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Sinodalidad

La sinodalidad significa caminar juntos y es la identidad de la Iglesia. Tiene sus raíces en las Sagradas Escrituras, donde se muestra a Dios caminando con su pueblo. Jesús se presenta como el camino hacia el Padre y establece la nueva alianza de Dios con la humanidad basada en la comunión y la unidad. Ser sinodal implica renunciar a los intereses propios para favorecer propuestas que beneficien a toda la comunidad.

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Sinodalidad

La sinodalidad significa caminar juntos y es la identidad de la Iglesia. Tiene sus raíces en las Sagradas Escrituras, donde se muestra a Dios caminando con su pueblo. Jesús se presenta como el camino hacia el Padre y establece la nueva alianza de Dios con la humanidad basada en la comunión y la unidad. Ser sinodal implica renunciar a los intereses propios para favorecer propuestas que beneficien a toda la comunidad.

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Sinodalidad, más que una expresión, un estilo de vida.

2 mayo, 2022 

Comisión de Comunicación

Es común escuchar en estos días la palabra “sinodalidad”, ya sea en las reuniones parroquiales,
asambleas diocesanas, incluso en los documentos del Vaticano o los obispos, haciendo que nos
preguntemos qué significa tal cosa. Pudiéramos pensar que es solo una propuesta del Papa
Francisco o un tema que se le antojó tratar al azar, sin embargo, hablar de sinodalidad es
hablar del corazón de la Iglesia.

La palabra sinodalidad proviene de “Sínodo” y está compuesta por la preposición “syn”


“juntos” y “odos” que significa “camino” o “ruta”. Entonces, la palabra sínodo designa el hecho
de caminar juntos, ir por una misma ruta y nos remite al mismo Jesús que en el Evangelio se
presenta como “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6).

Ya desde la antigüedad se aplicaba esta palabra a los discípulos de Jesús convocados en


asamblea, y en algunos casos es sinónimo de la comunidad eclesial. San Juan Crisóstomo, por
ejemplo, decía que la Iglesia es “el nombre que indica caminar juntos” (Cfr. Francisco, 2015).
Explica que la Iglesia es la asamblea convocada para dar gracias y cantar alabanzas a Dios como
un coro, una realidad armónica donde todo se mantiene unido, porque quienes la componen,
mediante su relación recíproca y ordenada, coinciden en un mismo sentir. Por lo tanto, la
sinodalidad es la identidad de la Iglesia.

Así pues, la sinodalidad tiene su fundamento en las Sagradas Escrituras. Nos remiten al origen
mismo de la Creación y alcanza su punto más alto en Jesucristo.

El Antiguo Testamento nos narra cómo Dios creó al ser humano, varón y mujer, a su imagen y
semejanza, y como un ser social llamado a colaborar con Él, caminando en el signo de la
comunión, custodiando el universo y orientándolo hacia su meta el plan de Dios para la
humanidad (Gn 1,26-28). Aunque el pecado quiso destruir el proyecto inicial de Dios,
rompiendo la comunión del hombre y la mujer, el mismo Dios lo condujo nuevamente al
sendero de la unidad, dándole la libertad para que viviera en unidad con los hermanos en la
casa común (Gn 8,8-17; 15; 17; 2 Sm 7,11).

Para forjar la realización del plan divino, Dios convocó a Abraham y a su descendencia (Gn
12,1-3;17,1-5; 22,16-18). Esta convocación expresada como edah qahal (ekklesía), es la forma
originara en la que se manifiesta la vocación sinodal del Pueblo de Dios y fue sellada con la
alianza del Sinaí (Ex 24,6-8; 34,20ss). Ahora entonces Dios se presenta como caminante y
acompaña a su Pueblo en el desierto (Dt 31,6) mostrando la unión con todo su pueblo.

Más adelante, el mensaje de los Profetas también inculca en el Pueblo de Dios la exigencia de
caminar a lo largo de las travesías de la historia manteniéndose fieles a la alianza. Así, invitan a
la conversión del corazón hacia Dios y a la justicia en las relaciones con el prójimo,
especialmente con los más pobres, los oprimidos, los extranjeros, como testimonio tangible de
la misericordia del Señor (cfr. Jr 37,21; 38,1). Pero Dios, conociendo la debilidad humana,
promete un corazón nuevo y un espíritu nuevo (Ez 11,19), extendiendo su alianza sobre todo el
universo.
Esta nueva alianza se realiza en Jesús de Nazaret, el Mesías que, con su Kerygma, su vida y su
persona revela que Dios es comunión de amor, y con su gracia y misericordia quiere abrazar en
la unidad a la humanidad entera. Jesús se presenta como el “camino” que conduce al Padre,
comunicando al hombre en el Espíritu Santo (Jn 16,13), la verdad y la vida de la comunión con
Dios y los hermanos. Unidad que se realiza plenamente en Cristo resucitado y se expresa en
carne viva mediante la pluralidad de dones que el Espíritu otorga a sus hijos, con el fin de
edificar el Cuerpo único de Cristo.

Ser sinodales, no es un solo una expresión bonita y motivadora, es una realidad urgente y
exigente, pues implica renuncia a los propios intereses para consolidar propuestas que
favorecen a todas las comunidades. Vivir la sinodalidad es caminar con la mirada puesta en la
meta eterna, pero no pensando en sí mismo, sino acompañándose y sosteniéndose por igual,
unos con otros.

Por: Diácono Juan Carlos Islas

Bibliografía:

 Sinodalidad en la vida y misión de la Iglesia (2018). Comisión Teológica Internacional.

 Eloy Bueno. (2018). El Camino Sinodal, Sinodalidad, la Iglesia tiene nombre de Sínodo.

 Papa Francisco (Octubre, 2015). Discurso con ocasión de la Conmemoración del 50


aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos.

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