B. 903. XL.
Bussi, Antonio Domingo c/ Estado Nacional
(Congreso de la Nación - Cámara de
Diputados) s/ incorporación a la Cámara de
Diputados.
Buenos Aires, 13 de julio de 2007.
Vistos los autos: "Bussi, Antonio Domingo c/ Estado Na-
cional (Congreso de la Nación - Cámara de Diputados) s/ in-
corporación a la Cámara de Diputados".
Considerando:
1°) Que en la presente causa se discute si la deci-
sión de la Excma. Cámara de Diputados de la Nación de rechazar
el diploma del diputado electo Domingo Bussi, con fundamento
en su inhabilidad moral, pueden ser revisados por esta Corte
y, en su caso, en qué medida.
2°) Que corresponde, en primer lugar, delimitar los
elementos fácticos y normativos que constituyen las premisas
de la decisión a tomar, dentro de los límites de admisibilidad
y procedencia del recurso extraordinario interpuesto.
La Excma. Cámara de Diputados de la Nación suspendió
la incorporación del diputado Domingo Bussi en fecha 1° de
diciembre de 1999. Luego de seguir los pasos previstos en el
procedimiento establecido en el reglamento de la propia
Cámara, que incluyeron el ejercicio del derecho de defensa, se
rechazó el diploma en sesión plenaria celebrada el 10 de mayo
de 2000. Se consideró que la participación del diputado como
funcionario en el régimen de facto iniciado el 24 de marzo de
1976 y en las violaciones a los derechos humanos ocurridas en
ese período, configuraban la causa de "inhabilidad moral",
impeditiva del acceso al cargo. El dictamen de mayoría fue
aprobado por 181 votos afirmativos, 7 negativos y 2
abstenciones.
El actor, Antonio Domingo Bussi, promovió acción de
amparo con el objeto de que se declarase la nulidad de la
decisión de la Cámara de Diputados de la Nación que había
suspendido su incorporación a ese cuerpo con fecha 1° de di-
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ciembre de 1999. La jueza de primera instancia rechazó la
demanda in limine fundándose en que el juzgamiento de la ad-
misibilidad del diputado electo no es una cuestión justicia-
ble. La Cámara Nacional Electoral confirmó la sentencia al
entender que se trataba de un acto institucional emitido para
asegurar la organización del Estado y por lo tanto no era
susceptible de revisión judicial. Con posterioridad a la in-
terposición del recurso extraordinario contra ese pronuncia-
miento, el actor hizo saber al Tribunal la referida decisión
de la Cámara de Diputados del 10 de mayo de 2000. Esta Corte
Suprema de Justicia de la Nación sostuvo que se trataba de un
acto revisable judicialmente y revocó la decisión de grado con
fecha 11 de octubre de 2001 (fs. 323/329, sentencia publicada
en Fallos: 324:3358).
Devueltas las actuaciones al juzgado de origen, la
magistrada desestimó nuevamente la demanda, y apelada, la
Cámara Nacional Electoral declaró que no había interés jurí-
dico en emitir un pronunciamiento porque el cargo de diputado
nacional que motivó esta disputa había sido cubierto por el
doctor Roberto Lix Klett del mismo partido. Esta Corte Suprema
de Justicia de la Nación entendió que la cuestión no resultaba
abstracta, ya que el mandato del recurrente no había vencido y
se pronunció revocando la sentencia de grado el 4 de noviembre
de 2003 (fs. 1063/1076 vta., sentencia publicada en Fallos:
326:4468).
En cumplimiento de lo decidido por esta Corte, la
Cámara Nacional Electoral hizo lugar al amparo promovido por
el actor contra la decisión de la Cámara de Diputados de la
Nación del 10 de mayo de 2000. Contra dicho pronunciamiento,
la Cámara demandada dedujo el recurso extraordinario de fs.
1134/1145 en el cual se plantea que la cuestión resulta abs-
tracta y que ella había realizado un juicio con apego a las
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normas de procedimiento previstas en su reglamento interno y
fundado su decisión en un juicio cumplido de acuerdo con lo
previsto por el art. 64 de la Constitución Nacional.
El recurso extraordinario es formalmente admisible,
pues se discute la interpretación de normas federales (arts.
1°, 16, 22, 48, 64, 66, 75 inc. 22, de la Constitución Nacio-
nal) y la decisión del a quo resulta contraria a la posición
que la impugnante funda en aquéllas (art. 14, inc. 3°, de la
ley 48).
3°) Que existe un caso, en la medida en que la
cuestión federal está relacionada con un interés institucional
que subsiste al momento del dictado de la presente.
Esta cuestión ha sido resuelta por esta Corte en el
fallo del 4 de noviembre de 2003, donde se estableció que el
amparo resultaba absolutamente esencial para salvaguardar el
interés de la soberanía popular y la defensa de la transpa-
rente manifestación de la voluntad de los ciudadanos, a riesgo
de quedar afectado el pleno imperio de la Constitución
Nacional Carts. 1°, 5, 22 y 33C (considerando 8°, fs. 1094).
Conviene precisar que, actualmente, el interés sub-
jetivo del demandante configurado por su pretensión de que se
declare la nulidad de las resoluciones dictadas por la Cámara
de Diputados de la Nación que negaron la incorporación del
peticionario como miembro de dicho cuerpo es, como lo peti-
ciona la recurrente, abstracta. Ello es así no sólo porque
resulta de cumplimiento imposible, sino porque no ha habido
ninguna declaración expresa de nulidad del acto en las ins-
tancias inferiores ni ha sido materia recursiva ante esta
Corte. Por lo tanto, resulta inoficioso todo pronunciamiento
sobre el tema quedando firme la resolución dictada en el caso.
En cambio, el interés institucional subsiste en dos
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aspectos.
El primero de ellos es el resguardo de la soberanía
del pueblo y la expresión de su voluntad, que está claramente
comprometida en el caso.
El segundo se refiere a la posibilidad de repetición
del acto, lo que justifica una decisión esclarecedora (voto
del juez Petracchi en Fallos: 310:819).
Que conforme con lo expresado, existe un caso fede-
ral cuyo interés institucional consiste en determinar los
límites de la competencia que la Constitución establece para
la Excma. Cámara de Diputados de la Nación como "juez de las
elecciones, derechos y títulos de sus miembros en cuanto a su
validez" (art. 64).
4°) Que declarado admisible el recurso y subsistente
la cuestión que en él se somete al conocimiento de esta Corte,
corresponde recordar que la decisión adoptada por la Excma.
Cámara de Diputados de la Nación es un acto jurídico sometido
al control judicial.
En efecto, esta Corte resolvió que se trataba de una
cuestión justiciable en la sentencia dictada el 11 de octubre
de 2001, como surge de lo dicho al delimitar la base fáctica y
normativa. En consecuencia, existe un límite basado en la cosa
juzgada que impide al Tribunal revisar su propia sentencia. La
decisión referida, no sólo es cosa juzgada en el caso, sino un
precedente que debe ser respetado por la garantía de igualdad
ante la ley, que obliga a dar igual solución a casos análogos,
como la seguridad jurídica, que favorece la certeza y
estabilidad del Derecho.
Además, no puede soslayarse, en este sentido, que la
propia Excma. Cámara de Diputados de la Nación, en el recurso
extraordinario de fs. 1134/1145, expresó que "(...) Nunca
cuestionó esta parte que el Poder Judicial sea quien tiene
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facultades para revisar los poderes atribuidos por la
Constitución a los otros dos Poderes del Estado, ni así tam-
poco que sea dicho Poder quien revise el ejercicio que de
dicho Poder efectuaron tales órganos" (ver fs. 1138 vta.).
5°) Que en razón del interés institucional que pre-
senta la causa, corresponde precisar el criterio con que pue-
den ser revisadas las decisiones de la Excma. Cámara de Dipu-
tados de la Nación en el ámbito del art. 64 de la Constitución
Nacional.
Para dar una solución razonable, es necesario pon-
derar dos principios adoptados por nuestra Constitución y que
han sido aplicados con distinto grado de intensidad por esta
Corte a lo largo de su historia.
En primer lugar, el Tribunal ha sostenido la regla
general de la no justiciabilidad de las decisiones que se
adoptan dentro de la esfera de competencia propia de otro
poder. Esta interpretación es consistente con los precedentes
de este Tribunal que la ha sostenido desde el año 1865 (Fa-
llos: 53:420). También es coherente dentro del sistema jurí-
dico argentino, en el que se adopta el principio de división
de poderes que obliga a los magistrados a respetar la inde-
pendencia de las otras autoridades de la Nación (Fallos:
354:43; 321:3236, considerando 16), sin que les sea posible
juzgar el modo en que ellas ejercen sus competencias.
En segundo lugar, se ha dicho que "no hay otro poder
por encima del de esta Corte para resolver acerca de la
existencia y los límites de las atribuciones constitucionales
otorgadas a los departamentos legislativo, judicial y ejecu-
tivo, y del deslinde de atribuciones de éstos entre sí y con
respecto a los de las provincias" (sentencia del 11 de octubre
de 2001, considerando 7° del voto de la mayoría, fs. 325 vta.).
Una interpretación que llevara al extremo la no
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justiciabilidad de las decisiones del Congreso por un lado
anularía el diálogo de poderes que la propia Constitución
sustenta, mediante el cual cada uno de ellos encuentra, en su
interrelación con los otros, la fuente de sus propios límites
y una buena orientación general en las políticas de Estado.
Por otro lado, podría producir el desamparo de los ciudadanos
que pertenecen a minorías, al quedar sujetos a lo que deci-
dieran mayorías circunstanciales. Es función prominente de
esta Corte precisar los límites que la Constitución fija para
el ejercicio de las competencias del Congreso de la Nación.
En sentido contrario, una inteligencia orientada
hacia la judicialización de las decisiones de otros poderes,
pondría en serio riesgo tanto el ejercicio de las funciones
que la Constitución asigna a cada uno de ellos como la auto-
ridad de esta propia Corte Suprema.
Por lo expuesto, surge un campo de tensión en la
satisfacción de ambos principios de modo simultáneo, lo que
obliga a ponderar un razonable equilibrio. De dicho balance
surge que los jueces no pueden opinar sobre el modo en que se
ejercitan las facultades de otro poderes, pero deben estable-
cer sus límites. Ello es así porque "la esencia de nuestro
sistema de gobierno radica en la limitación de los poderes de
los distintos órganos y en la supremacía de la Constitución.
Ningún departamento del Gobierno puede ejercer lícitamente
otras facultades que las que le han sido acordadas (Fallos:
316:2940 y sus citas).
En el presente caso se ha invocado que la Excma.
Cámara de Diputados de la Nación es juez de los títulos de los
diputados conforme lo establece el art. 64 de la Constitución
Nacional, lo que plantea tres tipos de cuestiones.
En primer lugar, cuando la Constitución dispone que
la Cámara tiene una competencia precisa para juzgar, ésta no
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es exclusiva ni excluyente ya que el art. 116 establece que
corresponde al Poder Judicial el conocimiento y la decisión de
todas las causas que versen sobre puntos regidos por ella. Por
esa razón, esta Corte se encuentra habilitada para conocer en
la presente controversia, aun cuando el Congreso haya ejercido
su facultad de valorar los títulos de sus integrantes. Como se
dijo en el considerando 4°, esa cuestión ya fue resuelta por el
Tribunal en la sentencia del 11 de octubre de 2001.
En segundo lugar, es necesario determinar si la
Cámara de Diputados, al juzgar el cumplimiento de la regula-
ridad formal del título, actuó dentro de los límites de su
competencia o, por el contrario, se ha excedido.
En tercer lugar, se debe decidir si la competencia
de la Cámara de Diputados se limita al juzgamiento de la va-
lidez formal, o bien se extiende a la valoración de la ido-
neidad de los diputados.
6°) Que corresponde establecer cuáles son los límites
que la Constitución fija a la Cámara de Diputados de la Nación
para juzgar la validez formal de los títulos que presentan los
diputados.
En este sentido, cabe precisar que los conflictos
vinculados a la etapa previa a la elección, así como los que
tienen relación con el acto eleccionario en sí mismo, son
materias sometidas a la Justicia. Por ello, el control de los
requisitos constitucionales de los candidatos para diputados
de la Nación se efectúa de modo previo y ante el Poder Judi-
cial de la Nación. Una vez aprobado el diploma, éste puede ser
presentado ante la Cámara, que es "juez" de ese título
conforme al art. 64 de la Constitución Nacional. De tal modo,
es claro que la facultad de la Excma. Cámara de Diputados sólo
puede referirse a la revisión de la legalidad de los títulos
de los diputados electos y la autenticidad de los diplomas,
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esto es, si fueron regularmente emitidos por la autoridad
competente.
Esta interpretación es coherente y armónica dentro
de la Constitución. En efecto, el art. 66 de la Carta Magna,
al fijar la competencia de la Cámara para dictar su reglamen-
to, establece que puede remover a sus miembros por inhabilidad
física o moral sobreviniente. Es decir que no hay ninguna
habilitación constitucional para examinar la habilidad moral
anterior a la elección y no habiendo ninguna norma expresa no
puede presumirse.
En este sentido, el derecho es un límite al poder,
lo que impide toda interpretación extensiva de las facultades
de las Cámaras, las que para actuar legítimamente requieren de
una norma de habilitación (Fallos: 32:120, entre otros). La
libertad se vería amenazada si los poderes ejercieran fa-
cultades no concedidas. Si hay algo que ha consagrado la
Constitución, y no sin fervor, es la limitación del poder del
gobierno. La Constitución ha establecido, inequívocamente, un
sistema de poderes limitados (conf. Fallos: 318:1967).
Tampoco corresponde buscar la solución en la analo-
gía porque ambas cláusulas constitucionales refieren a su-
puestos de hecho diferentes. En este sentido, el art. 66 de la
Constitución regula los hechos posteriores a la elección sobre
los que no hubo una decisión previa y requiere una mayoría
calificada de dos tercios, mientras que el art. 64 se aplica a
hechos anteriores que ya han sido valorados por la autoridad
electoral y por lo tanto se conforma con el requisito de una
mayoría absoluta.
Lo dicho hasta ahora también puede ser sostenido en
términos de principios constitucionales. En efecto, guarda
conformidad con la transparencia electoral, porque permite que
los ciudadanos conozcan los defectos que se adjudican a los
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candidatos con anterioridad al acto eleccionario y puedan
ejercer su derecho con la debida información, lo cual no ocu-
rriría si fueran analizados con posterioridad y, por lo tanto,
desconocidos.
También comporta una inteligencia compatible con la
soberanía porque cuando el elector informado toma una deci-
sión, ésta debe ser respetada, salvo la ocurrencia de hechos
posteriores. La Constitución no reconoce el derecho de algunos
ciudadanos a corregir las decisiones de otros porque,
presuntamente, estarían mejor capacitados o informados, ya que
todos son iguales ante la ley.
La conclusión del razonamiento efectuado es que la
decisión impugnada ha sido tomada sobre la base de hechos
anteriores al proceso electoral sobre los que no hubo impug-
nación y que, por lo tanto, la Cámara de Diputados de la Na-
ción actuó fuera de su competencia.
7°) Que corresponde establecer cuáles son los límites
que la Constitución fija a la Cámara de Diputados de la Nación
para examinar la validez material de los títulos que presentan
los diputados.
La declaración de invalidez material surge cuando el
título es formalmente válido, pero no se lo considera
aceptable porque es contrario a principios o valores consti-
tucionalmente protegidos. Es lo que se ha invocado, concu-
rrentemente, en el caso, porque la Cámara entendió que aun
cuando el diputado fuera electo sin impugnaciones, cabe re-
chazar su incorporación porque se lesionan valores constitu-
cionales. En particular se invocó la "inhabilidad moral" por-
que Bussi actuó durante el gobierno militar y ha sido imputado
por violaciones a los derechos humanos, las que configurarían
un delito permanente.
La primera cuestión a dilucidar es si la Constitu-
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ción otorga competencia a la Cámara de Diputados para rechazar
un título invocado por un diputado electo fundándose en la
ausencia de idoneidad o en su "inhabilidad moral".
Esta Corte no comparte los argumentos del señor
Procurador General en este aspecto, en cuanto sostiene que la
Cámara no sólo tiene un rol puramente formal sino que está
facultada para examinar la idoneidad para el acceso a la fun-
ción pública. Cuando la Constitución, en su art. 48, regula
los requisitos necesarios para ser diputado de la Nación no
requiere la idoneidad ni calidades morales.
La Cámara, como juez, no puede agregar nuevos re-
querimientos que la Constitución no contempla.
Pero aun cuando se sostuviera que la idoneidad es un
requisito para los cargos electivos, no sería la Cámara sino
el Pueblo de la Nación el juez de esa calidad. En este aspecto
es legítima la cita que ha hecho esta Corte de la sentencia de
la Suprema Corte de los Estados Unidos en la causa Powell
(jr.), Adam Clayton vs. Mac Cormack C395 U.S. 486 (1969)C en
la que el referido tribunal sostuvo que la Cámara de
Representantes no tiene poder para excluir de su cargo a un
legislador.
La interpretación histórica avala esta conclusión,
toda vez que este mismo Tribunal indicó que "el art. 56 de la
Constitución Nacional reconoce como fuente el texto del art.
I, sección 5ta., cláusula 1ra., de la Constitución Norteame-
ricana, aunque éste es literalmente menos amplio que el ar-
gentino. Y que la doctrina y la jurisprudencia legislativa de
los Estados Unidos, han sido también terminantes en su inter-
pretación y aplicación en el mismo sentido (Story, Commenta-
ries, p. 501/502; Tucker, On the Constitution, I, p. 426/427;
Corwin, The Constitution of the United States of America, p.
95 y 547; Hinds Asher C., Hind's Precedents of the House of
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Diputados.
Representatives, vol. I, p. 847 y sgtes.; Pritchett, Herman
C., La Constitución Americana, trad. castellana, 1965, p. 219;
Barnett, Vincent M., Contest Congressional Elections in recent
years, en Political Science Quarterly, vol. LIV, junio 1939,
p. 187 y sgtes., etc.). En aquel país hasta se ha cuestionado
la constitucionalidad de una posible reglamentación legal de
la cláusula, aun cuando ella tendiera tan sólo a la
institución de una primera instancia judicial para el juicio
de validez de las elecciones, reservando la instancia final
para cada una de las Cámaras..." (Fallos: 263:267, conside-
rando 17 del voto de la mayoría).
Los principios de la Constitución también sostienen
esta interpretación, ya que el pueblo es la fuente originaria
de la soberanía y el modo de ponerla en ejercicio es el voto
de los ciudadanos a efectos de constituir directa o indirec-
tamente a las autoridades de la Nación. El carácter represen-
tativo de las autoridades depende de que su designación haya
tenido origen en las elecciones, que son los procedimientos a
través de los cuales el pueblo las designa. Se materializa así
la relación entre quienes aspiran a ser designados y quienes
con su voto realizan la designación (Fallos: 326:1778 y sus
citas). Es el sufragio el instrumento que da sentido al
principio liminar de que el pueblo, como titular de la sobe-
ranía, es la fuente originaria de todos los poderes. Su fun-
ción es hacer posible el gobierno del pueblo, aproximando el
ideal democrático a la realidad de la vida. Nuestra historia
Ccomo la de muchos otros paísesC muestra la lucha por la con-
sagración plena del gobierno del pueblo y el consecuente
abandono de clasificaciones fundadas en el sexo, estado o
condición tanto de los electores como de aquellos que pueden
aspirar a ser elegidos (Fallos: 325:524 y 324:3143).
De allí la fundamental importancia de respetar el
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sentido de la elección popular, impidiendo paralelamente el
establecimiento ex post facto de "requisitos" no contemplados
en ninguna reglamentación.
Tanto la intención de los redactores de la Consti-
tución, como un estudio de los principios básicos que la sos-
tienen, nos convence de que no se ha otorgado al Congreso un
poder para negar la incorporación a un candidato electo, ba-
sándose en valoraciones materiales como la falta de idoneidad
o la inhabilidad moral.
8°) Que uno de los argumentos fundamentales del señor
Procurador General se basa en el art. 16 de la Constitución
Nacional, que establece que todos los habitantes de la Nación
son iguales ante la ley y "admisibles en los empleos sin otra
condición que la idoneidad". De ello deduce que los
constituyentes entendieron que la admisión en la función pú-
blica sólo debe aceptarse en las personas que sean idóneas y
que ello es condición necesaria incluso en aquellos supuestos
en los que el arribo al cargo sea por vía electoral.
Esta Corte no comparte este razonamiento.
En el presente caso no se discute la exigencia de
idoneidad, sino precisar quién está facultado para valorar el
cumplimiento de ese requisito.
En los supuestos de acceso a la administración pú-
blica se ha declarado constitucionalmente admisible el esta-
blecimiento de jurados que determinen si el postulante es
idóneo, pero no es igual para quien accede al cargo por la vía
electoral. En este caso es el pueblo el que elige a sus
representantes quien valora la idoneidad y no la Cámara de
Diputados de la Nación, porque el régimen electoral establece
justamente el procedimiento adecuado para impugnaciones que
permitan a los electores valorar la idoneidad.
Tampoco puede sostenerse que, por vía analógica, la
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Diputados.
norma constitucional autoriza a este tipo de juicios. La regla
de la igualdad en el acceso a los cargos públicos está
expresada mediante una prohibición, porque se considera cen-
surable toda restricción que sea discriminatoria. Pero una
expresión prohibitiva no es un mandato ni una permisión de la
que pueda derivarse lógicamente una esfera de competencia para
la Cámara de Diputados como lo sostiene el señor Procurador
General. Una correcta interpretación de esta norma es que ella
no establece un nuevo requisito para ser diputado de la
Nación, sino que es la única razón por la cual una ley podría
restringir el acceso. Este es el sentido que esta Corte ha
conferido a aquella disposición constitucional, al utilizarla
para valorar la razonabilidad de algún requisito contenido en
disposiciones infraconstitucionales como reglamentación de
aquel igualitario acceso (Fallos: 238:183; 321:194; 327:5118).
9°) Que los graves hechos que imputan al diputado
electo deben ser motivo de un proceso judicial, porque todos
los ciudadanos tiene la garantía del debido proceso. No hay
una incapacidad de derecho para las personas que hayan tenido
una actuación histórica determinada, ya que el impedimento
deviene, necesariamente, de una condena judicial por un deli-
to.
Las consecuencias que se derivan del estado de ino-
cencia no podrían ser obviadas mediante el recurso de susti-
tuir los efectos de la condena penal, por apelaciones a las
calidades morales del sujeto.
Estas afirmaciones permiten afirmar que una inter-
pretación correcta del art. 36 de la Constitución Nacional y
de los tratados sobre derechos humanos, cuando establecen
sanciones de carácter penal, se requiere el cumplimiento de un
proceso judicial. En este aspecto, el dictamen de la Comisión
de Peticiones, Poderes y Reglamento (carpeta, cuerpo III, fs.
-13-
711/742) aclaró que el fundamento del rechazo del diploma sólo
respondía a la participación activa reconocida y probada que
el diputado electo tuvo con el terrorismo de Estado (art. 36,
Constitución Nacional) y específicamente al encuadre de su
conducta en las Convenciones sobre Genocidio y Tortura (art.
75, inc. 22, Constitución Nacional). Esta Corte ha sido clara
respecto de la persecución de los autores de los delitos de
lesa humanidad, pero es necesario reiterar que ello debe ser
compatible con el debido proceso.
Ningún ciudadano puede ser privado del derecho a ser
sometido a proceso y a defenderse ante un juez imparcial.
10) Que no aplicar estas garantías y sostener que
existe un poder para rechazar el título de toda persona que
viola "la ética republicana" puede tener consecuencias graví-
simas para el mismo sistema que se dice proteger. Los que hoy
se consideran satisfechos porque comparten el criterio de la
mayoría, pueden ser afectados por esas decisiones cuando cam-
bien las proporciones. La historia enseña que las mayorías
pueden tener momentos en que se aparten del buen juicio y del
equilibrio, y en tales casos una persona puede ser excluida
porque su comportamiento es contrario a la ética republicana.
Una idea confusa en manos de una mayoría podría dar
lugar a que una persona sea rechazada porque es anarquista,
otra porque es socialista, otra porque se opone a un gobierno
dictatorial, otra por motivos religiosos o de género.
Los riesgos futuros son demasiados y la sabiduría
aconseja la abstención.
11) Que es misión de esta Corte fundamentar y pro-
teger los consensos básicos para el funcionamiento de una
sociedad en la que puedan convivir personas y grupos con opi-
niones diferentes. Este común sentir se edifica sobre algunas
reglas que deben ser aceptables para quienes están distancia-
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dos por una controversia particular y que lo serán en los
conflictos subsiguientes cuando cambien sus posiciones de
poderío o debilidad, y que serán aplicadas por las generacio-
nes futuras porque se habrán transformado en una práctica
constitucional consolidada.
Este es el significado profundo de la concepción de
la justicia, entendida como los principios morales que acep-
tarían personas libres, iguales, racionales y razonables que
permitan una convivencia basada en la cooperación y que no son
otros que los del estado de derecho. Nuestro deber en la hora
actual es garantizar, de modo indubitable, la vigencia plena y
efectiva del estado de derecho para quienes habitan esta
Nación y para las generaciones futuras.
La Constitución no admite la validez de una voluntad
mayoritaria expresada sin respetar los principios del estado
de derecho ni les permite derogar principios fundamentales
sobre los que se basa la organización republicana del poder y
la protección de los ciudadanos.
La Democracia es Constitucional, y por ello la fun-
ción de esta Corte en este caso se dirige a garantizar la
vigencia de principios regulativos del modo en que expresan
las mayorías. El escrutinio judicial de los procedimientos
resulta esencial para robustecer las prácticas democráticas.
El buen juicio de un estadista es afirmar reglas que consti-
tuyan incentivos apropiados para los futuros participantes en
la competencia electoral. El cumplimiento de los principios
que constituyen el núcleo del estado de derecho es lo que
orienta a una sociedad hacia una expresión madura y plural,
mientras que su apartamiento condena al futuro a repetir un
pasado que se desea mejorar.
Por ello, oído el señor Procurador General de la Nación y
con el alcance definido en el considerando 3° del presente: 1.-
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Se declara inoficioso todo pronunciamiento del Tribunal sobre
el planteo introducido en la demanda con respecto a la validez
de las decisiones de la Cámara de Diputados de la Nación que
rechazaron la pretensión del demandante de incorporarse como
miembro de dicho cuerpo. 2.- Se declara admisible el recurso
extraordinario al solo efecto puesto de manifiesto, y se
interpreta la facultad atribuida en el art. 64 de la
Constitución Nacional a la Cámara de Diputados de la Nación de
juzgar la validez de las elecciones, derechos y títulos de sus
miembros, con arreglo a lo que surge de los considerandos
precedentes. Notifíquese y devuélvase. RICARDO LUIS LORENZETTI
- ELENA I. HIGHTON de NOLASCO (en disidencia)- CARLOS S. FAYT
- ENRIQUE SANTIAGO PETRACCHI (en disidencia)- JUAN CARLOS
MAQUEDA (en disidencia)- E. RAUL ZAFFARONI (según su voto)-
CARMEN M. ARGIBAY.
ES COPIA
VO-//-
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