Ud 1
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Música en la sociedad.
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IN ICIO
Introducción
Objetivos
Conclusiones
Lección 1 de 7
Introducción
En este módulo aprenderás más sobre los factores determinantes en la formación de un músico. Más concretamente abordaremos:
En esta primera unidad comenzaremos por enmarcar qué es la psicología de la educación musical (con enfoque en la relación entre
psicología e música), destacando algunas de las principales corrientes de pensamiento en torno a la música que sustentan este campo de
estudio, así como su relación con otros comportamientos humanos como el lenguaje, la danza y el entretenimiento.
A continuación, discutiremos el origen y la evolución de la música basándonos en las teorías evolutivas y en algunas evidencias
arqueológicas.
Por último, abordaremos las principales funciones y usos de la música en la sociedad humana teniendo en cuenta los recientes avances en
el campo de la antropología y, especialmente, de la etnomusicología.
Todas las observaciones de carácter teórico se contextualizarán, en la medida de lo posible, con ejemplos y con reflexiones
que requerirán un análisis a partir de la bibliografía de referencia y el texto de esta unidad temática.
Se espera que después de esta unidad, como Máster en Pedagogía Instrumental, seas capaz de
comprender la psicología de la educación musical como campo de estudio, los principales
autores, y el papel de la música en la sociedad teniendo en cuenta su evolución y su relación con
otros comportamientos humanos.
© Universidad Alfonso X el Sabio, 2022
Lección 2 de 7
Objetivos
La música es una parte fundamental de la vida de muchas personas, especialmente de aquellas que
se dedican a tocar un instrumento musical. Por veces se utiliza como factor determinante para
cambiar los comportamientos y los estados de ánimo en las situaciones más variadas.
El reconocimiento de esta influencia ha llevado a diversos especialistas a intentar comprender mejor la música como comportamiento
humano contextualizado desde una perspectiva científica. Estos especialistas son, en la mayoría de los casos, responsables por relacionar la
música con otros campos de estudio. De esta intersección han surgido áreas como la antropología de la música, la filosofía de la música, la
sociología y la piscología de la música.
A veces asistimos a la articulación de más de dos dominios científicos y llegamos a dominios como la psicología de la educación musical, que
nace de la interrelación entre la música, la psicología y la educación.
Psicología
Objetivo
–
La psicología tiene como objetivo inmediato la comprensión del comportamiento y las funciones mentales de los grupos e individuos, tanto mediante el
establecimiento de principios universales como el estudio de casos concretos.
Su objetivo es comprender lo que impulsa a un ser humano a hacer algo concreto (es decir, motivaciones, expectativas, conceptualizaciones).
Problema metodológico
–
Un aspecto curioso de la psicología es el hecho de que es un campo de estudio en el que el objeto principal (las funciones mentales) es algo a lo que no
necesariamente tenemos acceso directo.
Si pensamos en el "alma", tomando literalmente la definición de la psicología, como la versión científica de la mente (Abreu, 2014) entonces este objeto de
estudio se vuelve aún más vago.
Una forma de superar este problema metodológico ha sido estudiar las funciones mentales a través del estudio del comportamiento humano, entendido
como un conjunto de acciones humanas que surgen en respuesta (o relacionada) a un entorno determinado (Levitis, Lidicker y Freund, 2009).
Aunque esta definición de comportamiento no es consensuada (es más bien una definición ampliamente aplicable) sirve para entender el elemento
observable que la psicología ha utilizado para acceder a su principal objeto de estudio.
2. A través de informes en los que estos mismos individuos comparten sus perspectivas sobre qué, cómo y por qué actúan de una determinada manera.
Estas dos bases de recogida de datos (entendidas aquí como observación e indagación) subyacen a la formulación de teorías sobre hechos y significados.
El primer caso se refiere a resultados como "el 85% de la población de 20 a 25 años de Nueva York escucha música mientras trabaja". Tenemos un dato que
posiblemente se haya producido a través de una encuesta en forma de cuestionario que se representa en forma de números; es decir, se trata por tanto de
un dato cuantitativo.
El segundo caso se refiere a los resultados que sugieren que "la música ha sido utilizada como aliada en la lucha contra la depresión por la población adulta
de entre 35 y 50 años en la ciudad de Madrid". Tenemos datos producidos posiblemente a través de una encuesta en forma de entrevista que se representa
esencialmente en forma de palabras; es decir, son datos cualitativos.
Estos dos ejemplos resumen en cierta medida dos tradiciones metodológicas que sustentan la investigación en psicología: la cualitativa y
la cuantitativa.
Paradigmas de investigación: Positivista y Post-positivista
–
También es importante destacar que una parte considerable de la investigación realizada en este campo se guía por un paradigma de investigación
positivista o post-positivista.
Ambos se basan en la experiencia de los sentidos como base para la formulación de teorías y el estudio de las leyes, sin tener en cuenta lo que puede haber
más allá del mundo material y observable. La diferencia entre el positivismo y el post-positivismo consiste en que este último tiene una lectura crítica del
propio objeto que estudia y de las propias limitaciones de la observación del investigador.
Psicología de la música
Objetivo
–
El modelo de investigación de la psicología se ha aplicado históricamente de la misma manera al estudio de la música y la educación musical. La psicología
de la música es un área que surgió al mismo tiempo como una rama de la psicología y la musicología.
Esta área tiene como objetivo explicar y comprender el comportamiento y la experiencia musical, desde los procesos de percepción, creación, respuesta y
uso en la vida cotidiana.
Metodología
–
Al igual que la llamada psicología moderna, la psicología de la música es un área que desarrolla sus conocimientos de forma esencialmente empírica, es
decir, basándose en la interpretación de los datos recogidos a partir de observaciones sistemáticas y de la indagación a los otros seres humanos.
La psicología de la música es un campo de investigación con relevancia práctica para muchos ámbitos como:
La interpretación.
La composición.
La enseñanza.
La musicoterapia.
Contribuciones
–
La psicología musical ha contribuido al desarrollo de otros ámbitos dentro de la musicología, sobre todo mediante:
El desarrollo de la sintaxis.
Los resultados de la investigación en el campo de la psicología musical han sido la base para la consolidación de nuevas estrategias
pedagógicas y la creación de nuevos planes de estudio.
Algunos autores con trabajos de referencia en psicología de la música se han encargado de crear una puente con la educación musical, especialmente en el
Reino Unido, donde la psicología de la música se ha desarrollado ampliamente en los últimos 70 años. Entre estos autores se encuentran Graham Welch,
Susam Hallam, Andrea Creech, Gary McPherson y Helena Gaunt.
¿Sabías qué...?
Aunque ciertamente hay pioneros, como Pitágoras en el siglo VI a.C. y más tarde Helmholtz
(1863) y otros en el siglo XIX, Carl Seashore (1919, 1938, 1947) es considerado por la mayoría
como el padre de la psicología musical moderna.
Curiosamente, Seashore (1938) creía que el estudio adecuado del comportamiento musical
abarcaba la física, la fisiología, la psicología, la antropología, la filosofía y la metafísica. Decía
que aunque todo el campo podría llamarse "ciencia de la música", posteriormente el campo ha
llegado a ser dominado por psicólogos y, por tanto, se llama hoy psicología de la música.
Co n tin ú a
2. Disciplinas asociadas
Esta percepción ya era visible en el pensamiento de Carl Seashore, considerado el "padre de la psicología de la música moderna".
Su perspectiva se centraba más en una "ciencia de la música" que en una articulación estricta entre música y psicología.
Seashore argumentó que el estudio de la música como comportamiento humano contextualizado requería una visión
multidisciplinar dada la complejidad del objeto de estudio; como el modelo descriptivo creado por Charles Eagle (1996) a partir
de su base de datos sobre la psicología de la música.
CA RL SE A SH O RE M O D E L O D E E A G L E (19 9 6 )
A pesar del número de disciplinas incluidas en el modelo propuesto por Eagle, es posible destacar que la etnomusicología ha
jugado un papel decisivo en la delimitación y comprensión del objeto de estudio de la psicología de la música (Cross, 2016).
Históricamente, el estudio de la música realizado por los psicólogos se ha basado en la tradición de concierto occidental. Las
evidencias de la etnomusicología han revelado que la complejidad de lo que entendemos por música puede extrapolarse con
fuerza si tenemos en cuenta la visión que otras culturas tienen sobre este fenómeno.
La distancia entre lo que se percibe de la música en una cultura y otra es a veces tan marcada que lo que se entiende como música
en un contexto puede no ser compartido en otro.
Modelo de molécula descriptiva del mundo interdisciplinar de la psicología de la música. Fuente: (Eagle, 1996 apud Hodges, 2003). Music
Psychology and Music Education: What's the connection?
¿Sabías qué...?
Un renombrado etnomusicólogo que visitaba la India fue recibido por un pandit (erudito y
profesor de sánscrito). Durante la conversación, cuando el tema se centró en la música, este
último dijo: "el occidental es realmente extraño, toca nocturnos de día, valses que no baila nadie y
réquiems en las fiestas.... No lo entiendo.”
Esta pequeña historia revela no sólo las diferencias culturales en nuestra forma de entender la
música, sino también la fragilidad de la frontera que separa la música y su contexto.
Co n tin ú a
“La música no es una única forma de comportamiento, como tampoco es un único tipo de
producto sonoro, sino un compuesto de diferentes formas de sonido y comportamiento.
Los comportamientos que describimos como "musicales" se basan principalmente en dos
fenómenos distintos pero interrelacionados: la capacidad humana de emitir sonidos y
nuestra tendencia innata a coordinar nuestras acciones, especialmente las que implican la
producción de sonidos y los comportamientos casi periódicos.”
Esta perspectiva, señalada en el Oxford Handbook of Music Psychology es, en cierto modo, un reflejo del diálogo cada vez más estrecho que
la psicología de la música ha mantenido con la etnomusicología en los últimos años.
Aunque se trata de una definición aplicable (es decir, puede utilizarse en otros ámbitos), el autor no pretende que sea concluyente y
exhaustiva. Incluso dentro del campo de la etnomusicología las perspectivas sobre la música son variadas, complementarias y con limitaciones.
El siguiente cuadro resume tres puntos de vista determinantes en el campo de la etnomusicología, en relación con la música, destacados por
los estudiosos de la psicología de la música (Cross, 2016).
Cabe destacar que, aunque los etnomusicólogos han producido numerosos relatos que describen con detalle los
comportamientos musicales de diferentes culturas, pocos autores de este campo se han dedicado a estudiar la llamada
universalidad de la música (musical universals); i.e., la transversalidad de perspectivas dentro de un campo. Entre los pocos
nombres están Bruno Nettl, Alan Merriam y John Blacking.
Pulsa sobre cada pestaña para ampliar las aportaciones de los siguientes autores.
Blacking sugiere que la música es central y al mismo tiempo no está disociada de otros comportamientos humanos.
Este último punto, ampliamente discutido en la literatura etnomusicológica, ha sido fundamental para enmarcar diversas
perspectivas sobre la música.
Una de ellas, propuesta por Christopher Small (1998), sugiere que la música es performance y que, como toda performance, no
puede disociarse de su contexto escénico.
A diferencia de la tradición de concierto occidental que concebía, fruto del legado dejado por instituciones como el Conservatorio de
París del siglo XIX, la música como estructuras sonoras abstractas anotadas en partituras (Ford & Sloboda, 2013), la visión de Small
no sólo acercó la música a las artes vivas, sino que también centralizó el cuerpo.
Esta centralización del cuerpo fue fundamental para la aparición de áreas relacionadas con la psicología de la música, como la
ciencia de la performance. Esta última también ha contribuido, con evidencia científica, al desarrollo de estrategias pedagógicas y
nuevos planes de estudio en la educación musical (Clake, Lisboa & Williamon, 2014).
Las perspectivas presentadas hasta ahora no agotan la complejidad que rodea cualquier intento de definir este fenómeno. Sin
embargo, como sugiere Ian Cross (2016) en su capítulo del Oxford Handbook of Music Psychology:
Ciertamente, la música no puede definirse como un bien consumible constituido por un sonido de patrones complejos que es producido
por una clase de especialistas que es producida por una clase de especialistas y a la que se recurre a través de la escucha por razones
principalmente hedónicas. hedónica, que es la noción teórica occidental contemporánea de la música. En muchas, quizá la mayoría, culturas
no occidentales implica una acción manifiesta y una participación activa del grupo, y se emplea en la interacción entre el cuidador y el niño,
el entretenimiento y el cortejo, y en los rituales, especialmente en momentos de transiciones vitales importantes (como el paso de la
adolescencia a la edad adulta, de una estación a otra, o de la vida a la muerte). En la mayoría de los casos, la música forma parte de de una
gama más amplia de actividades sociales cotidianas. Si una categoría de comportamientos que puede denominarse "música" tiene alguna
generalidad en todas las culturas, parece que la mejor manera de caracterizarla es como activa interactiva y social, y que está impregnada
de muchos otros aspectos de la vida social en otras culturas. Otros aspectos de la vida social, es decir, como un medio participativo en
lugar de un medio de presentación (véase Turino, 2008) (Cross, 2016, p.6).
La visión de Cross (2016) se acerca a la perspectiva propuesta por Small (1998). Sin embargo, aclara que cuando consideramos la
música como performance no debemos pensar sólo en un modo de expresión centrado en la presentación, como ocurre en la
tradición occidental de conciertos – en que la gente escucha "pasivamente" a otras personas demostrar sus habilidades en el
escenario – sino en un modo de expresión participativo en el que la díada intérprete/público se disuelve, dando paso a una
práctica menos jerárquica y de alguna manera más inclusiva.
Esta diferenciación entre la actuación de presentación y la participativa fue propuesta también en el ámbito de la etnomusicología
por Turino en 2008.
Reflexiona
- Small, 1998.
Co n tin ú a
Muchas veces tendemos a pensar en una relación casi inseparable entre estos comportamientos expresivos.
La música, como práctica performativa, es temporal, ocurre en un espacio e implica un cuerpo que vibra (Carlson, 2011), al
igual que la danza. Esta misma práctica performativa es comunicativa y, en algunos casos, representativa, al igual que el
lenguaje.
Considerando el caso de la danza en particular, observamos que en ciertas culturas, principalmente de matriz africana y
asiática esta separación simplemente no existe.
Esto ha llevado a ciertos autores a considerar que cuando hablamos de estos comportamientos expresivos estamos hablando de un gesto que
representa una narrativa emocional y, reiterando lo dicho anteriormente, está localizado temporalmente y es inseparable de su contexto (ver
Correia, 2015).
De hecho, cuando pensamos en la música como práctica performativa la cuestión ya no reside necesariamente en las
características que separan o aproximan modos de expresión como la música o la danza, sino en la pertinencia de la
discusión sobre esta posible separación entre ambas.
Co n tin ú a
La música y el lenguaje son dos ámbitos que caminan en paralelo, aparentemente "de la mano", pero
con una prudente distancia entre ellos.
Si por un lado el lenguaje se desarrolló como respuesta a la necesidad de un mecanismo que proporcionara un conjunto ilimitado de signos
intersubjetivos para compartir significados comunes entre personas del mismo grupo social, la música no siguió necesariamente este camino.
Atendiendo a esto, se podrán analizar las diferencias entre el lenguaje y la música:
El lenguaje
–
El lenguaje, especialmente el científico, elevó este principio a un nivel en el que la representación de ideas, experiencias, actitudes y efectos estaba tan
profundamente especificada que el intercambio de significados entre dos o más sujetos se entendía naturalmente (e idealmente) de la misma manera.
El lenguaje, permitió la definición de "mapas territoriales" que llevaron a la comprensión humana de cómo tratar los fenómenos (Penha, 2019). Esta
capacidad de representación del lenguaje fue fundamental para la consolidación de un modo de vida creado y sostenido por el homo sapiens (Harari, 2011),
ya que les permitió formular narrativas y crear un mundo más allá de su experiencia directa e inmediata; un mundo de dioses e seres míticos en
contraposición al mundo de los bosques, ríos, animales y otros seres humanos.
La música
–
Aunque podemos encontrar en ejemplos concretos, esta capacidad de transmitir el mismo significado, como por ejemplo la madre que vocaliza ciertos
sonidos para comunicarse con el bebé, no es en absoluto compartida por la música. Los significados son mucho más fluidos y ambiguos que en el lenguaje
hablada o escrita. Sin embargo, la música permite que la interacción sea sincrónica mientras que en el discurso verbal utilizado en una conversación esto
no es tan evidente porque es una relación asincrónica (Tolbert, 2016).
Asumiendo esta perspectiva, es válido enfocar la música como una actividad que construye significado y no tanto como compartir el mismo; al igual que
el lenguaje. Un oyente en una sala de conciertos, escuchando una sinfonía de Beethoven interpretada por una orquesta, no tiene acceso directo e
inequívoco a las intenciones del director y los músicos que tocan.
Aunque algunas reflexiones sobre la necesidad de repensar el formato de concierto tal y como lo conocemos indican que sería pertinente que el escenario
cambiara y que el oyente tuviera acceso al mundo subjetivo del director y de los músicos (Burland y Pitts, 2014), el escenario más habitual sigue siendo el de
un oyente solitario que crea su propia narrativa interna sobre lo que escucha.
Este aspecto de la creación de sentido que es inherente a la música, especialmente como espectáculo de presentación, no es característico del lenguaje
hablada y escrita. Por lo tanto, a diferencia de la danza, existe una distancia más evidente entre estos dos ámbitos. No sólo el mismo sonido no se percibe de
la misma manera en diferentes culturas, sino que tampoco se percibe de la misma manera en la misma cultura dadas las posibilidades de su uso (Cross,
2016).
Por mucho que lo intentemos a través de iniciativas como los conciertos didácticos, en los que un narrador intenta hacer públicos significados íntimos de un
compositor, siempre será necesaria esta implicación del cuerpo en la creación de una relación entre el fenómeno sonoro y el contenido verbal. Así,
inevitablemente, seguiremos en el ámbito de la creación de sentido.
Co n tin ú a
Sin embargo, expresiones como “músicos y artistas” no son necesariamente infrecuentes en la literatura sobre la música; incluso la música
y las artes escénicas (Correia & Dalagna, 2020). Ericsson, Charness, Feltovich & Hoffman (2006), en The Cambridge Handbook o Expertise
and Expert Performance, separan en diferentes capítulos el arte y la música.
Aunque es difícil argumentar que los músicos no son artistas sin entrar en una gran discusión etimológica sobre estos dos conceptos, debemos
considerar qué posición social ocupa este músico con su práctica.
Si pensamos en el arte como una actividad crítica de los estereotipos y que rompe los patrones de entendimiento,
identificaremos rápidamente una cantidad considerable de músicos que no encajan como artistas; por ejemplo, un
trompetista que intenta limitarse a tocar las notas de la partitura según las instrucciones del director no está necesariamente
rompiendo o desafiando los patrones, sino manteniéndolos lo mejor posible.
Por otro lado, si pensamos en el arte como un modo subjetivo de expresión, de creación de sentido, basado en la
narrativa y no necesariamente en la cientificidad entonces podemos vislumbrar a un artista en el mismo trompetista del
ejemplo anterior e incluso en un músico con habilidades psicomotrices reducidas en la manipulación de su instrumento.
A diferencia de la danza, donde la aproximación no sólo es verificable sino que está respaldada por la literatura académica, y del lenguaje,
que mantiene una mayor distancia con respecto a la música, en el caso del arte esta aproximación o distanciamiento depende mucho de los
conceptos referenciales que utilicemos, ya que la complejidad de su definición es al menos igual o más compleja que la que identificamos
cuando intentamos definir la música.
Reflexiona
Piensa hasta qué punto podemos apoyarlo críticamente, teniendo en cuenta lo que discutimos
hasta este punto.
Existe una compleja relación entre la música y las teorías de la evolución que no siempre se discute
en la literatura de la psicología de la música. De hecho, todavía son pocos los autores dedicados a
este tema, por lo que cualquier reacción al mismo tropieza inevitablemente con la dificultad de
fundamentar las posiciones (Cross, 2016).
Sin embargo, la teoría de la evolución ha sido importante para diferentes campos de los estudios musicales para explicar ciertas diferencias
culturales y transformaciones a nivel de valores que han afectado a la música a lo largo de la historia.
Definición:
Básicamente, cuando hablamos de evolución nos referimos a la transformación que sufre un organismo o un sistema en el
transcurso del tiempo y que lo hace más complejo (Kováč, 2007, 65). Esta definición no coincide necesariamente con la
teoria de Darwin, quien sostenía que la evolución consistiría en un proceso teórico por el que todas las especies
evolucionarían a partir de una forma de vida anterior.
Contratiempos:
El fuerte interés musicológico que muchos teóricos de la música manifestaron en relación con la práctica y la teoría de la
llamada música de tradición de concierto occidental, claramente centrada en la abstracción de las estructuras sonoras
anotadas en partitura, perjudicó en cierta medida el estudio de la relación entre la música y las teorías de la evolución.
Según Cross (2016) sólo en la post-guerra esta perspectiva, fuertemente influenciada por una cosmovisión teológica, cambió
en el ámbito del estudio de la música.
Además, otros aspectos contribuyeron a que el estudio de la relación entre la teoría evolutiva y la música no ganara más
protagonismo, según Cross (2016):
A pesar de ello, es inevitable que sean precisamente estos factores los que han permitido vislumbrar la complejidad y heterogeneidad de lo
que entendemos por música. Esta comprensión es fundamental para un enfoque evolutivo de la música.
Sin embargo, los avances en el campo de la antropología y la etnomusicología demuestran que hay un elemento que puede considerarse musical detrás
de los patrones de comportamiento y pensamiento de todas las sociedades conocidas (Clayton, 2016). Este proceso transversal se sugiere como posible
objeto de estudio en este territorio.
Geoffrey Miller
La perspectiva defendida por Pinker anuló en cierto modo cualquier pertinencia de nuevos estudios en el campo de las teorías evolutivas en la música. Sin
embargo, otro autor, Geoffrey Miller, presentó posteriormente una opinión diferente. Para él, la música sería un medio para demostrar las capacidades
creativas y de adaptación de un individuo. Este mismo individuo utilizaría la dimensión ritual de la música como práctica de actuación para demostrar todas
sus habilidades y, en consecuencia, alcanzar un estatus social. Miller pone el ejemplo de las ventajas sexuales que muchas estrellas del pop y del rock, como
Jimi Hendrix, consiguen en este proceso.
Autores como Hagen y Bryant (2003) han propuesto que la música es un factor que contribuye a mantener la estabilidad y la cohesión entre los
grupos.
Merker (en Wallin et al., 2000) sugiere que la música es, en un contexto de grupo, un indicador de la fuerza de la coalición.
Brown (2004) sugiere que la música influye en el comportamiento cooperativo en situaciones de grupo al desarrollar un sentido de "grupalidad" que,
en determinadas situaciones, favorece la supervivencia de los miembros y del propio grupo al reducir las posibilidades de conflicto y tensión intergrupal.
Otras tesis
Otras tesis defendidas en el contexto de la relación entre la música y la teoría evolutiva sugieren que la música es una especie de reliquia ancestral
que tuvo funciones sociales usurpadas por el lenguaje (Mithen, 2005); una visión contrastada en relación con las evidencias etnomusicológicas
encontradas en la literatura.
Cross, (1999, 2005, 2009) contribuye significativamente a la interacción comunicativa entre grupos. En este sentido, la música poseería, según este
autor, atributos que complementan los atribuidos al lenguaje.
Otras atribuciones
Además de las relaciones intragrupales e intergrupales, también se atribuye a la música un papel importante en la evolución de la comunicación entre
madres y bebés (Dissanayake, 2000; Trevarthen, 1999), principalmente en la regulación de las emociones y en el desarrollo de las competencias prosódicas,
sociales y fonéticas.
Dyssanayake (2000) sugiere que la complejidad de las interacciones entre la madre y el bebé es una respuesta evolutiva a la aparición del
bipedismo (la capacidad que distingue a los bípedos).
Las teorías presentadas hasta ahora apoyan la idea de que el estudio del papel de la música como elemento fundamental en la evolución humana es un
campo de estudio fértil. Sin embargo, se necesitan más estudios para apoyar o refutar su papel como agente decisivo en la adaptación de la especie
humana.
Evidencias arqueológicas
–
A diferencia de otros campos de estudio, como la antropología y la sociología, la arqueología ha explorado poco el sonido y la música en la evolución
humana (Blake y Cross, 2015). En consecuencia, sigue siendo difícil construir una justificación evolutiva para la música como actividad simbólica y de creación
de significado y para la propia musicalidad (Cross, 2016). Sin embargo, algunas pruebas indican algunos rastros que permiten delimitar hitos importantes en
este proceso.
Algunos artefactos encontrados, aparentemente con más de 40000 años de antigüedad, en diferentes regiones de Europa y Eurasia son flautas y pipas,
cuya construcción indica un grado significativo de complejidad. Además, estos artefactos indican que los intérpretes debían poseer habilidades refinadas
para manipularlos. Estas evidencias sugieren que la música podría haber desempeñado un papel relevante en estas sociedades antiguas. También se
sabe que la capacidad de utilizar instrumentos musicales es posterior al desarrollo de la capacidad vocal y que las primeras huellas identificables de la
música en las sociedades primitivas están vinculadas al uso de la voz.
La evolución de la musicalidad, según las escasas evidencias que tenemos hasta ahora, está ligada al desarrollo de capacidades aisladas (Cross, 2016). La
identificación de una capacidad integrada que podría reconocerse como música sólo aparece en los humanos modernos, donde hay claras evidencias de
comportamientos simbólicos (Henshilwood y Marean, 2003).
El más antiguo de estos instrumentos se remonta a unos 40.000 años antes de Cristo, coincidiendo aproximadamente con la llegada de
los humanos modernos a Europa.
Definición
Un considerable cuerpo de literatura existente sugiere que el uso de la música en la sociedad humana
es extremadamente vasto y diverso (para más detalles ver Hallam, Cross & Thaut, 2016).
Por "uso de la música" nos referimos a las situaciones en las que se utiliza la música en la actividad humana, que es diferente de la "función",
que se refiere a las razones de dicho uso.
Hallam (2006) sugiere que en el mundo desarrollado la música está presente en todas las actividades cotidianas; la música juega un papel
decisivo en la regulación de las emociones (Juslin, 2018), en la interacción entre los individuos y en la formación de los mismos.
Ejemplos
Un ejemplo de ello son los resultados de los estudios que investigan las formas de contacto con la música en el mundo desarrollado:
En el Reino Unido, los adolescentes escuchan música 3 horas al día siendo que 70% escucha música mientras estudia (North
et al., 2000).
Una encuesta realizada en Estados Unidos indica que los adultos escuchan música al menos una hora al día (Cole, 1999).
La música es también utilizada como elemento de tortura; i.e, encabezan la lista las canciones de AC/DC (Hell's Bells y Shoot
to thrill), Enter Sandman de Metallica , Bodies de Drowning Pool y White America de Eminem.
La música es también utilizada en el entorno laboral; i.e, investigaciones recientes sugieren que cuando se pone música en el
trabajo mejora el rendimiento, la comunicabilidad, la atención y se reducen los errores.
La figura siguiente indica los medios por los que se potencia el contacto con la música en las sociedades desarrolladas.
Medios de contacto con la música en las sociedades desarrolladas. Fuente: acervo del autor.
La industria musical
En la actualidad, las ICC emplean a más personas en Europa que las industrias alimentarias y de servicios. En las ICC trabajan más personas que en las
industrias de fabricación de automóviles (aproximadamente 2,5 veces más) y que en la industria química (5 veces más). Esta tendencia se observa desde
2004, cuando alrededor de 5,8 millones de personas estaban empleadas en el sector cultural, lo que equivale al 3,1% de la población total empleada en los
Estados miembros. Mientras que los niveles de empleo disminuyeron entre 2002 y 2004, el empleo en el sector cultural creció un 1,85%.
Escenario post-pandemia
–
Aunque el escenario de la pandemia ha alterado gran parte de estos datos como consecuencia de la recesión económica, Dalagna, Carvalho y Welch (2021)
señalan que es probable que la proporción de músicos autónomos en el sector de las ICC se haya visto especialmente afectada, sobre todo en términos
de rendimiento.
Sin embargo, hay indicios e informes anecdóticos en los medios de comunicación de que la producción musical ha sido un pasatiempo muy popular durante
el cierre y que los músicos profesionales están encontrando formas de seguir comprometidos con su música y la comunidad (EY, 2021).
Como se mencionó en el tema 3, el debate sobre las funciones de la música en una sociedad
determinada debe tener en cuenta la finalidad para la que sirve la música. El estudio de este
propósito alcanzó su punto álgido en las décadas de 1950 y 1960 (Clayton, 2016).
Autores principales:
Pulsa sobre cada pestaña para ampliar las propuestas de cada uno de ellos.
Merriam (1964) ofrece un resumen de estas funciones en The Anthropology of Music. Básicamente, se enumeran 10 funciones
principales para la música (pp. 219-227), a saber:
1. Expresión emocional.
2. Satisfacción estética.
3. Entretenimiento.
4. Comunicación.
5. Representación simbólica.
6. Respuesta física.
Bruno Nettl (1983) sintetiza en cierto modo el argumento de Merriam (1964) en sus estudios transculturales sobre la función de la
música en diferentes sociedades.
Básicamente el autor sostiene que estas funciones varían entre las culturas y que la función de la música sería controlar las
relaciones humanas con lo sobrenatural, mediar la relación entre las personas y otros seres, y apoyar la integridad del individuo y de
un determinado grupo social (Nettl, 1983).
Aunque simpatizaba con el llamado "argumento de la función musical", Nettl sugiere que esta perspectiva se ha agotado en cierto
modo.
Más recientemente, otros autores han reabierto este debate. Dissanayake (2009) ha propuesto una lista de funciones sociales que
cumple la música ritual. Estos serían:
3. Facilitar el cortejo.
Otras funciones
Otras funciones atribuidas a la música, identificadas en la literatura principalmente desde la etnomusicología, incluyen, según el resumen
propuesto por Clayton (2016):
La inducción del trance, la posesión, la curación y la escucha estática (Becker, 2004; Friedson, 1996; Racy, 2003; Roseman,
1985; Rouget, 1985).
La negociación de las idelologías de género y la etnicidad (Koskoff, 1989; Moisala y Diamond 2000; Stokes 1994; Sugarman,
1997).
El mantenimiento y la adaptación de la identidad cultural y las culturas diaspóricas (Shelemay, 1998; Slobin, 1993, 2003;
Turino, 1993).
El propio Clayton (2016) propone una revisión de este tema a través de cuatro funciones principales:
3 Representación simbólica.
Las perspectivas planteadas hasta ahora sugieren que, más que una reducción de las funciones de la música en la sociedad, existe la
posibilidad de su expansión más allá del sentido común.
Es importante destacar que, independientemente de la función identificada, la música desempeña un papel fundamental
en la relación entre el yo y el otro.
Conclusiones
En esta unidad hemos discutido la psicología de la educación musical como campo de estudio, los
principales autores, y el papel de la música en la sociedad teniendo en cuenta su evolución y su
relación con otros comportamientos humanos.
Hemos visto que desde el punto de vista de la psicología de la música -pero también de la educación, la etnomusicología y la sociología de
la música- este fenómeno se ha enmarcado como un comportamiento humano contextualizado; un comportamiento que es temporal y
efímero.
Lejos de ser una definición consensuada de la música, esta perspectiva nos ayuda a enmarcar la música como campo de estudio, ya sea
desde un punto de vista transcultural o centrado en una sola cultura.
La música se utiliza de diversas maneras en la sociedad humana. Esta pluralidad de usos es, en cierto modo, responsable
de una industria fuerte y decisiva en este sector.
El uso de la música obedece a varias funciones que, en general (independientemente del enfoque teórico), median la
relación con lo que identificamos como el "otro".
Desde el punto de vista evolutivo, todavía no hay consenso sobre si la música es un mecanismo adaptativo, una
tecnología o un medio de adaptación.
La evolución de la musicalidad está ligada al desarrollo de capacidades aisladas (Cross, 2016). La identificación de una
capacidad integrada que podría reconocerse como música sólo aparece en los humanos modernos, donde hay claras
evidencias de comportamientos simbólicos.
© Universidad Alfonso X el Sabio, 2022
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