Que el camino salga a tu encuentro.
Que el viento siempre esté detrás de
ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos. Y hasta que nos volvamos a
encontrar, que Dios te sostenga suavemente en la palma de su mano. Que
vivas por el tiempo que tú quieras, y que siempre quieras vivir
plenamente.
Recuerda siempre olvidar las cosas que te entristecieron, pero nunca
olvides recordar aquellas que te alegraron. Recuerda siempre olvidar a los
amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que
permanecieron fieles. Recuerda siempre olvidar los problemas que ya
pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones de cada día. Que el
día más triste de tu futuro no sea peor que el día más feliz de tu pasado.
Que nunca caiga el techo encima de ti y que los amigos reunidos debajo
de él nunca se vayan. Que siempre tengas palabras cálidas en un
anochecer frío, una luna llena en una noche oscura, y que el camino
siempre se abra a tu puerta.
Que vivas cien años, con un año extra para arrepentirte. Que el Señor te
guarde en su mano, y no apriete mucho su puño. Que tus vecinos te
respeten, los problemas te abandonen, los ángeles te protejan, y el cielo
te acoja. Y que la fortuna de las colinas irlandesas te abrace.
Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero. Que la buena suerte te
persiga, y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo
para la lluvia, bebidas junto al fuego, risas para que te consuelen aquellos
a quienes amas, y que se colme tu corazón con todo lo que desees. Que
Dios esté contigo y te bendiga, que veas a los hijos de tus hijos, que el
infortunio te sea breve y te deje rico en bendiciones. Que no conozcas
nada más que la felicidad. Desde este día en adelante, que Dios te
conceda muchos años de vida, de seguro Él sabe que la tierra no tiene
suficientes ángeles.
Nuestro miedo más profundo no es el de ser inapropiados.
Nuestro miedo más profundo es el de ser poderosos más allá de toda
medida.
Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que nos asusta.
Nos preguntamos: ¿Quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y
fabuloso?
Más bien, la pregunta es: ¿Quién eres tú para no serlo? Eres hijo del
universo.
No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti
no se sientan inseguras.
Nacemos para poner de manifiesto la gloria del universo
que está dentro de nosotros, como lo hacen los niños.
Has nacido para manifestar la gloria divina que existe en nuestro interior.
No está solamente en algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada
uno.
Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos
permiso
a otras personas para hacer lo mismo.
Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente
libera a los demás.
Marianne Williamson