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Derecho Penal General (38910) : "Año Del Bicentenario Del Perú: Doscientos Años DE Independencia"

El documento habla sobre el sistema penitenciario peruano. 1) El sistema penitenciario peruano tiene como objetivo la resocialización de los internos y se rige por una base jurídica moderna. 2) Existen problemas como sobrepoblación carcelaria de más del 140% y falta de recursos médicos. 3) Se necesitan mejorar las condiciones carcelarias y aplicar plenamente las normas internacionales sobre los derechos de los reclusos.

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Derecho Penal General (38910) : "Año Del Bicentenario Del Perú: Doscientos Años DE Independencia"

El documento habla sobre el sistema penitenciario peruano. 1) El sistema penitenciario peruano tiene como objetivo la resocialización de los internos y se rige por una base jurídica moderna. 2) Existen problemas como sobrepoblación carcelaria de más del 140% y falta de recursos médicos. 3) Se necesitan mejorar las condiciones carcelarias y aplicar plenamente las normas internacionales sobre los derechos de los reclusos.

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“AÑO DEL BICENTENARIO DEL PERÚ: DOSCIENTOS AÑOS

DEINDEPENDENCIA”

UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DEL PERÚ

SO7.s1 – TAREA ACADÉMICA

DERECHO PENAL GENERAL (38910)

Docente: Dr. Juan Carlos CASTOPE BUCHELLI

Estudiante

APELLIDOS Y NOMBRES CÓDIGO UNIVERSITARIO


Salgado Márquez, Cinthia Angeli U20245742

1
INDICE
1. Concepto……………………………………………………………………………………………………………………3

2. Marco Normativo………………………………………………………………………………………………………3

3. Personas extranjeras…………………………………………………………………………………………………8

4. Minorías y grupos étnicos…………………………………………………………………………………………9

5. Personas con VIH/SIDA y/o tuberculosis……………………………………………………………………10

6. OMS y Naciones Unidas……………………………………………………………………………………………11

7. El Sistema penitenciario peruano frente a la reinserción social…………………………………12

8. Instalaciones……………………………………………………………………………………………………………14

9. Régimen……………………………………………………………………………………………………………………15

10. Atribuciones………………………………………………………………………………………………………………15

11. Indicadores………………………………………………………………………………………………………………..16

11.1.Trabajo………………………………………………………………………………………………………………16

11.2.Educación………………………………………………………………………………………………………….16

12. Justicia Restaurativa…………………………………………………………………………………………………..17

12.1.Enfoque en víctima…………………………………………………………………………………………….17

12.2.Como Mecanismo de Reparación Integral de la Víctima…………………………………….18

12.3.Como Mecanismo Resocializador del Condenado………………………………………………18

Conclusiones………………………………………………………………………………………………………………19

Referencias bibliográficas…………………………………………………………………………………………..20

2
1. Concepto

El Sistema Penitenciario viene hacer una gran organización estatal, con una estructura
coherente que está encargada de la ejecución de las penas y todas aquellas medidas de
seguridad, que se encuentran orientadas a lograr los objetivos que es el de resocializar a
los internos; dentro del cual quepan dos o más regímenes penitenciarios, porque es difícil
que en una realidad nacional sea suficiente un solo régimen de ejecución penal para la
multiplicidad de personalidades que caracterizan a los internos del país, lo que hace
imprescindible que se adopten varios regímenes de ejecución penal en función a dicha
diversidad.

2. Marco Normativo

Según Gob.mx, (2016) señala: “Es el conjunto general de normas, reglamentos,


directivas, lineamientos y sistemas, que establecen la forma en que deben desarrollarse
las acciones para alcanzar los objetivos propuestos en el sistema Penitenciario”.

Solís (2008), en nuestro sistema penitenciario se sustenta: Sobre una base jurídica
moderna cuyo desarrollo autónomo se inició con la primera ley penitenciaria nacional, el
Decreto Ley No. 17581 del 15 de abril de 1969, modificado en parte por el Decreto Ley
Nº 23164 del 16 de julio de 1980 que incluyó la redención de penas por el estudio;
asimismo fue importante la Constitución Política de 1979 que rigió desde 1980, y que
recogió normativamente al Código de Ejecución Penal aún no existente en dicho año;
asimismo el Reglamento Penitenciario aprobado por Decreto Supremo Nº 023-82-JUS,
aunque prácticamente no ha tenido una gran vigencia o aplicación real, y también el
Código de Ejecución Penal de 1985, que ahora se encuentran derogadas (p.54).

Giménez (1997) nos dice lo siguiente:

“El sistema Penitenciario Peruano, actualmente se encuentra bajo la dirección del


Instituto Nacional Penitenciario desde el año 1985, esta institución dirige y
controla el Sistema Penitenciario Nacional, asegurando una adecuada política
penitenciaria tendiente a la resocialización del interno”. Se pretende en principio
que el INPE establezca un proceso de resocialización para el condenado, buscando
integrarlo a la sociedad como sujeto obediente a las normas y al orden establecido
por el Estado (p.9).

3
López (1975), señala “Que el sistema penitenciario es el tipo de vida más resultante de la
aplicación del sistema y que cabe hablar de régimen general y de regímenes especiales
asignados a grupos de condenados según la sentencia y las condiciones personales, etc.”
(p. 164).

Berdugo (2001) indica lo siguiente:

“El sistema penitenciario, está constituida como un medio que tiene un fin, pero
tiene diversos objetivos, especialmente diferentes en relación con la situación
procesal de los reclusos, según que éstos se hallen en la situación de preventivos
o se trate de personas condenadas”. En consecuencia, es el conjunto de
condiciones y medidas que se ejercen sobre un grupo de internos que presentan
características similares. Asimismo, en cada régimen cuenta también con una
reglamentación o norma particular que lo hace diferente a los otros. Por ello, el
régimen de ejecución penal, que a veces erróneamente se denomina sistema
penitenciario, viene a ser la especie dentro del género que es el sistema (p. 185)

Existe en el ámbito penitenciario cierta vulnerabilidad inmanente, característica de un


medio que todavía constituye, sin duda, un mal necesario (1), un lugar de rigor y privación
para los sometidos a custodia (2); y cierta vulnerabilidad preexistente en ocasiones en la
condición del privado de libertad quien, sin la tutela penal y administrativa adecuadas,
pudiera verse por ello sometido a situaciones discriminatorias. Y es que ello ha podido
confirmarse en la crisis del COVID-19, pero también ha sido advertido históricamente,
pues como ha señalado Sanz Delgado, «la vulnerabilidad surgía de las propias
condiciones del encierro, que igualaba o incrementaba el desamparo de los sometidos a
custodia, surgiendo la discriminación, por lo usual, de las condiciones económicas de
aquéllos y de los derechos de carcelaje exigidos» (3). Algunas de tales difíciles
condiciones y elementos característicos de entonces, todavía hoy pueden ser advertidos
en la ejecución penal de numerosos países, incluido el Perú.

Desde una mirada periférica, internacional, como ha sido advertido y aceptado por
Naciones Unidas: «existen ciertos grupos, que se encuentran en posiciones
particularmente vulnerables en los recintos penitenciarios, quienes por tanto requieren de
mayores cuidados y protección. Algunas personas pueden experimentar un mayor
sufrimiento debido a instalaciones inadecuadas y a la falta de cuidados especializados
disponibles para atender las necesidades especiales en prisión. El entorno mismo de la

4
prisión exacerbará sus problemas ya existentes. Estos incluyen prisioneros con cuidados
en su salud mental, prisioneros con discapacidades y aquéllos de la tercera edad. Algunos
de ellos corren el riesgo de sufrir el abuso por parte de otros reclusos y del personal de la
prisión debido a actitudes prejuiciosas y a percepciones discriminatorias muy arraigados
en la sociedad misma, que son más pronunciadas en los cerrados entornos de la prisión.
Dichos grupos pueden sufrir humillaciones, abuso físico y psicológico y violencia, debido
a su etnicidad, nacionalidad, género y orientación sexual» (4).

En el sistema penitenciario de nuestra sociedad existe la falencia de diversos factores,


estos a su vez asociadas a las poca o nula capacidad resolutiva de las entidades encargadas
de hacer el uso adecuado del debido proceso, por ende, se debe de hacer factible un
análisis situacional de orden local con las principales penitenciarias de la capital. En el
contexto internacional están diversos normas y lineamientos que buscan endosar los
derechos fundamentales de los seres humanos en cuanto a la privativas de libertad. El
aparato internacional que se rige por excelencia es “Reglas Mínimas para el Tratamiento
de los Reclusos (Reglas de Nelson Mandela)”, siendo modificada en varias partes,
adaptándose a la realidad de momento, su existencia dicta de más de sesenta años, cuando
fueron publicadas. No obstante, guardan la finalidad con la que fue creada: el respeto
irrestricto de los derechos humanos.

el (Instituto Nacional Penitenciario, 2020), da a conocer que, hasta febrero del presente
año, las personas internadas en los centros penitenciarios fueron de 96,870 internos.
Enmarcando que las cárceles del Perú tienen capacidad de albergue de hasta 40,137
internas, lo que se evidencia que existe un 141% de sobrepoblación. Además, a la
sobrepoblación se le adhiere otros factores como falta de personal médico, enfermedades,
ausencia de políticas públicas para adultos mayores, y condiciones inadecuadas entre
otras de menor relevancia.

Por lo mismo, la sobrepoblación en los centros penitenciarios que se viene dando es por
la idoneidad, (Instituto Nacional de Estadística e Informática, 2020) publicó un análisis
sobre los índices de criminalidad y actos delictivos en nuestro país entre los años 2011 al
2018. Dio a conocer que el 59% de los actos denunciados fueron los delitos registrados
al 2018 fueron por delitos vinculados a la apropiación ilícita de hurto y/o robo en las
distintas modalidades. El informe dio a conocer que el delito, con mayor índice de
denuncias: el hurto simple, con 88,780 denuncias en todo el ámbito territorial durante el

5
2018, representando aproximadamente el 20% del total que fueron 425,514 denuncias
registradas en los diversos puestos de la Policía Nacional del Perú al 2018

Según J.C. García (1955) y E. Neuman (1962):

El sistema penitenciario "es la organización creada por el Estado para la ejecución


de las sanciones penales (penas y medidas de seguridad) que importen privación
o restricción de la libertad individual como condición sine qua non para su
efectividad".

Por su parte Manuel López Rey (1975, p. 492) decía que:

" El sistema es el conjunto de reglas y principios y servicios más o menos efectivos


cuyo objeto es indicar como debe ser llevado a cabo el fin asignado a la función
penal". Desde nuestro punto de vista consideramos que el sistema penitenciario es
una organización estatal, con una estructura coherente, encargada de la ejecución
de las penas y medidas de seguridad, orientada al logro del objetivo de resocializar
a los internos, bajo cuya orientación subyacen o pueden primar determinadas
teorías o principios penitenciarios.

El sistema penitenciario nacional, encargado de llevar a cabo la ejecución de las penas,


debe delinear acciones a corto, mediano o largo plazos, y para ello es necesario
previamente un diagnóstico penitenciario completo en sus diversos aspectos, ya que en
base al conocimiento actual de la situación en que se halla la realidad penitenciaria, recién
se deben delinear los objetivos y metas, así como las medidas adecuadas para hacer
efectiva una política penitenciaria que modifique las estructuras. Al respecto es de
conocimiento público que, en nuestras prisiones, sobre todo en las más pobladas, prima
la violencia, además de la promiscuidad entre internos de diversa peligrosidad, y que no
existe una real práctica de resocialización, además de problemas de inmoralidad en la
administración de los centros penitenciarios leyes

En las últimas cuatro décadas las "Reformas penitenciarias", han estado sustentadas
principalmente en el desarrollo legal de un moderno sistema penitenciario nacional. En
tal sentido, el 15 de abril de 1969 se aprobó el Decreto Ley No. 17581 o Unidad de
Normas para la Ejecución de las Sentencias Condenatorias, hoy derogado y que
constituyó un texto legal importante, aunque algunas de sus normas fueron mal utilizadas
y otras no tuvieron vigencia real, por lo que no se alcanzaron cambios significativos en la
realidad penitenciaria En la década del 80 también se diseñó un Plan de
6
Reforma Penitenciaria (Ministerio de Justicia, 1981), pero centrado más en
construcciones carcelarias, que tuvo problemas diversos en su ejecución; igualmente en
ese mismo periodo se aprobó el primer Código de Ejecución Penal de 1985. Actualmente
tenemos a nivel constitucional normas rectoras de la ejecución penal, así como un nuevo
Código de Ejecución Penal promulgado el 31 de julio de 1991.

En la situación penitenciaria que se caracteriza, fundamentalmente, por tres factores, que


constituyen sus problemas principales que son: la “sobrepoblación, la deficiente
infraestructura y el escaso recurso económico que tienen estas instituciones púbicas, y
que van a incidir en sus acciones de tratamiento que tienen por objeto fundamental la
resocialización del interno a la sociedad”. Con referente a la sobrepoblación carcelaria,
es uno de los graves problemas que confronta el sistema penitenciario peruano, la misma
que en estos últimos 15 años, va en crecimiento constante y ahora por los extranjeros que
a diario se ve en las noticias la delincuencia que ellos cometen en nuestro país, por este
fenómeno de aumento de población penitenciaria, no crea ni determina las condiciones
mínimas favorables para el tratamiento, considerando que la sobrecarga poblacional ha
superado excesivamente la capacidad de alojamiento de los establecimientos
penitenciarios, convirtiéndolos en graves y peligrosos, generando con ello que las
personas privadas de su libertad se encuentren sometidas a condiciones de detención
muchas veces en forma inhumanas y violatorias de todas normas constitucionales

En nuestra actualidad el aumento de la población penitenciario ha crecido en estos últimos


tiempos, han traído una crisis del sistema penitenciario, en base a las medidas de
tratamiento y al sistema que se viene aplicando en la actualidad. Es así que la situación
penitenciaria peruana, se caracteriza fundamentalmente por cuatro factores que vienen a
constituir los grandes problemas principales que tiene el sistema penitenciario y son: “la
excesiva sobrepoblación de internos, donde la deficiente infraestructura, el escaso recurso
económico y los actos de corrupción que se da en las cárceles, por lo que van incidiendo
estos problemas, en las acciones de tratamiento y rehabilitación del interno”,
considerando que la sobrepoblación penal crece diariamente y aún más con los internos
extranjeros que van ingresando casi a diario en un penal, haciendo que la capacidad de
albergue de los establecimientos penitenciarios, se rebase ampliamente y con la
consecuencia inmediata, que de ello se derivan, como los problemas de salud, indisciplina
y la falta de clasificación penitenciaria, así como también de la falta de personal entre
otros, que no nos permiten, en llevar en adelante un programa planificado de tratamiento

7
penitenciario, y a esto se suma la corrupción existente en los interiores de las cárceles,
que refleja obstáculos para el logro de la finalidad del derecho penal.

El Estado que está en la obligación de brindar actividades a los reos que colaboren con su
tratamiento y rehabilitación. De esta forma, la cárcel está concebida como un ente que
tiene la obligación de brindar las herramientas necesarias para reestructurar la conducta
de los presos, aunque en el país la realidad dicte y muestre lo contrario.

Según el autor Giménez (1997) señala:

“Que la resocialización es un aspecto complejo tanto para el manejo de la


población como para el gobierno que se hace de cargo de esta a través de sus
órganos competentes (INPE)”, pero a través de los esfuerzos que realice el Estado,
pero estos siguen siendo defectuosos por gran problemática que existe en nuestra
sociedad y que los funcionarios que son responsables de esta institución, es de
suma importancia el papel que juega, para que esta manera se puede contribuir
con el desarrollo del país, ya que se requiere que los internos cuando salgan de las
cárceles estén resocialización y no delinquen nuevamente, ya que existen diversos
factores que impiden que esta labor de socializar y reinsertar a un interno a la
sociedad, y ello no solo por la falta de la administración adecuada del presupuesto
en los centros penitenciarios, sino por la gran carencia de personal especializado
en el interior de los centros penitenciarios, y demostrando en la capacidad estatal
frente a esta situación que lamentablemente es deficiente, motivo por el cual esta
investigación nos va ayudar a encontrar una solución alterna, que permita al
Estado poder cumplir con dicha función, es así que surge la idea de la
“Privatización de los Centros Penitenciarios” (p. 225)

3. Personas extranjeras

Debido, entre otras razones, a sus diferencias con la mayoría de los internos de la
comunidad de destino, en muchos casos socioculturales, a sus necesidades especiales y,
en muchas instancias, por su aislamiento y dificultades de comunicación e integración,
los extranjeros y, entre los mismos, los migrantes, así como las minorías étnicas o
indígenas, constituyen categorías de reclusos vulnerables que merecen una especial
consideración y protección específica. Su vulnerabilidad deviene, en gran parte, de no
tener acceso a los vínculos familiares y a la red de apoyo de que disponen por lo usual
otros presos. La mayoría de estos internos, por otra parte, no son propicios a acogerse a

8
los convenios de intercambio de presos, por ser onerosos y para no ser expuestos a la
censura social en sus países.

Ya en la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, adoptada por la


Asamblea General en New York, el 13 de septiembre de 2007, se establecieron al respecto
diversos preceptos que fomentan y reiteran la tutela antidiscriminatoria, como en su
artículo 2 que explícitamente señala: «los pueblos y las personas indígenas son libres.

4. Minorías y grupos étnicos

De modo genérico, la situación de las minorías étnicas en el ámbito penal y penitenciario


en Latinoamérica, se incardinan en una realidad social que, tan solo recientemente, parece
haber sido abordada con mayores garantías desde los ordenamientos constitucionales y
punitivos de la región (64). Ello le llevaba al criminólogo británico de la Universidad de
Kent, Roger Matthews, a expresar: «Si examinamos la situación de las mujeres, jóvenes
y minorías étnicas, la problemática de las bandas, el hacinamiento y los problemas de
seguridad en las prisiones latinoamericanas, resulta comprensible tener una visión
pesimista y, en algunas ocasiones, cínica acerca de la viabilidad de una reforma
penitenciaria». Lo que parece no obstante una evidencia, es que la discriminación, patente
en la sociedad libre en relación con las diferencias raciales o étnicas, encuentra un reflejo
más gravoso en el ámbito carcelario. Las políticas públicas impulsadas desde Naciones
Unidas se han enfocado a los Planes nacionales de actuación, cuyo propósito fundamental
es promover y proteger mejor los derechos de las personas y los grupos que sufran
discriminación racial y promover la comprensión mutua entre los diferentes grupos en un
Estado determinado. Para ello, se atiende al «derecho a la igualdad y a la no
discriminación basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico en el
contexto de las políticas públicas, es decir, el establecimiento de objetivos prácticos, la
preparación de programas y actividades para asegurar el logro de estos objetivos, la
participación de todos los sectores pertinentes del gobierno y la sociedad y la asignación
de recursos suficientes, todo ello con el objetivo de eliminar la discriminación racial». Y,
entre dichos planes de acción contra la discriminación racial, además del logro de una
«mayor conciencia y conocimiento de las normas internacionales de lucha contra la
discriminación racial por parte de los funcionarios públicos, incluido el personal de la
administración de justicia, en particular en las fuerzas del orden, los servicios de prisiones
y seguridad», se busca establecer la prioridad de la tutela respecto de aquellos grupos de
individuos que, al mismo tiempo de ser víctimas de discriminación racial, pueden sufrir
9
mayores efectos «por parte de funcionarios del orden público, incluidos los servicios
penitenciarios y de seguridad (policía, funcionarios penitenciarios, militares, otras fuerzas
de seguridad)».

5. Personas con VIH/SIDA y/o tuberculosis

Internacionalmente se ha señalado, como grupo vulnerable de entre las personas privadas


de libertad, a los sujetos que padecen enfermedades contagiosas (hepatitis, tuberculosis)
y aquellos otros infectados por el Virus VIH/SIDA. Las personas privadas de libertad que
padecen algún tipo de enfermedad contagiosa sufren así un doble estigma, tanto por la
privación de libertad que supone la cárcel, pero sobre todo por el tipo de enfermedad (72).
Así, desde Naciones Unidas se advertía en 2007 que «el VIH/SIDA constituye una grave
amenaza sanitaria para la población penitenciaria de numerosos países y plantea desafíos
importantes a las autoridades carcelarias y de salud pública, así como a los gobiernos. A
escala mundial, los niveles de infección del VIH tienden a ser muy superiores en el medio
carcelario que fuera del mismo. Concomitantemente suelen agravar la situación las
elevadas tasas de otras enfermedades infecciosas allí registradas, como la hepatitis y la
tuberculosis».

Sin otra específica previsión normativa en el Código de Ejecución penal (que tan solo
hace referencia, en su artículo 79, a la disposición de zonas específicas de aislamiento
para enfermedades infectocontagiosas), de modo general, el artículo 123 º del Reglamento
del Código. de Ejecución Penal peruano establece que la asistencia sanitaria penitenciaria
se orienta a la prevención, tratamiento y rehabilitación, debiendo poner énfasis en la
prevención de enfermedades transmisibles. Dos son las principales enfermedades que
reciben especial atención en los establecimientos penitenciarios en el Perú: la tuberculosis
y el VIH. De igual modo, el artículo 130, dispone que «la administración penitenciaria
deberá contar con sistemas de vigilancia epidemiológica que le permitan conocer las
enfermedades prevalentes en la población penitenciaria y los grupos de mayor riesgo, con
la finalidad adecuar la asistencia a las necesidades reales detectadas. Para estos efectos,
la administración penitenciaria deberá cumplir los programas nacionales establecidos por
el Ministerio de Salud». Más recientemente, en el Manual de Derechos Humanos del
INPE, en relación con el VIH, al respecto, se recoge: «En un establecimiento
penitenciario existen muchas prácticas de alto riesgo para el contagio del VIH/Sida, así
tenemos; las relaciones sexuales sin protección, inyección de drogas, agresiones con
armas punzo cortantes, tatuajes realizados con instrumentos no esterilizados, entre otros.
10
Por lo tanto, todas las personas privadas de libertad deben recibir información clara,
objetiva y libre de prejuicios sobre el VIH/Sida, las formas de contagio y el desarrollo de
la enfermedad, a fin de prevenir y poder vivir en armonía, sin temores ni prejuicios. Debe
mantenerse en reserva la identidad de los internos(as) portadores de VIH/Sida, debiendo
ser incorporados inmediatamente a los programas existentes en la red y/o micro redes del
Ministerio de Salud (MINSA) para su atención y tratamiento correspondiente. En la
medida de lo posible serán ubicados en ambientes donde puedan recibir la atención
preferente que su condición de portadores así lo amerita

La tuberculosis en los penales peruanos, es el otro gran foco de atención, por lo que el
Manual de Derechos Humanos publicado por el INPE (77), ha prestado especial
prevalencia al problema, integrando a los pacientes que la padecen en los grupos
vulnerables, prescribiendo que «la autoridad penitenciaria a través del área de salud, tiene
la obligación de diseñar y ejecutar programas de prevención, detección y atención de las
personas privadas de libertad con tuberculosis, asimismo, debe integrar el programa a la
red y/o micro redes del MINSA. Los internos(as) diagnosticados con esta enfermedad
deben ser aislados y atendidos obligatoriamente en el área de salud del establecimiento
por el tiempo que la autoridad médica lo determine. Tienen derecho a recibir dieta
especial, contando para ello con autorización y recomendación del médico tratante. La
autoridad penitenciaria debe cumplir con la recomendación médica. Sólo por disposición
del médico y únicamente como medida sanitaria durante la fase de contagio, los internos
e internas con tuberculosis serán aislados en ambientes ventilados, sin restringírseles los
demás derechos que les asisten. Pasada dicha fase, deberán reintegrarse a sus actividades
normales y gozarán de todos los servicios del establecimiento penitenciario.

6. OMS Y Naciones Unidas

La Organización Mundial de la Salud y las Naciones Unidas consideran el acceso a los


servicios de salud sin discriminación alguna como un derecho fundamental de los
reclusos. El crecimiento de las tasas de encarcelamiento a nivel mundial 2 y el aumento
de la morbilidad por enfermedades crónicas 3 ha hecho que mantener buenos niveles de
salud física y mental en la población penitenciaria sea un desafío para los sistemas
penitenciarios.

Desde 2001, la población penitenciaria en el continente americano (excluido EE. UU.) ha


aumentado un 175%. Se informaron aumentos del 67% y 175% en América Central y

11
América del Sur, respectivamente. Los países con mayores incrementos en la población
carcelaria son Nicaragua (67%), Ecuador (37%), El Salvador (23%), Argentina (16%) y
Perú (12%).

Diversos estudios han demostrado que la población penitenciaria presenta mayores


prevalencias de enfermedades de transmisión sexual, enfermedades infecciosas,
enfermedades crónicas y trastornos mentales. Algunas características de este subgrupo
poblacional, como la pobreza, el hacinamiento en el interior de las cárceles y los bajos
niveles educativos, se han relacionado con una alta carga de morbilidad 7. Se ha
identificado que las mujeres, las personas de 55 años y más y los jóvenes presentan mayor
morbilidad por enfermedades infecciosas y crónicas en comparación con otros internos.
El aumento de la carga de enfermedad entre los internos representa un desafío en términos
de salud pública, ya que esta población regresa a la comunidad en algún momento con su
salud en peores condiciones y sin tratamiento.

Las cárceles en el Perú se caracterizan por ser espacios con considerable hacinamiento,
infraestructura deteriorada y malas condiciones de salud. El consumo de algún tipo de
droga es frecuente entre los internos. Las características internas de las cárceles, los
patrones de consumo de drogas entre los jóvenes internos y el rápido crecimiento de esta
población 10 pueden exacerbar los riesgos de transmisión de enfermedades infecciosas,
aumentar la morbilidad de enfermedades crónicas e incluso aumentar el riesgo de
trastornos mentales. El acceso al tratamiento médico en las cárceles peruanas es bajo,
principalmente por la falta de medicamentos en los servicios de salud y la falta de dinero
disponible para los reclusos. A pesar del desafío que esto representa para la salud pública,
hay poca evidencia que evalúe la salud y el acceso al tratamiento de enfermedades de esta
población.

7. El Sistema penitenciario peruano frente a la reinserción social

La Resocialización, hace referencia al fin resocializador que busca al imponer una pena,
tomando como base el proceso evolutivo y las posiciones filosóficas, que en el fondo
buscan incorporar en las cárceles la idea de humanidad a fin dar un correcto cumplimiento
de la sanción y un buen tratamiento con la finalidad correctiva y de esta manera el interno
puede reingresar a la sociedad. Agrega que la resocialización va tomando
posicionamiento y es concordante con el sistema penitenciario por lo que se requiere un

12
adecuado funcionamiento, para que se pueda lograr y hacer efectivo resocialización de
un interno.

El problema de la reinserción social tiene muchos factores que impide lograr estos
objetivos, que tiene una pena que se impone a un procesado, porque existe un alto índice
de hacinamiento, ya que es increíble pensar, que en un centro penitenciario esta
sobrepoblado y porque no pueden vivir seres humanos de una manera digna que los ayuda
a obtener hábitos y que los lleven a un buen camino, el cual es ser productivos, en segundo
lugar está la inadecuada política penitenciaria, que tiene el Estado y que no es concebible
que el Estado solo se preocupe por encerrar a los infractores de la leyes y normas del país,
pero no en su rehabilitación.

Chilon (2011) en su tesis:

“El sistema penitenciario peruano frente a la reinserción social de los internos en


Cajamarca”, de la Universidad Nacional Ruiz Gallo, Cajamarca, señaló que los
establecimientos Penitenciarios no son lugares en los que los presos son
resocializados; sino es el escenario donde aprenden más conductas violentas y
donde los derechos fundamentales de los internos no son respetados. El problema
más grave que ha tenido la pena privativa de libertad es la marginación social del
delincuente, no solo durante el cumplimiento de la condena sino aun después de
haber egresado del Establecimiento Penitenciario. Los internos no lograran una
rehabilitación deseada por el estado puesto que el Tratamiento Penitenciario no se
desarrolla de forma adecuada. El día que se dé un adecuado tratamiento
penitenciario al interior de los E.P. habrá un delincuente menos en las calles, ya
que no debemos olvidar que los internos que pueblan dichos establecimientos
volverán algún momento a su hogar y comunidad por lo que el Estado debe
preocuparse no en incrementar penas sino en supervisar que se dé un tratamiento
penitenciario que realmente rehabilite a los internos, solo así se lograra que éstos
puedan insertarse a la sociedad (p. 456).

Godoy (2016) en su trabajo de investigación titulada “Eficacia del tratamiento


resocializador aplicado en el establecimiento penitenciario de Cajamarca a los
condenados con pena privativa de libertad en función al índice de reincidencia producido
entre los años 2008 al 2012” En el Establecimiento Penitenciario de Cajamarca, del 100%

13
de ingresantes durante los años 2008 al 2012, sólo un 22,2 % de esta población fueron
sentenciados y un grueso de 77,8% de los ingresantes es procesado. Situación que
contribuye a la reincidencia, en tanto evita la debida y oportuna aplicación del tratamiento
resocializador. La proporción de sentenciados reincidentes representan cerca del 50% del
total de ingresos al Establecimiento Penitenciario de Cajamarca durante los años 2008 al
2012. Lo que demuestra la ineficacia del tratamiento resocializador, el cual persigue que
el interno o la interna en un futuro no vuelvan a delinquir y puedan adaptarse a las normas
establecidas por la sociedad; sin embargo, este 50% de reincidencia muestra que no se
han producido los efectos previstos del tratamiento, que buscan la reeducación,
reinserción y resocialización del interno o interna a la sociedad. (pág. 720).

A nivel jurisprudencial, tanto nacional como internacional, ha quedado establecido que


bajo ningún concepto deben limitarse o restringirse determinados derechos, como el
derecho a la vida, a la salud y a la integridad personal. En este sentido, situaciones como
el hacinamiento penitenciario – situación crítica en nuestro país y en otros ordenamientos-
representa una clara violación a los estándares establecidos, pues la “prohibición del
hacinamiento”, además de ser actualmente un principio rector de la Administración
Penitenciaria, definitivamente tiene como objetivo disminuir los agudos problemas que
genera el excesivo número de reclusos en un centro penitenciario, y garantizar que el
recluso goce de condiciones mínimas necesarias para una vida digna.

8. Instalaciones

El Ministerio de Justicia (2021): “según el artículo 95° del Decreto Legislativo Nº 654
del Código de Ejecución Penal”, las clases de Establecimientos Penitenciarios se
clasifican en:

➢ Establecimientos de Procesados.
➢ Establecimientos de Sentenciados.
➢ Establecimientos de Mujeres.
➢ Establecimientos Especiales.

De conformidad con lo dispuesto por el artículo 96º del Código de Ejecución Penal, los
establecimientos de los procesados son aquellos destinados a la detención y custodia del
interno en proceso de investigación y juzgamiento

9. Régimen
14
Solis (2008), menciona lo siguiente:

El Régimen Penitenciario es ese conjunto de condiciones y de medidas que se


ejercen sobre un grupo de reclusos que tienen características similares, que regirán
la convivencia y el orden dentro de los establecimientos penitenciarios, así como
los derechos y beneficios penitenciarios a los que pueda acogerse el interno (p.
172).

Asimismo, cada régimen cuenta también con una reglamentación o norma particular que
lo diferencia de los otros. Por ello, el régimen de ejecución penal, que a veces
erróneamente se denomina sistema penitenciario, viene a ser la especie dentro del género
que es el sistema.

Para Lopez (1975), señala que: “Régimen es el tipo de vida resultante de la aplicación del
sistema y que cabe hablar de régimen general y de regímenes especiales asignados a
grupos de condenados según la sentencia, condiciones personales, etc.” (p.98).

Por su parte, Zuñiga y Berdugo (2001), afirma:

“Que el régimen penitenciario, se constituye como un medio para conseguir un


fin, pero este medio tiene diversos objetivos, especialmente diferentes en relación
con la situación procesal de los reclusos, según que éstos se hallen en la situación
de preventivos o se trate de personas condenadas” (p.185).

10. Atribuciones

De acuerdo con el Reglamento del Código de Ejecución Penal (2021), el Director del
Establecimiento Penitenciario es el responsable de la seguridad y administración,
asimismo, existe un Órgano Técnico de Tratamiento, que está integrado por los
profesionales de la administración penitenciaria; de igual manera existe un Consejo
Técnico Penitenciario y sus atribuciones son:

• Asesorar al director del Establecimiento en las acciones de administración,


tratamiento y seguridad.

• Investigar y sancionar las faltas disciplinarias y resolver las peticiones de


reconsideración.
• Evaluar los informes de los profesionales de tratamiento y proponer al interno
para los beneficios penitenciarios.
15
• En los casos de progresión o regresión en el tratamiento del interno puede
proponer el cambio de régimen o el traslado a otro Establecimiento Penitenciario.

• Las demás que establece este Código y su Reglamento

11. Indicadores

11.1 Trabajo
Según el Código de Ejecución (1991): La redención de pena por el trabajo, es
cuando “el interno ubicado en la etapa de mínima y mediana seguridad del
régimen cerrado ordinario redime la pena mediante el trabajo a razón de un
día de pena por dos días de labor efectiva”. En caso de encontrarse en la etapa
de máxima seguridad del régimen cerrado ordinario, la redención será a razón
de un día de pena por cuatro días de labor efectiva. En caso de encontrarse en
la etapa “C” del régimen cerrado especial, la redención será a razón de un día
de pena por cinco días de labor efectiva. En caso de encontrarse en la etapa
“B” del régimen cerrado especial, la redención será a razón de un día por seis
días de labor efectiva. En caso de encontrarse en la etapa “A” del régimen
cerrado especial, la redención será a razón de un día de pena por siete días de
labor efectiva.
11.2 Educación
Según el Diario el Peruano (1825), el artículo 45 del Código Adjetivo, señala:
Que la redención de pena por estudio es cuando el interno ubicado en la etapa
de “mínima” y “mediana” seguridad del régimen cerrado ordinario redime la
pena mediante la educación a razón de un día de pena por dos días de estudio,
aprobando previamente la evaluación periódica de los estudios. En el caso de
encontrarse en la etapa de “máxima” seguridad del régimen cerrado ordinario,
la redención será a razón de un día de pena por cuatro días de estudio,
aprobando previamente la evaluación periódica de los estudios. En caso de
encontrarse en la etapa “C” del régimen cerrado especial, la redención será a
razón de un día de pena por cinco días de estudio, aprobando previamente la
evaluación periódica de los estudios. “En caso de encontrarse en la etapa B

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del régimen cerrado especial, la redención será a razón de un día de pena por
seis días de estudio, aprobando previamente la evaluación periódica de los
estudios”. En caso de encontrarse en la etapa “A del régimen cerrado especial,
la redención será a razón de un día de pena por siete días de estudio,
aprobando previamente la evaluación periódica de los estudios”

12. Justicia Restaurativa


12.1Enfoque en Víctima
Como se ha indicado antes, el enfoque restaurativo reconoce la condición
humana del autor del delito. Sin embargo, su preocupación fundamental es el
abandono que sufren las víctimas dentro del modelo tradicional de justicia en
el cual, aquellas quedan relegadas a un rol testimonial y, en algunos casos, ni
siquiera pueden convertirse en parte civil dentro del proceso penal. Así, la
justicia restaurativa busca desarrollar una manera de proceder que sea
distributivamente más justa respecto de las víctimas, pero sin lesionar los
derechos de quienes transgreden la ley penal o la seguridad pública (Strang
& Sherman, 2003).
Las Naciones Unidas también considera que los elementos de justicia
restaurativa son útiles en la evaluación, a nivel procesal, del papel y condición
jurídica de las víctimas ya que, en muchos sistemas de justicia penal, los
procesos judiciales suelen promover una dinámica antagónica entre el Estado
y el autor del delito, dejando a la víctima en un rol testimonial meramente. O,
por otra parte, en un nivel sustantivo, dichos sistemas se enfocan en el castigo
al delincuente y dejan de lado la reparación necesaria del daño (2002, 7 de
enero, pág. 6). Al respecto, coincido en que un sistema de justicia penal que
se enfoca única o principalmente en el castigo al autor del delito y que relega
a las víctimas, no es capaz de afrontar las necesidades emocionales y
relacionales de todos los individuos que se han visto impactados por la
conducta cometida. Entonces, “en un mundo donde las personas se sienten
cada vez más alienadas, la justicia restaurativa restablece y desarrolla
sentimientos relacionales positivos” (McCold & Wachtel, 2003)

12.2Como Mecanismo de Reparación Integral de la Víctima

17
Antes de ahondar en los beneficios que el modelo restaurativo conlleva para
las víctimas, es indispensable recordar que todo Estado tiene obligaciones
generales en materia de derechos humanos. Estas son la obligación de respeto
y la de garantía (Acevedo Buendía vs. Perú, Sentencia, 2009). Dentro de esta
última se encuentran contenidas las obligaciones de investigar, sancionar y
reparar todo acto que haya generado una vulneración de derechos. La justicia
restaurativa permite flexibilizar los tipos de encuentros entre los
involucrados. Así, si bien una reunión paradigmática restaurativa sería una
conferencia entre el delincuente y su víctima directa, habrá casos donde este
encuentro no sea posible. No obstante, la justicia restaurativa incluye
prácticas asimétricas que permiten que, por ejemplo, el autor de un delito de
hurto se reúna con una víctima de hurto, aunque esta última no haya sido su
víctima (delincuente y víctima sustitutos). Igualmente, el delincuente podría
reunirse con miembros de la comunidad en lugar de hacerlo con una víctima
concreta. Esto ocurrirá en aquellos casos donde alguna de las partes
involucradas en un delito específico no esté disponible o no desee participar
en la reunión (Naciones Unidas, 2002, 7 de enero) ya que, como se ha
explicado al inicio, la justicia restaurativa supone consenso. Asimismo, es
importante dejar en claro que una mediación entre víctima y delincuente se
daría solo en aquellos casos donde se ha comprobado que ambos se
encuentran psicológicamente listos para llevar la mediación de forma
constructiva, sin que la víctima pueda verse perjudicada o revictimizada por
dicha reunión (Márquez Cárdenas, 2007).

12.3Como Mecanismo Resocializador del Condenado

El incluir prácticas restaurativas como mecanismo de reparación para las


víctimas, genera que el condenado se enfrente a las consecuencias de su
conducta y reconozca o afronte los perjuicios que causó a la víctima. En este
sentido, se puede decir que la práctica restaurativa coadyuva a la función
resocializadora del penado en tanto busca enseñarle o educarlo sobre las
consecuencias plenas de sus actos y, por otra parte, lo prepara para
reincorporarse en la comunidad nuevamente, en tanto su interacción con esta
y con la víctima miran hacia una convivencia pacífica, en vez de, únicamente,

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aislarlo de la sociedad dentro de un recinto penitenciario. Asimismo, es
importante indicar que, en una mediación entre víctima y condenado, este
último tendrá la posibilidad de explicar su historia y las razones que lo
llevaron a cometer el delito. En muchos casos esta práctica puede ser no solo
liberadora, sino, a su vez, tener un impacto positivo en el delincuente en tanto
recobraría su dignidad como ser humano al sentirse escuchado y tener un
espacio para narrar su historia de vida. La empatía y el diálogo son, así,
elementos clave en el proceso restaurativo.

CONCLUSIONES

1. Existe concordancia en el análisis de los factores de sobrepoblación con personas


conocedoras de la materia, donde se enfatiza la infraestructura, los delitos más
frecuentes y la condición judicial del procesado.
2. La sobrepoblación que más prevalencia en el análisis de nuestro caso, es la de
encarcelación a las personas que se encuentran en calidad de procesados, mas no
sentenciados, dado que estos representan el 50% en promedio de quienes si tienen
una sentencia o está cumpliendo condena.
3. El otro factor determinante es la falencia de legislación en cuanto a los delitos más
comunes, que conociéndose año tras año según las estadísticas del INPE, no se
regula la normativa para reducir el nivel de incidencia, teniendo como
consecuencia la reincidencia del mismo acto por segunda, tercer, cuarta y hasta
quinta vez, siendo esto una prerrogativa a tener en consideración.
4. Del factor infraestructura, ciertamente nadie puede prever la capacidad delictiva
de las personas, pero si se puede predisponer otros mecanismos de aislamiento o
condicionamiento para poder reducir la sobrepoblación de los internos.
5. En conclusión, los resultados muestran que las enfermedades crónicas como la
enfermedad pulmonar y la diabetes son comunes entre los reclusos, especialmente
entre las mujeres. También se encontró que los problemas de salud mental son
frecuentes entre las reclusas. En general, hay bajos porcentajes de diagnóstico y
tratamiento médico, especialmente entre los hombres y para los trastornos
mentales. Estos hallazgos representan un punto de partida inicial para futuras
investigaciones e intervenciones que se proponen mejorar la salud de los reclusos.

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6. La necesaria protección penal y penitenciaria de los grupos vulnerables que se
encuentran y conviven en prisión, ante las posibles conductas discriminatorias que
surjan en dicho ámbito, encuentra su plasmación e impulso en instrumentos
internacionales de Naciones Unidas, de la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos, en la Jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos,
incorporándose, por ello, al acervo normativo peruano y a su ordenamiento penal
y de ejecución penal.

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estrategias para su reducción. México: CNDH

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