El nacimiento de la prosa romance
La prosa en romance castellano aparece con posterioridad a la lírica y a la épica.
De hecho, los primeros textos en prosa proceden de finales del siglo XII y no son más
que breves narraciones de carácter histórico. Aunque estos textos tienen un escaso
valor literario, son un testimonio del interés existente por narrar los hechos históricos
en la lengua hablada por todos y no en latín como era la costumbre de la época.
Hacia mediados del siglo XIII aparecieron ya obras en prosa algo más extensas: se trata
de colecciones de cuentos ejemplares y colecciones de sentencias. En general, no son
obras originales sino traducciones de obras orientales.
Pero quien verdaderamente impulsó la prosa romance fue Alfonso X (DECIMO) de
Castilla. Este rey entendía que la difusión de la cultura en la lengua que hablaba el
pueblo facilitaría su labor educadora. Para conseguir este objetivo, el Rey Sabio se
sirvió de la Escuela de Traductores de Toledo. En ella reunió a destacados sabios
musulmanes, cristianos y judíos para llevar a cabo la labor enciclopédica más
importante de la época. Bajo la dirección real se escribieron en castellano diversas
obras y se tradujeron otras. De esta forma, el castellano fue convirtiéndose en una
lengua apta para tratar asuntos jurídicos, históricos, científicos, etc.
Del mismo modo que Alfonso X hizo del castellano una lengua apta para la
expresión científica y la divulgación del saber, don Juan Manuel dotó en el siglo XIV a la
prosa castellana del carácter literario del que carecía hasta ese momento.
Don Juan Manuel: El infante don Juan Manuel es el principal impulsor de la
literatura castellana en prosa. Es un escritor de procedencia aristocrática, que se
muestra orgulloso de su posición social y de su valía política y literaria.
Nació en Escalona (Toledo) en 1282. Fue nieto de Fernando III el Santo y sobrino de
Alfonso X el Sabio. Desde muy joven ejerció importantes cargos y participó en las
luchas castellanas por el poder entre nobleza y monarquía, aliándose tanto con los
cristianos como con los musulmanes según sus intereses en cada momento. Después
de repartir su vida entre las intrigas políticas y su labor literaria murió en el año 1349.
La obra de don Juan Manuel: Entre las obras conservadas de este autor hay obras de
carácter teórico sobre diversas cuestiones, como, por ejemplo, el Libro de la caza o el
Libro de las armas, y obras narrativas como el Libro del caballero y del escudero y el
Libro de los Estados. Pero sin duda su obra capital es el Libro de Patronio o Conde
Lucanor.
El Conde Lucanor es básicamente una colección de 51 cuentos que responden a
la misma idea: un joven conde, Lucanor, le plantea a su ayo, Patronio, sus dudas acerca
de cuestiones diversas; el ayo responde a estas cuestiones mediante ejemplos que
contienen una moraleja. Los cuentos son muy variados y están tomados de muy
diversas fuentes: desde fábulas clásicas hasta relatos de los Evangelios, pasando por
cuentos orientales y por diversas crónicas. Ahora bien, don Juan Manuel no se limita a
refundirlos, sino que los recrea con un estilo personal que demuestra una gran
maestría narrativa.
Los cuentos que aparecen en el libro tienen una estructura fija que se repite en cada
uno de ellos:
Diálogo: En el diálogo inicial, Lucanor expone a su ayo Patronio un problema y
le pide consejo.
Cuento: Patronio narra un cuento o relato relacionado con el tema planteado
por Lucanor.
Aplicación: Patronio hace una aplicación del cuento al caso concreto planteado
por Lucanor.
Moraleja: Don Juan Manuel interviene e incluye una moraleja en forma de
pareado.
El hecho de que la prosa literaria española haya nacido, pues, especialmente en las
traducciones del árabe tiene, sin duda, excepcional, interés.
La Prosa Medieval: Hasta el siglo XIII no existe prosa literaria en castellano. El
romance había sido considerado una lengua apropiada para la comunicación oral y el verso,
pero no para la composición de obras científicas, filosóficas y literarias, que se escribían en
latín o árabe. Con la decisión de Alfonso X de convertir el castellano en la lengua oficial de la
cancillería y de traducir textos latinos y árabes al castellano comienza un proceso de
dignificación de la prosa romance. Este proceso culminará con la creación en el siglo XIV de la
prosa de ficción, cuyo máximo exponente es don Juan Manuel.
Alfonso X el Sabio: La gran aportación de la obra alfonsí fue hacer del
castellano una lengua de cultura, capaz de transmitir información sobre materias que
hasta entonces habían quedado reservadas al latín o al árabe.
OBRA DE ALFONSO X : Según los temas que tratan las obras, la producción
alfonsí se puede dividir en varios apartados:
Obras históricas: son las más importantes desde un punto de vista literario. La
Crónica General o Estoria de España, pretendía ofrecer la historia de la península
Ibérica y la Grande e General Estoria fue concebida como una historia universal, desde
los orígenes del mundo hasta los tiempos de Alfonso X. Ambas quedaron incompletas.
Obras jurídicas: Alfonso X trató de dotar a sus reinos de un código legal común,
del que carecían. Las Siete Partidas es la recopilación de leyes más importante de la
Castilla medieval.
Obras de entretenimiento: su objetivo era proporcionar normas para el ocio. El
Libro de ajedrez, dados y tablas es el título más importante.
Obras científicas: son básicamente traducciones de tratados astronómicos y
astrológicos árabes. Destacan Los libros del saber de astronomía, el Lapidario y las
Tablas alfonsíes. Algunos de éstos gozaron de una gran difusión en Europa.
Los orígenes de la prosa de ficción: A diferencia de lo ocurrido en los siglos
anteriores, a partir del siglo XIV proliferan las obras en prosa, y entre ellas sobresale el
cuento.
EL CUENTO MEDIEVAL: Ya desde el siglo XIII se traducen varias colecciones de
cuentos de procedencia oriental (SIRIO-GRIEGO). Estos cuentos o fábulas tenían un
propósito didáctico: servían para ilustrar o ejemplificar un comportamiento, una regla,
etcétera. Por esto reciben el nombre de «ejemplos» o, en castellano medieval,
«exemplos».
Don Juan Manuel: La novedad más evidente de la obra de don Juan Manuel
respecto a Alfonso X es que en sus libros introduce la ficción, esto es, que los hechos
que cuenta no son históricos, sino puramente literarios.
Don Juan Manuel es el primer escritor que muestra una clarísima conciencia de autor.
Se preocupó de que sus obras fueran correctamente transmitidas, a la vez que
demuestra su conocimiento de los recursos estilísticos y del lenguaje.
Además, don Juan Manuel no duda en entremeterse en las páginas de sus obras, así
como en la cita de las obras o los autores de los que ha tomado sus relatos.
El conde Lucanor
Con sus obras, don Juan Manuel pretende instruir a un público amplio y para
ello se sirve de elementos amenos, como la narración de hechos ficticios.
El conde Lucanor está dividido en cinco libros, que se pueden agrupar en tres partes:
Un conde, Lucanor, expone a su tutor, Petronio, diversas dudas relacionadas
con problemas de tipo práctico. Petronio responde contándole un ejemplo o
cuento con alguna enseñanza.
Un conjunto de cien proverbios, que tienen un contenido moral y filosófico. Un
tratado sobre la salvación del alma.
Los dos personajes principales, el conde Lucanor y su consejero, aparecen en
las tres partes, dotándolas de unidad.
El tema constante de la obra es cómo salvar el alma dentro del estamento al que
pertenece cada uno.
Todos los ejemplos tienen una estructura fija:
Diálogo inicial en el que Lucanor expone a Petronio su problema, y que sirve
como marco para el ejemplo o relato de Petronio como respuesta a las dudas
de Lucanor.
Aplicación que hace Petronio de la enseñanza general que se desprende del
relato al problema concreto planteado por el conde.
Intervención de don Juan Manuel, que incluye una moraleja.
El estilo de cada una de las tres partes es diferente: en los ejemplos es claro y sencillo,
mientras que en los proverbios es conciso y a veces oscuro. En la tercera parte vuelve a
ser claro, pero el contenido doctrinal dificulta su comprensión.