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Principios Generales para La Reforma Y Fomento de La Sagrada Liturgia I. Naturaleza de La Sagrada Liturgia Y Su Importancia en La Vida de La Iglesia

Este documento describe la naturaleza y la importancia de la sagrada liturgia en la vida de la Iglesia. Explica que la obra de salvación se realiza a través de Cristo y su presencia en la liturgia. También destaca que la liturgia es la cumbre de la actividad de la Iglesia y la fuente de su fuerza, aunque no agota toda su actividad. Requiere disposiciones personales rectas por parte de los fieles para participar en ella de manera fructífera.

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Este documento describe la naturaleza y la importancia de la sagrada liturgia en la vida de la Iglesia. Explica que la obra de salvación se realiza a través de Cristo y su presencia en la liturgia. También destaca que la liturgia es la cumbre de la actividad de la Iglesia y la fuente de su fuerza, aunque no agota toda su actividad. Requiere disposiciones personales rectas por parte de los fieles para participar en ella de manera fructífera.

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1.

CAPÍTULO I

PRINCIPIOS GENERALES PARA LA REFORMA


Y FOMENTO DE LA SAGRADA LITURGIA

I. NATURALEZA DE LA SAGRADA LITURGIA


Y SU IMPORTANCIA EN LA VIDA DE LA IGLESIA

La obra de la salvación se realiza en Cristo

5. Dios, que "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la
verdad" (1 Tim., 2,4), "habiendo hablado antiguamente en muchas ocasiones de
diferentes maneras a nuestros padres por medio de los profetas" (Hebr., 1,1), cuando
llegó la plenitud de los tiempos envió a su Hijo, el Verbo hecho carne, ungido por el
Espíritu Santo, para evangelizar a los pobres y curar a los contritos de corazón,
como "médico corporal y espiritual", mediador entre Dios y los hombres. En efecto,
su humanidad, unida a la persona del Verbo, fue instrumento de nuestra salvación.
Por esto en Cristo se realizó plenamente nuestra reconciliación y se nos dio la
plenitud del culto divino. Esta obra de redención humana y de la perfecta
glorificación de Dios, preparada por las maravillas que Dios obró en el pueblo de la
Antigua Alianza, Cristo la realizó principalmente por el misterio pascual de su
bienaventurada pasión. Resurrección de entre los muertos y gloriosa Ascensión. Por
este misterio, "con su Muerte destruyó nuestra muerte y con su Resurrección
restauró nuestra vida. Pues el costado de Cristo dormido en la cruz nació "el
sacramento admirable de la Iglesia entera".

En la Iglesia se realiza por la Liturgia

6. Por esta razón, así como Cristo fue enviado por el Padre, Él, a su vez, envió a los
Apóstoles llenos del Espíritu Santo. No sólo los envió a predicar el Evangelio a toda
criatura y a anunciar que el Hijo de Dios, con su Muerte y Resurrección, nos libró
del poder de Satanás y de la muerte, y nos condujo al reino del Padre, sino también
a realizar la obra de salvación que proclamaban, mediante el sacrificio y los
sacramentos, en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica. Y así, por el bautismo,
los hombres son injertados en el misterio pascual de Jesucristo: mueren con El, son
sepultados con El y resucitan con El; reciben el espíritu de adopción de hijos "por el
que clamamos: Abba, Padre" (Rom., 8,15) y se convierten así en los verdaderos
adoradores que busca el Padre. Asimismo, cuantas veces comen la cena del Señor,
proclaman su Muerte hasta que vuelva. Por eso, el día mismo de Pentecostés, en que
la Iglesia se manifestó al mundo "los que recibieron la palabra de Pedro "fueron
bautizados. Y con perseverancia escuchaban la enseñanza de los Apóstoles, se
reunían en la fracción del pan y en la oración, alabando a Dios, gozando de la
estima general del pueblo" (Act., 2,14-47). Desde entonces, la Iglesia nunca ha
dejado de reunirse para celebrar el misterio pascual: leyendo "cuanto a él se refiere
en toda la Escritura" (Lc., 24,27), celebrando la Eucaristía, en la cual "se hacen de
nuevo presentes la victoria y el triunfo de su muerte", y dando gracias al mismo
tiempo "a Dios por el don inefable" (2 Cor., 9,15) en Cristo Jesús, "para alabar su
gloria" (Ef., 1,12), por la fuerza del Espíritu Santo.
Presencia de Cristo en la Liturgia

7. Para realizar una obra tan grande, Cristo está siempre presente en su Iglesia,
sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la
persona del ministro, "ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo
que entonces se ofreció en la cruz", sea sobre todo bajo las especies eucarísticas.
Está presente con su fuerza en los Sacramentos, de modo que, cuando alguien
bautiza, es Cristo quien bautiza. Está presente en su palabra, pues cuando se lee en
la Iglesia la Sagrada Escritura, es El quien habla. Está presente, por último, cuando
la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometió: "Donde están dos o tres
congregados en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos" (Mt., 18,20). Realmente,
en esta obra tan grande por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres
santificados, Cristo asocia siempre consigo a su amadísima Esposa la Iglesia, que
invoca a su Señor y por El tributa culto al Padre Eterno.

Con razón, pues, se considera la Liturgia como el ejercicio del sacerdocio de


Jesucristo. En ella los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan
la santificación del hombre, y así el Cuerpo Místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza
y sus miembros, ejerce el culto público íntegro. En consecuencia, toda celebración
litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es
acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo
grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia.

Liturgia terrena y Liturgia celeste

8. En la Liturgia terrena preguntamos y tomamos parte en aquella Liturgia celestial,


que se celebra en la santa ciudad de Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como
peregrinos, y donde Cristo está sentado a la diestra de Dios como ministro del
santuario y del tabernáculo verdadero, cantamos al Señor el himno de gloria con
todo el ejército celestial; venerando la memoria de los santos esperamos tener parte
con ellos y gozar de su compañía; aguardamos al Salvador, Nuestro Señor
Jesucristo, hasta que se manifieste El, nuestra vida, y nosotros nos manifestamos
también gloriosos con El.

La Liturgia no es la única actividad de la Iglesia

9. La sagrada Liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia, pues para que los
hombres puedan llegar a la Liturgia es necesario que antes sean llamados a la fe y a
la conversión: "¿Cómo invocarán a Aquel en quien no han creído? ¿O cómo creerán
en El sin haber oído de El? ¿Y como oirán si nadie les predica? ¿Y cómo predicarán
si no son enviados?" (Rom., 10,14-15). Por eso, a los no creyentes la Iglesia proclama
el mensaje de salvación para que todos los hombres conozcan al único Dios
verdadero y a su enviado Jesucristo, y se conviertan de sus caminos haciendo
penitencia. Y a los creyentes les debe predicar continuamente la fe y la penitencia, y
debe prepararlos, además, para los Sacramentos, enseñarles a cumplir todo cuanto
mandó Cristo y estimularlos a toda clase de obras de caridad, piedad y apostolado,
para que se ponga de manifiesto que los fieles, sin ser de este mundo, son la luz del
mundo y dan gloria al Padre delante de los hombres.
Liturgia, cumbre y fuente de la vida eclesial

10. No obstante, la Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la


Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza. Pues los
trabajos apostólicos se ordenan a que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y el
bautismo, todos se reúnan para alabar a Dios en medio de la Iglesia, participen en el
sacrificio y coman la cena del Señor. Por su parte, la Liturgia misma impulsa a los
fieles a que, saciados "con los sacramentos pascuales", sean "concordes en la
piedad"; ruega a Dios que "conserven en su vida lo que recibieron en la fe", y la
renovación de la Alianza del Señor con los hombres en la Eucaristía enciende y
arrastra a los fieles a la apremiante caridad de Cristo. Por tanto, de la Liturgia,
sobre todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se
obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y
aquella glorificación de Dios, a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a
su fin.

Necesidad de las disposiciones personales

11. Mas, para asegurar esta plena eficacia es necesario que los fieles se acerquen a
la sagrada Liturgia con recta disposición de ánimo, pongan su alma en consonancia
con su voz y colaboren con la gracia divina, para no recibirla en vano. Por esta
razón, los pastores de almas deben vigilar para que en la acción litúrgica no sólo se
observen las leyes relativas a la celebración válida y lícita, sino también para que los
fieles participen en ella consciente, activa y fructuosamente.

Liturgia y ejercicios piadosos

12. Con todo, la participación en la sagrada Liturgia no abarca toda la vida


espiritual. En efecto, el cristiano, llamado a orar en común, debe, no obstante,
entrar también en su cuarto para orar al Padre en secreto; más aún, debe orar sin
tregua, según enseña el Apóstol. Y el mismo Apóstol nos exhorta a llevar siempre la
mortificación de Jesús en nuestro cuerpo, para que también su vida se manifieste
en nuestra carne mortal. Por esta causa pedimos al Señor en el sacrificio de la Misa
que, "recibida la ofrenda de la víctima espiritual", haga de nosotros mismos una
"ofrenda eterna" para Sí. 

Se recomiendan las prácticas piadosas aprobadas

13. Se recomiendan encarecidamente los ejercicios piadosos del pueblo cristiano,


con tal que sean conformes a las leyes y a las normas de la Iglesia, en particular si
se hacen por mandato de la Sede Apostólica.

Gozan también de una dignidad especial las prácticas religiosas de las Iglesias
particulares que se celebran por mandato de los Obispos, a tenor de las costumbres
o de los libros legítimamente aprobados.

Ahora bien, es preciso que estos mismos ejercicios se organicen teniendo en cuenta
los tiempos litúrgicos, de modo que vayan de acuerdo con la sagrada Liturgia, en
cierto modo deriven de ella y a ella conduzcan al pueblo, ya que la liturgia, por su
naturaleza, está muy por encima de ellos.

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