Antologa de Poemas para el Concurso Universitario de Declamacin Cvica 2011
Semana de Jurez
Candita Victoria Gil Jimz Rectora
CONTENIDO
Cinco de mayo (fragmento)
Manuel Acua
Los caballos de los conquistadores
Jos Santos Chocano
Oda a la patria (5 de mayo de 1862)
Manuel M. Flores
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Himno Nacional Mexicano
Francisco Gonzlez Bocanegra y Jaime Nuno
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Leyenda de los volcanes (fragmento) 17
Rafael Lpez
La suave patria (fragmento)
Ramn Lpez Velarde
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Oda a Jurez (fragmento)
Flix F. Palavicini
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Presencia de Jurez en la patria
Agenor Gonzlez Valencia
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A las armas! (fragmento)
Manuel M. Flores
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Tempestad y calma en honor a Morelos (fragmento) Carlos Pellicer
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Cinco de mayo (fragmento)
Manuel Acua
*** Tres eran, mas la Inglaterra volvi a lanzarse a las olas, y las naves espaolas tomaron rumbo a su tierra. Slo Francia grit: Guerra! soando oh patria! en vencerte, sirvindose en su provecho se alz erigiendo en derecho el derecho del ms fuerte. *** Sin ver que en lid tan sangrienta tu brazo era ms pequeo, la lid encarn en su empeo la redencin de tu afrenta. Brot en luz amarillenta la llama de sus caones, y el mundo vio a tus legiones entrar al combate rudo, llevando por solo escudo su escudo de corazones. *** Y entonces fue cuando al grito lanzado por tu denuedo, tembl la Francia de miedo comprendiendo su delito. Cuando a tu aliento infinito se oy la palabra sea,
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y cuando al ver la pelea terrible y desesperada se alz en tu mano la espada y en tu conciencia la idea. *** Desde que ardi en el oriente la luz de ese sol eterno cuyo rayo puro y tierno viene a besarte la frente, tu bandera independiente, flotaba ya en las montaas, mientras las huestes extraas alzaban la suya airosa, que se agitaba orgullosa del brillo de las hazaas. *** Y lleg la hora y el cielo nublado y oscurecido desapareci escondido como en los pliegues de un velo. La muerte tendi su vuelo sobre la espantada tierra y entre el francs que se aterra y el mexicano iracundo, se alz estremeciendo al mundo tu inmenso grito de guerra. *** Y all el francs, el primero de los soldados del orbe, el que en sus glorias absorbe todas las del mundo entero, tres veces plido y fiero se vio a correr obligado, frente al pueblo denodado
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que para salvar tu nombre te dio un soldado en cada hombre y un hroe en cada soldado! *** S, patria! desde ese da t no eres ya para el mundo lo que en su desdn profundo la Europa se supona, desde entonces, patria ma, has entrado a una nueva era, la era noble y duradera de la gloria y del progreso, que bajan hoy, como un beso de amor, sobre tu bandera. *** Sobre esa insignia bendita que hoy viene a cubrir de flores la gente que en sus amores en torno suyo se agita, la que en la dicha infinita con que en tu suelo la clava, te jura animosa y brava, como ante el francs un da, morir por ti, patria ma, primero que verte esclava.
Los caballos de los conquistadores
Jos Santos Chocano
Los caballos eran fuertes! Los caballos eran giles! Sus pescuezos eran finos y sus ancas relucientes y sus cascos musicales... Los caballos eran fuertes! Los caballos eran giles! No! No han sido los guerreros solamente, de corazas y penachos y tizones y estandartes, los que hicieron la conquista de las seivas y los Andes: los caballos andaluces, cuyos nervios tienen chispa de la raza voladora de los rabes, estamparon sus gloriosas herraduras en los secos pedregales, en los hmedos pantanos, en los ros resonantes, en las nieves silenciosas, en las pampas, en las sierras, en los bosques y en los valles. Los caballos eran fuertes! Los caballos eran giles Un caballo fue el primero en los trridos manglares. cuando el grupo de Balboa caminaba despertando de las dormidas soledades, que pronto dio el aviso del Pacfico Ocano, porque rafagas de aire al olfato le trajeron las salinas humedades; y el caballo de Quesada, que en la cumbre se detuvo, viendo, al fondo de los valles, el fustazo de un torrente
como el gesto de una colera salvaje, salud con un relincho la sabana interminable... y baj, con fcil trote, los peldaos de los Andes, cual por unas milenarias escaleras que crujan bajo el golpe de los cascos musicales... Los caballos eran fuertes! Los caballos eran giles! Y aquel otro de ancho trax, que la testa pone en alto, cual queriendo ser ms grande, en que Hernn Corts un da caballero sobre estribos rutilantes, desde Mxico hasta Honduras mide leguas y semanas, entre rocas y boscajes? Es ms digno de los lauros, que los potros que galopan en los cnticos triunfales con que Pndaro celebra las olmpicas disputas entre el vuelo de los carros y la fuga de los aires! Y es ms digno todava de las Odas inmortales, el caballo con que Soto diestramente y tejiendo cabriolas como l sabe, causa asombro, pone espanto, roba fuerzas y, entre el coro de los indios, sin que nadie haga un gesto de reproche, llega al trono de Atahualpa y salpica con espumas las insignias imperiales... Los caballos eran fuertes! Los caballos eran giles! El caballo del beduino que se traga soledades; el caballo milagroso de San Jorge que tritura con sus cascos los dragones infernales; el de Csar en las Galias; el de Anbal en los Alpes; el centauro de las clsicas leyendas, mitad potro, mitad hombre, que galopa sin cansarse y que suea sin dormirse
y que flechas los luceros y que corre ms que el aire; todos tienen menos alma, menos fuerza, menos sangre, que los picos caballos andaluces en las tierras de la Atlntida salvaje, soportando las fatigas, las espuelas y las hambres, y entre el fleco de los anchos estandartes, cual desfile de herosmos coronados bajo el peso de las frreas armaduras con la gloria de Babieca y el dolor de Rocinante... En mitad de los fragores decisivos del combate, los caballos con sus pechos arrollaban a los indios y seguian adelante; y as, a veces, a los gritos de Santiago! entre el humo y el fulgor de los metales, se vea que pasaba, como un sueo, el caballo del Apstol a galope por los aires... Los caballos eran fuertes! Los caballos eran giles! Se dira una epopeya de caballos singulares, que a manera de hipogrifos desatados o cual ro que se cuelga de los Andes. llegan todos, empolvados, jadeantes, de unas tierras nunca vistas a otras con tierras conquistables; y, de sbito, espantados por un cuerno que se hincha de huracanes, dan nerviosos un relincho tan profundo que parece que quisiera perpetuarse... y, en las pampas sin confines, ven las tristes lejanas, y remontan las edades, y se sientes atrados por los nuevos horizontes, se aglomeran, piafan, soplan... y se pierden al escape: detrs de ellos una nube. que es la nube de la gloria, se levanta por los aires... Los caballos eran fuertes! Los caballos eran giles!
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Oda ala patria (5 de mayo de 1862)
Manuel M. Flores
Alcemos nuestro lbaro en la cumbre Esplendorosa de granito y nieve Del excelso volcn, a donde raudo. Entre el fulgor de la celeste lumbre Tan slo el cndor a llegar se atreve; Donde la nube se desgarra el seno Para vibrar el rayo Y hacer rodar en el abismo el trueno. Alcemos, s, bajo la arcada inmensa Del cielo tropical y sobre el ara Diamantina del Ande El augutso pendn de la victoria, Que an mereciera pedestal ms grande la ensea de la Patria y de la Gloria! Oh santo nombre de la Patria!... Escucha Con tu prestigio inmenso Esta mi audaz palabra, tan desnuda De elocuencia y vigor; haz que vibrante Al pie de tus altares se levante, Y sea la nube del incienso Ante el ara de Dios; haz que resuene Potente, y en su vuelo Con tu renombre los espacios llene y cubra el mundo y se levante el cielo! Ayer -fugaz minuto que a la Historia Acaba de pasar en las serenas Y deslumbrantes alas de la Gloria Ayer en la ignorada Cumbre de una clina que cea Una cinta de frgiles almenas
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y pobre artillera, El mexicano pabelln flotaba Bajo un cielo de brumas, Como en la frente del guerrero azteca Rico penacho de vistosas plumas. De las brisas del trpico... cruja Mas no flotaba al beso voluptuoso Al soplo tempestuoso De un huracn de muerte, y se tenda Su lona tricolor, como del iris Sobre la frente negra de los cielos La diadema se ostenta Cuando huyendo flamgera sacude Su melena de rayos la tormenta! Y era tambin un iris de esperanza Aquel sagrado pabelln erguido Ante el genio feroz de la matanza, Aquella ensea del derecho herido Alzndose terrible a la venganza, All del Mundo de Coln los ojos Se fijaban severos, centellando De impaciencia, de clera y enojos. Y quin sabe! si airadas All desde los picos solitarios De la alta cordillera, silenciosa, Envueltas en sus plidos sudarios, De nuestros muertos asomaban Las sombras espectrales Y el Guadalupe atnitas miraban. El Guadalupe!... ostenta en sus laderas De la patria las blicas legiones: Brillan las armas, flotan las banderas, Y se mezcla al rodar de los caones El toque del clarn, la voz de mando Y el relincho marcial de los bridones.
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Y ms all cruzando la llanura, Henchidas de arrogancia. Tendiendo al sol las alas voladoras, Las imperiales guilas de Francia Conduciendo las huestes invasoras. En dnde est su incontrastable arrojo? En dnde su fror armipotente? De el llegar y vencer que suyo hara Inmvil de terror el continente? Las guilas francesas No midieron, cruzando el Ocano, Cunto eres, Libertad, grande y potente Bajo el inmenso cielo americano?... Soberbias te arrojaron sus legiones; y vindolas llegar, en tu mirada Las iras del ultraje centellaron! El rayo de la muerte fulminaron; Relmpagos los golpes de tu espada Sangrienta charca abrise tu pisada, Nada su rabia de leones pudo, y ante tu fuerte escudo, Ellas... las invencibles... se estrellaron! Y tres veces as!... del Guadalupe Quedaron las laderas De plidos cadveres regadas, Y de francesa sangre Y sangre mexicana ay! empapada. Y cuando el sol de Anhuac esplendente Bajaba al occidente El ngel tutelar de la victoria Vol a arrancarle su postrero rayo, Ba con l de Mxico la frente Sellndola de gloria; Y con letras del sol CINCO DE MAYO Para los siglos escribi en la Historia!
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Himno Nacional Mexicano
Francisco Gonzalez Bocanegra y Jaime Nuno
Y el que niegue su pecho a la esperanza Volemos al combate, a la venganza Hunda en el polvo la cobarde frente. Quintana.
Mexicanos, al grito de guerra El acero aprestad y el bridn, Y retiemble en sus centros la tierra Al sonoro rugir del can.
Cie oh patria! tus sienes de oliva De la paz el arcngel divino, Que en el cielo tu eterno destino, Por el dedo de Dios se escribi; Mas si osare un extrao enemigo, Profanar con su planta tu suelo, Piensa oh patria querida! que el cielo Un soldado en cada hijo te dio. En sangrientos combates los viste Por tu amor palpitando sus senos, Arrostrar la metralla serenos. Y la muerte o la gloria buscar. Si el recuerdo de antiguas hazaas De tus hijos inflama la mente, Los laureles del triunfo, tu frente Volvern inmortales a ornar. Como al golpe del rayo la encina Se derrumba hasta el hondo torrente, La discordIa vencida, impotente, A los pies del arcngel cay:
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Ya no ms de tus hijos la sangre Se derrame en contienda de hermanos Slo encuentra el acero en tus manos Quien tu nombre sagrado insult. Del guerrero inmortal de Zempoala Te defienda la espada terrible, y sostiene su brazo invencible Tu sagrado pendn tricolor; El ser del feliz mexicano En la paz y en la guerra el caudillo, Porque l supo sus armas de brillo Circundar en los campos de honor. Guerra, guerra sin tregua al que intente De la patria manchar los blasones! Guerra, guerra! Los patrios pendones En las olas de sangre empapad: Guerra, guerra! En el monte, en el valle Los caones horrsimos truenen, Con las voces de Unin! Libertad! Antes, patria, que inermes tus hijos Bajo el yugo su cuello dobleguen; Tus campias con sangre se rieguen, Sobre sangre se estampe su pie; Y tus templos, palacios y torres Se derrumben con hrrido estruendo, Y tus ruinas existan diciendo: De mil hroes la patria aqu fue. Si a la lid contra hueste enemiga Nos convoca la trompa guerrera, De Iturbide la sacra bandera Mexicanos! valientes seguid:
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Y a los fieros bridones les sirvan Las vencidas enseas de alfombra; Los laureles del triunfo den sombra A la frente del bravo adalid. Vuelva altivo a los patrios hogares El guerrero a contar su victoria, Ostentando las plumas de gloria Que supiera en la lid conquistar: Tornranse sus lauros sangrientos En guirnaldas de mirtos y rosas, Que el amor de las hijas y esposas Tambin sabe a los bravos premiar. Y el que al golpe de ardiente metralla De la patria en las aras sucumba, Obtendr en recompensa una tumba Donde brille de gloria la luz: Y de Iguala la ensea querida A su espada sangrienta enlazada, De laurel inmortal coronada, Formar de su fosa la cruz. Patria! Patria! tus hijos te juran Exhalar en tus aras su aliento, Si el clarn con su blico acento, Los convoca a lidiar con valor: Para ti las guirnaldas de oliva! Un recuerdo para ellos de gloria! Un sepulcro para ellos de honor!
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Leyenda de los volcanes (fragmento)
Rafael Lpez
*** Ah estn; cual invencibles torres de Dios; con herrumbres De cien siglos y despojos de cien razas... sus pilares, sosteniendo de los cielos las esplndidas techumbres lanzan al azul los duros capiteles de sus cumbres, calcinadas por el fuego de las prpuras solares. *** Ah estn las bravas cumbres, de los astros fronterizas de gloriosas tradiciones y episodios mil, cubiertas; y cargando las mortajas de las nieves invernizas, como dos blancos patriarcas que conservan las cenizas levantadas en el viejo polvo de las razas muertas. *** Por encima de la noche, su gigante flecha lanza el triunfal Popocatpetl en su ascensin y espejismo de oro suean en 1a alegre lontananza. Tal se eleva de la angustia ms profunda, la esperanza, y la vida se decora con mirajes de ilusin. *** Ellos saben los tormentos de las razas ya vencidas que formaron a la sombra de su mole colosal, un imperio con florestas por jardines, cual los drudas cuando vieron las dos alas de aquella guila, tendidas, recogerse en las riscosas esmeraldas de un nopal.
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*** Qu feroz Huitzilopochtli, que Ahuitzol de mano aviesa, sobre el Ixtacchuatl tendi plida y sin vida, a la virgen ignorada que en sus hielos qued presa?... No ser el trgico smbolo de una raza, la princesa que insepulta entre sus riscos para siempre est dormida?... *** En sus torres asomados los eternos centinelas, cuando los conquistadores espantaron el quetzal y con mgicos alisios en las almas y en las velas acercaron a estas playas sus audaces carabelas, vieron redondearse el Globo con el mundo occidental. *** En un golpe de tormenta que dej rotas sus brumas -oponindose a los hombres rubios, vstagos del solcontemplaron a Cuauhtmoc ms valiente que los pumas, al terrible Sagitario del salvaje airn de plumas. que tronaban sus torrentes con su ronco caracol. *** Cuando como un sudario la silente luna empina sobre el plido Ixtacchuatl su azufrosa calavera, pasa en una visin trgica Moctezuma Ilhuicamina, arrastrando el vano espectro de la infiel doa Marina por las sierpes de Medusa de su indiana cabellera. *** En aquella alba de gloria de infinitas claridades que una noche de tres siglos derrumb con sus fulgores, los volcanes advirtieron en sus mudas soledades ascender hasta sus cumbres, las nacientes libertades que arroj a todos los vientos la campana de Dolores.
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*** El orgullo de su frente cristaliza los anhelos y los triunfos de los hroes victoriosos; a ellas sube por el gran vapor de lgrimas de la Patria envuelta en duelos, la esperanza en un Hidalgo, la epopeya de un Morelos: un fanal en un eclipse y un bridn sobre una nube. *** Almas, si querels gloriosas palmas, sed como volcanes: conservad, vivos, los fuegos de las esperanzas buenas, y alegremente encaradas a borrasca y huracanes, surgiris ms luminosas de los mltiples afanes cual las esplendentes cumbres en los vrtigos serena... *** Ah estn inconmutables. Torres de Dios. Soberanos. Indice de tradiciones, de leyendas cementerios. Arrecifes de las luchas y el afn de los humanos, en sus cspides se rompen los bullicios ciudadanos y sus prfidos son lpidas de ciudades y de imperios. *** Ah estn; y en la grandeza de su triunfo solitario, en la paz y en el silencio de su augusta eternidad... ven que en un cuadrante inslito, un gran sol extraordinario marca la hora memorable que da vida a un centenario la hora santa, la hora inmensa, la hora de la libertad...
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La suave patria (fragmento)
Ramn Lpez Velarde
Proemio Yo que slo cant de la exquisita partitura el ntimo decoro, alzo la voz a la mitad del foro, a la manera del tenor que imita la gutural modulacin del bajo, para cortar a la epopeya un gajo. Navegar por las olas civiles con remos que no pesan, porque van como los brazos del correo chuan? que remaba la Mancha con fusiles. Dir con una pica sordina: La patria es impecable y diamantina. Suave Patria: permite que te envuelva en la ms honda msica de selva con que modelaste por entero al golpe cadencioso de las hachas, entre risas y gritos de muchachas y pjaros de oficio carpintero.
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Intermedio (Cuauhtmoc) Joven abuelo; escchame loarte, nico hroe a la altura del arte. Anacrnicamente, absurdamente, a tu nopal inclnase el rosal; al idioma del blanco, t lo imantas y es surtidor de catlica fuente que de responsos llena el victorial zcalo de ceniza de tus plantas. No como a Csar el rubor patricio cubre el rostro en medio del suplicio tu cabeza desnuda se nos queda, hemisfricamente, de moneda. Moneda espiritual en que se fragua todo lo que sufriste: la piragua prisionera, el azoro de tus cras, el sollozar de tus mitologas. La Malinche, los dolos a nado, y por encima, haberte desatado del pecho curvo de la emperatriz como del pecho de una codorniz. Segundo Acto Suave Patria: t vales por el ro de las virtudes de mujero; tus hijas atraviesan como hadas, o destilando un invisible alcohol, vestidas con las redes de tu sol, cruzan como botellas alambradas. Suave Patria: te amo no cual mito, sino por tu verdad de pan bendito, como a una nia que asoma por la reja
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con la blusa corrida hasta la oreja y la falda bajada hasta el huesito. Inaccesible al deshonor, floreces; creer en ti mientras una mexicana en tu tapado lleve los dobleces de la tienda, a las seis de la maana, y el estrenar su lujo, quede lleno el pas, del aroma del estreno. Como la sota moza, Patria ma, en piso de metal, vives al da, de milagro, como la lotera. Tu imagen, el Palacio Nacional, con tu misma gr,andeza y con tu igual estatura de nio y de dedal. Te dar frente al hambre y el obs un higo de San Felipe de Jess. Suave Patria, vendedora de cha: quiero raptarte en la cuaresma opaca, sobre un garan, y con matraca, y entre los tiros de la polica. Tus entraas no niegan un asilo para el ave que el prvulo sepulta en una caja de carretes de hilo, y nuestra juventud, llorando, oculta dentro de ti, el cadver hecho poma de aves que hablan nuestro mismo idioma. Si me ahogo en tus julios, a m baja desde el vergel de tu penado denso frescura de rebozo y de tinaja, y si tirito, dejas que me arrope en tu respiracin azul de incienso y en tus carnosos labios de rompope.
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Por tu balcn de palmas bendecidas El Domingo de Ramos, yo desfilo lleno de sombra, porque t trepidas. Quieren morir tu nima o tu estilo, cual murindose van las cantadoras que en las ferias, como el bravo pecho empitonando la camisa, han hecho la lujuria y el ritmo de las horas. Patria, te doy de tu dicha la clave: s siempre igual, fiel a tu espejo diario: cincuenta veces es igual el ave taladrada en el hilo del rosario, y es ms feliz que t Patria suave. S igual y fiel: pupilas de abandono: sedienta voz, la trigarante faja en tus pechugas al vapor; y un trono a la intemperie, cual una sonaja: la carreta alegrica de paja.
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Oda a Jurez
(fragmento) Flix F. Palavicini
NO es a llorar a lo que el pueblo viene Ante este semidios, genio esplendente! Que en forma de cadver est ausente. Este pueblo magnnimo que tiene: Patritico furor republicano No trata de gemir ante la ausencia De un hombre ilustre que muri gigante Cual nclito espartano; De un sabio luchador, por cuya ciencia Pudo decir Anhuac Adelante! y seguir por la senda de la gloria, Al solio de la paz y la bonanza, y en el campo grandioso de la historia Tomar el puesto que su nombre alcanza. A Jurez no se llora, se venera, Se le ama, es inmortal, vive en el pecho De todo mexicano agradecido Que por lema tuviera: La razn, la justicia y el Derecho. No habis visto nacer en el Oriente Ese luminoso sol de Primavera De llama incandescente Que con purprico fuego reverbera? Le habis visto subir resplandeciente y en el zenit brillante culminar, y perderse despus en Occidente Con flgido y rojizo luminar? Pues bien, ese trabajo no fue vano Le dio calor y vida al organismo, Savia a la planta, madurez al grano y luz al tenebroso oscurantismo.
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*** As inici el gigante, As el titn brill As lav su aurora culminante Lleg al zenit y al fin desapareci. Mas su tremenda lucha no fue vana Vivific con luz la inteligencia Le dio vigor a la razn humana y grav la verdad en la conciencia... ...y recordar es justo cuando se canta al hroe deslumbrante que aniquil al farsante y a lo alumnos de Pinecusio que fue la juventud la que primera tom las armas y formse fuerte. La que pag altanera Su saa y bravura con la muerte y murieron tambin los soadores. *** Indio Jurez! Bienhechor de Amrica yo s mis cantares no desdeas democrtico rey del Nuevo Mundo Hijo de Ixtln, tu enseas A luchar como luchan los patriotas Despus de mil derrotas Enderezas altiva tu cabeza y no hay ni rey, ni majestad, ni alteza, Que se atreva a mirarte frente a frente Tu impvido coraje es elocuente. Podrn la tempestad horrorizando Con rugidos, con truenos y centellas Asustar al piloto acobardado; Pero nunca a Coln... El buen vate que canta a las estrellas, Temblar junto al bardo desterrado De heroico corazn,
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De esos poetas que arredran al verdugo Que espantan al traidor; De esos genios as, cual Vctor Rugo, De numen y valor; Esos son los que admiran tu grandeza Que conocen tus hechos colosales; No el servilismo infiel y la bajeza De ignorantes y oscuros clericales. *** Pueblo de Anhuac atrevido y fiero Indmito guerrero, Si pudieses de Pndaro y Romero Pulsar la lira de oro, De mis cantos picos trajera, La ofrenda ms hermosa, y en ellos te dijera: Que la ensea patritica, gloriosa, Ondeando en el zenit republicano Puede dar en loor De ese valiente sabio que por norma Llev siempre el deber y sostuvo con su alma y su saber, Las sacrosantas leyes de Reforma *** Dicen, valiente pueblo que dormido Yaces sobre la tierra, aletargado. Y ms tarde dirn que ests vencido Si no sabes cumplir lo que has jurado Si duermes, preciso es que despiertes Y que vivas alerta Porque vindote dbil, se hacen fuertes Los traidores y vienen a tu puerta Para robar tu fama y tus laureles Para infamar tu nombre bendecido Para insultar a los que fueron fieles A ese titn dormido;
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Mas no importa, tu fuerza prepotente Aument reposando y puedes levantar tu altiva frente Al mundo presentando: Los modernos soldados de la idea Los nuevos defensores de tus lares, Pues saldrn de los campos de pelea: Otro Zarco, otro Lerdo, y otros Jur
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Presencia de Jurez en la patria
Agenor Gonzlez Valencia
I Era un carrizo musical la aurora. Una nota morena era la raza. Eran los ojos del nativo origen que iban hollando las plantas del silencio. La noche zapoteca entre dialectos pari la luz que ilumin este suelo. Una hermosa semilla sufrimiento entre huaraches y la piel del pueblo olorosa a rebaos fue creciendo. Y lleg la edad de la memoria. Ovejas de pavor se humedecieron cuando entre islotes de impaciencia, vieron viajar al carrizal de la inocencia. II Ambul mi pensamiento hasta las ruinas que se acomodan en Teotitln y en un vaso moldeado por el tacto descendi mi conciencia al reino mineral. Agenor Gonzlez Valencia De las piedras salieron los rostros de los hombres que una joven cultura vinieron a dictar. Llevaban el espritu del tigre envuelto en tradiciones y pintura mural.
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(El sol con su figura guacamaya borr la oscuridad. Dej en aquella parte del planeta su presencia solar) III Irrumpi la primavera sonrosada, arrancando su fuerza de la Sierra de Ixtln. Vino a expender sus frutos desde Oaxaca y a exhibir la cermica de Monte Albn. (La tarde gris de la primera tarde puso cuatro peldaos a regia ofrenda piramidal) IV Ah! la Primavera Mexicana que se inicia con Jurez para nunca acabar. Tiende sus alas recias y tutelares, allende el mar. Tiende su ley de bronce -toga y balanza-, sonoramente vegetal. Y abre montaas y cordilleras cantando: y abre montaas y cordilleras cantando Amrica!, con su carrizo musical. (Desde la cumbre del Cempoaltpetl el fuego de una raza comenz por arder) V Mir la adolescencia tristemente olvidada en medio de su medio natural. Sent ms cerca la presencia de Jurez y del barro, el comienzo racional.
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Ah! la encantada arcilla que all en Guelatao al agua silenciosa le dobla las rodillas. Todo lo que humedece desde el sol a la luna en el sencillo encanto ingenuamente provincial, convertido en laguna primaveral. VI Hurfano de alfabeto crece el rbol silvestre que a todos maravilla. Y en su mirar concreto, se va impregnando el pueblo del idioma Castilla. Transpira vida su noble arquitectura en la selva del tiempo que le toc vivir. A golpe de inquietudes florece la cultura y al corazn conmueve la Gran Luz por venir. VII De Norte a Sur, del Este al Oeste, el pueblo soportaba sus torres de marfil. Catedrales de diezmos levantaba y templos de maz. Como ceibo viril, descortezado, hambriento de igualdad y de justicia, desnudo como el pie del campesino esperaba su luz el Pueblo Mexicano. De encomiendas, a criollos, iba acumulando: sus trojes de dolor esclavizado, su epidermis al ltigo prendida, los cereales que al alma germinaba, la cuenta de doliente agricultura, la sal, el catequismo y el rosario, la sotana del cura, y del amo, el santo escapulario.
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VIII All estaba la Patria: Una joven mestiza con harapos, exhibiendo su ropa desgarrada, la espiga y el sudor, la flor del cuello, los surcos de la espalda, el pulque y el tabaco, la herencia de Corts: idioma-abecedario, la gota sifiltica y el piojo castellano.
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A las armas! (fragmento)
Manuel M. Flores
No tenemos ms rey que las leyes No tenemos los libres seor! Que con su sangre se tie de reyes Nuestro bello pendn tricolor! Hasta cundo en vil ocio, hasta cundo Yaceris, mexicanos, dormidos Hasta cundo seris, tan sufridos Que se os pueda venir a insultar? No de paz, no de fiestas y danzas Es esta hora que pasa tremenda... Aqu mismo, en la patria, su tienda Ha venido el francs a plantar! A las armas! Oid cul resuenan De conquista los hurras salvajes... Hasta cundo vengis los ultrajes? Para cundo queris el valor? El que lleva en su pecho grabada De la patria la imagen querida, Nunca piensa que juega la vida, Slo piensa que gana el honor. Slo piensa cuando entra en la lucha Que el oprobio al cobarde le queda; Slo busca lugar en que pueda La ancha espada mortfera hundir. Slo sabe, ya tinto en su sangre, Que morir por el nio, la anciana, La misin mas sublime del hombre; Por la madre, la esposa, la herman.a, Por su Dios y su hogar... i No es morir!
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Es cumplir por la patria bendita Es quiz bautizar con su nombre Una pgina de oro triunfal; Es vivir como vive la fama, Es vivir como vive la gloria, Es comprar a la excelsa victoria El derecho de ser inmortal! A las armas! el grito de guerra Como el trueno los mbitos llene, y del Gila al Grijalva resuene, Del Pacfico al Golfo tambin Y cual llama de incendio que el soplo De impetuoso arrebata, Como tromba que el rayo desata, Se desplome la guerra doquier! A las armas! Los montes, los valles Las ciudades vomitan guerreros!... Luz nos den en el da los aceros, Y en las noches alumbre el can! Y que corra la sangre agostando Flor y mes en la vasta campia... Cuando el agua de rojo se tia Ya podremos lavar el baldn. No hay paz! El flamgero incendio Del combate la atmsfera abrase; Cada pecho que el hierro traspase Multiplique en los otros la fe! Y no quede un pedazo de tierra Que no moje la sangre enemiga... Si es preciso, no quede quien diga De nosotros: La Patria aqu fue!... Oh mi Patria! En su tiempo la lucha Sin piedad a tus hijos diezmaba; Sangre propia tu seno chorreaba, Sangre extraa tu espada tambin, En un tiempo, con mano terrible
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La melena real sacudiste Del ibero len, y le oiste Ya vencido rugir a tus pies!... Cmo es que hoy a tu frente divina El baldn por el galo se escape? Quin de Puebla arras el Guadalupe? Quin el sol de tu Mayo apag? A las armas! Doquier el incendio De la guerra tus campos alumbre. Y retiemblen la costa y la cumbre Al feroz tronar del can. A las armas! El sol de la Patria No vea ms nuestra triste vergenza! Es preciso que Mxico venza, Y en el nombre de Dios vencer! Al cadalso, a la tumba, al oprobio Rodarn el monarca y vasallos... y sus cascos pondrn los caballos En la sacra corona imperial! No tenemos ms rey que las leyes, No tenemos los libres seor, Ni aqu tienen ms tronos los reyes Que el cadalso sin gloria ni honor!
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Tempestad y calma en honor a Morelos (fragmento)
A Jos Clemente Orozco Carlos Pellicer
1 Imaginad: una espada en medio de un jardn. Eso es Morelos Imaginad: una pedrada sobre la alfombra de una triste fiesta. Eso es Morelos Imaginad: una llamarada en almacn logrado por avaricia y robo. Eso es Morelos Ya tengo las imgenes pero no las palabras. Pero hay aceros, y piedras, y llamas. Porque nada hay ms hondamente hermoso para el humano odo, que la palabra. Si las palabras vinieran para decir: Morelos, vendran ocultas en esos nubarrones de piedra que a unos cuantos kilmetros nos miran: La tempestad de rocas de Tepoztln, vecina, el huracn de piedra de Tepoztln, que avanza, esas gargantas que vociferan rboles, esos peldaos a pjaros y lluvias cuando pasa la noche de resonantes piedras y el sol sacude el sueo de la luz, all arriba.
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An hay aceros. Y piedras. Y llamas. sta es la hora de las palabras terriblemente cristianas. Las que hieren, las que arden, las que aplastan. Ah! Si yo pudiera arrojar mi corazn y provocar una grieta en la montaa! Hablar en piedra y escribir en llamas! La espada silenciosa que abri el cerrado pecho: ni un corazn que surja: todo estaba desierto. La zumbadora piedra que el cuerpo ha derrumbado: era slo una cscara y polvo dentro de ella. El siempre fuego que a la ciudad ardi: hall slo papeles, y el humo, no dur... stas son las palabras terriblemente buenas, palabras vivas, hechas de llamas sobre las piedras. Grit Morelos!, hace quince aos desde las rocas de Tepoztln Olor a Cuautla! y entre palmeras hechas laureles salt al abismo del herosmo; grit MoreIos! Y vi la tierra abajo desde el verde al azul. Y unas botas sin ruido lo estrenlecieron todo Y sudaba una frente su pauelo de luz. Grit More1os!, hace quince aos en Acapulco. y clamoroso mar me atropell. Una raya de verde movida en cuatro azules espiral rumor blanco dentro della enroll. Y un trueno hizo caer el roble de los vientos. Y o en m mismo cuando mi pecho grit Morelos! Y a un alto en mis arteras fue mi sangre a parar. Bajar del monte, querer el mar. Vivir con pocas palabras; pero en cada palabra tener una tempestad. Ah, si yo pudiera haberlas dicho acero, piedra, llama. Gritar Morelos y sentir la flama. Gritar Morelos y lanzar la piedra. Gritar Morelos y escalofriar la espada., Tu fuiste una espada de Cristo, que alguna vez, tal vez, toc el demonio. Gloria a ti por la tierra repartida. Perdn a tu crueldad de mrmol negro.
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Gloria a ti porque hablaste tu voz diciendo Amrica. Perdn a tu flaqueza en el martirio. Gloria a ti al igualar indios, negros y blancos. Gloria a ti, mexicano y hombre continental. Gloria a ti que empobreciste a los ricos y te hiciste comer de los humildes, procurador de Cristo en el Magnficat. Gritar Morelos es escuchar la Gloria y sentir el perdn.
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