ARQUITECTURA MINOICA
Los palacios-santuarios
Los tradicionalmente llamados palacios señoriales son la máxima expresión arquitectónica de la civilización de
la Creta minoica. Se trata de verdaderos complejos de carácter civil puestos al servicio de la ciudad, centros
político-administrativos, de funciones prioritariamente económicas en torno a los cuales se desarrollaba ésta,
lo que determinaría su planimetría, marcada por una ordenación sistemática de todas sus zonas de actividad,
de tal suerte que el edificio aparece como la principal expresión material de la estructura de la sociedad
minoica. Estos complejos fueran centros religiosos, afines a los modelos orientales y quizás, como aquellos,
estuvieran regidos por un clero oligárquico o un rey-sacerdote.
Los “primeros palacios” se edificaron en torno al año 2000 a.C., coincidiendo con el restablecimiento del poder
real en el Egipto, donde se iniciaba la etapa que se conoce como Imperio Medio. La segunda fase de esplendor
de los “palacios” se sitúa hoy hacia el año 1700 a.C., siendo ocupada la isla por los pobladores micénicos, en
torno al año 1500 a.C.
Primeros palacios
Los primeros núcleos urbanos cretenses de entidad considerable, han recibido el nombre genérico de
“primeros palacios” siendo los centros más destacables, en dicho período, Cnosos, Festo, Malia y Zakro.
Estas construcciones se formaron alrededor de grandes patios rectangulares, en torno a los cuales se
dispusieron las más importantes dependencias. Por lo general, las de carácter administrativo estaban ubicadas
en el ala occidental, mientras que las destinadas a uso doméstico ocupaban la zona oriental, de la misma
manera que sucedía en los palacios del Próximo Oriente, que probablemente les sirvieran de modelo, asimismo,
en la monumentalidad de su concepción.
Estos conjuntos responden a una idea preconcebida de antemano, ordenada según una lógica. Todos ellos
están situados en lugares cercanos a la costa, orientados de norte a sur, y elevados sobre suaves promontorios.
Su desarrollo se realiza desde el citado patio central, rectangular, orientado también de norte a sur; a este patio
se abren las diversas habitaciones, de formas irregulares y tamaños variables. Asimismo, es frecuente la
presencia de un patio secundario, generalmente en el ala occidental, donde suelen ubicarse las dependencias
administrativas, mientras que el sector oriental es el lugar destinado a uso doméstico y privado, provisto de
baños y retretes. La traída de aguas se realizaba, desde los manantiales, a través de viaductos, y su salida se
verificaba mediante un sistema de drenaje y alcantarillado; además, las cisternas garantizaban la recogida del
agua de lluvia, utilizada con diversos fines.
Estos palacios-santuarios corresponden al sistema de arquitectura arquitrabada, en la que domina la
concepción de volúmenes lineales, con cubiertas planas, en ocasiones rematadas por terrazas.
Los muros se construyen con aparejo de mampuesto reforzado con vigas: el resultado de ello es una estructura
sólida y flexible, preparada para resistir los frecuentes seísmos que sacuden la isla.
El paramento isodómico –el formado por sillares de tamaño regular- quedaba reservado para las zonas más
visibles (entradas) o de mayor representatividad de cara al exterior.
La viguería y los soportes (es decir, los elementos sustentantes) eran de madera de ciprés, árbol muy abundante
en la era minoica; normalmente, puertas y ventanas ocupaban el centro del espacio en el que se abrían, y eran
de pequeño formato, aunque muchas veces su vano de luz se dividía con un soporte central de madera, que
las convertía en ejemplares geminados.
La “columna cretense”, el soporte más característico de las construcciones minoicas, se alza sobre un plinto
pétreo, y su grueso fuste reduce su diámetro desde arriba abajo. El capitel –también de madera-, está
compuesto por una moldura convexa (toro) rematada por un bloque prismático (origen del equino y el ábaco
del orden dórico griego). El material de dichas columnas era la madera, aunque fue característico el
revestimiento de estuco policromado.
A las características arquitectónicas ya expuestas habría que añadir la existencia de escaleras grandiosas para
comunicar las diferentes alturas del edificio, así como la presencia de porches monumentales y “salas
hipóstilas” (salas “bajo columnas”).
Las estancias más suntuosas tuvieron la parte baja de sus muros revestidos de alabastro, mientras que el suelo
se embaldosaba, habitualmente, con esquisto verde, combinado con un revestimiento rojo para las junturas;
escayola y varios tipos de mortero, impermeabilizados, fueron utilizados en el remate de las partes altas de los
muros; también los tronos y escaleras monumentales estuvieron acabados con yeso. A veces el refinamiento
del constructor llegaba hasta disponer bajo el embaldosado, e inclusive bajo las bases de las columnas, un lecho
de piedra pómez que absorbiera la humedad
Disponían de pozos de luz destinados a iluminar las salas del interior. Asimismo, resulta novedoso el “mégaron
cretense”, una sala embaldosada, muy abierta por dos lados consecutivos y con pórtico en escuadra. Se
concebía como una sala de estancia veraniega, orientada de modo que recogiera los menores soplos de la brisa,
hacia el oeste o hacia el norte. Se trata de lo que los arqueólogos llaman las “polythyra”, es decir, piezas en las
que uno o varios muros son sustituidos por puertas yuxtapuestas. Estos vanos se pueden dejar abiertos o
condenados, según la época del año, y permiten mantener la temperatura deseada.
Palacio-Santuario de Malia
El conjunto de Malia, en la costa norte, excavado desde 1915 por J. Hazidakis, resulta ser, en la actualidad, el
ejemplo de palacio-santuario cuyo plano se aproxima mejor al esquema habitual en la época de los “antiguos
palacios”, ya que dicha estructura apenas si sufrió modificaciones en etapas posteriores. Fue reconstruido en
varias ocasiones, tras los acontecimientos catastróficos del 1700 a.C., y la presencia de tablillas de lineal B nos
remiten a su ocupación micénica; a pesar de ello, mantuvo, en lo esencial, las bases de su planimetría primitiva.
Ocupa una superficie cercana a los 10.000 metros cuadrados, y a pesar de ello, ha sido considerado por algunos
especialistas como una “residencia rural”, ya que el acabado resulta muy tosco en comparación con lo cuidado
de otros conjuntos, como el de Cnoso.
Su patio central (48 x 22 m.) fue sede de un altar, hecho que ha sido puesto en relación con la utilización
religiosa de este recinto. En el ala occidental se ubicaron sus grandes dependencias para almacenaje, mientras
que algunas habitaciones de la zona oriental han sido interpretadas como lugares para la elaboración de
productos, vino y aceite preferentemente. La zona norte cuenta con un conjunto de salas, de las que destaca
una sala hipóstila (bajo columnas), prototipo que tiene su origen en la arquitectura egipcia.
Nuevos palacios
En torno al año 1700 a.C., una serie de violentos seísmos afectaron profundamente a las construcciones de la
isla; fue entonces cuando, sobre los arruinados “viejos palacios”, se construirían otros edificios de mayores
dimensiones que pudieran satisfacer las exigencias de los nuevos tiempos. Al mismo tiempo, fueron construidos
nuevos conjuntos en lugares como Gurnia, Tiliso, Hagia Triada, etc.
El momento de culminación arquitectónica de dichos centros tiene lugar entre los siglos XVI y XV a.C.
Palacio de Cnosos
El Palacio-Santuario de Cnoso, está situado en la colina de Kefala, a cinco Kilómetros tierra adentro desde la
costa norte. Es un conjunto arquitectónico cuya superficie ocupaba, aproximadamente 17.500 metros
cuadrados y poseía unas 1.500 habitaciones.
Su plano es un rectángulo de 150 x 100 metros de lado que se organiza en torno a un amplio patio central. A
dicho patio se llegaba, desde el ala oeste, mediante una serie de intrincados pasillos, y en sus proximidades
estarían situadas las dependencias destinadas a la recepción.
Las dependencias de la planta baja debieron de tener una función de almacenaje. La zona de vivienda estuvo
situada a un nivel más bajo que el patio central y la iluminación se conseguía mediante amplios vanos. En esta
altura se localiza el llamado “Salón del Trono” y un pórtico columnado desde el que se abre un balcón que da
al patio central.
Este palacio denota una gran preocupación por el espacio interior y la iluminación de los mismos conseguida
mediante pozos de luz y, también, con la presencia de patios interiores.
Los accesos principales a esta compleja construcción se realizaban en el lado norte, suroeste y sur. De ellos
destaca el acceso septentrional, concebido como una zona monumental, con paramentos isodómicos; desde
aquí, una rampa conducía directamente al patio central. La entrada del suroeste daba acceso a un pasillo que
ha sido denominado “corredor de las procesiones” para llegar al llamado “propileo meridional”, una portada
monumental desde la que se accedía al piso superior.
Palacio de Festos
Este conjunto arquitectónico se encuentra situado en el extremo oriental de un macizo (Psiloriti) de la llanura
de Mesará. Sus excavaciones comenzaron en 1900, y pusieron de relieve que su estructura es la habitual en
este tipo de construcciones. Posee terraza superior, patio central y varios patios exteriores, más. almacenas,
patios interiores, entradas monumentales con escalinatas, etc.
Zakro
Situado en la costa sureste, su importancia se debió, en una gran medida, a la posición estratégica dentro de
las rutas marítimas que surcaban el Mediterráneo oriental.
Caseríos
Los grandes Palacios-Santuarios estuvieron circundados de un caserío.
Habitualmente se trataba de viviendas unifamiliares con una o dos alturas unidas por escaleras interiores,
provistas de patio central, cocina y almacenes, donde el segundo piso estaba destinado a dormitorios.
Disponían de un único acceso y ventanas abiertas en la parte superior, rematadas en terrazas planas.
Estas viviendas estaban construidas por lo general con adobe sobre zócalos de piedra, con volúmenes lineales
que respondían a una concepción arquitectónica horizontal, arquitrabada.
Arquitectura funeraria
En el período prepalacial fueron frecuentes las tumbas excavadas en la roca, a modo de cámaras funerarias de
reducidas dimensiones. Ocasionalmente, en el interior de tales cámaras se ubicaron sepulcros cerámicos o
lárnaKes, y las llamadas tumbas de jarra o pithoi.
Con los “primeros palacios” surgieron novedades muy importantes en la arquitectura funeraria, la tumba tholos
y la tumba-edificio, semejante a una vivienda por su estructura.
Las grandes tumbas fueron las construcciones donde los arquitectos cretenses desarrollaron mejor su sentido
de lo monumental, su espíritu creador y su preocupación por la perfección técnica. El origen de los tholoi se
remonta al final del tercer milenio antes de Cristo; se trataba, inicialmente, de construcciones circulares
coronadas con una cúpula con muros de casquijo (cascajos y morrillos mezclados con arcilla); su diámetro
interior podía llegar a los 9 ó 10 metros.
Desde 1600-1580 a.C., es decir, a fines del Minoico Medio, el casquijo fue sustituido por obra de albañilería en
piedra, y la estructura cupular (una falsa cúpula conseguida por aproximación de hiladas) fue precedida de un
dromos o corredor, como modelo claro de los tholoi micénicos. Estas grandes tumbas estuvieron dedicadas a
las autoridades, civiles y religiosas y sus orígenes pueden rastrearse en los hipogeos egipcios o en los
enterramientos cupulares de Siria.
La forma más habitual de enterramiento durante la época de los “nuevos palacios” fue la tumba-edificio, de
estructura rectangular, compuesta por varias habitaciones y semejante a una vivienda en la que se depositaron
cuantiosos ajuares funerarios.