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LAS ACCIONES COLECTIVAS,
UNA VISIÓN DE JORGE CARPIZO
Gonzalo Armienta Hernández
Karla Elizabeth Mariscal Ureta
Sumario: I. Introducción. II. Los derechos de incidencia colectiva como ob-
jeto de tutela. III. La reforma al párrafo tercero del artículo 17 constitucional
y los criterios de jurisprudencia. IV. Ley de acciones colectivas. V. La reforma
al artículo 17 constitucional y los criterios de jurisprudencia. VI. Las acciones
colectivas, primera sentencia. VII. Consideraciones finales. VIII. Fuentes de
consulta.
I. Introducción
El tema de la democracia fue sin duda el que más reiteradamente enfatizó el
entrañable maestro Jorge Carpizo, y con gran tino consideraba que no puede
haber democracia en donde no se respeten los derechos humanos. Tal razo-
namiento lo podemos encontrar en la obra Tendencias del constitucionalismo en
Iberoamérica de la siguiente manera: “Los derechos humanos poseen fuerza ex-
pansiva, la democracia goza de esa misma característica y es natural, porque
no puede existir democracia donde no se respeten los derechos humanos y
éstos realmente sólo se encuentran salvaguardados y protegidos en un sistema
democrático”.1
Además, todavía es más contundente cuando señala que “…al final de
cuentas los conceptos de Constitución, orden jurídico, democracia y Estado
de derecho se imbrican y se encuentran estrechamente relacionados entre sí,
en virtud de que una Constitución y un Estado de derecho que no son demo-
cráticos no son tales, sino instrumento de opresión”.2
1 Carpizo,
Jorge, “Tendencias actuales del constitucionalismo latinoamericano”,
en Carbonell, Miguel et al. (coords.), Tendencias del constitucionalismo en Iberoamérica, México,
UNAM-Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral-Agencia Espa-
ñola de Cooperación Internacional para el Desarrollo-Instituto Iberoamericano de Derecho
Constitucional, 2009, p. 2.
2 Idem.
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2 ARMIENTA HERNÁNDEZ / MARISCAL URETA
De la misma manera, la democracia va ligada a la participación ciuda-
dana y a los canales que la Constitución le brinda a la población para esta
participación, y sin lugar a dudas las acciones colectivas que salvaguardan los
derechos sociales representan una forma muy importante de participación
en todo sistema democrático y, como el propio Carpizo ha señalado, esta
tendencia de salvaguardar los derechos sociales se ha venido fortaleciendo
en los últimos años con la participación de los tribunales y con la aplicación
del derecho internacional, de acuerdo a dos vertientes: “…a) el papel activo
de los tribunales y cortes constitucionales en este sentido, y b) el derecho in-
ternacional de los derechos humanos, en su vertiente social”.3
Es por ello que no se podría estudiar a las acciones colectivas sin refe-
rirnos a conceptos tan importantes como los de Constitución, democracia,
derechos humanos y tribunales constitucionales.
Luigi Ferrajoli, citado por Carpizo, al referirse a la democracia, señala
que esta es un paradigma embrionario que garantiza tanto los derechos de
libertad como los sociales.4
Por lo que se refiere a nuestra máxima norma, es a partir de la reforma
del 29 de julio de 2010, al artículo 17 de la Constitución Política de los Esta-
dos Unidos Mexicanos, cuando los mexicanos contamos con una alternativa
en contra de acciones de gobierno que afecten nuestra esfera jurídica de
manera colectiva, en tanto que ahora encontramos en el párrafo tercero del
referido artículo constitucional la facultad y la obligación del Congreso de la
Unión para expedir leyes que regulen las acciones colectivas, determinando
las materias de aplicación, los procedimientos judiciales y los mecanismos de
reparación del daño. Igualmente, se atribuye competencia a los jueces fede-
rales para conocer de manera exclusiva de estos procedimientos.
Ahora bien, para entender de una manera sustancial la esencia de esta
reforma, es conveniente partir del objeto a tutelar en las acciones colectivas
y de su naturaleza particular; en este sentido, el objeto de tutela de estas ac-
ciones lo constituyen los derechos de incidencia colectiva con sus distintos
matices y acepciones, los cuales aparecen en la escena jurídica en la tercera
generación de los derechos humanos. Estos merecen nuestra atención, por-
que representan uno de los nuevos retos para la práctica jurídica, pues van
más allá de las teorías clásicas y se componen de una serie de derechos cuyo
valor es cuantiosamente irrefutable.
3 Carpizo, Jorge, “Los derechos de la justicia social: su protección procesal en Méxi-
co”, Boletín Mexicano de Derecho Comparado, vol. XLV, núm. 135, septiembre-diciembre de 2012,
p. 1081.
4 Idem.
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LAS ACCIONES COLECTIVAS, UNA VISIÓN DE JORGE CARPIZO 3
No es equívoco afirmar que las nuevas realidades integran escenarios
mucho más complejos, lo cual es posible para aquellos que coinciden en que
estos derechos se gestan “...a medida que el hombre valoró como deseable
y exigible un nivel y una calidad de vida más altos, igualitarios y en mayor
grado adaptados a las circunstancias y avances del progreso, de la ciencia, de
la técnica, de la complejidad de la convivencia”.5
Por su parte, cabe precisar que los llamados “derechos humanos” han
sido clasificados de diversas formas, de acuerdo con su naturaleza, su origen,
su contenido y la materia a que refieren, distinguiéndose con mayor asiento
la agrupación de estos en generaciones.
Desde luego, podemos observar que el desarrollo de los derechos huma-
nos, en el plano internacional, no ha sido homogéneo ni en formas ni en mo-
mentos, pues aunque tienen su base en conceptos universales, poco a poco
van encontrando vínculos para su desarrollo atendiendo a la identidad, a la
cultura y a la tradición propia de cada nación.
Ahora bien, con relación a los derechos de incidencia colectiva, pode-
mos advertir que la tutela de estos derechos va más allá de reconocerlos jurí-
dicamente, siendo entonces urgente e indicado diseñar o rediseñar aquellos
mecanismos que posibiliten su protección y el control de garantía, y que en
la vía procesal nos lleven a su efectiva defensa; por ello, han aparecido en el
escenario jurídico con diversos matices de tutela.
De forma que la tutela de los derechos colectivos en México está in-
vestida de la experiencia internacional y de la propia composición mexi-
cana, cuya conjunción se delimita en el marco de la reforma al artículo
17 constitucional. Asimismo, para que tales instrumentos jurídicos tengan
efectividad, se debe desarrollar una tarea complicada, pero efectiva, ten-
diente a producir cuerpos legislados adecuados y eficaces, en virtud de que
los derechos a proteger son parte de una categoría colectiva de derechos
humanos que deben ser tratados de forma jurídicamente distinta al resto
de los demás, pues la titularidad no esta circunscrita a un solo individuo, y
ello hace que sean un tanto complejos, e incluso difíciles de encuadrar en la
concepción originaria de los derechos humanos y en los mecanismos clási-
cos para su defensa.
5 Martí Capitanachi, Luz del Carmen, “La acción popular prevista en la Constitución
del estado de Veracruz: medio de acceso a la justicia ambiental”, Revista Letras Jurídicas, núm.
16, julio de 2007, p. 3.
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4 ARMIENTA HERNÁNDEZ / MARISCAL URETA
II. Los derechos de incidencia colectiva
como objeto de tutela
El vocablo “derechos humanos” lleva consigo una redundancia, ya que
todos los derechos son humanos.6 Estos derechos son llamados “humanos”,
porque son del hombre, de la persona humana, de cada uno de nosotros. El
hombre es el único destinatario de estos derechos; por ende, reclaman reco-
nocimiento, respeto, tutela y promoción de parte de todos, especialmente del
Estado.
Lara Ponte indica que el concepto “derechos humanos” ha tenido múl-
tiples acepciones, ya sea por factores de idioma, de uso lingüístico de cada
sociedad, por las diversas culturas, por la doctrina de los autores, por las
distintas posturas, o bien por el hecho de que pertenecen a una familia o
tradición jurídica distinta.
Entre las diversas denominaciones tenemos:
a) Derechos del hombre y el ciudadano. Esta denominación tiene sus
orígenes en la Declaración Francesa de 1789, la cual apunta al
hombre como titular de los derechos.
b) Derechos individuales. Se refiere a la individualidad de cada per-
sona; su origen es de raíz liberal-individualista, y hace hincapié en
que al tratarse de una persona humana u hombre, se trata de un
“individuo”.
c) Derechos de la persona humana. Este concepto alude a que el hom-
bre es ontológicamente una persona humana, y se encuentra relacio-
nada con la concepción de los derechos del hombre, porque el hom-
bre por su condición de persona humana es titular de estos derechos.
e) Derechos públicos subjetivos. Se les conoce con este nombre a partir
del momento en que los derechos aparecen insertados en la normati-
va constitucional. La palabra “público” estaría ubicando al hombre
frente al Estado, dentro del ámbito del derecho público. Estos dere-
chos aparecen hacia fines del siglo XVIII, con el constitucionalismo.
f) Derechos fundamentales. Al decir “fundamentales” nos estamos re-
firiendo a la importancia de estos derechos y de su reconocimiento
para todos los hombres; hoy en día también se sostiene que habla-
mos de derechos fundamentales cuando aparecen en el derecho po-
sitivo.
i) Derechos innatos. Al decir “innatos” nos estamos refiriendo a que
estos derechos se encuentran en la naturaleza misma del hombre, se
6 Lara Ponte, Rodolfo, Los derechos humanos en el constitucionalismo mexicano, México, Po-
rrúa-UNAM, 1998, p. 27.
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LAS ACCIONES COLECTIVAS, UNA VISIÓN DE JORGE CARPIZO 5
encuentran adheridos a él, incluso más allá de no sean reconocidos
por el Estado.
k) Libertades públicas. Esta denominación es de origen francés y está
relacionada con los derechos individuales, los derechos públicos sub-
jetivos, los derechos civiles de primera generación, etcétera. Estas
libertades las podemos ubicar dentro de los “derechos positivizados”.
La crítica es que estas libertades no introducen a los derechos de se-
gunda generación, o sea, los derechos sociales.7
Al respecto, la Comisión de la UNESCO presidida por Eduard H. Carr
elaboró la concepción moderna de los derechos humanos, en donde se dijo
que estos son “aquellas condiciones de vida con las cuales en cualquier fase
histórica dada de una sociedad, los hombres no pueden dar de sí lo mejor
que hay en ellos como miembros activos de la comunidad, porque se ven
privados de los medios para realizarse plenamente como seres humanos”.8
Como hemos podido observar, pese a que se han hecho esfuerzos para
distinguir entre derechos del hombre y derechos humanos, estos términos
son usados por muchos de manera indistinta, pero conviene precisar que
se ha concebido a los derechos del hombre como “…aquellos que recono-
ce el orden jurídico de un país determinado, es decir que los consagra en
sus cuerpos normativos, dándoles normalmente un rango especial, bien sea
por las normas que los definen o por los sistemas que se establecen para su
salvaguarda”.9
En el Diccionario Jurídico Mexicano podemos encontrarnos que los derechos
humanos se definen como “...el conjunto de facultades, prerrogativas, liber-
tades y pretensiones de carácter civil, político, económico, social y cultural,
incluidos los recursos y mecanismos de garantía de todas ellas, que se reco-
nocen al ser humano, considerado individual y colectivamente”.10
No obstante, persiste la tendencia que los entiende como “...aquellos que
son constitucionalmente enunciados como tales, o lo que es igual, los dota-
dos de las amplias medidas que ofrecen los textos constitucionales, aunque
puedan no tener cabal desarrollo en el ordenamiento legislativo ordinario”;11
7 Idem.
8 Carrillo Flores, Antonio, “La naturaleza de los derechos humanos”, Revista mexicana de
justicia, México, vol. IV, núm. I, 1986, p. 107.
9 Ibidem, p. 186.
10 Instituto de Investigaciones Jurídicas, Diccionario Jurídico Mexicano, México, Porrúa-
UNAM, 1987, p. 1063.
11 Terrazas E., Carlos, Los derechos humanos en las Constituciones políticas de México, México,
Porrúa, 1996, p. 38.
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6 ARMIENTA HERNÁNDEZ / MARISCAL URETA
esta cuestión ha sido ampliamente debatida, terminando en muchos casos en
la alusión a estos como “derechos humanos constitucionalizados”.
Ahora bien, como hemos advertido, las concepciones tradicionales de los
derechos humanos tienden a poseer una remarcada tendencia individualista;
sin embargo, a medida que el ser humano va comprendiendo que necesita
un sin número de factores más allá de su propia persona en estricto sentido
para subsistir, va integrando el concepto de colectividad y los derechos que
dentro de esta posee y que debe proteger.
Al respecto, el doctor Carpizo, de manera muy atinada, indica que los
derechos humanos se expresan generalmente en dos declaraciones, desde el
punto de vista de las garantías individuales, y desde el punto de las garantías
sociales: “Los derechos humanos se expresan generalmente en dos declara-
ciones: a) la de garantías individuales, que contiene todas las facultades que
la ley fundamental reconoce al hombre, en cuanto hombre, en su indivi-
dualidad, y b) la declaración de garantías sociales. Se trata de proteger a los
grupos sociales más débiles”.12
Entonces, los derechos humanos son el conjunto de prerrogativas inhe-
rentes a la naturaleza de la persona, cuya realización efectiva resulta indis-
pensable para el desarrollo integral del individuo que vive en una sociedad
jurídicamente organizada, tanto sobre aspectos individuales como colectivos.
Estos derechos, establecidos en la Constitución y en las leyes, deben ser reco-
nocidos y garantizados por el Estado.
Como ya lo mencioné, para el maestro Carpizo, los derechos humanos
se encuentran vinculados necesariamente a los derechos sociales, pues cuan-
do se refiere al principio de conexidad señala que si se viola el derecho social,
también se violan otros derechos humanos, como la igualdad y no discrimi-
nación, el debido proceso legal, y el derecho a la vida digna.13
Así, la tarea de proteger los derechos humanos en todos sus ámbitos re-
presenta un gran reto, ante la exigencia de proveer y mantener las condicio-
nes necesarias para que, dentro de una situación de justicia, paz y libertad,
las personas podamos gozar realmente de todos nuestros derechos, tanto en
la esferas individual como en la colectiva, de las cuales no es posible abs-
traernos.
En forma muy certera, el maestro Carpizo indica lo siguiente:
Los derechos humanos no se encuentran “ampliamente protegidos” en Méxi-
co. Piénsese únicamente que si la Suprema Corte declara que una ley es in-
12 Carpizo, Jorge, Estudios constitucionales, México, Porrúa-UNAM, 2012, p. 299.
13 Carpizo, Jorge, Los derechos de la justicia social..., cit., p.1088.
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LAS ACCIONES COLECTIVAS, UNA VISIÓN DE JORGE CARPIZO 7
constitucional el efecto de la sentencia de amparo protege solo a quien pre-
sentó la acción, cuando quienes no lo hicieron son generalmente quienes más
necesitan ese amparo legal, y no utilizaron la acción procesal por carencias
sociales o económicas. Es por ello que, desde hace más de tres décadas, he
propuesto, entre varios otros, que los efectos de esas sentencias de amparo
sean erga omnes.14
Seguramente, el pensamiento del doctor Carpizo fue un elemento indis-
pensable para incorporar los efectos erga omnes en la Ley de Amparo vigente,
pues dentro del capítulo VI, correspondiente a la declaratoria general de
inconstitucionalidad, el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación,
previo procedimiento seguido de conformidad a este capítulo y con la anuen-
cia de cuando menos ocho votos de los ministros de la propia Corte, podrá
emitir la declaratoria general de inconstitucionalidad, la cual tendrá como
efecto derogar la norma inconstitucional y consecuentemente su inaplica-
bilidad.
En contraste, la segunda generación de derechos humanos la integran
los derechos económicos, sociales y culturales, conforme a los cuales el Es-
tado de derecho pasa a una etapa superior, es decir, a un Estado social de
derecho. A partir de la ruptura histórica provocada por la Primera Guerra
Mundial, en la segunda mitad del siglo XIX, surgen los llamados “derechos
sociales”, derechos socioeconómicos que protegen a la persona humana en
sus condiciones de vida y trabajo; por tanto, son conocidos como derechos
colectivos, que pertenecen al individuo en tanto forman parte de un grupo
social en relación con la producción de bienes y servicios, los cuales están
contemplados en el capítulo III, artículo 26, de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos de San José en 1969.15
Al respecto, el maestro Carpizo enfatizaba que cuando el Estado mexi-
cano “...toma una medida regresiva en relación con los derechos de la justi-
cia social reconocidos en la Constitución y en los instrumentos internaciona-
les que el país ha ratificado, procede el amparo indirecto, por tratarse de una
violación directa a la Constitución. Si la medida regresiva se encuentra en
una ley, también procede la acción y la controversia constitucional”.16
En la actualidad, la Ley de Amparo, a partir de las reformas publica-
das en el Diario Oficial de la Federación el 2 de abril de 2013, ya contempla la
procedencia del juicio de amparo para aquella persona que tenga un interés
14 Carpizo, Jorge, Algunas reflexiones constitucionales, México, UNAM, 2007, pp. 120 y 121.
15 Fix-Zamudio, Héctor, Justicia constitucional, ombusman y derechos humanos, México, Comi-
sión Nacional de Derechos Humanos, 1993, p. 424.
16 Carpizo, Jorge, op. cit., p. 1095.
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8 ARMIENTA HERNÁNDEZ / MARISCAL URETA
legítimo individual o colectivo; esto lo encontramos al principio del artículo
5o., el cual señala lo siguiente:
Son partes en el juicio de amparo:
I. El quejoso, teniendo tal carácter quien aduce ser titular de un derecho
subjetivo o de un interés legítimo individual o colectivo, siempre que alegue
que la norma, acto u omisión reclamados violan los derechos previstos en el
artículo 1o. de la presente Ley y con ello se produzca una afectación real y
actual a su esfera jurídica, ya sea de manera directa o en virtud de su especial
situación frente al orden jurídico.
Los derechos difusos nacen a partir de la Segunda Guerra Mundial,
aproximadamente en 1945, de acuerdo a los nuevos tipos de derechos e in-
tereses legítimos que no se pueden atribuir a grupos sociales determinados,
sino a un número no preciso de personas que se ven afectadas, como el me-
dio ambiente, el consumidor, los asentamientos humanos, el patrimonio ar-
tístico y cultural, entre otros, son los denominados “derechos humanos de
tercera generación”, conocidos como “derechos difusos”; es decir, aquellos
derechos subjetivos o intereses legítimos que corresponden a un número de
sujetos indeterminados, pertenecientes a diversos grupos sociales, que se en-
cuentran distribuidos en amplios sectores, de tal manera que no resulta fácil
el establecimiento de los instrumentos adecuados para la tutela de los propios
intereses.
La llamada tercera generación de derechos humanos, conocida tam-
bién como “derechos de solidaridad” o “de los pueblos”, trata de establecer
cuestiones que no se habían considerado específicamente en los documentos
de las dos anteriores generaciones de derechos humanos, pues contemplan
cuestiones de carácter supranacional, como el derecho a la paz y el derecho
a un medio ambiente sano.
Dentro de esta generación estamos hablando del derecho a la intimidad,
el derecho a disfrutar de un aire puro, el derecho a recibir una buena infor-
mación, los derechos del consumidor, el derecho a la protección del patri-
monio, el derecho a un medio ambiente sano o adecuado, etcétera; hoy en
día se habla de una cuarta, quinta y hasta sexta generación de los derechos
humanos.
Por su parte, el género de los intereses colectivos o derechos sociales es
muy amplio, pues podemos advertir que todo lo que se encuentra fuera de la
esfera individual del ser humano comprende derechos colectivos.
Carpizo ha sido un incansable promotor de la defensa de los derechos
colectivos y de manera contundente ha afirmado que
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LAS ACCIONES COLECTIVAS, UNA VISIÓN DE JORGE CARPIZO 9
Se puede concluir que en México los derechos de la justicia social tienen una
exigibilidad procesal imperfecta, en cuanto aún son varios los derechos de la
justicia social que todavía no son plenamente exigibles, pero no se puede afir-
mar que no son exigibles procesalmente, porque muchos de ellos sí lo son a
través de vías diversas, y la tendencia es a su protección procesal plena.17
La constante lucha del doctor Carpizo ha sido un elemento indispen-
sable para incorporar en nuestra Ley de Amparo la procedencia del juicio
cuando se afecten intereses legítimos; sin embargo, no es conveniente presu-
mir que colectivo es sinónimo de difuso, pues como primer punto tenemos
que lo colectivo nos lleva a derechos que pertenecen a un ente social, o de
un grupo que persigue ciertos intereses determinados, como se planteo en la
segunda generación de derechos; en cambio, el término “difuso” es asigna-
do a aquellos que son parte del todo —no de uno que lo conforma, sino de
todos en conjunto—, en donde es imposible dividir el interés, pues este no es
determinado, por lo mismo que se deriva en difuso.
Al respecto, el propio Carpizo nos explica en forma clara la diferencia
de estos dos conceptos:
Todavía se discuten la naturaleza y los alcances de las nociones de intereses
difusos y colectivos. No obstante, se puede expresar que los intereses difusos
no pertenecen a un individuo o grupo determinado, y con su reconocimiento
se persigue proteger bienes indivisibles propios de una comunidad; si alguien
atenta contra ellos se lesiona a esa comunidad, y si una persona o grupo ejerce
acción para protegerlos, aunque actúe como individuo, las medidas o resolu-
ciones que se emitan benefician a la comunidad. Lo característico de los inte-
reses difusos radica en que se protege el interés general o de una comunidad.
A su vez, los intereses colectivos se refieren a grupos determinados e identi-
ficables que existen en la comunidad y que persiguen la defensa del propio
grupo. Por esta razón, Acosta Estevez expresa que el interés colectivo es una
“concretización del interés difuso”; es decir, se defienden intereses de la comu-
nidad, pero alrededor de un interés del grupo cuyos integrantes ostentan sin-
gularidades comunes, por ejemplo las agrupaciones de consumidores. Desde
esta perspectiva, el interés difuso es el género y el colectivo la especie. El difuso
se refiere a bienes jurídicos relativos a todos y cada uno de los integrantes de la
sociedad; en cambio, el interés colectivo está relacionado con quienes se iden-
tifican con asociaciones o agrupaciones determinadas.18
A pesar de que se les ejerce colectivamente, los derechos difusos deben,
ante todo, ser entendidos como tales, tomando en cuenta su naturaleza y su
17 Carpizo, Jorge, Los derechos de la justicia social..., cit., p. 1100.
18 Ibidem, p. 1104.
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10 ARMIENTA HERNÁNDEZ / MARISCAL URETA
origen, así para algunos se caracterizan por la transindividualidad, indivisi-
bilidad, indeterminabilidad de los titulares y la conexión por las circunstan-
cias de hecho anteriores al daño. La tutela colectiva, entonces, abarca dos
clases de intereses o derechos:
a) Los esencialmente colectivos, que son los “difusos” y los “colecti-
vos”, propiamente dichos.
b) Los antológicamente individuales, pero que son tutelados colectiva-
mente por razones de estrategia en el tratamiento de conflictos, que
son los “individuales homogéneos”.19
Derivado de las consideraciones anteriores, podríamos fácilmente con-
tinuar desarrollando la teoría de la conceptualización de estos derechos;
sin embargo, es prudente remarcar que existe un núcleo común entre los
derechos difusos y colectivos. No obstante, la diferencia entre ellos está en
la vinculación existente entre los miembros de la comunidad o de la co-
lectividad titular del derecho respectivo, ya que la comunidad titular de
un derecho difuso está compuesta por personas ligadas por circunstancias
de hecho, mientras que la colectividad titular de un derecho colectivo está
compuesta por personas ligadas entre sí como parte contraria por una rela-
ción jurídica-base.20
Asimismo, debemos acentuar que el debate sobre su tratamiento jurídi-
co es en esencia la variable dominante de nuestro estudio.
De manera que han surgido varios modelos de tutela que contemplan
formas de solución que distintos países han implementado para la protección
de los intereses, tanto colectivos como difusos:
...las class action for damages or injuction class actions de los Estados Unidos, las relator
action de Inglaterra, y de otros países de common law como Australia y Nueva
Zelanda, las associations declarés de Francia, las acciones populares en varios
países, son ejemplo de ellas. A nivel iberoamericano es posible mencionar los
instrumentos procesales contemplados en la legislación de países como Bra-
sil, Colombia, España, Uruguay, Argentina, Chile, Ecuador, Paraguay, Costa
Rica y Venezuela, entre otros.21
En este orden, están cobrando especial atención los llamados “procesos
colectivos”, que tienen relación con la acción popular, de clase o de grupo,
19 Gidi, Antonio y Ferrer Mac-Gregor, Eduardo, La tutela de los derechos difusos, colectivos e
individuales homogéneos, México, Porrúa-Instituto Iberoamericano de Derecho Procesal, 2003,
p. 3.
20 Ibidem, p. 34.
21 Martí Capitanachi, Luz del Carmen, op. cit., p. 9.
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LAS ACCIONES COLECTIVAS, UNA VISIÓN DE JORGE CARPIZO 11
los que parecen tener su origen en las class actions de Estados Unidos de Amé-
rica, o bien en la acción civil de Brasil, principalmente.
En los sistemas del common law es tradicional la tutela de los intereses o
derechos individuales:
...la institución de la class actions del sistema norteamericano basado en equity,
y con antecedentes en el bill of peace del siglo XVII, se fue ampliando, para
adquirir poco a poco el papel central del ordenamiento. Las Federal Rules of
civil procedure de 1938 fijaron en la regla 23, las normas fundamentales recto-
ras de las class actions. Las dificultades prácticas en cuanto a la configuración y
requisitos de una o de otra de sus categorías, con tratamiento procesal propio,
han llevado el advisory connmmite on civil rules a modificar la disciplina de la ma-
teria, en la revisión hecha por las federal rules de 1966, las cuales están siendo
nuevamente trabajadas para eventuales modificaciones.22
Por su parte, en los sistemas del civil law (de la familia romano-germá-
nica) correspondió a Brasil la primacía de introducir en el ordenamiento la
tutela de los intereses difusos y colectivos de naturaleza indivisible, antes de
todo por la reforma de 1977 de la ley de la acción popular; después, me-
diante la ley específica de 1985 sobre la denominada “acción civil pública”;
posteriormente, en 1988 fue elevado a nivel constitucional la protección de
los mencionados intereses, y finalmente, en 1990 por el Código de Defensa
del Consumidor, cuyas disposiciones procesales son aplicables a la tutela de
todo y cualquier interés o derecho transindividual. Cabe destacar que una
protección similar se pretende en México, respecto de los derechos del con-
sumidor y del medio ambiente. El código brasileño fue más allá de la dicoto-
mía de los intereses difusos y colectivos, creando la categoría de los llamados
“intereses individuales homogéneos”, que abrieron camino a las acciones
reparadoras de los daños sufridos individualmente (correspondiendo en el
sistema norteamericano a las class accions for damages).23
Hecho que ha sido tomado en cuenta para el diseño de un Código
Modelo de Procesos Colectivos para Iberoamérica, en el cual se pretende,
según su anteproyecto, constituir un modelo para ser adaptado a las pecu-
liaridades locales, que serán consideradas en la actividad legislativa de cada
país, pero, al mismo tiempo, debe ser un modelo plenamente operativo,24
por lo cual se reafirma que solo es una guía que se ha propuesto para mejo-
rar e incentivar la regulación jurídica de los derechos difusos, tomando en
consideración modelos que han sido plenamente observados y estudiados
22 Gidi, Antonio y Ferrer Mac-Gregor, Eduardo, op. cit., p. xxxiii.
23 Idem.
24 Ibidem, p. xxxiv.
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12 ARMIENTA HERNÁNDEZ / MARISCAL URETA
por sus autores, pero que finalmente serán adoptados de forma discrecional
en cada país, esto es, de acuerdo a sus propias necesidades y referencias.
El Código Modelo de Proceso Civil para Iberoamérica acogió la idea
brasileña de la tutela jurisdiccional de los intereses difusos, con algunas
modificaciones con relación a la legitimación (que incluye cualquier inte-
resado), y al control sobre la representatividad adecuada (no expresada en
Brasil).25 Como hemos visto, este es un modelo de tratamiento por la vía
civil; no obstante, busca tutelar y lograr la efectiva defensa de derechos que
constitucionalmente se erigen y que forman parte del catalogo de los dere-
chos difusos, de tal forma que es una alternativa viable, y aunque lo hace
indirectamente, protege los derechos difusos constitucionalizados.
Cabe destacar que la selección del modelo sugerido en la propuesta po-
dría ser calcado en el sistema norteamericano de las class acctions, o en el siste-
ma brasileño, perfeccionado y adecuado a la realidad existente en los distin-
tos países iberoamericanos. Pero finamente, para sus creadores, la selección
recayó en el modelo brasileño por las siguientes razones:
a) La visión norteamericana de las class actions todavía es una visión in-
dividualista del proceso, centrada en los miembros del grupo y pre-
ocupada, principalmente, con las personas que lo componen.
b) Las consecuencias prácticas de la visión homocentrista del sistema
norteamericano serían inadecuadas para poblaciones todavía caren-
tes de información y concientización, que tendrán enormes dificul-
tades en ejercer las distintas iniciativas personales de las que depen-
de su participación o no en el proceso colectivo.
c) El tratamiento norteamericano de las class actions es prioritariamente
procedimental —aunque no sea menospreciada la importancia de
las injuctions—, mientras que la preocupación del sistema brasileño
se detiene sustancialmente en las reglas de proceso de las acciones
colectiva para centrarse en la cuestión de la efectividad del proce-
so colectivo. Igualmente, se adoptan técnicas procesales innovadoras
para los sistemas del civil law, esto para garantizar un proceso de
resultados.
d) Finalmente, obra a favor del modelo brasileño la experiencia que se
ha podido extraer después de más de quince años de aplicación de las
acciones colectivas en un país como Brasil, que seguramente ofrece
un cultivo más cercano a la realidad latinoamericana que lo que pue-
da hacerlo el sistema del common law norteamericano.26
25 Ibidem, p. xxxiii.
26 Ibidem, pp. xxxiv y xxxv.
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LAS ACCIONES COLECTIVAS, UNA VISIÓN DE JORGE CARPIZO 13
Finalmente, podemos decir que en la propuesta de Código Modelo de
Procesos Colectivos para Iberoamérica se hace un esfuerzo por garantizar el
desarrollo de procesos de incidencia colectiva en Iberoamérica, y toma en
consideración la figura de las class actions, como un tratamiento que emana de
la familia del common law de E. U. A., pero se pronuncia esencialmente sobre
el esquema de tutela brasileño, ello en razón de que fue considerado el mo-
delo más apegado a la tradición jurídica de Iberoamérica.
Entonces, para la tutela efectiva de los derechos fundamentales, sobre
todo aquellos que no se refieren al individuo, sino que hacen referencia a
una titularidad colectividad, resultan insuficientes los conceptos jurídicos
tradicionales, como la legitimación o el interés jurídico, por lo que es preciso
que se abandonen esos conceptos y se adopten nuevas figuras jurídicas que
puedan hacer viables estos derechos, o bien “...que la interpretación de los
tribunales se realice de manera que flexibilicen esos conceptos y que abran la
posibilidad de utilizar los medios procesales a grupos que actúan en defensa
de los derechos fundamentales que interesan a todos”.27
III. La reforma al párrafo tercero
del artículo 17 constitucional
Cabe señalar que los modelos propuestos, como el anteproyecto de Có-
digo de Procesos Colectivos y otros tantos esquemas de tutela que permitan
una mejor defensa para los derechos difusos, se encuentran hoy en la mesa
de los debates y en el horno de las reformas jurídicas legislativas que faciliten
nuevos mecanismos de defensa, tanto en México como en otros países de
Iberoamérica y del resto del mundo; en este tenor, resulta sumamente signifi-
cativo para el caso mexicano la reforma constitucional al artículo 17.
El tercer párrafo del artículo 17 constitucional, a partir de la citada re-
forma, plantea que el Congreso de la Unión expedirá las leyes que regulen
las acciones colectivas. Tales leyes determinarán las materias de aplicación,
los procedimientos judiciales y los mecanismos de reparación del daño. Los
jueces federales conocerán de forma exclusiva sobre estos procedimientos
y mecanismos; en consecuencia, debe instrumentarse la reglamentación de
estos a nivel normativo.
Derivado de lo anterior, tiene relevante importancia lo argumentado en
la iniciativa presentada en el Senado de República el 7 de septiembre de
27 Chávez Bermúdez, Brenda Fabiola, Responsabilidad civil: una alternativa para garantizar
el derecho a un medio ambiente adecuado, México, Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado
de Durango-Universidad de Durango-UNAM, Instituto de Investigaciones Jurídicas, 2009,
p. 45.
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14 ARMIENTA HERNÁNDEZ / MARISCAL URETA
2010, que contiene el proyecto de decreto por el que se reforman y adicionan
diversos artículos del Código Federal de Procedimientos Civiles, del Código
Civil Federal, de la Ley Federal de Competencia Económica, de la Ley Fede-
ral de Protección al Consumidor, de la Ley Orgánica del Poder Judicial de la
Federación, de la Ley Federal del Equilibrio Ecológico y Protección al Am-
biente, y de la Ley del Protección y Defensa de los Usuarios de los Servicios
Financieros, en la cual se expone lo siguiente:
1. Uno de los acontecimientos destacados en el campo jurídico universal —y
del cual no sólo no es ajeno el derecho mexicano, sino inclusive “pionero”—,
es el nacimiento de los derechos sociales. En efecto se trata de derechos en los
cuales se entroniza al ser humano no como individuo aislado, sino formando
parte —y parte dinámica— de una colectividad que tiene una tarea, una fi-
nalística, igualmente colectiva...28
Ya hemos redundado en que el ser humano posee cualidades individua-
les que deben protegerse por su insoslayable naturaleza; sin embargo, tam-
bién posee cualidades, por su propio desarrollo biológico e intelectual, con
una carga importante de aspectos de incidencia colectiva, que de igual ma-
nera son indispensables para su subsistencia y que, además, deben ser obser-
vadas y protegidas por el derecho.
IV. Ley de acciones colectivas
Resulta importante señalar que en nuestro país no existe una ley de ac-
ciones colectivas, entendiendo a esta como un solo cuerpo normativo que en
forma sistematizada regule a este tipo de acciones, lo cual sería lo jurídica-
mente correcto, ya que al haberse establecido dentro de nuestra Constitución
Política a las acciones colectivas, resulta indispensable su reglamentación en
una norma general; sin embargo, el Poder Legislativo decidió solo hacer
modificaciones a algunos ordenamientos legales, concretamente al Código
Federal de Procedimientos Civiles, al Código Civil Federal, a la Ley Federal
de Competencia Económica, a la Ley Federal de Protección al Consumidor,
a la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, a la Ley General del
Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, y a la Ley de Protección y
Defensa al Usuario de Servicios Financieros, reformas que fueron publicadas
en el Diario Oficial de la Federación el 30 de agosto del 2011.
Destaca dentro de estas modificaciones las efectuadas al Código Federal
de Procedimientos Civiles, mediante las cuales se adicionó el libro quinto,
28 Idem.
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LAS ACCIONES COLECTIVAS, UNA VISIÓN DE JORGE CARPIZO 15
denominado “De las acciones colectivas”, en donde se establecen reglas para
la defensa y protección de los derechos e intereses colectivos en materia de
relaciones de consumo de bienes o servicios, públicos o privados, y medio
ambiente, y las personas o instituciones legitimadas para ejercitar las accio-
nes colectivas.
Resulta de trascendental importancia esta reforma, pues es el parte-
aguas para romper con la individualidad imperante en los litigios; sin embar-
go, consideramos aún insuficiente las materias que comprende, pues deja a
un lado materias relacionadas con el derecho social, con el derecho electoral
y con el derecho fiscal.
De la misma manera, debemos de observar que en nada ayuda a las ac-
ciones colectivas el artículo 585 del Código Federal de Procedimientos Civi-
les (referente a la legitimación para ejercer la acción), pues limita su ejercicio
a algunos organismos descentralizados a nivel federal, al procurador general
de la República, y por lo que hace al sector privado, a asociaciones civiles sin
fines de lucro constituidas al menos un año previo al momento de presentar
la acción, cuyo objeto social incluya la promoción o defensa de los derechos
e intereses de la materia de que se trate, y a un representante común de la
colectividad conformada por al menos treinta miembros.
Estos candados para promover la acción colectiva resultan completa-
mente inapropiados, pues en lugar de ser una acción que se pueda empren-
der por todos los agraviados bastando la demostración de la afectación co-
lectiva, reduce su procedencia a casos determinados.
V. La reforma al artículo 17 constitucional
y los criterios de jurisprudencia
Resulta evidente que sobre acciones colectivas la Suprema Corte no ha
sostenido muchos criterios, pues al ser un tema novedoso, este máximo ór-
gano jurisdiccional no ha tenido oportunidad de abocarse reiteradamente
a este tema; sin embargo, resulta importante la tesis aislada que se señala a
continuación, pues tiene su base precisamente en la comentada reforma al
artículo 17 constitucional.
Interesesdifusos o colectivos. Su tutela mediante el juicio de
amparo indirecto. En torno a los derechos colectivos la doctrina contem-
poránea ha conceptualizado, de manera general, al interés supraindividual y,
específicamente, a los intereses difusos y colectivos. Así, el primero no debe
entenderse como la suma de intereses individuales, sino como su combina-
ción, por ser indivisible, en tanto que debe satisfacer las necesidades colecti-
vas. Por su parte, los intereses difusos se relacionan con aquellas situaciones
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16 ARMIENTA HERNÁNDEZ / MARISCAL URETA
jurídicas no referidas a un individuo, sino que pertenecen a una pluralidad de
sujetos más o menos determinada o indeterminable, que están vinculados úni-
camente por circunstancias de hecho en una situación específica que los hace
unificarse para acceder a un derecho que les es común. Mientras que los co-
lectivos corresponden a grupos limitados y circunscritos de personas relacio-
nadas entre sí debido a una relación jurídica, con una conexión de bienes
afectados debido a una necesidad común y a la existencia de elementos de
identificación que permiten delimitar la identidad de la propia colectividad.
Sin embargo, sea que se trate de intereses difusos o colectivos, lo trascenden-
tal es que, en ambos, ninguno es titular de un derecho al mismo tiempo, pues
todos los miembros del grupo lo tienen. Ahora, debido a la complejidad para
tutelarlos mediante el amparo, dado que se advierte como principal contrarie-
dad la legitimación ad causam, porque pudiera considerarse que rompe con el
sistema de protección constitucional que se rige, entre otros, por los principios
de agravio personal y directo y relatividad de las sentencias, el Constituyente
Permanente, mediante decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación
el 29 de julio de 2010, adicionó un párrafo tercero al artículo 17 de la Consti-
tución Política de los Estados Unidos Mexicanos y ordenó la creación de leyes
y procedimientos para que los ciudadanos cuenten con nuevos mecanismos de
tutela jurisdiccional para la defensa de sus intereses colectivos, sin que se haya
expedido el ordenamiento que reglamente las acciones relativas. No obstante,
la regulación formal no constituye una condición para determinar la legiti-
mación procesal de los miembros de la colectividad cuando precisan defender
al grupo al que pertenecen de un acto autoritario que estiman afecta algún
interés supraindividual. Consecuentemente, todos los miembros de un grupo
cuentan con interés legítimo para promover el juicio de garantías indirecto, en
tanto que se hace valer un interés común y la decisión del conflicto se tradu-
cirá en un beneficio o, en su caso, en un perjuicio para todos y no sólo para
quienes impugnaron el acto.29
La tesis anterior nos parece relevante, porque hace una distinción entre
los derechos o intereses de orden individual, los propiamente colectivos y los
difusos; igualmente, hace hincapié en la pertinencia de la reforma constitu-
cional al artículo 17 y de la reglamentación de los procesos de orden colec-
tivo, por lo cual el criterio de nuestro máximo tribunal aparentemente coin-
cide con lo que hemos revisado, sobre las bases o motivos del legislador para
dar vigencia a la reforma en el Código Federal de Procedimientos Civiles.
29 Tesis XI.1o.A.T.50 K, Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Novena Época, t.
XXXIV, septiembre de 2011, p. 2136.
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LAS ACCIONES COLECTIVAS, UNA VISIÓN DE JORGE CARPIZO 17
VI. Las acciones colectivas, primera sentencia
Ahora bien, respecto del efecto de los procesos de acciones colectivas, el
tribunal federal ordenó a la empresa Nextel pagar daños y perjuicios, más
una indemnización adicional, a cientos de clientes afectados por las fallas
técnicas en el servicio durante 2010, al resolver la primera acción colectiva
promovida en el país por la Procuraduría Federal del Consumidor.
En este caso, el Primer Tribunal Unitario en Materias Civil y Adminis-
trativa determinó que la indemnización adicional, equivalente al 20% del
monto de los daños generados por las afectaciones, deberá cubrirse a todos
los consumidores que acrediten las afectaciones sufridas durante 2010, in-
cluso los que no hayan participado en la primera etapa de la demanda. La
Profeco, en representación de clientes de Nextel y ocho de sus filiales que
presentaron 1 789 quejas por una mala calidad del servicio durante 2010,
promovió la demanda colectiva ante el Juzgado Cuarto de Distrito en Ma-
teria Civil del Distrito Federal. En sentencia dictada el 26 de junio de este
año, el juez del caso consideró que la demandante no evidenció los daños y
perjuicios reclamados, al no referir en qué consistieron, y tampoco la rela-
ción directa e inmediata entre estos y el incumplimiento del contrato de ser-
vicios; en consecuencia, esta resolución fue impugnada por la Profeco, y al
resolver la inconformidad, el magistrado del Primer Tribunal Unitario, José
Guadalupe Sánchez, determinó que el fallo del juez no respetó la naturaleza
de la acción de grupo que se le planteó, y tras analizar los argumentos de la
demandante, declaró la existencia de daños y perjuicios a los consumidores,
y la obligación de Nextel de cubrirlos y otorgar una indemnización adicional
a los afectados.30
Con relación a las acciones colectiva, es de relevante importancia la sen-
tencia pronunciada en el caso antes descrito, en virtud de que ha sido la pri-
mera en la experiencia mexicana en la que el juzgador ponderó los derechos
de incidencia colectiva como tales con base en el instrumento normativo vi-
gente y condenó, en consecuencia, a la empresa en cuestión a la reparación
del daño y al pago de una indemnización.
VII. Consideraciones finales
Entonces, podemos concluir que hoy nuestra realidad nos enfrenta a
nuevas perspectivas para entender de una forma sustancialmente más am-
plia la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ya que la normati-
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18 ARMIENTA HERNÁNDEZ / MARISCAL URETA
va en torno a esta cada vez es más extensa, y ante la aparición de nuevos pa-
radigmas surge el advenimiento de nuevos esquemas de organización social,
pues como lo indica el maestro Carpizo:
...el derecho internacional de los derechos humanos no tiene como fuente úni-
ca los instrumentos y los tratados internacionales, pero éstos revisten especial
importancia. Fuentes son, entre otras, la costumbre internacional, los princi-
pios generales del derecho —aceptados por las naciones civilizadas— las deci-
siones judiciales así como las doctrinas de publicistas de gran competencia, así
como la obligación de los Estados a respetar y garantizar los derechos huma-
nos de acuerdo con la Carta de Naciones Unidas.31
Así, entender a los derechos humanos de tercera generación nos lleva
a advertir un núcleo común entre los derechos difusos y los colectivos, que
ambos son, en sentido amplio, colectivos, esto por la naturaleza de su titu-
laridad. No obstante, la diferencia entre ellos radica, precisamente, en ese
mismo elemento, en la vinculación existente entre los miembros de la comu-
nidad o de la colectividad titular del derecho respectivo.
En cuanto a los derechos individuales homogéneos, aunque pueden te-
ner un tratamiento colectivo, por necesidades prácticas y de economía pro-
cesal, no son esencialmente de orden colectivo. Ello tomando en considera-
ción la naturaleza, su origen y el propósito de los derechos que se tutelan.
Con relación a los mecanismos de defensa de estos derechos de inciden-
cia colectiva, son determinados esencialmente en la reforma al tercer párrafo
del artículo 17 constitucional y cumplimentado a partir de la adición al Có-
digo Federal de Procedimientos Civiles respecto a las acciones colectivas; sin
embargo, estas alternativas de tutela no deben ser exclusivos para determina-
das materias, excluyendo al resto de los procesos en donde se encuentren en
juego los derechos de incidencia colectiva. En este sentido, quizá las materias
que no contempla la legitimación colectiva como tal, como la electoral, sin-
dical, agraria, etcétera, deberán articularse de forma integral con el artículo
17 constitucional para su efectiva tutela, e incluso, aunque resulte un tanto
ambicioso, con la reciente reforma al artículo 1o. constitucional en materia
de protección a derechos humanos.
Por tanto, estimamos como acertada, pero insuficiente, la inclusión en el
Código Federal de Procedimiento Civiles de un capítulo relacionado con los
derechos colectivos, por lo que también dejamos en la mesa de los debates
la necesaria observancia y el análisis a posteriori de la aplicación de aque-
31 Carpizo, Jorge y Valdés, Diego, Derechos humanos, aborto y eutanasia, México, UNAM,
2009, p. 31.
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LAS ACCIONES COLECTIVAS, UNA VISIÓN DE JORGE CARPIZO 19
lla, pues solo ante el caso concreto puede apreciarse la eficacia en la adición
normativa vigente y buscar su perfeccionamiento; por ello, recomendamos el
seguimiento procesal de los precedentes judiciales sobre acciones colectivas,
así como el desarrollo de estos procesos a través de los criterios de jurispru-
dencia, además del fomento en el conocimiento de los derechos de inciden-
cia colectiva, sus alcances y límites, y desde luego, de los procesos idóneos
para su efectivo tratamiento jurídico.
VIII. Fuentes de consulta
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lxi/001_ordinarias/020_gobernacion/015_acciones_colectivas.
• http://www.eluniversal.com.mx/primera/40475.html.
Criterios de jurisprudencia
Tesis XI.1o.A.T.50 K, Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Novena
Época, t. XXXIV, septiembre de 2011, p. 2136.
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