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15 Poemas Con 4 Estrofas

El poema describe el cuerpo de una mujer de forma apasionada, comparándolo con colinas blancas y muslos blancos. El poeta dice que su cuerpo de labriego salvaje excava el cuerpo de la mujer y hace saltar el hijo del fondo de la tierra. Aunque al principio solo era como un túnel oscuro, ahora ama el cuerpo de la mujer.

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15 Poemas Con 4 Estrofas

El poema describe el cuerpo de una mujer de forma apasionada, comparándolo con colinas blancas y muslos blancos. El poeta dice que su cuerpo de labriego salvaje excava el cuerpo de la mujer y hace saltar el hijo del fondo de la tierra. Aunque al principio solo era como un túnel oscuro, ahora ama el cuerpo de la mujer.

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CUERPO DE MUJER

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,


te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra

Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros


y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.


Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!

Cuerpo de mujer mía, persistirá en tu gracia.


Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.

Autor: Pablo Neruda

Para que los leas con tus ojos grises

Para que los leas con tus ojos grises,


para que los cantes con tu clara voz,
para que llenen de emoción tu pecho,
hice mis versos yo.

Para que encuentren en tu pecho asilo


y les des juventud, vida, calor,
tres cosas que yo no puedo darles,
hice mis versos yo.

Para hacerte gozar con mi alegría,


para que sufras tú con mi dolor,
para que sientas palpitar mi vida,
hice mis versos yo.

Para poder poner ante tus plantas


la ofrenda de mi vida y de mi amor,
con alma, sueños rotos, risas, lágrimas,
hice mis versos yo.

De: Gustavo Adolfo Bécquer


Malagueña

La muerte
entra y sale
de la taberna.

Pasan caballos negros


y gente siniestra
por los hondos caminos
de la guitarra.

Y hay un olor a sal


y a sangre de hembra,
en los nardos febriles
de la marina.

La muerte
entra y sale,
y sale y entra
la muerte de la taberna.

Autor: Federico García Lorca

Despedida

Si muero,
dejad el balcón abierto.

El niño come naranjas.


(Desde mi balcón lo veo).

El segador siega el trigo.


(Desde mi balcón lo siento).

¡Si muero,
dejad el balcón abierto!

Autor: Federico García Lorca


Propósito Primaveral

A Vargas Vila.

A saludar me ofrezco y a celebrar me obligo


tu triunfo, Amor, al beso de la estación que llega 
mientras el blanco cisne del lago azul navega
en el mágico parque de mis triunfos testigo.

Amor, tu hoz de oro ha segado mi trigo;


por ti me halaga el suave son de la flauta griega,
y por ti Venus pródiga sus manzanas me entrega
y me brinda las perlas de las mieles del higo.

En el erecto término coloco una corona 


en que de rosas frescas la púrpura detona;
y en tanto canta el agua bajo el boscaje oscuro,

junto a la adolescente que en el misterio inicio 


apuraré, alternando con tu dulce ejercicio,
las ánforas de oro del divino Epicuro.

Autor: Rubén Darío

Sombra de humo
¡Sombra de humo cruza el prado!
¡Y que se va tan de prisa!
¡No da tiempo a la pesquisa
de retener lo pasado!
Terrible sombra de mito
que de mi propio me arranca,
¿es acaso una palanca
para hundirse en lo infinito?

Espejo que me deshace


mientras en él me estoy viendo,
el hombre empieza muriendo
desde el momento en que nace.

El haz del alma te ahuma


del humo al irse a la sombra,
con su secreto te asombra
y con su asombro te abruma.

Autor: Miguel de Unamuno


Rima 1
¿Por qué esos lirios que los hielos matan?
¿Por qué esas rosas a que agosta el sol?
¿Por qué esos pajarillos que sin vuelo
se mueren en plumón?
¿Por qué derrocha el cielo tantas vidas
que no son de otras nuevas eslabón?
¿Por qué fue dique de tu sangre pura
tu pobre corazón?

¿Por qué no se mezclaron nuestras sangres


del amor en la santa comunión?
¿Por qué tú y yo, Teresa de mi alma
no dimos granazón?

¿Por qué, Teresa, y para qué nacimos?


¿Por qué y para qué fuimos los dos?
¿Por qué y para qué es todo nada?
¿Por qué nos hizo Dios?

Autor: Miguel de Unamuno

Niña morena y ágil

Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas,


el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas, 
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos
y tu boca que tiene la sonrisa del agua.

Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras


de la negra melena, cuando estiras los brazos. 
Tú juegas con el sol como con un estero
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.

Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.


Todo de ti me aleja, como del mediodía. 
Eres la delirante juventud de la abeja, 
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.

Mi corazón sombrío te busca, sin embargo,


y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada. 
Mariposa morena dulce y definitiva,
como el trigal y el sol, la amapola y el agua.

Autor: Pablo Neruda


Una rosa y milton

De las generaciones de las rosas 


que en el fondo del tiempo se han perdido 
quiero que una se salve del olvido, 
una sin marca o signo entre las cosas

que fueron. El destino me depara 


este don de nombrar por vez primera 
esa flor silenciosa, la postrera 
rosa que Milton acercó a su cara,

sin verla. Oh tú bermeja o amarilla 


o blanca rosa de un jardín borrado, 
deja mágicamente tu pasado

inmemorial y en este verso brilla, 


oro, sangre o marfil o tenebrosa 
como en sus manos, invisible rosa.

Autor: Jorge Luis Borges

Lo que en sonor verso y dulce rima

Los que en sonoro verso y dulce rima


hacéis conceto de escuchar poeta
versificante en forma de estafeta,
que a toda dirección número imprima,

oíd de un caos la materia prima


no culta como cifras de receta,
que en lengua pura, fácil, limpia y neta,
yo invento, Amor escribe, el tiempo lima.

Estas, en fin, reliquias de la llama


dulce que me abrasó, si de provecho
no fueren a la venta, ni a la fama,

sea mi dicha tal, que, a su despecho,


me traiga en el cartón quien me desama
que basta por laurel su hermoso pecho.

Autor: Lope de Vega


La lluvia

Bruscamente la tarde se ha aclarado 


Porque ya cae la lluvia minuciosa. 
Cae o cayó. La lluvia es una cosa 
Que sin duda sucede en el pasado.

Quien la oye caer ha recobrado 


El tiempo en que la suerte venturosa 
Le reveló una flor llamada rosa 
Y el curioso color del colorado.

Esta lluvia que ciega los cristales 


Alegrará en perdidos arrabales 
Las negras uvas de una parra en cierto

Patio que ya no existe. La mojada 


Tarde me trae la voz, la voz deseada, 
De mi padre que vuelve y que no ha muerto.

Autor: Jorge Luis Borges

A las flores

Estas que fueron pompa y alegría


despertando al albor de la mañana,
a la tarde serán lástima vana
durmiendo en brazos de la noche fría.

Este matiz que al cielo desafía,


Iris listado de oro, nieve y grana,
será escarmiento de la vida humana:
¡tanto se emprende en término de un día!

A florecer las rosas madrugaron,


y para envejecerse florecieron:
cuna y sepulcro en un botón hallaron.

Tales los hombres sus fortunas vieron:


en un día nacieron y espiraron;
que pasados los siglos, horas fueron.

Autor: Calderón de la Barca


Duerme tranquilo

Dijiste la palabra que enamora


A mis oídos. Ya olvidaste. Bueno.
Duerme tranquilo. Debe estar sereno
Y hermoso el rostro tuyo a toda hora.

Cuando encanta la boca seductora


Debe ser fresca, su decir ameno;
Para tu oficio de amador no es bueno
El rostro ardido del que mucho llora.

Te reclaman destinos más gloriosos


Que el de llevar, entre los negros pozos
De las ojeras, la mirada en duelo.

¡Cubre de bellas víctimas el suelo!


Más daño al mundo hizo la espada fatua
De algún bárbaro rey Y tiene estatua

Autor: Alfonsino Storni

Soneto 1

Cuando me paro a contemplar mi estado


y a ver los pasos por dó me ha traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado;

mas cuando del camino estoy olvidado,


a tanto mal no sé por dó he venido:
sé que me acabo, y mas he yo sentido
ver acabar conmigo mi cuidado.

Yo acabaré, que me entregué sin arte


a quien sabrá perderme y acabarme,
si quisiere, y aun sabrá querello:

que pues mi voluntad puede matarme,


la suya, que no es tanto de mi parte,
pudiendo, ¿qué hará sino hacello?

Autor: Garcilaso de Vega


Gozo del tacto

Estoy vivo y toco.


Toco, toco, toco.
Y no, no estoy loco.

Hombre, toca, toca


lo que te provoca:
seno, pluma, roca,

pues mañana es cierto


que ya estarás muerto,
tieso, hinchado, yerto.

Toca, toca, toca,


¡qué alegría loca!
Toca. Toca. Toca

Autor: Damaso Alonso

A una nariz

Érase un hombre a una nariz pegado,


érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.

Era un reloj de sol mal encarado,


érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.

Érase un espolón de una galera,


érase una pirámide de Egipto,
las doce Tribus de narices era.

Érase un naricísimo infinito,


muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.

Autor: Francisco de Quevedo

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