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EG Deathly Contagious

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Roxana Fernandez
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Página 1

Este documento es una traducción oficial del foro Eyes Of Angels, por y para fans.
Ninguna otra traducción de este libro es considerada oficial salvo ésta.
Agradecemos la distribución de dicho documento a aquellas regiones en las que no es
posible su publicación ya sea por motivos relacionados con alguna editorial u otros ajenos.
Esperamos que este trabajo realizado con gran esfuerzo por parte de los staffs tanto de
traducción como de corrección, y de revisión y diseño, sea de vuestro agrado y que impulse a
aquellos lectores que están adentrándose y que ya están dentro del mundo de la lectura. Recuerda
apoyar al autor/a de este libro comprando el libro en cuanto llegue a tu localidad.

2
Página
Staff Capítulo 12
Sinopsis Capítulo 13
Capítulo 1 Capítulo 14
Capítulo 2 Capítulo 15
Capítulo 3 Capítulo 16
Capítulo 4 Capítulo 17
Capítulo 5 Capítulo 18
Capítulo 6 Capítulo 19
Capítulo 7 Capítulo 20
Capítulo 8 Contagious Chaos
Capítulo 9 (Deathly Contagious
#3)
Capítulo 10
Sobre el Autor
Capítulo 11

3
Página
MODERADORA DE TRADUCCION
Sandra289
TRADUCTORES
Nanami27 JemCarstairs Isis Cipriano
Sandra289 Shadowhuntertrp Bemay
ZoeAngelikal Blonchick Gabriela Rosales
BrenMaddox Apolineah17 wAVMw
FedeeBlack Jeniquinterom
Kellyruty Yuviandrade

MODERADORAS DE CORRECCION
Aldii Cipriano:3 Pily
CORRECTORES:
Aldii Cipriano:3 Cande34
Pily Jazz23

RECOPILACIÓN Y REVISIÓN
Pily

DISEÑO
Yuviandrade
4
Página
Después del descubrimiento de un refugio a prueba de zombis, las
cosas finalmente parecen ir bien para Orissa Penwell. Pero su oportunidad
de felicidad es destrozada cuando alguien que le importa es disparado.
Empeñada en vengarse, Orissa hará cualquier cosa que sea necesaria para
encontrar la venganza y desquitarse.
Las cosas rápidamente se vuelven de malas a peor y se encuentra
perdida y abandonada, y forzada a enfrentar al plagado mundo de zombis
por su cuenta.
Cuando las mentiras, secretos, y desesperación son añadidas al ya
horroroso mundo, Orissa descubre que los zombis no son lo único por lo
que preocuparse.
¿Qué –o quien– justicia le costará? ¿Y cómo de lejos llegará Orissa
para conseguir la venganza de alguien al que ama?
Contagious Series #2

5
Página
Un punto rojo se cernía sobre mi pecho. Me quedé inmóvil,
aborreciendo la radiación a través de mi cuerpo, mi corazón golpeando
violentamente en unos instantes. Mis ojos fueron hacia Hayden, cuyos ojos
se abrieron del miedo. Por una fracción de segundo, sostuvo mi mirada,
inmóvil.
Y entonces saltó.
Si alguien iba a morir ese día, debería haber sido yo. No era un
héroe, ni un luchador. No tenía importancia real para el complejo, nunca
podría hacer una gran diferencia. Nunca le habría permitido recibir una
bala en mi lugar.
Pero era demasiado tarde. Se oyó el disparo, haciendo eco a lo largo
del campo desértico, salpicando mi cara con la sangre de Hayden.
—¡Hayden! —grité, con el cuerpo completamente helado por el
miedo—. ¡Hayden! —Saqué mi pistola y disparé ciegamente hacia la
dirección en la que había venido el disparo mientras sostenía su cuerpo—.
¡Hayden! —lloré. Incapaz de sostenerlo, me hundí en el suelo, la sangre
tibia de Hayden salía a borbotones y teñía mi piel—. No, Hayden...
¡Hayden! —Mi cuerpo convulsionó. Solté el gatillo, lancé la pistola y abracé
el cuerpo de mi soldado, llorando.
Seguí repitiendo su nombre entre sollozos como si eso pudiera
mejorar las cosas. Acaricié mi cabeza contra él, apenas capaz de respirar.
No quería seguir adelante sin él. No creía que pudiera. Todo lo que quería
era sentir cómo mi puño rompía cada hueso de la cara de la persona que
disparó a Hayden. Entonces, yo, también querría morir.
No tenía ni idea de que Hayden no estaba muerto hasta que sus
dedos se aferraron a mi muñeca. En verdadero pánico, lo solté. Sus ojos
estaban abiertos y atrapaban a los míos.
—Ohmidios, ohmidios —tartamudeé—. Hayden. —Era mucha
sangre. Toda la parte frontal de su chaqueta estaba roja. Con manos
temblorosas, la desabroché para buscar el agujero de bala. Grité cuando
se oyó otro disparo. Rebotó en el portón trasero.
6

—Tengo que meterte en el camión —le dije, las lágrimas seguían


Página

corriendo por mi cara—. Vas a estar bien, vas a estar bien —repetí
incoherentemente una y otra vez.
—Orissa —balbuceó mientras se me acercaba. Sus dedos rozaron mi
mejilla. Intentó incorporarse pero esbozó una mueca de dolor. Me
encontraba completamente histérica. Débilmente, me rodeó con su brazo
derecho e intenté levantarlo. No sé cómo lo hice pero lo levanté. Tomé la
pistola de sus manos y disparé aleatoriamente hacia el bosque.
Envolví con mis brazos a Hayden y lo arrastré al lado del pasajero.
Abrí la puerta y cayó dentro. De algún modo me las arreglé para que
entrara. Cerré la puerta con fuerza, disparé tres rondas más hacia el
bosque y me lancé al lado del conductor y entré al sitio del mismo.
Si las llaves no hubieran estado en el contacto, probablemente
habría tenido un ataque de pánico. Golpeé con el pie el acelerador tan
pronto como el motor se encendió. Necesitábamos huir. Necesitaba parar
el sangrado. Miré a Hayden, olvidando que estaba conduciendo.
—Riss, conduce —murmuró.
Giré la cabeza y me centré en salir a la carretera. Mientras aceleraba
a noventa millas por hora, Hayden se puso la chaqueta, incapaz de mover
más que su brazo derecho. Miré por el espejo retrovisor y no vi a nadie
detrás de nosotros. Aun así, era demasiado pronto para detenerse.
—Tengo que detener el sangrado —dije en voz alta.
—No les permitas seguirte —dijo, al borde de perder el conocimiento.
Parecía como si hubiera pasado una hora antes de que frenara, causando
que accidentalmente Hayden se echara hacia delante. Olvidando aparcar el
camión, saqué el pie del freno y abrí la puerta. Gritando con frustración,
forcé la marcha a su lugar. Corrí y abrí la puerta de Hayden—. Estoy bien
—mintió.
—Ohmidios —tartamudeé tontamente de nuevo.
Me arrodillé sobre su cuerpo, presionando las manos contra la
herida de bala. Había sido disparado entre el cuello y el hombro izquierdo.
Hayden hizo un ruido estrangulado de dolor ante la presión de mis manos
y, usando su brazo bueno, me alejó. Claramente tenía que doler tener a
alguien presionando sobre una herida abierta. Estaba por abofetearlo y
decirle que me dejara salvarle la vida cuando me di cuenta de que la bala
había golpeado justo por debajo de su clavícula, más probablemente
dañando el hueso. Un sollozo se escapó de mis labios.
No sabía qué hacer. Hayden se iba a desangrar hasta la muerte.
—Lo siento —lloré y volví a poner mi mano en el agujero. Cerró sus
ojos pero no se opuso. Mi cuerpo se sacudió cuando sollocé de nuevo.
Necesitaba recobrar la compostura o Hayden moriría. Alcancé el asiento
trasero, agarré una sudadera y la presioné contra su hombro—. ¿Sujetas
7

esto? —pregunté con voz temblorosa. Asintió ligeramente y usó toda su


Página

fuerza para mover su mano derecha sobre su corazón. Tan pronto como
presionó la prenda contra su piel, lo ayudé a enderezarse y pasé sobre él
de nuevo hacia el asiento del conductor.
No era una doctora. No sabía qué hacer para salvar a Hayden. No
tenía nada que lo pudiera ayudar incluso si supiera qué hacer. No
estábamos lejos del complejo. Esa era nuestra única esperanza. Me estiré y
puse la mano sobre la suya, presionando directamente la camiseta contra
él. Volvió a hacer una mueca de dolor, dejó caer su mano y cerró los ojos.
—Estarás bien. No permitiré que mueras —prometí, con la voz
irregular al intentar respirar. El camión se volvió a encender. Conduje
como una maníaca, solo recordando ralentizarme antes de las curvas para
no molestar a Hayden más de lo que ya había hecho.
No reduje lo suficiente la velocidad en la última curva y Hayden se
desplomó del asiento. Lo miré, lista para disculparme. Mi corazón se
detuvo y mis venas se helaron. Ya no estaba consciente.
—¡No! —Lloré, golpeando los frenos. Esta vez aparcando el coche, lo
agarré, sacudiéndolo mientras gritaba su nombre. No se despertó—. ¡No
estás muerto! Hayden, no estás muerto. ¡Detente, Hayden! —En un ataque
de sollozos histéricos, encontré su pulso. Era débil, pero ahí estaba—. De
acuerdo, estará bien —me dije. Mis manos estaban temblando tanto que
apenas podía agarrar el volante. Regresé a mi asiento y conduje.
Ya casi estábamos. Hayden estaría bien. Tenía que estarlo. El portal
se hizo visible. Detenerse para abrirlo gastaría un tiempo muy preciado,
tiempo que Hayden no tenía. Golpeé el pedal y conduje justo a través del
mismo.
El A3 en el segundo portal no sabía qué hacer. Toqué la bocina,
gritándole que abriera el portal. Bajé la ventanilla.
—¿Qué jodido problema tienes? ¡Abre el puto portal! —clamé. La
cara familiar de Jason se mostró en la torre. La puerta se abrió y pasé a
toda velocidad. Los podía ver corriendo detrás de mí, pero no me importó.
Necesitaba salvar a Hayden.
No se suponía que los autos condujeran cerca de la casa vieja.
Quizás era por el complejo subterráneo. No lo sabía; no me importaba. Me
detuve a solo unos metros de la entrada principal. Dejando el camión
encendido, salí y corrí hacia el lado de Hayden. Abrí la puerta y lo agarré,
intentando bajarlo al suelo.
Su cuerpo estaba frío. Me sentía como si fuera a vomitar. ¿Por qué
nadie me estaba ayudando? Quería gritar. Hice cinco metros antes de
colapsar bajo el peso de Hayden. Luché con mis pies, acunando a Hayden
contra mí.
8

—Orissa —me llamó una voz a mis espaldas. Me giré para ver a un
Página

A3 corriendo hacia nosotros.


—¡Ayúdame a meterlo dentro! —demandé, cerca de hiperventilar.
Alguien puso sus manos sobre las mías. Pensando que los dos
chicos podrían levantar a Hayden, retrocedí. El A3 se acercó apresurado a
Hayden, lanzándose al suelo y mirando su cuerpo. Jason me empujó
varios metros hacia atrás.
—Orissa, v-vamos a llevarte adentro —tartamudeó, visiblemente
nervioso.
—No, ¡tengo que salvarlo! —lloré, alejándome de él. Jason apretó su
agarre sobre mí.
—Déjalos —sugirió rápidamente.
Me hundí en el suelo, llorando. Todo se reprodujo en mi mente. Si
Hayden había tenido tiempo para saltar, entonces yo había tenido tiempo
para alejarme. Era mi falta. Estaba enfadada con él por ser tan estúpido.
Yo no era algo por lo que morir.
—Qué pena —dijo el A3 desconocido a su compañero—. Underwood
era el mejor.
—Sí, ¿se lo deberíamos decir ahora a Fuller? Podría querer saberlo
antes de que quememos el cuerpo.
Mi sangre hirvió.
—¡¿Qué?! —chillé, levantándome con ira sobre mis pies. Jason
intentó contenerme, pero fácilmente lo empujé con el codo en las
costillas—. ¡No está muerto! —Me tambaleé, abrazándome protectoramente
al cuerpo de Hayden—. ¡No fue mordido! ¡No está muerto!
—Orissa —empezó el primer A3. Se veía como si pudiera estallar en
lágrimas en cualquier momento—. Lo lamento.
—¡No! —grité—. ¡Vamos a conseguir ayuda! Vamos por Padraic. Él
puede arreglar esto. ¡Hayden no está muerto! —Los dos A3 no se movieron.
Saqué una pequeña pistola de su tobillera y les apunté—. ¡VAYAN! —
grité—. ¡No está muerto!
Jason se movió alrededor, con la mano extendida.
—Oris…
—¡No! —grité, girando la pistola hacia él—. ¡No lo toques! ¡No está
muerto!
Jason alzó las manos y se congeló. Me giré hacia Hayden, apoyando
la cabeza contra él, incapaz de recuperar el aliento. No tenía percepción
del tiempo. Podrían haber pasado minutos o segundos antes de que
vinieran corriendo. Ivan llegó el primero, cayendo de rodillas junto a
Hayden.
9

—¡No está muerto! —le grité, a pesar de que no estaba diciendo lo


Página

contrario. Presionó sus dedos contra el cuello de Hayden. Lo miré; sus ojos
estaban abiertos con miedo desesperado por encontrar el pulso.
—Tiene razón —dijo Ivan, con voz ronca. Me aferré a Hayden cuando
todos entraron en acción—. Orissa, necesitas soltarlo. Necesitamos llevarlo
a dentro.
Asentí y separé los brazos de él. Ivan y Brock alzaron a Hayden.
Wade me rodeó con su brazo, teniendo que ayudarme a caminar desde que
mis piernas de repente se habían hecho fideos y difícilmente me podían
mantenerme en pie. Padraic corrió por la entrada, encontrándonos a medio
camino. Guió a los chicos a la sala de revisión, cerrando la puerta en mi
cara.
De nuevo presa del pánico, la aporreé, exigiendo entrar. Wade trató
de detenerme. Lo empujé y le di un manotazo. Ignorando mis intentos de
herirlo seriamente, Wade pacientemente me dejó gritar y golpear la puerta
durante varios minutos antes de abrazarme y recogerme. Me llevó a otra
sala de revisión donde la doctora Cara estaba esperando con una jeringa.
No gastó el tiempo esterilizando mi piel antes de meterme la aguja. Algo
frío se deslizó por mi vena, quemando mientras fluía a través de mi cuerpo.
Grité y protesté, golpeando a Wade en la cara más de una vez. Entonces
todo se volvió negro.
Cuando me desperté, inmediatamente sabía qué estaba pasando. Mi
cerebro estaba borroso, y tenía poco control sobre mi cuerpo. Deslicé mis
piernas sobre la cama dura de espuma y caí al suelo. Ivan, quien estaba
sentado en una silla junto a la puerta, se levantó y me ayudó.
—Pierde los papeles y conseguirás otra dosis —me advirtió—.
Órdenes de la doctora Cara, no mías —añadió. Su cara estaba seria. Me
sentí enferma.
—¿Está bien? —pregunté, mi voz apenas era un susurro.
—No está muerto —respondió.
—¿Qué significa eso? —pregunté cuando Ivan me levantó y me
ayudó a volver a la cama. Odiaba ser drogada.
—Perdió un montón de sangre. Ya le hicieron una transfusión y fue
bien.
—¿Pero...?
—Todavía no está consciente. No sabemos si tanta pérdida de
sangre... perder tanta sangre puede fastidiar muchas cosas.
—Obviamente, Ivan. ¿A qué te refieres?
10

—No lo sabremos hasta que se despierte.


—¿Así que está bien?
Página

—No lo sé, Orissa. Estoy esperando, como tú. —Se sentó junto a mí
y suspiró con fuerza—. ¿Qué pasó?
—Estábamos comiendo. Alguien nos disparó desde los árboles. N-no
sé de dónde venían.
—¿Esto no fue un accidente? —preguntó, desconcertado.
—¿Crees que le disparé?
—Bueno… no, no lo creo, pero... ¿qué más podría ser? Lamento
incluso haber tenido ese pensamiento. ¿Qué pasó?
—Creímos ver a alguien esa noche. Creo estábamos siendo seguidos.
—¿Seguidos?
—Oh dios —respiré, dándome cuenta de repente de la importancia
de la última solicitud de Hayden. Ivan se levantó, me dijo que volvería y
salió corriendo de la habitación. Moví los dedos de los pies, intentando
forzar el sentido y control a mis piernas. Había conseguido ser capaz de
extender las rodillas cuando volvió Ivan.
—Rider, Brock y Wade se están ocupando —me dijo—. Si alguien te
siguió hasta aquí, estarán muertos pronto.
—Déjenmelos a mí —me burlé, intentando incorporarme de nuevo.
Me tambaleé, con las piernas inestables como si estuvieran dormidas.
¿Qué demonios me había dado la doctora Cara?
—Vuelve a sentarte —dijo brevemente.
—No puedo sentarme mientras él está ahí.
—Sé que es difícil.
—No, no creo que lo hagas —escupí, repentinamente molesta por lo
calmado que estaba—. No sabes lo que es…
—Orissa, también es mi amigo —recalcó—. Si vamos allí, estaríamos
en medio. Padraic nos llevará cuando Hayden esté estable.
—Cuando —repetí. No sí. Hayden iba a estar bien. Padraic podría ser
el único doctor que conocía realmente y en el cual no dudaba. Asentí y me
recosté contra la cama. Hayden va a estar bien, me dije. Lo estaba. Tenía
que estarlo.
—¿Estás bien, Orissa? —preguntó gentilmente Ivan.
—Sí —respondí automáticamente.
—¿Estás hambrienta o sedienta? Te puedo traer algo.
No sentía nada aparte de miedo.
11

—No, estoy bien.


Página

—De acuerdo —dijo suavemente, como si estuviera al tanto de mi


estado mental. Sacudí la cabeza e intenté animarme—. Siéntate. Todo lo
que podemos hacer es rezar y esperar.
—¿Rezar? —Me burlé. Ivan solo sacudió la cabeza y miró al suelo.
Crucé los brazos y traté de hacer como si no estuviera desquiciada.
Ivan suspiró y cerró los ojos. Me senté congelada por varios minutos. Me
estremecí; no había reconocido el hecho de que tenía frío. Ignorándolo, me
acosté, repasando todo en mi cabeza.
Debería haberme apartado. En cambio, me senté ahí como un tonto
ciervo ante los faros de luz. Me sentía como un fracaso. Había dejado que
Hayden saliera herido, posiblemente de forma letal. Si moría, nunca me
perdonaría. Un nudo de miedo se formó en mi corazón así como en mi
estómago. Me di cuenta que evitar una vida de culpabilidad no era la única
razón por la que quería desesperadamente que Hayden viviera. El
pensamiento era igual de aterrador.
Ivan se levantó, distrayéndome de mis complicados pensamientos.
Se acercó al mostrador, abrió uno de los gabinetes y sacó una sábana
blanca y delgada para mí.
—Estás temblando —expresó—. Creo que estás en shock.
—No, solo tengo frío —repliqué, pero agradecida tomé la sábana.
—Está bien, ya sabes, admitir que estas asustada.
—No estoy asustada —dije, sabiendo que era un terrible fracaso
como mentira—. Bueno, lo estoy.
—Yo también —dijo suavemente. Se inclinó contra la cama y
suspiró—. El túnel está abierto —dijo repentinamente. Lo miré con
recelo—. Oh, no lo sabes —continuó—. Hay un túnel que va desde la sala
de armas a los campos. Estaba bloqueado. Ahora está abierto.
—No intentes cambiar de tema. No funcionará.
—Está bien —dijo suavemente.
Ninguno de nosotros habló mientras los minutos pasaban
dolorosamente marcados. Cuando oí a alguien agarrar la manija de la
puerta, salté de la cama, agradecida de que mis piernas funcionaran de
nuevo.
Fuller, pareciendo afligido, entró. Le asintió a Ivan y me frunció el
ceño. Sentí como si alguien me tirara un cubo de agua helada sobre la
cabeza. Mi corazón cayó en picado. Mis oídos pitaron y me sentí débil.
—Está vivo —nos informó Fuller, llevándose nuestros rostros
horrorizados. Tuve que poner una mano en la cama para no caerme—.
Apenas —continuó. Podría decir que Fuller estaba trabajando duramente
12

para ahogar sus propias emociones. Se aclaró la garganta—. Orissa, ven


conmigo.
Página

—No —dije simplemente.


El rostro de Fuller se torció levemente.
—Es una orden.
—No soy un soldado —repliqué—. No me voy a ir.
—No te estoy echando —afirmó—. Necesito saber qué pasó.
—Te lo puedo decir aquí —indiqué. Sin esperar su respuesta dije—:
Estábamos comiendo, sentados en la plataforma trasera. Alguien nos
disparó. Hayden fue alcanzado. Disparé hacia la dirección en la que vino el
disparo y metí a Hayden en el camión y pisé el acelerador todo el camino
hasta aquí. No vimos a nadie. Estaban escondidos en el bosque.
Fuller asintió y tragó con fuerza.
—¿Tienes idea alguna de por qué les dispararían?
—¿Un necrófilo queriendo un cuerpo fresco? No tengo ni idea. Como
dije, siquiera los vimos.
Fuller volvió a asentir, sorprendido por mi declaración. Cerró el
negocio mirando el reloj.
—Necesitas ir a la sala de cuarentenas.
—Y una mierda. No voy a ir.
—¿Perdona?
Ivan se levantó.
—Señor, creo que está en shock. Obviamente no piensa con claridad.
—Puedo verlo —dijo Fuller—. Orissa —dijo amablemente—. Es una
regla. Tú de todas las personas deberías entenderlo.
—No voy —repetí—. Me voy a quedar aquí hasta que Hayden esté
bien.
—Eso... eso podría tomar un tiempo. —Los ojos de Fuller se
volvieron brillantes.
—Puedo esperar.
—Puedes esperar en la cuarentena.
—No. No fui mordida. Aquí —dije, desabrochando mi blusa—.
Mírame otra vez. Ya verás.
Asustado de que fuera a meterme en problemas, Ivan intervino de
nuevo.
—Orissa, ¿qué tal si esperamos y hablamos con Padraic, y luego vas
a la cuarentena?
13

—Tal vez —concordé solo para que me dejaran en paz—. Sí. Puedo
hacer eso. —Vi a Fuller e Ivan intercambiar miradas preocupadas. Por
Página

último, Fuller estuvo de acuerdo. Sacó a Ivan a un lado, habló


rápidamente y en silencio con él y salió de la habitación.
—¿Segura que estás bien, Penwell? —preguntó Ivan de nuevo.
—¿De verdad me preguntas eso ahora? —pregunté con incredulidad.
—Lo siento, pregunta tonta. Es solo que nunca te he visto...
enloquecer de esta manera.
Estaba muy preocupada como para avergonzarme.
—Bueno, ¿qué harías tú?
—Probablemente entraría en negación de igual manera. Pero nunca
le diría a Fuller que se vaya a la mierda —dijo con una sonrisa.
Me encogí de hombros y empecé a darme cuenta de la sangre seca
en la que estaba cubierta.
—¿Quieres ducharte? —preguntó.
—No. Dije que no me iré. Quiero estar aquí cuando Hayden
despierte.
Ivan asintió, entrecerrando los ojos en cuestión.
—¿De verdad te preocupas por él, no?
—Por supuesto. Es mi amigo y socio.
—¿Solo eso? —preguntó sugestivamente.
Negué con la cabeza y me hundí en la silla. No miré hacia arriba o
hablé hasta que la puerta se abrió de nuevo. Vestido con matorrales
sangrientos, Padraic sonrió débilmente hacia mí.
—Riss —respiró. Corrí hacia él. No esperé que me envolviera en sus
brazos como lo hizo. La calidez de su cuerpo era reconfortante. Le devolví
el abrazo, sintiéndome de repente emocional.
—¿Él está bien? —pregunté con la cabeza todavía firme contra el
pecho de Padraic.
—Está estable —respondió.
Lo dejé ir y parpadeé.
—¿Y eso significa?
—No está consciente. No puedo hacer una evaluación completa
todavía. Sus signos vitales no son lo que deberían ser y... yo… hice lo
mejor que pude.
—¿Lo mejor que pudiste? —Mi corazón se aceleró de nuevo. Padraic
entró en la habitación y se tambaleó. Extendí los brazos hacia él,
atrapándolo antes de caer.
—Lo siento —murmuró—. Tuve que dar sangre.
14

Lo llevé a la silla y me arrodillé junto a él. Una vez que estuvo


Página

sentado, continué.
—¿Le diste tu propia sangre?
Padraic asintió.
—También lo hizo Jason. Todos somos el mismo tipo de sangre. No
confiaba en que la sangre de cualquier otra persona fuera lo
suficientemente limpia. —Puse mi mano en la rodilla de Padraic y esperé a
que continuara—. Saqué todos los fragmentos de la bala. Hice lo mejor que
pude dado lo que tengo.
—¿Qué significa eso? —preguntó Ivan.
—Este lugar no está equipado para cirugía. No puedo decir si daño
nervioso fue hecho con solo mirar. Normalmente ordenaría una resonancia
magnética, más una serie de otras pruebas y laboratorios. Ni siquiera hay
bombas de intravenosa aquí.
—¿Puedo verlo? —pregunté, de repente.
—No está despierto.
—Está bien.
Los ojos azules de Padraic se encontraron con los míos por un
segundo.
—No.
—¿Por qué no?
—En primer lugar, no necesita ser molestado. Y —dijo antes de que
pudiera protestar—. Estás sucia. Después de una cirugía normal en un
ambiente estéril mantenemos el contacto con el exterior a un mínimo. Las
condiciones aquí son menos que ideales.
No podía discutir eso.
—¿Qué pasa si me baño?
—Mañana, ¿de acuerdo? —murmuró Padraic, luciendo demasiado
cansado para pelear conmigo.
—Quiero estar allí cuando despierte —admití, sintiendo mis mejillas
enrojecer—. Para darle las gracias por salvarme la vida.
—No se despertará por un tiempo —me dijo Padraic—. El
medicamento para el dolor lo noqueó. Necesita descansar. Estas primeras
horas son las más cruciales.
Me limité a asentir, sin saber qué más decir. Ivan se levantó y se
acercó a Padraic. Extendió su mano.
—Gracias —dijo con seriedad y estrechó la mano del médico
irlandés—. Somos afortunados de tenerte con nosotros.
15

Tomado por sorpresa, Padraic tontamente asintió. Ivan dijo que


Página

estaría de vuelta y salió por la puerta. Extendí mi mano hacia Padraic,


jalándolo sobre sus pies. Caminamos hasta la puerta.
—Te ves exhausto —le dije.
—Lo estoy —suspiró.
—Debes ir a la cama.
—Deberías hacer lo mismo.
—Sabes que no puedo dormir cuando estoy estresada —dije con una
sonrisa irónica. Poco a poco, anduve por el pasillo con Padraic—. ¿Vas a
estar bien? —le pregunté, sintiendo un poco de preocupación sobre su
estado de debilidad.
—Sí —me aseguró—. Ya tomé una vitamina. Estaré mejor por la
mañana.
—Bien. —Nos detuvimos en frente de su habitación—. Padraic,
gracias.
Sonrió ligeramente.
—Es lo que hago, Riss.
—Lo sé, pero... en todo lo que podía pensar era en traerlo de regreso
aquí hacia ti. Sabía que serías el único que podría salvarlo.
Padraic no me miró.
—Gracias, supongo. —Puso los ojos en el suelo—. Me preguntó por ti
—dijo Padraic suavemente.
—¿Qué?
—Antes de que la medicina lo noqueara. Me preguntó si estabas
bien.
Algo despertó dentro de mí. Las comisuras de mis labios temblaron
como si quisieran sonreír. Sacudí la cabeza y raspé la sangre de debajo de
mis uñas. Justo cuando el silencio entre Padraic y yo se hizo incómodo,
pasos resonaron en el pasillo. Ivan venía hacia nosotros, llevando a Raeya
detrás de él. Ella corrió y puso sus brazos alrededor de mí.
—Ivan me dijo lo que pasó. ¡Lo siento mucho, Riss!
Solo asentí, sabiendo que no podía ocultar mis verdaderos
sentimientos de temor de mi mejor amiga. Resopló un sollozo y pasó las
manos por mi cabello.
—Estás cubierta de sangre.
Me encogí de hombros.
—Supongo que sí.
—Y también tú —le dijo a Padraic. Sus ojos azules se iluminaron un
16

poco cuando la miró—. Eres un héroe —le dijo. Él sonrió con timidez antes
de que sus brazos volaran a su alrededor.
Página

—No es nada en comparación a lo que hace Riss. —Padraic empujó


lejos el cumplido—. Estoy agotado. Los veré a todos en la mañana.
—Padraic —comencé—. Gracias.
—No tienes que darme las gracias, Orissa, eso es lo que hago. —
Sonrió una vez más y se fue a su habitación.
—Penwell —comenzó Ivan—. Raeya puede quedarse contigo esta
noche… si quiere. Lo he arreglado con Fuller. Incluso él no cree que sea
justo hacerte estar sola en este momento.
—Gracias, Ivan.
—No hay problema. Te daré unos minutos para agarrar tus cosas y
luego te llevaré a la sala de cuarentena.
Asentí. Los tres caminamos por las escaleras hasta el nivel C, donde
Raeya y yo nos desviamos a su habitación. Caminamos lentamente,
evitando las miradas curiosas de los vecinos del recinto.
—¿Qué pasó, Riss? —preguntó cuando llegamos a su habitación.
Miré a la puerta. Tomando mi sugerencia, la abrió. Encendió la luz y se
sentó en su cama. Ya que estaba cubierta de sangre, me quedé de pie.
—Todo comenzó en Texas —confesé—. Hallamos estas casas con
símbolos en ellas. Y tenían electricidad y agua corriente. —Cerré los ojos,
recordando vívidamente las aspas del ventilador en movimiento—.
Sabíamos que había alguien alrededor, así que fuimos a ver, pero no
encontramos a nadie. Esa noche, Hayden dijo que le pareció ver a alguien
fuera de la camioneta.
—¿Qué quieres decir?
—Una sombra o algo así. Yo no la vi. —Sacudí la cabeza—. Pero
entonces no pasó nada, bueno, nada con humanos. Conseguimos
muestras… que todavía están en la camioneta, y nos pusimos en camino a
casa. Espera. —Hice una pausa, repasando los recuerdos.
—¿Qué es?
—Humo. Olimos humo de cigarrillo. —Cerré los ojos otra vez,
maldiciendo mentalmente a mí misma por ser tan increíblemente
estúpida—. Nos siguieron y esperaron hasta que fuéramos vulnerables.
—¿Cómo es que estuvieron vulnerables?
—Estábamos comiendo y hablando. Fue entonces cuando vi el láser.
—¿Láser?
—Ya sabes, ¿como en las películas cuando la pistola tiene un
puntero láser?
17

—Oh, sí.
—Se situó justo sobre mi corazón. No sabía qué hacer. Sin importar
Página

la forma en que me moviera, estaba muerta, solo lo sabía. Y entonces


Hayden saltó. —Las lágrimas pinchaban mis ojos. Me sentía tan culpable.
—Me alegro de que estés bien —aseguró Raeya—. Fue muy valiente,
salvando tu vida.
—Sí, y estúpido —añadí. Suspiré. Fue un alivio admitir toda la
verdad a alguien. Tomé una respiración entrecortada. Raeya puso su mano
sobre la mía.
—Él estará bien. Padraic lo dijo.
—Dijo que estaba estable. Por ahora. Las dos sabemos lo rápido que
pueden ir mal las cosas, especialmente en un lugar como este. Ni siquiera
hay monitores cardíacos aquí.
—No tomó una bala por ti solo para morir —trató de convencerme
Ray. Sonrió ampliamente—. Te dije que le gustabas.
—Cállate, Ray —dije, luchando por mantenerme seria—. Hayden es
un infante de la marina. Haría eso por cualquier persona.
—Oh Dios mío, Riss, ¿admitirás…?
Se interrumpió de repente cuando la puerta se abrió. Sonja y Lisa se
quedaron boquiabiertas hacia mí.
—¿Estás bien, Orissa? —preguntó Lisa, con los ojos llenos de
preocupación.
—Sí. Esto es, solo, eh, sangre zombi. —Sonreí para ocultar mi
terrible mentira. Cerré los ojos y sacudí la cabeza; estaba perdiéndolo—.
Debo ir a la ducha —dije e hice una salida, señalando a Raeya que me
siguiera. Me acompañó a mi habitación para agarrar mi pijama. Estaba
impresionada y un poco celosa de la sala de cuarentena. Jugó alrededor
con todo dentro mientras me duchaba.
Me sorprendió lo cansada que estaba cuando me dejé caer en el sofá
después de la ducha. Raeya había puesto una comedia y hecho palomitas
de microondas. Comí unos puñados antes de desmayarme.
Fui bombardeada con preguntas durante mi primera comida con el
resto del recinto. Fui amable con las tres primeras personas que
preguntaron al respecto antes de romper a decirles a todos que se fueran a
la mierda y me dejaran en paz. Después de que comí, me fui a mi
habitación, elegí ropa limpia y me duché, fregándome a fondo con jabón.
Entonces me dirigí a la sala del hospital.
—Hola, Orissa —dijo una enfermera. Era la misma enfermera que
cuidó de mí la primera vez que puse un pie en el recinto. Eché un vistazo a
su tarjeta de identificación.
—Hola, Karen. ¿Cómo está Hayden? —pregunté con nerviosismo,
18

tirando y chasqueando la banda alrededor de mi trenza.


—Está mejorando —me dijo.
Página

—¿Está despierto?
Sonrió.
—Vienes en buen momento. Estoy atrasando su próxima inyección
con medicinas para el dolor, de manera que pueda hacer una evaluación.
Debe despertar pronto.
—¿Puedo entrar? Estoy limpia —añadí.
—En realidad, eso estaría bien. Probablemente va a estar confundido
y asustado cuando se despierte. Además de que tendrá mucho dolor. Tener
a alguien allí con quien sea cercano le ayudará a mantener la calma.
Asentí con entusiasmo y la seguí hasta la sala de enfermos. Se
detuvo en el interior de la habitación y señaló al fregadero.
—Sé que has dicho que estás limpia, así que no te ofendas. ¿Pero,
puedes por favor lavarte las manos?
—Sí —concordé fácilmente—. ¿Dónde está Padraic? —le pregunté
mientras me frotaba las manos limpias.
—Durmiendo, espero. Estuvo despierto toda la noche.
—Oh. ¿Está bien para Hayden despertar sin él? —pregunté, sin
importarme si la ofendí.
—Sí —dijo pacientemente—. Voy a estar allí y, sinceramente, no hay
mucho más que podamos hacer aparte de mantenerlo cómodo hasta que
sane.
Karen me condujo por la hilera de camas. Hayden estaba al final, y
la cortina se encontraba retirada alrededor de su cama. La cabecera de la
cama estaba ligeramente elevada. El brazo izquierdo estaba pegado en su
lugar contra su pecho desnudo y descansando sobre una almohada. Gasa
cubría la incisión y una intravenosa estaba conectada a su brazo derecho.
Tenía los ojos cerrados y su piel estaba pálida; no se parecía en nada a la
forma en que estaba acostumbrada a verlo.
—Estás bien con la sangre, ¿no es así? —me preguntó Karen.
Asentí.
—Bueno. Voy a limpiar la herida antes de que despierte.
Simplemente asentí de nuevo y acerqué una silla. Mis dedos
adornaron la mano de Hayden, con cuidado de evitar la línea intravenosa.
Su piel estaba fría. Karen se fue y regresó rápidamente con una manta
cálida.
—Acaba de salir de la secadora —dijo Karen. La cambió por la que
estaba actualmente sobre Hayden, dejando solo una sábana blanca para
19

cubrirlo momentáneamente—. Tiene que mantener el calor —explicó.


Página

Después de que estuviera metido dentro, sacó la gasa de la herida de


bala. Mi estómago se revolvió cuando vi el daño hecho a Hayden.
Vinculé mis dedos con los suyos y cerré los ojos. Después de que
hubo terminado, Karen miró su reloj y me dijo que normalmente
administraría los medicamentos para el dolor ahora mismo. De nuevo, dijo
que Hayden se despertaría pronto. Sonrió, me dijo que estaría cerca y nos
dejó estar solos.
Suavemente, pasé los dedos por el cabello de Hayden. Había tanto
que quería decirle cuando se despertara, incluyendo que era estúpido por
permitirse ser disparado porque yo habría estado bien. Sonreí para mis
adentros, pensando en la mirada dudosa que él daría al oír eso.
—Hayden —dije en voz baja—. ¿Puedes oírme?
Continué pasando mis dedos por su cabello hasta que Karen regresó
para tomar sus signos vitales. Los anotó en una libreta y me dijo que su
presión arterial estaba subiendo lentamente, lo que significaba que el
medicamento se estaba disipando.
—Puedes hablar con él —sugirió—. He tenido muchos pacientes que
me dicen recordar voces cuando estaban en coma. Y podría ayudarlo a
despertar por sí mismo, lo que espero que haga. Me sentiré mal si tengo
que despertarlo yo misma.
—Bien —dije, en realidad no sabía qué decir—. Hayden —hablé en
voz baja—. Soy Orissa. Gracias por salvarme, aunque fue realmente
estúpido. No deberías haberte hecho daño solo por mí… no soy digna de
ello. Y habría estado bien por mi cuenta, ya sabes. —Puse mi mano sobre
la suya—. Todo el mundo está muy preocupado por ti —dije—. Es mejor
que te cures rápido, porque no quiero estar pegada a alguien estúpido. Tú
y yo, ¿recuerdas? Somos los mejores asesinos de zombis.
Sus dedos se cerraron alrededor de los míos. Contuve la respiración,
esperando.
—¿Hayden?
—Mmhhh —respondió.
—Hayden, hola. Soy Orissa.
Gimió de nuevo y lentamente parpadeó hasta abrir los ojos. Su
visión borrosa se situó en mí y sonrió débilmente. Luego cerró los ojos de
nuevo.
—Riss —murmuró.
—Estoy aquí —dije y le apreté la mano. Respiró hondo varias veces
antes de abrir los ojos y examinar la habitación.
—¿Dónde estoy?
20

—Estás en la sala del hospital —expliqué—. Te dispararon,


Página

¿recuerdas?
—Sí —dijo después de un minuto—. ¿Estás bien?
—Sí. Estoy bien, perfectamente bien. Me salvaste.
Sus ojos se cerraron de nuevo.
—¿Por qué está el perro en el buzón de correo?
—¿Qué?
Abrió los ojos a medio camino.
—¿Riss?
—Todavía estoy aquí. Estás confundido por la medicina, eso está
bien, Hayden. —Mi corazón se aceleró mientras esperaba a que volviera—.
Pensé que estabas muerto —susurré, obligando a las lágrimas a irse.
Apretó mi mano de nuevo. Karen en silencio se deslizó más allá de la
cortina con una bandeja.
—Cuando esté completamente despierto, puedes ver si quiere comer
—me dijo, poniendo la sopa abajo.
Asentí.
Tomó otros diez minutos para que Hayden tomara conciencia de lo
que estaba pasando a su alrededor. Trató de incorporarse, pero hizo una
mueca de dolor.
—No te muevas —instruí, poniendo cuidadosamente mi mano sobre
su pecho. Él asintió y se relajó—. ¿Cómo te sientes? —le pregunté,
sabiendo que era una pregunta estúpida.
—No lo sé —dijo.
—Bueno, supongo que eso es mejor que mal —me reí—. ¿Tienes
hambre?
—No lo sé —dijo de nuevo. Pasé los dedos por su cabello—. Estoy
cansado.
—Puedes dormir, entonces.
—De acuerdo.
Karen entró con otra manta.
—Hola, Hayden. Haré un cambio rápido. —Cambió las mantas—. Y
ahora voy a revisar tus signos vitales. ¿Sientes algún dolor?
—Por supuesto —dijo con un dejo de sarcasmo—. Me dispararon.
Sonrió con una sonrisa pícara y no pude evitar reír.
Karen le tomó la presión arterial, la temperatura y comprobó su
latido del corazón y respiración. Después de grabarlo todo, le preguntó a si
tenía sensibilidad en los dedos de las manos y de los pies, y si podía mover
21

los pies.
—Sí —dijo. Levantó su pierna izquierda y soltó un grito.
Página

—¡Oh! —dijo Karen y puso la mano sobre su pierna para evitar que
se moviera más—. No muevas esa, el tubo del catéter está unido a ella.
—Sí, sentí eso —dijo, con los labios apretados. Karen le ayudó a
ponerse en una nueva posición, explicando que estaba preocupada por las
úlceras por presión; sin embargo nos dijo que Hayden estaba haciéndolo
tan bien como se esperaba y le levantó la cabeza de la cama antes de
dejarnos solos.
Me dieron el plato de sopa y se la ofrecí a Hayden. Él asintió y me
dejó alimentarlo. Solo se comió la mitad antes de que el dolor le hiciera
sentir tantas náuseas que ya no pudo soportar su estómago.
Karen regresó y dijo que era hora de que descanse de todos modos.
Inyectó algo en la línea de la intravenosa, advirtiendo a Hayden que podría
ponerlo confuso antes de dormirse. Él débilmente se estiró por mi mano.
Vinculé nuestros dedos.
—Eres digna de ser salvada —susurró en voz baja; supongo que me
había oído después de todo.
—Tal vez, pero no a este costo.
—Perdí a todos, Riss —arrastró las palabras—. Todos los que me
importaban. Y luego te conocí. Yo... no voy a perderte.
—No lo harás —prometí, sin poder evitar las lágrimas que caían por
mi mejilla.
—¿Riss?
—¿Sí?
—¿Te quedas conmigo?
—Por supuesto.

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Página
Brock, Wade, y Rider regresaron esa noche. Habían encontrado a los
chicos que nos estaban siguiendo. Junto con Ivan, los cinco llenamos la
oficina de Fuller.
—Había cuatro —explicó Brock—, en un Mustang negro, del '69 por
el aspecto del mismo. Muy bien restaurado pero extraño para ser dado a
conducir a los zombis. Los encontramos a diez millas de aquí. —Hizo una
pausa, mirando a Wade y Rider—. Abrieron fuego de inmediato —
continuó—. No tuvimos más remedio que acabar con ellos. Uno se escapó,
pero consiguió ser cortado en la pierna primero. No llegará muy lejos;
apuesto a que está muerto ya. Sobre todo si está por su cuenta, ya que
estaba acostumbrado a correr con los otros. Cuando examinamos los
cuerpos, los tres tenían el mismo tatuaje de un cráneo llevando una
corona. También estaba pintado en la puerta del Mustang.
—Miembros de pandillas —especulé.
—Sí —dijo Rider—. Uno de ellos tenía tatuado “Lores Imperiales” en
la espalda.
—¿Y ahora qué? —pregunté, loca por no llegar a sentir mi puño
aplastar los huesos de las mejillas de los bastardos que dispararon a
Hayden.
—Están muertos —dijo Wade, dándome una mirada, como si
acabara de hacer la pregunta más tonta del mundo.
—Nos hemos encontrado con pandillas y grupos pequeños antes —
explicó Brock—. Nunca han dispararon contra nosotros, pero nunca han
querido venir al recinto. ¿Puedes pensar en algo que podría haberlos hecho
querer dispararles?
—La parte trasera de la camioneta está llena de armas —dije—.
Asaltamos una tienda de caza y camping. Supongo que mataría a alguien
por armas de fuego y munición también. Además, el camión de Hayden...
sabes, ¿con la ametralladora montada? Vendrá bien.
Hubo un murmullo de concordancia. Fuller se incorporó y miró a
23

Ivan.
—Trae las armas y haz que entren en el inventario. Pídele a alguien
Página

que revise el suministro de combustible e infórmame de nuevo.


—¿Así qué, es todo? ¿Solo continuamos como si nada hubiera
pasado? —Interrumpí.
—Sí —ordenó Fuller—. Están muertos, Penwell. Pero nosotros no.
Tenemos que continuar si queremos que siga siendo así.
Me crucé de brazos. No sabía lo que esperaba que hiciera Fuller,
pero dejar los cuerpos de los tiradores de Hayden en el lado de la carretera
para ser comidos por zombis era demasiado decepcionante. Miré a Fuller y
salí de la habitación.
Ya que no se me permitía “molestar” a Hayden por instrucciones de
Padraic, pasé el resto de la noche con Raeya. Me quedé con ella hasta que
estuvo lista para ir a dormir; no quería estar en mi habitación sola. Sabía
que Hayden iba a estar bien, pero ver la cama vacía era algo que no quería
hacer.
No fui a entrenar al día siguiente. Estuve dando vueltas por los
pasillos, parando por la sala del hospital lo suficiente como para molestar
a Padraic. Tenía el ceño fruncido por la preocupación mientras se
arraigaba en alrededores a través de los medicamentos cada vez más
escasos.
—¿Qué hay de nuevo, doc? —pregunté, apoyada en el mostrador.
—Orissa, hola —dijo en una voz monótona. Era la tercera vez que me
había pasado a ver a Hayden esa mañana.
—¿Qué es lo que buscas? —También había llegado a ser
increíblemente entrometida; quería saber lo que estaba pasando con
Hayden en todo momento.
—Medicina para el dolor.
—¿Morfina?
—No —dijo brevemente, tomando una botella y leyendo de la
etiqueta—. Hayden se vuelve tolerante. No está ayudando en absoluto.
—¿Eso es normal?
—Bueno, no es común. Pero no es algo inaudito. Se llama
taquifilaxia1.
Ni siquiera traté de recordar esa bocanada de palabra.
—¿Qué puedes hacer?
—He probado otro medicamento para el dolor, pero tuvo efectos
adversos. Puedo ayudarle a dormir; no va a someter el dolor, pero al
menos no lo sentirá tanto si está dormido —suspiró, colocando un frasco
de vidrio de líquido. Se pasó las manos por la cara. Las ojeras eran
24

prominentes bajo sus ojos.


Página

—Necesitas dormir —le dije.

1 Se denomina taquifilaxia a la disminución gradual del efecto de un fármaco al

ser administrado de forma continua o repetida


—Tengo que cuidar de mi paciente.
—¿Puedo ayudar?
—Sí, si puedes conseguirme algo de Fentanyl2 —dijo con una leve
sonrisa.
—Puedo —dije, enderezándome—. Puedo conseguir cualquier cosa.
Solo dime dónde lo encuentro.
Padraic me miró sin parpadear.
—No debes salir en otra misión en este momento.
—¿Por qué no?
—Te fuiste a dos de golpe.
—¿Así qué?
—Así que —se exasperó—, tal vez deberías quedarte aquí un tiempo.
La suerte no ha estado de tu lado.
—Sí, lo ha estado. No fui a la que le dispararon. Y no creo que la
suerte tenga nada que ver con nada más, Padraic. —Lo miré fijamente.
Sacudió la cabeza y suspiró de nuevo. Caminé más allá de él y destapé
una pluma—. Dime lo que necesitas. Voy a darle la lista a Fuller. Es quien
tiene la palabra en si voy o no. —No me importaba lo que dijera Fuller.
Iría, sin importar qué.
Padraic vaciló.
—De acuerdo. Fentanyl —dijo lentamente, vocalizándolo para mí—.
Y benzodiazepina. —Tuvo que deletrear ese para mí y prosiguió a darme
algunos artículos médicos más—. En realidad hay un montón de cosas que
podríamos usar aquí —comenzó—. Equipo, como bombas de IV3 y
monitores de signos vitales.
—Voy a escribirlos también —dije y escuché atentamente mientras
Padraic describía lo que necesitábamos.
Doblé la lista y me la metí en el bolsillo.
—¿Puedo verlo?
Padraic sacudió levemente la cabeza antes de ceder.
—Cinco minutos. Necesita descansar.
Rodé mis mangas y me lavé las manos antes de entrar en el ala de
enfermos. Caminé alrededor de la cortina justo a tiempo para ver a un
25

joven B3 sosteniendo un recipiente de plástico para que Hayden vomitara


en él. Hayden gimió y cerró los ojos, dejando su cabeza golpear la
Página

2 Fentanyl: es un agonista narcótico sintético opioide utilizado en analgesia y


anestesia, con una potencia aproximada 77 veces mayor que la morfina
3 IV: Intravenosa
almohada con demasiada fuerza. Hizo una mueca ante el dolor que le
causó a su hombro.
El B3 parecía que iba a vomitar él mismo mientras permanecía de
pie, sosteniendo el cuenco en la medida de lo posible. Hizo un ruido de
sorpresa al verme, lo que causó que Hayden abriera los ojos.
—Riss —graznó.
—Hayden —respondí—. Te ves horrible.
—Me siento horrible —concordó. Rodeé la cama, cogiendo el vaso de
plástico con agua y poniendo la paja en sus labios. Después de tomar un
poco explicó—: Lo que sea que me dieron me puso enfermo.
—Puedo ver eso —dije con una sonrisa, sentándome con cautela en
el lado derecho de su cama. Barrí mis dedos contra su mejilla—. Voy a
salir y conseguirte algunos nuevos medicamentos que no te harán vomitar.
—Gracias —dijo, antes de que su rostro ya ceniciento se volviera aún
más sombrío—. ¿Te vas?
—No voy a estar fuera mucho tiempo. Soy la mejor, ¿recuerdas?
Conseguiré lo que necesitas y volveré de inmediato.
—No quiero que te vayas —dijo en voz baja.
—Dos días, si ni siquiera eso, es todo lo que me habré ido. Padraic
dijo que tiene medicinas que te causarán sueño, por lo que ni siquiera te
darás cuenta de que me he ido.
—Eres buena, Riss, pero eres mejor cuando estoy contigo. Somos un
equipo, ¿recuerdas? Quédate aquí hasta que pueda ir.
—Eso no va a suceder durante un tiempo —dije suavemente—.
Hayden, no me gusta que tengas dolor. Solo quiero obtener los
medicamentos y hacer que te mejores.
Hayden abrió los ojos.
—Orissa, hay algo... —se detuvo, a punto de enfermarse de nuevo.
Cogí un cubo de basura justo a tiempo. Padraic y el B3 se apresuraron,
aparentemente escuchando el vómito. Padraic me llevó afuera. Ni siquiera
tuve que decir adiós a Hayden.
Me encontré con la doctora Cara en mi camino hasta el nivel C.
—Gracias por las muestras —dijo ella, su voz monótona.
—Oh, sí —le dije. Me había olvidado de ellas hasta ahora—. ¿Las
26

tienes ya?
Página

—Sí. La sangre no se mantiene fresca. Tuve que probar de


inmediato. Puede ser que necesite más.
Asentí bruscamente. Di un paso hacia adelante, pero Cara me
agarró del brazo. Le dio la vuelta y pasó un dedo sobre la vena en mi
muñeca.
—¿Puedo tener un poco de sangre?
—Uh, seguro.
Sus finos labios se apretaron en una sonrisa y me indicó que la
siguiera de nuevo a la sala del hospital. Mis ojos recorrieron la puerta que
me separaba de Hayden.
—Él estará bien, ya sabes —me dijo la doctora Cara, sin emoción en
su voz—. Bueno, a menos que reciba una infección. Entonces no lo estará.
No traté de ocultar mi expresión de "¿por qué carajo dirías eso?”.
Hayden tenía razón, la doctora Cara era tan socialmente torpe. Chasqueó
los guantes de goma, apresuradamente pasó una bola de algodón de
alcohol por encima de mi brazo y metió la aguja en mi vena. Vi la profunda
sangre escarlata correr en el vial.
—¿Estás acercándote a encontrar una vacuna? —pregunté, sabiendo
que la respuesta más probable sería que “no”.
—Posiblemente. He encontrado algunas similitudes en la sangre de
Hayden y de Parker. Cuando tenga las muestras para comparar podría
saber más. La resistencia de Hayden a la medicina del dolor podría ser
algo. Por supuesto, tener a alguien para probar la vacuna ayudaría. —
Escribió mi nombre en una etiqueta y la envolvió alrededor del vial—. ¿Me
puedes traer un mono?
—¿Eh?
—Un mono. Ya sabes... —Imitó un mono, rascándose la cabeza y
saltando arriba y abajo mientras hacía un ruido horrible.
—Sí, sé lo que es un mono. ¿Por qué quieres uno?
—Los primates comparten la mayor parte de nuestro ADN. Podría
ser capaz de infectar a uno.
—Oh, sí. Si no tenemos suficientes problemas en nuestras manos
ya, vamos a lanzar un loco y homicida zombie-mono.
—Te dejaré dispararle en la cabeza si se vuelve loco.
—Vaya, gracias. —Levanté las cejas—. Si encuentro un mono, voy a
traerlo de vuelta. —Negué en desacuerdo y me fui, pensando en dónde
diablos siquiera encontraría un mono. Era probable que todos los
27

animales en un zoológico estuvieran muertos, no quedaba nadie para


Página

cuidar de ellos.
Fue fácil convencer a Fuller que me dejara ir. Pensó que me “haría
algo bueno" dejar de pensar en todo lo que había sucedido. Empaqué una
bolsa y abracé a Raeya a modo de adiós. Como Padraic, no quería que me
fuera. Me metí en la sala del hospital y le expliqué todo a Hayden, que
estaba profundamente dormido. Dudaba de que pudiera oír una palabra
de lo que dije.
No había interactuado mucho con los otros seis A1: Gabby, Jessica,
Alex, Mac, Jose, Noah. No estaba segura de con quién me emparejarían, y,
francamente, no me importaba. Aparte de Hayden, prefería trabajar sola.
Dado que esta iba a ser una carrera fácil de suministros, solo Alex,
Mac, Gabby y yo íbamos. Al igual que Hayden, Alex había servido en
múltiples giras en el extranjero. Tenía los ojos grises intensos y cabello
oscuro. Su fuerte mandíbula estaba tensa y se autonombró el líder. Al
instante no me gustó.
Quería llegar al hospital más cercano, conseguir las cosas que
Hayden necesitaba y correr de regreso. Extendimos un mapa y marcamos
todos los hospitales en un radio de cincuenta millas. Infiernos, si dábamos
con uno cerrado, incluso podríamos volver esta noche.
Había ido sobre la lista varias veces con Padraic así me aseguraría
de conseguir exactamente lo que necesitábamos. Incluso nos había dicho a
qué partes del hospital ir primero. Esta realmente sería una misión fácil,
me reiteré a mí misma.
En contra de mi sugerencia, Alex condujo hacia el norte. Le dije que
acabábamos de llegar de una misión en la que fuimos al norte y estaba
frío, nevoso y miserable. Dijo que prefería tratar con la nieve que con
zombis, ya que a los zombis no les iba bien en el frío.
Tuve que contenerme para morderme la lengua. Odiaba la manera
en que Alex alardeaba con su rango por ahí como si me importara. Era un
Especialista en el Ejército; Hayden era un Sargento, que era un rango más
alto. Era tan tentador recordarle eso a Alex. No queriendo hacer este viaje
peor de lo que estaba condenado a ser, mantuve la boca cerrada. Además,
estaba demasiado preocupada con la molesta sensación de que me estaba
olvidado de cuidar algo crucial.
No parecía correcto que solo cuatro miembros de la banda tuvieran
toda una calle marcada. ¿Por qué necesitarían tantas casas? Y si
confiaban en esas casas, tendrían que establecer un campamento cercano.
Hayden y yo perdimos mucho tiempo mirando; si hubieran estado
alrededor los habríamos encontrado.
—Bájate en esta salida —le dije a Alex, siguiendo la ruta con el dedo
en el mapa—. El hospital se encuentra a pocos kilómetros después de eso.
28

—No —dijo brevemente.


Página

—¿Por qué?
—No me cuestiones, Penwell. Te dije que no.
—Y pregunté por qué —repliqué.
—Dije que vamos a un clima más frío.
—¿Más frío? Estamos a diez kilómetros del campamento. Es más frío
aquí.
—Eso no es lo que quise decir y lo sabes.
Mac me lanzó una mirada nerviosa en el espejo retrovisor. Me di
cuenta por la forma en que apretó la mandíbula, que estaba en extremo
entendimiento con Alex. Sus ojos se cruzaron con los míos y asintió
levemente, pidiéndome que simplemente estuviera de acuerdo.
—Bien. El siguiente hospital entonces. Cuanto más tiempo nos
hayamos ido, más tiempo Hayden estará con dolor.
A seis horas en nuestra misión, nos detuvimos a comer y orinar. Me
bajé de la camioneta, con ganas de estirar las piernas y alejarme de Alex.
No me gustaba estar con gente que no conocía. Los había visto en los
entrenamientos y sabía que eran todos competentes con sus armas, así
que al menos no me sentía responsable de ninguno. Aun así, me gustaba
la camaradería de mi grupo habitual.
Estábamos cerca de una hora de distancia del otro hospital, y nos
estábamos quedando sin luz del día. Alex ignoró mis instrucciones y se
bajó en la salida equivocada. Puesto que no había leyes de tránsito, nos
condujo por en medio y a través de un césped para llegar al aparcamiento
del hospital.
Las puertas de entrada del hospital estaban abiertas, escupiendo
peligro desconocido y oscuridad. En silencio, nos bajamos de la camioneta
y nos pusimos de pie. Tenía una funda en cada lado, conteniendo una M9,
una ametralladora atada a mi muslo derecho y el carcaj del arco y flechas
colgando de mi hombro. Clips extras cargados en mis bolsillos.
Silenciosamente entramos en el vestíbulo. La luz del día se filtraba
por las puertas abiertas y ventanas rotas. Gabby dio arcadas por el olor de
humanos en descomposición. Pies lánguidamente colgaban de la que una
vez fue una gran fuente; el resto del cuerpo estaba desintegrado bajo el
agua pútrida. Espuma marrón y café flotaba en la superficie del agua. El
hedor solo empeoraba cuanto más lejos íbamos. Cambié mi M9 por la
ametralladora, usando el alcance de visión nocturna para ver a través de
las salas oscuras.
Alex tomó la delantera. Ni siquiera iba a pelear con él en eso; si nos
atacaban, por lo menos sería el primero en irse. Vidrio crujía bajo sus
29

botas. Alguien había roto el casco que contenía el hacha contra incendios.
Me encogí cuando las suelas de goma de mis botas de combate en colores
Página

de camuflaje trituraron el cristal, su sonido de crujido resonando por la


oscura y vacía sala.
Bueno, la que solía ser sala vacía.
Tres zombis cojearon su salida de la sala de espera. Alex me hizo un
gesto, pero yo ya estaba un paso por delante. Una flecha pasó zumbando
por el aire, hundiéndose en el ojo podrido de un S2 femenina. Haciendo
caso omiso de la picadura de la cadena golpeando mi muñeca desnuda,
disparé dos más, dejando caer los otros zombis. Hice clic en mi linterna y
miré con disgusto a la matanza.
Con cuidado de no presionar demasiado, puse mi pie en los pechos
purulentos para sacar las flechas. Las sacudí de las partes bultosas y las
limpié en la ropa sucia de los zombis antes de meterlas de nuevo en el
carcaj.
—Buen trabajo, Orissa —dijo Gabby, su sonrisa apenas visible en la
luz tenue. Le sonreí y asentí. Pasamos por encima de los cadáveres y
continuamos por el pasillo, haciendo una pausa para mirar el directorio.
Alex acababa de abrir la boca para ladrar una orden, cuando oímos
los gemidos. Mi mano voló detrás de mí, mis dedos agarrando una flecha.
Mi corazón dio un vuelco cuando el ruido se ahogó en los lamentos.
Fui por el M16 en su lugar.
Una horda de zombis chasqueó sus rostros muertos en nuestras
direcciones, abriendo la boca en descomposición con avidez a la vista y el
olfato de nosotros. Abrimos fuego, dejando caer la primera línea. Ofreció
poca ayuda; los zombis que tropezaron solo se arrastraban hacia nosotros.
Llamadas de muerte venían desde atrás de nosotros. Maldita sea,
estábamos siendo rodeados.
—¡Reculen! —gritó Alex.
No. Estábamos tan cerca. No me iría con las manos vacías.
—¡Cúbranme! —grité, mirando a una puerta.
—¡No, sal Penwell!
—¡Veinte minutos! Si no estoy de vuelta en veinte, asuman que estoy
muerta y sigan sin mí. ¡Ahora cúbranme! —Até el arma a mi pierna y corrí
a través de la puerta abierta, el rápido fuego cegándome y
ensordeciéndome. Tropecé con un IV de pie, caído, enviando una descarga
dolorosa cuando el dorso de mis muñecas se estrelló contra el frío suelo de
baldosas. Le di una patada a la puerta cerrada y locamente miré alrededor.
Estaba en una habitación de laboratorio. Trepé, empujando un
archivador en frente de la puerta. Había otra puerta; supuse que conducía
a la sala de espera o, si tenía suerte, al pasillo detrás de las salas de
30

examen. Eran ambos, y corrí por la sala de espera en la vía estrecha,


corriendo junto a las salas de examen. Golpeé contra las puertas
Página

automáticas que llevaban a la sala de emergencias.


Varios gummies gimieron e hicieron débiles intentos de venir a mí.
Enterré una flecha en sus blandos cráneos. Sosteniendo la linterna en la
boca, tiré de las cortinas. Un gummy casi deteriorado rezumaba en una
cama de hospital, úlceras permanentes por presión estaban pegadas al
material. El olor me ahogaba y tuve arcadas.
Llegó a mí, sosteniendo la respiración. No le quedaban dientes.
—Le das un nuevo significado a “gummy” —le dije mientras
disparaba una flecha a su cabeza. Hizo todo el camino a través suyo y
golpeó la pared detrás. Arrugué la nariz por los pegotes de materia cerebral
que rezumaban de ella y decidí dejarlo.
Padraic me dijo que buscara una máquina dispensadora de
medicamentos. Busqué frenéticamente pero volví con las manos vacías.
Negándome a irme sin nada, llené una funda de almohada con bolsas IV y
antisépticos. Disparé en el cráneo a un EMT4 zombie con la M95 cuando
encontré mi camino a la salida. Pateé las puertas abiertas, pasando junto
a una ambulancia y corriendo al estacionamiento.
—Diecisiete minutos —dijo Alex cuando me metí en la camioneta,
apenas siendo capaz de mantener la sonrisa de su cara.
—Te lo dije —le dije, añadiendo petulancia extra a mi voz a
propósito.
—Tres más y me habría ido. ¿Qué conseguiste?
—Bolsas IV y esas cosas de clorhexidina que Padraic quería. No
pude encontrar las medicinas.
—En el siguiente hospital —prometió Mac. Asentí y arrojé las bolsas
en la parte trasera de la camioneta—. ¿Adónde vas para esas cosas? —
preguntó.
—A emergencias —le dije.
—¿Estaba lleno de zombies?
Negué.
—Todavía no.
Mac miró a Alex y Gabby.
—Tenemos que ir a conseguir los monitores y las bombas.
Alex se quejó, no le gustaba la idea, simplemente porque no era
suya. Después de pensarlo un momento, detuvimos el coche y fuimos de
nuevo a la sala de emergencias. Alex y Gabby tomaron la mitad de la lista,
mientras que Mac y yo encontramos el resto de los artículos. Llenamos la
31
Página

4 EMT: Emergency Medical Technician: Técnico de Emergencias Médicas.


5 M9: Pistola semiautomática.
parte de atrás de la camioneta en menos de una hora. Y teníamos todo de
la lista... excepto la medicina.
Nos estábamos quedando sin la luz del día. Alex quería seguir
adelante, pero cuando los espesos copos de nieve flotaron desde las
oscuras nubes, volvimos de nuevo a la carretera en busca de una ciudad.
Fueron las altas e ilesas puertas de hierro fundidas las que nos
atrajeron. La ciudad parecía fantasma, aunque la basura que estaba
encima de la capa de polvo de nieve blanca me hizo creer que fue
abandonada recientemente. Estaba demasiado ocupada escaneando
nuestro entorno por los no-muertos como para leer el nombre del pueblo
del signo al pasar, aunque la pintura estaba tan deteriorada y descamada
que habría tomado una segunda mirada para ver lo que decía de todos
modos.
Bajé mi rifle y examiné la casa que habíamos elegido. Pintada de un
verde bosque con persianas de color gris oscuro, la casa victoriana debió
haber sido hermosa una vez. Las tablas de madera crujieron mientras
caminábamos hasta el porche. Esperaba una niña espeluznante vestida
con un vestido de encaje blanco abriendo las cortinas de marfil y
mirándonos antes de desaparecer. Rodé los ojos por mi propio
pensamiento.
—No —le dije a Alex, al verlo levantar su pie para patear la puerta.
Aseguré mi rifle—. Voy a hacerlo.
—Eres buena y todo, Penwell, pero soy más fuerte que tú —indicó.
Eso era casi un cumplido.
—Tranquilo, Hércules. Si tiras la puerta abajo, no podremos cerrarla
esta noche.
—Entonces, ¿cómo se supone que vamos a entrar? —preguntó,
agitando la mano hacia la puerta.
Saqué una horquilla de mi cabello.
—Uh, forzando la cerradura. —Enderecé el pasador y me saqué la
gomita. Hice lo mismo con otra, causando que mi flequillo cayera por mi
cara, me arrodillé junto a la puerta, y me puse a trabajar. Solo un minuto
después, di vuelta a la perilla.
—He oído que eres bastante criminal —se burló Alex.
—No molestes, Alex —espetó Gabby—. Ella nos hizo entrar. Gracias,
Orissa. —Miró a Alex y entró. Dejé caer las horquillas y la seguí.
32

La primera cosa que noté fue el perro de peluche. No era un lindo


Página

perro de peluche, mullido. Era un perro de verdad, finamente


embalsamado, en una posición sentada, fijado en la parte inferior de las
escaleras que se derramaban hacia el vestíbulo. La luz de la linterna de
Gabby se reflejaba en los ojos de cristal.
—Eso es perturbador —dijo y lanzó su luz para otro lugar.
—No es tan inquietante como eso —dijo Mac, señalando al lugar
donde iluminó con su linterna.
—¿Qué demonios? —pregunté, inclinando la cabeza. Miré a mí
alrededor y sentí el más mínimo temor enfermizo—. Estamos en un jodido
museo de cera. —Di un paso adelante hacia la figura de cera de tamaño
natural de Abraham Lincoln que la luz de Mac seguía apuntando. Saqué
mi guante y raspé su cara con mi uña.
—Es un lugar encantador para alojarse —dijo Gabby
sarcásticamente. Se sacó la mochila, dejándola caer al suelo con un golpe
sordo—. Oye —susurró, volviéndose hacia mí—. ¿Crees que hay un
psicópata en el sótano esperando para echarnos una gran cuba de cera y
convertirnos en muñecas?
La miré con curiosidad.
—Uh, no.
—No importa, supongo que nunca viste esa película.
Exploramos el resto de la casa. Cada habitación fue creada con un
tema diferente para coordinar los personajes de cera. Llevamos las
muñecas a la sala de estar y rompimos sillas para usar como leña para la
lujosa chimenea de hierro fundido, que hizo poco para calentar la
congelada habitación.
Dormimos por turnos. Como de costumbre, tomé la primera guardia.
Estaba demasiado fría como para acomodarme, así que caminé alrededor
del edificio, corriendo arriba y abajo por las escaleras para entrar en calor.
Había un viejo periódico en la papelera de reciclaje en un armario de una
oficina. Tenía la fecha de cuatro años atrás. Este lugar había estado en la
quiebra incluso antes de que la ciudad se acabara.
A las dos de la mañana, Gabby dijo que cambiara. Me arrastré
dentro de mi saco de dormir, pero no pude entrar en calor. Fría y cansada,
me quedé dormida fácilmente. Soñé con que volvíamos con seguridad al
compuesto, pero tan pronto como entré dentro de la finca de ladrillo falso,
fui llevada de regreso a la granja de mis abuelos en Kentucky. Raeya
estaba sentada en la sala de estar llorando. Pasé junto a ella y lentamente
subí las escaleras.
Hayden estaba acostada en mi cama, con los ojos fríos y sin vida.
Me sobresalté despierta, mi corazón acelerado.
33

—Estúpida pesadilla —murmuré para mí misma, me di la vuelta


Página

para tratar de ponerme cómoda. Hayden no estaba muerto. Bueno, no lo


estaba tanto como yo sabía. Solo una persona había muerto en esa casa y
me negaba a pensar en ella.
Tuve solamente unas pocas horas de sueño por la noche. Me quedé
dormida en el coche. No tenía ni idea de dónde estábamos cuando Mac me
despertó. Al instante me puse en alerta cuando un gran hospital se alzaba
delante de nosotros. Había un polvo de nieve fresca sobre el
estacionamiento.
—No hay huellas —dije.
—Eso no lo sabes —escupió Alex.
—Sí, lo sé. Hay o no hay. Y no veo ninguna.
—Eso no significa nada.
—No he dicho que significara algo. Solo estoy diciendo que no veo
ninguna huella. —Apreté los puños. Si todo se redujera a eso, haría
tropezar a Alex si los zombies nos estuvieran persiguiendo.
Por lo que podríamos decir, nada nuevo había dejado o entrado en el
edificio desde la caída de la nieve. El hospital parecía nuevo. El vestíbulo
era grande y por suerte brillante gracias a las grandes ventanas de cristal.
Había un gran atrio al lado del vestíbulo, con altas ventanas de cristal y
un techo del mismo material, dando una visión completa de la espesura
del bosque que estaba detrás del hospital.
Armas apuntando, facilitamos nuestro camino por el hospital,
haciendo el recorrido a la planta de oncología. Cuerpos cubrían el pasillo,
pero no habían sido asesinados por los zombies. Estaban perfectamente
acostados con sábanas cubriéndolos, todos con la misma mancha de
sangre en un lugar parecido a la cabeza; habían sido ejecutados.
Dejé de contar después de los cincuenta. El olor era horrible; todos
nos tapamos la nariz e hicimos nuestro mejor esfuerzo para no vomitar.
Llegamos al final del pasillo. Mac empujó las puertas que revelaban que
habían sido encadenadas desde el otro lado.
—¡Hijo de puta! —juró Alex, mirándome como si fuera mi culpa. Abrí
la boca para decir algo malicioso pero oímos el gruñido.
La cosa más inteligente para hacer sería matar con el silenciador.
Vestida con matorrales ensangrentados y una bata de laboratorio sucia, la
doctora loca enseñó los dientes cuando nos vio. Su tobillo estaba torcido y
roto, y dos de sus dedos habían sido mordidos. Ni siquiera valía la pena
una flecha. Saqué el cuchillo de la vaina en mi cinturón y corrí hacia
delante, dispuesta a enviar la hoja profundamente en su cerebro dañado.
La bala fue más rápida.
34

Más rápida, más y más fuerte. Una vez caída la loca, me volví para
Página

mirar a Alex, que había levantado la pistola. Tenía una sonrisa en su


rostro, satisfecho de haber conseguido matar antes que yo.
—¿Qué demonios? —grité, al no ver el punto de mantener mi voz
baja ahora.
—Tres puntos para mí —dijo con aire de suficiencia.
—¡Sí, tres puntos por ser un idiota! —Moví mis brazos al final del
pasillo—. ¿Por qué diablos hiciste eso? ¡Estamos al final de un
pasillo bloqueado!
El rostro de Alex se movió cuando se dio cuenta de eso.
—Me podrías dar las gracias por haberte salvado.
—No me has salvado. ¡Nos pusiste en peligro, imbécil!
—Deja de ser tan dramática —se burló—. Obviamente estamos bien.
Mac y Gabby intercambiaron miradas nerviosas. Estaban de acuerdo
conmigo.
—Vamos a conseguir las cosas —sugirió Gabby—. Hace frío y me
quiero ir a casa.
—Un buen plan —concordó Mac. Nos pusimos de a dos, pasando por
un pasillo diferente para entrar en la sala de emergencias. La adrenalina
corría tanto por mis venas que mis manos casi se sacudieron. Seguí
esperando que algo saltara hacia nosotros. Llegamos a la farmacia sin
tropezar con nada.
No estaba bien.
Pero, ¿quién era yo para desear zombies? Tuvimos que romper las
cerraduras, rasgar gabinetes, y hacer palanca en cajones del dispensador
de medicamentos computarizado. Golpeé la cerradura de un refrigerador
médico varias veces con la culata de mi rifle antes de que se rompiera. La
única cosa buena acerca de que aquí estuviera tan jodidamente frío era
que los medicamentos que necesitan fresco se mantuvieran bien. Dejé caer
botellas de insulina como loca buscando alrededor.
—¡Lo encontré! —Exclamé, sosteniendo un pequeño frasco de vidrio
de fentanilo.
Pasamos unos minutos recogiendo más medicamentos, incluyendo
una forma de la tableta del fentanilo. Como funcionó la primera vez, agarré
otra funda de almohada y la mantuve abierta para que Gabby volcara los
medicamentos. Una vez que estuvo lleno, caminamos fuera del hospital.
Me quedé en la parte trasera de nuestra línea, contenta de que los demás
no pudieran ver mi sonrisa. Me encantaría volver pronto, volver a ver a
Hayden. Tengo esa molesta sensación de revoloteo en el estómago al
pensar en él. Negué con la basura. Estaba ansiosa por conseguir los
35

medicamentos para el dolor que estaba segura que él quería


desesperadamente.
Página

La brillante luz del atrio brillaba como un faro. Marchamos por ahí,
tan cerca de volver al compuesto. El olor nos golpeó primero. Los cuatro
nos detuvimos, agazapados en posición. Entonces oímos los gemidos y el
arrastrar de los pies.
Una manada de zombies nos había bloqueado la salida. Había
docenas de ellos, bocas abiertas y brazos extendidos hacia nosotros. ¡No!
Estábamos tan cerca. Tenía la medicina. No iba a dejar que esto nos
detuviera ahora. Nos dimos la vuelta para huir en la dirección opuesta.
Más zombies se filtraban en el pasillo. ¿De dónde diablos venían?
Gabby disparó primero, enviando una bala a la cabeza de un niño zombie.
Se dejó caer, tirando el S3 que estaba detrás de él. Todos nos abrimos
fuego, haciendo llover metal mortífero en la manada que marchaba más
cerca y más cerca. Mi recamara de la M9 se vació y no hizo ninguna
diferencia en los números.
Teníamos que salir si queríamos vivir. Estábamos siendo plegados.
Metí la M9 en la funda y saqué la M16. Salté sobre un sofá volcado en el
vestíbulo y rocié las ventanas de vidrio con balas, haciendo que el vidrio se
rompiera y estrellara contra el suelo. Agarré los viales de mi bolsillo,
exprimiéndolos en la mano de Gabby y grité,
—¡Veinte minutos! Los conduciré lejos. ¡Si no estoy de vuelta, vete,
vuelve a Hayden!
Abrió la boca para protestar, pero me moví, usando el rifle como un
bate de béisbol y lo lancé a un S3 en la cara. Sus dientes protestaron por
el impacto y colapsó en el suelo, salpicando de sangre y dejando trozos de
las partículas gomosas podridas sobre la baldosa.
Al ver que tenía pocas opciones, cogí un trozo de cristal roto, rodé mi
manga y lo arrastré por la parte superior de mi muñeca.
—¡Oigan, hijos de puta! —grité, azotando mi mano hacia atrás y
hacia adelante para conseguir que el aire se llenara de olor a sangre—.
¡Hora de la cena! —Me subí encima de una mesa, pateando una colorida
exhibición de folletos sobre cómo hacer frente a la enfermedad de un ser
querido.
Gabby, Mac y Alex continuaron disparando a los zombies. Algunos
captaron el delicioso olor de mi sangre y rugieron pesadamente. Maldita
sea, no estaba funcionando lo suficientemente bien.
—¡Oye! —grité de nuevo. Realmente debería invertir en una sirena de
niebla. Lancé una olla a los muertos por el atrio, golpeando el cristal,
aunque no lo suficiente para romperlo. Unos cuantos zombis volvieron su
atención a mí.
Gabby gritó cuando un S2 se movió rápidamente saltando sobre ella.
36

Mac lo pateó, golpeando su cabeza y poniendo a Gabby sobre sus pies.


Grité de nuevo, mi voz perdiéndose por los gemidos de los zombis. Me
Página

paralicé con el miedo de nosotros muriendo y no volviendo a Hayden.


Hayden, Raeya y Padraic.
Quería volver a verlos. No iba a morir. No por las manos y las bocas
de zombies. Funcionó antes, me recordé y volví a respirar hondo.
—Oh mamá estoy temiendo por mi vida desde el largo brazo de la ley
—canté tan fuerte como pude. Agarré y puse una flecha, haciendo una
mueca de dolor mientras rodaba el metal frío por mi corte goteando
sangre—. La Ley ha puesto fin a mi carrera y estoy muy lejos de mi casa.
La flecha voló por el aire, rozando el brazo de un S2. Los demás a su
alrededor se abalanzaron, siguiendo el olor de la sangre.
Funcionó. Sonreí triunfante, mirando a mis compañeros de armas.
Alex hizo un gesto para que Gabby y Mac se fueran mientras él les cubría
las espaldas. Sus ojos se encontraron con los míos y asentí, haciéndole
saber que estaba bien. Se alejó. Justo cuando estaba a punto de saltar,
correr por la ventana rota y moverme hacia la camioneta, un S2 bien
alimentado se abalanzó sobre mí.
Chocamos. Me deslicé fuera de la mesa, el viento noqueándome y el
M16 rebotó fuera de mis manos. Me sujetó, goteando saliva de su boca
abierta. Trozos de carne y el pelo pegado a los dientes. Luché para
escapar, le di un rodillazo en las pelotas por costumbre. Por supuesto que
no tuvo ningún efecto. Me di la vuelta hacia atrás y me senté rápidamente,
dándole un codazo en la nariz.
Sus manos mugrientas se movieron en el aire, retrocediendo por mi
golpe. Me alejé, dándole patadas en las costillas antes de que me pisoteara
la cabeza. Me zambullí hacia mi rifle para solamente ser atacada por otro
zombi.
—¡Hijo de puta! —Juré para mí misma y me volqué a mis pies,
tirando el cuchillo al mismo tiempo. Le di una patada en el pecho al zombi
y clavé la hoja en su cabeza por una cavidad del ojo empapado. El ojo salió
con la cuchilla. No tuve tiempo para limpiarlo antes de que otro me
agarrara del pelo.
Usando una perfecta maniobra de artes marciales de la cual mi
instructor se hubiera sentido orgulloso, ablandé mis rodillas, saltando y
girando, mi primer puño aterrizó en la mitad de la cara del zombi. No le
dolió, por supuesto, pero el golpe lo hizo tambalearse hacia atrás. Me dejé
caer, pateé sus pies por debajo de él, salté sobre su cuello, mientras que al
mismo tiempo cortaba a otro zombie más joven por la médula espinal.
Salté por la ventana rota, despegando tan pronto como mis pies
tocaron el suelo helado. El sonido de la rotura de cristales me hizo saber
sin mirar atrás que me estaban siguiendo. Me deslicé por un trozo de hielo
y caí solo permaneciendo en el suelo durante una fracción de segundo.
37

Estuve en marcha de nuevo, pero esta vez más lenta. Me había torcido el
tobillo y dolía como el infierno. Dudaba sobre si estaba roto o incluso fuera
Página

un esguince. Todo lo que necesitaba era descansar por un minuto para


dejar que el dolor se desplomara.
Desesperadamente, mis ojos recorrieron los árboles en frente de mí.
Cerca de veinte pies más y podría subir a un lugar seguro y esperar hasta
que la manada se dispersara. No pude resistirme a disparar a dos más en
la frente antes de que subir y alejarme. Me detuve una vez que estuve a
tres metros, justo fuera del alcance de los infestados, tomados de las
manos.
—Vengan por mí —abucheé—. Oh, espera, eso es correcto. No
pueden. —Vacié el resto de mi recamara, embolsándome por el cargador
vacío mientras cambiaba por otro. Rápidamente disparé cada bala en la
cabeza de un zombi antes de probar la rama por encima de mí. Decidiendo
que era lo suficientemente fuerte, me subí y me senté, apoyándome en el
tronco del árbol. Agarré un puñado de nieve y lo puse en el corte del brazo,
que estaba empezando a picar.
Luché para mantenerme equilibrada mientras extraía un vendaje de
mi bolsillo para atarlo alrededor de mi muñeca. Mi tobillo dolía demasiado,
así que me obligué a extenderlo y doblarlo lentamente, tratando de hacer
que la sangre fluyera para que se sintiera mejor.
El reflejo del sol de la nieve era cegador. Deseaba tener gafas de sol.
Cerré los ojos, casi relajándome mientras esperaba que los zombies debajo
de mí se rindieran y siguieran adelante. Más de veinte minutos pasaron
antes de que ella viniera huyendo por los pinos.
Hielo colgaba en mechones de su pelo y no estaba del todo vestida
para el clima. Parches negros congelados cubrían sus brazos expuestos y
la cara. Llevaba algo, algo caliente que rezumaba y hacía vapor en el aire
frío del invierno.
Con más curiosidad de la que debería haber tenido, me incliné y
observé a la loca luchar sobre la nieve profunda, deslizándose de vez en
cuando. Cuando vio a la manada de zombis arañando mi árbol, agarró el
objeto en su pecho y silbó.
Como si de pronto sintiera miedo de que los zombies pudieran
conseguir lo que estaba sosteniendo, mordió un pedazo de ello y masticó. Y
entonces me di cuenta de que se estaba sosteniendo el estómago.
No lo habría sabido si no hubiera tenido años de experiencia en
limpiar y extirpar ciervos. Excepto que por el tamaño del mismo, no creo
que la señora Frostbite haya matado un ciervo. Había sacado fuera algo
más pequeño que un ciervo y al instante me pregunté cómo se las había
arreglado para cazar alguna cosa con todas las células de su piel dañadas.
Fue cosa estúpida para pensar. Negué con la cabeza y con cuidado por el
pie me puse de pie en la rama.
38

Ignoré el dolor por cargar peso sobre el tobillo lastimado. Poco a


poco, me acerqué al final de la rama, manteniendo un agarre sobre una
Página

por encima de mí en caso de que se rompiera. No me sentía como para


caer y matarme por el momento. Unos zombies notaron a la loca, que
estúpidamente se quedó allí silbando y sosteniendo su estómago.
Es ahora o nunca. Los zombies se movían lejos de mi árbol, pasando
a la loca. Ella dejó escapar un grito desgarrador y se fue, lo que llevó a los
zombies lejos de mí. No quería hacer otro fallido acto de Evil Kenevil
saltando de árbol en árbol. Mi cara dolía solo de pensar en la última vez
que intenté eso.
Al ver que no tenía mucha opción, serpenteé mi cuerpo a otro nivel
del árbol. Odiaba estar tan alto, pero las ramas estaban mucho más cerca
de aquí. Resitué el arco por encima de mi hombro, conteniendo la
respiración y salté.
Mis manos quemaron al agarrar la rama tan duro pero lo hice. Me
desplacé por ese árbol, haciendo una pausa mientras un S3 cojeaba
debajo de mí y salté al siguiente árbol. Las ramas se rompieron y me caí,
golpeando cada miembro en el camino.
Aterricé sobre mi culo. Me dolió como el infierno, pero era como
mejor puede aterrizar. Me empujé, no dejándome tiempo para registrar el
dolor y traté de correr antes de que los zombis se fijaran en mí. Fue un
intento débil y sabía que si no fuera por la impecable sincronización de esa
loca deambulando en medio de la selva, no lo habría hecho.
Corrí por el hospital, frenando solo cuando la calle quedó a la vista.
Esperaba a Alex dándome mierda por tomarme mucho tiempo. Estaba
pensando en algo más jodido para escupirle cuando mis pies tocaron el
pavimento. Mis ojos se movieron alrededor de la calle, buscando la
camioneta.
No me esperaba esto. Se habían ido.

39
Página
No, pensé. Simplemente se marcharon para distraer a los zombis.
Eso era todo. En realidad no me habían abandonado. Pánico brotó en
forma de burbuja en mi corazón. No, repetía en mi cabeza. Volverán. Ellos
no me dejarían.
Me puse de pie, plantándome en el terreno, durante varios minutos
mientras esperaba oír el rugido lejano del motor. Pero todo lo que escuché
fue el gemido lejano de zombis. El gemido lejano que fue poco a poco
volviéndose cada vez más fuerte.
Maldita sea.
No podía quedarme aquí. Tenía que encontrar un lugar seguro para
esperar. La repugnancia hizo que mi corazón se acelerara. ¿Y si
regresaban y yo no estaba aquí?
—No —de hecho, lo dije en voz alta. Tenía que moverme.
Mi tobillo estaba tieso de permanecer parada por mucho tiempo en el
frío. Se dobló dolorosamente cuando di un paso. Dejé escapar un suspiro
de dolor y cojeé por la calle. Tomó un esfuerzo subir a la parte superior de
la ambulancia. Me acosté fuera de la vista de los ojos de los zombis. Si
esperaba, si me quedaba aquí, ellos volverían.
El sol se puso y todavía estaba sola. Sola, con hambre y frío. Tenía
que hacerle frente; me habían dejado, realmente me dejaron. Me deslicé
por la parte delantera de la ambulancia. Apestaba, pero no era el final.
Con el tiempo, volvería a las instalaciones, y le daría un rodillazo a Alex en
las bolas tan duro como me fuera posible.
Usando el sol poniente como guía, comencé a caminar hacia el sur
en la dirección general de la zona centro de esta ciudad. El bosque fue
estrechándose gradualmente, obviamente demolido para hacer espacio
para los edificios modernos. Mi plan era encontrar un lugar seguro donde
quedarme esta noche, conseguir un auto por la mañana, averiguar en
dónde diablos estaba e ir a Arkansas.
Es más fácil decirlo que hacerlo.
40

La manada de zombis salió del bosque. Me escondí detrás de un


auto volcado, conteniendo la respiración. Marcharon de nuevo hacia el
Página

hospital, por suerte. Eché a correr, mis botas golpeando el pavimento con
demasiado ruido para mi gusto. Corrí por la calle hasta que ya no podía
soportar más el dolor, pasando las pulcras casas y las lindas tiendas,
abandonadas y destrozadas por los no-muertos. De mala gana, me detuve
y desaté mi bota.
—Genial —murmuré al ver mi tobillo hinchado. No había nada que
pudiera hacer por él, así que até otra vez mi bota, y salí cojeando de
nuevo.
El olor de la descomposición me golpeó y mi sangre se heló al
instante. Miré a mí alrededor, pero no vi ningún zombi. Me quedé helada y
contuve la respiración; no escuché nada tampoco.
—¿Qué demonios? —me pregunté, dando otro paso, siguiendo el olor
nauseabundo de la muerte. Tal vez no debería haber importado. Tal vez
debería haber dejado que las cosas muertas se echaran.
Pero sabía que no estaba bien. Sabía que pasar la casa que apestaba
como un refrigerador desenchufado lleno de carne significaría una
sorpresa después. Saqué el arco de mi hombro y tiré una flecha hacia
atrás. Le di una patada a la puerta abierta, las bisagras chirriaron en
señal de protesta. El olor era tan malo que me atraganté. Conteniendo el
aliento, di un paso tentativo.
La luz se derramaba por las ventanas. La sangre dejaba un rastro en
un camino muy particular en los suelos de madera. Y parecía que más de
un cuerpo había sido arrastrado a través de esta pequeña casa. Entré en
la sala de estar, mis ojos lanzándose alrededor como locos y mi corazón
latiendo a millones de kilómetros por hora. Cada respiración que escapó de
mis pulmones parecía demasiado alta. Nunca en mi vida había querido
mezclarme o ser invisible. Sería tan malditamente práctico serlo ahora.
La sala de estar era como debería ser cualquier otra sala. Una
gruesa capa de polvo cubría las revistas sobre la mesa de café. Una taza de
jugo morado había sufrido golpes, manchando la alfombra azul claro. Tuve
que tirar del cuello de mi polera por encima de mi nariz. El olor se hizo
aún más picante mientras me acercaba a la cocina. Y era obvio por qué.
Alrededor de media docena de cuerpos fueron desechados al azar en
el suelo. Enredados arriba con los otros, sus rostros sin vida frenados con
terror retorcido. Aterrorizada curiosidad me obligó a mirarlos más de lo
que era psicológicamente saludable. Imágenes de supuración, bocas
incompletas se grabaron a fuego en mi memoria.
Salí de la ensoñación de pesadilla y me obligué a pensar
lógicamente. Bueno, no había nada de lógica sobre una pila de cadáveres
en la cocina.
41

—Muertos —susurré—. Todos muertos, pero no hay heridas de bala.


Página

—Al menos ninguna en la cabeza. Caminé alrededor de la pila repugnante


y noté los abdómenes abiertos rasgados con órganos faltantes—.
Estómagos—le dije a los cuerpos.
Algo golpeó contra una pared en el interior de la casa. Salté. Coloqué
la flecha en el arco y salí de la cocina, hacia la fuente del ruido. Fui por un
pasillo, que, por supuesto, no tenía ventanas.
Una huida se escuchó detrás de una puerta cerrada. No queriendo
liberar mis manos de mis armas, la pateé.
La puerta se abrió, revelando un S1 con aspecto saludable. Era alto,
en forma, y en un momento un poco lindo. Ni siquiera tuvo tiempo de
levantarse antes de que la flecha agrietada le abriera el cráneo y le
atravesara el cerebro, enviando pequeños trozos de piel y hueso salpicados
en la pared detrás de él. Colgué el arco por encima de mi hombro y liberé
la flecha, teniendo que tirar muy duro para sacarla de la cabeza.
Esta habitación olía a podrido también. El chico al que acababa de
matar se había dado un festín con el estómago. Le di una patada fuera de
su mano, casi dando arcadas con el aroma. Detrás de él había una pila de
estómagos.
—¿Qué carajo?—pregunté a nadie. Ellos estaban cuidadosamente
diseñados y... ¿ordenados? No, los locos no eran tan inteligentes. Junto
con las emociones humanas, su inteligencia fue dañada por el virus.
Cubriéndome la boca y la nariz, miré a lo que estaba delante de mí. Pensé
que los estómagos fueron divididos por tamaño o incluso especies.
Algún loco estaba comiendo estos contenidos filtrados por el suelo,
oliendo como un animal muerto que se metió en el culo de alguien y luego
en su mierda. Tomé una última mirada; parecía que los habían rasgado y
comido todo lo que había dentro. Bien, eso era sencillamente asqueroso,
incluso para mí.
Rápidamente me fui de la casa. Algunos rezagados serpenteaban por
la calle. Saqué una flecha y disparé a dos S2. Recuperé mis flechas, limpié
la baba, y penosamente seguí hacia adelante. Después de una milla de
caminar, sabía que tenía que parar por la noche. Los últimos rayos de luz
del sol casi se habían ido y mi tobillo me estaba matando. Necesitaba
descansar en caso que necesitara hacer una escapada rápida, que solo era
inevitable.
Miré hacia arriba y abajo de la calle en la que estaba. La mayoría de
los frentes de las tiendas habían sido rotos, dando la impresión de que
esta ciudad había sido saqueada. El hambre me llevó a cojear dentro de
una mini-tienda. Todo lo comestible en los estantes había desaparecido.
No dándome por vencida todavía, saqué mi linterna y me dirigí a la sala de
42

descanso.
Contuve la respiración cuando abrí la nevera. Una botella sin abrir
Página

de agua se situaba en el estante inferior. El yogur parfait de alguien tenía


hongos y goteaba sobre la nevera. Haciendo una mueca ligeramente, lo
saqué y envolví la botella en una servilleta. Encontré una lata de sopa de
fideos de pollo junto con una caja de galletas caducadas en un armario
cubierto de excremento de ratón. Tanto la sopa como el agua estaban
congeladas.
Sintiendo que la mini-tienda no ofrecía suficiente protección, crucé
el estacionamiento y me detuve frente a una tienda de mascotas. Las
ventanas de cristal y puertas seguían intactas. Puse mis manos en las
puertas de vidrio frías y empujé, forzando las puertas automáticas a
abrirse. Dejándolas entreabiertas, entré.
El lugar parecía ordenado, aunque no creía que fuera sorprendente
que nadie hubiera saqueado la tienda de mascotas. Por mucho que los
estadounidenses amaban a sus mascotas, apuesto a que muchos se
quedaron atrás y las olvidaron cuando el virus golpeó. Sin hacer ruido, me
trasladé a la parte trasera de la tienda.
Un gran S3 en una chaqueta azul se deslizó por el suelo. Estaba tan
perdido que no valía la pena una flecha. Tomé una lata de comida para
perros y se la tiré a la cabeza, que se abrió como una calabaza podrida.
Pasé por encima del cuerpo, encendí mi linterna y eché un vistazo en la
sala de almacenamiento. Además de lo normal, estaba vacía.
Este era tan buen lugar como cualquier otro para un bunker en la
noche. Fui de nuevo al frente de la tienda a cerrar las puertas. Había una
oficina detrás de los registros y tenía una puerta de acero que parecía lo
suficientemente resistente. No me gustaba la idea de encerrarme en una
habitación. Mientras que estaba en silencio, podría abrir la puerta a una
fiesta zombi sorpresa.
Agarré una cama del perro, un recipiente de metal grande y una
bolsa de ropa de cama de pequeños animales. Lancé todo sobre un estante
y luego me subí. Empujé bolsas de comida para perros en el suelo; estas
se abrieron y las croquetas rodaron con el impacto. Me senté en la cama y
tiré las virutas en el recipiente. Saqué una caja de cerillas del bolsillo y los
arrojé, cayendo en el recipiente.
Tomó algunos intentos poder hacer fuego. Tomé la lata de sopa y la
coloqué en el centro. Con cuidado de no fundir el plástico, sostuve el agua
sobre las llamas. Mi cena apetitosa se había descongelado solo hasta la
mitad cuando el fuego se apagó. Como no quería perder más cerillas,
decidí que era lo suficientemente bueno.
—Maldita sea —maldije cuando miré a la lata de sopa. No tenía
manera de abrirla. Estaba a punto de tirarla con rabia en el suelo cuando
se me ocurrió una idea. Puse la lata entre dos bolsas de comida y saqué mi
43

M9. Lamentablemente debía malgastar una bala, apreté el gatillo.


Sacudí la lata antes de ponerla sobre mis labios. El caldo caliente se
Página

derramó desde el agujero de bala y en mi boca. Con cuidado de no tragar


los fragmentos de metal que podrían haber caído en la sopa, me comí todo
lo que pude, sabiendo que esto podría muy bien ser todo lo que tendría por
un tiempo. Mi tobillo latía, pero no quería quitarme la bota por miedo a
que no fuera capaz de ponerla de nuevo. Solté los cordones y me apoyé en
la pared.
Estaba cansada, física y mentalmente. Y estaba enojada, tan
enojada porque que me habían dejado atrás como un pedazo de basura.
Abrí una bolsa de comida para perros y pasé las horas siguientes
lanzándolas en el pasillo. No pude dejar de temblar. No me trencé el pelo,
esperando poder ganar un poco de calor a partir de su longitud. Cerré los
ojos, con ganas de quedarme dormida. Mi cerebro no me lo permitió; cada
pequeño ruido me hizo saltar alerta, mi corazón al instante corriendo con
miedo.
En algún momento de la púrpura madrugada nebulosa, me quedé
en un sueño inquieto, despertando solo una hora o así después. Me
acomodé fuera de la plataforma, me estiré y recogí mis cosas. Mi primera
tarea era encontrar un coche. Solo tenía dos cartuchos de mi Beretta, más
las flechas. Encontrar más armas era mi segunda prioridad. La comida y el
agua eran lo tercero, sin embargo, si tenía un coche e iba directamente a
las instalaciones, yendo un día sin comida o agua no me mataría.
Mi tobillo no me dolía tanto como antes, pero todavía no estaba tan
bien como lo normal. Haciendo caso omiso de él, me puse en camino hacia
el estacionamiento. Había tres coches fijos en él y eran todos nuevos. No
pude cablear ningún híbrido. Avanzando, me fui de nuevo a la calle.
Mantuve mi mano suspendida sobre el arco, lista para enviar una flecha
negra volando en la cara de cualquier cosa que se interpusiera en mi
camino.
Y eso es exactamente lo que hice cuando un S2 solitario llegó en una
esquina. Me vio, se dio la vuelta y dejó escapar un grito agudo antes de
caer al suelo. Pensé que era extraño, la forma en que casi dejó escapar una
llamada cuando me vio. No importaba ya. Me paré sobre su pecho
hinchado —algo se rompió y estalló bajo mi peso—, agarré la flecha, y tiré.
Se deslizó libre de su cerebro podrido con facilidad. Estaba sacudiéndola
para limpiarla cuando cinco zombis corrieron alrededor de la misma
esquina. Las bocas resplandecían con sangre fresca, tenían el estómago
lleno y eran rápidos.
Usé la flecha como una lanza, la conduje en la boca abierta del
zombi más cercano. Le di una patada al otro en el pecho; ella se tambaleó
hacia atrás, tropezando con la acera. Noqueé a otro en la acera antes de
pisotear el S2 que llegó a mis pies. Tiré de la M9 y disparé a dos más en la
cabeza.
44

Más zombis escalonaron a la calle. El rebaño no se había dispersado


Página

después de todo. Todos estaban aquí, venían detrás de mí. No había


manera de que pudiera bajarlos a todos. No sola. Terminé el cartucho,
empujé uno nuevo en la M9 y la tomé en mi mano izquierda. Saqué mi
cuchillo con la otra y partí a la libertad, matando a tantos bastardos
muertos vivientes como pude.
Dos zombis se unieron a mí. Me di la vuelta, mi pie aterrizando en la
cara del que estaba más cerca, mientras que el cuchillo cortó el cuello del
otro. Su cabeza se dejó caer, enviándolo fuera de balance. Todavía estaban
los brazos frente a él y ciegamente me agarraba. Rodé fuera del camino
justo a tiempo para que se cayera y su cráneo estallara como un globo
lleno de agua con la sopa de guisantes podrida al chocar contra el
pavimento.
Disparé una ronda en la nariz de un zombi joven, cuyo vestido
blanco estaba manchado con sangre y pus. Seguían viniendo, tropezando
uno al otro, ya que se abrieron paso hacia mí. Salté sobre un coche,
deslizándome sobre el capó y fuera del alcance de un S3 grasiento. Le
hundí el cuchillo en la frente.
Me resbalé en el hielo mientras corría por un callejón detrás de la
franja de tiendas. Me encontré con un campo y entré en el bosque de
nuevo. Seguí corriendo hasta que me faltaba el aliento. Tenía que correr
más rápido que los zombis, por ahora. Me detuve, doblándome mientras
jadeaba. Saqué la botella de agua de mi bolsillo, agradecida de que la
corrida aumentara el calor de mi cuerpo y fundiera el hielo. Bebí lo que
pude, guardé la botella y me empujé hacia adelante, estando segura de
que volvería a salir por un camino muy pronto.
Me equivoqué. Horas más tarde, todavía estaba en el bosque. Los
copos de nieve de hielo recubierto quemaron mis mejillas ya congeladas.
Subí la cremallera de mi abrigo lo más lejos que podía ir. Temblando,
levanté mis piernas más alto de lo necesario mientras me marchaba, con
la esperanza de aumentar mi flujo sanguíneo y el calor en mis frías
extremidades. Me froté los brazos, estremeciéndome de dolor cuando me
toqué mi muñeca.
Me había olvidado de la herida en mi muñeca. Empujé mi manga
hasta arriba; la piel alrededor del corte estaba roja e hinchada, signos
seguros de una infección. Recogí un puñado de nieve y lo puse en mi piel
adolorida. Moví mis dedos de los pies, deseando desesperadamente tener
sensibilidad de vuelta en mis pies. No sirvió de nada, así que me obligué a
correr.
Rápidamente estaba sin aliento y mi corazón martilleaba en el
pecho. Me detuve, sintiéndome de repente débil y mareada. Me hundí en el
suelo frío, los copos de nieve pinchando duramente contra mi cara.
Qué caliente se sentía.
45

Maldita sea.
Esto no estaba sucediendo. No tengo tiempo para esto. Subí la
Página

manga y miré el corte. Sí, definitivamente estaba infectado.


—No —me dije—. No tienes envenenamiento en la sangre. —Si lo
tuviera, estaría muerta en un día. Me obligué a ponerme de pie. Lo
conseguí otra media hora antes de que estallaran las náuseas. Arrastrando
los pies, continué. No había detenimientos ahora, no si quería vivir.
Mi cuerpo estalló en temblores incontrolables, lo cual solo empeoró
la horrible sensación en mi estómago. La nevada aumentó, disminuyendo
mi visibilidad. Un loco podría colarse fácilmente sobre mí, aunque incluso
si lo veía a una milla de distancia, lo único que podía hacer era disparar;
no estaba en condiciones de luchar.
—Ja —me dije a mí misma. Como si pudiera sostener la pistola lo
suficientemente estable como para conseguir un buen tiro.
Me detuve a hacer pis mientras el sol se ponía, dándome cuenta de
que era la primera vez que tuve que ir al baño en todo el día. Sabía que era
en parte porque no había tenido mucho que beber, aun así, no podía evitar
preocuparme de que mis órganos no estaban funcionando debido a las
bacterias venenosas que flotaban en mi sangre.
Caminé arduamente, con resbalones y caídas. La sacudida envió mi
estómago revuelto por el borde y me levantó la poca comida que había
comido. Incapaz de levantarme, me arrastré hacia adelante. No sé cuánto
tiempo pasó. Mis manos y rodillas se habían entumecido. Estaba tan débil
que apenas me podía mover.
Cuando vi la luz por delante, pensé que era una especie de
espejismo inverso. En vez de buscar alivio refrescante y frío de un desierto
caliente, quería estar cálida, cálida y bien. De alguna manera me las
arreglé para levantarme. En una etapa de delirio, me caí varias veces
mientras salí del bosque y subí laboriosamente el camino de grava.
Se había arado, me di cuenta desde que varias luces de seguridad
resonaban las luces brillantes ciegamente. Me sentía como si estuviera
dando tumbos perdidos, excepto que estaba luchando para permanecer
consciente y viva con cada respiración. Fue muy duro conseguir subir por
las escaleras. Me acordé de llamar a la puerta, pensando que sería mejor si
reunía fuerzas o quien estuviera en la casa me podría disparar sin previo
aviso, pensando que era un zombi.
Tomé una respiración profunda y abrí mis ojos, que querían
desesperadamente cerrarse. Un joven abrió la puerta, sosteniendo una
escopeta en sus manos.
—¡Ma! —gritó—. ¡Ma! ¡Ven aquí rápido!
Oí el roce de los pies. Mi visión era borrosa.
46

—¡Oh! —habló una voz femenina brusca—. Querida, ¿has sido


mordida?
Página

—No, sin mordida —murmuré. Luego perdí el equilibrio. La mujer


me atrapó.
—¡Beau, Casey, vengan aquí!
Alguien me agarró y me llevó hasta un sofá. Sabía que me estaban
hablando, pero mi cerebro no podía discernir lo que las palabras estaban
diciendo. Levanté mi brazo, murmuré las palabras “envenenamiento de
sangre” y me desmayé.
Estuve fuera solo por unos minutos. Cuando me desperté, una
cabeza bastante roja fregaba mi muñeca. Sus ojos verdes tenían miedo y
se llenaron de lágrimas. Ella me miró con lo que solo podía decir que era
empatía.
—Hola —dijo tímidamente, mirando sobre su hombro con miedo—.
Soy Olivia. Tan pronto como estés mejor debes irte —susurró con dureza.
—Estoy pensando en ello —prometí.
—Bueno. Debido a que no puedes… —cortó tan pronto como uno de
los chicos entró en la habitación. Su cuerpo se tensó con miedo y las
lágrimas que inundaban sus ojos se desbordaron.
—¿Estás cuidando a nuestra invitada ahora? —preguntó. Olivia
asintió levemente—. Bien. Queremos que esté saludable. —Se arrodilló
junto al sofá y me examinó—. Soy Beau —dijo. Mi visión era demasiado
difusa para ver plenamente su apariencia. Su cabello estaba cortado en un
estilo mullet6 y masticaba un palillo de dientes—. Vamos a tener todo
arreglado ahora.
Asentí y murmuré un “gracias”. Olivia vierte algo sobre mi brazo que
ardía como el infierno.
—Lo siento —me dijo antes de envolver suavemente mi muñeca en
una gasa.
—Entonces —dijo Beau, balanceándose sobre sus talones—. ¿Cómo
llegaste aquí?
Algo en los ojos de Olivia me rogó que no dijera la verdad.
—Me perdí —le dije, que era lo suficientemente ambiguo como para
ser seguro.
—¿Tienes otros buscándote?
Los dedos flacos de Olivia se clavaron en mi brazo.
—No —le dije. Probablemente era cierto. Todos suponían que estaba
muerta de todos modos—. Fueron comidos.
Beau sonrió por una fracción de segundo.
47

—Bueno, ahora. Voy a dejar que Olivia te vende. —Sus ojos se


deslizaron sobre su cuerpo. Golpeó su trasero—. Ven a la cama cuando
Página

hayas terminado, querida —le dijo.

6 Mullet: Peinado de los 80’s, corto por delante y largo por detrás.
Incluso con mi cerebro que no funciona, sabía que algo estaba mal.
No preguntó quién era yo o cómo me sentía. Espera, no importaba. Estaba
dentro, estaba calentándome y no me iba a morir de la sepsis7. No
importaba si él pedía mi nombre. Me recosté en el sofá.
—No creo que esta lo logre —dijo una voz femenina, con el rostro tan
cerca del mío que podía oler su aliento apestoso.
Abrí los ojos para ver a una mujer pecosa mirándome. Se enderezó y
apretó una sonrisa. Sus manos se posaron en su vientre hinchado. Estaba
embarazada o tenía un infierno de una panza de cerveza.
—Estoy bien —le dije.
—No te ves muy bien.
—Voy a estar bien —le corregí. Olivia puso mi brazo hacia abajo y
abrió la cremallera de mi abrigo. Me senté y la ayudé a tirar de las mangas
de mis brazos. La mujer mayor que me recibió en la puerta entró en la
habitación con una bandeja. La dejó sobre la mesa de café, que estaba
abarrotada con latas de refresco vacías, una estatua de oro de un dólar de
seis puntos y envoltorios y migas aleatorios.
—Aquí tienes, cariño —dijo y levantó una taza a mis labios. Lo tomé
y bebí con avidez el caldo caliente.
Se sentía bien tener algo en el estómago, pero al instante sentí
nauseas de nuevo. Mi rostro lo debe haber demostrado porque Olivia tomó
la copa de mí y me guió a través de montones de desorden en un cuarto de
baño.
Recordé tirar de mi cabello hacia atrás mientras el caldo volvía a
subir. Olivia me susurró algo, pero no lo oí en el sonido de mis propias
arcadas. La mujer mayor y Olivia me ayudaron a subir las escaleras, más
allá de los montones de basura y a un dormitorio. La habitación estaba
extrañamente limpia y ordenada en comparación con el resto de la casa.
Me quité la chaqueta, luego mis botas y caí en la cama.
—Tu tobillo está hinchado —observó Olivia—. Me encargaré de
curarlo para que puedas irte —dijo con dureza de nuevo. Quería decirle
que no tenía intención de quedarme, pero que estaba demasiado débil. Tan
pronto como mi cabeza estuvo sobre la almohada, me quedé dormida.
Me desperté en algún momento de la mañana. Mi cabeza palpitaba y
mi garganta estaba en llamas. Un silbido suave me asustó temporalmente
antes de que me diera cuenta de que alguien había conectado un
48

humidificador al lado de mi cama. Me habían despojado de la ropa


también, y no estaba segura de cómo sentirme acerca de eso. Sí, estaban
Página

7 Sepsis: infección.
sucias, pero eso significaba que alguien había quitado mi ropa... e hicieron
Dios sabe qué más.
Fue probablemente la chica rubia fresa, Olivia. Me senté, la
sensación de mareo de nuevo. Débilmente, me levanté de la cama en busca
de un poco de agua. Había un cuarto de baño adjunto a la habitación y
encontré mi camino a él. Encendí el agua, la dejé correr durante unos
segundos antes de tomarla en mis manos y beberla. Tuve un buen vistazo
de mí misma en el espejo: mi cabello había sido cepillado y fui vestida con
un camisón rosa con tirantes de encaje y pantalones de pijama de color
rosa de seda. Mi sujetador faltaba pero al menos todavía tenía mi ropa
interior.
Una oleada de escalofríos y náuseas me golpeó y se me doblaron las
rodillas. Me puse en el suelo de linóleo durante varios minutos hasta que
tuve la fuerza para ponerme de pie. Cada respiración dañaba a mis
pulmones. Todo dentro de mí dolía como si estuviera siendo apretado.
Sentía que me estaba muriendo. Me puse de pie, tropecé con la alfombra
de baño y caí de nuevo.
La mujer mayor se precipitó adentro, después de haber oído la
conmoción.
—Oh, querida, ¿qué estás haciendo fuera de la cama? —Tomó mis
brazos en los suyos y me ayudó a levantarme y volver a la cama. Me puse
bajo las sábanas sin dudarlo.
—Sedienta —grazné, sorprendida de lo débil de mi voz. Asintió,
chasqueando a sí misma antes de escabullirse fuera de la habitación para
volver con un vaso de agua. Bebí y luego me derrumbé de nuevo en un
estado enfermizo de demencia-de-sueño similar.
Estuve en cama durante los próximos cuatro días. En el quinto día,
era capaz de levantarme y caminar hasta el baño por mi cuenta. Me lavé
mi cabello, lo trencé y regresé a la cama. Esa tarea de pocos minutos me
había fatigado. El tiempo había pasado de una manera indefinida. Parecía
que solo ayer estaba sola en el bosque, temblando y delirando de
envenenamiento en la sangre. Y entonces parecía que había estado allí por
siempre. Agradecida como estaba de la hospitalidad de los extraños y el
entusiasmo a cuidarme de nuevo a la salud, quería volver a las
instalaciones.
Alguien llamó a la puerta, esperó un segundo y la abrió. La
embarazada pecosa traía un tazón humeante de arroz con mantequilla. Lo
49

puso en la mesita de noche y me tocó la frente.


—La fiebre ha bajado.
Página

—Oh, bueno.
—Soy Jaylyn.
—Orissa.
—Encantada de conocerte. —Se frotó el estómago. Dudando que
acariciara una acumulación de grasa, asumí que estaba embarazada.
—¿Cuándo lo tendrás? —pregunté, sin importarme si la ofendí en la
remota posibilidad de que solo tenía un intestino.
—Probablemente a finales de julio —dijo casualmente—. No sabemos
a ciencia cierta ya que no puedo conseguir una de esas fotos de adentro
hecha.
Asentí, sin saber qué decir.
—Come —instruyó—. Sue Ellen te dio algunas inyecciones de
antibióticos en los últimos días. Probablemente deberías poner algo de
comida en el estómago.
Sue Ellen debe ser la mujer de más edad.
—¿Ella es un médico? —pregunté, sintiéndome casi esperanzada.
—No.
—Oh.
—Pero no te preocupes, yo las he tomado antes. Las vacas no son
tan diferentes a los humanos. Solo tienes que cortar la dosis a la mitad.
Asentí de nuevo, esta vez sintiéndome un poco horrorizada. Me
imaginaba la reacción de Padraic cuando le dijera que me habían dado
medicina animal.
—Come y descansa. —Fingió una sonrisa y se fue. Poco a poco me
comí el arroz. Tenía tanta hambre, pero al mismo tiempo tenía miedo de
vomitar, como lo había sido durante los últimos días. Terminé la mitad,
tuve otra copa del fregadero y me volví a dormir. Olivia entró más tarde esa
noche con más comida y una taza de jugo.
—Hola —dijo débilmente. Sus ojos se encontraron con los míos por
un milisegundo—. ¿Eres Orissa?
—Sí.
—Es un nombre bonito. Las dos tenemos nombres con “O” —dijo,
aunque creo que era sobre todo para sí misma.
—Sí, supongo.
Puso un plato de sopa en la mesa de noche. Tenía un hematoma en
el antebrazo derecho y un ojo negro. No recuerdo haber visto eso antes.
50

—¿De dónde vienes? —preguntó, bajando la voz y mirando sobre su


hombro en la puerta.
Página

—Sur. Desde el sur.


—¿Por ti misma?
—No del todo.
—Tienes que salir, Orissa. Antes de que sea demasiado…
—¿Qué estás diciendo a la chica nueva? —preguntó el joven en voz
alta, apareciendo en la puerta.
—Nada, solo estoy preguntándole si está bien. —Olivia tembló de
miedo—. Harley, esta es Orissa. Tienes que dejarla descansar.
—Tú no puedes decirme qué hacer —se burló.
—Harley —presionó Olivia—. Beau te dijo que tienes que dejarla
descansar.
—No, no lo hizo—espetó Harley—. Vine aquí para supervisar.
—No tienes qué —continuó Olivia, tratando de mantener la calma.
Las lágrimas se formaron en sus ojos de nuevo.
—Sí. Soy uno de los hombres en esta casa —dijo, hinchando el
pecho—.Tengo que mantener un ojo en las mujeres.
—¿Las mujeres? —interrogué. Olivia me dio una mirada de por-
favor-no-digas-nada. Harley se cruzó de brazos.
—Sí. Las mujeres.
—Muy bien —dijo una voz profunda desde el pasillo—. Eso es
suficiente. —El hombre que se presentó como Beau se puso de pie detrás
del niño—. Vete a ayudar a Ma. —Pasó junto a él y entró en la
habitación—. Ten cuidado con mi hermano menor —dijo con una sonrisa.
Su ropa estaba sucia y olía como a cabello sin lavar y hedor
corporal. Sabía que la higiene tomó un segundo plano a la hora de
sobrevivir en este infierno de mundo, pero la casa tenía agua corriente. Era
un bruto.
—Sí —murmuré.
—Descansa —me dijo—. Nos gustaría que comas con nosotros y
conozcas el resto de la familia. —Se apoyó en el marco de la puerta,
cruzando los brazos—. Olivia, ¿por qué no le das a Rissa algo que ponerse
esta noche?
—Bien —dijo débilmente, saltando de la cama—. Toma una ducha,
Orissa. Estaré de vuelta con ropa —me dijo antes de escabullirse fuera de
la habitación.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó Beau.
—No —le repliqué. Sonrió y se alejó. Cerré la puerta y entré en el
51

cuarto de baño. Ducharse se sintió maravilloso. El agua incluso se quedó


caliente todo el tiempo. Con una toalla sequé mi cabello, lo cepillé y re-
Página

trencé en una trenza lateral que va por encima de mi hombro izquierdo.


Me envolví la toalla con fuerza alrededor de mi cuerpo y abrí la puerta del
baño.
Un vestido corto azul y blanco de lunares estaba cuidadosamente
colocado sobre la cama.
—Tienes que estar bromeando —suspiré, levantándolo en el aire. Las
únicas prendas que habían sido previstas eran un par de botas altas hasta
el muslo, medias blancas y una tanga. Si no me hubiera puesto el pijama
durante cinco días seguidos, me lo habría puesto de nuevo. Apreté los
dientes y me puse las cosas feas. Solo unos días más, me dije, y me
gustaría estar lo suficientemente bien como para caminar por mi cuenta.
Olivia me llevó por las escaleras, a través de la sala de estar muy
desordenada y al comedor. La casa era bastante grande para ser una casa
de granja antigua. La cosa entera, excepto la habitación en la que estaba,
era un desastre repugnante, con comida y basura dejada a pudrirse y
descomponerse, como si no hubiera suficiente de eso en el exterior.
Todo el mundo además de Olivia tenía fangoso cabello castaño. Se
sentó a mi lado, rasgando su servilleta con nerviosismo. En su otro lado se
sentó Beau. Frente a él estaba un hombre que no había conocido aún, a
pesar de que parecía a una versión más joven de Beau. Junto a él estaba
Jaylyn, y a su derecha otro joven. Recordé verlo la primera noche que
llegué aquí. Por la forma en que puso sus manos por todo el cuerpo de
Jaylyn, supuse que era el padre del bebé.
Sue Ellen se sentó en un extremo de la mesa, con Harley junto a
ella. Un hombre mayor, con grasa, el cabello gris recogido en una cola de
caballo, se sentó a la cabecera de la mesa. Me guiñó un ojo y me sonrió,
mostrando sus dientes manchados de tabaco torcido.
—Soy Bart —dijo con voz ronca—. Me alegro de que tropezaras en
nuestro cuello de los bosques. Suerte que lo hiciste.
—Sí —le dije de nuevo, sin querer ser totalmente ingrata—. Me
siento mucho mejor, gracias.
—Ahora tómate tu tiempo y sana adecuadamente —dijo con un
asentimiento—. Por supuesto que eres linda —agregó en voz baja,
causando que Jaylyn bufara celosamente.
—Oh, ¿dónde están mis modales? —preguntó Sue Ellen, su mano
volando a su corazón—. Querida, ya has conocido a Beau, Olivia, Jaylyn y
mi bebé, Harley. —Parecía demasiado vieja para tener un niño pequeño—.
Este es Casey —dijo, señalando al chico delgado manoseando a Jaylyn. Él
asintió y dijo: “hola” sin hablar—. Y este es Delmont —dijo ella.
52

—Encantado de conocerte, Orissa —dijo Delmont casi con timidez.


Beau le susurró algo al otro lado de la mesa que hizo que ambos
Página

chicos estallaran en risas. Sue Ellen los fulminó con la mirada y Bart se
aclaró la garganta. La cena consistía en conservas vegetales y carne de
venado que Bart y Delmont mataron ayer.
Mi estómago todavía no podía manejar mucho; solo podía comer la
mitad de lo que se echaba en mi plato. Empujé la comida alrededor
mientras todo el mundo interactuaba. Bart era mayor, probablemente al
punto de sesenta y creo que era el marido de Sue Ellen. Jaylyn y Harley le
llamaban “papá”, mientras que Beau y su hermano Delmont lo llamaban
tío, y Casey llamaba a Sue Ellen su tía. No podía envolver mi cerebro
alrededor de su enredado árbol genealógico.
Pero lo que realmente me confundía era cómo Olivia encajaba en
esto. Parecía estar al borde de las lágrimas de nuevo. Cuando levantó su
tenedor a la boca, pude ver un moretón que se parecía mucho a una
huella de una mano en el interior de su brazo. También tenía un vestido
fino, corto. Al igual que el mío, su vestido horrible hizo su apogeo hace diez
años y era increíblemente poco práctico no solo para el apocalipsis zombi,
sino también para el invierno.
Tan pronto como terminó la cena se levantó y comenzó a limpiar.
Delmont dio la vuelta y puso sus manos en mi silla, la deslizó hacia fuera
y me tendió la mano. Sin tomarla, me empujé hacia arriba. Una punzada
de rabia se mostró en su rostro.
—Orissa —dijo.
—¿Qué?
—Ven conmigo.
—¿Por qué?
—Vamos a hablar. Debemos llegar a conocernos los unos a los otros.
La bandera roja subió al mismo tiempo que la náusea regresaba.
Cerré los ojos e ignoré la sensación de mareo. Delmont puso su mano en
mi brazo. Si no estuviera tan mareada, me habría sacudido lejos. Me atrajo
hacia delante y me tropecé, mis reacciones paralizadas. Me llamó y me
sostuvo cerca de él, aplastando mis pechos contra su cuerpo. Al igual que
Beau, apestaba.
—Ella todavía está enferma. —La voz tranquila de Olivia salió de
detrás de mí.
—No, no lo está —argumentó Delmont. ¿Cómo demonios iba a
saberlo? Esta era la primera vez que nos veíamos.
—Orissa —presionó Olivia—. No te sientes bien, ¿verdad? —Era más
una afirmación que una pregunta.
53

—Me siento como una mierda —le dije rápidamente, yendo con mi
instinto y confiando en ella.
Página

—Bien —escupió Delmont—. Descansa.


—La llevaré a la cama —ofreció Olivia.
—¡No! —interrumpió Bart—. Jaylyn lo hará.
A propósito, vacilé en mí andar mientras salía del comedor. Jaylyn
esperó hasta que estaba bajo las sábanas antes de irse, cerrando la puerta
detrás de ella. Esperé un minuto para asegurarme de que se había ido por
el pasillo antes de levantarme y encender la lámpara de noche.
Lentamente, abrí los cajones de la cómoda. No había nada en ellos.
Abrí la puerta del armario: nada.
Bueno, tal vez eso no era del todo extraño. Miré debajo de la cama y
en los gabinetes en el baño y no encontré nada. Me senté en la cama,
temblando.
Maldita sea, todavía estaba enferma. Me puse de pie, tratando de
sacudir la horrible sensación que me apuñalaba el estómago. Algo no iba
bien acerca de esta situación. Decidiendo que necesitaba llegar al fondo de
esto, puse mi mano en la puerta, empeñada en encontrar a Olivia. Pero no
podía salir.
La puerta estaba cerrada con llave.

54
Página
Podría haber entrado en pánico ligeramente. Estaba encerrada.
Locamente sacudí el mango, con la esperanza de que solo estuviera
atascado. Me detuve abruptamente, porque no quería que nadie se diera
cuenta de que sabía que estaba cerrada con llave. ¿Qué carajo? ¿Por qué
me encierran aquí? Me dirigí a la ventana, mi ansiedad haciendo que
empeoraran los mareos. Abrí las feas cortinas marrones; era un claro
descenso de dos pisos.
Hijo de puta.
Me senté en la cama, pensando. Lo que sea que estaban planeando,
tomaron a la chica equivocada para meterse. Quería salir, y no tenía duda
alguna de que podía salir. Simplemente no mientras todavía estuviera
enferma. Sintiéndome terriblemente derrotada, me metí debajo de las
sábanas. Necesitaba descansar, me dije, con el fin de mejorar y largarme
de aquí. Pensé en mis amigos de vuelta en el compuesto. Me mató pensar
en lo que Raeya debía estar atravesando ahora.
Cerré los ojos, obligándome a intentar dormir. Y luego lo escuché:
los sonidos obvios de alguien teniendo relaciones sexuales. Aunque solo
una persona estaba disfrutando. Sus gritos fueron ahogados pero todavía
podían oírlos. Mi sangre se heló.
Por primera vez en mucho tiempo, me sentía impotente. Mi corazón
latía con fuerza en mi pecho mientras estaba en estado de shock,
demasiado horrorizada para dormir. Mi cerebro perdió la batalla para no
dormir mientras la fatiga se hizo cargo. Al día siguiente se repitió la misma
pesadilla. Olivia me despertó, vistiendo otro vestido corto, la contusión en
su muslo era evidente.
Me dio un vestido amarillo horrible, me aconsejó afeitarme las
piernas y caminó fuera de la habitación. Hice veinte minutos de yoga y me
sentí mucho mejor después de eso. Me duché, trenzado mi pelo y me puse
el feo vestido.
Delmont estaba sentado en la cama cuando entré en la habitación.
—Guao —dijo, lamiéndose los labios. Quería darle un puñetazo en la
55

cara. La ducha caliente me hizo sentir un poco mareada, así que solo lo
miré.
Página

—¿Cómo mantienen a los zombis alejados? —espeté. Tenía


curiosidad desde hacía bastante tiempo.
Se encogió de hombros.
—Parece que no han cruzado mucho hacia acá. Solo he visto un
puñado en la propiedad.
Asentí. Sabía que no iba a durar. Tal vez tuviera suerte y los zombis
atacarían. Podría escaparme entonces.
—¿Quieres ver la tienda? —preguntó.
—No —le contesté rotundamente, sin importarme a qué tipo de
tienda se refería.
Sus ojos se estrecharon.
—Descansa —dijo. Esa frase estaba empezando a molestarme—.
Haré que Ma te traiga algo para comer.
Él no cerró la puerta. Utilizándolo a mi favor, me dirigí hacia fuera y
me asomé a la habitación contigua a la que me encontraba. Era un
desastre y olía como una palurda casa de fraternidad. Arrugué la nariz y
seguí adelante. Olivia estaba en sus manos y rodillas fregando el piso del
baño.
—Olivia —dije en voz baja, para no asustarla. Me miró, los ojos
desorbitados por el terror. Dejó caer la esponja y se arrastró.
—¡No deberías estar aquí! ¡Rápido, vuelve a tu habitación!
—¿Qué, por qué?
—¡Por favor, Orissa! Solo tienes que irte antes de que te vean. Yo-yo
no se supone que debo hablar contigo.
—No me iré hasta que me digas lo que está pasando.
—Esa es la cosa, que n-no puedes irte.
—¿De qué estás hablando? —pregunté, mi voz era tranquila, pero mi
corazón se aceleró.
—No te dejarán. No me dejan... no es que podría sobrevivir ahí fuera.
—Bajó la vista—. Tal vez debería estar agradecida.
—¿Agradecida? Olivia... —No sabía qué decir. Negué con la cabeza,
haciendo que el dolor en la cabeza empeorara—. ¿Qué te pasó anoche?
Las lágrimas llenaron sus ojos y su cuerpo temblaba. Un crujido
vino de las escaleras.
—¡Vete! —susurró—. ¡Por favor!
Asentí y rápidamente me fui trotando por el pasillo. Me senté en la
56

cama, sintiéndome mareada de nuevo. ¿Quiénes demonios eran estas


personas? ¿Qué querían con Olivia y conmigo? Un momento después, Sue
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Ellen entró en la habitación con una bandeja.


—Hola, querida —susurró. Un plato humeante de sopa de verduras
que en realidad olía bien. Me entregó el bol y una cuchara—. ¿Cómo te
sientes?
—No tan bien —mentí—. Siento que me estoy enfermando de nuevo.
Apretó su mano contra mi cabeza.
—No te sientes caliente.
—Mi estómago. Duele.
—Oh, bueno, no te rendirás. Nosotros te necesitamos lo más
saludable posible.
Sonreí, siguiendo la corriente. Realmente, me preguntaba por qué.
Tenía toda la noche para pensar en ello. Me quedé encerrada de nuevo. Me
encontraba demasiado ansiosa para dormir, lo que me molestó porque
sabía que necesitaba descansar con el fin de mejorar. Hice más yoga y
traté de relajar mis músculos para dormir. En torno a lo que supuse
serían las tres de la mañana, finalmente lo hice, despertando solo horas
después de una pesadilla horrible.
Delmont me trajo el desayuno por la mañana. No quiero nada de
estas personas, no su comida, su falsa hospitalidad o su refugio. Una vez
más, sabiendo que era inútil mientras estuviera débil y enferma, comí. Me
preguntó si quería ver la tienda de nuevo. Esta vez, estuve de acuerdo.
Bart era dueño de un depósito de chatarra. Detrás de la casa había
un almacén lleno de cacharros con un taller en un extremo. Detrás de eso
había acres llenos de coches oxidados y otras piezas de basura no
deseada. Había nevado más desde mi llegada. Un camino había sido
palado de la casa a la tienda. Mis botas de combate habían estado 'fuera
de lugar', así que me vi obligada a usar solo un par delgado de zapatillas.
La tienda era enorme. Había filas y filas llenas de basura aleatoria.
Platos, lámparas antiguas, muebles rotos, montones de ropa, una
televisión en blanco y negro, y un caballito de madera con una cabeza
agrietada que amenazaba con caer fuera de la plataforma y hacia mí en
cualquier segundo. Me estremecí y me abracé a mí misma para tratar de
mantener el calor y para cubrir mis pechos, todavía no me habían dado un
sostén.
Mis ojos se movían alrededor de la tienda. Había un montón de
objetos que podría utilizar como armas. No estaba segura de cómo tomar
uno desapercibidamente. No era como si tuviera un montón de ropa para
ocultar nada en ella. Delmont estaba hablando, o supuse había estado
hablando. No había estado prestando atención a una palabra de lo que
había dicho.
57

—¿Orissa? —preguntó, sonando denso.


—¿Eh? —contesté, fomentando su molestia.
Página

Se dio la vuelta, caminando cerca.


—¡Escucha cuando te estoy hablando!
Levanté una ceja. Desconcertado por mí, no acobardada, sufrió
algunos segundos mirando absolutamente perplejo. Se burló, gruñó y se
alejó. Qué no daría yo para poner las piernas por debajo de él, golpear mis
talones hacia abajo con los dedos y pisar fuerte en su rostro.
Apenas unos días más. Unos días más y tendría la fuerza para salir
de aquí. Posiblemente... Había cuatro hombres adultos que pasar y no
tenía armas. Podría hacerlo. Me imagino fuera, de una manera u otra.
Hasta entonces... puse la mano en el estante y fingí desmayarme.
Delmont me atrapó. Tomó todo lo que tenía no hacer una mueca
cuando sus manos se apretaron alrededor de mi cintura.
—¿Estás bien? —preguntó.
—Oh, yo-yo me siento tan débil —tartamudeé—. Necesito
recostarme.
—Correcto. Tengo que tenerte lista.
—¿Lista para qué?
—Uh, me refiero saludable. Hacer que estés saludable.
—Sí, quiero eso —concordé.
Me soltó y se puso delante de mí. Un laico bate de béisbol cubierto
de polvo estaba en la parte inferior en un estante. Hice una nota mental de
eso y volví a entrar en la casa.
Sue Ellen se desvivió por mí cuando Delmont le dijo que me
desmayé. Frunció el ceño, puso su mano protectora sobre mi hombro y
dijo:
—¿Qué demonios estabas pensando, Del? No deberías haberla
llevado afuera en el frío. No cuando queremos que sane.
Asentí, haciendo mi mejor esfuerzo para parecer enferma. Siempre
había querido ser actriz, pero las circunstancias de usar mis habilidades
de actuación eran menos que ideales. Del me acompañó hasta la escalera
y me dijo que esperaba que pronto me sintiera mejor. Oí voces procedentes
del cuarto de baño, mientras caminaba por el pasillo.
—... Es tu propia culpa, perra estúpida —regañó Jaylyn—. Todos
sabemos que hay algo malo en ti. —Dejó de hablar cuando me vio. Olivia
estaba de pie junto al fregadero, limpiándose la nariz ensangrentada. Mis
ojos se abrieron y entré en su dirección. Jaylyn cerró la puerta. Negué con
la cabeza y me aventuré de nuevo en mi habitación.
58

Me sentí un poco mejor después de hacer otro Saludo al Sol8. Me tiré


Página

al suelo e hice una serie de abdominales, luego, flexiones y sentadillas.

8 El Saludo al Sol (o sūria namaskār) es una de las secuencias de posturas del

hatha yoga.
Terminé con más yoga y me acosté, deseando poder conciliar el sueño y
obligar a mi cuerpo a sanar.
Delmont entró una vez que el sol se puso. Me trajo un plato de carne
de venado cocido. Me lo comí con avidez, a propósito empujándolo en mi
boca de una manera que reflejara un zombi. Golpeaba mis labios y
masticaba con la boca abierta, con ganas de ser tan poco atractiva como
fuera posible.
Cuando terminé de comer, Delmont se tendió a mi lado.
—Frota mis pies —ordenó.
—No —le dije al instante.
—¡Haz lo que digo, mujer!
Lo miré. Dios, cómo quería hacerle daño.
—No —repetí.
Se sentó.
—Hazlo o te voy a...
—Harás, ¿qué? —pregunté, lo que lo enfureció aún más. Levantó la
mano como si me fuera a golpear, pero se detuvo, resopló y se puso de pie.
—Vas a aprender tu lugar por aquí. Solo espera. —Se precipitó fuera
de la habitación, cerrando la puerta. Me paseé por la habitación. No
importaba si aún tenía un dolor de cabeza y estaba débil. Tenía que salir
de aquí.
Desayuné con la “familia” a la mañana siguiente. Bart y Beau se
iban en un viaje de caza mañana, anunciaron. Era perfecto. Casey gimió
como un niño malcriado que también quería ir, pero Jaylyn se aferró a su
brazo y le rogó que se quedara. Molesto, la rechazó.
—¡Casey! —regañó Bart—. ¿Es esa la manera de tratar a una dama
que está llevando a un niño?
—No señor —murmuró Casey, mirando al suelo.
—Así es, hijo mío. —Bart asintió y me guiñó un ojo. Después de
haber perdido el apetito, tuve que esforzarme para llevar una cucharada de
guiso a mi boca.
Olivia estaba sentada en el borde de la cama cuando fui llevada a mi
habitación por Harley. Él me saludó con la mano en una sonrisa como si
supiera que algo estaba pasando.
59

—Diviértete esta noche —se burló. Riendo, se quitó al final del


Página

pasillo. Tan pronto como estaba fuera del alcance del oído, me metí en la
habitación de Olivia.
—¡Orissa! —susurró—. No dejes que ellos…
—Sé lo que vas a decir. Y no me iré hasta que escuche la verdad así
que es mejor que me lo digas. ¿Qué está pasando aquí?
—¡No nos permitirán irnos!
—Sí, me di cuenta un poco de eso cuando me encerraron en una
habitación por la noche. Corta por lo sano.
—Somos todo lo que queda. Es nuestro deber. En realidad, debería
estar agradecida con ellos.
Sonaba a un lavado de cerebro. El suelo crujía en la planta baja.
Eché una mirada nerviosa por encima de mi hombro.
—¿Qué están haciendo?
—Es mi culpa —dijo ella, sonando como un eco lejano.
—¿Qué? ¿Estás hablando de tu nariz ensangrentada?
—Sí.
—Beau te golpeó —especulé.
—Sí —respondió otra vez, las lágrimas llenando sus ojos verdes.
—¿Cómo es tu culpa?
—Porque no estoy embarazada —dijo vergonzosamente.
—Que —empecé. Entonces me di cuenta—. ¿Beau está tratando de
embarazarte?
—Sí. Es mi deber como mujer para repoblar la tierra. Somos todo lo
que queda.
—No —le prometí—. No lo somos. Hay más gente.
—¿Dónde están?
—Te puedo llevar a ellos —le dije rápidamente, temiendo que alguien
subiera las escaleras—. Lo prometo. Voy a sacarnos de aquí. Mañana.
Cuando se vayan al viaje de caza. Nos iremos.
—Vamos a morir —susurró, temblando.
—Puedo cuidar de nosotras.
—¿Cómo? —Las lágrimas rodaban por sus mejillas—. ¿Cómo puedes
mantenernos a salvo de los zombis? Te desmayaste ayer.
—Lo fingí. Solo confía en mí; puedo cuidar de nosotras. Me voy
mañana. ¿Vienes conmigo?
60

—Sí —dijo, sin sonar demasiado segura de sí misma.


Página

—Bien. Voy a necesitar tu ayuda. ¿Sabes dónde se guardan las


llaves?
—¿Llaves?
—Sí, llaves. Para un coche.
—Uh, sí.
—Tómalas.
—Yo-yo no sé si puedo.
—Tienes que hacerlo.
Sus manos temblaban mientras empujaba su cabello rubio fresa
detrás de su oreja.
—Entendido. ¿Estás segura de que estás lo suficientemente bien?
—Sí. Puede que no lo esté al cien por ciento, pero confía en mí, he
estado peor. Tenemos que salir mañana, tan pronto como Bart se vaya de
caza. Es ahora o nunca.
—Van a cazar una vez a la semana. Podemos esperar hasta la
próxima semana cuando estés mejor.
—No —dije demasiado alto—. ¿Te quieres quedar aquí otra semana?
—No —exclamó—. Yo no.
—Bien, entonces, mañana... listo. Dame una señal cuando tengas
las llaves. —Miré alrededor de la habitación mientras se me ocurría una
señal—. Tose, muy fuerte, tres veces seguidas.
Asintió con la cabeza. El sonido característico de alguien subiendo
las escaleras me hizo saltar. Mis ojos se encontraron con Olivia por un
segundo antes de encontrarme de nuevo en mi habitación. Puse las
mantas sobre mí justo cuando Delmont entraba.
—Orissa —susurró. Me hice la dormida. El colchón se hundió por
debajo de su peso. Mi corazón empezó a latir rápidamente. Tenía miedo de
lo que iba a tratar de hacerme. Se acostó, metiendo sus pies debajo de las
sábanas. Su mano se posó en mi cintura. Quería vomitar. Cuando sus
labios plantaron un beso en la parte de atrás de mi cuello, me comporté
como si me despertara.
—Oh, Delmont, hola —dije atontada.
—Eh, nena —susurró. Tuve que esconder mi arcada. Mantente
calmada, me dije. No podía descubrir mi cubierta—. ¿Cómo te sientes? —
preguntó.
—Aún enferma.
—¿Sabes lo que te puede curar? —se burló. Sabía que mi corazón
latía con ira y miedo. Tomé respiraciones profundas para tratar de reducir
61

la velocidad.
Página

—¿Dejarme volver a dormir?


—Incorrecto —dijo, pasando sus manos por mi pierna. No podía
volar mi cubierta, lo sabía. Pero no iba a dejar que me acariciaran. Sus
dedos se movieron bajo el dobladillo del estúpido vestido que llevaba
puesto. Temblé y su agarre en mi cintura era apretado.
—Me siento mal —espeté, añadiendo un gemido para el efecto.
—Estás bien. —Puso las dos manos en mi cintura y me volteó. Se
apretó contra mí y pude sentir sus intenciones a través de sus pantalones
vaqueros.
Repugnante.
—No, no creo que lo esté. Creo que voy a vomitar.
—Estás bien —repitió, evidentemente fastidiado. Sus manos se
arrastraron hasta la cintura, por encima de mi estómago y en mis pechos.
Se frotó contra mí, respirando con dificultad por la sensación.
No quiero hacerlo. No creo tener una opción. Me di la vuelta,
fingiendo estar interesada en Delmont. Era tan tonto como para pensar
que realmente lo quería. Me senté y puse mis manos en su pecho.
—Sí, nena —dijo.
Medio sonreí, entrecerré los ojos un poco y me incliné hacia
adelante, como si fuera a darle un beso. Entonces me doblé, gimiendo
como si me doliera. Mis manos volaron a mi boca como si me estuviera
cubriendo pero realmente pegué mi dedo en la garganta, obligándome a
vomitar por todo el piso.
—¡Ah! ¿Qué demonios? —gritó Delmont y me empujó lejos de él—.
¡Ma! —gritó—. ¡Ma! ¡Ven aquí! —Me abofeteó en la cara. Me tomó cada
onza de autocontrol no reaccionar—. Limpia eso, perra.
Beau vino corriendo. Me miró y luego el vómito.
—¿Qué hiciste con ella?
—Nada —bramó Delmont—. No pude hacer nada…
Sue Ellen llegó cojeando.
—¡Oh! —exclamó.
Delmont pisoteó y me señaló.
—¡Quiero una nueva!
—Cálmate, muchacho —instruyó ella—. ¿Qué pasó?
—¡Ella malditamente lanzó todo!
—Bueno —dijo Sue Ellen, con los labios apretados—. Tiene
62

envenenamiento de la sangre. Pensé que estaría fuera de su sistema para


ahora, pero supongo que no.
Página

—¡Está rota! —Delmont continuó su rabieta.


—No —Beau se entrometió—. La mía está rota, te la cambio ahora.
—No —dijo Delmont, sacudiendo la cabeza—. La mía al menos tiene
buenas tetas. La tuya apenas tiene ninguna.
—Sí —concordó Beau—. Pero la tuya es demasiado musculosa. La
mía es más suave.
Estaban hablando de nosotras como si fuéramos animales que
estaban para el comercio. Me imaginaba el tipo de dolor que me encantaría
infringirles.
—Dale unos días más de descanso —aseguró Sue Ellen a Delmont—.
Entonces, Del, estará lista.
—Bien —dijo Delmont deliberadamente. Los tres salieron de la
habitación, y cerraron la puerta. Me dieron una toalla del baño y la tiré
sobre mi vómito. No se me permitió comer mucho y había vomitado hasta
la poca comida que tenía en el estómago. Ahora iba a tener hambre.
Temblando de ansiedad, me metí en la cama. Me quedé allí durante
horas, esperando que el sol saliera. Cuando me quedaba en un sueño
ligero, soñé que estaba de vuelta en el compuesto, seguro y cálido y me
acurrucaba en la cama junto a Hayden. Cuando me desperté, me dolía el
corazón por él. Tenía la esperanza en Dios que él estaba bien. Recibió una
bala por mí para que yo pudiera vivir, y ahora pensaba que estaba muerta.
No se me dio el desayuno. Una hora después de salir el sol, un Jeep
rugió a la vida, el motor ruidoso haciendo eco en el frío cristal de mi
ventana. Salté de la cama y sentí como si la suerte solo podría estar de mi
lado cuando vi a Beau, Bart, Casey, y Harley entrar en él.
Hice yoga, sentadillas, y bebí mucha agua, quería que mi cuerpo
estuviera listo. Estaba hambrienta cuando Jaylyn abrió mi puerta. Tenía
un vestido doblado sobre el brazo y una mirada de suficiencia en su rostro.
—Eso es bastante —dijo, mirando a mi pecho. Mi mano voló hasta la
pequeña hoja de plata que colgaba de una cadena—. Dámelo.
—No.
—Haz lo que digo ya.
—No. Es mío.
—No me importa. Lo quiero.
—No —repetí. ¿Sería una persona horrible si golpeo a una mujer
embarazada?
Se rió, me tiró el vestido y salió de la habitación. El vestido amarillo
63

que llevaba olía a vómito, ya que algo se había salpicado por la parte
Página

delantera. Me lo quité, descuidadamente lo tiré en el suelo, y me puse el


nuevo.
Era el peor vestido. Rosa claro y muy corto, la cosa tenía encaje y
mangas japonesas y un moño detrás. Era denigrante, la forma en que nos
hacían usar los vestidos. No era justo, por cualquier medio, la forma en
que pensaban que podían hacer lo que demonios quisieran solo porque las
reglas y leyes no se podían cumplir. Cerré los ojos y respiré hondo.
La puerta se abrió, me sobresaltó un poco. Sue Ellen me miró,
dejando caer toda pretensión de ser amable y cariñosa y preocupada por
mi bienestar. Ahora sabía que me veía como una fabricante de bebés y
nada más.
—Vamos abajo y come —dijo secamente. La seguí por el pasillo. Una
puerta a la izquierda estaba abierta; mis ojos miraron a su alrededor con
curiosidad dentro. Tenía que ser Jaylyn y la habitación de Casey. Una vieja
cuna de madera estaba contra la pared. Casi no la veo desde que un par
de pantalones sucios la cubría. Mi corazón se agitó y mis ojos se abrieron
cuando vi el modelo camuflado familiar de mis botas de combate.
—Oh no —gemí—. Tengo nauseas —Me di la vuelta y me escabullí en
el cuarto de baño. Hice sonidos ahogados y tiré de la cadena. Cuando
regresé a la sala, Sue Ellen se había ido. Corrí al cuarto de Jaylyn y agarré
mis botas.
Las escaleras desembocaban en la muy desordenada sala de estar.
Una vieja silla hecha jirones albergaba diversas formas de mierda que
deberían haber sido tiradas hace años. Metí las botas por seguridad por
debajo de ella, fuera de la vista, pero fácil de agarrar. Olivia no me miró a
los ojos cuando me fui a la cocina. Tenía un hematoma reciente en la
mejilla.
Repartió un guiso aguado. Cuando tomó su lugar, tosió tres veces.
—Ah infierno —maldijo Delmont, golpeando la mesa con el puño.
Sopa se derramó fuera de su plato—. Será mejor que no te enfermes
también.
—No, solo un cosquilleo en la garganta —murmuró ella. Después de
comer, Sue Ellen nos exigió a Olivia y a mí limpiar la cocina a la perfección
mientras se iba a su habitación a ver episodios grabados de Judge Judy.
—¿Las tienes? —pregunté calmadamente, el sonido de agua
corriendo ahogando mis palabras de oídos indeseados.
Asintió.
—Sí.
—Bien, ¿Sabes en lo que van ellos?
64

Asintió de nuevo.
—La vieja camioneta Ford de afuera.
Página

—¿Funciona?
Otra inclinación de cabeza.
—Es la camioneta de Del. Lo he visto conducirla antes.
—Perfecto. ¿Dónde está?
—Probablemente en la entrada. El garaje está lleno de basura así
que todos los carros están afuera.
—Incluso mejor. Cuando diga “corre”, corremos.
—Está bien.
Di un paso lejos del fregadero, mirando por la entrada de la cocina.
En la sala de estar, podía ver a Jaylyn y Del besándose. ¿Qué carajo?
Sabía que estaban emparentados. Quería mis botas, pero no me iba a
arriesgar a ser pillada por ellos. Abrí cada gaveta en la cocina, buscando el
cuchillo más filoso. Me decidí por dos pequeños pero efectivos cuchillos de
vegetales. Le di uno a Olivia.
No debí haber estado sorprendida cuando vi lo que vi cuando miré
hacia la sala de estar una vez más. Jaylyn estaba de rodillas, su boca y
sus manos ocupadas con Delmont.
—Auch —dije en voz baja. Espera… esa era una distracción perfecta.
Los ojos de Del estaban cerrados y su cabeza estaba hacia atrás. Tomé un
respiro hondo y cuidadosamente di un paso hacia la sala de estar. Todo lo
que Del tenía que hacer era abrir sus ojos y me vería. Di otro paso. Y luego
otro, y otro. Estaba casi en la silla. Su respiración se aceleró. Mierda, casi
estaba listo. Arrebaté mis botas y corrí fuera de la habitación.
—Creo que el bebé es de él —empezó Olivia una vez que patiné hasta
detenerme en la cocina.
—Enfermo —dije y me hundí en mi trasero para atar los cordones de
mis botas. Metí el cuchillo dentro de mi media—. ¿Tienes zapatos?
—No.
—Te conseguiré unos —me puse de pie—. ¿Lista?
—No tienes idea de cuán lista estoy.
—Muy bien, entonces, corre.
Dejando el agua corriendo en el fregadero, huimos por la puerta
trasera. Corrimos hacia afuera, deteniéndonos en el patio cubierto de nieve
para encontrar la camioneta. Olivia instantáneamente tembló en el aire
frio. Acababa de alzar su mano para apuntar hacia una camioneta a unas
cincuenta y cinco yardas de distancia cuando el primer disparo sonó.
Gritó. Agarré su mano y corrí a toda velocidad hacia delante. La
tienda estaba más cerca que la camioneta. Abrí de golpe la puerta y salté
65

dentro, arrastrando a Olivia conmigo. No sé cómo nos vio, o cómo se subió


Página

los pantalones y agarró la escopeta tan rápido, pero entreví a Delmont


persiguiéndonos.
Corrimos por un pasillo de basura, chocando con mierda
sobresaliente que sonoramente se cayó. Corrimos a través de una abertura
en el pasillo antes de ir por otro. Este lugar era un jodido laberinto.
—¡No pueden esconderse de mí! —gritó Delmont— ¡Las encontraré!
Reduje la velocidad hasta detenerme, Olivia cerca a mi lado. Nos
apiñamos al lado de un estante lleno de partes de muñecas. Brazos,
piernas y cabezas rotas miraban hacia nosotros. Necesitaba un arma. Miré
alrededor; al lado de las muñecas estaban sus ropas, bloques y una bolsa
de sucios animales de peluche que parecían como si hubieran pasado
demasiado tiempo en el piso de una guardería.
Olivia se sacudió con miedo. Tomé su mano y asentí de modo
tranquilizador cuando mi propia valentía era reemplazada con trepidación
cuando el taconeo de las botas de Delmont vinieron desde el pasillo de al
lado. Olivia puso su mano sobre su boca. Contuve mi respiración,
esperando.
—Son tontas, saben, tratando de huir. Ustedes nunca podrán
lograrlo allí afuera. Serán comidas en cuestión de horas —amenazó.
Puse los ojos en blanco. Si solo supiera… Mis músculos se tensaron
y apreté la mano de Olivia. Sacudió su cabeza, ojos mirando en la
dirección en la que la voz de Del estaba viniendo. Asentí de modo alentador
y tiré de ella hacia delante. Nos deslizamos silenciosamente por el pasillo.
Tenía que haber una puerta trasera en este lugar.
Recogí un hierro roto. Envolví la soga alrededor, quitándolo del
camino. Hice señas hacia un lugar vacío en un estante, tratando de decir a
Olivia sin comunicación verbal que quería que se escondiera allí. Le tomo
unos pocos segundos comprender. Con manos temblorosas gateó dentro,
abrazando sus rodillas. Corrí hacia la abertura en el pasillo, a la escucha
de Delmont, sintiendo como si las mesas se hubieran volteado.
Sus pisadas hicieron eco fuertemente a través del gran almacén.
Recogí un reloj y lo lancé tan fuerte como pude por el pasillo. Hizo un
ruido metálico y se deslizó hasta detenerse. Del picó el anzuelo y corrió,
escopeta levantada.
Miró tontamente hacia el reloj, incapaz de poner dos y dos juntos.
Repté detrás de él y lo golpeé en la cabeza con el hierro. El arma voló de
sus manos. Lo pateé en la espalda y cayó de rodillas, golpeando sus
rotulas en el duro piso de cementerio. El arma estaba en mis manos en
segundos.
66

Una sonrisa estalló en mi cara. Usando el arma como un bate de


Página

béisbol, lo golpeé en la cabeza. El ruido de pies me hace girar,


bombeando9 la escopeta. Olivia levantó sus manos. Le di la vuelta a la
escopeta y la extendí a ella. La miró con miedo.
—Mantén tu dedo fuera del gatillo —le dije—. Solo dispara si es
necesario. Y créeme —dije, volviéndome a Delmont—. No lo será.
Él se tambaleó hasta ponerse de pie. Retrocedí y esperé, dándole
tiempo para recuperar lo poco de compostura que tenía. Se abalanzó hacia
mí. Fácilmente me escabullí fuera del camino. Cuando se abalanzó de
nuevo, atrapé su puño, torcí su muñeca, y en un movimiento veloz, lo
pateé en las bolas. Cuando se dobló de dolor, levanté mi rodilla hacia su
nariz y lo empujé hacia atrás. Tiré una caja de viejos libros fuera de un
estante, rasgando el cartón. Cayeron, cada uno aterrizando fuerte en el
cuerpo de Delmont. Saqué el cuchillo de mi bota.
—¡No me mates! —gritó Delmont, levantando sus manos. Sangre
goteaba de su nariz. Reí.
—¿Matarte? No, eso sería hacerte un favor. No te voy a dejar fuera
así de fácil. —Levanté el cuchillo, las fluorescentes luces del techo
reflejándose en el metal—. Veamos… Podría… cortarte las bolas,
metértelas en la boca y coser tus labios. —Las esquinas de mi boca se
alzaron en una sonrisa sádica. Delmont se estremeció—. Eventualmente
sangraras hasta morir. O quizás te ahogues. De cualquier manera, nos
habremos ido mucho antes de que alguien encuentre tu frio cuerpo sin
vida, malparido coge-primas.
Tomé la escopeta de Olivia y golpeé a Del en la cabeza, noqueándolo.
Entonces tiré otra caja… ésta, llena con basura aleatoria… sobre él, golpeé
con fuerza con la culata de la escopeta sobre sus bolas, y agarré la mano
de Olivia. Lloriqueaba mientras halaba de ella. Abrí la puerta trasera. Solo
se movió unos pocos centímetros. Algo había sido empujado hacia ella
desde afuera. Soltando la mano de Olivia, usé mi cuerpo para forzarla a
abrir. Tuve que golpearla varias veces, sin duda creando desagradables
moretones en mi hombro, pero se abrió lo suficiente para que pasáramos a
través de ella.
Zigzagueamos nuestro camino a través del patio de basura, todo el
tiempo estaba esperando que Olivia no pisara algo afilado u oxidado. Todo
el patio estaba cercado con una cerca de madera de seis pies10.

9 Bombear una escopeta: Hace referencia a la acción donde el guardamano tiene


67

que ser deslizado hacia atrás y adelante, para eyectar el cartucho disparado e introducir
un nuevo cartucho en la recámara de ésta.
Página

10 Seis pies: Aproximadamente 1.83 metros.


—Estamos atrapadas —gritó Olivia.
—No, no lo estamos —prometí. Caminé a lo largo de la cerca,
buscando por un punto débil. La pateé; la tabla se agrietó. La pateé de
nuevo y mi pie la atravesó. Sintiéndome como un zombie, gateé mi camino
a través de tablas rotas, forzando dolorosamente a mi cuerpo a caber por
una apertura pequeña. Olivia lo atravesó después, su cabello quedando
atrapado en una astilla. Tiró para liberarse, dejando varias mechas
volando en el viento.
Sue Ellen estaba esperando por nosotros, sosteniendo un cuchillo de
caza. Olivia hizo un sonido de miedo estrangulado pero marché hacia
delante con impaciencia. Bombeé la escopeta una vez más y el terror
inundó la cara de Sue Ellen. Sonreí con malicia y levanté el arma.
No quería malgastar balas con ella… No lo valía. Pero no necesitaba
saber eso. Mantuvo su posición hasta que estuve a seis pies de distancia.
Entonces dejó caer el cuchillo y huyó. Por más que amaría darle un
puñetazo en la garganta, tampoco lo valía.
—Vamos —le dije a Olivia. Quería salir de aquí inmediatamente y,
más importantemente, quería salir de aquí antes de que una camioneta,
llena de gente con rifles y arcos y quien sabe que más llegara a casa.
Corrimos hacia la camioneta. Tendí mis manos por las llaves. Olivia no se
movió.
—Orissa, espera —escupió— Nosotras…Nosotras estamos a salvo
aquí, de los zombies. No quiero morir.
—Te dije que cuidaría de ti —reiteré.
—¿Cómo sé que eso es verdad?
—¿Preferirías quedarte aquí?
—No —chilló, su cuerpo se estremeció— No quiero ser comida.
—Tampoco yo. Pero prefiero enfrentar zombies que ser violada.
—Se detendrán una vez que esté embarazada —declaró.
—Eso es tan retorcido y probablemente no cierto. ¡Dame las llaves
antes de que te las arrebate! —amenacé, esperando que no tuviera que
llegar a eso. Esta pobre chica había sufrido bastante.
Se estremeció de nuevo pero sacó las llaves del interior de su
vestido. Abrí la camioneta, salté dentro y metí las llaves en el encendido.
Estaba frío y la camioneta no había sido conducida en un tiempo. El motor
68

chisporroteó.
Página

—Vamos —lo alenté, girando la llave de nuevo. Finalmente, cobró


vida—. ¡Gracias a Dios! —Aceleré por el camino de la entrada, temiendo
que correríamos hacia los cazadores retornantes. Ellos habían girado hacia
la izquierda en la carretera; giré hacia la derecha. Odié que hubiera varias
pulgadas de nieve. Nos hacía fácil de seguir.
La camioneta se deslizó y derrapó pero no me atreví a desacelerar.
Estaba agarrando el volante fuertemente, tanta adrenalina corriendo por
mis venas que no me di cuenta de que estaba frío hasta que Olivia
encendió el calentador.
—¿Qué hacemos ahora? —preguntó tímidamente.
—Salir de estos jodidos vestidos lame culos —escupí amargamente.
Como si retenernos como rehenes no fuera suficiente, tenían que
deshumanizarnos con floritura y lazo.
—Ciertamente tienes talento para las palabras —dijo, una débil
sonrisa se hizo evidente en su pálida cara.
—Sí. Soy una jodida poeta. —Condujimos en silencio por varios
minutos. La carretera de campo parecía interminable. Nieve se deslizó en
frente de nosotros, desafiando a la vieja camioneta Ford. No aflojé sobre el
acelerador y seguí lanzando miradas nerviosas hacia el espejo retrovisor.
El rastro de neumáticos en la nieve se burlaba de mí.
Casi perdí el giro; giré el volante bruscamente y la camioneta se
deslizó en un círculo completo. Nos deslizamos hasta detenernos a un lado
de la carretera. Presioné el pedal y el motor rugió. Estábamos atascadas.
—Vamos —rogué, poniendo la camioneta en reversa. Lentamente la
mecí de atrás hacia delante, aterrada de no escapar antes de que Bart y su
bastardo hijo innato tropezaran con nosotros.
—¿Debería salir y empujar? —preguntó Olivia, ganando puntos
mayores en mi libro.
—Posiblemente —respondí honestamente, a pesar de que sabía que
era mejor candidata para empujar. Nos mecimos de atrás hacia delante
una vez más antes de que estuviéramos liberadas. Yendo más despacio
esta vez, empecé a través de los restos de una carretera de dos canales
cubierta de nieve.
—¿Crees que vendrán a buscarnos? —preguntó Olivia, su voz llena
de miedo.
—Estoy segura.
—¿Qué crees que harán si nos encuentran?
—No nos encontrarán. Lo prometo.
69

—¿Cómo puedes estar tan segura?


Página

—Solo lo estoy.
—Eso no es muy convincente —murmuró, agarrando el dobladillo de
su vestido.
—No voy a dejar que nos encuentren. Y si lo hacen, los mataré. A
todos y cada uno de ellos. Quiero ver a mis amigos de nuevo, no voy a
dejar que una remota familia de The hills Have Eyes11 me detengan de ir a
casa. —Olivia dijo algo pero no presté atención. Tan pronto como la
palabra se deslizó de mi boca, sabía que era verdad.
Nunca había considerado al recinto “casa”. Creí que era extraño
cuando Hayden la llamó su casa. Pero, eso era lo que era. Todo y todos a
los que tenía estaban en el recinto. A pesar de que estaba lejos de ser
ideal, el compuesto albergaba unas pocas personas que resultaban ser el
mundo para mí. Era un hogar, y eso era a dónde quería ir.
Continuamos en silencio por otras veinte millas12. Tiendas y
restaurantes dotaban la carretera. Los observé, debatiendo si era
demasiado pronto para parar o no. Necesitábamos combustible. Nueva
ropa caliente y comida sería agradable, pero podríamos sobrevivir sin ellas
por un rato más. Y, más que nada, necesitaba saber dónde diablos estaba.
Una tienda de motocicletas se acercó adelante. Me detuve en el
último minuto, haciendo una dona en el estacionamiento. Cuando la
camioneta finalmente dejó de deslizarse, la puse en pare y abrí mi puerta.
—Voy a echarle un vistazo, quédate aquí y mantén el motor andando
—le dije a Olivia. Sus ojos verdes retrocedieron con terror pero obedeció.
Curioseé el asiento trasero, buscando cualquier cosa útil. Junto a un
montón de mierda estaba una larga linterna. Funcionaba, a pesar de que
no necesitaría la luz todavía. Era metálica y pesada y buena para aporrear
contra un cerebro.
El aire frío aguijoneó mi piel y era doloroso de inhalar. Lentamente
me acerqué a la puerta del frente de la tienda. No estaba rota, pero
tampoco estaba cerrada. La abrí de un empujón, haciendo sonar un
estúpido timbre. Lo alcancé y tiré del hacia abajo. Entonces esperé.
Nada sucedió.
Hice señas a Olivia para que bajara su ventana. Nerviosamente, se
inclinó fuera de la camioneta.
—Voy a conseguirnos ropa y con suerte, un mapa. Mantén un ojo en
busca de zombies. Vete si se pone mal. Te alcanzaré, ¿Está bien?
70

11 The Hills Have Eyes: Película de terror. En la que una familia que se queda
varada en el desierto, es perseguida por un clan de caníbales deformes en las colinas
Página

cercanas.

12 Veinte millas: Aproximadamente 32,2 kilómetros.


Asintió tímidamente. Volví a la tienda. La primera mitad estaba llena
de motocicletas; algunas de ellas eran realmente atractivas.
Admirablemente pasé mi mano sobre el manubrio cromado de una
Chopper13 hecha a la medida. Tuve un novio de a ratos a lo largo de la
mayoría de la secundaria que tenía una motocicleta. Mi madre la odiaba.
Pasadas las motocicletas, estaban accesorios y partes que no
significaban nada para mí. Y pasado eso, estaban exhibiciones de ropas.
Había solo un pequeño estante circular de ropa de mujer. Ojeé por los
pantalones de cuero para encontrar uno de mi talla. Me quité mis botas y
me los puse de un tirón. Eran sorprendentemente cómodos.
Lancé el feo vestido al piso y me puse una camiseta de manga larga
negra. Cerré la cremallera de una ajustada chaqueta de cuero negra
encima de eso y recogí mis botas, me las coloqué atando los cordones de
nuevo, cuando oí ruidos detrás de mí. Me di la vuelta, lista para usar el
tacón de mi bota como un arma.
—¡Lo siento! —gritó Olivia, levantando sus manos de forma
protectora sobre su cabeza.
—Está bien —le dije, tratando de no sonar cabreada. La chica me
recordaba a un perro abusado; tan pronto como alguien alzaba sus manos,
asumía que iba a ser golpeada—. ¿Qué estás haciendo?
—Me asusté ahí afuera. Sin embargo dejé la camioneta andando, por
si acaso.
—Oh, está bien. Mientras estés aquí, consigue algo que ponerte
rápidamente. Voy a buscar un mapa o algo.
Busqué en toda la tienda pero no encontré un mapa. Cuando regresé
hacia Olivia, tenía puesto un par de jeans oscuros, una sudadera de
Harley Davidson con capucha y botas de motera. Se tambaleó cuando
caminó en las bajas suelas de cuña.
—¿No estás acostumbrada a usar tacones? —declaré lo obvio.
—No. Nunca los había usado antes —admitió. Tropezó, casi
doblándose el tobillo.
—¿Qué talla de zapato eres? —pregunté, pensando en que ya no
podía tenerla desacelerándome más de lo necesario.
—Ocho y medio.
71
Página

13 Chopper es un tipo de motocicleta modificada (Chopped), para tener un ángulo

de lanzamiento mayor, con horquilla más larga, lo que le da una batalla y avance más
grandes que el resto de los tipos de motocicletas. Normalmente tiene un manubrio más
largo a lo alto, lo que le da una posición a las manos más alta que los hombros del piloto.
—Pruébate estos —dije, sentándome para desatar los cordones de
mis botas—, son nueve, así que quizás es un poco grande, pero es mejor
que los tacones, necesito que seas capaz de correr si es necesario.
Cambié mis botas por otro par de botas de motocicleta. De todas
maneras, lucían mejor con los pantalones de cuero. Agarré un par de
guantes para cada una de nosotras antes de volver al estacionamiento.
Una todoterreno plateada captó mi atención. Le dije a Olivia que se metiera
en la camioneta y esperara mientras corría de nuevo a la tienda. Emergí
con herramientas y una sonrisa retorcida.
—Eres algo aterradora —me dijo con solo una pizca de asombro en
su voz después de que manipulara los cables para encender la camioneta.
—¿No estás feliz? —pregunté, enderezándome—. Dejémosla andar
por unos minutos antes de que entremos. —Tiré hacia abajo la visera y
miré hacía la guantera—. ¡Sí! —dije en voz alta cuando saqué un paquete
de cigarrillos y un encendedor.
—¿Fumas?
—Ugh, ni hablar. Pero esto —levanté el encendedor—, puede ser útil.
—Dejamos andar al todoterreno por más de cinco minutos antes de
encender el calentador. Otros cinco pasaron y el coche se llenaba de aire
caliente. Declarándolo suficientemente bueno, volví a la tienda por una
última vez.
Arranqué el dobladillo del horrible vestido que fui forzada a usar y lo
metí en el interior del tanque de gasolina de la camioneta de Del. Conduje
la camioneta al medio de la carretera, salí, encendí el vestido en llamas y
me alejé. Ni siquiera miré hacia atrás cuando explotó. Olivia me miró
boquiabierta por las próximas treinta millas, incapaz de creer todo lo que
había hecho.
—Me siento segura contigo —me dijo, sus ojos verdes brillando. De
repente, una imagen de Zoe pasó por mi cerebro. La empujé lejos, pero no
antes de que pudiera afectarme.
Sin importa qué, iba a hacerme cargo de Olivia.
Entré a un estacionamiento de una tienda de comestibles. Le
aseguré a Olivia que no tenía intenciones de entrar. Unos pocos gummies
deambulaban. Golpeé a uno en la cabeza con la linterna y cayó, su cerebro
blando goteando sobre el pavimento. Rompí ventanillas de carros, lo que
activó una alarma en dos, en la búsqueda de un atlas. Lo encontré en el
72

carro número seis.


Estábamos en Iowa del sur y calculé nuestro tiempo lejos del recinto
Página

a solo ocho horas o menos. Mi corazón se agitó y mi estómago hizo esa


estúpida vuelta cuando pensé en ver a Hayden. Entonces pensé en Raeya y
Padraic y lo feliz que iba a ser cuando los volviera a ver.
Después de tres horas de conducción libre de problemas, nos
encontramos con una pila. Por experiencias pasadas, no quería
arriesgarme. Pero, estábamos hambrientas y nos estábamos quedando sin
combustible. Si pudiera encontrar algo que comer o una lata de gas,
entonces valdría la pena.
—Quédate que aquí y mantén los ojos bien abiertos. ¿Está bien? —
instruí.
—Está bien.
—Lo digo en serio. Si algo sucede, toca la bocina y vendré corriendo.
Tan pronto como esté dentro, conduces. ¿Entiendes?
—Sí, lo entiendo —prometió.
Lentamente me abrí camino a través de los coches, en busca de uno
que pareciera el más prometedor. Cadáveres dispersos en la carretera, la
mayoría de ellos roídos hasta el hueso por zombies. Abrí la puerta a una
minivan y casi tuve arcadas cuando vi el asiento de atrás del carro. Algo
realmente terrible debe haber ocurrido para hacer a los padres dejar a su
bebé.
Siguiendo, pensé que la suerte me golpeó cuando subí los escalones
de un autobús escolar. Hieleras habían sido embaladas y guardadas en los
asientos delanteros. El frío mantenía el olor a comida podrida al mínimo.
Busqué algo comestible y con suerte, no lleno de E Coli14 u otros gérmenes
horribles. Extraje un tarro de maní. No era mucho, pero era suficiente
para pasarnos a través de las próximas horas. Un recipiente de agua se
había volcado, las botellas rodaron por todo el autobús. Agarré cuatro y
troté de vuelta al carro.
Nos devoramos las nueces y bebimos toda nuestra agua en una
hora. Debí haber sabido que mi suerte se acabaría. La luz de combustible
bajo iba a venir en las próximas millas. Sabía que sería capaz de encontrar
combustible e incluso una manera de conseguirlo relativamente fácil. Pero
cuando el todoterreno de repente comenzó a temblar y el motor se
sobrecalentó, no tenía ni idea de qué hacer.
—¡Pedazo de mierda! —maldije, golpeando el volante.
—¿Qué hacemos? —gimió Olivia. 73

14 Escherichia coli, también conocida por la abreviación de su nombre, E. coli,


es una enterobacteria que se encuentra generalmente en los intestinos animales, y por
ende en las aguas negras, que puede causar infecciones intestinales y extra intestinales
Página

generalmente graves.
Miré a nuestro alrededor; estábamos en otro tramo de la carretera
nacional con nada delante o detrás de nosotros.
—Salir y caminar hasta que encontremos otro carro. —Recogí el
mapa y la linterna y salí. Olivia agarró nerviosamente la escopeta.
—¿Cómo es el recinto? —preguntó Olivia mientras caminábamos.
—Es... es agradable. Y seguro. Solía ser un refugio antiaéreo así que
la mayoría de él, es subterráneo. Hay comida, agua, medicina y ropa. E
incluso calentadores y el agua caliente para las duchas.
—¿Es como una gran sala con catres colocados?
—De ninguna manera. Tendrás un compañero de cuarto, o dos o
tres quizá. Las habitaciones tienen un aspecto un poco como dormitorios.
Y hay una cafetería y un par de salas de juego.
—¿Es dirigido por el gobierno?
Casi me reí.
—No. Bueno, tal vez podrías llamarlos así ahora. Está dirigido por
los soldados estadounidenses.
—Oh, eso sí parece seguro.
—Lo es. Es el lugar más seguro que conozco, o puedo pensar.
—Así que —dijo calmadamente — ¿Por qué no estás ahí?
—Vamos de misiones. Para buscar personas o conseguir
suministros. Me separé de mis... mis amigos —expliqué, aunque no
considero a Alex un amigo en absoluto. Además de reunirme con mis
verdaderos amigos, no podía esperar para golpear a Alex en la cara.
Un grito agudo resonó detrás de nosotros. Olivia se quedó inmóvil
por miedo. Me di la vuelta, tomando una postura defensiva. El loco tenía
un pedazo de un tubo de metal a través de su pierna, pero corrió hacia
nosotros como si no fuera nada. No habría sido un problema. Solo había
un S1.
Pero había un montón de mierda de S2s tras él.
—¡Hijo de puta! —grité, realmente odiaba la forma en la que los S1s
eran imanes de zombies. Mis ojos se movían adelante y atrás de Olivia a
los zombies. Ella estaba indefensa. Sí, tenía la pistola, pero dudaba que
fuera capaz de dar a la parte ancha de un granero, además, no pasaría
mucho tiempo antes de que se quedara sin municiones. No podía contar
74

con ella para que me ayudara o cuidar de sí misma. Tomé su mano.


—¡Corre!
Página

Corrimos por la carretera, a través de un campo y hacia el bosque.


Los zombies eventualmente agarrarían al S1 y con suerte, sería suficiente
distracción para que se rezagaran. Todo lo que teníamos que hacer era
llegar a otra carretera con una pila, una ciudad con carros, o incluso un
lugar seguro para estar atrincheradas por un rato.
Olivia no pudo seguirme el ritmo. Jadeó y resolló por aire, poniendo
sus manos en sus rodillas y agachándose. Tuve que trabajar realmente
para mantener mi paciencia con ella, sobre todo cuando me di cuenta de
que había dejado caer la escopeta mientras estábamos corriendo. La
empujé hacia adelante una vez más, no sintiéndome lo suficientemente
segura para reducir la velocidad. Finalmente, cuando los árboles se
hicieron más delgados, desaceleré hasta caminar. Acababa de recuperar el
aliento cuando salimos del bosque a un campo descuidado. Un gran
edificio que parecía un antiguo hospital se alzaba delante.
—¿Podemos parar y descansar? —preguntó, apuntando hacia él.
—Claro —concordé—, pero solo por un rato. —Sin hablar, cruzamos
el campo. Abrí una puerta de metal pesado, encendí la linterna y entré en
un cementerio.

75
Página
—¿Qué carajos? —dije en la oscuridad. La puerta se cerró detrás de
nosotras. Moví la linterna por la habitación. La luz reflejaba lápidas y un
ataúd que estaba abierto delante de una cripta. Olivia tropezó con una
tumba. Que se quebró bajo su peso.
—Oh —dije mientras la ayudaba a levantarse—, bien.
—¿Qué hay de bi-bien en esto? —tartamudeó.
—Estamos en una casa embrujada —le expliqué.
—¡¿Y eso está bien?!
—Una falsa casa embrujada —continué. Cuando todavía no lo
entendía, proseguí—: El virus atacó en octubre. El mundo está congelado
en una permanente Ciudad de Halloween.
—Oh, eso tiene sentido. ¿Podemos salir de aquí? Odio las casas
embrujadas.
—Claro —dije. No le tenía miedo a las casas embrujadas, pero no
tenía ganas de abrir mi camino a través del laberinto en el cual la casa fue
seguramente establecida. Alumbré la puerta—. Oh-oh —dije.
—¿Qué es?
—No hay manija. No puedo abrir la puerta —dije mientras revisaba
los bordes.
—¿Qué vamos a hacer?
—Atravesar la casa.
Sacudió la cabeza, haciendo un gemido de miedo y de protesta.
—Estará bien. Estaremos bien si la atravesamos.
Me tendió la mano.
—¿Puedo tomar tu mano?
Puse los ojos en blanco, agradecida que la oscuridad le impidiera ver
y tomé su mano, que ya estaba sudando. Le di una patada a un esqueleto
76

de plástico para quitarlo del camino. Poco a poco deslicé la luz sobre la
habitación; había dos puertas a cada lado del panteón. Estábamos más
Página

próximas a la de la izquierda. Guié a Olivia hacia ella.


Entramos a un pasillo. Tiras de trapos, manchadas con sangre falsa,
colgaban, rozando nuestras caras mientras caminábamos. Alargué mi
brazo, para sentir lo que estaba delante de mí. El pasillo se encogió
gradualmente, al final quedó tan estrecho que Olivia no pudo caminar a mi
lado.
Entonces el techo se cayó. No tenía miedo de las casas embrujadas
en absoluto, pero la sensación de estar atrapadas hizo que mi corazón se
acelerara. Agachándome, corrí por el estrecho pasillo, sin ser cuidadosa
con la luz. Me golpeé con una pared; Olivia se golpeó conmigo.
—¿Qué pasó? —susurró.
—Nada, simplemente fuimos demasiado lejos. —Recorrí el área con
la linterna—. Ahí. —Señalé un agujero en la pared—. Tenemos que pasar a
través.
—No, no quiero —exclamó, agarrando mi brazo.
—Olivia, tenemos que hacerlo.
—Lo sé, pero aun así no quiero.
—Iré primero. —Me deslicé por el agujero, girándome para ayudarla.
Estábamos en otra habitación; esta se supone que parecía la oficina de un
médico malvado. Cerebros falsos y corazones en frascos alineados en un
estante que también albergaba instrumentos quirúrgicos de estilo
medieval. La camilla ensangrentada había sido derribada.
Pasamos por encima de ella, e hice a un lado la cortina de plástico
que colgaba en la puerta de otro estrecho pasillo. Tuvimos que subir unos
cuantos escalones antes de salir a otra habitación. Esta era aún más
grande, y estaba llena de paneles de vidrio y espejos.
—¿En serio? —dije en voz baja. Entramos en el laberinto. Y algo se
movió detrás de nosotras.
El sonido del metal golpeando contra el concreto me aterrorizó de
inmediato. Me di media vuelta, curvando mi mano derecha en un puño. El
estetoscopio aún colgaba alrededor de su cuello, pero era peor que un
doctor malvado: era un zombi. Coloqué con fuerza la linterna en manos de
Olivia, no queriendo correr el riesgo de romperla por usarla como arma.
Sus manos temblorosas no pudieron cogerla y la dejó caer.
Salté fuera del laberinto, enderecé mi postura y le di una patada en
la cara. Su mandíbula se rompió y se tambaleó hacia atrás por el impacto.
Había practicado las patadas estilo 360 implacablemente, pero nunca me
estaba permitido o me fue posible patear realmente a alguien en la cara de
esa manera. Con una sonrisa en mi cara, di unos saltos y mi pie hizo
contacto con el cráneo del doctor zombi.
77

Al final de la fase S2, su cráneo se rompió fácilmente. Cuando cayó


Página

al suelo, pisoteé con mis botas la mierda de su cabeza. Cerebros


salpicaron y un olor putrefacto llenó la habitación, al igual que abrir un
huevo podrido.
—Muy bien, adelante —dije con una sonrisa maliciosa. La boca de
Olivia estaba abierta y sus ojos aún más. No se movió cuando entré
pasándola. Tuve que tomar su mano y sacarla de cualquiera que sea el
infierno en el que estaba absorta.
Alumbrar mientras caminábamos me ayudaba a saber a qué nos
enfrentábamos; la luz se reflejaba en los espejos y vidrios como esperaba.
Pero eso no nos impidió hacer un giro equivocado y terminar en un
callejón sin salida. Dos veces terminamos en el mismo lugar, tuvimos que
regresar y elegir otro camino. Finalmente, tomamos la senda
correcta girando y avanzando un poco más.
Y entonces nos dimos cuenta de que no estábamos solas.
El olor nos golpeó primero. Cogí la linterna y la cubrí con mi mano,
haciendo callar a Olivia. No pude verlos, así que no tenía idea de cuántos
estaban aquí con nosotras. Pero el eco de sus respiraciones guturales y el
arrastre de sus pies me dejaban saber que había muchos, demasiados
zombis para manejarlos yo sola.
Si liberaba la luz, les sería más fácil atraparnos. Y nunca saldríamos
de este maldito laberinto. Ya sabían que estábamos aquí... quité mi mano
de la luz y eché a correr hacia adelante. La respiración de Olivia era jadeos
agudos y fuertes. Estaba hiperventilando.
—Mantengámonos unidas, voy a sacarnos de esto —prometí y le
tendí la linterna para que pudiera sentir que tenía algo de control sobre la
situación. Chocamos contra una pared de cristal. Ella gritó.
—¡Hay uno al otro lado! ¡Vamos a morir! —exclamó.
—Deja de ser tan dramática. No llegamos hasta aquí solo para morir.
¡Vamos! —De un tirón la hice avanzar. Mi corazón martilleaba y no podía
ralentizar mi respiración. También tenía miedo. Sin embargo no iba
dejárselo saber a Olivia.
Nos abrimos paso lentamente hacia otra sección del laberinto.
Apreté su mano para que no temblara. Una zombi se estrelló en un panel
de vidrio. Las dos saltamos. Con manos temblorosas, Olivia apuntó la luz
hacia ella.
Sus labios habían sido arrancados y la punta de su nariz había
desaparecido. Un ojo colgaba fuera de su órbita. Gimió, arrastrando sus
uñas en el cristal.
—¿Podrá romperlo? —preguntó Olivia.
78

—No —dije, poniendo mi mano en el panel para burlarme de los


zombis—. Es plexiglás, no vidrio real. —El real habría sido demasiado fácil.
Página

Yo podría haberlo roto fácilmente y avanzado directamente al otro lado de


la habitación—. Pero ella, y los demás, podrían alcanzarnos.
Evaluamos tomar un desvío del camino del laberinto. Lo rodeamos,
sin saber qué camino tomar. Detrás de nosotros, la cuadrilla gruñía.
Bueno, eso eliminaba una dirección. De repente, recordando que tenía un
encendedor, metí la mano en la chaqueta para sacarlo.
Un rápido S2 corrió detrás de nosotras y me agarró por la cintura.
Trató de hundir sus dientes en mi hombro, pero el cuero se lo impidió.
Instintivamente, giré mi cabeza y fácilmente le di una patada en la cara.
Antes de que pudiera bajar mi pie y poner fin a su segunda vida, Olivia
levantó su pie y pisoteó la cabeza del zombi.
Se rompió el cráneo, luego resbaló y cayó sobre su trasero. Extendí
la mano y la empujé de nuevo al ras del suelo.
—Buen trabajo —felicité.
Corrimos hacia adelante, quedando atrapadas en otro callejón sin
salida. No pasaría mucho tiempo antes de que uno o dos zombis nos
alcanzaran. Solo podía esperar que ellos tuvieran tanto, o más dado que
no podían pensar lógicamente, problemas con el laberinto como nosotras
—¡Por aquí! —grité, a pocos metros por delante de ella.
Doblamos una esquina y nos estrellamos contra una pared. Me volví
y me encontré cara a cara con un espejo, que estaba situado en el centro
de la salida. Lo rodeamos y tropezamos con otro pasillo angosto. Una
puerta con una X roja pintada en ella se hallaba delante. Por favor, sé el
camino de salida, pensé. Sin dudarlo, abrí.
Estábamos en una habitación grande y espaciosa. Tal vez era una
vacía sala sin uso. Olivia tomó mi mano de nuevo, la linterna proyectaba
un tembloroso cono de luz por la habitación.
—No te muevas —dije. Tomé la linterna de sus manos iluminando
mi campo de visión. Grandes manchas multicolores habían sido pintadas
por todo el piso y las paredes. Oh, mierda. Sabía dónde estábamos, en lo
que más despreciaba de las casas embrujadas. Lo oí gruñir justo cuando
un olor nauseabundo me hizo sentir arcadas.
Un payaso zombi cojeó, su traje manchado lo camuflaba con las
paredes. Su nariz roja era una costra y sus purulentas heridas abiertas
habían descascarado y pelado el maquillaje blanco que usaba. La peluca
arco iris estaba enmarañada en la herida supurante de su frente.
Olivia entró en estado de shock. Comenzó a temblar
incontrolablemente. Me abalance sobre él y le di una patada en el pecho al
79

hijo de puta. Era grande, y no tenía sentido del dolor, no reaccionó a mis
esfuerzos. Arañó en el aire, sus labios se separaron en un gruñido.
Página

Payasos de mierda, dije el taco más para mí misma. Caí al suelo,


extendí mi pierna y lo pateé desequilibrándolo. Los tacones de mis botas
resultaron de gran utilidad cuando los llevé a la cuenca de su ojo. Algo
colgaba del techo, envuelto en un material de rayas arco iris. Empujé a
Olivia y avanzamos hacia la derecha, mientras lo pasábamos la cosa cobró
vida contorneándose, riendo diabólicamente, una desgarradora risa. Ella
gritó y mi corazón dio un vuelco.
Era un movimiento activado por una batería, una muñeca de
tamaño real. Sin embargo, le pegué un puñetazo y acabé con el contorneo.
Proyecté la luz por la habitación hasta que encontramos la puerta. Sin
tiempo para pensarlo dos veces, huimos por ella y entramos a otra
habitación; ésta llena de arañas gigantes y serpientes de goma.
Pisando la utilería, nos apresuramos avanzando por la habitación y
nos arrastramos a otro pasillo angosto hasta que fuimos arrojadas a una
habitación que estaba acondicionada como un manicomio tradicional. Por
extraño que parezca eso me hizo recordar a Hayden, ya que la primera
casa de seguridad donde él y yo nos alojamos fue en un antiguo hospital
psiquiátrico.
Algo se estrelló en las barras de las falsas jaulas, causando que
Olivia gritara de nuevo. Se cubrió la boca y gimió. Aún vestido con la
camisa de fuerza, el zombi se veía como correspondería a un loco. No sabía
si las barras soportarían. Continuamos avanzando, con nuestros
corazones desbocados y manos temblorosas. Pasamos por una habitación
más, esta se erigía como una para sacrificios al demonio, antes de echar a
correr hacia la ya debilitada luz del día.
Seguí corriendo, con ganas de poner la mayor distancia que fuera
posible entre nosotros y la literal casa del infierno. Cuando Olivia no pudo
ir más lejos, nos detuvimos para tomar aire.
—Solía... gustarme... el... Halloween —jadeó.
—A mí también. —Aunque, en su mayoría me gustaba la excusa de
usar trajes calentones. Sacudí mis manos y las puse en mi cabeza,
tratando de abrir mis vías respiratorias tanto como fuera posible.
Caminando lento en círculos, deseando que mi cuerpo vuelva a la
normalidad.
Tan pronto como Olivia recuperó el aliento, bajamos por el camino.
Después de media hora más o menos, un embotellamiento de tráfico quedó
a la vista. No había coches en las zanjas, ni cuerpos esparcidos por el
suelo y sin olor a muerte en el aire. Y, lo mejor de todo, no había más
nieve.
—Ayúdame a comprobar los coches —le dije a Olivia.
80

—¿Qué estoy buscando?


—Llaves. O herramientas.
Página

—Bien. —Asintió y se alejó tímidamente por su cuenta. Si las


personas estaban huyendo por sus vidas, podrían haber dejado las llaves,
¿verdad? Eso esperaba. Tiré de la puerta de un BMW. Por supuesto, estaba
cerrado. Perdimos la preciada luz del día comprobando el resto de los
coches sin suerte.
Suspirando, me apoyé en una camioneta Chevy nueva. Exploré
ansiosamente las tiendas que se alineaban en la carretera. Cuando leí el
letrero, me quedé sin aliento del entusiasmo.
—¡Olivia! ¡Ven aquí!
Corrió, luciendo asustada como el infierno.
—No hay nada malo, mira —dije, señalando.
—¿Sí?
—Es una casa de empeño, una muy grande por lo que se ve.
—Ah, no entiendo.
Negué con la cabeza.
—Claro, es probable que no lo entiendas. Las casas de empeño
suelen tener armas. —Sonreí y fui en la dirección de la tienda, Olivia
venía a la zaga. Tuve que subir a un contenedor de basura y romper una
ventana para entrar.
Olivia revoloteó detrás de mí, cayendo al saltar por la ventana. Se
levantó de inmediato y se sacudió, asintiendo para hacerme saber que
estaba bien. Detrás del registro había una exhibición de armas de fuego.
Cogí una calibre doce.
—No sé si hay balas aquí —murmuré. Me até una bonita y marfilada
Glock a mi muslo.
—Hay una gran cantidad de cuchillos por aquí —anunció.
Dejando un revólver antiguo, me acerqué a la pantalla y utilicé un
rifle para romper el vidrio.
—¿Estás segura que está bien simplemente tomar las cosas?—
preguntó inocentemente.
—Sí. ¿Quién más va a utilizarlos? Todo es de todos —racionalicé.
—¡Oh! Si tú lo dices. —Miró a su alrededor y la emoción brilló
ligeramente en sus ojos.
—¡Jah! —dije, recogiendo un dispositivo—. Siempre quise uno de
estos. —Lo enrollé alrededor de mi muñeca y, con un movimiento de mi
brazo, un cuchillo salió disparado de la cajita.
81

—He cambiado de opinión —declaró Olivia, hablando con más


confianza que nunca—. En lugar de poco aterradora eres realmente
Página

aterradora. Y me alegra.
Sonrío y me encojo de hombros.
—Tienes que estar a la orden para hacerlo en este mundo.
Asintió y se metió en el bolsillo un cuchillo de caza. Yo era capaz de
encontrar munición para el rifle y la Glock. Pero lo que Olivia encontró fue
aún mejor. Colgando de un tablón de anuncios etiquetado en la oficina
había cuatro juegos de llaves. Eligió la llave bajo la etiqueta de "Mustang",
sonrió y la arrojó hacia mí.
Nos deslizamos por la ventana. Busqué a los alrededores por zombis,
quedé casi decepcionada cuando no vi ninguno. Quería probar las nuevas
armas. Abrí el Mustang negro y encendí el motor. Dejamos que caliente
durante un cuarto de hora esta vez antes de subir. Estiré una manguera y
llenamos el tanque con gas de los coches aparcados. Olivia observaba el
mapa mientras conducía.
Una vez que estuvimos en nuestro camino, anduvo entreteniéndose
con el reproductor de MP3 que estaba instalado en el coche. Paseándose
por las canciones, repentinamente decidiéndose por un álbum de Taylor
Swift. Estábamos hambrientas y sedientas, pero no nos atrevimos a parar.
En apenas unas horas, estaría en casa.
Me imaginaba la cara de Raeya cuando me viera atravesar las
puertas. Y luego pensé en Hayden y cuál sería su reacción. Me sentí tan
horrible por lo que mis amigos tenían que estar pasando, especialmente él
pensando que recibió una bala por mí solo para creer que morí a los pocos
días, consiguiendo suministros para él.
—¿Qué estás pensando? —preguntó Olivia, bajando el volumen de la
radio.
—Nada —dije de forma automática.
—Estás sonriendo.
—No, no estaba sonriendo.
—Sí, si lo estabas —dijo, un indicio de risa en su voz—. ¿Estabas
pensando en tus amigos?
—Sí. Estoy emocionada de verlos.
—Apuesto que sí. Estoy emocionada de conocerlos a todos. Eres uno
de los soldados, ¿verdad?
—Seguro.
—¿Seguro? —preguntó.
—Es una larga historia —le dije, aunque en realidad no lo era. No
tenía ganas de explicarlo—. Te gustará allí, sin embargo, después de lo que
82

has pasado, cualquier cosa sería buena. Y conozco a alguien que sería una
perfecta amiga para ti —dije, pensando en Sonja—. ¿Cuántos años tienes?
Página

—Dieciséis.
Mi estómago se revolvió. Sería tentador para mis amigos de
confianza A1, cargar un camión con armas y conducirla de vuelta a Iowa.
—¿A quién estás emocionada de ver?
—Mi mejor amiga, Raeya. Y mi amigo Padraic. Y —No pude evitar la
sonrisa que se formó en mi rostro cuando dije su nombre—, Hayden, mi
pareja.
—Oh, ¿Por lo que ella es como tu novia?
—¿Qué? Espera, no, no, en absoluto. Hayden tiene un pene. Es mi
compañero, como que vamos a misiones y matamos zombis juntos, esa
clase de pareja.
—Oh, lo siento. ¿Es él el de quién te separaste?
—No. Esa es una larga historia, también. Aprenderás todo una vez
que llegues ahí.
Afortunadamente, tomó mi sugerencia y se calló. El tiempo pasaba
tan lentamente. Cuando el paisaje se hizo familiar, mi corazón latía con
entusiasmo. Tomé el volante, sonriendo tontamente. Observando mi
reacción, Olivia se irguió y miró por la ventana.
Viré el coche. La primera puerta quedó a la vista; que había sido
reparada desde que la arrollé con la camioneta de Hayden. Salí y
rápidamente la abrí, sin molestarme en cerrarla después de pasar el coche.
A3´s se escabulleron en pánico cuando vieron el Mustang estacionado. La
cara familiar de Jason se asomó a la torre de vigilancia.
Me asomé a la ventana abierta y sonreí.
—¡Abre la puerta! —grité, solo medio en broma. Jason me miró
durante unos segundos, con evidente incredulidad en su rostro. Entonces
las puertas se abrieron lentamente. Voló hacia el coche, abriendo la
puerta.
Salgo y lo dejo abrazarme. Le devuelvo el abrazo, sintiendo de vuelta
la emoción que sentí al estar de nuevo con mis viejos amigos.
—¡Orissa! To… todos pensábamos que estabas muerta. ¡No lo puedo
creer! ¡Cre… creo que estoy soñando!
—Nop. Estoy aquí y es real —digo con una sonrisa pícara marcada
en mi rostro.
—¡Sol… solo no puedo creerlo! —dijo sin aliento. Los otros A3
hicieron un círculo a mi alrededor, más de uno gritándole a sus walkie-
talkies.
—Hayden —solté abruptamente—. ¿Está bien?
83

—Si —respondió Jason de inmediato—. ¿Có… cómo hiciste… has


Página

traído alguien de vuelta contigo?


—Sí, así es. Debería llevarla adentro.
—Cierto —concordó, aún estupefacto—. Eres… la… eres la mejor,
Orissa.
—Gracias, Jason. —Vuelvo a entrar en el auto y lo manejo hasta el
estacionamiento. Apago el carro y salgo, esperando impacientemente a que
Olivia me siga. Brock y Padraic vienen corriendo desde la casa. Mi corazón
brinca en júbilo y salgo corriendo hacia ellos. Padraic fue el primero en
alcanzarme. Envolvió sus brazos alrededor de mí, cargándome y dándome
vueltas. Le devuelvo el abrazo, sintiéndome incómodamente emocional de
repente.
Puedo sentir su cuerpo sacudirse con la supresión de sus
emociones. Presiono mi cabeza contra su pecho y lo dejo sostenerme por
un momento.
—No me lo creía —dijo. Había olvidado lo mucho que extrañaba ese
acento—. Cuando lo dijeron por radio. Pero estas aquí.
—Duh —digo
Gentilmente me deja ir y me sostiene por el antebrazo.
—¿Estás bien?
—Hambrienta, pero estoy bien.
Me arrastra hacia él una vez más y besa mi frente.
—Todos pensamos… —Su voz se fue apagando—. Pero lo sabía.
Sabía que seguías viva. Después de todo, siempre me dijiste que hiciste
tus mejores trabajos por tu cuenta.
—Cierto, dije eso.
—¡¿Orissa?! —llamó una voz femenina.
Me separo de Padraic.
—¡Ray! —Ivan y Raeya salieron de la casa. Ella corrió hacia mí, sus
brazos alzándose sobre mí, rompiendo inmediatamente en sollozos. Las
lágrimas se formaron en mis ojos. Las eché para atrás parpadeando y
apretujé a mi mejor amiga.
—Lo siento tanto Ray. No quería que te preocuparas.
—Orissa… yo… yo… tú estás… —lloró incoherentemente. La
sostuve, acariciando su cabello.
—Todo está bien Ray. Ya estoy aquí.
Sorbió.
—Debería estar con… consolándote. No… no puedo creerlo. ¿Es…
84

estoy soñando?
—Nop. Incluso te puedo pellizcar para que estés segura.
Página

Se rió y sujetó mis manos.


—Creo que tendrás que hacerlo. Dijeron que habías muerto, que
habías sido comida.
—Te dije que se necesitaran más que zombis para poder matarme. Y
aparentemente más que envenenamiento de sangre y unos endogámicos,
psicóticos y mujeriegos cerdos.
—¿Qué?
—Te digo después.
Ivan se paró frente a mí y me encerró en su brazo musculoso.
—Eres la persona más jodida que conozco —dijo mientras me
apretujaba.
—Todos pensábamos que estabas muerta.
—Sí, lo siento por eso —bromeo.
—En serio, Penwell. No pensé que volvería a verte de nuevo. —Me
deja ir y Brock aparece, también abrazándome. Miro a mí alrededor.
Faltaba alguien muy importante. ¿Jason me había mentido?
—¿Dónde está Hayden? —pregunté, temiendo la respuesta que
podrían darme.
Brock miró a Ivan con su boca abierta. Mi corazón se detuvo.
—Durmiendo —respondió Padraic, sin calmar mi horror. Se
acercó—. Le acabo de dar otra dosis de Fentanyl hace aproximadamente
una hora.
—¿Está bien? ¿Las medicinas hacen efecto?
—Sí y sí. El Fentanyl bloquea todo su dolor —explicó Padraic.
Lágrimas cosquillearon las esquinas de mis ojos mientras el alivio
recorría mi cuerpo. Para ocultar la emoción, me giré hacia Olivia, que
había pasado desapercibida.
—Ella es Olivia —presenté.
—Oh Dios —exclamó Raeya—. Lo siento, ¿dónde están mis modales?
Hola, soy Raeya Kinsley.
—Hola —dijo Olivia tímidamente, sus mejillas tornándose de un rojo
brillante cuando Ivan se acercó.
—¿Fuiste dada por muerta, sobreviviste casi dos semanas por tu
cuenta y regresaste con un civil? —preguntó Ivan incrédulamente. Me
encogí de hombros como si no fuera gran cosa—. Acomplejada —se burló y
todos nos reímos.
85

La puerta se abrió y Fuller dio un paso fuera de ella, con una


sonrisa en su rostro generalmente estoico. Dio una zancada y me dio un
Página

apretón de manos.
—No lo podía creer. Tenía que verlo por mí mismo.
—No fue nada —dije, sacudiéndome la extensión de mi situación.
Por mucho que me gustara ser el centro de atención, quería entrar y ver a
Hayden.
Hubo algunos minutos de caos mientras entrabamos en el recinto.
Todo el mundo estaba haciendo preguntas al mismo tiempo. Olivia hizo su
camino a través de la multitud y cogió mi mano. Le sonreí y le asentí,
haciéndole saber que todo iba a estar bien.
La puerta se cerró con un clic; Ivan y Brock se fueron. Fuller caminó
en círculos alrededor de su escritorio, acomodando obsesivamente una pila
de papeles.
—Eres una gran soldado, Penwell —halagó, mirándome con orgullo.
—Gracias —dije.
Miró a mis amigos y carraspeó su garganta. Solo Padraic entendió la
indirecta. Él bajo la mano de mi hombro y la puso en la espalda de Raeya.
Cuando ella se volteó a mirarlo, él hizo una seña hacia la puerta. Ella negó
con la cabeza en protesta y me sujetó con más fuerza. Imaginé la mirada
que él debió darle. Me dejó ir, le sonrió dulcemente a Olivia y le extendió
su mano. De mala gana, Olivia me soltó y tomó la mano de Raeya.
La puerta se cerró y me encontré sola con Fuller.
—¿Qué pasó?
—Me abandonaron.
—Eso lo sé. ¿Por qué?
—¿Porque son impacientes? —intenté.
Fuller me frunció el ceño.
—Eso no es lo que me dijo Alex.
Me crucé de brazos.
—¿En serio? ¿Qué dijo Alex?
Entrecerró sus ojos.
—Que te enfrentaste a los enemigos tú sola.
—Sip. Salvé sus traseros. Pero continua, muero por saber el resto de
la historia de Alex.
Fuller suspiró y se inclinó en su escritorio.
—Actuaste contra sus órdenes.
86

—No tomo órdenes de nadie —espeté.


Página

Tomó una respiración profunda.


—Sé más respetuosa.
—¿Qué tal si mejor tú eres más respetuoso? —respondí, mi
temperamento alterándose—. Fui abandonada. Salvé sus traseros. ¡Si no
hubiera sido por mí, todos estaríamos muertos! Y… y Hayden no hubiera
tenido la medicación que necesitaba.
—¡Orissa! —gritó, sonando muy paternal. Sus ojos se pasaron de
estar clavados en mí a una foto en su escritorio. Sigo curiosamente su
mirada y estoy sorprendida de ver una foto de Fuller y Hayden. Parpadeé.
No, no era Hayden, solo se parecía a él. El chico en la foto era más joven y
su cabello era solo un tono más oscuro. Su sonrisa se parecía a la de
Fuller, tenía que ser su hijo.
Puse mi atención de vuelta en el asunto en cuestión.
—¿Qué?
—Así no es como funcionamos. Eras parte de un equipo. No te
debiste haber ido por tu cuenta.
—Oh, y ellos sí que eran un gran equipo, ¡dejándome para que
muriera!
—No debiste haberte ido por tu cuenta —reiteró.
—Tuve que hacerlo.
—Ese no es el punto. No debiste ponerte en peligro así.
Rodé mis ojos.
—Obviamente, puedo manejarlo.
Sacudió la cabeza con molestia.
—A veces eres una bribona egocéntrica y temeraria.
Me encogí de hombros.
—Me han llamado peores cosas.
Pasó su mano por su cabeza.
—No te traje aquí para darte un sermón. Solo vete —dijo ondeando
una mano—. Consigue algo para cambiarte y ve al cuarto de cuarentena.
Te has ganado tu descanso.
—Eh, demonios que sí. Pero no voy a ir al cuarto de cuarentena.
—Ya hemos pasado por esto, Penwell. Es el protocolo.
—A la mierda el protocolo. No voy a ir. —Casi di un pisotón—. No
tienes idea por lo que he pasado. Quiero estar cerca de mis amigos y
dormir en mi propia cama. Tú jodidamente bien sabes que si hubiera sido
mordida te lo diría. Podré ser temeraria pero no soy tonta. Si me importan
87

algunas personas aquí; no los pondría en peligro y lo sabes.


Página

Me volví sobre mis talones y me marché de la habitación. Cerrando


la puerta de un portazo en su cara. Enojada, caminé por el pasillo, mis
botas haciendo eco con cada paso enojado. Bajé al nivel B y,
afortunadamente, la doctora Cara estaba dejando el hospital justo cuando
estaba entrando.
—Bienvenida de vuelta, Orissa —dijo con una cálida sonrisa.
—Gracias —dije con honestidad, apreciando sus modales.
—No conseguiste un mono, ¿verdad?
Y allí iba mi apreciación.
—No, estaba demasiado ocupada tratando de no morir.
—Ah, bueno. En otra ocasión será. —Asintió y continuó su camino.
Me deslicé por la puerta, caminando cuidadosamente para que el clic de
mis tacones no moleste a Hayden.
El ala del hospital estaba oscura y vacía… vacía, excepto por
Hayden. La cortina estaba puesta alrededor de la cama, la misma en la
que él estaba anteriormente. Una sonrisa se asentó inconscientemente en
mi rostro mientras me acercaba.
No estaba conectado a intravenosas y estaba usando un pantalón de
pijama azul y una camiseta blanca, pareciéndose más al Hayden que
estaba acostumbrada a ver.
—Hayden —susurré. No hizo más que moverse. Me senté en el borde
de su cama y puse mi mano en su mejilla. Su piel tibia me envió un
escalofrío—. Hayden —repetí—. Soy yo, Orissa. Estoy de vuelta y lamento
haber estado fuera por tanto tiempo. Yo… te extrañé.
Su cabeza se movió en mi dirección. Moví mis dedos a través de su
pelo esperando que se despertara. Cuando no lo hizo, me quede ahí por un
rato. Lo arropé con su sabana hasta el pecho, queriendo hacer que se
sienta lo más cómodo posible.
Raeya e Ivan estaban caminando por el pasillo cuando salí del
hospital.
—Te lo dije —le dijo Ivan a Raeya. Creo que no se suponía que
escuchara eso.
—¡Rissy! —lloró Raeya y me abrazó de nuevo—. Yo… todavía tengo
miedo de que vaya a despertarme y darme cuenta de que no estás aquí en
verdad. He soñado tantas veces que volvías.
La abrazo confortablemente.
—Estoy de vuelta y esto no es un sueño.
—Lo sé, pero necesito estar segura —dijo, tragándose un sollozo. Me
dejó ir y se limpió sus lágrimas.
88

—¿Dónde está Olivia? —pregunté.


Página

—Cuarentena —respondió Ivan.


—No —contesté inmediatamente—. Esa chica ha sido golpeada y
violada por los últimos tres meses. Sáquenla de ahí.
—¿Qué? —preguntó Raeya, horrorizada—. Riss, que…
—…Penwell —interrumpió Ivan—. Ya causaste suficientes
problemas. No creas que…
—¡No! No me importa. ¡Ninguna de las dos fue mordida! Prometo
hacerme cargo de ella.
Raeya puso su mano en mi brazo.
—Riss, me estás asustando. ¿Fuiste…?
—No. —Cerré mis ojos y negué con la cabeza—. Casi, pero no. Saqué
a Olivia justo a tiempo.
—¿La sacaste de dónde? —preguntó titubeante.
—Te explicaré después de que ella salga.
Ivan se mordió el labio.
—Veré que puedo hacer. —Ya que no tenía mi bolso o mis llaves, él
nos llevó arriba. Abrí la puerta de mi habitación y miré alrededor; todo
estaba como se suponía que fuera. La cama de Hayden hecha
perfectamente; la mía aún tenía los cobertores tirados holgadamente en
ella. Crucé la habitación y me hundí en el colchón.
—¿Qué onda con el cuero? —preguntó Raeya, apareciéndole
lentamente una sonrisa atrevida en el rostro.
Extendí mi pierna.
—Va conmigo, ¿no crees?
—Sí. Me gustan esas botas.
—Gracias —dije con una sonrisa—. Son buenas para aplastar sesos
de zombi.
—Adorable. —Se sentó a mi lado y puso su cabeza en mi hombro—.
Me alegro que estés de vuelta, Rissy.
—Yo también. Pero deja de pensar en lo que podría haber pasado,
¿está bien? Estoy aquí y estoy bien.
―Está bien.
Mi estómago gruñó.
—¿Tienes hambre? —preguntó Raeya.
—Famélica.
—Es hora de la cena —me informó—. Estoy segura de que hoy te
89

darán raciones extra —añadió, con una sonrisa irónica—. ¿Quieres que te
busque algo?
Página

—Sí. No me siento con ganas de ver a nadie.


—¿Segura qué estás bien? —bromeó.
—Ja, sí. Primero quiero tomar un baño. Me siento asquerosa.
—Bien. Te traeré una bandeja. —Nos levantamos y me abrazó una
vez más antes de obligarse a irse de mi lado y traer la comida. Me duché,
cepillé mis dientes y peiné mi cabello en una ajustada trenza francesa.
Padraic se unió a Raeya y a mí para la cena; estaba curiosa sobre que A1
le dio acceso para subir aquí pero no me importaba lo suficiente para
averiguarlo.
Después de que comimos, nos sentamos a hablar por un rato.
Ambos querían saber que había ocurrido. Les di un resumen de Delmont y
su familia endogámica, sabiendo que los finos detalles los molestaría a
ambos innecesariamente.
Entonces me estaba sintiendo cansada. Fui bombardeada con más
abrazos antes de que finalmente me dejaran acostarme. Me desperté
alrededor de las dos de la mañana. Hayden fue la primera cosa en la que
pensé. Balanceé mis piernas sobre la cama, tomé mi bolso y mis llaves y
caminé en puntillas por el recinto oscurecido hacia el ala del hospital.
Empujé la puerta del hospital lentamente. Voces flotaron por el
recinto. Las ignoré al principio, queriendo llegar hasta Hayden.
—…no es tan potente en su sangre… después de la transfusión —
dijo la doctora Cara a alguien más. Me congelé, parada hasta las raíces
deteniéndome en el pasillo en frente de la cama de Hayden. Se dijo algo
más que no pude escuchar, me estiré para poder oír.
—…probar la vacuna. Entonces él no tendría que preocuparse —
habló de nuevo la doctora Cara. Me sentí como si hubiera sido arrojada a
una piscina de agua congelada.
Pero tenía sentido. Hayden siempre tuvo alguna forma del virus
zombi en su sistema. Su cuerpo era capaz de luchar contra él y resistirlo,
haciéndolo incapaz de convertirse. Entonces le dispararon, por mi culpa, y
necesitó una transfusión de sangre. Su cuerpo ya no podía pelear contra el
virus.
La doctora Cara tenía la vacuna… probablemente. Necesitaba
probarla. Y yo conocía justo la persona en la cual podría hacerlo. Corrí a
mi cuarto, cambiándome a mis ropas de combate. Vi la chaqueta
camuflada de Hayden. La saqué del armario y me la puse, mis dedos
moviéndose sobre su apellido bordado en la chaqueta. Tomé tantas armas
como podía cargar. Y partí al nivel B de nuevo. Abrí la puerta del depósito
de armas y encendí el interruptor de luz.
La puerta del túnel se abrió fácilmente. Era tétrico aquí dentro, pero
90

el impulso de mantener a Hayden vivo y sin infección me impulsó adelante


sin ningún titubeo. Tenía que ser un kilómetro y medio… o más. Toda la
Página

instalación estaba concretada y olía a sótano mojado. Agua goteaba por la


ventilación en el techo. Telaraña colgaba de los pasillos. Insectos se
arrastraron bajo mis botas más de una vez. Cada siete metros una
bombilla daba un espeluznante y amarillo resplandor. Salí a lo que estaba
diseñado a parecerse a una bodega para vegetales crudos del granero. Las
puertas se trancaron desde dentro; no podía regresar por donde vine.
No importaba, tenía una misión que cumplir. Troté hacia el camino,
planeando caminar hasta que encontrara un auto. Llovizna caía sobre mí.
Seguí caminando. Entonces, como si alguien hubiera abierto un grifo,
empezó a llover torrencialmente.
Demonios. Ivan o Brock seguro me escucharon irme. Consideré
hacer una pausa y correr hasta los arboles cerca del camino o fingir ser un
zombi. Ya que era seguro que me dispararan en la cabeza con cualquiera
de mis planes brillantes, mantuve mis ojos en el camino y no paré de
caminar, ni siquiera cuando el carro rodó a mi lado.
—No dejé que me dispararan solo para que pudieras huir y
conseguir que te maten —dijo él.
La grava crujió bajo mis pies mientras derrapaba para frenarme.
—¡Hayden!
Me sonrió.
—Entra en la camioneta, Riss.
—No. Te… tengo que decir algo. —No quería decirle lo que había
escuchado a hurtadillas. ¿Y si él no sabía? Estacionó la camioneta y salió
de ella. Mi corazón se aceleró mientras se acercaba—. Hayden, no deberías
estar aquí. Podrías lastimarte.
—Orissa. —Sus ojos color avellana encontrándose con los míos—.
Perderte me haría más daño que ser disparado cien veces.
—Duh —dejé salir—. Entonces estarías muerto y no sentirías nada.
Sonrió y se acercó un paso más.
—Orissa —dijo de nuevo, aunque esta vez había algo seductor en su
voz—. Cada vez que trato de decirte, algo horrible pasa, así que… —Puso
una mano en mi cintura. La otra se postró cautelosamente en mi rostro.
La bordeó hacia él y deslizó su mano para atrás. Sus dedos ajustándose
alrededor de mi cabello en desesperación.
Entonces me besó.
91
Página
Y yo le devolví el beso. Mis manos volaron a su alrededor,
acercándolo más. De repente, toda la emoción reprimida llegó
inundándome. Su lengua se deslizó en mi boca y su agarre en mí se
apretó. Tiré de la M16 de mi hombro, dejándola retumbar en el suelo y
envolví mis brazos alrededor de él, llevándolo más cerca de mí.
Hayden me dio la vuelta, fijándome entre él y el camión. Envolví una
pierna alrededor de él, queriéndolo desesperadamente más cerca. Dejó de
besarme solo para poner sus labios en mi cuello. Me estremecí y dejé
escapar un profundo suspiro de placer. Movió su boca abajo,
desabrochando la camisa mientras lo hacía. Luego me besó de nuevo,
presionando cada centímetro de él contra mí.
Puse mi pie en el suelo y lo agarré por la cintura de sus pantalones.
Mis dedos desabrocharon rápidamente sus vaqueros. Movió su boca a mi
cuello de nuevo, chupando y besando mi piel de una manera que no me
pude resistir. Una mano fue debajo de mi camisa, su piel áspera se sentía
maravillosa mientras corría por encima de mi estómago.
Puse ambas manos alrededor de su cara y lo besé con fuerza,
sintiendo un fuerte tirón de deseo. Un gemido escapó de mis labios cuando
sus manos encontraron su camino bajo mi sujetador. Me detuve para dejar
salir el aire y moví mis manos a su cintura de nuevo, desabrochando sus
pantalones. Llevé una abajo al interior, esta vez haciendo que Hayden
dejara escapar un profundo suspiro de satisfacción.
Se derritió contra mí mientras trabajaba con mis manos. Sacó una
mano de debajo de mi camisa y bajó la cremallera de la chaqueta el resto
del camino. La lluvia caía sobre nosotros, pero a ninguno de los dos le
importaba. Continué acariciándolo hasta que me detuvo, envolviendo su
mano alrededor de mi muñeca y tirando de sus pantalones.
Me recogió; mis piernas envolviéndose automáticamente alrededor
de su cintura, y me dio un profundo beso apasionado. Desesperada por
más, le clavé las uñas en la espalda y abrí las piernas para dejarlo
92

apoyarse totalmente contra mí. Conmigo todavía en sus brazos, Hayden


abrió la puerta de la camioneta.
Página

Entramos sin gracia; me recosté en el asiento trasero y Hayden se


puso encima de mí. Me desabrochó los pantalones y les dio un tirón hacia
abajo; se quedó atascado en mis botas y me senté para sacarlos
apresuradamente. Teniendo que cambiar de posiciones, me sentó a
horcajadas suyo. Hayden pasó las manos arriba y abajo de mis muslos. No
siendo capaz de aguantar más, desaté sus botas, las lancé al frente y le
quité los pantalones y los boxers.
Agarró una manga de mi chaqueta y tiró hacia abajo. La deslicé
fuera fácilmente. Sacó mi camisa y sujetador a continuación, y ahuecó las
manos alrededor de mis pechos.
―Eres hermosa ―susurró antes de bajar su cabeza a mi pecho. Me
froté contra él. La acumulación llegando a ser demasiado. Le desabroché la
camisa de franela que llevaba puesta, removiendo cuidadosamente la
manga de su brazo izquierdo.
Toqué suavemente la herida de bala. Se había formado una costra,
pero todavía tenía que ser doloroso. Apreté los labios ligeramente contra
ella y dejé caer una mano a un lado de su hombro, trazándola por sus
abdominales y su regazo. Arqueó la espalda cuando lo tomé de nuevo.
Disfrutó durante unos segundos antes de volcarme repentinamente.
Encima de mí, Hayden deslizó su mano por la parte delantera de mis
bragas, rozándome con los dedos. Quitó la ropa interior y se puso sobre
mí, cada centímetro de su cuerpo presionando contra mi piel desnuda.
Levanté una pierna y la otra la envolví alrededor de él, levantando mis
caderas para alinearse con las suyas.
Nos besamos de nuevo, y, finalmente nos reubicamos con las manos
de Hayden a cada lado mío. Me aferré a él y se deslizó dentro de mí.
Electricidad ondeó a través de mi piel. Lentamente, se balanceó hacia
atrás y hacia adelante. Yo gemía en voz alta y él se movía más
profundamente. Mis uñas se clavaron en su espalda. Me senté justo lo
suficiente para ser capaz de darle un beso.
Su respiración se aceleró, y aminoró sus movimientos, mordiendo mi
cuello. Me envió sobre el borde, y me molí en su contra. Moví mis manos a
su musculoso trasero y tiré de él contra mí, deseando aún más. Empujó
más rápido y más profundo. Mi espalda se arqueó y mis músculos se
contrajeron. Puro éxtasis se hizo cargo. Abrí mis piernas para que pudiera
penetrar aún más profundo. Gemí en voz alta por el placer cuando llegué.
Pasé mis uñas por su espalda y luego sobre sus bíceps. Abrí los ojos
para mirarlo y fui golpeada con otra ola de placer. Hayden también lo fue,
y me atrajo hacia él mientras acababa. Se desplomó encima de mí,
respirando con dificultad. Pasé mis dedos por su cabello.
Firmemente envolvió sus brazos a mí alrededor, sosteniéndome
93

cerca como si fuera lo único que importara. Su peso contra mí era pesado,
pero no me importaba. Siempre he disfrutado de estar envuelta en su
Página

abrazo; estar desnuda y envuelta en su abrazo era mucho mejor. Era


seguro, cálido y reconfortante, y tan bueno.
Cuando nuestros corazones finalmente dejaron de correr, Hayden se
sentó, tirando de mí con él. Me estremecí. Aunque el aire caliente soplaba
desde los calentadores, el aire frío que entró corriendo por la puerta
abierta era más fuerte. Tuvo que dejarme ir para llegar y cerrar las
puertas. Recordando que siempre había un saco de dormir escondido en la
parte trasera, lo agarré y lo desenrollé. Cuando Hayden se movió de nuevo
a mi lado, lo envolví alrededor de nuestros cuerpos.
―Orissa ―susurró.
―¿Sí?
Apoya la cabeza contra mi cuello.
―He estado locamente enamorado de ti desde hace bastante tiempo
―confesó. No pude evitar la sonrisa que estalló en mi cara―. Me gustaría
haberlo dicho antes.
―¿Por qué no lo hiciste? ―le pregunté en voz baja.
―Me daba miedo que no sintieras lo mismo. ―Sus músculos tensos
de repente―. Lo haces, ¿cierto?
―Por supuesto. ―No parecía muy convencido. Me acurruqué más
cerca de él―. Hayden, cuando pensé que estabas muerto, también me
quise morir.
Pasó los dedos por mi cabello.
―Y cuando vi el láser sobre tu corazón, todo lo que podía pensar era
en cómo no quiero vivir sin ti.
Escuché el latido de su corazón durante un minuto antes de
preguntar:
—¿Cómo me has encontrado aquí?
―Te vi entrar en la sala del hospital. Escuché lo que oíste y sumé
dos más dos. Eso y te seguí.
―¿Así que ya sabes? ―Me senté, miedo irradiando por mi cuerpo una
vez más.
―Sí ―se rió―. Y no voy a infectarme. ―Fue capaz de discernir la
mirada dudosa en mi rostro en la oscuridad―. Estaban hablando de los
medicamentos para el dolor en mi sangre, no del virus.
―Pero he oído a la doctora Cara decir algo acerca de la vacuna
―repliqué.
94

―Lo hizo, pero no tenía nada que ver con lo que acababa de decir.
Ella hace eso, al azar cambia el tema cuando habla, es realmente irritante
Página

en realidad. ―Acarició mi rostro―. Todo va a estar bien. De alguna manera,


lo hará, ahora que estás de vuelta.
Sus dedos recorrieron mi rostro, haciéndome temblar, pero no de
frío. Puse mi pierna por encima de él y me deslicé sobre su regazo hasta
que estuve a horcajadas de nuevo. Hayden puso sus manos en mi cintura
y sonrió maliciosamente.
―No me gusta que vayas a misiones sin mí ―dijo, sus manos
moviéndose hasta mi cintura y sobre mis pechos―. Especialmente tan
largas como esa.
Mi ceño se frunció.
―No estaba en una misión ―le dije con cuidado―. No todo el tiempo,
al menos.
―¿De qué estás hablando? ―preguntó y apretó mis senos.
―¿No lo sabes? ―Lo miré con incredulidad.
―¿Saber qué? ―Estaba más interesado en lo que estaba en sus
manos. ¿Cómo podría Hayden no saber lo que realmente había sucedido?
Puso su boca en mí y cuando su lengua rodeó mi pezón, no me importó
más. Lo abracé con fuerza, aplastándolo contra mí. Se estremeció
levemente y se separó.
―¿Estás bien? ―pregunté, preocupada de haberlo lastimado.
―Sí. Es solo que, eh, a veces duele ―dijo, lanzando una mirada
molesta a su hombro―. ¿Qué no sé? ―preguntó de nuevo.
―Fui dejada.
―¿Dejada?
―Sí. En esa misión. Me dejaron.
―¿Qué? ―exigió. Estaba como loco, pero no enojado conmigo.
―El hospital al que fuimos fue invadido. Me distraje con los zombis y
al momento en que me alejé, Alex y todos se habían ido. Es por eso que me
tomó mucho tiempo llegar a casa. ―Pensaba decirle el resto de mi aventura
más tarde; esto era molestarlo suficiente por sí solo. Su rostro se veía de
tal manera que daba miedo.
―Debemos volver antes de que alguien se dé cuenta de que faltamos
―dijo en voz baja, aunque pensé que quería volver y vencer la mierda de
Alex. Me encantaría verlo. Asentí. En silencio, nos vestimos con la ropa
empapada por la lluvia y nos trasladamos a nuestros asientos.
―Te sientes muy lejos ―dijo Hayden, su sonrisa regresando a su
rostro. La consola central nos separaba. Me incliné sobre él y apoyé la
mano en el muslo de Hayden. Corrió de vuelta al recinto, agitando al A3
95

que patrullaba las torres de vigilancia.


Los dos estábamos fríos por llevar la ropa mojada. En el momento en
Página

que llegamos a nuestra habitación, estaba temblando. Me quité las botas y


tiré de mis jeans. Mi ropa interior se encontraba todavía en el camión. No
había sido capaz de encontrarla en la oscuridad. Hayden se despojó de su
ropa también.
Con la luz encendida, pude finalmente admirar abiertamente lo bien
que se veía sin ropa. Me quité la camisa, dejándola caer en el suelo.
Hayden se puso un par de boxers azules y una camiseta negra que decía
“Semper Fi” en el pecho en letras blancas. Me puse el pijama que había
estado usando antes.
Nos metimos en la cama, acurrucándonos cerca. Me quedé en su
lado derecho, con cuidado de no poner ninguna presión sobre su hombro
lesionado. Apoyé la cabeza en su pecho.
―¿Me puedes prometer algo? ―preguntó mientras pasaba sus dedos
arriba y abajo por mi brazo.
―Posiblemente.
―No trates de irte por tu cuenta nunca más.
―De acuerdo ―le dije simplemente.
―Realmente, Riss. Lo digo en serio. No puedo manejar la pérdida de
cualquier otra persona, especialmente la tuya.
―No lo haré. Ya no. Lo prometo.
Se sentó y me besó. Me empujé hacia arriba y sobre él, besándolo de
vuelta. Mi mano se deslizó sobre su pecho, los abdominales y bajo la
cintura de sus boxers. No pasó mucho tiempo hasta que estuviera duro
otra vez. La desesperación no era tan intensa en esta ocasión, pero el
deseo era igual de bueno.
Nuestra ropa se desprendió en cuestión de segundos. Hayden trató
de ponerse sobre mí de nuevo. Lo obligué a alejarse, empujándolo hacia
abajo sobre el colchón y me subí, guiándolo dentro de mí. Empecé
despacio, con ganas de prolongarlo para Hayden. Sus manos exploraron
mi cuerpo y tuve que taparme la boca para no ser escuchada. Sacudí mis
caderas, moviéndome gradualmente más rápido. Entonces me detuve, y
Hayden buscó más desesperadamente.
Tomé sus manos de mi pecho y las moví, con ganas de ponerlas por
encima de su cabeza, pero me detuve, con miedo a hacerle daño a su
hombro lesionado. En su lugar, las empujé hacia abajo al colchón para
que fuera incapaz de moverlas. Respiró con fuerza y con rapidez cuando
empecé a moverme de nuevo. La cabecera golpeó la pared. Dejé ir las
manos de Hayden para empujar una almohada detrás de la misma, que
solo amortiguaba un poco el sonido.
Sin preocuparnos, no nos detuvimos. Hayden dobló las rodillas,
96

golpeándome en un ángulo diferente, que se sintió muy bien. Me incliné


hacia delante, mis pechos en su rostro, mordí su cuello y perdí el control.
Página

Una vez que mis músculos empezaron a funcionar de nuevo, me enderecé


y me moví más rápido que antes. Pocos segundos después, Hayden acabó
también.
Hayden se quedó dormido poco después de que acabáramos. Ni
siquiera se puso la ropa de nuevo. Yo no quería dejarlo, pero realmente
tenía que hacer pis. Tiré de su camisa sobre mi cabeza; era lo
suficientemente larga para cubrir mi trasero así que rápidamente me
escabullí al baño.
Regresé bajo las sábanas, descansando tan cerca de Hayden como
pude. Soñoliento, murmuró mi nombre y puso su brazo alrededor de mí.
Sintiéndome más feliz de lo que lo había hecho en mucho tiempo, me
quedé dormida en el sueño más tranquilo que nunca había tenido.
Dormimos durante el desayuno. Alrededor de las diez de la mañana,
alguien llamó a la puerta.
―Underwood, ¿estás vivo ahí dentro? ―preguntó la voz apagada de
Ivan.
―Sí ―respondió Hayden adormilado. Entonces nos dimos cuenta de
lo cerca que estábamos de ser descubiertos. Hayden saltó de la cama―.
Finge que estás dormida ―susurró y frenéticamente buscó sus boxers. Se
acercó a la puerta, tratando de alcanzar la perilla.
―¡Tu cama! ―susurré, señalando su cama bien hecha. Apartó las
sábanas y abrió la puerta.
―¿Por qué la puerta está bloqueada? ―preguntó Ivan, moviendo las
cejas sugestivamente―. ¿Qué ―o con quién― estás haciendo? ―bromeó.
―Cállate ―dijo Hayden suavemente―. Ella todavía está durmiendo.
Ivan debe haberme mirado.
―Tienes razón. Duerme como una estrella porno.
Quería sentarme y preguntarle inmediatamente a Hayden. En
cambio, no me moví. Oí a Hayden hundirse en su cama.
―Raeya buscaba a Orissa y tu novia te quiere. No le gusta
despertarse sin ti en la cama junto a ella.
―Cállate ―dijo Hayden, tratando de parecer serio, pero me di cuenta
de que estaba conteniendo la risa.
―La doctora Cara realmente te estaba buscando.
―¿Eso es todo? ―preguntó Hayden, queriendo que Ivan se fuera. Era
tan obvio.
―Sí ―respondió—. Bueno, no. Raeya traerá el desayuno de Orissa.
97

Creo que voy a decirle que aparezca con algo para ti. Me alegro de que
estés bien, Underwood. Y sé cómo esto va a sonar ya que estas medio
Página

desnudo, pero te ves... bien, como si tuvieras la cabeza clara, por una vez.
―Gracias ―dijo Hayden torpemente. Cuando la puerta se cerró, abrí
los ojos.
―¿Duermo como una estrella porno?
Hayden se encogió de hombros.
―Sí, la forma en que pones tus brazos sobre tu cabeza me recuerda
a una.
―Me ves dormir. Eso es tan espeluznante.
Asintió.
―Sí. Todas las noches. También robo tu ropa interior.
―Lo sabía ―me reí. Hayden cruzó el cuarto para estar junto a mí.
Giró sobre su costado izquierdo y se estremeció―. ¿Hayden, estás bien?
―Sí ―mintió.
―Los medicamentos para el dolor se disiparon ―dije.
―Tienden a hacer eso. Está bien. No me gusta tomarlos; me vuelven
cansado y confundido.
―¿Qué tanto te duele? No quiero que estés sufriendo.
―No se siente bien, pero no es tan malo ―trató de convencerme―.
Eres una buena distracción.
Me senté y toqué suavemente la herida de bala. Como si se
desencadenara algo, la horrible escena cruzó por mi mente. ¿De dónde
habían salido esos chicos? ¿Por qué nos quieren muertos? Apoyé la cabeza
en el pecho de Hayden. No importaba ahora, Hayden estaba vivo y bien y
los chicos que le dispararon estaban muertos y se habían ido.
―Voy a tomar una ducha ―dijo, levantándose―. Me gustaría que te
unas a mí.
―A mí también ―concordé, ya pensando en maneras para poder
colarme. Una vez que Hayden se fue, me levanté y me puse mis pantalones
de pijama. Un minuto más tarde, Raeya apareció en la puerta con una
bandeja muy completa.
―¡Espero que tengas hambre! ―dijo.
―¡Muerta de hambre! ―exclamé―. OhPorDios, ¿eso es mantequilla?
―¡Sí! Jordan descubrió la manera de hacerla con la leche de las
vacas ―me dijo con entusiasmo. No sabía quién era Jordan, pero en ese
momento quería darle un enorme abrazo. Busqué los panqueques―. Tu
habitación es un desastre ―observó Raeya―. Bueno, solo tu lado. ¿Cómo
se quedó Hayden contigo?
98

Con la boca llena, me encogí de hombros. Terminé mi plato cuando


Hayden volvió a entrar en la habitación. Charlé con Ray mientras comía y
Página

le prometí que vería una película el viernes por la noche con ella. Hayden
nos acompañó abajo, refunfuñando acerca de ir a ver a la doctora Cara.
Argos se encontraba en la sala de juegos, persiguiendo la pelota que
Lisa estaba tirando hacia él. Levantó la cabeza al oír el sonido de mi voz y
corrió. Su cola se meneó con entusiasmo cuando me quedé embobada con
él. Cuando se calmó, Lisa corrió hacia mí y me abrazó.
―¡Todo el mundo dijo que estabas muerta! ―exclamó―. Estaba tan
triste, Orissa. Les dije que si alguien podía hacerlo, serías tú. Te he visto.
Nos salvaste, ¿recuerdas?
La abracé devuelta.
―Gracias por tener fe en mí, Lisa.
―¡De nada, Orissa!
Ray y yo nos sentamos en una mesa en medio de un rompecabezas
que se encontraba allí. Agarré una pieza y busqué su contraparte. Sabía
quién entró en la habitación por el ruido de tacones en el suelo de
baldosas. Ella abrió la boca dramáticamente y el taconeo fue más rápido
cuando corrió.
―¡Orissa! ¡Bendita seas, estás viva! ¡No lo podía creer! Y aquí estás y
te ves... ¡bien! ―dijo efusivamente Scarlett, la auto nombrada reina de los
chismes. Sonreí a medias. Mi pelo estaba sin duda hecho un desastre y
todavía llevaba la camiseta de Hayden y mis pantalones de pijama amarillo
y naranja―. ¡Tienes que decirme todo! ¿Cómo te sentiste cuando te diste
cuenta de que te habían dejado? ¿De verdad crees que pensaban que
estabas muerta? ―preguntó en serio. Tal vez realmente había sido un
ancla de noticias en la televisión; definitivamente se veía así.
―Fue una situación muy difícil ―resumí vagamente―. Estoy segura
de que los chicos asumieron que los zombis me estaban rasgando y
dándose un festín con mis frescos y cálidos, órganos internos.
―Oh ―gesticuló. Agarró una silla y se sentó a mi lado―. ¿Y luego
qué? ¿Cómo te sentiste cuando te diste cuenta de que estabas sola?
―Bastante molesta ―continué―. Y luego, todo lo que quería hacer
era volver aquí. Y lo hice. No es una historia interesante ―mentí.
―¿Qué pasa con esa chica que trajiste contigo? ¿Cómo te enteraste
de ella?
Me puse de pie abruptamente.
―Olivia ―le dije, sintiéndome horrible al no haber pensado en ella―.
Eh, lo siento. Voy a ir a buscarla. ―Raeya me siguió por el pasillo.
—¿Quién eres y qué le has hecho a Orissa? —bromeó.
—¿De qué hablas, Ray?
99

—Fuiste educada con Scarlett.


Página

—Puedo serlo de vez en cuando.


—Lo sé —dijo, sacudiendo la cabeza—. La mujer incluso me molesta
a mí. Estoy sorprendida, eso es todo.
Me encogí de hombros. Estaba de buen humor, gracias a Hayden.
Sentí la sangre correr a mis mejillas cuando pensé en él. Caminamos por
el pasillo, por una de las puertas de seguridad pesadas y entramos en otra
sala. Escribí la contraseña y abrí la puerta hacia la de los soldados en
cuarentena. Olivia no estaba allí.
Justo cuando la ira se estaba construyendo, Rider entró por la
puerta. Me miró y me dio un abrazo amistoso.
—Me alegra que hayas vuelto, Penwell. Todos estábamos devastados
por perder a tan buena compañera de equipo.
—Guao, gracias —dije con sinceridad—. Oye, ¿sabes dónde está la
civil que entró conmigo ayer?
—Sí. Está en la sala del hospital, pero no te preocupes, está bien, en
su mayoría. He oído lo que le pasó. También le habría dado una paliza al
chico. Eres una especie de héroe para mí —bromeó.
—Sip. Soy impresionante —bromeé de vuelta.
Rider caminó con nosotros hacia la escalera de nivel B. Estaba un
poco decepcionada al ver que Hayden ya no estaba en la sala del hospital.
Karen me sonrió cálidamente.
—Es un milagro —dijo en voz baja—. Recuerdo como es ahí afuera...
y encontraste el camino a casa.
Miré a Raeya.
—Tuve una buena motivación. ¿Olivia está aquí?
—Sí, está dormida. Pobrecita. —Sacudió la cabeza—. Te tiene puesta
en un pedestal; eres todo sobre lo que habla.
—¿Está bien?
—Está bastante desgarrada “allí abajo”, y solo cubierta de
moretones. Físicamente, se curará. Mentalmente... —Se le fue la voz,
volviéndose emocional—. Está con antibióticos para evitar que se forme
una infección. E hice una solicitud para que no comparta habitación con o
cerca de un hombre. —Sacudió la cabeza de nuevo—. No puedo evitar
preguntar, ¿todo lo que dijo es cierto?
Raeya, quien había estado escuchando pacientemente en la
oscuridad, se acercó más. Salimos de la enfermería, cerrando la puerta.
Karen hizo un resumen de lo que Olivia le había contado sobre Beau.
100

Raeya se cubrió el rostro con las manos, horrorizada cuando confirmé la


verdad.
Página

—Realmente eres la heroína de esa chica —me dijo Raeya,


mirándome con admiración. Me encogí de hombros. Caminamos
lentamente de regreso a su habitación. Varios C me detuvieron,
contándome lo felices que estaban de que estuviera de vuelta. Sonreí y les
di las gracias, compartiendo solo pequeños detalles sobre el tiempo que
pasé en otros lugares.
Encendí el pequeño reproductor de CD que estaba perfectamente
centrado en la cómoda de la habitación de Ray, mi pie siguiendo la
música.
—Me gusta que estés de buen humor —comentó—. No he estado
alrededor de la vieja y despreocupada Orissa en mucho tiempo. La
extraño.
—Yo también —dije con un suspiro—. Oye, ¿recuerdas esa vez que
probé el whisky ilegal de mi abuelo?
Rió.
—¿Cómo podría olvidarlo? Estuve el resto de la noche sosteniendo tu
cabello mientras vomitabas.
—Oh sí. Nunca haré eso de nuevo —me reí también. Raeya miró el
reloj y frunció el ceño.
—Tengo que ir a hacer el inventario. No lo he hecho desde que... no
viniste a casa.
—¿Quieres que te acompañe?
Levantó una ceja incrédula.
—Me encantaría eso. —Entramos al almacén de suministros. Raeya
recogió un portapapeles y se sentó en el borde de una mesa—. Nos
estamos quedando sin dulces, lo cual creo que no es una prioridad —
hablaba en voz alta. Anotó los artículos que necesitaban ser reunidos en la
próxima misión.
—Tienes un trabajo bastante serio. Gracias por mantener este lugar
en orden, Ray —le dije.
—Gracias, Rissy —dijo con una sonrisa. Me senté en la mesa junto a
ella, balanceando los pies.
—¿Qué más necesitas hacer?
—Afortunadamente, Lupe ya contó todo, todo lo que tenemos que
hacer es decidir qué es lo más importante, escribir una lista de lo que
necesitamos y dársela a Fuller.
—Deberías poner naranjas en la lista.
101

—¿Naranjas?
—Sí, así podemos ir a Florida para conseguirlas. Mataría por un día
Página

en la playa —bromeé.
—Si vas a Florida, ¡me llevas! —Se rió Raeya—. Y Riss... ¿Realmente
ya estás pensando en ir en misiones?
Me encogí de hombros.
—No pronto. Hayden está mejor, pero no lo suficientemente bien
para salir a una. Es un buen compañero; no quiero salir sin él.
Especialmente desde que la última vez que lo hice, quede abandonada.
Hayden nunca me dejaría. Ivan, Brock, Wade o Rider tampoco lo harían…
espero.
—Ivan y Brock no lo harían, estoy segura —dijo seriamente—. Los
dos estaban muy molestos cuando no volviste.
Suspiré.
—Me siento mal; no quería que nadie se preocupara.
—Créeme, mucha gente lo hizo.
—Entonces —comencé, tratando de reprimir una sonrisa—.
¿Cuántas lágrimas derramaron por mí? Asumo que galones, si no más.
Raeya rió.
—Oh, definitivamente cubetas.
La puerta crujió lentamente al abrirse, y levantamos la mirada para
ver a Lauren asomar la cabeza.
—Hola, Orissa —dijo con la más mínima sonrisa.
—Hola, Lauren —dije con total indiferencia.
—Es, uh, bueno verte de nuevo. Me alegra que estés viva.
—Gracias —le dije con una sonrisa.
—Sí, todo el mundo dijo que estabas muerta. Ahora tal vez dejarás
de tratar de ser una heroína tan dramática. En realidad no querrías morir.
Y tu suerte se acabará algún día —dijo como si me estuviera dando
asesoramiento legal y luego miró a Raeya—. El baño en mi sala no tiene
papel higiénico.
—Oh —exclamó Raeya y se puso de pie de un salto. Agarró dos rollos
y se los entregó a Lauren. Ella los tomó, se giró para irse y se detuvo.
—¿Orissa? —preguntó.
—¿Sí?
—Cuando tú, uh, salgas en tu próxima misión, ¿crees que podrías
conseguir tinte para el cabello? Odio mostrar mis raíces.
Me encogí de hombros.
102

—Tal vez, sí lo recuerdo.


Sin darme las gracias, asintió y se fue.
Página

Raeya cerró la puerta y se sentó de nuevo en la mesa junto a mí.


Bajó el portapapeles y se cruzó de brazos.
—¿Qué te pasa, Rissy? Lauren me molesta bastante, fue grosera
contigo y eres amable con ella. O conseguiste el escondite de dulces de
Hayden o sus pantalones, porque estás de muy buen humor.
Me mordí el labio y miré al suelo.
—¿Qué? —chilló Raeya.
Asentí.
—¡Por fin! —dijo con una enorme sonrisa.
—¿Por fin? —pregunté.
—Bueno, supongo que también admitiste que tienes sentimientos
por él.
—Sí. —Sonreí al recordarlo—. Por fin.
—Entonces —continuó—. ¿Cómo fue?
—Bueno. Realmente bueno.
—¿Aunque está herido?
—La bala impactó en su hombro no en su pe… —corté cuando otro
supervisor entró en la sala de almacenamiento. Saludé y salí,
prometiéndole a Ray que la encontraría más tarde. En mi camino por el
pasillo, me topé con Padraic.
—Hola, Orissa —dijo alegremente—. ¿Cómo te va?
—Estoy... estoy bien —dije con sinceridad—. Me alegro de estar de
vuelta y volver a la normalidad.
—Yo también. —Sonrió.
—Tengo una pregunta para ti —dije en voz baja, dando un paso al
lado de la sala—. ¿Por qué nadie le dijo a Hayden que estaba perdida?
Padraic suspiró.
—Fue idea de Fuller; Hayden estaba en condición crítica... no quería
arriesgarse.
—Oh, espera, ¿crítica? Pensé que se estaba mejorando cuando me
fui.
—Lo estaba —dijo Padraic y se recostó contra la pared—. Las
cirugías pueden ir bien y aun así puede haber complicaciones. Hubo un
tiempo que no creí que fuera a lograrlo. —Hizo una pausa, evaluando mi
103

reacción. Cuando no dije nada, continuó—. Y no sé si eres consciente de


que Hayden sufre ligeramente de PTSD15. El trauma de ser herido disparó
sus síntomas. Nadie, ni siquiera Fuller o Ivan, sabía lo que había estado
Página

15 PTSD: Trastorno de estrés postraumático


pasando. Nos preocupaba que se pusiera más molesto si descubría que
estabas muerta. Físicamente, estaba demasiado débil para correr el riesgo.
Asentí, con la horrible sensación de no haber estado allí para ayudar
a Hayden a superar sus pesadillas.
—Luces cansado, Padraic.
—Lo estoy —suspiró—. Pero eso cambiará, supongo. No he podido
dormir desde aquella noche en que los A1 regresaron sin ti. Ninguno de
nosotros podía.
Me sentí incómoda.
—Bueno, te prometo que estoy cien por ciento bien. No te preocupes
más por mí, ¿lo prometes?
—No me preocuparé hasta que vuelvas a salir —añadió Padraic con
una media sonrisa—. También Ray. Estaba destrozada.
—Me mantenía pensando en lo que ustedes debían haber pensado.
Odiaba estar enferma y atrapada.
—¿Enferma?
—Oh, cierto. —Arrastré mi zapato sobre el piso—. Supongo que aún
no le he dicho a nadie. ¿Caminas conmigo? —Fuimos hasta el nivel B y
entramos al cuarto de Padraic, el cual era uno de los pocos lugares que
proporcionan un poco de privacidad—. Tenía envenenamiento de la sangre
y encontré a estos locos montañeses que cuidaron muy bien de mí y pensé
que eran agradables, pero resultó que solo querían usarme como una
máquina de bebés para su hijo endogámico —dije de un tirón—. Una vez
que estuve mejor, Olivia y yo nos escapamos, nos topamos con un poco
más de problemas con una casa embrujada llena de zombis, pero ahora
estamos aquí.
Padraic abrió la boca, pero se quedó mudo.
—¿Envenenamiento de la sangre?
—Sí. —Extendí mi brazo izquierdo y le mostré la cicatriz—. Me
dieron medicina. Era medicina para vacas, pero al parecer funcionó.
Pasó el dedo sobre la herida, me miró con horror y se rió. Lo miré
como si se hubiese vuelto loco. Luego una sonrisa estalló en mi rostro y
también me empecé a reír. Se sentía bien reír. Aunque la situación estaba
lejos de ser divertida, ninguno de los dos podía controlar la risa.
104

Alguien llamó a la puerta, que había quedado abierta. Sin dejar de


reír, levanté la mirada para ver a Hayden. Sus labios se movieron en una
Página

sonrisa. Miró de mí a Padraic.


—Adelante —dijo en voz alta Padraic, tomando una respiración
profunda.
—Hola, Hayden —dije y una sensación de mariposas se agitó en mi
interior.
—Hola —dijo casi tímidamente.
—¿Estás bien? —preguntó Padraic, pasando al modo doctor.
—Sí, me siento bien —respondió, todavía de pie en la puerta—.
Estaba saliendo de la sala del hospital y escuché tu voz, Riss —explicó y
parecía avergonzado. Mis ojos se encontraron con los suyos y sonreí de
nuevo. Me resistí—. Olivia estaba preguntando por ti.
—¿Lo estaba? —Me puse de pie.
—Sí, está yendo a su cuarto.
—Iré a buscarla. Te veré más tarde, Padraic. Ah, y no le digas a Ray
lo que te conté. No necesita preocuparse por algo que ya pasó.
Frunció el ceño.
—Odio mentir —me recordó.
—No mientas, solo no lo menciones. ¿Por Favor?
—Bien —concordó—. Te veré luego.
Hayden me acompañó de vuelta a la sala del hospital. Me acerqué a
él, recordando lo que Raeya había dicho.
—¿Qué sabe él que no quieres que Raeya sepa? —preguntó Hayden,
su voz nivelada y calmada.
Sacudí la cabeza.
—Nada importante.
—¿En serio, Riss? —dijo, interrumpiendo.
—No, no realmente. Tampoco necesitas saberlo.
Abrió la puerta para mí. Una vez que estuvimos en la semi-
privacidad de la sala del hospital, puso sus manos en mi cintura.
Inmediatamente me sentí caliente.
—No me mientas.
—No quiero mentir. Es solo… solo que creo que te molestarás y no
quiero que lo hagas. —Puse mis brazos alrededor de su cuello, con cuidado
de no ejercer presión sobre su hombro izquierdo.
—Estaré bien.
105

—Bueno. La razón por la que me tomó tanto tiempo regresar fue


porque me enfermé y tropecé en mi camino a casa. Pensé que era un
Página

milagro porque me cuidaron hasta que sané, pero sin duda tenían una
segunda intención.
Sus manos me agarraron con fuerza.
—Continua.
—Ahí es donde encontré a Olivia. La trataban como a una vaca de
reproducción, pensando que era su deber como hombres el repoblar la
tierra.
—¿Y te querían hacer eso? —preguntó.
—Sí.
Me apretó con tanta fuerza que casi dolía.
—¿Lo hicieron?
—No, no. Lo prometo. Créeme, no lo permitiría. Salimos de allí justo
a tiempo.
Me besó. Me acerqué más y le devolví el beso. Rápidamente nos
separamos, fuimos a la enfermería y encontramos un B3 que nos llevó a
Olivia.
Polly Ender le estaba ayudando a escoger ropa. Ella estaba más o
menos a cargo de mantener la pequeña "tienda compuesta", como lo
llamaba en orden.
—Oh, esto se vería precioso en ti, querida —dijo y levantó un
pequeño y corto vestido azul. Sabía los sentimientos que evocaba en Olivia
de inmediato.
—Todavía está bastante frío, ¿qué tal unos pantalones? —me
entrometí rápidamente. Hayden se apoyó contra el marco de la puerta,
esperando pacientemente mientras Polly y yo ayudábamos a Olivia a
reunir lo que necesitaría. Fuimos con ella a su habitación, que estaba en el
lado opuesto del nivel C como la de Raeya. Todavía tenía que ver a Sonja
desde mi regreso, y cuando finalmente me atrapó, arrojó sus brazos a mí
alrededor.
La dejé hablar con entusiasmo por unos minutos antes de decirle
que tenía que pedirle un favor.
—¡Por supuesto, cualquier cosa que necesites! —respondió.
—No sé si escuchaste sobre la chica que traje de vuelta —empecé.
—Sí. Creo que todo el mundo lo escuchó. Sabes cómo los rumores
vuelan aquí.
—Lo sé. De todos modos, ella realmente podría necesitar un amigo.
Tiene casi tu misma edad y creo que realmente te admira. —Aunque Sonja
me había molestado en ocasiones con su llanto y gritos constantes
106

mientras estábamos huyendo de los zombis, realmente era una persona


dulce y cariñosa. Confiaba en ella y esperaba que Olivia también pudiera
Página

hacerlo.
Le presenté a Olivia, y estábamos sorprendidas y felices cuando
Olivia aceptó ir con Sonja y conocer a las otras adolescentes. Hayden y yo
volvimos a nuestra habitación. Cerró la puerta y se sentó en mi cama. Me
arrodillé encima de él.
—Hayden —comencé.
—Orissa —respondió, su voz seductora. Puso sus brazos a mí
alrededor y se recostó hasta que estábamos acostados.
—¿Sabes lo que dijiste ayer?
—Posiblemente. Recuerdo decir mucho.
—¿Sobre mí? Bueno, yo también. —Apesté en esto. Mis mejillas se
sonrojaron y aparté la mirada.
—¿Podrías ser más inconcreta? —bromeó—. No tengo ni idea de lo
que estás hablando.
—Te lo contaré más tarde —dije y me aparté de él—. Voy a
cepillarme los dientes y el cabello. —Presioné mis labios contra los suyos,
y entre al baño.
Todavía teníamos unos pocos minutos antes de que fuera hora de ir
a la cafetería. Nos acostamos al lado del otro, disfrutando en silencio de la
compañía del otro. Era reconfortante estar en sus brazos. Fuimos de los
primeros en llegar a la cafetería. Hayden y yo tomamos nuestras bandejas
y caminamos a la parte posterior para sentarnos en nuestra mesa de
siempre. No había ningún asiento asignado aquí, pero las dos mesas de la
parte posterior habían quedado extraoficialmente reservadas para los A1.
Wade y Rider se nos unieron, junto con Raeya, Olivia, Sonja y Jason.
Raeya se quedó mirando a Hayden y se ruborizó; puse los ojos en blanco y
la golpeé bajo la mesa.
Estábamos conversando como un grupo normal de amigos cuando
de repente Hayden se puso de pie de un salto. Sin explicar lo que estaba
haciendo, caminó rápidamente a la línea de servicio. Alex había acabado
de tomar su bandeja. Le estaba diciendo algo a Noah, sin prestar atención
a nada a su alrededor.
Y entonces Hayden le dio un puñetazo.

107
Página
La bandeja salió volando de las manos de Alex, comida manchando
el suelo, y él se desplomó en el suelo. Noah se metió, sujetando a Hayden.
Un silencio cayó sobre la cafetería y todos los ojos estaban puestos en
Hayden. Wade estaba a su lado en cuestión de segundos, tirando de él.
Alex se levantó de un salto y asumió una postura defensiva. Noah
quitó sus manos de Hayden y se puso en medio de los dos, haciendo todo
lo posible para evitar que estallara una pelea. Observé, atónita y
asombrada, aun sosteniendo mi tenedor con varias judías verdes
ensartadas en él. ¿Hayden estaba teniendo otro recuerdo?
—Nunca dejamos a un compañero —escupió Hayden, su rostro lleno
de ira. Wade lo soltó y regresó tranquilamente a nuestra mesa.
—¿Qué demonios? —susurré cuando se sentó a mi lado.
—Te dejó —dijo Hayden, sin importarle el volumen de su voz—.
Nunca dejamos un compañero caído. Ni siquiera te vio morir, no lo sabía.
Lo asumió y te dejó.
Puse mi mano en su brazo.
—Lo sé, pero está bien. Ahora estoy bien. Y gracias. Quise hacer eso
al segundo en que me di cuenta que el imbécil se fue sin mí —le dije en voz
baja, consciente de que todos en la cafetería estaba escuchando. Me miró,
sus ojos color avellana perforando los míos. Mi corazón martilleó los pocos
segundos que le tomó asentir.
Suspiré y volví a comer. La conversación comenzó a regresar
lentamente entre los residentes. Fue difícil digerir el resto de mi comida sin
sabor. Estaba impaciente por ir a nuestra habitación y comer comida
chatarra. Devoré el resto de lo que estaba en mi plato, así podríamos salir
de allí.
Fuller y el padre de Gabby, Hector, entraron en la cafetería justo
cuando estábamos devolviendo nuestras bandejas. Los ojos de Fuller se
encontraron con los míos severamente por un breve momento. Quería
108
darle un gran “te lo dije” por no tener necesidad de ser puesta en
cuarentena. Respiré profundamente, sin querer faltarle al respeto
públicamente.
Página

Un segundo silencio cayó sobre la cafetería, aunque esta vez no fue


tan obvio, como los ojos iban de Alex a Hayden, todo el mundo
preguntándose si Alex iba a reportar el incidente. Pero Alex mantuvo la
cabeza baja, concentrándose en su comida. Fuller llegó hasta Hayden, una
sonrisa detrás de su dura mirada.
—Es bueno verte levantado y dando vueltas —le dijo con sinceridad.
—Es bueno estar levantado y dando vueltas —respondió Hayden con
una leve sonrisa.
—¿Cómo te sientes?
—Mejor. Mucho mejor, señor.
Fuller no pudo ocultar su sonrisa. Asintió secamente.
—Bien.
Raeya y yo salimos al pasillo mientras Hayden hablaba con Fuller.
Padraic y varios otros B doblaron la esquina. Él nos sonrió y nos saludó.
—Fuller tiene, o tenía, un hijo que se parece a Hayden —le dije.
—¿En serio? ¿Cómo lo sabes? —preguntó.
—Vi una foto en su escritorio. —Sacudí la cabeza—. Honestamente,
estoy sorprendida de que no me gritara.
—¿Por qué te gritaría? —preguntó Raeya.
—Tuve una pelea con él —confesé.
—Ya somos dos —dijo Padraic, deteniéndose cerca a mi lado.
—¿Tuviste una pelea con Fuller? —pregunté con incredulidad—.
¿Por qué?
Padraic se pasó una mano por el cabello.
—Quería seguir medicando a Hayden. Me negué.
Raeya puso la mano en su brazo y lo miró rotundamente.
—No me contaste eso.
Padraic sonrió nerviosamente.
—No quería preocuparte.
—¿Por qué te negaste? —pregunté, curiosa.
—El Fentanyl es un programa de dos sustancias controladas; es
muy adictivo. Fuller quería que Hayden permaneciera calmado y me dijo
que le administrara una dosis grande todos los días. Soy el doctor aquí,
sabía los riesgos. Me negué a hacerlo.
109

Me sentía orgullosa de Padraic por enfrentarse a Fuller.


—Gracias por hacer lo que es correcto.
Página

—De nada —dijo Padraic, sus mejillas enrojeciendo un poco—. Es lo


que harías; defender lo que es correcto.
—¿Yo?
—Sí, tú. Aunque algunas de las razones de tus acciones son menos
que ortodoxas, siempre se hicieron con las mejores intenciones.
—Yo... supongo que sí.
Padraic se rió.
—No dudes de ti, Orissa. Recuerda quién nos trajo aquí, cuyo
pensamiento rápido salvó la vida de Hayden, y quien rescató a esa chica de
una pesadilla real. —Sus ojos azules se encontraron con los míos y sonrió.
—Hola, Padraic —dijo Hayden, viniendo detrás de nosotros. Mi
sonrisa creció. Me giré y lo miré, sintiendo calor en el interior.
—Hola, Hayden. ¿Cómo está el hombro?
—Tan bien como puede estar. —Se acercó a mí.
—Es bueno escuchar eso. Bueno, iré a comer algo, los veo más
tarde.
—Padraic —dijo Raeya de repente—. ¿Quieres ver la película el
viernes por la noche con nosotros?
—Claro, si puedo. Teníamos cuatro personas ingresadas al hospital
esta mañana por la gripe; Me temo que va a extenderse rápidamente. Si
están suficientemente estables, la veré contigo. Me encantaría eso.
—Deberías —le dije—. Mereces una noche libre. Hay otras personas
para ayudarte, ¿recuerdas?
—Tienes razón. Está bien, lo haré. Nos vemos luego.
Los tres nos dirigimos a la sala de juegos.
—Es un chico muy agradable —expresó Hayden.
—Sí —concordé—. Lo es.
—¿Qué es lo que quieren hacer? —preguntó Raeya rápidamente.
Me encogí de hombros.
—No me importa.
—A mí tampoco —le dijo Hayden con un bostezo.
—¿Cansado? —preguntó.
—Sí, no dormí mucho anoche.
—Hmm —dijo, apretando los labios—. ¿Me pregunto por qué?
110

Puse los ojos en blanco; Raeya no podía guardar un secreto para


nada. Encontramos una mesa y nos sentamos. Raeya consiguió un
rompecabezas de uno de los estantes y lo tiró cuidadosamente sobre la
Página

mesa. Nos ordenamos, ubicamos las piezas del borde primero. Olivia y
Sonja entraron, saludaron y se sentaron en una mesa al otro lado de la
habitación con otras chicas de su edad.
Saqué mi cabello hacia un lado, peinándolo con mis dedos, y lo
trencé, quitándome el lazo de la muñeca y poniéndolo en mi cabello.
—Gracias por golpear a Alex por mí —le dije a Hayden con una
sonrisa—. Pero ahora todos van a pensar que estás loco.
—No me importa. No debió haberte dejado.
—No debió hacerlo —repitió Raeya.
Recogí una pieza del rompecabezas, dándole vueltas en mi mano.
—Chicos, me alegra que me extrañaran, pero estoy de vuelta.
¿Podemos volver a la normalidad?
—Oh, sí —dijo Raeya—. A la normalidad. Ya que estar sentados en la
sala de juegos de un búnker mientras los zombis vagan por el mundo es
normal.
Reímos. Hayden se reclinó en su silla.
—Si no hubiera zombis, ¿qué estarían haciendo en este momento?
—Estaría en clase —dijo Raeya con melancolía.
—No sé lo que estaría haciendo —admití—. Trataba de conseguir un
empleo sin éxito. No tenía nada que hacer excepto ver televisión y hacer
ejercicio.
—¿Para qué ibas a la escuela? —Hayden le preguntó a Raeya.
—Estaba haciendo mi maestría en negocios. Quería, o aún quiero
supongo, aunque es inútil ahora, ser organizadora de eventos. Planear
bodas sería tan divertido. Tenía todo este plan para abrir una tienda de
organización de eventos con todo incluido.
—¿Y eso qué implicaría?
—Planearía los eventos, haría decoraciones, tomaría fotos, haría
tortas, incluso pensé en diseñar y vender vestidos. —Se rió—. Realmente
pensé que lo haría algún día. Incluso cuando la economía se hundiera.
Pensaba que de alguna manera, mejoraría y sería dueña de mi tienda.
—Lo habrías hecho —le dije—. Eres buena en todo lo que haces. —
Miré a Hayden—. Hubiera sido increíble. Deberías haber visto todos los
bocetos y dibujos que hizo. Tenía el de nuestra boda planeada desde que
teníamos dieciséis años.
—Eso... eso es un poco aterrador —bromeó Hayden—. ¿Qué querías?
111

—Era más lo que Raeya pensaba que me gustaría —bromeé.


—¡Eso no verdad! —se entrometió—. ¡Tú ayudaste! Pasamos horas
Página

viendo revistas de novias. —Se giró a Hayden—. Planeé una encantadora


boda en el campo con una ceremonia en el exterior durante el día en el
parque Lost River Cave —habló con entusiasmo y continuó hasta aburrir a
Hayden con cada detalle que había pensado muy cuidadosamente.
—Eso es muy detallado —opinó Hayden.
—No he terminado —le informó Raeya—. Ni siquiera hemos llegado a
la recepción todavía.
—Es bastante impresionante —admití, recordando las imágenes.
—¿Sabes lo que es Lost River Cave? —le preguntó Raeya a Hayden.
Él sacudió la cabeza—. Bueno, es una cueva, obviamente. Tienen una
increíble parte construida para eventos. En realidad estás dentro de una
cueva con vista al agua. Es perfecto para Orissa, ¿no es así, Riss?
—Sí, me gustaba tu idea.
—De todos modos, sería genial.
—Suena genial —dijo Hayden, sus ojos clavándose en los míos—. Tal
vez algún día conseguirás vivir tu sueño.
Raeya hizo un chirrido de emoción. Le di una patada debajo de la
mesa.
—¿Qué hay de ti, Ray? Recuérdame toda tu boda.
—¡Oh, sí! —chilló, agitando sus manos como lo hace cuando se
emociona. Sonreí; esa era una de las muchas cosas que amaba de ella—.
Va a ser muy elegante.
—Y costosa —añadí.
—Cállate, Riss. Pero sí, posiblemente, podría ser un poco costoso.
—Eres muy meticulosa —concluyó Hayden después de que Raeya
nos diera una descripción muy detallada de la boda.
—¿Y tú? —preguntó Raeya—. ¿Los chicos nunca piensan en las
bodas?
—Nunca lo hice —le dijo Hayden—. Aunque estuve dentro y fuera de
Medio Oriente durante años. Nunca tuve la oportunidad de pensar en ello.
—¿Así que nunca pensaste que estarías casado? —curioseó Raeya
un poco más.
—No diría eso —admitió.
—¿Por qué no? —pregunté, tratando de decidir si eso era un poco de
celos lo que estaba sintiendo.
—Estuve con esta chica, Clara, por un tiempo. —Sacudió la
112
cabeza—. No quería casarme con ella. Mi madre la adoraba. Parecía una
chica agradable y de campo. Pero la distancia no funcionó mientras estuve
en Afganistán. Eso le puso fin. ¿Y tú?
Página

Raeya bajó los ojos.


—No —mintió. Hayden, capaz de sentir que era un tema delicado,
me miró.
—Supuse que me casaría, tarde o temprano. Nunca he salido con
alguien que me pareciera lo suficientemente bueno —dije con una sonrisa.
—Nunca encontrabas el indicado —dijo Raeya, la sonrisa regresando
a su rostro. Era tan obvia. Ella saludó a alguien; levanté la mirada para
ver a Padraic entrar en la habitación. Se acercó y levantó una silla. Como
si estuviera siendo educado y ofreciendo más espacio para Padraic,
Hayden se acercó más a mí y dejó que su mano descansara en mi muslo
por unos segundos.
—No llegaron demasiado lejos —dijo Padraic con una sonrisa,
mirando el rompecabezas.
—Medio que nos distrajimos —le dijo Raeya.
—Oh, ¿en serio? ¿Qué era tan entretenido?
—Bodas —dijo Hayden con falso entusiasmo.
Raeya rió.
—Tal vez es una cosa de chicas. Aunque en realidad es triste, cómo
ninguno tendrá una buena boda durante un tiempo muy largo.
Cuando Padraic le dio a Ray una mirada confusa, le expliqué:
—Ray identifica “bueno” con costoso, elaborado y decorado.
—No del todo —insistió, incapaz de contener la risa—. Solo quiero
que las cosas sean perfectas. He tenido mucho tiempo para pensar en ello;
es muy específico en mi mente. Deseo poder planear una boda real. Sería
muy divertido —suspiró.
—Lo es —estuvo de acuerdo Padraic.
—¿Has planeado una boda? —preguntó Raeya, mirándolo. El rostro
de Padraic se puso sombrío. De repente, tuve miedo de lo que iba a decir.
—Mi prometida hizo la mayor parte —dijo con una sonrisa distante.
—¿Estuviste comprometido? —preguntamos Raeya y yo al mismo
tiempo.
—Sí —dijo simplemente.
—Oh, hombre, lo siento —dijo Hayden, asumiendo que su prometida
murió a manos de los zombis—. ¿Se convirtió en zombi?
—No, no. —Padraic sacudió la cabeza. Tuve un recuerdo del día en
que Padraic y yo exploramos un pueblo fantasma. Nos sentamos en un
113

banco y me hizo preguntas sobre mi pasado, tratando de descifrarme. En


realidad, él reveló pedazos de sí mismo. Me preguntaba cómo alguien pudo
Página

romper su corazón.
—¿Qué pasó? —le pregunté con cuidado.
—La conocía desde que éramos niños pero nunca pensé en ella como
algo más excepto esa chica molesta con la que mi abuela me obligó a jugar
hasta que fui a casa para Navidad durante la escuela de medicina. Ella
estaba en la fiesta de la familia y fue como si la viera por primera vez. —
Una sonrisa inconscientemente se instaló en su rostro.
Raeya se inclinó hacia delante, sus cejas juntándose con
preocupación ya que sabía que esta historia no tendría un final feliz.
—Empezamos a vernos —continuó Padraic—. Ella volaba aquí
cuando podía; yo volaba a Irlanda cuando podía. Dos años después,
estábamos comprometidos. —Sonrió de nuevo—. Me quedaban tres años
de residencia. Nos íbamos a casar ese verano.
Sus ojos azul cielo se empañaron y dejó escapar un profundo
suspiro.
—Tres semanas antes de la boda, llamó y dijo que tenía miedo.
Pensé que era normal y que no había nada de qué preocuparse. Volé a
casa unos días más tarde. Y entonces... me dijo que no quería seguir
adelante con la boda.
Raeya puso su mano sobre la de él.
—Lo siento, Padraic.
—Es una perra estúpida —se me escapó—. Cualquier chica sería
afortunada de tenerte.
—Sí —concordó Raeya—. Eres un doctor caliente —añadió con una
sonrisa y se ruborizó.
—Ese fue el problema —dijo Padraic amargamente—. No estuve ahí
para ella; estaba demasiado ocupado con la universidad.
—Pensé que Seth se iba a proponer —dijo Raeya en voz tan baja que
apenas pude oírla. Uní mis manos. Sabía algo que ella no y eso me estaba
carcomiendo.
Seth era un año menor que Ray; se habría graduado con un título en
ingeniería esta primavera. Un mes antes de que el virus lo matara, me
llamó y me dijo que la próxima vez que viniera de visita quería llevarme a
comprar el anillo con él ya que yo sabía lo que le gustaba a Raeya. Me hizo
jurar que no le contaría a Raeya. Fue tan difícil no decirle, simplemente no
hablé mucho con ella. Era difícil, no estar en contacto con mi mejor amiga,
pero estaba tan emocionada que incluso habría tenido dificultades en
ocultarle eso. No había pensado en ello hasta ahora. Tragué saliva y decidí
nunca mencionarlo.
114

—Bueno, esto es divertido —dije para romper la tensión.


—¿Has tenido pesadillas? —le preguntó Padraic a Hayden, en un
Página

intento de cambiar de tema. Su pregunta colgó incómodamente en el aire.


—Uh, no ayer por la noche.
Raeya tosió. La fulminé con la mirada.
—Eso es bueno —dijo Padraic—. Las cosas están mejorando.
Levanté una ceja.
—Sí —dije sarcásticamente.
—En serio —me dijo Padraic, la familiar amable sonrisa regresando
a su rostro—. Has vuelto, contra todo pronóstico, Hayden se recuperó y
estamos aquí, juntos.
—Juntos —repetí y miré a los ojos a cada uno de mis compañeros.
Sentí un tirón de emoción de nuevo. La sacudí y me puse de pie—. Bueno,
me iré a duchar, ya que, uh, hoy no lo he hecho.
—Y yo me acostaré —dijo rápidamente Hayden—. Estoy cansado.
—Seguro que lo estás —sugirió Raeya. Quise arrojarle una pieza del
rompecabezas—. ¿Terminas el rompecabezas conmigo? —le preguntó a
Padraic. Él, por supuesto, estuvo de acuerdo. Me despedí rápidamente y
fui a nuestra habitación. Tan pronto como la puerta se cerró, Hayden y yo
nos estábamos besando. Caímos de espaldas sobre mi cama, Hayden
encima de mí.
—Quiero mi camisa de vuelta —dijo maliciosamente.
—¿No crees que se ve bien en mí? —pregunté inocentemente.
—Lo hace, pero incluso luce mejor fuera.
Me reí.
—Esa es una línea tan pobre.
Me besó en el cuello.
—¿Funcionó?
—Supongo. —Me retorcí debajo de él y saqué la camisa sobre mi
cabeza. Hayden se echó hacia atrás y me miró—. ¿Qué?
—Yo... solo quiero mirarte. Eres hermosa.
El deseo corría por mis venas. Envolví mis brazos alrededor de
Hayden y lo atraje hacia mí. Sus ojos color avellana se clavaron en los
míos. Me sentí tan vulnerable y expuesta. No me reprimí, no escondí nada,
no estaba en guardia. Era solo yo, defectos y todo, y Hayden estaba bien
con eso.
Lo besé, atrayéndolo. Se estremeció ligeramente cuando me envolvió
en sus brazos. Me aparté y lo empujé sobre la cama, quitándome los
115

pantalones. Con cuidado, le quité la camisa, sin querer lastimar su brazo.


Besé sus labios, su cuello, luego su clavícula, bajando lentamente.
Página

Poco tiempo pasó antes de que Hayden me detuviera, cambiamos de


posición y me hizo lo mismo. Aunque los dos queríamos mantenernos a
fuego lento, sabíamos que solo teníamos poco tiempo antes de que alguien
llamara a la puerta. Hayden se recostó y me puse encima. Me sostuvo a los
lados, acelerando mis movimientos. En solo minutos, habíamos terminado.
Me atrajo hacia su pecho. Estiré mis piernas y me acurruqué cerca,
poniendo el edredón alrededor de nuestros cuerpos. Tracé las líneas
arremolinadas de su tatuaje con mi dedo.
—Eso fue estúpido, ¿no? —preguntó.
—¿Qué fue estúpido?
—Tener relaciones sexuales sin protección tres veces en veinticuatro
horas. —Levantó la mano y colocó un mechón de cabello detrás de mí
oreja—. No es que yo crea que tienes algo —añadió rápidamente—. Porque
no lo hago. N-no quiero embarazarte.
Me reí.
—Gracias. Tampoco quiero eso. —Apoyé la cabeza en su pecho
musculoso—. Pensé que ibas a decir que lamentabas acostarte conmigo o
algo así —admití.
—No. Lo único que lamento es no hacer eso antes. En serio, Orissa.
Te amo.
—¿Por qué? —se me escapó, las palabras saliendo de mi boca por
voluntad propia.
—¿Qué no es para amar?
—Hah. Mucho.
—¿En serio? —preguntó.
Sacudí la cabeza.
—No importa.
—No, dime.
—¿Por dónde empiezo? —pregunté con una ligera sonrisa.
—Orissa, eres hermosa. Eres valiente. Harías cualquier cosa por las
personas que te importan. Has arriesgado tu vida, varias veces, por
completos extraños. Eres una luchadora, una sobreviviente.
—También te amo. —Apreté mi agarre en él.
—Tengo una confesión —me dijo Hayden—. Esa última vez que me
despertaste de una pesadilla, ¿recuerdas?
116

—Sí.
—Fingí. Solo quería que te metieras en la cama conmigo.
Página

—Bueno, ahora estamos a mano.


—¿Eh?
—No eres el único que puede fingir cosas, Hayden.
Levantó la cabeza de la almohada para mirarme fijamente.
—¿Fingiste eso? ¿Las tres veces?
Me reí.
—No, estoy bromeando contigo.
—Eso no es divertido, Riss.
—Creo que lo es —me reí.
—¿Así que no lo fingiste? —preguntó de nuevo, necesitando
tranquilidad.
—No. Lo prometo. Es... diferente contigo.
—Eso no me hace sentir mejor.
Lentamente dejé escapar el aliento.
—Se siente bien, realmente bien, físicamente. Pero también se siente
bien... por dentro. No puedo explicarlo y por favor no me hagas hacerlo,
pero nunca he sentido eso con nadie más. —Cerré los ojos—. E incluso
esta... esta conversación. Es como si pudiera decirte cualquier cosa.
—¿Crees que nos hubiéramos conocido si no hubiera ningún zombi?
—preguntó en voz baja.
—Yo… no lo sé. Probablemente no. No creo que alguna vez
terminaría en Dakota del Norte. Deberíamos agradecerle a los zombis la
próxima vez que salgamos.
—Por supuesto —dijo con una sonrisa.
—Hablando de zombis, vi algo.
—¿Qué fue?
—Un loco, bueno dos locos en realidad, comiendo estómagos. Uno
simplemente estaba deambulando alrededor masticando ruidosamente y el
otro tenía todo este sistema establecido: cadáveres en la cocina, estómagos
en el dormitorio. Y los estaba ordenando por tamaño.
—Eso es interesante. A la doctora Cara le gustaría saber de ello.
—Sí, me olvidé de que le gusta tener información sobre los zombis.
—Sabe un montón. Tuvimos que hablar mucho mientras nos
quedamos atrapados en el hospital.
—¿Por qué estuvieron allí por tanto tiempo?
117

Hayden dejó escapar una profunda respiración.


—En realidad no lo sé. Supongo que sobre todo para mantenerme en
Página

la oscuridad acerca de ti. Y tenía que tener mis exámenes sanguíneos


todos los días para estar seguro de que no tenía una sobredosis de dolor o
sueño por los medicamentos. Además me gustaba conseguir mi baño
diario de esponja por parte de Padraic —bromeó.
—Lo harías.
—Él es muy amable.
Reí.
Hayden besó mi frente.
—Será mejor que nos vistamos.
Me senté, poniéndome de nuevo mi camiseta “Semper Fi”16.
—Ahora en verdad voy a tomar una ducha.
—Y cambiar tus sábanas.
—Después —dije y arrugué la nariz. Me puse los pantalones, tomé
algo para vestirme y me apresuré al baño. Me tomé mi tiempo afeitándome
todo el vello no deseado de mi cuerpo, cepillando mis dientes y usando
una toalla para secar mi cabello. Incluso corté mis uñas. Sintiéndome casi
como una chica normal, me vestí con pantalones grises de yoga y una
camiseta azul de manga larga. Recogí mis cosas y salí al pasillo.
—Orissa —llamó alguien.
Me giré para ver a Alex, con un ojo ya poniéndose negro. Me le quedé
viendo, esperando.
—Mira, lo siento, ¿de acuerdo?
—Vaya, qué gran disculpa.
—Lo siento, ¿de acuerdo? Y, vale la pena decir que realmente pensé
que estabas muerta. No había manera en que alguien pudiera haberse
hecho cargo de todos esos zombis y vivir para contarlo. ¿C-cómo lo hiciste?
Quería inventar alguna historia estúpida para decirle acerca de
cómo maté a cada hijo de puta. Pero deseaba más regresar con Hayden.
—Trepé un árbol y esperé hasta que se fueron.
—Oh, eso es simple… e inteligente. Si hubiera pensado que tenías
una oportunidad, no te habría dejado. Lo siento —repitió y extendió la
mano para estrecharla—. ¿Tregua?
—¿Tregua? Eh, no. Una tregua significaría que hice algo mal y que
acordamos dejar de pelear. Fui la víctima. Fui quien tuvo que encontrar el
camino de regreso a casa sin comida, agua, munición o un auto.
Dejó caer su mano.
118
Página

16 Semper Fi: Es una máxima latina que significa siempre fiel. Es conocido en los
Estados Unidos como el lema del Cuerpo de Marines y ha sido igualmente emblema de
diversas familias y entidades en diferentes países.
—Bien. Lo siento. —Pasó junto a mí. Dejé escapar un suspiro, no
queriendo enfadarme. Era tan tentador lanzarle mi botella de champú. Me
apresuré a nuestra habitación y encontré a Hayden tumbado en nuestra
cama. Lancé las cosas que tenía en los brazos sobre la cama y me senté a
su lado.
—¿Estás durmiendo?
—Mmm —respondió.
—Hayden —susurré—. Despiértate.
Abrió los ojos por un breve segundo y entrelazó sus dedos con los
míos.
—No puedo.
—¿No puedes? —me reí.
—Tomé las píldoras —murmuró.
Me di cuenta de que se refería al medicamento para el dolor y lo
recordé diciendo que no le gustaba tomarlo porque lo hacía sentirse
somnoliento.
—Oh, está bien. ¿Te duele el hombro?
—Sí… no, quiero decir no.
Peiné su cabello hacia atrás.
—No tienes que pretender que no te duele. Ya sé que eres fuerte y
viril —le dije con una sonrisa—. Vuelve a dormir.
Puse mi ropa sucia y las sábanas en mi cesto y colgué la ropa limpia
que había sido apilada en el suelo a los pies de mi cama. Arrastré el cesto
hacia el cuarto de lavado al final del pasillo y lancé mis cosas dentro de la
lavadora, agarré sábanas nuevas y tendí la cama.
Tiré de la colcha hasta la barbilla de Hayden, lo besé en los labios y
bajé las escaleras para jugar con Argos, retorcí mi cabello en un moño
mientras caminaba. Había aumentado la temperatura hasta los catorce
grados centígrados hoy. Me sorprendió sentir el calor en el aire cuando
salimos. Le lancé una pelota por un tiempo antes de volver adentro para
encontrar a Raeya. Ella amaba los primeros días cálidos de finales de
invierno.
Fuller estaba saliendo de su oficina justo cuando iba por el pasillo.
119
Casi me daba la vuelta sobre mis talones y me alejaba. Me alcanzó a ver,
dejó de caminar y me hizo señas con la mano para que entrara a su
oficina. Rodando los ojos, lo seguí.
Página

—¿Sí? —pregunté, ya impaciente.


—Siéntate —dijo, haciendo señas a la silla. Se inclinó sobre su
escritorio. Me senté, odiando tener que literalmente levantar la mirada
hacia él—. Creo que las cosas se dieron con el pie equivocado el otro día.
Habías pasado por mucho y no vi ese lado. Sin embargo, tienes que
entender la importancia del protocolo. Sé que las cosas están siendo
menos que normales, pero es realmente importante mantener el orden.
Sabes lo difícil que es mantener el complejo funcionando.
Asentí, pero no dije nada.
—Tómate algo de tiempo libre, hasta que los moretones sanen, y
luego puedes volver a tu rutina. Sé que no pediste ser un modelo a seguir,
pero eres un A1. Eres vista como la persona que proporciona la comida,
trae a otras personas vivas, lo cual da esperanza, y elimina al enemigo. Si
el complejo es atacado o rodeado, eres nuestra primera línea de defensa. Si
no sigues las reglas, ¿entonces quién lo hará?
Se cruzó de brazos.
—Orissa, ha sido difícil para todos nosotros. Y quiero que sepas que
les doy a ustedes doce el crédito de salir por ahí. Puedes pensar que no me
importa, pero lo hace. No quiero perder a ninguno de ustedes. He perdido
suficientes, incluso antes de la infección. —Sus ojos se movieron
rápidamente hacia la fotografía en su escritorio—. Pero debes seguir las
órdenes.
—¿O qué? —pregunté lentamente, sabiendo que había más por
venir.
—Ya no serás más un A1. Hay varios A2 que serían geniales afuera.
Sentí a mi corazón acelerarse. No era que disfrutara salir y arriesgar
mi vida. Pero estar atrapada dentro… eso era más aterrador que los
zombis.
—Bien. Haré todo lo que pueda.
—Gracias. Underwood es un excelente soldado, te sugiero que sigas
su ejemplo.
—Creo que puedo hacer eso —dije con una media sonrisa, pensando
en cómo Hayden era excelente en otras tantas cosas—. Uh, adiós, señor —
añadí, la palabra sonando falsa y forzada. Salí rápidamente de su oficina,
preguntándome de qué tipo de moretones había estado hablando y
agradecida de que hubiera terminado.
Raeya no estaba en su habitación. Deambulé alrededor un poco más
hasta que la encontré en la sala de teatro, sentada con Ivan, Brock, Sonja
y Olivia. La saludé tan pronto como nuestras miradas se encontraron.
120

—¡Hola, Rissy! —gritó.


Me senté en el brazo del sofá.
Página

—Hola, chicos.
—¿Dónde está Underwood? —preguntó Ivan.
—Arriba. Está medio desmayado.
—¿Se agotó tan rápido ya? —bromeó.
Me reí.
—No, sus medicamentos para el dolor lo pusieron somnoliento.
—Claro que si —continuó Ivan. Raeya rió, una muy obvia y falsa
risa, que le ganó una extraña mirada de Ivan.
—¿Qué están haciendo? —pregunté para cambiar de tema.
—En realidad nada —dijo Raeya con un suspiro.
—Bien. Vine por ti. Está cálido afuera.
—¿En serio? —Sus ojos se iluminaron—. ¿Qué tan caliente?
—Como trece grados, supongo.
—Oh, Dios mío, ¡¿puedes llevarme?!
—¡Por supuesto! ¡Vamos!
Ivan se aclaró la garganta y miró a Brock.
—Penwell, se supone que no debes hacer eso.
—¿Por qué no? —preguntó Sonja—. Pensé que todos seríamos
capaces de salir cuando el clima mejorara.
—Lo harán, eventualmente —continuó Brock—. Una vez que sea
seguro. No tenemos una zona segura.
—¿El complejo no es seguro? —preguntó Olivia en voz baja,
pareciendo presa del pánico.
—No, lo es —le aseguró Brock—. Estás a salvo aquí abajo; créeme,
se necesitaría un infierno de mucho más que zombis para atravesar el
concreto y el metal. Las instalaciones están rodeadas con cercas, y
añadimos un voltaje muy alto alrededor de eso. Mataría a cualquier cosa
con ritmo cardiaco.
—Entonces, ¿cómo es que no es seguro? —preguntó Sonja.
—Estamos apartados aquí. Pero eso no significa que los zombis
nunca deambularán por aquí. Los hemos visto y ellos siempre han pasado
de largo. Con todo el mundo bajo tierra, no hay nada aquí para ellos.
—Ya no podemos decir eso —murmuró Ivan—. No te olvides del
ganado ahora.
—Cierto —dijo Brock—. Pero el problema no es solo que los zombis
121

nos vean. ¿Qué pasa si todo el mundo está afuera y una horda se
aproxima? Sería un caos masivo volver a entrar. Alguien podría resultar
Página

herido.
—¿Qué pasa si grupos pequeños salen uno a la vez? —sugirió Raeya.
—Esa es una buena idea —la felicitó Ivan—. Aun así, me sentiría
mejor con una cerca alta rodeándonos a todos.
—¿Parecería una cárcel? —preguntó Olivia.
—Sí —respondí con honestidad—. Pero no estás atrapada aquí —
expliqué, reconociendo su miedo—. No estás atrapada aquí adentro, ellos
están atrapados afuera.
—Eso tiene sentido —me dijo con una pequeña sonrisa.
—Déjame hablar con Fuller —me dijo Ivan—. Entonces veremos lo
de ir afuera.
—De acuerdo —concordé, sentándome de nuevo en el brazo del sofá.
Nos quedamos en la sala de teatro hablando entre sí y con otros de
los residentes hasta la cena. Me escabullí y subí las escaleras para
comprobar a Hayden. Todavía estaba dormido pero murmuró que quería
levantarse y comer la cena cuando suavemente lo sacudí.
Atontado, me siguió por las escaleras. Estaba un poco preocupada
de que pudiera tropezar y caerse en su aturdimiento. Se sentó
pesadamente junto a Ivan; dije que le llevaría una bandeja. Vimos la
película con Raeya y nuestros otros amigos después de la cena. Hayden
estaba todavía bastante fuera de sí. Apoyó su cabeza en mi hombro y cerró
los ojos antes de que incluso hubieran transcurrido diez minutos de la
película.
Se acostó tan pronto como entramos a nuestra habitación. Me puse
el pijama, metí una película en el reproductor de DVD, cerré la puerta, y
me acurruqué cerca de él.
Puso su brazo alrededor de mí.
—¿Y si alguien nos ve? —preguntó. No era la primera vez que me
había preguntado eso.
—No lo sé. ¿Les decimos la verdad?
—No —dijo, tomándome por sorpresa—. He estado pensando en ello.
Si Fuller lo sabe, podría asignarnos a diferentes parejas. Y probablemente
a diferentes compañeros de habitación.
—Oh. No quiero eso.
—Yo tampoco.
—Ray lo sabe.
—Me lo imaginé. Ha estado actuando extraño.
122

—Sí, no puede guardar un secreto para salvar su vida. Y no le


guardo nada a ella. Es una de las únicas personas a las que me cuesta
mucho trabajo mentirles.
Página

—¿Soy una de esas personas?


—Sí —le dije con honestidad—. Lo eres.
—Bien. ¿Siempre lo seré?
—Por supuesto, Hayden. Siempre.
Los siguientes días transcurrieron de una manera similar: pasando
tiempo con Raeya, Padraic y Olivia, furtivamente estando a solas con
Hayden, jugando con Argos y deambulando por ahí aburriéndome. Otras
cinco personas tuvieron que ser puestas en la sala para enfermos con
gripe. Padraic estaba preocupado de que todos se enfermaran a la vez.
Una semana después de que regresé, fui a entrenar. A pesar de que
odiaba con pasión despertarme temprano, se sintió bien estar activa de
nuevo. Más tarde ese día, Brock, Ivan, Wade y Rider salieron en una
misión de suministros. Me di cuenta de que le molestaba a Hayden no ser
capaz de salir con ellos. Estaba sanando bien, pero no estaba listo para ir
a una misión en cualquier momento próximo.
Lisa nos pidió ver una película con ella esa noche. Hayden y yo nos
sentamos juntos en el sofá. No había muchas personas en la sala de teatro
esta noche; más personas habían decaído con la gripe. A todos se nos
había recordado la importancia de la higiene de las manos, descansar
bien, beber muchos líquidos y permanecer en nuestras habitaciones si nos
sentíamos mal.
Apoyé mis manos en mi regazo. Hayden tímidamente tomó una,
tirando de ella entre nosotros. Lo miré y asintió, haciéndome saber que no
le importaba si alguien veía. Una semana siendo amantes secretos no fue
divertido ni romántico; malditamente apestaba. Tener miedo de ser
atrapados no hacía el sexo más divertido como lo hace en las películas; era
apresurado y Hayden constantemente tenía que recordarme que estuviera
quieta, así no seríamos escuchados.
Sonja, Olivia y otra chica que creo que se llamaba Felicity pasaron
por delante de nosotros, tomando asiento en el sofá detrás del nuestro.
Felicity le sonrió tímidamente a Hayden y sus ojos se movieron
rápidamente a su mano en la mía. Sus ojos se abrieron y se me quedó
viendo, sin prestar atención a dónde iba y tropezó con Olivia.
—¡Hola, Hayden! —dijo alguien con entusiasmo. Nos dimos la vuelta
para ver a Parker saludando vehementemente. Hayden quitó su mano de
la mía y le devolvió el saludo.
—Hola, Parker, ¿cómo estás?
—Mejor ahora. Estuve enfermo un par de días. Ahora mi padre lo
tiene.
123

—Oh, me alegra saber que estás bien.


—Y conseguí ayudar más con… con la operación… la Operación
Página

Bulldog —dijo con un guiño.


—Increíble —le dijo Hayden con una sonrisa.
—¿Estás mejor? —preguntó Parker—. Te ves mejor. Te llevé una
tarjeta en el hospital.
—Gracias, Peter. Recuerdo tu tarjeta. Y sí, me siento mejor.
Parker sonrió. Me miró a mí y luego a Hayden.
—¿Ya le dijiste? —preguntó en voz baja.
—Finalmente seguí tu consejo.
—¿Y?
Hayden entrelazó sus dedos con los míos de nuevo. Parker sonrió
más ampliamente y le dio a Hayden un pulgar hacia arriba.
—Qué forma de ser discreto —susurré. Apretó su agarre en mi
mano.
—Hola, Orissa. —No había confusión con ese acento. Alejé mis dedos
de los de Hayden y me giré para ver a Padraic entrando en la habitación—.
Y Hayden. Buenas noches.
La mirada abatida en el rostro de Hayden permaneció un segundo
antes de saludar a Padraic.
—¿Vas a ver la película con nosotros? —pregunté.
—Sí, prometí que esta la vería —le dijo cariñosamente a Lisa. Se
sentó junto a ella, dejando un pequeño espacio para Ray, quien,
sorprendentemente, estaba retrasada. Se precipitó dentro de la habitación
justo mientras Sonja presionaba reproducir.
—Lo siento —respiró—. ¡Estábamos haciendo planos para las
cabañas! ¡Fuller quiere empezar a construirlas pronto! —susurró
emocionada—. ¡Tal vez podamos conseguir una, juntos!
La idea era emocionante. Todos nosotros nos apretujamos juntos en
el sofá, que ya estaba bien con Hayden y conmigo ya que significaba que
estábamos obligados a estar muy cerca. Hayden puso su mano en mi
muslo y me tensé. Levantó una ceja y la quitó. Se inclinó lejos de mí y
cruzó los brazos.
Una vez que la película terminó, encaminamos a Lisa y a Raeya de
regreso a su habitación. Su tercera compañera de habitación estaba
tendida en la cama.
—¿Ella nunca hace nada? —le pregunté en voz baja a Raeya.
124

Negó con la cabeza.


—Cada noche cuando entro, tengo miedo de que vaya a encontrarla
Página

muerta en su cama. Me entristece.


Asentí en acuerdo y le di un abrazo de buenas noches a Raeya.
Hayden agarró mi mano en nuestro camino por el pasillo.
—¿Tengo permitido tocarte ahora? —medio bromeó.
Inconscientemente reduje mi paso.
—Puedes tocarme en cualquier lugar, de cualquier forma que
quieras, nene —le dije con una sonrisa tímida.
—Bueno, en ese caso… —Me atrajo hacia él y me besó—. ¿Qué fue
todo eso ahí adentro?
Negué con la cabeza.
—Nada, yo solo, eh, no quiero correr el riesgo de estar separada de
ti.
—Mentira.
—Padraic me besó —solté.
Hayden se detuvo y me miró boquiabierto.
—Fue hace mucho tiempo, antes de que te conociera.
—¿Sientes algo por él? —preguntó Hayden, pareciendo como si la
pregunta hubiera salido incontrolablemente de su boca.
—No. Bueno, sentimientos de amistad. Pero nada más. Es como de
la familia.
—Pero todavía tiene sentimientos por ti —especuló Hayden.
—No estoy segura. Ha pasado un tiempo. Traté de evitarlo después
de que ocurrió. No quiero herir sus sentimientos.
Hayden asintió.
—¿Estás enojado? —pregunté con cuidado.
—No. Es solo que no pensé que tendría que luchar por ti. Pensé que
caerías de rodillas por mi buena apariencia y mi encanto —bromeó.
—No tienes que hacerlo. A menos que estés luchando con zombis y
locos. Soy toda tuya.
—Bien.
—¿Qué hay de ti, voy a tener que perseguirte? —pregunté.
—Nop. No voy a ir a ninguna parte.
—¿Lo prometes? —probé con una sonrisa.
—Por supuesto.
125
Página
Cuatro días después de que se fueran, Brock, Wade, Rider e Ivan
volvieron con un camión lleno con todo lo de su lista. Hayden había estado
aguardando ansiosamente su regreso; sabía que se encontraba
preocupado acerca de su bienestar pero creo que estaba anhelando
principalmente el oír los detalles de su misión. Conversó rápidamente con
Ivan antes de que él caminara fatigosamente dentro del cuarto de
cuarentena.
—¿Qué dijo? —le pregunté a Hayden cuando vino al piso de arriba.
—La misión fue fluidamente. Se tropezaron con una manada pero
fueron capaces de evitarla. E Ivan jura que mató más de una docena de S2
con un arco.
—Lo creeré cuando lo vea —dije con una carcajada—. ¿Cómo está tu
hombro?
—Dolorido —admitió. Padraic le había dado el alta médica para
empezar a entrenar ligeramente de nuevo. Aunque el primer día no se lo
tomo muy ligero—. Solo quiero volver a la normalidad.
—Lo harás, solo dale tiempo. Estás sanando bastante rápido —le
recordé.
—No tan rápido como tú lo harías —dijo con una sonrisa.
—Eso quizás sea verdad. Con suerte, nunca lo averiguaremos.
—Con suerte —repitió—. ¿Quieres ir abajo conmigo?
—Seguro.
Nos encontramos con Steven, el A2 que Fuller creía que estaba listo
para avanzar a A1. No había conversado mucho con él, pero sabía que
solía ser un bombero, tomaba sus deberes de A2 muy seriamente, y era
respetuoso cada vez que conversábamos. No quería que él avanzara, y mi
razonamiento era más que el no querer cambiar lo que nos estaba —más o
menos— viniendo bien.
126
Steven tenía una esposa e hijos. Su hija mayor, Maryanne, era de la
edad de Lisa. Sus idénticos chicos gemelos habían tenido su cuarto
cumpleaños en el recinto. Era un riesgo demasiado grande para él morir;
Página

tenía una familia que emocionalmente dependía de él estando allí.


Pero a Fuller no le importaba.
Intercambié algunas palabras y seguí hacia el cuarto de juegos para
encontrar a Raeya mientras Hayden y Steven discutían tácticas. Ella
estaba sentada con Padraic, Sonja, Jason y Olivia, haciendo otro
rompecabezas. Acerqué una silla y saludé a todos.
Para el momento en que Hayden se nos unió, estábamos inmersos
en una conversación nostálgica sobre cómo nos conocimos, explicándoselo
todo a Olivia. Hayden, quien había oído antes la historia completa, estuvo
de pie pacientemente detrás de mí con su mano sobre mi hombro mientras
hablábamos. Cuando nuestro relato épico alcanzó su final, él acerco una
silla y se apretujó a mi lado.
—¿T-Tú sabes mucho sobre zombis? —preguntó Olivia tímidamente.
—¿Qué quieres saber? —contesté.
—¿Có-cómo son posibles?
Hayden se corrió incluso más cerca a mi lado.
—Un virus —empezó.
—Sé eso —dijo ella con una media sonrisa—. ¿Qué hace y cómo
empezó?
—No sabemos cómo empezó, pero sí sé que ataca los lóbulos
frontales —dijo Padraic, tomando las riendas de esta discusión—. Esa es la
parte del cerebro que controla las emociones humanas y los sentimientos.
A esa etapa del virus, el daño al cerebro ya ha ocurrido; no hay vuelta
atrás. Luego, partes del cerebro y del sistema nervioso central empiezan a
dejar de funcionar. Las funciones básicas del cuerpo se ralentizan
significativamente; metabolismo, digestión, respiración, y su ritmo
cardiaco. Sin un buen suministro de oxígeno, partes del cuerpo empiezan
a morir.
—¿Ahí es cuando se convierten en zombis? —dijo ella, tan
silenciosamente como antes.
—Sí. El virus se ha extendido a más del cerebro, no necesariamente
matándolo, sino alterando enormemente su función. La sangre va solo a
los órganos más vitales, lo cual es el por qué su piel empieza a morir y
pudrirse.
—Así que, ¿están muertos?
—Médicamente, sí. Sus corazones todavía laten. Sin latidos para
bombear sangre —no importa cuán viciosa sea—, las células estarían
agotadas de oxígeno y morirían completamente. No serían capaces de
127
moverse, dado que sus cuerpos se secarían y se partirían en dos.
—Qué mal que no lo hacen —agregó Jason amargamente. Todos
asentimos en acuerdo.
Página

—¿Desde cuándo te convertiste en semejante experto de zombis? —


le pregunté a Padraic.
—Hice mi primera autopsia mientras no estabas —dijo él, arrugando
su nariz ante el recuerdo.
—Suena divertido.
—Hay algo que olvidaste —le dijo Hayden—. O, quizás no lo sabes.
—¿Y eso es…? —le preguntó Padraic, pensando que le había
explicado plenamente el virus zombi a Olivia.
—Lo que comen.
La cara de Padraic se nubló con confusión por un milisegundo.
—Cierto. Estómagos. Le podemos agradecer a Orissa por
iluminarnos con esa encantadora pieza de información. —Me guiñó un ojo.
—Eh, de nada. Aunque solo vi dos, no creo que eso sea suficiente
para basarse, ¿o sí? —declaré.
—No, pero tiene sentido —explicó Hayden—. Piénsalo de esta
manera: cuando un lobo mata un conejo en su hábitat natural, ¿qué se
come? Todo, básicamente, ¿cierto? Y ¿qué comen los conejos? Grasa y
plantas. Así que cuando el lobo come al conejo, está obteniendo proteínas
pero también granos y carbohidratos del conejo.
—¡Oh, eso tiene sentido! —dijo Raeya, de repente interesada. Todavía
no hacía clic inmediatamente conmigo. Afortunadamente, no lo hizo con
Soja tampoco y ella preguntó el por qué.
—Los humanos necesitan una dieta balanceada —continuó
Hayden—. No podemos solo comer carne. Los zombis todavía son
humanos, en alguna retorcida forma.
—Así que los locos comen los estómagos de los humanos para
cumplir con sus necesidades nutricionales —terminé yo.
—Exactamente —me dijo Padraic con un asentimiento.
—¿Están seguros? Quiero decir, parece muy complejo —argumenté.
—No podemos estar seguros de nada —admitió Padraic—. Pero es
una teoría, y tiene sentido.
—Oh, bueno, entonces, contenta de que ayudé. —Destrencé mi
cabello, el cual había estado en una trenza francesa, y pasé mis dedos por
él. Trabajamos en el rompecabezas hasta la cena; después de eso, me la
pasé con Raeya mientras Hayden jugaba videojuegos con Noah, José y
128
Mac. Hasta donde sabía, él estaba pretendiendo como si Alex no existiese.
Me puse el pijama y me arrastré dentro de la cama, sorprendida de cuán
cansada estaba para solo ser las diez en punto.
Página

Estaba durmiendo cuando Hayden entró. Se metió a la cama junto a


mí, corriendo su mano arriba y abajo por mi cuerpo de manera provocativa
hasta que me desperté. Podía ver su mirada traviesa en la oscuridad.
Agarré su mano y me di la vuelta, atrayéndolo más cerca de mí. Me besó la
nuca, pero no respondí.
—¿Riss? —preguntó, tomado por sorpresa. Siempre me abalanzaba
sobre él en el momento en que teníamos una oportunidad—. ¿Todo bien?
—Sí —murmuré—, solo estoy realmente cansada.
—Oh, está bien. —Envolvió su brazo a mi alrededor y me deslicé de
vuelta al sueño. Fue muy difícil arrastrar mi culo fuera de la cama para
entrenamiento la mañana siguiente. Tan pronto como estuve de pie y
moviéndome, me sentí mejor. Caí estrepitosamente después del
entrenamiento y dormí hasta el almuerzo.
—¿Te estás sintiendo bien, Riss? —preguntó Hayden.
—Sí, solo estoy cansada —le aseguré—, supongo que todos esos
ligues de madrugada me pasaron factura —bromeé. Sonrió y me besó,
insistiendo en que lo tomara con calma hasta la cena, lo cual es
exactamente lo que hice.
—Penwell —llamó Ivan mientras nosotros salíamos de camino a la
cena ese día.
—¿Sí?
—Le algo conseguí a tu amiga, Raeya.
—¿Lo hiciste?
—Sí, recordé lo que dijiste sobre ella amando esas muñecas.
Encontré una.
Tuve que morder mi labio para evitar reírme.
—Vaya, va a estar tan feliz. Deberías dársela. Ahora mismo.
—Buena idea. —Desapareció dentro de su habitación y volvió con
una caja. Hayden tuvo que voltearse para ocultar su risa. Con la caja
metida orgullosamente debajo de su brazo, Ivan nos siguió hacia la
cafetería. Agarramos nuestras bandejas y nos sentamos al final con los
otros A1. Hayden le hizo señas con la mano a Steven para que se sentara
aquí, quien dijo con entusiasmo algo a su esposa y se nos unió.
Mordisqueé mi comida mientras esperaba a Raeya. Impacientemente, la
observé agarrar su bandeja y hacerse camino. Fue detenida por otro
supervisor, y estaba un poco preocupada de que se sentara en su mesa.
Como si pudiera leer mi mente, Ray alzó la vista y me sonrió. Hubo
129

un tiempo donde Ray y yo solíamos gastarnos bromas la una a la otra


regularmente. Extrañaba esos días.
Página

—Hola, Raeya —dijo Ivan presumiendo su brillante sonrisa—. ¿Cómo


lo estás pasando esta tarde?
—Oh, estoy bien, gracias. ¿Y tú?
—Contento de volver. —Él recuperó la caja—. Vi esto y me recordó a
ti. —Se la deslizó.
—¡Oh, regalos! —exclamó Raeya con entusiasmo—. Realmente no
debiste, Ivan. —Sus mejillas se sonrojaron un poco mientras tocaba la
caja. Cuidadosamente, quitó la tapa. Sus ojos sobresalieron y un pequeño
chirrido de sorpresa escapó de sus labios. Me miró antes de volver a su
encanto.
—Gracias —dijo, con voz estrangulada.
—¿Te gusta? —le preguntó Ivan.
—Oh sí —dijo suavemente. Hayden miró a otro lado y tosió para
cubrir mi risa—. De hecho, me gusta tanto que voy a ponerla en mi
habitación. Riss, ven conmigo.
—Creo que puedes manejarlo —dije con indiferencia.
—¡Rissy! —dijo ella en una voz aguda, ganando miradas extrañas de
nuestros compañeros de mesa.
—Está bien —dije, agachándome para esconder mi sonrisa.
—¿!Qué diablos!? —gritó ella, empujando la caja a mis manos tan
pronto como estuvimos fuera de la cafetería. Me doblé de la risa.
—¡Lo siento, Ray! —dije una vez que tuve mi risa bajo control—. La
oportunidad solo se presentó. No pude evitarlo.
Ella cruzó sus brazos.
—Eres malvada —trató de decir con desprecio pero falló y fue
vencida por risitas—. Me las cobraré, solo espera —advirtió ella—. ¿Y qué
le voy a decir a Ivan? ¡Él cree que me gusta!
—Cuéntale la verdad —sugerí.
—No, eso heriría sus sentimientos. Pretenderé que me gusta.
—Sí, así puede traerte otra.
—Ugh. ¡No lo dejes! —rió de nuevo.
—¿Quieres que la ponga en el piso de arriba? No quiero que tengas
pesadillas por ella.
—Sí, yo… espera, no. No quiero ser sorprendida por ella. La
conservaré.
130
Entrecerré mis ojos.
—¿Segura?
Página

—Sí. Ven conmigo.


Nos apresuramos por el pasillo y dentro de su habitación donde
escondió la muñeca en su tocador y volvimos a terminar nuestra cena.
Todos nos reunimos en el salón del teatro para pasar el rato y hablar hasta
que fuera hora de ir a la cama. Me duché, me puse mi pijama y me
acurruqué cerca de Hayden, escuchando su latido regular hasta que me
quedé dormida.
Caí en una rutina cómoda y la semana siguiente pasó rápidamente.
Alex, Mac, José, Noah, Gabby y Jessica se fueron en una misión de
búsqueda. Se les dio diez días para buscar sobrevivientes. Una vez que —y
si— volvieran, entonces Brock, Ivan, Hayden y yo íbamos a salir en una
misión muy simple: localizar la ferretería que sabíamos que está cerca.
El recinto está que explota con residentes y esperábamos seguir
añadiendo a nuestros números. Raeya estaba trabajando duro en la
elaboración de los planos, tratando de diseñar las más simples pero más
funcionales cabañas. Todo era muy anticuado, me dijo, la manera en que
sería armado. Agua corriente y electricidad no eran una garantía a menos
que fuéramos capaces de encontrar los suministros que necesitábamos. De
todos nuestros residentes aquí, teníamos muchos quienes solían trabajar
en construcción. Por consiguiente era nuestra próxima misión. Mientras
las cabañas serían extremadamente básicas, esperábamos tener un
lavabo, una regadera y un inodoro en cada una.
Cuando éramos niñas, Raeya y yo solíamos vaciar el pequeño
cobertizo detrás de la casa de mis abuelos y jugar “Días anticuados”.
Usaríamos vestidos tontos, cocinaríamos comida sobre fogatas, y nos
rehusaríamos a usar cualquier cosa moderna por el día entero. Entonces
era divertido. Ahora el pensamiento era aterrador.
Estar privados de calor, agua y una manera apropiada de
deshacerse de los desechos humanos no solo eran un dolor en el culo, sino
también un problema de salud, uno por el cual no vale la pena correr el
riesgo. Padraic enfatizó que se estaba quedando sin antibióticos y que no
quería arriesgarse a comprometer la salud de nadie.
Pasados dos días de la misión de Alex y los otros, Raeya nos
presentó una muy detallada lista. La revisamos y se nos dio descripciones
de qué buscar. Brock trabajaba para la constructora de su tío antes de
unirse a la infantería de marina y estaba familiarizado con muchos de los
suministros que necesitábamos. Prometió que sería capaz de identificar lo
que necesitamos.
Abandoné la reunión sintiéndome entusiasmada acerca de otra
misión y construir las cabañas. Dado que las cabañas no ofrecerían
mucha—si es que alguna— protección contra un ataque, Fuller quiso que
131

los A1 y los A2 las “probaran”, moviendo a los A3 al piso de arriba,


permitiendo a los C y B más espacio para separarse.
Página

—Va a lucir como un pequeño pueblo —nos dijo Raeya con


entusiasmo durante la cena esa noche.
—¡No puedo esperar a verla! —habló Sonja efusivamente—. ¡Luce
muy lindo en mi cabeza!
—Oh, lo será —estuvo de acuerdo Raeya—. ¡Puedo mostrarles mis
nuevos planos! —dijo con entusiasmo.
—¿Nuevos planos? —inquirió Sonja—. ¿Son diferentes a los que me
mostraste hace poco?
—Sí —explicó Raeya—. Tuve un sueño sobre una mejor manera de
organizar las cosas.
—¿Sueñas acerca de organizar cosas? —rió entre dientes Jason.
Asentí.
—Esos son sus tipos de sueños favoritos —dije de manera
encantadora—. Ese es el por qué te amamos Ray: Eres única. —Todos
reímos y continuamos hablando sobre las cabañas.
De vuelta en mi rutina normal, los días pasaron bastante rápidos.
Después de ejercitarnos, Hayden y yo nos aventuraríamos escaleras abajo
para pasar el rato con nuestros amigos, ver perezosamente una película o
jugar a las cartas, y retirarnos a la cama temprano solo para que
pudiéramos pasar algo de tiempo tranquilo juntos.
Cuando los otros A1 regresaron de su misión con cinco civiles,
Hayden y yo empezamos a ponernos ansiosos por nuestro turno. Raeya
fruncía el ceño cada vez que la conversación giraba en torno a eso y, más
de una vez, me suplicó que no fuera.
—Solo estoy tan asustada de perderte —confesó una noche mientras
estaba sentada con ella en su habitación.
—Volveré, lo prometo. Y esta es una misión fácil. No estaremos fuera
mucho tiempo.
Suspiró.
—Lo sé. Igual, no puedes culparme.
—No lo hago, y entiendo completamente. ¡Pero no te preocupes!
Descansó su cabeza sobre mi hombro.
—Desearía que estuvieras embarazada.
—¡Esa es una cosa horrible para desearme! ¿Qué diablos te haría
querer eso?
—Entonces no me dejarías. Te quedarías aquí donde es seguro. —
Sonrió inocentemente—. Y Hayden probablemente lo haría también, para
132

asegurarse de que te cuiden y estés saludable y lo que sea.


—Ray, no. Ahora no.
Página

—¿Pero algún día? —preguntó esperanzada.


—Supongo, pero ese es un algún día en el futuro muy, muy lejano.
—La vida es corta. Pienso que deberías considerarlo.
—No. Y no vas a hacerme cambiar de opinión. Incluso si lo hicieras,
tendrías que convencer a Hayden, no veo eso sucediendo en ningún
momento cercano.
—Está bien. Supongo que tienes razón. Siempre he querido ser una
tía, Riss. Y dado que eres lo más cercano que tengo a una hermana… ¿lo
harías por mí?
—No. —No pude evitar reírme por su intento para conseguir que no
fuera de misión. Abracé a Raeya y, una vez más, prometí que estaría de
vuelta antes de que lo notara.
El día antes de que nos fuéramos, mi pequeño grupo de amigos se
juntó alrededor de una mesa en la habitación de juegos, jugando Rummy.
Me recliné en mi silla, mi brazo rozando con el de Hayden.
—Sabes —dijo Raeya mientras colocaba una carta. Sonrió y miró a
los ojos a Hayden—, serías realmente un buen papá.
—Uh —respondió Hayden—, gracias, creo.
—De nada. Puedo simplemente verte con un bebé en tus brazos.
¡Sería tan lindo!
—Sí, seguro —murmuró él, sin saber cómo responder a eso. Le lancé
una fulminante mirada a ella.
—Dado que eres resistente, tú hijo podría serlo también. Sería tonto
no pasar eso. Creo que deberías tener un bebé —le dijo, seriamente.
Padraic rió entre dientes.
—No es así de fácil, Ray. ¿Necesito explicarte cómo funciona lo de
hacer un bebé? —bromeó.
Ella rió.
—No, estoy al tanto. ¿Pero no están de acuerdo en que deberíamos
pensar acerca de empezar una familia? Este mundo necesita ser
repoblado. Todos deberíamos considerarlo, ¿Cierto, Rissy?
—Quizás cuando las cosas no estén como una mierda —dije
enfáticamente.
—¿Qué tal tú? —se dirigió a Padraic.
—Tengo que decir que estoy con Orissa en esta —dijo él con una
sonrisa. Observó a Hayden y luego a Raeya—. No sabía que estaban tan
133
deseosos de tener un bebé.
—Oh, no, yo no. Creo que Rissy debería. De todas las mujeres aquí,
está probablemente en la mejor forma y podría manejar un embarazo bien.
Página

Además, sana rápido. Necesita pasar su buen ADN —añadió rápidamente.


—Tú estás en buena forma —añadió Hayden, ganándose un codazo
en el costado.
Padraic se rió de nuevo.
—Creo que tu plan necesita ser puesto en espera por un tiempo.
Dejemos que Orissa encuentre un novio primero. Entonces podrás planear
su embarazo.
—¿Qué hay de ti, Ray? También tienes buenos genes. ¿No deberías
estar pasando tu cabello abundante y tus fuertes pómulos a la generación
futura? —dije con una inocente sonrisa.
Ella me hizo un gesto con la mano.
—Quizás luego. ¿Quieren jugar Ve a Pescar?
Jugamos cartas durante otra hora antes de que Hayden colocara las
suyas sobre la mesa.
—Bueno, tengo que dar algo de sangre. Luego deberíamos irnos a la
cama, Riss. Nos vamos temprano.
—Cierto —concordé y empecé a recoger las cartas.
—Caminaré contigo —dijo Padraic a Hayden. Cuando me puse de
pie, me abrazó a modo de despedida, apretujándome fuertemente contra
su cuerpo—. Ten cuidado, Riss. Ven a casa otra vez, ¿está bien?
—Lo haré —prometí—. Créeme, quiero hacerlo. —Me aparté primero,
haciendo que Padraic me soltara. Él dejó que sus manos se deslizaran por
mis brazos hasta mis manos. Con el rabillo del ojo, podía ver a Raeya
mirando de Padraic a Hayden.
—Ten cuidado y no hagas nada loco. —Sonrió a medias—. Y
recuerda, podrías quedarte aquí con nosotros.
—¡Sí, puedes! —me recordó Raeya también.
—Vamos chicos, no hagan esto más duro de lo que es. No quiero
irme. Pero tenemos que hacerlo si queremos que el recinto siga
funcionando tan fluidamente como lo está haciendo.
—Lo sé —dijo ella— ¿Me acompañas a mi habitación?
—Por supuesto. —Guardamos las cartas en su lugar y salimos de la
habitación de juego, caminando lentamente por el pasillo.
—¿Fue incomodo que Padraic te abrazara de esa forma con Hayden
observando? —preguntó silenciosamente.
—No realmente. Padraic es un buen amigo, y no es nada más para
134

mí, pero si me pregunto si Hayden se sintió raro.


—No lucía molesto —me informó ella.
Página

—Bien. —Raeya abrió la puerta; Lisa ya estaba en la cama


durmiendo. Entró a hurtadillas para agarrar su cepillo de dientes y la
bolsa de ducha—. Ugh. Qué no daría por una regadera privada. Después
de tantos años viviendo en un dormitorio, ¡no tienes ni idead de cuán
harta estoy de compartir el baño!
Me reí.
—Entiendo. Apesta. Con suerte, podemos obtener una cabaña,
juntas.
—¡Oh! ¡Sí! ¡Me encantaría eso! Excepto… ¿no querrías estar con
Hayden?
—Oh, bueno, sí. ¿Los tres juntos?
Puso mala cara.
—Rissy, sabes que te quiero, pero no quiero oír… tu sabes qué.
Reí de nuevo.
—Está bien. Entonces tú y Padraic. O Ivan.
—¿Ivan?
—¿No te das cuenta? ¡Está muy enganchado contigo!
Se sonrojó.
—¿Cómo lo sabes?
—Me ha preguntado antes si debería invitarte a salir. Le dije que no
por Seth —dije cuidadosamente—, no creí que estuvieras lista. ¿Y por qué
más te conseguiría la muñeca?
Apretó sus labios.
—Podría haber tenido una ligera idea.
—¿Y?
—Y, no sé. Tienes razón. Todavía tengo sentimientos por Seth. Me
sentiría culpable saliendo con alguien más.
—No puedes sentirte culpable para siempre, Ray.
Suspiró.
—Lo sé. Ivan es bastante ardiente —añadió con una sonrisa.
—No tienes ni idea. ¡Deberías verlo sin camisa!
Levantó una ceja.
—¿Por qué lo has visto sin su camisa?
135

Miré alrededor y me incliné cerca.


—Necesito contarte lo que hacemos realmente en las misiones. —
Ambas soltamos risitas—. En el entrenamiento, la mayoría de los chicos va
Página

sin camisa.
—¿Puedo ir? —bromeó. Dejamos de caminar y nos paramos fuera del
baño—. Ten cuidado ¿está bien? —dijo de nuevo, emoción obvia en su
voz—. No puedo soportar el perderte… otra vez.
—No lo harás. —La abracé—. Te veo luego, ¿está bien?
—Sí. Luego. Adiós, Rissy.
—Adiós, Ray.
Me dio un último vistazo y se volteó con rigidez al baño. Solté una
respiración profunda y caminé de vuelta por el pasillo, pausando cuando
llegué a las escaleras. En lugar de subir, bajé por otra trayectoria para
encontrar a Hayden. Me metí ligeramente en el silencioso pasillo, sin
querer despertar a nadie.
Luz se derramaba desde la habitación de Padraic, arrojando un
triángulo de amarillo brillante dentro del oscuro pasillo. Estaba a punto de
pasarla cuando oí una voz familiar.
—…no, ella puede tomar su propia decisión —declaró Hayden,
sonando ligeramente irritado.
—Créeme, sé que puede —le dijo Padraic—. Solo pienso que deberías
hablar con ella, hacerle saber sus opciones.
—Las conoce. Y mira, entiendo tu preocupación. Pero reconoce que
estará a salvo con nosotros. Cuidaré de ella.
—Pero no puedes, no realmente.
—Sí, puedo. No dejaré que nada le suceda —dijo Hayden
severamente.
—No es nada contra ti —le aseguró Padraic—. Pero tú de todas las
personas sabes cuán impredecible es allí afuera. No puedes mantener cada
cosa mala alejada de ella.
—Sí puedo —dijo Hayden obstinadamente.
Oí a Padraic suspirar.
—Nos preocupamos por ella. Deberías haber visto a Ray cuando
pensó que Orissa murió. Estaba destrozada. Creo que si alguien pudiera
convencerla de quedarse —solo por un rato más largo— serías tú.
—Orissa sabe que no tiene que salir.
—¿Lo sabe? No veo por qué más saldría, a menos de que no pensara
136

que tenía una opción. Y no la tuvo, realmente. Ustedes la hicieron A1. No


fue su decisión.
Página

—Podría haber dicho que no —dijo Hayden, levantando su voz—. Si


no quisiera salir, no lo haría. No conoces a Orissa. No es un ave encerrada.
No se puede quedar donde es seguro y caliente mientras alguien más hace
el trabajo sucio. No es la clase de persona que puede vivir una vida
encerrada.
—Y ¿cómo sabes eso? —replicó Padraic.
—Porque soy de la misma manera.
Mi corazón estaba latiendo rápido. Me alejé de la puerta, temerosa
de ser vista.
—No es su trabajo… —empezó Padraic.
—¿Es el mío? —interrumpió Hayden.
—Bueno, sí. Eres el que se enlistó en el ejército.
—Cierto. Lo hice. Me enlisté para la guerra. Contra personas. Gente
real viva, no los muertos vivientes. Para proteger sus traseros y asegurar la
libertad. Entregué mi vida, mí tiempo, observé a mis amigos morir por este
país. ¿Y eres siquiera un ciudadano norteamericano? No me digas lo que
es y lo que no es mi trabajo. ¿Quieres salir allá fuera? Te daré mi arma
ahora mismo. Diviértete repeliendo zombis y viendo los cuerpos podridos.
Traje a más de la mitad de esta gente aquí. No porque era mi trabajo sino
porque era la correcto. Y Orissa siente lo mismo.
Tragué fuerte. No estaba segura si debería intervenir o no. Puse un
pie hacia delante y me detuve, demasiado curiosa de oír lo que los chicos
tenían que decir sobre mí.
—No fue mi intención insultarte —le dijo Padraic a Hayden, aunque
no sonaba muy apenado—. Sí, tú sales allá fuera, pero tampoco olvides lo
que hago. ¿Cuánta gente —tú incluido— no estaría con vida si no hubiera
estado aquí?
—¡No habrías tenido ninguna vida que salvar si no los traía de
vuelta! —contraatacó Hayden y puse mis ojos en blanco. ¿En serio estaban
discutiendo sobre quien era más importante?
—Orissa sabe cuán importante es mantener el recinto seguro. Sería
perfecta para resguardar las paredes —dijo Padraic con amargura leve—.
Podrías pensar que la conoces pero olvidas que también la conozco. Estaba
cansada de repelerlos mucho antes de que viniéramos aquí. ¿No crees que
podría querer un descanso?
—¡Entonces tomaría un jodido descanso! Nadie la está forzando a
salir.
—Hablé con Fuller —se entrometió Padraic—. Sé que la solicitaste
como una A1 porque estabas impresionado con sus habilidades. Sé que tu
137
último compañero no murió a manos de los zombis. Se quitó la vida
porque no pudo soportar lo que era el estar allá fuera. Y querías a alguien
fuerte. No paraste y pensaste en lo que ella quería. En todo lo que
Página

pensaste fue en ti mismo.


—¡Mentira! —gritó Hayden. Tenía un poco de miedo de que pudiera
golpear a Padraic—. Sí, Orissa es una de las mejores soldados que he visto
alguna vez y sí, sería un desperdicio para ella no usarlo. Tan pronto como
llegué a conocerla, supe que era más que eso. Fue su decisión ser una A1
y todavía lo es. ¡Eso es lo que quiere!
Hubo un momento de silencio antes de que Padraic dijera:
—¿Aceptamos las diferencias?
—Está bien —escupió Hayden. Me retiré de la pared y rápidamente
caminé sin hacer ruido de vuelta a mi habitación antes de que cualquiera
de los chicos me atrapara escuchando por casualidad. Me cepillé los
dientes y estaba en proceso de cambiarme cuando Hayden irrumpió por la
puerta. Se apresuró hacia mí, me levantó y me besó. Sentí sus músculos
relajarse instantáneamente ante mi toque. Me bajó, corrió sus manos por
mi rostro y sonrió.
—Te amo —susurró.
—También te amo.
—Bien. —Me dio otro beso y se preparó para la cama. Me abrazó
fuertemente contra él—. Así que, estoy un poco confundido —empezó
Hayden—. ¿Quiere Raeya que sea el padre de sus hijos?
Reí.
—No, de los míos.
Levantó una ceja.
—¿Esto es algo sobre lo que necesitamos hablar?
—No, no te preocupes. No tengo fiebre de bebé ni nada. Cuando
estuve enferma, Ray esperaba que estuviera realmente embarazada porque
eso significaría que estaría atascada aquí y no me iría en misiones.
—Oh. —Me sonrió—. Bien, porque yo no… quizás algún día, pero no
ahora.
—Estoy totalmente de acuerdo. —Dejé escapar un suspiro de alivio
por él no mencionando lo que había infortunadamente escuchado. Era
halagador que se preocuparan por mí lo suficiente como para pelear por
eso, pero no quería tener que escoger lados. Padraic era un amigo, un
buen amigo, y nosotros habíamos pasado contra viento y marea juntos.
Siempre tendría un lugar en mi corazón. Y Hayden… estaba
completamente enamorada de él.
Empujé los pensamientos conflictivos fuera de mi cabeza y envolví
mis brazos alrededor de mi infante de marina, queriendo disfrutar nuestra
138

última noche juntos antes de que partiéramos.


Cargamos todo en la camioneta bien temprano la mañana siguiente.
Página

Hayden todavía estaba horrorizado ante las manchas de sangre en el


asiento del copiloto.
—Debiste ponerme en la parte trasera —dijo mientras corría su dedo
sobre el material—. Eso es lo que te habría hecho —me dijo con una
sonrisa.
—Traté de quitárselo —dijo Ivan—. Deberías haberlo visto antes.
—Gracias, hombre. —Hayden dejó escapar una respiración profunda
y lanzó su bolso a la parte de atrás e inspeccionó el resto de la camioneta,
igualmente descontento por las marcas de balas en la parte de atrás.
Durante las primeras pocas millas, se quejó sobre encontrando partes
para reemplazar y arreglar el daño. Luego, él e Ivan riñeron sobre qué tipo
de música escuchar y los chicos hablaron de cosas que sucedieron
durante la guerra. Se sintió como los viejos tiempos.
Brock juraba que él recordaba pasar un Home Depot antes, solo no
podía recordar dónde. Pasamos la mañana conduciendo por toda
Arkansas.
—Creo que estaba al norte del recinto —nos dijo—, y no tan al norte.
Sé que lo vi.
—También lo recuerdo —confirmó Hayden. La primera cosa que los
chicos hicieron cuando pusieron el recinto en marcha fue sondear el
estado, buscando suministros y sobrevivientes. Alrededor del mediodía,
nos detuvimos por un descanso para comer en un pueblo abandonado.
Basura y el cuerpo ocasional se alineaban en las calles. El terreno
era bastante irregular y montañoso y estábamos rodeados por árboles.
Incluso aunque teníamos bastante combustible, usamos esta excelente
oportunidad para llenar un bidón de gasolina extra de uno de los varios
autos estacionados.
El sol estaba brillante hoy; enviando sus rayos calientes sobre
nosotros. Levanté la mirada y parpadeé, deseando que tuviera lentes de
sol. Allí era seguro de que hubiera alguno dentro de uno de los autos.
Caminé por la calle, probando las manijas en cada puerta que pasaba. La
mayoría estaban cerrados y estacionados esmeradamente a un lado de la
carretera, perfectamente situados entre los pintados puestos de
estacionamiento blancos, dejándome creer que el virus se había acercado
sigilosamente a la gente de este pueblo sin una advertencia.
El área del centro de este lugar lucía como si pudiera ser un
escenario para una película de Lifetime, pensé mientras observaba el frente
de ladrillo de una farmacia Mom-and-Pop. Bueno, podría si removías los
139

cuerpos putrefactos y quitabas las manchas de sangre. Me quité la


ametralladora de mi hombro, y me estiré, parpadeando mientras levantaba
la cabeza para encarar al sol.
Página

Una brisa sopló por los árboles, librando el área del hedor a muerte
y trayendo el dulce olor de una promesa de primavera. Aves cantaban en
voz alta, ignorantes a los horrores a su alrededor. Si mantenía mis ojos
cerrados, podía pretender que estaba en algún lugar hermoso.
Alguien agarró mi cintura. Me abalancé a mi alrededor y casi golpeé
a Hayden en la cara; me bloqueó justo a tiempo.
—Patán —escupí, tratando de lucir molesta. Miró detrás de mí y
rápidamente me besó.
—Te hice el almuerzo.
—Que dulce —dije con una sonrisa—. ¿Qué me hiciste?
—Abrí una lata de atún. Delicioso.
—Estoy tan harta del atún.
—¿No lo estamos todos? —Su mano cayó en la mía, soltándola
cuando nos acercamos a la camioneta. Los cuatros nos sentamos en la
cama, comiendo y charlando.
—No he visto un día como este en lo que parece toda una vida —dijo
Brock con su boca llena.
—Lo sé —concordé, respirando profundo—. Se siente bien.
—Solo me hace querer llevar mi trasero a México incluso más —dijo
Hayden con un suspiro. Todos estuvimos de acuerdo y planeamos unas
vacaciones hipotéticas. Comimos lentamente, disfrutando el lindo y
temprano día de primavera. De repente, Brock nos silenció.
—¿Oyen eso?
—No —empezó Ivan—. No oigo… —se fue apagando y todos nos
miramos mutuamente horrorizados—. Nada.

140
Página
—Los pájaros estaban cantando hace solo un minuto —declaró
obviamente Hayden—. Algo les asustó. —Dejamos nuestra comida y
recogimos nuestras armas, a punto y listos para un ataque. Una fuerte
brisa sacudió las ramas secas. Las ramas crujían y se quebraban en el
bosque detrás de nosotros. Y entonces alguien gritó.
Era agudo, femenino y sonaba como un niño. Saltamos del camión y
salimos disparados tras la causa. Volamos por la calle, arrojando vallas y
vidrios rotos. La correa de mi M16 deslizada sobre mi hombro. Tiré de ella
justo cuando me di cuenta de la sangre. Demasiado sin aliento para
hablar, señalé. Hayden asintió y le gritó a Ivan y Brock.
Doblamos una esquina y nos deslizamos hasta detenernos en un
callejón. De pie a unos pasos delante nuestro estaba una niña, vestida con
un pijama azul. Solo tenía una zapatilla, y agarraba un oso de peluche tie-
dye17 en una sangrienta mano con costras. Se volteó para enfrentarse a
nosotros y gritó de nuevo, otro alto y ensordecedor grito.
La sangre fresca goteaba de su cuello. Sus labios se curvaron en una
mueca y dio un paso en nuestra dirección. Su andar era firme. Hayden
levantó su arma, pero no apretó el gatillo. La luz del sol se reflejaba en el
pasador metálico en su loco cabello. Gritó de nuevo, aunque esta vez más
animal y gutural. Entonces saltó hacia adelante en una completa carrera
de velocidad.
Sonó un disparo, haciendo eco contra las paredes de ladrillo de los
edificios que nos encerraba en el callejón. La niña cayó al suelo, su oso de
peluche volando de su mano y aterrizando en un charco sucio. Hayden
lentamente bajo el arma, sin poder apartar los ojos de la niña.
—Es difícil cuando se ven normales —reconoció Ivan, dando a
Hayden una palmadita en la espalda. Hayden asintió, sacudiéndose de
nuevo a la realidad y re-enfundó su pistola.
Muchas cosas no parecían correctas de esta situación. Pero algo
destacaba en mi mente. Recogí el oso de peluche y lo puse en el pecho de
141

la niña.
—Ha sido mordida —dije, esperando que todo el mundo se diera
cuenta del peso de mi declaración.
Página

17 Tie-dye: también llamado shibori en Japón, es un modelo de tejido con varios

colores, realizado mediante un proceso de teñidos y nudos.


—Bueno, sí. Esa es probablemente la forma en que se infectó —me
dijo Brock.
—No, quiero decir recientemente. Mira. —Señalé a la nueva serie de
marcas de dientes en el cuello—. Así que, o un vampiro estaba detrás de
ella o…
—Podemos esperar zombis —terminó por mí. Inclinó la pistola—.
¿Equipos o individuales?
—Equipos —dijimos al mismo tiempo Hayden y yo.
—Lástima que dejaste el arco en el camión —dijo Ivan con una
sonrisa.
—No lo necesito para vencerte —bromeé—. Vamos al juego.
Enfilamos nuestro camino por el callejón, deteniéndonos cuando
llegamos a una bifurcación; miramos a nuestro alrededor en silencio. Ivan
nos hizo señas para seguir adelante. Los altos edificios de ladrillo estaban
a ambos lados de nosotros, un túnel en el callejón.
Los cuatro nos congelamos cuando oímos un forcejeo de pies.
Levantamos nuestras armas, deseosos de obtener la primera muerte y
liderar por puntos. Creo que todos disparamos al mismo tiempo; las cuatro
balas golpearon la cabeza del zombi al unísono. Su cráneo explotó, cerebro
salpicando los ladrillos. Pero antes incluso de que tuviéramos la
oportunidad de discutir sobre qué bala aterrizó en la supurante carne
primero, una docena de zombis llegaron tambaleándose a la vuelta de la
esquina.
—Mierda —maldijo Ivan y abrió fuego. Vaciamos nuestros
cargadores, recargando, vaciando aquellos y nos dimos cuenta que
estábamos jodidos.
—Necesitamos retroceder —gritó Hayden sobre los gemidos. Asentí,
sabiendo que él no podía verme. La manada se acercó más, empacándose
en el callejón como sardinas. Nos dimos la vuelta, preparados para correr y
nos detuvimos.
Más zombis se filtraron lentamente por la bifurcación del callejón, la
velocidad de su débil caminar incrementándose cuando vieron y olieron los
alimentos frescos. Con la boca y manos abiertas agarrando el aire. Nos
pusimos de pie muy juntos, repasando nuestras opciones.
Hayden saltó hacia adelante, agarrando un contenedor de basura.
142

Lo tiró hacia atrás; lo movió alrededor de un pie antes de que las ruedas se
atascaran en la grava suelta. Ivan corrió a su lado y lo ayudó a tirar
liberándolo. Rodaron hacia afuera y lo giraron, creando un obstáculo para
Página

todos los zombis. Nos compró tiempo, pero no nos proporcionó ningún
lugar a dónde ir. Brock golpeó locamente una puerta trasera del edificio,
tratando de romperla. Estaba segura de que él podría…si tuviéramos más
tiempo.
Mis ojos se movieron rápidamente alrededor buscando algo,
cualquier cosa que pudiera salvar nuestras vidas. Ivan se unió a Brock en
su intento de echar abajo la puerta de metal.
—¡Riss, vamos! —gritó Hayden y corrió hacia la puerta. No me moví;
mis ojos fijos en algo en el suelo—. ¡Riss! —gritó de nuevo. Lo miré a él y
luego miré de regreso al callejón. Sus ojos siguieron los míos.
—Es mi única idea —espeté, sabiendo que era estúpida, temblando
de miedo a medida que los zombis se acercaban.
—No, está bien —dijo Hayden rápidamente y corrió. Puso sus dedos
en las rejillas y tiró. Su rostro mostraba el dolor que sentía en su hombro
pero no reconocía. La cubierta raspó contra el áspero pavimento del
callejón—. ¡Ivan, Brock! —gritó Hayden y bajó a la alcantarilla. Lo seguí,
pisando los dedos de Hayden más de una vez. Ivan bajó después y Brock
apenas logró entrar antes de que manos muertas lo agarraran.
Temblando, salté el último peldaño de la escalera construida.
Hayden encendió su linterna, haciéndola brillar alrededor del
alcantarillado. Olía horrible aquí, y no era para nada tan fresco como los
sistemas de alcantarilla en las películas. Nos quedamos de pie en la
estrecha habitación rectangular, supuse que podía llamarla así. Hojas
mojadas yacían pudriéndose en montones en el suelo de cemento, su dulce
olor un alivio temporal del hedor pútrido de carne en descomposición.
—Bien pensado, Underwood —dijo Ivan, sacando su propia linterna
de uno de los muchos bolsillos en su chaleco militar.
—Fue idea de Orissa —dijo Hayden casualmente.
—Bien pensando, Penwell —dijo Ivan con un atisbo de sonrisa.
Brock también encendió su linterna. Era la única no vestida con ropa
militar; encontraba difícil moverme con esa cantidad de cosas sobre mí,
además los chalecos extra eran dos tallas más grandes. Las ropas
holgadas no eran buenas para correr y pelear. Les di a los chicos mayor
crédito por sus habilidades para hacer eso. Hayden me dijo antes que en el
extranjero él solía llevar aún más, y eso lo hacía en temperaturas
sofocantes.
Hayden me agarró por la cintura y me sacó del camino. Un S2 había
caído por el hoyo; su cuerpo se quedó inerte por el impacto. La miré y
saqué mi pistola cuando comenzó a incorporarse. Me detuve, dándome
cuenta de que la explosión nos ensordecería en este espacio tan pequeño y
143

reducido.
Brock afortunadamente sabía eso también y llevó su cuchillo a la
Página

cuenca de su ojo. Limpió la sustancia viscosa en sus pantalones y guardó


el cuchillo.
—¿Ahora qué? —me preguntó.
—Uh, caminamos hasta que encontremos otra salida —sugerí. Ivan
asintió en acuerdo y tomó la delantera. Tuvimos que caminar en una sola
fila a través del estrecho pasaje. Olía más y más como mierda entre más
lejos íbamos. En un momento tuvimos que ponernos de rodillas y gatear
por el agua fangosa. Entonces el túnel desembocó en un grande sistema
estilo catacumba. Sacudí el fango de mis manos.
Algo salpicó delante de nosotros. Agarré mi arma, sin saber a dónde
apuntar.
—¿Cuáles creen que sean las posibilidades de que se trate de una
tortuga que lucha contra el crimen18? —preguntó secamente Hayden,
dando un paso tentativo hacia adelante.
—Me gustaría —dijo Brock con una risa—. Podrían ayudarnos a
matar a los hijos de puta de allá arriba.
En lugar de eso, un mojado y estúpido S3 se arrastró a través de los
quince centímetros de agua que estaba estancada en la alcantarilla. Todo
su cuerpo estaba hinchado, su piel estaba inflada y podrida, y trozos de
piel literalmente colgaban. Sus piernas ya no funcionaban; supuse que era
por el extraño estado de edema. Levanté mi cabeza con curiosidad,
pensado que era casi patético.
Ivan lo pateó en el rostro y sus huesos fácilmente se rompieron,
enviando vísceras blandas escurriendo por las grietas. Cayó en el agua
espesa y marrón. La linterna de alguien se movió sobre el cuerpo, la luz
reflejando un pendiente de diamantes.
Como un puñetazo en el estómago, recordé que este asqueroso S3 no
era una criatura. Era un humano. Un verdadero humano, al igual que yo.
Un ser humano con pensamientos, sentimientos, impulsos y necesidades.
Alejé ese pensamiento. No podía pensar así; necesitaba ser fría si quería
vivir. Y eso no era un humano, ya no. Todos los aspectos de su humanidad
murieron cuando el virus encontró su camino al cerebro.
Caminamos probablemente otra milla antes de que dobláramos
hacia otro túnel. Círculos de luz se derramaban por una tapa de
alcantarilla. Ivan trepó lentamente y escuchó. Suponiendo que la costa
estaba despejada, empujó para abrirla.
—Está despejado —confirmó y se lanzó fuera. Se sentía bien estar
sobre el suelo de nuevo. Mis botas estaban cubiertas de lodo marrón y mis
pantalones necesitaban ser quemados. Hice una mueca, riéndome
144

internamente del hecho que estaba un poco feliz, por una vez estaba
cubierta de algo más que partes de zombis.
Página

18Hace alusión a las Tortugas Ninja, grupo ficticio de cuatro hermanos tortugas
antropomorfos que son adolescentes, mutantes y ninjas.
Parpadeé en la luz brillante del sol, sosteniendo mi mano hacia
arriba y entrecerrando los ojos. Ivan movió la cubierta de nuevo sobre la
alcantarilla, diciendo que los zombis en las alcantarillas eran peor que
caimanes. Estábamos en medio de una calle residencial; dispersas casas
abandonadas rodeándonos. Con el sol centrado en el cielo, era difícil saber
de cuál dirección habíamos venido.
—Por aquí —dijo Hayden con confianza. Con nuestras armas listas,
caminamos por la familiar calle, sabiendo que la horda de zombis tenía
que estar cerca. Unos quince minutos después, llegamos a la ciudad.
—Lo siento, nena —le dijo Hayden a su camioneta mientras sacaba
la comida derramada de la cama. Rodé los ojos y me quité mi capa
superior de ropa, con cuidado de no arrastrar el material sólido por mi
rostro. Pensando que era inútil salvarla, tiré mi camisa de manga larga al
suelo.
—Tienes que quitarte el resto de tu ropa —me dijo Hayden. Levanté
una ceja y miré a Ivan y a Brock, diciéndole en silencio a Hayden que se
callara antes de que fuera escuchado—. No, de verdad. No quiero esa
mierda en la camioneta. Ya es suficientemente malo que tengamos sangre
y partes de zombi por todo el interior. Dibujo la línea ante la mierda
humana.
—Tienes que estar bromeando conmigo —dije a través de los dientes
apretados, sin embargo, a decir verdad tampoco quería estar atrapada por
horas en un auto que apestaba como alcantarilla. Recordando la farmacia,
cambié mi M16 por el arco compuesto y las fechas—. Voy a revisar algo —
le dije a Hayden. Asintió como si estuviera de acuerdo con ello, pero no me
quitó los ojos de encima. Solo logré cruzar la calle antes de que se
aproximara corriendo.
—¿Qué vas a revisar? —preguntó, chasqueando un cartucho en su
sitio en la pistola.
—Esa tienda —le dije, señalando la farmacia—. Espero encontrar
jabón. De esa manera, si encontramos agua en realidad podremos
asearnos en lugar de simplemente enjuagarnos. Mi piel está empezando a
picar.
—Otra idea genial —me dijo con una sonrisa—. Es por eso que te
amo. —Entró primero, ondeando la mano hacia mí cuando encontró que
era seguro—. Date prisa, ¿de acuerdo? Esa horda no está lejos.
145

—Lo haré. —Hice una línea recta hacia el pasillo convenientemente


etiquetado como “higiene”. Había un pequeño exhibidor de jabones caseros
y orgánicos. Cogí una barra con aroma de lavanda y menta. Olía
Página

maravilloso, pero no mataría los gérmenes de los que estábamos cubiertos.


No obstante, tomé la pequeña cesta de mimbre en la que estaban
exhibidos los jabones y di un paso por el pasillo para agarrar algo para
desinfectar.
—¿Conseguiste suficientes? —preguntó Hayden, mirando mi cesta.
—Huele bien —le dije con una ligera sonrisa.
—Así que, ¿necesitas veinte?
—Antes que nada, se acabará eventualmente. Y no es todo para mí.
A Ray le encantan este tipo de cosas. Voy a darle la mitad a ella. Créeme,
será feliz. ¿Tú qué conseguiste? —pregunté, viendo la bolsa llena que
Hayden estaba sosteniendo. La sostuvo en alto para que mirara dentro—.
Y tú creías que mi jabón era vasto —bromeé, viendo que la bolsa estaba
llena de cajas de condones.
—Esto tiene que durarnos un tiempo —explicó, incapaz de mantener
la sonrisa de deseo de su rostro—. Además, no somos las únicas personas
en casa que tienen relaciones sexuales. Probablemente sería bueno tener,
uh, suministros.
—Tienes razón; en realidad no había pensado en ello.
Caminamos por la tienda, buscando cualquier cosa útil, felizmente
descubriendo la indemne exhibición de dulces de Halloween. Cargamos
una bolsa llena de eso y regresamos a la camioneta. Puse mi cesta en la
parte de atrás y Hayden guardó su bolsa de golosinas debajo de su
asiento.
Desaté mis botas, sintiéndome más que un poco asqueada cuando
mis dedos tiraron de los cordones viscosos, las pateé fuera y las arrojé en
la cama. Enrollé mis pantalones hacia arriba y me paré delante de Hayden
quien se había despojado de sus zapatos y de sus capas exteriores de ropa
también.
—¿Lo suficientemente bueno? —le pregunté.
—Supongo —dijo con poco entusiasmo. Miró con culpabilidad a su
camioneta antes de entrar.
—Hay un río a milla y media de distancia —nos informó Brock
mientras se quitaba los zapatos—. Vi un anuncio para el río que tiene
cabañas en renta colgando en la ventana de una tienda. Si es seguro,
podemos lavarnos ahí. ¿Hay alguien más con verdadero picor?
—Yo —le dije, negándome a rascar y frotar la mierda más
profundamente en mi piel. Subí en la parte de atrás y Brock lo hizo
después de mí—. ¿Dónde está este río?
146
—Un poco más al norte de donde estamos ahora mismo. El anuncio
tenía un mapa. Puedo conseguir que lleguemos allí —prometió. Y lo hizo.
Hayden condujo más allá de las cabañas y se estacionó lo más cerca que
Página

pudo de la orilla del agua. Dejando la camioneta encendida,


silenciosamente nos bajamos y evaluamos los alrededores.
—La horda no está lejos —nos recordó Hayden. Asentí, mis ojos
escaneando los árboles—. Parece seguro… por ahora —dijo Hayden y
apagó el motor. Agarramos nuestras ropas limpias, todos molestos porque
no teníamos zapatos de repuesto y caminamos hacia el agua.
—¿Cómo deberíamos hacer esto? —preguntó Brock, sus ojos
saltando de mí a Hayden y nuevamente a mí—. ¿Ustedes dos van y
nosotros nos mantendremos vigilando? Por los zombis, no por observarlos
a ustedes desnudos —añadió con una sonrisa irónica.
—Mira pero no toques —bromeé. Brock inmediatamente miró a
Hayden, casi como si fuera a ver su reacción. El suelo rocoso hirió mis pies
descalzos. Caminé de puntillas hacia el agua, temiendo cuán fría sabía que
tenía que estar. Saqué mi camiseta por encima de mi cabeza y salí de mis
vaqueros, temblando al instante. Hayden se puso de pie a mi lado, piel de
gallina disparándose a lo largo de su piel mientras la brisa soplaba.
—A la cuenta de tres —dijo, sintiendo tanta resistencia al agua fría
como yo—. ¡Uno, dos, tres! —Nos lanzamos al río. El agua estaba tan fría
que dolía. Con una mano, salpiqué agua por mis piernas, enjuagando la
suciedad pegada. Sumergí el jabón en el agua y rápidamente me restregué,
después hice lo mismo con el resto de mi cuerpo.
—Tienes mierda en el cabello —me dijo Hayden con pesar,
moviéndose fuera del agua para secarse y vestirse.
—Hijo de puta —maldije—. La única vez que no lo recogí… —Incliné
la cabeza y dejé que las puntas de mi cabello se hundieran en el agua.
Estaba temblando tanto que era difícil enjabonar mi cabello. No del todo
segura, y sin importarme lo más mínimo, si me enjuagaba todo el jabón,
me enderecé.
Algo se movió con la rápida corriente, flotando justo debajo de la
superficie. Entrecerré los ojos, incapaz de divisar exactamente qué era. Se
hundió y quedó atrapado en algo. Metí la rodilla en el agua helada para
obtener una mirada más cercana.
La luz del sol se reflejó intensamente en la brillante agua,
cegándome temporalmente. Levanté la mano y esperé a que mis ojos se
acostumbraran. Me incliné sobre el extraño objeto, solo capaz de ver mi
reflejo en la resplandeciente superficie. Tal vez no era nada, pensé para mí
misma y comencé a darme la vuelta.
Entonces eso se enderezó. Acuosos dedos fangosos agarraron mi
pierna y tiraron. Caí dentro del agua, raspando mis dolorosamente frías
manos sobre las rocas afiladas que bordeaban el río. El zombi dejó escapar
147

un gorjeante gruñido y me empujó debajo del agua. Agarré un puñado de


pequeñas rocas y las aventé contra su cabeza. Ni siquiera reaccionó. Mi
mano golpeó el agua con un fuerte chapoteo.
Página

Mis manos empujaron contra sus brazos; carne aguada se fundió


con mi toque. Gateé hacia atrás, cortando mi talón en algo perversamente
puntiagudo. Me puse de rodillas y golpeé al zombi en un lado de su rostro.
Dejó escapar un grito desgarrador justo cuando la bala encontraba su
camino en su cráneo.
Brazos se envolvieron alrededor de mí.
—¡Orissa! —gritó Hayden y me abrazó. Temblando de miedo por el
repentino ataque y por el frío, me apoyé en él—. ¿Estás bien?
—Estoy viva —dije, mis dientes castañeando.
—Vamos a llevarte fuera del agua.
Asentí, haciendo una mueca a cada paso.
—Mierda, estás sangrando —dijo Hayden y me alzó en brazos.
—Bájame —protesté—. Estoy bien; solo es un pequeño rasguño. —
Hayden no escuchó y siguió cargándome. Me bajó sobre la puerta trasera.
—Creo que pasaré de limpiarme —dijo Ivan con una ligera sonrisa.
Miró a través de la mira de su rifle—. El agua ya no parece tan limpia.
—Sí, y tú siempre me das un infierno porque no me gusta el agua
turbia —añadió Brock, con los ojos muy abiertos—. ¿Estás bien, Orissa?
Eso no llegó a ti, ¿verdad?
—Nop. Solo trataba de capturar una sensación, eso es todo —
bromeé, temblando incontrolablemente por el frío. Hayden se quitó la
chaqueta y la envolvió alrededor de mí—. Estás todo mojado —señalé
tontamente—. Y t-tú no t-tienes más r-ropa —castañeé.
—Se secarán —dijo en voz baja, inspeccionando mis manos—.
Prefiero tener la ropa mojada a que algo te pase. —Brock le lanzó a Hayden
mi ropa y se giró de nuevo hacia el río mientras me vestía. Hayden se alejó
y regresó con el botiquín de primeros auxilios. Aplanó mi palma y pasó
una gasa con alcohol sobre los raspones.
—P-puedo hacerlo yo m-misma —le dije, aunque todavía estaba
temblando tanto que no sabía si mis dedos podrían funcionar.
—Voy a cuidar de ti —dijo Hayden y recordé su conversación con
Padraic.
—Está bien, gracias.
—¿Esto duele? —preguntó cuando llegó al corte en mi talón
izquierdo.
—Un poco. Honestamente, tengo t-tanto frío que no puedo sentir r-
148

realmente nada.
Asintió y rápidamente desinfectó la herida y la vendó.
Página

—Podrías tener hipotermia —dijo, sonando preocupado.


—Tú también —le recordé—. Tus ropas están empapadas. —Le
extendí su chaqueta—. Póntela. —Cerró el botiquín de primeros auxilios y
tomó su chaqueta. Cojeé dentro de la camioneta y encendí el motor. Brock
vigilaba mientras Ivan rápidamente limpiaba la mierda de su piel. Una vez
que él estuvo seco y vestido, Brock hizo lo mismo. Bajé la ventanilla y le
grité a Hayden que entrara en la cabina caliente.
—Ella tiene razón, Underwood —aconsejó Ivan—, a menos que estés
esperando entrar en un saco de dormir conmigo. Sabes que quieres algo de
esto —bromeó, haciendo un gesto hacia su cuerpo. Hayden se echó a reír y
entró en el lado del conductor, levantando sus manos frías hacia las
rejillas de la calefacción.
—Estás temblando —señalé—. Ahora ambos vamos a tener que
desnudarnos con Ivan.
—Solo voy a desnudarme contigo —dijo con una sonrisa. El calor
corporal era lo mejor para alguien sufriendo hipotermia. No me molesté en
decirle a Hayden que dos personas con temperaturas bajas no se
ayudarían entre sí.
—Quítate los pantalones —ordené.
—Riss, aquí no —dijo, sonando ofendido.
—Cállate. Quítatelos. Están empapados.
—Se secarán.
—Hayden, por favor. No quiero que te enfríes.
—Estaré bien.
Me incliné contra el asiento.
—Eres más terco que yo. Haz lo que quieras y congélate entonces.
—Voy a limpiar tus zapatos —gritó Brock. Agarró mis botas y las
sumergió en el agua helada, moviéndolas para limpiar la mierda. Las tiró
al suelo e hizo lo mismo con las suyas y con las de Hayden.
—Gracias —le dije cuando él e Ivan entraron a la camioneta—.
¿Ahora qué? —le pregunté a Hayden.
—No podemos quedarnos aquí —dijo, mirando a Ivan por
sugerencias—. Digo que conduzcamos a alguna parte, encendamos una
fogata y sequemos nuestros zapatos y mi pantalón. No nos matará usarlos
mojados, pero prefiero no hacerlo.
Todos murmuramos en acuerdo. Hayden puso la camioneta en
reversa y aceleró lejos del río. Ninguno de nosotros habló mientras Hayden
149
conducía, todos demasiado fríos para mantener una conversación. La
camioneta lentamente se llenó con aire caliente, persuadiendo a mis
rígidos músculos a relajarse.
Página

Ya que proporcionaba seguridad garantizada de un gran ataque en


un lado, nos quedamos junto al río. Terminamos en un parque; Hayden
detuvo la camioneta al lado de un ancla gigante enclavada en el cemento.
La observé con curiosidad por un minuto y luego me di cuenta de que era
un reloj solar. Ivan y yo vigilamos mientras Hayden y Brock se
aventuraban en busca de leña.
La tierra húmeda rápidamente empapó mis calcetines. Levanté un
pie durante unos segundos, aliviando temporalmente el frío. Acuné las
manos alrededor de mi boca y exhalé, tratando de calentarlas.
—Muy pronto —dijo Ivan con una media sonrisa—. Vamos a estar
deseando el frío.
—Yo no —le dije—. He estado mucho tiempo fría en los últimos
meses. No puedo esperar por el día en que esté a treinta y dos grados
centígrados y con clima húmedo.
Ivan se echó a reír.
—El frío es tolerable. Te puedes poner más ropa para calentarte,
pero el calor… no hay mucho que puedas hacer al respecto.
—Estoy acostumbrada a los veranos calientes de Kentucky —
recordé—. Mis abuelos no tuvieron aire acondicionado hasta que tenía
quince años. Dios, lo odiaba y me quejaba todas las noches sobre estar
demasiado caliente para dormir. —Con una sonrisa, dije—: Cuando estaba
realmente caliente, dormía en el piso del sótano.
—No tienes el acento —señaló obviamente Ivan.
—¿Demasiado estereotipo? —dije enfáticamente. No todo el mundo
lo tiene.
—Oh, lo siento.
Me encogí de hombros.
—Muchas personas se sorprenden. Y tú tampoco tienes acento,
señor New Jersey.
—Muy cierto. Y no todos somos unos borrachos perdedores que
patrullan el paseo marítimo cada noche. Soy de Somerville, que no está
cerca de la orilla.
Subí a la cama de la camioneta, buscando por señales de peligro.
Hayden salió desde detrás de un árbol con los brazos cargados de leña.
Brock estaba unas pocas yardas detrás de él con más leña para quemar.
La dejaron caer en una pila cerca de la camioneta y me hice cargo de
construir la fogata. No queriendo perder tiempo luchando con las ramas
húmedas, Ivan cuidadosamente vertió un poco de gasolina encima de mi
150

fogata perfecta. Encendí un fósforo y lo arrojé en ella.


Encajamos palos en el suelo y pusimos nuestras botas en ellos,
Página

asegurándonos de que estuvieran lo suficientemente cerca para secarse


pero no tan cerca del fuego que las suelas de gaucho pudieran derretirse.
Hayden se quitó sus pantalones, temblado en únicamente su chaqueta y
calzoncillos, y los colgó cerca del fuego. Puse mis manos frías sobre las
flamas, abriendo y cerrando los puños para nuevamente recuperar
sensación en mis dedos. Necesitaba ser capaz de utilizar mi arma. Hayden
se quedó a mi lado, haciendo lo mismo. Brock atizó el fuego e Ivan se
apoyó en la camioneta.
Cuando mi rosto se sentía demasiado caliente, me acerqué a Ivan y
bajé la compuerta trasera para sentarme.
—Así que —comenzó Ivan, girándose a mirarme. Cruzó los brazos y
lanzó una sonrisa brillante—. Así que, escuché que tú y Underwood, ¿eh?
Mi mandíbula podría haberse caído.
—¿Q-qué? ¿Cómo-cómo… lo sabes? —tartamudeé—. ¡OhDiosmío,
voy a matarla! ¡Raeya es una bocazas!
—No —dijo Ivan con calma—. Tú lo eres. Lo escuché. Esas paredes
son bastante delgadas, ya sabes.
Un ruido incoherente escapó de mis labios y miré boquiabierta a
Hayden. Él se encogió de hombros y sonrío.
—Te dije que eras ruidosa —dijo con falsa inocencia.
Brock atizó el fuego y se rió. Miré a Hayden, molesta con él porque
no le importara.
—No te preocupes —me aseguró Ivan—. No le dijimos a nadie. Nos
dimos cuenta de que no querían que nadie lo supiera, de ahí el tener el no
tan secreto sexo.
—¿Desde hace cuánto tiempo lo saben? —pregunté todavía
sintiéndome ligeramente horrorizada.
—Más o menos desde que volviste —confesó Ivan.
—¿Y tú sabías que ellos sabían? —acusé a Hayden.
Negó con la cabeza.
—No, pero me imaginé que alguien nos escucharía, bueno, a ti, tarde
o temprano.
Crucé los brazos e hice un mohín.
—Eres un estúpido —escupí, tratando de sonar como si estuviera
realmente molesta.
—Eso no es lo que dijiste anoche —dijo Hayden sugestivamente.
Brock atizó el fuego una vez más antes de pararse.
151

—No necesito escuchar los detalles; ya oigo lo suficiente. Y, mierda,


¿nunca se cansan? Me agoto solo de escucharlos —bromeó. Negué con la
cabeza y volví a la fogata.
Página

—Estoy feliz por ustedes dos —dijo Ivan sinceramente—. Ya no es


fácil en este mundo. Es bueno tener a alguien. Y sé que Underwood tenía
un enamoramiento masivo por ti desde la primera vez que te vio.
—Sí —concordé—. Le tomó una eternidad ser un hombre y hacer
algo al respecto.
—Eres algo intimidante —insistió Hayden, no del todo bromeando.
Enlacé mi brazo con el suyo y descansé mi cabeza contra él. Olvidando el
hecho de que estábamos esperando que nuestros zapatos se secaran
porque habíamos escapado de una horda de zombis a través de una
alcantarilla, podría pretender que éramos un grupo normal de amigos
pasando el rato alrededor de la fogata.
Perdimos dos horas más dejando que nuestras botas se secaran casi
por completo antes de partir de nuevo en busca de la ferretería. Al menos
Hayden no tenía que usar ropa mojada; sus pantalones se habían secado
por completo. Después de tres horas conduciendo ciegamente alrededor,
no dimos cuenta de que estábamos en Missouri. Luego de un rápido
descanso para salir y orinar, Hayden nos llevó hacia el sur.
—Entonces, ¿cómo es que no le van a decir a nadie? —preguntó
Brock con la boca llena de dulces.
Desenvolví un dulce de mantequilla de maní y levanté la mirada
hacia el espejo retrovisor, atrapando los ojos de Hayden.
—No queremos ser separados.
—¿Separados?
—Sí, no estábamos seguros de si Fuller nos dejaría ser compañeros
de cuarto si sabía de nosotros. Y pensamos que tal vez se preocuparía de
que ir a misiones juntos no sería buena idea o algo así.
—Buen punto —señaló Brock—. No creo que le importaría. Ya no,
por lo menos. Y todos sabemos lo mucho que ama a Hayden.
—Cállate —dijo Hayden—. No me trata de manera diferente.
—Sí lo hace —dijimos todos al unísono.
—No creo que le importe tampoco —nos dijo Ivan—. Tal vez antes,
pero no ahora.
—No me voy a arriesgar —dijo Hayden, sus ojos subieron
rápidamente al espejo para verme.
—Ah, ¿no son tan lindos? —se burló Ivan. Abrí mi boca para decir
algo malicioso de vuelta pero me detuve abruptamente cuando algo
apareció a la vista.
152

—Uh, chicos, tenemos compañía —dije, un poco insegura de lo que


estaba viendo.
Página

—¿Lo hacemos? —preguntó Hayden.


—Sí. Querrás desacelerar y mirar. Créeme.
Una mujer desnuda S2 se tambaleó por el camino. La sangre seca
estaba endurecida por su frente. Su rubio cabello se extendía en un
enmarañado desastre alrededor de su rostro y sus obviamente falsas tetas
estaban descoloradas y con moretones.
—Ahora eso es algo que no ves todos los días —observó Ivan con una
sonrisa de superioridad. Se giró hacia Brock—. Finalmente, una chica a la
que le gustaría para mis sesos —bromeó.
Los chicos miraron lujuriosamente las grandes tetas de la zombi por
un segundo, todos acordando que era una pena que se hubiera infectado
antes de que Hayden bajara su ventana y le disparara en la frente.
—Dos puntos —dije—. Gracias, bebé.
—Eso no cuenta —discutió Brock—. Ella estaba en su lado y yo
estoy atrapado acá atrás.
—No seas un mal perdedor —me reí. Empleamos el resto de la luz
del día manejando alrededor, tratando de averiguar dónde demonios
estábamos. Teníamos un mapa, así que una vez que encontráramos una
señal con el nombre de un pueblo o una carretera principal, seríamos
capaces de volver a casa.
Al anochecer, decidimos buscar un lugar para pasar la noche. Nos
detuvimos en el estacionamiento de una biblioteca; el pequeño edificio de
ladrillos estaba aparentemente intacto. Rápidamente patrullamos el área a
fondo mientras Ivan desbloqueaba la puerta de enfrente.
—Revisaré arriba —susurré. El rostro de Hayden se crispó, pero
asintió.
Me moví silenciosamente arriba y abajo por cada pasillo de la
sección infantil. Una mesa en la parte de atrás todavía estaba cubierta con
suministros de arte; una taza con pegamento Elmer’s estaba regada a
través de una pila de cartulina. Golpeé el pegamento endurecido, curiosa
sobre lo que los niños habían estado haciendo.
Los trabajos terminados estaban alineados en el piso, probablemente
dejados allí para secarse. Cubiertos en escarcha, pegamento, botones y
cuentas, el punto del proyecto era tener a los niños dibujando una “lección
moral” que aprendieron de un libro. Sostuve uno particularmente brillante
hacia la luz. El niño que dibujó este era un talentoso artista. Amelia, ella lo
había firmado con una escritura fluida en la parte inferior. Había dibujado
un castillo y una princesa sosteniendo una espada y había escrito en las
nubes ‘los celos destruyen el amor’.
153

—¿Todavía estarás viva, Amelia? —pregunté y dejé caer el papel al


piso. Revisé detrás de los mostradores, el baño, el cuarto de suministros e
incluso presioné mi oído contra el elevador. Considerándolo como seguro,
Página

regresé a la planta baja para ver si Hayden había terminado de cubrir el


gran primer nivel.
Lo encontré en la sección de ficción, con el rifle en alto. Lo saludé,
asegurándome que supiera que era yo en la oscuridad.
—Riss —susurró—. ¿Todo bien arriba?
—Sí —le susurré de regreso—. ¿Encontraste algo aquí?
—Nada no muerto.
—Bien. —Tomé lugar a su lado y revisé el resto de la biblioteca con
él. Llamó a Ivan y a Brock dentro, quienes trajeron nuestras bolsas para
dormir y comida. Después de comer una deliciosa cena de barras de
proteínas, frutas secas, dulces de Halloween y agua, Hayden y yo
desenrollamos nuestras bolsas de dormir y las juntamos. Solo nos
atrevimos a quitarnos las botas antes de entrar.
—Buenas noches —le susurré a Hayden mientras me acomodaba en
sus brazos.
—Buenas noches, Riss.
Lo besé una vez y cerré mis ojos. No estaba siquiera cansada; sin
embargo, sabía que esta era la única oportunidad de dormir que tendría
antes de volver al complejo, lo que con suerte sería mañana. Ivan se
mantuvo vigilando la puerta de enfrente, ocasionalmente moviéndose
alrededor de la planta baja para mirar fuera por la puerta de atrás y las
ventanas. Brock estaba arriba haciendo lo mismo.
Podía escuchar el piso chirriar mientras ellos caminaban alrededor,
y el sonido de voces bajas flotando alrededor de la biblioteca vacía. Hayden
corrió sus dedos a través de mi cabello, solo consiguiendo moverlos unas
pulgadas antes de que quedaran atrapados con los nudos.
—Lo siento —dijo mientras los sacaba.
—No pensé en empacar un cepillo —le dije con una sonrisa.
—La próxima vez —bromeó.
—¿Estás cansado? —le pregunté.
—No realmente. Sn embargo se siente bien acostarse.
—Sí, definitivamente —concordé. El corte en mi talón quemaba todo
el tiempo que ponía presión en él—. Especialmente al lado tuyo —añadí,
sintiéndome sosa diciendo eso en voz alta.
Él se rió.
—Sí, es bueno que ellos sepan, ¿ves?
—Tienes razón. Deberíamos contarles a todos los demás.
154

—Tal vez —añadió con duda.


—¿Te avergüenzas de mí? —lo molesté.
Página

—No, en absoluto. —Me abrazó más fuerte—. No quiero arriesgarlo,


Riss. No quiero que Fuller nos diga que no podemos estar juntos.
—Cierto —concordé, no queriendo empezar una discusión entre
nosotros. Me importaba un carajo lo que Fuller nos dijera. No iba a dejar
que nada ni nadie me impidieran estar con Hayden—. No quiero no poder
estar contigo. Me volvería loca preocupándome si fueras a una misión sin
mí. Estaría muy asustada porque no regresaras.
—No te quiero fuera de mi vista —admitió—. Cuando ese zombi te
atrapó en el río, me asustó como la mierda.
—Salvaste mi vida tendré que agradecerte después —dije
coquetamente.
Hayden me apretó.
—No voy a dejar que nada malo te pase, Orissa. —Besó la parte
superior de mi cabeza—. Te amo.
—También te amo. —Cerré mis ojos, sintiéndome tan contenta como
me podría sentir y eventualmente caí dormida. La temperatura había caído
considerablemente desde que el sol bajó, y, después de haber estado
acurrucada al lado de Hayden por seis horas, salir de la bolsa de dormir y
al aire frío se sintió como una bofetada en el rostro.
Tomé el piso de arriba nuevamente mientras Hayden mantenía un
ojo afuera en el piso principal. Encendí una linterna e hice mi camino
hacia arriba pensando que una biblioteca oscura sería una buena trama
para una película de horror. Una biblioteca encantada, me imaginé, sería
un escenario interesante. Empujé lejos los pensamientos de fantasmas
tirando libros fuera de los estantes; no tenía que imaginar algo terrible.
Monstruos de la vida real vagaban por la tierra.
Empujé una calabaza plástica a un lado del mostrador y me subí,
sintiendo aún el arrastre del sueño. Me quedé ahí por un rato antes de
forzarme a levantarme para mirar afuera de las ventanas. Brock había
retirado las decoraciones con el tema de Halloween de las ventanas,
ubicándolas en una aseada pila en el escritorio. Miré fuera al desolado
pueblo a través de la mira de mi arma, tratando de detectar movimientos.
Caminé lentamente al otro lado de la sección infantil e hice lo mismo.
Pero esta vez vi algo.
Ella se tambaleó por el camino, tropezando de vez en cuando.
Mechones de su largo cabello cayeron de su apretado moño que una vez
había sido puesto arriba cuidadosamente, y su larga falda de jean estaba
hecha jirones y manchada con sangre. Contuve mi respiración, esperando
para contar cuántos la seguían. Cruzó la calle, tropezando en el bordillo.
155
Incluso con la visión nocturna, pude ver la carne raspada en el pavimento.
Había tropezado unas buenas cincuenta yardas en nuestra
dirección. Y nada la seguía. Corrí mi mano a través de la ventana, tratando
Página

de localizar el seguro.
—Maldición —maldije en voz baja. Esta ventana era del estúpido tipo
industrial que no se abría. Volé al piso de abajo para encontrar a
Hayden—. Hay una zombi sola allá afuera. Iré a matarla —le dije.
—No deberías ir sola afuera —me respondió rápidamente.
—Entonces ven.
Asintió.
—¿Dónde está?
—Atrás de la biblioteca. —Halé una flecha del carcaj que tenía
alrededor de mi hombro—. Una fácil de cuatro puntos, creo. —Nos
escabullimos fuera por la puerta de enfrente, Hayden liderando el camino,
e hicimos nuestro camino alrededor del edificio. Mi respiración se nubló
alrededor mío mientras exhalaba.
—¿Puedes verla? —preguntó Hayden, mirando a través de su mirilla.
—Veo una forma —le dije y posicioné hacia atrás una flecha—. Creo
que es ella.
Me echó un vistazo.
—Sí, es ella. —Mantuvo su arma en alto—. Apunta un poco más alto
—dijo y miró a través de su mirilla de visión nocturna una vez más—. Si le
das en la cabeza, estaré completamente impresionado.
Dejé salir mi respiración, estabilizándome y dejé ir la flecha. El
cordel del arco golpeó mi muñeca; el doloroso escozor fue familiar.
—Santa mierda —respiró Hayden—. Le diste, justo en el ojo.
Sonreí triunfante, aunque en realidad, sentí que fue mitad suerte.
No podía verla tan bien en la oscuridad. Encendí la linterna y me acerqué.
Puse mi pie en su pecho y tiré de la flecha fuera de su cráneo. Le di un
golpe al cerebro sin preocuparme y la devolví al carcaj. Hayden y yo dimos
la vuelta alrededor de la biblioteca, buscando rezagados.
Las estrellas llenaron el claro cielo nocturno. Reduje la velocidad de
mis pies cuando estos golpearon la acera de enfrente de la biblioteca.
Dudamos en subir las escaleras de cemento. De repente, Hayden se giró
hacia mí, me levantó y me presionó contra la pared de ladrillos. Mis
piernas, actuando por su propia cuenta, se envolvieron alrededor de él y
presioné mi boca a la suya.
Su lengua se deslizó a través de mis labios. Me besó con fuerza.
Movió una de sus manos hasta mi cabello e hizo un nudo con él, tirando
de él cuando cerró su puño. Me fundí en él, queriendo más. Haló su mano
hacia abajo, levantando mi cabeza. Se separó de mi boca y besó mi cuello.
156

Gemí y clavé mis uñas en su espalda.


Entonces lo olí.
Página

Abrí mis ojos para ver a un S2 ascendiendo las escaleras. Sangre


fresca destellaba en su rostro y pedazos de piel atascada en sus dientes.
Alcancé el arma de Hayden al mismo tiempo que el zombi nos alcanzaba.
En un rápido movimiento, halé la M9 de la cintura de Hayden. El zombi
rugió y disparé.
Mis pies golpearon el suelo y Hayden se dio la vuelta. Miró al zombi y
luego de vuelta a mí.
—Buen trabajo, Riss.
Me encogí de hombros.
—No podría haberlo hecho sin ti. —Puse el arma de vuelta a su
funda—. Deberíamos dejarles saber a Ivan y a Brock que todo está bien.
—Ve tú —dijo Hayden, agachándose—. Esta sangre es fresca. Voy a
ir a buscar la fuente. —Vacilé, yo tampoco quería a Hayden fuera de mi
vista—. Seré cuidadoso —añadió, sintiendo mi preocupación.
—Correcto. Lo serás. —Asentí y troté adentro. Brock estaba sentado,
sosteniendo su dedo en el gatillo de su arma—. ¡Está bien! —grité tan
fuerte como me atreví—. Solo un zombi allá afuera que necesitaba ser
disparado.
—Te dije que escuché un disparo —le dijo Brock a Ivan
explícitamente y se dejó caer en su bosa de dormir.
—¿Solo uno? —preguntó Ivan medio dormido.
—Sí —mentí, sabiendo que él no sería capaz de regresar a dormir si
le decía otra cosa—. Se debió haber separado de su manada. O tal vez
nunca se unió a una. Pero está muerto… Más muerto, supongo. Hayden
está revisando por más, pero no creo que haya alguno —expliqué
rápidamente.
—Relájate —dijo Ivan, corriendo una mano por su cara.
—¿Qué?
—Estás hablando realmente rápido. Underwood estará bien. Él está
bien.
Asentí, dejándome reconocer el hecho de que mi corazón latía
acelerado.
—Lo está.
Ivan trajo sus rodillas arriba y se inclinó hacia adelante.
—Es más que solo sexo secreto, ¿no es así?
Estaba agradecida por la oscuridad; sabía que mis mejillas se
157

volvieron rojas al instante.


—Sí —dije en breve.
Página

—Lo sabía.
—Cállate —le espeté, incapaz de no poder sonreír.
—Lo amas —se burló Ivan.
—Cállate —le dije de nuevo— Antes que te golpee.
—Mh-hm, yo podría agarrarte.
—Adelante —me burlé, riéndome.
Exhaló fuertemente.
—En la mañana. Estoy cansado. Buenas noches, Penwell.
Fui arriba a la sección infantil, tomando dos escalones a la vez. Miré
afuera de la ventana por alguna señal de movimiento. No atrapé nada en el
lado de enfrente, así que me moví a la parte de atrás. Una oscura figura
corrió rápidamente a través de una línea delgada de árboles. Cerré mi ojo
izquierdo y eché un vistazo por la mirilla. Vi a Hayden acercarse, hasta que
se movió fuera de la línea de visión.
Las puertas silbaron lentamente abiertas y tintinearon al cerrar. El
chirrido de la cerradura metálica disparado a través del lugar me dejó
saber que era Hayden y no un loco secretamente escabulléndose para
comer nuestro contenido estomacal. Hice una ronda más antes de regresar
abajo.
—¿Encontraste algo? —le pregunté a Hayden, que estaba mirando
fuera por la puerta trasera.
—Un mapache muerto.
—Oh, bueno, bien. —Hice clic en el seguro de mi rifle y lo colgué
sobre mi hombro—. Me pregunto cómo lo atrapó. Esos malditos son
rápidos. —Hayden levantó una ceja—. Creo que eso no importa. Aun así,
no es como si los zombis fueran sigilosos cazadores silenciosos.
Hayden se rió suavemente y mantuvo su arma abajo. Puso su mano
derecha en su codo izquierdo y gentilmente presionó su hombro lesionado.
—¿Te duele? —le pregunté.
—Es doloroso. Pero no diría que lastima.
—Aquí —le dije y me puse detrás de él. Masajeé gentilmente sus
hombros y espalda.
—Eso se siente mejor —dijo, girando el hombro—. Gracias.
—Por supuesto.
Empleamos el resto de la noche patrullando el terreno. Hayden y yo
enrollamos nuestras bolsas de dormir y las metimos debajo de los asientos
158

de la parte de atrás del camión, recogimos el desayuno y despertamos a


Ivan y a Brock.
Página

—Diez a Cero —le recordó Hayden a Ivan.


—¿Diez? Uh, no. Ustedes tienen dos.
Hayden mordió un pedazo de su barra de granola y sacudió su
cabeza.
—Obtuvimos dos anoche. Ambos S2. Uno con un disparo de arma, y
el otro con una flecha.
—No te creo —dijo Ivan, estrechando sus ojos.
—¿Quieres ver los cuerpos?
—Sí —dijo Ivan obstinadamente—. Y eso no los hacen diez.
—Sin contar los matados en el alcantarillado —explicó Hayden; era
lo mejor no contar los “asesinatos caóticos”. Era demasiado confuso como
para realizar un seguimiento—. La S2 con las tetas, el zombi en el río;
cuatro puntos. S2 con una flecha, cuatro puntos, subiéndolo a ocho
puntos, más el S2 en las escaleras. Diez puntos.
Ivan se quejó acerca de que no contaba porque él estaba dormido y
que no tuvo una oportunidad. Miré a Brock; él sonrió y rodó sus ojos. Nos
apresuramos para terminar de comer. Hayden, habiendo leído todos los
libros que tenía en el complejo, empleó unos pocos minutos llenando un
brazo para llevárselos con él.
Estábamos justo por empezar a cargar e irnos cuando a Hayden se
le ocurrió una idea. Lo seguí de regreso al interior de la biblioteca e Ivan y
Brock se quedaron afuera con el camión en marcha. Saltamos detrás del
mostrador y buscamos por una guía telefónica. Después de solo diez
minutos de búsqueda, la encontramos. Hayden voló a través de las
páginas amarillas y arrancó una que contenía números de teléfono y
direcciones de tiendas de mejoras para el hogar.
—Eso fue brillante —le dije mientras él doblaba la página. Nos
metimos en el camión, analizamos el mapa y descubrimos que estábamos
a solo dos horas y media del Home Depot del que Brock había estado
hablando; la cual estaba a solo una hora del complejo.
El tiempo pasó volando. Brock condujo, lo que permitió que Hayden
se sentara atrás conmigo. Nos atiborramos las caras con caramelo y nos
turnamos escogiendo qué tipo de música íbamos a escuchar. A Hayden le
gusta el country, a Brock el metal y rock alternativo y a Ivan y a mí nos
gusta el hip hop y el rap, o “música de discotecas” como Hayden se refería
ellas.
Paramos en el estacionamiento de una tienda, no demasiado pronto.
El tanque estaba debajo de un cuarto; algo con lo que ninguno de nosotros
estaba cómodo. Hayden reabasteció mientras los tres explorábamos. Un
159
S3 se tambaleaba alrededor, la sangre manchando la vestimenta naranja
que él estaba usando. Uno de sus brazos había sido arrancado. Hebras
secas del músculo y ligamentos colgaban fuera de su cavidad en el
Página

hombro.
Disparé una flecha en su cabeza. Esta pasó a través de su blando
cráneo, golpeando a otro pegajoso en el cuello. Dejó salir balbuceando un
gemido antes de colapsar.
—Dime que ese era el objetivo —dijo Brock, con los ojos amplios.
—Ya quisiera —le dije honestamente.
—Mejor asesinato zombi que he visto en un tiempo —me respondió,
sonriendo—. Lástima que solo son cuatro puntos. —No habías muchos
zombis aquí, y los pocos que estaban alrededor estaban en la etapa S3.
Nosotros competimos para obtener el puntaje más alto. Usando el arco
conseguía doble puntos, pero me quitaba tiempo cuando me detenía a
recuperar mis flechas.
Para el tiempo en que Hayden terminó de reabastecer el camión y
sacado suficiente gas de los autos parqueados para rellenar nuestro
tanque de gas, el puntaje había subido a veintiocho y veintidós, con
nuestro equipo aún en la cabeza. El estacionamiento estaba abierto;
podríamos correr rápidamente si lo necesitábamos. Un poco de la diversión
de nuestro juego desapareció cuando Brock abrió las puertas automáticas.
No nos golpeó el olor amordazado de la muerte en la cara. Eso
siempre era una buena señal.
—¿Quieres hacer esto rápido y posiblemente fácil o lento y seguro?
—preguntó Hayden. Haciendo clic en un clip de su Berretta.
—Rápido y fácil —respondí automáticamente.
—Lo harías —bromeó Ivan.
Hayden disparó una ronda, destrozando una bombilla fluorescente,
la cual explotó y pequeños trozos de polvo blanco cayeron al piso de
cemento. El estallido todavía estaba haciendo eco en mis oídos cuando el
primer S2 se tambaleó fuera de la sección de jardinería. Brock le disparó
antes de que tuviera la oportunidad de halar hacia atrás el cordel de mi
arco. Puse la flecha en posición, mi brazo sosteniéndola firmemente.
Tres zombis más salieron de su escondite. Todos disparamos al
mismo tiempo, y una bala golpeó al zombi en la cabeza unos milisegundos
antes que mi flecha.
—Tú y Underwood golpearon al mismo —insinuó Ivan—. Así que eso
solo cuenta como un golpe para su equipo.
—Eres tan mal perdedor —me reí.
Brock sabía qué buscar exactamente. Cargamos carritos y
amontonamos todo lo que posiblemente podríamos necesitar cerca de la
160
puerta. Dentro de la tienda estaba oscuro y sofocante y trabajamos
rápidamente sudando y moviendo todos los objetos pesados. Tomamos un
descanso para beber agua y regresamos al trabajo.
Página

El plan era aprovechar las fuentes de agua y electricidad desde el


complejo, El cual estaba alimentado por energía solar y energía eólica.
Brock parecía tener una idea de cómo hacerlo posiblemente; yo ni siquiera
intenté prestar atención mientras él les explicaba a Hayden y a Ivan. Nos
contó que había trabajado en muchas casas que tenían paneles solares en
los techos, sin embargo, nunca había instalado uno. Si teníamos suerte,
encontraríamos a un ingeniero que necesitara ser rescatado.
Halé mis brazos por la manga de mi sudadera y la tiré fuera de mi
cabeza. La amarré alrededor de mi cintura, limpiando el sudor que me
bajaba por mi escote. Giré mi cabeza hacia abajo e intenté —sin tener
éxito—, peinar el enredo en mi cabello. Rindiéndome, lo enrollé en un
moño desordenado. Hayden se había quitado su chaleco y su chaqueta. Su
camiseta negra se pegaba a su cuerpo sudoroso. Miré admirablemente sus
músculos en movimiento mientras levantaba una bolsa de mezcla de
cemento, lanzándolo en un carrito.
Finalmente, habíamos terminado. Tener los suministros listos me
hacía sentir un poco más emocionada sobre el plan de expansión. Eso me
dio esperanza de que las cosas pudieran volver a un estado de casi
normalidad. Una cartera de Louis Vuitton había sido dejada cerca de la
caja registradora. No necesitaba ni quería otra cartera de diseñador;
todavía tenía suficiente de mi “día de compras” de no hace mucho tiempo.
Estaba en búsqueda de algo más. Tiré todo el contenido en el suelo.
—¡Sí! —dije cuando mis dedos alcanzaron un par de gafas, también
de diseñador. Me las puse antes de que saliéramos a la luz del sol.
Colocamos nuestras armas en el camión y nos montamos. Ni siquiera
habíamos salido del estacionamiento antes de que Hayden pisara el freno.
Un auto se detuvo lentamente, solo a menos de un metro de
nosotros. Hayden estacionó el camión.
—¡Espera! —chillé.
—¿Qué? —me preguntó.
—Tal vez deberíamos, uhm, ¿proceder con cuidado?
Las cejas de Hayden se juntaron.
—¿Por qué?
—Uh, tal vez porque los últimos dos grupos de personas vivas con
los que nos hemos cruzado trataron de matarte y me mantuvieron como
rehén. ¿Cómo puedes confiar en ellos?
—Solo vamos a hablar. ¿Está bien? —me tranquilizó.
Asentí y mantuve mi M9 en mi pretina. Tragué fuerte y salí del
161
camión. Un envejecido y desgastado hombre de mediana edad salió de la
vieja Ford Taurus, manteniendo sus manos arriba. Sus ojos se dirigieron a
cada uno de los tres infantes de marina, y al instante lució aliviado.
Página

—¡Lo sabía! —jadeó—. ¡Sabía que había escuchado unos disparos! —


Cojeó hacia adelante con un tobillo claramente torcido—. Soy Owen. No
puedo creerlo, ¡están vivos!
—Hola —dijo Hayden formalmente—. Soy el sargento Underwood. —
Sacudió la mano del hombre—. Éste es el sargento Brewster y el soldado
de primera Callias.
—Oh mi Dios. Soldados americanos, gracias a Dios. —Agarró
firmemente la mano de Hayden. Se volvió y le indicó al resto de sus
acompañantes que salieran del auto. Parpadeando, entraron al
estacionamiento soleado. Me quedé atrás, pensando en que debía haber
una razón por la cual Hayden no me había presentado.
Owen nos presentó al resto de su equipo, el cual consistió en una
mujer mayor llamada Char, Jenna, Harold y Jared —quienes supuse
estaban en algún lugar entre los veinticinco a treintaicinco. Era difícil
suponer la edad de alguien cuando estaban desnutridos, sucios y
aterrorizados. La sexta persona en salir del apretado auto fue una chica
adolecente llamada Amy. Tenía un cabello corto negro y ojos oscuros.
La historia de Owen era la normal entre los sobrevivientes: el
pequeño grupo que escapó del brote inicial; uniéndose y estando siempre
en movimiento, buscando por comida, abrigo y seguridad. No habían
conseguido muchas armas y ninguno tenía alguna experiencia usándolas.
Su grupo empezó con diecisiete y se redujo a seis.
Él sintió que alguien al fin los estaba buscando allá afuera cuando
se encontraron con Jared, Harold y Amy un poco menos de hace una
semana. Eran los primeros sobrevivientes con los que se habían cruzado
desde noviembre. Y ahora las cosas estaban luciendo mejor ya que habían
tropezado en nuestro camino.
Los chicos les explicaron sobre el complejo, dando las noticias como
si fueran regalos para niños en la mañana de navidad. El grupo irregular
estaba eufórico.
—Sígannos de regreso —los invitó Ivan.
—¡Oh, lo haremos! —parloteó Owen emocionado. Harold, quien
estaba parado en la parte de atrás mirando curiosamente de reojo, asintió
hacia mí.
—¿Quién es la chica? ¿También la encontraron?
—Sí —respondí antes de que Hayden tuviera la oportunidad de decir
algo más—. Acaban de hacerlo. Estoy tan agradecida con estos apuestos y
valientes hombres.
162

Él asintió y vi que sus ojos grises ojearon al arma de Hayden.


—Oye —dijo él de repente—. Tenemos un auto lleno. ¿Les importaría
si alguno de nosotros va con ustedes?
Página

—Claro, en la parte de atrás —decidí.


Ivan se rió.
—Sí, eso estaría bien.
Harold puso su mano en el hombro de Amy.
—Eres la más pequeña. ¿Por qué no vas?
Ella asintió tímidamente y mantuvo sus ojos en el piso. La cara de
Jared se crispó. Mi corazón se aceleró y lentamente llegué detrás de mí,
mis dedos cepillando el metal de mi pistola. Algo no estaba bien. Exhalé y
dejé caer la mano a mi lado cuando el pequeño grupo se zambulló en su
auto. Hayden manejó, Ivan se sentó con su escopeta mientras Brock y yo
estábamos en la parte trasera con Amy en medio.
Tratamos de hacer conversación pero ella no era demasiado dócil.
Solo conseguimos respuestas de una palabra de ella que eran tan
silenciosas que era difícil escuchar lo que había dicho, nos dimos por
vencidos, encendiendo el radio. El camión voló por el camino, haciendo
buen tiempo. Amy se inclinó hacia adelante, su cuerpo volviéndose flácido.
Se sacudía al azar, como si estuviera tratando de no quedarse dormida.
Luego su cuerpo se puso rígido.
—Oye, ¿estás bien? —preguntó Brock, poniendo gentilmente su
mano en su hombro. Lentamente, ella se giró para mirarlo. Un gruñido
retumbó desde el fondo de su garganta. Se lanzó hacia adelante y hundió
sus dientes en el brazo de Brock.

163
Página
Todo sucedió muy rápido. Brock gritó por el shock y el miedo más
que por el dolor. Agarré la cabeza de esa perra y la halé, accidentalmente
forzándola a arrancar un pedazo de la piel de Brock en sus dientes.
Hayden pisó fuerte el freno y el camión viró fuera del camino, golpeando a
lo largo del hombro. Amy chilló y gruñó. Tomé un mechón de su cabello y
la halé lejos de Brock.
Sujeté mis manos contra sus orejas y la torcí. Su cuello se rompió y
su cuerpo se volvió flácido. La empujé hacia el frente y agarré el brazo de
Brock, presionando mis manos a dos pulgadas por encima de la mordida.
—Mantenlo abajo —instruí. El aire iba rápidamente dentro y fuera
de mis pulmones a un ritmo alarmante. Presioné tan fuerte como pude en
las venas, no queriendo que el virus bombeara a través del cuerpo de
Brock. El camión finalmente se detuvo. Hayden e Ivan saltaron fuera
arrancando la puerta trasera. Me levanté sobre mis rodillas, en la parte
superior de la mitad del cuerpo de Amy. Utilizando mi pulgar, ordeñé la
sangre fuera.
—Consigue el kit de primeros auxilios —rugí. Ivan se quedó
mirándome horrorizado con su boca colgando abierta. Hayden corrió hacia
la parte de atrás del camión para recuperarlo. Trepé sobre el cuerpo,
moviéndolo con Brock. Él mantuvo su brazo hacia afuera y Hayden vertió
una botella entera de peróxido sobre la herida, incluso levantó los pedazos
de piel que colgaban para limpiarlo completamente.
Escuché un portazo de un carro y de repente recordé que teníamos a
otros con nosotros. Mi miedo desapareció, convirtiéndose en rabia. Ellos lo
sabían. Sabían que ella estaba jodidamente infectada.
—Ellos lo supieron todo el tiempo —dije, mi voz en un susurro
reverencial. No había aflojado mi agarre sobre el brazo de Brock. Ivan tiró
el cuerpo fuera del camión; la cabeza de Amy golpeó el estribo con un
golpe repugnante. Alguien gritó.
—Está bien —le dije a Brock, sin embargo sabía que era un triste
164

intento de una mentira. Mis ojos no dudaron en mostrar el terror puro que
estaba sintiendo. Empujé mi pulgar hacia abajo otra vez antes de moverlo
rápidamente hacia arriba y repetir el proceso. Brock se dobló por el dolor.
Página

Estaba perdiendo una gran cantidad de sangre, lo sabía, pero pensé que
esto era mejor que la alternativa de conseguir infectarse.
Capté un movimiento fuera por la esquina de mi ojo. Levanté la
mirada para ver a Ivan marchando sobre los otros. Con una respiración
temblorosa, giré mi cara hacia Hayden. Su manó voló a su M9 y la levantó.
—¿Lo sabían? —demandó Ivan.
La cara de Owen mostró verdadero shock. Con su boca muy abierta,
miró hacia el cuerpo de Amy.
—¿Lo sabían? —gritó de nuevo Ivan—. No me digan que pusieron a
esa perra infectada en el carro con nosotros a propósito.
Owen dijo algo que no pude escuchar. Volví mi atención de regreso a
Brock. Estaba blanco y temblando. Me incliné sobre él y mis manos
cubiertas de sangre alcanzaron el kit de primeros auxilios. Limpié algo de
la sangre con mi camisa y usé mis dientes para rasgar el plástico abierto
alrededor de un rollo de gasa. Mi corazón corría y mis manos temblaban.
Escuché lo que estaba sucediendo afuera mientras apretaba la piel de
Brock junta y enrollaba gaza alrededor de la herida.
—¡No me mientas, joder! —gritó Ivan. Empujó su mano hacia
adelante, apuntando el arma a la cara de Owen. Owen levantó sus manos
y tropezó hacia atrás, golpeando el capó de su carro. Char gritó y cubrió su
cabeza. Hayden dio un paso hacia adelante y le dijo algo a Ivan.
—¡Pon el arma abajo! —gritó alguien. Inquietud pulsó por mis venas
y mi corazón saltó en horror cuando vi a Harold, parado detrás de la
puerta abierta del pasajero, sosteniendo una pistola que apuntaba a Ivan.
Hayden levantó su arma inmediatamente, apuntando hacia Harold.
—Nadie necesita salir herido —dijo Hayden en voz alta pero
nivelada—. Pon el arma lejos. Esto no tiene que terminar de este modo.
Owen se escabulló del capó. Las manos de Char temblaron mientras
se estiraba para alcanzarlo.
—Sal del camino —ordenó Hayden. Jenna se tambaleó en su
camino. Char envolvió un brazo alrededor de ella y se juntaron en medio
de la carretera.
—¡Escúchalo! —gritó Owen—. Harold, ¡baja el arma! ¡No hagas nada
estúpido!
—Cállate, viejo —gritó Harold de regreso.
—¿Lo sabían? —rugió Ivan, sonando en el borde de la locura.
165

—No sé de qué está hablando —chilló Jenna en el brazo de Char.


—La chica —dijo Hayden con coraje entre dientes—. Estaba
Página

infectada. Mordió a mi amigo.


—No —susurró Owen—. No lo sabía. Lo…lo juro. —Mi mente corrió.
¿Por qué Harold fue tan insistente en que ella fuera en el carro con nosotros
si no lo sabían? Miré fijamente a Owen—. Lucía bien hace algunas horas.
Ella no había sido mordida. Nunca.
No creía que estuviera mintiendo; no tenía idea de que Amy estaba
infectada. Miró a Hayden directo a los ojos cuando habló. Luego sus ojos
se lanzaron hacia abajo al cuerpo de Amy y lució genuinamente aturdido y
horrorizado. Harold mantuvo su arma apuntando a Ivan. Su mano tembló
suavemente y sostuvo torpemente el rifle contra su pecho; no tenía la
postura de alguien que hubiera manejado armas de fuego antes. Su dedo
no estaba sobre el gatillo, llevándome a creer que no tenía verdaderas
intenciones de disparar a nadie.
Jared, sin embargo, lo hizo.
Él había pasado desapercibidamente entre el caos y había salido del
carro, moviéndose alrededor de la parte de atrás. Agachándose, cerró un
ojo y miró a través de la mirilla de su arma. Seguí la línea; la cual
conducía hacia Hayden.
Santa mierda.
Harold le dispararía a Ivan, Jared le dispararía a Hayden y luego…
asumieron que Brock estaba bien para los muertos y yo era una chica
indefensa que los soldados habían recogido al lado de la carretera.
¿Robarían nuestro camión, armas y suministros y se irían? Dudaba que
tomaran a Owen, Char y Jenna con ellos. ¿Qué harían con Brock y
conmigo?
Me negaba a ser dejada o usada… de nuevo. Y me negaba a dejar
que le dispararan a Hayden… de nuevo. Unté la sangre fuera de mis
manos y sobre mi camisa. Lentamente, desdoblé mis piernas.
—¿Qué estás haciendo? —susurró Brock.
—Salvándonos. —Lo miré a los ojos—. No te muevas. —Habiendo
estado encajado entre las sillas y la puerta, mi arco y mi carcaj habían
caído fuera del camión cuando Ivan abrió enojadamente la puerta.
Discretamente deslicé mi pie sobre el borde, aterrizando silenciosamente
sobre el pavimento. Manteniendo mis ojos en dirección a los chicos, me
agaché y palpé alrededor por una flecha.
—No quiero lastimarte —insistió Hayden—. Pon tu arma abajo
primero y nosotros bajaremos las nuestras también. Nosotros los
llevaremos de regreso al campamento y todo estará bien.
166

Harold no se movió.
—Tú primero —se burló.
Página

—Está bien —aceptó Hayden sin hablar. Quería gritarle. Él bajó


lentamente su Beretta—. Ahora es tu turno.
Levanté mi arco y una flecha más. Metí una en mi bota y mantuve la
otra en mi mano derecha. Mis músculos se crisparon con anticipación. Me
moví lentamente a lo largo de la base del camión, manteniendo mi cabeza
baja y fuera de la vista.
El arma de Hayden ahora estaba a su lado. Y Harold no había
retrocedido. Hayden dio un paso al lado, mirando a Owen como si fuera a
ayudar. Ivan mantuvo estable su mano.
—¡Pon el arma abajo! ¡Ahora! —gritó Owen.
—No tiene por qué ser de esta manera —trató de razonar Hayden.
Jared se puso de pie. El ángulo del brillo del sol ataba haciéndole
difícil apuntar a Hayden. Tomó un paso al lado, consiguiendo estar listo.
Y liberé mi flecha. Voló a través del aire y golpeó a Jared en el
hombro. Chilló y calló hacia atrás, halando el gatillo accidentalmente. El
cuerpo de Harold se desplomó inmóvil en la calle.
Jared se retorció en dolor detrás del carro. El tiempo parecía haberse
detenido. El estallido del arma de fuego resonaba en mis oídos. Jenna
chilló. Una nube pasó sobre el sol, haciendo momentáneamente el día tan
oscuro como me sentía. Una fría brisa sopló soltando algunos mechones
de mi cabello a través de mi espalda y mi cuello haciéndome tiritar. Me
sacudí y salté hacia adelante, jalando la segunda flecha de mi bota. La
acomodé sobre el cordel en su lugar y caminé alrededor del camión.
Owen levantó sus manos y retrocedió otra vez, sus ojos grises
abiertos tan amplios cómo podían. Hayden fue rápidamente sobre Jared y
recogió el arma. La cara de Ivan era dura. Él presionó el seguro en su
arma y la puso en la parte de atrás de su pantalón.
—Fallaste —dijo Ivan, su nivel de voz igual que siempre.
—No. No lo hice —le aseguré. No quería disparar para matar.
—Yo tampoco —dijo y un frío bajó por mi espina dorsal. Asentí y
relajé mis brazos—. Realmente no tenían ni idea, ¿verdad? —pregunté a
Owen.
—No, lo prometo —su voz salió temblorosa.
—¡Te lo dije! —chilló Char—. ¡Te dije que no debíamos confiar en
esos dos! —Se giró hacia mí—. Por favor, tienen que creernos. Vinieron a
nuestro campamento una noche. Creo que nos hubieran matado si no nos
hubiéramos despertado. Se unieron a nosotros pero ni siquiera trataban
de encajar. Se mantuvieron por sí mismos, incluso Amy. Siempre sentí
167
como si estuvieran planeando algo.
—Está bien —dije simplemente y eché un vistazo a Hayden.
Página

—¿Qué deberíamos hacer con él? —preguntó Ivan, mirando a Jared


con disgusto.
Hayden sacudió su cabeza.
—Está herido, pero no está mal. Nosotros… podríamos traerlo de
vuelta antes de que se desangre… tal vez. —Le lanzó una mirada
disgustada a Jared, quien gritó en dolor cuando tocó la flecha que estaba
clavada en su hombro—. Cállate —demandó Hayden—. Antes de que algo
te oiga.
—Necesitamos salir de aquí —gritó Jenna—. Nos escucharán y
seguro que olerán la sangre. ¡Nosotros… necesitamos irnos! —La chica
parecía estar en el borde de un ataque de pánico. Una puerta de carro fue
azotada y todos brincamos. Brock, agarrando su brazo lastimado contra su
pecho, caminó hacia afuera. Ivan se apuró hacia él, mirando directamente
los ojos de Brock.
—¿Estás bien? Perdiste un montón de sangre.
—Creo que sí —respondió Brock, su voz vacía. Evaluó la situación
que había ido de mal a peor en menos de seis segundos. Caminó
fatigosamente a lo largo del camino—. Chicos vayan a casa.
—Entra en el camión —le dijo Ivan. Brock apartó la mirada—.
Callias esa es una orden. Entra al camión. Ahora.
—No. Yo… no puedo. No puedo regresar. Solo déjenme aquí. Será
más fácil.
Jenna levantó su mano y señaló el sangriento vendaje en el brazo de
Brock. Lo que sucedió hizo clic en su mente.
—¿Está infectado, no? ¡Amy lo mordió!
—Sí —replicó Brock gravemente—. Ven, no puedo seguir con
ustedes. Solo váyanse. —Su estoica expresión se rompió y tomó lugar la
emoción. Sus cejas se juntaron con preocupación—. No me voy a arriesgar
a lastimar a alguno de ustedes, chicos. Han sido más como una familia
para mí en los últimos pocos meses que lo que fue mi familia en toda mi
vida. Vayan a casa y lleven a cabo la misión.
—De ninguna manera —dijo Hayden, caminando hacia Brock. Puso
su mano sobre el hombro de Brock.
—¡No! —gritó Brock y empujó a Hayden lejos—. ¡Fui mordido! —gritó
Brock nuevamente, casi al borde de la histeria—. ¿Qué más necesitas
saber? —Tomó su arma de alrededor de su cintura, y le quitó el seguro y la
amartilló19—. Dispárame. Hazlo rápido y termina conmigo. Underwood,
¡por favor! ¡Solo hazlo!
168

—No lo escuches —gritó Ivan—. Callias, vas a casa con nosotros.


Podemos ponerte en cuarentena y si…
Página

19 Amartillar: Término militar que hace referencia a preparar el arma para


disparar.
—Maldita sea, ¡no! —gritó Brock y giró el arma sobre sí mismo.
Hayden se sacudió lejos, no sabiendo que hacer para evitar que Brock se
dispara a sí mismo en la cabeza—. ¡No voy a convertirme en uno de ellos!
Sé lo que hacen, he visto demasiada muerte. No voy a contribuir. —Cerró
sus ojos.
—Brock, ¡no! —grité—. Por favor.
—Estoy decepcionado, Riss. Pensé que tú lo entenderías. Tenemos
que hacer lo que necesita ser hecho.
—¡He sido mordido! —dijo Hayden—. Dos veces.
—No me mientas, Underwood. —Brock pegó el arma debajo de su
barbilla. Temblé.
—¡No estoy mintiendo! Soy inmune así como también ese pequeño
niño, Parker. Padric y Cara están trabajando en una vacuna. Por eso es
que tengo que donar sangre tan seguido —dijo Hayden rápidamente.
El arma de Brock vaciló. El arma bajó una pulgada.
—Y ese es el por qué Riss y yo salimos solos en esa misión.
Teníamos que conseguir muestras de sangre de los zombis. —Extendió sus
brazos. —Mira, marcas de mordidas. —Tan pronto como los ojos de Brock
se movieron al brazo de Hayden, Hayden se movió tan rápidamente que
casi no lo vi. Con el deslizar de su brazo, golpeó el arma de Brock fuera de
su mano. Luego se giró y le pegó a Brock en el lado de su cabeza.
Brock se desmayó, cayendo hacia atrás. Hayden lo atrapó con
facilidad, enganchando sus manos debajo de sus axilas. Lo bajó
cuidadosamente al suelo y recogió el arma. Ivan se acercó rápidamente, y
los dos marinos trajeron a su camarada dentro del camión. Despojé a
Brock de todas sus armas. Después de tirarlas en el fondo del camión, dejé
salir un suspiro y me di cuenta de lo jodidamente aterrada que estaba.
—¿Qué vamos a hacer con él? —preguntó Hayden, disparando una
mirada de repulsión hacia Jared.
Ivan sacudió su cabeza.
—¿Dejarlo?
—¡No pueden solo dejarme! —gritó Jared. Agarró la flecha y la
empujó en la dirección opuesta de la forma en la que había entrado en su
hombro. Contemplé abrir mi boca y decirle que lo estaba haciendo mal.
169
Cuando lo recordé apuntándole a Hayden, opté por no hacerlo.
—No durará mucho por su cuenta —observó Hayden.
Página

Apreté mis dientes, mirando a Jared. ¿Era malo que también quisiera
dejarlo? Hayden caminó hacia mí. Puse mis manos sobre su pecho,
sintiendo su corazón acelerado. Él dio un paso más cerca y puso sus
manos sobre mi cintura. Me miró a los ojos y sacudió su cabeza. Sabiendo
lo que estaba pensado, gentilmente puse mi mano sobre su mejilla.
—Estará bien… de alguna manera —prometí, sin embargo sentí
como si estuviera mintiéndole.
—Sí —aceptó vagamente—. De alguna manera.
—¿Qué vamos a hacer con ese chico?
—No lo sé. Matar zombis es una cosa; yo dispararía sin dudar. Los
S1 sin embargo… sí, están vivos, pero no lo estarán por mucho tiempo.
Pero matar a una persona, una viva, una persona no infectada, parece
mal.
—Iba a dispararte —le recordé—. Desenfundó primero.
Hayden sacudió su cabeza ligeramente.
—No, Ivan lo hizo.
Tenía razón. Ivan fue el primero en desenfundar su arma. Ni siquiera
me quería imaginar si todo este desastre se podía haber evitado.
—Estaba defendiendo a su amigo.
Hayden asintió y lo aceptó.
—Si ese hubieras sido tú, yo… no sé qué habría hecho.
Probablemente hubiera sido peor.
Impulsivamente, me levanté sobre la punta de mis pies y lo besé.
Rápidamente nos separamos, tomando un paso atrás del otro. Hayden se
giró hacia Jared.
—No es nuestra decisión —dijo finalmente—. Lo llevaremos de
regreso y dejaremos que Fuller decida qué hacer con él.
Ivan asintió.
—Está bien.
—Él no va a venir con nosotros —manifesté. Uno, no quería estar
alrededor de alguien que había querido lastimar a Hayden, podría estar
tentada de terminar lo que había empezado. Dos, nosotros no
necesitábamos más sangre en el camión. Y tres, habían una mierda de
toneladas de armas en nuestro vehículo. Obviamente, no podíamos confiar
en Jared—. Deja de halarla —le dije—. No te desangraras con la flecha
dentro.
—¿Estás segura? —preguntó, su voz llena de terror.
—No —respondí honestamente—. Es una suposición —agregué con
170

un encogimiento de hombros.
Ninguno de nosotros notó al loco hasta que corrió y golpeó a Char.
Página

Salté en acción, corriendo alrededor y pateando al loco en el pecho. Se


tambaleó, rápidamente recuperándose y se lanzó contra mí. Me agaché,
lanzando una pierna hacia afuera y golpeando el pie del loco por debajo de
él. No tenía ningún arma encima.
Un tiro sonó y el cerebro del loco salpicó fuera. Dejé salir un suspiro
y miré hacia arriba; Hayden estaba de pie a unas pocas yardas con su
pistola todavía apuntando al S1.
—Gracias —dije calmadamente. Rodé al loco de encima de mí,
pensando que nadie quería o necesitaba ver su cara muerta—. Vámonos.
Jared luchó para ponerse en pie.
—¿C-Cómo se supone que me voy a sentar en un carro con esto?
Me encogí de hombros otra vez.
—No sé. Puedes averiguarlo. No te recuestes, supongo.
—¡Sácala! ¡Eso duele! —chilló y jaló la flecha nuevamente, gritando
mientras el eje de la flecha se movió. Esperé, viéndolo tirar de ella un poco
más. Solamente tenía unas pocas pulgadas más para jalar antes de que la
parte de atrás de la flecha lo golpeara en la espalda. Gritó cuando lo hizo.
—Necesitamos irnos —instruyó Hayden—. No es seguro aquí y… ―se
fue apagando, lanzó una mirada hacia Brock, quien estaba recostado en el
camión—. Muévanse —indicó.
—Tal vez no deberíamos —oí a Jenna susurrar. Ella me miró
nerviosamente.
—Entonces no lo hagan —grité. Agarré al loco por los tobillos y lo
arrastré fuera de la carretera; íbamos a tener que manejar de regreso por
este camino a la tienda de mejoras para el hogar. Ivan se puso en el lado
del conductor y encendió el motor del camión. Owen, Char y Jenna no se
movieron—. ¿Van a venir o no? —pregunté impacientemente.
Char miró a Owen.
—¿Cómo sabemos que podemos confiar en ustedes?
—No pueden —respondió Hayden—. Pero nosotros nos vamos.
Nosotros tenemos que cuidar a nuestro amigo. Pueden seguirnos o pueden
seguir con su camino. Nadie los va a obligar. —Les dio la espalda, suspiró,
y entró al camión.
Fui la última en entrar, sentándome en la parte de atrás a lado de
Brock. Levanté gentilmente su cabeza y la reubiqué contra mí pensando
que era más cómodo para él. El camión rodó hacia adelante. Hayden se
giró, mirando para ver si los otros nos seguirían. El carro se hizo más y
más pequeño hasta que ya no fue más visible.
171

Hayden se volvió. Cepillé el cabello de Brock fuera de su cara y puse


mi mano en la suya. Había estado tan centrada en no perder a Hayden,
Página

que nunca me paré a pensar en lo mucho que me asustaba perder a


alguien más. Ivan y Brock ―e incluso Rider y Wade― eran mis amigos
también. Me preocupaba mucho por ellos también, y, como Brock dijo,
ahora éramos la familia de los otros.
Deseé poder regresar en el tiempo. Nunca debimos haber permitido
que Amy viniera en el camión con nosotros. Ninguna palabra fue dicha
mientras el camión corría a lo largo de la carretera. Brock se retorció y
dejó salir un quejido. Sostuve su mano. Él parpadeó al abrir sus ojos.
—¿Orissa? —preguntó cuando entré en su línea de visión.
—Sí. Hola —dije torpemente, sin saber que más decir. Lentamente,
se sentó y miró su brazo. Su cara calló cuando vio las vendas.
—Joder. Esperaba que fuera un sueño. —Corrió una mano por su
cabeza—. Déjame salir.
—No —dijo Hayden tan fuerte que casi me sorprendió—. Si tengo
que golpearte otra vez, lo haré. Y la próxima vez no te despertarás tan
rápido.
Ivan agarró el timón apretadamente. Miró a Brock por el espejo
retrovisor pero no dijo nada. Sus labios estaban tensos con una línea
apretada de preocupación.
—¿Estabas mintiendo? —preguntó Brock—. ¿Acerca de ser mordido?
—No —dijo Hayden seriamente—. No lo estoy. Orissa sabe que es
verdad.
—Ella estaría de acuerdo con cualquier cosa que digas —dijo Brock
con el indicio de una risa.
—No, no lo haría —le dije—. Pero es verdad. Lo vi pasar la segunda
vez. Eso pasó cuando me caí del árbol. Nunca se lo contamos a nadie.
Ivan apartó los ojos de la carretera.
—¿Por qué harían eso? ¿Ponernos a todos en riesgo?
—Riss sabía —declaró Hayden—. Ella tendría…
—Sin decir nada —interrumpió Ivan.
—¡Yo lo haría! —repliqué.
—¿En serio? —casi gruñó—. ¿Entonces por qué no lo hiciste?
—¡Porque sabía que él estaría bien! Era la segunda vez que había
conseguido ser mordido. No quise que nadie actuara irracionalmente.
—No puedo creer que dejaras que ella nublara tu juicio —acusó Ivan
a Hayden—. Nunca antes habías mentido.
172
—¡No mentí! —discutió Hayden.
—¡Chicos! —gritó Brock—. ¡Paren! —El silencio calló sobre nosotros
cuatro—. Las cosas han logrado ponerse… un poco complicadas allá atrás
Página

pero no podemos derrumbarnos.


—Tienes razón —dijo Ivan—. Lo siento, Underwood —Miró sobre su
hombro—, y Penwell. Tú harías lo correcto, lo sé.
—Gracias, también lo siento —dije, sin embargo, honestamente, no
sentía que necesitaba disculparme. Crucé mis brazos y exhalé. Diez
minutos pasaron lentamente.
—¡Miren! —exclamó Brock, girándose.
—Están viniendo —dije en voz baja. Algo se hundió en mi corazón.
¿Era eso decepción? Sacudí mi cabeza. ¿Por qué no quería que los otros
estuvieran seguros en el complejo?
—Bien —dijo Hayden sin emoción. El resto del camino al complejo
podía describirse solo como incómodo. Brock se movió nerviosamente en
su asiento, Ivan todavía irradiaba rabia y Hayden no dijo ni una palabra.
Cuando el camino de entrada vino a la vista Brock preguntó.
—¿Qué debería hacer?
—Mantén la boca cerrada —respondí rápidamente. Ivan me fulminó
con la mirada—. La gente actúa como estúpidos cuando están asustados.
Especialmente cuando están esperando algo —razoné.
—Buscarán síntomas —continuó explicando Hayden—. Y tú los
sentirás —le dijo a Brock—. Yo lo hice.
—¿Qué si me vuelvo loco? —preguntó Brock con cansancio, sus
oscuros ojos grandes con miedo.
—Nosotros estaremos allí —le aseguró Hayden—. Si podemos
manejar una tonelada de zombis de mierda, podremos manejar a un S1.
—Pero tú no estás infectado —declaró Ivan, siendo optimista por
primera vez en un tiempo.
—Es posible que no lo estés —acordé—. Nosotros llegamos a ti de
inmediato. Te saqué algo de sangre, no sé si eso sirvió de algo, pero tiene
sentido para mí hacerlo. Y Hayden te vertió una botella completa de
peróxido en el corte. Realmente podrías estar bien.
—¿Realmente crees eso? —preguntó, su voz vacilante.
—Sí —dijimos Ivan, Hayden y yo en unísono.
—Está bien —dijo Brock, asintiendo, sin embargo la preocupación
en sus ojos decía otra cosa. Se puso una camisa manga larga para cubrir
su herida—. Riss, estás cubierta con mi sangre.
—Siempre estoy cubierta de sangre —expresé sin emoción y luego
me reí—. Nadie sospechará nada. —Me incliné por encima de Brock y
173

agarré un rollo de gaza y varias toallitas con alcohol. Las metí dentro de mi
brasier. Miré a Brock y sonreí—. Estarás bien.
Página

—Sí. —Mordió su labio y cruzó nerviosamente sus brazos. Levanté


mi brazo para jalar mi trenza, olvidando que mi cabello estaba en un moño
que parecía un nido de ratas. Oh, qué alegría, iba a ser muy divertido
desenredarlo. Consideré seriamente cortar mi cabello mientras
manejábamos hacia la puerta. Hayden salió para abrirla, cerrándola
después de que el carro de Owen la atravesara.
—Y, ¿qué vamos a hacer con ellos? —preguntó Brock, mirando
nerviosamente sobre su hombro.
—Hablaré con Fuller —dijo Hayden mientras regresaba dentro del
camión—. Le diré que no tuvimos opción, que nos dieron razones para…
—Y él te preguntará qué razones —argumentó Brock—. Chicos, sé
que ustedes quieren protegerme y todo, pero no veo cómo va a funcionar
esto.
El camión se sacudió a lo largo del largo camino de grava. Cerré mis
ojos y exhalé. Ivan bajó su ventana y le hizo señas a los A3,
intercambiando unas pocas palabras rápidas con ellos acerca de nuestros
acompañantes e introduciéndonos a través de las puertas automáticas.
—Tiene razón —aceptó Hayden de mala gana—. Y si… si las cosas
no están bien, habremos mentido. Además, todos sabemos que esos tipos
dirán lo que sucedió. Hablaré con Fuller —declaró—. Y trabajaremos en
algo.
Nos detuvimos e Ivan puso el camión en el parqueadero. Dudó,
manteniendo las llaves en sus dedos pero no apagó el motor. Asintió para
sí mismo, como si dijera que todo estaría bien y apagó el camión. Hayden y
Brock fueron dentro del complejo, dejándonos a Ivan y a mí para lidiar con
los civiles.
Jared estaba plantado fuera del carro; había perdido más sangre de
la que había anticipado. El idiota debió haberse jalado la flecha de nuevo.
Ivan y yo caminamos hacia ellos.
—Tienen que estar en cuarentena —les dijo Ivan a los civiles.
—Nosotros también lo haremos —me sentí obligada a explicar.
—Y alguien se hará cargo de tú hombro —continuó Ivan, mirando
furiosamente a Jared—. Entonces se decidirá que se hará con ustedes. —
Sus oscuros ojos perforaron a Jared—. Las cosas necesitan correr muy
suavemente por aquí. No queremos ninguna manzana podrida.
—¿Cuánto tiempo debemos estar en cuarentena? —preguntó Jenna
tímidamente mientras miró alrededor del suelo del complejo con
curiosidad.
174
—Veinticuatro horas —dijo Ivan—. Allí. —Señaló hacia el establo—.
Se les dará comida, agua y frazadas para dormir. —Sus ojos encontraron
los míos, diciéndome que liderara el camino mientras él se quedaba atrás,
Página

manteniendo un ojo en Jared. Sin embargo, en este punto, no pensaba


que el tipo fuera una gran amenaza. Caminamos dentro del establo,
encontrándonos con tres A2 en el camino. Ellos guiaron a los cuatro civiles
dentro de los compartimientos y les explicaron cómo funcionaba el proceso
de cuarentena mientras Ivan y yo nos íbamos.
Con un escalofrío, recordé mis veinticuatro horas en el establo.
Estaba enojada con Hayden por no haberme dicho sobre eso con
antemano. Fue increíblemente aburrido estar atrapada en el
compartimiento de un caballo por todo un día. Mi mente vagó y se llenó
con los pensamientos menos deseados. Esta era precisamente la razón por
la que no quería a Brock encerrado aquí. Cuando crees que algo está
pasando, empiezas a actuar de esa manera. Y si Brock empezaba a actuar
como si estuviera infectado…
Sacudí mi cabeza. No, él estaba bien. Todos nosotros éramos
mágicamente inmunes, una familia feliz. Viviríamos felices por siempre con
cachorritos y gatitos, matando zombis desde una distancia segura y nunca
consiguiendo ensuciarnos, estar sudorosos o con sangre nunca más. Y
nunca estaríamos hambrientos, con frío o incómodos nunca más. Sí, la
puta razón…
Ivan y yo fuimos directo a la oficina de Fuller. Cuando no
encontramos a Hayden y a Brock allí, decidimos revisar el único lugar en
el que podrían estar: en la sala del hospital. Después de las misiones,
íbamos directo a nuestros cuartos de cuarentena, sin interactuar con
nadie más que otros A. Cubiertos con una capa de sangre y todavía
cargando nuestras armas, Ivan y yo atraíamos un montón de atención
mientras andábamos con grandes zancadas por los pasillos.
Volví mi cabeza y miré directo hacia el frente, queriendo hacerme ver
tan inasequible como fuera posible; no estaba de humor para hablar con
cualquiera. Tal vez fueron nuestras duras expresiones o la falta de saber
que decirnos en esta situación, que hicimos nuestro camino hacia la sala
del hospital sin tener que abrir nuestra boca.
Brock estaba sentado en la cama de espuma, su manga enrollada
hacia arriba y su brazo extendido. Padraic y la doctora Cara pululaban
alrededor de él. Hayden y Fuller estaban hablando en susurros al final del
pasillo. Ivan caminó con pasos largos hacia adelante uniéndose a sus
compañeros marinos. Me quedé atrás, manteniéndome fuera del camino
de Padraic.
Tuve que recordarme tomar una respiración profunda y mantener la
calma. Ver a Brock bajos las molestas luces de exámenes era repugnante.
Padraic le dijo algo a la doctora Cara, quien asintió y agarró un vial y una
175

jeringa. Pinchó con la aguja la vena de Brock sin dudar.


—Oh, Orissa —dijo Padraic cuando se giró—. No sabía que habías
Página

venido aquí. —Sonrió y me miró directo a los ojos—. Estoy contento de que
estés de regreso. —Dio un paso hacia adelante como si fuera a abrazarme
pero se detuvo, sus ojos deslizándose por mi parte de enfrente—. ¿Estás
bien?
—Sí —le aseguré—. Esta no es mi sangre.
Padraic asintió.
—Bien.
—Así que, ¿qué piensas? —pregunté.
Sabiendo lo que mi pregunta implicaba, Padraic tomó otro paso más
cerca.
—No estamos seguros. Actuaste brillantemente, sacándole la sangre
evitando que se extendiera —me felicitó honestamente—. Vamos a ver qué
tanto del virus está en su sistema.
—¿Así que ustedes sabrán inmediatamente si está infectado?
—Más o menos —me dijo Padraic—. No creo que pueda decir con
seguridad que sabemos algo acerca del virus. Simplemente que no
tenemos los medios para llevar a cabo los exámenes apropiados. Todo lo
que “sabemos” son especulaciones y teorías, honestamente.
—¿Y qué si él tiene mucho del virus en su sangre?
—Entonces estará en cuarentena y esperaremos. —Padraic sonrió
débilmente—. Pero no nos adelantemos.
Asentí, queriendo ser tan optimista como Padraic.
—Yo estaba justo ahí, debí haberlo detenido —susurré, sintiendo
como si un peso fuera levantado mientras lo decía en voz alta.
—No puedes detener todas las cosas malas, Riss —me recordó.
—Lo sé, pero eso no significa que no quiera hacerlo. —Sacudí mi
cabeza—. Las últimas veces que he ido a afuera, algo horrible le ha
sucedido a alguien por quien me preocupo. Creo que estoy maldita;
debería simplemente empezar a salir sola.
—O no en absoluto —trató de bromear Padraic. De repente recordé
su intercambio de palabras no amistosas con Hayden antes de que nos
fuéramos. Quería estar enojada con él pero estaba muy cansada,
preocupada y molesta como para importarme una mierda. Padraic
pensando que yo no era capaz era la menor de mis preocupaciones en este
momento.
La doctora Cara presionó una bola de algodón sobre el pequeño hoyo
en el brazo de Brock. Sostuvo el vial con sangre fuertemente en su mano y
176
se escabulló de la habitación.
—No tomará mucho tiempo —me dijo Padraic y se unió a ella.
Esperé arriba de la cama al lado de Brock. Él lucía como si fuera a morir o
Página

a vomitar.
—¿Cómo lo estás llevando? —le pregunté.
—Estoy de maravilla —dijo sarcásticamente—. Solo quiero saber. De
una manera u otra. No me gusta esperar.
—No tienes por qué esperar solo —le dije y puse mi mano
gentilmente sobre la suya.
—Gracias.
Varios dolorosos minutos pasaron. La puerta se abrió; ambos Brock
y yo levantamos nuestras cabezas pensando que eran Padraic o la doctora
Cara con los resultados del laboratorio. Hayden vino primero, causando
que mi estómago se agitara de una manera estúpida. Ivan lo siguió y Fuller
entró de último. Con cinco de nosotros, la habitación de exámenes estaba
llena.
—¿Han averiguado algo? —preguntó Ivan.
—Todavía no —respondió Brock con arrepentimiento.
Miré hacia Hayden, tratando de enviarle un mensaje no verbal.
Encontré sus ojos y luego miré el lugar junto a mí. Él asintió muy
suavemente sin embargo no se movió. Lanzó una mirada hacia Fuller.
Levanté una ceja y él se encogió de hombros. Suspiré pesadamente y miré
lejos.
—¿Cuál es el plan? —preguntó Brock a Fuller.
—No te preocupes por eso todavía —dijo Fuller en un suave tono,
fuera de su carácter. Tenía la sensación de que no creía que Brock fuera a
estar bien.
—Es más fácil decirlo que hacerlo —rio Brock temblorosamente.
Asentí y le di una palmadita en la mano. Brock golpeó
nerviosamente su pie contra la base de madera de la cama, haciendo
traquetear lo que sea que estaba integrado en los cajones. Hayden cruzó
sus brazos y se recostó contra la puerta, sus ojos café llenos de
preocupación. La cara de Ivan estaba en blanco, como si se negara a
procesar cualquier emoción. Fuller miraba fijo hacia el frente, tratando de
parecer estoico.
Por mucho que lo detestara, tenía que darle crédito a Fuller por
preocuparse por sus soldados. Tal vez era porque nosotros éramos los
únicos que quedábamos, pensé con rencor. Varios minutos después,
Padraic regresó a la habitación. Todos nos dimos la vuelta para verlo venir.
177
—Lo siento, Hayden, pero necesito una muestra para usar como
comparación.
—Está bien —dijo Hayden, enderezándose y extendiendo su brazo.
Página

Padraic se puso los guantes, obtuvo los suministros que necesitaba,


desinfectó la piel de Hayden con un pañito de alcohol y muy gentilmente
clavó la aguja dentro de la vena de Hayden.
—¿No sabes nada todavía? —preguntó Brock, con la voz quebrada.
—Todavía no. Tus resultados de laboratorio están listos, pero quiero
comparar tu sangre con la de Hayden antes de decirte cualquier cosa. —
Padraic deslizó la tapa sobre la aguja y presionó un pedazo de gaza sobre
la pequeña gota de sangre que estaba en el hueco del codo de Hayden.
—Eso fue rápido —expresó Brock—. ¿Fuiste capaz de verlo todo ya?
Padraic lució confundido por un segundo.
—Oh, no. Pasé tu sangre a través de una máquina que nos indica los
valores de laboratorio. —Sonrió—. No tenemos que hacer todos los
exámenes manualmente, solo los del virus zombi.
—Deberías nombrarlo —dije de repente. Todos me miraron—. Ya
sabes, los doctores y científicos que descubren alguna basura siempre la
nombran. Creo que deberías nombrarlo.
Padraic medio sonrió y se giró hacia mí.
—¿Cómo debería llamarlo?
—Tú eres el doctor. Nómbralo tú.
—Uh, está bien. El… el, uh, Lazarus… contagio de Lazarus,
entonces.
—Me gusta.
—No es muy creativo. Pensaré en ello —prometió y dejó la
habitación. Esperamos en silencio por lo que pareció una eternidad.
Cuando Padraic vino a la habitación por segunda vez, supe
inmediatamente que podía respirar tranquilamente. Sus ojos azules
estaban claros nuevamente y estaba resistiendo la urgencia de sonreír.
Como Raeya, podía ser leído fácilmente.
—Estás limpio —le dijo a Brock.
—¿Estás seguro? —preguntó Brock, en el borde de su asiento.
—Sí. No encontramos rastros de virus en la muestra que tomamos.
—La muestra —repitió Brock—. ¿Pero puede estar en el resto de mí?
Padraic corrió la mano por su cabello y la luz que iluminaba su
rostro murió.
—No puedo estar seguro de nada relacionado con el virus. Muta,
cambia, y afecta a todos de manera diferente. Pero puedo asegurarte que
no había nada en la muestra que tomamos. En lo que a mí respecta, no
178

estás infectado.
El cuerpo de Brock se relajó. Apretó mi mano.
Página

—¿Así que soy inmune?


—De eso —dijo Padraic mientras se recostaba contra el mostrador—,
no estoy seguro. Si fueras resistente, como Hayden, deberías tener rastros
del virus en tu sistema. Y no lo haces. —Mostró una brillante sonrisa en
mi dirección—. Creo que puedes agradecerle a Orissa por eso.
Brock me abrazó.
—No puedo agradecerte lo suficiente, Riss.
—No te preocupes por ello —dije casualmente palmeando su
espalda.
—¿Ahora qué? —le preguntó Brock a Fuller.
—Puedes estar en cuarentena con los demás si ellos aceptan
mantener un ojo sobre ti.
—Está bien —respondió Hayden inmediatamente.
—Está bien para mí también —respondió Ivan.
Sin darme la oportunidad de decir mi opinión, que era que yo
también estaba bien con cuidar a Brock, Fuller continuó—: Está bien,
entonces. Obtengan sus cosas y vayan directo para allá. Tendrán un día
libre extra ya que esta noche no será relajante.
Los chicos asintieron y se levantaron para irse. Padraic puso su
mano sobre mi hombro y asintió hacia mí para que lo siguiera.
—Riss, quiero que tengas cuidado —dijo, sus ojos moviéndose hacia
abajo por mi cuerpo. Por un instante pensé que estaba mirando mis tetas;
sin embargo, estaba mirando la sangre seca con la que estaba cubierta.
—Soy cuidadosa —respondí—. ¿De qué estás hablando, Padraic?
—Estaba realmente sorprendido al ver los resultados de los
exámenes de laboratorio —comenzó, frotando la parte de atrás de su
cuello. Suspiró y dejó caer su mano.
—¿Brock no está bien? —pregunté, un destello de miedo apuñalando
mi corazón.
—No, no, Brock lo está. Es… es Hayden.

179
Página
El parpadeo se convirtió en un incendio.
—¿Qué está mal en él?
—Todavía tiene gran cantidad del virus en su sangre. Pensé que lo
eliminaría, y algo de lo que tiene, pero está tomando más de lo que
esperaba.
Mi cuerpo se vuelve frío.
—¿Crees que pudo infectarse?
—Técnicamente, está infectado. Pero el virus no le hace nada. Creo
que no lo hará.
—¿Entonces por qué me estás volviendo loca por esto?
Puso un dedo en un grumo de sangre de mi brazo.
—Por esto. Utilizaste tus manos, tus manos desnudas, para cuidar
de Brock. Probablemente salvaste su vida, pero pusiste la tuya en peligro.
Si Hayden estaba herido, tú estarías igual, ¿no?
—Por supuesto. No te sigo, Padraic. Solo dilo, por favor.
—Creo que Hayden es un portador.
Mi corazón cae al suelo.
—¿Un portador?
—Sí. Si entraste en contacto con su sangre, creo que podrías haberte
infectado.
—Oh. —Lo había estado ya. Había tenido la sangre de Hayden en mí
más de una vez. Y si su sangre estaba infectada entonces otros fluidos
también…. y había estado expuesta a ellos más de una vez. Y no era una
lunática furiosa que ansiaba la comida ya digerida de humanos.
—¿Riss? —preguntó Padraic, poniendo su mano en mi hombro—.
¿Estás bien?
—Sí —le dije y me recuperé rápidamente al aquí y ahora—. Estoy
180

cansada. Y estresada.
—Cierto. Has pasado por mucho.
Página

—¿Se lo contaste a Hayden? Quiero decir, creo que debería saberlo.


—Hablaré con él una vez que todo esté libre. —Quitó la mano. Mi
mente daba vueltas pensando sobre el virus, la sangre y la infección de
unos a otros. Deseé que el papá de Raeya estuviera alrededor para hacer
todo tipo de pruebas y experimentos para darnos algunas respuestas,
aunque dudaba que la compañía de investigación farmacéutica en la que
él trabajaba lo preparara para nada zombi.
Cuando éramos niñas, Ray y yo solíamos meternos en problemas
con tubos de ensayos y vasos que encontrábamos en la oficina de su
padre. Todo era entonces diversión y juegos. Mirando atrás, fuimos
afortunadas de no coger ninguna enfermedad o mutación rara.
—Disparé a ese chico con una flecha. —Las palabras salieron de mi
boca al igual que la conexión que se ha realizado en mi cabeza.
—Sí, Brock me lo dijo. No tenías elección —dijo Padraic, pensando
que me sentía mal por disparar a un humano.
—Una flecha que había usado para matar zombies —le dije, mi voz
baja.
—Oh. ¡Oh! —exclamó Padraic, dándose cuenta de mi declaración
implícita. Sacudió la cabeza—. ¿Cuándo fue la última vez que esa flecha
tenía sangre de zombie en ella?
—No estoy segura. —Traté de pensar atrás—. No cuidé de él —dije
con egoísmo—. No quiero que te hiera.
—El virus no vive sin un huésped durante mucho tiempo —me
aseguró Padraic.
—Creo que quizás la usé dos o tres horas antes de disparársela. —
Recordé el derribo de los zombies en el parqueo. Padraic apretó los labios.
—Podría estar bien —me aseguró.
—Nuestras armas son cubiertas de sangre zombie —dije—. Y
realmente no las limpiamos cuando estamos en la carretera.
Padraic negó.
—Por lo que soy capaz de decir, el virus no sobrevivirá al aire libre
por mucho tiempo; no más de un par de horas a lo sumo. No puedo evitar
la sensación de que mi teoría podría no aplicarse a todos los zombies.
—Oh, bueno, eso es bueno —dije con un suspiro de alivio—. ¿Has
averiguado algo más?
—No puedo decir con seguridad, ya que hemos tenido muestras
limitadas para probar, pero parece que el virus en un S1 es menos
amenazante, lo que podría ser la razón de por qué Brock no está infectado
181

—explicó Padraic.
—¿Qué? —pregunté, juntando mis cejas. Recogí sangre seca en mis
Página

brazos, que estaba empezando a picar.


Padraic exclamó.
—No quiero decírtelo hasta que lo sepa a ciencia cierta.
—Me lo puedes decir —le recordé—. Quiero saberlo y te molestaré
hasta me lo digas, así que mejor lo escupes.
—Parece que el virus evoluciona. El virus en la muestra S1 que
trajiste no era tan potente como el virus en la muestra S3. No estoy seguro
todavía de por qué, tengo varias teorías. —Se cruzó de brazos y me miró a
los ojos—. Sin embargo, es un tema largo y aburrido. Sé que estas
cansada.
No podía discutirle eso. Hoy ha sido agotador, física y mentalmente.
—Sí, y mejor me pongo en cuarentena antes de que a Fuller le dé un
aneurisma. —Me acerqué a la puerta—. Dile a Ray que estoy de vuelta
sana y salva y que dije “hola”.
—Lo haré —me promete.
—Gracias, Padraic. —Salí de la sala del hospital y corrí a mi
habitación. Hayden me estaba esperando, con la ropa para ambos cruzada
en sus brazos.
—Lenta —bromeó.
—Estaba hablando con Padraic del virus —le dije con gravedad—. Es
raro; cuanto más sé menos confuso debería ser, pero es al revés. Es más
complicado de lo que imaginaba.
—Lo es —concordó—. No pensemos en eso ahora; solo deja que
pasen las siguientes veinticuatro horas.
Agarré mis cosas de ducha y seguí a Hayden por las escaleras.
Jones, un A3 con el que no había conversado mucho, traía varios perros.
Argos se separó y corrió hacia mí. Dejé todo lo que estaba haciendo para
saludar al perro.
—Hola cariño —dije con entusiasmo, arrodillándome para acariciar
al Doberman. Su cola se movía como loca y gimoteó cuando lo rodeé,
completamente emocionado.
—Creo que te extrañaba —dijo Jones con una sonrisa.
—¿Dónde está Greta? —preguntó Hayden, mirando por su perro
favorito del grupo.
—Está fuera —le dijo Jones—. Debes ver su formación. Se está
volviendo buena en encontrar gente.
—Fantástico. ¿Cuándo crees que estará lista para salir? —preguntó
182

Hayden.
—Muy pronto. Puedo traerla, si quieres.
Página

—Lo haría, pero tenemos que llegar abajo. Gracias por cuidar de los
perros —dijo a Jones con una sonrisa.
Abracé a Argos.
—Sí, gracias. Se ve muy bien —concordé. Le acaricié una vez más,
pensando que era el mejor perro que había visto nunca. Supuse que era
posible que fuera poco parcial. Entramos en la sala de cuarentena,
dejando caer nuestras cosas en el sofá.
—Te puedes duchar primero —me dijo Ivan, que ya se había sentado
con Brock—. Una vez más, eres la que está cubierta de sangre.
Les agradecí a los chicos, sonreí, y me encogí de hombros, pero
estaba muy ansiosa por lavar la sangre seca de mi piel. Me desaté las
botas y las tiré por la puerta. Mi calcetín estaba pegado al corte de mis
talones y dolió como una perra cuando los saqué fuera. Cojeé hasta el
baño y me quité la ropa. Definitivamente no valía la pena guardarlos. Los
metí en la basura y me volví a la ducha.
La puerta del baño se abrió y salté, cubriéndome con mis manos.
—¿Qué demonios? —le pregunté a Hayden cuando entró.
—Debemos ahorrar agua —me dijo con una sonrisa—. Es
responsable hacerlo.
—¿Pensé que no querías que nadie lo supiera? —pregunté.
—Brock e Ivan ya lo saben.
—Las cámaras —le recordé.
—Nadie nos está mirando. —Se sacó su camisa por la cabeza, sus
placas de identificación atascándose y saliendo, cayeron al suelo con un
tintineo. La recogí y se las levanté a Hayden. Se quitó los pantalones y me
distrajeron. Levantó los brazos como si quisiera volver a ponerlos en su
cabeza pero se detuvo y puso la cadena alrededor de mi cuello.
—Quiero que lo uses —me dijo y me besó. El calor fluía de sus
labios, yendo a cada pulgada de mi cuerpo. Envolví mis brazos alrededor
de él y lo acerqué.
—¿Estás seguro? —pregunté, me separé de Hayden. Cerré los dedos
alrededor de la placa de metal.
—Sí —susurró y me besó de nuevo—. Te amo, Orissa. —La emoción
se apoderó de mí. Cerré los ojos, lágrimas de miedo quizás formándose.
Quité el resto de la ropa de Hayden y entré en la ducha, llevándolo
conmigo.
Esta vez no nos importó lo ruidosos que éramos. Perezosamente nos
183

secamos y nos vestimos. Nos acomodamos en el sofá, estirándonos y


Hayden envolvió sus brazos a mí alrededor. Me recosté en él y sonreí para
mí misma, frotando mis dedos sobre la placa metálica de identificación.
Página

—Si usaron toda el agua caliente voy a estar cabreado —dijo Ivan,
con el usual humor y encanto de vuelta en su voz. Nos dirigió una brillante
sonrisa y fue hacia el baño. Brock estaba en la pequeña cocina comiendo
lo que olía como a sopa de vegetales. Olía bien e hizo que mi estómago
rugiera, sin embargo estaba muy feliz en el abrazo de Hayden como para
levantarme justo ahora.
No tomó mucho tiempo para que ambos cayéramos dormidos.
Cuando nos despertamos varias horas después, mi espalda estaba
adolorida y tenía tortícolis en mi cuello por la manera en que me
encontraba recostada.
—Buenos días, luz del sol —se burló Brock.
Me senté, girando mi cuello dolorosamente.
—¿Cuánto tiempo estuve dormida? —pregunté, mi voz seca y
rasposa.
Brock miró el reloj.
—Más o menos cinco horas. —Dio media vuelta hacia la película que
él e Ivan estaban viendo—. Todavía tienes unas pocas horas más para
dormir —dijo, recordándome que estábamos tomando turnos otra vez.
—Está bien —dije y me recosté junto a Hayden. Solo unos segundos
pasaron antes de que me diera cuenta de que ya no estaba cansada. Me
levanté, tomé un poco de agua y abrí una lata de sopa. La dividí en dos
tazones y los metí en el microondas.
Pasé mis dedos a través de mi cabello desordenado antes de intentar
usar mi cepillo. El temporizador del microondas pitó antes de que incluso
llegara a la mitad de los enredos. Puse los tazones, dos cucharas y un vaso
de agua en una bandeja y los llevé al sofá. Hayden se despertó cuando me
senté; me agradeció por la sopa y la devoró en un minuto.
Fui al baño para cepillar mi cabello. Cuando salí, Hayden estaba en
una de las camas. Me arrastré a su lado, acurrucándome cerca de su lado.
La cama individual no ofrecía mucho más espacio que el sofá y era difícil
conseguir estar cómodo. Estúpidamente, estaba impaciente por salir y
hablar con Raeya; quería mostrarle el nuevo collar que estaba usando.
Descansé mi cabeza sobre el firme pecho de Hayden, ignorando el hecho
de que estaba menos que cómoda.
Ivan estaba cansado y se acostó en la otra cama individual. Me
recosté perezosamente antes de unirme a Brock en un juego de cartas.
Veinte minutos después, Hayden se levantó y se sentó en la mesa con
nosotros. Comimos más sopa, hablamos de las reuniones familiares del
pasado (La familia de Brock era tan disfuncional que me hacía ver a mi
184

familia desordenada como normal), y nuestras experiencias escolares.


—Nunca comprendí porque las chicas son tan malas entre ellas —
dijo Brock mientras barajaba el juego de cartas sin prestar atención—.
Página

Casi no quise tener una novia por un largo tiempo a causa de ello. No
puedes escapar del maldito drama. —Él y Hayden me miraron como si
supiera todas las respuestas.
—¿Qué? —les pregunté.
—Vamos, Riss. ¿No sabes alguna regla secreta de chicas que puedas
compartir con nosotros ahora que el mundo se ha ido al infierno? —
preguntó Brock.
—No realmente —le dije honestamente. Suspiré—. Bueno, es porque
las chicas siempre están juzgándose entre sí.
—¿Por qué? —preguntó Hayden.
—Porque queremos ser la mejor. —Me incliné hacia adelante—. Es
como si estuviéramos programadas mentalmente para pensar que
debemos ser la mejor o no le agradaremos a nadie. Nosotras lo intentamos
y lo intentamos y si encontramos a alguien mejor que nosotras, lo cual
haremos, la insultaremos para hacernos sentir mejor. Las chicas son
celosas por naturaleza. Si otra chica tiene mejor cabello, un trasero firme,
tetas más grandes, más amigos, lo que sea con lo que puedas comparar,
estamos enseñadas a odiarla y encontramos razones para hacerla caer.
—¿Realmente crees eso? —preguntó Hayden.
—Lo sé.
—No te veo siendo como del tipo celoso —declaró Brock.
Me encogí de hombros.
—Tampoco creo serlo.
—¿Así que no insultarías a una chica que es mejor que tú? —
preguntó él.
Sacudí mi cabeza.
—¿Cuál es el punto? No importa qué, si haces el estúpido juego de
comparaciones, siempre encontrarás a alguien mejor que tú.
Brock hizo una cara.
—Pero eres una persona competitiva.
—Sí, lo soy. Me gusta retarme a mí misma. Pero aprendí hace mucho
tiempo que es mejor si solo dejas de comparar. No quiero ser derribada por
la jodida imagen perfecta de la sociedad de lo que una mujer debe ser. Yo
soy yo y si no te gusto, bueno, jódete. Y cuando estás constantemente
comparando y preocupándote acerca de lo que otras personas piensan de
ti, ellos te poseen y no eres realmente tú nunca más. —Sonreí y me incliné
185
hacia atrás en la silla.
Hayden se giró hacia Brock.
Página

—Creo que ella es una tutora —bromeó.


—Y estoy segura de que los chicos se mantienen comparando tanto
como nosotras —dije. Hayden y Brock estuvieron en desacuerdo
inmediatamente—. Oh, vamos, ustedes también lo hacen.
—Tal vez nos comparamos un poco —admitió Hayden—. Pero no
creo que tratemos de hacer caer a otros chicos.
—Sí —concordó Brock—. Como si viera a un chico en el gimnasio
que fuera más macizo, yo, celosamente desearía ser más fuerte pero no lo
llamaría puta como las chicas hacen entre ellas.
—Tiene sentido —dije y tomé las cartas de Brock. Las barajé, repartí
y empecé otro juego de Rummy20. Una vez que las doce horas pasaron y
Brock se sintió libre de síntomas, se relajó lo suficiente para dormir.
Hayden y yo nos acurrucamos en el sofá, viendo películas y hablando para
pasar el resto del tiempo.
Olvidé mirar el reloj cuando vinimos por primera vez dentro de la
cuarentena. Sabía que regresamos en la tarde; era actualmente la una y
media. Terminé cayendo dormida mientras Hayden e Ivan mantenían un
ojo en Brock, sin embargo en este punto estábamos seguros de que él
estaba bien. Hayden me despertó cuando nuestro tiempo terminó.
Justo a tiempo para la cena, nos bañamos y cambiamos antes de ir
abajo. Raeya, Sonja y Olivia corrieron hacia mí. Tiré mis brazos alrededor
de mi mejor amiga, abrazándola tan fuerte que la levanté del suelo.
—Riss —exclamó ella— ¡Te extrañé!
—Yo también te extrañé —le dije y tomé un paso hacia atrás—. Y
mira, te dije que solo me iría por un día o dos. —Alcancé mi bandeja y me
uní a Ray en su mesa llena con personas de mi viejo grupo: Lisa, Sonja,
Jason y Padraic. Olivia y otra chica adolecente que no conozco llenaban la
mesa con ellos. Solo había una silla más. Miré a Hayden, quien me sonrió
y asintió.
Desde que había pasado unas enteras veinticuatro horas a su lado,
no sentarme al lado de él por una comida no iba a herir sus sentimientos.
Me senté, feliz de pasar tiempo con mis amigos. Raeya me dijo que se le
ocurrió un sistema seguro para conseguir que todos salieran al aire libre.
Ella había salido con una hoja de registro de horarios de receso para que
todos la siguieran. Fuller estuvo de acuerdo con poner dos A3 para montar
guardia alrededor del área de la valla de los perros mientras los residentes
estuvieran disfrutando de la luz del sol.
—La tensión está aumentando —me advirtió—, es como si la
gratitud por estar seguros estuviera desapareciendo y las personas están
cada vez más inquietas. —Empujó el puré de papas alrededor de su
186

plato—. Algunos de nosotros hemos estado aquí por meses; hemos crecido
Página

(1) 20 Rummy es un juego de cartas; se juega con la baraja francesa o bien con fichas
(numeradas del 1 al 13 y en 4 colores o palos). El objetivo de cada mano es
descartar todos los naipes en la mesa. El primer jugador en quedarse sin naipes
es el ganador de la mano.
cómodos. Y con eso, las personas parecen creer que pueden hacer lo que
quieran.
—Eso no es bueno —declaré torpemente y me forcé a comer un
bocado de cacerola de atún. Hubo un tiempo en que disfrutaba este
platillo; teniendo que atragantarme con él una vez a la semana me hizo
detestarlo con pasión.
—No, no lo es. Me temo que las personas se sienten como si
estuvieran esperando algo que nunca vendrá.
—¿Y qué estamos esperando? —preguntó Sonja, habiéndonos
escuchado.
—Que todos los zombis mueran —nos señaló su hermano como si
fuera la cosa más obvia en el mundo.
—¿Y entonces qué? —preguntó ella.
Padraic tomó un trago de agua y respondió.
—Empezaremos de nuevo.
—¿Cómo? —Presionó Sonja—. Apenas si tenemos algo.
—Ha sido hecho antes —le dije, la expresión de Hayden haciendo eco
en mi mente—. Hace cientos de años. Somos más inteligentes ahora;
podemos hacerlo de nuevo.
—Más inteligentes pero no más fuertes —dijo Lisa y todos nos
reímos.
Después de la cena Hayden fue al piso de arriba para jugar video
juegos con los otros A1. Yo me quedé abajo y seguí a Raeya dentro de la
sala de juegos. Jugamos un juego de mesa con Lisa, Sonja y Olivia y luego
afané a Raeya al piso de arriba y a afuera al área de los perros.
Encontramos a Argos y lanzamos una bola de tenis para él.
—¡Las estrellas son tan brillantes! —dijo Raeya, envolviendo sus
brazos alrededor de sí misma. Su respiración se nubló alrededor de su
cara y un frío viento de finales de invierno sopló a través de su cabello.
—Sí, ya no hay contaminación lumínica. —Tiré la bola lo más lejos
como pude y levanté la mirada—. Nunca me di cuenta lo mucho que había
hasta que desapareció. ¿Recuerdas lo oscuro que estaba cuando
estábamos en el camino?
—Sí, era imposible ver.
187

—Gracias a Dios por nuestras miras de visión nocturna —dije con


media sonrisa. Temblé; sin el sol, el aire nocturno era helado. Raeya se
Página

sentó sobre un balde volcado.


—No puedo esperar hasta que podamos pasar más tiempo acá
afuera —suspiró—. Es bastante seguro, ¿Cierto?
—Lo creo —le dije honestamente—. Sin embargo, creo que hemos
sido afortunados de que ningún zombi se halle deambulado lo
suficientemente cerca para darse cuenta de que hay cientos de sabrosos
humanos bajo tierra.
—No pueden llegar a nosotros —me recordó, pero yo era capaz de
sentir la duda en su voz.
—Cierto. No abajo por lo menos. Y las ventanas son a prueba de
balas, las puertas con todas de acero y las paredes están reforzadas. Sería
difícil para ellos lograr entrar a la finca e imposible lograr entrar en los
niveles más bajos.
—¿Qué haríamos si fuéramos atacados?
—Esperaríamos. Eso es lo que diría Fuller de cualquier modo.
Nuestro ganado se iría sin embargo. Con suerte los A2 de allá afuera
serían capaces de ponerse seguros. Y nosotros, los A1, seríamos enviados
a matarlos.
—¿Qué hay de los A3?
—Las torres de vigilancia en las que están son lo suficientemente
altas y suficientemente fuertes así que estarían bien. Solo tendrían que
esperar también.
—¿Cuánto tiempo crees que eso sería?
—No tengo idea. Los zombis eventualmente seguirían con su
camino… creo.
Asintió y miró alrededor del área poco iluminada encerrada por la
valla, sin duda planificando una ruta de escape.
—¿Lo sabríamos?
—¿Saber qué?
—Si los zombis rodearon el campamento. ¿Nos lo dirían?
—Yo te lo diría —le dije honestamente—. Pero no creo que lo sabrían
mientras esté ocurriendo. Eso crearía pánico.
—Cierto, lo haría. Y no es como que si nosotros supiéramos incluso
hiciera una diferencia. —Suspiró fuertemente—. Tal vez las cabinas no son
una buena idea después de todo.
—Oye —dije gentilmente—. ¿Qué está mal? —Nunca dudé de su
188
vacilante sentido de optimismo.
Sacudió su cabeza.
Página

—Nada. C-creo que también estoy teniendo fobia a estar encerrada.


—Me miró directo a los ojos—. Solo que hay muchas cosas que echo de
menos.
—Yo también —concordé—. Este estúpido mundo muerto chupa
traseros, pero estamos aquí y tenemos que sacar el máximo provecho de
ello, no importa lo jodido que sea. Admitiré que hubo un tiempo en el que
pensé que era mejor no vivir.
—¿En serio?
Asentí.
—Pensé que no tenía más nada por lo que vivir. Pero te tengo a ti y a
los demás y ahora a Hayden… No soy buena en esto, Ray, pero no puedes
perder la esperanza. Tú me enseñaste eso. Nosotros somos fuertes, somos
sobrevivientes. Si lo hemos hecho hasta ahora, entonces creo que somos
unas perras difíciles y que podemos continuar.
Sonrió.
—No creo que haya nadie a parte de ti que pueda decir tantas malas
palabras en un discurso motivacional y aun así hacerme sentir mejor —
rió—. Pero tienes razón. La vida no es lo que solía ser, pero estamos vivos,
no podemos olvidar eso.
Uno de los perros ladró. Me di la vuelta, mis ojos escaneando la
propiedad. Otro ladrido y corrió hacia la valla. Luego escuché el familiar
siseo de mapaches. Dejé salir mi aliento que no sabía que estaba
sosteniendo y me giré hacia Ray, mis manos con descuido jugueteando con
la cadena alrededor de mi cuello.
Preparada para decirle lo de Brock siendo mordido y los disparos,
jalé nerviosamente la cadena.
—¿Qué es eso? —preguntó, incapaz de verla en la oscuridad.
Una sonrisa surgió en mi cara.
—Las placas de Hayden. —Intenté decirlo casualmente pero fallé en
mantener la felicidad fuera de mi voz.
—¿Te dio sus placas?
—No, las robé cuando estaba dormido. Claro que me las dio, Ray.
—¿No se supone que los soldados deben usarlas todo el tiempo?
—En guerra sí, así es como los cuerpos consiguen ser identificados.
—Oh —dijo pero me siguió mirando de manera burlona—. Así que
no las necesita más, ¿Cierto?
189

—Supongo que no —dije, sin gustarme el pensamiento de la


necesidad de identificar el cuerpo de Hayden. Tiré de las placas,
mordiendo mi labio.
Página

—Espera —dijo Raeya y se calló—. ¿Eso significa lo mismo que darle


a alguien un pin de fraternidad?
Asentí.
—¡Oh mi Dios, Riss! —chilló—. ¡Eso es tan dulce!
Sacudí mi mano, queriendo restarle importancia al romance.
—Sí, supongo…
—Siento un “pero” viniendo en camino.
—¿Un trasero?21
Asintió.
—Es dulce pero…
—Oh, esa clase de pero. Y sí. —Dejé caer mi mano—. Dulce, sí,
¿Pero cuál es el propósito? ¿Por qué darme algo que simboliza el querer
estar juntos por siempre cuando mañana podemos estar tan lejos de
conseguirlo?
—No sabes eso —me dijo—. Y además, lo amas, ¿no es así? —
Asentí—. Y obviamente él te ama; ¿Por qué no esperar un “juntos por
siempre”?
—Incluso si no hubieran zombis, tengo bajas expectativas de por
siempre —le recordé.
—Lo sé. El divorcio de tus padres te hizo tener enormes dudas en
duraderas relaciones funcionales —dijo sin rodeos—. Pero no lo es para
Hayden. No es justo para él si no le das si quiera la oportunidad de
demostrarlo.
Asentí de nuevo.
—Tienes demasiada razón, Ray.
—Eso —dijo con una sonrisa—. Es algo con lo que puedo vivir. Y
estoy agradecida de estar de regreso dándote consejos. Tus discursos
motivacionales son raros.
Me reí. El viento sopló de nuevo y ambas temblamos. Decidiendo
meter a los perros con nosotras, Ray y yo cortamos las correas de siete
perros grandes y cargamos en brazos a los dos pequeños que estaban
afuera con nosotras. Los trajimos abajo; Raeya sabía a quienes
pertenecían la mayoría de los perros.
Llevé a Argos arriba a mi habitación conmigo. Trotó por delante, feliz
de estar en un lugar nuevo. Asumí que dormía con los pastores alemanes
que fueron entrenados para ayudarnos en nuestras misiones; estaba
190
segura de que sería feliz de pasar la noche con nosotros.
Argos olfateó su camino dentro del cuarto de Wade y Rider, después
de haber escuchado múltiples voces. Con entusiasmo, saludó a los chicos
Página

y luego saltó sobre la cama, recostándose detrás de Hayden. Junto con

21 Es un juego de palabras debido a que pero en inglés es but y trasero butt.


Wade y Rider, Hayden, Brock e Ivan la habitación estaba llena y estaban
jugando video juegos. Mi mano voló a las placas, lista para meterlas debajo
de mi camisa y fuera de la vista.
Los ojos avellana de Hayden encontraron los míos y sonrió, enviando
algo a través de mí. Dejé las placas rebotar en mi pecho. Les dije hola a los
chicos y di una zancada hacia Hayden, quien estaba sentado en el borde
de la cama. Sin vacilación, envolví mis brazos alrededor de él y lo besé.
Cuando me alejé, todos estaban mirándome, incluido Hayden.
—No me gusta mantenerlo en secreto —le dije a él en voz baja. Me
giré para encarar a Wade y Rider—. Estamos juntos. Lo hemos estado por
un tiempo y estoy cansada de andar a escondidas.
—Lo veía venir —le dijo Rider a Wade.
—Podrías solo habérnoslo dicho en lugar de mostrárnoslo —bromeó
Wade. Sonrió, guiñó un ojo y se giró hacia su juego.
—¿Se lo van a decir a todo el mundo? —preguntó Ivan, sin apartar la
mirada del televisor.
—No —dijo Hayden al mismo tiempo que yo decía que “sí”.
—¿Por qué no? —le pregunté.
—Sabes porqué —respondió, sonando un poco molesto.
Rodé mis ojos y me alejé de él, reubicándome a su lado. Me quedé,
acariciando a Argos, hasta que me aburrí de estar viendo a los chicos jugar
juegos. Sabiendo que Hayden prefería las cosas aseadas y ordenadas,
recogí mi ropa sucia y la llevé al cuarto de lavado.
—Hola, Orissa —dijo Gabby. Se inclinó y transfirió su ropa de la
secadora a su cesta de ropa.
―Hola, Gabby.
—¿Cómo estás esta noche? —preguntó.
—Estoy bien —dije honestamente—. Tan bien como se puede estar.
—Te entiendo. Como todos los chicos están jugando video juegos
esta noche, ¿quieres ver una película con Jess y conmigo?
No quería hacerlo. Puse mí cesta abajo.
—Seguro.
191
—Fantástico. Decidimos ver La noche de los muertos vivientes —dijo
con una risa. Ajustó su cola de caballo rubia y levantó su cesta. Podría ser
realmente linda, pensé, si usara maquillaje e hiciera algo con su
Página

naturalmente ondulado y rizado cabello—. Empezaremos pronto, ¡Te veo


en un rato!
Encendí la máquina, gruñéndome acerca de tener que sufrir a través
de una hora y media de tiempo de chicas viendo una estúpida película a
blanco y negro. Sin medir el detergente, lo vertí y empujé mi ropa dentro
de la lavadora.
Me puse unos pijamas y una sudadera y fui a la habitación de
Gabby y Jessica.
Todas las habitaciones estaban organizadas de la misma forma: una
cama y veladores a cada lado de la puerta, un vestidor centrado a la pared
opuesta con una ventana sobre este, un librero y un armario a los lados.
Una de las repisas en su librero sostenía unas pequeñas figurinas de
cristal y una fotografía de una familia alguna vez feliz. Fue extraño ver una
sonrisa tan grande en el rostro de Jessica.
Gabby palmeó el lugar junto a ella. Me senté en su cama,
acomodando una almohada detrás de mí.
—¿Has visto esto? —preguntó, presionando reproducir.
—Hace mucho tiempo —le dije—. ¿Y tú?
—No. Las películas de zombies solían asustarme. Ahora la situación
actual es mucho peor.
—Sí. No cubren todas las bases en las películas.
—Ugh. Para nada. Todo es correr y acción y no muestran como aun
así tienes que seguir viviendo.
Jessica entró a la habitación llevando un tazón de palomitas de
maíz. Un poco para mi sorpresa se apretujó en la cama a mi lado.
—Por suerte tenemos una reserva sin fin de palomitas de maíz para
microondas —dijo Gabby y agarró una mano llena. Vimos la película,
comiendo y hablando ocasionalmente. Mientras más conocía a Gabby, más
me agradaba. Mientras más hablaba con Jessica, más me apenaba por
ella.
Jessica estaba trabajando el día en que el primer loco atacó a
alguien en su pequeño pueblo. Como policía fue la primera en responder.
Él había mordido a la mesera en el Comedor de Sue. Otro cliente lo golpeó
en la cabeza, dejándolo fuera de combate por unos segundos. Luego estaba
de pie de nuevo, atacando a quien estuviera cerca. Mató a una persona, y
para cuando llegó Jessica, estaba dándose un festín con sus órganos.
Jessica le disparó en ese punto.
Cuando llegó a casa esa noche, dijo que sabía que algo no andaba
192

bien con Jacob, su hijo de cinco años. Él seguía diciéndole que su cabeza
le dolía. Pensando que era un dolor de cabeza normal le dio una aspirina,
un beso, y lo acostó en la cama.
Página

Nunca despertó.
Luego el caos estalló. Mientras ella y su esposo lloraban la muerte de
su hijo, la gente del pueblo se tornaba unos contra otros. Jessica reunía
frenéticamente armas y provisiones para hacer una huida. Dejó a su
esposo en la casa y corrió al garaje a dejar una bolsa en el carro.
Cuando volvió a la casa, la puerta estaba asegurada. Cerró sus ojos
mientras me decía como había sonado la puerta mientras le rogaba que la
dejara entrar. Pero él no lo hizo. Finalmente se rindió y rompió la ventana
en la puerta para llegar, cortándose el brazo con el vidrio roto.
Su esposo estaba sentado calmadamente en la mesa de la cocina.
Dijo que le gritó por ignorarla pero él ni siquiera la miró. Lo recordaba
claramente, la sangre goteando en el piso. Agarró una toalla y la puso en
su herida y se apresuró a ver a su sangrante esposo.
Tenía un pelador de vegetales en una mano, rasurando la piel de la
otra. Cuando tuvo una tira fuera, se la comió.
Gabby tembló.
—Lo siento —susurró—. No importa cuántas veces lo escuche, aun
me da escalofríos. —Puso su mano en la de Jessica—. Desearía poder
volver en el tiempo —le dijo—. Y salvarlos. Salvarlos a todos.
—¿Qué hay de ti Orissa? —preguntó Jessica batiendo las lágrimas—.
¿Cómo descubriste todo? ¿Pasó todo de repente también?
—Eso creo —le dije—. Tendré que preguntarle a Padraic; realmente
no lo sé.
—¿Padraic? —preguntó Gabby.
—Sí. Estaba en el hospital; fui atacada, puesta en una sala de
examinación y luego fui derrumbada por una especie de gas. Padraic me
encontró y me llevó abajo. Nos quedamos en el sótano del hospital con
unas cincuenta personas como por, mierda, dos semanas probablemente.
—¿Entonces nunca viste las noticias? —preguntó Gabby y sacudí la
cabeza—. No había alguna historia al principio, como si no hablar de la
violencia no lo hiciera real. Mi papá me dijo que pensaba que los
reporteros no estaban autorizados para hablar de ello. Creía que tenía algo
que ver con no crear pánico, pero no estoy de acuerdo. Quiero decir, no
concuerdo con lo de la razón de retrasar el pánico. Estoy totalmente de
acuerdo con lo de los reporteros no siendo autorizados para hablar de ello.
Y era casi como si los reporteros supieran que pasaba todo el tiempo.
—Creo que nunca lo sabremos —dijo Jessica. Volvimos nuestra
atención a la película. Me sentía algo desanimada, mi mente meditando
193

entre el virus y el brote, luego dije buenas noches y fui a recuperar a Argos
de los chicos.
Página

No me di cuenta de lo cansada que estaba hasta que fui a la cama.


Me quedé dormida antes de que Hayden volviera a la habitación. Nos
levantamos a tiempo para el desayuno al día siguiente y luego hicimos
absolutamente nada por el resto del día aparte de descansar en la cama,
ver películas y comer.
Hayden despertó de una siesta en la tarde para encontrarme
volteando las páginas de un viejo cuaderno.
—¿Qué es eso? —peguntó pasándose las manos por su cara.
—Un diario —le dije.
—No mierda, Orissa. —Esperó a que continuara. Cuando no lo hice,
dijo—: ¿No trajiste eso contigo? Recuerdo haberlo visto en tu maleta
cuando saqué ese gato.
—Sí —dije brevemente. No me gustaba recordar ese gato afelpado o a
quien le pertenecía.
—¿Qué pasa con esa actitud?
—No tengo ninguna actitud —solté.
—¿De veras? —preguntó incrédulo.
—No —dije y volteé una página.
—¿Así que no vas a decirme que es eso?
—¿Qué importa? —le pregunté sintiéndome herida por el recuerdo
de Zoe.
—Nada. Olvídalo, lo siento por preguntar —resopló.
Suspiré.
—Es un diario. Cuando me mudé a Indy, Raeya lo obtuvo para que
pudiéramos escribir notas cada cual y enviarlas de ida y vuelta.
—Oh. —Se sentó y balanceó sus piernas a lado de la cama—. ¿Por
qué no se enviaban e-mails?
—Lo hicimos.
—¿Y enviaste esa cosa? Se ve como un lío.
—Supongo que lo fue —admití.
—¿Entonces por qué hacerlo? ¿No era un gasto de tiempo y dinero
en las estampillas?
—Sí, era un estúpido gasto de tiempo y dinero —solté.
—¿Por qué estás de mal humor?
194

—¡No lo estoy! —Sacudí mi cabeza y me compuse—. No lo estoy —


dije con esfuerzo para mantener mi voz calmada.
Página

—Hmm —murmuró Hayden y se recostó—. ¿Quieres recostarte


conmigo?
—Me siento un poco intranquila —le dije honestamente—. Pero no
hay nada que hacer. —Suspiré.
—Podrías limpiar —sugirió mientras resituaba su almohada y
levantaba el remoto.
—¡Ja! —Repliqué.
—En serio, podrías. Mira el lado de tu closet.
Lo hice y reconocí mentalmente que mi ropa estaba revuelta y
desorganizada.
—Luego —dije.
—No querrás hacerlo luego —dijo.
—No querré hacerlo nunca —repliqué.
—Exacto. ¿Por qué no lo haces ahora?
—No me siento con ganas —le recordé y me puse de pie. Me senté al
filo de su cama y metí mis pies debajo de los cobertores. Me lancé cerca de
él y puse mi cabeza en su hombro.
—Eso no es cómodo —dijo y se apartó.
—Acabas de decir que querías que me recostara contigo.
—Sí pero eso no quiere decir que debas estar sobre mí.
—Bien —respondí y salí de la cama. Fui al closet y tiré mi ropa de
las repisas y empecé a doblar. Quince minutos después mis abrigos
estaban ordenadamente apilados y mis pantalones colgaban a la par en los
armadores.
—Ahora puedes limpiar el baño —dijo Hayden seriamente.
—Uh, no.
—Es tu turno —me dijo, sentándose lo suficiente para verme a los
ojos—. ¿Cuándo fue la última vez que lo limpiaste?
No respondí.
—Nunca, ¿cierto? Siempre lo hago. Bueno, no lo voy a hacer.
Límpialo tú.
—Lo compartimos con otras cuatro personas —le recordé—. Ellos
pueden limpiarlo.
—Deja de ser perezosa y solo hazlo —me aconsejó.
—No soy perezosa —enfaticé.
195

—Lo eres cuando se trata de limpiar. Gracias a Dios los zombies no


son atraídos por tu desorden o estarían golpeando la puerta —dijo en una
voz alzada.
Página

Me quedé viéndole.
—¿Por qué haces esto?
—¿Hacer qué? —preguntó, sin dejar de ver la TV.
Sacudí mi mano en el aire.
—¡Esto! ¡Empezar una pelea!
—No estoy empezando una pelea —dijo calmadamente,
enfureciéndome más.
—Sí, lo haces —le discutí—. Dices que soy perezosa y una mala
novia.
—Riss, nunca dije que fueras una mala novia.
—¡Está implícito! —Me crucé de brazos.
—Estás siendo ridícula.
—Entonces soy ridícula —resoplé, sabiendo que era verdad. Salí de
la habitación hecha una furia y marché a la lavandería. Agarré una botella
de spray de limpiador de baño y un trapo. Soy una limpiadora eficiente
cuando estoy enojada. Raeya se había dado cuenta de eso en el colegio y
me hacía enojar a propósito para hacerme limpiar mi habitación.
Cuando volví a la habitación Hayden seguía en la cama. Me sonrió
débilmente y ondeó su mano hacia a mí. Me senté al filo de nuevo,
asegurándome de no tocarlo. Detectando mi hostilidad, se sentó y puso
sus brazos a mí alrededor y me jaló hacia abajo con él.
—Siento haberte llamado perezosa.
—Siento haber reaccionado de más —dije, sintiéndome un poco
avergonzada por lo infantil que había actuado—. Estaba molesta y me la
tomé contigo
—¿Por qué estás molesta? —preguntó con cuidado.
—Estaba pensando en Zoe —murmuré.
—Oh. Lo siento —repitió, me dio un abrazo y me soltó para
enfocarse en la película. Giré mis ojos. Hombres, mentalmente me engullí y
suspiré. No queriendo empezar nada, lo dejé pasar y seguí viendo la
película con Hayden.
Al día siguiente estábamos de vuelta a nuestro horario normal.
Luego del desayuno y el ejercicio, Fuller quería enseñarnos más
habilidades de combate mano a mano del A3.
Nos dijo que necesitábamos empezar por ser más reservados con las
balas; mi nueva arma para ir era el arco y flecha. Así en la cima de las
196
comodidades, también nos dijo que no debíamos usar aire acondicionado
en las misiones. Los tanques de gas en los graneros se estaban acabando.
Gabby, Jessica, Noah, José, Alex, Mac, Wade y Rider salieron esa
Página

mañana para traer las provisiones reunidas. Se encontraron con Sam, un


agradable hombre de mediana edad que solía ser un conductor de camión.
Para una demostración de cómo conducir un gran aparejo. Wade y Rider
tomaron el único vehículo que teníamos en nuestra posesión; el gran
remolque de caballos que jalaba sería genial para llenarlo con cosas que
necesitaríamos.
Se suponía que regresarían esa noche. La tienda solo estaba a una
hora. La luna reemplazó al sol y no había señal de nuestros amigos
perdidos. Ivan estaba seguro de que con ocho de ellos, estarían bien.
Aunque podrían haber tomado una vuelta equivocada y gastar su luz del
día conduciendo alrededor de los ventosos y altos caminos. Hayden miró
inexpresivamente hacia adelante, asintiendo en acuerdo a lo que había
dicho Ivan.
Era un sentimiento horrible, uno que excavaba y hacía un túnel, no
solo en mi corazón, sino en mi estómago, haciéndome enfermar de
preocupación. Dejé de estar enojada con Alex; no valía la pena más. Y
junto con los otros seis, estaban dos de mis amigos. Esperaba que Wade y
Rider estuvieran perdidos de verdad.
Hayden y yo tuvimos problemas para dormir esa noche. Se dio
vueltas en la cama, quitándome los cobertores más de una vez. Estaba a
punto de sugerir que fuera a su propia cama cuando finalmente se quedó
dormido. Tan solo unas horas más tarde volvía a retorcerse.
—Hayden —dije adormilada, sentándome—. Despierta. Está bien.
Estás aquí conmigo, estás a salvo. —Su cuerpo se sacudió violentamente.
Pensando que podría caerse de la cama, puse mis manos en sus hombros
y lo sacudí gentilmente.
Hayden se sentó tan rápido que golpeó su cabeza con la mía.
Retrocedí por el dolor, mis manos volando a mi nariz, esperando que
empezara a brotar sangre. Pude sentir a Hayden temblar. No creo que
estuviera despierto por completo.
—Hayden —dije justo cuando la sangre manaba por mi rostro. Me
apresuré fuera de la cama para no llenarlo todo de sangre. Mi pie se atascó
en las sábanas y caí, sin duda esparciendo sangre por todo el piso.
—¿Riss? —preguntó Hayden sonando completamente confundido.
—¿Sí? —mascullé, escupiendo sangre.
—¿Qué pasa?
—Me golpeaste.
—Yo… ¿qué?
197
Me puse de pie, volteando mi cabeza. Instantáneamente tosí en
sangre.
—Luego —mascullé de nuevo, mi mano ensangrentada resbalándose
Página

de la perilla de la puerta. Después de un tercer intento, abrí la puerta y


corrí al baño. Me atraganté en el lavabo, el sabor de la sangre hacía a mi
estómago revolverse. Abrí el agua y me incliné cerca del grifo, enjuagando
la sangre.
—Mierda —la voz de Hayden vino detrás de mí—, en serio te golpeé.
―Se apresuró hacia adelante, sin saber qué hacer. Puso una mano en mi
espalda y luego la quitó. Luego me acercó una toalla, la dejó caer y
finalmente recogió mi cabello y lo apartó de mi cara. Tomé un trapo de
baño y me apreté el puente de la nariz dolorosamente.
—No quisiste hacerlo —dije, mi voz sonando nasal. A pesar del dolor,
me reí por el sonido. Hayden me miró como si estuviera loca por
encontrarlo divertido.
—Me siento terrible. Y-Yo ni siquiera sé qué pasó.
Sus ojos estaban muy abiertos, su rostro pálido y apuesto que su
piel estaba fría. Se veía como si el infierno se arrastrase fuera de su
pesadilla. Y me sentí mal porque él tenía que pasar por eso solo.
—Está bien —le dije haciendo una mueca mientras presionaba la
toalla un poco más firme en mi cara—. Creo que no debí haberte sacudido.
Pienso que te sobresalté. —No estaba molesta con él y estaba segura de
que Hayden en verdad se sentía más que horrible al respecto.
—No, no está bien. Estás malditamente sangrando. ¡Te rompí la
nariz! —Vio sus manos, esperando ver sangre en sus nudillos.
Apunté a su cabeza.
—Tu cabeza me golpeó. —Me senté en el retrete y volteé mi cabeza.
Podía saborear la sangre por mi garganta. La escupí en la basura.
—Lo siento tanto Orissa. —Sus ojos avellana estaban nublados con
culpa.
—Está bien —le dije de nuevo—. No estoy enojada Hayden.
—¡Deberías estarlo! ¡Te hice sangrar la nariz maldita sea! —Se
arrodilló en frente de mí. Me aseguré de que mi mano no estuviera
ensangrentada antes de extendérsela para que la tomara.
—Puedes compensarlo en favores sexuales —bromeé pero Hayden no
estaba divertido.
—Aquí —dijo, tomando el paño de baño. Limpió mi cara y bajamos a
conseguirme una bolsa de hielo—. Vas a tener un cardenal —me dijo
sombrío. Se veía absolutamente enfermo por ello. No estaba feliz por eso
pero me encogí ante ello.
Tenía un adorable cardenal azul en mi nariz cuando desperté.
198

Hayden seguía disculpándose una y otra vez, al punto que se volvió


molesto.
Página

—¡No estoy molesta! —Chasqueé y luego me arrepentí al ver el dolor


en su cara—. De verdad Hayden, por favor. Déjalo pasar. Estoy bien, fue
un accidente. No le diré a nadie que me golpeaste —bromeé. Besó mi frente
y asintió.
—¿Qué te pasó? —preguntó Lauren tan pronto como me paré tras
ella en línea para una bandeja.
—Fui golpeada en el entrenamiento del A3 —dije sin perder el ritmo.
Resopló una risa.
—Quizás no deberías entrenarlos. Obviamente no sabes cómo
defenderte.
—¿Y tú harías un trabajo mucho mejor? —Repliqué.
Volteó su cabello.
—No estoy hecha para esa… esa brutalidad —se burló.
—Oh sí, que brutal, enseñarles como esquivar zombies. —Agarré
una bandeja y me moví a la línea—. ¿Cómo puedo hacer tal cosa?
Claudia, una de las señoras mayores a cargo de traer nuestros
planes de comida, puso un tazón de avena en la bandeja de Lauren.
Lauren arrugó su nariz quejándose de tener avena otra vez. También
estaba cansada de ella, pero sin embargo le agradecí a Claudia la comida.
Salí de la línea, esperando por Hayden.
—¿Nunca te has teñido el cabello o sí? —preguntó Lauren, bajando
el paso, mientras me pasaba para ir a su mesa.
—No —zampé.
—Claro que no lo hiciste. —Presionó una pequeña sonrisa y achicó
los ojos.
—¿Qué se supone que significa eso? —pregunté, mi temperamento
alzándose.
—Oh nada. Es solo que no debí habérmelo esperado. Todo lo que te
importa es tú misma.
Me imaginé tirando la bandeja y saltando sobre ella. Resistí esa
urgencia, respiré profundo.
—Eso es una mierda —le dije en alto, causando que muchas
personas se giraran y me vieran—. Me importa mucha gente.
—Mh-hm —dijo y se sentó—. Es por eso que no pudiste tomar una
pequeña cosa para mí.
—No estaba en nuestra lista. —Me incliné hacia adelante—. ¡Porque
no era importante!
199

—Lo haré poner en una lista —abucheó.


—Y yo haré que Raeya lo quite.
Página

Asentó su bandeja en la mesa, clavó su cuchara en la avena y le dio


vuelta.
—¿Sabes qué? —cuestionó, su voz alzándose—. Realmente estoy
cansándome de que creas que eres mejor que los demás. ¡Crees que solo
porque eres un A1 tienes privilegios especiales! No es justo. Y, creo que
hablo por más que otros cuando digo que debe parar.
Apreté mi bandeja.
—No creo que sea mejor que los demás. ¡Pero si soy mejor que tú,
perra malagradecida! ¡Y privilegios especiales, nómbralos!
—Puedes salir de aquí. ¡Nosotros estamos atascados! —dijo, viendo a
los residentes acumulados alrededor de su mesa—. ¿Sabes cómo es? Es
como una prisión. ¿Sabes lo que se siente o no? ¿Qué pensarían todos si
supieran que su querida Orissa era una criminal? —preguntó con
satisfacción—. ¿Oh, no les dijiste? ¿Me pregunto por qué? ¿Y por qué son
los únicos que pueden trabajar fuera? ¿Y por qué tienen habitaciones,
habitaciones reales arriba?
—¿Quieres salir? ¿Quieres ir allá afuera y ver zombies y locos y
cuerpos podridos y ciudades esfumadas? ¿Quieres casi morir cada maldita
vez que dejas la seguridad de este lugar? Tú recuerda como era allá fuera,
¡Noticias perra, las cosas no están mejor! Y los A usan el gimnasio para
mantenerse en forma porque tenemos que correr todo el maldito tiempo.
¡Correr lejos de zombies que quieren sacarnos los órganos y darse un
festín!
—Y nuestras habitaciones son el lugar menos seguro para dormir en
todo el recinto. Hmm, ¿qué es más importante, estar a salvo en la noche o
tener cortinas? Y los baños ¡Los compartimos! Y nuestra agua no se
mantiene caliente como lo hace aquí abajo. Así que en lugar de lloriquear
sobre cómo no es justo, cállate o haz algo. No te debemos el mantenerte a
salvo. Dios sabe que no te debo a ti el salir y reunir comida y provisiones
para ti.
Lauren me miró enfurecida.
—Mejor ten cuidado Orissa. ¡No olvides con quien te estás metiendo!
—Oohh, que miedo tengo —resoplé. Hayden puso su bandeja atrás y
se paró detrás de mí, preparado para detener la discusión.
—No era hace mucho que yo estaba en la cima —me recordó—.
Patético, realmente, cómo en el mundo real no eras más que una
perdedora borracha de un hogar roto. Quien sabría que el apocalipsis
200
zombie sería tan bueno para ti. —Sonrió triunfante y aplaudió—.
Felicidades Orissa. Estoy segura de que tu madre estaría tan orgullosa de
ti. Oh, es cierto. Nunca estaba por aquí. Como pude olvidarme, prefirió la
Página

compañía de niños hambrientos y llevados por la enfermedad a miles de


millas lejos que la de su propia hija.
Rabia fluía por mis venas.
—Nunca supiste con quien te engañó Roger —me burlé—. Ahora lo
sabes.
Lauren saltó encima. Bajé mi bandeja en la mesa que tenía al lado,
tirándola y accidentalmente derramando mi jugo.
—¡Perra! —gritó y se abalanzó, atacándome desde atrás. Su mano
agarró un puñado de mi cabello. Luchar contra ella fue un chiste. En un
fácil movimiento, la volteé sobre mi cabeza. Enterró sus uñas en mi piel y
llevé mi pie atrás para golpearla de lado cuando el brazo de alguien me
atrapó.
Hayden me alzó, jalándome. Lauren no estaba dejándome ir y fue
arrastrada unos pocos pies antes de que Ivan se apresurara a jalarla. Se
retorcía contra él, gritando que la soltara.
—Cálmate —susurró Hayden en mi oído—. Ella no lo vale.
Estaba temblando de furia. Me tomó todo escuchar a Hayden, pero
lo hice.
—¿Estás bien? —preguntó.
—Bien —solté, jadeando. Marché al lavabo y agarré una toalla.
Fregué mi jugo derramado, disculpándome con la gente que estaba
sentada en esa mesa. Lauren todavía peleaba contra Ivan.
—Te soltaré cuando te calmes —le dijo.
—¡Te odio Orissa! —gritó—. ¡Y si todos supieran quien realmente
eras, también te odiarían!
—Ignórala —sugirió Hayden—, está tratando de llegar a ti.
Me enfoqué en limpiar el resto del alboroto que había hecho. Me
forcé a moverme de manera que luciera calmada, llené mi taza con agua,
tomé mi bandeja y me senté atrás, entre Hayden y Raeya.
—Es una perra —dijo Sonja inmediatamente como una buena amiga
debía—. No puedo creer que haya dicho esas cosas horribles de ti. Y nos
gustas —prometió, viendo a Jason y a Olivia, ellos asintieron.
—Eres increíble —dijo Jason con una sonrisa.
—Gracias —respiré.
Ray puso su mano en mi hombro y me dio un amigable apretón.
—Debí haberla lanzado del ático cuando tuve la oportunidad —
201

bromeó y rió—. ¿De veras dormiste con Roger?


—Eww, no. Lo inventé. —Aun si el ex-novio de Lauren no fuera
Página

repulsivo, nunca sería la otra. Vi cuan devastador era ser engañada para
mi madre. Nunca iría tan bajo.
—Eso es lo que pensé. —Sonrió—. ¿Y sabes que nada de lo que dijo
era verdad, cierto?
—Cierto —acepté. Hayden descansó su mano en mi muslo, moviendo
lentamente sus dedos en pequeños círculos. No quería admitirlo, no a
Hayden, no a Raeya y especialmente a mí misma, pero las palabras de
Lauren cortaron en mí, cauterizando con el dolor de la verdad.
—¿Te golpeó? —preguntó Olivia tímidamente.
—No —le dije, sabiendo que estaba confundida por el cardenal en mi
cara—. Me golpearon durante el entrenamiento de ayer, eso es todo. —
Eché un vistazo a Jason, quien sabía que no era cierto. Presionó sus labios
y asintió en silencio, tomando mi indirecta de que no quería ser
cuestionada—. Pero estoy bien. Siento interrumpir el desayuno.
—Ahora ambos hicieron una escena en la cafetería —bromeó Brock,
viendo de mí a Hayden. El parloteo entre los residentes empezó de nuevo,
volviendo al volumen normal. Cuando caminé al frente de la cafetería a
dejar mi bandeja, me encontré con Jenna, Char y Owen observándome.
Suma mi riña con Lauren a lo de disparar a sus acompañantes hace unos
días, y estoy segura de que pensaban que era cincuenta sombras de
locura.
Nadie más me cuestionó por mi nariz. Ivan, Brock, Hayden y yo
entrenamos, entrenamos al A3 y luego impacientemente esperamos a que
los otros llegaran. Todos estábamos arriba en la habitación de Ivan y
Brock jugando videojuegos. No lograba que mi soldado virtual caminara
recto. Era frustrante que repetidamente fuera disparado y muriera.
Estaba a punto de rendirme cuando alguien golpeó la puerta. Fuller
estaba de pie ahí, viéndose molesto como siempre. Bajé el control y metí
las placas de identificación de Hayden en mi camisa. Esperar a que dijera
algo sobre el regreso del otro A1, me tomó un poco con la guardia baja
cuando me dijo que lo siguiera al pasillo.
Fuimos varias puertas más debajo de la habitación. Dio un respiro
profundo y me miró.
—Entiendo que hubo un altercado en el desayuno hoy —dijo.
—Sip —respondí simplemente.
—¿Tienes algo que decir por ti?
Sonreí inocentemente.
—¿La perra se lo merecía?
202
—Orissa —rugió—. No puedes actuar de esta forma.
—¿Por qué no? —repliqué—. Se merecía que le patearan el trasero
después de lo que me dijo. Y ella me atacó.
Página

—¡No me importa lo que haya dicho! Y ambos sabemos que ella no


supone amenaza para ti; pudiste haber evitado la confrontación física.
Debes marcar el ejemplo. Ya hemos discutido esto.
—Oh sí, que buen ejemplo marca que alguien abuse verbalmente de
ti. —Lo miré furiosa.
—No me importa lo que haya dicho —repitió Fuller—. La gente te
admira. Si no te mantienes calmada y sigues las reglas, ¿por qué deberían
ellos?
No pude dar un argumento válido contra eso.
—Bien —resoplé—. Controlaré mi temperamento la próxima vez.
—Más te vale o no habrá una próxima vez. Esta es tu advertencia
final.
Abrí mi boca para objetar que me valía una mierda si me quitaba mi
banda de A1 y mi título, aun saldría a matar zombies pero no tuve la
oportunidad porque una voz familiar vino desde el walkie-talkie. Jason le
hizo saber a Fuller que los otros habían regresado, los ocho, y que tenían
cargas de los camiones de provisiones.
Rápidamente, Fuller se dio la vuelta y se fue. Volví a la habitación de
Ivan y Brock para transmitir el mensaje, aliviada de que los chicos llegaron
a un punto para guardar la partida en el juego y esperé a que los otros
llegaran y agarraran sus ropas.
Wade trotó las escaleras primero. Nos dijo que tomó más de lo
esperado encontrar camiones compatibles y aún más encontrar el diésel
necesario para impulsarlos por el corto viaje de regreso al recinto. Eso y
varias docenas de zombies que debieron ser derribados antes de que
pudieran entrar en la tienda.
Agarró ropas para él y Rider y volvió a la cuarentena.
El resto del día fue normal, si no aburrido. Lo pasé con Ray, sin ver
a Hayden hasta la hora de dormir. Estaba jugando videojuegos con los
chicos. Me cambié mis pijamas y escalé bajo los cobertores. Ya estaba
dormida cuando Hayden se metió a la cama junto a mí, despertándome
por accidente. Vagamente, me moví del centro de la cama para darle algo
de espacio. En cuanto me ubiqué, estaba dormida ya.
Lo que se sintió como solo un poco después, alguien pasó
rápidamente por las escaleras, despertándome. Irritada, rodé y jalé los
cobertores sobre mi cabeza, como si eso ayudara en algo a aminorar el
sonido.
Y luego la puerta se abrió.
203

—¿Qué haces? —le preguntó Hayden adormilado a Ivan. Me senté y


parpadeé a la brillante luz que corría del pasillo.
Página

—Es Jessica —dijo Ivan, su voz en una reliquia de susurro—. Está


infectada.
Hayden y yo giramos.
—¿Qué? —pregunté, aunque había escuchado muy claramente a
Ivan.
—Están todos en cuarentena. Ella solo… solo se rompió. —El rostro
de Ivan estaba blanco y hablaba con poca emoción.
—No —dije estúpidamente, como si eso fuese a hacer las cosas
mejor. Ivan asintió gravemente.
—¿Qué vamos a hacer con ella? —preguntó Hayden mientras se
ponía sus pantalones. Envolví mis brazos a mí alrededor, de repente frío.
Mi corazón martilló a través de mi pecho y me sentí sin aliento.
—Está en el ala del hospital ahora mismo, atada a una cama. Wade
y Alex fueron capaces de sacarla de cuarentena antes de que lastimara a
alguien más; había conseguido atrapar a Gabby.
—¿La mordió? —preguntó Hayden mientras tiraba su camisa sobre
su cabeza. Temblando, tiré una sudadera sobre la mía.
—Trató, pero no lo hizo. Le rasguñó la cara y la empujó; Gabby cayó
hacia atrás sobre una silla y golpeó su cabeza. Aunque yo… creo que ella
está bien.
—¿Qué podemos hacer? —pregunté, poniéndome torpemente mis
calcetines.
—No lo sé. —Ivan sacudió su cabeza—. Solo tenía que decirles.
Hayden extendió su mano hacia mí para que la tomara. Nos
apresuramos bajando al pasillo y hacia la sala del hospital.
Gabby estaba recostada en una mesa de examen, sosteniendo una
bolsa de hielo en su cabeza. Su padre y un B3, que estaba muy segura era
uno de los veterinarios, estaban de pie detrás de ella, hablando en
susurros. Nos apresuramos más allá de ellos hacia la sala de enfermos.
La última cama debía estar maldita. Era donde Hayden permaneció
204

cuando él luchó por su vida y ahora Jessica yacía en ella, sus brazos y
piernas atadas a las barandillas.
Página

Fuller, la doctora Cara y Padraic se apiñaban alrededor de ella. Alex


y Wade guardaban las distancias de pie a un lado y los tres A1 restantes
se sentaban en otra cama al otro lado de Jessica. Brock se apoyó contra la
pared, su mano fuertemente cerrada alrededor de la mordedura en su
brazo.
Padraic desvió su atención cuando escuchó nuestros pasos.
—Oh, bueno, Hayden —dijo y se llevó rápidamente a Hayden para
tomar una muestra de su sangre y compararla con la de Jessica. Lo
escuché decir algo sobre la posibilidad de encontrar una manera de parar
la progresión del virus, lo cual sonó muchísimo como una cura
prometedora.
Yo sabía lo contrario. Padraic me dijo hace mucho que el virus mata
una parte del cerebro. Y el daño cerebral no puede ser revertido.
Me paré cerca de Ivan, mitad curiosa y mitad asustada de ver tan
cerca a Jessica. Conectada a un IV y muy sometida, obviamente había sido
drogada. Fuller agarró las barandillas, una mirada afligida en su cara
cuando miró a su soldado herido.
Rider se levantó cuando nos vio y se acercó. Su cara estaba más
pálida que de costumbre y lucía aterrorizado.
—Hola —dijo, silenciosamente.
—Hola, Rider. —Medio sonreí—. ¿Qué pasa?
—Van a tomar algunas pruebas, para ver qué tan avanzado está el
virus y si hay algo que puedan hacer —me informó—. No creo que haya
nada.
—Yo tampoco —concordé y dejé escapar un suspiro.
No estaba segura de si Rider había estado consciente de la
posibilidad de una vacuna. Todavía, incluso si fuera algo real, era
demasiado tarde para Jessica. Ivan asintió y cruzó sus brazos. Nos
sentamos en la orilla de una cama cerca de Jess, mirando y esperando. La
doctora Cara lucía como una niña en la mañana de Navidad. Con la
rapidez que no sabía que tenía, empujó y pinchó el cuerpo de Jessica,
tomando sangre, signos vitales y encendiendo un lápiz óptico22 en sus
ojos. Le habló, le hizo preguntas e inyectó algo en una vena de su cuello.
El cuerpo de Jessica subió de presión antes de que gritara y tirara de las
restricciones. Fuller se tensó y puso sus manos en las piernas de Jessica
para sostenerla allí. Wade y Alex se apresuraron para ayudar a contenerla.
—¿Qué sucedió? —le preguntó Ivan a Rider.
Él sacudió su cabeza.
—Realmente no lo sé. Había un montón de S3 alrededor. Tomó un
205
tiempo, pero era una presa fácil en general. —Soltó un profundo suspiro.
—Ella le disparó a uno de cerca y la sangre salpicó su cara. O al
menos, eso es lo único que puedo pensar.
Página

22 Lápiz Óptico: linterna de bolsillo. Son lápices de luz utilizados para iluminar o

apuntar algo
—Suena probable —concordó Ivan. Hayden se reunió con nosotros,
envolviendo astutamente su brazo alrededor de mi cuerpo. Me incliné
contra él y descansó su cabeza en la mía por un segundo antes de
enderezarse.
—¿Padraic les dijo algo? —preguntó.
Nada que ya no supiéramos; él no sabe lo suficiente sobre cómo
funciona el virus para realmente hacer algo en lo absoluto.
Asentí y descansé mi cabeza en su hombro de nuevo. Era inevitable
que uno de nosotros resultara infectado si matábamos tarde o temprano.
Solo pensé que sería más tarde. Todo se sentía ligeramente surrealista.
Cerré mis ojos, deseando que todo esto fuera un mal sueño.
Pero yo nunca despertaría y encontraría todo genial.
Hayden rápidamente se alejó de mí cuando Fuller nos miró. Él
asintió saludando, haciéndole una señal para que se acercara.
—¿Estás bien? —preguntó Ivan suavemente.
—Lo estoy —suspiré—. Deseo que ella lo estuviera también.
Asintió.
—Odio esto. Deseo que hubiese algo que pudiéramos hacer.
—Yo también. Pero no hay nada. —Me sentía completamente
indefensa.
Observé cómo el sedante se disipaba, y Jessica gruñó y mordió el
aire.
Me sentí tan fría y envejecida… y asustada. Estaba tan preocupada
por Jess, que no había notado a la segunda persona atada a una cama de
hospital.
Jared, su rostro lleno de miedo, estiraba su cuello para ver alrededor
de su cortina y hacia el pasillo. Estaba esposado a la cama por el
momento. Dado que no podíamos confiar en él, Fuller se aseguró de que
Jared no representaba ninguna amenaza; y siempre había sido tratado
como tal. Algo hirvió dentro de mí. La doctora Cara tomó otro frasco de
sangre de Jessica mientras Alex sostenía su brazo. Recogió todo lo que
había tomado y dio zancadas por el pasillo hacia el laboratorio.
Me tambaleé hacia adelante y la seguí.
206
—Úselo. —Hablé sin aliento tan pronto como estuvimos fuera del ala
de enfermos. La doctora Cara saltó, no sabiendo que estaba detrás de
ella—. Ese idiota que trató de matarnos. Prueben la vacuna en él. Tal vez
Página

puedas salvar a Jess.


Sorprendentemente, la doctora Cara sonrió con simpatía.
—No hay vuelta atrás ahora. Tal vez… tal vez pueda detener sus
células de morir. Pero estará dañada… dañada y peligrosa.
Sabía que era verdad. Estaba enojada conmigo misma por incluso
decir algo.
—¿Qué puedo hacer?
—Mantenerla hidratada y ofrecerle comida mientras dura la
transición.
—¿La transición?
—A la siguiente etapa.
Si mi corazón hubiera podido hundirse más abajo, lo hizo.
—A un zombie.
—Sí. —Dejó los frascos en el mostrador y sacó láminas del
microscopio de un cajón.
—Quiero hacer experimentos en ella, pero Fuller consigue las
órdenes finales —dijo, pareciendo abatida.
Quería golpearla.
—Jessica era parte de nuestro equipo. Arriesgó su trasero por todos
y tomó las consecuencias de ello. Es un ser humano. ¿Por qué demonios
iba si quiera a considerar el pensamiento de hacer experimentos con ella?
—Podría darme buena información —dijo casualmente y se puso
guantes de goma. Dejó caer una gota de sangre del frasco en la lámina y la
pegó al microscopio.
Enojada, me giré para irme.
—Orissa —me llamó la doctora Cara.
—¿Qué? —Espeté.
—¿Puedes darme algo de sangre? Te curas rápido. Quiero ver qué
sucede si mezclo tu sangre con el virus vivo.
—Seguro —suspiré—. Si eso ayudará, está bien.
Se puso guantes limpios, secó mi piel con algodón y alcohol, y tomó
solo una jeringa llena de sangre esta vez. Presioné mi dedo en la huella de
la aguja y salí de la habitación.
Me senté al lado de Ivan otra vez, esperando que Hayden regresara.
Jessica estaba gruñendo y rugiendo ahora. Era tan… tan raro ver a
alguien que conocía, alguien con quien hablé, volverse un furioso
207

monstruo. Recordé cuando mordieron a Logan y aún dolía recordar tener


que matarlo. La puerta de la sala de enfermos se abrió y cerró. Pensando
que era la doctora Cara, no me volví para mirar.
Página

Entonces oí un sollozo sordo. Miré rápidamente alrededor para ver a


Gabby y su padre bajando el pasillo. Ella tenía tres marcas sangrientas de
garras bajando por su mejilla derecha que no había duda dejarían feas
cicatrices que le recordarían para siempre a Jessica.
Su padre puso su mano en su hombro mientras se acercaban. Las
lágrimas corrían por el rostro de Gabby. Wade se movió de manera que le
permitiera enfrentar a su compañera de habitación y pareja.
—Jessica —susurró Gabby—. ¿Estás aquí en algún lugar?
El labio de Jessica tembló cuando mostró sus dientes como un perro
enojado. Gabby gentilmente puso su mano en la de Jess. Jessica se relajó
con el toque.
—¿Jess? —gimió Gabby y se inclinó hacia adelante. Los dedos de
Jessica se enredaron alrededor de Gabby. De repente, Jessica gruñó y se
impulsó, mordiendo a Gabby.
Gabby gritó y se alejó. Jessica gruñó y rugió, sus dientes mordiendo
el aire.
Alex la empujó hacia abajo, permitiendo que Gabby se alejara.
Llorando, se giró hacia su padre que envolvió protectoramente sus brazos
alrededor de ella y la llevó lejos.
Todos estábamos congelados, viendo con horror lo que acababa de
ocurrir. Hayden dijo algo a Fuller y rápidamente se acercó.
—¿Cuál es el plan? —preguntó Ivan, esforzándose en mantener el
nivel de su voz.
—Moverla al granero después de que el puesto sea reforzado. Le
darán comida, agua y un cálido y cómodo lugar para dormir, aunque dudo
que vaya a usarlo. Si lo necesita, puede ser sedada y limpiada. Luego,
cuando… muera, tendremos un funeral para ella —nos informó Hayden.
Moví mi cabeza arriba y abajo, viéndolo reproducirse en mi mente.
—Está bien —dije aturdida, no pensando en nada que añadir. Dejé
escapar un suspiro tembloroso.
Fuller instruyó a los otros A1 a volver a cuarentena y a Ivan, Brock,
Hayden y yo, volver a la cama. Jessica iba a permanecer pesadamente
medicada y atada hasta la mañana. Tan pronto como un puesto estuviera
preparado para ella, sería movida.
Los cuatro subimos con dificultad las escaleras. Hicimos una pausa
en el pasillo, en la puerta de Ivan y Brock. Intercambiamos miradas
dolidas, sin poder expresar nada en palabras. No sabía qué decirles en una
situación como esta.
208

—Buenas noches —dijo Brock finalmente y entró en su habitación.


Ivan hizo lo mismo, y Hayden y yo fuimos a nuestra propia habitación. Nos
cambiamos a los pijamas, cepillamos nuestros dientes y nos metimos bajo
Página

las sábanas. Hayden descansó su cabeza y una mano en mi pecho. Corrí


mis dedos a través de su cabello.
—Orissa —comenzó—, no quiero que seas más un A1.
—Uh, está bien —dije, sin tomarlo en serio.
—Realmente, no.
Dejé caer mi mano de su cabeza.
—¿Por qué?
—Es demasiado arriesgado. No quiero que nada malo te suceda.
—No quiero que nada malo me suceda tampoco. Pero eso no
significa que voy a esconderme en la comodidad y seguridad de un refugio
antibombas subterráneo por el resto de mi vida. Eso me mataría.
Se giró hacia mí y me puso sobre él.
—A mí también. Te amo, Riss.
—También te amo. Buenas noches.
Me tomó una eternidad dormir esa noche. Tuve pesadillas de una
Jessica zombificada vagando por los pasillos del recinto. Me desperté
asustada y me acurruqué más cerca de Hayden, forzando a todas las
emociones malas a alejarse.
Ninguno de los cuatro tenía que ir a entrenar al día siguiente. Una
pesada depresión colgaba en el aire; el recinto entero estaba sorprendido y
molesto acerca de lo que le había sucedido a Jessica. Casi todos tenían
algo amable que decir sobre ella y decían que ya la extrañaban; lo encontré
sorprendentemente agradable desde que ella era tan tranquila y cerrada.
Fuller no perdió tiempo para volver al trabajo. La primera orden que
dio fue reforzar la cerca que rodeaba el recinto. Todos los A más varios
residentes que habían trabajado en construcción o prácticos en la
construcción de cosas estuvieron trabajando en ello todo el día. El sol
esquivó las mullidas y blancas nubes toda la tarde y la brisa del comienzo
de la primavera era cálida, haciéndolo casi agradable.
Tomó dos días con todos nosotros trabajando para lograr terminarlo.
Después, mejoramos las cercas que mantenían el ganado seguro y
reforzamos el granero. Tenía suerte de trabajar en las cercas y no cavar lo
que Hayden llamó el foso. Estar en el granero me trajo recuerdos, de nuevo
en Kentucky, de ayudar a mi abuelo en la granja.
El olor del heno y virutas23 no era tan fuerte ya que teníamos un
suministro bastante limitado, pero era suficiente para golpearme en el
corazón. La visión de los caballos de mi abuelo corriendo con una
209

velocidad vertiginosa a través del pasto congelado destelló a través de mi


mente. El entusiasmo burbujeó en mi corazón; todos habíamos estado tan
ansiosos de verlos que no nos habíamos parado a pesar sobre qué los
Página

asustó.

23 Viruta: Puede referirse a tiras finas de madera, residuos


Entonces Zoe se cayó por las escaleras, su ya frágil cuerpo retorcido
y magullado en el suelo.
A pesar del caliente sol y el sudor que había conseguido
transportando pesadas tablas desde la camioneta al granero, me
estremecí. Cerré los ojos y me apoyé en la pared.
—¿Riss? —habló Hayden suavemente—. ¿Qué está mal?
—Nada —respondí automáticamente.
—Mierda. Zombis vagan en la tierra y nuestra amiga está en el
granero enloqueciendo mientras hablamos. Es imposible tener “algo” mal.
—Lo sé —suspiré—. Pero la vivienda nos ayudará. Tenemos algunas
cosas que hacer, así que… hagámoslo.
—Está bien —dijo, y no me presionó más. Una vez mejoradas las
cercas y graneros, pasamos la mitad de un día colocando las provisiones
para las cabañas, pero no comenzamos ninguna construcción aún.
Esa noche, en la cena, Raeya me dijo con entusiasmo que Fuller le
dio el visto bueno para comenzar con los huecos.
—¡No puedo esperar para tomar el sol! —confesó, forzándose a comer
una cucharada de la aguada sopa de fideos de pollo cubierta con galletas
rancias—. ¡Y comenzar el jardín! Hice una lista de semillas para que
ustedes intenten encontrar.
—¿Dónde incluso vas a conseguir semillas en esta época del año?
Bueno, esa época del año era octubre. ¿Dónde deberíamos si quiera
buscar? —le pregunté, revolviendo mi sopa. Le agregué sal extra para
ayudar con el sabor.
—¿Una tienda de jardinería? —Sugirió—. Honestamente, no estoy
realmente segura. Ya estaba frío cuando el brote golpeó. Dudo que
encuentren alguna en lugares normales. Tiene que haber un depósito en
algún sitio; las semillas se mantienen bien durante mucho tiempo.
Supongo que podrían revisar las tiendas de comida o de jardín.
—Sí —concordé, y bebí un poco de mi sopa, haciendo una cara tan
pronto tocó mi lengua; de alguna manera había añadido demasiada sal.
—Riss, ¿no crees que deberíamos usar guantes? —preguntó
gentilmente—. Quiero decir, desde lo que sucedió… Yo, no quiero que te
infectes también. Quizá deberías usar una bata también, como hacen en
210
cirugía. ¡Y una máscara!
—No seas ridícula, Ray. ¿Tienes alguna idea de lo difícil que sería
correr alrededor de todo vestidos así?
Página

—¿Un traje de materiales peligrosos? —Bromeó.


—No te preocupes, Ray. Estaré bien. Lo he estado hasta ahora.
—Lo sé. Confío en que seas inteligente. Y confío en Hayden para
mantener un ojo extra por ti. Apuesto que es realmente protector.
—Sí, lo es.
—Lo dices como si fuera algo malo.
Me forcé a tragar otra cucharada de sopa demasiado salada.
—No quiero que se enfoque en mí y se olvide de sí mismo. —Raeya
asintió.
—Sí, y ya ha demostrado que moriría por ti. —Me miró y sonrió—.
Eso es muy romántico, sabes. —Levanté una ceja.
—Por favor dime cómo casi desangrarse hasta la muerte es
romántico. Estaba muy lejos de eso. Fue probablemente el momento más
aterrador de mi vida.
—¡Es como tu caballero de brillante armadura! —Sacudí mi cabeza.
—No, no lo es. No quiero un caballero. ¿Quién necesita una brillante
armadura cuando tengo un soldado en camuflaje y botas de combate?
—Guao, ¡eso es tan dulce!
—Cállate —le dije, tratando de detener la sangre corriendo a mis
mejillas—. ¿Estás ocupada después de la cena?
—Nope. ¿Por qué?
—¿Quieres venir a mi habitación y pasar el rato? No quiero estar
alrededor de nadie más —admití.
—Por supuesto. ¿Lauren te ha dicho algo desde el incidente?
—No, pero desearía un poco que lo hiciera. Me encantaría darle un
puñetazo en la garganta. —Raeya sacudió su cabeza.
—Riss, sabes que no puedes. ¿Quieres meterte en problemas?
—Valdría la pena —mentí.
—Oh, sí —dijo, viendo directamente a través de mí—, como si ella
valiera algo…
Ambas comimos tanto como podíamos aguantar. Hayden jugaba
vídeo juegos con los chicos mientras Ray y yo fuimos a nuestra habitación
a ver una película. Saqué una bolsa de crema agria y patatas fritas del
almacén secreto de comida basura de Hayden.
211

Nos habíamos dormido para el momento en que la película terminó.


El sonido de gritos me sacó de mi sueño. Me alcé, y miré frenéticamente
alrededor. Sacudí mi cabeza, registrándolo como un sueño desde que
Página

estaba a salvo metida bajo las sábanas de mi propia cama.


Entonces lo escuché otra vez. Estaba amortiguado esta vez, y venía
desde afuera. Miré detenidamente las ventanas y no vi nada excepto las
luces brillantes del granero en la distancia.
Jessica.
Ella gritó dos veces más antes de calmarse. Quería saber qué
hicieron para callarla tanto como no quería pensar en ello. Miré hacia el
granero hasta que mi visión fue borrosa.
No queriendo despertar a Ray, apagué el televisor y me metí en la
cama de Hayden, esperando que terminara de jugar vídeo juegos. Ivan
tenía razón; las paredes eran delgadas. Podía escuchar a los chicos
maldiciendo y aplaudiendo cuando ganaban o perdían. Finalmente, un
poco después de las dos de la mañana, Hayden vino a nuestra habitación.
Se quitó su ropa y se arrodilló en mi cama.
—Hayden —susurré.
Confundido, miró hacia Raeya.
—Hayden —susurré otra vez.
—¿Riss? —preguntó, mirando alrededor.
Reí.
—Aquí. Puedes entrar en la cama con Raeya, si quieres. Amaría ver
su cara en la mañana.
—¿Por qué está aquí? —preguntó y se metió bajo las sábanas.
—Estábamos viendo una película y se durmió. No quería
despertarla.
—Eres tan dulce —bromeó y puso un brazo alrededor de mí.
Sabía que era completamente ridículo estar asustada de Jessica.
Estaba en el granero, me recordé. Descansé mi cabeza en el pecho de
Hayden, y me golpeó; no estaba asustada de ella atacándonos o incluso de
sus gritos atrayendo a otros zombis. Primero que todo, no había ninguna
manera de que ella pudiera entrar en el recinto. Segundo, un S1 no era
una gran amenaza. Estaba asustada de verla, o de lo que ella se había
convertido, asustada de su sufrimiento, siendo fría, hambrienta, o
adolorida.
Cerré mis ojos, forzando su imagen fuera de mi cerebro. No quería
pensar más sobre eso. Traté de pensar en pensamientos felices, pero
quedé con las manos vacías.
Se necesitaron dos semanas para que Jessica se convirtiera en un
zombie. Padraic me dijo que, tan horrible como fue de ver, la muerte de
212

Jessica les había dado mucho conocimiento sobre el virus. Habló sobre
ello como si su muerte no hubiera sido en vano, como si ahora tuviera un
Página

propósito.
Los locos no duermen, descubrimos. Varias veces Jessica colapsó de
agotamiento. Aparentemente, no era capaz de decir que estaba cansada.
Se quedó en un estado parecido al sueño por varias horas antes de
regresar y reanudar su desesperado, violento, intento de matar cualquier
cosa que pasara por el puesto.
No comía la comida que inicialmente se le ofrecía, lo cual era
agradable y salado. Cuando una lata de carne fue puesta en un plato,
lamió todo. Bebió un poco de agua cuando se lo dieron en un cubo.
Padraic explicó que con la disminución de su metabolismo y el cierre de
los sistemas del cuerpo, no necesitaba mucha comida o agua como un
humano “normal” lo hacía.
La última vez que colapsó, su cuerpo atravesó lo que parecía ser un
ataque. Su corazón desaceleró a solo unos pocos latidos por minuto. Dejó
de respirar. Estaba oficialmente declarada muerta.
Lentamente, su cuerpo se retorció en lo que Padraic llamó
“reanimación”. Otra vez, ignoró cualquier comida puesta y esa vez no tenía
interés en el agua. No estaba consciente de dónde estaba. Su cuerpo se
movía con rígidos movimientos espasmódicos. Se puso de pie y era como
cualquier otro S2; ojos pálidos, pálida, y aparentemente sudada piel, y
sedienta de sangre.
Fuller fue el que apretó el gatillo.
Tuvimos un funeral para ella la misma noche que murió… otra vez.
No queriendo correr el riesgo de poner un cuerpo infectado en el piso, fue
envuelta en sábanas blancas y situada en una pira24. Como ella lo
merecía, hicimos nuestro mejor esfuerzo para honrarla con un funeral
militar apropiado. Cada residente inundó el exterior. La multitud se apartó
cuando el cuerpo de Jessica fuera llevado hacia el frente. Fuller se paró en
el frente, dando órdenes a los soldados.
Con mi abuelo, había estado en más de un servicio para un veterano
y lo había encontrado tanto desgarrador como hermoso. Por supuesto que
tenía que bajar las formalidades en el funeral de Jessica, tanto como me
estuve obligada a hacerlo con el de Zoe. Oraciones fueron dichas, palabras
amables intercambiadas, y las personas lloraron. El fuego brillante era
cegador. Lo vi parpadear y danzar, enviando brasas ardientes hacia el
fresco cielo de la noche. Sin importarme si alguien veía, entrelacé mis
dedos con los de Hayden. Detrás de su estoica expresión, podía ver el dolor
de perder a otra amiga.
Nos quedamos hasta que el fuego se consumió. Una vez frías, las
cenizas serían recogidas, puestas en un jarrón y enterradas con una lápida
213

en la parte superior; era inevitable que se iniciara un cementerio.


Fuller no dio ni una sola orden en los siguientes dos días. Supe por
Raeya que se nos estaban acabando algunos de nuestros suministros.
Página

24 Pira: Estructura generalmente hecha de madera utilizada en rituales funerarios

para quemar un cuerpo


Ivan, Brock, Wade, Rider, Hayden y yo íbamos a salir en una misión por
cuatro días después del funeral.
El cielo había estado con un gris sombrío todo el día de ayer y hoy
también. Las oscuras nubes derraman lluvia fría, arruinando los planes de
receso de Raeya y bajando mi espíritu. Cuando Fuller sugirió que
fuéramos al norte y viéramos que podíamos encontrar en Indiana,
inmediatamente protesté.
—Estaba ahí cuando el virus golpeó —le dije—. Las ciudades en las
que estábamos fueron invadidas.
—Eso fue hace meses —argumentó Fuller—. Y ustedes no exploraron
el estado completo, ¿O sí?
—No —admití obstinadamente.
—Bien. Allá es donde ustedes seis irán —nos informó. Hayden
desenrolló un mapa grande sobre el escritorio de Fuller. No lo había visto
antes. Con curiosidad, di un paso adelante, poniendo mis manos en el
borde del escritorio para así poder inclinarme hacia él.
Era un mapa de los Estados Unidos. X negras habían sido ubicadas
sobre lo que asumía eran las ciudades y pueblos explorados. Casi todo
Arkansas estaba cubierto por X, así como la parte superior de Louisiana y
el borde noroeste de Mississippi. Kentucky estaba marcado con varias X,
como también el sur de Illinois, Missouri, la mitad del noroeste de
Oklahoma, Carolina del sur, y solo una X en Kansas.
Me quedé mirando esa X en particular, pensando en lo afortunada
que fui en que esa X solo callera en el pueblo en el que yo estaba. Si Fuller
hubiera escogido otro pueblo solo unas pocas millas hacia el norte o sur,
yo no estaría aquí.
—Empezarán aquí —dijo Fuller, dibujando una X sobre un pueblo
en Ohio, cerca al borde de Pennsylvania—. Y revisarán cualquier ciudad
que encuentren en su camino de regreso hacia acá. De ese modo, si
encuentran sobrevivientes, no tendrán que llevarlos más lejos del
campamento.
—Sí señor —aceptó Hayden automáticamente. Ivan consiguió otro
mapa, este era más pequeño, y dibujó una ruta para que la siguiéramos.
En nuestro camino de regreso, íbamos a revisar Columbus e Indy, sin
embargo, de nuevo, le dije a Fuller como era Indy. Habiendo evitado las
214
grandes ciudades desde el brote, los chicos no sabían cómo era.
Jodidamente horribles.
Hayden me aseguró que no nos quedaríamos si las ciudades estaban
Página

infestadas, pensando que estaba asustada de ser emboscados. No estaba


asustada; no quería desperdiciar mi tiempo. Recogimos nuestra mierda, y
recargamos el camión y la Range Rover, la cuál era raro de ver en acción
de nuevo, y fuimos a la cama.
Desde que el viaje inicial nos tomaría alrededor de quince horas, nos
dieron diez días. Después del desayuno, y una larga despedida con Raeya
que la incluyó a ella rogándome que no me fuera, nos montamos en los
carros y nos fuimos. Me senté en la parte de atrás del camión mientras
Hayden y Wade se sentaron adelante. Como era usual, estábamos en
desacuerdo en qué tipo de música escuchar. Finalmente, se me ocurrió
una solución; cada uno tendría una hora de nuestra elección y luego
cambiaríamos.
Después de cuatro horas, tomamos un descanso para ir al baño y
continuamos; deteniéndonos una vez que llegamos a Evansville, Indiana.
Habiendo estado sentada por alrededor de ocho horas, mis piernas dolían
y mi cuerpo estaba impaciente.
Nubes grises estaban avanzando, cubriendo el cielo muy azul. La
temperatura era más baja aquí y rebusqué en mi bolso por una camisa de
manga larga. Ivan, Rider, y Hayden estudiaron el área que nos rodeaba, un
gran campo cubierto de hierba manchado con árboles, mientras Brock y
Wade me ayudaban a montar la cena.
Me paré al lado del camión y me estiré. Una ráfaga de viento solo
sopló sobre mí. Miré hacia las ramas de los árboles que se balanceaban
con el viento. Una rama perdida chirrió y crujió mientras se movía hacia
adelante y hacia atrás. Me pareció escuchar algo justo mientras otra
ráfaga se movió. Esperé, miré, y no vi nada.
Me incliné, tocando mis pies mientras Hayden se escabulló detrás de
mí y golpeó mi trasero. Le lancé una mirada desde entre mis piernas.
—¿Qué, todo trabajo y nada de juegos? —Me acusó, sonriendo.
—No, solo estoy… incómoda de estar quieta. Mis músculos están
rígidos.
—Los míos también —admitió y estiró sus brazos sobre su cabeza—.
Tal vez encontraremos a una masajista —bromeó. Me enderecé y me senté
en la plataforma trasera junto a Hayden mientras comíamos. Gruesas
gotas de lluvia se derramaron de las oscuras nubes. Nos apuramos en
terminar de comer y pusimos todo lejos.
Nuestro plan era seguir otras dos horas más o menos hasta que nos
quedáramos sin la luz del día o encontráramos un lugar seguro para la
noche, lo que sea que ocurriera primero. La tormenta se movió más rápido
que cuando estábamos manejando. Las gruesas gotas de lluvia
215

incrementaron en número y un trueno retumbó por encima de nosotros.


La lluvia se volvió tan pesada que era muy difícil ver. Hablando por
Página

walkie-talkie, Hayden le dijo a Ivan que creía que debíamos detenernos y


esperar a que la tormenta pasara. Una fuerte ráfaga de viento sacudió el
camión. Tragué fuerte. El aire se sentía electrificado; esta tormenta tenía
fuerza.
Ivan sugirió movernos fuera de la carretera sinuosa y rodeada de
árboles en la que estábamos, sin gustarle los que estaban a ambos lados
de nosotros. Todos pensamos que era una buena idea. Lentamente,
Hayden aceleró en una curva. Un rayo cayó y el trueno resonó como un
látigo.
En el verano, solía sentarme en el porche delantero con mis abuelos
y ver las tormentas. Cuando se ponía muy malo, mi abuela iba adentro y
encendía el radio. Cuando se ponía realmente, realmente malo, nos hacía
entrar y agacharnos en el sótano. Cuando era una niña, solía desear en
secreto para que la energía se fuera; mi abuela encendería velas y
cocinaría sobre el fuego de la chimenea. Me gustaba pretender que estaba
en otro tiempo, algún lugar más divertido y emocionante que Kentucky
central.
Hayden golpeó los frenos tan rápido que la Range Rover casi nos
golpea por detrás. El camión se deslizó sobre la carretera empapada de
lluvia. Perdimos por poco el árbol que cayó en la carretera, bloqueando
completamente nuestro camino. Hubiera dado cualquier cosa por tener un
sótano donde escondernos.
El viento se levantó, evolucionando de una ráfaga a una completa,
fuente de poder invisible. La voz de Ivan vino por el radio, comentando
sobre el nuevo y rápido movimiento de las nubes. Mi corazón empezó a
latir más rápido.
Cualquier día, escogería una docena de zombis sobre un tornado.
—¿Qué hacemos? —le preguntó Wade a Hayden.
—Mover el árbol —dijo Hayden después de un momento de
consideración—. Estamos casi en la autopista. —Le trasmitió el mensaje a
Ivan. Hayden subió la cremallera de su chaqueta y corrió fuera del camión.
Wade lo siguió, cerrando de golpe su puerta antes de que yo tuviera la
oportunidad de abrir la mía. Me incliné sobre el asiento de enfrente y abrí
el asiento del pasajero para abrir la puerta y así poder salir.
—¡Regresa al camión! —gritó Hayden sobre el fuerte viento.
—No. ¡Necesitan ayuda para mover esto! —le dije. Instantáneamente
mi cabello se empapó y se me pegó en la cara. Ivan, Brock y Rider también
corrieron para ayudar.
—¿Te das cuenta de lo pesado que es esto? —gritó Brock. Dijo algo
216
más pero un trueno lo interrumpió.
No pensé que fuera posible pero el viento sopló incluso más fuerte.
Hojas y ramas llovían sobre nosotros mientras el viento rompía a través de
Página

los árboles.
—¡Necesitamos salir de aquí! —dijo Rider después de que una rama
bastante grande lo golpeara en la cara.
—Vamos a dar la vuelta —gritó Hayden.
—No —gritó Brock sobre el estruendo de otro trueno—. ¡Los carros
no son seguros durante los tornados!
Mi corazón se saltó un latido. Odiaba malditamente los tornados.
Tanto como amaba las tormentas eléctricas, ellas nunca parecieron
plantear una amenaza. Los tornados, sin embargo, podrían matar y
destruir tu hogar. Y no había ni una maldita cosa que pudieras hacer al
respecto. Los odiaba más que todo por hacerme sentir indefensa. Por
forzarme a esconderme mientras hacían su daño. No podía disparar,
amenazar o intimidar a un tornado. Solo podía esperar.
Hayden miró hacia el camión; él no quería dejarlo. Y tampoco yo. No
estaba atada emocionalmente a él como Hayden, pero era nuestro
vehículo, nuestra manera de regresar a casa. Tenía nuestra gasolina,
nuestra comida, y nuestras armas dentro. Lo necesitábamos para
sobrevivir.
El viento dejó de aullar y empezó a retumbar, gruñendo y silbando.
—¡Por este camino! ¡Vamos! ¡Ahora! —gritó Ivan. Hayden tomó mi
mano y corrimos hacia adelante. Volamos por una colina, sobre un dique y
sobre una delgada línea de árboles. Cuando emergimos de los árboles, mis
ojos se ampliaron con miedo.
Una masa de destrucción en un tornado se movía con furia hacia
nosotros. Ivan gritó algo; su voz se perdió en el viento. Ramas, hojas, y
piezas aleatorias de escombros surcaban el aire. Me agaché mientras una
pieza de plástico de un cubo de basura pasó zumbando sobre mi cabeza.
Hayden dejó ir mi mano y cubrió su cabeza mientras otra pieza voló sobre
nosotros.
Ivan miró alrededor, intentando desesperadamente encontrar un
lugar al que ir. Apuntó hacia adelante y miramos en esa dirección.
Ninguno de nosotros era capaza de apartar la mirada del tornado por
mucho tiempo. Mi corazón latía a un millón de millas por hora. La lluvia
cesó repentinamente mientras el tornado se aproximaba más cerca.
Corrimos a lo largo de la autopista, tambaleando nuestro camino a
través del medio frondoso. La adrenalina fluyó por mi cuerpo, impulsando
a mis piernas a moverse más rápido de lo normal. El viento sopló en mis
oídos tan fuerte que dolía. Miré hacia atrás para chequear a Wade y Brock,
quienes estaban detrás de mí.
217

No vi el pedazo de la pieza partida de un dos por cuatro hasta que se


estrelló contra mi hombro tan fuerte que me tiró. Apenas deteniéndose,
Página

Rider me tiró sobre mis pies y estuvimos corriendo otra vez. Ni siquiera
estaba consciente del dolor en mi brazo. Arriesgué otra mirada hacia el
tornado; estaba ganando tamaño y cogiendo velocidad.
Entonces sobresalió fuera de su curso, haciéndose más delgado y
desapareciendo entre las nubes. El viento, sin embargo, no cesó.
Desaceleramos hasta un trote hasta que estuvimos al otro lado de la
autopista. Con los vientos todavía soplando fuertemente hacia nosotros, no
nos atrevíamos a detenernos todavía.
Hayden tomó mi mano otra vez y desaceleramos para recuperar el
aliento.
—Eso estuvo cerca —jadeó. Asentí y tomé una profunda respiración.
Puse mi mano sobre mi lado, masajeando el dolor en mi costado.
—¡Chicos! —gritó Brock. Nos giramos y vimos las nubes en forma de
embudo. Estaba más cerca que antes. Arrancamos de nuevo, empujando
nuestro camino a través de otra sección frondosa de tierra fuera de la
autopista. Un grupo de edificios adelante nos prometían seguridad.
Nuestros pies golpearon el pavimento de un parqueadero justo mientras el
tornado tocó el suelo.
Ganó tamaño a una velocidad escalofriante. Con los corazones
martillando, miramos alrededor de nosotros.
—¡Allí! —grité, señalando un garaje. Un pedazo de metal fue recogido
por el viento, girando alrededor, atrapándolo en la corriente antes de
soltarlo como si estuviera dirigido hacia nosotros. Cortó a Rider en la
cabeza. Sin vacilación, Brock y Wade corrieron a su lado. Sangre bajaba en
raudales por la cara de Rider. Él presionó una mano sobre el corte y se
puso sobre sus pies.
Con ayuda, medio guiaron, medio lo arrastraron dentro del garaje.
Una minivan se volcó y se movía rápidamente en el viento, de cabeza, a lo
largo de la calle. Fuimos abajo hacia el nivel subterráneo del garaje pero
sin querer ir tan lejos porque estaríamos completamente en la oscuridad.
Brock, quien se había quedado completamente en uniforme, extrajo
una linterna de un bolsillo del chaleco. Rápidamente la giró sobre lo que
nos rodeaba; agua goteaba sobre nosotros y las paredes estaban cubiertas
de grafitis. La mayoría de los espacios de parqueo estaban todavía llenos.
Pasó por encima e iluminó la cabeza de Rider. Rider hizo un sonido
estrangulado de dolor cuando removió su mano.
—No creo que sea tan profundo —dijo Brock, inspeccionando la
herida—. Sin embargo no hay mucha piel justo aquí. No sé cuándo se
218
considera “profundo” en una herida en la cabeza. —Me miró como si yo lo
supiera.
Sacudí mi cabeza.
Página

—Sé que las heridas en la cabeza sangran bastante. Pon presión


sobre ella.
—Está goteando en mi ojo —se quejó Rider.
—Mira hacia abajo —sugirió Wade—. Así caerá la sangre en vez de
correr por tu cara.
—No —le dije—. ¿Eso no lo hará sangrar más?
—No lo sé —dijo Wade mientras sacudía su cabeza.
Metal raspó en el pavimento; más carros debieron haber conseguido
ser lanzados alrededor. Confiando en que el cemento del garaje aguantaría,
mantuve mi atención en Rider.
—¿Tienes cualquier cosa con la que podamos detener el sangrado?
—le preguntó Ivan a Brock. Brock palmeó sus bolsillos; tenía municiones
para su metralleta que se quedó en el carro así como una tonelada de
mierdas de otras cosas útiles, pero nada para detener la sangre.
—Espera —dije y tomé la linterna de Brock. Rápidamente, escogí un
carro más nuevo y limpio. Tiré de la puerta; estaba bloqueada. Me moví
hacia otro; este tenía las ventanas de la izquierda rajadas unas pocas
pulgadas. Iluminé con la luz dentro del carro y vi un suéter en el asiento
trasero. Forcé mi brazo a través de la ventana y desbloqueé el carro,
haciendo que la alarma del carro se encendiera.
Antes de lidiar con el estruendo del pitido, recuperé la camisa y se la
lancé a Brock. Hayden abrió la puerta del lado del conductor y abrió el
capó. Tomó la linterna de mí y tiró de algo, haciendo que la alarma se
callara.
—Ven acá —sugirió Hayden, abriendo la puerta trasera del carro por
lo que la luz superior se encendió. Rider se acercó, sentándose
pesadamente sobre el asiento.
Brock presionó la camisa sobre la cortada, diciéndole a Rider que la
sostuviera y mirara hacia arriba. Algo pesado se movió sobre nosotros. El
garaje tembló. Di un paso más cerca de Hayden, deseando con todo mi
corazón que el garaje no colapsara sobre nosotros.
Todos los demás debían estar pensando la misma cosa. Nos
quedamos de pie cerca del carro, dándole la bienvenida a la poca
iluminación que la luz superior nos daba. Contuve mi respiración,
esperando. Pasa, solo jodidamente pasa, repetí una y otra vez en mi
cabeza. Si teníamos suerte, este garaje sería nuevo y hecho de acero
reforzado y concreto.
Sí como no.
219

Sin mirar a la descolorida y pelada pintura, era obvio que este fue
construido antes de que yo naciera. Polvo llovió sobre nosotros. Hayden
dio un paso más cerca de mí, poniendo sus brazos protectoramente sobre
Página

mi cuerpo. Incluso si no podía protegerme de la caída de trozos de


cemento.
Entonces el lugar empezó realmente a temblar. El polvo se convirtió
en pequeños pedazos, soltándose por las sacudidas de la ira de la
tormenta.
Rider se levantó, mirando alrededor nerviosamente. Los seis
intercambiamos miradas, todos sabiendo que nuestro destino era
inexistente si el techo se caía.
El tornado debía estar justo sobre nosotros. Involuntariamente, mi
cuerpo se sacudió. Hayden me jaló más cerca de él. Un pedazo de cemento
del tamaño de una bola de golf me golpeó en la cima de la cabeza. Dolió,
pero no era nada serio. Hayden puso sus manos en la cima de mi cabeza.
Traté de alejarlo, queriendo protegerlo también.
Mi corazón golpeteaba y mis manos sudaban. Deseé que el tornado
tuviera un trasero para golpearlo. El traqueteo disminuyó y el horroroso
viento se hizo más tranquilo; el tornado estaba pasando. Sentí a Hayden
relajarse considerablemente. No me había dado cuenta de lo tenso que
estaba.
—Santa mierda —juró Ivan—. ¡No hagamos eso de nuevo! —Bromeó.
Wade aclaró su garganta.
—Eso está bien para mí.
—Odio jodidamente las tormentas —declaró Rider, quitando la
camisa de su cabeza. Sangré brilló en la débil luz. Limpió lo que pudo
fuera de su cara y tiró la camisa ensangrentada en el suelo—. Vamos —
dijo, dando un paso hacia adelante—. Vamos a averiguar si nuestros
carros lo lograron.
Hayden gimió.
—No digas eso.
—Ellos están bien —le dije—. Seguros y cálidos y felices y esperando
por nosotros.
—¿Tú crees?
—Oh si —dije rodando mis ojos—. Lo sé.
Hayden sonrió.
—Bien.
Pero eso no era todo lo que nos estaba esperando. Rodeamos la
220
esquina para encontrar una horda de zombis marchando lentamente, sus
gemidos mortales mezclándose casi sin ser detectados con el aullido del
viento.
Página
Difícilmente podría verlos en la oscuridad. Los gemidos y el sonido
de pies arrastrándose eran inconfundibles. Brock sostuvo en alto la luz.
Había una docena de zombis. Y habíamos seis de nosotros. Seis de
nosotros que estábamos insuficientemente armados.
Nos detuvimos de inmediato. Ya atraídos hacia el fresco olor de la
sangre, los zombis aceleraron su paso. Tenía mi M9 con siete balas metido
en la parte trasera de mis pantalones. Siete. Entonces estaríamos fuera.
Decidiendo esperar y usarla como último recurso, saqué el cuchillo de mi
bolsillo, abriendo con un rápido movimiento la hoja.
—Necesitamos salir de aquí —susurró Ivan, su voz temblando—. ¡Por
este camino! —gritó mientras se giraba y comenzaba a correr.
Sin pensar ni por un momento a dónde íbamos, seguimos su
ejemplo. Viendo su comida escapar de repente, la multitud se tambaleó
más y más cerca.
Preocupada de que Rider pudiese tambalearse y tropezar dada su
reciente pérdida de sangre, retrocedí para quedarme en la parte trasera.
Uno de los S2 más nuevo corrió fuera del grupo. Patiné para detenerme,
mi corazón acelerado, y esperé que se apresurara hacia mí. Estaba lista;
me incliné hacia atrás fuera de su alcance y hundí el cuchillo en su ojo. Lo
empujé, sacando la cuchilla de la cuenca del ojo.
Corrí. La linterna se balanceaba varios metros por delante. Brock
rodeó una esquina; los contornos de los soldados desapareciendo de la
vista. Mi respiración se atrapó en mi pecho y empujé más fuerte hacia
adelante. Mis pasos resonaron. Salpiqué un charco. Me arriesgué a
girarme; fue un inútil intento desde que no podía ver nada en la oscuridad.
Mi cuerpo comenzó a temblar con adrenalina. El suelo del garaje
descendió. Genial; íbamos incluso más profundo bajo tierra. Mi mano se
apretó más alrededor del cuchillo. Estaba segura de que había docenas de
zombis detrás de mí. Y apostaría mi vida que había más en frente de mí.
Completamente ciega ahora, reduje la velocidad. Si me quedaba en
221

el pasillo, estaría bien.


Eventualmente chocaría con una pared y entendería que tendría que
girar. Entonces, estaba segura de que vería el brillo distante de la linterna.
Página

Mi rodilla golpeó el parachoques de un auto.


Estremeciéndome, lo rodeé hasta que mis manos tocaron una fría,
húmeda pared de cemento. Esperando que fuera el final del garaje, hice mi
camino de regreso y arrastré mi mano de auto en auto hasta que encontré
otro pasillo.
El olor de la muerte se sentía más fuerte a medida que se acercaban.
Comencé a correr otra vez, solo tropezando con el cuerpo de alguien… o
algo. Solté, pateando al alrededor hasta que mi pie golpeó el cuerpo.
Cuando no se movió, continué.
Mi aliento salió de mi boca demasiado alto para mi gusto. Me detuve,
dando vueltas, esperando que mis ojos atraparan algo, algo que me
condujera fuera de este estacionamiento del demonio.
—Joder —juré, y comencé a trotar en una dirección al azar. Pero
solo recorrí algunas yardas antes de tropezar con alguien más.
Me agarró por los hombros y me tiró hacia abajo. El aire salió de mí,
pero no antes de que mis dedos tocaran su piel. Su cálida piel.
—Oye —dije sin aliento.
—¿Orissa?
—Sí, idiota.
—Oh, lo siento —habló Rider, y se agachó en la oscuridad para
levantarme. Sus dedos empujaron mi cara. Empujé su mano y me paré.
—¿Dónde están los otros? —pregunté.
—No lo sé. L-los perdí. ¿Cómo te quedaste tan atrás?
—Estaba matando zombis.
—Oh, lindo. —Alcanzó a ciegas mi mano en la oscuridad—. Vamos.
—¿Ir a dónde? —pregunté.
—No tengo idea. Cualquier lugar excepto aquí. —Avanzamos. La
mano de Rider se sacudió. Apreté sus dedos—. No pueden vernos en la
oscuridad, ¿cierto? —me preguntó.
Sacudí mi cabeza antes de darme cuenta de que él no podía ver mi
gesto.
—No. Todavía son humanos. Creo que muchos de ellos no pueden
ver en absoluto, incluso en el día. Así que se han adaptado. Pero
nosotros… nosotros dependemos de la vista. Demasiado.
—Cierto —coincidió. De repente, se detuvo, tirando de mi mano. Me
tropecé con él.
222

—¿Qué? —susurré severamente.


—Pensé haber escuchado algo —susurró de vuelta. El sonido de un
Página

trueno resonó sobre nosotros, haciéndonos saltar. Sostuve mi aliento. No


oí nada sino el distante aullido del viento y el agua goteando en un charco.
No estoy segura de que estuviera consciente de lo siguiente; el fuerte
olor metálico de la sangre o el sonido de ruidosos sorbidos. Había un
cuerpo, un cuerpo fresco, de pie en frente de nosotros, y no teníamos idea
de quién era. Mi mente destelló hacia Hayden.
No.
No era él. Habíamos escuchado gritos y solo… no. Él no estaba
muerto.
—¿Tienes algún arma? —le susurré a Rider.
—No —dijo gravemente. Dio un paso atrás, chocando con un auto.
Asentí, pensando internamente qué hacer. El cuerpo fresco ofrecería una
distracción. Traté de imaginar cuántos zombies podrían apiñarse alrededor
del cuerpo. ¿Lucharían, empujarían y tirarían unos de otros fuera del
camino? ¿Aquellos que no recibieran un trozo de carne continuarían?
¿Eran incluso lo suficientemente inteligentes para recordar que estábamos
aquí?
Un rayo iluminó el cielo, destellando a una cabeza de nosotros. Era
alarmantemente brillante.
—No estamos tan lejos bajo tierra como pensamos —susurré en voz
alta a Rider. Me tomó un milisegundo mirar alrededor del estacionamiento.
Mientras no veíamos nada, o a nadie, muerto en el piso, vi que estábamos
atascados en una esquina. Necesitábamos girar y correr.
Odiaba sostener manos mientras corría. Me hacía más lenta.
Asustada de que nos perdiéramos en la oscuridad, mantuve mis dedos
enlazados con los de Rider. Aparentemente de ninguna parte, lo que tenía
que ser un S3 estupefacto salió de la oscuridad, directo en nuestra
dirección.
Rider y yo tropezamos contra él y mi cuchillo voló de mi mano.
—¡Riss! —gritó.
—Estoy bien —goteé al pegajoso, pensando que mi pie se aplastaría
a través de él. Pero no lo hizo. Mi bota golpeó contra su esternón, el cual
no se rompió en lo absoluto. Podridas manos agarraron mi tobillo. Tiré y lo
pateé.
—¡Vamos, Riss! —gritó Rider.
—¡Me tiene! —grité de vuelta. Tiré de mi pie, pero el cabrón se vino
con él. Sentí sus dientes cerrarse alrededor de mis dedos. Rezando por que
el cuero fue lo suficientemente bueno para sostener su mandíbula, golpeé
223
locamente el áspero cemento buscando mi cuchillo.
—¿Dónde? —preguntó frenéticamente.
Página

—E-e-estoy justo aquí —jadeé sin poder hablar mientras intentaba


patear al S3 en la cara. Mi pie golpeó algo. Liberé mi pierna y la jalé hacia
mí. El pie de Rider golpeó el cuchillo. Chirrió contra el suelo, rozándome.
Busqué a tientas otra vez, casi lista para rendirme y dispararle al
hijo de puta. Mis dedos se cerraron en algo duro y húmedo. Sin darme la
oportunidad de pensar sobre lo repugnante que era este misterioso objeto,
lo agarré y lo giré alrededor justo mientras el pegajoso agarró mi tobillo
otra vez.
La forma familiar de un bolígrafo se registró en mi cerebro y levanté
mi mano. Lo bajé, empujando la pluma en su cráneo. Materia cerebral
salpicó. Lo apuñalé de nuevo, tratando de golpear el mismo punto. Me
tomó cinco puñaladas más antes de que dejara de moverse.
Empujé el cuerpo lejos de mí.
—Ayúdame a encontrar mi cuchillo —dije a Rider. Me quedé sobre
mis manos y rodillas, la arena y la suciedad del suelo del estacionamiento
cortando mi piel. Rider caminó cuidadosamente alrededor, esperando
encontrar el cuchillo pisándolo.
—¡Lo tengo! —dijo en voz alta. Me levanté lentamente, no queriendo
levantarme bajo la hoja del cuchillo. Sabía que Rider estaba cerca, pero no
podía decir cuánto. Limpiando la arena de mis manos en mis pantalones.
—¿Dónde estás, Orissa?
—Aquí —le dije, extendiendo la mano en la oscuridad. Mis dedos
chocaron contra su espalda. Él tocó mi mano y puso el cuchillo en ella.
—Gracias.
—No hay problema. Uh, ¿ahora dónde?
No tenía idea de qué nos rodeaba. No podía ver una maldita cosa y la
pelea contra el S3 me había dejado un poco desorientada.
—No estoy segura —admití—. El suelo se siente nivelado aquí. No
puedo decir por cuál camino tenemos que ir.
—Debemos estar en la vuelta entonces —dijo—. Ya sabes, la parte
antes de las rampas. Si elegimos un camino que recorrer, averiguaremos a
dónde ir.
—Sí. Esperemos.
Sin gracia, anduvimos arrastrando los pies hacia adelante. Pensé en
los otros: dónde estaban y por qué no habían venido a buscarnos.
—Espera —dije de repente.
224
—¿Qué? —preguntó Rider nerviosamente.
—Debería haber una puerta —expliqué, tirando de él unos cuantos
pasos—. Toca a lo largo de la pared. Las partes planas… ellos-ellos
Página

usualmente tienen una escalera o un ascensor.


—Eres un genio.
—Ya lo veremos —le dije. Sacudí mi cabeza y parpadeé varias veces.
Sentía como si fuera ciega. Todo sobre esto parecía extremadamente
antinatural. Me moví rápidamente, corriendo mis manos a lo largo de la
húmeda, y en algunas partes, babosa pared. Supe que mis dedos
cepillaron sobre goma incrustada más de una vez. Finalmente, sentí el frío
metal bajo mis manos.
—¡Aquí! —grité. Rider corrió, accidentalmente tropezando con mi pie.
El ruido de los gemidos muertos resonó. La multitud se acercaba. Mi mano
se deslizó de la perilla de la puerta en mi apresurado intento por
atravesarla. La empujé y entré, esperando que haya cuatro pies o así antes
de las escaleras.
Estaba equivocada.
Mi pie aterrizó pesadamente en el primer escalón y caí,
sosteniéndome de la barandilla de metal oxidado. Me deslicé algunos
pasos antes de detener mi caída.
—¡Riss! Mierda, ¿estás bien?
—Estoy viva —me quejé, levantándome. El arma se había presionado
en mi espalda cuando caí y dolía como un coñazo—. Y no dejé caer el
cuchillo esta vez —intenté bromear. Rider maniobró con cuidado bajando
los escalones de cemento. El hedor a muerte era fuerte.
—¿Arriba o abajo?
—No estoy segura —dije, sacudiendo mi cabeza—. Arriba, creo. Sí,
tenemos que subir.
—Está bien. Sígueme —dijo Rider con un indicio de risa en su voz.
Tomé una profunda respiración y subí las escaleras. Un trueno estalló,
resonando a través del edificio.
—Si pudieras estar en cualquier lugar menos aquí, ¿dónde estarías?
—pregunté bastante de repente.
—En cualquier lugar, literalmente —me dijo—. En cualquier lugar
con luz. —Nos detuvimos en un rellano estrecho.
—¿Esta puerta?
—Seguro —sugerí. No pensé que hubiésemos ido tan lejos hacia el
garaje.
—¿Dónde sería?
225

—La playa. Bronceando mi trasero con una bebida en la mano.


—Eso suena bien.
Página

—Sería mejor que bien —dijo, bajando su voz—. Esa es la primera


cosa que quiero hacer cuando esto termine.
—Sí, espera hasta que termine. Nada arruinaría unas vacaciones de
playa más que conseguir arena en tu bebida mientras matas zombis.
Además, tendrías estos completos enfrentamientos de problemas de
bikinis con los que lidiar. Pensándolo bien… ve. Me gustaría ver eso.
—Cerdo —bromeé. Un rayo evitó una nube—. La cima —susurré
para mí misma—. Creo que estamos cerca. —Reanudamos el paso de
nuevo, corriendo hasta que sentimos el viento. Sin ningún brillo de luces
distantes y con la luna y las estrellas bloqueadas por una espesa tormenta
de nubes, el exterior estaba tan oscuro y ominoso como el interior del
garaje.
Cuando la esperanza llenó nuestros corazones, los zombis salieron
pisando fuerte. Un rápido S2 se movió pesadamente fuera de las sombras.
Esta vez preparados, esperamos hasta que él estaba cerca. Balanceé mi
puño, el cual se estrelló contra su cara. Pateé sus piernas debajo de él y
dirigí el cuchillo hacia lo que pensé que era su cuello.
Cuando continuó moviéndose, enterré la hoja otra vez, esta vez en
su mejilla. Retorcí la hoja hacia arriba y la saqué, enterrándola en su
oreja. El zombi cayó. Rider tomó otro; podía escucharlo golpeando algo.
Deseé poder lanzarle el cuchillo. Arrastrando un pie, el segundo fue más
fácil de detectar. Solté un suspiro y giré el cuchillo. Silbó sobre su cabeza.
Oh, era un pequeño zombi. No quería preguntar si era un niño. Lo pateé
donde pensé que estarían sus rodillas. Insegura de si realmente golpeé mi
objetivo, enterré el cuchillo en la cabeza del zombi que caía.
Una mano se cerró en mi muñeca. Me sacudí lejos, listo para
apuñalar a quien sea que me agarró.
—Soy yo —gritó Rider.
—Oh. —Bajé el cuchillo—. No sé si hay más. Vamos. —
Deteniéndonos sobre los cuerpos, salimos corriendo otra vez.
Un horrible gruñido vino desde detrás de nosotros.
—Continúa; fuera podemos ejecutarlo.
—No. No me gusta ser perseguida en el día, odio ser perseguida
cuando estoy ciega y en la oscuridad. Voy a matarlo.
—Estás loca, Orissa.
—Probablemente —dije y dejé ir su mano—. Quédate detrás. No
quiero apuñalarte. —Escuché a Rider arrastrar sus pies mientras se
alejaba. Solté mi aliento, moviendo mi cuello de lado a lado. El zombi
gruñó de nuevo.
226

—No tengo todo el día —me burlé—. Ven a atacarme como un buen
zombi.
Página

Estaba esperando que un típico S2 embistiera contra mí. No


esperaba que pesara cerca de trescientas libras no-muertas. Su peso
golpeó el lado derecho de mi delgada complexión. No podía respirar. Jadeé
por aire. Mis brazos estaban sujetos debajo de él.
Golpeé con fuerza su estómago con mi rodilla. No tuvo ningún efecto
desde que los zombis no sentían dolor. El cuchillo lo había golpeado en el
estómago cuando caíamos; podía sentir el repugnante líquido de su
interior goteando y empapando mi camisa. Arrastrando el cuchillo sobre
su piel, liberé mi brazo y lo golpeé pesadamente en la oreja.
Puse mis manos en sus hombros y empujé sin éxito. Sabiendo que
no era lo bastante fuerte para quitarlo, clavé el cuchillo en la cima de su
cabeza por un agarre seguro. Liberé mi brazo izquierdo y empujé contra el
cemento, arrastrándome desde debajo del enorme cuerpo del zombi. La
basura cavó en mi piel pero no me detuve.
Jadeando, me puse de pie, alcanzando el cuchillo y girando a dónde
pensé que estaba Rider.
—Está bien, podemos irnos —respiré.
—Sí —coincidió—. ¿Fácil de matar? Sonó así. —Solo porque no podía
respirar el tiempo completo.
—Sí. Sin problemas.
—¿Este camino? —preguntó, tomando mi mano y tirándome hacia
adelante.
—Tu suposición es tan buena como la mía —le dije.
—Podríamos estar yendo en círculos por todo lo que sé —bufó.
—Sí —concordé.
—Joder, lo que daría por algo de luz.
—Lo sé. Es algo que daba por sentado, ahora lo sé.
—O anteojos de visión nocturna —añadió—. O mi arma. O ambos.
Un pensamiento me pasó por la cabeza, uno tan obvio que me sentí
como una completa idiota por no pensarlo antes.
—Creo que podemos hacer algo mejor que eso —sostuve mi mano
derecha y tiré a Rider hacia el área de aparcamiento.
—Trata de encontrar uno que esté desbloqueado.
—Uh, ¿por qué?
—Vamos a conducir fuera de aquí. No te preocupes por los detalles,
solo hazlo, ¿está bien?
227
—De acuerdo. No deberías ir tan lejos.
—No lo haré —prometí. El primer auto con el que traté estaba
cerrado. Así estaban el segundo, el tercero, el cuarto y el quinto. Tiraba de
Página

la manilla del auto número seis cuando una luz victoriosamente brilló
desde varios espacios a distancia. Corrí hacia Rider.
—Oh, Dios mío, ¡esto es perfecto! —Alagué. Me detuve al pasarlo y
me arrodillé en el lado del conductor. Sería difícil de hacer sin
herramientas, pero no iba a dejarlo hasta que el auto arrancara.
—¿Estás puenteando el cableado del coche? —preguntó Rider con
incredulidad.
—Estoy tratando —le informé—. Todo lo que tengo es el cuchillo, así
que veré cómo va. Vigila por los zombis.
Me tomó dos veces más de las que debería sacar los tornillos con
solo un cuchillo. Con cuidado, saqué los alambres, cortándolos y
entrelazando los cables de potencia. Los doblé juntos y las luces y radio se
encendieron, los éxitos de Mariah Carey sonando a todo volumen. Tomé los
dos cables restantes e hice que se tocaran. El motor rugió a la vida. Me
incliné hacia atrás para que los cables no tocaran mis piernas; ser
electrocutada hasta la muerte sin duda sería un impedimento para
nuestro escape.
—Entra —le dije a Rider mientras me ponía de pie y me deslizaba en
el asiento del conductor. Puse el auto en reversa y agarré el volante—.
Mierda —juré.
—¿Qué está mal?
—El volante está bloqueado —saqué el cuchillo de mi bolsillo otra
vez—. Es normal cuando puenteas los cables de los autos y puedo
arreglarlo, no te preocupes —añadí, viendo la cara de pánico de Rider.
Atasqué el cuchillo entre la parte posterior de la línea de manejo y el
volante.
Solté el aliento que no me había dado cuenta que estaba sosteniendo
cuando el volante suavemente giró en mi mano. Salí del espacio, apagué el
radio y bajé mi ventana algunas pulgadas así podía escuchar qué estaba
pasando alrededor de nosotros.
—¿Cuándo aprendiste cómo puentear un auto? —preguntó Rider,
sus ojos azules-grises perforándome con curiosidad.
—Es una larga historia —le dije casualmente.
Empujé suavemente el freno, medio temiendo que el motor
chisporrotearía y moriría. Probablemente debería haberlo dejado calentar
antes de conducirlo. Había una multitud de zombis, teníamos cuatro
amigos perdidos y otro tornado podría estar muy posiblemente llegando.
228

No tenía tiempo que perder.


Pasé la rampa y tuve que retroceder. Forcé el volante y presioné el
acelerador.
Página

—Oh, mierda —juró Rider.


Agarré el volante.
—¿No podemos jodidamente tener un descanso? —Tiré de la palanca
de cambios una vez más y pisé—. No hay forma de que este auto pueda
abrirse paso a través de eso —dije, agitando la mano hacia la multitud. Mi
mente corrió. No iba a morir hoy. Y especialmente, no iba a morir a manos
de zombis.
Las dos docenas o más de muertos vivientes mantuvieron su paso
firme tambaleándose sobre la rampa. Tamborileé sobre el volante,
pensando. La multitud era infranqueable. No estaba segura de lo que
sucedería, pero imaginaba que los zombis o bien se atascarían bajo el auto
o crearían un bloqueo con el que este pequeño auto no podría. Ambos nos
dejarían impotentes y atrapados en una trampa mortal metálica con
ruedas.
Presioné el pedal de nuevo y nos envié volando de regreso. Pisé el
freno y forcé el volante, girando el auto. Forcé el sistema y presioné hasta
el fondo. Arriba. La única forma de que pudiéramos irnos estaba arriba.
Varias ideas pasaron por mi mente: podíamos salir y tomar nuestras
manos hacia las escaleras, conducir hasta la cima y ver qué podríamos
hacer desde allí arriba, o alejarnos y estacionar en un espacio del
aparcamiento y esperar pasar desapercibidos ante los zombis.
El plan C parecía más viable. No quería renunciar al auto, que nos
ofrecía un escape rápido y algo de luz. Y seguro como el infierno que no
quería ser atrapada a tres pisos de altura. Con mi suerte, la tormenta
recogería y absorbería el auto para luego ser tirado a un lado del garaje.
—Joder —juré, encontrando un agujero en mi plan.
—¿Qué? —preguntó Rider.
—No puedo apagar el auto y prometer que va a arrancar de nuevo.
—¿Así que…? —Sacudí mi cabeza.
—Tenía un plan.
—¿Qué era?
—Estacionar en un lugar del aparcamiento y ver si ellos nos
pasaban. —Él miró detrás de nosotros—. Creo que eso es todo lo que
podemos hacer.
La silueta de un zombi caído se iluminó con los faros. Realmente
jadeé.
229

—Tengo otra idea.


—Está bien —dijo Rider, esperando que me explicara. Me afinqué en
Página

los frenos.
—¡No me importa cuán bueno es el plan, Riss, no deberíamos parar
aún!
—Vamos a seguir. ¡Sal y ayúdame! —corrí fuera del auto y sobre el
cuerpo.
Eran un S2. Fresca y abundante sangre rezumaba de su cara. Los
ojos deben haber estado aquí. Cuando Rider corrió a mi lado, pude ver qué
tan mala era la herida en su cabeza. Finalmente encostrándose, la sangre
manchaba el lado derecho de su cara y el frente de su camisa.
Agarré los tobillos del zombie.
—Ponlo en el capó —instruí. Apreté más mis dedos alrededor de su
carnosa y húmeda piel—. A las tres.
Levantamos el desagradable cuerpo hacia el auto y corrimos a
nuestros asientos. Teníamos que acelerar lentamente así el zombi no
saldría volando. Avanzamos quizás cincuenta pies antes de ver otro cuerpo
tendido en el arenoso y húmedo suelo. Un trueno resonó y una pesada
lluvia comenzó a caer. Cuando el viento sopló, fuimos rociados con una
fría llovizna.
Rider y yo dejamos caer el segundo cuerpo en el capó.
—¿Por qué estamos recolectando zombis?
—Para esperar cubrir el olor de los gases del tubo de escape —
expliqué, descansando el pedal hacia abajo. Él asintió.
—Allí está otro.
La multitud estaba cerca para cuando tuvimos una gran cantidad de
S3 en el capó. Estaba asustada de que el peso adicional no distribuido
pudiera causar un problema. Subimos otro nivel y encontramos un cuerpo
más. Retrocedí el auto hasta un lugar de aparcamiento. Rider abrió su
puerta.
—¿Qué estás haciendo? —susurré, temiendo que la multitud
pudiera vernos u oírnos en nuestro espacio escondido.
—Dame tu cuchillo —susurró de vuelta.
—¡No! Hay demasiados para luchar. Ni siquiera lo voy a intentar.
—No estoy luchando. Voy a abrir ese S3. Ya sabes, por el olor.
—Oh, bien —agarré el cuchillo y se lo entregué—. Buena idea.
—Gracias —dijo y se apresuró fuera del auto. Corté las luces y subí
mi ventana tan pronto como él había vuelto. Bloqueamos las puertas y
230
agachamos la cabeza. Mi corazón parecía estar latiendo odiosamente
fuerte. No podía ver nada. No tenía idea de dónde estaba la multitud. No
sabría si ellos nos descubrían hasta que fuese demasiado tarde.
Página

Aunque estaba tan oscuro que no tenía que hacerlo, cerré los ojos y
me imaginé a los zombis marchando. Tenían que estar cerca ahora. A
pesar de mi fría y húmeda ropa, estaba sudando de los nervios.
Rider extendió su mano y tomó la mía, sabiendo lo horriblemente
mal que esta situación podía ir. Él apretó mis dedos cuando escuchamos
los pies arrastrándose. El aire corría dentro y fuera de mis pulmones.
Mentalmente, comencé a contar hacia atrás desde diez. Cuando llegué a
uno, me arriesgué a mirar hacia arriba y fuera de la ventana.
Por supuesto, no podía ver nada. Otros dolorosos treinta segundos
pasaron. Los gemidos se hicieron más y más tranquilos hasta que apenas
podíamos escucharlos. Contaría una vez más y entonces encendería rápido
las luces y nos sacaría de aquí, me dije.
Cuando llegué a tres, algo golpeó el capó. Rider y yo saltamos. Mi
corazón estaba latiendo tan rápido que pensé que podría explotar.
Esperamos, sin embargo, no queriendo distanciarnos. Entonces la parte
delantera del auto fue empujada.
Algo estaba en el capó.

231
Página
El agarre de Rider en mi mano se hizo más fuerte. El carro se
balanceó arriba y abajo mientras el zombie revuelto pasaba nuestros
señuelos. Luego con un rugido, golpeó el parabrisas. Si fuera una gritona,
eso ciertamente me hubiera hecho reaccionar. El zombie arañó el vidrio.
—Debemos hacer algo —masculló Rider.
—Cierto, —Me senté, palpando alrededor por las linternas para
encenderlas. Parpadeé para ayudar a que mis ojos se ajustaran a la luz. El
zombie continuaba arañando el parabrisas. La horda nos había pasado,
por ahora. Uno se volteó, aparentemente escuchando los intentos de su
amigo no-muerto de entrar en el carro para obtener una comida gratis.
Dejó salir un chillido en alto y fue tras nosotros. Como si
respondieran a un llamado, los otros se dieron vuelta lentamente,
golpeándose entre ellos, haciendo que algunos cayeran. Puse el carro en
marcha y pisé el acelerador. Los neumáticos chillaron mientras
arrancábamos fuera del parqueadero. Paré de un tirón el volante para
tratar de desplazar al zombie. Quedó atrapado en uno de los cuerpos, que
estaba pegajoso y no quiso ceder.
Apenas logré la vuelta. La cola de nuestro auto golpeó otro. Mierda.
No quería dañar este carro aun. Lo necesitábamos. La horda se nos
acercaba, moviéndose más rápido de lo que esperaba. Era jodidamente
aterrador.
Entonces otra idea apreció en mi cabeza.
—¡Toma el volante! —le grité a Rider antes de sacudirlo una última
vez. El zombie en movimiento voló fuera y rodó. Saqué mi Beretta de mi
cinturón.
—¿Tuviste eso todo el maldito tiempo? —me gritó furioso Rider.
—Obviamente —le contesté. La dejé en mi regazo y volví a tomar el
volante, deslizándonos por otra curva y bajando la velocidad—. ¡Dispárale
a un carro caro! —grité.
232

—¿Por qué?
—Alarma —expliqué, mirando atrás. No había forma de que la horda
Página

siguiera el paso si continuábamos. Pero no era una garantía. Rider bajó su


ventana y le dio a la ventana negra de una Hummer amarilla. La alarma
instantáneamente sonó fuertemente.
—No me lo creo. —Rider casi rió—. Van directo a ella.
Una sonrisa malvada tiró de las esquinas de mi boca hacia arriba.
—Como polillas a la llama —bromeé.
—T-Tú eres increíble —me dijo. Si pudiera echarle un vistazo,
asumiría que sus pálidas y pecosas mejillas estaban enrojecidas.
Siempre odié los garajes de parqueaderos. Aun llenos de luz y sin
zombies, me confundían. Había pasado cerca de quince minutos tratando
de salir de uno en Indi una vez. Me sentía como una idiota y aun no sabía
cómo no era capaz de encontrar la salida correcta.
Presté bastante atención a los letreros, que por suerte estaban
marcados para tontos. La gran “G” para “nivel subterráneo” ayudó. Le di al
pedal del gas a fondo y atravesamos por el brazo de la puerta. El carro voló
por la pequeña pendiente que nos llevó del garaje a la calle. Brincamos
sobre un bordillo derrapando en la calle mojada. Manejé a tientas para
encender el limpiaparabrisas.
Rider soltó un grito de alegría triunfante.
—¡Lo hicimos!
—Santa mierda, lo sé —dije, de repente dándome cuenta de que me
faltaba el aire. No creo haber respirado del todo en el escape. El
sentimiento de euforia se estrujó de inmediato—. Hayden —solté—. Y los
otros. ¿Dónde están?
Rider sacudió su cabeza.
—No nos hubieran dejado a menos que…
—No, ni siquiera lo digas —demandé—. No ellos cuatro. Brock
estaba armado un infierno mejor de lo que yo estaba y nosotros salimos.
—Sí —concordó, aunque no se escuchaba como si lo creyera—.
Quizás volvieron a entrar para buscarnos.
—¡No! —Golpeé el volante—. La alarma. Q-Que si pensaron que era
una señal de ayuda de nosotros.
—¡Y fueron directo a la horda!
Di la vuelta.
—Debemos volver y asegurarnos.
—Sí. Debemos.
El frente del carro apenas estaba pasando el bordillo al garaje
233

cuando escuchamos el disparo. Vino de detrás de nosotros. Ansiosa por


mirar, ni me molesté por pisar el freno. El carro rodó hacia atrás. Tuve que
Página

forzarme a mantener el control de mi cuerpo. Retrocedí y giré el carro, las


luces brillando al tiro.
—Oh Dios mío —dije en alto cuando vi el perfil de una persona
corriendo hacia nosotros, luego se le unieron tres más. Pisé el pedal,
acelerando tanto como el viejo carro me dejó. Pisé el freno, los neumáticos
deslizándose en la calle resbaladiza. Casi olvido poner el carro en parqueo.
Salí y corrí hacia él. Hayden no dejó de correr hasta que colisionó
conmigo. Sus brazos me envolvieron y me levantó.
—Orissa —jadeó. Lo abracé fuerte, sin querer soltarlo. Me bajó, puso
ambas manos en mi rostro, me besó—. Creí que estabas detrás de mí. No
tenía idea —empezó, pero se detuvo para besarme de nuevo—. Cuando me
di cuenta de que no estabas, entré en pánico.
—Se espantó como una mierda —dijo Ivan con su carismática risilla.
—No sabía cómo te había perdido —admití—. Paré para matar un
zombie y creí que podría alcanzarlos.
Me abrazó de nuevo. Escuché como Rider recontó su historia de
cómo también se separó en la oscuridad. Como nosotros, los muchachos
habían pasado corriendo la salida del nivel subterráneo. Encontraron las
escaleras más rápido ya que ellos tenían las linternas. Una vez que
estuvieron en la calle, se dieron cuenta de que Rider y yo no estábamos
con ellos. Hayden quería volver de inmediato, pero Wade, Brock e Ivan le
recordaron que sin armas, no había sentido. Estaban buscando algo que
pudiera funcionar cuando fueron emboscados y tuvieron que huir. Luego
escucharon la alarma del carro y volvieron.
—No por arruinar su romántico beso de reencuentro en la lluvia —
bromeó Brock—, pero necesitamos largarnos de aquí.
Hayden y yo nos separamos, concordando totalmente.
—¿Cómo mierda encontraste llaves? —me preguntó Wade mientras
caminábamos a la parte de atrás del carro.
—No lo hice —le dije—. Manipulé los cables. Busqué los cables que
estuvieran sueltos —le dije a Ivan, que fue al lado del conductor—. Podrías
llevarte una descarga desagradable. —Rider, Brock y Hayden fueron a la
parte de atrás. Me senté en el regazo de Hayden. Era un ajuste apretado
para los tres hombres crecidos, añadiéndome se sentía como si nos
atiborráramos en un carro de payaso. Wade e Ivan tomaron el frente.
—¿Cómo mierda aprendiste eso? —preguntó Ivan y puso el carro en
marcha.
—De un amigo —mascullé.
234
—¿Un amigo? —cuestionó, robando un vistazo a la parte de atrás a
mí.
—Sip. —No quería entrar en detalles. Aparte de conocer a Hayden, la
Página

única cosa buena del apocalipsis zombie era que hizo mi record criminal
desaparecer.
—Eres una chica interesante, Orissa —me dijo Ivan.
Me encogí de hombros.
—Gracias.
La lluvia continuó cayéndonos y el viento nos soplaba con fuerza
aleatoriamente, presionando contra el pequeño carro. Había desechos,
basura, y el ocasional zombie por la calle. Ivan condujo a los laterales a
ratos para evadir el golpe a alguna cosa sólida y pesada.
—Tienes que estar bromeando —pronunció en alto Ivan. Los cuatro
de nosotros atrás estiramos nuestros cuellos para ver cuál era el
problema—. ¿Crees que podemos hacerlo? —le preguntó a Wade.
—Se ve profundo —especuló Wade—. Creo que el tubo de escape se
irá abajo.
Sin nadie que limpie la porquería de los canalones y alcantarillas, el
camino estaba inundado.
—Podríamos salir y caminar —sugirió Brock.
—Tal vez tengamos que… —se quejó Wade.
—Prueba con otra calle —sugirió Hayden. Ahora que estaba sentada
quieta y el peligro había acabado un poco, tenía frío. Quería volver al
camión, quitarme mi ropa mojada y arrancar la calefacción.
—No estamos tan lejos —les recordé a todos. Sabía que este carro no
lo lograría por el largo y húmedo césped que bordeaba la carretera, así que
sugerir algo de salirse del camino era inútil.
—Trataremos con una más —decidió Ivan y le dio vuelta al carro.
Rodeamos el bloque, hasta un callejón, por una intersección y luego otra
calle. El techo se había caído de un edificio bloqueando nuestra vía.
—Si al principio no tienes éxito, prueba otra vez —dijo Brock con un
suspiro. Fuimos de reversa, dos bloques más abajo y fuimos detenidos por
más daños del tornado.
—Creo que es inevitable que caminemos —se quejó Wade—.
¿Alguien siquiera recuerda de dónde vinimos? No estaba prestando
atención —admitió.
—Si hubiera luz del día podríamos ver la carretera —empezó
Hayden—, pero ahora, no estoy muy seguro tampoco. —Vio por la ventana
y sacudió la cabeza—. Vuelve al garaje.
—Los zombies quizás salgan —señaló Rider—. La alarma
235

probablemente se apagó hace un buen rato. No voy a volver a esa horda de


nuevo.
Página

Todos estuvimos de acuerdo pero necesitábamos volver al garaje si


queríamos encontrar la carretera. Era la única manera de rastrear
nuestros pasos.
—¿Por qué viajan en hordas? —se preguntó Rider en alto.
—Seguro en números —bromeé.
—¿Creen que alguna vez se sientan realmente hambrientos y se
coman entre ellos? —Le preguntó a nadie en particular.
—No —respondió Hayden—. Solo quieren carne viva y sangre. O algo
que esté recientemente muerto. Creo que es la eh… nutrición lo que
ansían.
—Interesante —dijo Brock.
Asentí y temblé de nuevo. Hayden puso sus brazos a mí alrededor,
solo que, con sus ropas mojadas y piel fría, solo lo hacía peor.
Ivan navegó de vuelta al garaje, pisando a fondo mientras lo
pasamos. Volteó bruscamente el volante y patinamos alrededor en una
curva.
—¿Bueno, no sabrías? —dijo Ivan con una risilla—. La salida.
Fuimos por la vía equivocada la primera vez.
Sintiéndome aliviada, me relajé contra Hayden por un minuto. Luego
el alivio se fue rápidamente cuando el carro paró. Tres ramas ensuciaban
el ventoso camino. Las esperanzas de que nuestros vehículos sobrevivieran
intactos murieron instantáneamente.
Con las luces delanteras del auto y la linterna de Brock, podíamos
ver el daño con facilidad.
Pequeñas ramas y hojas cubrían el camión, la pintura estaba rayada
y rasguñada pero eso parecía la extensión del daño. Tomamos armas y
linternas antes de inspeccionar más allá.
Hayden saltó a la cama y empezó a remover las partes de árbol que
se habían atascado en la base del arma. La mayoría de la cubierta estaba
puesta, pero no me sorprendería si las ráfagas de viento y lluvia la
hubieran atravesado.
Una rama larga había caído, la punta de ésta había golpeado la
Range Rover sobre el asiento trasero, del lado del pasajero de la ventana.
Había una fea abolladura y una pequeña grieta de telaraña en el vidrio.
—No lo creo —dijo Brock, pasando sus manos por su cabello
mojado—. ¿Morí? Esto no puede ser real. Ambos carros son manejables.
—Créelo hermano —dijo Ivan con una sonrisa y encendió el motor
del Range Rover. Yo también sonreí. Si creía que los milagros eran posibles
236

en este jodido mundo que estaba lleno de cadáveres sin vida caminando
por ahí tratando de arrancarnos los estómagos para darse un banquete de
ellos, diría que carros prácticamente sin rasguños eran uno.
Página

La lluvia empezó a disminuir pero el viento aun soplaba


furiosamente. Abrí la puerta del camión, caminé cerca y la acerqué detrás
de mí. Con el viento soplando, la puerta se presionó contra mí. No
queriendo mojar el asiento y tener que sentarme en el puesto mojado, me
incliné y agarré mi bolsa. La abrí y empecé a buscar en la ropa seca.
La puerta del otro lado se abrió. Hayden sonrió y jaló su bolsa de
debajo del asiento. Arrojó medias, un par de boxers, jeans y una camiseta
en el asiento. Se quitó sus pantalones y chaqueta mojados antes de saltar
al asiento y cerrar la puerta.
—Apúrate Riss —me dijo impaciente—. El asiento se va a mojar.
—Estoy tratando —le dije y rápidamente escarbé en mi bolsa un
poco más.
—¿Qué es tan difícil? Agarra tus cosas y entra.
—Creí empacar otro sujetador, pero no puedo encontrarlo.
—No uses uno —sugirió y se quitó la ropa interior mojada.
—Mis pechos son muy grandes para no usar uno —me burlé— es
incómodo.
—¿En serio? Creí que no te gustaba usarlos.
—No cuando estoy descansando por ahí. Pero correr sin ellos es
incómodo. —Por suerte había puesto una camiseta ajustada blanca en mi
maleta. Lo saqué.
—Oh —dijo Hayden emocionado—. Usa eso. Y quédate fuera en la
lluvia.
Enrollé la ropa que necesitaba y se la arrojé a Hayden.
—Eso no es gracioso. —Me incliné y desaté mis empapadas botas.
—No, no gracioso —continuó.
—Y estoy segura de que a Ivan, Brock, Wade y Rider les encantaría
también —le informé.
—Oh, cierto —rió.
—Y siento decepcionarte, pero voy a ponerme una sudadera sobre el
top. —Pateé fuera mis pantalones y subí al camión para terminar de
vestirme. Todos pusimos nuestras ropas mojadas en la cama del camión.
Trepé al asiento del pasajero, encendí el camión y subí la calefacción.
Lanzando solo aire frío, la apagué de nuevo y atoré mis manos frías bajo
mis piernas.
Hayden, Brock, Wade e Ivan se agruparon fuera de la lluvia bajo una
237

puerta trasera abierta del Range Rover, yendo bajo el plan de acción.
Rider, no queriendo que la lluvia empape sus ropas secas, se apresuró al
Página

camión.
Tiró de la puerta cerrada y movió de vuelta mi bolsa debajo del
asiento.
—Oh lo siento —le dije—. Olvidé que la había dejado fuera.
—Está bien —dijo y se colocó el cinturón de seguridad—. Quiero
agradecerte Orissa.
—¿Por qué?
—Uh, por salvar mi vida —dijo, como si fuera la cosa más obvia del
mundo.
—Oh cierto. Gracias también. No sé si hubiera podido hacer todo eso
sola —le dije y sonreí.
—Yo no hice mucho —admitió tímidamente—. No le digas a nadie,
¿está bien?
Levanté una ceja.
—¿Decirles qué?
Dejó salir un suspiro profundo y bajó la mirada.
—Que me encontraste solo parado nada más.
¿Rider había estado ahí de pie sin más? No podía verlo; no tenía idea
de lo que estaba haciendo.
—¿Por qué solo estabas ahí de pie? —Cuestioné.
—Me había rendido. —Las palabras salieron de su boca como si no
tuvieran control—. Cuando me quedé atrás, solo sabía que no había
manera de salir vivo.
—Fuiste herido —razoné.
Sacudió su cabeza.
—Aun si no lo hubiera estado…
Se veía tan avergonzado. Yo no era la clase de persona que se rendía
o aceptaba la derrota; no era un sentimiento que me fuera familiar pero
asumí que era horrible.
—Oye —dije gentilmente—. Fue feo allá atrás. Pon a cualquiera en
esa situación, un tornado, un apagón total, un parqueadero en forma de
laberinto, una manada de zombies, y mira lo que hacen. Te garantizo que
ellos se rendirían echándose a llorar.
—Tu no —me recordó.
—Yo no.
—Has pasado por mucho. ¿Cómo lo haces?
238

—¿Hacer qué? —pregunté volteándome para verlo a los ojos.


—No rendirte.
Página

—Había veces en que quería —admití—. Me gustaría decir que es la


verdad para todos nosotros, mayormente porque me hará sentir mejor. Ese
mundo… está muerto. Tuve que encontrar cosas para vivir en él.
—¿Cómo qué?
—Le prometí a Raeya hace mucho tiempo que no dejaría que nada
malo le pasara. Si me rindiera y muriera, ella lo haría también. Y tenía mi
pequeño grupo del hospital al que cuidar. —Y luego estaba Zoe; aun dolía
pensar en ella. Recordaba la manera en que ella veía el mundo. Era tan
inocente. Todo lo que veía era la belleza a su alrededor. Estaba muriendo
desde hace tanto tiempo pero aun así estaba tan llena de vida. Cuando
murió me prometí a mí misma que continuaría, que viviría por ella. Sacudí
mi cabeza—. Y ahora tengo a todos en el refugio.
—Especialmente a Hayden —añadió con un guiño.
Le sonreí de vuelta y, por primera vez, me di cuenta cuan joven se
veía Rider. No podía tener más de veintiuno.
—Y mi abuelo solía decirme que no te rendías solo porque algo era
difícil. Mientras más difícil, más lo vale al final.
—Gracias —dijo Rider—. Por hablarme.
—De nada. Es lindo, a veces.
—Si, lo es.
Hayden trotó de vuelta y se arrojó dentro del camión. Me pasó el
mapa doblado, quitó las gotas de lluvia y lo puso en la guantera.
—Tenemos que ir aproximadamente quinientas millas para llegar al
borde de Pennsylvania. Debería tomar unas ocho horas, más o menos. Con
el clima siendo esta mierda, diría que más.
—¿Aunque no vamos a conducir directo, o si? —preguntó Rider.
—No. Queremos alejarnos de este lugar y encontrar algún lado para
paquear por el resto de la noche —le dijo Hayden.
—Bien —dijimos Rider y yo al unísono. Hayden presionó el botón de
encendido de la radio y puso el camión en marcha. Decidimos retroceder
solo un poco para probar y evadir otros caminos abarrotados con más
basura del tornado. Pasamos un rato buscando otra salida y terminamos
haciendo un muy buen tiempo una vez que pasamos a la carretera.
Destrencé mi cabello mojado y lo peiné pasando mis dedos por él.
Había recodado empacar un cepillo esta vez. Una vez que lo recuperé de mi
bolsa, cepillé los enredos remanentes y volví a trenzar mi cabello en una
fuerte trenza de cola de pez. Un círculo de agua se formó rápidamente en
mi capucha de donde terminaba mi cabello.
239

El camión estaba entrando en calor y estaba haciéndome


somnolienta. Cerré mis ojos por un minuto solo para abrirlos cuando el
camión rodó del suave camino y saltó sobre la cuneta.
Página

—¿Qué estás haciendo? —le pregunté a Hayden.


—Me salgo del camino —dijo, viendo sobre mí.
El camión chocó molestosamente sobre el terreno desigual.
—Eso veo. —Y también pude ver la pila de carros en la carretera. Si
me hubieran molestado en ver antes de abrir mi boca, hubiera visto que
estábamos rodeándolos. Hayden me echó una mirada otra vez. Sus ojos se
demoraron un poco más y tuvo que parar rápidamente de un tirón el
volante para evitar golpear una señal.
Golpeamos lo que se sintió como un bache en el césped crecido.
Hayden hizo una mueca de dolor y palmeó el salpicadero, disculpándose
con su camión. Aminoró la marcha, facilitando el paso del camión por otra
parcela difícil.
Apunté a un S3 que estaba arrastrándose por el camino. Las luces
de los carros debieron haber captado su atención. Levantó una mano
podrida y siseó. Hayden tiró bruscamente del volante y le corrió encima, su
cabeza reventando como una uva bajo las grandes llantas.
Conducimos por una hora y media hasta que encontramos un
pueblo granjero abandonado. Estaba muy oscuro para salir y explorar. La
lluvia se tomó otra vez silbando rítmicamente el techo del camión. Nos
detuvimos en un parqueadero que se veía como el de un Wal-Mart cerrado.
Ivan puso el Range Rover cerca del camión, sus luces brillando en
dirección opuesta a las nuestras. Tanto como podíamos decir, este lugar
estaba completamente desolado. En pares, vagamos por ahí para orinar.
Hayden prometió que no miraría pero que no quería que me perdiera de su
vista. Aun se sentía culpable por perderme en el parqueadero. Cuando
volvimos al camión, le ayudé a Wade a pasar por el cubo Rubbermaid en el
que estaba nuestra comida. Sacamos lo que pensamos era una buena
combinación —salsa de manzana, mantequilla de maní, galletas y pasas
cubiertas de yogurt— y las pasamos a nuestros amigos.
Comimos, nos aseguramos que nuestras armas estuvieran cargadas
y nos colocamos para dormir. Normalmente nunca me pondría de
voluntaria para tomar la segunda guardia pero luego del incidente del
garaje estaba cansada. Me moví a la parte de atrás y me estiré, poniendo
una bolsa de dormir sobre mi cuerpo. Como tendría sentido que tres
durmieran mientras tres vigilan, Hayden y Brock también se arreglaron,
no del todo cómodos, para media noche de sueño.
Cinco horas más tarde, fuimos levantados para cambiar. Música
country fluía suavemente desde los parlantes del camión. Hayden golpeaba
sus dedos en el volante. Bajé mi ventana y tomé un profundo respiro al frío
aire nocturno.
240

La lluvia había cesado, pero el viento seguía constante y fuerte. El


aire olía fresco; siempre había amado el aroma de la lluvia.
Página

—Debí haber traído un libro —suspiró Hayden.


—Si, esto es un poco aburrido —coincidí.
—No es como si pudiera leerlo —añadió y sondeó los alrededores.
Asentí. Tan tonto como fuera la vigilar por zombies, era algo que
hacíamos en serio.
—¿Cuál es tu animal favorito? —preguntó de repente.
—Un halcón. ¿Por qué?
Se encogió de hombros.
—Hay un montón de cosas normales que no se de ti.
—Oh. El negro es mi color favorito, el diente de león es mi flor
favorita. Soy Escorpión, tengo unas perras primas gemelas idénticas del
lado de mi papá a las que no he visto desde que tengo doce, dejé de creer
en Santa cuando tenía ocho, no me enveneno con la hiedra, y solía tener
una ligera obsesión con el fuego.
—¿No te da envenenamiento? Estoy celoso.
—Si. Recuerdo jugar en una pequeña parcela de eso cuando solo era
una niña. Mi mamá se espantó y me llevó al hospital, pensando que iba a
tener una horrible reacción alérgica. Cuando no pasó nada, los doctores
nos dijeron que no a todos les molesta.
—Tú no quieres saber en qué parte de mi cuerpo he tenido hiedra
venenosa. —Sonrió y sacudió su cabeza—. Me gusta el azul, no me
interesan las flores, no sé cuál es mi signo zodiacal, tengo más primos y
más primos segundos de los que puedo contar. Creo que creí en Santa
hasta que tuve doce, no me juzgues. Aún tengo una pequeña obsesión con
el fuego. Y no creo que los dientes de león sean realmente flores.
—Si lo son.
—Son mala hierba —insistió.
—Lo que sea. Aun me gustan.
—¿Por qué le gustarían a cualquiera? Son un dolor en el trasero.
Doblé mi pierna debajo de mí.
—Son las primeras plantas en salir en primavera y las últimas en
morir en el invierno. Son fuertes, puedes rociarlas con mata hierbas y aun
así no morirán. Crecen donde sea; en un césped exuberante, en una
parcela de lodo seco o en una grieta en la acera. Aun cuando están
muertas se ven bien y te entretienen. No me digas que nunca pediste un
deseo con un diente de león y luego soplaste las semillas. Además, son
amarillas y alegres y casi por completo comestibles.
241

—Ese es un punto interesante —señaló.


Me encogí de hombros.
Página

—Supongo. —Me giré para enfrentar a Hayden—. ¿Cuándo es tu


cumpleaños? Siento que es algo que debería saber sabido hace tiempo.
—Julio 3 —me dijo—. No es como si importara, ¿cierto? No podemos
celebrarlo realmente.
—Eres Cáncer.
—Oh, no sabía que te gustaba la astrología.
—No realmente —expliqué—. Es interesante, supongo. Les molestó a
mi mamá y a mi padrastro cuando tomé interés en ello.
Hayden asintió y sonrió. Yo sacudí mi cabeza.
—Hice muchas cosas para molestar a las personas. Todo lo que
hacía era mosquear lejos el tiempo que podía pasar con ellos y hacer otras
cosas.
—No te lastimes por el pasado —dijo amablemente y se inclinó sobre
el centro de la consola. Puso su mano en mi mejilla y me besó—. Voy a
arriesgarme a sonar increíblemente afeminado y poco convincente diciendo
que el pasado te hizo quien eres hoy. Y creo que esa chica es bastante
genial.
—Para, antes de que vomite —bromeé y me incliné para besarlo de
vuelta. Seguimos haciendo preguntas de cualquier cosa, justo como en los
viejos tiempos, hasta que el sol salió. Los seis salimos de nuestros autos,
nos estiramos y comimos el desayuno antes de devolvernos al camino de
nuevo. Paramos para el almuerzo unas cinco horas después.
No había prestado atención a donde estábamos, pero sabía que era
algún lugar en Ohio. Hicimos un pequeño fuego para calentar el almuerzo.
Mezclé agua en dos latas de sopa de fideo de pollo y puse el tarro en el
fuego.
—¿Por qué no podemos ir más lejos que Pennsylvania? —Cuestioné.
—Es demasiado lejos —respondió Brock inmediatamente.
—Pero estamos bastante lejos ahora —arrojé—. Y si queremos
recabar todo el país buscando sobrevivientes, entonces, bueno, ¿no
deberíamos ver en todos lados?
—¿Tú quieres estar tan lejos de casa? —preguntó Ivan.
—Claro que no —le dije—. No me gusta estar así de lejos como
estamos ahora. Pero ahora sé que para poder obtener cosas, tendremos
que seguir más y más lejos. Lo mismo para buscar gente. Quizás haya
mucha gente al este.
242

—Cuando recibamos órdenes de así de lejos, entonces iremos —dijo


Wade simplemente.
Página

—Pero eso no va a ser en mucho tiempo —dijo Rider, viéndose como


si tratara de tranquilizarse a él mismo; luego de la última noche creo que
estaba listo para irse a casa y no pensar en salir en un buen rato, dejando
en paz el aventurarse tan lejos como fuera a la costa este.
No queriendo empezar ningún tipo de discusión, asentí. Aun se veía
raro para mí. Más que comprendía el no querer alejarse del refugio.
Muchas cosas malas podían pasar cerca de casa. Y cuando habían pasado
lejos nuestras oportunidades de traer de regreso a un compañero herido
habían sido extremadamente desafortunadas. Me encogí al pensar en lo
que hubiera pasado si Hayden hubiera sido disparado en Texas.
Pensando en Texas, recordé los raros símbolos pintados en las
puertas. Me había olvidado de ello con todo lo que había pasado desde
nuestro descubrimiento de las marcas extrañas.
No podía evitar sentir que había algo muy evidente en su significado
que pasábamos por alto. Una parte de mi quería volver y comprobarlo,
mientras que la otra parte no quería invertir mi tiempo y energía en algo
que siempre podría ser un misterio sin sentido.
Ivan y Hayden debatieron sobre lo que debía hacerse por el walkie
talkie mientras nos dirigíamos al noroeste. Una posibilidad era encontrar
un lugar para usar de bunker durante la noche, ya que ninguno de
nosotros quería pasar otra noche en el auto. Pero eso no requería que nos
detuviéramos tan pronto, así que tendríamos más tiempo para encontrar
una zona segura, echarle un vistazo y preparar el lugar para pasar la
noche. Finalmente se decidió que estableceríamos un campamento a la luz
del día y descansar para luego pasar el día de mañana en busca de
sobrevivientes en una radio de cincuenta millas de nuestro campamento.
Fuimos en auto por una calle antigua, las casas ostentosas tenían
tropecientas ventanas y enormes puertas. Sería la primera en admitir que
tenía curiosidad por entrar a las mansiones históricas, pero no estaba a
punto de pasar la noche en un lugar con tantos paneles de vidrio que
podían romperse.
—¡Oh! —Exclamé cuando un bien restaurado Victoriano verde y
blanco apareció a la vista. A diferencia de la última casa de estilo
victoriano en la que me alojé, ésta era enorme, atractiva y acogedora. La
mejor parte de esto era que las primeras ventanas de la historia y puertas
parecían estar cuidadosamente tapiadas.
—Eso funcionará —concordó Hayden y dejó por radio a Ivan.
Patrullamos la calle por un tiempo más antes de detenernos. Cuando no
vimos ningún zombie, llegamos a la casa y nos bajamos, armas listas.
Fuimos alrededor de la casa inspeccionando abiertamente.
243

—Querían regresar —dijo Brock, refiriéndose a los propietarios de la


vivienda—. Quien puso esto hizo un buen trabajo. Es fuerte; se necesitaría
mucho para separarlos o atravesarlo quebrándolo.
Página

—Eso es genial y todo —concordó Wade— Pero ¿Cómo entramos?


Odiaría romper cualquiera de las tablas y darle a los zombies un lugar por
el cual colarse.
Di un paso atrás y miré el porche cubierto.
—Voy a escalar, bajaré e iré a través del garaje.
—No deberías ir sola —objetó Hayden inmediatamente.
—Ven conmigo entonces.
—Lo haré —insistió.
No fue fácil subirnos a nosotros y a nuestras armas al tejado del
porche. Hayden rompió una pequeña, y ovalada ventana y esperó.
—No oigo nada —susurró y asomó la cabeza—, ni huelo algo
descompuesto.
Entró por la ventana y dijo que esperara allí mientras él observaba.
Conté hasta treinta antes de entrar.
—¡Qué forma de esperar! —dijo y puso los ojos.
—No iba a dejarte tener toda la diversión —le dije y sonreí.
Estábamos de pie en lo que solo podía describir como un pequeño
altillo. Detrás de nosotros a la izquierda había una característica torre
victoriana llenando desde el piso al techo de las ventanas de cristal. El
altillo estaba conectado a un pasillo circular que se abría al vestíbulo de
abajo. A cada lado nuestro estaban los dormitorios, cada uno con su
propio armario y baño. Un niño afortunado llamado Lucas, como
explicaban las letras sobre su cama, había vivido una vez.
Cerramos las puertas detrás de nosotros y fuimos alrededor de la
barandilla curvada a la habitación contigua. Una gran sala de juegos con
una TV plasma montada en la pared, estanterías llenas de libros, juegos
de mesa y un montón de juguetes. Lucas, por cierto, era un niño
afortunado.
Había otra habitación con su propio baño y un amplio armario para
revisar antes de llegar a la increíble recamara principal.
Nos olvidamos temporalmente que estábamos buscando zombies
mientras nuestros ojos se daban un banquete con los cuatro postes sobre
la cama tamaño King. Toda la habitación estaba decorada en tonos tierra
muy agradables. El edredón azul y marrón pálido combinados, las
almohadas mullidas de la cama rogaban que me acostará sobre ellas. El
armario era tan grande cómo la cama y estaba hecho por fuera de una
hermosa, madera tallada a mano. Lo que debían ser costosas figuras de
244

porcelana de caballos adornaban la parte superior.


Más allá de la cama, estaba la sala de estar con sillones igualmente
Página

majestuosos en ángulo entre otra hermosa pieza de artesanía en madera.


Una taza de café se había quedado en la parte superior de un periódico
doblado; su contenido evaporado hace mucho. Me moví y cogí el papel.
—23 de octubre —leí la fecha en voz alta—. Creo que es
aproximadamente la misma fecha en la que el virus golpeó Indy.
—Suenas en lo cierto —concordó Hayden y abrió la puerta del baño.
Ambos anhelábamos tomar un largo baño caliente en la bañera de
hidromasaje.
Rápidamente registramos el armario y bajamos las escaleras con
Hayden insistiendo en ir primero.
Sostuve la linterna en una mano y sostuve la otra en alto,
manteniendo mi arma. Nos quedamos en un vestíbulo elaboradamente
decorado.
Iluminé con la luz alrededor.
—¿Por aquí? —preguntó Hayden e hizo un gesto hacia la puerta
principal. Asentí con la cabeza y lo seguí a una de las más impresionantes
salas de estar en las que jamás he estado. A pesar de que nuestra única
fuente de luz era la linterna, conocía a una revista de casas extravagantes
a la que le habría encantado venir aquí y tomar fotografías.
Me pregunté si a Lucas se le permitió jugar en la alfombra blanca
prístina o sentarse en el inmobiliario antiguo de estilo victoriano. El polvo
cubría un piano de cola.
Atravesamos la sala de estar, nos fuimos a un comedor igual de
ridículamente decorado ¿En serio? Pensaba mientras miraba alrededor de
la porcelana que estaba sobre la mesa. ¿Acaso estas personas invitaban a
la realeza?
Inspeccionamos la cocina, el cuarto de servicio, la sala de estar y los
baños antes de entrar al garaje para cuatro coches. Un Lexus SUV estaba
estacionado en el punto más cercano a la puerta. Mi luz no era suficiente
para divisar que eran los otros tres coches. Hayden levantó la puerta del
garaje abierta, derramando la luz cegadora en él.
—¿Cómo? —preguntó Brock. Parpadeé cuando lo miré, mis ojos aun
adaptándose a la luz.
—Seguridad, creo —respondió Hayden— No hemos mirado el sótano
todavía.
Rider miro los coches. Había un Lexus y un Audi deportivo más.
—Tengo curiosidad de cómo la gente podía darse el lujo de vivir así,
245
especialmente en la Depresión.
Wade resopló.
Página

—Yo también. No es justo.


—Dímelo a mí —concordé, recordando el pequeño apartamento de la
tía Jenny.
Sorprendentemente, sentí una punzada de nostalgia. No para el
pequeño y cutre apartamento, por mi familia. Odiaba no saber qué le pasó
a la tía Jenny y a mi abuelo. Me sacudí de nuevo al aquí y ahora. Me ofrecí
a vigilar mientras que los chicos entraban al sótano. Hayden, por
supuesto, se quedó conmigo. Después de diez minutos los chicos volvieron
a decirnos que la cosa más emocionante que habían encontrado era una
sala de teatro que no podíamos usar.
Rider encontró las llaves de los tres coches en el garaje. Con la luz
restante del día, movimos los tres al patio, desviando el gas del Audi y el
coche. Hayden pensó que sería una buena idea tomar la SUV pero a Ivan
no le gustaba la idea de dos de nosotros estando en un coche sin medios
de comunicación; solo teníamos dos walkie talkies.
El instalarse lo decidiríamos más tarde, aparcamos nuestros coches
en el garaje y cerramos la puerta. Fui por la casa en busca de velas. Ivan y
Brock trabajaron en como iniciar un fuego en las chimeneas de la sala y el
cuarto de estar con la madera que habían traído de una pila de leña
cuidadosamente apilada en la parte posterior, cubriendo la terraza.
Hayden pasó por la despensa por cosas útiles y Wade y Rider trajeron
nuestras cosas.
Cerré las puertas del estudio y el comedor; no había nada allí que
necesitáramos. Puse todas las velas que pude encontrar en el mostrador
de la cocina y metí una caja de cerillos en mi bolso.
—Eso está mejor —dijo Hayden cuando las llamas parpadearon y
bailaron sobre la cocina. Tenía una buena pila en la isla del mostrador.
Había numerosas latas de frijoles, frutas y verduras, dos bolsas de papas
fritas orgánicas, una bolsa de palomitas de maíz, una docena de latas de
sopa, un tarro de pepinillos, papas fritas, salsa, varias cajas de pan de
maíz, pastel y mezclas de brownies, así como una botella sin abrir de
mantequilla en aerosol.
—¿Crees que necesitamos aderezo para ensalada?
—No nos hará daño tomarlo —le dije, llevando cuidadosamente una
vela a un lugar vacío en el estante de la despensa—. Se puede utilizar para
sazonar los alimentos. Solo asegúrate que no esté caducado; necesitamos
una intoxicación alimenticia tanto como necesitamos un agujero en la
cabeza.
—Correcto —dijo, y me dio las botellas para agregar a la pila.
246

Terminamos pasando la despensa, trasladé la vela al mostrador y cada


uno tomó dos velas para distribuirlas en toda la casa. Pusimos dos en la
mesa junto a las escaleras. Pusimos una vela en un armario en cada una
Página

de las cuatro habitaciones ya que no tardaría en estar oscuro arriba


también, una en el pasillo de arriba y mantuvimos las velas restantes en la
cocina, así podíamos utilizar la luz para ver nuestra comida y hacer la
cena.
Después de comer más sopa, papas fritas y una lata de atún,
abarrotamos la mesa de café de en la sala de estar para jugar a las cartas.
Desplegué nuestras ropas mojadas para secarse y me senté de espaldas a
la chimenea, destrencé mi pelo, sorprendiéndome con cuanto había
crecido desde octubre. Sin duda tenía una cantidad horrible de puntas
abiertas. Cuando estaba mojado mi pelo parecía negro azabache. En
realidad, era un color oscuro expreso, siempre me había gustado mi color
natural. Fue lo único bueno que mi padre me había dado.
—Cuando el mundo se arregle, voy a volver aquí —dijo Brock y
repartió las cartas— ¡Esta casa es agradable!
—Si el mundo se arregla —escupió Rider amargamente.
—¿Cómo crees que será? —admitió Hayden— Cuando no haya más
zombies, quiero decir.
—Va a ser extraño —se echó a reír Ivan— Y vacío.
—¿Quién estará a cargo? —cuestionó Rider.
—Asumí que nosotros lo estaríamos —admitió Hayden— al menos
con nuestro grupo. Nos mantendremos funcionando como lo hacemos.
Apuesto a que todos seremos capaces de salir y hacer nuestro propio
camino sin dejar de trabajar juntos como una comunidad.
—Tienes más fe en la gente de la que yo tengo —le dijo Hayden—
Una vez sea seguro, quiero volver a mi granja en Kentucky y no tener que
preocuparme por el cuidado de nadie más que yo y unos amigos.
—¿Cómo conseguirías comida? —preguntó Ivan.
Encogió un hombro.
—Granja y cazar. No sería divertido pero la gente lo hizo antes ¿No?
—¿Qué pasa con la tecnología? —Rider siguió planteando
preguntas— ¿Crees que vamos a tener que empezar todo de nuevo?
—No del todo —respondió Hayden— Todavía tenemos el
conocimiento, pero no las herramientas o la mano de obra para trabajar
cosas complejas como aeropuertos, plataformas petroleras o las compañías
de cable. Y creo que algunas cosas, como el cable, están bien, pero no son
necesarios para vivir. Vamos a tener que seguir adelante como estamos
ahora.
—Va a ser raro —dije con una leve sonrisa— Cuando los niños
247

nazcan en este mundo vamos a estar diciéndoles historias sobre los


televisores 3D, el aire acondicionado y el internet.
Página

—Y vamos a tener que decirles sobre el virus zombie —agregó


Brock—. ¿Qué vamos a decirles cuando pregunten cómo comenzó? No
tengo idea.
—Tuvo que haber sido un accidente —especuló Ivan—. Como en una
película cursi de ciencia ficción donde alguien deja caer un frasco en un
laboratorio, liberando el virus al público desprevenido.
—Si —concordó Wade—. O un experimento científico que salió mal.
Tal vez los médicos estaban tratando de curar el cáncer y las células
creadas no podían morir o algo, pero lo que no esperaban era que el virus
mutara y creara zombies.
Incliné mi cabeza hacia atrás y sacudí mi pelo para que el calor
llegara a las capas inferiores. Odiaba dormirme sobre el cabello húmedo;
era molesto. Jugamos otro juego de Rummy, hablamos un poco más y
decidimos llamar a la noche.
No estábamos seguros de si tener a alguien que se quedara abajo y
vigilara valía la pena, ya que nadie podía ver absolutamente nada a través
de las ventanas tapiadas. Fue unánime, que todos nos sintiéramos seguros
con un par de oídos alerta para escuchar una manada.
En grupos de a tres de nuevo, Hayden, Brock y yo tomamos la
primera guardia. Nos sentamos en la sala de estar de nuevo, comiendo
palomitas de maíz pre-cocidas y hablando. Después de tres horas, me
sentía muy llena y aburrida. Mis ojos estaban pesados y sabía que podía
caer fácilmente dormida. Sabiendo que tenía que hacer algo para
mantenerme despierta, tomé mi linterna y me arrastré por las escaleras a
la sala de juegos.
Bajé con un montón de juegos de mesa. El resto de nuestro tiempo
lo gastamos jugando Preguntas Capciosas que pasó rápidamente, pero
todavía estaba emocionada cuando fue nuestro turno de dormir. Bostecé, y
dejé a Hayden tirar de mí a mis pies. Cálida de estar sentada junto al
fuego, me había quitado mi sudadera. El aire del piso de arriba no estaba
frío, pero aun así hizo brotar la piel de gallina en mis brazos.
Me quité las botas y me metí debajo de las sabanas de la gran cama
del dormitorio principal. Hayden hizo lo mismo y se puso a mi lado. Estaba
tan cansada y cómoda que me quedé dormida con rapidez y no me
desperté hasta que Ivan nos despertó seis horas más tarde.
Nos vestimos, apagamos las velas, desayunamos y cargamos lo que
necesitamos para nuestro día lleno de búsqueda. Prestamos mucha
atención a los caminos que tomamos así podríamos volver fácilmente a
nuestra mansión por un lugar seguro.
248

Gastamos tres horas buscando el centro de la ciudad; resultó que


era tan pequeña que la habíamos pasado más de una vez.
Página

Los escaparates estaban rotos, los coches habían sido quemados y


había un montón de restos humanos carbonizados en el piso frente al
palacio de justicia. No, no íbamos a encontrar ningún sobreviviente aquí.
—Estamos a menos de cien millas de Pittsburg —le dije a Hayden,
trazando el camino con mi dedo—. Creo que deberíamos al menos
acercarnos a ver lo que hay.
Hayden vaciló antes de contestar.
—Hay mucho que buscar aquí.
—Pero Pittsburg es una ciudad grande y Fuller quería que echemos
un vistazo a las grandes ciudades —insistí—. No entiendo cuál es el
problema. Si encontramos gente. ¿Qué importa de dónde vienen?
—Se nos dieron órdenes directas de no ir Pennsylvania —me
recordó.
—Lo sé, y eso me hace querer ir más todavía —admití—. Es solo que
estamos tan cerca. Odiaría perder la oportunidad de encontrar algo. —Me
incliné al frente entre los asientos—. ¿Ustedes no?
—Si —respondió. Él aún vio ligeramente a Brock, quien en
respuesta, se encogió de hombros ligeramente.
Conducimos alrededor por otra hora y entramos a un pequeño
pueblo con más de una docena de zombies tambaleándose por ahí. Casi
todos ellos se veían como si fueran o estuvieran cerca de la etapa S3.
Hayden bajó la ventana y encendió la música.
De repente se volteó para encarame.
—Voy a usar tu arco ¿de acuerdo?
—Claro —dije—. Pero no creo que le des a algo. Nunca terminaste
con el entrenamiento.
—¿Me enseñas? —preguntó con una sonrisa inocente.
—Seguro —dije de nuevo. Matamos a todos menos los gomosos
disparándoles con nuestras armas. Hayden tomó el arco y lo sostuvo.
—Relaja tu hombro —dirigí—. Y deja caer un poco el codo, está
haciéndote sostener mal la flecha.
Hayden asintió, dejó salir una respiración y soltó la flecha que se
alojó en el hombro del gomoso.
—Nada mal Underwood —elogió Ivan—. Apunta a la cabeza esta vez
—bromeó. Le di a Hayden otra flecha, esta vez le dio en el cuello, dañando
la médula espinal del S3.
249

Hayden asintió con satisfacción al cuerpo caído.


—Lo haré en mi primer intento la próxima —dijo con un guiño. Sacó
Página

las flechas, las limpió y las devolvió a mi aljaba.


A pie, los seis exploramos el pequeño pueblo. Todo se veía congelado
en el tiempo; paltos y mohosa comida todavía puesta en las mesas dentro
del comedor, la oficina postal todavía estaba decorada para Halloween, los
letreros de los negocios todavía volteados en “abierto”, y los carros
parqueados entres las líneas de los estacionamientos.
Aparte de las aves trinando, estaba quieto y tenebroso aquí.
Extrajimos gasolina de varios autos parqueados para llenar nuestros
tanques, sacamos nuestros almuerzos y nos sentamos en una mesa de
picnic en un pequeño parque.
—Entonces —le dije a Ivan—. Estamos bastante cerca de Pittsburg.
—Hmm —dijo y dio una pequeña mordida a su cecina.
—¿No quieres ir a ver? —le pregunté.
—Sí, tengo curiosidad de ver como es —admitió, causando que
sonriera—. Pero se nos dijo que no cruzáramos la frontera.
Rodé mis ojos.
—Nadie lo sabría.
—Riss —advirtió Hayden—. No.
Suspiré pero me rendí. Se suponía que fuera un soldado, ¿cierto? No
saqué más el tema mientras terminamos de comer nuestro almuerzo. Las
tormentas debieron haber traído el clima cálido. Con el sol golpeándonos,
pronto se hizo caluroso. Caminé al camión y jalé mi suéter marrón sobre
mi cabeza.
—Jesús, Riss, ¿qué pasó? —dijo Hayden, alarmándome un poco.
—¿Eh? —pregunté no teniendo idea de que estaba hablando.
Se acercó.
—¡Estás cubierta de moretones! ¿Cómo no sientes eso? —
Gentilmente tocó mi lado.
Me doblé ligeramente.
—Oh, como que caí por unas escaleras en ese parqueadero y luego
un zombie gordo aterrizó encima.
Él puso su mano sobre el moretón.
—¿Te duele?
—Solo cuando lo tocas —le dije y retrocedí—. Estaré bien en un día o
dos; siempre lo estoy.
Hayden asintió.
250

—Esperemos —bostezó.
—¿Cansado? —pregunté mientras jalaba una camiseta sobre mi
Página

cabeza.
—Sí, tuve otra pesadilla —dijo amargamente.
—¿Por qué no me despertaste?
—Te veías feliz. Solo tenerte ahí fue suficiente —dijo con una tímida
sonrisa. Cerré la puerta del camión y caminé con Hayden de vuelta con los
otros. Ivan estaba viendo el mapa. Lo golpeteó con un esfero y parecía
estar pensando duramente en algo.
—Creo que deberíamos ir al lago —nos dijo Ivan en cuanto Hayden y
yo nos sentamos a la mesa. Golpeteó la masa azul que estaba marcada en
el mapa como Lago Erie—. Es mi mejor suposición para encontrar gente.
—No tenemos tiempo hoy —dijo Hayden, viendo el sol de la tarde.
—No —coincidió Ivan—. Qué tal si pasamos el resto del día
buscando en nuestro radio, empacamos nuestras cosas y nos dirigimos
allá mañana temprano.
—Suena bien —dijo Hayden con un asentimiento. Deslizó el mapa y
le dio la vuelta. Podemos subir por la frontera, ir al oeste por la orilla y
conducir por Cleveland. Ahí tienes Riss; una linda ciudad de talla para
explorar.
Arrugué mi nariz. Había estado en Cleveland antes; no era nada
impresionante antes de la Depresión. Después… bueno, no era
exactamente una atracción turística. Cargamos nuestros carros y
condujimos por el círculo que Ivan había dibujado en el mapa señalando
nuestro radio.
—¿Qué…? —susurró Hayden cuando el camión giró en lo que
debería haber sido la calle principal en un modesto pueblo.
—Santa mierda —dije mientras veía alrededor. Se veía como si un
feroz tornado hubiera arrasado por el pueblo. Carros yaciendo volteados
con las llantas derretidas. Restos carbonizados de casas estaban tendidos.
Lentamente Hayden condujo por el camino, sacudiendo su cabeza. Cuando
miré sobre él, sus ojos estaban llenos de incredulidad.
Pasamos un complejo de departamentos; la mitad de este era nada
más que escombros. Hayden agarró el volante firmemente, incapaz de
manejar más allá. Puso el camión en reversa y esperó a que el Range Rover
volviera para que pudieramos salir.
Brock, quien estaba sentado en el asiento del pasajero, se veía muy
sombrío.
—¿Qué está pasando? —pregunté.
—Este lugar ha sido bombardeado —dijo Hayden en un susurro
251

áspero.
—¿Bombardeado? —pregunté incrédula—. No, no… ¿por qué? ¿Y por
Página

quién? —Tartamudeé.
Hayden sacudió su cabeza de nuevo.
—N-no sé —dijo, viró el camión y lo puso en marcha. El Range Rover
aceleró—. Supongo que cualquiera podría hacer una bomba y podría ser
fácil —más fácil por lo menos—, para conseguir lo que necesitarías para
hacer una ahora que nadie regula… nada.
—¿Por qué? —pregunté con el temor crepitando en mi corazón.
—No lo sé —repitió—. Tal vez el pueblo estaba sobrecargado de
zombies.
—No veo partes de cuerpos —señalé quietamente.
—Si fue hecho cuando el virus golpeó primero —empezó Brock—.
Entonces se habrían descompuesto hasta ahora. Han pasado meses.
—Cierto —dije y tragué el bulto que se estaba formando en mi
garganta.
—Nunca pensé que tendría que ver este tipo de daño de nuevo —
masculló Hayden para sí mismo. Una vez que pusimos buena distancia
entre nosotros y la ciudad bomb-arruinada, Ivan se detuvo para que
Hayden pudiera acercarse a él.
—No esperaba eso —dijo Ivan medio sonriendo—. ¡Por lo menos
alguien sabe cómo derribar zombies como se debe!
—Sí —coincidió Hayden, sin encontrar el humor en la declaración de
Ivan—. ¿Crees que fueron civiles?
—¿Quién más sería? —preguntó Ivan—. Apuesto a que la señorita
puedo-manipular-autos sabe cómo hacer una bomba.
Hayden se giró en torno para mirarme y sonreí en culpa.
—Algo así. Sé que explota cuando lo mezclas con fuego, y los
cocteles Molotov quizás estuvieron incluidos en las lecciones de vida de mi
abuelo. Pero nunca hice una bomba real y definitivamente no sé cómo
hacer una con tanto poder destructivo.
—¿En serio? —dijo Ivan incrédulo—. Estaba totalmente bromeando,
Penwell.
Me encogí de hombros y me hundí de nuevo en mi asiento.
—Vamos a empezar a hacer nuestro regreso al campamento —dijo
Hayden y subió su ventana. Curvamos al Sur, manejando por los
vecindarios, centros y caminos rurales y vimos cero señales de vida.
Alcanzamos el campamento al atardecer. Luego de una rápida
conducción por arriba y debajo del bloque en la búsqueda de zombies, nos
252
retiramos dentro y empezamos el fuego de nuevo.
—Desearía poder bañarme —se quejó Wade, jalando su cadena—.
Estaba sudando pelotas allá afuera.
Página

—Hay una piscina atrás —nos recordó Brock.


—Sí, pero el agua probablemente esta asquerosa —dijo Hayden,
haciendo una mueca—. A menos que… —encendió su linterna y
desapareció en la cocina. Curiosos, Wade y yo lo seguimos. Hayden abrió
un gabinete he hizo sonar ollas y sartenes alrededor hasta que encontró
una olla sopera bastante larga—. La hirvamos. No será lo suficientemente
limpia para ingerir, pero será suficiente para un baño de esponja, por lo
menos.
—¡Si! —concordé con emoción, más que enfervorizada de lavar el
sudor fuera de mi cuerpo. Los seis agarramos una olla o un tazón para
llenarlo con agua. Asumí que un profesional había sellado la piscina
mucho antes del golpe del virus; la cubierta estaba súper apretada y el
agua sorprendentemente clara.
Hayden situó la larga olla en el fuego de la sala y con cuidado echó
el agua dentro. Encontré una botella de limpia baños en el cuarto de
utilitarios y limpié el lavabo antes de enjuagarlo con una taza de agua
hervida, jalando el tapón del drenaje. Me apresuré arriba para conseguir
pañitos, toallas y jabón.
Actuando como caballeros, los chicos me dejaron lavarme primero.
Hayden vertió el agua caliente en el lavabo. Empañó el vidrio y extinguió la
vela. Viendo que necesitaba dejar que el agua enfriara antes de meter mi
mano de todas maneras, salí del baño para conseguir una cerilla.
Removí mis ropas y me senté en el inodoro cerrado mientras
esperaba que el agua enfriara lo suficiente para ser tocada. Después de lo
que se sintió como una eternidad, hundí mis manos en ella. Estaba a una
temperatura en que estaba incómodamente cálido pero no tan caliente
como para quemar la piel. Jodidamente me encantaba.
De pie sobre una toalla para recoger el agua que goteaba, empecé
con mi rostro y luego recorrí el pañito húmedo sobre mi cuerpo antes de
restregar mi cuerpo con jabón. Luego de enjuagarlo, destrencé mi cabello y
lo puse en la jofaina para lavarlo.
—Me siento mucho mejor —le dije a Hayden una vez que estaba
limpia, sin importarme el débil olor a cloro. Descansé en el elegante sofá de
la sala y empecé a peinar las trenzas de mi cabello. Tomó otra hora para
hervir agua suficiente para que los chicos se lavaran.
Comimos barras de proteínas, fruta seca y papas y salsa para la
cena. Entre los seis, las papas y la salsa se fueron rápido. Lamí la sal de
mis dedos y deseé un margarita. Jugamos otra ronda de Preguntas
cargadas antes de que fuera hora de dormir en turnos.
253

—¿Quién más está cansado? —preguntó Hayden, viendo voluntarios


para dormir primero.
Página

—Yo lo estoy —dijo Ivan y se puso de pie—. Bueno entonces, buenas


noches, duerman bien. No dejen que los zombies muerdan.
—Ja-ja, muy gracioso —le dije y me incliné hacia atrás en el sofá
familiar. Hayden se puso de pie despacio y dio unos pocos pasos antes de
voltearse para verme.
—¿Vienes Riss? —preguntó.
—Oh —dije y pestañeé—. Si, supongo. —Me gustaba la primera
ronda. Podía quedarme hasta tarde sin sentirme cansada. No me gustaba
despertar cuando todavía estaba oscuro y ver el sol salir. Además,
normalmente no estaba cansada, por lo menos.
Sonreí a Hayden, sus ojos avellana fijos en los míos. Después de ver
la demolición del pueblo bombardeado, no iba a hacerlo pasar la noche
solo. Probablemente solo tuve dos horas para dormir cuando Rider
gentilmente me sacudió para despertarme. Abrí mis ojos y suspiré, sin
estar lista para salir de la cama todavía.
Hayden, Ivan y yo nos sentamos quietamente en la sala. Ivan picó el
fuego. Hayden sostenía su linterna detrás de él para que pudiera leer y yo
me envolví en una sábana y me senté muy cómoda en el sillón, tratando de
no caer dormida.
Fallé. Hayden me despertó en la mañana, a pesar, de que estaba
todavía oscuro en la casa con las ventanas cubiertas, no tenía idea de que
había dormido hasta las seis treinta.
—No debiste haberme dejado dormir —le dije mientras me estiraba.
—Ivan y yo somos capaces de mantener la guardia —dijo.
—Sé que lo son, pero no es justo. Tuve más descanso que todos los
demás. —Tiré la sábana en la silla. —Por lo menos me siento lo suficiente
segura para dormir con ustedes.
Hayden levantó una ceja.
—¿Qué significa eso?
Estiré mis brazos sobre mi cabeza.
—Cuando estaba con Raeya, Padraic y los otros nunca era capaz de
bajar la guardia. Estaba constantemente estresada por ser la única con
experiencia con armas de fuego. Si, Ray y Padraic son listos y tienen
recursos y Jason no se echaría abajo en una pelea, pero aun así… me
sentía responsable por ellos.
—¿Y no lo haces por nosotros? —bromeó Hayden.
254

—Lo hago, De verdad, aun lo hago. Pero ustedes chicos saben lo que
están haciendo. Son buenos, son listos, y han estado en malas situaciones
Página

antes. Y casi tan increíbles como yo disparando —dije a manera de


broma—, ustedes son los que tiene experiencia en batalla. —Dejé salir un
respiro profundo—. Aunque aún preferiría mantener a todos los que me
importan en una habitación acolchonada donde nada los hiera.
Tristemente sé que eso no es posible… todavía.
Hayden sonrió.
—Me gustaría mantenerte en un lugar seguro también. En cambio
estamos aquí.
—Por lo menos estamos aquí —dije con una tímida sonrisa.
—Juntos —repitió antes de girarse y recoger sus pertenencias.
Sin querer desperdiciar nada de luz del día, empacamos nuestras
cosas, pusimos la nueva comida en fundas de basura para mantenerla
seca y movimos nuestros carros fuera del garaje. Indecisos de si debíamos
regresar por el Lexus SUV, Rider lo devolvió al garaje y guardó las llaves.
Llegamos al lago antes de lo que esperaba. Condujimos por la
avenida del lago Erie despacio con la esperanza de encontrar señales de
vida. Después de una milla o dos, nos alejamos del lago y probamos una
ruta diferente. Algunas de las casas tenían ventanas rotas y las puertas de
frente ampliamente abiertas. Otras se veían completamente intactas.
Sintiendo desánimo, Hayden reprodujo su música para levantar nuestros
ánimos. Por mucho que no me gustaba la música country, había algo en
una tonta canción de Toby Keith sobre una taza que me hizo sonreír.
Condujimos ausentemente alrededor por otro rato, no estando listos para
rendirnos todavía.
—¡Santa mierda! —exclamó Hayden.
Ocupada viendo por la ventana del lado del pasajero, no había visto
hacia dónde íbamos. El camión entró al estacionamiento de un colegio. De
manera audible jadeé mientras mis ojos veían el cercado puesto alrededor
del edificio.
Habíamos encontrado una cuarentena, una cuarentena real.

255
Página
—Oh mi Dios —murmuré. Los carros no llenaban el lote, pero se
parqueaban a lo largo de la calle y en el césped. Varios camiones de
bomberos, ambulancias y carros de policía estaban estacionados en el
frente. Una señal que estaba pintada a mano en la que se leía “ÁREA DE
INSPECCIÓN” tenía una flecha apuntando al estadio de fútbol.
—No pensé que estos existían —dijo Rider, sacudiendo su cabeza.
—Yo tampoco —concordó Hayden—. Es el primero que hemos visto
—me dijo—. Asumí que encontraría una tonelada de refugios de
emergencia cuando dejé casa. Cuando no lo hice, me di cuenta de que
nadie había tenido tiempo para arreglarlos.
Me golpeó de repente que no tenía ni idea de cómo había empezado
el recinto. Le preguntaría a Hayden luego.
—Debe haber cientos de personas ahí —masculló Rider, contando
los carros mentalmente.
—Esperemos —añadí. Desbloqueé mi cinturón y me moví al lado
opuesto del camión, asomándome por la ventana.
—¿Entramos? —preguntó Ivan por el walkie-talkie.
—Sí —respondió Hayden—. Demos una vuelta primero.
Tuvimos que parar y levantar una cercado de ocho pies. Rayó en el
pavimento, haciendo eco en los campos vacíos de la escuela. La cerca
alrededor del estadio de fútbol estaba doblada y rota. Pedazos de piel
humana podrida y ropa que había sido desgarrada en la lucha por pasar
sobre la barrera. Me pregunté si los humanos escaparon o si los zombies
entraron.
Las puertas traseras al gran colegio estaban cerradas con cadenas.
Entorné los ojos para ver dentro; el sol deslumbraba el vidrio oscuro
haciendo imposible ver lo que había dentro. Continuamos rodeando la
escuela. En el área verde continua a la escuela, tiendas y toldos se habían
levantado. Ahora no eran más que harapos desgarrados por el viento que
256

se agitaban en la gentil brisa de primavera.


El botadero al final del parqueadero estaba rebosando. Basura
Página

derramada y tirada en el área. No podía estar segura pero juraba haber


visto un brazo saliéndose por una pila de tazas de espuma de polietileno.
—No se ve muy prometedor —suspiré.
—Tal vez todos están dentro —sugirió Rider—. En el gimnasio o el
auditorio donde es seguro.
—Tal vez —hizo eco Hayden. Manejamos de vuelta alrededor y
parqueamos en el angosto carril entre los carros estacionados. Nos
colgamos las armas a los hombros y llenamos nuestros bolsillos con
municiones. Hayden sostuvo su cuchillo y se guardó otro en su bota.
—Solo disparen si es una emergencia —nos dijo—. No sabemos que
hay ahí… No vamos a delatarnos aún.
Reubiqué mi M16 para colocar atrás mi aljaba. Me aseguré de que
mi cuchillo estuviera accesible en mi bolsillo y agarré el arco, lista para
disparar una flecha de ser necesario. Ivan guió el camino a una puerta
lateral que abría a un pasillo oscuro.
Las puertas de seguridad despegables estaban reforzadas dentro del
lugar. Nos desviamos por el oscuro pasillo, adentrándonos más por la
escuela. El aire era rancio y pesado por la humedad, dudé que cualquier
aire fresco hubiera agraciado estos pasillos en años.
—Huele a orina —notó Wade, burlándose del olor que flotaba por el
pasillo—. Creo que viene de ahí —dijo, usando su arma para apuntar a un
salón. Tratamos de ver en el salón lleno de catres y bolsas de dormir. Mis
ojos persistieron en un peluche de elefante que me recordó a Raeya y
sonreí mentalmente al pensar en volverla a ver. Y luego pensé en el niño al
que le perteneció y mi sonrisa desapareció.
¿Estaba en algún lugar de esta escuela? Mi corazón quería creerlo,
pero mi cabeza sabía mejor. Pasamos por más salones que estaban
armados con lo mismo: catres y bolsas de dormir con almohadas
cubriendo el piso. Encendimos nuestras linternas y fuimos por otro pasillo
sin ventanas. Algo peleaba frente a nosotros. Cambié mi linterna por una
flecha e Ivan me asintió para tomar el frente. Moviendo mi pie de manera
precisa para hacer la menor cantidad de ruido posible, seguí la fuente de
la riña. Ivan levantó su linterna y me arrojó las luces.
Algo metálico sonó y rebotó en el suelo haciéndonos saltar. Tomé
una lenta y profunda respiración y me paré frente a una puerta,
abriéndola lentamente con mi pie. Chirrió mientras se movía, al instante
atrapando la atención del zombie.
Llevando un brazo y vistiendo solo unos shorts tejanos rotos, rugió.
Era un blanco fácil, pero estaba tan distraída por su grotesco estómago
257

dilatado que dudé. Su tambaleante caminar lo hizo contonear un poco.


Cuando su estómago golpeó la esquina de un escritorio, explotó como un
globo de agua.
Página

—Asco —murmuré y solté la flecha. Ivan me siguió al salón a


recuperar la flecha mientras los otros se quedaban en el pasillo. Quité el
fluido viscoso de la flecha y la limpié en los pantalones cortos del zombie
antes de ponerla en mi aljaba.
Continuamos nuestra búsqueda por el oscuro vestíbulo, buscando
en cada habitación por la que pasamos. Una estaba atiborrada con los
escritorios que habían sacado de los salones para dormir, unas pocas más
tenían catres y bolsas de dormir, y otra estaba llena con bolsas de lona,
maletines y cajas, e incluso una estaba arreglada como una unidad
médica.
—Puede que haya algo útil aquí —dije, usando mi arco para apuntar
la unidad médica—. Deberíamos echar un vistazo. —Le di el arco y dos
flechas a Hayden. Encendí mi linterna y entré en la habitación.
—¿Qué debería buscar? —preguntó Rider.
—No estoy muy segura. Cualquier cosa que esté limpia o sin usar,
supongo. Como esto —dije, sujetando una caja de guantes de látex.
—Bingo —dijo Rider, levantando un kit de primeros auxilios—. Aquí
hay tres más —me dijo con una sonrisa.
Amontonamos nuestras cosas en una pila ordenada por el marco de
la puerta; Brock regresó a otros pocos salones y volvió con un saco de lona
vacío que empezó a llenar con las provisiones médicas. Junto con los kits y
los guantes, encontramos una caja sin abrir de vendajes, algunas bolsas
de goteo IV de solución salina, vendajes ACE, dos botellas de yodo, y una
caja de paquetes calientes a activar en seco. La bolsa debía estar pesada,
pero Brock se la tiró al hombro con facilidad.
Cruzamos el pasillo, subimos un tramo de escaleras y luego un
pasillo. Cada puerta de salón estaba cerrada. Polvo grueso en las perillas.
—Nadie ha estado aquí arriba —dijo Hayden—. Nadie vivo por lo
menos. Vamos a intentarlo abajo una vez más y listo. Sacudió su cabeza y
vio un casillero decorado con desinflados globos rosas y un letrero que
decía “¡Felices 17 Dana!” en curvadas letras moradas.
Volvimos sobre nuestros pasos y salimos por otro pasillo que nos
llevó hasta la mitad de la escuela. Su repiqueteado gruñir moribundo la
delató. Ensarté la flecha, preparada para dejarla ir en cuanto el zombie
saliera por la esquina.
Pero no lo hizo.
—¿Escuchaste eso, cierto? —le pregunté a Hayden quedamente.
258

—Sí. Definitivamente un zombie —respondió, suficientemente en alto


para llamar su atención.
Página

Me encogí de hombros.
—Si ellos no vienen a ti, tú ve a ellos. —Pasé alrededor de la esquina
con la flecha apuntando a nivel de la cabeza—. ¿Qué diablos? —dije en
alto.
El zombie yacía en el suelo, como una tortuga boca arriba. También
tenía un enorme vientre. Aunque el de ella había explotado. Partes medio
masticadas de cueros humanos salieron al exterior. Sostenía los restos de
un brazo atrapado en su agarre muerto, llevando la carne a su boca.
—Se comió a sí misma hasta morir —dijo Ivan y pasó sobre ella.
Sacudió su cabeza—. O hasta la no—muerte, supongo. —Usando el taco
de su bota, pisoteó su cabeza.
—Dos zombies muy llenos —dijo Wade nervioso—. No me gusta
como suena.
—A mí tampoco —concordó Hayden—. Creo que se comieron a todos
aquí. Vámonos.
Todos de acuerdo, abrimos las puertas de la cafetería, pensando que
podríamos acortar. Separadores habían sido puestos en el lugar,
facilitando algo de privacidad. Las sábanas de los catres estaban
manchadas con sangre.
—Esta debió ser un área de espera, por así decirlo —observó Wade.
Nuestros pasos hacían eco en alto en la sala vacía. Levantamos nuestras
armas y pasamos por otro conjunto de puertas y otro pasillo. No me había
dado cuenta de la forma de laberinto que tenían las escuelas hasta ahora.
La luz del sol se filtraba a través de la suciedad y polvo que cubrían los
vidrios de las puertas al final del pasillo.
La mano de Ivan presionó contra la palanca de la puerta cuando
alguien gritó. No fue como un grito de temor, sino como de frustración.
Saltando a la acción, nos apresuramos en dirección.
Una larga trenza rubia colgaba de su espalda. Estaba de pie en la
mitad de donde dos pasillos se cruzaban, agitando un pedazo roto de un
dos por cuatro a un zombie que se avecinaba. Derrapamos a una parada
derecha mientras ella giraba, golpeando al zombie a un lado de la cabeza.
Cuando el zombie cayó, ella saltó adelante, echando patadas al S3 y
levantando un tablero para terminar el trabajo.
Mi flecha le dio primero. Alarmada, giró alrededor. Sangre salpicaba
su bonita cara y manchaba la camisa blanca de botones que vestía.
—Haaa —gritó, llamando a alguien por el pasillo, antes de
apuntarnos. Observándonos con furia, levantó el tablero otra vez.
—Hola —dijo Ivan calmado y envainó su arma—. Debo decir que
259

estoy sorprendido de ver alguien con vida aquí. Soy el sargento Brewster.
Estamos del mismo lado.
La rubia no se movió. Sus ojos revolotearon hacia quien estuviera
Página

hablando en el pasillo. Ivan dio un paso hacia adelante, haciendo que ella
retrocediera con temor.
—No voy a herirte —le aseguró—. Tenemos un refugio, un refugio
real, al que vamos de regreso. Puedes venir.
Un niño con hermosa y profunda piel oliva se movió sigilosamente
por detrás de la esquina. Gruñó y olfateó el aire. Luego se volteó para
inspeccionarnos, revelando las marcas de garra que recorrían todo el lado
izquierdo de su cara, amputando la oreja de su cabeza.
—Oh mierda —murmuró Wade—. Está infectado.
El niño ladeó su cabeza y gruñó. La rubia hizo un ruido burbujeante
y lo ahuyentó. Ella le extendió una mano, él la tomó y restregó su mejilla
sangrienta contra ella, recordándome a un gato restregándose en su
dueña.
Como dos adolescentes locos no eran una amenaza, los seis nos
mantuvimos arraigados en el sitio por la curiosidad. De repente la rubia
rompió su atención del niño, gruñó y giró la tabla en el aire, viendo por el
pasillo algo que nosotros no podíamos.
El andar rezagado y arrastrado de pies sin vida gradualmente se hizo
más alto hasta que el zombie hizo su aparición. La rubia lo golpeó hasta la
muerte.
—Uh. ¿Desde cuándo un S1 derrota a un S2? —preguntó Brock,
cambiando el peso de la bolsa—. Es jodido pero… pero algo genial.
—Loca contra zombie —murmuré y bajé mi arco.
—¿Deberíamos matarlos? —preguntó Rider, con su arma apuntando
al niño.
—Si están matando zombies, yo los dejaría solos —sugirió Brock.
—Hasta que vengan por nosotros —apuntó Hayden.
—¿Están seguros de que están infectados? —preguntó Wade, viendo
a la chica que continuaba mirándonos con ira.
—Oye —llamó Ivan—. ¿Puedes oírme? Di algo.
Cuando la chica no contestó, Hayden sacudió su cabeza.
—Tal vez no hablan español. —Sacudió sus manos en el aire; aun
sin respuesta. Caminó seis pies antes de que el niño gruñera y se lanzará
así mismo a Hayden. Un segundo después la chica hizo lo mismo, soltando
un grito de batalla, mostrando sus dientes y balanceando el tablero.
260
Rider rápidamente disparó dos balas.
—Definitivamente infectados —dijo. Bajó su arma y dio la vuelta.
Salimos al parqueadero.
Página

—Eso no solo fue decepcionante sino confuso —dijo Wade en alto—.


Los S1 no trabajan juntos. Esa chica podía hablar. Ustedes la escucharon.
Ella y ese niño se comunicaban de alguna manera. Pero estaban
claramente locos. ¡Y mataron zombies!
Sacudí mi cabeza y puse el M16 por detrás del cuello.
—Tampoco lo entiendo. Pero es lo que es, ¿cierto? Tal vez la doctora
Cara podría encontrar lógica a algo.
—Probablemente estará enojada de que no los llevamos a casa para
que pueda investigar sobre ellos —dijo Brock con una ligera sonrisa.
—Estoy seriamente esperando el día en que nos pida una muestra
viva —dijo Wade sacudiendo su cabeza—. Ya hemos traído zombies
muertos para que juegue con ellos.
—¿Cuándo hicieron eso? —pregunté, dejando mi arma en la cama
del camión.
—Cuando tú no estabas —respondió Rider.
—Oh, cierto —dije, recordando a Padraic haberme dicho que tenía
que hacer una autopsia—. No puedo creer que fueron a una misión
cuando creían que estaba muerta —bromeé—. Esperaba que todos
estuvieran terriblemente afectados por el dolor, como una adolescente
dejada por su primer novio.
—Yo lo estaba definitivamente —dijo Ivan con un guiño—. Fue un
mal momento; se presumía que estabas muerta, Gabby era un desastre
pensando que te habías sacrificado por ella, y Underwood estaba drogado
en el ala del hospital. Estábamos con tres hombres menos.
—¿Hombres? —pregunté, levantando una ceja.
—Sabes a lo que me refiero —dijo Ivan, y reposó sus armas.
—No. No lo sé.
—No seas nena —bromeó y destelló su sonrisa encantadora—.
Hombres, soldados, lo que sea. Como lo veo, todos somos iguales aquí.
Todos somos igual de importantes para el equipo. Todos tenemos nuestras
fuerzas que aportar.
Asentí.
—Bien dicho. —Dejé el resto de mis armas en la cama del camión y
con un último vistazo a la fallida cuarentena, me fui al asiento de atrás.
Nos dirigimos al norte hasta alcanzar la costa de nuevo. Más bien sin
rumbo, condujimos alrededor hasta que parqueamos dentro del puerto.
—¿Quieren parar para el almuerzo? —preguntó Hayden a Ivan por el
walkie-talkie.
261

—Se ve despejado —respondió Ivan—. Sí, vamos a parar.


Con nuestros carros apuntando lejos del mar, en caso de que
Página

necesitáramos hacer una huida rápida, salimos, tomamos nuestras armas


y observamos alrededor. Con suerte, no había mucho que investigar. Solo
había un puñado de botes en el muelle, y la mayoría estaban firmemente
sellados para el invierno, haciéndolos imposibles de ser escondites
flotantes de zombies.
Los seis regresamos dentro del camión, tomamos lo que queríamos
para comer y nos sentamos en los cálidos bordes del muelle.
—Nunca había estado tan al norte —dijo Brock casualmente—. Me
gusta el lago. Sería divertido estar cerca de tanta agua, bueno lo sería si no
tuviera que preocuparme por zombies flotando ahí.
Reí.
—Fui a la universidad en Indiana, como a dos horas del Lago
Michigan. En los días realmente buenos, le rogaba a Ray que se escapara
de clases conmigo, conducir al norte y pasar el día en la playa. Solo lo
hicimos unas pocas veces porque la gasolina era muy cara como para
costear el viaje. —Suspiré y sonreí—. Era divertido. Pretendíamos que
estábamos en un lugar más exótico que Indiana.
—¿Viviste cerca de la costa? —le preguntó Wade a Brock.
Él sacudió su cabeza.
—Viví en San Antonio. Está como a cientos de millas de la costa.
Aparte de ir a Carolina del Sur para entrenamiento y luego ir fuera del país
por la guerra, el lugar más interesante al que he ido era Nebraska.
—No salí de Dakota del Norte hasta que tuve dieciocho —dijo
Hayden y tomó un poco de cecina de res—. Fui a Las Vegas para mi
cumpleaños, pasé tres días ahí, regresé a casa y me uní a los Marines.
—Mis padres solían salir en vacaciones familiares cada verano —nos
dijo Rider—. He estado en Hawái y en México unas pocas veces. Nada muy
loco pero mejor que ustedes dos —bromeó.
Wade sacudió la cabeza.
—Mi papá se negaba a dejar el país. Decía que teníamos todo lo que
necesitábamos justo aquí. He estado por todo Estado Unidos. Siempre he
querido ir a Europa.
—Yo he estado ahí —dijo Ivan—. Una vez. Mi hermana se casó con
un tipo británico y la boda fue en Inglaterra. El matrimonio no duró
mucho —dijo mientras reía—. Supongo que ya no importa.
—He estado por todos lados —admití—. Soy parcialmente India, pero
eso puede ser porque Orissa es una ciudad ahí. Mi papá, me refiero a mi
262

papá real, viajaba ocasionalmente por trabajo. Una vez que mi mamá fue,
regresó embarazada, de ahí mi nombre. De cualquier forma, Kenya es
bastante genial también, aunque algunos lugares eran de miedo. Lo mismo
Página

con China; conocí alguna gente interesante allá. Me pregunto si seguirán


vivos…
—Suertuda —dijo Wade en una rabieta.
Me encogí de hombros.
—Supongo. No voy a mentir y decir que no disfruté ver el mundo
pero fui arrastrada por mi mamá y mi padrastro. Iban por caridad y
misiones de iglesia.
—Eso sería tan… —empezó Rider antes de que Hayden
interrumpiera.
—¿Eso es un bote? —preguntó, levantándose de un salto.
—¿Dónde? —preguntamos todos al unísono.
—Ahí —dijo Hayden, apuntando al agua. Sostuvo una mano sobre
su cabeza para protegerse del sol—. Creo que lo es. Y… se está moviendo.
Di un salto y traté de ver en el agua.
—Es cierto. Oh mi Dios. ¡Es probable que haya gente ahí!
—¡No mierda! —bromeó Brock, codeándome—. O tal vez los zombies
aprendieron a conducir un bote.
—Ni siquiera bromees sobre eso —dijo Rider seriamente—. ¿Crees
que podamos captar su atención?
—El bote se mueve bastante rápido —habló Ivan—. Se ve como si
fuera al sureste. ¿Tal vez a otro muelle?
—Deberíamos averiguarlo —sugirió Wade—. Conducir alrededor del
lago y ver si podemos desviarnos. —Miró a Hayden.
—Si —accedió Hayden luego de un segundo—. Vamos.
Recogimos nuestras cosas y entramos en nuestros vehículos en
tiempo récord. Nos apresuramos por el puerto y giramos a la izquierda
hacia la carretera principal que corría paralela al lago. Volamos hacia
abajo, esperando adelantar al barco y detenerlo. Por unos buenos quince
minutos, el barco y nuestros autos mantuvieron un ritmo constante.
—¿Y si tocamos el claxon? —preguntó Ivan—. ¿Crees que lo
escucharían? Cualquier enemigo alrededor de nosotros, por supuesto.
—Si hay personas en ese barco entonces vale la pena —dijo Hayden.
—Entiende esto —la voz de Ivan se rompió. Presionó repetidamente
la bocina del Range Rover. Ni siquiera un minuto después, los árboles nos
rodearon a ambos lados.
—Hay pequeñas islas en el lago Erie —dijo Wade, que había saltado
263

en el camión con nosotros.


—Ese sería casi un lugar perfecto para estar. Es seguro, pero lejos
Página

de provisiones.
—Tal vez las personas hacen suministros sobre la marcha —dije.
—Tendremos que ir un poco más rápido —dijo Hayden asintiendo—.
Una vez que estemos fuera del bosque, seremos capaces de buscar otro
puerto.
Habíamos cruzado la frontera de Pennsylvania hace más de una
milla. Hayden mantuvo un ritmo constante hasta que salimos a la
carretera con una clara vista del lago. El barco había desaparecido.
—Hay un puerto a tres millas y media de aquí —dije.
—¿Cómo en el mundo tú sabes eso? —preguntó Hayden, girándose
para mirarme.
—Usé mis asombrosas habilidades para leer una señal —le dije con
una sonrisa. Hayden transmitió la información a Ivan, quien accedió a
conducir hasta allí y alcanzarlo. Más árboles bloquearon nuestra vista del
lago y Hayden bajó la velocidad a una más segura. Condujimos a través de
un camino sinuoso que nos llevó a través del bosque antes de salir a una
pequeña carretera cubierta de grava suelta.
El pequeño puerto habría hecho un fondo perfecto para una tarjeta
de Hall Mark. Caminamos a lo largo de la madera desgastada
cuidadosamente. Había diez lugares; siete estaban ocupados.
—No creo que el barco hubiese encajado aquí —dijo Brock,
sacudiendo su cabeza.
—No —concordé—. No habría. —Miré fijamente el agua y noté que
algo más llegaba.
—Deberíamos irnos antes de que la tormenta llegue —sugerí,
señalando el rápido movimiento de las nubes.
—No otra vez —dijo Hayden con un suspiro, mirando hacia el
cielo—. El barco podría no encajar en los espacios, pero eso no significa
que no vendrían aquí. Deberíamos esperar unos minutos. Podríamos
haberlos pasado.
—Cierto —dije, y caminé hacia el final del muelle. Algunas docenas
de pequeños peces nadaban encima. Incliné mi cabeza, mirándolos.
—¿Encontraste algo interesante? —preguntó Hayden. Casi me
asustó; estaba tan absorta en los peces que no había notado que había
venido detrás de mí.
—Solo peces.
264

—Deberíamos encontrar algún equipo de pesca y atrapar la cena —


dijo.
Página

—Son pequeños.
—Bueno —comenzó, posando sus manos sobre mis hombros—.
Podemos tomar uno de los barcos e ir al lago.
—Me gustaría eso —le dije, inclinándome hacia atrás ligeramente—.
Extraño pescar.
Sus manos se deslizaron de mis hombros, sobre mi espalda y
alrededor de mi cintura. Puse mis manos sobre las suyas y cerré mis ojos,
resistiendo la urgencia de girarme, agarrarlo y besarlo.
—Puedes disparar una pistola, sabes cazar, y te gusta pescar —
susurró, su aliento cálido en mi cuello—. Eres la mujer perfecta.
Reí.
—Estoy lejos de ser perfecta y soy la primera en reconocerlo.
—Ese es grande —dijo Hayden y señaló el agua, evitando discutir
conmigo las diferentes maneras de verme.
—Lo es. Apuesto que sabría bien —agregué, mirando un largo pez
nadar entre los pequeños. Tenía curiosidad de ver si se los comería.
—¿Sabes qué tipo de pez es?
—Desgraciadamente, no. Nunca fui bueno identificando peces.
—Yo tampoco —admití—. Mi abuela lo era, sin embargo. Siempre
sabía. A veces me preguntaba si ella lo inventaba porque no habríamos
sabido lo contrario.
—Inteligente —rió Hayden entre dientes—. Deberíamos haber hecho
eso. —Se acercó un paso más, presionando su cuerpo contra el mío.
—¿Sabes qué es raro? —le pregunté, poniendo mis manos sobre las
suyas.
—¿Qué?
—La vida ha cambiado mucho para nosotros. Todo lo que
conocíamos se ha ido. Pero para los animales nada ha cambiado. Ellos
todavía van ahora como lo hacían antes de que los zombis vagaran por el
mundo.
—Nunca pensé en ello. Eso es raro de alguna forma —dijo
suavemente y perdí su agarre.
—¿No lo es? No tienen idea de cuán diferente es el mundo.
—Tienen suerte —señaló. Quitó sus manos de mí y dio un paso
atrás. Miré una última vez a los peces, deseando tener migas de pan para
tirarlas al agua.
265

—Nadie ha estado aquí en años —nos informó Ivan cuando nos


reunimos con el grupo—. Donde sea que ese barco estaba yendo, no era
Página

aquí.
—¿Deberíamos tratar de encender uno de aquellos? —preguntó
Rider y ondeó su mano hacia los pequeños botes en el muelle—.
Podríamos tratar de rastrearlos.
—Puedo manejar un barco —nos dijo Wade—. Pero no creo que
deberíamos salir con una tormenta en camino. El lago Erie no tendrá olas
como la de los océanos, pero todavía no quiero estar ahí fuera durante una
tormenta.
—Yo tampoco —coincidió Brooke—. Dos decepciones consecutivas;
la escuela y el barco. Dejémoslo ir, terminemos por hoy y tengamos mejor
suerte mañana.
Todos estuvimos de acuerdo, y volvimos a nuestros autos. Me deslicé
en el asiento trasero del camión, Hayden, por supuesto, manejaba e Ivan
se sentó en el asiento del pasajero. Tan pronto como Hayden puso el
camión en reversa, el rugido del motor del barco resonó en la distancia.
Corrimos de vuelta al muelle con los ojos muy abiertos.
—¡Oye! —gritó Ivan, agitando sus manos. El barco giró en nuestra
dirección. Ivan agitó las manos de nuevo. Ansiedad emocionada se hinchó
dentro de mi corazón. Tenía curiosidad acerca de dónde esta persona vino
y cuantos otros había devuelto a casa.
—¿No deberían frenar? —preguntó Rider con recelo.
—Uh, sí —dijo Hayden—. Chicos, uh, vamos, salgamos del camino —
continuó cuando el bote solo estaba a unos metros del muelle y todavía iba
a toda velocidad. Nos alejamos, justo a tiempo para que el barco se
estrellara contra la madera. El conductor voló hacia adelante,
estrellándose contra el parabrisas y golpeando las tablas rotas.
Wade llegó a él primero, pensando que iba a ayudar al pobre
hombre. Sangre goteaba de la cara del conductor. En una forma que me
recordó cómo se movían las personas cuando estaban poseídos en las
películas, el chico se sentó y gruñó.
—Por supuesto —escupió Rider y sacudió su cabeza—. Él está
endemoniadamente furioso.
Wade sacó su pistola y le disparó al chico a quemarropa. El cuerpo
salpicó en el agua. Sin hablar, entramos en los autos y comenzamos a
bajar el sinuoso camino otra vez.
—¿Raeya ha dicho algo sobre mí? —preguntó Ivan con un guiño.
—Oh, sí, muchísimo —me burlé.
—¿Es demasiado pronto para hacer un movimiento?
266
—No estoy segura. Ha sido… mierda, ni siquiera sé qué día es hoy.
Meses. Han sido meses, vamos a ponerlo de esa manera. Ella no ha
hablado de ello y no quiero traerlo a colación.
Página

—¿Cómo murió? —preguntó.


Todavía sentía una punzada de tristeza por la muerte de Seth. Era
un buen chico; tan bueno que sentía que realmente merecía a Ray.
—Cayó muerto por el virus.
—Al menos no sufrió —dijo Hayden haciéndome sentir mejor.
—Sí —coincidí—. Averiguaré cómo está llevando todo cuando
volvamos —le prometí a Ivan.
—Gracias —dijo, y sonrió—. ¿Piensas que tengo oportunidad con
ella? Es linda y encantadora, no me malinterpreten, pero es el tipo de
mujer que luce como si tuvieran un tipo.
—Hasta cierto punto —le informé. A Raeya le gustaba jugar a lo
seguro, conocer sus opciones, y siempre estar preparada con la vida y
citas. Siempre fue por los chicos raros realmente agradables, chicos
predilectos que aguantaran su planificación constante, y necesitaba a
alguien en quien pudiera confiar. Y ser físicamente atractivo era un plus.
Las cosechas eran definitivamente escasas en este mundo. Pero con
su deslumbrante sonrisa, su hermosa piel oscura y cuerpo musculoso,
Ivan no lo estaba haciendo tan mal. Estaba segura que en un mundo pre-
zombi —y si Ray estuviera soltera— ella iría a una cita con Ivan. No estaba
segura de cómo manejaría a un novio que saliera en misiones. Ese sería el
factor determinante; la chica era una gran campeona en preocuparse.
—Podríamos salir en citas dobles —bromeó Ivan—. Podemos ir a la
cafería los viernes por la noche. ¡Eso sería emocionante! —Reí.
—Solo háblale. Incluso si no funciona, es una persona increíble para
tener como amiga.
Hayden encendió el radio; Ivan inmediatamente buscó en el iPod
para encontrar algo más que country. Gruesas gotas de lluvia salpicaban el
parabrisas. Hayden subió la ventana y encendió los limpiaparabrisas.
Me incliné en mi asiento, sorprendida de que estaba sintiendo lo que
tendría que llamar nostalgia. Extrañaba a Raeya y a Padraic. Estaba un
poco preocupada por Gabby desde que acababa de perder a Jessica.
Quería tirar pelotas de tenis para Argos, jugar cartas en la sala
comunitaria, comer insípida comida aún caliente, ducharme, y más que
todo, tener algún tiempo a solas con Hayden.
—Mierda —dijo Hayden y redujo la velocidad—. ¿No es este el
camino por el que vinimos?
—Parece —dijo Ivan, revolviéndose en su asiento—. ¿No volviste por
el camino que vinimos?
267

—Creí hacerlo —suspiró Hayden—. Deberíamos estar en la calle


principal ahora mismo.
Página

—Sigue manejando —sugirió Ivan— Incluso si este no es el camino


correcto, estoy seguro de que nos llevará de vuelta a la carretera principal
tarde o temprano.
—Correcto —dijo Hayden y presionó su pie en el acelerador de
nuevo. Diez minutos más tarde, estábamos incluso más profundo en el
bosque.
—¿Dónde demonios vas? —habló la voz de Brock desde el walkie
talkie.
—No estoy seguro —contestó Hayden—. Pensé que este camino era
por el que llegamos.
—Tú eres el que tiene el mapa —bromeó Brock.
—Revisaré —dijo Hayden y dejó el walkie talkie—. Revisa el mapa —
le pidió a Ivan.
—Claro. —Ivan desplegó el mapa—. Te diría a dónde ir si supiera
dónde estamos.
—Maldita sea —maldijo Hayden y golpeó el volante.
—Bueno. —Ivan aclaró su garganta—. Si estamos aquí en algún
lugar entonces debemos ir por este camino. —Trazó un camino con su
dedo—. Deberíamos estar a un par de millas de la carretera principal.
—Bien —suspiró Hayden. Sabía que estar en Pennsylvania lo
molestaba. El camino que pensamos sería nuestra salida estaba cubierto
de árboles caídos y ramas. Obligados a girar e ir aún más lejos en el
estado, Ivan, que había estado charlando alegremente conmigo, se
tranquilizó.
—Por fin —respiró Hayden cuando el camión salió de los árboles—.
Estamos en 100 West. —Ivan miró el mapa.
—Esa calle no existe.
—Solo vi la señal —respondió Hayden—. Cien y la letra W. Sé cómo
leer una señal de calle.
—No estoy diciendo que no. Sino diciéndote que 100 West no existe
en este mapa.
—Quizá fue añadida después de que el mapa fue hecho —sugerí.
Tenía que ser eso.
—Este mapa fue hecho el año pasado —dijo Ivan, sacudiendo su
cabeza—, y esta calle no luce nueva. Además, no creo que ningún estado
tuviera dinero para una construcción de cualquier tipo. Bueno, excluyendo
a California y Nueva York.
268

—Veré a dónde va —dijo Hayden a través de sus dientes


apretados—. Al menos podemos ver lo que está a nuestro alrededor.
Página

El camino era increíblemente llano, así como los campos a ambos


lados de nosotros. Los miré atentamente, algo parecía incorrecto. Todo era
perfecto y demasiado hecho por el hombre. Daba una sensación
inquietante. El bajo zumbido distante de gigantes molinos de viento se hizo
más y más fuerte. Teníamos tres de esos enormes molinos de viento
produciendo energía detrás del recinto. Eran algo fascinante y un poco
atemorizante. Era imposible decir cuán gigantescos eran hasta que te
acercabas. Las enormes láminas giraban lentamente en el viento. Entre los
molimos habían docenas idénticas de graneros verdes. Aún tenía que
verlos en persona pero de igual forma los reconocí de inmediato.
—Invernaderos —murmuré. Lo recordaba como si hubiese sido ayer;
mi abuelo estaba tan increíblemente enojado cuando escuchamos sobre
ellos primero. Juró que serían la perdición de los granjeros americanos y
tenía razón.
Un ‘invernadero’ como le llamaban, podría cultivar cosechas todo el
año y no depender del clima. Podrían proporcionar el valor de diez acres de
plantas en un edificio de solo unos miles de pies cuadrados. Llenos de
niveles rotativos, luz solar falsa, suelo empapado en hormonas de
crecimiento, y la perfecta cantidad de humedad en el aire, los invernaderos
estaban asegurados de mantener a América provisto de comida fresca todo
el año… si podías llamar tomates que nunca habían sentido un rayo de sol
“frescos”.
Impulsados por los molinos de viento, los costos de producción eran
menos que nada. Era rápido, barato y fácil cosechar frutas y vegetales que
crecían dentro de un edificio climatizado. La completa suposición era que
el bajo costo para crecer y cosechar se reflejaría luego en una caída de
precios en los supermercados. Producir se hizo más barato, solo que no
tanto como prometió el presidente Samel. La mayor diferencia fue el
tamaño de las cosechas. Los tomates eran del tamaño de pelotas de
softbol, los melones del tamaño de una sandía… Todos pensaron que
estaban recibiendo una ganga, pero lo que ellos realmente estaban
recibiendo era una dosis diaria de cáncer. O al menos, eso es lo que mi
abuelo creía. Él se negaba a comprar algo que no fuese localmente crecido
por alguien que él conocía.
Estas “granjas de invernaderos” fueron colocadas a través del país.
Muchas de ellas —como ésta— estaban cerca de fuentes de agua
naturales. Supuestamente, también recogían el agua de lluvia. En teoría,
era una gran idea. Pero cuando podrías gastar la misma cantidad en una
bolsa de cinco libras de papas de cosecha propia, que en una de diez libras
cultivadas en un laboratorio, la elección era obvia. La economía estaba tan
mal que nadie se podía permitir comer de forma orgánica.
269

Decidiendo que el abierto espacio era tan bueno como cualquier


parada para ir al baño, Hayden dejó el camión en un pequeño
estacionamiento muy cercano al invernadero. Rápidamente buscamos
Página

zombis, y después de no encontrar ninguno, bajamos.


Agarré un pañuelo de mi bolso y caminé hacia la esquina del
invernadero para hacer pis.
—¡Hayden! —grité cuando terminé. Me puse de pie, subiendo mis
pantalones. Él vino corriendo.
—Riss, ¿estás bien?
—Sí —dije sin encontrar sus ojos. Tragué, y señalé algo en el piso—.
Mira.
Aun temblando, se acercó a mí.
—¿Qué?
—Justo allí. Huellas.

270
Página
—¿Y? —Cuestionó, dándome una mirada de ¿qué demonios?—.
Pensé que algo te estaba atacando, ¿y tú me llamas para que vea huellas?
—Sí, alguien estuvo aquí.
—Alguien pudo haber estado aquí, Riss. Los zombies corren libres
por el lugar. Estoy seguro de que más de uno ha pasado por aquí. —Puso
su mano sobre la mía—. Vamos
—No —dije y retiré mi mano. No lo estás viendo. Un par claramente
caminó hacia la puerta. No se tambaleó o vagó. El camino es recto;
quisieron ir dentro. —Me acerqué a las huellas—. Y este par deja el
edificio, pisando sobre las que llevan dentro. Alguien entró y luego salió.
Hayden vio las huellas por un segundo antes de decir:
—Tienes razón. Aun así, no significa mucho.
—Vayamos dentro y veamos.
—No estamos bien armados —me recordó. Desde el tornado,
ninguno de nosotros salía del camión completamente desarmado. Tenía mi
M19, dos clips extras, dos cuchillos y una pequeña pistola atorada en mi
tobillo. Hayden tenía eso y mucho más.
—Solo déjame ver si la puerta está desasegurada —sugerí.
—Está bien —accedió y se colocó en la almohadilla de cemento que
daba la bienvenida en la puerta de frente. Sacó su pistola, la levantó y
asintió. Puse mi mano en la perilla y giré.
—Maldita sea —juré—. Está asegurada.
Hayden tomó su arma con su mano izquierda y agarró la perilla de
la puerta con su derecha. La sacudió unas cuantas veces, me dio su arma
para que la sostuviera, y con ambas manos, forzó la perilla para abrirse,
rompiendo el seguro.
Le devolví su arma.
—Es por eso que te amo —le dije con una sonrisa. Con cuidado,
271

empujé la puerta para abrirla. Instantáneamente fuimos bloqueados por


fuertes luces ultravioletas. Para estar seguros, saqué mi arma y apunté a
Página

nivel del pecho. Por treinta segundos completos, nos mantuvimos sin
movernos.
—Creo que la costa está despejada —susurré—. ¿Por qué está
encendido?
—Asumo que nunca se apagó —dijo Hayden, indicando los molinos
de viento—. Este lugar probablemente ha estado funcionando sin parar.
Pero no hay nadie que traiga agua, semillas, o que coseche lo que crece.
Metal sonó cuando la fila superior de plantas rotó a cabo para otra
fila. Curiosamente, miré dentro. El edificio era alto; había una docena y
más de filas de plantas con caminos entre cada fila. Era probablemente de
diez pies de altura. No me sentía como para continuar, y estaban
continuamente siendo rotadas cada minuto.
El piso de cemento estaba trapeado limpio. No había hojas muertas
o secas, no había suciedad desparramada o vegetales caídos. El aire olía a
químicos y no a tierra y a plantas como un invernadero debería. Al lado
opuesto del invernadero había una escalera que conducía a un pasillo. Me
imaginé a los científicos caminado por él, acercándose por la barra para
agarrar una pieza de producto para conectarla a un monitor y hacer
pruebas.
Estaba a punto de darme vuelta e irme ya que la humedad me daba
de lleno cuando mi ojo captó un flash púrpura. Sin pensar salí del marco
de la puerta y entré en el edificio. Siguiendo solo un paso detrás de mí,
Hayden mantuvo su arma levantada.
—Es una berenjena —dije. Antes de que la fila rotara, agarré una,
girándola y sacándola de la viña—. Hayden mira. —Sostuve la berenjena
de tamaño de un balón de fútbol a la altura de mi pecho—. Cada fila. —
Pestañé en incredulidad.
—Todas tienen plantas. Plantas creciendo —terminó Hayden por
mí—. Tenías razón; alguien ha estado aquí.
Coloqué la planta abajo.
—Deberíamos revisar los otros edificios. Asegurarnos de que este no
es una rara casualidad.
Hayden asintió y tomó mi mano. Todavía sintiéndonos un poco
impresionados, caminamos en silencio de vuelta a los carros.
—Eso fue rápido —nos dijo Ivan con una sonrisa—. ¿Qué
Underwood no puede seguir el ritmo?
Pestañé, casi sin entender la broma.
—No, é-él puede. Los invernaderos están trabajando —tartamudeé.
272
—¿Ah? —preguntó Brock. Se jaló a sí mismo fuera del Range Rover,
contra el que se estaba inclinando.
—Riss vio pisadas —explicó Hayden—. Entramos al invernadero;
Página

esperaba verlo lleno de plantas muertas y secas. Pero no es así, para nada.
O por lo menos al que entramos.
—¿Alguien ha estado cuidando de ellos? —preguntó Brock incrédulo.
Se pasó una mano por su ligero cabello castaño—. ¿Crees que el loco en el
bote cuidaba de ellos antes de infectarse?
—Tendría sentido —sostuvo Ivan.
Rider y Wade se nos unieron.
—¿Qué está pasando? —preguntó Wade. Hayden explicó
rápidamente y decidió separarnos en pares e inspeccionar el resto de los
edificios. Hayden agarró su arma y yo colgué mi arco y flechas sobre mi
hombro. Nos acercamos al edificio más próximo a la derecha. Las cabezas
más grandes de lechuga que haya visto se esparcían por encima de las
camas plásticas.
El siguiente invernadero estaba lleno de frutillas. El aroma hizo mi
boca agua instantáneamente. Hayden arrancó dos y me pasó una. La
sostuve; era enorme y roja brillante y prometía ser jugosa y dulce.
—¿Qué es lo que pasa? —Me preguntó y mordió la suya.
—Mi abuelo solía decir que las hormonas en estas cosas causaban
cáncer.
—Todo causa cáncer —dijo y tomó otra—. ¿Comiste en restaurantes?
—Claro.
—Entonces ya has estado expuesta y estás bien. Te lo estás
perdiendo —me dijo y comió otra.
Sintiéndome tonta por no haber pensado en que los restaurantes no
dudarían en comprar los ingredientes más baratos, me encogí de hombros
y devoré la frutilla.
—Oh-mí-dios, esto es orgásmico —dije y saqué otras pocas, ansiosa
de ponerlas dentro de mi boca.
—¿Entonces eso es todo lo que tengo que hacer? —Hayden levantó
sus cejas.
Asentí.
—Justo ahora, sí. Creo que podría comerme cada frutilla de aquí.
¡Han sido meses desde que tuve fruta fresca!
—Si —concordó Hayden con su boca llena—. Deberíamos llevar
algunas para el camino de vuelta a casa.
273

—¡Debo tomar unas para Raeya!


—Siento acabar con eso, pero aún tenemos un tiempo. No creo que
Página

estén buenas para entonces.


—Maldita sea —dije—. Tienes razón.
Comimos unas pocas más antes de entrar en el invernadero pasando
la calle. A diferencia de los otros, este no tenía niveles rotativos. En
cambio, tenía filas de los más raros árboles que hubiera visto. Me estiré y
toqué una manzana.
Brillando, roja y horriblemente enorme, la pesada pieza de fruta
fácilmente cayó a mis manos. La inspeccioné, recordando como mi abuela
solía llevarnos a Raeya y a mí al mismo huerto cada otoño para recoger
nuestras propias manzanas. Escalaría hasta arriba en el árbol para
alcanzar las mejores y luego se las lanzaría a Ray. Pasábamos el día
siguiente entero haciendo pies de manzana, conservas, mermeladas y mi
favorito: mantequilla de manzana. Cuando mi abuela se puso tan enferma
y débil que las caminatas por las filas de árboles se volvieron demasiado
para ella, Ray y yo aún iríamos para llevarle una canasta de las manzanas
más bonitas que pudiéramos encontrar.
Los árboles enfrente de mí estaban mal, tan mal. Se veía como si
alguien hubiera cortado la corona del árbol y lo hubiera pegado en un
muñón de cuatro patas. Las ramas estaban sostenidas por fuertes cables
atados al techo. Me sentía como un gigante caminando entre minúsculos
árboles. Era tan antinatural; no me gustaba ni un poco. Bajé la manzana y
seguí a Hayden a otro invernadero, éste lleno de rábanos.
Salimos de un granero lleno de judías verdes cuando Rider y Wade
trotaron cerca.
—Todo está fresco —dijo Wade—. En todos ellos.
Asentí.
—Así es como fue en los que vimos.
Hayden dio un paso en dirección al camión. Haciendo lo mismo, los
tres empezamos a caminar con él.
—¿Deberíamos cargar el camión? —preguntó Rider—. ¿Pueden
imaginar cuan felices todos estarán con una cama llena de fruta fresca?
—No estará todo fresco para cuando volvamos —dijo Hayden
sombrío, viendo las frutillas—. Todavía tenemos una semana.
—Oh —suspiró Rider—. Cierto.
Caminamos el resto de la vía al camión en silencio. Hayden saltó a la
cama y agarró una botella de agua. Bebió la mitad y me la ofreció.
Caliente, sudada y sedienta, rápidamente acabé con el agua tibia. Deseaba
poder mantener un cooler con hielo dentro.
274
Pocos minutos después, Ivan y Brock se nos unieron, cada uno
cargando una caja.
—Semillas —explicó Brock y puso la caja cerca del Range Rover. La
Página

lluvia empezó a salpicarnos de nuevo; abrió la puerta de atrás y arregló los


artículos atrás para hacer espacio para las semillas. Ivan nos dijo que cada
invernadero al que entraron tenían plantas que se veían saludables y en
rápido crecimiento.
—¿Tiempo de cosecha? —preguntó Brock y cerró fuerte la puerta de
atrás.
Hayden sacudió su cabeza.
—No todo durará la semana de conducción.
—No podemos dejar todo esto —dijo Brock, haciendo mención a los
invernaderos.
—No —concordó Hayden. Cambió de peso incómodo, sus ojos
moviéndose del camión a los invernaderos varias veces.
—Es tu mando —dijo Brock en tono nivelado—. Lo que decidas,
estaré de acuerdo con ello.
Rider, Wade e Ivan asintieron. No sabía que Hayden oficialmente
daba las órdenes. Me preguntaba por qué él nunca me lo había dicho
antes y por qué no usaba su autoridad más seguido.
—Sería un desperdicio —coincidió Ivan con Brock—. Podríamos
congelar muchas de estas cosas y podrían durarnos hasta que nuestras
cosechas crezcan.
—Tienes razón —dijo Hayden—. No podemos pasar esto por alto.
—¿Qué hay de la gente que cultivó esto? —preguntó Rider
tímidamente—. No estoy diciendo que lo necesiten más que nosotros,
¿pero creen que deberíamos tratar de encontrarlos?
Los ojos de Hayden se encontraron con los míos. Sacudí mi cabeza y
asintió, incluyendo lo que yo insinuaba.
—Toda la situación es rara —expuse—. ¿Por qué invertir tiempo y
energía para cultivar cosechas y luego dejarlas? Yo estaría protegiendo
nuestra fuente de comida con mi vida.
—¿Qué hay de la persona navegando el bote? —Trajo Wade a
colación.
Mordí mi labio mientras pensaba.
—Supongo. No lo sé… Aun se ve como un gran riesgo que correr.
Aunque supongo que es posible. Tal vez vienen y mantienen los
invernaderos una vez por semana o algo así.
—Y no es como si vayamos a vaciarlos —dijo Ivan—. No podemos
alcanzar tanto en la cama del camión.
275

—No se supone que estemos aquí —nos recordó Hayden—. Tomemos


la comida y vayámonos.
Página

Ivan asintió.
—¿Cómo deberíamos hacer esto? Creo que sería más rápido si
trabajamos todos con uno como vigía.
—Suena bien —dijo Hayden y tomó las llaves del camión de su
bolsillo—. Empecemos al final y trabajemos de vuelta.
Nos subimos a los carros y condujimos hasta el primer invernadero.
Brock dijo que ahí había más cajas en el almacén en el que encontraron
las semillas. Hayden sugirió que yo debería vigilar. A pesar de que recoger
vegetales y cargar las pesadas cajas a la cama del camión no era
exactamente tiempo divertido, le competía a estar de pie en la húmeda
llovizna.
Mi piel estaba pegajosa y estaba desesperada por ducharme.
Destrencé mi cabello y, sin intención de cepillarlo, volteé mi cabeza de
arriba abajo y lo doblé en un moño. El aire demasiado pesado como para
tener cualquier cabello tocando mi cuello.
Quité el seguro de mi arma y esperé manteniendo cuidadosamente
un ojo observador alrededor de nosotros. La lluvia y las nubes se habían
movido para la hora en que los chicos salieron del primer invernadero.
Junto con el húmedo aire, el sol caliente nos cayó encima.
Nos tomó horas tener todo recogido, empacado y cargado. Además
de estar calurosos y sudados, los chicos ahora estaban cansados. Hayden
se quejó de que su espalda dolía por haberse inclinado. Ivan encontró una
manguera que funcionaba, recogida alrededor en la parte de atrás del
cobertizo del almacén. Sospechamos que era usada para llenar los tanques
de agua cuando corría la lluvia. Rápidamente la usamos, nos cambiamos
de ropa y subimos a los carros.
La cama del camión estaba llena. Excepto por una minúscula
cantidad de espacio dejado cerca del arma, no había quedado espacio para
más. Poniendo cuidadosa atención al mapa, nos dirigimos al suroeste.
Sabiendo que nuestras oportunidades de encontrar sobrevivientes
caminando por el camino eran de pocas a nada, todos estábamos felices
con el pensamiento de llegar a casa en medio día. Condujimos directo por
cuatro horas, haciendo buen tiempo. Tuvimos que evitar bastantes
apilamientos, calando carros en la carretera y pasando por un pueblo
infestado por zombies en el norte de Ohio.
Estábamos cerca de Columbus cuando la luz del sol empezó a
desaparecer. Nos metimos en el estacionamiento vacío de una oficina de
un dentista. Hayden usó a los cinco gomosos que pululaban por ahí como
objetivo de práctica para usar el arco. Falló el primer tiro, el segundo
276

golpeó al gomoso en el muslo y su tercero dio en el corazón.


—Relájate —le recordé—. Y deja de ver a la flecha, mira a tu objetivo.
Eso es lo que yo hago por lo menos.
Página

Hayden soltó su aliento, reenfocó y soltó la flecha.


—¡Ves! —dije emocionada—. Soy una buena maestra.
—Si lo eres —concordó y caminó para sacar la flecha de la cabeza
del gomoso. Sacudió los restos de cerebro y recuperó las otras dos flechas.
Cuando dimos vuelta al edificio encontramos otros humanos deteriorados.
Uno estaba atorado en una zanja de aguas residuales. Ese era un
blanco fácil. Otros dos se arrastraban en nuestra dirección a velocidad de
caracol.
La primera flecha de Hayden pasó zumbando, raspando la cabeza de
un S3. Una hoja de piel se salió pero no fue suficiente para matar al
bastardo. Hayden disparó de nuevo y le dio en el ojo. Le dio al segundo en
su primer intento.
—Ni siquiera vale la pena dispararle —dijo cuándo caminamos hacia
el tercer gomoso que estaba arrastrándose a sí mismo por el suelo—. ¿Es
patético que sienta algo de pena por él? —le pregunté a Hayden,
inclinando mi cabeza a un lado.
—No, yo también lo siento —coincidió. La criatura en frente de
nosotros solo tenía un brazo. Sus piernas habían sido masticadas; la
mayoría de su piel se había ido y los huesos estaban astillados y rotos. Su
cara era una corteza de pus y sangre. No había que decirlo, olía peor que
la mierda.
Hayden tomó una flecha y fácilmente la pasó por la cabeza de la
cosa. Su cráneo era casi tan fuerte como una naranja podrida. Sacudió la
mucosidad y puso la flecha de nuevo en la aljaba. Nos reunimos al grupo
que ya estaba comiendo la cena. Con cuidado de no dejar caer las cajas de
frutas y vegetales, Hayden bajó la puerta de atrás y dio un brinco mientras
nos tomaba comida.
—¿Tienes mierda zombie en tus manos? —le pregunté antes de
pasarle el atún y las galletas que estaba sosteniendo.
Hayden inspeccionó sus manos.
—No lo creo. Y no importa para mí, ¿recuerdas?
—Lo sé —le dije—. Puede hacerte enfermar, ¿recuerdas?
—Si —suspiró—. Pero no tenemos jabón o agua. Que mal.
—Espera —le dije y bajé la comida. Había olvidado que Padraic me
había dado una botella de desinfectante de manos varias misiones antes.
Busqué en mi maleta por él—. Sé que tocaste a esos gomosos —le dije a
Hayden extendiéndole la botella.
277

—No necesito eso, Riss —dijo desafiante.


—No te necesito enfermo —repliqué.
Página

—No me enfermaré. No me ha pasado todavía.


—Hayden, solo tómalo. No es difícil y no hará daño.
—No lo quiero —discutió.
—¿Por favor? —Traté.
—Bien —bufó y extendió su mano. Exprimí una larga gota del
desinfectante de manos en su palma.
—Underwood, qué bebé eres —bromeó Ivan—. Es una buena idea, —
y extendió sus manos—. Quizás no nos infectemos pero piensa en toda la
mierda asquerosa que tocamos. Estoy sorprendido de que no nos
enfermemos más seguido.
Nos pasamos la botella, aceptando que sería buena idea ‘lavarnos’
antes de comer de ahora en adelante. Consumimos nuestras comidas
racionadas y en verdad tuvimos que resistir el llenarnos los rostros de
manzanas, fresas, naranjas y bananas.
Otra noche durmiendo incómodamente en los carros pasó
lentamente. Nos levantamos con el sol, salimos a estirarnos y comimos un
apresurado desayuno. El sol ya le estaba dando rayos de calor al camión
negro. Y no estábamos autorizados a usar el aire acondicionado.
Me incliné hacia el frío de la ventana en el asiento trasero. El viento
que soplaba dentro desde la ventana de Hayden se sentía maravilloso
mientras acelerábamos a 70 millas por hora por la estrechez de la
autopista. Él y Brock estaban ocupados hablando sobre fútbol. Pensaba
que era totalmente irrelevante ya que me sentía segura de decir que por lo
menos el noventa y cinco por ciento de la NFL estaba muerto.
Pero admitiré que era lindo escuchar una conversación normal.
Mantuve mi boca cerrada y cerré mis ojos. Tuvimos que irnos un poco
fuera del camino para pasar alrededor de una gran milla estrecha de
carros parqueados en la carretera. Salpicamos por un pantanoso campo de
maíz y el camino de piedra. No queriendo levantar piedras que golpearan el
camión, Hayden condujo despacio.
La luz del sol titilando desde la ventana de atrás llamó mi atención
inmediatamente. No era inusual en lo mínimo ver autos dejados a lado del
camino o aun parados en medio de él. Lo que me resultó era el lodo
esparcido por todo el Chevy Impala azul marino.
—Para —dije de repente.
—¿Por qué? —dijo Hayden y pisó los frenos.
—Ese carro allá —dije y me giré en mi asiento—. Está sucio.
—Así como todo —me recordó Hayden—. No hay quien quede para
278

limpiarlo. —Quitó su pie del freno.


—No, Hayden, para. El carro está sucio como si apenas hubiera
Página

pasado por el lodo como nosotros lo hicimos. Llovió ayer, ¿recuerdas? Ya


se habría limpiado.
—Mierda —juró y le dijo a Ivan que parara por el walkie-talkie.
—¿Cómo mierda notas cosas como esas? —preguntó Brock.
—No lo sé. Solo lo hago —admití—. Como que desearía no hacerlo.
Así seguiríamos en nuestro camino a casa.
—Habrías sido una buena detective —me dijo Brock—. Ves cosas
que otra gente no ve.
—Gracias. Aunque quería ser una actriz. Es una cosa egoísta de
querer serlo, ahora que lo pienso. —Aun si todos los zombies fueran
matados mañana y el mundo volviera a ser como era, no querría ser una
actriz de nuevo. No había manera en que podría sentarme perezosamente
mientras que cosas horribles pasaban. Nunca pensé que podía hacer una
diferencia en este mundo hasta ahora.
Tal vez no podía. Tal vez derribar una docena de zombies aquí y allá
no haría una muesca en los números. Nuestros suministros de alimentos
estaba bajando, nuestro ganado era una carta invitando a los zombies, y
nuestro espacio seguro era tan limitado que no había punto en repoblar la
tierra. Tal vez buscar y salvar gente era un punto irrelevante total ya que
todos estábamos condenados a morir al final.
Pero tal vez no lo era.
Hayden puso el camión en parqueo, apagó el motor y se hizo hacia
atrás para alcanzar su arma en el asiento trasero.
Rider se lanzó a si mismo por el ventana del techo en el Range Rover
y se paró en su techo, en busca de zombies.
—Limpio, por lo que puedo ver —nos dijo y saltó hacia el SUV.
Armados, los seis caminamos alrededor del Impala. Wade abrió la puerta
del conductor.
—Sin llaves —nos informó luego de buscar—. Pero miren —apuntó a
la parte de atrás—. Botellas de agua, bolsas de maní y algunas latas de
comida. Creo que alguien iba a regresar.
—¿Esperamos? —sugirió Ivan.
Hayden sacudió su cabeza.
—Eso podría tomar demasiado. Deberíamos intentar encontrarlos.
—¿Cómo? —preguntó Rider, viendo alrededor—. Podrían estar en
cualquier lado.
Habían unas veinte yardas de césped y hierba sobrecrecida fuera del
camino que se fundía en un bosque. Mis ojos escanearon el césped. Una
279

vez que vi lo que estaba buscando, dije:


—Puedo rastrearlos.
Página

—¿De verdad? —preguntó Wade incrédulamente.


—Si. No es diferente de rastrear animales. A veces es más fácil; la
gente es muy obvia.
—Lindo —dijo ladeando la cabeza ligeramente—. ¿Cómo sabes hacer
eso?
—He estado cazando con mi abuelo desde que tenía siete. He
aprendido algunas cosas —expliqué.
—¿Puedes enseñarme? —preguntó casi tímido.
—Puedo intentar —prometí. Fui de regreso al camión para sacar la
mochila y llenarla con suministros.
—Espera —dijo Brock—. Nuestros carros. Y la comida. —Señaló al
balde del camión—. ¿Qué si regresan y no estamos aquí?
—No podemos dejarlos —declaró Hayden. Por una fracción de
segundo pensé que nos ordenaría seguir directo a casa—. Tres se quedan
aquí y vigilan y tres van. —Decidiendo ya que él venía conmigo, Hayden
tomó las llaves de su camión de su bolsillo y las sostuvo—. ¿Quién más
viene?
—Yo iré —dijo Wade rápidamente.
Hayden le pasó las llaves a Brock.
—Váyanse de ser necesario, pero regresen y encuéntrenos a media
milla más abajo en el camino. Me mantendré en contacto —dijo y palmeó
el walkie-talkie.
Ivan asintió.
—Tengan cuidado.
—Estaremos bien —dijo Wade y palmeó su arma—. Si todo lo demás
falla escalaremos un árbol —dijo y me giñó.
Ivan medio sonrió.
—Recuerden que el rango no es muy largo.
Hayden asintió.
—Revisaré para asegurarme de que no pasemos el punto sin hacerlo
saber. Aunque estamos perdiendo tiempo. Vámonos.
Dirigiendo el camino, caminé siguiendo el rastro de césped y hierbas
doblado.
—¿De qué rango están hablando? —pregunté y sacudí un mosquito
de mi nuca.
280
—Los walkie-talkie —aclaró Hayden—. Luego de tres millas la señal
se pierde.
—¿En serio? —Estaba sorprendida—. Pensé que ustedes, chicos
Página

tenían walkie-talkie de alta tecnología.


—Los tenemos —rabió Wade—. Pero no sirven.
—¿En serio? —pregunté de nuevo.
—Sí. Esos usan señales satelitales —continuó explicando Rider—.
Los que tenemos ahora usan ondas de radio.
—¿Por qué no funcionan las señales satelitales? —pregunté.
—Como me gustaría saberlo —dijo Wade con un suspiro.
—Eventualmente dejarán de funcionar —pensé en alto—. Ya que no
queda nadie que los repare. Pero no debería haber pasado todavía. —
Sacudí mi cabeza—. Como una semana antes de que el virus golpeara
encontramos que el GPS del Range Rover no funcionaba. Solo no tiene
sentido. —Me volteé a tiempo para ver los músculos contenidos de Hayden.
Apartó sus ojos de los míos.
Me volteé de vuelta y me enfoqué en la hierba. Con alguna todavía
muerta y seca por el invierno, era fácil ver por donde había ido la gente.
—No tiene ningún sentido —concordó Wade—. Pero si piensas sobre
el pánico causado por el quiebre inicial, es fácil imaginarse a alguien
enloqueciéndose y presionando el botón, por así decirlo.
—Cierto —dije pero no me convencía la idea. Pensar sobre ello hacía
un fuerte nudo en mi estómago. No podía encajar el rompecabezas sin
todas las piezas. Sacudí mi cabeza de nuevo, diciéndome que no valía la
pena preocuparse por ello… todavía.
El césped dio camino a un suelo de bosque lleno de hojas. Los
árboles estaban dispersos al principio pero rápidamente se hacía denso,
sin duda bloqueándonos la vista de los otros.
—Entiendo el césped doblado, ¿pero ahora que buscas? —me
preguntó Wade.
—Tráfico de pies. Las huellas son obvias pero no siempre están allí,
así que tienes que buscar otras cosas, como esto —dije y me arrodillé,
apuntando al alboroto de hojas muertas—. ¿Ves cómo están movidas
alrededor? Tenemos suerte; quien sea que caminó por aquí tenía cero
intenciones de ser discreto.
—Nunca hubiera notado eso —admitió Wade.
—Tú no notas cosas como estas —le informé—. A menos que estés
buscando. El suelo es suave aquí y probablemente más suave dentro del
bosque. Puedes ver la huella de la bota por allá.
Hayden y Wade asintieron.
281

—Y allí —señaló Hayden.


—Si —dije—. Parece que había tres personas caminado por aquí, y
Página

una de ellas era enorme.


—¿Cómo puedes notarlo?
Di unos pocos pasos más hacia adelante donde había una huella
más clara.
—Esta impresión es más profunda que las otras. Mientras más
pesas, más te hundes en el lodo.
—Tiene tanto sentido que me siento tonto por no haberlo notado —
rió Hayden.
—De verdad —dije de nuevo—. Es fácil no notar cosas como estas a
menos que estés buscando. ¿Y quién camina con sus ojos en el suelo?
—Hablado de eso —dijo Hayden y pausó—. Riss, tú rastrea. Wade y
yo mantendremos un ojo y oído por los zombies.
—Buena idea —concordé.
Caminamos unas pocas yardas antes de parar.
—¿En serio? —Suspiré y miré el terreno de arbustos espinos
enfrente de mí.
—¿Qué? —preguntaron Hayden y Wade en unísono.
—Los idiotas caminaron directo por esos —les dije, señalando a los
espinosos vides. Quédense aquí mientras doy la vuelta. Los usaré como mi
visual para retomar el camino.
Retomé mi vía por sobre un tronco podrido preguntándome porque
esa gente elegiría caminar por entre esos arbustos. Aun en jeans, picaban
en tu piel, causando pequeños raspones que quemaban y picaban.
—Oh —dije en alto tan pronto como estuve frente los arbustos—.
Hay un sendero —llamé sobre mi hombro. Si me hubiera molestado en ver
hacia arriba y fuera ahora y antes lo habría notado. Cuando los chicos se
me unieron pregunté—. Bien, sin ver al suelo, ¿pueden decirme que
camino siguieron?
—Por ese lado —dijo Hayden, apuntando a nuestra derecha.
—¿Por qué? —Cuestioné.
—Parece el correcto.
Sonreí.
—En realidad estás bien. Mira. —Di unos pasos hacia esa dirección
y toqué una rama sobresalida—. La gente tiene tendencia a apartar
cualquier cosa que tenga en su camino. —Puse mis dedos alrededor de la
rama rota—. Pueden notar si está recientemente rota viendo dónde la rama
fue rasgada. ¿Ven cómo está fresca? —Los dedos de Haden rozaron los
282
míos mientras sentía dentro del quiebre.
—Mejor que migas de pan, ¿cierto? —preguntó.
Página

—Cierto —respondí con una sonrisa. Continuamos yendo por el


sendero, siguiendo el obvio rastro. En un punto, quien sea que estábamos
siguiendo, paró por un snack; cáscaras de maní esparcidas por el suelo.
Seguros de que la gente se mantuvo en el sendero ya hecho,
ocasionalmente, veía hacia abajo para asegurarme de que seguíamos bajo
el rastro. Distraída por el distante balbuceo de un riachuelo, busqué
alrededor del bosque por él.
Por el rabillo de mi ojo, algo llamó mi atención. Paré tan de repente
que Hayden caminó hacia a mí. Su mano voló alrededor de mi brazo para
sostenerme de caer.
—¿Qué es? —me preguntó con su voz casi temblando. Me soltó y
levantó su arma.
En una temporal pérdida de palabras, apunté al pisoteado suelo y
saqué una flecha de mi aljaba esperando lo peor.

283
Página
—Santa mierda —juró Wade.
Solo asentí de acuerdo cuando mis ojos se lanzaron alrededor del
bosque. ¿Por qué los pájaros tenían que ser tan jodidamente ruidosos? Mis
ojos se lanzaron de regreso a las pisadas que habían sido dejadas por los
zombis. Si las hojas revueltas no fueran lo suficientemente obvias,
entonces los trozos de carne raspados en la corteza de los arboles serían
un gran regalo.
—Se fueron por aquel lado —susurré, apuntando más o menos hacia
la autopista.
—¿Recientemente? —preguntó Hayden, sus manos ya alcanzando el
walkie talkie.
Había un charco dentro de uno de los fosos dejado por un pie
arrastrándose.
—No lo creo. —Me apresuré a un árbol y pinché un fragmento de
carne con mi uña. Estaba crujiente—. Al menos un día o dos. —Sacudí mi
cabeza—. Eso no quiere decir que no estén cerca. —Dejé escapar un
suspiro de alivio y coloqué la flecha de nuevo en el carcaj, esperando que
no fuera un movimiento prematuro.
—¿Y nuestros civiles? —preguntó Wade.
—Caminaron justo sobre las pisadas. Dudo que las hayan notado.
Wade sacudió su cabeza en desacuerdo.
—Y dicen que la ignorancia es dicha.
Hayden puso su mano en la zona baja de mi espalda.
—Mantente rastreando —me dijo—. Nosotros nos mantendremos
vigilando. Necesito encontrar a esas personas tan rápido como podamos
salir de aquí.
Golpeé otro mosquito en mi brazo.
—Desearía que tuviéramos un repelente —me quejé y tomé el
284

sendero de nuevo. Los mosquitos eran peores cuanto más nos


acercábamos al agua, que resultó ser un riachuelo poco profundo. El agua
Página

lodosa y orillas bajas me hacían pensar que era un riachuelo de agua


lluvia.
Nos mantuvimos caminando, Hayden periódicamente registraba con
Ivan para ver lo lejos que habíamos vagado. Sin más signos de zombis, fui
capaz de relajarme, solo un poco, y casi disfrutar el paseo en el bosque.
Eso fue hasta que vi algo que de nuevo me hizo detener bruscamente
el rastreo. Hayden y Wade tomaron posición. Agité mi mano hacia ellos.
—No son zombis —dije sin aliento, mientras mis ojos escaneaban un
gran árbol fuera del sendero.
—¿Entonces qué es? —preguntó Hayden pareciendo disgustado.
—He estado aquí antes —dije con voz ronca. Alejé mis ojos del árbol
de álamo oriental.
—¿Eh? —preguntó Hayden.
Sacudí mi cabeza. No sé por qué me sorprendió tanto.
—He estado aquí antes —repetí.
—¿Cómo en un sueño? —pregunta Wade seriamente. Frunce las
cejas y me mira.
—No —escupo—. Como en vacaciones. Este es un parque. El parque
Alum State.
—Está bien —dijo Wade sin creerme del todo.
—¡No, en serio! —Con ambas manos, señalé hacia el árbol—. Este
árbol no es algo que olvidas. Te lo dije, he estado aquí antes. —Me giré
para ver a Hayden—. ¿Solía vivir en Ohio, recuerdas?
Cuadró sus hombros y miró el árbol.
—Lo recuerdo. —Sus ojos revisando el árbol antes de encerrarse en
los míos—. ¿Estás segura que has estado aquí?
—Sí —prometí—. Si seguimos hacia el norte llegaremos a un lugar
de acampada.
—Vamos a ello —dijo con una sonrisa. Trató de pasar el mensaje a
Ivan, pero estábamos demasiado lejos. Ordenando a Wade y a mí
quedarnos, puso abajo su equipaje lleno de provisiones y corrió hacia el
sendero hasta que estuvo lo suficientemente cerca de Ivan. Odiaba cada
minuto que él estaba fuera de mi vista.
—Estará bien —dijo Wade, pinchando mí brazo juguetonamente.
—No estoy asustada —mentí.
285

—Tonterías. Te ves preocupada.


Suspiré.
Página

—Bien, lo estoy. No me gusta no saber. Cualquier cosa podría


suceder. Zombis o incluso caer y torcerse un tobillo. Y nunca lo sabría.
—¿Entonces piensas que puedes detener las cosas malas que
suceden?
—Por supuesto que no. Desearía poder, pero sé que no puedo. Si
estoy con él, o alguien más lo está, al menos sé qué está pasando.
Wade puso una sonrisa burlona.
—Ustedes se ven bien juntos.
Intenté no sonrojarme; fallé.
—Gracias. —Maté otro mosquito, incluso con lo caliente que estaba,
desenrollé las mangas de la camisa cuadriculada de botones que tenía
encima de un top rosado. Repentinamente me sentí mareada, me quité mi
equipaje y me senté en el piso húmedo. Tomé una botella de agua de mi
bolsa y tomé la mitad de ella pensando que me sentiría mejor luego de
rehidratarme.
Me concentré en lo que estaba alrededor: el gran árbol, las hojas, el
verdor del piso del bosque, aves, y la brillante luz del sol que se filtraba a
través de los árboles y moteaban el camino. Finalmente oímos las pisadas
de Hayden.
—Todo bien —nos dijo y dejó escapar un profundo suspiro—. Esta
jodidamente caliente —jadeó—. Por mucho que nos quejábamos del frío,
prefiero correr en él que en el calor.
Abrí la bolsa de Hayden y le arrojé una botella con agua. Mientras
bebía me levanté, mi visión se nubló con borrosos puntos negros. La
última cosa que supe fue que Wade puso sus brazos alrededor de mí.
—¿Riss? —preguntó, estabilizándome. Hayden taponeó su botella y
rápidamente se acercó.
Sacudí mi cabeza.
—Supongo que me paré muy rápido. —Tomé un profundo respiro y
sonreí—. Vamos.
—Podemos quedarnos un rato —sugirió Wade aún preocupado.
—Estoy bien —protesté—. No me digas que nunca antes te ha
pasado.
—Solo cuando estoy enfermo —dijo suavemente. Sus ojos dejaron los
míos y buscaron a Hayden, pensando que él podría darme una orden para
detenerme y descansar. Sacudí el lodo de mi trasero y tomé mi bolsa.
286

—Vamos —dije con mucha energía.


—Orissa —dijo Hayden gentilmente—. ¿Estás segura que estás bien?
Página

—Si no lo estuviera, te lo diría. Estoy bien ahora.


Wade rió.
—Te dije que estabas estresada —me dijo.
—Cállate —le espeté. Era evidente que Hayden se sintió excluido de
la conversación.
—Ella quiere ponerte una correa —dijo Wade a Hayden.
—Sí —concordé—. Una correa de cuero y esposas, entonces te
convertiría en mi perra —bromeé.
—En serio, chicos, estoy bien ahora.
—Bien —dijo Hayden con un asentimiento. Retomé el camino donde
nos habíamos quedado, siguiendo las pisadas del sendero. Adrenalina
bombeó a través de mi cuerpo y arranqué una flecha fuera del carcaj con
velocidad récord cuando oí susurros entre los arbustos. Esperé, tragué y
reí.
—Conejos zombis —dijo Wade, bajando su arma—. No dejes a las
pequeñas bolas de pelo molestarte. Son muy mortales.
—Y ninguno sospechará de ellos —dijo Hayden gravemente—. Se
alejará y continuará expandiendo su reino de terror.
Reímos y continuamos adelante, enseguida llegados al camino.
—El lugar de acampada está ahí abajo —susurré—. Sé que el
camino es curvado, pero no puedo recordar exactamente qué tan cerca
estamos. —Apunté a las lodosas huellas destacándose en el camino—.
Ellos fueron hacia el camino. Una vez que el barro se caiga de sus zapatos,
no tendré nada que seguir. Creo que será mejor ir a través de los árboles.
Hayden asintió.
—Iré primero. Si encontramos a las personas, obsérvenlos antes de
hablarles. Si se ven incompletos, lárguense, vuelvan a subir o aléjense.
—Suena bien —le dije. Seguimos por el camino por unos cuantos
metros más antes de acortar por el bosque.
Uno de los pasatiempos favoritos de mi abuelo en el verano era
conducir a la mitad del bosque con una silla de jardín, una cerveza, cinco
pelotas de tenis y una venda para los ojos. Se sentaba en su silla y
colocaba las pelotas de tenis alrededor de él, vendándose a sí mismo y
sentándose atrás y esperando. Era mi trabajo, sigilosamente y sin que se
diera cuenta, tomar las pelotas de tenis.
Fallé completamente en mi primer intento. Pacientemente mi abuelo
se sentaba en esa silla por horas mientras yo me imaginaba como caminar
287

tan cerca y silenciosamente como fuera posible, aprendí como moverme de


maneras que imitaban a los animales del bosque. Siempre estuve asustada
de ser confundida con un ciervo y recibir un disparo por algún cazador en
Página

el bosque.
Los días ventosos eran ideales. Me movía unos centímetros cuando
las ráfagas pasaban, enmascarando los sonidos de movimiento. A veces
tomaba una eternidad mover solo un pie, pero funcionaba. Una parvada de
gansos pasó ruidosamente sobre nosotros; me moví otra vez. Aviones bajos
eran siempre lo mejor. Ocasionalmente mi abuelo se movería, aun
cambiando de posición o moviéndose para rascar su espalda. Si se movía,
me movía. Parecía tan simple pero era difícil de lograr. Era una habilidad
importante para aprender, mi abuelo me lo dijo una y otra vez. No solo era
útil para acechar a alguien, también era una habilidad que podría
ayudarme a alejarme si lo necesitaba.
Precariamente coloqué mis pies abajo y distribuí mi peso del talón al
pie, me deslicé fuera del camino sin hacer ruido. Me doblé para evitar
cualquier contacto con ramas bajas. No solo el chasquido de ramitas era
una buena forma de delatarte, también lo arboles meciéndose de forma
innatural era una forma segura de atraer la atención de alguien.
Tan agraciada como un gato, mi cuerpo se movía junto con el
bosque. Deseé que mi abuelo estuviera ahí conmigo en ese momento. Mi
cabeza dolió y cerré los ojos; en este momento no podía permitirme sentir
nada más que determinación. Di otro paso cuidadosamente planeado.
Ramitas se rompieron y las hojas crujieron. Me volteé y miré a
Hayden y Wade.
—¿No pueden ser más silenciosos? —Regañé en voz silenciosa—.
Ustedes nos delataran o pensaran que ustedes son zombis dando tumbos
en el bosque.
—Lo siento —susurró Wade en respuesta. Esperé entonces para
verlos moverse. Hayden levantó sus pies y fue cuidadoso antes de ponerlos
abajo. Su ametralladora alrededor de su espalda quedó atrapada en una
rama, doblándose y regresándose para caer sobre el rostro de Wade. Me
tapé la boca para evitar reírme.
—Talón-pie —susurré, levantando mi pie para enseñarle—. Eso hará
los crujidos sonar menos como pisadas. Quédate abajo y no empujes las
ramas fuera de tu camino. Aléjate de ellas.
Después de que su arma quedó atrapada en un árbol una vez más,
Hayden la quitó de su espalda y la dejó a su lado. Sonreí, preguntándome
si era tonto que me sintiera orgullosa de él, y me volteé. Escogimos
cuidadosamente el camino a través del bosque.
Oímos sus voces justo después que olí la familiar esencia de una
fogata. Hayden quitó el seguro de su arma y se quedó cerca de mí. Conté
ocho personas. Asumí que había otros que no podía ver. Tres tiendas
288

estaban asentadas en frente de un remolque. Un SUV plateado, una


camioneta Ford, y un sedán negro formaban un semi círculo alrededor del
lugar de acampada.
Página

Un hombre viejo con cabello blanco atizó el fuego. Dos chicas


lanzaban el contenido de una lata en botes de metal y lo llevaban hasta el
hombre. Él las puso en el fuego y alejó las manos, sacudiéndolas.
—¿Te quemaste, Buddy? —dijo una voz femenina.
—Chamuscando el cabello —contestó él con una sonrisa.
Un niño muy delgado corrió fuera de una tienda. Solo un segundo
después, su padre, igual de delgado, salió corriendo y lo alcanzó. El niño
instantáneamente empezó a llorar. Su padre estampó la mano sobre la
boca del niño, acallándolo antes de besarlo en la nuca.
—Sé que estas hambriento —lo oí decir—. Todos lo estamos.
Comerás pronto.
El grupo circulaba por todas partes, hablando suavemente. De vez
en cuando atrapábamos parte de lo que decían. Cada uno de ellos se veía
malhumorado y exhausto. Las dos chicas se sacudieron las manos y
caminaron lejos del fuego. Ambas tenían cabello rubio rizado y pecas
cruzando sus pálidos rostros. Una era ligeramente más alta que la otra.
—No te preocupes, Addisson —le dijo a la chica más baja cuando
puso su brazo alrededor de su hombro—. Encontraremos comida pronto.
¿Recuerdas lo que tenemos por delante?
Addison asintió y limpió una lágrima de su rostro. Era difícil
adivinar la edad de alguien tan sucio y hambriento, pero asumí que
Addison tendría diez ya que tenía la misma altura que Lisa. Su amiga era
quizás de doce o trece.
—¡Quinn! —llamó la chica alta y fue inmediatamente acallada por
los otros—. ¡Quinn! —llamó otra vez en una voz más suave. El chico llorón
corrió hacia ella inestablemente. Él también tenía cabello rubio y pecas.
—¡Lizzy! —regañó el padre del bebé—. No dejes a tu hermano tan
cerca del fuego. Hemos pasado por esto antes; ¡No escuchas!
—Lo tengo —dijo ella y lo acunó en sus manos. Giró alrededor con él
en sus brazos, haciendo que Quinn riera. Lizzy, Quinn el bebé y Addison
se sentaron en una mesa de picnic en frente del remolque, murmurando
acerca de estar hambrientos. Me sentí mal por ellos y recordé muy bien
nuestros días dedicados a correr con apenas comida para comer.
La puerta RV se abrió con ruido de bisagras. La atención de Hayden
y Wade inmediatamente fue atrapada por los uniformes camuflados. Un
hombre estaba sosteniendo un rifle y otro estaba mirando un mapa. No
podía oír lo que estaban diciendo. Hicieron señas a alguien llamado Amos;
un hombre de la misma edad de mi abuelo, si no es que más, cojeando
289

hacia delante.
Hablaron en voz baja como si no quisieran que los demás
escucharan. El tipo con el arma observó alrededor nerviosamente como si
Página

esperara que los zombis corrieran desde los árboles. Él era listo… y
terrorífico. Las personas hacían cosas estúpidas cuando estaban
asustadas. Actuaban sin pensar y si tres cuerpos surgían del bosque,
estaría más que encantado de disparar.
Muy lentamente, giré y e hice señas hacia Hayden y Wade para que
siguieran. Cuando estuvimos unos cincuenta pies lejos, susurré:
—¿Qué piensan?
—Se ven inofensivos —respondió Hayden—. Solo uno de los que
vimos estaba armado. Los otros… solo se veían patéticos.
—Tenemos que ayudarlos —coincidió Wade.
—Deberíamos llegar desde el camino —sugerí—. Menos sorpresa de
esa forma y menor oportunidad de ser confundidos con zombies.
Hayden asintió y sonrió.
—No tengo ganas de que me disparen de nuevo.
Rodé los ojos.
—No lo serás. Nunca más. —También sonreí y salí del bosque en
puntillas.
—¿Cómo deberíamos hacer esto? —preguntó Wade una vez que
nuestros pies golpearon el pavimento de la calle—. ¿Solo caminamos hacia
ellos? Parece que se sería un poco… un poco…
—¿Extraño? —Terminé por él.
—Sí.
—Oh bueno —dijo Hayden sacudiendo su cabeza—. Sabremos de
inmediato la naturaleza del grupo. Creo que una vez que sepan que
tenemos comida, serán más que acogedores. Armas abajo pero estén listos.
Aunque vi el patético estado en el que estaba el grupo, no pude
evitar la bola de nervios que se formaba en mi estómago. La última vez que
recogimos extraños al azar, Brock fue mordido y dos personas fueron
disparadas. No había que decir que no estaba de humor para confiar.
Hayden fue primero.
—¡Hola! —gritó como si no estuviera seguro de que hubiera alguien
en el campamento. El susurro que recorrió por los civiles fue indiscutible.
Luego un minuto de caos explotó cuando los sobrevivientes se dieron
cuenta de que no estaban solos.
Como esperaba, los dos hombres en atuendo militar se acercaron
primero. El que sostenía el arma era probablemente no más alto que mi
marco de cinco pies y siete pulgadas. Cabello rubio arenoso caía a sus ojos
290

y sacudió su cabeza para apartarlo del camino. Su compañero era más alto
y en un punto en sobre peso. La forma en que su ropa caía de su cuerpo
sugería que recientemente había perdido mucho de ello. Ninguna dieta es
Página

más efectiva que la dieta del apocalipsis zombie.


Combatí la urgencia de poner mis dedos alrededor del metal de mi
arma. Esperé a que los chicos nos alcanzaran, preguntándome si Hayden
iba a sostener sus manos y decir ‘venimos en paz’. En lugar de eso, dijo
casualmente:
—Hey.
El rubio bajó su arma y dio un paso adelante. Con cuidado de
mantener su arma ligeramente extendida a los lados también se movió
más cerca.
—Soy el Sargento Underwood. Este es Lance Corporal Williams y…
Orissa —introdujo Hayden, girándose ligeramente en mi dirección. Sonreí
cálidamente a los extraños, pensando en que debería salir con algún título
elegante también—. Tenemos una base asegurada al sur; hemos estado
buscando sobrevivientes —explicó Hayden.
—Soy Zane —nos informó el rubio con el arma—. Este es Colin. —
Bajó el arma y nos miró. Wade tenía razón; esto era incómodo. Finalmente,
Colin sacudió su cabeza.
—Espera un segundo, ¿estás diciendo que tienen un lugar seguro y
que somos bienvenidos?
—Eso es exactamente lo que estoy diciendo —dijo Hayden—. Puedo
decirles más si quieren.
—¡Si! —exclamó Colin.
Me paré junto a Hayden y le hablé a los extraños.
—Probablemente deberían decirle a sus amigos primero, estoy
segura de que deben estar preguntándose qué diablos está pasando.
—Cierto —dijo Colin y se giró. Zane mantuvo un ojo sospechoso en
nosotros todo el tiempo que lo seguimos de regreso al sitio del
campamento. Cada uno de sus compañeros se reunió en un pequeño
grupo, ojeando alrededor de los árboles para alcanzar un vistazo de
nosotros. Supe de inmediato que eran más de ocho personas.
—Este es Underwood, Williams y Or-iss-a —le dijo Zane a su grupo.
Estuve tentada a corregir la pronunciación de mi nombre—. Dicen que
vienen de una casa segura de zombies y que están buscando
sobrevivientes para llevarlos de vuelta.
Hubo un momento de silencio impactante antes de que el grupo
estallara en preguntas. Me quedé atrás, en busca de zombies, mientras
Hayden y Wade explicaban todo. No tomó mucho tiempo convencer a estas
291
personas para que vinieran con nosotros.
Había once en su grupo; la mitad se habían conocido en un refugio
de emergencia en Iowa cuando el virus estalló primero y se quedaron
Página

juntos desde ahí. Zane y Colin estaban en la Guardia Nacional y habían


sido ordenados de proteger el refugio. Como mis amigos soldados, no
tenían idea de que los zombies existían hasta el brote. Los otros se unieron
aleatoriamente aquí y allí. En muy similar historia, nos contaron como se
estaban quedando en una granja hasta que los zombies arruinaron la
fiesta.
Hayden, Wade y yo nos separamos. Hayden secó sudor de su frente
con el dorso de su mano.
—Uno de nosotros necesita a ir a encontrar comunicación y decirle a
los otros que manejen en esta dirección. Nosotros alimentaremos a estos
chicos —miró de vuelta a los once hambrientos y esperanzados pares de
ojos que no se veían lejos de nosotros—, ayudaremos a empacar sus cosas
y nos iremos.
—Yo iré —ofreció Wade.
Hayden cambió su peso y suspiró.
—Tendría más sentido que fuera Orissa —admitió, encogiéndose
como si el pensamiento de mí yendo por mi cuenta fuera doloroso—. Ha
estado aquí antes; si necesita correr por cualquier cosa, será capaz de
encontrar su camino de regreso.
Sacó el walkie-talkie de su cinturón y me lo extendió reacio. Tomé la
M16 de alrededor de mi hombro y se la di a Hayden.
—Puedo correr más rápido sin ella —le recordé antes de que tuviera
oportunidad de objetar. Haré un disparo de advertencia si veo una horda.
Estaré bien y seré rápida.
—Eso espero-quiero decir… lo sé —me dijo Hayden—. Ten cuidado
Riss.
—Tú ten cuidado también. Todavía no confío en esta gente. —Vi a
los ojos avellana de Hayden—. Cuida tu espalda.
—Estaré bien —prometió.
Asentí. Antes de girarme para irme, escaneé el área del campamento
una vez más. Cuando encontré lo que estaba buscando, rápidamente partí,
trotando hacia una casa de lavado. No estaba funcionando por supuesto, y
no esperaba que lo hiciera. Frente a las casas de lavado o baños, los
campamentos usualmente tenían un mapa puesto con la señal de ‘usted
está aquí’.
Presioné para abrir la pequeña caja de correo bajo el largo mapa
laminado y recuperé el mapa apenas dañado por el agua. Tracé la ruta de
regreso por el camino con mi dedo y luego seguí mi ruta hacia el
292
campamento.
—¿Qué tan lejos pasado ese gran árbol tuviste que ir para tener
servicio? —le pregunté a Hayden, sosteniendo el walkie-talkie.
Página

—Como un cuarto de milla —respondió. Asentí tratando de


visualizar como se vería ese cuarto de milla en una prueba ventosa.
—Está bien. Seré rápida. Si los chicos no pueden encontrar donde
están, volveré, te diré y les llevaré el mapa.
—No tienes que volver para irte de nuevo —dijo Hayden—. Está más
caliente que el infierno. Si no pueden resolverlos solo vete y regresa rápido.
Asentí, doblé el mapa para llevarlo pegado a mi bolsillo trasero, y
partí de vuelta al trial. Me rendí de trotar después de solo unos cientos de
yardas o algo así. Dejé salir un profundo respiro, maldiciendo los cientos
que había dejado atrás. Quería quitarme mi camiseta manga larga, pero
como los insectos eran tan malos y quitármela significaba sacar las armas
también; era algo que no estaba dispuesta a hacer.
Paré y escuché en busca de zombies. Cuando escuché nada más que
el normal sonido del bosque, comencé a correr de nuevo. Apenas había
pasado el gran árbol cuando vi una mancha de amarillo gastado. Aminoré,
incapaz de recuperar mi aliento rápidamente en este aire húmedo y sacar
una flecha de la aljaba. La puse de vuelta al arco y esperé a que el zombie
se arrastrara cerca.
Apenas de pie, sus pies eran nada más que restos de piel muerta y
hueso. Su alguna vez largo vestido amarillo estaba sucio, cubierto en lodo,
sangre, fluidos corporales dañados y Dios sabe que más. Deje ir la flecha.
Se acunó sola muy bien en su calavera y la clavó a un árbol. Sin querer
gastar más tiempo sacando la flecha de la corteza del viejo árbol, seguí
moviéndome.
—¿Hola? —dije por el walkie-talkie. Cuando no obtuve respuesta,
corrí unas pocas yardas más—. ¿Hola? —repetí. De nuevo, nada. Esta vez,
derrapé y terminé corriendo más de lo que necesitaba—. ¿Hola? —dije por
una tercera vez, ahogándome.
—¿Penwell? —habló la voz calmada y nivelada de Ivan.
—¿Quién más podría ser? —respondí.
—Cierto. ¿Qué está pasando?
—Encontramos a las personas. Tienen un campamento. Tengo un
mapa, les daré las direcciones —dije en breve.
Miré alrededor una vez más y caí en mi trasero mientras esperaba a
que Ivan fuera por su propio mapa. Repasé como encontrar el
campamento dos veces para estar segura de que Ivan entendía, ya que
perderíamos comunicación una vez que él empezara a conducir. Me paré, y
293

usando el mapa como ventilador, empecé a caminar de vuelta al


campamento. Una vez que alcancé el gran árbol, decidí correr a pesar del
calor y llegué al maldito campamento en cuanto pude.
Página

Estaba bañada en sudor para cuando regresé. Hayden y Wade


estaban sentados en la mesa de picnic hablando con Zane y Colin y el
anciano que creí llamaban Amos. Hayden sonrió y se levantó cuando
llegué a la vista.
—Eso fue rápido —declaró Colin.
—No tuve que ir lejos —jadeé. Me quité las armas, me hundí junto a
Hayden en la banca y tomé una botella de agua de mi maleta—. Vienen en
camino —le dije a Hayden y Wade—. No deberían tardar mucho. —Una vez
que recuperé el aliento y bebí la mitad de la botella de agua, me puse de
pie y desabotoné mi camisa. Se pegó a mi sudada piel mientras la quitaba.
Me senté de vuelta y suspiré, velando los alrededores.
Colin dirigió su atención a los chicos.
—¿Y han estado ahí por mucho tiempo? —preguntó.
—Yo he estado desde mediados de Diciembre —dijo Wade y miró a
Hayden—. Tú has estado por un poco más de tiempo.
Hayden asintió.
—Sí. Creo que llegué al recinto unas pocas semanas antes de que tú
nos encontraras —le dijo a Wade.
—¿El recinto? —Cuestionó Zane.
Hayden asintió de nuevo.
—Fui llevado a Parris Island; otro sargento y yo estuvimos de
acuerdo para encontrarnos ahí cuando la mierda golpeó. Nos topamos con
algunos pocos sobrevivientes en el camino y los llevamos con nosotros,
intentando armar un campamento en Carolina del Sur. Decidimos
empezar a buscar civiles. Fue pura suerte que encontráramos al Coronel
Fuller.
—Él sabía sobre el refugio antibombas. Fue construido hace más de
cincuenta años, pero ha sido actualizado y supervisado. Tomamos a la
gente que teníamos allí, armamos lo que podíamos y empezamos a hacer
salidas por suministros, armas y municiones, y cualquiera vivo.
—¿A cuántos han salvado? —preguntó Amos, su voz
sorprendentemente fuerte y profunda para alguien de su edad.
—Probablemente cerca de trescientos cincuenta —respondió Wade
luego de un momento de consideración—. Encontramos gente como locos
al principio. Ha estado aminorando hasta ahora. Este es el grupo más
grande con el que nos hemos encontrado.
—Podemos agradecerle a Amos por eso —dijo Colin con un
asentimiento de cabeza en dirección al anciano—. Ha sido el cerebro de
294

esta operación.
—No pude haberlo hecho por mí mismo —dijo Amos
Página

humildemente—. Buddy ha sido de tan gran ayuda como yo. Hablando


de… ¿dónde está el bastardo? ¡Buddy! —llamó. El hombre de cabello
blanco quemó su brazo junto al fuego. Salió de la RV. Estar cansado, sucio
y herido obviamente lo había envejecido. Cuando se sentó en la mesa con
nosotros, presumí que no tendría más de cuarenta y cinco.
—¿Qué estás chillando? —preguntó Buddy con un guiño.
—¡Sienta tu trasero aquí y escucha a estos chicos! —dijo Amos
bruscamente.
—Me encantaría —dijo Buddy—. Pero estoy fuera de lugar aquí —
dijo con una sonrisa—. Iba a dejarle la planeación maestra a los chicos
militares… y chica.
—¿Qué militares? —soltó Amos—. Somos todo lo que queda.
—Así que —dijo Buddy radiante—. ¿Cuál es el plan?
—Comer e irnos —dijo Hayden simplemente—. Queremos salir de
aquí lo más pronto posible. Es imposible asegurar el perímetro con todos
los árboles. ¿Qué tipo de armas tienen?
—Me temo que no tenemos mucho —nos informó Buddy con una
sacudida de su cabeza—. Y estamos bajos de municiones.
—Podemos ayudar con eso —insistió Hayden.
Vi el arma en las manos de Zane, preguntándome dónde había
adquirido el AK47.
—Más que nada tenemos cartuchos de NATO 5.56; preferimos
nuestras M16. Sé que hay unas pocas 7.62 en nuestras provisiones; será
suficiente para llevarnos a casa.
—Gracias —dijo Zane, viéndose un poco asombrado—. ¿Tienen
artillería pesada de vuelta en el refugio?
—Si —respondió Wade—. No desperdiciamos municiones, pero me
siento confiado de decir que no se nos agotará pronto. Y hasta tenemos
balas a presión pólvora, aunque dudo altamente que la necesitemos.
Una mujer usando una larga falda floreada impresa, emergió de una
tienda llevando un balde con algo. Curiosa, la vi caminar hacia el fuego,
bajar el balde y empezar a sacudir las manos a las llamas.
Le habló suave y rápidamente al fuego. Luego tomó una mano llena
de algo del balde y las tiró a los ardientes leños, causando que el fuego
crepitara y brillara verde por una fracción de segundo. Levantó las manos
al cielo y dio vueltas antes de recoger el balde. Caminando en círculos por
el campamento, esparció cristales blancos en el suelo.
—¿Qué está haciendo? —pregunté, interrumpiendo a Hayden y a
Wade hablando de aspectos militares del recinto.
295

—Oh, esa es Mila —dijo Zane en un susurro de voz—. Está loca.


—No —señaló Buddy con cuidado—. Solo tiene una diferente
Página

perspectiva del mundo que nosotros.


—¿Y su perspectiva es…? —Inquirí.
Zane se inclinó sobre la mesa.
—No cree que los zombies sean humanos infectados, muertos. Cree
que están poseídos por espíritus malignos.
—¿Estás bromeando? —pregunté, retrocediendo en incredulidad.
Amos rió, echando su cabeza hacia atrás mientras lo hacía.
—Así que hace esto cada noche —dijo Amos entre dientes—. Ella es
nuestro entretenimiento.
—Se bueno —reprendió Buddy—. Mila es especial, te daré eso, pero
es parte vital de este grupo.
—Oh si —dijo Amos sarcásticamente—. Sin esos hechizos de
protección que realiza cada noche, estaríamos todos muertos. —Rodó sus
ojos y me guiñó. Rió de nuevo, sacudió su cabeza ante la mirada
desaprobadora de Buddy y aclaró su garganta—. Así que —empezó— ¿Qué
y dónde sirvieron todos?
—Marines y mayormente Afganistán —respondió Hayden primero—.
He estado en bastante del Medio Oriente durante mis dos tours.
—También Marines; tuve tres años en Iraq antes de conseguir la
retirada —dijo Wade rápidamente—. ¿Qué hay sobre usted?
—Pasé mi juventud en Vietnam —suspiró Amos—. Fuerza Aérea.
Mi corazón se saltó un latido. Mi abuelo también había servido en
Vietnam en la Fuerza Aérea. Su imagen parpadeó en mi cabeza y sentí una
jalada en mi corazón. Quise tan desesperadamente volver en el tiempo,
encontrar a mi tía Jenny, agarrar a Raeya, y llevarlas a Kentucky donde
podríamos haber esperado al brote.
Alcancé para apretar las etiquetas de Hayden. Si hubiera hecho eso,
¿habría conocido a Hayden?
—¿Y tú? —preguntó Amos, sacándome de mí ensueño.
Sacudí mi cabeza.
—No soy militar —le dije. Sus ojos se movieron a las etiquetas con
las que estaba jugando. Las dejé caer de mi mano y cayeron a mi pecho.
Puse mi mano en la de Hayden y sonreí ligeramente—. Son suyas.
Amos le guiñó a Hayden.
—¿Te conseguiste una chica?
Hayden me codeó suavemente.
296

—Ella está bien —bromeó.


Colin sacudió su cabeza.
Página

—Disculpa por ofenderte pero, ¿por qué estás aquí afuera entonces?
—me preguntó.
Antes de que pudiera abrir mi boca para contestarle, la voz de Brock
vino desde el walkie-talkie. Me levanté y caminé unos pocos pies lejos para
responderle. Obviamente, los chicos estaban cerca, lo que hizo a los demás
emocionarse ante la idea de comida. Un silencio impaciente cayó sobre el
grupo mientras observaba la senda.
Unos minutos después el Range Rover y el camión salieron a la vista.
Dejé mi arma en la parte de atrás del camión, agarré una manzana y una
botella de agua y me di la vuelta al otro lado de la RV para mantener un
ojo mientras los otros comían. Removí el arco y aljaba de mi hombro,
rascando los puntos de dolor que dejaban en mi piel.
Luego de hacer un escaneo tras el bosque alrededor, me senté a la
sombra del camper. Rodé mi cuello hacia un lado tratando de no pensar
en cómo de dolorido estaba mi cuerpo. Golpeé un mosquito de mi
antebrazo antes de morder mi manzana. No había mucha charla entre los
civiles, ya que estaban comiendo una comida completa por primera vez en
días, o semanas tal vez. De vez en cuando, Amos reía y el sonido llevaba
un aire espeso.
Era estúpido y lo sabía. Había conocido a Amos como hace dos
segundos y ya me agradaba. Quería asegurarme de que tenía suficiente
comida y bebida y que iba a estar cómodo de regreso al recinto. Me
recordaba a mi abuelo.
Pero no lo era.
Raramente dejaba mi mente vagar. Había pensamientos en mi
cabeza que no eran los más agradables. Pero mientras miraba de árbol en
árbol buscando por muertos vivientes, no podía evitarlo. Rezaba porque
estuviera vivo. Mi abuelo era la persona más ingeniosa que conocía.
Me enseñó todo; si pude lograrlo, él también.
Un pequeño hoyo negro quemó en mi corazón, recordándome que él
era viejo y sufriendo principios de demencia. Su artritis dolía cuando llovía
y olvidaba tomar su medicina para la presión sanguínea incluso antes de
los zombis.
Me sentí terriblemente culpable por no mudarme de regreso a
Kentucky después de dejar la escuela. No planeé quedarme por fuera
siempre, solo lo suficiente para encontrar un trabajo y poner algo de
dinero en los ahorros. Esa fue mi lógica para quedarme en Indiana, cerca
de la universidad Purdue.
Mientras que a ninguno de nosotros nos gustaban las largas
297
conversaciones telefónicas, consistentemente llamaba por lo menos una
vez a la semana para dejarle saber que estaba bien. A mi abuelo no le
gustaba que la tía Jenny viviera sola en una gran ciudad. Me dijo que la
Página

mantuviera a salvo debido a que sabía que podría hacerlo.


Y fallé.
Si la tía Jenny hubiera sido inteligente, se hubiera ido y no se
hubiera molestado en buscarme. Pero antes que inteligente ella era
compasiva. Yo era su favorita —también su única— sobrina, y sabía que
nunca se hubiera ido sin intentar buscarme.
Nunca admitiría a alguien, y me daba vergüenza admitírmelo a mí
misma, pero secretamente deseé que tía Jenny dejara la ciudad, manejara
a casa a Kentucky, encontrara a mi abuelo, y se fuera a salvo. Si no lo
hicieron… bueno, entonces deseaba que estuvieran muertos y murieran
instantáneamente para que así no tuvieran que pasar un minuto en este
horrible mundo muerto. Quería creer en un mejor lugar para que ellos
estuvieran en él pero solo no podía. Si estaban muertos, por lo menos
habría terminado para ellos.
—¿Riss? —dijo Hayden suavemente.
Volví mi atención apresuradamente a mi izquierda. Mierda. No lo
había escuchado acercarse. Sacudí mi cabeza; ahora no era el momento
para desconectarse en estúpidas, ilusiones.
—¿Sí?
—Ve y consigue algo para comer; yo vigilaré.
Levanté la manzana de la cual solo había tomado dos mordidas.
—No estoy así de hambrienta. Hace demasiado calor.
Hayden asintió pero no me cuestionó.
—¿Ves algo? —preguntó, moviéndose hacia los árboles.
—Nada no muerto. —Sonreí sin emoción hacia Hayden antes de
girar mis ojos hacia el bosque.
—Está bien —dijo y se sentó junto a mí, haciéndome compañía
mientras me forzaba a comerme la manzana y luego lanzaba el corazón
hacia la maleza—. Has estado callada —observó Hayden.
Sonreí y me encogí de hombros, mirando rápidamente a los ojos
avellana de Hayden. Mi abuelo nunca había aprobado o le había gustado
ninguno con los que yo había salido, sin embargo, incluso admitiría que
nunca salí con alguien con potencial de larga duración. Hayden, sabía de
seguro, obtendría el sello de aprobación. Pero eso nunca pasaría.
—Estoy cansada —dije. No era una mentira dado que realmente
estaba cansada. Pero ahora no era el momento de agobiar a Hayden con
mis problemas.
—Yo también —concordó. Apretó un mosquito entre sus dedos—.
298

Maldición —juró e instantáneamente comenzó a rascarse en la picadura


del insecto en su cuello.
Página

—Aquí —dije y extendí mi mano—. Rascarse parece hacer que


empeore. Esto es lo que hago. —Presioné dos veces mis uñas en la
pequeña roncha, haciendo una “X”—. Como que duele un poco al principio
pero luego se siente mejor… por un rato.
—Gracias —dijo y dejó caer su mano sobre mi pierna.
—De nada —dije y descansé mi cabeza contra la casa rodante. Cerré
mis ojos solo para abrirlos en menos de dos segundos para aplastar otro
chupador de sangre volador—. Hijo de perra me picó a través de mis
vaqueros —balbuceé.
—Tal vez hay aerosol para insectos en una de las casas rodantes —
sugirió Hayden—. Puede que esos tipos ya lo hayan encontrado. ¿Quieres
venir conmigo y revisar?
—Nah —dije, sintiéndome repentinamente agotada de energía—.
Seguiré vigilando. Ve tú.
Hayden frunció el ceño, me miró atentamente por unos pocos
segundos, y se levantó. Metí mi mano debajo de mi camisa para limpiar el
sudor que estaba rodando hacia abajo por mi escote. La imagen de mi
madre destelló a través de mi mente y sentí mi corazón partirse. Deseé
desesperadamente que pudiera volver en el tiempo y gritarme a mí misma.
Estaba molesta con mi madre, pero todavía la amaba. Siempre creí que
tendría tiempo para hacer las cosas mejor; ahora nunca las haría.
—Obtuve algo —me dijo Hayden mientras se acercaba. Sostuvo la
botella verde de aerosol para insectos en el aire—. ¿Quieres que te eche?
—Sí.
Se rió entre dientes.
—Tienes que levantarte.
—Oh, claro. —Me empujé de pie y extendí mis brazos—. ¿Ya todos
terminaron de comer?
—Casi. Están tratando de comer lentamente debido a que ha pasado
mucho tiempo desde que tuvieron una verdadera comida. Bueno, si
puedes llamar a lo que tenemos que comer “verdadera”.
Asentí y lancé mis ojos hacia el suelo, mirando un parche de tréboles
en el que había estado sentada.
—¿Estás bien, Orissa? —preguntó Hayden suavemente y tomó mi
mano.
—Por supuesto. Dije que estoy cansada.
—Cierto —dijo con un asentimiento—. ¿Acerca de qué estás
pensando?
299

—Estaba pensando en que ustedes chicos suenan tan profesionales


cuando se presentan —dije, viniendo con eso tan de repente—. Creo que
Página

necesito un título frente a mi nombre.


—¿Agente especial Penwell? —Bromeó. Sacudí mi cabeza y casi reí,
recordando la mentira de Jason acerca de mí estando en la CIA.
—Estaba pensando más en las líneas de Reina y princesa.
Hayden levantó una ceja.
—¿Duquesa? —Intenté.
Se rió.
—Seguro.
Suspiré y se volvió tranquilo.
—Vamos a caminar. —Se movió hacia un camino—. Y a buscar
zombis.
—Está bien —acordé.
Fuimos de regreso al campamento para informarles a los demás a
dónde estábamos yendo. Hayden intercambió todas menos una de sus
armas por cuchillos. Debido a que no queríamos arriesgarnos a que el
arma siendo disparada hiciera eco en el bosque al menos que fuera
absolutamente necesario, saqué mi arma fuera de mi tobillo y la guardé
con llave en la camioneta.
No estaba familiarizada con este campamento en particular.
Deambulamos lentamente por el camino, los insectos volviéndose peores
conforme nos acercábamos al lago. A pesar del calor me sentía fría por
dentro. Odiaba esto. Antes del brote, si me sentía así llamaría a Raeya, me
encerraría en mi habitación, y esperaría por ella para que sacara algo de
sentido en mí. Siempre tenía una manera de hacer parecer las cosas
mejor. O, usaría mis pobres habilidades de confrontación y saldría,
encontraría un chico para que me comprara un trago y me hiciera sentir
mejor acerca de mí misma… por el momento.
Sacudí mi cabeza; ¿En qué demonios había estado pensando? Mi
vida era un desastre serio. Solo pensar sobre ello hacía que mi estómago
fuera un nudo. Yo ya no era esa chica, ¿lo era?
Hayden y yo caminamos uno junto al otro sobre un sucio camino
que terminaba en la orilla del lago. El aire era más denso aquí que de
regreso en el campamento. Miré alrededor, esperando encontrar a un
zombi así podría golpear mis sentimientos fuera en él. Caminamos a lo
largo del lago hasta que llegamos a un muelle. Pensando que nos daría
una mejor vista de los alrededores del lago, Hayden se dirigió camino
abajo.
Gastamos varios minutos examinando nuestros alrededores. Cerré
mis ojos y escuché por cualquier cosa que craqueara en la maleza. Tomé
300

mi arco y carcaj y cuidadosamente los puse abajo en el muelle. Metí mi


mano en el agua, sintiendo instantáneamente alivio. Deseé poder saltar
dentro.
Página

Hayden se sentó y dio unas palmaditas, señalándome que tomara


asiento a su lado.
—¿Quieres realmente decirme que está pasando? —preguntó una
vez que me senté.
—Solo pensando —dije simplemente.
—¿Sobre qué estás pensando? —Me preguntó de nuevo, sin embargo
esta vez estaba serio.
—Cosas en las que no debería estar pensando. Cosas que me hacen
molestarme.
—Cuéntame acerca de ellas —animó gentilmente.
Sacudí mi cabeza y recogí una astilla de la vieja madera.
—Nah. Está bien. Lo superaré.
—Riss —casi regañó Hayden—. Primero que todo, estás realmente
distraída con lo que sea que esté pasando dentro de tu cabeza. Podrías
salir herida de ese modo. Segundo, y más importante, no quiero que estés
molesta. —Se inclinó hacia atrás sobre sus brazos y giró su cabeza hacia
mí.
Cuando nuestros ojos se encontraron, algo creció dentro de mí.
Tomé una profunda respiración y me tumbé en la madera caliente.
—Estaba pensando sobre mi tía y cómo decepcioné a mi abuelo por
no cuidar de ella. Y me siento horrible por no ir donde mi abuelo. Debí
haber encontrado una manera de salir del hospital y salvarlos a los dos.
No puedo dejar de pensar acerca de lo mucho en que fallé. Y eso duele
demasiado. Debí haber hecho algo. Pero no lo hice.
También se tumbó.
—No hay nada que pueda decir que te quitará el dolor. Salvaste a
Raeya.
—Debí haberlos recatados a todos. ¿Y entonces sigo pensando por
qué yo? ¿Por qué estoy viva cuando ellos están muertos?
—No sabes si están muertos.
—Sé realista, Hayden.
—Está bien, no tenemos ni idea de lo que ocurrió. Pero no duele
soñar.
—¡Sí! Sí, que duele. Rompe mi corazón —me exasperé—. Es todo
sobre lo que puedo pensar.
301

Hayden se empujó hacia arriba y me miró a los ojos.


—Tienes dos opciones: Puedes enfocarte en las cosas que rompen tu
Página

corazón, o puedes enfocarte en las cosas que lo mantienen junto. No


importa qué, depende de ti.
Me levanté y puse mi mano sobre el hombro de Hayden, corriendo
mis dedos sobre el lugar donde la bala golpeó.
—Tienes razón. Puede que los haya perdido, pero te obtuve a ti.
Se puso de pie y extendió una mano para levantarme.
—Sé que esto apesta, Riss. Lo hace para todos nosotros. Perder a
alguien no es fácil. Dicen que el tiempo cura todo pero creo que lo único
que hace es llenar la herida con tejido cicatrizal; nunca sanará pero no
será el enorme hueco doloroso que una vez fue.
Su agarre en mi mano se apretó mientras continuó con su discurso.
—Tal vez no tenemos mucho por lo que estar agradecidos. Pero no
solo nos tenemos el uno al otro si no al resto de nuestros amigos de
regreso en casa. Y el complejo está lejos de ser perfecto pero es seguro.
Tenemos comida fresca, tanques llenos de gas, y ahora tenemos cerca de
una docena de personas para llevar de regreso. Hace mucho tiempo
prometí hacerte feliz. Intento mantener esa promesa.
—Gracias —dije tímidamente. Hayden tomó el arma de la banda de
su cintura y la puso en el suelo.
—¿Tu otro par de botas se secaron? —preguntó repentinamente.
—Sí, ¿Por qué?
—Solo curiosidad —respondió casualmente. Dio un paso lejos del
agua antes de saltar hacia mí, sus brazos envolviéndome mientras me
levantaba y me ponía sobre su hombro. No tuve tiempo para protestar
antes de que el saltara en el agua.
—¡Hayden James Underwood! —Regañé tan pronto como mi cabeza
salió fuera del agua.
—Me caí —dijo inocentemente y me salpicó.
Pataleando en el agua, me reí y lo salpiqué de regreso.
—No me digas que esto no se siente bien —dijo y nadó sobre su
espalda.
—Lo hace —acordé y me dejé hundir bajo el agua. Nadé hacia
Hayden—. Gracias —le dije.
—Puedes agradecérmelo después —bromeó con una media sonrisa.
Tomó agarre de mis manos y me jaló a través del agua hasta que nuestros
cuerpos se tocaron—. Te amo —me recordó.
—Y yo te amo —le dije. Un largo y profundo beso apasionado
302
hubiera sido ideal en ese momento pero liarse mientras te mantenías a
flote no era tan fácil como Hollywood lo hacía ver.
De mala gana, salimos del agua, hicimos otra barrida en el bosque
Página

por zombis y caminamos en botas húmedas de regreso al campamento.


Ivan estaba de pie en medio del semicírculo sosteniendo una
ametralladora. Levantó una ceja hacia nosotros.
—¿Cayeron dentro? —preguntó con una sonrisa de suficiencia.
—Teníamos que asegurarnos que no hubiera ningún zombi en el
agua —dijo Hayden tan seriamente que era obvio que estaba bromeando.
Miró a los civiles—. ¿Todos listos?
—Casi —respondió Ivan—. Preguntaron que si podían descansar por
un rato antes de salir. Dije que estaba bien debido a que tenemos un largo
viaje.
Hayden asintió.
—Solo un par de horas como máximo. No me siento seguro aquí.
—Bueno —dije sarcásticamente, mirando el círculo de sal—. Todos
sabemos que los zombis son alérgicos a la sal; estamos tan seguros.
Ivan rió.
—¿Encontraron algo allá afuera?
—No —respondió Hayden—. Estaba tranquilo. Pero estos bosques
son espesos; es difícil ver lejos.
—Sí —acordó Ivan—. Seguiré vigilando —ofreció así Hayden y yo
podríamos cambiarnos a ropa seca. Una vez que me cambié, me senté
cerca del fuego esperando a que el humo mantuviera los insectos lejos y
peiné mi enredado cabello. Una joven mujer con dorado, cabello hasta los
hombros se me unió.
—Hola —dijo tímidamente.
—Hola —respondí y tiré la peinilla a través de un nudo—. Soy
Orissa.
—Soy Lynn.
—Ese es mi segundo nombre —le dije aunque dudaba que ella diera
un trasero de rata por cual era mi segundo nombre.
—¿Cómo es el lugar al que vamos? —preguntó.
—No está mal, lo prometo —le dije, recordando mis dudas sobre el
complejo la primera vez que supe de él—. Está bajo tierra así que es
seguro. Luce como una especie de escuela de alguna manera. Luces
brillantes, paredes blancas, una gran cafetería, y dormitorios estilo
viviendas. Cuando nos fuimos estaban construyendo un lugar seguro para
que las personas pudieran pasar tiempo fuera, así que no te preocupes por
la claustrofobia.
303
—Bien. ¿Y es realmente seguro? La última cuarentena en la que
estuvimos fue tomada por zombis.
—Sí. Nadie puede ir abajo sin saber los códigos de paso y escaneo de
Página

manos. Hay múltiples puertas de acero que fueron hechas para resistir
una bomba. Apuesto mi vida a que los zombis no llegan al refugio.
—¿Tienen energía?
—¿Energía, oh, como electricidad? Sí. El complejo funciona con
energía solar y eólica. Tenemos unos cuantos de esos aterradores molinos
gigantes por nuestra granja cerca del refugio.
—¿La granja es segura? —Se dobló hacia mí y miró atenta y
esperanzadoramente hacia mí con ojos cafés.
—No —dije debido a que no quería mentir—. Creo que los establos lo
son. Pero los campos no. Hay vallas, pero no creo que detendrían a una
horda. Hay zanjas cavadas a lo largo de los pastos del ganado las cuales
funcionan como fosas. Pero aun así no es a prueba de tontos.
—¿Horda? —preguntó.
—Un grupo grande de zombis. Se mueven como hordas.
—Oh. —Empujó su cabello sucio fuera de su cara—. Nosotros les
llamamos manadas. Como las manadas de lobos que rodean a su presa.
—Esa es una buena manera de ponerlo. —Le sonreí y puse la
peinilla abajo para sí poder trenzar mi cabello.
—¿Es tu novio? —preguntó, mirando hacia Hayden, quien estaba
hablando con Zane y Amos.
—Sí.
Lo miró antes de girarse de regreso a mí.
—¿Han estado juntos por mucho?
—No realmente —dije inmediatamente y mentalmente traté de hacer
la cuenta de hace cuantos meses conocía a Hayden. Debido a que el
tiempo era tan irrelevante durante un apocalipsis no me molesté en seguir
el rastro de qué mes era. Creo que conocí a Hayden a finales de diciembre
y por no hablar de que realmente no estaba segura en qué día del mes
estábamos ahora—. Cuatro o cinco meses, más o menos —le dije.
—¿Así que se conocieron durante todo esto? —preguntó,
repentinamente interesada.
—Sí.
—¿Te salvó? Porque si lo hizo, eso sería tan romántico y justo como
algo de alguna película.
Sabía que mis ojos se pusieron salvajes y le di mi mejor cara de qué
mierda.
304

—Sí, una película que comienza con la muerte de nuestras familias y


amigos mientras el reparto lentamente muere de hambre.
Página

Lynn tragó duro.


—Lo siento.
Sacudí mi cabeza y aparté mis ojos.
—Está bien. —Sin querer hablar de relaciones con nadie, mucho
menos una extraña, me levanté para alistar a los otros a estar listos para
irnos. No tomó mucho tiempo tener el resto de sus cosas dentro de los
carros. El Impala que divisamos más temprano también pertenecía a ellos.
Tres habían establecido salir más temprano ese día en busca de comida
pero cuando el motor se sobrecalentó y empezó a echar humo, estuvieron
forzados a frenar y regresar a su campamento.
Los seis de nosotros del campamento deambulábamos alrededor con
armas en nuestras manos, listos para cualquier cosa, mientras los civiles
descansaban. Recuperé uno de los rifles de caza del camión y fui unos
cuantos campings más allá, me posicioné en la sombra de otra caravana.
Levanté el arma y miré a través de la mirilla, tratando de localizar
cualquier fuente de movimiento.
—No se supone que las chicas sepan cómo utilizar armas —vino una
voz de detrás de mí. Me giré para ver una de las chicas jóvenes mirándome
curiosamente. Era Addison, la mayor, o por lo menos la más alta,
hermana.
—¿Por qué crees eso? —pregunté.
Pateó un grupo de cardos en la superficie de la hierba.
—Eso fue lo que mi papá me dijo. Las chicas crecen para ser
señoritas. Las señoritas no disparan a cosas.
Golpeé el seguro en el arma.
—¿Las señoritas no quieren vivir?
—Claro que lo hacen.
—Entonces mejor aprenden a defenderse por sí mismas, ¿Cierto?
—Sí —dijo tímidamente—. No tengo permitido usar un arma.
—Tal vez cuando seas mayor —sugerí, pensando que la charla de su
padre sobre señoritas era la única manera para evitar que su hija tratara
de usar un arma y se hiriera a sí misma—. Deberías regresar al
campamento —le dije—. Antes de que tu papá se preocupe.
—No estoy lejos —objetó—. Y él está vigilando a Quinn; no notará
que me he ido.
Miré a través de la mirilla otra vez, preguntándome cómo demonios
eran capaces de mantener a un bebé vivo. Algo se movió a través de los
305

árboles. Era rápido, muy rápido para ser un zombi.


Maldición; era un loco.
Página

—Ve de regreso al campamento, ahora —le susurré a Addison—. Di


a los chicos con los que vine que fui a revisar algo.
Golpeada con un repentino miedo, asintió y tuvo que sacudirse
antes de poderse girar y correr. Cambié el rifle por una flecha, los
músculos tensos y los sentidos en máxima alerta. Un mar de verde y café
descansaba ante mí como un laberinto, escondiendo a mi violento
enemigo.
Su aliento salió en un duro silbido mientras su cuerpo hizo un ruido
sordo en el suelo. A regañadientes apartando mis ojos del bosque, me giré
para ver a Addison empujándose hacia arriba. Su pie había sido atrapado
en un enredo de maleza y provocó que tropezara; y la caída provocó que
mordiera su labio. Su mano voló a él y lágrimas de dolor humedecieron
sus ojos.
—Mierda —juré bajo mi respiración cuando la luz del sol reflejó la
gota escarlata. Ubiqué el arco y la flecha abajo y me apresuré a su lado,
ayudándola a levantarse—. No te muevas —le dije y gentilmente la empujé
contra la casa rodante.
Asintió, haciendo lo mejor para no llorar por el dolor de su labio
sangriento. Me giré para agarrar el arco y la flecha cuando una roca me
golpeó en la cabeza. Retrocedí del dolor, tropezando sobre mis propios
pies. Caí duro sobre mi trasero.
Ignoré el dolor de cabeza mortal. Mi puño se cerró alrededor de la
flecha y toqué alrededor de la alta hierba por mi arco. Una vez que lo tuve
en mi agarre salté y rápidamente tomé una posición. Sangré goteó en mi
ojo, haciéndome difícil enfocar. Tomé un paso atrás más cerca de Addison,
queriendo proteger a la chica de lo que sea que viniera a nosotras.
Ella gritó cuando el loco galopeó de los árboles. Él solo lo hizo unos
cuantos pies antes de que una flecha zumbara a través del aire y perforara
su garganta. Su cuerpo se retorció y la sangre burbujeó por su boca antes
de que cayera.
Inmediatamente saqué otra flecha y esperé, mis ojos como dardos
sobre el bosque. Un mosquito se posó sobre mi mejilla. No me atreví a
apartar las manos de mi arma. Sudor corrió hacia abajo por mi frente.
Lentamente liberé mi aliento y caminé hacia adelante. La aguja del
mosquito perforó mi piel. Una bandada de pájaros tomó vuelo
repentinamente. Mis músculos se tensaron y mi corazón se aceleró.
Pero nada salió de los bosques. Sin embargo no bajé el arco o la
flecha, utilicé mi hombro para alejar al insecto. En vez de espantarlo lejos,
solo lo aplasté contra mi piel. Tan tranquilamente como pude, me moví
unos pasos más en dirección de los árboles. ¿Por qué tenían las aves que
306

ser tan ruidosas?


No estaba segura si imaginé el sonido de hojas quebrándose bajo
pies. Sin querer dejar ninguna piedra sin mover, me aventuré más lejos de
Página

la casa rodante. Sostuve la flecha hacia atrás hasta que mi brazo se cansó.
Empujé la flecha de regreso en el carcaj y sacudí la tensión de mi brazo.
Dejé salir un profundo suspiro y dejé caer mi guardia solo para alzarla de
nuevo ante el sonido de correr.
En cuestión de segundos tuve otra flecha lista. Me giré para
enfrentar la fuente de las pisadas.
—Oh —dije en voz alta cuando Brock y Rider salieron a la vista.
—Escuchamos el grito —dijo Brock y se dio la vuelta para evaluar la
situación. Rider corrió hacia Addison, listo para cubrirla de ser necesario.
—Solo un loco —les dije—. Vino de los bosques. —Aparté la flecha,
colgué el arco sobre mi hombro y limpié la sangre y la mancha del
mosquito fuera de mi cara.
—¿Llegó hasta ti? —preguntó Brock, mirando la herida de mi
cabeza.
—Algo así —expliqué y caminé alrededor para buscar mi rifle en
medio de la alta hierba—. Me tiró una roca.
—¿Hizo qué? —preguntó Rider, el agarre en su M16 se apretó.
Asentí.
—Me tiró una roca, como si estuviera tratando de inhabilitarme.
Brock sacudió su cabeza.
—No me gusta cómo los locos se están volviendo más inteligentes.
Asentí.
—Sí. Es como si estuvieran evolucionando. —Recogí mi rifle y fui
hacia el loco para arrancar la flecha de su cuerpo muerto. Algo fibroso
quedó atrapado en la cabeza de la flecha mientras la jalaba; se presionó y
eventualmente se quebró, enviando pocas gotas de sangre a salpicar mi
brazo. Sacudí la sustancia pegajosa, limpié la flecha lo mejor que pude en
la hierba y la puse de regreso al carcaj.
—No me gusta esto aquí —observó Rider mientras miraba a través
de los árboles—. Hay muchos lugares para que se escondan. Si los
bosques no son lo suficientemente malos, tenemos todas estas casas
rodantes abandonadas por las cuales preocuparnos.
—Regresemos al campamento y vámonos —sugirió Brock—. Si todos
están cansados para manejar deberíamos por lo menos llegar a un claro
así no seremos pillados… de nuevo.
—Sí, vamos —acordé. Brock lideró el camino y Rider y yo íbamos
atrás con Addison seguramente atrapada entre nosotros. De regreso al
307
campamento todos estaban en el borde esperando nuestro regreso, todos
habiendo escuchado el grito.
Estaba ponderando la efectividad de gritar como un mecanismo de
Página

defensa cuando Hayden se apresuró hacia mí.


—Estás sangrando… de nuevo —dijo y gentilmente limpió una gota
de sangre de mi frente—. ¿Alguna vez te has preguntado cuanta sangre en
total hemos perdido? Ambos hemos sangrado casi hasta la muerte.
Sonreí y ubiqué el rifle abajo en la mesa de picnic.
—Tú has perdido más que yo.
—Eso solo fue una vez. Apuesto a que si la midiéramos toda, serías
la ganadora —se burló—. Siéntate, conseguiré el kit de primeros auxilios y
entonces puedes decirme que pasó.
Brock y Rider hablaban tranquilamente con Ivan, Wade, y Zane.
Podía ver por sus caras preocupadas de que todos aceptaron salir como el
infierno de aquí. Hayden trotó de regreso y dejó el kit de primeros auxilios
en la mesa. Le expliqué como el loco me tiró la piedra mientras él vertía
peróxido en un pedazo de gaza. Cerré mis ojos y traté de no hacer un gesto
de dolor mientras limpiaba la cortada.
—No está mal —me aseguró—. Y ahora tienes cicatrices que
concuerdan en ambos lados de tu cabeza —dijo con una sonrisa.
Levanté el brazo y toqué el brillante parche de piel que obtuve como
resultado por ser golpeada por un para brisas.
—Caray, gracias, justo lo que quería.
—Me gustan tus cicatrices —añadió rápidamente.
Lo miré fijamente para dejarle saber que sabía que estaba
mintiendo.
—Seguro que lo haces. —Tomé una profunda respiración y me puse
de pie—. Vamos. Quiero salir de aquí y estoy muriendo por ir a casa y
tomar un baño.
—Eso suena bien —dijo y cerró de golpe el kit de primeros auxilios—.
¿Lo estás haciendo bien?
—Estoy bien —prometí. Toqué el vendaje en mi cabeza, pensando
que el adhesivo no se pegaría debido a que estaba sudada—. Como dijiste,
no está mal.
—Eso no es lo que quise decir —dijo gentilmente.
—Sí—dije automáticamente—. En serio, lo estoy. Tuve mi momento
de debilidad pero estoy de vuelta a la normalidad ahora.
—No es debilidad, Riss —me recordó y extendió una mano para
ponerme sobre mis pies.
—Tienes razón. ¿Podemos hablar sobre ello cuando lleguemos a
308
casa? —Puse mi mano sobre su hombro, corriendo mis dedos sobre el
lugar donde la bala lo golpeó.
—Suena bien —dijo y sacó las llaves de su bolsillo.
Página

Nos aseguramos que los cuatro vehículos estuvieran al tope de


gasolina y despegamos con viento en popa las primeras cuatro horas. Un
tren descarrilado bloqueaba nuestro camino. Después de un descanso
para ir al baño, nos giramos para encontrar otro camino a casa. El grupo
había sido cargado en una suburban y un camión. Hayden, Ivan y yo
liderábamos el camino, los dos carros llenos de civiles seguían y Brock,
Wade, y Rider se movían en la parte de atrás.
Nos encontramos con una horda cuando cruzábamos la frontera de
Kentucky. Sí la cama del camión no estuviera llena de frutas y vegetales,
hubiéramos dejado caer una tormenta de balas sobre los lentos zombis
con la ametralladora de alta potencia. Ansiosa por llegar a casa, no estuve
en desacuerdo cuando Hayden decidió rodearlos a todos. Nos apresuramos
lejos, literalmente dejando a la horda en el polvo.
La luz del sol estaba desapareciendo; un atardecer rojo sangre
cubrió el cielo. Hayden pasó a través de las canciones en el iPod, Ivan
miraba fijamente el mapa, y yo saqué tierra y sangre de debajo de mis
uñas. Miré el reloj; solo unos pocos minutos habían pasado desde la
última vez que lo miré. Cerré mis ojos esperando poder caer dormida.
Totalmente despierta, los abrí solo un momento después.
—¿Sí eres un himenóptera, que estudias? —preguntó Ivan de
repente.
—¿Vírgenes? —Proveyó Hayden. Ivan sacudió su cabeza y me miró.
—No tengo idea —le dije.
—Abejas —respondió Ivan—. ¿Cuál era el nombre original de Elmer
Fudd?
—Egghead —respondió Hayden después de un minuto.
—Correcto —elogió Ivan.
—¿Qué presidente de Estados Unidos nunca se casó? —preguntó
Hayden. Sacudí mi cabeza; no tenía ni idea. Cuando Ivan no respondió
correctamente, Hayden nos informó que fue James Buchanan.
—¿Cómo es llamado un grupo de hurones? —pregunté a los chicos.
—¿Una manada? —Supuso Hayden.
—Nop. Un negocio —le dije. Continuamos preguntándonos entre
nosotros otras preguntas de cultura general por otros cuarenta y cinco
minutos.
Nos detuvimos una vez más antes de llegar a casa. Frenamos en un
campo vacío, parqueando los carros en un semicírculo para ofrecer una
pequeña barricada por si se necesitaba. Brock y yo nos apuramos a sacar
309

los platos de comida y las botellas de agua. Los quince nos recostamos
contra los carros mientras comíamos.
Página

—Se siente tan bien estar en algún lugar cálido —expresó Lynn con
un suspiro. Cogió la naranja en sus manos—. Estoy tan cansada de estar
con frío.
—¿Por qué se quedaron tan lejos en el norte? —preguntó Wade.
—A los zombis no les va bien en clima frío —respondió Buddy—. Fue
horrible, no mentiré. Pero pensé que valía la pena.
—Nosotros también notamos eso —le informó Hayden—. Quedamos
atrapados en una tormenta de nieve y a duras penas vimos cualquier
zombi. Los que vinieron a través de ella estaban casi congelados.
—Ni siquiera nos preocupamos por los zombis en las noches que
eran realmente frías —dijo Buddy—. Lo cual estaba bien debido a que
estábamos más preocupados con lo de congelarnos hasta la muerte.
Estaba asustado de que la luz y el calor de las fogatas pudieran atraerlos.
—¿Cómo evitaban congelarse? —preguntó Hayden.
—Si estábamos fuera, construíamos cuatro o cinco fogatas y nos
quedábamos entre ellas. Si estábamos dentro, nos apiñábamos dentro de
la habitación que tuviera una chimenea. Los pioneros lo hicieron; sabía
que nosotros podríamos —dijo con una sonrisa—. Sin embargo ellos no
tuvieron que preocuparse acerca de monstruos come carne.
Hayden Asintió.
—Así es cómo pienso acerca de ellos. Desgarraremos a través de
esto. Chicos, una vez que lleguen al compuesto verán como trabajamos
juntos. Todos somos sobrevivientes y haremos lo que sea necesario para
mantenerlo de ese modo.
—Esa es una buena actitud —acordó Amos. Abrió su boca para decir
algo pero Mayra lo interrumpió.
—Él vendrá por ellos pronto. Si creen que las cosas están mal ahora,
solo esperen. Por lo menos podemos repeler a los demonios mientras están
en forma corpórea —nos dijo en una temblorosa voz.
—¿Quién está viniendo? —preguntó Brock.
—El Jinete —respondió gravemente—. Los sellos ya han sido rotos.
Pasó hace varios años; los mayas tenían razón. Siempre supe que pasaría.
—Envolvió sus brazos alrededor de sí misma y se giró, dando varios pasos
lejos de nosotros antes de que empezara a balbucear algo en un lenguaje
diferente.
—Lástima que fuera más de una década —dijo Brock bajo su
aliento—. ¿Todos terminaron de comer?
Los chicos no lo habían hecho. Decidiendo que podrían terminar en
310
el carro, cargamos todo y partimos otra vez. Fuimos lo suficientemente
afortunados para evitar otra horda, caminos bloqueados y mal clima,
haciendo un tranquilo viaje a casa.
Página

Mi corazón creció con alivio y emoción cuando giró al camino de


grava para carros. La cara sonriente de Jason fue un espectáculo más que
bienvenido. Saludé y le sonreí de regreso y él insistió, bajó de la torre y
agarró una manzana.
Parqueamos los carros; Hayden e Ivan guiaron a los civiles al
granero, explicando el procedimiento de cuarentena. Me desprendí de las
armas, metí unas cuantas porciones de fruta dentro de mi bolso y fui
dentro. Era muy tarde para encontrar a Raeya o Padraic para decirles que
había regresado a salvo a casa.
Tranquilamente fui arriba a mi habitación, vertí mi ropa sucia
dentro de mi cesto y agarré pijamas para mí y para Hayden antes de
dirigirme a la habitación de cuarentena. Brock, Wade, y Rider ya estaban
allí, discutiendo quien tomaría la primera ducha. Finalmente, después de
varios juegos de piedra-papel-tijeras, el orden fue decidido.
No queriendo sentarme en el sofá en mi ropa sucia, me senté en la
pequeña cocina y esperé a Hayden. Alrededor de diez minutos después él e
Ivan llegaron a la habitación. Hayden me dijo que informaron rápidamente
a Fuller de la misión. Los once civiles fueron establecidos con comida,
agua y cobijas para la noche y estaban extremadamente agradecidos por
todo.
Cuando la puerta se abrió una segunda vez, levanté la mirada
esperando ver a Fuller. La vista de la doctora Cara —quien siempre lucía
como si acabara de rodar fuera de la cama— me sorprendió. Agarraba una
cesta plástica llena de viales. Se me ocurrió que después de la sorpresa de
que Jessica estuviera infectada, todos tendríamos que hacernos pruebas
de sangre para ingresar.
Después de que todos diéramos una muestra de sangre, nos
bañáramos, y comiéramos varias bolsas de palomitas de maíz para
microondas, nos acomodamos abajo para la noche por algo de sueño
necesario. Con las luces apagadas, Hayden y yo asumimos que sería difícil
vernos a los dos metiéndonos a la cama juntos.
—Se siente tan bien acostarse —dije con un suspiro soñoliento.
—Se sentirá incluso mejor en nuestra propia habitación —me dijo
Hayden—. Esta cama es tan pequeña.
—Lo es —acordé. Realmente me gustaba estar en el abrazo de
Hayden mientras terminaba la noche. Quedándonos allí y tratar de dormir
de ese modo solo no era cómodo. No teníamos muchas opciones en la
pequeña cama gemela. Besó mi cuello y corrió sus manos sobre mi cuerpo,
haciéndome desear que estuviéramos solos.
No me tomó mucho caer dormida. Soñé que Hayden, Raeya y yo
311

fuimos en un viaje de camping a un lugar que no tenía zombis. Eran un


promedio, común y corriente, sueño ilusorio, del tipo que te deja queriendo
más cuando te despiertas.
Página

El melancólico dolor de lo que pudo haber sido no tuvo tiempo de


instalarse en mi corazón. Alguien golpeó las luces encendidas,
despertándome. Puse la cobija sobre mi cabeza, muy cansada como para
renegar a quien fuera que encendió las malditas luces.
—Orissa —dijo Hayden. Su voz era seria y tensa. Mi cuerpo se puso
rígido en miedo. Mi primer pensamiento fue que no estaba realmente en la
habitación de cuarentena y que había soñado eso también. Parpadeando,
miré alrededor de la habitación.
Hayden estaba de pie junto a mí y estaba definitivamente en la
habitación de cuarentena. Todos los demás estaban despiertos. Brock
estaba mirando sus botas febrilmente. Me froté los ojos y me senté. Gabby
estaba de pie en la puerta, su cara estresada.
—¿Qué está pasando? —pregunté.
—Una horda. Una horda está en la valla —dijo ella rápidamente.
—Joder —juré y salté fuera de la cama.
Si la horda estaba en la valla no les tomaría mucho tiempo
empujarse a través de ella y descubrir nuestros graneros llenos de
animales… o el que estaba lleno de personas inocentes.

312
Página
Metí los pies en las botas, tirando apresuradamente de los cordones.
Una vez que las até me puse de pie y salí corriendo de la sala de
cuarentena. Ya que nuestras armas se limpian a nuestra llegada, corrimos
hacia la sala de armas en el nivel B para cargarlas. Todos los restos de A1,
A2 y A3 se movían en modo de pánico también, acabando de ser
despertados como nosotros.
Sabía que Jason estaba trabajando en la puerta esta noche. Mi
corazón dio un vuelco de miedo al pensar en algo malo pasándole. Metimos
armas de fuego y munición insegura en bolsas en un intento apresurado
de salir. En un impulso, agarré dos bengalas y las metí en la bolsa antes
de pasarla por encima de mi hombro. Era pesada, y los cañones se me
clavaban en la espalda.
Hayden, Rider y yo salimos corriendo de la sala de almacenamiento
de armas. El custodio en las puertas del recinto A3 la había dejado abierta
para nosotros. Corrimos pasándola y casi estábamos en la puerta principal
de la finca de ladrillo, cuando Hayden de repente derrapó hasta detenerse.
—Llaves —dijo. Dejó caer su carga de armas y salió corriendo. Rider
recogió el bolso y me indicó que continuara por la puerta. Ya que era inútil
esconderse de los zombies, todas las luces de seguridad estaban en sus
bombillas cegadoras de luz solar con resistencia artificial. Llegamos a la
camioneta en cuestión de segundos.
La comida y los suministros se habían limpiado. Puse mi bolsa en el
suelo y salté a la cama; Rider me entregó las bolsas pesadas una por una
antes de saltar también. Desaté la cubierta de la ametralladora mientras
Rider vació el contenido de las bolsas. Empujó la munición en mi
dirección. Rápidamente la puse en el cinturón y cubrí las otras alrededor
de mi hombro.
Teníamos todas las otras ametralladoras, rifles y pistolas cargadas
en el momento en que Hayden volvió. Hayden tomó dos armas cargadas y
se metió en el asiento del conductor. Encendió el motor y pisó el acelerador
313
sin darnos a Rider o a mí la oportunidad de prepararnos.
Sabía que había un problema antes de que incluso llegáramos a la
puerta. Dos A3 se agachaban en la parte superior de la torre, disparando a
Página

los pocos zombies que podían alcanzar. Luces de freno nos miraban como
ojos demoníacos. ¿Por qué nadie estaba atravesando la puerta?
—¡Orissa! —Gritó Jason desde la torre.
—¡Jason! —Llamé, poniéndome de pie—. ¿Qué está pasando ahí
fuera?
—¡No se puede abrir la puerta! ¡Hay demasiados ahí! ¡Van a entrar!
A pesar de los latidos de mi corazón podía oír el gemido.
—¿Cuántos? —le pregunté.
—No se puede decir —dijo—. ¡Una jodida multitud!
Rider se puso de pie.
—Tenemos que salir allí. ¡Tenemos que empezar a matar!
Mi mente corrió. Yo quería —no, necesitaba— hacer algo. Los zombis
se estrellaron contra la valla, el sonido del traqueteo de metal haciendo eco
ominosamente en la noche oscura. Si tan solo pudiéramos conseguir pasar
un coche, ellos podrían acabar con la multitud que rodeaba la puerta
mientras Rider, Hayden, y yo limpiábamos a algunos, sin duda, al pasar.
Miré las luces de freno hasta que mi visión se puso roja borrosa.
—¡Eso es! —dije en voz alta y me zambullí para recoger la antorcha.
Jason sería la mejor persona para lanzarlo ya que era el más alto. Miré a la
torre.
—¡Jason! —Grité.
—¿Sí?
—¡Toma esto! —le dije y levanté la bengala—. ¡Enciéndelo y lánzalo
lo más lejos que puedas! Los hijos de puta se sentirán atraídos por la luz.
Una vez que se muevan fuera del camino, abre la puerta y déjalos pasar,
—le dije y le indiqué la camioneta en frente de nosotros— Entonces
ciérrala; ¡nosotros nos encargaremos de cualquiera que pase!
La valla onduló y se sacudió de nuevo. El cable eléctrico crepitaba y
tambaleaba mientras golpeaba a los zombies. El olor a carne podrida
quemada llenaba el aire. Oxígeno entraba y salía de mis pulmones a un
ritmo rápido. Alcancé a ver la cara de Hayden en el espejo lateral; parecía
tan estresado y ansioso como yo me sentía.
—¡Voy a bajar y agarrarlo! —gritó Jason y su cara de niño
desapareció de la ventana sin cristal en la torre. Agarré la bengala y saltó
de la camioneta.
Jose, Noah y dos A2 se encontraban en la camioneta en frente de
314
nosotros. Les di una explicación resumida y después le entregué la
bengala a Jason. Hayden estaba hablando con alguien por walkie talkie.
Salté de nuevo a la cama del camión y cogí un rifle. Hayden retrocedió el
Página

camión, lo puso en el parque y se asomó por la ventana con una pistola.


No queriendo disparar accidentalmente a nadie con la ametralladora,
Rider sacó la pistola. Vimos la llamarada brillar a la vida y volar por el aire
en un arco perfecto. Se atenuó ligeramente cuando aterrizó en el suelo.
Contuve la respiración y esperé, rezando para que los zombies se dieran
cuenta. Consideré disparar a los zombies a través de la valla, pero decidí
no hacerlo por la realización de que no valía la pena correr el riesgo de
dañar la valla ya debilitada.
Era difícil ver por encima de la camioneta. Mis ojos estaban muy
abiertos y mi cuerpo se sentía como que estuviera en fuego vivo. Por
último, las puertas se abrieron. Jose pisó el acelerador y la SUV voló
pasando por la puerta, llegando a un zombi. Noah salió por el techo de la
misma, asumiendo una postura y disparó. Los A2 que no me sé los
nombres rodaron por las ventanas traseras y abrieron fuego también.
Sabiendo que podíamos perder con facilidad y golpear a los chicos
frente a nosotros, mantuve un ojo puesto en las luces traseras y el otro a
los zombies que pasaban junto a ellos. Apreté el gatillo, golpeando a un S2
en la cabeza. Los disparos resonaron alrededor de nosotros, haciendo eco
en la gran oscuridad. Mis oídos ya estaban sonando en el momento en que
la puerta se cerró.
Siete zombis habían conseguido pasar. En menos de treinta
segundos estuvieron muertos… otra vez. El SUV corrió por la calle en
dirección a la granja.
Hayden aceleró el motor de la camioneta y la puso delante, a punto
de estallar tan pronto como las bisagras de metal se abrieron. Rider y yo
nos sostuvimos a un lado de la cama cuando el camión se tambaleó hacia
delante.
Golpeamos a los rezagados que estaban en los terrenos del recinto.
No estaba segura de si les dimos a todos pero no me preocupaba; todavía
había guardias apostados en la entrada del recinto. Hayden sacudió el
volante a la izquierda, lejos de la granja. Rider y yo empezamos a
dispararle a los rezagados que golpeaban la valla.
Un walkie talkie que había conseguido se mantenía dentro de la
bolsa de las armas. Oí voces apagadas gritando y respondiendo. Haciendo
caso omiso de ellas, continué poniendo balas en la cabeza de nuestro
enemigo.
—¡Underwood! —Gritó una voz diferente en el walkie talkie. Tuve que
palmear la bolsa para sentirlo ya que no iba a sacar mis ojos del
objetivo—. Underwood, ¿me copia?
Era la voz de Fuller. Lo levanté y apreté el botón.
315

—Sí. Quiero decir que yo copio. Esta es Orissa.


—¿Dónde está Underwood? —preguntó Fuller, perdiendo la
Página

compostura profesional por su preocupación por Hayden.


—Aquí. Está bien —le dije brevemente, no pensando que debería
darle demasiada atención a la conversación. Disparé dos tiros en la boca
abierta de un S2 que cojeaba por el camino.
—Lleguen a la granja —mandoneó Fuller.
Mi corazón dio un vuelco; las cosas deben estar realmente muy
malas en nuestra granja si Fuller estaba dispuesto a dejar que los zombies
derribaran nuestras vallas.
—Bien —le dije en silencio al walkie talkie. Me puse abajo y
transmití el mensaje a Hayden. Traté de echarle un vistazo a Jason
cuando nos apresuramos pasando. Si tan solo se quedara en la torre, él
estaría a salvo. Hayden giró a la izquierda, recorriendo el camino y luego
sacudió la rueda a la derecha, recordando frenar para no tirarnos a Rider y
a mí fuera de nuestra cama con armas.
Una puesta del sol roja como la sangre se deslizaba por el horizonte.
Se oyeron disparos e hicieron eco a nuestro alrededor. Escuché a alguien
gritar y me volví justo a tiempo para ver a dos zombies rasgar a uno de
nuestros soldados. Trincheras —de seis pies de ancho y diez de largo—
estaban protegidas con pastos que rodean los graneros para proteger a los
edificios de una manera similar a un foso protegiendo a un castillo.
Solo que no teníamos un puente levadizo. Dos fosos en forma de U
rodeaban el pasto, dejando dos caminos de tierra intacta, lo que permitía a
los animales, personas y vehículos el entrar y salir fácilmente. Y esta
noche, permitió a los no-muertos el entrar.
Las puertas ya habían sido empujadas; docenas de manos de
zombies golpearon y empujaron las puertas metálicas de los graneros. Las
luces en el granero brillaban como un signo comensal en neón de zombies.
Se estremecía y sacudía bajo el peso muerto, literalmente.
Hayden aparcó a varias yardas del granero y se bajó del camión.
Rider y yo saltamos de la cama y corrimos al lado de Hayden. Rider levantó
su ametralladora.
—¡No! —dijo Hayden y levantó la mano— Si fallas podrías matar a
nuestros animales.
—Si ellos no lo hacen primero —dijo Rider amargamente, disparando
una mirada de disgusto a los no-muertos—. ¿Qué hacemos?
—Retirarlos, uno por uno —respondió Hayden y empujó un clip en el
rifle de caza que estaba sosteniendo—. Riss, cúbrenos; apártate por donde
vagamos. Rider y yo vamos a dispararles a los bastardos en el granero.
Asentí y corrí a la posición, agregando el sonido ensordecedor de los
316

disparos. Quería mirar alrededor y ver quien aún estaba vivo. Estaba tan
preocupada no solo por mis amigos, sino por cualquiera que eso me
enfermaba. No tenía tiempo para eso. Tenía un trabajo que hacer.
Página

Con mi espalda hacia la de Hayden, disparé a los zombies que se


escabulleron de la granja en dirección a los seres humanos. Era un gran
caos; estaban por todas partes. Quería creer que había un fin para esto.
Quería creer que íbamos a ganar, perder a nadie, y mañana estar
simplemente molestos por las vallas rotas.
Pero estaba equivocada. Pasando de un lado a otro, continuamente
apreté el gatillo. La sangre salpicaba el aire cada vez que una bala se
alojaba en el cerebro pútrido de un zombi. Sus brazos se movían muy
ligeramente antes de caer.
Humo y pólvora colgaban pesados en el aire. Estaba sin munición.
Por costumbre me agaché para sacar otro clip de mi bolsillo. Maldita sea,
llevaba pantalones pijama. Un S3 en descomposición cojeó hacia mí.
Levanté el fusil y lo golpeé en la cabeza. Podridos pedazos de cerebro
saltaron. Otro zombie tomó su lugar tan pronto como éste cayó.
Ella estiró sus manos rotas y sangrientas hasta mí y tomó velocidad.
La mitad de su cara había sido cortada, exponiendo los músculos y los
huesos de la mejilla y la mandíbula. Sangre grumosa colgaba de su pelo
negro y olía peor que un animal muerto siendo atropellado en medio de
julio.
Me eché hacia atrás, levanté el pie y le di una patada en el pecho.
Ella tropezó hacia atrás y cayó de culo. Utilizando el tacón de mi bota, le
pisoteé la frente. Su cráneo se agrietó, aunque no lo suficiente como para
matarla. Le di una patada en la cien. Se puso de lado y envolvió sus
descompuestas manos alrededor de mi tobillo. Alcé el rifle y lo bajé en su
cara; me soltó y quedó inerte.
Hice una carrera loca a la camioneta, maldiciendo mis estúpidos
pantalones de pijama de puntos de polca rosados y grises por no tener
bolsillos. Cambié el rifle por una M9, el arma con la que estaba más
familiarizada. Cuando llegué a la parte trasera de la cama oscura por más
munición, mis dedos se cerraron alrededor de una correa de pierna con
cuchillo de supervivencia. Mi corazón latía tan rápido y mis dedos casi no
funcionaban tan pronto, me lo puse alrededor de mi muslo. Dando un
rápido vistazo a mi izquierda, vi a Brock e Ivan luchando contra un grupo
de zombies.
Miré hacia atrás a Hayden y Rider; todavía estaban tomando a los
zombies que rodeaban el granero. Nada cojeando en su dirección por lo
que me apresuré hasta Brock e Ivan. Un S2 ágil se cruzó en mi camino.
Nos caímos uno encima del otro y el arma salió volando de mi mano.
Aterrizó encima de mí, con la cabeza golpeándome con fuerza en el
estómago.
317

El resplandor rojo del amanecer iluminaba su rostro grotesco. La


mitad estaba quemada, con un ojo colgando, y gusanos arrastrándose por
Página

los agujeros en descomposición de la mejilla. Sus manos huesudas


estaban cubiertas de carne fina y músculo deteriorado; las movía con
sorprendente velocidad, empujando mis hombros hacia abajo. Abrió la
boca y rugió. Su aliento era tan malo que casi hizo que vomitara.
Levanté mi pierna hasta la rodilla dándole en el estómago. El zombi
debe haber tenido un banquete; su estómago lleno apareció como un
globo. Tripas, bilis, sangre y partes de cuerpo mal masticados vomitados
por todo mi cuerpo.
Haciendo una mueca, coloqué ambas manos en los hombros del
zombi y lo empujé. Odiaba el esfuerzo que hice. Este pedazo de mierda
estaba muerto con el contenido de su estómago empapándose en la
camiseta delgada que tenía puesta. Debería ser más fuerte que él.
Levanté mi rodilla de nuevo y desesperadamente tomé el cuchillo.
Las puntas de mis dedos eran agraciadas, pero no pude conseguir tener
firmeza para sacarlo de su lugar. Con una mano en el pecho del zombi,
dándole un empujón, busqué alrededor por mi arma. Eso, también, estaba
fuera de mi alcance.
Drenaje se filtró de las pústulas en la cara del zombi. Luchó contra
mí, su tamaño grande y pesado casi demasiado para resistir. Tenía que
hacer algo —cualquier cosa— si quería vivir. Metí mi mano libre en el
interior del abdomen abierto del zombi. Casi me atraganté cuando mis
dedos atravesaron otro órgano.
Empujé mi mano hasta que encontré la columna vertebral. Puse mis
manos alrededor de la misma y tiré hacia abajo, desgarrando los nervios
que iban desde la columna vertebral hasta el cerebro. El zombie farfulló y
quedó inerte.
Jadeante, me lo saqué de encima y me limpié la mano en la hierba.
No convencida de que estuviera realmente muerto, saqué el cuchillo de
alrededor de mi muslo, y le apuñalé tres veces más en la cabeza antes de
alejarme. Un S3 estaba haciendo todo lo posible para correr hacia mí con
dos tobillos rotos. Recogí la M9 y le disparé en la sien.
—¡Brock! —grité, porque no quería sorprender a nadie. Estaba
cubierta con suficiente sangre y agallas como para ser confundida con un
zombi—. ¡Brock!
Dio media vuelta y sonrió cuando me vio. Él e Ivan avanzaban sobre
un grupo de zombies que desgarraban el granero más pequeño que
contenía nuestros pollos. Cuatro A2 estaban con ellos y no conocía
ninguno de sus nombres.
Si lográramos superar esto, me juré aprenderme los nombres de
todos. Con puntería, disparé mis balas restantes en las cabezas de los
318

zombis. Dejé caer la pistola vacía de mi agarre y saqué el cuchillo de la


correa de mi pierna una vez más. Me aparté de la granja y corrí hacia una
joven S2 que corría hacia nosotros.
Página

Me tiré al suelo, extendiendo la pierna e hice un trompo. El zombie


tropezó y cayó. Alcancé su frente con mi cuchillo. Puse una mano en la
cara del zombi y obligué al cuchillo a atravesar el hueso. Sin tener tiempo
para sacar la porquería de la hoja, me hice cargo del próximo zombie que
venía hacia nosotros. Éste era grande y tenía ojos oscuros que parecían
casi vivos. La piel alrededor de la boca estaba agrietada y con copos por la
deshidratación y tenía varias pulgadas cortadas en su brazo que se había
ennegrecido con necrótica, descomposición del tejido.
Hundí el cuchillo en su cuello, cortando su médula espinal y los
nervios. Cuando su cuerpo quedó inerte, saqué el cuchillo y le di una
patada en el pecho con el fin de moverlo lejos de mí. Otro tomó su lugar.
Éste era una niña y no podría haber sido mayor que seis o siete años
cuando se convirtió. Seguía siendo nada más que un zombi. Todavía me
enfermaba y lastimaba cada fibra de mi ser el tener que empujar la afilada
hoja en su cuenta ocular.
Jadeante, miré a mí alrededor. El sonido de los disparos fue
disminuyendo. Ivan, Brock, Alex, y los A2 estaban terminando con los
zombies en la entrada de la granja de los pollos. Estaba a punto de
moverme y volver con Hayden cuando oí a alguien llamando por ayuda.
Moví la cabeza para encontrar la fuente.
—¡Ayuda! —Escuché de nuevo—. ¡Aquí abajo! —gritó alguien.
—Oh, Dios mío —respiré cuando me di cuenta de que alguien había
caído en la zanja. Corrí y caí de rodillas—. ¡Oye! —grité—. ¿Dónde estás?
—¡Aquí! —Respondió una voz masculina. Reconocía la voz, pero no
podía ubicarla.
—¡Te voy a sacar de ahí! —Llamé y rápidamente me trasladé hacia
donde estaba la persona—. ¡Dame tu mano!
La débil luz del sol se reflejaba en la sangre salpicaba en su cara.
Jones, recordé a la vez: Un joven A3, el soldado que me había llevado a mi
habitación mi primer día en el complejo.
—¿Hay zombies ahí abajo? —le pregunté.
—Toneladas —dijo—. La mayoría están muertos —su voz temblaba
mientras hablaba—. O eso pienso.
—¡Rápido, dame tu mano! —Me acosté sobre mi estómago,
establecida para tirar del chico. Pisó a un zombi muerto para darse
impulso. Sus dedos se clavaron en los míos—. ¡Bien, vamos! —le dije,
porque no quería perder tiempo contando hasta tres. Jones se empujó
fuera de la pared de tierra con los pies y traté de ayudarlo. Me esforcé pero
319

fallé en tirar de él hacia arriba. Sus uñas se clavaron en mi piel cuando


exhalé, tomándome un segundo para recuperar el aliento—. Empújate —
instruí, lo cual significaba que él usara la pared para impulsarse hacia
Página

arriba.
Su mano izquierda golpeó el suelo. No dejando ir la otra, lo ayudé
una vez más. Agarró un puñado de hierba y se encaramó hacia arriba y
afuera de la zanja. Sin aliento, me di la vuelta hacia atrás. Un zombi
pesadamente venía hacia nosotros. Ninguno tenía tiempo para moverse
fuera del camino.
Actuando por propia voluntad como un reflejo, mis manos cubrieron
mi cabeza. El pie del zombi quedó atrapado a mi lado; me aplasté y envolví
ambas manos alrededor de su muslo, haciendo que se disparara y
aterrizara dolorosamente sobre mí antes de derrocar en la zanja.
—Lindo —dijo Jones. Se puso de pie.
—Me gustaría poder decir que lo planeé —jadeé y me levanté
también. Mis ojos se movían por todas partes en busca de Hayden.
Cuando no lo pude encontrar, pánico amenazó con tomar su lugar. Mi
cuerpo se congeló momentáneamente y no sabía qué hacer. En solo un
segundo salí de mi estupor y corrí hacia el establo del ganado, saltando
por encima y esquivando los cuerpos de zombies muertos.
No creía que fuera posible entrar en pánico aún más. La puerta del
establo estaba entreabierta y en ningún lugar veía a Hayden o a Rider.
Quería gritar sus nombres y luché contra cada músculo para mantener la
boca cerrada. Estaba casi en el interior cuando la puerta se cerró.
No era consciente de que Jones me había estado siguiendo hasta
que ambos nos estrellamos contra la puerta de metal. Sabiendo que si
abría la puerta probablemente recibiría un disparo, suave y rítmicamente
llamé. Después de unos pocos segundos, se abrió.
—¿Riss? —preguntó Rider.
—¡Sí! —Solté desesperadamente.
Abrió la puerta lo suficiente para que Jones y yo entráramos. La luz
media había sido encendida, creando un suave resplandor sobre el tenue
granero polvoriento. Rider puso su mano en mi hombro y me sonrió,
contento de que estuviera bien. Inmediatamente miré más allá de él.
El granero estaba seccionado en ambos lados del pasillo, creando
dos grandes “puestos” abiertos que albergaban nuestras pocas vacas. Se
movían alrededor con nerviosismo, respirando con dificultad. Hayden
estaba asegurando la puerta en el lado opuesto del establo.
—Hayden —susurré en voz alta. Se dio la vuelta y corrió. Me dirigí
hasta él, envolviendo mis brazos a su alrededor al segundo que estuvo a
mi alcance—. Gracias a Dios.
320

—¡No hagas eso de nuevo! —Escupió con rabia—. No sabía dónde


fuiste. ¡Un segundo estabas ahí y al siguiente no! ¡Pensé que estabas
muerta!
Página

—Lo siento —me tranquilicé.


—¿Lo sientes? Riss, ¿cuántas veces te he pedido que no vayas por tu
cuenta? ¡Es estúpido y peligroso!
—Estoy bien —le dije.
Me dejó ir.
—Simplemente no te importa lo que eso me hace, ¿cierto?
—¿Qué? ¡Por supuesto que sí!
Rider se aclaró la garganta.
—No hay muchos más por ahí, ¿no?
—No —respondió Jones.
—Debemos volver por ahí —sugirió Rider—. Ahora que la puerta
trasera está cerrada desde el interior. ¿Estás armado?
—Ya no —dijo Jones.
—Aquí —le dijo Rider y extendió una pistola—. Riss, ¿dónde está la
tuya?
—Se me cayó —le expliqué—. Tengo un cuchillo. Eso va a funcionar.
Rider asintió y se dirigió a la puerta. La abrió y los cuatro salimos
como una flecha. Dos zombis nos recibieron tan pronto como bajamos del
granero. Rider le disparó a uno y yo acuchillé a otro en la sien. El olor a
muerte y decadencia era tan pesado en el aire que podía saborearlo.
Manteniéndome cerca de Hayden, corrimos a la derecha del granero.
Hayden disparó a tres zombies y yo apuñalé a otro.
Steven, el A2 que Fuller creía que estaba listo para levantarse e ir a
misiones, estaba de pie junto a Gabby. Bombeando una escopeta y
disparando contra zombies que avanzaban. Las balas acribillaron sus
rostros, matándolos al instante. Unas yardas abajo había otro grupo de
soldados. Tomando la iniciativa, Hayden corrió, uniéndose a la cocción.
El número de zombies disminuyó. Uno a uno cayendo al suelo. Una
vez más, apartándome de Hayden, tiré a un zombie por el pelo. Ella se
tambaleó hacia atrás y le di una patada en la cara. Cuando su cráneo no
hizo crack, me incliné para meter la puntiaguda hoja del cuchillo en su
ojo.
Debe de haber pasado de estar loco a zombie de la noche a la
mañana. Un alto S2 de pelo rubio corrió hacia mí, sus ojos fijos y sus
manos se cerraron en puños. Tomé una postura defensiva y esperé a que
viniera a mí. Me eché hacia atrás fuera de su alcance y azoté el cuchillo en
el aire.
321

Se chocó con la cabeza con gran fuerza, pero no se cayó al suelo.


Saqué el cuchillo y lo embestí de nuevo. En lugar de deslizarse suavemente
Página

a través de su cerebro medio funcionando como esperaba que pasara, la


hoja sin rodeos golpeó contra hueso.
Hijo de puta, la punta de la hoja había saltado. Levanté mi brazo
hacia atrás y lo golpeé otra vez, enviando una picadura de dolor a mi
muñeca derecha. La sangre manaba de la pequeña herida que había
logrado hacer. Se me cayó el cuchillo no funcional y golpeé el zombie en la
nariz con la palma de mi mano, llevando el hueso hacia el cráneo.
Dio un paso hacia atrás desconcertado, la sangre goteaba de su
boca, y él cayó. Salté sobre el cuerpo y me revolví para llegar al lado de
Hayden vez más. Disparó una ronda más antes de bajar el arma. Se volvió
hacia mí y, durante el día cada vez mayor, pude verle una fina niebla de
sangre zombi seca en las mejillas.
Dejó escapar un profundo suspiro y tomó mi mano.
—¡Underwood! —Gritó Ivan.
Hayden levantó la mano y señaló a Ivan. Media docena de disparos
resonaron en todo el campo de batalla que solían ser nuestras tierras de
cultivo. Juntos, Hayden y yo corrimos hacia donde Ivan, Brock, Alex, Mac,
Jose, y varios A2 se reunieron.
Hayden e Ivan asintieron el uno al otro, en silencio diciendo: “me
alegro de que estés vivo”. Todo era una pérdida de palabras, nos quedamos
en silencio y dejamos que todo el efecto de lo que acababa de suceder se
desvaneciera. Steven, Gabby y Noah se unieron a nosotros, seguidos de
cuatro A2 más, Rider y Jones.
—¿Dónde está Wade? —preguntó Rider, su voz un duro susurro
tembloroso. La sensación de agua helada que bombeó por mis venas hizo
que mi corazón dejara de latir de miedo cuando me di cuenta de que no
estaba con nosotros. Estiré el cuello y busqué en el suelo, pero no lo vi.
—¿Y Andy? —preguntó Steven—. Hay muchos desaparecidos. No sé
quiénes salieron —expresó Jones. Asumiendo el papel de líder.
—Rastrillen el área en busca de heridos. Asegúrense de que los
muertos están realmente muertos. ¿Quién tiene un walkie? —dijo Hayden.
—Yo —dijo un A2 y lo desenganchó de su cinturón.
—Comunícate y ve si necesitan ayuda en las puertas —instruyó
Hayden.
El A2 asintió. El walkie talkie se deslizó de sus dedos cubiertos de
sangre. Con manos temblorosas, lo recogió y habló por el walkie.
—Puerta delantera, ¿me copia? —Pasaron unos segundos—. Puerta
delantera, ¿me copia? —repitió, un poco más fuerte esta vez.
322

—Copio —habló la voz de Jason. Cerré los ojos y mentalmente


exhalé el mayor suspiro de alivio.
Página

—¿Cuál es el estado de los zombies?


—Se alejan —dijo Jason—. No llegaron a pasar por la puerta y la
cerca se sostuvo —continuó—. ¿Y tú? —preguntó.
—Lo mismo —respondió nervioso el A2.
—¿Están todos… —comenzó Jason a preguntar cuando la voz de
Fuller lo interrumpió, pidiendo detalles. Hayden dijo al A2 que explicara
todo mientras nos poníamos a buscar en la tierra a los muertos... a
nuestros muertos. Tuve que cerrar los ojos para combatir el mareo que
amenazaba con tomar el control cuando me di la vuelta sobre un cuerpo
que se parecía a Wade en construcción y color del pelo. No pude hacer que
mis ojos vieran su cara.
La espantosa imagen del joven soldado obteniendo que su carne
fuera arrancada y desgarrada por la apestosa y siempre hambrienta boca
de un zombie me hizo estremecer. Mi aliento quedó atrapado en el pecho.
Traté de aspirar el aire, pero no pude. Exhalé el poco oxígeno que estaba
en mis pulmones y me obligué a tomar una ingesta aguda de aire. Pasó
zumbando fuera de mis pulmones demasiado rápido y los mismos tuvieron
un espasmo e inhalé de nuevo rápidamente. Maldita sea. Estaba
hiperventilando.
Una mano se posó en mi hombro. Salté y abrí los ojos. La cara del
cuerpo que me miraba pertenecía a un niño que había muerto hace mucho
tiempo y se convirtió en un zombi.
—Orissa —dijo Hayden con calma. Con los ojos abiertos, lo miré a
los ojos. Se arrodilló a mi lado y puso ambas manos sobre mis hombros—.
Hey, Riss, está bien. Bueno, no lo está pero qué se supone que debo decir
—añadió con una leve sonrisa.
Todavía respirando rápidamente, asentí. Hayden me puso la mano
en el pecho.
—Reduce la velocidad —instruyó—. Toma una respiración profunda.
Asentí otra vez, cerré los ojos y traté de reunir un buen recuerdo. La
vil cara de Delmont destelló en mi mente. No, no iba a dejar que horribles
recuerdos me asustaran. Me acordé de golpearlo y romper sus pelotas con
la culata de la escopeta.
Mi corazón dejó de correr. Recordé salvar a Olivia, la maravillosa
sensación de volver al compuesto, y ver a mis amigos otra vez. Tomé una
respiración profunda. Abrí los ojos y miré a Hayden.
Tomé otra respiración profunda. Puse mi mano sobre la de Hayden.
—Gracias —jadeé—. Me siento mejor. Siento haberme asustado.
—No tienes nada que lamentar. Creo que todos estamos asustados.
323

—Se puso de pie y me levantó.


—Nadie más está entrando en pánico —repliqué.
Página

—¿Estás segura? —preguntó.


—No —admití. No tenía ni idea de cómo se estaba sintiendo nadie
más. Manteniendo un estricto control sobre mi mano, Hayden me atrajo
suavemente hacia adelante—. ¿Qué vamos a hacer con todos los cuerpos?
—Amontonarlos y quemarlos, supongo —dijo Hayden mientras pateó
a un gomoso con su bota.
—¡Qué gran hoguera! —dije sarcásticamente—. Va a oler
maravilloso.
—Mierda que lo hará. Supongo que tendremos que mover los
cuerpos también. No creo que sea bueno el quemar esta hierba donde
nuestros animales comen. Sé que no es contagioso para los animales,
¿pero eso no va hacer que la hierba se ponga mala?
—Lo va a pelar. Y sí, los cuerpos en descomposición que se
desplomen en el césped seguro van a darle un sabor amargo a la hierba.
Él asintió, dejando ir mi mano, y le disparó a un zombi que se
arrastró hacia nosotros con dos piernas rotas.
—Hay otro —señalé, al ver el movimiento. Fuimos a donde la cosa
trataba de levantarse. Después de haber sido totalmente eviscerado, el
zombi no se soportaba porque su torso se había vuelto demasiado pesado.
Cada vez que se ponía a sí misma de pie, el estómago y los abdominales
abiertos la hacían doblarse.
—Es casi gracioso —dijo Hayden, inclinando la cabeza y observando
al zombi levantarse solo para caer de nuevo.
—Lo es —concordé—. Es determinada, le daré eso —le dije con una
leve sonrisa. Decidiendo ahorrar una bala, esperé hasta que cayó de nuevo
para romper su cuello.
—¡Ayuda! —gritó alguien.
Rompimos nuestra atención hacia arriba.
—¡Ayuda! —La voz llamó de nuevo.
Ojos inmediatamente volaron en la línea de la cerca que estaba
salpicada de árboles. Una figura extraña y grande estaba lesionada por el
pasto en la pendiente. Mi primer pensamiento fue que algunos zombies
horriblemente deformes habían salvado su ataque para el final, con ganas
de sorprendernos con su inquietante gran tamaño.
Me sentí como un idiota cuando mi cerebro reconoció la forma como
una persona que llevaba a alguien sobre su hombro.
Hayden y yo corrimos más, pero Ivan, Brock, y un A2 llegaron
primero. Tomaron el cuerpo del chico y con cuidado lo pusieron en el
324

suelo.
Salté sobre un zombi, mi bota aterrizó en cerebro salpicado y me
Página

resbalé. Me sorprendí a mí misma y seguí corriendo.


Wade estaba de rodillas sobre la persona en el suelo con las manos
presionadas en una herida en la cara del soldado. No estaba segura de si
debería sentirme culpable de que mi amigo hubiera sido el que logró salir
bien.
—¡Consigan el coche! —Gritó Ivan cuando cayó de rodillas—. ¡Tiene
que entrar a la sala del hospital ahora!
Lo reconocí como uno de los de A3 que custodiaban la puerta
principal. Su respiración era superficial y desigual; sin duda había perdido
una gran cantidad de sangre. El tiempo parecía pasar increíblemente lento
mientras esperábamos a Jones que corría y volvía con un auto.
Manteníamos nuestros ojos bien abiertos y disparamos a tres perros
callejeros que serpenteaban sin rumbo por los pastos.
El soldado herido fue cuidadosamente levantado y puesto en el
asiento trasero de un SUV. Ivan y Jones lo llevaron al compuesto, por
radio hablando a Fuller para comunicarse con Padraic, quien estaría
dispuesto a hacer un milagro.
Todos los A3 de las puertas fueron contabilizados. El joven que
quedó destrozado era William, nos dijo Steven, dándose la vuelta para
ocultar el vacilar en su voz y las lágrimas en los ojos. El tipo que Wade
rescató de la línea de la cerca era Andy. Él había pedido recientemente
volver a probarse, con ganas de convertirse en un A3.
Miguel, un A2, había desaparecido. A través de un desorden caótico
de un pase de lista de radio, descubrimos que era el único soldado no
contabilizado.
—Él está aquí... en alguna parte —dijo una A2, sacudiendo la
cabeza—. Tal vez está lesionado y no puede levantarse. Lo encontraremos.
Bajo las órdenes de Fuller, no estábamos aptos para mover los
cuerpos de zombies a menos que tuviéramos guantes; ya que no quería
correr el riesgo de que nos infestáramos. Miré mis manos cubiertas de
sangre y quería decirte a Fuller que era un poco tarde ese razonamiento.
Había varios pares de guantes de trabajo en el granero, pero no
suficientes para todos nosotros. Con una decisión de dar inútilmente una
maldición sobre los modales, los chicos sugirieron que Gabby y yo estemos
en los camiones, mientras que los chicos con los guantes recogían los
cadáveres y los tiraban a las camas de camiones. Hayden felizmente señaló
que la ametralladora en la cama de su camión no nos permitía lanzar
cuerpos en la parte posterior de la misma.
325
Aún armados y en la búsqueda de los rezagados, recorrimos el
pasto, recogiendo cuerpos tras cuerpos. Cuando la cama se llenó, salimos
de los terrenos del complejo y fuimos a tres millas por la calle para volcar
Página

los cuerpos.
Tomó toda la mañana el recoger a los muertos. Y nunca
encontramos a Miguel.
—Dejé de contar cuántos zombies matamos después del setenta —
me dijo Hayden con un suspiro. Se quitó la sangre y los guantes con
costras y cogió un trozo de la salpicadura del zombi de mi hombro—. Te
ves repugnante —dijo con una media sonrisa.
—Como tú —le dije—. Si mis manos no estuvieran tan sucias,
pasaría la sangre de zombie por tu cara.
Abrió la boca como si fuera a decir algo —sin duda una broma sucia
sobre mí limpiándolo— pero se detuvo. Sus ojos color avellana se clavaron
en los míos, enviando esa sensación que solía ser más inoportuna por mi
cuerpo. Tomé una respiración profunda y di un paso más cerca de
Hayden. Las cosas estaban lejos de ser aceptables, pero con él, yo estaría
bien.
La mitad de los soldados recogieron partes de los cuerpos de
zombies, haciendo todo lo posible para limpiar el pasto. La otra mitad
alimentó a los animales, pero no nos atrevimos a dejarlos salir con la valla
y las puertas rotas. Sabía que mantenerlos dentro ahora sería una
prioridad. Temía salir a trabajar mañana. Estaba tan cansada que el
simple pensamiento de trabajar me agotaba.
Exhaustos, sacudidos, entristecidos y doloridos nos metimos en
nuestros vehículos y fuimos en silencio al compuesto. La situación —la
falta de la misma— no me golpeó hasta que entramos con nuestras botas
sangrientas y cubiertas de barro en los pies al ambiente de fantasía falso
del hall de entrada de la finca y vimos a Fuller en la puerta, con los brazos
cruzados y viéndose hosco. Nunca había prestado mucha atención al
primer nivel de la casa. Me acercaba del vestíbulo hasta la escalera, ya sea
para subir o bajar, pero eso era más o menos lo mismo. Había mirado
alrededor con curiosidad, pero nunca me molesté en aventurarme o
investigar más a fondo.
Había un comedor a mi derecha; incluso alguien se había tomado el
tiempo de mantener la mesa de madera oscura espolvoreada. Las puertas
francesas siempre estaban cerradas a mi izquierda, pero a través del
grueso cristal pude ver el lugar de una oficina creada con estantes y
escritorios. Fuller nos acompañó hacia adelante. Cruzamos el vestíbulo y
pasamos junto a las escaleras. Oficialmente nunca había llegado tan lejos
en la vieja casa.
Si la escena de un joven niño inocente consiguiendo tener la piel
arrancada por caníbales hambrientos no estuviera repitiéndose en mi
326

mente, me habría impresionado con la grandeza de la finca. Estábamos


situados en una habitación que era demasiado elegante para ser
Página

considerada una “habitación familiar”. Con facilidad, cabemos todos en la


habitación.
Los pies y el cuerpo me dolían. Sentarme parecía maravilloso, pero
no quería poner mi culo sucio en los sofás y sillones de marfil impecable.
Fuller empezó a hablar, comenzando con un resumen muy formal de los
acontecimientos. Nos dijo lo orgulloso que estaba de nosotros y cómo
éramos un ejército de residentes del compuesto en el cual podría confiar.
—Todo el mundo tendrá que hacerse la prueba de sangre —explicó
Fuller—. Cada uno de ustedes fue expuesto. Después de la prueba de
sangre, y con independencia de los resultados, se pondrán en cuarentena
durante veinticuatro horas por nuestro procedimiento estándar.
Cambié mi peso y mentalmente rodé mis ojos. Por supuesto... un
adicional de veinticuatro horas de bloqueo. No debería quejarme; era una
maldita pena y lo sabía.
—Ya que hay muchos de ustedes, se pondrán a prueba en orden
alfabético para mantener al personal médico organizado. Entonces podrán
limpiarse e informarse con las instrucciones de la cuarentena —nos
informó Fuller. Tan pronto como explicó que nos íbamos a alojar aquí con
el fin de evitar enloquecer a los residentes, Hayden se escabulló para
hablar con él, sin duda, dando el informe de todo lo que pasó en la misión.
Me senté en el suelo en el pasillo. Quería ir a dormir, despertarme y
darme cuenta de que el ataque en la granja no era más que una pesadilla.
No quería creer que había perdido a tres de nuestros soldados. Odiaba que
tuviéramos que preocuparnos por un ataque. Odiaba que nos viéramos
obligados a la clandestinidad, odiaba que tuviéramos que hacernos
análisis de sangre y preocuparnos sobre la infección, quedándonos sin
alimentos, medicinas y suministros.
Quería encontrar a la persona que creó el virus —que estaba segura
que alguien lo había hecho— y golpearlo en la cabeza hasta que su cráneo
quedara agrietado y el cerebro y la sangre se filtraran. Tal vez debería ver
si tenía una cura primero. Negué con la cabeza. Era inútil pensar así. El
que creó el virus probablemente estaría muerto de todos modos.
El padre de Gabby, Hector, salió del sótano con una lista. Leyó los
primeros cinco nombres y les dijo que lo siguieran a la unidad médica para
ser analizados. Me sentía un poco mal por la doctora Cara y muy mal por
Padraic ya que tenían que levantarse para analizar nuestra sangre de
nuevo.
Puse mi cabeza en mis manos y exhalé. Oí el forcejeo de los pies y a
alguien sentándose a mi lado. Levanté la mirada, esperando ver a Hayden.
—¿Estás bien? —preguntó Rider, con los ojos llenos de estrés.
327

—Sí, supongo. ¿Tú?


—Sí —repitió—. Espero que no vuelva a ocurrir.
Página

—Dímelo a mí. Nuestras vacas se están acercando a la época de celo.


Una vez que emerjan unas pocas podremos tener hamburguesas otra vez.
—Eso suena bien. Bueno, no realmente en este momento. No tengo
mucho apetito ahora mismo.
—Yo tampoco —concordé y esperaba que él no trajera a colación el
hecho de que tres personas perdieron la vida. No estaba segura de poder
manejar emocionalmente eso en este momento. Por suerte Rider cerró los
ojos y apoyó la cabeza contra la pared. Poco a poco, el suave murmullo de
voces silenciosas llenó la sala de estar.
También cerré los ojos y dejé caer mi cabeza hasta que estuvo
apoyada en el hombro de Rider. Movió su brazo junto al mío y entrelazó
nuestros dedos. Le di un apretón a su mano, agradeciéndole el consuelo y
la comprensión silenciosa.
Cogí partes de lo que los otros decían. La mayoría estaban hablando
de lo que había pasado. Algunos deseaban haber hecho las cosas de
manera diferente. Sollozos ahogados se escucharon después de la mención
de los nombres de los fallecidos.
Intenté tan duro el no concentrarme en lo que estaban diciendo que
me sentía como si no estuviera allí. Todo parecía surrealista; el hablar de
zombies, la enorme casa, y el piso de madera brillante en el que estaba
sentada. Mi cuerpo me gritó para que me moviera de la incómoda posición
en la que estaba sentada pero lo ignoré. A los pocos minutos, el dolor
punzante en las piernas se volvió un adormecimiento mientras el flujo
sanguíneo disminuía continuamente.
Sentía como si estuviera girando, siendo arrastrada hacia una mala
vorágine negro de sangre y violencia.
—Orissa —me llamó una familiar y relajante voz.
Rompí mi concentración para mirar a los ojos muy azules de
Padraic.
—¿Qué estás haciendo? —le espeté ya que asumí que tenía que estar
en la planta baja mirando muestras de sangre bajo un microscopio. Sonrió
y se arrodilló a mi lado.
—Quería asegurarme de que estuvieras bien.
Asentí.
—Estoy bien —mentí. Rider quitó la mano.
—Me alegra oír eso —dijo, no muy convencido—. Vamos, te
328
conseguiré una prueba para que puedas limpiarte y descansar.
—Mi apellido comienza con “P” —dije, obviamente.
Página

Padraic me guiñó un ojo.


—Ahí es donde ser amigo del médico jefe viene muy bien —se puso
de pie y extendió una mano hacia mí. La tomé y dejé que Padraic me
ayudara a levantarme. Se me había olvidado lo suave que era su piel. Se
había cortado el pelo desde que lo había visto por última vez; el estilo más
corto se veía bien en él. Incluso a esta hora de la mañana, Padraic se veía
entero y guapo como siempre.
—Nos vemos en la cuarentena —le dije a Rider, sintiendo que estaba
traicionándolo por dejarlo de alguna manera.
—Sí, nos vemos —me dijo. Seguí a Padraic por el pasillo y bajamos
las escaleras del sótano. Nos detuvimos frente a las puertas de acero que
requerían una exploración de mano y un código de acceso. Tuve que sacar
las costras de sangre de mis dedos antes que el escáner me reconociera.
Una vez que pasamos la primera serie de puertas, Padraic se volvió y
puso su mano en mi hombro.
—No tienes ni idea de lo aterrorizado que estaba por ti —confesó.
—¿Sabías lo que estaba pasando?
—Sí. No volví a la cama desde que hicimos el primer análisis de
sangre. Oí a gente correr y dando órdenes. Tú habías salido para el
momento en que me encontré con Fuller. —Se acercó más—. Quería ir
también, Riss. Quería ayudar.
Sorprendida, di un paso atrás.
—¡Padraic, no! ¡Podrías haber salido lastimado!
—Conozco los riesgos, Orissa.
—¿Entonces por qué diablos querías salir allí?
—¿Por qué? —preguntó.
—Por qué —escupí tontamente— Puedes hacer mucho aquí dentro.
Donde es seguro. ¡Te necesitamos aquí Padraic! Sin ti... Ni siquiera sé.
Pero mucha gente estaría muerta sin ti.
Padraic rió.
—No te preocupes. Fuller dijo lo mismo. A pesar de que
particularmente no me gusta el chico, él hace un buen trabajo llevando
este lugar así que voy a respetar sus deseos.
—Bueno —le dije y di un puñetazo en el código de seguridad para
entrar por la segunda serie de puertas.
—Ellos no saben; Fuller va a decirlo más tarde —me susurró Padraic
y yo sabía que se refería a los residentes. Todavía era temprano,
329

demasiado temprano para que se levantaran sin una razón, pero muchos
de los residentes se estaban despertando para iniciar su aburrido día,
atrapados bajo tierra. Tenía la esperanza de que se quedaran en sus
Página

habitaciones, así no tendría que subir con una mentira para contarles.
Rápidamente corrimos por las escaleras hasta el nivel B e hicimos
una línea hasta la sala del hospital. Ivan y Brock se sentaban en una sala
de examen con otros tres A, esperando sus resultados.
—¿Cómo te las arreglas para zafarte de la línea? —bromeó Ivan
mientras lo pasábamos caminando.
—Buena conducta —bromeé causando que Ivan y Brock se rieran.
Padraic y yo fuimos al pequeño laboratorio que se había establecido.
Vestida con una larga falda de mezclilla de color amarillo y verde lima y un
suéter de cuello de tortuga púrpura, la doctora Cara estaba inclinada
sobre un microscopio. No hizo más que parpadear cuando entramos a la
habitación.
Padraic se puso los guantes y agarró un algodón con alcohol para
desinfectarme la piel.
—Oh —dijo mientras miraba mi brazo sucio—. Uh, ¿puedo lavarte el
brazo con agua y jabón primero? No me di cuenta qué estuvieras tan
cubierta… de sangre, que supongo, que lo estás.
—Claro —le agradecí y fui al lavabo. El agua estaba fría, pero no me
importaba. Un río de burbujas de color marrón y escarlata se arremolinó
alrededor del desagüe de acero inoxidable. Acaricié mi brazo seco con una
toalla blanca áspera y volví al mostrador.
—¿Quieres sentarte? —preguntó Padraic.
Negué con la cabeza.
—Estoy bien. Estoy acostumbrada a eso ahora.
—Estoy seguro de que lo estás —concordó con gravedad. Ató una
banda elástica alrededor de mi brazo, corrió la almohadilla de alcohol
sobre la curva del codo y destapó una aguja—. Sabes —dijo mientras metió
la aguja en mi vena—, nunca antes había extraído sangre.
—Eso es tranquilizador, dice el tipo que tiene una aguja en mi brazo.
Padraic rió.
—Si mis pacientes necesitan análisis de sangre, lo pediría y alguien
más lo haría.
—Me alegro de ser el sujeto de prueba —dije sarcásticamente.
—No soy tan malo, ¿no? —preguntó, sus ojos azules se alejaron de
mi brazo para mirar a los míos.
—No. Hubiera pensado que habías estado haciendo esto toda tu vida
—le dije con sinceridad—. Eres muy... muy suave.
330
—Gracias —dijo casi con timidez. Extrayendo sangre suficiente, sacó
la aguja de mi vena y colocó un trozo de gasa sobre la herida—. Sostén
esto —instruyó. Puse mis dedos sobre los suyos y presioné la gasa abajo.
Página

Padraic me dio la espalda, para hacer algo con la sangre y con un


portaobjetos de microscopio. Esperé, con curiosidad por verlo trabajar.
—¿Estoy bien? —le pregunté después de que Padraic había pasado
unos minutos mirando en el microscopio.
—Lejos de estarlo —bromeó—. Pero no veo ningún rastro del virus
en la sangre. —El portaobjetos de vidrio se raspó contra el microscopio
cuando Padraic lo quitó. Enjuagó la sangre y dejó caer la diapositiva en un
cubo lleno de agua con cloro. Sacándose los guantes se acercó—. Puedes ir
y dormir un poco ahora. Estoy seguro de que estás agotada.
—Lo estoy —concordé. Aunque, a decir verdad, estaba un poco
nerviosa como para dormir. No quería que las inquietantes imágenes de lo
que acababa de pasar pasaran por mi cerebro mientras trataba de
dormir—. Tú también debes estarlo.
—Me las arreglaré. No es como si estuviera en la misión que
estuviste.
—Es cierto —dije y caminé hacia la puerta, la que Padraic abrió para
mí. Estábamos solos en la sala del hospital—. Siento que no te he visto en
mucho tiempo —le confesé, de repente dándome cuenta de lo mucho que
echaba de menos no solo a Padraic sino que también a Raeya, Sonja,
Olivia, y Lisa.
—Han pasado un par de días. ¿Tienes tiempo para un pase rápido
cuando estás en las misiones?
—Por lo general, aunque esta última se hizo muy larga. Y cansadora,
muy cansadora.
—¿Qué pasó? —preguntó en voz baja mientras caminábamos por el
pasillo hasta las escaleras.
Me encogí de hombros e hice una mueca de dolor por el movimiento.
—¿Qué? —preguntó Padraic inmediatamente—. ¿Qué está mal?
Intenté girar mi hombro solo para descubrir que dolía aún peor.
—Nada. Creo que me lesioné un músculo en el hombro o algo así.
—Estás muy golpeada —me recordó y tocó suavemente la costra en
mi frente— ¿Qué es esto?
—Un loco me arrojó una piedra —dije después me acordé de algo—.
Y esto —empecé y levanté el dobladillo de mi camiseta para mostrar los
moretones en mi lado izquierdo—. Es por caer por un tramo de escaleras
en un estacionamiento mientras que huía de una manada de zombies
durante un tornado.
—¡Mierda, Orissa! —Exclamó Padraic—. ¡Eso se ve horrible!
331

—Debes ver esto, entonces, también. —Me di la vuelta para que


pudiera ver las capas de piel que habían sido raspadas por mi arma. El
Página

rostro de Padraic estaba tan horrorizado que me reí—. No está tan mal.
Voy a estar mejor después de un par de días. He estado peor, ya sabes.
—Desafortunadamente, eso es cierto. Tienes suerte de no haber sido
gravemente herida.
—La suerte no tiene nada que ver con eso —le dije. En el momento
en que las palabras escaparon de mi boca me di cuenta de que era
afortunada. Todas las escapadas a-último-minuto, encontrar un coche que
simplemente me hizo empezar… ¿Fue eso suerte y no habilidad?
—Descansa un poco —instruyó Padraic—. Órdenes del médico.
—Lo haré. ¿Puedes decirle a Ray que dije hola y que estoy bien? No
voy a entrar a verla hasta mañana por la mañana.
—Claro. Duerme bien, Orissa.
—Tú también. —Le sonreí a Padraic antes de ir tan rápido por las
escaleras y hasta mi habitación como mi cuerpo adolorido me lo permitió.
Alguien estaba en la ducha. Reuní con impaciencia un nuevo pijama para
cambiarme y esperé en el pasillo, no queriendo encontrar a nadie en el
baño antes de que me dieran la oportunidad de entrar.
Unos minutos más tarde, Ivan —vestido solo con una toalla— abrió
la puerta. Me miró con sorpresa.
—No esperaba verte aquí tan pronto —confesó.
—Mi sangre estaba limpia —le dije.
—Bien. —Dio un paso por delante de mí—. Todavía debe haber un
montón de agua caliente. Nos vemos en la planta baja.
Me desnudé sacándome el pijama en ruinas y giré la ducha. Ya
caliente, entré al agua y empecé a fregar la suciedad, la sangre y las partes
del zombi de mi cuerpo. Rápidamente puse shampoo y acondicionador en
mi cabello y me lavé la cara. Satisfecha de haber sacado toda la porquería,
apagué el agua y agarré mi toalla.
No me había dado cuenta de lo mal herida que realmente estaba
hasta que inspeccioné mi cuerpo desnudo en el espejo. Negué con la
cabeza ante mi reflejo antes de voltear la cabeza hacia abajo y frotar el pelo
con la toalla. Me vestí y me lavé los dientes, tratando de avanzar lo más
rápido posible para que el siguiente en la línea pudiera tomar su ducha.
Una vez que estuve devuelta en mi habitación me moví lo más lento
posible, ya que no quería sentarme y esperar. A menos que Fuller
empujara a Hayden por delante en la línea, él sería uno de los últimos
soldados en hacerse la prueba de sangre.
Me acosté en la cama. El sol brillaba y los pájaros estaban cantando
332
alegremente, sin darse cuenta del peligro que nos rodeaba o de la mancha
de la muerte el día que estaba marcado. Debo de haberme quedado
dormida porque parecía que solo habían pasado unos pocos minutos
Página

cuando sentí el colchón hundirse.


Abrí los ojos para ver a Hayden; duchado y limpio, usando nada más
que un par de pantalones pijama.
—¿Tenemos que ir a la sala de cuarentena? —le pregunté,
frotándome el sueño de mis ojos. Mi garganta estaba muy seca, pero me
sentía demasiado metida en el sueño como para hacer algo al respecto.
—No —dijo Hayden y se sentó a mi lado—. Los A2 y A3 van allí, ya
que hay más de ellos que nosotros.
—Entonces, ¿dónde vamos?
Envolvió sus brazos alrededor de mí. Me moví más cerca de él,
presionando mi cara contra su pecho firme.
—Tenemos que estar encerrados en nuestras habitaciones.
—¿En serio?
—Sí. La puerta en la parte superior de la escalera está cerrada y
bloqueada. Alguien va a traer el desayuno pronto y van a comprobarnos
cada pocas horas…
Cerré los ojos otra vez.
—Te amo, Hayden —susurré, sintiendo que era algo que había que
decir. Quizás Padraic tenía razón; tal vez solo estábamos aún con vida
debido a la suerte. Siempre y cuando lo tuviera a mi lado, iba a usar eso a
mi favor.
Pero la suerte se agota y no todo el mundo tiene suerte. Si las cosas
fueran a tomar un giro para el lado malo, quería estar absolutamente
segura de la gente que me importaba supiera exactamente lo mucho que
significan para mí.
—También te amo —susurró de vuelta y apretó sus labios contra los
míos.
—¿Crees que todavía estamos vivos solo porque tenemos suerte? —le
pregunté, sin poder evitarlo.
—No —respondió de inmediato—. Estamos vivos porque somos
inteligentes. Sabemos lo que estamos haciendo. No tomamos riesgos
innecesarios... bueno, no demasiado a menudo. Hemos sido más o menos
entrenados, por lo general tenemos un plan. Y nos tenemos el uno al otro.
Y no me refiero solo tú y yo. Todos nosotros; Cualquiera de nosotros.
Todos traemos algo diferente a la mesa. Podemos extraer las fortalezas de
cada uno. Nos cuidamos las espaldas. Todavía estamos vivos porque
somos luchadores; aún estamos vivos porque queremos vivir.
333

—Bien —dije en voz baja.


—Y tal vez solo un poco de suerte —agregó—. Prefiero ser afortunado
Página

que inteligente. Si tenemos la suerte en cada misión, todo va a ir por el


buen camino y nada malo pasará.
—¿No sería agradable?
—Lo sería. —Me abrazó un poco más fuerte. Pasé los dedos arriba y
abajo por sus brazos—. Todavía me siento afortunado de que nos
conocimos.
—Yo también —concordé—. Es una de las pocas cosas buenas que
trajo todo esto.
—Lo es. —Me besó una vez más—. Hablando de suerte, ¿hoy voy a
tener suerte?
Me reí y sacudí la cabeza.
—Tal vez más tarde. —Hayden se volvió a acomodar, descansando
su cabeza en mi pecho. Pasé los dedos por su pelo, haciendo que casi al
instante se relajara y conciliara el sueño. Debido a las palabras
tranquilizadoras que me había dicho desde el corazón, cerré los ojos y
pude caer en un sueño libre de pesadillas.
Bueno, eso fue hasta que Fuller entró a nuestra habitación.

334
Página
Hayden era una persona de sueño ligero. El sonido de la puerta
abriéndose y alguien viniendo a nuestra habitación era suficiente para
despertarlo. Cuando rápidamente se sentó, me jaló de mi sueño. Al
principio todo lo que noté fue el frío aire que me golpeó por la ausencia de
su cuerpo. Luego murmuró algo y me volví vagamente consiente que
alguien más estaba en la habitación.
También salí disparada, pensando que estábamos bajo otro ataque.
En lugar de lucir tranquilo y listo para dar una orden, la cara de Fuller
estaba afligida y podría decir que luchó con el impulso de girarse e irse.
—Señor, puedo explicarlo —escupió Hayden rápidamente y trató de
saltar fuera de la cama. Su pie quedó atrapado en las sábanas y
desesperadamente jaló la frazada para liberarse.
Para mi sorpresa, Fuller rió.
—Creo que esto lo puedo deducir, Underwood.
Hayden recogió una camiseta del suelo y se la puso.
—No es lo que parece —soltó abruptamente.
—¿Oh, no lo es? —Fuller rió entre dientes—. ¿Entonces qué es?
Hayden miró de regreso hacia mí, sabiendo que negando nuestra
relación me lastimaría.
—Está bien, sí es lo que parece.
Los ojos de Fuller se encontraron con los míos por un milisegundo
antes de destellar de regreso hacia Hayden.
—¿Va a tratar de separarnos? —pregunté, forzada a dispersar el
miedo de Hayden.
—¿Por qué haría eso? —preguntó Fuller, luciendo confundido.
—Porque nos distraeríamos el uno por el otro —procedí a explicar.
Fuller se sentó en el borde de la cama de Hayden y se movió para
335
que Hayden también se sentara de regreso.
—¿Hace cuánto tiempo ha estado sucediendo esto? —preguntó.
Página

—Desde que conseguí regresar de estar abandonada —le informé.


—No he notado ninguna disminución en sus actuaciones —prometió
Fuller, sus ojos prácticamente destellando—. Y ya era tiempo, Underwood
—dijo él con un guiño. Me perturbaba verlo feliz y me intimidaba que su
felicidad fuera a costa de vernos a Hayden y a mí juntos en la cama.
La mandíbula de Hayden cayó y se giró hacia mí como si yo tuviera
una respuesta a su pregunta no dicha.
—¿Lo sabías? —le preguntó finalmente a su superior.
Fuller rió y me di cuenta que probablemente era la primera vez que
lo había escuchado reír.
—Siempre. ¿Por qué más crees que di la orden de no decirte que
Orissa nunca regresó de esa misión? No estabas sanando tan bien como
esperamos y sabía lo que las noticias te harían.
Hayden asintió y suspiró, acordando que pensar que estaba muerta
haría más que solo enojarlo.
—Así que —dijo lentamente—. ¿No te importa que estemos juntos?
—¿Por qué debería? —preguntó Fuller, su voz llena de confusión.
—¿Es poco profesional? —Sugirió Hayden.
Fuller cruzó sus brazos y miró a Hayden con una muy paternal
expresión de voy-a-darte-un-consejo.
—La felicidad es rara, si no extinta en este mundo sombrío. Si
encuentras algo que te hace sonreír, incluso si es solo un poco, tienes que
aferrarte a eso.
Las palabras de Fuller hundieron mi previa revelación incluso más
profunda. Sentí lágrimas picar en la esquina de mis ojos por alguna
estúpida razón. Él sonrió una vez más y se giró hacia mí.
—¿Ustedes se aman? —preguntó tan descaradamente que hizo que
la sangre se apresurara a mis mejillas.
—Por supuesto —respondí instantáneamente al mismo tiempo que
Hayden decía “Sí”. Distraídamente curvé mis dedos alrededor de las placas
que colgaban de mi cuello. Fuller notó el gesto y miró a Hayden de alguna
manera incrédulamente. Hayden asintió, lanzó sus ojos hacia abajo, y
sonrió.
—Bueno —dijo Fuller y se levantó—. Vine para revisar a mis
soldados. A todos les está yendo tan bien como esperé. Estamos teniendo
un servicio para los caídos mañana —dijo y caminó hacia la puerta. Se
detuvo—. ¿Quién sabe?
336

—¿Sabe qué, Señor? —preguntó Hayden.


—¿Quién sabe acerca de ustedes dos?
Página

—Nuestro equipo —respondió Hayden—. Y la amiga de Orissa,


Raeya.
Fuller presionó sus labios juntos.
—Tal vez deberían mantenerlo de ese modo, por ahora. Saben cómo
es el chisme en este lugar. —Sonrió otra vez—. Sin embargo es solo
cuestión de tiempo; eres bastante obvio, Underwood. Pero estén
preparados para las historias y preguntas cuando ustedes dos “salgan”.
Hayden rió y caminó con Fuller hasta la muerta. Los dos caminaron
fuera, al pasillo y hablaron en voces susurradas por varios minutos.
Cuando Hayden regresó a la habitación, estaba sonriendo.
—Bueno, eso fue raro —dije.
—¿Qué quieres decir? —Hayden cerró la puerta y se sentó junto a
mí.
—Ver a Fuller sonriendo y riendo y dando concejos. —Sacudí mi
cabeza—. Fue casi incómodo, fue tan fuera de carácter.
—¿Fuera de carácter? Fuller siempre es así.
—No, no lo es —dije, levantando mis cejas.
—Sí lo es. Es un tipo amable.
—¿Estamos hablando de la misma persona aquí?
—Orissa, Fuller es estricto, te concederé eso. Pero tiene que serlo. Si
fuera solo un residente, creo que lo verías. Pero no lo es. Sostiene el peso
de este lugar sobre sus hombros. Es una gran responsabilidad. Sé que
ustedes no lo han conseguido por aquí, y creo que eso es porque no estás
acostumbrada a recibir órdenes o respetar a alguien solo porque es tu
superior. Realmente, no es un mal tipo.
—Te ama enloquecidamente, todos saben eso. Por supuesto que
cantarás sus elogios. Y no voy a respetar a nadie solo porque tiene un
sofisticado título al principio de su nombre. El respeto es ganado, no
asumido instantáneamente.
—Respetar a alguien y que te guste alguien son dos cosas diferentes
—argumentó.
—No, no lo son.
Suspiró.
—No lo entiendes. Tal vez es una cosa militar.
—Tal vez. No quiero comenzar una discusión. Estoy feliz de que
Fuller sabe y no nos va a hacer cambiar de habitación.
337

—Yo también. Me siento mucho mejor sin tener que esconderlo más.
—Sus brazos se envolvieron a mí alrededor y nos recostamos.
Página

—¿Crees que ellos sintieron mucho dolor? —pregunté cuando una


imagen de los soldados caídos destelló a través de mi mente.
—¿Quiénes?
—Los tres tipos que murieron.
—Sí, estoy seguro que lo hicieron.
Miré a Hayden.
—Eso no es lo que se supone que debías decir.
—No voy a mentir, Riss. Sabes tan bien como yo que tener a alguien
mordiéndote, jalándote, y arrancando tu piel no es placentero.
—Odio que murieran.
Corrió sus dedos a través de mi cabello.
—Yo también. Únicamente sigo pensando que si solo hubiéramos
llegado antes los podríamos haber salvado. Pero esto es una guerra. Las
personas mueren en las guerras.
—Nunca lo pensé de ese modo.
—¿En qué modo?
—Guerra.
—Oh, no es a lo que estoy acostumbrado —dijo con una leve
sonrisa—. Afortunadamente los zombis no disparan de regreso. Pero ellos
nos superan en número. Esta no es solo alguna batalla. Esto es guerra; es
una pelea por la humanidad.
—Lo es. —Cerré mis ojos y fui invadida por las imágenes de los
pastos sangrientos. Exhalé pesadamente y me senté, trazando los tatuajes
de Hayden con mis dedos. Sintiéndonos mentalmente desgastados,
decidimos poner una graciosa película alegre.
La mañana siguiente, nos despertamos a tiempo y fuimos abajo por
el desayuno. Busqué alrededor con entusiasmo por mis amigos. Cuando
no los vi, entendí que los extrañaba. Varios residentes nos agradecieron a
Hayden y a mí por arriesgar nuestras vidas para mantener la granja
segura.
Hayden sacudió sus manos, sonrió, y les agradeció por su
apreciación pareciendo siempre tan modesto. Era mucho mejor
interactuando con las personas de lo que yo era.
Acababa de recoger mi bandeja cuando ella corrió detrás de mí. Casi
dejé caer mi avena cuando sus brazos se envolvieron alrededor de mi
cuerpo.
—¡Rissy! —gritó Raeya. Dejé la bandeja de regreso y me giré.
338

—¡Ray! —dije en una estúpida voz aguda. Abracé a mi mejor


amiga—. ¡Pensé que ya habías comido!
Página

—Lo hice —me dijo, su voz amortiguada por mi cabello—. ¡He estado
esperando una eternidad a que regresaras abajo! ¡Se siente como si te
hubieras ido hace años!
—Lo hace —concordé. Relajé mi agarre sobre ella—. Ven. Siéntate
con nosotros.
Hayden, Raeya, y yo nos sentamos en nuestra mesa usual en la
parte de atrás. Rider, Brock, Alex, y Jose todavía estaban terminando su
desayuno. Nos sonrieron sombríamente mientras tomábamos asiento.
Raeya me llenó con todo lo que me había perdido mientras estaba
fuera en la misión. Finalmente todos habían sido capaces de ir afuera al
menos antes de que una mala tormenta se pasara, los conceptos de
nuestros escudos habían sido puestos en acción, y la construcción
comenzó en la primera cabina. Sabía que se estaba muriendo de ganas por
preguntarme acerca de los detalles de la misión e incluso más sobre qué
pasó en la granja la otra noche. Sabía que no debía pronunciar ni una
palabra sobre ello en compañía mixta.
Después del desayuno, fui con Raeya a su habitación. Hecha a partir
de lo que parecía como un viejo mantel, Raeya había hecho unas cortinas
y las había colgado al centro de la pared opuesta a la puerta, dándole a su
habitación subterránea la sensación de tener una ventana. Revisó para
asegurarse de que su reclusa compañera de habitación no estuviera
escondida debajo de la cubierta de su cama antes de cerrar la puerta e
interrogarme.
—¿Cómo fue la misión? El clima no ha sido muy bueno. ¿Corrieron
dentro de la tormenta?
—Sí —le respondí honestamente—. No fue tan malo. La evitamos. —
Tal vez estaba mal mentirle a mi mejor amiga. Pero tal vez era mejor no
preocuparla con algo que ya había ocurrido—. Solo se sintió como una
larga misión en el trasero por alguna razón. —Corrí mis manos a través de
mi desordenado cabello—. Encontramos a un gobierno establecido en
cuarentena.
—Oh mi Dios. ¿En serio? ¿Es de allí de donde vinieron las personas
nuevas?
Sacudí mi cabeza.
—Estaba lleno de personas muertas. Bueno, excepto por los locos.
Fue malo, Ray. No quieres saber los detalles.
—Cuéntame acerca de los productos frescos —prácticamente habló
efusivamente.
339

—Fue extraño, eso es seguro. ¿Conoces estas cosas de efecto


invernadero que reemplazaron a las granjas hace unos pocos años?
Asintió.
Página

—Bueno —continué—. Encontramos una granja de efecto


invernadero.
—De ninguna manera —susurró en incredulidad—. ¿Una granja de
efecto invernadero funcional?
—No, una no funcional llena frutas frescas y vegetales —dije
sarcásticamente.
—Lo siento, estúpida pregunta —dijo con una sonrisa—. Sabes lo
que quiero decir. ¿Pueden esas cosas funcionar sin personas?
—Realmente no lo sé. Corre todo mecánicamente; los niveles rotaban
por su cuenta así que por lo tanto mientras los tanques tengan agua y los
bombillos no se quemen, supongo. Pero las plantas deberían estar
grandes. Y estas no lo estaban.
—¿Quién crees que se estaba haciendo cargo de ellas?
—No tenemos ni idea. No pudimos encontrar ningún signo evidente
de que alguien estuviera sosteniéndola en los alrededores. Asumiría que si
estabas haciéndote cargo de las plantas regularmente, estarías cerca y no
solo para cuidar de ellas. Yo sería bastante protectora sobre mis frutas
frescas y vegetales. Obviamente, eran fáciles de tomar.
—Eso no tiene mucho sentido —dijo ella, juntando cejas hasta que
una pequeña línea se formó entre ellas—. ¿Eran enormes como las de
efecto invernadero que salían en la televisión?
—Sí. Era algo perturbador estar allí.
—¿Crees, entonces, que un grupo grande estaría detrás de esto,
cierto? Unas pocas personas no necesitarían tanto.
—Lo hubiera tomado incluso si todavía estuviera en el pequeño
grupo de mi abuelo. Intentaría secar o enlatar la mayoría de ello, pero no
dejaría pasar una oportunidad de comida.
—Sí, pero eventualmente te quedarías sin semillas —argumentó.
Sacudí mi cabeza.
—Eres una chica de ciudad, Ray. Puedes obtener las semillas de las
plantas.
Rió.
—Cierto. ¿Las plantas estaban en buena forma?
—Excelente forma. Si hubiera tomado una foto de lo que vimos y te
dijera que encontraras la diferencia de esa y una foto tomada el año
340
pasado, no serías capaz de decirme la diferencia. Y había huellas que se
dirigían hacia las puertas; eso fue lo que me previno de mirar dentro en
primer lugar. Hayden no creyó que valía la pena entrar a mirar pero
Página

estamos felices de haberlo hecho. Alguien había estado allí recientemente.


—Tienes razón eso es raro. No tiene sentido —dijo y exhaló. Sus
palabras trajeron un escalofrío sobre mí. Por alguna razón, no me gustaba
o confiaba en las personas que se hicieron cargo de la casa de efecto
invernadero. No tenía sentido debido a que no tenía la más mínima idea de
quienes eran.
—Estoy tan agradecida así como también confundida —le dije—. Tal
vez nunca sabremos la verdad detrás de ello. Y no creo que vayamos a
regresar. Hayden estuvo teniendo un ataque al corazón todo el tiempo.
—¿Por qué?
—Fuimos más lejos de lo que Fuller nos dijo que fuéramos. No se
suponía que cruzáramos la frontera de Pennsylvania; está demasiado lejos
o algo así. No veía cual era el problema, pero Hayden odia desobedecer
órdenes. Creo que se siente culpable.
—Es un buen soldado.
—Sí, lo es —susurré—. Oh, no puedo creer que no te lo dije. Fuller
nos atrapó juntos en la cama.
—¿Qué? ¿Cómo juntos juntos?
—Estábamos durmiendo, literalmente. —Proseguí a contarle acerca
de la extraña aprobación y el ánimo que Fuller nos dio por estar juntos. Le
resumí el resto de la misión y le di los detalles importantes del ataque de la
granja. Era un recuerdo sangriento que estaría feliz de olvidar; Raeya no
necesitaba saber sobre eso. Sé que después se preocuparía.
Como la increíble amiga que siempre ha sido, ella podía decir que
también me golpeó un nervio. No estaba exactamente segura de cómo
sabía cuándo algo me molestaba. Era cuidadosa de mantener mi cuerpo
inmóvil, mi voz nivelada, y mis ojos concentrados.
Cambió el tema a algo seguro y hablamos de que Scarlet todavía
esparcía rumores, cómo de efectivo había sido el entrenamiento de los
perros para que rondaran el ganado, y si deberíamos nombrar o no a los
teneros bebés este verano cuando lo más probable es que se convirtieran
en nuestra cena. Nos apuramos hacia arriba y jugamos con Argos; él
corrió hacia nosotras y casi me tiró con su eufórico saludo.
A las diez y quince, dejé a Raeya para encontrar a Hayden. No estaba
arriba e Ivan me dijo que no lo había visto. Fui de regreso a nuestra
habitación y traté de hacer un Saludo al Sol25 pero me detuve después de
solo unos segundos. Mi hombro irradiaba dolor hacia mi brazo y de
regreso cuando lo levanté sobre mi cabeza. Sabiendo que estirar ayudaría
sin importar el dolor, lentamente lo estiré hacia adelante.
341

Lo devolví de regreso a mi lado.


—¡Ah! —dije cuando una sensación de cosquilleo se disparó abajo
Página

hacia mis dedos. Abrí y cerré mi mano varias veces. Era como si mi brazo
de repente se hubiera dormido. Traté de sacudirlo sin éxito. Rindiéndome,

25 Es una de las secuencias de posturas del hatha yoga


lo sostuve cerca a mi lado e intenté estirar las sábanas y las cobijas en mi
cama.
Abrí ambas ventanas, dándole la bienvenida a la leve brisa que sopló
dentro. El aire no estaba caliente pero era espeso y pegajoso, arrastrando
la esencia de lluvia. Nubes grises estaban moviéndose rápido. Podríamos
usar la lluvia; lavaría la sangre derramada en nuestras tierras.
—¿Lista? —La voz de Hayden vino de detrás de mí. Casi pregunté
“para qué” cuando recordé el servicio.
—No. No quiero ir. Odio las cosas como esta.
—Yo también —acordó—. Me recuerda cuán fácil podría ser que uno
de nosotros esté siendo honrado.
Asentí.
—¿Puedo por favor encerrarte en una habitación segura? Prometo
alimentarte tres veces al día. Incluso tendré sexo contigo por lo menos
cuatro veces a la semana.
—¿Puedo tener un televisor?
—Sip.
—Hazlo cinco veces a la semana y tenemos un trato —dijo con una
sonrisa—. Pero tendrás que estar encerrada conmigo. No quiero que nada
malo te pase, tampoco.
—Bueno, entonces ambos estamos jodidos. —Salí de la cama y fui al
lado de Hayden. Metí sus placas bajo el frente de mi camiseta y lo seguí
fuera. Andy, el tipo que Wade jaló de las manos de un zombi, murió por
complicaciones como explicó Padraic varias horas después de que fue
traído a la guardia del hospital. Teníamos lo que había quedado del cuerpo
de William y nada de Miguel.
Todos los trecientos y algo de residentes estaban alineados afuera,
levantando sus manos derechas a sus frentes en respeto cuando los
cuerpos fueron llevados. Aunque ninguno de los tres que murieron estaba
enlistado en la milicia, Fuller los consideraba soldados y todos querían
honrarlos por su valentía y sacrificio.
Sabía que el saludo de las doce armas disparadas despertaba una
pesadilla en la mente de Hayden. Mantuve un fuerte agarre en su mano
todo el tiempo mientras yo luchaba con las lágrimas. El resto del día pasó
342
en un tenue, modo triste. Hubo un montón de charlas acerca de los
muertos; personas rememorando recuerdos felices, riendo por alguno de
los momentos graciosos que fueron capaces de compartir, y diciendo lo
Página

agradecidos que estaban por todos nosotros los que los manteníamos a
salvo.
Hayden tuvo otra pesadilla esa noche. No había estado dormido por
mucho tiempo antes de que su cuerpo comenzara a retorcerse,
despertándome. Estaba respirando pesadamente y estaba empapado en
sudor.
—Hayden —dije suavemente y acuné su cara entre mis manos—.
Hayden, despierta.
Con una brusca inhalación, sus ojos volaron abiertos y se
dispararon alrededor de la habitación, tratando de enfocarse en algo que
no era real
—Hayden —hablé de nuevo—. Está bien. No es real. Estás a salvo,
estás conmigo.
Con un rápido, movimiento de agarre, me agarró y me jaló hacia él.
—¿Orissa?
—Sí, Hayden. Soy yo. Está bien.
Tomó una profunda respiración y dejó de temblar. Entonces de
repente me sorprendió e involuntariamente me apretó.
—¿No lo escuchas? —preguntó.
Sacudí mi cabeza.
—No, no lo hago. No es real. Estás a salvo, Hayden.
—Sí —se detuvo—. A salvo. Pero es tan ruidoso.
—¿Qué es ruidoso?
—El IED. Sale del camino.
—Estamos fuera del camino. Hayden mírame. —Me senté y puse mi
cara a pulgadas de la suya—. No estás en un camino. Ya no estás en
Afganistán. Estás en Arkansas. Estamos luchando contra zombis, no un
ejército. —Eso no iba a ofrecer ninguna comodidad, pero quería que
Hayden saliera del oscuro lugar en el que estaba atrapado.
Abrió su boca para decir algo, se detuvo, cerró sus ojos y asintió.
Cuando abrió sus ojos de nuevo, podría decir que estaba en el presente.
Mantuvo sus brazos envolviéndome fuertemente hasta que su corazón
desaceleró.
—Lo siento —suspiró.
—¿Por qué lo sientes? —pregunté, sin mover mi cabeza de su pecho.
—Por hacerte lidiar con eso.
343

—Estás siendo ridículo, Hayden. No me siento como si “tengo que


lidiar” con nada.
Página

—Debería haberlo superado para ahora.


—No creo que yo alguna vez hubiera superado ver algo así. Y no solo
Ben —dije gentilmente—. Todo lo que viste entonces más la mierda que
vemos ahora. Es suficiente para joder a alguien.
—Pero soy el único que tiene pesadillas —argumentó, claramente
molesto y frustrado consigo mismo.
—Dudo eso altamente —calmé.
—Es molesto.
—No para mí. Y además —dije, sentándome así podía mirar a sus
ojos color avellana—. Es tu único defecto. Tiene que haber algo mal
contigo o si no me harías lucir mal.
Solo asintió y corrió sus manos sobre mis brazos.
—¿Estás cansada?
—Sí —respondí con un bostezo.
—Vuelve a dormir.
—Me quedaré despierta contigo.
—No —dijo bajito—. Estoy bien ahora. Leeré hasta que me sienta
cansado. —Encendió la lámpara al lado de la cama, cubrió la pantalla con
una camiseta para atenuar la luz, y cogió un libro. Reubiqué mis
almohadas así mi espalda estaba tocando el lado de Hayden donde sería
capaz de sentir si estaba teniendo otra pesadilla.
Cuando me desperté a las siete y treinta, Hayden me informó que no
había sido capaz de dormir la mayor parte de la noche y que estaba muy
cansado para bajar a desayunar. Le ofrecí traerle una bandeja, me vestí, y
fui abajo.
Mi hombro todavía estaba adolorido. La sensación de cosquilleo en
mis dedos regresó cuando extendí mi brazo por mi bandeja.
—¡Creo que puede ser signo de un ataque al corazón! —Exclamó
Raeya, su voz llena de preocupación, cuando le dije acerca de la molesta
sensación.
La miré con desconfianza.
—Sí, Raeya, estoy teniendo un ataque al corazón.
—Solo porque estás en buena forma no significa que no podría pasar
—me recordó—. Sé que has escuchado las historias de atletas cayendo
muertos de un ataque al corazón.
—Lo he hecho y lo sé, pero el cosquilleo no tiene nada que ver con
mi corazón. Se siente como si mi brazo estuviera dormido.
344

—¡Exactamente! ¡Es un síntoma!


—¿Te haría sentir mejor si le pregunto a Padraic?
Página

Sonrió.
—Sí, gracias.
Una vez que terminamos de comer, fuimos abajo al nivel B. Raeya
sugirió que intentáramos en la habitación de Padraic debido a que era su
“día libre” de trabajar en la guardia del hospital. Como Raeya, él también
tenía cortinas cerradas sobre una ventana no existente. Otra nueva
adición a su cuarto incluía un ramo de coloridas flores hechas de papel,
varios dibujos que obviamente eran hechos por niños tapaban las paredes
de bloque, y un televisor centrado en la cómoda junto a su cama. Vestido
con unos pantalones de pijama verde y una delgada camiseta negra,
Padraic sonrió cuando tomó un vistazo de nosotras.
—Buenos días. ¿A qué debo el placer? —preguntó, haciéndonos
señas para que entráramos.
—Raeya cree que estoy teniendo un ataque al corazón —dije
calmadamente.
Los ojos azules de Padraic destellaron con miedo antes de reírse.
Mirando a Ray, preguntó:
—¿Por qué crees eso?
—Dice que siente cosquilleos —suministró Raeya.
—¿En qué brazo? —Inquirió Padraic, de repente serio.
—Éste —dije y sostuve mi brazo derecho lo que causó que del dolor
se disparara de nuevo. Hice un gesto de dolor.
—Describe tu dolor —dijo Padraic en una forma muy médica. Se lo
describí lo mejor que pude, sintiéndome un poco como una bebé por
hablar acerca de mi estúpido hombro herido cuando otros estaban
lastimados de maneras peores que yo.
Después de varios momentos de tocarme gentilmente, apretando, y
estirando mi brazo Padraic dijo:
—No puedo estar seguro, pero creo que es un nervio contraído. Son
bastante dolorosos pero usualmente desaparecen en una semana o dos.
Haz un esfuerzo y descánsalo tanto como sea posible.
—Gracias —le dije—. Ves, Ray, nada de qué preocuparse.
—De nada, Orissa. —Se giró otra vez hacia Raeya—. ¿Todavía sigue
en pie lo de la parte dos?
—¡Lo estoy si tú lo estás! —le dijo ella con una sonrisa.
—¡Sí! ¡Estoy muriendo por saber que le pasó a Brooke! —dijo
345

haciendo que Raeya riera—. Disfruté mi naranja esta mañana, gracias,


Orissa.
Página

—De nada. Sin embargo no soy la única que merece las gracias.
—¿Descubriste las huellas, cierto? —preguntó, mirando a Raeya.
Ella asintió, confirmando el hecho.
—Sí, lo hice —admití.
—Tan extraña como fue la situación, estoy feliz de que podamos
disfrutar algo fresco para variar, sin embargo apuesto que no durará
mucho —dijo.
—Siento tener que irme volando —comenzó Raeya—. Pero tengo una
reunión de supervisores dentro de poco. ¡Regresaré tan pronto como
termine!
—Suena bien —dijo Padraic con una sonrisa—. Las veo después
chicas. —Nos acompañó a la puerta. Esperé a que la puerta cerrada
hiciera clic antes de girarme hacia Raeya.
—¿Qué van a hacer Padraic y tú después? —pregunté, esperando
sonar meramente curiosa y no desilusionada de que no podría quedar con
ella como había esperado.
—He estado haciéndolo ver One Tree Hill conmigo. Sofía Johnson,
quien está tres habitaciones más debajo de mí, tiene todas las temporadas
en DVD. —Sacudió su cabeza—. Sofía es afortunada de que los chicos la
encontraran. Ella empacó más formas de entretenimiento que de comida
en su bolso cuando el virus salió.
—Algunas personas no tienen ni idea de cómo sobrevivir. Es
gracioso… es una habilidad que nadie pensó que necesitaría saber.
—Cuando esto termine y las cosas estén de alguna manera de vuelta
a la normalidad, creo que hay algo que deberíamos enseñarle a los niños.
Unas clases de habilidades de supervivencia deberían ser obligatorias —
dijo Raeya con completa seriedad.
Caminé hacia las escaleras del nivel C.
—Así que, ¿han estado Padraic y tú pasando mucho el rato? —
pregunté cuidadosamente.
—No realmente más de lo normal. Bueno, cuando te vas sí lo hago.
Te lo dije, me siento sola.
Me siguió de regreso a la cafetería para agarrar una bandeja para
Hayden.
—¿Qué hay de los otros supervisores? —pregunté—. ¿No te gustan?
—Sí. Pero soy como diez años más joven que ellos. Me siento horrible
diciendo eso pero realmente no quiero pasar el rato con ellos.
—No te sientas horrible, es entendible.
346

—¿Qué hay de ti? —preguntó—. ¿Cómo es ir de misión y estar con


cinco chicos veinticuatro-siete?
Página

—No está para nada mal —confesé—. Realmente me gustan los


chicos. Con la excepción de Hayden, por supuesto, siento que esos chicos
son como mi familia.
—Estoy feliz. —Sonrió—. Bueno, te veré en el almuerzo. —Nos
abrazamos antes de que entrara a la cafetería a conseguir el desayuno
para Hayden, quien todavía estaba dormido cuando regresé a nuestra
habitación.
Sin querer sentarme alrededor y no hacer nada, fui afuera a
encontrar a Argos, debido a que el hombro me estaba doliendo tanto no
quise tirar la bola para él. Jones estaba afuera vertiendo comida en las
tazas y distribuyéndola entre los perros mendigando. Se me ocurrió que no
sabía el nombre de Jones.
—¡Hey, Orissa! —dijo alegremente sobre el sonido de las croquetas
de las mascotas corriendo dentro de las tazas de acero inoxidable.
—Hola —contesté y di una zancada para ayudarlo. Los pequeños
perros habían sido separados para alimentarlos y Jones dio un paso hacia
la puerta y puso una taza abajo. Inmediatamente una pelea se desató. Él
levantó a un Chihuahua, solo para dejarlo caer rápidamente de su agarre.
Sacudió su mano y metió su dedo dentro de la boca.
—Siempre son los pequeños —comenté. Jones inspeccionó la marca
de dientes en su mano.
—Él me sacó sangre —se quejó—. En serio, ¿Cuántos pastores
alemanes tenemos? Y nunca he tenido ningún problema alimentándolos.
—¿Dónde está Argos? —pregunté, buscando alrededor del patio.
—El doctor Sheehan lo tiene. Él lo toma bastante, en realidad.
—¿Lo hace?
—Sí. Creo que Argos emplea más tiempo con él que con los
entrenadores. Lo va a volver consentido. —Se rió.
Greta, la hermosa, pastora alemana de azabache oscuro, la favorita
de Hayden trotó hacia nosotros y lamió mi mano, meneando su cola.
—Lo siento, chica, no tengo ningún obsequio. —Se quedó de todas
formas, feliz de ser acariciada. Jones llenó otras tazas más y recogió dos,
ubicándolas a varios pies del otro. Tuvimos que separar otras dos peleas
en la sección de perros pequeños en el patio. Sin ser demasiado obvia,
miré la etiqueta de identificación de Jones y aprendí que su nombre era
Trey.
Hicimos una pequeña charla mientras los perros comían, hablando
347
en su mayoría de los nuevos trucos que los caninos estaban aprendiendo y
lo buena que era Greta en rastrear la esencia de los humanos. En acuerdo
mutuo, estábamos emocionados por usar a los perros para encontrar
Página

personas pero preocupados de sacarlos a semejante ambiente tan hostil.


Los animales eran inocentes, Jones vociferó fuertemente. No era justo para
ellos ser asesinados por zombis cuando fácilmente podría ser evitado.
Era otro día húmedo así que llevamos a los perros adentro,
distribuyéndolos a sus dueños. Los perros militares y policiales que el
compuesto había adquirido eran “adoptados”, como decía Trey, por
residentes. Trey me presentó formalmente a Sadie, una vieja pastora quien
se suponía que era una ex canina detectora de drogas.
—Comenzaron a ladrar unos buenos veinte minutos antes de que
alguien viera la horda —me dijo mientras acariciaba el pelo de Sadie—.
Estando así lejos bajo tierra, no sé cómo los sintieron. Tal vez es el olor. —
Sacudió su cabeza—. Sabía que algo estaba mal. Sadie me despertó. Luego
Greta comenzó a ladrar. Fue raro; nunca necesitan salir en medio de la
noche. Entonces comenzaron a gimotear y a ladrar. Ahí fue cuando lo
supe.
Asentí.
—Si no fuera por Argos, no sé si yo estaría aquí. —La imagen de
Logan, la primera persona que consideré un amigo durante la explosión
inicial, destelló a través de mi mente. Argos me salvó. Quería pensar que
hubiera sido capaz de salir de esa situación por mi cuenta. En lo profundo
no era capaz de mentirme a mí misma. Estaría muerta si no fuera por ese
perro.
Agarrando mi brazo dolorido hacia mi pecho, bajé otro tramo de
escaleras para encontrar al Doberman. La puerta de Padraic estaba un
poco entre abierta. Golpee, esperé un segundo y luego la empujé abierta.
El muñón de la cola de Argos se meneó hacia adelante y hacia atrás tan
pronto como atrapó un vistazo de mí.
—Hola —llamé a Padraic, cayendo sobre mis rodillas para dejar que
Argos lamiera mi cara.
—Hola, Rissy —dijo de regreso, sentándose. Bajó el volumen de la
película que estaba viendo—. ¿Qué ocurre?
—Extrañaba a mi perro —le dije, todavía acariciando a Argos.
—¿Tú perro? —preguntó con una risa—. Me gusta llamarlo mío.
—¡Yo lo encontré! —molesté—. Así que por lo tanto es mío.
—¿Nuestro perro? —Probó Padraic.
—Bien. Pero me ama más.
—Ah, lo dudo. Le traje fragmentos de mesa. —Padraic se rio entre
348
dientes. En una emocionante velocidad, Argos se deslizó en el azulejo del
piso en su furioso intento de correr por la habitación y traerme un muñeco
hecho en casa, una botella de agua dentro de una media.
Página

Lo agarré fuera de su fuerte agarre y lo lancé en el aire antes de


recordar que tan mal dolía usar mi hombro en esa capacidad.
—¿Quieres alguna aspirina? —Ofreció Padraic.
—Un poco —contesté. Cuidadosamente, extendí mi brazo—. Es como
si se sintiera mejor si pudiera estirarlo. Pero a duras penas puedo moverlo
por mi cuenta.
—Aquí —ofreció Padraic y se movió para que me sentara en su
cama—. Normalmente, recomendaría ir a ver un quiropráctico por esto. No
te preocupes; no voy a intentar nada loco. Déjame saber si esto duele y me
detendré enseguida.
—Está bien —le dije.
Con movimientos gentiles, Padraic tomó un agarre de mi brazo y me
ayudó a estirarlo hacia afuera y hacia arriba. Lo movió lento y evaluó mi
dolor cada pocos segundos. Cuando enderezó mi codo, inhalé rápidamente
por el dolor.
—¿Dónde te duele? —preguntó.
—Principalmente en todos lados —me quejé.
—¿Puedes ubicar donde comienza?
—Sí, aquí —le dije y puse mi dedo sobre el lugar.
—Recuéstate —dijo Padraic. Hice lo que se me dijo. Sostuvo mi brazo
para que de esa manera estuviera fuera de la cama. Lo movió alrededor un
poco más y luego comenzó a masajear el área adolorida. Dolía como una
perra al principio pero pronto le dio paso al alivio.
En cuestión de minutos me sentí mejor. Me relajé y estaba
disfrutando mucho más ser masajeada. Miré a Padraic, recordando la
primera vez que lo vi en el hospital. La primera cosa que noté acerca de él
fue su increíble buena apariencia. Luego me di cuenta que su corazón era
igual de increíble.
—¿Alguna mejoría? —preguntó, su acento un poco más fuerte de lo
normal.
—Sí, gracias —dije, sintiéndome casi desorientada. Me senté y miré
atentamente sus profundos ojos azules—. Gracias —repetí.
—A la orden. Sabes que hago lo que puedo para ayudarlos.
—Y lo aprecio. En serio.
Padraic se sentó junto a mí. Sonrió un poco demasiado dulce y
repentinamente me sentí incómoda. Argos saltó, lamiéndome con
entusiasmo en la cara.
349

—¿Ya has conocido a los nuevos residentes? —pregunté—. Una de


ellos es realmente rara; cree que los zombis están poseídos por espíritus
Página

malignos.
Padraic rió.
—Creo que esa es la mitología real detrás de los zombis, ¿No es así?
—No lo sé, suena cierto sin embargo.
La puerta de Padraic chirrió. Miré para ver quien estaba allí pero no
vi a nadie. Me giré de regreso a Padraic cuando chirrió y se abrió unas
pocas pulgadas. Suspiró y se puso de pie.
—Parece que Petunia se salió otra vez —dijo y caminó hacia la
puerta. Se agachó y extendió su mano. Un hurón de azabache oscuro
curiosamente caminó sobre ella. Levantó a la pequeña comadreja y la trajo
hacia mí. Argos olfateó su cara en mi regazo, olfateando curiosamente al
pequeño animal.
—Oh mi Dios ¡Es tan jodidamente linda! —Exclamé. Cuando era
pequeña, quería un hurón. Incluso ahorré la mesada de un verano para el
valor de uno y leí cada libro sobre hurones que pude conseguir en la
librería. Pero mi abuelo me dijo que ellos eran inútiles y en su lugar me
trajo un perro. Dos semanas después, mi perro escapó, para no volver a
ser visto otra vez—. ¿De dónde vino?
—Cara tiene unos cuantos de ellos —explicó Padraic—. No estoy
realmente seguro de cuantos, para ser honesto. Esta pequeña chica es una
Houdini; se sale todo el tiempo.
—¿Debemos llevarla de regreso?
—Nah. Me la quedaré por un rato. Cara está en el laboratorio hoy. Y
a Argos le gusta ella.
—¿En qué está trabajando Cara? —pregunté y ubiqué a Petunia en
el suelo. Encorvó su espalda hacia arriba y saltó, haciendo un suave
sonido de cacareo—. Ese sonido es llamado dokeo —le dije a Padraic. Él
consiguió un par de medias de su tocador, las hizo un ovillo y se las lanzó
a Petunia. Cuando la suave bola la golpeó, ella saltó, mordió las medias, y
perdió el control otra vez, causando que Padraic y yo riéramos. Argos saltó
fuera de la cama y se echó en el suelo, tocando gentilmente con la pata a
Petunia cuando ella se acercó a él.
Jugamos con ella un rato más, riendo con sus payasadas. Petunia
corría, saltaba aleatoriamente y cambiaba de dirección, agarraba y mordía
nuestras manos y pies, apresurándose debajo del tocador, y luego
descansaba completamente extendida y quieta por varios segundos antes
de saltar y hacer todo eso otra vez.
Padraic no se molestó cuando se hizo popó en la esquina de su
350
habitación. Rápidamente la limpió y salió para desechar las toallas de
papel sucias. Cuando regresó, tenía una taza de agua. Sin pensarlo, la
puso en el piso. Por supuesto Petunia estaba curiosa. Se levantó sobre sus
Página

patas traseras, metió su nariz en el agua, y luego la regó por todo el piso.
Nos reímos de nuevo y ayudé a Padraic a limpiar. Finalmente, la
pequeña chica quedó fuera, trepó en la cama de Padraic, y cayó dormida
bajo su almohada.
Me levanté y cuidadosamente estiré mi brazo, el cual me estaba
doliendo otra vez.
—Puedo conseguirte algunos medicamentos para el dolor —me
recordó Padraic.
—Nah, guárdalos para alguien que realmente los necesite —le dije—.
Viviré.
—Sí, pero eso no significa que debes estar adolorida —me recordó,
destellándome una brillante sonrisa.
—Si se pone peor, te lo dejaré saber.
—Está bien. Y le diré a Fuller que necesitas descansar —dijo con un
guiño—. Ray me dijo de arreglar las cercas y puertas en la granja que
consiguieron moverse arriba en la lista.
—Oh, qué alegría —murmuré, aunque, realmente era una idea
inteligente.
Con mucho cuidado, Padraic recogió a Petunia.
—Voy a ponerla de vuelta con su familia de hurones —me dijo—. Y
ver cómo van las cosas en el laboratorio.
—Pensé que hoy era tu día libre —dije.
—Lo es —concordó con remordimiento—. No haré ningún trabajo, no
te preocupes.
—Bien, tú también mereces descansar, lo sabes.
Suspiró.
—Lo sé. Ahora que el brote de gripa parece estar bajo control ha sido
mejor. Eso no fue divertido.
—¡Eso apuesto! No querría estar alrededor de personas enfermas
todo el tiempo; es depresivo.
—Puede ser —concordó—. No estoy seguro si esto es fortuito o
inoportuno, pero la supervivencia del que mejor se adapta parece estar en
juego ahora. Dudo que hayas notado la falta de enfermos crónicos aquí.
Incliné mi cabeza.
—Tienes razón. Nunca pensé sobre ello antes. Es algo triste… pero
supongo que bueno también. No estamos equipados para hacernos cargo
de una persona realmente enferma.
351

—No, no lo estamos para nada. —Se giró para ir directo a la


habitación de la doctora Cara, cerrando su puerta así Argos no se
Página

saldría—. Bueno, en esa nota feliz, te veré en la cena.


—Sí, nos vemos. —Sonreí y le dije adiós con la mano. Lentamente
caminé arriba hacia mi habitación, removí alrededor en la caja de
aperitivos de Hayden y me acomodé con una caja de galletas. Ahuequé las
almohadas y me puse cómoda en la cama, decidiendo leer más de El
Hobbit hasta que Hayden se me unió de nuevo.
Los siguientes pocos días pasaron en un similar modo tranquilo.
Aquellos que no estaban heridos fueron afuera a arreglar las vallas,
puertas y la expansión de foso. Bajo el cuidado del doctor Sheehan, yo no
estaba perfecta para el trabajo. Jugué cartas con Raeya, Sonja, Olivia y
Padraic mientras Hayden y el resto de mi equipo fueron afuera a trabajar
bajo el sol caliente.
Alex tenía un profundo corte sobre su pantorrilla y cojeaba cuando
caminaba. Todavía sintiendo una leve animosidad entre nosotros, me
evitaba, sentándose tan lejos como fuera posible en el cuarto de juegos.
Addison y Lizzy se habían vuelto amigas de Lisa y los otros niños en el
complejo. Parker —la otra persona aparte de Hayden que sabíamos que era
resistente al virus— estaba jugando carros de Hot-Wheels con Quinn.
Scarlet zumbaba alrededor, presentando felizmente los nuevos
residentes a todos y volviendo a contar cómo Hayden la había salvado
heroicamente. Noté que su historia se volvía más y más disparatada cada
vez que la contaba. Cuando le pregunté a Hayden al respecto, él no fue
capaz de volver a contar los detalles del asunto. Dijo que fue un rescate
regular y ni siquiera creyó que la familia de Scarlet estaba bajo peligro
directo.
Sudado y sucio, Hayden vino antes del almuerzo. Dejé a mis amigos
para ir a encontrarlo así nos podríamos bañar juntos. Cada día que
pasaba aliviaba la tensión que todavía sentía del ataque en la granja.
Cuando pasó una semana, la esperanza de nuestra supervivencia estaba
de vuelta en mi corazón. Mi brazo ya no dolía más, para la sorpresa de
Padraic. Todavía me aconsejó mantenerme alejada del trabajo pesado. Pero
con la falta de dolor que estaba sintiendo, no podía justificar que mis
amigos trabajaran como bestias mientras me sentaba dentro
cómodamente.
Zane se convirtió en un A2, reemplazando a uno que perdimos. Colin
tenía las habilidades y sabía cómo estar en el nivel A pero rechazó
cualquier posición en la que tuviera que lidiar con zombis. Hayden me dijo
que Fuller estaba decepcionado de que Colin no “nos ayudaría” pero dijo
que Fuller no lo presionaría; si alguien no quería enfrentar más a los
zombis, ellos no tenían que hacerlo. Recordé a Hayden diciéndome una
cosa similar cuando nos conocimos. Me aseguró que el complejo no
352

funcionaba como una prisión y me prometió que todavía tendría la


mayoría de mi libre albedrío.
Página

Contra las protestas de Sonja, Jason aplicó para subir en el rango.


Como su hermana, yo prefería que él se mantuviera guardado en las torres
de piedra de vigilancia. Eso era seguro y fuerte pero aun así crucial para
nuestra supervivencia. Consideré pedirle a Hayden que le dijera a Fuller
no dejar que Jason ascendiera pero me detuve, dándome cuenta que era
egoísta. Y, me recordé, que no puedo mantener a todos a salvo para
siempre.
Tan pronto como la granja no estuvo solo lista si no mejorada, Alex y
su equipo tuvieron dos días libres para descansar antes de salir en una
misión por suministros. Junto con la comida, necesitábamos cosas para el
hogar como papel higiénico, jabón, productos de limpieza, y ventiladores
debido a que no estábamos haciendo funcionar el aire acondicionado en el
piso de arriba.
De vuelta a nuestra rutina regular, Hayden y yo nos quejamos
acerca de levantarnos temprano para hacer ejercicio. Fuller se aventuró
dentro del cuarto de ejercicios, evaluando nuestra mejora en habilidades y
fuerza. Me felicitó por mis mejoras debido a que primero me uní al rango
A1. Nunca me había considerado estar fuera de forma, sin embargo
definitivamente noté un incremento en mi fuerza.
Dejé las pesas que había estado levantando y caminé hacia la banca
donde estaba mi taza de agua.
—¿Cómo está tu brazo? —preguntó Fuller desde atrás.
Me giré.
—¿Mi brazo?
—El doctor Sheehan me informó que obtuviste una lesión.
—Oh —tomé un trago—. Sí. Lo hice. Estoy mejor ahora.
Fuller asintió.
—Continúa.
—Uh, está bien. —Resistí la urgencia de rodar mis ojos. Por qué
Hayden pensaba que él era tan fantástico, nunca lo entendería. Después
de ejercitar, me bañé, encontré a Raeya, Soja y Olivia, y nos sentamos en
la sala de juegos hablando con ellas hasta el almuerzo. Comí en la parte de
atrás con los otros A1.
No me había molestado en hacer un seguimiento de la fecha. Lisa
me informó que era viernes y me preguntó si asistiría a la noche de cine
semanal con ella. Después de un asentimiento de Hayden diciendo que él
también iría, le prometí que me sentaría junto a ella mientras veíamos la
película, sin duda una que ya habíamos visto muchas veces antes.
Fuller detuvo a Hayden en nuestro camino fuera de la cafetería. Lo
353

acompañé dentro de la oficina de Fuller. Espié una lista sobre el escritorio;


una mezcla de emoción y temor burbujeó a través de mí. Íbamos a ir a una
misión.
Página

—Una vez que los otros regresen y tengan un día o dos para
descansar, tu equipo saldrá —le dijo Fuller a Hayden—. Quiero que vayan
en una misión de búsqueda, no solo buscando personas si no para ver en
qué estado está el mundo. Si encuentran una horda, hagan lo que sea
necesario para abatirla. No podemos arriesgarnos a que otra nos atraviese.
—Sí, Señor —dijo Hayden automáticamente.
—Incluso si nos encontramos con una horda y matamos a cada
estúpido no muerto en ella —dije cuidadosamente—. No creo que eso
ayudaría. Nos superan diez a uno, o más. Probablemente más.
Para mi sorpresa, Fuller no discutió conmigo.
—Me gusta pensar que ayudará. Me he imaginado que la mayoría de
los S2 se han deteriorado al estado de S3 para ahora. Abatir una horda no
pondrá una abolladura en los números, pero si solo evita que una persona
sea infectada, entonces lo vale.
—No dije que no valía la pena —aclaré. Hayden me miró por la
esquina de su ojo, preocupado de que fuera a iniciar una discusión—. Y
estoy de acuerdo; había pensado que los zombis no serían tan… tan
vivaces ahora.
Fuller suspiró profundamente y corrió una mano sobre su cabeza.
Desenrolló el gran mapa y fue sobre las posibles locaciones con Hayden.
Noté que la frontera de Pennsylvania había sido trazada con un grueso,
Sharpie negro como si eso nos fuera a detener de cruzar la línea de estado
la próxima vez.
Se decidieron por Texas; estaba relativamente cerca e inexplorado.
Los extraños símbolos pintados en las puertas de las casas destellaron a
través de mi mente. Habían pasado meses desde que Hayden y yo
descubrimos las casas extrañas con agua y energía pero todavía me
molestaba de una manera que no podía describir.
Estaba volviéndome un poco aburrida escuchando a Hayden y Fuller
discutiendo los finos detalles de nuestra misión. Tanto como a mí me
concernía, las cosas importantes —como la locación y el tiempo permitido
para irnos— ya habían sido cubiertos. Sin prestar atención, jugué con el
pendiente de hoja plateado que siempre usaba.
La delicada cadena había conseguido enredarse con la cadena de
bolas de las placas de Hayden. Me quité ambos y trabajé en separar
ambas. Me puse de regreso el collar de mi abuela y examiné las placas de
Hayden, leyendo su información una vez más antes de deslizar la cadena
sobre mi cabeza.
354

Fuller nos despidió y nos acompañó a la puerta. Se detuvo, sus


oscuros ojos saltando de mí a Hayden y luego otra vez.
—Ustedes han —comenzó, mirándome de arriba abajo antes de
Página

sonreír— ¿Ustedes han considerado tener algún niño?


Mi mandíbula debió haber caído. Incrédulamente me volví hacia
Hayden, quien lucía justo tan impactado como yo.
—¿Qué? —pregunté finalmente.
Fuller rió suavemente.
—Underwood es resistente al virus. Tú sanas bastante rápido. Solo
puedo imaginar lo único que sería su hijo.
—Y apuesto —bromeó Hayden rápidamente. Perturbado, tomó mi
mano y dio un paso hacia la puerta.
—Es solo un pensamiento —dijo Fuller casualmente—. Manténgalo
en mente.
—Sí, Señor —balbuceó Hayden. Incómodamente, dejamos la oficina
de Fuller.
—Por favor dime que no vas a tomar su concejo —le dije a Hayden
cuando estuvimos de regreso en nuestra habitación.
—Uh. No. —Sacudió su cabeza—. No me malinterpretes, Orissa, te
amo y si las cosas fueran diferentes, te embarazaría en un latido. —Me dio
una insolente sonrisa—. Pero… no. Solo no. Ni siquiera quiero pensar al
respecto.
—Yo tampoco. No quiero traer a un niño en un mundo como este.
—Ni siquiera hablemos de ello.
Asentí.
—Buen plan.
Raeya rió cuando le conté lo que Fuller comentó durante la cena.
Luego su cara se volvió seria y concordó en que sería una buena idea.
Levanté una ceja para dejarle saber que no había olvidado sus esperanzas
de que quedara embarazada para que así no pudiera salir en misiones.
Bromeó alrededor por un rato antes de hacer una pregunta que envió un
escalofrío a través de mí.
—¿Crees que Fuller quiere que ustedes tengan un bebé para así
poder hacer pruebas en él? —preguntó en voz susurrante.
—¿Pruebas?
—Sí, como pruebas genéticas como consecuencia al virus. Es casi
como si el creyera que ustedes dos fueran a producir a un súper humano.
La manera en que él señaló tu rápida curación y la resistencia de Hayden
es escalofriante. Eso solo hace preguntarme si querría hacer experimentos
355
en el niño.
De repente, ya no estaba interesada en mi mezcla de vegetales con
sal, ponderé su acusación. ¿Qué haría Fuller si Hayden y yo teníamos un
Página

niño? ¿Por qué más pensaría él que es una buena idea? Padraic señaló
más de una vez que se sentía mal por las pocas mujeres embarazadas
aquí; no teníamos ninguna tecnología como máquinas de ultra sonido,
monitores fetales, o una sala de parto. Y más desconcertantes —para mí
por lo menos— no teníamos ninguna droga que fuera segura para darle a
una mujer en labor. Padraic era cirujano pero nunca antes había llevado a
cabo una cesárea de parto y vociferaba su preocupación de hacer mal el
trabajo.
Después de una semana de haberse ido, Alex y su equipo regresaron
a casa. Tres días después de eso, nuestro equipo salió en una misión.
Hayden, Rider y yo cargamos nuestras cosas dentro del camión y Brock,
Wade, e Ivan consiguieron la SUV negra. Como era usual no podíamos
ponernos de acuerdo en que música escuchar.
Un retorcijón nervioso molestó mi barriga cuando nos dirigimos al
oeste. Recodaba exactamente como llegar al terreno donde le habían
disparado a Hayden. Fuera de todas las horribles imágenes que había visto
en los últimos meses, el recuerdo de Hayden hundiéndose en el suelo
después de que la bala lo golpeara era la peor.
Lo odié y no quería pensar nunca sobre eso otra vez. Mi corazón
comenzaba a correr cada vez que recordaba el dolor inmenso que sentí
cuando creí que estaba muerto.
Nuestro viaje comenzó sin ningún obstáculo y las primeras cinco
horas pasaron rápido. Había zonificado la mayor parte del viaje hasta que
algo captó mi atención y tuve que señalarles a Hayden y Rider. Pasamos
un jardín elaboradamente decorado, completado con lápidas de plástico y
huesos saliendo del suelo. La mayoría se habían caído por la lluvia y el
viento, pero el efecto completo era escalofriante.
Las lápidas falsas no eran aterradoras en lo más mínimo. Fue
perturbador ver el mundo de hace meses, como si siempre fuera a serlo.
—Me solía gustar Halloween —gruñó Rider—. Perdí mi virginidad en
Halloween. —Sonrió ante el recuerdo—. Maggie Williams. Tenía un
capricho por ella desde la escuela media pero no fue hasta que me enlisté
que me prestó atención.
—¿No conseguiste echar un polvo hasta que tuviste dieciocho? —
preguntó Hayden con incredulidad.
Sin parecer avergonzado en lo más mínimo, Rider dijo:
—Tenía diecinueve, en realidad. Quería esperar hasta el matrimonio;
mi crianza fue un poco estricta y creía en esas cosas. Cuando me enlisté,
me di cuenta de que la oportunidad de que eso pasara era muy escasa, ya
356
que la oportunidad de salir vivo era muy escasa también.
—Oh —dijo Hayden—. Eso es… Eso es respetable.
—Gracias —dijo Rider— ¿Cuántos años tenías tú?
Página

—Catorce.
—¿De verdad? —Elevó la voz— ¡Muy joven!
Hayden se encogió de hombros
—Sí, supongo. ¿Y tú, Riss?
Antes de tener la oportunidad de decirle, la voz de Ivan vino de la
radio, preguntando si Hayden pensaba que deberíamos desviarnos de la
ruta del camino rural y explorar un pueblo. Hayden dijo que después de
cruzar la línea al estado de Texas veríamos que fue del primer pueblo en el
que nos encontramos.
—¿Puedo ver el mapa? —le pregunté a Rider. Abrió la guantera y
extrajo el mapa, gastado a lo largo de los dobleces por ser plegado y
desplegado muchas veces. Tomó un minuto notar que estábamos
aproximadamente allí; una vez que tracé la ruta a la calle con casas con
los extraños símbolos. Hayden había marcado una pequeña ‘x’ en el mapa
para recordarnos que algo —aunque era muy raro— había sido investigado
en ese pueblo.
—¿Por qué no volvemos aquí? —pregunté, sosteniendo el mapa y
señalando a la X.
—¿Qué hay ahí? —inquirió Rider—. ¿Cuándo fuiste a Texas?
Tragué duro y miré al terreno pasando.
—Antes de que Hayden fuera disparado. Vinimos aquí para obtener
muestras de sangre zombi para que la doctora Cara y Padraic examinaran.
—¿No pudiste encontrar algo más cerca de casa? —Medio se burló
Rider.
Temporalmente olvidé la razón de porque nos fuimos de Texas en
primer lugar. Seguía frío entonces; escarcha congelada sobre la sangre
derramada en este mundo muerto.
—Quise ir al sur —dije. De repente, un cuchillo caliente de culpa me
apuñaló. Si no hubiera pedido ir al sur, Hayden no habría recibido un
disparo. Apreté mi mandíbula y traté de no pensar en eso.
Paramos para comer antes de ir a ver a los pueblos infectados. El
aire estaba caliente y sorprendentemente seco. Me senté en el
revestimiento caliente en la cabina de la camioneta e hice sándwiches de
mantequilla de maní con pan casero para todos.
Disfrutando del buen clima, de la compañía tranquila de cada uno, y
la posible última comida ante una batalla de vivos contra la muerte,
comimos en silencio. Algo se movió rápidamente por el césped descuidado.
357
Todos tiramos la comida y agarramos nuestras armas. Cuando un
gran ciervo emergió de la maleza, sus fosas nasales dilatadas al tomar
nuestros olores humanos, levanté mi mano para señalar a los chicos que
Página

permanecieran silenciosos.
Sin quitar mis ojos del venado, Fui por mi arco. Fuera de la esquina
de mi ojo pude ver el mechón de pelo rojo de Rider inclinarse y tomar algo.
La familiar forma del arco honraba mis dedos. Una flecha me fue dada
después.
Discretamente, me elevé en mis pies y lentamente encordé la flecha.
La cuerda rechinó tan suavemente que solo yo pude oírlo. El ciervo
parpadeó, giró y bajó su cabeza, escondiéndose de mi vista. Cerré un ojo y
me concentré. Solté la respiración, soplé un agudo silbido, y solté la flecha
tan pronto el venado levantó la vista.
La flecha voló por el aire y se hundió en el cráneo del ciervo. Su
cuerpo cayó con un pesado golpe seco, colisionando en el exuberante alto
césped alrededor de él. Sonreí de modo triunfal; contenta con ambos, por
mi talento y nuestra suerte del ciervo deambulando tan cerca.
—Haces que se vea tan fácil —dijo Rider con una carcajada. Puse el
arco sobre mi cuello y balanceé la aljaba sobre mi hombro.
—He estado haciendo esto por años —le recordé—. No siempre lo
hacía bien.
Salté a un lado de la cabina de la camioneta, Hayden imitándome.
—Buen tiro —elogió.
—Gracias —dije con una sonrisa—. Fue agradable dispararle a algo
que no está tratando de comerme. —Sacudí mi cabeza a cuán equivocada
estaba.
Con ayuda de Hayden, arrastramos al ciervo a la camioneta.
—¿Debemos regresar al complejo? —preguntó Wade.
Ivan sacudió su cabeza.
—No durará a largo plazo. Y un cadáver, humano o no, solamente
atraerá zombis. Digo que lo cocinemos y tengamos un festín con algo de
carne real.
Mi boca hizo agua al pensamiento de cecina de venado. Aunque, no
sabría tan bien sin estar marinado.
—¿Sabes cómo quitarle la piel? —preguntó Wade con recelo.
—Sí —le dije—. Pero no tengo todo lo que necesito.
—¿Qué necesitas? —preguntó Brock.
—Soga para atarlo y una sierra para cortarle la cabeza y las patas.
Brock levantó una ceja.
358

—¿Has hecho esto antes?


—Sí —repetí—. He sabido cómo cazar y cómo cocinar lo que he
Página

matado por años.


—Interesante —replicó Brock—. Y yo tengo una sierra. Traje una en
caso de que necesitáramos cortar a través de árboles caídos —dijo con una
sonrisa—. Y creo que hay una soga por aquí. —Abrió una gran caja de
herramientas que estaba en la parte trasera del SUV—. Sí —dijo,
levantándolo—. ¿Es suficiente?
—¡Perfecto! —exclamé—. Uh, ¿podemos encontrar un árbol? La
verdad no puedo colgarlo sin uno.
Arrastramos el pesado cadáver a la camioneta y manejamos por la
carretera, parando media milla más tarde una vez que ubicamos un árbol
accesible.
Con menos gracia de lo normal, me puse a trabajar. Me había vuelto
insensible a objetos afilados cortando y trozando. No mezclé ninguna
emoción cuando corté al ciervo directo hacia abajo al medio ni cuando dejé
que sus entrañas salieran disparadas.
Hayden, Wade, y Rider me ayudaron a cortar la carne y cocinarlo
sobre una pequeña fogata mientras los otros seguían viendo. Bajo la
sombra de una pequeña cala de árboles, nos sentamos en el alto césped y
devoramos nuestras tiras de carne cocidas.
—Es mejor cuando ha sido sazonado —dije con la boca llena. No
había tenido carne que no viniese de un perro o conseguido de Kentucky.
A pesar de su sabor bastante desabrido, el venado estaba delicioso.
Hayden puso su brazo alrededor de mis hombros y me empujó hacia él.
Descansé mi cabeza contra su pecho y puse mi mano en él.
Era más allá de agradable, sentados alrededor de la pequeña fogata
comiendo con mis amigos. Pájaros e insectos llenaban el día caliente con
los sonidos del verano. Un silencio cómodo cayó sobre nosotros y nos
relajamos por un largo tiempo hasta que Hayden a regañadientes suspiró y
se levantó para recuperar datos del mapa.
—¿Estamos cerca de los símbolos? —preguntó Ivan. Me sorprendió
un poco que lo recordara.
—Llegaremos allí —le dijo Hayden y alisó el mapa. Wade y Brock
curiosamente miraron al mapa.
—¿Símbolos? —preguntó Brock. Hayden explicó rápidamente. Brock
se encogió de hombros, no tan interesado—. Fue meses atrás, ¿de verdad
piensas que sea quienes fueran estaban usando esas casas, todavía están
alrededor?
—Nop —dijo Hayden y plegó el mapa—. Pero vale la pena verificar,
solo por curiosidad.
359

No pude ayudar pero me sentía excitada. Estúpida ansiedad


elevándose dentro de mí; traté de echarlo abajo recordándome que no
estaba yendo a tener algo más cercano a resolver el misterio de quién dejó
Página

los símbolos y por qué. Sabía —y reprimí la idea con pasión— que
esperaba que se tratara de otro gran organizado recinto. Que grupos
pequeños salieran en misiones y señalaran ubicaciones útiles. Si otro
grupo de varios cientos de personas existieran, las oportunidades de
sobrevivientes humanos aumentaban.
—Deberíamos traer el resto de los suministros de la tienda de
campaña —me sugirió Hayden—. Los dejamos un rato largo.
—Lo hicimos —acordé—. Había muchas cosas que quería.
—Sí, estamos yendo —decidió con una sonrisa. Trajimos nuestra
mierda, presionados, y cargados detrás de los autos. Bajo la pintura negra,
la cabina de la camioneta estaba caliente. Tampoco se suponía que
usáramos el aire acondicionado. Me apoyé en la puerta así el aire de la
ventana abierta de Hayden soplaría en mi rostro.
Giramos a la izquierda de la carretera del campo en el que habíamos
estado viajando. El panorama se volvía más y más estéril en el más lejano
oeste que fuimos. Todo estaba descuidado y marrón por la aparente
escasez de lluvia.
Un signo desteñido por un nuevo desarrollo nos señalaba más lejos.
Hayden encendió la radio y estaba cantando Eric Church cuando rodamos
a una parada.
—Santa mierda —dijo Rider silenciosamente y miró alrededor.
Sostuvo su mano en su rostro para protegerse del sol en sus ojos—. No
queda nada.
El resto carbonizado de la vecindad trajo un escalofrío a mi piel a
pesar del calor. La nueva vegetación ya había crecido sobre el hollín y la
ceniza que cubría el suelo. Ennegrecidas tablas se atascaban en
escombros, una triste sombra de lo que acostumbraban ser. Esqueletos
quemados de autos contaminaban la calle. Si mirábamos lo suficiente,
estoy segura de que encontraríamos esqueletos reales en el camino
también.
—¿Continuamos? —preguntó Ivan en el walkie talkie.
—Sí —acordó Hayden—. Obviamente no hay nada para ver aquí.
Manejamos por otras pocas horas. Cuando el sol ya estaba por
esconderse, paramos para comer. Lentamente miramos en todas las
direcciones; no había nada salvo un olvidado, descuidado campo con un
gigante roble viejo a unas yardas del camino. Me despojé de las armas y
levanté mis manos sobre mi cabeza, inhalando y exhalando mientras me
estiraba. Mi cuello sonó cuando lo giré de lado a lado. Estiré mis manos
360

hacia bajo y toqué la punta de mis pies, sintiendo un alivio en mis


músculos gemelos.
Sin querer estar completamente desarmada, metí un cuchillo de
Página

plata en mi bota y deambulé lejos de los chicos así no me verían ponerme


en cuclillas en el alto césped. Un saltamontes aterrizó sobre mí mientras
estaba cerrando mis vaqueros. Estaba a punto de sacudírmelo pero paré.
Me agaché y muy suavemente me quité el insecto. Me paré y sacudí mi
cabeza, pensando que estaba perdiéndolo por no querer hacerle algo a un
estúpido bicho.
La brisa susurró en las hasta-las-rodillas hierbas y malezas,
soplando el dulce perfume de tréboles en mi rostro. A pesar del sol que se
hundía, el día retuvo su calor. Por primera vez en un momento, me sentí
optimista. Habíamos sobrevivido al invierno. Que, en sí mismo, era una
proeza.
Algo se quebró detrás de mí. Saqué el cuchillo y rodé alrededor en
un rápido movimiento. Mis ojos escanearon mis alrededores y no vi nada.
Tomé una firme respiración y esperé. Mis dedos reforzaban el cuchillo y
pisé hacia adelante.
Él brotó rápidamente del césped y corrí. Era rápido, pero yo era más
rápida. Escapé de su embestida, giré y le di una dura patada en el centro
de su pecho firme. El golpe lo aturdió, pero no por el dolor. Un estallido
como ese en su corazón es dañino.
Por falta de vacilación del dolor él contrarrestó rápidamente,
intentando morder y gruñendo como un perro rabioso. Un aumento de
lodo, sangre o, más siendo realista de ambos, embarraban sus uñas. Sus
manos azotaban en el aire, desesperado por arañar mi rostro.
Cuando alargó sus brazos otra vez, estaba preparada. Envolví mis
dedos en su muñeca y tiré de él hacia adelante; no tuvo tiempo para dar
un traspié en las altas malezas antes de que el cuchillo se hundiera en su
sien. Dejé ir su brazo y ladeé el cuchillo así cuidadosamente se deslizó por
su cabeza y colapsó en el suelo. El carmesí manchó la tierra. La cabeza
sería siempre desagradable.
Enjugué el sudor de mi frente y miré atrás hacia la camioneta. Ivan
y Wade estaban hurgando en nuestra caja de comida en la cabina de la
camioneta de Hayden. No pude ver a los otros tres. Usando la camiseta del
loco para limpiar la hoja, volví a meterlo en la vaina y lo oculté una vez
más en mi bota. Nadie había visto el ataque. Decidí que no necesitaban
saberlo.
—Puede que me arrepienta de preguntar esto —escuché a Wade
diciéndole a Ivan mientas me acercaba a la camioneta—. ¿Pero dónde
están todos los zombis? No hemos visto ninguno en un tiempo.
Tristemente, es inquietante.
Ivan rió.
361

—Lo es. Había supuesto que iban donde estaba la comida. Si no hay
uno por aquí, seguirían adelante.
Página

—Cierto. Así que tampoco hay sobrevivientes aquí o ellos están bien
escondidos —razonó Wade.
—Suena cierto.
Me empujé a la cabina y agarré una botella de agua que se había
calentado por estar en el sol todo el día. Aun así la bebí, aunque el agua
caliente me hacía sentir algo sedienta por alguna razón.
—¿Todo está bien? —me preguntó Ivan con una sonrisa aniñada.
—Mejor de lo que pude haber esperado —le dije, devolviendo su
sonrisa juvenil. Abrí una barra de proteína y tomé un mordisco. Se supone
que sabía a mantequilla de maní pero en su lugar sabía como a mierda.
Tuve que forzarme a masticar y tragar.
Brock se unió a nosotros, mirando melancólicamente el paisaje. Sus
ojos contenían una muda tristeza mientras miraba el terreno. Él nació y
creció en Texas; tiene que ser ambos, terrorífico y bienvenido estar de
regreso en el estado de Lone Star.
Hayden y Rider estaban discutiendo de algo en voces bajas y
pararon de hablar cuando se encontraron cerca de la camioneta. Hayden y
yo hicimos contacto visual; casi sonrió tímidamente y sus ojos se
desviaron al suelo.
Levanté una ceja y lo miré socarronamente. Ojeó a los chicos, indicó
algo y esperó en la camioneta para comer la cena.
—¿Cuáles son los planes para esta noche? —preguntó Brock.
—Si podemos encontrar un lugar para acampar fuera, lo haremos —
le dijo Hayden.
—¿Y si no?
—Dormiremos en los autos —respondió gravemente. Todos
odiábamos dormir en los vehículos. Comimos rápidamente y miramos al
mapa—. Estamos a media hora de la tienda de campamento. Vamos a ese
pueblo y encontremos un lugar para dormir en la noche.
—Suena bien —decidió Brock. Apuradamente comimos y
empacamos lo que sacaríamos. Ivan, Wade, y Brock fueron a su SUV y
Rider cerró la puerta después de subir a la cabina de la camioneta.
Hayden se quedó fuera, otra vez actuando tímido.
—Riss —dijo y se plantó—. Tengo algo para ti. No te reirás, ¿está
bien?
—Uh, bueno. —¿Qué en el mundo tendría para mí?
Saltó de la cabina y sostuvo una mano abajo para ayudarme a bajar.
362

No necesitaba su ayuda absolutamente pero puse mis dedos entre los


suyos de todas formas. Tomó algo que había puesto en los empolvados
neumáticos de la camioneta. Viéndose absolutamente adorable,
Página

tímidamente sostuvo un ramo de dientes de león.


—Es estúpido, lo sé —balbuceó.
Una sonrisa rompió por mi rostro y tomé el bulto de hierbas.
—No. Es hermoso.
Me miró con desconfianza.
—¿De verdad?
—Bien, tal vez no es hermoso, pero es considerado y dulce y… y
gracias.
Sonrió y sus ojos avellanas mirando profundamente en los míos.
—De nada. Me gusta hacerte feliz, y has parecido triste últimamente.
Resistí la desesperada ansia de saltar a él, envolver mis brazos y
piernas en su cuerpo. Eso tenía que esperar. Ignorando el calor,
cosquilleos se sentían a lo largo de mi cuerpo entero, le sonreí y uní mis
dedos a los suyos. Apretó mi mano antes de soltarlo.
Nunca he sido excesivamente sentimental. No mantenía cartas o
flores; ¿cuál era el punto? Escogí el mejor diente de león que se veía del
racimo y lo metí bajo el asiento del conductor en la camioneta con la
intención de que se seque y presionarlo cuando vayamos a casa.
Alcanzamos la tienda de deportes al aire libre al crepúsculo. Tres patéticos
S3’s sin propósito cojeaban alrededor del aparcamiento. Queriendo tratar
sus manos con el arco y la flecha, Rider me pidió que lo guiara mientras lo
usaba.
—Con la ballesta es más fácil —le dije, mirando su brillante metal
negro curvado y empuñadura de camuflaje. Había estado intacto desde
que lo tomé de la tienda de campamento antes cuando Hayden hubo sido
disparado.
—No lo quiero fácil —dijo y tomó mi arco—. Alguien una vez me dijo
que algo difícil es, lo que más vale la pena. —Sus ojos azules se
encontraron con los míos y sus labios se curvaron en una pequeña
sonrisa—. Ella es una mujer inteligente.
—Apuesto a que lo es —le dije, apenas capaz de no sonreír.
—¡Así que ven y muéstrame cómo usar esta cosa! —Tomó tres
flechas de la aljaba.
Me reí.
—¿Realmente piensas que vas a tenerlos en tu primer intento?
Tómalo todo —hice señas a la aljaba—. Lo necesitarás.
—No apuestes en ello. ¡Podría tener la suerte de principiante!
363

—Lo has disparado antes —le recordé. Fuller me había hecho


enseñar un muy breve curso de cómo usar un arco y una flecha—. Así que
Página

técnicamente no eres principiante —me burlé. Caminamos unas cuantas


yardas de los autos. Uno de los gomosos nos prestó atención y agarramos
sus pies en nuestra dirección.
La piel en su rostro estaba literalmente goteando. Fibrosos trozos de
húmeda carne colgaban de las mejillas y se balanceaban atrás y adelante
mientras caminaba. Ocasionalmente, uno de los pegajosos hilos se
balanceaba y golpeaba su cuello donde se pegaría por un segundo antes de
caer y ondear otra vez.
Era incapaz de decir si era un hombre o una mujer. Sus ropas
estaban manchadas con lodo, sangre, y fluidos corporales. No estaba
usando zapatos, y su brazo izquierdo había sido roído; toda la carne se
fue, dejando solo un amarillento hueso muerto.
—Baja tus hombros —le instruí. Mantuve un ojo en Rider y el otro
en el inminente S3. No estaba preocupada por los otros zombis; los chicos
sabían que queríamos usarlos como objetivo de práctica pero no podíamos
vacilar en disparar si ellos se acercaban demasiado.
—¿Mejor? —preguntó Rider.
—Relájate —le dije. No puso el brazo en guardia. Era una bastante
dolorosa lección por aprender, pero había funcionado para mí—. Deja salir
tu respiración. Apuntar, lo haces en tu cuenta así puedo notar si lo haces
bien o mal. Luego deja ir la flecha.
Lo hizo. La flecha se disparó en el aire y raspó el hombro del S3.
—Nada mal —le dije, una sonrisa orgullosa formándose—. Lo has
hecho mejor de lo que pensé.
Sonrió.
—Ves, te dije que lo haría buenísimo.
Nos reímos y Rider tomó otra flecha. Permanecí detrás de él,
mirándolo armarse. El S3 estaba solo un par de yardas lejos; duramente
un reto. Rider dejó ir la flecha, jadeó cuando la cuerda chasqueó en su
piel, y reveló un ojo de toro en su tiro.
—¿Siempre hace eso? —preguntó mientras cerraba sus dedos por el
asta de la flecha. Ésta fácilmente se deslizó fuera de la cabeza podrida del
S3. El putrefacto cerebro marrón de derramó fuera del agrietado cráneo—.
No estaba esperando que golpeara en mi muñeca.
Asentí.
—Es por eso que usas protección en el brazo. Y si tienes mangas
largas, te mantiene de ser atrapado. No siempre te golpea, pero cuando lo
364
hace este pica como una perra.
—Me lo estás diciendo. —Golpeó la repugnante baba deteriorada de
la flecha—. ¿Cómo es que esta cosa sigue caminando? ¡Su cerebro está
Página

hecho papilla!
—Me pregunto eso también —dije, agachándome para mirar al
gomoso—. No tiene sentido. Entonces otra vez, nada de esto lo tiene.
Rider asintió en agradecimiento y nos movimos para disparar el
siguiente S3. Le tomó a Rider cinco flechas para finalmente atascar uno en
la garganta, cortando la medula espinal. Me preguntó si yo disparaba el
ultimo así él podía ver y aprender. Sabía que no era la mejor maestra. Me
moví lenta y deliberadamente, esperando que pudiese tomar en cuenta
alguna pista que no pude ser capaz de verbalizar.
—Haces que se vea como una brisa —se quejó.
Me encogí de hombros.
—He estado haciendo esto por años. Es segunda naturaleza ahora. Y
hasta fallé algunas veces. Pocas veces.
Sonreí. Rider, Wade, y yo comprobamos el frente de la tienda
mientras los otros miraban alrededor de la parte de atrás. Estaba muy
oscuro como para ir adelante; eso esperaría hasta la mañana.
Los seis deambulamos hacia el muelle en el lago. El agua
suavemente golpeaba la costa en un ritmo aburrido. La puesta del sol
reflejaba los colores morado y naranja en la superficie cristalina del agua.
—Tengo una idea —dijo Brock y caminó rápidamente muelle abajo,
sus botas de combate creando pisadas pesadas que eran borradas por el
agua. Paró e inspeccionó los botes—. Deberíamos acampar en los botes.
Podríamos alargar las sogas, ir a la deriva unos cuantos pies más lejos del
muelle y dejar caer el ancla. Seríamos intocables.
—Eso es brillante —exclamó Hayden—. Vamos a armarlo antes que
anochezca. —Volvimos a nuestros vehículos y conseguimos nuestras
bolsas de dormir, comida, agua, armas, y linternas.
—¿Quieren su propio bote? —Ivan miró lascivamente, haciendo una
broma obscena con sus manos y muñeca.
Levanté mis cejas.
—Oh sí, cariño. Lo sabes.
Hayden se rió y me dio un empujoncito.
—Podríamos, lo sabes.
La diversión se va de mi expresión.
—No eso. —Se repuso rápidamente—. Solo me refería tener nuestro
propio bote.
365
—Oh, sí. Me gustaría —acordé. Terminamos con dormir en dos.
Hayden y yo destapamos nuestros botes a elección y lanzamos las cámaras
de ruedas que estaban siendo guardadas dentro del muelle. Pusimos
Página

nuestras cosas dentro, deshaciendo la soga que nos atará al muelle,


levantamos el ancla, y empujamos la madera resbalosa.
Hayden dejó arrastrar al bote hasta que no hubo nada flojo dejado
en la soga antes de soltar el ancla. Estábamos aún amarrados al muelle y
podríamos dar marcha tras y volver. Dudé que un loco fuera capaz de
razonar en hacer eso también.
El bote había sido guardado con cuidado pero me encontraba un
poco paranoica de despertarme cubierta de arañas. Las arañas estarían
hambrientas de sangre y zombies algún día. Hayden abrió nuestras bolsas
de dormir juntas. Me arriesgué a quitarme mis botas, soltar mi cabello, y
me quité la camisa negra que estaba usando, dejándome solo en vaqueros
y un top azul oscuro.
Hayden hizo lo mismo, desvistiéndose sus pantalones pero sin
camiseta. Ivan y Brock hicieron la primera vigilancia. Nos sentíamos
seguros de ser inalcanzables en nuestros astutamente elegidos botes, pero
no éramos tontos. Tomando ventaja de la silenciosa calma, Hayden puso
su brazo a mí alrededor y besó mi cuello. Temblores bajaron por mi espina,
creando un nuevo tipo de deseo cuando me golpeó ahí abajo.
Rindiéndome, me presioné contra Hayden, sintiendo cada parte dura
de su cuerpo con el mismo deseo al rojo vivo. Podríamos ser silenciosos,
estaba segura de eso. Silenciosos y rápidos. Pero esto no era sobre dejar a
los chicos sin controlarlos si una mala situación de repente se presenta.
Me imaginé a Hayden y a mí en apuros, alejándonos y poniendo nuestros
pantalones a tiempo para ayudar a nuestros amigos.
Le di a un último beso antes de girar. Incansablemente, corrió sus
dedos sobre mi cuerpo, encontrando su camino bajo mi camiseta. La piel
áspera en sus manos envió más temblores en mí cuando acariciaron mis
pechos.
Con un pesado suspiro, dejó de frotarme.
—Deberíamos dormir —balbuceó.
—Sí. No tendremos otra oportunidad para sentirnos a salvo en la
noche hasta que estemos en casa —especulé.
—Sip. Noche. —Comenzó a correr sus dedos sobre mi piel expuesta
otra vez, pero esta vez en un modo mucho menos provocativo. Se sintió
reconfortante y, acompañado con el suave balanceo del bote en el agua,
me ayudó a dormir.
El bote chocó levemente contra el muelle, sacándonos de nuestro
relajado sueño.
—Tu turno —masculló Rider. Me senté con arrepentimiento y puse
366

mis manos sobre mi rostro. Con un suspiro salí de la bolsa de dormir. El


día ya estaba caliente. De hecho, no creo que alguna vez la temperatura
hubiese bajado completamente. El cielo crepuscular brillaba en el
Página

horizonte, prometiendo otro cielo lleno con caliente luz de sol sin filtro.
Solía amar días como este.
Hayden y yo empacamos nuestras cosas, las pusimos de regreso en
la camioneta y nos sentamos en el muelle. Desmontó sus armas una por
una para limpiarlas, todo el momento estando vigilante por el zombi
indeseable. Chasqueé mis flechas en el agua para quitar la corteza seca de
zombi que se había construido en las puntas. Una vez que estuve
satisfecha, hice lo mismo con mi cuchillo.
Cuidadosamente guardé mis armas y me recliné en la madera
caliente expuesta al sol del muelle. La textura seca se sentía muy
incómoda contra la piel seca de mis manos. Una agradable ducha y algo de
crema sonaban divinos justo ahora.
Habiendo dejado mis anteojos de sol en la camioneta, cerré mis ojos
y giré mi rostro hacia el radiante sol. En breve estuve durmiendo otra vez.
Prometiendo solamente quedarme por un minuto, me dejé echarme,
poniendo los brazos encime de mi cabeza.
—Estás haciendo un gran trabajo de vigilancia —habló Hayden.
—Lo he oído venir —repliqué.
—Sí, y luego te sientas y mueres.
—¿No me salvarías?
—Si pudiera. —Sonaba enojado. Me senté, parpadeando por el sol.
Metió un rollo en un M4 y lo sostuvo, inspeccionando la precisión de la
mira—. Solía odiar estos —me dijo—. La arena se queda atascada en cada
fisura.
—Ya no tienes que preocuparte por eso —le dije, mi voz nivelada.
—Nop. —Suspiró y bajó el arma—. ¿Tienes hambre?
—Sí. ¿Quieres que busque algo?
—Yo lo conseguiré; quédate aquí.
—Está bien —dije. Sabiendo que si seguía sobre mi trasero me
sentiría cansada y perezosa, salté sobre mis pies y le hice un saludo al sol.
Sintiéndome mucho mejor caminé hasta el final del muelle y observé el
agua. Pude sentir las vibraciones de alguien caminando en el muelle.
Giré, esperando ver a Hayden. Un rubio alto se plantó en el centro
de la caliente madera, mirándome fijamente. Ladeó su cabeza cuando yo
fluidamente bajé al muelle para alzar un arma. Antes de que pudiera
siquiera tocar mi arco, salió disparado, corriendo al aparcamiento.
367

Demonios. Hayden estaba ahí, probablemente restando atención de


lo que pasa a su alrededor porque estaba confiando en mí para vigilar.
Página

Probablemente estaba en la cama de la camioneta, de espaldas al mundo


mientras encontraba algo para nosotros para comer.
Puse el arco alrededor de mi hombro, tomé dos flechas y corrí.
Quería gritar su nombre para alertarle pero di un agudo y corto silbido en
su lugar. Hayden levantó la mirada justo a tiempo. Saltó fuera de la
camioneta mientras el loco gruñía y se abalanzaba hacia él. Se escabulló
del camino y el loco se golpeó a un lado de la camioneta.
Levantó su brazo y hundió su puño al costado de la cabeza del loco,
golpeándole duro en la sien. El golpe aturdió al loco; Hayden alargó sus
manos hacia la cabeza del rubio y lo torció. Hasta en unos pocos pies de
lejos, escuché el crujido.
El cuerpo se desplomó al suelo. Corrí un poco más.
—¿De dónde demonios vino? —preguntó Hayden, empujando al
cuerpo lejos de la camioneta con su pie.
—No tengo idea. Levanté la mirada y solo estaba ahí, mirándome.
—¿No deberían todos ya estar superando esta etapa del virus? —
Pasó por encima del cuerpo y saltó de regreso a la camioneta—. A menos
que solo consiguiese infectarse.
—No, creo que haya estado infectado. —Manifesté y me agaché para
mirar el cuerpo—. Lánzame los guantes —dije.
Hayden abrió la caja plateada y sacó un par de guantes. Me los puse
y le di la vuelta al cuerpo.
—Está usando térmicos bajo sus pantalones. Ha sido ochenta
grados en Arkansas por días ahora; solo puedo asumir que ha estado aún
más caliente aquí.
Con un brazo cargado de comida, Hayden salió de la cabina de la
camioneta y se unió a mí.
—Tienes razón. Y mira las capas de sangre en su camiseta. Víctima
después de víctima.
Me paré.
—Ha estado loco por un largo tiempo.
Hayden y yo intercambiamos incómodas miradas.
—¿Por qué? —preguntó Hayden—. ¿Por qué no están progresando?
—No tengo idea. —Sacudí mi cabeza—. Tal vez Padraic será capaz de
responder eso por nosotros cuando regresemos.
Asintió.
—Tal vez.
368

Regresamos al muelle, distraídamente silenciosos mientras no


despertamos a los chicos, y desayunamos. Al tiempo después, Brock se
Página

despertó y se unió a nosotros para impacientemente esperar a los otros


para levantarse y así pudiéramos saquear lo que estaba de sobra de la
tienda de campamento.
El sol caliente hizo el trabajo por nosotros; Ivan, Wade, y Rider
despertaron sudando. Se quejaron por el calor y Hayden se rió,
recordándoles que hace poco tiempo estábamos quejándonos por el frío.
Una vez que sus cosas estuvieron guardadas y se comieron el desayuno,
nos armamos y fuimos a la tienda.
El gran tanque de peces estaba aún más escaso que antes; el olor
quemó mi nariz e hizo a mis ojos aguarse. Los gusanos excavaban en la
licuada carne de los muertos gomosos y zombis que se pudrían en el piso;
algunos solo estaban encharcados con rancios jugos humanos.
Llenamos bolsos con ropa, armas y municiones sobrantes, Hayden y
yo no teníamos cuarto al principio, más que suministros de campamento
(nos dimos cuenta que tener bolsas extra para dormir nunca podrían
hacer daño) botellas de agua con filtros, linternas, baterías, repelente para
mosquitos, paquetes, bolsas, binoculares de visión nocturna, botas, y
equipo de pesca.
—Hay un río cerca del complejo —señaló Brock mientras miraba las
cañas de pescar—. Si tuviéramos las mierdas que necesitamos,
pescaríamos. No sé ustedes, pero carne fresca, hasta de un pescado,
suena genial.
Todos estuvimos de acuerdo y cargamos lo que podíamos hacer
caber. Sin querer sobrecargar los autos aún, cuidadosamente peinamos la
tienda de nada más que sería útil. Tragué un respiro de aire fresco tan
pronto dejé la tienda. El hedor de los cuerpos podridos parecía haberse
pegado a mí. Quería saltar al lago y lavar el olor de mi cabello.
Nos dividimos en nuestro árbol de siempre; Hayden manejó, Rider se
sentó con su escopeta, y yo me senté atrás. Tomamos nuestras
oportunidades de manejar hacia el sur por la carretera; lo hicimos solo por
unos minutos antes de atascarnos.
—¿Por qué piensan que solo dejaron sus autos? —preguntó Rider,
bajando su ventana para una mejor vista.
—Atasco por el tráfico —respondió Hayden como si fuera obvio.
—Eso lo sé —continuó Rider—. ¿Pero por qué? ¿Qué hay allí afuera?
Habría preferido quedarme en mi auto.
—Tal vez el atasco no fue desatascado —proveí—. Si estuviera
atascada por horas, hubiera preferido salir y caminar.
369

Rider asintió.
—Tal vez. Quiero saber dónde comienza el atasco. Nunca nos
fijamos. ¿Creen que hay barreras?
Página

—Tomaría el mejor juicio —acordó Hayden mientras retrocedía la


camioneta—. Creo que no sé por qué. Caos en masa, probablemente. Y
apuesto a que querían contener el virus y mantenerlo de extenderse.
—Hicieron un gran trabajo —expresé sarcásticamente. Aunque
ninguno de nosotros dijo esto, el proverbial ‘ellos’, decíamos de que eran
las autoridades.
—¿Deberíamos averiguarlo? —preguntó Rider.
—No —respondió Hayden. Contactó a Ivan por el walkie talkie para
tener su opinión de viajar en paralelo por la carretera en un camino
alternativo por una milla o dos, luego intentaríamos volver en alguna
salida. Ivan estuvo de acuerdo pero sonó como que no estaba aspirando a
ser capaz de tomar la carretera en lo absoluto.
Pasamos por una carretera, sin ver nada, solo la naturaleza a lo
largo del camino. Rider cuidadosamente siguió nuestro camino en el mapa
y, después de dos millas, salimos de la misma.
—Los autos nunca terminan —dijo Rider dijo su respiración—. En
serio, ¿todo Texas vino a este lugar?
—Alguien debió haberlos atraído —supuse—. Como con una
promesa de seguridad.
—Esta autopista nos llevará a Dallas —nos informó Hayden—.
Pudieron haber tenido un refugio instalado ahí. Le preguntaré a Brock si
sabe o cualquier cosa cuando paremos, lo cual lo haremos en solo un
momento. No me gusta estar en una parada por una pila levantada; hay
muchísimas cosas que pueden salir mal.
Manejamos otras cuantas millas al sudoeste. Los zombis
comenzaron a salir en el paisaje, como yuyos inoportunos. Giramos a la
calle alineada con casas decoradas con ornatos y descubrimos una
manada.
Antes del ataque en la granja habría llamado a esto una gran
manada. De veinte a treinta zombis aproximadamente; sus autónomos
gemidos de muerte se mezclaban juntos creando unos espeluznantes
gemidos cargados que podían ser escuchados a lo lejos.
El sol caía a plomo, cocinando los descompuestos pedazos de restos
humanos que contaminaban la calle.
No importa cuán bien armados estuviéramos, seguía chispeando la
minúscula pizca de miedo en mí cuando una manada nos prestaba
atención.
—Hora de jugar —dijo Hayden, una sonrisa malvada en su rostro. El
370

SUV circuló en una parada cerca de nosotros. Brock sacó su cabeza fuera
de la ventana, también sonriendo.
Página

—¡Vas a caer, Underwood! —Se burló.


—¡Eso deseas! —Hayden encendió la música— Riss, ¿manejas?
Quiero matar algunos zombies hijos de perra.
Yo también, pero me quedé en el asiento del conductor de todas
formas. Hayden me dio un rápido besito en los labios y saltó a la cama de
la camioneta. Destapó la metralleta y cliqueó un cinto en el lugar. Les gritó
a los zombis y jaló del gatillo.
Estando segura de estar detrás de la SUV para que así el rápido
disparo de la metralleta no golpeara a nuestros amigos, manejé tan rápido
como podía dirigirlo por los zombis. Una docena descendía dentro de unos
minutos. Rider se inclinó tan afuera de la ventana que estuve un poco
asustada de que pudiera caer. Ivan y Wade hicieron lo mismo. Mientras la
manada escaseaba, desaceleré para dejarles a los chicos disparar con más
precisión.
Fuimos alrededor del bloque, bajando zombis como moscas. Cuando
uno caía, otro aparecía, trastabillando sobre el cuerpo flácido. Tomó otro
paso para limpiar las calles. Pensando que en ese momento habíamos
limpiado este pueblo de los zombies infectados, nos estacionamos en un
aparcamiento.
—Puedes agradecerme por hacerme cargo de al menos el setenta y
cinco por ciento de ellos —le dijo Hayden a Brock.
—¿Setenta y cinco? —preguntó Brock—. Fue más o menos el treinta
y cinco. Nosotros conseguimos al resto. Nuestro equipo gana.
—Mierda —maldijo Hayden, actuando como si de verdad estuviese
demente. Gesticuló a la metralleta—. ¿Sabes cuántos disparos por minuto
echa esta cosa?
—No importa cuántos porque no estaban golpeando nada —le
molestó Wade.
—Cree lo que quieras creer —dijo Hayden con un ondeo de su mano.
Puso la cubierta de regreso en la metralleta y miró alrededor. Suponiendo
que ninguno estaría aun viviendo en un pueblo lleno de zombis, y
sabiendo que si había personas allí, habrían escuchado los disparos y nos
habrían buscado, salimos para buscar en otro lugar por signos de vida.
Alcanzamos otro punto muerto después de una hora o después de
manejar. Al haber matado a cada zombi que se había cruzado en nuestro
camino, estábamos preparados para ver a alguien vivo. Manejamos hasta
lo más lejano al sur. El vecindario creció cada vez menos y las casas se
disminuían en tamaños y calidad mientras manejamos. Más o menos una
hora después paramos para comer. Hayden y yo nos sentamos juntos
371

mientras mordíamos pedazos de cecina. Una vez que terminé de comer


desaté mi cabello y lo dejé fundirse con la brisa. Cuando una hebra
perdida cayó en mi rostro, Hayden suavemente lo puso detrás de mi oído.
Página

Ivan y Hayden se levantaron para mirar el mapa y se decidieron en


una ubicación definida para verificar. Brock, sin estar satisfecho con el
modo en que los nuevos suministros estaban en la cama, trabajó en
reorganizarlos. Wade, Rider, y yo deambulamos de arriba abajo por la seca
y polvorienta calle, manteniéndonos alerta por los zombis.
—Eres afortunada —dijo Wade, mirándome.
—¿Lo soy? —pregunté, sin estar segura de porqué estaría
diciéndome eso. Si Rider no estuviera en frente de mí, habría supuesto que
Wade estuvo hablando con él.
—Sí. —Miró a Hayden y luego de regreso a mí—. Eres afortunada de
tener a alguien.
—Oh. —Desvié mis ojos al suelo—. Sí, supongo.
—¿A qué te refieres con ‘supongo’? —preguntó Rider, sonriendo con
suficiencia.
—Me refiero a que lo soy —expliqué—. ¿Podemos no hablar de esto?
Rider se rió.
—¿Estas incomoda hablando de esto? No pensé que fuera posible
hacerte incomodar.
Rodé algo de grava bajo mis pies.
—No estoy incómoda; es solo inútil de hablar.
—¿Cómo es eso? —preguntó Wade. Puso la correa de su arma
alrededor de su hombro y lo ajustó así que su arma colgaba en su espalda.
—Bueno —comencé—. ¿Qué importa?
—Esperaría que te importara a ti. —Rider soltó una risita.
—Oh lo hace. Lo hace mucho. Pero eso no cambia nada. El mundo
aún es un maldito desastre.
—¿Entonces crees que es inútil tener una relación? —Supuso Wade.
Sacudí la cabeza.
—No del todo. No es inútil para Hayden o para mí. Disfrutamos de la
compañía del otro inmensamente… —interrumpí, sonriendo—. Tómalo
como quieras. Y no me malinterpretes, lo amo muchísimo, y solo dije que
era inútil de hablar. ¿Hacer más fácil de tratar con esta mierda de mundo
que vivimos? Sí, lo hace, ayuda un montón. Y es maravilloso y sensible y lo
que sea que el amor sea, no es la cura para todo. La vida no es un cuento
de hadas; amándose unos a otros no va a hacer que los chicos malos se
vayan.
372

—Es un interesante punto de vista —dijo Wade.


—Eres la persona con los pies más en la tierra que he conocido
Página

alguna vez —admitió Rider.


Me reí.
—¿Lo soy?
Asintió.
—Ves las cosas como son y nada más.
Sacudí mi cabeza.
—Gracias…creo.
—Es un cumplido —dijo Rider y me dio un empujoncito.
—No estoy segura de si todos estarían de acuerdo contigo. De hecho,
estoy segura de que bastantes personas dirían lo contrario.
—Bueno —me dijo Rider con una sonrisa—. Entonces no te conocen
como lo hacemos nosotros.
—No estuve seguro de ti al principio —confesó Wade—. Sí, eras
genial cuando se trataba de matar zombis pero no tenías ninguna
experiencia de trabajar con otros en batalla o nada parecido.
—Y no siempre juego bien con otros —acordé.
—No. —Wade se rió—. Pero lo haces con nosotros. Me siento un poco
mal por dudar de ti.
—No lo hagas —le dije—. Tenías toda la razón de hacerlo.
—Eres parte de nuestro equipo —me aseguró Rider.
—Gracias, chicos —dije sinceramente. Les sonreí, y pensé sobre
cuán cercana me había vuelto con los chicos en los últimos pocos meses.
Como le dije a Raeya, de verdad se parecen a una familia. Wade se quitó la
correa de su hombro y miró por la mira de su rifle. Una brisa refrescante
sopló su cabello oscuro a su rostro. Todos estábamos desesperadamente
necesitados de un corte de cabello.
—Aún nada… por ahora —nos dijo. Corrí mis manos por mi cabello
desordenado y me acerqué a donde Hayden e Ivan estaban parados.
—¿Nada? —pregunté.
—Algunos —me dijo Hayden—. Vamos en dirección a Austin y ver
que podemos encontrar a lo largo del camino, luego explorar la ciudad.
—Te lo estoy diciendo, hombre —dijo Ivan, sacudiendo su cabeza—.
Las grandes ciudades están obligadas a ser infestadas. Hasta con la
artillería que tenemos, no seremos capaces de estar cerca de una pelea
justa.
—Tiene razón —acordé. Te conté sobre Indy. Y cuando estábamos
373

yendo de pueblo en pueblo, esquivamos grandes ciudades. Podíamos decir


que estábamos cerca de una solo por el incremento de zombis.
Página

—Fuller quiere que matemos cualquier cosa que podamos —nos


recordó Hayden.
—No a expensa de nuestras vidas —se exasperó Ivan.
Viéndose irritado, Hayden plegó el mapa.
—No nos preocupemos de esto hasta que estemos ahí. Si se ve como
que será demasiado, no continuaremos, ¿está bien?
—Eres el jefe —dijo Ivan casi vehementemente. No quise discutir con
Hayden. Pero estaba cien por ciento de acuerdo con Ivan. Las grandes
ciudades alojaban más personas, más que llegaban a infectarse y cambiar
a bestias carnívoras de dos piernas.
Doblé mis brazos y me apoyé contra la parte trasera de la SUV. Una
gran figura negra en el cielo capturó mi atención. Miré para observar una
enorme ave planear sobre nosotros. Lo miré volar, alas abiertas, sin
esfuerzo deslizándose por el aire. Comenzó su círculo y supe que algo
estaba por ser comido.
Otro se unió, circulando casi en conjunto. Y luego otro. No era un
halcón como pensé. Eran zopilotes y los zopilotes eran carroñeros.
—Hay algo muerto por ahí —les dije a los chicos y señalé.
—¿Dónde? —preguntó Hayden, su mano volando al M9 que estaba
metido en la parte de atrás de sus pantalones.
—Por ese camino de ahí. ¿Ven los zopilotes?
—¿Los qué? —preguntó Ivan.
—Esos grandes pájaros volando alrededor. Circulan así cuando hay
algo muerto. No sé si comerían zombis o no. Tal vez si no estuvieran
horriblemente podridos allí habría algo de carne buena de sobra. O
bastantes bichos sabrosos serpenteando alrededor de sus cráneos.
—Buena visualización, Penwell —me dijo Ivan.
—Está en nuestro camino; podemos manejar y echar un vistazo —
dijo Hayden. Todos volvimos a los autos, sin molestarnos en abrocharnos
los cinturones. Solo unos pocos minutos más tarde fuimos donde los
zopilotes estaban comiendo.
Dos pájaros nos parpadearon antes de tomar vuelo, sus grandes alas
ondeando como si volaran para asegurarse.
—Solo es camino muerto —dijo Rider con una decepcionada
sacudida de su cabeza. Solía ser tan común que casi lo descartó. Hayden
giró su cabeza para mirarme; nuestros ojos bloqueados, estaba pensando
en qué estaba yo pensando.
Puso la camioneta en el aparcamiento y salió. Lo seguí apurada
374

después. Brock se precipitó también. Nunca antes había estado tan


excitada de ver un mapache muerto en medio del camino.
Página

—¿Ha estado muerto por un tiempo? —me preguntó Brock como si


supiese.
Lo empujé con mi pie.
—Unos días al menos —supuse. Los zopilotes habían hecho un buen
trabajo picoteándolo. Era honestamente duro decir si el pobre pequeño
estaba fresco o no.
—Aún hay manchas de sangre —dijo Hayden, rayando luego con su
pie. Miró la calle.
—Tiene que estar cerca —comentó Brock. Los otros tres chicos nos
acompañaron.
—Uh, ¿qué es tan significativo en esto? —preguntó Rider.
—Fue golpeado por un auto —dije, enfatizando ‘auto’.
Pude ver la bombilla de luz encenderse en la mente de Rider.
—Gente estuvo por aquí —dijo en voz alta.
—¡Encontrémoslos! —exclamó Wade—. ¿Pueden decirme en qué
camino fueron? —preguntó a nadie en particular.
Sacudí mi cabeza. Demonios. Debía haber prestado más atención a
todas esas repeticiones de CSI; estaba segura de que había un camino.
Ivan sacó el mapa.
—Por aquí —señaló en la dirección donde nuestros autos estaban
mirando—. Sácanos de la ciudad. Si alguien está vivo, hay más
oportunidades en el campo que algún otro sitio.
Llenos de excitación, a toda prisa regresamos a los autos. Hayden
manejó rápido, tan rápido que casi no lo vi. Habíamos viajado diez o
quince millas del mapache muerto cuando grité:
—¡Alto!
Hayden pisó fuerte los frenos.
—¿Qué es esto?
—Símbolos —le dije y tragué duro—. Creo que vi esas líneas azules
serpenteantes en las casas de atrás.
Hayden facilitó el mensaje a Ivan, puso la camioneta en reversa, y
abandonó la carretera en una subdivisión del camino que continuábamos.
Efectivamente, la primera casa estaba marcada con líneas azules.
Cautelosamente, salimos. Totalmente armados, nos arrastramos
alrededor de la casa. Estaba desolada, sin signos de vida o muerte. La
puerta delantera estaba desbloqueada. El suelo crujió bajo mi peso.
375

Reteniendo una ballesta en frente de mí, di un paso precario hacia


adelante.
Página

Polvo estaba instalado en el oscuro pasamano de madera de la


escalera. Mis ojos revisaban todo alrededor y, sin ver nada, di otro paso
adelante. Todos mis sentidos estaban muy alertas y mi corazón corría.
Tomé un respiro profundo y di otro paso.
Sacudí mi cabeza y arriesgué una mirada detrás.
—No veo nada —les dije a los chicos. Entonces noté las lodosas
huellas en el piso—. Alguien ha estado aquí —susurré. El lodo estaba seco,
mi primera señal de que las huellas eran viejas. Segundo, no estaba lodoso
afuera. Esos rastros fueron dejados hace tiempo.
—¿Qué significan las líneas azules? —preguntó Ivan.
—Agua —le dijo Hayden—. O al menos eso es lo que Riss y yo
pensamos. —Dirigió el camino dentro de la cocina y encendió el agua.
—Santa mierda —maldijo Brock—. Tienes razón.
Hayden se agachó en el fregadero.
—El agua tiene ese olor a huevo podrido —me dijo—. Entonces ha
estado unos días al menos. Pero alguien ha estado aquí y de alguna forma
encendió la electricidad.
—¿Generador? —preguntó Wade.
Sacudí mi cabeza.
—Has oído.
—¿Qué más? —preguntó Rider con entusiasmo—. Dijiste que había
más símbolos.
—Sí —dijo Hayden y apagó el agua—. Una X roja y un cuadrado
negro con un triángulo; como una casa.
—¿Alguna idea de lo que eso signifique? —preguntó Wade.
—No —dijimos Hayden y yo al mismo tiempo—. Podíamos ser
capaces de notarlo —insinuó Hayden. Después de encender el grifo una
vez más, fue a la puerta trasera y miró la parte posterior de la casa por
ideas.
Sin encontrar nada, nos movimos a la siguiente casa. Ésta tenía una
X roja en la puerta, la cual estaba desbloqueada.
Cautelosamente nos arrastramos en la casa, que olía como basura.
Ivan encendió el fregadero. Las tuberías burbujearon y escupió agua
asquerosa. Rápidamente lo cerramos.
—¿Entonces las equis rojas significan agua mala? —preguntó.
—Tal vez —dijo Brock.
376
La curiosidad me ganó y abrí la despensa. Con la excepción de latas
de comida para gatos, había sido limpiada. Abrí otro gabinete, uno de esos
lo más probable había contenido ollas y sartenes. También estaba vacío.
Página

¿Tal vez las X significaban que el lugar había sido asaltado?


Con Ivan y Wade vigilando, Hayden y yo fuimos escaleras arriba
mientras Brock y Rider miraban alrededor del resto de la casa. El baño
había sido privado de suministros y los cobertores estaban fuera de las
camas. Me senté en el colchón en la habitación principal.
El cuarto había sido agradablemente decorado en azules claros y
marrones. El colchón parecía de esas cosas de espuma de memoria
cómoda que absorbía tu peso. El aparador en frente de mí estaba cubierto
en marcos de fotos que guardaban imágenes de niños sonrientes y gatos.
La figurita en el vidrio empezaba el espacio entre los marcos. Pero algo
estaba fuera.
Me paré y examiné. Un espacio vacío en el centro del aparador
estaba fuera de lugar. Miré detrás del aparador y vi el cable conectado a
algo. Alguien miraba televisión. En esa idea, rápidamente caminé al
armario. Era grande y organizado de tal manera que hasta Raeya lo
aprobaría. Una caja de alhajas yacía volcada en el suelo.
Me arrodillé cerca, apenas capaz de ver por la luz tenue. Lo tomé y lo
sacudí; estaba vacío.
—¿Encontraste algo? —preguntó Hayden.
—No estoy segura. —Me paré y puse la joyería vacía en el
gabinete—. ¿Por qué robar joyería? ¿Eso cómo te ayudará a sobrevivir?
—Nosotros tomamos joyas —me recordó—. Solo porque pudimos,
¿recuerdas?
—Sí. Tal vez es tolo lo que fue.
—Probablemente. —Fuimos a los otros cuartos y los encontramos en
un estado similar. Las frazadas y los televisores se fueron y hasta las
computadoras fueron hurtadas de los escritorios. Sin estar más cerca de
resolver el significado de las X, lo dejamos y fuimos a la siguiente casa
marcada con la X.
Como la casa anterior, esta había sido saqueada.
—Se ve como si estuviera desvalijada —dijo Rider, pasando sobre un
aparador que estaba desparramado en el piso.
—Lo hace —acordé. Otra vez en el cuarto principal, Hayden y yo
descubrimos la escasez de joyas en la caja de joyería. Una billetera vacía
yacía en el piso, con solo tarjetas de crédito y una identificación dentro.
—Bien, ahora esto es extraño —dijo Hayden desde el baño. Apagó su
linterna y levantó algo—. ¿Por qué toman los collares pero dejan un
377
botiquín?
Sacudí mi cabeza.
Página

—Las personas son muy estúpidas.


—Lo son —concordó—. Esto me hice preguntarme como siguen
vivos. —Guardando el primer botiquín de primeros auxilios para nosotros,
nos unimos con los otros abajo. La casa enfrente de la calle estaba
marcada con líneas azules. La puerta de enfrente estaba desbloqueada y
había sido privada de muchas cosas útiles y todo lo valioso, impulsando
mi teoría X-significa-asaltado. La última casa de la calle tenía como
dibujada una casa negra en la puerta. Y estaba bloqueada.
Sin querer deambular muy lejos de nuestros vehículos, manejamos
hasta el final de la calle. La carretera T’d, con un número regular de casas
en cualquiera de los dos lados. No quisimos separarnos así que aparcamos
nuestros carros en la entrada de la primera casa en la derecha. Ésta se
encontraba marcada con las líneas azules. La puerta del frente estaba
desbloqueada, el agua funcionaba y era clara como el cristal, y la casa
había sido vaciada.
—Esto no tiene sentido —suspiró Ivan. Cruzamos la yarda hasta la
casa del vecino. Como la que tenía la casa negra dibujada, estaba
bloqueada.
—No, no lo tiene —concordó Wade—. Te apostaré que todas las
casas negras con puertas marcadas están bloqueadas, sin embargo.
—Pienso que lo resolveré —comenzó Hayden. Antes que pudiera
terminar el distante retumbo de un motor tomó nuestra atención. No
queriendo ser confundidos por locos, nos escondimos detrás de la casa y
fuera de la vista del camino.
Manejando rápido, el auto rápidamente se aproximó. La base se
asomó, haciendo un molesto eco en las paredes de la casa. Su brillante
pintura negra relucía en el sol. Lo admiré, aunque era raro de ver un
clásico restaurado de buena manera siendo manejado durante un
apocalipsis. Mi tía Jenny —lo suficientemente curiosa— había sido una fan
de los clásicos. Hasta con el estúpido trabajo de pintura a medida de un
cráneo en la puerta de adelante, habría aprobado este auto.
Giré para hacer un comentario malicioso y mi corazón se saltó un
latido. El rostro de Brock estaba absolutamente blanco por el terror. Wade
y Rider intercambiaron miradas aterrorizadas de incredulidad.
—¿Qué? —demandó Hayden.
—E-esos… —comenzó Brock, su voz plana por la impresión—. Esos
son los tipos que te dispararon.
378
Página
—¿Qué? —pregunté, el terror trepando hacia mi corazón.
—Los señores imperiales —dijo Wade con voz ronca—. Ese es su
auto. Lo recuerdo. —Miró a Hayden con culpa en sus ojos—. Pensamos
que los habíamos matado a todos. No… no sé cómo el último escapó. Le di
en la pantorrilla. Tendría que haberse desangrado a menos que…
—A menos que consiguiera ayuda a tiempo —terminó Rider por él—.
Pero no había otros. ¡Nos aseguramos de ello!
El terror se convirtió en rabia. Quería atrapar a los chicos del
Mustang y acabar lentamente con ellos. Quería dispararles en el hombro
para que supieran cómo se sentía. Sintiéndome repentinamente protectora
con Hayden, me paré delante de él.
Hayden mordió su labio, todavía mirando la carretera. Estaba
pensando y podía decir que no estaba seguro de qué hacer. Ivan lucía tan
enojado como yo me sentía.
—Vamos a matar a esos hijos de puta —dije maliciosamente. Ivan
asintió.
—Me encantaría —acordó. Hayden sacudió su cabeza.
—No sabemos nada de ellos. Podrían estar tan armados como
nosotros.
—¡Los superamos en número! —le dije, suponiendo que fuera
cierto—. ¡No puedes meter muchas personas en un Mustang!
Hayden asintió y miró a los chicos.
—Deberíamos seguirlos; mantener una distancia segura.
—¿Y si nos ven? —preguntó Rider.
—Abrimos fuego —respondí por Hayden. Los chicos asintieron.
—Suena como un plan que puedo seguir —dijo Ivan astutamente—.
Métete con mis chicos y vas a pagarlo.
379
—Pido al que le disparaste que escapó —le dije a Wade—. Quiero
aplastar cada hueso de su cara, cortar sus bolas y dejar que se desangre
hasta morir.
Página

Hayden me dio una mirada que decía que estaba sorprendido por mi
violencia.
—No tienes idea de lo que se sintió pensar que estabas muerto —le
dije—. Quiero que paguen por lo que hicieron. Casi te mataron, casi me
mataron también. ¿Recuerdas el dolor en el que estabas? No voy a dejar
que esos imbéciles mueran rápidamente. Quiero que sientan la vida
escapándoseles. Quiero que sangren y sufran.
—Das miedo cuando estás enojada —dijo Rider luego de un
momento de silencio.
—Bien —escupí. Estaba enojada, pero no con Rider. Esperaba que
supiera eso—. Estamos perdiendo tiempo, vamos.
Nos apresuramos hacia los autos, los cuales —gracias a Dios—
estaban escondidos de la vista por el garaje. Si esos idiotas notaran el
camión de Hayden, se habrían detenido con certeza. Me senté adelante,
con la pistola a mi lado. Arrancamos calle abajo, reduciendo la marcha
una vez que imaginamos que más o menos alcanzamos el Mustang. Por
suerte, los alcanzamos girando en una calle rodeada de empresas. Era fácil
rastrear su localización por la espantosa música. El sonido era lo
suficientemente ruidoso para despertar a los muertos.
Si ese era su objetivo, lo lograron. Hayden dio un tirón al volante y
pasamos volando por un callejón. Imaginé que iban disparando mientras
conducían. El Mustang aceleró y hubo un breve y rápido disparo a los
zombis antes de que se alejaran de nuevo.
Los idiotas se las arreglaron para matar tres de los siete zombis que
vagaban por las calles. Cuatro zombis no eran una amenaza. Podríamos
arrollarlos si tuviéramos que hacerlo.
—Oh, mierda —dijo Rider—. No gires —murmuró.
Detrás de nosotros, media docena o algo así se arrastraron desde las
esquinas oscuras, las ventanas rotas y detrás de los contenedores de
basura.
—Riss, ¿puedes alcanzarlos? —preguntó Hayden—. ¿Dónde está tu
arco?
—En la cama —dije amargamente—. Puedo salir y…
—No —me interrumpió—. Si vienen, los atropellaremos.
Con nuestros corazones palpitando, esperamos dolorosamente hasta
que el atronador sonido desapareció. Un zombi olfateó el aire y se giró
hacia nosotros. Saqué el cuchillo de mi tobillo y esperé. Mi ventana aún
estaba bajada. Vi los dedos de Hayden tocar los botones de control de la
ventana a su lado. Mi agarre se apretó en el cuchillo.
380

La mitad de su mandíbula no estaba. La piel de su nariz se había


podrido, dejando ennegrecidos agujeros que deberían haber sido sus fosas
Página

nasales.
Huesudos dedos agarraron la puerta. Me levanté y dirigí el cuchillo
hacia su frente. Sostuve el mango mientras ella caía.
Su cabeza golpeó la puerta, salpicando sangre en mi regazo y el
interior del camión. Usé el dobladillo de mi camisa para secarla. Hayden
puso la camioneta en reversa y lentamente aceleró saliendo del callejón.
Hicimos nuestro camino por la ciudad. Perdiendo la visión y el
sonido del Mustang momentáneamente, sentí un destello de miedo dentro
de mí de no conseguir mi venganza.
Entonces lo vimos, acercándose por la carretera, el sol brillando en
el parachoques cromado. Nos mantuvimos lejos, redujimos la marcha, y
solo aceleramos una vez que el Mustang dejó la carretera por donde
viajábamos.
Continuamos nuestro juego del gato y el ratón por algunas millas
más. Entonces, el Mustang frenó e hizo un giro difícil a la derecha.
—Para —la voz de Brock vino desde el walkie.
—¿Por qué? —pregunté.
—Sé a dónde dirige esa carretera.
—¿A dónde?
—Una prisión.
Mi sangre se heló.
—¿Qué? —pregunté otra vez, a pesar de que Brock había sido
perfectamente claro.
—Es una prisión. Una prisión de máxima seguridad. Orissa, dile a
Hayden que se detenga.
Habiendo escuchado a Brock, Hayden dejó ir el acelerador. La
camioneta se detuvo junto a nosotros.
—He estado aquí antes —nos dijo—. Fue hace mucho tiempo, pero
no lo olvidé. Esa carretera conduce a una prisión.
—Te creo —le dijo Hayden.
—¿Qué deberíamos hacer? —preguntó Rider desde el asiento
trasero.
—Deberíamos comprobar —dijo Hayden asintiendo—. Brock,
¿conoces el camino que lo rodea?
Brock sacudió su cabeza.
381
—Estuve aquí hace seis años en un viaje de un programa escolar. Sé
que añadieron desde entonces. Está bien construida, fuerte, y fácilmente
protegida. Junto a nuestro recinto, diría que es el lugar más seguro para
Página

vivir fuera del brote.


—¿Y? —pregunté, mis palmas sudando—. ¿Hay alguna manera de
que podamos echar un vistazo a… cualquier cosa?
—Sí, bueno, creo —asintió Brock—. Hay —o había— un invernadero
detrás de la prisión. Los chicos con “buen comportamiento” a veces lo
limpiaban, creo. Sé que hubo una historia en las noticias sobre eso antes
de que fuera enviado. No sé los detalles —dijo, disculpándose.
—¿Podemos ir allí por un camino trasero? No quiero ser visto —dijo
Ivan.
—Pienso igual. —Brock miró fuera de la ventana y masticó su
labio—. Tenemos que volver a la ciudad y girar. Entonces deberíamos ser
capaces de encontrarla.
—O —dije, abriendo la guantera—, podemos salir de dudas.
—Vamos a volver a la ciudad primero —sugirió Hayden—. Aquí
sobresalimos.
Giramos y nos apresuramos hacia la ciudad. Con manos
temblorosas, abrí el mapa, localicé dónde estábamos y tracé el camino
alrededor de la cárcel.
—Está preparada para cualquier cosa —me dijo Hayden en voz
baja—. Si es malo… Riss, no te quiero allí.
—Si es malo, es porque los matamos —le dije—. Hayden, obtendré tu
venganza.
Solo asintió y puso su mano en mi muslo por un segundo antes de
girar el camión y correr por la ciudad hacia la carretera que debería
llevarnos detrás de la prisión. Mi corazón martillando en mi garganta, mi
pulso saltando a través de mi cuerpo cuando los invernaderos aparecieron.
El techo estaba caído en el más cercano y otro estaba cubierto en
hiedra. Dejé escapar un pequeño suspiro de alivio; no estaban siendo
usados. Dudaba que los hijos de puta que le dispararon a Hayden se
preocuparan ya por los invernaderos.
Puse el cuchillo de vuelta en mi bota, un M9 en mi cintura, un M16
alrededor de mi cuello, y municiones en mis bolsillos. Ideas de qué tipo de
dolor infligiría destellaron primero por mi cerebro.
Moviéndonos lentamente, caminamos en cuclillas alrededor de los
invernaderos, los cuales estaban vacíos. La parte trasera de cada
invernadero tenía una larga puerta estilo garaje que se levantaba y bajaba
manualmente.
382
Pensando que sería bueno mantener nuestros coches ocultos,
metimos el camión y la camioneta dentro y cerramos la puerta.
Nos acostamos y arrastramos por la hierba alta. Mi cuerpo zumbaba
Página

con adrenalina. La prisión estaba rodeada por dos filas de veinte pies
cercándolos con rollos de alambre de púas en la cima. Mirando a través del
alcance de mi rifle, podía ver a un hombre con una pistola caminando por
el perímetro. Caminó rápidamente por la acera, miró alrededor, y entró con
la misma rapidez de nuevo en la cárcel.
—Si nos acercamos más, podemos dispararle —susurré.
—Puedo dispararle desde aquí —me dijo Hayden—. Es solo que ya
no puedo verlo.
—Miren —dijo Ivan en voz baja—. Hay un canal de riego seco que
rodea la prisión. Si podemos usarlo, podemos ver cómo es el otro lado.
—Está bien —dijo Hayden—. Hagámoslo.
Él fue primero, asegurándose de que el área estuviera realmente
despejada. Una vez en el canal, nos hizo una seña con su mano. Nos
movimos de dos en dos, con Brock cubriendo la retaguarda. Era más difícil
de lo que alguna vez había imaginado arrastrarme a lo largo del canal
sosteniendo mis armas y manteniendo un ojo en el enemigo. Mi corazón
latía más y más fuerte. El sudor bajando por mi frente.
Estaba justo detrás de Hayden. Él de vez en cuando paraba y nos
echaba un vistazo. Nos arrastramos, paramos, miramos, y continuamos.
El canal comenzó a curvarse. Estaba lleno de malas hierbas, bichos y
rocas. Mis manos quemaban, pero no tenía tiempo de si quiera pensar en
el dolor. Hayden alzó la mirada y luego se aplanó contra el piso. Tomando
la indirecta, también lo hice. Mi aliento dejó mis pulmones, ante lo que se
parecía como una completa revelación de dónde nos estábamos
escondiendo. Tomé una profunda respiración y la sostuve. Cerré mis ojos,
tratando de calmar mi corazón acelerado.
Después de lo que se sintió como una eternidad, Hayden miró hacia
arriba otra vez y comenzó a moverse hacia adelante. Rodeamos la curva y
entramos en contacto con un terreno de cardos. Hayden se detuvo, trató
de encontrar otro camino y terminó teniendo que atravesarlo.
Estúpidamente, no había puesto mangas largas sobre mi camiseta.
Recordé la bala golpeando a Hayden, sintiendo su cálida sangre salpicando
mi cara. Eso me llenó de tanta rabia, que no noté los horribles pinchazos
de los cardos tanto como lo haría de otra manera.
El canal se niveló y los árboles llenaron el paisaje estéril. La cerca
seguía alrededor de la prisión, pero no había lugar para que los reclusos
estuvieran. Salimos del canal y nos escondimos detrás de los árboles.
La sangre goteó del antebrazo de Hayden, manchando sus mangas.
383

Teniendo cuidado de no ser visto del otro lado, avancé lentamente hacia él
y levanté su manga.
—Está bien —susurró—. Solo me corté con una roca.
Página

Asentí y quité la sangre con mis dedos. El corte era pequeño y no iba
a desangrarse de todas maneras. Pero incluso un pequeño corte podía
infectarse. Nos reagrupamos, tratando de decidir un plan de acción.
Una zanja profunda, parecida a nuestros pozos, había sido cavada.
Debía tener al menos doce pies de profundidad y diez de amplitud. Una
excavadora se situaba al otro lado de la zanja, burlándose de nosotros. Si
solo tuviéramos una de esas, pensé amargamente. Un puente obviamente
hecho a mano había sido atravesado.
—Necesitamos cruzar —susurró Hayden—. Iré primero. —
Rápidamente, se movió hacia el puente.
Solo había dado unos pocos pasos cuando la madera se rompió. Su
pie se desplazó y casi grité. Puse mi mano sobre mi boca y traté de correr
hacia él. Ivan agarró mi muñeca y sacudió su cabeza.
Hayden sacó su pie de la madera rota e intentó de nuevo. Los bordes
rechinaron y crujieron bajo su peso. Otro se rompió, haciéndole caer hacia
atrás. Se retiró, sacudiendo su cabeza.
—No nos sostendrá —dijo amargamente.
—Eres demasiado pesado —le dije—. Pero yo… podría no serlo.
—Orissa, no. —Instantáneamente estuvo en desacuerdo.
—Hayden, tenemos que ver lo que hay allí. Solo iré y regresaré, ¿está
bien?
Sus ojos miraron los míos, suplicándome que no fuera sin él.
—Soy la más ligera —le dije.
—No soy mucho más pesado —habló Rider—. Iré con ella.
Hayden me observó, sus ojos ampliamente abiertos. Ivan asintió y
Hayden salió de su aturdimiento.
—Está bien, pero regresen —nos dijo.
—Lo haremos.
Rider y yo corrimos al puente. Fui primero; rechinó bajo mi peso
pero no se rompió. Esperé detrás de un árbol mientras Rider lo cruzaba.
Acuclillándonos, corrimos por varias yardas de árboles; yendo cuesta abajo
fuera de la vista de Hayden.
Nunca se me ocurrió alzar la mirada hasta que fue demasiado tarde.
Alguien saltó, aterrizando con fuerza en mi espalda. Caí hacia adelante y el
viento me golpeó. Otro se arrojó sobre Rider. Rider se escabulló y rodó a mi
lado. Él pateó al chico encima de mí duro en las costillas. El chico lloró y
384
sacó una pistola de su lado.
—¡No! —grité. Luché por sacar mi propia arma.
Página

El otro chico fue más rápido. Mis dedos se cerraron en mi cuchillo


justo cuando el disparo sonó. Los pájaros se dieron a la fuga, el aleteo de
sus alas resonando en los árboles. Rider cayó en sus rodillas, sus manos
en su estómago. La sangre acumulándose alrededor de sus dedos.
—¡No! —grité otra vez. Cerré mi mano alrededor del cuchillo y lo
saqué—. ¡Rider! —lloré, corriendo hacia él. Las lágrimas nublaban mi
visión.
—Riss… —murmuró y comenzó a toser. Sangre burbujeó de sus
labios.
Me arrastré hacia él, llorando. Me alcanzó y justo cuando nuestros
dedos se tocaron, fui agarrada. Levanté mi mano e hice contacto con quien
tenía un puñado de mi pelo. Él gritó de dolor y me pateó en la espalda, su
pie golpeando mi riñón.
Me lancé hacia adelante, esperando desesperadamente alejarme y
alcanzar a Rider. Alcé mi mano de nuevo y bajé el cuchillo hacia el pie del
tipo.
—Estúpida perra —dijo, agarrando mi muñeca. El tipo que le había
disparado a Rider se acercó. Rio cuando me vio luchando.
—Eso luce divertido —dijo, y pateó el cuchillo de mi mano.
—¡Los mataré! —Amenacé. Le di un codazo en las costillas al chico
que me estaba sosteniendo y elevé mi pie para golpear sus bolas. Su
agarre en mi cabello se aflojó y fui capaz de alejarme. El otro chico se
inclinó para agarrarme.
Llegué detrás de mí para alcanzar el M9, pero no estaba allí. Debía
haberse caído cuando el bastardo aterrizó sobre mí.
No tenía tiempo de agarrar el M16 en mi cuello. Algo me pegó detrás
de la cabeza. Aturdida, vacilé. Entonces sentí un fuerte golpe en mis
rodillas, haciéndome caer.
Hice un último intento de llegar a Rider, quien tosía y borboteaba
sangre.
—¡Lo siento! —lloré. Mis dedos se cerraron alrededor de los suyos. Él
les dio un último apretón. Hice un desesperado agarre para sacar su
pistola. La agarré, apunté hacia mi atacante y tiré del gatillo.
Nada sucedió. A diferencia de mí, Rider era inteligente y mantuvo el
seguro puesto. Desde atrás, alguien me pateó en el costado y luego pateó
la pistola fuera de mis manos. Levantó sus pies y los estrelló en mis
costillas. Un horrible, mordaz, agudo dolor inundó mi cuerpo.
Dolía tanto que apenas podía respirar.
385

Unas manos agarraron fuertemente un puñado de mi pelo y me


tiraron hacia atrás, arrastrándome por el duro suelo. Grité en señal de
protesta y de dolor cuando otro golpe llegó a mi caja torácica.
Página

Pesadas manos ásperas agarraron mis brazos.


Él chico que atacó a Rider recogió mi pistola y me golpeó en la sien.
Mi visión se nubló y la sangré goteó en mi cara. Luché por escapar,
tratando de enroscar y hundir mis uñas en la piel de mi atacante.
No podría hacer funcionar a mis pies apropiadamente. Estaba un
par de yardas lejos de Rider ahora. Me alcé y clavé mis uñas en el brazo
del chico.
—¡Ah! —Gritó. Escuché el sonido familiar de la pólvora deslizándose
en una pistola. El chico dejó de arrastrarme. Sentí un terrible dolor en la
parte de atrás de mi cabeza.
Y luego todo fue negro.

386
Página
(CONTAGIOUS SERIES #3)
Cuando las instalaciones
comienzan a llenarse y los
suministros disminuyen, los
soldados de Fuller y los Marines no
tienen más opción que arriesgarse
a salir a los ilícitos paramos de
América donde descubren un
nuevo tipo de enemigos.
¿Qué oponente podría ser
más temeroso que los zombis? Una
fortaleza para los criminalmente
trastornados sobrevivientes que no
se detendrán ante nada para
derribar a Orissa y sus amigos por
el bien.
Con el objetivo de servir y
proteger sus instalaciones,
¿tendrán que abandonar su propio
código de moral y comprometerse
en una guerra contra lo no
infectado? ¿Cuán lejos está
dispuesta Orissa a llegar?
387
Página
Emily Goodwin

Nació: Estados Unidos


Website: [Link]
Twitter : 0emilygoodwin
Género: Ficción & Fantasía, Misterio y Romance
Emily Goodwin es autora de la dos veces prohibida novela Stay, así
como de más de una docena de otros títulos.
Escribe todo tipo de romance, desde historias de amor que figuran
en el apocalipsis zombi a romances contemporáneos que tienen lugar en
un rancho de caballos occidental.
Vive en Indiana con su marido, niños, y muchos animales
domésticos, incluyendo un pastor alemán llamado Vader.
388

Cuando no está escribiendo, se encuentra montando sus caballos,


diseñando y confeccionando trajes o se sienta fuera con un buen libro.
Página
Ñ

[Link] 389
Página

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