100% (1) 100% encontró este documento útil (1 voto) 1K vistas 382 páginas La Vida de Pi
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Annotation
Pi Pattel es un joven que vive en Pondicherry, India, donde su padre es el
propietario y encargado del zoologico de la ciudad. A los diecis¢is afios, su
familia decide emigrar a Canada y procurarse una vida mejor con la venta de los
animales. Tras complejos tramites, los Pattel inician una travesia que se vera
truncada por la tragedia: una terrible tormenta hace naufiagar el barco en el que
viajaban.
En el inmenso océano Pacifico, una solitaria barcaza de salvamento
continia flotando a la deriva con cinco tripulantes: Pi, una hiena, un orangutan,
una cebra herida y un enorme macho de tigre de Bengala. Con inteligencia,
atrevimiento y, obviamente, miedo, Pi tendra que echar mano del ingenio para
mantenerse a salvo mientras los animales tratan de ocupar su puesto en la
cadena alimentaria y, a la postre, tendra que defender su liderazgo frente al inico
que, previsiblemente, quedara vivo. Aprovechando su conocimiento casi
enciclopédico de la fauna qua habitaba el zoolégico, el joven intentara domar a
la fiera, demostrar quién es el macho dominante y sobrevivir con este
extraordinario compaifiero de viaje.
Yann Martel consigue con talento, humor e imaginacién un ejercicio
narrativo que deleita y sorprende a un lector que, cautivado por una de las
historias més prodigiosas de los ultimos tiempos, se vera atrapado hasta el
asombroso e inesperado final.
«Si este siglo produce algin clasico literario, Martel es, sin
duda, uno de los aspirantes.»»
The Nation
«Vida de Pi es como si Salman Rushdie y Joseph Conrad
elucubraran juntos sobre el sentido de El viejo y el mar y Los viajes
de Gulliver.»
Financial Times
«Para aquellos que creian que el arte de la ficcién estabamoribundo, les recomiendo que lean a Martel con asombro, placer y
gratitud.»»
Alberto Manguel
¢ Yann Martel
° NOTA DEL AUTOR
o PRIMERA PARTE
CAPITULO 25
LO 26
= CAPITULO |
= CAPITULO 2
= CAPITULO 3
= CAPITULO 4
= CAPITULO 5
= CAPITULO 6
= CAPITULO 7
= CAPITULO 8
= CAPITULO 9
= CAPITULO 10
= CAPITULO 11
= CAPITULO 12
= CAPITULO 13
= CAPITULO 14
= CAPITULO 15
= CAPITULO 16
= CAPITULO 17
= CAPITULO 18
= CAPITULO 19
= CAPITULO 20
= CAPITULO 21
= CAPITULO 22
= CAPITULO 23
= CAPITULO 24
. TUI
' iTUI
CAP.= CAPITULO 27
= CAPITULO 28
= CAPITULO 29
= CAPITULO 30
= CAPITULO 31
= CAPITULO 32
= CAPITULO 33
= CAPITULO 34
= CAPITULO 35
= CAPITULO 36
© SEGUNDA PARTE
= CAPITULO 37
= CAPITULO 38
= CAPITULO 39
= CAPITULO 40
= CAPITULO 41
= CAPITULO 42
= CAPITULO 43
= CAPITULO 44
= CAPITULO 45
= CAPITULO 46
= CAPITULO 47
= CAPITULO 48
= CAPITULO 49
= CAPITULO 50
= CAPITULO 51
= CAPITULO 52
= CAPITULO 53
= CAPITULO 54
= CAPITULO 55
= CAPITULO 56
= CAPITULO 57
= CAPITULO 58
= CAPITULO 59
= CAPITULO 60CAPITULO 61
CAPITULO 62
CAPITULO 63
CAPITULO 64
CAPITULO 65
CAPITULO 66
CAPITULO 67
CAPITULO 68
CAPITULO 69
CAPITULO 70
CAPITULO 71
CAPITULO 72
CAPITULO 73
CAPITULO 74
CAPITULO 75
CAPITULO 76
CAPITULO 77
CAPITULO 78
CAPITULO 79
CAPITULO 80
CAPITULO 81
CAPITULO 82
CAPITULO 83
CAPITULO 84
CAPITULO 85
LO 86
CAPITULO 87
CAPITULO 88
CAPITULO 89
CAPITULO 90
CAPITULO 91
CAPITULO 92
CAPITULO 93
CAPITULO 94
o TERCERA PARTE
eee ERR eEREEcEER CEECAPITULO 95
CAPITULO 96
CAPITULO 97
CAPITULO 98
CAPITULO 99
CAPITULO 100
© GLOSARIO
© notes
©020000000007007070F7L2F0FKD FDO OOOO©0200000000700700700070707020707F0F7L0L0 FLD ODDO OOOO©0200000000700700700070707020707F0F7L0L0 FLD ODDO OOOO0200000007000 00007 020 XF2 KOO O[Yann Martel
\Vida de Pi
Vida de Pi
Copyright © 2001 by Yann Martel
Fecha de publicacién: 04/06/2009
Traducido por Bianca May Southwood
ISBN: 978-84-233-4163-4
Coleccién: Ancora & DelfinINOTA DEL AUTOR
Este libro nacié mientras yo pasaba hambre. Me explico: en la primavera
de 1996 mi segundo libro, una novela, salid en Canada. Y no muy bien parado,
or cierto. Los criticos o bien estaban perplejos o lo condenaron al fracaso con
elogios mis bien tenues; asi que los lectores lo pasaron por alto. A pesar de mis
mejores esfierzos de hacer el payaso o el trapecista, todo el circo de los medios
de comunicacién fue en vano: el libro no se movié. En las librerias, las estanterias
estaban repletas de libros, como nifios en fila esperando jugar a béisbol o futbol,
y el mio era ese nifio torpe y poco atlético que nadie queria en su equipo.
Desaparecié rapida y silenciosamente.
EI fiasco tampoco me afect6 demasiado. Ya habia empezado otra historia,
una novela ambientada en Portugal en el afio 1939. Pero estaba inquieto. Y tenia
algo de dinero.
Asi que cogi un avion a Bombay. Tampoco fie una decisién tan
descabellada, teniendo en cuenta tres factores: una temporada en la India le saca
la inquietud a cualquiera a fuerza de golpes; un poco de dinero en la India llega
para mucho; y una novela ambientada en Portugal en el afio 1939 posiblemente
tenga muy poco que ver con Portugal en el afio 1939.
Ya habia estado en la India, en el norte del pais, donde habia pasado cinco
meses. En ese viaje, llegué al subcontinente sin preparacién alguna. Bueno, en
realidad tenia una palabra de preparacion. Hablando de mi periplo con un amigo
que conocia bien el pais, me coment6 con indiferencia:
—En la India emplean términos un poco extrafios. Dicen palabras como
embustir.
Me acordé de sus palabras mientras el avion iniciaba el descenso hacia
Delhi, asi que la palabra embustir fue mi unica preparacion para el pandemonio
tico, ruidoso y operativo de la India. En alguna ocasin la empleé y la verdad es
que me fue muy util A un empleado en una estacin de trenes le dije:
—No crei que el billete fuera tan caro. No pretendera embustirme,
jverdad?
Elhombre sonrié y me asegur6:
—jNo, sefior! Aqui no hay embusteria ninguna. Le he dado el preciocorrecto.
En el segundo viaje a la India tenia ya mis idea de lo que podia esperar y
sabia exactamente lo que queria: me instalaria en un albergue en la montafia y
escribiria mi novela. Me veia sentado a una mesa en una gran galeria con mis
notas esparcidas a mi alrededor y una taza de té humeante. A mis pies se
extenderian colinas verdes envueltas en la niebla y los gritos estridentes de los
monos me llenarian los oidos. La temperatura seria ideal. Me haria falta un jersey
ligero por la mafiana y noche, y una prenda de manga corta al mediodia. Una vez
establecido, pluma en mano, por el bien de una mayor veracidad, convertiria a
Portugal en una ficcion. De eso se trata, no? De la transformacion selectiva de
la realidad. ,Qué necesidad tenia yo de ir a Portugal?
La duefia del albergue me contaria historias sobre la lucha para echar a los
britanicos. Decidiriamos qué iba a prepararme para almorzar y cenar el dia
siguiente. Una vez hubiera completado mi jomnada de escribir, me iria a pasear
por las plantaciones de té en ese paisaje ondulado.
Por desgracia, la novela resopl6, carrasped y se muri6. Ocurrid en
Matheran, cerca de Bombay, en un albergue pequefio que tenia algunos monos
pero ninguna plantacién de té. Es un suplicio caracteristico de los aspirantes a
escritor. El tema es bueno, las frases también, los personajes son tan reales que
practicamente requieren partidas de nacimiento. Ya tienes el esquema de un
argumento magnifico, sencillo y apasionante. Has investigado afondo y tienes los
hechos histéricos, sociales, climaticos y culinarios necesarios para darle a tu
historia un aire auténtico. Los dialogos son agiles y crujen de tension. Las
descripciones estan repletas de color, contraste y detalles reveladores. En
realidad, a tu novela no le queda mas remedio que triunfar. Sin embargo, todos
estos factores quedan reducidos a la nada. Por muy prometedora y brillante que
arezca, llega el momento en que te das cuenta de que ese susurro interior que
te ha estado molestando desde el principio te esta diciendo la verdad pura y
dura: no funcionara. Le falta un elemento, esa chispa que hace cobrar vida a
toda buena historia. Los hechos histéricos y culinarios son lo de menos. Tu
historia esta emocionalmente mwerta, ahi esta el quid. Semejante revelacién
puede destrozarte el alma, os lo aseguro, y te deja con un ansia muy dolorosa.
En Matheran meti todas las notas de mi novela malograda en un sobre y la
mandé por correo. El sobre iba a un destinatario ficticio en Siberia, de un
remitente, igual de ficticio, en Bolivia. Después de ver cémo el empleado habiafranqueado el sobre y lo habia tirado a una cesta de clasificacién, me senté,
apesadumbrado y desalentado.
—{Y ahora qué, Tolstoi? {Qué otras ideas brillantes tienes para tu futuro?
—me pregunté,
El caso es que todavia me quedaba algo de dinero y seguia con la misma
sensacion de inquietud. Me levanté y sali de la oficina de correos para ir a
explorar el sur de la India.
Me hubiera gustado decir «soy médico» cada vez que me preguntaban a
qué me dedicaba, pues los médicos son actualmente los que nos abastecen de
magia y milagros. Pero estoy convencido de que el autobtis se hubiera estrellado
en la siguiente curva y, ante la mirada de todos, me hubiera visto obligado a
esclarecer que era doctor en derecho. Entonces, cuando me hubiesen suplicado
que les ayudara a demandar al Estado por el percance, les hubiera tenido que
confesar que en realidad era licenciado en filosofia. Luego, ante las
interpelaciones de qué significado podia tener un accidente tan sangriento,
hubiese tenido que reconocer que apenas habia tocado a Kierkegaard, etcétera,
etcétera. Me limité a decir la modesta y magullada verdad.
En el camino, de vez en cuando me respondian: «Escritor? ;,De verdad?
Tengo una historia para ti». Las historias no solian ser mas que anécdotas, faltas
de aliento y faltas de vida.
Llegué a la ciudad de Pondicherry, una miniscula unién territorial
autonoma al sur de Madras, en la costa de Tamil Nadu. En cuanto a tamafio y
poblacion es una parte insignificante de la India (en comparacion, la isla del
Principe Eduardo es un gigante dentro de Canada) pero su historia la ha hecho
destacar. Afios atras, Pondicherry fue la capital de uno de los imperios
coloniales mas modestos, la India francesa. A los franceses les hubiera gustado,
y mucho, rivalizar con los britanicos, pero el (nico Raj! que consiguieron fue un
pufiado de puertos pequefios. Se aferraron a ellos durante casi trescientos afios.
Se fueron de Pondicherry en 1954, dejando unos bonitos edificios blancos,
calles amplias que se cruzan formando angulos rectos, con nombres como rué de
la Marine y rué Saint Louis, y képis"“, gorros, para los policias.
Estaba en la Indian Coffee House, en la calle Nehru. Se trata de una sala
grande con las paredes verdes y un techo altisimo, del que cuelgan unos
ventiladores que hacen circular el aire calido y himedo. El café esta hasta lostopes de muebles, mesas cuadradas idénticas, cada una con sus cuatro sillas
complementarias. Tienes que sentarte donde buenamente puedas, con
quienquiera esté ocupando la mesa. Hacen un buen café y tostadas francesas y
es facil entablar una conversacion. Y ahi estaba yo, hablando con un anciano
dinamico de ojos vivaces y con la cabeza llena de enormes mechones de
cabellos completamente blancos. Le confirm que hace frio en Canada, que
efectivamente se habla francés en algunas partes del pais, que me gustaba la
India, etcétera, etcétera. Es decir, la tipica charla entre un indio cordial y curioso
y un mochilero extranjero. Cuando le revelé mi linea de trabajo, se le pusieron
los ojos como platos y empezo a asentir vigorosamente con la cabeza. Ya era
hora de irme y tenia la mano levantada para llamar la atencion del camarero y
pedir la cuenta.
Entonces el anciano me dijo:
—Tengo una historia que le hara creer en Dios.
Bajé la mano. No me fiaba. ;Tenia un testigo de Jehova llamando a mi
puerta?
—Digane: {su historia tiene lugar hace dos mil afios en algin lugar remoto
del Imperio romano? —le pregunté.
—No.
Quizas fuera un evangelista musulman.
—{Tiene lugar en la Arabia del siglo VII?
—No, para nada. Empieza aqui, en Pondicherry, hace algunos afios y
acaba, me place decirle, en el mismo pais de donde viene usted.
—{Y dice que me hara creer en Dios?
Si
—Eso es mucho pedir.
—No tanto para que no pueda alcanzarlo.
Aparecid mi camarero. Vacilé unos instantes. Pedi dos cafés. Nos
presentamos. El anciano se llanwba Francis Adirubasamty.
—Le mego que me cuente su historia le dije.
—Debera prestar la atencion pertinente —me repuso.
—Lo haré—dije, sacando papel y plum.
—Diganre, {ha visitado el jardin botanico? —me preguntd.
—Si, ayer.
—{Se fij6 en las vias del pequefio ferrocarril?—Si, ls vi
—Cada domingo el tren sigue fimcionando para la diversién de los nifios.
Pero antes fiincionaba cada media hora de cada dia. Tomé nota de los
nombres de las estaciones?
—Una se llama Roseville. Esta al lado del jardin de rosas.
—Efectivamente. ;Y la otra?
—No me acuerdo.
—Es que quitaron el letrero. La otra estacién se llamaba Zootown. El
pequefio tren tenia dos paradas: Roseville y Zootown. Hace muchos afios habia
un zoolgico en el Jardin Botanico de Pondicherry.
Siguié hablando. Yo tomé notas, los findamentos de la historia.
—Debe hablar con él —ime dijo, refiriéndose al protagonista—. Lo
conocia muy, muy bien. Ahora es un hombre hecho y derecho. Debe hacerle
todas las preguntas que quiera.
Mas adelante, en Toronto, lo encontré, entre las nueve colunnas de los
Patel que aparecen en la guia telefonica. El corazén me palpitaba mientras
marcaba el numero. La voz que oi tenia una cadencia india en su acento
canadiense, sutil pero inequivoca, como un arom de incienso en el aire.
—De eso hace muchos afios —me dijo.
Pero acepté recibime. Nos vimos muchas veces. Me mostr6 el diario que
llevé durante los acontecimientos. Me mostré los recortes de prensa annrillentos
que lo hicieron saltar a la fama de forma fugaz y oscura. Me cont6 su historia
mientras yo iba tomando nota. Casi un afio después, tras bastantes
contratiempos, recibi una grabaciOn y un informe del Ministerio de Transporte de
Japon. Fue mientras escuchaba aquella cinta que estuve de acuerdo con el sefior
Adirubasamy en que esta historia era, efectivamente, una historia capaz de hacer
creer en Dios.
Me parecié natural que la historia del sefior Patel se narrara principalmente
en primera persona, con su voz y a través de sus ojos. Sin embargo, cualquier
inexactitud 0 error es mio.
Hay varias personas a quienes tengo que dar las gracias. Estoy claramente
en deuda con el sefior Patel. Mi agradecimiento es tan infinito como el océano
Pacifico y espero que mi narracion de los hechos no te decepcione. Por haber
puesto en marcha esta historia, le debo las gracias al sefior Adirubasamy. Por
haberme ayudado a completarla, estoy muy agradecido a tres fincionarios deuna profesionalidad ejemplar: al sefior Kazuhiko Oda, antiguamente de la
Embajada de Japon en Ottawa; al sefior Hiroshi Watanabe, de la Compafiia
Naval Oika; y, sobre todo, al sefior Tomohiro Okamoto, del Ministerio de
Transporte de Japon, ya jubilado. En cuanto a la chispa de vida, se la debo al
sefior Moacyr Scliar. Finalmente, mi mis sincera gratitud al Consejo Canadiense
de las Artes, sin cuya subvencién no hubiera podido recoger esta historia que
nada tiene que ver con Portugal en el afio 1939. Si nosotros, los ciudadanos, no
apoyamos a nuestros artistas, sacrificamos nuestra imaginacion en el altar de la
cruda realidad y acabamos no creyendo en nada y con suefios carentes de valor.IPRIMERA PARTE
[TORONTO Y PONDICHERRYCAPITULO 1
Misuffimiento me dejo triste y abatido.
El estudio académico y la practica constante y reflexiva de la religion me
devolvieron la vida. Todavia mantengo lo que alguna gente consideraria mis
extrafias practicas religiosas. Después de un afio de educacion secundaria, fii a
la Universidad de Toronto y obtuve una doble licenciatura. Me especialicé en
religion y zoologia. En el cuarto curso, hice la tesis de religion sobre ciertos
aspectos de la teoria de la cosmogonia de Isaac Luria!4l, el gran cabalista de
Safed) que vivid en el siglo XVI. La tesis de zoologia consistié en un andlisis
funcional de la glandula tiroidea del perezoso de tres dedos. Elegi el perezoso
porque su comportamiento tranquilo, silencioso e introspectivo me ayudé a
aliviar mi ser destrozado.
Hay perezosos de dos dedos y hay perezosos de tres dedos. Esto se
determina a partir de las patas delanteras del animal, dado que todos los
perezosos tienen tres garras en las patas traseras. Tuve la gran suerte de pasar
un verano estudiando el perezoso de tres dedos in situ en las selvas ecuatoriales
de Brasil. Es un animal sumamente fascinante. Su imnica costumbre verdadera es
la indolencia. Duerme o descansa un promedio de veinte horas al dia. Nuestro
equipo comprobé los habitos de suefio de cinco perezosos de tres dedos
salvajes, colocandoles en la cabeza, por la noche cuando ya se habian dormido,
unos platos de plastico rojo chillén llenos de agua. Los encontramos en la misma
posicion a wltima hora de la mafiana siguiente con los platos rebosantes de
insectos. Con la puesta del sol, el perezoso se vuelve mis activo, aunque hay
que entender «activo» en el sentido mis relajado de la palabra. Recorre la rama
de un arbol en su posicion caracteristica de estar al revés a una velocidad de
aproximadamente cuatrocientos metros por hora. En el suelo, cuando esta
motivado, se arrastra hasta el arbol més cercano a unos doscientos cincuenta
metros por hora, es decir, cuatrocientas cuarenta veces mis despacio que un
guepardo motivado. Cuando no esta motivado, se desplaza a unos cuatro o
cinco metros por hora.
El perezoso de tres dedos no esta bien informado sobre el mundo exterior.
En una escala del 2 al 10, en la que el 2 representa una torpeza insdlita y el 10,una agudeza extremada, Beebe (1926) otorgd un 2 a los sentidos del gusto, el
tacto, la vista y el oido de los perezosos. El sentido del olfato se gané un 3. Site
topas con un perezoso en su habitat natural, normalmente podras despertarlo
con dos o tres codazos. Luego mirara medio dormido en todas las direcciones
menos la tuya. Se desconoce por qué mira a su alrededor ya que el perezoso lo
ve todo borroso. En cuanto al sentido del oido, no es que el perezoso sea sordo,
sino indiferente ante los sonidos. Beebe descubrié que los disparos de una
pistola al lado de un perezoso que duerme 0 come provocan poca reaccion. Y
tampoco hay que sobreestimar el sentido ligeramente mas agudo del olfato.
Segin parece, son capaces de oler y evitar las ramas podridas, pero Bullock
(1968) comprobé que los perezosos se caen «a menudo» al suelo agarrados a
ramas podridas.
Y como sobrevive, te preguntaras.
Pues precisamente porque es tan lento. La somnolencia y la pereza lo
mantienen alejado del peligro, de la atencién de los jaguares, de los ocelotes, de
las arpias mayores y de las anacondas. El pelo de los perezosos alberga un alga
que pasa de un color marron durante la estacion seca a un color verde durante la
lluviosa, de modo que el animal armoniza con el musgo y el follaje que le rodea y
parece un nido de hormigas blancas o de ardillas, o sencillamente algo que
podria ser parte de un arbol.
El perezoso de tres dedos lleva una vida tranquila y vegetariana en perfecta
armonja con su entorno. «Siempre lleva una sonrisa bondadosa en los labios»,
dijo Tirler (1966). Yo he visto esa sonrisa con mis propios ojos. No soy
partidario de proyectar caracteristicas y emociones humanas en los animales,
pero en muchas ocasiones durante mi estancia en Brasil, miré hacia arriba a los
perezosos en reposo y me senti comp si estuviera en presencia de unos yoguis!“
colgados cabeza abajo y sumidos en la meditacion, o de unos ermitafios
abstraidos en sus oraciones, seres sabios cuyas vidas intensas e imaginativas
estaban fuera del alcance de mis investigaciones cientificas.
A veces mis carreras me confundian. Algunos de mis compafieros de
religion (agnésticos desorientados, incapaces de ver la luz, esclavos de la raz6n,
esa pirita de hierro para los listos) me recordaban al perezoso de tres dedos
mientras que éste, un ejemplo tan bello del milagro de la vida, me recordaba a
Dios.Nunca tuve problemas con mis compafieros cientificos. Los cientificos son
gente simpatica, atea, trabajadora, amante de la cerveza, que sdlo piensa en el
sexo, el ajedrez y el béisbol, cuando no esta pensando en la ciencia.
Fui muy buen estudiante, modestia aparte. Fui el primero en Saint Michael's
College durante cuatro afios consecutivos. Obtuve todos los premios posibles
del Departamento de Zoologia. Y si no obtuve ninguno del Departamento de
Religion, es sencillamente porque no existen premios para estudiantes en este
departamento (ya se sabe, las recompensas de estudiar religion no estan en
manos de los mortales). Hubiese recibido la Medalla Académica del
Gobernador, el premio mis distinguido para los estudiantes de la Universidad de
Toronto, que ha caido en manos de no pocos canadienses ilustres, si no fuera
por un chico de tez rosacea, devorador de ternera, con el cuello como el tronco
de un arbol y un temperamento de una jovialidad insoportable.
Todavia me hiere un poco aquel acto de desprecio. Cuando has suftido
mucho en la vida, cada dolor adicional es tan intolerable como insignificante. Mi
vida es como un cuadro memento mori“! del arte europeo: siempre aparece una
calavera sonriente a mi lado para que nunca me olvide de la locura de la
ambicién humana. Yo me burlo de la calavera. La miro y le digo: «Te has
equivocado de hombre. Tu quizas no creas en la vida, pero yo no creo en la
muerte. jAire!». La calavera se rie y se me acerca todavia mis, pero tampoco
me sorprende. La razon por Ja que la muerte se aferra tanto a la vida no tiene
nada que ver con una necesidad bioldgica; lo hace por envidia pura. La vida es
tan bella que la muerte se ha enamorado de ella, un amor celoso y posesivo que
agarra todo cuanto puede. Pero la vida salta por encima de la muerte con
facilidad y en el fondo, lo poco que pierde carece de importancia —como el
cuerpo, por ejemplo— y la melancolia no es mis que la sombra de una nube
pasajera. El chico de tez rosacea también obtuvo luz verde del comité de becas
de Rhodes. Lo adoro y espero que su temporada en Oxford fuera una
experiencia rica. Si Lakshmiil®l, la diosa de la riqueza, me favorece prédigamente
un dia, Oxford es la quinta en mi lista de ciudades que quisiera visitar antes de
fallecer, después de La Meca, Varanasi, Jerusalén y Paris.
No tengo nada que decir acerca de mi vida laboral, sdlo que una corbata
no es ms que una soga, y por muy invertida que esté, acabara por colgar a un
hombre si se descuida.Me encanta Canada. Afioro el calor de la India, la comida, las lagartijas en
las paredes de las casas, los musicales del celuloide, las vacas deambulando por
las calles, los graznidos de los cuervos, incluso las discusiones sobre los partidos
de criquet, pero me encanta Canada. Es un gran pais en el que el frio te quita el
tino y que esta habitado por gente compasiva, inteligente y con peinados
horrorosos. De todos modos, ya no me espera nada en Pondicherry.
Richard Parker nunca me ha dejado del todo. Jamis lo he olvidado. ;Me
atreveria a decir que le echo de menos? Pues si, lo echo de menos. Me sigue
apareciendo en suefios. En realidad, casi siempre son pesadillas, pesadillas
moteadas de amor. Asi es el enigma del corazon humano. Nunca he
comprendido como pudo abandonarme de aquella forma tan poco ceremoniosa,
sin tan siquiera un adids, sin siquiera mirar atras ni una sola vez. Es un dolor que
me parte el alma como un hacha.
Los médicos y las enfermeras del hospital en México fueron increiblemente
amables conmigo. Y los pacientes también; fueran victimas de cancer 0 de
accidentes de coche, una vez se hubieran enterado de mi historia, venian
tenqueando o en silla de ruedas hasta mi cama, ellos y sus familias, aunque
ninguno de ellos supiera ni una palabra de inglés ni yo de espafiol. Me sonreian,
me cogian de la mano, me acariciaban la cabeza, dejando obsequios de ropa y
comida encima de la cama. Me indujeron a ataques de risa y de llanto
incontrolables.
Consegui ponerme de pie al cabo de un par de dias, incluso di dos o tres
pasos a pesar de las nauseas, el mareo y la debilidad general. Los analisis de
sangre revelaron que estaba anémico, que tenia el nivel de sodio muy alto y el de
potasio muy bajo. Mi cuerpo retenia liquidos y las piernas se me hincharon de
forma asombrosa. Parecia como si me hubieran injertado unas patas de elefante.
La orina me salia de color armrillo oscuro, casi marron. Después de mis 0
menos una semana, empecé a caminar con normalidad y podia ponerme zapatos
sin acordonar. Las heridas se cerraron, aunque todavia tengo cicatrices en la
espalda y en los hombros.
La prinera vez que abri un grifo, el ruido, el derroche y la superabundancia
del chorro me impresion6 tanto que me fallaron las piernas y me desmayé en los
brazos de una enfermera.
Mas adelante fii a un restaurante indio en Canada y comi con los dedos. E]
camarero me mird con desdén y dijo, «Qué? Recién salido del barco,iverdad?». Palideci Mis dedos, que segundos atras habian sido papilas
gustativas para saborear la comida antes de llevarmela a la boca, se volvieron
sucios ante su mirada. Se paralizaron como criminales sorprendidos infraganti.
No me atrevi ni a lamerlos. Los limpié en la servilleta como un transgresor. No
tuvo ni idea de cuanto me hirieron sus palabras. Me atravesaron la piel como
clavos. Cogi el cuchillo y el tenedor. Apenas sabia usar semejantes instrumentos.
Me temblaban las manos. La comida habia perdido todo su sabor.CAPITULO 2
Vive en Scarborough. Es un hombre menudo y delgado; no pasa de un
metro sesenta y cinco. Pelo negro, ojos oscuros. Tiene canas alrededor de las
sienes. Cuarenta afios, maximo. Una tez de un agradable color café. Hace un
tiempo benigno de otofio, pero se pone un abrigo con la capucha forrada de piel
para ir hasta la cafeteria. Rostro expresivo. Habla apresuradamente, las manos
inquietas. No pierde el tiempo en tenms triviales. Va directamente al grano.CAPITULO 3
Me pusieron nombre de piscina. Es curioso, teniendo en cuenta que a mis
adres no les gustaba el agua. Uno de los primeros contactos de negocios de mi
adre fie Francis Adirubasamy. Se convirtié en un buen amigo de la familia. Yo
lo lamaba Manyji, ya que mann significa tio en tanul y ji es un sufijo que se
utiliza en la India para transmitir respeto y carifio. De joven, afios antes de que
yo naciera, Mamaji habia sido campeon de natacién, el campedn de toda India
del Sur. Conservé ese aspecto toda su vida. Una vez, mi hermano Ravi me dijo
que cuando nacié, Mamaji no quiso dejar de respirar agua y que el médico, para
salvarle la vida, tuvo que agarrarlo de los pies y darle vueltas y vueltas encima de
la cabeza.
—jFuncioné! —dijo Ravi, haciendo girar el brazo por encima de la cabeza
como un loco—. Escupié toda el agua que tenia en los pulmones y empez6 a
respirar, pero toda la carne y la sangre se le subié al torso. Por eso tiene el
echo tan grande y las piernas tan delgadas.
Y me lo crei. (Ravi me tommba el pelo sin piedad. La primera vez que llamé
a Manji «el sefior Pea» delante de mi le dejé una piel de platano en la can.)
Incluso a los sesenta y tantos afios, cuando ya andaba encorvado y una vida
entera de gravedad contra-obstétrica habia empezado a empujar sus cares
hacia abajo, Mamaji iba cada mafiana a nadar treinta largos en la piscina del
Aurobindo AshranyIl!0),
Intent ensefiar a mis padres a nadar, pero nunca consiguid que se
adentraran en el mar més alla de las rodillas haciendo unos movimientos
circulares ridiculos con los brazos que, cuando intentaban nadar a braza, les
hacia parecer como si estuvieran caminando por la selva, abriéndose paso entre
los helechos 0, cuando lo intentaban a crol, como si estuvieran corriendo cuesta
abajo con los brazos girando como aspas de molino para evitar pegarse un
orrazo. Ravi mostré la mis falta de entusiasmo.
Asi que Mamaji tuvo que esperar a que apareciera yo para dar con un
discipulo dispuesto. El dia que llegué a la mayoria de edad para nadar que, para
el disgusto de mi madre, Manji aseguré que era a los siete afios, me llevo a la
playa, extendio los brazos hacia el mar y dijo:—Este es mi regalo para ti
—Y entonces casi te ahoga —afirms mi madre.
Le fii fiel a mi guri acuatico. Bajo su vigilancia atenta, me tendia en la
arena y batia las piernas y arafiaba con las manos, volviendo la cabeza con cada
brazada. Debia de parecer un nifio en pleno berrinche a camara lenta. Una vez
en el agua, me sujetaba en la superficie mientras yo me esforzaba por nadar. Me
result6 mucho mas dificil que hacerlo sobre la arena. Pero Mamaji se mostrd
paciente y me daba animos.
Cuando crey6 que ya habia mejorado lo suficiente, les volvimos la espalda
a las risas y a los gritos, a las carreras y al chapoteo, a las olas aailes y verdes y
a la espunm burbujeante, y nos dirigimos a la rectangularidad apropiada y la
formalidad plana (y al precio de la entrada) de la piscina del ashram.
All largo de mi infancia ibamos a la piscina cada lunes, miércoles y viernes
por la mafiana. Se convirtié en un ritual tan regular y preciso como un crol bien
ejecutado. Todavia conservo unos recuerdos vividos de aquel anciano digno, de
como se desnudaba a mi lado, el cuerpo desvelandose con cada prenda
delicadamente despojada, de cémo salvaba el decoro en el ultimo instante,
volviéndose ligeramente hacia otro lado antes de ponerse aquel magnifico
bafiador atlético de importacién. Se enderezaba y ya estaba listo. Todo aquello
tenia una simplicidad épica. Las clases de natacion, que luego se convirtieron en
practica de natacién, eran extenuantes pero descubri un profimdo placer en
hacer las brazadas con una facilidad y rapidez cada vez mayores, una y otra vez,
hasta la hipnosis, y comprobar como el agua se iba transformando de plomo
fundido en luz liquida.
Cada vez que volvia al mar, lo hacia solo, como un placer vedado,
hechizado por las olas poderosas que se rompian con tanta fuerza y trataban de
sacarme de la humilde marea, lazos suaves que trataban de atrapar su pequefio
indio servicial.
Para un cumpleafios de Marmaji, cuando yo debia de tener unos trece afios,
le regalé dos largos enteros de estilo mariposa creible. Acabé tan agotado que
apenas pude saludarlo.
Aparte de la actividad de nadar, teniamos las charlas. Era la parte que mas
le gustaba a mi padre. Cuanto mis enérgicamente se resistia a nadar, mas le
atraia. La natacion era su tema predilecto para evadirse de sus conversaciones
cotidianas en el trabajo sobre como llevar un zoolégico. Claro que el agua sinhipopdtamo era mucho mis llevadera que el agua con hipopétamo.
Manji estudid en Paris durante dos afios, gracias a la administracion
colonial. Se lo paso en grande. Esto ocurrié a principios de los treinta, cuando
los franceses estaban tan empefiados en hacer de Pondicherry un territorio galo
como los britanicos en anglicanizar el resto de la India. No me acuerdo
exactamente qué estudid. Algo empresarial, me inagino. Era un gran narrador de
cuentos, pero olvidate de la torre Eiffel y del Louvre y de los cafés en los
Champs-Elysées; todas sus historias hablaban de piscinas y competiciones de
natacion. Por ejemplo, de la Piscine Deligny, la piscina mas antigua de la ciudad,
construida en el afio 1796, una especie de barcaza armarrada al Quai d'Orsay y
sede de las pruebas de nataci6n en las Olimpiadas de 1900. Pero ninguno de los
tiempos fie reconocido por la Federacién Internacional de Natacién porque la
piscina media seis metros de mis. El agua de la piscina procedia directamente
del Sena, sin filtrar ni climatizar.
—Siempre estaba ffia y sucia—dijo Mamaji—. El agua, habiendo
atravesado toda la ciudad, ya llegaba asquerosa. Luego la gente que iba a la
piscina se encargaba de convertirla en una auténtica pocilga.
Entonces bajé la voz y nos aseguré con complicidad y con detalles
escabrosos que respaldaban sus afirmaciones que la higiene personal de los
franceses dejaba mucho que desear.
—Pero la suciedad en la Deligny no era nada. La Bain Royal, otra letrina
en el Sena, era atin peor. Al menos en la Deligny tenian el miramiento de sacar
los peces muertos.
Sin embargo, una piscina olimpica es una piscina olimpica, tocada por la
gloria inmortal. Aunque fuera un pozo séptico, Mamaji siempre hablaba de la
Piscine Deligny con una sonrisa tierna.
Las Piscines Chateau-Landon, Rouvet o du boulevard de la Gare eran
bastante mejores. Eran piscinas cubiertas, en tierra firme y abrian todo el afio. El
agua procedia de la condensacién de los motores a vapor de las fabricas de la
zona asi que estaba mis limpia y caliente. No obstante, estas piscinas seguian
siendo sitios ligubres y solian estar de bote en bote.
—Estaban tan llenas de lapos y saliva que creia que nadaba entre medusas
—dijo Manyji, riéndose.
Las Piscines Hébert, Ledn+Rolln y Butte-aux-Cailles eran piscinas
ilummnadas, modernas y espaciosas cuya agua venia de pozos artesianos. Ponianel liston de excelencia en las piscinas municipales. Habia la Piscine des Tourelles,
por supuesto, la otra gran piscina olimpica de la ciudad, inaugurada en los
segundos Juegos Olimpicos de Paris de 1924. Y todavia habia més, muchas
mis.
Pero a ojos de Mamyji no existia piscina equiparable al esplendor de la
Piscine Molitor. Era la gloria acuatica suprema ya no de Paris, sino del mundo
civilizado entero.
—Era una piscina en la que los dioses se hubieran deleitado nadando.
Molitor tenia el mejor club de natacién de Paris. Habia dos piscinas, una
cubierta y otra al aire libre. Las dos parecian pequefios océanos. La piscina
cubierta tenia dos calles reservadas para aquellos que quisieran hacer largos. E]
agua estaba tan limpia y clara que la hubieras podido usar para hacerte el café
por la mafiana. Alrededor de la piscina, en dos pisos, habia unas cabinas blancas
y azules de madera para cambiarse. Si mirabas hacia abajo se veia todo y a
todos. Los encargados que te marcaban la puerta de la cabina con tiza para
indicar que estaba ocupada eran unos ancianos cojos y amables de manera
malhumorada. Por muchos gritos y payasadas que tuvieran que soportar, ellos ni
se inmutaban. De las duchas salian chorros de agua caliente y relajante. Habia
una sauna y un gimnasio. La piscina descubierta se convertia en una pista de
patinaje sobre hielo en invierno. Habia un bar, un restaurante, una terraza y hasta
dos pequefias playas con arena de verdad. Cada azulejo, cada pieza de bronce
o madera, todo brillaba. Era... Era-
Fra la tnica piscina que lo dejaba sin palabras. En su memoria seguia
haciendo demusiados largos para poderlas enumerar.
Manyji lo revivia, papa sofiaba.
Asi es como adquiri mi nombre cuando vine a este mundo, un ultimo y
deseado complemento para mi familia, tres afios después de Ravi: Piscine
Molitor Patel.CAPITULO 4
Nuestra querida nacién apenas habia cumplido los siete afios de reptiblica
cuando se hizo mas grande gracias a un territorio pequefio. Pondicherry entré en
la Union India el 1 de noviembre de 1954. Un logro civil requeria otro. Dispuso
de una parte del Jardin Botanico de Pondicherry, libre de alquiler, para una
oportunidad comercial emocionante y, voila! la India se hizo con un zoolégico
flamante, disefiado y dirigido segin los principios més modermos y
biolégicamente apropiados.
Era un zoologico enorme, se extendia por incontables hectareas, tan grande
que se necesitaba un tren para explorarlo, aunque tengo que decir que se me
hizo més pequefio a medida que me fii haciendo mayor, incluso el tren. Ahora es
tan pequefio que me cabe en la cabeza. Tienes que imaginarte un lugar caluroso
y humedo, bafiado por la luz del sol y colores brillantes. La profisién de las
flores es incesante. Crecen en abundancia arboles, arbustos y plantas
trepadoras: higueras, flamboyanes, llamas del bosque, algodones de seda roja,
jacarandas, mangos y arboles del pan, entre otros muchos cuyos nombres ni
siquiera conocerias si no fuera por las etiquetas esmeradas que hay colocadas a
sus pies. Hay bancos, en estos bancos verds que hay hombres durmiendo,
tumbados, o parejas sentadas, parejas jévenes que se echan miradas firtivas y
que agitan las manos en el aire, rozandose por casualidad. De repente, entre los
arboles altos y delgados que hay un poco mis adelante, reparas en las dos
jirafas que te observan en silencio. No es la ultima de las sorpresas que te
esperan. Tras un instante te sobresalta el arrebato firioso de una tropa de
monos, superado s6lo por los chillidos estridentes de pajaros extrafios. Llegas a
un torniquete y sin darte cuenta, pagas una pequefia cantidad de dinero. Sigues
caminando. Ves una pared de poca altura. {Qué puede haber al otro lado de
una pared de tan poca altura? Lo que no puede haber es un foso poco profundo
con dos poderosos rinocerontes indios. Y mira por dénde, eso es precisamente
lo que encuentras. Y cuando wuelves la cabeza ves que el elefante ya estaba alli,
tan grande que ni siquiera advertiste su presencia. Y en el estanque lo que flota
en el agua son hipopdtamos. Cuanto mis miras, mis ves. jHas llegado a
Zootown!Antes de trasladarnos a Pondicherry, mi padre tenia un gran hotel en
Madras. Su interés perdurable en los animales lo llevé al negocio zoolégico. Una
transicion natural, podrias creer, la de llevar un hotel a llevar un zoologico. Pues
no. Por muchos motivos, llevar un zoolégico es la pesadilla mas temida del
hotelero. Imaginate un sitio en el que los huéspedes nunca salen de sus
habitaciones; no sdlo esperan alojamiento sino pensién completa también;
reciben un torrente continuo de invitados, algunos de los cuales son ruidosos y
revoltosos. Hay que esperar a que decidan salir al balc6n, por decirlo de alguna
manera, para poder limpiarles la habitacion, y entonces hay que esperar a que se
cansen de la vista y vuelvan a sus habitaciones para poder limpiarles el baleon; y
hay una cantidad interminable de limpieza, ya que los huéspedes son atin menos
higiénicos que los alcohdlicos. Cada uno de los huéspedes es muy tiquismiquis
para la comida, todos se quejan del servicio y nunca, jams dejan propina. Con
toda franqueza, muchos de ellos son maniacos sexuales, es decir, 0 muy
reprimidos y sujetos a explosiones de lascivia desenftenada o abiertamente
depravados. En cualquiera de los dos casos, ofenden con regularidad al
empresariado con escandalos flagrantes de incesto y sexo libre. jEs ésta la clase
de huéspedes que acogerias en tu posada? El zooldgico de Pondicherry
proporciond algunas alegrias y muchos sinsabores al sefior Santosh Patel,
fundador, propietario, director, jefe de una plantilla de cincuenta y tres
trabajadores, y mi padre.
Para mi era el paraiso sobre la tierra. Recuerdo la experiencia de haberme
criado en un zoolégico con gran carifio. Vivia a cuerpo de rey. {Qué hijo de
maharaja tenia un jardin tan enorme y exuberante como el mio para jugar? {Qué
palacio tenia semejante coleccién de animales salvajes? De pequefio, mi
despertador era una manada de leones. No teniamos relojes suizos pero
podiamos confiar en que los leones se pondrian a rugir a voz en grito entre las
cinco y media y las seis de la mafiana. El desayuno se veia interrumpido por los
gritos y chillidos de los monos aulladores, las minas del Himalaya y las cacatiias
moluquefias. Salia hacia el colegio seguido de la mirada dulce no solo de mi
madre, sino de las nutrias de ojos vivarachos, de los bisontes americanos recios
y de los orangutanes que todavia estaban desperezandose y bostezando a
aquella hora. Tenia que ir mirando hacia arriba mientras corria por debajo de
algunos de los arboles por si los pavos reales me excretaban en la cabeza.
Mejor pasar por debajo de los arboles que cobijaban a grandes colonias demurciélagos frugivoros. A esa hora de la mafiana, los murciélagos no estaban
para asaltos, excepto algin concierto disonante de chillidos y parloteo. A la
salida a veces me detenia delante del terrario para mirar las ranas de color verde
brillante, o amarillo y azul intenso, o marron y verde clarito. O quizas me
llamaran la atencién las aves: los flamencos rosas, los cisnes negros, los
casuarios de Salavati; o tal vez algo més pequefio: las tortolitas diamantinas
plateadas, los estorninos brillantes de hombros rojos, los inseparables de cuello
rojo, las cotorras de cabeza negra, los pericos maories montafieses. Muy remota
era la probabilidad de que se hubieran levantado y puesto en movimiento los
elefantes, las focas, los felinos mayores 0 los osos, pero los babuinos, los
macacos, los monos mangabey, los gibones, los ciervos, los tapires, las llamas,
las jirafas y las mangostas si que eran madrugadores. Cada mafiana antes de salir
por la puerta principal, siempre me quedaba con una ultima imagen que era
corriente e inolvidable a la vez: una piramide de tortugas; el morro iridiscente de
un mandril; el silencio majestuoso de una jirafa; la boca obesa, abierta y armarilla
de un hipopétamo; un guacanayo subiendo una alambrada con el pico y las
garras; el aplauso de recibimiento del pico de un picozapato; el semblante senil y
lascivo de un carrello. Pero tenia que absorber todas estas riquezas rapidamente
mientras salia corriendo rumbo a la escuela. Era al salir de clase cuando
descubria sin prisas lo que se siente cuando tienes un elefante hurgando
amistosamente entre la ropa en busca de un cacahuete, o cuando tienes un
orangutan registrandote la cabeza con la esperanza de encontrar una garrapata
de aperitivo y el suspiro de decepcidn al darse cuenta de que tu cabeza es una
despensa vacia. Ojala pudiera transmitir la perfeccién de una foca cuando entra
al agua, la de un mono arafia cuando salta de una punta a la otra o simplemente
la de un leon cuando vuelve la cabeza. Pero las palabras zozobran en semejantes
mares. Lo mejor es imaginartelo si quieres sentirlo.
En los zooldgicos, igual que en la naturaleza, las mejores horas de visita son
al amanecer y al atardecer. Es la hora en que los animales se animan. Se
despiertan, salen de sus refugios y se acercan sigilosamente a la orilla del agua.
Muestran sus vestiduras. Cantan sus canciones. Se vuelven los unos hacia los
otros y practican sus ritos. Hay una gran recompensa para el ojo que observa y
el oido que escucha. Durante més horas de las que podria contar fui testigo
discreto de las expresiones de la vida mis afectadas y diversas que honran a
nuestro planeta. Es algo tan brillante, estrepitoso, extrafio y delicado que puedeincluso aturdirte los sentidos.
He oido casi tantas tonterias acerca de los zoolégicos como acerca de
Dios y la religion. Hay gente bienintencionada pero mal informada que piensa
que los animales en libertad son «felices» porque son «libres», Estas personas
suelen tener en mente un predador grande y majestuoso, un ledn o un guepardo
(rara vez se exalta la vida de los files o de los osos hormigueros). Se imaginan a
un animal salvaje deambulado por la sabana, tomandose paseos digestivos tras
comerse una presa que ha aceptado su suerte sin rechistar, haciendo calistenia
para mantenerse en form tras algtin exceso. Se imaginan al animal supervisando
a sus crias con orgullo y ternura, a la familia entera mirando la puesta del sol
desde las ramas de un arbol y suspirando de placer. La vida del animal salvaje
es sencilla, noble y trascendental, se imaginan. De repente, aparecen unos
hombres malvados para cazarlo y encerrarlo en una jaula. Le trunca la
«felicidad». Anhela volver a la «dibertad» y hace todo lo posible por escapar.
Privado de su «libertad», el animal se vuelve una sombra de lo que era, con el
espiritu quebrantado. Al menos es Jo que algunos se imaginan.
Pero no es asi.
Los animales en libertad llevan una vida de compulsion y necesidad dentro
de una jerarquia social implacable en un medio en el que abunda la provision de
miedo y escasea la provision de comida, en el que hay que defender
constantemente el territorio y aguantar los parasitos durante toda la vida. ;Qué
sentido tiene la vida en semejante contexto? Los animales en libertad, a efectos
practicos, no tienen libertad ni en el espacio ni en el tiempo ni en sus relaciones
personales. En teoria, es decir, como simple posibilidad fisica, un animal podria
recoger sus cosas y marcharse, desdefiando todas las convenciones sociales y
los limites propios de su especie. Pero es menos probable que ocurra un
acontecimiento como éste a que un miembro de nuestra propia especie,
digamos, un comerciante con todos los vinculos habituales (la familia, los amigos,
la sociedad), lo deje todo y se aleje de su vida provisto inicamente del cambio
suelto que lleva en los bolsillos y con lo puesto. Si un hombre, el mis valiente ¢
inteligente de las criaturas, no se ve capaz de deambular de lugar en lugar, un
extrafio para todos, sin deber nada a nadie, {por qué lo iba a hacer un animal,
que tiene un temperamento mucho mas conservador? Pues asi son los animales:
conservadores, incluso reaccionarios. El cambio mas insignificante puede
disgustarlos. Quieren que las cosas estén justamente como ellos quieren, dia trasdia, mes tras mes. Las sorpresas les resultan muy desagradables. Es algo que se
observa en sus relaciones espaciales. Un animal habita su espacio, sea en un
zoolgico o en su habitat natural, del mismo modo que las piezas del ajedrez: de
forma significativa. No hay mas casualidad, ni «ibertad», en el paradero de un
lagarto, un oso o un ciervo que en la posicion de un caballo en una tabla de
ajedrez. Ambas cosas indican un proceder y una fincién. En su habitat natural,
los animales recorren los mismos caminos por las mismas razones apremiantes,
estaciOn tras estacion. En un zoolégico, si un animal no esta en su lugar habitual y
en la misma postura a la hora de siempre, algo querra decir.
Quiz sélo refleje un pequefio cambio en su entorno. Puede ser que se
haya sentido amenazado por una manguera enrollada que un cuidador se ha
olvidado de guardar; que se haya formado un charco que molesta al animal; la
sombra de una escalera abierta. Pero podria querer decir algo mas. En el peor
de los casos, podria ser aquello que mis aterra a un director de zoolégico: un
sintomm, un presagio de los problems por venir, un motivo para inspeccionar la
bofiiga, repreguntar al cuidador, llamar al veterinario. ;Y todo porque una
cigiiefia no esta en su lugar habitual!
Pero hay un aspecto de la cuestion en el que quisiera detenerme por un
monento.
Si entraras en una casa, derribaras la puerta a patadas, echaras a los
habitantes a la calle y dijeras: «jHuid! ;Ya sois libres! jLibres como los pajaros!
jHuid! jHuid!», jcrees que darian brincos y bailarian de alegria? Pues no. Los
pajaros no son libres. La gente que acabas de desahuciar farfilllaria con rabia:
«Con qué derecho nos echas de aqui? Esta es nuestra casa. La hemos
comprado. Llevamos afios viviendo aqui. Vamos a llamar a la policia,
sinvergiienza».
{No solemos decir «hogar, dulce hogan»? Sin duda alguna, los animales
sienten lo mismo. Los animales son territoriales. Ahi esta la clave de sus mentes.
Solo un territorio familiar les permitira satisfacer los dos imperativos implacables
de la naturaleza: eludir a sus enemigos y conseguir agua y comida. Un recinto
biolégicamente apropiado, sea una jaula, un foso, una isla rodeada de un foso,
un corral, un terrario, una pajarera o un acuario, es otro territorio mas, peculiar
exclusivamente por su tamafio y su proximidad al territorio humano. Y es ldgico
que el espacio sea mucho mas pequefio de lo que seria si el animal estuviera en
su habitat natural. Los territorios naturales no son grandes por cuestién de gusto,sino de necesidad. En un zoolégico hacemos por los animales lo que hemos
hecho para nosotros mismos en nuestras casas: reunimos en un espacio pequefio
lo que a naturaleza ha extendido. Mientras que antes teniamos la cueva aqui, el
tio all, las tierras de caza a dos kilémetros mis hacia alla, la atalaya al lado, las
frutas en otro sitio, y todo infestado de leones, serpientes, hormigas, sanguijuelas
y hiedra venenosa, ahora el rio nos sale de un grifo al alcance de la mano y
podemos lavarnos al lado de donde dormimos, podemos comer donde hemos
cocinado, podemps rodearlo todo con una pared protectora y mantenerlo limpio
y calentito. Una casa no es més que un territorio comprimido en el que nuestras
necesidades basicas se satisfacen de cerca y sin peligro. Un recinto apropiado
en un zoolégico es el equivalente para un animal (salvo la ausencia notable de
una chimenea o algo por el estilo, presente en cada morada humana). Si el
animal encuentra en él todo lo que requiere: una atalaya, un lugar para descansar,
para comer y beber, para bafiarse, para lamerse, etc., y no tiene la necesidad de
ir a cazar porque la comida aparece seis dias por semana, entonces tomara
posesion de su espacio dentro del zoolégico del mismo modo en que
teivindicaria como propio un espacio nuevo en su habitat natural, es decir, lo
explorara y dejara las huellas caracteristicas a su especie, como la orina quiza.
Una vez ha realizado este ritual de mudanza y el animal se ha instalado, no se
sentira como un inquilino nervioso ni mucho menos como un prisionero, sino mas
bien como un terrateniente, y se comportara de la misma forma dentro de su
recinto que si estuviera en su territorio natural, hasta el punto de defenderlo a
brazo partido si se lo invadieran. Un recinto asi no es subjetivamente mejor ni
peor para un animal que sus condiciones en libertad; mientras satisfaga las
necesidades del animal, un territorio, sea natural o construido, sencillamente es,
sin juzgar, un hecho, igual que las manchas de un leopardo. Uno podria alegar
que si un animal pudiera escoger con inteligencia, optaria por quedarse en el
zooldgico, dado que la diferencia mas importante entre un zooldgico y su habitat
natural es la falta de parasitos y enemigos y la abundancia de comida en el
primero y su respectiva abundancia y escasez en el segundo. Piénsalo friamente.
{Qué preferirias? ,Alojarte en el Ritz con servicio a las habitaciones gratis y
acceso ilimitado a un médico o estar sin techo y sin nadie que se preocupe por
ti? Lo que ocurre es que los animales son incapaces de semejantes
discemnimientos. Dentro de los limites de su naturaleza, se apafian con lo que
tienen.Un buen zoolégico es un lugar de coincidencia cuidadosamente elaborada:
cuando un animal nos dice «jquédate fuera!» con orines u otras secreciones,
nosotros le decimos «jquédate dentro!» con las barreras. Bajo estas
circunstancias de paz diplomitica, los animales estén contentos, nosotros
podems relajarnos, y todos podemos dedicarnos a observarnos mutuamente.
Entre el material publicado se encuentran legiones de ejemplos de animales
que podrian haberse escapado y que no lo hicieron, o que si lo hicieron, pero
volvieron. Existe el caso de un chimpancé que viendo que no le habian cerrado
bien la puerta de la jaula y que estaba abierta de par en par, se angustid tanto
que se puso a gritar y a dar portazos una y otra vez con un estrépito
ensordecedor hasta que el cuidador, advertido por un visitante, fue corriendo a
solucionar el problema. Una manada de corzos en un zoolégico europeo salié de
su corral aprovechando que la verja estaba abierta. Asustados por los visitantes,
los corzos huyeron, yendo a parar a un bosque cercano, que ya tenia su propia
manada de corzos en la que podrian haberse incorporado. Sin embargo, los
corzos del zoolégico volvieron rapidamente a su corral. En otro zooldgico, un
obrero que iba hacia la obra a primera hora de la mafiana con unas tablas de
madera vio horrorizado cémo un oso salia de la niebla y venia hacia él con aire
resuelto. El hombre dejé caer todas las tablas al suelo y puso pies en polvorosa.
Los empleados del zoolégico salieron a buscar el oso figitivo de inmediato. Lo
encontraron de vuelta en su recinto. Habia bajado por donde habia subido, por
un arbol que se habia caido. Se pensd que el ruido de las tablas al caerse al
suelo lo habia asustado.
Pero no quiero insistir mds en el tema. No pretendo defender a los
zooldgicos. Como si los cierran todos (esperemos que lo que queda de fauna
pueda sobrevivir en el mundo natural que todavia no ha sido destrozado). Soy
consciente de que los zoolégicos ya no estan bien vistos. La religion tiene que
hacer frente al mismo problema. Los dos estan plagados de ciertas ilusiones
referentes a la libertad.
El zoologico de Pondicherry ya no existe. Han Ilenado los fosos y han
derribado las jaulas. Ahora lo exploro en el tnico sitio que conservo para
hacerlo: mi memoria.CAPITULO 5
Con mi nombre no se acaba la historia sobre mi nombre. Si te llamas Paco,
nadie te pregunta «{,cémo se escribe?». Si te llamas Piscine Molitor Patel, eso ya
es otro cantar.
Algunos creian que me llama P. Singh y que era sikh, y no entendian por
qué no Ilevaba turbante.
Mientras estudiaba en la universidad, fii una vez a Montreal con unos
amigos. Una noche me tocd pedir pizzas. La mera idea de tener que aguantar
que otro francofono se mofara de mi nombre me abrumuba tanto que cuando el
hombre al otro lado del teléfono me dijo: «Me dice su nombre?», yo le
respondi: «Apunte lo que quiera». Media hora después llegaron dos pizzas a
nombre de «Roque Piera».
Es cierto que en la vida conocemos a personas que pueden cambiarnos, a
veces de forma tan profinda que nunca volvemos a ser los mismos, ni siquiera
ennombre. Piensa en Simon, que se llama PedrolJ; en Mateo, alias Levt!2J; en
Natanael, también llamado Bartolomét!2!; en Judas, no Iscariote, que se hizo
llamar Tadeo"4I; en Simeén que adoptd el nombre de Niger!5J; en Saulo que
se convirtié en Pablo'441,
Me encontré con mi soldado romano a los doce afios, una mafiana en el
patio. Acababa de llegar a la escuela. Me vio y un ramalazo de inspiracién
maléfica iluminé su mente obtusa. Levanté el brazo, me sefialé y grité:
—jMirad! jYa ha Ilegado Pissing Patel!
En cosa de un segundo, todo el mundo se echdé a reir. Las risas se
disiparon mientras fiimos desfilando hacia el aula. Entré el ultimo, luciendo mi
corona de espinas.
Que los nifios sean crueles no es ninguna novedad. Las palabras me
llegaban flotando desde el otro lado del patio, sin querer, gratuitas: «Has visto a
Pissing? Yo también lo estoy». O: «Pissing! Ay, perdona. Te he visto tan
arrimado a la pared que crei que eras éb».
O algo por el estilo. Si lograba no estremecerme, seguia con lo que estaba
haciendo, como si no me hubiera enterado. Aunque el sonido desaparecia, el
dolor persistia, igual que el olor a meado, incluso horas después de haberseevaporado.
Los profesores también tenian sus lapsus. Era el calor. A medida que
pasaban las horas, la clase de geografia, que por la majiana habia sido compacta
como un oasis, se nos hacia mis interminable que el desierto Thar; la clase de
historia, tan viva a primera hora del dia, se volvia reseca y polvorienta; la clase
de matematicas, tan precisa al principio, se volvia confisa. Debido a la fatiga de
la tarde, mientras se secaban la frente y la nuca con un pafiuelo, sin intencién ni
de ofenderme ni de ganarse una risa, hasta los profesores se olvidaban de la
promesa fresca y acuatica de mi nombre y lo distorsionaban de forma
vergonzosa. A través de unas modulaciones casi imperceptibles siempre me
llegaba el desliz. Era como si sus lenguas se convirtieran en aurigas arrastrados
por caballos salvajes. La primera silaba les salia sin problemas, Pi, pero al final el
calor acababa venciendo y perdian el control de sus corceles que echaban
espunm por la boca y se veian incapaces de remontar la segunda silaba, siin. Ah
no, lo que hacian era zambullirse con tesén, pronunciando un perfecto sing, y en
el momento siguiente, todo estaba perdido. Levantaba la mano para responder a
una pregunta y la recibian con ese: «A ver, Pissing». Los profesores casi nunca
se daban cuenta de lo que acababan de llamarme. Después de unos momentos,
me miraban cansinamente, sin entender por qué no soltaba la respuesta de una
vez. Y a veces mis compafieros, también abatidos por el calor, ni siquiera
reaccionaban. Ni una risita, ni una mueca burlona. Pero la afrenta nunca se me
escapaba.
Pasé el ultimo curso en el colegio de San José con la misma sensacion que
Mahon en La Meca, profeta perseguido, la paz sea con él. Pero igual que él
planeo huir a Medina, la Hégira que marcaria el inicio de la era musulmana, yo
también planifiqué mi propia huida y el inicio de una nueva era para mi.
Después de San José, fii al Petit Séminaire, la mejor escuela secundaria
de habla inglesa en Pondicherry. Ravi llevaba algunos afios alli, e igual que todos
los hermanos pequefios, me tocd suffir el intento de seguirle los pasos a un
hermano mayor muy popular. Fue el atleta de su generacién en el Petit
Séminaire, un lanzador temido y un bateador poderoso, el capitan del mejor
equipo de criquet de la ciudad, nuestro preciado Kapil Dev8, El hecho de que
yo supiera nadar no produjo grandes olas, ni mucho menos. Parece ser que la
gente que vive al lado del mar no se fia de los nadadores, igual que la gente demontafia no se fia de los alpinistas. Pero mi plan no era vivir eclipsado por nadie,
aunque hubiera preferido cualquier nombre antes que «Pissing», aunque fuera «el
hermano de Ravp». Tenia una idea mucho mis brillante.
La Ilevé a cabo desde el primer dia, desde la primera clase. Estaba
todeado por otros alumnos de San José. La clase empezd como suelen empezar
todas las clases nuevas, es decir, con los nombres. Los dijimos en voz alta desde
los pupitres, segiin el orden en que nos habiamos sentado.
—Ganapathy Kumar —dijo Ganapathy Kumar.
—Vipin Nath —dijo Vipin Nath.
—Shamshool Hudha —dijo Shamshool Hudha.
—Peter Dharmaraj —dijo Peter Dharmaraj.
Cada nombre se gand una cruz en la lista y una mirada breve y
mnemotécnica del profesor. Yo tenia los nervios de punta.
—Ajith Giadson —dijo Ajith Giadson, a cuatro pupitres...
—Sampath Saroja —dijo Sampath Saroja, a tres...
—Stanley Kumar
—Stanley Kunnr, a dos...
—Sylvester Naveen —dijo Sylvester Naveen, el chico que tenia justo
delante.
Me tocaba a mi. Habia Ilegado la hora de deshacerme de Satan. Medina,
alla voy.
Me levanté del pupitre y me dirigi rapidamente a la pizarra. Antes de que el
profesor pudiera abrir la boca, cogi un trozo de tiza y dije, mientras escribia:
Me llamo Piscine Molitor Patel, conocido por todos como
Subrayé las dos primeras letras de mi nombre de pila.
Pi Patel.
Por si acaso, agregué:
Pi=3,1416
Luego dibujé un circulo enorme y lo parti con un didmetro, para evocar
aquella leccién basica de geometria.
Hubo un silencio sepulcral. El profesor tenia los ojos clavados en la pizarra.
Yo me estaba aguantando la respiracion. Entonces dijo:
—Mby bien, Pi Siéntate. La proxima vez procura pedir permiso antes de
levantarte del pupitre.
—Si, sefior.Me puso una cruz al lado del nombre y miré al chico siguiente.
—Mansoor Ahamad —dijo Mansoor Ahamad.
Me habia salvado.
—Gautham Selvaraj —dijo Gautham Selvaraj.
Podia respirar tranquilo.
—Atrun Annaji—dijo Arun Annaji.
Borron y cuenta nueva.
Repeti el mismo espectaculo con todos los profesores. La repeticion es un
factor esencial, no sdlo para adiestrar a los animales, sino también a los
humanos. Entre un chico de nombre corriente y el siguiente, salia disparado a la
pizarra y estampaba en ella (en mas de una ocasi6n con un chirrido estrepitoso)
los detalles de mi renacimiento. Mis compafieros no tardaron en corear conmigo,
un crescendo que acababa en climax, tras una inhalacién brusca mientras
subrayaba la nota pertinente, haciendo una interpretacién tan conmovedora de
mi nuevo nombre que hubiera hecho delicias de cualquier director de coro.
Algunos de mis compafieros susurraban con urgencia: «jTres! ;Conu! jCatorce!
jDieciséis!», mientras yo escribia a toda prisa. Al final partia el circulo con tanto
impetu que salian volando trocitos de tiza.
Ese mismo dia, cada vez que levanté la mano aprovechando cualquier
excusa, los profesores me concedieron la palabra con una sola silaba que me
sonaba a musica celestial. Los alunnos siguieron su ejemplo. Incluso los diablos
de San José. Es mas, mi nombre se puso de moda. Sin lugar a dudas, somos una
nacién de ingenieros que aspiran a ser reconocidos: poco después, un chico
llamado Omprakash se apodé Omega, otro que se hizo llamar Epsilon, y hubo
una temporada en que teniamos un Gamma, un Lambda y un Delta. Pero yo fui
el primero y el mis perdurable de los griegos en el Petit Semaire. Hasta mi
hermano, el capitan del equipo de criquet, ese dios regional, le dio su visto
bueno. La semana siguiente me Ilevo a un lado.
— Es verdad lo que dicen por ahi de tu nuevo apodo?
Me quedé callado. Porque fueran cuales fuesen las burlas que me tocara
aguantar, me iban a tocar igual. No habia formm de sortearlas.
—No sabia que te gustara tanto el color amarillo.
{EI color amarillo? Miré a mi alrededor. Nadie debia oir lo que estaba a
punto de decir, y sus lacayos menos que nadie.
—Ravi, {a qué te refieres? —susurré.—A mi me da igual, hermanito. Llamate como quieras, con tal de que no
sea «Pissing». «Pifia Pateb tampoco esta tan mal.
Se alejo lentamente, sonrié y me dijo:
—Tampoco hace falta que te pongas tan colorado.
Pero guard6 silencio.
Y de este modo me guareci en aquella letra griega que parece una choza
con techo de chapa de cinc, en aquel numero esquivo, irracional a partir del cual
los cientificos intentan comprender el universo.CAPITULO 6
Es un cocinero excelente. La casa caldeada siempre huele a algo delicioso.
Su estante de especias parece salido de una tienda de boticario. Cada vez que
abre la nevera o el armario, veo marcas que ni siquiera reconozco; de hecho, no
sé ni en qué idiom estan escritas. Estamos en la India. Pero sabe preparar
platos occidentales con la misma destreza. Prepara los macarrones mAs
sabrosos y suaves que he probado en mi vida. Y sus tacos vegetarianos serian la
envidia de todo México.
Me fijo en otro detalle: todos los armarios estan hasta los topes.
Detras de cada puerta, en cada estante, hay pilas y pilas de latas y
paquetes cuidadosamente amontonados. Una reserva de comida que duraria
mas que el sitio de Leningrado.CAPITULO 7
Tuve la suerte de tener algunos profesores buenos en mi juventud, hombres
y mujeres que se introdujeron en mi pequefia cabeza y encendieron una cerilla.
Entre ellos habia el sefior Satish Kumar, mi profesor de biologia en el Petit
Séminaire y un commnista militante que abrigaba la esperanza de que algin dia
Tamil Nadu dejara de elegir a estrellas de cine y siguiera el ejemplo de
Kerala“! Tenia un aspecto de lo mis curioso. Aunque tenia la coronilla calva y
puntiaguda, los carrillos le colgaban por debajo de la mandibula. Sus hombros
estrechos cedian el paso a un est6mago descomunal que parecia el pie de una
montafia, excepto que la montafia se suspendia en el aire, pues acababa
bruscamente y le desaparecia horizontalmente dentro del pantalon. Sus piernas
parecian dos palos y jamés comprenderé cémo le aguantaban el peso que
llevaban encima. El caso es que lo aguantaban, aunque de vez en cuando hacian
algin movimiento extrafio, como si pudiera doblar las rodillas en cualquier
direccién. Tenia una construccién geomstrica: como dos triangulos, uno pequefio
y uno grande, sostenidos en equilibrio encima de dos lineas paralelas. Pero era
organico, con bastantes verrugas y de cada oreja le salia una mata de pelo
negro. Y era amable. La sonrisa le ocupaba toda la base de su cabeza triangular.
El sefior Kumar fue el primer ateo declarado que conoci en mi vida. No me
enteré de este hecho en clase, sino en el zooldgico. EI solia ir al zoolégico con
regularidad. Leia los rétulos y los letreros descriptivos detenidamente y veia a
todos los animales con buenos ojos. Para él, cada uno era un triunfo de la légica
y de la mecanica, y la naturaleza en su totalidad le parecia una ejemplificacion
excepcionalmente magnifica de la ciencia. Segin él, cuando un animal sentia el
impulso de aparearse, decia «Gregor Mendel, recordando el padre de la
genética, y cuando le tocaba demostrar lo que valia, decia «Charles Darwin», el
padre de la selecci6n natural, y lo que nosotros interpretabamos como un balido,
un grufiido, un silbido, un bufido, un rugido, un bramido, un aullido, un chirrido o
un gorjeo no era mas que un acento extranjero muy marcado. Cuando el sefior
Kunnr iba al zoolégico, era para tomarle el pulso al universo y su mente
estetoscopio siempre le confirmaba que todo estaba en orden, que todo era
orden. Siempre salia del zoolégico cientificamente refrescado.La primera vez que vi su forma triangular tambaleandose por el zoolégico,
me senti cohibido. Por muy bien que me cayera como profesor, era una figura de
autoridad y yo, un mero sujeto. Le tenia un poco de miedo. Lo observé de lejos.
Se habia parado delante del foso de los rinocerontes. Los dos rinocerontes
indios eran uno de los principales atractivos del zoolégico debido a las cabras.
Los rinocerontes son animales sociales, y cuando llegd Pico, un macho joven y
salvaje, empezo a dar muestras de sentirse aislado y se le fue quitando el apetito.
Como recurso provisional, mientras buscaba una hembra, mi padre decidié ver
si Pico podria acostumbrarse a vivir con cabras. Si fimcionaba, salvaria un
animal valioso. Si no, sdlo le habria costado unas cuantas cabras. Funcioné de
maravilla. Pico y las cabras se hicieron amigos inseparables, incluso después de
que llegara Cima. Ahora, cuando los rinocerontes se bafiaban, las cabras los
esperaban a la orilla de su charca enlodada, y cuando las cabras se iban a comer
a su rincn, Pico y Cima se quedaban a su lado como guardaespaldas. Este
convenio de morada era muy popular entre los que venian al zoolégico.
El sefior Kumar levanto la vista y me vio. Sonrid y, con una mano todavia
apoyada en la barra, me hizo sefias con la otra para que me acercara a él.
—Hoh, Pi—ane dijo.
—Hoha, sefior. Le agradezco que haya venido al zooldgico.
—Vengo a menudo. Podriamos decir que es mi templo. Esto es
interesante... —dijo, sefialando el foso—. Si nuestros politicos fueran como
estas cabras y rinocerontes, este pais no tendria tantos problemas. Por
desgracia, lo que tenemos es un primer ministro que lleva el mismo blindaje que
estos rinocerontes pero que carece de su buen sentido comin.
No sabia gran cosa acerca de la politica. Papa y mam se quejaban mucho
de la sefiora Gandhi, pero la verdad es que yo no entendia gran cosa. Ella vivia
en la otra punta, al norte del pais, y no en el zoolégico ni en Pondicherry. Pero
me senti obligado a contestarle.
—La religion nos salvara—dije.
Desde que tenia memoria, siempre habia llevado la religion en el corazon.
— La religion? —dijo el sefior Kumar, sonriendo de oreja a oreja—. No
creo en la religion. La religién equivale a oscuridad.
{Oscuridad? Estaba confimndido. Pensé, la oscuridad no tiene nada que ver
con la religion. La religion es luz. ;Me estaba poniendo a prueba? {Me estaba
diciendo que la religion equivalia a oscuridad igual que hacia en clase, comocuando decia que los mamiferos ponian huevos, para ver si alguien lo corregia’?
(«No, sefior. Solo los ornitorrincos.»)
—No existen razones para ir mis alla de una explicacién cientifica de la
realidad ni razones solidas para creer en cosas que no experimentemos con los
sentidos. Un intelecto licido, la atencion a los detalles y un poco de
conocimiento cientifico conseguira poner al descubierto la religion por la
majaderia supersticiosa que es. Dios no existe.
{Lo dijo? ,O me vienen a la memoria las frases de ateos posteriores? En
cualquier caso, dijo algo por el estilo. Nunca habia oido semejantes palabras.
—{Por qué tolerar la oscuridad? Todo ya esta aqui y esta claro si sabemos
mirar con [a atencién debida.
Estaba sefialando a Pico. Bueno, aunque sentia una gran admiracién por
Pico, jams me habia inaginado a un rinoceronte como una bombilla.
Siguid:
—Hay gente que dice que Dios murié durante la Division de 1947. Podria
haber muerto en 1971 durante la guerra. O quiz muriera aqui mismo en un
orfanato de Pondicherry. Eso es lo que algunos dicen, Pi Cuando yo tenia tu
edad, vivia postrado en la cama, victima de la polio. Cada dia me preguntaba:
«Donde esta Dios? {Donde esta Dios? ;Dénde esta Dios?». Y Dios nunca
vino. No fue Dios quien me salvé. Fue la medicina. La razon es mi profeta y me
dice que igual que un reloj se para, nosotros nos morimos. Se acabd. Y si el
reloj no funciona bien, nosotros mismos tenemos que arreglarlo aqui y ahora. Un
dia nos haremps con los medios de produccion y habra justicia en la Tierra.
Sus palabras me aturdieron. No me asustd el tono, pues hablaba con el
mismo carifio y valentia de siempre, pero los detalles me parecieron de lo mis
fimesto. Me quedé callado, pero no por miedo a hacer enojar al sefior Kumar.
Lo que mis tema era que con cuatro palabras me acabara destrozando algo que
yo amaba. 2Y si sus palabras tenian el mismo efecto de la polio sobre mi? |Qué
enfermedad mis terrible la que es capaz de matar a Dios en un hombre!
Se alej6 de mii, lidiando con el mar salvaje que era suelo firme.
—No olvides que el martes tienes un examen. Estudia mucho, 3,1416.
—Si, sefior Kurar.
Se convirtié en mi profesor favorito en el Petit Séminaire y el motivo por el
que estudié zoologia en la Universidad de Toronto. Me senti identificado con él.
Fue el primer indicio de que los ateos son mis hermanos y hermanas de otra fe, yque cada una de sus palabras hablan de la fe. Al igual que yo, dejan que las
piernas de la razon les leven hasta donde puedan, y entonces se lanzan.
Voy a ser franco. Los que me sacan de quicio no son los ateos, sino los
agndsticos. La duda es util durante un tiempo. Todos tenemos que pasar por el
jardin de Gethsemani2“!, Si Cristo dudé, nosotros también debemos. Si Cristo
paso una noche entera de angustia rezando, si grits desde la cruz «Dios mio,
Dios mio, ;por qué me has abandonado?», no cabe duda de que a nosotros
también se nos permite dudar. Pero hay que progresar. El hecho de escoger la
duda como filosofia de vida es como elegir la imovilidad como forma de
transporte.CAPITULO 8
Como solemos decir los del gremio, el animal mis peligroso de un
zoologico es el Hombre. En general, nos referimos al excesivo sentido
depredador de nuestra especie que ha convertido al planeta entero en nuestra
presa. En concreto, nos referimos a las personas que dan anzuelos a las nutrias,
cuchillas a los osos, manzanas llenas de clavos a los elefantes, y otras variaciones
de ferreteria sobre el mismo term: boligrafos, clips, imperdibles, gomas elasticas,
peines, cucharitas, herraduras, trozos de vidrio, anillos, broches y otras alhajas
(no solo de bisuteria ni de plastico, sino alianzas de oro también), pajitas,
cubiertos de plistico, pelotas de ping-pong, pelotas de tenis, entre otros. E]
obituario de los animales de zoologico que han muerto a causa de comerse algun
cuerpo extrafio incluiria gorilas, bisontes, cigtiefias, fiandiies, avestruces, focas,
leones murinos, felinos mayores, osos, camellos, elefantes, monos y casi todas
las variedades de ciervo, rumiante y pajaro cantor. Entre los guardianes de los
zooldgicos, la muerte de Goliat se hizo famosa. Era un elefante marino macho,
una bestia grandiosa y venerable que pesaba dos toneladas, la estrella del
zoolégico europeo donde vivia y adorado por todos los que iban a visitarlo.
Murié de una hemorragia interna después de que alguien le diera una botella de
cerveza rota.
Muchas veces esta crueldad es mis activa y directa. La bibliografia
contiene informes sobre el enorme suffimiento ocasionado a los animales de
zooldgico: un picozapato que murid de shock después de que alguien le
tompiera el pico con un martillo; un alce americano que perdid la barba y un
pedazo de piel del tamafio de un dedo con la ayuda del cuchillo de un visitante
(el mismo arce fue envenenado seis meses después); un mono al que le
rompieron el brazo cuando iba a coger los cacahuetes que le oftecian; un ciervo
que perdid los cuernos por culpa de una sierra de arco; una cebra a la que
apufialaron con una espada; y otras agresiones llevadas a cabo con bastones,
paraguas, horquillas, agujas de tejer, tijeras y otros objetos, a menudo con el
propésito de sacarles un ojo o lastimarles los organos sexuales. También hay
aquellos que los envenenan. Luego hay indecencias todavia mis extrafias: los
onanistas que se satisfacen delante de monos, ponis y pajaros; un fanaticoreligioso que le corté la cabeza a una serpiente; un demente a quien le dio por
orinar en la boca de un uapiti.
El zoolégico de Pondicherry corrié mejor suerte. Nos libramos de los
sadicos que asediaban los zoolégicos europeos y americanos. Aun asi, nuestro
aguti dorado desaparecid, robado por alguien que se lo comid. Al menos es lo
que presumié mi padre. Algunas de nuestras aves, entre ellas faisanes, pavos
reales y guacamayos, perdieron plumas a manos de gente que codiciaba su
belleza. Cogimos a un hombre que pretendia entrar en el corral de los ciervos
enanos con un cuchillo. Dijo que iba a castigar al malvado Ravana (que,
segin el Ranayana!2!, tom la forma de un ciervo cuando secuestré a Sita[23],
la consorte de Rama!4)), Pillamos a otro hombre que queria robar una cobra.
Era un encantador cuya serpiente habia nwerto. Pudimos salvar a los dos:
redimimos a la serpiente de una vida de servidumbre y misica horrorosa, y al
hombre de una posible mordedura letal De vez en cuando tuvimos que
vémoslas con gente que tiraba piedras a los animales porque estaban demasiado
plicidos y querian provocar una reaccién. Y tuvimos el caso de una mujer cuyo
sari qued6 atrapado en la boca de un leon. Empez6 a dar vueltas como una
peonza, optando por un bochorno mortal antes que un final mortal. Lo mas
curioso es que ni siquiera fue un accidente. Se habia inclinado hacia la jaula,
metiendo la mano entre las rejas, y habia agitado el sari delante de la cara del
leon. Nunca supimos qué pretendia conseguir. Salid ilesa, pero de repente vino
en su ayuda una manada de hombres fascinados. La explicaci6n aturrullada que
ofecid a papa fue: «Donde se ha visto un leon comerse un sari de algodén?
Crei que los leones eran carnivoros». Pero los que mis problenws causaban
eran los que daban de comer a los animales. Aunque nunca bajamos la guardia,
el doctor Atal, el veterinario del zooldgico, siempre sabia por el numero de
animales con trastomos digestivos cuales habian sido los dias mis concurridos.
Solia llamar «tentempié-itis» a los casos de enteritis o gastritis debidos a un
exceso de carbohidratos, sobre todo azicar. Ojala sdlo les hubieran dado
caramelos. La gente cree que los animales pueden comer de todo sin que les
perjudique la salud en lo mis minimo. No es asi. Uno de nuestros perezosos se
puso gravemente enfermo con una enteritis hemorragica después de que un
hombre que crefa estar haciendo una buena obra le dio pescado podrido.
En una pared justo al otro lado de la taquilla, mi padre habia escrito lasiguiente pregunta en grandes letras rojas: ;SABES CUAL ES EL ANIMAL
MAS PELIGROSO DEL ZOOLOGICO? Habia una flecha que sefialaba una
pequefia cortina. Tantas eran las manos curiosas e impacientes que tiraban de
ella que cada dos por tres teniamos que cambiarla. Detras de la cortina habia un
espejo.
Pero aprendi a mi costa que mi padre creia que habia un animal atin mis
peligroso que nosotros, un animal muy comin ademas, que se encontraba en
todos los continentes, en todos los habitats: la temible especie Animalus
anthropomorphicus, el animal visto a través del ojo humano. Todos hemos
conocido, quizis tenido, por lo menos uno. Es el tipico animal «mono»,
«simpatico», «carifioso», «eab», «felia» y «comprensivo». Estos animales esperan
emboscados en todas las jugueterias y en todos los zoolégicos para nifios. Hay
una infinidad de cuentos sobre ellos. Son la antitesis de los animales «dieros»,
«sanguinarios» y «depravados» que encienden la ira de los maniacos que acabo
de mencionar, que dan rienda suelta a su rencor con bastones y paraguas. En
ambos casos, miramos un animal y vemos un espejo. La obsesién de colocarnos
en el centro de todo es la ruina tanto de los tedlogos como de los zodlogos.
Dos veces aprendi la leccién de que un animal es un animal, distantes de
nosotros en esencia y practica. Una vez me la dio mi padre y la otra, Richard
Parker.
Era un domingo por la mafiana. Yo estaba jugando sdlo tranquilamente
cuando mi padre nos Ilamé.
—wNifios, venid aqui.
Algo pasaba. El tono de su voz encendié una pequefia alarma en mi
cabeza. Tuve que repasarme rapidamente la conciencia. Estaba limpia. Seguro
que Ravi se habia metido en otro lio. Me pregunté qué habria hecho esta vez
Fuia la sala. Mi madre también estaba alli. Eso no era normal. La disciplina de
los nifios, igual que el cuidado de los animales, eran asuntos de los que
generalmente se encargaba mi padre. Ravi fue el ultimo en entrar. Se le notaba
en su cara de criminal que de algo era culpable.
—Ravi, Piscine, hoy os voy a dar una leccién muy importante.
—Por favor, {quieres decir que es necesario? —interrumpié mam.
Tenia el rostro colorado.
Yo tragué saliva. Si mi madre, una mujer tan serena, tan tranquila, estaba
preocupada, incluso disgustada, queria decir que nos esperaba una buenabronca. Ravi y yo nos miramos.
—Si, es muy necesario —dijo papa, enojado—. Un dia les podria salvar la
vida.
jSalvarnos la vida! Ahora ya no me sonaba una pequefia alarma en la
cabeza, sino campanadas, como las de la iglesia Sagrado Corazin de Jests,
bastante cerca del zooldgico.
—{Pero Piscine? Si apenas tienen ocho afios —insistid mami.
—Es el que mas me preocupa.
—Soy inocente!—salté de repente— Ha sido Ravi, sea lo que sea. jHa
sido él!
— Como? —dijo Ravi—. Yo no he hecho nada.
Me eché mal de ojo.
—(Chitén! —dijo mi padre, levantando la mano.
Estaba mirando a mi madre.
—Gita, ya sabes como es Piscine. Esta en la edad en la que los nifios fisgan
en todo y meten las narices donde no deben.
{Yo? {Fisgon? ;Un metedor de narices? ;Yo no, yo no! Defiéndeme,
manm, defiéndeme, le supliqué desde mi corazon. Pero ella se limité a suspirar y
a asentir con la cabeza, indicando que podia proceder con el asunto espantoso.
—Venid conmigo —dijo papa.
Salimos tras él, como dos prisioneros a la horca.
Una vez fuera de la casa, nos dirigimos hacia la entrada del zoolégico y nos
metimos dentro. Era temprano y el zoolégico todavia no estaba abierto al
publico. Los cuidadores estaban ocupandose de sus cosas. Vi a Sitaram, que
supervisaba los orangutanes, mi cuidador favorito. Se detuvo a mirarnos.
Pasamos de largo las aves, los osos, los simios, los monos, los ungulados, el
terrario, los rinocerontes, los elefantes, las jirafas.
Llegamps a los felinos mayores, nuestros tigres, leones y leopardos. Babu,
el cuidador, nos estaba esperando. Bajamos por el camino que llevaba a las
jaulas. Babu nos abri6 la puerta de la casa de los felmos, que estaba en medio
de una isla con foso. Entramos. Se trataba de una inmensa caverna oscura de
cemento, de forma circular, caliente y humeda, que olia a orina de gato. A
nuestro alrededor habia unas jaulas inmensas, divididas por unos barrotes de
hierro gruesos y verdes. Una luz armrillenta se filtraba por las claraboyas. A
través de las jaulas, veiamos la vegetacion de la isla circundante que resplandeciaa pleno sol. Las jaulas estaban vacias, menos una: Mahisha!25!, nuestro tigre de
Bengala patriarca, una bestia desgarbada y descomunal de doscientos cincuenta
kilos, habia sido retenido. En cuanto entramos, vino trotando hasta los barrotes y
nos lanz6 un grufido profundo con las orejas aplastadas al craneo y los ojos
clavados en Babu. El ruido fue tan fiterte y feroz que crei que vibraba la casa de
felinos entera. Me empezaron a temblar las pieras. Me arrimé a mi madre. Ella
también estaba tiritando. Se me antojé que hasta mi padre tuvo que detenerse a
recobrar el equilibrio. Babu fie el tinico que no se inmut6 ante el arrebato ni la
mirada candente que le traspasaba como un taladro. Tenia una confianza
probada en los barrotes de hierro. Mahisha se puso a caminar de un lado a otro
de la jaula.
Papa se volvid hacia nosotros.
—{ Qué animal es éste? —nos bramd por encima de los grufiidos de
Mahisha.
—Es un tigre —respondimos Ravi y yo al unisono, sefialando con
obediencia lo que saltaba a la vista.
—Y los tigres son peligrosos?
—Si, papa, son peligrosos.
—Los tigres son muy peligrosos —grit6 papa—. Quiero que entendais que
nunca, bajo ningin concepto, debéis tocar un tigre, acariciar un tigre, meter las
manos por los barrotes, ni siquiera acercaros a los barrotes. ,Esta claro? {Ravi?
Ravi asintio enérgicamente con la cabeza.
— (Piscine?
Yo asenti alin ms enérgicamente.
No me quité los ojos de encima.
Asenti con tanta fuerza que me extrafia que no se me hubiera partido el
cuello y se me hubiera caido la cabeza al suelo.
Quisiera decir en defensa propia que por mucho que hubiera
antropomorfizado los animales hasta hacerles hablar un inglés perfecto,
imaginandome que los faisanes se quejaban con acento britanico altivo de que se
les habia enfriado el té y que los babuinos planeaban la huida del asalto a un
banco en el tono mondtono y amenazador de los gangsters americanos, la
fantasia siempre habia sido consciente. Disfrazaba a los aninules mis salvajes en
los trajes mas mansos de mi imaginacién a propésito. Pero nunca me engafié conrespecto a la verdadera naturaleza de mis compafieros de juegos. Mis narices
fisgonas tampoco eran tan tontas. No sé de dénde sacé la idea mi padre de que
su hijo pequefio se moria de ganas de meterse en una jaula con un carnivoro
feroz. Pero procediera de donde procediese tan extrafia inquietud, y hay que
decir que a mi padre le inquietaba alguna cosa, estaba claramente decidido a
deshacerse de ella esa misma mafiana.
—Ahora os voy a demostrar lo peligrosos que son los tigres —prosiguié
— Quiero que os acordéis de esta lecci6n el resto de vuestros dias.
Se volvié hacia Babu y le hizo un gesto con la cabeza. Babu salid. Los ojos
de Mahisha lo siguieron y no los quité de la puerta por la que habia
desaparecido. Babu volvid al cabo de unos segundos con una cabra con las
patas atadas. Mi madre me agarro por la espalda. Los grufiidos de Mahisha se
habian convertido en un rugido que le salia de las profimdidades de la garganta.
Babu se dirigié a una jaula que habia al lado de la de Mahisha, la abrié con
llave, entré y la cerré otra vez con llave. Entre las dos jaulas habia una trampilla
y mas barrotes. Mahisha se acercé rapidamente a los barrotes que dividian las
jaulas y comenzo a arafiarlos con la pata. Aparte de los rugidos, Mahisha estaba
haciendo unos ladridos explosivos y entrecortados. Babu dejé la cabra en el
suelo; las ijadas le entraban y salian agitadamente, la lengua le colgaba de la
boca y los ojos le daban vueltas en la cabeza. Babu le desaté las patas. La cabra
se puso de pie. Babu salié de la jaula de la misma forma meticulosa que habia
entrado. Las jaulas tenian dos niveles. Uno estaba justo delante de nosotros y el
otro estaba al fondo de todo, a un metro del suelo, y daba a ha isla. La cabra se
subid como pudo al segundo nivel. Mahisha, que se habia olvidado
completamente de Babu, hizo un movimiento paralelo dentro de su jaula, un salto
fluido y agil. Se agazap6 y permanecié completamente inmévil aparte de la cola
que meneaba lentamente, el unico indicio de tensién.
Babu cogié la palanca de la trampilla que separaba las jaulas y empez6 a
bajarla. Previendo un festin, Mahisha se quedo callado. En ese instante oi dos
cosas: a papa que nos decia «Nunca os olvidéis de esta lecciém mientras miraba
la escena con la cara adusta; y a la cabra. Seguro que habia estado balando
desde el primer momento y sencillamente no la habiamos oido.
Sentia la mano de mana contra mi corazon, que latia con fuerza.
La trampilla se resistié con unos chirridos agudos. Mahisha estaba fuera de
si, como si quisiera romper los barrotes de un salto. Parecia como si dudaraentre quedarse donde estaba, justo donde tenia la presa mis cerca pero fuera de
su alcance, o bajar al nivel inferior, que estaba mis lejos, pero por donde podria
acceder a la otra jaula a través de la trampilla. Se levanté y se puso a rugir de
nuevo.
La cabra empezo a brincar. Salt a una altura increible. No tenia ni idea de
que una cabra pudiera saltar tanto. Pero al fondo de la jaula habia una pared lisa
de cemento.
De repente, la trampilla se desliz6 con facilidad. De nuevo se hizo el
silencio, roto micamente por los balidos y el clic-clic de las pezufias de la cabra
contra el suelo.
Unrayo de color naranja y negro se desliz6 de una jaula a la otra.
Normalnente, los felinos se quedaban sin comer un dia por semana, para
simular las condiciones en su habitat natural. Mas adelante, supimos que papa
habia ordenado que Mahisha no comiera en tres dias.
Desconozco si vi la sangre antes de volverme hacia los brazos de mi madre
o si la embadurné después, en mi memoria, con una brocha enorme. Pero lo oi
todo. Y fue suficiente para ponerme los pelos vegetarianos de punta. Mi madre
nos saco a empujones. Nosotros estabamos histéricos. Ella estaba furiosa.
—j Como has podido, Santosh? ;Solo son nifios! Van a quedar marcados
el resto de sus vidas.
Tenia la voz acalorada y temblorosa. Vi que se le habjan llenado los ojos
de lagrimas. Me senti mejor.
—Gita, mi preciosa, pero si lo hago por su bien. ZY si Piscine hubiera
metido la mano entre los barrotes un dia para acariciar ese pelo naranja tan
bonito? Mejor una cabra que él, ;no?
Hablaba en voz baja, casi susurrando. Parecia contrito. Nunca la llamaba
«ani preciosa» delante de nosotros.
Nos habiamos pegado a ella. Mi padre se junté a nosotros. La leccién
todavia no habia acabado, aunque lo que vino después fue mas suave.
Papa nos llevé a los leones y leopardos.
—Una vez habia un loco en Australia que era cinturén negro en karate.
Quiso demostrar lo que valia frente a los leones. Perdid. Miserablemente. La
mafiana siguiente los cuidadores sélo encontraron la mitad de su cuerpo.
—Si, papa.
Los osos bezudos y los perezosos.—n arafiazo de estas criaturas de peluche y os sacaran las tripas y las
esparciran por el suelo.
—Si, papa.
Los hipopétamos.
—Con esas bocas blandas y dulces os aplastaran hasta convertiros en una
papilla sanguinolenta. En tierra firme, corren mAs que vosotros.
—Si, papa.
Las hienas.
—Las mandibulas mis fiertes del reino animal. No os creais que son
cobardes 0 que sdlo se alimentan de carrofia. jNo es verdad! Te empezaran a
coner vivo, si hace falta.
—Si, papa.
Los orangutanes.
—Tienen la fuerza de diez hombres. Os romperan los huesos como si
fueran ramitas. Sé que algunos de ellos os hacian compafiia y que jugabais con
ellos de pequefios. Pero ahora son grandes y salvajes e imprevisibles.
—Si, papa.
Elavestruz.
—Parece tonto y despistado, ;verdad? Pues escuchadme bien: es uno de
los animales mis peligrosos del zoolégico. Con una patada os rompera la
columna, u os aphastara el torso.
—Si, papa.
Los ciervos enanos.
—Seran todo lo monos que querais, pero si el macho lo cree conveniente,
arremetera contra vosotros y os clavara esos cuernecitos como si fueran
pufiales.
—Si, papa.
Elcamello de Arabia.
—Con un bocado baboso os arrancara un pedazo de came.
—Si, papa.
Los cisnes negros.
—Con los picos os partiran el craneo. Con las alas os romperan los
brazos.
—Si, papa.
Los pajaros mas pequefios.—Tienen un pico que os cortaria los dedos como si fueran mantequilla.
—Si, papa.
Los elefantes.
—E] animal mis peligroso de todos. Matan a mis cuidadores y visitantes
que cualquier otro animal del zooldgico. Un elefante joven os descuartizara y os
pisoteara. Eso mismo ocurrid en un zoolégico europeo cuando un pobre
desgraciado entré en la casa de los elefantes por una ventana. Un animal mayor
y con ms paciencia os aplastara contra la pared o se sentara encima de
vosotros. Hace gracia, pero pensadlo bien.
—Si, papa.
—Hay aninules que no hemos visto. No os creais que son inofensivos. La
vida se defendera por muy pequefia que sea. Todos los animales son feroces y
peligrosos. Igual no os matan, pero os pueden hacer mucho dafio. Si os arafian y
os muerden, os esperara una infeccién hinchada y purulenta, una fiebre altisima y
diez dias en el hospital.
—Si, papa.
Liegamws a los conejillos de Indias, los tnicos animales aparte de Mahisha
que fueron privados de comida por orden de mi padre. La noche anterior la
habian pasado en ayunas. Mi padre abrio la jaula. Sacé una bolsa de comida del
bolsillo y la vaci6 en el suelo.
—{Veis estos conejillos de Indias?
—Si, papa.
Los animalitos temblaban de debilidad mientras mordisqueaban frenéticos
los granos de maiz.
—Bueno, pues... —dijo, agachandose para coger uno—. No son
peligrosos.
Elresto de los conejillos de Indias se desperdigaron al instante.
Mi padre se rid. Me paso el conejillo, que no paraba de chillar. Quiso
acabar la leccién con una nota alegre.
El conejillo descansaba tenso en mis brazos. Era uno de los pequefios. Me
dirigi a la jaula y lo bajé con cuidado hasta el suelo. Se fie corriendo a su madre
y se acurruco a su lado. El unico motivo por el que aquellos conejillos de Indias
no eran peligrosos, es decir, que no nos iban a sacar sangre con los dientes y las
garras, era porque estaban practicamente domesticados. Si no, coger un
conejillo de Indias salvaje con las manos seria como coger un cuchillo por lahoja.
La lecci6n habia terminado. Ravi y yo nos enfurrufiamos y le hicimos el
vacio a papa durante una semana. Mama también lo desatendid. Cada vez que
pasaba por el foso de los rinocerontes, se me antojaban cabizbajos y apenados
por la pérdida de uno de sus queridos compafieros.
Pero {qué puedes hacer si quieres a tu padre? La vida sigue y te mantienes
lejos de los tigres. Excepto que ahora, habiendo acusado a Ravi de un crimen no
especificado que no habia cometido, yo estaba poco menos que muerto. En
afios posteriores, cada vez que tenia ganas de aterrorizarme, me susurraba.
—Ya veras cuando estemps solos. {Ti seras la proxima cabra!CAPITULO 9
Conseguir que los animales se acostumbren a la presencia de seres
manos es el verdadero meollo del arte y la ciencia de dirigir un zoolégico. EI
objetivo clave consiste en reducir la distancia de huida de un animal, es decir, la
distancia minima que un animal pondra entre si mismo y el enemigo percibido. A
un flamenco en libertad no le importunaras siempre que te mantengas a mis de
doscientos setenta y cinco metros. A la que cruces esa linea, el ave se pone
tensa. Si te acercas todavia més, conseguiras una reaccion de huida que no
cesara hasta que vuelva a establecerse el limite de doscientos setenta y cinco
metros, o hasta que al flamenco le fallen los pulmones y el coraz6n. Distintos
animales tienen diferentes distancias de huida y las calculan de maneras distintas.
Los felinos observan, los ciervos escuchan, los osos huelen. Las jirafas
permitiran que te mantengas en un radio de hasta veintiocho metros si vas en
autombvil, pero echard a correr si estas a menos de ciento treinta y siete metros
a pie. Los cangrejos violinista salen disparados cuando te acercas a mas de
nueve metros, los monos aulladores se agitan en sus ramas cuando estas a
dieciocho y los bufalos africanos reaccionan a los setenta.
Nuestras herramientas para disminuir la distancia de huida se basan en los
conocimientos que tenemos del animal, la comida y el amparo que les
proporcionamos y la proteccién que les brindamos. Cuando funciona, el
resultado es un animal salvaje emocionalmente estable y libre de estrés que,
aparte de no huir, goza de buena salud, vive muchos afios, come bien, se
comporta y lleva una vida social natural y, en el mejor de los casos, se
reproduce. No diré que nuestro zoolégico estaba a la altura de los de San
Diego, Toronto, Berlin o Singapur, pero los guardianes de valia siempre salen
adelante. Mi padre tenia un talento innato. Lo que le faltaba de capacitacion
formal lo compensaba con el don de la intuicién y mucho ojo. Tenia una
habilidad especial para mirar un animal y saber qué le pasaba por la cabeza. Era
atento con las criaturas a su cargo, y ellas, a cambio, se multiplicaron, algunas en
exceso.