Francis Schaeffer escribió sobre cosmovisiones; los especialistas en
desarrollo escriben sobre la lucha contra el hambre, y con frecuencia, los
extremos no se tocan. El discipulado de las naciones es, en mi opinión, el
mejor libro que combina el análisis de una cosmovisión con una perspec-
tiva solvente de desarrollo.
Marvin Olasky
Editor de la revista World
Por haberme incorporado a Fundación contra el Hambre por el mismo
tiempo, hace unos 32 años, aprecio y admiro el detenido estudio del autor
en torno a las tesis de Weber: «que las ideas acarrean consecuencias» en
todas sus ramificaciones. Este libro es resultado de dicho estudio: propor-
cionará a los promotores de desarrollo la oportunidad de reflexionar en sus
experiencias, lo cual redundará en gran beneficio.
Ted Yamamori, Presidente
Fundación contra el Hambre Internacional
La realidad de lo que ha acontecido en la vida de Darrow en L’Abri,
hace ya años, se ha repetido en la vida de una gran variedad de hombres
y mujeres de muchos países, con distintos trasfondos, que oscilan entre
el ateísmo, el judaísmo liberal, el islamismo y el cristianismo liberal. Un
denominador común fue la búsqueda de respuestas. Este libro le permitirá
descorrer la cortina en la ventana de la búsqueda de un hombre para des-
cubrir respuestas adecuadas.
Edith Schaeffer
Comunidad L’Abri
La Editorial JUCUM forma parte de Juventud con una Misión, una organización de carácter
internacional.
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Discipulando Naciones: El poder de la verdad para transformar culturas (Tercera edición)
Copyright ©2018 por Editorial JUCUM
Versión castellana: Antonio Pérez
Publicado por Editorial JUCUM
P.O. Box 1138, Tyler, TX 75710-1138 EE.UU.
Título original: Discipling Nations The Power of Truth to Transform Cultures
Copyright © 1998, 2001, 2018 por Darrow L. Miller
Publicado originalmente por YWAM Publishing
P.O. Box 55787, Seattle, WA 98155-0787
Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida por ningún
medio sin el permiso por escrito del editor y del autor.
A menos que se especifique, los textos bíblicos que aparecen en este libro han sido tomados de la
Santa Biblia Reina Valera 1960, con permiso de las Sociedades Biblícas Unidas © 1960.
Los versículos marcados con LBLA pertenecen a la Biblia de las Américas.
ISBN 978-1-57658-861-1
Impreso en los Estados Unidos de América
LIBROS POR DARROW L. MILLER
Opresión de la mujer, pobreza y desarrollo
Vindicación de la dignidad de la mujer para construir naciones sanas
Vida trabajo y vocación
Una teología bíblica del quehacer cotidiano
Reformulación de la justicia social
Redención de la compasión bíblica
La liberación del mundo
Una respuesta cristiana al islamismo radical y el fundamentalismo ateo
El servicio
Llamado de todo cristiano
Este libro está dedicado a nuestros amigos y colegas en cual-
quier parte del mundo que han abrazado, enseñado y mode-
lado las ideas en él contenidas. Que Dios siga usando sus vidas
para dar ánimo y esperanza a las gentes que se esfuerzan por ser
libres y por desarrollar el potencial que Dios les ha concedido.
ÍNDICE
Prefacio por George Grant 9
Prefacio por VishalMangalwadi 13
Prólogo a la tercera edición 17
Agradecimientos 19
Introducción 21
Parte 1: El relato
1. Todos tienen un relato: Cosmovisión y desarrollo 33
2. Historias sobre la pobreza: Cosmovisión y pobreza 55
3. La historia transformadora: La historia que acarrea desarrollo 67
Parte 2: El Rey
4. Dios es una persona: El universo es relacional 83
5. Dios es racional: El universo es inteligible 101
6. Dios es bueno: El universo es moral 125
Parte 3: Su Reino
7. La creación es un sistema abierto: Expansión de los límites 147
8. Las leyes de la creación: La observancia de las instrucciones 165
Parte 4: Sus mayordomos
9. Siervos rebeldes: Naturaleza de las personas 179
10. El uno y la pluralidad: La naturaleza de la comunidad 193
Parte 5: La tarea
11. Mayordomía: Creación y gestión de la abundancia 211
12. Vocación: Conexión entre la vocación y la historia transformadora 229
13. Hacedores de historia: Obediencia a todo lo que Él ha mandado 245
Glosario 265
Recursos 275
Notas 279
Alianza para el discipulado de las naciones 297
Acerca del autor 299
PRÓLOGO POR GEORGE GRANT
¿Cuál es el elemento más importante de todo proyecto eficaz de ayuda al
desarrollo en los pueblos necesitados del mundo? ¿Cuál es el principal
recurso que se puede incorporar a toda iniciativa para dar de comer al
hambriento, vestir al desnudo, y socorrer al que sufre? ¿Cómo movilizare-
mos nuestra riqueza para suplir su carencia? ¿Cómo aseguraremos la justi-
cia? Si la discreción constituye la mejor parte del valor, ¿cuál será la mejor
parte de la compasión?
Las respuestas a estas preguntas se centran invariablemente en cues-
tiones mecánicas o estructurales. Tendemos a creer que atender al pobre es
cuestión de logística. Nos inclinamos a creer que si organizamos proyec-
tos adecuados, con buenos sistemas de apoyo, suficientes recursos y ges-
tión administrativa eficiente, podremos casi resolver cualquier problema.
Si pudiéramos sensibilizar, agudizar conciencias y obtener aprobaciones
gubernamentales, seríamos capaces de poner fin a la plaga de la escasez en
el mundo.
En este libro notable, Darrow Miller propone algo radicalmente dis-
tinto. Él argumenta que la herramienta más eficaz que podemos empuñar
en el empeño de favorecer al necesitado es una cosmovisión bíblica. No
más dinero, más mano de obra, o mejores listas de correos. No mejores
programas, mayor eficiencia, o mejores sistemas. No mayor implicación
gubernamental, mayor participación de base, o mejor difusión pública.
No más unidad de denominaciones, mayor cooperación internacional, o
mejores canales de distribución.
Al contrario —argumenta—, son las ideas las que acarrean consecuen-
cias más profundas. Si nuestros actos son promovidos por ideas correctas,
todo lo demás llegará a su debido tiempo. Pero si estamos atestados de
ideas malas, los planes mejor concebidos inevitablemente se quedarán en
nada.
Considere el resultado perjudicial de muchos esfuerzos bienintencio-
nados para ayudar a los pobres en el siglo XX. Recursos inmensos, estrate-
gias excelentes y programas bien definidos fueron frustrados a cada paso
9
10 DISCIPULANDO NACIONES
debido a filosofías inadecuadas, incoherentes o injustas. Lo mejor que
podemos ofrecer no es suficiente si es menoscabado por malas ideas. Las
ideas acarrean verdaderamente consecuencias.
En 1917, cuando las tropas estadounidenses se estaban preparando
para cruzar el océano y ocupar los campos de batalla de Francia y Bél-
gica, en la Primera Guerra Mundial, la Sociedad Bíblica de Nueva York
pidió al presidente Theodore Roosevelt que imprimiera un mensaje en el
Nuevo Testamento de bolsillo que se iba a entregar a cada soldado. El gran
político accedió gustosamente. Comenzó citando un pasaje bíblico idóneo
para llevar una vida equilibrada. Lo llamó mandato de Miqueas: «¡Ya se
te ha declarado lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el
Señor: Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios»
(Miqueas 6:8). Declarando que «toda la enseñanza del Nuevo Testamento»
es «anticipada en el versículo de Miqueas», Roosevelt exhortó a sus tropas
que dieran ejemplo al mundo en «palabra y obra» con una rectitud moral
irreprochable.
En su breve mensaje a los soldados les instó a: «Hagan justicia; y, por
tanto, luchen valerosamente contra los que se habían decantado por el
reino de Moloc y Belcebú en la tierra. Amen la misericordia; traten bien a
sus enemigos; socorran a los afligidos; traten a las mujeres como si fueran
sus hermanas; cuiden de los niños pequeños; sean amables con los ancia-
nos y los desamparados. Caminen humildemente; lo harán si estudian la
vida y enseñanzas del Salvador y siguen sus pisadas».
Y concluyó diciendo: «Recuerden: La máquina de gobierno más per-
fecta no evitará la destrucción de nuestra nación si no hay en nosotros un
alma. La abundancia de prosperidad material no nos servirá de nada si
nuestro sentido espiritual se atrofia. Los enemigos de nuestra propia casa
ciertamente prevalecerán contra nosotros a menos que haya en nuestro
pueblo una vida interior que halle su expresión exterior en una moralidad
como la que predicaron los profetas y visionarios de Dios cuando la gran-
deza que fue Grecia y la gloria que fue Roma aún estaban por llegar».
Roosevelt creía que la máxima seguridad de hombres y naciones
depende de una fiel adhesión a la triple demostración moral y equilibrio
práctico de los venerables profetas del Antiguo Testamento: un compro-
miso enérgico con la justicia, una preocupación tangible por la misericor-
dia, y una humildad reverente delante del Todopoderoso. Estaba seguro
de que aun desplegando fuerzas superiores en número y armamentos,
PRÓLOGO POR GEORGE GRANT 11
el ejército estadounidense sería al final derrotado si se presentaba en el
campo de batalla desprovisto de esta clase de visión cabal del mundo.
El toque de clarín de este libro es igualmente nítido. Debemos oírlo
con atención para llevar efectivamente a cabo el mandato de practicar
compasión genuina en este mundo caído. En la lucha contra la pobreza y la
depravación tenemos que ceñirnos de interés por la justicia, la compasión
y la humildad, delante de Dios Todopoderoso, con una cosmovisión bíblica
congruente. Después de todo, a pesar del despliegue de fuerzas superiores
en número y armamentos, nuestras fuerzas de ayuda al desarrollo serán, al
final, derrotadas si nos adentramos en el campo de batalla sin una cosmo-
visión íntegra.
Este es un libro vital. Lo es precisamente porque las ideas acarrean
consecuencias. Mi oración es que estas ideas tengan consecuencias extraor-
dinarias por todo el mundo; que Discipulando naciones transforme la his-
toria de la ayuda al desarrollo en nuestro tiempo.
George Grant
King’s Meadow Study Center
Franklin, Tennessee
PRÓLOGO POR VISHAL MANGALWADI
Dios quiso que el hombre viviese en un jardín, pero el pecado le envió a
los suburbios. El evangelio es poder de Dios para salvación del pecado y de
sus consecuencias.
Gautama Buddha, pionero de la Ilustración oriental, en el siglo IV,
consideró el sufrimiento humano como una realidad universal terrible.
Resumió su filosofía en las famosas Cuatro Verdades Nobles. La primera
fue «la vida es sufrimiento». Implicaba que la vida sin sufrimiento no era
posible, y por tanto, la única manera de escapar al sufrimiento era escapar
de la vida. Una consecuencia sombría de tal «ilustración» fue que buena
parte de la energía de mi cultura se invirtiera en técnicas religiosas (p. ej.,
la meditación y el ascetismo) para ir en busca del Nirvana, o escape de la
vida, no escape del pecado y lucha contra el sufrimiento.
La primera verdad noble de un agente de desarrollo es que la vida no
tiene por qué ser sufrimiento. Gran cantidad de sufrimiento es evitable si
sabemos qué es la vida y cómo se debe vivir. Conocer el relato verdadero,
como asegura Darrow Miller, es de una importancia primordial.
No hace mucho conocí a una joven que asistió a una Universidad esta-
dounidense para estudiar servicio social. Ella quería que su vida marcara
una diferencia en el mundo. En sus cuatro años de estudio descubrió que
ninguno de sus profesores creía que una persona como ella podía marcar
una diferencia en el mundo. Por supuesto, la mentalidad secular occidental
carece de la integridad de Buda para exaltar el pesimismo como principio
filosófico fundacional. Pero tampoco podía proporcionar a la mujer una
base intelectual fehaciente para afirmar la esperanza. En cambio, la ense-
ñanza de Darrow Miller le ofreció un optimismo radical que le inspiró a
ir a un país africano desgarrado por la guerra, a arriesgarse ante el peligro,
para servir a los refugiados y enseñar a las tribus enfrentadas el camino de
la vida. Hay miles de jóvenes que sirven hoy en todas las partes del mundo,
afiliados a grupos como Fundación contra el Hambre y Juventud con una
Misión, que también pueden dar testimonio de la influencia de la ense-
ñanza de Darrow Miller en sus vidas.
13
14 DISCIPULANDO NACIONES
El actual estado de ánimo sombrío de la intelectualidad secular pro-
viene del colapso de la Ilustración occidental. La lógica de la Ilustración
afirmó que, como no había Dios, el hombre tenía que ser su propio mesías.
Asumió que el hombre no era más que una parte de la naturaleza física y,
por tanto, era posible descubrir las leyes que regulan la conducta humana.
Esas leyes «científicas» podrían luego ser válidas para construir la utopía.
Este relato cuasi-científico, metafísico, dio a luz la idea decimonónica de
la ingeniería social. Se imaginó que lo mismo que los ingenieros químicos
o eléctricos recurren a las leyes de la física para producir bienes y aparatos
fantásticos, los ingenieros sociales serían capaces de construir sociedades
perfectas. El fascismo (incluido el nazismo) y el comunismo (incluidas
algunas versiones del socialismo) fueron dos de los proyectos más ambi-
ciosos para construir una utopía científica. Los horrores que engendraron
en el siglo XX destruyeron el optimismo de la Ilustración secular. Ahora
sabemos que ni somos lo suficientemente capaces ni lo suficientemente
buenos como para ser nuestros propios salvadores.
La Ilustración europea no originó el tradicional optimismo occiden-
tal. Únicamente secularizó la esperanza que la cosmovisión bíblica había
aportado a la cultura occidental. Una fuente esencial de este optimismo
fue la concepción singular del significado del hombre que se desarrolló
durante el Renacimiento. Los teólogos del siglo XIV habían discutido el
asunto: ¿Quién es mayor, el hombre o los ángeles? El debate quedó zanjado
en favor del hombre: Dios había venido como hombre en Jesús el Mesías
para salvarlo —hombre y mujer—. Dios pudo hacerse hombre, razonaron
los teólogos, porque el hombre fue creado a su imagen.
La idea de que el hombre era mayor que los ángeles pareció, a primera
vista, ridícula. Todavía hoy, una sociedad, una casta, tribu, o familia repu-
dia a uno de sus miembros para que yazga en las calles de Calcuta, obligado
a mendigar y ser comido por los parásitos, gusanos, o aves rapaces, preci-
samente porque perciben que él o ella es una carga inútil. ¿Cómo puede un
ser humano tan inútil e impotente ser mayor que los ángeles?
Los teólogos argumentaron que él (y ella) es mayor porque su valor (el
de ambos) equivale a la sangre del Hijo de Dios. Si ese ser humano «inútil»
es lo suficientemente importante para que Dios dejara su trono en el cielo
y viniera a la tierra a morir por él, entonces, también es lo suficientemente
valioso como para que la madre Teresa sacrifique su vida por él. Los teó-
logos del Renacimiento concluyeron asimismo que si el hombre ha sido
PRÓLOGO POR VISHAL MANGALWADI 15
creado a imagen de Dios, es razonable asumir que puede ejercer control
sobre las fuerzas de la naturaleza, aprovechar su energía para común bene-
ficio, y (sometido a Dios), servirse de ella para conformar su destino.
Los musulmanes, comprensiblemente, descartan el relato del Dios que
se hizo hombre en Jesucristo como mito blasfemo —como una falsedad
histórica—. Lo que no parecen entender es que al adoptar esa postura,
socavan el principio de humanización más firme de la historia. El islam
afirma que el hombre tiene la suficiente importancia como para que Dios
envíe profetas para decirle qué ha de hacer y de qué debe abstenerse. Pero
según el islam, cuando un hombre hace lo malo y perece, Dios no le con-
sidera lo suficientemente valioso como para venir Él mismo a la tierra a
salvarle. Esto implica que el hombre puede recibir la ley de Dios pero no
su amor abnegado.
Suponga que una hija mía se extravía y queda atrapada en un buen lío,
en una vorágine de su propia invención, y se está lastimando. ¿Le enviaría
solamente instrucciones, o iría yo personalmente a sufrir con ella haciendo
todo lo posible por ayudarla a restablecer su vida? Si creo en el evangelio y
procuro ser piadoso —y asemejarme a Dios—, entonces tengo que ser tan
amoroso con mis hijos como Dios lo ha sido conmigo. Después de demos-
trar que mis hijos son para mí lo bastante valiosos como para sufrir con
ellos y por ellos, me gano el derecho de esperar y pedir que ellos se vean
unos a otros lo bastante preciosos como para ser servidos a costa de un
precio personal. Jesús nos mandó amar a nuestro prójimo como a nosotros
mismos porque al morir por nosotros nos demostró que nos ama tanto
como a su propia vida.
Darrow Miller es un maestro y autor popular, muy solicitado en todos
los continentes. Todos los que nos hemos sentado a sus pies estamos agra-
decidos de que su enseñanza esté ahora a disposición de una audiencia más
amplia. No me cabe duda que inspirará y equipará a muchos para practicar
la piedad bíblica.
Espero que el más áspero criticismo de las enseñanzas de Darrow pro-
venga de alguno de nuestros colegas en la «industria del desarrollo».
Algunos serán críticos porque han sido engañados por el posmo-
dernismo, seducidos a creer que la tolerancia significa mostrar el mismo
respeto a todas las ideas morales y metafísicas. Piensan que ser tolerante
con las personas que discrepan con nosotros es una virtud. No obstante, el
tolerar ideas falsas y malas costumbres sociales puede ser perverso y cruel.
16 DISCIPULANDO NACIONES
Sin duda, los profesores y autores que propagaron el nazismo, el comu-
nismo y el socialismo merecían ser criticados y refutados, lo mismo que
actualmente en la India condenamos a los líderes que nos oprimieron con
su socialismo. Estudios realizados por foros como el Banco Mundial han
reconocido que no todas las ideas y costumbres morales tienen las mis-
mas consecuencias. Las naciones pobres suelen ser las naciones «corrup-
tas». No muchas personas esperan que el Banco Mundial tenga el coraje de
investigar públicamente la cuestión de si las creencias religioso-culturales
son o no causa importante de la corrupción moral de algunas culturas. Sin
embargo, este es un hecho que Platón percibió hace muchos siglos. En La
república, su obra clásica, Platón advirtió a sus conciudadanos griegos que
ni siquiera podían comenzar a construir una sociedad justa sin acabar con
las historias viciadas de sus dioses y diosas. Un pueblo no puede ser mejor
que sus dioses. Darrow Miller proclama hoy un anuncio similar.
Desgraciadamente, otros colegas criticarán a Miller porque, para
muchos de nosotros, el servicio comunitario se ha convertido en un
comercio lucrativo a expensas de fondos públicos. Interpretan la pobreza
fundamentalmente en términos económicos. Esto les da derecho a recla-
mar dinero público para «luchar» contra ella. La idea de que combatir la
pobreza puede significar tener que combatir las ideas que causan la misma
les resulta inconveniente. Sus programas cuasi «contra la pobreza» además
de dinero les proporcionan honor. Desafiar creencias culturales predilec-
tas que causan sufrimiento suele acarrear rechazo y crucifixión. Este es un
precio que no muchos están dispuestos a pagar. Se conforman con ser «ser-
vidores públicos» en tanto en cuanto ello no suponga persecución. Disci-
pulando naciones demuestra que Darrow Miller tiene suficiente compasión
por los pobres como para sacrificar las vacas sagradas (creencias sagradas)
que causan buena parte de la pobreza en el mundo. Él verdaderamente
sigue a un Salvador que estuvo dispuesto a ser crucificado por las mismas
personas que vino a salvar.
Vishal Mangalwadi
Ivy Cottage
Landour, Mussoorie (U.P.), India
PREFACIO A LA TERCERA EDICIÓN
Discipulando naciones fue escrito hace veinte años. Ha sido todo un gozo
ver cómo Dios ha bendecido este libro. Ha dado la vuelta al mundo y hoy
está disponible en catorce idiomas, gracias a la visión de los que lo leyeron
y lo solicitaron en su lengua materna.
Cuando fue publicado Discipulando naciones, dos organizaciones de
desarrollo formaron una alianza que finalmente dio lugar al organismo/
organización conocida como Alianza para el Discipulado de las Naciones
(ADN). El Señor ha usado ADN en maneras que sobrepasan a nuestra
imaginación. Ha influido en miles de personas de más de sesenta países.
(Para más información sobre ADN, consúltese la página 297.)
El manuscrito original fue redactado para agentes humanitarios y de
desarrollo, misioneros, médicos o profesionales sanitarios que deseaban
ayudar a los pobres, y necesitaban entender el papel fundamental que des-
empeña la cosmovisión para atender al problema de la pobreza. Pero el
libro tocó la fibra de un público más amplio. Fue bien recibido por laicos,
pastores, profesores de institutos bíblicos y seminarios, líderes del mundo
en desarrollo, estudiantes, alumnos de escuela-hogar, y profesionales que
procuran instaurar el Reino de Dios en sus círculos. Me alegra mucho que
no pocas de estas personas hayan exclamado a lo largo de estos años: «Este
libro ha cambiado mi vida y mi ministerio».
Es de gran bendición ver que Discipulando naciones ha sido traducido
a catorce idiomas, como el español, ruso, vietnamita o mongol. Este trabajo
fue impulsado por el Espíritu de Dios y por el don de amor de las personas
influidas por su mensaje.
Muchos me han preguntado que cuándo se actualizaría el libro. Pues
aquí está, para todos los que lo han esperado. Esta tercera edición va dedi-
cada a todos los que procuran que los pobres salgan de la pobreza, los
individuos y las comunidades prosperen, las naciones se desarrollen y for-
men parte de la iglesia que influye en la sociedad y en el mundo, es decir,
desean que el reino de Dios avance. Todos nosotros necesitamos entender
las implicaciones prácticas de la cosmovisión en estos procesos.
17
18 DISCIPULANDO NACIONES
Confío en que los que fueron influidos por el mensaje de la primera
edición del libro se animen con esta tercera. Y mi plegaria es que este libro
altere la dirección vital de una nueva generación de lectores. Mis colegas
y yo hemos actualizado datos, añadido nuevas historias, e incorporado
material procedente del desarrollo continuo de mi enseñanza y de las apor-
taciones y comentarios de muchos amigos en los últimos 20 años.
Hace poco, un joven pastor colombiano me confesó que este libro le
había revelado un «universo alternativo» que nunca pensó que existiese,
pero que deseaba. Ha sido difícil hacer un seguimiento de los muchos pas-
tores, misioneros, agentes de desarrollo, líderes de iglesia y cristianos lai-
cos que manifestaron el deseo de haberlo leído cuanto tenían veinte años.
Habría cambiado sus vidas, negocios, ministerios e iglesias.
Que el Señor le bendiga por procurar ministrar su compasión a los
pobres y necesitados, para redimir la cultura, a fin de que Cristo sea glori-
ficado y sea revelada la gloria de las naciones.
Bienvenido a un universo alternativo. Participe en el avance del reino
de Dios.
Darrow L. Miller
Happy Jack, Arizona,
Enero 2018
Nota de la Editorial: se recomienda leer el glosario antes de leer el libro
para una mejor comprensión.
AGRADECIMIENTOS
Gracias al Dr. Ted Yamamori, presidente emérito de Fundación contra el
Hambre, por decirme que había que escribir un libro y animarme cada vez
que me veía.
A Stan Guthrie, quien tomó textos y abundantes notas de mis diser-
taciones en los Talleres de Ética para el desarrollo y los transformó en los
capítulos de calidad que conforman este libro.
A Chris Colby, de Naves de Esperanza, y David Boyd, de la Universi-
dad de las Naciones, por creer en este proyecto e identificarse con él.
A Scott Allen y Steve Corbett, por los largos coloquios que ayudaron a
definir el contenido del libro.
A Tom Steffen, artista gráfico de talento, por detenerse a pensar con-
migo y dar con el gráfico conceptual que contribuyó a que el primer libro
resultara bastante accesible.
A Gary Brumbelow, mi buen amigo, escritor, editor de talento y gestor
del blog Darrow Miller y Amigos. Gary ha colaborado conmigo para pre-
parar la publicación de esta tercera edición.
Al equipo de YWAM Publishing: Ryan Davis, nuestro excelente editor,
junto con Tom Bragg y Warren Walsh. Gracias por creer en los mensajes
de la Alianza para el Discipulado de las Naciones y por colaborar en su
publicación y distribución.
Y por último, muy especialmente, gracias a mi esposa Marilyn y mis
cuatro hijos, Nathan, David, Jonathan, y Maryrose, quienes por una década
vieron a su padre arrojar borradores desechados a la papelera —«el libro de
la papelera»— y contribuyeron con su paciencia y su estímulo.
19
INTRODUCCIÓN
Empezaba a hacer frío en Gisenyi, y el pequeño Ntaganira, de dos años,
esperaba descalzo y tiritando a la intemperie. La familia de Ntaganira había
huido del genocidio perpetrado en su tierra natal de Ruanda para refu-
giarse en un país fronterizo y añadirse a más de un millón de refugiados
esparcidos por un vasto campamento. Pero unos hombres armados separa-
ron a Ntaganira y su hermanito Niyo, de cuatro años, de sus padres. Asus-
tados, hambrientos y confusos, formaban parte de docenas de «niños no
acompañados» que también habían sido forzados a cruzar la frontera de su
país de origen. Sus padres temían ser asesinados si regresaban a recoger a
sus hijos.
En mi labor con una organización cristiana no lucrativa de ayuda al
desarrollo*, había pasado el día en Gisenyicon haciendo preguntas de
«carácter general» con compañeros y personal de otras organizaciones pri-
vadas de voluntariado. Bajo la supervisión del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Refugiados, conversamos acerca del flujo de per-
sonas, suministro de alimentos, agua y mantas; y de otros mil detalles para
«procesar la ayuda» a un gran número de personas.
Entonces cometí el error de fijarme en Ntaganira. Varias cuestiones
inquietantes me invadieron mientras el frescor nocturno me bañaba el ros-
tro. ¿Le atenderá «el sistema»?¿Cuidará alguien de él o caerá en el olvido?
De repente, la perspectiva general se trocó en una cuestión personal. Con
un nudo en el estómago, me di media vuelta.
Ahí, anhelando el refugio de los brazos de su madre, hay un niño
hambriento de dos años —no un número más—.¿Quién va a cuidar de él?
No. Esa no es la pregunta. ¿Lo cuidaré yo? ¿Le recogeré, le envolveré con
mi chaqueta, le defenderé ante las autoridades militares, le proporcionaré
agua, alimento y techo?
Este libro va destinado a los cristianos que se preocupan de la pobreza
global en todas sus formas: física, social, espiritual, así como de la escasez
21
22 DISCIPULANDO NACIONES
de sabiduría*. Es para los que no se conforman con hablar meramente del
problema sino que prefieren actuar. Es para los que desean discipular a las
naciones,* crear culturas* que reflejan el reino de Dios, y se esfuerzan por
construir comunidades justas, libres, compasivas, y prósperas.*
La pregunta
Jesús dijo: «Porque siempre tendréis pobres con vosotros». (Mat. 26:11).
Un vistazo al mundo actual basta para comprobar que tenía razón, aunque
hayan transcurrido dos mil años. Por ejemplo, 815 millones de personas
en el mundo no disponen de suficiente comida para desarrollar una vida
activa sana.1 Unos nueve millones de personasmueren cada año de ham-
bruna o por causas relacionadas con el hambre.2 Estas cifras son inferio-
res a las de hace 40 años; y eso es bueno. Pero este nivel de sufrimiento
humano es inimaginable, y, ciertamente, no da pie para cantar victoria.
Incluso en Occidente, donde la prosperidad es casi la norma, la pobreza
persiste, en términos relativos3. A pesar de los millones de dólares dedica-
dos a planes de bienestar en la guerra contra la pobreza del último medio
siglo, la tasa de pobreza en los Estados Unidos, la nación más rica en la his-
toria del mundo, ha permanecido alarmantemente elevada, según criterios
del gobierno estadounidense. Uno de cada cuatro niños estadounidenses
vive sumido en la pobreza. Aunque vivimos en un periodo sin precedentes
por lo que se refiere a números de cristianos e iglesias, nuestro impacto en
el reino es inquietantemente bajo. Nuestro mundo sigue tremendamente
fracturado. Cabe preguntarse por qué.
He aquí una cuestión relacionada y fundamental: ¿Cuál es la causa de
la pobreza en todas sus formas? ¿Es la gente pobre mayormente por cues-
tiones debidas a sus circunstancias físicas, o por razones de otra índole?
La mayoría de las personas nunca se plantean estas preguntas. En
cuanto a las que lo hacen, muchas tienden a abordarlas desde una óptica
social, económica o política. Pero la evidencia revela claramente que la
pobreza y el fracaso de un país o comunidad en desarrollar su pleno poten-
cial son causados tanto por condicionantes externos como por factores
internos. Los condicionantes externos escapan al control del individuo o
* Las palabras que figuran en el glosario están marcadas en el texto con un asterisco en su
primera aparición.
INTRODUCCIÓN 23
la comunidad. Existen dos importantes condicionantes externos —el mal
estructural4 y el mal natural*.
Los profetas bíblicos eran bien conscientes del mal estructural. Conde-
naban repetidamente la injusticia social, que es una de las causas principa-
les de toda suerte de pobreza y de quebranto humano. Del mismo modo, el
mal natural —terremotos, sequías, inundaciones, enfermedades— causan
hambre y pobreza a gran escala.
La buena nueva de Cristo debe responder a ambas clases de mal, por-
que Cristo vino precisamente para«destruir las obras del diablo» (1 Juan
3:8). La cruz de Cristo no sólo hace referencia a la salvación del individuo.
Como prueba de la justicia y la misericordia divinas, la cruz también cri-
tica radicalmente las instituciones sociales, políticas y económicas injustas.
Como ha dicho el gran misionero y crítico social Leslie Newbigin: «Una
predicación del evangelio que llama a hombres y mujeres a aceptar a Jesús
como Salvador, pero no aclara que el discipulado significa compromiso
con una visión de sociedad radicalmente distinta a la que controla nuestra
vida pública actual debe ser condenada como falsa».5
A diferencia del enfoque bíblico sobre los males que impiden el desa-
rrollo humano, muchos que escriben acerca de este tema se centran en
causas materiales —sociales, económicas y políticas— externas. Aunque
tal análisis es bueno y necesario, este libro examinará los factores internos
que arrastran a la pobreza y a la asfixia de las comunidades humanas. Es
necesario ahondar en las raíces metafísicas del problema. Esto se puede
conseguir examinando los relatos que la gente cuenta de sí misma, los rela-
tos que moldean y dan forma a comunidades y culturas. Por tanto, además
de los valores culturales y las creencias religiosas que conforman la menta-
lidad de gentes, comunidades y naciones, exploraré su forma de vida.
El relato*
El mundo está lleno de relatos. ¿Hay alguno en particular que estimule el
desarrollo humano? Sí, un «relato antiguo» impele exactamente a eso. Es
un relato completamente verídico, la narrativa que concuerda con la rea-
lidad. Pero es menester contar este antiguo relato de manera innovadora y
novedosa. Esto se puede hacer enfatizando elementos del relato que, trági-
camente, muchos cristianos han pasado por alto. ¿Cuáles son esos elemen-
tos básicos? Entre otros, un Rey, su reino, sus mayordomos y la tarea que
nos ha encomendado.
24 DISCIPULANDO NACIONES
El Rey es el Dios personal, racional y moral del universo. El reino es
toda la creación, tanto física como espiritual. Este reino, con puertas abier-
tas al Rey y a sus súbditos, tiene leyes que gobiernan a los administradores,
que son los miembros de la raza humana, creados a su imagen. De estos
administradores, o siervos, se espera que glorifiquen al Rey y le sirvan
en su reino. Pero ellos se han rebelado, se han lanzado a la decadencia,
la destrucción y la muerte. Ahora bien, el relato no termina ahí, porque
los súbditos del Rey son singulares e importantes, incluso en este mundo
caído. Los administradores que llegan a conocer a este Rey por medio del
sacrificio de su Hijo son llamados a gestionar su reino, preservar y hacer
producir los recursos* latentes en sus dominios.* Es una responsabilidad
enorme, laboriosa. El teólogo James K.A. Smith lo expresa del siguiente
modo: «Cuando Dios llama la creación a la existencia, Él exclama que es
muy buena, pero no que esté acabada. La creación no viene a la existencia
preparada con escuelas, granjas y museos de arte; todos ellos reclaman ser
desembalados… Las riquezas y el potencial de la buena creación de Dios
han sido confiados a los portadores de su imagen. Tal es nuestro llamado
y nuestra comisión».6
Además, los siervos deben de propagar el conocimiento del Rey, desa-
rrollar así el mundo y extender su reino. Como dice Bernard T. Adeney:
«La revelación de Dios en la historia es un relato con el que fusionamos el
nuestro. Al hacerlo aprendemos a dar sentido a nuestra vida como narra-
tiva coherente».7
En su notable libro, Verdad total, Nancy Pearcey hace la siguiente
observación acerca del vínculo entre la naturaleza humana y la cosmovi-
sión bíblica.*
Afirmar que el cristianismo es la verdad respecto a toda la realidad
significa que es una cosmovisión íntegra y completa. El término significa
literalmente una visión del mundo, una perspectiva de la realidad bíbli-
camente fundamentada. Una cosmovisión es como un mapa mental que
nos indica cómo navegar por el mundo eficazmente. Es la impronta de la
verdad objetiva de Dios en nuestra vida interior…
La idea de que necesitamos tal «mapa» surge de la concepción bíblica de
la naturaleza humana. El marxista puede alegar que la conducta humana
es moldeada, fundamentalmente, por las condiciones económicas; los
freudianos lo atribuyen todo a los instintos sexuales reprimidos; y el
INTRODUCCIÓN 25
psicólogo conductista considera que el ser humano es un mecanismo
estímulo-respuesta. Pero la Biblia enseña que el factor predominante en
las decisiones que tomamos es nuestra creencia fundamental o compro-
miso religioso.8
La historia bíblica comenzó en un jardín (Génesis 1-2) y concluirá en una
ciudad-jardín (Apocalipsis 21-22). Es una historia de gloria, corrupción,
restauración, creatividad y desarrollo. Esta historia nos ofrece escenas de
sudor y frustración, y a la vez, de progreso.* Pero, ¿cómo se alcanza el
progreso en la historia? El desarrollo humano abarca más que el mero
trabajo, más incluso que el trabajo esforzado. Millones de personas tra-
bajan esforzadamente sin reconocer siquiera la verdadera naturaleza
del trabajo humano, el vínculo entre el trabajo humano y el mandato*
creacional de Génesis 1:28-30. Mi amigo, Christian Overman afirma que
nuestra labor es cuestión de gobernanza. «El trabajo es, en el fondo, cues-
tión de gobernanza. Gobernanza sobre la madera, el metal, las vacas, el
algodón y las zanahorias. Gobernanza de las ondas sonoras, corrientes
eléctricas y el viento. Gobernanza sobre teclados de computadoras, fibras
ópticas e imágenes digitales. Gobernanza de las personas. Gobernanza de
las cosas. Gobernanza de las ideas».9
La dirección de la humanidad —hacia la prosperidad o hacia la deca-
dencia— se basa en el pensamiento. Como acertadamente afirma la anti-
gua sentencia hebrea: «Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal
es él» (Proverbios 23:7, RV1960). Lo que pensamos en el corazón se mani-
fiesta inevitablemente en la conducta, el habla, la escritura, y las obras. Las
instituciones sociales y políticas reflejan la huella inconfundible de nues-
tros pensamientos. Los pensamientos incluyen los supuestos en torno a
cómo funciona el mundo y lo que importa en la vida. Estos supuestos, en
su conjunto, constituyen nuestra cosmovisión.
Según el filósofo cristiano Dallas Willard:
Dicho llanamente, la cosmovisión consiste en los supuestos más básicos
y generales sobre lo que es bueno y real, incluidos los supuestos sobre
lo que somos y lo que debemos hacer… No hay nada más práctico que
nuestra cosmovisión, ya que determina la orientación de todo lo que
pensamos y hacemos.
Además, las cosmovisiones son inevitables. Todo el mundo la tiene…
Es una necesidad biológica para los seres humanos, porque actuamos,
conscientemente o no, con referencia a un todo (un «mundo»). Nuestra
«visión» de la totalidad determina lo que vamos a emprender u omitir en
26 DISCIPULANDO NACIONES
nuestros actos cotidianos, día tras día, hora tras hora. Dicta lo que vamos
a considerar como recursos y reconocer como peligros. Determina nues-
tras metas y posibilidades, y eventualmente, la calidad de nuestra vida y
la clase de persona que vamos a ser. Una cosmovisión es simplemente
una orientación general en la vida. No se puede «prescindir» de tener
que optar por una cosmovisión. Lo único que se puede hacer es asumir
una que se conforme lo mejor posible con la realidad… Lo que es per-
tinente a este respecto para los individuos es válido también para los
grupos sociales e incluso para sociedades y naciones enteras… Lo que
asumimos como real y valioso gobernará nuestros actos y actitudes.10
Para el cristiano, el reconocer la propia cosmovisión es sólo el
comienzo. Debemos actuar apoyados en una cosmovisión para poder
propagar la verdad*, la belleza y la bondad de la cultura del reino en la
tierra.
¿Qué tiene que ver nuestra cosmovisión o relato con el desarrollo
humano? Muchísimo. Lo mismo que el terreno en que un árbol está plan-
tado juega un papel decisivo en su crecimiento, del mismo modo los valores,
las actitudes, la cultura y el ethos* de un pueblo determinan el desarrollo
sano, restringido, o inexistente de dicho pueblo. El objetivo de este libro es
compartir el relato que puede transformar la pobreza en abundancia para
poder compartirla con otros. Me propongo desembalar una serie de princi-
pios, una ética* de desarrollo que cree un terreno fértil para éste.
La guerra
El relato que he descrito nos advierte que se está librando una guerra entre
la vida y la muerte, el bien y el mal, Dios y Satanás. Pero este conflicto espi-
ritual no se reduce a la Biblia. Se inmiscuye en el mundo cotidiano de ideas
e ideales, moldea la historia, determina nuestro futuro y controla en gran
medida la manera en que vivimos. Aunque a veces una persona declare su
neutralidad por lo que respecta a un conflicto militar, nadie puede decla-
rarse neutral en la guerra espiritual generalizada que envuelve a este pla-
neta. No hay espacio neutro. Ora se pisa terreno del reino, ora territorio
ocupado por el enemigo.
A la hora de luchar contra la pobreza en todas sus formas y de trabajar
por el desarrollo de nuestras comunidades, tenemos que entender y aplicar el
relato adecuado. Las buenas intenciones por sí solas no bastan para librar a la
INTRODUCCIÓN 27
gente de la pobreza. El economista Walter Williams invita a hacer un análisis
imparcial: «Tenemos que pensar más con el cerebro que con el corazón para
abordar el problema de la pobreza».11 Desgraciadamente, muchos cristianos
comprometidos con la justicia y el bien común se han limitado a seguir las
últimas tendencias de la industria de la pobreza. El enfoque antropocéntrico
y etno-céntrico no resolverá el problema ni nos mostrará el camino. Dios
debe ser el origen, el medio y el propósito de todo nuestro esforzado que
hacer para forjar comunidades y naciones justas y florecientes.
Por supuesto, las religiones teocéntricas —el cristianismo, el judaísmo
y el islam*—reconocen que Dios es, que existe una realidad que trasciende
a los cinco sentidos, y que hay absolutos (tanto morales como metafísicos)
por los cuales deben ser juzgadas todas las culturas, occidentales y no occi-
dentales, modernas y antiguas. Cuando se descubre este orden objetivo y
se vive dentro de su contexto, brota naturalmente el desarrollo humano.
No obstante, negarse o rebelarse contra este orden invita a la destrucción
y la desesperanza. Como declaró E. Stanley Jones, gran misionero y teó-
logo metodista del siglo pasado: «Las leyes morales están profundamente
engranadas en la constitución de las cosas: no las quebrantamos; nos que-
brantamos sobre ellas».12
Es necesario, pero no suficiente, contar el relato verdadero. Hemos de
tener también un corazón recto. No sólo el contenido apropiado, sino tam-
bién el método correcto. No sólo la sustancia adecuada, sino también el
estilo correcto. Hemos de considerar el relato de otras personas. Tenemos
que examinar sus actitudes y valores para articular mejor los principios
universales que proveen suelo fértil para el florecimiento humano. En todo
ello, precisaremos humildad y gentileza. Como dijo una vez H. Jackson
Brown Jr.: «Toda persona que le presenten sabe algo que usted no sabe;
aprenda de ella».13
Mi predisposición
Antes de entrar de lleno en materia, quisiera decirle algo de mí mismo.
Mis amigos me llaman «transformador apasionado de paradigmas». Soy
un activista social que se ha dado cuenta de la importancia de las ideas.
El desarrollo no es un valor neutro, y yo no soy relativista. Los lectores
que lo sean se llevarán un chasco con este libro. Pero la verdad es que Dios
28 DISCIPULANDO NACIONES
importa, no sólo en el más allá, sino aquí y ahora. Soy un teísta en general, un
monoteísta judeocristiano en particular y un seguidor de Jesucristo. De estos
supuestos, fluyen ciertas conclusiones que creo ampliamente defendibles.
Mi deseo es ir en pos del «punto de integración radical», para evitar
los extremos de la izquierda o la derecha, liberal o conservadora. Presiento
que los liberales comprometidos me hallarán demasiado conservador,
mientras que los conservadores me hallarán demasiado liberal. Mi doc-
trina ortodoxa evangélica crea un marco para abordar la vida desde una
perspectiva progresiva-conservadora.
Espero ser liberal (del latín liber, libre) en el sentido de ser de pensa-
miento avanzado, abierto a nuevas ideas; generoso y liberal de espíritu, con
mentalidad magnánima; capaz de respetar y evaluar críticamente opinio-
nes ajenas. No quiero decir «liberal» en el sentido de libertino, sin restric-
ciones morales. Tampoco soy secularista, como muchos que se inclinan a
la izquierda política.
También espero ser conservador,(del latín cum, «con» y servare, «vigi-
lar» o «custodiar»), en el sentido de conservar principios fundamentales,
celebrar el pleno consejo de Dios y preservar las verdades fundamenta-
les de la fe* (incluida la que asegura que la vida sólo se halla en Cristo).
Todo esto fluye del profundo sentido de gratitud hacia mis antepasados,
quienes me transmitieron estas verdades, así como del deseo de transmitir
estos mismos principios a las generaciones futuras. El mensaje de este libro
es, por supuesto, un trabajo progresivo. Ha crecido y madurado durante
casi cuatro décadas, con la colaboración de muchos amigos informados,
demasiado numerosos como para ser reconocidos individualmente, que
han criticado su contenido y estimulado su progreso. Ellos saben quiénes
son. Gracias.
Una nota para el lector: Al final de cada capítulo, encontrará preguntas
para el estudio que le ayudarán a aclarar su propio pensamiento. Sus res-
puestas le ayudarán a transformar su cosmovisión para reflejar más estric-
tamente el relato bíblico.
Preguntas para el estudio
1. Defina los siguientes términos en sus propias palabras: desarrollo
humano, cosmovisión, pobreza, leyes morales.
INTRODUCCIÓN 29
2. ¿Cuál es la tesis básica de este libro?
3. Al reflexionar en los comentarios que hace Dallas Willard sobre la
cosmovisión, ¿por qué es tan importante la cosmovisión para su
vida?
4. ¿Cómo reformularía usted los comentarios de Stanley Jones sobre
la ley moral?
5. ¿Qué preguntas, tiene usted en relación con las ideas presentadas
en esta introducción?
PARTE 1
EL RELATO
Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente
mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
.Juan 8:31- 32
Estas dos visiones del mundo [el teísmo judeocristiano* y el huma-
nismo secular] se manifiestan, en su conjunto, completamente
antitéticas en contenido y también en consecuencias naturales —
incluidos sus efectos sociológicos y gubernamentales y,concreta-
mente, la ley.
No es que estas dos cosmovisiones difieran únicamente por lo
que toca a su concepción de la realidad y la existencia. También
producen inevitablemente resultados completamente distintos. La
palabra clave es inevitablemente. Y no sólo producen resultados
diferentes, sino que es absolutamente inevitable que los produzcan.
Francis Schaeffer, Un manifiesto cristiano
1
TODOS TIENEN UN RELATO
Cosmovisión y desarrollo
J osie Kornegay, enfermera de los Cuerpos de Paz en el hospital de la
misión de Serabu, distrito Bo de Sierra Leona, África Occidental, aca-
baba de impartir un curso de microbiología para diez alumnas nativos.
Todas se habían esforzado, asimilado la información y demostrado cono-
cimiento de los virus, bacterias y otros organismos microscópicos que cau-
san enfermedades. Pero después del examen final, una estudiante levantó
la mano.
—Señorita —dijo—, sé lo que nos ha enseñado acerca de la polio, pero
¿quiere saber cómo la gente realmente la contrae?
Con gran desazón Josie preguntó cómo.
—¡Son las brujas! —respondió la alumna—. Son invisibles. Vuelan y
merodean de noche y muerden a la gente por la espalda.
DespuésJ Josie me contó que aquel incidente le abrió los ojos: «En ese
momento me di cuenta que, por lo que concierne a los estudiantes de Sie-
rra Leona, yo no sabía de qué estaba hablando. Sus abuelas les habían ense-
ñado que las brujas eran reales y que los micro organismos era lo que los
blancos creían al respecto».1
Josie descubrió, en carne propia, que la cosmovisión determina la
mentalidad que se tiene acerca de la salud. Los miembros de culturas ani-
mistas consideran que el destino o los espíritus (a menudo demoníacos)
son todopoderosos. En la cultura islámica, la exclamación insh’alá («está
33
34 DISCIPULANDO NACIONES
escrito») origina un marco aplastante para el fatalismo. En Tailandia se
designa a los campesinos jaak-con («destinados a la pobreza»). Por su
parte el hinduismo* considera la perfección como un estado de resigna-
ción. Es mejor apartarse del mundo que atacar sus males. Más cercano a
la mentalidad occidental, el secularismo* considera que el hombre es poco
más que una máquina compleja, un componente más del universo físico.
Esta mentalidad determinista genera escasa motivación para defender la
justicia, dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, o proteger al no
nacido, al discapacitado o al anciano. La célebre frase de William Provine,
destacado biólogo evolucionista y profesor de la Universidad de Cornell,
sentencia: «Si el darwinismo fuera verdadero, entonces, de él se deriva-
rían cinco conclusiones ineludibles: No hay evidencia de Dios, no hay vida
después de la muerte, no hay base para el bien ni el mal, la vida no tiene
sentido y las personas no están dotadas de libre albedrío».2
Predominio de creencias
Toda cultura abarca muchas creencias. Pero cada una de ellas encierra una
cosmovisión dominante que influye en dichas creencias y las conforma,
como también en las instituciones y las costumbres de la cultura. Esta cos-
movisión se puede descubrir observando a los que ostentan prominencia
cultural —las élites del mundo académico, las artes y otras esferas—. Todos
estos grupos ejercen gran influencia en la cultura. Su influencia genera lo
que los sociólogos denominan un «predominio de creencias», —una masa
crítica de ciertos supuestos y valores que explican lo que acontece en esa
cultura.
Para entender sus repercusiones, observemos de qué manera tres cul-
turas distintas conciben la relación de las personas con la naturaleza: los
Estados Unidos, con su clásica perspectiva occidental; Japón, que reflejaría
la perspectiva asiática; y la perspectiva animista de los indios y mestizos de
Colombia (véase la fig. 1.1).
Si bien toda cultura proporciona una ventana a través de la cual sus
miembros vislumbran la realidad, cada una de ellas cuenta también con
una serie de anteojeras que impiden que sus miembros vean su totalidad.
Las estudiantes de enfermería de Sierra Leona, miembros de una cultura
animista, eran ciegas a la explicación científica de la enfermedad. Por otra
parte, Josie, educada según la perspectiva materialista occidental, era ciega
a la naturaleza personal del mal y a la influencia demoníaca sobre la salud.
TODOS TIENEN UN RELATO 35
Predominio de creencias
estadounidenses
El hombre La naturaleza
controla controla
la naturaleza al hombre
japoneses
El hombre La naturaleza
controla controla
la naturaleza al hombre
mestizos
El hombre La naturaleza
controla controla
la naturaleza al hombre
Las ideas acarrean consecuencias
Una cosmovisión influye más en el florecimiento de un pueblo —en su
prosperidad o su pobreza— que el ambiente físico u otras circunstancias.
Nos ocuparemos de tres arquetipos: el teísmo bíblico*, el secularismo y el
animismo*. Cada uno de ellos crea distinto relato cultural y produce valo-
res distintos. Estos valores, cualesquiera que sean, conducen a conductas y
estilos de vida que acarrean consecuencias en la vida de la gente, las cultu-
ras, las naciones y la historia.
36 DISCIPULANDO NACIONES
El teísmo bíblico,3 conocido también como teísmo judeocristiano, sos-
tiene que Dios existe, y, por tanto, existe la realidad objetiva, porque es
cognoscible y ha sido establecida por Dios. La realidad, asevera esta cos-
movisión, es, en última instancia, personal, porque ha sido establecida por
la Persona suprema.
Por el contrario, el secularismo considera que la realidad es esencial-
mente física. Este modelo niega, por definición, la existencia de una reali-
dad espiritual o trascendente.
El animismo4 afirma que el mundo físico está «animado» por espíri-
tus poderosos que son los que controlan el destino de los pueblos y de las
naciones. Concibe la realidad como esencialmente espiritual. Según este
esquema, el mundo físico es maya o ilusión.
Si el animismo y el secularismo fueran absolutamente coherentes, no
tendrían nada en común ni ningún punto de contacto con el teísmo. Sin
embargo, ni las personas ni las culturas pueden vivir consecuentemente
con ninguna de estas dos cosmovisiones o sus derivadas. Todas las perso-
nas viven en la realidad que Dios ha creado. Cuanto más estrictamente nos
conformemos con la realidad tal como es, no como nos la imaginamos,
más nos acercaremos a la vida sana y próspera que Dios desea que viva-
mos. Cuanto más estrechamente nos ciñamos a las cosmovisiones no bíbli-
cas, más nos alejaremos de la realidad objetiva, y más nos acercaremos a la
muerte y la destrucción. En el libro de Proverbios, la verdad personificada
afirma: «En verdad, quien me encuentra halla la vida y recibe el favor del
Señor. Quien me rechaza se perjudica a sí mismo; quien me aborrece, ama
la muerte» (Pro. 8:35-36).
Los que procuran ejercer una influencia positiva en su propia cul-
tura, o en otras, deben examinar tres esferas muy importantes de su cos-
movisión. En primer lugar, deben conocer su cosmovisión personal, que
normalmente deriva de la cultura dominante en su país, o en su propia
subcultura. En segundo lugar, deben estudiar la cosmovisión de la gente
con la que conviven. En tercer lugar, en cuanto a los cristianos, deben ser
cristianos conscientes, arrepentirse5 de sus concepciones falsas de la reali-
dad y abrazar la realidad que Dios ha creado.
Raíces históricas
El filósofo alemán Emmanuel Kant* acuñó el término Weltanschauung
(Welt, en alemán, significa mundo, y Anschauung, visión).6 A mediados
TODOS TIENEN UN RELATO 37
del siglo XIX, el término pasó a formar parte del vocabulario alemán. Max
Weber* lo usó para analizar la relación entre el sistema de creencias de un
pueblo y su pobreza o prosperidad económica.7 Aunque Weber se formó
en un ambiente protestante (luterano) y escribió conscientemente par-
tiendo de ese acervo, no creía en Jesucristo. Weber se plantó en el umbral
de un nuevo mundo, con un pie en la Reforma y otro en la ciencia secular.*
(Comentaremos la influencia de Weber en el capítulo 8).
Weber compartió su herencia alemana, y su pasión por la filosofía eco-
nómica y social, con su contemporáneo Karl Marx.* Pero no se asemejaron
en mucho. Marx fue un auténtico materialista secular. Él creía que lo único
que importa es la materia. Por el contrario, la tesis principal de Weber —
que las ideas acarrean consecuencias— atribuyó la creación de riqueza al
ámbito metafísico. Weber creía que la mente* rige sobre la materia, no a la
inversa. La religión conforma el carácter y la conducta diaria. Establece las
estructuras sociales, económicas y políticas que proporcionan el marco en
que se desenvuelve la vida.
Weber es probablemente más conocido por su expresión «la ética de
trabajo protestante».* Esta frase define el ethos —o carácter básico— que
propulsó a la Europa del norte a sacudirse de la pobreza material. Weber
creía que la Weltanschauung del protestantismo —en contraste con las cos-
movisiones orientales y el secularismo que había de venir— estableció una
serie de valores que transformaron materialmente naciones enteras.
A diferencia de Weber, Abraham Kuyper,* primer ministro holandés,
teólogo y fundador de la Universidad Libre, definió la cosmovisión de la
tradición cristiana. Kuyper, creyente devoto de Cristo, entendió que cul-
turas enteras fueron transformadas durante la Reforma a medida que la
gente tenía acceso a la Palabra de Dios y adoptaba la cosmovisión cristiana.
Este marco judeocristiano se corresponde con la realidad, la torna útil a un
nivel pragmático. Pablo advirtió a los creyentes en (2 Cor. 10:5) «llevando
cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo». El Cristo resucitado
dijo a sus discípulos: «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra».
(Mat. 28:18). Estos versículos —en realidad toda la Escritura— indican que
todas las áreas de la vida humana han de estar bajo el señorío de Cristo. Lo
cual no sólo incluye cuestiones de moralidad y obediencia personal.* Todo
aspecto de la cultura ha de ser redimido para la gloria de Dios, el avance de
su reino y el florecimiento de las naciones.
38 DISCIPULANDO NACIONES
Muchos autores más cercanos a nuestros días han lidiado también con
el concepto de cosmovisión.8 He aquí mi propia definición: Una cosmo-
visión es un conjunto de supuestos sostenidos consciente o inconsciente-
mente por fe acerca de la composición del mundo y su funcionamiento.9
Desmenucemos esta definición:
• un conjunto de supuestos: Presuposiciones o axiomas que uno
considera verdaderos
• sostenidos consciente o inconscientemente: Las cosmovisiones
están profundamente arraigadas en las cavidades más recónditas
de la mente. Cada persona y cultura tiene una. Si se ha recibido
por inculturación o socialización se sostiene inconscientemente.
Cuando se adopta tras un razonamiento meticuloso se sostiene
conscientemente. Idealmente, todas las personas deberían ser «crí-
ticos conscientes» de sus sistemas de creencias
• por fe: Puesto que todo el mundo cree algo, todo el mundo es reli-
gioso. Dado que todo sistema de creencias establece asunciones
acerca de la realidad última, no hay terreno neutro. Incluso la cien-
cia establece asunciones metafísicas que no se pueden comprobar
empíricamente. Piense, por ejemplo, en la afirmación inverificable
del finado divulgador de la ciencia Carl Sagan: «El cosmos es lo
único que hay y que habrá». El secularismo, pese a pretender lo
contrario, es la filosofía religiosa predominante en Occidente10
• acerca de la composición del mundo y su funcionamiento: Una
cosmovisión se ocupa de todos los aspectos de la realidad —el
epistemológico (cómo se adquiere el conocimiento), el metafísico
(relativo a cosas que no se pueden ver), y el moral (lo que está bien
y lo que está mal). Interpreta, explica y define el mundo. No sólo
establece una visión de lo que es, sino que nos dice cómo debería
de ser. Por tanto, dado que todo el mundo tiene una cosmovisión,
todo el mundo es filósofo
Cuestiones básicas que nos planteamos
Las cuestiones epistemológicas se ocupan de la naturaleza, límites y vali-
dez del conocimiento. «¿Existe la verdad?», «¿qué se puede conocer?», y
TODOS TIENEN UN RELATO 39
«¿cómo se puede conocer?», son algunas de las cuestiones básicas de las
que surgen todas las demás.
Las cuestiones metafísicas abordan la naturaleza fundamental de la
realidad y del ser. Incluyen «¿qué es la realidad última?», «¿existe Dios?», y
«¿cuál es la esencia de la naturaleza y el tiempo?» La metafísica* abarca las
disciplinas de la ontología* (el estudio del ser), la cosmología (el estudio de la
naturaleza del universo), y la teleología* (el estudio del sentido o propósito).
Las cuestiones morales cubren la naturaleza de la virtud y el vicio, la
ética y el problema del mal. «¿Existen el bien y el mal?», «¿qué es el bien?»,
«¿qué es la belleza?» y «¿de dónde procede el mal?», son algunos ejemplos.
Pero no basta con plantearse las preguntas adecuadas. Todos nosotros,
independientemente de nuestra cosmovisión, nos hacemos básicamente
las mismas preguntas. Pero las respuestas que ofrecemos son radicalmente
distintas, en función de cómo vemos la realidad. Las respuestas que damos
determinan las clases de culturas y sociedades que edificamos y habitamos.
Algunas respuestas conducen a la destrucción, la esclavitud, la barbarie
y toda suerte de pobreza humana; otras, a la prosperidad, la libertad y el
desarrollo.
Cómo funciona una cosmovisión
Una cosmovisión influye lo que vemos, no a lo que hay que ver. Cam-
biando la metáfora, influye en lo que oímos, no a lo que hay que oír. Como
dijo Jesús: «El que tenga oídos, que oiga». Una cosmovisión es cuestión de
percepción. Observe este popular dibujo en la figura 1.211. ¿Qué ve?
Algunas personas ven el rostro de una anciana. Otras, el de una joven.
Sus anteojos mentales le predisponen a ver la una o la otra. Veamos otro
ejemplo.
¿Qué ve?
40 EL DISCIPULADO DE LAS NACIONES
¿Cómo categoriza usted los objetos que aparecen en la figura 1.3?
¿Qué ve?
Un occidental típico, inclinado al estudio analítico, matemático, cate-
gorizará los objetos como herramientas y comida. Pero aquellos cuya mente
es narrativa*, relacionan lo que ven con el comer, es decir el martillo parte
la cáscara de los frutos secos y el cuchillo pela la naranja y la manzana. Dos
puntos de vista conducen a dos interpretaciones de los mismos datos.
Una cosmovisión, como un mapa de carreteras, nos indica la dirección
y nos guía por la vida. Como el viento que sopla en los árboles, aviva y
anima nuestras comunidades. Afirma: «Esto es quienes somos».
Tres cosmovisiones principales
Cientos de religiones y miles de filosofías existen en el mundo. Un ser
humano no puede estudiarlas todas detalladamente. Pero si se destila su
esencia, todas encajan en una de tres categorías: animismo (en última
instancia, todo es espiritual), secularismo (en el fondo, todo es físico), y
teísmo bíblico. (El monoteísmo* del islam, que surgió siglos después que se
completara el canon cristiano, es un sistema derivado, presenta importan-
tes similitudes y diferencias con el teísmo bíblico). Esta tercera cosmovi-
sión sostiene que el universo físico ha sido creado y es mantenido por Dios,
que es espíritu (Juan 4:24). Según esta cosmovisión, el espíritu precede a la
materia, pero ambos son importantes y están íntimamente ligados. Todas
las religiones y filosofías se pueden encuadrar a lo largo de un continuum,
TODOS TIENEN UN RELATO 41
en el que el secularismo y el animismo se situarían en los extremos y el
teísmo en el «centro» (véase la fig. 1.4).
Las raíces del secularismo moderno se remontan a la Europa de los
siglos XIX y XX. El secularismo considera que la realidad es solamente
física y se centra en la unidad de la naturaleza. El darwinismo, sistema de
creencias fundado por Charles Darwin,* uno de los grandes sumos sacer-
dotes del secularismo, creía que la vida no es más que el resultado de la
interacción entre la materia y la energía, el tiempo y el azar. Según este
sistema, la materia es la única realidad fundamental. Todos los seres, pro-
cesos y fenómenos no son más que manifestaciones de la materia.
El continuum de la cosmovisión
Animismo Teísmo Secularismo
La realidad última La realidad última La realidad última
es espiritual es personal es material
REALIDAD
Naturaleza
Concepción secularista
El teísmo, procedente de la revelación judeocristiana, tiene su raíz en
el Oriente Medio. Considera la realidad última como personal y relacional.
Dios existe. Él creó un universo de dimensiones físicas, espiritual, visible
e invisible. La verdad, revelada por Dios, es objetiva y puede ser conocida
en parte por los seres humanos. El carácter de Dios establece absolutos
42 DISCIPULANDO NACIONES
REALIDAD
Dios
Creación
Concepción teísta
morales. El teísmo judeocristiano cree en un Dios personal e infinito, el
gran «Yo Soy» de la Escritura (véase Exo.3:14 y Juan 8:58). Cree que el Dios
único creó el mundo y todo lo que contiene, así como los seres humanos.
El Dios infinito existe separado del mundo, aunque íntimamente involu-
crado en él.
El animismo, arraigado en los antiguos sistemas de creencias de los
pueblos indígenas del mundo, sigue jugando un importante papel en la
configuración de culturas. Según este punto de vista, los espíritus lo ani-
man todo y todo avanza hacia la unidad del espíritu. El mundo real es
invisible, la verdad está oculta, no es racional y todo es misterioso. Aunque
REALIDAD
Espíritu
maya
Concepción animista
TODOS TIENEN UN RELATO 43
lleno de mal desde una perspectiva humana, el universo es básicamente
amoral. El animismo afirma la existencia de una única clase de sustancia
fundamental: el espíritu.
Cómo se propagan las cosmovisiones
Las cosmovisiones se difunden a través de los mares, las sociedades y los
siglos, y conforman a las personas, las culturas, las naciones y la historia.
Las cosmovisiones se propagan horizontalmente. Comienzan con un
individuo y sus discípulos, quienes transmiten su mensaje a la comuni-
dad, la nación, y, por último, al mundo. Por ejemplo, después de su resu-
rrección, Cristo dijo a sus discípulos: «y me seréis testigos en Jerusalén,
en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra». (Hechos 1:8).
En el primer siglo, el evangelio se extendió desde el Mediterráneo, por el
oeste, hasta la India, por el este (y posiblemente hasta el sur de China).
Después de este impulso misionero inicial, los barcos llevaron el evan-
gelio a lo largo de las costas hasta las ciudades portuarias del mundo. En
la época misionera moderna, el evangelio penetró al interior desde las
costas. Actualmente, en el siglo XXI, las buenas nuevas están siendo pre-
dicadas en las últimas bolsas de pueblos pertenecientes a comunidades
atrasadas y empobrecidas.
Las ideas, como las cosmovisiones, normalmente se desarrollan como
doctrinas religiosas, abstracciones filosóficas o teorías científicas, y luego
se transmiten hacia abajo a través de la música, la literatura y las artes.
(Véase la fig. 8). (Se ha llegado a decir que si se desea saber cómo los
Influencia de la cosmovisión
en la cultura popular
Estilos de vida
s
ra Le
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Política Economía
Instituciones
Instituciones
Educación Cosmovisión Derecho
Medio
Familia ambiente
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Es
Estilos de vida
44 DISCIPULANDO NACIONES
miembros de la próxima generación van a organizar sus vidas, es preciso
examinar la música o el arte contemporáneos). Este movimiento vertical
de ideas penetra en todas las esferas de la vida, configura los valores, las
estructuras sociales y las instituciones de una cultura. Después, las ideas se
institucionalizan en las leyes y la política de una sociedad y en sus estructu-
ras económicas y sociales. Y a través de las instituciones sociales, las ideas
influyen finalmente en la mentalidad, la conducta y el estilo de vida de la
gente común.
Las ideas son forjadas por los intelectuales y transmitidas a los artis-
tas. Después pasan a las clases cultas o profesionales: profesores, abogados,
pastores, periodistas, escritores, animadores y políticos. Entonces se con-
vierten en el contexto vital para el hombre común. La historia gira en torno
a los debates de los individuos.
Un ejemplo de propagación de una idea en la sociedad es la acepta-
ción de la homosexualidad como normal en Occidente. He aquí una breve
reseña de algunos de los líderes y pensadores clave y cómo han contribuido
a este proceso.12
Charles Darwin (1809-1882) proporcionó una «explicación científica»
para la generación espontánea. Uno de sus corolarios: los seres humanos
no son portadores de la imagen de Dios, sino meros animales formados a
través de procesos evolutivos ciegos. Todos los animales, por supuesto, se
aparean y se reproducen por instinto, no por una idea falsa de moralidad.
Friedrich Nietzsche* (1844-1900) anunció la muerte de Dios y pro-
puso que estaríamos mejor sin Él. Tenemos que superar la moral cristiana
y determinar por nosotros mismos lo que está bien y lo que está mal.
Sigmund Freud (1856-1939) atribuyó la represión sexual a la moral
judeocristiana. Tal represión, alegó, puede explicar casi todos los desór-
denes psicológicos. La concepción judeocristiana del sexo es opresiva, se
asienta en la fantasía y debe ser descartada.
Margaret Sanger* (1879-1966) hizo del sexo nuestra salvación. «Por
medio del sexo, la humanidad puede lograr la gran luz espiritual que
transformará el mundo, la cual iluminará la única senda al paraíso terre-
nal».13 El control de la natalidad sería el medio para esta nueva salvación,
que permite la libertad sexual sin preocuparse de restringir el embarazo.
Una bonificación: podemos deshacernos de los que no son «aptos para
vivir».14
TODOS TIENEN UN RELATO 45
He aquí la contribución de Alfred Kinsey (1894-1956): ahora que nos
hemos liberado de las ideas anticuadas de la moral sexual, debemos extraer
nuestras conclusiones de la conducta sexual humana. Si una persona lo
hace, será normal y, por tanto, aceptable.15
Marshall Kirk y Hunter Marsden (1989) escribieron el influyente libro
After the Ball: How America Will Conquer Its Fear and Hatred of Gays in
the ‘90s Este libro proporcionó un prototipo al movimiento en pro de los
derechos homosexuales y condujo a su éxito tremendo. Kirk y Marsden
argumentan que tenemos que:
• Cambiar el estereotipo extravagante de adición sexual de los gais
presentándoles como estadounidenses normales que componen
una minoría significativa en todas las comunidades.
• Hacer de la homosexualidad una cuestión de determinismo bioló-
gico, no de opción moral.
• Retratar a los adversarios de la conducta homosexual como faná-
ticos aborrecibles. No se ha de debatir con ellos, sino estigmati-
zarlos, silenciarlos, relacionarlos con los grandes villanos de la
historia.
• Presentar los derechos «gais» como nuevos derechos civiles, siendo
los gais víctimas dignas de consideración.
Desde los intelectuales prominentes, las ideas se abren paso a la socie-
dad en general a través del arte. La pornografía actual online es legado de
Hugh Heffner (1926-) quien se jactó de que la revista «Playboy liberara a
toda una generación de la culpabilidad del sexo».16 El internet ha llevado la
industria que Playboy lanzó a niveles inimaginables: el 35% de las búsque-
das por internet son de pornografía.
En una escena de 2003, que se hizo famosa, Madonna y Britney Spears
sobrepasaron los límites (ya amplios) de la sensibilidad de los telespecta-
dores de la MTV besándose apasionadamente.
La película «En terreno vedado», estrenada en 2005, ganó varios Óscar
por enseñar «audazmente» que trivialidades como el matrimonio, la nece-
sidad de procrear hijos, o el compromiso conyugal no deben obstaculizar
la pasión homosexual. Un año después se estrenó «Voluntad y gracia», un
show televisivo sobre la vida homosexual en Nueva York. La serie, emitida
a lo largo de 2008 y reaparecida en 2017, refleja que la vida homosexual,
46 DISCIPULANDO NACIONES
además de divertida, es también normal. Producciones televisivas más
recientes, como «Glee» (2012-2015), es otro show muy popular que nor-
malizó el estilo de vida homosexual, y «Familia moderna» (2013-2015),
comedia que retrata a una pareja homosexual que cría hijos. (A estas altu-
ras de la vida cultural, los autores no tuvieron necesidad de predicar, por
lo que la línea narrativa no parece tan provocativa. La paternidad homo-
sexual no es más que otro escenario normal).
Esta trayectoria de los medios sirve para ilustrar el efecto de lo que
Andrée Seu Peterson llama «exposición repetida». Ella rastrea el efecto
gradual que genera la exposición mediática repetida de una idea conside-
rada desde hace mucho inaceptable.
…Si uno postula por subvertir tabúes culturales, lo único que necesita
para empezar es insensibilizar mediante posiciones repetidas.
La anciana vecina que empieza a «cambiar de opinión» y aceptar a los
homosexuales como gente normal y decente no se deshizo de su aversión
juvenil a la sodomía por medio de introspección socrática. Se acostumbró
a la idea a través de un bombardeo por televisión, radio, revistas, carteles
publicitarios y obras de teatro…
Aunque la pedofilia es (por ahora) atípica en la metamorfosis de costum-
bres estadounidenses, la homosexualidad se ha colado de forma segura
por el marco de la Ventana Overton (teoría política que explica cómo se
reduce el rango de ideas que el público considera aceptable) y ha alcan-
zado gran velocidad al pasar por las fases «radical», «aceptable», «sensi-
ble», «popular» y «política».17
Desde estos promotores primarios y secundarios —es decir, intelec-
tuales y artistas— los efectos más amplios se constataron en varios ejes
sociales clave. En 1960, la FDA (Administración de Fármacos y Alimen-
tos) aprobó la píldora de control de natalidad para uso anticonceptivo.
Siete años después, los «niños de las flores» estadounidenses celebraron
el «Verano de amor» de Haight-Ashbury. Los disturbios de Stonewall,
de 1969, son recordados como un momento definitorio del movimiento
homosexual, muy parecido a lo que supuso la Marcha Selma para el movi-
miento de los derechos civiles. La policía asaltó el pub de Stonewall Inn, bar
de homosexuales en Greenwich Village, Nueva York, y los homosexuales
contra atacaron. El mismo año, California, fue el primer estado en aprobar
el «divorcio sin culpa». A partir de entonces, las parejas se podían divorciar
TODOS TIENEN UN RELATO 47
por «diferencias irreconciliables».Ya no era necesario apelar al adulterio,
la crueldad extrema o la deserción como justificación para poner fin al
matrimonio.
Eventualmente, estas nuevas normas y costumbres fueron institucio-
nalizadas en la sociedad estadounidense. Y esto se constata en la medicina,
el derecho, el gobierno, la educación, la religión y los asuntos exteriores, lo
cual ha percutido de algún modo en otros países.
En 1933, la Asociación de Psicología Estadounidense retiró la homo-
sexualidad de su catálogo de trastornos mentales. Diez años después, en el
caso de Lawrence v. Texas, el Tribunal Supremo decretó que los estados no
podían legislar contra la conducta íntima de mutuo consentimiento entre
adultos.
El Tribunal Supremo de los EE.UU. desautorizó la Ley de Defensa
del Matrimonio del Congreso (DOMA) en 1993. Massachusetts pasó a
ser el primer estado que legalizó el matrimonio del mismo sexo en 2004.
Eventualmente, otros treinta y seis estados seguirían ese camino. En su
memorable resolución, Obergfell v. Hodges, el Tribunal Supremo legalizó
el matrimonio entre parejas del mismo sexo en el país. La legalización del
matrimonio homosexual ya es un hecho en algunos países Iberoamerica-
nos: España, Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia y algunos estados de
México.
Considere la trágica historia de la radical infiltración homosexual en el
sistema público escolar de los EE.UU. En 1964, Mary Calderone, ejecutiva
de Planned Parenthood, co-fundó el Consejo para la Información y Edu-
cación de la Sexualidad (SIECUS, por sus siglas en inglés), con ayuda de
Hefner/Playboy. SIECUS se convertiría en el recurso más influyente para
la educación sexual en las escuelas públicas estadounidenses. Calderone
teorizó que «una nueva etapa evolutiva asomaba por el horizonte y que
la tarea de los educadores era preparar a los niños para adentrarse en ese
futuro»18.
El mundo religioso estadounidense siguió el mismo camino en 2012,
cuando la Iglesia Episcopal de EE.UU. aprobó una resolución que concedía
una liturgia oficial para bendecir uniones del mismo sexo. Varias denomi-
naciones tradicionales siguieron sus pasos, inclusive en otros países.
Finalmente, la normalización de la homosexualidad pasó a ser una
cuestión de política exterior en EE.UU. Bajo la administración Obama,
la promoción de los derechos homosexuales devino prioritaria para el
48 DISCIPULANDO NACIONES
Departamento de Estado. Se amenazó con cortar la ayuda exterior a nacio-
nes que se estimaban hostiles a la homosexualidad. Los líderes africanos
denunciaron esta actitud, que calificaron de «colonialismo sexual».
Este proceso de varias décadas de liderazgo intelectual, abandono
mediático de las costumbres sexuales y normalización de la homosexua-
lidad, seguido de la aceptación institucional del matrimonio entre perso-
nas del mismo sexo, ha acarreado un efecto predecible en los ciudadanos
comunes. En 1996, sólo el 27 por ciento de la población estadounidense
estaba a favor de las uniones homosexuales. En 2013, ese apoyo alcanzó el
53%. Actualmente, es aún más alto, y alcanza el 73% en la generación del
milenio.
El movimiento vertical de ideas a través de la sociedad —de los inte-
lectuales a los artistas, luego a los profesionales y finalmente a la gente
común— tiene lugar en todo momento. Lo que comienza como una pro-
posición arcaica en una torre de marfil se manifiesta finalmente en la vida
cotidiana de la arena pública.
Las ideas también se difunden con el tiempo. Aunque siempre tardaron
las ideas en extenderse por el mundo y en penetrar culturas, actualmente,
con el advenimiento de las modernas tecnologías de la información, las
ideas requieren cada vez menos tiempo para extenderse —para bien y para
mal.
El economista de desarrollo E.F. Schumacher afirmó en su escrito clá-
sico Lo pequeño es hermoso:
Los que crean nuevas ideas pocas veces son dominados por ellas. Pero
sus ideas adquieren poder sobre las vidas de los hombres en la tercera y
cuarta generación, cuando han pasado a formar parte del gran caudal de
ideas, incluida la lengua, que se infiltra en el pensamiento de la persona en
su «Edad Oscura».19
En 1883, en su breve ensayo «El loco», incluido en La gaya ciencia,
el filósofo alemán Friedrich Nietzsche pronunció la muerte de Dios. Para
Nietzsche, negar a Dios no consistía meramente en dejar de ser religioso,
sino en abandonar todo lo que se basaba en su existencia. Si Dios está
muerto, el hombre está muerto. La verdad y la moral, la comunión y la
comunidad también lo están, y la vida es absurda.
Pero Nietzsche sabía que llevaría tiempo hasta que el hombre común
sintiera y experimentara la muerte de Dios. El filósofo escribió:
TODOS TIENEN UN RELATO 49
[El loco]… echó al suelo su linterna, y ésta se rompió en pedazos y se
apagó. «He venido demasiado pronto», se dijo, «aún no es el tiempo».
Este hecho prodigioso aún se encuentra de camino —todavía no ha
alcanzado el oído de los hombres—. El rayo y el trueno requieren de un
tiempo, la luz de las estrellas y los actos heroicos de los hombres también
lo requieren, aunque ya se hayan producido, para ser vistos y oídos. Y
este último acto se encuentra más lejos de ellos que la estrella más leja-
na—y son ellos los que lo han cometido».20
El cambio de una cosmovisión: Un ejemplo
Antes de la Ilustración europea,* en los siglos XVII y XVIII, la cosmo-
visión predominante en Occidente, el relato primordial, asumía un Dios
trascendente, infinito y personal que existía antes que nada. Dios creó el
universo animado e inanimado, espiritual y físico, separado de sí mismo,
pero no independiente de Él. Dios es trascendente (está fuera de su crea-
ción) y también inmanente (presente en ella). Está presente en todo lugar y
se implica en la historia. El universo no es un sistema cerrado; está abierto
al propósito y la intervención de Dios.
Esta cosmovisión, el teísmo bíblico, permite la comunicación y la inte-
racción entre los ámbitos físico y espiritual. Dios se ha revelado a través
de una revelación especial*, por la palabra escrita, la Biblia, y por la Pala-
bra viva, Jesucristo—. Al mismo tiempo, la humanidad puede recurrir a la
razón que Dios nos ha concedido* para descubrir la verdad acerca de Dios
y del universo. A través de la revelación general,* que incluye la naturaleza
del entendimiento humano y el designio de la creación, todas las personas
pueden conocer ciertas verdades acerca de Dios y del universo.
El consenso de esta cosmovisión comenzó a hundirse en Europa e
Inglaterra durante el periodo de la Ilustración. Los intelectuales trataron
de liberar al hombre de la autoridad de Dios y de los dogmas establecidos.
Aunque la ciencia moderna había surgido de la cosmovisión bíblica, se
convirtió en causa del orgullo humano ilimitado. Según mi colega Scott
Allen, «un encantamiento con el éxito de la ciencia condujo a la creencia
de que por medio de la razón humana autónoma el hombre podía entender
cómo operaba el universo físico en su totalidad. Como el primer pecado
de Adán y Eva en el jardín del Edén, brotó una confianza humana orgu-
llosa. El hombre, apoyado exclusivamente en la ciencia y la razón, podía ser
como Dios y entender la realidad».21
50 DISCIPULANDO NACIONES
Cada vez más gente resolvió que Dios ya no era necesario para enten-
der el funcionamiento del universo. Muchos adoptaron la teoría evolucio-
nista de Darwin y abrazaron la idea de que la vida se había desarrollado
sin intervención divina. Así emergió una nueva cosmovisión. El secula-
rismo empezó a barrer el mundo académico y los seminarios tuvieron que
hacer frente a la penetración del liberalismo teológico. Desgraciadamente,
muchos líderes fundamentalistas y evangélicos renunciaron al debate. En
efecto, abandonaron la razón e invitaron a la iglesia a «limitarse a creer».
La fe se apartó de la vida pública y se privatizó. En vez de defender la suma-
mente defendible cosmovisión judeocristiana, la iglesia se desconectó de
todo lo que se consideraba «secular» y se retiró a un terreno restringido
considerado «sagrado».
Involuntariamente, los cristianos cayeron en la antigua dicotomía
griega, que dividía el universo en esfera espiritual, tenida por sagrada, y
esfera física, estimada profana. La fe, la teología,* la ética, las misiones,
la vida devocional y la evangelización se colocaron en la esfera espiritual,
considerada de máxima importancia. La razón, la ciencia, la empresa, la
política, el arte, la música y las necesidades físicas de las personas pasa-
ron a ocupar la esfera física inferior. Al expresar su deseo de servir en las
misiones o ejercer una función pastoral, los cristianos suelen traslucir hoy
su pensamiento dividido. Declaran su deseo de dedicarse al «servicio cris-
tiano completo», como si los cristianos que trabajan en empresas «secu-
lares» no estuvieran prestando servicio cristiano. Millones de creyentes
actúan desde esta cosmovisión falsa, que yo denomino gnosticismo evan-
gélico* (véase la fig. 1:9). No habiendo oído nunca el reto de ser cristianos
conscientes en su vida cotidiana, se conforman al modelo de este mundo y
adoptan una mentalidad secular.
No obstante, el secularismo y el liberalismo teológico no tienen la
última palabra. El «fin de la historia», como dice Francis Fukuyama, aún
no ha llegado22. Las cosmovisiones siguen desarrollándose porque el secu-
larismo no ha satisfecho las necesidades más profundas del hombre. Al
rebelarse contra la languidez y la decadencia del secularismo, mucha gente
en Occidente está volviendo a recuperar formas espirituales antiguas de
paganismo. Estamos asistiendo a un avivamiento de la religión animista
oriental, que enseña a la gente a escapar del mundo físico y concentrarse en
la meta definitiva: la iluminación espiritual. La batalla entre la moribunda
cosmovisión secular y el renacimiento del neo-paganismo se popularizó
con la película Avatar, estrenada en 2009.
TODOS TIENEN UN RELATO 51
Gnosticismo evangélico
Dios
Espiritual
Moral Sagrado
Gracia Teología
Fe Evangelización
Ética Discipulado
Misiones Devociones
Disciplinas espirituales
Guerra espiritual
Domingos
Natural
Físico
Secular
Obras Ciencia
Razón Economía
Empresa Medios de com.
Política Artes
Ministerios físicos
Justicia social
Días laborables
Por su propia naturaleza, la cosmovisión precede a la cultura. George
Grant, educador, pastor, y activista social estadounidense declara:
La cultura no es más que una cosmovisión puesta de manifiesto; creen-
cias básicas transformadas en hábitos de vida; teología traducida a la socio-
logía. La cultura es una expresión muy práctica de la fe común de una
comunidad, o pueblo o nación. La cultura, según la célebre expresión de
Henry Van Til, es «religión externalizada».
Lo que una persona piensa, lo que cree, lo que conforma su preocupación
más íntima y lo que sostiene como verdadero en su corazón —en suma,
su fe o falta de ella— provoca un efecto directo sobre su bienestar mate-
rial, su conducta y su perspectiva; sobre su percepción de lo que es bueno,
bello y verdadero; sobre sus prioridades, valores y principios. Al fin y al
cabo, «tal como piensa el hombre en su corazón, tal es él».23
Como cristianos no debemos adaptarnos a la cultura que nos rodea ni
usar solamente la cosmovisión como instrumento para criticar la cultura.
Debemos abrazar, encarnar y extender la cultura del reino. Jesús enseñó
a sus discípulos a orar: «Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra
como en el cielo». El reino de Dios se cumple perfectamente en el cielo, por
supuesto. El Cristo resucitado llama ahora a sus discípulos, su iglesia, a la
«Gran Comisión» de propagar su reino en la tierra (véase Mat. 28:19-20).
52 DISCIPULANDO NACIONES
Los cristianos han de usar su cosmovisión judeocristiana como base para
crear una cultura que por su propia naturaleza es reflejo del reino de Dios.
El impacto de la cosmovisión en el desarrollo humano
La cosmovisión determina si una comunidad o nación va a florecer o pere-
cer. Los principios fundamentales de una cultura, el relato que ella cree, los
sueños, ideales y visión de su pueblo, proporcionan la base para la historia
de su desarrollo o de su ruina.
Los que trabajan por el desarrollo de sus comunidades y culturas tam-
bién tienen que examinar sus propias cosmovisiones. Mucha gente se cen-
tra en programas de ayuda y en cumplir metas físicas. Desean conocer
detalles como a quiénes, dónde, cuándo y cómo servir. Se interesan por
estrategias, métodos, personal, recursos, currículos e instituciones. Pero
suelen olvidar que sus actividades brotan de políticas que derivan de una
visión particular del desarrollo humano —se basan en una cosmovisión
(véase la fig. 1:10).
¿Cuáles son las causas del florecimiento de una comunidad? ¿En qué
consiste el carácter cristiano de un ministerio? La cosmovisión que se
abraza determina las actitudes que se manifiestan y los actos que se llevan
a cabo. Las ideas, especialmente las que forman una cosmovisión, tienen
consecuencias.
La influencia de la cosmovisión
sobre el desarrollo
Hacer las cosas bien
Programas Programa de
Estrategias
Personal
Instituciones
Estructuras
¿Quién? ¿Cómo? desarrollo Currículos
¿Cuándo? ¿Dónde? Metodologías
Hacer lo correcto
Normas Concepto de
Definiciones
Definiendo
Metas
Objetivos
¿Qué es el desarrollo problemas y Descripciones
desarrollo? soluciones Teorías
Principios Valores Criterios/red
Éticas
Visión
Ideales
personales
¿Por qué? y culturales
Ethos Hábitos del
Stoicheion corazón
Paradigmas Sistema de ¿Cuál es la naturaleza:
del conocimiento
¿Por qué? creencias del ser
sagradas del bien y el mal?
TODOS TIENEN UN RELATO 53
Preguntas para el estudio
1. Según el profesor Provine, ¿cuáles son las consecuencias ineludi-
bles de los supuestos darwinistas?
2. Cuanto más se entrega una persona o una cultura a una cosmovi-
sión no bíblica, tanto más se aleja de la realidad objetiva. ¿Por qué
es esto así?
3. Defina en sus propias palabras qué es una cosmovisión.
4. Mencione y explique las tres categorías principales que responden
a las cuestiones básicas del hombre.
5. ¿Cuáles son las fases de la Ventana Overton? ¿Puede usted iden-
tificar un asunto que haya pasado de ser idea radical a política
gubernamental?
6. Explique tres maneras por las que se puede propagar una cosmo-
visión.
7. ¿Cómo respondió la iglesia occidental al cambio de cosmovisión
dominante en los tiempos de Darwin?
8. ¿Cómo cree usted que afecta el gnosticismo evangélico a su
congregación?
9. ¿Qué efectos cree usted que provoca el gnosticismo evangélico en
las misiones modernas?
10. ¿Qué cuestiones o desafíos ofrece usted para responder a las ideas
presentadas en este capítulo?
2
HISTORIAS SOBRE LA POBREZA
Cosmovisión y pobreza
T oda filosofía o religión debe dar respuesta a unas pocas preguntas
básicas:
• ¿De dónde venimos? ¿Cómo llegamos aquí?
• ¿Qué fue lo que se torció? ¿Cómo se estropearon tanto las cosas?
• ¿Qué solución hay al problema? ¿Cómo arreglaremos lo que está
arruinado?
• ¿Hacia dónde vamos? ¿Cómo acabarán las cosas?
Problemas como el hambre, la pobreza humana en todas sus formas,
la injusticia y la degradación medioambiental nos obligan a preguntarnos
¿qué fue lo que se torció y cómo lo arreglaremos? Tales realidades suscitan
una cuestión más profunda: Dado que hay más cristianos vivos que en
cualquier otro momento de la historia, y más iglesias (y más grandes), ¿por
qué las naciones siguen estando tan fracturadas?
Éstas pueden parecer preguntas sencillas, pero la propia cosmovisión
determina las respuestas. Éstas, a su vez, conducen a proponer soluciones
distintas. En este capítulo examinaremos cómo los secularistas y los ani-
mistas responden tales cuestiones y hacia dónde llevan sus respuestas. Por
el contrario, el Capítulo 3, examinará las respuestas y los resultados que
ofrece el teísmo bíblico.
55
56 DISCIPULANDO NACIONES
La explicación secularista
El secularismo asegura que la raíz de los problemas humanos en sus muchas
manifestaciones (hambre, pobreza, injusticia, degradación medioambien-
tal, sufrimiento mental y emocional, explotación y otros) tiene su origen
en el mundo físico. Los secularistas escogen entre dos narrativas que han
adquirido enorme importancia en el mundo secular dominante. Una es
evolucionista, la otra revolucionaria.
La narrativa evolucionista
La perspectiva del secularismo evolucionista afirma que el mundo está
superpoblado, la producción de alimentos es insuficiente y los recursos
naturales o las infraestructuras son insuficientes para una adecuada pro-
ducción de alimentos. Por «evolucionista», quiero decir que (conforme a
esta narrativa) los seres humanos sólo son animales y la realidad sólo es
material.
Hace más de 200 años, Thomas Malthus,* ministro inglés, escribió su
Ensayo sobre el principio de la población1que sigue siendo la Carta Magna
de los abogados del control poblacional que temen una superpobla-
ción mundial.* Malthus afirmó que la población, cuando se descontrola,
aumenta en proporción geométrica, mientras que la provisión de alimen-
tos aumenta sólo en proporción aritmética (véase la fig. 2.1). Es decir, los
recursos crecen por adición, en tanto que la población crece por multipli-
cación. Malthus temía que el aumento de población excediera al suminis-
tro de alimentos, lo que conduciría al hambre generalizada.2
El problema demográfico
de Malthus
Suministro de alimentos
Población
HISTORIAS SOBRE LA POBREZA 57
Esta forma de pensar también se manifiesta en debates sobre la supuesta
escasez de recursos naturales. Cuando estuve en Somalia durante una de
sus hambrunas recurrentes, oí a algunos trabajadores humanitarios hablar
despectivamente del país, una de las cinco o seis naciones más pobres
del mundo. Reflejando su mentalidad secular, esos trabajadores decían
que Somalia nunca se desarrollaría porque carecía de recursos naturales.
(Su principal exportación son los camellos). «¿Qué mercado hay para los
camellos en Japón, Estados Unidos o Corea?», se preguntaban desdeñosa-
mente. Según su mentalidad, Somalia no tenía remedio. Al creer que los
recursos naturales (materiales) son la clave para prosperar, aquellas perso-
nas bienintencionadas relegaban toda una nación a la pobreza perpetua, y
ésta no solamente material.
Otras veces, los secularistas evolucionistas afirman que el problema no
es la falta de recursos, sino de infraestructuras. Un ejemplo claro para ellos
es la India, país que por muchos años ha sido exportador neto de alimen-
tos. La India, dicen ellos, produce más que suficiente para alimentar a sus
habitantes, sin embargo, muchos indios padecen hambre. Los secularistas
explican esta paradoja alegando que no hay suficientes carreteras, puentes
e instalaciones de almacenamiento para transferir alimentos a los que los
necesitan.
Otro ejemplo podría ser África, continente habitado por mil grupos
lingüísticos. Solo en Etiopía, se habla un centenar de lenguas, aunque solo
el 30 por ciento de la población habla el amhárico, idioma nacional. Esta
multiplicidad de lenguas entorpece el desarrollo del comercio, la educación
y la comunicación. De ahí que, según esta teoría, la gente pase hambre.
Respuesta del secularismo evolucionista
«Deshacerse de la gente»
58 DISCIPULANDO NACIONES
Si se asume que el problema consiste en una «población excesiva», la
solución es tan obvia como funesta: «Deshacerse de gente» (véase la fig.
2.2). En este sentido, a Garret Hardin, profesor de biología de la Univer-
sidad de California en Santa Bárbara, se le ocurrió la idea de la «ética del
bote salvavidas». Dice así: Un gran transatlántico, que simboliza el mundo,
se está hundiendo. Hay un bote salvavidas en el que no caben todos los
pasajeros. (Quién debe quedarse en el buque da pie a un debate intere-
sante.) La idea es «dejar que la naturaleza siga su curso». Hardin llegó a
decir que cuando una hambruna mata a una población, ello supone una
tragedia para los que la padecen, pero es una buena cosa para su nación y
para el mundo. Según esta concepción, la naturaleza se está ocupando de
resolver el problema de la superpoblación.3
Por supuesto, algunos evolucionistas rechazan esta fría crueldad.
Aseguran que se puede combatir la pobreza por medio de la ciencia y
la tecnología.* Esto suele traducirse en control de la población. A veces
las declaraciones de estos partidarios suelen ser bastante reveladoras. El
enfoque principal de la muy criticada Conferencia de las Naciones Unidas
sobre Población y Desarrollo, celebrada en El Cairo, giró en torno a esta
cuestión: «¿Cómo conseguir que la gente de color y la población del tercer
mundo deje de tener hijos?». Este enfoque, también llamado eugenesia,
trata de controlar la reproducción humana, a veces extirpando a los débi-
les4. Margaret Sanger, una de las primeras defensoras y fundadora de Plan-
ned Parenthood, dijo en cierta ocasión: «Muchos de los que integran este
grupo padecen enfermedades, son débiles, y forman parte del paupérrimo
segmento que depende de los miembros aptos y normales de la sociedad
para su sustento. No hay duda, en la mente de la gente pensante, que debe-
ría detenerse la procreación de este grupo».5
La narrativa revolucionaria
El primer enfoque, la cosmovisión secular, es pues, evolucionista. El
segundo, es revolucionario. Esta perspectiva enfatiza que las personas
experimentan quebranto por causa de la explotación del colonialismo o el
consumismo occidental.
Según esta concepción, el problema no proviene de un país o región.
No radica en la sobrepoblación ni en la escasez de recursos. El problema
es exterior, deriva del imperialismo u otras formas de explotación. La
HISTORIAS SOBRE LA POBREZA 59
desolación y el hambre, asegura el enfoque revolucionario, son consecuen-
cia directa de la opresión a través de estructuras económicas y sociales
complejas e injustas. La gente carece de recursos y de comida debido a fac-
tores que escapan a su control. Los que defienden esta perspectiva afirman
que allá donde llegó el colonialismo, los recursos fueron expoliados, trans-
portados en trenes y camiones hasta los puertos, y embarcados rumbo a
Europa para ser consumidos.6
Por supuesto, después de la Segunda Guerra Mundial el colonialismo
se ha ido extinguiendo en el mundo, de manera que sus detractores han
tenido que buscar nuevos villanos. La reversión de Hong Kong a China es
sólo un ejemplo del fin de una era. De modo que, si bien invocar el colonia-
lismo político significa anacronismo, se suele decir que el colonialismo eco-
nómico está vivo y coleando. En este escenario, ellos aseveran que la gente
no es controlada por los gobiernos, sino por corporaciones multinaciona-
les como Coca-Cola y Toyota. (Cabe destacar que el poder económico de
algunas compañías eclipsa de hecho el de algunas naciones).
Otra forma de colonialismo proviene de organizaciones casi-guber-
namentales como las Naciones Unidas. Estas burocracias toman decisio-
nes que afectan profundamente a regiones enteras. Por ejemplo, el Banco
Mundial ha tratado de estimular el desarrollo de la cuenca del Amazonas,
inyectando incontables millones de dólares en este ecosistema. Desgracia-
damente, la intervención del banco ha acelerado la destrucción de la selva
tropical.
Culpabilizar a las agencias multinacionales no identifica realmente la
raíz del problema, aseguran los revolucionarios; la causa real de la pobreza
material es el estilo de vida consumista de Occidente. Se ha dicho que los
Estados Unidos, país que representa menos del cinco por ciento de la pobla-
ción mundial, consume aproximadamente una cuarta parte de recursos
basados en combustibles fósiles —queman casi el 25 por ciento del carbón,
el 26 por ciento del petróleo y el 17 por ciento del gas natural—.7 Hacen
falta más de 7 kilos de grano para producir una libra de carne comestible.
De manera que cada vez que uno se come un Big Mac, ellos echan en cara,
está consumiendo cuatro libras de grano.8 En buena parte de Asia, África
y Latinoamérica, argumentan, los granjeros pobres que cultivan verduras
para sus familias se ven tentados a cultivar cereales —cultivos rentables—.
Estos granjeros cultivan cereales que son enviados a granjas de engorde
60 DISCIPULANDO NACIONES
para alimentar vacas cuya carne es picada para producir hamburguesas
Bic Mac. Los defensores de esta opción ven una correlación directa entre
el estilo de vida occidental y la pobreza material en todo el mundo. Según
ellos, el problema se origina fuera de las regiones afligidas.
Redistribución de recursos
«Redistribuir recursos»
Así pues, ¿cómo se resuelve la pobreza, según los revoluciona-
rios? Redistribuyendo los recursos escasos (véase la fig. 2.3) Si el 17
por ciento de la población mundial consume el 80 por ciento de los
recursos del planeta,9 la riqueza de los países ricos debe ser confiscada
mediante actuaciones impositivas. Ese dinero debe ser devuelto a los
pobres para que todos tengan equidad. A diferencia de los secularis-
tas evolucionistas, los que sostienen puntos de vista revolucionarios no
pretenden deshacerse de la gente: quieren ser «justos», lo que significa
que hay que recortar más y más los trozos del pastel y crear sistemas
locales y globales para redistribuir recursos a los pobres. En defini-
tiva, si no se pueden crear estructuras de manera pacífica, entonces se
monta una revolución.
HISTORIAS SOBRE LA POBREZA 61
Respuesta a las historias evolucionista y
revolucionaria del secularista
Población, recursos y riqueza
Somalia Japón
Población: 78,7 millones Población: 127,1 millones
Territorio: 2.267.050 km2 Territorio: 366.700 km2
17 habitantes por km2 347 habitantes por km2
Japón
tiene
veinte veces
más de
habitantes
por km2
Rep. Dem. del Congo
Población: 78,7 millones
Territorio: 2.267.050 km2
35 habitantes por km2
Países Bajos Los Países Bajos
Población: 17 millones
tienen
Territorio: 33.690 km2 14 veces más
505 habitantes por km2 de habitantes
por km2
Taiwán
Población: 23,5 millones
Territorio: 36.193 km2
649 habitantes por km2
Taiwán
tiene
China 5 veces
Población: 1.379 millones más de
Territorio: 9.388.211 km2 habitantes
147 habitantes por km2 por km2
Para el secularismo evolucionista, Somalia es un ejemplo clásico de
demasiados habitantes y recursos escasos (véase la fig. 2.4). Somalia carece
de recursos importantes. Según el Banco Mundial, en el año 2013, 10,5
millones, es decir, diecisiete habitantes por kilómetro cuadrado, viven en
este país indigente ubicado en el cuerno de África. Sin embargo, Japón,
que alberga 127,1 millones de personas en una zona de similar tamaño
y carece de recursos, es un país rico. Sorprendentemente, en la nación
isleña viven 347 habitantes por kilómetro cuadrado. O compárese el anti-
guo Zaire con los Países Bajos, ambos con abundantes recursos naturales.
El Congo, con treinta y cinco habitantes por kilómetro cuadrado, siempre
62 DISCIPULANDO NACIONES
está al borde del caos. Por el contrario, los Países Bajos, con 504 habitantes
por kilómetro cuadrado, es un país próspero y estable. O consideremos
China, donde habita casi un quinto de la población mundial. China sufre
supuestamente un problema de superpoblación, lo que dio pie al gobierno
a aplicar la política del hijo único (adoptada entre 1978 y 1980, y revisada
en 2015 para permitir dos hijos). Con todo, China sólo tiene 145 habitan-
tes por kilómetro cuadrado, mientras que Taiwán, «la otra China», tiene
649 habitantes por kilómetro cuadrado. Más dignos de mención son aún
Hong Kong y Singapur, con 6.583 y 7.898 habitantes por kilómetro cua-
drado respectivamente.10
¿Dónde preferiría vivir usted teniendo en cuenta la calidad de vida, los
servicios sanitarios, educación y libertad?
Examinemos ahora el relato revolucionario. ¿Son el colonialismo y el
neocolonialismo factores que determinan realmente la riqueza o la pobreza
material? Consideremos los datos. Algunos países ricos, como Suiza y Sue-
cia, no formaron parte del sistema colonial, mientras que muchas anti-
guas colonias —como Australia, Hong Kong y Estados Unidos— son
ricas. También, algunos países muy pobres —Nepal y Afganistán entre
ellos— nunca fueron colonias. Por supuesto, el colonialismo ha perjudi-
cado a algunos países, pero no hay una relación determinista entre pobreza
material y colonialismo.
Afirmar, como hacen algunos revolucionarios, que la causa de la
pobreza de un país es otro sistema o país ayuda a que la gente que vive en
ese país parezca (o se considere a sí misma) inútil e impotente. Este relato
implica que ellos no son responsables de su pobreza. Por lo tanto, cambiar
la situación desde dentro, sin una revolución, es imposible. ¿Cabe extra-
ñarse de que la gente que se siente víctima llegue a depender de otros?
Tanto la postura evolucionista como la revolucionaria derivan de un
punto de vista materialista. El hambre y la pobreza se perciben principal-
mente en términos físicos: en la naturaleza, el medio ambiente, las circuns-
tancias. Ambas conciben la naturaleza como un sistema cerrado. Como
si estuviese encerrada en una caja de titanio. Por definición, lo único que
importa es la materia. Los recursos son limitados. Así pues, según este
esquema el hombre es poco más que un consumidor de recursos escasos,
un animal con boca* y estómago. Si el problema se define en términos
materiales, la solución vendrá encuadrada en los mismos términos.
HISTORIAS SOBRE LA POBREZA 63
Malcolm Muggeridge fue uno de los más destacados periodistas de
televisión de su tiempo. Fue también un marxista de tercera generación.
Un día, en Calcuta, mientras grababa un documental sobre la madre Teresa
para la BBC, Muggeridge le preguntó: «¿Por qué habiendo tantos niños en
el mundo, intenta mantener a estos con vida?». Ella respondió con una
mirada de asombro. Creyendo que ésta era una cuestión muy importante,
él volvió a intentarlo, pero no obtuvo respuesta. De modo que siguió con
su entrevista. Aquella noche, en la habitación de su hotel, cayó en la cuenta
(más adelante confesó que ése fue su punto de inflexión espiritual) que la
madre Teresa veía a aquellos niños de manera distinta. Él los veía como
meros consumidores; ella, como portadores de la imagen de Dios. Pregun-
tar a la madre Teresa si no había demasiados niños en el mundo era como
preguntar si no había demasiadas estrellas en el cielo o demasiadas flores
en el campo. La pregunta era absurda.
La respuesta animista
El secularismo es un relato no bíblico acerca de la pobreza y el hambre que
sufre la gente. Otro es el animismo —sistema religioso amorfo que sostie-
nen millones de personas religiosas, budistas, hinduistas, así como musul-
manes y cristianos sincretistas—. A diferencia del secularista, el animista
percibe que la necesidad humana es externa al mundo físico. Los animistas
suelen creer en millones de dioses caprichosos e imprevisibles. Las inunda-
ciones, los terremotos, las sequías y las enfermedades son manifestaciones
físicas de fuerzas esencialmente irracionales. Suceden cosas malas cuando
los dioses se enfadan o descuidan las necesidades de la gente. ¿Solución?
Aplacamiento constante.
Según esta cosmovisión, los seres humanos deben vivir en armonía
con los dioses. En última instancia, el mundo que vemos es ilusorio y
hemos escapar de él. Puesto que sólo lo espiritual es real, el mundo espi-
ritual consume el mundo físico temporal. Pese a que las apariencias indi-
quen lo contrario, las personas son esencialmente espíritus y pertenecen al
mundo espiritual.
El animismo afirma que todo lo que sucede se origina exclusivamente
en el ámbito espiritual invisible. Para resolver cualquier problema, es pre-
ciso aplacar a los espíritus. No hay otra solución. Por tanto, las personas
están atrapadas. Lo único que pueden hacer es esperar una vida futura para
escapar a su miserable suerte en ésta o esperar una edad dorada prometida.
64 DISCIPULANDO NACIONES
Por muy distintos que parezcan los puntos de vista animista y secularis-
tas, comparten terreno común. Las tres concepciones insisten en que las cau-
sas del hambre y la pobreza material son externas a los seres humanos. Tanto
el secularismo revolucionario como el evolucionista identifican el problema
en el medio físico. El animismo lo localiza fuera, en el ámbito espiritual.
Una salvedad
Por supuesto, cada uno de estos tres sistemas tiene un elemento de verdad.
Los factores externos influyen en el desarrollo humano —o en su decaden-
cia—. Con ánimo de lucro y en aras de la «tolerancia», las corporaciones
multinacionales a veces hacen la vista gorda a crímenes terribles contra
la humanidad. Hay regímenes brutales y tiránicos. Algunos terratenientes
impiden que sus arrendatarios agrícolas cosechen lo que necesitan para
sostener a sus familias.
La corrupción y la codicia están siempre presentes. ¡Cómo no iban a
estarlo, dada la inclinación pecaminosa de la humanidad! G.K. Chester-
ton dijo que el pecado original es la única doctrina empírica verificable de
la religión cristiana, y este horrible contagio normalmente se incrusta en
estructuras sociales y patrones de pensamiento. El colonialismo y el neoco-
lonialismo también han influido. Por otra parte, como cristianos, debemos
reconocer que hay realmente espíritus que pueden influir en nuestra vida.
Aunque estos hechos son evidentes, deberíamos recordar que estos
tres puntos de vista son fundamentalmente erróneos por no acertar a
analizar en profundidad la condición humana y el mundo tal cual es. Por
tanto, debemos examinar los problemas y las oportunidades de la existen-
cia humana a través de los anteojos de la única explicación que concuerda
con la realidad. Esta explicación, contenida en la Biblia, nos proporcionará
un análisis mucho más amplio y más profundo. Y, en consecuencia, nos
guiará a soluciones radicalmente distintas.
Preguntas para el estudio
1. ¿Por qué debemos examinar distintas respuestas a la pregunta:
«¿Por qué la gente experimenta desolación?».
2. Describa cómo definen las siguientes perspectivas el problema y
la solución al hambre y la pobreza material: secularismo evolucio-
nista, secularismo revolucionario, animismo
HISTORIAS SOBRE LA POBREZA 65
3. ¿Cuáles son los puntos fuertes y débiles de cada concepción?
4. ¿Mencione algunos supuestos comunes entre las perspectivas,
aparentemente distintas, evolucionista y revolucionaria?
5. Ponga un ejemplo de un caso, aceptado por la comunidad donde
usted vive o ministra, que contribuya a la pobreza.
6. ¿Qué preguntas o desafíos le han surgido en respuesta a las ideas
presentadas en este capítulo?
3
LA HISTORIA TRANSFORMADORA
La historia que acarrea desarrollo
A pesar del increíble progreso realizado para dar las Buenas Nuevas a los
pueblos no evangelizados,1 enormes bolsas o partes del planeta per-
manecen en buena medida intactas a la influencia del evangelio. Aunque
el esfuerzo misionero de la iglesia ha hecho mucho por contar a hombres
y mujeres la esperanza espiritual que hay en Cristo, apenas han rascado la
superficie del aspecto que ofrece esta esperanza en la tierra.
67
68 DISCIPULANDO NACIONES
Hace veinte años, la principal cuestión que se planteaba la misión
evangélica era «¿qué necesitamos para completar la Gran Comisión?». Los
investigadores misioneros desarrollaron el concepto de la Ventana 10/40
para centrar su atención en la región del mundo que encierra el mayor
número de «pueblos no evangelizados». Se lanzaron movimientos con la
esperanza de completar la Gran Comisión antes del cambio de milenio.
Aunque se ha avanzado mucho en llevar las Buenas Nuevas a los no evan-
gelizados, los países incluidos en la Ventana siguen figurando entre los más
pobres de la tierra. Los países con menos acceso al evangelio suelen estar
entre los más necesitados. En general, cualquier estrategia que se emprenda
para dar a conocer el evangelio a los países no evangelizados debe también
tener en cuenta la evangelización de los pobres.2
La Ventana 10/40 es hogar de la mayoría de los pobres de la tierra. De
entre los más pobres, más de ocho de cada diez viven en la Ventana 10/40.
Como promedio, sobreviven con pocos cientos de dólares por persona y
año. Se ha llegado a decir que «los pobres están perdidos, y que los perdi-
dos son los pobres», ya que la mayoría de los no evangelizados viven en
los países más pobres del mundo. Hay un solapamiento notable entre los
países más pobres del mundo y los menos evangelizados.3
La raíz de la pobreza
Así pues, ¿por qué hay tanta gente pobre y hambrienta? Exceptuando los
acontecimientos catastróficos (guerras, sequías, inundaciones), la pobreza
física no se produce porque sí. Es consecuencia lógica de cómo se ven las
personas a sí mismas y de cómo ven ellas el mundo, en los relatos que cuen-
tan y en la cosmovisión que sostienen. Aunque muchas personas entien-
den que la pobreza puede ser efecto de la injusticia social, pocos captan la
relación que hay entre la pobreza (en sus diversas formas) y la mentalidad
de la gente. Normalmente se deshecha esta relación «echando la culpa a los
pobres por su pobreza», pero ¿no exige la compasión por los pobres que al
menos la tengamos en cuenta? Al fin y al cabo, si hay una posibilidad de
que las cosmovisiones acentúen, aunque sea un poco, la pobreza y otras
formas de desolación, ¿no estaremos obligados a afrontarlas?
El hecho es que, distintas asociaciones de ideas producen conductas
distintas, a nivel individual y corporativo. Estos comportamientos luego se
LA HISTORIA TRANSFORMADORA 69
institucionalizan y conforman leyes y estructuras sociales que conducen a
la pobreza y otras formas de desolación. Desde que el presidente Lyndon
Baines Johnson declarara la «guerra a la pobreza» hace más de 50 años, el
estado ha gastado más de 22 billones de dólares en combatir la pobreza con
todo tipo de planes de redistribución. Y sin embargo, la pobreza material
(y otros tipos de pobreza) se sigue dando en las mismas comunidades en
que debía haber desaparecido. ¿Por qué? Porque no se hizo nada por trans-
formar la cosmovisión de los receptores. Cuando se da dinero y no se hace
nada por cambiar la cosmovisión de la comunidad receptora, ésta seguirá
siendo pobre.
El anticuado término de pauperismo* sirve para entender la cosmovi-
sión de muchas gentes que viven en la pobreza. Los que padecen este azote
experimentan cierta pobreza mental. Ven el mundo a través de lentes de
pobreza. Afirman, o sus actos así lo declaran: «Soy pobre. Siempre seré
pobre, y no hay nada que pueda hacer al respecto» (fatalismo). O, como
muchos aseguran hoy: «Soy pobre porque otros me hicieron así. Soy una
víctima de la injusticia. Necesito que el estado intervenga y redistribuya la
riqueza».
Como sucede con las falsas cosmovisiones, esta forma de pensar está
arraigada en nuestro pecado y rebelión contra el Creador, quien hizo un
mundo de abundancia y bendición. La alienación del hombre de Dios
(y el menosprecio de los principios divinos) produce una mentalidad de
pobreza que envenena aún más la mente, el espíritu y el corazón. Esta
mentalidad de pobreza tiene consecuencias en el mundo físico, depau-
pera a las personas y las hace incapaces de imaginar siquiera una forma
de escape.
La Biblia deja claro que ser pobre no es pecado, que Dios se preo-
cupa de los pobres, y que ser rico no es siempre signo del favor espe-
cial de Dios. Jesús advirtió repetidamente acerca del peligro espiritual
de la riqueza. Pero Dios no creo la pobreza; nosotros la engendramos.
La intención de Dios en la creación fue que los seres humanos y las
sociedades que ellos crearan florecieran. El problema suele radicar en
las mentalidades que retrasan y resisten el desarrollo, y atrapan a las
personas en la indigencia.
70 DISCIPULANDO NACIONES
El papel de Satanás
El pauperismo y el fatalismo no son sólo errores humanos. Están enraiza-
dos en las mentiras y distorsiones perpetradas por Satanás. Jesús advirtió:
«Desde el principio éste ha sido un asesino, y no se mantiene en la verdad,
porque no hay verdad en él. Cuando miente, expresa su propia naturaleza,
porque es un mentiroso. ¡Es el padre de la mentira!» (Juan 8:44). Hay otros
seres espirituales cómplices, malévolos, que ayudan a Satanás a perpetrar
sus engaños. Pablo amonesta a la iglesia gálata descarriada del primer siglo:
«Pero en aquel tiempo, cuando no conocíais a Dios, erais siervos de aque-
llos que por naturaleza no son dioses.9 Pero ahora que conocéis[a] a Dios, o
más bien, que sois[b] conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis otra vez
a las cosas débiles, inútiles[c] y elementales[d], a las cuales deseáis volver a
estar esclavizados de nuevo?» (Gál. 4:8-9). (LBLA)
Los principados y las potestades espirituales recurren a estos «princi-
pios ineficaces y sin valor» (en griego stoicheion4) para esclavizar a las per-
sonas que atienden a principios mundanos que conducen a la muerte. Pablo
declara en otros pasajes: «Cuídense de que nadie los cautive con la vana y
engañosa filosofía que sigue tradiciones humanas, la que va de acuerdo con
los principios de este mundo y no conforme a Cristo» (Col. 2:8). Satanás usa
falsos stoicheion para enmarañar o confundir culturas enteras con redes de
mentiras. Estos engaños alcanzan a las gentes no sólo en el ámbito moral y
espiritual, sino también en el plano social, económico y político.5
Redes de mentiras
Una mentira afirma que lo único que importa es el presente. Se cree que
Henry Ford dijo una vez que «la historia es una tontería». En cuanto al
futuro, ¿por qué he de preocuparme de lo que suceda después de la muerte?
Si no hay futuro, el hedonismo del mundo antiguo y el consumismo ram-
pante del mundo moderno son completamente lógicos. Si no hay futuro,
«comamos, bebamos y alegrémonos, porque mañana moriremos». La
diversión se convierte en una búsqueda prioritaria, lo que explica al menos
en parte la gran fascinación consumista occidental por los deportes, el
recreo y el ocio.
Otra mentira es que «la Verdad, si es que existe, es incognoscible».
El secularismo niega la existencia de la verdad absoluta, mientras que el
LA HISTORIA TRANSFORMADORA 71
animismo suele afirmar que la verdad es incognoscible. El principio hin-
duista de aviya significa «adorar a los dioses en ignorancia». De hecho, la
sociedad hinduista valora la ignorancia. Imagínese que trabaja en favor de
los pobres, que enseña a la gente a leer y escribir y que el mayor obstáculo
que encuentra es la mentalidad profundamente arraigada del aviya. Según
el sistema hinduista, animar a las gentes a aprender es pedirles que pequen.
Otra mentira que prevalece, tanto en el secularismo como en el hin-
duismo, es que la vida humana no tiene valor intrínseco. (Por eso el aborto
ha llegado a ser tan deseable en Occidente. Demasiados pocos en nuestra
cultura cada vez más secular defienden a los millones de niños no nacidos
sacrificados en el altar de la «elección»). Por su parte, el hinduismo, asevera
que la gente es pobre debido a lo que hicieron en vidas anteriores, y que
la manera más rápida de escapar a la pobreza en la vida venidera es sufrir
en ésta. A diferencia del cristianismo, el hinduismo no contempla que las
personas hayan sido creadas «admirable, maravillosamente» a imagen de
Dios.
En efecto, el hinduismo asegura que las mujeres, en la vida presente,
fueron en una vida previa hombres que pecaron gravemente. Para vol-
ver como varón (considerado un «estado superior») en la próxima vida,
la mujer debe sufrir por sus pecados ahora. No es de extrañar que, en la
India, país complejo y hermoso, de mil millones de personas, el genocidio
de género —el exterminio sistemático de mujeres por el mero hecho de
serlo— forme parte de la dura realidad de la vida. Un millón de mujeres
son asesinadas anualmente en la India a través del feticidio y de costum-
bres sociales brutales, como la muerte relacionada con la dote.
Por supuesto, el secularismo y el hinduismo no son los únicos sistemas
religiosos que tienen un bajo concepto de los seres humanos. Una buena
amiga mía, Ana, trabajaba en un país musulmán en el norte de África. Un
día se encontró una niña hambrienta y abandonada. La niña sólo tenía dos
años y pesaba 6,35 kilos. Ana recogió la escuálida niña y fue en busca de su
madre. Cuando la encontró, se asombró al oír su cruel veredicto: «Déjela
en paz; ¡está destinada a morir!».
No obstante, Ana, gracias a su fe cristiana, sabía que la niña portaba la
imagen de Dios y había nacido para vivir. De modo que la llevó a su casa
y la adoptó. Actualmente, esa niña se ha convertido en una joven hermosa
y dinámica. Ana y aquella madre vivían cosmovisiones diametralmente
opuestas, lo que produjo efectos completamente distintos para la niña.
72 DISCIPULANDO NACIONES
Como manifestó Richard Weaver en su célebre frase: «Las ideas tienen
consecuencias».
Un día visité a unos amigos que trabajaban en un hermoso valle, casi
alpino, de la República Dominicana. La zona está salpicada de granjas idí-
licas y disfruta de una temperatura magnífica. Al pasar por allí exclamé que
«aquel lugar parecía el paraíso».
Pero al conocer a la gente que allí vivía, la escena cambió. Los domi-
nicanos con los que trabajábamos, cuyas raíces en ese paraíso se remontan
a varias generaciones, a duras penas se ganaban la vida. Pero en la misma
zona vimos algunas mansiones hermosas en lo alto de una colina con
majestuosas vistas a la campiña. «¿Quiénes son los dueños de esas casas?
—pregunté a los que me acompañaban—. Me respondieron: «Ahí viven
unas familias japonesas».
Esos japoneses habían llegado a la República Dominicana justo des-
pués de la Segunda Guerra Mundial, con lo puesto. Como los nativos,
trabajaron como pobres granjeros. Pero después de algunas décadas, se
hicieron prósperos, mientras que los dominicanos siguieron como siem-
pre. ¿Cuál fue la diferencia? No fue sus circunstancias físicas ni el acceso
a los recursos. Los dos grupos habían sido pobres. Pero uno era ahora
relativamente rico, mientras que el otro seguía al borde de la pobreza.
¿Por qué?
Descubrí que los colonos japoneses observaban un principio social
que llamaban gambare, que significa, a grandes rasgos, «vuelve a inten-
tarlo; no te rindas; nunca tires la toalla». (A Churchill le hubiera encan-
tado). Los granjeros nativos, sin embargo, eran fatalistas, pues creían «lo
que será, será». Dos cosmovisiones condujeron a dos resultados distintos
en las vidas de las personas reales. Las ideas acarrean consecuencias. Como
dice la Biblia: «Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él»
(Pro.23:7).
Rompimiento de la red de mentiras
Las condiciones físicas y la injusticia por sí solas no bastan para explicar
la pobreza humana. En última instancia, toda forma de pobreza humana
deriva de una red de mentiras. Estas falsedades atan a los individuos y a las
culturas. Caemos presa de dichas mentiras por causa de nuestra rebelión
contra Dios, la cual comenzó cuando nuestros primeros padres creyeron
LA HISTORIA TRANSFORMADORA 73
la mentira de la serpiente antes que la verdad de la palabra de Dios. Desde
entonces hemos creído mentiras —e incluso las hemos concebido—. Por
tanto, puesto que la pobreza nace en nuestras mentes y creencias, debe
ocurrir lo mismo con la solución. Podemos romper las cuerdas de la red de
tres maneras: predicando el evangelio, renovando las mentes y enseñando
a las naciones.
La proclamación del evangelio
La proclamación del evangelio es el primer paso, y desde luego, indis-
pensable. Pablo declaró audazmente: «Porque no me avergüenzo del evan-
gelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al
judío primeramente, y también al griego». (Rom. 1:16).
No obstante, el evangelio no es sólo un sistema de perfeccionamiento
moral. Señala a nuestra necesidad espiritual más profunda. La gente no
necesita otro programa de autoayuda. No es que sea imperfecta y tenga
necesidad de algún ajuste sino que está quebrantada. Es necesario resuci-
tar porque, sin Dios, estamos muertos. El evangelio quiebra el poder del
pecado y de la muerte. Como declaró Pablo:
«Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros deli-
tos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la
corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el
espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales
también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nues-
tra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éra-
mos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que
es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando
nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por
gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos
hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús» (Efe. 2:1-6).
Joanne Shetler, misionera en el pueblo animista balangao, de Fili-
pinas, relata cómo una amiga llamada Tekla experimentó un cambio en
Cristo. «De pronto, Tekla irradiaba alegría. “Puedo hablar realmente con
Dios en balangao, mi propia lengua”, dijo ella. “Puedo incluso contarle
mis temores. Él es mi protector; es más poderoso que los espíritus. Y no
es como ellos: No miente ni necesita cerdos ni pollos como ellos. Real-
mente le importo”».6
74 DISCIPULANDO NACIONES
Renovación de la mente
Pero no basta con poner nuestra confianza en Cristo Jesús, aunque este
sea un primer paso imprescindible. También debemos renovar (o inspirar)
la mente. Esto significa discipulado, pero no un discipulado que se limite
a inculcar puntos doctrinales básicos y virtudes cristianas en el nuevo cre-
yente (por muy buenas que sean estas cosas). Significa enseñar una nueva
mentalidad, o cosmovisión, basada en la realidad del nuevo nacimiento y
en la realidad del orden creado. Puesto que tanto los cristianos como los
paganos hemos sido seducidos por la propaganda satánica, incluso los que
seguimos a Cristo debemos aprender a pensar los pensamientos de Dios.
Vivimos tiempos anti-intelectuales dominados por el secularismo y el
animismo. Las mentiras que fluyen de estas cosmovisiones falsas se cue-
lan incluso en la mente de los cristianos. De modo que debemos aprender
a rechazar estas mentiras y abrazar la verdad en todos los ámbitos de la
vida. El secularismo, por definición, niega la verdad absoluta y la realidad
trascendente. Sus seguidores tienden a vivir guiados por la emoción y el
materialismo filosófico. Nosotros debemos rechazar este marco. Y también
debemos rechazar el enfoque animista, ya que el animismo es, por natu-
raleza, místico y anti-intelectual. Desgraciadamente, estas mentiras han
producido demasiados evangélicos seculares y animistas que no piensan.
Muchos de ellos ni siquiera se dan cuenta de que han renunciado a su pri-
mogenitura —una mente sana.
Usted podrá preguntarse: ¿Manda realmente la palabra de Dios culti-
var una mentalidad o cosmovisión pujante? Compruébelo por sí mismo.
Un día, un maestro de la ley del Antiguo Testamento preguntó a Jesús
cuál era el principal mandamiento. «Jesús le respondió: El primer man-
damiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.
Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con
toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento»
(Mar. 12:29-30).
Pablo instó a los creyentes: «Y no os adaptéis a este mundo, sino trans-
formaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis
cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto». (Rom.
12:2). (LBLA)
Pablo nunca «rebajó» el evangelio. La Palabra de Dios encomia o elogia
a los creyentes de Berea (Hech. 17:10-15) porque usaban la mente para des-
cubrir si el evangelio era verdadero. El apóstol Pedro instó a los cristianos:
LA HISTORIA TRANSFORMADORA 75
«Por tanto, ceñid vuestro entendimiento para la acción sed sobrios en espí-
ritu, poned vuestra esperanza completamente en la gracia que se os traerá
en la revelación de Jesucristo» (1 Pedro 1:13). (LBLA)
En respuesta a los insistentes mandatos de Dios en las Escrituras
hebreas, los judíos abandonaron las deidades tribales y los altares fami-
liares de sus antepasados. Se arrepintieron del enfoque animista de la vida
que prevalecía en su entorno y se volvieron al Creador del universo, el Dios
de todos los pueblos. Este giro o conversión revolucionó su concepción de
la realidad y las palabras que usaban para describirla. Les cambió, y no sólo
a ellos. Cambió el mundo para siempre. En su libro El legado de los judíos,
Thomas Cahill observa:
Los judíos nos legaron un vocabulario nuevo, todo un Templo del Espí-
ritu, un paisaje interior de ideas y sentimientos antes desconocidos.
Debido a su religión singular —el monoteísmo— los judíos pudieron
legarnos el Gran todo, un universo unificado que tiene sentido, y que,
gracias a la superioridad evidente de su cosmovisión, supera por com-
pleto los fenómenos contradictorios y beligerantes del politeísmo.* Nos
proporcionaron la Conciencia de occidente…
Los judíos nos legaron el exterior y el interior —nuestra perspectiva y
nuestra vida interior—. Apenas podemos levantarnos por la mañana o
cruzar la calle sin ser judíos. Soñamos sueños judíos y tenemos esperanzas
judías. En efecto, muchas de nuestras mejores palabras —nuevo, aventura,
sorpresa; singular, individuo, persona, vocación; tiempo, historia, futuro;
libertad, progreso, espíritu; fe, esperanza, justicia— son dones judíos.7
Esta perspectiva es sumamente importante para el desarrollo de comu-
nidades y naciones. Es un capital metafísico —la verdad—, una mentalidad
que refleja la realidad. ¡Es verdadera! Y la verdad concede libertad a las
personas y las naciones para prosperar. Es seguro afirmar que el capital
metafísico es más importante para el desarrollo que el capital físico. «Y
conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32).
Discipulando naciones
Creer el evangelio y renovar la mente son cosas necesarias, pero no
suficientes. También debemos, según el mandato de Cristo, discipular a las
naciones (Mat. 28:18-20). ¿Qué quiso Él decir?
La respuesta que demos revelará cuánto conocemos a nuestro Dios. Él
ha venido trabajando en este proyecto desde que hizo pacto con Abraham
76 DISCIPULANDO NACIONES
para bendecir a través de éste a las naciones (Génesis 12:3). En Cristo
hemos venido a ser descendientes de Abraham (Gál. 3:7). Nos incumbe a
nosotros la responsabilidad de ser bendición. Jesús ordenó a sus seguido-
res que «hicieran discípulos de todas las naciones, que les bautizaran en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y les enseñaran a obede-
cer todo lo que Él les había mandado» (Mat. 28:19, 20).
Así pues, ¿cómo obedeceremos este mandato de discipular a las nacio-
nes? Hace mucho que los cristianos han creído que debe hacerse por medio
de la actividad misionera y la obra de desarrollo. Actualmente, muchos
cristianos sostienen uno de cuatro modelos mentales básicos en relación
con la misión y el desarrollo. Sólo el mejor revela el corazón de Dios tal
como se trasluce en la Escritura.
El primer enfoque es el secular evolucionista que vimos en el Capítulo
2. Desgraciadamente, muchas agencias cristianas de ayuda y desarrollo
abrazan esta concepción. El segundo, el secular revolucionario (también
visto en el capítulo anterior), depende en gran medida del análisis mar-
xista. La tercera postura, cosmológica-animista, proviene de lo que yo
denomino «postura evangélica de los últimos días». Sus partidarios ase-
guran que estamos viviendo los últimos días antes del retorno de Cristo.
Por tanto, enfatizan la «salvación de las almas», al tiempo que suministran
socorro al hambriento. No hay perspectiva a largo plazo. Después de todo,
si Jesús va a regresar la semana que viene (o si el mundo va a ser pronto
destruido), ¿para qué preocuparse por construir un futuro?
Esta perspectiva no satisface el mandato bíblico completo: la transfor-
mación teísta. Durante buena parte del siglo XX se ha dirimido dentro de
la cristiandad una guerra intelectual entre los que dan prioridad, ora a la
evangelización, ora a la acción social. Ambos bandos tienen razón, y ambos
están equivocados. Dar de comer y predicar son dos aspectos vitales. Pero
transformación no es otra cosa que cambio radical, en todas las esferas de
la vida, como cuando una oruga se transforma en mariposa. La criatura ya
no es lo que era; ha sido transformada en algo completamente distinto. La
transformación teísta no entraña un mero cambio de sentimientos religio-
sos, sino una reorientación radical de la vida de una persona. La persona
así transformada puede iniciar una transición que va de creer ingenua-
mente las mentiras del mundo a perseguir tenazmente la verdad de Dios.
Cambia un corazón duro por un corazón afectuoso, deja la injusticia para
abrazar la justicia, la muerte por la vida. Esta transformación comienza en
LA HISTORIA TRANSFORMADORA 77
el interior, en el plano personal de los valores y creencias, y avanza hacia
afuera para abarcar la conducta y sus consecuencias. En última instancia,
esta transformación personal contribuye a la transformación de la cultura
y el orden social.
Esto es probablemente lo que el sociólogo Christian Smith, de la Uni-
versidad de Notre Dame, tenía en mente al pensar que la evangelización y
la acción social, aunque revisten una importancia decisiva, no bastan para
«intentar transformar los sistemas sociales o culturales, sino sólo para ali-
viar parte del daño causado por el presente sistema».8
El evangelio es, pues, mucho más que la evangelización. Trágicamente,
muchos cristianos han aceptado una versión diluida, pietista, del mandato
de Cristo de discipular a todas las naciones. Pero el evangelio es la res-
puesta total de Dios a la necesidad total del hombre.9
La Biblia declara que «rebosará la tierra con el conocimiento del Señor
como rebosa el mar con las aguas» (Isa. 11:9). Esta es la voluntad de Dios,
y no acaba con la evangelización. Hemos de extender la vida y la sabi-
duría* de Dios a la vida entera, no sólo (como insisten los naturalistas)
a la esfera «religiosa» privada. Nuestra meta apunta nada menos que al
discipulado de las naciones en el plano de la cultura. Como ha dicho Ken
Meyers: «El discipulado no es interactuar con otra cultura para presentar
un pequeño conjunto de proposiciones nuevas, sino más bien una tarea de
inculturación alternativa —presentar una nueva forma de entender la vida
y el mundo en que vivimos—, es decir, una nueva manera de entender «lo
que es real». Y esta nueva forma de entender la vida se encarna en formas
culturales alternativas sostenidas por generaciones y, cuando es posible,
compartidas con nuestros vecinos».10
Es preciso repensar el sentido del mandato de Cristo. No sólo hemos
de discipular individuos creados a imagen de Dios, hemos de discipular
culturas para gloria universal del Creador. Nada menos que el discipulado
de las naciones en el plano de la cultura es lo que produce el desarrollo
transformacional que cambia al ser humano completo —espíritu, mente y
cuerpo— y conduce a la transformación social.
Ilustraré lo que esto significa. Muchos conocemos el antiguo prover-
bio: «Dé a un hombre un pescado y le alimentará un día. Enséñele a pescar
y le alimentará toda una vida». La industria del desarrollo ha usado este
proverbio para hacer una distinción muy útil entre obra de socorro y obra
de desarrollo:
78 DISCIPULANDO NACIONES
El socorro postula: «Dé a un hombre un pescado y le alimentará un
día».
El desarrollo postula: «Enséñele a pescar y le alimentará toda una vida»
Pero incluso el punto de vista que ilustra este proverbio no llega muy
lejos. La gente, o las comunidades, pueden aprender nuevas técnicas de
pesca. Pero ¿qué sucede cuando se agota el lago, o una especie de pesca
se extingue por causa de las sofisticadas técnicas de sobreexplotación pes-
quera? En este caso, no sirve de mucha ayuda poseer conocimientos de
pesca. Es preciso situar la pesca en un marco general. Hemos de conside-
rarla como parte de la mayordomía* de la creación ordenada por la Biblia.
Ayudar a los pescadores a mejorar sus vidas no es sólo cuestión de ense-
ñarles mejores técnicas y tecnologías, sino de presentarles la mejor ecolo-
gía* mental de la cosmovisión judeocristiana. Con esto en mente, ampliaré
el antiguo proverbio de la manera siguiente:
El socorro postula: «Dé a un hombre un pescado y le alimentará un
día».
El desarrollo postula: «Enséñele a pescar y le alimentará toda una vida»
La transformación postula: «Ayude a un hombre a pensar en la pesca
con una mente transformada (Rom.12:2) y su vida cambiará para siempre»
Dios desea que las culturas sean redimidas. Esto lo podemos hacer por
su gracia, proporcionando los principios del reino y la cosmovisión cris-
tiana cuando compartímos las buenas nuevas.
Todo el mundo tiene una cosmovisión
A pesar de la fascinación actual con la diversidad y el pluralismo, las prin-
cipales filosofías y religiones se pueden reducir a tres cosmovisiones prin-
cipales: el secularismo (todo es físico en última instancia), el animismo (en
el fondo, todo es espiritual), y el teísmo (la realidad es tanto física como
espiritual). Estas tres establecen un continuum sobre el cual se pueden
situar todos los sistemas religiosos, cualesquiera que sean sus mezclas y sus
variaciones concretas.
El punto en cuestión es éste: todo el mundo tiene una cosmovisión, y
esa cosmovisión ejerce un efecto en el mundo real —sobre usted y sobre
aquellos a quienes usted procura servir en nombre de Cristo—. Nuestros
valores y conductas (y sus consecuencias) fluyen de los supuestos que
adoptamos de la realidad. Los que tratan de ayudar a los pobres necesitan
LA HISTORIA TRANSFORMADORA 79
discernir tres cosmovisiones distintas: La suya propia, la de la cultura que
intentan discipular (su cultura adoptiva), y el teísmo bíblico. Si usted no ha
examinado su propia cosmovisión, probablemente estará operando desde
una perspectiva sub-cristiana, porque el secularismo y el animismo son
las olas culturales dominantes en nuestro tiempo. Por lo tanto, es esencial
examinar su cosmovisión. Influye en todo lo que hace —incluso en cómo
obedece a Cristo.
s
ida
Co
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tru
sec
ins
ue
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Sociedades
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Na
reconstruidas
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Culturas
cta
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reformadas –V
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res
en
Almas arrepentidas
–M
–C
y
elio
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Vidas regeneradas
nc
ng
ias
Eva
No se le exige cambiar culturas enteras instantáneamente. Las socie-
dades cambian a medida que cambian los individuos. El discipulado de las
naciones se transmite de persona a persona. El desarrollo transformacional
es un proceso dinámico (véase la fig. 3.2). Comienza con la proclamación
del evangelio. Implica volverse de la mentira a la verdad (arrepentimiento)
y pasar de la muerte a la vida (regeneración). Pero la salvación del alma es
sólo el principio, no el fin del proceso. Cristo murió para reconciliar todas
las cosas consigo mismo (Col. 1:20). Dios desea que las culturas en su tota-
lidad sean reformadas para reflejar su bondad y su gloria. Y desea hacerlo
por medio de nosotros.
Preguntas para el estudio
1. ¿Qué es la Ventana 10/40?
2. ¿Qué relación hay entre la Ventana 10/40 y el mundo de la pobreza?
80 DISCIPULANDO NACIONES
3. ¿Qué implica esta relación para las misiones? ¿Y para el desarrollo?
4. ¿Cuál es la raíz de la pobreza?
5. ¿Qué se quiere dar a entender por red de mentiras? Ponga tres
ejemplos.
6. ¿Qué se debe hacer para romper esa red de mentiras? cosmovisiones
7. Describa cada uno de los cuatro modelos mentales básicos que
usan los cristianos para abordar las misiones y el desarrollo.
8. ¿Qué pasos prácticos puede usted dar para entender mejor las
siguientes:
Su propia cultura
Su cultura adoptiva
Usted mismo
La Biblia
9; Resuma el significado de «desarrollo transformacional».
10. ¿Qué significa discipular en el plano de la cultura?
11. ¿Qué preguntas o desafíos propone usted para responder a las
ideas presentadas en este capítulo?
PARTE 2
EL REY
Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre.
El Señor ha establecido su trono en el cielo; su reinado domina
sobre todos.
Alaben al Señor, ustedes sus ángeles, paladines que ejecutan su
palabra y obedecen su mandato.
Alaben al Señor, todos sus ejércitos, siervos suyos que cumplen su
voluntad.
Alaben al Señor, todas sus obras en todos los ámbitos de su
dominio.
¡Alaba, alma mía, al Señor!
Salmos 103:1, 19-22
¡Alaba al Señor, el Todopoderoso, el Rey de la creación!
Oh, alma mía, alábale porque Él es tu salud y tu salvación:
Vengan todos los que escuchan, hermanos y hermanas, acérquense,
¡Adórenle con gozosa adoración!
¡Alaben al Señor, quien sobre todas las cosas maravillosamente reina!
Él le protege bajo sus alas, gentilmente le sostiene:
¿No se ha percatado? Todo lo necesario
Ha provisto en sus ordenanzas.
¡Alaben al Señor, quien prospera su trabajo y le defiende!
Ciertamente, su bondad y su misericordia cada día le acompañan:
Pondere de nuevo lo que puede hacer el Todopoderoso,
Él que con amor por amigo le tiene.
¡Alabe al Señor! ¡Que todo mi ser le adore!
¡Todo lo que vive y respira venga a su presencia con alabanza!
Que de nuevo resuene el amén de su pueblo:
¡Porque con alegría nosotros le adoramos!
JoachimNeander (1650–80)
Traducido por: Catherine Winkworth (1829–78) y otros
4
DIOS ES UNA PERSONA
El universo es relacional
N eil de Grasse Tyson, famoso divulgador científico y sucesor de Carl
Sagan en la reanudación de la serie televisiva Cosmos, ha dicho:
«Nuestra galaxia, la Vía Láctea, es una entre 50 o 100 mil millones de
galaxias en el universo. Y a cada paso, cada ventana que nos abre la astro-
física moderna, la persona que desea sentir que ocupa el centro de todo
acaba encogiéndose».1 A pesar de que estas palabras fueron pronunciadas
por un científico reconocido, esta declaración no es ciencia. Es metafísica.
Sin embargo, pocas personas se atreven a desafiarla, pues encaja bien con
la cosmovisión secular que tanto entusiasmo despierta en nuestra cultura.
Si usted cree que «la materia es lo único que importa», entonces puede
aceptar que la humanidad es una mota insignificante en el cosmos. No obs-
tante, por muy aderezado que aparezca este materialismo en tales progra-
mas, se levanta contra la postura judeocristiana «En el principio, Dios. . .».
Ahí es donde comienza la historia —con Dios, autor principal, actor,
productor y crítico—. Sólo el teísmo bíblico tiene una idea correcta de
Dios como Rey del universo. Examinemos el carácter de este Rey.
Los mismos datos, distintas historias
Shakespeare dijo: «El mundo entero es un escenario». Ciertamente lo es
—un escenario en el que los supuestos más profundos sobre la realidad
83
84 DISCIPULANDO NACIONES
cobran forma en la vida de la gente—. Cada cosmovisión, sea teísmo
bíblico, animismo, o secularismo, ofrece un relato sobre el principio, una
trama, una visión del futuro. En efecto, cada filosofía (o religión) debe res-
ponder a cuatro cuestiones básicas:
• ¿De dónde venimos? (o ¿cómo llegamos aquí?)
• ¿Qué fue lo que se torció? (o ¿cómo se «deterioraron» las cosas?)
• ¿Qué solución hay? (o ¿cómo se pueden arreglar las cosas?)
• ¿Hacia dónde vamos? (o ¿cuál es nuestro propósito?)
Desde el punto de vista de la narrativa bíblica, cuatro palabras eng-
loban las respuestas: creación → caída → redención → consumación. Estas
cuatro palabras abarcan la amplitud de la historia providencial. Dios se
involucra providencialmente en la historia de la humanidad, en la vida de
las personas y en las naciones, hacia una plenitud de propósito.
Para personas como Tyson y Sagan, la clave del pasado, presente y
futuro es la evolución. El relato del secularismo comienza con «en el prin-
cipio, la Naturaleza. . .». A través de la evolución, el hombre se desarro-
lla desde formas inferiores de vida, llega a ser consciente de sí mismo, y
eventualmente escapa a la «superstición» de Dios por la ciencia, usando la
tecnología para vivir más cómodamente una vida que no tiene propósito
último. La evolución, al menos la especie científicamente respetable, no da
cabida a Dios. Todo lo que existe procede de una mezcla impersonal de
materia, energía, tiempo y azar. No hay propósito en el universo ni futuro
con sentido trascendental.
El animismo, por su parte, afirma: «En el principio era el espíritu
indiviso: la Unicidad». En vez de poner su fe en la evolución, el animista
cree en una especie de involución, un proceso de deconstrucción (contra-
rio a la creación) en el que infinidad de dioses, espíritus individuales, y la
humanidad surgen del «uno». La vida es una serie de dificultades vencidas
mediante la manipulación y el aplacamiento de los dioses, que son capri-
chosos e impredecibles. El objetivo del hombre es librarse de la atadura
física de este mundo y volver a la unidad de espíritu.
DIOS ES UNA PERSONA 85
El universo
Concepción secularista
El universo
Concepción animista
El universo
Concepción teísta
86 DISCIPULANDO NACIONES
Por el contrario, el teísmo bíblico comienza con un Creador infinito y
personal que ha creado la humanidad a su imagen y semejanza. Él llama
al hombre, su vice-regente, a cuidar y desarrollar su creación (sí, la crea-
ción, no una naturaleza «impersonal»). Pero los seres humanos se rebe-
laron contra Dios y violaron sus leyes. Las personas necesitan redención,
que Dios provee por gracia a través de Jesucristo. Dios se encargará de que
su propósito para la humanidad y la creación —comunión íntima, paz y
desarrollo universales— se cumplan.
¿Cómo distinguir mejor estas distintas maneras de ver la realidad? A
ras de suelo, las cosmovisiones son personales o impersonales. Las cosmo-
visiones impersonales pueden presentarse bajo dos especies. El monismo
oriental ve la realidad como un todo orgánico. Para el monista, «todo es
uno». El hinduismo, el budismo,* y la teoría Gaya neo pagana son tres
ejemplos. El éxito de taquilla de la película Avatar, marca una transición,
en Occidente, del modernismo —adoración al hombre— a la adoración
posmoderna, neo pagana, de la naturaleza.
Los que creen que la primera causa del universo es personal abrazan,
ora el monoteísmo, ora el politeísmo. La mitología griega y romana, el sin-
toísmo, las antiguas religiones de Oriente Próximo de Baal y Quemos, y el
animismo popular actual sostienen que existen muchas deidades persona-
les (pero finitas). Aunque los monoteístas reconocen la existencia de seres
espirituales inferiores, creados (como los ángeles), creen en un solo Dios
infinito.
Aún hay otra división. En esencia, el islam, el judaísmo moderno y los
testigos de Jehová son todas ellas religiones unitarias (Dios es un ser y una
persona). El cristianismo histórico, no obstante, es trinitario (un solo Dios
se ha revelado a sí mismo en tres Personas distintas).
De estos cuatro puntos iníciales —el animismo, el secularismo, el
monoteísmo simple y el teísmo judeocristiano— solo uno proporciona
fundamento adecuado para una vida próspera: el monoteísmo trinitario.
Los otros tres producen culturas de pobreza y muerte. Desde luego, ¡las
ideas acarrean consecuencias!
DIOS ES UNA PERSONA 87
Distintos puntos de partida
Un poder
Monoteísmo Monismo
CAUSA impersonal
personal
PRIMERA
Politeísmo Panteísmo
muchos poderes
Veamos cómo funcionan estas ideas en el mundo.
Según el secularismo, el universo es, en última instancia, impersonal y
mecánico —mera máquina (aunque increíblemente compleja). La huma-
nidad es también una máquina biológica, incapaz de escapar a la caja mate-
rialista—. Nietzsche se dio cuenta de que si el infinito Dios personal del
cristianismo clásico está muerto, entonces el hombre, portador de la ima-
gen de Dios, también está muerto. No bastaba para Nietzsche dejar de dar
culto a un Dios que no está ahí. Todas las cosas que emanan de la creencia
en este Dios y que dan a la vida humana sentido y belleza también están
muertas. Por la puerta de Nietzsche salieron todas aquellas cosas que nos
hacen más humanos y hacen que la vida sea soportable: amor, compasión,
santidad, justicia, verdad, razón, comunión, comunicación e impulso crea-
tivo. Todo se va a la tumba con Dios, o más bien, sin Él.
Anteriormente, adscribimos el animismo a la categoría de las deida-
des personales. En realidad, sería mejor decir «poli-personales», dados los
muchos dioses del animismo. Además, estos dioses no son agentes mora-
les, volitivos. En el fondo, están controlados por las fuerzas del universo.
¿Su efecto? El animismo contempla el universo como impersonal y espiri-
tual. Si bien el animismo concede que el espíritu del hombre es importante,
asigna escasa importancia a sus atributos racionales, morales, volitivos y
físicos.
88 DISCIPULANDO NACIONES
Dios —¡una Persona!
Para el teísmo trinitario, el universo es fundamentalmente personal, creado
por la Persona suprema. Génesis 1 da testimonio de un Ser distinto que
crea con el poder de su voz. Dios declara: «Hagamos al hombre a nuestra
imagen, conforme a nuestra semejanza» (Gén. 1:26). Esta cita revela una
enormidad acerca de la cosmovisión judeocristiana. La relación, la comu-
nicación y la personalidad son más esenciales para el universo que la luz,
el tiempo, la energía o la materia. Podemos conocer con exactitud cosas
acerca de Dios, y al descubrir cosas acerca de Él podemos conocer algo de
su creación. Y al examinar su creación, podemos conocer algo de su Crea-
dor, acerca de nosotros mismos, y de cómo ayudar a los pobres que viven
entre nosotros.
Una característica clave de Dios es su presencia. Por una parte,
Él es trascendente, habita fuera del espacio y el tiempo, es sobe-
rano sobre su creación, está separado de ella en su ser y su san-
tidad. «Porque tú eres el Señor, el Altísimo sobre toda la tierra,
muy excelso sobre todos los dioses» (Sal. 97:9) LBLA. Por otra parte, Dios
está, cercano, tan a mano como un Padre amoroso. La Biblia muestra con-
tinuamente un anhelo santo de Dios por relacionarse con las personas,
cuando camina en el huerto del Edén (Gén. 3:8) y vive en medio de su
pueblo Israel (Éxo. 25:8-9; 29:42-46; Núm. 2:1-2; 35:34). Él es un padre
para el huérfano (Sal. 68:3-6) y la fuente de nuestra vida (Hech. 17:27-28).
Aunque es trascendente, es también inmanente, desea habitar «en medio
del campamento» y en nuestras vidas.
Dios manifiesta su cercanía de cuatro maneras principales. En primer
lugar, la vemos en su omnipresencia. Como está en todas partes, Él está
aquí ahora. En segundo lugar, la vemos en su providencia. Dios controla
la historia (Heb. 1:1-3). El historiador Daniel Boorstin captó la idea judía
del control divino de la historia: «Se conserva la tradición de que Dios no
había cesado su actividad creativa después de crear el mundo. O, como
observa un comentarista moderno, Dios siguió hablando después de que
su libro fuera a la imprenta. En este momento Él está creando los acon-
tecimientos de nuestro tiempo.2 Vemos la implicación íntima de Dios en
la historia en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, al hacer un pacto con
Abraham, liberar al pueblo hebreo de Egipto, al entregar los Diez Manda-
mientos a Moisés y al intervenir en las vidas de los pobres y los olvidados
(1 Rey. 17:9-16).
DIOS ES UNA PERSONA 89
En tercer lugar, vemos la cercanía de Dios en la encarnación de Cristo,
cuando Dios se hizo hombre. La encarnación prueba la cercanía de Dios y
el cuidado íntimo de su creación. Como dijo Frank Houghton en su her-
moso villancico:
Tú, rico sobre todo esplendor,
Por amor te hiciste pobre.
Tú, Dios sobre toda alabanza,
Por amor te hiciste Hombre.3
En cuarto lugar, Dios prueba su cercanía enviando al Espíritu Santo
para que sea un ayudante interior de los discípulos de Jesús (Juan 14:26;
16:5-11). El Espíritu Santo, tercera Persona de la Trinidad, habita en los
creyentes, les aconseja, les anima, ora por ellos y les enseña. Nuestro Dios
es una Presencia íntima y personal. Además, Él, la Persona por antonoma-
sia, creó a las personas a su imagen.
Por tanto, el punto de partida básico no es la materia, ni la energía, ni
millones de espíritus. No, el universo fue llamado a la existencia por el Dios
Trino —Padre, Hijo y Espíritu Santo—, quien nos ha permitido conocer en
términos inconfundibles que Él desea gentilmente habitar entre nosotros. Sí,
nuestro Dios es trascendente, existe antes y fuera de este universo. Pero tam-
bién es inmanente y se inclina para que podamos tener comunión con Él.
Los atributos de Dios
Podemos dividir los atributos de Dios en dos categorías: los infinitos y los
personales. Las características infinitas de Dios son suyas y sólo suyas.4
Forman parte de su ser absoluto. Como tales, no cuentan con analogías
adecuadas en el orden creado. Incluyen aspectos como su omnisciencia,
su omnipresencia y su omnipotencia. En éstas, Dios permanece solo y el
hombre es como el resto de la creación.
Por otra parte, Dios imparte sus características personales5 al porta-
dor de su imagen, el hombre. En éstas, los seres humanos son como Dios
y distintos del resto de la creación. Éstas incluyen: mente (el atributo de
la inteligencia), corazón (el atributo de la moral), y voluntad (el atributo
de la volición). Estos atributos prestan el prototipo o la norma a los seres
humanos. Por ejemplo, Dios es Creador, Diseñador, Artista, Matemático,
Arquitecto, Compositor, Poeta, Amante, Comunicador, Promotor, y así
sucesivamente. En estos atributos personales, el hombre es como Dios.
90 DISCIPULANDO NACIONES
A diferencia de muchos teólogos modernos, el apologista cristiano
Francis Schaeffer entendió la diferencia entre los atributos infinitos y los
atributos personales de Dios:
Estoy separado de Dios por cuanto Él es el Creador infinito, y yo soy cria-
tura finita, como lo está el átomo o la partícula de energía. Por este lado
no estoy más cerca de Dios que la máquina.
No obstante, por el lado de la personalidad divina, la ruptura se produce
entre el hombre y el resto de la creación. Albert Schweitzer se identificó
con el hipopótamo, ya que no entendía que la relación del hombre fuera
vertical; por lo cual, se fijó en una criatura que hace muchas cosas iguales
que él.6
No obstante, el hombre secular afirma que si uno quiere entender al
hombre tiene que estudiar los «otros» animales —los simios en particu-
lar—. Dios es irrelevante para su argumento (y dice que ha sido hecho
a imagen del hombre). Pero el teísmo judeocristiano afirma que si uno
quiere entender al hombre, debe antes estudiar a Dios. Esto es así porque el
hombre ha sido creado a imagen de Dios, y su identidad principal procede
de Dios. Puesto que la humanidad del hombre, como todo lo demás, pro-
cede de Dios, se sigue que la realidad última es personal.
Los atributos infinitos de Dios reflejan el hecho de que Él es la primera
causa de todo lo que existe. Nadie más posee esta impronta de deidad. Dios
es infinito, no tiene límites y está fuera del espacio; es eterno, sin principio
ni fin, está fuera del tiempo; es omnipresente, está plena y simultáneamente
presente en todas partes; y es omnipotente; omnisciente; e inmutable.
Dios también tiene características personales. Éstas las comparte con
el hombre, y son el modelo para la vida humana. Pueden ser divididas en
cuatro áreas: espiritual, intelectual, moral y volitiva.
Espiritual
Los atributos espirituales de Dios remiten al hecho de que Él es espí-
ritu, un Ser vivo. Jesús declaró solemnemente: «Dios es Espíritu; y los que
le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren» (Juan 4:24).
Como el Creador es espíritu, podemos deducir directamente que las reali-
dades espirituales configuran e influyen en el ámbito físico. «El espíritu de
Dios me hizo, Y el soplo del Omnipotente me dio vida» (Job 33:4).7
DIOS ES UNA PERSONA 91
Intelectual
Los atributos intelectuales de Dios reflejan que Él tiene una mente. El
imponente intelecto divino es el modelo perfecto para la limitada (y ahora
caída) capacidad humana de razonamiento. Aunque la mente humana
es sumamente limitada cuando se compara con la asombrosa e ilimitada
fuente inagotable de su intelecto, no obstante, podemos conocer algo del
mundo y de nuestro lugar en él meditando en la mente del Todopode-
roso. La mente de Dios es perfecta y absoluta. Él ve las cosas no sólo como
son, sino cómo deberían de ser. El conocimiento de Dios es completo, se
extiende a Él, a toda su creación, y al pasado, presente y futuro del hombre.
A diferencia del hombre, que sólo conoce en parte y que tiende a centrarse
en lo externo, Dios lo conoce todo, incluido el corazón humano (1 Sam.
16:7).
Durante décadas, los científicos han buscado febrilmente una teoría
unificada que explique los fenómenos del universo.8 Pero Dios sabe cómo
encajan todas las cosas. Lo ha sabido desde la eternidad pasada y lo sabrá
también en la eternidad futura. Así pues, contamos con un fundamento
seguro para una teoría unificada del conocimiento, porque la encontramos
en el relato inaugural: «Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra»
(Gén. 1:1). Por supuesto, toda cultura cuenta con un relato que pretende
explicar la totalidad de la vida. Pero solo el relato divino establece un fun-
damento para el desarrollo humano. Lo hace porque, a diferencia de los
otros, concuerda perfectamente con lo que existe.
Entre los atributos intelectuales de Dios está su sabiduría. Si bien el
conocimiento es conceptual, la sabiduría es práctica. La sabiduría divina
conoce perfectamente los objetivos de Dios (telos) y asigna los medios per-
fectos para conseguirlos. La fuente de la sabiduría está en Dios (Prov. 1:7).
El apóstol Pablo, en su carta a la iglesia de Roma, distinguió justamente la
distancia infinita entre la sabiduría de Dios y la nuestra: «¡Oh profundidad
de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables
son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la
mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?» (Rom. 11:33-34).
El intelecto de Dios está inextricablemente ligado a su veracidad
(Sal. 31:5; Juan 14:6). Dios ha establecido la base de la verdad en cuatro
esferas relacionadas con el intelecto. Primero, lógicamente. La verdad de
Dios es internamente coherente y fiel a sí misma. Es racional. Segundo,
empíricamente. La verdad es evidente por sí misma. Se puede demostrar y
92 DISCIPULANDO NACIONES
concuerda con lo real. Se ajusta a la realidad. Tercero, moralmente. La ver-
dad de Dios se corresponde con la «manera en que deberían ser las cosas».
Cuarto, estéticamente. La verdad es hermosa. Los investigadores científicos
y los matemáticos que buscan la verdad por décadas, testifican que cuando
descubren hermosura, cuando disciernen belleza en la disposición de los
datos o en la estructura de los algoritmos, saben que se acercan al fin de su
periplo investigador. La hermosura anuncia la cercanía de la verdad.
En concordancia con sus atributos intelectuales, el Señor comunica su
verdad de forma clara (manifiesta, demostrable, proposicional).* La ver-
dad de Dios, aunque no siempre es lo que esperamos, no ha de mantenerse
oculta, sino que ha de revelarse en el tiempo señalado. Dios apela al inte-
lecto y a la racionalidad del hombre, ya que estos son elementos de nuestro
ser, diseñados a imagen y semejanza de Dios.
Dios se revela a sí mismo de tres maneras. Los reformadores Campa-
nella, Comenio y Alsted hicieron referencia a «los tres libros». El primero
es el libro de la naturaleza, al que llamamos «revelación general», que está
al alcance de todos los seres humanos. Esta revelación nos llega a través de
los sentidos, fue defendida por Aristóteles, y es hoy conocida como ciencia.
El segundo libro es nuestra naturaleza como imago Dei. Como imagen de
Dios, poseemos mentes que pueden razonar. Esta clase de conocimiento,
defendido por Platón, es conocido hoy como filosofía. El tercer libro, la
forma de revelación suprema, es la palabra de Dios. También llamada
«revelación especial», este libro aparece en dos formas. Dios se revela a
sí mismo a través de Jesucristo (la Palabra viva), y a través de la Biblia (la
Palabra escrita).
DIOS ES UNA PERSONA 93
Johan Amos Comenius, reformador checo, teólogo y «padre de la edu-
cación moderna», describe esta revelación tripartita en la búsqueda de la
verdad: «La única vía clara, verdadera y genuina de la filosofía es el acceder
a todas las cosas por los sentidos, la razón y la Escritura.9 El escudo origi-
nal de la Universidad de Harvard (véase la fig. 4:5), fundada para capacitar
ministros cristianos, reconoce esta idea de la verdad. La palabra veritas
(«verdad» en latín) se extiende por los tres libros, pues el lema original de
la institución era «Verdad para Cristo y la Iglesia». Los dos libros superio-
res del escudo aparecen boca arriba mientras que el libro inferior aparece
boca abajo. Esto simboliza los límites de la revelación general, las obras de
Dios exploradas por la razón (la filosofía) y los sentidos (la ciencia), y la
necesidad de la revelación especial de Dios, la Palabra de Dios.10
En definitiva, los tres libros concuerdan entre sí, porque toda verdad
es de Dios. No obstante, en cualquier conflicto aparente, la palabra de
Dios es el árbitro decisivo. En este mundo, las tensiones entre los libros
son inevitables. Aunque la verdad revelada de Dios es objetiva y absoluta
(no subjetiva y relativa), no es exhaustiva. Dios no nos ha mostrado todo
lo que se puede saber de Él. En primer lugar, porque somos criaturas fini-
tas y no podríamos asimilarlo. Sin embargo, los datos que Dios nos ha
suministrado constituyen, como dijo Francis Schaeffer, «la verdad». Estos
datos proporcionan un campo de conocimiento unificado acerca de lo que
existe: Dios (lo trascendente), el espacio (el cosmos), el tiempo (la histo-
ria), y los seres humanos (creados a imagen de Dios).
Moral
Las Escrituras dan testimonio de la bondad de Dios de muchas mane-
ras. Dios es, en sí mismo, perfección absoluta, y su naturaleza moral es la
definición misma de la bondad. Pero no es una bondad impersonal, teó-
rica. Dios es amor (1 Juan 4:8). Él trata generosa y amablemente con su
creación, sobreabundando en amor y misericordia. Estos rasgos son tan
esenciales para la naturaleza de Dios que Él los incluye cuando revela su
nombre.11 Hemos oído tantas veces las palabras de Juan 3:16 que a menudo
pasamos por alto su fuerza sobrecogedora: «Porque de tal manera amó
Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que
en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna».
Ambos testamentos resaltan la misericordia y la compasión de Dios.
En el Antiguo Testamento aparece la palabra chesed; en el Nuevo, eleos.12
94 DISCIPULANDO NACIONES
Ambas señalan a un Dios que, asombrosamente, se acerca a las personas
en necesidad.
Sin embargo, a veces es difícil encontrar la bondad de Dios en este
mundo. En medio de la devastación y el sufrimiento de una crisis de refu-
giados en Sudán, Bruce Lawson se sintió abrumado. La gente era brutal-
mente asesinada. Gran cantidad de personas padecían hambruna a causa
de la actuación del gobierno musulmán. Lawson, cooperante humanita-
rio, sufrió una crisis de fe. Mes tras mes le obsesionaba una pregunta acu-
satoria: «¿Cómo puede Dios permitir esto?». Entonces un día recordó a
Cristo en la cruz, padeciendo un tremendo sufrimiento por nosotros. De
repente, Lawson comprendió: Dios estaba allí también, en medio de aquel
sufrimiento.13
El amor no es un mero concepto abstracto de Dios. El amor le costó
algo —su Hijo unigénito—. ¿Tenemos los seguidores de Dios el mismo
compromiso con un amor sacrificial? En el siglo cuarto, el emperador
Juliano se vio obligado a admitir que los seguidores de Cristo, a quienes
se calumniaba acusándoles de «ateos» porque no adoraban el panteón
romano, aventajaban a los romanos en buenas obras. «El ateísmo ha sido
superado sobre todo por el servicio amoroso prestado a los forasteros, y
por su ayuda en la sepultura de los muertos. Es un escándalo que no haya
ni un solo judío que sea mendigo, y que los impíos galileos no sólo se preo-
cupen de sus propios pobres sino también de los nuestros; mientras que los
nuestros buscan en vano la ayuda que nosotros les deberíamos prestar».14
Esta clase de amor no se funda en el sentimentalismo, sino en la base
sólida de la justicia de Dios. «Dios es luz», dice el Nuevo Testamento, «y no
hay ningunas tinieblas en él» (1 Juan 1:5). Jesús nos recuerda que el nom-
bre de su Padre es santo (Mat. 6:9) y que Él es santo (Apo. 4:8). La santidad
de Dios es sinónimo de su perfección moral y de la pureza de su ser. La
justicia divina significa que Él hace lo que es recto en toda circunstancia.
Esta justicia se hizo patente en la cruz cuando Dios rehusó pasar por alto el
pecado, derramando su ira sobre Jesús, quien pagó el castigo que merecía-
mos. En consecuencia, la justicia de Cristo es otorgada a todo el que cree.
Esta transacción no fue nada fácil, pero satisfizo la estricta norma de la
justicia divina y al mismo tiempo expresó su misericordia.
Volitiva
Finalmente, el último atributo personal de Dios que vamos a examinar
es su soberanía, es decir, su voluntad soberana. Los teólogos denominan
DIOS ES UNA PERSONA 95
la sabiduría divina «atributo volitivo»; Dios tiene volición; puede escoger;
tiene voluntad.
Aunque a veces el término queda reducido a la disputa teológica, la
soberanía divina proporciona el modelo para la volición humana. Como
Creador y Sustentador de todas las cosas, visibles e invisibles, Dios es el
soberano indiscutible del universo. Como dice Deuteronomio 10:14, 17:
«He aquí, al Señor tu Dios pertenecen los cielos y los cielos de los cielos, la
tierra y todo lo que en ella hay... Porque el Señor vuestro Dios es Dios de
dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible que no hace
acepción de personas ni acepta soborno». LBLA
La soberanía de Dios se expresa de dos maneras —su voluntad legal
(de jure) y su poder (de facto)—. Dios tiene un derecho legal (de jure), es
soberano sobre su creación, y su soberanía omnipotente (de facto) le per-
mite hacer lo que le place. Dios, el Rey de jure, por derecho, del universo,
lleva a cabo su divina voluntad, y no hay nadie que pueda resistir su mano
soberana (de facto). C.S. Lewis explicó cómo los milagros de Dios ilustran
ambos aspectos de la voluntad soberana de Dios:
La idoneidad de los milagros cristianos, y su diferencia con… los mila-
gros mitológicos, estriba en que muestran la invasión de un Poder no
extraño. Son lo que cabría esperar que sucediera si la naturaleza no sólo
fuera invadida por un dios, sino por el Dios de la naturaleza: por un
Poder fuera de su jurisdicción, no como un extraño, sino como soberano.
Proclaman que el que ha venido no es meramente un rey, sino el Rey, su
Rey, nuestro Rey.15
Como dice el salmista, «Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos
vosotras, puertas eternas, Y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey
de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla» (Sal.
24:7-8).
Salomón comprendió hace casi 3.000 años que la soberanía de Dios
es indiscutible: «No hay sabiduría, ni inteligencia,Ni consejo, contra
Jehová.» (Pro. 21:30).
¿Cómo se relaciona este atributo con los seres humanos, creados a su
imagen? Dallas Willard escribe:
La voluntad… es la dimensión de nuestro ser por la cual somos presen-
cia, fuente no derivada en el mundo. Lo que surge, surge de nosotros.
96 DISCIPULANDO NACIONES
Esta creatividad radical hace que la persona individual sea absolutamente
única e irreemplazable, y, por tanto, un «fin en sí misma», no «otra de
cierta especie»…
Voluntad es la capacidad de originar o abstenerse de originar algo: un
hecho o una cosa. Da existencia a las cosas… Voluntad es la capacidad
radical, no derivada, de originar hechos y cosas…
Es ese aspecto de la personalidad en virtud del cual nos asemejamos a
Dios o somos «a su imagen». Hemos sido creados para ser creadores —de
bien.16
El universo es relacional
¿Entonces qué? ¿Qué significa que el universo que Dios diseñó sea fun-
damentalmente personal? Viene a la memoria el famoso poema de John
Donne, «Ningún hombre es una isla». La personalidad exige comunidad.
El mismo Dios existe en tres Personas. Las relaciones son esenciales para
la vida y la salud, y un indicador principal de riqueza. Ser persona es estar
relacionado. El «triángulo de parentesco» de la figura 4.6 ilustra las distin-
tas maneras en que Dios y los seres humanos se relacionan en el contexto
de la creación.17
Triángulo de parentesco
DIOS
pro
ión
pie
lac
da
re
mayordomía
HOMBRE CREACIÓN
El hombre ha de adorar y servir a su Creador. Dios es dueño de la crea-
ción, pero el hombre ha de cuidar todo lo que Dios ha creado. El hombre es
mayordomo (siervo) o vice-regente de Dios, ha de estar sometido a Dios,
pero ejercer autoridad sobre el mundo y sus recursos. Así pues, la principal
relación del hombre, su relación con Dios, es hacia fuera y vertical.
DIOS ES UNA PERSONA 97
El hombre y sus relaciones
El hombre y el
conocimiento
El hombre Epistemología El hombre
y la moral y la historia
Axiología Teleología
El hombre y
El hombre la sabiduría
y los otros Metafísica
Sociología El hombre y
El hombre la creación
y el yo Economía
Psicología y ecología
El hombre
y Dios
Teología
El triángulo de parentesco también señala el camino a nuestras rela-
ciones secundarias. Éstas abarcan cuatro esferas (véase la fig. 4.7). Pri-
mero, la psicología,* es interior. El hombre estudia su alma, su espíritu,
o ser interior. Segundo, la sociología,* es exterior. El hombre estudia a los
seres humanos en comunidad. Tercero, la ecología, el estudio de «la casa»
(oikos), considera la interacción del hombre con el mundo físico. La eco-
logía tiene relación con la economía,* que se ocupa de la mayordomía en
la «casa» de Dios.18 Cuarto, la metafísica, que incluye la epistemología,* o
el estudio del conocimiento y la verdad; la axiología, el estudio del bien y
el mal, la ética y la moral; y la teleología, el estudio de las «finalidades», o
propósito y designio.
La vida es para las relaciones. No es posible entendernos aparte de
nuestra relación con Dios, con otros y con nosotros mismos. La principal
relación del hombre es con el Dios viviente. Para experimentar plenamente
su humanidad, el hombre debe vivir coram Deo,* «ante la presencia de
Dios». La «humanidad» del hombre —espiritual, racional, moral y voli-
tiva— es plenamente apreciada cuando está en armonía con su Creador.
Pero se atrofia cuando está separado de Dios. Hemos de vivir cada día
coram Deo. El apóstol Pablo dijo:
98 EL DISCIPULADO DE LAS NACIONES
Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nom-
bre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él. (Col.
3:17).
Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria
de Dios. (1 Cor. 10:31).
… ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios
es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena
voluntad. (Fil. 2:12-13).
Todas nuestras relaciones secundarias están moldeadas por la relación
principal con nuestro Creador. Si nuestra idea de la sabiduría, la creación,
nosotros mismos y otros no se basa en nuestra relación fundamental,
entonces todo lo demás se viene abajo (véase la fig. 4.7). La Escritura ase-
gura que: «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos
desprecian la sabiduría y la enseñanza» (Pro. 1:7).
La riqueza y la abundancia, por tanto, proceden de las relaciones. La
pobreza en todas sus formas no proviene de una falta de recursos, sino de
separar nuestras relaciones secundarias de nuestra relación principal. La
naturaleza de la riqueza es relacional.
Aunque el naturalismo define la riqueza exclusivamente en términos
físicos, el consumo de cosas, y el animismo la define básicamente en térmi-
nos espirituales, el teísmo bíblico prevalece sobre ambos. Define la riqueza
en términos de plenitud de relaciones, primero con Dios, después con las
otras personas y, finalmente, con el resto de la creación. Nuestra relación
con Dios es nuestra suprema forma de riqueza. Como recordó Pablo a la
iglesia de Corinto: «Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesu-
cristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que voso-
tros con su pobreza fueseis enriquecidos» (2 Cor. 8:9).
Amar a Dios y disfrutarle para siempre no es sólo la principal meta del
hombre; es nuestro tesoro supremo. La riqueza material, «cosas», a pesar
de lo que insinúa nuestra cultura, es realmente una de las formas inferiores
de riqueza. No gana el que muere con más juguetes. La riqueza material es
un pobre sustituto de la abundancia que procede de Dios.
El valor fluye del Creador a su creación: personas, animales, plantas y
seres inanimados. Dios hizo todas las cosas buenas, pero las cosas adquie-
ren realmente valor si contribuyen a lo que está por encima de ellas. Dios
creó una jerarquía de valores, no una democracia cósmica. No somos «her-
manos» de los animales, y mucho menos, inferiores a ellos, al contrario
DIOS ES UNA PERSONA 99
de lo que aseveran algunos ecologistas. Un ser humano vale más que un
animal, y un animal vale más que una piedra. Los minerales «sirven» como
alimento a las plantas, y al hombre, como materia prima para multitud de
productos. Las plantas «sirven» de comida a los animales. Proporcionan a
las personas hermosura, medicamentos, alimentos, vestido y cobijo. Los
animales nos ofrecen fuerza, transporte, belleza y compañía. Nosotros ser-
vimos a Dios con nuestra adoración y cuidando de su creación.
Paradójicamente, el Creador recibe gloria sirviendo a los seres infe-
riores. La máxima expresión de esto, por supuesto, se manifestó cuando
Dios redimió al hombre mediante su amor sacrificial. El hombre, como
vice-regente de Dios sobre la tierra, recibe gloria sirviendo a los demás y
administrando la creación de Dios.
Puesto que las ideas acarrean consecuencias, asegurémonos de que
nuestras ideas concuerdan con la realidad. Para ello tenemos que pensar
clara y lógicamente. Si lo hacemos, descubriremos que el universo es inte-
ligible y está abierto a la inspección de nuestra mente.
Preguntas para el estudio
1. ¿Por qué es importante que Dios desee habitar con nosotros?
2. ¿De qué cuatro maneras se ha revelado Dios al hombre?
3. ¿Cómo reconoce a Dios, en la creación, la gente que comparte su
cultura?
4. El emperador Juliano comentó en el siglo IV el impacto que pro-
vocó el amor de Dios en la conducta y el estilo de vida de los cris-
tianos antiguos ¿Cómo se puede extender este amor a las personas
que le rodean?
5. Si la riqueza se halla principalmente en las relaciones, use la
figura 4.7 para identificar bolsas de riqueza y de pobreza en su
comunidad.
6. ¿Qué significa vivir coram Deo?
7. ¿Qué preguntas o desafíos se plantea usted en relación con este
capítulo?
5
DIOS ES RACIONAL
El universo es inteligible
A William Carey le impresionó la profunda pobreza que vio cuando
llegó a la India a fines del siglo XVIII. Venerado por muchos como
«fundador de la misión moderna», descubrió que la clave de aquella
pobreza no estaba en la falta de recursos físicos, sino en la esterilidad de
sus almas. «Sus mentes se asemejaban al barro de sus casas, desprovistas de
cuadros, adornos y libros», escribiría luego Carey. «Inocuos, indiferentes,
vacíos, pisaban la senda de sus antepasados; si se apartaban de los caminos
transitados, de las certezas geográficas, astronómicas, o de cualquier otra
ciencia, no causaban mayor impresión en ellos que las verdades más subli-
mes de la religión».1
Carey sabía que la vida fluye del pensamiento. El libro de Génesis
declara que el universo fue diseñado por la Mente suprema, y que, por
tanto, nosotros configuramos nuestras propias realidades usando nuestras
mentes. La creación de Dios es racional, comprensible y organizada, está
basada en las leyes naturales incorporadas que reflejan su carácter. La ver-
dad —la verdad objetiva— existe porque Él existe (véase la fig. 5.1). Pode-
mos conocer la verdad en este mundo porque Dios la ha revelado a través
de sus obras y de sus palabras. Como criaturas finitas, no podemos conocer
esta verdad exhaustivamente, pero como seres dignos, creados a imagen de
Dios, podemos conocerla verdaderamente. Aunque nuestro conocimiento
101
102 DISCIPULANDO NACIONES
es limitado, podemos investigar el mundo de Dios y extraer ciertas conclu-
siones objetivas, de acuerdo con la manera en que realmente son las cosas
(véase la fig. 5.2).
El conocimiento
VERDAD
Concepción teísta
¿CÓMO PUEDO
CONOCER?
Respuesta teísta:
Revelación y Observación
Como prueban las observaciones de Carey en la India, solo el relato del
teísmo bíblico proporciona una base adecuada para el conocimiento. Por el
contrario, el secularismo declara que la verdad es relativa, mientras que el
animismo sostiene que la verdad está escondida, es incognoscible. El pri-
mero conduce a la bancarrota moral; el segundo, a la perpetua ignorancia.
DIOS ES RACIONAL 103
La premisa del secularismo, que no existe Dios, conduce inexorable-
mente al rechazo de las normas objetivas que sustentan la verdad. La infor-
mación sustituye a la virtud y el carácter. La verdad para el secularista es
relativa, se basa en estándares humanos y en el razonamiento (el raciona-
lismo). El sofista griego Protágoras, en el siglo V antes de Cristo, dijo: «El
hombre es la medida de todas las cosas», y la filosofía secular moderna
está completamente de acuerdo. Como dijo Nietzsche: «Hay muchos
ojos…, por tanto, hay muchas verdades, por lo cual, no existe la verdad».2
La verdad para el secularista, está en el ojo del observador (véase la fig.
5.4). Algo es verdadero no porque se corresponda con lo que es, o con una
norma objetiva, sino sencillamente porque alguien lo cree. Allan Bloom
nos recuerda en El cierre de la mente moderna que el hombre moderno no
valora la verdad, sino una «apertura» a todo excepto a las verdades abso-
lutas. Pero esta versión secularizada de la «tolerancia» deja a la gente mal
equipada para abandonar el mal y escoger el bien. Peor aún, el secularismo
se encoge de hombros ante el mal o lo promueve como bien.
CONOCIMIENTO
Información
Información
Información
Información
Información
Información
Concepción secularista
Entre 1997 y 2013, en Rotherham, Inglaterra, unas 1.400 niñas (mayor-
mente) blancas, algunas de tan sólo 11 años, fueron violadas y traficadas
sistemáticamente a otras ciudades, o vendidas como esposas.3 Lo increíble
es que la policía y el ayuntamiento de la ciudad sabían que se perpetra-
ban estos crímenes, pero rehusaron actuar. ¿Cómo pudo producirse tan
flagrante abandono del deber? Porque los perpetradores eran musulma-
nes asiáticos nacidos en Inglaterra, y los oficiales de la ciudad temían ser
104 DISCIPULANDO NACIONES
acusados de insensibilidad cultural. Una perniciosa corrección política
triunfó sobre la justicia: 1.400 niñas inocentes sufrieron horrendos abusos
con la excusa de que las autoridades de la ciudad pudieran protegerse de la
acusación de insensibilidad cultural.
CONOCIMIENTO
Misterio
Concepción animista
El animismo, por su parte, ve el universo como misterioso, incognosci-
ble e irracional, como una lotería cósmica impulsada por el azar, la suerte,
o el destino (véase la fig. 5.6). En el animismo, la ignorancia es realmente
una virtud. Obviamente, muy poco desarrollo material puede tener lugar
bajo tal mentalidad, como comprendió Carey.
Nuestro fundamento firme
La verdad, revelada por Dios y descubierta por el hombre, es una idea radi-
cal con inmensas implicaciones para la ciencia, la economía y la educa-
ción. Comenzamos este tema reflexionando en el hecho de que Dios es
racional. Él tiene una razón para todo lo que hace. Como hemos visto, Él
comunica la verdad de quién es, y lo que hace, de dos maneras —por vía
de la revelación especial y por vía de la revelación general—. Las perso-
nas, creadas a imagen de Dios, son criaturas racionales con capacidad para
captar el mensaje que Dios nos dirige. La revelación especial es el mensaje
de Dios en la Escritura. La Biblia nos enseña que aunque Él es trascen-
dente, sin embargo, se implica en su creación y gobierna el universo por su
providencia.
DIOS ES RACIONAL 105
«Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra», nos informa el majes-
tuoso y, con todo, sencillo versículo de Génesis. El salmista declara: «Por-
que él dijo, y fue hecho; El mandó, y existió» (Sal. 33:9). El apóstol Juan dijo
acerca del Hijo de Dios: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con
Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas
por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él
estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. (Juan 1:1-4).
Estos versículos afirman al menos tres verdades importantes: (1) Dios
existía antes de todas las cosas, (2) Él creó todo lo que existe de la nada, y
(3) Él mandó existir a la creación por su palabra.
La revelación general, el mensaje de Dios a la humanidad por medio
de todo lo que ha creado, nos proporciona otras verdades vitales acerca
de la divinidad. El apóstol Pablo exhortó a la iglesia de Roma: «Porque la
ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los
hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se
conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invi-
sibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la
creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de
modo que no tienen excusa» (Rom. 1:18-20).
Viendo un hermoso amanecer sobre la cima del monte Snowden, el
poeta inglés Wordsworth escribió:
Reflejado, me pareció el tipo
De un intelecto majestuoso…
…Allí contemplé el símbolo de una mente.4
El biólogo francés Jacques Monod (1910-1976) escribió: «Sin embargo,
la objetividad nos obliga a reconocer el carácter teleonómico de los orga-
nismos vivos, a admitir que su estructura y su funcionamiento actúan pro-
yectivamente —llevan a cabo y persiguen un objetivo.5
Si son honestos, el poeta y el científico reconocen la hermosura y el
propósito de la creación. La creación revela un Creador. La verdad y la
belleza, la ciencia y el arte, el orden y la espontaneidad revelan la mente del
Artista-Matemático consumado. El apologista cristiano Francis Schaeffer
observó que la vida está rodeada de forma y libertad, las cuales, cada una
a su manera, apuntan a Dios. Como hemos notado, en la revelación gene-
ral, Dios revela su orden divino de dos maneras: dentro, (es decir, por el
106 DISCIPULANDO NACIONES
testimonio que el hombre tiene en sí mismo como imagen de Dios) y fuera
(es decir, por el universo que nos rodea).
Dios se preocupa activamente de su creación. «Y él es antes de todas
las cosas», dice Pablo de Cristo, y «y todas las cosas en él subsisten » (Col.
1:17). La epístola a los hebreos afirma que Cristo «y quien sustenta todas
las cosas con la palabra de su poder» (Heb. 1:3). La Biblia afirma que Dios
creó todas las cosas con un propósito. El universo tuvo un principio defi-
nido. También se proyecta hacia cierta conclusión. Si bien el naturalista
se imagina la definitiva «extinción del calor del universo», y el animista
está atrapado en ciclos interminables, el teísta bíblico sabe que la historia
se dirige hacia una meta. Dios la controla en su totalidad —pasado, pre-
sente y futuro—. Como Creador, Él inició el proceso. Como Mayordomo
supremo, Él sustenta y preserva todo amablemente. Sin Él, el cosmos se
desplomaría y caería en la nada. Como Rey soberano, Dios dirige el desen-
volvimiento de la historia hacia su meta señalada.
Orden del universo (Providencia)
Schaeffer notó que el universo se caracteriza por una uniformidad de cau-
sas naturales en un sistema abierto. Es decir, podemos esperar que ciertos
procesos físicos —la gravedad, por ejemplo— perduren, lo que nos permite
actuar en un mundo de causa y efecto. Esto significa que nuestros actos tie-
nen consecuencias —buenas y malas—. Si saltamos desde un acantilado,
podemos estar seguros que caeremos al fondo. Sin embargo, es un sistema
abierto, porque Dios es siempre libre para reemplazar las leyes por las que
normalmente gobierna.
Por el contrario, el secularismo supone un universo caracterizado por
la uniformidad de causas naturales en un sistema cerrado. La diferencia
es crucial. Porque a pesar de insistir en que el hombre es un ser maravi-
llosamente complejo en lo más alto de la escala evolutiva, el secularista se
encierra a sí mismo en un universo sin sentido, mecanicista. La historia no
va hacia ninguna parte, excepto hacia su extinción masiva. Para el secula-
rista, somos meros productos del azar, engranajes de la máquina cósmica.
La libertad es una ilusión, porque el hombre es sólo un animal.
Por un tiempo, todo puede parecer ir bien. Los logros científicos y
técnicos se multiplican y el nivel de vida material aumenta. No obstante,
el absurdo y el nihilismo,* en la base de la empresa secular, anti-teísta,
DIOS ES RACIONAL 107
derribarán finalmente el edificio. Schaeffer previó la disfunción y el desas-
tre de nuestro posmodernismo con mucha antelación. «Estoy conven-
cido», escribió en ¿Cómo debemos vivir entonces?, que «cuando Nietzsche
llegó a Suiza y se volvió demente, no fue por causa de una enfermedad
venérea, aunque, efectivamente, la padeciera. Más bien fue debido a que él
entendía que la locura era la única respuesta filosófica si el Dios personal e
infinito no existía».6 El científico secular, después de rechazar la razón y la
verdad objetiva (los fundamentos de la ciencia), es como el personaje de El
coyote en los dibujos animados El correcaminos. Corre hacia un acantilado
y se precipita en el abismo. Por un momento le parece que su impulso le
ayudará a superar la distancia. Pero sólo se mantiene en el aire un instante
y se da de bruces contra el fondo. Tarde o temprano la realidad se impone a
la ilusión. El secularista debe examinar los supuestos que sostiene o aban-
donar su razón.
El animista no está mejor preparado para aferrarse a la racionalidad.
En el animismo, el universo está gobernado por dioses o destinos impre-
decibles. La ley natural es una incógnita. El universo no tiene un orden
subyacente (o, en el caso del hinduismo, el mismo universo es una ilusión).
Los dioses causan calamidades, desastres y enfermedades, ya sea por pura
malevolencia o porque el hombre ha transgredido de alguna manera. Por
lo tanto, la gente debe de aplacar a los espíritus mediante supersticiones,
amuletos, rituales y sacrificios diversos, sin importar el coste. La misionera
Joanne Shetler escribió lo siguiente del pueblo balangao: «Los balangao se
esforzaban por producir suficientes alimentos para sí mismos y criar bas-
tantes cerdos y gallinas para mantener a los espíritus aplacados para que
dejaran vivir a sus hijos. A veces los recursos de todo un clan familiar se
designaban para satisfacer las exigencias de los espíritus».7
Orden en la mente
El teísmo bíblico asevera que existe el orden, y que proviene de una mente.
Juan 1:1 afirma que «En el principio era el Verbo». Refiriéndose a Jesu-
cristo, Juan usa la palabra griega logos,* que significa «expresión del
pensamiento». Logos se traduce algunas veces como «palabra», «habla»,
«razón», o «sabiduría». No es de extrañar que la palabra lógica derive
de logos. Aplicada a Cristo, aceptamos de inmediato que esta Mente, la
razón divina, una inteligencia preexistente, vivía antes que fueran los seres
108 DISCIPULANDO NACIONES
humanos y proporciona la base para la razón humana. Este logos es, pues,
personal, inteligente, eterno, trascendente —y ciertamente, la vida misma.
C.S. Lewis dijo a este respecto: «Él es la fuente de la que procede toda su
fuerza de razonamiento: usted no puede tener razón y Él estar equivocado,
como un arroyo no se puede elevar por encima de su propio manantial.
Cuando usted discute con Él está discutiendo contra el mismísimo poder
que le permite argüir».8
Más aún, esta Mente no es una abstracción intelectual aislada. El
mundo material —la materia— fue creada por esta Mente y está sujeto
a ella. Las personas, como representantes de Dios en la tierra, comparten
parte de esa autoridad, usando su capacidad racional para ordenar el caos.
George Gilder escribe: «Hecha a imagen de su Creador, la mente humana
esgrime el poder del conocimiento contra el poder del deterioro».9
La mente humana se ordena por medio de su capacidad de razona-
miento. La razón proporciona el terreno común para la comunicación, per-
mite el pensamiento analítico del mismo modo que la intuición permite el
pensamiento creativo. Juzgando nuestros sentimientos y guiando nuestros
actos, la razón nos permite tener comunión con la mente de Dios, explorar
el mundo, descubrir y aplicar la ley natural, y ordenar y civilizar la tierra.
Como declaró Lewis con admiración: «El orden de la mente divina, encar-
nado en la Ley de Dios, es maravilloso. ¿Qué ha de hacer el hombre sino
intentar reproducirlo, tanto como le sea posible, en su vida cotidiana?».10
Por el contrario, el secularismo conduce a la pobreza porque parte de
lo impersonal e ininteligible, se deshace del fundamento de la verdad obje-
tiva y va en pos de absolutos arbitrarios. En vez de seguir la razón, como
pretende hacer, el secularismo promueve el anti-intelectualismo, el subje-
tivismo, y, de hecho, el irracionalismo. Puesto que la naturaleza humana
aborrece el vacío, podemos estar seguros de que si la gente deja de creer
en Dios, no por ello no creerá en nada, sino que creerá en cualquier cosa,
como atestigua el flujo constante de titulares incomprensibles que hoy se
suceden en todos los medios. ¿De qué otra manera cabe explicar la negación
de la realidad de Bruce Jenner en favor de una ilusión?11 Esta es la negación
sexual. Otra categoría es la negación racial, como en el espectáculo de una
mujer blanca que se identifica con una estadounidense africana,12 o el de un
hombre que pretende haberse convertido en un dragón femenino?13
Al fomentar la ignorancia humana y un universo sin una inteligencia
rectora, el animismo conduce a un callejón sin salida similar.
DIOS ES RACIONAL 109
Principios
Hacía una noche fría en los Alpes suizos. La nieve caía suavemente. Mi
esposa Marilyn y yo éramos huéspedes de Deborah y Udo Middelmann.
Los domingos por la noche nos juntábamos para merendar y tomar el té.
Una vez, diez personas nos reunimos a tomar té inglés en tazas de porce-
lana. La vela sobre la mesa parpadeaba al son de la música clásica y ador-
naba nuestra conversación. De pronto, Udo, un abogado alemán tomó la
palabra.
—Darrow, ¿sabes que el cristianismo es verdadero, aunque tú no lo
creas?
—¿Qué?
—El cristianismo es verdadero aunque tú no lo creas —repitió.
Esta declaración contradecía todo lo que sentía dentro de mí. Se me
había enseñado que el cristianismo era verdadero precisamente porque lo
creía.
Pasé dos noches sin dormir. Finalmente, caí en la cuenta de lo que
decía Udo. El cristianismo es verdadero aunque nadie en el mundo lo cre-
yese. El cristianismo es verdadero porque Dios existe. Es verdadero porque
coincide con la realidad. Es verdadero con V mayúscula.
Aquella conversación me ayudó a comprender que tenía una menta-
lidad bastante secular. El secularismo dice que no hay Dios; por tanto, no
hay verdad; cada cual tiene su opinión. Luego, cualquier cosa que uno crea
es verdad. Si cree en Buda, eso es verdad para usted. Si cree que no hay
Dios, eso es verdad para usted. Si cree en el islam, es verdad para usted.
Si cree en el cristianismo, es verdad para usted. Me di cuenta que había
aceptado el cristianismo tal como lo había definido mi mentalidad secular.
Tenía un corazón circuncidado, pero una mente incircuncisa.
También me di cuenta de que, si el cristianismo es absolutamente
verdadero, Dios quiere hablar en cada área de la vida. Yo había sentido
carga por las personas pobres y necesitadas. Me di cuenta que el deseo de
ayudarlas no bastaba. Dios también quería que tuviese la mente de Cristo
respecto a mi vocación*. Quería que pensara bíblicamente. Pensar bíblica-
mente significa saber que la verdad es universal, se aplica y obliga a todas
las culturas. Leslie Newbigin, destacado y experimentado misionero, tenía
razón cuando dijo: «Un compromiso serio con la evangelización, con el
relato de la historia que la Iglesia ha sido enviada a contar… afirma que el
110 DISCIPULANDO NACIONES
evangelio no es sólo invitación a una decisión privada y personal, sino una
verdad pública que debe ser reconocida como tal por toda la vida social».14
Puesto que la verdad no radica en nuestros sentimientos o experiencias,
sino en Dios, es perdurable, absoluta, proposicional (razonable y racional),
y cognoscible, al menos en parte. La verdad es objetiva. La verdad perma-
nece tanto si alguien cree en ella como si no. Usted sabrá que alguien adopta
esta perspectiva cuando oiga preguntas como «¿es razonable?», «¿coincide
con la realidad?». Por supuesto, la realidad integra lo físico y lo espiritual.
Dios existe fuera de la creación, y a pesar de ello, la naturaleza es real. Por
tanto, la verdad se halla en Dios y en la creación. Está fuera de nosotros, no
depende de nuestras percepciones limitadas, que incluyen los cinco sen-
tidos más la razón. Aunque ninguna cultura la ha vivido perfectamente,
la cosmovisión bíblica, como verdad integral, proporciona sabiduría para
todas las áreas de la vida. Debido a ello, la ciencia y la tecnología, una moral
filosófica para la economía, la sociedad civil, y una filosofía integral para la
educación son todas posibles, y esperan ser descubiertas.
Desgraciadamente, los enfoques subjetivos han acabado prevaleciendo.
En vez de preguntar «si es razonable» y si «coincide con la realidad», la
perspectiva subjetiva pregunta «¿cómo me hace sentir?» y «¿funciona
para mí?». En vez de buscar un fundamento racional para el florecimiento
humano, quedamos sumergidos en las arenas movedizas de las emocio-
nes, los sentimientos y el puro pragmatismo. La verdad es individualmente
«descubierta», no universalmente reconocida. Todo es una cuestión de
opinión. A conveniencia, este enfoque personalizado de la verdad excluye
toda necesidad de coherencia entre lo físico y lo espiritual.
Sólo el teísmo bíblico ofrece el debido respeto tanto a lo físico como a
lo espiritual. Sólo él ofrece un campo unificado de conocimiento. Con él,
todas las «piezas» encajan en un modelo coherente para servir al progreso
del reino de Dios. Por eso nuestros antepasados reconocieron que la teolo-
gía era la «reina de las ciencias». La teología es fundamental para los demás
campos de estudio. Todo cobra sentido en relación con su Creador. Henry
van Til notó: «…la cultura es religión externalizada».15 Esta verdad era bien
conocida antes que la presente generación la olvidara.
El autor y educador George Grant ha escrito:
Según san Agustín, la cultura no es reflejo de la raza, etnia, política, len-
gua o legado de un pueblo. Es más bien, consecuencia del credo de un
DIOS ES RACIONAL 111
pueblo. Es decir, la cultura es la manifestación temporal de la fe de un
pueblo…
Él dedicó buena parte de su vida y ministerio a criticar las filosofías paga-
nas del mundo, y a exponer las teologías aberrantes de la iglesia, por-
que entendió perfectamente bien que esas cosas importan mucho en el
ámbito de la eternidad, pues determinan el destino espiritual de las masas
humanas, pero, además, determinan, aquí y ahora, el destino temporal de
civilizaciones enteras.16
Edificando sobre la obra de Agustín, los reformadores sabían que la
vida entera ha de ser vivida coram Deo, en la presencia de Dios. No obs-
tante, los secularistas compartimentan la vida y privatizan la verdad. Pero
como, según su punto de vista, Dios no sostiene todas las cosas, su mundo
se rompe en millones de astillas. Como una bola lanzada por la fuerza cen-
trífuga, todo sale despedido desde el centro.
Los animistas se topan con un problema diferente. Embuten la vida
entera en una caja irracional, haciendo que la verdad resulte incognoscible.
La existencia es lanzada hacia una estrella que se apaga, lo que convierte
nuestra existencia en un agujero negro de ignorancia.
Obreros sabios:* Aplicación de la Verdad
Para evitar la pobreza que resulta inevitablemente del secularismo y el ani-
mismo, no sólo debemos conocer la verdad; tenemos que aplicarla. Necesi-
tamos sabiduría. La sabiduría es la aplicación moral de la verdad, requiere
reflexión y acción. La acción sin reflexión es mero activismo, mientras que
la reflexión sin acción es, según Paulo Freire, 17 intelectualismo* impotente.
La sabiduría no es algo que nosotros elaboremos o produzcamos mágica-
mente. La sabiduría es algo por lo que trabajamos. La sabiduría comienza
con el temor de Dios (Pro. 9:10).
Además, la sabiduría conduce a la vida; la insensatez conduce a la
muerte. La sabiduría personificada afirma en Proverbios 8:35-36: «Porque
el que me halle, hallará la vida, Y alcanzará el favor de Jehová. Mas el que
peca contra mí, defrauda su alma; Todos los que me aborrecen aman la
muerte». Hay una relación orgánica entre guardar las leyes de Dios y dis-
frutar de vida y prosperidad —y entre violar las leyes de Dios y experimen-
tar muerte y destrucción.
No obstante, no son relaciones mecánicas. Yo no predico un evangelio
de prosperidad, de «salud y riqueza». Dios es soberano en su gracia y su
112 DISCIPULANDO NACIONES
juicio, hace que la lluvia caiga sobre el justo y el injusto (Mat. 5:45). En este
mundo caído, los piadosos suelen ser perseguidos y los culpables suelen
quedar impunes. Sin embargo, por regla general, el florecimiento del hom-
bre resulta de temer a Dios y obedecer sus mandamientos, mientras que
los que le desacatan acaban pagando el precio (Sal. 9:10). Piense en todos
los adictos a sustancias estupefacientes, los promiscuos sexuales y los que
abrazan la violencia. No muchos llegan a los setenta u ochenta años. Es lo
que cabe esperar. Si bien el Antiguo Testamento está lleno de promesas de
bendición de Dios para el obediente, el Nuevo Testamento también abraza
este concepto. Jesús dijo: «Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y
las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la
roca» (Mat. 7:24). Santiago exhorta: «Pero sed hacedores de la palabra, y
no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos... Mas el que
mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no
siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado
en lo que hace»(Sant. 1:22-25).
Vemos, pues, que la sabiduría, la aplicación moral de la verdad, se sitúa
en la cúspide de la pirámide epistemológica (véase la fig. 5.8). La siguen
(por orden) el entendimiento, la percepción dinámica del conocimiento;
el conocimiento, la asimilación de información; la información, la colec-
ción de hechos o datos; los datos, bits de información; bits, los elementos
Pirámide epistemológica
Sabiduría
Entendimiento
Conocimiento
Información
Datos Datos Datos
Bytes Bytes Bytes Bytes
Bits Bits Bits Bits Bits Bits Bits
DIOS ES RACIONAL 113
básicos de los bytes. Hay que escalar penosamente para alcanzar la sabidu-
ría, por eso tan pocos la consiguen.
Es mucho más fácil negar a Dios y abrazar una filosofía secular o ani-
mista. Por supuesto, esto conduce a mentes vacías, privadas de sabiduría,
y corazones entenebrecidos, desprovistos de compasión. Este cierre de la
mente y endurecimiento del corazón conduce al juicio de Dios y al despre-
cio eterno. Como dice Pablo: «Pues habiendo conocido a Dios, no le glori-
ficaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus
razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido» (Rom. 1:21). Como
dice Pablo, verdaderamente «no tienen excusa».
Pero el evangelio gira en torno a la gracia. Jeremías registra la dispo-
sición de Dios de salvar una ciudad si encuentra un hombre justo en ella.
«Recorran las calles de Jerusalén, observen con cuidado, busquen por las
plazas», dijo Dios al profeta. «Recorred las calles de Jerusalén, y mirad
ahora, e informaos; buscad en sus plazas, a ver si halláis algún hombre,
si hay quien haga justicia, que busque la verdad, y yo la perdonaré» (Jer.
5:1) LBLA. Por supuesto, el ejemplo supremo de tal sabiduría encarnada
es Jesucristo: «Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al
mundo, sino para que el mundo sea salvo por él» (Juan 3:17). ¡Qué diferen-
cia puede marcar una sola persona!
Hoy se oye mucho hablar de «trabajadores del conocimiento», perso-
nas que reciben un salario por el saber y la experiencia acumulados más
que por lo que hacen. Por supuesto, el conocimiento es bueno. Pero ya se
trate de una carrera, una vida o una sociedad, el conocimiento por sí solo
es inadecuado. Añadiendo la verdad y la moral que Dios ha revelado, «los
trabajadores del conocimiento» pueden llegar a ser «trabajadores sabios».
No sólo comparten lo que hay en su cabeza, sino también lo que hay en
sus corazones. Con sus vidas, palabras y obras comparten su relación con
el Dios viviente. Al vivir conscientemente como cristianos, incorporan su
cosmovisión judeocristiana a sus vidas profesionales. En esto «profesan»
algo a través de su trabajo, ayudan a la gente a ver a Dios y el universo tales
como son, les animan a tener pensamientos novedosos. Estos pensamien-
tos no versan sólo sobre Dios y la Biblia. Proceden de la Biblia, por cuanto
promueven el «pensamiento analítico y la resolución de problemas», lo
cual florece en el terreno del teísmo bíblico. Los trabajadores sabios pue-
den pasar de los principios a la práctica, de lo teórico a lo práctico. No sólo
ayudan a las personas a entender el marco de la realidad, sino también a
florecer en él.
114 DISCIPULANDO NACIONES
Los trabajadores sabios extienden la bendición de Dios. Son el fruto de
una iglesia sana, sus obras, la flor que brota de raíces plantadas en buena
tierra. Pero si abrazamos distintas cuestiones o principios fundamentales,
construiremos inevitablemente una sociedad muy distinta. Lo más pro-
bable es que acabemos con una sociedad plagada de anarquía, seguida de
despotismo.
Anarquía
Muchos secularistas embadurnan poéticamente la libertad, pero su sistema
allana el camino hacia la anarquía. Sin Dios, no ofrecen ninguna norma
absoluta para la verdad. Por tanto, reina la subjetividad. Tener una «mente
abierta» es el mayor bien. No obstante, Lewis escribió sagazmente: «Es útil
una mente abierta en cuestiones que no son definitivas. Pero una mente
abierta acerca de los fundamentos últimos, ya sean sobre la razón teórica,
ya la razón práctica, es una estupidez».18
Tiranía
Irónicamente, tal apertura estúpida, anárquica, suele conducir a la tiranía,
que es una uniformidad impuesta. ¿Cómo puede ser esto, ya que la anarquía
parece admitir un número ilimitado de «verdades»? Además de la avidez
de expresar su individualidad, la gente tiene también una sed insaciable de
orden, y siempre hay un grupo de déspotas dispuestos a proporcionárselo.
El lamentable récord de despotismo en el siglo XX se puede rastrear
en la negativa a aceptar absolutos morales, alentada por la teoría de la evo-
lución de Darwin, que por definición excluye a Dios. John Whitehead ha
escrito: «Darwin generó una filosofía de relatividad intelectual, moral y
ética que acompañó al sorprendente desarrollo del absolutismo totalitario
(o certeza incondicional de las «leyes» darwinistas) en el siglo XX. El rela-
tivismo (limitación de la certeza) en la teología y la moral acarrea inevita-
blemente el absolutismo político».19
La Biblia no dice esto. Una y otra vez alaba a los que buscan la verdad
—verdad que se corresponde con la realidad—. El libro de Hechos declara:
«Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues reci-
bieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras
para ver si estas cosas eran así» (Hech. 17:11). En Isaías 1:18, Dios dice a su
pueblo: «Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta:». Pablo nos exhorta
DIOS ES RACIONAL 115
a abandonar la conformidad con el mundo y obedecer a Dios. «Y no os
adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vues-
tra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno,
aceptable y perfecto» (Rom. 12:2) LBLA.
Cuatro pruebas cruciales hay disponibles para que la persona con
mentalidad independiente sopese la verdad sobre cualquier asunto.
• Razón. El enfoque metafísico o filosófico pregunta: «¿Es razona-
ble?».
• Realidad. El enfoque empírico o científico pregunta: «¿Coincide
con la realidad?».
• Amplitud. El acento en el ámbito o campo de conocimiento unifi-
cado pregunta: «¿Explica la totalidad de la vida?».
• Práctica. El enfoque personal o subjetivo pregunta: «¿Se puede
llevar a cabo?». Esta última norma sólo se considera después de
aplicar las pruebas anteriores.
Aplicación
Un universo inteligible tiene implicaciones prácticas en cada área de la vida.
Consideremos tres disciplinas clásicas: ciencia, economía y educación.
Ciencia: Pensar los pensamientos de Dios
Una vez que empezamos a hacernos estas preguntas, estamos en
el buena senda para leer el plan divino para el universo. Ocuparemos la
posición de vice-regentes de Dios para desatar el potencial de la tierra y
enseñar a nuestros semejantes a administrar y cuidar de la creación. La
ciencia y la tecnología son armas esenciales de nuestro arsenal. Lejos de ser
meros «constructos teóricos o categorías occidentales», nos ayudan a ver,
en parte, cómo ha diseñado Dios el mundo. Hasta cierto punto, nos otor-
gan dominio sobre el mundo físico. En un sentido, la ciencia y la tecnología
nos permiten acceder a los pensamientos de Dios.
Esta no es una perspectiva que haya surgido en el tecnológico siglo
XX. William Carey, quien desglosó muchas ideas modernas de lo que debe
de hacer un «misionero», pensó lo mismo en el siglo XVIII.
Carey quería introducir en la India la cultura científica de la astrono-
mía. Él no creía que los cuerpos celestes eran «deidades que gobernaban
116 DISCIPULANDO NACIONES
nuestras vidas». Sabía que los seres humanos han sido creados para
gobernar la naturaleza, y que el sol, la luna y los planetas fueron creados
para ayudarnos a desempeñar la tarea de la regencia. Carey pensaba que
los cuerpos celestes debían ser atentamente estudiados, ya que el Creador
los había hecho para que nos sirvieran de signos y señales. Ayudan a
dividir la monotonía del universo espacial en direcciones —Este, Oeste,
Norte y Sur—, y el tiempo en días, años y estaciones. Nos ayudan a idear
calendarios; a estudiar geografía e historia; a planear la vida, el trabajo y
la sociedad. La cultura de la astronomía nos hace libres para ser gober-
nadores, mientras que la de la astrología, nos hace esclavos gobernados,
determinados por las estrellas.20
Solo un teísta bíblico como Carey podía abrazar la ciencia. Es bien
sabido que la ciencia surgió de una cosmovisión judeocristiana y que
muchos de los hombres y mujeres que fundaron las disciplinas científicas
actuales eran creyentes.21 ¿Se ha asombrando de no haber visto nunca un
científico animista? El término es un oxímoron (dos palabras o expresio-
nes de significado opuesto) como, un círculo cuadrado. El animista deifica
y adora la naturaleza; no la estudia. Del mismo modo, el hinduista afirma
que el mundo visible es maya o ilusión. ¿Por qué iba un hinduista (conse-
cuente) a intentar estudiar algo que no es real?
Por contra, los cristianos aceptan que la naturaleza está realmente
«ahí», ya que es obra de Dios. El cristiano ve también que es intrínseca-
mente buena, y por tanto, digna de estudio y de atención. Y como su exis-
tencia fue declarada por el Legislador Supremo, el universo es un lugar
ordenado, gobernado por la ley natural. La gente puede ejercer dominio
sobre la naturaleza entendiendo las leyes que la gobiernan. Una vez des-
cubierto el orden de la creación a través de la ciencia, podemos mejorar
nuestras vidas por medio de la tecnología.
Aunque la física cuántica, que describe los niveles subatómicos del
universo, presenta dificultades a un conocimiento claro y completo del
funcionamiento del universo, el orden general, evidente y preciso del uni-
verso proporciona confianza al científico en sus observaciones empíricas.
Tal confianza no es posible fuera de una cosmovisión judeocristiana. El
físico C.F. Von Weizsacker ha declarado: «La materia en sentido platónico,
sobre la que debe “prevalecer” la razón, no obedece exactamente a las leyes
matemáticas: la materia que Dios ha creado de la nada puede obedecer
estrictamente las leyes a que Dios la ha sometido. En este sentido, llamé
DIOS ES RACIONAL 117
a la ciencia moderna un legado, podría haber dicho incluso una hija del
cristianismo».22
No obstante, las leyes físicas* no tienen la última palabra. Vivimos en
un sistema abierto —a Dios, a los ángeles y a los hombres—. Dios creó la
ley natural, pero no está atado a ella. Nancy R. Pearcey, y Charles B. Thax-
ton, han señalado: «El mundo no tiene una racionalidad intrínseca propia,
sino que es inteligible porque refleja la racionalidad divina».23
El físico Paul Davies, dijo al aceptar el premio Templeton: «Los pri-
meros científicos, como Newton, fueron religiosos de una manera u otra.
Veían la ciencia como un medio para descubrir huellas de la obra de Dios
en el universo. Consideraban lo que ahora llamamos leyes de la física como
creación abstracta de Dios: pensamientos, por así decirlo, en la mente de
Dios. De modo que, haciendo ciencia —ellos suponían— uno puede obte-
ner un atisbo de la mente de Dios —afirmación esta audaz y emocionante.24
Usando una afirmación tal vez audaz, pero firmemente bíblica, Salo-
món escribió: «Gloria de Dios es encubrir un asunto; Pero honra del rey es
escudriñarlo» (Pro. 25:2).
El hombre lleva impresa la imagen de Dios. Con una mente cuyo
modelo es la mente divina, él puede, en palabras de Johann Kepler, «pen-
sar los pensamientos de Dios». El historiador Daniel Boorstin plasmó esta
aventura en su libro Los descubridores:
Mi héroe es el Hombre descubridor. El mundo que ahora vemos desde el
instruido Occidente —la panorámica del tiempo, la tierra y los mares, los
cuerpos celestes, nuestros propios cuerpos, las plantas y los animales, la
historia y las sociedades humanas antiguas y presentes— nos tuvieron que
ser abiertos por innumerables Colones. Ellos permanecen anónimos en las
cavernas profundas del pasado. Al acercarnos al presente, surge a la luz de la
historia un reparto de personajes tan variados como la naturaleza humana.
Los descubrimientos se convierten en episodios biográficos imprevisibles,
como los nuevos mundos que los descubridores nos revelaron.25
Por el contrario, las leyes de la naturaleza permanecen invisibles a los
ojos del animista, cuya mente racional no ha sido instruida para «ver», por-
que su idea de un universo caprichoso no se presta a la investigación cien-
tífica. Incluso la antigua ciencia griega entró en un callejón sin salida. La
concepción racionalista, aristotélica, de la ciencia era deductiva, avanzaba
de lo general a lo particular: «Para el aristotélico, la naturaleza consiste en
118 DISCIPULANDO NACIONES
materia estructurada por el propósito, la esencia y las formas. El científico
[antiguo] entiende mejor un objeto natural preguntándose para qué sirve».26
Tal enfoque se opone a la ciencia moderna, que es inductiva, y avanza
de lo particular a lo general. El método empírico asume que el universo ha
sido ordenado por el Creador. Es la revelación «natural» de Dios para ser
leída y estudiada como un libro. Al hacerlo, se puede conocer algo de su
poder, de su naturaleza divina y de sus leyes. Una vez que la ciencia descu-
bre tales leyes, pueden ser aprovechadas por la tecnología para desarrollar
la tierra.
Francis Schaeffer señaló que el hombre es a la vez distinto y superior
a la naturaleza. Creado a la imagen de Dios, el hombre ha de dominar la
naturaleza y ser responsable de ella. Pero en otro sentido, como ser creado,
está al mismo nivel que la naturaleza. El hombre es un mayordomo, se le ha
encargado cuidar del jardín (Génesis) y edificar la ciudad (Apocalipsis). Es
aleccionador lo que dicen al respecto Pearcey y Thaxton: «El dominio fue
entendido, no como permiso para explotar inexorablemente la naturaleza,
sino como responsabilidad de cultivarla, cuidarla y aprovechar sus fuerzas
para beneficio humano».27 El historiador de la ciencia P.M. Rattansi nota:
«Los principios protestantes… impusieron la obligación religiosa de hacer
que tal estudio sirviera a los objetivos gemelos de glorificar a Dios y bene-
ficiar a los hombres».28
Por lo tanto, la ciencia, idealmente, satisface la obligación moral de
inquirir en la naturaleza de la creación para gloria de Dios. La tecnolo-
gía aplica moralmente el conocimiento científico para beneficio de las
gentes. Se pueden detectar aplicaciones tecnológicas seculares desde un
kilómetro de distancia. La tecnología secular se hace la pregunta: «¿Pode-
mos hacerlo?». La tecnología teísta se hace la pregunta adicional esencial:
«¿Debemos hacerlo?». La tecnología basada en el teísmo no está obligada
a seguir tendencias científicas que prometan llevarnos a un «mundo feliz»
desprovisto de moral y de compasión. Aplica la ciencia a revertir el sufri-
miento y los estragos causados por la caída: a cercenar la enfermedad y la
muerte, a incrementar la producción de alimentos y suministros, a cons-
truir máquinas que alivien la dureza y la pesadez del trabajo.
Economía: La economía de la mente
¿Qué viene a la cabeza cuando se oye la palabra «economía»? ¿Dinero?
¿Empleos? ¿Oferta y demanda? Aunque todos estos elementos, y más,
DIOS ES RACIONAL 119
están presentes en los sistemas económicos basados en el mercado, hemos
de entender algo más básico acerca de la economía. Desde una perspec-
tiva teísta, la economía (oikonomia en griego significa «administración
doméstica») es una filosofía moral. La «casa» pertenece a Dios. Nosotros
cuidamos de ella como siervos o mayordomos suyos. La economía es una
mayordomía inteligente, reflexiva, no un servicio irracional manual. En su
libro Riqueza y pobreza, George Gilder declara: «Dado que las economías
están regidas por pensamientos, no reflejan las leyes de la materia, sino
las de la mente. Una ley crucial de la mente es que la creencia precede al
conocimiento».29
La creencia precede también a los recursos. Israel, situada en una franja
de desierto, ha levantado, sin embargo, una economía próspera. El ex primer
ministro de Israel, Simon Peres, dijo una vez: «Este año Israel sacará más
de sus cerebros que los saudíes de sus pozos de petróleo».30 El periodista
económico Warren T. Brookes ha declarado que «la riqueza no es física, sino
metafísica; es decir, no se halla en la materia, sino en la mente».31
Como nos recuerda Proverbios 29:18 (LBLA), «Donde no hay visión,
el pueblo se desenfrena». William Carey ejemplificó tal visión para benefi-
cio del pueblo: «William Carey vio una yerma desolación, pero no se limitó
a lamentarse, sino que plantó bosques. Estudió los árboles, los plantó y
enseñó silvicultura. Donde veía malas hierbas, se imaginó vergeles, los cul-
tivó, publicó libros y creó foros… para proporcionar apoyo sostenido a sus
iniciativas.32
Durante una excursión, mientras estudiaba en Israel, vi una colina
adornada de árboles en medio de lo que antes era un desierto. Observando,
noté que los árboles tenían el mismo tamaño, lo que difería de cualquier
bosque que antes hubiera visto o explorado. Después noté que los árboles
no estaban distribuidos al azar, sino en hileras bien trazadas. Pregunté a mi
profesor, Anson Rainey. Me dijo que aquel bosque lo habían plantado los
israelíes.
«Darrow, ha habido dos visiones de la tierra», me dijo. Un pueblo
creyó a Dios cuando dijo que de esta tierra fluía leche y miel. El otro pue-
blo creyó que Dios había maldecido la tierra. Hay dos pueblos distintos
con dos visiones distintas de la misma tierra. Una misma tierra, visiones
distintas —resultados distintos.
De pie, sobre el lago Tiberiades, en Galilea, vi en acción la primera
visión: una hermosa tierra de labor que se extendía a lo largo de la orilla,
120 DISCIPULANDO NACIONES
una excavadora escarbando roca volcánica y cardos y echando el material
en camiones para preparar nuevos campos de labor. Ese pueblo no veía las
cosas como eran sino como debían de ser.
La visión tiene dos niveles. En el nivel macro, nuestra tarea consiste en
ayudar a la gente a ver el panorama general de lo que Dios está haciendo en
la historia para restaurar el mundo, poner fin al hambre y edificar su reino.
A nivel micro, en ayudar a la gente a captar su visión de la comunidad.
Deseamos que la gente visualice la buena intención de Dios para ellos y sus
comunidades.
Educación: La finalidad teísta del aprendizaje
Los cristianos saben que el objetivo supremo de la educación es,
o debería ser, teísta. Queremos que la gente conozca a Dios. Como dijo
John Milton (1608–1674): «El objeto del aprendizaje es reparar las ruinas
de nuestros primeros padres volviendo a conocer cabalmente a Dios, y a
partir de ese conocimiento, amarle e imitarle, asemejarnos a Él tanto como
nos sea posible adornando nuestras almas de verdadera virtud, la cual,
junto con la gracia celestial de la fe, alcanza la suma perfección».33
Puesto que existe un campo unificado de conocimiento, la verdadera
educación debe proporcionar una cosmovisión integrada y completa. A
diferencia de los sistemas incompletos y fragmentados que prevalecen hoy,
los aprendices informados por el teísmo bíblico deben ser capaces de descu-
brir relaciones entre Dios, el hombre y la creación. Y así estarán equipados
para pensar de manera amplia y abarcar varias disciplinas. Una verdadera
educación examina lo físico y lo trascendente, lo eterno y lo temporal.
Dado que la verdad es real y cognoscible (al menos en parte), estamos
plenamente justificados para cultivar el espíritu de exploración, descubri-
miento y aprendizaje. No obstante, cuando reina el relativismo el conoci-
miento es importante siempre y cuando sea útil. El impulso de aprender se
quiebra, se reemplaza, en el mejor de los casos, por el método de la obser-
vación; y en el peor, por un ansia de ocupar la mente y entretenerse. Sólo
puede haber pasión por el aprendizaje cuando se puede conocer la verdad.
¡Cuán distinto es el teísmo bíblico por lo que se refiere a la educación!
Una vez oí a Francis Schaeffer decir: «¡No permitan nunca que la esco-
larización de un niño interrumpa su educación!». Schaeffer reconoció algo
que la mayor parte de la «educación secular establecida» no ha acertado a
entender: que las personas han sido creadas para pensar y crear durante
DIOS ES RACIONAL 121
toda su vida. Dieciséis años de escolarización formal es sólo el principio.
Confucio dijo: «Si planta para un año, plante una semillas si planta para
diez años, plante un árbol; si planta para cien años, enseñe a la gente».
Para «salir adelante» hay que educarse. Hay que hacer algo más que
trabajar duro. Uno debe también trabajar de forma inteligente. La esposa
de un ex embajador de Ruanda me comentó en una ocasión que las muje-
res africanas trabajan muy duro, a veces hasta 14 o 16 horas al día. Pero
no progresan porque no hay orden en sus vidas. ¿Por qué? No cuentan
con un fundamento ordenado sobre para cimentar las cosas. África es el
segundo continente más poblado del mundo. Pero, por lo general, el sis-
tema educativo de este continente todavía sumido en patrones de pensa-
miento animista, no estimula el orden. El Dr. Chris Ampadu cita a Kwasi
Gyan-Apenteng, presidente de la National Media Commission de Ghana:
Imaginen qué clase de país y de continente sería éste si la mayoría de
nuestra gente viviera conforme a estos principios: si fuéramos guiados
instintivamente por el precepto ético de hacer en todo tiempo lo que es
justo; ser puntuales; asumir la responsabilidad por lo que hacemos y los
unos por los otros obedeciendo leyes y normas y sobre todo, amando el
trabajo. Imaginen cómo nuestro país o continente cambiaría si por todo
un mes, ningún funcionario del gobierno recibiera sobornos o el diez
por ciento de contratos, ni los policías extorsionaran a los conductores
para sacarles dinero, ni los comerciantes cobraran de más a sus clientes,
ni los conductores incumplieran las normas de tráfico. Todo esto podría
convertirse en realidad si, por medio de nuestra tradición, cultura y edu-
cación inculcáramos estos principios en la vida cotidiana.34
Ampadu sigue diciendo:
«Como él [Gyan-Apenteng] señaló con exactitud, irónicamente, estos
principios no son distintos a los que enseñan nuestros líderes religiosos a
los que la mayoría de los africanos prometen lealtad. Sin embargo, nos las
arreglamos para divorciar los sermones de nosotros y no nos aseguramos
de ponerlos en práctica para que sean relevantes para la vida y a la sociedad.
Si uno no es un buen ejemplo, entonces será una terrible advertencia».35
Por supuesto, no es sólo África. Muchas sociedades no prosperan por-
que no reconocen el orden que Dios ha establecido en la creación. La cien-
cia, la economía y la educación son sólo algunos ejemplos de hábitos y
122 DISCIPULANDO NACIONES
costumbres importantes y necesarias. Están a disposición de nuestro desa-
rrollo porque habitamos en un universo inteligible.
Sociedad civil: Poner orden en el caos
El conocimiento de que Dios existe, y ha creado y mantiene un uni-
verso ordenado, proporciona un contexto para el orden social. Una socie-
dad próspera debe tener un sistema legal justo, asociaciones políticas
claramente delineadas, un gobierno civil basado en el orden, y políticas
públicas racionales y estables. Los funcionarios públicos deben servir al
público, no a sí mismos. Tanto en el sector privado como público, la con-
tratación debe basarse en el carácter y la competencia, no en relaciones
sociales, familiares o de casta.
Estas medidas (o «balanzas», como las denomina la Biblia) del fun-
cionamiento de una sociedad se ejemplifican en Proverbios 16:11: «Peso y
balanzas justas son de Jehová; Obra suya son todas las pesas de la bolsa».
No obstante, si la verdad y la honestidad no son exaltadas, la empresa y el
estado serán explotadores.
El filósofo indio contemporáneo Vishal Mangalwadi señala que el
«espíritu gentil y piadoso» y el «espíritu misionero de servicio» de William
Carey hizo mucho para transformar a los administradores británicos en la
India.36 Por supuesto, sin lo que algunos llaman «instituciones mediado-
ras»,* nada de esto importaría. Las estructuras que proporcionan un buen
gobierno y balanzas justas allanan el terreno para la transformación nacio-
nal. Toda sociedad necesita de individuos libres y responsables; familias
fuertes; pequeñas asociaciones libres de individuos; comunidades religio-
sas; y clubes sociales, cívicos y de servicio. Como Francis Fukuyama ha
observado acertadamente, las sociedades necesitan un nivel de confianza
entre sus miembros para funcionar debidamente.37
Pero, digámoslo claramente, la Biblia no ordena una forma específica
de gobierno o de economía. El capitalismo democrático occidental,* a
pesar de haber conseguido elevar niveles de vida, está lejos de ser un sis-
tema perfecto. La Biblia critica todas las culturas, inclusive el capitalismo
democrático. Winston Churchill dijo acertadamente que el capitalismo
democrático es la peor forma de gobierno, a excepción de todas las demás
que se han ensayado de vez en cuando».38 Aun así, las sociedades no serán
examinadas por la constitución de los Estados Unidos ni por ninguna otra
constitución. Serán examinadas por la Palabra de Dios.
DIOS ES RACIONAL 123
Preguntas para el estudio
1. ¿Cuál era la raíz de la pobreza en la India según William Carey?
¿Está usted de acuerdo o no? ¿Por qué?
2. ¿Cuáles son las cuatro pruebas para determinar si algo es verda-
dero o falso?
3. Describa el método científico en sus propias palabras.
4. Según el autor, ¿cuál es la fuente de la riqueza y de los recursos?
Compárela con la idea que usted tiene.
5. Según la gente con quien usted trabaja, ¿de dónde proceden los
recursos? ¿Cómo puede usted ayudarles a captar mejor la visión
de Dios para su futuro.
6. ¿Qué desorden hay en la comunidad donde usted trabaja? ¿Cómo
contribuye esto a la pobreza?
7. Describa una manera en la que usted puede poner orden en alguna
área específica de la vida pública.
8. ¿Con qué preguntas o desafíos puede usted responder a las ideas
expuestas en este capítulo?
6
DIOS ES BUENO
El universo es moral
R ichard Hausknecht era ginecólogo y obstetra en la ciudad de Nueva
York. Especializado en embarazos de alto riesgo. El New York Times
le preguntó qué opinión le merecían los abortos parciales, procedimiento
por el que un bebé plenamente deasarrollado se extrae parcialmente del
canal de parto materno: se deja la cabeza dentro, se abre el cráneo con unas
tijeras, se absorbe el cerebro con una máquina aspiradora, y se aplasta el
cráneo (según los proabortistas «se contrae»), antes de extraer finalmente
el cuerpo. El Dr. Hausknecht comentó al Times: «Todo procedimiento en
esta fase es harto espantoso. Cuando practicaba abortos en el segundo tri-
mestre, los hacía a última hora del día, y al llegar a casa, mi esposa me
decía: “Hoy has hecho uno, ¿no es cierto? Se reflejaba en mi cara”».
Richard Hausknecht ya no practica abortos tardíos o parciales.1
Verificación de la realidad
No importa cuánto nos esforcemos por negarlo u olvidarlo, vivimos en un
universo moral. Nuestra vida en la tierra tiene que ver con una cuestión de
moral. C.S. Lewis manifestó de forma sucinta:
Para empezar… los seres humanos, en toda la tierra, tienen la curiosa
idea que deberían comportarse de cierta manera, y realmente, no pueden
125
126 DISCIPULANDO NACIONES
deshacerse de ella. En segundo lugar… en efecto, no se comportan como
debieran; conocen la Ley de la naturaleza, mas la quebrantan.
Estos dos hechos son el fundamento de toda idea clara acerca de nosotros
mismos y del universo en que vivimos.2
No obstante, las ideas claras escasean en estos tiempos por lo que se
refiere a la dimensión moral de la vida. Muchos prefieren seguir confun-
didos antes que abordar estos hechos de la existencia. Por ejemplo, tocante
a la controversia del aborto, la persona que define los términos controla
el debate, moldea la discusión e influye en la opinión pública y la política.
En 2003, antes que en la Cámara de Representantes de EE.UU. se votara
la ilegalización de los abortos parciales (que el Times calificó incorrecta-
mente «abortos tardíos»), los partidarios del «derecho» al aborto trataron
de llamar la atención sobre asuntos como los derechos constitucionales, no
sobre los aspectos médicos relacionados con lo que sucede al bebé nonato.
Un memorándum obtenido en una encuesta anunció a los activistas: «No
hablen sobre la salud ni sobre la condición del feto. Los votantes creen que
este procedimiento, no importa cómo lo llamemos, mata a un bebé».3
De modo que se oyen términos como pro-elección y anti-elección, pro-
vida y anti-vida, dependiendo del punto de vista de la persona que los
defina. A medida que los EE.UU. se paganizan, la «familia tradicional» ya
no significa lo que antes significaba: un marido, una esposa, e hijos. Insis-
tir en la definición históricamente aceptada del matrimonio equivale a ser
tildado de fanático o de homófobo. Rehusar participar en las «uniones» del
mismo sexo supone arriesgarse a la condena e incluso a perder el propio
medio de vida. Hace una generación, tales disposiciones ni siquiera eran
consideradas posibles en la sociedad educada. Pero hoy son exigidas como
un nuevo «derecho civil». Como manifiestan James R. White y Jeffry D.
Niell: «Esta tendencia evidencia la trágica transformación cultural que ha
tenido lugar en las últimas décadas —que atañe a la ética, a la moral, a lo
que es bueno y malo—. Lo que ayer era motivo de indignación o escándalo
ha venido a ser hoy normal. En el presente, la homosexualidad, que antes
era moralmente inconcebible, desfila hoy ante nuestros ojos como normal,
aceptable y —para mostrarnos su condición autoritaria— incuestiona-
ble».4 El 26 de junio de 2015, el Tribunal Supremo de EE.UU. declaró legal
en el país el matrimonio homosexual. De golpe y porrazo, fue cancelado
un precedente histórico milenario, instaurado prácticamente en todas las
sociedades humanas.
DIOS ES BUENO 127
Definición de términos
A medida que cambian las cosmovisiones, también lo hacen las palabras
que las definen. A veces se conservan las palabras, pero se cambia su sig-
nificado. Por ejemplo, la palabra compasión, solía significar «sufrir con
otro». Pero hoy se ha convertido en un flácido «sentimiento de lástima».
Las palabras pecado, santidad, y verdad —aunque siguen apareciendo en el
diccionario— han desaparecido virtualmente de nuestro vocabulario.
Al no disponer de un fundamento objetivo sobre el que apoyarse, el
mundo moderno usa un lenguaje relativista. En vez de moral, ahora tene-
mos valores, que definen lo que los individuos y las sociedades valoran
—no lo que es realmente valioso—. Algunos de los principales valores
actuales son: comodidad, paz y bienestar personal, autonomía individual,
libertad entendida como libertinaje, eludir el sufrimiento y sentirse seguro.
Las sociedades también tienen normas que definen lo que se estima
normal. Se espera de sus miembros que se sometan a tales normas. Entre
las normas actuales están el uso de un lenguaje políticamente correcto, la
apertura a nuevas ideas (incluso a ideas contradictorias) que descarten lo
preceptuado en la Biblia, y evite ideas molestas, como la verdad y la moral.
Por supuesto, toda cosmovisión que proponga una verdad moral objetiva
no es tolerada. Y el lenguaje se usa cada vez más para dividir. O uno está
por el «matrimonio» del mismo sexo, o es un homófobo intolerante que
merece ser expulsado de una sociedad respetuosa. No obstante, el profeta
Isaías, nos advierte: «¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno
malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo
amargo por dulce, y lo dulce por amargo!» (Isa. 5:20). Hoy día se promo-
cionan cosas que han sido consideradas malas durante milenios, y ¡ay de
aquellos que se atrevan a objetar!
Echemos un vistazo a algunas definiciones clásicas de moral, ya que no
podremos volver a recuperar la salud moral sin pensamiento claro acerca
de este asunto. «Moral» proviene del latín moralis, que significa «uso o
costumbre». Alude a la costumbre, formas, o conducta de la gente como
seres sociales. La palabra hace referencia a actos que están bien o mal, son
virtuosos o viles. ¿Y cuál es la norma? El diccionario Webster’s de 1828,
apunta a la «ley moral», la ley de Dios que prescribe los deberes morales o
sociales y prohíbe transgredirlos.5 Así pues, la ley moral es la ley de Dios,
que prescribe la moral a seguir y los deberes sociales y, asimismo, prohíbe
transgredirlos.
128 DISCIPULANDO NACIONES
En el sentido moderno, por supuesto, «moral» define los usos y cos-
tumbres de una sociedad. Define lo que es. No obstante, el uso clásico de la
palabra define lo eterno (trascendente y universal) y, por tanto, prescribe
lo que debe ser.
Otro término clásico clave es «ética». Procede del griego ethos o
«carácter». Un sistema ético es una colección de principios morales, un
sistema de normas para regular los usos sociales.6 Define la norma univer-
sal y eterna para el bien y el mal. En correspondencia con la idea clásica de
la moral, prescribe lo que debe ser.
No hay cabida aquí para el sentimentalismo. El ethos destaca en vivo
contraste con el pathos, el sentimiento y las emociones. Hemos de ser guia-
dos por el ethos, no por el pathos. La moral se basa en una norma objetiva.
Proviene de Dios. Hoy parece que la verdad es lo contrario. Aparentemente,
el pathos domina el mundo y el ethos ha desaparecido prácticamente.
Dios: Fuente de la moral
La Biblia afirma que Dios, fuente de toda moral, difiere de los dioses de las
naciones. Y por cuanto Él es diferente, así debemos serlo nosotros. Dios
dijo a Moisés: «Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles:
“Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios.”» (Lev. 19:2).
Isaías tuvo una tremenda visión de Dios en su templo, lleno de ánge-
les, y el profeta nunca volvió a ser el mismo. «Y el uno al otro daba voces,
diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena
de su gloria.Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del
que clamaba, y la casa se llenó de humo. Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy
muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio
de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de
los ejércitos» (Isa. 6:3-5).
Incluso los nombres de este Dios revelan su perfección moral. «Y
pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, mise-
ricordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad;
que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión
y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que
visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos,
hasta la tercera y cuarta generación» (Éxo. 34:6-7).
De modo que el universo —«bueno», creado por Dios— está sometido
a un orden moral. La moral no es un constructo humano falible. Se basa
DIOS ES BUENO 129
nada menos que en el carácter de Dios. Es eterna, inmutable. Más aún, la
moral establece lo bueno frente a lo malo, el bien frente al mal, lo hermoso
frente a lo vulgar, lo justo frente a lo injusto, y lo cívico frente a lo bar-
bárico. Todo ello afirma el designio original de Dios para la creación y nos
invita a defenderlo. A la luz del abandono radical del marco moral que pre-
valece hoy, incluso entre algunos cristianos evangélicos, nunca debemos
abandonar la conexión entre la moral y el Dios dador de la ley, que sustenta
el universo por las ordenanzas de su creación. Por lo tanto, sabemos que
hay respuesta para las cuestiones perennes: «¿existe el bien y el mal?» y
«¿qué es la belleza?».
Cuando los cristianos van en pos de lo vulgar y actúan contrariamente
a la ética, sufre la causa de la verdad, la belleza y la bondad. La religión sin
bondad es anémica en el mejor de los casos. Y en el peor, tiránica. Cristo
nos llama a rebelarnos contra el mal y lo vulgar y servir a lo santo y her-
moso: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas
estas cosas os serán añadidas» (Mat. 6:33).
Dios ha revelado sus leyes morales de las dos maneras en que ha reve-
lado su naturaleza personal. La primera, por revelación especial, es ejem-
plificada por los Diez Mandamientos, que resumen la ley escrita en tablas
de piedra. La segunda, por revelación general, en este caso la ley natural,
que es la ley escrita en todos los corazones.
Las leyes morales de Dios
LEYES
Revelación
General MORALES Revelación
Especial
DE DIOS
Poco después del éxodo hebreo de Egipto, en torno al año 1.400 a.C.,
Dios entregó los Diez Mandamientos a Moisés, príncipe egipcio de origen
130 DISCIPULANDO NACIONES
judío. Esas palabras penetraron en un mundo animista en el que el destino
dominaba arbitrariamente, en el que los hombres y las mujeres procuraban
constantemente sobrevivir a los estragos de la naturaleza, donde la ley y
la justicia no eran más que invenciones de la imaginación. Russell Kirk,
influyente político teórico e historiador estadounidense, describe acerta-
damente el orden liberador hallado en la ley de Dios.
El terror de existir sin objeto ni norma fue disipado por la revelación de
que el hombre no está solo en el universo; existe Otro; y ese Otro es el
Dios único, que hace posible que los seres humanos sean mejores que las
bestias que perecen. Por medio de la revelación del orden en el universo,
los hombres y las mujeres tienen la posibilidad de llegar a ser plenamente
humanos —de hallar modelo y propósito en la existencia, a diferencia de
los perros que viven sólo día a día.
De modo que los Diez Mandamientos, el Decálogo, no es un conjunto
de prohibiciones severas impuestas por una deidad tribal arbitraria,
sino normas liberadoras que permiten al pueblo disminuir la tiranía del
pecado; que enseñan al pueblo a vivir uno con el otro y en relación con
Dios, a abstenerse de la violencia y el fraude, a conocer la justicia y a ele-
varse por encima de los animales depredadores.7
Este Decálogo, o «diez palabras», son análogas a las diez palabras que
usa Dios en la creación (véase Gén. 1:3-29). Los Diez Mandamientos (Éxo.
20:1-17) instauran orden en la sociedad, del mismo modo que las diez
palabras del Génesis ordenaron el universo físico. Los Diez Mandamientos
establecen un fundamento para la sociedad civil.
Moral
Concepción teísta
DIOS ES BUENO 131
Los primeros cuatro mandamientos establecen la relación del hombre
con Dios. Hemos de (1) adorar al único Dios verdadero, (2) honrar sólo a
Dios (y no inventar ídolos), (3) santificar el nombre de Dios, y (4) guardar
el sábado como día santo e imitar el modelo divino de trabajo y descanso.
Los últimos seis mandamientos establecen cómo nos hemos de rela-
cionar unos con otros en comunidad. Hemos de (5) respetar la autori-
dad, especialmente a nuestros padres, (6) respetar la sacralidad de la vida
humana, (7) guardar la sacralidad del matrimonio, (8) no robar (y, cierta-
mente, dar a otros), (9) ser veraces, y (10) contentarnos con lo que tenemos
(y abstenernos de la codicia).
Así pues, el Decálogo establece los principios básicos para instaurar el
orden civil, el cual, erróneamente, se asume que es una invención moderna.
Estos mandamientos contemplan la igualdad ante la ley (justicia social), las
instituciones democráticas (justicia política), y los mercados libres (justicia
económica).
La ley natural, la ley escrita en los corazones de las personas, consti-
tuye la otra manera en que Dios nos ha revelado sus caminos. Pablo dijo
que todas las personas, tengan o no acceso a la ley divina especialmente
revelada, tienen acceso a la ley natural de Dios, porque han sido creadas a
imagen de Dios como seres morales y habitan en un universo moral. «De
hecho, cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por naturaleza
lo que la ley exige, ellos son ley para sí mismos, aunque no tengan la ley.
Estos muestran que llevan escrito en el corazón lo que la ley exige, como lo
atestigua su conciencia, pues sus propios pensamientos algunas veces los
acusan y otras veces los excusan» (Rom. 2:14-15).
Usando un lenguaje más contemporáneo, podríamos decir que el hom-
bre está moralmente programado: Tiene incorporado un sentido moral del
bien y el mal. Recurriendo a lo que denominamos «sentido común», el
hombre tiene una capacidad limitada para participar en el razonamiento
moral y la toma de decisiones.
La ley natural es real. Es la revelación general del orden moral de Dios
para todas las personas. Se ve en el bien que los seres humanos pueden lle-
var a cabo «por naturaleza», está incorporada en la naturaleza humana. La
conciencia humana es fundamental para entender la ley natural. La con-
ciencia estriba en la capacidad de emitir juicios morales sobre nosotros
mismos. Implica ser conscientes del bien y el mal y la capacidad de aplicar
esta norma a situaciones específicas. La conciencia juzga con arreglo a la
norma más alta que conoce.
132 DISCIPULANDO NACIONES
No obstante, es posible cauterizar la conciencia violando a propósito
esa norma, endureciendo el corazón. Por lo que se refiere al derrumbe de
las normas sociales, el finado senador Daniel Patrick Moyniham aludió a la
«definición de la desviación». Recuerdo un verano en el que trabajé como
socorrista en una playa de California. Un compañero de trabajo retó a otro
compañero para ver quién de los dos tenía relaciones sexuales con más
mujeres. Transcurridos dos meses del verano, aquel joven se jactó de su
hazaña con 26 mujeres. ¡Qué decir de una conciencia embotada! Sus actos
egoístas tendrán profundas consecuencias para docenas de mujeres por
muchos años, por no hablar del daño que se causó a sí mismo.
Pero incluso el mundo evangélico resta importancia a la desviación.
El ochenta por ciento de los jóvenes evangélicos de EE.UU. han cedido
a la tentación del sexo premarital.8Además, la actitud hacia las «uniones
del mismo sexo», la cohabitación, y el uso de pornografía por los jóvenes
evangélicos se asemeja a la de la cultura secular más que a las creencias de
sus antepasados en la fe.
En efecto, fueron la fe judía, y la fe cristiana después, las que «definie-
ron» la decencia. La prostitución, la conducta homosexual, la pedofilia y
la bestialidad eran consideradas normales en el mundo pagano. Pero la
práctica judía (y después la cristiana) de la sexualidad humana, constató la
belleza del sexo en el contexto de un pacto establecido de por vida entre un
hombre y una mujer. Este modelo de sexualidad era una aberración para
la costumbre pagana común. El erudito y comentarista judío Dennis Pra-
ger ha escrito:«Cuando el judaísmo exigió que toda actividad sexual fuera
canalizada dentro del matrimonio, cambió el mundo. La prohibición de la
Torá del sexo extra marital hizo simplemente posible la creación de la civi-
lización occidental. Las sociedades que no impusieron límites a su sexua-
lidad se estancaron en su desarrollo. El dominio subsiguiente del mundo
occidental se puede atribuir en buena medida a la revolución sexual ini-
ciada por el judaísmo, y después, llevada a cabo por el cristianismo.9
La conciencia es la voz de Dios al alma humana. Obedecer a esta voz
conduce a la vida y la salud, mientras que desobedecerla, conduce a la
muerte y la destrucción. El apóstol Pablo dijo de las personas que practica-
ban conductas desviadas: «Teniendo el entendimiento entenebrecido, aje-
nos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su
corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron
a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza» (Efe. 4:18-19).
DIOS ES BUENO 133
La ley natural tiene un largo historial. La literatura cristiana, india,
china y griega reconocen su existencia. San Agustín, Tomás de Aquino y
Calvino escribieron sobre ella. El gran teórico cristiano John Locke influyó
en el deísta Thomas Jefferson, quien haría referencia a la ley natural en la
declaración de independencia de los EE.UU.10
En La abolición del hombre, C.S. Lewis proporciona ejemplos de la ley
natural en fuentes chinas antiguas, Cicerón, el Egipto clásico, la antigua
Grecia y cultura de la India.11 Señala temas comunes en estas distintas cul-
turas respecto a obligaciones para con los niños, e ideas de justicia y vera-
cidad. Haciéndose eco de la regla de oro de Cristo, los hinduistas dijeron:
«No profieras una palabra que pueda herir a alguien». Los chinos antiguos
instaron: «No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti». El romano
Cicerón dijo: «Los hombres nacen por amor a los hombres, para que pue-
dan hacerse bien unos a otros».
La ley natural es real, y marca una diferencia. Debido a que los seres
humanos somos creados a imagen de Dios, y dado que la ley ha sido escrita
en nuestros corazones, somos seres libres y responsables que pueden tomar
verdaderas decisiones morales.
Libertad moral
Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo
cultivara y lo cuidara, y le dio este mandato: «Tomó, pues, Jehová Dios al
hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.Y
mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás
comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el
día que de él comieres, ciertamente morirás» (Gén. 2:15-17).
Al hombre le fue concedida libertad moral para tomar decisiones
—elecciones significativas—. No obstante, los secularistas creen que el
hombre es una máquina, un autómata, un ser sin libre albedrío; que todas
sus decisiones son determinadas biológicamente. Los animistas, por su
parte, creen que el hombre está dominado por fuerzas externas.
La verdad es que tenemos libertad real. Dallas Willard ha dicho:
«La voluntad… es la dimensión de nuestro ser por la cual somos fuente
y presencia, no derivada en el mundo. Lo que surge, surge de nosotros.
Esta creatividad radical es la que hace de la persona un individuo abso-
lutamente único e irreemplazable, y, por tanto, un «fin en sí mismo»…
134 DISCIPULANDO NACIONES
Voluntad es la capacidad de originar… algo; un hecho o una cosa. Da
existencia a las cosas.12
Enfrentamos elecciones reales y consecuencias genuinas. El hombre
es el creador proactivo de la historia, no un fatalista inactivo o responde-
dor reactivo. A diferencia del hinduismo y el budismo, que sostienen que
«el hombre se mete en el agua y no causa ondas», el teísmo enseña que el
hombre causa ondas que perduran para siempre. Lewis declaró: «El bien y
el mal aumentan a interés compuesto. Por eso las decisiones que usted y yo
tomamos todos los días tienen infinita importancia».13
Esta libertad acarrea consecuencias —buenas y malas— para el mundo
en que vivimos.
Génesis 3:1-7 relata la historia trágica de la caída de la humanidad.
En lugar de contentarnos como criaturas de Dios, en Adán escogimos
desafiarle y quebrar nuestra primera relación con nuestro Creador. Esta
rebelión envenenó todas nuestras relaciones secundarias —psicológicas,
sociales, e incluso ecológicas.
Lo peor es que Adán y Eva murieron espiritualmente el día que comie-
ron del fruto prohibido (Gén. 2:17). Pablo afirma que estábamos «Y él os
dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y peca-
dos» (Efe. 2:1) antes de que Cristo nos salvara. Otra consecuencia fue la
muerte física. Al hombre se le denegó el árbol de la vida por causa de su
desobediencia (Gén. 3:24). El mal moral también entró insidiosamente en
el hombre, «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de
Dios» (Rom. 3:23).
La rebelión del hombre condujo a la entrada del mal en el mundo de
tres formas distintas: mal moral-personal, arraigado profundamente en
cada ser humano, mal natural y mal institucional. Dios dijo que la rebelión
del hombre tendría consecuencias. Entre otras, dolor en el parto, rotura
de relaciones entre el hombre y la mujer, y proliferación de malas hierbas
(Gén. 3:16-19). El mal personal también atormenta al mundo bueno que
Dios creó. Arrojado del cielo por su desobediencia, Satanás dedica ahora
el tiempo que le resta a atacar a la humanidad dondequiera que puede (1
Ped. 5:8; Apo. 12:7-8). Cuando Dios preguntó a Satanás de dónde venía, él
respondió: «De rodear la tierra y de andar por ella» (Job 1:7).
El mal no es «la mera ausencia de bien», como creen los secularis-
tas. Existe independientemente porque lo invitamos a venir. Por tanto, el
secularismo realmente no puede responder al reto del mal. David Aikman
DIOS ES BUENO 135
reflexiona sobre el mal desatado en Camboya durante el reinado terrorífico
de los Jemeres Rojos:
En el mundo occidental actual prevalece un consentimiento generalizado
respecto a la idea de relativismo moral, una renuencia a admitir que el
mal absoluto puede existir y existe. Esto hace que a algunos les resulte
especialmente difícil aceptar que la experiencia de Camboya sea mucho
peor que una aberración revolucionaria. Es más bien la mortífera conse-
cuencia lógica de una escala de valores atea, centrada en el hombre, refor-
zada por seres humanos falibles con poder absoluto... No es coincidencia
que las sociedades marxistas más humanas en la Europa actual, como
Polonia o Hungría, sean las que permiten la atenuación de su doctrina
mediante lo que Solzhenitsyn denominó «la gran reserva de misericordia
y sacrificio» de la tradición cristiana.14
En una reunión con un voluntario que trabajó en un campo de refugia-
dos de Ruanda, después del genocidio, le pregunté: «¿Cómo se explica usted
la reciente matanza de más de un millón de ruandeses?». Me respondió:
«Fue la ebullición del infierno en la superficie». Y el infierno sigue bullendo
en este mundo. ¿De qué otra manera podemos calificar horrores como la
brutalidad del estado islámico (ISIS) masacrando todo lo que encuentra a
su paso por Iraq, Siria y el norte de África, y penetrando también en Europa?
Pero hemos de recordar que, en un sentido muy real, el mal es anor-
mal. Dios no creó un mundo malo, pues aborrece el mal y se opone a él.
El hombre abrió las compuertas que permitieron que el mal creciera en
el mundo; y ahora Dios llama al hombre a luchar contra el mal. Él ha de
obedecer a Dios y rebelarse contra Satanás, que es el «dios temporal de este
mundo». El hombre tiene que disciplinar su vida personal contra el mal
moral, desafiar el dominio del mal personal, y luchar contra los estragos
que ha causado el mal natural e institucional, alimentando al hambriento,
vistiendo al desnudo y liberando a los oprimidos. ¡Cuán distinto es el ani-
mismo, que ve el mal como algo normal, como algo que hay que soportar!
Las personas son valiosas. Nuestras elecciones importan. Dios afirma:
«Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal;…
escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia» (Deut. 30:15, 19).
De modo que, a pesar de la caída, el pesimismo está fuera de lugar. Dios
lucha con nosotros contra el mal. Por cuanto Cristo venció a la muerte,
como prueba su resurrección de la tumba, la victoria final está asegurada.
136 DISCIPULANDO NACIONES
Consecuencias de la caída
No obstante, sin esta perspectiva y sin la protección del poder de Dios, la
caída nos aplasta con un peso irresistible. La rebelión contra la ley moral
de Dios conduce a la pobreza moral, el quebranto social y la pauperización.
La incredulidad en Dios conduce al rechazo de absolutos. La gente debe
fabricarse sus propias normas, según criterios subjetivos.
¿Es malo robar o matar? En un sistema amoral, depende. Sin Dios
todo está permitido. Un mundo inmoral acepta la violación de la norma
moral, pero un mundo amoral carece de norma moral. Todo el mundo
hace lo que bien le parece —o lo que el entorno cultural más amplio
aprueba que está bien—. Según esto, el aborto no es más que una «elec-
ción», sin consecuencias (salvo para el bebé y para quienes sufren el vacío
que esa vida perdida debía ocupar), los combatientes yihadistas han de
ser «comprendidos» en su contexto, y así sucesivamente.
Moral
Concepción secularista
Por supuesto, pocos secularistas tienen coraje para defender sus
convicciones. Muchos se pierden en la espesura del hedonismo, pre-
guntándose: «¿Es divertido? ¿Te hace sentir bien?», o del pragmatismo:
«¿Funciona?», o del utilitarismo: «¿Es eficiente?», o del puro egoísmo:
DIOS ES BUENO 137
«¿Es conveniente? ¿Es cómodo?». Nos hemos rebajado al nivel de hom-
brecillos que buscan tonterías, acostumbrados a mirar el suelo, ajenos al
cielo o al infierno. En No Place for Truth, David Wells nota: «La moder-
nidad ha vaciado la vida de su importante propósito moral. Ciertamente,
ha vaciado a las personas de la capacidad de ver el mundo en términos
morales, y esto a su vez, cierra el acceso a la realidad, ya que la realidad
es fundamentalmente moral».15
Cuando se manifiesten los efectos reales del secularismo, cosechare-
mos el fin del hombre moral y de la sociedad civil. En vez de civilización,
cosecharemos anarquía y, eventualmente, tiranía. Y vamos por ese camino.
Las historias interminables de bandas que asaltan brutalmente a aficiona-
dos al jogging, madres que matan a sus bebés y médicos que asesinan a
sus pacientes (con o sin su consentimiento), y mafiosos bien vestidos que
trafican con niñas y jovencitas, nos han inoculado insensibilidad para no
reaccionar a la conmoción que deberíamos sufrir.
Mientras las joyas más preciosas de la vida —el tiempo, el amor, las
relaciones, la creación— son pisoteadas, las masas adquieren ávidamente
la inmundicia más degradante que les proveen sus ídolos pop. Occidente
sufre una especie de VIH moral. Ignora que su sistema inmune ha sido
neutralizado, que es presa de una infección, decadencia y muerte segura.
La disciplina personal es cosa del pasado. La gratificación diferida ya no
forma parte de nuestra psique. Somos narcisistas, tanto el ciudadano de
a pie como los líderes. La falta de carácter moral ha obligado a nuestros
gobernantes a instituir cada vez más restricciones externas, en forma de
leyes, policía y prisiones.
Análogamente, el animismo rechaza el orden moral del universo. Los
animistas huyen del Creador justo y santo hacia una multitud de dioses que
actúan arbitrariamente, según sus inescrutables caprichos —modelos per-
fectos de corrupción del poder—. En este contexto, el Decálogo es un docu-
mento radical. El vínculo de la moral con un Dios santo e inmutable socava
las estructuras de poder de la sociedad animista. Russell Kirk ha escrito:
Tal fe en la justicia suprema de Dios, verdadera percepción que desciende
sobre los hijos de Israel desde los albores de la conciencia, distinguió a los
hebreos de otros pueblos del mundo antiguo. Los dioses de los vecinos de
Israel fueron muchos, y poco tenían que ver con la justicia. Los «Baales»
de Siria y Mesopotamia eran deidades locales, propiciadas a veces con
138 DISCIPULANDO NACIONES
sacrificios humanos; eran dioses arbitrarios, sin parentesco ni afinidad
con los seres humanos; no se les reconocía soberanía universal. Los dio-
ses de Asiria, Fenicia y otras naciones eran voraces y temibles. Los dioses
de Egipto eran extravagantes hasta el punto de la locura. Los dioses de
Grecia eran meras fuerzas de la naturaleza personificadas, cuyas pasiones
y caprichos ningún hombre puede tratar de emular.16
No sólo los absolutos morales brillaban por su ausencia, también las
normas que los sustituían eran puramente arbitrarias. Por ello, floreció el
legalismo. Los códigos de conducta no tenían nada que ver con el bien y
el mal (excepto incidentalmente) y sí mucho que ver con la tradición. Se
hacían cumplir estrictamente y sin discusión.
El hinduismo y otras religiones animistas actuales fusionan el bien y el
mal. Indira Gandhi, tercera primer ministro de la India declaró: «Este es el
secreto de la India: la aceptación de la vida en toda su plenitud, el bien y el
mal».17 En vez de combatir el mal, los hinduistas promueven su idea de la
ley de la recompensa, según la cual el mal es casi mecánicamente devuelto
por el mal, y el bien por el bien. El karma* contempla todo sufrimiento
como merecido, como paga por los pecados cometidos en una vida ante-
rior. Luchar contra esta ley equivale a atraer más sufrimiento.
El karma ciertamente estimula la insensibilidad de corazón en los
miembros más pudientes de la sociedad, ya que los pobres deben por fuerza
«merecer» su desdichada suerte en esta vida. No se busca la armonía ali-
neándose uno mismo con los absolutos morales, sino controlar o apaciguar
Moral
Concepción animista
DIOS ES BUENO 139
a las personas y a los dioses. El hinduismo es, en última instancia, una reli-
gión de poder. Por lo tanto, la corrupción es una virtud. El soborno está
bien. El médico procura un aliciente para concluir la operación de tu esposa;
el administrativo quiere recibir una mordida o coima antes de conceder un
permiso de conducir o autorización para abrir una empresa; el oficial de
policía se contenta con hacer la vista gorda si su soborno es suficiente.
Sin un código moral, la inmoralidad tiene vía libre en las culturas
animistas —con consecuencias devastadoras—. La población garífuna de
Honduras, que asciende a 250.000 personas, corre peligro de extinción por
causa del virus del VIH/SIDA, propagado por una ética sexual no bíblica.18
En las sociedades seculares, el desplome de la monogamia ha supuesto,
a pesar de las promesas de los que están a favor del «libertinaje sexual»,
cualquier cosa menos liberación para la mujer. La revolución sexual en
Occidente ha sido desastrosa para las mujeres.
¿Por qué la libertad sexual de los últimos veinte años no ha produ-
cido multitud de padres solteros empobrecidos? Porque a falta de una
fuerte presión cultural en sentido contrario, a los hombres como grupo,
no les resulta imposible abandonar a sus hijos cuando la tarea de susten-
tarles se hace muy difícil o muy desagradable. Esto supone una intensa
conmoción para una generación de mujeres criadas por hombres en los
que se podía confiar, en un tiempo en el que los maridos y padres fiables
eran la norma.19
Desarrollo moral
Al final, una sociedad no se construye a base de leyes escritas o constitu-
ciones, sino a partir las elecciones morales de sus miembros. Su textura
social debe ser tejida persona a persona, familia a familia y comunidad a
comunidad. El desarrollo en el ámbito físico es imposible sin el desarrollo
en el ámbito moral, porque, en definitiva, el universo es moral.
Cristo resumió el desarrollo moral necesario. Nos llamó a amar a Dios
con todo el corazón (pasión), alma (vida), mente (intelecto), y fuerzas
(capacidad física), y amar al prójimo como a nosotros mismos (Mar. 12:29-
31). Amar a Dios es el componente vertical; amar al prójimo, el horizontal.
El segundo fluye del primero y es su resultado directo. El amor a Dios se
manifiesta en el amor al prójimo.
140 DISCIPULANDO NACIONES
¿Por qué mencionar el amor en un capítulo acerca de la moral? Lo
comentamos porque el amor es ley moral en acción. Las palabras bíbli-
cas que designan amor y compasión quedan desprovistas de significado
cuando se divorcian de la ley moral. La palabra hebrea hesed significa
amor; agape, en griego. Ambas hacen referencia a la abnegación, al amor
que sirve. Mientras que la palabra compasión significa «acompañar en el
sufrimiento», «sufrir con otro». La verdadera compasión no es sentimenta-
lismo ni lástima. Separados de la ley moral, el amor y la compasión quedan
reducidos a «hacer lo que ayuda a sentirse bien», que podría ser lo opuesto
de lo que es bueno. Dios nos quiere recordar que amar al prójimo es una
manera práctica, esencial y fundamental de demostrarle nuestro amor.
Este es el mínimo irreducible de la Ley de Dios, su voluntad.20
Mangalwadi designa «cultura de la cruz» a la práctica de la ley moral,
porque requiere una determinación activa gastarse a sí mismo por el bien
de otros. Busca primero el reino de Dios y su justicia, a pesar del costo. Es
la búsqueda moral del bien y una implacable rebelión contra el mal. La
Cruz no es símbolo de avenencia, sino de conflicto. La Cruz no es sumisión
pasiva ante el mal. Es una negación activa a inclinarse ante él. Es estar dis-
puesto a asumir las consecuencias de negarse a transigir.21
Cuando las personas aplican la ley moral, ejerciendo autocontrol den-
tro de un marco bíblico moral, establecen un fundamento moral para la
sociedad. Los Mangalwadi definen esto como «nacionalismo moral».* Es
decir, la conexión natural de dos cosas a menudo separadas, el Gran Man-
damiento (amor a Dios y al prójimo) y la Gran Comisión (hacer discípulos
de todas las naciones). Jesús lo resumió diciendo: «Venga tu reino, hágase
tu voluntad en la tierra como en el cielo».
El reino de Dios está regido por una filosofía moral: oikonomía, «la
mayordomía de la casa». El Señor es el Rey, la casa es su creación, los
siervos son todas las gentes que sirven al Rey, y la tarea de la mayordomía
consiste en extender su reino. Hemos de cuidar el jardín, edificar la ciu-
dad, llenar la tierra con el conocimiento del Señor, y bendecir y discipular
a las naciones. Nada es demasiado pequeño ni insignificante para quedar
al margen del reino de Dios. Incluso lo común es redimido. El profeta
Zacarías percibió esto claramente cuando escribió: «En aquel día estará
grabado sobre las campanillas de los caballos: SANTIDAD A JEHOVÁ;
y las ollas de la casa de Jehová serán como los tazones del altar». (Zac.
14:20).
DIOS ES BUENO 141
Justicia significa libertad bajo leyes establecidas por un gobierno. A
pesar de la retórica anti-gubernamental hoy tan extendida, la Biblia afirma
que el gobierno ha sido ordenado por Dios.
Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay auto-
ridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.
De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios
resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos… Pagad
a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto;
al que respeto, respeto; al que honra, honra» (Rom. 13:1-2, 7).
Como hemos visto, la ley moral de Dios coloca los cimientos para tres
columnas básicas de la sociedad civil: justicia, economía y política. Exami-
némoslas más detenidamente.
Justicia
Las leyes del estado deben basarse en la ley de Dios. Puesto que todas las
personas son iguales, la justicia tiene que ser «imparcial». En Lausana,
Suiza, hay una estatua dedicada a la Dama Justicia, con una venda puesta.
En una mano sostiene la espada de la verdad, que apunta hacia la Palabra
de Dios. En la otra sostiene la escala de la justicia. En un orden moral, la
justicia tiene que servir a la verdad. Sin verdad ni responsabilidad moral
no hay justicia. En vez de preguntar qué es verdadero, recto o justo, el secu-
larista se pregunta: «¿Cómo puedo salirme con la mía y eludir las conse-
cuencias?». Se acusa a los abogados del actual sistema judicial de ofrecer
a sus clientes la más firme defensa que pueden. De hecho, los abogados
«hábiles» no preguntan si sus clientes son inocentes o culpables.
El secularismo abre la puerta a la libertad sin responsabilidad moral,
concede licencia para hacer el mal, lo cual es anarquía. Por el contrario, el
teísmo posibilita la libertad con responsabilidad moral, libertad para ser
bueno y hacer el bien, lo cual es libertad. George Washington preguntó lo
siguiente en su alocución de despedida al pueblo estadounidense en 1796:
«¿Dónde radica la seguridad de la propiedad, la reputación, la vida, si se
excluye el sentido de obligación religiosa de los juramentos que son instru-
mentos de investigación en los tribunales de justicia?22
En efecto, ¿dónde? Solíamos poner una mano sobre la Biblia, levantar
la otra y decir: «Juro decir la verdad, toda la verdad y nada más que la
142 DISCIPULANDO NACIONES
verdad». Pero hoy no hay Biblia; solamente levantamos la mano. Hemos
perdido la base bíblica.
No obstante, el hombre sigue siendo responsable de obedecer la ley
superior de Dios. Siempre que la ley del Estado viola la ley moral o un
mandamiento explícito de Dios, entonces, en palabras de Pedro: «Es nece-
sario obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hech. 5:29).
Economía
¿Qué tiene que decir el orden moral acerca de la economía? Actual-
mente se dan tres grandes tendencias.
1. Algunos aseguran que la libertad de mercado es necesaria
para aplicar la ley moral de Dios y manifestar el reino de
Dios en este mundo.
2. Otros, que la libertad de mercado es sólo una forma de hacer
las cosas.
3. Los que adoptan la postura marxista-socialista.
¿Qué bando tiene razón? ¿Hay una respuesta? Yo creo que sí. Me parece
que la primera opción es la correcta. Los mercados libres reconocen que la
riqueza es creada por la mente y la moral, no por la tierra. Los mercados
libres protegen a las personas, creadas a imagen de Dios, del saqueo de los
mercantilistas, los monopolistas y los marxistas. Un sistema que protege la
propiedad privada permite a la gente controlar el fruto de su labor creativa.
Si no somos libres, no podemos crear.
Ciertamente, no estoy abogando por el consumismo hedonista ni por
el capitalismo salvaje. La libertad implica responsabilidad.
La responsabilidad de hacer todo lo posible y de proveer para los seres
queridos no lo es todo en un sistema de libre mercado basado en la ley
moral de Dios. También tenemos que reconocer el mandato de proveer
para nuestro prójimo. Dar es un imperativo moral. Los individuos libres
y un mercado competitivo compensan con nuestra responsabilidad para
con la comunidad. Hemos de amar a nuestro prójimo como a nosotros
mismos. «Hay más dicha en dar que en recibir» (Hech. 20:35) no es sólo
una frase agradable; es un principio fundamental para la vida. Al contrario
de los preceptos fallidos del marxismo, hemos de dar voluntaria, alegre
DIOS ES BUENO 143
y liberalmente. La vida económica debe estar regida por una cultura de
generosidad, no de envidia, titularidad y codicia.
Si separamos la economía de sus fundamentos morales, sale a la pales-
tra la clase de consumismo hedonista que vemos en Occidente, ya que la
avaricia y la corrupción se disparan. Por su parte, el sistema económico
amoral que propuso el comunismo no es mejor. Destruye la creatividad
de la gente y la convierte en engranajes de la maquinaria de producción
estatal.
Política
Martin Luther King dijo: «¡Viva la libertad!». La libertad humana es un
imperativo moral, bíblico. Debido a que el hombre es pecador en el fondo
de su ser, no se debe concentrar demasiado el poder, o sobrevendrá la tira-
nía. El famoso dicho de lord Acton es aquí pertinente: «El poder tiende a
corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente». Debemos prote-
gernos de nosotros mismos.
Estados Unidos separa los poderes ejecutivo, legislativo y judicial del
estado mediante un sistema de controles y equilibrios para protegerse de
todo peligro de concentración de poder. Los suizos van aún más lejos, y
colocan los poderes separados del Estado en ciudades distintas, para que
resulte más difícil la complicidad entre los políticos.
Recuerde que la libertad política es libertad para hacer el bien. Nunca,
permiso para hacer el mal. Como nos recuerda Russell Kirk, vivimos en
un universo moral en el que Dios nos ha dado instrucciones para flore-
cer. «La Ley no fue un castigo o una carga opresora impuesta al pueblo: al
contrario, fue un don precioso de Jehová, por el cual Israel podría existir
y experimentar justicia. La Ley de Jehová fue el método para vivir consigo
mismo y convivir con el prójimo; fue el medio de recuperar orden en el
alma y en la comunidad».23
Preguntas para el estudio
1. ¿Qué diferencia hay entre la idea clásica y la idea moderna de la
«moral»? ¿Por qué es importante hacer esta distinción?
2. ¿Qué influencia causaron los Diez Mandamientos en el mundo
animista?
144 DISCIPULANDO NACIONES
3. ¿Por qué son importantes los Diez Mandamientos para el desarro-
llo de los pueblos y las sociedades?
4. Dennis Prager afirma que fue la concepción judía, y después cris-
tiana, del matrimonio de pacto lo que hizo posible la civilización
occidental. ¿Cómo fue esto posible? ¿Qué sucederá en el mundo
occidental a medida que reincide en la idea pagana de sexualidad?
5. «¡Hemos quedado reducidos a hombrecillos que buscan tonte-
rías!» ¿En qué ve usted esta tendencia en su comunidad? ¿Y en su
propia vida?
6. ¿Cuáles fueron algunas consecuencias del pecado del hombre?
7. Identifique cuatro o cinco maneras en las que el pecado engendra
pobreza en su comunidad.
8. ¿Cómo puede empezar a usar el desarrollo moral para luchar con-
tra la pobreza? Sea específico.
9. Las leyes morales establecen un fundamento para edificar socie-
dades civiles en: justicia, economía y política. Conciba un plan o
instrumento de enseñanza que ayude a los líderes de la comunidad
a comprometerse.
19. ¿Qué preguntas o desafíos se le ocurren en respuesta a las ideas
presentadas en este capítulo?
PART 3
SU REINO
En el principio creó Dios los cielos y la tierra. . . . Y vio Dios todo
lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.
Génesis 1:1, 31
La creación dejada sola es incompleta, y los hombres están llama-
dos a ser creadores con Dios, para manifestar las potencialidades
que el Creador ha ocultado. La creación está llena de secretos que
esperan ser descubiertos, adivinanzas que el Creador espera que la
inteligencia humana descifre. El mundo no surgió de las manos de
Dios con la riqueza que el hombre puede desarrollar.
Michael Novak, El espíritu del capitalismo democrático
7
LA CREACIÓN ES UN SISTEMA ABIERTO
Expansión de los límites
L os bengalíes cuentan a veces esta historia poco halagadora acerca de
sus vecinos hinduistas de la India:
Un día se apareció un genio a un granjero de la India para comunicarle
que le concedería un deseo, cualquier cosa que él quisiese. Alborozado,
el hombre se puso a pensar en una gran riqueza. Entonces el genio le
dijo: «Pero sólo con una condición: que tu vecino reciba el doble que
tú». El campesino entristeció súbitamente y pidió al espíritu que le dejara
pensarlo aquella noche, a lo cual accedió el geniecillo. Al día siguiente,
regresó el geniecillo. Y el granjero le respondió: «Ya lo he decidido:
Sáqueme el ojo derecho».1
Sin duda esta parábola, hasta cierto punto una caricatura, ilustra la
perspectiva trágica de muchísimas personas que se aferran a la cosmovi-
sión animista. Para tales personas, el universo está cerrado, es un juego de
suma cero. Nadie gana sin que alguien pierda. No hay un escenario en el
que todos salgan ganando.
Cuando una mentalidad de escasez de bienes, o de suma cero, se
adueña de un individuo o cultura, divide personas y naciones entre sí y
fomenta un espíritu de envidia y victimismo. Más aún, ciega a la gente, que
no ve sus propios recursos ni su potencial creador de riqueza. En vez de
147
148 DISCIPULANDO NACIONES
vislumbrar las propias posibilidades, se envidia a otros que parecen tener
más. Kim Cone, misionera en un pueblo animista de África, opina:
Una raíz del problema [en las culturas animistas] es la envidia. Y la envi-
dia se alimenta por la creencia cultural en la escasez de bienes… Las cul-
turas animistas creen que la tarta o pastel tiene cierto tamaño. De modo
que cuando una persona ve que a su vecino le va mejor que a ella, sólo
puede concluir que el vecino ha manipulado el mundo espiritual para
sustraer un pedazo demasiado grande de tarta… La envidia relacionada
con la pérdida percibida de una porción de tarta empuja a la persona… a
intentar menoscabar a su conciudadano, a quien le va bien.2
En un sistema cerrado, la confianza, y el amor al prójimo, están ausen-
tes. Esto es verdad tanto en el animismo como en el secularismo. Cada uno,
a su manera, ve el universo como un lugar de oportunidades y recursos
limitados. Pero el teísmo bíblico, al concebir que la «naturaleza» ha sido
creada por una Persona, en vez de un producto de fuerzas impersonales, es
un sistema abierto. La creación puede ser gestionada; en efecto, fue dise-
ñada con este propósito. Todos pueden ganar. Se puede crear riqueza. El
desarrollo, pues, tiene más que ver con descubrir y explorar el mundo de
Dios que con intentar ayudar a la gente a sobrevivir. Se trata de gestionar
el capital interno, que incluye la mente, la imaginación, los dones que Dios
nos ha dado, junto con el capital moral y metafísico. También se trata de
gestionar los recursos externos —la tierra, el capital social, las infraestruc-
turas físicas y toda clase de instituciones humanas.
Así pues, dadas las diferencias entre estas dos cosmovisiones básicas,
¿cómo ayudaremos a comunidades y naciones a desarrollarse? Histórica-
mente, ha habido dos enfoques básicos, radicalmente distintos. El primero,
y más ampliamente empleado, se puede denominar Desarrollo Basado en
la Necesidad (DBN). Los que practican el DBN llegan a una comunidad,
preguntan a la gente cuál es su necesidad, y después procuran satisfacerla
importando recursos externos. Las consecuencias involuntarias del DBN,
modelo económico de suma cero, son dependencia paralizante y mayor
pobreza.
El segundo enfoque se denomina Desarrollo Basado en Activos (DBA).
Los que practican el DBA llegan a una comunidad y ayudan a sus miem-
bros a descubrir su capital interno y externo. Luego les preguntan «cómo
pueden usar los activos que tienen para desarrollar su vida, su familia y su
LA CREACIÓN ES UN SISTEMA ABIERTO 149
comunidad». El DBA es una aplicación lógica de la cosmovisión judeocris-
tiana, según la cual los seres humanos son portadores de la imagen de Dios
y los recursos son producto de la imaginación y la innovación humanas.3
Bajo este modelo, se anima a la gente a crear empleo, no sólo a buscarlo.
Singapur demuestra la fuerza del DBA. Esta ciudad-estado está situada
en una isla de sólo 40 kilómetros de longitud. Prácticamente, no cuenta
con recursos naturales. De hecho, tiene tan pocos recursos, que tiene que
importar agua de la vecina Malasia. Con cinco millones de habitantes, Sin-
gapur alcanza la segunda densidad de población más alta del mundo. La
sabiduría convencional diría que Singapur debería ser uno de los países
más pobres del mundo —y en realidad, fue bastante pobre hasta más o
menos 1965. Pero, de hecho, en tan sólo medio siglo, Singapur, casi sin
recursos naturales, se ha convertido en una de las naciones más ricas del
mundo. ¿Cómo pudo alcanzar esa notable condición? Gracias al sabio
desarrollo de dos activos: (1) Un puerto de aguas profundas cerca de las
principales rutas comerciales marítimas del Pacífico, y (2) la mente crea-
tiva e innovadora de su pueblo.
La solución a la pobreza humana en todas sus formas no se halla en
una interminable redistribución de riquezas escasas, sino en el uso de la
mente y la imaginación para crear nueva riqueza. No obstante, los secu-
laristas, y los que han sido influidos por sus enseñanzas, están encerrados
en una cosmovisión que siempre ve el vaso ecológico medio vacío. Ellos
creen que vivimos en un sistema cerrado, que los recursos son limitados
y siempre menguantes. Sus hermanos animistas viven con una mentali-
dad de pobreza, no creen en las leyes naturales, lo que corta de raíz toda
clase de progreso científico. El animismo se basa en la creencia de que
una sobrenaturalidad siniestra —ley natural impredecible— impregna y
controla cada esfera de la vida. El mundo está animado por dioses capri-
chosos, demonios, brujas y espíritus de los antepasados. Las enfermeda-
des y otras desgracias proceden supuestamente de maldiciones invocadas
por los espíritus. No es de extrañar que la resignación y la desesperanza
imperen en el mundo animista. Pero los que contemplan el mundo como
creación de Dios lo observan desde una perspectiva radicalmente distinta.
No ven límites, sino potencialidades; sólo les constriñe su creatividad y su
mayordomía moral. «Incontables partes de la creación de Dios permane-
cieron baldías durante milenios hasta que la inteligencia humana descu-
brió valor en ellas. Muchas de las cosas que hoy consideramos recursos no
150 DISCIPULANDO NACIONES
eran conocidas como tales hace cien años. Muchas de las que pueden llegar
a ser valiosas siguen estando baldías hoy».4
El mundo real: Tres perspectivas
En el capítulo 2 comentamos las tres concepciones del secularismo
evolucionista, el secularismo revolucionario y el animismo, antes de intro-
ducir el teísmo en el capítulo 3.Cada uno de estos relatos —el secularismo,
el animismo y el teísmo bíblico— ven el hombre y la «naturaleza» de forma
radicalmente distinta. Los tres se oponen entre sí y sólo uno concuerda con
la realidad. La tabla en la figura 7.1 refleja estas diferencias.
La «naturaleza» de la naturaleza
Animismo Teísmo Secularismo
Soberano Naturaleza Dios Hombre
Perspectiva Biocéntrica Teocéntrica Antropocéntrica
Naturaleza Caprichosa Sistema Sistema
abierto cerrado
(Sin sistema) (Creado)
Hombre Un espíritu Una mente, Una boca,
Imagen de Dios El animal
(Alma viviente) supremo
Recursos Bienes Suma Suma cero
limitados positiva
Rol del hombre Devoto Mayordomo Consumidor
Víctima Regente Extractor
El «dios» del secularismo es el hombre, ya que se sitúa en la parte supe-
rior de la cadena alimentaria evolutiva. Este enfoque, como cabía de espe-
rar, es completamente antropocéntrico. Considera que el hombre ocupa el
centro del universo. Éste existe para él. Pero la arrogancia del hombre es
atenuada por la convicción de que la realidad es impersonal y puramente
física, que la materia es lo único que importa.
LA CREACIÓN ES UN SISTEMA ABIERTO 151
Se concibe la «naturaleza» como un sistema cerrado de causas y efectos
materiales. No hay realidad espiritual más allá del sistema ni espíritu dentro
del hombre. Las personas son simples piezas o engranajes de la máquina.
El libre albedrío es una ilusión. Los términos que se eligen para designar
el universo externo son reveladores. Solíamos llamarlo creación, lo que
implica la existencia de un Creador. Pero ahora lo llamamos naturaleza,
que hace referencia a lo que es «natural». Los cristianos usan el término
sin darse cuenta siquiera que han renunciado a la batalla de la definición.
Según el secularista, la naturaleza es lo único que hay (o como dijo Carl
Sagan: «El cosmos es lo único que ha habido, que hay y que habrá»). Lo
que vemos es simplemente la suma de interacciones al azar de materia y
energía en el tiempo. La realidad está regida exclusivamente por las leyes
irracionales de la física y la química. Vivimos en un sistema cerrado, como
indica la figura 7:2.
Naturaleza
Concepción secularista
Por lo tanto, somos poco más que bocas, consumidores de recursos
limitados. No somos peores que los «otros» animales, pero tampoco mejo-
res. Todo pensamiento sobre la racionalidad o la creatividad del hombre
no es más que un residuo de la cosmovisión teísta. Se nos dice que algunas
personas son pobres porque otras son ricas. La solución es redistribuir a
los pobres recursos escasos.
No obstante, el secularismo encierra una contradicción insoluble.
A pesar de su preocupación manifiesta por la «escasez de recursos», su
152 DISCIPULANDO NACIONES
carencia de normas morales objetivas significa que la administración de la
tierra acaba rápidamente en explotación. Se valora la naturaleza solamente
por sus beneficios económicos a corto plazo. El objetivo es vivir en la opu-
lencia. Una antigua pegatina o calcomanía en los parachoques lo resume
de forma sucinta: «Gana el que muere con más juguetes».
Secularismo: El «problema» de la sobrepoblación
¿Cómo descendió Occidente de la visión teísta a la secular? El divorcio
se produjo antes de lo que uno se puede imaginar. No fue Darwin, sino
Descartes, quien se puso en la brecha entre estas dos cosmovisiones. René
Descartes, filósofo francés del siglo XVII, puso el mundo al revés con su
famosa sentencia: Cogito, ergo sum. «Pienso, luego existo». «Cuán distinto
al enfoque de Santo Tomás de Aquino, para quien ¡no es el pensamiento lo
que determina la existencia, sino la existencia, «esse», lo que determina el
pensamiento! Creo en la manera que pienso porque soy lo que soy —una
criatura— y porque Él es quien es, el Misterio absoluto increado».5
Después de Descartes, la verdad dejó de ser una realidad trascendente
para ser realidad física en la tierra, accesible por medio de la investigación
o la razón. Este optimismo infundado en la capacidad humana sofocó len-
tamente la necesidad percibida de realidad trascendente en las personas.
Durante la Ilustración, pocos se dieron cuenta de que su fe optimista en la
razón humana no era más que un pulido envoltorio de la tentación de la
serpiente en el huerto.
Pero tres individuos surgidos en la post-Ilustración europea encarna-
ron las temibles implicaciones de un mundo a la deriva de su Creador. El
primero en analizar un mundo sin Dios fue Nietzsche. Como vimos en
el capítulo 4, si Dios está muerto, todo lo que tiene existencia en Él tam-
bién lo está. Por eso la idea principal de Nietzsche es que «el hombre está
muerto». No hay inmortalidad, con lo cual la vida es absurda, no tiene
sentido ni propósito. La muerte reina. En medio de esta atmósfera nihi-
lista, el héroe es el individuo que se levanta sobre los débiles, los frágiles,
los hambrientos, los pobres y los pusilánimes, en aras de la «voluntad de
poder». El historiador Paul Johnson dice que Nietzsche reconoció que «la
muerte de Dios» suponía un hito en la historia.
Pero más que como una invención concebía a Dios como una baja, y
su fallecimiento, un acontecimiento histórico importante, que acarrearía
LA CREACIÓN ES UN SISTEMA ABIERTO 153
consecuencias dramáticas. Escribió en 1866: «El mayor acontecimiento
de los últimos tiempos —que Dios ha muerto, que la creencia en el Dios
cristiano ya no es sostenible— está empezando a proyectar sus prime-
ras sombras sobre Europa». Entre las razas más adelantadas, el declive y
colapso definitivo del impulso religioso dejará un enorme vacío. La his-
toria de los tiempos modernos es en gran parte la historia de cómo se ha
ido llenando ese vacío. Nietzsche percibió claramente que el candidato
más probable para llenar ese vacío sería «la voluntad de poder». A la
creencia religiosa sucedería la ideología secular. Los que una vez milita-
ran en las filas del clero totalitario serían entonces políticos totalitarios.
Y, sobre todo, la voluntad de poder produciría una nueva clase de mesías,
que haría caso omiso a cualquier tipo de sanción religiosa, movido por
un apetito insaciable de control de la humanidad.6
Por supuesto, sin la teoría evolucionista de Charles Darwin (1809-
1882), puede que Nietzsche no hubiera tenido ocasión de lamentar la
«muerte de Dios». Darwin, naturalista británico, allanó el camino a Nietzs-
che con su libro El origen de las especies, que, justo es decirlo, también puso
patas arriba el mundo. Su obra proporcionó una explicación naturalista
del universo opuesta al teísmo bíblico. Puesto que, según el darwinismo, la
vida evolucionó, de manera natural, de formas inferiores a formas superio-
res, muchos creyeron que ya no necesitaban creer en un Creador.
La teoría de Darwin se ha resumido como «supervivencia de los más
aptos». Como Nietzsche, el darwinismo entronizó el hombre en el centro
del universo: es el producto más complejo, y por tanto, superior, de los pro-
cesos evolutivos de selección y mutación aleatorios. El homo sapiens, el más
apto de todos los animales, puede emplear su fuerza bruta para conquistar
no sólo la naturaleza, sino también a los miembros más débiles y enfer-
mizos de su propia especie. No es difícil averiguar de dónde saco Nietzs-
che su idea del «superhombre» totalitario. La teoría de Darwin, en manos
de secuaces seculares, pronto se convirtió en una ideología —el «evolu-
cionismo»—, en una creencia incuestionable en la sociedad occidental a
mediados del siglo XX. En esta ideología no tiene cabida la santidad de la
vida humana. Engendró la eugenesia (ciencia de la mejora del hombre). De
ahí al genocidio el trecho fue muy corto —la matanza de pueblos enteros,
como la del pueblo judío.
El tercer miembro del mencionado trío fue Thomas Malthus (1766-
1834), pastor anglicano y deísta cuyas ideas acerca de la población y el
154 DISCIPULANDO NACIONES
suministro de alimentos desataron un debate por más de dos siglos. La
obra seminal de Malthus, El principio de la población, publicada en 1798,
sigue influyendo mucho en las élites. Sus seguidores se han obsesionado
con lo que denominan «problema de la sobrepoblación», según el cual el
número de personas superará finalmente el suministro de alimentos. Como
consecuencia de esta línea de pensamiento, los pobres podrían llegar a ser
desechables; la naturaleza se abrirá camino, a medida que las hambrunas
diezmen la población a niveles más «manejables». El columnista Alexan-
der Cockburn ha escrito: «En el tiempo de Malthus se respondió induda-
blemente al problema de los pobres cuando los británicos no hicieron nada
por aliviar al millón de campesinos irlandeses hambrientos.7
Los científicos neo-maltusianos han persistido en articular esta pos-
tura, afinando de continuo sus pronunciamientos para adaptarlos a los
temas de actualidad. En 1968, el biólogo estadounidense Paul R. Ehrlich
argumentó en su libro La explosión demográfica que la sobrepoblación
causa directamente malnutrición y hambruna. A pesar de que el argu-
mento de la sobrepoblación se ha desinflado en los últimos años,8 Ehrlich
aún no se arrepiente. En cualquier acontecimiento, los viejos impulsos aún
persisten. Entre los científicos, la causa del día de la «porción limitada de
pastel» ha cambiado de la sobrepoblación al calentamiento global (actual-
mente re-envasada como «cambio climático»). En cualquier crisis global
que los secularistas decidan resaltar prevalece el hecho de que sus temores
radican en su cosmovisión.
Gracias a Nietzsche, Darwin y Malthus, el mundo moderno cree que
«el hombre está muerto». El credo sigue siendo «la supervivencia del más
apto». Los científicos siguen obsesionados con un mundo al borde de la
extinción, que al final hace que la gente sea desechable. Los supuestos
básicos que arraigaron en la Ilustración han urdido un espeso tejido meta-
físico que sofoca a la sociedad occidental produciendo, la «cultura de la
muerte».
Otra figura clave en este asunto fue Margaret Sanger, fundadora de la
Liga Estadounidense de Control de la Natalidad, hoy conocida como Plan-
ned Parenthood (Paternidad Responsable). Como maltusiana y darwinista
hasta la médula, estaba completamente convencida de que las «razas infe-
riores» eran «malas hierbas humanas» y una «amenaza para la civiliza-
ción»… Se propuso «crear una raza pura sangre», recomendando «más
hijos para los aptos y menos para los incapacitados».9
LA CREACIÓN ES UN SISTEMA ABIERTO 155
En 1920, Sanger escribió: «El acto más piadoso que una familia nume-
rosa puede hacer por uno de sus hijos es matarlo».10 No obstante, el núcleo
de su obra está vertido en su libro The Pivot of Civilization. Ella argumen-
taba que la principal crisis de la civilización no era la sobrepoblación, sino
la «reproducción indiscriminada»,11 que conduce a la degradación bioló-
gica y racial. «Aquí radica el desequilibrio, la gran amenaza biológica para
el futuro de la civilización. ¿Nos encaminamos hacia la destrucción bioló-
gica, hacia ataques progresivos, pero ciertos, contra las reservas de la inte-
ligencia y la salud racial por las hordas siniestras de la irresponsabilidad y
la imbecilidad?».12
Planned Parenthood se expandió a partir de la década de 1920, hasta
convertirse en uno de los defensores más enérgicos del darwinismo social y
la política maltusiana. A finales de 2015, el Centro para el Progreso Médico
acabó de grabar una serie de vídeos titulada Proyecto Capital Humano. Los
documentales exponen encubiertamente que Planned Parenthood prosi-
gue con el legado de cumplir su espantosa misión: vender la cosecha de
órganos de bebés asesinados en abortos tardíos.
La Federación Internacional de Planned Parenthood, en Londres,
cuenta con 149 asociaciones miembros en 189 países.13 El control de
población es el método de selección del movimiento eugenésico. La este-
rilización forzada continúa en la India. Mientras tanto, se dejan notar las
consecuencias de la infame política china de un solo hijo, relajada recien-
temente para permitir dos hijos. Las estadísticas son escalofriantes. Desde
1971, los médicos chinos han llevado a cabo 336 millones de abortos y 196
millones de esterilizaciones.14 ¡China ha abortado más niños que la pobla-
ción total de los EE.UU!
Por causa de la política de un solo hijo y de la preferencia china por
los niños varones, la nación tiene unos 30 o 35 millones más de hombres
que de mujeres en edad de casarse. Tales datos anuncian nefastas conse-
cuencias para la estabilidad social de China y su crecimiento económico
a largo plazo.
Animismo: Los seres humanos han de morir
para que la tierra pueda vivir
Pero este punto de vista, por secular que parezca, se manifiesta de otras
maneras. En efecto, el movimiento medioambiental moderno suele
156 DISCIPULANDO NACIONES
inspirarse en gran medida en el panteísmo, la cosmovisión que afirma que
todo es Dios. Contempla el universo y la naturaleza como un dios a ado-
rar. Tiende a considerar el hombre moderno como una enfermedad que
destruye la tierra, un cáncer, un germen patógeno, un eco-tumor. Peter
Berger, director del Instituto para el Estudio de la Cultura Económica en la
Universidad de Boston, ha declarado por vía crítica: «En esencia, no somos
individuos. Somos partículas insignificantes de la vasta, palpitante, totali-
dad de la vida cósmica. Sanamos cuando rendimos nuestra individualidad
engañosa al todo. La vida no es sagrada, sino el proceso vital en su totali-
dad —Gaia, la tierra viva, y quizás todo el universo físico».15
Sin embargo, sus defensores consideran la teoría Gaia una nueva metá-
fora y modelo para el siglo XXI: «La teoría Gaia postula que los compo-
nentes orgánicos e inorgánicos del planeta Tierra han evolucionado juntos
como un solo ser, como un sistema auto-regulador… En pocas palabras,
“la vida mantiene las condiciones adecuadas para su propia supervivencia”.
A este respecto, el sistema vivo de la Tierra se puede considerar análogo a
las funciones de cualquier organismo que regula su temperatura corporal,
salinidad en la sangre, etc.».16
Naturaleza
Concepción animista
En este marco panteísta, el universo está «vivo», la tierra es un sistema
vivo y auto-regulador. En un sentido real, las personas (aparte del sistema)
son intrusos en la tierra. El propósito del hombre, es pues, liberar a la tierra
LA CREACIÓN ES UN SISTEMA ABIERTO 157
de sí mismo, cesar de existir. Según este sistema, la «Madre naturaleza» es
dios, pero una madre cruel. Berger añade:
Gaia tiene otro rostro. Se ha revelado más plenamente en la India. Allí
recibe el nombre de Kali-Durga, consorte de Shiva, la diosa que da y des-
truye la vida. Se exhibe desnuda, con cuatro brazos, con la boca abierta
para exhibir sus colmillos sangrientos. En sus cuatro manos sujeta una
nariz, un báculo con extremo en forma de cráneo, una espada y una
cabeza hendida. Danza sobre un montón de cadáveres. Muchas perso-
nas, incluso tal vez usted, creen que aún no están listas para esta visión,
pero le aseguro que es el futuro al que nos llama; es el futuro que hemos
abrazado.17
Elizabeth Kolbert publicó un artículo el New Yorker titulado «El caso
contra los niños: ¿Es inmoral la procreación?», donde analiza el provo-
cativo libro de David Benatar, Better Never to Have Been: The Harm of
Coming Into Existence, que examina la idea gaia, esto es, que tenemos que
morir para que el planeta pueda vivir. Kolbert afirma:
Tomada en serio, la lógica de Benatar conduce a lo que podríamos llamar
Conclusión conclusiva. Si todos conociéramos el daño que hacemos al
tener hijos y dejáramos de tenerlos, al cabo de un siglo aproximadamente,
la población del mundo sería cero. Para Benatar, este sería un resultado
muy deseable. «Los seres humanos ostentan la desgraciada distinción de
ser la especie más destructiva y perniciosa sobre la tierra», escribe. «La
cantidad de sufrimiento que hay en el mundo se podría reducir drástica-
mente si no vivieran más seres humanos».18
Lisa Hymas, autora y editora de publicaciones medioambientales y
ecológicas, ha decidido no tener hijos para salvar el planeta. Se identifica a
sí misma como inclinada a la ecología, nada de niños.19
En 2009, el film Avatar, de James Cameron, obtuvo gran éxito mun-
dial. La película ahonda en la cultura materialista, corrupta, agonizante
y su culto al hombre del futuro con el culto a la naturaleza representada
por el clan Na’vi del planeta Pandora. La película sirvió como «panfleto»
promocional para una cultura neopagana y una cosmovisión panteísta.
Puesto que la naturaleza existe por sí misma y es superior en el orden jerár-
quico del cosmos, hemos de adorarla y temerla. Hemos de someternos a
la naturaleza, no administrarla. Nuestro objetivo, si es que lo tenemos, es
158 DISCIPULANDO NACIONES
simplemente sobrevivir y luego esperar finalmente ser absorbidos por la
naturaleza.
Teísmo: La realidad
En contraste con el universo cerrado del secularismo, y el universo místico
del animismo y el panteísmo, el teísmo bíblico se abre a Dios y a la humani-
dad. Dios está en el trono. Él es infinito y personal, y el universo que creó es
material y espiritual. De modo que la riqueza pertenece a dos esferas. Usa-
mos la mente y el cuerpo para controlar y conformar la materia. Debido a
que el cosmos, manifestación de la creatividad de Dios, está también sujeto
a la creatividad humana, el universo es un sistema abierto maravilloso.
Pero como está regido rutinariamente por la ley natural, podemos actuar
en él y esperar progreso.
¡Cuán distinta a la concepción secular, que considera que el universo es
un sistema mecánico sin intervención «exterior» —ya sea de Dios, a quien
se niega, ya sea del hombre, que no es más que una pieza de la máquina!
El sistema bíblico está abierto a Dios, a los ángeles y a las personas.
Dios, por supuesto, no forma parte de su creación, como tampoco un autor
forma parte de su libro. Dios es trascendente, ha existido desde la eterni-
dad y no depende en absoluto del universo. En efecto, es justamente al
revés. Como afirma Colosenses, Jesucristo lo sostiene todo con su poder.
Dios creó el universo ex nihilo, de la nada, y sigue sosteniéndolo por su
providencia omnipotente. «Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas
en él subsisten» (Col. 1:17).
Por supuesto, la Biblia está salpicada de fascinantes relatos que indican
que la creación también está abierta a la obra de los ángeles. Como expresó
magníficamente el autor de Hebreos: «¿No son todos los ángeles espíritus
dedicados al servicio divino, enviados para ayudar a los que han de heredar
la salvación?» (Heb. 1:14) NVI.
Y ciertamente, la creación está abierta a los seres humanos. Aun
cuando los seres humanos son criaturas, con el resto de la creación, son
también mucho más. Como seres creados a imagen de Dios, podemos
influir en el sistema. Podemos incluso influir en Dios, quien es omnipo-
tente y omnisciente, en maneras que ni siquiera podemos imaginar. Tanto
Moisés como Abraham persuadieron a Dios a «cambiar de idea» (véase
Éxo. 32:11-14 y Gén. 18:16-33), al menos desde nuestra perspectiva. El
LA CREACIÓN ES UN SISTEMA ABIERTO 159
medio hermano de Jesús escribió: «La oración eficaz del justo puede
mucho» (Sant. 5:16).
Si los seres humanos pueden marcar una diferencia en el ámbito espi-
ritual, ¿sorprende que podamos influir en el medio físico? No es una idea
nueva. En 1541, Paracelso escribió: «Dios no creó los planetas y las estrellas
con la intención de que dominaran sobre los hombres, sino para que, como
las otras criaturas, les obedecieran y les sirvieran».20
Aunque la creación depende de Dios, el hombre —como mayordomo
de Dios— tiene la capacidad de desenvolver el propósito de Dios para ella.
Piense en los hermanos Wright, dos mecánicos de bicicletas en los Estados
Unidos, que por aquel entonces era una «nación emergente». Soñaron con
volar y se propusieron construir una máquina (el avión) con que poder
hacerlo. Su invención y su descendencia posibilitaron todo un nuevo
mundo para la familia humana.
El hombre, creado a imagen de Dios, se relaciona primeramente con Él,
«La Mente suprema». La mente es el recurso supremo. La Mente suprema,
Dios, existía antes de la creación de la materia. El autor de Hebreos explica:
«Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de
Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía» (Heb. 11:3).
La Mente suprema creó y aún controla la materia. Al hombre le ha sido
delegada la capacidad de actuar creativamente, de originar ideas, y, con sus
propias manos, introducir esas ideas en el mundo físico. Los recursos se
crean y se descubren. No brotan de la tierra. Brotan de la mente humana.
El economista Julian Simon lo expresa de esta manera:
Yo no creo que la naturaleza ofrezca una prodigalidad sin límites….
nuestra abundancia es la mente y el corazón humanos, no un ambiente
natural cual Santa Claus…
Los recursos en forma bruta sólo son útiles y valiosos cuando se descu-
bren, se estudian, se recolectan y se aprovechan para cubrir las necesida-
des humanas.21
Por tanto, no vivimos en un universo de suma cero, sino en uno de
suma positiva. Los recursos sólo están limitados por nuestra imaginación
moral, creatividad y mayordomía. El teísmo bíblico afirma que la riqueza
radica principalmente en las mentes y corazones de la gente, y, secundaria-
mente, en la materia. Podemos acabar con la pobreza creando sociedades
160 DISCIPULANDO NACIONES
que permitan libremente a los hombres y las mujeres crear abundancia
para sí mismos y para sus comunidades.
Warren Brookes ha escrito:
Estamos descubriendo que toda actividad económica es… la práctica de
la tecnología, el uso y despliegue de nuestro conocimiento e inteligen-
cia para convertir una materia aparentemente inútil en productos cada
vez más útiles y valiosos, para generar riqueza donde antes no existía.
La verdadera economía, como la verdadera metafísica, anti-entropía,22
como una constante imposición de orden, utilidad y organización sobre
un mundo material, por lo demás, caótico y aparentemente agotado…
El lúcido libro de Julian Simon, El último recurso, documenta con esta-
dísticas pormenorizadas el hecho de que los recursos naturales no se
están agotando; en realidad la historia de la humanidad muestra que
hay una base de recursos en constante expansión. «Al encontrar nuevos
yacimientos, inventamos mejores métodos de producción y descubrimos
nuevos sustitutos», dice Simon «La limitación fundamental sobre nuestra
capacidad de disfrutar materia prima ilimitada a precios razonables es el
conocimiento… y la fuente del conocimiento es la mente humana».
Jesús lo dijo de manera más sencilla: «El Espíritu da vida; la carne no vale
para nada». Esta no es solamente una verdad religiosa, sino una declara-
ción práctica de una realidad espiritual infinita que estamos empezando
a entender, a saber, que es en las ideas y conceptos de la mente donde
se halla la verdadera riqueza, no en los recursos materiales escasos y
finitos.23
Aunque algunos discutirían con Brooks cómo aplicar las palabras
de Jesús, entre la respuesta bíblica a la pobreza y la secular «hay un gran
abismo». El pastor y teólogo Dennis Peacocke resume acertadamente esta
distinción.
La ficción [del materialista] es que sólo hay una cantidad fija de riqueza
en el mundo y que, por tanto, la ganancia de uno exige la pérdida de otro.
Por tanto, los ricos sólo pueden llegar a ser ricos explotando a los otros;
los pobres se hacen pobres por ser víctimas explotadas. De modo que el
estado procura restaurar la «justicia» tomando de los ricos y dándolo a
los pobres.
La respuesta bíblica a la pobreza… es llamar a los pobres al Reino, ins-
truirles para que adopten las actitudes mentales y morales de buenos
mayordomos sometidos a Dios, y enseñarles destrezas para empezar a
crear ellos mismos riqueza.24
LA CREACIÓN ES UN SISTEMA ABIERTO 161
Las personas que reconocen que el universo es un sistema abierto
entienden que la economía es un «juego de suma positiva». Los recursos
son producto de la imaginación y la creatividad humanas. La riqueza se
puede crear. Piense en la riqueza y los empleos creados por Apple.
Steve Jobs y su colega Steve Wozniak fundaron Apple en abril de 1976.
En abril de 2012, cuando Jobs falleció, el valor de Apple ascendía a la consi-
derable suma de 600 mil millones de dólares, superior al PNB de 18 países.
Además, Apple ha creado más de 500.000 empleos (directa e indirecta-
mente a través de sus socios, cadena de suministros y proveedores de servi-
cios) solo en EE.UU. ¿De dónde procede toda esa riqueza? ¡No de la tierra!
Toda ella se originó en las mentes de dos hombres creados a imagen de
Dios.
El principio del sistema abierto establece oportunidades ilimitadas
para descubrir nuevos mundos, ampliar recursos y crear sociedades de
suma positiva —donde, al menos teóricamente, todos tienen oportunidad
para beneficiarse—. Esto destaca en vivo contraste con el relato del sistema
cerrado del universo, en el que las personas forman parte de la naturaleza
y no pueden intervenir en ella.
Sociedades basadas en la sabiduría
No importa en qué década, los medios de comunicación se hacen eco
de las funestas advertencias de pesimistas medioambientales redomados
como Paul Ehrlich y Al Gore. Aunque quizá, bienintencionado, tal pen-
samiento simplista y unidimensional, trágicamente, pasa por alto que la
mente conforma la materia.
Las estimaciones relativas a los recursos renovables o la actividad eco-
nómica sostenible dependen enteramente del tipo de sistema económico
que se use —y al contrario de lo que uno pueda leer en la prensa, los estilos
de vida más «naturales» realmente consumen más recursos—. El mundo
puede sustentar mucha menos gente en sociedades cazadoras-recolectoras
que en sociedades de pastores y granjeros. Análogamente, a medida que
las sociedades se hacen más agrícolas, y después adquieren conocimiento,
y, finalmente (como estoy abogando), se basan en la sabiduría, su capaci-
dad para abastecer a más personas aumenta drásticamente. Una escuela de
pensamiento sugiere que la capacidad de la tierra es ilimitada para sostener
sistemas económicos basados en el conocimiento.25
162 DISCIPULANDO NACIONES
He aquí algunos datos que dan pie al optimismo tocante al panorama
del desarrollo humano:
• Esperanza de vida. La Organización Mundial de la Salud informa
que en todas partes se está alargando la vida… Basándonos en
promedios globales, una niña nacida en 2012 puede esperar vivir
unos 73 años, y un niño hasta los 68. Esto es seis años más que la
media de esperanza de vida global para un niño nacido en 1990…
Los países con poca renta han hecho mayores progresos, logrando
un incremento medio de la esperanza de vida de 9 años de 1990 a
2012.26
• Hambre. Según las Naciones Unidas, en 2015 «unos 795 millones
de personas en todo el mundo padecían malnutrición, 167 millo-
nes menos que en la última década, y 216 millones menos que en
1990-92».27 El avance es alentador, pero todavía hay muchos que
necesitan nuestra compasión.
• Producción de cereales. La Organización de las Naciones Unidas
para la Agricultura y la Alimentación, informa: «Las perspectivas
actuales sugieren que se podría alcanzar un promedio diario de
disponibilidad energética de 3.050 kilocalorías por persona para
2050 (2970 kilocalorías en los países en desarrollo), mientras que
en 2003-2005 sólo era de 2.770 kilocalorías».28 Aunque hoy toda-
vía mueren personas a causa del hambre (si bien menos que antes),
la escasez de alimentos es regional, no global. A nivel mundial,
sigue aumentando la producción de alimentos.
Julian Simon ganó 1.000 dólares con el mínimo esfuerzo cuando deci-
dió poner a prueba su cosmovisión haciendo una apuesta contra (el maltu-
siano) Paul Ehrlich. Simon retó a Ehrlich a escoger cinco metales básicos.
La apuesta consistió en comprobar si, entre 1980 y 1990, los precios de
los metales subirían o bajarían. Si la perspectiva de Ehrlich era correcta, y
si vivimos en un sistema cerrado, habría más personas que consumieran
estos recursos, y los metales subirían de precio. Si Simon tenía razón y
el mundo era un sistema abierto, los precios de los metales bajarían. En
octubre de 1990, los precios de los cinco metales habían bajado, la cosmo-
visión del sistema abierto de Simon quedó probada (y presumiblemente,
¡su cuenta bancaria aumentó!).29
LA CREACIÓN ES UN SISTEMA ABIERTO 163
El primer mandato de Dios a Adán fue «Fructificad y multiplicaos; lle-
nad la tierra, y sojuzgadla» (Gén. 1:28). Es una orden exigente, que incluye
procurar una sanidad sustancial para la naturaleza, plantarse contra la
decadencia de nuestro mundo caído, y hacer que florezcan profusamente
huertos y desiertos. En última instancia, esto se cumplirá completamente
cuando Jesús retorne y sus siervos fieles sean con Él vindicados: «Porque el
anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos
de Dios… la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción,
a la libertad gloriosa de los hijos de Dios» (Rom. 8:19-21).
Preguntas para el estudio
1. ¿Qué se quiere decir por un «sistema abierto»? ¿Y por un «sistema
cerrado»? ¿Qué diferencias hay entre los modelos económicos de
suma cero y de suma positiva?
2. ¿Qué es el DBN? ¿Qué es el DBA? ¿Qué supuestos sustentan cada
enfoque? ¿Cuál describe mejor la cultura dominante en la que
usted vive y trabaja?
3. ¿Qué ideas han configurado el debate sobre el «problema de la
sobrepoblación?
4. Según Margaret Sanger, fundadora de Planned Parenthood, ¿por
qué está el mundo «superpoblado»?
5. ¿Cómo resuelve el secularismo el problema de la «sobrepoblación»?
6. ¿Dónde ve usted que el pensamiento panteísta ha influido en su
cultura y entre sus amigos?
7. Según el teísmo bíblico, ¿cuál es la naturaleza de la riqueza y los
recursos? ¿Cuál es su fuente?
8. ¿En qué ha cambiado su idea del desarrollo humano gracias a este
estudio?
9. ¿Qué preguntas o desafíos se le ocurren a usted para responder a
las ideas presentadas en este capítulo?
8
LAS LEYES DE LA CREACIÓN
La observancia de las instrucciones
L a cosmovisión secular sostiene que Dios no existe, de manera que no
hay verdad objetiva. Por lo cual, toda pretensión a la verdad tiene que
ver con otra cosa. Los «relativistas culturales» aseguran que toda aspira-
ción a la verdad es relativa a culturas o sociedades particulares. Lo que era
verdad para los antiguos griegos no lo fue necesariamente para los navajos
del siglo XVIII, o para los alemanes del siglo XX. Esta cosmovisión pos-
tula uno de los mayores desafíos contra el desarrollo humano en nues-
tra generación. Como enseñan las «ciencias blandas» de la psicología, la
sociología y la antropología, sostiene que los valores de una cultura no son
mejores (ni peores) que los de otra.1Pero tenemos que recordar que todos
los pueblos, grupos y culturas se mueven en una u otra dirección —de la
prosperidad a la pobreza en todas sus formas, o viceversa—. El mundo está
en constante cambio, y es nuestra cosmovisión, el relato que sostenemos, lo
que impulsa la mayor parte del cambio. Mientras los secularistas y animis-
tas niegan la existencia de leyes que gobiernan este movimiento, el teísta
bíblico sabe que, por cuanto Dios existe, sus leyes o estatutos de la creación,
proporcionan el parámetro para el desarrollo humano de todos los pueblos
en todos los tiempos.
La narrativa de la creación en el primer capítulo de Génesis contiene
nuestra orden de marcha. «En el principio creó Dios los cielos y la tierra»
165
166 DISCIPULANDO NACIONES
(Gén. 1:1), —esto afirma la existencia previa de Dios y su papel como Dise-
ñador y Creador del universo—. «Y la tierra estaba desordenada y vacía, y
las tinieblas estaban sobre la faz del abismo...» (Gén. 1:2), —esto afirma el
estado incompleto de la primera creación.
En los 25 versículos siguientes, Dios se mueve para separar y formar
las materias primas: la noche y el día, la tierra y el agua, los animales y las
plantas, y así sucesivamente. Lo hace por decreto o mandato, mostrando
así que la inteligencia prima sobre la materia. Como dice Juan 1: «En el
principio era el Verbo». El «Verbo» es el Logos, la fuente de la sabiduría, la
inteligencia y el lenguaje. Éstos tienen preeminencia sobre la materia.
Luego pone Dios el toque final a su actividad creadora: los seres huma-
nos, creados a su imagen, diseñados y destinados a gobernar la tierra bajo
el dominio supremo del Soberano (Gén. 1:26-27). Finalmente, Dios des-
cansó (Gén. 1:31-2:3), aunque la creación estaba inacabada. ¿Por qué se
detuvo Dios? «La creación dejada a sí misma está incompleta, y los seres
humanos son llamados a ser creadores con Dios, a descubrir las potencia-
lidades que el Creador ha escondido. La creación está llena de secretos que
esperan ser descubiertos, de enigmas que la inteligencia humana tiene que
desentrañar. El mundo no salió de la mano de Dios con toda la riqueza que
el hombre podría desarrollar».2
Desde antes de la creación del mundo, Dios deseó que el hombre
participara como co-creador, o más exactamente, como «sub-creador».
Nosotros creamos porque estamos hechos a imagen de Dios, pero no de la
misma manera que Él. Dios crea ex nihilo (de la nada). Nosotros innova-
mos partiendo de las cosas que Él antes ha creado. Dios dio a las personas,
vice-regentes suyas, el mandato de la creación. «Y los bendijo Dios, y les
dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread
en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se
mueven sobre la tierra» (Gén. 1:28).
Este mandato de la creación tiene dos aspectos: familiar/social (sean
fructíferos y multiplíquense) y de desarrollo (trabajar la tierra y someterla).
Las personas no fueron destinadas a permanecer en el huerto, sino a salir
hasta los más remotos confines del mundo, a extender el gobierno de Dios,
a «llenar la tierra con el conocimiento de Dios», a cultivar y desarrollar la
tierra. Si, como dijo Shakespeare, «el mundo es un escenario», entonces
el hombre es un actor clave en el escenario divino de la historia. «Hace
historia» en todo lo que hace. No está aquí para sobrevivir los vaivenes
LAS LEYES DE LA CREACIÓN 167
de la naturaleza, rascando y escatimando, de comida en comida, como
hacen las pobres almas atrapadas en culturas fatalistas. No ha de limitarse
a reaccionar ante los acontecimientos. Es responsable de ser proactivo, de
tener una visión de la plenitud de Dios en la tierra. Como afirmó David tan
magníficamente:
Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrellas que tú formaste,
Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria,
Y el hijo del hombre, para que lo visites?
Le has hecho poco menor que los ángeles,
Y lo coronaste de gloria y de honra.
Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos;
Todo lo pusiste debajo de sus pies:
Ovejas y bueyes, todo ello,
Y asimismo las bestias del campo,
Las aves de los cielos y los peces del mar;
Todo cuanto pasa por los senderos del mar.
¡Oh Jehová, Señor nuestro,
Cuán grande es tu nombre en toda la tierra! (Sal. 8:3-9).
El profeta Isaías también implica propósito en el hombre cuando dice:
«Porque rebosará la tierra con el conocimiento del Señor» (Isa. 11:9).
La tierra nos fue entregada con «necesidad de efectuar en ella algún
ajuste». Lo mismo que una bellota no puede convertirse en una gran
encina sin sol, tiempo y terreno, así la tierra precisaba de un proceso de
maduración y desarrollo. Había que explorar la creación, descubrir nuevos
mundos, producir arte y música, acumular conocimiento, fundar grandes
ciudades, y formar pueblos, comunidades y culturas. Es decir, Dios nos
creó para crear cultura. Esto forma parte de nuestra principal vocación.
Propagar «el conocimiento de Dios» presupone y exige propósito, el
cual ha sido estampado en el tejido del universo. Según el premio Nobel
Jacques Monod: «Una de las características fundamentales, comunes a
todos los seres vivos sin excepción, es ésta: ser objetos dotados con un
propósito o proyecto, el cual exhiben, al mismo tiempo, en su actuación…
lo llamaremos teleonomía.3 La palabra teleonomía deriva del verbo griego
teleo, que significa «acabar, concluir». La ciencia, como declara Monod,
reconoce implícitamente un Diseñador que ha imprimido un propósito en
el universo.
168 DISCIPULANDO NACIONES
La historia avanza hacia el cumplimiento del propósito de Dios.
Como hemos visto, Dios se ha revelado a Sí mismo, y su telos, al hombre,
de cuatro maneras. La revelación especial revela el plan de salvación de
Dios por medio de (1) la Palabra escrita (la Biblia) y (2) la Palabra viva
(Cristo). La revelación general revela a Dios a todos los seres humanos
por medio de (3) su semejanza como imagen de Dios y a través de (4) la
creación.
La gracia común* acompaña a la revelación general. Gracia común
significa que el amor de Dios se extiende a todas las personas. El orden
creado sirve a todos. Como dijo Jesús de su Padre: «Que hace salir su sol
sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos» (Mat. 5:45).
Por haber sido creados a imagen de Dios, todos los pueblos son capaces de
conocer a su Creador y las leyes de la creación.
¿Qué leyes son esas? Tres conjuntos primordiales de leyes establecen
los límites para nuestra vida. Las leyes físicas o naturales gobiernan el uni-
verso. A medida que las descubrimos y las aplicamos, ejercemos dominio
sobre la naturaleza. Las leyes morales reflejan el carácter de Dios y pro-
porcionan el prototipo para nuestro desarrollo moral. Por otro lado, las
leyes de desarrollo crean un marco cultural que nos orienta para cumplir el
mandato de la creación de llenar y someter la tierra. Como portadores de
la imagen de Dios, debemos descubrir y aplicar estas leyes.
En 1605, Francis Bacon testificó en El avance del conocimiento:
El rey Salomón, aunque destacó en las facetas de acumular tesoros y
construir edificios magníficos, en el tráfico marítimo y la navegación, en
servir y asistir, en prestigio y renombre, y cosas por el estilo… no reclamó
ninguna de esas glorias, sino únicamente la gloria de inquirir la verdad;
porque dice expresamente: «Gloria de Dios es ocultar un asunto, y gloria
de los reyes el investigarlo»; como si, según un juego inocente de niños,
la Divina Majestad se deleitara en ocultar sus obras, para permitir al final
que las descubran; como que los reyes no pueden obtener mayor honra
que el ser amigos de Dios en ese juego.4
Esto significa que no solamente descubrimos, por ejemplo, un metal
precioso como el oro. Imaginamos los usos subsiguientes del mismo.
Luego, con el tiempo, creamos las cosas que hemos imaginado. Considere
la arena común, que cruje al caminar por la playa y se pega a los pies.
La arena parece bastante insignificante, demasiado abundante como para
LAS LEYES DE LA CREACIÓN 169
tener algún valor. Pero si se le añade cemento y grava, forma hormigón,
que es útil para construir edificios soberbios y suaves carreteras que per-
miten a los vehículos desplazarse por terrenos abruptos a lo largo de cente-
nares de kilómetros. ¿Qué otra cosa podemos hacer con la arena? El cristal
que delimita el interior y el exterior de nuestras viviendas. Las ventanas
de nuestras casas nos protegen de la intemperie, y al mismo tiempo dejan
entrar la luz. ¿Qué más podemos hacer con arena «inservible»? Pues silicio,
el chip que nos permite fabricar teléfonos celulares y computadoras. Así
pues, ¿quién dijo que la arena es insignificante?
Estos tres conjuntos de leyes son intrínsecos al orden creado y univer-
salmente aplicables. Contrastan marcadamente con las leyes civiles, que
establecen límites en la sociedad civil. Por lo general, las sociedades que
basan sus leyes civiles en la ley moral prosperarán; y las que no, decaerán.
La transgresión de las leyes civiles acarrea consecuencias naturales. Moisés
escribió:
«Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal;
porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus
caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para
que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la
cual entras para tomar posesión de ella.
Mas si tu corazón se apartare y no oyeres, y te dejares extraviar, y te incli-
nares a dioses ajenos y les sirvieres, yo os protesto hoy que de cierto pere-
ceréis». (Deut. 30:15-18a).
Establecidas para beneficio del hombre, las leyes de Dios permiten a
individuos y culturas enteras cumplir el plan que Dios tiene para ellos. Las
leyes físicas estructuran la naturaleza, mientras que las leyes metafísicas
conducen al progreso social y humano. Aquellas son descriptivas, en tanto
que éstas, prescriptivas. Las primeras actúan directamente en la naturaleza
y no pueden ser ignoradas, ni siquiera por un segundo. Las últimas actúan
indirectamente a través del hombre, y se pueden dar de lado, al menos
por un tiempo. Las primeras dicen lo que es; las segundas, lo que debe ser
(véase la fig. 8.1). Pero como dijo Cecil B. DeMille, el famoso cineasta del
siglo XX en su discurso inaugural en la Universidad Brigham Young, en
mayo de 1957; «Dios… no creó al hombre y después, como ocurrencia tar-
día, le impuso un conjunto de normas arbitrarias, fastidiosas, coercitivas.
Creó al hombre libre, y luego le dio los mandamientos para asegurar su
170 DISCIPULANDO NACIONES
libertad… No es posible quebrantar los Diez Mandamientos. Únicamente
podemos nosotros rompernos contra ellos —o de otro modo, guardándo-
los, elevarnos, gracias a ellos, a una libertad plena bajo Dios».5
La ética de desarrollo codificada en las leyes de Dios no es vana ilusión.
La realidad la afirma, tanto histórica como prácticamente. La verdad se
justifica a sí misma. Como dijo Jesús: «Pero la sabiduría queda demostrada
por los que la siguen» (Luc. 7:35). Los principios integrados en la ética de
desarrollo conducen al florecimiento humano, incluso en medio del sufri-
miento y la persecución. Estos principios son universales, fijos, eternos y
absolutos. Aunque no hay garantías para la prosperidad material en todas
las situaciones, en nuestro mundo caído, herido por el pecado, proporcio-
nan la fórmula que hace posible la libertad.
Distinción en las leyes de la creación
Leyes físicas y metafísicas
Leyes físicas Leyes metafísicas
Estructuras Guían el desarrollo
El universo humano
Leyes de gravedad Los diez mandamientos
Leyes de movimiento Nuevo mandato de Cristo
Leyes de la física Ética del trabajo
Leyes de la química Sacralidad de la vida humana
Directas Indirectas
(en la naturaleza) (a través del hombre)
A través de causa y efecto En el mandato cultural
Relaciones y en la creación
Co-creadores con Dios
Cuidadores del jardín
Nombres a los animales
Crear hermosura (arte)
No pueden ser violadas Pueden ser violadas. . .
Sin consecuencias Pero sólo temporalmente. La
inmediatas gravedad de las consecuencias
(p. ej., saltas desde un risco aumenta con el tiempo
Y te caes)
Aplicadas mecánicamente Son manifiestas
Constantes en la Mediante el ejercicio
Naturaleza del libre albedrío
Descriptivas Prescriptivas
Cómo son las cosas Cómo deben ser las cosas
LAS LEYES DE LA CREACIÓN 171
Estos principios, que yo denomino «ética de desarrollo», abundan en
la ética del trabajo protestante de Max Weber. Weber notó la relativa pros-
peridad de los países europeos protestantes y se preguntó a qué se debía.
Entendió que su ethos social creaba una dinámica que los sacaba de la
pobreza. Weber reconoció el asombroso poder de las ideas y los ideales,
la visión y la virtud que, cuando se ponen en práctica, transforman nacio-
nes enteras. Discernió la interacción de lo espiritual con lo económico y
lo político. Consideró que la creatividad y la innovación, surgidas en las
mentes de hombres y mujeres, eran fuentes de abundancia.
La Reforma barrió el norte de Europa, cruzó el canal de La Mancha,
llegó a Gran Bretaña, y finalmente cruzó el Atlántico y alcanzó EE.UU.,
llevando consigo un fundamento para la vida cotidiana que repercutió en
el desarrollo económico de esas regiones. En El Espíritu del capitalismo
democrático, Michael Novak argumenta que la aplicación de la filosofía
moral protestante (espíritu) a la vida pública (democrática) y al mercado
(capitalismo) explica la diferencia entre el desarrollo que se produjo en
América del Norte y América del Sur. (Volveremos al argumento de Novak
en el capítulo 9).
El historiador británico Niall Ferguson argumenta, en Civilización:
Occidente y el resto del mundo, que los colonos procedentes del sur de
Europa que se establecieron en América del Sur sólo procuraban expoliar
la tierra de ese gran continente, no desarrollarlo. Por el contrario, los colo-
nos procedentes del norte de Europa establecidos en las «costas estériles»
de América del Norte, llegaron para transformar la tierra en un país prós-
pero mediante el esfuerzo y el emprendimiento innovador.
La ética de desarrollo es el puente entre la cosmovisión judeocristiana
y la vida cotidiana. Contiene una docena de principios morales o filosófi-
cos en tres grupos principales: el espiritual, el humano, y la creación (véase
la fig. 8.2). El factor espiritual se ocupa de lo que otros denominan facto-
res «ultramundanos» o metafísicos. El factor humano establece el marco
para la existencia humana, para entender nuestro lugar en el cosmos. El
factor de la creación establece los parámetros del universo. Estos factores
son una brújula que señala el «verdadero norte» de desarrollo y prosperi-
dad humana, los buenos deseos de Dios para nosotros. Proporcionan el
cimiento metafísico para edificar culturas en infinito número de mode-
los productivos. Igual que Dios creó el universo con diversidad infinita,
172 DISCIPULANDO NACIONES
y a los seres humanos a su imagen, y no obstante, cada uno de nosotros
es absolutamente único, así también su deseo es ver florecer culturas con
gran diversidad y colorido. Algunas culturas destacan en las artes, otras
en descubrimientos científicos, otras innovan en la empresa y el comercio,
y otras en agricultura. Y éstas se mezclan según distintas combinaciones
para crear expresiones singulares, maravillosas, de la familia humana.
Aunque la ética de desarrollo emana de las Escrituras y está bien arti-
culada en la tradición judeocristiana, se basa en principios trascendentes
manifiestos en todo el mundo. Por supuesto, cuantos más elementos de la
ética de desarrollo estén presentes en una cultura, más fácilmente progre-
sará esa sociedad. Al contrario, cuantas más mentiras haya asimilado una
cultura menos fértil será el terreno social para el desarrollo (véase la fig.
8:3).
LA ÉTICA DE
DESARROLLO
El factor metafísico
El universo es en el fondo
Personal
Ético
Inteligible
El factor humano
La vida humana
es sagrada
El hombre es un rebelde
Todos los pueblos y
naciones son iguales
Todos los pueblos y
naciones son únicos
El trabajo es sagrado
El factor creación
La creación es un
sistema abierto
El hombre tiene dominio
sobre la creación
Hay progreso en el
mundo material
La abundancia es creada
y gestionada
LAS LEYES DE LA CREACIÓN 173
Pero ¿qué decir de las culturas que hoy se desarrollan rápidamente
con escasa influencia judeocristiana, como algunas en Asia? ¿Cómo
progresan aun cuando pocas personas reconocen el teísmo bíblico? El
hecho es que, estos principios no pertenecen a los judíos y los cristianos;
rigen la creación y bendicen por igual a todos los humanos que actúan
con suficiente perspicacia como para descubrirlos y aplicarlos. En pocas
palabras, «la gravedad funciona». No es necesario comprenderla; no es
necesario «creer en ella». El hecho es que la gravedad es una ley física
universal. Actúa sobre todos los humanos, no solamente sobre los cris-
tianos y los judíos.
Producción de culturas sanas
V Verdad que adopta la cultura
Principios de la ética de desarrollo
MENTIRA Mentiras que una cultura sostiene
como verdades
MENTIRA ME V MENTIR V MENTIRA
V
NT A
IRA
VV
RA
V
NTI
ME
V
MENTIR MENTIR
A A
V
MEN
TIRA
V V
RA
NTI
MENTIR ME
A
MENTIR
A
Todas sociedades se benefician de las equivalencias funcionales de
la ética bíblica. El confucianismo, por ejemplo, tiene una ética de trabajo
similar a la que articuló Weber. También, funciona en ambos sentidos. La
actual inclinación de Occidente hacia el «presente», con su gratificación
instantánea, y escasa atención al futuro, es un equivalente funcional del
pensamiento animista.
174 DISCIPULANDO NACIONES
La ética de desarrollo enriquece a las sociedades, ya que afirma carac-
terísticas que mejoran la calidad de vida de la cultura, en contraposición
a las que producen muerte. No destruye la cultura en nombre del moder-
nismo, el desarrollo o el cambio. Por otra parte, el desarrollo humano es
cualquier cosa menos un «valor neutro». No contribuye a la tendencia
actual que idolatra la cultura. La ética de desarrollo permite a las personas
ser lo que Dios propone para ellas, reprende algunos aspectos de la cultura
y afirma otros.
Cuando se trata de desarrollo humano, el todo es mayor que la suma
de las partes. No obstante, cuantos más elementos éticos preserva una
sociedad, más preparada está para prosperar. Como las hebras entretejidas
de un trozo de tela, cada hilo toca a los otros en distintos puntos.
Los cristianos que se preocupan por los pobres y hambrientos atra-
pados en el círculo de la pobreza deben articular la ética de desarrollo y
compartir sus valores e ideales con ellos. Pero nuestra tarea no consiste en
imponer un conjunto de valores. No hemos de concebir este gentil proceso
como «civilizar a los salvajes». El desaparecido Chuck Colson enunció una
vez el espíritu en que debemos compartir esta ética: «La Iglesia cristiana
hace una Gran propuesta, invita a todo el mundo a la mesa, sin distinción
de raza, origen étnico, trasfondo o condición económica. Invitamos a las
personas a considerar una cosmovisión que funciona, que tiene sentido, a
través de la cual la gente puede descubrir shalom y desarrollo humano».6
La difusión de esta ética concede al pobre una alternativa, una salida.
Luego tiene que decidir si desea florecer o perecer, abrazar la vida o la
muerte. Por último, el estímulo del desarrollo humano implica discipular a
los individuos y a las culturas, basándonos en la obra creativa y redentora
de Dios y su historia (véase la fig. 8.4).
Preguntas para el estudio
1. Mencione los dos aspectos del mandato de la creación
2. ¿Qué significa lo siguiente: «La tierra fue entregada al hombre con
“necesidad de efectuar en ella algún ajuste”»?
3. Describa los tres conjuntos principales de leyes —leyes naturales,
leyes metafísicas (morales) y ética de desarrollo.
4. Identifique cinco diferencias entre las leyes físicas y las leyes
metafísicas.
LAS LEYES DE LA CREACIÓN 175
5. ¿Tiene una persona que ser cristiana para apreciar y aplicar la ética
de desarrollo? ¿Por qué sí o por qué no?
6. Ilustre al menos una manera en que la ética de desarrollo es apli-
cada y otra manera en que es violada en la comunidad donde usted
trabaja.
7. ¿Qué preguntas o desafíos se le ocurren en respuesta a las ideas
presentadas en este capítulo?
PART 4
SUS MAYORDOMOS
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó;
varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: «Fructifi-
cad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los
peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se
mueven sobre la tierra».
Génesis 1:27–28
Toda la creación se presenta como una obra de desarrollo cósmico.
En el principio la tierra estaba «desordenada y vacía», pero con
pericia artesana Dios la moldeó, llenó, organizó, hermoseó y pobló
progresivamente. El marco de los «días» de la creación nos hace
pensar en uno que «sale temprano a su trabajo hasta que declina
el día». Este maestro artesano descansa una vez acabada su obra;
como un gran artista, retrocede para contemplar su lienzo. El autor
de la carta a los Hebreos añade un comentario final: «El arquitecto
y constructor es Dios».
Maurice Sinclair, Green Finger of God
9
SIERVOS REBELDES
La naturaleza de las personas
A provechando el caos desatado cuando el hombre fuerte de Libia, coro-
nel Muammar Gaddafi fue forzado a abdicar, los terroristas asociados
con el estado islámico movieron ficha. Después de años de terrorismo, el
ISIS ha agredido brutalmente a los no suníes de Iraq y Siria. Y también a los
musulmanes chiíes, yazidíes, turkmenos y cristianos. Entre los dos millones
de refugiados en Iraq hay 650.000 niños, con edades que oscilan entre 6 y
17 años. Muchos de ellos han sufrido el infierno desatado en sus hogares y
comunidades. Han sido testigos de la violación de sus madres y hermanas y
del asesinato de sus padres. Miles de hombres han sido alineados y ejecuta-
dos al estilo fascista de la Segunda guerra mundial. Los cristianos han sido
crucificados, los niños decapitados, las mujeres violadas por bandas, forza-
das a ser mujeres para los miembros del ISIS y quemadas vivas si se resistían.
Esto es maldad en su forma más cruda. ¿Cómo puede ser?
Ojalá que tales actos de barbarie fueran aislados, manchas extrañas
sobre un lienzo de una escena apacible de la existencia humana. Desgracia-
damente, tales actos de crueldad se multiplican con mucha más frecuencia
de la que nos gustaría admitir. Algunos decenios antes, hubo el régimen
genocida de Pol Pot en Camboya. Y no debemos olvidar que los nazis, ins-
tigados por millones de alemanes, intentaron exterminar al pueblo judío.
Antes de eso, los turcos intentaron acabar con los cristianos armenios. Y
antes… los casos se suceden.
179
180 DISCIPULANDO NACIONES
Aunque las personas son creación «admirable y maravillosa», «poco
menores que los ángeles», nos hemos rebelado contra Dios y contra la
creación de Dios, y somos pecadores hasta la médula de nuestro ser. Como
revelan los acontecimientos precedentes, los pueblos con alguna tradición
religiosa, o sin ninguna, pueden actuar movidos por sus impulsos más
bajos cuando se presenta la oportunidad. Debido a que todo nuestro ser se
ha corrompido, no debemos perder de vista la potencialidad del fracaso, el
egoísmo e incluso la traición. Como nos recuerda el apóstol Pablo, somos
perturbados por la herencia del pecado (Rom. 5:12) y propensos al mismo
(Rom 3:23). La perspectiva que presentamos en este libro no encubre la
depravación humana.* Pero el ser humano tiene dignidad porque ha sido
creado a imagen de Dios.
Se da una tensión perpetua entre nuestra dignidad y nuestra deprava-
ción. Nunca debemos separarlas. El centrarnos exclusivamente en nuestra
importancia engendra tiranía. Olvidar nuestra dignidad conduce a una
cultura de muerte. Por su parte, el animismo niega la sacralidad y la impor-
tancia de la vida humana y el mal le parece algo normal. Por otro lado, el
secularismo, aunque niega la sacralidad de la vida, afirma (sin ninguna
base racional) que el hombre es bueno (véase la fig. 9.1). Insistamos un
poco más en la concepción bíblica.
¿Cuál es la naturaleza del hombre?
Animismo Teísmo Secularismo
La concepción bíblica del hombre
El hombre es una maravilla, la corona de la creación de Dios. Se ase-
meja a Dios. La identidad del hombre se revela al final de Génesis 1,
cuando el hombre (y la mujer) es creado a imagen y semejanza de Dios y
SIERVOS REBELDES 181
se le encarga llenar la tierra y dominarla. No hay relato comparable en la
literatura sagrada de ninguna otra religión. La vida humana es sagrada.
Por lo que respecta a los atributos divinos comunicados al ser humano
—amor, misericordia, sabiduría y otros— los seres humanos difieren de
Dios únicamente en el grado de posesión. Pero diferimos radicalmente
del resto de la creación por lo que toca a estos atributos —una diferencia
no de grado sino de especie—. En cuanto a los atributos no comunicados
de Dios —su omnipotencia, omnipresencia e inmutabilidad— diferimos
de Dios en especie y somos iguales al resto de la creación, porque sólo
Dios los posee. La Figura 9.2 ilustra cómo describió estas diferencias el
apologista cristiano Francis Schaeffer.1
El hombre: Creación singular
Dios es Sólo Dios es
Personal DIOS infinito
Y también el portador Esto le distingue
de la creación
de su imagen
HOMBRE
HOMBRE
Animales Animales
Plantas Plantas
Máquinas Máquinas
Como ya hemos visto, la naturaleza de la imagen de Dios en el hom-
bre es personal, racional y moral. El hombre ha sido diseñado para cum-
plir el propósito divino. Difiere del resto de la creación, fuimos creados
para dominar sobre ella como vice-regentes de Dios. Como mayordomos,
hemos de administrar la casa, la oikonomía, para «llenar la tierra con el
conocimiento del Señor». Ejercemos dominio en tres maneras principales:
sobre la naturaleza, usando la tecnología; sobre el tiempo, como agentes de
la historia; y sobre nosotros mismos, como legisladores. Hemos de cumplir
todo esto hasta que los propósitos de Dios se cumplan, se alcance su teleos.
182 DISCIPULANDO NACIONES
Si cumplimos nuestra parte en el desarrollo de la historia como enviados
especiales que la implementan, conforme al deseo divino, sucederán cosas
sorprendentes.
Agentes de cambio
William Carey, egregio trabajador de desarrollo en la India (sin olvidar la
gran labor misionera que llevó a cabo) escribió:
Puesto que nuestro bendito Señor nos mandó pedirle que viniera su
Reino, y que se cumpliera su voluntad en la tierra como en el cielo, nos
conviene no sólo expresar con palabras que esto suceda, sino echar mano
de todo método legítimo para propagar el conocimiento de su nombre…
el pecado pasó a los hijos de los hombres por la caída de Adán, y desde
entonces no ha dejado de extenderse… No obstante, Dios, repetida-
mente, dio a conocer su intención de prevalecer finalmente sobre todo
poder del diablo, destruir sus obras y establecer su reino y su plan entre
los hombres de manera tan universal como hizo Satanás.2
Vishal y Ruth Mangalwadi, comentan:
La tragedia de nuestro tiempo es que, aunque muchos cristianos confían
en el poder de Dios para cambiar el mundo a su regreso, muchos no
creen en el poder del evangelio para transformar la sociedad hoy. Carey
luchó contra males sociales específicos, lo mismo que sus amigos en
Inglaterra perseveraban en su lucha contra el mal. Pero la confianza de
Carey no estaba en su protesta o acción social, sino en el evangelio. Esto
es justo lo contrario de los cristianos que ponen su esperanza de cambio
en la «acción social». Es también una fe distinta a la de los que creen que
el mundo sólo puede mejorar después del retorno del Señor Jesucristo.
Carey fue un reformador porque comprendió la amplitud del concepto
teológico del «Reino de Dios». Él creía que si instruimos a las naciones,
veremos cumplirse en la tierra la voluntad de Dios de manera creciente.3
Por el contrario, la mentalidad de pobreza, ya sea por la vía del secu-
larismo o del animismo, niega la posibilidad de progreso. El secularismo
admite que el cambio es posible, pero es limitado e impersonal porque
considera que el universo sólo es una máquina. Dado que no existe nin-
guna limitación moral en este sistema, la naturaleza existe puramente para
satisfacer deseos humanos, y es así objeto de violación. El hombre domina
SIERVOS REBELDES 183
la naturaleza. En realidad, aparte de Dios, el hombre normalmente domina
y destruye la naturaleza. Por su parte, el animismo niega incluso la posibi-
lidad de cambio, ya que percibe la vida como una serie de ciclos intermi-
nables. Para el animista, el hombre es dominado por la naturaleza. Pero en
vez de destruirla, la adora.
La ética judeocristiana, a diferencia del secularismo o el animismo,
considera que el hombre no es una máquina ni una gota en el océano cós-
mico, sino un individuo complejo y completo. El ser humano posee alma,
corazón, mente, voluntad y fuerza. Aunque Jesús era Dios, también era
hombre; compartió nuestra humanidad en toda su complejidad. Como
dice de Él Lucas 2:52: «Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia
para con Dios y los hombres». Como humano sublime, Cristo creció en
sabiduría, en capacidad para aplicar la verdad moral. Creció en las facetas
física, espiritual y social.
Como Cristo, los seres humanos cuentan con una rica red de relacio-
nes dentro del orden creado. Como el concepto cristiano de la Trinidad,
esas relaciones tienen lugar tanto dentro como fuera de la persona —con
Dios, con otras personas y con el resto de la creación—. Obviamente, la
analogía no es perfecta, pero describe la complejidad de nuestra unidad
y diversidad (la cual examinaremos más detalladamente en el próximo
capítulo). Esta complejidad es notablemente distinta a la mentalidad de
pobreza. El secularismo concibe al hombre como indivisiblemente físico,
mientras que el animismo lo considera fundamentalmente espiritual, con
un cuerpo físico ilusorio y, en última instancia, insignificante.
Profanación de la imagen de Dios
El hecho de que el hombre haya sido creado a imagen de Dios establece
que la vida humana es sagrada, que toda persona tiene dignidad: jóvenes
o ancianos, judíos o griegos, fuertes o débiles, negros o blancos, hombre
o mujer, desde su concepción hasta su muerte natural. Todos llevan la
impronta divina. Por el contrario, la «calidad de vida» aparentemente razo-
nable del secularismo abre la puerta a males monstruosos. Una vez que se
acepta que la vida de alguien es indigna, las consecuencias son espantosas.
En la Alemania nazi, millones de judíos, gitanos, débiles y enfermos
fueron encarcelados, torturados y masacrados —«eliminados del patri-
monio genético»—. En efecto, al mismo tiempo, la mano del movimiento
184 DISCIPULANDO NACIONES
eugenésico caló profundamente en el terreno intelectual de los EE.UU., país
fundado sobre el principio de que «todos los hombres son creados iguales».
Margaret Sanger, fundadora de Planned Parenthood, dijo en su libro
The Pivot of Civilitation, publicado en 1922: «La debilidad mental se per-
petúa en las filas de los insulsos indiferentes ante su responsabilidad racial.
Y es mayormente a este tipo de humanidad a la que estamos recurriendo
para poblar el mundo en las generaciones futuras. En esta orgía de mul-
tiplicación y repoblación de la tierra, este tipo multiplica y perpetúa al
mismo ritmo los males más graves que debemos extirpar de raíz, si es que
la civilización va a sobrevivir».4
En el caso Buck v. Bell, celebrado ante el Tribunal Supremo en 1927, el
juez Oliver Wendell Holmes defendió la decisión de Virginia de obligar a
esterilizar a Carrie Buck, mujer «deficiente mental». «El principio que sus-
tenta la vacunación obligatoria es bastante amplio para cubrir el corte de
las trompas de Falopio», escribió Holmes. «Tres generaciones de imbéciles
son suficientes».5
Antes de eso, el mismo tipo de consideraciones utilitaristas enviaron
a millones de personas a la esclavitud por todo el imperio británico y los
EE.UU.
Los Países Bajos despenalizaron la eutanasia en 2002. Según Newsweek:
En 2013, según los últimos datos, 4.829 personas en todo el país decidie-
ron que una prescripción médica pusiera fin a sus vidas. Eso significa una
de cada 28 muertes en los Países Bajos, y el triple del número de personas
que murieron de esta manera en 2002. Los holandeses no exigen prueba
de enfermedad terminal para permitir a los médicos que «ayuden» a los
pacientes a morir. Aquí las personas pueden escoger la eutanasia si pue-
den convencer a dos médicos que padecen un sufrimiento «insufrible»,
definición que se amplía cada año. Los residentes en el país pueden esco-
ger actualmente la eutanasia si están cansados de vivir con la enfermedad
de Lou Gehrig, esclerosis múltiple, depresión o soledad. Los holandeses
pueden ahora escoger la muerte si están cansados de vivir.6
Una nueva expresión se ha incorporado al vocabulario: genocidio de
género, o exterminio sistemático de un grupo sexual, en este caso, el feme-
nino. Aunque el asesinato de mujeres se ha venido produciendo durante
mucho tiempo, sólo en los últimos años nos hemos dado cuenta del horror
que se ha ocasionado. Las autoridades estiman que «faltan» unos 200
SIERVOS REBELDES 185
millones de mujeres. ¿Adónde fueron? Algunas fueron asesinadas en su
noche de bodas, otras fueron víctimas de infanticidio, asesinadas el día de
su nacimiento. Otras murieron antes de ver la luz por medio del aborto
selectivo por razón de sexo. En efecto, cada año son asesinadas más niñas
en China y la India de las que nacen en EE.UU.
Neocutis, empresa de cosmética de San Francisco, provocó indigna-
ción en defensores pro-vida cuando descubrieron que había fabricado una
crema contra el envejecimiento usando células cutáneas de fetos abor-
tados.7 Tal barbarie en un Occidente supuestamente «civilizado» puede
conducir a conversaciones interesantes. Una vez me contaron el caso de
dos trabajadores humanitarios estadounidenses que observaron el ritual
camboyano que absorbe el cerebro de monos vivos y condenaron el acto
tildándolo de salvaje. Su anfitrión y traductor, natural de Camboya, arre-
metió contra ellos diciendo: «¿Qué derecho tienen ustedes a condenar esta
costumbre cuando hay gente en Estados Unidos que succiona fetos vivos
del vientre de sus madres?».
Por su parte, muchas religiones animistas han ofrecido sacrificios
humanos a sus dioses. La costumbre hinduista del sati, mediante la que
una viuda es quemada viva en la pira funeraria de su marido, no fue reba-
tida hasta que William Carey se opuso a ella públicamente.
La concepción occidental de los derechos humanos procede de la idea
bíblica de que somos creados a imagen de Dios y que Dios (no el hombre)
es soberano. Sin embargo, aunque los seres humanos son la coronación de
la creación de Dios y tienen un valor inestimable, la Biblia y milenios de
historia nos enseñan que todos somos pecadores; todo aspecto de la natu-
raleza humana está contaminado por el pecado. Los teólogos denominan
a esta condición depravación total. John Stott ha dicho que depravación
total «nunca significó que el ser humano sea todo lo depravado que puede
llegar a ser, sino más bien que cada parte de nuestra humanidad, incluida la
mente, ha sido deformada por la Caída».8 Las personas pueden aún amar,
pero ahora, en vez de amar a Dios, muchos adoran ídolos. La gente sigue
siendo creativa, pero ahora algunos usan su creatividad para tramar ata-
ques terroristas.
El hombre es un rebelde
La historia de la caída de los seres humanos no es sólo una historia válida,
sino también la mejor explicación que da cuenta de nuestra depravación.
186 DISCIPULANDO NACIONES
Comenzamos siendo criaturas libres y morales, no sólo con discerni-
miento moral sino moralmente buenas. En Adán y Eva fuimos colocados
en un medio perfecto. Creados como seres libres, sólo se nos impuso una
prohibición.
«Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hom-
bre que había formado. Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol
delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en
medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal».
«Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para
que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo:
De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del
bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente
morirás».
«Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios
que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como
Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para
comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar
la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el
cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y
conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y
se hicieron delantales». Gén. 2:8-9, 15-17; 3:4-7).
Las consecuencias de esta terrible elección han resonado a través de
la historia. Su eco aún se puede oír en el lastimoso escenario de nuestros
logros. Cuando se produjo la desobediencia de Adán y Eva, su relación más
importante (con Dios) quedó interrumpida y murieron espiritualmente. Y
todas sus relaciones secundarias, como revelan su vergüenza y su culpa,
también quedaron cortadas.
Por cuanto su relación con el Diseñador de su existencia quedó inte-
rrumpida, ya no sabían quiénes eran ni qué era la creación. A su bancarrota
moral se añadió la corrupción metafísica. A instigación de Satanás, se forjó
una nueva explicación del universo desde una perspectiva antropocén-
trica. El mal natural entró en el mundo (Génesis 3:16-19), y no sólo reinó la
muerte espiritual (Génesis 2:16-17), sino también la muerte física (Génesis
3:22-24). En nuestra condición caída, la gente aprendió en seguida a amar
la muerte, como demuestra el asesinato de Abel a manos de Caín. Se cerró
el lastimoso ciclo de la muerte: mal moral en el hombre, mal natural en la
creación, y, por último, muerte cultural en la sociedad.
SIERVOS REBELDES 187
No podemos echar la culpa a nadie de esto salvo a nosotros mismos.
Nuestro problema no está en el medio ambiente, sino en nosotros mis-
mos. Como dice Pablo en Romanos 1:21-23, los hombres se extraviaron
en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón.
Cambiaron la sabiduría por la vanidad. Peor aún, prefirieron los ídolos a
la gloria de Dios.
Puesto que la gente sigue siendo importante, nuestras decisiones
pecaminosas influyen en el mundo que nos rodea. Lo que hay en nuestro
corazón eventualmente se manifiesta exteriormente (véase Rom. 1:24-27),
y nos arrastra cada vez más al pecado y la depravación. Estas dos pala-
bras —pecado y depravación— curiosamente, no figuran en el vocabulario
moderno. Pero hemos visto la huella de su realidad desde los albores de la
historia. Pecado significa «errar el blanco» de la santidad y la justicia de
Dios; depravación indica la corrupción moral del hombre en cada fibra de
su ser.
Aunque somos rebeldes redomados contra el justo gobierno de Dios,
seguimos teniendo un enorme valor para nuestro Creador. Somos pecado-
res importantes, no nulidades. Como comentó acertadamente Alexander
Solzhenitsyn, «la línea que separa el bien y el mal no cruza estados ni cla-
ses, ni tampoco entidades privadas —sino justo el corazón humano».9
Muchas personas desean cambiar el mundo. No obstante, hay pocas
que reconocen que hay que cambiar la mente y el corazón del hombre.
El sistema está quebrado. El mal natural (muerte, hambre, sequía, sufri-
miento, dolores de parto, mala hierba en el huerto) abunda. Además, el
mal moral de otros, y el de nosotros mismos, se esparce por el paisaje como
gas mostaza. Estas cosas son consecuencias de la caída.
Más aún, normalmente experimentamos consecuencias que concuer-
dan con nuestra conducta. La Biblia y la experiencia humana sugieren
firmemente que la bendición deriva de la obediencia a la ley de Dios, y
la maldición, de la desobediencia. Aunque a veces los justos, como Job,
sufren injustamente en este mundo caído, y los malvados (como en el Sal.
73) parecen disfrutar todo lo que la vida ofrece, la obediencia a la ley de
Dios normalmente conduce a la prosperidad. Inversamente, no ha de sor-
prender que cuando las personas desacatan o ignoran estas leyes sobre-
venga la pobreza (en todas sus formas).
Una persona perezosa suele acabar empobrecida (a menos que alguien
cuide de ella). El participar en conductas inmorales, como la fornicación,
188 DISCIPULANDO NACIONES
el adulterio o la homosexualidad, puede acarrear enfermedad y muerte.
Toda clase de adicciones pueden arruinar carreras y sacudir familias. Aun-
que estas consecuencias se reproducen a diario, no han de considerarse
normales, no ciertamente desde la perspectiva divina. El mal moral, natu-
ral e institucional son intrusos en el mundo. Como miembros de un movi-
miento mundial de resistencia, debemos luchar contra el pecado en todas
sus formas y efectos. La medicina se rebela contra la enfermedad, la agri-
cultura contra las plagas, la educación contra la ignorancia, la ley contra la
anarquía.
En definitiva, Dios deshace las consecuencias de la caída por medio
de su plan de redención y reconciliación con los pecadores. En ese plan
participan pecadores redimidos, reconciliados. La Gran Comisión es, nada
menos, un llamado a discipular las naciones. Pero si la iglesia no discípula
a las naciones, las naciones discipulan a la iglesia. El dilema humano es
sistémico. No es mero quebranto espiritual, como argumentarían muchos
pietistas. Ni tampoco es un problema meramente estructural, como afir-
marían muchos secularistas. Cada partícula de nuestra existencia se ve
afectada. Todas las relaciones se ven sacudidas, también el lazo fundamen-
tal, vertical con Dios. Además, las cuatro esferas horizontales de relaciones
secundarias precisan ser reparadas con la ayuda de la psicología; la relación
con los otros, con ayuda de la sociología; la relación con la naturaleza, con
ayuda de la agricultura y la economía. Y finalmente, la relación del hombre
con lo metafísico, el mundo de las ideas. Esto implica conocimiento (epis-
temología), ética y teleología (el estudio de las «finalidades» o propósito).
Por cuanto nuestra relación fundamental con Dios se ha resentido, todas
las relaciones secundarias también han sufrido confusión.
Las relaciones rotas producen consecuencias devastadoras. La vanidad
humana crea un mundo ilusorio que proyecta en el mundo real. Vemos lo
que queremos ver (y lo que Satanás desea que veamos). La batalla actual
contra la sexualidad humana y la familia es un ejemplo. En un país tras
otro la definición tradicional, histórica y bíblica del matrimonio (un hom-
bre y una mujer para toda la vida) se está sustituyendo por antiguas ideas
paganas sobre la sexualidad. Se está «redefiniendo» el matrimonio para dar
cabida a las relaciones homosexuales y poli-sexuales.
¿Cómo sucedió esto? La Biblia enseña que las personas sin Cristo están
espiritualmente esclavizadas por el reino falso del demonio. Pablo escribió:
«Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados,
SIERVOS REBELDES 189
contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo,
contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes» (Efe. 6:12).
Según Deuteronomio 30:11-20, Dios advierte a su pueblo que la obe-
diencia conduce a la vida, y la desobediencia a la muerte. Rebelarse contra
Dios no es un acto neutro; conduce a la muerte. «Mas el que peca contra
mí, defrauda su alma; Todos los que me aborrecen aman la muerte» (Prov.
8:36).
Herbert Schlossberg describe el humanismo secular como «filosofía
de la muerte».
Los argumentos en favor del aborto, el infanticidio y la eutanasia revelan
que la ética humanista desea restringir el derecho a vivir y ampliar el
derecho a morir —y matar—. El humanismo es una filosofía de muerte.
Abraza la muerte, desea una muerte fácil, advierte de la horrible carga de
tener que vivir para el bebé con minusvalía, para cuidar al enfermo con
dolor… La gente que aboga por la muerte digna no sabe nada de la vida;
la tiene en poca estima, y abraza al enemigo como si fuese un amigo.10
El presidente Mao llevó la cultura secularista de la muerte a su con-
clusión lógica institucionalizando la muerte en China. Millones de cam-
pesinos, intelectuales, cristianos, y empresarios perdieron la vida, víctimas
de su megalomanía. Sin embargo, Mao no fue una aberración histórica.
Stalin, Hitler, Lenin, Pol Pot, Idi Amin, Kim Jong-II, Sadam Hussein, Bas-
har al-Assad y otros, exterminaron a decenas de millones, a menudo en
nombre del «progreso».
Por supuesto, el animismo ha matado gente durante milenios. William
Carey no sólo luchó contra la quema de viudas, como hemos visto, sino
también contra el festival anual hindú de Sagar Puja, en el cual, los niños
eran arrojados como sacrificios al Ganges, río en el que se ahogaban o eran
comidos por los cocodrilos.
¿Construyen las sociedades sus instituciones basadas en el ideal recon-
fortante, aunque erróneo, de que la gente es básicamente buena? Si es así,
millones mueren sin necesidad cuando la realidad no concuerda con el
ideal. Mantener el orden en tales sociedades exige, a la larga, totalitarismo.
¿O construyen las sociedades sus instituciones basadas en la realidad del
pecado del hombre? Las que hacen esto probablemente crearán institu-
ciones que restringen el mal, la ilegalidad y la muerte. La economía de
mercado libre y las estructuras políticas republicanas, pese a todas sus
190 DISCIPULANDO NACIONES
limitaciones y defectos, son significativamente mejores que las otras alter-
nativas para restringir el mal y asegurar el orden en libertad. Esto es así
porque reconocen la depravación humana.
Francis Schaeffer notó que las raíces teológicas del protestantismo y
del catolicismo habían ocasionado efectos muy dispares en la historia de
la Europa del norte (protestante) y del sur (católica). Michael Novak, autor
católico, llegó a una conclusión similar. Novak comenzó su periplo como
socialista y fue seminarista católico. Sintió compasión por los pobres, y no
pudo evitar constatar las sendas divergentes que habían seguido América
del Norte y América del Sur. Tenían el mismo número de pueblos indíge-
nas y aproximadamente el mismo número de colonos europeos. Sudamé-
rica tenía muchos más recursos naturales. Pero América del Norte, con
sus raíces en la Reforma, era mucho más rica. En su volumen clásico El
espíritu del capitalismo democrático, Novak reconoció que las diferencias
en prosperidad y libertad dependen, en última instancia, del ámbito espi-
ritual, las ideas y la visión. La Europa protestante, al aflojar el control de la
Iglesia sobre el Estado, liberó las mentes humanas, lo que permitió a su vez
la prosperidad en el ámbito material. Novak escribió:
Es inútil intentar construir una república para santos. Hay demasiados
pocos, y además de pocos, es difícil convivir con ellos. No. Si uno desea
construir una república que permanezca, debe diseñarla para pecadores.
Esa es la única «mayoría moral» que hay… una república para pecadores
—y, por lo tanto, una república de controles y equilibrios, como también
otras «precauciones adicionales» (usando la expresión de James Madi-
son, bien enseñado por maestros cristianos)…
La Ciudad de Dios no es ciudad de hombres. La gran ilusión de que los
ciudadanos son intrínseca e infaliblemente buenos, y que los funciona-
rios estatales pueden instaurar la felicidad en la tierra, choca contra la
realidad. Campos enteros de teoría social y psicológica, basados en teo-
rías utópicas, no han tenido en cuenta la pecaminosidad común de los
seres humanos. Mire en derredor. Puede comprobar las ruinas.11
¿Cómo podemos explicar la dignidad y la depravación del hombre en
las esferas política y económica? Por lo que respecta a nuestro valor, la
libertad de mercado nos anima a «amar a nuestro prójimo como a nosotros
mismos». Nos permite cuidar de nuestras propias necesidades y, al mismo
tiempo, ofrecer valor y servicio a otros. La Biblia estimula la propiedad
SIERVOS REBELDES 191
privada y el derecho de las personas a beneficiarse de su propio trabajo.
(Véase Éxo. 20:15; Prov. 14:34; 1 Tes. 4:11; Efe. 4:28.) También nos ayuda
a ver el trabajo como un llamado de Dios porque somos sus mayordomos.
Por lo que respecta a nuestra depravación, la libertad de mercado pre-
serva nuestra honestidad y permite que la mayoría se beneficie. Cierta-
mente, la libertad de mercado no es perfecta y no puede resolver como
por encanto todos los problemas, pero supera sin duda a sus alternativas
económicas (mercantilismo, capitalismo de connivencia, consumismo,
comunismo y socialismo).
¿Y qué sistema de gobierno afronta de manera más realista la depra-
vación humana? En este mundo imperfecto, lo más prudente es evitar la
concentración de poder. El gobierno tiene que ser lo suficientemente firme
como para mantener a raya la anarquía y blando para proteger al pueblo
de sus gobernantes. Los fundadores de los Estados Unidos instituyeron
un sistema de controles y equilibrios, dividiendo el poder entre los bra-
zos ejecutivo, legislativo y judicial. El fruto cosechado ha sido un sistema
democrático estable que ha maravillado al resto del mundo. Pero el sistema
estadounidense puede aplicarse mucho más allá de las fronteras del país.
Una vez tuve el placer de compartir habitación con un activista político
costarricense. Una noche después de cenar este hombre me contó que pen-
saba presentarse como candidato a la presidencia y me pidió mi opinión.
—Asegúrese que haya leyes que protejan al pueblo de usted —le dije,
esperando provocar un vivo debate.
—¿Qué quiere usted decir? —replicó un poco desconcertado.
—Cerciórese de que las leyes de Costa Rica protegen a sus ciudadanos
de usted y sus excesos.
—¿Por qué? —balbuceó.
—Porque el poder corrompe —le dije, invocando la famosa máxima
de Lord Acton—. Si no tiene en cuenta que es pecador, el poder de la pre-
sidencia le corromperá.
No sé si hizo caso a mi consejo.
Preguntas para el estudio
1. En sus propias palabras, resuma las dos caras de la naturaleza
humana: La vida humana es sagrada y todas las personas son
pecadoras:
192 DISCIPULANDO NACIONES
2. ¿Qué implicaciones tienen estas ideas en su labor a favor de los
pobres?
3. ¿En qué se asemejan los seres humanos a Dios?
4. ¿En qué nos asemejamos al resto de la creación?
5. Hemos sido diseñados para cumplir el propósito de Dios. ¿Qué
tiene que ver esto con ayudar a la gente a prosperar?
6. ¿Por qué es importante ser «personas íntegras» para el proceso de
desarrollo humano?
7. Cuando los seres humanos se rebelaron contra Dios, su relación
fundamental con Él quedó interrumpida. Y como consecuencia,
sus relaciones secundarias quedaron rotas. Mencione las relacio-
nes secundarias y ponga ejemplos de cómo se han visto afectadas.
8. Ponga un ejemplo de pecado y depravación en los siguientes ámbi-
tos: su vida, su iglesia, la comunidad donde trabaja.
9. Ponga ejemplos de pobreza que son resultado directo del mal
moral en la comunidad donde usted vive o trabaja.
10. Puesto que el mal natural no es normal, hemos de luchar contra él.
Identifique ejemplos de mal natural en la comunidad donde usted
vive o trabaja. ¿Qué hace la gente para responder al mal natural? O
si no hace nada, ¿qué podrían hacer?
11. ¿Qué preguntas o desafíos se le ocurren en respuesta a las ideas
presentadas en este capítulo?
10
EL UNO Y LA PLURALIDAD
La naturaleza de la comunidad
P ara agradar a los amigos, los estudiantes rusos suelen prestarse a
copiar para sus compañeros, o al menos a hacer la vista gorda. Según
el informe anual del Proyecto de Control de Mercados y Organizaciones
Educativas, uno de cada siete estudiantes universitarios admite haber
copiado en los exámenes. Más aún, uno de cada 25 admite haber pagado
a alguien por redactar por encargo un trabajo de evaluación de mitad o
final de curso. Estos resultados, obtenidos en un trabajo realizado en 2013,
rastrea un dilatado historial de honestidad académica, o falta de ella, en
Rusia.1 En el libro publicado en 1966 Waking the Tempests, un estudiante
de secundaria confesó a la autora, Eleanor Randolph, «Si alguien te pide
ayuda y le respondes: “No, yo respeto la ley”, serás marginado».2
A lo largo de la historia, las sociedades se han esforzado por organi-
zarse en torno al individuo o la comunidad, uno o muchos. El comunismo,
cuyos vestigios persisten en China, Rusia y los antiguos países del Este,
tomaron partido por los muchos a expensas del individuo. Por otro lado, la
atmósfera del «todo vale» que se respira actualmente en EE.UU., ejempli-
fica el otro extremo, el individualismo radical. Desgraciadamente, muchas
sociedades se han precipitado por un extremo o por el otro: individua-
lismo o colectivismo,* tribalismo o igualitarismo.* En cualquier caso, el
individuo sufre menoscabo.
193
194 DISCIPULANDO NACIONES
En definitiva, el relato que una cultura escoge vivir no es cuestión de
casualidad; es cuestión de religión.
Raíces de «el uno» y «la pluralidad»
Las sociedades que empiezan con el «uno» normalmente proceden de tres
perspectivas religiosas básicas:
(1) El monismo sostiene que la única realidad es espiritual y que «todo
es uno». El hinduismo y el budismo son ejemplos de esta visión oriental
de unidad. Un subconjunto del monismo es el panteísmo, que sostiene que
«Dios» es el universo mismo. El panteísmo cree que todo es, en el fondo,
espíritu impersonal y orgánico. Este enfoque es posmoderno y se revela en
la espiritualidad de la Nueva Era,* películas como Avatar, La guerra de las
galaxias y el ecologismo radical.
(2) El materialismo sostiene que la única realidad es la materia y la
energía, que siguen ciegamente las leyes del universo. Esta idea es no-es-
piritual y más mecanicista que el monismo, pero igualmente impersonal.
El ateísmo, el naturalismo, el secularismo, el evolucionismo y el reduccio-
nismo son etiquetas alternativas de este esquema.
(3) El unitarismo* sostiene la creencia en un Dios infinito (con lo que
los cristianos de buena gana estarían de acuerdo), pero este Dios existe sólo
como una sola «persona», como entidad unitaria, como uno e indivisible.
La palabra persona va entrecomillada porque una mónada eterna no tiene
satisfacción relacional, no puede amar ni ser amada, no puede ser una per-
sona. Por ejemplo, el islam, el unitarismo, el judaísmo moderno y sectas
como los testigos de Jehová.
Por el contrario, las sociedades politeístas —como las sociedades ani-
mistas tradicionales, creyentes en dioses romanos y de la antigua Grecia,
deidades del Oriente Próximo, como Baal, y seguidoras del sintoísmo,
e incluso del mormonismo— comienzan por «muchos». Afirman que
el universo está regido por una pluralidad de dioses personales finitos,
algunas veces, incluso humanos, deificados. Estas sociedades tienden a
centrarse en el grupo y prestan poca atención al valor y la dignidad del
individuo.
¿Podemos hallar un equilibrio bíblico que afirme la vida entre estas
dos concepciones, y en este caso, cómo se puede manifestar este equilibrio
en la sociedad humana? Creo que podemos hallarlo en la doctrina bíblica
EL UNO Y LA PLURALIDAD 195
de la Trinidad, que describe que el Dios único existe en tres Personas Divi-
nas —Padre, Hijo y Espíritu Santo.
A diferencia de los enfoques previos, la creencia en la Trinidad esta-
blece un punto de intersección radical, de integración profunda del indi-
viduo con la comunidad. Las sociedades que descubren este «secreto»
aprecian, tanto la libertad (que enfatiza el individuo) como la justicia (que
enfatiza la comunidad).
La naturaleza de Dios como uno y plural se refleja en la (difícil de
entender) doctrina de la Trinidad. ¿Realmente marca una diferencia el que
una cultura esté fundada en esta revelación divina? Sí, porque las ideas
tienen consecuencias. Todo lo que un pueblo hace, la manera en que vive,
se basa, en última instancia, en supuestos metafísicos.
En 2016, Diccionarios Oxford, productor del diccionario de definicio-
nes de la lengua inglesa, escogió post-verdad como palabra del año. ¿Afec-
tará a nuestra vida el cambio de una cultura (objetiva) basada en la verdad
a una cultura de la post-verdad? ¡Sin duda alguna! Estamos sustituyendo
el rigor de las ciencias duras, como la física, la astronomía, las matemá-
ticas y la química por ciencias blandas como la antropología, la psicolo-
gía y la sociología. Por ejemplo, la menor atención actual a los «hechos»,
en muchas asignaturas y centros de enseñanza, se remonta a una creencia
tácita en el relativismo, que a su vez se asienta en un rechazo de los absolu-
tos bíblicos. ¿Por qué, pues, Pepito no sabe sumar? Quizá porque su cultura
occidental se ha apartado de Dios.
Las Escrituras presentan a Dios, sin tapujos, como «uno y trino», el
Dios «Único y Diverso» —Padre, Hijo y Espíritu Santo (p. ej., Mat. 28:19;
Hech. 7:55; Gal. 4:6; 2 Cor. 13:14)—. Este Dios en quien «vivimos, nos
movemos y existimos» (Hech. 17:28), ejemplifica la unidad y la diversidad,
ya que es simultáneamente un Dios y tres Personas. Otros se han zambu-
llido en la profundidad teológica de este misterio insondable mucho mejor
de lo que podría hacerlo yo.3 Pero un punto a recordar para nuestro propó-
sito es que este Dios es una comunidad de personas. ¡Dios es Comunidad!
En su libro «La máquina del tiempo» Arthur Koestler propuso el tér-
mino Holon a partir de la combinación de la palabra griega Holos (todo)
y el sufijo On (que como en neutrón o protón sugiere la idea de «parte»)
Aunque esta palabra no ha cautivado la imaginación del público, capta per-
fectamente el sentido de lo uno y lo plural.4
196 DISCIPULANDO NACIONES
Implicaciones de la Trinidad
El economista británico Brian Griffiths comenta las implicaciones radi-
cales de este Dios asombroso para nuestra vida social, política y econó-
mica. En cuanto a la naturaleza trina de Dios, Griffiths comenta: «Afirma
que antes del tiempo había pluralidad de personas en la Trinidad. Dios
no estaba solo. No era una figura solitaria, incapaz de comunicarse, para
quien el amor fuera una idea irrelevante. La Trinidad era una comunidad,
una fraternidad. Las personas de la Trinidad se relacionaban entre sí como
siempre».5
Por lo que respecta a la importancia de la Trinidad para la
sociedad humana, Griffiths declara:
Esto supone dos implicaciones importantes. Sugiere que la idea de comu-
nidad es crucial para la vida social. Toda visión de la sociedad que ana-
lice la conducta como si el individuo fuera una especie de autómata es
deficiente porque no acierta a captar la importancia de las relaciones.
No fuimos creados para vivir como Robinson Crusoe. Aparte de esto,
hay también una relación que la Trinidad expresa entre uno y varios, la
unidad y la diversidad. En la Trinidad, el Dios único no tiene preferencia
sobre las otras personas, ni las otras personas tienen prioridad sobre el
Uno.6
Las implicaciones prácticas para la vida política y económica son
profundas.
ANIMISMO
Conformidad
EL UNO Y LA PLURALIDAD 197
Teísmo
Comunidad
Secularismo
Individualismo
Nancy Pearcey, en su excelente libro El hallazgo de la verdad, entiende
que el Dios unitario que presenta el islam acarrea consecuencias reales para
la vida humana en el mundo. Cita a Robert Letham: «Una mónada solitaria
no puede amar y, como no puede amar, tampoco puede ser una persona... No
tiene manera de explicar, ni siquiera de sostener, la personalidad humana».7
También cita a Udo Middlelmann: «El islam es una religión de resignación…
Alá creó el mundo, y es preciso aceptar la manera en que él se relaciona con
uno, aunque le quite la vida. No se permiten preguntas, ni dudas, no hay res-
ponsabilidad individual. La salvación radica en la negación del yo».8
Así pues, «lo uno» conduce a la unidad de la comunidad. En vez de
diversidad, predomina la uniformidad, ya que el Estado domina y es sobe-
rano sobre el individuo. Cualquiera que visite los grises y anodinos blo-
ques de pisos de Moscú o de Varsovia, edificados durante el aplastante
198 DISCIPULANDO NACIONES
régimen comunista, que aún siguen en pie, podrá ver sus profundas huellas
deshumanizadoras.
«La pluralidad», por su parte, promueve la diversidad y el individua-
lismo, la conclusión lógica de la disolución del Estado. En su libro The
Disuniting of America, publicado en 1992, el historiador Arthur Schlesin-
ger argumenta que la actual obsesión con el multiculturalismo* está ero-
sionando los valores fundacionales de los Estados Unidos.9 Un cuarto de
siglo después de Schlesinger, se aprecian las consecuencias del multicul-
turalismo aún más claramente en la sociedad occidental. Las identidades
nacionales se están disolviendo ante nuestros propios ojos.
Por lo tanto, la salida consiste en mantener la tensión entre los dere-
chos de la comunidad y los del individuo. Solo este equilibrio creará un
estado libre y justo.
Columnas de la
comunidad
MUCHOS VARIOS UNO
Hacia fuera, Del yo Hacia dentro,
otros hacia otros el yo
LOS VALORES
Nosotros Tú (tú + nosotros) yo
Comunitarismo Comunidad Individualismo
Centrado en los otros Centrado en Dios Centrado en el yo
Auto-depreciación Interés propio Egoísta
y degradación santificado
Dependiente Interdependiente Independiente
Paternalismo Insuficiencia Egoísmo
Derechos Responsabilidad Derechos del
de grupo personal individuo
Tribu de Bora La iglesia Hombre de Marlboro
RESULTADOS
Tiranía Libertad Anarquía
LOS
Injusticia Justicia Caos
EL UNO Y LA PLURALIDAD 199
La tabla de la figura 10.4 muestra las tres columnas básicas para esta-
blecer una comunidad. En tanto que «lo uno» se centra internamente en
el yo y «lo plural» se centra externamente en otros, «lo uno y lo plural»
se centran en lo exterior y lo interior. Exteriormente, el enfoque es hacia
arriba, en Dios; hacia abajo en la creación; y horizontalmente, hacia el
hombre. Interiormente, el enfoque preserva el acento en el yo, pero no de
forma predominante.
Los bien conocidos conceptos psicológicos/sociológicos del yo, el tú
y el nosotros ayudarán a clarificar este delicado equilibrio. El yo se centra
en el individuo. Se percibe en el acento que pone la cultura occidental en
el individuo. Bajo este sistema, el nosotros desaparece y el tú no existe, por
definición. Por contraste, el nosotros enfatiza el colectivismo. Al centrarse
solamente en los otros, el yo desaparece y el tú, carece de diversidad, si es
que existe. Se adora el grupo. Un ejemplo, en este sentido, sería la tribu
boran del norte de Kenia, que no puede decir «mi hijo», «mi casa» o «mi
cabra». Sólo puede decir «nuestro hijo», «nuestra casa» o «nuestra cabra».
Sólo cuando se incluye el Tú, en Dios, y se adora, el yo y el nosotros
hallan su lugar adecuado. Desde esta perspectiva se obtiene la comunidad,
basada en el respeto a la autoridad de Dios, el yo y los otros. La divisa
básica de la comunidad es la relación. Las relaciones se sitúan en varios
niveles: la familia, la familia extendida, el vecindario, los distintos grupos
culturales, cívicos y religiosos (las llamadas instituciones mediadoras), la
nación y la comunidad internacional.
Una relación adecuada entre el yo y nosotros sólo se puede mantener
si estamos debidamente relacionados con el tú, que es Dios. Como dijo el
gran teólogo Charles Hodge, la gloria de Dios debe ser el «motivo rector»
de nuestros actos.
El sol es el centro del sistema. Los hombres del mundo se tienen a sí mis-
mos por objeto de sus actos. Los filósofos nos recomiendan buscar el bien
de los demás; y así destruyen la confianza en la religión, al convertirla en
filantropía o benevolencia. La Biblia nos exhorta a hacer de la gloria de
Dios nuestra meta. Esto asegura los otros objetivos, subordinándolos, al
tiempo que exalta el alma, colocándola ante un objeto personal infinito.
He ahí la diferencia entre buscar la gloria de Dios (la persona de Jehová)
como fin de nuestros actos, y el bien del universo, o del ser en general, la
diferencia que hay entre el amor a Cristo y el amor a una idea abstracta.
Una cosa es religión, la otra moralidad.10
200 DISCIPULANDO NACIONES
El individuo y la comunidad
Es bíblico tener una estima adecuada del Yo. Implica, en primer lugar,
tener una visión objetiva de uno mismo o, como dice Pablo, «pensar de
uno mismo con moderación» (Rom. 12:3). El mandato de Cristo de amar
al prójimo como a uno mismo (Mat. 19:19) implica, como mínimo, una
autoestima sana.
En la medida de lo posible, debemos ser independientes como indi-
viduos e interdependientes en la sociedad. Nos necesitamos unos a otros
en comunidad. No obstante, sobre todo, debemos ser teo-dependientes, y
reconocer el dominio soberano de Dios sobre nuestra vida y su creación.
Somos deficientes por nosotros mismos. La iglesia, el cuerpo de Cristo,
cesa de funcionar sin su cabeza, que es Cristo.
¿Cómo mantener este equilibrio? ¿Qué comparte la familia humana
que proporciona la base para la unidad? Primero, puesto que todos
hemos sido creados a imagen de Dios, somos iguales en valor y dignidad.
Segundo, con nuestros padres Adán y Eva, todos somos miembros de la
misma familia (Gén. 3:20), creados por el mismo Señor, capaces de tomar
decisiones morales, y por tanto, moralmente responsables. Tercero, todos
somos pecadores por naturaleza y vivimos en un mundo caído lleno de
pruebas, aflicción y sufrimiento. Cuarto, la vida, el sentido, la importancia
y la salvación de todos depende de Dios. Quinto, todos hemos recibido el
mandato de desarrollo para gobernar sobre la creación (Gén. 1:28), para
participar de manera significativa en el desenvolvimiento de la historia, y
usar cada uno la diversidad de dones que Dios le ha concedido.
No obstante, todo individuo es único. No hay dos exactamente iguales.
Aparte de las diferencias sexuales ordenadas en la creación (Gén. 1:27),
todos hemos recibido distintos dones físicos, emocionales, intelectuales y
temperamentales. Nuestros talentos, capacidades, intereses y (para el cris-
tiano) dones espirituales, son tan diversos como nuestros códigos genéticos
individuales. Para añadir a esas diferencias, las personas nacen en distintas
culturas, historias y condiciones económicas. Las personas que comparten
circunstancias similares sienten distintas vocaciones y despliegan distintas
funciones, motivos y desenlaces. Ciertamente, la variedad forma parte del
plan divino para nosotros. Como dijo C.S. Lewis: «Yo no puedo concebir
cómo uno podría soportar el tedio en el mundo si no conociera a alguien
más listo, o más hermoso, o más fuerte que él o ella».11
EL UNO Y LA PLURALIDAD 201
Dadas las controversias en torno a lo que hoy se denomina género,
examinemos con un poco más de detalle las similitudes y diferencias entre
los sexos.
A un nivel más básico, algunos afirman que la igualdad entre los sexos
es absoluta, que el hombre y la mujer son iguales, a excepción de algunas
diferencias superficiales. Por ejemplo, las feministas radicales rechazan
toda distinción sexual. Otras culturas machistas y ciertas culturas islámi-
cas enfatizan las diferencias entre el hombre y la mujer —normalmente en
perjuicio de ésta—. Las mujeres son tratadas como bestias de carga; consi-
deradas como si fuesen propiedad del marido.
El enfoque bíblico, abraza la igualdad de sexos y las diferencias entre
ellos. La creación del hombre y la mujer a imagen de Dios (Gén. 1:26-27)
demuestra que son iguales entre sí y ante la ley. Ninguno de los dos ha de
dominar al otro, aunque las diferencias entre hombres y mujeres son dig-
nas de aprecio, y aun de celebración. Además, al igual que Dios es «uno y
trino», así también los seres humanos son creados para vivir en comuni-
dad, con expresión de unidad y diversidad.
Luego Dios el Señor dijo: «Y el Señor Dios dijo: No es bueno que el
hombre esté solo; le haré una ayuda idónea» (Gén. 2:18) LBLA. Lejos de
estar solo, el hombre ya disfrutaba de una relación perfecta con el Dios
personal del universo. Estaba rodeado de animales. Pero la especie humana
era «única»; no había otros seres humanos. De modo que Dios creó una
ayuda idónea, es decir, igual pero distinta, alguien que complementase al
hombre.
Esta complementariedad significa que los hombres y las mujeres son
iguales, pero desempeñan roles distintos.
«Someteos unos a otros en el temor de Dios. Las casadas estén sujetas
a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la
mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es
su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las
casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras muje-
res, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la
palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no
tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin
mancha». (Efe. 5:21-27).
202 DISCIPULANDO NACIONES
Esto es sumisión mutua, conveniente, porque somos creados iguales.
Pero nuestros roles son distintos. La esposa ha de someterse al marido
como al Señor, mientras que el marido ha de amar a su esposa como Cristo
ama a la iglesia. No obstante, estas funciones diferenciadas no implican
medidas distintas. Pablo escribió que «Pero quiero que sepáis que Cristo es
la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza
de Cristo» (1 Cor. 11:3). Pero cabeza no implica superioridad. Note que la
cabeza de Cristo es Dios, pero ningún creyente discutiría que el Padre es
mejor que el Hijo. El hombre no es mejor que la mujer; cada uno de ellos
tiene responsabilidades iguales y distintas.
Las sociedades que acentúan un extremo tienden a imponer un sexo
dominante (machismo) o destruir las distinciones sexuales (feminismo
radical). Pero comenzar por el «centro radical» permite a ambos igualdad
personal y legal, así como la honesta celebración de la diversidad sexual
bíblica, por ejemplo, la hermosura de la complementariedad entre el hom-
bre y la mujer.12
Etnicidad y cultura
La etnicidad y la cultura también ayudan a ver la interacción entre la igual-
dad y la diversidad de las personas. El nacionalismo* acentúa la unidad
a costa de la diversidad. Cuando esto sucede, los individuos y las mino-
rías pueden ver vulnerados sus derechos humanos. Abundan los casos de
nacionalismo, incluido el tribalismo (su forma menor), en el siglo XX: la
Alemania nazi (arios vs. razas inferiores), la China de Mao (campesinos vs.
intelectualidad), Bosnia (musulmanes vs. croatas), África Central (hutus
vs. tutsis), y el Cáucaso (turcos vs. armenios), son todos ellos ejemplos de
nacionalismo extremo.
Por otra parte, el multiculturalismo enfatiza la diversidad sobre la comu-
nidad, con predominio de derechos individuales o grupales. Por ejemplo, la
India, Paquistán, Bangladesh, las antiguas repúblicas soviéticas, Canadá y
Quebec, y (cada vez más) los EE.UU. A pesar de este acento en la diversidad
(o tal vez a causa de él), a veces estalla la hostilidad inter-grupal. La India y
Paquistán experimentan regularmente violencia comunal, mientras que las
preferencias de grupo a veces atizan la enemistad en Estados Unidos.
Es posible hallar un equilibrio adecuado entre el nacionalismo y el mul-
ticulturalismo en lo que yo denomino nacionalismo moral, el cual aprecia
EL UNO Y LA PLURALIDAD 203
tanto la unidad como la diversidad. La unidad procede de una visión o con-
junto de ideas (libertad, democracia, ley). Bajo esta clase de sistema, el res-
peto y la cooperación es la norma. Aunque la sociedad pueda asimilar una
minoría, no la aniquila. El imperio de la ley protege a tales grupos, les per-
mite participar plenamente en la nación (aunque no llegan a dominarla).
Las naciones destacan visiblemente en la economía divina, de Génesis
a Apocalipsis. Dios dijo a Abram (después Abraham) que él y su simiente
(la nación de Israel) serían bendecidos para ser un canal de bendición
a otras naciones (ethnos) (Gén. 12:1-3). Dios desea bendecir a todas las
naciones, modelarlas para desarrollar el potencial que Él les ha confiado.
Parte de la Gran Comisión consiste en «hacer discípulos de todas las nacio-
nes» (Mat.28:19). Juan vio en su visión que los reyes llevaban el esplendor
de las naciones a la Ciudad de Dios (Apo. 21:22-26). La gloria y el honor de
las naciones serán llevados delante del Rey del universo. Todos los elemen-
tos étnicos preciosos, que dan honra a Dios, serán preservados; la escoria,
quemada. La tarea que Cristo ha asignado a la iglesia es discipular a todas
las etnias y naciones.
La búsqueda de equilibrio
Comunidad
Igualitarismo Comunidad Individualismo
Sinónimos Comunitarismo Relaciones Anarquismo
Raíz Envidia Contentamiento Codicia
Enfoque Status Responsabilidad Derechos
Marco de Pasado Futuro Presente
tiempo
Noción de Numérica Equitativa Los despojos
igualdad para el vencedor
Ejemplos Socialismo El Cuerpo
estadounidense Consumismo
de Cristo occidental
del bienestar
Fruto Esclavitud a Servicio a Esclavitud
la envidia Dios y al hombre al yo
Valores Igualdad Justicia Privilegio
204 DISCIPULANDO NACIONES
La tabla de la figura 10.5 muestra las diferencias que hay entre los
extremos del radicalismo de «lo uno» (individualismo) y «lo plural» (igua-
litarismo), así como los valores de la comunidad. La comunidad, por defi-
nición, implica un equilibrio entre la unidad y la diversidad. La comunidad
se destruye cuando se cae en uno de los dos extremos.
El individualismo, a pesar de la constante promoción que se le hace
en los medios y los centros académicos, se reduce a una búsqueda de rea-
lización personal. La auto-gratificación es la condición indispensable. Pero
esa búsqueda por fuerza decepcionará, como han constatado observado-
res perspicaces dentro y fuera de la iglesia. Irving Kristol escribe: «Como
demuestra la historia del modernismo del siglo XX…, la búsqueda del yo
sufre la misma suerte que la búsqueda de felicidad: el que va en pos del
egoísmo no hallara sino un vacío infinito».13
Mientras tanto, el igualitarismo se centra en la igualdad de resultados
o igual distribución de recursos. Las políticas del resentimiento y la vic-
timización han estimulado a grandes sectores de la sociedad occidental
a abrazar la idea de que el gobierno debe de algún modo asegurar que
todo el mundo reciba un pedazo equivalente de tarta o pastel. El igualitario
rechaza todos los rangos sociales y económicos, ya que presume que todas
las personas son «idénticas». Por tanto, hace mucho hincapié en cuotas y
resultados numéricos. Como el comunista, se siente muy cómodo con la
redistribución de la riqueza para arreglar consecuencias «injustas».
Sin embargo, el teísta bíblico pisa terreno trinitario sólido. Este terreno
hace posible la comunidad: un grupo de individuos que viven juntos en
unidad bajo leyes comunes. La raíz de la comunidad no es la codicia del
individualismo ni la envidia del igualitarismo, sino el contentamiento, que
nace de una correcta relación con Dios. «No me des pobreza ni riquezas;
Manténme del pan necesario; No sea que me sacie, y te niegue, y diga:
¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi
Dios» (Prov. 30:8b-9).
Note que el autor reconoce tanto el individuo como la comunidad. No
obstante, su preocupación con respecto al individuo (él mismo) no son los
«derechos» sino las «responsabilidades», esto es, el deber de vivir teniendo
en cuenta su dependencia de Dios. Del mismo modo, él es responsable de
honrar a su comunidad no robando lo que pertenece a los demás. El valor
principal no radica en lo que llamamos «libertad» (privilegios personales)
o noción común de la «justicia» (igualdad absoluta sin tener en cuenta el
EL UNO Y LA PLURALIDAD 205
mérito). Hemos de valorar tanto la libertad verdadera como la verdadera
justicia.
Paul Johnson nos da a probar ambos cuando escribe acerca de la tra-
dición judeocristiana: «El mérito moral eminente es dotar al individuo de
una conciencia e instarle a seguirla. Esta forma particular de liberación
es lo que san Pablo quiso decir con la libertad que los hombres hallan
en Cristo. Y, por supuesto, es padre de las demás libertades. Porque la
conciencia es enemiga de la tiranía y de la imposición social… La idea de
libertad política y económica brota de la conciencia cristiana como fuerza
histórica.14
Forma y Libertad
Cada uno de los tres relatos metafísicos define la libertad de distinta
manera. No sorprende, pues, que acaben dando resultados tan distintos en
el mundo real (véase la figura 10:6).
Libertad
MUCHOS UNO-PLURAL UNO
Tiranía Libertad Anarquía
Compulsión Libertad Libertad
sin límites desenfrenada
No hay libertad Libertad basada Sin ley
en el imperio
de la ley
Servidumbre Libertad Libertad
Moral Natural
Fascismo (derecha) Democracia Anarquistas
Marxismo (izquierda) Mercados libres Libertarios
206 DISCIPULANDO NACIONES
La mentalidad del «uno» hace hincapié en la libertad absoluta del indi-
viduo (libertad sin forma). Conduce al narcisismo y, en última instancia,
a la anarquía. En una sociedad que se ha olvidado de Dios, esta libertad
puede ser patente para hacer el mal: «Cada uno hacía lo que le parecía
mejor» (Jue. 21:25). Por su parte, la perspectiva de «lo plural» conduce al
totalitarismo (forma sin libertad).
Por el contrario, el acento en «lo uno y lo diverso» conduce a la verda-
dera libertad (forma y libertad). La libertad bajo la ley es libertad basada
en la moral y la responsabilidad: libertad para hacer el bien. Como declara
Miqueas 6:8 enérgicamente: «Oh hombre, él te ha declarado lo que es
bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar miseri-
cordia, y humillarte ante tu Dios». Y como amonestó Pablo a los Gálatas,
que fueron tentados a abusar de su libertad en Cristo: «Porque vosotros,
hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad
como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros»
(Gál. 5:13).
La idea secular de libertad es «concesión», licencia para seguir los ins-
tintos más bajos. Pero la verdadera libertad se halla dentro del marco de la
ley. Michael Novak ha escrito:
La idea continental (europea) de libertad es secular. Por el contrario, en
EE.UU. las hogueras de la independencia fueron encendidas en los púl-
pitos de las iglesias puritanas y evangélicas. La idea continental enfrenta
la libertad contra la ley. Los estadounidenses cantan: «Afirma tu alma en
la templanza / Tu libertad en la ley». En Estados Unidos, libertad no es
hacer lo que dictan los sentimientos, sino lo que uno sabe que debe de
hacer. Es soberanía personal, dominio propio, templanza; un sentido del
deber, honor y responsabilidad personal.15
La naturaleza de la Justicia
Como con la libertad, así ocurre con la justicia: cada paradigma la
define de distinta forma, como muestra la figura 10.7.
EL UNO Y LA PLURALIDAD 207
Justicia
MUCHOS UNO-PLURAL UNO
Injusticia Justicia Caos
Clase Individuos Individuo
en comunidad
Igualdad Igualdad Máxima
Económica delante de Dios libertad
(numérica) y de la ley personal
Avance Responsabilidad Mis derechos
del grupo individuales
Sin Responsabilidad Responsabilidad
responsabilidad personal ante mi personal limitada
Personal y la comunidad SIN responsabilidad
Victimización social
(Responsabilidad
de clase)
«Conservador» «Progresista» «Liberal»
Nacionalista Encarnacionalista Internacionalista
Aislacionista Bienestarista
Puesto que «lo uno» idolatra al individuo, la justicia se transforma en
justificación para maximizar la libertad personal. Para el individualista, la
justicia es un ambiente libre de restricciones. La responsabilidad personal
es tema recurrente; la responsabilidad social es, en el mejor de los casos,
una opción añadida.
Por otra parte, el modelo igualitario (lo plural) enfatiza la injusticia de
la vida para con una clase o grupo de personas. Los derechos individuales
son secundarios. El igualitario espera que el gobierno refuerce la «justicia»
por medio de cuotas, preferencias y redistribución de la riqueza. La res-
ponsabilidad personal queda eclipsada por la mentalidad de victimización.
Por el contrario, un teísta bíblico consecuente se preocupa del indi-
viduo y de la comunidad. Reconoce lo que otros sólo ven parcialmente,
que las personas son iguales ante Dios y ante la ley. De este modo, el teísta
tiene razón y motivación para hacer frente al prejuicio, el racismo y el cla-
sismo en su propia vida y en la sociedad. Respecto a la ley, él, o ella, es
208 DISCIPULANDO NACIONES
verdaderamente «daltónico», juzga a las personas «por la calidad de su
carácter, no por el color de su piel», según la célebre expresión de Martin
Luther King. El teísta defiende la justicia protegiendo toda vida, libertad y
propiedad humanas. El teísta sabe que la disciplina moral individual y el
gobierno civil de la comunidad operan conjuntamente. No pueden actuar
independientemente. Como dijo John Adams acerca del incipiente experi-
mento político que fueron los Estados Unidos: «Nuestra constitución fue
elaborada únicamente para un pueblo moral y religioso. Es completamente
inadecuada para gobernar cualquier otro pueblo.16
Bajo tal sistema, el enfoque pasa de los derechos a las responsabili-
dades. Las personas tienen una responsabilidad personal no sólo de sí
mismas y de su familia, sino también de la comunidad más extensa. Y
a través de nuestras responsabilidades como ciudadanos promulgamos
leyes que protegen a los más débiles y vulnerables. Los nonatos, los niños,
las minorías, nuestras familias —todos deben ser protegidos por medio
de leyes que amparan los derechos civiles, protegidos de la explotación
laboral infantil, etc. El teísta se resiste al encasillamiento; él, o ella, es libe-
ral y conservador, como se suele declarar; es personalmente responsable
y socialmente comprometido. El credo del teísta podría ser «yo soy guar-
dián de mi hermano».
Hospitales, hospicios, escuelas, residencias de ancianos, formación
profesional para pobres capaces, iglesias, consejos escolares y partidos
políticos son distintas opciones en las que los individuos pueden cuidar de
las comunidades. Muchas de ellas han sido, históricamente, asociaciones
voluntarias privadas. Edmund Burke las designó «pequeños pelotones».
Tocqueville,* después de hacer una gira por EE.UU. en la década de 1830,
observó:
Los estadounidenses de todas las edades, rangos y categorías sociales
siempre están formando asociaciones. Hay… mil clases distintas —reli-
giosas, morales, relevantes, de recreo, muy generales y muy limitadas,
inmensamente grandes y diminutas… De este modo, en el país más
democrático del mundo, en la actualidad, los hombres de nuestro tiempo
han llevado a cabo objetos de común deseo… Nada, en mi opinión,
merece más atención que las asociaciones morales e intelectuales de los
Estados Unidos.17
EL UNO Y LA PLURALIDAD 209
Pequeños pelotones
Estos «pequeños pelotones» producen lo que se conoce como,«capital
social». El científico político Robert Putnam dice que el capital social con-
siste en «organizaciones sociales como redes, normas y confianza social
que facilitan la coordinación y la cooperación para beneficio mutuo».18
Cuando los individuos se unen, el capital social resultante contribuye a
la salud de las personas, al crecimiento económico de la sociedad y a un
gobierno representativo sólido y operativo.
Así pues, la cosmovisión es fundamental mucho más allá de la esfera
espiritual. Su influencia se deja sentir en los eventos más ordinarios de la
existencia cotidiana. San Agustín conocía bien el poder de la cosmovisión
y de la historia. En palabras de George Grant, según este teólogo y padre
de la iglesia: «Si una cultura empieza a cambiar, ello no se debe a modas,
tendencias o al paso del tiempo, sino a un cambio de cosmovisión, a un
cambio de fe. Así pues, la raza, la etnicidad, el folclore, la política, la lengua,
[y] la herencia no son más que expresiones de un paradigma más profundo
asentado en la matriz espiritual y de pacto de una iglesia comunitaria y en
la integridad de sus testigos».19
Sí, las personas son hacedoras de historia. Cada uno de nosotros influye
más de lo que creemos, y todo comienza en la mente. Grant observa:
Lo extraordinario fue logrado por lo ordinario. Esta es realmente la gran
lección de la historia. Siempre fue gente común la que, en definitiva, con-
formó el desenlace de los grandes eventos humanos —no los reyes y los
príncipes, no los amos y los tiranos—. Siempre fueron obreros y traba-
jadores, primos y conocidos los que trastocaron las expectativas de los
excelentes, los magníficos, los expertos y los meticulosos. Fueron gentes
llanas, sencillas, las que cambiaron el curso de la historia —porque ellas
constituyen el material de que está forjada la historia.20
Las sociedades tienden a constituirse en torno a una de las dos éticas:
«lo uno» o «lo plural», las cuales suelen conducir a la pobreza. Pero una
cultura próspera comienza con el reconocimiento de la Trinidad, la encar-
nación de «lo uno y lo diverso». En este tipo de cultura, la gente se respon-
sabiliza de su propia vida, al tiempo que se compromete activamente en sus
comunidades y vida cívica. Tales personas saben que la libertad y la justicia
son esenciales para crear sociedades prósperas.
210 DISCIPULANDO NACIONES
Preguntas para el estudio
1. Describa con sus propias palabras los tres modelos de comunidad:
lo uno, lo plural y lo uno-plural.
2. ¿Cuál de estos modelos es más frecuente en las comunidades
donde usted vive y trabaja?
3. Mencione cuatro maneras en que las personas son creadas iguales
y cuatro maneras en que son creadas singulares.
4. ¿Cómo le ha creado Dios de manera singular?
5. Una de las grandes falacias satánicas es que los hombres son mejo-
res que las mujeres. ¿Qué tres cosas puede usted hacer para dar
más honor a las mujeres?
6. ¿Cómo se manifiesta el tribalismo en su ministerio?
7. Describa en sus propias palabras lo que Dios desea para todas las
naciones.
8. ¿Cómo podemos ser maestros de las naciones (edificadores de
naciones)?
9. ¿Qué actividad puede promover en su comunidad la libertad y la
justicia?
10. ¿Qué preguntas o desafíos se le ocurren para responder a las ideas
presentadas en este capítulo?
11
MAYORDOMÍA
Creación y gestión de la abundancia
U n día un trabajador que formaba parte de una cantera en Italia
comenzó a tallar un bloque de mármol. Usando su ojo crítico y manos
y brazos robustos, empleó en ello varias semanas. Cuando el bloque quedó
finalmente tallado, otro hombre, con una carreta y un caballo, lo acarreó
hasta Florencia. Un tercer individuo compró el bloque y lo colocó en su
estudio sobre un pedestal. Mientras realizaba otros trabajos, el artista se
detenía a admirar el inmenso y defectuoso bloque. Quizás meses después
logró vislumbrar lo que ocultaba la piedra. Finalmente, el artista agarró su
cincel y su martillo y se puso a revelar aquel secreto. Hoy, lo que una vez
fuera un pedazo escondido de mármol es considerado una obra maestra de
valor inestimable —el David de Miguel Ángel.
El punto en cuestión: la riqueza o la abundancia no dependen de los
recursos naturales. Proceden fundamentalmente del cuerno de la abun-
dancia de la creatividad personal. El hombre, «segundo creador», genera
riqueza, arte, erudición y poesía con su razón y su intuición. De esto trata
la mayordomía. Aunque casi todas las enseñanzas de Cristo tratan de la
mayordomía de la vida, la mayordomía en el ámbito físico supone cuidar
de su creación hasta que sea cada vez más fructífera. En esto consiste, o
debería consistir, la economía.
Aunque siempre hay excepciones en un mundo maldecido por el
pecado, el teísmo bíblico, debidamente aplicado en la esfera de la economía,
211
212 DISCIPULANDO NACIONES
conduce generalmente a la prosperidad y a la abundancia. La mayordomía
bíblica, que es teísmo bíblico correctamente aplicado, implica progreso en
el relato divino hacia la Ciudad de Dios. Por eso Occidente, con sus pro-
fundas raíces judeocristianas, es generalmente más rico que el resto del
mundo.
Por contra, el animismo produce pobreza material. No conozco ni una
sola sociedad animista en la que muchas personas sean ricas. Entre tanto,
el secularismo, aunque puede conducir a la opulencia física, engendra un
vacío metafísico, una profunda pobreza moral y espiritual.
¿Qué marca la diferencia? La Biblia enseña que el verdadero propósito
de la vida humana es adorar y servir a Dios. Si hacemos esto, la abundancia
es un subproducto feliz de esta tarea gozosa.
Animismo
Devoto
Teísmo
Mayordomo
MAYORDOMÍA 213
Secularismo
Consumista
Dios y la economía
Los que somos occidentales —aun en la atmósfera post-cristiana actual—
tomamos por sentada la idea de: «Dios en el principio…». Incluso una
mayoría de secularistas entre nosotros están familiarizados con el relato
de la creación de Génesis. Reconocemos que el universo fue creado, o al
menos, que comenzó con el «big bang». No obstante, no todas las cosmo-
logías empiezan con un Creador. Las que carecen de él inexorablemente
oscurecen la capacidad de conocer nuestra creatividad y notable potencial.
Uno no tiene que leer a Richard Dawkins para vislumbrar este enfoque
«sin Dios».
Daniel Boorstin ha escrito: «Para el hindú la creación no fue dar exis-
tencia a la maravilla del mundo. Antes bien, fue un desmembramiento, una
desintegración de la Unidad original. Para él la creación no fue la expresión
de un Hacedor racional y benevolente, en nuevas formas maravillosas, sino
una fragmentación de la unidad de la naturaleza en incontables formas
limitadas. El hindú vio la creación del mundo como “la auto-limitación de
la trascendencia”… La aspiración del hindú era ser increado».1
El corazón del budismo, con sus raíces profundamente asentadas en el
hinduismo, es el sufrimiento y la muerte. La meta del budista no es com-
batir el sufrimiento, sino escapar a la muerte, el sufrimiento y el mundo.
De nuevo, Boorstin muestra el camino: «¿Cabe extrañarse por qué Buda
rechazaba a los que preguntaban cuándo y cómo fue creado el mundo?...
¿Qué alma malgastará energía en el misterio de la creación de camino a la
214 DISCIPULANDO NACIONES
tierra de Buda? El Buda apuntaba a la No creación… Si hubiera un Crea-
dor, él habría creado la necesidad de la extinción del yo, la necesidad de
escapar al re-nacimiento, la necesidad de luchar para alcanzar el nirvana.
El Señor de los budistas es el maestro de la extinción, no modelo para el
hombre creador».2
En cambio, el teísmo bíblico no comienza con un creador, sino con el
Creador. Pero Él no es una débil invención de una mente deísta; el Creador
permanece activamente comprometido en todo lo que ha creado. No sólo
diseñó y construyó la casa, sino que es el dueño y sigue construyéndola. En
los Salmos, David hace una descripción de un Rey que no sólo es artista
(aunque es eso y mucho más), sino arquitecto, contratista y constructor:
«El que se cubre de luz como de vestidura,
Que extiende los cielos como una cortina,
Que establece sus aposentos entre las aguas,
El que pone las nubes por su carroza,
El que anda sobre las alas del viento;
El que hace a los vientos sus mensajeros,
Y a las flamas de fuego sus ministros.
El fundó la tierra sobre sus cimientos;
No será jamás removida». (Sal. 104:2-5).
Representantes del Rey
Este mismo Rey nos ha formado no para ser hermosas esculturas sobre
pedestales, sino sus representantes vivos sobre la tierra. Pablo dijo que
«Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras,
las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas» (Efe.
2:10). Somos «edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas,
siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el
edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el
Señor» (Efe. 2:20-21). Somos obra y obreros de Dios, pues Él se propone
entresacar piedras vivas de cada tribu y nación. O podemos imaginar que
en este proceso Dios es el Arquitecto y nosotros somos sus compañeros de
trabajo, que colaboran en sus objetivos, siguiendo su plan de acción.
Dios inauguró la historia plantando un jardín (Gén. 2:8) y la concluirá
completando una ciudad (Apo. 21:2, 9-27). Dios encargó al hombre que
«trabajara» en el jardín y «lo cultivara» (Gén. 2:15).
MAYORDOMÍA 215
En una de las parábolas de Jesús el amo entrega a sus diez siervos diez
minas por cabeza y les encarga invertir su dinero hasta que él vuelva. Del
mismo modo, Dios confía su propiedad de la tierra a los hombres para que
cumplan aquí su voluntad, como es cumplida en el cielo. Y tendremos que
rendir cuentas por nuestra gestión (Luc. 19:12-15). Seremos juzgados en
parte por cómo conservamos la tierra. Los que la devastan serán destrui-
dos (Apo. 11:18).
El mandato de Dios al hombre para que desarrollara su creación se
encuentra en el primer capítulo de Génesis.
«Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nues-
tra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves
del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que
se arrastra sobre la tierra. Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a
imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les
dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced
dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser
viviente que se mueve sobre la tierra». (Gén. 1:26-28) LBLA.
Dios crea a los seres humanos a su semejanza para que puedan gober-
nar en su lugar. Después de crear al hombre y la mujer, Dios les bendijo
para que desarrollaran la tierra. Nosotros hemos de ser canales de la ben-
dición de Dios. Este mandato se despliega en el pacto que hizo Dios con
Abram para que éste fuera de bendición para todas las naciones (Gén. 12:1-
3), el cual se asemeja estrechamente a la Gran Comisión que encomendó
Cristo a su iglesia de hacer discípulos de todas las naciones. (Mat. 28:18-
20). Note que el mandato de la creación (Gén. 1:26-28) y la Gran Comisión
son comisiones culturales. La primera crea cultura; la segunda, la educa.
Note también que hemos recibido un mandato social para llenar la
tierra («Fructificad y multiplicaos» Gén. 1:28) y el mandato de desarrollo
(«llenad la tierra y sojuzgadla»). Desde el jardín del Edén, somos llamados
a contribuir en la edificación de «la Ciudad de Dios».
No hemos de ser lacayos irracionales de Dios, aunque eso sería más
de lo que merecemos. No. Dios nos ha concedido el insondable privilegio
de ser co-creadores con Él. Creados a imagen de Dios, tenemos por delante
la asombrosa tarea de desarrollar todo el potencial de la creación. Esto es
así porque somos la fuente de la riqueza de la tierra, como también de
su pobreza. La mente que Dios nos ha dado nos permite avanzar, saltar
216 DISCIPULANDO NACIONES
barreras, concebir nuevos derroteros, resolver problemas. Creados «un
poco menores que los ángeles», tenemos una tarea que realizar, un propó-
sito que cumplir.
Aunque en nuestra condición de criaturas estamos ligados a la tierra,
la imagen de Dios, impresa en nosotros, nos permite movernos más allá de
la realidad física. Podemos soñar con un mundo mejor y empezar a hacerlo
posible. Donde hay tinieblas, podemos encender una bombilla; en un
desierto, cavar un pozo; en desoladas montañas, plantar un bosque; donde
la gente es olvidada e ignorada, podemos libertarla con el poder del evan-
gelio; dondequiera que haya gente ignorante podemos edificar escuelas y
bibliotecas; donde hay tierra baldía, plantar un jardín; donde hay enfermos,
investigar una cura; y donde hay silencio, oír música y tocarla. El hombre es
descubridor, explorador, innovador, iniciador, creador y compositor.
El suburbio de Cateura, en Paraguay, fue construido sobre un verte-
dero. Familias enteras trabajaban en él, recogían desperdicios y los recicla-
ban. En 2006, el ingeniero medioambiental Favio Chavez fue asignado al
vertedero con objeto de mejorar la eficiencia de las actividades de reciclaje.
Favio observó las condiciones inhumanas de los niños que crecían en aquel
entorno. Como músico aficionado, Favio soñó con reciclar desechos para
construir instrumentos clásicos y enseñar a los niños a tocar. Luego con-
virtió su visión en realidad, fundando la Orquesta de Instrumentos Reci-
clados de Cateura. Chavez asegura: «El mundo nos envía basura. Nosotros
les devolvemos música.3
Actualmente, niños que nacieron sin esperanza, junto al vertedero, viajan
con sus instrumentos reciclados a ciudades de todo el mundo. Viajan desde
un vertedero para ofrecer música y belleza. Muestran al mundo que aun la
basura es un recurso. Son una prueba viviente de que los «niños desechables»
—los más pobres de los pobres— tienen talentos escondidos que esperan ser
descubiertos y aprovechados para llevar gozo y hermosura al mundo.
Las personas, creadas a imagen de Dios, tienen la capacidad de trans-
formar basura en música deliciosa.
Como es la mente, así es el mundo
La tierra se llenará con lo que hay en nuestros corazones y mentes. Si tene-
mos la mente vacía, nuestro mundo será estéril. Si nuestros corazones
están endurecidos, el mundo estará necesitado de compasión. Si nuestros
MAYORDOMÍA 217
corazones y mentes están llenos, habrá abundancia en el mundo. Como
escribió Salomón: «Tal como piensa un hombre en su corazón, tal es él»
—y ¡tal es su mundo!—. Kuyper declaró: «Nosotros, con nuestra naturaleza
humana somos ubicados en la naturaleza que nos rodea, no para dejarla
como está, sino con el deseo y la vocación en nosotros de actuar sobre la
naturaleza por medio del arte, para habilitarla y perfeccionarla… El arte
humano actúa sobre todas las áreas de la naturaleza, no para destruir la
vida que en ella hay, y mucho menos para yuxtaponer otra estructura, sino
más bien para desatar el poder que yace oculto en la naturaleza; o regular
de nuevo la voluntad que brota de ella.4
Al igual que Dios concibió el universo y después «trabajó» para crearlo,
así también el hombre ha de transformar el mundo por medio de su trabajo.
El hombre —no la naturaleza— es la fuente de riqueza. Cuanto más aplica-
mos las leyes divinas y usamos los dones que Dios nos ha concedido, más
abundancia produciremos. Pero lo contrario también es verdad: Cuanto
más sigamos leyes y principios falsos y fracasemos en usar el corazón y la
mente, peor será la destrucción de la vida y la creación. La desobediencia
humana, no la «sobrepoblación», es la que produce pobreza. Las mentes
importan más que las bocas. Como observa E. Calvin Beisner:
La gente produce por regla general bastante más de lo que consume en su
vida. Por eso, las poblaciones crecientes, en vez de amenazar con generar
pobreza y agotar los recursos naturales, prometen más bien crear riqueza
y multiplicar recursos. Recuerde esto: por lo general, cada boca que nace
en este mundo corresponde a dos manos y —lo que es más importante—
a una mente creada a imagen de Dios para ser creativa y productiva. Por
eso aumenta la riqueza.5
La creatividad humana es la fuente de esa riqueza. Cada vez más pensa-
dores reconocen lo que George Gilder ha denominado «el derrocamiento
de la materia». Los Mangalwadi nos recuerdan:
Ser creados a imagen de Dios significa que, incluso como seres físicos,
podemos trascender algunas de las limitaciones físicas de la naturaleza y
alterar la realidad física. Por ejemplo, en una habitación oscura los ani-
males tienen que resignarse a estar en tinieblas, pero nosotros no. Análo-
gamente, podemos llevar agua a un desierto. No estamos completamente
limitados por la realidad externa. Dios nos ha hecho creativos. Somos
libres para imaginar un mundo físico, social y político mejor y diferente.
218 DISCIPULANDO NACIONES
Donde hay opresión, podemos soñar libertad y dignidad para el indivi-
duo más pequeño.6
Antes de acabar la Guerra Fría, el 31 de mayo de 1988, Ronald Rea-
gan ofreció a los estudiantes de la universidad de Moscú un anticipo de
lo que había de venir. El presidente de los EE.UU. les desafió a cambiar la
agotada ideología del materialismo por la idea de libertad. «Como una cri-
sálida, estamos saliendo de la economía de la revolución industrial —una
economía circunscrita y limitada por los recursos físicos de la tierra— y
entrando en la economía de la mente, una era en la que no hay límites para
la imaginación humana, en la que la libertad de crear es el recurso natural
más precioso».7
La creatividad dentro de un marco moral crea una riqueza ilimitada de
ideas, y por tanto, de abundancia, en el mundo material.
El creador secundario
La ciencia no es la única salida para crear abundancia y riqueza. También
se usa la creatividad en el arte, la música, la poesía, la fantasía y la ciencia
ficción para crear mundos. La riqueza que creamos no radica en la tinta o
el papel, sino en las ideas. Aunque Beethoven fuera sordo, «oía» grandes
sinfonías en su cabeza. Mozart dijo que no trabajaba tanto componiendo
como escribiendo las melodías que escuchaba. J.R.R. Tolkien, autor de The
Hobbit y El señor de los anillos, señaló que para que su obra tenga autentici-
dad, el hombre, creador secundario, debe imitar a Dios, Creador primario.
Nuevos mundos fantásticos se crean cuando el artista imita la realidad.
Probablemente todo escritor que crea un mundo secundario fantástico,
todo sub-creador, desea en alguna medida ser un hacedor real, o inspi-
rarse en la realidad: espera que la cualidad peculiar de ese mundo secun-
dario (si no todos los detalles) derive de la Realidad, o fluya hacia ella. Si,
en efecto, logra una cualidad definida razonablemente por el diccionario
como «coherencia interna de la realidad», resulta difícil concebir cómo
puede ser esto, si la obra no comparte en alguna manera la realidad. La
cualidad peculiar del «gozo» en la fantasía exitosa puede ser así explicada
como un atisbo súbito de la realidad o verdad subyacente. No es sólo
un «consuelo» para suavizar la tristeza de este mundo, sino una satisfac-
ción y una respuesta a la pregunta «¿es verdad?». La respuesta que di al
MAYORDOMÍA 219
principio a esta pregunta fue (muy atinadamente): «Si uno ha construido
bien su pequeño mundo de fantasía, sí: es verdad en ese mundo». Esto es
suficiente para el artista.8
Transformamos el mundo con el corazón, pero también con la mente.
Las matemáticas, con su orden sistemático y predecible, se han dado en
llamar lenguaje de la creación. Dios nos ha concedido la capacidad de des-
cubrir el designio que hay detrás de la creación (ciencia) y de aplicar esas
leyes (tecnología) para contrarrestar los estragos del mal natural, los «car-
dos y las espinas».
En efecto, según la Escritura, (1) el destino de la creación y el nuestro
están inextricablemente ligados; (2) la obra de Dios de restaurar todas las
cosas consigo mismo es un proceso, una historia que un día se consumará;
(3) la humanidad ha recibido el encargo de participar en ese proceso; y,
por extensión, (4) la ciencia y la tecnología son herramientas para llevar el
proceso a cabo.
…el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los
hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia
voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también
la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la liber-
tad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación
gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora (Rom. 8:19-22).
Si las matemáticas y las otras disciplinas científicas son lenguajes de
Dios, entonces la ciencia es una de las maneras en que pensamos los pensa-
mientos de Dios. Usamos la razón y la capacidad analítica que Dios nos ha
dado para penetrar en los secretos de la creación. La tecnología es la aplica-
ción moral de la ciencia para beneficio de la humanidad y la creación, para
gloria de Dios. Por supuesto, abundan los casos de abusos de la ciencia. Los
médicos de Hitler hicieron crueles experimentos con los judíos, discapaci-
tados y otros, los experimentos de Tuskegee, realizados con negros pobres
en EE.UU., y la presión actual para «cosechar» órganos de fetos abortados
son sólo tres ejemplos lamentables de mal uso de la ciencia y la tecnología.
El problema de la ciencia actual es su divorcio con la búsqueda de la Verdad.
El problema de la tecnología es que se ha distanciado de la moral. Separada
de sus amarras trascendentes, queda a la deriva en «este mundo nuevo»,
lleno de contaminación, deshumanización y muerte. Perdemos el lugar que
nos corresponde en el universo y nos hacemos esclavos de la tecnología.
220 DISCIPULANDO NACIONES
No obstante, la tecnología aplicada a objetivos morales beneficia a la
raza humana de muchas maneras. La medicina, las fuentes de energía, los
progresos de la agricultura y la revolución informática no sólo han mejo-
rado la calidad de vida, sino también su duración.
La tecnología genera abundancia y nuevos recursos. Por ejemplo,
durante buena parte de la historia de la humanidad, el petróleo era un
fastidio —una pasta insoluble que había que restregar de los pies si uno
lo pisaba por descuido—. Pero un buen día a alguien se le ocurrió la gran
idea de quemarlo para proporcionar energía. De pronto el petróleo se
convirtió en un recurso, no en un fastidio. Se iluminaron las calles, se
calentaron las casas y los autos circularon. El petróleo no había cambiado.
Pero el ingenio de uno hizo posible que una sustancia antes inservible se
convirtiera en lo que hoy llamamos «oro negro». ¿Puede imaginarse el
mundo sin él?
Examinemos ahora la arena. La arena es tan común en nuestro mundo
que la Biblia recalca que algo «es tan incontable como la arena de las pla-
yas». La arena está en todas partes. Como el petróleo, a veces es difícil
deshacerse de ella. Un grano de arena por sí mismo no tiene ningún valor.
Pero se puede tomar ese grano y transformarlo en un chip de silicio, y de
pronto adquiere valor. Otro puede tomar ese chip e impresionarlo de datos,
haciéndolo aún más valioso. Y cuando alguien conecta ese chip a una com-
putadora, es mucho más valioso. Imperios y corporaciones multimillona-
rias, como Intel, fabricante de chips, se han construido sobre granitos de
arena. El valor de la arena, por supuesto, sigue siendo despreciable. Hasta
que nosotros le damos valor.
La tecnología ofrece también beneficios menos tangibles. La tecnolo-
gía proporciona un marco para la igualdad y la comunidad, permite a las
sociedades superar siglos de privaciones. La tecnología, cuando se com-
parte, es un gran compensador. John Empuili, miembro de la tribu maasai,
no asistió a la escuela hasta que tuvo 15 años. No obstante, el talentoso
y esforzado joven aprovechó la educación y la tecnología moderna para
obtener eventualmente un doctorado. John ha servido a su pueblo como
educador, pastor y consultor de desarrollo durante décadas.
La tecnología permite a los individuos acceder a una comunidad más
amplia. Los medios electrónicos permiten a millones de personas com-
partir en copas del mundo, olimpiadas, alunizar (en la luna), o escuchar
sermones de Billy Graham. Pone la información a disposición, no ya de
MAYORDOMÍA 221
las élites, sino también de las masas —al menos en teoría—. La tecnología
crea su propio impulso y construye sobre sí misma. Un descubrimiento
conduce a otro. La gente oye hablar de ello y lo desea. No hay más que ver
el gran salto de la tecnología de los teléfonos celulares en lugares como el
continente africano, donde las líneas telefónicas terrestres aún no estaban
disponibles. Los teléfonos móviles son tan comunes hoy en Sudáfrica y
Nigeria como en los Estados Unidos.9
Creamos abundancia con el corazón y la mente, y también con las
manos. El esfuerzo de nuestro cuerpo lleva a cabo sueños y descubrimien-
tos en el mundo físico. Por supuesto, no estamos circunscritos a nuestras
propias «herramientas»: ojos, oídos, manos, piernas. Podemos crear ins-
trumentos para hacer aún más cosas: para los ojos, el microscopio o el
telescopio; para los oídos, sistemas de megafonía; para las manos, pinzas
o robots; para las piernas, autos que nos transportan de un continente a
otro.
Otro instrumento que tenemos para transformar el mundo es la pala-
bra. En la Biblia, se usan las palabras para establecer dominio, tanto por
Dios (Gén. 1:3; Sal. 33:6, 9; y Juan 1:1-3) como por las personas (Gén. 2:19-
20). Dios habla para crear y sostener el universo. El hombre habla para
crear y conformar la cultura. La palabra de Dios nos informa acerca de lo
que es (Gén. 1:1) y de lo que debería ser (Prov. 6:20-23), para enseñarnos
«que el hombre no sólo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede
de la boca del Señor». (Deut. 8:3, LBLA). Reflexionando sobre Deuterono-
mio, Udo Middelman declara:
No nos guiamos por lo que es, sino por lo que debe ser. Vivimos de toda
palabra que sale de la boca de Dios, no sólo por condiciones naturales o
medias estadísticas… La palabra de Dios no sólo guía nuestra espiritua-
lidad, también nos indica cómo debemos ganarnos la vida en un mundo
que no tolera la existencia humana, mas nos castiga con la consecuencia
de nuestra anterior transgresión. A partir de esta mentalidad cambiamos
el cauce de los ríos, ponemos límite a la vida de las bacterias… movemos
montañas y piedras para ceder espacio a la existencia humana, cuando la
naturaleza no derrama lágrimas, cuando el hambre arruina la existencia
humana.10
Como actores en la historia de Dios, usamos palabras para estable-
cer dominio, para crear cultura, e incluso para asignar identidad humana.
222 DISCIPULANDO NACIONES
Adán llamó a su mujer Eva, que significa «dadora de vida», «porque sería
madre de todos los vivientes». Los padres siguen poniendo nombre a sus
hijos. El nombre que un papá o una mamá dan a su hijo es el mismo con
el que el Dios del universo le llamará por toda la eternidad. Con nues-
tras palabras, los seres humanos creamos civilización en la sociedad por
medio de la ley, progreso en el mundo por medio de la lengua y la ciencia,
y belleza por medio de la literatura y la música.
Mayordomía: Metáfora del desarrollo
A pesar de toda esta rica evidencia de la concepción bíblica del desarrollo,
la verdad es que la palabra desarrollo no aparece en la Escritura.11Aunque la
palabra no sea bíblica (si bien el concepto sí), hace años que me pregunto:
¿Contemplan los cristianos que trabajan en la obra de desarrollo su voca-
ción como lo hacen sus compañeros laicos? ¿Se basa también su enfoque
en el secularismo de la Ilustración francesa? ¿Tienden a «cristianizar» su
labor limitándose a decir que son movidos por Cristo? ¿O fluye su labor de
una cosmovisión completamente bíblica?
Puesto que la definición de «desarrollo» ha sido establecida por una
industria mayormente secular, ¿qué deben hacer los cristianos? Obvia-
mente, no podemos limitarnos a consentir, ya que muchas cosas —buenas
y malas— fluyen de la elección de palabras. ¿Acuñaremos un nuevo voca-
blo y esperaremos convencer a la gente que lo entienda y lo use, o buscare-
mos un equivalente funcional (para desarrollo) que ya esté en la Escritura?
Yo he optado por la última opción, ya que ambos testamentos hablan de
«mayordomía».
La Biblia proporciona dos imágenes para ayudarnos a concebir la
mayordomía: plantar un huerto (Gén. 2:8) y edificar una ciudad (Apo. 21).
El hombre comenzó su jornada en un huerto y la concluirá en una «ciu-
dad-jardín» de esplendor edénico (Apo. 22).
El Nuevo Testamento emplea el concepto de mayordomía de varias
maneras. Primero, las personas son siervos en la casa del Amo y respon-
sables de administrar toda la hacienda, con la idea, después ampliada, de
incluir el cargo apostólico. (El apóstol tenía que transmitir fielmente las
buenas nuevas de salvación en Cristo.) Segundo, la mayordomía hace refe-
rencia al plan de desarrollo de la redención. Tercero, implica responsa-
bilidad. A los mayordomos de Dios se les ha dado un periodo de tiempo
MAYORDOMÍA 223
limitado para cumplir la tarea —el telos divino— y al mismo tiempo pre-
servar lo valioso de perjuicio o pérdida (Mat. 28:19-20).12 Además de ganar
almas para Cristo, hemos de estimular el crecimiento en todas las áreas
de la vida: moral, física, intelectual y espiritual. Así pues, la historia que
transcurre entre Génesis 2 y Apocalipsis 21 es la historia de oikodome, la
historia del desarrollo.
Así pues, el desarrollo, entendido como mayordomía, mantiene una
tensión dinámica entre la conservación y el progreso. El mayordomo se
define mejor como un conservador progresista (o un progresista conserva-
dor). ¡Qué contraste con el secularismo, que progresa sin conservar, o con
el animismo, que conserva sin progresar!
El rol de la fe
¿Qué significa todo esto para el cristiano? Sabemos que «sin fe es imposible
agradar a Dios» (Heb. 11:6). Por tanto, sabemos también que es imposible
tener una mayordomía bíblicamente informada sin fe. La fe ve espiritual-
mente lo que todavía no está físicamente presente, entiende que lo visible
procede de lo invisible (Heb. 11:3).
Con Abraham como modelo de estímulo, la persona de fe está dis-
puesta a arriesgarlo todo, incluso la vida, por el reino de Dios.
Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había
de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó
como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando
en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque
esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor
es Dios. ...Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo
prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confe-
sando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra (Heb. 11:8-10, 13).
Abraham salió de Ur de los caldeos porque estaba convencido de la
realidad de la ciudad futura de Dios. Vivió una vida anticipada: como si
el futuro fuera presente. Su peregrinaje por el desierto fue guiado por la
realidad de la ciudad de Dios. La vida de Abraham, vivida en el presente,
señalaba al todavía no.
Una fe tal, ve la intención de Dios para hombres y mujeres, familias,
comunidades, naciones y el mundo. Donde la tierra está desolada ve un
224 DISCIPULANDO NACIONES
jardín. Donde hay suciedad, reconoce la dignidad del hombre a imagen de
Dios y construye letrinas. Donde hay paredes desnudas se imagina belleza
y pinta un cuadro. Cuando sueña en países lejanos construye un barco y
navega hacia sus costas.
Por el contrario, la gente que vive en la pobreza está dominada por el
temor. Tiene un conocimiento visceral de las palabras de Jesús al advertir
que «al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará» (Mar. 4:25). Desgra-
ciadamente, así es como la mayoría de la gente ha vivido a lo largo de la
historia, bajo una especie de fatalismo. Peter Berger afirma:
Esta clase de existencia se caracterizaba por muy altas tasas de mor-
talidad infantil, baja esperanza de vida, (tanto en el nacimiento, cuando,
por supuesto, estaba determinada por la tasa de mortalidad infantil, como
en etapas ulteriores del ciclo de vida del individuo), alimentación inade-
cuada y hambruna frecuente, muy alta vulnerabilidad a las enfermedades
y al dolor, muy alta vulnerabilidad a los estragos de la naturaleza, sos-
tenido todo ello con una tecnología sencilla y relativamente inalterable
(más precisamente, con cambios muy lentos) y con una economía de sub-
sistencia de crecimiento cero. Bajo esta forma de existencia, tanto la vida
de los individuos como la de las sociedades venía determinada en gran
medida por las presiones del medio físico y los puros datos demográfi-
cos sobre las débiles estructuras de la tecnología humana y las medidas
económicas. Fernand Braudel acuñó la acertada expresión «el antiguo
régimen biológico» para designar esa anticuada existencia humana de
milenios. Constituye el reverso estable de todos los acontecimientos nota-
bles convencionalmente evocados por la palabra «historia». Gran parte de
la misma es una realidad dolorosa más allá de la experiencia de, práctica-
mente, una mayoría de personas, incluidas las más pobres, de una socie-
dad industrial avanzada.13
Las sociedades de crecimiento cero, de riesgo cero, aún subsisten, des-
graciadamente. Se pueden ver entre los que temen asumir riesgos adecua-
dos, desde los barrios marginales de las grandes ciudades a los suburbios
bien cuidados donde residen las clases medias y altas. El lenguaje compa-
rativo de la tabla de la Figura 11.4 se centra en las distintas mentalidades
del fatalismo y la fe.
MAYORDOMÍA 225
Mentalidad
Fatalismo Fe
Temor al fracaso Coraje para arriesgar
No puedo hacerlo Todo es posible
Soy una víctima Soy una persona responsable
Me resigno a mi destino Me rebelo contra el mundo
La vida es lo que me pasa La vida es lo que quiero que sea
El hombre es como un guijarro El hombre es como un guijarro
en un estanque quieto; arrojado a un estanque;
Él no mueve el agua Su impacto origina ondas
El agua le mueve a él que se siguen para siempre
Dependiente/respondiente Interdependiente/Iniciador
Tradición/Sin cambios Progreso/Innovador
Burocrático Emprendedor
Centrado en «nosotros» Centrado en «ellos»
Suerte (fracaso) Trabajo esforzado (logro)
Trabas al riesgo
Por supuesto, hay varios escollos para asumir riesgos. El primero es senci-
llamente la ausencia de una visión convincente. Si uno no ve nada digno a
lo que dedicar su vida y su compromiso, ¿por qué ha de arriesgarse? Nues-
tra edad moderna se lanza perpetuamente en busca del éxito con seguri-
dad, de la prosperidad personal sin conflicto. Vivimos en una sociedad
verdaderamente burguesa, compuesta de gentes con pequeñas ambiciones,
pero grandes apetitos: salud, entretenimiento, casa grande, segundo (o ter-
cer) auto, en definitiva, «cosas». Sólo hay unos pocos que busquen sentido.
226 DISCIPULANDO NACIONES
Una segunda traba es la mentalidad excesivamente conservadora o
tradicionalista que estima sagrado el pasado. Sociedades enteras siguen
atadas, esclavas «de la tradición de los mayores», por temor a la ira de los
antepasados.
Una tercera traba es el fatalismo, que adopta muchas formas. El ani-
mismo sostiene que el destino es omnipotente. El islam ordena a los
musulmanes someterse a la voluntad omnipotente e inescrutable de Alá.
En Japón, la gente responde a veces a un suceso calamitoso diciendo sho-
gonai, que significa «así son las cosas… no puedo evitarlas».
Otros obstáculos son el temor al fracaso, el temor a quedar mal, el
temor a lo desconocido, el temor al futuro, y puro egoísmo. Jesús condenó
severamente a los que rehusaban asumir fielmente riesgos por el reino
(Luc. 19:11-27).
Arrepentimiento: Transformación de la mente
Las actitudes de temor y de fe revelan el corazón. Cambiar del temor a
la fe exige un cambio de pensamiento. Requiere arrepentimiento. Cua-
tro cosas sostienen el verdadero arrepentimiento; (1) un reconocimiento
del pecado en el individuo o la sociedad; (2) un reconocimiento de que
es posible un cambio fundamental; (3) una capacidad de vislumbrar un
futuro distinto; y (4) una disposición a arriesgar el futuro —lo que se
designa comúnmente «fe».
Los escollos contra el riesgo han de ser quitados. Es preciso reem-
plazar el temor al fracaso con una sana libertad de fracasar. Es menester
equilibrar las tradiciones y las riquezas del pasado con un espíritu de
aventura y descubrimiento. Como dijo William Carey: «¡Espere gran-
des cosas de Dios; emprenda grandes cosas para Él!». Por supuesto, el
equilibrio es fundamental para los individuos y las sociedades sanos. Un
riesgo no meticulosamente sopesado no es más que una invitación al fra-
caso. Necesitamos compensar adecuadamente el riesgo con la seguridad,
la competición con la cooperación, la individualidad con la comunidad
e invertir en dar.
David G. McClelland, de Harvard, se interesó en por qué algunos paí-
ses crecen rápidamente y otros no. No se centró en factores externos, como
el comercio o los recursos, sino en factores internos, «en los valores y moti-
vos humanos que conducen a explotar las oportunidades, a aprovechar las
MAYORDOMÍA 227
condiciones comerciales favorables; en suma, a conformar su destino».14
MacClelland denominó esta actitud «necesidad de realización».
Tres palabras, nos ayudarán a afrontar mejor la motivación interna
por el desarrollo: (1) iniciativa (ingenio, inventiva, resistencia y coraje); (2)
ganas (deseo, voluntad, anhelo, apetito); y (3) gambare, palabra japonesa
que significa «esforzarse más, no rendirse nunca».
Por supuesto, para el cristiano, hay otra palabra: Dios. Jesús animó en
repetidas ocasiones a sus seguidores que asumieran riesgos por el reino, ya
que contaban con la mejor póliza de seguros: Dios mismo. He aquí algu-
nos ejemplos ligeramente parafraseados: «Para Dios todo es posible» (Mat.
19:26). «Si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte:
Pásate de aquí allá, y se pasará» (Mat. 17:20). «Yo estoy con vosotros todos
los días» (Mat. 28:20). «Nada os será imposible» (Mat. 17:20).
La vida de la madre Teresa de Calcuta, quien fuera descrita por Robert
Fulghum como «una viejecita con sari y sandalias», nos ofrece un modelo
de persona dispuesta a entregar todo lo que tiene al servicio de Dios. En
una conferencia de física cuántica y mística religiosa celebrada en Bombay,
la madre Teresa declaró: «No podemos hacer grandes cosas; únicamente
cosas pequeñas con gran amor».15
¿Estamos dispuestos a arriesgarlo todo por Cristo y su reino? ¿Estamos
preparados para intentarlo, ganemos o perdamos? Escuche las tonificantes
palabras de Teddy Roosevelt:
Es mucho mejor intentar grandes proezas, obtener gloriosas victorias,
aunque salpicadas de fracasos, que militar con esos pobres espíritus que
no disfrutan ni sufren mucho porque viven en una penumbra gris que no
conoce victoria ni derrota.16
Lo que importa no es la crítica; ni el hombre que señala cómo tropiezan
los fuertes, o cómo el realizador de proezas podría haberlas hecho mejor.
El reconocimiento pertenece al hombre que está realmente en la arena,
cuyo rostro está manchado de polvo, sudor y sangre; al que lucha valero-
samente, que yerra y falla una y otra vez, porque no hay esfuerzo sin error
ni fracaso; al que realmente se esfuerza en llevar a cabo las hazañas.17
Por supuesto, no se puede crear abundancia sin sudor —y normal-
mente mucho—. Como se suele decir, el genio es un uno por ciento de
inspiración y un 99 por ciento de transpiración. En el Capítulo 12 exami-
naremos cómo encaja el trabajo en el relato bíblico.
228 DISCIPULANDO NACIONES
Preguntas para el estudio
1. ¿Cuáles son algunas creencias comúnmente aceptadas en su cul-
tura acerca de cómo ocurrió la creación?
2. A medida que reflexiona sobre su vida, ¿de qué maneras puede ver
que Dios, el Maestro constructor, le ha esculpido como piedra viva?
3. Considere la cultura en que trabaja. ¿En qué áreas está llena de
belleza, descubrimiento y progreso? Ponga ejemplos de puntos
fuertes y débiles en cada una de esas áreas: arte, ciencia y tecnolo-
gía, trabajo y sueños manifiestos.
4. Describa en sus propias palabras la perspectiva de J.R.R. Tolkien
acerca de la relación entre el buen arte y la realidad. ¿Está usted de
acuerdo o discrepa? ¿Por qué?
5. ¿Cómo establecen dominio las palabras?
6. Ponga ejemplos de palabras culturales que estimulan el floreci-
miento humano y otras que fomentan la pobreza.
7. Repase la tabla de mentalidad del lenguaje comparativo (fig. 11.4).
Marque las palabras que mejor describen las personas con quienes
usted trabaja. Si hay un modelo, ¿cuál es? ¿Qué le dice esto?
8. Identifique a una persona o grupo en su comunidad que tiene lo
que David MacClelland llama «necesidad de realización». Identi-
fique una manera concreta para estimularles. ¿Cómo puede usted
instruirles para que motiven y enseñen a otros?
9. Dios está construyendo su reino. ¿Cómo ve usted su reino expan-
dirse en la comunidad en que vive y trabaja? ¿Qué le gustaría hacer
en los próximos seis meses como obrero de la empresa de cons-
trucción del reino?
10. ¿Qué preguntas o desafíos se le ocurren en respuesta a las ideas
presentadas en este capítulo?
12
VOCACIÓN
Conexión entre la vocación y la historia
transformadora
E n la campiña tailandesa, a menudo la gente pasa dificultades para
ganarse la vida. Una rápida deforestación ha reducido la productivi-
dad de la tierra. La estación lluviosa se acorta cada año que pasa. Durante
la estación seca, pocas plantas crecen. Algunos árboles frutales proporcio-
nan una grata sombra, pero buena parte del país es árida y rigurosa.
Songsai y Sii Phot viven con sus seis hijos en una parcela deforestada,
en el este de Tailandia. La tierra, perteneciente a la madre de Sii, forma
parte de un terreno más grande dividido y entregado por el gobierno a
campesinos sin tierra. La casa de la familia se asienta sobre pilotes y está
cubierta de anchas láminas de madera y techo de paja.
«La lluvia penetra por las paredes y el techo», dice Sii. «Es difícil vivir
aquí, pero no podemos ir a otro sitio».
Trabajo esforzado y disciplina: Dos requisitos para el progreso
A pesar de la historia de Phot, según el Banco Mundial, la economía de Tai-
landia ha experimentado una notable transformación en las últimas cuatro
décadas, «pasando de ser un país de renta baja a renta alta en menos de
una generación». La nación asiática, con 68 millones de personas, ha visto
229
230 DISCIPULANDO NACIONES
caer en picado las tasas de mortalidad materna, y de menores de cinco,
mientras más del 97 por ciento de la población tiene actualmente acceso a
agua potable y saneamiento. «La pobreza ha declinado sustancialmente en
los últimos 30 años», informa el Banco, «del 67% en 1986 al 11% en 2015,
ya que han subido los salarios».1
No obstante, durante buena parte de su historia, Tailandia estuvo ence-
rrada en la pobreza. El reino tailandés unificado, conocido como Siam, fue
fundado a mediados del siglo XIV, y Tailandia ostenta la distinción de ser
el único país del sudeste asiático que nunca fue colonizado por una nación
europea. No obstante, las privaciones fueron endémicas durante siglos para
todos, salvo unos pocos. ¿Por qué tardó tanto Tailandia en desarrollarse?
Aunque hay muchos factores, yo creo que hay tres valores culturales
que impidieron al pueblo tailandés ejercer la capacidad que Dios le dio
para mejorar sus vidas. Yo las denomino las tres «eses»: sanuk, saduak y
sabai.
Sanuk significa «pasarlo bien». A los tailandeses les encanta pasarlo
bien. Por supuesto, el trabajo necesario para prosperar no siempre es diver-
tido; a veces exige sacrificio y aplazamiento de la gratificación. Así pues,
sanuk representa un verdadero obstáculo. Las otras dos palabras —saduak,
«conveniente», y sabai, «cómodo»— presentan problemas similares. Estas
«tres eses» han sido más relevantes en la sociedad tailandesa que el esfuerzo
y la disciplina. Una vez que un tailandés dice: «mai sanuk» (no es diver-
tido), «mai saduak» (no es conveniente), o «mai sabai» (no es cómodo),
todo esfuerzo para avanzar es en vano.
La ética de trabajo protestante re-examinada
Aunque Dios creó un día de descanso en la estructura misma de la crea-
ción, no podemos olvidar los otros seis días. Fuimos creados, como mayor-
domos de Dios sobre la creación, para trabajar. Nuestro trabajo afirma
nuestra dignidad y glorifica al Trabajador divino. Como declara el apóstol
Pablo: «Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la
gloria de Dios» (1 Cor. 10:31).
El gran teólogo, educador y político reformado, Abraham Kuyper lo
expone de este modo: «Dondequiera que el hombre se sitúe, cualquier
cosa que haga, o a cualquier cosa que aplique su mano, ya sea en la agri-
cultura, el comercio y la industria, o su mente, en el mundo del arte y
VOCACIÓN 231
la ciencia, está, en todo lo que sea, continuamente delante del rostro de
Dios; está empleado al servicio de su Dios, tiene que obedecer estricta-
mente a su Dios, y, por encima de todo, tiene que apuntar a la gloria de
su Dios».2
Como vimos en el Capítulo 1, Max Weber articuló la ética protes-
tante del trabajo. Weber comprendió que las ideas tienen consecuencias.
Rechazó el supuesto marxista-materialista de que «lo único que importa es
la materia». Weber entendió que la cosmovisión que sustenta la ética pro-
testante conducía a la transformación y la prosperidad de naciones sumi-
das en toda clase de pobreza.
Aunque Weber sigue siendo hoy un gigante de las ciencias sociales,
correspondió a John Wesley* (1703-1791), avivador y reformador social
inglés, destilar la esencia de la aún no descubierta ética del trabajo en un
grito de guerra fácil de entender. Al moverse en un contexto mucho más
profundo que en la hueca sociedad de consumo actual, Wesley instó a los
cristianos de su tiempo: «Trabajen lo más duro que puedan; ahorren todo
lo que puedan; den todo lo que puedan».3
TRABAJO
La
ética
de
trabajo
AHORRO DÁDIVA
Los tres mandatos de Wesley aluden a los tres principios básicos de la
economía bíblica4—diligencia (formación de capital), austeridad (ahorro
de capital), y caridad (reparto de capital). Habiendo surgido de la cosmo-
visión judeocristiana, la economía bíblica no versa únicamente sobre el
232 DISCIPULANDO NACIONES
esfuerzo. Refleja varios supuestos críticos: libertad (libertad de mercado),
propiedad privada, responsabilidad personal y comunitaria, mayordomía
de la creación, y justicia bajo la ley. El ahorro, por ejemplo, muestra con-
fianza en el futuro, que la historia avanza hacia su destino, y se abstiene
de la gratificación inmediata. El dar, entretanto, refleja la responsabilidad
divinamente ordenada de pensar más allá de nosotros mismos, para ayu-
dar primeramente a la familia de Dios, y a nuestros semejantes, y cuidar
de la creación.
El modelo de trabajo, ahorro y dádivas de Wesley es triádico. Cada
componente nutre a los otros. A diferencia de mucho de lo que se hace
pasar por capitalismo moderno (que en muchos casos sería mejor desig-
narlo «consumismo hedonista», «capitalismo depredador», o «capitalismo
mafioso») la ética protestante se centra en los otros, tanto en su concepción
como en su función. No sirve principalmente al yo, sino a Dios, a otros, y
al futuro. Establece una base sólida para el comercio y la empresa econó-
mica. Aunque aprecia la riqueza física, no trata principalmente de dinero.
El hecho de que gran parte de la cultura moderna ansíe el dinero muestra
cuánto nos hemos desviado de esta ética.
Como vimos anteriormente, la palabra economía viene del griego oiko-
nomos, que significa «mayordomía de la casa». Refleja una filosofía moral
floreciente, aunque haya sido mayormente olvidada. Dios cuida de todas
las esferas de la vida, incluida la económica. Nuestro mundo cada vez más
fragmentado tiende a compartimentar la vida. Esto no es sano. Recorde-
mos que los principios que avivan la esfera económica también animan las
esferas moral y espiritual.
Los occidentales no son los únicos que tienen acceso a estos princi-
pios. Por ejemplo, una ética similar está presente en las culturas confucia-
nistas. Podemos ver dos aspectos de esta modalidad de «ética del trabajo»:
trabajo esforzado y jen, es decir, benevolencia o conveniencia propia ilu-
minada. El jen es ilustrado por el equivalente funcional confuciano de las
palabras de Jesús en la regla de oro: «Haz a los demás lo que quieres que
te hagan a ti». La ética confucianista, basada en algunos principios simi-
lares a los de su homóloga protestante, es una de las principales razones
del auge económico que ha conocido Tailandia (y buena parte de Asia) a
partir de 1980.
VOCACIÓN 233
Premisas económicas
Animismo Teísmo Secularismo
Sistema
económico Trueque Capitalismo Consumismo
Realidad Espiritual Personal Física
última
Hombre Espíritu Mente Boca
Naturaleza Bien limitado Suma positiva Suma cero
Marco de Pasado Futuro Presente
tiempo
Historia La vida gira La historia se El tiempo
en una rueda dirige hacia se agota
un destino
Trabajo Sobrevivir Glorificar a Dios Consumir
Ética Amoral Absolutos morales Inmoral
Conocimiento La ignorancia La verdad Relativismo
Es una virtud es absoluta
Como ha venido mostrando este libro, las implicaciones económicas
del teísmo judeocristiano, el secularismo y el animismo, son muy distin-
tas. La figura 12.2 resume las premisas clave de cada uno de ellos. Nuestro
mundo moderno está repleto de culturas que prueban que el secularismo
conduce inevitablemente al consumismo egoísta y al totalitarismo,5 y cómo
el animismo produce sistemáticamente abyecta pobreza. Así pues, exami-
nemos cada componente del mandato tripartito de Wesley para entender
mejor por qué Kuyper y Weber tenían razón y por qué los secularistas y los
animistas están en el fondo equivocados.
234 DISCIPULANDO NACIONES
Diligencia: «Trabaja lo más esforzadamente que puedas»
El trabajo —en todas sus modalidades— es sagrado. ¿Por qué? Dios tra-
baja. Génesis 1:1 nos recuerda que «En el principio creó Dios los cielos y la
tierra». Dios trabajó y luego descansó de su labor creadora el séptimo día
(Gén. 2:2-3). Aunque la Biblia no manifiesta que el Creador omnipotente
estuviera cansado de su trabajo, describe lo que hizo (y sigue haciendo)
como trabajo. El autor de Hebreos describe a Dios como Arquitecto y
Constructor de la Jerusalén celestial (Heb. 11:10). La palabra griega tech-
nites, es traducida por «arquitecto», de donde derivan las palabras técnica
y tecnología. La palabra griega demiurgo deriva de demos, «el pueblo» y
ergon, «trabajar o laborar». Dios es un trabajador para el pueblo y un téc-
nico maestro. Cuando decidió venir en carne, en Cristo, vino como lo que
hoy llamaríamos un obrero. En efecto, ejemplificó el trabajo para todos los
seres humanos, y toda vocación ética, legítima, tiene su origen en el trabajo
divino, refleja el trabajo de Dios y contribuye a la venida del reino de Dios.
Pero Jesús dignificó las labores manuales. Él fue carpintero; algunos erudi-
tos interpretan su trabajo como el de un «albañil». No vino como soldado o
recaudador de impuestos. No formó parte de las clases dirigentes romana o
judía en Jerusalén. Vino como obrero. A veces honramos al que lleva traje
y corbata y menospreciamos al que viste mono de trabajo. Pero Jesús vino
a una región rural como carpintero. A diferencia de muchos reyes y políti-
cos, Dios no se avergüenza de arremangarse.
No sorprende, pues, que los seres humanos, creados a imagen de Dios,
sean llamados a trabajar (Gén. 2:15). Para dignificar aún más nuestro tra-
bajo, somos llamados a colaborar con el Señor del universo (Gén. 1:26,
28). Hemos recibido dominio sobre la creación de Dios como vice regentes
suyos. Por increíble que parezca, Dios trabaja en nosotros para llevar a cabo
muchos de sus propósitos divinos. Dios creó un universo generoso; noso-
tros podemos aumentar esa abundancia mediante nuestra labor productiva.
De modo que ningún trabajo es despreciable cuando se hace para
Dios. Incluso la injusticia y la opresión de la esclavitud puede ser redimida
para la gloria de Dios. «Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terre-
nales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres,
sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo
de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del
Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor
servís» (Col. 3:22-24).
VOCACIÓN 235
El trabajo es una vocación, pero debemos oír su llamado. Se cuenta la
historia de tres obreros de construcción que hacían su oficio. Un reportero
les preguntó: ¿Qué están haciendo? El primero le respondió, con tono de
irritación y sarcasmo: «¿No ve que estoy acarreando estos bloques?». El
segundo respondió con orgullo: «Bueno, estoy edificando esta magnífica
estructura, que será un tributo a mi destreza y a mi generación». Pero el
tercero dijo con matiz reverente: «Bueno, estoy sirviendo al Arquitecto
principal, ayudando a edificar el reino de Dios».
TRABAJO
Concepción teísta
TRABAJO
Concepción secularista
TRABAJO
Concepción animista
236 DISCIPULANDO NACIONES
Vivimos y trabajamos en un contexto más amplio, que a mí me gusta
denominar economía divina. Nuestra labor adquiere importancia a medida
que cumplimos el llamado de Dios y hacemos su obra. No hemos de tra-
bajar primordialmente para nosotros mismos, sino para la gloria de Dios.
Además de los principios fundacionales de la ética de desarrollo, también
hemos recibido la gran tarea de reconciliar la creación perdida con su
Hacedor y destruir las obras del enemigo. Somos soldados que reclama-
mos «territorio» para nuestro Rey. Somos sus heraldos, anunciamos que
su reino está al alcance. De modo que el trabajo no es solamente algo que
tenemos que hacer. La historia se dirige hacia una meta, y a nosotros nos
toca tomarla de la mano y guiarla hasta la consumación de Dios, la Nueva
Jerusalén.
Las sociedades seculares se han desviado de su ideal. Tanto en las
sociedades industriales como en las post-industriales, las personas creadas
a imagen de Dios, con eternidad en sus corazones, son reducidas a consu-
mistas y productoras. Ya no se considera el trabajo actividad sagrada. Ya
no seguimos nuestra vocación; ahora nos limitamos a «tener empleo». El
trabajo no es más que un medio para alcanzar un fin. Como dice la vieja
canción pop: «Todo el mundo trabaja para el fin de semana». O como la
famosa cadena de restaurantes TGI Fridays proclama: «Gracias a Dios, ¡es
viernes!». La noble idea de vocación ha sido calladamente sustituida por
el anémico concepto de profesión. Lo que se enfocaba en Dios se enfoca
ahora en el yo.
No obstante, hay otras maneras de disminuir o destruir nuestro sen-
tido de la vocación. Aunque el secularismo exalta el individuo, el animismo
trata de disolverlo. El animismo considera el trabajo un mal necesario,
como parte del sufrimiento que tenemos que soportar en esta vida. Los
Mangalwadi afirman:
La idea de destino individual es extraña a la cultura hindú, que enfatiza
la disolución de la propia individualidad, no su realización. En efecto,
una mayoría de hablantes de hindi, mi lengua materna, ni siquiera saben
que hay una palabra hindi equivalente para designar «destino» en los
diccionarios...
La palabra comúnmente usada, y la idea que domina la literatura hindi,
es «sino o azar», justo lo contrario de lo que significa la idea cristiana de
destino.6
VOCACIÓN 237
En la economía divina, no hay dicotomía entre sagrado y secular,
ya que todos servimos coram Deo. Me encantan las placas de pared que
adornan algunas cocinas con la frase: «Aquí se celebran cultos de adora-
ción tres veces al día». La cuestión no es: sagrado frente a secular; es más
bien consagrado frente a no consagrado. Una persona, incluso un pastor
o misionero, puede estar llevando a cabo tareas «religiosas» sin estar san-
tificado. En cambio, un ama de casa puede estar preparando comidas para
la familia como un verdadero acto de devoción a Dios. Un granjero puede
ordeñar vacas como acto de adoración. El puesto de trabajo es un lugar de
adoración.
Esto se refleja en la palabra hebrea avodah, que se traduce como ado-
ración, servicio o trabajo. En la economía divina no hay distinción entre
sagrado y secular. Avodah indica el acto integrado de trabajo y adoración.
Por decirlo de manera ligeramente distinta, el mandato cultural nos llama
a «trabajar santamente».
La ética de desarrollo requiere abundancia, generar más del mínimo
imprescindible para hoy. Hemos de trabajar no solamente para cubrir las
necesidades inmediatas, sino también futuras. Nuestra meta trasciende
una mentalidad de supervivencia y abarca la ayuda al necesitado en nues-
tra comunidad, ahorrar e invertir para el futuro de nuestra familia y la
comunidad más extensa —hacer planes para la sequía y la lluvia—. El
sábado, ordenado en la Escritura, implica que debemos tener más de lo
que necesitamos cada día para poder disfrutar de un día de descanso.
En una economía del reino, la diligencia, o industria, es una virtud.
Esto contrasta con la desidia, la pereza y la ociosidad de algunas culturas
animistas. El ciclo de trabajo y descanso que hallamos en el Primer traba-
jador (Gén. 2:2-3) contrasta también con la adicción al trabajo que se da en
muchas sociedades materialistas.
La ruta más segura hacia la abundancia es estimular la creatividad y
dar a las personas el fruto de su labor. Hemos de ver que el derecho a la
propiedad no es una invención moderna. La propiedad privada, la libertad
y la responsabilidad personal van juntas. El mandamiento del Decálogo
contra el robo (Éxo. 20:15 «No hurtarás») asume que las personas tienen
derecho a la propiedad y a conservar lo que producen.
Aparte de la abundancia, el trabajo esforzado da gloria al Amo tra-
bajador, en cuyo nombre se hace, para cumplir su propósito y extender
su reino. La riqueza no tiene por objeto la mera satisfacción del placer
238 DISCIPULANDO NACIONES
personal. La verdadera abundancia es interna, el conocimiento de Dios. El
signo externo de esta abundancia interna es un estilo de vida sencillo, que
fluye del contentamiento. La riqueza que emana de una vida frugal y fiel
al llamado personal da como resultado el ahorro. El ahorro genera capital
para invertir en nuevas empresas y dar a la «viuda necesitada» (1 Tim. 5:3,
16).
Austeridad: «Ahorre todo lo que pueda»
El trabajo esforzado y vocacional puede producir abundancia. Pero esta
abundancia no refleja mérito nuestro, sino que es gracia de Dios. Aun-
que muchas personas —incluso cristianas— justifican hoy su estilo de vida
extravagante diciendo: «Me lo he ganado», la persona que trabaja prin-
cipalmente para la gloria de Dios no es, en esencia, un consumidor. Tra-
baja para ahorrar. Capta el sentido de la riqueza permanente: relaciones,
reino de Dios, justicia. La recompensa del trabajo es moral y espiritual. La
riqueza permanente tiene una relación tangencial con la riqueza física, que
con frecuencia nos aparta de Dios. Pero la persona sabia guarda la riqueza
física —y la pobreza— en el contexto de una riqueza eterna, permanente.
Como dice la Escritura: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo
volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito»
(Job 1:21).
Sabiendo que la historia tiene sentido, las personas sabias ahorran. La
cosmovisión bíblica les informa que viene un mañana, y que será distinto
al presente. El tiempo no es circular, no es un ciclo interminable de cuatro
estaciones. La historia se está escribiendo y las personas la conforman. El
sabio aprecia la realidad del pasado, el presente y el futuro. El sabio puede
ver más allá del pasado y el presente para poder planear. Como observó
Salomón: «Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio; mas el hombre
insensato todo lo disipa» (Prov. 21:20).
El futuro exige gratificación diferida, sacrificio y abnegación. Los que
sólo viven para el presente bien pudieran ser pobres mañana. El lema
hedonista dice: «Comamos, bebamos y alegrémonos, porque mañana
moriremos». Quizás debería rezar: «Comamos, bebamos y alegrémonos,
porque mañana seremos pobres». Un excesivo gasto presente suele augu-
rar un mañana de pobreza. Piense en los agraciados con premios de lote-
ría y atletas profesionales que dilapidan su súbita riqueza derrochándola
VOCACIÓN 239
descontroladamente. Un país rico como Arabia Saudí podría fácilmente
volver a la pobreza si no invierte sabiamente su riqueza petrolífera para el
futuro.
Los ahorradores con mentalidad bíblica tienen un agudo sentido del
tiempo cronológico, pero también captan algo del tiempo escatológico.
Saben que la historia avanza hacia el cumplimiento del plan de Dios, y
nosotros formamos parte de él. La riqueza que producimos con nuestro
trabajo esforzado puede ser invertida en el reino venidero. En realidad, el
multiplicar e invertir nuestra riqueza en el reino venidero es un barómetro
de la entrega de nuestra vida al telos de Dios.
También ahorramos por causa de la maldición sobre la tierra. Vendrán
días de sequía y días de cosecha. José en Egipto ahorró durante los años
de abundancia para que la nación pudiera sobrevivir durante los días de
necesidad. Nosotros debemos hacer otro tanto.
El ahorro es necesario porque tenemos diversas responsabilidades:
Proveer para nuestras propias necesidades (2 Tes. 3:10), las de nuestra
familia (1 Tim. 5:7-8), y las de nuestra comunidad, iglesia e instituciones
mediadoras (Gál. 6:9-10). Yo soy el guardián de mi hermano. He de amar a
mi prójimo como a mí mismo. Soy importante, y responsable. He de exten-
derme hacia los demás con la compasión que brota del corazón de Dios.
Un comentario adicional: nadie es demasiado pobre para ahorrar. El
Chalmers Center, con sede en Lookout Mountain, Georgia, ha sido pionero
del plan: pobres que generan capital mediante micro ahorros. Mi esposa
cuenta una experiencia de trabajo con las mujeres de dos comunidades
pobres en Honduras. Los miembros de esas comunidades alegan que son
demasiado pobres para ahorrar. Un día, Marilyn impartió un taller sobre
cómo aprender a ahorrar. Y les preguntó que cuántas en la clase compra-
ban refrescos para sus familias. Todas lo hacían. Luego les preguntó cuánto
costaba cada bebida. Respondieron que suponía el equivalente de un dólar.
¿Y cuántas bebidas compran en una semana? Una por día fue la respuesta
más común. Marilyn las ayudó a calcular: una bebida por día, por 365
días al año, asciende a 365 dólares. Las mujeres se asombraron de estar
gastando tanto dinero en bebidas. Esta ilustración creó un contexto para
que ellas empezaran a ahorrar dinero para las necesidades de sus familias.
¡Incluso los pobres pueden ahorrar!
Una última palabra acerca de la frugalidad. A diferencia del con-
sumismo secular, el teísmo bíblico impone límites morales sobre las
240 DISCIPULANDO NACIONES
ganancias y el uso de la riqueza. Weber sabía que la ética protestante del
trabajo responsabiliza al hombre como mayordomo. «El hombre es sólo
un administrador de los bienes que se le conceden por la gracia de Dios...
debe... dar cuenta de cada céntimo que se le confía, y es, como mínimo,
peligroso gastarlo en propósitos que no redundan en la gloria de Dios, sino
el mero disfrute personal».7
La sobriedad y el trabajo esforzado expresan la ética protestante. Fue
esta frugalidad, este ideal de «ni pobreza ni riqueza» (Prov. 30:7-9), lo que
«estableció la limpia y sólida comodidad del hogar de clase media como
ideal».8 «Ni pobreza ni riqueza» significa suficiencia —en contraste con la
privación, por una parte, y con la opulencia, por otra.
La frugalidad establece límites al consumo personal, pero no a la crea-
ción e impartición de riqueza. Estas son virtudes; el excesivo consumo
personal es un vicio. La economía bíblica no se centra en el yo, sino en la
adoración a Dios, el servicio a otros y la mayordomía de la creación. Como
retó el economista y ex parlamentario holandés Dr. Bob Goudzwaard, es
preciso «crear una economía de atención, una economía de suficiencia».9
En un sistema teísta, la riqueza surge de las virtudes del trabajo duro
y la frugalidad. Hoy, sin embargo, nuestra cultura valora cada vez más la
riqueza material antes que a Dios. En consecuencia, el trabajo duro y la
frugalidad son cada vez más despreciados. La riqueza, actualmente secula-
rizada, se ha convertido en un fin en sí misma. Wesley, que tanto hizo por
estimular la prosperidad personal, lo vio venir. «Me temo que allá donde
las riquezas han aumentado, la esencia de la religión ha disminuido en la
misma proporción. Por lo tanto, no veo cómo es posible, conforme a la
naturaleza de las cosas, que un avivamiento verdaderamente religioso dure
mucho tiempo. Porque la religión debe producir de necesidad industria y
frugalidad, y éstas no pueden menos que producir riqueza. Pero a medida
que aumentan las riquezas, también lo hacen el orgullo, la ira y el amor al
mundo en todos sus matices».10
Como cristianos, nuestra meta no debe ser el exceso material, sino la
suficiencia (ni riqueza ni pobreza). Dios bendice a muchas personas con
abundancia, pero nosotros deberíamos compartirla generosamente con
nuestros vecinos y con la comunidad más amplia. El que esta sugerencia
parezca extraña revela cuánto nos hemos alejado por la ruta secular. Como
dijo Jesús, no es posible servir a Dios y al dinero.
VOCACIÓN 241
Generosidad: «Dé todo lo que pueda»
La riqueza que producimos por medio de nuestro trabajo y ahorro debe ser
invertida en emprender y hacer donativos benéficos (Hech. 20:34-35). C.S.
Lewis escribió: «La beneficencia —dar a los pobres— es una parte esencial
de la moral cristiana… No creo que uno pueda decidir cuánto debe dar. Me
temo que la única regla segura es dar más de lo que se puede ahorrar… Si
nuestros donativos no nos pellizcan ni causan dificultad, me atrevo a decir
que son demasiado pequeños. Debería haber cosas que nos gustaría hacer
y no podemos porque los gastos benéficos las excluyen».11
La Biblia nos ofrece dos razones principales para dar. La primera es
el amor de Dios. Damos porque Dios nos dio a nosotros primero (1 Juan
4:10-11). Lo mismo que Dios, hemos de dar liberal, sacrificial y abundan-
temente. Como dijo Pablo de Cristo: «Por amor a vosotros se hizo pobre,
siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos» (2 Cor.
8:9). Dios desea que compartamos nuestra preocupación por los pobres
practicando la misma clase de amor desinteresado por los demás. El libro
de Proverbios está lleno de exhortaciones a la generosidad, así como de
advertencias contra la tacañería (véase Prov.11:24–28; 14:31; 19:17; y 28:7).
Una segunda razón para dar generosamente es el «interés propio». Al
principio parece una paradoja. ¿Cómo nos podemos ayudar ayudando a
otros? Y una cuestión aún más importante: ¿Es realmente bíblico actuar en
interés propio? ¿No es esto un eufemismo del egoísmo?
El hecho es que no podemos ser más espirituales que la Biblia. Citando
el Antiguo Testamento, Jesús dijo: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo»
(Mar. 12:31). Esto supone cierta cantidad de interés propio, de amor pro-
pio sano. Esto no está mal, porque hemos sido creados a imagen de Dios.
Nuestras vidas revisten importancia. Dios estableció nuestra valía más allá
de toda duda enviando a su Hijo a morir por nosotros. El banquero inglés
Brian Griffiths afirma que el interés propio es evidencia de que «somos
creados [a imagen de Dios], poseedores de una voluntad y una mente,
capaces de tomar decisiones y responsables de ellas». Por otra parte, Gri-
ffiths afirma: «El egoísmo es consecuencia de la caída y la distorsión del
interés propio cuando el objeto principal de la vida no es el servicio a Dios
sino la satisfacción de nuestro propio ego».12
El interés propio se asienta en el contexto comunitario. A pesar de
lo que pueda decir la cultura, no somos individuos aislados a quienes se
permite satisfacer todo antojo y apetito. Vivimos con otros y debemos
242 DISCIPULANDO NACIONES
considerar también sus necesidades. El dar redunda en nuestro interés
propio. Vivimos coram Deo, y daremos cuenta de todo acto de codicia.
Dios nos diseñó para contribuir a la comunidad más extensa. Jesús mismo
articuló este principio fundamental cuando dijo: «Más bienaventurado es
dar que recibir» (Hech. 20:35). En palabras ligeramente distintas, la Biblia
instaura una cultura de generosidad y se opone a una cultura de avaricia.
Un ser humano que no da no se asemeja a Dios, porque Dios es el
Dador supremo. Pero no debemos dar indiscriminadamente. La genero-
sidad no basta; es necesario discernir. En los últimos años ha cambiado
el lenguaje acerca de dar. Ayudar «a los pobres» sigue estando de moda,
como demuestran todos los «beneficios» que se otorgan a los granjeros,
refugiados y residentes en cascos urbanos. No obstante, la palabra pobre ha
llegado a representar una clase de personas que carecen de recursos físicos.
No dice nada acerca de cómo llegaron a esa situación. Pero para ayudar
verdaderamente a alguien en necesidad, tenemos que descubrir cómo lle-
garon donde están. El apóstol Pablo ciertamente hizo distinciones (1 Tim.
5:3-6), y nosotros deberíamos hacer lo mismo.
A efectos de este estudio, los pobres pueden dividirse en tres categorías
generales. Los pobres meritorios —viudas, huérfanos, «discapacitados» y
otros— son los que trabajarían si pudieran. Estos merecen nuestras dádivas,
que en este caso se pueden designar adecuadamente como «beneficencia».
Un segundo grupo son los trabajadores pobres. Como es lógico, estas
personas son capaces y están dispuestas a trabajar, y de hecho trabajan,
pero aún necesitan nuestra ayuda, que, en su caso, significa invertir en
su empresa o compartir nuestra experiencia con ellas. Muchos planes de
préstamo a microempresas, que se pueden levantar siguiendo los planes de
micro-ahorro anteriormente mencionados, caen en esta categoría. En un
plan bien gestionado, el inversor es reembolsado, o su dinero, reinvertido
en préstamos rotatorios, para proveer oportunidades para otros.
Un tercer grupo —los pobres no meritorios— está formado por per-
sonas capaces, pero no dispuestas a trabajar. No merecen dádivas, sino
confrontación amorosa. Como ha dicho Marvin Olasky, necesitamos tener
«cabezas sólidas» y «corazones cálidos» para con tales personas y desafiar-
las personalmente.13 Dar indiscriminadamente a los pobres no meritorios
no hace más que aumentar su pobreza. No desafiarles es condenarlos a ella.
Independientemente de la categoría a la que se adscriban los pobres,
debemos hacer todo lo posible por restaurar y mantener su dignidad.
VOCACIÓN 243
Cuanto más personales y relacionales seamos en nuestras dádivas, mejor.
Aunque no siempre es posible, este enfoque es normalmente el más efec-
tivo. La tabla de la Figura 12.6 describe tres niveles, que oscilan de más
personal a menos.
Dádiva relacional
Personal Responsabilidad personal MÁS
Familia inmediata PERSONAL
Familia extendida
Comunal Estructuras mediadoras
(iglesias, clubes sociales, etc.)
Organizaciones benéficas privadas
Gobiernos locales
(municipal, comarcal)
Gubernamental Gobiernos regionales
(estado, provincia)
Gobiernos nacionales
(USAID, Bienestar socialista, etc.)
Agencias internacionales MENOS
(Naciones Unidas, IMF, etc.)
PERSONAL
En el nivel más personal, damos a nuestra familia inmediata y más
extensa. La persona que no provee para los suyos es «peor que un incré-
dulo» (1 Tim. 5:8). En el segundo nivel, comunitario, proporcionamos
beneficencia a través de diversas instituciones mediadoras: iglesias, sinago-
gas, organizaciones cívicas, etc. Como la beneficencia personal, ésta es pri-
vada, libremente ofrecida y con el respaldo de la responsabilidad personal.
El tercer nivel, el del Estado, es la forma de dar menos personal (y
menos eficaz). En vez de ser privado y voluntario, este dar es público y
obligatorio, financiado por los impuestos. Hay mucha menos responsabi-
lidad por los resultados obtenidos. Esto resulta evidente si se considera el
fracaso del bienintencionado estado del bienestar en Estados Unidos y la
creciente pobreza y dependencia a raíz de los incontables millones repar-
tidos en ayuda internacional. A medida que un gobierno engorda, dismi-
nuye la necesidad de compromiso personal. La beneficencia se deforma y
da lugar al bienestar; la responsabilidad del individuo, al derecho de clases;
y la asociación voluntaria da paso a la coerción. En este caso, el «dar» bene-
ficia poco a los pobres.
244 DISCIPULANDO NACIONES
Para ayudarles, debemos tener claro que el trabajo (aunque no siempre
sea divertido, conveniente o placentero) es sagrado. Es también indispensa-
ble para el florecimiento de pueblos y comunidades. La ética protestante es
clave para sacar a individuos, comunidades, y aun naciones, de la pobreza.
Preguntas para el estudio
1. ¿Qué impedimentos frenan la prosperidad (como las nociones
típicas tailandesas de sanuk, saduak y sabai) en la comunidad en
que usted trabaja?
2. En sus propias palabras, defina la «ética protestante del trabajo».
3. Repase la Figura 12.2 y marque cada premisa importante en la
comunidad en que usted trabaja. ¿Qué conclusiones puede sacar?
4. El trabajo es una vocación. ¿Cómo contribuye su vocación a la
edificación del reino de Dios? Si no acierta a ver la conexión, con-
sidere en oración qué puede hacer para que esta relación sea una
realidad.
5. El lema «Ahorre todo lo que pueda» no era sólo para los ricos. A
decir verdad, cuando se enseñaba en las iglesias y escuelas domini-
cales, era el lema de la gente común. Antes de la Reforma, Europa
era pobre. No obstante, el ahorro de la gente posibilitó la prosperi-
dad del norte de Europa. ¿Cómo puede usted estimular la austeri-
dad y el ahorro en la comunidad en que trabaja?
6. Describa las tres categorías de personas pobres. ¿Por qué es impor-
tante hacer estas distinciones?
7. Repase la Figura 12.6. En su comunidad, ¿a quién recurre la gente
en busca de ayuda?
8. ¿Qué pasos puede dar para animar o reforzar la responsabilidad
personal y comunitaria de la beneficencia, en vez de la dependen-
cia del Estado?
9. John Wesley articuló la ética protestante del trabajo de esta manera:
«Trabaje todo lo que pueda, dé todo lo que pueda y ahorre todo
lo que pueda». Escriba un lema que capte la ética de trabajo de la
cultura en que usted trabaja.
10. ¿Qué preguntas, desafíos u otros ejemplos le sugieren las ideas
presentadas en este capítulo?
13
HACEDORES DE HISTORIA
Obediencia a todo lo que Él ha mandado
L a noción lineal, occidental, del tiempo es prácticamente extraña para
la mentalidad africana.
El tiempo real… es el presente y el pasado. Se mueve hacia «atrás», no
«delante», y las personas aplican sus mentes no a las cosas futuras, sino,
sobre todo, a las que han tenido lugar.
Esta orientación del tiempo, regida por las dos dimensiones principa-
les del presente y el pasado, domina la mentalidad africana sobre el indivi-
duo, la comunidad y el universo.1
En este libro hemos examinado el asombroso privilegio y responsabi-
lidad del hombre: servir como vice regente de Dios en la tierra, compartir
un evangelio que incluye la evangelización y el discipulado de las personas,
pero que va más allá, la edificación de las naciones.
En el actual panorama geopolítico, la expresión «desarrollo nacional»
ha venido a significar el intento de las potencias occidentales de instaurar
la democracia en lugares como Afganistán e Iraq, mediante esfuerzos mili-
tares o diplomáticos. Pero la expresión se puede redimir si se considera
como parte del proceso de discipulado de naciones, a través de la Gran
Comisión que Jesús encomendó en Mat. 28:19-20. Hemos de ser construc-
tores de naciones. Las desarrollamos a medida que servimos con amor a
nuestros vecinos, cuando demolemos fortalezas de falsedad en la sociedad,
y promovemos verdad, bondad y belleza.
245
246 DISCIPULANDO NACIONES
A diferencia de las arenas movedizas del secularismo y el animismo,
sólo la narrativa del teísmo bíblico proporciona un fundamento estable
para construir naciones libres, justas, compasivas y prósperas. Nuestro lla-
mado es a cumplir el telos de Dios,2 su plan supremo. Solo las personas con
una idea bíblica del tiempo están preparadas para responder a ese llama-
miento supremo. Este último capítulo mostrará por qué.
¿Hacia dónde se dirige la historia?
Toda persona debe hacerse la pregunta: «¿Por qué estoy aquí?» Toda gene-
ración debe preguntarse: «¿Qué lugar ocupamos en la historia?». Aunque
estas son cuestiones universales, generan una multitud de respuestas con-
trapuestas. Las cosmovisiones marcan la diferencia.
El teísmo judeocristiano, a diferencia del secularismo y el animismo,
introduce una concepción radical del tiempo —lineal, con pasado, pre-
sente y futuro—. El tiempo tiene un principio que se extiende para siempre
hacia el futuro (al menos hasta que sea engullido por la eternidad, y «lo
mortal sea absorbido por lo inmortal»). La historia es abierta: Dios, los
ángeles y las personas pueden intervenir para cambiar su curso. No es de
extrañar que las culturas asentadas sobre esta cosmovisión esperen que la
vida mejore y sea posible el progreso. Estas sociedades confían en el futuro
y despliegan optimismo, ambición, acción y descubrimiento. La historia se
dirige hacia una meta.
El propósito del hombre
En el Cumplir nuestro «telos» . . .En
principio. . . ese día. . .
El curso de la historia
Ontología* Teleología*
Creación
Tiempo primigenio
Designio final
Desarrollo Consumación
Tiempo del fin
Propósito final
*ontología: estudio de los orígenes *teleología: estudio del fin
«¿De dónde viene todo?» «¿Hacia dónde va todo?»
«¿Por qué son así las cosas?» «¿Cuál es la meta de la historia?»
«¿Quién diseñó todo?» «¿Para qué fue esto creado?»
HACEDORES DE HISTORIA 247
Este progreso es intrínseco al designio divino. Dios desea que los
seres humanos se desarrollen en la tierra. La creación tiene un propósito
(ontología) y un final (teleología) que son visibles desde el principio: «Y
los bendijo Dios, y les dijo: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y
sojuzgadla, y señoread”» (Gén. 1:28, RV1960). Dios nos bendijo para ser
sus mayordomos sobre la creación. El hombre es descubridor, inventor,
explorador, constructor, soñador y creador.
La bendición se repite en Abraham para que él a su vez pudiese ben-
decir a muchas naciones (Gén. 12:1-3). La bendición prosigue en la Gran
Comisión. Cristo bendijo a sus discípulos con vida eterna, presencia del
Espíritu Santo, y libertad del temor a la muerte para que pudiésemos ins-
truir a las naciones. ¿Y por qué extendemos bendición a todas las naciones?
¿Por qué instruimos a las naciones y no sólo a las personas? Porque Jesús
nos envió a hacer eso «haced discípulos a todas las naciones», (Mat. 28:19).
E instruimos a las naciones para que cuando el Rey retorne, los reyes de las
naciones lleven su gloria a la Ciudad de Dios. «La ciudad no tiene necesidad
de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y
el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán
a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. Sus
puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. Y llevarán la
gloria y la honra de las naciones a ella» (Apo. 21:23-26).
La historia —con un principio, una continuidad y un fin— propor-
ciona una senda segura para el desarrollo y el florecimiento humano. Dos
cuestiones metafísicas protegen cada lado de la senda, como los setos limi-
tan las sendas de un jardín. La primera es metafísica: «¿De dónde veni-
mos?». La segunda es teleológica: «¿Hacia dónde vamos?». Únicamente el
teísmo ofrece respuestas plenas, y nos permite seguir la senda.
La historia
Concepción animista
248 DISCIPULANDO NACIONES
Como hemos visto, el animismo responde a ambas cuestiones con un
rotundo «¡Hacia ninguna parte!». Para el animista, la vida es como una
rueda —no una rueda que se mueve hacia el futuro, sino sobre sí misma,
incesantemente—. La historia para el animista es tribal o provincial, con
escaso sentido del mundo exterior. La vida es una serie de ciclos sin fin:
nacimiento, matrimonio, muerte; primavera, verano, otoño, invierno. El
alma humana, el individuo, transmigra de una vida a otra. El príncipe
Siddhartha, fundador del budismo, dijo del dilema del hombre: «Cierta-
mente, este mundo está desprotegido y desamparado, gira y vuelve a girar
como una rueda.3 Por eso G.K. Chesterton observó: «Conviene representar
a Buda con los ojos cerrados; no hay nada importante que ver.4
Concepción africana del tiempo
Análisis del concepto africano del tiempo teniendo en cuenta los tiempos verbales entre los akama y los gikuyu de Kenia
Tiempo Kikamba Gikuyu español Tiempo aproximado
1. Futuro lejano Ningauka Ningoka vendré Entre 2 y 6 meses
o remoto a partir de ahora
2. Futuro inmediato Ninguka Ninguka vendré Dentro de poco
O próximo
3. Futuro indefinido Ngooka Ningoka vendré En un momento previsto
o futuro próx. ngauka Después de tal evento
indefinido
4. Presente o presente Ninukite Nindiroka vengo En el proceso de la acción
continuo ahora
5. Pasado inmediato Ninauka Nindoka vine Hace una hora más o menos
o inmediato perfecto ninooka (acabo de llegar)
6. Pasado de hoy Ninukie Ninjukire vine Desde primera hora del día
hasta hace unas dos horas
7. Pasado reciente Nininaukie Nindirokire vine Ayer
o pasado de ayer nininookie
8. Pasado lejano Nonookie Nindokire vine Cualquier día antes de ayer
o pasado remoto ninaukie
9. Tene no especificado Tene ninookie Nindokire tene vine Tiempo pasado
(Zamani) no especificado
FUENTE: John S. Mbiti. African Religions & Philosophy (Heinemann, Oxford, 1969), p. 18
Por su parte, la cultura animista africana percibe la historia como
retrocediendo del presente al pasado. No hay esperanza mesiánica, ni idea
de progreso, ni lugar para prosperar (véase la fig. 13.3). La edad dorada,
denominada Zamani, siempre es tiempo pasado, nunca futuro. Mbiti
escribe: «El hombre mira retrospectivamente de dónde viene y está seguro
de que nada llevará este mundo a una conclusión… Según esta concepción
HACEDORES DE HISTORIA 249
africana de la historia, hay numerosos mitos sobre Zamani, pero ninguno
acerca del fin del mundo, ya que el tiempo no tiene fin.5A un amigo mío
africano le gusta decir: «Los africanos retrocedemos hacia el futuro».
La historia
Concepción secularista
Por otra parte, el secularismo responde a la cuestión teleológica enfá-
ticamente: «¡Hasta la tumba!». Su símbolo es el reloj de arena. El tiempo
y los recursos se gastan, como la arena. Y aunque el secularista puede, de
hecho, ver pasar el tiempo mientras que el animista no puede, carece de
perspectiva histórica trascendente. Como ha escrito John W. Montgomery:
«Así pues, el problema básico resulta claro: Como no hay historiador ni
filósofo —y, por ende, nadie— que se siente «en una casa al lado de la
carretera» y contemple cómo pasa la historia, nadie, desde un punto de
vista secular, humanista, puede responder la pregunta: «¿Hacia dónde se
dirige la historia?».6
El secularismo tampoco tiene respuesta a las cuestiones ontológi-
cas y teológicas de la vida. El nihilismo, término que usó Nietzsche para
designar la absurdidad de la vida, reina en la sociedad secular occidental.
Hemos cambiado una cultura de vida por una cultura de muerte. La evi-
dencia nos rodea por todas partes y aumenta de día en día: fascinación con
el suicidio, aborto incontrolado, infanticidio, eutanasia, genocidio, violen-
cia de género y hedonismo. Primero, se consideraban males, después cosas
normales, y actualmente cosas moralmente buenas. ¿Por qué? Porque nada
importa, en definitiva.
250 DISCIPULANDO NACIONES
La historia
Concepción teísta
Sólo el teísmo bíblico revela optimismo, ya que el tiempo es lineal,
no está atrapado en una rueda o en un reloj de arena. La historia se dirige
hacia una meta: Dios está finalmente reconciliando el mundo consigo
mismo a través de Cristo (Col. 1:20). Pero ¿qué ocurre con el «devenir» de
la historia, en el que vivimos nuestra vida cotidiana? ¿Qué efecto práctico
tiene este conocimiento ontológico y teleológico? El teólogo Wim Rietkerk
escribe:
Dios creó el mundo, inauguró la historia y vio que salió mal. Pero no se
detuvo. Antes bien, fue fiel con su creación, fiel a la humanidad y dio a la
historia la oportunidad plena de desarrollarse.
…Resultó un fluir de la historia humana en el que la creación de Dios
se podía desarrollar a pesar del pecado… [Dios] concedió a los pueblos
y las naciones la libertad de vivir y actuar responsablemente para con la
naturaleza. Esta enseñanza bíblica resalta enormemente la validez y la
importancia de la cultura.7
Luego la historia es objetiva. Está fuera del hombre y se puede estu-
diar y entender, si bien imperfectamente, debido a nuestra limitación como
criaturas finitas. El hombre es un actor, no un mero espectador, en el esce-
nario del mundo. No ha de ser pasivo ni reactivo, sino agente activo. La
vida ha de ser vivida. El tiempo, representado por una flecha, es un regalo
de Dios al hombre. Éste es, pues, creador de historia, no esclavo de ella.
HACEDORES DE HISTORIA 251
Concepciones del tiempo
El tiempo forma de tal manera parte de nuestra vida que apenas pensa-
mos en él. Asumimos que todo el mundo contempla el tiempo del mismo
modo. Pero no es así. Cada una de las tres cosmovisiones básicas lo define
de distinta manera.
Las sociedades animistas se centran en los «acontecimientos puntua-
les», definidos por los fenómenos naturales, los ciclos y los ritmos de las
estaciones. Los años tienen escaso sentido. Algunos reporteros occiden-
tales a veces se sorprendían de que los refugiados ruandeses ancianos, en
el Zaire, no recordaran su edad. Tales personas apenas cuentan los días.
Sin embargo, cuentan catástrofes como terremotos, inundaciones y enfer-
medades. En tanto que una persona acostumbrada a mirar el reloj puede
levantarse todos los días a las 6:00 de la mañana, las gentes que viven al
son de eventos aislados son probablemente más flexibles y se levantan a la
salida del sol, ya sean las 5:15h o las 7:00h. El evento —la salida del sol— es
para ellos más importante que el reloj.
Tres concepciones del tiempo
Animismo Teísmo Secularismo
Visión de El círculo La historia se Una maldita
La historia de la vida dirige cosa tras otra
hacia una meta
Símbolo Rueda Curso Reloj de arena
Eventos Horas
Estaciones Minutos
Ciclos Segundos
Enfoque Pasado
Del tiempo Pasado Presente Presente
Futuro
Valores Estado actual Progreso Cambio
Naturaleza Abierta Abierta Cerrada
Meta Armonía con Llenar la tierra Supervivencia
la naturaleza con el conocimiento del más apto
Poder sobre del Señor Placer
los demás
Resultado Envolvimiento Desarrollo Envolvimiento
252 DISCIPULANDO NACIONES
El tiempo
Concepción animista
Mbiti señala que el pueblo ankore de Uganda define la vida en rela-
ción con su ganado. Cada día está delimitado por sucesos relacionados
con la existencia del ganado. En muchas culturas africanas, se observa
el calendario lunar, no el numérico. Los años son inacabables, los ciclos
agrícolas, inalterables, marcados por acontecimientos relevantes. En tales
sociedades, la gente disfruta del momento. Consideran que el tiempo es
abundante porque los ciclos nunca se acaban. Las relaciones, no las tareas,
dominan la vida. Según la mentalidad occidental, el tiempo se consume,
pero los animistas piensan que no tiene límites, y que, por tanto, carece de
valor, de modo que no se puede gastar. Aunque buena parte de la cultura
africana es digna de admiración (en particular, el honor y el valor que se
concede a las relaciones), la incapacidad de apreciar el valor del tiempo
puede acarrear profundas consecuencias negativas en los aspectos econó-
micos de la vida.
Esta concepción no se limita a África. En cierta ocasión, un agricul-
tor norteamericano charló con un granjero en Colombia. Él quería saber
por qué el granjero no había plantado su campo durante la temporada de
siembra de aquel año. «No se preocupe», respondió el granjero. «¡Esa tem-
porada volverá!».
HACEDORES DE HISTORIA 253
El tiempo
Concepción secularista
En la sociedad secular moderna domina el reloj —o el dispositivo elec-
trónico manual—. No hay concepción moral o trascendente del tiempo.
Éste sigue avanzando mecánicamente hasta la definitiva muerte térmica
del universo. La precisión es crítica. Los secularistas se acuestan tarde
concibiendo métodos para medir milenios, siglos, décadas, años, meses,
semanas, días, horas, segundos, e incluso nanosegundos. Siempre estamos
mirando el reloj, siempre pendientes de nuestra próxima cita. Pensamos
que el tiempo se agota. El objetivo secular no es la calidad de las relacio-
nes en un tiempo limitado, sino la prosperidad material lo antes posible.
Recuerdo un slogan publicitario: «Sólo se vive una vez; aproveche todo el
gusto que pueda».
Occidente no siempre consideró que el tiempo era su enemigo. La
prueba evidente está en el arte y la arquitectura. El historiador del arte
Erwin Panofsky muestra cómo nuestros antepasados representaban el
tiempo con símbolos de movimientos fugaces y equilibrios precarios, o
símbolos de poder universal y fertilidad infinita, pero no de decadencia y
destrucción.8
El símbolo de la muerte era Saturno, dios de la agricultura romana
(en griego, cronos). Montgomery escribe: «Panofsky muestra que el Rena-
cimiento humanista fue responsable de fusionar una personificación del
tiempo clásico, dinámico, con la aterradora figura de Saturno —creando
así la imagen del Tiempo Destructor—. ¿Y hoy? Las ilustraciones del Padre
Tiempo no retienen la fuerza visual de sus homólogos antiguos; nosotros
254 DISCIPULANDO NACIONES
consideramos que el tiempo es un agente debilitador —un símbolo de la
decadencia a que está sujeta toda vida».9
El cambio acaecido en nuestra cultura, de la cosmovisión judeocris-
tiana a la secular, nos ha llevado a la actual orientación materialista del
consumidor. T.S. Eliot comentó una vez: «Hemos estado condenando a
la nueva generación a una nueva forma de provincialismo: la del tiempo
que encarcela a hombres y mujeres en su propio y diminuto momento
presente».10
El teísmo nos ayuda a ver mucho más. Como la física moderna, que
interpreta la luz como ondas y partículas, el teísmo contempla el tiempo
desde ángulos distintos. Estos puntos de vista no son mutuamente exclu-
yentes, sino que trabajan de consuno para ofrecernos una perspectiva
completa.
La concepción bíblica del tiempo
El tiempo
DIOS
Eschatos
εσχατως
Kairós
καιρος
Creación
Cronos
χρονος
Concepción teísta
Para los griegos, el aspecto más sencillo del tiempo era cronos, el tiempo
cronológico, el modelo natural que observamos en las rotaciones del sol,
la luna y las estrellas. Un día sigue a otro, un mes a otro, un año a otro.
Esto es tiempo en medida cuantificable. Cuando Jesús dijo: «Todavía
un poco de tiempo estaré con vosotros» (Juan 7:33), usó esta palabra.
También aparece en las epístolas del Nuevo Testamento. Por ejemplo:
HACEDORES DE HISTORIA 255
«Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud
bajo los rudimentos del mundo. Pero cuando vino el cumplimiento del
tiempo [cronos], Dios envió a su Hijo… para que redimiese…» (Gál. 4:3-
5, cursiva añadida).
La palabra griega kairós capta otro aspecto del tiempo. Es similar a la
noción animista de los eventos puntuales, pero también muchísimo más.
Kairós hace referencia a la plenitud del tiempo, el momento idóneo en que
ocurre un acontecimiento; pasa por alto la cantidad de tiempo y tiene en
cuenta la calidad. Tal distinción resulta difícil de captar para muchos occi-
dentales. Russell Kirk lo resume bien:
Los modernos normalmente piensan en lo que llamamos «tiempo» de
manera parecida a como pensaban los griegos: es decir, el tiempo parece
«lineal», se extiende a lo largo de una especie de línea desde un punto
en la antigüedad remota hasta el presente. Pero los hebreos tenían una
idea «psíquica» del tiempo, esto es, relacionada con el alma, con la expe-
riencia espiritual. Para Dios, todas las cosas son eternamente presentes:
Dios no está limitado por ninguna convención humana del «tiempo».
Lo que sucedió a Moisés y los profetas fue, por decirlo así, un avance
en el tiempo: en ciertos momentos, o más bien en ciertas experiencias
abruptas, el tiempo y lo intemporal eterno coincidieron, y los hebreos
recibieron un atisbo de la eternidad de Dios.
Para el hebreo. . . el objeto de la existencia no es sobrevivir físicamente
como individuo. El «tiempo» del hebreo no es meramente los días y las
noches de la vida personal, sino más bien la existencia de un pueblo ante
Dios.11
En la Biblia, los «momentos kairós» son la creación; la bendición de
Dios a Adán y Eva; la caída de la humanidad; el pacto con Abraham; el
pacto con Moisés; el nacimiento de Cristo; su vida apasionada, su muerte
expiatoria y su resurrección gloriosa; la encomienda de la Gran Comisión;
y la ascensión de Cristo a la diestra del Padre. La muy esperada consuma-
ción de la historia, cuando Cristo retorne, cuando la muerte sea destruida
y todas las cosas sean completamente restauradas, será otro «momento
kairós». «Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su bene-
plácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir (oikonomia),
todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiem-
pos (kairós), así las que están en los cielos, como las que están en la tierra»
(Efe. 1:9–10, cursiva añadida).
256 DISCIPULANDO NACIONES
Nuestras vidas personales como creyentes también encierran un ele-
mento kairós. Dios dijo a Jeremías que perdonaría a Jerusalén si el pro-
feta podía hallar un solo hombre honesto, buscador de la verdad (Jer. 5:1).
Una vida rendida al Creador del universo puede transformar el mundo. Si
aceptamos la plenitud de la bendición de Dios y guardamos la plenitud de
sus mandamientos, seremos los «grandes cristianos» de nuestra genera-
ción. Esto es vivir coram Deo, a medida que nuestra vida es marcada por
el kairós. Al ligar el tiempo y la eternidad, el kairós es donde adoramos al
Dios Omnipotente y servimos a nuestros semejantes. «Para que la multi-
forme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia
a los principados y potestades en los lugares celestiales» (Efe. 3:10, énfasis
añadido). Nuestras vidas tienen más potencial —para bien o para mal— de
lo que podemos imaginar a este lado de la eternidad.
La tercera perspectiva griega del tiempo es eschatos —o tiempo tras-
cendente—. Es el tiempo anterior al principio y posterior al fin. Aunque
reconoce una orientación al pasado, la dinámica del eschatos apunta al
futuro. La palabra escatología, estudio del fin, deriva de escathos. La con-
quista de Cristo sobre la muerte y su entronización como Señor de la crea-
ción ocurrieron en el tiempo cronológico, pero estuvieron ancladas en el
tiempo escatológico. El autor de la epístola a los Hebreos escribió: «Dios,
habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los
padres por los profetas, en estos postreros días (eschatos) nos ha hablado
por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo
hizo el universo» (Heb. 1:1-2, cursiva añadida).
Esta concepción del tiempo sólo se puede lograr desde fuera de la línea
temporal —así que dependemos de la revelación—. El mismo Dios ha de
revelarnos su escathos. Nosotros estamos atados a un lugar de la historia
cronológica, pero Él no. Dios está fuera del tiempo. «Para con el Señor
un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su
promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para
con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan
al arrepentimiento» (2 Ped. 3:8-9). Desde esta perspectiva única, Dios nos
puede revelar su propósito final —incluido el final de los tiempos—. Por
supuesto, Dios no tiene por qué mostrarnos todas las cosas. Como dice el
apóstol Pablo: «Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces vere-
mos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui
conocido» (1 Cor. 13:12).
HACEDORES DE HISTORIA 257
Tal confianza, el confiar en Dios a pesar de nuestro entendimiento
incompleto, es el beneficio de este concepto bíblico del tiempo. Incluso
Jesús admitió que Él no conocía todo el escathos del Padre. Pero tenía con-
fianza en aquellas cosas que el Padre le había revelado. Y lo que recibió,
lo transmitió a sus discípulos (Juan 17:8) con el mandato de estar alertas
y vigilantes. «Pero de aquel día y de la hora (kairós) nadie sabe, ni aun los
ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Mirad, velad y orad;
porque no sabéis cuándo será el tiempo» (Mar. 12:32–33. Véase también
Mat. 24:1–51 y Luc. 21:5–36, cursiva añadida).
Valores
Por lo tanto, solo el teísmo tiene una idea adecuada del tiempo —pasado,
presente y futuro—. El secularista está esclavizado por el reloj, teme su
propia extinción en cada tic tac del segundero. Le preocupa poco el pasado,
para su propio perjuicio. Sólo le preocupa el «eterno presente». Vive la vida
ahora, porque no hay mañana. Esto forma parte de la cultura moderna
narcisista, de ensimismamiento «egoísta». Richad Weaver lo expresó bien:
«Los que no tienen interés por sus antepasados, por la sencilla aplicación
de la misma regla, tampoco lo tendrán por sus descendientes».12
Pero el animista está esclavizado al pasado, es incapaz de ver las opor-
tunidades presentes o planear para el futuro. La mentalidad animista se
centra en el pasado. Es profundamente tradicionalista; no conoce el pro-
greso. Los que actúan de este modo dicen cosas como: «Nuestros padres
lo hicieron así», o «así es como siempre lo hemos hecho». Para el pen-
sador animista, el cambio es sacrílego. El fatalismo rige en dichos como:
«¡Qué pase lo que tenga que pasar!», «está escrito», o «es la voluntad de
Alá».
El hogar infantil Pakkred, en Tailandia, está lleno de muchachos con
discapacidades físicas y mentales. Muchos se encuentran allí no porque sus
familias no puedan hacerse cargo de ellos, sino porque se niegan a hacerlo.
Las ideas budistas de la reencarnación y el karma enseñan que las personas
nacen con discapacidades por causa de pecados cometidos en vidas pre-
vias. Para poder escapar a este mundo de sufrimiento, deben deshacerse de
su mal karma. Desde una perspectiva familiar, lo más compasivo es, por
tanto, abandonar a los niños disminuidos. Tal énfasis en el pasado paraliza
todo deseo de mejorarlo o de prepararse para el futuro.
258 DISCIPULANDO NACIONES
Por el contrario, el enfoque secular se centra en el presente. Es radi-
calmente liberal: los secularistas buscan constantemente el cambio por
el cambio. Uno de los últimos presidentes de EE.UU. ganó las elecciones
basándose en el lema «Esperanza y cambio». Los profesionales del marke-
ting saben que una de las mejores maneras de vender un producto en la
sociedad consumista actual es colocar la palabra nuevo en el envase, haya
sido o no mejorado. El cambio es un sustituto hueco del progreso. Pero si
usted se inclina a definir el cambio como progreso, es un progreso privado
de propósito o dirección moral. C.S. Lewis dijo una vez: «El puro cam-
bio no es crecimiento. Crecimiento es síntesis de cambio y continuidad, y
donde no hay continuidad, no hay crecimiento».13
El tiempo no tiene sentido para el secularista, sólo es bueno para
«matarlo» mediante apetitos insaciables: sexo, drogas, trabajo o cualquier
otra distracción. Esta es una de las razones por las que tenemos tantos alco-
hólicos, adictos al trabajo, al sexo y a otras «adicciones». Russell Kirk dijo
que: «La actitud a-histórica o anti-histórica es peculiar de nuestro tiempo.
Corre paralela a la indiferencia generalizada a la realidad del alma y al pros-
pecto de la vida eterna. Es perfectamente concebible que los hombres y
mujeres que se desinteresan por el alma puedan perderla, y que las personas
que se desinteresan por la historia puedan dejar de tenerla o dejar de ser un
pueblo».14
En la segunda década del siglo XXI estamos siendo testigos de nacio-
nes europeas que han perdido el alma y ya no saben quiénes son. Cuando
escribo estas líneas, Estados Unidos se halla en similar agonía. Estamos
perdiendo nuestra alma y somos dos naciones distintas viviendo en un
mismo territorio. La gran división se debe a dos cosmovisiones distintas,
atea versus bíblica. El terreno está acotado y los bandos decididos entre:
• aborto versus pro-vida,
• las vidas de los negros son valiosas versus todas las vidas son
valiosas
• «matrimonio» del mismo sexo versus matrimonio natural,
• muerte digna versus sacralidad de la vida,
• verdaderos absolutos morales versus relativismo moral,
• liberación de la religión versus libertad religiosa.
Actualmente, dos visiones nacionales ocupan el territorio estadouni-
dense. El rabí Daniel Lapin lo ha descrito de esta manera: «Ya no somos
HACEDORES DE HISTORIA 259
una nación sometida a Dios. Somos dos naciones separadas con dos visio-
nes morales distintas e incompatibles».15
¡Nos encontramos al borde de un suicidio cultural! ¿Qué deparará el
futuro a las naciones que sólo viven para el presente?
Sin embargo, los teístas disfrutan del progreso y la tradición. La histo-
ria se dirige hacia una meta. Los teístas saben que serán «perfectos y com-
pletos», física, intelectual, moral y socialmente. Escatológicamente, todas
sus esperanzas se verán cumplidas. La vida será diferente en el futuro y aun
mejor. El teísta, a diferencia del secularista, tiene motivo para la esperanza.
Como dijo Lewis: «Si las cosas pueden mejorar, esto significa que debe
de haber alguna norma absoluta del bien por encima y fuera del proceso
cósmico hacia la que éste se puede aproximar. No tiene sentido hablar de
“ser mejores” si ser mejor significa simplemente “lo que estamos llegando
a ser” —es como felicitarse a uno mismo por haber alcanzado su destino y
definir que ese destino es “el lugar que ha alcanzado”».16
El amplio horizonte temporal del teísta abarca el pasado, el presente y
el futuro. El teísta puede celebrar la vida entera. Cada periodo de tiempo es
singular y valioso en la historia de Dios.
Nosotros apreciamos el pasado y aprendemos de él. Saboreamos nues-
tras tradiciones, cultura y sentido de arraigo. Disfrutamos del presente, ya
que es el tiempo en que vivimos y actuamos, experimentando todo lo que
ofrece la vida. Anticipamos el futuro: lo construimos, cumpliendo, mien-
tras tanto, los buenos propósitos de Dios, manifestando el reino y apre-
surando la venida de Cristo. El equilibrio entre los tres marcos origina
libertad. El recalcar uno solo nos esclaviza.
Vivir en la palestra
El tiempo es la cancha de la actividad humana. En el tiempo, ora desple-
gamos y revelamos el reino de Dios, ora cumplimos las crueles órdenes
de Satanás. Cada uno de nosotros ha recibido una cantidad de tiempo
limitada para invertir en la historia de Dios. Por tanto, hemos de optar
por aprovecharlo, recurriendo a las virtudes cristianas. Prudencia signi-
fica ordenar el tiempo sabiamente. Disciplina significa eludir postergar las
cosas, «el ladrón del tiempo». Perseverancia significa «insistir en seguir
adelante», aun en los tiempos difíciles. La mayordomía nos obliga a obede-
cer el mandato del Señor de «negociad entre tanto que vengo» (Luc. 19:13).
260 DISCIPULANDO NACIONES
La fe nos enseña que las personas son hacedoras de historia. Mien-
tras que los secularistas sólo pueden reaccionar y los animistas, quedar
relegados a la inactividad, los teístas son proactivos. Nuestras elecciones
diarias rebosan de significado. Schaeffer dijo que originamos ondas que
se extienden para siempre… y es verdad. ¡Somos creadores de ondas!
Seguir a Cristo es aceptar conscientemente la tremenda responsabilidad
de agitar las aguas del tiempo y de la historia. Russell Kirk dijo: «Abrazar
la enseñanza cristiana sin reservas significaba que la persona renacida
en Cristo debía hacer elecciones morales cada día de su vida. Ninguna
elección moral podía ser revocada: para bien o para mal, duraría para
siempre».17
La historia no está todavía escrita. En efecto, sabemos cómo concluirá
todo, pero ignoramos cuál será nuestra función en el drama cósmico.
Somos libres para actuar. No sólo eso, somos responsables de actuar como
vice regentes de Dios, desde el más grande hasta el más pequeño. Hellen
Keller lo expuso muy bien: «Anhelo llevar a cabo una tarea grande y noble,
pero mi principal obligación es realizar tareas modestas como si fueran
grandes y nobles. El mundo no avanza a causa de los potentes impulsos de
sus héroes, sino por la suma de los pequeños impulsos de cada trabajador
honesto».18
Kabia de Almonte, promotora de desarrollo de la República Domi-
nicana, hizo una pequeña recriminación al mundo y salvó la vida de un
niño. En la ciudad de Nizao, Kabia se encontró con una mujer que lle-
vaba un sobrino suyo, de 15 meses, en brazos, gravemente malnutrido y
deshidratado, y pesaba poco más de tres kilos. Casi muerto, apenas podía
abrir los ojos o moverse. La madre, con grave discapacidad mental, no
podía hacerse cargo. Kabia, que también era una madre joven, se ofreció
para acercar a la mujer y al niño al hospital, a 19 kilómetros de distancia,
en el vehículo de su organización. Pero cuando llegaron, la esperanza de
Kabia de recibir ayuda se desvaneció. Los empleados estaban en huelga,
de manera que el niño fue brevemente examinado y despachado. Kabia
recuerda: «Por aquel entonces, mi niña pequeña tenía seis meses, y como
yo aún le daba el pecho, decidí alimentar al niño malnutrido. Más adelante,
aconsejé a esa mujer que dejara de dar el pecho a su hija de tres años y
alimentara a su sobrino. Al principio, ella pensó que eso no estaba bien.
Finalmente, la convencí… ya que entendió que era ella la que se tenía que
encargar de cuidar a aquel niño moribundo».19
HACEDORES DE HISTORIA 261
No obstante, la gente de la comunidad, e incluso su propio marido,
advirtieron a Kabia que el niño estaba en muy malas condiciones y que
seguramente moriría. Kabia les dijo que ella demostraría que podía salvar
la vida del niño si era la voluntad de Dios.
Y así fue. Al día siguiente el niño abrió los ojos y empezó a moverse.
Cada día se ponía un poco mejor. En solo seis meses, el pequeño estuvo
completamente recuperado, e incluso alcanzó el peso normal para su edad.
Y todo porque Kabia de Almonte contribuyó con una serie de pequeños
esfuerzos.
El objeto del desarrollo
Solo el teísmo judeocristiano nos puede sacar de la rueda giratoria del
animismo y del barco zozobrante del secularismo; solo el teísmo judeo-
cristiano nos puede encaminar por la senda de la Ciudad de Dios, propor-
cionar brillante esperanza para el futuro y un nuevo paradigma. Solo el
teísmo judeocristiano trae buenas nuevas para hoy y para mañana.
El Padrenuestro nos ofrece la perspectiva correcta. Cuando oramos:
«Venga tu reino», reconocemos el reino venidero de Cristo. Cuando ora-
mos: «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo», reconocemos
nuestra responsabilidad presente de ayudar a construir su reino hoy. Como
dijo Jesús cuando inauguró su ministerio terrenal: «El tiempo se ha cum-
plido… y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evan-
gelio» (Mar. 1:15).
El aspecto presente del reino sitúa la vida en un contexto más amplio.
Dios está edificando su reino hoy. Yo soy su colaborador y debo responder
a su llamado. El progreso en el mundo material es posible. Yo he de vivir
coram Deo a medida que contribuyo a edificar el reino, a desplegar la his-
toria de Dios. Esta es la buena noticia: Dios, en Cristo, reconcilia el mundo
consigo mismo. Todo lo demás es anémico, suprime la verdad, distorsiona
el evangelio, sofoca el reino, desconecta a la iglesia y engaña al mundo.
El objetivo del desarrollo humano —nuestro telos— es florecer y ser
plenamente humanos. Hemos de asumir nuestra función legítima en el
pináculo del orden creado, para la gloria de Dios; posicionarnos de forma
«perfecta y completa», sin que nos falte nada (Sant. 1:4; Col. 1:28) mental,
física, espiritual o relacionalmente. «Porque el anhelo ardiente de la crea-
ción es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios… en esperanza;
262 DISCIPULANDO NACIONES
porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de
corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios» (Rom. 8:19-21).
Nuestro telos es ayudar a acelerar la consumación de la historia, para
que se cumplan todos los propósitos del Señor, se complete la transforma-
ción y se extienda plenamente la bendición de las naciones. La gloria de las
naciones será revelada, y todas las relaciones humanas* —con Dios, con
nosotros mismos y con la creación— serán restauradas.
El día del retorno de Cristo, la tierra será llena con el conocimiento del
Señor como rebosa el mar con las aguas (Isa. 11:9). Para los que trabaja-
mos por los pobres y los hambrientos, uno de los pasajes más hermosos de
la Escritura son las canciones proféticas de Isaías.
Señor, tú eres mi Dios;
te exaltaré y alabaré tu nombre
porque has hecho maravillas.
Desde tiempos antiguos. . .
Porque tú has sido,
en su angustia,
un baluarte para el desvalido,
un refugio para el necesitado,
un resguardo contra la tormenta,
una sombra contra el calor. . .
ahogas la alharaca de los tiranos.
Sobre este monte, el Señor Todopoderoso
preparará para todos los pueblos
un banquete de manjares especiales,
un banquete de vinos añejos,
de manjares especiales y de selectos vinos añejos.
Sobre este monte rasgará
el velo que cubre a todos los pueblos,
el manto que envuelve a todas las naciones.
Devorará a la muerte para siempre;
el Señor omnipotente enjugará las lágrimas de todo rostro,
y quitará de toda la tierra
el oprobio de su pueblo.
El Señor mismo lo ha dicho.
En aquel día se dirá:
«¡Sí, este es nuestro Dios;
en él confiamos, y él nos salvó!
¡Este es el Señor, en él hemos confiado;
regocijémonos y alegrémonos en su salvación!» (Isa. 25:1:4-9, NVI)
HACEDORES DE HISTORIA 263
Esta hermosa canción me recuerda la fiesta de bodas de Cristo y su
esposa.
Después vi «un cielo nuevo y una tierra nueva»… Vi además la ciudad
santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, pre-
parada como una novia hermosamente vestida para su prometido. Oí
una potente voz que provenía del trono y decía: «Vi un cielo nuevo y una
tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar
ya no existía más… Vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del
cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí
una gran voz del cielo que decía: “He aquí el tabernáculo de Dios con los
hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo
estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos
de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor;
porque las primeras cosas pasaron”».
Y el que estaba sentado en el trono dijo: «He aquí, yo hago nuevas todas
las cosas». Y me dijo: «Escribe; porque estas palabras son fieles y verda-
deras» (Apo. 21:1-5).
En aquel día, una vez completado el discipulado de las naciones, los
reyes de la tierra llevarán la gloria de las naciones al Cordero —a nuestro
Rey Jesucristo (Apo. 21:24-26)—. Hasta ese último día, tenemos trabajo
que hacer.
Acabemos, pues, gozosamente la tarea.
Preguntas para el estudio
1. ¿Cómo respondería la gente con quien usted trabaja, en su esfera
cultural, a estas preguntas? ¿Hacia dónde se dirige la historia?
¿Cuál es nuestro propósito final?
2. ¿En qué contexto temporal se produce el desarrollo?
3. ¿Qué clase de impedimentos para el desarrollo surgen conforme
a la concepción animista de la historia, incluidas las concepcio-
nes hinduista y budista de la vida en la rueda (Samsara) y la con-
cepción africana/swahili de la historia que se mueve hacia atrás:
Zamani?
4. Las personas son actores de la historia, agentes proactivos: «La
vida es algo que hay que vivir». Algunas personas son pasivas
o fatalistas, dejan que sucedan los acontecimientos: «La vida es
264 DISCIPULANDO NACIONES
algo que acontece». Otras ven la vida desde una óptica que oscila
entre la pro-actividad y la pasividad. Son reactivas, responden a
los acontecimientos. Describa a los individuos de su comunidad.
¿Cómo favorecen u obstaculizan estas actitudes el desarrollo?
5. Cada cosmovisión tiene una noción distinta del tiempo, que
influye en cómo la gente y las comunidades se acercan o se ale-
jan del desarrollo. El animismo ve el pasado: La «¡tradición!». El
secularismo ve el presente: «¡Comamos, bebamos y alegrémonos,
porque mañana moriremos!». El teísmo ve el pasado, el presente,
el futuro. «¡Celebremos la vida!». ¿Cómo favorece o impide cada
perspectiva el proceso de desarrollo?
6. Según el teísmo bíblico, ¿cuál es el objeto del desarrollo para el
individuo? ¿Para la historia de la humanidad —telos?
7. ¿Qué visión de futuro tienen por lo general los miembros de su
comunidad?
8. ¿Cómo puede usted comunicar la visión de Dios para su comuni-
dad?
9. ¿Cómo puede usted contribuir a edificar la nación, a redimir su
cultura para el Rey que viene? Sea específico.
10. ¿Qué preguntas o desafíos se le ocurren a usted para responder a
las ideas presentadas en este capítulo?
11. ¿Cómo puede usted empezar a aplicar el mensaje de este libro?
GLOSARIO
animismo. Serie de supuestos metafísicos que ven el mundo como una rea-
lidad fundamentalmente espiritual, en la que el mundo físico está ani-
mado por espíritus o dioses. En algunos casos, el mundo físico puede
ser considerado una ilusión. El máximo bien y el objetivo supremo
del hombre es volver a la unidad espiritual; se menosprecia lo físico.
Religiones populares como el budismo y el hinduismo son ejemplos
de sistemas sumamente animistas, pero las creencias animistas pueden
contaminar cualquier cosmovisión.
abundancia. Riqueza o prosperidad en todas las esferas de la vida: física,
espiritual, social e intelectual. Esta idea antigua está estrechamente
relacionada con el término hebreo shalom. La abundancia resulta de
vivir en conformidad con la ética de desarrollo.
boca. Símbolo que representa la concepción secularista del hombre. El
hombre ocupa el máximo rango entre los animales. Es un consumi-
dor de recursos limitados. El hombre es controlado por la naturaleza
(genes, instintos y medio ambiente).
budismo. Rama del hinduismo; el budismo fue fundado en torno al año
525 a.C. Para el budista, la vida es desdicha, sufrimiento inútil. La
única manera de escapar al propio karma y de conseguir el nirvana
(vacío existencial) es dejar de desear.
capitalismo. Deriva del latín caput (cabeza); sistema económico original-
mente basado en los principios que constituyen la ética de desarrollo.
El hombre puede crear «capital» con esfuerzo y ahorro, y emplearlo
para edificar su nación invirtiendo y dando generosamente. Esta con-
cepción histórica difiere drásticamente de la definición moderna, más
adecuadamente catalogada como «consumismo». La máxima expre-
sión del capital es la creatividad humana.
ciencia. Pensar los pensamientos de Dios. Una evaluación racional de la
evidencia empírica, combinada con la disposición a seguir dicha evi-
dencia dondequiera que conduzca.
265
266 DISCIPULANDO NACIONES
colectivismo. Visión cultural que ignora lo individual. Cada miembro se
ha de centrar solamente en el grupo. Este pensamiento está estrecha-
mente relacionado con el igualitarismo, del que a veces es precursor.
coram Deo. Expresión latina que significa «ante el rostro de Dios», «bajo
la autoridad de Dios», o «para la gloria de Dios».Vivir cada momento
«ante el rostro de Dios» fue uno de los retos que propugnaron los líde-
res de la Reforma protestante. Coram Deo fue uno de sus gritos de
guerra.
cosmovisión. Conjunto de supuestos, sostenidos consciente o inconscien-
temente, acerca de la constitución básica del mundo y cómo funciona.
La palabra «relato» se usa en este libro como sinónimo de cosmovisión.
cultura. La manifestación del ethos, credo, o sistema de creencias sagrado
de un pueblo. Las culturas pueden cambiar rápida, lentamente, o no
cambiar en absoluto, dependiendo de la dinámica interna de cada cul-
tura y los cambios de cosmovisión. Las ideas se propagan hacia abajo,
influyen en cómo vive la gente y en las instituciones que edifican.
Darwin, Charles (1809–1882): Naturalista británico cuyo libro El origen
de las especies proporcionó al naturalismo una alternativa intelectual-
mente viable de un Creador; mutación al azar guiada por la selección
natural —a la que se suele aludir con la amorfa etiqueta de «evolución».
depravación. La absoluta pecaminosidad del hombre. El hombre es inmo-
ral, corrupto y malvado. El pecado contamina todas las áreas de la vida
humana. Nadie es bueno con arreglo a la norma de Dios (véase Job
14:1–4; 15:14–16; Sal. 53; Luc. 13:1–9; Rom. 3:23, 6:23, 7:14–25; y Gál.
6:7–10). El cristianismo ortodoxo sostiene esta doctrina en consonan-
cia con el principio del valor del hombre porque ha sido creado a ima-
gen de Dios.
desarrollo. Proceso autosuficiente por el que un pueblo, grupo, o sociedad
avanza económica, social, moral e intelectualmente; se diferencia de la
ayuda humanitaria en que el desarrollo se proyecta a largo plazo, mien-
tras que la ayuda humanitaria es a corto plazo. Véase prosperidad.
ecología. Estudio de «la casa» (el medio), filosofía moral derivada de las
palabras griegas oikos (οικος) y logia (λογια).
economía. Mayordomía de «la casa» de Dios; deriva de la palabra griega
oikonomía.
epistemología. Del griego episteme (conocimiento). El estudio o teoría
de los fundamentos del conocimiento y la verdad, especialmente en
GLOSARIO 267
relación a sus límites y validez. Algunas cuestiones epistemológicas
serían: «¿cómo se puede conocer?», «¿qué se puede conocer con certe-
za?»,«¿hay algo que sea siempre verdadero?».
ethos. Palabra griega que pasó al latín y las lenguas europeas, y ha dejado
no hace mucho de formar parte del vocabulario común. Ethos signi-
fica carácter distintivo, sentimiento, naturaleza moral o creencias que
guían a una persona o pueblo, como en la palabra ética. Su pariente
léxica, etnos, significa nación, raza, etnia o grupo étnico, y equivale a
la palabra étnico. Tanto ethos como ethnos derivan de la misma raíz
etho, que significa hábito o costumbre. Es importante distinguir que las
etnias o grupos étnicos se caracterizaban originalmente (por los grie-
gos antiguos) no por su música, lengua, o color de la piel, sino por su
ethos, es decir, su naturaleza moral. La relación entre ethos y ethnos pre-
senta ramificaciones inexploradas para la misión cristiana y la actual
definición de etnia o grupo étnico. Si todavía usáramos hoy el término
ethos, probablemente no sería necesario el término cosmovisión.
ética de desarrollo. Cuerpo de leyes no físicas establecidas por Dios que, si
se observan, conducen a la abundancia y la prosperidad, y si se igno-
ran, conducen a la pobreza. La ética de desarrollo es una extensión de
la ética protestante del trabajo.
ética protestante del trabajo. Los valores —incluidos el esfuerzo, el aho-
rro y las dádivas— basados en la creencia en Dios y en una manera
reformada, específica, de ver el mundo. La ética protestante del trabajo
fomentó la prosperidad en el norte de Europa. Max Weber creía que la
ausencia de estos valores, o sus equivalentes funcionales, era la causa
de la pobreza de la gente.
fe. La palabra bíblica pistis (convicción moral) procede de pitheo, término
legal que significaba «convencerse por el razonamiento» o «rendirse
a la evidencia». Esta clase de fe mueve a uno a arriesgar la vida, la
propiedad y la reputación, a sufrir pérdidas o daños. Se puede aceptar
el riesgo porque la evidencia es acuciante. Actualmente, la palabra fe
se suele usar para significar «defensa de una posición a pesar de la
falta de evidencia» o «creer a pesar de la evidencia contraria». La fe es
un concepto precioso que ha sufrido desnaturalización y deterioro en
nuestro idioma.
gnosticismo. La dicotomía griega entre el ámbito espiritual, conside-
rado sagrado, y el ámbito físico, considerado profano. El gnosticismo
268 DISCIPULANDO NACIONES
enfatiza el conocimiento secreto y presenta variaciones antiguas y
modernas. El apóstol Juan combatió en el primer siglo la herejía de la
secta gnóstica, liderada por Cerinto, en la ciudad de Éfeso. Los gnós-
ticos produjeron posteriormente obras como El evangelio según Santo
Tomás, que sigue siendo popular para grupos como el Jesus Seminar.
Una buena porción de la iglesia abrazó esta herejía en las postrime-
rías del primer siglo, en reacción al debate con la ciencia secular. Los
cristianos que consideran las actividades «religiosas» o «espirituales»
superiores a las «seculares» o «mundanas» suelen operar desde una
cosmovisión gnóstica.
gracia común. El amor paciente, longánimo y generoso de Dios —exten-
dido a toda la humanidad (Mat. 5:43–48). La Biblia distingue entre
gracia común y gracia que salva (2 Ped. 3:9–15).
hinduismo. Religión animista originada en el subcontinente indio en
torno al 1500 a.C. El hinduismo sostiene que el universo es fundamen-
talmente espiritual. Todo lo que existe en el mundo físico es conside-
rado manifestación del Uno Divino; todos los aspectos de la realidad
son manifestaciones del Uno. El hinduismo presenta muchas formas,
pero es normalmente politeísta y se aferra a la creencia en el karma y la
reencarnación —ciclo interminable de nacimiento y muerte.
igualitarismo. Enfoque en lo plural; resultados numéricos iguales; distri-
bución igualitaria de recursos.
Ilustración, la. La edad de la razón. Periodo posterior a la Edad Media en
el que los intelectuales trataron de separar al hombre de la autoridad
de Dios, establecer dogmas y liberar al hombre para adquirir su propia
autonomía. Una manifestación de este cambio fue el advenimiento del
deísmo, el cual consideró a Dios trascendente, pero no inmanente.
individualismo. Enfoque exclusivo en el yo, la realización personal y la
gratificación.
instituciones mediadoras. Organizaciones voluntarias privadas (iglesias,
sinagogas, clubes cívicos, consejos escolares y partidos políticos) que
interactúan entre las familias y el gobierno.
intelectualismo. Estudio y reflexión sin acción o aplicación (Hech. 17:21;
Sant. 1:22, 2:14–26).
islam. Fundado en 622 por Mahoma. Esta religión monoteísta sostiene
que Dios es completamente extraño e incognoscible. La función del
hombre es someterse a la voluntad revelada de Alá (en árabe, en el
GLOSARIO 269
Corán, por el profeta Mahoma). Los musulmanes rechazan la doctrina
cristiana de la Trinidad, pues creen que Dios es absolutamente Uno. El
islam, como el catolicismo, suele darse mezclado con creencias animis-
tas locales —sincretismo conocido como islam del pueblo.
Kant, Immanuel (1724–1804). Filósofo alemán que acuñó el término Wel-
tanschauung, o visión del mundo.
karma. Doctrina del hinduismo y el budismo que afirma que la vida es un
ciclo inagotable de nacimientos y renacimientos, que las personas se
reencarnan en formas superiores o inferiores conforme a sus obras.
Kuyper, Abraham (1837–1920). Teólogo y primer ministro holandés;
fundó La Universidad Libre de Amsterdam.
ley natural. La ley de Dios escrita en los corazones de los hombres. La idea
de que lo que «debe ser» procede por observación del designio intrín-
seco (teleología) de lo que es.
leyes físicas. Las leyes que Dios ha incorporado en la creación para regir
la naturaleza.
logos. Hace referencia a la Palabra viva de Dios, Jesucristo, segunda Per-
sona de la Trinidad.
Malthus, Thomas (1766–1834). Autor inglés y economista político que
se preocupó de la sobrepoblación y la hambruna generalizada porque
creía que la población sobrepasaría a la producción de alimentos.
mal natural. La maldición; la realidad del trabajo, el sufrimiento, ham-
bre, enfermedad, muerte física y desastres naturales que resultan de la
rebelión del hombre contra Dios y sus leyes.
mandato de la creación. Mandato divino a la humanidad de ejercer domi-
nio sobre la creación (Gén. 1:26–28) y cuidar de ella (Gén. 2:15).
Marx, Karl (1818–1883). Filósofo darwinista alemán, economista políti-
co-social, que diseñó los fundamentos teóricos del comunismo; mate-
rialista rematado que creía que la «materia es lo único que importa».
mayordomía. Cuidado y desarrollo de la casa de Dios para su gloria. El
hombre es mayordomo de Dios o vice regente de la creación y respon-
sable ante Él.
mente. Símbolo que representa la concepción del hombre del teísmo
bíblico. El hombre, creado a imagen de Dios, es racional, moral, espiri-
tual y creativo. El hombre puede intervenir en la creación.
metafísica. La rama de la filosofía que se ocupa de la naturaleza funda-
mental de la realidad y del ser.
270 DISCIPULANDO NACIONES
monoteísmo. La creencia en un Creador soberano. El judaísmo, el islam y
el cristianismo son religiones monoteístas.
moral. Lo relacionado con la costumbre, formas o conducta de los hom-
bres como seres sociales, y con lo justo y lo injusto, el bien y el mal.
multiculturalismo. Enfoque en la diversidad a expensas de la unidad.
Supeditado al relativismo subjetivo.
nación. No solo el concepto moderno de los estados nacionales, sino tam-
bién la tribu, etnia o grupo étnico. En el Antiguo Testamento, mishpa-
chah, y en el Nuevo Testamento, ethnos.
nacionalismo. Enfoque en la unidad y la conformidad a expensas de la
diversidad y la discrepancia.
nacionalismo moral. La forma positiva de nacionalismo —cuando celebra
una cultura singular establecida sobre un orden moral que valora la
unidad y la diversidad del pueblo.
neopaganismo. Paganismo antiguo resurgido en el posmodernismo
resultante de la adoración de los dioses de la naturaleza y el sexo. El
sexo concierne a las preferencias del individuo. La sexualidad es fluida
y elástica, exenta de trascendencia, caracterizada por una conducta
sexual sin restricciones e identidad de género sin límites (LGBT-
QIAP). También se manifiesta en la androginia, fin de las diferencias
sexuales.
Nietzsche, Friedrich (1844–1900). Filósofo alemán y nihilista que previó
la «muerte de Dios» en la cultura, llegando a esta conclusión lógica:
si Dios ha muerto, también ha muerto el hombre. Nietzsche se apoyó
fuertemente en la obra, hoy desacreditada, de Edward B. Taylor, quien
aplicó la teoría de Darwin al desarrollo de la religión y la cultura.
Nihilismo. Fatalismo desesperado, airado, que considera que la vida no
tiene sentido. Especialmente frecuente en EE.UU. en la década de
1960. El nihilismo niega todas las cosas —el conocimiento, la ética, la
belleza, la realidad.1
Nueva Era. Avivamiento de una religión oriental y animista enmascarada
con vocabulario occidental. La Nueva Era se ha dado en llamar «hin-
duismo en atuendo formal».
ontología. Del griego ontos. El estudio del ser, la existencia y los orígenes.
La ontología se plantea cuestiones como «¿quién soy yo?», «¿qué es la
vida?», «¿de dónde proceden las cosas?», «¿por qué hay algo en vez de
no haber nada?».
GLOSARIO 271
pauperismo. Pobreza de mente o mentalidad de pobreza.
politeísmo. Creencia en muchos dioses personales (que en última instan-
cia son impotentes).
presuposición. El supuesto de que una idea o cosa es verdadera.
progreso. La palabra progreso (en contraste con el moderno mantra del
«cambio») implica avance hacia la meta o cumplimiento del propósito
de Dios. Si alguien toma el camino equivocado, retrocede, se aparta
más del objetivo. Para ser alguien que desea el progreso, debe de arre-
pentirse, corregir la dirección equivocada y dirigirse hacia la meta de
las buenas intenciones de Dios. De este modo, el progreso de un indi-
viduo, comunidad, o nación es avanzar hacia el propósito de Dios. Un
sinónimo de progreso sería madurez.
prosperidad. Condición —en la vida de un individuo, comunidad o
nación— caracterizada por todas las intenciones de Dios; desarrollo
y abundancia en todas las dimensiones de la vida. Véase abundancia.
psicología. El estudio de la psique del hombre (alma, espíritu, yo interior).
razón. Orden en la mente. Huella dactilar de Dios que revela su naturaleza
en el hombre.
Reforma protestante. Era que comenzó en el siglo XVI, desencadenada por
Martin Lutero y otros que reaccionaron contra la corrupción y el error
teológico en la Iglesia Católica. Entre sus principios rectores están el
sacerdocio de todos los creyentes y la sola Escritura, la creencia de que
solo la Biblia es la norma infalible de Dios para la vida. Una creencia
clave de la Reforma es que no hay separación entre lo sagrado y lo secu-
lar; la vida entera ha de ser vivida coram Deo, ante la presencia de Dios.
relaciones humanas. Principal (externa y vertical), con Dios (teología);
y secundaria (interna y horizontal), consigo mismo (psicología), con
otros (sociología), y con el mundo físico (ecología y economía).
relato. Paradigma o conjunto de supuestos (verdaderos o falsos) según los
cuales un pueblo ve el mundo. Se usa como sinónimo de cosmovisión.
revelación especial. El mensaje divino revelado en las Escrituras y a través
de otra comunicación extraordinaria de Dios con el hombre.
revelación general. El mensaje de Dios revelado en la creación y en la con-
ciencia del hombre.
sabiduría. Aplicación moral de la verdad.
Sanger, Margaret (1883–1966). Fundadora de la Liga Estadounidense
para el Control de la Natalidad (actualmente Planned Parenthood) y
abogada del control poblacional, particularmente de los pobres.
272 DISCIPULANDO NACIONES
secularismo. Sistema que considera que el mundo es fundamentalmente
físico y limitado, controlado por las operaciones ciegas de las leyes
impersonales de la naturaleza, el tiempo y el azar. El secularismo renun-
cia a la realidad espiritual o trascendente. «El hombre es resultado de
un proceso natural sin propósito que no le tuvo en cuenta» (George
Gaylord Simpson). «La especie humana no tuvo designio, no tiene
propósito y es producto de meros mecanismos automáticos» (Douglas
Futuyma). También conocido por humanismo secular, o naturalismo,
esta es la cosmovisión cada vez más común en el mundo occidental.
sobrepoblación, teoría de la. Articulada por primera vez en el Principio
de la población (1798), por Thomas Malthus. Esta perspectiva evo-
lutiva teme una catástrofe ecológica debido a que, aparentemente, la
producción de alimentos aumenta aritméticamente, mientras que la
población aumenta exponencialmente. La teoría expone que no hay
suficientes recursos para todos. Los acontecimientos del siglo XX han
desacreditado la teoría, que sigue teniendo muchos partidarios.
sociología. El estudio de las relaciones humanas.
tecnología. La aplicación moral de la ciencia con objeto de luchar contra
el mal natural.
teísmo. La creencia o sistema de creencias en un Dios; considera el uni-
verso fundamentalmente personal.
teísmo judeocristiano. La cosmovisión histórica del cristianismo (Occi-
dente); el teísmo asume la existencia de un Dios trascendente, infinito
y personal que creó el universo animado y el inanimado, espiritual y
físico, separado, pero no independiente de Él. Dios es trascendente (está
fuera de su creación) e inmanente (presente en ella). Él está presente en
todas partes y se involucra. El universo está abierto al propósito y la
intervención de Dios. Él se ha revelado a través de una revelación espe-
cial, primero a través de la Palabra escrita, la Biblia, y luego a través de la
Palabra viva, Jesucristo. Al mismo tiempo, el hombre puede hacer uso
de la razón que Dios le ha dado para descubrir la verdad acerca de Dios
y del universo porque Él se ha revelado a todos los hombres (revelación
general) en la creación y al crear al hombre a su imagen.
teleología. Deriva de la palabra griega telos. El estudio de los objetivos y
propósitos finales. La teleología se plantea preguntas como: «¿por qué
estoy aquí?», «¿hacia dónde se dirige la historia?», «¿qué propósito
tiene mi vida?», «¿para qué fueron diseñadas las cosas?».
GLOSARIO 273
teología. El estudio de Dios.
Tocqueville, Alexis de (1805–1859). Historiador francés que hizo una gira
por los Estados Unidos en la década de 1830 y reclamó atención sobre
sus asociaciones morales e intelectuales.
trabajador sabio. Trabajador o agente (de desarrollo) compasivo que aplica
la verdad de Dios. El rol del agente compasivo es ayudar a la gente a ver
a Dios y el universo como Él lo creó estimulando nuevos pensamien-
tos: pensamiento analítico, resolución de problemas, y la imaginación
y creación de nuevos mundos.
trinitario. Relativo a la creencia en la Trinidad: un Dios, tres Personas de
la Deidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
unitarismo. Creencia en un Dios, una Persona de la deidad; por ejemplo,
el islam y Unidad.
verdad. El principio de que hay verdad absoluta que puede ser conocida y
aplicada; el fundamento moral de la libertad y la asunción que sustenta
el conocimiento. Todo lo que reclama ser verdadero se puede some-
ter a cuatro pruebas: ¿Es razonable? ¿Se corresponde con la realidad?
¿Explica la totalidad de la vida? ¿Se puede poner en práctica?
vocación. Llamado personal. El trabajo es un llamamiento de Dios a la
vida del individuo. Es la esfera a través de la cual, no sólo en la cual, el
cristiano sirve a Cristo y su reino. Es la ocupación —el principal nego-
cio de su vida— a través del cual uno ocupa territorio o una esfera de
influencia (Luc. 19:13) por Jesucristo.
Weber, Max (1864–1920). Sociólogo alemán que usó el término cosmovi-
sión (visión del mundo) como instrumento en su análisis de la relación
entre el sistema de creencias de un pueblo y su desarrollo económico.
Weber aportó la expresión ética protestante del trabajo.
Wesley, John (1703–1791). Avivador inglés y reformador social que acuñó
la sentencia: «Trabaja todo lo que puedas; ahorra todo lo que puedas;
da todo lo que puedas». El avivamiento Wesleyano transformó todos
los aspectos de la cultura británica. Ofrece un excelente ejemplo para
estudiar lo que significa discipular una nación.
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Weaver, Richard M. Las Ideas tienen consecuencias. Madrid, España: Ciu-
dadela Libros, 2008
Wells, David F. No Place for Truth Or Whatever Happened to Evangelical
Theology? Grand Rapids, Michigan: William B. Eerdmans Publishing
Company, 1993.
278 DISCIPULANDO NACIONES
Whitehead, John W. The End of Man. Westchester, Illinois: Crossway
Books, 1986.
Willard, Dallas. La divina conspiración: Nuestro escondite en Dios. Buenos
Aires, Argentina: Editorial Peniel , 2010.
Youmans, Elizabeth L., Jill C. Thrift, and Scott D. Allen. La familia, base de
una nación: Principios y costumbres para edificar familias sanas. Tyler,
Texas: Editorial JUCUM, 2013.
NOTAS
El número de página que aparece pertenece a la versión inglesa; en la
edición española puede oscilar ligeramente, es posible que algunos libros
antiguos en español estén descatalogados o agotados.
Introducción
1
Zero Hunger, World Food Programme, visitada el 13 de noviembre de 2017,
http://www1.wfp.org/zero-hunger.
2
«Quick Facts: What You Need to Know about Global Hunger», visi-
tada el 13 de noviembre de 2017, https://www.mercycorps.org/articles/
quick-facts-what-you-need-know-about-global-hunger.
3
Para ser exactos, la pobreza en Occidente difiere en nivel, cualidad y carácter
de la pobreza en Calcuta, el suburbio Kibera de Nairobi o el sur de Sudán desga-
rrado por la guerra. En Occidente, los pobres tienen normalmente acceso a la asis-
tencia sanitaria básica; la escolarización infantil; una casa con electricidad, agua,
refrigerador, cocina y televisión; auto, teléfono celular, etc.
4
El mal estructural escapa al control de la mayor parte de los individuos, aun-
que es la comunidad la que promueve y mantiene el mal estructural.
5
Lesslie Newbigin, Foolishness to the Greeks: The Gospel and Western Culture
(Grand Rapids: Eerdmans, and Geneva, Switzerland: World Council of Churches,
1986), p.132.
6
James K.A. Smith, Letters to a Young Calvinist: An Invitation to the Reformed
Tradition (Grand Rapids: Brazos Press, 2010), p.109
7
Bernard T. Adeney, Strange Virtues: Ethics in a Multicultural World (Downers
Grove, Il.: InterVarsity Press, 1995), p. 65
8
Nancy Pearcey, Verdad total: Libera el cristianismo de su cautiverio cultural.
(Tyler: Texas, Editorial JUCUM, 2014), p. 23
9
Christian Overman, «The Missing Curriculum: Part 3», Worldview Matters
(blog), May 21, 2010, http://biblicalworldviewmatters.blogspot.com/2010/05/mis-
sing-curriculum-part-3.html.
10
Dallas Willard, Knowing Christ Today: Why We Can Trust Spiritual Knowle-
dge (New York: Harper-Collins, 2009), pp. 43-44.
11
«The Inmmorality of the Welfare State», entrevista con E. Calvin Beisner,
Christian Perspectives (Liberty University, Winter 1990), p. 6.
12
E. Stanley Jones, Vida victoriosa. (Madrid, España: Editorial El Sembrador,
1943).
279
280 DISCIPULANDO NACIONES
H. Jackson Brown Jr., Pequeño Libro de Instrucciones, para la Vida, (Buenos
13
Aires-Argentina, México: Vergara y Riba Editores, 2009).
Cápitulo 1 Todos tienen un relato
1
Oí este relato de Josie, en abril de 1994, durante una sesión de capacitación en
Juventud Con Una Misión, Tyler, Texas.
2
Citado por Lee Strobel, El caso del Creador. (Nashville, Tennessee: Editorial
Vida/Zondervan, 2005).
3
Para simplificar, usaremos la palabra teísmo como abreviación de teísmo
bíblico, término que consideramos sinónimo de teísmo judeocristiano. Por
supuesto, reconozco que hay otros modelos monoteístas, como el islam. Pero
la evidencia me guía al convencimiento de que las nociones de Dios expresa-
das en la Biblia son verdaderas.
4
Este libro usa el término animismo en un sentido amplio para hacer referen-
cia a filosofías orientales, por ejemplo, el hinduismo y el budismo, así como a las
religiones populares más tradicionales del mundo.
5
La palabra arrepentimiento es una de las víctimas del cambio de lenguaje
que está teniendo lugar en Occidente. En el Nuevo Testamento se usa el verbo
griego metanoeo, que significa literalmente «pensar de manera distinta». Deriva
de dos palabras griegas: meta (cambio) y nous (mente, intelecto). La idea original
del arrepentimiento era mucho más que sentirse mal por el pecado. Significaba
cambiar lo que piensa uno acerca de Dios, la naturaleza de la realidad, quién es el
hombre, el propósito de Dios en la historia, someterse a la perspectiva divina y, en
consonancia, cambiar de vida.
6
Paul A. Marshall, Stained Glass: Worldviews and Social Science (Lanham, Md.:
University Press of America, 1989), p. 8.
7
Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo. (Madrid, España:
Alianza editorial, 2012).
8
Alvin Toffler (citado por George Grant en Legacy Communications, 2, Nº 7-8,
July/August 1992): 2: Thomas Sowell, A Conflict of Visions (New York: William
Morrow, 1987), 14, 16.) Ronald H. Nash, Worldviews in Conflict (Grand Rapids:
Zondervan, 1992), 16. Niels Mulder, Inside Thai Society (Bangkok: Editions Duang
Kamol, 1990), xi.
9
Es similar a la definición de James W. Sire en El universo de al lado. (Grand
Rapids, Michigan: Libros Desafío, 2006). Sire señala en posteriores ediciones:
«Una cosmovisión es un compromiso, una orientación fundamental del corazón,
que se puede expresar como relato o conjunto de presuposiciones (supuestos que
pueden ser verdaderos, verdaderos en parte o completamente falsos) que soste-
nemos (consciente o inconscientemente) acerca de la constitución básica de la
realidad, y que nos proporciona el fundamento para vivir, movernos y ser».
10
El capítulo 2 del libro de Phillip Johnson, Reason in the Balance (Dow-
ners Grove, IL: InterVarsity Press, 1995) ofrece un argumento claro de esta
concepción.
NOTAS 281
11
Concebido por W. E. Hill en 1915 y titulado originalmente «My Wife and My
Mother-in-Law».
12
Estoy en deuda con mi amigo John Stonestreet y su libro, escrito en colabo-
ración con Sean McDowell, Same-Sex Marriage: A Thoughtful Approach to God’s
Design for Marriage (Grand Rapids: Baker, 2014).
13
Margaret Sanger, The Pivot of Civilization in Historical Perspective: The Birth
Control Classic (Seattle: Inkling Books, 2001), 406.
14
McDowell and Stonestreet, Same-Sex Marriage, 71.
15
McDowell and Stonestreet, Same-Sex Marriage, 71.
16
McDowell and Stonestreet, Same-Sex Marriage, 72.
17
Andrée Seu Peterson, «Repeated Exposure», World, June 14, 2014, http://
www.worldmag.com/2014/05/repeated_exposure. Peterson explica la Ventana
Overton de esta manera: «Hace dos décadas Joe Overton, del Mackinac Center for
Public Policy observó que sobre cualquier cuestión los políticos consideran sola-
mente una “ventana” relativamente estrecha de políticas que les merezcan correr
un riesgo personal».
18
Mary Steichen Calderone, MD, The Family Book About Sexuality (New York:
Harper & Row, 1981). Citado por Stonestreet, Same-Sex Marriage, 72.
19
E.F. Schumacher, Lo pequeño es hermoso. (Madrid, España: Editorial Akal,
2011).
20
Friedrich Nietzsche, The Portable Nietzsche (New York: Viking, 1954), 125.
Para una excelente crítica de Nietzsche lea el Apéndice B, Sección 1, del libro de
Ravi Zacharias, ¿Puede el hombre vivir sin Dios? (Nashville,Tennesse: Grupo Nel-
son, 1995).
21
Scott D. Allen, Entre lo sagrado y lo secular: Un estudio bíblico del estilo de
vida del Reino. (Tyler,Texas: Editorial JUCUM, 2013), p. 115
22
Francis Fukuyama, «The End of History?» (The National Interest, Summer
1989), Summer 1989, https://www.embl.de/aboutus/science_society/discussion/
discussion_2006/ref1-22june06.pdf.
23
George Grant, «Religion Externalized», Grantian Floriegium (November 20,
2007): http://grantian.blogspot.com/2007/11/religion-externalized.html.
Capítulo 2 Historias sobre la pobreza
1
El título real del trabajo es Un ensayo sobre el principio de la población tal
como afecta a la futura mejora de la sociedad. Hay una copia de la versión de 1798
editada por Phillip Appleman (New York: W.W. North, 1976). Malthus revisó y
amplió posteriormente su teoría. El libro de Appleman también incluye la versión
de 1803 titulada Un ensayo sobre el principio de la población, o una visión de sus
efectos pasados y presentes sobre la felicidad humana; con una investigación acerca
de nuestras perspectivas respecto de la futura remoción o mitigación de los males que
ocasiona. John Whitehead, abogado constitucional, ofreció un breve resumen de
Malthus y su influencia en el capítulo 10 de su libro, The End of Man (Westchester,
Il: Crossway Books, 1986).
282 DISCIPULANDO NACIONES
2
Conocido como El teorema deprimente de Malthus, la tabla adjunta ilustra su
esencia. Los datos proceden de la página 23 en inglés de la colección de Appleman
(véase la nota anterior).
3
Garrett Hardin, de una entrevista en la NBC Nightly News con Tom Brokaw,
October 26, 1987.
4
Planned Parenthood no lo expondría tan claramente. Para una historia
excelente y bien documentada de Margaret Sanger y la eugenesia en los EE.UU.,
léase el libro de George Grant, Grand Illusions: The Legacy of Planned Parenthood
(Franklin, TN: Adroit Press, 1992).
5
Discurso citado en «Birth Control: What It Is, How It Works, What It Will
Do». Actas de la Primera Conferencia Estadounidense de Control de Natalidad,
celebrada en el Hotel Plaza, Nueva York, noviembre 11-12, 1921. Publicada por la
Birth Control Review, Gothic Press, pp. 172, 174 (https://en.wikiquote.org/wiki/
Margaret_Sanger).
6
Varios trabajadores de Fundación Contra el Hambre, organización en la que
he servido muchos años, han oído el proverbio africano: «Todos los caminos con-
ducen al mar». Se usa para excusar la pobreza. Alude a las potencias imperialistas
que llegaron, construyeron carreteras, saquearon los recursos, y se los llevaron por
barco hacia el norte.
7
Worldwatch Institute, «The States of Consumption Today» visitada el 11 de
mayo, 2015, http://www.worldwatch.org/node/810.
8
La analogía del Big Mac es debida a Jeffrey Hollander, How to Make the World
a Better Place (New York: William Morrow, 1990), p. 124. Para ver un ejemplo del
cristiano que rebate el concepto de injusticia en un universo cerrado consúltese el
libro de Ron Sider, Cristianos ricos en la era del hambre. (Barcelona, España: Anda-
mio, 2015), especialmente el capítulo 2, «La minoría acomodada».
9
World Centric, «Social & Economic Injustice» visitada el 9/21/2015, http://
worldcentric.org/conscious-living/social-and-economic-injustice.
10
Población de Taiwan (2017) y superficie terrestre de la «World Population
Review», visitada el 21 de sept., 2015. http://worldpopulationreview.com/coun-
tries/taiwan-population/. Todas las demás estadísticas de población son de 2016,
del Banco Mundial, visitada el 6 de dic., 2017, http://data.worldbank.org/country.
Capítulo 3 La historia transformadora
1
Consúltese Patrick Johnstone, Operación Mundo, William Carey Library,
2011.
2
Dr. Ted Yamamori, ex presidente de Fundación Contra el Hambre Interna-
cional, escribió un libro excelente para explicar la relación entre los pobres y los
no evangelizados. También proporciona formas prácticas de ser uno de los nuevos
enviados de Dios. Tetsunao Yamamori, Penetrating Missions’ Final Frontier (Dow-
ners Grove: Il: InterVarsity Press, 1993).
3
The Joshua Project, «What Is the 10/40 Window?», visitada el 11 de nov., 2015.
http://joshuaproject.net/resources/articles/10_40_window.
NOTAS 283
4
El idioma español no posee una sola palabra que contenga las mismas conno-
taciones, pero sopese estas definiciones de stoicheion y verá hacia dónde apuntaba
Pablo:
1. Cualquier primera cosa, de la cual surgen otras que pertenecen a alguna
serie o compuesto; un elemento, primer principio
a) los sonidos verbalizados de un alfabeto, los elementos más sencillos del habla
b) los elementos de los cuales proceden todas las cosas, los componentes mate-
riales del universo
c) los elementos, rudimentos, principios básicos y fundamentos de un arte,
ciencia, o disciplina (p. ej., de matemáticas, geometría de Euclides)
Note cuán elementales son los stoicheion. Este es el vocabulario de Pablo para
designar el concepto de cosmovisión. Esta idea influye directamente en cómo vivi-
mos (al menos eso pretendía). La palabra stoicheion deriva de stoicheo, que signi-
fica «andar ordenadamente»:
1. ir en fila como en un desfile de soldados, ir en orden; metafóricamente, con-
tinuar prosperando, resultar bien
2. andar, dirigir la propia vida, vivir
5
Véase Gailyn Van Rheenen, Communicating Christ in Animistic Contexts
(Grand Rapids: Baker Book House, 1991), p. 101. Para los que han sido educados
en una visión del mundo con una perspectiva materialista occidental, este libro es
una herramienta excelente para examinar nuestros prejuicios y remover nuestras
anteojeras. Lo recomiendo encarecidamente a todo el que viva (o piense vivir)
entre un pueblo animista.
6
Joanne Shetler, And The Word Came With Power (Portland, Ore.: Multnomah
Press, 1992), 54.
7
Cahill, Thomas, El Legado de los judíos: El modo en que una tribu de nómadas
del desierto cambió el modo de pensar y sentir de Occidente.(Barcelona, España:
Debate, 2000).
8
Christian Smith, et. al., American Evangelicalism: Embattled and Thriving
(Chicago: University of Chicago Press, 1998), 201, 198.
9
Adaptado de la cita original, «… el Reino de Dios es una respuesta completa
a la necesidad total del hombre», por E. Stanley Jones en The Unshakable Kingdom
and the Unchanging Person (Nashville, Tenn.: Abingdon Press, 1972), p. 53.
10
Ken Myers, «What is the Church’s interest in culture?» podcast at Mars
Hill Audio, visitada el 6/4/2015.https://marshillaudio.org/catalog/church-in-
terest-in-culture.
Capítulo 4 Dios es una persona
1
Daphne Muller, «Why Don’t We Hear From Aliens? They May Encrypt All
Their Data», Big Think, visitada el 28/9/2015, http://bigthink.com/ideafeed/
alien-encryption-may-be-our-only-contact-with-aliens. Tyson sugiere que si con-
sideramos «que no tenemos ego», nos puede fascinar el lugar que ocupamos en el
cosmos interconectado.
284 DISCIPULANDO NACIONES
2
Daniel Boorstin, Los creadores: Una historia de los héroes de la imaginación.
(Barcelona, España: Crítica 1994).
3
Frank Houghton, «Thou Who Wast Rich Beyond All Splendor» in Christian
Praises (London: InterVarsity Press, 1973), p. 43.
4
Los teólogos designan a éstos «atributos incomunicables» de Dios, es decir, no
son «comunicados» sustancialmente al hombre.
5
Estos son llamados a veces «atributos comunicables», compartidos con los
humanos.
6
Francis Schaeffer, The God Who Is There (London: Hodder and Stoughton,
1968), pp.94-95.
7
Job es probablemente el libro más antiguo de la Biblia; un texto muy antiguo
con una valoración muy clara del origen de la vida humana.
8
El más popular puede ser el de Stephen Hawking en libros como Breve histo-
ria del tiempo. Los lectores perspicaces notarán que él no presenta ninguna teoría
científica refutable, sino ofrece posibilidades metafísicas que los naturalistas acé-
rrimos prefieren aceptar. Hawking ni siquiera considera la evidencia del designio
inteligente.
9
Citado por David Hill Scott, «A Vision of Veritas: What Christian Scholars-
hip Can Learn from the Puritan’s ‘Technology’ of Integrating Truth,» visitada el
14/9/2016,http://www.leaderu.com/aip/docs/scott.html.
10
Véase Christian Overman, «The Road to Dis-Integration», WorldviewMatters
(blog), October 26, 2012, http://biblicalworldviewmatters.blogspot.com/2012/10/
the-road-to-dis-integration.html
11
Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre
de Jehová. Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte,
misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que
guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado,
y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado… (Éxo. 34:5-7, RV1960,
énfasis añadido).
12
Eleos «misericordia»: amabilidad o buena voluntad para con los infelices y los
afligidos, con el deseo de ayudarles.
d) de unos hombres para con otros: ejercitar la virtud de la compasión, mos-
trarse misericordioso.
e) de Dios para con los hombres: en general, providencia; la misericordia y la
clemencia de Dios en proveer y ofrecer a los hombres salvación por Cristo.
f) la misericordia de Cristo, por la que, cuando venga a juzgar, bendecirá a los
verdaderos cristianos con vida eterna.
13
Conversación personal con Bruce Lawson.
14
Citado por Stephen Neill, A History of Christian Missions (Baltimore: Pen-
guin Books, 1964), p. 42.
15
C.S. Lewis, Los milagros. (Madrid, España: Encuentro, 2009. (Nashville, Ten-
nessee: Harpercollins español, 2007).
16
Dallas Willard, Renueva tu corazón. Colección Teológica Contemporánea,
(Barcelona, España: Clie, 2008).
NOTAS 285
17
El triángulo de parentesco es préstamo de los materiales de John Steward.
John ha trabajado para World Vision (Visión Mundial) Australia.
18
Oikonomía: gestión de una casa o de sus asuntos, específicamente la gestión,
supervisión, y administración de la propiedad de otros; un plan, tarea o responsa-
bilidad divina; mayordomía. La palabra deriva de oikia, oikios (casa, hogar, propie-
dad, familia, lar, templo, santuario, nación, pueblo) y oikeo (vivir, morar, vivir en).
Es fácil perder de vista la riqueza de este concepto. Considere estos dos pasajes:
Nos dio a conocer el misterio de su voluntad (oikonomia), según el beneplácito
que se propuso en El, con miras a una buena administración en el a cumplimiento
de los tiempos, es decir, de reunir todas las cosas en Cristo, tanto las que están
en los cielos, como las que están en la tierra. En El (Efe. 1:9-10, LBLA, énfasis
agregado).
…que te quedaras en Efeso para que instruyeras a algunos que no enseñaran
doctrinas extrañas, ni prestaran atención a[a] mitos y genealogías interminables, lo
que da lugar a discusiones inútiles en vez de hacer avanzar el plan (Oikonomía) de
Dios que es por fe, así te encargo ahora. (1 Tim. 1: 3 – 4, LBLA, énfasis agregado).
Cuando se piensa que la economía es solamente «negociar con el dinero» en
vez de edificar naciones, cuando se piensa que la ecología es preocuparse de los
animales y las plantas (no de las personas), se separan cosas que están realmente
interrelacionadas. Se comete mayor pecado separando lo espiritual de lo público
y de las disciplinas económicas. Se pierde el mandato divino verdadero: histórico,
lingüístico. Él nos llama a administrar su casa: edificar, mejorar, cuidar el jardín y
su creación —y el agente inestimable es el hombre, imagen de Dios—, dar gloria a
nuestro Rey cuidando de su casa.
Capítulo 5 Dios es racional
1
Ruth Mangalwadi and Vishal Mangalwadi, Un modelo de transformación cul-
tural: El legado de William Carey en la India. (Buenos Aires, Argentina: Editorial
Peniel, 2011).
2
Complete Works of Friedrich Nietzsche (Hastings, UK: Delphi, 2015), no. 540
3
«Rotherham child abuse scandal: 1,400 children exploited, report finds», August
26, 2014, http://www.bbc.com/news/uk-england-south-yorkshire-28939089.
4
William Wordsworth, El preludio. (Barcelona, España: DVD Ediciones, 2003),
Libro XIV, línea 70.
5
Jacques Monod, El azar y la necesidad. (Barcelona, España: Seix Barral , 1970).
6
Francis Schaeffer, How Shall We Then Live? The Rise and Decline of Western
Thought and Culture (¿Cómo viviremos entonces? Auge y declive del pensamiento y
la cultura occidental, PDF, Iglesia Reformada) (Old Tappan, New Jersey: Fleming
H. Revell Company, 1976), p. 180.
7
Joanne Shetler, And The Word Came With Power (Portland, OR: Multnomah
Press, 1992), p.47.
8
C. S. Lewis, Mero cristianismo, libro 2. (Madrid, España: RIALP Ediciones,
1995).
286 DISCIPULANDO NACIONES
9
George Gilder, Microcosmos. (Ciudad de México, México: Consejo Nacional
de Ciencia y Tecnología (CONACYT), 1994).
10
C. S. Lewis, Reflexiones sobre los Salmos. (Barcelona, España: Planeta, 2010).
11
«Caitlyn Jenner», Wikipedia, visitada el 14/9/2016, https://en.wikipedia.org/
wiki/Caitlyn_Jenner.
12
Greg Botelho, «Ex-NAACP leader Rachel Dolezal: “I identify as black”»,
CNN, June 17, 2015 http://www.cnn.com/2015/06/16/us/washington-rachel-do-
lezal-naacp/.
13
Tyler O’Neil, «Transgender Man Has Ears and Nose Removed to Become
Dragon Lady», PJ Media, April 6, 2016, https://pjmedia.com/faith/2016/04/06/
transgender-man-has-ears-nose-removed-to-become-dragon-lady/.
14
Leslie Newbigin, Una verdad que hay que decir. (Santander, España: Sal
Terrae, 1994).
15
Henry van Til, El Concepto Calvinista de la Cultura. (Burlington, North Caro-
lina: Faro de Gracia Ediciones, 2016).
16
George Grant, The Micah Mandate (Chicago: Moody Press, 1995),
pp.218–219.
17
Paulo Freire usa el término «praxis», La Pedagogía del Oprimido (Buenos
Aires, Argentina: Editorial Siglo XXI, 2012). Yo creo que el significado original de
la palabra bíblica sabiduría denota la misma idea, de modo que he decidido usarla
también.
18
C. S. Lewis, La abolición del hombre. (España: Ediciones Encuentro, 2007).
19
John W. Whitehead, The End of Man (Westchester, Ill.: Crossway Books,
1986), p. 57.
20
Mangalwadi and Mangalwadi, William Carey..
21
Fred Hereen, Show Me God (Wheeling, Ill.: Searchlight Publishing, 1995).
22
C. F. Von Weizsacker, La Importancia de la Ciencia (Colección Labor, 1966).
23
Nancy R. Pearcey and Charles B. Thaxton, The Soul of Science: Chris-
tian Faith and Natural Philosophy (Wheaton, Il: Crossway Books, 1994),
33.
24
Paul Davies, «Physics and the Mind of God: The Templeton Prize
Address», May 3, 1995. https://www.firstthings.com/article/1995/08/003-phy-
sics-and-the-mind-of-god-the-templeton-prize-address-24.
25
Daniel J. Boorstin, Los descubridores. (Barcelona, España: Crítica, 2008).
26
Pearcey y Thaxton, Soul of Science, p. 30.
27
Pearcey y Thaxton, Soul of Science, p. 35.
28
Pearcey y Thaxton, p. 35.
29
George Gilder, Riqueza y pobreza. (Madrid, España: Instituto de Estudios
Económicos, 1985).
30
Jeffrey Bartholet, «Souls At War», Newsweek, 20 de noviembre, 1995, p. 59.
31
Warren T. Brookes, «Mind, Not Money, Drives the Economy» Imprimis,
April1984.https://imprimis.hillsdale.edu/high-technology-and-judeochris-
tian-values-mind-not-money-drives-the-economy/.
NOTAS 287
32
Mangalwadi and Mangalwadi, William Carey.
33
John Milton, Tractate on Education, The Harvard Classics (New York: P. F.
Collier & Son, 1937), p.236.
34
Christopher Ampadu, «An Investigation of the Influence of African Traditio-
nal Religion Belief Systems and Worldviews on the Development of Ghanaian»”
(PhD diss., William Carey Univeristy, 2016), p. 138.
35
Ampadu, «Investigation», p. 138.
36
Mangalwadi and Mangalwadi, William Carey.
37
Francis Fukuyama, Trust: The Social Virtues and the Creation of Prosperity
(New York: The Free Press, 1995).
38
Winston Churchill en la Cámara de los Comunes, 11 de noviembre, 1947.
Capítulo 6 Dios es bueno
1
Deborah Sontag, «Physicians Say ‘Partial Birth’ Is Just One Way» The New
York Times, March 21, 1997.
2
C. S. Lewis, Mero cristianismo, (Madrid, España: RIALP Ediciones, 1995).
3
Katharine Q. Seelye, «House Votes by Large Margin to Ban Late Abortions»,
The New York Times, March 21, 1997.
4
James R. White and Jeffrey D. Niell, «The Unthinkable Has Become Thinka-
ble», Issues, Etc., visitada el 21 de dic., 2015, http://www.mtio.com/articles/bis-
sar97.htm.
5
Noah Webster’s First Edition of an American Dictionary of the English Lan-
guage (San Francisco: Foundation for American Christian Education, 1828).
6
Ética: «un sistema de principios morales; sistema de normas para regular la
conducta y costumbres de los hombres en sociedad». Noah Webster’s First Edition
of an American Dictionary of the English Language (San Francisco: Foundation for
American Christian Education, 1828).
Nuestras palabras modernas étnico/a y ética comparten la misma raíz griega
ethos. Estudie estas tres palabras y descubrirá que (históricamente) las importan-
tes diferencias características entre los pueblos no son la lengua, el color de la
piel, la música, o la alimentación, sino su ethos, su manera de ver la realidad, su
cosmovisión.
7
Russell Kirk, The Roots of American Order (Washington, D.C.: Regnery
Gateway, 1991), p 27.
8
Adelle M. Banks, «With High Premarital Sex and Abortions Rates, Evangeli-
cals Say It’s Time to Talk about Sex», Huffington Post, April 23, 2012, http://www.
huffingtonpost.com/2012/04/23/evangelicals-sex-frank-talk_n_1443062.htm
9
Dennis Prager, «Judaism’s Sexual Revolution: Why Judaism (and then Chris-
tianity) Rejected Homosexuality». OrthodoxyToday.org, visitada el 14 de sept.,
2016, http://www.orthodoxytoday.org/articles2/PragerHomosexuality.php.
10
Jefferson Thomas: «Cuando en el curso de los acontecimientos humanos es
necesario que un pueblo disuelva los lazos políticos que lo han vinculado a otro y
288 DISCIPULANDO NACIONES
adopte entre los poderes de la tierra la posición igual y separada a la que las leyes
de la naturaleza, y de la naturaleza divina le dan derecho, un respeto apropiado
por la opinión de la humanidad exige que dicho pueblo declare los motivos que lo
impulsan a la separación» (énfasis añadido).
11
C. S. Lewis, La abolición del hombre. (España: Ediciones Encuentro, 2007).
12
Dallas Willard, Renueva tu corazón. Colección Teológica Contemporánea,
(Barcelona, España: Clie, 2008).
13
C. S. Lewis, Mero cristianismo. (Madrid, España: RIALP Ediciones, 1995).
14
David Aikman, «Cambodia: An Experiment in Genocide», Time, July 31,
1978, pp.39–40.
15
David F. Wells, No Place for Truth (Grand Rapids: Eerdmans, 1993), p. 300.
16
Kirk, The Roots of American Order, p. 24.
17
De una exposición en un museo en la India.
18
Larry Lea, «Garifunas Fret AIDS May Wipe Them Out», Honduras This
Week, January 6, 1996, p. 1.
19
Maggie Gallagher, Enemies of Eros (Chicago: Bonus Books, 1989), p. 16.
20
Bob Moffitt. Esta cita pertenece al documento de referencia «La respuesta
cristiana a la necesidad humana» titulado «Las intenciones de Dios. El mínimo
irreducible», 3. El artículo está incluido en el Programa de Entrenamiento para el
Desarrollo del Liderazgo» p.26.
21
Mangalwadi and Mangalwadi, William Carey.
22
J.D. Richardson, Ed., Compilation of Messages and Papers of Presidents, Vol. 1
(New York: Bureau of National Literature and Art, 1907), 213.
23
Kirk, The Roots of American Order, p. 26.
Capítulo 7 La creación es un sistema abierto
Adaptado de W. Merrill Long, «Introducing Social Change Through
1
Community Health», Evangelical Missions Quarterly, July 1997, 321.
2
Citado en The Forestin the Seed, por Scott D. Allen y Darrow L. Miller (Phoe-
nix: Alianza para el Discipulado de las Naciones, 2006).
3
Para más acerca de esto consúltese el librito The Forest in the Seed por Scott D.
Allen and Darrow L. Miller.
4
Michael Novak, El espíritu del capitalismo democrático. (Touchstone, Simon
& Schuster, 1991).
5
Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza. (Barcelona, España: Plaza
y Janés, 1995).
6
Paul Johnson, Tiempos Modernos: La historia del siglo XX desde 1917 hasta
nuestros días. (Madrid, España: Vergara, 2000). Para un excelente resumen y crí-
tica de Nietzsche y otros pensadores decisivos de la modernidad, léase el libro
de Ravi Zacharias, ¿Puede el hombre vivir sin Dios? (Nashville, Tennessee: Grupo
Nelson, 1995), o el de Luis Palau, Dios es relevante. (Nasville, Tennessee: Vida/
Zondervan, 1999).
7
Alexander Cockburn, «Malthus and the Modern World», The Nation, April
11, 1994, p. 476.
NOTAS 289
8
Steven Mosher and Anne Roback Morse, «The New York Times Finally
Throws in the Towel on the ‘Overpopulation’ Myth», LifeNews.com, June 3, 2015,
http://www.lifenews.com/2015/06/03/the-new-york-times-finally-throws-in-the-
towel-on-the-myth-of-overpopulation/.
9
George Grant, Grand Illusions: The Legacy of Planned Parenthood (Bren-
twood, TN: Wolgemuth and Hyatt, 1988), p. 91.
10
Margaret Sanger, Woman and the New Race (New York: Brentano’s, 1920),
63.Citado por Francis J. Beckwith, Politically Correct Death (Grand Rapids: Baker
Book House, 1994), 174.
11
Margaret Sanger, The Pivot of Civilization (Elmsford, N.Y.: Maxwell Reprint,
1950), p. 136.
12
Sanger, The Pivot of Civilization p. 176.
13
Wikipedia, «International Planned Parenthood Federation», visitada el 23
de dic., 2015,https://en.wikipedia.org/wiki/International_Planned_Parenthood_
Federation.
14
Simon Rabinovitch, «Data Reveal Scale of China Abortions», Financial
Times, March 15, 2013,http://www.ft.com/cms/s/2/6724580a-8d64-11e2-82d2-
00144feabdc0.html#axzz2O675Qbmz.
15
Peter L. Berger, «The Other Face of Gaia», First Things, August/September
1994, p. 16.
16
Gaia Theory, «Overview», visitada el 14 de sept., 2016, http://www.gaiatheory.
org/overview/.
17
Berger, Other Face of Gaia, 17.
18
Elizabeth Kolbert, «The Case against Kids», New Yorker, April 9, 2012, http://
www.newyorker.com/magazine/2012/04/09/the-case-against-kids.
19
Lisa Hymas, «I Decided Not to Have Children for Environmental Reasons»,
Guardian, September 27, 2011, http://www.theguardian.com/environment/2011/
sep/27/not-have-children-environmental-reasons.
20
Daniel J. Boorstin, Los descubridores, (Barcelona, España: Crítica, 2008).
21
Julian L. Simon, El último recurso (Madrid, España: Cie Dossat, 2016).
22
Anti-entropía: orden creciente, lo opuesto al desorden creciente de la entropía.
23
Warren T. Brookes, Imprimis, Hillsdale College, April 1984.
24
Dennis Peacocke, «Understanding the Critical Difference Between Justice
and Equality». Crosswinds, Vol. II, no. 2. Fall/Winter 1994–95, p. 47.
25
Erle C. Ellis, «Overpopulation Is Not the Problem», New York Times, 13/9/2013.
http://www.nytimes.com/2013/09/14/opinion/overpopulation-is-not-the-pro-
blem.html?_r=0: Patricia S. Muir, «A. Carrying Capacity (K)», actualizada el 14 de
nov., 2013.http://people.oregonstate.edu/~muirp/carcapac.htm.
26
Organización Mundial de la Salud, «World Health Statistics 2014», 14 de
mayo, 2014. http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2014/world-heal-
th-statistics-2014/en/.
27
FAO, IFAD, and WFP, The State of Food Security in the World 2015; Mee-
ting the 2015 International Hunger Targets: Taking Stock of Uneven Progress; Rome,
FAO, http://www.fao.org/3/a-i4646e.pdf.
290 DISCIPULANDO NACIONES
28
FAO, «Global Agriculture Towards 2050», Rome, October 12–13, 2009,
http://www.fao.org/fileadmin/templates/wsfs/docs/Issues_papers/HLEF2050_
Global_Agriculture.pdf.
29
John Tierney, «Betting the Planet», New York Times Magazine, December 2,
1990, 52–53, 74–81.
Capítulo 8 Las leyes de la creación
1
Para una evidencia bien documentada que demuestra que esta suposición
es errónea, consúltese el libro de Robert Edgerton, Sick Societies: Challenging the
Myth of Primitive Harmony (New York: The Free Press, 1992). El libro ejemplifica
también de qué manera los supuestos naturalistas han saturado el campo de la
antropología.
2
Michael Novak, El espíritu del capitalismo democrático. (Touchstone, Simon
& Schuster, 1991).
3
Jacques Monod, El azar y la necesidad. (Barcelona, España Seix Barral edito-
res, 1970).
4
Daniel J. Boorstin, Los descubridores. Crítica, 2008.
5
Cecil B.DeMille, «Commencement Address 1957», https://speeches.byu.edu/
talks/cecil-b-demille_commencement-address-1957/.
6
John Stonestreet, «Radical Islam, Secularism and Christianity», Christian
Post, January 15, 2015, http://www.christianpost.com/news/radical-islam-secula-
rism-and-christianity-132616/#IpbkLxvClZ6wHOjV.99.
Capítulo 9 Siervos rebeldes
1
Francis Schaeffer, Huyendo de la razón. (Barcelona, España: CLIE, 2007).
2
Citado por Ruth Mangalwadi y Vishal Mangalwadi, William Carey: A Tribute
by an Indian Woman (New Delhi: Nivedit Good Books, 1993), p. 73.
3
Mangalwadi and Mangalwadi, William Carey.
4
Angela Franks, Margaret Sanger’s Eugenic Legacy: The Control of Female Ferti-
lity (Jefferson, NC: MacFarland and Company, Inc., 2005), p. 15.
5
Lauren Enriquez, «10-Eye-Opening Quotes From Planned Parenthood
Founder Margaret Sanger», LifeNews.com, March 11, 2013,http://www.lifenews.
com/2013/03/11/10-eye-opening-quotes-from-planned-parenthood-founder-
margaret-sanger/.
6
Winston Ross, «Dying Dutch: Euthanasia Spreads across Europe», Newsweek,
February 12, 2015, http://www.newsweek.com/2015/02/20/choosing-die-nether-
lands-euthanasia-debate-306223.html.
7
Valerie Richardson, «Aborted Fetus Cells Used in Beauty Creams», Washin-
gton Times, November 3, 2009, http://www.washingtontimes.com/news/2009/
nov/3/aborted-fetus-cells-used-in-anti-aging-products/?page=all.
8
John Stott, Problemas que los cristianos enfrentan hoy (Nashville, Tennessee:
Vida/Zondervan, 2008).
9
Citado por Charles Colson, «When History Is Up for Grabs», The New York
Times, December 28, 1995, A17.
NOTAS 291
10
Herbert Schlossberg, Idols for Destruction (Washington, DC: Regnery
Gateway, 1990), p. 82.
11
Michael Novak, «The Lesson of Lent», Crisis, April 1993, p. 7.
Capítulo 10 El uno y la pluralidad
1
Jack Grove, «Cheating Is Rife in Russia, Finds Student Survey», Times Higher
Education, March 26, 2015, https://www.timeshighereducation.com/news/chea-
ting-is-rife-in-russia-finds-student-survey/2019241.article.
2
Patricia Kranz, «Under Brezhnev, It Was Better», Business Week, June 24,
1996, p. 15.
3
Véase Millard J. Erickson, Teología sistemática. (Barcelona, España: CLIE,
2009); John Piper, Los deleites de Dios, (Nashville, Tennessee: Vida/Zondervan,
2006).
4
Brian Griffiths, The Creation of Wealth (Downers Grove, Ill: InterVarsity
Press, 1984), p. 55.
5
Griffiths, The Creation of Wealth, p. 55.
6
Robert Letham, The Holy Trinity: In Scripture, History, Theology, and Worship
(Phillipsburg, NF: P&R, 2004), 444-446, citado por Nancy Pearcey en El hallazgo
de la verdad: Cinco principios para desenmascarar el ateísmo, el laicismo y otros
sustitutos de Dios. (Tyler, Texas: Editorial JUCUM, 2017), p. 132.
7
Citado sin mención expresa por Nancy Pearcey en El hallazgo de la verdad:
Cinco principios para desenmascarar el ateísmo, el laicismo y otros sustitutos de
Dios. (Tyler, Texas: Editorial JUCUM, 2017), p. 132.
8
Arthur Schlesinger, The Disuniting of America: Reflections on a Multicultural
Society (New York and London: W.W. Norton, 1992).
9
Arthur Koestler, La máquina del tiempo (Madrid, España: Ediciones Anaya,
2002).
10
Charles Hodge, citado en Table Talk, el 14 de junio, 1996, p. 31.
11
C. S. Lewis, «El gran milagro» (1945), en Dios en el banquillo: Ensayos sobre
teología y ética. Madrid, España: RIALP).
12
Para más acerca de esto, consúltese mi libro Opresión de la mujer, pobreza y
desarrollo: Vindicación de la dignidad de la mujer para construir naciones sanas.
(Tyler, Texas: Editorial JUCUM, 2012).
13
Irving Kristol, «Of Decadence and Tennis Flannels» The Wall Street Journal,
September 21, 1976, Section I, 24.
14
Paul Johnson, La historia del cristianismo. (España: ZETA bolsillo, 2010).
15
Michael Novak, «What is Liberty?» The Atlantic, November 2007 issue,http://
www.theatlantic.com/magazine/archive/2007/11/what-is-liberty/306320/.
16
A. James Reichly, Religion in American Public Life (Washington, D.C.: The
Brookings Institution, 1985), p. 105.
17
Alexis de Tocqueville, citado por Robert Putman en «Bowling Alone, Revisi-
ted», Responsive Community, 5, no. 2 (Spring 1995): p. 18.
18
Robert Putman, p. 20.
292 DISCIPULANDO NACIONES
19
George Grant, The Micah Mandate (Chicago: Moody Press, 1995), pp.
218–219.
20
Grant, The Micah Mandate, pp. 218–219.
Capítulo 11 Mayordomía
1
Daniel J. Boorstin, Los creadores: Una historia de los héroes de la imagi-
nación. (Barcelona, España: Planeta/Crítica, 1994).
2
Boorstin, p. 26.
3
«Teaser of the upcoming documentary film “Landfill Harmonic”», YouTube
video, published by Landfill Harmonic on November 17, 2012, https://www.you-
tube.com/watch?v=fXynrsrTKbI.
4
Abraham Kuyper, Christianity and the Class Struggle (Grand Rapids: Piet
Heirr Publishers, 1950), p. 19.
5
E. Calvin Beisner, «Is There an Invisible Hand to Help the Poor?» Crosswinds:
The Reformation Digest, Fall/Winter 1994–95, p. 51.
6
Ruth y Vishal Mangalwadi, William Carey: A Tribute by an Indian Woman
(New Delhi: Nivedit Good Books, 1993), p. 68.
7
Warren T. Brookes, «The Real Wealth of Mankind Is Spiritual», Conservative
Chronicle, November 29, 1989, p. 10.
8
J.R.R. Tolkien, Árbol y hoja (Barcelona, España: Planeta/Minotauro, 2002).
9
Pew Research Center, «Cell Phones in Africa: Communication Life-
line», April 15, 2015,http://www.pewglobal.org/2015/04/15/cell-pho-
nes-in-africa-communication-lifeline/.
10
Udo Middelmann, «World Hunger and World Views», conferencia
pronunciada en junio, 1983, en las oficinas de Fundación contra el Ham-
bre, en Arizona.
11 Como tal, la palabra desarrollo se deriva del verbo «desarrollar», que se
compone del prefijo «des-», que denota negación o inversión de la acción, y «arro-
llar», del latín rotulre, derivado de rotlus, que se traduce por «rodillo». En este sen-
tido, desarrollar es una derivación de desenrollar, y puede significar desenvolver,
extender o ampliar.
12
Después que Jesús mandara a sus discípulos matheteuo, «hacer dis-
cípulos»: (matheeusate es la forma del primer aoristo activo, imperativo
plural, de este verbo, que significa «hacer un discípulo»), les mostró cómo
debían hacerlo: primero, bautizarles, después enseñarles tereo todo lo que
Él les había enseñado; tereo significa «atender con esmero, cuidar de, guar-
dar; observar; reservar»; es un verbo que deriva de teros (labor de vigilan-
cia). Tereo expresa vigilancia cuidadosa y sugiere posesión presente. Como
el dragón Smaug de Tolkien, que guarda su oro, o una madre que cuida
de sus hijos, esta idea denota protección total de una posesión preciosa.
Los mandamientos, todos ellos, son nuestro tesoro precioso. Tereo se suele
traducir por «guardar», «reservar», «observar», «vigilar», «preservar» y
«sostener». Este no es sino un ejemplo más de cómo en algunas lenguas se
pierde el rico matiz de la idea original.
NOTAS 293
13
Peter L. Berger, La revolución capitalista: Cincuenta proposiciones sobre la
prosperidad, la igualdad y la libertad. (Barcelona, España: Planeta/Península,
1991).
14
David C. McClelland, «The Achievement Motive in Economic Growth» in
Industrialization and Society, Bert Hoselitz and Wilbert E. Moore, (Geneva: Mou-
touni UNESCO, 1970), p. 74.
15
Robert Fulghum, Las cosas importantes que aprendí en el parvulario (Madrid,
España: Temas de hoy, 2004).
16
Maurice Fulton, ed., Roosevelt’s Writings (New York: Macmillan, 1922), p.
168.
17
Thomas H. Russell, Life and Work of Theodore Roosevelt (New York: L.H.
Walter, 1919), p. 257.
Capítulo 12 Vocación
1
World Bank, «Thailand: Overview», updated September 2017 http://www.
worldbank.org/en/country/thailand/overview.
2
Abraham Kuyper, Exposiciones sobre el calvinismo (Hijos del Altísimo – http://
www.altisimo.net). Lectures on Calvinism (Grand Rapids: Eerdmans, 1983), p. 16.
3
Consúltese el sermón 50 de John Wesley (1872) sobre «El uso del dinero».
http://www.evangelioeterno.com/publicaciones.htm.http://www.umcmission.
org/Find-Resources/John-Wesley-Sermons/Sermon-50-The-Use-of-Money.
4
He usado la expresión economía bíblica por carecer de una mejor etiqueta.
La Biblia revela algunos principios económicos, pero no respalda ningún sistema
específico. El capitalismo depredador (consumismo) está lejos del fundamento en
que se basa una economía bíblica y la formación de capital. Al otro extremo del
espectro, el socialismo y el extinto sistema comunista no tienen en cuenta los pun-
tos fuertes de la economía bíblica. Cada sistema aplica algunos principios bíblicos
y es hostil a otros. Cuantos más principios bíblicos contiene el sistema, más honra
da a Dios, más saca a la gente de la pobreza y más cuida de la creación.
5
Brian C. Robertson se refiere a esta idea como «capitalismo depredador» en
su libro There’s No Place Like Work (Dallas, TX: Spence, 2000), p. 177.
6
Ruth y Vishal Mangalwadi, William Carey: A Tribute by an Indian Woman
(New Delhi: Nivedit Good Books, 1993), p. 77.
7
Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo. (Madrid, España:
Alianza editorial, 2012).
8
Weber, La ética protestante.
9
Bob Goudzwaard, Idols of Our Time (Sioux Center, IA: Dordt College Press,
1984), 107. Véase también el trabajo del Dr. Bob Moffitt titulado «Jesus y el con-
cepto de suficiencia» disponible en the Harvest Foundation (Fundación Cosecha).
10
Citado por William J. Danker, Profit for the Lord (Grand Rapids: Eerdmans,
1971), p. 30.
11
C. S. Lewis, Mero cristianismo. (Madrid, España: RIALP Ediciones, 1995).
294 DISCIPULANDO NACIONES
12
Brian Griffiths, The Creation of Wealth (Downers Grove, Il: InterVarsity
Press, 1984), p. 69.
13
Marvin Olasky, The Tragedy of American Compassion (Wheaton, Il: Crossway
Books, 1992).
Capítulo 13 Hacedores de historia
1
John S. Mbiti, African Religions and Philosophy (Garden City, NY: Anchor
Books, 1970), pp. 21, 23.
2
Las palabras que he usado: teleo, telos y teleios derivan de la misma raíz tello,
«partir hacia un punto o meta definida». Esta familia de palabras tiene que ver con
objetivos o resultados. Es importante tener en cuenta que estas palabras denotan
aspectos humanos e históricos. Humanamente hacen referencia a nuestra plenitud
y perfección en Cristo —ser lo que Dios quería que fuésemos—. Históricamente,
hacen referencia a cuestiones escatológicas —los últimos tiempos, el propósito de
la historia—. En este libro he usado las palabras:
telos, telous (nombre): fin, conclusión, resultado, meta, objetivo.
teleo (verbo): acabar, completar, finalizar, cumplir, llevar a cabo, realizar,
volcarse.
teleio (verbo): perfeccionar, completar, acabar, lograr, acabar la tarea, alcanzar
la meta, madurar, convertirse en realidad, hacer efectivo.
teleios, teleia, teleion (adjetivo): crecido, maduro, completo, perfecto, entero.
3
Citado por Daniel J. Boorstin, Los creadores: Una historia de los héroes de la
imaginación. Crítica 1994, p. 25.
4
Citado por Herbert Schlossberg, Idols for Destruction (Washington, DC: Reg-
nery Gateway, 1990), p. 13.
5
John Mbiti, African Religions and Philosophy, 2d ed. (Oxford: Heinemann
International, 1989), p.23.
6
John W. Montgomery, Where Is History Going?(Grand Rapids: Zondervan,
1969), p.31.
7
Wim Rietkerk, The Future Great Planet Earth (Landour, India: Nivedit Good
Books, 1989), pp. 36–37.
8
Erwin Panofsky, Estudios sobre iconología. (Madrid, España: Alianza editorial,
2005)
9
Montgomery, Where Is History Going?, p. 28.
10
Citado por Russell Kirk, (Washington, DC: Regnery Gateway, 1991), xviii.
11
Kirk, The Roots of American Order, pp .41–42.
12
Citado por George Grant, The Micah Mandate, (Chicago: Moody Press,
1995), p. 199.
13
C. S. Lewis, “Hamlet: The Prince or the Poem” in Selected Literary Essays,
(Cambridge: Cambridge University Press, 1969), p.105.
14
Kirk, The Roots of American Order, xix.
15
Rabbi Daniel Lapin, «Culture War» (1999), Catholic Education Resource
Center, visitada el 17 de nov., 2017, https://www.catholiceducation.org/en/culture/
catholic-contributions/culture-war.html.
NOTAS 295
16
C. S. Lewis, Dios en el banquillo: Ensayos sobre teología y ética. (Madrid,
España: RIALP, 1996).
17
Kirk, The Roots of American Order, p. 153.
18
Citado por George Grant, The Micah Mandate (Chicago: Moody Press,
1995), p. 220.
19
Kabia me contó su experiencia mientras visitábamos proyectos de Fundación
contra el Hambre en la República Dominicana.
Glosario
1
James Sire, El Universo de al lado. (Gran Rapids, Michigan: Libros Desafío,
2010)
ACERCA DE LA ALIANZA PARA EL
DISCIPULADO DE LAS NACIONES
Preparando a la iglesia para transformar el mundo
La Disciple Nations Alliance (DNA), o Alianza para el Discipulado de
las Naciones (ADN), forma parte de una red internacional de individuos,
iglesias y organizaciones que comparten una misma visión: que la Iglesia
universal alcance su máxima capacidad como instrumento de Dios para la
sanidad, bendición y transformación de las naciones.
La ADN fue fundada en 1997, al asociarse Fundación contra el Hambre
(www.fh.org) y Harvest Foundation (www.harvestfoundation.org). Nuestra
misión consiste en ofrecer un paradigma y modelo práctico a todas las
iglesias locales, ayudarlas a reconocer y abandonar falsas creencias, a abra-
zar una cosmovisión bíblica robusta que instaure verdad, justicia y belleza
en todas las esferas de la sociedad, demuestre el amor de Cristo de forma
práctica y responda a la desolación de sus comunidades y naciones con sus
propios recursos.
Si desea recibir más información acerca de la Alianza para el Discipu-
lado de las Naciones u obtener acceso a una serie de recursos, programas,
libros, materiales de estudio y herramientas de aplicación, visite nuestra
página web:
www.disciplenations.org
E-mail:
[email protected] ACERCA DEL AUTOR
Darrow L. Miller es autor, conferenciante y cofundador de la Alianza
para el Discipulado de las Naciones. Darrow prestó veintisiete años de ser-
vicio a la Fundación Contra el Hambre Internacional (FHI) organización
de ayuda y desarrollo, de motivación cristiana, que procura responder al
hambre física y espiritual de las personas en países en vías de desarrollo, en
cuatro continentes. Darrow ha sido durante 35 años reconocido orador en
conferencias y seminarios sobre temas que tratan de cosmovisión y desa-
rrollo, cultura y pobreza, la dignidad de la mujer, la gran comisión, trabajo
y vocación, justicia social, ministerio holístico y el papel de la iglesia en el
desarrollo.
Dos experiencias memorables configuraron significativamente la bús-
queda vocacional de Darrow. La primera ocurrió durante un viaje a México
a los 19 años, donde conoció la pobreza. La segunda ocurrió mientras estu-
diaba bajo la batuta de Francis Schaeffer en la Comunidad L’Abri, en Suiza,
donde aprendió que el cristianismo es verdad objetiva; es realidad, aun-
que nadie creyese en ella. El efecto combinado de estas dos experiencias
motivó a Darrow para dedicar su vida a servir a los pobres y los que pasan
hambre desde una óptica plenamente cristiana.
Antes de comprometerse en la lucha contra el hambre y la pobreza en
1981, Darrow formó parte tres años del personal de la Comunidad L’Abri,
otros tres años como pastor y estudiante en la Northern Arizona Univer-
sity y dos años como pastor de una iglesia urbana de Denver, Colorado.
Además de obtener una licenciatura en educación superior para adultos en
la Universidad del Estado de Arizona, Darrow ha cursado estudios de pos-
grado en filosofía, teología, apologética cristiana, estudios bíblicos y misiones en
EE.UU., Israel y Suiza.
Darrow ha viajado, estudiado y trabajado en más de 100 países. Sus
libros y artículos han sido traducidos, en parte o en su totalidad, a catorce
lenguas. Darrow bloguea en: Darrow Miller y amigos: http://darrowmi-
llerandfriends.com/. Se le puede encontrar en Facebook en: https://www.
facebook.com/DarrowMiller.
Darrow y su esposa Marilyn residen en Phoenix, Arizona. Tienen cuatro hijos
y catorce nietos.