Articulos 221-225°
Articulos 221-225°
- Causales de anulabilidad
El acto jurídico es anulable:
3.- Por simulación, cuando el acto real que lo contiene perjudica el derecho de tercero.
CONCORDANCIAS
COMENTARIO:
La anulabilidad es la forma menos grave de la invalidez negocial . Y lo es porque, a diferencia de l
o que ocurre con la nulidad, la anulabilidad supone que la” irregularidad” que presenta el negocio
únicamente afecta el interés de la parte (o de una de las partes) que lo celebra . Como
consecuencia de ello, la anulabilidad no determina que el negocio no produzca las
consecuencias a las cuales
estádirigido sino solamente que dichas consecuencias puedan ser, durante cierto lapso,
"destruidas" por la parte afectada por la "irregularidad".
Por lo menos teóricamente, la anulabilidad (del negocio jurídico) supone lo siguiente:
a) La eficacia "precaria" del negocio.
b) La posibilidad de que el negocio sea "saneado".
c) La naturaleza constitutiva de la sentencia (o laudo) que compruebe su existencia.
d) La imposibilidad de que el juez (o el árbitro) la declare de oficio y de que los terceros con interés
puedan accionar para que la misma sea declarada.
e) La prescriptibilidad del derecho a solicitar que la misma sea declarada.
El Código Civil recoge la totalidad de las características enunciadas. Así,
en su artículo 222 establece (i) que el acto anulable es nulo desde su celebración por efecto de la sen
tencia que lo declare; y, (ii) que este tipo de
nulidad se pronuncia a petición de parte, no pudiendo ser alegada por otras
personas distintas de las designadas por
ley. De igual modo, en su artículo 230 establece que el acto anulable puede ser "confirmado".
A diferencia de la nulidad, que no otorga a la parte o a las partes derecho alguno que se encuentre di
rigido a "atacar" al negocio, la anulabilidad concede a la parte afectada por la "irregularidad"
que éste presenta un derecho potestativo negativo,
consistente en la posibilidad de alterar la esfera jurídica de la otra parte (o
del tercero beneficiario) mediante la destrucción de los efectos precarios generados por el negocio.
En efecto, el negocio anulable es siempre eficaz, por lo que la parte o las partes asumen
directamente las consecuencias jurídicas previstas en el mismo . Sin embargo, como quiera
que tal negocio presenta una "anomalía" que perjudica los intereses de la parte o de una de
las partes, el ordenamiento jurídico le otorga a la misma el derecho de decidir si -
a pesar de la lesión de su interés ejecuta el negocio o si destruye (con efectos retroactivos) las
consecuencias desplegadas por el
mismo. En tal sentido, durante cierto lapso, las consecuencias jurídicas desplegadas por el
negocio anulable tienen la condición de "precarias" . Ahora bien, si la parte afectada por la
"anomalía" decide ejecutar el negocio, éste quedará "saneado" ("confirmado") y, por tanto,
sus consecuencias "precarias" se convertirán en "firmes". En cambio, si esa
parte decide destruir las consecuencias indicadas, modificará, con efectos
retroactivos, la esfera jurídica de la otra parte (o del tercero beneficiario), al
hacerle perder las situaciones jurídicas subjetivas que la misma hubiese
adquirido en función del negocio.
El hecho de que se afirme que la parte afectada por la "irregularidad" del
negocio ostenta un derecho potestativo, negativo, no es contradictorio con el
hecho de que se requiera la expedición de una sentencia (o laudo) para que
queden destruidos los efectos negociales producidos. Así es, todas aquellas
facultades que requieren de un pronunciamiento judicial para provocar los efectos a ellas
coligados constituyen verdaderos derechos potestativos,
pues ellas son las que, en definitiva, van a determinar la modificación de la
esfera jurídica ajena. En efecto, en los casos en los que se tiene esta clase
de facultades, la intervención del Estado se limita a verificar dos cosas, a
saber: primero, que los supuestos de hecho normativamente previstos para el ejercicio de
aquellas facultades se han cumplido en la realidad; y,
segundo, que éstas han sido correctamente ejercidas por sus titulares. Una
vez comprobado esto, al Estado no le queda más que declararde modo constitutivo, no interesa-
, modificada cierta esfera jurídica. Ahora bien, si ello
es así, es decir, si el Estado está obligado por el propio sistema jurídico a
realizar un pronunciamiento en un sentido normativamente predeterminado,
es claro que su voluntad no es libre y que, por lo tanto, carece de un poder autónomo de decisión.
En este sentido, aun cuando se requiera de su participación, el efecto final, o sea,
la modificación de la esfera jurídica
ajena, no resulta de la voluntad estatal sino más bien de la del individuo
titular de la facultad con cuyo ejercicio judicial se abre el proceso que da
ocasión al pronunciamiento judicial. Por tanto, hay que reco
nocer que es aquella facultad, y no el poder jurisdiccional del Estado, la que contiene la
potencialidad jurídica de alterar la esfera jurídica ajena .
A diferencia de la nulidad, la anulabilidad requiere ser declarada por el juez (o árbitro), en tanto que
la misma no hace otra cosa que destruir los efectos negociales ya producidos (e impedir que surjan l
os ”pendientes"). Como quiera el negocio anulable está afectado por una
"irregularidad", es lógico y justo que los efectos (destructivos) de la sentencia (o laudo) se
proyecten hacia el pasado y, como consecuencia de ello, eliminen cualquier posibilidad de
exigir el cumplimiento de lo pactado (o prometido) o de retener lo recibido en
ejecución de esto último.
En caso de que la parte (o una de las partes) hubiera ejecutado alguna prestación, evidentemente aq
uélla tiene derecho a exigir la restitución de la misma (o, si no fuere posible, de su equivalente en
dinero). Habida cuenta de que cuando se cumple el negocio anulable no se incurre en error
(al estar en ese momento plenamente vigente tal
negocio), la parte que ejecutó la prestación no puede alegar, para fundamentar el derecho a
exigir la restitución de la misma, la
existencia de "pago indebido" (la retroactividad de los efectos de la sentencia o del laudo no
puede convertir la actuación libre y consciente de la parte que ejecutó el negocio en una
actuación "viciada"). En tal caso, la parte en cuestión tendrá que actuar
alegando la existencia de "enriquecimiento sin causa".
La posibilidad de anular el negocio le corresponde únicamente a la
parte afectada por la "irregularidad" del negocio. En tal sentido, ni la
otra parte, ni el juez ni los terceros con legítimo interés pueden actuar
para destruir las consecuencias "precarias" producidas por el negocio.
Finalmente, ya diferencia de lo que disponen otros Códigos Civiles
(el italiano, por ejemplo), el nuestro no contiene norma alguna que, de manera general, establezca
que la anulación de un negocio no perjudica los derechos que los terceros hayan adquirido
a título oneroso y de buena fe. Semejante vacío crea una situación de
incertidumbre que afecta injustificadamente a estos últimos.
COMENTARIO:
El artículo comentado contiene una materialización legal del
principio de conservación del negocio jurídico, el que específicamente
viene denominado, en la construcción dogmática de la teoría de las
ineficacias negocia les, como un supuesto de nulidad subjetivamente parcial (que se distingue
del supuesto contemplado en el artículo
siguiente, referido a la nulidad de disposiciones insertadas dentro del
contenido negocial, que al ser separables no afectan a la totalidad de
éste), concebida ésta como una nulidad que afecta la posición de una
de las partes intervinientes en los negocios plurilaterales con finalidad
común, y que, como tal, al ser ella no esencial, deja incólume el resto
de los vínculos establecidos con los demás sujetos.
Como ha sido ampliamente expuesto en la doctrina predominante,
los negocios plurilaterales con finalidad común son aquellos en los
que existen dos o más partes, entendidas éstas como esferas de interés (por lo que no debe
confundirse ello con el número de
personas), cuyas declaraciones apuntan a la obtención de un mismo
resultado o fin dirigido a la satisfacción de un interés común. Así, un precedente importante, que
ha dado lugar a una discusión que
seguidamente abordaremos, para la configuración de esta categoría,
se tiene al aceptarse que las declaraciones de varios sujetos pueden
dar lugar a negocios bilaterales o plurilaterales, según sea el caso, cuando componiendo intereses
contrapuestos (materialmente),
aunque sea para la realización de un fin común, se disponen de dos o
más lados, de modo que los distintos sujetos forman dos o más partes.
Mucho se ha discutido acerca de la eventual naturaleza contractual de los negocios con finalidad
común. En contra de ello se ha postulado que la parte del contrato está en contraposición
de intereses con la contraparte, y que las declaraciones de voluntad de
cada una se dirigen a finalidades diversas, mientras que es propio de
las asociaciones y sociedades, como principales tipos de negocios
con finalidad común, la concordancia de intereses de las partes y la
identidad de la finalidad por ellas perseguida; de lo que se concluye
que, antes de haber un contrato, existiría un acto
negocial distinto que, para distinguirlo de éste, se define como acto complejo o
como acto colectivo idóneo a dar vida a una persona jurídica o a una institución
(así MESSINEO, p. 65 Y ss., quien en su momento se perfiló como el más
encarnizado defensor de esta posición; en igual dirección.
Quienes sostienen que el negocio con finalidad común puede ser asimilado
al contrato esbozan que la función del contrato no se agota solamente en el
intercambio y que la concordancia de intereses concretada en una finalidad
común no son más tomadas como características incompatibles con el concepto de contrato,
acentuando su función de instrumento técnicojurídico de colaboración económica entre los
sujetos . Teniendo presente la función compleja del contrato debemos compartir la superación de
la idea que caracteriza al contrato por la contraposición de intereses entre las partes, y
considerarlo más bien como uno de los
instrumentos utilizados para concretar el fenómeno social de la cooperación, tal
como lo esbozara el recordadísimo maestro italiano Emilio BETTI; y, con ello,
aceptar que la conceptuación del negocio plurilateral no es incompatible con la del contrato,
pudiendo coincidir en muchas oportunidades como género y especie.
Sin embargo, en nuestra opinión no podemos enfrascar en todos los casos a
los negocios plurilaterales de finalidad común dentro del paradigma contractual, pues no todos
ellos tendrán el contenido patrimonial necesario para que sistemáticamente, de acuerdo al
artículo 1351 del Código Civil, puedan ser
calificados como contratos. Un ejemplo de ello sería el acuerdo tomado en un Consejo Familiar
en el que los miembros de un entorno consanguíneo son reunidos para tratar. ciertos temas con
respecto al interés del menor, o el
acuerdo previo de un grupo de miembros de una asociación para efectuar un
voto en determinado sentido en una asamblea general.
En cuanto al marco de aplicación del artículo bajo comentario se debe dejar
establecido que el mismo es aplicable solo a aquellos negocios plurilaterales
con finalidad común con más de dos partes (a pesar de que esta categoría,
como quedó ya claro, engloba incluso a los negocios bilaterales siempre que tengan una finalidad
común). La norma no tendría razón de ser si nos encontráramos ante un caso en el
que la nulidad afecte a la posición de una de
las partes en un negocio estrictamente bilateral, es decir en el que participen
solo dos partes, pues carecería de sentido propender a la conservación del
negocio, incluso siendo no esencial la participación de ella, en tanto el supuesto
de referencia desaparecería al ser imposible hablar de finalidad común en el
caso de quedar solo una parte en una posición subjetiva única, lo que nos
llevaría inexorablemente fuera del supuesto de hecho descrito por la norma. Por
demás, esta idea puede ser aplicable cuando, luego de que se califique un
negocio jurídico plurilateral con finalidad común, se llegue a establecer que,
corroborada la nulidad que afecte el vínculo de varias partes intervinientes en la
estructura negocial, quede en pie solo uno de los vínculos correspondiente a
una de ellas. Ante tal hipótesis la aplicación de la norma queda excluida.
También es importante precisar que la regla submateria puede perfectamente
ser utilizada en general en todo tipo de negocios con partes plurisubjetivas. Así, en
una compraventa con pluralidad de vendedores, en calidad de propietarios individualizados de
ciertos bienes objeto de transferencia, la incapacidad absoluta de uno de ellos no acarrea la
nulidad de la totalidad de la
compraventa sobre los demás bienes, por la regla contenida en el presente
artículo (salvo que exista un interés del acreedor, debidamente expresado o
extraído de la naturaleza del negocio, en la totalidad de las piezas, al extremo
que la ausencia de una de ellas haga inservible el resto).Es sintomático que se
llegue a la misma respuesta si utilizáramos la regla que será comentada en el
artículo siguiente, referida a la nulidad parcial, con lo que se demuestra la
coherencia intrínseca del sistema negocial.
La norma tiende a proteger el intento práctico de los sujetos intervinientes
en los negocios de finalidad común, previendo expresamente la posibilidad de que, siendo
calificado como nulo alguno de los vínculos, los que no son
afectados por la nulidad puedan seguir manteniéndose operativos, siempre y
cuando el o los vínculos afectados no sean calificables como esenciales. Por
demás al referirse la norma al término "vínculo" incurre en una imprecisión al no tener certeza si
se refiere solamente a relaciones jurídicas, incluida la
obligación, o también puede considerarse dentro de la hipótesis casos en que
de por medio existan solamente situaciones jurídicas en sentido estricto. El fundamento de la
figura puede encontrarse, según una corriente
importante en la doctrina italiana, en la necesidad de proteger la economía del
negocio, en el sentido de que se llegue a considerar esencial la participación
de la parte cuyo vínculo está afectado por la nulidad o anulabilidad. Para delimitar la
esencialidad en un determinado negocio jurídico
plurilateral de alguno de los vínculos podemos referimos a una serie de teorías,
las que he descrito en otro lugar, ya lo que me remito,
siendo solo necesario aclarar que la esenciabilidad deberá de enfocarse a partir de la función
concreta del negocio en particular considerando la autorregulación de intereses plasmada en
relación con importancia de la participación cualitativa y cuantitativa de las partes
intervinientes. Así, el contrato que constituye una sociedad no podrá continuar operativo si
se establece una nulidad que afecta la vinculación de uno de los socios funda
dores cuando éste es el titular absoluto y exclusivo de la patente sobre un
invento, cuya explotación era la finalidad misma de la sociedad así constituida.
El ejemplo es válido también cuando el socio excluido por efecto de la nulidad era el que efectuó el
aporte dinerario mayoritario, y el mismo era trascendental,
según el objeto social, para I,a dinámica societaria concreta.
Solo queda por recalcar que la norma comentada es aplicable también en
los supuestos en que la nulidad del vínculo se produzca por una causal de
anulabilidad, en la medida en que en este tipo de invalidez, la consecuencia de
su declaración es también su nulidad según se desprend~ del artículo 222 del Código Civil.
La nulidad de disposiciones singulares no importa la nulidad del acto cuando estas sean
sustituidas por normas imperativas.
CONCORDANCIAS
CC: Art.169,189,1175,1375,1345; LGS: Art.366; D. Leg.1071: Art.62
COMENTARIO:
La nulidad de un acto jurídico puede ser, pues, total o parcial. La primera abarca la integridad del
acto, su totalidad, mientras que la segunda, afecta una o más disposiciones del acto, dejando
subsistentes otras, y puede también estar referida a uno o varios actos relacionados entre sí, pero no
a todos, tratándose de un acto compuesto. La doctrina es unánime en apoyar la nulidad parcial
sustentada en el principio de conservación del acto o negocio jurídico. Stolfi dice que es notable la
diferencia práctica entre las dos hipótesis: el acto totalmente nulo carece de eficacia; el parcialmente
nulo puede tenerla dentro de los límites señalados ex lege o exvoluntate.
Para León Barandiarán
La nulidad parcial se presenta cuando dentro de un mismo acto su contenido es vario y heterogéneo
resintiéndose de nulidad solo en lo que respecta una fracción de sucontenido y que las
circunstancias por las que la nulidad parcial puede presentarse son varias.
El principio que regula la nulidad parcial y en ello conviene la doctrina- es la máxima tile per inutile
non vitiatur, según la cual la parte de la disposición, o la disposición o el negocio jurídico viciados
de nulidad no producen efectos jurídicos, pero si los produce la parte de los mismos que subsiste.
La nulidad de la obligación principal conlleva la de las obligaciones accesorias, pero la nulidad de
estas no origina la de la obligación principal.
CONCORDANCIAS
COMENTARIO:
No debe confundirse el acto con el documento que sirve para probarlo. Puede subsistir el acto
aunque el documento se declare nulo. En el mismo sentido, el artículo 236 del Código Procesal
Civil prescribe que son distintos el documento y su contenido y que puede subsistir este aunque el
primero sea declarado nulo.
La Corte Suprema consideró que la pretensión se dirigía a obtener la declaración de nulidad del
documento y no la del acto. La Corte Suprema, siguiendo la línea jurisprudencial trazada por varias
ejecutorias anteriores, señala que el cómputo del plazo prescriptorio se inicia desde que puede
ejercitarse la acción de conformidad con el artículo 1993 del Código Civil. Para ello precisa que
tratándose de pretensiones de nulidad de acto jurídico, la demanda puede ser interpuesta por una
parte celebrante del mismo o por un tercero a tenor del artículo 220 del Código Civil. Si el
demandante intervino en el acto, el plazo prescriptorio corre desde la fecha de la celebración. Si es
un tercero, el plazo corre desde la fecha que este tomó conocimiento del acto, que en el caso
concreto sería la fecha de su inscripción en el registro, a tenor del artículo 2012 del
Código Civil. Por consiguiente, habiéndose realizado la inscripción en el año 2006, a la fecha de
emplazamiento con la demanda no había transcurrido el plazo prescriptorio de 10 años previsto en
el artículo 2001 inciso 1 del Código Civil. Concordamos con la posición de la Corte Suprema. De
ampararse la demanda, la nulidad del documento, título que dio origen a la inscripción, daría lugar
a la nulidad del asiento respectivo. Sin embargo, advertimos un problema: al no haber sido objeto
de la demanda, el acto sigue siendo válido al no haber sido declarado nulo, lo que no impide que sus
celebrantes o sus herederos lo formalicen nuevamente, situación que agudizaría el conflicto de
intereses existente entre las partes, pudiendo dar lugar a nuevas discusiones sobre la propiedad del
inmueble sublitis en nuevos procesos de reivindicación o mejor derecho de propiedad.
I. ASUNTO
II. ANTECEDENTES
1. DEMANDA. El cuatro de marzo de dos mil ocho, mediante escrito obrante a fojas once,
Engracia Ramírez Gamarra interpuso demanda; pretendiendo que se declare nulo el acto jurídico y
el documento que lo contiene consistente en el Contrato Privado de Compraventa de fecha seis de
mayo del dos mil dos (respecto de lote de terreno C-19 de la Asociación Pro Vivienda Cápac
Yupanqui, distrito de Wanchaq), suscrita por su difunto cónyuge Edwin Ernesto Mercado
Marmanillo, por causal de falta de manifestación de voluntad tanto del otorgante como de la
sociedad conyugal, dirigiéndola contra Patricia Trinidad Villagarcía Rodríguez; argumentando que:
- Es heredera única y universal de quien en vida fue Edwin Ernesto Mercado Marmanillo, fallecido
el nueve de febrero de dos mil seis, con quien contrajo matrimonio civil el veintinueve de enero de
mil novecientos noventa, bajo la comunidad de bienes gananciales. Es así que, adquirieron un lote
de terreno en la Asociación Pro Vivienda Cápac Yupanqui, de la excooperativa del mismo nombre,
aproximadamente en el año mil novecientos ochenta y siete, en el cual construyó un edificio de tres
niveles, que a la fecha es ocupado por la demandada. - La demandada se ampara en un Contrato
Privado de Compraventa de fecha seis de mayo de dos mil dos, que carece de validez o eficacia
legal al haber sido celebrado sin la presencia y asentimiento de la demandante y que cuenta con la
firma falsificada y huella digital suplantada de su cónyuge fallecido. Ello se realizó ante Jorge W.
Beltrán Cáceres, quien no es, ni fue en esa fecha notario, menos aún tiene facultad legal para dar fe
de actos como el contrato cuestionado. - En las cláusulas quinta y tercera del referido contrato se
indica que la demandada adquirió el lote de terreno en el cual no existe ninguna edificación, sin
embargo, la construcción edificada en el lote antes señalado, data de hace más de diez años.
2. CONTESTACIÓN DE LA DEMANDA Y RECONVENCIÓN. El quince de mayo de dos mil
ocho, mediante escrito obrante a fojas ciento cincuenta, Patricia Trinidad Villagarcía Rodríguez
contestó la demanda negándola en todos sus extremos, argumentando que: - La demandada dentro
del lote en mención, con su propio peculio ha introducido una construcción de tres pisos en material
noble. - La demandante debe acreditar que la demandada ha adquirido dicho lote de terreno de mala
fe, a sabiendas de que dicho bien era social, pues Edwin Mercado Marmanillo se presentó como
soltero. - La Asociación Pro Vivienda Cápac Yupanqui ha certificado que la única persona que se
empadronó como socio originario, fue Edwin Ernesto Mercado Marmanillo, no apareciendo
registrada como socia la actora. Además que el fallecido declaró como su estado civil soltero ante la
RENIEC, por lo que era imposible para la demandada conocer que el transferente era casado,
razones que demuestran que ha actuado de buena fe al celebrar el contrato. - La firma y huella
digital que aparece en el contrato privado, corresponde a su titular, es decir a Edwin Ernesto
Mercado Marmanillo. - Dolosamente se ha hecho declarar única heredera, a pesar que tuvo varios
hijos con el causante, ello con el fin de beneficiarse con bienes que no le corresponden. Respecto a
la reconvención, solicita la declaración de propiedad de la construcción de tres pisos de material
noble que ha introducido en los cincuenta y seis metros cuadrados del lote de terreno C-19 de la
Asociación Pro Vivienda Cápac Yupanqui, distrito de Wanchaq; así como el pago de indemnización
por daño moral por la suma de S/. 100,000.00 nuevos soles, por los siguientes fundamentos: - Indica
que las construcciones las ha realizado con su propio peculio, contratando varios servicios. Además,
que no tiene documento formal que acredite su condición de propietaria de las construcciones, sino
solo contratos de obra, recibos de adquisición y otros. - Producto de la interposición de la demanda,
su salud se ha deteriorado, psicológicamente se encuentra enferma pues día tras día piensa en ella, y
más aún si pretende despojarla del bien que ha construido con mucho esfuerzo.
El treinta de octubre de dos mil catorce, la demandante Engracia Ramírez Gamarra, mediante
escrito de fojas mil cuatrocientos ochenta, interpuso recurso de casación contra la resolución de
vista. Dicho medio impugnatorio ha sido declarado procedente por este Supremo Tribunal mediante
resolución de fecha veintiocho de enero de dos mil quince, por las siguientes
causales: A) Inaplicación del artículo 234 del Código Procesal Civil. Sustentado en que la
sentencia de vista concluye que el Juez de primera instancias emitió una sentencia correcta al
determinar que no es posible declarar la nulidad de un acto jurídico y del documento que lo
contiene, si éste no obra en físico en el expediente, incurriendo en inaplicación del dispositivo legal
anotado, el mismo que considera que constituye medio probatorio una copia del documento
original; así como tampoco se ha tenido en cuenta que la demandada Patricia Villagarcía Rodríguez
en su declaración de parte no ha negado la existencia de dicho documento, por el contrario, ha
afirmado que ese documento existe y es el que suscribió aparentemente con su difunto cónyuge de
la recurrente; situaciones que hacen ver que por declaración asimilada de la referida justiciable, el
acto jurídico existe y en el expediente obra copia del mismo. B) Infracción normativa de los
artículos 121 y 197 del Código Procesal Civil. Alega que se transgrede el principio contenido en los
mencionados dispositivos legales respecto a la adecuada motivación de la resolución y a la
apreciación conjunta de los medios probatorios, porque a fojas doscientos trece del expediente obra
el Informe del Colegio de Ingenieros de Cusco respecto a la inhabilitación del Ingeniero Percy
Bustinza, quien habría elaborado los planos que según la Sala Superior es compatible con un
noventa y cinco por ciento con la edificación existente en el predio sub litis, posición ingenua e
incoherente, porque los planos pueden ser elaborados antes y después de la ejecución de la obra, no
constituyendo el raciocinio del Juez de Primera Instancia, una adecuada valoración probatoria.
Asimismo, en el expediente obran una serie de recibos de gastos en materiales de construcción que
según el Juez de Primera Instancia, pertenecen a la edificación, no obstante el hecho de que hayan
sido admitidos y actuados como tales, no los relacionan con el hecho de que tales comprobantes de
pago, correspondan a la edificación que la demandada se atribuye. Agrega que la demandada fue
informada y/o inscrita como conviviente del difunto Edwin Mercado Marmanillo, conjuntamente
con los hijos del primero que no son de esta última, demostrando la relación que ambos mantenían
como pareja (concubinato impropio). C) Infracción normativa de los artículos 429 y 374 del
Código Procesal Civil. Refiere que en segunda instancia y mediante el escrito de fojas mil
trescientos, su parte ofreció un medio probatorio extemporáneo, consistente en la copia certificada
del contrato de compraventa del seis de marzo del dos mil dos, sin embargo, al emitir la Resolución
número ciento dieciséis, no ha contemplado lo establecido en los dispositivos legales invocados,
consiguientemente existe una omisión que atenta contra el debido proceso.
PRIMERO. Que, el recurso de casación tiene por fines la adecuada aplicación del derecho objetivo
al caso concreto y la uniformidad de la jurisprudencia nacional por la Corte Suprema de Justicia,
conforme lo señala el artículo 384 del Código Procesal Civil.
TERCERO. Que, las infracciones normativas denunciadas, esto es los artículos 121, 197, 234, 374
y 429 del Código Procesal Civil, están destinadas a otorgar validez a la copia del contrato materia
de nulidad.
CUARTO. Que, en principio debe tenerse en cuenta que, según el artículo 233 del Código Procesal
Civil, señala que documento es todo escrito u objeto que sirve para acreditar un hecho. Así pues,
éstos pueden ser de distintos tipos, privados, públicos, impresos, fotocopias, facsímil, planos,
cuadros, dibujos, fotografías, radiografías, etc. siempre que expresen una manifestación de la
actividad humana, de conformidad con el artículo 234 del mismo Código.
QUINTO. Que, asimismo, es importante resaltar que es diferente el acto con el documento que
sirve para probarlo, pues puede subsistir el acto aunque el documento sea declarado nulo, de
conformidad con el artículo 225 del Código Civil, de modo tal que el acto se puede probar con otros
medios.
SÉTIMO. Que, incluso, tanto la demandante como la demandada no han negado la existencia del
contrato compraventa del seis de mayo de dos mil dos, como se advierte de los antecedentes de la
presente resolución.
OCTAVO. Que, sin embargo, la carga de la prueba recae sobre quien afirma los hechos materia de
la pretensión, de conformidad con el artículo 196 del Código Procesal Civil. Siendo ello así, la
demandante Engracia Ramírez Gamarra no ha logrado acreditar la falsedad del Contrato Privado de
compraventa del seis de mayo de dos mil dos, por tanto, hay improbanza de la pretensión,
manteniendo su validez el mencionado contrato celebrado entre Edwin Ernesto Mercado
Marmanillo y Patricia Trinidad Villagarcía Rodríguez.
NOVENO. Que, por otro lado, la recurrente trata de restarle mérito probatorio al Informe Pericial
obrante a fojas novecientos cuarenta y ocho, que ha servido de fundamento a las instancias de
mérito para declarar a la demandada Patricia Trinidad Villagarcía Rodríguez como propietaria de la
construcción de material noble, de tres pisos, edificada sobre el lote de terreno C-19 de la
Asociación Pro Vivienda Cápac Yupanqui, del distrito de Wanchaq, provincia y departamento de
Cusco. Sin embargo, ello está referido a una revaloración de los medios probatorios aportados al
proceso y que han sido debatidos oportunamente, lo cual no es posible en sede casatoria. Por lo
tanto, dicho extremo deviene en infundado.
DÉCIMO. Que, por último, la recurrente Engracia Ramírez Gamarra señala que el acto jurídico
materia de autos es nulo por falta de manifestación de ella, como cónyuge del transferente,
alegación que, por lo demás, se trata de un supuesto de disposición de un bien social celebrado por
uno de los cónyuges sin autorización del otro, cuestión que carece de sustento, ya que esta Sala
Suprema ha determinado en anterior pronunciamiento, que dicho supuesto se trata de uno de
ineficacia del acto jurídico, y no de nulidad.
V. DECISIÓN
Por estas consideraciones y en estricta aplicación del artículo 397 del Código Procesal Civil,
declararon: a) INFUNDADO el recurso de casación interpuesto por Engracia Ramírez Gamarra a
fojas mil cuatrocientos ochenta; en consecuencia: NO CASAR la resolución de vista de fojas mil
cuatrocientos sesenta y ocho, su fecha trece de octubre de dos mil catorce. b) DISPUSIERONla
publicación de la presente resolución en el diario Oficial “El Peruano”, bajo responsabilidad; en los
seguidos por Engracia Ramírez Gamarra Patricia Trinidad Villagarcía Rodríguez, sobre nulidad de
acto jurídico; y, los devolvieron. Intervino como ponente el Juez Supremo Señor Almenara Bryson.
SS. WALDE JÁUREGUI, DEL CARPIO RODRÍGUEZ, CUNYA CELI, CALDERÓN PUERTAS
BIBLIOGRAFIA:
-Código Civil Comentado; “Tomo 1; Título Preliminar; Derecho de las personas; Acto jurídico”.