IV.
- EXPRESION ORAL
1.- LA ORATORIA.- La elocuencia es el don natural de persuadir. El literato que habla con
inteligencia demostrativa, claridad de expresión, voz y gesto agradable. se llama orador.
La oratoria es el arte de convencer o conmover por medio de la palabra hablada. La obra
oratoria, puede proponerse la simple exposición de conocimientos o hechos, como sucede en
la oratoria académica. Pero generalmente trata de persuadir al auditorio para que adopte una
resolución o se decida a obrar de determinada manera. El fin práctico de la oratoria deja en
segundo término al literario: lo importante en el discurso es que sea eficaz; la belleza es
complemento, es más eficaz cuanto más contribuye a mover el ánimo de los que escuchan.
La oratoria es instrumento de poder extraordinario; tiene papel importante en la vida cultural
e interviene, a veces decisivamente, en la jurídica. Se valen de ella cuantos movimientos han
intentado atraer masas de adeptos y lanzarlos a la acción. El orador puede electrizar a las
muchedumbres, despertando en ellas ennoblecedoras ansias de regeneración, o encauzar,
serenándolo, el impulso popular; pero también puede ejercer su labor de captación halagando
los instintos más bajos de la multitud y convirtiéndolo en demagogo.
La oratoria necesita apoyarse en activo sentido lógico que permite hallar rápidamente los
argumentos necesarios, armazón del discurso; complemento de la lógica es una imaginación
viva que tenga siempre dispuesta una intuición profunda del alma de individuos y
colectividades para encontrar en cada caso el tono conveniente, así como la argumentación y
recursos que pueden causar mayor efecto.
La emisión de la palabra hablada comprende dos aspectos: La declamación imprime a las
frases variaciones de entonación e intensidad que ponen de relieve su sentido y realzan la
musicalidad del lenguaje. La dicción es la articulación de los sonidos que constituyen la parte
física de la palabra. Compañero de la palabra es el ademán o acción, al que antes se concedía
gran importancia.
1.1.- CLASES DE LA ORATORIA.- Teniendo en cuenta el orden de actividades a que el discurso
se puede referir, se distinguen la oratoria sagrada, política, forense y académica.
LA ORATORIA SAGRADA tiene por objeto dar a conocer las doctrinas religiosas, defenderlas,
robustecer la fe de los creyentes y moverlos al cumplimiento de sus deberes para con Dios y
los hombres. Sus piezas reciben el nombre de sermones, y pueden ser dogmático si tratan de
los principios fundamentales del credo religioso; morales si versan sobre temas étnicos, y
panegírico cuando exaltan virtudes de un santo o las excelencias de un misterio.
LA ORATORIA POLITICA.- Se ocupa de cuestiones relativas a la gobernación del estado. Su
florecimiento requiere la existencia de un régimen político en que haya posibilidad, de
discusión o sea necesario atraer a las multitudes. Por eso alcanzó pleno desarrollo en la
democracia ateniense de los siglos IV y V, con Pericles, Isócrates, Esquines y Demóstenes, y en
el período final de la república romana con los Gracos, César, Marco Antonio y Cicerón. En la
primera etapa de la edad media hay dos piezas oratorias, interesantes dentro de su rudeza, en
los discursos de las cortes. Pero el verdadero surgimiento no se produce hasta la Revolución
francesa, con su secuela de agitaciones políticas y vida parlamentaria. Grandes tribunos
españoles fueron, en las Cortes de Cádiz, Arguelles y Quintana; en los dos últimos tercios del
siglo XIX, Donoso Cortés, Rios Rosas, Aparisi y Guijarro y Castelar. Suele dividirse la oratoria
política en parlamentaria, propia de la discusión en las cámaras o asambleas representativas;
popular o de propaganda ante las masas, y militar, constituida por los breves discursos o
arengas destinados a infundir ánimo a los combatientes.
LA ORATORIA FORENSE.- Es la que se ejercita ante los tribunales encargados de aplicar la ley,
bien en los litigios para reclamar un derecho, bien para acusar o defender al inculpado en una
causa criminal. En la oratoria forense la elaboración artística está muy limitada por la
necesidad de puntualizar detalladamente los hechos y dar a la expresión el rigor del tecnicismo
jurídico. Pero aun así hay obras de gran belleza, sobresaliendo entre los oradores griegos de
este género Lisias y Demóstenes, y entre los latinos, Cicerón.
LA ORATORIA ACADEMICA.- Trata de asuntos científicos, literarios o artísticos. A diferencia de
los restantes géneros oratorios, no intenta provocar en los oyentes una decisión activa. Su fin
es casi siempre puramente doctrinal, como el de la didáctica. En realidad, las piezas de oratoria
académica son obras didácticas habladas o leídas en público. Sus variedades principales son los
discursos académicos, disertaciones pronunciadas en solemnidades de la vida cultural, y las
conferencias, de menos aparato. En unos y otras domina el estilo severamente lógico, aunque
los temas literarios, artísticos e históricos permitan, como en la didáctica escrita, mayor juego
imaginativo.
LA RETORICA CLASICA Y EL ORADOR MODERNO.- Los sofistas y rétores de la antigüedad
estudiaron con nimia detención todos los aspectos particulares del discurso. Analizaron
minuciosamente los distintos tipos de argumentación; catalogaron los tópicos o lugares
comunes, esto es, los pensamientos, alusiones y símiles de más frecuente repetición en las
diversas circunstancias; y desmenuzaron las formas expresivas con prolija distinción de figuras
y elegancias. La formación retórica de los oradores, perpetuada hasta época reciente, no podía
menos de conducir ala artificiosidad y la altisonancia. La oratoria política del siglo pasado fue
un brillante desfile de frases lapidarias y largos períodos con deslumbrantes recorridos a lo
largo de la historia. Los discursos se declamaban con amplias modulaciones tonales, grandes
diferencias de intensidad en la voz y expresivo acompañamiento mímico. Hoy la disposición del
discurso es más variada y fluida; se prefieren las frases no excesivamente largas; se considera
más elegantes la entonación próxima a la normal y la parquedad en los ademanes; el orador
teatral y gesticulante pertenece a] pasado. Hasta en la oratoria sagrada, la más tradicional, se
nota una progresiva tendencia a la moderación expresiva.
1.2.- CUALIDADES DEL ORADOR.- Normalmente todas las personas hablamos en uso del don
que, junto con el pensamiento, nos caracteriza como seres humanos; pero muy pocas lo hacen
con eficacia. El conocimiento de la lengua y de los significados no es suficiente para adquirir
capacidad expresiva. La facultad para comunicarnos oralmente supone, en principio, ciertas
aptitudes, naturales o que pueden desarrollarse, y una formación especial, el dominio de
técnicas concretas para encauzar en formas verbales el fenómeno profundo de la expresión
del hombre, pero lo más importante lo que debemos enfatizar, es que el buen comunicador
oral, según reza un antiguo aforismo, "no nace se hace", si nos proponemos hablar con fuerza
persuasiva, hablaremos. La decisión de hablar, la constancia, el desarrollo de aptitudes y el
conocimiento y observación de las reglas elementales de la palabra hablada nos introducirán,
ciertamente, al dominio de la comunicación humana y nos acercarán a nuestros semejantes.
CUALIDADES FISICAS. - Hacer comunicación oral efectiva no exige cualidades que estén fuera
del alcance del individuo normal. Cualquier otra actividad profesional presupone los mismos
requisitos que ha de reunir el orador.
Las características físicas no representan ninguna barrera, salvo casos incompatibles con el uso
de la palabra, de naturaleza no superable, como pueden ser la mudez, afonías definitivas o
cierto tipo de afasias.
CUALIDADES INTELECTUALES DEL ORADOR
INTELIGENCIA.- Es suficiente poseer inteligencia media y sentido común. Percibir, interpretar y
distinguir los fenómenos y cuestiones que se tratan; desarrollarlos analíticamente, captarlos en
sus relaciones de afinidad a diferencia con los demás temas y hallarles la ubicación que les es
propia dentro del contexto de nuestro mundo conocido, para incorporarlos a la experiencia. La
inteligencia debe traducirse también en la búsqueda y expresión de ideas, y lograr la habilidad
de poder manifestarlas con la frase oratoria.
SENSIBILIDAD.- Es la capacidad de compartir el espectáculo de la vida y de los hombres, de
experimentar emociones y pasiones en relación con las cosas, y de comunicar por los
sentimientos, que muchas veces mueven más al hombre que el raciocinio. La sensibilidad es
efectiva, siempre que sea verdadera y sometida honradez en sus fines.
IMAGINACION.- Nos permite hacer creaciones originales en el momento mismo en que
hablamos, presentar las cosas con perfiles atractivos y agradables, sin desvirtuar su esencia
verdadera. Es fuente de inspiración para concebir las ideas en nuevas facetas; sin embargo
hemos de cuidar que no se desborde impetuosamente y nos conduzca a situaciones absurdas
e irrealizables.
MEMORIA.- Es el primer requisito de la mentalidad oratoria, no sólo para tener presentes los
objetivos de la comunicación en un momento concreto, el esquema de su desarrollo y la
secuencia de las ideas, sino también para 'que podamos utilizar con ventajas todos nuestros
conocimientos anteriores, vivencias, experiencias propias y ajenas, porque es facultad que
permite retener y recordar, es manantial de ideas y se constituye en elemento catalizador de
la fantasía, y la memoria, como se sabe es susceptible de mejora.
LAXITUD.- Es la relajación, la serenidad; despojarse de tensiones y desechar gestos y esfuerzos
estériles en el curso del diario vivir; procurar la tranquilidad para transformar la intención acto
espontáneo en acto voluntario; regular en otras palabras, el arrebato personal para canalizarlo
en forma justa, igualmente son hábitos de los cuales resulta mucho provecho para quienes se
proponen hacer comunicación oral.
CULTURA.- Poseer conocimientos generales, cultura general, siempre nos ayuda a enriquecer
nuestras expresiones, ilustrarlas, establecer relaciones y comparaciones: en suma a entender
mejor el mundo que nos rodea, y encontrar las mejores soluciones a los problemas; sin
embargo, el acervo cultural no es estrictamente indispensable para comunicarnos con eficacia;
la emotividad, inteligencia, atención para observar los fenómenos que acontecen a nuestro
alrededor, así como el ingenio, pueden suplir y de hecho cubren la falta de conocimientos.
1.3.- MANIFESTACIONES EXTERNAS DEL ORADOR.
Manifestación es acción y efecto del manifestar o manifestarse, esto es, descubrir o poner a la
vista algo. Con este significado, el porte, la postura, los ademanes, la voz, el uso de la mirada,
los gestos y la fisonomía, e incluso el atuendo, son manifestaciones externas del orador, en
cuanto constituyen las formas mediante las cuales se exhibe ante su público y le permiten la
comunicación de sus ideas o sentimientos, con la más amplia fuerza expresiva posible. Son lo
que llamaban los antiguos, el discurso del cuerpo".
PORTE.- Hay una tendencia generalizada en todo público, a mirar con respeto a la persona que
se apresta a hablar. En consecuencia, es muy importante que este estado inicial de entusiasmo
se traduzca en una imagen favorable, que perdura durante toda la disertación.
Una vez que toca el turno de subir al estrado, ocupar la tribuna o de situarse frente al
auditorio, el orador debe dirigirse al sitio que le corresponda:
-Sin precipitaciones
-Con paso firme y seguro
-Con un gesto que denote sencillez
-Con elegancia, sin caer en actitudes presuntuosas,
-Buscar, para situarse, al centro del escenario
-Fijar la vista en el auditorio
-Ubicarse cerca del propio auditorio, sin que esto signifique echarse materialmente encima.
-Asentar ambos pies con firmeza, sin rigidez. Las piernas entreabiertas ligeramente y en forma
natural.
POSTURA.- Cuando vamos a iniciar la pieza oratoria, hemos de tener presente la movilidad,
que despierta el interés y rompe la monotonía. Esto no quiere decir que el orador deba pasear
sobre el escenario, porque revela vanidad. Si el orador habla de pie y con una mesa al frente,
deberá evitar que lo separe del público o esconderse detrás de esta, y asomarse a manera de
balcón, o tamborilear con las manos sobre la misma.
En caso de tener que tomar asiento, deberá mantener el cuerpo erecto, las piernas sin cruzar.
Un poco separadas una de la otra, los pies con caída normal vertical y las manos apoyadas
suavemente en la mesa.
La actitud o porte de un orador exige serenidad y distinción. De su presencia de ánimo, y de la
confianza que demuestre en sí mismo, depende su éxito o su fracaso. La confianza infunde
confianza. La inseguridad suscita dudas sobre el mensaje y las capacidades mismas del orador.
La postura, el porte nunca ha de sugerir arrogancia, desafío, menosprecio, indiferencia o falsa
solemnidad. El orador está obligado a una calidad humana y a demostrar cortesía, afecto,
interés y sinceridad.
ADEMANES.- La riqueza de movimientos de brazos y manos no debe desaprovecharse. Han de
caer naturalmente sobre el cuerpo y cuando lo exijan las circunstancias moverse con armonía y
naturalidad. El movimiento de un brazo no debe contradecir al otro. Los hombros no deben
levantarse para manifestar indiferencia u otro estado de ánimo. Es gran abuso hacerlos
ampulosos, simétricos, bruscos o repetidos. Mucha pobreza significa, en cambio, apoyar
brazos y manos sobre las caderas, tocarse las prendas de vestir, hurgar en los bolsillos,
propiciar la distracción manipulando objetos irrelevantes u ocultar las extremidades detrás del
cuerpo, como si estuvieran de más.
A mayor solemnidad, los ademanes tendrán que ser menos frecuentes. Con respecto a las
manos, no debemos contraer, crispar, frotar o entrecruzar los dedos.
REGLAS APLICABLES AL USO DE LAS ADEMANES:
-Los ademanes no deben ser demasiado bruscos.
-No repitamos un ademán con frecuencia.
-No manifestemos nerviosidad. Al contrario, los ademanes pueden ser una forma de canalizar
con éxito un estado de excitación
-No seamos imprudentes.
-Olvidemos las manos a fin de lograr soltura en sus movimientos.
-Ejercitemos frecuentemente el uso correcto de las manos.
-Los ademanes llevan la finalidad de hacer más objetiva la exposición, y su uso debemos
decirlo al sentido de la frase.
-Distingamos entre ademanes indicativos, descriptivos, imperativos y otros similares, a fin de
obtener al máximo de resultados.
-Cada individuo debe encontrar los ademanes que más se ajusten a su personalidad.
ACTITUDES INDESEABLES QUE EL ORADOR DEBE EVITAR:
-No deberá presentarse desarreglado o desaseado.
-No deberá peinarse o arreglarse la ropa frente al público.
-No deberá presentarse frente al público presuntuosamente.
-No deberá asumir un tono de suficiencia doctoral.
-No debe reflejar apatía e indolencia.
-No deberá abusar de los gestos y actitudes cómicas.
-No deberá demostrar inseguridad y temor.
-Evitará la movilidad excesiva.
No utilizar únicamente el ademán indicativo e imperativo.
VOZ.- El buen uso de la voz afirma la personalidad del orador y, las más de las veces, lleva a los
resultados apetecidos, esto es, si se pretende persuadir a un grupo de oyentes. Si el propósito
es didáctico, los alumnos captarán las enseñanzas; si se espera motivar, probablemente el
público responderá en ese sentido. Por el contrario, la voz apagada, titubeante, monótona,
atropellada y entrecortada, presagio de que el fracaso sobrevendrá.
CARACTERISTICAS DE LA EXPRESION ORAL.- Las principales características de la expresión oral
que deben observarse al hablar son: coherencia, fluidez, dicción, volumen y tono.
COHERENCIA.- Las ideas o sentimientos que expresamos oralmente deben tener una secuencia
lógica, es indispensable interrelacionarlos y conectarlos debidamente. No se puede abordar un
tema mientras el anterior no se haya concluído y exteriorizado con claridad. Los comentarios
fuera de tema distraen y hacen perder la coherencia. Una persona habla coherentemente
cuando va desarrollando la expresión sus ideas o sentimientos en cadena, unidos lógicamente.
FLUIDEZ.- Fluir es brotar de manera espontánea, natural y continua; en esta forma fluye el
agua, las palabras deben también fluir así.
Hablar con fluidez es expresarse con facilidad. Cada palabra tiene su origen en la anterior y
dará como resultado otra que surgirá espontáneamente. Las palabras se irán apoyando unas a
otras, reforzándose, complementándose. La fluidez hace bella y precisa la experiencia oral. La
fluidez de mis conocimientos y dominio de la lengua.
DICCION.- Para la expresión oral, dicción es pronunciar claramente. Las palabras deben
entenderse sin ninguna duda. Cada fonema debe ser captado por el oído con precisión. La
dicción obliga a articular debidamente; de tal manera que los que escuchan no sean obligados
a hacer inútiles esfuerzos para comprender. La falta de una buena dicción entorpecerá la
captación de lo que se diga. La dicción hace clara y entendible la expresión oral, permite que el
mensaje o mejor aún, la comunicación llegue a los oídos receptivos.
VOLUMEN.- La voz tiene una fuerza al ser emitida. El volumen es la intensidad de la voz al
escucharse. Un bajo volumen no permite percibir la voz. Un volumen demasiado fuerte
molesta. El volumen adecuado se siente al expresarse oralmente, se comprueba tanto por
medio de nuestros oídos, como por los rostros y las actitudes de los que nos escuchan. El
volumen debe controlarse, aumentarse o disminuirse de acuerdo a la intención que le quiera
dar a lo que se dice, y a la manera como se espera sea recibido.
El volumen de la voz se controla mediante la respiración y la impostación de la voz, esto es,
apoyar los sonidos con el diafragma y no con la garganta. Aspirar profundamente antes de la
emisión de la voz, de esta manera el sonido tendrá un buen volumen y una mejor fluidez.
TONO.- La voz humana registra diversos timbres graves como el bajo y los agudos como la
soprano. La voz masculina tiende a lo grave, la voz femenina a lo agudo debido a la
conformación de la laringe. Las vibraciones que la voz produce y que son originadas por las
cuerdas vocales deben emitir un tono adecuado al momento de la expresión oral. Es
conveniente moderar el tono hasta lograr el tono debido. Modular la voz en este medio
completa el proceso y garantiza la inflexión de voz y por lo tanto la aceptación y hasta el gusto
del que escucha.
CONTACTO VISUAL.- La vista debe estar orientada hacia el público, sin huir. Tampoco seguirle
con aspereza. Es el medio para penetrar en el alma de quienes escuchan y si se sabe repartir
con prudencia, una de las armas más formidables, no solo para captarla atención sino para
mantenerla. Igualmente la mirada permite controlar la disciplina, así como fomentar y percibir
mejor la reacción de los oyentes. Evitemos la insistencia sobre una sola dirección; porque
puede sugerir preferencia por una persona o grupo, salvo en aquellos temas cuya naturaleza
lo justifique, o cuando se utiliza como recurso para provocar vitalidad e interés.
Ver a los ojos, sin recelos, con mirada serena; pero viva, nunca vaga, ni pérdida y prescindir del
uso de anteojos, sobre todo oscuros, siempre que sea posible, inspira confianza en el
auditorio, pues el orador que mira de frente nada tiene que ocultar. Su actitud revela pureza
de intenciones.
GESTOS Y FISONOMIA.- La fisonomía del comunicador ha de ser congruente con sus palabras.
Los movimientos faciales tienen la ventaja de acentuaría, ideas y de contribuir a lograr una
mayor fuerza interpretativa, que facilita la comprensión del mensaje. La naturalidad en los
gestos y la sonrisa intencional atraen la simpatía. El rostro excesivamente severo, inexpresivo,
o los gestos exagerados, impresionan desfavorablemente. En consecuencia, la mejor
recomendación consiste en procurar que los gestos se originen en las ideas o en los
sentimientos, y cumplan su propósito de servir al objetivo de la comunicación.
EL DISCURSO
2.1.- PARTES DEL DISCURSO.
En su forma, el discurso tiene tres partes; introducción, cuerpo y conclusiones.
INTRODUCCION.- La introducción del discurso se inicia siempre con un saludo. En él se
identificarán el orador y su público.
En primer lugar, el orador deberá entrar en terreno despacio, pero con seguridad, para captar
el interés y la atención del público que no dejará escapar en todo el trayecto. Pero lo más
importante es que sus palabras deberán ir orientadas a ganar la aceptación del auditorio, su
confianza, su credulidad, su certeza, de que no sólo hablará sinceramente, sino de que dirá lo
que es preciso decir, lo que se necesita vitalmente oír. La introducción deberá ser breve, hasta
donde sea necesario, siempre y cuando se logren los objetivos anteriores. Los elementos
fundamentales para la introducción son: autodominio, firmeza, seguridad, dicción, y sobre
todo, cuidar las manifestaciones externas del orador.
CUERPO.- El cuerpo está formado por tres partes principales: el desarrollo, la arenga y el
clímax. En el cuerpo del discurso se dirá todo lo que se había propuesto y debe decirse.
DESARROLLO.- Es abordar el tema o la tesis de manera creciente y con inteligencia. En esta
parte, la profundidad y certeza de lo que se dice es fundamental. No hay que olvidar, que
nuestro carácter latino es esencialmente emotivo, y que lo que nos llega al espíritu pasa
primero por nuestra emoción. Ir cuidando, guiando y fortaleciendo esa emoción es la actividad
básica del desarrollo del discurso.
ARENGA.- Al terminar el desarrollo efectivo y certero, y antes de empezar la arenga, el orador
debe cerciorarse de que el público está definitivamente con él. Que una palabra, que un
silencio, que un ademán, que un gesto, son seguidos por el auditorio. Con esta certitud
comienza la arenga, antes no. La arenga es llevar la emoción al máximo. En el momento de la
arenga hay que decir las palabras clave que en unas cuantas líneas resuman toda la intención
del discurso. La arenga es el sacudimiento emocional, es el eje que producirá los efectos
previstos. Arengar significa comprometer la voluntad y provocar las emociones y actos
consecuentes. Arenga es poner en pie el vigor y la fuerza del espíritu. En la arenga, el auditorio
se condicionará y aclarará su posición y participación personal ante el acontecimiento o los
hechos que motivaron el discurso.
CLIMAX.- En este momento se ha producido ya la unificación entre el orador y las masas.
Podríamos decir que el orador ha dejado de tener rostro para convertirse en el rostro
innumerable de todos. Este es el máximo momento, el momento climático. Aquí deberán
seleccionarse las palabras exactas cuyo peso significan movilización, acción y consecuencias.
En el momento climático de un discurso, el orador sabe que podría llevar a la construcción o la
destrucción, es el momento de la verdad. El orador dirigirá todo ese potencial humano del cual
ya forma parte a lograr la radical reivindicación de los demás. Ese momento no es ni de
interpretación, ni de vivencia, es el centro en el que converge la existencia humana.
CONCLUSIONES.- El momento colectivo se ha dado. Y cualquier momento colectivo es
histórico. Es tiempo de que se vuelva hecho lo hablado. El orador deberá tener la fortaleza
suficiente para sobreponerse al vértigo al que él mismo se ha dejado llevar, y en tono
razonado, y en calma, pero con la seguridad de todo lo anterior, deberá, precisar lo que
aportaron finalmente sus palabras.
CURRICULUM VITAE
[Link] PERSONALES:
Nombre y apellidos: Misael Agapito Torres.
Fecha de nacimiento: 14 de noviembre de 1997.
CURP: BAAK990813MVZLRL07
Dirección: Domicilio Conocido Ojital Ciruelo calle Guerrero s/n municipio de
Álamo, Temapache
Teléfono: 7651153180
E-mail: ednajudihc@[Link]
[Link]ÓN ACADÉMICA:
Agosto 2005- Julio [Link] básica, escuela general escuadrón 2001.
Agosto 2011-2014. Educación secundaria, escuela técnica industrial numero
56.
Agosto 2017-20l8 sistema abierto upav universidad pedagógica autónoma de
veracruz