el cuerpo inanimado de! hermano. A
la verdad, no se c6mo hubiera salido de! apuro, si no hu-
biera venido en mi auxilio Frank. Pero los dos adelanta-
bamos poco camino, y habiamos de contentarnos con man-
tener fuera de! agua la cabeza de! desmayado, hasta que
llegara el yate, que corria hacia nosotros. En un momen-
to aseguramos a el Ia barca.
-llfenos mal - exclam6 Percy, cuando estuvimos jun-
tos. - Gracias a Dios, estamos en salvo, y si po<lemos
Enrique Dy 91

resistir de esta manera, en menos de nna hora el viento


nos llevarii a la orilla.
Entonees pu<le observar a mi sabor a Tom, y me que-
de espantado al ver c6mo se hallaba. Su camisa de lana
estaba hecha trizas, de suerte que apenas se sostenian pe-
gadas las mangas; la camiseta estaba tambien rota por los
sobacos, y a uno y otro !ado se vefan en su carne desnu-
da las sefiales sangrientas mareadas por las ufias del
naufrago enloquecido. Tenia el rostro livido, la boea en-
treabierta y la respiraei6n terriblemente angustiosa. Jun-
to a ill estaba Frank, el menos atropellado de nosotros, y
a su la<lo el duefio de! yate, atado al pie de! mastil. Fi-
nalmente, entre mi y Frank estaba Percy, que tenia toda-
via apoyada en sus brazos la nifia.
-Dame la nifia, - dije a Percy, - y tu quitate los
zapatos. ,
Asi se hizo, y Percy qued6 preparado para volver a
echarse al agua si la nccesidad lo pedia. Entretanto se-
guia yo obscrvando el rostro de Tom, cada vez mas de-
mudado.
-1 Percy, Percy! - exclame repentinamente - l mira
c6mo esta Tom!
Percy se puso a su !ado de un brinco, y lo recibi6 en
sus brazos en el instante en que se desvariecia.
- i Pobrecillo ! i Se ha dc,,mayado ! - dijo Percy -
l Oh! - prosigui6 consternado, viendo las sangrientas hue-
llas de las ufias en el pecho de Tom - l cuiinto debe haber
sufrido para salvar a este imbecil !
Creo fue aquella la primera vez que habfamos ofdo de
labios de Percy una palabra dura contra quienquiera que
fuese.
A poco, Tom entreabri6 Ios ojos, y se hal16 apoyado
92 P. Francisco Finn, S. J.

en Perey, cuyos hermosos e>jos azules no se apartaban de!


rostro de su mnigo, y le sonri6 debilmente.
-Por esta vez no me muero - murmur6; - td6nde
ootamos?
-Nos aoercamos a la playa, Tom; ten paciencia y no
te menees. Yo te puedo sostener sin la mas minima in-
comodidad.
-Perfectamente - susurr6 Tom. - Si me aconteciere
~lguna cosa, pensad en vosotros; yo no t€11go miedo de
morirn1e. Y cualquiera cosa que me acaezca, saivad a esa
nifia. &Que plegaria era aquella que decia? ! Ah, si ! ya
me acnerdo: HJeslls, mi buen Jestis; jsalvadnos, J£slls
mfo !". Estoy seguro que Dios, oyendo esa oraci6n, ha que-
rido que nosotros·fucramos instrumentos para salvarb.
i Ah! i que cansancio siento !
Estas palabras, pronunciadas por Tom lenta y dificul-
tosamente, me conmovfan hast.a llenarme los ojos de la-
grimas. 1Sentia cansancio ... !
-Si - prosigui6; - ha sido la obra mas diffoil y tre-
menda de mi vida; pero debfa llevarla a ca bo. Antes me
hubiera dejado anegar que desistir de ello ; pero Ia Iucha
era superior a mis fuerzas ... pero si le deJo, se hubiera
ahogado el. i Oh, Percy! i Parecla una cruel dad, pero no
h<l podido menos de hacerlo ! .
-&De que hablas? ,
-iNo habeis visto su cara espantada; sns ojos desen-
cajados por el terror? i Oh, qne mirada de cruel agonia
me ha dirigido cuando le he soltado ! Pero no podia hacer
otra cosa. He tenido que desembarazar mi brazo, y gol-
pearle a<:juel rostro, ya tan Ueno de terror, hasta que el
infeliz ha perdido el sentido. I Ha sido un lance terrible!
Tom cerro los ojos y se estremeei6 de pillS a cabeza.
Enriqu.e Dy 93

Paco despues volvi6 a comenzar su charla; pero no


puedo repetir lo que dijo. No estaba eu si, y en aquellos
rnomentos de su delirio, n?s descubri6 algunos de sus se-
cretos mas intimos: cosas que pasaban entre el y Dias a
solas. Su espiritu divagaba ... pero i en que hermosos ho-
rizontes ! 'I1odos querfamos a Tom por sus man.eras fran-
cas, por su constante alegria, por sus nobles cualidades.
Pero ahora que soltaba la lengua sin reserva alguna,
V<Jiurnos la santidad de aquella alma, disfra.zada bajo aqucl
exterior jovial y emprendedor.
Hablaba y volvla a hablax de su combate en el agua, y
nosotros eseuchabamos con respeto aquellas coniesiones
de 1111 alma noble y pllra, que nos ponian ante las ojos Ia
lucha de su anirno, en medio del esfnerzo fisico para con-
scrvar Ia vida. En pocos rasgos nos mostr6 la indomabie
fuerza de voluntad de que estaba dotado, sn perspicacia
en comprender una situaci6n y prontitud para empiear
s1'.1bitamente Ios medias miis arduos.
-& Cual era aqnella plegaria que decia la nifia, Percy1
- pregunt6 a poco volviendo a abrir los ojos.
- j J estlS, Salvador mfo ! i Acogedme en vuestro Sa-
grado Corazon!
-Si, eso es - aiiadi6 Tom cada vez mas debilitado.
- Alli quisiera estar yo. l Me siento tan fatigado !
-Animo, animo, mi querido Tom - le dijo Percy; -
vamos avanzando esplendidamente. El Iago se calma con
rapidez, y ereo que ya ha pasado casi .enteramente el
pcligro.
-Percy, si me sucediera aigo, tu rogarfas por mi ! no
es verdad 1 &Y tambien t-U, Frank, y tU, Enrique¥
-1 Oh, Tom ! - solloz6 Percy - yo no te abandonare
en ningun caso, annque hubieramos de perecer los dos.
94 P. Francisco li'inn, S..r.

-No, no - repuso Tom, sacando un resto de su acos-


tumbrada energia y aeento robusto; - te queda todavfa
mueho que trabajar Perey. Ten presente que no has de
exponerte a morir por mi causa. - Y se desmay6 otra vez.
Invadi6nos entonees a los demas una tristeza rayana
en la desesperaei6n. Aquel amigo, a quien ereo que eada
uno de nosotros habia amado con un afeeto enteramente
fraternal, pareeia que iba a morirse alli delante de nues-
tros ojos; sin a.yuda-, sin amparo; Todeado de amigos que
nada podlan hacer en su socorro. i Cu&n diferente nos
pa1·eeia entonees, de aquel muehaeho alegre, feliz, genial,
que se habia mostrado hasta poeo antes! Sus ojos estaban
cerrados, y temfamos que no los volveria a abrir. Stis
cabellos, negros como el ala del cuervo, que tan bien sen-
taban encuadrando su rostro morenito, estaban ahora es-
parcidos sin Orden y nos prodncian la mas triste impre-
si6n, resaltando sobre la cadaverica paliclez que habia
substituido a sus sanos eolores.
El pobre Frank lloraba ineonsolablemente.
-Deja que me acerque, Perey - clijo; - yo quiero
tenerle y veriis lo que hare. i No permitamos que se no.s
muera, no lo permitamos !
y diciendo y hacienda/ li~rauk se puso junta a el.
--j 'rom, Tom! - grit6, poniendole una mano sobre
el rostro.
Percy entretanto, se habia quitaclo la blusa que lle-
vaba sobre su camiseta, y haeienclola tiras, consigui6 fajar
fnertemente su pecho herido.
-De esta manera - dijo - tal vez lograremos resta-
iiar la sangre que pierde.
-Su cara esta fria eomo un miirmol - observ6 Frank.
-Si, pero me parece que comienza a volverle el color.
Entique Dy 95

No poco alivi6 aquella penosa situaci6n, ver que volvla


en si la nifia.
-&D6nde estoy1 - exclam6 abriendo los ojos.
-E11 salvo; como si estuvieras en la ribera - contes-
te; - y tambien tu hermanito esta en salvo: le hemos ata-
do fuertcmente al mastil.
-N-0 tenga miedo, sefiorita - aiiadi6 Frank. - Jesus
ha escuchado su oraci6n.
En este momento Percy lanzo una exclamacion de
gozo.
-1Vuelve en sf, muchachos, vu£lve e11 sf! Su cal'a
recobra el color.
- ! Es el, aquel valiente muchacho que se ha arrojado
al agua para sacarme? - pregunt6 la nifia.
Iba a responderle, cuando el mismo Tom me interrum-
pi6 exelamando:
-j Hol,a, ehiquilla !
Su voz era mucho inU.s natul'a.l, y habia recobrado el
acento de su acostumbrada alegrfa.
-j Hola, senorita! - contest6 la nifia.
- ! Como estas, nifia 1
-Bien, y ! ustcd 1
-Mejor. 6Como te llamas?
-Rosa Scarborough.
-1\iuchas gracias. Y tu hermano ! como esta i
-& Gordon 7 No lo se.
-Gordon esta bieu - intervine. - Se ha hecho un
poco de dafio, pero dentro de unos mementos podra tam-
bien hablar y alegrarse con nosotros.
- ! Te gusta mucho bafiarte, chiquita 1
-jNo, no tanto!
-Esta bien. Pero de todos modos conviene acostum-
98 P. Francisco Finn, S. J.

-I Hip, hip, hurra !


Aguardamos un momento ansiosamente, y un disparo
de escopeta son6 en la ribera, y luego otro, seguido a poco
de un cohete, que describi6 en el cielo un surco lnminoso,
y se derram6 en un pufiado de luces.
-I Gracias a Dios ! - prorrumpi6 Percy.
-Ya todo esta arrcglado, pequefia - afiadi6 Tom ale-
gremente; - ahora tu mama te ha oido chillar: Ihip, hip,
hurra ! y esta pcrsuadida de que has dado por el Iago un
paseo muy divertido.
-Ella estara contenta, pero yo, no, - replic6 Rosa
ingenuamente; - estoy enteramente mojada, esta dema-
siado oscuro, y no va bien; y ya quisiera estar en mi
camita.
-Lo mismo me pasa a mi, chiquilla.
-No me gusta trasnochar fuera de casa, y estoy te-
rriblemente cansado. I Chist ! ! no ois un chapoteo de re-
mos j i Ya vienen por nosotros !
En este momenta volvi6 en si Gordon.
-10h! 1Uf! 1Socorro!
-I Silencio ! 1callatc ... o tc echamos de nuevo al agua !
- le intim6 Tom. - Llenariis a todos de miedo con tus la-
mentos. Toma ejemplo de tu hermanita.
-& D6nde estamos 1 - murmur6 intimidado, en voz
baja.
-En medio de! Iago - dijo Frank Burd-0ck.
-Este tranquilo - le murmure al oido; - esta aqui
cerca una barca que vienc a buscaruos, y dBUtro de dos mi-
nutos cstaremos en salvo. Mire las luccs que se aproxi-
man; est:ln a pocos 1netros -. Y diciendo y hacicndo,
desate a Gordon de! mastil.
Enrique Dy 99

- i Oh, conffo que se daran prisa y me salvaran !


cxclamo Gordon.
-Gritemos otra vez - dijo Tom.
Obedecimos alegremente.
- j Ah de! bajel... ! - grito uno de Jos que venian a bus-
carnos.
- i Rola! - contesto Percy.
- ! Estais todos bien?
-Todos - contesto el mismo Percy.
-Si, pero estamos terriblemente mojados - aiiadio
Tom.
- ! Estiin con vosotros los nifios Scarborough? - pre-
gunto otra voz.
-Si, papa - grito Rosa.
-Valiente chiquilla. Hay que decir siempre la verdad
__: advirti6 Tom.
-Siempre la digo, seiiorito.
Entonces se dejo oir Gord6n.
- j Paplt, papit, - gimi6; - yo me ahogo 1
- i No cs verdad ! - grito Percy; y, con gran sorprcsa
mfa, prosiguio dirigiendose a Gordon : - Y creo, sefiorito,
que no se ahogara usted nunca.
Tambien Percy estaba disgustado por su manera de
proceder egoista.
-1 Que lastima, - observo ir6nicamente Tom - que
no tengamos un barril de aceite !
-!Para que, para que? - murmuro Gordon.
-Para meterte a ti en conscrva.
Un minuto despues estabamos todos en salvo en una
espaciosa embarcacion, y Percy se arrojaba en brazos de
SU mama, Y··· Pero los abrazos, los besos, las liigrimas,
10.0 P. Francisco Finn, S. J.

no son para mi pluma, y ademas cste capitulo resulta ya


demasiado largo.

CAPfTULO XIV

En qne asistimos a una recepcion y pasamos la noche


en la villa del Sr. Scarborough

Mr. Scarborough era un rico milord nacido en Ingla·


terra quien, llegado a mayor edad, resolvi6 adoptar con10
1

su seguncb patria loo Estados Unidos. El verano ante-


rior habfa hecho una jira de pocos dias en 1Htc.stro Iago,
con10 declarnos nosotros, y le hab:ian agradado tanto sus
risucfias oriJlas1 que co1npr6 un extcnso terrcno en la ri·
bcra. orlental y eomenz6 en seguida a construir una v1'.lla,
la cnal habfa vcnido a habitar pocos dias antes de aqnel
en que hemos tenido el honor de conoccr a sn ilnstre hijo
y hcrBdero.
Cuando sc entc.rO de lo que hablamos hccho por su.s
hijos, llfr. Scarborough no hallo palabras para demostrar-
nos su agradceimicnto y ,su ac1miraci6n, manifestados con
tal ardor, que nos- hizo ruborizar mur.hus veccs. Si no lo
h11bieramos rehusado absolutamentc, nos hubiera culma-
do dD una infinidad de regalos; pero logr6 finalmente que
aeept&rtnnos un completo equipo de vcrano para eada nno.
l_)rocur6 en vano ob1igar a Tom a que acept.ara su ynte,
y nuestro a1nigo hubo de emplear todo su ingcnio y clo-
cucncia, p:J.ra. impedirle que can1biara el non1bre del bur-
co y le pusie1·a cl de "Tom l?layfairn. Pero sus ateneiones
respecto de nosotros no acababan de hallar tcrmiuo.
i!inrlque by 16i
Pocos dias despi1es de nnestra peligrosa aventura,
recibimos una calurosa invitaei6n para ir a eenar y pasar
la noche en su easa de campo.
-Yo no voy - dijo Tom-; no me gusta andar ha-
ciendo el papel de celebridad.
Con todo, al fin se vi6 obligado a aceptar, Jo mismo
qt1e todos nosotros. Pero imaginad su consternaci6n,
cuando, a nuestra Jlegada, descubri6 que aquella oena era
una verdadera reccpci6n dada en nuestro honor.
Apenas entramos, nos vimos rodeados de un enjambre
de nifias y muchachos. Tom me agarr6 del brazo y me
dijo al oido.
-; Uh! Enrique ... preferiria que hubieramos de pasar
esta noche en casa de tu tio, y que todos estos fueran es-
piritus. Oreo que tengo valor para resistir a los csplritus;
pero una recepci6n de sociedad me infunde miedo.
Esto no obstante, Tom sufri6 con gran calma las pre-
sentncioncs. I rank en cambio, se portaba con el mas gen~
11
1

til dosembarnzo, y Percy resullaba el sefiorito mii.s dis-


tinguido de toda aquella selccta coucurrencia. El
cliHgusto de Tom hubiera sido insoportable, si no hubicra
acudido ~11 su socc-i'ro la inoeente Rosa. Esta, apenas ie
advirti6 1 corri6 hacia Cl con ingenua nlegr:fa.
- j Hola, chiquilla !
- j Hola, Mr. Playfair !
~No roe Dames asl, quc me dara un ataque de nervios,
pequefia.
- ! Como quiere quc le Ila me, Mr. Playfair?
-No nle llames M1'.ster Pkyfa.ir, sin~ quieres que me
vaya de sltbito. Yo soy To1n, y nada miis qu0 Ton1.
Por mi ·parte procur6 eBcapar a la atcnci611 de la gen-
te, co1octlndome <letriis de P£rcy. Este era el a.stro pl'in~
102 P. Francisco L"'inn, S. J.

cipal que brillaba aquella noche, y mi pequena luz no era


sino un reflejo de la suya.
En pocos minutos se vio rodeado de un grupo de con-
vidados que escuchaban de sus labios atentamente la re-
lacion de nuestra aventura en aquella tremenda noche.
Prescindiendo de SU desenvoltura y elocuencia, solo
dire que no acababa de maravillarme de la delicadeza
con que pasaba por encima de sus acciones meritorias y
omitia todos los pormenores que pudieran poner de ma-
nifiesto el egolsmo y cobardfa de Gordon .
. A poco rato una senorita se sento al piano, y reco-
rriendo las teclas ligeramente en un preludio, se dispuso
a tocar unos rigodones.
Tenfa curiosidad por ver bailar a Tom, y me volvi ha-
cia este caballerito, que estaba todavfa entretenido bro-
meando con Rosa.
-Mr. Playfair - le dijo Mr. Scarborough, dirigien-
dose hacia 61 del brazo de una senorita - permitame que
le presente a mi sobrina Miss Carruthers.
Tom se cuadr6 e hizo una profunda reverencia. Pero
sin duda por escrftpulo de conciencia, no murmur6 '' que
se alegraba de adquirir aquel conocimiento" o cosa pa~
recida.
-Va a comenzar un rigodon - continu6 Mr. Scarbo-
rough-, 6puede usted ofrecer el brazo a esta senorita!
-Temo verme obligado a deeir que no - repuso
Tom-. Aquella borrasca dio sabre mi con tanta violen-
eia, que me siento enteramente rigido y dolorido. Me
parece que estoy baldado. Por lo demas, senorita, nada
pierde usted con perder tal pareja; ya que casi no se bai-
lar, pues no tengo hermanas que me hayan ensenado. Creo
Enrique Dy 103

ser esta la causa por que me he dedicado solo a juegos como


el forJt-ball y el ba..1>-ba,ll.
La senorita Carruthers sonri6 de no muy buena gana,
y siguio a SU tio que le bUSCO otro mas galante caballero.
Tom y yo, por nuestra parte, estuvimos contentisimo.s
con nuestro papel de meros espectadores. No nos sor-
prendio ver que Percy tomaba parte en aquella cuadrilla;
pero nos quedamos atonitos viendo a Frank que llevaba
a Rosa por pareja y seguia todas las figuras de la danza
con el aplomo y desenvoltura de un joven acostumbrado
a frecuentar la sociedad.
Mr. Scarborough era un seiior de edad, pero Ueno de
bondad y cortesia; y acerc.indose a nosotros, mientras
las danzantes se enredaban en aquello que a mi me pare-
cia un incomprensible laberinto, nos convido a dar una
vuelta con el.
-Casi me arrepiento - dijo - de haber trazado esta
soi,-ee. Pues veo que OS habria divertido mas una partida
de ba.se-ball o una carrera, o cualquier otro juega gimniis-
tico.
-Nosotros estamos contentisimos - repuso Tom - y
nos agrada mucho ver como los demas se divierten. Y a
la verdad, yo cstoy a{m tan tullido que no podrfa tomar
parte en juego ninguno.
Cuando saliamos do la casa tropezamos con Gordon,
que ciertamente no esperaba nuestro encuentro; pues dej6
caer un cigarrillo que venia fumando, y lo cubrio con cl
pie.
- j Hola ! ! Vuelves a fumar? - le dijo severamente su
padre.
-Tal vez llevaba el cigarrito a un compafiero, - ad-
virti6 Tom, mostrando su humor acostumbrado.
104

-'.l'ambien yo tenia que hacer algo - barboto Gor-


don-. Yo no se bailar, y no puedo sufrir que los otros
se diviertan mientras yo me aburro.
-Pues bien b que sabes haccr tli ! - pregunt6 Mr.
Scarborough.
-Se jugar a cartas y al billar - replic6 Gordon en
tono quejumbroso.
-6 Sabes jugar a la brisca ! - pregunt6 'rom.
-6 Como! i Si se jugar a la brisea ... ! - rcpuso Gor-
<l6n estupefacto.
-Si, &tiene esto a Igo de particular?
-Yo creia que vosotros erais gcnte religiosa. Las
personas religiosas no suelen jugar a cartas.
- j Tonterias ! - exclamo Tom-. Dias no nos prohi-
be divertirnos, con ta! quc no sea quebrantando sus man-
damientos. Me parece que entien<les la religion eomo eosa
muy cejijunta. No eres en esto excepeional. Hay muchos
j6venes que se apartan <le ella por imaginar que es cosa
triste y fastidiosa.
- j Bien, bien ! - dijo Mr. Scarborough-. Tom ha
puesto el dedo en la llaga. Gord6n ha trabado amistacl,
en la Acaden1ia> con alglu1os j6venes poco recomendables.
Les parece que los ejercicios religiosos sc oponcn a la ale-
gria, a los juegos y a todo genera de divcrsiones. Y asi
se apartan de la religion, y quebrantan todos los manda-
mientos. No entienden que un muchaeho pucde ser bueno
y feliz a un mismo tiempo.
Gord6n aprovcch6 el largo mon6logo de su eefior padre,
para haeernos un gesto confitlencial, y para_ nosotros des-
conocido, poniCndose un dodo en la nariz.
-Vamos, pues, a jugar -aiiadio-. Cabalnrnnte
Bomos cua.tro.
Enrique Dy 105

-Esta bien - dijo Tom.


Y a los pocos momcntos, estiiba1nos sentados en tor-
no de una mesa de juego en el piso supel'ior de la casa.
Gordon se mostraba muy vcrsado en el manejo de la
baraja.
Entretanto termin6 la danza, y nos llamaron para to-
mar u11a buena cena. Y, finalme11te 1 ya entrada Ia noehe
y muy cansados, nos condujeron a la habitaci6n donde ha-
biamos de clormir.
Como habia mncha aglomeracion de gente joven, nos
pusicron en una sala donde habia dos camas grancles y
una pcqueiiita. Esta sc destino a Frank. Tom, Percy y yo
habiamos de acostarnos en una de las grandes; y la otra
estaba preparada para Gordon y dos amigachos suyos de
la Academia.
Mientras Tom empezat,a a desnuclarse y Percy se arro-
dillaba a los pies de la cama para rezar sus devociones,
Gordon y sns amigos hablaban en voz baja de cosas que
provocaban en cllos grandcs risotadas.
~Mirad - dijo de pronto uno de aquellos jovenzue-
los de rostro dcmacrado, seiialando a Percy que rezaba de
rod illus.
Y los tres lo miraron eon una mezcla de admiraci6n
y burla.
- i Que hip6critn ! - murn1ur6 cl tercer compafiero -
i c6mo si no le hubiCramos visto en el sal6n bailar y reirse !
1No pue<lo sufrir Joa hip6critas !
Tom les clav6 su mirada; pe.ro ellos estaban demasia-
do absortos en contemplar a Percy para darse cuent:a <lo
su expresi6n.
El flacucho quc hab!a hablado primero, abri6 un ma-
106 P. Francisco 1Tinu, S. J,

letin, sac6 de et una zapatilla y la levant6 con gesto de


lanzarla a Percy.
-jNo, Eugenio, no! - le advirti6 Gordon.
A esta juiciosa advertencia, bajaba el brazo; pero el
tercer compafiero le provoc6 diciendole:
- ! A que no la tiras?
Pocos muchachos frivolos son capaces de resistir cuan-
do se sienten desafiados. Y asi, el aludido levant6 de
nuevo el brazo y tir6 la zapatilla en direcci6n a la cabeza
de Percy. Pero Tom estaba alerta. La cogi6 en el aire y
la ech6 por la ventana al oscuro jar<lin, afia<lien<lo con
sorna:
-Una zapatilla desaparejada no es ya de provecho.
Asi que, puede usted tirar tambien la atra.
El macilento se puso pa!ido de rabia, y estaba sin duda
por desafiar a Tom. Pero Gordon le agarr6 diciendole
al oido. ,
-1 Mira, animal, que ese muchacho es capaz de darte
de palos a ti y a toda tu parentela !
Estas palabras produjeron tan saludable efecto, que
trocaron el desa:fio en excusa.
-1 Hombre, lo hacia por broma !
-1Naturalmente! Tambien yo. Ninguna eosa me
divierte mas qne echar por la ventana las zapatillas que
pnedo coger al vuelo.
El flacucho hizo una mueca que pretendia ser sonrisa,
mientras sus compaiieros lanzaban a expensas suyas una.
sonora carcajada.
Cuando Percy se levant6, terminadas sus oraciones,
Tom se volvi6 al terceto academico y !cs clijo:
-Sefioritos: no quiero ofcndcros. Pero os he de ad-
yertir que si caeis en la tentaci6n de hacer volar por el
Enrique Dy 107

aire las zapatillas, Percy OS demostrara cuan a proposito


son estas ventanas para desembaraza,rse de determinados
objetos.
Y dicho csto, Tom se arrodillo a su vez, e hizo sus ora-
ciones con la mayor compostura.
Entonces las otros tres comcnzaron a hablar en voz
alta, con frases de doble sentido y alusiones poco hones-
tas. Su conversaci6n iba tomando un giro cada vezi
mas peligroso, y ya Percy iba a abrir la boca para hacer-
les una advertencia, cuando Tom se levant6 e intervino:
-Gordon - dijo -, siento teneros que decir que nos
hemos olvidado de traer algodon en rama.
-6 Para que os hace falta? - repuso Gordon sin en-
tender la indfrecta.
-Para taparoos los oidos - prosiguio Tom-, si pen-
s8.is continual' esas conversaciones. Asi qu~, si tal es
vuestM intento, o hacednos el favor de saliros de aquf,
o nosotros nos marcharemos inmediatamente de esta casa.
Gordon se volvio a sus colcgas, que esta vez se habian
puesto coJorados de vergiienza.
-Oreo - les dijo -, que Tom tiene razon. Ea, acoste-
monos.
Aeeptaron su consejo Jos otros dos, no sin que el lla-
mado Eugenio hiciera en voz baja algunas bromas sabre
los seiioritos melindrosos, los beatos y otras cosas de este
jaez.
Pero confio que el tal seiiorito cambio su opinion acer-
ca de nosotros a la siguiente mafiana.
Poca despues de! desayuno, Mr. Scarborough nos con-
dujo a la pradera y nos invito a jugar una partida de
base-b,all. Pero cuando nos dispusimos a ello, echamos
cie ver que eramos insuficiente nUmero.
10$ 1"}. it'rancisco t"lJ?.n, S. J.

Rosa aeudio en nuestro auxilio.


- i Papa! - propuso -. En vez de jugar, haz que se
desafien a correr. }Ile gustaria ver correr a Tom y a
Percy.
-Perfectamente - dijo Mr. Scarborough-. Raced
una prueba, muehachos. Al vencedor le regalare yo un
buen aparejo de pesca.
Eugenio, a quien habia la Naturaleza hecho dadiva de
unas largas piernas, di6 un paso a<lelante.
---:-6 Qt1i611 quiere correr con Eugenio1- dijo J\ifr. Scar-
borough, mirando en torno -. Terna que todos sois dema-
siado pequefios para competir con el.
Eugenio subray6 estas palabras dirigiendonos una
mirada de superioridad.
-Sal tu, Tom - susurr6 Percy.
-Mis piernas son demasiado cortas para eso, y estiin
al111 muy doloridas. Si acaso, entre todos nosotros eres
tu quien puede probar. Pero pide que la carrera sea lar-
ga. Mr. Scarborough, Percy Winn aeepta el dcsafio.
Euge11io sonri6, mirundo la delicada persona de Percy
con u11 n1enosprccio quc no se tom6 el trabajo de disi-
mular.
- i Viva Percy! excla.1n6 :b'rank - ; pero quc sea
una carrera larga.
-Naturalmente insisti6 Tom-. Hay quc tener
en cucnta que Percy es mas joven y bajo. Se le ha de clar
posibilidad de mostrar su resistencia.
};Ir. Scarborough exan1ll16 el terreno. Un camino cu-
bierto de are-na se ubrla a lU1a y otra pnrtc de la entrnda,
y conducla a. la cnsa forma11do cnsi un scn1icirculo.
-'-l. BastarU. una vl1elta por este caminito 1
-1 Puff! i no es nada ! - exclam6 Eugenio.
Enrique Dy 109

-Bueno; pondremos dos vueltas. Ateuci6n, pues sal-


dreis los dos de cste pilar, y el que primero Hegne a el al
fin de la se.gunda vuelta, habra ganado el premio.
1\fientras: se establecian estas condiciones, R-osa se
ha bia aproximado a Tom y le pcdfo que tomara parte en
la cal.'rcra.
-No, querida mla. Percy corre mejor que yo.
- ! Si? i Confio que ganara !
-Tambicn yo lo espe1:0.
-Yo quiero mucho a Percy.
- j Tambien yo!
Vosotros sois bucnos, y no tcn€is miedo de exponer
la vida. 1Cuan valerosa1nente te portaste, cnando nos:
salvastc a Gord6n y a mi!
Tom parecla que se deb1a ruborizar, y decir que no
habia hecho mas que cumplir con un dcber. Pero no hizo
lo uno ni lo otro.
-Querida ni:fia, cu::n1do t1i ela1naste: J Ccraz611 de
Jcs(is, sdvadnos ! ; yo me sen ti de! todo scguro en aqnel
feisimo lago.
-&De veras! - cxclam6 Rosa alegrcmente-. Te
ascguro quc lo dije de todo coraz6n. Mi mama me habia
cnseiiado a decir aquella oraci6n cuando era pequcfia. ...
Quiero decir - afiadi6, observando qne Tom sonrela. ~,
cuando era clriquitita, chiquitita. Tcnl.a un miedo terrible
de ahogarme. Pero pcnsando en el Coraz6n de Jes-Us, me
tranqui1ic6~ y me sent! sin mieclo de eomparecer delante
de EL
Y mientras miraba a la cara a Tom, con toda la infan-
til inocench1 que hrillaba en sus ojos, Tom sinti6 que se
le anndaba la garganta.
-As! va hien, pequeffo - dijo pasandole la mano por
uo P. Francisco Finn, S. J.

la dorada melena - ; y conffo y pido al Senor, que nunca


tengas m.iedo de verte en su presencia.
La nifia y Tom se separaron llevando en el rostro la
expresi6n de quien se levanta de una oraci6n fervorosa.
Entretanto los dos corredores estaban en fila. mien-
tras Mr. Scarborough contaba en voz alta:
-1 A la una, a las dos, a las tres ... ! 1ea!
-1 Canastas! - exclam6 unos momentos despues el
dueiio de la casa - ; 1ese ehiquito sabe correr de veras !
Y cso que no sc esfnerza - observ6 Tom-, lo toma
con ca.Ima. i Tal vez con excesiva calma !
Percy habfa dejado adelantar a su rival en Ios cien
metros primeros. Eugenio iba ~umentando su ventaja a
medida que se aeercaban a la puerta de entrada.
-Ya han hecho un cuarto de la carrera - advirti6
Frank eon alguna ansiedad, en el momenta qne Eugenio
pasaba por delante de el~; 1y Percy esta todavfo tan
atrasado !
-1 Cincnenta pies, lo menos ! - aiiadi6 Tom-. 1Pero
mira, c6mo se apresura ahora ! 1lvlira, mira, c6mo va ad~
qniricndo mayor velocidad ! I Apuesto cualquiera cosa
por eu
Eugenio se aproximaba al pilar. Respiraba con difi-
cultad y el sudor le corrfa por la frentc. Percy, cnarenta
0 cincuenta pies detras de el, respiraba magnificamente,
y su rostro sereno y alegre apenas tenia el color mas su-
bido que de ordinario. Eugenio habla pasado delantc de
nosotros sin mov:er ni &iquiera Ia cabeza. No asl Percy:
al pasar nos dirigi6 nna mirada sonriente, nos hizo una
inclinaci6u, y se quit6 el gorrito, echi\ndolo a los pies de
Tom.
Enrique Dy 111

-Se conoce - dijo este -, que tiene seguridad de su


suerte.
Y tenia raz6n. Percy duplic6 entonces la veloeidad, y
se oyeron resonar exclamaciones: I ah! I oh!, en que pro-
rrumpfan los espectadores.
A cada paso ganaba terreno sabre sn rival.
-Es el mejor corredor del Colegio de San Mauro -
dijo eon orgullo Frank-, y pnede eorrer todavfa mas
velozmente si quiere.
Creo que estas ultimas palabras de Frank eran nna
exageraci6n, pues entonces Percy corrfa con todas sus
fnerzas. Cnando Eugenio hubo terminado la tercera
etapa de la carrera, Percy no distaba de iii mas que quince
o veinte pies. · ~ •;:j-:;':-~wi
-1 Apuesto que antes que haya adelantado otros cien
pies le habra alcanzado ! - grit6 Frank-, i me jugarfa
Ia cabeza!
Apenas habian salido de la boca de Frank estas pala-
bras, cuando Eugenio tropez6 y cay6. Y pensad si queda-
riamos todos orgullosos de Percy y de! Colegio de San
Mauro, cuando vimos quo Percy se detenia, retrocedfa
unos veinte pies, y esperaba pacientemente que Eugenio
se levantara y volviera a emprender la carrera.
-He a.qui un verdadero gentle.nan - grit6 Scarbo-
rough-, y me doy por muy honrado por haberle tenido
en mi casa.
Percy fue mas alla en su generosidad, de lo que habia-
mos previsto. Se estuvo en su sitio hasta que Eugenio
hubo vuelto a lanzarse a la carrera. Lucgo con una agi-
lidad admirable, se aeere6 ca<la vez mas a su rival. Ya le
habia aleanzado, euando la meta estaba a veinticineo me-
tros de ellos. Corrian entonces parejos: Perey acalorado,
112 P. Francisco Finn. S. J.

pero tranquilo; Eugenio eon las venas hinehadas y la res-


piraci6n anhelante. :.&fas he aqul quo Percy avanza hacia
el: un pie, dos...
-Adelante, Percy, pasale adelante - grita Frank.
Y con un nuevo impulso, Percy se a<lelanta, esbelto
y gracioso, y nn segundo despues est.a junto al pilar, de-
jando a SU emulo diez pies atrasado.
No hay c6mo expliear los aplausos y felicitaciones que
recibi6, no menos por su conduGta caba.llerosa que por
su ligcreza en el correr.
Luego se di6 Ingar a otros ejercicios y luchas gimnUs-
ticas, de las que no hablarC, porque ya tengo prisa por
venir a otras cosas mas importantes.
La tranquilidad de nuestra vida de colegia!es iba a in-
'terrumpirse con una seric de avcnturas, tan extrafias y al
parecer jnverosimiles 1 que, reflexionando sabre ellas, me
parecen mas bicn un suefio quc una cosa realmente acac-
cida.
La. sombra que el asesinato de mi tfo habia arrojado
sobre mis primeros afios, no se habfa disipado ai'.m ente-
ramente, eomo habfa de verlo poco despues.
Vera el lector que todavfa hoy alguna esperanza de
dcscubrir su misterio. Si esta esperanza ha de realizarse
o no, lo dircln Ios acontecimicntos.
Entretanto, dejando el riente Iago, a la inocente Rosa
y al cumplido Mr. Scarborough y todas las diversiones
de nuestro veraneo, invito al lector a un cambio de es-
cenario.
Enrique Dy 113

CAPfTULO XV

En que Toni y yo pasamos una noche en la casa "de los


espiritus" y n1e sucede una extrafia aventura

-SI, Tom; esto es Tower Hill Mansion - dije sefia-


lando el melancolico edificio que habia sido morada de
mi tlo. ' .,
.~L':~ri,
,,,,,,,.,,,7.11
Caia la tarde dcl 16 de Agosto, y Tom y yo estabamos
sentados en un cochecillo alquilado para el caso, y nos
aproximclbamos rcipida1nente a la casa, cuyos pavorosos
reeuerdos habian ejercido tan grande influjo en mi vida.
-A la verdad, no tiene un aspecto muy alegre este cas-
tillo encantado ... par lo menos al atardecer - observ6
To1n -. j V aya cou la bulla quc mcten csas cornejas !
E"fectivamente; una gran bandada de estas negras
aves, revoloteaba despidiendo sus ingratos graznidos sa-
bre las tejados de aquella casa, y causaban una impre-
si6n nada halagiiefia en aquella hara ya de suyo a pro-
p6sito para la tristeza. A mi fantasia excitada se presen-
taban coma espiritus de rapifia y de homicidio converti-
Cos en p<ijaros, quc se congregaban como en male:fico aque-
larre, cerca de aquel edificio consagrado a sus nefandos
ritos.
Despedimos al cochero en la puerta, encargai1dole qne
volviera par nosotros a las seis de la mafiana siguiente.
Deje mi maleta en el suelo y saquc un mazo de Haves oxi-
dadas par el largo desuso.
ENlllQUE DY - 8
114 P. Francisco Finn, S. J,

-Son precisamente las que conviene para abrir una


casa espiritada - observ6 Tom.
-Race muchos afios que no se han usado - co11teste.
Y me dispuse a meter por la ccrradura la mayor de
cllas. Al hacerlo, no sin dificultad, la puerta tembl6 sabre
sus quicios; y se oyero11 eiertos ruidos e.omo batir de a1as,
que me hicieron latir el coraz6n violentamente. EchCme
atras de un salto, y probablemente me hubiera caido por
la escalinata, si Tom no Ine hubiese sostenido.
Pero al otro !ado de la puert'1 continuaban los cxtrafios
rumores, y estuve a punto de rogar a To1n que renunciara
a SU romantiCO proyecto.
- j Anda, anda; cobra iinirno, querido inio ! - n1e <lijo
Tom en el mas cordial de SUS tonos - ; los espiri tus no
hacen estos ruidos. 'l1raig·o eonmigo agua bendita; es mny
provechoso tenerla en casa, haya en ella espirit_us o no;
y fuera de eso, tenemos dos buenos bastoncs. t Est.Us dis-
puesto a abrir la puerta 1
-Si, pero tengo un poco de miedo.
-Bueno, pues aguarda un momenta que prepare mi
bast6n.
Tom6 en efocto el palo par la parte inferior, de suerte
que pudiera asestar un hermoso porrazo a quien fuera
menester.
- j Ea! ahora persignate y abre.
Hice la sefial de la cruz y di vuelta a la Have; pero en
aquel instante, el rumor que habiamos oido antes, y se
habia callado mientras hablabamos, se volvi6 a air.
-No hagas caso, Enrique. Abre la puerta y echate
a un lado.
En cuanto abri la puerta y esta gir6 pesadamente so-
bre sns goznes, se volvieron a oir aquellos rum.ores, junto
Eni•ique Dy 115

con un ruido bronco que me recordaba la voz de mi tfo.


As1 que, no omitl la precauci6n que Tom me habfa suge-
rido y me hice rapidamente a un !ado.
Tom, al contrario, no se desvi6 aca ni allii; sino firme
en media del umbra! aguzaba la vista procurando escu-
drifiar en la oscuridad el misterio de aquellos rumores.
Durante algunos segundos escuch6 atentamente. Luego
se dilat6 su fisonom1a y dijo:
-Son murcielagos. Quedarfa abierta alguna ventana
y se han posesionado de la sala. Ea, enciende la lampara
y entremos por este !ado.
Encendimos la luz y entra1nos. Yo me C8tr0meci al
pasar cl umbra!. El aire que alli se respiraba tenia el
olor estadizo de habitaci6n largo tiempo abandonada. Los
murcielagos volaban. pasandonos sobre la cabeza, y no
contribufan a sosegarme. Por mas que Tom no contrajera
ni el menor musculo de su rostro.
-Demos un poco de paz a los murcielagos -dijo con
su tono natural, mientras abrfa de par en par la puerta y
la ventana. - Demos un vistazo a la librerla. Es Bsta
! no es verdad I
Y diciendo estas palabras puso la mano en el pestillo.
Al entrar en aquella pieza, me parecfa iba a encontrar a!H
a mi arisco pariente, sentado en el eseritorio y miriindome
a, traves de sus negros anteojos. Era la misma habitaei6n
pero n18.s oscura, mas tetrica., mas polvorienta. Cuando
entramos, un enorme rat.On atraves6 la estancia y fue a
esconderse a su cado. Todo estaba cubierto de polvo: las
sillas de alto respaldo, los numerosos libros, los muebles,
el pavimento; de manera que nuestros pasos haclan un
ruido sordo, que parecia advertirnos quc no explor&semos
llG. P. Francisco Finn, S. J.

aquella horrible mansion ni interrumpieramos su fnnesto


sileneio.
-Salgamos de aqui - dije debilmente.
Pero parecia que Tom no participaba de mis deseos,
pues comenz6 a imitar cl mayar de un gatazo (presumo
que en gracia de los ratones), y antes de preeederme a la
Hala escribi6 su nombre con el dedo sobre la mesa cubierta
de polvo.
Micntras estabamos junto a la pucrta, vimos colgado
encima de clla un reloj bastantc grande. Estaba parado
sefialando las doce.
-Me gustaria saber cuanto tiempo hace que esc reloj
se par6 - dijo Tom; y yo por mi parte me preguntaba:
-1 Se pararia a medio dia o a media noche !
Mira aquel otro reloj de la sala - afiadi6 Tom mien-
tras saliarnos de alli; - &i10 te parece coincidencia curio-
sa ! i Tambien ese esta parado a las doce !
Aquella coincidencia me caus6 un escalofrio, con10 si
alguien me hubiese dirigido a la espalda un chorro de
agua helada. Habia oido la conseja popular, que los relo-
jes se paran en el mismo instante en que· es asesinado su
duefio. Y subitamente se me ocurri6 qne mi tio habia sido
probablemente asesinado a media noche.
llie alivi6 un tanto observar que, los otros relojes que
estaban en varias piezas, se habian parado, cual a una
hora y cual a otra. Entretanto, el grande reloj de la sala
parec:ia atraer el mayor interes de mi compaiiero. Lo mi-
raba y remiraba, y como su talla no llegaba a cinco pies,
se encaram6 en una silla, para considerarlo mas atenta-
mente.
-Tiene encima -- dijo -- medio dedo de polvo, - y
Enrique Dy 117

sac6 el pafiizuelo para quitarselo; pero cambi6 de idea, ex-


clamando:
- j No! este pafiuelo es de la tla Juana, y siempre me
rifie porque se los devuelvo demasiado sucios.
Por tanto, no quit6 el polvo al reloj, sino coutent6se
con escribir encima su nombre con la punta de! dedo. .
Los nombres y las caras de los bobos ... - comence yo.
-Se ven en todas las plazas; pero no sobre los relojes
- pros-igui6 Tom. Lucgo que subimos la escalera, y mien-
tras tendfamos la vista por el corredor, envuelto en la os-
curidad, afiadi6:
-Este es el primer piso, donde tu pasaste la noche.
! Cuiil era tu cuarto? Empecemos por alli.
J,e guie hasta el fin del corredor y le abri la puerta de
la habitaci6n, quc formaba angulo.
i Como se me represent6 a la memoria el terrible mo-
mento en que me desperte ! Me pareci6 que hasta mi grito
desgarrador resonaba todavla en mis oldos. En tanto
que Tom colocaba la luz sobre la mesa, exclame estupe-
facto:
-J Mira! mi cama esta exactamente como la deje. El
cobertor y la sabana estan echados a un !ado, como cuando
salte de! Jecho temblando, al ver que no estaba a mi !ado
Mrs. Raynor. i Fijate ! - continue, sefialiindole una man.
cha ob~cura del pavimento.
-/,Que pucde scr esto, Enrique?
-Una mancha de eangre. j Sangre de mi pobre tlo !
J\1:ira una mancha parecida en la almohada..
1

Este deseubrimiento conmovi6 un poco al mismo Tom.


Pero se repuso al instante.
-Viimonos de este cuarto - dijo. - Ya hemos visto
bastante. Vamos al cuarto de tu tio.
118 P. Francisco Finn, S. J.

Nos dirigimos alla, y con gran a!ivio mfo, no hallamos


rastro alguno de la tragedia horrible. El !echo estaba
arreglado y el aposento en orden, salvo que, como se com-
prende, todo estaba cubierto de polvo.
-Mira - dijo Tom colocando la luz sobre la mesa,
- aqni podremos pasar la nochc.
En aquellos momentos no acababa de en tender e6mo ha- ·
bia sido tan loco qne habia consentido en tomar parte en
aquella insensata aventura.
-Si el alma de tu tfo tiene licencia para vagar por
esta casa - prosigui6 mi impeterrito compa:fiero, - no
hay duda sino que vendra a.ca.
Es facil cosa hablar de los espiritus a la luz de! dia.
Pero discutir la probabilidad de la visita de! alma de un
hombre asesinado por la noehe, y en la misma estancia
donde acaeci6 el homicidio, era cosa recia para llll muw
ehaeho de nuestra edad. Tom vi6 el espanto dibujado en
mi rostro, y echandose a'reir, dijo:
-Oye; sera men ester que procuremos distraernos al
menos un rato; si no, nuestros nervios nos darfan quEi
se11tir. Empezaremos rezando el santo Rosario. Toda.via
no lo he rezado hoy. No se si a ti te pasa lo mismo; pero
cuando he rezado el Rosario, siemprc me he hallado con au-
mento de valor.
-Es una buena idea - conteste.
R.ezamos, pl1es, los cinco misterios y termiri ~mos con
las letanias.
-Ahora - obseT"O Tom mirando su reloj, - es hora
de cenar.
Y dieiendo y hariendo, nbri6 la maleta y pu'o sobre
la mesa una botella de sidra, sandwiches, pastelillos, fru-
Enrique Dy 119

tas, pollo frfo y otras eosas que suelen apeteeer a la gen-


te moza.
El lector estara pensando, que no es tan extrafio que se
nos ocurriese pasar una noche en aquella casa abandona-
da, cuanto que nos hubieran dado permiso para intentar
aquella descabellada aventura. En realidad, nuestro
proyecto hubiera abortado al nacer, si no hubiera sido
por una combinaci6n casual de circunstancias.
Porque es asi que mi padre desaprob6 la idea cuando
se la propuse. Pero cuando le hube comunieado todo Io
que Tom habia dicho tocante al misterio que envolvian
aquellos hechos, habfa reflexionado largamente sohre ello.
-Asi, pues, i me dejaras ir, papa? - le rogue.
-'-Ire yo mismo - contest6, - y pondre en ejecuci6n
vuestro proyecto. Claro esta que no se trata alli de espi-
ritus. Esto es pura superstici6n. Pero hay algo que he-
mos de desentrafiar, tocante a la muerte de tu tio. Sabe,
caro Enrique, que si desisti de buscar a Mrs. Raynor, fue
por consideraci6n a ti.
- i Por consideraci6n a mi?
-Si; porque me parecia que, si se hubiera hecho jus-
ticia contra una persona a quien habias querido como a
una madre, tu vida hubiera quedadG amargada. Mas aho-
ra que ha pasado tanto tiempo y tu te has hecho un mu-
chacho fuerte, sano y sereno, no estara de mas comenzar
nuevas averiguaciones. La ocurrencia de Tom, armque
algo romantica, puede tener alguna utilidad. Asi que, yo
mismo ire a Tower Hill Mans:ion.
-Pero ! no nos llevaras a Tom y a mi contigo ~
-Por las noches los chicos. est.an mejor acostados.
-Pero podrfamos dormir alli, y nos despertarfas s1
ocurriese alguna cosa.
120 P. Francisco Finn, S. J,

-Bueno, con esta condici6n podBis venir.


E11 cuanto escuchC esto, me apresure a escribir a 11 om,
comunicandole la resolnci6n de mi padre y pidi6ndo!e qne
viniera a mi casa.
Pero ante.~ de qlle Toni hubiera recibido mi carta, mi
padre snfri6 una eaida de eaballo, se produjo nna fuerte
eontusi6n y el m€dico declaT6 qlH:: seria lleCCSal'iO qUC
permaneciera enteramente quieto algunas semanas.
Como cntretanto lleg6 Tom, mi padre nos di6 permi-
so para ir solos; :r asi, dos horas cl<:spu.es de. la venida de
mi amigo, nos pusin1os en can1ino hacia la casa de n1i tlo.
Terminamos alegremente la improvisada cena, no sin
que me infundiera, no 01Jstante alg{1n temor ver los repe-
1 1

tidos bostczos de Tom. Con todo: la cena me habia tea-


nimado y continue charlando regocijadan1entc. Pero mien-
tras mi Unimo se levan ta ba de cste modo, el de Tom de-
cafa; al paEo que yo me ponfa locuaz, fol sc volvfa ta~i~
turno. Verdad es que abrla con frceuencia la boea; pero
era solo para bostezar 0 pedirme perdon; y SUS ojos se le
ccrraban involuntariamente.
-& Tiencs suefio, Tom?
-Un sueiio tremendo. i Que est(1pido he sido de no
do1·mir un poco durante el viaje l Mira, querido, yo soy
capaz de sufrir muchas cosas; pero pasar en vela dos no-
ches seguidas, es superior a mis fuerzas.
La conversaci6n sigui6 langli.ideeiendo durante unos
momentos. Mir€ el reloj y eran las once menos cuarto. Iba
a comunicarlo a Tom, cuando me di cnenta de que dejaba
caer la ca beza.
-Tom - dije esforzando cuanto pude mi valor, -
estas muy cansado y necesitils cntregarte al sneiio. Falta
Enrique Dy 121

un cuarto de hora para las once. Con una hora que duer-
mas, estaras avispado.
-&Me llamaras antes de las doee? - pregtmt6 sin
abrir siquiera los ojos.
-SL Echate sobre la cama.
Le ayude a atravesar el aposento, y me disponfa a ten-
derlc sobre cl Jecho, cuando se dej6 caer sobre un sill6n
qne estaba junto a la cabecera, y apayanda las brazas en
la almohada, y panienda sabre ellas la cabeza, se qucd6
profundamente darmida.
Me valvf jnnto a la mesa, mire en derredar y note que
todo estaba en perfecto arden. Ateudi, y no se oia otra
cosa que la respiraci6n acompasada de mi dormido amigo.
Entances me santigiie y saque de mi maleta un libra
qnc habfa trafdo coma contraveneno contra cualquiera
tentaci6n de tristeza, es a saber: Pickwidc. Aquel tomo
me parecfa capaz de llevar la alegria al m.iis h6rrido cala-
bozo. T..io abrf, pues, por aquel curioso capltulo en que
Samuel Weller escribe una cartita !!•lantc. Lei durantc
un cuarto de hara, con toda tranquilidad. Un poca des-
puCs de dar las once, me pareci6 sentir confusamente
cicrta pesadez de eabeza. Luego adverti que comenzaba
a dormitar, y en aquel instante mi fantasia dej6 de oeu-
parse con ,Samive] y su pndre y se fij6 en ]a idea de aque-
1

llos dos rclojcs quc sc ha bian parada a las dace.


;Por que se lwbrdn rnrado a 'las iloce?
Y mire en derredor, despavorido par el sonido de aque-
llas palabras que habia pronunciada.
-Esto no va bi en - murmure; y levantandame de
mi asiento, di una vuelta por el cuarto.
Pase par delante de Tom, y le puse muy suavemente
la mano sobre la. cabeza. No se habia maneado de la pas-
122 P. :Francisco Finn, S. J.

tura en que se durmi6, con el rostro escondido entre las


manos y estas apoyadas en la almohada.
Sintiendome mas desvelado que poco antes, me volvi
a mi lectura, y todo march6 bien durante una docena de
minutos. Pero el sueifo me volvi6 a tentar. Procurando
sacudirle, ecM una mirada a mi reloj, que habia colocado
sabre la mesa. Faltaban veinte minutos para media noche.
-Dentro de cinco minutos llamare a Tom - pense
entre mi. Y volvf a cager el libro.
Me parece que, despues de haber leldo todavfa unas
dos paginas, note que me dormfa y resolvl levantarme
otra vez y dar una vuelta por el cuarto. Pero ya no me
acuerdo de lo que hice despues.
Subitamente, me pareci6 que me ponia en pie asustado
y escuchaba atentamente.
Ofase un rumor coma de alas agi tadas, y los pclos se
me erizaron de miedo. Mire el reloj y sefialaba exacta-
mente la media noche.
Mientras lo estaba mirando ansiosamente, se me cay6
de la mano, y en el mismo momenta, todos los relojes de
la casa comenzaron a dar las doce.
Una, dos, tres ....
Ofa claramente el sonido de! reloj de la sala.
Cuatro, cinco, seis ...
Tenfa curiosidad de contar si darfan hasta las dace.
Siete, ocho, nueve ...
Diez, once, doce...
Sigui6 un silencio mortal, y sentl un estremecimiento
que me hel6 la sangre. Volvime para despertar a Tom, y
me acerque a su cama llamando:
-jTom! jTom!
Pero la palabra se hel6 en mis labios. No veia ya a
Enrique Dy 123

Tom. Entre mf y el habla una especie de nie bla o velo.


Qnede incapaz de mover pie ni mano, encadenado
como en una agonfa de temor qne me tenfa insensible. La
luz de la lampara, se hacia cada momenta mas palida,
mientras aquella niebla que me ocultaba a Tom se iba po-
niendo hnninosa, distinta y cada vez mas clara. Cuando
la lampara se extingui6, la niebla habfa tornado una forma
luminosa y definida.
Ya no dude que estaba delante de la sombra de mi tfo
y balbucf:
-jTfo... !
- j Sobrino! - contest6 el espectro con voz sepulcral,
y con un deja de su antigua dureza. Su rostro era severo
como cuando por vez primera le vi en la librerfa; pero
tenfa aquella expresi6n'"figida de terror y angustia que se
habfa quedado en el en SUS ultimas momentos.
Entonces, a traves de aquella aparici6n espectral, veia
a Tom, inm6vil. Le llame con todas mis fnerzas:
-1Tom! 1Tom!
Pero aunque mis labios hicieron el movimiento para
gritar, no sali6 voz ninguna. Entretanto mi tio me miraba
fijamente con un oscuro cefio.
- ! Que diligencias habeis hecho para vengar mi muer-
te 7 - me pregunt6.
Balbuci algunas palabras ineoherentes, temblando bajo
su mirada escudriiiadora.
-Sobrin.o - aiiadi6 -, jurame que emplearas medias
raz1mables para vengarme. Raz.rmJables, i entiendes?
-Si, tio - respond! con voz apagada.
-Entonces, extiende la mano y di: juro.
Hice lo que se me mandaba; y la neblina l uminosa se
fne desvaneciendo, a medida que tornaba a brillar la lam-
124 P. Francisco Finn, S. J.

para y yo me quedaba oprimido como entre sueiios por


una sensaci6n pavorosa.
A los pocos momentos me levante y en dos pasos me
coloque al !ado de mi amigo, que continuaba durmiendo
tranquilamente.
- i Tom! I Tom! - grite cogiendole por !os hombros.

CAPfTULO XVI

En que el reloj de la sala cuenta una historia

-/ Hola ! &Que ha ocurrido I - exclam6 Tom ponien-


dose en pie y restregandose los ojos--, I es ya media noche I
-10h, Tom!. ..
No pude continuar, sino abraz&ndome con Tom, me
eche a llorar como 1m niiio.
Tom me contempl6 ansiosamente. Torno el re!oj y
lo mir6.
-Cuatro minutos despues de las doce - prorrumpi6;
-l,qu€ te ha ocnrrido,. Enrique~ No he1nos de cspantar-
nos por nada. Aunque hubicras visto un espiritu.
-1 ri'om ! i Ile visto a mi tio !...
- ! De veras ! Cuentamelo todo. Desde el momento
en qne me he dormido hasta. ahora.
ContCie en frases entrecortadas toda mi desventura.
Tom se mostr6 muy sorprendido, y me pidi6 con insis-
teneia le repitiera las palabras precisas que mi tfo me
habfa dicho.
De pronto advirti6 en el suelo mi reloj, que se me
habla eaido.
ICnrique Dy 12U

-j Tate! - exclam6 recogiendolo -. La cosa se hace


cada vez mas misteriosa. Tu reloj se ha parade precisa-
111e11te a las doce. Es una coincideneia curiosa.
-Si, pero se explica fiicilmente - conteste -. El
reloj se me ha caido de las manos a media noche y proba-
blementc cl golpe que sc ha dado, lo ba hecho parar.
-Varnes a ver los otros relojes.
Y cogiendo la lampara, Tom me precedio a la sala y
luego a los otros aposentos. Todos los relojes estaban
como antes los habiamos dejado.
-Ahora bien, Tom - le pregunte, cuando hubimos
terminado aquel reconocimiento ~; t que opinas ahora 7
&que dices f
-Es necesario hallar en todo caso a l\irs. Raynor.
La aparici6n de tu tio ninguna luz ha arrojado sobre cl
asunto; y lo que mas es: yo tengo muchas dudas sobre que
ge te haya aparecido realmente. Los espiritus que pi-
den vcngauza de su muerte, son un buen argun1ento para
las 11ovclas; pero yo no creo tal cosa. Si te hubiera pedi-
do oraciones para el descanso de su alma, podrfamos
crecrle; pero u11 espiritu que pide venganza, es un ab-
surdo. A decir verdad, Enrique, yo no he crcido ni por
un momenta quc esta casa este iufcstada de espiritns, y
ya me arrepiento de haberte hablado de ello. Esto solo
ba servido para calentarte la fantasia.
Tom habl6 largamente en este sentido, pero no logr6
convencerme. Finalmente pasaron aquellas tristes horas
y ray6 en el borizonte la primera luz de! alba.
Con que alegrfa la saludamos.
-Quiquiriquf - grit6 Tom-; aguarda - dijo -,
que amanezca el sol y entonces nos cercioraremos de si hay
o 110 espfritus en esta casa, y luego tomaremos el desayuno.
12G P. ll'rancisco Finn, S. J.

El cielo se iba iluminando cada vez mas hacia el


_Oriente; los pajarillos empezaban a gorjear en el jardin
de mi tfo, y SUS trinos dcrramaron sobre mi 8,niJ.no COIDO 1111
rocio de consolaci6n.
- j fiurra ! l Salve, oh sol! - exelam6 mi compafiero
viendolo salir encendido en el horizonte -. Y ahora, En-
rique, dime por tu vida. 6Crees que hay espiritus en esta
casa? : ·. ,l
-Yo si lo creo. Pero tll, ~ que opinas, Tom 1 Dimelo
franca1nente.
Tom ensanch6 las piernas, cruz6 los brazos dctras de
la espalda, y se puso a reflexionar. De repente su faz se
ilumin6.
-Enrique - dijo palmoteando de gozo -, ya he dado
con el hilo q ue nos ha de desenredar este ovilh Ven a la
sala. - Y tom.:indome de la mano, inc arrastr6 consigo es~
calera arriba.
-Ahora - prosigui6 -, mira este reloj.
-& Que quieres que vea en el reloj Y
Tom me habia soltado, y se habia encaramado en una
silla para descubrir la parte superior de la caja. Su rostro
se ilumin6 sUbitament.e, mientras decia como hablando
para si:
-Lo sabia - y continu6 en voz al ta:
.-:Tu has oido dar las doce en este reloj, segun me
dices, ! eh I
-Ciertisimamente.
-Pues yo te puedo demostrar que el reloj no las ha
dado. Luego todo lo que crees haber oido y visto, ha sido
e:n suefios. j l\fira si no!
Y me hizo sefial para que yo subiera a mi vez adonde
eJ estaba.
Enrique Dy 127

- ! Que hay sobre el reloj 1


-Hay - dije -, una espesa capa de polvo y escrito
en ella tu nombre.
- ...l\.hora, Enrique, mira con toda atenci611 ese nomhre,
y procura fijarlo bien en tu memoria letra por letra.
Note que Tom hablaba seriamente, y asi obedeci a lo
que deeia, y mire con toda atenci6n aquellas 1etras.
-Enrique -prosigui6 Tom, luego que hubimos ba-
jado de las sillas-; ! has leido muchas historias de es-
pfritus f
-SL Dnrante los dos afios que precedieron a mi en-
trada en San Mauro, leia todas las qne podia haber a las
manos, hasta que el Doctor lo advirti6 y dijo a mi padre
que me hacian dafio. Afiadi6 que una historieta de cstas,
Jeida una vez, no podia ser nociva para un muchacho
sano; pero que, para uno que tuviera mi poca salud, nada
podia ser mas perjudieial.
-Bien por el Doctor. Pero p10 leiste de muehos es-
pfl'itus que se aparecfan a media noche, en el miszno ins-
tante de dar las doee f
-SL Pero mira 1 Tom - comence ya un poco irritado,
- no te metas en la eabeza haeerme ereer que he estado
sofiaudo ...
-Note enfades, Enrique. El que tengas una imagina-
ciOn excitable, nada tiene que ver. Pero- <lllne: &que raz6n
hay para que un espiritu espere, pa1'a presentarse, a que
den las doee ! Esto es una estupidez que se halla en las
tales novelas. Pero espera un poco y veriis.
Tom abri6 la portezuela del reloj y, despues de haberla
buscado un momenta, di6 eon la !lave.
-Ahora, Enrique, pongo la saeta media minuto antes
128 P. :H'rancisco Finn, S. J.

de las dace. ! Ves 1 Ahora le day cuerda. Y tu veras lo


que va a suceder.
El reloj comenz6 a andar y su tic-ta-0 me hizo estre-
mecer. Tom, siempre atento pal.·a adivinar mis impresio-
11es, me tom6 una mano y me la retuvo entre las suyas.
Se la estrechii en reconocimiento de su bondad.
·-Aguarda un poco - aiiadi6.
En seguida se empez6 a air lm rmnor de ruedas, y el
reloj comenz6 a tocar las doce. Al primer toque, '!'om me
pas6 su brazo por el cuello, lo cual le agradeei mucho;
pues en aquel momenta hubiera huido a cualquiera parte
par no air las campanadas de aquel reloj.
Trabajosa y lentamente acab6 este de dar los doce
1
toques, y l1om parecia, alegrisimo por lo acaecido, mien-
tras a mi me corria11 grnesas gotas de sudor por la f1·ente.
-Dime, Enrique; ! es este el sonido que producia el
reloj que has oido esta noche I
-Exactamente - conteste con prontitud-; solo que
por la distancia, producfa un efecto un poco diforentc.
Entonces Tom se encaram6 de nuevo sabre la silla;
mir6 la parte superior de! reloj y lanz6 un grito de triunfo.
-Quad era1t deinonstrandum. Lo que queriamos de-
mostrar, Enrique. Salta aca arriba y dime que observas.
Subi como antes a otra silla junto a Tom.
-Tu nombre esta un poco cnbierto de polvo - dije.
-Precisamente. 1Al sonar el reloj ha hecho saltar el
polvo de la ta pa. Y el polvo, al caer de nuevo, ha cubierto
las letras.
-Bien, &y que I - 1·epuse.
-Enrique - replic6 Tom levantando lo mas que pudo
su voz, - ! d6nde tienes el seso ! Si este reloj hubiera so-
nado a media noche, mi nombre hubiera quedado coma
En1·ique Dy 129

ahora cubierto de polvo. j Es asi que no lo eslaba cuando


lo hemos cxaminado hace un poco ... !
- i Ahora veo que tienes raz6n, y que he sido un maja-
clcro !... Es cvidente qlle el reloj no ha sonado a media-
noche.
-Y ipor consiguiente!
- j Por consiguiente, he sofiado que ha sonado ... , y todo
lo cleracls que he creldo vcr y oir, no ha sido mas que un
ensuefio!
-Ahora si que hablas coma un muchacho juicioso. Y
1nira si hice yo bie11 en cscribir mi nombre alli encima
anochc. Con esta firma he matado un cspiritu. La verdad
e~• que nunca he creido quc csta casa estuviera infestada
de cspiritus. Pero mo divcrtia cl lance de pasar aqui csta
i1oche.
~Ticnes raz6n, Tom. Pero acerca del misterio nada1

s2bc1nos mas ahora que. antes.


-No es dcl todo exacto ... al monos por lo que mira a
ti. Pero lo quc importa cs buscar a toda costa a Mrs. Ray·
nor. Ella cs quien puccle darnos nueva luz,

CAPfTULO XVII

En que nuestra historia vuelve a su olvidado argumento

Em una tarde dcl mes de Octubre. Habiamos reanu-


clado nuestros estudios, y nos hal18..bamos c6modamcnte
tumbados sobre la vcrdc hierba en un angulo de la hucrta
dcl Colcgio, Quip, Ruthers, Tom, Percy, White, Ricart
y yo.
Ei\"ltIQUI:': DY - 9
130 P. Francisco Finn, S. J.

Percy estaba sentado con la espalda apoyada en el


tronco de un arbol. Los demas estabamos tendidos en posi-
ciones diversas. Alli nos reuniamos una vez por semana,
para prepararnos al certamen proyectado.
Ninguno de nosotros habia abandonado los estudios
durante los meses de vacaciones. Antes de despedirnos
de! Colegio, habiamos convenido, "por el honor de! Co-
legio y de la clase", consagrar semanalmente cierto nu-
mero de horas a repasar nu~tros autores cl3.sioos. Para
obligarnos a guardar mejor nuestro compromiso habia-
mos quedado en que, a nuestro regreso, nos someteriamos
a un examen que nos habia prescrito el Padre Middleton;
y ademas, manteniam-0s mutua correspondencia acerca de
nuestros trabajos. ! Quien nos comunicaba toda esa desu-
sada energla ! (; Piense cada uno de mis lectores lo qne
le acontece en vacaciones, con sus prop6sitos de rcpasar
las materias cursadas !) ! Quien, pues, mantenfa firmes
nuestros prop6sitos ! No otro, sino Tom Playfair. Aquel
jovencito Ueno de animo, se habia metido en la cabeza que
nuestra clase habia de obtener la victoria en el certamen
de los eolegios reunidos, si con a1gunas fuerzas humanas
era esto posible.
Despu€s de nuestra vuelta al Colegio, el fue quien or-
ganiz6 inmediatamente nuestras Academias extraordina-
rias. Todos los martes y jueves, aprovechando la vaca-
ci6n, nos reunfamos sobre la verde hierba para estudiar,
conferir y discutir durante una hora sobre los temas de
nuestro empefio. Y por extrafi.o que parezca a a1guno de
11uestros amigos, aquella hora era para nosotros Ia mas
agradable de la semana. Ayudaba a ello el mismo interes
que ibumos adquiriendo por los estudios; pero no poeo,
Enrique Dy 131

la amable compaiifa de nuestros amigos y el anhelo de


lograr un fin que nos parecia noble y levantado.
Entretanto en nuestro exterior no habfan sobrevenido
notables mudanzas. Percy habfa crecido un poco. Gas-
taba todavia su traje negro con calzon corto; el cual senta-
ba perfectameute a su distinguida figura, aunque era ya
mayor que Ios muchachos que suelen vestir de aquel modo.
Tom, robusto como siempre, era dos dedos mas bajo que
Percy, y presentaba aquella misma imagen de vida, sinee-
ridad y alegrfa. Harry Quip se habfa eonvertido en un
rot® de biblwtooa. Deeididamente le daba por Ios traba-
jos de investigacion.
Keenan y Donnel no estaban ya eon nosotros. Habfan
pasado a la primera division de Ios mayores, dejando Ia
direecion de nuestro grupo a Perey y Tom.
En aquella reunion de Oetubre de que hemos eomen-
zado a hablar, Tom se mostraba de humor mas bullieioso
arm que solla, y apenas paso la hora en que tenfamos obli-
gaci6n de no tratar sino de los estudios, prorrumpio ale-
gremente.
-Chicos, os voy a dar una noticia magnifica. EI Pa-
dre Mjddleton piensa que quitamos demasiado tiempo al
juego, para emplearlo en el estudio.
-jVaya una noticia notable! - opino con burlona en-
tonaci6n Quip.
-Dejame terminar ! eh l El Padre ha reflexionado
seriamente sobre este negocio; ha conferenciado con el
Padre Rector, y ha obtenido lieencia para que podamos
acostarnos media hora mas tarde que los demiis, y en cam-
bio dediquemos esta hora a los juegos acostumbrados.
- j Al pelo ! - dijo White.
132 P. Francisco li"inn, S. J.

-En esta media hora, el Padre estara eon nosotros,


y nos guiara y ayudara en nuestros trabajos.
- j Quisiera ser Papa! - exclam6 Quip solemnemen-
te - lo primero canonizaria al Padre Middleton.
-No lo harfas - observ6 riendo Ricart-, pues antes
habrfas de mata.rlo y creo te lo pensarias un poeo.
- j Ya me parece-augur6 Tom en tono profCtieo-di-
visar en el horizonte una medalla de oro !
Y perdiendo de repente toda solemnidad, di6 un brin-
co co11 una estupenda zapateta.
-Piensa - dijo Ruthers - en las seis clase,s de otros
colegios que han de competir con nosotros. Y muchos
de aquellos colegiales son mayores, y han cstudiado mas
cursos.
-jLa cdad es lo de menos ! ~ observe yo.
-No importa nrncho - aiiadi6 Percy-. He leido
de algunos quc e11 muy temprana edad eran emine11tes en
varios estudios.
--Montaigne, cuando tenia siete afios, lefa los poetas
latinos, corno 11osotros en nuestro idioma.
-Si, pero cs porque su padre le habia rodeado dcsde
ehiquito, de pcrsonas qne no hablaban delante de 61 sino
en latin.
-Pero hay otros que, sin esto, han adelanta.do inn1e11-
s-amente en algunos estudios en poeos afios.
- j Desenga.iiao~. 'l~utlo cunsiste en tomar las cosas n
pecho - dijo Perey-. Natnralmente, co11tando con el
talento qne Dios da a cada cual !
-Ahora - observ6 Tom con aire reflexivo - conside-
remos con calma nnestras probabilidades. Carlyle dice quc
nnestros ... &c6mo cs aqnclla cita de Carlyle que trajiste
cl otro dfa, Percy?
Enrique Dy 133

~Nuestros deseos son presentimiento de 11uestra posi-


bilidad.
-Pl'ecisamente. Pero nosotros deseamos una n1iaja,
una n1iajica, obtener aquella medalla., ;, no es asi?
- i Oh! 1Un poco nada miis 1 - afiadi6 Quip abl'iendo
ojos tamafios.
-Perfoctamente. Luego, hemos tenido la gran suerte
de hace.r nuestros cnrsos con un mismo profesor. El ha
seguido nuestros estudios y sabe exactisimamente en guC
estamos fuertes y en que flojos. No ha tenido necesidad
de gastar cada curso dos o tres semanas en tomarnos el
pnlso y ver qne sabemos y qn€ no. Y sobre todo es nn
profesor excelente. Bl muchacho qne con 61 no aprende,
ha de. tener necesariamente la mollel'a de corcho. :Eh1 ter-
cer lugar, vivin1os en un ii1ternado, dond0 cs mis f3.cil
estndiar qne solo asistiendo a una clasc. En cambio, los
qne han de competir con nosotros son la mayor parte
cscolares externos.
-No te fies de esto; que externos hay, que estudian
terriblemente y pueden tomar a su voluntad todo cl
tiempo que quieren.
-Sea como guste. Pero i1osotros hemos estudiado
con todas las fuerzas el afio pasado y este, y nos hemos
ejercitado (y esto es lo principal) en continnas composi-
eiones.
-Este es cl as recto favorable - dijo Percy-. Y asi
era verdad.
Pero habla otro Ultimo argumcnto, que Tom no expuso,
y qne probablemente no le pas6 por cl pensamiento. Era
este; qne aquella pcquefia compafiia estaba formada de
muchachos extraordinarios por su talento, por su energla
y por SU piedad. Percy me parece el joven de mas talento
134 P. Francisco Finn, S. J.

que he conocido en mi vida. Despues de eJ venia inmedia-


tamente Tom. Ricart era un muchacho de memoria fe-
liz y de madurez superior a sus anos. Los demas eran
despejados, prontos y energicos. Considerado todo, aque-
llos jovencitos de calz6n corto eran m1a colecci6n de
muchachos de cualidades que rara vez se hallan reunidas.
La desusada actividad producida por el proyecto de
concurrir al certamen, nos hizo pasar mas velozmente
que de ordinario los meses de curso. Loi estudios nos
tenian tan absortos que, recorriendo aquel curso con la
memoria, no se me ofrece durante eJ hecho digno de con-
tarse.
Las ilnicas novedades que me distrajeron de mis libros
fueron los pasos dados por mi padre para descubrir el pa-
radero de Mrs. Raynor.
Mi padre habia puesto aquel asunto en manos de un
agcntc de invcstigaciones. El primer empleado de aquclla
agencia nos asegur6 que, aun cuando el caso ofrecia mu-
chas dificultades, no debiamos poner en duda el exito
:l'inal.
- i Si, senor - dijo con gran enfasis - ; la hallaremos
viva o muerta ! Nuestra agencia tiene ramificaciones casi
en todos los distritos de los Estados Unidos. Creame,
senor, que este asunto es para nosotros un juego de ninos.
No hace todavia dos afi.os, unG de nuestros agentes se
puso a buscar a cierto criminal que se habia fugado en un
buque al rio Zambeze. Lo sigui6 desde Am<\rica a Europa,
y luego le ech6 mano en el coraz6n de! Africa. Nosotros
no dormimos, sefior.
Considerando sus ojos enrojecidos, pense que, real-
mente, una buena dormida hubiera venido de perlas a
aquel investigador infatigable.
Todavia no hacia dos semanas que yo habia vuelto a
San Mauro, cuando mi padre recibi6 un telegrama del
siguieute tenor:

"rrenemos un hilo en nuestras manos. Mrs. Raynor


fue vista en S. Luis dos noches despues de la tragedia. En
breve recibira usted nueva.c;; noticias."

Hor'aC'P Thinke-r,
}e(e de la Ofic/na de /J1vestl}!ac/6n

A los oeho dias, recibi la signiente carta, transmitida


por mi padre:

"Ha sido una equivocaci6n. No una Mrs. Raynor, sino


nn Mr. Raynor, fue quien estuvo en S. Luis dos noches
despues de la tragedia. Green, uno de nuestros mas ha-
biles empleados, asegura haber hallado un nuevo rastro.
No dira cosa alguna hasta haber reunido datos decisivos."
Probablemente el bueno de Green no lleg6 a reunir las
datos decisivos; pues 110 volvimos a air hablar de el. y
todos aquellos agentes, tan necesitados de suefio, guarda-
ron un prolongado silcncio.
En Enero, el infatigablc Mr. Thinker anunci6 que Mrs.
Raynor habia sido por fin hallada. Una semana mas tarde
hubo de confesar que el nombre de la encontrada no era
Alda, sino Gertrudis; quc tenfa mas de 70 afios, y que,
aun cuando par su edad podia ser abuela de :Alda, no
tenla. parentesco alguno -con ella.
Mr. Thinker volvi6 a caer en un misterioso y vigilante
silencio.
Durante este curso Percy y Tom fueron instrumento
de un gran progreso entre Ios colegiales menores. Pero
138 P. :F1rancisco B'inn, S. J.

para que el lector lo comprenda enteramente, es menester


1
decir cuatro palabras sobre los 'Conipad1~c,s ladir.:os".

CAPfTULO XVIII

"Los Compadres ladinos"

Durante el primer afio de mi estancia en San !iauro,


entr6 en el Colegio m1 muehaeho de 12 aiios, de rubios
eabellos y ojos azules llenos de malieia; la nariz ligera-
mente arremangada y la boca risuefia, mostraban en el
una gran inclinaci6n a la alegria. Esta inclinaci6n se
fue desarrollando eon los meses de Colegio, de suel'te
que en primavera se habla ya dado a eonocer como el
gran burlador de la division de los pequefios.
Willie Tipp (que asi se l!amaba) era un muchacho de
buen coraz6n, como muchos otros de! pensionado de San
l\fauro; pero no menos ligero e irrefl€xivo.
Cuando terminadas las vacaciones volvi6 al Colegio a
principios de Septiembre, se hizo el adalid de su division.
Todos los colegiales amigos de chanzas, todos los atur-
didos y muchos de los peores, se agruparon bajo su ban-
dera.
En aquella temporada uos !eian durante las comidas la
historia de Oliverio Twi.t, y la viva imaginaci6n y tempe-
ramento l11rmoristico de Tipp se e.xaltaron con la. descrip-
ci6n de los Cornp'adres Wdinos.
Una hermosa tarde de Septiembre se procur6 un traje
parecido al que Dickens hace ponerse a su irrteresante la-
dr6n, y tomando la actitud y los gestos de su prototipo,
Enrique Dy 13'7

aquel loquillo de Tipp casi nos hizo morir de risa. Des-


dc aquella tarde su nombre de Tipp cay6 en desuoo, y no
se le design6 sino por cmnpadre.
Al dia siguiente se puso a convencer a :B.,rank Burdock,
quc debfa poncr una prenderia, coma la del judio Fagin; y
comision6 a cinco o seis de sus can1aradas, para que re-
corriendo el patio, hurtasen a las descuidados paiiuelos,
lapiees, y cuanto con habilidad les pudieran sacar de los
bolsillos.
-Mira, 1''agin - dijo a Frank-; todo cuanto podre-
mos haber a las 1nanos, tc lo traeremos. TL1 pondr<is
un 11Umero en una tarjeta y la fijarii.s en cada objeto reco-
gido. Al cabo de un rato, cnviare a uno de los n1los al mu-
chacho a quien se le haya sustraido una cosa, para hacerle
saber d6nde esta. Lo dcmas correra de tu cucnta...
-Si -ob£erv6 Prank-. El interesado vendra contra
rrtf., y me dar<i un eoscorr6n 1 o me ha.ra algUn cumplido
semejante. No, qucrido mfo; no quiero jugar a prendero.
- i Anda, hombre! Yo dispondre que te rodecn mu-
ches de las nucstros para que te defiendan. Cuando un
dcspojado llcgue a ti, tu le diras que eres un pobre Hamada
Fagin, quc no le puedes volver su prenda, si note da una
pastilla de chocolate par eada objeto.
-Y no me la dara.
-Si dara. Anda: vete a aquel angulo y disp6n tus
billetes, mientras yo te busco banco que te sirva de mesa.
Tipp logr6 persuadir a Frank , el cual, al poeo rato
estaba en pie detras de un banco provisto eon seis pafiue-
los, tres lapiees, dos silbatos y una eartera de bolsillo.
Tipp habia acertado. Las vietimas de aqucllos hurtos,
llevaban sns perdidas con muy buen humor, y redimian
iS§ P. Franc1sco Finn, S. J.

de buena gana slis prehdas, mediante los siempre popu-


!ares chocolatines.
Cuando son6 el primer toque de campanilla que anun-
ciaba la hora de clase, treinta pastillas de chocolate ha-
bian llegado a poder de Frank. Entonces la regocijada
banda de rateros, compuesta de eincG individuos, se con-
grego en torno de! prendero.
-Prank - dijo Tipp-, has trabajado magnifica-
mente.
- ! Eh que si ! - exelam6 Prank.
-Ahora, muehachos - prosigui6 Tipp dirigiendose
a sus eamaradas - , vamos a repartir el botm con toda
exactitud. Prank, saea los choeolatines.
-iLos chocolates! - pregunt6 Prank admirado -
me los he ido comiendo a medida que me los han dado.
Dieho esto y vista la aetitud de sus c6mpliees, Frank
no hallo otro remedio sino echar a eorrer mits que d0
prisa, para evitar una lluvia de golpes.
Por esta eausa nG se repiti6 el juego; pero los ladro-
nes reformad(}S no remmeiaron por ello al tltulo de Gom-
p,adres ladirlips.
Poeo a poeo se introdujo la eostumbre de eonsiderar
eomo de la band.a de Tipp a tGdos los que andaban con
el de ordinario, y asi aument6 la celebridad de Tipp. Bajo
muches conceptos tenia aquel muchaeho las dotes a pro-
p6sito, para hacer de el un cµbeoilla. Era de buen carac-
ter, e11€rgico y sincero. Pero sobre todo, poseia una gran
inventiva. Siempre trafa algo nuevo: ya era Uri juego,
ya una burla a expensas de alguien. Cualquiera cosa que
fuese, sus camaradas contaban siempre cou algo diver-
tido y raras veces se engaiiaban.
El sal6n de estudio era el teatro preferido para las
~n.rique Dy 139

burlas y bromas de Tipp. Allil no habia pasado una se-


mana del curso, cuando Willie hizo su primera proeza en
aquel santuario del sileneio y el trabajo.
Broadhead, el colegial que estaba a su lado, y era ge-
neralmente conocido por el apodo de An<irq1uico, por el
ordinario desorden de su crespa melena y por su habitual
menosprecio del orden y de la disciplina, sac6 una pis-·
tola de plomo, y disparo una bolita de papel a la cara de
Tipp. Cua! seria la sorpresa de Broadhead cuando Willie
dio un tremendo berrido, salto de su asiento y, con ;il ros-
tro demudado, eorrio a la catedra del profesor, gritando
a voces:
-Padre Middleton, alguno me ha disparado a la cara
con una pistola.
El Padre hizo un gesto severo, que paro en seco al
burlon; y con SU VOZ resuelta, y que solo pudieron oir los
cercanos, le dijo :
-Tipp, si tiene usted la bondad de ensefiarme el sitio
preciso de su rostro, donde ha sido herido, le hare una
caricia.
Tipp no volvio a aventurar una broma al Padre Midd-
leton; y el An<irqwico perdio su pistola.
Pero lejos de perder animo, 'ripp no hizo sino cambiar
su base de operaciones. La segunda hora de clase era
desempefiada por un auxiliar llamado el senor Auber.
La tarde que siguio a la burla fracasada de la pistola, Tipp
solicito por reconquistar el prestigio perdido, tom6 su
botellita de tinta carmin, y con gran alegria de muchos
de sus admiradores, se pinto de rojo la punta de la nariz.
Cubriendose entonces la boca con el pafiuelo, se dirigio
apresuradamente a la catedra del auxiliar, haciendo se-
fiales con la mano libre.
140 P. Frnn<:isco li'inn, S. J.

Parec:ia que se f.rataba de nna iuerte hen1orragia 11a-


sal; y el auxiliar, quo todas las tardes ncgaba a Tipp el
solicitado permiso de salir de clase, esta vcz se rindi6 y le
hizo seiial de que saliera. Tipp, disimulando el gesto pi-
caro que hizo a sus camuradus, sali6 de la sala con la n1ayor
solemnidad posible.
Uruinimemente se celebr6 aquella broma como un
triunfo de Tipp, y se resolvi6 rcpetirla todas las tardes,
aunque irla variando cada d:ia el inuchacho de la nariz
colorada.. Todo fue a pedir de boca durante una semana.
Pero habiendo llcgado el turno a Broadhead, se desanim6
este cuan<lo, al entrar e11 la clasc, vi6 que, e11 I,ugar del
senor Auber, presidia cl Padre 'l'ie1nan. Ya habfa renun-
ciado interiormente al lance, cuando un billete de 'l'ipp le
comunic6 nuevo atrevimiento.
'J.1ifi6se, pues, la nariz, y sc ace1·c6 co1no de co::>turn-
bre al pupitre de! prefecto. Todos los colegialcs miraban
con disimulo c6mo acabaria uquclla aventura.
-P6ngase en este rinc6n con .la nariz mirando a la
pared-le dijo el P. Tieman-; y si en toda la hora mues-
tra no mas la punta a cualquieTa de sus compaiieros, le
llevare a mi cnarto y le aplicare privadamcnte la medi-
cina necesaria.
Despues de €.Sto, no se repitieron ya mcis los casos de
hemorragia nasal.
Entonces Tipp tom6 como teatro de sus burlas el patio
de juego. La verdad es que no tenia mal fondo; por lo
cual sentla a menudo alglln remordimie11to, cuando sus
burlas pasaban de la raya. En tales casos solia consultar
a Tom, y al influjo de este se debi6 que la banda de los
Cornwdres l.adinos no llegara al colmo de la impertinen-
cia.
En-rique Dy 141

Una tarde cicrto numero de colegiales estiibamos sen-


tados en un banco al extremo del patio, cuando el Anar-
qnico sac6 un cigarrillo, diciendo:
-Ardo en deseos de fumar lUl poco.
Tipp echo una mirada en derredor. Estaba ya basfan-
te oscuro, y en lugar de! Padre Prefecto, vigilaba a los
alumnos el sefior Auber.
-Yo tc dire c6mo has de hacerlo, An&rqu,'ico - dijo
rripp -, para Iumar tu cigarrillo sin temor de ser descu-
bicrto. Estate sentado ahl, y diez o doce de nosotros esta-
remos en pie rodeandote. El ecfior Auber podrii advertir
que niguno fuma; pcro no podra averignar quien es .
..1_'\. todos ,parcci6 esta 1ravesura sa1ad1sima 1 yen seguida
nnos cuantos rodearon a Broadhead, quic11 encendi6 su
pitillo con aire triunfante y comen.W a fumar. Para dar
mayor importancia al jucgo, fue pasando el cigarrillo
a cada uno de sus amigotes, como una pipa de paz.
El sefior Auber no tardO <311 pcrcatarsc <lcl olor dcl
tabaco, :r se- fu6 aeercanc1o lentamente a nuestro grupo.
Pero el ciganillo desapareci6 mucho antes de que llcgara
a donde estabamos.
-Buenas tardcs, muchachos.
Nos quitamos cl gorrito y proenramos n1ostrar perfecta
ttanqui1idad; pero ninguno sc atrcvi6 a dccir palabra.
El pobre sefior se qued6 eortado.
--file parccia ... ~ e1npez6. Pero se ataj-0; sc quit6 el
son1brero, paG6se la mano por el cabcllo co11 adem:in em-
b<i.razoso, y sc alcj6 <lejando a Broadhead lugar para vol-
·vcr a su intcrrnmpido pitillo.
La tarde sjguiente proc·c1r6 no acercarme al hanco
donde sc hahian jnntado, como de costurnbrc 1 varios de
142 P. Francisco Finn, S. J.

los Cmnpadres 1adJnos. Pero luego me dijeron que hubo


alli gran cantidad de cigarrillos, de que habfan hecho
provision clandestinamente Broadhead y otros; y a poco
el aire estaba cargado del olor de! tabaco.
Con universal sorpresa, el Padre Middleton, que raras
veces bajaba al patio por la tarde antes de sonar la cam-
panilla, apareci6 de repente.
El grupo maleante comenz6 a disolverse. Pero el
Padre hizo un gesto que significaba claramente: Quedaos
donde estais.
-J Nos ha fastidiado ! - mnrmur6 Tipp, mientras el
Prefecto se adelantaba riipidamente.
~De todas maneras no puede determinar quien ha
fnmado - sngiri6 Ricart.
-Ta! vez no - observ6 Tipp - ; pero de una manera
u otra nos la hara pagar.
-J Oh! - exclam6 Broadhead - ; si no nos puede cas-
tigar sin sorprendernos in fraganti, yo apuesto que no me
castiga a mi.
- ! Que haceis ahl, chicos Y - pregunt6 el Padre, ha·
cicndo como que no habia oido la bravata de Broadhead;
! por quo no os sentais Y
Todos obedecieron, procurando en vano mostrar de·
senvoltura.
-Ahora os quiero proponer una dificultad de Cate-
cistho. Supongamos que un ladr6n, para llevar a cabo un
robo, se valiera de! auxilio de tres compinches suyos. Ayu-
dandole ellos se apoderan de cien duros. ! Me entendeis 1
-Sf, sefior - eontest6 Tipp.
-Ahora, pues, decidme: ! quien esta obligado a resti-
tuir lo robado 1
Enrique Dy 143

-El ladr6n, naturalmente.


-Pero suponed que el ladr6n muera sin dejar un
ochavo. En este caso ! quien habra de indemnizar al
robado 7
-Oreo que los tres c6mplices - dijo Rieart.
-Supongamos que los cuatro fueran llevados a juicio,
y convencidos de haber tornado parte en el robo. b Onan·
tos deberian ser castigados7
-Los cuatro - dijo Tipp.
-Perfectamente. Pero ahora aplfoad esta doctrina a
vuestro fumar clandestino. El fumar esta prohibido por
cl Reglamento de! Colegio y quien lo quebranta esta sujeto
a castigo. Asi, pues, la primera vez que os pongais de
acuerdo para que uno cualquiera pueda fumar impune-
mente, sereis castigados todos. Por esta vez os perdono.
Broadhead, dese<r tener con usted un poeo de conversa·
ci6n.
El An<irquico se acord6 mucho tiempo de aquella con-
ferencia.
Entonces el incorregible Tipp convirti6 la sala de aseo
en teatro de sus travcsnras, y el senor Auber se vela ne-
gro para jmpedir en ella graves des6rdenes. Era un hom-
bre timido, excesivamente reservado, y mostraba con de·
masiada frecuencia la gran dificultad que tenfa que veneer
en continua lucha con sus inquietos discipulos. De ordi-
nario se limitaha a pasarsc la mano por el cabello y mos-
trarse muy molestado.
Los Comp~d1'es w,;nOB tenian generalmente mucha
eompasi6n de el, porque era muy bueno, y le querian de
verdad; pero su remordimiento al verlo tan abatido, no
auraba mucho rato y no bastaba para moverlos a en-
wienda.
144 P. Francisco Finn, S. J.

Cie:rta mafiana. de Diciembre las eosas se JiarO)l mas


que de ordinario. Algun diablejo habia puesto en la es-
tufa ciertas semillas, cuyas emanaciones hiciero11 estornu-
dar un rato a todos los alumnos. Los tubos de! agua esta-
ban obstruldos y los colegiales tcnlan qlle sa1ir a llcnar sus
jarros en la fuente exterior. Cuando tornaron a la Sala,
la puerta estaba cerrada con llave. Esta trettt no estaba
en el programa; pero fuC una inve11ci6n del An.drquic:o,
adoptada a ultima hora.
El pobre sefior Auber cstaha desalentado, en tCrminos
que no podfa ocnJtar SU abatimiento; bien qne las mas de
los muehacbos estaban demasiado alborotados para echar-
lo de ver.
Todo aqnel dia los Compmd1<1fS la.din<Js anduvieron mas
soliviantados que de ordinario, y despues de Ia mcrienda,
los eabecillas sc jnntaron en un ;\ngulo de! patio, y tcnian
alll al parecer una reuni6n in1portantc.
Tom, Percy, Quip y yo mirabamos desde una vcn-
tana.
-& Sahlis chicos - dijo Tom-, que Tipp comienza a
perder su ascendiente sabre csa pandilla?
-& Es posiblc? ~ co11tcst6 Percy-. j J\Ic parecla
que los movfa a todos con cl dcdo mcfiique !
-Sf, pero ahora le han ganado por la mano, y 1ne pa-
rece quc esta a punto de suplantarle el Anarqui,;<J. Tipp
esta muy irritado, a~l por esto con10 por ver que las tra-
vesuras contra el sefior Auber pa.san mucho de la. raya.
Hoy me ha dicho quc querfa scpararso de ellos.
-& Lo hara? - obscrY6 Harry.
--Dice que ya lo hubiera hecho, si no fuera por impe-
c1ir que aqnellos botarates sigan cicgamenlo las ideas de!
Anarqiiioo.
Enrique Dy 145

-La verdad es que me parece - interrumpi6 Quip -


que esos diablejos estan forjando alglin plan. Tipp esta
alli; pero lleva la palabra el Anarquico, y no parece dis-
puesto a dejarla. Tiene el pelo mas erizado atm que de
costumbre, y si continUa excit8.11dose, acabara por leva11-
tarle cl sombrero de la cabeza.
-Tom - sugiri6 Percy, - pw seria mejor que fue-
ramos alla '?,Tu puedes influir en cllos mas que Tipp y el
Aniirquico juntas.
He de advertir que, merced a su popularidad, Tom y
Percy eran mfrad-0s como miembros h<mmw-ios de las
Comi[Yf1di·es ladinos.
-Me parece que no estaria ma! - dijo Tom-. Tanto
mas cuanto que 'i'ipp me ha rogado le ayude. He estado
pensando en ello todo el dia; pero no se me ocurre la mas
minima idea ...
-Bueno; vamos alla, - dijo Percy-, y mientras ellos
hablan, sc te ocurrira lo que hace falta
-Vamos - observ6 Tom-. No podemos hacer nin-
gun dafio y cs posible que hagamos algun provecha. Ven
conmigo.

CAP1TULO XIX

Donde Tom y Percy acuden en socorro de Tipp

Tipp nos recibi6 con cntusiasmo, y di6 lugar a su lado


a Tom y a Percy.
-6 Que pensais hacer ahora, chi cos? - pregunt6 Tom.
-Estabamos hablando de cuantas habiamos jugado
esta semana al senor Auber - dijo Broadhead.
1'.:NRIQUE DY - 10
146 P. Francisco Finn, S. J.

-Si, ha sido una buena treta, .Anarquico; excepto


el habernos cerrado fuera del lavabo - observ6 Tom, -
y esta ha sido hazafia tuya. A otro no se le ocurre que de-
jarnos expuestos al frio sea una broma graciosa.
-l\ie ban dicho - observ6 maliciosamente Quip -,
que cuando el Aniirquico era pequefio, su padre le leia en
los peri6dicos todas las desgracias: descarrilamientos, ase-
sinatos, etc., y que cuanto mayor era el numero de muer-
tos, 01 se reia tanto mas.
-Es asi - dijo Tipp, siguiendo la broma -. Y en
vez de llevarle al teatr(} o al cine, le llevaba al matadera
a ver deg(}llar los cerdos. Era el espectiiculo que mas le
divertfa. ·' :.· ... ·-· ·_i~r.~~jl
-Vaya, vaya - replic6 Broadhead, _: si (}$ quereis
burlar de mi, me marcho.
-Pero hombre! esto te parecen burlasi - dijo Quip.
-Si; y las pondre fin echiindote por la balaustrada -
grufi6 el Aniirquico.
- ! No seria mejor que te hicieras sangrar la nariz ! -
observ6 suavemente Percy. - La sangre te recordaria
aquellas diversiones antiguas.
Broadhead se arroj6 contra Percy y le dirigi6 un pufie-
tazo que, si le acertara, hubiera descompuesto no poco
las delicadas facdones de nuestro amigo. Pero este se
separ6 tan ligeramente, que el pufio de Broadhead fue a
dar violentamente contra la pared.
Un memento despues, Percy estaba vendando cuida-
dosamente el pufio herido de su adversario, como si Broad-
head hubiera sido su miis querido amigo, y le pedia per-
d6n por la burla con que le habia sacado de quieio.
-No debfas ser tan rabioso, Aniirquico - le dijo Tipp.
Enrique Dy 147

-Rabrias de saber aguantar una burla, como hacemos


los denms.
--Seguramente - exdamaran lgs otros a coro.
La. broma de Quip habia producido su efecto. Broad-
head, arrojandose a aquellos extremos y quedando en tan
mala postura, habia empezado a perder su credito.
-Asi que - continu6 Tom como si tal cosa - habla-
bais de las bur las hechas al senor Auber. Y Ade nada
mas!
-Preparabamos otl'a travesura para mafiana. Enton-
ees si que se pasara la mano por el cabello hasta que se
quede calvo. :.c, ~·-.J-_ ,~ k;_;_:}til:W··
-Y ique sera! - pregunt6 Tom.
-'l'odavia no estii todo preparado; pero en sustancia
sera asi: Maiiana despues de comer hay vacaci6n, y los
que tienen buenas notas podran salir a paseo. Los mas
de nosotros 110 las tencmos, pero saldremos en todo caso.
-Mira: Esperaremos que el Padre Middleton se vaya
a comer, y nos juntarcmos cerca de la bomba. Alli comen-
za1·emos a cuchichear y hacer gestos como si tramaramos
alguna. El senor Auber se acercara para husmear de que
se trata. En aquel momento vendran dos companeros que
tienen permiso para salir, y diran en voz alta :-iNos da
permiso para salfr, senor ,Auber! - Naturalmente, dira
que si. Entonces, como silo entendieramos dicho para todo
el grupo, empezaremos a saltar y gritar dandole las gra-
cias. Y antes que el vuelva en si de su sorpresa, ya nos
habremos Iargado todos. Lnego alegaremos que el senor
Auber nos habia dado permiso.
-Es una idea magnifica..Mas ingcniosa que cuantag
habeis imaginado hasta ahora - observ6 Quip.
-&No es verdad 1 - exclam6 Tipp alegremente.
148 P. Franciseo Finn1 S. J.

-Y muestra mucho talento - anadi6 Tom.


- ! Crees que saldra bien, Tom!
-Si, pero con una condici6n.
-&Cua!!
-Que procureis mentir con el mayor descaro posible.
El rostro de Tipp se oscureci6.
-No. No me gusta decir mentiras. Hasta ahora lo
hemos evitado.
-Y naturalmente - observ6 Percy-, no vais a co-
menzar ahora. Y luego deberiais pensar que afligis al
senor Auber mas de lo tolerable! l Tan bueno como el SC
muestra con vosotros ! Ya veis cuantas veces os podrfa
castigar y no se resuelve a hacerlo.
-Es verdad - interrumpi6 Tipp-. Una vez me
mand6 escribir cincuenta llneas par hablar en filas. Aguar-
d6 una semana y luego me perdon6.
-Lo cierto es - anadi6 Tom-, que el no castiga sino
cuando no puede menos de hacerlo. Pero si tanto lo apu-
rais, lo tomara de otro modo. Es un poco timido; pero si
llega a declararos la guerra, temo que el Anarquico echara
sangre par la nariz.
-Hazme el favor de no aludirme en tu sermon - d.ijo
Broadhead mohino y alejandose.
-Indudablemente - dijo un colegial que al mirar,
metfa un ojo dentro del otro -, ya le hemos hecho dema-
siadas al senor Auber.
-Si, si - asintier-0n varies.
-Asi es - observ6 otro -, y el no lo merece, par lo
muy bueno que se muestra con nosotros.
-Los alumnos de Ret6rica dicen que, en la explicaci6n,
es un hombre extraordinario. Que habla coma si leyera
Enrique Dy 149

en un libro, y se entusiasma con la Poesia. Entonces pier-


de su aire de timidez y parece m1 orador genial.
-Y no obstante - observ6 Quip-, nosotros le trata-
mos como si fuera un qnidam.
La conversaci6n se generaliz6 en este tono, y muchos
colegiales que, en presencia de Broadhead, no se habfan
atrevido a manifestar sus sentimientos, ahora se pronun··
ciaban resueltamente en favor de! senor Auber.
-Pues mirad - dijo Percy-, a pesar de todo esto,
el pobre senor Auber esta persuadido de que todos estais
contra el. Re oido decir que pensaba renunciar a su cargo
de auxiHar de! Prefecto, persnadido que no puede desem-
pefiarlo bien.
-Pues ya que se trata de darle una sorpresa - eonti-
nu6 Tom animandose mucho - se me ocurre que podrfa-
mos matar dos pajaros de un tiro: esto es, darle una sor-
presa, y mostrarle al mismo tiempo la buena voluntad que
le tenemos.
-& Cua! es tu proyecto ! - pregunt6 Tipp.
-Por ejemplo: podrfamos contribuir cada uno con
alguna cantidad y comprarle un regalo, que tu podrfas
presentarle, pronunciando un buen discurso en nombre
de los CO'mparZres ladinos.
Por un instante rein6 el mas profundo silencio. En
efecto; la propuesta de Tom era excesivamente osada.
-He aqui dos d6llares, Tipp. Es todo el dinero que
tengo - prosigui6 el impertfrrito Tom-. Si tuviera
mas, lo darfa de muy buena gana.
- i Perfeetamente ! - exclam6 Tipp-. Yo no tengo
mas que cincuenta ccntimos y debo cincuenta y cinco.
Pero no importa; ya pensare en mis deudas mas adelante.
Helos aqu1 todos.
-Tipp pmo sn dinero oon el de Tmn en ru gorra, y
eome!l7Ji a pedir a fog presentes; y euando lntho termlnado
la vuelta, n-0 quedo un muehael1-0 que poseyera urui perra.
-A pr-0p&iito - dijo Quip-, hay 1111 artfonlo en el
Reglamento del Colegio, que prohloo a 1-0B alumnos haeer
regal-OB a los profesores.
-Loo Compadres Minos no se apnran por un artienlo
ma., o menos del Reglament.o, - ohservo Tipp 'Xlll mia
mu.eca. despeetiva.
-Bjen; pero e] SE'fi.or Auber sl: y no a.d.mitiri. nuestro
obsequio.
- i Y si pidi€-ramos permiBo al Padre Reef.or~ - in-
sinu6 Percy.
-Sf, Perey - dijo Tom, mientras ayudaha a Quip a
eonta:r el d]n€:ro reeaudadD. ~Id tU, Tipp y Enriqu-e D;-,
y pedid e1 ffi'.rmis-o. mientras -yo euent.o estos eu.art.os.
Los tres eehamos a eorrer.
El Padre Reet-0r e.<taba sentado en sn eseritorio, exarrd-
nando atentamente rm papeL Nos rreibiO eon n:ru; wn-
risa nn poeo fo:rzada, y eehe de ver qne no e.'<taba de huen
humor. eomo si a1-go le preoeupase.
-Padre - comen.z6 Perey-~ desearlamos haeer un
regalo a nno de los Profesores.
-Ko esta permitido, Perey. Os doy en !'11 n<J!llhre las
gra.e-ias por -rnestro- deec:eo.
-Pero. Padre. no es preei.sameute un profeso:r. Se
trata de 1l'.ll auxiliar de fu€ra.
El Padre R.eetor nos miro BUSpenso.
-Se trata.- prosigul6 Petey-, de1 senor Auber. Los
Con.padres lad.i'IWs auisieran haeerle un l'<'?'llo.
La sonri:;a del Padre R.eetor me pareei6 mneho mas
Enrique Dy 151

expansiva. Tom6 el papel que habla estado examina,ndo,


y lo hizo menudos pedazos.
-1Los Compadf'es Wdioos? - dijo.
-Sf, Padre - intervino Tipp. - Le agradeceremos
mucho nos de este permiso.
-Los Compadres wdinos pueden regalar lo que quie-
ran al senor Auber - dijo el Padre Rector.
-Quisiera saber que papel era aquel que ha roto el
Padre Rector - dijo Tipp, mientras volvfamos alboroza.
dos al patio.
-Yo tambien - dijo Percy.
Nunca me olvide de aquel papel, y siete aiios mas tar.
de, supe del mismo Padre Rector que era una nota de las
razones en pro y en contra de la expulsion de Tipp de! Co-
legio. Precisamente en el instante en que llama.mos a su
puerta, habfa resuelto despedir a Tipp al dfa siguiente
como promotor de des6rdenes.
- ! Sabeis - nos dijo Tom cuando le anunciamos el
exito de nuestra embajada, - que tenemos exactamente
19 dollares y 75 centimos j
-! Lastima que no podamos llegar a 20 I - suspir6
Tipp.
-Podremos de seguro - aiiadi6 Quip-, td6nde est.a
el Anarquico? •
-Sf, si - grit6 Tom - escuchad chicos: o nos af!oja
esos 25 centimos o lo despedimos de nuestra asociaci6n.
Cinco minutes despues, Broadhead habfa presentado,
Sll dimisi6n; pero faltaban los 25 centirnoS.
Entonces Tipp corri6 a la Sala de aseo; tom6 su ma-
llo, qne era envidia de todos los alumnos de la division
de los menores. Tom le habia ofrecido por el un d6llar;
- -'<'-~ ~ ,'. -_:-; -., . ··.:?r<~·:.:-:.9<.
'.....,,__ : ~-~.~
152 P. Fran<'.lsco Finn, S. J.

Percy uno y medio. Pero Tipp hab]a declarado qne no se


pagaba co11 dinero.
Pidi6 licencia para ir al patio de los mayores, y volvi6
a poco sin el mallo, pero con los 25 eentimos que haeian
falta.
-Ya tencmos los 20 dollars, Tom.
Cuando los colegiales supieron cl heroieo sacrifieio de
Tipp, se quedaron maravillados. Tipp fuc el Mroc de!
momenta, y aque!la noche al acostarse, era el mas popular
de los n1uchachos de San Mauro, y creo que hasta el mas
feliz que jamas haya existido.
Tipp tenia en el fondo buen eoraz6n.

OAPfTULO XX

En que Percy anda descalzo por prlmera y tlltima


vez en su vida

-Enrique - me dijo Perey un momenta antes de las


oraeiones de la noche - <'011vie11e que tengas. los ojos so·
bre Broadhead.
-b Que se propane haeer el Anarquieo 1
-Esto es precisamente lo que yo trato de descubrir.
En el intermedio entre la primera y la seg·unda clase,
Tom, Tipp y yo paseabamos hablando del reloj de plata
que estamos para comprar al seiior Auber, cuando Broad-
head se nos ha acercado y ha dicho a Tom una palabrota
-Y Tom ;que ha hecho?
-Ha preguntado al Anarquico si quer!a un caramelo,
Entonces este se ha enfurecido y le ha desafiado a pelear,
Enrique Dy 153

se. Tom se ha echado a reir. Broadhead se ha arrojado


sobre el; pero Tipp y yo lo hemos agarrado por los bra-
zos y le hemos detenido. Echaba espumarajos de rabia y
ha dicho: - No importa; pronto nos veremos cara a cara
- y se ha alejado desahogandose con una porci6n de pala-
brotas.
-El Anarquico es un hueso duro de pelar. Y Tom
! estii preocupado?
- ! Preocupado? Creo que no; pero no deja de haber
motivo. Yo temo que Broadhead estii tramando alguna
mala partida. Es un muchacho malo, y por lo que en el
he visto, juzgo que es muy vengativo.
Lo que sigue lo supe por relaci6n de Percy.
Este pas6 la. noche nmy inquieto, sin poder dormir,
reflexionando sobre las palabras y conducta de Broad-
head. Hacia la media noche se durmi6 con suefio muy
agitado. Sofiaba qne Tom se hallaba al horde de un pre-
cipicio y que Broadhead se le acercaba ocultamente; el
se esforzaba por gritar y advertirlc su peligro; pero su
lengua no le obedecia. Broadhead seguia avanzando mas
y mas y Tom no advertla. SU riesgo inminente. En un ins-
tante, Broadhead se le arrojaba encima y Tom desapare-
cia en el abismo con un grito desgarrador.
En este momento Percy se despert6 y se hallo sentado
en su cama, con el rostro cubierto por un sudor de con-
goja. i Como di6 gracias al Senor por haber sido todo
aquello un suefio ! Salt6 de su cama y se aeerc6 a la de
Tom. Este dormfa tranquilamente con la cabeza apoyada
sobre el brazo.
Luego mir6 Percy a la cama de Broadhead y se estre-
meci6: la cama estaba vacfa. Movido de un secreto impul-
so, Percy se pnso los pantalones y corri6 a la puerta del
lM P. Francisco Finn, S. J.

dormitorio. Estaba eerrada. Consiguientemente, Broad-


head debia haber salido por una de las V'entanas que daban
sabre un tejado.
Rizo lo mismo Perey. Saito desde el tejado, aunque
estaba doee pies de alto sobre el aspero suelo, y el nose ha-
bfa detenido a ponerse los zapatos. Al tocar en tierra sinti6
un vivo dolor en un pie1 pero no hizo ca.so y corri6, como
si se hubiera tratado de salvar Ia vida, hacia el salon de
estudio. Aeertaba en ello; pues apenas estaba cerca, divi-
s6 a la luz de Ia luna a Broadhead que saltaba por una
ventana.
Tambien Broadhead le ech6 de ver inmediatamente, y
se apresur6 corriendo con todas sus fuerzas haeia la puer-
ta de! Colegio, con una ventaja de cuatrocieutos pasos.
-Ahora habra que hacer una larga carrera - se dijo
Percy; y tom6 un paso mas sosegado, pero mas sostenido.
Para entender lo que sigue, es menester advertir que
Broadhead era uno de los muehaehos mas fuertes del Co-
legio. Habfa empezado su earrera en San Mauro pegando
a cineo o seis de los Compadres ladinos, por lo cual se
hacia mueh.o caso de el. En Casi todos los juegos se dis-
tingula como atleta, principalmente en el base-ball en que
no eedia sino a Donnel. Percy era un poeo mas alto, pero
mucho menos fornido que el..
Broadhead, despues de atravesar el caneel, se dirigi6
corriendo hacia Pawne-Creek. No es posible asegurar si
sabfa quien era el que le persegufa. Pero probablemente
sospechaba que no era un colegial, sino mas bien alguno
de los sirvientes de! Colegio. Como qufora que sea, corrfa
muy bicn, y durante algunos minutos aumentaba la dis-
tancia que le separaba de su seguidor. Percy por su parte
sostenfa el paso y respiraba sin dificultad. A poco Broad-
Enrique Dy

head empez6 a perder el aliento; hubo de correr mas des-


pacio, y entendi6 que, sino apelaba a alguna estratagema,
tarde o temprano serfa alcanzado. Lo mismo le ocurrfa
a Percy, y agitaba su animo, i que harfa cuando le alcan-
zara !
Sus reflexiones se vieron pronto interrumpidas; pues
Broadhead, llegado a lm punto de la carretera que estaban
eomponiendo, se hizo a un !ado y, saltando sobre un mon-
t6n de piedras y .tomando una de ellas, la arroj6 en direc-
ci6n a la cabeza de Percy.
Este se agach6, mientras las piedras pasaban una tras
otra cerca de su cabeza. Por este camino, no podfa menos
de sucumbir, acertado por alguna de ellas., Pero repenti-
namente se le ocurri6 una idea. Tres dfas antes Frank
Burdock habfa reeibido como regalo de su padre una pis-
tolita de juguete. Se habfa empefiado en que Percy la
tomara y la tuviera unos dlas. Este se la. sac6 del bolsillo
y apuntando a Broadhead le grit6.
-Si tiras otra picdra, disparo.
Fue prestamente obedecido.
- i Eres tu Perey Winn!
No contest6; sino continu6 adelantando y teniendo
siempre la punteria sabre su rival.
-J Ea! - dijo este intranquilo - !baja esa pistola !
Percy se detuvo.
-Si no te mueves, ninglin daiio te hare. Prometeme
que te estaras quieto y bajare la pistola.
Teniendola pues en la mano, pero apuntada hacia tie-
rra, sigui6 andando hasta que estuvo frente a Broadhead.
-J Por vida ! - exclam6 este -, me has fastidiado; eso
es un juguete.
156 P. Francisco Finn, s. J.

-Si - repuso Percy - ; pero me ha servido para mi


in ten to.
- ! Que pretendes de mi 1 Ni 1que te importa si quiero
escaparme del Colegio 1
Percy guard6 silencio un memento.
-Broadhead - dijo luego -, me has de permitir que
te registre.
- ! Registrarme tu a mi 1
-Si. Necesito registrar tus bolsillos para ver que Jle-
vas en ellos. Esta tarde habia 20 d6lares en la cajita de
Tipp.
- ! Pretendes decir que se los he robado 1
-No; pero guiero ver que llevas en Ios bolsillos .

-1 Sabes que. te digo Winn? Que te voy a dar la pali-
za miis solemne que hayas reeibido en toda tu vida.
----Puede que sf. Pero tU no tc vns hast.a que yo tc
registre.
Percy se habia metido la pistola en el bolsillo y obser-
vaba cada movimiento de su adversario.
-1 Ah! Conque I quieres pelcarte?
-No, prefiero no pe!earme contigo. Pero quiero saber
que llevas en el bolsillo.
Broadhead ech6 una carcajada.
-Si no te largas - le dijo despectivamente - te rom-
po las costillas.
-De nuevo te pido que me ensefies lo que llevas enci-
ma. Sino, me vere obligado a registrarte.
Broadhead se cruz6 de brazos y volvi6 a reirse.
-Aqui no esta Tom Playfair para defenderte, Percy.
-Pues bien. Yo te registrare en todo caso.
Di6 un paso hacia adelante, Broadhead le sa1i6 al en-
cuentro, y hubieran venido a las manos, si Percy, que se
Enrique Dy 157

habia persuadido que trataba con un ladronzuelo y tenfa


derecho a registrarle, no hubiese echado paso atras su-
bitamente. Temia no poder resistir a aquel adversario,
mas robusto que ii!, luchando cuerpo a cuerpo. De una y
otra parte se lanzaron golpes al aire, hasta que Percy
acert6 con uno a Broadhead debajo de la barba, que le
hizo oscilar; y antes que se repusiera, le di6 otros dos fir-
mes puiietazos que lo derribaron en tierra.
JiJn un abrir y -eerrar de ojos se mont6 sobre el y, aga-
rraudole fuertemente los do~- brazos, le redujo a una quie-
tud forzosa.
-Ahora, Broadhead - dijo Percy-, estas en mis
manos, si no quiercs quc te golpee sin pie<la<l, da.1ne ese
dinero.
-No.
-Bueno. Te concedo diez minutos para reflexionar
sabre ello.
Y Percy sigui6 1nonta.do sDbre su caido rival.
Era una noche :fria. Las estrellas, brillantes 1 despe-
dian su luz tremula sabre aquel jovencito delicado, que
hasta poco tiempo antes se hubiera desmayado a la vista
de la sangre, y ahora no hacfa caso de la q ue le manaba
de los pies, no acostumbrados a correr descalzos, y herido
por los cantos y abrojos de! camino.
'l'entandole con las piernas, se cercior6 pronto de que
Broadhead no tenla el dinero en los bolsillos de los cal-
zones. Tampoco podia tenerlo en los dcl chaleco, porque
eran un lio demasiado voluminoso 20 d61ares en plata
atados en un paiiizuelo. Era evidente que debia estar el
hurto en uno de los bolsillos de la chaqueta. Pero i en
cu8.l 1 Para salir con su intento sin renovar la lucha, Per-
ey no debia errar el golpe.
158 P. Francisco Finn, S. J.

Broadhead en la celeridad de su fuga no habia tomado


el abrigo. Su chaqueta tenfa un bolsillo a la derecha y
otro a la izquierda. Percy raciocinaba asi:
-Este muchacho ha huido precipitadamente; si no, no
hubiera dejado de tomar su abrigo. Acosado por el miedo
de ser descubierto y cogido, habra abierto la cajita de
Tipp, dando vuelta a la llave con la mano derecha: habra
tornado el lio del dinero con la izquierda, y por tanto, es
probable que lo haya metido en la faltriquera de la iz-
quierda.
Antes de poner por obra el plan inspirado por este ra-
zonamiento, Percy murmur6 una oraci6n. Empezaba a
sentir vivamente el frio de la n-0che y el dolor de sus pies
lastimados.
86.bitamente empuja a Broadhead, que se ve en un
instante vuelto hacia la derecha; le mete la mano en el
bolsillo izquierdo y, con un grito de ji'.1bilo, saca de el el
lio del dinero, exactamente como lo habia visto la noche
anterior en manos de Tom Playfair. No se detiene a exa-
ininarlo; se incorpora de un salto y emprende la carrera
hacia el Colegio.
Ya habia corrido mas de vcinte metros, cuando Broad-
head logr6 ponerse en pie y, cierto de no poder alcanzar
a Perey, se limitaba a tirarle piedras. El ladr6n habia
sido robado.
Cuando Percy hubo corrido un buen trecho, tuvo que
detener la carrera porque sus pies manaban sangre y le
producian dolor intolerable. Con gran pena lleg6 al Cole-
gio y di6 consigo en la enfermerfa donde hubo de estar
toda una semana.
A la mafiana siguiente Tom e•taba junto a la cabecera
de su cama, y bajo la promesa del mas absoluto silencio,
Enrique Dy 159

oia la nanacion de la nocturna aventura, y recibia el di-


nero para devolverlo a Tipp. Solo este, entre los Cmnpa-
d·res la4!inos, supo, hasta mucho tiempo despues, la extra-
na excursion nocturna que habian motivado sus d6lares.
Pero poco a poco la historia se fue esparciendo, aunque
Tom se nego siempre a hablar de ella en publico.
Broadhead no volvio a dejarse ver en el Colegio.

CAPfTULO XXI

En que Tipp pronunci11 un discurso

Casi no es menester decir que el P. Middleton fue en-


terado del secreto de los Compadres ladinvs. Agrad6le
por extremo su plan y secund6 con todas sus fuerzas a
los amables conspiradores.
Un lunes, antes de la cena, Tipp se acerc6 al Senor
Auber, y le dijo, quitandose respetuosamente el gorrito.
-Desearia mucho que me dejara la !lave del lavabo.
Yo y los demas Compadres queremos poner en orden todas
las cosas.
Una visi6n de cepillos volando por cl aire; de toallas
atadas unas con otras, de pcines escondidos, de agua y pol-
vo envolviendolo todo, surgi6 instantaneamente ante la
imaginaci6n de! senor Auber. Tcnia practica de estas
eosas y miro a Tipp seria y ambiguamente.
-No vamos a hacer nada malo, Senor Auber. Palabra
de honor, que ninguna cosa quedara fuera de su sitio.
Si no, estoy pronto a sufrir cualquier castigo.
Por muehas travesuras que le hubiera hecho el tal
Tipp, el Senor Auber tenia confianza en su palabra.
160 P. Francisco Finn, S. J.

La veracidad se habia salvado en el naufragio de la


reputaci6n de aquel muchacho, y no es facil despreciar a
un jovencito, cuando se sabe que su palabra es invio-
lable.
Por consiguiente, el Prefecto entreg6 la llave a Tipp.
Por lo demas, se abstuvo de acercarse a la sala de aseo,
au11qu-e estaba ocupado por l111a cincuentena de alumnos,
maestros en el arte de maquinar todo genero de trave-
suras.
Por esta vez, su confianza no qued6 defraudada. Nun-
ca habia visto cincuenta colegiales mas quietos que los quc
estaban reunidos entonees en aquella sala. Hablaban en
voz baja y se ocupaban atentamente en la faena a que se
habfan entregado. Se hubiera creido que estaban dispo-
niendo un funeral.
-Me sorprende una cosa, ehicos - dijo Tipp, c11ando
iban ya a salir; - es verdaderamente admirable que haya-
mos estado aqui cerca de veinte minutos, sin que el se:fior
Auber se haya acercado aver que trafamos entre manos.
- ! Que le has dicho? - pregunt6 Tom.
-Le he dicho que salia responsable de que nuestros
compaiieros no intentaban haccr mal alguno. j Si, sefi.or !
- grit6 Tipp con los ojos encendidos y el rostro rubori-
zado; - no le he dicho mas, y el se ha fiado de mi palabra,
y se ha fiado de todos los Compadres, como si siempre
nos hubieramos portado noblemente. Miradlo alli, en el
otro extremo del patio, atendiendo a aquellos nifios que
juegan, sin ocuparse de nosotros, como si nos hallaramos
a cien leguas de aquL
-Pues yo apuesto que, si estuvieramos en su lugar -
dijo Quip, - no nos fiarfamos ni la mitad que el, de los
Compadres ladinos.
Enrique Dy 161

La verdad es que, cuando salimos del lavabo, todos


los Compadres estabamos encantados por la ingenuidad
.del senor Auber. Eramos una bandada de chiquiUos sin
juicio; pero parte por nuestra indole, parte por la educa-
ci6n religiosa que recibiamos, parte por la sumisi611 a
Tipp, y sabre todo, por el saludable influjo que ejercia
sabre todos Tom Playfair, reinaba entre nosotros una es-
pecie de.honradez a la buena de Dias.
Cuanda volvimos al patio, produjimos cierta sensaci6n.
Tipp abria la marcha llevando el sombrero de ealle, y sa-
bre la blanca pechera una hermosa corbata adornada con
un alfiler de oro. Vestia el traje de las fiestas y sus zapa-
tos cstaban brillantcs, como recien lu,.strados. lios demas
110 le ihan en zaga c11 el aseo y adorno de sus personas.
Era m.anifiesto que iba a aeaecer alguna eosa notable.
En efecto, despues de cenar, Tom represent6 al senor
Auber que hacia mucho frfo y quc los alunmos estarfan
mas a gusto en la sala de aseo. Consinti6 en nuestro
deseo, y no quedando -en el patio ningUn muchacho, entr6
et tambien con nosotros.
Apenas estuvimos dentro, se hizo nn perfecta silencio.
Tom se dirigi6 tranqui!amente a l~ puerta y la cerr6. To-
dos los colegiales se pusieron en pie, se quitaron los sombre-
ros, y ''ripp, ncrvioso mas que de ordinario se adelant6
1

y dijo:
-Seiior Auber: nosotros, los Com padres ladinos, ho-
mos obtenido permiso para hacer a usted un pcquefio re-
galo. ,Ahl lo tiene usted.
Fra_nk Burdock sc dirigi6 a1 sefior Auber y le present6
el reloj de plata. El ]men Prcfecto lo tom6 casi maquinal-
mente eon una. mano, mientrus se pasaba la otra por el
cabcllo.
};;\'IUQUE DY - 11
162 P. Francisco Finn, S. J.

Hubiera sido diffoil resolver eua! estaba mas turbado y


ruborizado: si Tipp o el senor Auber.
-Apuesto a que se desmayan los dos - murmui'6 Quip.
-Prosigue, Tipp - dijo Tom, - 1.b.as eomeuzado tan
bienl
-Senor Auber - continu6 el orador, restregando los
pies en el suelo y levantando un hombro notablemente
mas que el otro, - hemos sido muy reprensibles.
Y acompan6 la palabra de un gesto que pareci6 iba a
dislocarle el brazo.
-Continua - murmur6 Tom, auimandole; - i va per-
fectamente !
-1 y luego, querido senor, hemos obrado tan mal, que
estoy seguro que algunas veees nos habra usted deseado
que est uvieramos muertos !
Aqui se detuvo.
-1 Y enterrados ! - termin6 con una explosion de elo-
cuencia.
Y dicho esto, hizo una profunda revereneia y se vol-
vi6 a su sitio tan descansado.
-Mis queridos colegiales - dijo el senor Auber, qui-
tandose la mano de los cabellos; - estoy asombrado, con-
tento, conmovido. Os confieso que no me csperaba esto.
Temo no haberos comprendido nnnca eomo debfa. Si
las cosas no han ido bien, mia debe haber sido la culpa.
Sus labios temblaban y tenfa los ojos humedeeidos.
-No n1e siento capaz, en estos mo1nentos, de deciros
lo que pasa por mi fmimo; pero estoy honda, muy honda-
1nente agradecido.
Al deeir est as palabras, se pas6 el reloj par los cabellos.
Pero ni >tn solo muehacho se ri6.
Enrique Dy 163

-Por momentos pierde el habla - murmur6 Whyte


a Tom.
-Ttt'veras eomo no - contest6 este en vOJ'; baja, - y
afiadi6 alto: - l\foehaehos, demos tres aplausos al sefior
Auber.
Todos gritaron tres vivas, aplaudiendo.
-Y tres aplausos a los Compadres ladinos.
Reprod1ijose el mismo tumulto.
-Y ahora, sefior Auber- continu6 Tom, - nos queda
todavfa media hora. Por que no refiere usted alguna
historieta Y
El semblante de! sefior Auber expres6 un nuevo terror.
-Yo no soy narrador - dijo, - tendria mueho gusto
en saberos entretener; pero no. No he contado historias
en mi vida,
-Esque n.o lo ha probado nunea, sefior Auber.
El buen sefior Auber, se meti6 finalmente el reloj en el
bolsillo, eon gran descanso de muchos de nosotros, que
estabamos temiendo que se le caeria; pas6se la mano por
el cabello y comenz6 :
-Sueedi6 una vez....
No lleg6 a terminar aquella frase; pero comenz6 vale·
rosamente otra. Lo que cuesta es s6lc> el primer paso, y
en pocos instantes el sefior Auber se habfa transformado.
Sus ojos bril1aban do animaci6n y movfa las manos con
gestos faeiles y desenvueltos. Y en un excelente ingles,
puro y sencillo eomo tal vez no lo habfamos ofdo nunca,
nos refiri6 una historia de aventnras y herofsmo, que hizo
brillar nuestros ojos, y nos eneaden6 en nuestros asien-
tos, y nos hizo derramar lagrimas y nos persuadi6 que
estabamos oyendo al mejor narrador de historias que po·
dfamos sospeehar que existiera.
1G4 P. Francisco Finn, S. J.

Durante la narraci6n entr6 el P. Middleton; pero creo


cjue no lleg6 a media docena el numero de los colegiales
que se dieron euenta de su llegada; hasta ta! punto esta-
bamos encantados y como fascinados. Sufr:iamos, amli-
bamos, refamos y llorabamos con el heroe ; de ta! suerte
nos habia hipnotizado aquella maravillosa narraci6n. Y
cuando el senor Auber ~hubo terminado, ninguno de nos-
otros se atrevi6 a romper el silencio. El senor .Auber habfa
ya salido de la sala, antes que a Tipp se le ocurriera ha-
cer esta ·observaci6n:
-1 Verdaderamente ha sido una historia maravillosa !
Desde aquella velada, las pesadnmbres de! senor Auber
hubieron terminado. Si alglin alumna pretendia fasti-
diarle, sabia que tendrfa sabre si a toda la banda de las
Compadres ladinos. Durante todo aquel invierno, dos ve-
ccs por semana nos rcuniam-os en la. sala de aseo para oir
las historietas que nos contaba: nuestro inspector. Nos
transportaba consigo y con sus Mroes a donde queria, y
sus narraciones elevaban nuestro animo y nos llenaban
de deseos nobles y heroicos, y podemos decir sin exage-
raci6n, que los ideales de muchos de 11osotros quedaron
transformados y renovados con mejores elementos.
Por cjcmp1o: rripp sali6 un dia al encucntro de Tom y
le dijo:
- ! Quieres hacerme un favor?
Ciertamente: si puedo.
-Pues bicn: descaria que no me llamases en adelante
Compadre ladino, y que Percy y tus amigos hicieran lo
mismo. Mira; antes andaba orgulloso de este nombre:
pern ahora ... j eh!. .. bme entiendes ~
Y Tipp no se llam6 ya en adelante, sino Tipp, y al fin
del curso se fuC a su easa a a.yudar a su padre; honesto 1
i~ndque Dy

alegrc y bueno, eoino rd hubiera practica<lo todas las no-


bles acciones que cl senor Auber nos habia rcferido de
sus hCroes predilectos.

CAPfTULO XXII

En que se da alguna noticia de! certamen entre los colegios


y nos despedimos de nuestro querido profesor

- j Sa bes?; csta mafiana he comulgado_:_mc dijo Frank,


encontr:indome en el patio; - y ;, sabes por que intenci6n 1
-&Por cual?
-Por los Ciceronianos. Tambien han comulgado otros
colegiales y hemos rogado muy especialmentc por ti.
-Gracias, Frank.
-He rezado para que tU tengas la segunda menci6n
honor:i'.fica.
-&De veras?
-SL Mira: Percy cs el primero en mi lista. Es el
mejor muchacho que hay en el mundo. Luego viene Tom.
El es, sin duda, el que tendra la- primera menci6n honor:i'.-
fica. A principio de eurso todos pensabamos que te co-
rrespon<lia el primer puesto; pero tc has distraido tanto
con el asunto de Miss Raynor, que has dado a Percy y
Tom la posibili<lad de pasarte delante. i Naturalmente, no
te ofendera que quiera a Percy y a Tom mas que a ti!
Al dec:ir esto, Frank me miraba ansiosamente. Yo me
eche a reir.
-Estoy contento, Frank, con el 1ngar qne me das en
tus preferencias.
i80

-Lo creo - dijo nuestro ingenuo nifio. - Pues a


ellos los conoci antes que a ti. Tu puedes contar conmigo
como un verdadero amigo; y conffo que tendras el tercer
lugar. Empiezas a trabajar esta mafiana a las nueve,
p10 es verdad I
-Si, Frank.
-Espero que lo haras lo mejor que puedas. Pero tie-
nes los ojos de fatiga. ! No has dormido bien esta noche I
-No tan bien como otras noches.
En realidad, creo que los individuos de nuestra Socie-
dad Ciceroniana habiamos dormido poco aquella noche.
La mafiana preeedente nos hallabamos todos en un estado
febril, y no nos habia sido posible entregarnos con toda
cl alma a nuestros predileetos juegos de primavera. Yo
por mi parte me habia visto turbado con ensuefios horri-
bles. Habia tcnido diferentes encuentros con la sombra de
mi tio, el cual me habia avisado que la medalla de oro no
seria otorgada, hasta que SU asesino no hubiera sido pre:
sentado a la justicia.
Por fin habia llegado el dia. i Con que ardor nGs pusi-
n1os a trabajar ! El tema, aunque no era dificillsimo, era
muy largo. No creo qne ninguno de nuestros Ciceronia-
nGs levantara un instante la cabeza para mirar en derredGr,
durante las cuatro horas concedidas para nuestro ejerci-
cio. i Que suspiro de disgusto se escap6 de nuestros pe-
chos, cuaudo el P. J\.Iiddleton nos anunci6 que quedaban
ya s6lo diez minutos ! i Entonces si que se oy6 el rascar
de las plumas sobre el papel!
Por fin lleg6 el momentG, y cada cual entreg6 su tra-
bajo, firmado con su lema. El lema y el nombre propio
fueron luego met.idos en un sobre y entregados al Vice-
rrector del Colegio. Las composiciones se habian de re-
J<;nrlque Dy 167

mitir todas al donante de la medalla, el cua.l las pondria


en manos de competentes examinadores. Estos escoge-
rian las diez mejores, poniendolas por el orden de SU me-
rito. r,a primera obtendria el premio, y las otras nueve
las menciones houorificas. Por este modo los jueces no
podfan saber quienes eran los aspirautes.
-Muchaehos - dijo el P. Middleton, cuando ibamos
a salir de la sala de cstudio, - he de haceros una adverten-
eia. Bien sabeis con cuanto anhelo OS deseo el buen exito
de este certamen. Pero permitidme que me congratule con
yosotros de otra cosa mejor. Pu es, como dice Johnson,
vale :miis merecer el premio, que alcanzarlo; y vosotros
indudablemente lo rnereceis. Habeis cumplido con YUes-
tro deber: esto es lo substancial. El exito no es mas que
una cosa accidental.
Por muy frias que puedau parecer estas frases para el
Jector, fueron diehas con tal emoei6n que, euando dijo el
Padre: "habeis cumplic1o con vuestro c1eber", su voz es-
taba temblorosa por la fuerza c1el afecto, y nosotros nos
sentimos ya con esto recompensados de todos i1uestros
trabajos.
--Sabe Dios cuauto me alegraria obtener la medalla -
c1ijo Tom; - pero me satisfacen :miis las palabras que aea-
ba de prouuueiar cl P. Mic1c1letou, que cualquiera premio
que me puedan dar. 0Que lcmas habeis puesto, chicos 1
-Yo he puesto: Sic it1M' ad astra. (A!>1 se sube a las
estrellas) - dijo Percy.
-Y yo: Gaudennvus juvmie.s <J,um sum'US; (Alegremo-
nos mieutras somos j6veues) - afiadi6 Quip.
-El mfo: Partutiunt mantes. (El parto de los moutes)
- dijo Ruthers rieudo.
-Mi-serere mei, De1,. -- he puesto yo.
1()8 P. Frandsco Finn, S.- .r.

-i Hombre! se parece al mlo : l1i te, Dorrii'•n;e, SJJl!J-_'fJ~avi!


-Yo he seguido a Horacio - dijo Tom: - ; N w]a. es
ai·duo para los »im·tales !
-Sefiores, afiadio muy grave: - La Sociedad de los
Ciceronianos se despide sin.e- die. Ahora 11os iremos antes
a dormir y nos dispondremos para desafiar a otro juego a
los mas jovenes de la division de los mayores. Veremos
si sale como el afio pasado.
Con efecto nos preparamos, jugamos y fuimos venci-
dos. i Keenan y Donnel estaban ahora. en el opue<sto
bando !
--Vino el mes de Junio y con el la renovaci6n de la
mas dulce de nuestras devociones: la de! Sagrado Cora-
zon de Jesus. Nosotros, los Ciceronianos, eramos todos
de! Apostolado. Excepto yo, todos los demas eran cela-
dores_ Durante aquel mes entendi mejor el secreto de la
dulzura y mansedumbre que animaban a Tom y a Percy.
Llego el dia de la clausura de! curso. Los Cieeronia-
nos estabamos reunidos en un angulo de! salon, y I c6mo
nos ca.nsaron con los discursos, los cantos y los versoS' !
Cuando todo esto hubo terminado, respiramos con gozo
y reeonoeimiento.
-He aqui al p_ Rector. 6Por que no se abre paso a
codazos ! . Asi pasaria mas presto - murmuro Tom. -
i Oh que fastidio ! primero ha de ocuparse con los gradua-
dos, y hasta despues no sabremos lo que nos toca a nos-
otros.
Ningnno de nosotros presto atencion a las notas de
los ma.yores1 11i escuch6 ni mostr6 el mas mfnimo interes
hacia el novel abogado que dirigio la palabra a los gra-
duados durante un" hora larga. Finalmente, llego nues-
tra vez.
Enr·Ique Dy

-La medulla de oro en el certamen entre seis colegios


ha sido otorgada a u11 alumno de Sa11 l\'1auro. El agra-
ciado con ella ha sido Percy Winn.
El aplauso con que todos los Ciceronianos acompa-
fiamos las palmoteos de! auditorio, reson6 largo rato rui-
dosamente.
Harry Quip y yo nos vimos negros para sujetar a
Tom, que se habia pnesto en pie y pretendia desahogar
su alegria poniendose a bailar. Casa que pudo hacer
muy a su sabor Frank Burdock, el cual se hallaba con su
padre en otro angulo de la sala, y caus6 no poca mara-
villa a la concurrencia.
-1\tfe11ciones honorfficas - prosiguiO el Vicerrector,
cuando se hubieron sosegado las palmoteos que hicieron
salir el carmin a las mejillas de Percy: - Primem: Tomas
Play fair y Enrique Dy, iguales; ambos de San Mauro.
Tom y yo nos pusimos colorados y nos sentfamos mas
felices que si hubieramos ganado el premio. Sabfamos
perfectan1entc que Percy valfa mUs que nosotros; y si uno
de nosotros hubiera ganado la medalla, hubieramos tenido
conciencia de que la fortuna nos favorecfa sobre nuestro
merito. Los compafieros vinieron a apretarnos la mano y
golpearnos la espalda en un transporte de alegrfa.
-'l'ercera menci6n: Juan Ray, de otro Colegio.
- j Hurra por Juan Ray, chicos ! - murmur6 Tom- 1

aplaudamosle tambien a el.


El publico sigui6 su consejo.
-Cuarta menci6n: Harry Quip, de San Mauro.
~j llurra ! ~ exclan16 Ilarry, mientras su alegre ros-
tro tomaba las colores de una puesta de sol, que no perdi6
en mucho rato, aun despu€s que tcrminaron los aplausos.
-Quinta menci6n: John Cynic, de otro Colegio.
170 P. Fl·anetsco Finn, S. J.

-Sexta menci6n: John Robertson, de otro Colegio.


-Septima menci6n: Jose Whyte, de San Mauro.
-OctavaJ Carlos Seebert, de otro Colegio.
Novena: Carlos Ricart, de San Mauro.
Cada uno de los agraciados habia ocupado un pueslo
de honor, habia recibido de! Padre Rector un regalo, y
cua11do los espectadores ~charon de ver que todos los ven-
cedores de San Mauro, excepto Ricart, eramos chiquillos
de calz6n corto, su entusiasmo pas6 de toda raya. Algunos
de ellos debian haber presentido la victoria que iba a ob-
tener el Colegio, pues muchos ramos de flares cayeron
sabre cl tablado. Percy qued6 literalmente cubierto de
ellas; de suerte que sospecho que cada uno de sus diez
hermanitas habia llevado su correspondiente ramo.
Nuestro h€roc se vefa cada vez mas e1nbarazado con
tanto ramo, cuando con gran _alivio suyo, vi6 saltar al
tablado a Frank Burdock con los ojos brillantcs par la
excitaci6n y que decia a voces: ·
-Yo te ayudare, Perey, a reeoger los ramos. El ma-
yor es el que yo te he echado.
Y en medio de nuevos aplausos, Frank desembaraz6
a Percy de un buen numero de ramos y le aeompafi6 fuera
del tablado. Tambien Tom estaba bien provisto de flores,
muchas de las cuales proeedian, a lo que sospecho, de
las hermanas de Percy. Ninguno fue olvidado y aquella
noche hubieramos podido entre todos adornar un buen
escaparate de floristas.
Pero no nos qnedaba interes alguno por Jo que sigui6
en el acto.
Salimos finalmente de! salon y gastamos bastantes
minutos en darnos mutuos apretones de mano. Guillermo
}Jnr1que Dy 171

Ruthers 110 habia sido nombrado, pero decfa ingenua-


mente:
-Los alumnos de nuestra clase no podiamos forjar-
nos la ilusi6n de apodcrarnos de toda la tierra. Alguno
se habia de quedar rezagado. Pero el afio pr6ximo vereis
como tambien yo alcanzo premio.
-Al dia siguiente acudimos todos a despedirnos del
Padre Middleton. Nuestro amado profesor iba a dejar-
nos. Sus trabajos en el Colegio iban a intcrrumpirse por
lo menos durante algunos afios.
-J Ah! - exclam6 alegremente cuando entramos en su
aposento, - he aqui a mis pequefios Ciceronianos. Pero
t que son mis felicit.acioncs por vuestro exitazo? Lo prin-
cipal es que lo hayais merecido.
No obstante, nos apret6 cordialmente la mano y sus
ojos brillaban al mirurnos con toda la bondad y dulce-
dumbre de su coraz6n.
-Padre Middleton - dijo Percy-. i Usted se mar-
cha !...
-Si, pcro despue~ de lo ocurrido ayer puedo dejar
este campo de mis trabajos, diciendo aquello de! santo
anciano Simeon: N unc dimittis ... ! Ya, Senor, despides
a tu siervo en paz.
-Asi, - pues continu6 gravemente Percy-, hemos
venido a decirle adi6s. Todos hemos estado en su clase
varios afios, y todos le hemos cobrado amor. Nos ha en-
sefiado usted a amar nuestros libros, nuestra religi6n, a
amarnos unos a otros, y as! ha logrado usted que le amft-
ramos. Si no volvemos a vernos, Padre Middleton (aqui
la voz casi le falt6; y todos nosotros engullimos la saliva),
puede estar cierto de que no le olvidaremos nunca. Dia
y noche rogaremos a Dios que le bendiga y le asista en
:l.72 P. Francisco Flnn, S. .1.

todo cuanto emprenda. Y si alguno de nosotros, alg{m


dla sc dejara arrastrar al ma.I; si llegllsemos a. olvida.r su:;::
palabras y abandonar las practicas quc usted nos ha ense-
fiado, mas con el ejemplo que con la palabra; si llegara-
mos a ser tales que no desearamos volvernos a encon-
trar con usted... i Oh Padre Middleton .. ., no puedo con-
tinuar... !
Todos estabamos posc!dos de la emoci6n que hacia
callar a Percy. Aquel acento conmovido y empapado de
lligrimas, nos venci6 mejor que el mas elocuente diset1rso.
Y el var6n bueno y fuerte que nos habfa querido tan to,
volvi6 la cabeza al otro !ado, e inclinandola se cubri6 el
rostro con las manos.
-Dios os bendiga, i nifios mfos ! i Adi6s !
Con esta bend~ci611 partimos de su cuarto y nin-
guno dijo una palabra hasta que hubimos llega.do al patio.
Alll encontramos a Donnel y Keenan que nos espera-
ban eo11 aire desacostumbradamente grave y scrio.
- i Adi6s, chicos ! - nos dijeron - ; nos vamos defini-
tivamente de! Colegio.
-&C6mol &A d6nde os vais?- prorrumpimos todos
con general asombro.
- J nan se va al Seminario de Baltimore; y yo me voy
al Noviciado de la Compaiifa.
Sigui6 un afectuoso apret6n de manos, con emoci6n 1

y un cambio de despedidas en voz baja. Siem:wo habfa-


mos mirado a Juan y a Jorge eomo nuestros guias y mo-
delos. As! que, su resoluci6n no maravill6 a ninguno,
antes caus6 a mas de uno envidia santa.
As! nos despedimos para las vacaciones, y las transfor-
maciones que sobrevinieron marcaron el curso inexo~
rable de! tiempo. Al volver al Colegio, faltaban de su.s
Enriq.ue Dy 173

puestos tres de los que mas ha biamos querido. Asi nos


hemos de ir separando toclos en este mundo, hasta que
llcgue la gran separaci6n, mas alla de la cual no hay mu-
danzas, sino eterna paz y serenidad.

CAPfTULO XXIII

En que vo!vemos a encontrar antiguos amigos

Harry Quip, Percy, Frank, Tom y yo comenzamos


nuestras vaeaciones en las playas de nuestro !ago del
Wisconsin, dondo encontramos de nuevo a Mr. Scarbo·
tough y a su simpatico heredero. Pero la primera persona
de aquella familia a quien vimos, fue Rosa. La hallamos
en la estaci6n sonriente con todo el esplendor de su inocen-
' ... :·,,r
cja.
-j I-Iola, ehiquilla ! - le dijo Tom.
- i Hola, sefiorito !
-& Todavia sabes eantar tan bien el "Jesus del alma
mia ~" '
-Sf, Tom; y se ademas eantar una porci6n de can-
ciones. bC6mo esta usted, ]?rank? i No me ha enviado ni
una triste postal, despues de haberme hccho tantas prome-
sas l
El pobre Frank se puso encarnado como una ama-
pola; Quip guifi6 cl ojo y Tom procuraba disimular, con
un repentino acceso de tos, la risa que le hacla rodar las
lagrimas por las mejillas. Prank pareci6 que iba a amosta-
zarse; pero bast6 una mirada de Tom para calmarle.
r,a nifia no entendi6 enteramentc de que nos reiamos,
174 P. Francisco Finn, S. J.

pero sin dudar un instante que la materia debia merecerlo,


se uni6 a nuestra alegria.
- ! Sabe, Percy, que he hecho conocimiento con sns
hermanitas 7 Van al Pensionado de! Sagrado Corazon
de Clifton, junta a Cincinati. Yo voy a la escnela adjnn-
ta. Son las ni:fias mas amables que he vista en mi vida. A
todas las quiero mncho. Son tan buenas y simpaticas
como usted, Percy.
Ahora le taco a Percy la vez de ruborizarse. Y para
evitar nuevas ingenuidades de la nifia, nos marchamos un
poco repentinamente, dejando a la senorita algo asom-
brada de nuestro proceder.
Pero no nos guard6 rencor; pues aquella misma ve-
lada vino a cantarnos "Jesiis del alma m!a" porque sabfa
que agradaba a Tom. Su dulce vocecita nos rccord6 vi-
vamentc la terrible esccna del Jago. Yo volvi la cabeza a
otro !ado mientras la peqnefia cantaba, y me pareci6 air
un susplro de Percy, pero no me arriesgue a mirarle.
-Tu voz, chiquita, se ha hecho todavla mas suave.
-iDe veras, Tom? Pnes os voy a cantar otra can-
ci6n. Y nos cant6 nna bonita Ave Jfm'i.~ Stella.
Todos aplaudimos cordialmente.
Rosa continn6 viendonos con frccnencia, y su padre
no se cansaba de ob~equiarnos, reiterandonos las demos-
traciones de su agradecimiento y simpatfo. Pero estos
agradables ratos alternaban para ml con no pcqnefias
prcocupacioncs. Mi padre me comunic6, durante aqucllos
meses, algunas cart as de la Agencia de indagaciones, cada
mm de las cuales anunciaba algun nuevo rastro. Mi pa-
dre se aburri6 presto con estas historias y acab6 par escri-
bir al agente:
Enrique Dy 175

"Estimable senor Thinker:


"He perdido toda esperanza. Si me vnelve usted a dar
seiias de! genero de las ultimas, deseonfiare absolutamente
de volver a hallar a Mrs. Raynor en este mundo. Diga,
pues, a sus infatigables empleados, que tomen un poco de
descanso, de que estftn tau necesitados.
Sineeramente suyo,
JOHN DY."

En contestaci6n a esta misiva, recibi6 mi padre una


cuenta bien arreglada por los servicios prestados. Cada
anuneio de un nnevo rastro, costaba nna linda cantidad
de dinero.
Mi padre le envi6 el importe a vuelta de correo, y apro-
vech6 la coyuntura para informar a Mr. Thinker que en
adelante procurarfa vadearse sin los servicios de sn Agen-
cia, tan falta de suefio; y que si fuera necesario, llegaria
hasta pasarle a el y a sus cmpleados uua suma annal, para
indueirlos a no fatigar su inteligencia corriendo en pos de
huellas imposibles de desenredar.
Con esto nos pareci6 haber dado fin a aquel desagra-
dable asunto; pero pronto echamos de ver nuestro engafio.
No todos los perfodos de nuestra vida, por gratos que
hayan sido para nosotros, se prestan ignalmente para ser
deseritos sin :fastidio de los Jectorcs. EI P-Uroo slgniente
fue para nosotros, alumnos de Poetica, un afio dorado.
Aunque en las clases inferiores habfamos tenido afici6n a
nuestros estudios, nada tenfa que ver con 1a que experi-
mentabamos ahora. Antes nos movfa el deseo de saber,
de cumplir nnestros deberes para eon Dias y nuestras fa.
milias qne nos tenian eu el Colegio. Pero ahora, llega-
dos a la edad en que el eoraz6n rebosa sensibilidad, la
176 P. Francisco Finn, S. J.

.Poetica, aprendida en los grandes autorcs lalinos, griegos


y nacionales, despcl'taba en nuestras almas dulcisimos
ecos, avivando los mas nobles sentimientos de! animo.
Bajo la direcci6n de nucstros hiibilcs maestros, se iba
formaudo nuestro bueu gusto, 110 para limitarse a las
obras literarias, sino para aprender a distinguir lo bello
de lo deforme, lo amable de lo despreciable, en la litera-
tura y en la vida.
Con esta evoluci6n an1mica se habfa juntado el cambio
de nuestro exterior, deja.dos los calzoncs cortos y la. mari-
nera, vistiendo ya como ho1nbres, y n1oviCndonos y presen~
tiindonos con la gravedad de tales. A lo menos as1 nos
lo pareda a nosotros.
Percy era el verdadero poeta de nuestro curso. Su
delicada fantasfa era un mincro inagotable de imagenes
dulces, puras, encantadoras. La idea al parecer mas des-
nuda y arida, tomaba lucgo en SUS COmposiciones bellezas
y brotaba flares nunca imaginadas.
Tom no era sobresaliente en la Poesia, pero en eambio
superaba a los demas en las composiciones de prosa, por
la daridad de los conceptos y la fnerza de la expresi6n.
Ashnisn10 adelantaba rUpida1ncntc en las Cicncias, y pro-
euraba ayudar en ellas a Percy, quien - precise cs eonfe-
sarlo - las abandonaba un poco para entregarse al eulto
de las musas. Frank Burdock se qued6 en la division de
los pequeiios, no eon pequeiio disgusto suyo; pero adelan-
taba a buen paso y nos daba esperanzas de alcanzarnos el
aiio siguiente. Cada vez que me encontraba, me pregun-
taba invariablemente en voz baja:
-Dlme, Enrique, &no te parece que he crecido Y - y se
ponia de puntillas mirandome fijamente.
Una maiiana fre~a, a fines de Mayo, Percy, Tom y
Enrique Dy 177

yo habiamos salido a dar un paseo, despues de obtener


permiso del Padre Rector para llegar hasta Sikesville, si-
tuado a seis millas al E. de San Mauro. Teniamos el plan
de llegar alla a las nueve y media, desayunarnos y volver
a salir a las diez, para llegar a comer al Colegio a medio-
dia.
-Emique - advirti6 Tom, despnes de una pausa que
se habia producido en nuestra conversaci6n - ; es curioso
que no hayas vuelto a saber nada de lo que hace tu abo-
gado.
-A prop6sito - conteste -, mi padre me mand6 ayer
una carta de el, en la que dice que tiene ya muy pocas es-
peranzas. Dice que el volver a encontrar a Mrs. Raynor
depende de una combinaci6n casual. Cree verosimil que
aquella senora haya adoptado un nombre diferente. Y
afiade: "Del hecho de haber pasado varios afios con usted
~in darle ninguna noticia referente a su vida pasada, hasta
la noche del asesinato, infiere que ha de ser una mujer
muy cxtraordinaria. Una persona que habla tan poco de
sus cosasi es muy dificil de descubl·ir."
-Ciertamente, es un sujeto muy diferente del nunea
bastantemente alabado Mr. Thinker - dijo Tom-. Oreo
que tiene raz6n. Vuestra esperanza depende de la casua-
lidad; y con todo eso, apostaria mi ultima poesia que la
volvereis a hallar.
- ! No es muy doloroso - observ6 Percy con su estilo
dulce e insinuante - pcnsar que hayas de considerar coma
capaz de semejante crimen, a una persona a quien por
mucho tiempo miraste eomo una segunda madre i i Me
parece una cosa demasiado dura ! i Asi que, no me re-
suelvo a creerlo !
-Tampoco yo lo quisiera creer, Percy; pero temo ver·
ENRIQUE DY - 12
17$ P. Francisco Finn, S. J.

me obllgado a ello. Dios sabe que queria a aquella mu-


jer como a uua madre, y que ella me queria a mi como
tal: de esto no puedo dudar. Oreo que habria dado por
mi la vida.
-Las apariencias que la condenan, son fuertes - ob-
serv6 Tom-. Pero de ahi el enigma que se nos ofrece:
conciliar su afecto maternal hacia Enrique, con la cruel
venganza que parece haber tornado. Los nifios no suelen
tener inclinaci6n a personas de tan mala indole. La ino-
cencia goza el privilegio de ver muy claro en estas ma-
terias.
-Si, por cierto; y por eso hay en toda esta cuesti6n
un impenetrable misterio - dijo Percy-. &Quien sabe
cu!mdo se revelara 1 i Por lo demiis, lo mas inesperado es
a veces lo que esta mas pr6ximo !
Entretanto habiamos llegado a Sikesville y pronto
hallamos una pasteleria, donde, sentados en la rebotica y
separados del publico por una pesada cortina, pedimos
nuestro desayuno a un jovencillo de ojos fatigados, pero
sonriente, el cual nos hizo la impresi6n de que se habia
acostado demasiado tarde y no habia podido dormir.
-Dadnos un desaynno - pidi6 Tom.
-1 Un desaynno ! Inn desaynno ! - repiti6 el joven de
los ojos sofiolientos-. &Quiere usted decir ensaimadasY
-Si, si, ensaimadas, leche, mantequilla. Para tres...
-Si, sefior.
-Y limonadas.
-Esta muy bien, sefior - afiadi6 el joven alejandose.
Aunque habiamos los tres dejado de ser nifios; no ha-
biamos por eso perdido nada de nuestro apetito formi-
dable. Nos divertimos en dar que hacer al joveil.zuelo,
y Tom se regocijaba confundiendole con las mas absur-
Enrique Dy 179

das observaciones. A mitad de nn cuento graciosisimo,


Tom interrumpi6 bruscamente:
-& Que ocurre, Enrique 1 - exclam6 -, mientras yo
me ponia en pie y miraba al otro !ado de la cortina; pues
una voz familiar a mi oido me habia hecho estremecer has-
ta erizarseme los cabellos. l\llire un poco, y me senti ata-
cado de un vertigo.
-Sostenlo, Percy, se va a caer - grit6 Tom.
Realmente yo vacilaba y hubiera caido en tierra, si
Percy no me hubiera agarrado y me hubiera obligado a
volverme a sentar.
-Toma, hebete esto - dijo Tom, acercindome a los
labios un vaso de limonada -. i Rola! - aiiadi6 en voz
al ta-, I traed en segui<la vino generoso ! ·
El joven sirviente acudi6 corriendo con una botella de
Jerez. Tom quebr6 el cuello de ella y llen6 un vaso.
-£Que ha ocurrido, Enrique? - me volvi6 a pregun-
tar, mientras yo bebia unos sorbos y recobraba el aliento.
-He visto a l\llrs. Raynor. Esta alli en la tienda.
Tom se puso de un salto jnnto a la cortina y mir6 cau-
tamente por la abertnra. Vi6 frente al mostrador a una
mujer de mediana edad, vestida pobremente, pero con
mucho aseo. Su rostro era fino y mostraba huellas de
sufrimientos y quiza de privacioues. Acababa de comprar
un pan grande y estaba para marcharse.
-Enrique - dijo Tom-, quedate aqui. No hablare
con ell a; pero dejar1e hacer -. Y dichas estas palabras,
abri6 la cortina y sali6.
Perey y y~ nos habiamos quedado callados. Presentia-
mos que iba a producirse una crisis en mi vida. Veia de-
lante de mis ojos espantosas imagenes, y mi coraz6n era
presa de encontrados afeetos. A la vista de aquel rostro
180 P. Franclsco lflnn, S. J.

familiar, renacia el carifio que habia profesado a aquella


mujer. i Oh que terrible! i Ella habia sido para mi una
segnnda madre, y al10ra me veia obligado a entregarla a
los Tribunales de Justicia ! Percy advirti6 mi angustia.
-I Dios te asista, caro amigo mio ! - dijo, mir8.ndome
con sus ojos azules llenos de lagrimas -. j Se fuerte y
valeroso y confia en El!
Yo apoye la cabeza sobre la mesa y llore y ore.
Tom volvi6 finalmcnte con el rostro lleno de una ex-
presi6n co1npasiva.
-Ya se donde vive, Enrique. Naturalmente querras
hablarle primero a solas.
-Oiertamente.
-Esta bien. Nosotros estaremos cerca. Asi, si te
acontece alguna cosa, te podremos ayudar.
- j Oh, Tom l Si fuera verdad lo que ten1emos, t, que
habre de hacer? i Tendria el deber de denunciarla !
-Ve a verla - dijo Tom-. Si acontcciera lo pcor
que podemos figurarnos, Percy y yo nos encargariamos
de lo mas doloroso para ti.
Salimos juntas de la pasteleria, muy diferentes do las
ires alegres colegiales que habiamos entrado poco antes.
Siguiendo recto por la calle y volviendo lucgo a mano
derecha, nos hallamos delante de una casita con las pare-
des cubiertas de plantas trepadoras y precedida de un
gracioso jardincillo.
-Esta es su casa - dijo Tom-. Entra, Enrique, y
p6rtate como un hombre.
Recogiendo todo mi valor, me llegue a la casita. Antes
de Hamar a la puerta, una ventana de! piso bajo me faci-
lit6 mirar al interior. Me pare para observar. i Que do-
lorosa prncba fue aquella para mi! Mrs. Raynor estaba
Enrique Dy 181

sentada delante de una maquina de easer, eon el rostro


sureado de prematuras arrugas, pero apaeible y sereno.
J1mto a ella, un niiio de diez o dace aiios, de ojos y pelo
negros, vestido pobre, pero aseadamente, se ejcrcitaba en
trabajar al torno. Su hermoso rostro estaba iluminado
par una expresi6n de alegria. Cerca de ellos jugaba en el
suelo una niiia de seis o siete aiios. Mientras miraba aten-
tamente aqnel grnpo, el niiio se volvi6 y mostr6 con orgu-
llo sn trabajo a Mrs. Raynor. Ella lo aprob6 sonriendo.
foiego se inclin6 y le di6 un beso. Entonees la niiia, con
cl espiritu socialista propio de los niiios, vino corriendo
a reclamar su parte.
-Aprendo de prisa, mamii-dijo el muchacho-, den-
tro de poeas semanas padre hacer dos horas diarias de tra-
bajo U.til. t Entonees tu deseansaras, mama; me lo has
prometido; y estaras mejor, y mi hermanita y yo seremos
felices !
i Cuando E . .Arden eeh6 una mirada sabre el alegre
cuadro de familia de! cual su mujer era la luz, huy6 como
un culpable, sc postr6 en tierra ,y or6 ! Mi posici6n era
algo parccida a la suya. ! Iba yo a entrar y dcstn1ir la
paz de aquella familia? Dias sabe que me habria alejado
de alli subitamente, si hubiera sabido las eosas con certi-
dumbre; si hubiera estado seguro de que Mrs. Raynor era
la autora del delito. Si, me hubiera alejado, aunque hu-
bicm sabido que el espiritu de mi tio me habia de perse-
guir desde aquel dia hasta el liltimo de mi vida. Pero la
incertidumbre, el misterio, las palabras que Tom me hab!a
dieho y repetillo, me espoleaban a hablar con Mrs. Raynor.
El ·sentimiento de! deber, la a11Biedad ... , todo conspiraba
para empujarme hacia adelante.
Y por esto, mientras las risas alegres de las niiios
1~2 P. Francisco Finn, S. J.

sonaban en mis oidos "como una dulce musica tocada


fuera de tiempo", llame a la puerta.
-1 Adelante ! - me contestaron.
Abri y me pare en el umbra!, mirando a mi antigua
aya, que se ha bia puesto en pie dejando su labor.
- I Oh, Enrique! 1mi querido Enrique! - solloz6.
En el primer instante quede desarmado. Pero me hice
a un !ado y fije mis ojos en los dos nifios.
Ella me comprendi6. Su rostro se habfa puesto toda-
vfa mas palido, cnando se volvi6 a los nifios y Jes dijo:
-Queriditos, salios un momento. En seguida os lla-
mare.
1Cuan odioso me pareci6 mi papel, cnando aquellos
nifios besaron a sn madre para salirse ! Cuando hubieron
salido, me sobrepuse y comence mi historia. Conte a mi
aya mi terrible despertar de aquella mafiana de Navidad,
la escena del aposento de mi tfo; mi visita con Tom Play-
fair a la casa maldita, y la vision del esplritu, que en sue-
iios me habfa parecido tan real.
- i Oh. Mrs. Raynor! - termine; I a pesar de todas las
apariencias que os acusan, dadme vuestra palabra de
honor de que sois inocente. Yo estoy dispnesto a creeros,
eomo os crefa cuando siendo pequeiio, os daba el nombre
de mama!
-I Enrique, hijo mfo; te aseguro en nombre de Dios,
que soy inocente !
Se me escap6 un sollo•o de olegrla. Mi coraz6n aca-
baba de aliviarse de un pefo inmenso, y me bubiera eehRdo
al cuello y a los brazos de mi antigua aya, si un ternhlor
de SUS labios y llll grado aun mfis intenso de SU palidez,
no me hubiera advertido que todavla le quedaba algo qua
decirme.
Enrique Dy

-1 Quien fue, pues 1 - exclame -. Vos sabeis alguna


otra cosa.
- I Enrique, hijo mfo ! Dios te ayude. 1Tu mismo :l'uis..
te quien mat6 a tu tfo !
Pareci6me que el aposento comenzaba a girar en torno
de mi; mi cabeza desfalleefa. Mrs. Raynor, me hizo sentar
en una silla.
-Esc{lChame - afiadi6--, repasemos las dos cuanto
preccdi6 a aouella noche i:calhadada: Cuando salimos de
tu casa. aquella funesta vispera de Navidad, sabla que iba
a encontrarme con Ia Unica persona a quien tenfa motivo
para odiar. Yo no le habfa visto nunca, ni el me habia
visto a ml. Habfa hecho el prop6sito de no decirle nada;
pero apenas nos hallamos en su presencia, se presenta 4

ron en mi mente todos los dafios que habia recibido de


el. No tuve fuerzas para reprimirme, y ya te acordaras de
la esccna que ocurri6 entre nosotros. Despues recorda-
ras de qu€ manera, luego que nos recogimoH en tu cuarto,
te contc toda la historia de mi triste vida, de mi buen ma-
rido y de $11 muerte lamentable. T{l, con el afeeto que me
profesabas, juntastc tus lagrimas a las mfas. Estabas
irritado contra tu tfo y, cuando a las diez te dormiste, me
deiaste pensando en los terribles perjuicios que Juan Dy
habfa causndo a mis pobres hijito3. Nunca te habfa dicho
una palabra de ellos, Enrique. Ahora Jos acabas de ver.
Los habla dejado al cuidado de una tfa, con su verdadero
nombre; pues Raynor no era el de mi marido, sino el de
mi familia. Tai vez te acuerdas que, euando te dormiste,
me quede se11tada junto a ti, fatigada de un dia de viaje,
y mas qne nada agotada por las terribles emociones qua
habfa sufrido en aquellas ultimas horas. Durante algu-
nos momentos mis pensamientos se agitaron sobre las cosas
184 P. Francisco Finn, S. J.

pasadas; luego sent! gran pesadez y comprendi que me


vencia el suefio. Me levante y me pasec algunos minutos.
'fodo fue sin provecho. La fuerza del suefio a que resis-
tia, y la debi!idad de mis nervios, acabaron por produ-
cirme un desvanecimiento y me deje caer sin s.entido.
Al comenzar a volver en mi, me pareci6, como en una
pesadilla, que alguno se acercaba de puntillas. Se me
ocurri6 qu~ era tu tfo que venia a matarme. Quise mo-
verme y no lo !ogre. Por fin sacudi aquel encantamiento
y me puse en pie en un estado de terror indescriptibk.
EscucM un instante y ya no oi aquellos pasos. Mire a tu
!echo y estaba vacfo. Qucde helada de espanto. Tc ha-
bias levantado sofiando en una casa que no conocfas.
Podlas haberte caido por una escalera. Mientras era prcsa
de estas ideas, oi fuera del cuarto un paso ligero i no como
aquel otro pesado que habia o1c1o o creido oir en mi pcsa-
dilla. Cogi la luz y sali a la sala. 1Como di graeias a
Dios, cuando vi que ven!as tranqui!amente dormido desde
el fondo del corredor ! Me apresure a tu encuentro. Pero
1figilrate cual serfa mi horror cuando vi quc tu camisa
estaba manchada de sangre ! Fne un momento terrible.
TU co11 tu cara inocente ;;r con los ojos abiertos) pero sin
ver nada, caminabas sin darte cuenta de aquellas horribles
manchas: te dirigiste recto hacia tu cama y te metiste
en ella.
rEntonces tome la luz, corri hasta el fondo de! corre-
dor donde estaba el cuarto de tu tfo abierto; entre, y
descubri aquel espantoso espectaculo que tu viste la ma-
fiana siguiente: tu tfo yacfa muerto en un charco de
sangre!
Enrique Dy 185

CAPfTULO L°"IV

En que Mrs. Raynor proslgue su historia y me presenta


a sus hijos

Mrs. Raynor se detuvo un momento y enjng6 sus ojos.


-Entonces - continn6, - se me ofreci6 que yo sola
era culpable de esta terrible tragcdia, por haberte dejado
dormir con el sentimicnto de horror qnc te inspire hacia
tu tio. i Oh, c6mo me arrepenti de las duras palabras que
te habia dicho contra aquel infeliz ! Me acerque a el y le
observe mils atentamente. El cuchil!o que le habia qui-
tado la vida, habia llcgado hasta el coraz6n. i Debi6 mo-
rir sin decir un ay ! Entonces formB repentinamente mi
resoluci6n. Me acorde de que tu eras debil y delicado.
Tern! que, si hubicras sabido la causa de la muerte de tu
tio, este pensamiento hubiera amargado toda tu vida. Me
represente la vida feliz a que tenfas dcrecho, y que se
podia arruinar por el conocimiento de aquel hecho reali-
zado sin conciencia de lo que hacfas. Nada me importaba
sacrifiear a tn dicha mi reputaci6n. Era yo una forastera
entre <lesconocidos y, como tenfa poco que esperar, no
tenia nada que perder. Es verdad que me llegaba al al-
ma pasar por criminal a tus ojos. Si hubiera podido
hacerte saber que era inoeente, el partido que iba a tomar
no me lmbiera: costado nada. Pero esto era de meuor im-
portancia qne tu felieidad. La unica manera de envolver
definitivamente en el misterio la muerte de tu tfo, era
atraer sobre m! la sospecha de culpabilidad. Moje en la
P. Francisco Finn, S. J.

sangre de tu tfo el guante de mi mano derecha y volv1


·apresuradamente a tu cuarto. Te di la ultima mirada: tu
brazo estaba extendido fuera de la colcha y tenfos la mano
enrojecida de sangre. Dormfas tranquilamente, y mien-
tras te estaba contemplando, tu rostro form6 una sonrisa.
Entonces me incline sobre ti, te di un beso, y te abrace
con toda la desesperaci6n de quien pensaba abrazarte por
Ultima vez. Y i Dios mfo ! nunca podre olvidarlo. Sin
abrir los ojos, me abrazaste murmurando: l Mama! i En-
tonces me arranqu€ de ti 1 en la persuasi6n de que nos se~
parabamos para siempre !
Mi aya se par6 oprimida por la fuerza de sus emocio-
nes. Yo me levante y le di un beso.
-Pero mi saerificio - continu61 - no habia. de. ser
absoluto. Quise que, por lo menos despues de mi muerte,
conservaras buena memoria de ml. Y para esto, luego
que me halle en seguridad, escribi una relaci6n por menor
de cuanto habia acaecido. Despues de mi muerte, se te
habia de remitir y tu solo hab!as de enterarte de ella. Ha-
blas de leerla y luego destrnirla; y el unico consuelo de
mi existencia ha sido esperar que llegaria un dia en que
pensaras con a.fecto y ternura en tu infeliz aya.
Detuvose un momento y prosigui6:
Preveia, naturalmente, que, callando lo que hice, echa-
rfa una sombra sobre tu vida. Sabia muy bien que me
querfas y que, el perder la estima en que me tenias, serfa
para ti un golpe doloroso. Pero ! que otra cosa podia ha-
cerT Ten!a poco espacio para deliberar. Tratabase de
elegir entre dos males. Algunas veces he vuelto a refle-
xionar sobre lo que hice, y no siempre me ha parecido
bien. Pero Dios sabe que entonces escogi lo que me pa-
reci6 mejor; y si en ello peque, conffo que Dios me lo
Enrique Dy

habra perdonado. En realidad estoy segura de que, si te


hubiera hecho saber lo que en suefios hiciste, sieudo tu
entonces tan debil y enfermizo, no hubieras llegado a ser
el jovencito fuerte y varonil que ahora eres, Enrique que-
rido.
No puedo expliear los afectos qne se apoderaron de
mi corazon oyendo aquel relato. Mi cabeza estaba llena
de confusion. El afecto, Ia gratitud, Ia impresion de lo
que acababa de oir, me tenian confuso y casi fuera de mi.
Oi la suave charla de los nifios que se aproximaban a la
puerta y rompi a llorar.
Mrs. Raynor corrio a la puerta, .despidio todavia a sus
hijos y volvi6 a mi !ado. Poco a poeo, con paiabras y ra-
zones que me dirigi6 para consolarme, me fue tranquili-
zando. Antes de pasada una. hora, habla vuelto, por lo
menos exteriormente, a mi estado normal.
Entonces Mrs. Raynor llamo a los nifios.
Al oir su voz, el var6n, que parecia un principito con
traje remendado, y la nifia, semejantc a un princesita ve-
nida de un castillo eneantado, de aquellos que guardaba
un dragon, entraron corriendo.
-Haroldo y Luisa, este es Enrique Dy, el mejor amigo
de vuestra mama.
-Vuestro hermano, vuestro hermano, nifios mfos -:--
afiadi. Acordaos - continue dirigiendome a Mrs. Raynor
y apretando las manitas de los nifios, que se me acerca-
ban carifiosamente, - que siempre os mire como madre y
me tra tasteis como hijo vuestro. Haroldo y Luisa han de
ser mis hermanitos.
Mientras hablaba, los nifios me miraban fijamente, y
vl con gusto que sus ojitos demostraban la confianza
que Jes inspiraba su nuevo amigo.
188 P. Francisco Finn, S. J.

-Enrique- dijo el niiio; 1por qui\ tienes los ojos en-


rojecidos, y por que te tiemblan Ios Iabios. Y i estas tan
palido ! Yo me Jlamo Haroldo; pero mama me Jla.ma mu-
chas veees Enrique.
-A mi - observ6 muy satisfecha la nifia, que se habia
apoyado en mis rodillas y jugueteaba con Ia cadena de
mi reloj, - siempre me llama Luisa. I Pobre mama! Nun-
ca descansa y todo el dia esta trabajando en la maquina.
-Yo pronto ayudare a mi mama; porque soy el mayor
-dijo Haroldo.
-Yo tcngo cinco afios - repuso Luisa-, y dentro
de pocos meses cumpliri\ seis; y quiero que por mi stmto me
regale mama una mufieca grande.
l\1ientras yo hablaba descuidado con los nifios, aunque
con la mente llena todavia de graves pensamientos, Mrs.
Raynor - cuyo nombre era ahora Mrs. Dorne - estaba
junto a la ventana procurando esconder sus emociones.
De subito me acorde de mis amigos, a quienes durante
aquellas horas habia olvidado de! todo.
- j Senor! - exclame. - t Yo estoy aqui tranquila-
mente, mientras alli en Ia calle me estan aguardando dos
amigos mlos, los mejores jOvcnes del mundo !
Haroldo se puso en pie, dieiendo:
-Yo ire a buscarlos - corri6 haeia Ia puerta. Pero
se detuvo preguntando. - Mas ! c6mo los conocere, En-
rique~
-Los dos son muy guapos y van vestidos como co-
legiales. Luego el mas alto tiene los ojos azules y el pelo
rubio y te sonreirii amablemente; el otro es morenito y
seguramente te dira alguna cosa en cuanto te vea.
Poeos momentos despues regres6 Haroldo tirando de
Enrique Dy 189

la mano de Tom y dando mnestras de haber entablado ya


rclaciones de intimidad con aquel jovencito.
-; Oh, Enrique! - exclam6. - Me ha sucedido exac-
tamente como me habias dicho. El mas alto me ha sonrei-
do y este me ha hecho asi: - Y Haroldo levant6 una ma-
no y s_e tap6 con ella un ojo, y prosigui6:
-Despues me ha dicho: ! C6mo va, muchachito ! Y yo
le he reconocido.
-Gracias a Dios todo va bien - dije en voz baja a
Tom y Percy, haciendolos entrar y presentandolos a aque-
lla buena mad.re.
-Dime, 11ifio - prcgunt6 Torn~, tc gustan los cara-
melos !
-; Puede usted figurarse !
-.lt mi tambi6n me gustan-aiiacli6 Luisa aeercllndose.
-Tomacl; id a comprar a la pasteleria y guardadme
tambien para mi, ! eh!
-Os guardaremos todos los que qucrais y muchos mas
-grit6 entusiasmada. Luisa.
Se oy6 un ruido de pies infantiles, y cuando nos qne-
damos solos me halle tan cmocionado y confuso, que no
acerte a hablar. Hice, pues, una sefia a Mrs. Rainor, que
ella entcndi6 muy bien, rogandole que refiricse la historia
a mis an1igos.
Tom y Percy la cscuchaban atentamentc. Percy mos-
tr6 disgusto al oir que yo habia sido el matador de mi tfo.
El rostro de Tom no di6 muestra alguna de sus impresio-
nes durante toda la historia; pero pareci6 poco persuadi-
do y abB~rto en sns propias rcflexiones.
-Mrs. Dorne - dijo, lnego que esta hubo terminado,
- usted sc ha portado noble y valerosamentc; pero hay
una circunstancia que, sicnto decirlo, es la mas grave para
190 P. Francisco Finn, S. J,

echar sobre usted la sospecha de! homicidio, y me parece


que Enrique la ha dcjado en olvido.
-& Cua! es I - pregunt6 ella.
-Que la noche de! asesinato desaparecieron 50.000
d6lares y no se han podido volver a encontrar.
Mrs. Dorne se puso en pie; piilida como la cera.
-Asi, pues, 4se me ha acusado tambien de hurto!
I Oh! &por que no lo habre sabido antes I No se dijo en
los peri6dicos de aquel ticmpo. l Seria curioso que el
mismo Enrique dormido hubicra tornado el dinero y me-
tidolo en algun escondrijo ! l Pero todo esto es dcmasiado
absurdo!
-Hay que averiguar, pues - prosigui6 Tom, - d6nde
se ha metido ese dinero.
- j Tom, volvere all!t esta primavera y lo cscudrifiare
todo ! Si dormido lo cscondi, all1 cstara aun scguramcnte.
La verdad es quc, como todos los que sabfan la desapari-
ci6n del dincro, echaron la culpa al homicida, no se hizo
ninguna avcriguaci6n particular acerca de el.
-& Tendria usted la bondad, Mrs. Dorne, de repetir-
nos aquella parte de la historia que preccdi6 inmediata-
mente al instante en que cay6 nsted desvanccida I
Mrs. Dorne repiti6 el episodio, casi con las mismas
palabras con que me lo habia referido a mi.
-1 Oh! - exclam6 Tom subitamente.
-b Que te oeurre, Tom'? - pregunte.
-Hablaremos de ello por el camino. Nccesito tiempo
para reflexionar. Pero me parece vislumbrar una clari-
dad nueva.
El regreso de los nifios estorb6 o!ros comentarios acel"-
ea del funesto suceso.
Enrique Dy 191

-Haroldo, ! te gustaria entrar en el Colegio de San


Mauro!
-1Cual1 bEn aquel colegio grande!-grit6 Haroldo.
-Si. Percy, Tom y yo estamos alli.
Sus ojos brillaron de alegria; pero se volvi6 a entriste-
cer cuando mir6 a su madre.
-Y ! qui en cuidara de mama!
-Tu mama no neeesitara de nada en adelante. IYli tio
le debia una gran cantidad de dinero, y tu mama no ten-
dra ya necesidad de trabajar.
}'ue una escena conmovedor~ la que nos ofrecieron
aquellos niiios. El mayoreito corri6 a su madre, la estre-
ch6 entre sus brazos y la cubri6 de besos. Luisa no pudo
resignarse a dejar a Haroldo todas las caricias. Se apre-
sur6 a abrazarse asimismo a las faldas de su madre, y los
tres formaron un her:rnoso grupo de piedad filial.
-& Estas contenta, mama! ! podre ir al Colegio !
-No todavia, Haroldo. Se acerca el fin de! curso.
Sera ta! vez mejor que aguardemos al mes de Septiembre.
-&No le parece, Mrs. Dorne - intervino Percy, -
que seria bueno que entrase en Jnnio! Es el mes defSa-
grado Coraz6n de Jesus, y Haroldo aprenderia desde luego
las priicticas de esta hermosa devoci6n.
Se convino, pues, que Haroldo iria al Colegio desde
el lunes siguiente, que era el 1.0 de Junio.
Poeo antes del mediodia nos despediamos de nuestros
nucvos amigos, dirigiendonos de prisa hacia San Mauro.
-Es muy extrafio - comence a decir mientras cami-
niibamos - que escondiera en sueiios aquel dinero. i Que
lastima ! i 50,000 d6lares infructuosamente depositados
tantos a:fios !
-Yo no creo que tu los hayas escondido - dijo Tom.
192 P. Fran.cisco Finn, S. J.

- ! Como! De cierto que no tendras sospecha alguna de


Mrs. Dorne, despues de lo que has visto y oido.
-No, Enrique. Hay mas: desde la noche que pasa-
mos en casa de tu tio, se me ocurri6 la sospecha de que
Mrs. Dorne se habia fu·gado para salvarte. '.l'e habria
dicho desde luego mi opinion, pero no acertaba que podia
J1aberse hecho del dinero. La relacion de Mrs. Dorne me
ha dado un hilo para desenredar el ovi!lo. Percy y En-
rique; atended a lo que as digo.
'l'om call6 un momenta y me agarr6 por un b1·azo:
-Ella tuvo una especie de pesadilla. Oyo pasos pesa-
dos y creyo que tu tio venia a ma tarla. Eran pasos de una
persona adulta que auduviera de puntillas... Cuando so
puw en pie, no pudo oirlos mas. Ahora bien: yo creo que
oy6 realmente pasos de un hombre o nna mujer. Acordaos
quc no cstaba del todo c11 si. Si, pu-cs, puc1i6ramos aycri-
guar quien fue aquel hc>n1bre o aquella mnjer, hallaria-
mos al ladron que robo las 50.000 dolares ...

CAP1TULO :XXV

En que Tom nos deja at6nitos

-'l'om - exclam6 cuando volvi en mi de la sorpresa en


que me habfa sumergido este nuevo aspecto del caso; -
! crees vcrdadcramente que alguien sc apoder6 de aquel
dinero, luego que yo hube qultado la vida a mi tio 'I
-No siilo creo esto. Crea ademas que Ia persona que
rob6 el dinero, te vi6 matar a tu tio (de otra suerte mi su-
posici6n qucdaria sin fundamento). Oreo que esa misma
Enrique Dy 193

persona estaria en la sala cnando tu aya te fue a buscar,


y huiria mientras tu aya examinaba el cadaver de tn tio.
- i Tom! - exclam6 Percy, - i tu serias un perfecta
detect>ive!
-Confio llegar a ser alga mejor que eso - repuso Tom
gravemcnte. - Y esto me lleva a un asunto del que pensa-
ba tratar con vosotros, cuando hemos sdido del Colegio.
Este negocio del homicidio me lo habia qnitado de la me-
moria.
-Los dos - prosigni6 - me hawis ofdo hablar de
Jaime Aldine, ino cs verdad?
- j Con mucha frecuencia !
- i Oh, si le hubierais conocido ! Era miis un angel que
un mnchacho. La vcrdad es que era demasiado bueno pa-
ra vivir en este mnndo. Pnes bien, antes de morir me dijo
una porci6n de cosaB de s1 mismo: habfo ofrecido a Dias
sn vida par mi curaci6n; y aquella vida tenfa el determina-
do ofreccr1a al servicio divino. Jaime muri6 la misma ma~
fiana e11 que yo hicc mi })rimera comuni6n; y cuando des~
pnes me arrodille junta a su ffretro, prometi a Dios que
con su divina ayuda ocuparfa en la tierra el lugar de
Jaime.
-Y lo has ocupado, Tom - dijo Percy fervorosamen-
te; - i has ocupado el lngar de un excelente mnchacho !
-Veo claramente, Percy - contest6 Tom-, que no
has entendido el alcance de mi promesa. Jaime querfa
consagrar a Dias su vida trabajando por El; desde su
muerte he rogado a Dias todos los dias, que me hieiera dig-
no de oeupar SU puesto. y el ultimo dfa de Navidad, mien-
tras oraba delante de! Sagrario, sentl un claro liamamien-
to (al menos as1 me Io pareci6) de seguir a Jesus. As1,

E~RIQUE DY ~ 13
194 P. Francisco Finn, S. J.

pu-es, amigos mlos, el pr6ximo verano me ire a reunir con


Keenan.
Yo eogi la mano de Tom y la estrech0 cordialmente; y
me estaba congratulando con 61, cnando ambos quedamos
asombrados por la impresi6n que habia producido en
Percy aquella noticia. Pues, en lugar de alegr!'rse con'
nuestro amigo, de! cuaI ambos estabamos orgullosos, se
habia cubierto el rostro con las manos.
-Seguramente, Percy - exclame - ; I no te disgus-
tara que Tom elija la manera de vida mas perfecta!
- i Oh, no! - murmur6 Tom-; i Percy es demasiado
bueno para eso !
-1 Disgustarme ! - prorrumpi6 Percy, quitandose las
manos de los ojos, llenos de 13.grimas, y agarrando las de
Tom.
-No por cierto - dijo Tom, mirando fijamente al
rostro de Percy-. Pero algo hay en esto que te per-
turba.
-Lo que hay, es - contest6 Percy-, que hasta el afio
Ultimo habia sido mi mas ardiente deseo tomar la resolu-
ci6n que tu acabas de abrazar. Pero este afio todo se ha
cambiado. I Ah, si pudierais comprender cuanto he RU·
irido ! Tom y Enrique, rogad por mi. Tengo mueha nG-
cesidad de vuestras oraciones.
Creo que ni siquiera Tom, habia jamas c1do a Perey
quejarse de nada; y entonces, por primera vez en mi vida,
se me of-reci6 a la mente uno de los mils secretos misterios
de la vida.
Estabamos alli tres muchachos, unidos por las mas
intimas y cordiales relaeiones de amistad. Habia ere1do
conocer perfeetamente a aquellos amigos mfos. Y con
t 0do eso, iamas habia sosrechado que, desde 4acfa afios,
Enrique Dy 195

la {mica aspiraci6n de Tom, la medula de todas sus accio-


nes, habia sido el deseo de ocupar en una Orden religiosa
el puesto de su difunto amigo.
Y Percy, tan bueno, tan amable. Prefecto de nuestra
Congregaci6n; cuyos dias habfan transcurrido llenos de
nobles pensamientos; habfa sufrido en sileneio. S6Io en-
tonces, por sus palabras, entendf las desolaciones y ten-
taciones que Dios envia frecuentemente a las almas que
le sou mas queridas; y en aquel momento de lucidez,
recorde cuantas veces habia observado, durante aquel cur-
so, las Jargas conferencias de Percy con su confesor. Sf;
aquel rnodelo de j6venes habia andado por las sendas de
la dnda y la dificnltad, sin abrirse con nosotros, y en aquel
solemne momento, nos habfa demostrado que, no obstante
sus rnaneras alegres y amables, habla bebido eJ caliz de la
tribulaci6n y de la prueba.
-Ea, ea; cambiemos de conversaci6n - dijo Tom
despues de algunos instantes de silencio. - Estas son cosas
dignas de reflexion solitaria. t Son canciones sin letra !
Enrique, cstoy pensando si sera bueno que tu examines
la casa de tu tio, antes de que tu abogado se haya cercio-
rado de algunas pequefias circunstancias.
Mire a Tom con aire interrogatorio.
--Para empezar: iquien rob6 los 50,000 d6Iares? Este
es un punto de importancia. Fuera de la ventaja de re-
cobrar el dinero, el Iadr6n te podra decir d6nde cogjste el
cuchillo, y podra dar alguna informaci6n acerca de la
manera c6mo mataste a tu tfo. Tu abogado deberfa en-
terarsc de eunnto nta:fic n Ias personas que estuvicron
al servicio de tu tfo: el sitio donde moran, su manera de
vivir... i Si alguno de ellos hubiera tornado el dinero, la
viila qne ha Uevado desde entonccs aca podrfa explicar
196 P. Francisco Finn; S. J.

muchas cosas ! i Una persona de servicio con 50,000 d6-


lares ... !
-Pero, Tom - advirti6 Percy - ; bes del todo cierto
que fueron robados 50,000 d6Jares !
-Dices bien ... , Caget dijo que existian; pero b dijo la
verdad! Es cierto que desapareci6 dinero, pues Mr. Dy
tenia siempre una suma considerable en su cuarto. Pero
ahora que pienso en ello, 50,000 d&lares son una canti-
dad demasiado grande.
- j Tai vez ! - observe yo-; pero pudo ser una can-
tidad todavia mayor. Y aquellos pasos bde quien serian !
i Que ha sido de Caget !
-Es diflcil que los pasos fueran de Caget - dijo
Tom-. Si, para seguir el argumento, admitimos que eI
fue el que rob& el dinero, i c6mo explicar que haya sido
€:1 mismo, quien mas ruido meti6 acerca de esa suma.,
que nadie sino el eonocia ! Creo, Enrique, que te quedan
por descubrir muchas cosas. Es una intrincada madeja.
IPero no dudo que tarde o temprano se desenredara !

CAPfTULO XXVI

Eo que Mr. Lang obtiene nuevos datos relativos al dinero


robado, y Tom se despide de nosotros

Aquella misma tarde envie dos largas cartas; una a


mi padre y otra a Mr. Lang, nuestro abogado, dando al
primero larga cuenta de la entrevista eon Mrs. Dorne
y rogando a Mr. Lang que se informara de la suerte de
los criados que servian a mi tio en la epoca de su ascsinato.
Enrique Dy 197

lnsistia en la necesidad de aclarar, hasta donde fnera po-


sible, si reahnente mi tlo tenia entonces en su poder
50,000 d6lares. Al dia siguiente escribi de nuevo a mi
padre, cl cual tenia durante mi menor edad la administra-
ci6n de mis bienes, proponiendole un proyecto de emplear
cierta suma de dinero a favor de Mrs. Dorne y para la
educaci6n de sus hijos.
La contestaci6n de mi padre no se hizo esperar. Con-
sentia en todo lo que le habia propuesto, y mandaba un
giro a favor de Mrs. Dorne.
La carta de! abogado se hizo esperar algunas semanas,
pero venia llena de interesantes noticias.
"]/Ilty sefior mlo:
"He obtenido informes de Caget. Hizo oficio de co-
ehero en San Luis. Luego fue earretero, hasta que le des-
pidieron por 'horracho. · Encontr6 otra colocaci6n como
carreteTb, y gastaba cuanto ganaba en bebida... En este
Ultimo afio y medio ha tenido va.rias ocupaciones, sin per-
severar en ninguna. Esta muy mal. Con frecuencia anda
vagabundo. Uno de mis escribientes ha logrado encon-
trarlo y ha tenido ocasi6n de hablar con el. Solo ha podido
sacarle ·de! buche lo que sigue: que su tio deposi-
taba el .dinero en el Banco cada tres semanas. Creo qne por
este dato se p11€de colegir la suma exacta que debia tener
en su poder aquella noche.
"Si tiene usted alguna otra noticia qne comunicaTme
respecto de Caget, hiigamela saber cuanto antes.
Sinceramente suyo 1
WALTER LANG.

"P. D. - Si su padre no tiene dificultad, enviare


un perito para_ examinar Jos Jibros y papeles de su
198 P. Francisco Finn, S. J,

tfo. Parece que era hombre met6dico, y pienso nos sera


fiicil hallar nota de la suma que tom6 de! Banco en su Ul-
tima visita. Escribire en seguida a su padre para pedirle
dicha autorizaci6n."
El Ultimo dia de clase recibi esta otra carta:
"Muy senor mfo:
"Despues de cinoo dias de examen, el perito asegura
que su tio tenia consigo por lo menos 40,570 d6lares la
noche del 23 de Diciembre de 18... Habian transcurrido
casi tres semanas desde su Ultimo dep6sito. Al principio
nose trat6 estc punto con mucha atenci6n. Ahora resulta
que tres personas: Jaime Nayle, agente de cambio, Ho-
ward Wilmotb, arrendatario, y Cyro Smitb, droguero,
sabian que su tio tenia consigo una gruesa suma de dine-
ro. El 23 de Diciembre Nayle, en compai:iia de Smith,
visit6 a su tio de usted, al cual pag6 20,000 d6lares a cuen-
ta de una operaci6n de cambio. Wilmoth, que se hallaba
en aquel momento en la libreria, esperando un pago de
6,000 d6lares por un terreno, dice haber oido incidental-
1nente a su tio, que tendria aquella suma en su casa tres
dfas. "!En esta casa 1 - exclam6 Nay le-, j es una cosa
algo pe!igrosa !" Al cual respondi6 el senor Dy barbo-
tando: "Mas peligroso seria para aquel que viniera a ro-
barme. :Mi sueiio es muy ligero; tengo el dinero debajo
de la almohada y un cuchillo en la silla de la cabecera.
Fuera de esto, la casa esta hermeticamcn!e cerrada por to-
dos !ados."
"Al paso que la existencia del puiial jun to al !echo de
su tio, explica que usted pudiera usarlo, el hecho de saber
aquellos dos hombres, ademas de! corredor, que su tfo
guardaba el dinero bajo la almohada, exige una investiga-·
Enrique :by

ei6n cuidadosa de su vida. El agente es el que ofrece ma-


yor dificultad.
"Ya he considerado el caso de la cocinera y la criada;
seguramente no han toil)ado el dinero.
Sinceramente suyo,
WALTER LANG."

Nos hallabamos precisamente en la mitad de! verano,


cuando otra carta suya me fue a buscar a orillas de
nuestro predilecto !ago de! Wisconsin. Harry Quip y yo
estabamos haciendo una partida de pugilato, cuando Tom,
que iba vestido de viaje, vino a mi con una carta.
-Mr. Enrique Dy - grit6 Tom-. Harry no tuvo
por aquella vcz cl gusto de derribarme en tierra, porque
!ne aleje corriendo, cogi apresuradamente la carta de ma.
nos de Tom, y ro1npl el sobre. Mis ojos recorrieron en un
instante las pocas lineas de la carta, que decia:

"l\:fuy sefior mlo:


"El droguero y el cochero han resultado sin ambigiie·
dad inculpables. Nos queda el agente de cambio. Si tam-
bien este resulta inocente, las cosas quedan mas embro-
lladas que al comienzo. Suyo afmo.,
WALTER LANG."

-Aqui se equivoca el abogado - dijo Tom con viveza.


- Si el agente, los criados y el droguero son inculpables,
siguese que tu, Enrique, no solo mataste a tu tfo, sino le
quitaste adcmas 43,000 d6lares. Asi, pues - continu6--;
vosotros, proseguid vuestro pugilato. Yo acabo de pesar-
me: peso 65 kilos. Quiero saber cuanto cambiare en el
Noviciado.
1>. Francisco Finn, S. J .-

-"-i Vete a paseo ! - exclam6 Harry-, a no ser que


quieras luchar por ultima vez conmigo.
-1 Hombre! Llevo mis mejores vestidos - dijo T-0m
con aire de excusarse, pero quitandose ya la chaqueta - .
.Antes prefiero estropearmelqs que rcchazar tu in-
vitaci6n.
Despues de un minuto, el y Harry pugnaban a brazo
partido, segun las reglas del arte. La lucha fue breve.
-Si tuvieras seis espaldas en vez de una - dijo Tom
a Harry-, te harfa tocar la tierra con todas ellas.
Luego que le hubo derribado, se incorpor6 mirando con
dolor sus pu:fios planchados.
-1 Cuando ma:fiana llegue a casa, la tia Midow me
tomara por alglin vagabundo !
- j Ven aca ! - intervino Percy-; i yo tc pondre
tal, que te tomen por un principe desterrado !
-lTit qwoqu'(J, Bnde! - exclam6 Tom, y corri6 al en-
cuentro de Percy.
Comenzaron el pugilato: Tom vino presto a tierra,
pero se volvi6 a levantar coma si fuera de goma -elastica,
y apel6 de nuevo a toda la fuerza de sus m(1sculos. Percy
toc6 el suelo a su vez: pero fue un instante. 'l'om era mas
fuerte, pero Percy mas 8.gil. A los seis o siete minutos
ambos se declararon pares.
Al verlos allf, respirando fatigados y con los rostros
encendidos, se hubiera creido que toda su alma estaba
puesta en aquellos juegos de muchachos. Y sin embargo,
aquellos dos j6venes estaban a punto de separarse para
seguir eada uno su noble vocaci6n. Mientras jugaban,
lleg6 el coche que habia de conducir a Tom a la estaci6n.
Percy le quit6 el sombrero, que se habia puesto toman-
dolo del suelo; y sacando del bolsillo un peinecito, trat6
Enrique Dy 201

de ordenar los cabellos de Tom para darle un aspecto pre-


sentable.
Mientras estaban ocupados en esto, se me ocurri6 una
idea subita ..
-Tom - dije -, si llego a recobrar aquel dinero ...
-Que tu mismo robaste ... subray6 Tom.
-Lo pondre a lucro, y si tu lo necesitas para alg(m fin
especial, hazmelo saber.
Tom reflexion6 un momento.
-Voy a decirte una cosa que he pensado muchos a:fi.os.
Una cosa que hace inmensa falta cs un peri6dico cat6lico
para ni:fi.os y nifias. En vez de lamentarnos de los libros
que leen, procuremos publicar buenas lecturas cat6licas
para substituirlos. Los niiios quieren libros eseritos para
ellos, quo tra ten de sus cosas, y por cso acuclen a
los que sc cscriben para ellos con mal criterio. i Nuestros
escritores deberian esforzarse por dar a conocer el mucha-
cho cat6lico americano: es el mejor muchacho del mundo !
t Quien sabe si dentro de algunos afios no podrfamos em-
plear ese dinero en la publicaci6n de semejantes libros 1
Una buena historia ca t6lica hara mayor bi en que una do-
cena de libros censorios, enderezados a protestar contra
las malas lecturas que no deberfan llegar a manos de los
j6venes.
-Asi es - observ6 Percy-. Vale mas pelear hacien-
do bien, que lamentandose del mal.
Era esta una de SUS citas favoritas.
--Precisamente. Pero yo estoy para hacer voto de po"7
breza, no es posible contar con ·una suma depositada en
un Banco a mi disposici6n. Percy es precisamente la per-
sona a prop6sito para ponerse contigo al frente de una
empresa semejante.
202 P. Francisco Finli, S. J~

-Tom, acabas de revelarme mi vocaci6n - exclam6


Percy con el rostro iluminado por una sonrisa que nunca
olvidare-. No puedes pensar cuanto he rogado a Dios
que me diera luz. Mi confesor me dice que no piense en
abrazar el estado religioso. Ahora creo ver con claridad
que Dios me llama a las obras de propaganda cat6lica que
acabas de indicar. Tcngo dinero abundante, y si mi padre
consiente en ello, invertire 15 6 16,000 d6lares y los dejare
producir hasta que llegue el tiempo de emplearme en la
fundaci6n de tu peri6dico, Tom.
-Cuenta conmigo, Percy - dije con entusiasmo - .
No importa si recobro o no aquel dinero. De todos modos
empleare 20,000 d6lares del patrimonio de mi tfo.
No eran estas nifierfas de muchachos. El padre de
Percy era riquisimo; y por mi parte, mi tio me habia de-
jado una fortuna de 300,000 d6lares.
l Cuan veloz pas6 el tiempo, mientras discutiamos con
todo. el ardor de nuestra edad y las doradas ilusiones de
nuestra fantasia, sobre lo que se habria de hacer para
fundar nuestro peri6dico !
Mas 1ay ! lleg6 la hora de la separaci6n. Todavfa me
parece estar viendo a nuestro querido Tom en la plata:for-
ma del vag6n, cuando el tren se puso en movimiento,
sonriendonos, haciendonos sefias con la mano, hasta que
nna curva de la vfa nos quit6 de los ojos uno de los mas
n9bles y bravos muchachos ·del mundo.
Todos estabamos a punto de derramar lagrimas, pero
Harry Quip acert6 a divertir nuestra emoci6n . .Aludiendo
al uso de Inglaterra, don_de tiran zapatillas usadas tras el
coche en que salen los novios para su viaje de boda, se
sac6 del bolsillo una chinela vieja y la tir6 contra el tren
que llevaba a Tom.
Enrique Dy 203

La impresi6n se troc6 de patetica en c6mica (cambio


facil en j6venes de nuestra edad) y todos sonreimos... ,
aunque nuestras sonrisas estaban todavia empapadas en
lagrimas.
Quip se mostr6 indignado.
-1 Sois un hato de majaderos ! - barbot6-. i No
cambiarfa a Tom Playfair por un vag6n cargado de mu-
chachos como vosotros !

OAPfTULO XXVII

En el que tengo el problematico placer de renovar mis


relaciones con el senor Caget

El curso de Ret6rica no fue muy venturoso para Percy


ni para mi. El fue llamado a su casa por causa de una
grave cnformedad de su madre. Todos sentimos mucho
su ausencia; pero sobre todo I~rank Burdock, que, con
gran alcgria suya, habfa pasado a nuestra division, estaba
entonces inconsolable. Harry substituy6 a Tom en la di-
recci6n de nuestro grupo y hacfa muy bien su papel; pero
cuando nbs hallabamos juntos no podfamos olvidar nunca
que faltaban de entre nosotros nuestros dos mejores
amigos.
A :fines <lel cur&o recibl una carta de mi abogado, que
tiene estrecha relaci6n con las aventuras que me quedan
que contar. Hela aqui entera.

"Muy sefior mfo:


"Despues de un largo y cuidadoso estudio, he adqui~
rido la certidumbre de que el agente de cambio nada tiene
204 P. Francisco JJ'inn, S. J.

que ver con la substracci6n de los 50,000 d6lares. Hay,


pues, que inferir que usted mismo escondi6 aquella suma,
despues de haber dado de pufialadas a su tfo. Esta es la
ultima conclusion que se me ofrece. Asi que, juzgo que
el dinero debe estar en aquella casa, y por ende, puede ser
hallado. Pero antes de dar paso alguno en este sentido,
desearia tener una entrevista con usted, para demostrarle
que he usado de toda la humana prudencia, en este compli-
cadisimo negocio, no omitiendo diligencia alguna de cuan-
tas podfan imaginarse. Si usted lo desea, yo ire a San
Mauro. Pero hallandome ocupadisimo· en otros muchos
asuntos, le agradecerfa, si le es posible, viniera usted aca.
De usted sinceramente afmo.
WALTER LANG."

Esta carta me sugiri6 hondas re:flexiones. Al parccer,


todas las circunstancias de aquel caso eran extraordina-
rias. Ante todo, era muy raro que yo hubiera podido
matar .a mi tio de una cuchillada, aun cuando estuvie~a
despierto. Pues /, c6mo, en suefios, habia podido herirle
con tanta precision 1 Ademas, era improbable que des-
pues de matarlo, hubiera registrado su lecho, hubicra to-
rnado y escondido el dinero. Si hubiera contado a mi ex-
trafio todas estas cosas, sin duda se hubiera mofado de
mi y me habria tornado por loco.
Habia ademas otras dificultades. &Habrfa Mrs. Dorne
oido realmente pasos de una persona mayor, diferentes
de mis ligeros pasitos, o eran aquellos pasos parte de su
ensuefio1
La evidencia adquirida por .el abogado parecfa excluir
la primera hip6tesis; pero, esto no obstante, la duda quc-
daba todavfa fija en mi animo. El deseo de aclarar el
Enrique Dy 205

misterio acerca de la muerte de mi Ho habfa venido a ser


la preocupaci6n principal de mi vida. Hubiera para ello
arrostrado cualquier peligro; hubiera desafiado cualquier
riesgo, a trueque de descubrir la verdad. Si necesario
fuera, no solo habria empleado toda mi fortuna, sino aun
arriesgado mi vida para llegar a la soluci6n de aquel enig-
ma. Debo afiadir que, desde hacia algun tiempo, mi padre
me habfa abandonado la direcci6n de todo aquel asunto,
par hallarse el en casa confinado en su aposento par una
peligrosa bronquitis, y obligado a desentenderse de todos
los negocios. Tenfa en mi la mas plena confianza. Natu-
ralmente, yo le consultaba todas las cosas, antes de dar pa-
so alguno decisivo. Pero he de afiadir que poeas veees me
daba un consejo determinado.
-Piensa tu mismo, Enrique - me decfa -. Ya has
mostrado tu sumisi6n pidiendome consejos, y te lo agra-
dezco. Pero ahora muestra tu prudencia resolviendo por
ti mismo.
i Feliz el hijo a quien su padre le pucde ensefiar la doci-
lidad y la propia iniciativa en una misma lecci6n !
Despues de haber releido la carta, me vinieron a la
memoria las pocas palabras que me habfa dicho Tom,
cuando nos despedimos en la estaci6n.
-~fi querido Enrique, no has salido todavia de aquel
embrollo. Tiempo vendra en que scntiras tu mismo la
neccsidad de volver a aquella casa; y i quien sabe si no sera
la segunda visita mas provcchosa que la primera que hici-
mos 1os dos 1 Esta vez no padre acompafiarte; pero pue-
dcs tener otro compafiero mejor: lleva contigo a Percy. Es
cnrifioso coma una nifia; pero fuerte como un le6n. Nada
le intimi<la, si no es el pecado. Por lo que hace a los es-
206 P. Francisco Finn, S. J.

pfritus, es capaz de entenderse con todos los de este mundo


y del otro. Puedes contar seguramente con el.
Se me ocurri6, leyendo aquella carta, que la predicci6n
de Tom estaba para realizarse y me decidi, si fuera posible,
a llevar conmigo a Percy, caso de que hubiera de volver. a
visitar la Casa de los Espfritus.
Dos dfos despues, me encerre con Mr. Lang para cele-
hrar una conferencia, que dur6 dos horas. Su relaci6n
fue magnlfica. Parecfa no haber posibilidad de un des-
cuido. Quede hondamente impresionado por la exactitud
de sus raciocinios, y le deje, no solo convencido de que ha-
bfa quitado la vida a mi tfo, sino de que le habfa quitado
una cantidad de dinero, que por otra parte, era ya de mi
propiedad.
Me hallaba excesivamente emocionado para volver en
seguida a San Mauro, y por otra parte, el estado de mi
padre no era satisfactorio. Senti, pues, que mi sitio esta-
ba a su la do, y me dirig1 alla.
A~medida que iban pasando los dias en compafifa de
mi padre, se iba debilitando la convicci6n que habfa saca-
do del despacho de Mr. Lang. Las dudas antiguas volvfan
a presentarse en mi a.nimo con penosa insistencia.
-Papa - le dije un dfa. -No me convencen las razo-
nes de Mr. Lang.
-!, No le crees 1
-Sf; es decir: creo que el esta persuadido de lo que
me dice. Pero sus razones no me satisfacen.
-Pues bi en : &que pretendes hacer?
-Quiero ir a pasar otra noche en Tower Hill Mansion.
-t,SoloY
-No. Con Percy Winn.
-&Cuando?
Enrique Dy 207

-Tan pronto como Percy pueda venir. Le pondre en


seguida un telegrama.
Era entonces el 20 de Diciembre, y Percy se hallaba en
San Luis. Aquel mismo dfa le puse el telegrama siguien-
te:
/,; Qwiier-es .acompa1uvtmle a Tower H 1J"ll MaJ1~1i tarn
pronto 1te sea posible?
La contestaci6n no se hizo esperar.
Cforta.memte: pod.errv.os ir la manaM del 24.
A la maiiana siguiente recibi esta carta:

"Mi querido Enrique:


"Mi madre esta ya fuera de todo peligro, y tendre un
gran placer en estrechar tu mano tras una separaci6n tan
larga ; y en pasar contigo, aunque no sea sino una noche,
en una casa infestada de espfritus. Despues de todo, f, que
puede ser una casa infestada ~ Estamos en las manos de
Dios, en cualquier lugar que nos hallemos;
"Tc acuerdas de lo que dice aquella nifia, en una poesfa
que nos cs bi en conocida 1 ti No esta Dios (ln el mar, como
en todas las partes de la tierra 1
"Donde quiera que nos hallemos, no estamos lejos de
1JJI, y sin su liceneia, no caera ni un cabello de nuestra
cabeza.
"As!, pues, querido amigo, pasaremos juntos la Navi-
dad. Si no fuera por eso, aprovecharfa la presente para
desearte mil felicidades. Pero i cuanto mejor es guardar-
las para dartelas de viva voz~ que dartelas en una frfa
carta !
"He visto a Tom: le Haman el Cm-isrim1J hm-marvo Play-
fair. Esta bien y se siente felicisimo. Es mas guas6n
que antes. 1Pero cuando no se rfo (que es pocas veces),
208 P. Francisco Finn, S. J,

que hermosa expresi6n de santidad se muestra en sus fac-


ciones ! Cuando estaba con nosotros, por mucha estima
que tuvieramos de el, no nos dabamos cuenta de que vivfa-
mos con un angel. :Me ha encargado que te transmita sus
mas afectuosos recuerdos. Le he escrito ahora mismo
cuatro lineas, para que sepa d6nde estaremos la Noche-
buena.
":El estara aquella hora en la misa del gallo ; y 1e he
rogado que asalte las puertas del cielo en aquella misa, con
multitud de plegarias segun nuestra intenci6n. T{1, que-
rido Enrique, ten la misma f e que yo ten go, en las oracio-
nes de Tom. Es un santo am.erfoa:no.
"Y ahora, adi6s, querido amigo. No puedes figurarte
Ia~ alegrfa que me da la idea de volverte a ver. He estu-
diado atentamente la Guia de ferrocarriles, y he visto que
podre 11egar a Sessionsville a.' las siete de la mafiana. El
tren para Tower I-Iill sale a las nuevc. Asi que podrc ir
a tu casa y saldremos de alH juntas. Una vez mas, adi6s,
mi· querido Enrique.
Tuyo afectisimo,
PERCY WINN.

"P. D. - 1VIe alegro mncho de saber que tu papa sigue


tanto mejor. Presentale mis respetos. Ruega por mi,
como yo lo hago por ti.
P. vV."
El· 22 de Diciembre hacia el a tardecer, me dirigfa a mi
casa, cuando un hombre, que vcnfa en sentido contrario
andando pesadamente, se me acerc6 y me pidi6 una li-
mosna.
Por un fen6meno inexplicable, quede muy jmpresiona-
do con su aspecto. Iba vcstido con prcndas lum:picntas,
Enrique Dy 209

en la cabeza un sombrero viejisimo; la barba inculta, su


cara rugosa y todo su exterior le dcsignaban indudable-
mente como un vagabundo. Tenfa los cabellos grises por
las muchas canas.
Pero lo que me caus6 mayor impresi6n fue su frente
angosta y repugnante, que se arrugaba sobre las gruesas
cejas hirsutas. Le mire fijamente, mientras me d~rigfa
su petici6n. El aspecto crudamente antipatico de aqrel~a
persona me trajo a la mente, por una transici6n natnra1 en
mi estaclo de animo, los recuerdos de Tower Hill Mansion;
y subitamente se me ofreci6 la semejanza entre aquel men-
digo que tenfa delante, y el antiguo mayordomo de mi tio,
Jaime Caget.
En un instante forme mi plan. Creia tener delunte a
la {mica persona que conocfa al detalle la casa de mi tio.
l Quien podfa prestarme mejor auxilio que el, en ca~o ae
que fuera necesaria una larga pesquisa?
Por otra parte, sabia perfectamente que 'I1ower Hill
Mansion serfo la {1ltima partc del mundo a donde Caget
irfa por su voluntad. Habfa sabido por lVIr. Lang, que lo
mismo el que los demas antiguos servidores de mi tlo, t'e-
nfan el mas vehemente horror a aquella morada, actual-
mente infestada por los espfritus. No obstante, resolvf
hacer todo lo posible para lograr que Caget me acompa-
fiara alla.
-Si no me equivoco - dije-, estoy hablando con un
antiguo amigo de mi familia: Jaime Caget.
Sus ojos inyectados en sangre me miraron atentamen-
te debajo de sus erizadas cejas, mientras su frente se arru-
gaba todavia mas, formando un horrible entrecejo.
-& Quien es usted? - dijo con voz ronca, que parecfa
remedar la de mi difunto tlo.
ENRIQUE DY - 14
210 P. Francisco Finn, S. J.

-& No se acuerda de aquel nifio que hace seis afios


vino a pasar en·casa de SU mo la Nochebuena 1
De nuevo me mir6 fijamente, y la palidez que se marc6
en sus mejillas, me hizo entender que me habfa reconocido.
-Si, si; os reconozco, j ja ! I ja ! j ja ! (Aquella risa for-
zada me hizo estremecer). Entonces os persuadisteis que
habiais sido vos mismo el asesino de vuestro tio f, eh 1 No
tuve intenci6n de perjudicaros. i Crei entonces de buena
fe que le habiais quitado la vida durmiendo. Pero me ale-
gre cuando supe que habia sido aquella bruja, y no vos... !
Se me subi6 la sangre a la cabeza, al oir la brutal alu-
si6n a Mrs. Dorne. Pero me reprimi y le dije:
-l,Asi, pues, teneis necesidad de mi auxilio1
-Hace tres dias que no he hecho una comida ordena-
da, sefiorito. Mis negocios han ido de mal en peor. En
estos ticmpos un hombre honrado no halla modo de vivir.
i Si, sefiorito; me veo obligado a pedir limosna ! t, No
podria usted hallarme una colocaci6n 1
·-Si - le conteste -.; venid a casa de mi padre pasa-
do mafiana por la mafiana a las ocho en punto, y os encar-
gare Ulla comision que OS sera de provecho; y si quedo
contento, tal vez os tomare a mi servicio.
-No faltare, sefiorito. /, Me dara dinero contante 1
-El dfa de Navidad por la mafiana os dare una buena
cantidad. Entretanto, he aqui un par de d6lares para re-
mediar vuestra necesidad .presente. Mas os darfa; pero
ya lo hare cuando nos volvamos a ver.
-Gracias, sefiorito - 1 dijo agarrando avidamente el
dinero. Este seguro que no faltare el 24 por la mafiana.
Su voz ingrata resonaba todavia asperamente en mis
oidos cuando me dirigi a mi casa. Y durante los ensueiios
alborotados de aquella noche, vefa a cada momento de nue-
Enrique Dy 211

vo el repugnante aspecto del mendigo vagabundo, que la


pesadilla me representaba en todas las formas ocasiona-
das por los mas desagradables recuerdos.

CAPi'rULO XXVIII

En que Caget acepta pasar una noche en casa de mi tio

No fueron mis ensuefios menos pesados la noche si-


guiente. Se me representaba mi tio en las figuras mas es-
pantosas. Su voz y la de Caget resonaban en mis oidos
asperamente durante mis pesadillas, a las que segufan
intervalos de insomnia, durante los cuales me arrepentfa
de haber proyecta<lo el viaje a la funesta casa, y llegaba
a descar no haber tenido jamas noticia de mi tfo ni de su
dinero,
A las tres de la madrugada me levante, tome un bafio
frio y me pusc a leer. Despues almorce, meti desor<lena-
<lamente mis efectos en la maleta de viaje y estaba refle-
xionando si hab!a olvidado algnna cosa, cuando oi un
fuerte campanillazo en la puerta. Agitado por mi inte-
rior inquietud corr! a abrir y me encontre cQn un depen-
diente que me entreg6 el siguiente telegrama.
"El tren se ha retrasado seis horas. No me es posible
alcanzarte en Sessionsville. Vere lo mejor que puedo
hacer.
PERCY WINN."

La lectura de estas Hneas di6 en tierra con mi animo.


El no ver al espera<lo Percy me afligia sobre manera, y
cstuve tentado a abandonar mi plan. i Como pasar aquella
212 P. Francisco Finn, S. J.

noche de funestos recuerd-0s en aquella casa maldita y


con Caget ... ! El temor y la repugnancia que me inspiraba
la sola memoria de aquel hombre eran invencibles. A su
vista me parec:i'.a volver a ser el nifio neurasteni.co y enfer-
mizo de otros tiempos. Pero en realidad &que raz6n tenfa
ahora para temerle 1 &No me habfa hecho un joven sano,
bien desarmllado, superior a el en inteligencia y no infe-
rior tal vez en fuerzas fisicas ~ A pesar de esta reflexion
racional, no arrostraba la idea de pasar una noche a so-
las con el. Por esto, dos minutos despues de recibir el
telegrama de Percy, mantle un billete a Mr. Lang, dicien-
dole que tenfa urgente necesidacl de el, y explicandole las
circunstancias que me obligaban a acudir a su ayuda.
Envie aquel billete por un propio, y tras una espera, breve
en si, pero que a mi se me hizo eterna, rccibf esta contestu-
ci6n:
"Muy senor mfo:
"Siento que negocios urgentisimos no me permitan
acudir a acompafiar a usted en persona. Lo unico que
puedo hacer y hago, €S, enviarle el unico de mis pasantes
que tengo a mi disposici6n en este momenta, 1\.fr. John
Nugent. Es un jovcn excelente, aunque de poca experien-
cia., y muy resuelto, aunque no sea modelo de valor fisico.
"Espero que 1-0 sera de provecho SU compafifo. Para
el Sera Ull bu en llOViciado de SU profesion, el pasar Una
noche en una casa reputada por llena de espiritus.
De usted sinceramente afecto,
LANG.

P. D. -Nugent me ha dado algo que hacer. Se rcsis-


tfa a acompafiar a usted, pero le he obligado a ello. Estara
en casa de ustcd poco despues de esta."
Enrique Dy 213

Esta carta no era muy a prop6sito para aliviar mi ani-


mo. Todo parecfa salirme al reves; incluso el tiempo, que
se habfa puesto lluvioso.
Pocos minutos despues de las ocho, un joven vestido
decentemente, con sombrero y pelo pajizos, y color y fi-
gura deslavazados, se me present6 como Mr. John Nugent.
Me llam6 la atenci6n su aspecto general de debilidad
y el aire irresoluto qu-0 respiraba toda su fisonomfa.
-He sentido - le dije, al estrecharle la mano - ; in-
vitaros a una incumbencia que os es poco simpatica.
- j Ah! No, no por cierto. Al contrario; j no puede
ustcd figurarse cuanto me complace ! - y afiadi6 una
sonrisa del todo desprovista de expresi6n.
-Amigo mfo - dije para mi coleto, mientras contem-
plaba aquella nulidad humana - ; si el mentir sin nece-
sidad y sin seso, €S una garantfa de prosperidad en vuestra
profesi6n, no dudo que hara usted buena carrera.
No pude continuar mis reflexiones, porque me inte-
rrumpi6 la llegada de Caget. Todavfa presentaba el as-
pecto de un vagabundo: pero era un vagabundo aseado y
cepillado de pies a eabeza para la ocasi6n presente.
-Buenos dias, Caget, le dije; y mientras hablaba con
el, comprendi que no era inutil, para darme mas animo, la
presencia del insignificante Mr. Nugent-. Llega usted
a punto para una hermosa jornada. Tendre necesidad de
vos hoy y mafiana y os pagare vuestro servicio con 25 d6-
lares.
-Heme, pues, aqui - dijo Caget con presteza -, /, que
tengo que hacer' Desde luego estoy a su servicio.
-Quiero examinar la casa de mi tio.
i Que expresi6n de terror se mostr6 en -su fisonomfa,
apenas hube pronunciado estas palabras !
214 P. Francisco Finn, S. J.

-1 La casa· de los espfritus ! - barbot6.


- j Bah! Eso son tonterfas - contest€.
-No son tonterfas. I No saldreis de alH, si os aven-
turais a entrar ! - insisti6.
-1 Que idea! l Ya he pasado una noche en ella, y que-
de tan satisfecho que quiero volver !
-Pero yo tengo miedo y no ire. I Pensar en verme alli
dentro, donde fue asesinado mi viejo amo !
-Mas no estareis solo - objete -. Este sefior y yo
os haremos compafiia.
Su semblante continuaba mostrando €1 mismo terror,
cuando contest6 :
-No. Yo no voy.
-Caget : Tengo necesidad de vos. Quiero buscar en
todos los cuartos para ver si encuentro una gran canti-
dad de dinero. Vos conoceis la casa mejor que ninguna
otra persona. Mirad que os va mucho en ello, pues os
dare 50 d6lares.
&Fueron los 50 d6lares prometidos lo que hizo a Caget
mudar de opinion 1 Entonces lo crel. Pero el lector halla-
ra tal vez en lo que sigue, un motivo mas fuerte, que pudo
resolverle. En todo caso, tras una breve meditaci6n y
pausa, Caget me pregunt6:
- i Tendre medio litro de aguardiente hoy, otro esta
noche y otro mafiana? .
-Si - conteste, despues de pensarlo un poco -, con
esta condici6n: que si os emborrachais, no recibireis la
paga.
Di6 una risotada que parecfa el rechinar de muchos
goznes viejos, y tal que, al oirla, el joven abogado mud6
el color, y se retorci6 nerviosamente los bigotes.
-No hay miedo de que me emborrache con esta raci6n.
Enrique Dy 215

Bien, vendre. Pero tened presente que no he de quedarme


solo, ni medio minuto.
-Contad con ello, si obedeceis mis instrucciones.
Asi convencido, Caget, Mr. Nugent y yo, formando el
peor terceto del mundo, tomamos a las nueve el tren para
Tower Hill Mansion; lbgamos alla una sombria noche, y
nos instalamos en casa de mi tfo, para pasar una noche tan
llena de extrafi.as aventuras que necesita capitulo a parte.

CAPfTULO XXIX

En que recibo una carta y hago nn descubrimlento

-Ahora - di,je, despucs de dar un vistazo general a


todo el interior-, quiero que sepan ustedes lo que intento
hacer. Tengo graves motivos para sospechar que mi tfo
tenfa en casa al morir, 40,000 y pico de d6lares. Por otra
partc, tengo razones para creer que aquella cantidad esta
todavfa en esta casa. Probablemente esta en una de las
tres habitaciones ...
-Yo cre1a - interrumpi6 Caget -, que Mrs. Raynor
habfa huido llevandose €1 dinero.
-Tambien otros lo crefan - conteste -, pero aconte-
cimientos posteriores han modificado esta opinion. Como
decfa, pues, hay graves razones para creer que el dinero
esta en esta casa: probablemente en la librerfa, o en la
habitaci6n de mi tio, o en aquella en que yo pase la noche.
Empecemos, pues, por una minuciosa investigaci6n en
la librerfa; 1uego pasaremos a la habitaci6n de mi tfo, y
finalmente, al cuarto en que yo dormi, si tenemos tiempo
para todo.
P. Francisco Finn, S. J.

-No entiendo - dijo Caget, con el mas superlativo


entreeejo y la mas ronca voz.
-No importa: por el momento sabeis lo que basta.
Entramos en la librerfa y comenzamos nuestra pesqui-
sa. ,Al principio me lleg6 a divertir observar las miradas
terrorlficas de mis dos comp11iieros. Nugent no hacfa sino
mirar a sus espaldas, y sus dedos estaban ocupados sin
tregua en retorcerse el bigote. Caget mostraba menos ner-
viosidad, pero todavfa mayor terror. Sus manos estaban
cubiertas de un sudor frfo, su rostro contra1do y llvido.
Todo esto, repito, me divirti6 al principio; pero mi di-
version dur6 poco tiempo. El miedo es un afecto conta-
gioso, y pronto eche de ver que tambien yo comenzaba a
estar aterrorizado. Sin darme cuenta, empece a mirar con
frecuencia a mis espaldas. Pero por mucho tcmor que sin-
tiera, estaba resuelto a vencerme. Aunque pudieramos
ser considerados como un terceto de cobardes, yo, en com-
paraci6n de mis colegas, era un verdadero heroe.
A pesar de nuestro grandisimo miedo, hicimos una
completa revision .de la librerfa. No dejamos en su sitio
un libro, ni un caj6n sin revolver. Luego examinamos el
pavimento y las paredes. En esta faena mi compaiiero el
abogado se despach6 a su gusto, golpeando el suelo y los
muros con tanto garbo, que se olvid6 de su miedo y me lo
quit6 a ml. Cuando hubimos terminado nuestra pesquisa
en la librerfa, faltaban solo quince minutos para las once.
-Ahora, seiiores - dije -, iremos a la habitaci6n de
mi tfo y la examinaremos del mismo modo.
Al oir esto, el aterrorizado Caget protest6, exclaman-
do:
-No, no. l A aquella no! Comencemos por la de us-
ted. Mafiana veremos la de su tfo.
Enrique Dy 217

-Mi resoluci6n es invariable: primero esta.


-No, por Dios. Aguardad al menos que haya pasado
la media noche.
Sus facciones estaban desencajadas por el terror.
- i Vaya ! - dije con voz severa -, sfganme - y pre-
cedi cogiendo la lampara.
-Yo no voy - rugi6.
-Esta bien - conteste -. Entonces os encerraremos
solo en esta pieza y luego ...
-No, no. Ya vengo. No me quedarfa aqui solo por
todo el dinero del mundo.
Mientras hablaba, bebi6 un sorbo de aguardiente.
i Onan apretados segufan tras de mi aquellos dos hom-
bres, cuando subimos la escalera ! Tanto, que percibia su
temblor, y podia contar los latidos de su coraz6n. Un
crujido extrafio que di6 la escalera por donde subfamos,
bast6 para hacer dar a Caget un salto tal, que, si no le hu-
bieramos sostenido, se hubiera precipitado escalera abajo.
Empezamos a examinar la habitaci6n de mi tfo. Nu-
gent habia recobrado un poco de animo. Habfa en el algo
de det,e-0tive, porque buscaba y rebuscaba en todos los rin-
cones. En quince minutos quedaron inspeccionados el ar-
mario de mi tfo, su mesa y escribanfa. Nugent llevaba la
direcci6n. Caget se hallaba en un paroxismo de terror;
pero procuraba aliviarlo recurriendo con frecuencia a la
botella de aguardiente. Despues de haber examinado los
muebles, se arroj6 sobre una silla, diciendo a Nugent:
-Es inutil. Sentaos. Continuaremos nuestro trabajo
en el otro cuarto. t,No serfa mejor ir, ahora mismo1 -
dijo dirigiendose a ml.
Ni Nugent ni yo le hicimos el menor caso. Estabamos
atareados examinando las paredes, y llegabamos cerca
218 P. Francisco Finn, S. J.

del lecho de mi tlo, cuando Caget se aba1anz6 hacia mi


gritando:
. - i Por amor de Dios ! i vamonos corriendo de aqui !
l Mafiana habra tiempo ... , mafiana !
-I Sentaos, cobarde ! - le grite con enfado.
Obedeci6, cediendo mas a SU terror que a mi mandato,
y yo continue golpeando las paredes.
-& Ha examinado usted atentamente el lecho ~ - me
pregunt6 Nugent.
-Tom Playfair y yo lo examinamos cuando estuvimos
aqui, pero no pusimos mucha atenci6n. .
-No hay nada, no hay nada - grufi6 Caget - . Yo
mismo lo arregle antes de dejar esta maldita casa.'®
Nugent, sin dar oidos a aque1la observaci6n, empez6
a echar al suelo las a1mohadas, colchas y colchones.
Caget se le ech6 encima grita.ndo:
- i Dejad esa cama !
Tenfa los ojos inyectados en sangre y el rostro horri-
blemente descompuesto por la rabia. Nugent retrocedi6
cspantado a su vista.
-Venga aca, Nugent - exclame-, continue exami-
nando las paredes. Yo mismo cuidare del lecho.
Caget se retorci6 las manos y di6 a.lgunos pasos hacia
mi, mostrandome los pufios.
-Venga Nugent - grite-: jvigile a este hombre!
Nugent, que habfa venido a mi lado, levant6 la cabeza,
~r los dos nos quedamos mirando a aquel miserable.
Caget se puso livido ante nuestra mirada, y volvi6 a
su silla murmurando nna imprecaci6n. Sent6se y se es-
condi6 el rostro entre las manos.
Subitamente lance un grito involuntario, que hizo a
Nugent volver a mi lado.
Enrique Dy 219

-& Que es esto? - exclame -, sefialando una carta


prendida con un alfiler en la funda de una almohada.
Nugent, sin contestarme, quit6 el alfiler y la carta cay6
al suelo.
Caget lanz6 un gBmido.
- j Ah! - prorrumpf recogiendo la carta, y viendo qne
el sobre iba dirigido a mf.-Traed la lampara, Nugent.
&Quien sabe si esta vieja carta es de mi tfo? - Rompf el
sobre y, a la luz que me habfa acercado Nugent, lei con
estupor indecible :

"24 de Diciembre de 18 ...

"Sobrino mio, Enrique.


"Esta noche a los doce en punto me suicidare. Mafia-
na cuando entreis en mi cuarto, me hallareis muBrto con
mi propio pufial clavado en el coraz6n.
JAIME DY."

- j Dias mfo ! - exclame -. Estoy despierto o so-


fiando? Nugent tom6 el billete de mis temblorosas manos
y lo ley6 avidamentc.
-& Que piensa usted de esto? -le pregunte.
Me devolvi6 silenciosamente la carta, fijos los ojos en
Caget y penetrado de nuevo del horror de aquella escena.
-Mirad, mirad -, balbuce6.
Tenfa raz6n para mostrar espanto. Caget parecfa una
estatua del terror: los musculos de su rostro estaban ex-
traordinariamente contraidos; sus ojos se habfan puesto
vidriosos y la boca entreabierta lanzaba una anhelante
respiraci6n. Ore! que aquel miserable habfa sufrido un
ataque apopletico. Puse apresuradamente la luz junto a
220 P. Francisco Finn, S. J.

el, en la mesa, y tomand.o una botella de aguard.iente, llene


un vasito y lo acerque a sus labios.
-Mas, mas, - murmur6 despues de haberlo apurado.
Le alargue otro vaso.
Cuando volvi6 un poco en si, le presente la cart a:
-Caget - le dije ~, mire esta carta de mi tfo.
Tent6 cogerla; pero la dej6 caer en tierra.
La recogi y se la lei en voz alta.
-& Entiende, Caget 1
Su rostro se contrajo de nuevo horriblemente, y des-
pues de emitir algunos sonidos inarticulados, logr6 pro-
nunciar estas palabras:
-Si. i Asi es verdad !
-& Como 1 - grite -, &todos estos a:fios sabfais que mi
tfo se habfa suicidado, y habeis permitido que se sospe-
chara de una mujer inocente y se la buscara en nombre
de la l1ey 7 Pero &c6mo supisteis el suicidio de mi tfo?
El infeliz se retorcfa presa del mas espantoso terror.
- i Un poco mas de aguardiente ! - balbuce6.
Le di otro vasito.
-Aqnella noche - dijo por fin-, estuve trabajando
hasta muy tarde. Luego subi, y llame a la puerta del se-
nor-. Se detuvo y se pas6 la mano por la frente cubier-
ta de un sudor frfo. - No obtuve respuesta, y entreabri la
puerta ... y vi a su tfo muerto, herido con su propio pu-
:fial. En la silla de la cabecera estaba esta carta. La lei
y la puse donde la habeis hallado.
-Pero &por que lo hicisteis 1 Apor que?
-Nose ...
- i Mentis! 1Decidme por que !
-Habfa oido lo que la aya de usted habfa dicho a su
tfo y SB me ocurri6 echarle la culpa de su muerte.
Enrique Dy 221

No me satisfizo esta explicaci6n, y menos la manera


como aquel hombre se expresaba. Adquiri el convenci-
miento de que me ocultaba algo interesante.
-Pero &por que pretendfais hacer recaer las sospechas
en Mrs. Raynor?
-1 Porque ... , porque ... , temi que la gente me atribuyese
el crimen a mi !
-Y, ieste era el unico motivo?
Caget parecfa at6nito.
-No le de usted mas aguardiente - murmur6 a mi
oido Nugent-, pues si bebe una gota mas, nos hallaremos
con un tronco insensible. l Que necio (a:fiadi6 hablando
para si) he sido en venir a este sitio !
A pesar de este SU estado de animo, Nugent nos volvi6
de nuevo la espalda y prosigui6 examinando los muros.
-Caget .- repeti agarrandole por el hombro y sacu-
diendole -, /, no tuvisteis alglln. otro motivo ~
Abri6 los labios como para contestar; pero no emiti6
sonido alguno.
-& Habeis oido, Caget 1
-Tuve el designio de apoderarme de su dinero - con-
test6 fjnalmente haciendo un gran esfuerzo.
Echc una mirada a mi compafiero, murmurando entre
mi:
-Tom Playfair tenfa raz6n. Mrs. Dorne oy6 efectiva-
mente otros pasos diferentes de los mfos, y he aqui al
ladr6n.
Yo pronuncie, casi sin darme cuenta, estas palabras.
Pero Caget las oy6 y protest6.
-No - dijo - cuando yo llegue, el dinero habfa ya
desaparecido.
222 P. Francisco Finn, S. J.

Le mire con fijeza. Tenfa el aire de quien dice la ver-


dad.
-Lo habia robado Mrs. Raynor - aiiadi6.
-Canalla, brib6n - grite-; si volveis a hablar asi
de Mrs. Raynor ...
-Mirad, mirad - exclam6 subitamente Nugent_:.._:
Aqui hay algo ...
Corri a su lado. Estaba de rodillas junto a la cama,
que habfa separado un poco de la pared, y miraba una
abertura de un pie de ancho, sorprendido por el descu-
brimiento que acababa de hacer.
-& Como lo ha descubierto usted 1 - pregunte.
-He tocado no se que cosa ... , tal vez un resorte, y se
ha separado un trozo de pared dejando esta abertura.
Nugent se hizo atras, quedando sobre sus talones,
mientras yo metia la mano en el escondrijo y sacaba de
el una pesada cajita de madera, abierta por la parte supe-
rior. Cuando acerque la luz, eche de ver que tenfa en las
manos un tesoro; billetes de Banco de diferentes valores,
monedas de oro y plata; el caudal desaparecido acababa
de volver a la luz.
Pero &quien lo habfa puesto en aquel escondrijo? De-
hl a haber sido mi tfo. &Lo habrfo ocultado antes de sui-
cidarse? Estas dudas volvieron mi atenci6n hacia Caget.
'Por que habria echado sobre Mrs. Dorne tan terrible
sospecha? 1Y confesaba el mismo que se habia querido
apoderar del dinero ! Me volvi a el para dirigirle la pa-
labra.
En aquel momento el reloj de la sala, al que yo habfa
dado cuerda cuando llegamos, hizo un rumor especial.
Caget sobresaltado extendi6 el brazo, y tropez6 sin darse
cuenta, con la Iampara que qued6 un poco baja.
I~nrique Dy 223

Al oir la primera campanada de la media noche, di6


un salto y, enteramente fuera de si, cay6 de hinojos de-
lante del lccho de mi tfo. Nugent, cuyo terror habfa lle-
gado al paroxismo con aquella escena, corri6 h~cia la puer-
ta y se precipit6 por la e8calera, sin parar hast.a la· ealle.

aAPfTULO XXX

En que Caget hace una sorprendente revelaciOn y yo


atravieso Ja crisis definitiva de mi vida

Mc estaba alll:, junto a la luz media apagada, a la vista


de un hombre arrodillado y sobrecogido de terror panico.
Pue un momento espantoso: terrible por lo que estaba
sucediendo, y mas terrible aun por lo que presagiaba.
Caget miraba con los ojos desencajados, no el lecho,
sino un objeto pr6ximo a el. Juntaba las manos y las ex-
tendia como si alejara de si una pavorosa vision. De su
boca salfan gemido~ y sonidos inarticulados, y parecfan
gruiiidos de una fiera; en medio de la agonfa de un hom-
bre presa del mas pavoroso terror.
Entonces no me di cuenta de ello: pero ahora compren-
do que aquel hombre estaba enteramente borracho. Yo
no podfa valerme para auxiliarle a el, y asi estuve un rato,
que me pareci6 largu!simo, sin hacer masque contemplar
aquel horrible espectaculo.
Por fin Caget logr6 pronunciar algunas palabras inte-
ligibles:
- I Oh! Mr. Dy, Mr. Dy! I Usted mismo fue causa de
mi crimen ! I Vayase ! i vayase ! Por todos los santos no
224 P. FranCisco Finn, S. J.

me mire usted asi- y diciendo esto, agitaba las manos co-


mo un frenetico.
Yo mire en direcci6n al lecho, casi esperando ver el
fantasma de mi tfo; pero no vi nada. Entretanto Caget
volvia a exclamar:
-Toda la culpa fue de usted, l\tlr. Dy: i Usted me obli-
g6 ! t,No rasg6 usted el testamento ~n que me nombraba
heredero 1 Yo escuchaba por la puerta, y sabfa que tenia
usted en casa 40,000 d6lares o mas. No pude hacer otra
cosa. i Pero no queria quitarle la vida !
i Imaginad cual serfa el estado de mi animo oyendo
aquellas frases descompuestas ! i Asi; pues, mi tfo habfa
sido asesinado, y yo me hallaba en aquella casa con el ho-
micida !
- i Delante de Dios - proseguia Caget -, no preten-
dia mataros ! lVIe cole en esta habitaci6n y procure llegar
al dinero sin despertaros. Pero abristeis los ojos, me
conocisteis y... entonces agarre vuestro pufial y... i oh!
i marchese ! i marchese ... !
Di6 m1 rugido desesperado y cay6 en el suelo echando
espumarajos por la boca.
Con un esfuerzo me libre dcl pasmo que se habia apo-
derado de mi, levante la mecha de la lampara y corri al
lado de Caget. Este, tendido en tierra, parecia una esta-
tua del terror y del remordimiento: la boca llena todavfa
de espumarajos, los ojos fijos y vidriados, y las facciones
espantosas como nunca habia visto en humana criatura.
Alli yacfa, sobre el desnudo suelo, el asesino de mi tfo. Yo
no tenia aliento ni para tocar con un dedo a aquel mons-
truo. Pero venciendo mi repugnancia, le tome y le tendi
en el lecho de mi tfo.
Volvi junto a la mesa y me sente.. Habia de pasar el
Enrique Dy 225

resto de la noche, en compafifa de aquel ser repugnante,


y contra mi voluntad permanecia como fascinado, con los
ojos clavados ·en aquel miserable.
Por fin, para distraerme, me puse a contar el. dinero
hallado. Pase algun tiempo en clasificar los valores, po-
niendo aparte el oro, la plata y los billetes; pero presto
me persuadi de que mi cabeza no estaba para cuentas.
Entonces comence a pasearme por el cuarto, y para arran ..
car de mi mente la pavorosa imagen de Caget, pense en
Percy. t Cuan ardientemente desee haber tenido a mi lado
a aquel buen amigo! Ta.mbien me acorde de Tom, el nue~
vo J esuita. A aquellas horas estaba sin duda oyendo la
ruisa del gallo, y me confortaba la idea de que debfa roga:r
por mi, y sus oraciones me ayudarfan en aquel trance.
Esto me volvi6 a la terrible realidad presente.
Por fin sabfa seguramente quien habfa sido el matador
de mi tfo, y habfa recobrado el dinero. Pero &que pensar
de aqucl bil1ete en que mi tfo me anunciaba la intenci6n
de suicidarse? Ademas /, por que habfa escondido el di..
ncro ~ Sabia por las noticias de Lang, que mi tfo no tenfa
costumbre de ocultar el dinero que tenfa en casa..... La mis..
ma idea de que mi tib h'Ubi~ra' ijii'erioo~sureidaTSe/m~:re­
pugna ba. Recorde nuestra ultima entrevista,' SUS dulce8
palabras, y me convene! de que, si aquel billete habia sido
escrito por el, lo habrfa sido antes de nuestra' Ultima con-
versaci6n, y que ciertamente habria cambiado de prop6-
sito.
Durante varias horas reflexione y considere, procuran-
do reunir en un todo razonable todas aquellas circunstan-
cias contradictorias. Finalmente, cansado y mas turbado
que nunca, puse termino a mis paseos y me asome a la
ventana que miraba hacia Oriente. Comenzaba a alborear1
ENRIQUE DY ~ 15
226 P. Francisco Finn, S. J.

y aquellos palidos alborcs los considere como una promesa


de un dfa serene. Con todo, la imagen de Caget no me
dejaba sosegar, por lo cual me esforce por ocupar el ani-
mo con los dulces recuerdos de Navi<lad.
Omo que todos los muchachos piensan con gusto en
Belen y en los cantares de los angeles de la Nochebuena;
y as!, logre enfrascarme en aquellas dulces imagenes y
hacer una verdadera medita.ci6n espiri tual. Me pareci6
ver al Nifio Dios en los brazos de su bendita Madre, y la
muchedumbre de los espfritus celestiales que acudfan a
cantarles el Gfotra.. Y estaba absorto en esta contempla-
ci6n, cuando subitamente (no se c6mo, ni pucdo explicar-
melo sino por una intervenci6n <lel santo Angel de mi
guarda), aquella santa vision desapareci6, y por un inex-
plicable impulso volv1 rapidamente la Cabeza. iYa era
tiempo !
Mire hacia la cama, y est aba vaefa; y Caget andando
de pup.tillas se habia adelantado hasta el medio del apo-
scnto, mirandome con una maligna expresi6n que no era
posible dejar de comprender. En su mano derecha tenfa
un cuchillo, pero no llam6 mi atenci6n tanto esta arma
homicida, cuando la horrible expresi6n de sus ojos. En
ellos lei claramente que estaba en peligro <le morir a sus
manos.
Salte rapidamente hacia un lado, mientras mi enemigo,
desechando toda precaucion; al sentirse descubierto, se
arroja ba contra mi como una bestia fiera. El tcmor me
di6 agilidad y logre poner entrc ambos la espaciosa mesa.
J Como me arrepentl entonces, de no haber tornado a pre-

venci6n un revolver! Me hallaba cara a cara con unban-


dido mas fuerte qne yo y armado de un cuchil1o; y yo es-
taba enteramente inerme. Pense lanzarme hacia la puer-
Entique Dy 227

ta; pero no habia ninguna probabilidad de que lograse


evadirme por ella, sin que me alcanzara. Se me ocurri6
tomar una silla para oponersela. Pero esto me comprome-
tfa en una lucha cuerpo a cuerpo, que debia en todo caso
evitar. . ·~: ! · •
Habfa que ganar tiempo, pues podfa venirme auxilio
de fuera. El cobarde Nugent debfa volver, en cuanto la
luz diuma disipara sus tenores. Por eso me resolv1 a
mantenerme alejado de Caget corriendo al derredor de la
mesa.
i Que terrible situaci6n fue aquella ! Con los ojos fijos
en mi y la mandibula saliente, que expresaba la firmeza
de su criminal designio, expiaba mis movimientos para
darme alcancc. Mi coraz6n latfa de suerte que, en circuns-
tancias ordinarias, me habrfa aterrado; pero entonces el
riesgo inminente de mi vida me quitaba todo otro temor.
Pvdc agarrar la lampara, y la arroje con toda mi fuer-
za sabre la cabeza de Caget; pero se agach6 y la lampara
fue a hacersc afiicos en la pared frontera. Luego tome la
caja dcl dincro que estaba. sobre la mesa, y cuando pensa-
ba haberle derribado con aquel golpe, s;ntl que me asfa
por cerca del pie, y me alcanz6 con una cuchillada en la
picrna.
Toclo parecfa perdido para mL Viendome imposibili-
tado de continuar huyendo de mi enemigo, me lance sobre
eJ 1 aprovcchando SU posicion, todavfa TIO erguida; y pude
sujetarlc unos mornentos contra el suelo, pcro sin lograr
arrancarle el arma con que, aun teniendole sujctos los
brazos, me di6 mas de un pinchazo.
Las fuerzas me iban faltando, y lcvante el coraz6n a
Dios disponiendome a una muerte inevitable. Entonces
me pnrcci6 oir ruido de alguien que subfa las escaleras.
228 P. Francisco Finn, S. J.

Grite pidiendo socorro, y me desvanec1, sintiendo que


a.lguien recien llegado descargaba recios golpes.

CAPfTULO XXXI
En que Percy derrama nueva luz sobre el asunto de
Caget y el mfsterio se aclara
- i Ea! t Enrique! i Felices dfas ! - exclam6 Percy al
verme volver en m1, mirandome amorosamente.
- i Gracias, Dios mfo ! - susurre; - i eres tu, Percy,
quien me ha salvado 1 I Ya no pensaba volverte a ver !
-81; Enrique. i Oreo, sin jactancia, que te he salvado
la vida ! Caget te tenfa a su merced cuando le he golpcado.
Procure levantarme del lecho, en que me habfa puesto;
pero advert! que apenas podia menear la cabeza: tan ri-
gido y adolorido estaba por las heridas, contusiones y
perdida de sangre. Con un gemido de dolor volvi a apo-
yarme ~n la almohada.
-Pobrecillo - dijo Percy. - No has de pensar por
ahora en menearte. He necesitado una hora para vendur-
te, y si te mueves, los vendajes se aflojarian. Ten un poco
de paciencia: he enviudo a Hamar un medico para ti y un
polizonte para Caget.
- i Donde esta 1 - pregunte, mirando en derredor de
la habitaci6n, y notando que en la cama faltaban las sa-
banas y el cobertor.
-Ese perdido esta en la habitaci6n del lado. Pero no
le reconocerfas. Le he envuclto y atado con el cubrecama
y las sabanas. Era la unica ntadura de que disponia, y
alli esta sin poder menear pie ni mano. Asi y todo, ofrecc
nn aspecto tan ingrato, que he pensado te serfa mejor no
verle.
:mnrique Dy .229

-Pero, Percy, no me has dicho c6mo has podido lle-


gar tan a tiempo.
-Es historia larga, Enrique. Siguiendo el axioma:
"mas vale tarde que nunca", a pesar del retraso sufrido,
tome el tren de la tarde, no sin visitar antes a tu padre.
He llegado a la estaci6n tres cuartos antes de la salida del
sol, y he hallado alli medio atontado a un joven insignifi-
cante que me parecfa a punto de volversc loco.
- j Oh! Era Mr. Nugent - interrumpi.
-Si; he logrado sacarle su nombre en doble tiempo
del que un dentista necesitaria para arrancarle todos loo
dientes de la boca. Le he dirigido mil preguntas, y hasta
temo que le he magullado un poco, antes de poder lograr
una idea del estado en que quedaban aqui las cosas. Me
ha dicho que Cag.et habfa muerto de miedo a un espiritu,
y que tu estabas moribundo. Sin aguardar otra cosa, he
corrido llacia aqui.
- j Scis millas ! Y &has corrido siempre ~
-Casi, casi. Pero cuando estaba cerca, venia al paso,
hasta que subitamente he oido que p.edias socorro. i En-
tonces si que me habrias visto correr ! He entrado corrien-
do y subido a escape las escaleras. El ruido de tu lucha
con Cagct me ha guiado aca. Y en buena hora. Caget le-
vantaba la mano para herirte mortalmente. Pero le he
aplicado dos bastonazos tales quc le han derribado como
un costal de tierra.
-1 Oh, Percy! Pero t, tu ... 1
-Estate quieto y no te excites. Tengo otra porci6n
de cosas que decirte, porque es toda una historia. Caget,
me lo ha dicho todo.
-t, Como? - exclame dudando.
-1 Ah! el se resistia, pe:i;o le he persuadido. Al pri.:.L-
280 P. Francisco Finn, S. J".

cipio, cuando ha tornado en si y se ha hallado atado con


las sabanas y el cobertor, se ha nega<lo a hablar. Pero
he echado de ver que es muy nervioso, y he pensado quo
cogiendole por su flaco, le sacarfa todo lo que tenfa en el
buche. N aturalmente, he supuesto como cosa fuera ·de
duda, que el asesino era er.
-Pero &c6mo has influido en su nerviosidad, Percy?
-1 Oh ! De una manera sencillisima. He cargado una
pistola, le he puesto junto a la oreja la boca del cafi6n, y
le he dicho: "Mr. Caget: &tiene V. la bondad de contestar-
me a algunas preguntitas ~" Y Mr. Caget se ha vuelto ins-
tantaneamente muy amable, asegurando que contestarfa
a todas las preguntas que quisiera hacerle. Entonces he
dejado la pistola, y mientras empezaba a vendar sus heri-
das, he comenzado a examinarle. &Quieres saber el re-
sultado final~ Me ha dicho todo lo que ya sabes, y no me
sorprenqe que esta relaci6n te haya dejado confuso y tur-
bado.
-Entonces &hay que llevar a ese hombre a la horca ~
-Opino que no sera menester. La obra comenzada en
el por el aguardiente de muchos afios, el susto y los garro-
tazos de esta noche le han puesto en tal estado que creo
nose volvera a levantar de la cama.
-Dime, pues, todo cuanto te ha dicho, Percy.
-Si; pero estate quieto, porque te hallo muy debil,
Enrique. Sabes que, una vez te tuvo en su casa, tu tfo
destruy6 un testamento que tenia hecho en favor de Caget,
y te nombr6 a ti su unico heredero. Caget se enter6 de
esto, escuchando por la puerta. Habia oido tambien que
tu aya le reclamaba 50,000 d6lares. Lleno de rabia, resol-
vi6 robar a tu tio; pues sabia que tenfa en su poder mas
de 40.0UO d6lares aquella no~he. No habia pensatlo qui-
11nrique f:>y

tarle la vida, sino huir con el hurto. Pero acaed6 que,


habiendo entrado silenciosamente en la alcoba, no hallo
el dinero que tu tfo solfa tener debajo de la almohada,
Parece que iu tio tuvo alguna sospecha, y escondi6 el di-
nero donde tu lo has hallado. Mientras Caget, perdido el
tino, buscaba inutilmente, hizo ruido, tu tio se despert6, y
el ladr6n, viendose descubierto, ech6 mano al pufial que
tu tfo tenfa colgado de la cabecera y le cosi6 a pufi.aladas.
Despues de muerto su amo, escribi6 el billete que has
hallado, imitando la letra de tu tio, para cxplicar su muer-
te por un suicidio...
- i Ah! i Ahora comprendo !
-Apenas lo acababa de plegar, oy6 ruido de pasos
que se acercaban. Se puso en acecho, y vi6 que te acer-
cabas tu, clormido. Penso un instante en matarte tambien.
Pero cuando vi6 que te acercabas al lccho de tu tfo, y
tocandole te manchabas de sangrc, se acord6 haber oido
hablar de tu sonambulismo, y se le ocurri6 que podrfa
ha~e1· crreer que tu habfas matado en tal estado a tu mismo
tio.
Entonces se retir6 a su aposento, y desde la puerta
entreabierta, presenci6 la salida de tu aya, que te buscaba
asustada; su encuentro contigo, que volvias con la camisa
y las manos manchadas de sangre, y todo lo que pas6 (y
nos cont6 Mrs. Raynor) hasta la fuga de tu aya. Gast6
en vano el resto de la noche en buscar cl dinero ; inutil~
mente volvi6 para -el mismo efecto el dia siguiente. Pero
un terror panico le apart6 luego de esta casa, y se olvid6
de destruir la carta del suicidio que habfa dejado pegada
a la almohada con un alfiler.
-(,Has visto, Perey, ~l dinero que he hallado?
P. ih·ancisco Finn, S. j,

-Si; mientras te velaba, me entretuve en recogerlo y


contarlo. Hay 45,000 d6lares y un piquillo.
-Pues, mira, Percy; antes de una semana, si Dios
quiere, este dinero quedara depositado en un banco, don-
de se iran acumulando los intereses hasta que. lleguemos
a fundar el proyectado peri6dico para niiios y adolescen-
tes. Y ahora, ya es tiempo de que corresponda a tu feli-
citaci6n: Percy; i felices Pascuas !
:M:ientras nos apretabamos eordialmente las manos, o1-
mos voces en lo exterior, y pasos de personas que entraban
en la casa, y comprendimos que se habfa divulgado el mis-
terio de Tower Hill Mansion, y que la sombra que hasta
entonces habfa obscurecido mi vida, quedaba disipada de-
finitivamente.

CAPfTULO XXXII

En que Enrique Dy halla cierta dificultad para poner


fin a su bistoria
Ha pasado un afio y ocho meses despues de la aven-
tura contada en el anterior capltulo. Estamos a primero
de IAgosto, y varios j6venes en traje dominguero aguar-
dan sentados en la sala de recibo del Noviciado de los
J esultas. El lector los conoce a todos. Conoce a Harry
Quip, a pesar de que ya sombrea su labio superior un fino
bigotito. Conoce a Percy Winn, quo ha tenido el premio
de excelencia con medalla de oro en la clase de Filosofia.
conoce a Will Ruthers, a Pepe Whyte ... Mas he aqu1 que
se oye un paso por la escalera, y entra en la sala, vestido
con sotana. y bonete, un gentil mozo morenito, de ojos
brillantes y cara alegre, en el cual reconocemos desde
Enrique Dy 233

luego al H. Playfair, S. J., que acababa de hacer sus votos


del bienio y es ya un verdadero religioso.
Pero i quien podra reproducir aquel coro de voces ale-
gres y risas expansivas, que se levant6 mientras estre-
chabamos la mano de nuestro querido amigo, y nos congra-
tulabamos con el de SU felicidad ! Pues ayer precisamen-
te, Tom, movido del deseo de servir a Dios, confiado en
su infinita bondad y misericordia y en presencia de la
Beatisima·Virgen Maria y de toda la Corte celestial, habia
pronunciado sus votos de pobreza, castidad y obediencia ...
- j Es casi el dia mas feliz de mi vida - dijo Tom, o el
H. Playfayr; - y si no fuera por hacer agravio al de ayer,
diria que es sencillamente el mas feliz ! l Rola, Enrique! ;
despues de todo es una consolaci6n el que Caget haya
muerto arrepentido. El pobre ha sufrido en el hospital
un largo purga torio, y los padecimientos de su enfermedad
ban sido la mayor de las misericordias que Dios ha tenido
con el. Pero &que hay del nuevo peri6dico?
-Buenas esperanzas. El dinero esta bien y segura·
mente invertido, Tom; y espera con mas paciencia que
Percy y yo. Nosotros quisieramos empezar- desde luego.
Pero hemos resuelto ser prudentes.
-Yo confio entrar en Estado mayor, Tom; digo: her-
mano Playfair; - dijo Quip acariciandose el bozo del la-
bio superior. - Pero tambien os ayudare desde mi
posici6n militar.
-Yo - dijo Whyte, - estudiare leyes.
-Will Ruthers, que parecia tan suave y manso -
prosigui6 Quip burlonamente; - pretcnde dedicarse a
cortar los huesos de sus pr6jimos.
-Y tu Aque picnsas hacer, Frank 1 - Pregunt6 Play-
fair.
234 .P. lr'rancisco !l'inn, S. J.

-Por ahora no pienso sino en continuar estudiando.


Despues me parece que me casare.
-Y mas adelante - aiiadi6 Quip, - pensara en el
medio de mantener a su mujer.
~Tengo un capital en una sociedad de constructores
y arquitectos - repuso Frank muy serio.
-Estos j6vcnes son todos personajes conspicuos, H.
Tom - dijo Percy; - ex0epto solo Enrique Dy y yo.
-No hay que ereer a Percy - objete, - tambien el
trabaja por tres. Es el mejor amigo de los niiios que hay
en el mundo. No hay limpiabotas ambulante ni vendedor
de peri6dicos en todo Cincinnati, qu.e no le conozca y se
vaya tras el. Hace un particular estudio sobre las nece-
sidades de los proletarios, y quiere dedicarse a hacer bien,
sobre todo a aquellos pobres nifios desamparados y ro-
deados de tautos peligros de alma y cuerpo.
No afiadi que aquellos nifi.os miraban a Percy como
un Sfl/nto, y que no le reverenciaban menos que le amaban.
Perey no habfa olvidado su aventura con el vagabundo
que muri6 en sus brazos. Su gran coraz6n estaba lleno
de misericordia con los pobres, a quienes miraba como
predilectos de Cristo. Estaba resuelto a consagrar su
vida a oocorrerlos, comenzando por los pequefios, pues
comprendi6 que toda reforma comienza.mejor por la edu-
caci6n de la nifiez.
-lVIuy pronto - dijo Percy, para cambiar el argu-
mento de la conversaci6n: ~ Enrique y yo vamos a em~
prender un viaje a Europa.
~i Con que fin? - pregunt6 el H. Playfair.
-Pensamos establecernos alli algun tiempo, y seguir
un curso de Literatura y Filosoffa. Pues proyectamos
prepararnos muy seriamente a nu'eEMa tlbra perio'd1stica.
Enrique Dy 235

Ademas, Enrique se propone estudiar Economfa social.


Ya hemos convenido entre nosotros, que el, sera el direc-
tor y editor de nuestro peri6dico. No queremos empezar
hasta que cumplamos treinta afios, y en este tiempo el ca-
pital habra producido por acumulaci6n una bonita suma.
-A prop6sito, &D6nde esta el H. Keenan 1
--Esta de pasco; creo volvera pronto. Pero esta aqui
olro de nucstros amigos.
-& Quien 1 - preguntaron todos a coro.
-Adivinadlo.
Antes que pudieramos contestar se abri6 la puerta y ...
- i Oh, P. Middleton!
En el umbral estaba nuestro querido maestro y prefec-
to mirandonos radiante con su conocida sonrisa. Apenas
habfa variado, aunque su rostro presentaba, tal vez mas
acusada que antes, aquella expresi6n suave de las perso-
nas que tienen muy de continuo sus pensamientos en el
cielo.
Mientras estabamos manifestandolc nuestro afecto y
alegria, Tom exclam6 :
-Ahora es verdaderamente el Pad:re Middleton. Ha
recibido el sacerdocio y celebrado su primera misa el 31
de Julio.
Sigui6 un silencio solemne. Instintivamente nos pusi-
mos de rodillas y el P. Middleton, pasando de uno a otro,
nos di6 su bendici6n sacerdotal.
- i Cuan deliciosamente pasamos aquella mafiana ! To·
dos los recuerdos de la nifiez, placenteros e intimos vol . .
vfan a nuestra memoria. Volviamos a vivir nuestra vida
colegial, y hablabamos y refamos con esa ingenuidad que
rarisimas veces se halla en la vida del mundo. Las horas
volaban sobre nmfotros eon sus mas veloces alas.
236 P. Francisco Finn, S.•T.

Entretanto, Harry Quip nos daba no poco que pensar.


Tom6 aparte al P. Middleton y se fue con el no sabemos
d6nde. Pero luego que volvi6 recobr6 el tiempo perdido,
segU.n lo que ri6 y bromeo, hasta que le pregunt6 Frank
Burdock:
-Harry ihas ido a bebed
-No, dijo Harry; a una cosa peor.
-Oigamos pues tu confesi6n - repuso Playfair.
_.;Acabo de hacerla general con el Padre Middleton.
Todos nos quedamos serios.
-Fuera de eso - afiadi6 Harry- he tenido una con-
ferencia con el Padre Maestro de Novicios.
-1, Que es esto, Harry Quip Y- e;xclam6 Percy.
-Es de la misma opinion que el Padre Middleton, yen
vista de esto, dentro de pocos dfas me ire a reunir con Don-
nel en el Seminario de Baltimore.
-Bravo Harry Quip, - dijo Percy estrechandole cor-
"dialmente la mano -. Tu has sido siempre un muchacho
de suerte. He aqui que. te vas al Seminario, y nos. dejas
en esta sombra fria a mi, a Frank, a Enrique y a Pepe.
Percy hablaba riendo; pero detras de aquella exterior
alegrfa, se adivinaba una secreta tristeza.
-Vosotros os teneis la culpa - continu6 Harry. -
Cuando Tom se march6, no le tirasteis una vieja zapatilla.
y 0 se la tire y ahora me voy detras de la chinela.
Con estas bromas disimulabamos la profunda emoci6n
que sentfamos en lo hondo de nuestros pechos. Tal vez
creera el lector que exagero. Pero es asi, que antes de
comer, Pepe, Frank, Percy y yo procuramos tener una
conferencia secreta con el Padre Middleton. Pero ningu-
no de nosotros sali6 con el alborozo que Harry. No obs-
tante, despues de ·aquella conferencia, creo que eada uno
Enrique Dy 237

de nosotros se sinti6 con mas paz, para con Dios y para


consigo mismo.
No tuvimos la suerte de Harry, que nos descubriera
una vocaci6n privilegiada; pero todos recibimos de aquel
Padre, que tan bien nos conocfa, consejos y orientaciones
provechosas para nuestro porvenir.
Cuando volvi de mi conferencia con el Padre Middle-
ton, halle que se habia unido a nuestro grupo otro joven
religioso. Al verme, me alarg6 la mano exclamando con
simpatica sonrisa:
-& Este es, pues, Enrique Dy 1 Le conozco perfecta-
men te, aunque usted acaso nunca me ha oido nombrar.
-Si, si, cm-isitno - dijo el H. Playfair -, todos mis
camaradas de San Mauro te conocen muy bien. i Lastima
que no podamos aqui dar una batalla con las almohadas !
-& Que? - exclame - ~Arturo Vane ... ?
-El mismo en persona - dijo Arturo riendo -, soy
el novicio mas joven de la casa.
-Vino a hacerme una visita hace algunos meses -
dijo Tom-, y se enamor6 de este Ingar. No acababa de
conseguir que se marchase, y al cabo de una semana volvi6
para quedarse.
-Y ahora soy f eliz - a:fiadi6 Arturo -, considero la
noche en que encontre a Mr. Piayfair como la aurora de
mi vida.
Durante Ia hora que precedi6 a la comida, Percy y
Arturo se hicieron intimos amigos, y eche de ver que hab1a
entre ellos una gran semejanza, asi en Io fisico como en
los gustos.
Despues de comer, Tom dirigi6 como en otros tiem-
pos, una partida de cint1ar011;es az-u~es, y nuestro genial
amigo Keenan, no obstante Ia mudanza de su traje, reco-
br6 su antigua posici6n, y la victoria qued6, como de or-
238 P. Francisco Finn, S. J.
\

dinario, por parte de Tom. Los jovenes religiosos que ju-


gaban eontra nosotros, lo hacfan bastante bien; pero ...
nosotros jugabamos mejor.
La hora de partir vino encima con impensada celeri-
dad.
-Muchachos - dijo Tom cuando nos disponfamos a
salir de la sala de visitas -, antes que os marcheis iremos
a ·despedirnos del Amo de la Casa, &eh~
Un poquito humillados por nuestro olvido, seguimos a
Tom, el cual nos condujo a la Capilla del Sant!simo. Nos
arrodillamos en el ultimo banco. Tom y Percy estaban
arrodillados frente a nosotros.
Conmovido por las impresiones de aquel dfa, estaba
orando con mayor fervor que de costumbre, cuando senti
que me tocaban ligeramente el hombro. Levante la cabeza
y vi a Frank Burdock.
Mira - me dijo -, &no es un espectaculo hcrmoso ?- ;
y me sefial6 a Tom y Percy orando de rodillas.
· El sol cercano a su ocaso, enviaba sabre ellos un haz
de luz dorada, y formaba en torno de sus cabezas una
manera de gloria. Aquel cuadro que se ofrecfa a nuestros
ojos era una lecci6n sabre la oraci6n, cual apenas puede
darse con palabras. Y es que con los ojos de la fe mira-
ban presente en la Sagrada Eucaristfa, al que formaba el
encanto de sus vidas, llenas de suavidad y dulzura. Aque-
llo era lo que habfa hecho de Tom, nu.e.stro Tmn, y de
Percy Winn n1J;estro Pe>rcy.
Estabamos en v1speras de scpararnos para seguir di-

f erentes senderos de la vida; pero confiabamos que todo8
ellos, por muy diversos que entre s1 £uesen, nos habfan de
conducir a la eterna ur.i6n con Aque1 en cuya presencia
orabamos fervorosamente.
f ND ICE

Cai;iitulos

PtUMERO. - En que n,·cesito hablar de mis ptimeros afios y


hacer una excursion al campo para pasar Ia
Nochebuena en una casa muy enojosa . 5
II. - En que mi tio y Mrs. Raynor tienen una querella,
se lee un testamento y yo me voy a, dormir
con el animo muy intranquilo. 12
III - En que despierto en un triste dia de Navidad . 19
IV. -- En que tengo muy di versos encuentros, y llego
alegre al Colegio de San Mauro . 23
V. - En que el partido de los azules adquiere un nuevo
miembro y los colegialcs tienen media vaca-
cion • 35
VI. - En que vamos a nadar y tenemos una aventura
que pudo ser desventura. 4)
VII. - En que se resume lo acontecido y se p«sa en la
enfermeria una esplendida vclada. • 49
V~Il. - En que paso una rnala noche y produzco impre-
si6n en el dormitorio. • 54
IX. - N uestras tare as escolares. • 58
X. ~ Donde Percy Winn comete un yerro. 6i
XI. - En que se habla de una partida de «base-ball»: 65
XII -- Donde Frank Burdock cage un gran pescado y
entra en rdaciones con un senorita muy or-
gulloso • 72
XIII. -- En que mi rdaci6n esta a pique de terminarse
lastimosamente con la perdida de sus princi-
pales personajcs 82
XIV. ·-· En que asistimos a una recepci6n y pasamos la
240 fndice

Capitu1os Pa gs.

noche en la villa del Sr. Scarborough • 100


XV. - En que Tom y yo pasamos una noche en la «casa
de los espiritus» y me sucede una extrafia
aventura. I I;
XVI. - En que el reloj de la sala cuenta una '. 1istoria •
1 124
XVII. ·-:- En que nuestra historia vuelve a su oh,idado ar-
gumento. . 129
XVIII. - «Los Com padres ladinos» . 136
XIX. - Donde Tom y Percy acuden en socorro de Tipp. 145
XX. - En que Percy anda descalzo par primera y ultima
vez en su vida.
XXI. - En que Tipp pronuncia un discurso.
XXII. - En que se da alguna noticia del certamen entre
los colegios y nos despedimos de nuestro que-
rido profesor . 165
XXIII. - En que volvemos a encontrar antiguos a..niigos . 173
XXlV. - En que Mrs. Raynor prosigue su historia y me
presenta a sus hijos . I 85
XXV. - En que Tom nos deja at6nitos. • 192
XXVI. - En que Mr. Lang obtiene nuevos datos relativos
al dinero robado, y Tom se despide de nosotros 196
XXVII. - En que tengo el problcm:itico placer de rcnovar
mis relaciones con el senor Caget. . 203
XXVIII. - En que Caget acepta pasar una noche en casa de
mitio.. 2rr
XXIX. - En que recibo una carta y hago un descubrimiento 21 S
XXX. - En que Caget hace una sorprendente revelaci6n
y yo atravieso la crisis definitiva de mi vida, . 223

XXXI. - En que Percy derrama nueva luz sobre el asunto


de Caget y el misterio se aclara . 228
XXXII - En que Enrique Dy halla cierta dificultad para
poner fin a su historia , 232
EDITORIAL LIBRERIA RELIGIOSA
AVINO, 20 - BARCELONA

Narraciones escolares Biblioteca Rosa


por los CONDiilSA DE SEGUR
HDOS. PP. FRANCISCO FINN, S. J. Y AURORA LISTA
Y Iil NH IQ U E SPALDING, S. J.

Cubierta eti colores 11 dibujos Cubiertas en colores 11 dibr•jos


intercalados intercalados

TO!II PLAYFAIR, (PRJ!IIERA PARTE). TRAS LA BORGASCA EL so~


PERCY WJNN, (SEGUNDA PARTE). i POBRE BLAS !
ENRIQUE DY, (TERCERA PARTE). I.AS '.lltAVESURAS DE SOl~fA,
CLAUD:O VOLAPif. (PRI.MERA FARTE).
E'l'ELIU:DO Pl'ESTON". LAS NIRAS MODELO, (SEGUNDA l'ARTl!I).
LA DIOHA DE J,AS AVENTURA$. LAS VACACIONES, (TERC~;UA PARTE).
VlDA AMJ<::RICANA. NUIWOS CUENTOS DE HADAS.
EL ANILLO DE DIA!IIANTl':S. CUENTO DE CUENTOS.
VIDA Dl'l COLEGIO. !IIEMORIAS DE.,J:JN: ASNO.
EL llADA DE LAS NIEVES. LOS DOS ILUSCrlf"
'.l'IPOS narANTJLES.
l.JNA VEZ Y NO !IIAS.
DOBDY EN EI, PAfS DEL CINE.
FOOT-DALL ! ! ! POSTALES.
PEPE ltANLY. CARACTERES INFANTILES.
RODER'l'ITO AFORTUNADO, VlVIR DE AMOR.
(PRIMERA PARTE).
EL MAS FELIZ DE SUS ANos,
(SEGUNDA PAR'.DE). SHTA. MICAELA DE PE~ARANDA
AFRONTANDO ET, PELIGRO.
LORD DOUNTID'UL.
(Novelas)
UNA t;XPEDICION A LA ISLA DEL CODRE. ES, HASTfO DEL RINCON.
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