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Flor de Las Selvas

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nder Le en oe = * A continuacién se te presenta Flor de las sel jo Hustrado Concurso de cuentos de la revista cultural Se para desarrollar los planteamientos que lo a Flor de las seluas cuento ganador de la primera 2dicign # Léelo de forma silenciosa Y prepara jOh! jBravos y oscuros poetas de mi tierra, salud! Vosotros que de nifios habéis nutrido mi animo, al son de los cuatros en las claras noches de luna, de todas las ansiedades que se funden en el tosco bloque del nativo ingenio, venid en mi ayuda, pues de la hermosa comarca aguarense OS traigo ef negro racimo de un moral de bejucos: jUna historia de amor! Ojala os deje en el alma lo que el fruto en la boca: un suave agriduice, Aun se hallaban entumecidos los duraznales en flor, y ya Juana-Vicenta se andaba entre los membrillares, en sy bella juventud, frescas y lozana como un resaivo, La tierra negra de buen grano, y Juana-Vicents, era prieta y acanelada como un grano de mazorca cariaquita, hacendosa como 'a hormiga y mas trajinadora que una erica. Su nombre humilde, Y grato como ie ‘antadores def lugar, Caricia, no TO ee teh alabarla “Aprends @ Ios labios de las madres, sino para Muchachas pore led de Juana-Vicenta” —decian a las Prepara e| casabe, avg nunea se la ve mano sobre mano. Verdad, era lone oN '4 fopa y canta como un pajarilo. En cui del alma llevane oon” B2ulejo, y eso porque en el fondo faba un Semillero de amor. En los tupic iscicos ie fee membranes, recolectaba el fruto, lenaba los Sorprencidas on la en erO808% al foce de sus manos, las aves chitriando: y como arn nosourkiad del naciente dia echdbanse a volar que no era de su agrado, ndradas, pasdbanse siempre delante de ella, |o sobrecogerta, le robaba elma es, Brusca despertar de los péjaros al o/ Ga: Gil ya tells ance ee del cual no se hallaba muy sobrada, pues con perclal gis aban eect # encima, seguin que las cuestas de Chabasquin ee lalio vendrria por la carga. nae a ee hasta la boca, cuando en la vuelta arriba del camino, ‘uesta a Cuyo respaldo se levanta el rancho, una voz gruesa, sonora como el tronco de una ceiba herida a golpe de hacha, detras de un “arre burro” comenz6 a cantar: “Anoche a la media noche media noche seria, los gallos que menudeaban yyo que me despedia” y luego... “ay! $60, burro del demonio’. .. Y dos mojinos y uno cano, a la entrada del rancho, se esforzaban en llevarse el tranquero con el pecho. A voz tan conocida, Juana-Vicenta se atortoj6. zAcaso no se estremecen las rientes flores de pascua, si el negro pegon, pequefiito como un gorgojo, se acerca a ellas lascivo? Aunque simple muchacha del campo no se hallaba desprovista de presuncién: si hubiese estado cerca de su baul, del fondo y muy de prisa, el impisimo espejo hubiera sacado a relucir; si en la quebrada, se habria detenido ante algtin pozo cristalino, 0 en uno de aquellos en que se estén mirando largas horas las remotas estrellas. Y causaban ese anhelo y tal desasosiego en el alma de la candida muchacha, las lamaradas de unos ojos negros Y brilantes que, al través de las brumas y los bejucos, la buscaban codiciosos y repaid Sandalio, desde el tranquero comenzé a llamarla. : —jJuana-Vicenta, oh! ;Descorre las varas pé carga el burro! Dosiead: Andéte...! Con lo cual la muchacha vino a abrir; corrié el tranquero y caminando delante de Sandalio, le guid al lugar de la carga. jAllf sf que fue todo reir! jLa diligente nina se dio rina a ayudar a Sandalio. a Sandalio mae duro de huesos que de cOraz6n, Un _quiebraccacho: y que en su Vigor pee bes capaz de arremeter @ todo Chabasquin, y talarlo hasta no dejar un eo eee a ae si sdlo en suefios lo desease aquella muchacha, que sin mirarlo se rillar en el Aguare, eh fe a do, viendo lo cual la muchacha venia en su se hacia of desmayade, Vena © ra ge aquellas lomas, Se Sandalio, al tomar la carga, lientos de 8yuda. E| muy taimado, por beberse 108 4! i ieee \do sé legaba a @SCapar el fryt, le te a recogerlos : rencia, se ponian a ede fan fee on alegre, yn frecut aanita. A ratos se hac! Julciosog quella mananna- * Peg i unto de que por og, 1” fe cosquillas, 4 Pt Utes los pte sotosament® asi como al caer she ra ¥ E entre dos buenos Muchay “ i j, cuan hubiera estado cargando todo el bendito dia. Asi mal cerrados sacos, y ello sucedia CO y risuefios, como era riente y bulliciosa a alla en sus adentros, el estarse seriotes, alla esas pajas, reventaban a reirse, SO! conucos estallan alborozados los loros salvajes: purro cano, i Y as/ en aquella alborada se vio cargado e! ne F amor, a [a vez que en Id Selva ga en cuyas almas comenzaba /a desabotonadura de! sq cuajaban los bermejos botones del rosal de ™ Terminada la tarea, echaban a andar los dos de! nol jontafia. tras de los burros, NO atreviéndose r tes alegres y jugueton i siquiera a mirarse; ahora pensativos y cabizbajos ae como iit pestis a llegando al tranquero, Sandalio pasé con la cabeza git) pero la muchacha sin saber gt volverse mientras ella corrals vaas, fe do “hasta ve avubiese estado aguardéndolo hast 5 mit el tranquero. Alli s ae contestarle se le quedé mirando en 1g de un “arre burro” ASpero COMO UN grito gy ido de lejos, detras : ; 4 tarde, si un grueso suspiro, venido *j no hubiera venido a sacarla de gy : ‘éndola, rabia en el que se ahogase algun dolor, estremeciéndola, p a letérgico ensuefio; y encendidas las mejillas, cual si fuesen un rojo botén que estallase en lag a ardientes caricias del sol, se alej6 por entre las frondas misteriosas de los arboles. Razén tenfan las vecinas: Juana-Vicenta no sabia estarse quieta, jrevoloteaba como un mariposa, y no cesaba de trabajar en todo el dfa! Si las horas le rendian en sus quehaceres, lo que ella llamaba hacérsele largas las horas, alguna cosa inventaba con que acortarlas; y eg entonces cuando /a familia se daba el gustazo de saborear a sus anchas algun criollo anal {Qué buena y cudn pertecta al salir de sus manos primorosas, era la mazamorra de mazores tiernitas, cuyas apretadas hileras, al pasar por el rallo, se deshacian en blancos hilos de leche! a Cémo trascendia despertando la gula el oscuro tequiche, esa mezcla feliz y sabrosa de la harina de las rubias mazorcas cariaquitas, embebida en el zumo del coco jugoso y en el cual, el prieto papelén contribuye a su grato dulzor. Nunca, pues, pudo halldrsela remirdndose en él : brufido espejo, ni charloteando a las puertas de los ranchos vecinos. —Cosa rara — decia la Tata — cuando el sol iba por la mitad del dia — la muchacha esta hoy como sobre candela o pica de jején, \ Las horas matutinas pasadas con Sandalio, la tenian como alborotada, y tanto que la Tata acabé por gritarle: —Véete pa casa e tu Tdital — Pero mama! | —7Si te la pasa dandome vueltas y ya me tienes borracha: ! —7Si voy a hacer...! —Qué? —;Chivato! —iPé est gastando? —;Pero si se van a podrir los cocos! ) b bu ~! —Hacelo pues, y déjame en paz. Y la muchacha, vién conuco. {Nadie como aeeat ae aguijén de la Tata, tomo solicit por el atalo de! Gamo una ardilla fue a dar entre los surcos i més hermoso! Al través del yucal, saltando Ja prédiga auyama, desparramada, y trondos ae, espigado, y alli a dos pasos tropezo con ieior de Jas redondas holas' siamese vera sa, la que, avara de su enorme fruto, lo oculta al alguna proxima velluda flor amarilla, des a Dentro de la tupida hojarasca, denunciada por Fr cuatro\de ellas' bet tari cara ae ae una a su gusto, tan pesada de grande que solo De vuelta al rancho la descuartizé al viejo burro cano sabiendo las cuestas de! Aguare. ‘ Y puso las tajadas a sancochar; después comenz0 @ pasarlas por el colador: goticas de oro iban cayendo en la calmosa y tersa superficie del blanco zumo de los cocos, preparado de antemano en una olla, tiznada por los constantes besos de las rojas llamaradas de las chamizas. Ni un alifio olvidé Juana-Vicenta: ni sobra de dulce, escasez de anis. Gracias a sus cuidados, en pocas horas el chivato qued6 tan de gusto, que. al volver del trabajo los muchachos, alguno por el olor, se fue derechito a la cocina y. la ya vaciada olla, con el dedo dejé limpia de toda raspadura. Tordos, capanegras y Viuditas recogianse presurosos a los mogotes, y a la diafana de los cielos, sobre el lejano azul purisimo, solitaria, se iba alzando la estrella de la tarde blanca como las nicuas y los gajos florecidos del soberbio urape. En la cocina, reunida la familia, sirvidse la comida, y en religioso silencio se daba fin a la racién, cuando de pronto, alld en el tranquero, rebuznands, llegaron los burros de Sandalio. El Viejo Pantaleén solt6 el plato y le salio al encuentro, y después de correr las varas y de preguntarle por la venta, le invité a tomar un trago, ofreciéndole a la vez un plato de caraotas con cecina. ;Tio! No puedo complacerlo —balbuci6 Sandalio. —;Gué! muchacho! No es la primera vez que comes con nosotros. claridad —{Pero, no puedo, tio! —£ntonces, el trago. _y chivato —dijo Juana-Vicenta desde la puerta de la cocina —Bueno, prima, pa complacete. —Arrimate pué, Sandalio! —gritaba el Viejo Pantaleon, mientras la muchacha corria a la cocina en busca de alguna cosa. . Rojos son los racimos del moral de bejucos antes que el sol con dilatadas caricias los haya sazonado; pero rojas, mas rojas todavia las mejillas de Juana-Vicenta cuando sirvio a Sandalio un plato bien repleto de la oliente golosina. .. Al mas leve ruido, se llenan de tembiores los nerviosos potros; pero temblorosas, mucho mas temblorosas las manos de la fresca y vigorosa muchacha; por eso fue que de Sandalio, al tropezar con sus dedos trémulos se escapé el criollo manjar, entre el reir escandalosamente franco de la familia. Todo por querer ocultarlo que sabian de viejo los saltones y cuchicheaban los grillos en las altas yerbas. Apleno sol, repentinamente, S@ aglomeraron inmensos nubarrones plomizos en el cielo; de su fdnebre seno saltaban culebreando lineas de rojo y azules contornos en medio de la bruse, sonoridad de los truenos perdidos en el vasto cielo del trépico. La tierra exhalaba todo el argo, de sus entrafas, apenas humedecida por los gruesos goterones recientes; negros Garrapaterog guarecianse presurosos en los maés espesos mogotes; por todas partes, Misteriosos ruidog requebrajaduras de hojas secas bajo los vientres blanquecinos de los grandes matos verdes. crujir de gajos en medio de la bronca ensordecedora de los vientos encauzados en jog canjilones de la tierra. En la quebrada, las mujeres muy de prisa comenzaban a recoger la ropa; y sacando Juana. Vicenta la de sus hermanos, la restregaba sobre una pefia, sin dar oldos a las voces alarmadas de las lavanderas. Restregaba sin cesar e introducia la pieza en el agua corriente, y la retorcia al sacarla sobre si misma y la echaba en el montén de la batea. Aguas crecidas del Aguare, ventolinas que venis de lejos, decidme: qué espera Juana. Vicenta en la quebrada, bajo un negro cielo que parece echarse sobre la tierra? iLa muchacha sdlo mira hacia las bocas del Aguare; su rostro resplandece de alegrial Alguien viene quebrada arriba. .. ;Sandalio! Ya esta cerca. Trae arrollados los pantalones mas arriba de las rodillas y en una mano las alpargatas de colores. . . —jJuana-Vicenta! —7Sandalio! Si las temerosas lavanderas no hubieran abandonaao el sitio, habrian tenido hilo bastante para estarse destejiendo, todo el afio la madeja de la murmuraci6n. Tal fue el regocijo de los muchachos al verse el uno junto al otro. —Anda Juana-Vicenta — decla Sandalio arrastrando la batea fuera del “agua— mira que nos coge la creciente, pues la llovizna arrecia en las cabeceras. Dabase prisa la muchacha en recoger la ropa, cuando de repente se precipitaron impetuosas las aguas de la quebrada, atropelléndolo todo, roncando como un monstruo, rompiéndose en borbotones y espumarajos al chocar contra los pefiascales. Apenas tuvieron tiempo para ponerse fuera del alcance de las aguas, cuando ya toda la comarca aguarense se habia convertido en un solo torrente. Tras de relémpagos y truenos que parecian ir saltando de precipicio en precipicio, gruesos chaparrones de agua doblegaban los empinados maizales; engendrabanse turbios manantiales donde antes florecia el yucal y la negra caraota, enredada sobre sf misma, se envolvia en guirnaldas de morados pensamientos. Masas de cerro desplomdbanse al abismo, entre ruidosos sacudimientos, como si la serrania entera tambaleara sobre sus estribos graniticos. En el fondo del barranco, los muchachos iban cediendo terreno a las aguas de la quebrada, salidas de madre; sus inmensas oleadas rompianse sobre el ultimo palmo de tierra cedido, en medio de los gritos lastimeros de Juana-Vicenta y los saltos de jaguar acorralado de Sandalio, arrastrando de brefial en brefal a la muchacha Perseguidos, amenazados siempre, lograron aislarse en una oscura rela, wpida de be|ucos. Ya en salvo, sonreian ante el recuerdo del peligr? pasado y tiritando rio se buscaban €l Und al otro, como dos pichones ateridos, como a ios troncos 5 de savia las pardsitas perfumadas = fend aii Sandalio trataba de consolar a Juana-Vicenta; y ella intranquila y llorosa, 70 : 2 seaba sino estar con los suyas. Pero gla tierra no se estremece al primer chubasco de la vida en los senos de oro muerto donde renas a SUS de: jA las caricias del sol, no cuaja el grano que dormita el suefio misteriosos de la coa? {No abre a sus besos el brufido estuche uarda corales, cundeamor, y no se encienden los rosales y las mejillas MO! soploso de fuego? Pues también, a las caricias de Sandalio se iba abriendo la flor del alma en Juana-Vicenta, y al anterior desasosiego sucediase dulcisimo abandono. Las aguas volvian a su cauce estrecho; por el cielo despejado corrian nubecillas ligeramente grises, los arboles semejaban vestir nuevas hojas de un verdor mas tierno; la tierra fresca y oliente, como rejuvenecida, llamaba a la vida. Juana-Vicenta y Sandalio, con rostros en los cuales la felicidad resplandecia, iban camino del rancho, y detenidos a cada paso por los vecinos, recibian sus saludos con la dulce placidez de las buenas almas. El uno al lado del otro sofiaban despiertos, asi como suefian en su sana juventud los muchachos del trépico. Cuando Juana- Vicenta ofa a Sandalio, lo escuchaba placidamente, pues sus palabras se Ie filtraban en el alma, suaves y carifiosas, como cosas de viejo conocidas: todas aquellas voces gratas las habia sentido en medio de los rumores de la selva, en alguna tarde didfana, bajo un cielo gloriosamente azul, en la nube, en el aire, en el gajo florecido, en el tremolar de las espigas que brotan aa enhiestas en los manchones de silvestres espadillas. Ya habla cerrado la noche, y la familia sentada a la puerta del rancho, a la rojiza luz del candil, escuchaba de boca de Sandalio, como Ovejon, el de los cortos y merinos cabellos, amarillos como el azufre, se las habia para convertirse en negro humillo, o en chispeante guarataro, 0 en haz de seca lefia, cuando de cerca le asediaban los comisarios. —A la carcel, decia Sandalio, —una vez Ilevaron a Ovejon, y a media noche sintieron ruido los soldados en su calabozos pero sdlo vieron una arafia peluda subirse por la pared. —jJestis! —exclam6 Ia Tata, santiguandose. El viejo Pantaleén se rascaba detrds de la oreja, y los muchachos, echdndola de valentones, refan de miedo. Juana-Vicenta desde el quicio de la puerta, ola como enmudecida: para ella no habia mas que Sandalio en la tierra, oyéndolo pasaria toda la vida, adormecida y feliz. gAcaso los turpiales, cantando sin cesar en la rama que sostiene el nido, no embelesan a la vistosa compafiera? Aunque Sandalio no se acercaba al rancho de sus tios, sino cuando algun negocio especial lo llevaba a él, por eso no dejaba de ver a Juana-Vicenta, ni estarse con ella sus buenos ratos sentados, allé en la quebrada, sobre el tronco carcomido de un viejo sauce, colgéndole las piernas hasta las aguas; charlando quedito, remiréndose en el agua corriente, como enamorados de si mismos, abandondndose el uno en brazos del otro, como lirios de me del pollino. _£ntonces no hay nd que hacé, sobrino. —Si. Eso es, dejame mata. —;Pero, evita, hombre! —i Qué evite? {Por eso es que estamos asi, en este pais; porque si el Jefe Civil quiere comprar todo el maiz pa él, y el cafecito también...! ;Caramba! jni esclavos! iTodo el afio trabajando pa que él tenga caballo, y si no, lo sacan a uno en limpio! —Pues. .. jNo dejase mata! —£sa es cosa tuya. —Por eso vengo casa de usté: jpd que me preste los muchachos! — Si estamos sacando yuca! —Yo lo acompafio después, tio: usté sabe que el trabajo con gusto rinde. . . —Bueno, Sandalio; pero no te vayas a exponer por cuatro matas. . . —No, tio; yo quiero que me acompafien, porque si algo sucede Io avisen corriendo. . . La familia toda callaba. De nuevo Ia Tata siguié rallando yuca. Juana-Vicenta respiraba a todas sus anchas, los muchachos, como resignados, iban tras de Sandalio, y el Viejo Pantaleon asentaba su machete sin atreverse a mirar a su mujer. Estaba lleno de contento. —;Caramba! ;Si no era la guerra! —exclamaba sonreido, dandole vueltas a la hoja sobre la piedra... Cuando se acercan las cosechas y en ruido estalla, en el frondoso guamo, el nidal de los pericos, la culebra tigra se viene presurosa y del nidal se aduefia. Pero al chillar de los recién nacidos, acude la madre diligente y, después de la lucha vana, revoloteando sin cesar, desconsolada, la pérdida lamenta del caro albergue de su cria y sus amores. En la risuefia juventud, cuando para todo hay un canto en nuestras almas, si llega de improviso el infortunio y amarga el regocijo, as/ como al alegre nidal de los pericos sorprendié la voraz culebra. La desgracia, de pronto, plegaba sus negras alas sobre la espaciosa frente de Juana-Vicenta. Esta, creyéndose morir, enloquecida de desesperaci6n, clamaba sollozando: —jVirgen del Carmen! ;Santo Cielo! gqué hago?— A la Virgen prometia sus pendientes de oro, su crucecita de plata, flores y humildes velas con que alumbrar y embellecer el altar; todo cuanto puede ofrecer a la divinidad misericordiosa una humilde muchacha del campo, sin mas tesoro que el inmenso tesoro de su amor. Desesperdbase: {EI viejo Pantaleén la mataria! La Tata, alld en el monte se lo contaria todo. ;Oye —e diria— todo el mundo lo sabe! Si, se lo dirfa muy claro: los muchachos se besaban mientras ellos dormian la siesta... 6 nifa, co Sosteniendo entre ambas manos la ardorosa frente, g Sete posacumon: Nermanas las Soy-solas en los tupidos carrizales. No vela, ai usanillo de luz re refugio que Sandalio, asi como en las noches de invierno el menu a i y le guia sobre ni ©omo una Mmigaja de oro, es la unica claridad que vislumbra el viant taviada con el lun ta Tos ma ba desventurada, en cuanto cert fa noche, deo el rancho a 1 de madras, naa” '0s pantalones de Uso de uno de sus hermanos; amarrado sobre la peal aa steotien” o Sombrero de cogollo de amplias alas, con el machete de rozar en la diestra, Peon Conuquero, de esos Que llevan siempre, en los labios, aires nativos. dalio, en Ia Larga era Ia caminata, Chabasquin arriba, se estaba el plantio de Sanda mas pendiente, Por lo que bebia més el sol en Iba tan de Prisa Juana-Vicenta, que en la o: Otro Nlg6rty Cuesty el verano y mejor se empapaba en ef !Dvierno, scuridad de la noche, al pasar por los ranchog cINOS, las mujeres, al ver su sombra manchando el resplandor rojizo del sali se sentguaben, Cual si fuese un alma en Pena, y los perros, al salirle al encuentro, se revolvian gtUfiendo 4 echarse cerca llevaba en la cabeza tantas cosas que decirle 4 ‘masa borrosa de la sierra. A veces se sentia tentada fa tanto el miedo a sus Padres, que emprendia de nuevo la carrera, Por la inguietante fantasmagori fa de su exaltada imaginacion. Sobre las lomas, veig errante que el pueblo Jlamaba ta luz del “Tirano Aguirre’; tras de si senti apretaba el anclar: no era otra cosa que los tronco: a pasos el viento susurrando en los olorosos membrillares. En S, en las sombras, le Parecia estar dejaba en |a calmosa serenidad de la se Ovején en acecho, y si algun aguaitacaming noche flotar su seco grito, creyendo habérselas Con alguna bruja », Se le oprimia el} corazén, Voladora. Cuando se vio cerca del ve @ retroceder; pero e Perseguida a lucecita rancho, emprendié a Corer, sin hacer caso de los —Sandalio: abre. iSoy yo!" A tales “iDi tu nombre y te abriremos!" A tanto llamar, sus hermanos, que atin no habian dejado de acompaniar a Sandalio, Vinieron a abrir, armados de sus Machetes, tambaleéndose de ‘miedo, pues creian habérsela con la enemiga gente def comisario, Despacio y con Sigilo éntreabrieron la Puerta, pero de Tepente, tras un fuerte empelién, se Precipité en ef interior Juana- Vicenta, sin cuidarse de la resistencia que le oponian los de adentro, hasta dar con Sandalio, en ef extremo de un Corredor, a la puerta de su cuarto, quien ya €N guardia, con la carabina acomodada en el hombro y jos Ojos puestos en ae! candi, con voz cavernosa en la que se que estaba Poseido, Ie Pregunts por dos veces consecutivas: ¢quién 18S? ¢quién eres? —"Ya te diré a ti Solo, en ef ido", respondia la voz ronca de la muchacha, y ella se abalanzaba al mismo tiempo con los brazos en alto, resuelto Y persuasivo ef gesto. Retrocedia Sandalio, ¥ ella viéndose Por sus hermanos se ti Como para echérsele al Cuello en amorosa carici '@; Pro él infortunado, dilatada la pupila por el terror, desconociéndola @n el traje varonil, 1e grit ";Prepérate!” y nalance de! gatillo de la carabina, salio un relampago, y cay6 tendida a poore nina sobre el! pavimento, arrancada para siempre a los goces de [a vida, en mitad del apogeo de los amores de la juventud destrozado @ exuberante seno, en cuyas fresas la erica de los campos se hubiera emborrachado de amor. . . —jMe has matado! —exclamo la desventurada, mientras Sandalio, reconociendola, le preguntaba anhelante: “i Vives? jRespdndeme! ¢ Vives mi vida...? Pero qué buscabas aqui con ese vestido. . .?” —iY me lo preguntas! —contesto ella con voz apagada, y prosiguid murmurando entre suspiros de agonia: “Queria, mi hijito. ... queria quedarme aqui... contigo. .. los dos solitos para toda la vida.” Y la muchacha, asi como se mueren dulcemente las nicuas besadas por el sol, se moria sonreida y tranquila en brazos de Sandalio, entregandole su alma enamorada con la ultima caricia de su boca... jOh! jlomas perfumadas del Aguare...! jcuestas altas de Chabasquin donde casi salvaje crece y fructifica el oloroso membrillar y nunca faltan duraznales en flor! jEl mas hermoso de tu fruto se desprendié de /a rama sin que la acuciosa hormiga, ni el locuaz azulejo llegasen a descubrir si se hallaba en sazon...!

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