0% encontró este documento útil (0 votos)
46 vistas17 páginas

s10 Zamora

Este documento resume los aportes de Michel Foucault y Hannah Arendt al concepto de poder desde la Sociología y la Filosofía Política. Explica que Foucault concibe el poder como una relación que se ejerce de forma múltiple a través de dispositivos como el lenguaje y la ley, para moldear la conducta de los sujetos. Por su parte, Arendt considera que el poder surge de la acción colectiva y la comunicación entre las personas, y analiza cómo esto se relaciona con conceptos como la libertad y el ejercicio

Cargado por

Estrada Jossy
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
46 vistas17 páginas

s10 Zamora

Este documento resume los aportes de Michel Foucault y Hannah Arendt al concepto de poder desde la Sociología y la Filosofía Política. Explica que Foucault concibe el poder como una relación que se ejerce de forma múltiple a través de dispositivos como el lenguaje y la ley, para moldear la conducta de los sujetos. Por su parte, Arendt considera que el poder surge de la acción colectiva y la comunicación entre las personas, y analiza cómo esto se relaciona con conceptos como la libertad y el ejercicio

Cargado por

Estrada Jossy
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

PSIA117 - Psicología Jurídica

AP UN TE

EL SUJETO ANTE
LA LEY: DESDE
LA SOCIOLOGÍA Y LA
FILOSOFÍA POLÍTICA.
Aproximaciones al concepto de poder desde
los planteamientos de la Sociología y la Filosofía Política

Zamora, P. (2021). El sujeto ante la ley: .


desde la Sociología y la Filosofía Política.
Universidad Andrés Bello.
Psicología Jurídica

Tabla de contenido

Michel Foucault 2

I. El poder desde la sociología 2

II. El poder como concepto central en Foucault 3

III. Dispositivos de poder: el lenguaje, los discursos y la ley 6

IV. Biopoder y biopolítica como formas de ejercicio del poder sobre los cuerpos/sujetos 8

Hannah Arendt 10

I. El poder desde la filosofía política. 10

II. La condición humana: la “acción” como la base de la convivencia social 10

III. Claves sobre el ejercicio del poder: desde la banalidad del mal a la lucha por la verdadera libertad 12

IV. Retomando la acción: la comunicación y la palabra como base de la relación de los sujetos
con el poder y con la ley 15

Referencias bibliográficas 17
Psicología Jurídica

En este apunte docente conoceremos cuáles son los aportes de las propuestas teóricas desde la Sociología
y la Filosofía Política al concepto de poder, revisando los aportes de Hannah Arendt y Michel Foucault.

Michel Foucault
I. El poder desde la sociología

Entre los años 60 y 70 diversos pensadores comenzaron a cuestionar los límites del poder y las libertades
individuales de las personas, así como la forma en que pensamos y actuamos en la sociedad. Uno de los más
importantes fue Michel Foucault, sociólogo, filósofo e historiador francés que se transformó en uno de los
principales referentes de las ciencias sociales y las humanidades, en tanto fue capaz de proponer una visión
rupturista acerca de la forma en la que se constituyen las sociedades y cómo actúa el poder.

En su niñez, Foucault vivió la invasión nazi a Francia, lo que generó en él un profundo interés por estudiar
los mecanismos de legitimación del poder. Entendido hasta ese momento como una fuerza que se impone so-
bre las demás personas, este pensador se propuso negarse al estudio del “qué” y pensar el “cómo” del poder.
En su adolescencia fue enviado por sus padres a un centro psiquiátrico, luego de que se definiera a sí mismo
como homosexual. Él mismo comentaría que esa experiencia marcó profundamente su vida académica, ya
que parte importante de su investigación la dedicó a pensar en cómo el poder se ejerce sobre las personas a
través de la compleja estructuración de normativas sociales dicotómicas que separan lo bueno de lo malo y lo
normal de lo anormal (Montbrun, A., 2010).

En su camino reflexivo, analizó el funcionamiento de manicomios, cárceles, hospitales y asilos de ancianos,


para comprenderlas como microestructuras que actúan como espejos cóncavos que son capaces de reflejar
de forma aumentada lo que ocurre en el resto de la sociedad. De esa forma se propuso estudiar el poder
desde los instrumentos -o dispositivos- por los cuales esta fuerza actúa en la sociedad, permeando a todas
sus estructuras, como la familia y las escuelas, para construir una forma “correcta” de ser humano que sea
funcional a la sociedad moderna capitalista.

En sus primeros años investigó la forma en la que se construye la verdad y la forma en la que el lenguaje
se articula como un dispositivo de poder que encasilla y define las conductas humanas. Así, en 1961 publicó
La historia de la locura en la época clásica, en 1966 Las palabras y las cosas y en 1969 Arqueología del saber.
Estas tres publicaciones, que se desprenden de su amplia trayectoria como catedrático universitario, apuntan
a pensar el poder desde sus dispositivos, siendo el lenguaje un eje articulador de su investigación.

En 1975 publicó Vigilar y castigar, uno de sus textos más reconocidos, en donde indaga en la forma en que
actúan los manicomios y las cárceles para el ejercicio del disciplinamiento social, no solo de quienes se encuen-
Psicología Jurídica

tran en su interior, sino que también de quienes están afuera. Bajo la idea de panóptico, logra proponer su
teoría sobre “la sociedad disciplinaria”, la que reforzará al publicar en 1976 su texto Historia de la sexualidad.

Por último, se recopilarán diversas obras compiladas con sus escritos o con las transcripciones de sus cát-
edras, en donde las más importantes son El sujeto y el poder, publicada por primera vez en 1983; La verdad
y las formas jurídicas, que contiene un ciclo de conferencias realizadas por el pensador en 1973; Seguridad,
Territorio, Población, que compila sus cátedras entre 1977 y 1978, entre otros. Todos textos en donde el pen-
sador reflexiona acerca del poder como saber y verdad, los dispositivos por los cuales se ejerce ese poder en
la sociedad y la forma en que se representa esto en las diversas estructuras.

En función de la vasta bibliografía disponible de este autor y acerca de él, en el presente apunte analizare-
mos un conjunto de ideas que pueden ser profundizadas con la bibliografía anteriormente mencionada.

II. El poder como concepto central en Foucault

Foucault comienza su pensamiento sin discutir a la visión tradicional de poder, entendida como el ejercicio
de una fuerza legítima sobre una población determinada. Tampoco cuestiona que el Estado ejerce su poder
mediante la burocratización de la vida, en donde las leyes juegan un papel fundamental. Desde la definición
de qué es el poder, no encontraríamos mucha distancia con otros autores clásicos que proponen concep-
ciones de poder apegadas a esta base. Donde sí encontramos una visión diferente en torno al “cómo” se
piensa el poder en tanto su ejecución. Para la visión tradicional, el poder se detenta y es jerárquico, mientras
que para Foucault el poder se ejerce y es múltiple, es decir, no existe solo quien lo detenta y quien lo sufre,
sino que todas las personas son sujetos y sujetas de poder, en tanto lo detentan y lo sufren. Así, la visión rígida
del poder encarnado solo en autoridades queda superada por el pensamiento de Foucault, quien lo propone
como un concepto en movimiento, que puede ser modificado permanentemente y se encuentra en disputa.
En ese sentido, el poder es un ejercicio que realiza una institución, organización o grupo de personas sobre
una población o sociedad determinada, para modelar los límites de sus acciones.

Antiguo Régimen Nuevo Régimen


(monarquías absolutas) (modernidad capitalista)

El poder se detenta El poder se ejerce

El poder es jerárquico El poder es múltiple


Psicología Jurídica

Esto será clave en todo el pensamiento de este autor, ya que finalmente se concibe el poder como una
herramienta para la consolidación de un “nuevo régimen” encarnado en la modernidad capitalista. Así, el
poder es una relación, en tanto todas las relaciones sociales se articulan y pueden ser comprendidas como
relaciones de poder.

“En vez de preocuparse por qué es el poder, (Foucault) sugiere que habría que preguntarse más
bien cómo se ejerce el poder, mediante qué tecnologías y mediante qué procedimientos se ejerce
ese poder y qué consecuencias y efectos se derivan de ello. En definitiva, el poder no es una insti-
tución, no es una estructura ni una fuerza de la que dispondrían algunos: es el nombre que se le da
a una situación estratégica compleja en una sociedad dada.

En un segundo momento de su reflexión, Foucault busca precisar aún más los rasgos definitorios
de las prácticas del poder. En ese esfuerzo subraya que el poder no es en modo alguno acción directa
o inmediata sobre los otros. Su formulación es más compleja: el poder “actúa sobre sus acciones; una
acción sobre la acción, sobre las acciones eventuales o actuales, presentes o futuras”.

La distinción que Foucault hace entre violencia y poder se funda precisamente en esa diferencia:
mientras que la violencia se realiza sobre las cosas o sobre los cuerpos para destruir o someter, el
poder supone el reconocimiento del otro como alguien que actúa o que es capaz de actuar. En ese
sentido, gobernar es incidir sobre el campo de acción real o posible de los otros. De ahí la célebre
reiteración de Foucault según la cual, al final de cuentas ejercer el poder no es más que “conducir
conductas”, valga decir: la posibilidad de ampliar o de restringir el campo de acción de los otros. De
esos otros a quienes se reconoce como actuantes y responsables: como capaces de actuar y, sobre
todo, de responder” (Montbrun, 2010, pp. 372-373).

En ese sentido, el pensamiento de Foucault apunta a que el poder no prohíbe conductas, sino que posibilita
determinadas prácticas, subjetividades, saberes e incluso la forma en la que percibimos la realidad, la sexu-
alidad y el placer. A través de diversos “dispositivos de poder” -a los que haremos referencia más adelante
en este apunte- se concluye que estamos frente a la concreción de una “sociedad disciplinaria” que se sos-
tiene en dos pilares: el poder punitivo, que apunta al castigo de las personas que no se comportan como lo
definen las normas, y el poder disciplinario, que es el conjunto de tecnologías y acciones destinadas a que
las personas seamos conscientes de que somos observadas permanentemente y que, de no cumplir con las
normas definidas, operará sobre nosotros el poder punitivo. Esta última definición -poder disciplinario- será
complementada por Foucault aludiendo a la idea de panóptico, como una forma arquitectónica que él obser-
va en hospitales psiquiátricos y en cárceles, pero que también evidencia en el resto de la sociedad, en donde
se conforman estructuras para que las personas sientan que son observadas y de esa forma modifiquen su
actuar en función de lo que se piensa que debe ser lo correcto.
Psicología Jurídica

Poder punitivo
(castigo)
Sociedad disciplinaria

Poder disciplinario
(panóptico)

Como un ejemplo concreto que vemos hoy en nuestra sociedad, podríamos mencionar las pantallas que
se pusieron en todas las estaciones del Metro de Santiago, en donde las personas al ingresar pueden mirarse
cuando están validando su pasaje. Esta medida fue pensada para frenar las altas tasas de evasión, pensando
en que si los pasajeros se miran a sí mismos y son conscientes de que están siendo grabados, desistirán de su
conducta si tienen pensado evadir su pasaje. Lo mismo ocurre en los supermercados con las cámaras de se-
guridad, en donde es reconocido que muchas no son funcionales y solamente están posicionadas en lugares
estratégicos para que las personas las vean y de esa forma se prevengan posibles robos. Elementos como estos
los vemos cotidianamente cuando transitamos por la calle, cuando asistimos a la universidad o incluso cuando
ingresamos a nuestros teléfonos, por eso el pensamiento de Michel Foucault, pese a que se desarrolló princi-
palmente en las décadas de 1960 y 1970, continúa estando tan vigente cuando se pretende pensar el poder.

La relevancia del pensamiento de Foucault es clave para este curso, en tanto la importancia que el autor le
asigna a la ley como representación del lenguaje y de los discursos “normalizadores” del poder, que permean
en las conductas de las personas y las hacen comportarse de determinadas formas y no de otras, en función
de lo que se piensa que es normal o anormal. Para que esa subjetividad se consolide y se haga carne en las
personas y sus conductas sociales, Michel Foucault propone el concepto de “dispositivos de poder”.

III. Dispositivos de poder: el lenguaje, los discursos y la ley

Foucault analizará a todas las organizaciones, instituciones o disciplinas que ejercen el poder como “dis-
positivos de poder”, en tanto son funcionales a la construcción de nociones compartidas de “verdad” que la
modernidad ha dicotomizado. Aclarando lo anterior, comenzaremos por el cuestionamiento que el autor hace
a los conceptos de “poder” y “saber”, ampliamente trabajados en La historia de la locura en la época clásica,
Las palabras y las cosas y Arqueología del saber.

Concretamente, Foucault define el “saber” como algo que un grupo de personas comparte y que deciden
que es la “verdad”. La verdad es la que va a definir y separar lo correcto de lo incorrecto, lo normal de lo
anormal. Así, el poder se articula como un esfuerzo de normalización de las subjetividades de las personas
Psicología Jurídica

para que cumplan con lo que ha sido definido como lo correcto. Es ahí donde está el poder: en el saber que
se define como verdad y que apuesta por controlar a los sujetos y sujetas para hacerlos funcionales al modelo
imperante, en este caso, el capitalismo moderno.

En Vigilar y castigar, el pensador estudia las cárceles y los manicomios definiendo los dispositivos de poder
que actúan como modelos de disciplinamiento social que la sociedad no solo tolera y permite, sino que exige
el sufrimiento del delincuente que se encuentra en su interior, por no haber cumplido con las normas esta-
blecidas por el régimen de verdad vigente. Estas formas de disciplinamiento se extienden hacia las escuelas
y hacia otras instituciones de la sociedad y son las que sostienen la subjetividad que legitima al capitalismo
moderno. Pensando la disputa del poder, esta visión entra en colisión con el pensamiento marxista tradicion-
al, que propone el enfrentamiento entre oprimidos y opresores, porque para Foucault los oprimidos también
son opresores en tanto configuran su subjetividad a partir de los dispositivos de poder que determinan la
mantención del orden social vigente -el capitalismo moderno-, por eso la superación de estas estructuras de
poder solamente vendrá cuando se produzca un cambio en los dispositivos que lo sostienen.

Siguiendo con lo anterior, Foucault planteará en Las palabras y las cosas que el lenguaje en sí mismo es un
dispositivo de poder, ya que a través de los discursos se construyen y refuerzan determinadas condiciones
de “normalización”, se define y etiqueta a las personas, a sus conductas, pensamientos, acciones y formas
de vivir. Las cosas se definen por su oposición: bueno/malo, lindo/feo, sabio/ignorante, normal/anormal. Los
discursos atienden a áreas de saber “tecnificadas”, como la sociología, la criminología, la psicología, la psiqui-
atría, la medicina, la pedagogía, entre otras disciplinas que actúan enmarcando el ejercicio del poder, en tanto
dispositivos que definen dicotómicamente las conductas y pensamientos de las personas y de la sociedad en
su conjunto. Se define así, lo normal y lo anormal, lo normal o lo patológico, lo normal o lo criminal.

Dispositivos Sostienen el régimen imperante o "nuevo


de poder régimen" (capitalismo moderno).

Disposiciones dicotómicas que constituyen,


Lenguaje
posibilitan y determinan las subjetividades.

Disciplinas Construcción del saber como verdad, reconociendo


que definen que nace desde la subjetividad y la necesidad de
"lo verdadero"
sostener el régimen imperante.
Psicología Jurídica

En ese contexto, el poder para Foucault no se define en tanto poder, es decir, se deconstruye desde la visión
tradicional -expuesta al inicio del apartado sobre “el poder como concepto central en Foucault”- porque es
constituido por las prácticas del ejercicio del poder, por los saberes que construyen verdad y por el lenguaje
como articulador de esos saberes. En otras palabras, el poder produce verdad y la verdad es una forma de
poder en sí misma, porque es la expresión viva de las relaciones sociales de poder por las que un determinado
pensamiento ha logrado constituirse como una verdad y ser naturalizado o normalizado en las subjetividades
de las personas que integran una sociedad.

Como ejemplos de dispositivos de poder, encontramos la configuración de los espacios y rutinas de las
cárceles, los manicomios, las escuelas, los hospitales, entre otros recintos institucionales, pero Foucault va
más allá y define la estructura de la familia moderna como un ejemplo de dispositivo de poder, en tanto la
modernidad nucleariza la noción de familia para poder controlar las subjetividades que en ella se producen
-padre como cabeza, madre como panóptico e hijos como sujetos del poder-. Pero sería un error plantear
que todos los dispositivos de poder actúan desde la imposición y la coerción, ya que como señala el mismo
Foucault, la mayoría del tiempo se proponen como estructuras de disciplinamiento sutiles, que se entienden
como mecanismos sociales para lograr que las personas que no cumplen con los estándares de lo normal
puedan reencausar sus acciones, pensamientos o subjetividades, así como un conjunto de estrategias de pre-
vención para que los sujetos y sujetas no se salgan de la normalidad.

Por eso, también se consideran como dispositivos de poder la arquitectura, la burocracia, el archivo, el reg-
istro y cualquier herramienta que contribuya a maximizar el control y el ejercicio del disciplinamiento sobre
las personas que integran la sociedad. En ese camino, el derecho y las ciencias jurídicas también son disposi-
tivos de poder.

IV. Biopoder y biopolítica como formas de ejercicio del poder sobre los cuerpos/sujetos

Durante sus últimos años, Michel Foucault estudió las formas en las que la ideología dominante requiere
del control del cuerpo de los individuos para avanzar en sus estrategias de disciplinamiento. Así, el pensador
define el biopoder haciendo nuevamente una diferencia entre lo que él define como “el antiguo régimen” y
“el nuevo régimen”, donde el primero ejerce un “poder soberano”, mientras que el segundo, apuesta por lo
que el autor definirá como “biopoder”. El poder soberano aspira a dejar vivir y a hacer morir, ya que los reyes
decidían sobre las vidas de las personas y podían ordenar la muerte de un súbdito solo por su propia volun-
tad. En contraposición, el biopoder aspira a dejar morir y hacer vivir, ya que para el capitalismo moderno las
personas son funcionales vivas y se deben crear diversos mecanismos por los cuales sostener esa vida para
que sea funcional al régimen vigente.
Psicología Jurídica

Antiguo Régimen Nuevo Régimen

Poder Soberano Biopoder

Dejar vivir Dejar morir


y hacer morir y hacer vivir

En función de lo anterior, el poder soberano impone una ley en donde se definen castigos a quienes no
cumplan con lo establecido, mientras que el biopoder actúa sobre los cuerpos, ya sean individuales o sociales.
Sobre los cuerpos individuales, actúan las disciplinas que definen lo normal y lo anormal en un sujeto (me-
dicina, psiquiatría, pedagogía, etc.), pero el biopoder también actúa sobre el cuerpo social o comunitario -o lo
que Foucault llama “población”-, a través de la aplicación de regímenes de control colectivo como la medición
de las tasas de natalidad y mortalidad, los controles sanitarios e higiénicos, las obligaciones de vacunación,
entre otros mecanismos. En ambos casos, el objetivo es el control sobre los cuerpos para tornarlos fuertes,
dóciles y eficientes al capitalismo moderno como ideología dominante.

Esa necesidad de control sobre el cuerpo de los individuos y los grupos sociales es lo que define el ejercicio
del poder en el mundo moderno. El objetivo es tratar de que las mentes de las personas se autorregulen, sin
necesidad de mecanismos físicos de disciplinamiento. Es la implementación de acciones políticas sobre la
vida de las personas y sobre la sociedad en su conjunto. El biopoder, en ese sentido, es la gestión total de la
vida de las personas, sin necesidad de controles disciplinarios externos al cuerpo mismo de los sujetos, con la
intención de homogeneizar a la población, para que actúen de una forma determinada.
Psicología Jurídica

Hannah Arendt.

I. El poder desde la filosofía política.

Hannah Arendt fue una escritora y filósofa política cuyo pensamiento está profundamente marcado por
su historia personal de vida, ya que fue una judía-alemana que tuvo que huir del régimen nazi hasta Estados
Unidos, en donde finalmente obtuvo la nacionalidad en 1951. Desde esa vereda, se dedicó a estudiar el ejer-
cicio del poder durante la primera mitad de un siglo XX cambiante, marcado por dos guerras mundiales y en
donde los mecanismos burocratizantes del poder -a los que se hace referencia en el apunte docente sobre
Max Weber (Zamora, 2021) - llegaron a una sofisticación nunca antes vista, la que queda en evidencia con las
prácticas del nazismo y en el hecho mismo del Holocausto.

En 1951 publicó Los orígenes del totalitarismo (Arendt, 2006a), en donde estudia la evolución histórica
de las ideas antisemitas y, a partir de ellas, propone a los regímenes totalitarios como un caso específico de
“dominación total”. Continuando con sus reflexiones, en 1958 publicó La condición humana (Arendt, 2014)
en donde analiza la forma en que las sociedades están evolucionando hacia un modelo en donde la libertad
está limitada por las necesidades básicas de las personas. Pero sería en 1963, cuando publicó Eichman en
Jerusalem (Arendt, 2006b) y Sobre la revolución (Arendt, 2013), el momento en el que la pensadora consigue
posicionar conceptos que serán claves para la comprensión de la forma en que se configuran las estructuras
de poder en la sociedad y cómo los sujetos estamos inmersos dentro de ellas. A partir del concepto de la “ba-
nalidad del mal”, muestra cómo el ejercicio del poder autoritario debe ser legitimado por la sociedad para ser
eficaz. Desde ahí, cualquier persona podría ser potencialmente un genocida como lo fue Adolf Eichmann, te-
niente coronel de la SS (servicio de inteligencia nazi), que desde una estructura profundamente jerarquizada,
impersonal y burocrática dirigió la política de exterminio en contra de las comunidades judías de Alemania.

II. La condición humana: la “acción” como la base de la convivencia social

Una de las búsquedas más recurrentes en el pensamiento de Arendt tiene que ver con pensar y repensar
aquellas cosas, energías, situaciones y conductas que nos hacen humanos. En esa reflexión, planteará que
existe una diferencia inicial entre lo que denomina “vida contemplativa” y “vida activa”, en tanto la primera
apunta a mantenernos en la esfera privada, sin participación y sin interacción con otros y con otras. A través
del trabajo, las personas comienzan a participar de la “vida activa”, que apunta a la forma en que nos hacemos
parte de la esfera pública, participando e interactuando con otros y con otras. En ese sentido, es la “vida acti-
va” la que se vincula directamente con la comunicación entre las personas y, por lo tanto, con la vida política
y la forma en que aportamos a construir la sociedad en la que vivimos, ya que esa es en sí misma lo que ella
llamará “la condición humana” (Arendt, 2006a; Arendt, 2014).
Psicología Jurídica

Con lo anterior, Arendt (2014) emprende también una crítica soterrada hacia lo que se piensa que debería
ser la filosofía -explicando de esta forma su interés recurrente porque no la clasificaran como filósofa-, ya que
se consideran a las personas que piensan filosóficamente como sujetos y sujetas que viven contemplativa-
mente y no participan de la “vida activa”. En contraposición a esas nociones, las reflexiones de Arendt apun-
tan hacia una comprensión política de la sociedad, por lo mismo, se constituye a sí misma como un ejemplo
concreto de una vida activa, que se involucra directamente en la esfera pública, que piensa el mundo desde
su inmersión en él y no desde afuera.

Pero la condición humana no será solamente la “vida activa”, sino que tendrá tres elementos que son claves
y que se cruzan entre sí, para poder sostenernos como seres sociales:

1. Labor – Vida: todas aquellas actividades que nos permiten mantenernos con vida, es decir, los trabajos
realizados para la subsistencia. Están ligados a las necesidades básicas que tenemos los seres humanos.
Estas ideas, Arendt las vincula con el concepto de “Animal Laborans”.

2. Trabajo – Mundanidad: todas aquellas actividades en donde los seres humanos producimos y modifica-
mos nuestro entorno para poder convivir con otros y con otras, pero también para mejorar la disponibil-
idad de bienes que nos permitan vivir mejor. Es la capacidad de los seres humanos de fabricar bienes de
uso que mejoren las condiciones de existencia. Estas ideas, Arendt las vincula con el concepto de “Homo
Faber”.

3. Acción – Pluralidad: son todas aquellas actividades en donde los seres humanos decidimos qué quer-
emos hacer y quienes queremos ser. Tiene que ver con las distintas formas de convivencia social y con
cómo percibimos a los otros y a las otras. Respecto de esto, es clave el planteamiento de Arendt en donde
vincula esta tercera condición humana a la interacción que sostenemos en el marco del establecimiento
de relaciones sociales. No se puede pensar la acción sin otro u otra, por eso Arendt hace referencia a que
este tipo de condición humana se conecta directamente con la noción de “pluralidad”, en tanto todas
las personas interactuamos y vamos construyendo la sociedad en la que vivimos. La acción constituye
nuestra subjetividad y convivencia social, es decir, por un lado, somos en la medida en que actuamos y,
por otro lado, actuamos en la medida en que somos capaces de convivir con otros y con otras.
Psicología Jurídica

Labor Vida

Condición Humana Trabajo Mundanidad

Acción Pluralidad

Este último concepto es clave para comprender la forma en que Arendt (2006a; 2014) concibe el poder, ya
que para ella la acción es la base de la interacción humana y está vinculada estrechamente con la comuni-
cación y la palabra, así como con la política en sí misma y la forma en que las personas colectivamente decid-
imos lo que queremos o legitimamos determinados discursos, modelos y acciones en el contexto de nuestra
vida activa. Respecto de eso, Arendt será taxativa en señalar y defender la idea de que la palabra construye
realidades sociales.

Es importante reflexionar acerca de cómo Hannah Arendt (2014), ya estudiando lo que ella califica como “la
condición humana” o lo que nos hace humanos y humanas, va a reflexionar acerca de las consecuencias que
tienen las acciones que desarrollamos o permitimos para la sociedad. Esto explica los pensamientos totalitari-
os, que poseen un discurso que despoja a las personas de su “acción”, para enfocarlas solamente en la “labor”
y el “trabajo”, lo que construye una realidad que niega la libertad en tanto se constituye como un despojo de
lo político y, en consecuencia, como una forma de deshumanización.

III. Claves sobre el ejercicio del poder: desde la


banalidad del mal a la lucha por la verdadera libertad

Arendt (2006b; 2013) analiza la sociedad en la que vive pensándola desde un momento de decadencia del
Estado-nación como mecanismo de legitimación del ejercicio del poder y propone un análisis para entender
el auge de los totalitarismos y la forma en que la individualización extrema de los sujetos ha abierto paso a
la deshumanización, centrando toda la vida en la labor y el trabajo, para dejar de lado la acción. Se pierde el
sentido de pertenencia a una comunidad y esto debilita el reconocimiento de las otras personas como indi-
viduos que aportamos a la sociedad, porque ya no nos sentimos parte de nada más que de nosotros mismos.
Respecto de su definición de los conceptos de “poder” y la diferenciación con el de “autoridad”, es necesario
aclarar que:
Psicología Jurídica

“Hannah Arendt… señala que es cuestionable que la ciencia política haya perdido la capacidad
para distinguir los conceptos de poder, autoridad y fuerza al extremo de que aparecen como sinóni-
mos en nuestros días. Para esta autora el poder es la capacidad humana de actuar concertadamente
y en tal sentido, es propio de toda la comunidad. La “autoridad” es el poder que ejercen unos pocos
con el reconocimiento de aquellos a quienes se les pide obedecer y que no necesita del miedo ni de
la coerción. La fuerza o violencia se utilizan cuando la autoridad fracasa.

A diferencia de lo afirmado por Weber, Hannah Arendt considera que, en sentido estricto, el poder
sólo puede ser realmente efectivo si incluye el consentimiento de los gobernados. Para Arendt, la so-
brevivencia del poder está estrechamente ligada al grado de adhesión que logre suscitar y mantener en
la ciudadanía. Mientras que Weber sostiene que el poder está referido siempre a la intencionalidad y a
la voluntad del individuo que lo ejerce, Arendt responde que “el poder no es nunca una propiedad indi-
vidual. El poder pertenece al grupo y sobrevive sólo en la medida en que el grupo permanece. Cuando
decimos de alguien que se encuentra en el poder, lo que queremos decir es que su investidura de poder
proviene de un cierto número de personas que lo autorizan a actuar en su nombre”.

Si desaparece el sostén y el apoyo de la colectividad o del grupo, el poder termina por desvan-
ecerse. Para Arendt, por consiguiente, la tiranía representa así el grado supremo de la violencia y el
grado mínimo de poder. De ahí su aforismo paradójico según el cual, “La forma extrema de poder es
todos contra uno y la forma extrema de violencia es uno contra todos”” (Montbrun, 2010, p. 372).

Ejerciendo esta diferenciación, Arendt (2006b; 2013) dirá que los totalitarismos no representan un ejercicio
de poder, sino que un mero ejercicio de la autoridad mediante el uso de la fuerza. En ese sentido, el poder
sería solo posible cuando se ejerce la “vida activa” en su máxima plenitud, lo que es negado por los regímenes
totalitarios. El discurso que finalmente legitima a estos tipos de gobiernos es uno que se basa en el miedo a
que la “labor” y el “trabajo” no sean necesidades susceptibles de ser cubiertas. Ese miedo se encarna en la
figura de un otro o una otra, que será la figura expiatoria de todos los males que encarna la sociedad, por lo
mismo es necesario “extirparla”, “anularla” o “exterminarla” y para que eso se logre, las personas debemos
ceder nuestra “acción” a una autoridad que va a actuar en nuestro nombre para reestablecer el orden y velar
porque nuestras necesidades básicas sean cubiertas.

En ese camino, Arendt identifica al “mal”, como aquellas fuerzas que pretenden despojarnos de vida activa
y, con ello, de nuestra libertad de decidir sobre nuestras vidas y sobre cómo queremos vivir en sociedad. Con-
cretamente distingue dos formas del mal:
Psicología Jurídica

a) Mal radical: cuando, a pesar de que las personas saben que lo que están haciendo dañará a la sociedad
o a una parte de ella, lo hacen de todas formas. Es un intento racional de erradicar la voluntad humana,
de oponerse a la pluralidad y a la construcción colectiva de la sociedad. Hacia allá apuntan los totalitaris-
mos.

b) Mal banal: cuando las personas actúan solamente por costumbre y sin reflexionar acerca de los im-
pactos negativos que pueden tener sus acciones. Esta es la peor forma del mal y es utilizada por el mal
radical para extenderse y legitimarse en tanto fuerza que despoja a las personas de su libertad.

Mal radical

El mal

Mal banal

En 1963 Arendt publicó un texto que sería de ejemplo para identificar estos dos tipos de males y con ello
la forma en que se ejerce el poder, la autoridad y la fuerza en la sociedad. A través del caso de Adolf Eich-
mann, un jerarca nazi que participó de la estructura burocrática para concretar el exterminio en contra de la
población judía en Alemania y que fue sometido a juicio por crímenes de lesa humanidad en Israel, Arendt
se propone analizar si el sujeto juzgado era el monstruo que los relatos mediáticos construían y se da cuenta
que no, que era una persona común y corriente, que no tenía remordimientos morales por haber participado
del Holocausto y que solo era parte de la maquinaria de exterminio, es decir, actuaba dentro del marco de la
burocracia nazi, era uno más, un simple burócrata que desde un escritorio planificaba las muertes masivas
más crueles antes pensadas por la humanidad.

Arendt, contra los cuestionamientos de la comunidad judía a la que pertenecía, concluye que Eichmann
era culpable de todo lo que se le acusaba, pero que también era parte del ejercicio más concreto de lo que
ella llamó “la banalidad del mal”. Esto no tiene que ver con que la autora apunte a la comprensión del mal en
sí mismo como banal, sino que a pensarnos en el mal -con todo lo negativo que esto tiene- y descubrir que
cualquier persona puede terminar legitimando mecanismos de maldad, sin necesariamente ser un monstruo,
una persona cruel o sádica. En ese sentido, Eichmann es el ejemplo vivo de cómo la banalidad del mal ocurre
cuando los sujetos dejamos de pensar en la moralidad de nuestros actos (pensarnos en la acción) y solo nos
enfocamos en la labor y en el trabajo. Esta reflexión nos lleva al pensamiento más complejo de Arendt: cual-
quier persona, bajo determinadas circunstancias, podría llegar a actuar de la misma forma que Eichmann.
He ahí el peligro de los totalitarismos, que cuando ya han penetrado profundamente a la sociedad, anulando
nuestra propia libertad, es muy difícil salir de ese círculo.
Psicología Jurídica

A partir de lo anterior, es importante también pensar que gracias al pensamiento de Arendt y la banalidad
del mal, podemos concluir que solo se es libre cuando se supera el ámbito de la necesidad y se puede pasar
a la acción, que es fundamental para que las personas, a través de la convivencia social, ejerzamos el poder y
podamos decidir lo que queremos construir.

IV. Retomando la acción: la comunicación y la palabra como


base de la relación de los sujetos con el poder y con la ley

Continuando con el análisis, podemos afirmar que bajo el pensamiento de Arendt el autoritarismo no sería
poder, ya que una característica fundamental del poder es que se construye en base a la interacción de los
seres humanos. Así, el poder se genera no en base a la violencia, sino que por una fuerza de convicciones
comunes que se legitiman en la “acción” y, por tanto, en la pluralidad, expresándose en el espacio público
como vida activa.

Si hay violencia no hay poder. Si hay violencia hay coacción y eso es autoritarismo.

La política se trata de la administración del poder. El ideal es que la política aspire a ser un espacio de unidad
entre los seres humanos, en donde el ejercicio del poder reconozca la dignidad de todas las personas en tanto
personas, sin discriminaciones ni arbitrariedades.

“Arendt deslinda -en forma magistral- este lugar de la autoridad, comenzando por despejar la con-
fusión frecuente entre autoridad y poder... La autoridad comparte con la coacción (poder violento) el
hecho primario de que “demanda siempre obediencia”; pero a la vez excluye el uso de medios externos
de coacción: “se usa la fuerza cuando la autoridad fracasa” (ibid., p. 102). De modo que la autoridad
tiene en común con la persuasión el requerir el consentimiento de parte del otro; pero mientras la per-
suasión presupone la igualdad y opera mediante la argumentación, la autoridad implica una jerarquía
admitida como legítima tanto por el que manda, como por el que obedece. Persuasión y autoridad
resultan, pues, a su vez incompatibles: “cuando se utilizan los argumentos, la autoridad permanece en
situación latente” (idem)”. El examen de Arendt admite la siguiente esquematización:
Psicología Jurídica

Dominio Consentimiento

Coacción Autoridad Persuasión

• Superioridad • Jerarquía Simbólica • Autonomía, igualdad


• Sometimiento • Poder Legítimo • Convencimiento, argumentación
• Violencia Física • Aceptación racional

(Sanabria, 2009).

Ahí es en donde las normas entran al juego, ya que ciertas leyes pueden no ser justas y en ese caso estar-
emos en la disyuntiva respecto de si obedecerlas o no. Ante ello, Arendt hace una distinción concreta en que
las pasiones humanas se relacionan con la violencia, mientras que las leyes se vinculan con la razón. Esto no
quiere decir que siempre las leyes sean justas, por lo mismo es importante la acción de los sujetos y las sujetas
en la sociedad, ya que en tanto se produce la comunicación entre las personas, se van modificando sentidos
comunes y construyendo nuevas racionalidades que necesariamente van a impactar en la forma en que se
plantean las leyes. En ese sentido, Arendt apuesta porque las leyes se van modificando en la medida en que
las sociedades avanzan en su comunicación y en su interacción.

Pasiónes Leyes
violencia Razón

(Sanabria, 2009).

Para Hannah Arendt la acción es palabra, es diálogo, y es a través de la palabra en donde se pueden con-
struir nuevas realidades sociales. Por eso es importante el vínculo de los sujetos con la ley, ya que, si compren-
demos el poder bajo los lineamientos entregados por Arendt para entender lo que ella denomina “la condi-
ción humana”, también estamos visualizando a la ley como un ejemplo de lo que puede ser la construcción de
una realidad más justa y democrática o, en su contraposición, de una realidad injusta y autoritaria. Siguiendo
a Arendt, es responsabilidad de todas las personas que participamos de la sociedad el decidir si avanzamos
hacia un lado o hacia el otro.
Psicología Jurídica

Referencias bibliográficas

Arendt, H. (2006). Eichman en Jerusalén. Debolsillo.

Arendt, H. (2006). Los orígenes del totalitarismo. Alianza Editorial.

Arendt, H. (2013). Sobre la revolución. Alianza Editorial.

Arendt, H. (2014). La condición humana. Paidós.

Foucault, M. (1961). Historia de la locura en la época clásica. Pantheon Books.

Foucault, M. (1966). Las palabras y las cosas. Éditions Gallimard.

Foucault, M. (1969). Arqueología del saber. Éditions Gallimard.

Foucault, M. (1975). Vigilar y castigar. Éditions Gallimard.

Foucault, M. (1988). El sujeto y el poder. Revista Mexicana de Sociología, N°3.

Foucault, M. (1996). La verdad y las formas jurídicas. Editorial Gedisa.

Foucault, M. (2000). Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones. Alianza Editorial.

Foucault, M. (2012). El poder, una bestia magnífica. Sobre el poder la prisión y la vida. Siglo XXI Editores.

Foucault, M. (2016). Seguridad, territorio y población. Fondo de cultura económica.

Montbrun, A. (2010). Notas para una revisión crítica del concepto de “poder”. Polis (Santiago), 9(25), 367-389.
[Link]

Sanabria, Á. (2009). Hannah Arendt: Crisis de la autoridad y crisis en la educación. Investigación y Postgrado,
24(2), 108-123. Recuperado de:
[Link]

Zamora, P. (2021). El sujeto ante la ley: desde el Psicoanálisis y la Ciencia Política. Universidad Andrés Bello.

RECOMENDACIÓN:
[Link]
Diálogo entre Noam Chomsky y Michel Foucault sobre la justicia y el poder.

También podría gustarte