eISSN: 2594-021X
Candidaturas independientes: vacunas para el sistema
proteccionista de partidos o revitalización de las
oligarquías partidistas
Independent candidacies: vaccines against protectionist
partisan system or revitalization of partisan oligarchies
doi: https://doi.org/
María Alejandra Vizcarra Ruiz
10.32870/eees.v26i75.7101
Resumen Abstract
En este artículo, se revisa cuál es el papel que This article reviews the role of independent
cumplen las candidaturas independientes candidates in contemporary democracy as
en la democracia contemporánea y en la in the preservation or renewal of partisan
preservación o renovación de los sistemas systems. As premise, there is a perception
de partidos. Se parte de la premisa de que that the parties retain as far as possible
existe la percepción de que los partidos a protectionist partisan system, or the
conservan en lo posible un sistema auto- so-called partidocracia, which is ultimately
proteccionista, la llamada partidocracia, based on the monopoly of the candidacies
basado en el monopolio de las candida- and therefore on the representation and
turas y, por tanto, de la representación y access to public power. The article shows
el acceso al poder público. Se demuestra, that faced with this image of a corrupt and
mediante revisión de antecedentes teóricos narrowly amalgamated political society,
y empíricos, que frente a esta imagen de una not only is there political indifference and
sociedad política corrompida y estrecha- electoral apathy, but also the figure of the
mente amalgamada, no sólo se presentan non-partisan citizen, whose mission would
la indiferencia política y la apatía electoral, be to displace corruption from the field
sino también surge la figura del ciudadano of politics to parties and politicians alike.
no partidista, cuya misión es desplazar la The text also analyzes how the image of
corrupción del campo de la política, esto independent candidates has been built as an
es, su representación en partidos y políticos alternative to the partisan oligarchy.
por igual. El material también analiza cómo la
construcción de imagen de las candidaturas
independientes se ha realizado enfocándolas
como alternativas a la oligarquía partidista.
Palabras clave: democracia repre- Keywords: Representative democracy,
sentativa, candidaturas independientes, independent candidacies, partidocracia,
partidocracia, partidos políticos, oligarquía political parties, partisan oligarchy.
partidista.
Profesora-Investigadora del Departamento de Estudios sobre Movimientos Sociales
de la Universidad de Guadalajara, México. orcid: https://orcid.org/0000-0002-6507-2780
[email protected]
Fecha de recepción: 01 de noviembre de 2018. Fecha de aceptación: 15 de marzo de 2019.
Espiral, Estudios sobre Estado y Sociedad Vol. xxvi No. 75 Mayo / Agosto de 2019 9
María Alejandra Vizcarra Ruiz
Se ha vuelto un lugar común hablar de la crisis de la
democracia y del desprestigio de los partidos políticos en
el mundo, tanto en el ámbito académico como en otras dis-
tintas áreas de la opinión pública. Pareciera que realmente
la democracia moderna, la democracia representativa, se
encuentra en una fase terminal, sin que los Estados moder-
nos encuentren una alternativa funcional y aceptable a ella.
Es verdad que diversos indicadores como el Latinobaróme-
tro muestran un deterioro cada vez mayor de la credibilidad
y el apoyo de los ciudadanos a la democracia y a los parti-
dos políticos, y que el Eurobarómetro, además, manifiesta
una gran duda respecto a que las elecciones no puedan ser
manipuladas desde el exterior. La participación electoral
disminuye en ciertos ejercicios de voto a niveles preocupan-
tes, y los procesos electorales parecen ser la puerta de acceso
a corrientes políticas que no son precisamente defensoras
de la democracia.
Por otra parte, el desprestigio de los partidos políticos va
acompañado de los constantes señalamientos de actos de
corrupción en los Gobiernos emanados de ellos, en los que
no sólo aparecen implicados algunos de sus líderes políticos,
sino que también, como sucedió recientemente en España,
las estructuras completas de los partidos son señaladas a
niveles judiciales como corruptas.1
Es decir, los partidos políticos parecieran constituir
posibles cárteles criminales que usan los espacios públicos
para cometer ilícitos de manera estructurada, tanto para
beneficio personal de sus líderes y su burocracia como para
garantizarse condiciones favorables que aseguren su conti-
nuidad en los espacios de representación y gobierno. Estas
acciones no son legítimas, sino que los partidos recurren al
1. En 2018, la Audiencia Nacional de España encontró elementos para condenar
por corrupción por primera vez a un partido político: al Partido Popular se le
impuso una multa de eur 245 000.00 por malversación y blanqueo de capitales
(Fuentes, 2018).
10
Candidaturas independientes: vacunas para el sistema proteccionista...
abuso de poder para impedir en lo posible las sanciones a las
que pudieran hacerse acreedores por caer en la ilegalidad.
Lo anterior se vincula también con la idea de una casta
u oligarquía de los administradores, burócratas y líderes
de los partidos: estos constituyen una élite política, pues
independientemente de sus ideologías y programas, o de ser
Gobierno u oposición, encuentran una identidad básica fun-
damentada en intereses comunes, lo cual lleva a que todos
los miembros de los aparatos de todos los partidos tiendan
a protegerse mutuamente en una especie de pacto mafioso.
El fenómeno planteado ha provocado reacciones que
van desde el desinterés en las actividades políticas, y en
particular respecto a la participación en los procesos elec-
torales (con el consabido incremento de la abstención del
voto), hasta la búsqueda de alternativas fuera del sistema,
pasando por la participación electoral apartidista o inde-
pendiente respecto a los partidos. No obstante, lo primero
parece hacerle un mayor daño a la democracia:
[…] no hay nada más grave para una democracia que su población se
encuentre desinteresada por la cuestión pública. Esta situación lleva
a que, por una parte, las personas se replieguen en el ámbito de lo
familiar o lo privado, y por la otra, a que la administración de los asun-
tos públicos quede exclusivamente en manos de la clase gobernante.
(Raphael, 2007, p. 68)
Todo lo hasta aquí señalado lleva a que comúnmente se
hable de crisis de la democracia.
También existe la percepción de que los partidos inten-
tan, hasta que la crisis de la democracia los obliga a abrir
espacios a la ciudadanía apartidista, conservar en lo posible
un sistema proteccionista de partidos, o la llamada partido-
cracia –considerada esta como el Estado de los partidos–,
finalmente sustentado en el monopolio de las candidaturas
y, por tanto, de la representación y el acceso al poder público.
Teoría y DEBATE No. 75
11
María Alejandra Vizcarra Ruiz
Frente a esta imagen de una sociedad política corrom-
pida y estrechamente amalgamada, cual clase social o secta
secreta, no sólo se presentan la indiferencia política y la
apatía electoral, sino que también surge la figura o idea
del ciudadano no partidista, casi apolítico, como impoluto
mesías cuya misión sería desplazar la corrupción del campo
de la política, es decir, la representada en partidos y polí-
ticos por igual.
En medio de este fenómeno, se ha venido construyendo
la imagen de las candidaturas independientes, o también
mal llamadas ciudadanas,2 como una fórmula que permite
hacer frente a ese modelo proteccionista de partidos. Frente
a esta percepción, que en México parecería adquirir rango
del llamado sentido común, se vuelve necesario revisar el
origen y el concepto mismo de los partidos políticos y de la
democracia moderna, así como la idea de su crisis y de las
candidaturas independientes funcionando como vacunas
eficientes para evitar la consolidación de las oligarquías
partidistas.
En realidad, puede decirse que
en fechas recientes, la discusión sobre las características y las funciones
de los partidos se ha incrementado a escala incluso del debate político
cotidiano, lo que en el nivel teórico ha suscitado una reflexión ulterior
acerca de su eventual crisis o transformación. (Vizcarra, 2013, p. 41)
Suele pensarse que los partidos políticos son consustancia-
les a la democracia moderna desde sus orígenes, como si
2. En realidad, el término ciudadano comprende a cualquier habitante de un país que
cumple con los requisitos que establece su constitución, tales como haber nacido
en dicho país o ser hijo de ciudadanos, contar con una edad mínima y disponer
de goce de sus derechos cívicos y políticos, lo que implica que sean ciudadanos
por igual el joven abstencionista y el empresario apartidista o el presidente de la
república, al igual que todos los militantes de partidos y funcionarios del Gobierno.
Por tanto, hablar de candidatos ciudadanos es referible a cualquier candidato.
12
Candidaturas independientes: vacunas para el sistema proteccionista...
esta hubiese nacido ya adulta y con sus respectivos sistemas
de partidos.
Al respecto, es importante revisar el sentido histórico
tanto de la democracia representativa como de los partidos
que hoy le dan vigencia. Si bien la democracia moderna tiene
antecedentes en los procesos revolucionarios en Europa, en
particular en Gran Bretaña (1642) y Francia (1789), y en la
Independencia de los Estados Unidos (1776) –esta última
constitutiva de la primera expresión del modelo republi-
cano democrático en el mundo moderno–, no puede dejar
de observarse que la constitución de los regímenes demo-
cráticos fue un proceso de larga duración que comenzó con
la defenestración de los Estados absolutistas y la ruptura
de los lazos coloniales, a lo cual siguió un largo proceso de
avances paulatinos –y en ocasiones retrocesos–, que fueron
trazando la democracia tal como hoy la conocemos.
Por otra parte, la aparición de nuevas formas de poder
económico que no estaban presentes cuando surgieron las
democracias modernas, que han estructurado diversas
formas de copar el poder político, constituidas en poderes
fácticos, que escapan a los controles democráticos tradi-
cionales, también determina que la democracia hoy día se
vea cuestionada en su concepción original de expresión de
la soberanía popular por encima de cualquier otro poder, y
a su vez pone en duda su capacidad de garantizar la repre-
sentación real de los ciudadanos en la toma de decisiones
políticas y en la administración del Estado.
Aquí cabe recordar que el largo proceso constitutivo de
la democracia, si bien surgió de la idea de la soberanía
emanada del pueblo frente a la medieval idea del poder por
delegación divina, en realidad no fructificó de inmediato en
un sistema democrático pleno ni mucho menos. Más aún, si
bien ya desde la Revolución inglesa, en el siglo xvii, asentó
al parlamentarismo como un fuerte contrapeso del jefe de
Estado, y si bien la Revolución francesa, en el siglo xviii,
Teoría y DEBATE No. 75
13
María Alejandra Vizcarra Ruiz
estableció las bases de los derechos civiles y políticos de los
ciudadanos y terminó con el derecho divino como fuente
del poder político, no fue sino hasta el transcurso del siglo
xix que la incipiente democracia europea fue pasando de
censitaria a universal (masculina, en el sentido de ejercida
sólo por varones), mientras que en Estados Unidos el voto
además de censitario fue incluso, hasta bien entrado el siglo
xx en algunos estados, un voto racial.
En cuanto a la universalidad del voto, este mantuvo
excluida durante muchos siglos a la mitad de la humanidad,
pues con la excepción de Nueva Zelanda, que lo reconoció a
finales del siglo xix, el voto de la mujer no fue posible sino
hasta entrado el siglo xx, más aún, países como México
apenas lo alcanzaron hasta iniciada la segunda mitad de ese
siglo, mientras que en algunas naciones del medio oriente
y África apenas en el siglo xxi comenzó a ser reconocido ese
derecho.
Por otra parte, los partidos políticos no surgieron a la par
de la democracia moderna. En sus inicios, la idea de un par-
tido, al que en muchas ocasiones se veía como equivalente
a una facción, fue establecida como algo negativo para la
democracia y responsable de dividir a la nación.
Con el tiempo, Sartori señala que “El término ‘partido’
empezó a utilizarse, sustituyendo gradualmente la idea de
que un partido no es forzosamente una facción, que no es
forzosamente un mal y que no perturba forzosamente el
bonum commune (el bien común)” (1994, p. 17), y si bien se
le concedía la posibilidad de no ser forzosamente negativo y
perturbador, quedaba abierta la puerta para que sí tuviera
ese carácter, mientras que por otro lado no quedaba claro
cuáles serían las bondades de su existencia.
Y aunque la idea ya estaba presente por lo menos desde
“la segunda mitad del siglo xviii cuando Voltaire afirmó con-
cisamente en la Encyclopédie: ‘El término partido no es, en
sí mismo odioso, el término facción siempre lo es’” (Sartori,
14
Candidaturas independientes: vacunas para el sistema proteccionista...
1994, p. 17), en realidad incluso durante la primera mitad
del siglo xix el partido no sólo era considerado no necesario
para la democracia, sino que se le rechazaba por seguir
siendo visto como un factor de división social. Ese era, por
ejemplo, el discurso de los padres fundadores de Estados
Unidos, el primer país en el que aparecieron los partidos
políticos en el sentido moderno del término.
De hecho, el politólogo francés Maurice Duverger, tal vez
el más reconocido autor en la temática de partidos políticos,
sostenía a mediados del siglo xx que
Los verdaderos partidos datan de apenas hace un siglo. En 1850 ningún
país del mundo (con excepción de los Estados Unidos) conocía par-
tidos políticos en el sentido moderno de la palabra: había tendencias
de opiniones, clubes populares, asociaciones de pensamiento, grupos
parlamentarios, pero no partidos propiamente dichos. En 1950, estos
funcionan en la mayoría de las naciones civilizadas, esforzándose las
demás por imitarlas. (Duverger, 1994, p. 15)
Es decir, en apenas un siglo los partidos políticos pasaron
de la inexistencia real a constituirse en los elementos más
importantes de la democracia moderna, apenas tras el ciu-
dadano y luego de pasar por un largo periodo de rechazo.
Los partidos tuvieron que pasar de ser vistos como facciones
que representaban intereses particulares y hasta espurios
a conformar grupos consolidados de intereses políticos
comunes: “Los partidos políticos llegaron a ser aceptados
–de forma subconsciente, e incluso así con una enorme
renuencia– al comprenderse que la diversidad y el disenso
no son necesariamente incompatibles con, ni perturbadores
de, el orden político” (Sartori, 1994, p. 33).
Pero ¿qué es lo que hizo que un partido fuera tan rele-
vante para la democracia moderna? Duverger afirma que
“el desarrollo de los partidos parece ligado al de la demo-
cracia, es decir, a la extensión del sufragio popular y de las
Teoría y DEBATE No. 75
15
María Alejandra Vizcarra Ruiz
prerrogativas parlamentarias” (Duverger, 1994, p. 15), esto
porque conforme aumentaron las funciones parlamentarias
y se multiplicó el derecho al voto, los políticos necesitaron
agruparse por afinidades y organizarse para dar a conocer
a sus candidatos y canalizar el voto hacia ellos, es decir,
“el nacimiento de los partidos políticos está ligado, pues,
al de los grupos parlamentarios y los comités electorales”
(Duverger, 1994, pp. 15-16). Esto significa que conforme la
democracia se profundizó y se extendió el derecho al voto, los
partidos, que hasta entonces apenas lograban diferenciarse
de las facciones y las sectas políticas, se volvieron cada vez
más necesarios para que funcionara el sistema democrático.
Por otro lado, los partidos también se volvieron indis-
pensables en la medida en que el disenso –y con este el
pluralismo– se convirtió en elemento fundamental para la
democracia, pues es a través de los partidos políticos que el
disenso se expresa y se procesa en un abanico de divergen-
cias para encontrar puntos de acuerdo y consensos entre las
diversas expresiones de la sociedad representadas en las
asambleas o parlamentos. Asimismo, los partidos políticos
se constituyeron en canales de participación de proyectos
y grupos sociales para buscar el Gobierno, o en su caso
formar oposición con capacidad de crítica y propuesta de
alternativas a las políticas de la fuerza gobernante, para
eventualmente sustituirla.
Por otro lado, los diversos intereses de las sociedades
modernas solamente pueden traducirse en legislación y en
políticas específicas por la intermediación de los partidos
políticos a través sus grupos parlamentarios y de los Gobier-
nos cuando estos los encabezan (Vizcarra, 2013, p. 157).
Hace ya casi un siglo, el doctrinista y jurista alemán Hans
Kelsen advertía la imposibilidad del individuo de incidir en
el Estado desde fuera de los partidos políticos:
16
Candidaturas independientes: vacunas para el sistema proteccionista...
Es patente que el individuo aislado carece por completo de existencia
política positiva por no poder ejercer ninguna influencia efectiva en la
formación de la voluntad del Estado y que, por consiguiente, la demo-
cracia sólo es posible cuando los individuos, a fin de lograr una actua-
ción sobre la voluntad colectiva, se reúnen en organizaciones definidas
por diversos fines políticos, de tal manera que entre el individuo y el
Estado se interpongan aquellas colectividades que agrupan en forma de
partidos políticos las voluntades políticas coincidentes de los individuos.
(Kelsen, 1934, pp. 36-37)
Ya entonces, el mismo Kelsen preveía que la democracia
sería indistintamente una partidocracia, al afirmar contun-
dentemente que “Sólo por ofuscación o dolo puede sostenerse
la posibilidad de la democracia sin partidos políticos. La
democracia, necesaria e inevitablemente, requiere de un
Estado de partidos” (Kelsen, 1934, p. 37).
Precisamente, el mismo autor veía en el concepto mismo
de democracia, en tanto que Gobierno del pueblo, el origen
de los partidos políticos como una necesidad histórica:
ya que preliminarmente no existía el “pueblo” como potencia política,
el desarrollo democrático induce a la masa de individuos aislados a
organizarse en partidos políticos, y con ello despierta originariamente
las fuerzas sociales que con alguna razón pueden designarse con el
nombre de “pueblo”. (Kelsen, 1934, p. 45)
En este sentido, resulta claro que si bien los partidos polí-
ticos no nacieron con la democracia y, más aún, que en un
principio se les consideró como algo negativo que provocaba
la disolución de la unidad social, con el progreso de aquella
y su cada vez mayor complejidad, pasaron a constituirse en
entes no sólo útiles sino necesarios para el funcionamiento
de la democracia.
Ahora bien, junto con su surgimiento, comenzaron tam-
bién a emerger desde la democracia misma condiciones
Teoría y DEBATE No. 75
17
María Alejandra Vizcarra Ruiz
que empujaban cada vez más a cuestionar el papel de los
partidos como instrumentos para la democracia, y que los
constituían más bien en estructuras para generar élites
distanciadas y aisladas de las masas a las que pretendían
representar y que se autorregulaban para constituirse en
indispensables frente al ciudadano común, lo que a su vez
creaba barreras inaccesibles para que estos los pudieran
sustituir. Igualmente, los partidos construían puentes con
sus pares para protegerse mutuamente, lo que constituía
una oligarquía inaccesible e inamovible.
Quien desarrolló más una teoría al respecto fue Robert
Michels, quien articuló lo que se conoció como la ley del
hierro de la oligarquía de los partidos, que permitía ver
que la democracia era algo que interesaba a los partidos
políticos no para aplicarla en su interior, sino sólo para
utilizarla en la lucha por el poder político. De hecho, según
Michels, la democracia interna sería realmente un lastre
para las campañas políticas:
En un partido, y sobre todo en un partido de lucha política, la demo-
cracia no es para el consumo interno, sino un artículo de exportación.
Toda organización política necesita un “equipo liviano que no estorbe
sus movimientos”. La democracia es incompatible en todo con la
rapidez estratégica, y las fuerzas de la democracia no se prestan para
rápidos despliegues de una campaña […] es esa la razón de que en
sus constituciones estos partidos muestren, si bien no un cesarismo
incondicional, al menos tendencias oligárquicas y centralizadoras muy
fuertes. (Michels, 1991a, pp. 87-88)
Para este autor, el acceso a algún espacio de poder tendría
un efecto tal sobre los líderes y los dirigentes de los partidos
que los transformaría independientemente de que esto no
estuviera originalmente en sus expectativas o intereses,
señalando que “Quien ha adquirido poder se esforzará
siempre por consolidarlo y extenderlo, por multiplicar las
18
Candidaturas independientes: vacunas para el sistema proteccionista...
murallas que defienden su posición, y por sustraerse del
control de las masas” (Michels, 1991b, pp. 10-11).
Eso no implicaría que no se diesen luchas para recuperar
la democracia y desplazar a la oligarquía del momento,
sin embargo, la visión pesimista del teórico sostiene que
al final los demócratas triunfantes volverían a repetir la
misma historia, y a su vez se verían cuestionados por otros
liderazgos excluidos de la nueva élite, esto repetido de
manera inacabable:
Las corrientes democráticas de la historia parecen ondas sucesivas, que
rompen sobre la misma playa y se renuevan constantemente. Este espec-
táculo constante es al mismo tiempo alentador y depresivo: cuando las
democracias han conquistado ciertas etapas de desarrollo experimentan
una transformación gradual, adaptándose al espíritu aristocrático, y en
muchos casos también a formas aristocráticas contra las cuales lucharon
al principio con tanto fervor. Aparecen entonces nuevos acusadores
denunciando a los traidores; después de una era de combates gloriosos
y de poder sin gloria, terminan por fundirse con la vieja clase dominante,
tras lo cual soportan, una vez más, el ataque de nuevos adversarios que
apelan al nombre de la democracia. Es probable que este juego cruel
continúe indefinidamente. (Michels, 1991b, pp. 195-196)
Ahora bien, esta visión cíclica y pesimista no corresponde
con otras teorías más actuales, que reconocen que la demo-
cracia sufre en el mundo una pérdida de credibilidad preci-
samente por quedarse al margen o ser sometida al dominio
de las grandes fuerzas económicas, que no representan más
que a una ínfima parte de la humanidad, pero también
encuentran que la democracia, aunque puede decirse que
está vacía de contenido, tiene a su vez potencialidades que
pueden permitir que el ciudadano recupere protagonismo
e incluso hablar de un giro hacia una democratización de
la democracia.
Teoría y DEBATE No. 75
19
María Alejandra Vizcarra Ruiz
En este contexto es que la participación del ciudadano
adquiere mayor sentido y relevancia para la democracia
y, entre otros aspectos, las candidaturas independientes
parecieran ser parte de esta lucha contra la partidocracia.
Esta visión renovada plantea una recuperación de la
política desde una perspectiva que le permita al ciudadano
reconstituirse como el eje central de la vida democrática, y
que recorra los límites que son impuestos al mismo y que
este se autoimpone, tras lo cual amplíe sus libertades:
El arte de la política, cuando se trata de política democrática, se ocupa
de desmontar los límites de la libertad de los ciudadanos, pero tam-
bién de la autolimitación: hace libres a los ciudadanos para permitirles
establecer, individual y colectivamente, sus propios límites, individuales
y colectivos. (Bauman, 2001, p. 12)
Es necesario señalar que se reconoce el indudable papel
que cumplieron los partidos para pasar de la limitada e
incompleta democracia censitaria y de voto indirecto (esto
último, por lo demás, aún permaneciente en la democracia
norteamericana) a la moderna democracia representativa,
a la vez que cumplieron un rol de representación social,
expresando los intereses de las clases a las que acudían en
busca de su voto y una ideología que se correspondía con
la concepción del mundo que pretendían representar. Sin
embargo, también se destaca cómo ahora han caído en total
aislamiento frente a los ciudadanos y están desconectados
de los intereses de sus electores.
Al respecto, Pierre Rosanvallon señala que si bien
Los partidos políticos fueron las organizaciones que tuvieron el papel
protagónico en el funcionamiento del modelo parlamentario represen-
tativo de la democracia […], marcaron una ruptura con el viejo mundo
de las redes de notables que regían la vida política y parlamentaria en la
primera era del sufragio censitario o del sufragio en dos niveles […]. Más
20
Candidaturas independientes: vacunas para el sistema proteccionista...
allá de su funcionalidad electoral parlamentaria, tuvieron de ese modo un
papel de representación social. Expresaron clases e ideologías, es decir,
intereses y visiones de la sociedad y de su devenir. (Rosanvallon, 2015, p. 27)
Sin embargo, pareciera que con la llegada del capitalismo
salvaje, del neoliberalismo y el sometimiento de los Estados
al capital financiero internacional,
Esos partidos vieron la erosión y luego la desaparición, a partir de
la década de 1990, de esta última función representativa […], se han
alejado del mundo vivido y su lenguaje resuena en el vacío, saturado de
categorías y expresiones abstractas que ya no evocan lo que la gente
vive sensiblemente. (Rosanvallon, 2015, pp. 28-29)
Por otro lado, para Rosanvallon también parece que la ocu-
pación de espacios de poder y de la administración pública
ha tenido un efecto similar al descrito por Michels en su
teoría de la ley del hierro de la oligarquía, esto en cuanto
a la burocratización de los partidos y su alejamiento de la
masa de sus electores: “es el deslizamiento hacia el Ejecutivo
el que explica que los responsables políticos estén cada vez
más alejados de la sociedad y profesionalizados, convertidos
en puros hombres y mujeres del aparato” (Rosanvallon,
2015, p. 30).
Como ya se dijo, este desgaste en el sistema de partidos
ha generado propuestas optimistas, que incluso asumiendo
que pueden tener un carácter antisistémico, entendido este
como propio de una oposición cuyas creencias se contrapo-
nen a los valores del orden político vigente y que tienden
a deslegitimar al régimen (Vizcarra, 2013, p. 42), intentan
presentar alternativas viables y atractivas para rescatar
la democracia.
No se trata de ninguna manera de revoluciones o movi-
mientos violentos o ilegales, sino de un “movimiento que
reuniendo los orígenes ‘insurreccionales’ de la ciudadanía
Teoría y DEBATE No. 75
21
María Alejandra Vizcarra Ruiz
[…] le confiere la forma de un devenir institucional […],
una resistencia activa a los procesos de ‘democratización’
en marcha, que son una manera de cerrar la historia de la
ciudadanía y del ‘concepto de la política’ que ella designa”
(Balibar, 2013, pp. 9-10), lo que puede resumirse en el con-
cepto ya adelantado de democratización de la democracia.
Este surgimiento de alternativas democráticas, pese a
la decepción con la democracia y la irritación social que
han traído las crisis económicas y el incremento de la des-
igualdad y de la sobreexplotación de los trabajadores en el
mundo, sugiere una lucha que parece darse en los marcos
democráticos y legales. Incluso, el desencanto democrático
y los altibajos del abstencionismo no han terminado en una
situación de desinterés tal que pueda poner en cuestión
la legitimidad de las elecciones por la baja participación
electoral. Como señala Rancière:
No es verdad que estemos asistiendo a un avance irrefrenable de la
abstención. Por el contrario, en el elevado número de electores que
persisten en movilizarse para elegir entre representantes equivalentes
de una oligarquía de Estado que dio tantas pruebas de su mediocridad,
cuando no de su corrupción, habría que ver más bien la señal de una
admirable constancia cívica. (2012, p. 109)
Este civismo se manifiesta aun cuando la democracia exis-
tente realmente tiende a negar cada vez más sus propios
fundamentos, como el pluralismo que “[…] es cuestionado en
nombre de su propia defensa, en particular en los ámbitos
‘cultural’ y ‘religioso’, a menudo reactivando la vieja idea
según la cual la libertad no debe favorecer a los ‘enemigos
de la libertad’” (Balibar, 2013, p. 188).
Dicha negación de la democracia moderna de sus funda-
mentos pone en evidencia la crisis del modelo democrático
liberal, subsumido por el neoliberalismo, e invariablemente
conduce a una reflexión profunda sobre democracia y ciu-
22
Candidaturas independientes: vacunas para el sistema proteccionista...
dadanía (Balibar, 2013, p. 199) en el contexto actual y “a
incorporarle ‘estratégicamente’ a la idea de ‘democratización
de la democracia’ una dimensión de ciudadanía reflexiva,
relacionada con las luchas de su propia historia” (Balibar,
2013, p. 202).
Por lo señalado, se ha vuelto muy importante el cues-
tionamiento del monopolio de la representación política
y del Gobierno que tienen los partidos por la vía de las
candidaturas, e incluso cuando están permitidas las can-
didaturas independientes, por el control que tienen en los
hechos de todos los procesos que tienen que ver con la vida
político-electoral. Esto ya lo señalaba desde antes el propio
Duverger: “El monopolio jurídico de los partidos es gene-
ralmente menos importante que el monopolio de hecho: de
nada sirve dejar en libertad total a los candidatos fuera de
los partidos, si los candidatos de los partidos son los únicos
que tienen una oportunidad de éxito en tiempos normales”
(Duverger, 1994, p. 380).
En efecto, más allá de los triunfos en alcandías y alguna
provincia o alguna diputación, las posibilidades reales de
ganar una elección presidencial con una candidatura inde-
pendiente, tanto en Francia como en México o en cualquier
otro lugar del mundo, son prácticamente nulas. Hay una
excepción, sin embargo, en coyunturas especiales: en situacio-
nes de gran desprestigio de la clase política y de los partidos,
las oportunidades tanto para los partidos y movimientos
antisistémicos como para los candidatos independientes,
apartidistas, se ven incrementadas exponencialmente.
Entonces, la democracia moderna, más que viviendo
una crisis, se encuentra cuestionada en sus modalidades
vigentes, ya que si bien una parte de la sociedad ha dejado
de considerar que esta es la mejor forma de Gobierno o
siente insatisfacción con ella –lo que explica la caída del
apoyo a esta el último año, por ejemplo en América Latina,
a menos del 50% (Latinobarómetro, 2018)–, los ciudadanos
Teoría y DEBATE No. 75
23
María Alejandra Vizcarra Ruiz
no renuncian masivamente a elegir a sus representantes,
sino que recurren a apoyar candidatos o partidos que ofre-
cen tomar medidas duras contra la corrupción y la clase
política, rechazan la política y los partidos tradicionales y
se presentan como antisistémicos.
Asimismo, surgen propuestas de organización social que
pretenden mantenerse al margen del Estado, reivindicando
su autonomía para escapar de los espacios sometidos al
control de los intereses de las grandes corporaciones, espe-
cialmente en pequeñas comunidades que se ven afectadas
por las concesiones a compañías extractivistas, y muy
especialmente entre pueblos originarios del medio rural y
ocasionalmente de zonas urbanas precarias.
Así, aparece
Un alejamiento de los conceptos de vanguardia política y/o formas
tradicionales y parlamentarias de representación hacia unos principios
de horizontalidad y democracia directa o participativa; un alejamiento
de formas de unidad que suprimen o trascienden la diversidad y la plu-
ralidad hacia la creación de relaciones de cooperación y deliberación
que respetan la autonomía y generan una capacidad de flexibilidad.
(Colectivo Política en Red, 2007, p. 13)
En este contexto, también tiene lugar el surgimiento de
alternativas electorales no partidistas que se presentan
como “una crítica a la idea predominante de la política,
que refleja la menguante legitimidad de las instituciones
políticas tradicionales y la definición de política que apun-
tala a estas, y la creciente desconfianza que inspiran los
partidos políticos” (Colectivo Política en Red, 2007, p. 85).
No es, pues, la democracia la que desaparece, sino las viejas
formas de hacer política, que se ven rebasadas o abandona-
das, sustituidas por nuevas formas de organización social,
por partidos u organizaciones que son antisistémicos pero
que compiten en el marco de la normatividad electoral y
24
Candidaturas independientes: vacunas para el sistema proteccionista...
se someten a sus reglas, o por ciudadanos sin partido que
utilizan las fórmulas de las candidaturas independientes.
Es decir, o bien el Estado, sus instituciones políticas y en
consecuencia sus partidos, sus sistema de partidos y su clase
política se ven excluidos de la participación en la vida polí-
tica local protagonizada por diversos núcleos de ciudadanos,
o bien los partidos tradicionales, sus élites y su vieja clase
política son desplazados por partidos o grupos políticos cuya
intención principal es la de acabarlos, o bien los ciudadanos
se posicionan de los espacios de representación, quitán-
dole a los partidos el monopolio real de la representación,
monopolio que es roto ya sea por la emergencia de partidos
nuevos o de candidatos apartidistas en tiempos de crisis de
credibilidad de los partidos tradicionales, los políticos y la
propia democracia. Todo esto tiene como consecuencia el fin
del hasta ahora vigente sistema de partidos, tal como se ha
visto en el último año (2018-2019) en países como Brasil,
México o España, o un poco antes en Francia o en Italia.
Ante este panorama, comienza a predominar la idea del
fin no de la democracia sino de su instrumentación por par-
tidos y organizaciones que no comparten necesariamente
su valor o que incluso pueden ir en contra de este. Desde
su pureza apartidista y de grupos que se autodenominan
portadores de los valores de la ciudadanía, contrapuesta a
los políticos, existen ya los actores que se posesionan del
espacio público hasta entonces reservado, ya sea jurídica-
mente o en los hechos, a los partidos y las élites políticas:
Esta idea acaba con el monopolio de los partidos políticos sobre la
política […]. Incluso la actividad electoral deja de ser territorio exclu-
sivo de los partidos. Los partidos no son una condición necesaria para
la actividad electoral, y la actividad electoral no es la única actividad de
un partido político. (Colectivo Política en Red, 2007, pp. 85-86)
Teoría y DEBATE No. 75
25
María Alejandra Vizcarra Ruiz
Este fenómeno permite que se recupere la idea de la repre-
sentación, que hasta ahora aparecía asociada a “alineación,
separación y, a menudo, a una presunción de superiori-
dad” (Colectivo Política en Red, 2007, p. 86). De nuevo, los
ciudadanos estarían representados por pares, ciudadanos
comunes, con sus mismos intereses, gustos, virtudes y
defectos, y no por un miembro de una casta superior que
hace ostentación de un conocimiento político y burocrático
al que no tendría acceso el común de los ciudadanos.
Ante dicha modificación, ¿qué pasa, entonces, con los
partidos y los sistemas de partidos asentados en las demo-
cracias occidentales? El propio Sartori (1994) ha demostrado
fehacientemente que los partidos se vuelven indispensables
en las sociedades en las que se ha alcanzado el sufragio
universal y un grado superior de politización, por lo que
cuando la sociedad en general pasa a estar politizada, las normas de
tráfico que enchufan a la sociedad en el Estado, y viceversa, se establecen
conforme a la manera en la cual se estructura el sistema de partidos.
En este momento, los partidos se convierten en organizaciones de
canalización, y el sistema de partidos se convierte en el sistema de
canalización política de la sociedad. (Sartori, 1994, p. 63)
Por supuesto que la pretensión de las comunidades que
reclaman autonomía para autoorganizarse y autogober-
narse está en desenchufarse del Estado, pero no es el caso
del resto de la sociedad, que más bien puede optar por elegir
un partido antisistémico o un candidato independiente,
apartidista y ciudadano. En el primer caso, estaríamos ante
una pequeña comunidad que se desenchufa políticamente
del Estado, pero no adquiere una autonomía plena, pues
sigue sujeta a las leyes generales, al pago de impuestos,
al régimen de garantías y sanciones, y recurre a los ser-
vicios públicos que brinda el Estado. En el segundo caso,
tiene lugar una recomposición del sistema de partidos, sin
26
Candidaturas independientes: vacunas para el sistema proteccionista...
que estos dejen de ser los organismos de canalización y el
sistema político, recompuesto, el sistema de canalización
política de la sociedad.
Otra situación se presentaría en caso de que fuera
electo para el Ejecutivo un candidato independiente. Esta
situación, por lo demás, sólo puede darse en un sistema de
Gobierno presidencialista o semipresidencialista, donde la
jefatura de Estado y de Gobierno recae en la misma persona,
ya que en los sistemas parlamentarios es el Parlamento el
que elige al jefe de Gobierno a propuesta del jefe de Estado,
sea este un presidente, como en Alemania, o un monarca,
como en España o en Gran Bretaña, y aunque hipotéti-
camente pudiera darse una mayoría de representantes
independientes, en los países donde se permiten las candi-
daturas independientes (por ejemplo, en España permanece
el monopolio jurídico para los partidos), la realidad es que
son los partidos los que suelen conservar la mayoría de las
curules. No obstante, si bien en esta tercera posibilidad los
partidos y el sistema de partidos no desaparecen, sí se ven
sometidos a una violenta sacudida.
Por otro lado, el triunfo de un candidato independiente en
el Poder Ejecutivo puede ser motivo del surgimiento de una
tentación autoritaria en el mismo, como sucedió, por ejem-
plo, durante el Gobierno de Alberto Fujimori, que estuvo en
el Ejecutivo del Perú durante el último decenio del siglo xx
y que llegó a la Presidencia como candidato independiente
en 1990. Apenas dos años después de ser electo, Fujimori
disolvió el Congreso e intervino el Poder Judicial, bajo el
argumento de que los partidos que controlaban el primero le
impedían cumplir sus promesas de campaña pues le nega-
ban los amplios poderes –incluso de orden legislativo– que
solicitaba para tales efectos.
Luego, Fujimori convocó a un Congreso constituyente en
el que, ante la ausencia de fuerzas opositoras, se aseguró
una mayoría para su nuevo partido, Cambio 90, aliado de la
Teoría y DEBATE No. 75
27
María Alejandra Vizcarra Ruiz
derecha peruana. Más allá de cómo se desarrollaron los even-
tos políticos electorales subsecuentes, y de la corrupción que
permeó todo el Gobierno y la violación continua de derechos
humanos durante su régimen, resulta claro que el Ejecutivo
independiente construyó su propia fuerza política con carác-
ter de partido y generó un nuevo sistema de partidos desde
el cual restableció la canalización política de la sociedad.
Otro caso reciente, esta vez en Francia, uno de los países
más emblemáticos de la democracia en Europa, parece en
parte repetir este esquema: Emmanuel Macron, un candi-
dato joven (39 años al momento de asumir la Presidencia),
que venía de colaborar como ministro de Economía en el
desprestigiado Gobierno socialista saliente de François
Holande, europeísta en el marco del auge del antieuro-
peísmo en Europa (representado en Francia por Marine
Le Pen, del ultranacionalista Frente Nacional), lanzó su
candidatura como independiente para las elecciones pre-
sidenciales de 2017.
Con un discurso liberal y proempresarial, crítico de la
clase política francesa pero reivindicativo de los valores
de Europa y de la propia Francia, Macron se asumió como
“un producto del sistema meritocrático francés […], pero
nunca […] adherido al sistema político tradicional” (Macron,
2017, p. 203), sistema al que él mismo culpaba de la fatiga
democrática por la ineficiencia de la acción pública, asu-
miéndose a su vez como representante del “profundo deseo
de renovación democrática y de compromiso ciudadano” que
sentía Francia (Macron, 2017, p. 203).
Macron alcanzó un triunfo electoral histórico, al doblar a
su contrincante euroescéptica en la segunda vuelta de las
elecciones presidenciales, con un discurso fresco, pero que
apelaba a esperanzas y no a miedos, como dijo el propio
Barack Obama, entonces presidente de Estados Unidos
(Macron, 2017, portada). Si bien participó como candidato
independiente a la Presidencia de la republica de Francia,
28
Candidaturas independientes: vacunas para el sistema proteccionista...
formó un movimiento alrededor de su candidatura al que,
utilizando las siglas de su nombre, denominó En Marcha,
y ya en la Presidencia le dio el carácter de partido y formó
con él su propio grupo parlamentario, lo que aliado con otras
fuerzas le permitió nombrar un Gobierno y un gabinete
afines, esto porque el modelo francés de semipresiden-
cialismo requiere para ello la aprobación de la Asamblea
Nacional, es decir, el Parlamento francés.
De cualquier manera, Macron ha sido señalado por tener
cierta nostalgia autoritaria, que se expresa en sus veladas
referencias a Napoleón y en el impulso de una legislación
laboral poco popular sin la mediación de la aprobación de la
Asamblea, que le dio superpoderes para sacarla por decreto.
Esto no resulta muy distante de lo hecho por Fujimori para
sacar adelante las políticas acordadas con el Fondo Moneta-
rio Internacional durante su mandato. En este caso, Macron
no pretende desconocer la Asamblea de su país, de la que,
contrario a Fujimori, sí obtuvo los poderes extraordinarios
que solicitó, pero la sociedad francesa no ha recibido con
agrado las reformas laborales que llevó a cabo, y que de hecho
desencadenaron una serie de protestas sociales que han ido
acompañadas de la caída de su popularidad (Ayuso, 2019).
Independientemente del desarrollo de su Gobierno,
Macron ya no es el ciudadano independiente que pasa de
lado sin contaminarse por el sistema: ahora tiene su propio
partido, y una coalición con fuerzas políticas de viejo cuño
que no sólo le permiten gobernar sin contratiempos, sino que
además le otorgan poderes tales que puede legislar en temas
delicados e incluso con enfoques contrarios a los intereses
de sus electores. Pareciera que la profecía de Michels, sobre
el juego cruel que continua indefinidamente como “ondas
sucesivas, que rompen sobre la misma playa y se renuevan
constantemente” (Michels, 1991b, pp. 195-196) se confirma
nuevamente un siglo después de su nacimiento.
Teoría y DEBATE No. 75
29
María Alejandra Vizcarra Ruiz
Otro caso similar, aunque en forma inversa, se ha pre-
sentado en Italia, donde las elecciones generales de 2018
llevaron al Gobierno a una coalición formada por un viejo
partido xenófobo y euroescéptico, la Liga del Norte, y un
movimiento electoral formado por un cómico italiano apenas
en 2013 con un discurso antisistémico, el Movimiento Cinco
Estrellas (m5), que ha hecho de la crítica a la corrupción
intrínseca de los partidos y políticos tradicionales su dis-
curso movilizador. Esta contradictoria coalición de Gobierno
pone en evidencia cómo finalmente los nuevos actores,
como el m5, terminan integrándose al sistema de partidos
y formando parte del mismo sistema político que rechazan,
aliados con una fuerza que representa muy claramente todo
aquello contra lo que su discurso se pronuncia.
El desprestigio de los partidos políticos y los tradicio-
nales sistemas de partidos operantes en las democracias
modernas no se limita a las occidentales: incluso en el caso
de la Federación Rusa, donde el prestigio del presidente
Vladimir Putin es tal que ronda el 80% de popularidad, en
las elecciones presidenciales este se presentó como candi-
dato independiente a la reelección apoyado por un frente
popular, esto para no arrastrar el desprestigio de su propio
partido, Rusia Unida.
Dos años antes de la reelección rusa, habían tenido
lugar las elecciones en Estados Unidos que llevaron a la
presidencia a Donald Trump, otro ciudadano candidato, si
bien en este caso de uno de los partidos tradicionales nor-
teamericanos, el Republicano. Es relevante recordar que
este personaje no sólo basó su campaña en las elecciones
primarias del partido que lo candidateó en una constante
crítica a las élites políticas de este partido y del sistema
político norteamericano, sino que incluso amenazó con
sostener su candidatura como independiente en caso de no
resultar electo internamente por dicho partido.
30
Candidaturas independientes: vacunas para el sistema proteccionista...
En América Latina, las elecciones presidenciales en
Brasil, en octubre de 2018, catapultaron a un pequeño par-
tido al que se afilió en 2017 Jair Bolsonaro, ahora presidente,
para ser candidato al Ejecutivo, luego de haber recorrido
diversas propuestas políticas. En el caso brasileño, de nuevo
un discurso antisistémico, incluso amenazante y violento
contra la élite política que había gobernado en los años
posteriores a la dictadura militar, convirtió en triunfador
del proceso electoral a Bolsonaro y llevó a su partido de la
indigencia electoral a ser una de las fuerzas más numerosas
en el Congreso nacional. De hecho, una coalición de partidos
de la derecha brasileña parece estarse conformando para
constituir el apoyo parlamentario del Gobierno de Bolsonaro.
Aquí es dable señalar que si bien existe una recomposición
del sistema de partidos brasileño, hasta ahora no hay mayor
convulsión en este terreno, aun cuando se ha señalado a
Bolsonaro no sólo como una figura antisistémica, sino como
enemigo de la democracia y sus valores.
En México, las candidaturas independientes han tenido
una breve, pero sinuosa vida. Los partidos políticos en dicho
país no tuvieron el monopolio de las candidaturas sino hasta
la Ley Federal Electoral de 1946, cuando fueron establecidas
las normas para el reconocimiento de los partidos políticos.
Hasta antes de ese año, los candidatos podían registrarse
libremente, aun cuando desde diciembre de 1911 la ley
electoral promovida por el maderismo (fuerza política enca-
bezada por el revolucionario Francisco I. Madero, opuesta a
la dictadura de Porfirio Díaz) reconoció por primera vez la
existencia jurídica de los partidos políticos y les otorgó algu-
nas atribuciones de carácter electoral (Vizcarra, 2002, p. 66).
La ley electoral mexicana de 1946 es conocida por fede-
ralizar el proceso electoral en el país, hasta entonces en
manos de las autoridades municipales, pero también por
establecer las bases jurídicas para la constitución de los
partidos políticos con verdadero carácter nacional, lo que
Teoría y DEBATE No. 75
31
María Alejandra Vizcarra Ruiz
se podría decir que hizo acuñar el sistema de partidos del
México moderno, con todas las variaciones que ha tenido
en los últimos setenta y tres años.
La ley de 1946 estableció el requisito para la conformación
de partidos de contar con al menos 30 000 afiliados con un
mínimo de 1 000 en cada una de las dos terceras partes de
las entidades del país, así como contar con estatutos, pro-
grama, métodos de educación política para sus agremiados,
estructura y órganos de dirección, entre otros requisitos,
además de establecer que únicamente los partidos políticos
podrían registrar candidatos. Es decir, mediante dicha ley
se creaban las bases para que México pudiera comenzar a
tener partidos estables y sólidos (Vizcarra, 2002, p. 106).
Sin embargo, la figura de los candidatos no registrados
permaneció por un largo tiempo en las boletas y fue motivo
de burlas: Cantinflas, reconocido cómico del país, sería un
recurrido candidato popular espontáneo no registrado (Gar-
fías, 2014). También, la figura del candidato no registrado
permitió expresar consignas políticas o anotar el nombre de
algún candidato sostenido por partidos, frentes u organiza-
ciones no registradas, como fue el caso de las candidaturas
de la izquierda comunista de Miguel Mendoza López, en
1958, Ramón Danzós Palomino, en 1964, y Valentín Campa,
en 1976 (Garfías, 2014).
Contrario a lo anterior, en algunas entidades se mantuvo
el respeto por las candidaturas independientes: en 1998,
en Tamaulipas, reconocieron el triunfo de un candidato no
registrado en el municipio de Jiménez tanto el Instituto
Estatal Electoral como el Tribunal Electoral del Estado de
Tamaulipas (Campos, 2014, pp. 81-82). En otros casos, estas
figuras fueron incorporadas a las constituciones estatales:
Yucatán agregó en 2006 la fórmula de candidaturas inde-
pendientes a dicho orden legal estatal, de tal manera que
esta figura estuvo reconocida en dicho estado antes incluso
32
Candidaturas independientes: vacunas para el sistema proteccionista...
de que se estableciera a nivel nacional (Santiago y Larrosa
Haro, 2018, p. 203).
Si bien el antecedente más inmediato a las candidaturas
independientes en México se sitúa en la resolución de la
Corte Interamericana de Derechos Humanos (cidh) respecto
al litigio de Jorge Castañeda Gutman tras el que se reconoció
que el demandante “no contó con un recurso judicial efectivo
para cuestionar la negativa de su inscripción como candidato
independiente al cargo de presidente del Estado mexicano
[…] para las elecciones del año 2006” (Corte Interamericana
de Derechos Humanos, 2013, p. 1), este caso en realidad pare-
ciera haber sido más mediático que determinante, e incluso
podría pensarse que le dio posibilidades a la Presidencia de
Felipe Calderón (2006-2012) para que presentara en 2009 la
iniciativa de ley para los candidatos independientes, misma
que fue aprobada a nivel constitucional en 2012 y sólo ya en
la norma reglamentaria en 2014. En el ínter, dicha moción
del Ejecutivo permitió que se incorporara la figura de candi-
dato independiente en entidades como Zacatecas, donde uno
de estos candidatos obtuvo el triunfo en una alcaldía, y en
Quintana Roo o Yucatán que, como ya se dijo, se adelantó a
la reforma varios años.
Antes de las legislaciones promovidas por la Presidencia
de Calderón, la demanda que presentó Castañeda en la cidh
respondía a un procedimiento iniciado por el demandante
tras solicitar su inscripción como candidato independiente
a las elecciones presidenciales de 2006 ante el Instituto
Federal Electoral mexicano, que le había negado dicha posi-
bilidad por no estar contemplada en la ley. Castañeda había
recurrido entonces a un juzgado federal y luego a la Suprema
Corte de Justicia de la Nación, que lo consideró sobreseído.
Tras esto, el candidato había llevado el recurso a la cidh, en
marzo de 2007, con el argumento de que la denegación de
justicia le había impedido ser candidato a la Presidencia.
Teoría y DEBATE No. 75
33
María Alejandra Vizcarra Ruiz
Al paralelo de estos hechos, los partidos en el Congreso
habían discutido una reforma electoral que resolvía varios
de los señalamientos sobre la cuestionada elección presiden-
cial de 2006. Entre eso, debatieron la reforma en materia
de medios electrónicos, cuya reforma entró en vigor a nivel
constitucional en diciembre de 2007, muy cerca del nuevo
Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electo-
rales (cofipe), que fue aprobado en enero de 2008. El gran
debate y las notas postreforma se centraron en el asunto
del control estatal de la publicidad en los medios masivos
de comunicación, aunque los partidos, en una manifiesta
actitud oligárquica y de proteccionismo partidista, habían
aprobado también la prohibición constitucional de las
candidaturas independientes en las entidades federativas.
Por su parte, la mencionada resolución de la cidh, expe-
dida en julio de 2009, hace énfasis en que el derecho que
se viola en el caso Castañeda es el de un recurso judicial
efectivo, y no el derecho a ser candidato independiente. En
este contexto de repliegue de los partidos en el Congreso
para impedir cualquier resquicio legal para las candidaturas
independientes y de una resolución judicial que conminaba
a buscar una figura de acceso a la defensa legal ante la
negativa de los órdenes nacionales del registro de candida-
turas independientes, cabría preguntarse si la resolución
de la corte interamericana impactó en la Presidencia de la
república y en el Congreso, tan poco dispuesto entonces a
permitir estas candidaturas, o si intervinieron otros facto-
res, como la notable caída de la confianza en los partidos
políticos a partir de la elección del 2006 en México, esto,
además, en un contexto en el que la enorme mayoría de los
Estados del mundo permitía ya las candidaturas indepen-
dientes (Santiago y Larrosa Haro, 2018).
Más aún si se considera que la reforma electoral que
permitió las candidaturas independientes en realidad no
se concretó sino hasta 2014 para aplicarse en las elecciones
34
Candidaturas independientes: vacunas para el sistema proteccionista...
intermedias de 2015, se puede pensar que la decisión tuvo
más que ver con una necesidad de darle oxígeno al sistema
de partidos en México que a un recurso interpuesto ante la
cidh. Es decir, las candidaturas independientes comenza-
ron a ser vistas como la panacea para salvar la democracia
en crisis y la quiebra del sistema de partidos en México, y
los partidos y políticos actuaron en consecuencia de dicha
visión emergente.
Por lo demás, las candidaturas independientes mostraron
en el proceso electoral de 2015 que constituían una efec-
tiva válvula de escape para el descontento general hacia
la democracia y sus instituciones, un escape que además
no constituía realmente un riesgo serio para los partidos y
su sistema. En el año electoral antes mencionado, algunas
alcaldías pasaron a manos de candidatos independientes,
muchos de ellos provenientes de los viejos y cuestionados
partidos, una gubernatura fue obtenida por un candidato
independiente de larga trayectoria política en el Partido
Revolucionario Institucional (pri), una diputación federal
fue para un disidente del Partido Acción Nacional (pan), y
una curul local la obtuvo el único candidato independiente
vencedor sin vínculos previos con algún partido (Pedro
Kumamoto, en el distrito local 10 de Jalisco).
Por su parte, las elecciones federales de 2018 desinfla-
ron las expectativas respecto al independentismo político:
ningún candidato independiente a gobernador fue electo;
en Jalisco, el grupo de jóvenes (Wikipolítica) que se había
agrupado tras el éxito de Kumamoto en 2015 no alcanzó
ningún puesto de elección; y en el caso de las candidaturas
presidenciales, quedó manifestada la dificultad de alcanzar
ya no digamos el triunfo, sino inicialmente el registro de
independientes.
También durante dicho año, los candidatos a la Presiden-
cia que parecían tener un fuerte apoyo de algunos sectores
de la sociedad pero no de las facciones o grupos internos
Teoría y DEBATE No. 75
35
María Alejandra Vizcarra Ruiz
de los partidos políticos quedaron fuera de la contienda al
no cubrir el número de firmas para respaldar su registro,
como pasó al periodista Pedro Ferriz de Con o a la candidata
del Consejo Nacional Indígena impulsada por el Ejercito
Zapatista de Liberación Nacional, María de Jesús Patricio.
De hecho, finalmente sólo alcanzaron registro la expanista
Margarita Zavala y el expriista Jaime Rodríguez; la pri-
mera se retiró antes del final de la contienda por el débil
apoyo que mostraban las tendencias electorales, mientras
el segundo terminó en último lugar en la elección y con
varios señalamientos de irregularidades en su contra en el
proceso de obtención de firmas.
En este caso, las candidaturas independientes en el proceso
electoral de 2018 no mostraron tener un impacto relevante
sobre los partidos políticos. El factor que dominó la elección
fue la irrupción de la candidatura largamente anunciada de
un personaje muy conocido en la política mexicana, Andrés
Manuel López Obrador, propuesta por un partido nuevo, el
Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), fundado por
el propio candidato a partir sobre todo de figuras políticas
separadas de otros partidos. Finalmente, López Obrador
ganó la Presidencia, por lo que se puede decir que la ruptura
del sistema de partidos no se dio por la vía de los candidatos
independientes, sino por el proceso más institucional del
paso de un partido de oposición a gobernante. A partir de
esto, la esperanza y la confianza populares en la política y
la democracia en México parecen restañarse.
Finalmente, es posible decir que si bien las candidaturas
independientes actúan como un acicate para que los partidos
revisen sus prácticas y se reposicionen con sus electores,
o en otros casos para que se revitalice la clase política con
nuevos miembros, partidos y discursos, lo que contribuye a
su vez a la superación de la desconfianza y el desinterés en
las instituciones de la democracia, tal parece que la vieja
ley del hierro de Michels mantiene su vigencia y es visible
36
Candidaturas independientes: vacunas para el sistema proteccionista...
cómo las viejas oligarquías sólo se renuevan pero conservan
sus mismas características.
Ayuso, S. (06 de enero de 2019). Los “chalecos amari- Bibliografía
llos” mantienen su desafío al Gobierno de Macron.
El País. Recuperado de https://elpais.com/internacio-
nal/2019/01/05/actualidad/1546713955_076418.html
Balibar, E. (2013). Ciudadanía. Córdoba: Adriana Hidalgo.
Bauman, Z. (2001). En busca de la política. Buenos Aires: Fondo
de Cultura Económica.
Campos, G. (2014). Las candidaturas independientes en México.
Revista Derecho del Estado, (julio-diciembre). Recuperado
de https://www.redalyc.org/html/3376/337632740003/
Colectivo Política en Red (2007). Repensar la política en la
era de los movimientos y de las redes. Barcelona: Icaria
Más Madera.
Corte Interamericana de Derechos Humanos (2013). Reso-
lución del 28 de agosto 2013 caso Castañeda Gutman vs
México. Recuperado de http://www.corteidh.or.cr/docs/
supervisiones/castañeda_28_08_13.pdf
Duverger, M. (1994). Los partidos políticos. México: Fondo de
Cultura Económica.
Fuentes, F. (25 de mayo de 2018). El partido popular conde-
nado por corrupción. Euronews. Recuperado de https://
es.euronews.com/2018/05/24/el-partido-popular-con-
denado-por-corrupcion
Garfías, F. (08 de julio de 2014). De los votos por Can-
tinflas al “no era penal”. Excélsior. Recuperado de
https://www.excelsior.com.mx/opinion/francisco-gar-
fias/2014/07/08/969613
Kelsen, H. (1934). Esencia y valor de la democracia. Barcelona:
Labor.
Latinobarómetro (2018). Informe [bancos en línea]. Recupe-
rado de www.latinobarometro.org
Macron, E. (2017). Revolución. Barcelona: Sin Fronteras.
Teoría y DEBATE No. 75
37
María Alejandra Vizcarra Ruiz
Bibliografía Michels, R. (1991a). Los partidos políticos 1. Buenos Aires:
Amorrortu.
Michels, R. (1991b). Los partidos políticos 2. Buenos Aires:
Amorrortu.
Rancière J. (2012). El odio a la democracia. Buenos Aires:
Amorortu.
Raphael, R. (2007). Para entender la institución ciudadana.
Guadalajara: Instituto Electoral del Estado de Jalisco.
Rosanvallon, P. (2015). El buen gobierno. Buenos Aires:
Manantial.
Santiago, J., y Larrosa Haro, M. (2018). Candidaturas inde-
pendientes. ¿Solución a la crisis de representación
política? Ciencia jurídica, 7(13), 203-220. Recuperado
de http://www.cienciajuridica.ugto.mx/index.php/CJ/
article/download/278/235
Sartori, G. (1994). Partidos y sistemas de partidos. Madrid:
Alianza Editorial.
Vizcarra, A. (2002). El proceso de democratización en México
1812-2000. Ciudad Juárez: Premio Rousset Banda 2001
Ensayo Político, Universidad de Ciudad Juárez.
Vizcarra, A. (2013). La oposición partidista en México. El con-
trol del Gobierno y las alternativas políticas en la Cámara
de Diputados. Guadalajara: Universidad de Guadalajara.
38