LA BRECHA DEL EVANGELIO
Entendiendo la Brecha
2 Pedro 1:3-9 describe esta brecha mejor que cualquier otro pasaje:
3 Su divino poder, al darnos el conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y excelencia,
nos ha concedido todas las cosas que necesitamos para vivir como Dios manda. 4 Así Dios nos ha
entregado sus preciosas y magní cas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción
que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina.
5 Precisamente por eso, esfuércense por añadir a su fe, virtud; a su virtud, entendimiento; 6 al
entendimiento, dominio propio; al dominio propio, constancia; a la constancia, devoción a Dios; 7 a la
devoción a Dios, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. 8 Porque estas cualidades, si abundan
en ustedes, los harán crecer en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, y evitarán que sean
inútiles e improductivos. 9 En cambio, el que no las tiene es tan corto de vista que ya ni ve, y se olvida
de que ha sido limpiado de sus antiguos pecados.
Consideremos los síntomas de la brecha. En el versículo 9, Pedro señala que hay personas que conocen al
Señor, pero sus vidas no producen el fruto de fe que se espera. Sus vidas no se caracterizan por relaciones
pací cas y amorosas; una adoración cotidiana, dulce y natural; una relación sana y balanceada con las
cosas materiales, y un crecimiento espiritual continuo. En vez de eso, estos creyentes dejan a su paso
relaciones rotas; un andar con Dios informado, pero impersonal; una lucha con las cosas materiales, y una
carencia de nitiva de crecimiento personal. Algo anda mal con esta cosecha; está en contradicción con la fe
que debería ser su origen.
¿Por qué hay tantos cristianos “inútiles e improductivos”? Pedro provee el diagnóstico en el versículo 9: Son
cortos de vista y ciegos, habiendo olvidado que han sido limpiados de sus pecados pasados. Son ciegos al
poder y esperanza del evangelio para hoy en día. ¿Qué signi ca esto?
Las buenas noticias del evangelio de Jesucristo es un evangelio de “entonces-ahora –entonces”. (ver
gura 1.1). Primero está el “entonces” del pasado. Cuando abrazo a Cristo por la fe, mis pecados son
perdonados completamente, y me presento ante Dios como justo. También está el “entonces” del futuro, la
promesa de la eternidad con el Señor, libre del pecado y la lucha. La iglesia ha logrado explicar bastante
bien estos dos “entonces” del evangelio, pero tendido a subestimar o mal interpretar los bene cios actuales
de la obra de Cristo. ¿Qué diferencia logra el evangelio en el aquí y ahora? ¿Cómo me ayuda como padre,
esposo, trabajador y miembro del cuerpo de Cristo? ¿Cómo me ayuda a responder a la di cultad y a tomar
decisiones? ¿Cómo me provee de signi cado, propósito e identidad? ¿Cómo motiva mi servicio a los
demás?
Muchos de nosotros experimentamos ceguera al evangelio en el aquí y ahora. Nuestra visión es disminuida
por la tiranía de lo urgente, por la sirena atrayente del éxito, por la belleza seductora de las cosas físicas, por
nuestra inhabilidad para admitir nuestros propios problemas, y por las relaciones super ciales con el cuerpo
de Cristo que llamamos erróneamente “compañerismo”. Esta ceguera a menudo es fomentada por una
predicación que no conecta el evangelio con los desafíos especí cos que la gente enfrenta.
La gente necesita ver que el evangelio tiene cabida en su centro laboral, su cocina, su escuela, su pieza, su
patio y su camioneta. Necesitan ver la manera en la que el evangelio conecta lo que ellos están haciendo
con lo que Dios está haciendo. Necesitan entender que sus historias de vida están transcurriendo dentro de
la historia más grande de Dios para que aprendan a vivir cada día con la mentalidad del evangelio.
Tres tipos de Ceguera
La brecha del “aquí y ahora” en medio de nuestras vidas produce tres formas fundamentales de ceguera
espiritual.
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Primero, está la ceguera de identidad.
Muchos cristianos no tienen una perspectiva evangélica de quiénes son. La falta de una identidad fundada
en el evangelio se muestra de dos maneras.
Primero, muchos cristianos subestiman la presencia y el poder del pecado interno. No pueden ver cuán
fácilmente quedan atrapados en este mundo lleno de trampas (Ga 6:1). No entienden la naturaleza global de
la guerra que siempre se libra dentro del corazón de cada creyente (Ro 7). No están conscientes cuán
propensos son a ir en pos de reemplazos de Dios. No alcanzan a ver que su problema más grande está
dentro y no afuera de ellos.
Mi experiencia pastoral con adolescentes me ha convencido de que una de las principales razones por la
que los adolescentes no están emocionados con el evangelio es porque piensan que no lo necesitan.
Muchos padres han educado con éxito a pequeños fariseos. Cuando se ven a sí mismos, no ven a un
pecador en necesidad desesperada, por lo cual no están agradecidos por el Salvador. Tristemente, lo mismo
podemos de decir de muchos de sus padres.
Segundo, muchos creyentes tampoco alcanzan a ver el otro lado de su identidad en el evangelio: su
identidad en Cristo. Cristo, no sólo me da el perdón y un nuevo futuro, sino también una identidad
completamente nueva. Soy ahora un hijo de Dios, con todos los derechos y privilegios que este título me
otorga. Esto es importante porque cada uno de nosotros vive de acuerdo con algún sentido de su identidad,
y nuestra amnesia de nuestra identidad en el evangelio nos llevará a alguna forma de reemplazo de
identidad. Es decir, si lo que soy en Cristo no es lo que da forma a mi manera de pensar acerca de mi mismo
y las cosas que enfrento, entonces, viviré de acuerdo con alguna otra identidad.
A menudo en nuestra ceguera, asumimos nuestros problemas como identidades. Aunque el divorcio, la
depresión y ser madre soltera son experiencias humanas signi cativas, no son identidades. Nuestro trabajo
no es nuestra identidad, aunque sea una parte importante de la manera en la que Dios desea que vivamos.
Para muchos de nosotros, nuestro sentido de identidad está más enraizado en nuestro desempeño que en
la gracia de Dios. Es maravilloso tener éxito en aquello a lo que Dios te ha llamado para hacer, pero cuando
usas tu éxito para de nir quién eres, siempre tendrás una perspectiva distorsionada.
Segundo, ceguera a la provisión de Dios.
Una brecha en el “aquí y ahora” en el evangelio también nos causa ceguera a la provisión de Dios. Como
Pedro declara, en Cristo se nos han concedido todas las cosas que necesitamos para la vida y la piedad.
¿Por qué usa dos palabras aquí, tanto “vida” como “piedad”? La segunda palabra está puesta para cali car
a la primera. Si Pedro hubiera dicho simplemente que Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para la
vida, hubiera sido fácil agregar la palabra “eterna” después de ella. De esta manera comúnmente se
interpreta este pasaje. Encontramos mucho más fácil abrazar las promesas del evangelio para después de la
muerte que las promesas de la vida antes de la muerte. Pero cuando Pedro dice que Dios nos ha dado todo
lo que necesitamos para “piedad”, sabemos que está hablando de la vida ahora. La piedad es una vida que
honra a Dios desde el momento que vengo a Cristo hasta el momento que voy al hogar para estar con Él.
Pedro está diciendo que no podemos vivir apropiadamente en el presente a menos que entendamos la
provisión que Dios ha hecho para nosotros. Muchos creyentes están ciegos al hecho de que esta provisión
van más a fondo que los mandamientos, principios y promesas de la Escritura que normalmente asociamos
con la búsqueda de una vida piadosa. Es inclusive aun más fundamental que la convicción del Espíritu
Santo y nuestro perdón legal. La provisión de Dios para una vida piadosa ahora es literalmente Cristo
mismo. Él se nos ha dado a sí mismo para que podamos ser como Él.
Pablo dice en Gálatas 2:20: “Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí”. Jesús es Emmanuel no sólo porque
vino a la tierra y vivió entre nosotros, sino porque en verdad vive con nosotros por medio de su Espíritu. Su
presencia nos da todo lo que necesitamos para ser quien se supone quedaremos ser y para hacer lo que se
supone que debemos hacer.
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Sin una consciencia de la presencia de Cristo, tendemos a vivir en ansiedad. Evitamos las cosas difíciles y
con facilidad nos abrumaremos. Pero un claro sentido de identidad y provisión nos da esperanza y ánimo
para enfrentar las luchas y tentaciones que vienen en nuestro camino.
Tercero, ceguera a los procesos de Dios.
El Nuevo Testamento deja claro que nuestra aceptación en la familia de Dios no es el nal de la obra de Dios
en nosotros, sino sólo es el principio. Dios no nos ha llamado a una vida en la que pensemos “Ya llegue
espiritualmente” o “Sólo estoy esperando la gloria”. En vez de eso, nos llama a una vida de trabajo
constante, de crecimiento constante, y de confesión y arrepentimiento constante, una gran batalla. Hasta
que vayamos a vivir con él, Su plan invariable es hacernos santos. Él hará todo lo que se requiera para
producir santidad en nosotros. Desea que seamos una comunidad de gozo, pero está dispuesto a poner en
riesgo nuestra felicidad temporal con tal de incrementar nuestra semejanza a Cristo.
Cada vez que nos encontramos en di cultad o prueba, es fácil pensar que hemos sido olvidados o
rechazados por Dios. Esto ocurre porque no entendemos el proceso presente. Dios no está obrando para
que estemos cómodos y sin di cultades; está obrando para que crezcamos. En el mismo momento en que
somos tentados a cuestionar su delidad, él esta cumpliendo sus promesas de redención para nosotros.
Después de todo, no sólo unas cuantas personas necesitan cambiar. El cambio es la norma para todos, y
Dios está siempre obrando para completar este proceso en nosotros.
¿Qué llena la brecha?
Hay una cosa que tienen en común las brechas físicas y espirituales: no permanecen vacías por mucho
tiempo. Un hueco en la arena rápidamente se llena de agua o mas arena. Un hueco en el campo acumulará
palos y hojas. Parece que los huecos siempre se llenan.
La brecha del evangelio en muchas de nuestras vidas, tampoco permanece vacía. Si no vivimos un
cristianismo forjado por el evangelio, con ado en Cristo y comprometido con el cambio, ese hueco se
llenará con otras cosas. Estas cosas quizá parezcan convincentes e incluso bíblicas, pero no constarán del
meollo de identidad, provisión y proceso que debe llenar a cada creyente.
¿Qué tipo de prácticas externas tienden a llenar la brecha del evangelio? Todas son cosas que son parte de
la vida cristiana normal; cada una tiende a atraernos en momentos distintos y de varias maneras. Examínate
en estas descripciones. ¿Será posible que tienes una brecha en tu evangelio y que ha estado llenándose en
maneras que no te has dado cuenta?
CRISTIANISMO EXTERNO: LAS COSAS QUE LLENAN LA BRECHA
FORMALISMO
Dios se opuso al formalismo de los israelitas (Is 1), y Cristo condenó el formalismo de los fariseos (Mt
23:23-28). ¿Por qué? Porque el formalismo me permite retener el control de mi vida, mi tiempo y mi plan. El
formalismo es ciego a la seriedad de mi condición espiritual y mi constante necesidad de la gracia de Dios
para rescatarme. El Formalista ve su participación en la iglesia simplemente como un aspecto saludable de
una buena vida. No se da cuenta que tiene un hambre de la ayuda de Dios en cualquier otra área. Para él, el
evangelio queda reducido a la participación en reuniones y ministerios de la iglesia.
LEGALISMO
El legalismo no se percata por completo que nadie puede satisfacer los requerimientos de Dios. El Legalista
cumple estrictamente sus reglas, pero su orgullo, impaciencia y espíritu condenatorio se mantienen intactos.
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El legalismo pasa por alto la profundidad de nuestra inhabilidad para ganar el favor de Dios. Se olvida de la
necesidad de nuestros corazones de ser transformados por la gracia de Dios. El legalismo no es la
reducción del evangelio; en realidad es totalmente otro evangelio (ver Gálatas), en el que la salvación
se gana cumpliendo las reglas que hemos establecido.
MISTICISMO
La fe bíblica no es como un Rambo Cristiano, Optimus Prime, Iron Man, Goku; el verdadero cristianismo
está teñido con todos los colores de la emoción humana. Pero no puedes reducir el evangelio a una
experiencia emocional con Dios. A medida que el Espíritu Santo habita en nosotros y la Palabra de Dios nos
impacta, la mayoría de los cambios en nuestros corazones y vidas ocurren en los pequeños momentos de la
vida. El peligro del misticismo es que se puede convertir en más una búsqueda de la experiencia en vez de
una búsqueda de Cristo. El evangelio queda reducido a experiencias emocionales y espirituales
dinámicas.
ACTIVISMO
Cuando crees que el mal de afuera es mayor que el mal de adentro, la búsqueda sincera de Cristo es
reemplazada por una lucha celosa contra el “mal” de nuestro alrededor.
Una celebración de la gracia que te rescata de tus pecados será reemplazada por una cruzada para rescatar
a la iglesia de los males de la cultura circundante. La madurez cristiana llega a de nirse como estar
dispuesto a defender al bien del mal. El evangelio queda reducido a la participación en las causas
cristianas.
BIBLISMO
En el cristianismo del Biblista, la comunión, dependencia y adoración de Cristo han sido reemplazados por
un deseo de dominar el contenido de la Escritura y la teología sistemática. El Biblista es un teólogo experto,
pero no es capaz de vivir por la gracia que puede de nir con precisión técnica. Ha invertido gran parte de su
tiempo y energía para llegar a dominar la Palabra, pero no ha permitido que la Palabra lo domine a él. En el
biblismo, el evangelio queda reducido a un dominio del contenido bíblico y teológico.
“PSICOLOGISMO”
El Psicologismo está en lo cierto al a rmar que nuestras necesidades más profundas son satisfechas en
Cristo, pero ve a Cristo más como un terapeuta que como un Salvador. En el caso de alguien abusada,
desde esta perspectiva, se ve convencido de que su más profunda necesidad proviene de su experiencia de
abuso y rechazo, y así, se ve más necesitada de sanidad que de redención. Está ciega para ver cuán
demandante, crítica y egocéntrica es.
Sin darse cuenta, se ha rede nido el problema que atiende el evangelio. En vez de ver nuestro problema
como moral y relacional – el resultado de nuestra deseo de adorarnos y servirnos a nosotros mismos y las
cosas de este mundo en vez de adorar y servir a nuestro Creador (Romanos 1) – ella ve su problema como
todo un catálogo de necesidad no satisfechas. Pero cuando consideras como un problema mayor el pecado
de los demás contra ti que tu propio pecado, tiendes a buscar a Cristo más como tu terapeuta que como tu
Salvador. El cristianismo se convierte más en una búsqueda de sanidad que una búsqueda de una vida
piadosa. El evangelio queda reducido a la sanidad de necesidades emocionales.
“SOCIALISISMO”
La iglesia se había convertido en su club social espiritual, la gracia de la amistad reemplaza a Cristo como
aquello de donde obtiene su identidad, propósito y esperanza. El evangelio quedó reducido a una red de
relaciones cristianas satisfactorias.
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¿Qué debería llenar la brecha?
Es asombroso cuánto tiempo me llevó entender realmente el evangelio. Como muchos cristianos, entendí
desde los primeros días que mis pecados habían sido perdonados (la gracia en el pasado) y que pasaría
la eternidad con Cristo (la gracia en el futuro). Pero no alcanzaba a entender la profundidad de mi
necesidad de los bene cios de la obra de Cristo ahora (la gracia presente). Mi cristianismo externo
necesita ser infundido con el poder presente del evangelio. No es su ciente abrazar la promesa de Cristo de
la vida después de la muerte. También debemos abrazar su promesa de una vida antes de la muerte, la cual
sólo es posible por la obra de la gracia de Cristo en nuestros corazones ahora. Celebra la gracia del perdón
que es nuestra por la vida, muerte y resurrección de Cristo, y mantiene la mirada en la esperanza de la
eternidad. Pero el enfoque principal de este libro es la gracia presente.
¿Cómo nos cambia y hace crecer Dios mientras vivimos en esta tierra? ¿Qué me ha dado Cristo para
ayudarme con esa conversación dura que tuve con mi esposa el jueves en la noche? ¿Cómo impacta su
gracia a la persona que batalla con la depresión o el temor? ¿Qué ha dado Cristo para enfrentar las
presiones de educar a los hijos o del trabajo? ¿Qué provisión ha dado para mis luchas con la lujuria, el
temor o el materialismo? ¿Cómo se ve el arrepentimiento y el cambio? ¿Por qué luchamos con un área de
pecado más que otras, haciendo aquello no que deseábamos?
CINCO PERSPECTIVAS DEL EVANGELIO
1. La amplitud y seriedad de nuestro pecado
Se ha dicho que la doctrina del pecado es la única doctrina que puedes demostrar empíricamente, sin
embargo todos tendemos a minimizarla. Al principio de nuestro matrimonio, mi esposa Nancy me señalaba
con gentileza muchas fallas en mi amor por ella. No es que estuviera siendo crítica, sino que había visto
áreas reales de pecado enraizadas en actitudes en mi corazón. Sabía que me amaba y que no estaba loca,
pero simplemente no podía creer que fuera tan malo como ella me hacía ver. Al mirar en retrospectiva me
avergüenza ver cuán recto pensaba que era. La autojusticia es tu propio abogado defensor. En un momento
horrendo de autodefensa le dije: “¡Noventa y cinco por ciento de las mujeres de nuestra iglesia
desearían estar casadas conmigo!” (¿Qué les parece mi humildad?) Nancy dulcemente me informó que
ella estaba en el cinco por ciento restantes. En ese entonces era pastor asistente y regularmente estaba
aconsejando parejas, ayudándoles a lidiar con el pecado que se interponía en el camino de la unidad
amorosa a la que Dios les llamaba. Era bueno ayudando a las personas a ver y reconocer su propio pecado.
Pero no estaba dispuesto a creer que mi necesidad era igual de desesperante. Quizá estaba segado por mi
conocimiento teológico o mis habilidades pastorales. Pero una cosa es cierta: había olvidado quién era y me
ofendía que Nancy tuviera una opinión tan baja de mí. No creo que estoy solo en esto. La lucha por aceptar
lo grande de nuestra pecaminosidad está presente en toda la iglesia de Cristo. Aceptamos la doctrina de la
depravación total, pero cuando se cuestiona nuestro propio pecado, nos ponemos nuestras ropas de
autojusticia y salimos en nuestra defensa. La Escritura desafía esta autojusticia con claridad y poder: “Al ver
el SEÑOR que la maldad del ser humano en la tierra era muy grande, y que todos sus pensamientos
tendían siempre hacia el mal” (Ge 6:5) y “No hay justo ni aun uno” (Ro 3:10). Los efectos del pecado han
torcido cada pensamiento, motivo, deseo, palabra y acción. Esta enfermedad nos ha infectado a todos, y las
consecuencias son severas.
¿Por qué es tan esencial esta perspectiva? Las buenas noticias del evangelio sólo tienen sentido cuando
aceptamos las malas noticias. La gracia, restauración, reconciliación, perdón, misericordia, paciencia, poder,
sanidad y esperanza del evangelio es para los pecadores. Éstos serán signi cativos sólo si admites que
tienes la enfermedad y te das cuenta que es terminal.
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2. La centralidad del corazón
El cristiano promedio de ne el pecado hablando de la conducta. Por ejemplo, ¿Cuál es la meta de la
mayoría de los padres cristianos? ¿Acaso no es lograr que sus hijos hagan lo correcto? Establecemos todo
tipo de estructuras relacionales, motivacionales y correctivas y dirigimos la conducta de nuestros hijos.
Estas estructuras tienen su valor, pero si esta es tu única respuesta a la rebelión y pecado de tus hijos, los
dejaras sin defensa en contra del pecado cuando se vayan de casa y la estructura ya no esté allí. Es por eso
que muchos jovenes cristianos, en las universidades, se lanzan a todo, ya no hay quien los vigile.
Por debajo de la batalla por la conducta se libra una batalla mucho más fundamental la batalla por los
pensamientos y motivos del corazón. El corazón es tu yo esencial o real. Todas las maneras en las cuales se
re ere la Biblia a la persona interior (mente, emociones, espíritu, alma, voluntad, etc.) están resumidas en
este término: corazón. El corazón es el timón de todo ser humano. Todo lo que hacemos se forja y se
controla por lo que desea nuestro corazón. Por eso la Biblia es muy clara en decir que Dios desea nuestros
corazones. Cuando Dios tiene tu corazón, entonces te tiene a ti. Por más que estemos afectados por
nuestro mundo caído y los pecados de otras personas, nuestro problema más grande es el pecado que
reside en nuestros corazones. Por eso el mensaje del evangelio es que Dios transforma nuestras vidas por
medio de transformar nuestros corazones.
El cambio duradero siempre viene por medio del corazón. Este es uno de los temas más desarrollados en la
Biblia, pero muchos de nosotros hemos pasado por alto sus implicaciones. Necesitamos un entendimiento
más profundo de Proverbios 4:23: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él mana la
vida”.
3. Los beneficios presentes de Cristo
La esperanza cristiana es más que un sistema de redención con principios prácticos que pueden cambiar tu
vida. La esperanza de todo cristiano es una persona, el Redentor, Jesucristo. Él es la sabiduría de donde
proviene cada principio bíblico y el poder que necesitamos para vivirlos.
Podemos vivir con valor y esperanza debido a que Cristo vive en nosotros y reina sobre todas las cosas
para nuestro bien (Ef 2:22-23) y está poniendo en el presente a todos sus enemigos debajo de sus pies.
Nuestra esperanza no está en nuestro conocimiento teológico o nuestra experiencia dentro del Cuerpo de
cristo. Estamos agradecidos por estas cosas, no obstante, nos aferramos a una esperanza: Cristo. En él
encontramos todo lo que necesitamos para vivir una vida piadosa aquí y ahora. Pablo lo dice tan bien: “He
sido cruci cado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo,
lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí” (Ga 2:20).
4. El llamamiento de Dios a crecer y a cambiar
Hemos sido aceptados a la familia de Dios y un día estaremos con él en la eternidad. Pero ¿qué pasa en
medio de estos dos puntos? Desde el momento que venimos a Cristo hasta el momento que nos vayamos
con él, Dios nos llama a cambiar. Hemos sido cambiados por su gracia, estamos siendo cambiados por su
gracia y seremos cambiados por su gracia. ¿Cuál es la meta de este cambio? Es más que un matrimonio
mejor, hijos bien adaptados, éxito profesional o liberación de unos cuantos pecados tercos. La meta de Dios
es que, de hecho, nos volvamos semejantes a él. No sólo quiere que escapes del fuego del in erno –
aunque damos gracia a Dios que así será por medio de Jesucristo. Su meta es liberarnos de nuestra
esclavitud de pecado, nuestra esclavitud al ego y nuestra idolatría funcional, para que podamos en
verdad parecernos a él en su carácter.
Pedro resume el cambio en esta manera: “Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magní cas
promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los
malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina” (2Pe 1:4).
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5. Un estilo de vida de arrepentimiento y fe
Dios te ha bendecido con su gracia, te ha dotado de su presencia, te ha fortalecido con su poder y te ha
hecho el objeto de su amor eterno. Puesto que le pertenecemos, vivimos de acuerdo con su plan. Y si su
plan es el cambio, entonces el arrepentimiento y la fe es el estilo de vida al que hemos sido llamados.
Para el cristiano, siempre hay nuevos pecados que atacar y nuevos enemigos que derrotar. La vida cristiana
hace de la obra de Dios para el cambio nuestro paradigma de vida, mientras celebramos la gracia que hace
que sea posible. “En verdad, Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación
y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con
justicia, piedad y dominio propio, mientras aguardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa
venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:11-13).