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Enclave Resumen

El comercio bananero en Honduras creció rápidamente a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, pasando de representar el 11.3% de las exportaciones en 1892 al 53% en 1902. Esto llevó a la formación de grandes plantaciones bananeras controladas por empresas extranjeras como la Cuyamel Fruit Company y la United Fruit Company, consolidando su monopolio sobre la producción y comercialización del banano en Honduras. Pequeños productores hondureños continuaron cultivando banano pero vendiendo a las grandes compañías, quienes a
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Enclave Resumen

El comercio bananero en Honduras creció rápidamente a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, pasando de representar el 11.3% de las exportaciones en 1892 al 53% en 1902. Esto llevó a la formación de grandes plantaciones bananeras controladas por empresas extranjeras como la Cuyamel Fruit Company y la United Fruit Company, consolidando su monopolio sobre la producción y comercialización del banano en Honduras. Pequeños productores hondureños continuaron cultivando banano pero vendiendo a las grandes compañías, quienes a
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En 1885 el ex-capitán Baker se asocio con otro importante hombre de los negocios bananeros,

Andrew Preston, y fundaron la Boston Fruit Company. No podían imaginarse los dos hombres de
empresa que catorce años más tarde, su compañía llegaría a constituirse en la base fundamental
sobre la que habría de erigirse el poderoso imperio de la United Fruit Company. El inmenso auge
del negocio bananero en el territorio norteamericano tenia su reflejo directo en nuestras tierras,
en donde el cultivo y la producción de la fruta se había convertido ya en una ocupación
sumamente difundida, diseminada en las manos de los pequeños productores independientes que
vendían el producto a los numerosos compradores norteamericanos. La ausencia de un sistema de
transporte adecuado limitaba en mucho el incremento de la producción bananera. Los
productores independientes transportaban la fruta utilizando pequeñas barcazas a lo largo del
curso de los ríos. Las compañías compradoras del banano utilizaban miles de argucias para
obtener el producto a precios bajísimos y poder aumentar así el volumen de sus propias
ganancias. A menudo reducían arbitrariamente el precio de la fruta y se ingeniaban la forma de
engañar a los vendedores al momento de proceder al conteo de la misma. Para el año 1892, la
exportación de banano constituía el 11.3 % del total de nuestras exportaciones. Una década
después, el auge sería tan intenso y el aumento tan acelerado, que los bananos llegarían a
representar el 53 % de todas nuestras exportaciones. En 1896, según los autores de EL IMPERIO
DEL BANANO, la exportación bananera representaba el 22.8 % del total de las exportaciones de
nuestro país, lo que quiere decir que apenas en cuatro años, desde 1892 a 1896, el volumen
porcentual de la exportación bananera en el total de las exportaciones hondureñas, se duplicó
prácticamente.

En 1898, los Estados Unidos importaban con procedencia del continente americano una cantidad
de 16 millones de racimos, y más de cien empresas se dedicaban exclusivamente al negocio del
banano, en todo el territorio norteamericano, ya sea

importando la fruta o simplemente distribuyéndola en el mercado de los Estados Unidos.


Inevitablemente, las grandes empresas fueron desplazando paulatinamente a las menos fuertes y
ya para la época en que se fundó la United Fruit Company, el treinta de marzo de 1899, apenas si
existían 22 empresas disputándose el mercado del banano en los Estados Unidos. Comenzaba la
época en que habría de consolidarse definitivamente el monopolio bananero y daba inicio así una
nueva etapa en la industria del banano en nuestros países americanos y particularmente en
Honduras. Se iniciaba la fase en que los inversionistas extranjeros habrían de llegar hasta nuestras
tierras para ocuparse ellos mismos del cultivo de la fruta y fundarían las inmensas plantaciones
que serían la base firme sobre la que habría de asentarse indefectiblemente el enclave bananero
en nuestro país. Era el inicio del control directo y total por parte del inversionista extranjero sobre
la producción y la comercialización del banano, lo que a su vez marcaba la formación de otro
estado dentro del frágil estado hondureño.

En el año 1910 estaba al frente del Gobierno de Honduras, el presidente Miguel R. Dávila. El país
se encontraba atravesando una fuerte crisis económica y se veía obligado a la cancelación de la
vieja deuda externa, originada en la construcción del ferrocarril nacional y cuya financiación había
sido llevada a cabo mediante la emisión de bonos que fueron adquiridos por los ciudadanos
ingleses. A fin de poder salir de esta difícil situación, el presidente Dávila se disponía a gestionar un
préstamo ante los banqueros norteamericanos. Para asegurar el pago de dicho préstamo,
Honduras comprometía sus ingresos aduanales, accediendo a que estos fueran controlados y
recogidos por un recaudador general que debería ser nombrado prácticamente por el Gobierno
americano. El descontento que tal perspectiva había generado en el seno del pueblo hondureño,
fué prontamente aprovechado por la oposición, principalmente por el General Manuel Bonilla, ex-
presidente de la República que había sido derrocado en el año de 1907.

[Link]

Era tal auge del comercio bananero que el mero estado hondureño se encargaba de legislar
a favor de su desarrollo y ampliación se da el paso que los vapores fruteros de la costa norte
podían cargar frutas a cualquier hora.
Desde 1866, se nota la presencia en Honduras de algunas plantaciones de
bananos, entre otros en Islas de la Bahía, en la región insular atlántica del país.
Esas plantaciones pertenecían a pequeños finqueros, hondureños y
norteamericanos quienes exportaban las frutas hacia los Estados Unidos,
aprovechando el pasaje de barcos mercantes americanos que hacían la travesía
del Mar Caribe.

En otras regiones, las medidas tomadas por los reformadores liberales en favor de
la agricultura estimularon la producción bananera. Esta se implantó sobre todo en
el norte, en la proximidad de los puertos de La Ceiba, Omoa y Tela, favorecida
también por la existencia en esta región de una pequeña red ferroviaria.
Hasta aquí, la producción estaba en manos de pequeños finqueros hondureños y
norteamericanos, mientras que la comercialización del producto y su exportación
eran realizadas por compañías extranjeras instaladas en los puertos.

Hasta poco antes de la primera guerra mundial, la explotación bananera no tuvo


un carácter monopólico. Es preciso señalar, sin embargo, que un movimiento de
concentración se inició desde principios de este siglo, cuando algunas de las
compañías que hemos citado pasaron de la comercialización a la producción
directa de la fruta. Mencionaremos, entre los primeros grandes productores
extranjeros, las familias italianas Vaccaro y D’antoni, y el americano W.F. Streich.
Los dos primeros se instalaron desde 1902 en La Ceiba, el tercero en 1905 en
Cuyamel, donde el gobierno le otorgó una concesión.
La Cuyamel Fruit Company fue fundada en 1911 por Samuel Zemurray. En 1912
esta compañía obtenía la concesión de 10.000 hectáreas de tierra en la región de
Cuyamel, en el norte de Honduras (decreto No.78 del 4 de marzo de 1912). A esta
concesión vinieron a agregarse las 5.000 hectáreas compradas por Zemurray a
William Streich.
La United Fruit Company había sido fundada en 1899 bajo las leyes del Estado
de New Jersey, hasta poco antes de 1914 su actividad en Honduras se limitaba a
la comercialización de los bananos, y eso, por medio de compañías
intermediarias, como la Salvador Oteri y la Michel Machecca, establecidas en La
Ceiba. Desde 1905, sin embargo, esta se aseguraba el control, que conservó
hasta 1918, del 46% de las acciones de la Vaccaro Brothers Company.

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