0% encontró este documento útil (0 votos)
375 vistas59 páginas

La Oración como Indicador Espiritual

Este documento discute la importancia de la oración y cómo puede usarse para medir el crecimiento espiritual de una persona. Ofrece varios ejemplos bíblicos de figuras como Jesús, Moisés y Daniel que dedicaron tiempo a la oración. También menciona algunos líderes cristianos históricos como Juan Wesley y George Whitefield que eran conocidos por su dedicación a la oración. El documento enfatiza la necesidad de perseverar en la oración para fortalecer la vida espiritual y recibir la guía de Dios.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
375 vistas59 páginas

La Oración como Indicador Espiritual

Este documento discute la importancia de la oración y cómo puede usarse para medir el crecimiento espiritual de una persona. Ofrece varios ejemplos bíblicos de figuras como Jesús, Moisés y Daniel que dedicaron tiempo a la oración. También menciona algunos líderes cristianos históricos como Juan Wesley y George Whitefield que eran conocidos por su dedicación a la oración. El documento enfatiza la necesidad de perseverar en la oración para fortalecer la vida espiritual y recibir la guía de Dios.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

PÁGINA 1 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.

COM
La oración, indicador de nuestra vida espiritua
Introducció

La oración, un indicador para medir el nivel de nuestra vida espiritua

Indice de fuente

El Señor comenzó su ministerio público orand 1


Indice de fuente 1

La oración a sola 1
¿Cuál fue la consecuencia de las oraciones de Jesús en la soledad 1

¿Qué podemos aprender de nuestro Señor en este sentido de cómo


practicaba la oración 1
1. El mucho trabajo no debe ser motivo para renunciar a la oración o para reducir el
tiempo dedicado a ella. Todo lo contrario: ¡Cuanto más tareas y trabajo, más sosiego y
oración necesitamos! 15
2. Es bueno escoger un lugar y una hora del día en que se pueda estar sin ser
estorbado por nadie. 16
3. No hagas de tu tiempo devocional una demostración de tu piedad y no permitas que
nazca en ti el orgullo. 17
4. Si puedes, búscate o hazte un lugar donde puedas orar regularmente. 17

Indicé de fuente 1

Perseverantes en la oració 2
Perseverar en oración; la base para que el Señor pueda bendecir nuestro
trabajo en su obr 2

¿Qué podemos aprender de esto 2


1. Antes de tomar decisiones importantes deberíamos retirarnos en quietud para orar
con perseverancia a fin de conocer la voluntad de Dios. 23
2. Noches de oración - ¿las conocemos sólo de la Biblia y de los libros antiguos? 24
3. ¡No tendremos fuerza espiritual ni autoridad para la obra, si no oramos seriamente! 25
4. Así como el Señor perseveró durante la noche en oración, nosotros deberíamos
ejercitarnos en orar persistente y perseverantemente. 26

Indice de fuente 2

La oración, una condición para crecer espiritualment 2

PÁGINA 2 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM
n
s
s
s
s

a


s
?
n
?


o
l
e


?

l

¿ Qué podemos aprender de esto 2

Indice de fuente 3

La oración cambia a la persona que or 3


La oración transforma al que or 3
1. El ejemplo de Moisés 32
2. El ejemplo de Ana 33
3. El ejemplo de Esteban 33

La desgana y el cansancio al orar, ¿hay una salida para este dilema 3

La persona que ora está bajo observación del diabl 3

El poder del ejemplo para producir un cambi 3

La bendición de las buenas costumbre 3


1. Nuestro Señor tenía costumbres fijas 40
2. Discipulado sin disciplina es impensable 41

Hombres y mujeres de oración en la Biblia y la histori 4


Samue 4

Danie 4

Davi 4

Pedr 4

Ejemplos de la historia de la iglesi 4


1. John Welch (1570-1622) 44
2. Juan Wesley (1703-1791) 45
3. George Whitefield (1714-1770) 45
4. Georg M ller (1805-1898) 46
5. Robert C. Chapman (1803-1902) 47

La lucha del Señor en Getseman 4


¿Qu podemos aprender de esto 5
1. Reconocer la soberan a de Dios 50
2. Estar dispuesto a la lucha 50

PÁGINA 3 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

d
o
l
l


s











a
?

?
a
í
a
s
o
o
a
?

¿Casa de oración o cueva de ladrones 5


La iglesia de Dios, ¿una casa de oraci n 5

Abogando por la reuni n de oraci n de la iglesi 5

Por ltimo un par de consejo 5

La forma exterio 59

PÁGINA 4 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

r

s


?
?
a
4

Este libro ha sido publicado con


permiso de los editores en el sitio web:

www.escuelabiblica.com

PÁGINA 5 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

La oración, indicador de nuestra vida espiritual


Introducción
“Nuestra pureza, nuestra fuerza, nuestra piedad y nuestra santidad solamente tendrán la
fortaleza que tenga nuestra vida de oración”1, afirma A. W. Tozer – y tiene razón. Por este
hecho es siempre una cuestión humillante expresar pensamientos sobre el tema
significativo de “la oración” o decirlo por escrito.
A pesar de que casi todos los libros de la Biblia enfatizan la enorme importancia y las
serias consecuencias de la oración, y a pesar de que gran parte de la Biblia consiste
exclusivamente de oraciones, lamentablemente, la oración juega casi siempre un papel
secundario en nuestra propia vida y la tenemos muy descuidada.
A menudo se ha dicho que orar es la “respiración del alma”. Si esta comparación es cierta,
entonces todos nosotros sufrimos, unos más y otros menos, de asma y de una falta aguda
de oxígeno.
En los siglos pasados “la oración” era un tema central en la predicación, en la literatura y,
sobre todo, en la vida cotidiana. Hoy en día son otros temas los que determinan nuestro
pensamiento y nuestra vida. La honra de Dios, Su gloria y Su exaltación por medio de
nosotros apenas son temas que nos preocupan, mientras que el hombre con sus
necesidades, exigencias y problemas es lo que llena nuestras cabezas, revistas y
estanterías de libros.
También los creyentes evangélicos conservadores hemos perdido en gran medida nuestro
punto fijo y, con ello, nuestra orientación marcada por Dios, y estamos dando bandazos
sin rumbo – empujados por la corriente tibia de nuestro tiempo – o bien estamos girando
alrededor de nosotros mismos. Y así andamos en nuestra vida de oración.
Los reformadores y también los predicadores de los avivamientos de los siglos XVIII y XIX
no sólo predicaron y escribieron mucho sobre la oración, sino eran también hombres de
oración. Su vida de oración me ha avergonzado muchas veces y estoy agradecido por
poder citar de sus escritos y transmitir sus experiencias en los capítulos que siguen.
También quiero expresar mi gratitud por el ejemplo de mis padres en cuanto a la oración.
Recuerdo que todos los días, temprano por la mañana, tenían su tiempo devocional cada
uno individualmente en nuestro comedor. Y todas las noches se ponían ambos sobre sus
rodillas para orar juntos.
Hasta el día de hoy recuerdo el tono de voz suplicante de mi padre, cuando era yo un
adolescente e intentaba de vez en cuando pasar sigilosamente por delante del comedor
sin que me oyeran. Entonces oía su voz y cómo oraba por sus hijos cada uno por su
nombre. En aquel entonces yo aún no tenía la nueva vida de Dios ni tenía ninguna clase
de interés en seguir a Jesús, sin embargo, sentía en aquellos momentos algo de la
realidad y del poder de la oración.
Pero también debo gratitud a algunos hombres que durante su vida fueron un ejemplo
visible para mi esposa y para mí, retándonos y animándonos. Uno de ellos fue un
hermano de la India, Bakht Singh (1903-2000), con quien tuvimos un par de encuentros
muy impresionantes cuando visitó Alemania y Suiza en los años 80 con sus
colaboradores. No tanto sus mensajes, sino el ejemplo de este sencillo hermano es lo que

PÁGINA 6 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

jamás olvidaremos. Este hermano de poca apariencia, pero temeroso de Dios, fue un
ejemplo en cuanto a la oración.
Luego recuerdo a un hermano anciano desconocido, pero bien conocido de mi pueblo,
quien, como padre espiritual, durante muchos años oró por nosotros y con el cual –
siendo yo un joven padre de familia – una y otra vez pude orar.
Este “tío Guillermo”, probado y madurado por el mucho sufrimiento, tenía en sus facciones
líneas dibujadas por el Espíritu de Dios. Cuando entraba lentamente en nuestra vivienda –
con el sombrero en su mano – era como si derramara una fragancia de la eternidad.
A este y a tantos otros hermanos y hermanas debo mi gratitud – pero sobre todo a nuestro
Señor Jesucristo, cuya dirección benévola hizo posible estos encuentros y cuyo ejemplo
en la oración me anima muchas veces a parecerme a Él también en este ministerio.

La oración, un indicador para medir el nivel de nuestra vida


espiritual
“Si quieres humillar a alguien, pregúntale por su vida de oración”2, opina Oswald Sanders,
autor con experiencia y director de “Overseas Missionary Fellowship” en su valioso libro
“Liderazgo espiritual”.
No hay otro tema que nos avergüence más y que refleje tan claramente nuestra pobreza
espiritual.
Juan Wesley solía decir que no tenía en muy alta estima a un hombre que no orara cuatro
horas al día. De esta forma probablemente ha sentenciado a la mayoría de nosotros – yo,
al menos, no oro diariamente cuatro horas.
Leonard Ravenhill comenta muy acertadamente: “La cenicienta de la iglesia actual es la
oración. Esta criada del Señor es despreciada y desechada, porque no se adorna con las
joyas del intelectualismo, ni las brillantes sedas de la filosofía, ni con la impresionante
tiara de la psicología. Lleva los delantales de honesta sinceridad y humildad. No teme
arrodillarse. El defecto de la oración, humanamente hablando, es que no se apoya en la
eficiencia mental. La oración requiere una sola cosa: espiritualidad. No se necesita
indispensablemente la espiritualidad para predicar, esto es, para dar sermones con
perfección homilética y exactitud de exégesis. La predicación toca a los hombres, la
oración toca a Dios. La predicación afecta al tiempo, la oración a la eternidad. El púlpito
puede ser un escaparate para exhibir nuestros talentos; la oración significa lo contrario al
exhibicionismo.”3
También el conocido predicador y autor Martyn Lloyd-Jones confesó referente a la
importancia de la oración: “A esta cuestión me acerco con gran recato y el sentimiento de
total indignidad. Supongo que todos nosotros fallamos en este punto más que en ningún
otro lugar.”4
Nuestra vida de oración – personal y como iglesia – es el indicador para medir el nivel de
nuestra vida espiritual. En ninguna otra parte se hace más evidente nuestra sequía
espiritual y nuestra debilidad.
“Ningún hombre es más grande que su vida de oración“5, y podríamos añadir: “y ninguna
iglesia es más grande que su culto de oración”. Lamentablemente observamos a menudo
lo siguiente en las iglesias:
• ¡No hay actividad en la iglesia peor visitada que el culto de oración semanal!

PÁGINA 7 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

• A menudo ni siquiera los dirigentes responsables de la iglesia están regularmente


presentes.
• Raras veces hay allí hermanos jóvenes, y si los hay, son pocos.

• En algunas partes el culto de oración está en peligro de extinción – o ha sido ya


suprimido por falta de interés.
¿Qué remedio hay para esta fatiga o indiferencia en cuanto a la oración?
Libros, charlas, conferencias y seminarios sobre este tema seguramente pueden ser una
ayuda. Pero el estímulo y la orientación más eficaz la hallamos en el ejemplo de nuestro
Señor.
En la Epístola a los Efesios, capítulo 5:1 se nos exhorta a ser “imitadores” de Dios como
“hijos amados”. La palabra del texto original griego es una palabra derivada de “mimo”, tal
y como la hallamos en la palabra “pantomima”. Un imitador bueno y convincente se
identifica totalmente con la persona que quiere imitar. Le fascina la persona que imita; la
ha observado cuidadosamente y la ha estudiado y entonces es capaz de imitar más o
menos bien su comportamiento.
En (1 Jn 2:6) leemos que “debemos andar como él [nuestro Señor] anduvo”.
Su vida – y con ella también Su vida de oración – es, por lo tanto, ejemplo y pauta para
nuestra vida de oración. Si estudiamos la vida práctica de nuestro Señor en los
Evangelios, meditando sobre sus costumbres a la hora de orar, entonces el ejemplo de
nuestro Señor y el amor hacia Él nos estimulará más que cualquier otra cosa a “imitarlo” y
llegar a parecernos más a Él por ello (2 Co 3:18).
Por eso consideraremos en los siguientes capítulos algunas escenas de la vida de oración
del Señor, descritas especialmente por Lucas en sus amplios relatos. Son siete escenas
en las que el Señor oró y en las que también hallamos descritos el entorno y la ocasión
concreta que motivaron sus oraciones.
Es sabido que el evangelio de Lucas describe al Señor como “verdadero hombre”. Nos
causa impresión cómo Lucas, el médico filántropo describe los sentimientos del Señor,
sus costumbres, las circunstancias de su vida, su pobreza, su compasión y su amor hacia
las personas.
Lucas tenía el mandato de describir a Jesús como hombre perfecto, libre de pecado – un
hombre, como Dios lo había imaginado y que en todos los aspectos vivió para la honra y
el gozo de Él.
Mateo sólo describe dos escenas en las que Jesús ora, Marcos describe tres. Juan,
aunque ha escrito el contenido de algunas oraciones del Señor, no usa la palabra
“oración” y tampoco indica las circunstancias exteriores de los diálogos con su Padre.
Con razón se ha calificado al Evangelio de Lucas como el “Evangelio del discipulado”, en
el que el Señor nos presenta la imagen ideal de un discípulo, para imitarlo. Seguramente
esto también es una razón por la cual el Espíritu Santo inspiró a Lucas para que nos
narrara ampliamente la vida de oración de Jesús, para que fuese un ejemplo ilustrativo
para nosotros.
Es sabido que es más fácil “seguir pisadas que obedecer órdenes”. Por eso esperamos
que este comentario sobre la vida de oración de nuestro Señor, y también los ejemplos de
la Biblia y de la historia de la Iglesia, no actúen como “mandatos” ni sean desalentadores,
sino más bien como “pisadas” que despierten en el corazón el deseo de seguirlas, aunque
nuestros pasos sean bastante más cortos.

PÁGINA 8 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

“Lo que quisiera apremiaros es a estudiar a Cristo, de modo que podamos ser aquí como
Él. No hay nada que llene más el alma de bendición y aliento, o que santifique hasta tal
punto; nada que dé hasta tal punto la conciencia viva del amor divino y que infunda tal
valor. Que el Señor nos conceda, mientras reposamos en Su preciosa sangre, el ir y
contemplarlo, el alimentarnos de él y vivir por Él.”6

Indice de fuentes
1 A.
W. Tozer, Fundado en la Palabra, ardiendo en el Esp ritu (Hamburg: Verlag C. M. Fliß,
2007), p g. 40.
2 Oswald Sanders, Liderazgo espiritual, (Bielefeld: CMV-Verlag, 2003) P g 74
3 Leonard Ravenhill, Porqu no llega el avivamiento
4 D.M. Lloyd-Jones, Die Predigt und der Prediger [La predicaci n y el predicador]
(Waldems, 3L Verlag, 2005) p g. 177
5 Leonard Ravenhill, Porqu no llega el avivamiento
6 J. N. Darby, Porciones para peregrinos, Decimonovena Semana

PÁGINA 9 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM








El Señor comenzó su ministerio público orando


(Lc 3:21-22) “Y aconteció que, como todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue
bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en
forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo
amado, en ti me he complacido.”
Jesús, el Hijo de Dios, es bautizado en el Jordán y comienza de esta forma su ministerio
público. Juan el Bautista lo había anunciado y ahora Él hace cola entre la multitud de
israelitas que se habían arrepentido por la predicación de Juan y oraban confesando sus
pecados antes de ser bautizados (Mr 1:5).
El Hijo de Dios, perfecto y exento de pecado, no tenía pecados que confesar. Pero, a
pesar de ello, Lucas nos cuenta que oró en ocasión de su bautismo.
Ningún otro evangelista menciona este detalle, lo cual parece indicar que el Espíritu Santo
quería hacernos ver que el ministerio público de nuestro Señor comenzó con obediencia y
oración.
Dios como hombre sobre la tierra y orando, ¡qué condescendencia! ¡Cuánto nos
avergüenza esta humildad!
Lucas es el único evangelista que ha relatado no sólo la primera, sino también la última
oración de Jesús antes de su muerte: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc
23:46).
El ministerio de nuestro Señor comenzó con oración y terminó con oración. Su obra
estaba enmarcada por la oración y mostraba una total dependencia de su Padre.
La raíz de todo pecado es la propia voluntad, la independencia y la realización personal.
La primera frase del diablo que la Biblia nos transmite es: “¿De veras ha dicho Dios...?”
(Gn 3:1); y lo primero que dice el faraón de Egipto, el opresor del pueblo de Dios, refleja
arrogancia y altivez: “¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel?” (Ex
5:2).
Pero aquí, a orillas del Jordán, vemos al Creador y sustentador de todo ser viviente
comenzando con humilde oración el camino difícil que terminará en la cruz del Gólgota.
“¿Quién este amor sondear nos diera?
De Dios el Hijo, el Creador
para el perdido en esta tierra
Siervo humilde y buen Pastor.” (Henri Rossier)
Mientras las personas a orillas del Jordán no vislumbraban ni comprendían la importancia
de esta escena, Dios no pudo callar ante ella. El cielo se abrió y el Espíritu Santo
descendió sobre Él “en forma corporal, como paloma”. Y se oyó la voz de Dios: “Tú eres
mi Hijo amado, en ti me he complacido”.
El gozo que el Padre expresa por su Hijo y la confirmación del Espíritu Santo que
descendió sobre Él en forma de una paloma, símbolo de pureza, sencillez e inocencia,
nos muestra a nosotros, los que seguimos a Jesús, la disposición y el comportamiento
que Dios confirma y bendice.

PÁGINA 10 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

Por supuesto, nuestro Señor tenía el Espíritu Santo en todo momento en su interior y es
un error el que algunos predicadores enseñen que aquí está el “bautismo en el Espíritu”
de Jesús.
Quizá nos ayude una figura del Antiguo Testamento para entender correctamente el
significado de esta escena: En las leyes de las ofrendas de (Lv 2:1-10) vemos que la
oblación debía consistir de harina fina, aceite e incienso. Debía ser una ofrenda
“amasada” con aceite y cocida al horno, o tortas “untadas” (ungidas) con aceite. No es
difícil descubrir el significado tipológico: La harina fina refleja la pureza y perfección moral
de nuestro Señor y del aceite se sabe ya que es una figura del Espíritu Santo, mientras el
incienso habla de entrega y dedicación. Así, en el Señor Jesús como hombre, habitaba el
Espíritu Santo (“idéntico a Él”); pero, al mismo tiempo, estaba “ungido” por Él, lo cual se
hizo visible para todos los presentes en el bautismo, cuando descendió el Espíritu Santo
en forma de paloma.
Quizá hallamos aquí también el cumplimiento de las profecías de:
(Is 42:1) “He aquí mi siervo, yo lo sostendré; mi escogido en quien mi alma toma
contentamiento: he puesto sobre él mi espíritu, dará juicio a las gentes.”
(Sal 89:20-21) “Hallé a David mi siervo; lo ungí con mi santa unción. Mi mano estará
siempre con él, mi brazo también lo fortalecerá.”
En el Antiguo Testamento el hecho de ungir a un rey, un sacerdote o un profeta era la
confirmación pública o la instauración para una misión especial. Y esto precisamente es lo
que ocurrió aquí en la vida de Jesús después de su bautismo. Dios confirmó la misión y la
autorización de su Hijo con una señal visible para todos los presentes.
Como discípulos de Jesús, ¿qué podemos aprender de estas observaciones?
1. Una vida fructífera para gloria y gozo de Dios y de bendición para nuestros prójimos,
debería comenzar y terminar con oración, como señal de nuestra dependencia de Dios.
Cada día, cada cometido, toda nuestra vida, debería estar enmarcada por la oración.
Cuán valioso es el consejo enfático de C. H. Spurgeon: “No veas a nadie, hasta que no
hayas estado en la presencia de Dios. No hables con nadie, hasta que no hayas hablado
con el Altísimo. No salgas a tu trabajo, hasta que no hayas ceñido tus lomos con el
cinturón de la devoción, para que tu obra te salga bien. No comiences la carrera, hasta
que no hayas apartado todo peso mediante la oración, de otra forma perderás la
competición.”7
“Cada día de mi vida
déjame mostrar
toda gracia recibida
en todo lugar
que se vea por mi hablar y callar
que tu mano todo puede transformar.” (W. Kilp)
Los biógrafos del conocido explorador de África y misionero David Livingstone
(1813-1873) relatan cómo, en las ciénagas de Ilala (Zambia), completamente desfallecido,
sufriendo de úlceras y hemorragias internas, tuvo que ser llevado por sus ayudantes en
una camilla. Para la noche le hicieron una cabaña para protegerlo contra la llovizna.
Frente a la entrada de la cabaña pusieron a un chico, para que pudiera oírlo si llamaba.
Cuando este chico entró a las cuatro de la mañana para ver cómo se encontraba, el

PÁGINA 11 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

misionero no estaba en la camilla, sino arrodillado delante de ella. Lleno de preocupación


y temor llamó a los otros colaboradores que se acercaron con temor a la figura arrodillada.
Profundamente impactados, se dieron cuenta de que Livingstone ya estaba frío y rígido.
David Livingstone había terminado de rodillas su gran misión en el corazón de África y
había pasado a la eternidad orando, como su gran Maestro, solo, pero no abandonado.
Pocas semanas antes, en su último cumpleaños, había escrito en su diario: “Mi Jesús, mi
Rey, mi Todo; nuevamente te entrego toda mi vida. Acéptame y concédeme, oh Padre
digno, concluir mi tarea antes de que pase este año. Esto te pido en el nombre de Jesús.
Amén y que así sea.”8
2. Donde se ora con seriedad, se abre el cielo y Dios reconoce nuestro servicio y contesta
nuestras oraciones, a veces de manera impresionante.
En (Hch 4:23-31) leemos acerca del primer culto de oración de la joven iglesia en
Jerusalén. Los principales judíos con sus ancianos y sacerdotes habían amenazado e
intimidado a Pedro y Juan, después de su predicación del evangelio y su llamamiento al
arrepentimiento, para que en ninguna manera hablaran ni enseñaran en el Nombre de
Jesús “a hombre alguno” (Hch 4:17). Después de contar delante de la iglesia reunida sus
vivencias y la prohibición de hablar, empezaron a orar unánimes. Y Dios respondió sus
oraciones:
(Hch 4:31) “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y
todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza.”
¿Hemos tenido alguna vez una experiencia parecida, personalmente o como iglesia?
¿Hubo y hay en nuestras reuniones de oración momentos, en los que el Espíritu Santo
puede desencadenar “movimientos” capacitándonos con fuerza espiritual para nuestras
tareas evangelísticas o de otra índole? ¿O, por el contrario, nuestras reuniones de oración
se caracterizan por el cansancio, la rutina y el aburrimiento adormecedor, donde hay que
despertar a ciertos hermanos, después de haberse levantado de la oración los demás,
como lo he vivido yo en mi juventud? (Esta desagradable situación ya no ocurre más allí,
porque se ha suprimido el culto de oración semanal por falta de interés, siendo sustituido
por reuniones en los hogares).
El “ser llenos del Espíritu Santo” no debería ser un tema intocable para nosotros, sólo por
el hecho de que ciertos círculos han abusado de ello y lo han manipulado. El Nuevo
Testamento nos exhorta a crear las condiciones para que esto ocurra (Ef 5:18-21).
Es triste, si estas experiencias las conocemos solamente de haberlas leído en libros o
relatos misioneros.
El “Gran Avivamiento” en Inglaterra y América casi siempre se ve relacionado con el 1 de
enero de 1739. En ese día Jorge Whitefield, Juan y Carlos Wesley, otros cuatro
metodistas de Londres y 60 hermanos de Herrnhut, estaban reunidos en una cena
fraternal, en la sociedad londinense de “Fetter Lane”. Juan Wesley relata en su diario lo
que ocurrió en ese día notable:
“Eran cerca de las tres de la mañana y nosotros continuábamos perseverando en
nuestras oraciones, cuando nos sobrevino el poder de Dios de tal manera, que muchos
lloraron de gozo, y otros de los presentes cayeron al suelo. Luego, cuando pasó un poco
el temor y la sorpresa que sentimos en la presencia palpable de Dios, exclamamos a una
sola voz: Te alabamos, oh Dios. Reconocemos que tú eres el Señor.”9
Tres días más tarde se llevó a cabo otro encuentro y Jorge Whitefield anotó en su diario:

PÁGINA 12 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

“Perseveramos en ayuno y oración hasta las tres y nos despedimos con la firme
convicción de que Dios iba a hacer grandes cosas entre nosotros.”10
En las semanas que siguieron, Dios dio un avivamiento, primero en Inglaterra y luego en
América. Jorge Whitefield y luego Juan Wesley predicaban el Evangelio a veces a más de
30.000 y 50.000 oyentes al aire libre.
El Espíritu de Dios pudo obrar tan poderosamente en aquel entonces, que no sólo miles
de personas se convirtieron, sino las condiciones sociales, la moral y la política cambiaron
de forma duradera.

Indice de fuentes
7 C. H. Spurgeon, Wachet und betet [Velad y orad], Aßlar: Schulte & Gerth, 1980)
8 J. Waters, David Livingstone (Holzgerlingen: SCM H nssler, 1977) pag. 237
9John Wesley, Das Tagebuch John Wesleys, [El diario de Juan Wesley] (Holzgerlingen:
SCM H nssler, 2000) p g. 74
10 Benedikt Peters, George Whitefield, (Bielefeld: CLV, 1997) p g. 85

PÁGINA 13 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM




La oración a solas
(Lc 5:15-16) “Sin embargo, su fama se extendía cada vez más, y se juntaban a él
muchas multitudes para oírle y para ser sanadas de sus enfermedades. Pero él se
apartaba a los lugares desiertos y oraba.”
Después de ser bautizado en el Jordán, Jesús fue “lleno del Espíritu Santo” y fue llevado
por el Espíritu al desierto para ser tentado del diablo (Lc 4:1-2). Cuarenta días estuvo en
ese entorno espantoso llevado de acá para allá y “tentado por el diablo”. Pero cada punto
de la táctica sutil satánica fracasó, porque el Señor no tenía pecado y era fiel. Cuando
Satanás, fracasado y vencido, se marchó “por un tiempo” (Lc 4:13), el Señor volvió a
Galilea “en el poder del Espíritu” (Lc 4:14).
En los versículos que siguen leemos cómo venían las gentes de Capernaum y las
ciudades de alrededor para “oírle y ser sanados de sus enfermedades”. Podríamos poner
como título aquí: “Avivamiento en Galilea”. Hasta de Judea y de Jerusalén venían las
multitudes, a pesar de que suponía varios días de camino (Lc 5:17). Y entre ellos estaban
también los teólogos de su tiempo, que querían escuchar al predicador de Nazaret y ver
sus milagros.
Se levantaban olas de entusiasmo. Ya se había corrido la voz en todo el país del poder de
sus palabras y también sus milagros. Hoy diríamos que las puertas estaban abiertas de
par en par para el evangelio. Posiblemente algunos de sus discípulos, entusiasmados, se
frotarían las manos con satisfacción opinando que “Al hierro candente, batir de repente”.
Visto estratégicamente, las condiciones para la evangelización no podían ser mejores.
Pero, precisamente entonces, la Biblia nos dice que el Señor Jesús no aprovechó este
momento tan favorable. No se dejó impulsar por el “viento en popa” de las oportunidades
favorables y de su popularidad. Y tampoco lo hace hoy. Se retiró al silencio y a la soledad
del desierto para orar. La Versión de Lutero (1912) traduce este pasaje así “más él se
evadió”, lo cual expresa que sin llamar la atención se apartó conscientemente del ruido y
del gentío para orar. No hizo de su fidelidad en la oración una demostración o
provocación, sino que se “retiró discretamente”.
Esta actitud también la vemos claramente en (Mr 1:35), donde Marcos nos narra que
“levantándose muy de mañana, aún muy de noche, salió y se fue a un lugar desierto, y allí
oraba”.
En esta ocasión, también se alejó de la multitud que lo buscaba. Pero parece que en
medio de la noche también se alejó de forma “inadvertida” de sus discípulos que estaban
durmiendo, para buscar la conversación con su Padre hasta rayar el alba.
Naturalmente nos surgen las preguntas: ¿Qué necesidad tenía el Señor de eso? ¿No
vivía en contacto constante con el Padre y en una actitud de oración con Él? ¿No eran
sus palabras éstas: “yo oraba [siempre]”? (Sal 109:4).
El caso es que nuestro Señor, siendo verdadero Dios y hombre perfecto, buscaba el
silencio y la soledad para poder hablar con el Padre tranquilamente y sin ser estorbado
por nadie. ¡Qué vergüenza debió causar este ejemplo a los discípulos de entonces y
también a los de hoy en día!
Siendo nosotros seguidores tan débiles y pecaminosos, ¡cuánta más necesidad tenemos
de buscar y cultivar con todo ahínco tiempos de comunión con Dios en oración!

PÁGINA 14 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

¿Cuál fue la consecuencia de las oraciones de Jesús en la


soledad?
Justo después de narrarnos el tiempo de oración que tuvo Jesús, Lucas nos cuenta que
los fariseos y doctores de la ley “habían venido de todas las aldeas de Galilea y Judea y
Jerusalén”, para escuchar la enseñanza de Jesús. Atentos y al mismo tiempo con actitud
crítica estaban sentados delante de Él y fueron testigos de que “el poder del Señor estaba
con él para sanar” (Lc 5:17).
Aquí vemos de nuevo claramente la correlación entre la oración intensa en secreto y el
poder espiritual en público.
Y yo me pregunto si los muchos casos de hermanos dotados que han agotado sus
fuerzas y sufren hoy en día de burnout o síndrome del quemado, podrían haber evitado
esta situación, si durante el día hubiesen planeado un tiempo de comunión con Dios a
solas, y lo hubiesen realizado costase lo que costase.

¿Qué podemos aprender de nuestro Señor en este sentido


de cómo practicaba la oración?
1. El mucho trabajo no debe ser motivo para renunciar a la oración o para reducir el
tiempo dedicado a ella. Todo lo contrario: ¡Cuanto más tareas y trabajo, más sosiego y
oración necesitamos!
A Martín Lutero le preguntaron una vez cómo sería su día de trabajo al día siguiente, a lo
cual respondió: “Trabajo, trabajo de sol a sol. En verdad, tengo tanto que hacer, que
pasaré las primeras tres horas en oración.”12
Para Lutero, el mucho trabajo no era un argumento para restringir el tiempo de oración,
¡todo lo contrario!
Jorge Whitefield (1714-1770), a sus 23 años era un predicador tan popular y apreciado en
Londres que “ya no podía ir a pie como acostumbraba”, sino que tenía que dejarse llevar
en un carruaje, para “eludir las aclamaciones y hosanas de las multitudes.”13
Uno de sus biógrafos escribió de él: “Su nombre estaba en boca de todos. Miles y diez
miles preguntaban por él. Su posición era peligrosa. Su popularidad para con las grandes
multitudes podrían haberlo arruinado, pero la gracia de Dios lo guardó”.14
Pero el 8 de enero de 1738 dio las espaldas a las multitudes de Londres y se embarcó en
un barco de vela en el que cruzaría el Atlántico y el cual lo llevaría a Georgia (Estados
Unidos). El viaje que entonces duraba meses y estaba lleno de peligros, lo empleó para
distribuir las horas del día estrictamente y reservar varias horas para la comunión con
Dios en oración y para leer la Biblia, lo cual hizo hasta su muerte siempre de rodillas.
El día de su partida anotó en su diario: “El que no esté dispuesto a ocultarse, cuando Dios
lo pide, después de haber estado en el centro de la atención pública, no merece llevar el
nombre de cristiano.”15
Por mi propia experiencia debo confesar que precisamente en los períodos de mucha
actividad y estrés “para el Señor”, por ejemplo, durante la época de campamentos,
conferencias, campañas misioneras, etc., mi tiempo reservado para la oración salía
perdiendo. A veces, incluso, quedó suspendido por completo.

PÁGINA 15 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

Precisamente los cometidos que requieren gran fuerza espiritual no los preparamos
mediante la quietud intensa delante del Señor ni quedan marcados por ella. Lo que ningún
deportista de competición se podría permitir, a saber, ir a la competición agotado y
famélico, nos lo permitimos nosotros, los siervos de Dios. Y después nos maravillamos y
quejamos por no haber tenido bendición y victoria. Es paradójico, ¡pero es la triste verdad!
A. W. Tozer escribió: “Ten cuidado de orar más que predicar. Pásate más tiempo con Dios
a solas que con las personas públicamente. Mantén tu corazón abierto para el Espíritu de
Dios, para que te pueda influenciar. Cuida más la relación con Dios que la amistad con las
personas. Entonces siempre tendrás suficiente pan para los hambrientos.”16
2. Es bueno escoger un lugar y una hora del día en que se pueda estar sin ser
estorbado por nadie.
Si preguntamos a los creyentes por las razones que les impiden tomarse más tiempo para
la oración, la mayoría de ellos responden: “Por falta de calma interior y exterior”.
Nuestro Señor escogió lugares solitarios como el desierto o un “lugar desierto” o el Monte
de los Olivos, para retirarse a orar. Casi siempre lo hacía muy temprano por la mañana
“cuando aún era muy de noche”. Es decir, un lugar y una hora del día que excluían
ampliamente estorbos exteriores, siendo al mismo tiempo la mejor condición para que el
alma pudiera tener calma.
Los personajes de la Biblia, y también de la historia de la Iglesia, parecen coincidir en el
hecho de que levantarse temprano para poder orar con toda tranquilidad antes de
empezar el trabajo, conlleva una bendición especial. El refrán “al que madruga, Dios lo
ayuda” refleja una gran verdad.
Tenemos un gran ejemplo en nuestro Señor. Pero también es interesante estudiar, qué
personas de la Biblia han sacado buen provecho de su “tiempo devocional” por la
mañana. Leemos una y otra vez de Abraham, Moisés, Gedeón y Samuel que se
levantaban temprano, para buscar a Dios en oración, o para obedecer a Dios.
Lo leemos también de David en varios lugares de los libros de Samuel. Él mismo describe
en los Salmos sus costumbres y experiencias con la oración al comienzo del día:
(Sal 119:147-148) “Me anticipé al alba, y clamé; esperé en tu palabra. Se anticiparon
mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus mandatos.”
(Sal 5:3) “Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré a ti, y
esperaré.”
En el desierto de Judá, David oró:
(Sal 63:1) “DIOS, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré.”
Watchman Nee opina así, instigando un poco: “La vida cristiana enfermiza que predomina
hoy entre los hijos de Dios, no es tanto debido a graves problemas, sino debido al hecho
de que no se madruga. No conozco a nadie que viva cerca del Señor, que se levante
tarde”.17
Por supuesto, no debemos ni queremos hacer una ley de estas observaciones, ni ejercer
presión sobre las conciencias. Hay creyentes quienes, por motivos del trabajo, por su
salud u otras circunstancias, no pueden buscar el encuentro con Dios por la mañana.
Cuando nuestros siete hijos aún eran pequeños, no era fácil para mi esposa Ulla hallar el
momento para leer la Biblia y orar con tranquilidad en medio del ajetreo cotidiano. Lo que
hacía era ocultar su cabeza debajo de una manta o paño en algún momento del día, y
entonces los niños ya sabían que mamá se encontraba en su “cuartito de oración”. Todos

PÁGINA 16 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

sabían que no debían molestarla por algún tiempo, y se esforzaban en ser más
considerados, hacer menos ruido y aplazar sus rivalidades para más tarde.
Hay madres que tienen un juguete muy especial que dan a sus niños, cuando quieren
tomarse su tiempo devocional; o bien les ponen un CD muy querido. Otras desaparecen
en la alcoba, o si no hay otro remedio, se meten al cuarto de baño. Algunas leen el texto
bíblico en alta voz, de forma que los niños también puedan beneficiarse. Eso variará
según la edad, el carácter y las circunstancias, y al principio no será fácil acostumbrar a
los niños a ello. Pero cuando se haya convertido en una costumbre fija, será de mucha
ayuda y con toda seguridad será un buen ejemplo para los hijos.
Todos aquellos que pueden planear el transcurso del día bajo circunstancias normales,
deberían hacer caso de los consejos de John Piper. Esta cita es de su libro: “Cuando el
gozo se ha desvanecido”: “La disciplina para levantarse temprano no es tan difícil como la
disciplina de acostarse. Antes esto no era así. Cuando no existía la electricidad, ni la
radio, ni la televisión, ni el internet, no era difícil acostarse poco después de haberse
hecho de noche. No había mucho que hacer. Hoy en cambio, tenemos que luchar contra
la fuerte tentación de quedarnos despiertos y tener diversión. Por eso tenemos que
emprender la lucha contra el cansancio que nos vence por la mañana al abrir nuestra
Biblia, y esa lucha hay que pelearla por la noche, no por la mañana. Cuando hayas
decidido la hora en que el despertador te llame a la oración, tienes que decidir la hora en
que te vas a acostar, para que no estés rendido cuando suene el despertador. Si
necesitas alguna cantidad de cafeína para no dormirte por la mañana, eso lo dejaré a tu
conciencia. Quizá por eso Dios creó el café. Si lo usamos para no dormirnos durante la
oración, entonces lo habremos empleado bien. Es mejor que tomarlo para quedarse
despierto para tantas otras cosas.”18
3. No hagas de tu tiempo devocional una demostración de tu piedad y no permitas que
nazca en ti el orgullo.
Recordemos que el Señor se apartó inadvertidamente, sin llamar la atención, para orar en
un lugar desierto y tranquilo. Él practicaba lo que había enseñado a sus discípulos en (Mt
6:5-6) sobre la oración pública: no hacerlo como los hipócritas que oran en lugares
públicos para ser vistos y admirados, sino en un cuarto a puerta cerrada, “en secreto”.
No sería bueno, por ejemplo, durante una campaña misionera o un retiro, hacer sonar el
despertador a las cinco de la mañana con gran estruendo, levantarse de la cama
apresuradamente, abrir la Biblia con mucho ruido y caer aparatosamente sobre sus
rodillas, para demostrar al compañero de cuarto “poco espiritual” la propia devoción y
causarle una mala conciencia.
Los que de esta manera, u otra parecida, ponen en un escaparate su “devoción”, no
deben asombrarse si tarde o temprano le es quitada.
4. Si puedes, búscate o hazte un lugar donde puedas orar regularmente.
Leemos de nuestro Señor Jesús que tenía la costumbre de retirarse al Monte de los
Olivos. A veces incluso dormía allí (Lc 21:37) y allí también tenía un sitio determinado
donde acostumbraba orar (Lc 22:39-40).
Naturalmente, nuestra vida de oración no debe depender de nuestro entorno. No
obstante, puede ser de ayuda tener un lugar que nos sea familiar, donde no puedan
distraernos el teléfono móvil o fijo, el internet, y los muchos aparatos o circunstancias,
para poder hallar la calma interior y exterior, para derramar nuestro corazón ante Dios, o
adorarlo.

PÁGINA 17 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

En mi caso, un viejo sillón de mi suegro en mi cuarto de trabajo es testigo silencioso de


mis preocupaciones, alegrías y motivos de oración. Otros tendrán un rincón familiar en el
comedor, en la cocina, en el sótano, en el desván o en cualquier parte al aire libre, donde
tengan su tiempo devocional.
John Piper nuevamente nos da valiosos consejos: “No pienses que el lugar tiene que ser
cómodo, porque un lugar cómodo nos invitará a dormirnos. Tiene que ser un cuarto
separado para que nada te distraiga y para que puedas hablar en alta voz, cantar y llorar.
Tarde o temprano llorarás; cuando luches por el alma de tu hijo adolescente, o pelees por
tu matrimonio, o trabajes arduamente por acabar con el orgullo en tu vida. Tienes que
estar solo.”19
David Brainerd (1718-1747) fue uno de los primeros misioneros que se atrevió a ir solo a
las tribus de indios de América del Norte, para aprender su lengua, vivir entre ellos y
predicarles el Evangelio. Durante su corta vida sufrió de varias enfermedades. Tuvo
temporadas de gran desaliento, vivió recaídas en su trabajo, pero también períodos de
bendecido avivamiento. Su diario es el legado que nos ha dejad,o y para muchos
misioneros ha sido y es un reto decisivo para dedicar su vida al Señor. Es un testimonio
de cómo este hombre practicó una vida de oración intensa. Él también tenía un lugar en el
bosque donde acostumbraba a ir y orar. Su diario nos lo cuenta:
“28 de junio de 1744: Pasé la mañana leyendo varios pasajes de la Sagrada Escritura y
en ferviente oración a favor de los indios, para que Dios estableciera su Reino en medio
de ellos y los hiciera entrar en su Iglesia. Hacia las nueve me retiré a mi lugar
acostumbrado en el bosque, y allí disfruté de nuevo de alguna ayuda en la oración. Mi
gran preocupación era la conversión de los paganos a Dios y el Señor me ayudó a
implorar a favor de ella. Hacia el mediodía fui cabalgando hasta el poblado de los indios, a
fin de predicarles, y en el camino mi corazón se elevó a Dios en oración a favor de ellos.
Pude decirle libremente a Dios que Él sabía que la causa en la cual estaba ocupado no
era mía, sino que era su propia causa, y que sería para su gloria la conversión de los
pobres indios.”20
De Brainerd se cuenta también la siguiente historia: Brainerd sentía que debía llevar el
Evangelio a una tribu salvaje de indios que habitaban en los bosques casi impenetrables
para los demás hombres de aquel tiempo. Los amigos del misionero le dijeron que era
cierto que jamás volvería con vida; con todo, él resolvió ir. Llevó consigo una pequeña
tienda de campaña en la que dormía. Después de muchos días de viaje se acercó al
pueblo o campamento principal de la tribu, y entonces se detuvo para orar a Dios y
suplicar su bendición sobre los indios a los cuales deseaba llevar el Evangelio de
salvación. El misionero creía que ningún ojo lo veía sino el de Dios; pero los cazadores
indios lo habían visto cuando plantaba su tienda y se apresuraron a ir al poblado para
informar al jefe de la tribu que un hombre blanco estaba cerca. En seguida se celebró un
consejo y se acordó que el hombre blanco debía ser muerto y desollado su cráneo,
costumbre que tenían los indios con los enemigos que mataban. Acto seguido cierto
número de indios fueron al lugar donde el misionero había ido y aguardaron a corta
distancia en acecho esperando el momento cuando vieran salir al hombre blanco de la
tienda. Pero como Brainerd continuaba largo tiempo en oración a Dios, los indios
perdieron la paciencia, se acercaron a la misma tienda, y mirando de soslayo lo vieron de
rodillas y creyeron oírlo hablar con alguien, por lo cual no se atrevieron a hacerle ningún
mal. En aquel momento vieron que una gran serpiente de cascabel lentamente metía su
cabeza por debajo de la tienda del misionero, y vieron cómo se irguió para acometerlo,
disponiéndose para clavar sus colmillos en su cerviz. De repente, la terrible serpiente se
retiró como si obedeciera una consigna divina, y desistiendo de su atentado mortal, se
escurrió por el lado opuesto por el que había entrado en la tienda. Los indios se quedaron

PÁGINA 18 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

pasmados, y lentamente se retiraron para juntarse con sus compañeros y contarles todo
to que habían visto. Entretanto Brainerd estaba tan entregado a la oración que nada sabía
de la visita de la serpiente ni de los cazadores que habían ido para matarlo. Le parecía a
él como si oyese a Dios que le decía: “Mi rostro irá contigo”. Se levantó de la oración y
tomó el camino hacia el pueblo, llevando su Biblia en la mano. Para sorpresa suya vio a
todo el pueblo salir a su encuentro, pero no para matarlo sino para saludarlo. Lo
recibieron con el mayor respeto, como teniéndolo bajo la protección del Gran Espíritu, y
convencidos de que, en lugar de mostrarse hostiles a un hombre a quien Dios había
guardado del veneno de la serpiente de cascabel, debían hacer la paz con él. Escucharon
su predicación y algunos de ellos mostraron disposición de hacer caso de sus súplicas por
las que les exhortaba a reconciliarse con Dios, aceptando la salvación por medio de
Jesucristo. En los días siguientes vio cómo la tribu fue transformada por medio del
evangelio de la gracia de Dios y cómo ésta obedeció al evangelio con una fe genuina.
Adoniram Judson (1813-1873), primer misionero en Birmania, tuvo que sufrir oposición,
enemistad y odio increíble por parte de los birmanos. Fue torturado, flagelado y querían
dejarlo morir de hambre. Fue enjaulado como un animal y ya estaba decidida la fecha de
su ejecución. Pero él tenía en la jungla una pequeña cabaña, adonde se retiraba a veces
durante días enteros para recibir nueva confianza, nuevo gozo y nuevas fuerzas en la
soledad delante de Dios.
Este misionero experimentado en el sufrimiento transmitió algunos consejos a sus
compañeros de armas en la obra misionera: “Organiza tu trabajo de tal forma que sin
problema puedas dedicar dos o tres horas diarias no sólo al tiempo devocional general,
sino especialmente a la oración personal y la comunión con Dios. Sé consecuente cuando
se trate de la causa de Dios. Sacrifícate donde puedas, para poder tener tus horas de
oración. Piensa que tu tiempo es corto y que el trabajo y el entorno no deben robarte a tu
Dios.”
Leemos en la biografía del conocido predicador y autor A. W. Tozer (1897-1963), que gran
parte de su amplio tiempo de oración lo pasaba en su oficina de la iglesia. Sus únicos
acompañantes eran su Biblia y sus himnarios.
“Colgaba el pantalón de su traje cuidadosamente en una percha y se ponía su jersey y su
“pantalón de oración” roto y se sentaba un rato en su sofá anticuado. Después dejaba el
sofá y se ponía de rodillas y al final se echaba en el suelo con la cara para abajo y
cantaba himnos de alabanza al León de Judá. Nadie tenía la osadía de molestarlo en
estos ratos de comunión íntima con Aquel a quien amaba su alma. Pero alguna vez subía
las escaleras a su oficina uno de sus cercanos y lo veía accidentalmente en el sofá o en el
suelo, donde no se enteraba de nada a su alrededor, y más de uno relató que Tozer
lloraba o gemía con la cara hacia abajo sobre su vieja alfombra.”21
Puede que califiquemos estas costumbres como ”manías” o extravagancias, y movamos
la cabeza perplejos; no obstante, son un testimonio de su familiaridad con Dios y de un
anhelo por tener comunión con el Señor, lo cual hoy en día es una cosa casi desconocida.

Indicé de fuentes
12 Sanders, Geistliche Leiterschaft, p g. 75
13 Peters, George Whitfield, p g. 48
14 ibid. p g. 36
15 ibid. p g. 54

PÁGINA 19 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM





16 Tozer, Ver nder in sein Bild, Bielefeld, CLV, Meditaci n del 25 de octubre.
17 W. Nee, In Hingabe leben, Bieleveld, CLV, 1991, p g. 137-138
18 J. Piper, Wenn die Freude nicht mehr da ist, (Bielefeld: CLV, 2006), p g. 161
19 ibid. p g. 114-115
20 Das Tagebuch David Brainerds (Wldbr l: H. Dresbaj, o.J.) p g. 81
21Lyle Dorsett, Voller Leidenschaft f r Gott – La vida de A. W. Tozer (Holzgerlingen: SCM
H nssler, 2009)

PÁGINA 20 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM










Perseverantes en la oración
(Lc 6:12-13) “Y aconteció en aquellos días, que fue al monte a orar, y pasó la noche
orando a Dios.Y como fue de día, llamó a sus discípulos, y escogió doce de ellos, a
los cuales también llamó apóstoles.”

Perseverar en oración; la base para que el Señor pueda


bendecir nuestro trabajo en su obra
El Señor Jesús quería escoger a sus apóstoles de entre la multitud de sus discípulos, y es
interesante que tanto Mateo como Marcos y Lucas mencionan este suceso. Pero
solamente Lucas nos cuenta que el Señor pasó la noche en oración antes de la elección
de sus apóstoles.
En esta escena se iba a tomar una decisión de gran alcance. Se trataba del futuro del
“Reino de Dios”, de los apóstoles que en los tres años siguientes (y también después de
la ascensión de Jesús), habrían de llevar el Evangelio primeramente a Judea y Galilea,
pero después también más allá de las fronteras de Israel, al mundo entero. Los nombres
de estos hombres serían escritos eternamente en el muro de la ciudad celestial (Ap
21:14).
El hecho de que el Señor, como hombre dependiente de Dios, subió al monte para
permanecer allí tranquilo y apartado en oración durante una noche, muestran la gran
responsabilidad vinculada con la elección de los colaboradores más estrechos.
Nos asombramos ante la sumisión del Hijo de Dios bajo la voluntad del Padre, que se
manifiesta aquí en el monte, y vislumbramos cuánta responsabilidad implicaba la elección
de los apóstoles.
Al mismo tiempo vemos cómo el Espíritu Santo nos muestra aquí unos principios
fundamentales, que son de gran importancia para nosotros como colaboradores en la
obra del Señor. Nos pueden preservar de muchos desarrollos equivocados y desengaños,
si es que hacemos caso de ellos.
Consideremos primero las circunstancias exteriores relacionadas con el llamamiento de
los apóstoles:
Poco antes el Señor había sanado en un día de reposo al hombre de la mano seca,
mientras que los escribas y fariseos estaban al acecho para poder acusarlo. Siendo
testigos de esta curación maravillosa, sus corazones, sin embargo, se endurecieron y “se
llenaron de enojo” (Lc 5:11), de modo que acto seguido sólo discutían un tema: “¿qué
haremos con este Jesús?”. Los capítulos que siguen muestran cómo estos hombres
religiosos, llenos de envidia y odio, comenzaron a preparar en forma intencionada la
eliminación de Jesús. Pero el Señor Jesús se retiró para orar.
En Lucas 5 Jesús había hablado del vino viejo y nuevo, y de los odres viejos y nuevos.
Ahora está preparando doce “nuevos odres” para el vino nuevo, para la proclamación de
las buenas nuevas. Y para poder hacerlo, se aparta de la disputa teológica y sube al
monte para orar allí.
Especialmente en el Antiguo Testamento hallamos que los montes son a menudo el lugar
de encuentro con Dios o el lugar de la revelación divina. Recordaremos ciertas escenas

PÁGINA 21 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

de sacrificio y oración; nos vienen a la mente los montes Moría, Nebo, Ebal y Carmelo,
relacionados con hombres de oración como lo fueron Abraham, Moisés, Josué y Elías.
Ya hemos visto que también nuestro Señor a menudo se retiraba a un monte para dormir
allí (Lc 21:37), para estar solo (Jn 6:15) o, como en este caso, antes de elegir a sus
apóstoles, para orar.
Lejos del ajetreo cotidiano, sin tener a nadie cerca, sólo en la comunión con el Padre.
Éste era un tiempo que el Señor, como hombre, necesitaba para su ministerio y sus
decisiones. Con ello nos deja claro a nosotros, sus seguidores, que con mucho más
motivo tenemos necesidad de retirarnos a un lugar solitario para orar y hallar orientación y
dirección, para que no nos quememos ni suframos daños en nuestro caminar.
La comunidad de Herrnhut tenía una pequeña cabaña en una colina llamada “Hutberg”.
Allí se retiraba Zinzendorf a menudo, y sus hermanos también, para orar a veces hasta la
medianoche. Quizás nació de estas experiencias en los años de avivamiento el bello
himno que citamos aquí:

“Para que Dios nos pueda guiar


es necesaria la quietud;
es fácil confundir la voluntad del Padre
con nuestra propia elección
cuando todavía caminamos a nuestro aire.

El que quiera la vida, que muera;


quien no muere, no vive.
No nos brillará luz verdadera
mientras nuestra carne no muera.”22

En la quietud de la noche, el Señor Jesús permaneció en oración. No solamente una hora,


ni dos, sino hasta que llegó la mañana. A pesar de que como Dios sabía a quienes iba a
escoger de entre los discípulos, pasó la noche en oración.
¿Oró ya en esa noche por Pedro, que después lo negaría con juramento y maldiciendo?
¿O quizá también por Juan, quien tras muchas décadas en el exilio escribiría el
Apocalipsis? ¿O por Jacobo, hermano de Juan, el primer discípulo que sufrió la muerte
como mártir? ¿O por Judas, el que lo iba a entregar?
No lo sabemos. Pero nos avergüenza que Él, quien todo lo sabe, pasó la noche en
oración, y nosotros que no sabemos qué decisiones para el futuro son las correctas y lo
que éste nos traerá, pensamos que eso de permanecer en oración está de sobra o que se
puede descuidar.
Cuando se hizo de día, Jesús llamó a la multitud de sus discípulos y escogió a doce de
entre ellos, “a los cuales también llamó apóstoles” (Lc 6:13).
Evidentemente los llamó con tal autoridad que, por parte de los otros discípulos, no surgió
ninguna protesta. Nadie se quejó por no haber sido tomado en cuenta, o porque a otro le
había sido dada la preferencia.

PÁGINA 22 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

Después, el Señor descendió del monte con sus discípulos a una meseta donde se
hallaba reunida una gran multitud que habían venido de las inmediaciones, “para oírle, y
para ser sanados de sus enfermedades” (Lc 6:17). Y, antes de predicar el Sermón del
Monte, leemos la breve nota, pero de gran contenido: “salía de él virtud, y sanaba a todos”
(Lc 6:19). La fuerza espiritual va siempre relacionada con la oración perseverante.

¿Qué podemos aprender de esto?


1. Antes de tomar decisiones importantes deberíamos retirarnos en quietud para orar
con perseverancia a fin de conocer la voluntad de Dios.
Así como nuestro Señor pasó la noche en oración (un cuadro de paz interior, sin el agobio
de compromisos y citas) y subió para ello al monte (un cuadro de la paz exterior),
nosotros también deberíamos escoger una hora y un lugar donde podamos retirarnos
para orar con perseverancia. Afortunado quien pueda retirarse lejos del televisor, internet,
teléfono móvil o fijo y otros tantos intrusos, para entrar en un lugar o cuarto de quietud.
El misionero Hudson Taylor (1832-1905) se encontraba en la crisis de su vida. Una seria
enfermedad lo había obligado a interrumpir su obra misionera en China en 1860 y
regresar como inválido a Inglaterra. Los médicos opinaban que jamás podría fortalecerse
otra vez como para poder volver a la China. Ahora llevaba ya cinco años viviendo
míseramente en una callejuela trasera en Londres con su joven familia. Tenía tan sólo 33
años y la gran necesidad de los millones de chinos que jamás habían escuchado el
evangelio, acongojaba su alma. Faltaban colaboradores dispuestos a salir para China a
pesar de los peligros y dificultades, en obediencia y confiando en las promesas de Dios.
En esos cinco años había orado mucho por China en silencio, pero entonces llegó el
domingo del año 1865 cuando, “en gran angustia espiritual”, salió a la playa de Brighton y
entregó nuevamente su vida y la obra en China a Dios.
Ese día anotó en su diario: “Allí mismo le pedí a Dios veinticuatro obreros, dos para cada
una de las provincias que no tenían misionero, y dos para Mongolia. Escribí la petición en
el margen de la Biblia que llevaba conmigo y regresé a casa, lleno de paz; una paz que
hacía meses no había conocido. Tenía la seguridad de que Dios iba a bendecir su obra y
que yo participaría de esa bendición...” 23
Años más tarde, Taylor oró por otros 100 obreros para China y, al final de su vida, oró por
1000 hombres y mujeres entregados a Dios; y Dios contestó todas estas oraciones.
Su hija y su yerno que lo acompañaron muchas veces durante sus viajes por China,
recordaron más tarde sus vivencias, cuando mes tras mes viajaban con él por el norte de
China. Eso se hacía en carros y carretillas, y las noches las pasaban en deplorables
albergues, donde a menudo sólo había un gran dormitorio para trabajadores y viajeros a
la vez. Entonces, con algunas cortinas intentaban hacer un pequeño rincón separado para
ellos y su padre:
“Y luego, después de que el sueño había producido por fin cierta medida de quietud,
escuchábamos un fósforo encenderse y veíamos el parpadeo de la vela que indicaba que
Hudson Taylor, aunque cansado, estaba estudiando aquella pequeña Biblia que siempre
tenía a mano. El tiempo que por lo general dedicaba a la oración era de las dos a las
cuatro de la madrugada, cuando podía estar más seguro de no ser molestado en su
espera en Dios. El parpadeo de esa vela significaba para nosotros más que todo lo que
habíamos oído y leído sobre la oración en secreto. Significaba una realidad; no era
predicarlo, sino practicarlo.” 24

PÁGINA 23 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

2. Noches de oración - ¿las conocemos sólo de la Biblia y de los libros antiguos?


El ejemplo de nuestro Señor debería ser razón suficiente para grabarnos con cincel en
nuestra mente la necesidad y el valor de la oración perseverante y durante noches
enteras. Cuando se trate de decisiones importantes y de gran alcance, o también de
necesidades candentes, deberíamos ejercitarnos y practicar personalmente, como
obreros y también como iglesia la oración perseverante.
(Is 62:6-7) “Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la
noche no callarán jamás. Los que os acordáis de Jehová, no ceséis, ni le deis
tregua, hasta que confirme, y hasta que ponga a Jerusalén en alabanza en la tierra.”
De Ana, la profetisa, leemos que “no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día
con ayunos y oraciones” (Lc 2:37).
Es asombroso que el apóstol Pablo relata cómo ora por otros “noche y día”. Es
interesante que en contra del habla común menciona primero la noche y con ello pone un
énfasis:
(1 Ts 3:10) “Orando de noche y de día con grande instancia, que veamos vuestro
rostro, y que cumplamos lo que falta a vuestra fe”
(2 Ti 1:3) “Doy gracias a Dios, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones
de noche y de día.”
Y si, además, tenemos en cuenta que está escrito que Satanás, como “acusador de
nuestros hermanos”, “los acusaba delante de nuestro Dios día y noche” (Ap 12:10),
entonces no nos costará mucho reconocer la necesidad de la intercesión perseverante a
favor de nuestros hermanos.
Es conmovedor leer cómo en los primeros años de la comunidad de Herrnhut se hacían
vigilias “en las que debían participar todos los hombres entre 16 y 60 años”. Orando y
cantando querían representar delante del Señor a la iglesia que estaba durmiendo, “para
que el maligno no tuviera poder para dañarlos.”25
En el siglo pasado el Señor usó de manera especial a Bakht Singh (1903-2000) para
fundar cientos de nuevas iglesias en la India y Pakistán. Este hombre fue sobre todo un
hombre de oración y de la Biblia.
La historia de su vida avergüenza y alienta a la vez: un cristiano cultivado, pero sencillo,
que renunció a todas sus posesiones, a pesar de que sus padres eran muy ricos.
Además, viajaba mucho como evangelista aunque tenía un defecto en el habla, pero por
esta causa aprendió a confiar en Dios en toda circunstancia.
Cuando en 1938 salió para Madrás, siendo un joven evangelista, para llevar a cabo una
evangelización durante tres meses, el Señor puso en su corazón orar con sus
colaboradores y otros hermanos “diecinueve noches seguidas, interrumpido sólo durante
dos días”.
“Todos ellos perseveraron en oración y oraban para que Dios obrara de forma poderosa.
Como resultado de estas noches de oración, el Señor obró en muchas partes del sur de la
India, especialmente en Madrás, donde nació la iglesia “Jehová-Shammah” y otras
iglesias neotestamentarias.”26
Paul Marsh cuenta cómo en los años 50 tenía el cometido de llevar a Bakht Singh de la
ciudad de Lahore a la frontera cerca de Wagha. Debía recogerlo a las 7.30h de la
mañana, pero halló que a esa hora todos los hermanos estaban orando. Pensando que
quizás se había equivocado de hora se disculpó por llegar tarde. La respuesta fue ésta:

PÁGINA 24 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

“No te preocupes, no has llegado tarde. Acabamos de terminar nuestro culto de oración
que comenzó anoche después de la reunión.”
El comentario de Paul Marsh al respecto: “Los hermanos habían estado orando durante
unas 10 horas. Eso era típico para la persona y el carácter de Bakht Singh.”27
3. ¡No tendremos fuerza espiritual ni autoridad para la obra, si no oramos seriamente!
La fuerza espiritual y nuestra eficacia no dependen de nuestro talento sino, sobre todo, de
nuestra comunión con el Señor y nuestra vida de oración.
Ya sea que tengamos un “don para servir” o un “don para hablar” o que aún no hayamos
descubierto el don que nos ha sido concedido, sin oración perseverante no recibiremos
poder espiritual ni experimentaremos eficacia.
Las experiencias del pasado y los conceptos actuales prometedores del éxito no pueden
suplir la falta de fuerza espiritual y autoridad. Recargar las baterías diariamente mediante
la oración y la lectura de la Biblia es algo imprescindible para poder hacer frente a
nuestras tareas en la familia, la escuela, el trabajo y en la iglesia. Nada puede sustituir los
tiempos de oración prolongados y regulares.
Spurgeon escribió lo siguiente: “Si no somos más negligentes que otros, eso no puede
servirnos de consuelo; los cortos alcances de los demás no son para nosotros una
excusa. ¡Cuán pocos de nosotros podemos compararnos al Sr. Joseph Alleine! Cuando
Joseph Alleine disfrutaba de salud se levantaba constantemente a las cuatro de la
mañana o antes, y se sentía muy apenado cuando oía a los herreros o a otros artesanos
en sus respectivos talleres, antes que él estuviese en comunión con Dios. “¡Cómo me
avergüenza ese ruido! ¿No merece mi Amo más que el amo de ellos?” Desde las cuatro
hasta las ocho pasaba el tiempo en oración, en santa contemplación y en cánticos de
Salmos. A veces suspendía la rutina de sus tareas en las iglesias y dedicaba días enteros
a la oración y la meditación”.28
Para que no haya malos entendidos: No se trata de que alguien ahora ponga su
despertador una hora antes, estimulado por las costumbres de oración de ciertos
personajes conocidos, para amonestarnos a orar. El orar hay que aprenderlo y practicarlo.
¡Orar sólo se aprende orando!
Las fuertes emociones, las movilizaciones y las llamadas a la oración, en el mejor de los
casos, sólo podrán motivar a orar a corto plazo. La solicitud en la oración muy pronto
desaparecerá. Es mejor comenzar dando pequeños pasos para entrenar “los músculos de
la oración”, que obligarse en forma poco realista y terminar frustrado y resignado.
Nadie que pretenda llegar a corredor de maratón comenzará directamente corriendo un
maratón. Primeramente aguzará sus músculos y sus pulmones corriendo distancias más
cortas, y con el tiempo aumentará la intensidad y los kilómetros a correr. Nadie que piense
dedicarse al salto de altura comenzará sus primeros ejercicios intentando saltar los dos
metros. Se empieza más bajo, según la capacidad del momento, para poco a poco ir
subiendo el listón.
De la misma manera, es prudente comenzar al principio reservando diez minutos para la
oración, pero aprovechándolos concentrándonos bien. El que practique esto fielmente
durante algún período de tiempo, notará que pronto no le bastan los 10 minutos. Los
crecientes motivos para orar, para dar gracias a Dios, para alabarlo, pedirle o interceder
por otros, poco a poco reclamarán más tiempo y el tiempo de oración se irá alargando por
sí solo.

PÁGINA 25 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

4. Así como el Señor perseveró durante la noche en oración, nosotros deberíamos


ejercitarnos en orar persistente y perseverantemente.
(Hch 1:14) “Todos estos perseveraban unánimes en oración”
(Ro 12:12) “Constantes en la oración”
(Ef 6:18) “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando
en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.”
(Col 4:2) “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias.”
Cuando Pedro se hallaba en la cárcel, la iglesia de Jerusalén “hacía sin cesar oración a
Dios por él” (Hch 12:5). Este tiempo de oración evidentemente duró hasta muy pasada la
medianoche, porque cuando Pedro fue despertado por el ángel, fue a la casa de María, la
madre de Juan Marcos “donde muchos estaban reunidos orando” (Hch 12:12).
Cuando en nuestra iglesia una joven madre de tres hijos enfermó tan gravemente de
septicemia (infección/intoxicación de la sangre causada por la multiplicación incontrolable
de bacterias) que había que contar con su muerte29, nosotros como iglesia
experimentamos de forma conmovedora lo que es la oración perseverante.
Cuando esto ocurrió, comenzamos a reunirnos todas las tardes para orar durante unas
tres semanas. Orábamos por este asunto: que Dios conservara la esposa al esposo, la
madre a los niños y que conservara para la obra del Señor a esta valiosa hermana.
Dios oyó nuestras oraciones. Recuerdo muy bien que después de estas tres semanas
terminamos nuestras reuniones de oración diarias con sentimientos diversos: pensándolo
bien habría todavía muchos motivos de oración y ocasiones para orar juntos diaria y
perseverantemente. Pero...
Georg Müller (1805-1898) al final de su vida relató sus experiencias con la oración
perseverante: “El punto más importante es no desistir jamás, hasta que venga la
respuesta. Yo he orado todos los días durante 52 años por dos hombres, hijos de un
amigo mío desde la juventud. Hasta el día de hoy no se han convertido, ¡pero se
convertirán! ¿Cómo podría ser de otra manera? Tenemos la promesa inconmovible del
Señor y en ella me apoyo. La gran falta de los hijos de Dios es que no continúan orando.
Si deseas algo para la honra de Dios, debes orar hasta que lo recibas.”30

Indice de fuentes
22 Albert Knapps Evangelischer Liederschatz (Stuttgart: Verlag der Cotta’schen
Buchhandlung, 1891), p g. 1101.
23 H. y G. Taylor, “El secreto espiritual de Hudson Taylor”
24 ibid.
25E. Beyreuther, Zinzendorf und die sich allhier beisammen finden (Marburg: Francke,
1959), p g. 195
26 T. E. Koshy, Bakht Singh (Bielefeld: CLV, 2005), p g 117
27 ibid. p g. 227
28 C. H. Spurgeon, Discursos a mis estudiantes
29 Ver el libro: Andreas Fett, “Ja, Vater...”, CLV 2009
30 R. Steer, Georg M ller (Bielefeld: CLV, 1995), p g. 238

PÁGINA 26 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM







La oración, una condición para crecer espiritualmente


(Lc 9:18-20) “Y aconteció que estando él solo orando, estaban con él los discípulos;
y les preguntó diciendo: ¿Quién dicen las gentes que soy? Y ellos respondieron, y
dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha
resucitado. Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo
Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios.”
Este detalle de “estando él solo orando” sólo lo menciona Lucas, mientras que Mateo y
Marcos se concentran sólo en la conversación del Señor con sus discípulos. Juan omite
esta escena.
Aquí no tenemos una oración en la soledad, sino una oración en presencia de los
discípulos. Aparentemente tampoco duró toda la noche, sino que fue durante el día. El
Señor no sólo predicaba sobre la oración, sino que lo vivía.
Como ya hemos dicho, nuestras oraciones no deben ser una demostración de nuestra
piedad. Pero si vivimos junto a otras personas en la familia, en la iglesia y también en el
servicio para nuestro Señor, entonces nuestra vida de oración no permanecerá escondida.
¿Cuáles fueron los motivos de oración del Señor en esta escena?
No podemos decirlo con toda seguridad, pero los versículos que siguen podrían indicar
que oraba por los discípulos, porque en la conversación a continuación el tema es el
conocimiento espiritual y las consecuencias que trae el ser un discípulo de Jesús.
Habiendo orado durante una noche entera antes de elegir a los discípulos, bien podemos
imaginar que en esta ocasión también oró por ellos, porque tenía que decirles a los doce
algo que les costaría comprender y aceptar. Lo que hasta el momento imaginaban y
esperaban del reino de Dios y sus tareas se iba a romper como una pompa de jabón.
Los versículos 18 al 27 tratan de tres temas:
1. ¿Quién es el Señor? ¿Qué piensa la gente y qué piensan los discípulos de Él?
2. ¿Qué ocurrirá con el Señor en los próximos meses?
3. ¿Con qué consecuencias tienen que contar los discípulos por seguir al Señor?
De lo que trataba esta lección era, pues, de la comprensión espiritual o el conocimiento
respecto a la naturaleza del Señor y su futuro; pero también de la posición como
discípulos de Jesús en un entorno hostil.
El conocimiento espiritual no depende del intelecto, ni es automáticamente el resultado de
una buena educación. Sin la iluminación por parte del Espíritu Santo nos quedaremos sin
discernimiento espiritual.
Especialmente en lo que se refiere a la persona de nuestro Señor, dependemos de la
“revelación del Padre”, porque “carne y sangre”, así dice el pasaje paralelo en (Mt 16:17),
no son capaces de asimilar y abarcar la naturaleza, grandeza y gloria de Dios y del Hijo
de Dios. Prueba de ello es la historia decepcionante de la teología universitaria en los
últimos 250 años.
(Mt 16:16-17) “Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios
viviente. Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de
Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos.”

PÁGINA 27 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

Es mi propia experiencia, que uno se puede criar en un hogar creyente, oír diariamente un
pasaje de la Biblia antes de la comida, asistir de niño y de joven año tras año cuatro veces
por semana a la iglesia, tener en la cabeza las historias de la Biblia, creyendo que son
verdad y defendiéndolas delante de otros, y a pesar de ello, estar tan ciego como un topo
para las cosas espirituales, y tan frío como un pez muerto.
Al igual que Saulo, un hombre dotado intelectualmente y con elevada cultura filosófica y
teológica, tenemos que experimentar cómo se nos “caen las escamas de los ojos” (Hch
9:18). Las verdades espirituales que hasta ese momento sólo conocíamos y podíamos
mencionar en teoría, se hacen entonces una realidad viva, capaz de cambiar toda nuestra
vida y llenar nuestro corazón de un gozo que antes no habíamos conocido.
El conocimiento espiritual es una obra de Dios, el Espíritu Santo en nosotros. Los “ojos de
nuestro corazón” tienen que ser “iluminados” y para ello se necesita la oración.
Pablo oró por los efesios:
(Ef 1:17-18) “Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de gloria, os dé
espíritu de sabiduría y de revelación para su conocimiento; alumbrando los ojos de
vuestro entendimiento, para que sepáis cuál sea la esperanza de su vocación”
(Ef 3:14-19) “Por esta causa doblo mis rodillas al Padre de nuestro Señor Jesucristo,
para que podáis comprender bien con todos los santos cuál sea la anchura y la
largura y la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo
conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.”
Los mismos discípulos son el mejor ejemplo de que ni el mejor maestro, ni la mejor
doctrina pueden cambiar nuestra vida automáticamente. Pedro tuvo que reconocer,
después de su grandiosa confesión, que no había comprendido nada de nada, y también
los otros discípulos reaccionaron con incomprensión, cuando el Señor anunció su futuro
rechazo y crucifixión, y les dijo que su futuro en esta tierra no iba a ser un camino de
rosas.
La necesidad de orar seriamente para que el Señor nos conceda conocimiento espiritual,
la vemos muy bien ilustrada en una historia del Antiguo Testamento:
En 2 Reyes leemos cómo el rey de Siria hace guerra contra Israel y una noche, en una
operación relámpago, pone cerco a la ciudad de Samaria con un gran ejército. Cuando el
siervo del profeta Eliseo se levanta a la mañana siguiente y ve el fulgor de las espadas y
armaduras del potente ejército sirio, exclama todo asustado: “¡Ah, señor mío! ¿qué
haremos?”. A lo cual Eliseo responde:
(2 R 6:14-17) “No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los
que están con ellos. Entonces Eliseo oró diciendo: Te ruego, oh Jehová, que abras
sus ojos para que vea. Jehová abrió los ojos del criado, y éste miró; y he aquí que el
monte estaba lleno de gente de a caballo y carros de fuego, alrededor de Eliseo.”
Para poder ver las realidades espirituales necesitamos, por lo tanto, ojos abiertos por
Dios, la intercesión de nuestro Señor y de nuestros hermanos, y la oración por causa de
nuestra ceguedad espiritual.

¿ Qué podemos aprender de esto?


1. Si tenemos la buena costumbre de orar “en solitario” regularmente, y naturalmente
también antes de acontecimientos especiales, esto no podrá quedar oculto. Se darán
cuenta los que están a nuestro alrededor.

PÁGINA 28 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

En los años pasados hemos hablado con muchos jóvenes creyentes de hogares
cristianos, y una y otra vez nos han contado que muy raras veces o nunca han visto a su
padre o a su madre “orar solos”. Puede ser que los jóvenes a cierta edad no se fijen en
esas cosas. Pero lamentablemente es un hecho cierto que muchos padres creyentes no
tienen una vida de oración personal. Quitando la bendición de la comida no practican la
oración.
Y hay muchas esposas que espiritualmente viven de “segunda mano” o tienen una
concepción tergiversada de la repartición del trabajo: Leer y estudiar la Biblia y orar es
tarea del hombre, que tiene más don y tiempo para ello y es, además, el responsable del
bienestar espiritual de la familia, mientras que ella como esposa y madre tiene que
preocuparse del bienestar terrenal de la familia.
También conocemos el otro extremo, en que el hombre echa de sí toda la responsabilidad
espiritual y se la carga a su esposa, que “de todos modos no tiene mucho que hacer”,
siendo él el que tiene que trabajar horas extraordinarias para ganar el dinero necesario
para el mantenimiento de la familia y otras comodidades.
La siguiente historia muestra la bendición que conlleva el ejemplo de un hombre o una
mujer que ora. En su biografía, el misionero pionero Juan Paton (1824-1907) recuerda su
hogar:
“Nuestra casa consistía de una habitación exterior y una interior y un cuartito entre ambas,
o cámara, que llamábamos cubículo. La habitación exterior era el territorio de mi madre y
era la cocina, cuarto de estar y comedor a la vez. La otra habitación era el taller de mi
padre donde había 5 máquinas tejedoras de calcetines que trabajaban diligentemente.
El cubículo era una pieza muy pequeña entre estas dos habitaciones, con apenas lugar
para una cama, una mesita y una silla, con una diminuta ventana que daba una diminuta
luz a la escena. Este era el santuario de aquella cabaña. Allí diariamente, y muchas veces
durante el día, por lo general después de cada comida, veíamos a nuestro padre retirarse,
y cerrar la puerta, y nosotros los niños entendíamos, por una especie de instinto espiritual
(porque tales cosas eran demasiado sagradas para comentar) que allí se estaban
elevando oraciones a nuestro favor, como en la antigüedad lo hacía el sumo sacerdote
detrás del velo en el lugar santísimo. Ocasionalmente oíamos los ecos de una voz
temblorosa, rogando como alguien que ruega por su vida, y aprendimos a caminar
pasando esa puerta de puntillas, a fin de no interrumpir la santa conversación.
El mundo quizá no sabía, pero nosotros sí, de dónde procedía esa luz feliz, como la
sonrisa de un recién nacido, que siempre tenía el rostro de mi padre: era un reflejo de la
presencia divina, de la cual él siempre estaba consciente. Nunca, ni en los templos ni en
las catedrales, en los montes ni en los valles, podría esperar que el Señor Dios estuviera
más cerca, caminando más visiblemente entre los hombres y hablando con ellos, que bajo
el techo de paja y las vigas de roble de aquella humilde cabaña. Si alguna catástrofe
impensable se llevara todo lo contenido en mi alma y en mis recuerdos, en lo que se
refiere a la religión, con todo, los pensamientos retornarían a estas escenas de mi niñez y
oirían el eco de las oraciones y súplicas, y toda duda desaparecería con las palabras: Él
se relacionaba con Dios ¿por qué no podría yo hacer lo mismo?“31
2. El conocimiento espiritual no se puede transmitir de forma racional. Dependemos de la
iluminación del Espíritu Santo, y pedir que nos ilumine debería ser un tema constante de
nuestras oraciones.
Por muy importante e imprescindible que sea el aprender de memoria versículos de la
Biblia, himnos espirituales y poesías, si estas buenas palabras sólo se quedan en nuestra

PÁGINA 29 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

cabeza y no entusiasman ni cambian nuestros corazones por medio del Espíritu Santo,
este esfuerzo servirá sólo para ejercitar un poco nuestra masa encefálica.
Con todo el conocimiento bíblico, talento, didáctica y metodología podremos asimilar y
transmitir informaciones bíblicas, pero si el Espíritu de Dios no ilumina y abre los “ojos del
corazón”, el trabajo será en vano.
Por eso es tan importante que toda clase de predicación y comunicación de verdades
bíblicas sea preparada y acompañada por la oración, y también que sea presentada con
oración.

Indice de fuentes
31 Juan Paton, Autobiograf a.

PÁGINA 30 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM



La oración cambia a la persona que ora


(Lc 9:28-32) “Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a
Pedro y a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. Y entre tanto que oraba, la
apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente... Y Pedro
y los que estaban con él, estaban cargados de sueño: y como despertaron, vieron su
majestad, y a aquellos dos varones que estaban con él.”
Mateo, Marcos y Lucas narran el suceso extraordinario de la transfiguración de Jesús. Los
tres relatos lo cuentan después que Jesús anunciara por primera vez que tenía que sufrir,
y después de sus palabras claras sobre las consecuencias que traería el seguirle a Él:
negarse a sí mismo, tomar la cruz y perder la vida.
Cada uno de los tres relatos enfatiza una particularidad que los otros dos evangelistas no
mencionan y que encaja bien en el carácter del evangelio en cuestión.
Por ejemplo, Mateo describe la apariencia del Señor así: “resplandeció su rostro como el
sol” (Mt 17:2), mientras que Marcos no menciona la faz del Señor, sino que se centra en
sus ropas: “Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve;
tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos” (Mr 9:3).
Lucas a su vez, cuenta detalles que ni Mateo ni Marcos mencionan:
• El Señor subió al monte “a orar”.

• Su rostro cambió “entre tanto que oraba”.

• Los discípulos estaban “cargados de sueño”, durante la transfiguración del Señor.

Después de declararles a los discípulos las consecuencias de seguirlo a Él, que


posiblemente podrían resultar en su ejecución y crucifixión, toma a tres de sus discípulos
más cercanos y sube con ellos a un monte alto. Los lleva consigo para orar con ellos.
Pero quería que recibieran una impresión permanente de la gloria del reino venidero y,
sobre todo, de su propia gloria, al ser testigos de su transfiguración.
• Pedro sería crucificado en Roma años más tarde.

• Juan sería desterrado siendo ya un anciano.

• A Jacobo le quedaban pocos meses de vida, pues iba a morir por la espada de
Herodes.
El ejemplo de su Maestro orando, y la visión de la gloria venidera, debían animarlos a
soportar los sufrimientos y dolores vinculados con la vida del discípulo, “por el gozo que
tenían por delante” (He 12:2).
Esta vivencia era como una profilaxis espiritual, para no “desmayar” en las aflicciones y
dificultades que iban a venir después.
Sólo Lucas cuenta que el rostro del Señor y también sus vestidos cambiaron “mientras
oraba”. Una gloria brillante, apenas descriptible con palabras, se reveló durante la oración,
ante los ojos de los discípulos que luchaban con el sueño; así lo insinúa Lucas.
Muchos años más tarde, Pedro recuerda la transfiguración y parece buscar las palabras
apropiadas, para poder transmitir a los lectores esta tremenda impresión:
(2 P 1:17-18) “Porque él había recibido de Dios Padre honra y gloria, cuando una tal
voz fue a él enviada de la magnífica gloria: Este es el amado Hijo mío, en el cual yo

PÁGINA 31 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

me he agradado. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos
juntamente con él en el monte santo.”
El hecho de que además aparecieran Moisés y Elías “en gloria” y hablaran con el Señor
sobre “su salida que debía cumplir en Jerusalén”, es seguramente de gran importancia
tipológica y práctica. Pero nos limitaremos aquí a considerar esta escena maravillosa
solamente en lo que toca a la oración del Señor. ¿Qué podemos aprender de esto?

La oración transforma al que ora


Así como cambió el aspecto del Señor durante la oración en esta situación específica,
nosotros también podemos ser transformados mediante la oración, la comunión y la
obediencia, pero en nuestro caso, esto ocurre poco a poco. Por supuesto que el Señor no
necesitaba ningún cambio moral. Él era perfecto en todas sus acciones y en todo
momento.
Pero nosotros, sus seguidores sí que tenemos necesidad de cambio en nuestra moral y
en nuestro carácter, y este cambio se efectuará si practicamos una vida de oración
constante en la presencia del Señor, unido al estudio regular de la Biblia y la obediencia.
El rostro del Señor “resplandeció como el sol”, así lo cuenta Mateo. Él es la luz del mundo.
Nuestros rostros sólo podrán reflejar algo de la gloria del Señor, si permanecemos a
menudo en su presencia.
1. El ejemplo de Moisés
Cuando Moisés bajó del monte, después de estar 40 días en la presencia de Dios, y se
presentó delante del pueblo, los israelitas vieron a Moisés y “he aquí la tez de su rostro
era resplandeciente” (Ex 34:30). Moisés mismo no se había dado cuenta de ello. Estaba
tan impresionado por la santidad y gloria de Dios, que en ningún momento pensó en sí
mismo, ni tenía interés alguno en mirarse en el espejo o poner su propia persona en el
centro de atención. La Biblia relata que “no sabía él que la tez de su rostro resplandecía,
después que hubo con Él [con Dios] hablado” (Ex 34:29).
Dos aspectos se acentúan aquí:
• Hablar con Dios (orar) cambia el aspecto del que ora y la impresión que damos o lo
que irradiamos.
• Este cambio pasa inadvertido para la persona que ora, pero el entorno sí se da
cuenta de ello.
• Podríamos añadir: Este cambio o irradiación no se puede conservar, porque
depende de la comunión práctica con Dios.
Un ejemplo impactante de esto mismo es el de Robert C. Chapman (1803-1902), uno de
los padres del así llamado “Movimiento de Hermanos” en Inglaterra. Más allá de las
fronteras de su país era conocido como el “Apóstol del Amor”. A pesar de estar muy
ocupado, se tomaba un día libre a la semana; con todo rigor los sábados normalmente no
recibía a nadie. Todos los demás días estaba ocupado con las tareas y necesidades de la
iglesia, pero se reservaba ese día para descansar y recuperarse, tanto espiritual como
corporalmente. Se retiraba a su taller, donde tenía un torno con el cual hacía trabajos de
carpintería y torneaba. Y así pasaba el sábado ayunando, pero también trabajando la
madera y teniendo suficiente tiempo para derramar su corazón delante del Señor y
meditar sobre la Palabra de Dios.

PÁGINA 32 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

Una persona que por causa de una emergencia tuvo que molestarlo una vez, contó que al
entrar en el taller la cara de Chapman “resplandecía como un ángel.”
2. El ejemplo de Ana
Ana, la madre de Samuel, también vivió un cambio tremendo. Entró a la presencia de
Dios siendo una mujer amargada, frustrada y sumamente triste, y oró “largamente delante
de Jehová” y “derramó su alma delante de Jehová”. Pero cuando después partió a su
casa aliviada “ya no estaba triste su semblante” (1 S 1:10-18).
3. El ejemplo de Esteban
Recordemos también a Esteban, el primer mártir de la joven iglesia de Jerusalén.
Después de una potente evangelización al aire libre, a la que siguió una vehemente
discusión, lo cercaron los judíos llenos de rabia y crujiendo los dientes contra él. Pocas
horas más tarde estaban decididos a echarle de la ciudad y apedrearlo.
Pero antes de esto leemos la impresión que dejó en la multitud alterada:
(Hch 6:15) “Todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él,
vieron su rostro como el rostro de un ángel.”
Al final del relato hallamos la explicación de su semblante radiante:
(Hch 7:55) “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la
gloria de Dios y a Jesús que estaba a la diestra de Dios”
El apóstol Pablo, que entonces era aún “Saulo respirando amenazas y muerte” (Hch 9:1)
y había dado luz verde al apedreamiento de Estaban, quizá recordó después esta escena
cuando escribió a los Corintios:
(2 Co 3:18) “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un
espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria como por el
Espíritu del Señor.”

La desgana y el cansancio al orar, ¿hay una salida para


este dilema?
(Lc 9:29) “Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su
vestido blanco y resplandeciente.”
A pesar de esta asombrosa transformación, los discípulos se encontraban en un sueño
del que sólo despertaron lentamente. También aquí es notable que sólo Lucas menciona
esta debilidad humana de los discípulos, mientras que Mateo y Marcos no mencionan ni
una sola palabra de esto.
La intención del Espíritu Santo parece indicar un problema con el que todo discípulo tiene
que pelear: desgana y cansancio para orar.
A primera vista parece inconcebible que se durmieran precisamente en un momento tan
dramático y sobrenatural. Debiendo recibir una impresión permanente y alentadora de la
inefable gloria futura del Señor y de su reino, son vencidos por el cansancio. Durmiendo,
se pierden el punto culminante de su vida.
Lucas describe la escena con gran precisión:
(Lc 9:32) “Pedro y los que estaban con él, estaban cargados de sueño: y como
despertaron, vieron su majestad, y a aquellos dos varones que estaban con él.”

PÁGINA 33 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

Si nos imaginamos la escena, vemos cómo Pedro y los otros dos discípulos luchan contra
este sueño, frotándose los ojos, moviendo la cabeza y todavía sin saber si están soñando
o están viendo la realidad.
Marcos enfatiza que “estaban espantados” (Mr 9:6) y que Pedro en su apuro y de forma
irreflexiva sugiere hacer tres cabañas. Lucas comenta el comportamiento de Pedro
diciendo “no sabía lo que decía” (Lc 9:33) y que hubiese sido mejor si hubiera callado.
Porque Lucas nos dice que de repente vino “una nube que los cubrió” (Lc 9:34), y
después ya no vieron al Jesús glorificado, sino al Jesús de Nazaret en su humillación.
“Hacer cabañas o enramadas”, actuar para el Señor, eso aparentemente no le era difícil a
Pedro y a los otros discípulos. El orar, sin embargo, les era una cosa pesada y cansina.
Es interesante que poco después ocurre una historia parecida que también revela la
debilidad de los discípulos. En esa ocasión estos tres discípulos estaban también con
nuestro Señor, pues los llevó consigo al huerto de Getsemaní, para velar y orar con Él.
Las circunstancias exteriores eran abrumadoras en esta ocasión. No tenían delante a un
Señor transfigurado y rodeado de gloria, sino al Hijo del Hombre lleno de temor y “triste
hasta la muerte” (Mt 26:38). También aquí los discípulos se duermen “de tristeza”, según
nos cuenta Lucas (Lc 22:45).
Siendo Pedro el que llevaba siempre la palabra, tuvo que escuchar la pregunta del Señor:
(Mr 14:37-38) “Simón, ¿duermes? ¿no has podido velar una hora? Velad y orad para
que no entréis en tentación.”
El hecho de que el Señor los despertara y amonestara otras dos veces, no cambió para
nada su cansancio a la hora de orar.
Pero una hora más tarde, los discípulos, y Pedro por delante de todos, estaban bien
despiertos cuando los soldados y ministros del sumo sacerdote invadieron el huerto,
sonando las armas para tomar preso al Señor.
De nuevo es Pedro el portavoz, quien espontáneamente echa mano de su espada
escondida y pregunta: “Señor, ¿heriremos a espada?” (Lc 22:49), y un instante después
apunta a la cabeza de uno de los hombres armados, pero sólo dio con la oreja de Malco
(Jn 18:10).
Cuando se trata de orar con perseverancia: ¡Cansancio! Cuando se trata de actividad y
hacer exhibición de fuerza: ¡Vivitos y coleando! Esto lo conocemos bien por experiencia.

La persona que ora está bajo observación del diablo


Parece que el enemigo de Dios mueve “Roma con Santiago” para quitarnos de orar o
estorbarnos en la oración. Si nosotros subestimamos el poder de la oración, ¡el diablo sí
sabe muy bien lo eficaz que es la oración!
Satanás no puede ver a un creyente orando, ni en pintura. Odia la humildad y
dependencia de Dios expresada por la oración.
El adversario de Dios no ha olvidado la influencia que tuvieron los hombres de oración de
la Biblia, como lo fueron Abraham, Samuel, Elías, Eliseo y Daniel, que estorbaron sus
intenciones asesinas. Por eso disparará todas las “flechas ardientes” disponibles (Ef 6:16)
para quitarnos también a nosotros de orar o alimentar nuestros pensamientos con
fantasías a menudo vergonzosas.

PÁGINA 34 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

Muchos de nosotros tendremos que confesar que especialmente durante la oración nos
sentimos atacados o abrumados por los pensamientos y problemas de la vida diaria.
Si el diablo no consigue impedir que oremos, con toda seguridad intentará por todos los
medios estorbarnos o cargarnos con un cansancio repentino, o hacernos ver la
importancia de los trabajos por hacer.
Ole Hallesby ha descrito muy acertadamente estos problemas y las tentaciones en su
libro “La oración”: “Nuestra vieja naturaleza dentro de nosotros no nos niega directamente
la oración. En ese caso nuestra lucha contra la carne no sería tan dura. Pero la carne
lucha de manera indirecta contra la oración, con gran habilidad y talento. Instintiva y
automáticamente moviliza toda clase de razones para hacernos ver que no es el momento
de orar. Tenemos prisa, nuestro espíritu está distraído, el corazón no tiene ganas de orar,
después será más oportuno, estaremos más tranquilos y más concentrados. Ya, por fin
llegó el momento cuando queremos orar, pero de repente nos viene un pensamiento: Esto
o lo otro tienes que hacerlo primero. Cuando lo hayas terminado, entonces todo estará
listo para tener una hora de oración tranquila. Así que hacemos esa cosa primero. Pero
una vez terminada, nuestra mente está distraída y nuestra concentración se ha ido. Y casi
sin darnos cuenta ha pasado el día, sin que hayamos tenido una hora tranquila con Dios.”
En su carta a Georg Spalatin, Lutero escribió el 9 de septiembre de 1521: “Ha llegado el
tiempo de orar con todas las fuerzas contra Satanás, porque anda gestando alguna
tragedia funesta contra Alemania. Yo me estoy temiendo que el Señor se lo permita y aquí
me tienes roncando y perezoso para orar y resistir, hasta tal punto que estoy
violentamente descontento y cansado de mí mismo, a lo mejor porque me encuentro solo
y vosotros no me ayudáis. Oremos y vigilemos para no entrar en tentación (Mt 26:41)”
La oración requiere concentración y es un duro trabajo. Para evitar distraerse y divagar, a
muchos creyentes los ayuda orar en alta voz.
La lucha contra Amalec
Una historia del Antiguo Testamento ilustra formidablemente las fuerzas que cuesta orar y
lo agotador que es:
La primer lucha del pueblo de Dios tras salir de Egipto fue la lucha contra los amalecitas.
Ellos habían encontrado el punto más débil de Israel y atacaron allí precisamente.
Entonces Moisés mandó a Josué que escogiera hombres y que saliera a luchar a espada
contra Amalec, mientras que él subió al monte con Aarón y Hur “con la vara de Dios” en
su mano (Ex 17:9).
En el valle Josué luchaba contra Amalec con sus soldados, mientras que Moisés tenía sus
manos levantadas en oración con la vara de Dios. Cada vez que Moisés bajaba sus
brazos, vencía Amalec, pero en el momento que los levantaba, vencía Israel.
No leemos que Josué y sus combatientes se cansaran en la lucha, pero sí lo leemos de
Moisés: “Y las manos de Moisés se cansaban” (Ex 17:12).
Para asegurar la victoria que dependía de las manos levantadas de Moisés, Aarón y Hur
dieron apoyo a los brazos de Moisés: “así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso
el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada” (Ex 17:12-13).
Este suceso muestra claramente lo agotadora que puede ser la intercesión perseverante.
Nosotros también necesitamos la ayuda y el aliento de nuestro “sumo sacerdote” Jesús y
también de nuestros hermanos cuando oramos.
El reformador Martín Lutero conocía muy bien estas acometidas de Satanás y era lo
suficientemente sincero como para no encubrir estos tiempos de debilidad y derrota, sino

PÁGINA 35 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

que pidió a sus amigos que oraran por él: “Yo estoy aquí sentado, cómodo, endurecido y
sin sentimientos – ¡ah! Cuán poco oro, cuán poco me preocupo por la iglesia, pero tanto
más estoy ardiendo en los fuegos salvajes de mi carne sin domar. Debería estar ardiente
en el Espíritu; pero la realidad es que estoy ardiendo en la carne con lascivias, pereza,
ociosidad, somnolencia. Quizá Dios se haya alejado de mí, porque todos vosotros habéis
dejado de orar por mí. En los últimos ocho días nada he escrito y tampoco he orado o
estudiado, en parte por desmesura y en parte por otro impedimento molesto (constipación
de vientre y almorranas), de verdad que no aguanto más; ora por mí, te suplico, porque en
este aislamiento estoy sobrecargado de pecados” (parte de una carta a Melanchthon del
13 de julio de 1521 desde el castillo de Wartburg).
Las victorias y derrotas en nuestra vida personal, y también en el pueblo de Dios,
dependen de la oración. Eso lo sabemos por la Biblia, por la historia de la Iglesia y por la
propia experiencia. Y, a pesar de ello, oramos tan poco.
¿Qué podrá cambiar esta situación?

PÁGINA 36 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

El poder del ejemplo para producir un cambio


(Lc 11:1) “Aconteció que estaba Jesús orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno
de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus
discípulos.”
Lucas habla aquí de “un cierto lugar”. Es un detalle interesante, porque parece indicar que
en la vida de nuestro Señor había ciertos lugares conocidos por sus discípulos, donde
solía orar. Esto nos recuerda algunas consideraciones del capítulo 3. Algunas veces
puede ser una ayuda tener un lugar o un cuarto conocido, donde uno se puede retirar
para orar.
En la biografía sobre James Fraser, escrita por su hija, se puede aprender mucho sobre la
oración. En su diario y en sus numerosas y largas cartas enviadas a sus compañeros de
oración, Fraser habla a menudo sobre sus experiencias con la oración y lo que descubría
al estudiar los pasajes bíblicos que trataban sobre ella. No importaba en la región que
vivía, ni en la cabaña primitiva donde habitaba; siempre tenía en las cercanías un lugar,
donde podía orar sin ser molestado y donde podía derramar su corazón delante de Dios.
En Tengyueh por ejemplo, su lugar preferido para orar era un templo abandonado. Incluso
después de casado (a sus 42 años), después de mudarse pronto con su pequeña familia
a una casa de la misión en Paoshan, buscó y encontró fuera de su vivienda un lugar
donde estaba a salvo de ser molestado:
“La única manera de escaparse del ajetreo, para James era encontrar en otro sitio un
lugar de silencio. Encontró y alquiló un cuartito en el último piso de una casa, justo
enfrente de la casa de la misión. Eran muchos escalones para subir a oscuras en la casa
de un amigo islámico. Temprano por la mañana iba a menudo allí, suspendiendo el
desayuno, para pasar horas en oración. Allí se sentía libre para orar en alta voz.”
También en la vida de nuestro Señor había ciertos lugares, parajes y también casas que
jugaban un papel llamativo. Y eso seguramente es de importancia también para nosotros.
Por supuesto, el Señor no necesitaba estas “muletas” humanas. Pero el hecho de que se
mencionen a menudo en la Biblia, muestra que contienen una lección práctica para
nosotros, sus discípulos, que con nuestras muchas debilidades somos marcados, más de
lo que pensamos, por las circunstancias y costumbres.
En los próximos capítulos hablaremos de la bendición de las buenas costumbres; aquí,
sin embargo queremos considerar la bendición y las consecuencias que puede tener un
buen ejemplo.
Ya sabemos por experiencia que un ejemplo tiene más efecto que muchas palabras. En
sus conversaciones con los discípulos y también en sus sermones públicos, el Señor
habló muchas veces sobre la oración, animando a orar. Pero, su ejemplo al orar,
evidentemente retó a sus discípulos más que sus palabras podían hacerlo. El hecho de
que vivía lo que predicaba, despertó en los discípulos el deseo de llegar a ser hombres de
oración como Él.
Una persona que no haya recibido la nueva vida de Dios, es improbable que exprese el
deseo de aprender a orar. Para muchas personas orar es una pérdida de tiempo, y, en el
mejor de los casos, una clase de hipnotismo personal o una autosugestión en situaciones
de estrés.
Lamentablemente, la experiencia muestra que un discípulo de Jesús no tiene
automáticamente el deseo ansioso de convertirse en un hombre de oración. Muchos

PÁGINA 37 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

asentirán a las palabras de J. Oswald Sanders quien dice que “la mayor parte de nosotros
somos atormentados por una pérfida aversión contra la oración. No es nuestra alegría
natural el acercarnos a Dios.”
A menudo son apuros interiores o exteriores, los que Dios permite en nuestra vida con la
intención de enseñarnos a orar. Sólo aceptaremos poco a poco nuestra completa
dependencia de Dios, cuando lleguemos a nuestros límites (no sólo en teoría, sino en la
práctica), y nos demos cuenta de que aun nuestros mejores anhelos e intenciones
espirituales no tienen fuerza. Entonces, y es triste que tardemos tanto tiempo en verlo, y
que antes destrocemos nuestros pies caminando por nuestros propios caminos,
aumentará nuestro anhelo de que el Señor nos enseñe a orar.
Seguramente no es casualidad que en los versículos anteriores no se hable de un “cierto
lugar”, sino de una “cierta mujer” (Lc 10:38) que recibió en su casa al Señor y a sus
discípulos. Era Marta, bien conocida para nosotros, quien tuvo que aprender la dolorosa
lección que toda persona extrovertida y llena de energía tiene que aprender tarde o
temprano: “afanada y turbada estás con muchas cosas; pero sólo una cosa es necesaria”
(Lc 10:41).
Estar inactiva, sentada a los pies de Jesús y escucharlo, aprender de Él, para poder imitar
su ejemplo, era la lección espiritual que imperiosamente ella tenía que aprender; y cada
uno de nosotros también.
El ejemplo único del Maestro despertó en el discípulo, cuyo nombre no se nos relata, el
ardiente y sincero deseo de llegar a ser un hombre de oración. Y para nosotros no hay
motivación mayor que su ejemplo; si lo amamos a Él.

PÁGINA 38 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

La bendición de las buenas costumbres


(Lc 22:39-42) “Y saliendo, se fue, como solía, al Monte de los Olivos; y sus
discípulos también le siguieron. Y como llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no
entréis en tentación. Y él se apartó de ellos como a un tiro de piedra; y puesto de
rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga
mi voluntad, sino la tuya.”
En estos tiempos, cuando el valor de la disciplina espiritual no está muy en boga entre los
creyentes, puede ser una ayuda alentadora considerar lo que la Biblia y el ejemplo de
Jesucristo dicen al respecto.
Es interesante que, especialmente en la pedagogía, se está viendo un cambio de opinión.
Muchos educadores y maestros por necesidad se plantean la pregunta de si los métodos
de las últimas décadas han dado buen resultado o no, pues ya dudan si se puede dar
clases y educar a los jóvenes con tan poca presión y exigencias.
Está demostrado que los niños y jóvenes de generaciones pasadas no sólo aprendían
más en menos tiempo, sino que por lo general salían más capacitados para la vida y más
alegres que muchos de los jóvenes indiferentes de hoy que pasan de todo.
En el año 2006 se publicó el libro “Elogio de la disciplina, un escrito polémico” del
conocido pedagogo y teólogo Bernhard Bueb. Ha encontrado buena acogida y
aceptación, pero también rechazo. Esto es un indicio de que las opiniones están
cambiando. También en la política se nota actualmente un aumento en el énfasis de la
importancia de la moral, los valores y las virtudes cristianas.
Y por eso nos asombra que en círculos evangélicos existe la tendencia contraria.
Predicadores y autores conocidos e influyentes no se cansan de enfatizar que es inútil o
incluso dañino leer la Biblia u orar si no se tiene ganas de hacerlo.
Ciertos testimonios en algunas revistas evangélicas y en ciertos libros nos quieren hacer
ver que casi todas las enfermedades y aberraciones espirituales y anímicas tienen su
origen en una educación represiva, consecuentemente cristiana, donde los niños estaban
expuestos a una presión supuestamente dañina.
Es indiscutido que una educación severa, falta de amor y marcada por el legalismo,
llevada a cabo por padres que ellos mismos no viven lo que exigen de sus hijos, puede
causar daños devastadores. Lamentablemente tenemos muchas pruebas de ello.
Algunos de los más conocidos ateos, nihilistas y odiadores de Dios se criaron en hogares
cristianos. Lo que vieron y oyeron allí fue tan repelente e hipócrita que hastiados juraron
no querer saber nada más de la Biblia ni del cristianismo.
Lenin, por ejemplo, tenía quince años cuando su padre, miembro piadoso de la Iglesia
Ortodoxa Rusa, recibió la visita de un pope (sacerdote de la iglesia ortodoxa griega).
Siendo él un concurrente fiel a los cultos, lo acongojaba la actitud de su hijo, que ya no
quería asistir regularmente a éstos. Cuando le pidió consejo al pope, éste le respondió:
“¡Habría que darle una buena paliza!”.
Ninguno de los dos sospechaba que el hijo estaba en el cuarto contiguo y estaba
escuchando tras la puerta esos “consejos”. Lleno de indignación, el joven Wladimir Iljitsch
arrancó de su cuello la cruz que tenía colgada de una cadena, y que hasta entonces
había llevado puesta. Con esa religión había terminado. Nunca más querría saber de ella.

PÁGINA 39 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

Desde ese momento para él la iglesia y la religión eran solamente “un medio de los
reinantes para oprimir a las clases bajas”.
Por otra parte, en muchos ámbitos es una cosa normal exigir una vida disciplinada de los
deportistas y artistas, por ejemplo, para que puedan dar el mayor rendimiento.
Todo el mundo comprende perfectamente que el entrenador de fútbol “machaque”,
imponga buenas multas y entrenamientos forzosos adicionales a los jugadores
profesionales de la liga que no vienen puntualmente a los entrenamientos o rehusan
respetar al entrenador.
Los aficionados fanáticos, que casi siempre son gordos, exigen a voces que sus ídolos se
maten corriendo para ganar la victoria de su equipo: “¡Queremos verlos sudar!”. Y cuando
uno de los profesionales por alguna razón engorda un poco, en seguida le plantan un
nuevo nombre burlón, como “el gordo”, “bolita” o “barril”.
Ni tiene que decirse que la disciplina y el dominar los bajos instintos son parte de la virtud
de todo deportista.
Cuando los jóvenes con talento invierten largas horas practicando al piano o se hacen
polvo los dedos tocando un instrumento de cuerdas, admiramos su energía y les
animamos a ser duros consigo mismos.
Nadie se altera cuando una persona consciente de cuidar su salud va todas las semanas
al gimnasio, para deshacerse sudando de los kilos que le sobran, sacrificando dinero y
tiempo para tener buena figura, al menos delante del espejo.
Pero, en el momento en que alguien se atreve a defender la disciplina entre los creyentes
que dicen que lo son, animándolos a subir el listón en la vida como seguidores de Cristo y
a aceptar las normas neotestamentarias, tendrá que esperar violentos reproches. Y le
dirán que está favoreciendo una represión dañina y las “neurosis” por culpa de la iglesia.
¿Qué podemos aprender de la Biblia y del ejemplo de nuestro Señor en lo que se refiere a
estas cuestiones importantes y controvertidas?
1. Nuestro Señor tenía costumbres fijas
Fue para mí un descubrimiento interesante el que precisamente el evangelista Lucas
narre determinadas costumbres en la vida de Jesús:
Primero leemos en (Lc 2:42) que los padres de Jesús viajaban anualmente a Jerusalén
“conforme a la costumbre de la fiesta”, para celebrar la pascua. Ni qué decir tiene que
Jesús a sus doce años estaba también allí. Así se crió en una familia donde las
ordenanzas bíblicas se hicieron buenas costumbres y finalmente una buena tradición
familiar.
Dos capítulos después leemos que a la edad de treinta años fue a la ciudad Nazaret
donde se había criado, “y en el día de reposo entró en la sinagoga conforme a su
costumbre” (Lc 4:16). Para Él, como adulto, era lo más normal del mundo ir a la sinagoga
el día de reposo, para oír la Palabra de Dios. Sus padres le habían dado el ejemplo y en
su juventud también practicó esa buena costumbre.
Después se nos narra en (Lc 22:39) que “se fue como solía al Monte de los Olivos”. Iba a
menudo a este lugar familiar, para dormir allí (Lc 21:37) (Jn 8:1), para reunirse con sus
discípulos y para orar (Lc 22:41).
Resumiendo constatamos lo siguiente:
• Participación regular en la celebración de la pascua.

PÁGINA 40 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

• Asistencia semanal a la sinagoga.

• Visita frecuente al Monte de los Olivos para orar allí.

Éstas eran costumbres naturales en la vida de nuestro Señor, tal y como las practicaba
cualquier israelita temeroso de Dios.
Jesús sabía que Judas, el traidor, y los soldados con los siervos del sumo sacerdote ya
estaban de camino para prenderlo en el huerto de Getsemaní. Judas conocía bien este
lugar (Jn 18:2). Pero eso no lo detuvo de ir a ese sitio como era su costumbre.
2. Discipulado sin disciplina es impensable
Nuestro Señor, siendo un hombre perfecto y sin pecado, no tenía necesidad de disciplina
y reglamentos. No obstante, su comportamiento nos es un ejemplo alentador para
entrenarnos en estos ejercicios espirituales vitales, para que en nuestras vidas como
discípulos lleguen a ser puntos de referencia que se den por sentados.
Antes de leer en el próximo capítulo ejemplos alentadores de hombres de oración de la
Biblia y de la historia de la Iglesia, retengamos en nuestra mente las palabras de Jonatán
Edwards que escribió en su introducción a los diarios del misionero David Brainard, cuya
vida de oración era verdaderamente intensa y extraordinaria:
“El ejemplo de Jesucristo es el único ejemplo absolutamente perfecto que ha habido entre
los hombres. Por eso es una pauta con la que tenemos que medir todos los demás
ejemplos. Y sólo debemos seguir y recomendar las inclinaciones, sentimientos y actos de
otras personas, hasta donde sean seguidores de Jesús”.

PÁGINA 41 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

Hombres y mujeres de oración en la Biblia y la


historia
Samuel
La vida del profeta Samuel estaba enmarcada por la oraci n. Su madre or a Dios por l
cuando estaba desesperada, y luego le dio el nombre “lo ped de Jehov ” o “Dios
escucha”. Ya de ni o “ador a Jehov ” (1 S 1:28), y siendo muy anciano, cuando el
pueblo de Israel le rechaz como juez, pidiendo un rey “or a Jehov ” (1 S 8:6).
Despu s de haber ungido a Sa l como rey y pronunciado su discurso de despedida para
el pueblo, no se le ocurri retirarse como bien pod a haberlo hecho a su edad. No, sino
que prometi al pueblo reunido, que ya vislumbraba la p rdida de este hombre de oraci n:
(1 S 12:23) “As que lejos sea de m que peque yo contra Jehov cesando de rogar
por vosotros...”
La costumbre de Samuel de orar por el pueblo de Dios, digna de ser imitada, estaba tan
arraigada en l, que consideraba que era un pecado si cesaba de interceder por ellos. Su
intercesi n no depend a del bar metro de emociones del pueblo.
El (Sal 99:6) nos recuerda su importancia como hombre que oraba: “Mois s y Aar n entre
sus sacerdotes, y Samuel entre los que invocaron su nombre; invocaban a Jehov y el les
respond a.”

Daniel
Existe un paralelo interesante entre las costumbres en la vida de Jes s y una de las
personas m s impresionantes del Antiguo Testamento: Daniel. l es uno de los grandes
hombres de oraci n de la Biblia. Tres veces Dios le califica de manera extraordinaria: “T
eres muy amado” (Dn 9:23) (Dn 10:11,19).
Igual que nuestro Se or, Daniel estaba bajo observaci n constante de sus enemigos
envidiosos. A pesar de una atenci n intensiva no pudieron descubrir ninguna falta en su
vida cotidiana, “porque era fiel” (Dn 6:5).
Finalmente, sus colaboradores le hacen caer en la trampa, del mismo modo que a Jesús
más tarde. Hab an observado atentamente sus costumbres de oraci n, y all encontraron
el punto, donde hacer daño. Con hipocres a lisonjearon al rey Dar o y su vanagloria,
present ndole una ley para que la firmara, que exig a que durante 30 d as ninguna
persona en el reino medo-persa pudiera pedir nada de nadie sino s lo del rey Dario.
El rey, en su delirio de grandeza y andando por las nubes por la idea grandiosa de ser
adorado y reverenciado como un dios durante un mes, cay en la trampa y firm la ley.
Los enemigos de Daniel pod an darse con un canto en los dientes: El hecho de orar
acarrear a inmediatamente la pena de muerte, y un hombre de oraci n como Daniel, si
segu a con sus costumbres de oraci n, ser a echado al foso de los leones por infringir la
ley. ¿Qu har Daniel? Esa era la cuesti n.

PÁGINA 42 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

























































Sab an muy bien que Daniel sol a orar tres veces al d a en su c mara. Y lo hac a en voz
alta, de forma que los de fuera lo pod an oír. Adem s con la ventana abierta en direcci n a
Jerusal n, donde quedaban los tristes restos del templo que una vez fue tan magn fico.
La reacci n de Daniel, que era de unos 80 a os en ese momento, es impresionante:
(Dn 6:10) “Cuando Daniel supo que el edicto hab a sido firmado, entr en su casa, y
abiertas las ventanas de su c mara que daban hacia Jerusal n, se arrodillaba tres
veces al d a, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo sol a hacer antes.”
Como era de esperar, sus enemigos estaban al acecho y con placer mal volo, y aire
triunfante por la insensatez de su compa ero aborrecido, que les hac a la vida imposible,
le acusan de delito de lesa majestad y de infractor de la ley. Por segunda vez la trampa
funcion .
¿Fue prudente que Daniel orara tres veces al d a bajo estas circunstancias? ¿No hubiese
bastado una oraci n antes del amanecer, cuando todos dorm an a n? ¿No se puede orar
en silencio a Dios, sin ser o do por los dem s? ¿Ten a que orar precisamente en el lugar
de costumbre, en su c mara? ¿No pudo haber cerrado las ventanas por lo menos, o
echar unas cortinas? ¿Por qu Daniel mordi el anzuelo, sabiendo lo que iba a ocurrir?
Para Daniel la lealtad hacia Dios estaba por encima de la lealtad al rey y era m s fuerte
que su instinto de conservaci n. l sab a que apartarse de sus costumbres de oraci n
hubiese sido una traici n a su Dios. As que or y dio gracias “delante de su Dios, como lo
sol a hacer antes”.
La vida de oraci n de Daniel no se fundaba en el principio de “gana o desgana”, sino en
una costumbre conservada y practicada fielmente durante muchos a os con disciplina.
Spurgeon lo expres as con acierto: “La fe de Daniel no fue el resultado de una pasi n,
sino el fruto de principios profundamente arraigados”.

David
Este hombre seg n el coraz n de Dios pudo decir de s mismo:
(Sal 119:164) “Siete veces al d a te alabo a causa de tus justos juicios.”
(Salmo 119:62) “A medianoche me levanto para alabarte por tus justos juicios.”
(Sal 119:147) “Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus
mandatos.”
Es triste, pero tambi n hay que decirlo, que David al menos una vez en su vida se apart
de su buena costumbre de buscar a Dios muy de ma ana. En lugar de hacerlo se qued
descansando en su cama hasta la tarde. El resto de esta triste historia es bien conocido:
debido a ello David se hizo ad ltero y m s tarde un asesino (2 S 11).

Pedro
Parece ser que Pedro tambi n practic una vida de oraci n disciplinada despu s de
Pentecost s, a pesar de que por su temperamento posiblemente no le fuera tan f cil.
En (Hch 3:1) leemos que subi al templo con Juan “a la hora novena, la de la oraci n”.
Unos cap tulos m s tarde le hallamos de visita en Jope, y posando en la casa de Sim n el
curtidor “Pedro subi a la azotea para orar cerca de la hora sexta” (Hch 10:9).

PÁGINA 43 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM




































































Aparentemente Pedro ten a sus tiempos fijos de oraci n, en los que se iba a alg n lugar
donde pudiera orar sin ser molestado.

Ejemplos de la historia de la iglesia


La historia de la iglesia est llena de ejemplos de hombres y mujeres que oraban con
disciplina, a pesar de sus debilidades y faltas humanas. Por eso es muy instructivo y
edificante el estudiar la historia de la iglesia y leer buenas biograf as, despu s del estudio
de la Biblia.
Algunos autores han descrito muy bien lo provechoso que es leer buenas biograf as:
Juan Piper:
“¡Lea biograf as cristianas! El hacerlo le har salir de s mismo y le trasladar a otros
tiempos y otras vidas, para que pueda ver a Jes s con ojos que se maravillan m s que los
suyos. Halle a los santos de siglos pasados que estaban llenos de la Biblia, que
glorificaron a Cristo y que ten an la mira puesta en Dios, y entonces aprender de ellos,
c mo se lucha por la alegr a”. “Las biograf as son un buen remedio contra la miop a
cultural y el esnobismo temporal”.
D. Martyn Lloyd-Jones:
“El mejor m todo para mantener a raya la inclinación a la altivez en sus predicaciones o
en otras cosas que Usted haga o sea, es leer los domingos por la tarde la biograf a de
alg n gran santo.”
Seguro que no es una exageraci n afirmar que las personas que Dios pudo usar para Su
honra y para bendici n de muchos, eran hombres y mujeres que oraban. Aprendieron en
la escuela de Dios a pasar un tiempo intensivo con Dios en oraci n, antes de todas las
dem s actividades.
Aqu s lo una peque a selecci n de entre el gran n mero de hombres que oraban con
disciplina:
1. John Welch (1570-1622)
De este conocido predicador escoc s se cuenta que su ministerio tan bendecido como
predicador y pastor era debido a su vida de oraci n intensa. Una vez coment : “No
concibo cómo un creyente puede pasar la noche entera en la cama sin orar”.
Cuando por las noches se levantaba para orar, ten a a mano una manta con la que pod a
arroparse. Cuando su mujer se quejaba cuando le ve a llorando de rodillas en el suelo
contest : “Ah, mujer, tengo la responsabilidad de tres mil almas y de muchas de ellas no
s de qu pie cojean.”
Para no molestar por la noche a los vecinos, m s de una noche la pasaba orando en su
iglesia que se encontraba a las afueras de la ciudad, porque all pod a orar en voz alta sin
ser molestado. Cuentan la siguiente an cdota de su vida:
Una noche acudi a su casa un monje itinerante que ped a poder dormir una noche en su
casa, lo cual Welch le concedi con gusto. Pero el monje por la noche a penas pudo
dormir, ya que un murmullo constante le despert y asust . Cuando el monje al d a
siguiente sigui su camino, se encontr con un campesino que le pregunt donde hab a
pasado la noche. El monje respondi : “Donde el pastor de los hugonotes. Pero me ha
sentado mal, porque el diablo vive en su casa; durante toda la noche o un murmullo
constante y estoy convencido de que el hugonote estaba hablando con el diablo.”

PÁGINA 44 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM
























































Cuando el campesino le explic que lo que hab a oido era la oraci n de costumbre del
pastor, se asombr no poco, pues hasta entonces era de la opini n que los protestantes
no sab an orar. As que volvi a John Welch y pidi poder alojarse un par de d as m s. La
noche siguiente oy otra vez el susurro, fue de puntillas hasta la puerta y oy como Welch
oraba fervorosamente a su Dios.
Esta experiencia fue tan convincente para l que a la ma ana siguiente le explic a John
Welch que quer a hacerse protestante.
2. Juan Wesley (1703-1791)
Este conocido evangelista del avivamiento, ya de ni o fue educado por su madre ejemplar
para que llevara una vida de disciplina.
Con 85 a os recapacitando su vida pasada, pens el porqu se encontraba tan bien sin
sentir cansancio ni al viajar ni al predicar, a pesar de algunas limitaciones en su salud.
Entonces escribi en su diario el 28 de Junio de 1788:
“¿Cu l es la raz n por la cual yo soy como soy? Sin duda alguna es el poder de Dios
quien me capacit para la obra a la que fui llamado, hasta que a l le agrade que siga
adelante; y en segundo lugar, lo debo a las oraciones de sus hijos.”
Despu s consider si hab a tambi n medios secundarios que hab an contribuido a ello y
pens que a lo mejor era tambi n porque “desde hace m s de sesenta a os me levanto a
las cuatro de la ma ana.”
3. George Whitefield (1714-1770)
Este amigo de gran talento y compa ero de armas de Wesley no se hab a criado en un
hogar cristiano. En una ocasi n cont :
“Dios me dé que no olvide que no hace mucho tiempo yo era un borracho com n en una
taberna y que ahora ser a un desgraciado sin apoyo alguno en la vida, si la gracia de Dios
no me hubiese arrancado de all con una fuerza irresistible.”
Siendo un joven estudiante sin medios algunos, conoci en Oxford a los hermanos Juan y
Carlos Wesley y el “club santo”, los primeros “metodistas”. En ese tiempo anot en su
diario que de ellos aprendi “a vivir sujetándose a ciertas reglas y aprovechando cada
momento, para no desperdiciar el tiempo. Ya sea que comiese o bebiese, yo intentaba
hacer todo para la gloria de Dios”.
En aquel entonces ni los hermanos Wesley ni Whitefield hab an nacido de nuevo. Sin
embargo, un despertamiento espiritual se notaba en ellos. Llevaban una vida de disciplina
rigurosa. Cada ma ana se levantaban a las cuatro para tener un tiempo devocional
personal, dos d as en semana ayunaban y escrib an su diario para su propio autocontrol
constante.
Cuando George Whitefield unos meses m s tarde se convirti tras largas y duras luchas
espirituales, comenz a leer largamente en la Biblia con avidez y regularidad y
sistem ticamente: “Apart todos los dem s libros y comenc a leer de rodillas las
Sagradas Escrituras orando a cada rengl n y en cada palabra”.
Aqu obtuvo el fundamento para su ministerio posterior como evangelista que
incansablemente predicaba el Evangelio a muchas miles de personas en Inglaterra y
Am rica, a menudo unas 40 horas a la semana.
En sus dos ltimos a os de vida, un joven viv a como ayudante en su habitaci n:
Kornelius Winter. Era un ni o de nadie que viv a en la calle y Whitefield le sac de all y le

PÁGINA 45 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM




































































llev a Cristo. Despu s de la muerte temprana de Whitefield a los 55 a os, este joven
escribi en sus memorias sobre su padre espiritual que conoc a muy de cerca:
“Era muy ordenado. Cre a que no pod a morir tranquilo si no supiese que sus guantes
estaban recogidos. Despu s de las cuatro de la ma ana no dorm a nunca, y por la noche
no se quedaba despierto pasado las diez.”
Hasta el final de su vida conserv la costumbre de leer su Biblia de rodillas y orando sobre
lo que le a.
4. Georg M ller (1805-1898)
El “padre de los hu rfanos de Bristol” era de joven un se orito, un ladr n y estafador.
Despu s de su conversi n fue primeramente misionero entre los jud os en Londres y
despu s fue pastor de una iglesia bautista que bajo su influencia se transform en una
“iglesia de hermanos”. Finalmente fund en Bristol sus famosos orfelinatos y otras obras
de fe.
Su primer orfelinato ya estaba terminado, cuando en el a o 1838 enferm de gravedad y
necesitaba urgentemente un cambio de aires.
Durante ese per odo ley “La vida de George Whitefield”, una de las numerosas biograf as
de este predicador del avivamiento. Se asombr de la vida de oraci n tan disciplinada de
este hombre y del hecho de que ten a la costumbre de leer la Biblia de rodillas. M ller
escribi entonces en su diario:
“13 de enero. Mucha bendici n de la vida de Whitfield. Su gran xito en la evangelizaci n
es evidentemente debido a su rica vida de oraci n y porque le a la Biblia de rodillas.”
“14 de enero. D a del Se or. He continuado leyendo la biograf a de Whitefield.
Nuevamente Dios ha bendecido mi alma al leer. Hoy pas varias horas orando y le y or
sobre mis rodillas sobre el Salmo 63. Si Dios me restaura otra vez, para poder servir
nuevamente en el ministerio de la Palabra, quiero que mi predicaci n sea m s que nunca
el resultado de la oraci n seria y de la mucha meditaci n, y que camine de tal forma con
Dios que de m salgan corrientes de agua viva”.
“15 de enero. ¡Cu n f cil es orar cuando Dios da el esp ritu de oraci n! Hoy or tres horas
sobre los salmos 64 y 65. T oyes la oraci n.”
As Dios us la biograf a de Whitefield para fortalecer las convicciones de Georg M ller y
para ense arle la bendici n de una vida de oraci n intensiva. Entonces l tambi n
comenz a leer la Palabra de Dios de rodillas y a pasar temprano por la ma ana varias
horas en oraci n y meditando sobre un pasaje de la Biblia. Un a o despu s escribi lo
siguiente:
“¿Porqu madrugar tanto? Porque no conviene a un santo perder su tiempo, ya que fue
comprado con la sangre preciosa de Jes s, para ponerse a disposici n de Dios con todo
lo que es y tiene y tambi n con su tiempo. Debemos multiplicar este talento prestado para
la gloria de Dios. Para nuestro propio provecho y para bendecir a otros. Adem s, estar
mucho tiempo en la cama debilita el cuerpo, al igual que lo da amos cuando comemos
demasiado. Tambi n debilita el alma, porque somos impedidos de orar y de tener
tranquilidad espiritual. Pero la persona que antes del desayuno pase dos o tres oras con
la Biblia y en oraci n, ya sea en casa o fuera en la naturaleza, pronto se dar cuenta de la
bendici n que es, tanto para el hombre exterior como para el interior.”
A.T. Pierson, uno de sus biógrafos, escribi de l:

PÁGINA 46 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM


















































































“Desde los d as de John Wesley, posiblemente ning n hombre, a n con largos a os de
vida, haya obrado tanto como Georg M ller, y con todo, ha habido pocos que se hayan
retirado tan a menudo y por tanto tiempo para orar como l.”
5. Robert C. Chapman (1803-1902)
Fue un buen amigo de Georg M ller. Fue conocido tambi n fuera de Inglaterra por su
similitud con Cristo y le llamaban “el ap stol del amor”. A las nueve en punto sol a decir
“buenas noches” para luego levantarse por la ma ana a las tres y media. Junto a su cama
hab a una ba era en la que tomaba un ba o con agua fr a, para despu s pasar unas siete
horas orando y estudiando la Biblia. Su bi grafo escribe de l:
“Robert Chapman realizaba cantidades de trabajo incre bles, pero sin nerviosismo. Su
vida era como el fluido constante de una corriente enorme que es mucho m s efectiva
que un arroyo que corre bulliciosamente.”
Estos pocos ejemplos de entre el gran n mero de hombres y mujeres de la historia de la
iglesia que oraban, est n ah para hacernos ver el valor de una vida de oraci n
disciplinada. Y tambi n nos deben animar a poner la oraci n en el lugar que se merece en
la lista de nuestras ocupaciones y prioridades. Debemos dar m s lugar a la oraci n en
nuestra planificaci n diaria.

PÁGINA 47 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM






























La lucha del Señor en Getsemaní
El huerto de Getseman , aquel lugar familiar, donde el Se or se hab a retirado muchas
veces con sus disc pulos (Jn 18:2), es por ltima vez el escenario de una escena
dram tica.
Tanto el monte de los Olivos, como Getseman (“prensa de aceite”) ya por sus nombres
indican que en las horas que seguir an el Se or se iba a encontrar con gran presi n y
aflicci n en su alma. Con las palabras “sentaos aqu , entre tanto que yo oro” (Mr 14:32) el
Se or dej a ocho de sus disc pulos a la entrada del huerto, para retirarse con Pedro,
Juan y Jacobo m s adentro del huerto.
Estos tres disc pulos que hace poco hab an sido testigos de su gloria en el monte de la
transfiguraci n, vieron ahora a su Se or en gran angustia, cuando “comenz a
entristecerse y a angustiarse en gran manera” (Mt 26:37). Oyeron sus palabras
conmovedoras:
(Mt 26:38) “Mi alma est muy triste, hasta la muerte; quedaos aqu , y velad
conmigo.”
S lo Lucas nos cuenta que el Se or se apart de ellos a distancia “como de un tiro de
piedra” para caer sobre sus rodillas y orar (Lc 22:41). Mateo y Marcos relatan que orando
“se postr sobre su rostro” (Mt 26:39) y que “se postr en tierra” (Mr 14:35).
Evidentemente no estaba muy lejos, pues los tres disc pulos pod an verle y oírle. Solo con
el Padre y no obstante al alcance de los disc pulos.
Hay comentaristas que recuerdan aqu el atrio, el santuario y el lugar sant simo del
Templo. Pero m s evidente parece el parecido con la escena en G nesis 22, donde
Abraham se pone de camino a Mor a y deja atr s a sus siervos con el asno diciendo:
(Gn 22:5) “Esperad aqu con el asno y yo y el muchacho iremos hasta all y
adoraremos y volveremos a vosotros.”
La conversaci n conmovedora entre padre e hijo en el camino al lugar del sacrificio y la
pregunta de Isaac acerca del “cordero para el holocausto” (Gn 22:7) muestran claros
paralelos con lo que miles de a os despu s probablemente sintieron el Hijo de Dios y el
Padre en el huerto de Getseman .
El hecho de que el Se or or al Padre estando “a un tiro de piedra” de los tres disc pulos,
nos exhorta a nosotros tambi n a considerar esta escena estremecedora con “distancia” y
reverencia. No podemos comprender lo que nuestro Se or sufrió en agon a y tormento
cuando suplic tres veces: “Padre m o, si es posible, pase de m esta copa, pero no sea
como yo quiero, sino como t ” (Mt 26:39); s lo podemos vislumbrar un poco de ello.
S lo Lucas nos cuenta que “se le apareci un ngel del cielo para fortalecerle” (Lc 22:43).
S lo l escribe de la “agon a” y de la dram tica creciente en la cual su oraci n se hizo
m s intensa cayendo finalmente “su sudor como grandes gotas de sangre hasta la tierra”
(Lc 22:44).
El terror ante el juicio de Dios sobre el pecado y el hecho de que l, el puro y limpio de
pecado, el Creador y Sustentador de la vida, ser a hecho pecado y tendr a que morir por
ello, estaba delante de l. sta era la “copa” amarga que el Se or tuvo que beber en las
horas de tinieblas en la cruz.

PÁGINA 48 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM





































































S lo en el evangelio de Lucas, que describe a nuestro Se or como hombre perfecto, se
nos da una peque a visi n del temor y la angustia que le sobrevino al Se or en
Getseman .
En (Lc 4:13) dice, que el diablo “despu s que hubo acabado toda tentaci n, se apart de
l por un tiempo”. Esto fue en el desierto, despu s de haberse bautizado el Se or Jes s
al principio de su ministerio. Ahora, en la noche antes de su muerte, el tentador emplea
toda astucia en su arte tentador, para hacer que el Se or desobedezca a la voluntad de
Dios.
La “agon a” descrita por Lucas, indica con qu furia y poder se enfrent Satan s, “que
tiene el imperio de la muerte” (He 2:14) al “Autor de la vida” (Hch 3:15). En esta lucha y
agon a “or m s intensamente”.
En Hebreos hallamos m s detalles de esta lucha con gran clamor:
(He 5:7) “Y Cristo en los d as de su carne, ofreciendo ruegos y s plicas con gran
clamor y l grimas, al que le pod a librar de la muerte.”
Pero entonces lleg el gran momento, cuando la lucha se decidi y Satan s tuvo que irse
vencido:
(Lc 22:45) “Cuando se levant de la oraci n, y vino a sus disc pulos los hall
durmiendo a causa de la tristeza.”
¡Qu contraste! El Se or, tras estas tentaciones terribles, decidido a cumplir la voluntad
del Padre e ir al G lgota. ¡Y los disc pulos, incapaces de velar ni siquiera una hora con el
Se or (Mt 26:40), dormidos de tristeza!
Cuando las sombras horribles de la muerte inminente cayeron sobre l en Getseman y su
alma estaba abatida y “triste hasta la muerte”, entonces como hombre anhelaba la
proximidad, la compasi n y el apoyo de sus disc pulos m s ntimos.
(Sal 69:20) “Esper quien se compadeciese de m , y no lo hubo, y consoladores, y
ninguno hall .”
Pero ahora, despu s de que el tentador hab a sido derrotado y el Se or estaba decidido a
recibir y beber la copa de sufrimiento de la mano del Padre, pudo ir a sus disc pulos
dormidos lleno de benignidad.
(Mr 14:41-42) “Dormid ya, y descansad ... Levantaos y vamos; he aqu se acerca el
que me entrega.”
Ninguna reprimenda, ning n reproche, ninguna advertencia por su fracaso total. Con
palabras clementes, pero sustanciales los despierta y prepara para el encuentro con
Judas y su tropa.
Lucas que en su relato no se fija tanto en el comportamiento de los disc pulos, sino en la
lucha de oraci n (y l es el que la describe con m s detalles), menciona en estos pocos
vers culos cinco veces las palabras “or ”, “oraba”, “oraci n” (Lc 22:40,41,44,45,46) y
cierra su narraci n con la exhortaci n de Jes s: “Levantaos, y orad para que no entr is en
tentaci n” (Lc 22:46).
De nuevo queda claro c mo el Esp ritu Santo a trav s de Lucas nos llama la atenci n
sobre nuestro Se or como hombre de oraci n, y nos lo presenta como ejemplo para
impulsarnos y animarnos a imitar su vida de oraci n.

PÁGINA 49 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM








































































Aqu hallamos adem s las ltimas palabras que el Se or dirige a sus disc pulos antes de
su muerte. Poco despu s, mientras le toman preso, s lo habl unas pocas palabras de
aviso a Pedro. Horas m s tarde, estando crucificado encomend su madre a Juan.
Las “ ltimas palabras” de alguien tienen siempre un peso especial y muy a menudo se
reflexiona sobre ellas y se citan. En este sentido, deber a ser de especial importancia la
exhortaci n de Jes s para nosotros como sus disc pulos.
“Si yo pudiera forjar y meter mi coraz n en cada s laba, y bautizar cada palabra con mis
l grimas, entonces os pedir a encarecidamente que m s que otra cosa se is celosos en
la oraci n.” (C. H. Spurgeon)

¿Qu podemos aprender de esto?


1. Reconocer la soberan a de Dios
Cuando uno de los disc pulos le pidi al Se or que les ense ara a orar, les dio la “oraci n
de muestra” tan conocida, en la que Dios mismo pone las prioridades: “Padre, santificado
sea tu nombre” (Lc 11:2).
En el serm n del monte anim a los disc pulos a orar:
(Mt 6:9-10) “Padre nuestro que est s en los cielos, santificado sea tu nombre, venga
tu reino. H gase tu voluntad, como en el cielo, as tambi n en la tierra.”
En nuestras oraciones tambi n deber an estar al principio la honra de Dios, Sus deseos y
Su voluntad, antes que nuestras necesidades y nuestros deseos.
Esto es lo que el Se or hace en el huerto de Getseman . En su oraci n conmovedora no
pasa por alto su angustia indecible, pensando en la cruz y su muerte inminente. Pero se
somete al plan de Dios y a su voluntad, poniendo la honra de Dios en primer lugar en su
oraci n.
Cu n f cilmente sucumbimos al peligro de querer prescribir a Dios lo que tiene que hacer.
Podemos decirle nuestros deseos en confianza y recordarle sus promesas, pero no
podemos, arrogantes, hacer de l el auxiliar cumplidor de nuestros propios deseos
ego stas.
Pablo recibi de Dios un “aguij n en la carne”, una circunstancia no precisada o alguna
enfermedad dolorosa, que le deb a guardar de enaltecerse (2 Co 12:7-10).
Comprendemos bien que Pablo suplicara tres veces al Se or que se lo quitara. Pero el
Se or le dio la conocida respuesta consoladora: “B state mi gracia”.
Despu s de oír estas palabras, Pablo se someti bajo la voluntad de Dios y dej de orar
por este asunto. Desde entonces pudo gloriarse de las “debilidades, afrentas,
necesidades, angustias” e incluso “gozarse” en ellas.
2. Estar dispuesto a la lucha
Cuando meditamos sobre la lucha del Se or en Getseman se nos abren dimensiones
que no podemos sondear.
Pero la Palabra de Dios y la historia de la iglesia y quiz tambi n la propia experiencia
pueden ense arnos en qu puede consistir para nosotros esa lucha en oraci n.
Para que no haya malos entendidos: No se trata aqu de la oración desafiante practicada
en ciertos c rculos carism ticos, donde piensan que son capaces de atar o aplastar
“demonios territoriales”.

PÁGINA 50 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

































































Pablo escribe a los Colosenses que su colaborador Epafras, “un siervo de Cristo” siempre
estaba “rogando encarecidamente” por ellos “en sus oraciones” (Col 4:12).
El misionero David Brainerd que trabaj entre los indios, escribi en su diario en 1742:
“Esta ma ana he pasado dos horas en mis deberes privados de oraci n y as he podido
agonizar por las almas inmortales m s que de ordinario. Aunque era muy temprano por la
ma ana y el sol apenas brillaba, mi cuerpo estaba lleno de sudor.”
Y el 29 de Julio de 1746 anot :
“Por la tarde tuve un tiempo bueno de oraci n en solitario. Supliqu a Dios por mis
amados indios, para que l contin e su obra de bendici n entre ellos. Y not su ayuda
divina en esta lucha de oraci n. Me cost mucho separarme del trono de gracia y me
puse muy triste, porque ten a que irme a la cama.”
¿En qu consiste una lucha en oraci n?
Parece obvio que algunos comentaristas trat ndose de este tema, piensen en Jacob, del
cual leemos en (Gn 32:28): “has luchado con Dios y con los hombres y has vencido”.
Pero la lucha en oraci n no es solamente un luchar con Dios, sino tambi n una lucha
contra nuestra vieja naturaleza y “contra principados, contra potestades, contra los
gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad” (Ef
6:12).
Es una lucha contra la desgana paralizadora de orar, que nos sobreviene a menudo.
Contra el cansancio, contra la premura del tiempo y los trabajos a n por hacer, contra
fantas as repentinas y viajes so ados, que el diablo dispara en nuestros pensamientos
con todo lujo de variaci n para estorbarnos o quitarnos de orar. Hallesby escribe de “un
resentimiento incomprensible contra la oraci n, que sentimos algunas veces m s y otras
menos”.
Jim Elliot anot en su diario el 15 de enero de 1950:
“Toda la ma ana me sent vac o y sin el contacto con Dios. Estuve mucho tiempo sobre
mis rodillas, pero sin fervor y con una desgana enorme de orar.”
La mayor a de los lectores conocer n estas luchas u otras parecidas por propia
experiencia. Y confirmar n que diariamente hay que hacer de “tripas coraz n” para llevar
una vida de oraci n disciplinada.
Seg n la encuesta hecha por mí, aproximadamente la tercera parte de los interrogados
“sufren” desgana y falta de fuerza para orar, lo cual confirma lo efectiva que es esta arma
de Satan s. Spurgeon tiene raz n cuando dice que nuestra vieja naturaleza tiene “m s de
una piedra de molino que hunde, que del vuelo de un guila.”
La oraci n es luchar contra el viejo Ad n dentro de nosotros y es una declaraci n de
guerra a “las huestes espirituales de maldad” a nuestro alrededor. Estos enemigos
solamente los podemos vencer, si “velamos y oramos” con la fuerza que da Dios (Mt
26:41) (Mr 14:38).
La lucha del Se or en Getseman es la ltima escena de oraci n de nuestro Se or, que
los disc pulos advirtieron, aunque a distancia. Las oraciones del Se or en la cruz, no las
vivieron los disc pulos. Puede ser que Juan haya o do l mismo algunas de las palabras
de Jes s anot ndolas despu s en su evangelio, pues seg n (Jn 19:26-27) es el nico
disc pulo que hallamos cerca de la cruz. Todos los dem s disc pulos hab an huido
despu s de la captura de Jes s, o como Pedro, observaron desde lejos lo que ocurr a,

PÁGINA 51 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM



































































“para ver el fin” (Mt 26:58). No como seguidor, sino como observador temeroso y curioso,
que pocas horas m s tarde le negar a maldiciendo y jurando.
Delante del Se or estaba el camino solitario a la cruz del G lgota, y en este camino
ning n disc pulo pudo seguirle. Desamparado de las masas que gustaron su favor
maltratado y azotado cubierto de escarnio y pavor. Coronado de espinas con sorna, los
disc pulos ya no le acompa aban. Traicionado y negado, los adversarios le rodeaban. As
fuiste a la cruz, de Dios el fiel sirviente, impulsado por amor eterno justo y obediente.
Y entonces comenz la hora m s oscura de la historia de la humanidad, en la que
Jesucristo fue hecho pecado y castigado por nuestra culpa; en la que fue desamparado
por Dios haci ndose nuestro fiador y sustituto.
Son insondables para nuestras mentes estas tres horas terribles en la cruz, cuando en
mitad del d a el pa s fue invadido por un eclipse solar repentino. Parece como si Dios
corriera una cortina alrededor del incomprensible juicio de Dios contra su Hijo. Ejecutado
el nico Hombre exento de pecado, puro, obediente y perfecto, en cuyo bautismo, como
ya vimos al principio de nuestras consideraciones, se abrieron los cielos y Dios expres
su gozo y complacencia.
Pero ahora, en estas tres horas en el G lgota, el cielo parec a estar cerrado. El grito
estremecedor de Jes s “Dios m o, Dios m o ¿por qu me has desamparado?” (Mt 27:46),
aparentemente se extingui sin ser o do ni contestado en la oscuridad abrumadora en el
G lgota.
Todo el que pueda creer y comprender el milagro de la sustituci n confesar con Fritz von
Bodelschwingh:
“En santo silencio
estamos aqu en el G lgota
m s y m s nos inclinamos
ante el milagro de all ,
cuando el libre se hizo esclavo,
y peque o el m s alto Se or,
cuando el justo por los pecadores
fue a la muerte vencedor”
Pero no permaneci la oscuridad en el G lgota. Despu s de las tres horas de sufrimiento
propiciatorio o mos el grito de victoria y libertad que en el texto original consiste s lo de
una palabra: “tetelestai” que se puede traducir como “consumado”, “pagado” o “terminado”
y que nuestras Biblias traducen “Consumado es” (Jn 19:30).
Pero las ltimas palabras, la ltima oraci n de nuestro Se or antes de su muerte, nos la
relata Lucas solamente:
(Lc 23:46) “Padre, en tus manos encomiendo mi esp ritu.”
Recordemos que su ministerio p blico comenz a orillas del Jord n con una oraci n, y
con una oraci n concluye el Se or su obra para honra de Dios, encomendando su esp ritu
confiadamente en las manos del Padre.
No s si habr un incentivo mayor para buscar vivir una vida para la gloria de nuestro Dios
de todo coraz n, que considerar la vida y la muerte perfecta de nuestro Se or y Salvador
y pararnos a meditarlo.

PÁGINA 52 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM
























































Ante la cruz hubo s lo una conclusi n para Isaac Watts, el autor del conocido himno:
La cruz excelsa al contemplar
Do Cristo all por m muri ,
Nada se puede comparar
A las riquezas de su amor.
Yo no me quiero, Dios, gloriar
Mas que en la muerte del Se or.
Lo que m s pueda ambicionar
Lo doy gozoso por su amor.
Ved en su rostro, manos, pies,
Las marcas vivas del dolor;
Es imposible comprender
Tal sufrimiento y tanto amor.
El mundo entero no ser
D diva digna de ofrecer.
Amor tan grande, sin igual,
En cambio exige todo el ser.

PÁGINA 53 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM










¿Casa de oración o cueva de ladrones?


(Lc 19:45-46) “Y entrando en el templo, comenz a echar fuera a todos los que
vend an y compraban en l. Dici ndoles: Escrito est : Mi casa, casa de oraci n es;
mas vosotros la hab is hecho cueva de ladrones.”
Es sabido que en la vida de nuestro Se or hubo dos purificaciones del templo, la primera,
al principio de su ministerio (Jn 2:13-17) y la segunda, pocos d as antes de su muerte.
En la primera purificaci n hizo un azote de cuerdas y ech con l fuera del templo a los
vendedores y cambistas con sus animales. Despu s tir al suelo el dinero y volc las
mesas diciendo a los vendedores de palomas que hab an quedado: “no hag is de la casa
de mi Padre casa de mercado” (Jn 2:16).
Con raz n habl del templo como de un mercado, porque los comerciantes legitimados
por los sumos sacerdotes hac an buenos negocios con la religiosidad de la gente. Los
historiadores cuentan, que estos negociantes s lo aceptaban monedas de Tiro, que eran
las que m s porcentaje de plata conten an. Cuando un jud o venía con monedas de plata
romanas, ten a que cambiar las monedas donde los cambistas, con recargo, claro est ,
para despu s poder comprar en otra secci n el animal que quer a sacrificar.
Los l deres religiosos ganaban lo suyo con este sistema casi mafioso, al igual que los
cambistas y los tratantes de ganado. Una mano lavaba la otra.
La venta de animales en el templo no estaba prohibida por Dios. En (Dt 14:24-26) leemos
que si un jud o viv a a gran distancia del templo, pod a llevar dinero en su bolsa y comprar
con l en Jerusal n el animal que quer a sacrificar a Dios.
Pero este servicio permitido y til, con el tiempo se hizo un negocio lucrativo. La
religiosidad era comercializada por los “buitres” y su af n de lucro. Eso no s lo exist a en
los tiempos de Jes s. Ya siglos antes, Dios tuvo que amonestar al sumo sacerdote El :
“Hab is hollado mis sacrificios, engord ndoos de lo principal de todas las ofrendas de mi
pueblo Israel” (1 S 2:29). Siglos m s tarde hallamos negocios parecidos entre la
cristiandad. Nos estremecemos al recordar el comercio con las bulas de indulgencias y las
reliquias de la Edad Media. Y hoy nos asombramos ante perversiones parecidas, tambi n
entre los que se denominan “evang licos” y buscan satisfacer su af n de lucro mediante
negocios mal volos bajo pretexto cristiano.
As por ejemplo, en ciertas iglesias “evang licas” de los Estados Unidos se puede pedir
que “oren” por uno, a cambio de dinero. Tambi n se puede alquilar una cita pastoral con
alg n evangelista prominente a cambio de una suma enorme de dinero. Incluso ofrecen
“agua que sana” o “pa os curativos” a cambio de donativos adecuados.
Parece no haber l mites para la comercializaci n de la religiosidad. Ya nos hemos
acostumbrado a las entradas que hay que pagar para poder asistir a actos religiosos y
conciertos cristianos, ni tampoco protestamos cuando predicadores y m sicos piden su
honorario etc.
Los libros de autores evang licos de superventas son subastados a los que m s dinero
dan. Las birrias y los art culos de regalo llenan los cat logos de las editoriales cristianas,
que ven pocas posibilidades de sobrevivir, si ofrecen solamente libros.
No s lo en los tiempos de Pablo hubo hombres “que toman la piedad como fuente de
ganancia” (1 Ti 6:5). Hoy muchas iglesias est n llenas de ellos, y algunas hacen pensar
m s en una empresa que en una casa de oraci n.

PÁGINA 54 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

































































La segunda y ltima purificaci n del templo, pocos d as antes de la muerte de Jes s, fue
parecida, pero con otra explicaci n:
(Lc 19:46) “Escrito est : Mi casa, casa de oraci n es; mas vosotros la hab is hecho
cueva de ladrones.”
En tres a os parece ser que el car cter del templo cambi de “mercado” a “cueva de
ladrones”. Y, efectivamente, en el vers culo siguiente leemos que “los principales
sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo procuraban matarle” (Lc 19:47).
La codicia y el instinto asesino siempre han sido “parientes” cercanos, y los que hoy
denuncian p blicamente la codicia de personas evang licas influyentes, tienen que contar
con ser “asesinados moralmente” y es posible que caigan “en manos de ladrones”.
Esperemos que al menos ellos, tengan las manos limpias.
Esto s lo entre par ntesis; el tema es sobre todo, el prop sito que Dios ten a con el
templo: deb a ser “casa de oraci n”.
En el tiempo del Antiguo Testamento, el templo consist a de piedras, mientras que en el
Nuevo no se trata de un edificio, sino de “piedras vivas” (1 P 2:5), de hombres y mujeres
nacidos de nuevo.
Es triste, pero con el tiempo ha ocurrido un cambio en la comprensi n de estas
expresiones, a saber, que pensamos en un edificio, cuando se habla de iglesia. Cuando
decimos: “Vamos a la iglesia” entonces a menudo nos referimos a una casa o una sala
donde se re ne la iglesia. Este malentendido se refuerza a n con los carteles que casi
siempre hay puestos en los lugares de reuni n, con el nombre de la iglesia.
En Inglaterra y en Estados Unidos algunos grupos denominan su lugar de reuni n
simplemente “Gospel Hall”, o en Latinoam rica “Sala evang lica” para expresar que la
iglesia de Dios no es un edificio de piedra.

La iglesia de Dios, ¿una casa de oraci n?


El Nuevo Testamento llama “templo de Dios” a la iglesia donde “mora el Esp ritu Santo” (1
Co 3:16). Tambi n cada creyente en particular es denominado “templo del Esp ritu Santo”
(1 Co 6:19), lo cual muestra que cada creyente, al igual que cada iglesia, deber an
mostrar el car cter de una “casa de oraci n”.
Recordemos tambi n la conversaci n de Jes s con la mujer samaritana junto al pozo de
Jacob, donde deja claro que llegar un tiempo donde ya no contar el templo real en
Jerusal n o un altar en el monte de Gerizim. Dios quiere ser adorado “en esp ritu y en
verdad”, porque “el Padre busca tales adoradores” (Jn 4:21-24).
Despu s que Salom n hubo terminado de edificar el templo en Jerusal n, leemos en (2
Cr 6) como esta grandiosa casa es dedicada con una emotiva oraci n del rey en
presencia de todo el pueblo. La primera parte, m s breve, de esta oraci n es adoraci n a
Dios. La segunda parte, m s larga, es petici n e intercesi n. Con ello muestra el prop sito
verdadero de la casa de Dios: ¡una casa de oraci n!
La primera reuni n de los disc pulos de Jes s despu s de la ascensi n del Se or fue una
reuni n de oraci n en un aposento alto. Pocos d as despu s, el grupo de los ap stoles y
disc pulos estaban todos reunidos juntos el d a de Pentecost s (Hch 2:1), cuando fueron
llenos del Esp ritu Santo. A partir de entonces, leemos siempre que los creyentes alzaban
“un nimes la voz a Dios” (Hch 4:24) con el resultado:

PÁGINA 55 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM






































































(Hch 4:31) “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembl ; y
todos fueron llenos del Esp ritu Santo y hablaban con denuedo la palabra de Dios.”
Cuando Pedro fue prendido por Herodes y metido en la cárcel, el libro de los Hechos nos
cuenta: “pero la iglesia hac a sin cesar oraci n a Dios por l”, en la casa de Mar a “donde
muchos estaban reunidos orando” (Hch 12:5,12).
La oración en com n, un nime y perseverante era la caracter stica de las iglesias en el
tiempo de los ap stoles, y despu s siempre ha sido la caracter stica de todo avivamiento
espiritual en la historia de la Iglesia; la iglesia debe ser una “casa de oraci n”.
James O. Fraser, que en los a os 1910-1937 trabaj entre los Lisus en China occidental,
escribi :
“Debemos orar en todo tiempo, tengamos ganas de orar o no. Si tenemos un sano apetito
de orar, mejor; pero si no se hace caso de este hambre ni se satisface, entonces nos
haremos indiferentes y seremos debilitados espiritualmente, igual que la falta de alimento
debilita nuestro cuerpo.”
Con arreglo a esto, su vida de oraci n personal era ejemplar, y tambi n las reuniones de
oraci n en las iglesias que hab an nacido por su ministerio: “Las reuniones de oraci n
duraban a menudo hasta la madrugada.”
Es interesante que ahora el mayor porcentaje de misioneros a nivel mundial viene de
Corea del Sur. Eso seguro que es debido a que despu s de la Segunda Guerra Mundial
en Corea naci un poderoso movimiento de oraci n. El punto de partida fue precisamente
la ciudad de Pionyang, hoy capital de Corea del Norte. Esta ciudad que podemos calificar
como la central de una de las peores persecuciones de cristianos en todo el mundo, antes
de la guerra era conocida como “la Jerusal n de Este”. Miles de cristianos se reun an all
cada ma ana para orar.
Cuando comenz la cruel guerra de Corea, donde los comunistas de Corea del Norte
quer an ocupar Corea del Sur, miles de cristianos huyeron del Norte al Sur, continuando
con sus costumbres de oraci n en su nueva patria. Cada d a de la semana los hermanos
se reun an en muchas iglesias a las cinco de la ma ana para orar juntos.
Esta costumbre ha continuado en algunas grandes iglesias durante d cadas y hasta el d a
de hoy. Un amigo m o, que hace pocos a os visit algunas iglesias en Corea del Sur, me
confirm este hecho. Ya a las cinco de la ma ana ven an cientos de hermanos para la
primera reuni n de oraci n. Y cuando sta terminaba, ven a el pr ximo grupo, de los que
no ten an que comenzar a trabajar a las 7 de la ma ana. Y as d a tras d a y a o tras a o.
Esta oraci n perseverante tiene mayor efecto sobre la conversi n de personas en todo el
mundo que todas las dem s estrategias misioneras y programas para el crecimiento de
las iglesias. Recordemos la convicci n de Tozer:
“El verdadero secreto del xito de cualquier iglesia es la oraci n. No nos enga emos:
Nuestra pureza, nuestra fuerza, nuestra piedad y nuestra santidad solamente tendr n la
fortaleza que tenga nuestra vida de oraci n.”
Las iglesias que crecen en n mero, pero con sus reuniones de oraci n menguando, est n
gravemente enfermas y viven enga ndose a s mismas. La asistencia y la intensidad de
nuestras reuniones de oraci n son un espejo de nuestra vida de oraci n personal. La
persona que en casa normalmente suele orar unos cinco minutos, poco inter s tendr en
orar con su iglesia 50 minutos.
El an lisis subsiguiente de la encuesta sobre las reuniones de oraci n hace patente lo
siguiente:

PÁGINA 56 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM











































































• En la mayor a de las iglesias la reuni n de oraci n es la que menos asistencia tiene.

• Cada vez m s iglesias han optado por reunirse solamente cada dos semanas a
orar.
• En muchas iglesias se ve claramente la tendencia de cambiar de sitio la reuni n de
oraci n de la iglesia, reparti ndola en varias reuniones caseras, con la esperanza
de que en este ambiente m s libre quiz s se ore m s.
• En muchas iglesias faltan los hermanos j venes en las reuniones de oraci n, o son
muy pocos los que asisten.
Hace unos meses visit una joven iglesia, din mica, atractiva y creciente. Fue para m
una experiencia destacada: Un edificio estupendo. Perfectamente acondicionado y con
buen sima acústica y refrigeraci n. Unos 120 a 150 asistentes, entre ellos familias
j venes. Un ambiente abierto y afable. Pero, mucho programa de entrada y s lo unos 30
minutos para la predicaci n. Cuando al final del culto me qued hablando con algunos
hermanos all , les pregunt por la reuni n de oraci n. Primero hubo un silencio precario, y
despu s la respuesta abrumadora: “Cada semana tenemos un culto de oraci n, pero por
lo general vienen s lo unos diez hermanos. La semana pasada fuimos s lo cuatro. Ni un
joven asisti ”.
Lamentablemente, esta experiencia no es nada excepcional. Tambi n es asombroso que
a menudo son los ancianos de la iglesia o los responsables de la iglesia los que asisten
poco o incluso no aparecen.
De una gran iglesia, conocida por su fidelidad a la Biblia y por su disciplina, se cuenta que
uno de los ancianos hab a propuesto una divisi n del trabajo, por estar tan sobrecargado:
“Vosotros oráis, y yo preparo el serm n”. Esta propuesta del l der de la iglesia dice mucho
sobre su valoraci n de la oraci n en la iglesia.
Las siguientes observaciones son tambi n tristes hechos:
• Las reuniones de oraci n son a menudo ins pidas y aburridas.

• Casi siempre oran los mismos cuatro o cinco hermanos, el resto se niega
permanentemente a participar.
• La palabrer a general tiene un efecto adormecedor.

• A menudo se ora por “deber”, sin emoci n y sin verdadero inter s.

• Muchas oraciones son infinitamente largas y poco concretas.

• Se ora por Groenlandia y Sur frica, pero no por las necesidades urgentes y
candentes de la propia iglesia. Apuros y aflicciones que todos conocen, pero que
nadie se atreve a expresar en oraci n. ¡Entonces seguro que todos estar an bien
despiertos!
Razones para el desd n en contra de la reuni n de oraci n:
• “El culto de oraci n no me da nada, ¿de qu me sirve?”.

• “Orar puedo orar en casa igual”.

• “El culto de oraci n es aburrido, ya s de antemano lo que van a orar los hermanos
X e Y”.
• “Siempre me duermo en el culto de oraci n. Entonces prefiero quedarme en casa”.

• “No puedo concentrarme al orar, los pensamientos salen de viaje”.

PÁGINA 57 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM






















































Podr amos mencionar aqu otros muchos argumentos que explican porqu no se asiste o
no se asiste con gusto a la reuni n de oraci n. A esto hay que decir lo siguiente:
• Los cultos de oraci n no est n para que recibamos algo, sino para dar: tiempo,
inter s y cuidado por los asuntos de Dios y las alegr as y sufrimientos de nuestros
hermanos en la fe.
• Por supuesto que se puede y se debe orar en casa. Pero Dios ha dado una
promesa especial para la oración en com n y perseverante (Mt 18:19-20). Pero
este hecho exige que en la reuni n de oraci n se ore espec fica y concretamente
por las necesidades y asuntos de la iglesia. Entonces, la persona que ora
p blicamente es el portavoz de la iglesia frente a Dios, y los hermanos presentes lo
confirmar n con un “am n” (= que as sea) en alta voz; ojal sea as .
• La reuni n de oraci n no es el lugar donde cada cual puede derramar sus
peticiones y asuntos personales delante de Dios. Eso puede hacerse en c rculos de
oraci n aparte o en casa a puertas cerradas. En la iglesia deber amos orar
espec ficamente por los asuntos comunes. Naturalmente los hermanos en
situaciones dif ciles o con necesidades personales pueden pedir que se ore por
ellos all , y entonces la petici n personal se convierte en petici n com n.

Abogando por la reuni n de oraci n de la iglesia


• Podemos estar muy agradecidos, cuando dentro de una iglesia se forman c rculos
de oraci n separados, de hermanos, hermanas, matrimonios, j venes y jubilados,
que se re nen regularmente para orar por temas concretos. Pero, con todo, ¡no
pueden ser sustituto de la oraci n un nime de la iglesia reunida!
• La condici n para que Dios pueda contestar a la oraci n de la iglesia es, a parte de
la pureza y la santidad pr ctica, una coincidencia espiritual y unanimidad. Si en una
iglesia se toleran las ri as, desacuerdos, intransigencias y amarguras, entonces la
reuni n de oración se convertir en una farsa.
• Es bueno y til nombrar los temas de oraci n concretos antes de empezar a orar.

• La “oraci n perseverante” no significa que un hermano ore por largo tiempo hasta
cansar a todos los dem s. Cuanto m s hermanos oren uno tras otro con ahínco y
perseverancia por un asunto concreto, mejor.

Por ltimo un par de consejos


• La persona que ora en p blico deber hacerlo con voz alta y de forma que todos
puedan oírle, para que con convicci n puedan decir “am n” al final. Ser necesario
exhortar amablemente a los hermanos que piensen que una oraci n susurrada y
con voz llorona refleja m s humildad y especial espiritualidad.
• “Las oraciones cortas son lo suficientemente largas” sol a decir Spurgeon. ¡A su
reuni n de oraci n semanal asist an unas 1000 personas! Una caracter stica de los
fariseos es que entre otras cosas, dec an oraciones largas por pretexto (Lc 20:47).
Aunque hay excepciones, la experiencia muestra que aquellos que oran largamente
en p blico, por lo general no pasan mucho tiempo en su aposento orando a puerta
cerrada (Mt 6:6). El que llena su escaparate de mercanc a, raras veces tiene los
almacenes llenos.

PÁGINA 58 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM

































































• La oraci n en el culto de oraci n no debe consistir de indirectas contra alguna


persona presente, o ser abusada para predicar y exhibir los propios conocimientos
de la Biblia.
• Las oraciones deben ser concretas y espec ficas. Presenta uno o dos temas delante
del Se or sin rodeos. Se puede aplicar tambi n a la oraci n el consejo de Lutero
“Lev ntate deprisa, abre la boca, y termina pronto”. Cuando el h bil arquero Robin
Hood sacaba su temido arca y las flechas, no lo har a manoteando con aire teatral y
ruidoso, sino que apuntaba y tiraba, as de f cil. Otra vez Spurgeon nos da un sabio
consejo: “Nuestra oraci n no necesita largura, sino fuerza. La urgencia de nuestra
petici n es un maestro excelente para ense arnos la brevedad. Si nuestras
oraciones tuvieran menos plumaje decorativo y m s vuelo de fe, les ir a mucho
mejor. Las muchas palabras son para la religiosidad como la paja para el trigo”. En
30 o 60 segundos es posible decirle al Se or uno o dos temas en concreto. Si la
reuni n de oraci n dura una hora, entonces se pueden hacer de 40 a 50 oraciones,
calculando un par de segundos de silencio entre ellas. Si muchos hermanos oran
con brevedad, sustanciosamente, concretos y de todo coraz n, entonces
dif cilmente se dormir alguno de los presentes. Y si hubiera alguno, en seguida se
despertar a con el “am n” de todos. Y as el culto de oraci n puede convertirse de
nuevo en una reuni n de importancia elemental que nadie querr perderse.

La forma exterior
El Nuevo Testamento no nos da instrucciones detalladas para la reuni n de oraci n,
indicando cómo y cuántas veces por semana deber a tener lugar. Si se canta un himno
para comenzar, o se leen algunos pasajes de la Biblia, o si alguien dice un par de
pensamientos sobre el tema de la oraci n, o si la reuni n comienza con la menci n de los
motivos de oraci n, eso no lo tenemos en el Nuevo Testamento.
Tampoco est prescrito si hay que arrodillarse, estar sentado, de pie o postrado en el
suelo. Sin embargo hallamos instrucciones muy claras acerca de la condici n espiritual
requerida para orar, y eso, sin duda, es m s importante que el marco exterior:
(1 Ti 2:8) “Quiero pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos
santas, sin ira ni contienda.”
Cambiar la organizaci n para avivar las reuniones de oraci n s lo producir un cambio
pasajero, si es que hay un cambio. Si los hermanos particularmente no sienten su
dependencia del Se or y no conocen en su vida personal la oraci n con intensidad,
entonces fracasar n todos los intentos de reanimaci n artificial. El avivamiento comienza
en el coraz n de cada uno en particular.
(2 Cr 7:12-15) “Y apareció Jehová a Salomón de noche, y le dijo: Yo he oído tu
oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio. Si yo cerrare los
cielos, para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si
enviare pestilencia a mi pueblo; Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre
es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos;
entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.
Ahora estarán abiertos mis ojos, y atentos mis oídos, a la oración en este lugar.”

PÁGINA 59 DE 59 WWW.ESCUELABIBLICA.COM














































También podría gustarte