Apuntes para una transición de la subjetividad
Osvaldo Rodríguez
I
El encuentro con la clínica de nuestros días ha tensado los conceptos psicoanalíticos
hasta el punto de someterlos a una constante puesta a prueba. Ciertas posiciones subjetivas, de
difícil disposición al dispositivo analítico, -que supone la neurosis de transferencia- nos
confrontan con la tarea de repensar las articulaciones entre la estructura del sujeto y la
subjetividad de la época.
Una referencia obligada al abordar esta problemática es una cita del texto “Función y
campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”1; es interesante que la referencia pertenezca
a este texto de 1953, porque puede ser considerado un escrito princeps de Jacques Lacan, donde
podemos situar una ruptura del maestro francés con el oficialismo internacional, y un momento
inaugural de la enseñanza lacaniana. Es el momento en el que Lacan introduce la importancia de
lo simbólico en la cura analítica, y podríamos decir sin eufemismos que sitúa un cambio de
“época” en la historia del movimiento psicoanalítico. La cita:
Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su
época. Pues, ¿cómo podría hacer de su ser el eje de tantas vidas aquel que no supiese nada de
la dialéctica que lo lanza con esas vidas en un movimiento simbólico? Que conozca bien la
espira a la que su época lo arrastra en la obra continuada de Babel, y que sepa su función de
intérprete en la discordia de los lenguajes. 2
Esta recomendación que Lacan hace a los analistas; y en tanto que deudores de su
enseñanza, podríamos decir: “nos hace”. Rápidamente nos parece de una prudente lógica, pero
evitemos que su sensatez nos impida pensar. Por qué, habría que estar a la altura de la
subjetividad de la época, cómo no caer siguiendo ligeramente esta recomendación, en una suerte
de pragmatismo de la adaptación, que riña con la ética misma del psicoanálisis, o por el contrario,
por no atender la época, caer en una abstracción desencarnada, apoyados en la noción de que la
1
J. Lacan. “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis.”, en Escritos I. Siglo XXI
2
[Link]
1
pulsión y la estructura -en tanto que ésta es un efecto del encuentro entre la pulsión y el Otro del
lenguaje- son a-históricas.
Es necesario tener en cuenta los puntos de articulación entre la subjetividad de la época
y la estructura del sujeto para entonces advertir que la importancia de unir al horizonte la
subjetividad de la época, al punto de preferir la renuncia a la no consideración, es porque el
sujeto padece de la época, y cada época produce un padecimiento singular, un modo particular de
vivir la pulsión. Freud llamó a esto mal-estar en la cultura, algo que se resiste a quedar
subsumido en el sentido propio que en cada época impera. Al mismo tiempo, esto que llamamos
época es lo que produce las condiciones de posibilidad de una subjetividad característica y nos
permite decir, por ejemplo, que el descubrimiento freudiano surge en una época que podría
definirse como la época del nombre del padre, o que nos autorizaría a hablar en la actualidad de
la era del vacío, como la califica Lipovesky, o de crisis del nombre del padre, o época de la
inexistencia o quizás de la indiferencia del Otro.
Es una dificultad adicional definir la época en la que uno está inmerso, pues para
hacerlo es necesaria una dimensión histórica, cierta perspectiva que aporta el paso del tiempo; no
es un gran problema definir por ejemplo la Alta Edad Media, pero cuando se trata de reconocer
las coordenadas de posibilidad de subjetivación, y los modos de padecer propios del tiempo
actual, la cuestión adquiere ribetes de dificultad creciente por el simple hecho de vernos tomados
por la dialéctica que nos lanza en ese movimiento simbólico.
Por otro lado, ¿qué queremos decir los psicoanalistas cuando decimos “época”? Éste no
es un concepto específico de nuestro campo de saber; por el contrario, es una noción compartida
por diversas áreas del saber; desde la historia a la sociología, y aun la geología, la utilizan con
distintos matices. Es menester acordar una definición que nos convenga a los efectos de la tarea
que nos disponemos a realizar. Propondremos provisoriamente la siguiente: “una época se define
por el tipo de malestar al que intenta dar respuesta, y por los malestares que en ese mismo
intento produce”, o dicho de otra manera; “por los goces que tramita con sus regulaciones, y
los goces nuevos que se producen en ese movimiento y requieren de nuevas regulaciones”.
Pensamos que ésta es una definición suficientemente amplia, en la que convergen dos
cuestiones de interés para el psicoanálisis: lo real y el tratamiento simbólico del mismo. Entonces
cuando consideramos estas dos variables al referirnos a una época determinada estamos en el
marco específico que a nuestro quehacer le importa.
2
Contamos entonces con una herramienta para orientarnos sobre qué es lo que debemos
considerar, a saber: qué real está en juego y qué tipo de tratamiento simbólico. Si esclarecemos
estas dos preguntas, habremos unido a nuestro horizonte la subjetividad de una época. No
obstante, esto no aporta luz sobre cuáles son los factores determinantes que mueven el fiel de la
balanza entre una época y otra, y será el esfuerzo de este trabajo situar algunos de ellos. Dado que
la determinación de la época actual es una cuestión que se encuentra en debate, no escogeremos
ninguna de las características notorias de la misma para nominarla. Ese intento -como citáramos
anteriormente- lo están haciendo diversos autores, y no dudo que aquel que acierte en la
característica fundamental con que la historia recuerde estos tiempos que transcurren y logre
nominarla, habrá ganado un sitio en la posteridad. Aún no sabemos si serán estos tiempos
recordados como los de “la modernidad liquida”, “la era del vacío”, “del hombre sin gravedad”
etcétera.3 Nuestro intento -más humildemente- será situar algunos factores elementales entre
nuestros días y un momento lógicamente anterior.
II
En 1927, el físico alemán Werner Heisenberg postula el principio de incertidumbre o
indeterminación, cuestión que le valió el galardón Nóbel de física y que penetra en la
comprensión de la intimidad del átomo. Desde luego que en este contexto no abordaremos las
cuestiones inherentes a la física quántica, -que por otra parte exceden en mucho nuestras
posibilidades- sino que tomaremos alguna consecuencia que puede ser transpolada, al menos
alusivamente, a nuestro campo.4 Según este principio, es imposible determinar simultáneamente y
de manera precisa la posición y la velocidad de una partícula, es decir que con cuanta mayor
precisión se intente determinar la posición de un objeto dado, con mayor imprecisión podremos
decir a qué velocidad se desplaza, y viceversa, con cuanta mayor precisión intente determinar la
velocidad a la que se desplaza, con mayor imprecisión podré decir dónde está. En definitiva,
posición y movimiento se excluyen mutuamente.
3
El entrecomillado responde a nominaciones aportadas por distintos autores para caracterizar a la época: Zigmung
Baumann, Giles Lipovesky, charles Melmann entre otros,
4
El mismo Heisemberg intentó penetrar en las implicaciones filosóficas de la física. Consideraba que el estudio del
microcosmos era un camino privilegiado para la elaboración de una teoría general del conocimiento, y creo que no se
equivocaba. Otros siguieron sus pasos, y descubrimientos esenciales en el campo de la física ofrecen material para la
reflexión fecunda sobre los problemas de la existencia. Por citar unos ejemplos, podemos referirnos a Ilia Prigogine
con sus formulaciones sobre el tiempo, o a Edward Lorenz con la teoría del caos.
3
No precisa de mayor demostración el hecho de que nuestros días contemporáneos están
especialmente afectados por el movimiento, por un acrecentamiento continuo de la velocidad en
la que los sucesos se producen. En todos los ámbitos podemos registrar esta aceleración que hace
caducar las cosas antes de que puedan ser incluidas en nuestra red simbólica; el sujeto
contemporáneo se encuentra absorto ante la multiplicación de los goces, que -especialmente
favorecidos por la explosión tecnológica que da comienzo en los últimos años del siglo pasado y
continúa en el actual- se suceden a una velocidad mayor que la necesaria para incluirlos en una
regulación simbólica que permita al sujeto situarse. Las computadoras envejecen antes de que su
prestación se agote -de acuerdo a informes del MIT (Massachussets Institute of Technológy) cada
dieciocho meses se renueva totalmente el hardware-, la posibilidad de comunicación planetaria
crece exponencialmente; la joven Internet, nacida como un experimento del departamento de
defensa de los Estados Unidos, ganó popularidad y globalización a un ritmo y en una dimensión
que no estuvo en la cabeza de los más imaginativos autores de ciencia ficción; en el campo de la
psicofarmacología, las drogas de última generación se reemplazan unas a otras, a veces por
cuestiones ligadas a sus efectos psicotrópicos y otras veces por pueriles razones de mercado. En
lo relativo a los problemas de género, la ciencia se presenta ofreciendo respuestas impensadas
pocos años atrás; la posibilidad que la técnica quirúrgica proporciona de adaptar los genitales de
un sexo a la forma del otro, de agregar prótesis, de suministrar hormonas, de esculpir el cuerpo
con el propio tejido adiposo, incluso de transplantar un pene de un donante cadavérico, dan
consistencia a la afirmación que hacen muchos transexuales de estar en un cuerpo equivocado, un
alma de hombre en un cuerpo de mujer, o alguien que afirma su ser mujer, habitando un robusto
cuerpo masculino.
Parece ser que aquello de “la anatomía es el destino”, que tanto le gustaba citar a Freud
-parafraseando la frase de Napoleón: “la geografía es el destino”- , es resquebrajado por un saber
y un hacer científico que franquean los límites impuestos por la biología. Solidaria del discurso
capitalista, la ciencia forcluye la castración abriendo la ilusión de que todo es posible, todo puede
adquirirse en el mercado: puede adquirirse un hijo, puede adquirirse una identidad sexual, todo
puede transformarse de acuerdo al antojo de quien lo pueda adquirir.5
Cuando párrafos antes, en la definición que proponíamos del término “época”, decíamos
que se define por los goces que regula y los goces que esas mismas regulaciones generan, aquí
5
Rodríguez Osvaldo. “De genero” en Aperiódico psicoanalítico Inconscientes, 2006
4
estamos ante el hecho de que la generación de nuevos goces es superior al surgimiento de las
regulaciones. El efecto inmediato de este estado de cosas es la gran dificultad que el sujeto
contemporáneo encuentra para situarse, para decir dónde está, para hacerse nombrar.
Consecuentemente, en la época lógicamente anterior a la actual, la posición estaba privilegiada
sobre el movimiento, el ideal ordenaba los lugares y cada quien sabía su lugar en el juego.
De modo que tenemos ya dos primeros ordenadores que podemos situar en par, entre
una época lógicamente anterior y esta época.
Época lógicamente anterior Época actual
Posición Movimiento
III
Si un elemento común recorre el pensamiento de los distintos autores que debaten sobre
el tema de la modernidad-posmodernidad, es que en nuestros días se verifica un desfallecimiento
de la función paterna. La autoridad paterna ya no es el único modo de concebir el orden social, y
en todas sus formas es puesta en cuestión. Desde la familia hasta el estado, han perdido su
referencia al padre o a sus subrogados; éste parecería ser un elemento indubitable, ya que
prácticamente nadie lo pone en cuestión. Entonces es un elemento característico del momento
que antecede, situar a esta función que llamamos Nombre del Padre (NP) como uno de los
ordenadores necesarios.
Época lógicamente anterior Época actual
Posición Movimiento
NP
Efectivamente, durante años el padre, como agente de la castración, ordena los goces en
torno a la lógica fálica, y el trabajo de Freud está signado por este ordenamiento.
Tratemos de ejemplificar esto: La vieja fórmula jurídica -que Freud menciona varias
veces- “pater semper incertus est, mientras que la madre es certissima,” (el padre siempre es
incierto, mientras que la madre es certísima) organiza, durante al menos veinte siglos, un sistema
jurídico -es decir, un sistema simbólico regulador de goces- basado en la imposibilidad de
5
determinar con precisión la identidad del genitor, (el padre) mientras que no ofrece dificultad
determinar la identidad de quien ha puesto su biología de manera evidente (la madre lo ha llevado
en el vientre) para la gestación. En torno a estas dos afirmaciones, se legisla linaje y patrimonio.
En la legislación Argentina, durante mucho tiempo, para que una mujer pudiera ser acusada de
adúltera, bastaba con demostrar que había sostenido una relación extra marital; si por el contrario,
la acusación pesaba sobre un hombre, lo que había que demostrar era que éste mantenía manceba.
Esta asimetría entre el tratamiento que la ley le da al hombre o a la mujer, no es solamente
resabio del tratamiento discriminatorio al que la mujer ha sido sometida en muchas sociedades,
sino que es también la forma en que se protegían el linaje y el patrimonio del Pater incertus.
De modo que la imposibilidad de tener certeza acerca de la procedencia biológica del
padre ha reforzado el valor simbólico otorgado a éste. En los tiempos de la aparición del
psicoanálisis la vigencia de la autoridad simbólica del padre era evidente; la identidad sexual, la
neurosis, y la determinación misma de la estructura dependen del tratamiento dado al significante
“padre” -así ha sido desde entonces y hasta casi finales del siglo XX inclusive, sin discusión6.
Ahora bien, si hemos concluido en decir que esta función está en crisis, ¿qué podemos
ubicar en su lugar? Es el mismo Lacan quien en el año 1974 nos advierte del resquebrajamiento
de la función paterna. En el Seminario 21, en la clase del 19 de marzo de 1974, dice:
Hay algo cuya incidencia quisiera indicar. Porque se trata del sesgo de un momento
que es aquel que vivimos en la historia. Hay una historia, aunque no sea forzosamente la que
se cree, lo que vivimos es muy precisamente esto: es curiosamente la pérdida, la pérdida de lo
que se soportaría en la dimensión del amor, si es efectivamente no la que yo digo -yo no
puedo decirla-, a ese Nombre del Padre se sustituye una función que no es otra que la de
“nombrar para” (nommer `a). Ser nombrado para algo, he aquí lo que despunta en un orden
que se ve efectivamente sustituir al Nombre del Padre. Salvo que aquí, la madre generalmente
basta por sí sola para designar su proyecto, para efectuar su trazado, para indicar su camino. 7
Si definí el deseo del hombre por ser el deseo del otro, esto es lo que se señala en la
experiencia. E incluso en los casos donde, por azar, ocurre que por un accidente ella no esté
más allí, es sin embargo ella, ella, su deseo, lo que señala a su crío ese proyecto que se
expresa por el “nombrar para”. Ser nombrado para algo, he aquí lo que, para nosotros, en el
6
Rodríguez, Osvaldo. OP cit.
7
El subrayado es mío.
6
momento de la historia en que nos hallamos, se ve preferir -quiero decir efectivamente
preferir, pasar antes- lo que tiene que ver con el Nombre del Padre
Es bien extraño que aquí lo social tome predominio de nudo, y que literalmente
produzca la trama de tantas existencias; él detenta ese poder del “nombrar para” al punto de
que después de todo, se restituye con ello un orden, un orden que es de hierro; ¿qué designa
esa huella como retorno del Nombre del Padre en lo Real, en tanto que precisamente el
Nombre del Padre esta verworfen, forcluido, rechazado?; y si a ese título designa esa
forclusión de la que dije que es el principio de la locura misma, ¿acaso ese “nombrar para”
no es el signo de una degeneración catastrófica? 8
Esta cita, de redacción algo compleja, llama la atención por su carácter anticipatorio y
por el abanico de problemas que abre. En principio, tenemos el ordenador que buscábamos para
sustituir al Nombre del Padre: “nombrar para”, np.9
Época lógicamente anterior Época actual
Posición Movimiento
NP np
IV
Luego se impone a la reflexión la referencia a la forclusión.
La forclusión (Verworfen) es a la psicosis lo que la represión (Verdrängung) a la
neurosis; sendas defensas organizan y definen la estructura y comportan un tratamiento particular
de la realidad. Recordemos lo que Freud nos enseña al respecto:
Ya en un trabajo reciente expusimos como uno de los caracteres diferenciales entre
la neurosis y la psicosis el hecho de que en la primera reprime el yo, obediente a las
exigencias de la realidad, una parte del Ello (de la vida instintiva), mientras que en la psicosis
el mismo yo, dependiente ahora del Ello, se retrae de una parte de la realidad. Así, pues, en la
neurosis dominaría el influjo de la realidad y en la psicosis el del Ello. La pérdida de realidad
sería un fenómeno característico de la psicosis y ajeno, en cambio, a la neurosis. 10
8
J. Lacan Seminario 21, clase del 19/03/74, Inédito
9
Adoptaremos la sigla “np” en minúscula para designar la función “nombrar para” y diferenciarla de NP (Nombre
del Padre).
7
Es importante señalar que en este contexto no se trata de la estructura del sujeto, sino de
la subjetividad; no estamos diciendo que la neurosis ha dejado de existir, aún no somos tan
audaces.
Cuando el conflicto está centrado en torno al ideal y la pulsión, la represión se erige
como la defensa privilegiada. El conflicto entre la sexualidad y la llamada “moral victoriana” no
solo está en el centro mismo de los comienzos del psicoanálisis sino que extiende su influencia
hasta bien pasada la década del 60. Muchos de sus movimientos emancipadores son respuestas a
los poderes de la represión, el ideal del amor libre y la libertad sexual estaban presentes en el
mayo francés, en el movimiento de liberación femenina -uno de sus actos de rebeldía consistía en
quitarse los corpiños- y en el movimiento hippie - por citar solo algunos sucesos de aquellos
tiempos que hoy parecen tan lejanos.
Existe entonces una consonancia entre la estructura neurótica y una realidad que refleja
un conflicto similar.
La contemporaneidad -y de esto el psicoanálisis no es totalmente inocente- ha ido
relajando la tensión entre la pulsión y el ideal. Se ha ido virando de un modo de satisfacción
regido por la serie que entrama NP-represión, a una modalidad de satisfacción regida por un
imperativo de goce, que manda gozar ilimitadamente; esto es lo que provoca el rechazo de la
función NP, y las catastróficas consecuencias de su retorno en un orden de hierro. De aquí se
desprende que la sustitución de la función Nombre del Padre (NP), por la de “nombrar para”
(np), haga serie, ya no con la represión, (Verdrängung) sino con la forclusión (Verworfen), NP-
represión, se sustituye por np-forclusión
Época lógicamente anterior Época actual
Posición Movimiento
NP np
represión forclusión
Freud, S (1924) “La pérdida de la realidad en la neurosis y en la psicosis”, en Obras Completas, tomo XIX
10
Amorrortu.
8
De allí la afirmación de que la madre baste por sí sola para designar su proyecto. La
madre, en este caso equivalente a su deseo, un deseo que parece prescindir del frágil palito que
detiene la mordedura fatal del cocodrilo:
El papel de la madre es el deseo de la madre. Esto es capital. El deseo de la madre
no es algo que pueda soportarse tal cual, que pueda resultarles indiferente. Siempre produce
estragos. Es estar dentro de la boca de un cocodrilo, eso es la madre. No se sabe qué mosca
puede llegar a picarle y va y cierra la boca. Eso es el deseo de la madre.
Entonces, traté de explicar que había algo tranquilizador. Les digo cosas simples,
improviso, debo decirlo. Hay un palo, de piedra por supuesto, que esta ahí, en potencia, en la
boca, y eso la contiene, la traba. Es lo que se llama el falo. Es el palo que te protege si, de
repente, eso se cierra.11
V
Se van perfilando dos series, dos tramas que van queriendo constituir unos referentes,
unos ordenadores, que soporten una lógica que permita diferenciar una época de otra. Así, en lo
que hemos llamado “época lógicamente anterior” tenemos posición-NP-represión, trama de la
cual deducimos la operación del inconsciente. En la clínica, nos encontramos con sujetos
permeables a la operación analítica, la apertura del inconsciente sólo espera la intervención del
analista, para poner en forma la neurosis de transferencia como enfermedad artificial; todo está
como Freud manda: la neurosis común troca en neurosis de transferencia.
Si bien todos los analistas sabemos que las cosas no siempre son tan fáciles aún con este
esquema, la cuestión se pone todavía más difícil cuando los sujetos aparecen atravesados por esta
nueva trama: movimiento-np-forclusión. Aquí la clínica nos confronta con sujetos con gran
dificultad para establecer lazo transferencial. Su padecimiento no los interroga en el sentido de la
implicación subjetiva, sino que les da consistencia; sufren, pero el goce comprometido no se
dialectiza en la trama significante. La falta en ser, propia de la estructura del hablante, se
encuentra desdibujada tras la presencia incesante de un goce mortificador; escuchamos decir con
frecuencia que estos pacientes se presentan a la consulta haciéndose representar por su síntoma. 12
11
Lacan, J Seminario XVII, El Reverso del Psicoanálisis, cap. “Edipo, Moisés y el padre de la horda”, 1960-1970-
Paidos.
12
Por cierto, no es del todo correcto llamar en este momento “síntoma” al “padecimiento”, ya que será producto de
una maniobra exitosa que advenga como tal
9
“Soy adicto”, “Soy anoréxica”, es el modo en que se nombran. Desde luego, sabemos que este
dato aislado no nos dice nada acerca de la posición del sujeto, pero es un indicador que
posiblemente nos permita aproximarnos a ubicar al sujeto de la enunciación pegado en su propio
enunciado.
Estamos lejos de poder formalizar la transferencia analítica, queda un largo camino por
andar para llegar allí donde antes comenzábamos. Ya Freud nos recordaba en 1910, respecto de
las dificultades para abordar las histerias de angustia (las fobias):
Nos aproximamos ahora a la intelección de que la técnica analítica tiene que
experimentar ciertas modificaciones de acuerdo con la forma de enfermedad y las pulsiones
que predominen en el paciente… En efecto, estos enfermos no pueden aportar el material
decisivo para la resolución de la fobia mientras se sientan protegidos por la observancia de la
condición fóbica… es preciso entonces asistirlos13 traduciéndoles su inconsciente hasta el
momento en que puedan decidirse a renunciar a la protección fóbica y exponerse a una
angustia, muy moderada ahora.14
Si trasladamos esta cita a las condiciones actuales de la cura y traducimos “histeria de
angustia” por “síntoma contemporáneo”; “protección por la condición fóbica” por “rechazo del
inconsciente”; y “renunciar a la protección fóbica” por “ceder un goce”, encontramos en esta
recomendación freudiana un camino posible para la instalación de la neurosis de transferencia.
Coincidimos con la afirmación de Osvaldo Delgado referida al hecho de que en algunos casos el
establecimiento de la neurosis de transferencia coincide con el establecimiento de la neurosis
vulgar:
Se trata de producir en algunos casos a un mismo tiempo tanto la neurosis vulgar
como la artificial. La creación de la “zona intermedia” en términos freudianos es ya un
tratamiento de los efectos de impasses de la civilización actual, en tanto pone en juego un
condescender del goce.15
13
El subrayado es mío.
14
Freud .S, “Las perspectivas futuras de la terapia analítica”, (1910) en Obras Completas, tomo XI, Amorrortu.
15
Delgado. O La subversión freudiana y sus consecuencias – La enfermedad artificial y la red asistencial 2005 JVE
ediciones
10
Otro punto de apoyatura conceptual, lo encontramos en el texto “Subversión del sujeto y
dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”. Allí Lacan, refiriéndose a la histérica, nos dice:
“Por eso una vacilación calculada de la "neutralidad" del analista puede valer para
una histérica más que todas las interpretaciones, a riesgo del alocamiento que puede resultar
de ello. Claro que a condición de que ese alocamiento no acarree la ruptura y de que el
desarrollo ulterior convenza al sujeto de que el deseo del analista no entraba para nada en el
asunto. Esta observación no es por supuesto un consejo técnico, sino un punto de vista abierto
sobre la cuestión del deseo del analista para aquellos que no podrían de otro modo tener idea
de él: cómo debe preservar el analista para el otro la dimensión imaginaria de su no dominio,
de su necesaria imperfección, es algo que resulta tan importante regular como la
consolidación en él voluntaria de su nesciencia en cuanto a cada sujeto que viene a él en
análisis, de su ignorancia siempre nueva para que ninguno sea un caso”. 16
El mismo Lacan nos advierte en la cita que no se trata de un consejo técnico, sin
embargo a mi criterio y a la luz de las circunstancias actuales que rodean la cura, las
consecuencias éticas que pueden extraerse de este párrafo son de una utilidad insoslayable.
Prosiguiendo con el encadenamiento de las dos series de ordenadores, estamos ahora en
condiciones de articular en cada serie dos mas: inconsciente y rechazo del inconsciente.
Época lógicamente anterior Época actual
Posición Movimiento
NP np
represión forclusión
inconsciente Rechazo del inconsciente
VI
La primera de estas series; posición-NP-represión-inconsciente articula un campo
abierto por Freud: estos ordenadores determinan el campo del deseo. Las transacciones del goce
responden a la legalidad del deseo, la noción misma del deseo implica la articulación de la ley
16
Lacan. J “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”, en Escritos II, Siglo veintiuno,
1960.
11
como prohibición de un goce; Tótem y Tabú17 expresa esta legalidad como el origen mismo de la
civilización.
Rápidamente, entonces, podemos ubicar en nuestro ordenamiento otro parámetro:
Época lógicamente anterior Época actual
Posición Movimiento
NP np
represión forclusión
inconsciente Rechazo del inconsciente
Deseo-ley
¿Qué ubicaremos ahora haciendo par con él? Ya en otro lugar18 abordamos este
problema:
Desde la vivencia de satisfacción hasta la construcción del grafo del deseo y de
entonces acá hemos aprendido con nostalgia o con resignación que el objeto esta
originalmente perdido, ninguna adecuación sujeto-objeto es posible desde que el psicoanálisis
nos muestra con sus particulares herramientas conceptuales que el ser del ser hablante,
implica el no ser de los objetos.
Es precisamente, la ausencia estructural de un objeto complementario a la
necesidad, puesto que no es posible inscribir para lo humano un registro de “lo natural” 19
sino que es del Otro en tanto sede del lenguaje y de la carencia de quien se demanda lo que
no tiene, que el objeto, es objeto de deseo. Esta circunstancia que funda la paradojal y
nostálgica ilusión de “reencontrar”20 el objeto “perdido”, paradojal en tanto que el objeto
nunca se tuvo por lo tanto no se perdió, lo perdido es el registro, la dimensión de la
necesidad, es decir que el objeto “perdido”, “mítico”, juntaría el campo de la necesidad con el
campo del deseo, se busca en un campo, en un registro, el del deseo, lo que pertenece a otro
campo (el de la necesidad) irreductible al primero pero articulado a él.
17
Freud, S, Tótem y Tabú. Tomo XIII Amorrortu Editores , 1912
18
Rodríguez, O. Lecturas del Malestar en la cultura – Adicciones, una clínica de la cultura y su malestar- Donghi-
Vazquez Compiladoras 2000
19
“Lo natural” en el sentido de la adecuación de los objetos, así como el lobo se come al conejo y no al revés. En el
cachorro humano es la anticipación del Otro que interpreta la necesidad. Un perro, por más amaestrado que esté,
come carroña.
20
“Reencuentro” paradojal, reencontrar lo que nunca se “encontró.”
12
El amor recrea la ilusión de suturar la hiancia entre necesidad y deseo, no es casual
que sea más frecuente entre los amados hablar de necesidad que de deseo, digo con esto que
es más frecuente decirle a la persona amada “te necesito” que “te deseo” haciendo de este
modo existir la relación sexual. Es interesante pensar que en el plano del amor el
psicoanálisis consiste en desandar ese camino de sutura entre el deseo y la necesidad
acentuando su hiancia; en su faceta mas “animal” 21 donde sí hay relación sexual podríamos
decir “desnaturalizando”22 el encuentro con el objeto de su estatuto de necesario a su
arbitrariedad;23 o en su faceta lógica donde la cuestión va de lo necesario como categoría
lógica a lo contingente, es decir de lo que no cesa de escribirse hasta lo que cesa de no
escribirse.
Esta secuencia que el psicoanálisis describe en la constitución del objeto que va de
la necesidad al deseo y se articula en la demanda del Otro, es un correlato de la falta en ser
originaria del sujeto, pues así como dijimos que el ser del ser hablante implica el no ser de los
objetos, tal como lo sitúa Lacan en la dirección de la cura, la carencia estructural del Otro en
tanto que esta determinado por los significantes no hace mas que poner en juego la falta (de
consistencia, de ser) en el sujeto. De este modo, y como la demanda es demanda de amor, se
pide lo que no tiene ni aquel a quien se le pide, “amar es dar lo que no se tiene a alguien que
no es”.
Bien, esto que el psicoanálisis conceptualiza y aporta al corpus de saber de la
cultura contemporánea opera24 en ella, quiero decir que la cultura contemporánea aprendió
que el objeto es el objeto del deseo y que la necesidad esta perdida y ha puesto a trabajar este
saber de acuerdo a su propia lógica desde luego no se trata de que todo el mundo es experto
en psicoanálisis ni mucho menos, sino de que se ha incorporado una nueva marca.
El psicoanálisis- no es ninguna novedad- hace su aparición en este siglo
caracterizado entre otras cosas por la gran explosión tecnológica que especialmente en la
segunda mitad del siglo XX ha crecido exponencialmente, la producción de “gadgets”
aumenta en cantidad y en velocidad, lo que exige que aumente proporcionalmente su
consumo, son objetos de “mercadeo”, objetos de captación de goce que se multiplican
proporcionando una gama de posibilidades masturbatorias que a pocos años vista hubiesen
sido insospechadas.
La tan mentada globalización es el resultado de la utilización de estos objetos
tecnológicos, de estos gadgets, especialmente de aquellos que prolongan el objeto voz y el
objeto mirada (TV. Internet, comunicación satelital, etc.) que permiten un cierto tipo de goce
“auto” y en tanto se trata de objetos producidos uniformemente, digamos “para todos”
suponen también, y esto es clave, una homogeneización del goce.
El éxito del sistema del mercado radica en homogeneizar el goce haciendo de los
objetos de consumo que propone como objetos de deseo, objetos necesarios.
21
En el reino animal, si hay relación sexual, hay objeto adecuado.
22
“Desnaturalizando” en el sentido de la nota 1. en Lo humano no hay en esto del amor nada de natural.
23
El objeto puede ser cualquier cosa, un zapato, un lunar etc.
24
Así como Einstein enseñó la teoría de la relatividad, y desde entonces cualquiera acepta que “todo es relativo”; si
bien no es esto la teoría de la relatividad ha hecho una marca en el imaginario popular.
13
El discurso publicitario y especialmente el discurso del marketing, son los
instrumentos preferidos del mercado, para comandar las coordenadas del consumo.
Comprender los resortes que incitan a consumir es una cuestión nodal para las
ciencias del mercado, y los operadores de estas ciencias (Lic. en marketing, publicistas etc.)
consideran que el psicoanálisis tiene algún saber a sustraerle sobre estas cuestiones. He
podido comprobar personalmente el respeto con que se interesan por algunas nociones de las
que el psicoanálisis se ocupa 25. Es importante destacar que el interés que el psicoanálisis
despierta esta referido a esto que decía hace un momento cuando me refería a que este saber
es puesto a trabajar al servicio de una lógica particular, 26 no se trata de la razón que el
psicoanálisis puede dar a cerca de la división fundamental del sujeto y en este sentido
recuperar el sujeto que el saber tecnológico forcluye, sino por el contrario se trata de una
utilización operativa, técnica y por lo tanto renegadora de la división subjetiva”… “La cultura
actual nos propone objetos de deseo como si fueran objetos necesarios, sobran los ejemplos
de cómo se multiplican “las necesidades27” de la vida moderna y siempre a la mano la oferta
de objetos para la satisfacción.
Esta inversión del circuito, es decir, si el psicoanálisis nos muestra un recorrido de
la constitución del objeto que va de la necesidad al deseo, la cultura actual nos propone el
recorrido inverso, de los objetos de deseo al estatuto de la necesidad, no es sin consecuencias
para la dimensión subjetiva.28
Esta degradación del objeto al campo de la necesidad es la consecuencia lógica del
imperio del capitalismo: el objeto como mercancía, como objeto de consumo, se regula por las
leyes que el mercado impone para su funcionamiento. Entonces, podemos ubicar haciendo par
con deseo-ley:
Época lógicamente anterior Época actual
Posición Movimiento
NP np
25
No sé si de esto puede hacerse una regla pero lo he comprobado, y otras personas me han dado idéntica opinión
26
La lógica del mercado intenta operar con ese saber al modo del discurso universitario (amo moderno) S2 a
S1 $
27
Desde la ropa hasta el último modelo de teléfono celular o de computadora parecen hacerse indispensables.
28
Rodríguez, O. Op. citada
14
represión forclusión
inconsciente Rechazo del inconsciente
Deseo-ley Ley del mercado
VII
Abordaremos por último y de manera más sintética dos pares más de ordenadores para
dar por concluido, al menos provisoriamente, el cuadro comparativo entre nuestra época y la
precedente.
La incidencia de la trama de operadores que hemos tratado de aislar en este trabajo no
es sin consecuencias para el lazo social. La crisis que promueve el desfallecimiento de la
autoridad paterna, en tanto que se encuentran relajados los ligamentos que la soportan en el
Nombre del Padre (NP), penetra los fundamentos de todas las instituciones y pone en cuestión
sus figuras mas relevantes.
La figura del amo hegeliano rigió los distintos modos de agrupamiento colectivo desde
la antigüedad clásica hasta nuestros días, o al menos hasta una época lógicamente anterior a la
actual. En la polis griega o en el estado de bienestar, podemos ubicar un tipo de amo y un tipo
subjetivo socialmente instituido: Jaques Lacan formaliza el matema del discurso del amo
solidario con la estructura del inconsciente: S1 S2
$ a
Esto funciona -aunque haga síntoma- hasta que los efectos del llamado capitalismo
tardío hacen estallar sus lazos en un proceso que va desde un efecto renegador de la castración; y
erige como amo moderno al discurso universitario S2 a con su imperativo de gozar del objeto
S1 $
tecnológico; hasta un efecto forclusivo, que lleva a Lacan a postular una quinta figura de
discurso, el discurso capitalista: $ S2.
S1 a
15
Partimos para las siguientes reflexiones, de la hipótesis que planteara -en un trabajo del
que recomendamos enfáticamente su lectura- el tempranamente desaparecido Ignacio
Lewkowicz:
El agotamiento de los Estados Nacionales consiste en su agotamiento como
paninstitución donadora de sentido. La destitución del ciudadano consiste en su destitución
como tipo subjetivo socialmente instituido29.
El Estado Nación tal como lo hemos conocido post revolución francesa instituye un tipo
subjetivo: el ciudadano, con sus ideales de igualdad ante la ley, constituye al hombre en un sujeto
de derecho que podríamos resumir en la lógica de “para todos”. Así, podemos ubicar en nuestro
cuadro una nueva categoría:
Época lógicamente anterior Época actual
Posición Movimiento
NP np
represión forclusión
inconsciente Rechazo del inconsciente
Deseo-ley Ley del mercado
ciudadano
Como hemos planteado la hipótesis de que es una categoría agotada, en la nueva trama,
regida por la ley del mercado, la lógica del para todos deja de funcionar, sufre una restricción
ahora se trata de para todos los que puedan consumir. Surge entonces un nuevo tipo de
subjetividad instituida: el consumidor.
Veamos una prueba de esto que estamos diciendo, dato que debemos a la lectura de otro
libro del autor antecitado30.
En el año 1994, en nuestro país, la República Argentina, mediante un acuerdo entre el
jefe de la oposición política, Dr. Raúl Alfonsín, y el jefe del oficialismo, entonces presidente de
la República, Dr. Carlos Menem, deciden llamar a elecciones para elegir convencionales
constituyentes para reformar la constitución nacional. Nuestra Carta Magna, sancionada en 1853,
29
Lewkowicz, I “Del Fragmento a la situación, notas sobre la subjetividad contemporánea”. Grupo doce 2001
30
Lewkowicz, I. “Pensar sin estado, la subjetividad en la era de la fluidez”. Paidos. 2004
16
reformada en 1860, 1866, 1898, 1957 y por último en 1994, de fuerte inspiración liberal, consta
de dos partes: una parte doctrinaria o dogmática -la declaración de derechos y garantías- y una
parte instrumental, que a grandes rasgos podríamos decir que es la parte que dice como
instrumentar los principios doctrinarios de la primera parte sin violar su espíritu. En el acuerdo de
cúpulas entre los dos jefes se conviene reformar la segunda parte de la constitución sin tocar la
primera, no obstante en el nuevo texto surgido de la convención, sí aparecen modificaciones y
agregados en la parte dogmática de la Carta Magna. Nos interesa especialmente el artículo 42:
Los consumidores31 y usuarios de bienes y servicios tienen derecho, en la relación
de consumo, a la protección de la salud, seguridad e intereses económicos; a una información
adecuada y veraz; a la libertad de elección y a condiciones de trato equitativo y digno.
Las autoridades proveerán a la protección de esos derechos, a la educación para el
consumo, a la defensa de la competencia contra toda forma de distorsión de los mercados, al
control de los monopolios naturales y legales, al de la calidad y eficiencia de los servicios
públicos, y a la constitución de asociaciones de consumidores y usuarios.
La legislación establecerá procedimientos eficaces para la prevención y solución de
conflictos, y los marcos regulatorios de los servicios públicos de competencia nacional,
previendo la necesaria participación de las asociaciones de consumidores y usuarios de las
provincias interesadas, en los organismos de control.” 32
El Artículo 43 es del mismo tenor.
Esta perla de la Constitución Nacional muestra sin ambages como la categoría de
ciudadano ha sido elevada a rango constitucional, en este texto ya no son los ciudadanos los que
tienen derechos. Son los consumidores; en palabras del mismo Lewkowicz:
En el fundamento de nuestro contrato no hay sólo ciudadanos; también hay
consumidores, el consumidor es también una sustancia primera, de rango constitucional.
No se dice que todos los habitantes gozan de estos derechos y garantías. Tampoco se dice
que los habitantes o ciudadanos son consumidores. Escuetamente se enuncia que estos
derechos son de los consumidores. ¿Se trata de un estatuto de privilegio?... 33
31
El subrayado es mío
32
Constitución de la Nación Argentina, 1994
33
Lewkowicz, I. Op. Cit.
17
Nos sentimos totalmente autorizados a agregar en nuestro cuadro, del lado derecho,
haciendo par con ciudadano, la categoría consumidor.
Época lógicamente anterior Época actual
Posición Movimiento
NP np
represión forclusión
inconsciente Rechazo del inconsciente
Deseo-ley Ley del mercado
ciudadano consumidor
VIII
Ahora sí, para concluir, agregaremos el último par de categorías.
La categoría de ciudadano la estábamos utilizando como el modo de instituir un tipo de
subjetividad del Estado Nación, cuya incidencia en el colectivo social está siendo agotada y
reemplazada por otra forma de agrupamiento acorde a la ley del mercado que es la corporación.
Época lógicamente anterior Época actual
Posición Movimiento
NP np
represión forclusión
inconsciente Rechazo del inconsciente
Deseo-ley Ley del mercado
ciudadano consumidor
Estado Nación corporación
Basta con pensar que el presupuesto anual de muchas corporaciones transnacionales es
varias veces superior al producto bruto de un sin número de países del tercer mundo, para
entender que el trasvasamiento de poder que se está produciendo o que ya se produjo entre los
Estados y las corporaciones es evidente e imparable, al menos dentro de este esquema.
18
IX
Pensamos que el psicoanálisis puede ser una respuesta, un tratamiento posible del goce
que el malestar en la cultura de nuestros días impone, así como lo fue antes.
No pretendemos darle a este trabajo otro estatuto que el de unos apuntes que nos
permitan ordenar minimamente la discusión. La construcción de un cuadro que propone un
ordenamiento conceptual como el que hemos desarrollado durante este trabajo, es siempre un
reduccionismo, algo que pone en blanco sobre negro lo que la realidad muestra en confusos
grises. Invitamos al lector de este trabajo a considerarlo como un trabajo en construcción con el
que se puede discutir, se puede disentir y -sobre todo- se puede seguir construyendo, agregándole
nuevas categorías, cambiando o quitando otras. Todo ordenamiento es provisorio, es útil hasta
que aparezca otro mejor, ya no blancos o negros, sino matices de gris.
Las reflexiones que surgen de este trabajo son herederas de una hipótesis de trabajo que
hemos planteado en otro lugar:
La hipótesis que propongo es considerar que en este sentido la cultura, que desde
luego siempre es malestar, se comporta como la madre de una anoréxica atiborrándonos con
la papilla asfixiante de lo que tiene, por lo tanto la respuesta subjetiva que puede darse a
alguien que da lo que tiene, que confunde los cuidados con el don de su amor, es a nivel
del ser. Ya no se trata de dar lo que no se tiene a alguien que no es, sino, de dar lo que se
tiene a alguien que es.34
En este texto hemos tratado de proseguir algunas líneas de pensamiento abiertas
entonces.
34
Rodríguez, O. Op. Cit.
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