Prof.
Jhonatan Castrellón
Instituto Atkinson
Clase 11: El camino de la razón
René Descartes (1596-1650)
Nació en la Haye, provincia de Turena (Francia). En su infancia fue un niño débil, pero
desde los diez años comenzó sus estudios teológicos en la Fleche fundada por los jesuitas
en Paris.
Descartes entendió su vocación como la de un matemático que quiere precisar las
matemáticas y afinar un nuevo método para llegar a la verdad absoluta y necesaria.
Principales obras
1) Geometría (descubrió la geometría analítica)
2) Discurso del método (1637)
3) Meditaciones metafísicas (1641)
4) Principios de filosofía (1644)
5) Reglas para la dirección del espíritu (1628)
El método cartesiano
“El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo” (Discurso del método)
Por “buen sentido”, Descartes entiende “razón”
Existe algo innato en los seres humanos: capacidad racional
¿Cómo hacer para que nuestra razón se guíe por el camino correcto?
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Las cuatro reglas del método
1) Evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención: Sólo aceptar como
verdaderas aquellas ideas claras y distintas
2) Analizar (dividir) las dificultades en tantas partes como sea posible
3) Conducir mis pensamientos en orden: empezar por lo objetos más simples y fáciles
de conocer, para subir poco a poco hacia los más complejos
4) Hacer enumeraciones complejas y grandes para asegurarme que no olvidé nada
Regla 1
Prevención es lo que hoy se conoce como “prejuicio”
Se trata de poner en “duda” el conocimiento de oídas
Es un llamado a analizar, individualmente, la verdad o falsedad que hay en la
educación que hemos recibido (prescindir de la tradición)
Precipitación se refiere a una manera de pensar: género de pensamiento que
atiende más a la voluntad que a la razón
Descartes sostiene que la fuente de todo error en nuestros pensamientos es el
desequilibrio entre nuestros deseos excesivos y la incapacidad de razonar estos deseos.
En la filosofía clásica, la verdad es siempre una correlación entre el concepto y la esencia
de la cosa; sin embargo, en Descartes la verdad no se refiere tanto a la cosa, sino a la
coherencia interna de nuestros propios pensamientos.
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¿Qué es una idea clara y distinta?
a) Una idea clara se presenta y manifiesta a un espíritu atento
b) Una idea es distinta cuando puedo analizar y alcanzar la intuición de sus partes
Regla 2: aclara la primera
Para que una idea sea clara, pero sobre todo distinta; es necesario analizar
cualquier problema que se presente
Analizar es dividir: ir al encuentro de las partes que integran una cosa
El análisis no es suficiente para generar el conocimiento, por lo que siempre será
necesaria la síntesis: reconstruir la totalidad de la cosa, luego de que sus partes son claras
y distintas.
La cuarta regla, indica que cualquier proceso de pensamiento debe repetirse varias veces
para que estemos seguros de la verdad a la que pretendemos llegar.
En suma, el conocimiento es siempre un análisis entre dos síntesis.
Teoría de la intuición y deducción
Hasta ahora solamente hemos respondido al qué del conocimiento verdadero, la teoría
cartesiana de la intuición y deducción responde al cómo: ¿cómo podemos llegar a esas
ideas claras y distintas?
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Intuir significa tener una idea inmediata de un objeto.
“Entiendo por intuición no el testimonio cambiante de los sentidos ni del juicio
engañoso de una imaginación que compone mal su objeto, sino la concepción de
un espíritu puro y atento, concepción tan fácil y distinta que no permite ninguna
duda acerca de lo que comprendemos” (Descartes)
En Descartes, la intuición es una “intuición racional”. La importancia de la intuición radica
en que, a través de ella, podemos llegar a las ideas innatas. El conocimiento de las ideas
innatas es el conocimiento de ideas claras y distintas.
La deducción se define como la operación “mediante la cual entendemos todo lo que se
concluye necesariamente de otras cosas conocidas con certidumbre”.
Solamente a través de la intuición es posible conocer los “primeros principios” (ideas
claras y distintas); pero, a su vez, únicamente por medio de la deducción es posible
conocer las “consecuencias alejadas” (generalizaciones).
Según Descartes, el silogismo aristotélico sirve para explicar; pero nunca para descubrir.
Descartes propone que la intuición es el motor y la función misma de la deducción y que la
deducción es, en cada uno de sus pasos, una forma del descubrimiento inmediato y una
creación.
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La duda metódica
Descartes quiere buscar una certidumbre absoluta, pero esta certidumbre no será posible
mientras sean válidos los argumentos de los escépticos (duda caprichosa).
Por tanto, Descartes se propone a dudar más que cualquier escéptico con la esperanza de
encontrar una verdad que escape de toda duda. Propone tres argumentos:
1) El argumento a base de los sueños: ¿Qué me garantiza de manera absolutamente
crítica que cuando estoy despierto no es en verdad un sueño?
2) El argumento de un dios impotente: Supongamos que existe un Dios
absolutamente bueno, que no tiene intención de engañarnos; pero que su poder
está limitado o anulado. Siempre viviríamos en el error, no podría impedirlo.
3) El argumento del “genio maligno”: Podría ser que exista un “genio maligno”, astuto
y poderoso, que emplea todos sus recursos en engañarnos.
Llegamos a lo más profundo de la duda, la solución a estos planteamientos Descartes los
propone a través de su metafísica.
Metafísica de Descartes
Descartes llega a una conciencia plena del “yo”. Puede ser que yo dude, puede ser que
todo lo que me rodea sea solamente un sueño o puede ser que viva en el engaño; pero en
todos estos casos hay una constante: “Cogito”.
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“Cogito, ergo sum” En su famosa frase, Descartes afirma que el hecho de “pensar” me
revela y me muestra que “existo”. Por lo tanto, por lo menos hay una verdad indudable.
Demostrada la existencia del yo, ¿cómo podemos estar seguros de la existencia de un
“tú”, “ustedes” o del “mundo”? Según Descartes, solamente la existencia de un Dios
perfecto sería una garantía de:
1) El método cartesiano tiene un fundamento en un ser que no puede engañarnos
2) El mundo y cuanto me rodea existe (solo se puede garantizar con base en la
perfección y bondad de Dios)
Así pues, solo las pruebas de la existencia de Dios pueden completar el mundo filosófico
de Descartes y garantizar su verdad.
1) Relación entre lo finito y lo infinito: Parte del axioma “Es cosa manifiesta y
evidente que debe haber por lo menos tanta realidad en la causa eficaz y total
como en su efecto”. La explicación lógica es que el Dios infinito sea la causa de lo
finito del mundo y de los hombres
2) Demostración de la existencia de Dios por vía causal: ¿cuál es la causa de la
existencia de este yo que es indudable? Opciones: yo mismo, mis padres (seres de
mi misma realidad) o Dios.
3) Conservación del ser del yo: “No creo que pueda dudarse de la verdad de esta
demostración si se toma en cuenta la naturaleza del tiempo o de la duración de
nuestra vida; puesto que siendo esta duración de tal naturaleza que sus partes no
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dependen unas de otras y no existen nunca al mismo tiempo, no se puede concluir
necesariamente de que por ser ahora vayamos a ser un momento más tarde, si
alguna causa, a saber, la misma que nos ha producido, no sigue produciéndonos,
es decir no nos conserva” (Principios)
Esto se puede resumir así: yo, ser viviente existo; mi existencia, insuficiente por sí misma,
requiere la creación constante de mi ser. El ser que me crea constantemente es Dios.
Las dos sustancias: extensión y pensamiento
¿Cuál es el mundo que la existencia de Dios garantiza? Es, esencialmente, el mundo de dos
sustancias que no pueden variar: la extensión (res extensa) y el pensamiento (res cogita).
Descartes propone una idea geométrica del mundo.
El espacio, la extensión, es algo “en sí”; es decir, es algo que no necesita de nada más para
ser y que, a su vez, es la condición de todo ser corpóreo.
Sin embargo, el espacio no explica todos los seres del mundo; en el mundo encontramos
seres que no son espaciales, sino espirituales. Los pensamientos varían, pero hay una cosa
que no varía y sin la cual no existirán los pensamientos: el espíritu (res cogita).
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Toda la realidad está hecha de dos sustancias: espacio y pensamiento. Así, el cuerpo
pertenece a la sustancia espacial; mientras que el alma, a la espiritual.
Descartes intentó asentar que el alma humana no depende del cuerpo y que, si es una
sustancia independiente, es también una sustancia inmortal. En sus últimas
consecuencias, esto conducía a un dualismo de imposible solución; mismo que intentó
resolver Descartes sin éxito, y que intentarán resolver sus seguidores: Spinoza y Leibniz.
Baruch Spinoza (1632-1677)
Nació en Amsterdam, pertenecía a una familia judía y fue educado dentro de la fe
ortodoxa. Sin embargo, debido a manera heterodoxa de pensar, será expulsado del
judaísmo.
El pensamiento de Spinoza se corresponde al sistema estoico y por tanto tiene un interés
práctico. Hay que entenderlo a la luz de dos fuentes principalmente:
a) Debate entre judíos ortodoxos y judaísmo escéptico
b) Pensamiento de Descartes
Obras principales
1) Tratado teológico-político
2) Tratado sobre la reforma del entendimiento
3) Ética demostrada al modo geométrico
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La reforma del entendimiento y el método
Baruch Spinoza buscaba un bien capaz de comunicarse, cuyo descubrimiento hiciera gozar
con un gozo continuo y eterno.
Se asemeja a Descartes, afirma la racionalidad del conocimiento y la necesidad de un
razonamiento deductivo que parte de principios absolutamente claros para llegar a
consecuencias necesarias.
A diferencia de Descartes, no considera que la duda sea el punto de partida. Para Spinoza
una idea verdadera es siempre determinada, mientras que una idea falsa es
indeterminada.
a) Idea determinada: El hecho de que su objeto sea o exista (necesario)
b) Idea indeterminada: Aquella idea cuyo objeto puede existir o dejar de existir
(contingente)
Ejemplo:
a) La idea de Dios es determinada y verdadera
b) La idea de vida es indeterminada
Como geómetra, Spinoza piensa reducir la filosofía a una serie de axiomas, postulados y
teoremas tan claros en sí mismos como las demostraciones matemáticas.
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La sustancia
“Por sustancia entiendo lo que es en sí y se concibe por sí; es decir, aquello cuyo concepto
no necesita del concepto de otra cosa para formarse” (Spinoza)
Lo anterior se complementa con la definición que Spinoza propone sobre Dios: “Entiendo
por Dios a un ser absolutamente infinito, es decir, una sustancia constituida por una
infinidad de atributos de los que cada uno expresa una esencia eterna e infinita”.
Esto significa que, para Spinoza, existe una única sustancia infinita, Dios, que contiene
todo lo que hay en el universo.
Dios contiene una infinidad de atributos que desconocemos debido a nuestra limitación y
finitud; sin embargo, sí conocemos dos atributos: el espíritu y la materia.
Al definir a Dios como espiritual y material, Spinoza resuelve el dualismo de las sustancias
cartesianas.
Dios…
1) Todo lo contiene --- es material
2) Es racional --- todo está determinado
3) Es perfecto --- no contiene el mal
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El mal no existe. Para Spinoza, lo malo es una interpretación del hombre (limitado) que no
alcanza a ver el universo en su totalidad.
La filosofía de Spinoza resuelve el problema del dualismo cartesiano, sin embargo, genera
otro problema. Spinoza no puede explicar la existencia de seres finitos y limitados, seres
individuales y personales.
El mundo que nos rodea es ilusorio, es simplemente un modo de la única sustancia. Este
mundo unitario, invariable y eterno es el marco para una moralidad serena, estoica y
contemplativa.
Para Spinoza, ser libres significa ser conscientes, conscientes de que estamos
determinados.
Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716)
Nació en Leipzig (Alemania) y tuvo una formación variada: humanismo clásico, teólogos
modernos (Suárez), Descartes, Hobbes, Galileo y Kepler. También destacó en el estudio de
las matemáticas y describió de manera autónoma el calculo infinitesimal (al mismo tiempo
lo descubría Newton en Inglaterra).
Leibniz creyó encontrar un lenguaje simbólico mediante el cual podrían calcularse los
problemas humanos de todas las clases y evitar así las discusiones sin sentido. Además,
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pensaba que, el cálculo racional, conduciría al establecimiento de la verdadera religión en
todo el mundo; no a través de palabras imprecisas o puras emociones, sino basada en
cálculos matemáticos.
Obras importantes:
1) Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano (respuesta a Locke)
2) Monadología
3) Discurso de metafísica
4) Teodicea
Método y teoría del conocimiento
Parte de un dicho clásico: “Nada hay en el intelecto que no estuviera primero en los
sentidos”, pero añade Leibniz “Salvo el entendimiento mismo”.
Leibniz reconoce que somos empiristas, es decir, recibimos nuestras ideas de la
experiencia; pero también afirma que el entendimiento o razón es innato y es lo que
distingue al hombre de los animales.
Existen tres niveles de conciencia:
1) Pequeñas percepciones: imágenes vagas, ni claras ni perceptibles
2) Percepción: síntesis de las sensaciones
3) Apercepción: “darse cuenta” (distintivo del ser humano)
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Existen en el hombre dos formas de conocer que se refieren a la experiencia (pequeñas
percepciones y percepciones) y una forma (apercepción) que es la razón.
a) Leibniz llama a los primeros niveles “verdades de hecho”: aunque son vagas,
imprecisas y poco definidas, nos ponen en contacto con la experiencia
b) Al tercer nivel le llama “verdades de razón”: verdades claras, sencillas y simples;
que además Leibniz considera como innatas
El conocimiento racional, el conocimiento a base de verdades de razón, es por
consiguiente, independiente a la experiencia y distinto a ella.
Hay dos principios lógicos que sirven como base para la filosofía de Leibniz:
1) Posibilidad (No contradicción)
2) Razón suficiente: todo lo que existe tiene una razón suficiente para existir. El
mundo será siempre interpretable por medio de la razón (bien utilizada)
Metafísica
Para resolver el dualismo cartesiano, Leibniz reduce la realidad a un pluralismo
espiritualista.
Trata de demostrar que el espacio no es una sustancia y que la única sustancia existente
es el espíritu.
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“hay en la materia algo más que lo puro geométrico, es decir, algo más que la pura
extensión o el mero cambio. Y si estudiamos las cosas en detalle, percibimos que debemos
añadirles alguna noción más alta, la sustancia, acción y fuerza; y estas nociones implican
que todo lo que es actuado actúa recíprocamente, y todo lo que actúa debe sufrir alguna
reacción”.
La extensión no es una sustancia, porque no explica fenómenos de resistencia y acción
que sin duda existen en la naturaleza.
El tiempo y el espacio no son previos a las cosas, sino que están hechos de la sucesión
lógica, posible, no-contradictoria de las cosas.
Por lo anterior, la sustancia verdadera es siempre individual y lo único que es siempre
individual es el espíritu; así que, el espíritu es la única y verdadera sustancia.
“La mónada […] no es otra cosa que una sustancia simple, que entra a formar los
compuestos: simple, es decir, sin partes”.
La materia es definida por Leibniz como mens instantánea (espíritu instantáneo). El
mundo material se presenta como el grado más bajo de la espiritualidad.
Si cada mónada es indivisible, ¿cómo se da la comunicación? Leibniz concluye que las
mónadas no se comunican directamente entre sí, sino por la armonía preestablecida.
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Dios es el ser infinitamente sabio que ha ordenado el mundo de antemano y ha fundado
una armonía preestablecida (metáfora del relojero).
En otras palabras, Dios es la razón suficiente y necesaria para la existencia de las
sustancias y para la comunicación entre ellas.
Si Dios es el creador del universo y es un ser absolutamente perfecto, entonces es
necesario que este universo sea el mejor de los universos posibles.
Cada sustancia individual tiene una perspectiva del mundo y en ese sentido cada sustancia
individual es como un espejo del universo.
Escribe Leibniz: “Dios es el monarca de la más perfecta de las repúblicas, compuesta de
todos los espíritus, y la felicidad de esta ciudad de Dios es su principal designio”.