TRABAJO PRÁCTICO
Seminario Mayor “Jesús Buen Pastor”
Profesorado en Ciencias Sagradas
Ética
Profesor: Pbro. David Ricardo Cabral
Estudiantes: Cervellini, Nicolás - Dalmasso, Juan
2022
Introducción
En el marco de la asignatura Ética del Profesorado en Ciencias Sagradas del Seminario
Mayor “Jesús Buen Pastor”, realizamos el presente trabajo sobre la ética en el
pensamiento de Kant, buscando las relaciones del pensamiento del autor con el
currículo de la asignatura.
Actividad
Teniendo en cuenta que la ética es la filosofía que estudia el actuar libre del hombre
para orientarlo al bien, profundizar en el pensamiento de Kant [puede servir como
disparador de tu investigación el texto de Luis Alici] buscando responder a los siguientes
interrogantes:
1- Según el sistema filosófico del autor, ¿cómo se aborda la cuestión ética en el obrar
humano?
2- ¿Qué aspectos positivos se pueden encontrar en su planteamiento?
3- ¿Qué aspectos se le podrían criticar?
Desarrollo
El núcleo del pensamiento de Kant
La cuestión ética no es lo central de su pensamiento, sino algo que surge luego, y que en
momentos asume el protagonismo. El centro de su pensamiento será sobre los límites del
conocimiento. Así lo da a conocer mediante su escrito La crítica de la Razón pura. En él
reflexiona sobre cómo se constituye y se genera el conocimiento, cuáles son las
condiciones de un conocimiento que dé rigor y lo hace prescindiendo de todo contenido y
de todo objeto; el camino que elige es por medio de la razón pura. Responde a la cuestión
de cuáles son las condiciones que se dan en la razón para que sea posible el conocimiento,
y a esto lo llama trascendental. Descubre que el intelecto posee formas a priori a modo de
leyes internas, que al encontrarse con el dato ofrecido por los sentidos producen el
conocimiento. Kant plantea que la universalidad y la necesidad en el conocimiento está
dado por estas formas. Necesitamos de ellas y de los datos de los sentidos para que se dé el
conocimiento, ahora bien, ¿qué sucede con el conocimiento a partir de las realidades de las
que no se tiene experiencia sensible?
El conocimiento se da en tres dimensiones: el estético (hay una dimensión receptiva en la
que el individuo experimenta según las formas espacios-temporales propias), y las dos
restantes, se deja de lado la experiencia y se dan sólo en el intelecto, el analítico (dónde se
elabora la ciencia) y el dialéctico. Este último es juzgado por Kant, desde la razón pura
como ilusorio ya que con él se llegan a objetos de los que no tenemos una experiencia
sensible, como el alma inmortal y la existencia de Dios. Además, distingue entre fenómeno
y noúmeno, al referirse a la cosa en cuanto a objeto de juicio en la síntesis a priori y la cosa
en sí, abstractamente pensable, pero no cognoscible. Reconocer que hay un noúmeno al
cual no podemos conocer es aceptar una autolimitación. Este desarrollo nos deja en claro
la complejidad del pensamiento kantiano, que, por un lado, afirma el poderío de la razón
capaz de juzgarse a sí misma sin ser juzgada por una instancia superior, y, por otro lado,
reconoce que posee límites en cuanto a lo que puede llegar a conocer. El filósofo afirma
que la razón debe ser asistida, de modo “regulativo”, por las ideas tildadas de ilusorias (que
son las ideas metafísicas), justificadas por la razón práctica como necesarias para una un
vivir armónico de todos los individuos.
La ética kantiana
Influenciado por la educación pietista que recibió, donde regía una gran severidad en la
estructuración de los contenidos y en los métodos, su pensamiento moral consecuente es
presentado por medio de tres escritos posteriores a la primer Critica: la Fundación de la
metafísica de las costumbres (1), la Crítica de la razón práctica (2) y la Metafísica de las
costumbres (3).
(1) Pone en la base de toda ley moral un principio incondicionadamente
necesario/bueno: el principio de la obligación o el deber. Que surge de la forma pura de la
voluntad. Y que permite descartar el influjo de las inclinaciones y el afecto. Esta ley está
dada absolutamente a priori, por tanto, prescinde de la experiencia en cuanto a que
prescinde de la materia de la acción a cumplir y sólo tiene que ver desde la intención desde
el punto de partida. Dice Kant, hay un único imperativo categórico, del que se dan
consecuentemente tres fórmulas:
actuar conforme a una máxima que sea universalizable, es decir que también quieras
que se convierta en una ley universal.
actúa de modo que al tratar al otro sea como fin y jamás como medio. La existencia de
ellos tiene un valor absoluto y son principio de un imperativo categórico.
actuar en base a las máximas que se dan en cada ser racional y que son universalmente
legislativas, en cuanto a que están subordinadas a una ley que ella misma autónomamente
se da.
(2) Aquí emerge con mayor claridad la cuestión sobre la libertad trascendental. En
definitiva, consiste en que la concepción del bien y del mal no debe ser determinado antes
de la ley moral, sino después de ella y mediante ella (no están en la realidad como en las
morales prekantianas, sino determinados por la ley interna). En este sentido critica a todas
las concepciones filosóficas que reproducen leyes morales sobre objetos materiales. El bien
será la expresión correspondiente a cumplir la ley que me es indicada en la conciencia, sin
tener en cuenta los movimientos sensibles propios de la vida y así prescindiendo de las
inclinaciones sensibles, llega a la voluntad libre en cuanto a independiente de la ley natural
de los fenómenos y capaz de encontrar en sí misma la forma de una ley universal. El
hombre es capaz entonces de una moral autónoma que se autogestiona por medio de la
razón.
Para Kant la moral no nos dice en qué modo podemos llegar a ser felices, sino que nos
hace dignos de la felicidad. Por medio de la razón práctica desarrolla tres postulados
necesarios para esta cuestión:
- la libertad, que surge en lo inteligible y es independiente a lo sensible
- la virtud, que no produce la felicidad, sino que hace al hombre digno de esperarla.
- la existencia de Dios, no como algo inteligible sino como necesario, ya que es una causa
adecuada capaz de prometer la felicidad.
Estos postulados destacan en el pensador una “fe racional pura”, y como consecuencia, la
ley moral conduce a la religión, es decir, la moral nos hace dignos de felicidad y la religión
nos ofrece la esperanza.
(3) Es una obra de ética normativa, que está interesada en cuestiones histórico-
sociales. En ella se abarca la doctrina del derecho y de la virtud.
Respecto de la doctrina del derecho, distingue entre derecho y moral: La moralidad, que
me impone el perseguir mi perfección y la felicidad de los otros por el respeto de una ley
interna. El derecho se funda sobre la idea de legalidad como mera conformación de una
acción a una ley externa, que hace compatible el ejercicio de la libertad individual con la
libertad de los otros. Llega entonces a su concepción de la política es sólo una idea
regulatoria, que tiene la tarea de promover las condiciones de paz entre los distintos
estados. Kant afirma que “el derecho de los hombres es considerado sagrado, más allá de
cuan grandes sean los sacrificios que pueda costarle al poder reinante”.
Respecto de la doctrina de la virtud, entiende que la naturaleza humana está afectada por
una tendencia al mal radical, pero no como un irresistible instinto del hombre o como un
pervertimiento de la razón, sino como algo en él que no se puede extinguir y del cual es
imposible comprender el origen. Llega entonces a su concepción de la religión, porque es
necesario que en este tema donde la razón no tiene la última palabra que sea posible la idea
de un salvador, de Dios. Toda religión histórica es fruto natural de la necesidad del
hombre.
Aspectos positivos:
Reconoce, en cierto modo un límite de la razón, aunque entiende que ella es la fuente
del conocimiento, no ha dejado de reconocer que existe un noúmeno, una realidad
escondida al hombre que expresa, en fin, que no lo puede conocer todo en absoluto.
Reconocer el valor absoluto de cada persona, porque reconoce una dignidad en el otro
que hay que respetar y busca hacer lo que a uno le gustaría que se haga. Reflexiona acerca
de que la política está ordenada al cuidado de los mismos.
Por medio de la razón, reconocer la necesidad de Dios, aunque caiga en una fe racional
pura fuera de la cual Dios no tiene sentido, reconoce que para la armonía debemos mirar
hacia Dios.
Reconocer que nunca los proyectos en la vida nos harán plenamente felices, aunque nos
brinden una felicidad objetiva, pero parcial.
Aspectos a criticar:
Generar normas por medio de la abstracción, que, aunque son universales y validados
por la razón pura, no tienen en cuenta la realidad y se cierran en el deber.
La motivación de cumplir la ley por la ley misma, sin integrar lo espiritual y la
afectividad.
La creación de máximas sólo como una convicción del individuo, y no como la
respuesta a la naturaleza humana que está ordenada al Bien.
El hacer de la felicidad una meta del más allá. La vida desde esta perspectiva pierde el
sentido propio, se la reduce a una función puramente instrumental.