Camino 02
Camino 02
TOMO ZIZ.
1
BARCELONA.
LIBRERÍA DE D. JUAN OHYERES, EDITOR,
IMPRESOR DE S. M. ,
calle de E s c u d i l l e r s , n ü m . 5 7 .
1864.
Esta Revista es de propiedad.
LA ABEJA.
TOMO III.
^^
V^
LA ABEJA
REVISTA CIENTÍFICA Y LITERARIA ILUSTRADA,
PRINCIPALMENTE
U N A SOCIEDAD LITERARIA.
Filosofía ideal.
ESTÉTICA.
I.
Historia natural.
LOS GATO-YOLANTES Ó GALEOPITECOS.
Diferencíanse de los murciélagos en tener todos los dedos á saber, los galeopitecos, ó gatos volantes, los filostomos,
de las manos guarnecidos de uñas cortantes, que no son mas los rinolofos, los vespertiliones, los noctiliones, y los me-
prolongadas que las délos pies, de donde resulta que la ganicteros.
membrana que ocupa los intersticios de los miembros, y que EL OLEEK f Galeopüecus rufus. GEOFF. Lémur volans, LiN.
se estiende hasta la cola, no les sirve de alas, sino solamen- —-AUDEB.), habita las islas de Pelew ó Palaos en las Molu-
te de paracaidas; tienen seis incisivos en la mandíbula in- cas y en las islas de la Sonda. Tiene cerca de un pié de lon-
ferior , hendidos formando como las púas de un peine. gitud (0,32S); es de color rojizo superiormente, y de un
Los GATO-VOLAN- hermoso pardo rojizo
TES ó PLEÜROPTEROS inferiormente, con un-
{Galeopühecus,, PALL.), dulaciones blancas ir-
tienen treinta y cuatro regularmente orilladas
dientes; los incisivos de pardo negruzco ,
superiores dentellados, estendiéndose de cada
y los inferiores pecti- lado del cuerpo desde
neados: losmolaresson la parte posterior de
romos, con una dente- las orejas hasta la raiz
lladura; sus membra- 'de los muslos. Tiene el
nas interfemurales y hocico un poco largo y
laterales son velludas. agudo como el de una
Estos animales saltan comadreja, las orejas
muy lejos mediante la cortas y los ojos vivos.
membrana que les sir- El oleek no puede
ve de alas, pero no volar como los murcié-
•vuelan. Son notables lagos , porque su mem-
en este género los brana es demasiado
oleeks, cuya descrip- corta; pero maniobra
ción va á ocuparnos. tan bien, que recorre
Tienen el sistema por los aires distancias
dentario completo; es bastante largas, y salta
decir, compuesto de El Oleek. de un árbol á otro ,
incisivos, caninos y molares, aunque de formas muy varia- aunque disten cincuenta ó sesenta pasos. Para ello sube a la
das. Sepáralos enteramente de todos los demás mamíferos cima de la rama mas alta y se arroja de un salto al árbol
un carácter muy marcado, cual es un repliegue membra- inmediato; luego estiende su membrana, inclina un poco
noso de la piel de los costados, el cual se adhiere a los cua- el cuerpo con la cabeza hacia el suelo, y de esta suerte se
tro miembros y á los dedos de las manos; de modo que en desliza por los aires describiendo una parábola oblicua al
la mayor parte de estos animales forman verdaderas alas horizonte. De ahí resulta que habiendo partido de la rama
propias para el vuelo como las de las aves: tienen dos tetas mas alta de un árbol, va precisamente á caer á la mas baja
Situadas en el pecho. Divídese este orden en seis familias; del otro. Siendo el bosque poblado y los árboles aproxima-
31 6 M
dos, parece que debiera dirigir su paracaidas de modo que dos los cuales es ya bastante fuerte para agarrarse al vientre
fuese á parar á una rama elevada; pero no sucede así, sino de la madre y permanecer así constantemente, hasta que
que cae siempre en la mas baja, para ]o cual hay una ra- pueda arriesgarse á soltarla durante algunos instantes, ó á
zón particular; y eí que, empleando todo el diaen dar caza lo menos para ponerse encima de su espalda y descansar así
á los insectos y pajaritos, que, como él, viven en losbos- de su ordinaria actitud.
ques, por no tener que subir otra vez á la cima de un árbol Por lo demás, esta actitud es menos fatigosa de lo que
cuando quiere pasar á otro, empieza siempre su caza esplo- pudiera creerse; pues la madre lo sostiene con su mano ,
rando las ramas inferiores, luego las superiores inmediatas, aplicándoselo á la espalda. Terminada la caza y aun mien-
y así sucesivamente hasta llegar á la cima. tras la está haciendo, el oleek no anda como los demás
El oleek es el terror de los colibrís y de otros pajaritos, animales por encima de las ramas, sino por debajo; de
los cuales coge en el nido durante la noche, <5 rompe y de- modo que tiene el cuerpo en suspenso y boca arriba; re-
vora de dia sus huevos. A veces se pone en emboscada en- sultando de ahí que su hijo está colocado como en una ha-
cima de una gruesa rama, oculto en la corteza, y suspen- maca y contenido por la membrana délas alas, del mismo
dido por la cola y los pies traseros; y cuando pasa volando modo que en una cuna que estuviese puesta en el centro de
á algunos pies de distancia un colibrí ó una gruesa maripo- una red. Cuando manifiesta ganas de dormir, la madre de-
sa se arroja á ellos de improviso y los coge al vuelo, cayen- tiene su marcha y comunica á su cuerpo cierto balanceo
do en la rama inmediata, donde los devora. Cuando se muy suave, semejante al que hace una ama de cria que mece
halla suspendido en emboscada, aguarda que el colibrí pase con precaución á una criatura querida. Por lo demás, esta
debajo del sitio donde se halla, y aunque sea á quince o actitud es familiar al galeopiteco; y sí alguna vez para dor-
veinte pies de distancia, escoge atinadamente el instante, y mir toma otra cuando no cria, lo efectúa suspendiéndose
se deja caer perpendicularmente encima del pajariilo, des- por los pies traseros con la cabeza hacia abajo, lo mismo
plegando su membrana á fin de suavizar la caída y dejándo- que los murciélagos.
se resbalar á la rama mas inmediata. Tiene una ojeada tan Los indios son muy aficionados á la carne del galeopite-
rápida y tan certera, que casi nunca yerra el golpe. Su ol- co, particularmente en una estación del año en que estos
fato es igualmente esquisito. animales dejan de dar cazaá los insectos, alimentándose de
Este animal por lo regular no pare mas que un hijo, al ciertas bayas semejantes á la grosella, y que abundan mu-
cual tiene mucho cariño: arréglale con esmero un nido de cho en aquellos bosques en ciertos tiempos: son muy afi-
musgo fino y seco en el agujero del tronco de un árbol; pero cionados á esta yerba, con la cual engordan mucho en poco
solo le deja en él por espacio de cuatro ó cinco días, pasa- tiempo.
Ciencias físico-morales.
LA MUJER.
Ilf.
Sensibilidad é inteligencia.
La mujer, lo propio que el hombre, solo tiene cuarenta petulancia^ unas impresiones fugitivas que se exajeran? Si lo
y dos pares de nervios, desde el ojo hasta la estremidad de hacen por coquetería, el cálculo no es seguro; porque una
sus miembros, y estos cuarenta y dos nervios dobles, por esfrema mobilidad es mas fatigosa que agradable; y al fin
todas partes distribuidos y confundidos, originan en ella y al cabo, revela la afectación. Lo que mas pueden lograr,
mil diversas emociones. No parece sino que su cuerpo sea aun cuando el talento y las gracias las ausilien, es deslumhrar
un tejido de nervios, tan grande es su sensibilidad. fin cautivar, ó bien interesar pero no el corazón. La viva-
Es fama, dice un fisiólogo moderno, que las mujeres de- cidad de las impresiones, interesa mucho menos que una
ben á la irritabilidad de los nervios, su sensibilidad, pala- delicada reserva; cuanto mas vivos y profundos son los sen-
bra de estilo antiguo, que ha sido reemplazada hoy dia por timientos, mas apetecen el misterio y el inocente artificio
la de impresionabilidad, que á su vez ha sido inventada para dejarse entreveer. Una de las principales ocupaciones
para causar la desesperación de los poetas y también de los délos hombres, consiste en tratar de penetrar el pensa-
que no lo son. Nos parece que la comparación que se hace miento de las mujeres; pero afortunadamente raras veces
algunas veces de las mujeres con unas amables criaturas, lo logran , y este seductor enigma entretiene y aguza por
no siempre está desprovista de cierta malicia; pero ya sea mucho tiempo su sagacidad. No puede haber culto sin mis-
un elogio, ya una inculpación, lo consideramos injusto para terio y el pudor es el mas poderoso de todos; si la natura-
Ja mayor parte de las mujeres, al menos respecto de aque- leza no se lo hubiese dado á la mujer, la hubiera tratado
llas que son dignas de aprecio. ¿Acaso no poseen en mas como madrastra. Una mujer que lo pierde, abdica esa espe-
alto grado que nosotros el arte, ya sea de dominar, ya de cio de grandeza que le presta el sentimiento. El que dice:
disimular sus mas vivas y sobre todo sus mas tiernas im- « Conozco las mujeres » , es un necio que no puede dejar de
presiones? Están obligadas á hacerlo por deber, por la opi- ser engañado por una necia; ó bien puede decirse de él lo
nión de su sexo y el nuestro, y por una voz secreta que les que Santa Teresa en su caridad de mujer, decia del ángel
dice, que es el medio mas seguro de merecer y conservar de las tinieblas: «El infeliz no puedesaberloqueesamor. »
nuestro amor y su misterioso imperio. ¿No es natural que Los sentidos de la mujer son de una estremada finura: los
se desquiten de esta reserva, espresando con mas vivacidad olores ejercen en ella un grande imperio; los suaves per-
que exactitud, con una pasión aparente y algunas veces con fumes la embriagan y ciertas eraancciones fétidas la calman
7 M
y dominan. Su gusto es muy delicado, y si la domina el an- el sentimiento le da cabe el lecho de sufrimientos de sus
sia en el comei* es mas bien por ser amiga de bocados de- hijos, padres, esposo ó hermanos. Ante el objeto de un
licados, que por golosa. El estruendo la asusta; la sim- puro amor, desaparece su esquisita delicadeza y la inquieta
ple palabra la halla á veces indiferente ó distraída; pero un susceptibilidad de sus sentidos. En presencia de aquellos
canto melodioso la conmueve, un grito penetrante escita tormentos que alivia y que siente de rechazo en todo su
su conmiseración, una tierna queja la aflije. Una voz dul- ser. su irritabilidad nerviosa se estingue completamente.
ce tiene para ella muchos atractivos; pero casi siempre ¡Qué encanto en aquella voz que consuela 1 ¡Qué felices
sospecha de su sinceridad. Sobre todo á los ojos, esto es, ocurrencias, cuánta fertilidad en las distracciones queima-
al sentido déla vista, dice el autor de la «Fisionomía y gina, en las esperanzas que sugiere ó hace renacer, aunque
•'•enología comparadas», son deudoras las mujeres de la apenas participe de ellas! ¡Cuan angélica es entonces su
mayor parte de sus conocimientos y de numerosos placeres. mentirosa sonrisa! Todos los cuidados de su salud y hasta
La dicha de ver y de contemplar les parece preferible al de su belleza, quedan entonces suspensos; durante una
p acer de tocar ú oir: ver exige menos atención y poca re- larga serie de noches, se la halla constantemente en su
flexión; la vista es el sentido de la pereza, á mas de que en puesto y al lado del dolor. ¿Los vivaques de la gloria, no
sus reducidos límites, espone á pocos errores. Preguntad á ofrecen tantos tormentos, como las prolongadas horas de
una mujer de talento, todavía joven y hermosa, cuál es el vela de la ternura alarmada. Hasta en el sueño que llega
que prefiere de sus sentidos, y os contestará que esMa vista, á sorprenderla , oye al enfermo amado: una palabra, un
A este sentido sacrificarla voluntariamente todos los demás. suspiro, un lijero movimiento, la despierta y vuelve á ha-
Sin los ojos ¿cómo podría armonizar sus facciones, cómo llarla en toda su vigilancia, en su devorante solicitud. No
acomodar su semblante á otros semblantes, cómo ador- hay una impaciencia que no soporte con la serenidad en la
narse, cómo podría juzgar, en fin , del afecto que inspira, frente y el amor en ei corazón , ni un cuidado que la re-
cómo corresponder á él? La vista es el sentido del amor y pugne, ni una llaga que no cure ó limpie, porque su mi-
de la coquetería; y sino ved como las mujeres se distinguen sión le viene del cielo y también la fuerza de que se siente
en descifrar el libro tan ilegible de lafisonomía|,con la son- animada. Y no se crea que este sacrificio de amor, este te-
risa, los gestos y el mudable aspecto. Pero este es el estu- soro inmenso de cariño y sensibilidad, lo haga ó consagre
dio de su vida entera y apenas cuentan veinte años, poseen la mujer á los seres con quienes esté ligada con los lazos del
ya sobre el particular una vasta y rica erudición. parentesco ó por cuyas venas circule la misma sangre, por-
No están acordes los filósofos sobre el verdadero móvil que hay muchas mujeres, jóvenes, ricas y hermosas, mo-
de la reconocida sensibilidad de la mujer, pues al paso que delos de caridad, que consagran toda su vida al desempeño
la atribuyen unos á una debilidad de su ser, hállanla los de semejantes cuidados por personas que les son descono-
otros en la grandeza de su amor, « Generalmente, dice un cidas, por hombres llenos de males repugnantes, víctimas
escritor del siglo pasado, considéranse las mujeres como muy de una pobreza hereditaria y muchas veces agobiados de
sensibles y muy débiles; yo por el contrario, las creo menos males mas espantosos todavía, cuales son los males del
débiles y menos sensibles que los hombres. Sin fuerza de vicio. »
cuerpo, por lo común sin talento cultivado, sin estudios La ambición de gloria y riquezas es mucho menos viva en
que puedan borrar sus pesares ó hacerlos olvidar por algu- la mujer que en el hombre; es menos exigente y por lo co-
nos momentos, los soportan no obstante, los devoran y sa- mún da mucho menos valor que su compañero á los obje-
ben ocultarlos mejor que nosotros. Esta firmeza supone en tos que son fruto de aquella; pero también se halla menos
ellas ó un alma poco susceptible de impresiones profundas, espuesta á las estremas vicisitudes y si algunas Veces su-
ó un valor del que nosotros no tenemos idea. ¡ Cuántas si- fre, tiene mas constancia yfijezaen la idea de emanciparse
tuaciones crueles no hay á las cuales los hombres solo re- de ella. Verdad es que siente sin enseñárselo, y sabe por su
sisten por el torbellino de las ocupaciones que los arrastran! educación, según la feliz espresion de madama Stael, que
¿Acaso los pesares de las mujeres serian menos penetrantes la pureza del alma y de la conducta , es la primera gloria
y menos vivos que los nuestros? Pero esto no puede ser: de la mujer. Está reconocido también que la mujer procura
sus penas proceden generalmente del corazón; las nuestras mas agradar que poseer; goza mas en nuestras luchas que
comunmente tienen por origen la vanidad ó la ambición; en nuestros triunfos, y como el cielo, su digna patria, ha
mas estos sentimientos estraños, que la educación ha lleva- hecho una virtud de la esperanza.
do á nuestra alma, que el hábito ha grabado en ella y que En general sienten con demasiada viveza para poder dis-
el ejemplo fortifica, llegan á ser, por vergüenza de la hu- currir mucho ó reflexionar por largo tiempo, y tienen harta
manidad, mas poderosos en nosotros que los sentimientos sagacidad para fundar sistemas. Pocos ignoran que la mu-
naturales; el dolor hace perecer mas ministros á quienes se jer, ve de repente, de un modo vivo y pronto, sin que
ha privado de la confianza soberana, que amantes desgra- nada cueste á su rázon, todo lo que hay que ver en una co-
ciados. No alabaré á las mujeres sosteniendo que el pudor sa. Así es que preguntando á un hombre de talento , lo que
les es natural: esto seria.pretender que la naturaleza no les una dama, que también tenia mucho, pensaba en su reti-
ha dado ni necesidades ni pasiones; la reflexión ^'puede re- ro, contestó: «Jamás ha pensado, no hace mas que sentir.»
primir los deseos, pero el primer impulso, que es el natu- La razón de las mujeres, decia el filósofo de Ginebra, es
ral , siempre es el dominante. » una razón práctica que les hace hallar con mucha habilidad
Los que atribuyen la esquisita sensibilidad de la mujer los medios de llegar á un fin conocido, pero que no les hace
al gran fondo de su amor, dicen, y creemos con gran copia alcanzar estefin.De ahí la admirable relación de los sexos. De
de razones: «Cuando se quiere absorver el moral en el fí- esta sociedad, deoia el mismo filósofo, resulta una persona
sico, nos parece que se procede falsamente citando las mu- moral en la cual la mujer es el ojo y el hombre el brazo ,
jeres como ejemplo. ¿Acaso no es el sexo débil el que mejor pero con tal dependencia uno de otro, que la mujer apren-
suporta los dolores agudos, punzantes y prolongados, ade- de del hombre lo que es necesario ver, y la mujer ense-
más de los que la naturaleza le ha dado á sentir esclusiva- ña al hombre lo que conviene hacer. Si la mujer pudiese
mente? Comparad las fuerzas físicas de la mujer con las que remontarse á Jos principios tan bien cQo^o el hambre y este
X S K
tuviera como tiene ella el talento de los detalles, enton- clara y la ciencia mas completa que el entendimiento hu-
ces siempre independientes uno de otro, -vivirian en eterna mano pueda adquirir en las cosas morales; el mas exacto co-
discordia y su sociedad no podría subsistir; pero en la ar- nocimiento, en una palabra, de sí y de los demás que esté
monía que reina entre ambos, todo tiende á un fin común ; al alcance de nuestra especie. Y hé aquí como el arte tien-
no se sabe quien pone mas de su parte; cada uno sigue el de sin cesar al perfeccionamiento del instrumento dado por
impulso del otro, todos obedecen y ambos son los dueños. la naturaleza.» El mundo es el libro de las mujeres: cuan-
Rara es la mujer que no posea un tacto esquisito para des- do leen mal en él, suya es la culpa, ó porque alguna pa-
cubrir tarde ó temprano, lo que á ella la interesa y mas sión las ciega.
oculto se halla en el corazón humano; admirable es su sa- «Las mujeres, dice la condesa de Rosemberg, y adu-
gacidad para conocer los diversos caracteres del hombre, cimos á propósito esta autoridad con preferencia á muchas
y las diferencias que les distinguen nunca se le escapan. otras que podríamos presentar, posee una inteligencia fá-
La de mas mediana capacidad conoce mejor á los hombres cil, natural, á propósito para inflamar la de su compañero,
de la sociedad, que elfilósofomas sabio á sus discípulos ó y la libertad de sus ideas menos sujetas al cálculo ó al influ-
amigos. Así es que su perfectaesperiencia de las cosas déla jo de la escuela que generalmente dominan en las del hom-
vida, las persuade fácilmente de la vanidad de las teorías: un bre, podrían ser mas valederas por ser mas ciertas y ejercer
secreto instinto les advierte que las generalidades en todos los un notable impulso en la esfera del pensamiento, si algu-
principios, no son mas que soberbias mentiras, y esto mismo nas imperiosas condiciones de su sexo no la encadenaran ;
constantemente las ha apartado de los estudios profundos y aun también emancipada, no fuese víctima de la perse-
y hecho indiferentes á todos los descubrimientos cualquie- cución ó del ridículo. » Esta misma ¡dea la encontramos
ra que sea su objeto. Jamás han comprendido bien sino los reproducida y ampliada por Roussel. «El talento, la in-
efectos individuales: el estudio de las causas y abstraccio- teligencia de la mujer, dice este escritor, inculto y chis-
nes, las desconcierta 6 fastidia. La mujer comprende mejor peante , brilla con tanta mayor intensidad, cuanto no está
un hecho que un principio, y sabe mejor dominará los que ahogado por un saber indigesto. Su carácter original le re-
gobiernan que gobernar ella misma. Do quiera reinan muje- viste de atractivo, y de gracia su libertad. Sus ideas hijas
res, vése constantemente un marido ddcil, un amante dés- de una fácil concepción, nada tienen de violento; sus es-
pota ó un primer ministro omnipotente. Si la dulzura natu- presiones son la verdadera imagen de su alma, irregula-
ral en la mujer templa el poder supremo, como lo ha dicho res, pero llenas de naturalidad y energía; su conversación
Montesquieu, en cambio la necesidad que tienen de un se- siempre viva y animada, puede prescindir de la ciencia y
ñor, somete este poder á todas las vicisitudes de una elec- lleva en sí misma un interés, que no podrían darle todos
ción caprichosa, y á fin de conjurar semejante instabili- los recursos de la erudición. Todo le sirve de alimento: su
dad , fué establecida en algunas naciones la ley sálica. talento natural sabe sacar partido de las cosas mas insigni-
No pretendemos decir con esto que la mujer tenga menos ficantes, semejante al fuego que convierte en su sustancia
talento que el hombre; pero es preciso reconocer que su todo cuanto toca y comunica su brillo á las materias mas
inteligencia es muy diferente: es mujer en esto como en viles y que menos susceptibles parecen de resplandor. En
todo lo demás. Quizás provenga un poco de la exigüidad de fin, como las mujeres son uno de los mas grandes móviles
su cabeza, de la angostura de su frente, de su prolongado y uno de los principales lazos de la sociedad, la necesidad
sueño y de su debilidad; de la atención que pone en su de estudiar continuamente cuáles son los resortes que hacen
adorno y en sus atractivos, de la coquetería y de la adhesión funcionar los miembros y de poner su debilidad al abrigo
fija al objeto amado; qóizás dependa tírabien de las vicisi- de las oscilaciones que el juego de esos resortes produce, les
tudes de su salud, del tiempo que consagra á educarnos é da esa sagacidad que sabe cuándo y cómo se debe proceder
instruirnos; tal vez está sobrado persuadida de nuestra y hablar; el arte de medir sus pasos, de graduar sus accio-
superioridad, harto inclinada á la pereza ó demasiado or- nes y su'lenguage según las circunstaecias; un cierto hábi-
gullosa de nuestros homenajes; pero es cierto que su inte- to de abarcar de un golpe de vista las relaciones de las co-
ligencia en muchos puntos tiene menos poder qué la nues- sas entre sí; en una palabra, el tal nto de sociedad que al
tra. «En efecto, dice una escritora, María Gasparin,en sentir de muchas personas, es el mejor de todos. »
brillante energía, en poder de concepción, en osadía de Cuanto mas relación tienen los actos déla mujer con las
idea, en fuerza de razonamiento, la mujer es inferior al condiciones de su existencia física y moral, son mas gran-
hombre; pero su dulce y tranquilo ánimo, su fácil com- des los recursos, es mayor el tesoro de su inteligencia. Un
prensión , su lógica y buen sentido, la exactitud de sus de- secreto presentimiento le advierte las mas de las veces lo
ducciones, tienen también su propio mérito, que hace re- .que mas importa no tanto á su propio bien y conservación,
saltar ventajosamente el contraste.» La naturaleza ha dotado cuanto al de los seres con quienes la ligan los lazos 'de la
ala mujer de una viveza de penetración admirable. El hom- sangre ó del amor. No la interroguéis sobre las bases en que
bre menos delicadamente organizado, se resiente de su funda sus juicios; no la preguntéis las consecuencias lógicas
constitución y solo recibe con cierta fatiga las impresiones de sus raciocinios; porque á lo mas podría contestaros que
de los objetos, al paso que la mujer, en la edad en que el así lo siente su corazón y que el corazón raras veces la en-
hombre se arrastra todavía por el polvo de las escuelas, se gaña. Así diremos con Kleist, que la inteligencia de la mu-
apodera de las ideas con una prontitud sorprendente y sus jer sin gozar de la potencia creadora que distingue la del
progresos son tan rápidos, que nos aventaja de mucho. «Los hombre, sin estar educada en los principios del arte del ra-
hombres, dice el moralista antes citado, filosofarán mejor ciocinio , corresponde perfectamente á la misión que le die-
que las mujeres sobre el corazón humano, pero ellas leerán ra el Creador, todo previsión, todo amor y conservación ;
mejor que nosotros en nuestro corazón. Corresponde á las armonía admirable en cuya contemplación debemos reco-
mujeres, por decirlo así, la moral esperimental, y á noso- nocer y bendecir una vez mas la inmensa sabiduría del
tros reducirla á sistema. La mujer en muchos casos tiene Hacedor de las innumerables maravillas del mundo físico y
mas inteligencia y el hombre mas genio; la mujer observa y moral.
el hombre raciocina, y de este concursp resultan la luz mas
m9
Fisiología vegeta).
por C. Camarck.
VIII y último.
Distribución natural y metódica de los vegetales.
Vamos á tratar ahora finalmente de la distribución me- cunstancias en que se encuentra el vegetal, modificaciones,
tódica de los vegetales que conviene establecer con arreglo y con frecuencia anomalías muy singulares, resulta que
á la consideración de las afinidades naturales que tienen muchas especies, y aun cierto número de géneros no pue-
entre sí, y atendida sobre todo la gradación que existe en den entrar regularmente en la serie general, sino que for-
la organización de estos seres vivos. Si entre los seres vi- man lateralmente ramificaciones cuya estremidad de cada
vientes hay una serie graduada, á lo menos en las masas una es un punto aislado. Sin ,embargo, cada ramificación
principales, relativamente á la complicación ó á la simplifi- parte de la masa á que pertenece, y por esto se cree que
cación del organismo, es elaro que en una distribución bien forma parte de la serie general, y la forma realmente.
natural, ya de animales, ya de vegetales, débense colocar Hé aquí los principios fundamentales mas ciertos para
necesariamente en las dos estremidades del orden los se- toda distribución natural, tanto de vegetales como de ani-
res mas desemejantes, los mas remotos con respecto á la males; hé aquí lo que resulta de la observación continuada
consideración de las afinidades, y por consiguiente los que de la marcha de la naturaleza, y lo que jamás podrá ser
forman los términos estremos que puede presentar la orga- impugnado sólidamente. Por no conocer estos principios
nización tanto animal como vegetal. Toda distribución que fundamentales de todo orden natural, y por haber notado
se aparte de este principio nos parece manca por cuanto no el aislamiento singular de ciertas especies y de ciertos gé-
puede ser conforme á la marcha de la naturaleza. Partiendo neros, muchos naturalistas se han persuadido de que las
de este principio, que nunca podrá ser impugnado con fun- producciones de la naturaleza no formaban una serie en
damento, observamos que en los esfuerzos hechos hasta el cada reino , y que sus masas debían ser colocadas en dife-
presente para distribuir los vegetales conforme al orden na- rentes puntos, ya como los de una carta geográfica ó de un
tural , nadie lo ha atendido en lo mas mínimo. Siempre ha mapa-mundi, ya formando una especie de reticulación.
sido desconocida la necesidad de fijarse en la composición Volvamos á la formación de un orden natural de los ve-
gradualmente creciente de la organiiacion de los seres vi- getales, es decir, de una distribución de las familias, de los
vos, desde su mayor simplicidad hasta su mas considerable órdenes y de las clases naturales que se distinguen entre
complicación. Esta gradación real en la organización de los ellos, distribución conforme á la marcha de la naturaleza y
seres vivos debe necesariamente ser considerada como el al plan que ha seguido en la producción de los seres que los
resultado de la verdadera marcha de la naturaleza. A la componen. Sabido es que en toda distribución de los seres
verdad, es muy poco pronunciada en los vegetales, al paso naturales, tanto metódica, como sistemática, es indispen-
^ueen los animales se deja reconocer de una manera emi- sable partir la serie que presenta esta distribución en mu-
nente; pero no existe menos en los primeros que en los se- chas especies de divisiones determinadas por caracteres bien
gundos, y cuanto mas conocida será la organización de estos circunscritos. Esta partición es necesaria para facilitar el co-
seres, mas se percibirá la necesidad de distribuir los órdenes nocimiento de los seres que comprende esta distribución y
que los dividen, con arreglo á la consideración de esta mar- ofrecer además á la imaginación los puntos de descanso que
cha de la naturaleza. deben ayudar á comprender bien todas las porciones del
Esta consideración induce la necesidad de formar con orden entero, y aun á percibirlas como de una ojeada. Este
todo lo que compone un reino, una serie única , que pre- método oportunamente empleado es tan satisfactorio como
sente en sus dos estremidades los seres mas remotos por sus necesario, y aparta en el estudio inmenso de las produccio-
afinidades naturales, y por consiguiente los mas deseme- nes de la naturaleza, dificultades que sin él no podrían su-
jantes: obsérvese empero que esta serie única y linear no perarse: así la partición de todos los seres vivos en dos rei-
puede estar formada mas que por una reunión de masas nos, y en seguida la del reino animal en once clases bien
dispuestas serialmente , y no por una reunión serial de es- distintas sostienen la imaginación del hombre que trata de
pecies, ni aun de géneros. Las masas de que hablamos, que formarse una justa idea de tantos animales como existen ,
son las familias, los órdenes y las clases, están subordina- y muy luego le ponen en el caso de poder llegar por medio
das unas á otras bajo el aspecto de la complicación ó del de los detalles sucesivos de caracteres particulares hasta el
perfeccionamiento de la organización, y de consiguiente individuo que quiera de este reino, sin que pierda de vista
pueden estar dispuestas en una serie única, linear y natu- las verdaderas afinidades de este individuo con todos los
ral. Lada una de estas masas comprende seres que tienen otros seres de la naturaleza. Fácil es pues conocer que igual
verdaderas relaciones entre sí, y cuya organización es de- medio bien empleado puede proporcionar la misma ventaja
pendiente de tales sistemas particulares de órganos esen- en el estudio de los vegetales. El resultado de todas nues-
ciales. Sabido es que las especies y aun los géneros están tras investigaciones de muchos años á esta parte para esta-
distinguidos solamente por consideraciones sacadas de los blecer en la serie de los vegetales las divisiones generales
órganos esteriores, y á menudo de órganos que tienen poca mas naturales, mas sencillas y mas fáciles de conocer , nos
importancia. Gomo estos órganos esteriores sufren necesa- ha determinado á fijarnos en los siete cortes que mencio-
riamente el influjo de los medios ambientes y de todos los naremos : estos cortes constituyen las siete clases á las cua-
agentes estemos, y esperimentan de ellos, según las cir- les referimos todos los géneros de plantas. Dichas secciones
TOMO m . 2
31 10 se
forman los puntos de descanso mas cómodos y mas fáciles completa que las que comprende Ja primera clase; pues es-
de comprender en la contemplación del inmenso número tas plantas tienen efectivamente mas órganos, mas partes
de vegetales que existen , y recuerda los principales puntos diversas, y en ellas empiezan á existir órganos especiales
de la idea del método de Tournefort, sin tener los inconve- para la generación sexual. Esta generación parece en ellas
nientes de la multiplicidad de sus divisiones. menos dudosa, aun cuando la pequenez, la fugacidad ó el
Tratando de determinar el verdadero orden de la natu- estado oculto de los órganos, hagan casi indeterminable la
raleza, hemos debido partir de lo mas simple, y dirigirnos naturaleza de cada sexo. Por último, la forma particular á
gradualmente hacia lo mas compuesto; hemos debido em- los vegetales, en general, empieza á aparecer en estas plan-
pezar por el vegetal mas imperfecto y continuar la serie de tas de una manera sensible, y es sabido que efectivamente
masas elevándonos hasta el vegetal mas compuesto en su están adornadas de esbozos de una foliación propia á cada
organización y en sus partes, ó alo menos dejarnos llevar por una de las dos familias de esta clase, que las caracteriza en
los caracteres generales empleados para la conservación de algún modo, pero que no está todavía perfeccionada. Hemos
las afinidades naturales, hasta el término que presenta el dado á estas plantas el nombre de criptospermas para dar á
sitio del vegetal mas compuesto, es decir, cuyos diversos entender el estado de oscuridad en que se halla todavía la
órganos son en mayor número. Insiguiendo estos mismos generación sexual en estas plantas, no permitiendo exaóii-
principios, la primera clase de los vegetales debe presentar narlas oportunamente la pequenez de los órganos que las
las plantas mas imperfectas, aquellas cuyos órganos son me- constituyen. No produciéndolas plantas criptospermas ver-
nos numerosos, y aquellas, en una palabra, por las cuales daderas semillas, nos parece no pueden ser acotiledones,
parece que la naturaleza ha comenzado la producción de cual se ha pensado : las creemos monocoliledomes ó' unilo-
estos seres singulares. Fácil es por lo mismo conocerque buladas, como las de la clase que sigue, es decir, como las
lacriptogamia de Linneo presenta verdadera, pero parcial- triarlas. Las observaciones de Mirbel sobre la generación de
mente , las plantas que pueden constituir esta primera cla- los heléchos, parecen confirmar enteramente nuestra opi-
se. En efecto , el orden de los hongos y el de las algas son nión sobre el particular, y sin duda se llegará al mismo
necesariamente los que deben ser colocados primero, pues conocimiento relativamente á los musgos.
son entre todos los vegetales los que menos órganos tienen; La clase de las triarlas, llamadas antes esclusivamente las
esto no tiene duda, y por lo mismo sobre el particular no unilobuladas ó las monocotiledones, es en esta distribución
hay arbitrariedad. Por último, hemos debido terminar esta la tercera de los vegetales. Las plantas que comprende nos
clase con el orden de las hepáticas, porque no pudieran ser manifiestan en ellas un progreso notable en el perfecciona-
separadas de las algas, y por cuanto este orden , lo mismo miento de la organización vegetal. Los órganos de la gene-
que el de los hongos y el de las algas, comprende plantas ración sexual son en ellas perfectamente distintos, y los que
en las cuales la generación sexual no es todavía evidente. pertenecen á la conservación de la vida de estos vegetales,
Si es verdad que la generación sexual no tenga aun lugar como raices, tallos, hojas, etc., están en ellos bien desar-
en los tres primeros órdenes de vegetales, como, relativa- rollados y perfeccionsraos. No obstante, así como en la or-
mente á los animales, parece que es todavía nula en la clase ganización progresiva de los diferentes animales, la natu-
de los pólipos, es claro que las yemecitas seminiformes ú raleza tiende en su perfercionamiento, al aislamiento délos
oviformes que sirven para multiplicar estos vegetales y ani- órganos importantes, tanto mas cuanto que en los animales
males imperfectos, no tienen verdadero embrión, y no son mas imperfectos estos órganos están diseminados igualmen-
mas que porciones minúsculas de los individuos de que se te en toda la ostensión del cuerpo; así también en las plan-
han desprendido, que gozan en el mas alto grado de cre- tas triarlas, que son vegetales aun algo imperfectos, en el
cer por medio de la nutrición: son esos corpúsculos repro- sentido del perfeccionamiento de la organización, la médu-
ductores que Gaírtrer ha llamado 2)ropa¡/iíies, y que consi- la, que es un órgano importante, no está todavía aislada
dera como yemas afilias. Efectivamente, la constitución en el centro, ya del tallo, ya al menos de los ramos, co-
perfecta de todo embrión resulta de la fecundación sexual, municando hasta la corteza por radios ó prolongaciones me-
porque ella sola dispone las partes internas de la pequeña dulares; sino que está esparcida ó diseminada entre los pa-
masa que puede ser trasformada en embrión, y las pone en quetes de fibras longitudinales que constituyen la principal
el estado propio de recibir el movimiento que constituye la parte solida de estos vegetales: así es que en estos mismos,
vida. Ahora bien, donde no hay órgano especial para la el tejido es en general muy flojo, y el crecimiento en grosor
generación sexual, jamás hay fecundación , jamás hay ver- del tallo, mucho mas difícil que en los de las clases siguien-
dadero embrión, y por consiguiente nunca hay semillas ni tes; no se opera todavía por capas concéntricas sucesivas y
huevos. Hemos debido pues limitar la primera clase de los distintas, délas cuales las últimas cubren las antiguas, cual
vegetales á las plantas harto imperfectas por no ofrecer nin- en los vegetales mas perfectos de tallo leñoso. Por último,
guna certeza de generación sexual. En esto es también aná- parece que las dos superficies de las hojas de estas plantas
loga á la clase de los pólipos, que es realmente la primera triarlas, no desempeñan, á lo menos tan completamente,
del reino animal. las fimciones que ejecutan en los vegetales mas perfectos;
Damos á los vegetales de la primera clase el nombre clásico pues en general estas superficies ofrecen menos diferencias
de afillos, porque casi todos ellos están aun desprovistos de entre sí, y no efectan tan fuertemente los mismos cambios
verdaderas hojas. Estos vegetales son los únicos que pueden de posición , con respecto á las variaciones de la luz que las
ser considerados como acotiledones, es decir, como sin lóbulo toca, como las de los otros vegetales mas perfectos, y sus
ó sin cotiledón ; pues donde quiera no hay fecundaciou se- nerviosidades son mas uniformes y mas paralelas entre sí,
xual, no hay que observar semilla, ni embrión, ni de con- igualmente que al diámetro longitudinal de cada una de
siguiente cotiledón, ni por último germinación. Después de ellas.
las hepáticas con que terminamos la primera clase, vienen Así como en la marcha que sigue la naturaleza para efec-
necesariamente los musgos y en seguida los heléchos: estas tuar sus producciones va de lo simple á lo compuesto, y de
dos notables familias son las que componen la segunda cla- lo menos compuesto á lo mas compuesto, es evidente que
se de los vegetales. Preséntanos plantas de organización mas los animales de corazón unibocular deben preceder á los que
X 11 %
tienen un corazón con dos celdillas ó dos ventrículos, y es- ra corola si existiese un cáliz al esterior. En muchas de es-
tos ser precedidos por los animales que no tienen corazón ; tas plantas el tierno vilano de las semillas parece reempla-
así también los vegetales unilobulados, es decir, los que tie- zar el cáliz que ha trasformado en corola; pero á nuestro
nen un embrión provisto de un solo lóbulo ó cotiledón, de- modo de entender, mas bien conviene considerar esta pre-
ben preceder á los vegetales bilobulados ó dicotiledones, y tendida corola como un cáliz petaloideo. Por lo demás, estas
estos ser precedidos por los vegetales acotiledones, es decir florecitas son pequeñas, en general, y con frecuencia mu-
por los vegetales agámicos, que no producen semilla ni em- chas de ellas son estériles. Mas la naturaleza parece haber
brión, y por consiguiente ningún verdadero cotiledón. Re- tratado de obviar su imperfección, multiplicándolas y reu-
sulta de estas importantes consideraciones, que en el orden niéndolas sobre un receptáculo común, y rodeándolas de un
natural las plantas triarlas, deben irrevocablemente venir envoltorio (de un cáliz común) que las preserva de todo lo
después de los heléchos ó plantas circinales, constituir la que pudiera dañarles. Estos conjuntos de pequeñas flores
tercera clase de los vegetales y preceder á todas las plantas son tales, que vulgarmente se las toma por otras tantas flo-
de embrión con dos lóbulos. La cuarta clase comprende to- res particulares. Divídense esta clase en dos órdenes; á sa-
das las plantas que llamamos incompletas, y son aquellas ber; en compuestas ligulares y en compuestas tubulosas. En
cuyas llores tienen constantemente algunas partes menos el primero de estos órdenes todas las corolas son ligulares y
que las flores perfectas ó completas. Casi todas estas flo- constituyen los que se llaman semiflósculos: este mismo or-
res no tienen corola, sino tan solo un cáliz ó escamas; dá- den comprende toda la familia de las chicoraceas. En el se-
seles el nombre de flores apétalas. A veces se encuentran gundo orden las corolas son tubulosas, á lo menos las del
algunas que están provistas de una verdadera corola; pero disco déla flor común. Este orden comprende la familia de
estas flores están sujetas constantemente á separaciones de las corimbíferas y la de las cinarocéfalas.
sexo que constituyen su especie de imperfección. Las sepa- Damos el nombre de monopétalasá las plantas de la sesta
raciones sexuales de que se trata no son abortos de partes ó clase. Esta comprende todos los vegetales cuyas flores na-
de las hermafroditas estériles, como en las plantas de la po-' turalmente hermafroditas y completas tienen una corola
ligamia de Linneo, sino que consisten en el defecto com- monopétala, salvo las anomalías que dependen de los abor-
pleto y constante de uno de los sexos en todas las flores, tos, y que no impiden por esto que se reconozcan las ver-
como en la mayor parte de las flores monoicas y de las flores daderas afinidades de estos vegetales, y que en consecuen-
dioicas del mismo botánico. cia se les clasifique. Este corte ó división de los vegetales es
Siendo la organización interior de los vegetales, según muy grande, muy natural y muy fácil de reconocer ó de
hemos dicho ya, tan oscuramente pronunciada en sus dife- determinar. A la verdad ofrece menos perfección y abun-
rentes sistemas, que seria imposible, ó á lo menos muy di- dancia en los órganos de la fructificación que los vegetales
fícil, emplear su consideración, cual se hace en el reino de la última clase, es decir, de la séptima, que viene des-
animal, para caracterizar y determinar las clases, ha sido pués de esta; pues es muy raro encontrar en las monopéta-
necesario escoger los órganos interiores mas importantes las estambres y ovarios en número indefinido en la misma
para llenar este objeto. En los vegetales los órganos este- flor, como se observa muy á menudo entre las polipétalas.
riores mas importantes son los que pertenecen á la gene- Efectivamente, es un fenómeno encontrar entre las mono-
ración sexual, los que sirven para la reproducción de los pétalas flores que tengan mas de diez estambres; y aun las
individuos, en una palabra, los que se llaman partes de la tres cuartas partes de plantas de esta clase no tienen mas
fructificación, y que constituyen lo que se denomina la de cinco. Aquí los estambres casi siempre están insertos en
llor y el fruto de esos seres. De consiguiente en la consi- la corola, al paso que en la clase que sigue es muy raro ob-
deración de estos órganos deben buscarse, sobre todo en servar este carácter. Aunque la clase de las monopétalas
las plantas bilobuladas ó dicotiledones, los caracteres de las comprende vegetales menos perfeccionados ó menos ri-
clases, etc., pues los órganos esenciales interiores no son cos en los órganos de su fructificación que la de las poli-
propios para suministrarlos. Así en la clase de las plantas pétalas, aventaja sin embargo en este punto á todas las de-
con flores incompletas de que tratamos, no solamente casi más clases que la preceden. Dividimos las monopétalas en
todas estas plantas llevan flores apétalas, sino que ademas cinco órdenes; á saber: en monopétalas agregadas, que tie-
las flores de tales plantas son en general muy pequeñas, nen las flores reunidas sobre un receptáculo común, pre-
de color herbáceo y sin brillo; por manera que á menudo á sentando cada florecita un cáliz propio y sus estambres dis-
duras penas pueden ser observadas sus partes. Divídese esta tintos; monopétalas talamiflores, que tienen la corola
clase en cuatro órdenes relativamente á la consideración, ya inserta en el receptáculo del pistilo, no llevando los estam-
de la inserción de los estambres ya de su separación de los bres; monopétalas coroliflores, que tienen la corola inserta
pistilos; á saber, en pistiliflores, ó sea con los estambres en el receptáculo del pistilo, y llevando los estambres;
insertos sobre el mismo pistilo; en idioginfs, teniéndolos monopétalas caliciflores, que tienen la corola inserta en el
sexos separados en flores diferentes; en caliciflores, tenien- cáliz; y monopétalas fructiflores, que tienen la corola in-
do los estambres insertos en el cáliz; en talamiflores, ó sea serta sobre el pistilo.
con los estambres insertos en el receptáculo del pistilo.
Por último, la séptima y última clase de los vegetales
La quinta clase es la de las compuestas. Esta notabilísima comprenden las plantas que llamadas polipétalas que son
división de los vegetales comprende aquellos cuyas flores aquellas que tienen las flores naturalmente hermafroditas ,
están reunidas muchas en un cáliz común, sobre un recep- y naturalmente también tienen una corola polipétala. Ofre-
táculo igualmente común , teniendo un cáliz petaloideo lle- ce un corte de considerable estension, que abraza gran
vado sobre el pistilo, y los estambres singenésicos. El pis- número de familias, que parece indicado por la misma na-
tilo de cada florecita se trasforma en una semilla desprovista turaleza , y cuyo carácter, fácil de comprender, casi no
de pericarpio. Aquí empieza á dejarse percibir el aumento varía. Esta clase comprende los vegetales mas perfectos re-
en el número ó perfección de los órganos esenciales. Aquí lativamente al número y compleiheíito dé los órganos; y
las flores 6 florecitas tienen su cáliz propio trasforraado en efectivamente á ella se refieren tas plantas cuya fructifica-
cierto modo en corola; y efectivamente seria una verdade- ción ofrece mayor número de ¡partes, teniendo las ina$ de
33 1 2 fS
ellas sus flores provistas de un cáliz y de una corola de mu- ofrece el máximum de la organización vegetal, y conside-
chas piezas , de un gran número de estambres, y á menudo rar la primera clase (la de las afilias) como que presenta el
de numerosos pistilos. Cuando la naturaleza ha llegado á la mínimum; asilas plantas polipétalas son en el reino vege-
formación de la corola, el cáliz, que es natural á toda flor, tal lo que los animales con tetas en el reino animal; así
parece entonces tener menos importancia, y esperimenta á como las afilias entre los vegetales, corresponden á la ca-
veces un aborto completo, que se perpetúa en todas las tegoría que ocupan los pólipos entre los animales.
especies de ciertos géneros. Encuéntranse de ello algunos Divídense finalmente las polipétalas en tres órdenes, á
ejemplos entre las polipétalas; esto sin embargo no se opone saber: en polipétalas fructiflores, que tienen la corola in-
á que se distingan muy bien las afinidades naturales de es- serta sobre el pistilo; polipétalas caliciflores, que tienen la
tas plantas de las de la misma familia que tienen flores corola inserta en el cáliz; y polipétalas talamiflores, que tie-
completas. Como sea, puédese mirar esta clase como que nen la corola inserta en el receptáculo del pistilo.
Geografía j viages.
LOS ALPES ESCANDINAVOS.
Bajo el nombre de Dofrines ó Alpes escandinavos se com- sistema eslavo y por este al sistema general délas montañas
prende todo el sistema de montañas que atraviesan los rei- de Europa. Pueden dividirse en tres grupos principales que
nos de Suecia, Noruega y Laponia, y que se enlaza por forman la separación de las aguas del Báltico y de las del
medio de las colinas de la Islandia y de la Rusia Blanca al mar del Norte.
ííV-««%'í>«
O ' EIABD
Puente sobre e! Dovrefiold, nombre que se da & la parte mas elevada de !a corddicra de los Dofnncs.
" El primero, llamado Kiolen, el mas considerable por su tre las dos cordilleras, es el Slytfield. Los picos mas eleva-
longitud, se estiende desdecía estremidad septentrional de dos del Kiolen, son: el Ost-Vaagen que tiene 1,188 metros,
la Laponia hasta el Dovrefield cuyo punto culminante en- el cabo Norte en la isla de Mageroe que tiene 1S70 y e\
13 ^ ,
Jokefield que cuenta 1,210 metros. ElKiolen forma en toda cubre una estension dé 1,400 kil. de longitud. Las monta-
su longitud, desde el lagft Enara, hasta Slytfield, una par- ñas del Norte y del Oeste, es decir los Kiolen y Dovrefield
te de las fronteras de la Suecia y Noruega. son las mas frias y estériles y de sus cimas se precipitan
El segundo llamado montes Sevones ° es una cordillera durante el verano inmensas masas de nieve y enormes ro-
que partiendo del Slytfield, se dirige hacia el S. S. E. con- cas que causan grandes estragos en Noruega. Todas estas
tinuando los límites de la Suecia y Noruega, separando las montañas pertenecen á terrenos de cristalización y á la épo-
comentes del Ciar, aQuente del lago Werner y del Wester, ca granítica. Abundan la pizarra y la piedra de amolar, así
aUuente del Báltico, y termina cerca del caboFalsterbo , en como un gran número de minerales utilizados por la indus-
frente de la isla del Seeland en Dinamarca. tria. La vegetación generalmente es escasa , pero en la par-
tercero llamado montes Dovrefield ó Dofrines, es el gru- te meridional de los Dofrines, el abeto alcanza algunas veces
po mas considerable y el mas elevado de toda la península una altura dq í>5 metros. Después de haber cortado el ár-
escandinava; empieza en el Slytfield y termina en el Ska- bol, lo arrojan á los torrentes que lo conducen de catarata
ger-Kack en el cabo Lindosness. Las picos mas elevados de en catarata hasta la llanura ó hasta que se halla detenido
este grupo, son: el Soquefield que tiene 2,189 metros y el por alguna estacada ó recodo apropiado á este objeto. Las
Nordre y Sudre-Skagestoltend, que tienen 2,036 y 2,469 mejores esportaciones de madera se hacen para la Holanda
metros. é Inglaterra.
El sistema entero de los Alpes escandinavos ó Dofrines,
LA CATEDRAL DE MAGUNCIA.
Como la capilla de Ais, la catedral de Maguncia tiene sus glo Yin, dos del siii, seis del xiv, seis del xv, once del xvi,
puertas de bronce adornadas con cabezas de leones; las de ocho del XVII, y nueve del xviii; total cuarenta y tres. En
Aix-la-Chapelle son romanas. Cuando el viajero visite á Aix este número no van inclusos ni los sepulcros-altares difíciles
y vea aquellas puertas, buscará en vano la hendedura que de examinar, ni los sepulcros del pavimento sombrío y con-
hizo y que en efecto debió hacer en ellas, según dicen, el fuso mosaico de la muerte, mas y mas borrado cada dia
diablo cuando rabioso dio una patada por haber tragado el bajo los pies de los que van y vienen. Omitimos igualmente
alma de un lobo en lugar del alma de un honrado ciuda- las cuatro ó cinco tumbas insignificantes del siglo xix.
dano. Ninguna historia de este género recomienda las puer- Todos estos sepulcros, esceptoando cinco, son sepulturas
tas del mitnsíer de Maguncia. Son del siglo xi y fueron da- de arzobispos. Sobre estos treinta y ocho cenotafios disper-
das por el arzobispo Willigis á la iglesia hoy demolida, de sos sin orden cronológico y como al azar bajo una selva de
Nuestra Señora, de donde se han quitado para enclavarlas columnas bizantinas con enigmáticos capiteles, el arte de
en una magestuosa portada de la catedral. Sobre los dos seis siglos se desarrolla, vegeta'y cruza sus ramos, de los
batientes de arriba están escritos en caracteres romanos los que se desprenden como un doble fruto, la historia del pen-
privilegios concedidos á la ciudad en 1135 por el arzobispo samiento al mismo tiempo que la historia de los hechos.
Adalberto, segundo elector de Colonia. Debajo está grabada Allí, Liebenstein, Hompurg, Gemmingen , Heufenstein ,
en una sola línea esta leyenda mas antigua: Brandeburgo , Steinburgo , Ingelheim , Dalberg, Eltz, Sta-
dion, Weinsberg, Ostein, Leyen, Hennenberg, Tour y
Taxis, casi todos los grandes nombres de la Alemania rhe-
WiLL'GiSVSMEbEPSEBET/\LL' nana, aparecen á través de ese opaco resplandor que es-
SPEEIE % m EFFEEERAT PR parcen los sepulcros en las tinieblas de las iglesias. A todos
los epitafios se mezclan las fantasías de la época, del artista
Si el interior de Maguncia recuerda las ciudades flamen- y del difunto. Los mausoleos del siglo xviiise entreabren y
cas, lo interior de su catedral recuerda las iglesias belgas. dejan escapar su esqueleto que lleva entre sus largos y des-
La nave, las capillas, los dos cruceros y los dos ábsides , carnados dedos, mitras de arzobispos y sombreros de elec-
están sin vidrieras, sin misterio, pintorreadas de blanco tores. Los arzobispos contemporáneos de Thurn y Mans-
desde el pavimento á la bóveda; pero suntuosamente ador- feld, duermen acostados en la parte inferior de sus sarcófa-
nadas. De todas partes se presentan á la vista, los frescos, gos y apoyados en los codos. Los arabescos del renacimiento
los cuadros, los embutidos de madera, las columnas salo- enlazan sus sarcillos y cuelgan sus quimeras, en los follages
mónicas Y doradas; pero las verdaderas joyas de este in- delicados del siglo xv, dejando entrever bajo mil complica-
menso edificio, son los sepulcros de los arzobispos electo- ciones encantadoras, estatuitas, dísticos latinos y blasones
res. El pavimento está enlosado con ellos, los altares están polícromos. Nombres severos, tales como Matlñas Burhccg,
formados por ellos, los pilares rodeados de ellos, las pare- Conradus Rheingraff [Conrado conde del Rhin), se hallan
des cubiertas por ellos; son magníficas losas de mármol y inscritos entre la imagen del simple fraile que figura el
piedras mas preciosas algunas por la escultura y el trabajo, clero, y el hombre de armas con su casco, que figura la
que las láminas de oro del templo de Salomón. V'énse entre nobleza, bajo la pura ogiva de triángulo equilateral del si-
la iglesia, la sala capitular y el claustro, un sepulcro del si- glo XIV; y sobre la lámina pintada y dorada del siglo xiii/.
14 se
arzobispos gigantescos que tienen monstruos apocalípticos á que había en el suelo, y después de haber meditado un ins-
sus pies, coronan con ambas manos á un tiempo á empera- tante, grabó con el dicho clavo s'obre la cara del cadalso
dores y reyes que son mas pequeños que ellos. En esta al- que miraba á Maguncia este poligrama singular:
tiva actitud, es como miran fijamente con sus ojos de
momias egipcias, Segrifredo, que coronó dos emperadores,
Enrique de Turingia y Guillermo de Holanda; y Pedro As-
peld, que coronó dos emperadores y un rey:'Luis de Ba-
viera, Enrique VII y Juan de Bohemia. Los escudos , los
mantos heráldicos, la mitra, la corona, el birrete cardena-
licio, el sombrero electoral, los cetros, las espadas, los
báculos, abundan, se amontonan y confunden sobre estos
monumentos, y se esfuerzan en recomponer aquella gran- Despues^delo cual se entregó al verdugo mientras los es-
de y formidable figura que presidia los nueve electores del pectadores se reían de su locura y de su enigma. Al pre-
imperio de Alemania y que se titulaba arzobispo de Magun- sente reuniendo uno á otro los tres números misteriosos
cia. Gaos medio sumergido ya en la sombra , cosas augus- escritos por el viejo, se halla esta cifra formidable: noventa
tas ó ilustres, emblemas venerables ó temibles de donde esos y tres, cuatro veces veinte y trece.
poderosos príncipes querían que emanase una idea de gran- Y es también digno de notarse, que este cadalso amena-
deza, y donde sale solo la idea de la nada. zador que, desde el siglo xiii, llevaba en su plinto siniestro
Cosa notable y que prueba hasta qué punto son un hecho la fecha de la caída de los imperios, llevaba al mismo tiem-
providencial las revoluciones humanas y como el resultado po su propia condenación y la fecha de su caída. El cadalso
necesario, y por decirlo así algebraico, de la sucesión de formaba parte del antiguo poder. Las revoluciones no han
los hechos. Lo que ellas derribaron ha quedado destruido respetado mas la permanencia de los cadalsos, que la de
para siempre. Llegó el tiempo destructor á la hora señalada, otros objetos mas sólidos. Como ya nada hay de mármol,
como un leñador ansioso de acabar su trabajo, á cortar de- tampoco hay nada de piedra. En el siglo xix el cadalso ha
prisa y mezclados todos los viejos árboles marcados por el perdido su majestad y grandeza; es de madera, como lo son
Señor. Dijérase que envuelve la consumación de estos he- otras cosas mucho mas respetables.
chos un cierto quid divinum. Nada de lo que derribaron las Como Aix-la-Chapelle , Maguncia tuvo un obispo, uno
revoluciones sociales, se ha vuelto á levantar; nada de lo solo, nombrado por Napoleón , digno y respetable pastor,
que han condenado ha sobrevivido; nada de lo que han de- dicen, que ocupóla sede desde 1802á 1818, y que está en-
secho se ha recompuesto. Y observemos aquí que la vida de terrado como los otros, en lo que fué catedral. Sin embar-
los Estados, depende del mismo hilo que la de los individuos: go, es preciso convenir, en presenciado la majestuosa nada
no basta herir un imperio para matarlo; no se mata á las ciu- de los electores arzobispales de Maguncia, que es bien po-
dades y á los reinos, sino cuando deben morir. Las revolu- bre y bien pequeña la nada de M. Luis Colmar, obispo del
ciones del último siglo tocaron á Venecia, y Venecia cayó ; departamento de Monte-Trueno, en su tumba ogiva del es-
tocaron al imperio de Alemania, y el imperio de Alemania tilo barroco, la cual mas bien parece un modelo de reloj gó-
se descompuso; tocaron á los electores, y los electores han tico sin cuadrante. Por lo demás, aquel prelado que no lle-
desaparecido. En un mismo año,que podríamos llamar gran- vaba la sanción de los tiempos, fué el último arzobispo
de año-abismo, vióse hundir la corona real de Francia, y soberano. Desde él no hay ya sino un obispo en Maguncia
con ella un gran soberano y desaparecer el arzobispo de capital hoy de la Hesse rhenana. También hay allí una pare-
Maguncia, aquel sacerdote casi rey. La revolución que ha ja de arzobispos hermanos, enterrados uno frente á otro ,
recorrido triunfante la Europa entera, no ha tocado, sin después d i haber reinado sobre el mismo pueblo y gober-
embargo, ni menos destruido á Boma, porque Roma, sím- nado las mismas almas, el uno en 1390 y el otro en 1419 :
bolo y centro de la eterna verdad cristiana , no tiene fun- Juan y Adolfo de Nassau se miran en la nave de Maguncia,
damentos, sino raices : raices que van creciendo sin cesar como Adolfo y Antonio de Schauenburgo en el coro de
en la sombra bajo Roma y bajo todas las naciones, que atra- Colonia. . •'
viesan y penetran el globo entero de parte á parte, y que
Hemos dicho que uno de los cuarenta y tres sepulcros era
se ven reaparecer al presente en China y en el Japón, á la
del siglo VIH. Este monumento, que no es de ningún arzo-
otra parte de la tierra.
bispo, es el que suele buscar primero el viajero y el que le
El Juan de Troyes de Colonia, Guillermo de Hagen , detiene mas tiempo, pues se une en su pensamiento al gran
escribano de la ciudad en 1270, cuenta en su Pequeña Cró- sepulcro de Aix-la-Chapelle. Este sepulcro es el de Fas-
nica manuscriU, desgraciadamente desgarrada durante la Irada, mujer de Carlomagno. La tumba deFastrada es una
ocupación francesa, y déla que no quedan sino algunas simple lápida de mármol blanco encajada hoy en una pared.
hojas sueltas en Darmstadt, que en 1247 bajo el reinado Con atención, puede descifrarse en ella el siguiente epita-
del mismo arzobispo de Maguncia Segiíredo, cuya tumba fio, escrito en letras romanas con abreviaturas bizantinas.
causa tan formidable respeto en la catedral, fué condenado
á horca como hechicero y adivino un viejo astrólogo llama- FASTRADANA PÍA CAROLI CONIVX VOCITATA j
' do Mabusio , y conducido para morir en el cadalso de pie-
CHUISTO BILECTA lACET HOC SVB MARMOUE TECTA ,j •
dra de Lorchhausen , que señalaba la frontera del arzobis-
ANNO SEI'TENGENTEálMO NONAGÉSIMO QVARTO. , •(
pado de Maguncia y estaba en frente de otro cadalso que
marcaba la frontera del conde palatino. Llegado allá, como
el astrólogo rehusase losconsuelosespiritualesy se obstinase Siguen después estos tres versos misteriosos: >; •: i
en decir que era profeta, uno de los acompañantes le pre- • /.•••;í
guntó burlándose en qué año acabarían los príncipes de QVEM NVMERVM METRO CLAVDERE MVSA NEGAT ' í'l
Maguncia. El viejo suplicó que le desatasen la mano dere- REX PIE QVEM GESSIT VIRGO LICET HIC CINERESCIT . 'I'
cha, lo que se hizo; entonces cogió un clavo patibulario SPIRITVS H^RES SIT PATRIE Q V ^ TRISTIA ISESCIT. ' "'
M lo
Y debajo el milésimo en cifras árabes; todo tiempo ha sido un lugar severo y ahora es un lugar
lúgubre, donde está escrito por todas partes el bombardeo
del ano 1794. Yerbas silvestres humedecidas, entre las
/s^^
Esto es 794. En efecto, en dicho ailo fué depositada
rastrada en la iglesia de San Aiban , y descansó bajo esta lá.
cuales se enmohecen piedras plateadas por la baba de los
reptiles; arcadas ojivales con sus jambas destrozadas; sepul-
turas hendidas por las bombas como panales de vidrio; c a -
balleros de piedra armados de punta en blanco, abofetea-
dos por cascos de granada y que tienen únicamente por
pida. Mil arlos mas tarde, pues la historia mezcla algunas cara ese bofetón; pingajos tendidos secándose encuerdas
eces en las grandes cosas una espantosa precisión geomé- que van de un pilar á otro; cierres de tablas tapando los
rica, en 1794 dispertó la compañera de Carlomagno. La portillos hechos en las paredes de granito; una soledad me-
^leja ciudad de Maguncia fué bombardeada, su iglesia de lancólica, una tristeza profunda interrumpida por los i n -
termitentes graznidos de los cuervos ; hé aquí lo que es el
an Alban fué devorada por un incendio, y su tumba que-
claustro arzobispal de Maguncia. Una hilera de piedras de
0 abierta. No se sabe que se hicieron sus restos en esta
un machón impelida por una bala de cañón, resbaló e n -
^ o c a ; la piedra de su sepulcro fué trasladada á la catedral.
tera en su alveolo, pero no ha caido y aparece aun hoy,
" a y un pobre viejo conserje con peluca blanca , vestido con
como una tecla de un piano sobre la que se apoyase un dedo
una especie de uniforme de inválido, refiere todo esto á los
•visitantes. invisible. Dos ó tres estatuas tristes y terribles, derechas,
en un rincón, espuestas á la lluvia y el viento, contemplan
Además de los sepulcros, de los nichos con estatuitas, de
en silencio esta desolación.
las cuadro-puertas de fondo de oro, de los bajo relieves de
Bajo las galerías del claustro hay un monumento oscuro,
los altares, cada una de estas ábsides tiene su ornamenta-
un bajo relieve del siglo xiv, cuya significación no es fácil
ción particular. La vieja ábside de 978 adornada de dos
poder descubrir, ni adivinar su enigma. A una parte, re-
preciosas escaleras bizantinas, toma una forma curva al r e -
presenta hombres encadenados en todas las actitudes de de-
dedor de una magnífica pila bautismal de bronce del si-
sesperación; á otro un emperador acompañado de un obis-
glo xiv. Sobre la superficie esterior de esta vasta piscina,
po y rodeado de una turba de personajes triunfantes. ¿Es
están esculpidos los doce apóstoles y San Martin patrón de
Barba roja? ¿Es Luis de Baviera?¿Esla revolución de 1160?
'a iglesia. La tapa fué rota durante el bombardeo. Bajo el
¿Es la guerra de ios de Maguncia contra los de Francfort
imperio francés, época de mal gusto, se cubrió esta obra
en 1332? ¿O no es nada de esto?—No lo sabemos. Pase-
gótica con una especie de cacerola.
mos á otra cosa.
La otra ábside, la mas grande y la menos antigua, se Al salir de las galerías vése en la sombra una cabeza de
halla ocupada, y por decirlo así, obstruida por una gran piedra medio salida del muro y ceñida de una corona de
sillería de coro de encina negra, en la que el estilo forzado tres florones de apio como la de los reyes del siglo si. Tiene
y violento del siglo xviii se despliega y se insurrecciona con- una fisonomía dulce y severa á un mismo tiempo, uno de
tra la línea recta con tal arrojo, que casi raya en belleza. esos semblantes fieles espejos de la belleza augusta que da
Jamás se ha puesto un cincel mas delicado, una fantasía mas al rostro del hombre el hábito de un grande pensamiento.
poderosa , una invención mas variada, á servicio del mal Hubo un tiempo en que debajo se leia este nombre: FKAUIÍN-
gusto. Cuatro estatuas, Crescencio, primer obispo de Ma- LOB , recordando aquel Tasso de Maguncia/tan calumniado
guncia en 70; Bonifacio, primer arzobispo en 735; Wiili- durante su vida, tan venerado después de su muerte. Cuan-
g's, primer elector en 1011, y Bardo, fundador de la cate- do Enrique Frauenlob murió, en 1318, es fama que las mu-
ural en lüoO, están gravemente de pié en la circunferencia jeres de Maguncia que le hablan insultado y burlado, quisie-
del coro, dominado en la parte superior del dosel asiático ron llevar su féretro, y ellas y el féretro cargado de flores y
del arzobispo, por el grupo ecuestre de San Martin y del po- de coronas, están cincelados en la lápida un poco mas abajo
bre. A la entrada del coro se presentan con toda la pompa de la cabeza. Mirando atentamente aquella noble cabeza,
misteriosa del sacerdote hebraico , Aaron que representa el que el escultor dejó con los ojos abiertos; y que, cosa singu-
obispo de dentro, y Melchisedech que figura el obispo de lar, solo ella está derecha, parece que vela en medio de
fuera. El arzobispo de Maguncia, como los príncipes obis- aquella iglesia llena de sepulcros, entre aquella multitud de
pos de Worms y de Lieja, como los arzobispos de Colonia príncipes y de obispos tendidos, en aquel claustro dormi-
y deTréveris, como el papa, reunía en su persona el doble do y muerto.
pontificado: era á la vez Aaron y Melchisedech.
La plaza del Mercado que circuye por dos lados á la ca-
La sala capitular que está cercana al coro, es una som- tedral, ofrece un conjunto de objetos abundantes, alegres
bría y soberbia lonja romana que repite con sus espléndidas y lloridos, y en medio de ella se eleva una linda fuente de
obras de talla del renacimiento , la antítesis de los dos cam- tres caras, del renacimiento alemán ; encantador poemita
panarios. No se vé en ella mas que una gran pared desnu- que, de un montón de escudos de armas, de mitras, dorios,
da, un pavimento polvoroso y desigual por los relieves de de náyades, de báculos episcopales, de cuernos de abun-
las sepulturas, un resto de vidrieras en la ventana baja, un dancia, de ángeles, de delfines y de sirenas, forma un pe-
tímpano pintado representando á San Martin, no de ca- destal á la Virgen María. En una de sus caras se lee este
ballero romano, sino como obispo de Tours; tres grandes pentámetro: •• '• • ^
esculturas del siglo xvi, que son la crucifixión, la resur-
rección y la ascensión ; al rededor de la sala un banco de Alberlus princejjs, civibus ipse suis.
piedra para los canónigos y al fondo para el arzobispo presi- El cual recuerda, con menos sencillez, la dedicatoria es-
sidente, un ancho sillón también de piedra, que recuerda crita por el último elector de Tréveris, corea de su palacio,
el severo asiento de mármol do los primeros papas que se en la ciudad nueva de Coblenza: CLEMESS VINCESLAUS ,
guarda en Nuestra Señora de los Doms de Aviñon. Desde ELECTOR, viciMS suis. A SUS co/iciííífoí/ci'ios esconstituciona!;
esta sala se pasa al claustro, claustro del siglo xiv que en A sits convecinos es encantador.
51 16 i€
La fuente de Maguncia fué construida por Alberto de es mucho. En la pendiente de la colina que corona la ciuda-
"Brandeburgo, que reinaba en 1S40 y cuyo epitafio se lee en dela, se halla cubierta por unas cúpulas ignobles una pobre
la catedral: Alberto, cardenal-presbítero de San Pedro ad iglesia sajona , pegada á un claustro encantador gótico con
Vincula , archicancüler del Santo Imperio, marqués de Bran- caladas ventanas, y en el que los Kaiserlichs dan de beber
deburgo, duque de Stetin y de Pomerania, elector. Erigió, ó á sus caballos en sarcófagos romanos.
por mejor decir, reconstruyó esta fuente, en memoria de La belleza de las ribereñas del Rhin no se desmiente en
las prosperidades de Garlos V y de la cautividad de Fran- Maguncia; pero las mujeres son en dicha ciudad curiosas á
cisco I , como lo manifiesta esta inscripción en letras de oro la vez, á la manera de las flamencas y de las alsacianas.
recientemente restaurada: Maguncia es el punto de unión del espejo-espía de Ambe-
res, y de la torrecilla-espía de Estrasburgo.
DIVO KARÓLO V C/ESARE SEMP. AVG. POST VICTORIA
Por mas blanqueada que haya sido la ciudad, conserva en
muchas cosas su honorable aspecto de ciudad comercial del
GALLICAM REGE IPSO AD TICINV SVPERATO AC CAPTO alto Rhin. No hace mucho, tiempo se leia aun en algunas
puertas PRO CELERI MERCATVR^ EXPEDITIONE. LOS caminos
TRIVPIIANTE FATALIQ. RVSTICORVPER GERMNIA COSPI de hierro han hecho desaparecer estas inscripciones. Por lo
RATIONE PROSTiUTA ALÜER. CARD. ET ARCIIIEP. MOG. demás, se halla animada de esa vida profunda que sale del
FONTE HVNC VETVSTATE DILAPSV AD CIVIV SüORUM Rhin; y lo mismo que Colonia, se halla herizada de másti-
POSTERITATIS QVE VSVM RESTITVI CVRAVIT.
les, embarazada de fardos, llena de ruido. Se corre, se ha-
bla, se tropieza, se afana, se llega, se parte, se vende , se
Vista Maguncia desde lo alto de la ciudadela, presenta compra, se grita, se canta , y en fin , se vive en todos los
diez y seis puntos culminantes á los cuales apuntan gracio- cuarteles, en todas las casas, en todas las calles.—De no-
samente los cañones de la confederación germánica: los seis che cesa esa inmensa barabúnda y no se oye en Magun-
campanarios de la catedral, dos hermosas estatuas milita- cia sino el murmullo del Rhin y el ruido de los diez y
res, cuatro espadañas flamencas, además la cúpula de los siete molinos amarrados á los tajamares del puente de Car-
Carmelitas de ¡a calle Caseta, repetida tres veces lo que lomagno.
Biogí'fifía.
CARLOS I DE INGLATERRA.
Carlos I, rey de Inglaterra, era de familia de los Estuar- grosa situación; pero sobrevino demasiado tarde (1628).El
dos, que los antiguos hubieran creído perseguida por el rey tenia que sostener entonces la lucha por su cuenta y
hado , y á la que han dado tan dolorosa celebridad sus gran- por la monarquía , y la escisión era ya profunda entre el
des infortunios. Hijo del rey Jacobo I de Liglaterra y VI de parlamento y la corona. La discusión se habia generaliza-
Escocia, era nieto de la desgraciada María Estuarda, y su do , mezclándose cuestiones políticas, constitucionales y re-
vida, sombría y agitada como la de su abuela, debia tener ligiosas con la cuestión de subsidios. Suscitóse una lucha
como ella un fin aciago. acalorada entre el trono y el parlamento convocado en 1628;
No hay duda que las circunstancias eran críticas, cuando y al cabo de algunos meses ocupados en actos legítimos y
Carlos I subió al trono en 1625, por muerte de su padre, pero tentativas inconstitucionales por parte del parlamento; en
prescindiendo de las causas generales que hubiesen existi- medidas acertadas , violencias y actos de flaqueza por parte
do contra cualquiera otro príncipe, Carlos I habia colocado de la corona, el rey recurrió al medio estremo de disolver
su destino bajo la influencia de un hombre que pudo llamar, otra vez el parlamento. Diéronse manifiestos á la nación ,
se su genio del mal, bajo la inspiración y autoridad del du- esplicando la situación en que se habia hallado el trono, y
que de Buckingham. Si Carlos I cometió graves faltas cuando anunciándole claramente que el rey iba á administrar por
era solamente príncipe de Gales; si ya su breña índole se sí, por sí solo, sin parlamento, ó en otros términos, que
habia alterado, es fuerza achacarlo al duque de Buckin- la Inglaterra iba á pasar de hecho de la condición de pais
gham, el cual, con su ascendiente sobre Jacobo I, establecía constitucionalmente gobernado al de estado sometido al po-
ya con igual absolutismo su poder sobre el heredero presunto der absoluto.
del trono. Si cuando Carlos llegó á reinar, se halló en pug- Tomada esta resolución y restablecida la paz esterior,
na con los grandes poderes del Estado y con el parlamento, disfrutó la Inglaterra durante diez años gran sosiego inte-
su causa y móvil fué el duque de Buckingham. Este minis- rior y una prosperidad pública que no admite disputa; pero
tro fatal acarreó, no solo la guerra entre España é Ingla- la constitución habia sido quebrantada, y la Inglaterra no
terra y entre Inglaterra y Francia, si que también entre la estaba en un estado normal que ofreciese garantías de es-
corona inglesa y el pueblo. Para sostener la guerra contra tabilidad; además los desórdenes del año 1628 habían exas-
el estranjero, el rey habia tenido que pedir subsidios al perado los ánimos, acostumbrándolos á la oposición y r e -
parlamento, y este los negó para contrarestar al privado, ó sistencia; y las protestas del último parlamento á favor de
si los concedió, fué con escesiva parsimonia. Disolvióse el los derechos y libertades de la nación resonaban todavía á
parlamento, y el rey, falto de subsidios constitucionalmente intervalos en medio de la tranquilidad del pais. En una pa-
otorgados, tuvo que valerse de medios de recaudación vio- labra, el bienestar general no absolvía, en concepto de los
lentos y hasta cierto punto ilegales. Ocurrió la muerte del ingleses, al poder absoluto que lo daba, desarrollándose
culpable Buckingham que le habia empeñado en esta peli- gérmenes de violenta escisión bajo la influenciade esta ma-
^ 17 ^
levóla disposición contra la corona. Una nueva liga, que era térra á sn partido , y para conseguirlo , se decidió á resti-
difícil no prever, se empeñó en el terreno mas peligroso «^ tuirle el parlamento; pero las circunstancias eran tan crí-
inflamable, pues la determinaron motivos religiosos. Carlos ticas , el parlamento tan suspicaz, la corte tan inepta, y el
habia heredado de su padre el proyecto de reunir la igle- desgraciado príncipe estaba rodeado de consejeros tan im-
sia escocesa con la anglicana, y las primera? tentativas que prudentes ó fementidos, que el parlamento, lejos de ser un
hizo para llevarlo á cabo , en un viaje á Escocia, hablan socorro, vino á ser un riesgo mas, y fué disuelto con fu-
sido coronadas del mejor éxito; pero temiendo emprender nesta precipitación. Trascurrieron algunos meses y Garlos se
demasiado ala vez, aplazó para otra época posterior las vio reducido á entablar negociaciones con los escoceses, á
medidas que se debian . pagar tropas armadas
tomar para efectuar la contra él, y á convocar,
fusión. En este inter- en noviembre del640,
valo , los adversarios el famoso parlamen-
religiosos de la medida to , que ocupa en los
y losenemigos políticos anales de Inglaterra ,
del trono, trabajaron de con el nombre de par-
mancomún para impe- lamento largo, un lugar
dir aquella fusión, y lo en muchos puntos aná-
consiguieron. La or- logo , al que ocupó la
den dada por Carlos, convención nacional en
en 1637, para que se la revolución francesa-
Antes de dos años, la
siguiese en Escocia la
Inglaterra se vio en-
liturjía anglicana, oca-
vuelta en una guerra
sionó sublevaciones
civil. Carlos fué venci-
ruidosas, á las que se
do en esta lucha y pre-
siguió la declaración de
cisado á ceder al parla-
fé religiosa, tan célebre
mento. Después de ha-
en la historia, con el ber empleado en otro
nombre de Covenanl. tiempolaviolencia para
Sobresaltóse el rey , y defender á su privado
en vez de dar oídos á Buckingham, habia re-
los que le aconsejaban currido en esta ocasión
que obrase enérgica- á condescendencias pe-
mente, se entregó á la ligrosas y humillantes,
indecisión de que habia para salvar á un servi-
dado hartas pruebas en dor adicto , al conde
sus disputas anteriores StraíTord, cuya cabeza
con e) parlamento, y pedia el parlamento ,
deshaciendo lo hecho , porque habia sido el
opuso solamente al Co- mas enérgico consejero
•venant escocés una de- de la corona. StraíTord
claración llamada Go- murió en el cadalso,
venant del rey. Estas siguiendo su suerte el
providencias apocadas arzobispo Laúd, mi-
solo sirvieron para nistro no menos adicto
alentar é irritar á los ala corona; siniestros
presbiterianos escoce- antecedentes eran es-
ses, que no tardaron tos en el momento en
en pasar de la resisten- que la suerte de la mo-
cia religiosa á una su- narquía y del rey iban
blevación manifiesta , á aventurarse en la lid
poniendo un ejército inminente.
en campaña. Reunió La Inglaterra se di-
prontamente el rey ^#'
crecidas fuerzas, con ff«ítí«stiy^w^ vidió en dos campa-
lasque hubiera podido mentos, con su caudi-
C&rlos Esluardo.
arrollar á los escoce- llo cada uno. Durante
ses, pero como les profesaba un vivo afecto, se contentó cerca de tres años, la suerte da las armas fué próspera á la
con amedrentarlos. Los escoceses entraron en pactos y apa- causa real; pero todos los triunfos del rey vinieron al suelo
rentaron someterse para que Garlos desarmase sus tropas , con la victoria completa y decisiva que Cromwell alcanzó en
y en efecto , apenas estuvo desorganizado el ejército real, Naseby (1643). Garlos fugitivo se entregó á los escoceses ,
cuando la rebelión escocesa volvió á levantarse mas pode- quienes lo vendieron á los ingleses á precio de oro. Trasla-
rosa que nunca. Tal fué el principio de la guerra que la dado de cárcel en cárcel, sufriendo los mayores insultos,
corona iba á sostener en Inglaterra y en la que debia pe- el desgraciado heredero de los Estuardos fué al fin confinado
recer. en la isla de Wight. Desde el momento en que fué completa
Para resistir á la Escocia, Carlos debia atraer la Ingla- su humillación, Carlos, que había tenido hasta entonces
TOMO 111. 3
X 18 K
muchas faltas que echarse en cara, recobró loda la no- efecto empezó lo procedimientos. Aun entonces encontró
bleza y dignidad de su carácter; y la época de su largo obstáculos el intento rígicida de los caudillos de la asam-
cautiverio (164ÍS—1649), hasta labora fatal de su liber- blea, pues solo sesenta y nueve jueces consintieron en ejer-
tad, fué la mas gloriosa de su yida. Durante este inter- cer sus funciones sobre los ciento y cincuenta que habían
valo , la revolución inglesa tomaba progresivamente una sido nombrados. La sentencia que debía fallar este tribunal
dirección mas señalada : todo su poder, su espíritu y sus en semejantes circunstancias estaba necesariamente dictada
fuerzas tendían á concentrarse y centralizarse mas y mas. de antemano, y después de una leve discusión, Carlos fué
La revolución moral y material se reunió finalmente en condenado á la pena capital. Cromwell había sido el prin-
Cromwell, y esta concentración era temible para Carlos. cipal autor de este lúgubre drama; echáronse de ver en-
Disueltos y dispersos todos los elementos de la corona, que- tonces la violencia, la hipocresía y la cruel impetuosidad de
daba franco el lugar á un nuevo poder; Cromwell no ha- su carácter.
llaba obstáculos y él era el rey. « La derrota de los presbi- La conducta del rey en presencia de sus jueces y verdu-
terianos , dice un historiador, estaba consumada, como gos llevó el sello de la dignidad, el valor, la resignación y
también la de los caballeros: dominaba el partido republi- la mansedumbre. Carlos I fué ejecutado en el palacio de
cano; algunos hombre» atrevidos creian gobernarlo, algu- White-Hall el 9 de febrero de 1649.
nas sectas entusiastas y místicas le prometían el apoyo del Chateaubriand esplíca en pocas palabras con admirable
Señor, y el ejército constituía toda su fuerza: Cromwell era claridad la suerte desgraciada de Carlos L « Obsérvase en
jefe del ejército y protector de los entusiastas. La vida de la conducta del rey, desde su advenimiento al trono hasta
Carlos I era el único obstáculo al encumbramiento de Crom- la época de la guerra civil, aquella incertídumbre que pre-
well y al triunfo de los proyectos de todas las fracciones de para las catástrofes. Encaprichado con \Aprerogativa, se la
su partido. » En este estado de cosas, en oposición con to- dejó arrancar á pedazos: era valiente, podía haber apelado
dos los intereses de partido, parecia que Carlos no podía á su espada, y solo se valió de las armas, cuando sus ene-
evitar su destino: reclamado y decidido su juicio afines migos se hallaron en ¡situación de resistirle; tenía abiertas
de 1648, como fautor y autor de la guerra civil, fué trasla- todas las vías constitucionales para obrar contra el parla-
dado de la isla de Wight al castillo de Windsor. En la Cá- mento en nombre de la constitución, y no entró en ellas.
mara de 1 os comunes, que había sido reformada y reducida Finalmente Carlos luchó en vano contra la fuerza de las co-
á solo sesenta diputados, se elevaron algunas voces opo- sas; su siglo estaba mas adelantado : no era solamente su
niéndose á que se formase causa al rey; y en la Cámara de nación la que le arrastraba, era el género humano; quería
los pares, compuesta de diez y seis miembros, el decreto de un imposible. La libertad conquistada se confundió al pron-
acusación aprobado por los comunes fué desechado por una- to con el despotismo militar que la despojó de su anarquía ;
nimidad; pero la Cámara de los comunes declaró que se pero aunque arrebatada á los padres, fué devuelta á los
llevaría adelante el proceso, y el gran tribunal instituido al hijos, cimentándose por último en Inglaterra.
La Mesíada.
por j^lopstoch.
XVI.
Vosotros que os obstináis en negar que la creación le es Jesús que sufre y se resigna, sino el Hijo del Eterno en toda
debida, no conocéis al Redentor divino; vosotros no sabéis la grandeza de su poder y de su magnificencia. Todos los
que es el dueño supremo de todo cuanto existe, y que lo serafines, y hasta el divino Elolia, no son junto á El mas
será hasta el día en que los senderos que conducen al tra- que pálidas sombras; cada vez que se fija su mirada en las
vés de los laberintos de los mundos todos, irán á confundirse innumerables legiones celestes, sienten estas mas vivamen-
en el único punto destinado para el cumplimiento de los te las beatitudes que son patrimonio de los seres creados
decretos del Eterno y para la dicha de todas sus criaturas. que colocó su omnipotencia en la última grada de la escala
Si de lo alto de su cruz la Divinidad espirante no hubiese de perfecciones que les acerca á su Dios.
esclamado: Todo se acabó, no podrían las numerosas legio- Advertido por una señal del Cristo, va un querubín á
nes de seres creados repetir un día al través de los cielos en buscar las almas de los habitantes de la tierra, muertos des-
toda la plenitud déla dicha de los escogidos: Todo se acabó. de que El abandonó su tumba. Verdes son aun las coronas
Al salir de la casa de Juan, en la que consagró sus ele- de ciprés con que los amigos habían adornado su sepulcro y
gidos á la vida eterna, se dirigió Cristo al monte Thabor, las urnas qne contenían sus mortales restos; como si aque-
trono terrestre que prometió ocupar hasta el momento en lla prueba de un afecto, que no es siempre sincero, pudie-
que iría á sentarse á la diestra de su padre. El sagrado mon- se evitarles la sentencia de la justicia suprema. Guiadas por
te se estremece y brilla con un resplandor sobrenatural, el enviado del Redentor, llegan aquellas almas al monte
por presentir la grandiosa escena que en él va á cumplirse. Thabor, pareciéndose á la lluvia producida por una nube
Ya los resucitados se reúnen en su esmaltada cumbre, y pasajera, que tan pronto derrama á torrentes el agua, como
forman sobre ellos los escojidos un semicírculo, cuyos dos deja caer tan solo algunas gotas que parecen perlas despren-
éstremos van á perderse en la inmensidad de los cielos. De didas del disco del sol.
pié en el centro de aquella doble fila de inmortales, se apo- A la vista del Cristo, presienten los muertos la presencia
ya el Mesías en un peñasco cubierto de musgo: ya no es el del Juez supremo sin adivinar el porvenir que les prepara.
% 19 »
Con voz imponente y grave les dice: «iQuiénes sois? » y Cuando se disponían los angolesa dar cumplimiento á las
todos contestan á la vez, y hablan con énfasis de sus méri- órdenes de Cristo, desciende de lo alto de los cielos un que-
tos y de sus virtudes; pero una mirada del Mesías les da á rube , que se postra y dice :
comprender que en vano procuran engañarle, y que El les «Dios mediador, la estrella que me está confiada se agita
conoce mucho mas de lo que se conocen ellos a sí mismos. y se dispone para su trasformacion; todos sus habitantes
Ya los ángeles abren el libro de la vida y empiezan á do- presienten ya el momento de emprender su vuelo hacia la
blar sus hojas; casi todas sus páginas están en blanco; solo luz primitiva, y yo temo que sucumban ante la dicha ine-
en muy pocas se ven escritas con letras de oro grandes ac- fable de poder sumergirse en aquel rio eterno. Dígnate an-
ciones. ticipar el cumplimiento de una esperanza que les permitiste
Ciérrase otra vez el libro, y aguardan los muertos con concebir. Haz que pueda rozar con mis alas las palmeras
muda ansiedad los decretos.de\juez supremo, que hieren sagradas del valle de Getsemaní, y los polos de mi estrella
con la rapidez del rayo, devolviendo la vista á los ciegos. se estremecerán con mas fuerza ; las columnas de los abis-
Una mirada del Salvador indica á los ángeles las sendas mos se derrumbarán, y con ellas los campos floridos, los
por las que deben volver las almas á su última morada ; mares y los montes de aquel mundo destinado á un porve-
hay algunas de aquellas sendas que conducen á los abismos , nir mas digno.»
y otras que van directamente á los cielos. Pocos instantes Contéstale el Cristo:
bastan para recorrer las primeras, al paso que se necesitan «Roza con tu ala las palmeras del valle de Getsemaní. »
muchos aiíos para que los pecadores perdonados lleguen al Emprende el ángel nuevamente su vuelo para anticipar
trono del Eterno. la trasforipacion de la estrella cuya custodia le está confiada.
Los habitantes de las altas regiones detienen á las almas Un querube mira entonces al muerto que ha conducido á
que pasan por sus dominios para pedirles saludables ins- aquella reunión , y le dice con celestial sonrisa :
trucciones; luego se ven obligadas á suspender su vuelo «Enjuga tus lágrimas, has sido bueno y generoso para
para esplicarse á sí mismas las causas que las hacen subir al con los hombres, que en cambio te han desconocido y odia-
cielo, mientras tantas otras almas descienden ai abismo. do; el llanto que te has visto obligado á derramaren el ári-
Antes de tomar las almas juzgadas sus diversos caminos, se do desierto en que la ingratitud humana te hizo buscar un
postran en el polvo y unánimemente esclaman : refugio, al fin ha terminado. Levanta tus miradas hacia las
<(Brama, Tien, Jiípüer, Krodo, ó cualquiera que sea el estrellas que has de atravesar antes que llegues al último
nombre que debamos darte, te confesamos nuestra culpa, grado de la beatitud reservada á los escogidos. »
aunque haya sido nuestra vida un cúmulo de faltas y erro- Un rey indio, medio sumido aun en el sueño de la muer-
res, imploramos tu misericordia infinita. » te , abre los ojos, y al recuerdo de su pasada grandeza, con-
El Redentor se vuelve hacia los ángeles, y les dice: cibe nuevas y engañosas ilusiones.
«Conducid á ese habitante de las riberas del Eufrates «¿Dónde están, esclama, las almas de los esclavos inmo-
hasta la estrella mas apartada,d?l Líbano, ó sea hasta el lados sobre mi tumba? ¡Preséntense para anunciar y servir
séptimo cedro del bosque sagrado; rhucho ha pecado, pero de escolta á su dueño I»
su alma era ardiente y sus tentaciones poderosas. Cuando Ninguna voz contesta á la suya, teniendo que recorrer
se acercará á los dulces rayos de Filia, los habitantes de solo las bóvedas sombrías que le conducen á una vasta re-
aquel astro benéfico le hablarán de su Salvador. Ese otro , gión, donde se cierne un inmortal en el aire, y le dice:
procedente de las regiones que fertiliza el Ganges, amaba el «Sigúeme, los luminosos rayos que despido podrán ser-
bien, pero era sobradamente débil para seguirle; triste y virte de guia. »
pensativo ha fluctuado siempre en un mardeincertidumbre El alma del monarca se vé obligada á obedecer, y oye en
y de duda: sea el monte Hermon su punto de reposo. Cuan- breve desesperado la sentencia del Dios supremo que juzga
do el tiempo acabe, conocerá á su Juez; nombradle al Re- tan severamente á los poderosos.
dentor cuando descubra la plateada luz de la estrella del «Sí, precisamente he de hallar aquí piedad y amparo ,
Nebo.... Y tú que te postras tan humildemente en el polvo, esclama un alma que acaba de abandonar un cuerpo lleno
tú que fuiste orgulloso y empedernido hasta la crueldad , de miseria y sufrimiento; las deslumbrantes visiones que me
sigue al querube que te hará pasar el umbral de los in- envuelven son dioses, y los dioses son misericordiosos y jus-
fiernos, antes que Yo descienda á la cumbre del monte tos. No son así los hombres, puesto que desprecian y odian
Olívete. » la inocencia, el honor, la probidad: solo los dioses son
Desesperado el orgulloso, esclama: justos. 7>
«¡Oh Júpiter, no descargues sobre mí todo el peso de tu Dice, y recibe el premio de su resignación y de su fé.
cólera I» Una enfermedad¡;repentina habia sepultado al joven Ge-
A lo que le contesta el Cristo: limar en el lecho del dolor; en vano su generoso amigo ha-
«Debesseguir irremisiblemente á tu guia; sábelo de una bia procurado hacer penetrar la esperanza en su alma; en-
vez: te arrojo al fondo de la gehena, porque vendiste al tregábase el impetuoso joven á los mas tristes pensamientos.
mejor de tus amigos. Y tú, continúa el Redentor volvién- «Me siento morir,j decia, y vamos á separarnos para
dose hacia otro muerto, tú fuiste caritativo y bueno, y con- siempre, por exigirlo así la inflexible voluntad del destino;
fiaste en un padre misericordioso, que lo es aun mucho mas tal es ¡la suerte de la flor caida del árbol en que nació, la
de lo que tú te atreviste á esperar; serás conducido por un del amigo que amaste tan tiernamente, la tuya y la de todo
querube que te ofrecerá la mas hermosa de las palmas de cuanto existe en el inmenso dominio de la muerte. Sí, la flor
Getsemaní, cuando hayas atravesado el cristalino arroyo de que se agosta y el hombre que muere, se pierden en el caos,
Belén. Ese guerrero que pasaba las noches soñando bata- como si nunca hubiesen existido! ¿Por qué tus humedeci-
llas, y que procuraba realizar de dia sus sangrientos sue- dos ojos se fijan con tanto amor en mi rostro pálido y des-
ños , será conducido inmediatamente al averno, en el que encajado? Yo que quiero morir, nO tengo necesidad de
será acogido el verdugo de sus hermanos con el horrendo consuelo alguno; procura tú consolarte, á fin de no seguir-
silbido de todas las serpientes.» me de cerca á la tumba. Puedo al fin confesártelo, en me-
% 20 K
dio de los irreflexivos goces de mi edad, me ha dominado cio del Cristo. Numerosas son las almas que llegan de todos
siempre la idea de la muerte, por lo que sin cesar me he los puntos, mientras que desaparecen otras muchas como
preguntado: ¿qué será de mí? ¿A dónde iré á parar? y una las ^otas de agua que caen en la ardiente arena, ó como
secreta voz me respondía: Te disolverás en átomos imper- las plateadas ondas de un arroyo que atraviesa un campo
ceptibles que el soplo del tiempo dispersará por todo el uni- árido y seco: todas las almas siguen el movimiento de la
verso.... Ño llores de este modo, lierniano mió: ¿qué te balanza terrible, cuyo plato tan pronto desciende á los abis-
importa lo que serán entonces mis inanimados restos? en mos como sube hasta los cielos.
los que no creo me hagas la injuria de ver al hermano que Ven, man^o arroyo, ven á confundir tu dulce murmullo
tanto has amado. No queria aun poco há alarmar tu sensi- con los mugidos del torrente que me inspira mi himno so-
bilidad; ahora empero ya no respeto nada, ni aun tus mis- lemne; ven á calmar la sed de mi alma harto débil para re-
mas lágrimas. La muerte me ha echado ya ai cuello sus .-istir las beatitudes que la inundan á medida que va recor-
brazos de hierro, y es mi alma inflexible como ella. Voy á riendo el camino que se ha atrevido á emprender.
revelarte mi última idea, la cual te confio, como confia el Cien veces la luna ha sufrido todas las fases de su curso
guerrero moribundo su broquel al mas querido de sus her- periódico, desde que he intentado yo cantar los decretos
manos de armas. Tengo la convicción de que voy á caer que pronunció el Cristo en la cumbre del monte Thabor;
para siempre en el insondable abismo de la nada; esta con- entonces pensaba terminar mi obra con el ausilio del Sal-
vicción me desespera, sin que por esto acuse de modo al- vador, pero me veló de repente los ojos una nube sombría,
guno á los dioses— No, somos tan poca cosa, que aspirar á y se apoderó de mí la ¡dea de la muerte. Al fin logré vencer
la inmortalidad sería un orgullo imperdonable. Llena esa mi vago terror; y puesto que^ivo aun, terminaré la santa
copa en la fuente mas abundante y mas fría; y tanto si su misión que me he impuesto; gracias te sean dadas, mi Re-
agua me apaga la sed que me abrasa, como si anticipa mi dentor divino, por haberte dignado devolverme las fuerzas
muerte, logrará aliviarme.» de que carecía. Mientras que la muerte se adelanta á paso
Su amigo se apresuró á llenar la copa que Gelímar apuró lento, la esperanza nos sostiene, siendo ella la que después
de un sorbo, exhalando casi en el mismo instante su postrer nos conducirá también á nuestra patria celestial.
aliento. ¡Qué emoción la mía, cuando al llegar mas allá déla
El alma de Gelimar, desgarrada por la conmoción vio- tumba vea á cada signo del tiempo aparecer legiones de al-
lenta y terrible que esperimentó al abandonar su mortal mas salidas de sus cuerpos mortales! Entonces se reunirán
cubierta, quedó un momento aletargada; pero luego se le- los escépticos, los incrédulos y los cristianos; entonces se
vanta en el aire y esclama: reunirán los amigos que hacia tiempo lloraban á los amigos
« Dioses inmortales, dioses de los astros y los mundos, de su elección , y se reunirá también la viuda con el esposo
¿será posible que yo exista? Yo, que acabo de morir, ¿cómo que la estaba aguardando, y quedarán entonces patentes
es posible que entre en una nueva vida? ¿Noes esto un sue- todos los misterio? de la Providencia: cada átomo de la
ño de la materia que se descompone ó la última ilusión del creación comprenderá su pasado, y sabrá su porvenir : el
alma que va á perderse en lo infinito? No, vivo; y no será soplo de la eternidad habrá despertado para siempre á to-
mi nueva vida la de la flor que se agosta y desaparece para dos los muertos, y desvanecido para siempre la duda. Vos-
siempre. Dioses omnipotentes, ¿moráis por ventura en esas otros que habéis esperimentado los tormentos de la sed del
estrellas numerosas que me parecen cada vez mas bellas y saber, sabréis comprender mejor cuál será vuestra dicha
resplandecientes? Permitidme que os vea para que pueda cuando dispongamos de todos los misteriosos hilos del labe-
postrarme á vuestras plantas, y esclamar con toda Ja pleni- rinto en que tantas veces se estravió nuestro pensamiento.
tud de mi reconocimiento y mi dicha: Gracias, gracias. Ven manso arroyo, ven á confundir tu dulce murmullo
Dioses eternos, por haberme permitido existir para siem- con el mugido del torrente que me inspira mi himno solem-
pre. ¿Dónde estará ahora gimiendo el amigo que he dejado ne; ven á calmar la sed de mi alma harto débil para resistir
en la tierra, poseído de la cruel certeza de que es la muerte las beatitudes que la inundan á medida que va recorriendo
un sueño que no tendrá fin ? ¡ Qué lástima el no haber muer- el camino que se atrevió á emprender.
to juntos! ¿Me será permitido descender nuevamente á los La capital que servia de corte á un monarca poderoso se
bosques en que está aquel amigo fiel abriendo mi tumba ? derrumba, y se presentan al Juez supremo los muertos que
¿Podré presentarle á mi vez la copa que nos dá la muerte, estaban sepultados bajo sus ruinas: el corazón de uno solo
y subir nuevamente con él á las regiones de la inmorta- de ellos ha sido humano y justo. La multitud circuye al no-
lidad ? » ble muerto, le estrecha y le oculta; y sin embargo, no tar-
Al terminar estas palabras, descubre Gelimar en la cum- da en verse solo á presencia de su ángel custodio, que le
bre del Thabor á otros seres como él, y á algunos inmorta- sonríe con fraternal ternura: parécese aquel muerto al hom-
les, en los que cree reconocer otros tantos dioses. Desde bre víctima de una calumnia, que no quiere justificarse, y
luego se postra á sus pies para adorarles; pero uno de ellos aguarda resignado á que el sol de la verdad disipe las som-
le manda que se levante y le dice: bras del engaño.
« Somos seres creados.» Poseído de la mayor desesperación, se clavó un joven el
« Y ¿habéis sentido como yo el abrazo helado de la muer- puñal en su propio pecho; pero aterrado luego al recono-
te? Y ¿os habéis despertado también como yo á una nueva cer su enorme crimen, arrojó lejos de sí el arma homicida;
vida?» les pregunta Gelimar. sin embargo, en breve volvió á cogerla, y con los ojos in-
Uno de los serafines le contesta: yectados de sangre y los labios entreabiertos por la risa de
«Dios nos creó inmortales.... Sigúenos; pronto te ilumi- la demencia, volvió á clavarse de nuevo el puñal en su pe-
nará el que ha hecho las estrellas, los serafines y las almas cho. Su sangre corrió en abundancia , sus ojos no se habían
de los mortales.» estinguido aun y continuaban movimientos convulsos agi-
Y sus celestiales guias le hacen seguir el luminoso sen- tando sus miembros, hasta que con un último terminó su
dero que el Salvador acaba de indicarles. sufrimiento y su vida. La tierra se estremeció al rumor de
Los soles se levantan y se ponen, y continúa aun el jui- su caida, y su alma compareció ante el Mesías.
21 K
Los astros que iluminan al suicida, velados y libres su- veres; los jefes de uno y otro bando, dos célebres conquis-
cesivamente por nubes mas ó menos densas, soló han podi- tadores, caen también y mueren; reina en torno suyo un
do dispertarle á medias; pero á la vista de los inmortales triste silencio, regando con la sangre que brota de sus he-
sale de su mortal sopor, y se vé asaltado á la vez por todos ridas á los cadáveres que yacen junto á ellos. Semejantes á
los terrores. Los ángeles participan también de su estreme- la manga de agua que inunda toda una región, las almas
cimiento; ni uno solo se atreve á esperar que el infeliz en- de los guerreros que han sucumbido en aquella encarnizada
cuentre gracia ante el Juez supremo, que aunque sonriendo, lucha, se dejan caer sobre el Thabor, en el que Jas está aguar-
le mira con rostro severo. Sonrisa inefable de !a clemencia dando el Juez supremo. De repente se agita y sube la ba-
divina, por tí pasa el pecador del esceso de la desesperación lanza temida, cae el rayo vengador sobre los dos conquista-
al colmo de la beatitud celeste. dores y los ilustres criminales caen al fondo de la gehena ,
ra tlisama un pobre anciano, obligado á implorar á la del que no tardan en salir gritos de maldición confundidos
candad del rico el alimento escaso de que necesitaba para con el chirrido de flamígeras espadas. Un soldado, medio
sostener su triste existencia, hasta que fué la muerte á po- sumido en el sueño de la muerte, blando aun su ensan-
ner término al fin á los males que no tenia merecidos, por grentado acero, y esclama con aquel placer salvaje que le
Igualar su bondad á su paciencia. Mas animoso y esforzado ha causado siempre la matanza':
que los héroes inmortalizados por sangrientas hazañas, ha «¿También se combate aquí en los cielos?... Eternidad,
soportado Elisama sin quejarse, todas las miserias de la yo te saludo, puesto que permites también la guerra en tus
vida, ha hecho mas: los ha aceptado con reconocimiento, dominios.»
porque sabia que el dolor, como el placer, es un don de la El rumor de las cadenas que arrastran los dos caudillos y
bondad divina. El humilde Elisama, al que el hombre mas la zumba de los demonios, contestan únicamente á la loca
ínnrao del pueblo se creia poder despreciar, habria honrado esclamacion del soldado.
un trono: no habia en la tierra sino un ser que le amase: Los ángeles agitan suavemente las cuerdas de sus arpas
su perro. Acompañó el fiel animal con sus tristes ahullidos de oro; dulces y tiernas melodías anuncian en Jos aires la
el estertor de su dueño; y cuando éste cesó de gemir, lamió llegada de los niños muertos en las riberas del Ganges, del
por ultima vez sus manos inmóviles y heladas, y se durmió Nilo y del Niágara: descienden á la cumbre del Thabor
luego en ellas por no despertar nunca mas. aquellas almas inocentes y puras, y se agrupan en las copas
Se presenta Elisama al Juez soberano; un ángel le entre- de los cedros. Parécense á los corderillos que pastan en la
ga la corona destinada al infortunio resignado, y prorum- vertiente de una colina cubierta de naciente verdura, mien-
pen los inmortales en un prolongado y dulce murmurio que tras que el resto del rebaño, va en busca de las plantas aro-
se eleva hasta el santuario de los cielos. máticas que crecen en la escarpada cumbre de los montes.
Aadec gozó durante su vida de la reputación de un hom- El Salvador sonrio á aquellas tiernas almas, y Jos querubes
bre justo y virtuoso, por ser uno de los que mas escrupulo- se elevan con ellas hasta lo infinito, recorriendo en su curso
samente observaba los preceptos de la ley de Moisés. Su co- ascendente luminosas estrellas. Durante aquel largo viaje ,
razón sin pasiones ardientes, sin deseos impetuosos, le hacia los dulces rayos del alba van acostumbrándolas gradual-
lacil la observancia de aquellos preceptos; y sin embargo , mente á la luz que mas tarde esparcirán sobre ellas los as-
creía acumular inmenso» tesoros de salvación , por no haber tros celestes para hacerlas dignas de penetrar en el santua-
tenido otro alimento que las migas caldas de la mesa del rico, rio de los cielos.
y haber llenado su copa de madera del agua cenagosa que Una de aquellas almas ¡nocentes, confiadas al cuidado del
con dificultad podia recoger en un charco que habia juntojá mas joven de los serafines, encuentra en las floridas llanu-
su pobre cabana. Desgraciado del que desprecie á semejante ras del empíreo, al solo amigo que no abandonó á Elisama
pobre, pero mas desgraciado será él todavía, si se duerme en en su desgracia: el perro fiel se junta con el niño alegre
la orgullosa pretensión de hallar en la eternidad recompen- que le acoge con amor; pero en breve se vé éste obligado á
sa por acciones que no le han costado ni sacrificios ni lu- separarse de aquel, por seguir á su guia hacia las mas altas
chas. Obcecado por aquel funesto orgullo, aguarda Zadec regiones, quedándose ei perro solo en la entrada de los cie-
su sentencia sin temor y sin iiiquie.ud alguna; sin embar- los. Colocado en ella, saluda con sus alegres ladridos y sus
go, acaba de pronunciar el Cristo su sentencia, y el queru- tiernas caricias á cuantos niños pasan, sin que haya ningu-
be que la ha comprendido, arrastra hasta el abismo al alma no que se separe de él sin darle una prueba de afecto, cuyo
del condenado. Zadec se resiste y esclama: recuerdo le basta para aguardar contento á que pase otra
« ¿Quieres conducirme á los infiernos, cuando he sido el nueva alma.
mas fiel observador de la ley de Moisés? Fantasma terrible, Él alma de Geltor, guiada por su ángel custodio, se le-
te engañas: soy acreedor á eternas recompensas, y mal pue- vanta alegremente en el espacio, en medio del rápido vuelo
des haber recibido la orden de arrastrarme por esa espan- de los cometas de inflamada cola y del murmurio de las
tosa senda. Envuélvate la noche eterna en sus alas, con- constelaciones viajeras. Sin embargo, pronto reina el silen-
fundan las llamas del infierno tus rayos.» cio en torno suyo; ha pasado ya el círculo inmenso que
Nubes sombrías aprisionan al alma condenada, pero el precede á la entrada del santuario, en la que hay soles cuyo
resplandor del querubín las disipa. Conoce al fin Zadec que movimiento solemne no se regula por el de ningún globo
es irresistible el poder de los inmortales, y continúa no obs- terrestre. En aquellas altas y sublimes esferas, vé Geltor
tante su lucha, logra escaparse y se arroja á un abismo sin impresas en las nubes las nobles y bellas acciones de su
fondo. El último destello de compasión que contiene la có- vida. Las leves faltas por él cometidas le han sido perdona-
lera del ángel se estingue, por lo que llama á Zadec con voz das por el Juez supremo; por lo que dejan de serle presen-
de trueno, á la cual sale Zadec del abismo, abulia, rechi- tadas; solo los pobres que ha alimentado, los huérfanos que
na los dientes y vuela con su terrible guia hacia la morada por él han llegado á ser hombres útiles y el pueblo del que
de la pena eterna. logró romper las cadenas combatiendo por la libertad de su
Hay dos numerosos ejércitos frente á frente; dase la señal fé, forman su cortejo hasta la entrada del sai tuario en que
del combate y en breve queda el campo cubierto de cadá- va á recibir el premio de sus virtudes.
M 2 2 í€
Los soles se levantan y se ponen , y el juicio del Cristo «¿Quién te ha mandado que me arrastres de este mo-
dura todavía. Numerosas son las almas que llegan de todos do? » pregunta el infortunado Toa.
los puntos, mientras que desaparecen otras muchas como «El Juez supremo» le contesta el ángel.
las gotas de agua que caen en la ardiente arena, ó como En aquel momento se ofrece la tierra á las miradas del
las plateadas ondas de un arroyo que atraviesa un campo joven inmortal]; pero solo vé en ella las tumbas nuevamente
árido y seco : todas las almas siguen el movimiento de la ba- abiertas.
lanza terrible, cuyo plato tan pronto desciende hasta los «Hé aquí, esclama, los fúnebres sitios en que impera la
abismos como sube hasta los cielos. muerte.»
Hagid y Syrmion, armados ambos de homicida espada, «Héaquí, dice el ángel, el campo en que se sazona la co-
combaten y se hieren; ambos caen á la vez, y exhalan su secha para la eternidad. »
último suspiro al prorumpir en un grito de maldición y de « ¿Cuál es esa árida colina en cuya cumbre se levanta
<5dio. Oyen claramente en el fondo de la noche eterna un una cruz ensangrentada?»
rumor de cadenas terrible y amenazador, que va acercán- « El Góigota.»
dose gradualmente y les llama, sin que puedan sus almas Las casas que la rodean están habitadas por los morta-
dejar de obedecerle; apodérase de ellos un espíritu infernal les; pero, ¿dónde está aquel que les dá la vida?»
que les ata cuerpo á cuerpo en una misma peña, cuyo eco « Mira, y verás brillar en medio de aquel círculo lumi-
siniestro repite á toda la gehena sus gritos de desesperación noso al Juez del universo. »
y rabia. « ¿Luego vas á conducirme á su presencia? ¡Cuan grande
El joven Toa, uno de los hijos de la estrella habitada por es nii desdicha! »
una raza de hombres inmortales, habia escuchado con avidez Y confundiéndose con las almas que descienden al monte
la relación que les habia hecho su padre á todos, cuando al Thabor, llega con ellas al sitio para él tan temible; vénse
ver pasar al Eterno para ir á juzgar al Mesías, deploró el arrastradas como el fruto sazonado antes de tiempo por el
triste destino de sus hermanos mortales, lanzados al globo soplo de la tempestad que dispersa juntamente las agostadas
terrestre para sufrir en él una vida de prueba. A impulsos flores y los entreabiertos capullos. Poseído Toa de terror in-
de su escjesiva sensibilidad, desaprobó Toa en el fondo de su tenta escaparse, pero un poder sobrenatural le detiene: el
corazón al Dios que creó á su imagen á tantos numero- Juez supremo y los inmortales todos guardan silencio: tam-
sos seres para someterles á crueles sufrimientos y á funestas bién callan los cielos antes de estallar el trueno del Eterno.
tentaciones. De la desaprobación secreta, pasó su orgullo á La voz acusadora del ángel que ha ginadoá Toa resuena
una revuelta manifiesta, puesto que dijo en voz alta que no al través de lo infinito; los serafines ocultan su resplandor ,
tenia Jehová poder bastante para borar del pensamiento de y hasta el mismo divino EIoha modifica sus rayos; los re-
los habitantes de la tierra el recuerdo de los horrores del sucitados y las almas se estremecen, y la pálida muerte con
sepulcro; y que mientras aquel recuerdo existiese en ellos, aspecto terrible y hosca mirada se cierne sobre el joven
ni aun en la misma eternidad seria nunca su dicha com- descendiente de una raza que se habia visto obligado á res-
pleta. petar hasta entonces el ángel esterminador. Lanza el infor-
Un querube se presenta, y manda al orgulloso Toa que tunado un hondo gemido y espira, su cuerpo es polvo que
le siga; después de haberle guiado por mucho tiempo el el viento dispersa, por no deber ocupar el alma de Toa un
querube al través de lo infinito, le deja abandonado. Al ver- cuerpo nuevo y glorificado, por estar condenada á recorrer
se solo mira Toa con sorpresa en torno suyo: la inmensidad siempre errante el vacío, lejos de la estrella en que vio la
del espacio que se estiende ante sus ojos le espanta; los cantos luz, lejos de la tierra, lejos de los cielos. Nunca mas podrá
de triunfo de los resucitados, que coronados de (lores se ele- ver la faz radiante de un inmortal, nunca mas volverá á
van en alas del éxtasis, y celebran en medio de torrentes oir el dulce sonido de la voz de un ángel; y, sin embargo,
de armonía las beatitudes de las almas que sufren, se resig- conservará siempre el sentimiento de su ser y la facultad de
nan y esperan, le importunan; por esto se adelanta al azar sus movimientos, pero siempre sola, siempre en el vacío.
en busca de un punto en el que pueda oir gemidos y ver La eternidad con sus sublimes revelaciones le está cerrada ;
derramar lágrimas. Pronto se le presenta á la vista un án- solo le queda el recuerdo de lo pasado y el aislamiento de
gel severo que le para y le arrastra en pos de sí; en su rá- lo presente: cuántas veces pedirá con ansiedad cuando se
pido vuelo, vé Toa la estrella feliz en que gozan los suyos dignará el Juez eterno terminar su suplicio, no habrá voz
de una dicha inalterable; brilla un momento en medio de que conteste en torno suyo.
los millares de astros que pueblan lo infinito, y luego des- Un rey henchido de orgullo habia procurado con la astu-
aparece tras uno de los soles qu€ se mueven en las esferas cia de la serpiente y con la fuerza del león encadenar á su
accesibles á las miradas y al pensamiento de los mortales. pueblo. Cuando se hubo evaporado el humo de la sangre de
Incapaz de dominar por mas tiempo las sensaciones que le los vencidos que habían combatido por su libertad, cuando
oprimen, dirige al fin Toa la palabra á su guia, y le dice: la tiranía triunfante levantó su cabeza de hidra sobre sus
«Ángel del Señor, ¿á dónde me conduces?» víctimas cargadas de hierros, insultóla» el déspota , dícién-
Como guarda el ángel silencio, vuelve á hablarle Toa en doles que no eran hombres como él y que él era su Dios.
estos términos: Pero ya el insecto roedor que impera en los sepulcros aguar-
«Ángel del Señor, empiezo á creer que no habría debido daba al rey de la tierra; sus restos fueron inhumados con
gemir por la suerte de la especie humana, puesto que no gran pompa y magnificencia; pero su alma anda errante por
ha sido creada para sufrir eternamente. » el espacio, sostenida por un adolescente de los cielos. A fin
Continúa el ángel guardando el mismo triste silencio. de que pueda seguirle, despiden sus ojos un destello de fue-
«¡Ángel del Señor, protégeme! » esclama Toa. go celeste, semejante á los rayos que Sirio lanza á la tierra»
Y el ángel al fin contesta : y sin embargo, el alma del déspota vuelve siempre á caer ;
«¡Me es imposible! » entonces la toca el querube con la punta desús alas, y sube
Y, como llevados en alas de la tempestad, continúan como la espuma del mar arrastrada por el huracán, hasta
ambos su vuelo. que cae de repente á los pies de su Juez, prorumpiendo ea
23 K
una carcajada á la vez insultante y burlona, y que es tan « Sí, ya le he visto radianjte de gloria en medio de los in-
solo un siniestro rugido. mortales. Amable querube, dímelo tú : ¿será aquella sen-
.¿Quién eres? » pregunta el Redentor. tencia por toda una eternidad?» dice el infortunado Seba.
Y él rey se incorpora y contesta: «Obedece y parte,» esclama el ángel ofuscando el res-
. Tú eres sin duda uno de los dioses del cielo, y debes plandor con que antes brillaba.
por lo mismo saber que soy yo uno de los dioses de la tier- • Me ha condenado, murmura Seba, me ha condenado
ra; las divmidades son iguales entre sí, y no deben por lo sin mirarme siquiera. »
mismo darse órdenes unas á otras. » « Sus ojos se han fijado en tí, dice Zoar, pero era severa
El Cristo indica al joven que se acerque, y le dice : su mirada. »
« Júzgale tú mismo. » «¿También tú dejas de ser mí amigo?»
El rostro del joven se anima como la tierna flor al primer « jOh! no, no, Seba querido ; pero bien lo sabes, nunca
rayo del sol de la primavera ; penetrado del favor insigne he podido ocultar la verdad ; ven á mis brazos, déjame llo-
que le dispensa el Mesías, se postra'y ora; luego se levanta, rar en tu seno; no creas que te acuse, cree mas bien que
se dirige hacia el rey, y le dice: te amo. »
« bé el humilde siervo del último de tus esclavos: el que Ante aquellos dos amigos estrechamente abrazados, que
tanto se inclinaba al pié de tu trono , y que solo se apartaba gimen y lloran lágrimas de sangre, inclina el ángel de la
ue él por ir á aplastar la frente de tus desgraciados subdi- muerte su espada para modificar su fulgor siniestro ; suena
tos, será desde hoy tu señor y tu dueño. Impaciente por empero la hora de la separación , y obedeciendo el lúgubre
nacerte eljuguete de sus bárbaros caprichos, clama ya contra serafín á un poder superior , repite con su voz de trueno :
tu pereza : vé á cumplir puntualmente sus órdenes. » « Separaos. »
Reconoce el déspota la voz de su esclavo que le llama Y los dos amigos, que habían recorrido siempre juntos
desde el fondo del abismo, hacia el cual le impulsa un po- ios diferentes senderos déla vida terrestre, se adelantan ha-
der irresistible. cia lo infinito por opuestos caminos.
Aoar y Seba estaban unidos por la amistad mas sincera ; Ávido de ciencia, habia consagrado Cerba su vida al es-
una dicha que á pocos mortales fué dado lograr, coronó tudio; la muerte le hirió en la flor de su edad, y la acogió
siempre su vida, que acabaron en un mismo instante, por gozoso, porque al fin iba á descubrirle los secretos de la
no haber podido ni aun la misma muerte separarlos. - e dur- eternidad. Su agonía fué un éxtasis delicioso, y en su pia-
ffl'ó Seba tranquilo y altivo, por no haber dudado nunca doso arrobamiento, estrechaba la mano del amigo y del
"e que habia de procurarle su mérito la recompensa eterna. contrario con la misma ternura. Su ángel custodio, que le
""S humilde Zoar, se vio asaltado por los crueles temores estaba aguardando mas allá del sepulcro, se lanza con él á
que le inspiraba el recuerdo de sus leves faltas, y que solo la inmensidad de los cíelos que logra contemplar, antes de
podia calmar un tanto el arrepentimiento de haberlas co- que el Juez supremo le anuncie el dichoso porvenir que le
metido. La balanza del Juez supremo confirma raramente espera.
las previsiones humanas. En su fácil y rápido vuelo, vé ofrecerse siempre Cerba
Los dos amigos, á los que conduce un mismo querube á nuevas esferas á sus asombrados ojos; oye el movimiento de
la presencia del Redentor, se alegran de hallarse aun reu- los planetas que se envían mutuamente sus rayos, así como
nidos después de la muerte; su guia inmortal les oye y ca- también el de los astros y los soles que giran en las regiones
lla. Llegado á la cumbre del Thabor, lee en las miradas del mas elevadas, sin iluminar mas que á los cielos. De sorpre-
Cristo la sentencia de las dos almas confiadas á su custodia, sa en sorpresa va adelantando su vuelo, pero cuando llega
y se aleja inmediatamente con ellas. Del fondo de la nueva hasta él la armonía de los c^^ros celestiales, las fuerzas le
esfera que recorren, sale y se dirige hacia ellos el ángel de faltan , y cae sobre una nube diáfana que se estiende sobre
la muerte: su vuelo es grave y silencioso, su mirada som- una de las cascadas de lo infinito. Sorpréndele el sueño en
bría, inexorable. Un espacio mayor que el que ocupan los aquella cuna aérea, y cree morir por segunda vez, cuando
mares de la tierra le separa aun de los dos amigos, y ya se de repente se despierta á la vida eterna.
siente Zoar poseído de espanto; aquella triste aparición con- Nuevas legiones de almas aparecen en el monte Thabor,
nrmó en él los temores que ha concebido al verse arrastra- y esclaman sucesivamente:
do lejos de los inmortales, lejos del Salvador, cuya magostad « Dios del trueno, tú que desde el fondo de tus nubes
imponente y dulce le habia penetrado de amor y de respeto. sombrías haces estremecer el pié del Olimpo, nosotros te
Mas rápido que el pensamiento, llega el ángel de la muer- hemos inmolado toros coronados con las mas hermosas flo-
te junto aquellas dos almas; levanta .hacia los cielos su es- res del valle, nosotros te hemos sacrificado blancos corderos
pada flamígera, y dice á una de ellas': cubiertos de verdes guirnaldas. No te muestres irritado con-
«Has hallado gracia; » y volviéndose luego hacia la otra: tra nosotros, padre de los dioses: y tú , terrible Minos, no
« Has sido rechazada » le dice. fulmines sentencias de condenación,,abandona el urna fa-
El anatema ha caldo sobre Seba, y acaba el lúgubre se- tal, ocúltala en las entrañas de la tierra, y sepúltala á la
rahn de pronunciar la sentencia del Juez supremo. nada. »
« Separaos, » esclama con voz de trueno. « Brama, hemos observado tus leyes: cargados de cade-
«¿Separarnos? dice Seba suspirando; en nombre del cielo, nas, abrasados por los rayos de un sol ardiente , rendidos
de la tierra, de los hombres, délos ángeles y de todo cuanto de fatiga y estenuados por la penitencia, comparecemos
existe, dime, tú que acabas de pronunciar aquellas pala- ante tu tribunal: ten piedad de nosotros. »
bras terribles; esa sentencia dada por un tribunal que no « Dios de los bosques, esforzado Woda, no podemos ha-
puede mi razón comprender, ¿esirrevocable, es eterna? » berte ofendido, cuando por tí, por la libertad de la patria y
. « No me lo preguntes, contesta el ángel déla muerte, por el honor de nuestras mujeres, hemos derramado la san-
«'lo al querube que te sirve de guia, ya que viene él del gre en los combates, y hemos preferido la muerte á la des-
trono que ocupa en este momento el Juez soberano de los honra. »
cielos.» Por último, todas aquellas almas repiten en coro:
24 K
« Apiádate de nosotros, poderoso Júpiter; sé clemente, caba su única voz el clamoreo de todos los condenados.
gran Brama; no seas inexorable, invencible Woda.» « Ha pesado sobre mí un juicio mas terrible que el rayo;
Y todas aquellas almas encuentran un padre misericor- no tengo ya poder alguno; solo soy una espantosa momia.»
dioso-y bueno que perdona y recompensa. Comprende Eloha el vértigo que acaba de apoderarse de
Suspéndense los fallos que debia dar el Cristo en la tier- los príncipes de los infiernos, y admira estremecido la jus-
ra ; vuélvese hacia Eloha, y le dice: ticia del Redentor. Las almas de los reprobos, y con ellas
c Ven, sigúeme. » la de Judas Iscariote, se ciernen sobre el océano de la muer-
El mas grande de los serafines obedece en silencio; ábre- te, y semejantes á una_nube sombría, se estienden por toda
se ante ellos la inmensidad de los cielos; resuenan en lo la gehena.
infinito graves é imponentes sonidos; brillan las estrellas El Juez desaparece, y solo ven los príncipes del averno
con un resplandor mas puro, plateando sus rayos los mares en torno suyo horribles esqueletos. Solo Abbadona conserva
y los montes celestes; agita un dulce estremecimiento los á su vista la forma de ángel caido; pero aunque el infierno
polos del universo. le vea tal cual era antes de la llegada del Cristo, no por ello
Advertido de los designios del Salvador por aquel gozo deja de participar de la fascinación que estravía á los de-
solemne de la creación , ha ocupado Abdiel nuevamente su mas espíritus infernales; los demonios y los condenados solo
puesto en la entrada de los infiernos. La puerta sombría son á sus ojos un montón de huesos desecados.
acaba de abrirse con tal rapidez, que el agudo rechino de Ya el globo inflamado que sirve de sol á la gehena, ha
isus goznes resuena hasta en los mas profundos abismos de llegado á la mitad de su curso, cuando de repente se para,
la condenación, pareciéndose al retumbo del trueno que es- y queda envuelto en negros tubérculos que revientan y ar-
talla al caer el rayo. rojan torrentes de fuego. Llega el reflejo de aquel voraz
A aquel estruendo inusitado, miran los príncipes de las incendio hasta el seno de los mas profundos abismos; los
tinieblas hacia la entrada de su funesto imperio , y ven bri- demonios y los condenados solo se conocen ya por el metal
llar á Abdiel con todo su resplandor celeste. Atraviesa en de su voz que, alterada por el terror y la rabia, es aun mas
aquel mismo instante Jesús el umbral de los abismos; el se- terrible que cuando hacia resonar antes la blasfemia de uno
rafín se postra, le adora y le sigue con la vista. á otro confín del abismo.
Encargado por el Eterno de presenciar el castigo de los Satán es el primero en incorporarse; solo él permanece
infiernos, castigo que solo El podrá contar á los cielos, Ob- de pié en medio de tantos esqueletos que ahullan y se arras-
badon, el mas terrible de los ángeles de la muerte, que en tran por aquel maldito suelo. Golpéese la cabeza con su ne-
su vuelo destructor deja flotar sus siniestros rayos y su fla- gra y descarnada mano; sus huesos se chocan entre sí, y su
mígera espada, precede al Mesías, que con paso lento y crujido le recuerda que es él también un horrendo esque-
grave desciende de abismo en abismo, y se adelanta hacia leto; entonces estalla su cólera, irresistible como el torrente
el trono de Satán, colocado á la sombra del templo de Adra- desbordado que acaba de romper su último dique, terrible
melech. como el peñasco suspendido por mucho tiempo sobre la al-
Una calma divina y la omnipotencia de la fuerza primor- tura del monte, y que al fín se derrumba sin parar hasta al
dial, se notan en el rastro del vencedor de la muerte; brotan abismo.
bajo sus pies hermosas flores, que mueren tan pronto como En su horrorosa desesperación, maldice Satán hasta á los
deja de cubrirlas su planta creadora. Los demonios intentan mismos príncipes de las tinieblas.
huir, pero el terror les tiene inmóviles; invocan la muerte, «¿Sabéis, les dice, por qué acabáis de convertiros en
y la muerte en su impasibilidad se niega á herirles. De pié horrendos esqueletos que la destrucción, cansada de roer en
junto al Mesías, está el divino Eloha paseando su mirada por vano, os deja con desprecio? Porque sois vosotros los que
toda la estension de la gehena. habéis dado muerte, los que habéis sacrificaido al que acaba
De repente el trono de Satán se derrumba, y salen de de espirar en la cruz. Hé aquí el castigo á que os habéis
en medio de sus ruinas densos vapores y torrentes de lla- hecho acreedores, monstruos infames. Que el rayo de Je-
mas; el templo levantado á la mentira por Adramelech,'cae hová os alcance y esparza vuestros miembros por toda la
y desaparece con las peñas que le servían de base. Presa á creación; que el soplo de la tempestad y las encrespadas
la vez de la admiración que le causa la omnipotencia del olas del Océano, que en su loca resistencia contra aquel so-
Hijo del Eterno y del reconocimiento de su debilidad al lado plo divino, van á estrellarse en la orilla, os reúnan, y os
de su Señor, el divino Eloha se postra á sus plantas; mien- dispersen de nuevo.»
tras que los ahullidos de los condenados despiertan todos los Dice, tambalea, cae y queda envuelto en un mar de lla-
ecos del infierno, y que las negras olas del océano de la mas; olvida en su ciego furor que aquellas llamas que él
muerte arrastran á su desmantelada orilla las blasfemias de mismo creó para eternizar el suplicio de sus víctimas, que-
los príncipes infernales. man y no consumen.
«¿Qué soy? esclaman los condenados uno en pos de otro; Belial une su voz quejumbrosa á los ahullidos que resue-
y tií, ¿qué es lo que eres ahora?... Vivo aun , vivimos to- nan en los abismos.
dos; y sin embargo, no viene á anonadarnos para siempre « ¡Ahí esclama, he visto nacer bajo sus pasos las mas
el rayo vengador. Hiérenos, hiérenos pronto; acaba de una bellas flores del antiguo Edén, y al levantar su planta crea-
vez con los infiernos, y que debajo de sus montes derruidos dora, las flores se agostaban y desaparecían de este maldito
desaparezcamos para siempre de la creación. » suelo. También nosotros nos hemos secado, pero no esta-
Satán esclama á su vez: mos destinados á desaparecer como ellas. »
« ¿Cuáles son los cobardes que gimen de este modo? Yo, Terminadas aquellas palabras, pide en vano Abdiel men-
que soy vuestro soberano, reto á.... » talmente una tumba eterna á los abismos de la gehena.
Iba á pronunciar el nombre de Jehová, pero espiró aquel Adramelech, el mas orgulloso, el mas pervertido de los
nombre en sus labios. príncipes de las tinieblas, se incorpora, merced á un su-
Tendido estaba Adramelech en el fondo del abismo al que premo esfuerzo, pero como se niegan á sostenerle sus des-
fué rodando con su templo y sus mentidas tablas; sofo- carnados huesos, dá con su cuerpo al suelo, y la gehena
X 25 K
toda retiembla al rumor de su caida; la escasa y seca carne mas duros peñascos de Orion; pero cansados de aquella lucha
que le queda, pegada á sus calcinados huesos, se convierte terrible que les hace esperimentar mil veces las angustias de
«n polvo con la violencia del choque, formando en torno la muerte, sin procurarles su reposo, se arrojan desde la
suyo una nube infectada. También Moloch intenta levan- cumbre de los montes mas altos á los abismos mas pro-
tarse ; pero solo logra, después de muchos esfuerzos, incor-r fundos; pero sus huesos son,inquebrantables, como si hu-
porarse á medias; al ver entonces á Magog tendido á su lado, biesen sido forjados con el fuego de las siete estrellas mas
le grita con voz de trueno: ardientes; y los príncipes de las tinieblas viven aun en el
« Danzan mis huesos al acompasado son de los torbellinos, fondo de los abismos, donde pensaban hallar Ja muerte
y ruge el huracán en mi cráneo vacío; pero no importa , eterna.
quiero levantarme y no pararé hasta lograrlo, » Cual torrente desbordado que de lo alto de las montañas
Y cogiendo á Magog con toda la energía de la demencia, en que acaba la tempestad de estallar, se arroja al valle ,
le obliga á levantarse con él; al verse de pié , andan, cor- desciende el terror de lo alto de los cielos al averno para
ren, se paran, y dirige al fin Magog á su compañero estas envolver en sus venenosas ondas á los ángeles caldos y á
palabras incoherentes: todos los habitantes de aquel horroroso imperio. Solo Gog
« Óyeme: esta forma horrible con que ha querido reves- continúa aun su desesperada lucha, vomitando en su ciego
tirnos nuestro eterno amigo, no puede ser imperecedera, furor estas blasfemias.
y hemos de procurar destruirla; así pues, ven, y choque- « 1 No, no puede haber Dios I »
mos mis huesos con tus huesos, y que el mismo choque nos Y presa del dolor mas violento, agita sus dedos aquel
reduzca á polvo que dispersará el soplo de la tempestad. » movimiento convulso que revela la agonía, y creyendo agar-
Dice, y luego ambos se agarran, enlazan sus esqueletos rarse á la destrucción con crispada mano, solo palpa la cer-
con cadenas huesosas que eran poco antes fornidos brazos, teza de su imperecedera existencia.
se derriban, vuelven á levantarse y se hieren de nuevo. Sus De este modo acaba de ser revelado á la gehena la exis-
'cráneos se hienden y vuelven á juntarse enseguida, los re- tencia , el poder y la gloria del que murió en la cruz; de
sortes misteriosos que dan movimiento y fuerza á sus miem- este modo el Hijo del Eterno; en la plenitud de su miseri-
bros descarnados, sin venas y sin nervios, se rompen y ad- cordia, advierte á los príncipes de las tinieblas que no con-
quieren de nuevo el mágico poder que antes tenian. La tinúen amontonando delitos en el plato de la balanza con
violencia de los golpes abren en ellos infernales llagas, que les pesará á todos el dia del juicio universal.
pero sus huesos son inquebrantables, como si fuesen de los
A fines del siglo pasado, hallábame yo en las Indias fortuna. Poseía un carácter dulce, un entendimiento vivo
orientales, á donde, impelido por mi continua urgencia de y despejado: disentíamos á menudo en nuestras opiniones,
actividad, me habia trasladado para observar los progresos y aunque raras veces de acuerdo, la intimidad no tardó en
de aquella compañía de comerciantes ingleses que, tan hu- establecerse entre nosotros.
nulde en sus principios, hizo ostentación de justicia y de Pasáronse dos años desde que habia dejado los placeres
buena fé á fin de captarse poco á poco la voluntad de los de Londres, y sus capitales estaban lejos de acrecentarse con
soberanos del pais; y que después de haber organizado ejér- la rapidez que se propusiera en sus ensueños de opulencia.
«tos para disputar á los holandeses el comercio de la canela — Me será pues preciso envejecer lejos de mi patria y de mis
y ae la pimienta, vende hoy dia los pueblos, y ejerce su in- amigos, le oí esclamar un dia, y no poseer tesoros sino
fluencia sobre los mismos tronos. cuando no podré ya hacer uso de ellos.
Trabé amistad en Madras, en la costa de Coromandel, — ¿Quién os impide el gozar desde luego de vuestra
con el joven Eduardo Seyton descendiente de una antigua fortuna?
familia de Escocia, y tataranieto del famoso Child, cuyo —¿Y acaso puede esta satisfacer á mis necesidades?
nombre figura tan tristemente en las primeras tentativas de ¡Cuan desgraciado es el hombre! añadió, su existencia no
la compañía. Seyton educado en Londres, en medio del es mas que un deseo frustrado, una esperanza burlada. Pa-
bullicio y la ostentación, „o ve¡a otra felicidad que la que rece no haberle el cielo dotado de discurso, sino para ha-
se disfru a entre los placeres de una grande opulencia. Des- cerle sentir mas vivamente la miseria de su naturaleza: nace
Ceín •?""•*" / " P " * r ' ^'""^'^ ^« 1"« él llamaba el codicioso y nada obtiene: su imaginación j<5ven y ardiente
t t Z r ' " * " " " ' " / ^ . ^" ^«™'"»' '««'¡«5 veinte mil li- crea delante de él un mundo de voluptuosidades, cuyo en-
aras esterlinas, y se fué á las Indias, según él, para hacer canto disipa siempre la realidad: sus ojos abarcan una es-
TOMO III. 4
31 2 6 !C
tensión inmensa, y sus manos nada pueden alcanzar. El emplear; que para disfrutar largo tiempo de su dicha, es
espacio de tierra donde nace, no produce lo bastante para necesario emplearla con cordura, y sujetarla al régimen de
él; los alimentos que deben sustentarle, el licor que debe la razón. Cuando la ha disipado locamente, cuando reco-
apagar su sed y reanimar sus fuerzas, el vestido que debe noce con dolor que ya no existe para él el porvenir, (pues el
defenderle contra la intemperie de las estaciones, todo se porvenir lo es todo para el hombre cuya inteligencia é ima-
halla situado lejos de él y solo puede procurarse todas estas ginación han tomado un vuelo demasiado rápido) la vida
cosas al precio de penosos esfuerzos, y peligros ciertos. ha perdido su objeto. Rico , colmado de honores; pero em-
—Pero vos solo habláis de aquel pequeño número de botada su alma se asemeja á una brillante carroza falta de
hombres cujas riquezas ó posición social, han puesto en caballos; es un verdadero navio cargado de oro, pero sin
estado de gozarlo y apurarlo todo, y cuyos sentidos fatiga- brújula ni piloto.
dos han creado en ellos nuevas necesidades. La muerte de Seyton dio margen á las reflexiones de
— ¿Y acaso existen los otros? repuso el joven. Solo aquel Eduardo. Acabó por fin conviniendo conmigo en que una
puede creer en la dicha, que ejerce sus facultades sensuales fortuna grande, así como un poder ilimitado, lejos de ha-
en toda su estension, y que goza de sus fuerzas por lo mis- cernos dichosos, es á menudo la causa de nuestra infelici-
mo que abusa de ellas. Desgraciadamente, continuó Sey- dad. Hasta tentado estuvo de vender un dia las acciones que
ton en tono mas tranquilo, tenéis razón, estos últimos son habia adquirido en la factoría de las Indias, y pasar una
los menos numerosos. ¡Cuántas existencias deben sacrificar- existencia dulce y tranquila. Pero en aquella sazón, la com-
se para el bienestar de aquellos! ¡Son necesarios todos los es- pañía se hallaba llena de engorros á causa de una guerra
fuerzos de un pueblo para formar la dicha de un monarca! larga y porfiada: habíase visto obligada á tomar á sueldo
Creéis acaso que estos desgraciados indios que nos rodean > numerosos ejércitos, comprarse amigos y desarmar ene-
¿creéis, repito, que no maldicen mil veces su existencia? migos. Por el momento los gastos sobrepujaban á los be-
¿son felices? neficios; las acciones perdieron de su valor, y los bellos
— Seríanlo sin duda , si vuestros compatriotas no tuvie- proyectos de Seyton se frustraron.—Tal vez, decía él, mi pa-
sen cual vos la misma idea de la felicidad. trimonio podria serme suficiente, pero si le vendo hoy día,
En este momento, reunióse con nosotros un oficial de la me quedarán á lo mas quince ó veinte mil libras; pero esto
compañía, que acababa de recibir noticias de Londres. Des- no es suficiente para vivir dichoso. En vano le repetía yo :
pués de los primeros cumplimientos de costumbre, y cuan- La compañía se halla actualmente en una situación difícil y
do el recien venido hubo dado á Seyton algunos detalles penosa: los franceses parecen querer facilitarse por el Egip-
acerca de sus amigos en la metrópoli ¿habéis oido hablar de to un camino para las Indias. Temed comprometerlo todo
Enrique Middietor? le dijo: al tiempo mismo en que queráis conservarlo. Pero por su
— Sin duda, ¡ hé aquí un hombre verdaderamente di- parte él no veía sino la desdicha de verse reducido á quince
choso I esclamó Seyton con aire de triunfo, y volviéndo- mil libras de renta: solo pensaba en la pérdida que habia
se hacia mí; una fortuna considerable, un puesto eleva- esperimentado y en la juventud que disipaba sin provecho
do, magníficos palacios en Londres y en Edimburgo, una á fuerza de placeres. La melancolía se apoderó de él, y acá -
casa de recreo en el continente , un tren de caza famoso en bó por creerse el mas infortunado de los hombres.
todo el norte de Inglaterra, los mas hermosos caballos, Entretanto la compañía no despendía sin gloria sus te-
una'mesa suntuosa, un palco en Convent-Gardeny otro en soros. En aquel entonces Heider-Alí y el bizarro general
Druy-Lane, amigos y servidores en todas partes. ¡Ah! por Sufíren no se hallaban ya presentes para poner coto á la
lo menos si es rico sabe gozar de sus riquezas, y dar á sus ambición de los ingleses. Tippoo-Saeb veía con dolor el im-
haberes un curso razonable. perio fundado por su padre próximo á desplomarse bajo el
-^El hastío podrá llgurar entre el número de estos últi- influjo deh cañón británico. Este grande movimiento de
mos, repuso riendo el oficial; porque Middieton ha muerto. pueblos y ejércitos y los graves intereses que se debatían al
— ¡ Ha muerto! estremo de la península, parecieron por fin llamar sobre sí
— Se ha suicidado. el ánimo de Eduardo Seyton.
— ¡Y qué! ¿ha esperimentado algunos reveses ? i Ha su- Fuimos juntamente testigos de la ruina de Mysora y de
frido pérdidas? la muerte de Tippoo. Este grande contratiempo le hizo
— No por cierto, tenia lo sobrado para vivir con como- echar una mirada irónica hacia sus propios infortunios,
didad, y el mas ágil de sus caballos no hubiera podido dar bien como las lágrimas y contracciones nerviosas de una co-
la vuelta á sus dominios en veinte y cuatro horas. queta , se acallan en vista de un dolor de madre. Pero los
—¿Le han vendido sus amigos, sus criados? preciosos despojos de Seringapatran espuestos ante sus
— No es probable. Sus amigos estaban bien alimentados, ojos, vinieron á dar de nuevo libre curso á sus ideas de
y abundantemente pagados sus servidores. En una palabra, opulencia, á sus pesares, á su tristeza y á su sempiterno
se lia muerto porque para él habia vivido lo bastante. principio acerca la imposibilidad de ser dichoso sin una gran-
— ¿Cuál era su edad? pregunté. de fortuna.
— Treinta y seis años. Hallábase de nuevo ocupado en sus anteriores disposicio-
— ¡Con una fortuna tan brillante! nes, cuando una misión importante le llamó á Male, capital
— ¿Qué vale el número de sus palacios, de sus criados y de las islas Maldivías. Debia ser un viaje de algunos días, y
de sus criados? esclamé también á mi vez volviéndome ha- por tanto resolví acompañarle. Embarcámonos enBaniany,
cia Seyton; el hombre mas rico solo puede ejercitar cinco en la costa de Malabar con el tiempo mas favorable. Pero el
sentidos. ¿Los ha usado? ¡Es viejo!... En vano procura viento no tardó en variar, y después de haber corrido varios
reanimar el fuego de la imaginación que lo anima y lo di- bordos á lo largo del golfo del Sind, nos vimos forzados á
viniza todo; su corazón late mas débilmente, el deseo no derivar. Sin embargo, al tercer dia apercibimos ya el nu-
ejerce ya imperio alguno sobre su sangre débil y relajada ; meroso grupo de islas. El viento calmaba, la noche no es-
entonces vé con amargura que el cielo no ha concedido á taba lejos, y temiendo ir á dar contra uno de los mil ar-
cada individuo sino un cierto número de emociones para recifes de las Maldivias, dimos fondo enfrente de una
» 27 K
especie de banco de arena situado á algunos centenares de dio, esto es el habitante, el propietario de lá isla. Era este
pasos de nosotros. un anciano de color aceitunado, y que aunque flaco, sin em-
El capitán de nuestro bergantín , viejo marino que había bargo el vigor y la robustez se notaban en su continente. No
pasado su vida recorriendo aquellos lugares, nos hizo en- bien nos hubo descubierto, cuando lejos de parecer intimi-
tonces, á fin de pasar el tiempo, la relación histórica de un darse vino á nuestro encuentro á paso precipitado, pintán-
terromontero que teníamos á nuestra vista. dose en su semblante la mas viva satisfacción.
Después de habernos descrito difusamente sus costas, ca- Después de habernos deseado según costumbre, la salud
bos y ensenadas; después de habernos indicado la dirección y las bendiciones de los pobres, entró en su cabana, sacó al-
de las corrientes y la posición de los arrecifes para ponernos gunas nueces de coco, pescado secado al sol, una grande va-
en estado de apreciar sus conocimientos marítimos: sija llena de agua de coco, y se sentó al lado de nosotros
— En otro tiempo, nos dijo, este islote se hallaba culti- después de haber estendido una especie de esterilla sobre la
Tado, y varias familias vivían en él con comodidad, porque menuda arena que tapizaba el suelo en derredor del co-
se encontraba en él un manantíal de agua potable, no muy cotero.
salobre, y su suelo era muy fértil. Pero un día.... hace ya Esta hospitalidad modesta y confiada, el lugar de la es-
tiempo de esto, una terrible tempestad tal como no se había cena y el cuadro á la vez simple y magestuoso que nos ro-
visto otra de memoria de hombre, trastornó enteramente deaba: ¡un peñasco, el cielo y el mar! aquel pensamiento
todo el golfo. Las aguas se elevaron á una altura prodigio- Heno de turbación que se apodera del hombre civilizado ,
sa , y formaron al mismo tiempo horribles torbellinos. Un cuando se siente vivir en un lugar tan aislado y tan poco
grande número de islotes sufrieron sus desastrosos efectos ; conocido del resto de los mortales, todo concurría para lle-
pero este sobre todo. Desapareció completamente por espa- nar de admiración el corazón orgulloso del inglés. ¿Pero este
cio de muchos días que continuó la tormenta: luego, en fin, espectáculo, no tenia acaso un encanto indecible para con-
cuando la mar recobró su calma, se le vio reaparecer en la migo mismo? Una ligera brisa soplaba por la parte del gol-
superficie de las aguas, pero enteramente despojado. Solo fo ; el sol que se elevaba detrás de él, alumbraba la copa del
era ya un esqueleto horrible. Las habitaciones, los diques, cocotero cuyas flexibles ramas hacían agitarse delante de
y aun el mismo suelo, todo había sido devorado por el mar. nosotros caprichosos dibujos de sombra y de luz y esta que
Un solo hombre, un solo árbol se sustrajeron al formidable se iba propagando poco á poco, matizaba el espacio de tintas
desastre. Podéis aun distínguir por entre la neblina, junto variadas. Hubiérase dicho que un movimiento de placer y
á una pequeña colina de color sombrío, una espesura ver- de vida se manifestaba en la misma isla que un momento
de, parecida desde aquí á una lijera nube que se cierne en antes nos parecía tan inculta y desierta.
la superficie de la isla. Es un cocotero que según dicen, fué Seyton , cuyas miradas se dirigían continuamente hacia
conservado en pié por los despojos acumulados á su rede- nuestro buque, cuyos masteleros, aparecían únicamente por
dor. Las aguas al retirarse le quitaron este apoyo; pero las encima de un montecillo pedragoso, solo pensó ya en in-
raices del cocotero se amparan con gusto de la arena, y ha terrogar á nuestro huésped. Hablaba éste el árabe, lengua
quedado en su lugar. En cuanto al isleño, ausente de su muy en uso entre los mahometanos de las Maldívías; y como
país cuando el huracán, consUtuye hoy día toda su po- nos hallábamos todos en estado de comprenderle, estable-
blación. cióse la conversación familiarmente entre nosotros.
— ¡Cómo! esclamó Seyton, ¿existe un hombre sobre — ¿Quién ha podido decidiros á vivir en este lugar aban-
esta pena? donado? preguntó Seyton.
— Así se dice. — El destino, respondió el indio cruzando los brazos so-
—Pero ¿cómo puede vivir en ella? bre su pecho y levantando la cabeza hacía el cielo. Después
— Lo ignoro. del funesto desastre, cuando volví aquí para ver si las olas
Esta relación habia picado nuestra curiosidad: decidióse habían por lo menos dejado en salvo el sepulcro de mi pa-
por lo tanto que al día siguiente por la madrugada ¡riamos dre y el de la que habia sido mi compañera; pero el mar
á visitar la isla. nada habia perdonado ni á los vivos ni á los muertos: nada
Al desembarcar en la playa, ningún objeto descubrimos encontré. Los palmeros plantados por mi mano en las dos
al principio que pudiera revelarnos la existencia de un ser épocas en que la Providencia bendijo mi raza, habían des-
humano en aquella árida soledad. Ningún indicio se hallaba aparecido juntamente con mis dos hijos. Un solo árbol, aquel
de tierra vegetal: veíase por todas parles un calizo áspero por el cual había mi padre señalado el día de mi nacimien-
cubierto á trechos de montecillos de arena. Sin embargo, to , quedaba en la isla. La voluntad del profeta me ordenaba
poco tardamos en ver la cúspide del cocotero que habíamos quedarme aquí. Le bendije, y doile gracias continuamente
perdido de vista, desde que nuestro bote estuvo cerca de la por ella, porque conoce mejor que nosotros el paraje donde
isla. A medida que íbamos adelantando, el árbol se en- debemos vivir felices.
grandecía á nuestros ojos; pero en vano nos esforzábamos en —Pero segun^eso, necesitáis siempre recorrer á vuestros
buscar algún rastro que nos anunciase la presencia del is- vecinos compatriotas.
leño. En fin, grande fué nuestra emoción al encontrar al — ¡Oh! dijo el indio sonriéndose, de veinte años á esta
pié del árbol una choza construida por mano de hombrj. parle yo solo basto para mis necesidades.
¿Era pues cierto que un hombre habita este yermo? — ¡Cómo! pero ¿vuestros vestidos, vuestros alimentosí
Sin duda será un infeliz que, disgustado de sus semejantes, —Todo lo tengo aquí, dijo señalando el árbol. ¿El co-
viniera á sepultar sus congojas en este árido desierto. Ha cotero no ha nacido por ventura de la sangre de mi
muerto de dolor ó de miseria, ó quizá desde lo alto de dios?... (1) Todo se halla aquí, repitió estrechando tierna-
esos promontorios, haya ido voluntariamente á juntarse con mente ol árbol entre sus brazos: sus grandes hojas, ¿no
aquella población amiga á quien habia sobrevivido. bastan acaso para cubrir mi choza, y librarme de los ar-
Tales eran nuestros discursos, cuando de lo hondo de una
roca escavada en forma de gruta, pero aun mas árida y des- (1) Los indios del Malabar, creen que el dios Yxora 6 Tshuren celoso de su
hijo Ceuxt le cortó la cabera que cayó sobre el monto Calaya, y fuo irasíor-
pojada que las demás, vimos dirigirse hacia nosotros un in- mada en cocotero.
X 2 8 l€
dientes rayos del sol? Con sus fibras mas sutiles, tejo mis las llamo, obedecen á mi voz y disfruto del dulce espectáculo
delicadas esterillas ; hallo en su fruto la leche que apaga mi de sus juegos y de sus amores.
Sed y conserva mi salud, la almendra que me sustenta , el —-^ Y son estos vuestros placeres?
aceite que dulcifica mis miembros y dá nuevo vigor á mi — No son estos los únicos que contribuyen á mi dicha. El
gusto. J^a primera corteza del coco me proporciona la borra sol de la mañana, la vista del mar y del cielo, las naves
preciosa con la cual he tejido el taparapo que me cubre y que veo pasar ante mis ojos, las luciérnagas que remoli-
las redes que me abastecen de pescado; porque el apetito nando por la noche cual un torbellino, brillan como peque-
del hombre es exigente, y no siempre es apto para el mismo ñas estrellas, de vez en cuando el jugo de mi árbol....
alimento; los vasos y demás utensilios de mi ajuar, ¿no lo —¿Así nada falta paes para vuestra felicidad ?
debo todo á este precioso árbol? ¿Qué mas puedo desear? — ¡Ay de mil respondió el anciano á quien esta pregunta
— El hombre no ha nacido para vivir aislado. ¿No habéis pareció dar que pensar un momento ; nada tendría que de-
jamás envidiado la suerte de los isleños vuestros vecinos? sear si el betel (1) creciese aun en Ja isla. En otro tiempo
— La faz del hombre tiene para mí mucho encanto , lo sus ramas se entrelazaban con los del agoti: multiplicábase
confieso; pero de vez en cuando recibo las visitas de los brillante y perfumado por el lado de aquel bosque de dáti-
pescadores, y su rareza las hace para mi mucho mas apete- les, dijo, señalándonos un terreno árido, sembrado de mus-
cibles. Todos mis recuerdos se hallan concentrados en este go y de liqúenes, y sobre el cual pudieran haber existido
sitio. ¿Qué iré á buscar á otra parte? ¿Y mi árbol?... ¿Pue- en otro tiempo las palmeras; pero sin embargo, me abas-
de este trasplantarse como mi cuerpo? ¿Por ventura no es tezco de él dando en cambio algunas cascaras de coco que
mi hermano de nacimiento, mi bienhechor, mi sosten, y trabajo con cuidado, y las telas y cuerdas fabricadas con las
el intérprete para mí de los decretos del destino? ¿No es el fibras que saco de la misma fruta.
mismo en donde hallo escritas las mas dulces emociones de — ¡ Cómo t ¿ comerciáis vos también ?
mi juventud? Mi padre lo ha plantado, mi madre le prodi- — El profeta bendijo el trabajo de los hombres y el pro-
gó los mas tiernos cuidados cuando los dos éramos aun jó- ducto de los árboles. Me ha concedido lo supérfluo : pero
venes y débiles. Fué el testigo de Jas épocas venturosas de algunas veces durante Ja estación de Jos vientos, las visitas
mi vida: cada uno de mis pasados años se halla grabado en Son raras y el betel falta.... ¿Qué hombre hay perfecta-
su tronco por un nuevo círculo.... ¡Abandonarlo! ¡jamás I mente dichoso? Vosotros estranjeros, parece que padecéis
Contad sus nudos, ellos os esplicarán mi edad, y decidme aun mas su privación p'orque vuestros dientes no tienen
luego si debo hoy dia comenzar una nueva existencia. ¡Y aquel color rojo común en los que hacen uso de esta planta.
la tumba de mi esposa! ¿quién cuidaría de ella? No encier- — Esta no crece en nuestro pais, le dijo Seyton.
ra ya su cuerpo, es verdad; pero allí es donde ella ha des- — ¡ Pais desgraciado !... Pero sin duda la Providencia os
cansado, allí es donde me complazco en renovar mis re- indemniza de ello con otros favores, porque su bondad es
cuerdos, desde allí dirijo diariamente al cielo mis súplicas. inagotable.
Este es todos losdias mi primer acto, y venia de cumplirlo ¡ Hombre sencillo I que en medio de tan grandes privacio-
cuando el sonido de vuestra voz ha llegado á mis oidos. nes encarecía aun la prodigalidad de la Providencia. Le
— Pero el hastío, le dije, ¿no viene algunas vecesá sor- dejamos maravillados de una filosofía tan simple y sublime.
prenderos y haceros la vida pesarosa ? De la otra parte del golfo , un imperio acababa de caer bajo
—¿El hastío? no puedo conocerlo: todos mis instantes es- los golpes de insaciable opulencia; pero yo no sé si el espec-
tán ocupados. Las tres cosechas de mis frutos, su prepara- táculo que nos habia presentado el pobre indio, nos causó
ción , las telas que debo tejer, el ajuar que debo reparar, aun mas impresión que la ruidosa caida de Jos sultanes del
mi cabana, la reparación de mis redes y la pesca por fin , Misora.
ejercicio tan agradable con un tiempo risueño y bonanci- Durante algún tiempo Seyton no se atrevió á quejarse
ble.... Pero á mas de esto, yo no soy solo el que habito en abiertamente de la fortuna y calumniar su destino. En vista
esta isla. Numerosas especies de aves marítimas fijan en ella de semejante recuerdo, sus miras ambiciosas se acallaban
su morada, y construyen sus nidos junto á mí, detrás de sin apagarse ; porque todos los hombres comprenden una
aquellas rocas.... Pero ¿no las veis como rozan lijeramente grande lección, pero pocos saben aprovecharse de ella.
con el mar y barren la playa con sus alas? ¿No las veis re- Después de haber permanecido algún tiempo en Male ,
montarse junto á nosotros con la ola que se acerca? Pues próximos á partir de las Maldivias, quisimos visitar otra vez
bien; ninguna de ellas me es desconocida : son mis compa- á nuestro huésped y su cocotero. Llevábamosle una porción
ñeros, mis-vecinos, mis amigos: me conocen, y en nada te- de betel; pero el bondadoso indio no debia recibir el pre-
men mi presencia. mio de su hospitalidad. Una vez llegados á la isla, ya no
En efecto, varias de aquellas aves, de largo pico y de vimos la copa del cocotero elevarse como un parasol de
alas blancas y azules, revolotearon bien pronto sobre nues- follage. Todo habia cedido al irresistible impulso de un fu-
tras cabezas y se posaron en grupo sobre una pequeña emi- rioso huracán. El hombre habia muerto y el árbol se ha-
aencia situada á Ja derecha del indio. Echóles este algunos llaba derribado. Yacían los dos uno junto á otro. Ahonda-
r^tos de pescado, y desaparecieron en seguida para ir de mos el tronco del cocotero, depositamos en él el cadáver, y
nuevo á volar circularmente en las orillas del golfo. la arena de la playa vecina les sepultó á ambos juntos.
—Este es un nuevo recurso que la Providencia ha puesto La isla se llama aun hoy dia LA ISLA DBI. COCOTERO.
en vuestras manos, le dije.
— ¡Yo destruirlas 1 ¡Y sin necesidad ! ¿Qué sociedad me ta,(1)cuya El betel es una planta, especie de enredadera del género de la pimien-
toja mascan continuamente los indios después de haberla prepara-
quedaría entonces? Al contrarío, cuando mi pesca ha sido do con una mezcla de nuez do arce y de cal.
abundante, tienen también ellas su parte; y así, cuando
31 29 Sí
I.
El siglo de Santo Tomás de Aquino fué el siglo de Ino- frente del hombre brillan la calma y la serenidad del án-
cencio III y el de San Luís, el siglo de Alberto el Grande y gel; nada es bastante á distraer la solicitud y el trabajo de
el de Rogerio Bacon, el siglo de Giotto y el de Dante. En un alma que traza su senda al destino humano, entre los
ese siglo aparecieron la catedral de Colonia y la Suma de escesos del racionalismo y los desvíos del entusiasmo místi-
Teología, la Divina Comedia y la Santa Capilla, la Imilacion co, entre el furor de los pueblos y el despotismo de los re-
de Jesucristo y la catedral dp Aniiens. El siglo aquel fué tan yes, entre los escollos de la fatalidad y la efervescencia de
fecundo en grandes hombres y monumentos, que para dar las pasiones.
la lista completa de los unos y de los otros fuera preciso Hasta ahora no se habia considerado á Santo Tomás sino
compaginar un tomo; de modo es que seria un problema como á un piadoso cenobita, ó mejor, como á un profundo
tan curioso como intrincado esplicar cómo ha podido ser toólogo: teólogo especulativo y teórico, que en el secreto
que semejante época, en las apreciaciones de los historia- de su estudio se encumbra á las regiones del dogma, y des-
dores, haya podido con£imdirse con las épocas ordinariasde de el fondo de su claustro no se digna siquiera dispensar
la vida de la humanidad, y aun ser colocada bajo el nivel una mirada á su siglo que pasa junto á él. Sin embargo al
común de los siglos. Cuando resucitamos en nuestra me- estudiar las realidades de su existencia, al ponerse en pa»
moria y recordamos las maravillas del siglo xiii, no pode- rangon sus obras con sus actos, reconócese en él uno de
mos dejar de sorprendernos y de consolarnos á la vez de la esos genios impresionables y activos, que reclaman siempre
ignorancia y de la injusticia de los hombres. las ideas de su época , ya para que despleguen contra ellas
Sube de punto empero la sorpresa, al considerar con ma- toda la robustez de su poder, oponiendo un dique á su des-
yor atención aun el vasto movimiento que en aquel enton- ordenado movimiento, ya para lanzarse en medio de ellas
ces se realizaba en el seno de la humanidad: entonces, en prevaleciéndose de su dominación para dirigirlas. Genio
el siglo xiii, aparecen las universidades de Oxford y de Pa- estraordinario sin embargo y que descuella sobre los demás
rís, los establecimientos de San Luis y la Gran Carta ingle- genios que han llevado semejante destino, porque para al-
sa, el orden de Santo Domingo y el de San Francisco. Los canzar y ejercer esa alta prepotencia del pensamiento no
arquitectos del norte y los pintores del mediodía, crean es- hubo menester ninguna de esas posiciones elevadas que
cuelas tradicionales; invéntase la pólvora; descúbrese el te- pueden considerarse como el trono esterior; simple reli-
lescopio; consígnanse las leyes de la gravitación; renacen y gioso cuya dominación reconocerán precisamente las ideas
se consagran los principios de la representación política y contemporáneas, ya porque las pulveriza la lógica de aquel,
délas deliberaciones parlamentarias; la fraternidad cris- ya porque se someten espontáneamente á su dirección. Uno
tiana penetra mas hondamente en las leyes , y constitúyense y otro carácter presentará su imperio; sin embargo, mas
de un modo decisivo las grandes nacionalidades modernas: que contrariar á su siglo , lo secundará; pues al tomar él
lasarles, las ciencias, los sentimientos generosos,, las gran- parteen el movimiento de su época, este movimiento era
des ideas, todo fermenta en el fondo de los corazones, y se hacia el bien, hacia lo bello, hacia la verdad, hacia la vir-
hace visible en obras é instituciones inmortales. La sociedad tud; ¡el movimiento del siglo era Dios!
entera se agita sobre sus bases antiguas, y esquivando de su Cuando se considera sintéticamente la historia de un si-
seno contrarias influencias y abriéndole á las inspiraciones glo para estudiar su movimiento, para reconocer su fisono-
celestes, cambia paulatinamente de horizonte; y con mayor mía entre los diferentes rasgos característicos que ofrece, el
resolución avanza hacia la conquista de sus grandes desti- primer objeto que llama la atención es la marcha de las
nos. Genios poderosos fueron sus promotores y guias; sin instituciones y de los acaecimientos políticos. Esta es, digá-
embargo entre todos estos, en el centro de ese siglo, álzase moslo así, la forma esterior de la vida de las naciones, y
Santo Tomás de Aquino eclipsando la luz de todos esos sa- ahí es donde se echa de ver mas ostensiblemente el trabajo
télites de la gloria, como el astro dominador en el cual, y los progresos. Las artes ocupan un lugar secundario, por-
como veremos después, fué simbolizado su genio. Ese hom- que su significación es mas difícil de comprender, sin em-
bre resume en sí lo mas puro y lo mas fuerte de su siglo : bargo de que en el fondo encierran mas directamente el pen-?
en el está personificado el poder que á pesar de todo sub- samiento vital de la época. Enelartehaymasespiritualismo
yuga finalmente y domina los demás poderes, el poder del que en la política , y por esta razón tiene aquella mas vida.
pensamiento. Ningún otro halló asiento en su vida. Vida Avanzar por consiguiente en la consideración del arte, es
completamente abstracta, vida de la cual pudo decirse que adelantar un paso en el conocimiento de un siglo. Empero
no tema otros acaecimientos que sus ideas; pero que sin el estudio de las ciencias despeja todavía mucho mas este
embargo no dejó de ser militante, trasformándola las lu- conocimiento; las ciencias forman el dominio propio del
chas mcesantes del pensamiento en un drama de una natu- pensamiento, porque en ellas se desenvuelve casi sin obs-
raleza sublime y casi sobrehumana. Con efecto; en pos del táculos, en ellas amalgama los elementos que le proporcio-
combate que después de atravesar diferentes fases le colocó nan las épocas anteriores, y les dá su propia fisonomía, en
en el trono de la inteligencia, viene la lucha que debesos- ellas en fin revela completamente su inspiración y su natu-^
tener sin tregua ni descanso contra los innumerables ene- raleza. Sin embargo, no está ahí el santuario del pensa-
migos de la religión y de la sociedad. Eso no obstante, en la miento , no es en el corazón donde encontraremos el ele-»
M 30 %
mentó esencial de la vida; para conocer complelamente el el espíritu general que imperaba entonces en el seno de la hu-
pensamiento y la vida, preciso es sondear la inmediata in- manidad. En ninguna época de su historia, Francia trabajó
fluencia de la religión sobre un siglo. como entonces en la realización de sus grandes destinos, y
Una rápida ojeada sobre el movimiento político, artísti- en la felicidad de las demás naciones cristianas. En los pri-
co, científico y religioso del siglo xiii, no solo nos revelará meros años de este siglo, Felipe Augusto, uno de sus mas
los arcanos de esa importante época de la vida déla huma- escelentes monarcas, consagra solemnemente en la san-
nidad , sino que nos hará verlas relaciones y recíprocas in- grienta batalla de Bouvines y á despecho de sus eternas
fluencias de la historia dé ese siglo y de la historia de Santo enemiüas, Inglaterra y Alemania, la independencia de sus
Tomás. hijos y la integridad de su territorio. Bajo este príncipe y
El movimiento político de las naciones cristianas en el sus sucesores, Francia lejos de dejarse cercenar , engrandé-
siglo XIII, hecha abstracción del movimiento religioso que cese con asombrosa rapidez, como si una fuerza interior y
casi constantemente lo domina, es un trabajo de organiza- divina la impeliera; y se esfuerza por alcanzar en todas par-
ción, de unidad y de libertad. Los diferentes elementos de tes á sus límites naturales: en el Norte y en el Oeste con-
que se componen los pueblos de Europa, es cierto que ha- quista sucesivamente á Flandes y á Normandía, y las pro-
blan principiado á fundirse en el primer período de la edad vincias de Anjou, Poitou, Saintonge y Turena : la de
media, y ya se descubrían entonces los primeros lincamien- Tolosa, que era, por decirlo así, una república regida por
tos de las grandes nacionalidades modernas. Pero hasta el un conde, estado que databa de una fecha mas antigua que
siglo XIII los elementos homogéneos no se combinan para la monarquía , sométese al par que Navarra, y dá á Francia
no descomponerse jamás; y entonces la naturaleza del país, por límites los montes Pirineos. A este trabajo de espansíon
las propensiones de las razas y la influencia de los acaeci- corresponde otro de cohesión y de unidad, y en este está
mientos esteriores, señalan definitivamente los límites y tra- la gloria especial de Luis IX. La policía interior del reino,
zan las configuraciones. Entonces también los caracteres de un sistema completo de legislación, la ordenada adminis-
los pueblos toman su fisonomía y se armonizan , y bajo el tración de justicia, las relaciones de la Iglesia con el Esta-
dominio de los hechos realízanse con mayor espontaneidad do, Jas garantías de la libertad individual, y la moralidad
las leyes que presiden á la formación de las sociedades. Di- de las transacciones mercantiles, en una palabra, todo lo
fícil fuera á la verdad aplicar á la primera, á la mas anti- que forma la unión y la felicidad de las naciones, conserva
gua de las naciones de aquel entonces, esa apreciación gene- todavía el sello de aquel genio religioso. El abre al comer-
ral ; pues no le pertenecía evidentemente el porvenir; otra cio nuevas sendas , y revela la del porvenir creando una
nación se elevaba al rango de que ella descendía con rapi- marina nacional. Rechaza á los ingleses, y sujeta á sus sub-
dez. Alemania se agotaba y desmembraba en su lucha con ditos rebeldes; desconcertando su independencia usurpada,
la Iglesia, que nosotros consideraremos bajo un aspecto mas ahoga los mas funestos gérmenes de odio y de discordia; dá
moral y elevado. El espectáculo que ofrece el Santo-Imperio al traste á la vez con los obstáculos que le separan de su
durante casi todo ese siglo, es una mezcolanza de usurpa- pueblo; llámale á la representación política, y merced á
ciones, de deposiciones, de asesinatos, de guerra civil, y de esta mutua cordialidad del pueblo y del monarca , la nación
completa anarqiu'a. Una individualidad domina primero por se encumbra á su primitiva grandeza y vuelve á calcarse so -
espacio de algunos años las pasiones y los acontecimientos; bre sus verdaderos cimientos.
los resortes todos de esa vasta organización, de ese cuerpo Un rasgo particulardistingue esencialmente en esta época
múltiple y diforme que alcanza desde los frios montes de á los destinos de Inglaterra y los de Francia. En una y otra
Lituania hasta las ardientes llanuras de Sicilia, parecen con- parte échase de ver el progreso; pero al propio tiempo que
centrarse en la potente mano de Federico II nieto de Bar- Francia lo realiza por impulso de los soberanos, en Ingla-
baroja. La mente y el corazón de ese hombre contaban con terra debe triunfar de su obstinada voluntad y de su oposi-
bastantes y aun sobrados recursos para purificar la legis- ción desesperada. Esta resistencia no se refiere tanto al ca-
lación y realzar el poder del Santo-Imperio ; pero agotó rácter personal de los príncipes, como á la naturaleza del
la energía de su alma y la fuerza de sus Estados, en luchar feudalismo, cuya gerarquía estaba mas arraigada, y por
contra un poder en el cual cometió el desacierto de no re- consiguiente era mas difícil socavarla en aquel pais. Pero esa
conocer el principio vital de su época. Sentado por la Igle- libertad inglesa que echa por tierra sucesivamente todos
sia romana en el trono imperial, trató de ahogarla entre sus los obstáculos que se le oponen, la ineptitud y crueldad de
brazos. Pero la ingratitud es un funesto consejero: en ta- Juan Sin Tierra, la calculada tiranía y las hazañas militares
maña empresa sucumbió él, y con él su raza. En el fondo de Enrique III y de Eduardo I, no hacen masque trazar me-
la obra de la l'rovidencia sigue su curso á través de las do- joría marcha del espíritu humano durante el siglo xiii. En
lorosas vicisitudes de las familias y de las sociedades, á tra- el planteamiento de la Gran-Carta bajo el primero de esos
vés de la insensata oposición de los hombres, y en la caida reyes, confirmada en el reinado del segundo, por los esta-
de la casa de Suabia, estréllanse los elementos idólatras y ro- tutos de Oxford, y por la admisión de los comunes en el
mano que predominaban en la constitución de la antigua parlamento, bajo el gobierno del tercero, los políticos han
Alemania, hasta el punto de demorar la consolidación de podido ver al hombre fuerte alzándose de su sueño, según
la paz y de la armonía. A favor de estas luchas, emancí- la sublime espresion de Milton, y sacudiendo su indomable
panse Polonia y Hungría; Prusia protegida por la espada de cabellera; pero si se tiene en cuenta, que en esa carta,
los caballeros teutónicos, procura adquirir vida propia; el que consagra realmente todas sus libertades, el pueblo in-
reino de Ñapóles se desase del imperio para ser la conquis- glés vio en la citada época la renovación de las Leyes comu-
ta de un hermano de San Luis, y se prepara finalmente el nes de San Eduardo el Confesor, que un ministro déla
glorioso reinado de Rodolfo de Hapsburgo. religión, Esteban Langton, arzobispo de Cantorbery, redac-
El genio francés habia comprendido mejor las tendencias tó esta acta fundamental, que está embebido en el espíritu
de su época, ó para hablar con mayor exactitud , era el que del cristianismo, no se podrá dejar de reconocer la mani-
por su carácter natural, ardiente y caballeresco, y por un festación de un principio superior. Losestravíos y sangrien-
especial favor del cielo, se identificó mejor que nadie con tos comentarios á que dio margen en épocas sucesivas, no
X 31 K
deben ser parte para que se desperdicie su origen ni su ob- acusaciones y reproches. Nunca se ha proporcionado bien
jeto. Sin embargo, la acción de este principio divino se re- alguno á los hombres qué con sus mentidas interpretacio-
vela con mayor fuerza en España y en Italia por razón del nes no lo haya emponzoñado cierta filosofía; dijérase ser el
carácter de ambos pueblos y de Jas circunstancias que los odio su elemento, y el constante objeto de sus afanes parece
rodean. Suscitando la energía vivaqueen su seno encu- ser el mal en la sociedad. En esa protección que el papado
bren, salva al uno de los siniestros proyectos de una nación dispensó por espacio de muchos siglos á todos los que su-
estranjera, y al otro de los furores mas terribles todavía de frían, pueblos ó individuos que imploraban su socorro,
la guerra civil. Merced á su impulso, la raza cristiana de nunca quiso ver aquella sino los efectos de la ambición y de
los godos reconquista del poder de los altivos hijos del isla- la tiranía. Es innegable que las pasiones abusaron á veces
mismo una patria que la usurpación retenia en manos de de este inmenso poder confiado á un hombre solo por el re-
estos desde mas de quinientos años atrás; reúne á princi- conocimiento unánime de las naciones cristianas; pero ge-
pios de este siglo á los soberanos que se reparten los restos neralmente ese poder contribuyó á la rehabilitación de los
de la antigua España , y en el campo de batalla de Tolosa pueblos, al bienestar geaeral de la humanidad. Nunca por
iiunde para siempre la.altivez y el poder de los moros. El otra parte fué erigido en principio, ni considerado como
movimiento ha comenzado ya: Jaime el Conquistador, rey elemento esencial del papado. Era esclusivamente una in-
de Aragón , se apodera de Mallorca y de Valencia; San Fer. tervención suprema y moral; y si vivifica con sn influen-
nando, rey de Castilla , somete por su parte los reinos de cia , si corona con su majestad el edificio social, no lo hace
Córdoba, Murcia, Jaén y Sevilla. Todavía hace mas; tra- como poder político, sino como representante espiritual de
liaja en la unidad política de España, y dá la última mano la justicia y de la verdad.
á la obra de su legislación. Entretanto Italia parece desti- En la época en que el papado acababa de llegar al apogeo
nada al imperio de la discordia: güelfos y gibelinos, italia- de su poder, cuando Inocencio III sobrevivía aun en la ener-
nos y alemanes, asólanla á porfía: tal es el fatal legado del gía de sus sucesores y en el sorprendente prestigio de que
antiguo paganismo. El historiador de esas terribles épocas habia revestido la tiara, cuando su imitador Inocencio IV
solo avanza al través del hierro y del fuego, incedo per ig- acababa de deponer en el concilio de Lyon al emperador de
nes; su misión no parece ser otra que la de consignar crí- Alemania, Tomás de Aqnino que en aquel entonces se en-
menes y ruinas. Eso no obstante, nótese también como ante contraba en el lleno de su autoridad científica, traza, en un
las hazañas y las virtudes de las repúblicas italianas de la libro escrito para un joven monarca discípulo suyo, lateo-
espresada época, palidecen Jos tiempos heroicos de Grecia. ría completa de la organización política. Bajo este punto de
Genova y Milán, Pisa y Florencia, Bolonia y Ferrara, al- vista recorre todos los grados de la escala social; y en nin-
canzan un grado tal de esplendor y desplegan un ardor pa- guna parte halla esa pretendida soberanía temporal del ro-
triótico tal, que uno no puede menos de preguntarse á cada mano pontífice, que la impiedad, por un singular anacro-
momento cuál era el principio vital, en la ¡actualidad casi nismo, quisiera todavía presentar ahora como el espantajo
estinguido, que fermentaba en el seno de aquellas ciuda- de los pueblos y de los reyes. Sin embargo en ese libro el
des florecientes. V'eneaia, esa solitaria reina del Adriático, Doctor Angélico muestra incesantemente la religión como
que ahora no tiene mas que fiestas para consolarse de sus único principio de progreso y de vida para las sociedades,
pasadas grandezas, era bajo el gobierno de su anciano dux como el último resorte, y al propio tiempo como el esclusi-
Enrique Dándolo, una potencia de primer orden por sus vo freno del poder soberano. Así es como por la idea y por
conquistas en Oriente, Pero lo que distingue masía fisono- el ministerio de la enseñanza se emposesíona de la dirección
mía de esas repúblicas altivas, es el odio contra la domina- política de su siglo. No se desdeña ese genio especulativo
ción estranjera, contra el yugo del emperador. No es ne- de descender á la aplicación de sus teorías sublimes, y esto
cesaria la elocuencia de Demóstenes para sublevarlos contra en dos circunstancias principales; la primera al aceptar de
los proyectos del macedonio : una niña de diez años se pre- una corte del norte la misión mas importante y delicada,
senta en la plaza pública de Viterbo, y los habitantes de porque se referia no solo á la organización de la hacienda,
esta ciudad hácense invencibles á los furores, al poder y al sino también á la fusión de varias razas encontradas en un
genio de Federico II. Pues bien, á nuestro ver la espresada solo cuerpo nacional, y la segunda al entrar en los consejos
virgen, que la religión colocó después sobre sus altares, no de Luis I X , precisamente durante los años que señalaron
fué mas que una hermosa personificación del misterioso po- las principales reformas en el Estado, las mas heroicas vir-
der que libra y salva á los pueblos. tudes sobre el trono. El Doctor Angélico ha querido ocul-
tarse bajo el velo de su humildad, durante ese gran período
La brillante fórmula de ese poder debía encontrarse per-
de la política francesa; pero deber de la historia es sondear,
sonificada, y lo estaba en efecto, en el jefe supremo de la
en cuanto pueda, los arcanos de la santidad, y la historia
Iglesia. Desde el comienzo de la lucha ,y por un movimien-
nos describe á Santo Tomás dando impulso al movimiento
to de una inspiración .simpática y espontánea, habia tomado
político de su siglo, no solo como eminente órgano del pen-
bajo su alta protección la independencia y la prosperidad
samiento cristiano, sino como hombre práctico y legislador
de .as repúblicas lombardas. Este es un hecho altamente
político.
glorioso para la autoridad pontificia, y no han podido me-
nos de reconocerlo así sus mayores enemigos. En vano se Ya se vé que en el dominio de las artes no podia obtener
objetará para amenguar el mérito de esa acción que en el un título igual, y sin embargo , su influencia en esta otra
mterés de las ciudades protegidas, estaba envuelto el inte- faz de la vida social fué mas poderosa y decisiva, porque se
rés del pontífice romano. Tamaña suposición se desvanece formó en la elevada región de los principios. El arte en su
por sí propia ante los demás hechos que se agrupan en tor- significación mas filosófica, y especialmente en el pensa-
no del que acabamos de esponer: ¿qué interés político ha- miento de la edad media, es la imitación de las operacio-
bría podido inducir al Papa á proteger á la vez y con las nes divinas. La idea de arte implica radicalmente la de crea-
mismas armas el bienestar y la libertad de cien pueblos dis- ción, porque crear es manifestar esteriormente una idea
tintos situados en uno y otro confín del imperio cristiano? preexistente, es revestirla de una forma sensible, así es que
Pero hé aquí que esto es un motivo mas fecundo todavía en Dios, á quien Platón en su lenguaje sublime llamaba el
X 32 le
eterno geómetra, es también el supremo artista: su obra es ración crea su obra, y su obra es é l : así cuando hace ya
él universo. Con efecto, el universo no es masque la reali- largo tiempo que él ha desaparecido de la escena del mun-
zación esterior y sensible de los tipos inmateriales que sub- d o , y ha desaparecido entre los resplandores de su inmor-
sisten en su unidad; así siendo Dios el propio modelo que talidad, vive todavía, palpita aun en el monumento; y se
Reproduce esteriormente creando, el divino artista se e s - le puede contemplar en la imperecedera imagen que de sí
presa en su obra. Con este don de la creación toma un nuevo propio ha dejado. Pero como el individuo cuando ha llegado
aspecto; se anima, se espiritualiza; y en cada forma pasa- á esa altura de poder, es la espresion del centro social en
jera, en cada ser fugaz, resplandece el modelo eterno. Así que ha vivido, como nadie escapa á la influencia de todo
escomo Dios habita y llena de sí el universo, y desde e n - cuanto constituye la sociedad humana en una época determi-
tonces el universo según la hermosa ¡dea de los antiguos, es nada, á la iníluencia de las doctrinas recibidas, de las creen-
verdaderamente el templo de Dios , el velado santuario de cias establecidas, déla civilización , délas costumbres, d é l a
una luz misteriosa , en^que reside visible y oculto. Esta es- filosofía, de la religión, no es un hombre solo, sino la época
posicion del mundo es original d c S a n t o Tomás de Aquino; entera lo que se encarna en este monumento; y sien lugar
en su esplicacion del símbolo, el mundo material aparece de un artífice suponemos que generaciones enteras hayan
ordenado por gerarquías, como el mundo de las inteligen- trabajado en la construcción del edificio, entonces concebi-
cias; los seres que lo componen forman una escala que con- remos fácilmente que la significación del arte se ilumina y
duce hasta Dios, y por ella van subiendo á proporción que se ensancha, y que la historia íntima de una nación se e s -
reciben y reflejan con mayor abundancia los rayos de su ma- cribe con los sillares de un monumento. Supóngase además,
jestad suprema. El alma, que va subiendo esas gradas, vé que haya aparecido un genio, que llegando por el derecho
cada vez mas distintos los rasgos de la imagen divina; Dios de las ideas á ser el preceptor del género humano, haya
es el término de esa peregrinación ascendente, pero Dios formulado para todo un siglo la enseñanza filosófica y reli-
visto únicamente á través de esos espejos cada vez mas per- giosa, y se comprenderá todavía mas claramente la influen-
fectos, sobre los cuales se digna destellar su inmortal b e - cia de ese genio sobre las creaciones del arte. Sus teorías
lleza. científicas, sus especulaciones abstractas tomarán un cuer-
Así debemos juzgar las creaciones del arte. El artista, p o , se revestirán de una forma sensible, y se alzarán con
como Dios, se pinta á sí propio en su obra, é imprime en las bóvedas de un templo, y resplandecerán en los cristales
ella su carácter y su genio. Cediendo al soplo de la inspi- ó en el lienzo, y resonarán en fia en los acentos de la poesía.
Excerpta.
El que conoce á los hombres es hábil; el que se conoce á sí mis- Tres cosas tienen gran mérito en otras tantas circunstancias ; so-
mo es verdaderamenle ilustrado. correr á los desgraciados, cuando se está necesitado; decir la verdad
LAO-TSEO. cuando se está encolerizado y perdonar cuando se es poderoso.
VSCHENK.
Cuando la especie humana se degrada, es muy difícil saber cuáles
son los limites que se pueden Ajar á su perversidad. La superstición origina y fortifica á menudo la incredulidad.
WALCKENAER. SALFI.
La ley debe ser la justicia escrita. Las mujeres son las queridas de los jóvenes, las compañeras de
DE LEVIS.
los adultos y tas nodrizas de los niños y ancianos.
Cuando nos remontamos hasta el origen de los males que en dife- OxEKSTIEBN.
rentes épocas y en varias regiones del universo han afligido á la Igle-
sia de Jesucristo, siempre vemos que es aquella causa ú origen, vil, La perversidad hace el mal, la debilidad lo consiente y la igno-
indigno y detestable. fancia lo aplaude.
SACV.
B. DE HENRIOK.
. LOS deseos de nuestra vida forman una cadena cuyos eslabones son Vivir aislado, es el castigo del que quiere elevarse en demasía.
las esperanzas. SAINTINE.
SÉNECA.
Las almas sublimes pasan por sobre la multitud, la cual conside-
La falsa gloria y la falsa modestia, son los dos escollos de los que rándose ultrajada por su grandez.a , procuran detener su vuelo 6 vol-
escriben su propia vida. verlas en ridiculo tratando de locura aquellas acciones que hundida
DE IÍETZ. en la oscuridad no puede ni admirar ni menos comprender.
El que está contento de si descontenta á muchos. H. Foscoto.
ALHÍ. ün mendigo africano decia • « ¡ Oh ricos, si vosotros fueseis equi-
Los que han hecho un mal uso de su talento, desprecian á los que tativos y nosotros conociéramos la lemjjlanza, ya no habria necesi
le fian empleado bien, asi como en ciertos paises, no tener bocio es dad de la limosna ! »
considerado como un defecto corporal. SAAOI.
Filosofía ideal.
ESTÉTICA.
/.a Academia. — La Agoró ó asamblea. — División del año entre los griegos y romanos. ^- Atenas.
— Bárbaros.—Matrimonio y casa griega.— Casa romana.
La Academia estaba situada al N. O., á seis estadios de de Juno, y á los restantes según la cuenta: Quinctilis,
Atenas, á orillas del Cefiso, al principio dedicada al héroe Sextilis, Sepíember , October, November , December. Mas
Academos, y gimnasio después, en medio de amenas plan- adelante recibió el Quinctilis, de Julio César , el nombre de
taciones de plátanos y olivos , dispuestas por Cimon. Hahia Julius, y el Sexlilis, de Augusto , el nombre de Augustus,
allí un altar de las Musas, con estatuas labradas por £s- El principio del mes se determinaba por el novilunio. Des-
péusipo , altares del Amor, de Hércules , de Prometeo, un de una casa edificada al intento en el monte Capitol¡no(Ca-
pequeño templo de Minerva , etc. Allí enseiíó Pl?ton, y na Calabra) debía un funcionario público, mas tarde el
después de él sus discípulos, quienes de aquel sitio, tomaron Pontifex Maximus, invocar la luna nueva (/ía/are, de donde
el nombre de académicos. La Academia fué respetada por kalendw). La mitad del mes, señalado por Idm[áe\ etrusco
los mismos enemigos , hasta que Sila mandó cortar los ár- iduare , dividir ; compárese div-idere), indicaba el plenilu-
boles para mnquinas de guerra ; pero el tiempo reparó este nio ; según eran los meses mas ó menos largos, sucedía esto
daño. La quinta que tenia Cicerón cerca de Puteoli , reci- en algunos!marzo, mayo, julio y octubre) el 1 5 ; en los
bió el nombre de Academia; y también en su Tusculanum restantes, el 13. Además, el noveno dia antes de los Idus,
tenia el célebre orador romano una Academia , la que es incluso este y el dia de los Idus, se llamaba Nonae (de novem).
probable fuese un pórtico. Los dias restantes se señalaban desde estos hacia atrás, como
Agora denota , en su primer sentido , asamblea del pue- dias anteriores, con la fórmula ante diem Calendas, en vez de
blo, sobre todo en los tiempos heroicos; pero pasó á signifi- die ante Kalendas , etc. Numa Pompilio añadió el Januarius
car después el lugar donde se veriñcaba la asamblea, lugar (deldios Jano) y el/e6rMarí«s, elcual recibió su nombre del
que era entonces la plaza destinada para la reunión de las grande sacrificio general propiciatorio (/e6r«a/ía), que se ce-
gentes y el comercio, ó sea el mercado. E>te sitio estaba lebraba al fin de cada año (por ser este al principio el último
adornado de templos, de estatuas de los dioses, y de edifi- mes del año). De este modo vino á formarse un año lunar
cios públicos, por ser el punto de reunión de la vida civil de 3S4 dias. Para igualarlo con el año solar, intercaló ca-
y política. La Agora de Atenas era notable por su magnifi- da dos años un mes , mensis intercalaris f-iusj ó Mercedo-
cencia. El comercio en ella era libre para los nacionales ; nius , entre el 23 y 24 de enero. Mas como por efecto de
pero los estrangeros tenian que satisfacer una contribución negligencia se había introducido un grande desorden , y
á los «agoranomos,» ó inspectores del mercado. Las di- todos los meses estaban dislocados, como Pontifex Maximus
versas partes del mercado llevaban el nombre de las mer- que era , mandó Julio César arreglar por el matemático
cancías que en cada una de ellas se yenáia. El mercado es- alejandrino Sosígenes (en el año 708 ü. G. ó 46 antes de
taba abierto, á nuestro modo de contar , de nueve á doce. J. G.) un calendario perfeccionado que contenia tres me-
Generalmente aparece también el mercado como punto ses intercalares. En el año bisiesto, cuando febrero tenia
céntrico de todas las fiestas y solemnidades. 29 dias , el 24 ó 2o era llamado sexlus Calendas Martias ,
Al fijarnos en la división del año entre los griegos y ro- y bisexlilis el año. Los antiguos romanos dividían las sema-
manos , en unos y otros encontramos desde un principio nas por los dias de mercado ó de juzgado {nundinw de no-
meses lunares. Entre los griegos, llamábase lo'jowa. el pri- vem dies) , en que pasaban del campo á la ciudad ; pero en
mer dia del mes, que principiaba la víspera del novilunio, tiempo del imperio , contaron ya por semanas de siete dias
y era consagrado á Apolo ; por consiguiente , el plenilunio {hebdomades). La reseña del año se llamó Kalendarium;
indicaba la mitad del mes. El mes constaba pues de 29 dias por cuyo nombre entendían también un registro de deudas,
y de unas 13 horas, alternando con meses de 30 dias y por cuanto en las calendas debían pagarse los intereses.
meses de 29 dias. Para igualar al año lunar con el solar , Álhenae , ahora A.9tva , en boca del pueblo , Setlines , ca-
ya desde el tiempo de Solón , se intercalaba cada tres años pital del Ática, y la ciudad mas considerable de Grecia ,
un mes de 29 ó 30 dias , de modo que el año común cons- constaba de dos partes: de la ciudad y de los puertos ; los
taba de 354 dias, y el bisiesto de 383 ó 384. Pero también cuales estaban unidos por largas murallas. Nada se sabe de
el año bisiesto tenia un esceso de 7 '/i ilias, por donde de- cierto sobre la estension de la ciudad antes de la guerra
bía suprimirse de cuando en cuando el mes intercalado. El pérsica. Temístoclos íué el primero que echó los cimientos
año ático empezaba con eJ solsticio de verano, siguiéndose de su grandeza, levantándola mas magnífica que antes,
los meses á contar desde la segunda mitad de julio hasta la después de destruida por los persas , y uniéndole el puerto
primera del mismo mes. El mes intercalado era un segun- importante del Pireo. Según Tucídides, tenia su circunfe-
do mes que metían á la mitad del año. Cada mes se dividía rencia 174 y, estadios, ó 8 leguas españolas , de las cuales
en tres décadas. correspondían 75 á la larga muralla que la unia al puerto,
Entre los romanos, Rómulo, según la tradición, dividió 43 á la misma ciudad (mas de una legua), y 86 '/, á la
el año en diez meses , dando al primero el nombre de su ciudad del puerto, por donde se echa'de ver que el ámbito
divino padre, Marte, Martius; al segundo le llamó Aprilis, de Atenas era casi igual al de Roma; si bien es verdad que
del abrirse las yemas de los árboles {aperirej; al tercero no ocupaba mas que la cuarta parte de su superficie. El to-
Majus, de Maja, madre de Mercurio ; al cuarto Juniut, do contenia diez mil casas, y según la estima del Boeckhs,
39 K
contaba 180,000 habitantes, aunque según otros, pasaba iheiíaion al S.; Agrai y Diomeia al E. Al O. del castillo se
poco su población de 100,000 almas. Si esceptuamos los levantaba la colina peñascosa del Areópago, tan cerca, que
edificios públicos, eran pocas las casas magni'ficas (cons- desde ella pudieron pegarle fuego los persas con saetas en-
truidas de madera ó de adobes); las calles eran general- cendidas. Al estremo oriental de la colina habia el tribunal
mente irregulares y angostas. Aun en el dia se dejan seguir del Areópago y el templo de las Scmnai (Euinénides), y el
y determinar las murallas de la ciudad propia. Estendíase Kyloneion; al Sur habia un templo de Ares (Marte), y mas
al O. un trecho sobre la colina Pnyx y el collado de las cerca del castillo, el aliar de los doce diuses . y las estátjas de
Ninfas; al S. hasta mas allá del Iliso , pasaban por el ter- Harmodion y Aristógíton. Al S. de la colína de Ares había
reno del Liceo {Lykeion), volviendo á cabalgar el rio, y e\ Museion, colina, donde los macedonios levantaron un
terminaban al N. E. en las últimas pendientes del Licabeto. fuerte, y Ijajo Trajano, dedicó el cónsul C. Julio Antíoco
Las once puertas de la ciudad eran , empezando por po- Filopappo un * monumento á su abuelo Aniíuco Epifanes.
niente y dando la vuelta por el mediodía : Dípylon , ante- Junto al costado occidental de la colina de Ares se levanta
riormente puerta Triásica, y también puerta del Cerámico, la eminencia de Pnyx, donde se reunía el pueblo, y aun se
la cual era muy grande; la puerta Sagrada, en la carretera vé allí distintamente la tribuna corlada en Ja peña, la cual
de EIéusis; la de los Gineles , probablemente la puerta por estaba de cara á una fjbrica semicircular, donde se colocaba
donde entró Pausanias , puerta Pirca, la áe Melitide; h el pueblo. Mas adelante se empleó al intento el teatro de Dio-
liona; la de Egeo, probablemente junto al estadio Panate- nysos. Entre el Acrópolis, el Areópago, el Pnyx y el Museion,
neo ; la de Diocarcs; la de Diomea hacia Cynosarges ; la de estaba en medio la Agora, ricamente adornada de estatuas,
los Sej)ulcros y la puerta Acárnica. Hay con todo algunas en la ciudad llamada Kerameikos. Al lado occidental de
dudas respecto de la situación de algunas puertas. la Agora habia, á entrambos lados de la Pylis (puerteci-
De en medio del espacio así cercado, se levanta un peñas- ta) que conducía al Pnyx, hermes (estatuas de Mercurio)
co de 150 pies , accesible tan solo por la parle de ponien- del Hermes Ayoraios; allí estaba también la 5íoá Poiki~
te, el cual tiene una superficie de 1,1S0 pies de largo (de le, ó pórtico, con pinturas de Polygnotos, y el Kolonos
E. á O.), y 600 escasos de ancho. El lado teptentrional Agoraios, peijueña colina; el lado meridional lo ocupaban
habia ya sido fortificado por los Pelasgos; el lado Sur la Stoá Basileios del arconte Basileus, y la Sloá Eleutherios
fué fortificado por Cimon. Lo contenido dentro de esta mu- de Zftus (Júpiter); en el lado oriental ¡labia el lemp'o de
ralla era lo que llamaban áuyu. En la subida occidental del Apolo Pairóos, el templo de la madre de los dioses, la casa
castillo mandó Feríeles construir las magníficas ' Propí- concejil y la Rotunda, donde comían los pritanos; la parte
'fios (1), con una escalera de mármol, por la cual se subía septentrional estaba cubierta de estatuas. Entre la Agora y
ala meseta. Las propíleas tenían ciaco puertas, ocho co- el Pnyx, habia el templo de Aphrodile Urania (Venus celes-
lumnas en el frontis, diez y siete á los lados; cada columna te), el de Bephaistos (Vulcano), y el de Eurysakes; si-
tenia 29 pies de alto y 5 piés de diámetro. Esta fábrica se üendo de la Agora hacia levante, se encontraban, al lado
terminó en cinco años, y costó 2,012 talentos (mas de dos S. de la Acrópolis, el Odeion (Odeon) de Herodes Ático, que
millones de pesos). Al entrar, ala derecha, se levantaba el este opulcQto ateniense habia mandado edificar en memo-
pequeño templo de * Nike Aplerus; á la izquierda el * Pina- ria de su esposa; el templo de Asklepios (Esculapio), la Sloá
koíheke. En el mismo castillo descollaba, entre muchas es- (Pórtico) Euménica (de las Furias), el teatro principal dedi-
tatuas, el coloso de bronce de Minerva Promachos , obra de cado á Dyoiiisos (Baco); y al S., tocando con él, el Lenaion
Fidias. Distinguíase empero de todo lo restante el * Parlhe- (de Lenaios, cubero, apodo de Baco), donde celebraban
non, templo de Minerva, levantado por Feríeles. Si bien es las /e»aía«(fiestas del cubo) en loor de Baco; finalmente el
verdad que los venecianos causaron gran daño á este templo Odeon de Perícles, magnífico remedo de la tienda de Jérjes,
con su bombardeo de 1687, y lord Elgin le arrebató, al prin- con una túpula. Un poco al E. de allá, donde tuerce la
cipio de este siglo, muchas métopas, bajos relieves, etc., [El- calle junto al lado oriental de la Acrópolis al N. (calle de
gin Marbles, en el Museo Británico], con todo, y á pesar de los Trípodes), estaba el monumento corégico de * Lisicra'
tanto destrozo vandálico, todavía escita este magnífico edi- íes, llamado ahora la Linterna de Dcmóstenes, sostenido por
ficio el asombro de cuantos pueden contemplarle. En el ocho esbeltas columnas corintias. El Prytaneion, donde co-
Parthenon habia la alta estatua de la diosa ( de 39 piés), de mían los enviados estranjeros y los ciudadanos beneméri-
oro y marfil, obra de Fidias. El vestido de esta estatua (que tos, estaba situado al pié N. E. del castillo, junto al tem-
se ponia y quitaba), y que pesaba 44 talentos (unos trein- plo de Sarapis; y al O. el de los Dioscuros (Castor y Pólux).
ta y cinco quintales), fué robado por el tirano y demagogo Inmediatamente en la pendiente oriental del Acrópolis, se
Lacares en tiempo de Demetrio Poliorcétes. En la mano encontraba el Eleusinion; y al pié séptentiional el templo
derecha llevaba la diosa una Nike (Victoria), de cuatro varas de los Aglauros. Allí cerca habia (y hay aun en el dia), una
griegas de alto, toda demar(il,con ropagede oro. La parte cueva con una fuente; la cueva es la Gruta de Apolo y del
posterior del Parthenon servia para custodiar el tesoro del dios Pan; la fuente se creía que pasaba por debajo de tierra
Estado, y al N. se levantaban el * Erschlehion y el templo desde Atenas hasta Phaleron; por medio de un acueducto
de Alheñe Poliás (Minerva Pollada, esto es, protectora de se comunicaba esta fuente con el conducto de agua de An-
la ciudad), con el Pandrosion y muchas y magníficas esta- drónico Kyrrhestes, monumento famoso, aun en el dia,
tuas que le rodeaban. En este espacio surgía la fuente sala- con el nombre de Torre de los vientos. En la parte de la
da , y verdeaba el sagrado olivo, que, según la tradición, ciudad situada á levante, que mas tarde se llamó ciudad de
brotó de la lanzada que dio Minerva al suelo. Adriano], estaba situado, camino del Iliso , cerca de la fuen-
te Kállirrhué 6 Ene.akrounos, el grandioso templo de Zeus
La ciudad situada en torno del Acrópolis, se habia forma-
Olimpios (Júpiter Olímpico); el * Olimpeion, llamado tam-
do de la reunión de varios demos ó tribus, que mas tarde
bién Pantheon, tenia cuatro estadios de circunferencia, ha-
conservaban todavía sus nombres: Kerameikos al N. O . ;
biendo sido empezado por Perícles, y terminado por.Adria-
Skambonidai, Melile al O.; Koile, Kolytios al S. O.; Kyda-
no), aun están en pié diez y seis de sus podercsas columnas
(<) Señalamos con * los nombres de los edlflcios, de los cuales se conser- corintias. En la punta N. O. se levantaba el * arco de triunfo
van todavía algunos restos.
% 4 0 <c
de Adriano; a] E. de él, el * templo de Aphrodite (Venus) en cientas naves, el grande almacén de granos de Perícles, y
los jardines. En una pequeña isla del Iliso habia un templo el teatro; en Munychia habia el sepulcro de Temístocles.
de la Demcter (Céres) y de la Kore ;Proserpina); al otro lado Algo mas al N. O., en la costa, habia el pequeño puerto
del rio, el soberbio Stadion Panathenaikon, empezado por Phoron (puerto del ratero).
el orador Licurgo para los juegos panateneos, y vestido de Aplicábase al principio el nombre de bárbaro á la lengua
mármol pentélico por Herodes Ático, tan grandioso, que solamente , por donde venia á denotar toda persona que ha-
Adrianoinandó cazar en él á un mismo tiempo mil anima- blase una lengua estraña. Así es como Homero (ILI., 2,867)
les feroces. Estaba situado entre el templo de Tyche (For- llama á los carios. También los egipcios (según Herodo-
tuna), y el áe Artemis Agrotera (Diana campestre), al pié to, 2, 1S8; llamaban bárbaros á los que no hablaban la
de la colina Ardettos; allí cerca estaba la puerta de Egeo. lengua egipcia. Ya se deja entender como, poruña asocia-
Entre el Pnyx y el Museo corria una calle al S. O., que ción de ideas, vino á espresar esta palabra poca estima ó
llevaba á la puerta Pirea. Allí habia el Günnasion de Ker- menosprecio, entre los griegos sobre todo, que tanto des-
mes, los templos de Heracles Alexicakos (Hércules tutelar) collaron bajo todos conceptos sobre los pueblos contempo-
y de Demeler (Céres), y el Pompeion, edificio destinado para ráneos, y que tenian además una idea tan aventajada de sí
guardar los vasos sagrados que sallan en las procesiones. propios. De ahí el significar esta palabra poca ó ninguna cul-
Entre el Pnyx y el Areópago corria al N. O. una calle prin- tura. Para los helenos eran bárbaros todos los demás pue-
cipal, que atravesaba lo interior del Kerameikos bástala blos; y cuando los romanos hubieron conquistado la Grecia,
puerta Dipylon;á la izquierda habia la colina de las Ninfas; también ellos quisieron separarse de los bárbaros. Todo
á la derecha el Gimnasion Ptoleniaios, y «Igo mas al N. el lo que no era griego ó romano, era bárbaro para griegos y
* Theseion, tenido por algunos por templo de Marte, toda- romanos; immanilas y barbaria vinieron á formar la contra-
vía perfectamente conservado. Al E . , la Stoá de los Gigan- posición de la humanitas romana, en lo cual tampoco se
tes, el Gimiiasion de Adriano, y la capilla de Athenc Archc- perdió de vista enteramente la diferencia del habla, según
getis lMiner\a comandante). Todo esto estaba en la misma se echa de ver por el pasage de Cicerón, Verr.,2, 4, 80. Mas
ciudad. En las afueras, al estremo N. O. del Kerameikos tarde fueron admitidos los españoles y galos en el canon,
esterior íel arrabal mas hermoso de Atenas), se encontra- subsistiendo la denominación en especial para las tribus
ba, á seis estadios de los muros, la Academia, gimnasio muy germánicas y los pueblos de allende el Eufrates, por resis-
bien situado, donde enseñaba Platón y donde descansa I, y tirse unos y otros tenazmente á los romanos y á su influen-
allí cerca los sepulcros de atenienses célebres (Milcíades, cia. Por su naturaleza estaba el griego destinado, según los
Cimon, Tucídides). Un poco mas al N. habia el Hippios Ko- griegos, á dominará los bárbaros. Compárese además lo que
lonos, célebre por Edipo; allí descansa también el alemán dice Aristóteles 17, 6 ) , que concede á los bárbaros de Euro-
OtofredoMuller, tan benemérito por sus trabajos sobre la pa valor ,negándoles inteligencia; y concede inteligencia á
antigüedad griega. Fuera déla puerta oriental, Diomea, al los bárbaros del Asia, negándoles el valor; al paso que, se-
S. del Lykabettos, estaba situado el Kynosarges, gimnasio gún él, hermana el griego inteligencia y valor; de modo
dedicado á Hércules, donde enseñaba su doctrina Antíste- que viniendo á formar este un estado, ha de dominar pre-
nes, fundador de la escuela cínica. Al S. el Liceo, con sus cisamente sobre todos los demás.
parques y jardines, junto al templo de Apolo Licio , donde El objeto del matrimonio era para los griegos asegurar la
enseñaba Aristóteles. descendencia legítima, cumpliendo, según decían , tres de-
Las largas murallas unian la ciudad y sus puertos; el beres: 1.° para con los dioses, á quienes daban adoradores;
muro septentrional, que estaba mas espuesto á los ataques 2.° para con el estado, cuya existencia afianzaban con sus hi-
del enemigo, llevaba al Pireo; y el meridional, á Phaleron. jos (1); 3." para con sus propios antepasados, á quienes de-
Tenia una legua de largo. Entre los dos corria otro, que jaban pensonas que hablan de venerar su memoria, adornar
llevaba asimismo al Píreo, y su objeto era mantener la comu- sus sepulcros, etc. El amor, en su acepción moderna, era
nicación con uno de los puertos, en el caso de ser tomado completamente desconocido á la antigüedad griega, y solo
el otro por el enemigo; esto esplicaria las huellas que se vino á ocupar mas tarde un lugar muy secundario; por
notan de una fortaleza entre los dos puertos. Los puertos donde, al tratar de elegir esposa , lo que especialmente lla-
de Atenas están formados por una península de rocas. El maba su atención eran el dote y la familia. El padre era
puerto Phaleron, ahora rada de Hagios Georgios [San Jor- quien solia buscar la novia á su hijo, por cuanto no habia
ge), era el mas antiguo y el mas á levante; al lado oriental cuidado de que mediase ninguna inclinación personal en
de la península habia el Munychia mediano, y el pequeño, medio de la vida retirada que llevaban las muchachas en
ahora Puerto Tanari 6 Stratiotiki; entrambos eran y son so Atenas y otras ciudades de Grecia. Lo primero que se exi-
meros é inservibles para buques de mucho calado. Al lado gía en Atenas para que fuese válido el casamiento era que
N. O. de la península se hallaba el puerto fortificado por fuesen los novios hijos de ciudadano. Los hijos de un ciu-
Temíslocles, el Píreo, que aun en el día es el mas consi- dadano y de una no-ciudadana eran ilegítimos, y después
derable, y lleva actualmente el nombre de Puerto León ó del fallecimiento de su padre, solo tenian derecho á una dá-
Dragón ; es muy seguro, pero su entrada es algo peligrosa diva de 1,000 dracmas á lo sumo; mas no por esto quedaban
por estrecha. Dividíase en gran puerto de comercio y en escluidos, según las leyes de Solón, délos derechos de ciu-
puerto pequeño de guerra , con el castillo Aphrodision. Asa dadanía. Feríeles fué el primero que introdujo esta esclu-
entrada, que podia cerrarse por medio de una cadena, ha- sion ; y como es probable que durante la guerra del Pelo-
bia un león colosal, que se llevaron los venecianos en 1687. poneso se quebrantase esta ley, renovóse esta por otra de
El antiguo puerto de los granos Zea (ahora Passalimari), Aristophon, siendo árcente Eucleides. La bigamia no era
estaba situado en la costa oriental de la península, junto á permitida ; pero ocurría á reces el tener el marido, además
Munychia. Estos puertos, perfectamente fortificados para de su mujer legítima, una concubina; cosa que ya ocurre
aquel tiempo, contenían además casas, templos, teatros, etc.
Habia en el Pireo el gran pórtico para mercancías, un gran- M) En Espaita, donde se fundía en el oslado la -vida toda Individual, era
de arsenal, construido por Philon, astilleros para cuatro- este el único objelo del matrimonio; y fl celibato Iba acompaflado de una
especie de deshonra. Plut. Lie. 1S.
^ 41 ic
en Homero. El parentesco no formaba impedimento; como de gobierno. La mujer debía cuidar de los enfermos de lá
que se citan casamientos entre hermanastros, aunque ocur- familia, inclusos los esclavos. Ya se deja entender que en
ría esto rarísima vez, y es probable que la opinión pública muchas casas debía cuidar el ama de muchas cosas que, en-
los rechazase. Cuando el parentesco era remoto, preferían tre las familias acomodadas, corrían al cargo de esclavos. El
los atenienses casarse con parientas, y la ley favorecía los trato de los esposos entre sí se fundaba generalmente en el
enlaces entre parientes lejanos. Según la ley, debian prece- mutuo aprecio , mas bien que en el amor, tal como nos-
der los esponsales al casamiento , en cuyo acto prometía el otros lo entendemos. El marido era el señor y gefe de la
padre, ó el que era su hermano, agnado, ó tutor, con toda casa, aunque también ocurría el caso en que, ya por pren-
solemnidad la novia al que había de ser su esposo. La falta das personales, ya por la importancia de la dote traída por
de esta formalidad escluia á los hijos, no ya de sus derechos la mujer, adquiría esta cierta preponderancia sobre su ma-
de ciudadanía, sino de hjihratria (1) del padre y de sus de- rido, como suele suceder también en nuestros tiempos; mo-
rechos de herencia, á menos que fuesen legitimados después tivo porque se declaró Platón terminantemente contra todo
por medio de una adopción formal. En los esponsales se dote. En Esparta , donde el hombre era menos de su casa,
fijaba el dote, cuya falta no invalidaba el casamiento, aun- la posición de la mujer era mas libre, y su dominio en su
que era tenida por impropia; de modo que á veces, para ob- casa era generalmente reconocido. Los atenienses eran muy
viar tales impropiedades, se unían ciudadanos ricos para rígidos en lo tocante á la fidelidad de la mujer; con todo,
dotar á ciudadanas pobres. Una ley de Solón limitó la dote el adulterio era mucho mas frecuente en Atenas que en Es-
para quitar al matrimonio lo que tenía de mercantil; pero parta, donde, en tiempos antiguos, era cosa inaudita. En
no vemos mas adelante que subsistiese tal limitación. En los Atenas, el esposo ofendido tenía el derecho de matar al
tiempos heroicos sucedía todo lo contrario, puesto que el adúltero en el sitio. La mujer quedaba deshonrada, y en
hombre compraba la mujer por medio de regalos. este caso, imponía la ley el divorcio; pero aun sin esto,
Las bodas se verificaban generalmente en invierno, é iban ocurría con bastante frecuencia la separación , especialmen-
precedidas de varias ceremonias. Ofrecíase á los dioses del te de parte del hombre, acto que no iba acompañado de
himeneo un solemne sacrificio á Zeus y á Hera (Júpiter y grandes dificultades, pues bastaba que el marido llevase á
Juno), y quizás también á Artemis (Diana). En el día de su mujer, con su dote, á la casa de su señor, de donde la
las bodas tomaban los novios un baño del agua de una fuen- había sacado. Pero la mujer que quería separarse de su ma-
te que cada ciudad tenia destinada al intento; en Atenas , rido tenia que presentar personalmente al árcente un escri-
sacaban el agua de la fuente KaUirrha) (hermosa corriente to, con la esposicion de los motivos que la autorizaban á
de nueve caños). El novio iba á buscar á su novia hacia el entablar la demanda. Guando ambas partes se avenían á se-
anochecer en un carro, en el cual se sentaba'ella entre el pararse, era negocio concluido, á menos que la devolución
novio y Un pariente cercano. En Esparta, en vez de esta del dote suscitase litigio. Sí por una de las dos partes se im-
sencilla operación , había la costumbre de robar el novio á pugnaba la legalidad del divorcio (ignoramos en que mo-
la novia, por supuesto, con la anuencia de sus padres. Cuan- tivos podía esto fundarse), podía presentar al árcente el
do el hombre contraía segundas nupcias, no se verificaba marido una demanda y la mujer otra. Por lo que hace al
la ceremonia susodicha de conducir á la novia á su casa, casamiento romano, hablaremos de él mas adelante.
sino que esta le era llevada por un pariente ó amigo. De- En medio de la falta absoluta de restos de las antiguas
jante de los novios, que iban de gala, con guirnaldas en la habitaciones privadas de los griegos, y de la confusión de
cabeza, y un velo la novia , llevaban los parientes y amigos las tradiciones (ni aun el mismo Vítruvio, que, en esta
varias antorchas; la madre de la novia encendía la antorcha parte es el mas completo, nosdá ana idea muy clara de una
del himeneo. Cantando el himeneo con acompañamiento de casa griega), tradiciones que prescinden de la diversidad de
flautas, dirigíase la procesión á la casa del novio, toda en- la arquitectura en las diferentes épocas, de donde resulta
ramada, desde donde, á la llegada de la comitiva, arroja- que unen entre sí fábricas inconexas, se hace muy difícil
ban confites y dulces. Seguía á esto el festín <le bodas, al que tratar esta materia con alguna confianza. Nos limitaremos
asistían los convidados, y las mujeres también. Este festin aquí á Atenas esclusivamente, y al tiempo de la guerra del
era tanto mas necesario, por cuanto era una prueba judicial Poloponeso hasta Alejandro el Grande, en cuya época se
de ser la mujer casada. Como plato peculiar de las bodas, se había conservado pura y sin mezcla la antigua arquitectura
citan los pasteles de césamo. Terminado el banquete, era la griega, y la sencillez de las habitaciones particulaies, aun
novia conducida velada al aposento nupcial, delante de cuya de las familias mas ricas, formando notable contraste con ia
puerta se cantaba el epitalamio. Después de la boda, es in- magnificencia y grandiosidad de los edificios públicos. Esta
cierto sí al día siguiente ó al tercer día, llevaban á la novia sencillez es aplicable solamente á las casas de la ciudad; por
los parientes y amigos regalos, que ya podía presentarse cuanto ya se echa de ver por Tucídides que las quintas de
sm velo. También el marido recibía regalos. las personas opulentas estaban dispuestas con lujo y magni-
La mujer casada vivía en la parte posterior de la casa. ficencia. Por lo que hace á la fábrica de las casas de Ate-
Marido y mujer comían juntos, menos cuando aquel tenia nas, tenían estas generalmente bajos, con dos separacio-
convidados. La actividad de la mujer se limitaba al gobier- nes, una, que daba á la calle, para habitación de los
no de la casa, lo cual no podía venirle cuesta arriba á la hombres, y otra á la parte posterior para las mujeres. En
matrona ateniense, puesto que ya de niña había llevado las casas que tenían un alto, se destinaba este para habita-
una vida muy retirada; cuidaba, como es natural, déla ción de los esclavos, y en algunos casos, para forasteros. En
educación de sus hijos, de los muchachos hasta que iban á la calle, delante de la casa, había ordinariamente un altar,
la escuela, y de las niñas hasta que se casaban. Cuidaba del propio de la misma casa, de Apolo Agieo, ó bien tin pi-
ajuar, de la cocina, del gasto y de los esclavos; en las fa- lar que representaba el mismo dios. Subíase probablemente
milias ricas, tenia, para ayudarla en sus tareas, una ama á la puerta de la casa (véase * en la planta) por algunos es-
calones Por la puerta se entraba en el vestíbulo, á uno de
(1) Sección de una tribu, reunión de ciudadanos que lomaban parle en los cuyos lados había la habitación del portero, y al otro una
ml&mos sacriliclos y banquetes, vale para los uiodernos una como cofradía,
lambicu s« usaba por clase, (amilia. cuadra. Desde el Ihyrorcion se entraba en un patío (A.} de
TOMO III. 6
% 4 2 se
la andronitü. El patio estaba rodeado de pasadizos con co- generalmente bajos, aunque también los había altos. En
lumnas por los cuatro lados, llamados también tpoi-o*, aun- vez de puertas de comunicación, habia también cortinas.
que quizás por esta última denominación se entendía el pór- Las puertas de las casas se abrían ordinariamente hacia den-
tico inmediato á la entrada del thyroreion, y tal vez el de tro. El tirano Hipias impuso una contribución á las puertas
enfrente. En torno del patio habia las salas para los simpo- que se abrían hacía fuera. El que quería entrar en la casa
sios (festines de los hombres), i»); algo mas allá, un apo- llamaba á la puerta; el portero abría y anunciaba al foras-
sento para recibir visitas, con asientos, y cuartos mas pe- tero. Es dudoso que en los principios se conociesen las ven-
queños, y en algunos casos, tanas; los aposentos recibían la
cuartos para la despensa. En me- luz por las puertas que daban al
dio del patio de enfrente habia peristilo. Calentaban los apo-
la puerta, por la cual se entraba sentos, ya por medio de chime-
en el patio principal de la casa neas, ya por medio de braseros,
(r), el cual no existía quizás en ya con braseril os.
casas pequeñas. Llamábase pos- En la casa romana {Domus),
terior, por estar detrás déla o«- debemos separar de lo no esen-
dronilis; en las casas donde ha- cial, los espacios necesarios y que
bía la gynaikonitis en el mismo ocurren siempre en los mismos
piso que la andronitis, tenia su sitios y en todas partes, y que
propia salida, en cuyo caso, la vienen á formar el esqueleto de
llamada puerta se encontraba en la misma. Tales son el vestibu-
medio de las dos abocando á un lum, el ostium, el atrium, el ía-
corredor. Este patio estaba ro- llinum, \asfauces, e\cavaedium,
deado de columnas por tres la- e\ peristylium. La disposición es
dos ; en el lado que daba frente siempre idéntica, á saber: el
á la puerta mésaulos, limitaban atrium es la primera sala que se
dos pilares (Vitruvio los llama encuentra al entrar; detrás de
antae) un espacio que daba al él está el tablinum, y junto á
patio, una especie de vestíbulo, este las fauces, corredor que lle-
cuya profundidad era un tercio va al patio interior ó caveadium.
menor que lo ancho marcado En seguida se encuentran uno ó
por la distancia de los pilares. A mas peristilos, uno tfias otro,
entrambos lados de la prostás según las facultades del dueño
había, á un lado, el dormitorio de la casa. Delante de la casa
de los esposos, y al otro un apo- había el veslibulum, cerrado por
sento, cuyo objeto no está bien tres lados, cuando la casa tenia
determinado. A los tres lados dos alas que llegaban hasta la
restantes del peristilo , habia los calle, ó cuando no, el porta
comedores ordinarios (los simpo- estaba metido á distancia de al-
sios ó banquetes, cuando habia gunos pasos dentro de la casa.
convidados, se daban en la an- En tiempo del imperio había un
dronilis), y cuartos para objetos pórtico con columnas delante de
domésticos (7). Al cuarto lado , las casas. La puerta (fores) era
habia, detrás del thálamos de la de madera ; mas adelante la
prostás y del amphitálamos, las guarnecieron de oro y marfil;
piezas para telares y otras labo- abríase siempre hacia dentro, al
res del sexo (I). En frente del paso que en los edificios públi-
ya citado patio, habia la sali- cos se abría hacia fuera. Las val-
da («), la cual, según parece , vae, eran propiamente puertas
conducía desde el histon al jar- que constaban de varias tablas,
din , que solían tener las casas. y dispuestas de modo que pudie-
El piso alto, cuando lo habia, sen doblarse. La puerta no col-
servia para los esclavos, y tam- gaba de goznes como entre nos
bién para forasteros; pues raras otros, sino que había en ella
eran las casas que tenían fábricas unos quicios cuneiformes (car-
adyacentes á la principal (llama- dines),que se encajaban en e
das hospitalia por Vitruvio), para Planta de ana antigua casa griega, lintel superior é inferior ¡limen
hospedar á los forasteros. En la casa del opulento Calilas, superum é inferum). Cerraban la puerta con una viga trans-
por ejemplo, no habitaban los forasteros en una casa espe- versal {sera), ó por medio de dos cerrojos {repagula), 6 por
cial, sino en la misma casa del dueño, el cual tenia cuartos medio de otros cerrojos llamados pessuli, que, medíante una
destinados al intento. Los adornos deia casa eran, en los llave , clavis), movían hacía adelante ó atrás, completamen-
primeros tiempos, sencillos; el suelo era de argamasa; mas te análogos á nuestra cerradura. Los dos primeros modos
adelante se le pusieron tablas; las paredes blanqueadas. No servían para cerrar por dentro; el último servia para cerrar
obstante, Alcibíades obligó al pintor Agatarchos á pintarle por dentro y por fuera. Finalmente, ponían también peque-
la casa. Además de las pinturas, había probablemente tra- ños cerrojos á las puertas que se doblaban en sus estremos
bajos de estuco en las molduras y en el techo. Estos eran superior é inferior (llamados también probablemente;)es-
^ 43 M
*'M/¿) , que encajaban en el lintel. Inmediatamente detrás de en torno del atrium y de los patios; tales eran las pequeñas
la puerta habia el ostíum, portal. En este, detrás de la puer- habitaciones y dormitorios [cubicula], los comedores [tricli-
t a , tenia el portero {ianitor, ostiarius) un cuartito [celia), nia), los salones [oeci, que también servían de comedores),
donde solia haber también un perro. Daba al osiium el piezas de sociedad y para la conversación [exedrae ], capilla
atrium, sala que tenia arriba en el centro una abertura en de la casa [sacrarium 6 lararium), galería de imágenes [pi-
el techo, mas ó menos grande, para dar paso á la luz y al nacotheca], bíbloteca, baño [balineum], cuartos de l o s e s -
humo. Este local, que al princi- clavos [cellae servorutn ], parte en
pio se parecía á una sala, y mas los locales apartados ó detrás de
tarde á un patio, era, allá en lo la casa; cocina [culina 6 coquina],
antiguo, el punto de reunión de cuartos para la despensa [cellae pe-
toda la familia. Aquí estaba el ho- nariae] , amasijo [pislrinum), lo
gar para objetos terrenales y r e - cual comprendía también el m o -
ligiosos (lugar de los Penates), lino, taberna il). Los bajos servían
aquí se recibían las visitas de los para habitaciones; solo algunas
amigos y clientes, aquí estaba en partes de la casa tenían otro piso
sus glorias el ama de la casa, r o - encima llamado cocnacula, á don-
deada de sus sirvientas afanadas de se subia por escaleras estrechas
en el trabajo, aquí estaba el tha- y rectas. Por último, el tejado [tectum] era
lamus nuptialis y el arca del due- ordinariamente llano y estaba cubierto de
ño, aquí se esponian los cadáveres parras, flores y otras plantas; llamábanse so-
laría estos pequeños jardíne.!, los cuales no
en el lecho de parada, aquí se
deben equivocarse con los cuerpos avanzados
colgaban las memorias de los fina-
ó balcones, llamados pergulae y maeniana.
dos representados por las imagi-
nes [\). Muy diversa vino á ser sin Respecto á su disposición interior, el suelo
embargo la escena, conforme se no estaba cubierto de tablas, sino de arga-
fueron perdiendo las antiguas cos- masa [pavirnenhim, ruderalio, opus rudera-
tumbres, cuando empezaron á dar tmn), ó de argamasa mezclada con tiestos
grandes banquetes y aparecieron cocidos [opus tesiaceum y signianiim), ó de losas
todas las mañanas turbas de visi- cuadradas de mármol [solum niarmoreum ,
tas. El antiguo hogar de la fami- pavimeníum marmorcum]. Mas fino era el
lia, los Penates, las sirvientas, el pavimentum seclile, que constaba de pedacítos
thalamus desaparecieron del atrio, de mármol de diversos colores cortados geo-
que solo subsistió como gran salón métricamente; y el mas fino de todos era el
de recibo. Hízose preciso agran- pavimeníum texellalum y musivum [ mosaico |.
dar la abertura del techo , y l e - Las paredes [parietes], blanqueadas !rfeaí6a<¿)
•vantar columnas para sostener el en tiempos mas antiguos, se incrustaron des-
techo mucho mayor. Debajo de Planta de una antigua casa romana en Pompeya. pués de mármoles primorosamente labrados
la abertura [impluvium) habia un [crustw marmórea). Empleábase con mas fre-
pequeño estanque para el agua de ESPLICACION DE lAS LETRAS. cuencia todavía la pintura para adorno de las
lluvia que caía del techo, y á ve- A Veslibulum. paredes, pintándolas mas al fresco que a tem-
ces se levantaba allí mismo un B Ustium. pera. Los objetos de los cuadros eran muy
surtidor (puleal). En frente de la ce 2 Tabernae. variados, ya históricos ó mitológicos, ya a r -
D Alriiira.
entrada del lado posterior del quitectónicos, ya de paisaje. Tampoco falta-
E Impluvium, con dos pequeñas cisternas.
atrio, habia el íahlinum (de tabu- F Tablinura, con pavimento de mosaico. ba el género moderno de la vida doméstica.
la] , despacho del dueño de la Q Perislylium, con dos pequeños recipientes de agua. Las ventanas eran pocas en los bajos, por
casa y archivo de la familia, y H ViridariuDi. cuanto las puertas de los aposentos daban ai
junto á este local uno ó dos cor- I Triclinium ú Oocus, con pavimento de mosaico. atrium ó cavaedium; y por ellas, abiertas d»'
redores [fauces] que llevaban al K Celia Osliarii. par en par, recibían luz suficiente; pero los
patio interior [cavaedium], el cual LLL 3 dormitorios ó pequeños Trclinia. altos tenían ventanas, y hasta las habia que
MMM 3 CuMcula. daban á la calle : pero eran muy pequeñas.
no hacia falta en casa alguna, y N Fauces (Corredor).
En tiempos mas antiguos, cerraban las ventanas con posti-
O Gabinele de estudio.
era mas grande que el atrium. Galerías cubiertas cerraban gos ó cortinas [vela]; mas tarde las cerraron con sulfato de
V Culia.
el espacio abierto donde habia una U cisterna y una fuenteci-
Posticum [puerta trasera). cal cristalizado ilapis speculari^), y hasta con vidrios [vi-
lla. En torno del estanque habia césped y flores [viridaria]- trum\ Calentaban los aposentos por medio de chimeneas
Detras del cavaedium solia haber otro patio , mayor toda- [caminus, focus), braseros de bronce y estufas primorosas
vía, en el cual se repetía todo en mayor escala, rodeado de portátiles, de las que se han encontrado muchísimas en
columnas, y llamado por lo mismo perislylium. Pompeya. En la Italia superior, en las Gallas, en la Ger-
Los otros locales que servían para el uso diario y para el mania, calentaban los remanes sus viviendas por medio de
lujo se agrupaban, según la localidad y el gusto del dueño. tubos {tubi ó tabuUj que salían del suelo hueco y calentado
[i] Eran unas figuras de cera ó máscaras do lo mismo, que repiesentaban [suspensura, hypocaustum) y recorrían las paredes. Contenta-
a los antepasados, que, en las casas de los romanos de distinción , colga- (1) Tienda poriátil. Loi Argentara tenían en Roma, en el Foro, tabernas
ban de la pared en cajitas, y por medio de una enramada que los unía entre particulares. Los otros mercaderes y arte^^anos vendían sus señeros en tien-
!i, venian á formar un árbol genealógico. El ,us imáffinum solo lo poseían
las familias cuyos abuelos habían desempeñado una ó mas veces las funcio- das lijas ó almacenes, que pertenecían ordinariamente á la casa, pero que
nes decurul. tn los grandes entierros, se llevaian las imagines delante, á pesar de esto, se llamaban taherna. Los libreros, trapeantes de esclavos ,
mientras que personas vestidas de un modo adecuado, y que llevaban pues-
tas las máscaras, representaban los antepasados A veces sallan también birberos, cawoncs (posadas y bodegones) tenían sus tabernas. El tUif i'ia
las imagines de los parientes. de tales sitios, se llamaba laiernarius.
>3 44 K
banse también con el suelo calentado sin tubos. En los tiem- sumo alternaban en la pared ladrillos encarnados y amari-
pos antiguos no se conocía el tubo de chimenea, y el humo llos formando rayas, hasta que el lujo ola ostentación,
se escapaba por las puertas ó ventanas ó por la abertura del añadió estatuas á las puertas, ó esculturas y estucos. Los
atrium; pero se introdujeron estos tubos con el lujo, si bien locales interiores que hablan de servir para los individuos
eran muy raros en la Italia inferior, donde hay menos ne- eran pequeños y retirados, dando al atrium ó cavaedium, y
cesidad de calentarse.. por consiguiente, muy abrigados del aire y del sol. Pero los
Este era el carácter principal de las habitaciones de los pórticos que formaban el medio, eran grandes y facilitaban
romanos. La fábrica era irregular de fuera, baja y nada la comunicación entre todos los demás aposentos.
aparente; empleábanse pocos adornos en lo esterior; á lo
Historia natural.
LAS HORMIGAS LEGIONARIAS Ó AMAZONAS.
Geología.
ANTIDILUVIANOS.
Este nombre debería pertenecer á todos, los seres que menso de vapor semejante á las estrellas llamadas nebulo-
han vivido antes del diluvio, pero algunos naturalistas han sas. Tal es la opinión de algunos célebres naturalistas.
propuesto con razón el no aplicar esta denominación sino á Como es propio del calórico abandonar los cuerpos ca-
Jas plantas y á los animales que han existido antes de Jas lientes para agregarse á los que son mas frios, los vapores
variaciones esperímentadas sucesivamente en Ja superficie que formaban nuestra esfera se reunieron por el frió y for-
deJ globo, y que no tienen otros análogos en la naturaleza maron sucesivamente piedras, metales, etc., según el grado
viviente , siendo en fin « anímales perdidos. » Por diluvio de temperatura en que estas materias pasan naturalmente
se entiende vulgarmente la inundación estraordínaría de desde el estado de vapor al estado líquido, y de este último
que se hace mención en la Escritura. Ha hecho conocer la al estado sólido, es decir, que siendo el hierro por ejem-
•observación que el globo ha sido trastornado varias veces; plo, mas difícil de fundir que el plomo, los vapores ferru-
que el mar ha debido en el principio ocupar toda su super- ginosos se solidificaron antes que los de este último metal.
ficie , y que se ha retirado de ciertos sitios para volver des- De estas materias solidificadas se formó una corteza sólida
pués á ellos, aconteciendo esto dos ó tres veces. Del modo muy delgada en el principio; esta corteza envolviólas otras
siguiente se esplican las diversas catástrofes que han hecho materias que se hallaban aun en el estado líquido, como la
variar de higar al Océano , elevar los montes , destruir ra^ cascara de un huevo contiene la clara y la yema. En tanto,
zas enteras de animales, formarse bancos de piedra, de el aire, las aguas y otras materias que se conservan en es-
greda, etc. La analogía y la observación nos inducen á tado íluído y líquido, en temperaturas mas bajas que el calor
creer que en una época muy remota , el globo que habita- en que se funden y volatilizan los minerales, continuaron
mos esperimentó un grado de calor tal, que todas las ma- á formar una atmósfera inmensa al rededor del planeta; en
tejijas de que se compone se convirtieron en vapores; de fin, cayeron las aguas sobre su superficie cuando bajó la
suerte que nuestro planeta se írasformó en un globo in- temperatura á menos de los 100 grados (calor del agua hir-
M 47
viendo) y formaron un Océano general sobre la corteza só- los restos de las producciones marinas fluviales y terrestres
lida. Esta opinión es muy antigua; se halla mas ó menos que se encuentran alternativamente cuando se cava en su-
exactamente espresada en la Biblia y en muchos poetas de ficiente profundidad. Es cosa muy digna de notarse que
la antigüedad. cuanto mas distantes se hallan de la superficie actual de la
tierra, las capas en que se encuentran estos restos de ani-
In principio.... Spiritus Dei ferebatur super aguas. males perdidos, tanto mas difieren estos animales en forma
(Genisis lib. 1.) y dimensiones de los que existen actualmente; su organi-
Ante mare el Ierras, et quod legil omnia coBium, zación es mas imperfecta, aconteciendo lo mismo á los ve-
ünus erat loto naturas vultus in orbe, getales. Por el contrario, los que se encuentran entre dos
Nec adhuc... bracbia longo capas consecutivas, sin ser enteramente los mismos, tienen
Margine terrarum porrexeral Ampbitrite. mucha relación entre sí. Los ciervos, los bueyes.... que se
hallan en los pantanos, hornagueras, etc., no difieren
Omuia pontos erant, deeranl queque líttora ponto.
sensiblemente de los ciervos de ahora, pero sus esqueletos
(OviB. Metamorphoseon, LIB. / . )
son mayores; en fin, se hallan razas de animales que han
Namque canebat uti vivido en latitudes en que ahora no podrían subsistir: en
tener mundi concreverit orbis Europa, por ejemplo, se hallan huesos de hipopótamos de
Tum durare solum et discludere Nerea ponto, cocodrilos, de elefantes.... que, como se sabe, no habitan
Coeperit.... (1)
ordinariamente ni se reproducen sino en las regiones abra-
{YiRG. Écloga VI.)
sadoras del África y del Asia.
El Océano cubrió desde luego, como se ha dicho, toda Aun no se ha dado una satisfactoria esplicacion de este
la superficie del globo, porque siendo aun demasiado del- fenómeno. De todas las materias que entran en la compo-
gada la corteza sólida para dominar los movimientos de las sición de los cuerpos de los animales, apenas se han conser-
materias líquidas que envolvía, lo era ella mas bien por es- vado en el seno de la tierra sino los huesos y las conchas :
tas mismas materias; tomó la forma de una esfera, porque las carnes, los cartílagos. Jas partes córneas, las pezuñas ,
toda materia en su estado líquido, abandonada á sí misma las uñas, las conchas de las tortugas, los picos de los pája-
toma espontáneamente la forma de una bola; habiendo la ros, han sido descompuestos ó absorvidos por las materias
corteza sólida adquirido mayor espesor y consistencia, por pedregosas que les circuyen. Los vestigios orgánicos que se
efecto del enfriamiento de las materias que se hallaban de- hallan en las capas mas profundas, pertenecen ala clase de
bajo de ella, resistió mas por consiguiente á los movimien- los pólipos, ortoceros y tribólitos; mas difícil es aun deter-
tos de las materias líquidas; resultaron, pues, aberturas y minar la clase de los vegetales, si se atiende á que han per-
elevaciones que se levantaron sobre las aguas, y produjeron dido los órganos de la fructificación ; se presume que los
islas y montañas. Esta lucha, si podemos decirlo así, entre primeros vegetales tenían mucha relación con las cañas y
la corteza sólida y las materias líquidas del interior del glo- los heléchos (1). En la edad siguiente se formó una prodi-
bo , debió continuar durante una larga serie de siglos, y aun giosa cantidad , cuyo mayor ntímero pertenece al género
no ha concluido si, como hay mucha razón para creerlo , acuático; se cree con algún fundamento que de los restos de
es á ella á quien deben atribuirse los volcanes, los terremo- estos vegetales, se han formado esos inmensos depósitos de
tos, los manantiales de aguas calientes, etc. Valiéndose de hornagueras cuya riqueza es inagotable. Tal era entonces
esta hipótesis, se esplica sin trabajo la siíbita destrucción de el vigor de la vegetación, debido sin duda al calor que ema-
las varias generaciones de animales, la formación de los naba del interior de la tierra, que se hallan restos de helé-
chos que debían haber tenido de 70 á 80 pies de altura.
bancos de piedra, de greda, etc., que les han envuelto,
conservándose restos de ellos hasta nuestros dias; y el por Los animales que se hallan después, son moluscos en-
qué las aguas ocuparon los continentes, y hasta las cimas cerrados en conchas univalvas (de una sola pieza) y bivalvas
de los altos montes. Figurémonos en efecto, que el terreno (de dos piezas), como ortoceros, cuernos de Armón, ha-
del centro de Europa ocupado desde luego por el mar, se llándose de estos líUimos que tienen hasta seis pies de diá-
elevase por la fermentación de las materias en fusión que metro. Entre los bivalvos se ven ostras, almejas y algunos
estuviesen debajo: pudieron crecer y vivir en su superficie tribólitos. En esta edad nacieron también peces vertebra-
plantas y animales. Después de algún tiempo otra catástro- dos, algunos de los cuales tienen relación con el arenque y
fe arruinó de nuevo el terreno; todos los animales que en con el sollo. Siguen á los pescados vertebrados muchos rep-
él habia perecieron al instante y quedaron sepultados en tiles gigantescos, entre los cuales se hacen notables el mo-
las capas que formó el mar por cima. Los mismos aconte- nitor, el megalosauro, que tiene desde treinta hasta sesenta
cimientos se renovaron un cierto niímero de veces, pues pies por cuatro de altura. Se ha reconocido por la forma de
distinguidos geólogos han reconocido que el terreno del sus dientes, que debia ser muy voraz; el pterodactylo, el
centro europeo, ha sido ocupado dos veces alternativa- ichtyosauro (per-lagarto) provisto de dos enormes ojos,
mente por el mar y por las aguas dulces, como lo prueban que según Cuvier le proporcionaban el ver en las tinieblas,
y el plesiosauro, cuyo cuello tenia treinta y cinco vérte-
(1) (kntaba, en que manera en el tendido bras. En las mismas capas se encuentran restos de aves que
Vacío, descendiendo derramadas han debido peitenecer todas al género nadador y acuático.
Las menudas simientes habian sido
Por acertado caso en si ayuntadas; En el siguiente período, se desenvolvieron considerable-
De do la tierra, el aire, el encendido mente los reinos animal y vegetal: se cuentan hasta 600 es-
Fuego, las aguas dulces y saladas pecies de mariscos, de los cuales subsiste aun en los mares
JVacian del principio, y cuan de presto
como una docena; mas de 60 especies de peces de los cua-
El tierno mundo fuera ansi compuesta.
Y como comenzó 4 secarse el suelo les vive un gran número todavía; en fin en este período,
Y á su lugar la mar se retiraba aparecen los primeros mamíferos, como las focas, manatis,
Y se figura todo; y como el cielo delfines, ballenas, etc., difiriendo todos estos animales,
Coa nuevo sol las tierras alumbraba
Trad. de YELÍSCO. (1) Véase l o s hosqws ontidiiutiíonos. Tomo II de La Abeja.
§1 48
iiíaS ó menos de Siis análogos existentes. Los paqiiidermes bajo del firmamento del cielo. Y crió Dios las grandes ba-
como tapires, rinocerontes, hipopótamos, anoploterios, llenas y todo animal que vive y se mueve, que produjeron
palaesterios, siguen inmediatamente á los mamíferos ma- las aguas según sus especies y toda ave que vuela según su
rinos. Los mastodon- género. Dijo también
tos, losmegatherimos, Dios:Produzca la tierra
los mammouths, y los ánima viviente en su
mfegaluix, se hallan á género, bestias y repti-
poca profundidad. Es- les y animales Ce la
tos anímales se pare- tierra según sus espe-
cían mucho á los ele- cies, y fué hecho así.
fantes, de quienes di- La creación del hom-
ferian por su estatura bre y de los monos, es
mas prolongada, y por de creer fué posterior á
el pelo que les cubria. la de todos los anima-
Los mastodonpeshabi- les. No se han hallado
tabanelnortedeAmé- El megalo sa«ro nunca esqueletos hu-
rica y los mammouths el de Asia. Fueron contemporáneos manos fósiles (1): los que se han visto en algunos gabinetes
de estos últimos, ó les siguieron con mucha proximidad, los de historia natural que han sido traidosde América, son tan
bueyes, ciervos y osos gigantescos; sus restos se hallan en modernos, que sus huesos no han perdido aun todos sus
los hornagueros ó terrenos de aluvión. Entre los mamífe- principios animales; por otra parte, si hubiese habido hom-
ros terrestres, apareció bres contemporáneos
gran número de carní- de las últimas catástro-
voros. En ciertas caver- fes que han cambiado
nas de Alemania y del la faz del mundo, no
mediodía la Francia , solo se hallarían algu-
se halla gran número nos restos de ellos, sino
de huesos de osos, hie- también ruinas de sus
nas , gatos y perros, habitaciones, fracmen-
mezclados con restos de tas de vasijas, de ar-
buey, de ciervo y de mas, de muebles, etc.;
caballo.Hasta ahora no por lo que se cree que
se ha podido dar razón Labynntbodon salamandroides.
el origen de la especie
de esta reunión de ani- humana no remonta
males tan poco aptos para vivir juntos en un mismo sitio. mas allá de 6,000 años como lo dice la Escritura; tal es la
Resulta de las observaciones que preceden , que las plantas opinión de reputados naturalistas: « Me parece, dice Du-
y los moluscos, han sido los primeros cuerpos organizados luc, que si hay alguna cosa de cierto en la geología , es que
de que se han conservado vestigios; que después han segui- la superficie de nuestro globo ha sido víctima de una gran-
do los peces vertebrados, después los reptiles marinos, des- de y repentina revolución, cuya data no puede subir mu-
pués los mamíferos marinos, y finalmente las aves terres- cho mas allá de 5 ó G,000 años; que después de esta época
tres y los mamíferos herbívoros; apareciendo casi al mismo solamente es cuando nuestras sociedades han vuelto á to-
tiempo los carnívoros. Esta serie de creaciones de peces, mar uní marcha progresiva, formando establecimientos,
reptiles y mamíferos, se halla de acuerdo con lo que refiere edificando monumentos, etc. »
el Génesis: « Dijo también Dios: Produzcan las aguas repti- (1) Ultímampnle se lia dicho en los periódicos americanos haberse descu-
bierto en aquellas regiones un houilirc fósil, guardando la posición de uii
les de ánima viviente, y ave que vuele sobre la tierra de- persona que duerme.
II y último.
Ved como esa vida intelectual y moral de un siglo se des- llosas relaciones. Después de algunos ensayos que se aven-
envuelve primero en las maravillas de la arquitectura, arte turaron con timidez en el siglo precedente, la ogiva triunfa
sin embargo que entre todas las artes, parece prestarse mas completamente del arco abierto: esta es la época en que el
al organismo material. La arquitectura sufre en el siglo xiii género llamado tan impropiamente gótico, domina sin rival
una trasformacion completa, y bajo esa nueva forma pue- y sin estorbos en la construcción del templo cristiano; este
bla de los mas magníficos monumentos la Europa toda. Esos es el período clásico de esa arquitectura misteriosa y subli-
movimientos de renovación y de espansion corresponden me; entonces vive en toda su fuerza y virginidad, y se ele-
demasiado al movimiento análogo que se realizaba entonces va hacia los cielos con el entusiasmo y la pureza de su pri-
en las costumbres en el seno del cristianismo, para que se mer arrojo. No debia terminar el siglo siguiente sin dejar
puedan separar ambos hechos, y prescindir de sus maravi- pruebas de alteración y de decadencia ; la ogiva levantad
35 4 9 K
un momento por el soplo divino, iba á achatarse de nuevo también la esperanza y la inmortalidad: hé ahí el misterio
para degenerar después en un arco mas abierto que el an- de la encarnación de Dios; hé ahí el misterio de la trasfor-
tiguo; la columna e aplasta bajo el peso de una decoración macion del hombre.
estraña; el rosetón pierde gradualmente su claridad tras- El hombre decaído de su estado de inocencia, pasa en el
parente; la abertura ogival se oscmece y ahoga; la torre seno de la naturaleza que arrastró también en su caida , una
aérea corta su elevación y deja caer su corona dentellada. vida de pruebas y de espiacion, cuyo término será la pose-
En el siglo xi¡i fueron fundadas ó consagradas las cate- sión de'Dios. Así pues el hombre, viajero en este mundo,
drales góticas m;is bellas y mas puras, y la Europa des- aspira á su veidadera patria, avanza hacia ella, sufriendo
plega en todas partes una vegetación, digámoslo así, sana y llorando, hasta que abandonando su perecedero despojo,
y vigorosa de monumentos cristianos. Esa pureza no esclu- va á dar comienzo á su recompensa, y á aguardar el dia t e -
ye por esto el genio particular de cada nación ; aunque do- mible para los pecadores y glorioso para los justos, en que
minados por la inspiración general, los pueblos no abdican revistiéndose nuevamente de su cuerpo , desde entonces e s -
su carácter particular; este es otro tributo que ofrecen a la piritualizado, impasible é inmortal, verá consumada su uni-
inmensa renovación del arte, á la idea fecunda que preside dad con Dios por medio de Jesucristo. Hé aquí como el tem-
á esta renovación. El genio potente y vario de Francia pro- plo cristiano espresa con sus indefinidas profundidades, sus
duce á un tiempo Nuestra Señora , la iglesia de la monar- varias naves y sus oscuros pasos, la trabajosa peregrinación
quía ; Reims, el santuario de los reyes ; San-Dionisio , mag- de la humanidad sobre la tierra. Al atra\esar el umbral es-
nífico cementerio; San Severo de París y los Jacobinos ó perimentamos un sentimiento misterioso, y también una
Dominicos de 'J'oiosa; Auxerre, Chartres, Beauvais y la vaga y solemne esperanza; una fuerza secreta nos atrae ha-
catedral de Amiens, el modelo mas acabado quizas de la cia el único punto en que permanece reservado Dios, el re-
perfección gótica. Inglaterra construye la portentosa iglesia dentor del hombre y el reparador de la creación , de donde
de Salysbury, donde imprímela constante perseverancia de dimana la virtud plástica que dá al templo su forma y su
su pensamiento; el coro de Ely , la nave de Durham, y la belleza. El templo representa la creación en su estado a c -
abadía nacional de Westrninster; Bélgica produce Santa tual , y en sus relaciones con sus destinos futuros. El cuer-
Gudunade Bruselas y la iglesia de los Dunos edilicada por po del edificio parece dilatarse indefinidamente, como los
cuatrocientos monges en cincuenta años; y España final- horizontes de la naturaleza ; su bóveda se estiende majes-
mente, construye las catedrales de Toledo y de Burgos. Ale- tuosamente, como la bóveda de los cielos; todos los seres
mania siembra en su suelo santuarios graves y pensativos vivientes se destacan de la piedra y pueblan el desierto ,
como su carácter; álzanse sobre los abismos las atrevidas como á impulso de un fial omnipotente. Un bosque de co-
cúpulas deFriburgo; cuarenta ciudades del Rhin podrán lumnas se eleva hacia el firmamento, y se deshojan en una
contemplar algún tiempo después la flecha ó aguja de Stras- multitud de colunmitas que seconfiuiden con las molduras
burgo; y entretanto Colonia proyecta en los espacios las lí- de los arcos, y caen formando festones. La creación supre-
neas inmensas y armónicas, pero cortadas, de su imperece- ma toma parte aquí en eJ mundo de la naturaleza : los es-
dera catedral; iglesia modelo aunque es incompleta; tipo píritus que pueblan la patria celeste, aparecen en los inter-
estremo de arcjuitectura sagrada, que traza indudablemente columnios, y ocupan los nichos ogivales; los espíritus del
los últimos límites del arte, sin poder alcanzar á los que la abismo serpentean y se deslizan á lo largo de los pilares, y
ins|jiracion le dicta; y por esto mismo es quizás el monu- en el pórtico y en los sitios mas oscuios presenta use h a -
mento mas espresivo de esta vida social, de la que solo he- ciendo ciertos gestos; los elegidos y los precitos tienen aquí
mos podido mencionar algunos testimonios. Esas innume- su cielo y su infierno ; los seres morales toman cuerpo ; las
rables iglesias góticas han vivido, y viven todavía. L o q u e virtudes y los vicios están personificados con su carácter pro-
ante todo y á veces esclusivamente, ven los h o m b r s de pio y sus señales distintivas; aun los sacramentos y los pre-
nuestra época en una iglesia de la edad media, es el deli- ceptos de la ley, espónenseá la vista con elocuencia muda é
cado trabajo do sus adornos, la habilidad del escultor y la imponente; los santos del antiguo y del nuevo Testamento,
paciencia délas generaciones, en una palabra, la franjado aparecen con majestad severa en los cristales y sobre las pa-
su vestido nupcial, pues la Iglesia es la esposa de Jesucris- redes; descuella sobre todos la graciosa y sublime imagen de
to, y su mas sensible imagen. Hombres de poca fé, echad María, brillando en su frente la calma y la pureza, y en su
Una mirada mas lata sobre el conjunto del eiiificio; en su mirada maternal la virginidad; algo mas allá en el fondo de
crucero, ¿no os presenta el instruiuento de salvación uni- la bóveda, resplandece coronada de mosaicos dorados, la
versal? Sí, es la cruz, principio generador de toda ciencia, figura colosal de Jesucristo, Salvador y Juez supremo, cu.\os
según los grandes hombres del cristiatn'smo, y en especial, labios entreabiertos simbolizan el sonrís de la misericordia,
según Santo Tomás, y por consiguiente tipo fecundo del cuya mirada es profunda é inmóvil , como'la eternidad. El
arte religioso. Todo está a h í , Dios y el hombre, la natura- pensamiento divino refiere así todas las formas del arte, y
leza y la religión. Reservada en el fondo del santuario bajo los reinados de la creación á Aquel que es su principio. Ya
las luminosas nubes de la Eucaristía, la divinidad llena el se vé pues, que la catedial gótica es una verdadera enciclo-
templo de su presencia, de su majestad y de su amor; ahí pedia religiosa, donde reina unidad magnífica; es la Suma
convergen todas las partes del edificio; de ahí han destella- de Teología escrita sobre mármol por las generaciones cris-
do primitivamente; hé aquí como la creación emana de su tianas bajo la doble inspiración de la fé y de! genio.
principio, la espresa y la simboliza. Aun mas, el templo es
el cuerpo místico de Dios quien lo habita; en la austeridad Se ha dicho que la catedral gótica habia tomado mucho
de su geometría divina, él representa el altar y la víctima de las artes que precedieron á su origen; es cierto, y es un
del género humano; la nave estendiendo sus brazos figura cargo que aquella lo acepta como un nuevo título de glo-
al Hombre-Dios clavado en la cruz; el coro colocado algo ria; es un nuevo rasgo de la semejanza que le une á la teo-
mas abajo del crucero recuerda la cabeza de aquel pendien- logía católica, en la magnífica obra que realizaba por mano
te en las horas de agonía. Un gran misterio inunda este r e - del Ángel de la escuela ; cual la teología hacia servir los an-
cinto; en todas partes vése el dolor y la muerte, pero vése tiguos filósofos y las ciencias humanas para levantar su mo-
TOMO III. numento divino. Así la arquitectura cristiana tomaba del
7
ü 50 se
mundo antiguo sus diversos elementos, para trasformarlos nauta asustado, después de respirar un momento el aire raro
y darles nueva Aida. El templo indio, símbolo del trabajo y sutil de arriba , volvía á entrar pronto en la densa at-
interior de la naturaleza, presenta su informe panteísmo, y mósfera, en medio de los fenómenos conocidos, en el seno
se ostenta en toda la magnificencia de su completo desar- de las pasiones del mundo. Ved á un poeta que traslada sú-
rollo ; el sepulcro egipcio se reviste de los misteriosos res- bitamente su escena , su héroe y su acción , en las descono-
plandores de la inmortalidad; la columna griega corta el in- cidas regiones en que termina, según la fé cristiana, la tier-
flexible rigorismo de su superficie, para remontarse mas ra que habitamos. No penséis sin embargo que renuncie
libremente hacia el cielo; la bóveda romana levántase mas á Tos espectáculos de la naturaleza, ó que repudie las tra-
atrevida sobre los arcos de la aguda ogiva; la arquitectura diciones de la sociedad; muy al contrario , acepta esos
cristiana toma ejemplo, con no menor arrojo, de la cúpula distintos elementos, pero los modifica á su manera. No con-
bizantina y de lá exuberancia de las creaciones árabes. De tento con pintar la naturaleza, la vivifica con su pensamien-
tantas formas distintas no saca mas que una forma, cuyas to inmortal; la llena de terror, de esperanza y de amor :
partes innumerables se enlazan, se buscan, se engendran vuelve las criaturas á su destino primitivo; conviértelas en
¡mutuamente, y se fundan en un cuerpo único y vivo. Tal ministros de la justicia , de la bondad, de la munificencia
es el prodigio del pensamiento cristiano: helo ahí respiran- del Creador; emprende igualmente la solución de todos los
do en todas partes y remontándose hacia Dios su primitivo problemas del destino humano; y sondea las últimas pro-
origen; helo ahí arrastrando hacia el cielo los elementos fundidades del vicio, los secretos de la rehabilitación, y los
mas groseros, la creación entera. Las bóvedas forman es- goces de la inocencia. Pero para hacer una exacta pintura
calones en el aire; sobre estas en varios puntos del edificio de la humanidad, la ha considerado bajo su verdadero as-
álzanse las agujas en el espacio ilimitado, representando la pecto; se ha trasladado á esta mansión en que colocado todo
sublimidad del éxtasis: tal es la aspiración incesante, eter- por su orden natural, el crimen traba eterna alianza con
na , de la creación hacia el Creador. el pesar; la debilidad se abraza ron la esperanza, y la virtud
El pensamiento cristiano era la única fuerza que reani- se confunde con la felicidad constante. El poeta abre esos
maba en esa propia época la escultura y la pintura , y en los espacios inmensos que alcanzan desde el fondo del abismo
monumentos religiosos esclusivamente han dejado gloriosos en que se revuelve la desesperación eterna, hasta esas altu-
vestigios de su renacimiento. Este pensamiento era tan vivo ras sublimes en que reside la luz por esencia y el amor in-
y tan profunoo en aquellos hombres animados de su soplo creado.
inspirador, que la mayor paite no encontraron siquiera un A su vez, sombría y terrible, como los remordimientos
reducido espacio para grabar su nombre en esas catedrales de una conciencia culpable, como los espantosos gritos que
inmensas, que inundaron de movimiento y de vida. Con- resuenan en la mansión de los precitos, triste y condolida
tentos con trabajar para el Salvador y su divina Madre, como los suspiros de la penitencia, como las largas treguas
completaron el holocausto de su existencia, fundando su de un deseo ardiente; graciosa y triunfante como la armo-
propia gloria en el hbmenage de su genio. Mas celosa sin nía de las esferas celestes, como la visión beatífica déla
embargo de sus ilustraciones nacionales, Italia nos dé á co- eterna belleza, la Divina Epopeya de Dante présenla el uní-
nocer a Nicolás de Pisa y á su ilustre familia, á Cimabue y á verso bajo todos sus aspectos, la humanidad bajo todas sus
Giotto, dando entonces comienzo esta serie de obras maestras faces, y en esa sublime senda que conduce al hombre ha-
cristianas, y de nombres célebres , que terminan en Miguel- cia Dios, el poeta presenta sucesivamente ambas creacio-
Ángel y Rafael. Olvidando las tradiciones degeneradas del nes, que se mezclan y confunden en su obra inmensa: la
paganismo, pintores y escultores aficionáronse finalmente filosofía dá en ella sus lecciones por boca de Virgilio, y la teo-
al estudio de la naturaleza, á las ideas religiosas. Ahí vendrá logía por boca de Beatriz. Pues bien, dígalo el poeta, Bea-
á parar forzosamente la poesía después de los caprichosos triz no ha.ce mas que repetir las lecciones del Doctor Angé-
desvíos de su delirio y de los estraños abusos de su energía lico, y hé aquí como Dante se ha convertido en armonioso
naciente; y no terminará el siglo xiii sin que aquella se ar- intérprete de Tomás de Aquino. Mas espresiva que la cate-
repienta y convierta enteramente. A Dante pertenecerá la dral contemporánea, en atención á la superioridad artística
gloria de esa conversión; la sublime penitencia que hará la de la poesía sobre la arquitectura, la Divina Comedia ofre-
poesía, es la Divina Comedia; y el apóstol cuya enseñanza ce una evolución mas brillante de la Suma de Teología; la
hará encorvar la frente y purificará el corazón de esa Mag- idea produce mejor efecto bajo la forma; la ciencia ha disi-
dalena, es Tomás de Aquino. pado por mitad y mas aun las nubes del arte. La verdad
En el siglo xiii la poesía fermenta en (odas partes, pero divina, objeto primitivo de una y otra, inagotable manan-
mas comunmente hace humear su incienso sobre el altar de tial de vida para la humanidad , se comunica á la inteligen-
las falsas deidades. Dante la conduce nuevamente á los al- cia por dos medios principales; revístese sucesivamente, y
tares del verdadero Dios, y con la poesía de su tiempo, con- muchas vecesá un tiempo, de dos luces distintas: una to-
duce también la poesía antigua, recogida con paciencia en davía vacilante y oculta, y otra masfijay brillante. Por una
los tesoros de su vasta memoria, y trasformada poderosa- parte el hombre avanza hacia la indagación de la verdad
mente por la intervención del pensamiento cristiano. La por el estudio de los fenómenos de la naturaleza, al pálido
poesía hasta entonces no habia demandado sus elementos de reflejo de esa antorcha llamada razón ; ábrese con lentitud
vida sino á la naturaleza ó á la sociedad: ahí colocaba su el camino que conduce al pórtico del templo, y finalmente
teatro, ahí encontraba todos sus tipos; el uno le ofrecía to- á través de la religiosa profundidad del santuario, solo ar-
das las bellezas y todos los horrores ; el otro todos los vicios roja sobre ella una mirada indecisa y trémula; por otra par-
y todas las virtudes. Si algunas veces el poeta prescindía de te ofrécesele á la vista la fé religiosa, introdúcele poco á
las realidades esteriores para remontarse á un mundo supe- poco en el sagrado recinto, donde la verdad, descubrién-
rior, si se olvidaba del preíente para espaciarse en el por- dole por sí propia su esplendor y sus encantos, difunde
venir, si salvaba los límites del tiempo para atravesar el desde arriba sus rayos sobre su entendimiento y su cora-
umbral de la eternidad, esto nunca era sino una escursion zón : de la reunión simpática de esas dos luces desiguales se
rápida con relación al plan total de su viaje poético. Aereó- forma el glorioso conjunto de la ciencia completa; y en esto
% 5 1 se
consiste el sublime enlace de la filosofía y de la teología. dagaciones mejor dirigidas y de mas gloriosos descubri-
Santo Tomás de Aquino delinea la imagen y los efectos en mientos. Nunca se hicieron mayores y quizá ni mas felices
su notable obra sobre la Trinidad y en su Suma á los genti- esfuerzos para desmontar el terreno y para reunir los ma-
les, y en sí propio ofrece la personificación imponente y so- teriales de la filosofía natural. La física y la astronomía se
lemne de ese conjunto. La hostilidad ó la confusión de esas comparten el conocimiento del mundo visible: mientras
dos fuerzas intelectuales, marca infaliblemente las épocas de aquella estudia la superficie del globo y penetra en las en-
decadencia; la armonía, y aun la divergencia, caracteriza trañas de la tierra, la otra se remonta á la inmensidad de
con igual exactitud las épocas de progreso. El trabajo cien- los cielos. La primera estudia las combinaciones, los oríge-
tífico del siglo xin está representado por hombres que do- nes de la materia , la genealogía y la trasformacion de los
minarán siempre, desde su elevación colosal, los desprecios cuerpos; la«egunda no pierde de vista los astros en su des-
que parecen prodigarse á esas épocas de ciencias y de fé cris- conocido sendero y prueba de realizar el sistema completo
tianas. Hoy empieza á ser mejor comprendida su gloria, y de las revoluciones celestes. Un fraile franciscano, Rogerio
cada vez mas desaparece de los espíritus ilustrados la ver- Bacon, se habia encargado de esta parte del dominio de la
güenza de esa estraña contradicción entre la admiración y ciencia; y desde el primer paso que dio enesta senda, pro-
el desdén. Alano des lies, Alejandro de Hales , Guillermo clamó la nulidad de la magia y la omnipotencia del arte.
de Auvernia, y en especial Vicente de Beauvais, hablan pre- Este hombre habia recibido del cielo la inspiración de gran-
ludiado á principios de ese siglo el movimiento de renova- des descubrimientos , y vióse favorecido por la naturaleza
ción; así como Raimundo Lulio, Duns Scot y Guillermo con sus mas altas revelaciones. Genio ardiente y positivo á
Occam, debían inaugurar afines del mismo la era de deca- la vez pasa sucesivamente de la teoría á la práctica. El es-
dencia. El punto culminante está caracterizado sin embargo tudio de la luz le conduce á la invención del telescopio; y
por Alberto-el-Grande, Rogerio Bacon, San'Buenaventu- del conocimiento de la naturaleza del fuego pasa á descri-
ra y Santo Tomás de Aquino. Los dos primeros descollaban bir la composición y los efectos de la pólvora. La gravedad
en los dos principales ramos de filosofía; la teología habia que casi ni se sospechaba en la atmósfera , y las leyes abier-
formulado mas especialmente sus doctrinas por medio de tamente reconocidas de la atracción, alcanzan en sus manos
los dos últimos. Con todo no debe esto entenderse en un aplicaciones no menos fecundas. La virtud del imán le re-
sentido absoluto; no les era desconocida á esos genios colo- vela la utilidad de la brújula. Desde esas épocas remotas ar-
sos ciencia alguna de aquella época; aun mas, ellos hablan roja muchas veces una mirada profética sobre las mas sor-
dilatado el horizonte de las mismas; los estudios, la me- prendentes invenciones de los tiempos modernos, como la
moria, las obras de esos hombres estraordinarios tenían do navegar sin necesidad de vientos ni de remeros, y la de
algo de universal, algo de enciclopédico. Pero eso no fué un movimiento local sumamente rápido al que no contribu-
parte para que sus propensiones, el temple especial de su ye para nada la fuerza animal. Para levantar el edificio
pensamiento, y el objeto providencial de su existencia, de- completo de la ciencia, ese hombre portentoso echa mano
jasen de revelarse por medio de una aplicación mas cons- de las fuerzas físicas de la creación con escesivo esclusivis-
tante, y con mas brillantes resultados. mo; concede una parte insignificante al poder intelectual,
Dos grandes manantiales alimentan el rio de la ciencia y no le impele con bastante fuerza hacia su autor.
filosófica: la historia y la naturaleza esplotadas por el estu- Otro fraile franciscano, consagrando su talento á esa em-
dio y la observación. La historia considera mas directamen- presa vasta y difícil, caia entonces en un esceso opuesto; con
te los hechos intelectuales, los progresos ó las evoluciones su corazón abrasado en amor, concentraba casi únicamente
del espíritu humano, las obras y los sistemas de filósofos en Dios su inteligencia noule y pura. «Diosse manifiesta de
antiguos. En nada se ha desmerecido esta tradición del pen- tres modos, dice San Buenaventura: fuera de nosotros por
samiento; en pos de la diversidad de ensefianzas y de las las huellas que su acción creadora ha dejado en todo el
escuelas que se han sucedido, vienen esos espíritus supe- mundo; en nosotros por su imagen que se refleja en el fon-
riores que las estudian y juzgan, realizan sus descubri- do de la naturaleza humana; sobre nosotros por las luces
mientos , y combinan sus principios y sus deducciones. con que ilumina la región superior del alma. Los que le con-
La independencia de esos profundos observadores no es templan en la primera de estas manifestaciones, se detienen
sin embargo tal en semejante inspección, que dejen de en el atrio del templo ; los que se elevan á la segunda, han
ladearse hacia una de aquellas escuelas mas que hacia entrado ya en el lugar santo; los que se remontan á la ter-
otra, según la mayor ó menor relación que guardan con cera, han penetrado en el santo de los santos, » La grada-
sus innatas tendencias. Si empero se detienen algo mas ción está sin duda escelentemente establecida; pero el alma
en un punto que les es simpático , no tardan en despren- del seráfico doctor está demasiado impaciente por refugiarse
derse de su atractivo para recorrer las demás partes del en el fondo del santuario para que recorra los grados suce-
vasto campo de la historia filosófica. Nadie habia sacado de sivos. Así es que salvando de una vez todos los mundos vi-
estas escursiones mayores riquezas que el religioso dominico sibles y todas las naturalezas creadas, encumbrábase en alas
llamado Alberto-el-Grande. Pero estas riquezas las habia de la intuición y del amor hasta el seno de la divinidad.
depositado en su genio, empapadas en su potente persona- Huyendo del triste espectáculo de la sociedad y de la degra-
lidad. Como el rey aquel cuyas victorias profetiza Isaias, él dación , de la mudanza y de la ruina, no se digna considerar
se reviste de sus conquistas y forma de ellas su manto real; las obras de Dios sino en el pensamiento que las ha conce-
á otro que á él debia pertenecer la gloria de revestir con bido, en la voluntad que les ha dado existencia. Esta es la
aquellas la religión; su propia gloria debia sufrir cierto des- fórmula sublime de la teología mística; pero en esto no esta
mérito é injusticia: pero la posteridad ha conservado me- la enseñanza completa de la verdad divina y humana; aque-
jor el recuerdo del pretendido poder que ejercía sobre las lla se revela menos á la tierra por las deducciones dé la ló-
leyes déla naturaleza, que el de su inmensa erudición. La gica que por los acentos del amor divino, y desdeña esce-
naturaleza sobre la que hizo en efecto largos estudios, y á la sivamente el elemento creado en el pensamiento como en la
cual arrancó mas de una vez el secreto de sus operaciones, espresion. El discípulo de San Francisco habia percibido
fué para un genio contemporáneo á aquel el objeto de in- distintamente el objeto, pero lo habia alcanzado con dema-
3} 52 K
siada rapidez. Aun mas, había entrevisto las dimensiones tor, son la prueba palpable de la misericordia infinita, y el
de la ciencia teológica, pero él no estaba destinado á reali- principio de renovación para los desgraciados hijos de un
zarla. Estaba tan hondamente convencido de la necesidad padre culpable. Al llegar á este punto de su desarrollo, la
de referir todas las artes y las ciencias todas á la teología , teología se trasforma todavía, y la historia se convierte en
que á este objeto escribió una de sus principales obras; pero profecía : traza de antemano los destinos de la sociedad cris-
Santo Tomás de Aquino debia completarlo. tiana á lo menos en cuanto le era necesario para afianzar y
Uniéndose su alta y poderosa razón con una fé sincera y consolar á la esperanza; describe con rasgos de fuego el úl-
' fuerte, y hermanándose en esta alma una intuición vivísima timo dia del globo terrestre y del linage humano, y echa
con una incansable perseverancia, se ibaá ver en el mundo la última mirada sobre el triunfo de los que por Cristo ha-
la vasta síntesis de todas las ciencias, el monumento cien- brán vencido el mundo, y que en Cristo estarán perpetua-
tífico de iiquel siglo , la Suma de toda la teología. En ella se mente unidos con la divinidad. Oriundos de la eternidad,
encontrará todo cuanto puede saberse de Dios, del hombre como el tiempo, el universo y la religión, hé aquí que la
y de sus relaciones; tal era el dorado sueño