Laboratorio Control de Convencionalidad
Laboratorio Control de Convencionalidad
UNIVERSIDAD GALILEO
COLEGIO DE ABOGADOS Y NOTARIOS DE GUATEMALA
ESTUDIO DE CASO
Juana Martínez es una persona mujer indígena, madre de cuatro hijos, ex privada de libertad por
venta de sustancia psicotrópicas y con VIH. Ella llega a una clínica de atención médica estatal por
un posible contagio de tuberculosis que la tiene bastante afectada de su salud. La funcionaria de la
clínica, Luz Castro, le solicita a la señora Juana Martínez el carné de seguro social y la cédula de
identidad. Doña Juana –quien habla muy poco español- apenas le logra decir que no tiene carné
de seguro social, además la funcionaria verificó que su cédula de identidad estaba vencida. Por tal
motivo, la funcionaria le indicó a doña Juana Martínez que no le darían atención médica ya que,
conforme al Reglamento de Seguridad Social y la directriz del director del centro de Salud, para
contar con servicios médicos de salud es necesario tener carné de seguro social y cédula de
identidad vigente. Doña Juan Martínez regresó a su casa y debido al deterioro de su salud, murió a
los cinco días, dejando a sus cuatro hijos huérfanos.
Es decir que, en el ámbito interno de los Estados Parte, los operadores jurídicos
deberían en primer lugar analizar sus casos para que sean compatibles con la
CADH y, dado el caso, aplicar las sentencias de la CIDH, que generan criterios
interpretativos con base en los artículos 1.1, 2 y 29 de la CADH, que dicen así:
si bien el Sistema Interamericano tiene dos órganos “competentes para conocer de los asuntos relacionados
con el cumplimiento de los compromisos contraídos por los Estados Partes en la Convención” 4 , la Corte
solo puede “conocer un caso” cuando se han “agotado los procedimientos previstos en los artículos 48 a 50”
de dicho tratado, es decir, el procedimiento de peticiones individuales ante la Comisión Interamericana. De
tal modo, “solamente si un caso no se ha solucionado a nivel interno, como correspondería primariamente
hacerlo a cualquier Estado Parte en la Convención en ejercicio efectivo del control de convencionalidad,
entonces el caso puede llegar ante el Sistema, en cuyo caso debería resolverse ante la Comisión
Interamericana y, solamente si las recomendaciones de ésta no han sido cumplidas, el caso podría llegar
ante la Corte” 5 . 5 Corte IDH, Caso Acevedo Jaramillo y otros Vs. Perú, excepciones preliminares, fondo,
reparaciones y costas, sentencia de 7 de febrero de 2006, Serie C No. 144, párr. 174, y Caso Masacre de
Santo Domingo Vs. Colombia…párr. 144.
Una vez que el caso ha llegado ante la Corte Interamericana, ésta deberá ejercer el control complementario
de convencionalidad ex officio aplicando directamente las normas pertinentes de la Convención Americana
cuando el expediente muestre la existencia de un supuesto de hecho que reclama esa aplicación, con
independencia de que las víctimas, sus representantes o la Comisión Interamericana lo hayan requerido o no
Se trata pues de una facultad inherente a la Corte que le permite verificar “la compatibilidad entre la
conducta del Estado y las disposiciones de la Convención, de modo que la instancia internacional es una
instancia propia y autónoma de control de juridicidad”, que no opera como órgano de apelación de la
justicia nacional, ni la sustituye8 . Ciertamente, la Corte Interamericana no tiene competencia absoluta “para
revisar en cualquier caso y condición la actuación de los jueces nacionales a la luz de la propia legislación
interna”, cuestión que claramente excedería su competencia “al sustituirse a la jurisdicción interna y
violentar el carácter subsidiario y complementario esencial de aquélla”9 . En ese sentido, se afirma que no
es una “cuarta instancia” que tenga la competencia para revisar las sentencias nacionales, analizar
supuestos errores de derecho o de hecho que puedan haber cometido los tribunales nacionales10, o para
subsanar las violaciones a los derechos humanos en el ámbito interno11 , a menos que encuentre que se ha
cometido una violación de alguno de los derechos amparados por la Convención Americana12 12 Tojo,
Liliana y Pilar Elizalde, “Artículos 44-47. Competencia de la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos”…pág. 783.
Frente a ello, la Corte Interamericana recordó que si bien “no desempeña funciones de tribunal de ‘cuarta
instancia’”, sí le compete “verificar si en los pasos efectivamente dados a nivel interno se violaron o no
obligaciones internacionales del Estado derivadas de los instrumentos interamericanos que le otorgan
competencia”14
Por tanto, el hecho de que un Estado alegue haber aplicado el control primario de convencionalidad en un
caso concreto no constituye una excepción preliminar admisible que afecte la competencia de la Corte
Interamericana para pronunciarse sobre el fondo del asunto y analizar las presuntas violaciones de derechos
humanos involucradas, esto es, para que ejerza el control complementario de convencionalidad. La Corte
Interamericana ha entendido “que tiene dentro de sus competencias la posibilidad de supervisar un
‘adecuado control de convencionalidad’ sobre la interpretación que realiza una alta jurisdicción nacional” 17
.
Artículos 33, 62.1, 62.3 y 65 de la CADH, y artículo 30 del Estatuto de la Corte IDH. 19 Dicho procedimiento
se encuentra regulado en el artículo 69 del Reglamento de la Corte IDH. 20 Corte IDH, Informe Anual 2015,
pág. 16. Disponible en: http://www.corteidh.or.cr/sitios/informes/docs/SPA/spa_2015.pdf
Respecto a la manifestación erga omnes del control de convencionalidad.- Tal y como ha sido resaltado
previamente, pese a que un Estado no haya sido parte material en el proceso internacional ante la Corte que
derivó en una sentencia, “por el solo hecho de ser Parte en la Convención Americana, todas sus autoridades
públicas y todos sus órganos, incluidas las instancias democráticas, jueces y demás órganos vinculados a la
administración de justicia en todos los niveles, están obligados por el tratado, por lo cual deben ejercer, en
el marco de sus respectivas competencias y de las regulaciones procesales correspondientes, un control de
convencionalidad”, teniendo en cuenta el propio tratado y, según corresponda, los precedentes o
lineamientos jurisprudenciales de la Corte Interamericana”24
El control de convencionalidad es una obligación de las autoridades estatales y su ejercicio compete, solo
subsidiaria o complementariamente, a la Corte Interamericana cuando un caso ha sido sometido a su
jurisdicción. - El control complementario de convencionalidad verifica si en los pasos dados a nivel interno se
violaron derechos humanos o se incumplieron obligaciones del Estado previstos en la Convención. - La Corte
Interamericana es la encargada de la supervisión del cumplimiento de sus sentencias por parte del Estado
declarado responsable en el respectivo proceso internacional. - Cuando un Estado ha manifestado su
consentimiento para vincularse a la Convención Americana sin formular reserva alguna, no cabe que
cuestione o se niegue a cumplir el tratado, ni la jurisprudencia emitida por la Corte Interamericana sobre el
mismo.
El 8 de marzo de 2018 la Corte Interamericana de Derechos Humanos [1] por primera vez
se pronunció respecto el derecho a la salud de manera autónoma, considerándolo parte
integrante de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, con base en el
artículo 26 de la Convención Americana de Derechos Humanos. Artículo 26. Desarrollo
Progresivo Los Estados partes se comprometen a adoptar providencias, tanto a nivel interno
como mediante la cooperación internacional, especialmente económica y técnica, para
lograr progresivamente la plena efectividad de los derechos que se derivan de las normas
económicas, sociales y sobre educación, ciencia y cultura, contenidas en la Carta de la
Organización de los Estados Americanos, reformada por el Protocolo de Buenos Aires, en
la medida de los recursos disponibles, por vía legislativa u otros medios apropiados.
La Corte desarrolla de manera expresa lo siguiente: i) el “Derecho a la Salud” es un
derecho humano fundamental indispensable para el ejercicio adecuado de los demás
derechos humanos como el derecho a la vida, la integridad personal, acceso a la
información, entre otros; ii) El Estado debe garantizar este derecho a todas las personas
en condiciones de igualdad sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo,
posición económica, nacimiento, edad, o cualquier otra condición social; iii) la obligación
general del Estado se traduce en el deber estatal de asegurar el acceso de las personas a
servicios esenciales de salud; iv) la operatividad de dicha obligación comienza con el
deber de regulación ya que los Estados son responsables de regular con carácter
permanente la prestación de servicios (tanto públicos como privados) y la ejecución de
programas nacionales relativos al logro de una prestación de servicios de calidad; v) El
Estado debe prever supervisión y fiscalización estatal de los servicios de salud (públicos
y privados) con mayor énfasis en los servicios de urgencia; vi) el derecho a la salud en el
caso de las personas mayores conlleva una obligación de garantía “reforzada” por parte
del Estado de otorgar especial protección y por ende de cuidado integral a estas personas
en situación de vulnerabilidad, las cuales deben recibir prestaciones y servicios de salud
continuos y eficientes; vii) en los “casos de urgencia” tomando como referencia la
Observación General del Comité DESC de ONU No 14 (2000) sobre el derecho del nivel
mas alto de salud, el Estado debe cumplir con unos estándares mínimos de protección
tales como: a) calidad que implica contar con la infraestructura adecuada y necesaria, así
como el recurso humano calificado para satisfacer las necesidades básicas y urgentes;
b) accesibilidad física a los establecimientos, bienes y servicios de emergencias de salud
sin discriminación, así como accesibilidad económica (asequibilidad) y la accesibilidad a la
información que asegure la atención pririoritaria; c) disponibilidad que consiste en ofrecer un
número suficiente de establecimientos, bienes y servicios públicos de salud, incluidos
programas integrales de salud que permitan atender las necesidades básicas de la
población; y d) aceptabilidad que involucra la obligación de los establecimientos y servicios
de salud de respetar la ética médica, los criterios culturalmente apropiados, las
condiciones del ciclo de vida del paciente, la información al paciente o sus familiares del
diagnostico y tratamiento, el consentimiento informado, inclusive desde una perspectiva
de genero.
Artículo 44
Cualquier persona o grupo de personas, o entidad no gubernamental legalmente reconocida en uno o más
Estados miembros de la Organización, puede presentar a la Comisión peticiones que contengan denuncias o
quejas de violación de esta Convención por un Estado parte.
Artículo 46
1. Para que una petición o comunicación presentada conforme a los artículos 44 ó 45 sea admitida por la
Comisión, se requerirá:
a) que se hayan interpuesto y agotado los recursos de jurisdicción interna, conforme a los principios del
Derecho Internacional generalmente reconocidos;
b) que sea presentada dentro del plazo de seis meses, a partir de la fecha en que el presunto lesionado en
sus derechos haya sido notificado de la decisión definitiva;
c) que la materia de la petición o comunicación no esté pendiente de otro procedimiento de arreglo
internacional, y
d) que en el caso del artículo 44 la petición contenga el nombre, la nacionalidad, la profesión, el domicilio y
la firma de la persona o personas o del representante legal de la entidad que somete la petición.
2. Las disposiciones de los incisos 1.a. y 1.b. del presente artículo no se aplicarán cuando:
a) no exista en la legislación interna del Estado de que se trata el debido proceso legal para la protección
del derecho o derechos que se alega han sido violados;
b) no se haya permitido al presunto lesionado en sus derechos el acceso a los recursos de la jurisdicción
interna, o haya sido impedido de agotarlos, y
c) haya retardo injustificado en la decisión sobre los mencionados recursos.
Artículo 61
1. Sólo los Estados Partes y la Comisión tienen derecho a someter un caso a la decisión de la Corte.
2. Para que la Corte pueda conocer de cualquier caso, es necesario que sean agotados los procedimientos
previstos en los artículos 48 a 50.
Para abordar este tema, se han extractado los párrafos más relevantes de los casos contenciosos
en que la Corte Interamericana ha tratado esta temática. En una primera parte de este
cuadernillo, se exponen aspectos generales vinculados a los DESCA como sus principios y su
relación con la prohibición de discriminación (relevante para el derecho salud). Luego, se reseña la
jurisprudencia sobre el derecho a la salud, tanto en su contenido y alcance como algunos
desarrollos particulares habidos en la jurisprudencia de la Corte IDH. A continuación, se analiza la
relación del derecho a la salud con otros derechos convencionalmente consagrados. Asimismo, se
reseñan las áreas temáticas relacionadas con el derecho a la salud que han sido abordadas por la
Corte IDH, tales como, educación, seguridad social, derecho al agua y la situación de personas con
discapacidad. Finalmente, se exponen las medidas de reparación que ha dispuesto la Corte IDH
con relación a la violación del derecho a la salud.
Corte IDH. Caso Gonzales Lluy y otros Vs. Ecuador. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones
y Costas. Sentencia de 1 de septiembre de 2015. Serie C No. 2985. 172. Por otra parte, la Corte
también considera pertinente recordar la interdependencia e indivisibilidad existente entre los
derechos civiles y políticos y los derechos económicos, sociales y culturales, ya que deben ser
entendidos integralmente como derechos humanos, sin jerarquía entre sí y exigibles en todos los
casos ante aquellas autoridades que resulten competentes para ello. Al respecto, la Declaración
Americana de los Derechos y Deberes del Hombre establece en su Artículo XI que toda persona
tiene el derecho “a que su salud sea preservada por medidas sanitarias y sociales, relativas a […] la
asistencia médica, correspondientes al nivel que permitan los recursos públicos y los de la
comunidad”. Por su parte, el Artículo 45 de la Carta de la OEA requiere que los Estados Miembros
“dedi[quen] sus máximos esfuerzos [… para el] [d]esarrollo de una política eficiente de seguridad
social”. En este sentido, el artículo 10 del Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre
Derechos Humanos en materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, ratificado por el
Ecuador el 25 de marzo de 1993 y entrado en vigor el 16 de noviembre de 1999, establece que
toda persona tiene derecho a la salud, entendida como el disfrute del más alto nivel de bienestar
físico, mental y social, e indica que la salud es un bien público. Adicionalmente, en julio de 2012, la
Asamblea General de la Organización de Estados Americanos enfatizó la calidad de los
establecimientos, bienes y servicios de salud, lo cual requiere la presencia de personal médico
capacitado, así como de condiciones sanitarias adecuadas. En el mismo sentido: Corte IDH. Caso
Suárez Peralta Vs. Ecuador. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de
21 de mayo de 2013. Serie C No. 261, párr. 131.
173. Por otra parte, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales ha señalado que
todos los servicios, artículos e instalaciones de salud deben cumplir con requisitos de
disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y calidad. En torno a estos elementos esenciales del
derecho a la salud el Comité ha precisado su alcance en los siguientes términos: a) Disponibilidad.
Cada Estado Parte deberá contar con un número suficiente de establecimientos, bienes y servicios
públicos de salud y centros de atención de la salud, así como de programas. Con todo, esos
servicios incluirán los factores determinantes básicos de la salud, como hospitales, clínicas y
demás establecimientos relacionados con la salud, personal médico y profesional capacitado, así
como los medicamentos esenciales definidos en el Programa de Acción sobre medicamentos
esenciales de la OMS. b) Accesibilidad. Los establecimientos, bienes y servicios de salud deben ser
accesibles a todos, sin discriminación alguna, dentro de la jurisdicción del Estado Parte. La
accesibilidad presenta cuatro dimensiones superpuestas: i) No discriminación: los
establecimientos, bienes y servicios de salud deben ser accesibles, de hecho y de derecho, a los
sectores más vulnerables y marginados de la población, sin discriminación alguna por cualquiera
de los motivos prohibidos. ii) Accesibilidad física: los establecimientos, bienes y servicios de salud
deberán estar al alcance geográfico de todos los sectores de la población, en especial los grupos
vulnerables o marginados, como las mujeres, los niños, los adolescentes y las personas con
VIH/SIDA. […] iii) Accesibilidad económica (asequibilidad): los establecimientos, bienes y servicios
de salud deberán estar al alcance de todos. Los pagos por servicios de atención de la salud y
servicios relacionados con los factores determinantes básicos de la salud deberán basarse en el
principio de la equidad, a fin de asegurar que esos servicios, sean públicos o privados, estén al
alcance de todos, incluidos los grupos socialmente desfavorecidos. La equidad exige que sobre los
hogares más pobres no recaiga una carga desproporcionada, en lo que se refiere a los gastos de
salud, en comparación con los hogares más ricos. iv) Acceso a la información: ese acceso
comprende el derecho de solicitar, recibir y difundir información e ideas acerca de las cuestiones
relacionadas con la salud. Con todo, el acceso a la información no debe menoscabar el derecho de
que los datos personales relativos a la salud sean tratados con confidencialidad. c) Aceptabilidad.
Todos los establecimientos, bienes y servicios de salud deberán ser respetuosos de la ética médica
y culturalmente apropiados, es decir respetuosos de la cultura de las personas, las minorías, los
pueblos y las comunidades, a la par que sensibles a los requisitos del género y el ciclo de vida, y
deberán estar concebidos para respetar la confidencialidad y mejorar el estado de salud de las
personas de que se trate.
Corte IDH. Caso Cuscul Pivaral y otros Vs. Guatemala. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 23 de agosto de 2018. Serie C No. 3597. 7 El 23 de agosto de 2018 la Corte Interamericana de
Derechos Humanos dictó Sentencia mediante la cual declaró la responsabilidad internacional del Estado de
Guatemala por las violaciones a diversos derechos cometidas en perjuicio de 49 personas que viven o
vivieron con el VIH y de sus familiares. En particular, la Corte encontró que distintas omisiones del Estado en
el tratamiento médico de las víctimas constituyeron un incumplimiento del deber de garantizar el derecho a
la salud, y que el impacto de esas omisiones provocó violaciones al derecho a la vida y a la integridad
personal de algunas de ellas. Adicionalmente, la Corte determinó que la omisión de garantizar una atención
médica adecuada a dos mujeres embarazadas que viven con el VIH constituyó un acto de discriminación, y
que la inacción estatal en materia de protección al derecho a la salud de la población que vive con el VIH en
Guatemala constituyó una violación al principio de progresividad contenido en el artículo 26 de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos. Asimismo, el Tribunal advirtió la existencia de diversas
falencias en la resolución de un recurso judicial intentado por 13 de las víctimas ante la Corte de
Constitucionalidad de Guatemala, las cuales constituyeron violaciones a las garantías judiciales y la
protección judicial. Finalmente, la Corte encontró que la afectación en la salud, la vida y la integridad de las
víctimas también tuvieron un impacto en el derecho a la integridad personal de sus familiares.
143. Como correlato de lo anterior, la Corte ha considerado que se desprende un deber – si bien
condicionado – de no regresividad, que no siempre deberá ser entendido como una prohibición de medidas
que restrinjan el ejercicio de un derecho. Al respecto, el Tribunal ha retomado lo señalado por el CDESC en
el sentido que “las medidas de carácter deliberadamente re[gresivo] en este aspecto requerirán la
consideración más cuidadosa y deberán justificarse plenamente por referencia a la totalidad de los derechos
previstos en el Pacto [Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales] y en el contexto del
aprovechamiento pleno del máximo de los recursos de que [el Estado] disponga”9. En la misma línea, la
Comisión Interamericana ha considerado que para evaluar si una medida regresiva es compatible con la
Convención Americana, se deberá “determinar si se encuentra justificada por razones de suficiente peso”10.
Por todo lo expuesto, cabe afirmar que esta faceta del principio de progresividad resulta justiciable cuando
de derechos económicos, sociales, culturales y ambientales se trate. 146. Sin perjuicio de lo anterior, el
Tribunal reitera que las obligaciones de realización progresiva de los DESCA requiere la continua realización
de acciones para la consecución del pleno goce de estos derechos. De esta forma, la dimensión progresiva
de protección de los DESCA, si bien reconoce una cierta gradualidad para su realización, también incluye un
sentido de progreso, que requiere la mejora efectiva de las condiciones de goce y ejercicio de estos
derechos, de forma tal que se corrijan las desigualdades sociales y se facilite la inclusión de grupos
vulnerables. En esta lógica, la obligación de realización progresiva prohíbe la inactividad del Estado en su
tarea de implementar acciones para lograr la protección integral de los derechos, sobre todo en aquellas
materias donde la ausencia total de protección estatal coloca a las personas ante la inminencia de sufrir un
daño a su vida o su integridad personal. Este riesgo ocurre en relación con personas que viven con el VIH
que no reciben atención médica adecuada. Por ende, la Corte considera que el Estado incumple sus
obligaciones convencionales de realización progresiva al no contar con políticas públicas o programas que de
facto –y no sólo de jure– le permitan avanzar en el cumplimiento de su obligación de lograr la plena
efectividad del derecho a la salud.
3.3.3. ATENCIÓN DE SALUD DE EMERGENCIA Corte IDH. Caso Poblete Vilches y otros Vs. Chile.
Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 8 de marzo de 2018. Serie C No. 349. 152. En relación
con el artículo 5.1 de la Convención, la Corte ha establecido que la integridad personal se halla
directa e inmediatamente vinculada con la atención a la salud humana, y que la falta de atención
médica adecuada puede conllevar la vulneración del artículo 5.1 de la Convención. En este sentido,
la Corte ha sostenido que la protección del derecho a la integridad personal supone la regulación
de los servicios de salud en el ámbito interno, así como la implementación de una serie de
mecanismos tendientes a tutelar la efectividad de dicha regulación (supra párr. 124). Por tanto,
esta Corte ha señalado que, a los efectos de dar cumplimiento a la obligación de garantizar el
derecho a la integridad personal y en el marco de la salud, los Estados deben establecer un marco
normativo adecuado que regule la prestación de servicios de salud, estableciendo estándares de
calidad para las instituciones públicas y privadas, que permita prevenir cualquier amenaza de
vulneración a la integridad personal en dichas prestaciones. 155. En el presente caso la Corte
verificó distintas omisiones en la atención brindada que contribuyeron en el deterioro de la salud
del señor Poblete Vilches […]. Dichas omisiones, varias de ellas reconocidas por el propio Estado,
se dieron particularmente, tanto en el primer ingreso, con el alta temprana y la falta de
información a los familiares respecto de la condición y cuidado del paciente, a fin de que pudieran
advertir adecuadamente los signos de alarma y la manera de cómo responder, así como en el
segundo ingreso con la negación de los servicios básicos que requería, y en su caso la ausencia de
traslado a otro centro con disponibilidad. Particularmente, dichas situaciones derivaron en que,
durante al menos cinco días, el señor Poblete Vilches experimentara diversos sufrimientos motivo
de la desatención a sus particulares condiciones de salud […]. Al respecto, la Corte estima que
tales hechos anteriormente enunciados constituyen una vulneración de su derecho a la integridad
personal, así reconocido por el propio Estado. 3.3.4. ACCESO TRATAMIENTO SALUD PERSONA CON
VIH/SIDA Corte IDH. Caso Gonzales Lluy y otros Vs. Ecuador. Excepciones Preliminares, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 1 de septiembre de 2015. Serie C No. 298. 192. En el presente
caso se alega, entre otros aspectos relacionados con la asistencia sanitaria, que Talía en diversos
momentos no ha recibido atención oportuna y adecuada, ni un tratamiento pertinente y que ha
tenido algunos obstáculos para el acceso a medicamentos. 193. Al respecto, la Corte nota que el
Protocolo de San Salvador establece que entre las medidas para garantizar el derecho a la salud,
los Estados deben impulsar “la total inmunización contra las principales enfermedades
infecciosas”; “la prevención y el tratamiento de las enfermedades endémicas, profesionales y de
otra índole”, y “la satisfacción de las necesidades de salud de los grupos de más alto riesgo y que
por sus Nº 28: DERECHO A LA SALUD 109 condiciones de pobreza sean más vulnerables” 78 .
Obligaciones similares establece el artículo 12(2) del Pacto Internacional de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales. En este marco de obligaciones se insertan diversos deberes en relación con el
acceso a medicamentos. De acuerdo con la Observación General No. 14, el derecho al más alto
nivel posible de salud genera algunas obligaciones básicas y mínimas, que incluyen “[f]acilitar
medicamentos esenciales, según las definiciones periódicas que figuran en el Programa de Acción
sobre Medicamentos Esenciales de la OMS”79. 194. El acceso a medicamentos forma parte
indispensable del derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud. En particular, el Consejo
de Derechos Humanos y la antigua Comisión de Derechos Humanos han emitido resoluciones que
reconocen que “el acceso a la medicación en el contexto de pandemias como las de VIH/SIDA,
tuberculosis y paludismo es uno de los elementos fundamentales para alcanzar gradualmente el
ejercicio pleno del derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y
mental”80. 195. Al respecto, la Corte considera que las Directrices internacionales sobre el
VIH/SIDA y los derechos humanos de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para
los Derechos Humanos (en adelante “OACNUDH”) y el Programa Conjunto de las Naciones Unidas
sobre el VIH/SIDA (en adelante “ONUSIDA”) constituyen una referencia autorizada para aclarar
algunas obligaciones internacionales del Estado en esta materia. La Sexta Directriz, revisada en
2002, señala que: Los Estados deberían adoptar medidas de políticas que regulen los bienes,
servicios e información relacionados con el VIH, de modo que haya suficientes medidas y servicios
de prevención, adecuada información para la prevención y atención de los casos de VIH y
medicación inocua y eficaz a precios asequibles. Los Estados deberían tomar también las medidas
necesarias para asegurar a todas las personas, sobre una base sostenida e igualitaria, el suministro
de y la accesibilidad a bienes de calidad, servicios e información para la prevención, tratamiento,
atención y apoyo del VIH/SIDA, incluidos la terapia antirretrovírica y otros medicamentos, pruebas
diagnósticas y tecnologías relacionadas seguras y eficaces para la atención preventiva, curativa y
paliativa del VIH, de las infecciones oportunistas y de las enfermedades conexas. […]81. 78 Artículo
10.2 del Protocolo de San Salvador. 79 Naciones Unidas, Consejo Económico y Social, Comité de
Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Observación General Número 14, E/C.12/2000/4, 11
de agosto de 2000, párr. 43(d). 80 Por ejemplo, Resoluciones de la Comisión de Derechos
Humanos de Naciones Unidas, ‘Acceso a la medicación en el contexto de pandemias como las de
VIH/SIDA, tuberculosis y paludismo’, Resoluciones 2001/33, 2002/32, 2004/26 y 2005/23. De
forma similar se ha pronunciado el Consejo de Derechos Humanos respecto al VIH/SIDA. Cfr.
Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Resolución sobre Protección de los
derehcos humanos en el contexto del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y el síndroma de
inmunodeficiencia adquirisa (SIDA)’ (13 de abril de 2011) UN Doc A/HRC/RES/16/28, párr. 1. Por
otra parte, el Tribunal Constitucional del Perú, en el marco del reconocimiento de las personas con
VIH como sujetos de especial protección, ha señalado que su vida “depende de las acciones
concretas que emprenda el Estado de la mano con la comunidad y el núcleo familiar, tanto en
materia de salud como en lo que concierne al acceso al tratamiento antirretroviral de gran
actividad, como en otros aspectos ligados a la prevención, a la atención integral de calidad, a la
seguridad social y a la pensión”. Cfr. Sentencia del Tribunal Consitucional de 9 de agosto de 2011,
expediente número 0479-2009-PA/TC, párr. 29. 81 Oficina del Alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) y el Programa Conjunto de las Naciones Unidas
sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA), Directrices internacionales sobre el VIH/SIDA y los derechos
humanos. Versión consolidada de 2006, sexta directriz. Disponible en:
http://data.unaids.org/pub/Report/2006/jc1252-internationalguidelines_es.pdf. Nº 28: DERECHO
A LA SALUD 110 196. Esta Sexta Directriz ha sido interpretada por la OACNUDH y ONUSIDA en el
sentido de que una respuesta eficaz al VIH requiere un enfoque integral que comprende una
secuencia continua de prevención, tratamiento, atención y apoyo: La prevención, el tratamiento,
la atención y el apoyo son elementos que se refuerzan mutuamente y una secuencia continua para
una respuesta eficaz al VIH. Deben integrase en un enfoque amplio y es necesaria una respuesta
polifacética. El tratamiento, atención y apoyo integrales incluyen fármacos antirretrovíricos y otros
medicamentos; pruebas diagnósticas y otras tecnologías relacionadas para la atención del VIH y el
SIDA, de las infecciones oportunistas y de otras enfermedades; buena alimentación y apoyo social,
espiritual y psicológico, así como atención familiar, comunitaria y domiciliaria. Las tecnologías de
prevención del VIH abarcan los preservativos, lubricantes, material de inyección estéril, fármacos
antirretrovíricos (por ej., para revenir la transmisión materno infantil o como profilaxis
posexposición) y, una vez desarrollados, microbicidas y vacunas seguros y eficaces. El acceso
universal, basado en los principios de los derechos humanos, requiere que todos estos bienes,
servicios e información no sólo estén disponibles y sean aceptables y de buena calidad, sino
también que estén al alcance físico de todos y sean asequibles para todos . 197. La Corte observa
que estos estándares resaltan que el acceso a los fármacos antirretrovíricos es solo uno de los
elementos de una respuesta eficaz para las personas que viven con VIH. En este sentido las
personas que viven con VIH requieren un enfoque integral que comprende una secuencia continua
de prevención, tratamiento, atención y apoyo. Una respuesta limitada al acceso a fármacos
antirretrovíricos y otros medicamentos no cumple con las obligaciones de prevención,
tratamiento, atención y apoyo derivadas del derecho al más alto nivel posible de salud. Estos
aspectos sobre la calidad de la salud se relacionan con la obligación estatal de “crea[r] entornos
seguros, especialmente a las niñas, ampliando servicios de buena calidad que ofrezcan
información, educación sobre salud y asesoramiento de forma apropiada para los jóvenes,
reforzando los programas de salud sexual y salud reproductiva y haciendo participar, en la medida
de lo posible, a las familias y los jóvenes en la planificación, ejecución y evaluación de programas
de atención y prevención del VIH y el SIDA”82. 198. Otro aspecto relevante en materia de derecho
a la salud y asistencia sanitaria lo constituye el acceso a información sobre los escenarios que
permitan sobrellevar en mejor forma la enfermedad. Al respecto, el Comité de los Derechos del
Niño en la Observación General No. 3 relativa al VIH/SIDA y los Derechos del Niño, ha reiterado la
necesidad que los niños: [n]o sufr[an] discriminación respecto del acceso a la información sobre el
VIH, porque el asesoramiento y las pruebas de detección se lleven a cabo de manera voluntaria,
porque el niño tenga conocimiento de su estado serológico con respecto al VIH, tenga acceso a
servicios confidenciales de salud reproductiva y, gratuitamente o a bajo coste, a métodos o
servicios anticonceptivos, así como a recibir, cuando sea necesario, cuidados o tratamientos en
relación con el VIH, incluida la prevención y el tratamiento de problemas de salud relacionados
con el VIH/SIDA83. 199. Finalmente, respecto de los niños con discapacidad […], el Comité de los
Derechos del Niño señaló que “[e]l logro del mejor posible estado de salud, así como el acceso y la
82 Asamblea General de las Naciones Unidas, Declaración política sobre el VIH y el SIHDA:
intensificación de nuestro esfuerzo para eliminar el VIH y el SIDA (8 de julio de 2011)
A/RES/65/277, párr. 43. 83 Naciones Unidas, Comité de los Derechos del Niño, Observación
General Número 3, CRC/GC/2003/3, 17 de marzo de 2003, párr. 20. Nº 28: DERECHO A LA SALUD
111 asequibilidad de la atención de la salud de calidad es un derecho inherente para todos los
niños. Los niños con discapacidad muchas veces se quedan al margen de todo ello debido a
múltiples problemas, en particular la discriminación, la falta de acceso y la ausencia de
información y/o recursos financieros, el transporte, la distribución geográfica y el acceso físico a
los servicios de atención de salud”84. 204. Otro aspecto de calidad en la asistencia sanitaria es
reflejado en declaraciones consistentes de Talía, su madre y su hermano en el sentido que en el
marco del sistema público de salud, específicamente en el hospital de Cuenca, la presunta víctima
fue estigmatizada y tratada inapropiadamente en varias oportunidades por parte del personal de
dicho hospital. En las declaraciones se alude a diversos problemas de confianza, calidad y calidez.
Talía declaró que la atención la recibe en la provincia de Cañar y no en la provincia de Azuay, que
es donde reside con su familia, porque ha sido maltratada por parte del responsable del programa
de VIH de Cuenca. El médico que atiende en Cuenca, según la declaración de Talía “no sabe dar un
trato de confianza, calidad y calidez, propio de un servidor público” . 205. La Corte concluye que
en algunos momentos Talía Gonzales Lluy no ha tenido accesibilidad a un entorno seguro y cálido
en relación con su asistencia sanitaria y que en algunos momentos el tipo de atención recibida
generó rechazo. Este rechazo ha estado asociado a tensiones con los médicos tratantes en
escenarios en los que se le exigió a Talía y su familia atenerse a las reglas de las políticas públicas
de atención en temas de VIH. En algunos momentos también han existido problemas específicos
de disponibilidad de examen de carga viral y controversias sobre accesibilidad geográfica, debido a
los desplazamientos que han tenido que efectuar las presuntas víctimas. Sin embargo, los aspectos
anteriores se relacionan con aspectos específicos de la asistencia sanitaria que en diversos
momentos concretos generaron problemas pero sin constituir aspectos suficientes para desvirtuar
los alcances globales de la asistencia sanitaria durante más de una década. Por otra parte, algunos
de los reclamos y denuncias específicas sobre la asistencia sanitaria no han sido objeto de
denuncia ante autoridades del Ministerio de Salud, lo cual, a través de indagaciones a nivel
interno, hubiera permitido mayor información documental sobre el tipo de restricciones
generadas por el Estado y la magnitud de los problemas que las presuntas víctimas alegan haber
sufrido en aspectos de accesibilidad y aceptabilidad de la salud. Teniendo en cuenta que no ha
sido desvirtuada la información sobre la secuencia global de tratamiento presentada por las
peritos Diana Molina y Carmen del Rocío Carrasco […], y tomando como referencia una valoración
global de la asistencia sanitaria en estos 17 años de convivencia con la enfermedad, sin detenerse
en eventos puntuales en momentos específicos, la Corte considera que la prueba disponible es
insuficiente para imputar responsabilidad internacional al Estado por una violación del derecho a
la vida y a la integridad personal por la alegada ausencia de disponibilidad y calidad en el servicio
prestado.
2. DERECHO A LA SALUD El desarrollo del derecho a la salud se sistematiza a partir de dos grandes
aspectos. Por una parte, el contenido y alcance del derecho a la salud como derecho autónomo en
el marco del art. 26 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Por otra, se reseñan
algunos desarrollos particulares sobre el derecho a la salud que ha realizado la Corte
Interamericana. 2.1.CONTENIDO Y ALCANCE COMO DERECHO AUTÓNOMO (ART. 26 CADH) Corte
IDH. Caso Poblete Vilches y otros Vs. Chile. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 8 de marzo
de 2018. Serie C No. 34911. 103. Así, resulta claro interpretar que la Convención Americana
incorporó en su catálogo de derechos protegidos los denominados derechos económicos, sociales,
culturales y ambientales (DESCA), a través de una derivación de las normas reconocidas en la Carta
de la Organización de los Estados Americanos (OEA), así como de las normas de interpretación
dispuestas en el propio artículo 29 de la Convención; particularmente, que impide limitar o excluir
el goce de los derechos establecidos en la Declaración Americana e inclusive los reconocidos en
materia interna […]. Asimismo, de conformidad con una interpretación sistemática, teleológica y
evolutiva, la Corte ha recurrido al corpus iuris internacional y nacional en la materia para dar
contenido específico al alcance de los derechos tutelados por la Convención […] a fin de derivar el
alcance de las obligaciones específicas de cada derecho. En el mismo sentido: Corte IDH. Caso
Muelle Flores Vs. Perú. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 6 de
marzo de 2019. Serie C No. 375, párr. 170. 104. Asimismo, este Tribunal destaca que del contenido
del artículo 26 se desprenden dos tipos de obligaciones. Por un lado, la adopción de medidas
generales de manera progresiva y por otro lado la adopción de medidas de carácter inmediato.
Respecto de las primeras, a las cuales hizo referencia el Estado en el presente caso, la realización
progresiva significa que los Estados partes tienen la obligación concreta y constante de avanzar lo
más expedita y eficazmente posible hacia la plena efectividad de los DESCA, ello no debe
interpretarse en el sentido que, durante su periodo de implementación, dichas obligaciones se
priven de contenido específico, lo cual tampoco implica que los Estados puedan aplazar
indefinidamente la adopción de medidas para hacer efectivos los derechos en cuestión, máxime
luego de casi cuarenta años de la entrada en vigor del tratado interamericano. Asimismo, se
impone por tanto, la obligación de no regresividad frente a la realización de los derechos
alcanzados. Respecto de las obligaciones de carácter inmediato, éstas consisten en adoptar
medidas eficaces, a fin de garantizar el acceso sin discriminación a las prestaciones reconocidas
para cada derecho. Dichas medidas deben ser adecuadas, 11 El 8 de marzo de 2018 la Corte
Interamericana de Derechos Humanos dictó Sentencia en la que declaró por unanimidad la
responsabilidad internacional del Estado chileno por no garantizar al señor Vinicio Antonio Poblete
Vilches su derecho a la salud sin discriminación, mediante servicios necesarios básicos y urgentes
en atención a su situación especial de vulnerabilidad como persona adulta mayor, lo cual derivó en
su muerte (artículos 26, 1.1 y 4 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, en
adelante “la Convención”), así como por los sufrimientos derivados de la desatención del paciente
(artículo 5 de la misma). Asimismo, la Corte declaróque el Estado vulneróel derecho a obtener el
consentimiento informado por sustitución y al acceso a la información en materia de salud, en
perjuicio del señor Poblete y de sus familiares (artículos 26, 13, 7 y 11, en relación con el artículo
1.1 de la Convención), asícomo el derecho al acceso a la justicia (artículos 8 y 25 de la misma) e
integridad personal, en perjuicio de los familiares del señor Poblete (artículo 5 de la misma).
122. En tercer lugar, y como condición transversal de la accesibilidad, la Corte recuerda que el
Estado está obligado a garantizar un trato igualitario a todas las personas que accedan a los
servicios de salud, por lo que de conformidad con el artículo 1.1 de la Convención Americana no
son permitidos tratos discriminatorios, “por motivos de raza, color, sexo, […] posición económica,
nacimiento o cualquier otra condición social”. Al respecto, los criterios específicos en virtud de los
cuales está prohibido discriminar, según el artículo 1.1 de la Convención Americana, no son un
listado taxativo o limitativo sino meramente enunciativo. Por el contrario, la redacción de dicho
artículo deja abiertos los criterios con la inclusión del término “otra condición social” para
incorporar así a otras categorías que no hubiesen sido explícitamente indicadas”. Así, la Corte ha
señalado que la edad, es también una categoría protegida por esta norma. En este sentido, la
prohibición por discriminación relacionada con la edad cuando se trata de las personas mayores,
se encuentra tutelada por la Convención Americana. Esto comporta, entre otras cosas, la
aplicación de políticas inclusivas para la totalidad de la población y un fácil acceso a los servicios
públicos.
123. Al respecto, la Corte reitera que el derecho a la igualdad y no discriminación abarca dos
concepciones: una negativa relacionada con la prohibición de diferencias de trato arbitrarias, y
una positiva relacionada con la obligación de los Estados de crear condiciones de igualdad real
frente a grupos que han sido históricamente excluidos o que se encuentran en mayor riesgo de ser
discriminados. En tal sentido, la adopción de medidas positivas se acentúa en relación con la
protección de personas en situación de vulnerabilidad o en situación de riesgo, quienes deben
tener garantizado el acceso a los servicios médicos de salud en vía de igualdad. 124. En cuarto
lugar, la Corte sostuvo en el caso Suárez Peralta que el Estado debe prever mecanismos de
supervisión y fiscalización estatal de las instituciones de salud, tanto públicas como privadas. Al
respecto, la Corte ha señalado que cuando se trata de competencias esenciales relacionadas con la
supervisión y fiscalización de la prestación de servicios de interés público, como la salud, la
atribución de responsabilidad puede surgir por la omisión en el cumplimiento del deber de
supervisar la prestación del servicio para proteger el bien respectivo. La Corte ha sostenido que
“una eventual atención médica en Nº 28: DERECHO A LA SALUD 17 instituciones sin la debida
habilitación, sin estar aptas en su infraestructura o en su higiene para brindar prestaciones
médicas, o por profesionales que no cuenten con la debida calificación para tales actividades,
podría conllevar una incidencia trascendental en los derechos a la vida o a la integridad del
paciente”. De esta forma, dicha obligación de supervisión y fiscalización se debe actualizar de
manera constante, particularmente cuando de los servicios de urgencia médica se trate.
174. Tomando en cuenta las consideraciones expuestas, esta Corte verificó que: i) el derecho a la
salud es un derecho autónomo protegido por el artículo 26 de la Convención Americana; ii) este
derecho en situaciones de urgencia exige a los Estados velar por una adecuada regulación de los
servicios de salud, brindando los servicios necesarios de conformidad con los elementos de
disponibilidad, accesibilidad, calidad y aceptabilidad, en condiciones de igualdad y sin
discriminación, pero también brindando medidas positivas respecto de grupos en situación de
vulnerabilidad; iii) las personas mayores gozan de un nivel reforzado de protección respecto de
servicios de salud de prevención y urgencia; iv) a fin de que se impute la responsabilidad del
Estado por muertes médicas es necesario que se acredite la negación de un servicio esencial o
tratamiento pese a la previsibilidad del riesgo que enfrenta el paciente, o bien una negligencia
médica grave, y que se corrobore un nexo causal entre la acción y el daño. Cuando se trata de una
omisión se debe verificar la probabilidad de que la conducta omitida hubiese interrumpido el
proceso causal que desembocó en el resultado dañoso; v) la falta de atención médica adecuada
puede conllevar la vulneración de la integridad personal; y vi) el consentimiento informado es una
obligación a cargo de las instituciones de salud, las personas mayores ostentan la titularidad de
éste derecho, sin embargo, se puede transferir bajo ciertas circunstancias a sus familiares o
representantes. Asimismo, persiste el deber de informar a los pacientes o, en su caso cuando
proceda, a sus representantes sobre los procedimientos y condición del paciente.
84. En consecuencia, al existir una obligación de los Estados de respetar y garantizar los derechos
contemplados por el artículo 26, en los términos del artículo 1.1 de la Convención, la Corte tiene
competencia para calificar si existió una violación a un derecho derivado del artículo 26 en los
términos previstos por los artículos 62 y 63 de la Convención. Este último artículo prevé que
cuando exista una violación de un derecho o libertad protegido por la Convención, la Corte
dispondrá que se garantice al lesionado en el goce de su derecho o libertad conculcado, y
dispondrá que se reparen las consecuencias de la medida o situación que ha configurado la
vulneración de un derecho. Asimismo, la Corte ha señalado en reiteradas ocasiones que, en virtud
del artículo 1.1, todo menoscabo a los derechos humanos reconocidos en la Convención que
pueda ser atribuido, según las reglas del Derecho Internacional, a la acción u omisión de cualquier
autoridad pública, constituye un hecho imputable al Estado que compromete su responsabilidad
en los términos establecidos en la Convención. Así, la Corte considera que ahí donde sea posible
identificar una acción u omisión atribuible al Estado, que vulnere un derecho protegido por el
artículo 26, la Corte podrá determinar la responsabilidad del Estado por dicho acto y establecer
una reparación adecuada.
87. Sin perjuicio de lo anterior, la Corte reconoce que una interpretación sistemática del artículo
26 de la Convención implica tomar seriamente en consideración los límites de la competencia de la
Corte en relación con otros instrumentos del Sistema Interamericano que se refieran a los DESCA.
En ese sentido, el Tribunal advierte la tensión que puede existir en relación con la competencia de
la Corte para conocer sobre violaciones a los derechos derivados de la Carta de la OEA, a través de
una aplicación de los artículos 26, 1.1, 2, 62 y 63 de la Convención, y la competencia que reconoce
el artículo 19.6 del Protocolo de San Salvador. En efecto, éste último instrumento prevé que en
caso de que los derechos establecidos en el párrafo a) del artículo 8 y en el artículo 13 del
Protocolo fuesen violados por una acción imputable a un Estado Parte, tal situación podría dar
lugar a la aplicación del sistema de peticiones individuales regulado por los artículos 44 a 51 y 61 a
69 de la Convención Americana. No queda duda que la voluntad de los Estados sobre la
competencia de la Corte para pronunciarse sobre violaciones al Protocolo de San Salvador
encuentra sus límites en los derechos sindicales y el derecho a la educación.
88. Sin embargo, la Corte considera que el hecho de que el artículo 19.6 del Protocolo de San
Salvador establezca límites sobre la competencia de este Tribunal para conocer exclusivamente
sobre violaciones a determinados derechos a través del sistema de peticiones individuales, no
debe ser interpretado como un precepto que limite el alcance de los derechos protegidos por la
Convención, ni sobre la posibilidad de la Corte para conocer sobre violaciones a estos derechos.
Por el contrario, el Tribunal advierte que una interpretación sistemática y de buena fe de ambos
tratados lleva a la conclusión de que, al no existir una restricción expresa en el Protocolo de San
Salvador, que limite la competencia de la Corte para conocer sobre violaciones a la Convención,
ésta limitación no debe ser asumida por este Tribunal. Asimismo, la Corte recuerda que el hecho
de que los Estados adopten protocolos o tratados relacionados con materias específicas, y definan
la competencia de este Tribunal para conocer sobre aspectos definidos de dichos tratados, no
implica una limitación a la competencia de este Tribunal para conocer sobre violaciones a la
Convención Americana sobre aspectos sustantivos que se regulan en ambos tratados. En ese
sentido, la Corte recuerda que el artículo 77 de la Convención prevé la posibilidad de que cualquier
Estado parte o la Comisión sometan a consideración proyectos de protocolo adicionales con la
finalidad de “incluir progresivamente en el régimen de protección de la misma otros derechos y
libertades”. 89. De esta forma, la Corte considera que no existen elementos para considerar que,
con la adopción del Protocolo de San Salvador, los Estados buscaron limitar la competencia del
Tribunal para conocer sobre violaciones al artículo 26 de la Convención Americana. Al respecto, la
Corte advierte que si la Convención Americana no está siendo modificada expresamente con un
acto posterior de los Estados, la interpretación que corresponde debe ser la menos restrictiva
respecto a sus alcances en materia de protección de los derechos humanos. Asimismo, el Tribunal
recuerda que la propia Convención Americana prevé en su artículo 76 un procedimiento específico
para realizar enmiendas a la misma, el cual requiere una aprobación de dos terceras partes de los
Estados parte de la Convención. De esta forma, sería contradictorio considerar que la adopción de
un Protocolo adicional, que no requiere un margen de aceptación tan elevado como una
enmienda a la Convención Americana, puede modificar el contenido y alcance de los efectos de la
misma. En consecuencia, la Corte considera que la mera existencia del artículo 19.6 del Protocolo
de San Salvador no permite inferir conclusiones con consecuencias limitativas respecto a la
relación entre los artículos 26, 1.1, 2, 62 y 63 de la Convención.
[B.3. El contenido del derecho a la salud] 103. En razón de lo anterior, la Corte advierte, en primer
término, que la Declaración Americana reconoce en su Artículo XI que toda persona tiene el
derecho “a que su salud sea preservada por medidas sanitarias y sociales, relativas a […] la
asistencia médica, correspondientes al nivel que permitan los recursos públicos y los de la
comunidad”. En el mismo sentido, el artículo 10 del Protocolo de San Salvador establece que toda
persona tiene derecho a la salud, entendida como el disfrute del más alto nivel de bienestar físico,
mental y social, e indica que la salud es un bien público. El mismo artículo establece que, entre las
medidas para garantizar el derecho a la salud, los Estados deben impulsar “la total inmunización
contra las principales enfermedades infecciosas”, “la prevención y el tratamiento de las
enfermedades endémicas, profesionales y de otra índole”, y “la satisfacción de las necesidades de
salud de los grupos de más alto riesgo y que por sus condiciones de pobreza sean más
vulnerables”. 104. En sentido similar a las obligaciones previstas por la Carta de la OEA, la
Declaración Americana, y el Protocolo de San Salvador, en el ámbito universal el PIDESC entiende
el derecho a la salud como “el disfrute más alto de bienestar social, físico y mental”, y reconoce la
obligación estatal de adoptar medidas para “[l]a prevención y el tratamiento de las enfermedades
epidémicas, endémicas, profesionales y de otra índole, y la lucha contra ellas”. 105. Al respecto,
esta Corte ya ha reconocido que la salud es un derecho humano fundamental e indispensable para
el ejercicio adecuado de los demás derechos humanos, y que todo ser humano tiene derecho al
disfrute del más alto nivel posible de salud que le permita vivir dignamente, entendida la salud no
sólo como la ausencia de afecciones o enfermedades, sino también como un estado completo de
bienestar físico, mental y social, derivado de un estilo de vida que permita alcanzar a las personas
un balance integral. El Tribunal ha precisado que la obligación general de protección a la salud se
traduce en el deber estatal de asegurar el acceso de las personas a servicios esenciales de salud,
garantizando una prestación médica de calidad y eficaz, así como de impulsar el mejoramiento de
las condiciones de salud de la población. 106. En el mismo sentido, el Tribunal ha establecido que
la operatividad de dicha obligación comienza con el deber de regulación, por lo que ha indicado
que los Estados son responsables de regular con carácter permanente la prestación de servicios
(tanto públicos como privados) y la ejecución de programas nacionales relativos al logro de una
prestación de servicios de calidad. La Corte ha tomado en cuenta la Observación General No. 14
del Comité DESC sobre el derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud. En particular, en
dicha Observación destacó que el derecho abarca la atención de salud oportuna y apropiada, así
como los siguientes elementos esenciales e interrelacionados de disponibilidad, accesibilidad,
aceptabilidad y calidad, cuya aplicación dependerá de las condiciones prevalecientes en cada
estado: a) Disponibilidad. Cada Estado Parte deberá contar con un número suficiente de
establecimientos, bienes y servicios públicos de salud y centros de atención de la salud, así como
de programas. La naturaleza precisa de los establecimientos, bienes y servicios dependerá de
diversos factores, en particular el nivel de desarrollo del Estado Parte. Con todo, esos servicios
incluirán los factores determinantes básicos de la salud, como agua limpia potable y condiciones
sanitarias adecuadas, hospitales, clínicas y demás establecimientos relacionados con la salud,
personal médico y profesional capacitado y bien remunerado habida cuenta de las condiciones
que existen en el país, así como los medicamentos esenciales definidos en el Programa de Acción
sobre medicamentos esenciales de la OMS. b) Accesibilidad. Los establecimientos, bienes y
servicios de salud deben ser accesibles a todos, sin discriminación alguna, dentro de la jurisdicción
del Estado Parte. La accesibilidad presenta cuatro dimensiones superpuestas: i) No discriminación:
los establecimientos, bienes y servicios de salud deben ser accesibles, de hecho y de derecho, a los
sectores más vulnerables y marginados de la población, sin discriminación alguna por cualquiera
de los motivos prohibidos. ii) Accesibilidad física: los establecimientos, bienes y servicios de salud
deberán estar al alcance geográfico de todos los sectores de la población, en especial los grupos
vulnerables o marginados, como las minorías étnicas y poblaciones indígenas, las mujeres, los
niños, los adolescentes, las personas mayores, las personas con discapacidades y las personas con
VIH/SIDA. La accesibilidad también implica que los servicios médicos y los factores determinantes
básicos de la salud, como el agua limpia potable y los servicios sanitarios adecuados, se
encuentran a una distancia geográfica razonable, incluso en lo que se refiere a las zonas rurales.
Además, la accesibilidad comprende el acceso adecuado a los edificios para las personas con
discapacidades. iii) Accesibilidad económica (asequibilidad): los establecimientos, bienes y
servicios de salud deberán estar al alcance de todos. Los pagos por servicios de atención de la
salud y servicios relacionados con los factores determinantes básicos de la salud deberán basarse
en el principio de la equidad, a fin de asegurar que esos servicios, sean públicos o privados, estén
al alcance de todos, incluidos los grupos socialmente desfavorecidos. La equidad exige que sobre
los hogares más pobres no recaiga una carga desproporcionada, en lo que se refiere a los gastos
de salud, en comparación con los hogares más ricos. iv) Acceso a la información: ese acceso
comprende el derecho de solicitar, recibir y difundir información e ideas acerca de las cuestiones
relacionadas con la salud. Con todo, el acceso a la información no debe menoscabar el derecho de
que los datos personales relativos a la salud sean tratados con confidencialidad. c) Aceptabilidad.
Todos los establecimientos, bienes y servicios de salud deberán ser respetuosos de la ética médica
y culturalmente apropiados, es decir respetuosos de la cultura de las personas, las minorías, los
pueblos y las comunidades, a la par que sensibles a Nº 28: DERECHO A LA SALUD 26 los requisitos
del género y el ciclo de vida, y deberán estar concebidos para respetar la confidencialidad y
mejorar el estado de salud de las personas de que se trate. d) Calidad. Además de aceptables
desde el punto de vista cultural, los establecimientos, bienes y servicios de salud deberán ser
también apropiados desde el punto de vista científico y médico y ser de buena calidad. Ello
requiere, entre otras cosas, personal médico capacitado, medicamentos y equipo hospitalario
científicamente aprobados y en buen estado, agua limpia potable y condiciones sanitarias
adecuadas12. 107. En relación con lo anterior, la Corte concluye que el derecho a la salud se
refiere al derecho de toda persona a gozar del más alto nivel de bienestar físico, mental y social.
Este derecho abarca la atención de salud oportuna y apropiada conforme a los principios de
disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y calidad. El cumplimiento de la obligación del Estado
de respetar y garantizar este derecho deberá dar especial cuidado a los grupos vulnerables y
marginados, y deberá realizarse de conformidad con los recursos disponibles de manera
progresiva y de la legislación nacional aplicable. A continuación, el Tribunal se referirá a las
obligaciones específicas que surgen para la atención a la salud para personas que viven con el VIH.
[B.3.1. Estándares sobre el derecho a la salud aplicables a personas que viven con el VIH] 108. El
acceso a medicamentos forma parte indispensable del derecho al disfrute del más alto nivel
posible de salud. Al respecto, la Corte ha retomado el criterio sobre que el acceso a la medicación
en el contexto de pandemias como las de VIH, tuberculosis y paludismo es uno de los elementos
fundamentales para alcanzar gradualmente el ejercicio pleno del derecho de toda persona al
disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental. En el mismo sentido, el Tribunal ha
considerado que los Estados deben adoptar medidas dirigidas a regular el acceso a los bienes,
servicios e información relacionados con el VIH, de modo que haya suficientes prestaciones y
servicios de prevención y atención de los casos de VIH. También ha señalado que los Estados
deben tomar las medidas necesarias para asegurar a todas las personas el suministro de y la
accesibilidad a bienes de calidad, servicios e información para la prevención, tratamiento, atención
y apoyo del VIH, incluidos la terapia antirretrovírica y otros medicamentos, pruebas diagnósticas y
tecnologías relacionadas seguras y eficaces para la atención preventiva, curativa y paliativa del
VIH, de las infecciones oportunistas y de las enfermedades conexas. 110. La Corte también ha
señalado que una respuesta eficaz al VIH requiere un enfoque integral que comprende una
secuencia continua de prevención, tratamiento, atención y apoyo. En primer lugar, esta obligación
requiere la disponibilidad en cantidades suficientes de antirretrovirales y otros productos
farmacéuticos para tratar el VIH o las enfermedades oportunistas. En ese sentido, el perito Ricardo
Boza Cordero explicó que el tratamiento antirretroviral permite controlar el virus en los diferentes
fluidos del organismo, pero que no lo elimina. Por esta razón, el tratamiento antirretroviral debe
ser estrictamente vigilado y darse por toda la vida después de que la enfermedad haya sido
diagnosticada, pues de suspenderse el virus sale de las células y se divide con gran rapidez, con el
agravante de que las cepas virales serán resistentes a los fármacos que un paciente esté tomando.
En 12 Cfr. Caso Suárez Peralta Vs. Ecuador. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y
Costas. Sentencia de 21 de mayo de 2013. Serie C No. 261, párr. 152; Caso Poblete Vilches y otros
Vs. Chile. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 8 de marzo de 2018. Serie C No. 349, párrs.
120 y 121, y Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Observación General No. 14:
El derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud, 11 de agosto de 2000, U.N. Doc.
E/C.12/2000/4, párr. 12. Nº 28: DERECHO A LA SALUD 27 consecuencia, el tratamiento
antirretroviral debe ser permanente y constante de acuerdo con el estado de salud del paciente y
con sus requerimientos médicos y clínicos. 111. En segundo lugar, la Corte recuerda que la
obligación del Estado de garantizar el derecho a la salud de personas que viven con el VIH requiere
la realización de pruebas diagnósticas para la atención de la infección, así como el diagnóstico y
tratamiento de las enfermedades oportunistas y conexas que puedan surgir. La realización de
pruebas de laboratorio que permiten la cuantificación de linfocitos TCD4+ y TCD8+ en sangre
periférica, así como de la cantidad del VIH en el plasma, es fundamental para el adecuado
tratamiento antirretroviral. De esta forma, los exámenes CD4 y de carga viral deben ser realizados
cada 6 meses o un año a todos los pacientes que viven con el VIH, y los exámenes de genotipo
deberán ser realizados en tanto un paciente tenga un tratamiento con medicamentos para
conocer la posible resistencia a medicamentos antirretrovirales. Adicionalmente, el tratamiento se
debe extender a aquellas enfermedades oportunistas y conexas, las cuales aparecen cuando las
defensas de un paciente están muy bajas. 112. En tercer lugar, la Corte reitera que la atención
para personas que viven con el VIH incluye la buena alimentación y apoyo social y psicológico, así
como atención familiar, comunitaria y domiciliaria. En efecto, la atención y apoyo a personas que
viven con el VIH no se limita a los medicamentos y los sistemas formales de atención sanitaria, y
en cambio exigen tener en cuenta las distintas necesidades de las personas que viven con el VIH.
En particular, el apoyo social, que incluye las actividades para el suministro de alimento, el apoyo
emocional, y el asesoramiento psicosocial, mejora el cumplimiento de la terapia antirretroviral y
mejora la calidad de vida de las personas que viven con el VIH. En el mismo sentido, el apoyo
nutricional contribuye para mantener el sistema inmunitario, gestionar las infecciones
relacionadas con el VIH, mejorar el tratamiento para el VIH, sostener niveles de actividad física, y
prestar apoyo a una calidad de vida óptima. 113. Asimismo, el Tribunal ha reiterado que las
tecnologías de prevención del VIH abarcan los preservativos, lubricantes, material de inyección
estéril, fármacos antirretrovíricos (por ej., para revenir la transmisión materno infantil o como
profilaxis posexposición) y, una vez desarrollados, microbicidas y vacunas seguros y eficaces. El
acceso universal, basado en los principios de los derechos humanos, requiere que todos estos
bienes, servicios e información no sólo estén disponibles y sean aceptables y de buena calidad,
sino también que estén al alcance físico de todos y sean asequibles para todos. De igual forma, la
Corte considera que el acceso a un tratamiento médico debe tener en consideración a los avances
técnicos de la ciencia médica. 114. De esta forma, y en relación con lo anteriormente mencionado,
el derecho a la salud de las personas que viven con el VIH incluye el acceso a bienes de calidad,
servicios e información para la prevención, tratamiento, atención y apoyo de la infección, incluida
la terapia antirretrovírica y otros medicamentos, pruebas diagnósticas y tecnologías relacionadas
seguras y eficaces para la atención preventiva, curativa y paliativa del VIH, de las enfermedades
oportunistas y de las enfermedades conexas, así como el apoyo social y psicológico, la atención
familiar y comunitaria, y el acceso a las tecnologías de prevención.
Corte IDH. Caso Hernández Vs. Argentina. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 22 de noviembre de 2019. Serie C No. 39513. 62. Por otro lado, el Tribunal advierte
que, en el presente caso, uno de los problemas jurídicos identificados se relaciona con los alcances
del derecho a la salud entendido como un derecho autónomo que deriva del artículo 26 de la
Convención Americana. En este sentido, el abordaje en este apartado sigue la aproximación
adoptada por este Tribunal desde el caso Lagos del Campo Vs. Perú, y que ha sido continuada en
decisiones posteriores. Al respecto, la Corte recuerda que ya en el caso Poblete Vilches y otros Vs.
Chile señaló lo siguiente: Así, resulta claro interpretar que la Convención Americana incorporó en
su catálogo de derechos protegidos los denominados derechos económicos, sociales, culturales y
ambientales (DESCA), a través de una derivación de las normas reconocidas en la Carta de la
Organización de los Estados Americanos (OEA), así como de las normas de interpretación
dispuestas en el propio artículo 29 de la Convención; particularmente, que impide limitar o excluir
el goce de los derechos establecidos en la Declaración Americana e inclusive los reconocidos en
materia interna. Asimismo, de conformidad con una interpretación sistemática, teleológica y
evolutiva, la Corte ha recurrido al corpus iuris internacional y nacional en la materia para dar
contenido específico al alcance de los derechos tutelados por la Convención, a fin de derivar el
alcance de las obligaciones específicas de cada derecho. 63. En este apartado, la Corte se
pronunciará respecto del derecho a la salud, en particular sobre el derecho a la salud de las
personas privadas de libertad, de manera autónoma, como parte integrante de los DESCA y para
tal efecto seguirá el siguiente orden: a) el derecho a la salud como derecho autónomo y
justiciable; b) el contenido del derecho a la salud, y c) la afectación del derecho a la salud en el
presente caso. [B.3.1. El derecho a la salud como derecho autónomo y justiciable] 64. Para
identificar aquellos derechos que pueden ser derivados interpretativamente del artículo 26, se
debe considerar que este realiza una remisión directa a las normas económicas, sociales y sobre
educación, ciencia y cultura contenidas en la Carta de la OEA. De una lectura de este último
instrumento, la Corte advierte que reconoce a la salud en 34.i y 34.l de la Carta de la OEA
establece, entre los objetivos básicos del desarrollo integral, el de la “[d]efensa del potencial
humano mediante la extensión y aplicación de los modernos conocimientos de la ciencia médica”,
así como de las “[c]ondiciones que hagan posible una vida sana, productiva y digna”. Por su parte,
el artículo 45.h destaca que “el hombre sólo puede alcanzar la plena realización de sus
aspiraciones dentro de un orden social justo”, por lo que los Estados convienen en dedicar
esfuerzos a la aplicación de principios, entre ellos el: “h) Desarrollo de una política eficiente de
seguridad social”. De esta forma, la Corte reitera que existe una referencia con el suficiente grado
de especificidad para derivar la existencia del derecho a la salud reconocido por la Carta de la OEA.
En consecuencia, la Corte considera que el derecho a la salud es un derecho protegido por el
artículo 26 de la Convención. 13 El 22 de noviembre de 2019 la Corte Interamericana de Derechos
Humanos dictó sentencia mediante la cual declaró la responsabilidad internacional del Estado de
Argentina por las violaciones a diversos derechos en perjuicio del señor JoséLuis Hernández y de
su madre, la señora Raquel San Martin de Hernández. En particular, la Corte encontró que la
integridad personal y la salud del señor Hernández, quien se encontraba enfermo de meningitis
T.B.C., se vieron afectadas como consecuencia de las condiciones en que se encontraba detenido
así como por la falta de atención médica adecuada. Adicionalmente, el Tribunal determinó que la
aplicación de la prisión preventiva no persiguió un fin legítimo y constituyó un juicio anticipado en
violación a los derechos a la libertad personal y la presunción de inocencia. Asimismo, la Corte
concluyó que la falta de cumplimiento de las órdenes dirigidas a garantizar el derecho a la salud
del señor Hernández constituyó una violación al derecho a la protección judicial. Finalmente, el
Tribunal concluyó una violación al derecho a la integridad personal de la madre del señor
Hernández.
71. De igual manera, el artículo 10 del Protocolo de San Salvador establece que toda persona
tiene derecho a la salud, entendida como el disfrute del más alto nivel de bienestar físico, mental y
social, e indica que la salud es un bien público. El mismo artículo establece que, entre las medidas
para garantizar el derecho a la salud, los Estados deben impulsar “la total inmunización contra las
principales enfermedades infecciosas”, “la prevención y el tratamiento de las enfermedades
endémicas, profesionales y de otra índole”, y “la satisfacción de las necesidades de salud de los
grupos de más alto riesgo y que por sus condiciones de pobreza sean más vulnerables”.
75. Además, la Corte observa un amplio consenso regional en la consolidación del derecho a la
salud, el cual se encuentra reconocido explícitamente en diversas constituciones y leyes internas
de los Estados de la región, entre ellas: Barbados, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile,
Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú,
República Dominicana, Surinam, Uruguay y Venezuela. [B.3.3. Estándares sobre el derecho a la
salud aplicables al presente caso]
76. Esta Corte ya ha reconocido que la salud es un derecho humano fundamental e indispensable
para el ejercicio adecuado de los demás derechos humanos, y que todo ser humano tiene derecho
al disfrute del más alto nivel posible de salud que le permita vivir dignamente, entendida la salud
no sólo como la ausencia de afecciones o enfermedades, sino también como un estado completo
de bienestar físico, mental y social, derivado de un estilo de vida que permita alcanzar a las
personas un balance integral. El Tribunal ha precisado que la obligación general de protección a la
salud se traduce en el deber estatal de asegurar el acceso de las personas a servicios esenciales de
salud, garantizando una prestación médica de calidad y eficaz, así como de impulsar el
mejoramiento de las condiciones de salud de la población.
78. En relación con lo anterior, la Corte concluye que el derecho a la salud se refiere al derecho de
toda persona a gozar del más alto nivel de bienestar físico, mental y social. Este derecho abarca la
atención de salud oportuna y apropiada conforme a los principios de disponibilidad, accesibilidad,
aceptabilidad y calidad. El cumplimiento de la obligación del Estado de respetar y garantizar este
derecho deberá dar especial cuidado a los grupos vulnerables y marginados, y deberá realizarse de
conformidad con los recursos disponibles de manera progresiva y de la legislación nacional
aplicable. A continuación, el Tribunal se referirá a las obligaciones específicas que surgen para la
atención a la salud para personas que padecen tuberculosis. La Corte advierte que los conceptos
referidos se recogen de
79. En relación con lo anterior, el tratamiento médico que debe ser garantizado a personas con
tuberculosis, la Corte considera que las Normas Internacionales para la Asistencia Antituberculosa
promulgadas por la Coalición Antituberculosa para la Asistencia Técnica (en adelante “NIAA”)
constituyen una referencia autorizada para aclarar algunas obligaciones internacionales del Estado
en la materia. En lo general, dichas normas establecen que los principios básicos de la asistencia
de las personas con tuberculosis son los mismos en todo el mundo: a) se debe establecer un
diagnóstico con prontitud y exactitud, y b) se han de utilizar pautas de tratamiento normalizadas,
de eficacia comprobada, con apoyo y supervisión del tratamiento adecuados, y deben asumirse las
responsabilidades de salud pública esenciales. En particular, las NIAA señalan que una respuesta
eficaz a la tuberculosis requiere una serie de acciones para el diagnóstico, el tratamiento y las
responsabilidades de salud pública.
80. En primer lugar, el diagnóstico adecuado requiere hacer una evaluación de la tuberculosis en
todas las personas que presenten tos productiva inexplicable durante dos o tres semanas. En
segundo lugar, el tratamiento de la tuberculosis requiere que todos los pacientes (incluidos
aquellos que viven con el VIH) que no hayan sido tratados anteriormente reciban una pauta de
tratamiento de primera línea internacionalmente aceptada en la que se empleen fármacos de
biodisponibilidad conocida. Las dosis de los fármacos antituberculosos utilizados se deberán
ajustar a las recomendaciones internacionales. Asimismo, se deberá vigilar a todos los pacientes
para detectar la respuesta al tratamiento. En tercer lugar, en relación con las responsabilidades de
salud pública, todos los proveedores de atención a los pacientes tuberculosos deben comprobar
que las personas (especialmente los niños menores de 5 años y las personas con infección por el
VIH) que estén en estrecho contacto con pacientes que tengan tuberculosis infecciosa sean
evaluadas y tratadas de acuerdo con las recomendaciones internacionales.
81. Tal y como lo ha reiterado en su jurisprudencia reciente, la Corte considera que la naturaleza y
alcance de las obligaciones que derivan de la protección del derecho a la salud incluyen aspectos
que tienen una exigibilidad inmediata, así como aspectos que tienen un carácter progresivo. Al
respecto, la Corte recuerda que, en relación con las primeras (obligaciones de exigibilidad
inmediata), los Estados deberán adoptar medidas eficaces a fin de garantizar el acceso sin
discriminación a las prestaciones reconocidas para el derecho a la salud, garantizar la igualdad de
derechos entre hombres y mujeres, y en general avanzar hacia la plena efectividad de los DESCA.
Respecto a las segundas (obligaciones de carácter progresivo), la realización progresiva significa
que los Estados partes tienen la obligación concreta y constante de avanzar lo más expedita y
eficazmente posible hacia la plena efectividad de dicho derecho, en la medida de sus recursos
disponibles, por vía legislativa u otros medios apropiados. Asimismo, se impone la obligación de no
regresividad frente a la realización de los derechos alcanzados. En virtud de lo anterior, las
obligaciones convencionales de respeto y garantía, así como de adopción de medidas de derecho
interno (artículos 1.1 y 2), resultan fundamentales para alcanzar su efectividad.
121. La Corte ha manifestado que los Estados son responsables de regular y fiscalizar la prestación
de los servicios de salud para lograr una efectiva protección de los derechos a la vida y la
integridad personal. Para todo ello, se requiere de la formación de un orden normativo que
respete y garantice efectivamente el ejercicio de sus derechos, y la supervisión eficaz y constante
sobre la prestación de los servicios de los que dependen la vida y la integridad de las personas.
123. Como se ha dicho, los Estados deben contar con una normativa eficaz para garantizar a los
usuarios del servicio de salud una efectiva investigación de las conductas que vulneren sus
derechos. Esta abarca, por supuesto, los hechos que se suscitan en la prestación de servicios
médicos. 132. La Corte valora la adopción de medidas dirigidas a supervisar y fiscalizar la
prestación del servicio de salud y avanzar en la garantía de los derechos a la vida, integridad
personal y salud a las personas que se encuentran bajo tratamiento médico.
Sus padres iniciaron una acción judicial para determinar la responsabilidad de la muerte de Laura
Albán Cornejo. Uno de los dos médicos investigados por negligencia fue sobreseído mientras que
la situación jurídica del otro médico se encontraba pendiente de resolución judicial.
Corte IDH. Caso Nadege Dorzema y otros Vs. República Dominicana. Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 24 de octubre de 2012. Serie C No. 25119. 19 El 24 de octubre de 2012 la Corte
Interamericana de Derechos Humanos dictó Sentencia en el caso Nadege Dorzema y otros Vs.
República Dominicana y declaró que el Estado es internacionalmente responsable por la violación
de los derechos a la vida, a la integridad personal, a la libertad personal, a las garantías judiciales,
de circulación, y a la protección judicial, así como por el incumplimiento de los deberes de adecuar
su derecho interno y de no discriminar. Asimismo, la Corte declaróque el Estado no era
responsable de la alegada violación de los derechos a la personalidad jurídica y de igualdad ante la
ley.
108. La Corte advierte que la atención médica en casos de emergencias debe ser brindada en todo
momento para los migrantes en situación irregular, por lo que los Estados deben proporcionar una
atención sanitaria integral tomando en cuenta las necesidades de grupos vulnerables. En este
sentido, el Estado debe garantizar que los bienes y servicios de salud sean accesibles a todos, en
especial a los sectores más vulnerables y marginados de la población, sin discriminación por las
condiciones prohibidas en el artículo 1.1 de la Convención.
Corte IDH. Caso Gonzales Lluy y otros Vs. Ecuador. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones
y Costas. Sentencia de 1 de septiembre de 2015. Serie C No. 298. 192. En el presente caso se alega,
entre otros aspectos relacionados con la asistencia sanitaria, que Talía en diversos momentos no
ha recibido atención oportuna y adecuada, ni un tratamiento pertinente y que ha tenido algunos
obstáculos para el acceso a medicamentos. 193. Al respecto, la Corte nota que el Protocolo de San
Salvador establece que entre las medidas para garantizar el derecho a la salud, los Estados deben
impulsar “la total inmunización contra las principales enfermedades infecciosas”; “la prevención y
el tratamiento de las enfermedades endémicas, profesionales y de otra índole”, y “la satisfacción
de las necesidades de salud de los grupos de más alto riesgo y que por sus condiciones de pobreza
sean más vulnerables” 20 . Obligaciones similares establece el artículo 12(2) del Pacto
Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. En este marco de obligaciones se
insertan diversos deberes en relación con el acceso a medicamentos. De acuerdo con la
Observación General No. 14, el derecho al más alto nivel posible de salud genera algunas
obligaciones básicas y mínimas, que incluyen “[f]acilitar medicamentos esenciales, según las
definiciones periódicas que figuran en el Programa de Acción sobre Medicamentos Esenciales de la
OMS”21. 194. El acceso a medicamentos forma parte indispensable del derecho al disfrute del más
alto nivel posible de salud. En particular, el Consejo de Derechos Humanos y la antigua Comisión
de Derechos Humanos han emitido resoluciones que reconocen que “el acceso a la medicación en
el contexto de pandemias como las de VIH/SIDA, tuberculosis y paludismo es uno de los elementos
fundamentales para alcanzar gradualmente el ejercicio pleno del derecho de toda persona al
disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental” 22.
196. Esta Sexta Directriz ha sido interpretada por la OACNUDH y ONUSIDA en el sentido de que
una respuesta eficaz al VIH requiere un enfoque integral que comprende una secuencia continua
de prevención, tratamiento, atención y apoyo: La prevención, el tratamiento, la atención y el
apoyo son elementos que se refuerzan mutuamente y una secuencia continua para una respuesta
eficaz al VIH. Deben integrase en un enfoque amplio y es necesaria una respuesta polifacética. El
tratamiento, atención y apoyo integrales incluyen fármacos antirretrovíricos y otros
medicamentos; pruebas diagnósticas y otras tecnologías relacionadas para la atención del VIH y el
SIDA, de las infecciones oportunistas y de otras enfermedades; buena alimentación y apoyo social,
espiritual y psicológico, así como atención familiar, comunitaria y domiciliaria. Las tecnologías de
prevención del VIH abarcan los preservativos, lubricantes, material de inyección estéril, fármacos
antirretrovíricos (por ej., para revenir la transmisión materno infantil o como profilaxis
posexposición) y, una vez desarrollados, microbicidas y vacunas seguros y eficaces. El acceso
universal, basado en los principios de los derechos humanos, requiere que todos estos bienes,
servicios e información no sólo estén disponibles y sean aceptables y de buena calidad, sino
también que estén al alcance físico de todos y sean asequibles para todos24.