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Reflexiones sobre la Semana Santa

El documento describe los eventos de la Semana Santa desde la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos hasta su crucifixión el Viernes Santo. Relata las acciones de Jesús de limpiar el templo, condenar a los líderes religiosos hipócritas, y ser obligado a cargar la cruz hacia su ejecución a pesar de estar gravemente herido y débil. Todo esto cumplió las profecías mesiánicas de que Jesús destruiría el antiguo sistema de adoración y establecería un nuevo templo

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Reflexiones sobre la Semana Santa

El documento describe los eventos de la Semana Santa desde la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos hasta su crucifixión el Viernes Santo. Relata las acciones de Jesús de limpiar el templo, condenar a los líderes religiosos hipócritas, y ser obligado a cargar la cruz hacia su ejecución a pesar de estar gravemente herido y débil. Todo esto cumplió las profecías mesiánicas de que Jesús destruiría el antiguo sistema de adoración y establecería un nuevo templo

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– Domingo de ramos:

"¡Hosanna, el hijo de David, el Rey de Israel, bendito el que viene en el nombre del Señor"
(Juan 12:13).
– 5 días después, viernes de cruz:
"¡Crucifícale! No queremos a este, queremos al Barrabás el ladrón ... ¡No tenemos rey más
que el César!" (Juan 19:15).
===
Y por eso mis amigos, nunca nos debemos de confiar del mundo. Ellos buscan caudillos
políticos, pero el Reino de los Cielos, no se asienta ni se extiende por medio de la espada
coercitiva del César, sino más bien, por medio de corazones rendidos ante Cristo, por el
poder de Su Espíritu en nosotros.
– "Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de
que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre" (Juan
2:24-25).
Lunes Santo, 4 días antes de ser crucificado: Jesús limpia el Templo.
* En Mateo 21:12–17 (paralelos en Mr. 11:15–19 y Lc. 19:45–48).
– "¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? ¡Mas
vosotros la habéis hecho cueva de ladrones!" (Mr. 11:17).
===
Solo ayer, domingo, Jesús había entrado triunfalmente por la puerta este de Jerusalén,
montado sobre un asno, ante una multitud enloquecida que lo aclamaba como "Hijo de
David", "Rey de Israel", "el Profeta del que habló Moisés", mientras tendían sus mantos en
el camino para que pasara y con palmas y ramos de árboles lo alababan, "¡Hosanna,
Hosanna, bendito el que viene en el nombre de HaShem!"
¿Qué esperaban las multitudes? Indudablemente: que Jesús armara a sus hombres, asaltara
el pretorio de Poncio Pilato, expulsara las guarniciones romanas, y con este acto desafiante
declarara a Israel una nación soberana independiente y, posteriormente, por medio de la
conquista militar, convirtiera la nación judía en cabeza de todas las naciones de la tierra.
Pero en cambio, ¿qué hizo Jesús el Cristo?
No se dirigió al palacio de Pilato, sino al "palacio" y orgullo del estado judío, el Templo
construido por Herodes el Grande, y desafiando tanto a las autoridades romanas como
judías, violentamente expulsó del atrio a todos los cambistas, mercaderes y estafadores que
habían convertido el culto de DIOS en un medio lucrativo para enriquecerse. Pero Jesús
hizo mucho más que esto ese lunes sombrío ...
Temprano en la mañana, en camino a la ciudad desde Betania (dónde se estaba
hospedando), nuestro Señor había maldecido una higuera, pues aunque tenía un aspecto
verdoso, al acercarse, se halló que no tenía fruto. "¡Nunca jamás nazca de ti fruto!" (Mt.
21:19), le ordenó Cristo a la higuera. Temprano a la mañana siguiente, el apóstol Pedro
volvería a ver esa misma higuera en camino a la ciudad de nuevo, y al notarlo se acercaría a
nuestro Señor asombrado diciéndole, "¡Rabí, mira! ¡La higuera que maldijiste, se ha
secado!" (Mr. 11:21).
Sabemos lo que pasó 50 años después ... El ejército romano, dirigido por el futuro
emperador Tito, con Tiberio Julio Alejandro como su segundo al mando (siendo él mismo
de ascendencia judía), sitió y arrasó la ciudad de Jerusalén, así terminando la obra de
limpieza que nuestro Señor Jesús había iniciado 5 décadas antes, así, cumpliéndose Sus
palabras, cuando dijo:
– "¿Veis todo esto? En verdad os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea
derribada" (Mt. 24:2).
Nuestro Señor, con la autoridad de Su boca, había desechado las viejas formas de adoración
del pacto antiguo y con Su Muerte y Resurrección el 1° día de la Nueva Semana, había
edificado un Templo mucho mejor y eterno: el de Su propio cuerpo, es decir, Su Iglesia en
todas las naciones de la tierra. Las viejas formas de adoración basadas en trueques e
indulgencias monetarias, no más válidas, sino ahora, como Cristo le había dicho a la
samaritana:
– "Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al
Padre ... Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre
en espíritu y en verdad" (Juan 4:21, 23).
===
¡Él ha conquistado, no con la espada de César, sino por medio de una cruz ensangrentada, a
todas las naciones de la Tierra! ¡Hosanna, Hosanna, al Hijo de David, el Rey soberano de
toda la Tierra!
Martes de juicio, 3 días antes de ser crucificado: Jesús condena públicamente la hipocresía
del liderazgo judío.
* En Mateo 23:13–39 (paralelo en Lucas 11:37–54).
===
Nuestro Señor, habiendo madrugado con Sus apóstoles, se dirige hacia Jerusalén desde
Betania (donde pernoctó todas las noches de esta semana); una vez en la ciudad, se dirigió
hacia el Templo, y mientras enseñaba a la multitud, los principales sacerdotes, escribas y
los ancianos (fariseos) vinieron a Él (Mr. 11:27).
Después de relatarles la parábola de los labradores malvados y de ser interrogado por ellos,
con justa furia, Jesús condena públicamente la hipocresía del clero judío. En lo que es, con
creces, las palabras más incendiarias de Jesús (Mateo 23), escuchamos los 8 ayes
pronunciados sobre ellos:
– Primer Ay:
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque cerráis el reino de los cielos
delante de los hombres, pues ni vosotros entráis, ni dejáis entrar a los que están entrando"
(v. 13).
– Segundo Ay:
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque devoráis las casas de las viudas, y
como por pretexto hacéis largas oraciones; por eso recibiréis mayor condenación" (v. 14).
– Tercer Ay:
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis el mar y la tierra para
hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que
vosotros" (v. 15).
– Cuarto Ay:
"¡Ay de vosotros, guías ciegos!, que decís: «No es nada el que alguno jure por el templo;
pero el que jura por el oro del templo, contrae obligación»" (v. 16).
– Quinto Ay:
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque pagáis el diezmo de la menta, del
eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la
misericordia y la fidelidad; y estas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar
aquellas" (v. 23).
– Sexto Ay:
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque limpiáis el exterior del vaso y del
plato, pero por dentro están llenos de robo y de desenfreno" (v. 25).
– Septimo Ay:
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque sois semejantes a sepulcros
blanqueados, que por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de
muertos y de toda inmundicia" (v. 27).
– Octavo Ay:
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque edificáis los sepulcros de los
profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: «Si nosotros hubiéramos vivido
en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en derramar la sangre de
los profetas». Así que dais testimonio en contra de vosotros mismos, que sois hijos de los
que asesinaron a los profetas. Llenad, pues, la medida de la culpa de vuestros padres.
¡Serpientes! ¡Camada de víboras! ¿Cómo escaparéis del juicio del infierno?" (vv. 29-33).
===
Este no era el tipo de Mesías que Israel esperaba, sin embargo, era el Mesías profetizado
por la ley y los profetas: "Con el bieldo en Su mano, destruirá Su era" (Jeremías 15:7).
Aunque desde la eternidad, la crucifixión de Cristo ya estaba sellada, con este acto
desafiante, nuestro Señor selló Su muerte ante Su propio pueblo.
Con dolor, ira y tristeza, ese martes al acercarse la noche, cuando nuestro Señor regresaba a
Betania con Sus apóstoles, desde el monte de los Olivos, viendo hacia la ciudad santa, se
lamentó y proclamó:
– "¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que son enviados a ella!
¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos debajo de sus alas,
y no quisiste! He aquí, vuestra casa se os deja desierta. Porque os digo que desde ahora en
adelante no me veréis más hasta que digáis: «Bendito el que viene en el nombre del
SEÑOR»" (Mateo 37-39).
===
¡¡¡Ven Israel, y reconoce a Tu Rey y Señor conmigo!!! Entonces, reinará la paz en el
mundo y recuperarás tu gloria.
– "Y cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene llamado Simón, al cual obligaron a que
llevara la cruz” (S. Mateo 27:32).
Traicionado, sin haber dormido toda la noche antes, seis veces juzgado, primero por el ex
sumo sacerdote Anas, luego por el actual sumo sacerdote Caifás y luego por todo el
liderazgo judío del Gran Sanedrín, una vez por el rey Herodes Agrippa, y dos veces por el
prefecto romano Poncio Pilato, y en cada juicio de ellos ridiculizado, escupido y
abofeteado, su cuerpo azotado hasta el punto de la desfiguración y su cabeza coronada con
una corona de espinas y golpeada con una vara, ahora, como era costumbre para los
condenados a muerte por crucifixión (la peor sentencia posible dictada por Roma), Jesús
tenía que cargar con la viga transversal a la que sus manos serían clavadas fuera de la
ciudad al lugar de la ejecución.
No penséis ni por un momento, que ahora, en un destello de lucidez y empatía humana, la
compañía romana que conducía a Cristo para ser crucificado, por buena voluntad a Jesús,
escogió a un voluntario de la multitud para aliviar su carga y sufrimiento. Todo lo
contrario, al ver que Cristo estaba llegando al punto de agotamiento completo, incapaz de
llevar la carga por sí mismo, quizás preocupados de que muriese antes de que llegaran al
lugar de la ejecución y ansiosos por realizar la obra, es entonces, que tres de los cuatro
evangelistas (Mateo, Marcos y Lucas) nos dicen que obligaron a un extranjero de entre la
multitud, para que llevara la cruz el resto del camino.
Es aquí, que llego al punto central que quiero imprimirles con este escrito: Mateo nos dice,
“al cual obligaron …”, Marcos también escribe, “Y lo obligaron …” (Mr. 15:21), y Lucas
escribe, “echaron mano de un hombre de Cirene llamado Simón, que venía del campo, y lo
hicieron cargar con la cruz y llevarla detrás de Jesús” (Lc. 23:26).
¡Oh, cuán maravillosas y esclarecedoras son estas palabras de los apóstoles de Cristo, pues
en ellas muestran una gran verdad del camino del Cristiano! Nadie toma la Cruz de Cristo
por su propia voluntad, sino que primero debe ser obligado por el Espíritu a tomar la Cruz y
seguir a Jesús. Jesús mismo lo dijo: “Ninguno puede venir a Mí, si el Padre que me envió
no le trajere” (Juan 6:44). “Helkó” es el verbo griego que Jesús emplea, que literalmente
significa, “arrastrar, traer a la fuerza, atraer”. La Cruz de Cristo es una carga demasiado
contraria a la voluntad de la carne, que la naturaleza del hombre retrocede instintivamente
ante ella con horror y temblor, un espectáculo demasiado desagradable y espantoso para
contemplar, pero una vez que el hombre interior es vivificado por DIOS, lo que antes era
horrible se vuelve honorable, lo que antes era impensable se vuelve agradable, y lo que es
el símbolo del más cruel desprecio de los hombres se convierte en la más alta vocación por
parte de DIOS.
Simón “el Cirineo”, ni siquiera era de Judea, era libio, es decir, africano. Ni siquiera estaba
en la ciudad y formaba parte de la multitud enloquecida, "venía del campo”. Tampoco se
ofreció voluntariamente para llevar la viga el resto del camino, sino más bien, lo
“prendieron” (“epilabomenoi”) y lo “forzaron” (“aggareuō”) cargar la cruz detrás de Jesús.
No sabemos mucho más de este libio Simón, pero sí sabemos esto: aunque jamás tenía
pensado mucho menos tenía la intención de cargar la Cruz de Cristo, la elección soberana
del Padre lo atrajo a Jesús, y desde ese día sombrío, la salvación vino a él y a toda su casa.
El evangelista Marcos incluso nos dice los nombres de sus hijos, Alejandro y Rufo, grandes
hombres ante los ojos de los apóstoles. Pablo apóstol, en su despedida a la Iglesia en Roma,
escribe: “Saludad a Rufo, escogido en el Señor, y a su madre que es como la mía”
(Romanos 16:13). Indudablemente, esta es, la gracia irresistible que convierte a los
enemigos de DIOS en Sus hijos, y convierte a completos extranjeros en Su familia
escogida.
Que todos los que hemos tomado la Cruz de Cristo, podamos vernos en Simón el Cirineo ...
Jueves de la Última Cena, menos de 24 horas para ser crucificado: el cumplimiento de la
Pascua.
* En Lucas 22:7–23 (Paralelos en Mateo 26:17–35 y Marcos 14:12–31).
===
"Mientras comían, Jesús tomó pan, y habiéndolo bendecido, lo partió, y dándoselo a los
discípulos, dijo: Tomad, comed, esto es Mi cuerpo" (Mt. 26:26).
Durante trece siglos, nuestros antepasados espirituales bajo el Antiguo Pacto, cada
atardecer del día 14 de Nisán (el primer mes hebreo), cenaban juntos en familias
participando del Cordero Pascual. Esto les fue dado por orden de Moisés, el gran libertador
de la nación israelita, por quien DIOS realizó Sus proezas, quebrantando así el orgullo del
Faraón, la superpotencia de ese tiempo y bajo quien el pueblo escogido sufría terrible
persecución.
– "Cada familia tomará un cordero, macho y sin defecto, y tomarán parte de la sangre y la
pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas donde lo coman ... Esta es la Pascua del
SEÑOR. Y cuando YO vea la sangre pasaré sobre vosotros, y ninguna plaga vendrá sobre
vosotros para destruiros cuando YO hiera la tierra de Egipto. Este día os será memorable y
lo celebraréis como fiesta al SEÑOR para siempre como ordenanza perpetua" (Éxodo 12:3-
14).
...
Aquí está nuestro Señor, en el gran aposento alto, con Sus 12 apóstoles, entre ellos, el que
ayer lo había vendido a las autoridades judías por 30 piezas de plata (el precio de un
esclavo según la ley, Éx. 21:31) y que en unas cuántas horas lo entregaría con un beso en el
huerto dónde solían reunirse en privado, participando del Séder Pascual (literalmente,
"orden"), es decir, de la cena pascual, con Sus más íntimos amigos.
Después de haber cenado, el Señor ahora procede a cumplir lo que Moisés comenzó. Los
evangelistas, junto con el Apóstol Pablo, nos dicen que Jesús, "tomó el pan" ... ¿Cuál pan?
Lo que los antiguos conocían como el "afikomán", literalmente, "lo que sigue a la comida",
un pan plano sin levadura, reservado para ser comido como postre después del cordero
pascual. Nuestro Señor, sosteniéndolo en Sus manos, lo bendice, y luego lo parte en
pedazos, entregándole un pedazo a cada uno de Sus más íntimos discípulos para que
comieran. Juan, el discípulo amado por el Señor, nos relata las palabras del Gran Maestro
(capítulo 6 de su Evangelio):
– "En verdad os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas Mi Padre os da el verdadero
pan del cielo" (v. 32).
– "Señor ... ¡Danos siempre de este pan!" (v. 34)
– "YO SOY el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para
siempre; y el pan que YO daré es Mi carne, la cual YO daré por la vida del mundo" (v. 51).
...
Oh que sublime misterio divino: así como el Hijo estaba partiendo este pan esta noche, en
la madrugada el Padre "partiría" el propio cuerpo de Jesús, para que en Él, el perfecto
Cordero de DIOS que quita el pecado del mundo (Jn. 1:29), todo el número del pueblo
escogido, desde el primero hasta el último, alcanzásemos la liberación del dominio del
pecado, y por consecuencia, fuéramos rescatados de la tiranía del verdadero Faraón que
oprime a todos los habitantes de la tierra, Satanás el usurpador.
Inmediatamente después de haber mojado el pedazo de pan que le daría al que lo entregaba,
y con este acto, habiendo manifestado su condenación (Jn. 13:26-30), los evangelistas nos
dicen que Jesús "tomó la copa" ... de nuevo, ¿cuál copa? La "tercera copa", o conocida
también como, "la copa de redención". Jesús les dice:
– "Bebed de ella todos; porque esto es Mi sangre del Nuevo Pacto, que por muchos es
derramada para remisión de los pecados" (Mt. 26:27-28).
¡Oh, qué gloriosa transición! Como Pablo bien nos declara: "las cosas viejas pasaron; he
aquí todas son hechas nuevas" (2 Corintos 5:17); y el autor de Hebreos también nos dice:
"Al decir 'Nuevo Pacto' ha dado por viejo al primero y lo que se da por viejo y se envejece,
está próximo a desaparecer"; y como el mismo Jesucristo, después de ser glorificado, le
dijo al apóstol amado: "He aquí, YO hago nuevas todas las cosas" (Apocalipsis 21:5).
Con esta copa somos redimidos de la maldición de la ley (Gálatas 3:13), es decir, de la
servidumbre bajo la cual estaban nuestros antepasados bajo el Viejo Pacto que no podía
salvar a nadie, sino que más bien, condenaba a todos por igual, judío y gentil, pues todos
estaban bajo el dominio del pecado (Romanos 3:9-19). Mas ahora, en el derramamiento de
Su sangre, somos tomados de las viejas formas del pacto antiguo, a las nuevas formas de
pacto nuevo, ya no esclavos, sino hijos plenos en Cristo Jesús (Gálatas 4:1-4).
Él es nuestro nuevo y mejor Moises.
Él es nuestro nuevo y mejor Mana del Cielo.
Él es nuestro nuevo y mejor Sumo Sacerdote.
Él es nuestro nuevo y mejor Cordero Pascual.
– 1 Corintios 5:7: "Limpiad la levadura vieja para que seáis Nueva Masas, así como lo sois,
sin levadura. Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado".
Ahora, antes dejarlos ir: ¿Por qué "la tercera copa"? En Éxodo 6:6, el SEÑOR le promete a
nuestros padres:
– "Y YO os sacaré" ... La Primera Copa.
– "Y YO os libraré" ... La Segunda Copa.
– "Y YO os redimiré" ... La Tercera Copa.
Pero, he aquí, un glorioso misterio: existe una cuarta y Última Copa. ¡¿Cuál es?!
– "Y YO os tomaré" ... La Cuarta Copa (Ex. 6:7).
¿No me lo creéis? Escuchad las palabras de nuestro Señor y contentaos:
– "De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba
nuevo en el Reino de DIOS" (Mr. 14:25 y Mt. 26:29).
He aquí, Cuarta Copa que la Iglesia, el verdadero pueblo de DIOS, espera ansiosamente.
===
– "Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del
Señor anunciáis, ¡hasta que ÉL venga!" (1 Corintios 11:26).

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