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La Vida de Pi

Gran historia

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Annotation Pi Pattel es un joven que vive en Pondicherry, India, donde su padre es el propietario y encargado del zoologico de la ciudad. A los diecis¢is afios, su familia decide emigrar a Canada y procurarse una vida mejor con la venta de los animales. Tras complejos tramites, los Pattel inician una travesia que se vera truncada por la tragedia: una terrible tormenta hace naufiagar el barco en el que viajaban. En el inmenso océano Pacifico, una solitaria barcaza de salvamento continia flotando a la deriva con cinco tripulantes: Pi, una hiena, un orangutan, una cebra herida y un enorme macho de tigre de Bengala. Con inteligencia, atrevimiento y, obviamente, miedo, Pi tendra que echar mano del ingenio para mantenerse a salvo mientras los animales tratan de ocupar su puesto en la cadena alimentaria y, a la postre, tendra que defender su liderazgo frente al inico que, previsiblemente, quedara vivo. Aprovechando su conocimiento casi enciclopédico de la fauna qua habitaba el zoolégico, el joven intentara domar a la fiera, demostrar quién es el macho dominante y sobrevivir con este extraordinario compaifiero de viaje. Yann Martel consigue con talento, humor e imaginacién un ejercicio narrativo que deleita y sorprende a un lector que, cautivado por una de las historias més prodigiosas de los ultimos tiempos, se vera atrapado hasta el asombroso e inesperado final. «Si este siglo produce algin clasico literario, Martel es, sin duda, uno de los aspirantes.»» The Nation «Vida de Pi es como si Salman Rushdie y Joseph Conrad elucubraran juntos sobre el sentido de El viejo y el mar y Los viajes de Gulliver.» Financial Times «Para aquellos que creian que el arte de la ficcién estaba moribundo, les recomiendo que lean a Martel con asombro, placer y gratitud.»» Alberto Manguel ¢ Yann Martel ° NOTA DEL AUTOR o PRIMERA PARTE CAPITULO 25 LO 26 = CAPITULO | = CAPITULO 2 = CAPITULO 3 = CAPITULO 4 = CAPITULO 5 = CAPITULO 6 = CAPITULO 7 = CAPITULO 8 = CAPITULO 9 = CAPITULO 10 = CAPITULO 11 = CAPITULO 12 = CAPITULO 13 = CAPITULO 14 = CAPITULO 15 = CAPITULO 16 = CAPITULO 17 = CAPITULO 18 = CAPITULO 19 = CAPITULO 20 = CAPITULO 21 = CAPITULO 22 = CAPITULO 23 = CAPITULO 24 . TUI ' iTUI CAP. = CAPITULO 27 = CAPITULO 28 = CAPITULO 29 = CAPITULO 30 = CAPITULO 31 = CAPITULO 32 = CAPITULO 33 = CAPITULO 34 = CAPITULO 35 = CAPITULO 36 © SEGUNDA PARTE = CAPITULO 37 = CAPITULO 38 = CAPITULO 39 = CAPITULO 40 = CAPITULO 41 = CAPITULO 42 = CAPITULO 43 = CAPITULO 44 = CAPITULO 45 = CAPITULO 46 = CAPITULO 47 = CAPITULO 48 = CAPITULO 49 = CAPITULO 50 = CAPITULO 51 = CAPITULO 52 = CAPITULO 53 = CAPITULO 54 = CAPITULO 55 = CAPITULO 56 = CAPITULO 57 = CAPITULO 58 = CAPITULO 59 = CAPITULO 60 CAPITULO 61 CAPITULO 62 CAPITULO 63 CAPITULO 64 CAPITULO 65 CAPITULO 66 CAPITULO 67 CAPITULO 68 CAPITULO 69 CAPITULO 70 CAPITULO 71 CAPITULO 72 CAPITULO 73 CAPITULO 74 CAPITULO 75 CAPITULO 76 CAPITULO 77 CAPITULO 78 CAPITULO 79 CAPITULO 80 CAPITULO 81 CAPITULO 82 CAPITULO 83 CAPITULO 84 CAPITULO 85 LO 86 CAPITULO 87 CAPITULO 88 CAPITULO 89 CAPITULO 90 CAPITULO 91 CAPITULO 92 CAPITULO 93 CAPITULO 94 o TERCERA PARTE eee ERR eEREEcEER CEE CAPITULO 95 CAPITULO 96 CAPITULO 97 CAPITULO 98 CAPITULO 99 CAPITULO 100 © GLOSARIO © notes ©020000000007007070F7L2F0FKD FDO OOOO ©0200000000700700700070707020707F0F7L0L0 FLD ODDO OOOO ©0200000000700700700070707020707F0F7L0L0 FLD ODDO OOOO 0200000007000 00007 020 XF2 KOO O [Yann Martel \Vida de Pi Vida de Pi Copyright © 2001 by Yann Martel Fecha de publicacién: 04/06/2009 Traducido por Bianca May Southwood ISBN: 978-84-233-4163-4 Coleccién: Ancora & Delfin INOTA DEL AUTOR Este libro nacié mientras yo pasaba hambre. Me explico: en la primavera de 1996 mi segundo libro, una novela, salid en Canada. Y no muy bien parado, or cierto. Los criticos o bien estaban perplejos o lo condenaron al fracaso con elogios mis bien tenues; asi que los lectores lo pasaron por alto. A pesar de mis mejores esfierzos de hacer el payaso o el trapecista, todo el circo de los medios de comunicacién fue en vano: el libro no se movié. En las librerias, las estanterias estaban repletas de libros, como nifios en fila esperando jugar a béisbol o futbol, y el mio era ese nifio torpe y poco atlético que nadie queria en su equipo. Desaparecié rapida y silenciosamente. EI fiasco tampoco me afect6 demasiado. Ya habia empezado otra historia, una novela ambientada en Portugal en el afio 1939. Pero estaba inquieto. Y tenia algo de dinero. Asi que cogi un avion a Bombay. Tampoco fie una decisién tan descabellada, teniendo en cuenta tres factores: una temporada en la India le saca la inquietud a cualquiera a fuerza de golpes; un poco de dinero en la India llega para mucho; y una novela ambientada en Portugal en el afio 1939 posiblemente tenga muy poco que ver con Portugal en el afio 1939. Ya habia estado en la India, en el norte del pais, donde habia pasado cinco meses. En ese viaje, llegué al subcontinente sin preparacién alguna. Bueno, en realidad tenia una palabra de preparacion. Hablando de mi periplo con un amigo que conocia bien el pais, me coment6 con indiferencia: —En la India emplean términos un poco extrafios. Dicen palabras como embustir. Me acordé de sus palabras mientras el avion iniciaba el descenso hacia Delhi, asi que la palabra embustir fue mi unica preparacion para el pandemonio tico, ruidoso y operativo de la India. En alguna ocasin la empleé y la verdad es que me fue muy util A un empleado en una estacin de trenes le dije: —No crei que el billete fuera tan caro. No pretendera embustirme, jverdad? Elhombre sonrié y me asegur6: —jNo, sefior! Aqui no hay embusteria ninguna. Le he dado el precio correcto. En el segundo viaje a la India tenia ya mis idea de lo que podia esperar y sabia exactamente lo que queria: me instalaria en un albergue en la montafia y escribiria mi novela. Me veia sentado a una mesa en una gran galeria con mis notas esparcidas a mi alrededor y una taza de té humeante. A mis pies se extenderian colinas verdes envueltas en la niebla y los gritos estridentes de los monos me llenarian los oidos. La temperatura seria ideal. Me haria falta un jersey ligero por la mafiana y noche, y una prenda de manga corta al mediodia. Una vez establecido, pluma en mano, por el bien de una mayor veracidad, convertiria a Portugal en una ficcion. De eso se trata, no? De la transformacion selectiva de la realidad. ,Qué necesidad tenia yo de ir a Portugal? La duefia del albergue me contaria historias sobre la lucha para echar a los britanicos. Decidiriamos qué iba a prepararme para almorzar y cenar el dia siguiente. Una vez hubiera completado mi jomnada de escribir, me iria a pasear por las plantaciones de té en ese paisaje ondulado. Por desgracia, la novela resopl6, carrasped y se muri6. Ocurrid en Matheran, cerca de Bombay, en un albergue pequefio que tenia algunos monos pero ninguna plantacién de té. Es un suplicio caracteristico de los aspirantes a escritor. El tema es bueno, las frases también, los personajes son tan reales que practicamente requieren partidas de nacimiento. Ya tienes el esquema de un argumento magnifico, sencillo y apasionante. Has investigado afondo y tienes los hechos histéricos, sociales, climaticos y culinarios necesarios para darle a tu historia un aire auténtico. Los dialogos son agiles y crujen de tension. Las descripciones estan repletas de color, contraste y detalles reveladores. En realidad, a tu novela no le queda mas remedio que triunfar. Sin embargo, todos estos factores quedan reducidos a la nada. Por muy prometedora y brillante que arezca, llega el momento en que te das cuenta de que ese susurro interior que te ha estado molestando desde el principio te esta diciendo la verdad pura y dura: no funcionara. Le falta un elemento, esa chispa que hace cobrar vida a toda buena historia. Los hechos histéricos y culinarios son lo de menos. Tu historia esta emocionalmente mwerta, ahi esta el quid. Semejante revelacién puede destrozarte el alma, os lo aseguro, y te deja con un ansia muy dolorosa. En Matheran meti todas las notas de mi novela malograda en un sobre y la mandé por correo. El sobre iba a un destinatario ficticio en Siberia, de un remitente, igual de ficticio, en Bolivia. Después de ver cémo el empleado habia franqueado el sobre y lo habia tirado a una cesta de clasificacién, me senté, apesadumbrado y desalentado. —{Y ahora qué, Tolstoi? {Qué otras ideas brillantes tienes para tu futuro? —me pregunté, El caso es que todavia me quedaba algo de dinero y seguia con la misma sensacion de inquietud. Me levanté y sali de la oficina de correos para ir a explorar el sur de la India. Me hubiera gustado decir «soy médico» cada vez que me preguntaban a qué me dedicaba, pues los médicos son actualmente los que nos abastecen de magia y milagros. Pero estoy convencido de que el autobtis se hubiera estrellado en la siguiente curva y, ante la mirada de todos, me hubiera visto obligado a esclarecer que era doctor en derecho. Entonces, cuando me hubiesen suplicado que les ayudara a demandar al Estado por el percance, les hubiera tenido que confesar que en realidad era licenciado en filosofia. Luego, ante las interpelaciones de qué significado podia tener un accidente tan sangriento, hubiese tenido que reconocer que apenas habia tocado a Kierkegaard, etcétera, etcétera. Me limité a decir la modesta y magullada verdad. En el camino, de vez en cuando me respondian: «Escritor? ;,De verdad? Tengo una historia para ti». Las historias no solian ser mas que anécdotas, faltas de aliento y faltas de vida. Llegué a la ciudad de Pondicherry, una miniscula unién territorial autonoma al sur de Madras, en la costa de Tamil Nadu. En cuanto a tamafio y poblacion es una parte insignificante de la India (en comparacion, la isla del Principe Eduardo es un gigante dentro de Canada) pero su historia la ha hecho destacar. Afios atras, Pondicherry fue la capital de uno de los imperios coloniales mas modestos, la India francesa. A los franceses les hubiera gustado, y mucho, rivalizar con los britanicos, pero el (nico Raj! que consiguieron fue un pufiado de puertos pequefios. Se aferraron a ellos durante casi trescientos afios. Se fueron de Pondicherry en 1954, dejando unos bonitos edificios blancos, calles amplias que se cruzan formando angulos rectos, con nombres como rué de la Marine y rué Saint Louis, y képis"“, gorros, para los policias. Estaba en la Indian Coffee House, en la calle Nehru. Se trata de una sala grande con las paredes verdes y un techo altisimo, del que cuelgan unos ventiladores que hacen circular el aire calido y himedo. El café esta hasta los topes de muebles, mesas cuadradas idénticas, cada una con sus cuatro sillas complementarias. Tienes que sentarte donde buenamente puedas, con quienquiera esté ocupando la mesa. Hacen un buen café y tostadas francesas y es facil entablar una conversacion. Y ahi estaba yo, hablando con un anciano dinamico de ojos vivaces y con la cabeza llena de enormes mechones de cabellos completamente blancos. Le confirm que hace frio en Canada, que efectivamente se habla francés en algunas partes del pais, que me gustaba la India, etcétera, etcétera. Es decir, la tipica charla entre un indio cordial y curioso y un mochilero extranjero. Cuando le revelé mi linea de trabajo, se le pusieron los ojos como platos y empezo a asentir vigorosamente con la cabeza. Ya era hora de irme y tenia la mano levantada para llamar la atencion del camarero y pedir la cuenta. Entonces el anciano me dijo: —Tengo una historia que le hara creer en Dios. Bajé la mano. No me fiaba. ;Tenia un testigo de Jehova llamando a mi puerta? —Digane: {su historia tiene lugar hace dos mil afios en algin lugar remoto del Imperio romano? —le pregunté. —No. Quizas fuera un evangelista musulman. —{Tiene lugar en la Arabia del siglo VII? —No, para nada. Empieza aqui, en Pondicherry, hace algunos afios y acaba, me place decirle, en el mismo pais de donde viene usted. —{Y dice que me hara creer en Dios? Si —Eso es mucho pedir. —No tanto para que no pueda alcanzarlo. Aparecid mi camarero. Vacilé unos instantes. Pedi dos cafés. Nos presentamos. El anciano se llanwba Francis Adirubasamty. —Le mego que me cuente su historia le dije. —Debera prestar la atencion pertinente —me repuso. —Lo haré—dije, sacando papel y plum. —Diganre, {ha visitado el jardin botanico? —me preguntd. —Si, ayer. —{Se fij6 en las vias del pequefio ferrocarril? —Si, ls vi —Cada domingo el tren sigue fimcionando para la diversién de los nifios. Pero antes fiincionaba cada media hora de cada dia. Tomé nota de los nombres de las estaciones? —Una se llama Roseville. Esta al lado del jardin de rosas. —Efectivamente. ;Y la otra? —No me acuerdo. —Es que quitaron el letrero. La otra estacién se llamaba Zootown. El pequefio tren tenia dos paradas: Roseville y Zootown. Hace muchos afios habia un zoolgico en el Jardin Botanico de Pondicherry. Siguié hablando. Yo tomé notas, los findamentos de la historia. —Debe hablar con él —ime dijo, refiriéndose al protagonista—. Lo conocia muy, muy bien. Ahora es un hombre hecho y derecho. Debe hacerle todas las preguntas que quiera. Mas adelante, en Toronto, lo encontré, entre las nueve colunnas de los Patel que aparecen en la guia telefonica. El corazén me palpitaba mientras marcaba el numero. La voz que oi tenia una cadencia india en su acento canadiense, sutil pero inequivoca, como un arom de incienso en el aire. —De eso hace muchos afios —me dijo. Pero acepté recibime. Nos vimos muchas veces. Me mostr6 el diario que llevé durante los acontecimientos. Me mostré los recortes de prensa annrillentos que lo hicieron saltar a la fama de forma fugaz y oscura. Me cont6 su historia mientras yo iba tomando nota. Casi un afio después, tras bastantes contratiempos, recibi una grabaciOn y un informe del Ministerio de Transporte de Japon. Fue mientras escuchaba aquella cinta que estuve de acuerdo con el sefior Adirubasamy en que esta historia era, efectivamente, una historia capaz de hacer creer en Dios. Me parecié natural que la historia del sefior Patel se narrara principalmente en primera persona, con su voz y a través de sus ojos. Sin embargo, cualquier inexactitud 0 error es mio. Hay varias personas a quienes tengo que dar las gracias. Estoy claramente en deuda con el sefior Patel. Mi agradecimiento es tan infinito como el océano Pacifico y espero que mi narracion de los hechos no te decepcione. Por haber puesto en marcha esta historia, le debo las gracias al sefior Adirubasamy. Por haberme ayudado a completarla, estoy muy agradecido a tres fincionarios de una profesionalidad ejemplar: al sefior Kazuhiko Oda, antiguamente de la Embajada de Japon en Ottawa; al sefior Hiroshi Watanabe, de la Compafiia Naval Oika; y, sobre todo, al sefior Tomohiro Okamoto, del Ministerio de Transporte de Japon, ya jubilado. En cuanto a la chispa de vida, se la debo al sefior Moacyr Scliar. Finalmente, mi mis sincera gratitud al Consejo Canadiense de las Artes, sin cuya subvencién no hubiera podido recoger esta historia que nada tiene que ver con Portugal en el afio 1939. Si nosotros, los ciudadanos, no apoyamos a nuestros artistas, sacrificamos nuestra imaginacion en el altar de la cruda realidad y acabamos no creyendo en nada y con suefios carentes de valor. IPRIMERA PARTE [TORONTO Y PONDICHERRY CAPITULO 1 Misuffimiento me dejo triste y abatido. El estudio académico y la practica constante y reflexiva de la religion me devolvieron la vida. Todavia mantengo lo que alguna gente consideraria mis extrafias practicas religiosas. Después de un afio de educacion secundaria, fii a la Universidad de Toronto y obtuve una doble licenciatura. Me especialicé en religion y zoologia. En el cuarto curso, hice la tesis de religion sobre ciertos aspectos de la teoria de la cosmogonia de Isaac Luria!4l, el gran cabalista de Safed) que vivid en el siglo XVI. La tesis de zoologia consistié en un andlisis funcional de la glandula tiroidea del perezoso de tres dedos. Elegi el perezoso porque su comportamiento tranquilo, silencioso e introspectivo me ayudé a aliviar mi ser destrozado. Hay perezosos de dos dedos y hay perezosos de tres dedos. Esto se determina a partir de las patas delanteras del animal, dado que todos los perezosos tienen tres garras en las patas traseras. Tuve la gran suerte de pasar un verano estudiando el perezoso de tres dedos in situ en las selvas ecuatoriales de Brasil. Es un animal sumamente fascinante. Su imnica costumbre verdadera es la indolencia. Duerme o descansa un promedio de veinte horas al dia. Nuestro equipo comprobé los habitos de suefio de cinco perezosos de tres dedos salvajes, colocandoles en la cabeza, por la noche cuando ya se habian dormido, unos platos de plastico rojo chillén llenos de agua. Los encontramos en la misma posicion a wltima hora de la mafiana siguiente con los platos rebosantes de insectos. Con la puesta del sol, el perezoso se vuelve mis activo, aunque hay que entender «activo» en el sentido mis relajado de la palabra. Recorre la rama de un arbol en su posicion caracteristica de estar al revés a una velocidad de aproximadamente cuatrocientos metros por hora. En el suelo, cuando esta motivado, se arrastra hasta el arbol més cercano a unos doscientos cincuenta metros por hora, es decir, cuatrocientas cuarenta veces mis despacio que un guepardo motivado. Cuando no esta motivado, se desplaza a unos cuatro o cinco metros por hora. El perezoso de tres dedos no esta bien informado sobre el mundo exterior. En una escala del 2 al 10, en la que el 2 representa una torpeza insdlita y el 10, una agudeza extremada, Beebe (1926) otorgd un 2 a los sentidos del gusto, el tacto, la vista y el oido de los perezosos. El sentido del olfato se gané un 3. Site topas con un perezoso en su habitat natural, normalmente podras despertarlo con dos o tres codazos. Luego mirara medio dormido en todas las direcciones menos la tuya. Se desconoce por qué mira a su alrededor ya que el perezoso lo ve todo borroso. En cuanto al sentido del oido, no es que el perezoso sea sordo, sino indiferente ante los sonidos. Beebe descubrié que los disparos de una pistola al lado de un perezoso que duerme 0 come provocan poca reaccion. Y tampoco hay que sobreestimar el sentido ligeramente mas agudo del olfato. Segin parece, son capaces de oler y evitar las ramas podridas, pero Bullock (1968) comprobé que los perezosos se caen «a menudo» al suelo agarrados a ramas podridas. Y como sobrevive, te preguntaras. Pues precisamente porque es tan lento. La somnolencia y la pereza lo mantienen alejado del peligro, de la atencién de los jaguares, de los ocelotes, de las arpias mayores y de las anacondas. El pelo de los perezosos alberga un alga que pasa de un color marron durante la estacion seca a un color verde durante la lluviosa, de modo que el animal armoniza con el musgo y el follaje que le rodea y parece un nido de hormigas blancas o de ardillas, o sencillamente algo que podria ser parte de un arbol. El perezoso de tres dedos lleva una vida tranquila y vegetariana en perfecta armonja con su entorno. «Siempre lleva una sonrisa bondadosa en los labios», dijo Tirler (1966). Yo he visto esa sonrisa con mis propios ojos. No soy partidario de proyectar caracteristicas y emociones humanas en los animales, pero en muchas ocasiones durante mi estancia en Brasil, miré hacia arriba a los perezosos en reposo y me senti comp si estuviera en presencia de unos yoguis!“ colgados cabeza abajo y sumidos en la meditacion, o de unos ermitafios abstraidos en sus oraciones, seres sabios cuyas vidas intensas e imaginativas estaban fuera del alcance de mis investigaciones cientificas. A veces mis carreras me confundian. Algunos de mis compafieros de religion (agnésticos desorientados, incapaces de ver la luz, esclavos de la raz6n, esa pirita de hierro para los listos) me recordaban al perezoso de tres dedos mientras que éste, un ejemplo tan bello del milagro de la vida, me recordaba a Dios. Nunca tuve problemas con mis compafieros cientificos. Los cientificos son gente simpatica, atea, trabajadora, amante de la cerveza, que sdlo piensa en el sexo, el ajedrez y el béisbol, cuando no esta pensando en la ciencia. Fui muy buen estudiante, modestia aparte. Fui el primero en Saint Michael's College durante cuatro afios consecutivos. Obtuve todos los premios posibles del Departamento de Zoologia. Y si no obtuve ninguno del Departamento de Religion, es sencillamente porque no existen premios para estudiantes en este departamento (ya se sabe, las recompensas de estudiar religion no estan en manos de los mortales). Hubiese recibido la Medalla Académica del Gobernador, el premio mis distinguido para los estudiantes de la Universidad de Toronto, que ha caido en manos de no pocos canadienses ilustres, si no fuera por un chico de tez rosacea, devorador de ternera, con el cuello como el tronco de un arbol y un temperamento de una jovialidad insoportable. Todavia me hiere un poco aquel acto de desprecio. Cuando has suftido mucho en la vida, cada dolor adicional es tan intolerable como insignificante. Mi vida es como un cuadro memento mori“! del arte europeo: siempre aparece una calavera sonriente a mi lado para que nunca me olvide de la locura de la ambicién humana. Yo me burlo de la calavera. La miro y le digo: «Te has equivocado de hombre. Tu quizas no creas en la vida, pero yo no creo en la muerte. jAire!». La calavera se rie y se me acerca todavia mis, pero tampoco me sorprende. La razon por Ja que la muerte se aferra tanto a la vida no tiene nada que ver con una necesidad bioldgica; lo hace por envidia pura. La vida es tan bella que la muerte se ha enamorado de ella, un amor celoso y posesivo que agarra todo cuanto puede. Pero la vida salta por encima de la muerte con facilidad y en el fondo, lo poco que pierde carece de importancia —como el cuerpo, por ejemplo— y la melancolia no es mis que la sombra de una nube pasajera. El chico de tez rosacea también obtuvo luz verde del comité de becas de Rhodes. Lo adoro y espero que su temporada en Oxford fuera una experiencia rica. Si Lakshmiil®l, la diosa de la riqueza, me favorece prédigamente un dia, Oxford es la quinta en mi lista de ciudades que quisiera visitar antes de fallecer, después de La Meca, Varanasi, Jerusalén y Paris. No tengo nada que decir acerca de mi vida laboral, sdlo que una corbata no es ms que una soga, y por muy invertida que esté, acabara por colgar a un hombre si se descuida. Me encanta Canada. Afioro el calor de la India, la comida, las lagartijas en las paredes de las casas, los musicales del celuloide, las vacas deambulando por las calles, los graznidos de los cuervos, incluso las discusiones sobre los partidos de criquet, pero me encanta Canada. Es un gran pais en el que el frio te quita el tino y que esta habitado por gente compasiva, inteligente y con peinados horrorosos. De todos modos, ya no me espera nada en Pondicherry. Richard Parker nunca me ha dejado del todo. Jamis lo he olvidado. ;Me atreveria a decir que le echo de menos? Pues si, lo echo de menos. Me sigue apareciendo en suefios. En realidad, casi siempre son pesadillas, pesadillas moteadas de amor. Asi es el enigma del corazon humano. Nunca he comprendido como pudo abandonarme de aquella forma tan poco ceremoniosa, sin tan siquiera un adids, sin siquiera mirar atras ni una sola vez. Es un dolor que me parte el alma como un hacha. Los médicos y las enfermeras del hospital en México fueron increiblemente amables conmigo. Y los pacientes también; fueran victimas de cancer 0 de accidentes de coche, una vez se hubieran enterado de mi historia, venian tenqueando o en silla de ruedas hasta mi cama, ellos y sus familias, aunque ninguno de ellos supiera ni una palabra de inglés ni yo de espafiol. Me sonreian, me cogian de la mano, me acariciaban la cabeza, dejando obsequios de ropa y comida encima de la cama. Me indujeron a ataques de risa y de llanto incontrolables. Consegui ponerme de pie al cabo de un par de dias, incluso di dos o tres pasos a pesar de las nauseas, el mareo y la debilidad general. Los analisis de sangre revelaron que estaba anémico, que tenia el nivel de sodio muy alto y el de potasio muy bajo. Mi cuerpo retenia liquidos y las piernas se me hincharon de forma asombrosa. Parecia como si me hubieran injertado unas patas de elefante. La orina me salia de color armrillo oscuro, casi marron. Después de mis 0 menos una semana, empecé a caminar con normalidad y podia ponerme zapatos sin acordonar. Las heridas se cerraron, aunque todavia tengo cicatrices en la espalda y en los hombros. La prinera vez que abri un grifo, el ruido, el derroche y la superabundancia del chorro me impresion6 tanto que me fallaron las piernas y me desmayé en los brazos de una enfermera. Mas adelante fii a un restaurante indio en Canada y comi con los dedos. E] camarero me mird con desdén y dijo, «Qué? Recién salido del barco, iverdad?». Palideci Mis dedos, que segundos atras habian sido papilas gustativas para saborear la comida antes de llevarmela a la boca, se volvieron sucios ante su mirada. Se paralizaron como criminales sorprendidos infraganti. No me atrevi ni a lamerlos. Los limpié en la servilleta como un transgresor. No tuvo ni idea de cuanto me hirieron sus palabras. Me atravesaron la piel como clavos. Cogi el cuchillo y el tenedor. Apenas sabia usar semejantes instrumentos. Me temblaban las manos. La comida habia perdido todo su sabor. CAPITULO 2 Vive en Scarborough. Es un hombre menudo y delgado; no pasa de un metro sesenta y cinco. Pelo negro, ojos oscuros. Tiene canas alrededor de las sienes. Cuarenta afios, maximo. Una tez de un agradable color café. Hace un tiempo benigno de otofio, pero se pone un abrigo con la capucha forrada de piel para ir hasta la cafeteria. Rostro expresivo. Habla apresuradamente, las manos inquietas. No pierde el tiempo en tenms triviales. Va directamente al grano. CAPITULO 3 Me pusieron nombre de piscina. Es curioso, teniendo en cuenta que a mis adres no les gustaba el agua. Uno de los primeros contactos de negocios de mi adre fie Francis Adirubasamy. Se convirtié en un buen amigo de la familia. Yo lo lamaba Manyji, ya que mann significa tio en tanul y ji es un sufijo que se utiliza en la India para transmitir respeto y carifio. De joven, afios antes de que yo naciera, Mamaji habia sido campeon de natacién, el campedn de toda India del Sur. Conservé ese aspecto toda su vida. Una vez, mi hermano Ravi me dijo que cuando nacié, Mamaji no quiso dejar de respirar agua y que el médico, para salvarle la vida, tuvo que agarrarlo de los pies y darle vueltas y vueltas encima de la cabeza. —jFuncioné! —dijo Ravi, haciendo girar el brazo por encima de la cabeza como un loco—. Escupié toda el agua que tenia en los pulmones y empez6 a respirar, pero toda la carne y la sangre se le subié al torso. Por eso tiene el echo tan grande y las piernas tan delgadas. Y me lo crei. (Ravi me tommba el pelo sin piedad. La primera vez que llamé a Manji «el sefior Pea» delante de mi le dejé una piel de platano en la can.) Incluso a los sesenta y tantos afios, cuando ya andaba encorvado y una vida entera de gravedad contra-obstétrica habia empezado a empujar sus cares hacia abajo, Mamaji iba cada mafiana a nadar treinta largos en la piscina del Aurobindo AshranyIl!0), Intent ensefiar a mis padres a nadar, pero nunca consiguid que se adentraran en el mar més alla de las rodillas haciendo unos movimientos circulares ridiculos con los brazos que, cuando intentaban nadar a braza, les hacia parecer como si estuvieran caminando por la selva, abriéndose paso entre los helechos 0, cuando lo intentaban a crol, como si estuvieran corriendo cuesta abajo con los brazos girando como aspas de molino para evitar pegarse un orrazo. Ravi mostré la mis falta de entusiasmo. Asi que Mamaji tuvo que esperar a que apareciera yo para dar con un discipulo dispuesto. El dia que llegué a la mayoria de edad para nadar que, para el disgusto de mi madre, Manji aseguré que era a los siete afios, me llevo a la playa, extendio los brazos hacia el mar y dijo: —Este es mi regalo para ti —Y entonces casi te ahoga —afirms mi madre. Le fii fiel a mi guri acuatico. Bajo su vigilancia atenta, me tendia en la arena y batia las piernas y arafiaba con las manos, volviendo la cabeza con cada brazada. Debia de parecer un nifio en pleno berrinche a camara lenta. Una vez en el agua, me sujetaba en la superficie mientras yo me esforzaba por nadar. Me result6 mucho mas dificil que hacerlo sobre la arena. Pero Mamaji se mostrd paciente y me daba animos. Cuando crey6 que ya habia mejorado lo suficiente, les volvimos la espalda a las risas y a los gritos, a las carreras y al chapoteo, a las olas aailes y verdes y a la espunm burbujeante, y nos dirigimos a la rectangularidad apropiada y la formalidad plana (y al precio de la entrada) de la piscina del ashram. All largo de mi infancia ibamos a la piscina cada lunes, miércoles y viernes por la mafiana. Se convirtié en un ritual tan regular y preciso como un crol bien ejecutado. Todavia conservo unos recuerdos vividos de aquel anciano digno, de como se desnudaba a mi lado, el cuerpo desvelandose con cada prenda delicadamente despojada, de cémo salvaba el decoro en el ultimo instante, volviéndose ligeramente hacia otro lado antes de ponerse aquel magnifico bafiador atlético de importacién. Se enderezaba y ya estaba listo. Todo aquello tenia una simplicidad épica. Las clases de natacion, que luego se convirtieron en practica de natacién, eran extenuantes pero descubri un profimdo placer en hacer las brazadas con una facilidad y rapidez cada vez mayores, una y otra vez, hasta la hipnosis, y comprobar como el agua se iba transformando de plomo fundido en luz liquida. Cada vez que volvia al mar, lo hacia solo, como un placer vedado, hechizado por las olas poderosas que se rompian con tanta fuerza y trataban de sacarme de la humilde marea, lazos suaves que trataban de atrapar su pequefio indio servicial. Para un cumpleafios de Marmaji, cuando yo debia de tener unos trece afios, le regalé dos largos enteros de estilo mariposa creible. Acabé tan agotado que apenas pude saludarlo. Aparte de la actividad de nadar, teniamos las charlas. Era la parte que mas le gustaba a mi padre. Cuanto mis enérgicamente se resistia a nadar, mas le atraia. La natacion era su tema predilecto para evadirse de sus conversaciones cotidianas en el trabajo sobre como llevar un zoolégico. Claro que el agua sin hipopdtamo era mucho mis llevadera que el agua con hipopétamo. Manji estudid en Paris durante dos afios, gracias a la administracion colonial. Se lo paso en grande. Esto ocurrié a principios de los treinta, cuando los franceses estaban tan empefiados en hacer de Pondicherry un territorio galo como los britanicos en anglicanizar el resto de la India. No me acuerdo exactamente qué estudid. Algo empresarial, me inagino. Era un gran narrador de cuentos, pero olvidate de la torre Eiffel y del Louvre y de los cafés en los Champs-Elysées; todas sus historias hablaban de piscinas y competiciones de natacion. Por ejemplo, de la Piscine Deligny, la piscina mas antigua de la ciudad, construida en el afio 1796, una especie de barcaza armarrada al Quai d'Orsay y sede de las pruebas de nataci6n en las Olimpiadas de 1900. Pero ninguno de los tiempos fie reconocido por la Federacién Internacional de Natacién porque la piscina media seis metros de mis. El agua de la piscina procedia directamente del Sena, sin filtrar ni climatizar. —Siempre estaba ffia y sucia—dijo Mamaji—. El agua, habiendo atravesado toda la ciudad, ya llegaba asquerosa. Luego la gente que iba a la piscina se encargaba de convertirla en una auténtica pocilga. Entonces bajé la voz y nos aseguré con complicidad y con detalles escabrosos que respaldaban sus afirmaciones que la higiene personal de los franceses dejaba mucho que desear. —Pero la suciedad en la Deligny no era nada. La Bain Royal, otra letrina en el Sena, era atin peor. Al menos en la Deligny tenian el miramiento de sacar los peces muertos. Sin embargo, una piscina olimpica es una piscina olimpica, tocada por la gloria inmortal. Aunque fuera un pozo séptico, Mamaji siempre hablaba de la Piscine Deligny con una sonrisa tierna. Las Piscines Chateau-Landon, Rouvet o du boulevard de la Gare eran bastante mejores. Eran piscinas cubiertas, en tierra firme y abrian todo el afio. El agua procedia de la condensacién de los motores a vapor de las fabricas de la zona asi que estaba mis limpia y caliente. No obstante, estas piscinas seguian siendo sitios ligubres y solian estar de bote en bote. —Estaban tan llenas de lapos y saliva que creia que nadaba entre medusas —dijo Manyji, riéndose. Las Piscines Hébert, Ledn+Rolln y Butte-aux-Cailles eran piscinas ilummnadas, modernas y espaciosas cuya agua venia de pozos artesianos. Ponian el liston de excelencia en las piscinas municipales. Habia la Piscine des Tourelles, por supuesto, la otra gran piscina olimpica de la ciudad, inaugurada en los segundos Juegos Olimpicos de Paris de 1924. Y todavia habia més, muchas mis. Pero a ojos de Mamyji no existia piscina equiparable al esplendor de la Piscine Molitor. Era la gloria acuatica suprema ya no de Paris, sino del mundo civilizado entero. —Era una piscina en la que los dioses se hubieran deleitado nadando. Molitor tenia el mejor club de natacién de Paris. Habia dos piscinas, una cubierta y otra al aire libre. Las dos parecian pequefios océanos. La piscina cubierta tenia dos calles reservadas para aquellos que quisieran hacer largos. E] agua estaba tan limpia y clara que la hubieras podido usar para hacerte el café por la mafiana. Alrededor de la piscina, en dos pisos, habia unas cabinas blancas y azules de madera para cambiarse. Si mirabas hacia abajo se veia todo y a todos. Los encargados que te marcaban la puerta de la cabina con tiza para indicar que estaba ocupada eran unos ancianos cojos y amables de manera malhumorada. Por muchos gritos y payasadas que tuvieran que soportar, ellos ni se inmutaban. De las duchas salian chorros de agua caliente y relajante. Habia una sauna y un gimnasio. La piscina descubierta se convertia en una pista de patinaje sobre hielo en invierno. Habia un bar, un restaurante, una terraza y hasta dos pequefias playas con arena de verdad. Cada azulejo, cada pieza de bronce o madera, todo brillaba. Era... Era- Fra la tnica piscina que lo dejaba sin palabras. En su memoria seguia haciendo demusiados largos para poderlas enumerar. Manyji lo revivia, papa sofiaba. Asi es como adquiri mi nombre cuando vine a este mundo, un ultimo y deseado complemento para mi familia, tres afios después de Ravi: Piscine Molitor Patel. CAPITULO 4 Nuestra querida nacién apenas habia cumplido los siete afios de reptiblica cuando se hizo mas grande gracias a un territorio pequefio. Pondicherry entré en la Union India el 1 de noviembre de 1954. Un logro civil requeria otro. Dispuso de una parte del Jardin Botanico de Pondicherry, libre de alquiler, para una oportunidad comercial emocionante y, voila! la India se hizo con un zoolégico flamante, disefiado y dirigido segin los principios més modermos y biolégicamente apropiados. Era un zoologico enorme, se extendia por incontables hectareas, tan grande que se necesitaba un tren para explorarlo, aunque tengo que decir que se me hizo més pequefio a medida que me fii haciendo mayor, incluso el tren. Ahora es tan pequefio que me cabe en la cabeza. Tienes que imaginarte un lugar caluroso y humedo, bafiado por la luz del sol y colores brillantes. La profisién de las flores es incesante. Crecen en abundancia arboles, arbustos y plantas trepadoras: higueras, flamboyanes, llamas del bosque, algodones de seda roja, jacarandas, mangos y arboles del pan, entre otros muchos cuyos nombres ni siquiera conocerias si no fuera por las etiquetas esmeradas que hay colocadas a sus pies. Hay bancos, en estos bancos verds que hay hombres durmiendo, tumbados, o parejas sentadas, parejas jévenes que se echan miradas firtivas y que agitan las manos en el aire, rozandose por casualidad. De repente, entre los arboles altos y delgados que hay un poco mis adelante, reparas en las dos jirafas que te observan en silencio. No es la ultima de las sorpresas que te esperan. Tras un instante te sobresalta el arrebato firioso de una tropa de monos, superado s6lo por los chillidos estridentes de pajaros extrafios. Llegas a un torniquete y sin darte cuenta, pagas una pequefia cantidad de dinero. Sigues caminando. Ves una pared de poca altura. {Qué puede haber al otro lado de una pared de tan poca altura? Lo que no puede haber es un foso poco profundo con dos poderosos rinocerontes indios. Y mira por dénde, eso es precisamente lo que encuentras. Y cuando wuelves la cabeza ves que el elefante ya estaba alli, tan grande que ni siquiera advertiste su presencia. Y en el estanque lo que flota en el agua son hipopdtamos. Cuanto mis miras, mis ves. jHas llegado a Zootown! Antes de trasladarnos a Pondicherry, mi padre tenia un gran hotel en Madras. Su interés perdurable en los animales lo llevé al negocio zoolégico. Una transicion natural, podrias creer, la de llevar un hotel a llevar un zoologico. Pues no. Por muchos motivos, llevar un zoolégico es la pesadilla mas temida del hotelero. Imaginate un sitio en el que los huéspedes nunca salen de sus habitaciones; no sdlo esperan alojamiento sino pensién completa también; reciben un torrente continuo de invitados, algunos de los cuales son ruidosos y revoltosos. Hay que esperar a que decidan salir al balc6n, por decirlo de alguna manera, para poder limpiarles la habitacion, y entonces hay que esperar a que se cansen de la vista y vuelvan a sus habitaciones para poder limpiarles el baleon; y hay una cantidad interminable de limpieza, ya que los huéspedes son atin menos higiénicos que los alcohdlicos. Cada uno de los huéspedes es muy tiquismiquis para la comida, todos se quejan del servicio y nunca, jams dejan propina. Con toda franqueza, muchos de ellos son maniacos sexuales, es decir, 0 muy reprimidos y sujetos a explosiones de lascivia desenftenada o abiertamente depravados. En cualquiera de los dos casos, ofenden con regularidad al empresariado con escandalos flagrantes de incesto y sexo libre. jEs ésta la clase de huéspedes que acogerias en tu posada? El zooldgico de Pondicherry proporciond algunas alegrias y muchos sinsabores al sefior Santosh Patel, fundador, propietario, director, jefe de una plantilla de cincuenta y tres trabajadores, y mi padre. Para mi era el paraiso sobre la tierra. Recuerdo la experiencia de haberme criado en un zoolégico con gran carifio. Vivia a cuerpo de rey. {Qué hijo de maharaja tenia un jardin tan enorme y exuberante como el mio para jugar? {Qué palacio tenia semejante coleccién de animales salvajes? De pequefio, mi despertador era una manada de leones. No teniamos relojes suizos pero podiamos confiar en que los leones se pondrian a rugir a voz en grito entre las cinco y media y las seis de la mafiana. El desayuno se veia interrumpido por los gritos y chillidos de los monos aulladores, las minas del Himalaya y las cacatiias moluquefias. Salia hacia el colegio seguido de la mirada dulce no solo de mi madre, sino de las nutrias de ojos vivarachos, de los bisontes americanos recios y de los orangutanes que todavia estaban desperezandose y bostezando a aquella hora. Tenia que ir mirando hacia arriba mientras corria por debajo de algunos de los arboles por si los pavos reales me excretaban en la cabeza. Mejor pasar por debajo de los arboles que cobijaban a grandes colonias de murciélagos frugivoros. A esa hora de la mafiana, los murciélagos no estaban para asaltos, excepto algin concierto disonante de chillidos y parloteo. A la salida a veces me detenia delante del terrario para mirar las ranas de color verde brillante, o amarillo y azul intenso, o marron y verde clarito. O quizas me llamaran la atencién las aves: los flamencos rosas, los cisnes negros, los casuarios de Salavati; o tal vez algo més pequefio: las tortolitas diamantinas plateadas, los estorninos brillantes de hombros rojos, los inseparables de cuello rojo, las cotorras de cabeza negra, los pericos maories montafieses. Muy remota era la probabilidad de que se hubieran levantado y puesto en movimiento los elefantes, las focas, los felinos mayores 0 los osos, pero los babuinos, los macacos, los monos mangabey, los gibones, los ciervos, los tapires, las llamas, las jirafas y las mangostas si que eran madrugadores. Cada mafiana antes de salir por la puerta principal, siempre me quedaba con una ultima imagen que era corriente e inolvidable a la vez: una piramide de tortugas; el morro iridiscente de un mandril; el silencio majestuoso de una jirafa; la boca obesa, abierta y armarilla de un hipopétamo; un guacanayo subiendo una alambrada con el pico y las garras; el aplauso de recibimiento del pico de un picozapato; el semblante senil y lascivo de un carrello. Pero tenia que absorber todas estas riquezas rapidamente mientras salia corriendo rumbo a la escuela. Era al salir de clase cuando descubria sin prisas lo que se siente cuando tienes un elefante hurgando amistosamente entre la ropa en busca de un cacahuete, o cuando tienes un orangutan registrandote la cabeza con la esperanza de encontrar una garrapata de aperitivo y el suspiro de decepcidn al darse cuenta de que tu cabeza es una despensa vacia. Ojala pudiera transmitir la perfeccién de una foca cuando entra al agua, la de un mono arafia cuando salta de una punta a la otra o simplemente la de un leon cuando vuelve la cabeza. Pero las palabras zozobran en semejantes mares. Lo mejor es imaginartelo si quieres sentirlo. En los zooldgicos, igual que en la naturaleza, las mejores horas de visita son al amanecer y al atardecer. Es la hora en que los animales se animan. Se despiertan, salen de sus refugios y se acercan sigilosamente a la orilla del agua. Muestran sus vestiduras. Cantan sus canciones. Se vuelven los unos hacia los otros y practican sus ritos. Hay una gran recompensa para el ojo que observa y el oido que escucha. Durante més horas de las que podria contar fui testigo discreto de las expresiones de la vida mis afectadas y diversas que honran a nuestro planeta. Es algo tan brillante, estrepitoso, extrafio y delicado que puede incluso aturdirte los sentidos. He oido casi tantas tonterias acerca de los zoolégicos como acerca de Dios y la religion. Hay gente bienintencionada pero mal informada que piensa que los animales en libertad son «felices» porque son «libres», Estas personas suelen tener en mente un predador grande y majestuoso, un ledn o un guepardo (rara vez se exalta la vida de los files o de los osos hormigueros). Se imaginan a un animal salvaje deambulado por la sabana, tomandose paseos digestivos tras comerse una presa que ha aceptado su suerte sin rechistar, haciendo calistenia para mantenerse en form tras algtin exceso. Se imaginan al animal supervisando a sus crias con orgullo y ternura, a la familia entera mirando la puesta del sol desde las ramas de un arbol y suspirando de placer. La vida del animal salvaje es sencilla, noble y trascendental, se imaginan. De repente, aparecen unos hombres malvados para cazarlo y encerrarlo en una jaula. Le trunca la «felicidad». Anhela volver a la «dibertad» y hace todo lo posible por escapar. Privado de su «libertad», el animal se vuelve una sombra de lo que era, con el espiritu quebrantado. Al menos es Jo que algunos se imaginan. Pero no es asi. Los animales en libertad llevan una vida de compulsion y necesidad dentro de una jerarquia social implacable en un medio en el que abunda la provision de miedo y escasea la provision de comida, en el que hay que defender constantemente el territorio y aguantar los parasitos durante toda la vida. ;Qué sentido tiene la vida en semejante contexto? Los animales en libertad, a efectos practicos, no tienen libertad ni en el espacio ni en el tiempo ni en sus relaciones personales. En teoria, es decir, como simple posibilidad fisica, un animal podria recoger sus cosas y marcharse, desdefiando todas las convenciones sociales y los limites propios de su especie. Pero es menos probable que ocurra un acontecimiento como éste a que un miembro de nuestra propia especie, digamos, un comerciante con todos los vinculos habituales (la familia, los amigos, la sociedad), lo deje todo y se aleje de su vida provisto inicamente del cambio suelto que lleva en los bolsillos y con lo puesto. Si un hombre, el mis valiente ¢ inteligente de las criaturas, no se ve capaz de deambular de lugar en lugar, un extrafio para todos, sin deber nada a nadie, {por qué lo iba a hacer un animal, que tiene un temperamento mucho mas conservador? Pues asi son los animales: conservadores, incluso reaccionarios. El cambio mas insignificante puede disgustarlos. Quieren que las cosas estén justamente como ellos quieren, dia tras dia, mes tras mes. Las sorpresas les resultan muy desagradables. Es algo que se observa en sus relaciones espaciales. Un animal habita su espacio, sea en un zoolgico o en su habitat natural, del mismo modo que las piezas del ajedrez: de forma significativa. No hay mas casualidad, ni «ibertad», en el paradero de un lagarto, un oso o un ciervo que en la posicion de un caballo en una tabla de ajedrez. Ambas cosas indican un proceder y una fincién. En su habitat natural, los animales recorren los mismos caminos por las mismas razones apremiantes, estaciOn tras estacion. En un zoolégico, si un animal no esta en su lugar habitual y en la misma postura a la hora de siempre, algo querra decir. Quiz sélo refleje un pequefio cambio en su entorno. Puede ser que se haya sentido amenazado por una manguera enrollada que un cuidador se ha olvidado de guardar; que se haya formado un charco que molesta al animal; la sombra de una escalera abierta. Pero podria querer decir algo mas. En el peor de los casos, podria ser aquello que mis aterra a un director de zoolégico: un sintomm, un presagio de los problems por venir, un motivo para inspeccionar la bofiiga, repreguntar al cuidador, llamar al veterinario. ;Y todo porque una cigiiefia no esta en su lugar habitual! Pero hay un aspecto de la cuestion en el que quisiera detenerme por un monento. Si entraras en una casa, derribaras la puerta a patadas, echaras a los habitantes a la calle y dijeras: «jHuid! ;Ya sois libres! jLibres como los pajaros! jHuid! jHuid!», jcrees que darian brincos y bailarian de alegria? Pues no. Los pajaros no son libres. La gente que acabas de desahuciar farfilllaria con rabia: «Con qué derecho nos echas de aqui? Esta es nuestra casa. La hemos comprado. Llevamos afios viviendo aqui. Vamos a llamar a la policia, sinvergiienza». {No solemos decir «hogar, dulce hogan»? Sin duda alguna, los animales sienten lo mismo. Los animales son territoriales. Ahi esta la clave de sus mentes. Solo un territorio familiar les permitira satisfacer los dos imperativos implacables de la naturaleza: eludir a sus enemigos y conseguir agua y comida. Un recinto biolégicamente apropiado, sea una jaula, un foso, una isla rodeada de un foso, un corral, un terrario, una pajarera o un acuario, es otro territorio mas, peculiar exclusivamente por su tamafio y su proximidad al territorio humano. Y es ldgico que el espacio sea mucho mas pequefio de lo que seria si el animal estuviera en su habitat natural. Los territorios naturales no son grandes por cuestién de gusto, sino de necesidad. En un zoolégico hacemos por los animales lo que hemos hecho para nosotros mismos en nuestras casas: reunimos en un espacio pequefio lo que a naturaleza ha extendido. Mientras que antes teniamos la cueva aqui, el tio all, las tierras de caza a dos kilémetros mis hacia alla, la atalaya al lado, las frutas en otro sitio, y todo infestado de leones, serpientes, hormigas, sanguijuelas y hiedra venenosa, ahora el rio nos sale de un grifo al alcance de la mano y podemos lavarnos al lado de donde dormimos, podemos comer donde hemos cocinado, podemps rodearlo todo con una pared protectora y mantenerlo limpio y calentito. Una casa no es més que un territorio comprimido en el que nuestras necesidades basicas se satisfacen de cerca y sin peligro. Un recinto apropiado en un zoolégico es el equivalente para un animal (salvo la ausencia notable de una chimenea o algo por el estilo, presente en cada morada humana). Si el animal encuentra en él todo lo que requiere: una atalaya, un lugar para descansar, para comer y beber, para bafiarse, para lamerse, etc., y no tiene la necesidad de ir a cazar porque la comida aparece seis dias por semana, entonces tomara posesion de su espacio dentro del zoolégico del mismo modo en que teivindicaria como propio un espacio nuevo en su habitat natural, es decir, lo explorara y dejara las huellas caracteristicas a su especie, como la orina quiza. Una vez ha realizado este ritual de mudanza y el animal se ha instalado, no se sentira como un inquilino nervioso ni mucho menos como un prisionero, sino mas bien como un terrateniente, y se comportara de la misma forma dentro de su recinto que si estuviera en su territorio natural, hasta el punto de defenderlo a brazo partido si se lo invadieran. Un recinto asi no es subjetivamente mejor ni peor para un animal que sus condiciones en libertad; mientras satisfaga las necesidades del animal, un territorio, sea natural o construido, sencillamente es, sin juzgar, un hecho, igual que las manchas de un leopardo. Uno podria alegar que si un animal pudiera escoger con inteligencia, optaria por quedarse en el zooldgico, dado que la diferencia mas importante entre un zooldgico y su habitat natural es la falta de parasitos y enemigos y la abundancia de comida en el primero y su respectiva abundancia y escasez en el segundo. Piénsalo friamente. {Qué preferirias? ,Alojarte en el Ritz con servicio a las habitaciones gratis y acceso ilimitado a un médico o estar sin techo y sin nadie que se preocupe por ti? Lo que ocurre es que los animales son incapaces de semejantes discemnimientos. Dentro de los limites de su naturaleza, se apafian con lo que tienen. Un buen zoolégico es un lugar de coincidencia cuidadosamente elaborada: cuando un animal nos dice «jquédate fuera!» con orines u otras secreciones, nosotros le decimos «jquédate dentro!» con las barreras. Bajo estas circunstancias de paz diplomitica, los animales estén contentos, nosotros podems relajarnos, y todos podemos dedicarnos a observarnos mutuamente. Entre el material publicado se encuentran legiones de ejemplos de animales que podrian haberse escapado y que no lo hicieron, o que si lo hicieron, pero volvieron. Existe el caso de un chimpancé que viendo que no le habian cerrado bien la puerta de la jaula y que estaba abierta de par en par, se angustid tanto que se puso a gritar y a dar portazos una y otra vez con un estrépito ensordecedor hasta que el cuidador, advertido por un visitante, fue corriendo a solucionar el problema. Una manada de corzos en un zoolégico europeo salié de su corral aprovechando que la verja estaba abierta. Asustados por los visitantes, los corzos huyeron, yendo a parar a un bosque cercano, que ya tenia su propia manada de corzos en la que podrian haberse incorporado. Sin embargo, los corzos del zoolégico volvieron rapidamente a su corral. En otro zooldgico, un obrero que iba hacia la obra a primera hora de la mafiana con unas tablas de madera vio horrorizado cémo un oso salia de la niebla y venia hacia él con aire resuelto. El hombre dejé caer todas las tablas al suelo y puso pies en polvorosa. Los empleados del zoolégico salieron a buscar el oso figitivo de inmediato. Lo encontraron de vuelta en su recinto. Habia bajado por donde habia subido, por un arbol que se habia caido. Se pensd que el ruido de las tablas al caerse al suelo lo habia asustado. Pero no quiero insistir mds en el tema. No pretendo defender a los zooldgicos. Como si los cierran todos (esperemos que lo que queda de fauna pueda sobrevivir en el mundo natural que todavia no ha sido destrozado). Soy consciente de que los zoolégicos ya no estan bien vistos. La religion tiene que hacer frente al mismo problema. Los dos estan plagados de ciertas ilusiones referentes a la libertad. El zoologico de Pondicherry ya no existe. Han Ilenado los fosos y han derribado las jaulas. Ahora lo exploro en el tnico sitio que conservo para hacerlo: mi memoria. CAPITULO 5 Con mi nombre no se acaba la historia sobre mi nombre. Si te llamas Paco, nadie te pregunta «{,cémo se escribe?». Si te llamas Piscine Molitor Patel, eso ya es otro cantar. Algunos creian que me llama P. Singh y que era sikh, y no entendian por qué no Ilevaba turbante. Mientras estudiaba en la universidad, fii una vez a Montreal con unos amigos. Una noche me tocd pedir pizzas. La mera idea de tener que aguantar que otro francofono se mofara de mi nombre me abrumuba tanto que cuando el hombre al otro lado del teléfono me dijo: «Me dice su nombre?», yo le respondi: «Apunte lo que quiera». Media hora después llegaron dos pizzas a nombre de «Roque Piera». Es cierto que en la vida conocemos a personas que pueden cambiarnos, a veces de forma tan profinda que nunca volvemos a ser los mismos, ni siquiera ennombre. Piensa en Simon, que se llama PedrolJ; en Mateo, alias Levt!2J; en Natanael, también llamado Bartolomét!2!; en Judas, no Iscariote, que se hizo llamar Tadeo"4I; en Simeén que adoptd el nombre de Niger!5J; en Saulo que se convirtié en Pablo'441, Me encontré con mi soldado romano a los doce afios, una mafiana en el patio. Acababa de llegar a la escuela. Me vio y un ramalazo de inspiracién maléfica iluminé su mente obtusa. Levanté el brazo, me sefialé y grité: —jMirad! jYa ha Ilegado Pissing Patel! En cosa de un segundo, todo el mundo se echdé a reir. Las risas se disiparon mientras fiimos desfilando hacia el aula. Entré el ultimo, luciendo mi corona de espinas. Que los nifios sean crueles no es ninguna novedad. Las palabras me llegaban flotando desde el otro lado del patio, sin querer, gratuitas: «Has visto a Pissing? Yo también lo estoy». O: «Pissing! Ay, perdona. Te he visto tan arrimado a la pared que crei que eras éb». O algo por el estilo. Si lograba no estremecerme, seguia con lo que estaba haciendo, como si no me hubiera enterado. Aunque el sonido desaparecia, el dolor persistia, igual que el olor a meado, incluso horas después de haberse evaporado. Los profesores también tenian sus lapsus. Era el calor. A medida que pasaban las horas, la clase de geografia, que por la majiana habia sido compacta como un oasis, se nos hacia mis interminable que el desierto Thar; la clase de historia, tan viva a primera hora del dia, se volvia reseca y polvorienta; la clase de matematicas, tan precisa al principio, se volvia confisa. Debido a la fatiga de la tarde, mientras se secaban la frente y la nuca con un pafiuelo, sin intencién ni de ofenderme ni de ganarse una risa, hasta los profesores se olvidaban de la promesa fresca y acuatica de mi nombre y lo distorsionaban de forma vergonzosa. A través de unas modulaciones casi imperceptibles siempre me llegaba el desliz. Era como si sus lenguas se convirtieran en aurigas arrastrados por caballos salvajes. La primera silaba les salia sin problemas, Pi, pero al final el calor acababa venciendo y perdian el control de sus corceles que echaban espunm por la boca y se veian incapaces de remontar la segunda silaba, siin. Ah no, lo que hacian era zambullirse con tesén, pronunciando un perfecto sing, y en el momento siguiente, todo estaba perdido. Levantaba la mano para responder a una pregunta y la recibian con ese: «A ver, Pissing». Los profesores casi nunca se daban cuenta de lo que acababan de llamarme. Después de unos momentos, me miraban cansinamente, sin entender por qué no soltaba la respuesta de una vez. Y a veces mis compafieros, también abatidos por el calor, ni siquiera reaccionaban. Ni una risita, ni una mueca burlona. Pero la afrenta nunca se me escapaba. Pasé el ultimo curso en el colegio de San José con la misma sensacion que Mahon en La Meca, profeta perseguido, la paz sea con él. Pero igual que él planeo huir a Medina, la Hégira que marcaria el inicio de la era musulmana, yo también planifiqué mi propia huida y el inicio de una nueva era para mi. Después de San José, fii al Petit Séminaire, la mejor escuela secundaria de habla inglesa en Pondicherry. Ravi llevaba algunos afios alli, e igual que todos los hermanos pequefios, me tocd suffir el intento de seguirle los pasos a un hermano mayor muy popular. Fue el atleta de su generacién en el Petit Séminaire, un lanzador temido y un bateador poderoso, el capitan del mejor equipo de criquet de la ciudad, nuestro preciado Kapil Dev8, El hecho de que yo supiera nadar no produjo grandes olas, ni mucho menos. Parece ser que la gente que vive al lado del mar no se fia de los nadadores, igual que la gente de montafia no se fia de los alpinistas. Pero mi plan no era vivir eclipsado por nadie, aunque hubiera preferido cualquier nombre antes que «Pissing», aunque fuera «el hermano de Ravp». Tenia una idea mucho mis brillante. La Ilevé a cabo desde el primer dia, desde la primera clase. Estaba todeado por otros alumnos de San José. La clase empezd como suelen empezar todas las clases nuevas, es decir, con los nombres. Los dijimos en voz alta desde los pupitres, segiin el orden en que nos habiamos sentado. —Ganapathy Kumar —dijo Ganapathy Kumar. —Vipin Nath —dijo Vipin Nath. —Shamshool Hudha —dijo Shamshool Hudha. —Peter Dharmaraj —dijo Peter Dharmaraj. Cada nombre se gand una cruz en la lista y una mirada breve y mnemotécnica del profesor. Yo tenia los nervios de punta. —Ajith Giadson —dijo Ajith Giadson, a cuatro pupitres... —Sampath Saroja —dijo Sampath Saroja, a tres... —Stanley Kumar —Stanley Kunnr, a dos... —Sylvester Naveen —dijo Sylvester Naveen, el chico que tenia justo delante. Me tocaba a mi. Habia Ilegado la hora de deshacerme de Satan. Medina, alla voy. Me levanté del pupitre y me dirigi rapidamente a la pizarra. Antes de que el profesor pudiera abrir la boca, cogi un trozo de tiza y dije, mientras escribia: Me llamo Piscine Molitor Patel, conocido por todos como Subrayé las dos primeras letras de mi nombre de pila. Pi Patel. Por si acaso, agregué: Pi=3,1416 Luego dibujé un circulo enorme y lo parti con un didmetro, para evocar aquella leccién basica de geometria. Hubo un silencio sepulcral. El profesor tenia los ojos clavados en la pizarra. Yo me estaba aguantando la respiracion. Entonces dijo: —Mby bien, Pi Siéntate. La proxima vez procura pedir permiso antes de levantarte del pupitre. —Si, sefior. Me puso una cruz al lado del nombre y miré al chico siguiente. —Mansoor Ahamad —dijo Mansoor Ahamad. Me habia salvado. —Gautham Selvaraj —dijo Gautham Selvaraj. Podia respirar tranquilo. —Atrun Annaji—dijo Arun Annaji. Borron y cuenta nueva. Repeti el mismo espectaculo con todos los profesores. La repeticion es un factor esencial, no sdlo para adiestrar a los animales, sino también a los humanos. Entre un chico de nombre corriente y el siguiente, salia disparado a la pizarra y estampaba en ella (en mas de una ocasi6n con un chirrido estrepitoso) los detalles de mi renacimiento. Mis compafieros no tardaron en corear conmigo, un crescendo que acababa en climax, tras una inhalacién brusca mientras subrayaba la nota pertinente, haciendo una interpretacién tan conmovedora de mi nuevo nombre que hubiera hecho delicias de cualquier director de coro. Algunos de mis compafieros susurraban con urgencia: «jTres! ;Conu! jCatorce! jDieciséis!», mientras yo escribia a toda prisa. Al final partia el circulo con tanto impetu que salian volando trocitos de tiza. Ese mismo dia, cada vez que levanté la mano aprovechando cualquier excusa, los profesores me concedieron la palabra con una sola silaba que me sonaba a musica celestial. Los alunnos siguieron su ejemplo. Incluso los diablos de San José. Es mas, mi nombre se puso de moda. Sin lugar a dudas, somos una nacién de ingenieros que aspiran a ser reconocidos: poco después, un chico llamado Omprakash se apodé Omega, otro que se hizo llamar Epsilon, y hubo una temporada en que teniamos un Gamma, un Lambda y un Delta. Pero yo fui el primero y el mis perdurable de los griegos en el Petit Semaire. Hasta mi hermano, el capitan del equipo de criquet, ese dios regional, le dio su visto bueno. La semana siguiente me Ilevo a un lado. — Es verdad lo que dicen por ahi de tu nuevo apodo? Me quedé callado. Porque fueran cuales fuesen las burlas que me tocara aguantar, me iban a tocar igual. No habia formm de sortearlas. —No sabia que te gustara tanto el color amarillo. {EI color amarillo? Miré a mi alrededor. Nadie debia oir lo que estaba a punto de decir, y sus lacayos menos que nadie. —Ravi, {a qué te refieres? —susurré. —A mi me da igual, hermanito. Llamate como quieras, con tal de que no sea «Pissing». «Pifia Pateb tampoco esta tan mal. Se alejo lentamente, sonrié y me dijo: —Tampoco hace falta que te pongas tan colorado. Pero guard6 silencio. Y de este modo me guareci en aquella letra griega que parece una choza con techo de chapa de cinc, en aquel numero esquivo, irracional a partir del cual los cientificos intentan comprender el universo. CAPITULO 6 Es un cocinero excelente. La casa caldeada siempre huele a algo delicioso. Su estante de especias parece salido de una tienda de boticario. Cada vez que abre la nevera o el armario, veo marcas que ni siquiera reconozco; de hecho, no sé ni en qué idiom estan escritas. Estamos en la India. Pero sabe preparar platos occidentales con la misma destreza. Prepara los macarrones mAs sabrosos y suaves que he probado en mi vida. Y sus tacos vegetarianos serian la envidia de todo México. Me fijo en otro detalle: todos los armarios estan hasta los topes. Detras de cada puerta, en cada estante, hay pilas y pilas de latas y paquetes cuidadosamente amontonados. Una reserva de comida que duraria mas que el sitio de Leningrado. CAPITULO 7 Tuve la suerte de tener algunos profesores buenos en mi juventud, hombres y mujeres que se introdujeron en mi pequefia cabeza y encendieron una cerilla. Entre ellos habia el sefior Satish Kumar, mi profesor de biologia en el Petit Séminaire y un commnista militante que abrigaba la esperanza de que algin dia Tamil Nadu dejara de elegir a estrellas de cine y siguiera el ejemplo de Kerala“! Tenia un aspecto de lo mis curioso. Aunque tenia la coronilla calva y puntiaguda, los carrillos le colgaban por debajo de la mandibula. Sus hombros estrechos cedian el paso a un est6mago descomunal que parecia el pie de una montafia, excepto que la montafia se suspendia en el aire, pues acababa bruscamente y le desaparecia horizontalmente dentro del pantalon. Sus piernas parecian dos palos y jamés comprenderé cémo le aguantaban el peso que llevaban encima. El caso es que lo aguantaban, aunque de vez en cuando hacian algin movimiento extrafio, como si pudiera doblar las rodillas en cualquier direccién. Tenia una construccién geomstrica: como dos triangulos, uno pequefio y uno grande, sostenidos en equilibrio encima de dos lineas paralelas. Pero era organico, con bastantes verrugas y de cada oreja le salia una mata de pelo negro. Y era amable. La sonrisa le ocupaba toda la base de su cabeza triangular. El sefior Kumar fue el primer ateo declarado que conoci en mi vida. No me enteré de este hecho en clase, sino en el zooldgico. EI solia ir al zoolégico con regularidad. Leia los rétulos y los letreros descriptivos detenidamente y veia a todos los animales con buenos ojos. Para él, cada uno era un triunfo de la légica y de la mecanica, y la naturaleza en su totalidad le parecia una ejemplificacion excepcionalmente magnifica de la ciencia. Segin él, cuando un animal sentia el impulso de aparearse, decia «Gregor Mendel, recordando el padre de la genética, y cuando le tocaba demostrar lo que valia, decia «Charles Darwin», el padre de la selecci6n natural, y lo que nosotros interpretabamos como un balido, un grufiido, un silbido, un bufido, un rugido, un bramido, un aullido, un chirrido o un gorjeo no era mas que un acento extranjero muy marcado. Cuando el sefior Kunnr iba al zoolégico, era para tomarle el pulso al universo y su mente estetoscopio siempre le confirmaba que todo estaba en orden, que todo era orden. Siempre salia del zoolégico cientificamente refrescado. La primera vez que vi su forma triangular tambaleandose por el zoolégico, me senti cohibido. Por muy bien que me cayera como profesor, era una figura de autoridad y yo, un mero sujeto. Le tenia un poco de miedo. Lo observé de lejos. Se habia parado delante del foso de los rinocerontes. Los dos rinocerontes indios eran uno de los principales atractivos del zoolégico debido a las cabras. Los rinocerontes son animales sociales, y cuando llegd Pico, un macho joven y salvaje, empezo a dar muestras de sentirse aislado y se le fue quitando el apetito. Como recurso provisional, mientras buscaba una hembra, mi padre decidié ver si Pico podria acostumbrarse a vivir con cabras. Si fimcionaba, salvaria un animal valioso. Si no, sdlo le habria costado unas cuantas cabras. Funcioné de maravilla. Pico y las cabras se hicieron amigos inseparables, incluso después de que llegara Cima. Ahora, cuando los rinocerontes se bafiaban, las cabras los esperaban a la orilla de su charca enlodada, y cuando las cabras se iban a comer a su rincn, Pico y Cima se quedaban a su lado como guardaespaldas. Este convenio de morada era muy popular entre los que venian al zoolégico. El sefior Kumar levanto la vista y me vio. Sonrid y, con una mano todavia apoyada en la barra, me hizo sefias con la otra para que me acercara a él. —Hoh, Pi—ane dijo. —Hoha, sefior. Le agradezco que haya venido al zooldgico. —Vengo a menudo. Podriamos decir que es mi templo. Esto es interesante... —dijo, sefialando el foso—. Si nuestros politicos fueran como estas cabras y rinocerontes, este pais no tendria tantos problemas. Por desgracia, lo que tenemos es un primer ministro que lleva el mismo blindaje que estos rinocerontes pero que carece de su buen sentido comin. No sabia gran cosa acerca de la politica. Papa y mam se quejaban mucho de la sefiora Gandhi, pero la verdad es que yo no entendia gran cosa. Ella vivia en la otra punta, al norte del pais, y no en el zoolégico ni en Pondicherry. Pero me senti obligado a contestarle. —La religion nos salvara—dije. Desde que tenia memoria, siempre habia llevado la religion en el corazon. — La religion? —dijo el sefior Kumar, sonriendo de oreja a oreja—. No creo en la religion. La religién equivale a oscuridad. {Oscuridad? Estaba confimndido. Pensé, la oscuridad no tiene nada que ver con la religion. La religion es luz. ;Me estaba poniendo a prueba? {Me estaba diciendo que la religion equivalia a oscuridad igual que hacia en clase, como cuando decia que los mamiferos ponian huevos, para ver si alguien lo corregia’? («No, sefior. Solo los ornitorrincos.») —No existen razones para ir mis alla de una explicacién cientifica de la realidad ni razones solidas para creer en cosas que no experimentemos con los sentidos. Un intelecto licido, la atencion a los detalles y un poco de conocimiento cientifico conseguira poner al descubierto la religion por la majaderia supersticiosa que es. Dios no existe. {Lo dijo? ,O me vienen a la memoria las frases de ateos posteriores? En cualquier caso, dijo algo por el estilo. Nunca habia oido semejantes palabras. —{Por qué tolerar la oscuridad? Todo ya esta aqui y esta claro si sabemos mirar con [a atencién debida. Estaba sefialando a Pico. Bueno, aunque sentia una gran admiracién por Pico, jams me habia inaginado a un rinoceronte como una bombilla. Siguid: —Hay gente que dice que Dios murié durante la Division de 1947. Podria haber muerto en 1971 durante la guerra. O quiz muriera aqui mismo en un orfanato de Pondicherry. Eso es lo que algunos dicen, Pi Cuando yo tenia tu edad, vivia postrado en la cama, victima de la polio. Cada dia me preguntaba: «Donde esta Dios? {Donde esta Dios? ;Dénde esta Dios?». Y Dios nunca vino. No fue Dios quien me salvé. Fue la medicina. La razon es mi profeta y me dice que igual que un reloj se para, nosotros nos morimos. Se acabd. Y si el reloj no funciona bien, nosotros mismos tenemos que arreglarlo aqui y ahora. Un dia nos haremps con los medios de produccion y habra justicia en la Tierra. Sus palabras me aturdieron. No me asustd el tono, pues hablaba con el mismo carifio y valentia de siempre, pero los detalles me parecieron de lo mis fimesto. Me quedé callado, pero no por miedo a hacer enojar al sefior Kumar. Lo que mis tema era que con cuatro palabras me acabara destrozando algo que yo amaba. 2Y si sus palabras tenian el mismo efecto de la polio sobre mi? |Qué enfermedad mis terrible la que es capaz de matar a Dios en un hombre! Se alej6 de mii, lidiando con el mar salvaje que era suelo firme. —No olvides que el martes tienes un examen. Estudia mucho, 3,1416. —Si, sefior Kurar. Se convirtié en mi profesor favorito en el Petit Séminaire y el motivo por el que estudié zoologia en la Universidad de Toronto. Me senti identificado con él. Fue el primer indicio de que los ateos son mis hermanos y hermanas de otra fe, y que cada una de sus palabras hablan de la fe. Al igual que yo, dejan que las piernas de la razon les leven hasta donde puedan, y entonces se lanzan. Voy a ser franco. Los que me sacan de quicio no son los ateos, sino los agndsticos. La duda es util durante un tiempo. Todos tenemos que pasar por el jardin de Gethsemani2“!, Si Cristo dudé, nosotros también debemos. Si Cristo paso una noche entera de angustia rezando, si grits desde la cruz «Dios mio, Dios mio, ;por qué me has abandonado?», no cabe duda de que a nosotros también se nos permite dudar. Pero hay que progresar. El hecho de escoger la duda como filosofia de vida es como elegir la imovilidad como forma de transporte. CAPITULO 8 Como solemos decir los del gremio, el animal mis peligroso de un zoologico es el Hombre. En general, nos referimos al excesivo sentido depredador de nuestra especie que ha convertido al planeta entero en nuestra presa. En concreto, nos referimos a las personas que dan anzuelos a las nutrias, cuchillas a los osos, manzanas llenas de clavos a los elefantes, y otras variaciones de ferreteria sobre el mismo term: boligrafos, clips, imperdibles, gomas elasticas, peines, cucharitas, herraduras, trozos de vidrio, anillos, broches y otras alhajas (no solo de bisuteria ni de plastico, sino alianzas de oro también), pajitas, cubiertos de plistico, pelotas de ping-pong, pelotas de tenis, entre otros. E] obituario de los animales de zoologico que han muerto a causa de comerse algun cuerpo extrafio incluiria gorilas, bisontes, cigtiefias, fiandiies, avestruces, focas, leones murinos, felinos mayores, osos, camellos, elefantes, monos y casi todas las variedades de ciervo, rumiante y pajaro cantor. Entre los guardianes de los zooldgicos, la muerte de Goliat se hizo famosa. Era un elefante marino macho, una bestia grandiosa y venerable que pesaba dos toneladas, la estrella del zoolégico europeo donde vivia y adorado por todos los que iban a visitarlo. Murié de una hemorragia interna después de que alguien le diera una botella de cerveza rota. Muchas veces esta crueldad es mis activa y directa. La bibliografia contiene informes sobre el enorme suffimiento ocasionado a los animales de zooldgico: un picozapato que murid de shock después de que alguien le tompiera el pico con un martillo; un alce americano que perdid la barba y un pedazo de piel del tamafio de un dedo con la ayuda del cuchillo de un visitante (el mismo arce fue envenenado seis meses después); un mono al que le rompieron el brazo cuando iba a coger los cacahuetes que le oftecian; un ciervo que perdid los cuernos por culpa de una sierra de arco; una cebra a la que apufialaron con una espada; y otras agresiones llevadas a cabo con bastones, paraguas, horquillas, agujas de tejer, tijeras y otros objetos, a menudo con el propésito de sacarles un ojo o lastimarles los organos sexuales. También hay aquellos que los envenenan. Luego hay indecencias todavia mis extrafias: los onanistas que se satisfacen delante de monos, ponis y pajaros; un fanatico religioso que le corté la cabeza a una serpiente; un demente a quien le dio por orinar en la boca de un uapiti. El zoolégico de Pondicherry corrié mejor suerte. Nos libramos de los sadicos que asediaban los zoolégicos europeos y americanos. Aun asi, nuestro aguti dorado desaparecid, robado por alguien que se lo comid. Al menos es lo que presumié mi padre. Algunas de nuestras aves, entre ellas faisanes, pavos reales y guacamayos, perdieron plumas a manos de gente que codiciaba su belleza. Cogimos a un hombre que pretendia entrar en el corral de los ciervos enanos con un cuchillo. Dijo que iba a castigar al malvado Ravana (que, segin el Ranayana!2!, tom la forma de un ciervo cuando secuestré a Sita[23], la consorte de Rama!4)), Pillamos a otro hombre que queria robar una cobra. Era un encantador cuya serpiente habia nwerto. Pudimos salvar a los dos: redimimos a la serpiente de una vida de servidumbre y misica horrorosa, y al hombre de una posible mordedura letal De vez en cuando tuvimos que vémoslas con gente que tiraba piedras a los animales porque estaban demasiado plicidos y querian provocar una reaccién. Y tuvimos el caso de una mujer cuyo sari qued6 atrapado en la boca de un leon. Empez6 a dar vueltas como una peonza, optando por un bochorno mortal antes que un final mortal. Lo mas curioso es que ni siquiera fue un accidente. Se habia inclinado hacia la jaula, metiendo la mano entre las rejas, y habia agitado el sari delante de la cara del leon. Nunca supimos qué pretendia conseguir. Salid ilesa, pero de repente vino en su ayuda una manada de hombres fascinados. La explicaci6n aturrullada que ofecid a papa fue: «Donde se ha visto un leon comerse un sari de algodén? Crei que los leones eran carnivoros». Pero los que mis problenws causaban eran los que daban de comer a los animales. Aunque nunca bajamos la guardia, el doctor Atal, el veterinario del zooldgico, siempre sabia por el numero de animales con trastomos digestivos cuales habian sido los dias mis concurridos. Solia llamar «tentempié-itis» a los casos de enteritis o gastritis debidos a un exceso de carbohidratos, sobre todo azicar. Ojala sdlo les hubieran dado caramelos. La gente cree que los animales pueden comer de todo sin que les perjudique la salud en lo mis minimo. No es asi. Uno de nuestros perezosos se puso gravemente enfermo con una enteritis hemorragica después de que un hombre que crefa estar haciendo una buena obra le dio pescado podrido. En una pared justo al otro lado de la taquilla, mi padre habia escrito la siguiente pregunta en grandes letras rojas: ;SABES CUAL ES EL ANIMAL MAS PELIGROSO DEL ZOOLOGICO? Habia una flecha que sefialaba una pequefia cortina. Tantas eran las manos curiosas e impacientes que tiraban de ella que cada dos por tres teniamos que cambiarla. Detras de la cortina habia un espejo. Pero aprendi a mi costa que mi padre creia que habia un animal atin mis peligroso que nosotros, un animal muy comin ademas, que se encontraba en todos los continentes, en todos los habitats: la temible especie Animalus anthropomorphicus, el animal visto a través del ojo humano. Todos hemos conocido, quizis tenido, por lo menos uno. Es el tipico animal «mono», «simpatico», «carifioso», «eab», «felia» y «comprensivo». Estos animales esperan emboscados en todas las jugueterias y en todos los zoolégicos para nifios. Hay una infinidad de cuentos sobre ellos. Son la antitesis de los animales «dieros», «sanguinarios» y «depravados» que encienden la ira de los maniacos que acabo de mencionar, que dan rienda suelta a su rencor con bastones y paraguas. En ambos casos, miramos un animal y vemos un espejo. La obsesién de colocarnos en el centro de todo es la ruina tanto de los tedlogos como de los zodlogos. Dos veces aprendi la leccién de que un animal es un animal, distantes de nosotros en esencia y practica. Una vez me la dio mi padre y la otra, Richard Parker. Era un domingo por la mafiana. Yo estaba jugando sdlo tranquilamente cuando mi padre nos Ilamé. —wNifios, venid aqui. Algo pasaba. El tono de su voz encendié una pequefia alarma en mi cabeza. Tuve que repasarme rapidamente la conciencia. Estaba limpia. Seguro que Ravi se habia metido en otro lio. Me pregunté qué habria hecho esta vez Fuia la sala. Mi madre también estaba alli. Eso no era normal. La disciplina de los nifios, igual que el cuidado de los animales, eran asuntos de los que generalmente se encargaba mi padre. Ravi fue el ultimo en entrar. Se le notaba en su cara de criminal que de algo era culpable. —Ravi, Piscine, hoy os voy a dar una leccién muy importante. —Por favor, {quieres decir que es necesario? —interrumpié mam. Tenia el rostro colorado. Yo tragué saliva. Si mi madre, una mujer tan serena, tan tranquila, estaba preocupada, incluso disgustada, queria decir que nos esperaba una buena bronca. Ravi y yo nos miramos. —Si, es muy necesario —dijo papa, enojado—. Un dia les podria salvar la vida. jSalvarnos la vida! Ahora ya no me sonaba una pequefia alarma en la cabeza, sino campanadas, como las de la iglesia Sagrado Corazin de Jests, bastante cerca del zooldgico. —{Pero Piscine? Si apenas tienen ocho afios —insistid mami. —Es el que mas me preocupa. —Soy inocente!—salté de repente— Ha sido Ravi, sea lo que sea. jHa sido él! — Como? —dijo Ravi—. Yo no he hecho nada. Me eché mal de ojo. —(Chitén! —dijo mi padre, levantando la mano. Estaba mirando a mi madre. —Gita, ya sabes como es Piscine. Esta en la edad en la que los nifios fisgan en todo y meten las narices donde no deben. {Yo? {Fisgon? ;Un metedor de narices? ;Yo no, yo no! Defiéndeme, manm, defiéndeme, le supliqué desde mi corazon. Pero ella se limité a suspirar y a asentir con la cabeza, indicando que podia proceder con el asunto espantoso. —Venid conmigo —dijo papa. Salimos tras él, como dos prisioneros a la horca. Una vez fuera de la casa, nos dirigimos hacia la entrada del zoolégico y nos metimos dentro. Era temprano y el zoolégico todavia no estaba abierto al publico. Los cuidadores estaban ocupandose de sus cosas. Vi a Sitaram, que supervisaba los orangutanes, mi cuidador favorito. Se detuvo a mirarnos. Pasamos de largo las aves, los osos, los simios, los monos, los ungulados, el terrario, los rinocerontes, los elefantes, las jirafas. Llegamps a los felinos mayores, nuestros tigres, leones y leopardos. Babu, el cuidador, nos estaba esperando. Bajamos por el camino que llevaba a las jaulas. Babu nos abri6 la puerta de la casa de los felmos, que estaba en medio de una isla con foso. Entramos. Se trataba de una inmensa caverna oscura de cemento, de forma circular, caliente y humeda, que olia a orina de gato. A nuestro alrededor habia unas jaulas inmensas, divididas por unos barrotes de hierro gruesos y verdes. Una luz armrillenta se filtraba por las claraboyas. A través de las jaulas, veiamos la vegetacion de la isla circundante que resplandecia a pleno sol. Las jaulas estaban vacias, menos una: Mahisha!25!, nuestro tigre de Bengala patriarca, una bestia desgarbada y descomunal de doscientos cincuenta kilos, habia sido retenido. En cuanto entramos, vino trotando hasta los barrotes y nos lanz6 un grufido profundo con las orejas aplastadas al craneo y los ojos clavados en Babu. El ruido fue tan fiterte y feroz que crei que vibraba la casa de felinos entera. Me empezaron a temblar las pieras. Me arrimé a mi madre. Ella también estaba tiritando. Se me antojé que hasta mi padre tuvo que detenerse a recobrar el equilibrio. Babu fie el tinico que no se inmut6 ante el arrebato ni la mirada candente que le traspasaba como un taladro. Tenia una confianza probada en los barrotes de hierro. Mahisha se puso a caminar de un lado a otro de la jaula. Papa se volvid hacia nosotros. —{ Qué animal es éste? —nos bramd por encima de los grufiidos de Mahisha. —Es un tigre —respondimos Ravi y yo al unisono, sefialando con obediencia lo que saltaba a la vista. —Y los tigres son peligrosos? —Si, papa, son peligrosos. —Los tigres son muy peligrosos —grit6 papa—. Quiero que entendais que nunca, bajo ningin concepto, debéis tocar un tigre, acariciar un tigre, meter las manos por los barrotes, ni siquiera acercaros a los barrotes. ,Esta claro? {Ravi? Ravi asintio enérgicamente con la cabeza. — (Piscine? Yo asenti alin ms enérgicamente. No me quité los ojos de encima. Asenti con tanta fuerza que me extrafia que no se me hubiera partido el cuello y se me hubiera caido la cabeza al suelo. Quisiera decir en defensa propia que por mucho que hubiera antropomorfizado los animales hasta hacerles hablar un inglés perfecto, imaginandome que los faisanes se quejaban con acento britanico altivo de que se les habia enfriado el té y que los babuinos planeaban la huida del asalto a un banco en el tono mondtono y amenazador de los gangsters americanos, la fantasia siempre habia sido consciente. Disfrazaba a los aninules mis salvajes en los trajes mas mansos de mi imaginacién a propésito. Pero nunca me engafié con respecto a la verdadera naturaleza de mis compafieros de juegos. Mis narices fisgonas tampoco eran tan tontas. No sé de dénde sacé la idea mi padre de que su hijo pequefio se moria de ganas de meterse en una jaula con un carnivoro feroz. Pero procediera de donde procediese tan extrafia inquietud, y hay que decir que a mi padre le inquietaba alguna cosa, estaba claramente decidido a deshacerse de ella esa misma mafiana. —Ahora os voy a demostrar lo peligrosos que son los tigres —prosiguié — Quiero que os acordéis de esta lecci6n el resto de vuestros dias. Se volvié hacia Babu y le hizo un gesto con la cabeza. Babu salid. Los ojos de Mahisha lo siguieron y no los quité de la puerta por la que habia desaparecido. Babu volvid al cabo de unos segundos con una cabra con las patas atadas. Mi madre me agarro por la espalda. Los grufiidos de Mahisha se habian convertido en un rugido que le salia de las profimdidades de la garganta. Babu se dirigié a una jaula que habia al lado de la de Mahisha, la abrié con llave, entré y la cerré otra vez con llave. Entre las dos jaulas habia una trampilla y mas barrotes. Mahisha se acercé rapidamente a los barrotes que dividian las jaulas y comenzo a arafiarlos con la pata. Aparte de los rugidos, Mahisha estaba haciendo unos ladridos explosivos y entrecortados. Babu dejé la cabra en el suelo; las ijadas le entraban y salian agitadamente, la lengua le colgaba de la boca y los ojos le daban vueltas en la cabeza. Babu le desaté las patas. La cabra se puso de pie. Babu salié de la jaula de la misma forma meticulosa que habia entrado. Las jaulas tenian dos niveles. Uno estaba justo delante de nosotros y el otro estaba al fondo de todo, a un metro del suelo, y daba a ha isla. La cabra se subid como pudo al segundo nivel. Mahisha, que se habia olvidado completamente de Babu, hizo un movimiento paralelo dentro de su jaula, un salto fluido y agil. Se agazap6 y permanecié completamente inmévil aparte de la cola que meneaba lentamente, el unico indicio de tensién. Babu cogié la palanca de la trampilla que separaba las jaulas y empez6 a bajarla. Previendo un festin, Mahisha se quedo callado. En ese instante oi dos cosas: a papa que nos decia «Nunca os olvidéis de esta lecciém mientras miraba la escena con la cara adusta; y a la cabra. Seguro que habia estado balando desde el primer momento y sencillamente no la habiamos oido. Sentia la mano de mana contra mi corazon, que latia con fuerza. La trampilla se resistié con unos chirridos agudos. Mahisha estaba fuera de si, como si quisiera romper los barrotes de un salto. Parecia como si dudara entre quedarse donde estaba, justo donde tenia la presa mis cerca pero fuera de su alcance, o bajar al nivel inferior, que estaba mis lejos, pero por donde podria acceder a la otra jaula a través de la trampilla. Se levanté y se puso a rugir de nuevo. La cabra empezo a brincar. Salt a una altura increible. No tenia ni idea de que una cabra pudiera saltar tanto. Pero al fondo de la jaula habia una pared lisa de cemento. De repente, la trampilla se desliz6 con facilidad. De nuevo se hizo el silencio, roto micamente por los balidos y el clic-clic de las pezufias de la cabra contra el suelo. Unrayo de color naranja y negro se desliz6 de una jaula a la otra. Normalnente, los felinos se quedaban sin comer un dia por semana, para simular las condiciones en su habitat natural. Mas adelante, supimos que papa habia ordenado que Mahisha no comiera en tres dias. Desconozco si vi la sangre antes de volverme hacia los brazos de mi madre o si la embadurné después, en mi memoria, con una brocha enorme. Pero lo oi todo. Y fue suficiente para ponerme los pelos vegetarianos de punta. Mi madre nos saco a empujones. Nosotros estabamos histéricos. Ella estaba furiosa. —j Como has podido, Santosh? ;Solo son nifios! Van a quedar marcados el resto de sus vidas. Tenia la voz acalorada y temblorosa. Vi que se le habjan llenado los ojos de lagrimas. Me senti mejor. —Gita, mi preciosa, pero si lo hago por su bien. ZY si Piscine hubiera metido la mano entre los barrotes un dia para acariciar ese pelo naranja tan bonito? Mejor una cabra que él, ;no? Hablaba en voz baja, casi susurrando. Parecia contrito. Nunca la llamaba «ani preciosa» delante de nosotros. Nos habiamos pegado a ella. Mi padre se junté a nosotros. La leccién todavia no habia acabado, aunque lo que vino después fue mas suave. Papa nos llevé a los leones y leopardos. —Una vez habia un loco en Australia que era cinturén negro en karate. Quiso demostrar lo que valia frente a los leones. Perdid. Miserablemente. La mafiana siguiente los cuidadores sélo encontraron la mitad de su cuerpo. —Si, papa. Los osos bezudos y los perezosos. —n arafiazo de estas criaturas de peluche y os sacaran las tripas y las esparciran por el suelo. —Si, papa. Los hipopétamos. —Con esas bocas blandas y dulces os aplastaran hasta convertiros en una papilla sanguinolenta. En tierra firme, corren mAs que vosotros. —Si, papa. Las hienas. —Las mandibulas mis fiertes del reino animal. No os creais que son cobardes 0 que sdlo se alimentan de carrofia. jNo es verdad! Te empezaran a coner vivo, si hace falta. —Si, papa. Los orangutanes. —Tienen la fuerza de diez hombres. Os romperan los huesos como si fueran ramitas. Sé que algunos de ellos os hacian compafiia y que jugabais con ellos de pequefios. Pero ahora son grandes y salvajes e imprevisibles. —Si, papa. Elavestruz. —Parece tonto y despistado, ;verdad? Pues escuchadme bien: es uno de los animales mis peligrosos del zoolégico. Con una patada os rompera la columna, u os aphastara el torso. —Si, papa. Los ciervos enanos. —Seran todo lo monos que querais, pero si el macho lo cree conveniente, arremetera contra vosotros y os clavara esos cuernecitos como si fueran pufiales. —Si, papa. Elcamello de Arabia. —Con un bocado baboso os arrancara un pedazo de came. —Si, papa. Los cisnes negros. —Con los picos os partiran el craneo. Con las alas os romperan los brazos. —Si, papa. Los pajaros mas pequefios. —Tienen un pico que os cortaria los dedos como si fueran mantequilla. —Si, papa. Los elefantes. —E] animal mis peligroso de todos. Matan a mis cuidadores y visitantes que cualquier otro animal del zooldgico. Un elefante joven os descuartizara y os pisoteara. Eso mismo ocurrid en un zoolégico europeo cuando un pobre desgraciado entré en la casa de los elefantes por una ventana. Un animal mayor y con ms paciencia os aplastara contra la pared o se sentara encima de vosotros. Hace gracia, pero pensadlo bien. —Si, papa. —Hay aninules que no hemos visto. No os creais que son inofensivos. La vida se defendera por muy pequefia que sea. Todos los animales son feroces y peligrosos. Igual no os matan, pero os pueden hacer mucho dafio. Si os arafian y os muerden, os esperara una infeccién hinchada y purulenta, una fiebre altisima y diez dias en el hospital. —Si, papa. Liegamws a los conejillos de Indias, los tnicos animales aparte de Mahisha que fueron privados de comida por orden de mi padre. La noche anterior la habian pasado en ayunas. Mi padre abrio la jaula. Sacé una bolsa de comida del bolsillo y la vaci6 en el suelo. —{Veis estos conejillos de Indias? —Si, papa. Los animalitos temblaban de debilidad mientras mordisqueaban frenéticos los granos de maiz. —Bueno, pues... —dijo, agachandose para coger uno—. No son peligrosos. Elresto de los conejillos de Indias se desperdigaron al instante. Mi padre se rid. Me paso el conejillo, que no paraba de chillar. Quiso acabar la leccién con una nota alegre. El conejillo descansaba tenso en mis brazos. Era uno de los pequefios. Me dirigi a la jaula y lo bajé con cuidado hasta el suelo. Se fie corriendo a su madre y se acurruco a su lado. El unico motivo por el que aquellos conejillos de Indias no eran peligrosos, es decir, que no nos iban a sacar sangre con los dientes y las garras, era porque estaban practicamente domesticados. Si no, coger un conejillo de Indias salvaje con las manos seria como coger un cuchillo por la hoja. La lecci6n habia terminado. Ravi y yo nos enfurrufiamos y le hicimos el vacio a papa durante una semana. Mama también lo desatendid. Cada vez que pasaba por el foso de los rinocerontes, se me antojaban cabizbajos y apenados por la pérdida de uno de sus queridos compafieros. Pero {qué puedes hacer si quieres a tu padre? La vida sigue y te mantienes lejos de los tigres. Excepto que ahora, habiendo acusado a Ravi de un crimen no especificado que no habia cometido, yo estaba poco menos que muerto. En afios posteriores, cada vez que tenia ganas de aterrorizarme, me susurraba. —Ya veras cuando estemps solos. {Ti seras la proxima cabra! CAPITULO 9 Conseguir que los animales se acostumbren a la presencia de seres manos es el verdadero meollo del arte y la ciencia de dirigir un zoolégico. EI objetivo clave consiste en reducir la distancia de huida de un animal, es decir, la distancia minima que un animal pondra entre si mismo y el enemigo percibido. A un flamenco en libertad no le importunaras siempre que te mantengas a mis de doscientos setenta y cinco metros. A la que cruces esa linea, el ave se pone tensa. Si te acercas todavia més, conseguiras una reaccion de huida que no cesara hasta que vuelva a establecerse el limite de doscientos setenta y cinco metros, o hasta que al flamenco le fallen los pulmones y el coraz6n. Distintos animales tienen diferentes distancias de huida y las calculan de maneras distintas. Los felinos observan, los ciervos escuchan, los osos huelen. Las jirafas permitiran que te mantengas en un radio de hasta veintiocho metros si vas en autombvil, pero echard a correr si estas a menos de ciento treinta y siete metros a pie. Los cangrejos violinista salen disparados cuando te acercas a mas de nueve metros, los monos aulladores se agitan en sus ramas cuando estas a dieciocho y los bufalos africanos reaccionan a los setenta. Nuestras herramientas para disminuir la distancia de huida se basan en los conocimientos que tenemos del animal, la comida y el amparo que les proporcionamos y la proteccién que les brindamos. Cuando funciona, el resultado es un animal salvaje emocionalmente estable y libre de estrés que, aparte de no huir, goza de buena salud, vive muchos afios, come bien, se comporta y lleva una vida social natural y, en el mejor de los casos, se reproduce. No diré que nuestro zoolégico estaba a la altura de los de San Diego, Toronto, Berlin o Singapur, pero los guardianes de valia siempre salen adelante. Mi padre tenia un talento innato. Lo que le faltaba de capacitacion formal lo compensaba con el don de la intuicién y mucho ojo. Tenia una habilidad especial para mirar un animal y saber qué le pasaba por la cabeza. Era atento con las criaturas a su cargo, y ellas, a cambio, se multiplicaron, algunas en exceso.

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