Compendio DESCA - ESP - Completo
Compendio DESCA - ESP - Completo
Derechos Económicos,
Sociales, Culturales
y Ambientales
Estándares Interamericanos
OEA/Ser.L/V/II.
Doc. 465
31 diciembre 2021
Original: español
2021
[Link]
OAS Cataloging-in-Publication Data
Inter-American Commission on Human Rights. Special Rapporteurship on Economic,
Social, Cultural and Environmental Rights.
ISBN 978-0-8270-7449-1
Integrantes
Secretaria Ejecutiva
Norma Colledani
La Relatora Especial sobre Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales, Soledad García
Muñoz, deja constancia de su agradecimiento al apoyo recibido en la iniciativa y esfuerzos que han sido
necesarios para la realización del presente Compendio a la CIDH y a su Secretaría Ejecutiva, como en
especial al equipo de la REDESCA, al consultor Humberto Cantú Rivera y a la Cooperación Noruega por
su apoyo financiero para la realización y publicación del documento.
Aprobado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos el 31 de diciembre de
2021
Artículo 30
Los Estados miembros, inspirados en los principios de solidaridad y cooperación interamericanas, se
comprometen a aunar esfuerzos para lograr que impere la justicia social internacional en sus relaciones
y para que sus pueblos alcancen un desarrollo integral, condiciones indispensables para la paz y la
seguridad. El desarrollo integral abarca los campos económico, social, educacional, cultural, científico
y tecnológico, en los cuales deben obtenerse las metas que cada país defina para lograrlo.
Que los pueblos americanos han dignificado la persona humana y que sus constituciones nacionales
reconocen que las instituciones jurídicas y políticas, rectoras de la vida en sociedad, tienen como fin
principal la protección de los derechos esenciales del hombre y la creación de circunstancias que le
permitan progresar espiritual y materialmente y alcanzar la felicidad
Considerando la estrecha relación que existe entre la vigencia de los derechos económicos, sociales
y culturales y la de los derechos civiles y políticos, por cuanto las diferentes categorías de derechos
constituyen un todo indisoluble que encuentra su base en el reconocimiento de la dignidad de la
persona humana, por lo cual exigen una tutela y promoción permanente con el objeto de lograr su
vigencia plena, sin que jamás pueda justificarse la violación de unos en aras de la realización de otros;
CAPÍTULO 1: INTRODUCCIÓN 9
A. Objetivo 10
B. Estructura 12
C. Metodología 13
CAPÍTULO 2: MARCO NORMATIVO Y OBLIGACIONES GENERALES DE LOS ESTADOS EN
SISTEMA INTERAMERICANO 15
A. Derecho al agua 32
B. Derecho a la alimentación 47
C. Condiciones justas, equitativas y satisfactorias de trabajo 55
D. Derecho al cuidado 56
E. Derechos culturales 60
F. Derecho a la educación 78
G. Derecho a un medio ambiente sano 94
H. Derecho a la salud 107
I. Derecho a la seguridad social 157
J. Derechos sindicales 164
K. Derecho al trabajo 170
L. Derecho a la vivienda 179
M. Pobreza, desigualdad y pandemia 187
N. Empresas y Derechos Humanos 202
CAPÍTULO 4: GRUPOS EN SITUACIÓN DE VULNERABILIDAD Y LOS DERECHOS ECONÓMICOS,
CAPÍTULO 1
ÍNTRODUCCÍON
10 | Compendio DESCA: Estándares Interamericanos
INTRODUCCIÓN
A. Objetivo
1. Los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales (“DESCA”, por sus siglas) son
derechos básicos para que toda persona pueda vivir con dignidad. Su desarrollo a través de las
distintas acciones de los Estados es básico para cumplir con las obligaciones que sobre los
mismos pesan en materia de respeto y garantía, y que permitan a las personas su realización y
disfrute de los derechos humanos. Son derechos interrelacionados, interdependientes e
indivisibles respecto de los derechos civiles y políticos, cuyo reconocimiento se ha dado de
forma universal, a través de distintas declaraciones y convenciones.
4. Durante el 146º período ordinario de sesiones, en noviembre de 2012, la CIDH decidió crear
una Unidad sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Unidad Temática DESC).
Entre los objetivos del Plan de Trabajo de la referida Unidad DESC, corresponde mencionar el
desarrollo de estándares internacionales para la interpretación de los instrumentos
interamericanos de derechos humanos en relación con los derechos económicos, sociales y
culturales; y la búsqueda de ampliación de la jurisprudencia del sistema interamericano en la
materia.
5. En 2014, la CIDH adoptó la decisión de crear una Relatoría Especial para los Derechos
Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (en adelante, “REDESCA”), la que se puso en
funcionamiento a fines de agosto de 2017. A través de esta decisión, la Comisión buscó
fortalecer su estructura institucional para profundizar y ampliar el trabajo que ha venido
realizando en la promoción y protección de los DESCA, con la puesta en marcha de una oficina
con independencia funcional y su respectivo plan de trabajo que le permita el abordaje de las
situaciones prioritarias en el hemisferio sobre la temática. Esta decisión se reflejó en su Plan
Estratégico la CIDH 2017-2021, siendo la segunda Relatoría Especial creada por la CIDH y un
paso de gran trascendencia en la historia de los derechos humanos en la región1.
6. Al igual que la Relatoría para la Libertad de Expresión (RELE), la REDESCA fue creada como
una oficina permanente y con independencia funcional. Su primera titular, fue seleccionada en
un concurso público interamericano2, habiendo sido confirmada por la CIDH para un segundo
periodo de mandato tras cumplir sus tres primeros años de gestión3. La Comisión destaca la
importancia fundamental que la creación y labores desarrolladas por la REDESCA ha
significado para el fortalecimiento y cumplimiento integral del mandato hemisférico de la
CIDH4, como queda reflejado en este Compendio.
sobre sus resultados en 2018 y junto a la CIDH llama al compromiso con su fortalecimiento. CP. No 048/19. 27 de febrero
de 2019.
5 Organización de las Naciones Unidas, Objetivos de Desarrollo Sostenible, Doc A/70/1
10. En ese sentido, el presente compendio constituye el primer documento donde se presentan las
normas pertinentes y se incluyen fragmentos de jurisprudencia, como de informes y otros
documentos emanados de la CIDH en materia de derechos económicos, sociales, culturales y
ambientales. Para ello, se hace referencia no solamente al Protocolo de San Salvador, sino a la
propia Convención Americana sobre Derechos Humanos, a la Carta de la Organización de los
Estados Americanos, y a la Declaración Americana sobre Derechos y Deberes del Hombre,
además de otros instrumentos interamericanos.
11. Este compendio recoge y sistematiza los extractos relevantes de los informes y documentos
publicados sobre la materia a través de los diferentes mecanismos de la CIDH. Es importante
destacar que este documento no es exhaustivo, sino que sistematiza los principales criterios
más recurrentes o relevantes, sin pretender abarcar la generalidad de los mismos. Se toman
ejemplos de decisiones que contienen criterios vigentes y representativos, sin ser un
compendio final cerrado. Esta primera edición abarca fundamentalmente decisiones y
documentos en materia DESCA, adoptados por la CIDH hasta septiembre de 2021.
12. Otro de los objetivos de esta herramienta es promover la implementación de los estándares
interamericanos en materia de derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, en
particular a través de su identificación y visibilidad. Lo anterior contribuye a la implementación
de los objetivos estratégicos de la Comisión conforme a su Plan Estratégico 2017-2021, así
como a los objetivos del Mapa Estratégico 2018-2021 de la Relatoría Especial sobre Derechos
Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales, en lo que concierne al desarrollo y promoción
de estándares interamericanos para la efectiva realización de tales derechos.
13. La REDESCA de la CIDH ha elaborado este compendio con el mismo alcance y vocación de los
precedentes de la Comisión, con el propósito de brindar una herramienta de cooperación
técnica a disposición de las personas e instituciones usuarias del sistema, operadores estatales
de políticas públicas, magistrados/as, parlamentarios/as y demás funcionarios/as estatales,
sociedad civil, movimientos sociales, sector privado, academia, expertos/as y demás actores
relevantes.
B. Estructura
15. En lo que corresponde a los capítulos sustantivos, el primero de ellos presenta el marco
normativo y las obligaciones generales de los Estados en materia de derechos económicos,
sociales, culturales y ambientales, haciendo un planteamiento conceptual sobre las
características de estos derechos y su desarrollo a nivel normativo e institucional en el ámbito
regional interamericano.
C. Metodología
18. A fin de presentar y consolidar la amplia cantidad de información sobre esta cuestión en un
instrumento único, el compendio se centró en el análisis de pronunciamientos específicos de
la CIDH y de la REDESCA en relación con los derechos económicos, sociales, culturales y
ambientales. Para ello, se hizo una revisión sustantiva y detallada de los informes de país,
temáticos y anuales emitidos por la CIDH y la REDESCA; de las medidas cautelares, informes
de fondo y casos enviados a la Corte Interamericana de Derechos Humanos; como de las
resoluciones y comunicados de prensa emitidos por la Comisión y la REDESCA, primando en
todos ellos el criterio del desarrollo sustantivo en cuanto al contenido o recomendaciones
sobre el derecho en cuestión.
19. De igual manera, cabe señalar la importancia que los estándares abordados en ese compendio
sean considerados en conjunto con los diagnósticos, estándares y recomendaciones
formulados en el marco de otros documentos de la Comisión, en particular los que reconocen
el impacto diferenciado y/o agravado sobre los derechos de las personas que se encuentran en
situación de vulnerabilidad, especialmente a las personas que se encuentran en pobreza y
pobreza extrema.
20. De esta manera, en el presente compendio se recogen los pronunciamientos y las decisiones de
la CIDH y de la REDESCA en la materia, agrupándolos tanto por derecho concernido, como por
el instrumento en donde se encuentra contenido el desarrollo normativo. El presente
documento contempla los principales desarrollos existentes hasta septiembre de 2021,
constituyendo una primera sistematización que, sin pretender ser exhaustiva, refleja
ampliamente el estado de avance en la promoción y protección de los DESCA a través de los
distintos mecanismos de la CIDH, proporcionando una base que posibilita además la
actualización regular de la información brindada.
21. El Compendio recoge de manera textual los párrafos seleccionados tras su referenciación del
documento a que pertenecen. Tales textos se reproducen sin notas al pie de página, las cuales
pueden consultarse en la fuente original.
CAPÍTULO 2
MARCO NORMATÍVO Y OBLÍGACÍONES
GENERALES DE LOS ESTADOS EN
MATERÍA DE DERECHOS ECONOMÍCOS,
SOCÍALES, CULTURALES Y AMBÍENTALES
EN EL SÍSTEMA ÍNTERAMERÍCANO
16 | Compendio DESCA: Estándares Interamericanos
22. Los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales atraviesan en la actualidad por
una fase de reconocimiento y consolidación, como resultado de las acciones específicas
desarrolladas tanto por la Comisión como por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
En ese sentido, se observa una evolución normativa e institucional que en las últimas dos
décadas ha favorecido la visibilidad y reconocimiento de estos derechos, como también su
justiciabilidad directa ante los órganos del sistema interamericano.
23. La Carta de la Organización de los Estados Americanos, (en adelante, “la Carta” o “Carta de la
OEA”), adoptada en 1948 y modificada en 1967, como instrumento fundacional del organismo
regional, incluyó en 1948 distintas referencias a los derechos económicos, sociales, culturales
y ambientales. Así, sus artículos 34, 45, 46, 47, 48, 49, 50, 51 y 52 reconocieron inter alia los
derechos a la alimentación (a través de la producción de insumos), a la educación, a la
seguridad social, a la salud, a la vivienda adecuada, así como los derechos culturales y laborales.
La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, adoptada ese mismo año,
también hizo referencia a diversos derechos, incluyendo a la preservación de la salud y al
bienestar, a la educación, a los beneficios de la cultura, al trabajo y a una justa retribución, al
descanso y a su aprovechamiento, y a la seguridad social.
25. Aunado a lo anterior, otros tratados y declaraciones regionales han abordado diversos
derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, lo cual ha dado lugar a la
conformación de un régimen convencional y declarativo interamericano en la materia.
26. Los instrumentos interamericanos sobre DESCA generan obligaciones para que se atiendan a
las necesidades básicas del desarrollo humano, con fundamento en los principios de igualdad
y no discriminación, cuyo respeto y garantía resultan tan exigibles como las relativas a los
derechos civiles y políticos, reconociéndose, incluso el derecho a una efectiva tutela judicial,
individual o colectiva, de aquellos derechos6. Así, los DESCA deben ser asegurados por todos
los Estados de la región, con especial atención a los grupos en situación de mayor
vulnerabilidad.
27. Los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales están previstos tanto en la
Declaración Americana, en sus artículos XI, XII, XIII, XIV, XV y XVI, de manera general en el art.
26 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y, con mayor detalle, en el Protocolo
Adicional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos en materia de Derechos
económicos, sociales, culturales y ambientales (Protocolo de San Salvador).
29. La Carta promueve un marco institucional para que estos temas sean abordados desde una
perspectiva integral. Es por eso que, en primer lugar, se establece que los seres humanos tienen
el derecho de alcanzar su bienestar material y su desarrollo espiritual, entre otras
disposiciones relacionadas al Derecho al Trabajo y a la Educación. De igual manera, mediante
el Protocolo de Buenos Aires, la Carta de la OEA incorpora, en el artículo 34, las medidas que
proporcionen las metas básicas para el desarrollo integral, incluyendo condiciones de trabajo
aceptables para todos, ampliación de las oportunidades en el campo de la educación, vivienda
adecuada, entre otros.
30. Al igual que en la Carta de la OEA8, la Declaración Americana no hace distinción entre los
derechos que están enumerados en su texto. Están presentes en la Declaración los derechos
económicos, sociales, culturales y ambientales, así como los derechos civiles y políticos,
apuntando que en el Sistema Interamericano todos los derechos humanos son
interdependientes e indivisibles9. Por su parte, la Carta Democrática Interamericana (2001)
resalta la importancia de que los DESCA sean reafirmados, desarrollados, perfeccionados y
protegidos. En la misma línea, la Carta Social de las Américas10 (2012) sostiene que la
“promoción y observancia de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales son
consustanciales al desarrollo integral, al crecimiento económico con equidad y a la
consolidación de la democracia en los Estados del Hemisferio”.
6 CIDH, El acceso a la justicia como garantía de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Estudio de los
estándares fijados por el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, 2007 párrs. 324-339.
7 En su parte pertinente la Carta en el texto del Art. 45 dice lo siguiente: “el hombre sólo puede alcanzar la plena realización
de sus aspiraciones dentro de un orden social justo, acompañado de desarrollo económico y verdadera paz(…)”, por ejemplo
la letra b) del artículo dice lo siguiente: “b) El trabajo es un derecho y un deber social, otorga dignidad a quien lo realiza y
debe prestarse en condiciones que, incluyendo un régimen de salarios justos, aseguren la vida, la salud y un nivel económico
decoroso para el trabajador y su familia, tanto en sus años de trabajo como en su vejez, o cuando cualquier circunstancia lo
prive de la posibilidad de trabajar; (…)”, Organización de los Estados Americanos, Carta de la Organización de los Estados
Americanos, Firmada en Bogotá en 1948 y enmendada en Buenos Aires en 1967, por el Protocolo de Cartagena en 1985 y
subsiguientes.
8 Corte IDH, Opinión Consultiva No. OC-10/89, de 14 de julio de 1989, párr. 44
9 Id. Pág. 106. Artículos XI a XVI de la Declaración Americana de Derechos del Hombre
10
Organización de los Estados Americanos, Carta Social de las Américas, OEA/Ser.P AG/doc-.542/12 rev.1, aprobada el 4
de junio de 202
32. Considerando la importancia de los DESCA, los Estados miembros de la OEA adoptaron el
Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos en materia de
Derechos Económicos, Sociales, y Culturales, el cual entró en vigor el 16 de noviembre de 1999.
33. El Protocolo reafirma la integralidad de todos los Derechos Humanos14, enfatizando que “todos
los derechos inherentes a la persona humana constituyen un todo indisoluble que encuentra
su base en el reconocimiento de la dignidad de la persona humana”15. En el texto, se consagra
la protección a diversos derechos como derecho al trabajo; condiciones justas, equitativas y
satisfactorias de trabajo; derechos sindicales; derecho a la seguridad social; derecho a la salud;
derecho a la alimentación; derecho a la educación; derecho a los beneficios de la cultura; entre
otros. Asimismo, el Protocolo de San Salvador consagra el principio de igualdad y no
discriminación; y la obligación de adoptar medidas internas para lograr progresivamente la
plena efectividad de los derechos dispuestos en su texto16. De esta manera, el Protocolo de San
Salvador señala con mayor claridad las obligaciones que tienen los Estados en relación con los
DESCA, reconociendo, en su texto, la jurisdicción contenciosa del Sistema Interamericano para
la supervisión directa de los artículos 13 (derecho a la educación) y 8.1.a (derechos sindicales).
Además, las obligaciones establecidas en el Protocolo son supervisadas por medio de revisión
de informes estatales enviados al Grupo de Trabajo del Protocolo de San Salvador, a través de
un sistema de monitoreo previsto en el artículo 19 de dicho tratado.
34. Al respecto, el Grupo de Trabajo del Protocolo de San Salvador supervisa los avances en la
creación e implementación de políticas públicas y otras medidas relacionadas con las
obligaciones existentes en dicho protocolo. Para sus evaluaciones, el Grupo de Trabajo ha
desarrollado indicadores que determinan el nivel de cumplimiento de los Estados de sus
Protección a los Derechos Humanos”, Cuadernos Electrónicos No. 5, Derechos Humanos y Democracia, disponible en
[Link]
derechos-sociales-por-las-Defensor%C3%ADas..pdf
15 Organización de los Estados Americanos, “Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos en
materia de Derechos económicos, sociales, culturales”, San Salvador (17 de noviembre de 1988), Preámbulo
16 Art. 2y 3 Protocolo de San Salvador
35. Hasta el momento, el Grupo de Trabajo ha establecido dos agrupamientos de los derechos
contenidos en el Protocolo. El primer agrupamiento19 incluye los derechos a la salud, a la
seguridad social y a la educación. El segundo agrupamiento de derechos20 se compone del
derecho al trabajo y los derechos sindicales, el derecho a la alimentación adecuada, el derecho
al medio ambiente sano y el derecho a los beneficios de la cultura.
36. La Comisión subraya la importancia del trabajo realizado por el Grupo de Trabajo y sus valiosos
aportes en las observaciones que presenta a los Estados, creación de indicadores y recolección
de datos sobre la situación de los DESCA en la región21. La Comisión ha sido un actor clave en
el establecimiento y consolidación del Grupo, cuyo trabajo es complementario a la misma labor
de la CIDH y en particular de su REDESCA, cuya titular integra el Grupo de Trabajo en su
representación.
38. Mediante su función contenciosa, la Corte IDH ha tomado en cuenta estos derechos,
examinándolos, en un primer momento, de manera indirecta, bajo el análisis de violaciones de
17 Concordantemente, se solicitó a la CIDH que propusiera indicadores que midieran el progreso –o eventual retroceso- de
los Estados, los que fueron incluidos en el primer documento de indicadores del sistema que son los “Lineamientos para la
elaboración de Índicadores de Progreso en materia de derechos económicos, sociales, culturales y ambientales”
(CP/doc.4250 corr.1).
18 Grupo de Trabajo del Protocolo de San Salvador, “Índicadores de Progreso para la Medición de Derechos contemplados
párrs. 94-101; CIDH, Informe de Fondo No. 27/09, Caso No. 12.249, Jorge Odir Miranda Cortez y Otros vs. El Salvador, 10
de marzo de 2009, párr. 105; CIDH. El acceso a la justicia como garantía de los derechos económicos, sociales, culturales y
ambientales: Estudio de los estándares fijados por el sistema interamericano de derechos humanos. OEA/Ser.L/V/II.129
Doc. 4, 7 de septiembre de 2007; CIDH. Acceso A servicios de salud materna desde una perspectiva de derechos humanos.
OEA/Ser.L/V/II. Doc. 69, 7 de junio de 2010: CIDH. Informe sobre pobreza y derechos humanos en las Américas,
OEA/Ser.L/V/II.164 Doc. 147, 7 de septiembre de 2017.
39. En ese sentido, en el caso Suárez Peralta vs. Ecuador, si bien la Corte no aplicó directamente la
disposición del artículo 26 al caso en concreto, reconoció, inter alia, que la salud es un derecho
humano fundamental e indispensable para el ejercicio adecuado de los demás derechos
humanos25. Posteriormente, en el caso Gonzales Lluy vs. Ecuador, la Corte Interamericana
determinó cómo el Estado había discriminado e inhibido el disfrute del derecho a la educación
de la víctima del caso al no garantizar que acceda al sistema educativo por ser una persona que
vive con VIH26. En este caso, la Corte IDH, aplicó por primera vez el Protocolo de San Salvador,
el cual lo faculta para supervisar el cumplimiento de las obligaciones de los Estados respecto
de este derecho en específico. La Corte también encontró que la existencia de una normativa
que no permitía el pago de pensiones, y por tanto el disfrute del derecho a la seguridad social,
a parejas del mismo sexo vulneraba el derecho a la igualdad y no discriminación27.
41. La REDESCA reconoció la importancia histórica de este fallo afirmando que el mismo “sienta
no sólo uno de los precedentes más importantes en la jurisprudencia regional sobre la materia;
además avanza a nivel global en el fortalecimiento de una visión de protección integral y
conjunta de los derechos humanos superando divisiones y categorías políticamente
construidas que interfieren con el respeto y la garantía de la dignidad de la persona humana”30.
Asimismo, afirmó que: “La posibilidad de exigir jurídicamente y de manera vinculante el
respeto y garantía de los DESCA a través de los órganos del Sistema Interamericano permitirá
desarrollar y definir progresivamente el contenido de cada uno de estos derechos y las
obligaciones de los Estados Partes en relación con ellos, facilitando la formulación de políticas
públicas adecuadas y estableciendo estándares y lineamientos regionales para su efectivo
23 Corte IDH. Caso Ximenes Lopes Vs. Brasil. Sentencia de 4 de julio de 2006. Serie C No. 149; Caso Suárez Peralta Vs. Ecuador.
Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 21 de mayo de 2013. Serie C No. 261; Caso "Cinco
Pensionistas" Vs. Perú. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 28 de febrero de 2003. Serie C No. 98.
24 Corte IDH, Caso Acevedo Buendía y Otros vs. Perú, Sentencia de 1 de Julio de 2009, párr. 100.
25 Corte IDH. Caso Suárez Peralta Vs. Ecuador. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 21 de
Sentencia de 1 de septiembre de 2015. Serie C No. 298, párrs. 252, 256, 265, 274, y 291.
27 Corte IDH. Caso Duque Vs. Colombia. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 26 de febrero
42. La Corte IDH continuó profundizando y desarrollando cada vez con mayor claridad su
interpretación sobre la aplicación del artículo 26 de la CADH y las obligaciones de los Estados
para la realización de los DESCA aplicando dicha disposición en decisiones posteriores, tanto
en el ámbito contencioso como consultivo, particularmente en relación con los derechos a la
salud32, seguridad social33 y medio ambiente sano34. Así, por ejemplo, en el caso Poblete
Vilches, en el que la Corte IDH se pronunció por primera ocasión respecto el derecho a la salud
de manera autónoma, estableciendo que este derecho está protegido por el artículo 26 de la
Convención35. En esa línea, en la sentencia del caso Cuscul Pivaral y otros relacionado a la
protección del derecho a la salud de personas que viven con VIH en Guatemala, la Corte
manifestó que “una interpretación literal, sistemática y teleológica permite concluir que el
artículo 26 de la Convención Americana protege aquellos derechos que derivan de las normas
económicas, sociales y de educación, ciencia y cultura contenidas en la Carta de la OEA” 36 y
reiteró la competencia para revisar tanto obligaciones de exigibilidad inmediata como aquellas
de carácter progresivo de los DESCA37. Posteriormente, se pronunció sobre el derecho a la
salud de las personas privadas de la libertad y del derecho a la seguridad social,
particularmente en materia previsional de personas adultas mayores, como parte integrante
de los DESCA protegidos a nivel interamericano de manera autónoma y directa38.
43. Por su parte, la CIDH también ha reafirmado y ejercido su competencia para pronunciarse
sobre posibles violaciones del artículo 26 de la Convención Americana y los DESCA contenidos
en la Declaración Americana en el marco del sistema de peticiones y casos individuales, y ha
enfatizado la interdependencia e indivisibilidad de los derechos económicos, sociales,
culturales y ambientales respecto de los derechos civiles y políticos39.
31 Ibídem.
32 Corte IDH. Caso Poblete Vilches y otros Vs. Chile. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 8 de marzo de 2018. Serie C
No. 349; Corte IDH. Caso Cuscul Pivaral y otros Vs. Guatemala. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 23 de agosto de 2018. Serie C No. 359
33 Corte IDH. Caso Muelle Flores Vs. Perú. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 6 de marzo
de 2019. Serie C No. 375; Corte IDH. Caso Asociación Nacional de Cesantes y Jubilados de la Superintendencia Nacional de
Administración Tributaria (ANCEJUB-SUNAT) Vs. Perú. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia
de 21 de noviembre de 2019. Serie C No. 394.
34 Corte IDH. Medio ambiente y derechos humanos. Opinión Consultiva OC-23/17 de 15 de noviembre de 2017. Serie A No.
23.
35 Corte IDH. Caso Poblete Vilches y otros Vs. Chile. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 8 de marzo de 2018. Serie C
noviembre de 2019. Serie C No. 395; Corte IDH. Caso Asociación Nacional de Cesantes y Jubilados de la Superintendencia
Nacional de Administración Tributaria (ANCEJUB-SUNAT) Vs. Perú. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y
Costas. Sentencia de 21 de noviembre de 2019. Serie C No. 394. Corte IDH. Caso Muelle Flores Vs. Perú. Excepciones
Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 6 de marzo de 2019. Serie C No. 375
39 CIDH. Resolución Nº 12/85, Caso Nº 7615 (Comunidad Yanomami), Brasil, 5 de marzo de 1985; CIDH. Informe de Fondo
No. 50/16. Trabajadores Indocumentados (Estados Unidos) 30 de noviembre de 2016; CIDH. Informe de Fondo No. 25/18.
Empleados de la Fábrica de Fuegos en Santo Antonio de Jesús y sus familiares (Brasil), 2 de marzo de 2018; CIDH. Informe
de Fondo No. 64/18. Opario Lemoth Morris y otros (Buzos Miskitos) (Honduras), 8 de mayo de 2018; CIDH. Informe de
Fondo No. 110/18. Paola del Rosario Albarracín Guzmán y familiares (Ecuador), 5 de octubre de 2018; CIDH. Informe de
Fondo No. 107/18, Martina Rebeca Vera Rojas (Chile), 5 de octubre de 2018, inter alia.
46. En relación con los componentes exigibles e inmediatos de la obligación de dar pasos o adoptar
medidas, la CIDH recuerda que el Comité DESC ha indicado, por ejemplo, que la adopción de
medidas por sí mismas no se encuentran limitadas o condicionadas a otras consideraciones;
por ello, si bien el logro de la realización efectiva de los derechos podrá ser paulatino, la
adopción de medidas o providencias para tales efectos deben ser deliberadas, concretas y
orientadas lo más claramente posible a su cumplimiento. El Estado además tiene obligaciones
básicas que deben satisfacer niveles esenciales de tales derechos, las cuales no están sujetas al
desarrollo progresivo, sino que son de carácter inmediato42.
40 CIDH, Informe No. 25/18, Caso 12.428. Admisibilidad y Fondo. Empleados de la Fábrica de Fuegos en Santo Antonio de
Jesus y sus familiares. Brasil. 2 de marzo de 2018, párrs. 127 y ss. y CIDH, Informe No. 110/18, Caso 12.678 Fondo. Paola
del Rosario Albarracín Guzmán y familiares. 5 de octubre de 2018, párrs. 103 y ss.
41 CIDH, Informe No. 25/18, Caso 12.428. Admisibilidad y Fondo. Empleados de la Fábrica de Fuegos en Santo Antonio de
Jesus y sus familiares. Brasil. 2 de marzo de 2018, párrs. 127 y ss. y CIDH, Informe No. 110/18, Caso 12.678 Fondo. Paola
del Rosario Albarracín Guzmán y familiares. 5 de octubre de 2018, párrs. 103 y ss.
42 Comité de Derechos económicos, sociales y culturales de Naciones Unidas, Observación general 3: La índole de las
obligaciones de los Estados Parte (párrafo 1 del artículo 2 del Pacto), 1990. En ese sentido ver: CIDH. Informe sobre pobreza
y derechos humanos en las Américas OEA/Ser.L/V/II.164 Doc. 147 (7 de septiembre de 2017) párrs. 236 y 237.
47. La Comisión y la REDESCA subrayan que el componente de justiciabilidad directa de los DESCA
es un avance de alta relevancia para la garantía de los derechos humanos en su integralidad e
indivisibilidad; también reconocen que el acceso a la justicia interamericana en ese extremo
está permitiendo consolidar la protección de estos derechos en sus destinatarios de manera
cada vez más visible y sólida; a la vez que permite abordar situaciones graves de afectación o
amenaza a la dignidad y los derechos humanos de las personas con mayor asertividad,
particularmente teniendo en cuenta la desigualdad social, la pobreza, y la intervención de
actores no estatales en su realización. Sin perjuicio de ello, también subrayan la importancia
de que los Estados apliquen efectivamente los estándares relativos a la progresividad, no
regresividad, obligaciones de carácter inmediato o recomendaciones relacionadas a tales
derechos; como el análisis de los contenidos jurídicos y particularidades de los mismos
identificados y desarrollados por la Comisión y su REDESCA en el contexto interamericano
dentro de sus otros mecanismos de promoción y protección de los derechos humanos.
48. La Comisión y la REDESCA consideran que los estándares interamericanos en materia DESCA
demuestran que todos los derechos humanos deben ser entendidos y protegidos de manera
integral, sin establecer jerarquías innecesarias y haciéndolos exigibles ante aquellas
autoridades que resulten competentes para aquello. De conformidad con lo anterior, este
compendio supone un acercamiento al desarrollo de monitoreo, como de aplicación
interpretativa y jurisprudencial de los DESCA en la región a partir del creciente trabajo de la
CIDH en la materia.
49. Los siguientes extractos del mencionado Comunicado de la REDESCA, refuerzan las nociones
antes expuestas.
Comunicado de prensa
recomendaciones emitidas por el Grupo de Trabajo del Protocolo de San Salvador. Asimismo,
hace un especial llamado a la sociedad civil a aunar esfuerzos para el uso estratégico de las
herramientas del Sistema Interamericano con el objeto de cristalizar la efectiva protección de
las personas y colectivos víctimas de violaciones a sus DESCA en la región.
50. Como es conocido, la Convención Americana sobre Derechos Humanos resalta en su artículo
1.1 la obligación de los Estados parte de respetar y garantizar los derechos establecidos en ella.
Por otra parte, en su artículo 2 establece la obligación de los Estados de adoptar disposiciones
de derecho interno, tanto legislativas como de otro carácter. Tales disposiciones ciertamente
alcanzan lo establecido por el artículo 26 de la Convención, incluido dentro de la Parte I del
instrumento. En ese sentido, los Estados tienen la obligación no sólo de asegurar el desarrollo
progresivo del derecho, sino de respetar y garantizar su realización, incluso a través de la
adopción de medidas, de la no discriminación en el ejercicio de los derechos, y del acceso a un
recurso efectivo.
51. La CIDH se ha pronunciado en distintas ocasiones y por medio de distintos instrumentos sobre
las obligaciones en materia de derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Sin
embargo, apenas recientemente incluyó en sus pronunciamientos una interpretación que,
basada en el principio pro persona, fundamenta su análisis de las obligaciones de los Estados a
este respecto, y postula su competencia para analizar el cumplimiento o incumplimiento de las
obligaciones estatales en casos concretos.
Opario Lemoth Morris y otros (Buzos miskitos) (Caso 12.378) contra Honduras.
OEA/Ser.L/V/II.168 Doc. 74 (8 de mayo de 2018)
197. Ambos órganos del sistema interamericano han indicado que las medidas de prevención
exigibles deberán ser determinadas a la luz de las características y las circunstancias de cada
caso concreto. La Comisión considera que, en el presente caso, en el que se trata de
condiciones laborales extremas ejercidas por empresas privadas, resultan aplicables las
obligaciones de regulación, supervisión y fiscalización, en cuanto al rol del Estado, en esferas
que involucran intereses fundamentales de la sociedad y derechos básicos de las personas.
273. Por su parte, la CIDH considera que, como parte del deber general de garantía, el Estado
debe prestar especial atención a los grupos históricamente discriminados y excluidos, y
tomar medidas para que cuando dichos grupos entren dentro de una relación laboral con
empresas estas cumplan con la normativa interna respectiva sobre prestaciones y seguridad
social. Al respecto la Comisión ya ha indicado que las poblaciones indígenas ven afectados de
manera diferenciada sus derechos, por ejemplo, por los persistentes obstáculos a la
realización del derecho a un trabajo digno, a través de barreras marcadas que enfrentan a
una formación profesional plena, a oportunidades de empleo digno, y a la seguridad social
suficiente. lo que encuentra su origen en la existencia de un patrón de discriminación
Paola del Rosario Guzmán Albarracín y familiares (Caso 12.678) contra Ecuador (5 de octubre
de 2018)
104. Aunque ambos órganos del sistema interamericano han reafirmado su competencia para
pronunciarse sobre posibles violaciones del artículo 26 de la Convención Americana en el
marco del sistema de peticiones y casos individuales, esta disposición había sido materia de
poco desarrollo en la jurisprudencia del sistema interamericano relativa a casos
contenciosos. Por su parte, en virtud del artículo 19.6 del Protocolo de San Salvador, tanto la
Corte Interamericana como la CIDH tienen competencia para decidir sobre casos
contenciosos en torno a hechos relacionados al artículo 13 de dicho tratado el cual reconoce
al derecho a la educación.
106. Así, la Comisió n considera que el aná lisis de un caso concreto a la luz del artículo 26 de
la Convenció n Americana debe ser efectuado en dos niveles. En un primer momento, es
necesario establecer si el derecho del que se trata el caso se deriva “de las normas
econó micas, sociales y sobre educació n, ciencia y cultura, contenidas en la Carta de la
Organizació n de Estados Americanos”, tal como remite el texto del artículo 26. Es decir, el
artículo 26 de la CADH es el que atribuye a la Carta de la OEA como fuente directa de derechos,
asignando cará cter de derechos humanos a las disposiciones que sobre la materia pueden
desprenderse de dicho tratado. Dado que el objeto de la Carta de la OEA no fue individualizar
derechos sino constituir un organismo internacional, es necesario recurrir a textos auxiliares
para identificar los derechos que se desprenden de las disposiciones de dicho instrumento.
107. Una vez establecido ello, corresponde determinar si el Estado en cuestió n incumplió la
obligació n de “lograr progresivamente” la plena efectividad de tal derecho, o aquellas
obligaciones generales de respetar y de garantizar el mismo. En este segundo nivel de
108. Para establecer los criterios que permitan derivar derechos específicos de la Carta de la
OEA, determinar su contenido y las obligaciones de los Estados en relació n con ellos, es que
el artículo 29 de la CADH adquiere relevancia en tanto que establece los pará metros de las
reglas generales de interpretació n de dicho tratado. En ese sentido, de acuerdo con dicho
artículo la interpretació n de las disposiciones de la CADH no podrá n limitar ni suprimir
derechos reconocidos por la normativa interna de los Estados o por cualquier otro tratado
del que este sea parte, ni excluir los efectos de la Declaració n Americana sobre Derechos y
Deberes del Hombre u otros actos internacionales de la misma naturaleza. La disposició n
recepta así el principio “pro persona” en el sistema interamericano y ofrece una herramienta
clave para la efectiva protecció n de todos los derechos humanos reconocidos en las
Constituciones de los Estados Parte, como en los instrumentos interamericanos o universales
de derechos humanos ratificados por los mismos.
110. A la luz de lo anteriormente descrito puede afirmarse que la Comisió n entiende que el
artículo 26 de la Convenció n Americana impone diversas obligaciones a los Estados que no
se limitan a una prohibició n de regresividad, el cual es un correlato de la obligació n de
progresividad, pero no puede entenderse como la ú nica obligació n justiciable en el sistema
interamericano bajo esta norma. Así, la Comisió n afirma que teniendo en cuenta el marco
interpretativo del artículo 29 de la Convenció n Americana, el artículo 26 visto a la luz de los
artículos 1.1 y 2 del mismo instrumento, se desprenden, al menos las siguientes obligaciones
inmediatas y exigibles: i) obligaciones generales de respeto y garantía, ii) aplicació n del
principio de no discriminació n a los derechos econó micos, sociales y culturales, iii)
obligaciones de dar pasos o adoptar medidas para lograr el goce de los derechos
incorporados en dicho artículo y iv) ofrecer recursos idó neos y efectivos para su protecció n.
Las metodologías o fuentes de aná lisis que resulten pertinentes para cada una de estas
obligaciones, deberá n ser establecidas segú n las circunstancias propias de cada caso.
Martina Rebeca Vera Rojas (Caso 13.039) contra Chile. OEA/Ser.L/V/II.169 Doc. 124 (5 de
octubre de 2018)
58. Asimismo, la CIDH entiende que a la luz del deber de garantía previsto en el artículo 1.1
de la CADH y la interpretación que sobre el mismo han hecho los órganos del sistema
interamericano, los Estados parte deben prevenir razonablemente la conculcación de los
derechos contenidos en el artículo 26 en el contexto de las actividades empresariales. Lo
anterior incluye adoptar un marco jurídico que permita asegurar la protección de dichos
derechos y que proporcione acceso efectivo a recursos para las víctimas de tales violaciones.
Entre las acciones que aseguren un marco jurídico adecuado, el Estado deberá exigir que las
empresas bajo su jurisdicción ejerzan la diligencia debida en materia de derechos humanos a
fin de identificar, prevenir y mitigar los riesgos de vulneración de los derechos en el marco
de sus actividades.
Informe temático
El acceso a la justicia como garantía de los derechos económicos, sociales y culturales. Estudio
de los estándares fijados por el Sistema Interamericano de Derechos Humanos.
OEA/Ser.L/V/II.129 Doc. 4 (2 de septiembre de 2007)
96. Las funciones sociales del Estado se han ampliado a áreas tales como salud, vivienda,
educación, trabajo, seguridad social, consumo o promoción de la participación de grupos
sociales desaventajados. Sin embargo, ello no se ha traducido necesariamente, desde el punto
de vista técnico, en la configuración concreta de derechos. En muchos casos, el Estado asumió
esas funciones a partir de intervenciones discrecionales o de formas de organización de su
actividad, como la provisión de servicios públicos, o la elaboración de programas o planes
sociales focalizados. El efecto social y económico de tales funciones no se asigna
particularmente a sujetos titulares de derechos, sean éstos individuales o colectivos. Sin
embargo, no hay imposibilidad teórica o práctica alguna de configurar derechos exigibles
también en estos campos, de modo de sumar a los mecanismos de control institucional,
administrativos o políticos, el control que puedan ejercer sobre los prestadores o
funcionarios, las personas que ejercen derechos vinculados a esas prestaciones sociales. No
hay motivos que impidan reconocer la posibilidad de demandar en el plano de las políticas
sociales derechos civiles, tales como el derecho de igualdad y no discriminación, el derecho
de acceso a la información, ni derechos sociales que fijen marcos y mínimos a esas políticas.
Es indudable que una perspectiva de derechos en la formulación de los planes debe conducir
a contemplar, en su ingeniería institucional, los estándares básicos del debido proceso legal.
97. En este orden de ideas, el SIDH ha fijado posición sobre la aplicación de las garantías del
debido proceso legal en ámbitos administrativos. Así, ha establecido la obligación de los
Estados de contar con reglas claras para el comportamiento de sus agentes, a fin de evitar
márgenes inadecuados de discrecionalidad en la esfera administrativa, que puedan fomentar
prácticas arbitrarias o discriminatorias. Al mismo tiempo, el SIDH ha avanzado en la
identificación de ciertos estándares del debido proceso legal que deben regir los
procedimientos administrativos, tales como el plazo razonable, el derecho a la revisión
judicial de decisiones administrativas, a contar con un abogado, a una decisión fundada, a la
publicidad del actuar de la administración, entre otros.
43Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Observación general Nº 3: La índole de las obligaciones de los
Estados Parte (párrafo 1 del artículo 2 del Pacto), E/1991/23 (1990), párrs. 1-3.
54. La realización progresiva implica que los Estados tienen una obligación de medios para
asegurar el desarrollo paulatino de sus obligaciones en la materia, conforme al máximo de
recursos disponibles que existan. Ello es un reconocimiento a las diferencias estructurales y
presupuestarias con que cuentan los diferentes países, como también a que deben dar pasos
para la concreción efectiva de los derechos económicos, sociales y culturales.
55. Por otra parte, de esa misma interpretación se desprende la existencia de “obligaciones
inmediatas”. Se les denomina de tal forma, pues no dependen de la existencia de recursos o
capacidad del Estado para el cumplimiento del derecho en cuestión. Así, ello implica en
términos generales: adoptar medidas, de forma que se utilice un enfoque programático para la
concreción de los derechos económicos, sociales y culturales; y la no discriminación, como
principio que debe regir en el ejercicio de las funciones del Estado al respecto.
56. En los siguientes extractos, se refleja la manera en que la CIDH y la REDESCA han venido
aplicando tales principios y obligaciones.
Informes temáticos
Recomendaciones
Está vedado al Estado adoptar políticas, medidas y sancionar normas jurídicas que, sin una
justificació n adecuada y convincente, empeoren la situació n de los derechos econó micos,
sociales y culturales de la població n. El Estado tiene el deber de rendir cuentas sobre có mo se
han movilizado, hasta el má ximo, los recursos disponibles para lograr progresivamente la
plena efectividad de eses derechos.
Políticas públicas con enfoque de derechos humanos. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 191 (15 de
septiembre de 2018)
118. La CIDH ha señ alado que la planeació n del gasto pú blico debe promover la igualdad en las
Amé ricas y que una adecuada política fiscal puede contribuir a la redistribució n de la riqueza
para la reducció n de las brechas de desigualdad, a las correcciones de las deficiencias del
mercado, a la inversió n necesaria para el cumplimiento de los derechos humanos, en particular
los derechos econó micos y sociales, y a la rendició n de cuentas entre el Estado y la ciudadanía.
119. Al respecto, la Comisió n entiende que, desde el enfoque de derechos humanos, resultan
particularmente relevantes para la política fiscal los siguientes principios y obligaciones:
aseguramiento de los niveles mínimos esenciales; movilizació n del má ximo de recursos
disponibles para la realizació n progresiva de los derechos econó micos, sociales, culturales y
ambientales; el cumplimiento del principio de progresividad y no regresividad; y la aplicació n
del principio de igualdad y no discriminació n.
Informe anual
III Informe Anual de la Relatoría Especial sobre Derechos Económicos, Sociales, Culturales y
Ambientales (REDESCA) Trabajando por la indivisibilidad, interdependencia y protección
efectivas de todos los derechos humanos para todas las personas en América “Hasta que la
dignidad se haga costumbre”. OEA/Ser.L/V/II. 24 de febrero de 2020.
60. La REDESCA sigue la línea del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales
(CDESC) de Naciones Unidas, en su Observación General No. 3, en cuanto a que las medidas
relacionadas con la aplicación de los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales,
también a la luz de la normativa interamericana están llamadas a lograr progresivamente la
plena efectividad de los derechos. De esta forma, la expresión “progresiva efectividad”
constituye un reconocimiento del hecho de que la plena efectividad de todos los derechos
económicos, sociales, culturales y ambientales en general no podrá lograrse en un breve
período de tiempo.
61. Asimismo, como lo tiene dicho la Corte Interamericana de Derechos Humanos, existen dos
tipos de obligaciones que derivan de los DESCA: aquellas de exigibilidad inmediata, como lo es
la de no discriminación, y aquellas de realización progresiva. Respecto a las segundas, el
desarrollo progresivo de los DESCA no podrá lograrse en un breve periodo de tiempo, pero
requiere la realización efectiva de acciones para la consecución del pleno goce de estos
derechos. En esta lógica, la Corte estableció que la obligación de realización progresiva de los
DESCA prohíbe la inactividad del Estado en su tarea de implementar acciones para la efectiva
protección de estos derechos, sobre todo en aquellas materias donde la ausencia total de
protección estatal coloca a las personas ante la inminencia de sufrir un daño a su vida o a su
integridad personal.
62. En tal sentido, estando los DESCA plasmados tanto en la Carta de la Organización de los
Estados Americanos, como en la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre, la
Convención Americana de Derechos Humanos y su Protocolo de San Salvador – entre otros
instrumentos normativos y tratados específicos de derechos humanos del sistema
interamericano – la característica de “progresividad” de los DESCA no debe de ningún modo
resultar excusa para considerar que los DESCA son derechos menos arraigados en la dignidad
humana o en los mismos instrumentos interamericanos que los derechos de tipo civil o político.
Muy al contrario, la universalidad, indivisibilidad, interdependencia e interrelación de todos
los derechos humanos aparecen cada vez más como elementos centrales al momento de
asegurar su efectiva protección, como también la preservación de la Democracia y el Estado de
Derecho en Estados que estén realmente comprometidos con el desarrollo de sus pueblos y,
por ende, con el cumplimiento de la Agenda 2030.
CAPÍTULO 3
DERECHOS ECONOMÍCOS, SOCÍALES,
CULTURALES Y AMBÍENTALES Y TEMAS
RELACÍONADOS EN LOS MECANÍSMOS
DE LA CÍDH
57. Esta sección tiene como finalidad ofrecer una sistematización representativa y especializada
sobre la aplicación de la Declaración Americana sobre los Derechos y Deberes del Hombre, la
Convención Americana sobre Derechos Humanos, su Protocolo Adicional en materia de
Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y la Carta de la Organización de los Estados
Americanos, en la interpretación de los derechos y garantías establecidas en dichos
instrumentos relacionadas con los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, y
en las funciones de los Estados tanto para su realización progresiva, como para su respeto y
garantía.
58. Para tal fin, se destacan distintos párrafos de documentos de la Comisión y de la REDESCA,
elaborados en el marco de los diversos mecanismos de la CIDH, en los que se identifica y
desarrolla el contenido de los diferentes derechos económicos, sociales, culturales y
ambientales, así como de dos temas especialmente relacionados con su vigencia en la región y
que son de especial preocupación para la Comisión y su Relatoría Especial, a saber: el tema de
la pobreza, desigualdad y pandemia; y el tema empresas y derechos humanos.
A. Derecho al agua
59. Si bien los instrumentos interamericanos no reconocen de forma explícita el derecho al agua,
el mismo estaría protegido por el artículo 26 del Pacto de San José de Costa Rica a la luz de las
disposiciones de la Carta de la OEA. Además, existe en el ámbito internacional un
reconocimiento implícito que el gozar de agua suficiente, salubre, aceptable, accesible y
asequible es necesario para la realización de diversos derechos humanos, incluyendo el
derecho a la alimentación, a la salud, a la integridad personal y a la vida.
Medidas Cautelares
Medidas Cautelares No. 51/15. Asunto niñas, niños y adolescentes de las comunidades de Uribía,
Manaure, Ríohacha y Maicao del Pueblo Wayúu, asentados en el departamento de la Guajira,
respecto de Colombia (11 de diciembre de 2015). Ampliación de beneficiarios a favor de las
mujeres gestantes y lactantes de la Comunidad Indígena Wayúu en los municipios de Manaure,
Riohacha y Uribía respecto de Colombia (26 de enero de 2017)
Medida Cautelar No. 772-17. Pobladores consumidores de agua del río Mezapa respecto de
Honduras (24 de febrero de 2018)
En la resolución por la que se adopta la medida cautelar se hace referencia al Informe Anual
2015. Capítulo ÍV A. “Acceso al agua en las Amé ricas. Una aproximació n al derecho humano al
agua en el Sistema Ínteramericano” de la CÍDH.
Medida Cautelar No. 708-19. Pobladores de las Zonas Aledañas al Río Santiago respecto de
México (15 de febrero de 2020)
En la resolución por la que se adopta la medida cautelar se hace referencia al Informe Anual
2015. Capítulo ÍV A. “Acceso al agua en las Amé ricas. Una aproximació n al derecho humano al
agua en el Sistema Ínteramericano” de la CÍDH.
Informes temáticos
56. Asimismo, la CIDH reafirma que es el Estado quien debe asegurar a las personas bajo su
custodia el acceso a, entre otros, los siguientes requisitos mínimos indispensables: agua
potable, instalaciones sanitarias adecuadas para la higiene personal, espacio, luz y ventilació n
apropiada, alimentos suficientes, y un colchó n y ropa de cama adecuados.
280. La CIDH observa, con base en la situació n reportada (supra III.C, III.D y III.E), que los
diversos impactos medioambientales en la Amazonía comprometen en gran medida el disfrute
de los derechos al agua y a la alimentació n de los pueblos indígenas. En diversos casos, la
contaminació n por mercurio, el uso de agro tó xicos o los derrames petroleros habrían
generado graves vulneraciones a estos derechos, dado que estas sustancias se transmiten
principalmente a partir del consumo de agua y animales contaminados, y reducen el acceso a
estos recursos. En ocasiones, la contaminació n de recursos hídricos llega a generar una crisis
alimentaria, dado que, para muchas comunidades amazó nicas, los peces son la base de su dieta
tradicional. Asimismo, la CIDH observa que, dado que las prá cticas alimentarias tienen estrecha
vinculació n con su cosmovisió n, determinadas medidas estatales de suministro de alimentos
no han cumplido con ser culturalmente adecuadas, tal como sería el caso del reparto de
productos industrializados. A ello se añ aden impactos vinculados a la deforestació n de los
bosques y la pé rdida de biodiversidad, sobre los que se han reportado afectaciones a prá cticas
tradicionales de caza y recolecció n.
281. Con respecto al derecho al agua, si bien en el Sistema Interamericano no existe una
normativa concreta en lo relativo a este derecho, la CIDH ha sostenido que el conjunto de sus
instrumentos reconoce una serie de derechos que guardan una estrecha vinculació n con el
acceso al agua y sus distintas dimensiones, como serían las condiciones de disponibilidad,
calidad y accesibilidad del agua sin discriminació n alguna. En concreto, ha considerado que si
bien la Declaració n Americana no reconoce de manera expresa el derecho al agua, establece el
derecho a la vida, a la integridad de la personal y el derecho de toda persona a que su salud sea
preservada por medidas sanitarias y sociales, relativas a la alimentació n, el vestido y la
vivienda. Igualmente, la Convenció n Americana consagra una serie de derechos humanos que
está n estrechamente vinculados con el acceso al agua y el saneamiento como condiciones
inherentes para la realizació n de aquellos, tales como el derecho a la vida e integridad personal.
Asimismo, debe tenerse en cuenta el artículo 26 del mismo intrumento el cual permite derivar
disposiciones con cará cter de derechos humanos de “las normas econó micas, sociales y sobre
educació n, ciencia y cultura, contenidas en la Carta de la Organizació n de Estados Americanos”
y el artículo XI de la Declaració n Americana antes referido. Su protecció n tambié n puede
derivarse de lo dispuesto en el artículo 11.1 del Protocolo Adicional a la Convención Americana
en materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en el cual se señala que “toda
persona tiene derecho a vivir en un medio ambiente sano y a contar con servicios públicos
básicos”. En la ú ltima dé cada, la jurisprudencia tanto de la CIDH como de la Corte
Interamericana, ha abordado una serie de cuestiones referidas al acceso al agua a travé s de la
interpretació n del contenido de una serie de derechos humanos establecidos en los
instrumentos interamericanos, para lo cual ha considerado los aportes del sistema universal e
informació n té cnica de una serie de organismos especializados.
282. En el Sistema Universal, la Observació n General No 15 del Comité DESC de las Naciones
Unidas ha definido el derecho al agua como “indispensable para vivir dignamente y es
condició n previa para la realizació n de otros derechos humanos”. Asimismo, se señ ala que es
un recurso vital con diversas finalidades y que está relacionado con distintos derechos: es
necesaria para producir alimentos (el derecho a una alimentació n adecuada); para asegurar la
higiene ambiental (el derecho a la salud); para procurarse medios de subsistencia (el derecho
a ganarse la vida mediante un trabajo); y para disfrutar de determinadas prá cticas culturales
(el derecho a participar en la vida cultural). Adicionalmente se señ ala que, en la asignació n de
agua, “debe concederse prioridad al derecho de utilizarla para fines personales y domé sticos.
Tambié n debe darse prioridad a los recursos hídricos necesarios para evitar el hambre y las
enfermedades”.
283. Asimismo, en relació n con el medio ambiente sano, recientemente la Corte IDH ha
sostenido en su Opinió n Consultiva 23 que, en el marco de la obligació n de respetar que se
deriva del artículo 1.1 de la CADH, el Estado debe abstenerse de “(i) cualquier prá ctica o
actividad que deniegue o restrinja el acceso, en condiciones de igualdad, a los requisitos para
una vida digna, como lo son, el agua y la alimentació n adecuada, entre otros, y de (ii)
contaminar ilícitamente el medio ambiente de forma que se afecte las condiciones que
permiten la vida digna de las personas, por ejemplo, mediante el depó sito de desechos de
empresas estatales en formas que afecten la calidad o el acceso al agua potable y/o a fuentes
de alimentació n”. Por su parte, en el marco de la obligació n de garantizar, el Estado debe
adoptar medidas para que se difunda informació n sobre el uso y protecció n del agua y de las
fuentes de alimentació n adecuada. Ademá s, en casos concretos donde las personas o grupos no
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 35
puedan acceder por sí mismos a agua y alimentació n adecuada, por razones que escapan a su
voluntad, el Estado debe garantizar un mínimo esencial de agua y alimentació n. Si el Estado no
posee recursos para cumplir con esta obligació n, debe “demostrar que ha hecho todos los
esfuerzos posibles por utilizar todos los recursos de que dispone con el fin de cumplir, con
cará cter prioritario, esas obligaciones mínimas”.
285. Como se indicó , en el caso concreto de los pueblos indígenas, los recursos hídricos poseen
una importancia singular debido a la especial relació n que tienen con la naturaleza y el medio
ambiente que los rodea. En primer lugar, se debe resaltar que las fuentes naturales de agua
podrían ser los ú nicos lugares donde estos colectivos pueden acceder a este elemento. En este
marco, los ríos y arroyos suelen ser utilizados por las comunidades indígenas no solo para la
pesca, higiene persona, lavado de ropa y vía de transporte, sino, sobre todo, como suministro
de agua potable.
286. Debido a la importancia de los ríos y las fuentes de agua, en el plano internacional se han
adoptado normas que buscan salvaguardar este componente esencial del territorio. En efecto,
el Convenio 169 de la OIT, instrumento que contempla que la protecció n del territorio requiere
darse de forma integral, lo cual abarca todo el há bitat de los pueblos, incluyendo los ríos y
fuentes de agua que está n dentro de dicho espacio. Del mismo modo, la Declaració n de la ONU
sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas reconoce que tales colectivos mantienen una
relació n espiritual con los territorios dentro de los cuales se incluyen las aguas y mares
costeros (artículo 25); y establece que el Estado tiene la obligació n de asegurar la conservació n
y protecció n de los pueblos indígenas, para lo cual es necesario que adopten medidas eficaces,
sobre todo en el caso de almacenamiento de materiales peligrosos, como sería el caso del
mercurio (artículo 29). Por su parte, la Declaració n Americana sobre los Derechos de los
Pueblos Indígenas reconoce el derecho a la protecció n del medio ambiente sano, y establece
que estos pueblos “tienen el derecho de ser protegidos contra la introducció n, abandono,
dispersió n, trá nsito, uso indiscriminado o depó sito de cualquier material peligroso que pueda
afectar negativamente a las comunidades, tierras, territorios y recursos indígenas” (artículo
19).
287. Por su parte, la CIDH, a travé s de su Informe sobre Pueblos indígenas, comunidades
afrodescendientes y recursos naturales: Protecció n de derechos humanos en el contexto de
actividades de extracció n, explotació n y desarrollo, hizo é nfasis en que las principales
afectaciones al acceso al agua en las Amé ricas se originan en los efectos negativos derivados de
la “implementació n de proyectos extractivos y del uso de agroquímicos en la Regió n, de la
contaminació n de las fuentes hídricas, de la falta de acceso al agua para personas y
comunidades viviendo en pobreza y pobreza extrema, especialmente en zonas rurales, y por
los cortes del servicio de provisió n de agua potable, todo lo cual genera impactos
desproporcionados en los derechos humanos de las personas, grupos y colectividades
histó ricamente discriminadas”.
o tribales, genera serias afectaciones en las formas propias de uso del agua de los pueblos
indígenas, al interrumpir el cauce natural de los ríos. Estas represas, a su vez, facilitan la
acumulació n desproporcionada de minerales cuando se realizan actividades de minería en
zonas aledañ as. Del mismo modo, la minería informal genera contaminació n de suelos y aguas.
A ello se suma la existencia de proyectos de diversa naturaleza que podrían destruir fuentes
esenciales de agua, como sería el caso de la construcció n del canal transoceá nico en Nicaragua,
el cual afectaría al lago Cocibolca, reservorio natural de agua dulce má s importante de
Centroamé rica, pese a la existencia de una opinió n científica que califica a la construcció n del
canal como “catastró fica”, dado que esta reserva natural de agua potable no puede ser
sustituida.
289. Cabe resaltar, que en el caso de los pueblos indígenas, tanto el derecho al agua como el
derecho a la alimentació n son derechos que tienen estrecha vinculació n con el disfrute de sus
derechos territoriales. Se ha comprobado que la falta de acceso a sus territorios ancestrales
expone a estos colectivos a condiciones de vida precarias o infrahumanas en materia de acceso
a alimentació n y agua, entre otros servicios bá sicos. Aquello trae como consecuencia la
elevació n de los índices de mortalidad y desnutrició n infantil, así como mayor vulnerabilidad
a enfermedades o epidemias. En esta misma línea, la Corte ÍDH ha sostenido que “las
afectaciones especiales del derecho a la salud, e íntimamente vinculadas con é l, las del derecho
a la alimentació n y el acceso a agua limpia impactan de manera aguda el derecho a una
existencia digna y las condiciones bá sicas para el ejercicio de otros derechos, como el derecho
a la educació n o el derecho a la identidad cultural”.
227. En cuanto a los derechos al agua potable y saneamiento, la CIDH y su REDESCA subrayan
la relevancia del artículo 26 de la Convención Americana y el artículo XI de la Declaración
Americana como base normativa central para su protección a nivel interamericano. También
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 37
deben ser tenidos en cuenta como fundamento jurídico de dichos derechos, según corresponda,
el contenido de otros derechos humanos recogidos de manera expresa en dichos instrumentos
que de manera interdependiente e indivisible se relacionan con su realización, tales como el
derecho a la vida o integridad personal.
229. Asimismo, destacan que, según lo dispuesto por la Convención Interamericana contra el
Racismo, la Discriminación Racial y Formas Conexas de Intolerancia es deber de los Estados
prevenir, eliminar, prohibir y sancionar la restricción o limitación al acceso o uso sostenible
del agua, recursos naturales y ecosistemas, basados en el origen étnico-racial y adoptar
legislación que defina y prohíba claramente la discriminación racial en el acceso a los servicios
públicos. La Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las
Personas Mayores también reconoce la obligación de los Estados de garantizar el acceso de la
persona mayor en condiciones de igualdad a servicios públicos básicos de agua potable y
saneamiento.
232. Teniendo en cuenta lo anterior, la CIDH reitera que los derechos al agua y el saneamiento
son elementos necesarios para garantizar otros derechos como la vida, la integridad personal
y la salud, en razón de ser considerados aspectos implícitos y condiciones inherentes a la
realización de dichos derechos. En esta oportunidad, la CIDH y su REDESCA consideran
medular subrayar que los derechos al agua y saneamiento se encuadran en la categoría de las
garantías esenciales para asegurar un nivel de vida adecuado, en particular porque es una de
las condiciones fundamentales para la supervivencia, la salud y una vida digna, entre la
realización de otros derechos. En particular, sobre el derecho humano al saneamiento llaman
la atención de que éste exige que los servicios estén disponibles y sean inocuos, aceptables,
accesibles y asequibles. Los Estados deben garantizar, sin discriminación, que todas las
personas tengan acceso, al saneamiento higiénico y seguro, y que garantice la dignidad.
233. En esa línea, es importante recordar que a la luz de la jurisprudencia interamericana una
de las obligaciones que ineludiblemente debe asumir el Estado con el fin de proteger y
garantizar el derecho a la vida, es la de generar las condiciones de vida mínimas compatibles
con la dignidad de la persona humana, y la de no producir condiciones que la dificulten o
impidan, como sería el caso de una situación que determine la falta o limitación de los derechos
al agua y al saneamiento. La Corte IDH y la Comisión también han hecho especial referencia a
las obligaciones estatales con respecto a las personas, colectividades y grupos en situación de
discriminación histórica, como pueden ser las personas y comunidades afrodescendientes,
indicando que la referida obligación de adoptar medidas concretas para garantizar el derecho
237. En virtud de lo anterior, la CIDH insta a los Estados a diseñar e implementar políticas de
acceso al agua potable y saneamiento focalizadas en las personas afrodescendientes;
procurando que se efectúen estrategias para garantizar su disponibilidad y gestión, tanto en
los contextos urbanos como rurales, de manera que esta población tenga accesibilidad y
asequibilidad al agua y saneamiento. Para tales efectos se debe tener en cuenta que existen
factores de interseccionalidad que pueden exacerbar los obstáculos para el goce y disfrute de
estos derechos tales como lo es el origen socioeconómico, el género, la edad, la discapacidad,
la condición de migrante y/o de desplazamiento forzado, la orientación sexual e identidad y/o
expresión de género, entre otros factores que agravan la situación de discriminación y
segregación histórica contra ese grupo étnico-racial.
238. En ese mismo sentido, la Comisión y su REDESCA subrayan que los Estados tienen la
obligación de prevenir afectaciones al derecho al agua y saneamiento por parte de actores
públicos como privados, y, en consecuencia, subrayan la importancia de dar debido
cumplimiento a las obligaciones estatales de regular, supervisar, investigar y dar acceso a
reparaciones cuando se comentan violaciones y abusos sobre estos derechos. La CIDH también
insta a los Estados a promover planes de regulación, protección a la calidad y optimización del
uso de este recurso en los territorios étnicos, respetando la autonomía y libre determinación
de sus comunidades y a que se protejan de manera particular los recursos hídricos en los
territorios de las comunidades afrodescendientes. Para cumplir estas obligaciones, los Estados
también deben diseñar políticas de prevención, mitigación y rendición de cuentas en casos de
contaminación al agua, sequías, desastres naturales que afecten el agua y saneamiento, efectos
del cambio climático sobre estos derechos o cualquier otro daño sustantivo sobre estos.
Informes anuales
8. La CIDH observa con preocupació n que la informació n disponible indica que la falta de agua
potable y de saneamiento es considerada la segunda causa principal de morbilidad y
mortalidad en niñ os y niñ as menores de 5 añ os en el hemisferio. Por ello, el acceso a agua de
calidad, es decir salubre y apta para el uso y consumo humano, es necesario para evitar la
muerte por deshidratació n, para reducir el riesgo de las enfermedades relacionadas con el agua
y para satisfacer las necesidades de consumo, cocina, higiene personal y domé stica.
31. En cuanto a la vinculació n del derecho a la vida con el acceso al agua, tanto la Comisió n
como la Corte Interamericana han considerado, junto a otros elementos, que el acceso al agua
potable y salubre es un requisito indispensable para el pleno disfrute del derecho a la vida
consagrado en el artículo 4 de la Convenció n Americana. En ese sentido, este derecho
comprende una doble perspectiva: no só lo el derecho de todo ser humano de no ser privado de
la vida arbitrariamente, sino tambié n el derecho a que se le garanticen las condiciones
necesarias para una existencia digna. En consideració n de esta doble perspectiva, los Estados
deben adoptar medidas para garantizar la satisfacció n de un nivel esencial de acceso al agua
en condiciones de cantidad y calidad para el consumo humano sin discriminació n alguna. Por
otra parte, deben abstenerse de incurrir en prá cticas o actividades que impidan o restrinjan el
acceso al agua potable en condiciones de igualdad, en particular con respecto a las personas,
grupos y colectividades histó ricamente discriminadas. Asimismo, deben impedir que terceros
menoscaben el acceso al agua, adoptando medidas internas, para prevenir por ejemplo, que
terceros denieguen el acceso al agua o contaminen los recursos hídricos, pozos y otros sistemas
de distribució n de agua.
32. En efecto, la Corte Interamericana se ha referido al concepto de vida digna, dentro de las
obligaciones que impone el referido artículo 4 de la Convenció n. Así, en el caso Villagrán
Morales y Otros vs. Guatemala, la Corte Interamericana estableció que “el derecho fundamental
a la vida comprende, no só lo el derecho de todo ser humano de no ser privado de la vida
arbitrariamente, sino tambié n el derecho a que no se le impida el acceso a las condiciones que
le garanticen una existencia digna”. Esta interpretació n fue retomada en los casos de las
comunidades indígenas Yakye Axa, Sawhoyamaxa y Xákmok Kásek, contra Paraguay, respecto
de las cuales, la Corte Interamericana consideró que el Estado no había tomado las medidas
necesarias para brindarles las condiciones esenciales para una vida digna, al no haber
garantizado la provisió n de agua, alimentació n, salud y educació n, entre otros.
33. En ese sentido, y tal y como se indicara anteriormente, es importante enfatizar que en el
sistema interamericano, una de las obligaciones que ineludiblemente debe asumir el Estado
con el fin de proteger y garantizar el derecho a la vida, es la de generar las condiciones de vida
mínimas compatibles con la dignidad de la persona humana, y la de no producir condiciones
que la dificulten o impidan, como sería el caso de una situació n que determine la imposibilidad
de acceso a agua salubre o apta para el consumo humano. Asimismo, en la misma
jurisprudencia, la Corte hizo especial referencia a las obligaciones estatales con respecto a las
personas, colectividades y grupos en situació n de discriminació n histó rica indicando que la
referida obligació n de adoptar medidas concretas para garantizar el derecho a una vida digna,
se refuerza cuando se trata de personas en situació n de discriminació n histó rica y riesgo, cuya
atenció n se vuelve prioritaria. En relació n a la especial consideració n que merecen las personas
adultas mayores, es importante señ alar que la Corte ha indicado que el Estado debe adoptar
medidas destinadas a mantener su funcionalidad y autonomía, garantizando el derecho a una
alimentació n adecuada, acceso a agua limpia y a atenció n de salud.
40. Corresponde hacer una menció n especial respecto al derecho a la propiedad y el acceso al
agua en relació n a los pueblos indígenas. En palabras de la Corte, la estrecha vinculació n de los
pueblos indígenas sobre sus territorios tradicionales y los recursos naturales ligados a su
cultura que ahí se encuentren, así como los elementos incorporales que se desprendan de ellos,
deben ser salvaguardados por el artículo 21 de la Convenció n Americana.
41. En consecuencia, el acceso de los pueblos indígenas a sus tierras ancestrales y al uso y
disfrute de los recursos naturales que en ellas se encuentran está directamente vinculado con
la obtenció n de alimentos y el acceso a agua limpia. En efecto, de acuerdo con la jurisprudencia
de la Corte, los integrantes de los pueblos indígenas y tribales tienen el derecho de ser titulares
de los recursos naturales que han usado tradicionalmente dentro de su territorio por las
mismas razones por las cuales tienen el derecho de ser titulares de la tierra que han usado y
ocupado tradicionalmente durante siglos, sin ellos, la supervivencia econó mica, social y
cultural de dichos pueblos está en riesgo. De allí la necesidad de proteger las tierras y los
recursos que han usado tradicionalmente para sostener sus formas de vida.
42. En forma conexa, la CIDH ha indicado que los derechos culturales de un pueblo indígena o
tribal pueden abarcar actividades relacionadas con los recursos naturales, tales como la pesca
o la caza. La CIDH tambié n ha notado que entre las comunidades indígenas, la vida de sus
miembros “depende fundamentalmente” de las actividades de subsistencia –agricultura, caza,
pesca, recolecció n- que realizan en sus territorios, y que por lo tanto, “la relació n que la
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 41
comunidad mantiene con sus tierras y recursos se encuentra protegida bajo otros derechos
contemplados en la Convenció n Americana, tales como el derecho a la vida, la honra y la
dignidad, la libertad de conciencia y de religió n, la libertad de asociació n, la protecció n a la
familia, y el derecho de circulació n y residencia”. La preservació n de la conexió n particular
entre los pueblos indígenas y tribales y los recursos naturales que han usado tradicionalmente
y se vinculan a su cultura “es fundamental para la realizació n efectiva de los derechos humanos
de los pueblos indígenas en té rminos má s generales y, por tanto, amerita medidas especiales
de protecció n”.
46. Es importante destacar que la CIDH ha estimado que la ausencia de suministro de agua
potable constituye una falta grave del Estado a sus deberes de garantía hacia las personas que
se encuentran bajo su custodia. En ese sentido, en el “Ínforme sobre los Derechos Humanos de
las Personas Privadas de libertad en las Amé ricas” ha tomado en cuenta los criterios té cnicos
de la Cruz Roja Internacional. En dicho informe, la CIDH ha indicado que la cantidad mínima
puede aumentar de acuerdo con ciertas condiciones, como por ejemplo el clima y la cantidad
de ejercicio físico que hagan los internos. Por su parte, la Comisió n consideró que el mínimo
requerido por persona para cubrir todas las necesidades es de 10 a 15 litros de agua al día,
siempre que las instalaciones sanitarias esté n funcionando adecuadamente.
47. Asimismo, la Comisió n consideró las “Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos
de Naciones Unidas”, que establecen en su artículo 12 que “las instalaciones sanitarias deberá n
ser adecuadas para que el recluso pueda satisfacer sus necesidades naturales en el momento
oportuno, en forma aseada y decente” para el aná lisis de los mé ritos del caso Paul Lallion vs.
Grenada. En el referido asunto, el peticionario indicó que se le habría entregado un balde que
debía usar para sus necesidades y que só lo se le permitía verter el contenido del mismo una
vez al día. Una vez utilizado, se veía obligado a soportar el olor y las condiciones antihigié nicas
hasta que se le permitía vaciarlo. La Comisió n concluyó que las condiciones de detenció n,
incluyendo la falta de instalaciones de saneamiento adecuado al que fue sometido el Sr. Lallion
no respetaron su integridad física, mental y moral, como lo requiere el artículo 5.1 de la
Convenció n.
50. Por otra parte, la jurisprudencia del sistema interamericano ha valorado, entre otros
elementos, que la satisfacció n del derecho a la integridad personal, en conjunció n con el
derecho a la salud se encuentran directa e inmediatamente vinculados al acceso al agua potable
y salubre o apta para el consumo humano. La CIDH ha establecido que el derecho a la integridad
personal es un concepto de gran amplitud. Por su parte, la Corte Interamericana ha
desarrollado en su jurisprudencia el vínculo entre el derecho a la integridad personal y el
derecho a la salud. En efecto, la Corte ha interpretado en reiteradas oportunidades que el
artículo 5.1 de la Convenció n se encuentra “directa e inmediatamente vinculado con la salud
humana”. Esta intrínseca relació n constituye una manifestació n de la interdependencia e
indivisibilidad existente entre los derechos civiles y políticos y los econó micos, sociales y
culturales. En palabras de la Corte, ambos grupos de derechos deben ser “entendidos
integralmente como derechos humanos, sin jerarquía entre sí y exigibles en todos los casos
ante aquellas autoridades que resulten competentes para ello. Al respecto, tambié n resulta
pertinente reiterar que la CIDH considera para lograr la plena efectividad del derecho a la
integridad personal, “los Estados tienen la obligació n jurídica de adoptar medidas deliberadas,
concretas y encaminadas a la realizació n del derecho a la salud para todos”, lo cual implica
entre otros, adoptar medidas para garantizar el acceso al agua apta para el consumo humano.
51. Es de indicar que la Corte Interamericana estableció tres obligaciones principales derivadas
del deber de garantía del derecho a la integridad personal en relació n con el derecho a la salud
que guardan relació n, entre otras condiciones, con los deberes de provisió n y acceso al agua
potable y salubre para la satisfacció n de dichos derechos. Dichas obligaciones son las de
regulació n, supervisió n y fiscalizació n. Estas obligaciones se aplican tanto a la provisió n directa
de servicios por parte del Estado como a la provisió n de servicios por parte de entidades
privadas.
55. Es importante destacar que los derechos a los que se refiere el artículo 26 de la Convenció n
Americana son aquellos que se derivan de las normas econó micas, sociales y sobre educació n,
ciencia y cultura contenidas en la Carta de la OEA, y que ademá s la jurisprudencia de la Corte
Interamericana y de la CIDH ya ha identificado los derechos a la seguridad social, a la salud y
los derechos laborales como derechos econó micos, sociales y culturales que se derivan de la
Carta de la OEA. No obstante, lo cual, se debe precisar que la doctrina indica que otros derechos
que pueden derivarse de la Carta de la OEA son el derecho a la educació n, el derecho a la
alimentació n, el derecho a la vivienda y los derechos culturales, entre otros.
57. Al respecto, es importante destacar que la CIDH en su jurisprudencia señ aló que la
naturaleza de las obligaciones derivadas del artículo 26 de la Convenció n Americana supone
que la plena efectividad de los derechos consagrados en dicha norma debe lograrse de manera
progresiva y en atenció n a los recursos disponibles. Ello implica un correlativo deber de no
retroceder en los logros avanzados en dicha materia. Tal es la obligació n de no regresividad
desarrollada por otros organismos internacionales y entendida por la CIDH como un deber
estatal justiciable mediante el mecanismo de peticiones individuales consagrado en la
Convenció n.
extenso de dichos derechos econó micos, sociales y culturales, entre los que se destacan por su
vinculació n con el acceso al agua, el derecho de toda persona a la salud, y el derecho a vivir en
un medioambiente sano y a contar con servicios bá sicos.
65. Es en este contexto, que la jurisprudencia del sistema ha considerado que la satisfacció n
del derecho a la integridad personal y el derecho a la salud se encuentran directa e
inmediatamente vinculados al acceso al agua potable y salubre. Por ejemplo, en el Informe
sobre la situació n de Derechos Humanos en Venezuela de 2009, la Comisió n enfatizó que “un
derecho estrechamente vinculado con el derecho a la salud es el derecho al agua”. Tambié n en
su informe “Lineamientos para la Elaboració n de Indicadores de Progreso en Materia de
Derechos Econó micos, Sociales y Culturales”, la CÍDH estableció como uno de los indicadores
de resultado para medir la satisfacció n del derecho a la salud, al porcentaje de la població n con
acceso al agua potable. Es igualmente pertinente citar que su informe sobre la situació n de
derechos humanos en Guatemala del añ o 2001, la CIDH indicó que la salud y las enfermedades
son procesos de determinació n intersectorial donde los factores de mayor importancia causal
son de orden social, econó mico, ambiental y de estilo de vida, ademá s de bioló gicos; y que por
ello el agua potable, los drenajes, la eliminació n de basuras y el acceso a la electricidad son
esenciales para prevenir enfermedades y mejorar la salud de la població n. En dicha
oportunidad, la Comisió n recomendó al Estado proporcionar recursos adicionales para la
creació n de infraestructura bá sica, de manera que todas las comunidades tengan acceso, como
mínimo, a agua potable e instalaciones de saneamiento suficientes para la protecció n de la
salud [...].
66. Por su parte, la Comisió n tambié n ha considerado el vínculo entre la subsistencia del ser
humano y la preservació n de un medio ambiente sano. En efecto, la CIDH observa que la
degradació n del medio ambiente puede afectar negativamente el acceso al agua y el disfrute de
varios derechos humanos, entre ellos, los derechos a la vida, a la salud, a la alimentació n.
Concretamente, en relació n al vínculo entre el acceso al agua apta para el consumo humano y
el medio ambiente, corresponde indicar que el Comité DESC ha señ alado que a fin de asegurar
el derecho a la salud es necesario “velar por el suministro adecuado de agua potable y salubre
y la creació n de condiciones sanitarias bá sicas [y] la prevenció n y reducció n de la exposició n
de la població n a sustancias nocivas tales como radiaciones y sustancias químicas u otros
factores ambientales perjudiciales que pudieran afectar directa o indirectamente la salud".
Para tal fin, los Estados deben adoptar medidas para combatir los riesgos para la salud
relacionados con el medio ambiente, entre otros, formulando y aplicando políticas "con miras
a reducir y suprimir la contaminació n del aire, el agua y el suelo, incluida la contaminació n
causada por metales pesados [...]”.
68. En relació n al deber de proteger los derechos humanos a travé s del acceso al agua,
corresponde indicar que de acuerdo a la jurisprudencia del sistema interamericano, el Estado
tiene el deber de adoptar medidas de prevenció n de conformidad al conocimiento que tenga o
debiera tener de una situació n de riesgo real e inmediato para un individuo o grupo de
individuos determinado y a las posibilidades razonables de prevenir o evitar ese riesgo. La falta
de adopció n de medidas de protecció n en tal sentido, no obstante, el pleno conocimiento de la
gravedad de la situació n por parte del Estado, ha sido entendida como una fuente de
responsabilidad internacional frente a las afectaciones al derecho a la vida y a la integridad
personal derivadas de dichas condiciones.
75. En suma, la Comisió n Interamericana resalta que las obligaciones internacionales respecto
al principio de no discriminació n e igualdad ante la ley en materia de acceso al agua constituyen
obligaciones de cumplimiento inmediato que deben de ser consideradas por los Estados al
momento de adoptar las medidas pertinentes para garantizar el acceso al agua apta para el
consumo humano, en particular con respecto a las personas y grupos histó ricamente
discriminados.
76. Segú n jurisprudencia consolidada del sistema interamericano, con base en las obligaciones
contenidas en los artículos 8 y 25 de la Convenció n Americana, “[...] toda persona tiene el
derecho a un recurso sencillo y rá pido o a cualquier recurso efectivo ante los jueces o tribunales
competentes que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales, lo cual
constituye uno de los pilares bá sicos, no só lo de la Convenció n Americana, sino del propio
Estado de Derecho en una sociedad democrá tica en el sentido de la Convenció n”. En este
sentido, corresponde indicar que, en lo que respecta al acceso a la justicia, y en particular a
violaciones relacionadas con el acceso al agua, los Estados tienen obligaciones tanto negativas
-de no impedir el acceso a los recursos judiciales y de otra índole que resulten idó neos y
efectivos para reclamar por la vulneració n de los derechos humanos- y fundamentalmente
positivas, como la obligació n de organizar el aparato institucional de modo que todos los
individuos puedan acceder a esos recursos. A tal efecto, los Estados deben remover los
obstá culos normativos, sociales o econó micos que impiden o limitan la posibilidad de acceso a
la justicia.
149. De la normativa y los está ndares del sistema interamericano de protecció n de derechos
humanos, es posible afirmar que, en té rminos generales, existe la obligació n de los Estados de
garantizar el acceso al agua salubre y en cantidad suficiente como una condició n ineludible
para la satisfacció n de otros derechos humanos, como lo son el derecho a la vida, a la integridad
personal, a la salud, y con respecto a los pueblos indígenas, el derecho a la propiedad. Se
reafirma la intrínseca dependencia del respeto y garantía de dichos derechos con el acceso al
agua en calidad y cantidad suficiente en el sistema interamericano.
150. En ese sentido, si bien es posible afirmar que aun cuando el derecho al agua no se
encuentra reconocido como un derecho autó nomo, el sistema interamericano ha avanzado
decididamente en la protecció n del acceso al agua como una garantía ineludible para la
satisfacció n de otros derechos. Por su parte, la CIDH tambié n ha tomado nota del desarrollo y
reconocimiento del derecho humano al acceso al agua en el á mbito Universal y que los Estados
de la Regió n han avanzado en importantes reconocimientos normativos y en la adopció n de
medidas para garantizar el acceso al agua en el hemisferio.
151. La Comisió n tambié n ha reseñ ado las principales problemá ticas y obstá culos que
dificultan o impiden el acceso al agua en las Amé ricas que se han presentado a travé s de sus
distintas herramientas de trabajo, sin pretender un aná lisis exhaustivo. En particular, se ha
efectuado referencia a la informació n referida a los impactos negativos en el acceso al agua
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 45
producidos por las actividades de las industrias extractivas y otros proyectos de desarrollo, así
como en relació n a la contaminació n de fuentes hídricas, los actos de hostigamiento a
defensores y defensoras de derechos humanos y ambientales, la falta de acceso al agua potable
que afecta desproporcionadamente a las personas y grupos viviendo en situació n de pobreza
y en á reas rurales, y los cortes de suministro de agua potable que afectan en particular a
personas viviendo en situació n de pobreza y pobreza extrema.
Resoluciones
Resolución No. 1/2020: Pandemia y derechos humanos en las Américas (10 de abril de 2020)
Considerando que, si bien existen impactos sobre todos los derechos humanos frente a los
diversos contextos ocasionados por la pandemia, especialmente en relación al derecho a la
vida, la salud e integridad personal, se ven seriamente afectados el derecho al trabajo, a la
seguridad social, a la educación, a la alimentación, al agua y a la vivienda, entre otros DESCA.
4. Garantizar que las medidas adoptadas para enfrentar las pandemias y sus consecuencias
incorporen de manera prioritaria el contenido del derecho humano a la salud y sus
determinantes básicos y sociales, los cuales se relacionan con el contenido de otros derechos
humanos, como la vida e integridad personal y de otros DESCA, tales como acceso a agua
potable, acceso a alimentación nutritiva, acceso a medios de limpieza, vivienda adecuada,
cooperación comunitaria, soporte en salud mental, e integración de servicios públicos de salud;
así como respuestas para la prevención y atención de las violencias, asegurando efectiva
protección social, incluyendo, entre otros, el otorgamiento de subsidios, rentas básicas u otras
medidas de apoyo económico.
Resolución No. 4/2020: Derechos humanos de las personas con COVID-19 (27 de julio de 2020)
OBSERVANDO que las personas con COVID-19 pueden experimentar impactos negativos y
limitaciones de otros DESCA además de la salud, como el derecho al trabajo o a la educación.
Por otro lado, la falta de acceso a determinados DESCA, particularmente el acceso al agua, a la
alimentación y a la vivienda adecuada aumenta el riesgo de contagio para las poblaciones en
mayor situación de vulnerabilidad.
[Link] Estados deben dirigir esfuerzos para la más amplia cobertura posible a nivel geográfico,
tomando en cuenta las particularidades de cada zona. En cuanto a las personas con COVID19
con riesgo a la vida y amenazas serias a su salud que viven en zonas rurales o lugares alejados,
y con mayores obstáculos de acceso a servicios especializados, como pueblos indígenas y
comunidades afrodescendientes tribales, deben generarse acciones específicas para
identificarlas y construir estrategias de asistencia en transporte, alojamiento y acceso esencial
al agua y a la alimentación.
pagos de renta o hipotecas, o cualquier alivio para que las personas con COVID19 puedan
cumplir con las disposiciones sanitarias que correspondan.
Comunicados de Prensa
REDESCA de la CIDH insta a priorizar acciones dirigidas a la realización de los derechos al agua
y saneamiento en el hemisferio. CP No. 059/18 (23 de marzo de 2018)
En el día internacional del agua, conmemorado cada 22 de marzo, la Relatoría Especial sobre
Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (REDESCA) de la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) llama a los Estados Miembros de la OEA a
redoblar esfuerzos para garantizar el disfrute de los derechos al agua y saneamiento en el
continente, en particular fortaleciendo su reconocimiento como derechos humanos en sus
marcos normativos nacionales; estableciendo estrategias participativas, presupuestos
adecuados y objetivos claros y medibles que permitan la realización plena de todos sus
componentes y contenidos. Insta igualmente a establecer políticas de prevención y parámetros
de debida diligencia para disminuir riesgos y evitar violaciones relacionadas con los derechos
al agua y saneamiento; y a asegurar la existencia de procedimientos y de recursos jurídicos
efectivos que permitan la reparación a víctimas como la rendición de cuentas de actores
estatales y no estatales.
[…] La CÍDH ha indicado que el acceso al agua constituye un elemento necesario para garantizar
el derecho a la vida, el derecho a la integridad personal y que es aspecto inherente al derecho
a la salud. En ese marco, la REDESCA también enfatiza el amplio reconocimiento sobre su
relación estrecha y fundamental con otros derechos humanos, en particular, alimentación,
vivienda, educación y medio ambiente sano, lo que lo sitúa como elemento determinante y
condición previa del respeto y garantía de aquellos. Precisamente, es que ante tales
circunstancias la Relatoría Especial ha priorizado el abordaje de los derechos al agua y
saneamiento en su agenda de trabajo a partir de su íntima relación con los derechos a la
alimentación, salud y condiciones de vida digna.
En ese marco, la REDESCA insta a los Estados a priorizar el cumplimiento efectivo de sus
obligaciones relacionadas a los derechos al agua y saneamiento y que los demás actores
relacionados, directa o indirectamente, con su realización consideren, en lo que proceda, los
efectos que de estas se pueden desprender sobre sus conductas. También subraya que, aunque
pueden existir dificultades y desafíos al momento de determinar la existencia de violaciones
sobre los derechos al agua y saneamiento, por ejemplo respecto a la disposición de recursos
B. Derecho a la alimentación
63. Alcanzado también por la protección que brinda el artículo 26 de la Convención Americana,
este derecho ha sido sujeto de monitoreo y protección a través de diversos mecanismos de la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Medidas cautelares
Medidas Cautelares No. 51/15, Asunto niñas, niños y adolescentes de las comunidades de Uribía,
Manaure, Ríohacha y Maicao del Pueblo Wayúu, asentados en el departamento de la Guajira,
respecto de Colombia (11 de diciembre de 2015). Ampliación de beneficiarios a favor de las
mujeres gestantes y lactantes de la Comunidad Indígena Wayúu en los municipios de Manaure,
Riohacha y Uribía respecto de Colombia (26 de enero de 2017)
la vida e integridad de niños y niñas que padecen desnutrición, y con la finalidad de prevenir
casos futuros.
Informes temáticos
Derechos humanos de las personas privadas de libertad en las Américas. OEA/Ser.L/V/II. Doc.
64 (31 de diciembre de 2011)
480. Asimismo, algunos Estados han optado por contratar empresas privadas para que é stas
suministren la comida a los centros penitenciarios, lo que se conoce tambié n como servicios de
catering. A pesar de que esta iniciativa en principio puede parecer ventajosa, la CIDH ha
observado que aun en Estados que la han implementado persisten las deficiencias, tanto en la
calidad y cantidad de los alimentos entregados, como en su distribución a la población reclusa.
A este respecto, la CIDH reitera que aun cuando la alimentació n de las personas privadas de
libertad sea concesionada en un tercero, “el Estado sigue siendo responsable de la supervisió n
y control de calidad de los productos entregados por las empresas de catering, y de que tales
productos efectivamente lleguen. La CIDH considera ademá s, que los Estados deben asegurar
la plena vigencia de los principios bá sicos de libre concurrencia, igualdad entre los
contratantes, publicidad y transparencia en estos procesos de contratació n pú blica.
Justicia juvenil y derechos humanos en las Américas. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 78 (13 de julio de
2011)
469. Considerando que los niñ os son todavía sujetos en desarrollo, el derecho a la alimentació n
adecuada y suficiente adquiere una relevancia fundamental y los Estados que tienen bajo su
custodia a niñ os que han infringido las leyes penales está n en la obligació n de garantizar este
derecho.
470. Con respecto al derecho a la alimentació n adecuada y suficiente de las personas privadas
de libertad, la regla 20 de las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos de Naciones
Unidas dispone que:
[...] todo recluso recibirá de la administració n [...] una alimentació n de buena calidad, bien
preparada y servida, cuyo valor nutritivo sea suficiente para el mantenimiento de su salud
y de sus fuerzas.
Todos los centros de detenció n deben garantizar que todo menor disponga de una
alimentació n adecuadamente preparada y servida a las horas acostumbradas, en calidad y
cantidad que satisfagan las normas de la dieté tica, la higiene y la salud y, en la medida de lo
posible, las exigencias religiosas y culturales. Todo menor deberá disponer en todo
momento de agua limpia y potable.
473. La Comisió n insta a los Estados a garantizar que los niñ os privados de libertad reciban
una dieta nutritiva que tenga en cuenta su edad, salud, condició n física, religió n y cultura. Los
alimentos deben ademá s ser preparados y servidos de forma higiénica por lo menos en tres
comidas al día, con intervalos razonables entre ellas.
625. La Comisió n ha expresado que en atenció n a que los niñ os son todavía sujetos en
desarrollo, el derecho a la alimentació n adecuada y suficiente adquiere una relevancia
fundamental y los Estados tienen la obligació n de garantizar este derecho a travé s de una
regulació n y supervisió n adecuada del mismo en el contexto de los centros de acogimiento y
de las instituciones residenciales. En el caso de los niñ os muy pequeñ os, la importancia de una
alimentació n adaptada a su edad es crucial para asegurar su salud y desarrollo; una
alimentació n inadecuada o insuficiente puede comprometer incluso la vida del niñ o o acarrear
graves dañ os irreversibles en su salud y su condició n.
627. Asimismo, la temá tica del derecho a la alimentació n ha sido abordado por la Comisió n
tanto en té rminos generales, como en relació n a determinados Estados o grupos en forma
específica, como es el caso de los niñ os pertenecientes a pueblos indígenas. Tambié n la Corte
se ha pronunciado en relació n a la importancia del derecho a la alimentació n refirié ndose a la
cantidad, variedad y calidad de los alimentos como condició n para asegurar que los niñ os y las
niñ as tengan las condiciones mínimas para una vida digna.
628. Por su parte, la Convenció n sobre los Derechos del Niñ o en su artículo 24 establece que
los Estados Parte deberá n garantizar que todos los niñ os tengan acceso al má s alto nivel posible
de salud por medio, entre otros, de una nutrició n adecuada. Por su parte el Comité de los
Derechos del Niñ o ha expresado que “[l]a malnutrició n y la enfermedad tienen repercusiones
a largo plazo en la salud y el desarrollo físicos del niñ o. Afectan al estado mental del niñ o,
inhiben el aprendizaje y la participació n social y reducen sus perspectivas de realizar todo su
potencial. Lo mismo puede decirse de la obesidad y los estilos de vida poco saludables”.
[l]os acogedores deberían velar por que los niñ os que tienen a su cargo reciban una
alimentació n sana y nutritiva en cantidad suficiente segú n los há bitos alimentarios locales
y las normas alimentarias correspondientes y de acuerdo con las creencias religiosas del
niñ o. Cuando sea necesario se aportará n tambié n los suplementos nutricionales apropiados.
630. Segú n la informació n recabada en el marco de la elaboració n del presente informe, los
Estados enfrentan dificultades para garantizar este derecho en el marco del funcionamiento de
las instituciones residenciales de acogida. Una primera dificultad se relaciona con la ausencia
de informació n de las autoridades en relació n a las condiciones en las cuales se presta el
cuidado en las instituciones, incluido el cuidado nutricional, especialmente en el caso de las
instituciones privadas. Es así, que el Comité de los Derechos del Niñ o, ha expresado su
preocupació n por la ausencia de informació n sobre el funcionamiento en general de las
instituciones, respecto de varios de los Estados de la regió n. Otra de las dificultades detectadas
tiene que ver con la ausencia de está ndares té cnicos en relació n al derecho a la alimentació n,
por ejemplo, en relació n a la existencia de nutricionistas en las instituciones.
631. La Comisión considera importante reafirmar que los niñ os, niñ as y adolescentes que se
encuentran en las instituciones tienen derecho a recibir con la regularidad adecuada a su edad
alimentos nutritivos suficientes, adecuadamente preparados, servidos en forma higié nica,
teniendo en cuenta sus requerimientos alimentarios, religión y cultura, así como sus
necesidades y deseos; además de recibir agua potable salubre idónea para ser consumida, en
cantidad suficiente.
135. Con respecto a la religió n y los derechos de las personas privadas de libertad, los
Principios de la CIDH establecen que los detenidos tendrá n derecho a “participar en actividades
religiosas y espirituales, y ejercer sus prá cticas tradicionales”. Adicionalmente, establecen que
los detenidos tendrá n derecho a recibir una alimentació n que “tome en consideració n las
cuestiones culturales y religiosas de dichas personas”.
288. Un componente del derecho a la alimentación sumamente relevante para los pueblos
indígenas es el acceso a fuentes de alimentació n en base a sus propias actividades de
subsistencia, tales como la caza, pesca, agricultura, entre otras. Las restricciones a las
actividades de subsistencia de los pueblos indígenas son comú nmente consustanciales a la
implementació n de proyectos de distinta índole, tiene un impacto en el derecho a la
alimentació n de tales pueblos y puede colocar en riesgo su existencia misma de no encontrar
nuevas alternativas de subsistencia. La implementació n de proyectos afecta tambié n la
producció n de comestibles, aumentando así los costos de vida en el país y amenazando la
soberanía y seguridad alimentaria de las comunidades afectadas.
Las mujeres indígenas y sus derechos humanos en las Américas. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 44/17
(17 de abril de 2017)
207. En comparació n con el resto de la població n, a los pueblos indígenas les resulta má s difícil
tener acceso a alimentos adecuados y agua potable, debido a la situació n de pobreza en la cual
suelen vivir y a la indiferencia histó rica a su derecho a controlar sus tierras y recursos
naturales, entre otros factores. Como señ aló la Corte Interamericana en la sentencia del caso
de la Comunidad indígena Yakye Axa contra Paraguay, el acceso a sus tierras ancestrales y el
uso de los recursos naturales está n estrechamente vinculados al derecho a la alimentació n y al
agua limpia. Por consiguiente, cuando se ven privados de suficientes alimentos y agua, su
situació n de vulnerabilidad se exacerba considerablemente.
209. La discriminació n contra los pueblos indígenas y las mujeres indígenas se refleja en la falta
de derechos laborales y en el nivel de pobreza, pero tambié n es un obstá culo importante para
el goce del derecho a la alimentació n.
188. La Corte IDH también ha establecido que la privación de tierras y falta de acceso a recursos
naturales sobre pueblos indígenas y otros grupos étnicos, puede generar obstáculos directos
en la obtención de sus alimentos y bienes necesarios para su subsistencia y que el derecho a la
alimentación no debe ser entendido de forma restrictiva sólo como la protección para la mera
subsistencia física, sino además tiene dimensiones culturales de importancia para tales grupos.
Ese Tribunal considera que no cualquier alimentación satisface el derecho respectivo, sino que
la misma debe ser aceptable para una cultura determinada, lo que lleva a tener en cuenta
valores no relacionados con la nutrición. La alimentación, a su vez, es indispensable para el
goce de otros derechos, y su carácter “adecuado” puede depender de factores ambientales y
culturales. La CIDH llega a la misma conclusión ante contextos de pueblos afrodescendientes
tribales, ya que los desafíos que enfrentan estas comunidades en el acceso al territorio afectaría
sus medios de vida y actividades tradicionales como pesca, caza o recolección inciden
directamente en el derecho a la alimentación.
189. La Comisión y su REDESCA también han subrayado que las personas afrodescendientes
pueden ver limitado su derecho a la alimentación en el contexto de actividades empresariales
que pueden ser lesivas a este derecho tales como en contextos de acaparamiento y
concentración de tierras, la deforestación y el cambio de uso de suelo, incluyendo obstáculos
al acceso a semillas y fuentes de alimentos tradicionales o impedir la producción para su
alimentación básica por la falta de protección a la diversidad genética de sus cultivos o el menor
tamaño y calidad de sus tierras. También han señalado los posibles riesgos que se pueden dar
en la aplicación de tratados internacionales de inversión o comercio sobre el derecho a la
alimentación de los sectores más vulnerables si el Estado no asegura la inclusión de sus
compromisos internacionales en materia de derechos humanos en dicho ámbito.
193. Por lo tanto, la Comisión y su REDESCA subrayan que la población afrodescendiente debe
estar incluida de forma diferenciada y explícita en los programas y políticas públicas
194. En esa misma línea, se hace necesario incluir la intersección entre origen étnicoracial,
género y pobreza, a fin de promover planes y proyectos para la erradicación de la desnutrición
infantil en la población afrodescendiente. Igualmente, para mitigar los efectos
desproporcionados que la pobreza estructural pueda afectar en la alimentación, salud e
integridad a este grupo poblacional; en especial a mujeres, niñas, niños y adolescentes,
personas con discapacidad, comunidades rurales, personas en situación de calle, migrantes y
personas en condición de desplazamiento forzado.
Informes de país
La situación de los derechos humanos en Cuba, séptimo informe. OEA/Ser.L/V/II.61 Doc. 29 rev.
1 (4 de octubre de 1983)
2. El consumo de alimentos que proporcione una nutrición adecuada es una necesidad humana
básica y claramente definida, sin la cual los seres humanos no pueden crecer y desarrollarse
física, emocional e intelectualmente. Una nutrición adecuada es esencial para el desarrollo
psicomotor infantil y es también necesaria para promover y mejorar el funcionamiento físico
mental desde el nacimiento hasta la muerte. La malnutrición, por otra parte, aumenta la
susceptibilidad a las enfermedades infecciosas, disminuye la productividad en cualquier tipo
de actividad o laboral y limita en general el desarrollo del potencial humano.
430. En atenció n a la situació n referida, la Comisió n considera pertinente recordar que, para
garantizar este derecho, debe existir: (i) disponibilidad de los alimentos en cantidad y calidad
suficiente; y (ii) accesibilidad de los mismos en formas que sean sostenibles y no dificulten el
ejercicio de otros derechos.
Graves violaciones a los derechos humanos en el marco de las protestas sociales en Nicaragua.
OEA/Ser.L/V/II. Doc. 86 (21 de junio de 2018)
172. […] La CIDH subraya que la disponibilidad y el acceso a alimentos en cantidad y calidad
suficientes son elementos esenciales del contenido del derecho a la alimentació n. Tambié n
toma nota de que ante situaciones de emergencia o desastres no solo suele existir reducció n al
acceso a alimentos, sino que se puede debilitar y desestabilizar las estructuras de gobernanza,
los mercados de alimentos y los medios de subsistencia. Ante este contexto, la Comisió n señ ala
la importancia de que el Estado vigile y asegure el respeto y garantía de este derecho, en
particular respecto de la població n en mayor situació n de vulnerabilidad como niñ os, niñ as y
adolescentes, personas que viven en situació n de pobreza, personas adultas mayores, personas
que viven con VIH, personas enfermas, personas con discapacidad, entre otros.
Situación de derechos humanos en Honduras. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 146 (27 de agosto de 2019)
136. En ese marco, la CIDH subraya que el Comité de Derechos Econó micos Sociales y
Culturales de las Naciones Unidas ha indicado que el derecho a la alimentació n se hace efectivo
cuando las personas tienen acceso físico y econó mico a una alimentació n adecuada o a medios
para obtenerla en todo momento, esto implica que los Estados tomen medidas concretas para
mejorar continuamente la capacidad de la població n para alimentarse y eliminar el hambre y
la desnutrició n, incluyendo la asignació n directa de alimentos en casos donde las personas no
puedan procurar dichos alimentos por sí mismas.
245. La CIDH también recibió información de la población cubana que informó sobre la escasez
en productos alimentarios esenciales como el aceite, la harina de trigo, el arroz, la carne de
cerdo, el pollo o los huevos habrían pasado a ser intermitentes. Testimonios de personas
cubanas recogidos por la CIDH describen dificultades de la población para adquirir productos
alimentarios más allá de los contenidos en la libreta de racionamiento. Una de las personas
entrevistadas afirmó:
granos y algo de cárnico, como pollo. La alimentación básica del cubano es mala, aunque hay
espacios alternativos, pero no suplen a toda la población. Los precios están muy altos, no
hay casi recursos. El cubano vive porque la diáspora cubana suple con dinero para el aceite
que hay en escasez, por ejemplo, el huevo también es escaso solo se recibe una vez al mes.
Conclusiones y recomendaciones:
Resoluciones
Resolución No. 1/2020: Pandemia y derechos humanos en las Américas (10 de abril de 2020)
Considerando que, si bien existen impactos sobre todos los derechos humanos frente a los
diversos contextos ocasionados por la pandemia, especialmente en relación al derecho a la
vida, la salud e integridad personal, se ven seriamente afectados el derecho al trabajo, a la
seguridad social, a la educación, a la alimentación, al agua y a la vivienda, entre otros DESCA.
4. Garantizar que las medidas adoptadas para enfrentar las pandemias y sus consecuencias
incorporen de manera prioritaria el contenido del derecho humano a la salud y sus
determinantes básicos y sociales, los cuales se relacionan con el contenido de otros derechos
humanos, como la vida e integridad personal y de otros DESCA, tales como acceso a agua
potable, acceso a alimentación nutritiva, acceso a medios de limpieza, vivienda adecuada,
cooperación comunitaria, soporte en salud mental, e integración de servicios públicos de salud;
así como respuestas para la prevención y atención de las violencias, asegurando efectiva
protección social, incluyendo, entre otros, el otorgamiento de subsidios, rentas básicas u otras
medidas de apoyo económico.
Resolución No. 4/2020: Derechos humanos de las personas con COVID-19 (27 de julio de 2020)
OBSERVANDO que las personas con COVID-19 pueden experimentar impactos negativos y
limitaciones de otros DESCA además de la salud, como el derecho al trabajo o a la educación.
Por otro lado, la falta de acceso a determinados DESCA, particularmente el acceso al agua, a la
alimentación y a la vivienda adecuada aumenta el riesgo de contagio para las poblaciones en
mayor situación de vulnerabilidad.
16. Los Estados deben dirigir esfuerzos para la más amplia cobertura posible a nivel geográfico,
tomando en cuenta las particularidades de cada zona. En cuanto a las personas con COVID19
con riesgo a la vida y amenazas serias a su salud que viven en zonas rurales o lugares alejados,
y con mayores obstáculos de acceso a servicios especializados, como pueblos indígenas y
comunidades afrodescendientes tribales, deben generarse acciones específicas para
identificarlas y construir estrategias de asistencia en transporte, alojamiento y acceso esencial
al agua y a la alimentación.
Comisión Interamericana de Derechos Humanos | CIDH
DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 55
Informe Anual
116. La Comisió n recuerda al Estado que en el mismo sentido que el Art. XI de la Declaració n
Americana, toda persona tiene derecho a que la salud sea preservada por medidas relativas a
la alimentació n. De igual manera el artículo VIII del mismo instrumento indica que toda mujer
en estado de gravidez o en é poca de lactancia así como todo niñ o, tienen derecho a protecció n,
cuidados y ayuda especiales. Así mismo el Comité DESC en su Observació n General No.12 indica
que el contenido bá sico del derecho a la alimentació n se califica como: “la disponibilidad de
alimentos en cantidad y calidad suficientes para satisfacer las necesidades alimentarias de los
individuos, sin sustancias nocivas, y aceptables para una cultura determinada” y “la
accesibilidad de esos alimentos en formas que sean sostenibles y que no dificulten el goce de
otros derechos humanos”.
Comunicado de Prensa
65. En atención a lo establecido por el Protocolo de San Salvador, las condiciones justas, equitativas
y satisfactorias de trabajo incluyen: una remuneración mínima que garantice una subsistencia
digna y decorosa, un salario equitativo, un salario de igual valor por igual trabajo, la posibilidad
de que todo trabajador siga su vocación, la oportunidad para ser promovido, la estabilidad en
el empleo, la seguridad e higiene en el trabajo, la limitación razonable de las horas de trabajo y
el descanso, el disfrute del tiempo libre, las vacaciones pagadas y la remuneración de los días
feriados nacionales y la prohibición del trabajo infantil. Por lo tanto, el derecho a las
D. Derecho al cuidado
Medida cautelar
Medida Cautelar No. 51-15. Personas mayores pertenecientes a la Asociación Shipia Wayúu de
la Comunidad indígena Wayúu en los municipios de Manaure, Riohacha y Uribía respecto de
Colombia (Ampliación) (1 de diciembre de 2017)
21. La Comisió n observa que la presente solicitud de ampliació n fue presentada a favor de
personas mayores del pueblo Wayú u. Al momento de valorar el requisito de gravedad, la
Comisió n toma en cuenta que las personas propuestas beneficiarias tienen un papel esencial
Comisión Interamericana de Derechos Humanos | CIDH
DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 57
En lo que se refiere a la especial consideració n que merecen las personas de edad avanzada,
es importante que el Estado adopte medidas destinadas a mantener su funcionalidad y
autonomía, garantizando el derecho a una alimentació n adecuada, acceso a agua limpia y a
atenció n de salud. En particular, el Estado debe atender a los ancianos con enfermedades
cró nicas y en fase terminal, ahorrá ndoles sufrimientos evitables.
23. De manera má s específica, la Comisió n observa que la representació n ha informado que las
personas mayores Wayú u se encuentran en circunstancias similares a las que motivaron el
otorgamiento de las presentes medidas cautelares a favor de los niñ os, niñ as, y mujeres
gestantes y lactantes del pueblo Wayú u. En particular: i) tendrían las mismas circunstancias de
falta de acceso a agua potable y estado de desnutrició n; ii) serían proclives a determinadas
enfermedades como la tuberculosis; y iii) no tendrían acceso a cuidado mé dico adecuado y la
ú nica manera para acceder a un centro de atenció n mé dica, sería desplazarse a pie y realizar
un recorrido de aproximadamente 6 horas entre ida y regreso al centro de salud má s cercano
a sus comunidades.
25. En vista de lo indicado, ante la falta de elementos adicionales de informació n por parte del
Estado y los aspectos de riesgo planteados por la representació n que son consistentes con el
contexto descrito, la Comisió n considera que la situació n de las personas mayores demuestra
que sus derechos se encuentran prima facie en una situació n de gravedad. Al momento de
valorar dicha gravedad, la Comisió n ha tomado en cuenta que la falta de acceso agua, a cuidados
mé dicos, alimentos en la cantidad y calidad suficiente ponen en riesgo la salud, vida y la
integridad de las personas mayores Wayú u en los municipios de Manaure, Riohacha, y Uribia.
La Comisió n tambié n ha tomado en cuenta el especial rol que juegan las personas mayores
dentro de las comunidades.
Informe Anual
1158. Por otro lado, preocupa a la REDESCA la tendencia a la sobrecarga de las mujeres en sus
tareas de cuidado debido a la pandemia, recordando con la CÍDH, que: “los cuidados de las
personas enfermas o necesitadas de especial atención recaen fundamentalmente en las
mujeres, a expensas de su desarrollo personal o laboral, existiendo un escaso nivel de
institucionalización y reconocimiento social o económico para tales tareas de cuidados que en
tiempo de pandemia se vuelven aún más necesarios y exigentes”2531. En el contexto del
COVID-19 el cuidado se afirma como un derecho humano de importancia vital para las
personas, en especial de las que están enfermas, las personas con capacidad, adultas mayores
y NNA. Sin embargo, son muy pocos los Estados de la región que cuentan con sistemas
nacionales de cuidados o que los han puesto en marcha durante la pandemia. En tal sentido, la
REDESCA seguirá llamando al reconocimiento y protección del cuidado como un derecho
humano, a la valoración del trabajo de cuidado y los derechos laborales de las personas
trabajadoras domésticas, como a la creación de sistemas nacionales de cuidados con enfoque
de derechos, género e interseccionalidad. La perspectiva de género y la realización de los
derechos humanos de las mujeres representan hoy un desafío tan grande en su realización,
como una oportunidad de volver a nuestras sociedades más justas, más iguales y más
cuidadoras.
Resoluciones
Resolución No. 1/2020: Pandemia y derechos humanos en las Américas (10 de abril de 2020)
41. Adoptar las medidas necesarias a fin de prevenir los contagios de COVID-19 de la población
mayor en general y en particular de quienes se encuentren en residencias de larga estancia,
hospitales y centros de privación de libertad, adoptando medidas de ayuda humanitaria para
garantizarles la provisión de alimentos, agua y saneamiento y estableciendo espacios de
acogida para personas en situación de pobreza extrema, calle o abandono o situación de
discapacidad.
42. Reforzar en este contexto las medidas de monitoreo y vigilancia contra la violencia hacia
personas mayores, ya sea a nivel intrafamiliar, en residencias de larga estancia, hospitales o
cá rceles, facilitando la accesibilidad a los mecanismos de denuncia.
43. Supervisar que los protocolos mé dicos, las decisiones sobre recursos mé dicos y
tratamientos en relació n al COVID-19 sean implementados sin discriminació n en razó n de la
edad y prestando especial atenció n a las personas mayores con discapacidad o condiciones
cró nicas y enfermedades, pacientes con VIH o sida, que requieren medicació n y atenció n
regular como pacientes de diabetes, hipertensió n, demencia senil, alzhé imer, entre otras.
conexió n con sus familiares, para quienes se encuentran solos o en residencias de largo plazo,
facilitando medios alternativos de contacto familiar como comunicació n telefó nica o por
internet, teniendo en cuenta la necesidad de remediar la brecha digital.
Resolución No. 4/2020: Derechos humanos de las personas con COVID-19 (27 de julio de 2020)
23. Las decisiones relativas a la salud y cuidado de las personas con COVID-19, deben adoptarse
e implementarse sin ningú n tipo de discriminació n arbitraria basado en alguno de los motivos
reconocidos en los está ndares internacionales de derechos humanos; esto debe ser
particularmente considerado respecto a ciertos colectivos, como las personas mayores o las
personas con discapacidad. Una diferencia de trato es contraria al derecho internacional
cuando la misma no tiene una justificació n objetiva y razonable, es decir, cuando no persigue
un fin legítimo y no existe una relació n razonable de proporcionalidad entre los medios
utilizados y el fin perseguido. Ello es aplicable, incluso en el tratamiento mé dico respecto de
las personas que tienen condiciones mé dicas o enfermedades que hayan sido ocasionadas o se
vean agravadas por la propia afectació n por el virus.
24. Para superar el estigma social asociado con COVID-19 y posibles comportamientos
discriminatorios hacia personas que se perciben hayan estado en contacto con el virus, se
deben adoptar de forma inmediata medidas que tengan en cuenta las perspectivas de igualdad
de gé nero e interseccionalidad, ademá s de enfoques diferenciados, que hacen visibles los
riesgos agravados sobre los derechos humanos contra personas, grupos y colectividades en
especial situació n de vulnerabilidad y exclusió n histó rica en el hemisferio, tales como personas
en situació n de pobreza o de calle, personas mayores, personas privadas de la libertad, pueblos
indígenas, comunidades tribales, personas afrodescendientes, personas con discapacidad,
personas migrantes, refugiadas y otras en situació n de movilidad humana, personas LGBTI,
niñ as, niñ os y adolescentes, y mujeres, teniendo especialmente en cuenta a aquellas que esté n
embarazadas o sean víctimas de violencia de gé nero.
Comunicados de prensa
En el contexto de la pandemia COVID-19, la CIDH llama a los Estados a garantizar los derechos
de las personas con discapacidad. CP No. 071/20 (8 de abril de 2020)
[…] la CÍDH hace un llamado a los Estados a fin de garantizar el derecho a la salud a todas las
personas con discapacidad sin ningún tipo de discriminación en razón de su condición. Para
ello, resulta necesario la realización de ajustes físicos y de capacidades en los establecimientos
y servicios de salud, determinados en función de las específicas necesidades de protección. En
particular, considerando los potenciales efectos de la pandemia COVID-19, los Estados deben
elaborar protocolos de atención que anticipen eventuales situaciones de razonamiento de
recursos médicos, a fin de garantizar que las personas con discapacidad cuenten con una
atención en salud oportuna, apropiada y sin discriminación. Asimismo, en vista de las medidas
de contención que responden a la naturaleza de la pandemia, también debe brindarse
particular atención a la salud mental de las personas con discapacidad psicosocial.
La CIDH urge a los Estados a garantizar los derechos de las personas mayores frente a la
pandemia del COVID-19. CP No. 088/20 (23 de abril de 2020)
La CIDH llama a los Estados a supervisar que los protocolos médicos, las guías bioéticas, las
decisiones sobre recursos médicos y tratamientos en relación con el COVID-19 sean
desarrollados e implementados sin discriminación en razón de la edad. La Comisión recuerda
también la obligación de los Estados de garantizar el derecho de las personas mayores
enfermas de COVID-19 a brindar consentimiento previo, pleno, libre e informado en cuanto a
los tratamientos y medicamentos que vayan a recibir. Asimismo, durante el aislamiento, se
debe prestar especial atención a las personas mayores con discapacidad, enfermedades
crónicas y quienes requieran de medicación y atención regular o cuidados paliativos, los cuales
deben ser brindados de manera oportuna y apropiada.
La Comisión resalta que los Estados deben adoptar y fortalecer todas las medidas legislativas,
administrativas, presupuestarias y de cualquier otra índole, a fin de garantizar a las personas
mayores un trato diferenciado y preferencial en todos los ámbitos; incluyéndolas de manera
prioritaria y adecuada, en sus planes de contingencia. […]
Asimismo, las medidas adoptadas deben identificar y eliminar obstáculos y barreras para el
acceso de las personas mayores a su abastecimiento, servicios públicos, cuidados, información
y comunicación durante el aislamiento. […]
CIDH y su REDESCA urgen a los Estados a proteger con efectividad a las personas que viven en
situación de pobreza y pobreza extrema en las Américas frente a la pandemia del COVID-19. CP
124/20 (2 de junio de 2020)
E. Derechos culturales
72. En el marco del trabajo de la CIDH, los derechos culturales han sido desarrollados
particularmente a través del ángulo de los derechos de los pueblos indígenas, reconociendo el
vínculo entre su derecho a la propiedad colectiva y la preservación de sus características y
tradiciones culturales. Por otro lado, los derechos culturales y, en particular, el derecho a
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 61
208. La relació n entre los miembros de la Comunidad y de los miembros con la Comunidad es
lo que da sentido a su existencia indígena, es lo que da sentido no só lo a un origen é tnico sino
a la posibilidad de poseer y transmitir una cultura propia, que incluye elementos como el
idioma, la espiritualidad, estilos de vida, derecho consuetudinario y las tradiciones. Como ya se
expresó , ser y pertenecer a un pueblo indígena, en este caso al pueblo Enxet-Lengua
comprende la idea de una cultura y un estilo de vida distinta e independiente, basada en
antiguos conocimientos y tradiciones, vinculada fundamentalmente a un territorio específico.
133. Ademá s, es significativo que los ó rganos del sistema interamericano de derechos humanos
hayan reconocido específicamente que los pueblos indígenas tienen una relació n especial con
la tierra y los recursos que han tradicionalmente ocupado y usado, conforme al cual esas tierras
y recursos son considerados como propiedad y objeto de uso de la comunidad indígena en su
conjunto y que el uso y goce de la tierra y sus recursos son parte integral de la supervivencia
física y cultural de las comunidades indígenas, así como del ejercicio de sus derechos humanos
en un sentido más amplio…
134. La Comisió n, por vía de sus informes sobre peticiones individuales y sobre la situació n
general de derechos humanos en los Estados miembros, así como de medidas cautelares, se ha
pronunciado sobre la necesidad de que los Estados adopten medidas encaminadas a
reestablecer, proteger y preservar los derechos de los pueblos indígenas a sus territorios
ancestrales. Tambié n ha sostenido que el respeto por los derechos colectivos a la propiedad y
posesió n de los pueblos indígenas respecto de sus tierras y territorios ancestrales constituye
una obligació n de los Estados miembros de la OEA y que el incumplimiento de esta obligació n
comporta responsabilidad internacional para los Estados. De acuerdo con la Comisió n, el
derecho a la propiedad conforme a la Convenció n Americana debe ser interpretado y aplicado
en el contexto de los pueblos indígenas con la debida consideració n por los principios que se
relacionan con la protecció n de las formas tradicionales de propiedad y supervivencia cultural
y de los derechos a la tierra, los territorios y los recursos naturales.
136. La Corte ha resaltado en reiterados casos que la estrecha relació n que los indígenas
mantienen con la tierra debe ser reconocida y comprendida como la base fundamental de su
cultura, vida espiritual, integridad, supervivencia econó mica y su preservació n y transmisió n
a las generaciones futuras. Agregando que, la cultura de los miembros de las comunidades
indígenas corresponde a una forma de vida particular de ser, ver y actuar en el mundo,
constituida a partir de su estrecha relació n con sus territorios tradicionales y los recursos que
allí se encuentran, no só lo por ser estos su principal medio de subsistencia, sino ademá s porque
constituyen un elemento integrante de su cosmovisión, religiosidad y, por ende, de su identidad
cultural.
137. En consecuencia, los ó rganos del sistema interamericano de derechos humanos han
reconocido que los derechos a la propiedad no se limitan a los intereses de propiedad que ya
está n reconocidos por los Estados o que está n definidos por la legislació n interna, sino que el
derecho a la propiedad tiene un significado autó nomo en el derecho internacional de derechos
humanos. En este sentido, la jurisprudencia del sistema ha reconocido que los derechos a la
propiedad de los pueblos indígenas no está n exclusivamente definidos por los derechos que
asigna el ré gimen jurídico formal del Estado, sino que tambié n incluyen la propiedad comunal
indígena derivada de la costumbre y la tradició n indígena y en é stas fundada.
174. En este contexto, la Comisió n recuerda que la estrecha relació n de los pueblos indígenas
con la tierra debe de ser reconocida y comprendida como la base fundamental de sus culturas,
su vida espiritual, su integridad y su supervivencia. Má s aú n, el derecho a la propiedad
incorpora el derecho a los recursos naturales tradicionalmente usados y necesarios para la
supervivencia, desarrollo y continuidad de la manera de vivir de comunidades indígenas.
Demanda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso del Pueblo Indígena
Kichwa de Sarayaku y sus miembros (Caso 12.465) contra Ecuador (26 de abril de 2010)
154. La Comisió n entiende que tratá ndose de derechos políticos de los Pueblos indígenas, el
artículo 23 de la Convenció n Americana debe ser interpretado a la luz de las disposiciones de
otros instrumentos de protecció n de los derechos humanos, que reconocen su forma de
organizació n y participació n propia. En este sentido, los ó rganos de protecció n de derechos
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 63
humanos del Sistema Interamericano han observado con especial atenció n e interé s los
derechos de los Pueblos indígenas, entre ellos sus derechos políticos y organizativos.
Específicamente, la Comisió n ha señ alado:
Para que un grupo é tnico pueda subsistir preservando sus valores culturales, es
fundamental que sus componentes puedan gozar de todos los derechos reconocidos en la
Convenció n Americana sobre Derechos Humanos, pues de esta forma se garantiza su
efectivo funcionamiento como grupo, lo cual incluye la preservació n de una identidad
cultural propia. De esta manera particular se vinculan a esta situació n los derechos a la
protecció n de la honra y la dignidad; a la libertad de pensamiento y de expresió n; el derecho
de reunió n y de asociació n; el derecho de circulació n y residencia y el derecho a elegir a sus
autoridades.
Marino López y otros (Operación Génesis) (Caso 12.573) contra Colombia. OEA/Ser.L/V/II.141
Doc. 69 (31 de marzo de 2011)
40. La Corte Interamericana ha establecido que entre los indígenas existe una tradició n
comunitaria sobre una forma comunal de la propiedad colectiva de la tierra, en el sentido de
que la pertenencia de é sta no se centra en un individuo sino en el grupo y su comunidad. Al
respecto ha establecido que:
Los indígenas por el hecho de su propia existencia tienen derecho a vivir libremente en sus
propios territorios; la estrecha relació n que los indígenas mantienen con la tierra debe de
ser reconocida y comprendida como la base fundamental de sus culturas, su vida espiritual,
su integridad y su supervivencia econó mica. Para las comunidades indígenas la relació n con
la tierra no es meramente una cuestió n de posesió n y producció n sino un elemento material
y espiritual del que deben gozar plenamente, inclusive para preservar su legado cultural y
transmitirlo a las generaciones futuras.
342. Es sobre la base de la dimensió n colectiva de los pueblos indígenas y tribales que la
Comisió n y la Corte han reconocido que é stos tienen una relació n particular con las tierras y
los recursos que tradicionalmente han ocupado y usado, en virtud de lo cual dichas tierras y
recursos se consideran de propiedad y goce de las comunidades en su conjunto, como en el
caso de los pueblos tribales de Saramaka.
Segundo Aniceto Norin Catriman, Juan Patricio Marileo Saravia, Victor Ancalaf Llaupe y otros
(Casos 12.576, 12.611 y 12.612) contra Chile (5 de noviembre de 2010)
213. El derecho de los pueblos indígenas, y de las personas que los conforman, a la protecció n
y respeto de su integridad sociocultural ha sido reconocido en reiteradas oportunidades por
los organismos del sistema interamericano de protecció n de los derechos humanos, los cuales
han dado aplicació n no solamente a las garantías consagradas en la Convenció n Americana
sobre Derechos Humanos y la Declaració n Americana sobre los Derechos y Deberes del
Hombre, sino tambié n, en tanto factores interpretativos, a las disposiciones relevantes del
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (particularmente el artículo 27), de la
Convenció n Internacional sobre la Eliminació n de Todas las Formas de Discriminació n Racial,
del Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes, de la
Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, y otros
instrumentos.
214. Así, la CIDH (a) en su Resolució n de 1985 sobre la situació n del pueblo Yanomami de
Brasil, declaró que “el Derecho Ínternacional, en su estado actual y tal como se encuentra
cristalizado en el artículo 27 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, reconoce
a los grupos é tnicos el derecho a una protecció n especial para el uso de su idioma, el ejercicio
de su religió n y, en general, de todas aquellas características necesarias para la preservació n
de su identidad cultural, y que “la Organización de los Estados Americanos ha establecido como
acción prioritaria para los países miembros, la preservació n y fortalecimiento de la herencia
cultural de los grupos é tnicos y la lucha en contra de la discriminació n que invalida su potencial
como seres humanos a travé s de la destrucció n de su identidad cultural e individualidad como
pueblos indígenas”; (b) en su Ínforme de 1997 sobre la situació n de los derechos humanos en
Ecuador, concluyó que “dentro del derecho internacional en general, y en el derecho
interamericano específicamente, (...) quizá sea necesario establecer medidas especiales de
protecció n para los pueblos indígenas a fin de garantizar su supervivencia física y cultural”; y
(c) en el Informe de 2002 sobre el caso de Mary y Carrie Dann, subrayó que “al interpretar la
Declaració n Americana en el sentido de que salvaguarda la integridad, supervivencia y cultura
de los pueblos indígenas mediante una protecció n efectiva de sus derechos humanos
individuales y colectivos, la Comisió n está respetando los propó sitos mismos en que se funda
la Declaració n que, como lo expresa su Preá mbulo, incluyen el reconocimiento de que ‘es deber
del hombre ejercer, mantener y estimular por todos los medios a su alcance la cultura, porque
la cultura es la má xima expresió n social e histó rica del espíritu’”.
pasadas, presentes y futuras de sus culturas” (Artículo 11); “los pueblos indígenas tienen
derecho a mantener y desarrollar sus sistemas o instituciones políticos, econó micos y sociales”
(Artículo 20); y “los pueblos indígenas tienen derecho a promover, desarrollar y mantener sus
estructuras institucionales y sus propias costumbres, espiritualidad, tradiciones,
procedimientos, prá cticas y, cuando existan, costumbres o sistemas jurídicos, de conformidad
con las normas internacionales de derechos humanos”.
217. En suma, el derecho internacional de los derechos humanos, que opera como factor
interpretativo central de la Declaració n y la Convenció n Americanas, reconoce ampliamente el
derecho de los pueblos indígenas a la preservació n de su integridad sociocultural. De allí que
los Estados parte de la OEA esté n en la obligació n, entre otras bajo el artículo 1.1 de la
Convenció n, de respetar y garantizar plenamente dicho derecho a la preservació n de la
integridad sociocultural, que tiene dimensiones tanto individuales como colectivas.
Comunidad de Río Negro del Pueblo Indígena Maya y sus miembros (Masacres de Río Negro
(Caso 12.649) contra Guatemala. OEA/Ser.L/V/II.139 Doc. 26 (14 de julio de 2010)
334. Respecto del derecho a la libertad de conciencia y religión, la Comisión ha dado por
probado que las víctimas del presente caso son indígenas mayas pertenecientes al grupo
lingüístico achí. La Comisión considera que para los pueblos indígenas el derecho a la cultura
y a su identidad étnica se traducen, entre otros, en la expresión y la preservación de sus
creencias, idioma, costumbres, vestimenta, modo de vida, lugares sagrados y organización
social. En ese sentido, la CEDH expresó, respecto de la identidad y la cultura indígena, que su
preservación consistía en garantizar el desarrollo de las características que identifican al
pueblo indígena como el idioma, la religión, el modo de vida y sus símbolos.
Pueblos indígenas maya Kaqchikel de Sumpango y otros (Caso 13.608) contra Guatemala.
OEA/Ser.L/V/II.174 Doc. 184 (9 de noviembre de 2019)
93. La Comisión observa que la Carta de la OEA hace referencia a los derechos culturales. Así,
la Carta establece que los Estados deben dar prioridad al estímulo de la cultura hacia el
mejoramiento integral de la persona humana como fundamento de la justicia social y la
democracia (artículo 47), seguidamente reconoce el compromiso individual y solidario para
preservar el patrimonio cultural de los pueblos americanos (artículo 48); y también consagra
el derecho de la participación de sectores excluidos y discriminados en la vida cultural del país
(artículo 45.f). Para efectos de los pueblos indígenas en general, la CIDH entiende estas
disposiciones como el derecho a practicar y, de ser el caso, difundir su propia cultura; y, como
manifestación del deber de respeto que sus prácticas culturales y cosmovisión sean
debidamente protegidas.
95. De la misma forma, la CIDH toma en cuenta que dentro de las obligaciones inmediatas de
los Estados sobre dicho derecho se encuentra la eliminación de obstáculos que impiden o
limitan el acceso de la persona o comunidad a su propia cultura, la posibilidad de realizar sus
prácticas culturales y llevar su forma de vida, incluyendo la prohibición de discriminación
basada en la identidad cultural, de exclusión o de asimilación forzada. En particular la Comisión
resalta que “[l]a protección de la diversidad cultural es un imperativo ético inseparable del
respeto de la dignidad humana. Entraña un compromiso con los derechos humanos y las
libertades fundamentales y requiere la plena realización de los derechos culturales, incluido el
de participar en la vida cultural”, por lo que el Estado deberá reforzar sus acciones de
protección al respecto en los contextos de los pueblos indígenas, a la luz de la delicada relación
y amenazas que se pueden presentar entre su cultura y la sociedad mayoritaria.
96. En ese marco, la Comisión entiende que el acceso y la participación en la vida cultural hace
parte del contenido de los derechos culturales reconocidos en la Carta de la OEA. El artículo
XÍÍÍ de la Declaración Americana reconoce que “toda persona tiene el derecho a participar en
la vida cultural de la comunidad […]”. A su vez, la Observación General No. 21 sobre “el derecho
de toda persona a participar en la vida cultural” del Comité de Derechos Económicos, Sociales
y Culturales de las Naciones Unidas ha establecido que el “participar” o “tomar parte” de la vida
cultural implica la participación, el acceso y la contribución en la vida cultural, ya sea de forma
individual o como una comunidad, para el caso de los pueblos indígenas. La participación
implica, entre otras cosas, ejercer sus propias prácticas culturales y expresarse en la lengua de
su elección, así como el derecho a buscar, desarrollar y compartir con otros sus conocimientos
y expresiones culturales. El acceso implica el conocer y comprender su propia cultura y la de
otros, a través de la educación y la información, así como el derecho a conocer formas de
expresión y difusión por cualquier medio tecnológico de información y comunicación.
Asimismo, la contribución a la vida cultural se refiere al derecho de toda persona a contribuir
a la creación de las manifestaciones espirituales, materiales, intelectuales y emocionales de la
comunidad. Asimismo, la Observación General No. 21 establece diversos elementos del
derecho a participar en la vida cultural, entre los cuales se reconoce al elemento de
accesibilidad. La accesibilidad, a su vez, destaca como un componente inherente del derecho a
participar en la vida cultural el acceso de las comunidades a los medios de expresión y difusión.
98. La Comisión entiende que la participación en la vida cultural forma parte del contenido de
los derechos culturales de los pueblos indígenas, y que, a su vez, un elemento inherente de
dicha participación se refiere al acceso a medios de comunicación y la posibilidad de fundar
medios de comunicación de forma autónoma, a través de los cuales los pueblos indígenas
pueden no solo participar, sino también conocer de sus propias culturas, y contribuir con las
mismas, en su propio idioma.
99. En este sentido, el derecho a la libertad de expresión a través de las radios comunitarias
funciona de forma instrumental para lograr la efectiva participación en la vida cultural de los
pueblos, lo cual es de importancia trascendental para la preservación, promoción y disfrute de
la cultura de las comunidades indígenas. Asimismo, como se señaló antes, una de las
obligaciones inmediatas de los Estados sobre dicho derecho se refiere a la eliminación de
obstáculos que impidan o limitan el acceso de la persona o comunidad a su propia cultura. En
este sentido, los Estados deberán remover los obstáculos que impidan o limiten el acceso a las
frecuencias radioeléctricas a las radios comunitarias, ya que constituyen uno de los
mecanismos más importantes a través de los cuales los pueblos indígenas gozan y ejercen sus
derechos culturales.
Pueblos indígenas Tagaeri y Taromenane (en aislamiento voluntario) (Caso 12.979) contra
Ecuador. OEA/Ser.L/V/II.173 Doc. 167 (28 de septiembre de 2019)
117. A su vez, para efectos de la aplicació n del artículo 26 de la CADH, la CIDH observa que la
Carta de la OEA tambié n hace referencia a los derechos culturales. Así, la Carta establece que
los Estados deben dar prioridad al estímulo de la cultura hacia el mejoramiento integral de la
persona humana como fundamento de la justicia social y la democracia (artículo 47),
Comisión Interamericana de Derechos Humanos | CIDH
DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 67
119. De la misma forma, la CIDH toma en cuenta que dentro de las obligaciones inmediatas de
los Estados sobre dicho derecho se encuentra la eliminació n de obstá culos que impiden o
limitan el acceso de la persona o comunidad a su propia cultura, la posibilidad de realizar sus
prá cticas culturales y llevar su forma de vida, incluyendo la prohibició n de discriminació n
basada en la identidad cultural, de exclusió n o de asimilació n forzada. En particular la Comisió n
resalta que “[l]a protecció n de la diversidad cultural es un imperativo é tico inseparable del
respeto de la dignidad humana. Entrañ a un compromiso con los derechos humanos y las
libertades fundamentales y requiere la plena realizació n de los derechos culturales, incluido el
de participar en la vida cultural”, por lo que el Estado deberá reforzar sus acciones de
protecció n al respecto en los contextos de los pueblos indígenas, y los PIAV en particular, a la
luz de la delicada relació n y amenazas que se pueden presentar entre su cultura y la sociedad
mayoritaria.
120. En ese marco, la CIDH recuerda que tambié n indicó que a la luz del deber de garantía
previsto en el artículo 1.1 de la CADH y la interpretació n que sobre el mismo han hecho los
ó rganos del Sistema Interamericano, los Estados parte deben prevenir razonablemente la
conculcació n de los derechos contenidos en el artículo 26 en el contexto de las actividades
empresariales. Lo anterior incluye adoptar un marco jurídico que permita asegurar la
protecció n de dichos derechos y que proporcione acceso efectivo a recursos para las víctimas
de tales violaciones. Entre las acciones que aseguren un marco jurídico adecuado, el Estado
deberá exigir que las empresas bajo su jurisdicció n ejerzan la diligencia debida en materia de
derechos humanos a fin de identificar, prevenir y mitigar los riesgos de vulneració n de los
derechos en el marco de sus actividades. La CIDH considera importante subrayar en este
contexto que es ampliamente aceptado que la responsabilidad de respetar los derechos
humanos es una norma de conducta mundial aplicable a todas las empresas en todas las
situaciones, independientemente de la existencia de normas nacionales que la concreticen y de
las obligaciones internacionales de los Estados en esta materia; aunado a ello, para la CIDH los
Estados, al dar cumplimiento efectivo a su obligació n de garantía bajo el Derecho Internacional
de los Derechos Humanos, tendrá n que asegurar que las empresas tengan obligaciones directas
y vinculantes sobre el respeto a los derechos humanos y tengan en cuenta el impacto de sus
actividades en poblaciones en situació n de vulnerabilidad como los pueblos indígenas o PIAV
a la luz de los está ndares internacionales en la materia.
161. Asimismo, la CIDH considera que el interé s superior de las niñ as juega un papel
preponderante en casos como el presente y que, tomando en consideració n el corpus iuris en
materia de derechos de la infancia indígena, debe ser analizado desde una perspectiva
intercultural, lo que implica la obligació n estatal de asegurar que el bienestar de las niñ os
indígenas víctimas de traslado forzoso tome en consideració n, en la medida de lo posible, sus
procesos formativos culturales, representaciones socioculturales existentes y que se les
otorgue el derecho a ser oídos en la toma de decisiones que afecten su vida y futuro.
Pueblo indígena U’wa y sus miembros (Caso 11.754) contra Colombia. OEA/Ser.L/V/II.173 Doc.
161 (28 de septiembre de 2019)
148. En ese marco, el derecho de los pueblos indígenas a ser consultados sobre las decisiones
que puedan afectarlos se relaciona tambié n con sus derechos culturales, en la medida en que
la cultura puede resultar afectada por tales decisiones. Así, la CIDH ha reconocido que los
Estados deben respetar, proteger y promover las tradiciones, instituciones y costumbres de los
pueblos indígenas y tribales, por ser é stas un componente intrínseco de la forma de vida de
estos pueblos. De allí que la obligació n estatal de desarrollar procesos de consulta en el marco
de actividades empresariales que pueden generar efectos sobre sus derechos no solo se vincula
directamente a su derecho de propiedad colectiva sino a la obligació n estatal de adoptar
medidas especiales para proteger sus derechos culturales, en tanto prá cticas y formas de vida
relacionadas intrínsecamente a su territorio y uso de recursos naturales.
149. En ese marco, la CIDH recuerda que tambié n indicó que a la luz del deber de garantía
previsto en el artículo 1.1 de la CADH y la interpretació n que sobre el mismo han hecho los
ó rganos del Sistema Interamericano, los Estados parte deben prevenir razonablemente la
conculcació n de los derechos contenidos en el artículo 26 en el contexto de las actividades
empresariales. Lo anterior incluye adoptar un marco jurídico que permita asegurar la
protecció n de dichos derechos y que proporcione acceso efectivo a recursos para las víctimas
de tales violaciones. Entre las acciones que aseguren un marco jurídico adecuado, el Estado
deberá exigir que las empresas bajo su jurisdicció n ejerzan la diligencia debida en materia de
derechos humanos a fin de identificar, prevenir y mitigar los riesgos de vulneració n de los
derechos en el marco de sus actividades.
Medidas cautelares
Medida Cautelar No. 505-15. Ampliación de beneficiarios Pueblo Indígena Miskitu de Wangki
Twi-Tasba Raya respecto de Nicaragua (16 de enero de 2016)
18. La CÍDH y la Corte Ínteramericana han insistido en que “los Estados deben respetar la
especial relación que los miembros de los pueblos indígenas y tribales tienen con su territorio
a modo de garantizar su supervivencia social, cultural y económica”. Para la CÍDH, la relación
especial entre los pueblos indígenas y tribales y sus territorios significa que “el uso y goce de
la tierra y de sus recursos son componentes integrales de la supervivencia física y cultural de
las comunidades indígenas y de la efectiva realización de sus derechos humanos en términos
más generales”.
Medida Cautelar No. 54-13. Asunto comunidades en aislamiento voluntario del Pueblo Ayoreo
Totobiegosode respecto de Paraguay (3 de febrero de 2016)
35. A este respecto, la Comisión ha recibido información sobre los graves perjuicios que el
contacto con extraños puede generar a la cosmovisión de pueblos indígenas en aislamiento
voluntario, en lo que respecta a daños a todo un sistema de creencias y tradiciones, en los cuales
estos pueblos han basado su modo de vida y su cultura por cientos de años. En términos
generales, la CIDH y la Corte Interamericana han manifestado que los pueblos indígenas
guardan una relación especial con sus tierras, territorios y recursos naturales en términos
materiales, sociales, culturales y espirituales; la protección de esta relación es fundamental
para el goce de otros derechos humanos de los pueblos indígenas y por lo tanto amerita
medidas especiales de protección.
Medida Cautelar No. 51-15. Personas mayores pertenecientes a la Asociación Shipia Wayúu de
la Comunidad indígena Wayúu en los municipios de Manaure, Riohacha y Uribía respecto de
Colombia (Ampliación) (1 de diciembre de 2017)
21. La Comisió n observa que la presente solicitud de ampliació n fue presentada a favor de
personas mayores del pueblo Wayú u. Al momento de valorar el requisito de gravedad, la
Comisió n toma en cuenta que las personas propuestas beneficiarias tienen un papel esencial
en la cosmovisió n de la comunidad indígena Wayú u, tanto en la transmisió n de costumbres
como en la diná mica de su sociedad. Al respecto, la Comisió n recuerda que bajo el derecho
internacional se ha reconocido la importancia de que se adopten medidas con enfoques
específicos para proteger los derechos de las personas mayores indígenas. Tal y como lo ha
identificado en su informe sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y Tribales sobre sus
Tierras Ancestrales y Recursos Naturales “en muchas comunidades indígenas, la transmisió n
oral de la cultura a las generaciones má s jó venes se encarga primordialmente de a los
ancianos”.
Medida cautelar No. 395-18. Autoridades y miembros de los Resguardos Gonzaya (Buenavista)
y Po Piyuya (Santa Cruz de Piñuña Blanco) del Pueblo Indígena Siona (ZioBain) respecto de
Colombia (14 de julio de 2018)
24. Ademá s, la Comisió n considera que la falta de acceso libre a diversas zonas del territorio de
un pueblo indígena puede impedir el uso y goce de su territorio de acuerdo con su cultura, así
como el control efectivo del mismo. Ello puede exponerlos a condiciones de vida precarias o a
mayor vulnerabilidad, al no poder realizar sus actividades de subsistencia física y cultural, así
como someterlos a situaciones de “desprotecció n extrema”.
30. En relació n con este ú ltimo punto, la Comisió n observa que la alegada existencia de la
problemá tica de reclutamiento, forzado o “voluntario”, o el ingreso de jó venes indígenas a
estructuras armadas con referentes culturales distintos, ademá s de colocar en una situació n de
riesgo sus derechos a la vida e integridad mediante su incorporació n en eventos de violencia
puede llevar a desarticular al colectivo, al ser privado de una població n importante de un
mismo grupo generacional en formació n y vital para la recreació n y transmisió n de sus valores,
normas y cultura.
Medida cautelar No. 954-19. Comunidad mapuche Lof Buenuleo respecto de Argentina (14 de
mayo de 2020)
28. Por ú ltimo, atendiendo a las circunstancias en las cuales habrían ocurrido los hechos
mencionados y el contexto particular (vid. supra pá rr. 5 y 9), la Comisió n recuerda que
“histó ricamente los pueblos indígenas y tribales han sido sujetos a condiciones de marginació n
y discriminació n”, por lo que reitera que “[d]entro del derecho internacional en general, y en
el derecho interamericano específicamente, se requiere de protecció n especial para que los
pueblos indígenas puedan ejercer sus derechos plena y equitativamente con el resto de la
població n. Ademá s, quizá sea necesario establecer medidas especiales de protecció n para los
pueblos indígenas a fin de garantizar su supervivencia física y cultural -un derecho protegido
en varios instrumentos y convenciones internacionales”. Lo anterior es particularmente grave
en el contexto de conflictos que enfrentan los pueblos indígenas en el marco de procesos de
reivindicació n de derechos sobre tierras, territorios y recursos naturales tradicionales.
Informes temáticos
Derechos de los pueblos indígenas y tribales sobre sus tierras ancestrales y recursos naturales.
Normas y jurisprudencia del Sistema Interamericano de Derechos Humanos. OEA/Ser.L/V/II.
Doc. 56/09 (30 de diciembre de 2009)
161. Los pueblos indígenas y tribales tienen derecho, en este orden de ideas, a que “el Estado
les garantice en forma efectiva su derecho a vivir en su territorio ancestral y poder así (…)
preservar su identidad cultural”. Al no garantizar el Estado el derecho de propiedad territorial
de las comunidades indígenas y sus miembros, se les priva “no sólo de la posesión material de
su territorio sino además de la base fundamental para desarrollar su cultura, su vida espiritual,
si integridad y su supervivencia económica”. Por ello, en virtud del artículo 21 de la Convención
Americana, la garantía del derecho a la propiedad territorial es un medio para preservar la base
fundamental para el desarrollo de la cultura, la vida espiritual, la integridad y la supervivencia
económica de las comunidades indígenas. Las limitaciones al derecho de propiedad indígena
también pueden afectar el derecho al ejercicio de la propia religión, espiritualidad o creencias,
derecho que se reconoce en el artículo 12 de la Convención Americana y el artículo III de la
Declaración Americana. Los Estados tienen la obligación de garantizar a los pueblos indígenas
la libertad de conservar sus formas propias de religiosidad o espiritualidad, incluyendo la
expresió n pú blica de este derecho y el acceso a los sitios sagrados.
162. La pé rdida de la identidad cultural por falta de acceso al territorio ancestral surte un
impacto directo sobre los derechos de los niñ os y niñ as de las comunidades desposeídas. La
Corte Ínteramericana ha explicado: “Con respecto a la identidad cultural de los niñ os y niñ as
de comunidades indígenas, el Tribunal advierte que el artículo 30 de la Convenció n sobre los
Derechos del Niñ o establece una obligació n adicional y complementaria que dota de contenido
el artículo 19 de la Convenció n Americana, y que consiste en la obligació n de promover y
proteger el derecho de los niñ os indígenas a vivir de acuerdo con su propia cultura, su propia
religió n y su propio idioma. // Asimismo, este Tribunal estima que dentro de la obligació n
general de los Estados de promover y proteger la diversidad cultural se desprende la obligació n
especial de garantizar el derecho a la vida cultural de los niñ os indígenas. // En ese sentido, la
Corte considera que la pé rdida de prá cticas tradicionales, como los ritos de iniciació n femenina
o masculina y las lenguas de la Comunidad, y los perjuicios derivados de la falta de territorio,
afectan en forma particular el desarrollo e identidad cultural de los niñ os y niñ as de la
Comunidad, quienes no podrá n siquiera desarrollar esa especial relació n con su territorio
tradicional y esa particular forma de vida propia de su cultura si no se implementan las
medidas necesarias para garantizar el disfrute de estos derechos”.
144. La protecció n de los derechos de autor tiene un fin legítimo que podría llevar a la
imposició n de limitaciones a los derechos humanos a la educació n, la cultura y la libertad de
expresió n. Sin embargo, la protecció n no podría implementarse de una forma en la que
desaliente la creatividad o el libre intercambio de informació n e ideas en internet. La llegada
de internet tuvo gran impacto en la dimensió n social de la libertad de expresió n,
democratizando el acceso a informaciones, ideas y opiniones de toda índole y descentralizando
el proceso creativo. En internet, los usuarios no solo reciben contenido; tambié n producen y
difunden contenidos propios, ampliando el círculo cerrado que antañ o se concentraba en
industrias disqueras, empresas y organizaciones de artistas y habilitando el uso sin
autorizació n de material protegido por derechos de autor. Es importante repensar en estos
momentos el rol que cumple en internet la protecció n de los derechos de autor y la eficacia de
dichos regímenes en la consecució n de sus objetivos legítimos.
Las mujeres indígenas y sus derechos humanos en las Américas. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 144/17
(17 de abril de 2017)
220. A fin de asegurar el respeto del derecho a la libre determinació n de los pueblos indígenas,
hay que reconocer la estrecha conexió n entre los derechos de los pueblos indígenas a su cultura
y sus lenguas y los derechos relacionados con sus tierras, territorios y recursos naturales.
Asimismo, la conexió n de los pueblos indígenas con sus territorios tradicionales, con su hogar
y con su comunidad es importante, incluso para aquellos que han emigrado en busca de trabajo
y educació n, para la preservació n y el desarrollo de las culturas indígenas. La Corte
Interamericana ha afirmado que la cultura de los miembros de comunidades indígenas
“corresponde a una forma de vida particular de ser, ver y actuar en el mundo, constituido a
partir de su estrecha relació n con sus tierras tradicionales y recursos naturales, no só lo por ser
é stos su principal medio de subsistencia, sino ademá s porque constituyen un elemento
integrante de su cosmovisió n, religiosidad y, por ende, de su identidad cultural”. La CÍDH ha
señ alado que las mujeres indígenas forman parte de sociedades en que las tierras ancestrales
conforman un elemento esencial de su existencia y su cultura. En el contexto de una visita de
la Comisió n Interamericana a Colombia, las mujeres indígenas afirmaron que su supervivencia
está vinculada a la preservació n de sus tierras porque es allí donde pueden expresar
libremente su cultura. Las mujeres indígenas de Trinidad y Tobago y de Belice,
respectivamente, informaron a la Comisió n acerca del rol central que las Mujeres habían jugado
en trasladar la cultura de una generació n a la siguiente, y afirmaron que “la cultura es lo que
somos como mujeres indígenas” y que “las mujeres [indígenas] son vistas como las protectoras
y guardianas de los valores culturales, costumbres y prá cticas, y que son las que resguardan
ese conocimiento. Tienen el poder de traducir este conocimiento para satisfacer de manera
sostenible las vidas de sus hijos”. Ademá s, hablaron sobre la fuerza y la resistencia de las
mujeres indígenas, así como de su habilidad para empoderar a comunidades enteras mediante
la recuperació n de sus conocimientos tradicionales sobre su cultura o a sobre la preservació n
territorial.
[Link] CIDH ha abordado la relació n singular entre los pueblos indígenas y sus tierras en
muchas ocasiones y ha señ alado que “el uso y goce de la tierra y de sus recursos son
componentes integrales de la supervivencia física y cultural de las comunidades indígenas y de
la efectiva realizació n de sus derechos humanos en té rminos má s generales”. La Comisió n
Interamericana ha observado que la conexió n particular de las comunidades indígenas con sus
tierras y recursos está vinculada a la existencia misma de estos pueblos en lo que se refiere
Comisión Interamericana de Derechos Humanos | CIDH
DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 73
tanto a la subsistencia material como a la integridad cultural y, por lo tanto, “amerita medidas
especiales de protecció n”. Asimismo, la Corte Ínteramericana ha señ alado que “para las
comunidades indígenas la relació n con la tierra no es meramente una cuestió n de posesió n y
producció n sino un elemento material y espiritual del que deben gozar plenamente, inclusive
para preservar su legado cultural y transmitirlo a las generaciones futuras”.
222. En vista de que la identidad cultural y comunitaria es sumamente importante para los
pueblos indígenas, el desplazamiento forzado de niñ os de sus tierras y la ruptura forzada de
familias puede tener diversos efectos en la comunidad en general y en las mujeres y niñ as en
particular. Las políticas de Estado de remoció n forzada de niñ os de su familia pueden tener un
fuerte efecto intergeneracional.
297. En ese marco, el derecho de los pueblos indígenas a ser consultados sobre las decisiones
que puedan afectarlos se relaciona tambié n con sus derechos culturales, en la medida en que
la cultura puede resultar afectada por tales decisiones. Así, la CIDH ha reconocido que los
Estados deben respetar, proteger y promover las tradiciones, instituciones y costumbres de los
pueblos indígenas y tribales, por ser é stas un componente intrínseco de la forma de vida de
estos pueblos. En ese sentido, la obligació n estatal de desarrollar procesos de consulta en el
marco de actividades empresariales que pueden generar efectos sobre sus derechos, no solo se
vincula directamente con su derecho de propiedad colectiva, sino tambié n, con la obligació n
estatal de adoptar medidas especiales para proteger sus derechos culturales.
300. Al respecto la CIDH reitera que en casos en que los pueblos indígenas se han visto privados
o impedidos de realizar prá cticas religiosas, se produce una violació n del derecho a la identidad
cultural, ligada íntimamente a las manifestaciones religiosas y espirituales de tales pueblos y
sus miembros, las cuales forman parte de su patrimonio cultural. La pé rdida de la identidad
cultural se encuentra amenazada por la explotació n petrolera y minera a gran escala que afecta
a los pueblos indígenas mencionados, sobre todo porque a todos estos procesos no les precedió
una consulta previa segú n los está ndares nacionales e internacionales.
301. La CIDH reitera lo señ alado por la Corte IDH en el sentido que la cultura de los pueblos
indígenas responde a una forma de vida particular de ser, ver y actuar en el mundo, construida
a partir de su estrecha relació n con sus tierras tradicionales y recursos naturales. De
conformidad con ello, los Estados deben garantizar, en condiciones de igualdad, el pleno
ejercicio y goce de los derechos de las personas que está n sujetas a su jurisdicció n. Para
garantizar efectivamente estos derechos, al interpretar y aplicar su normativa interna, deben
tomar en consideració n las características propias que diferencian a los miembros de los
pueblos indígenas de la població n en general y que conforman su identidad cultural.
204. En lo que se refiere a la cultura y los derechos que de ella se emanan, el Protocolo de San
Salvador consagra que toda persona tiene derecho a participar en la vida cultural y artística de
la comunidad. Los derechos culturales han sido reafirmados por diferentes instrumentos
interamericanos como la Convención Americana, la Declaración Americana y la Carta de la OEA.
En particular la CIDH y su REDESCA observan que este último instrumento menciona que los
Estados deben dar prioridad al estímulo de la cultura hacia el mejoramiento integral de la
persona humana como fundamento de la justicia social y la democracia, se reconoce el
compromiso individual y solidario para preservar el patrimonio cultural de los pueblos
americanos, así como el derecho de la participación de sectores excluidos y discriminados en
la vida cultural de los países miembros.
211. Por consiguiente, la Comisión subraya el deber de los Estados de la región de ejecutar
acciones afirmativas para el fomento y preservación de las tradiciones culturales de las
personas afrodescendientes en las Américas; y proteger el patrimonio inmaterial de esta
Comisión Interamericana de Derechos Humanos | CIDH
DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 75
Informe de país
1050. Como parte de los derechos econó micos, sociales y culturales debe garantizarse el
derecho a la identidad cultural, es decir, debe protegerse la cultura como forma de vida. En
consecuencia, los Estados deben adoptar las medidas necesarias para proteger la identidad de
las minorías, lo que incluye el derecho de los pueblos indígenas a emplear su propio idioma, el
derecho a su libre determinació n, el derecho a ser consultados respecto a las decisiones que
pudieran afectarlos, el respeto de sus tradiciones y costumbres, y el derecho a la propiedad y
posesió n de sus tierras ancestrales, entre otros.
1054. Como ha señ alado esta Comisió n, un aspecto de importancia fundamental para los
pueblos indígenas y el goce de sus derechos es su vínculo con la tierra y con los recursos
naturales. En el mismo sentido, la Corte Interamericana ha señ alado que:
(…) la cultura de los miembros de las comunidades indígenas corresponde a una forma de
vida particular de ser, ver y actuar en el mundo, constituido a partir de su estrecha relació n
con sus territorios tradicionales y los recursos que allí se encuentran, no só lo por ser estos
su principal medio de subsistencia sino ademá s porque constituyen un elemento integrante
de su cosmovisió n, religiosidad y, por ende, de su identidad cultural.
1072. Los Estados deben asegurar que los pueblos indígenas gocen de los mismos derechos
que el resto de la població n, pero ademá s deben adoptar medidas específicas destinadas a
favorecer y mejorar el acceso de los pueblos indígenas a servicios como educació n y salud, así
como tambié n deben garantizar que esos servicios sean ademá s adecuados desde el punto de
vista cultural.
Informe Anual
63. El derecho a la cultura también está consagrado en la Declaración Americana cuando señala
en su artículo XÍÍÍ que “Toda persona tiene el derecho a participar en la vida cultural de la
comunidad, gozar de las artes y disfrutar de los beneficios que resulten de los progresos
intelectuales y especialmente de los descubrimientos científicos. Tiene, asimismo, derecho a
la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de los
inventos, obras literarias, científicas y artísticas de que sea autor”.
Resoluciones
Resolución 4/19: Principios interamericanos sobre los derechos humanos de todas las personas
migrantes, refugiadas, apátridas y las víctimas de la trata de personas (7 de diciembre de
2019)
Principio 17: Protección de los pueblos indígenas, incluidos los migrantes en zonas fronterizas:
Asimismo, los Estados deben velar por el respeto de la lengua y la cultura de los migrantes
y personas internacionalmente protegidas que pertenezcan a grupos indígenas.
Resolución No. 1/20: Pandemia y derechos humanos en las Américas (10 de abril de 2020)
56. Extremar las medidas de protección de los derechos humanos de los pueblos indígenas en
el marco de la pandemia del COVID-19, tomando en consideración que estos colectivos tienen
derecho a recibir una atención de salud con pertinencia cultural, que tome en cuenta los
cuidados preventivos, las prácticas curativas y las medicinas tradicionales.
Resolución No. 4/20: Derechos humanos de las personas con COVID-19 (27 de julio de 2020)
17. En el tratamiento y atenció n de las personas indígenas con COVID-19, debe tomarse en
consideració n que estos colectivos tienen derecho a recibir una atenció n de salud con
Comisión Interamericana de Derechos Humanos | CIDH
DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 77
pertinencia cultural, que tome en cuenta sus cuidados preventivos, sus prá cticas curativas y
sus medicinas tradicionales. Del mismo modo, los Estados deben asegurar un adecuado
enfoque intercultural en el tratamiento y atenció n de las comunidades afrodescendientes
tribales.
Comunicados de Prensa
La CIDH alerta sobre la especial vulnerabilidad de los pueblos indígenas frente a la pandemia
de COVID-19 y llama a los Estados a tomar medidas específicas y acordes con su cultura y respeto
a sus territorios. CP No. 103/20 (6 de mayo de 2020)
En el contexto de la pandemia de COVID-19, la CIDH reitera que los pueblos indígenas tienen
derecho en forma colectiva e individual al disfrute del má s alto nivel posible de salud física,
mental y espiritual. Es necesario que se formulen e implementen políticas públicas que
garanticen el derecho a la salud de los pueblos indígenas, incluyendo la accesibilidad de los
servicios y la disponibilidad de insumos (incluyendo exámenes para el diagnóstico del COVID-
19); la elaboración e implementación de protocolos de prevención y contingencia
especializados y culturalmente apropiados, que incluyen el diseño de estrategias de
capacitación destinadas a los/as agentes de salud indígena (como cuidadores/as y
curanderos/as tradicionales), y que se les brinden los elementos necesarios para su protección
(máscaras, guantes, desinfectantes, entre otros); así como la adecuación cultural de la atención
médica, que deberá respetar las cosmovisiones de estas comunidades. Estas políticas públicas
deben incorporar los principios fundamentales del enfoque de derechos humanos, como los de
participación social, igualdad y no discriminación.
Adicionalmente, los Estados en consulta y coordinació n con los pueblos indígenas deben
promover sistemas o prá cticas interculturales en los servicios mé dicos y sanitarios que se
provean en las comunidades indígenas, incluyendo la formació n de té cnicos y profesionales
indígenas de salud. Conjuntamente, la CIDH, en base al derecho de autodeterminación, enfatiza
la obligación de incluir a representantes, líderes/as y autoridades tradicionales en la
organización de las respuestas y en la implementación de las medidas en el marco de la
pandemia.
La CIDH reafirma a los Estados que la consulta y el consentimiento libre, previo e informado
afirmada en la jurisprudencia del sistema interamericano y en otros instrumentos
internacionales de derechos humanos es un elemento central para la garantía y protección de
los derechos de los pueblos indígenas. También recuerda que, para el desarrollo de este
procedimiento, es necesario considerar las prácticas culturales de los pueblos indígenas,
especialmente sus formas ancestrales de organización colectiva, las cuales usualmente
implican la realización de asambleas comunitarias. Asimismo, en relación con las consultas
virtuales, la CIDH advierte que, debido a la discriminación estructural, buena parte de los
pueblos indígenas no cuentan con acceso a Internet, por lo que la imposición e implementación
de procesos consultivos a través de plataformas digitales representaría una vulneración al
derecho a la participación real y efectiva de estos colectivos.
alrededor de territorios indígenas, con el fin de garantizar el respecto a las prácticas culturales
y la participación efectiva de los pueblos indígenas en todas las decisiones que sean
susceptibles de afectarles directamente.
La CIDH recuerda que las personas indígenas privadas de libertad tienen necesidades
específicas en razón de su origen étnico, cultura, tradiciones, religión e idioma, y requieren de
un trato diferenciado sensible a sus culturas. En consideración de los graves riesgos que
enfrentan las personas en situaciones de vulnerabilidad, la Comisión recuerda, con base en
su Resolución 1/2020, sobre Pandemia y Derechos Humanos en las Américas, que los Estados
deben de evaluar las solicitudes de beneficios carcelarios y medidas alternativas a la pena de
prisión. Adicionalmente, en el caso de los pueblos indígenas, la Comisión recomendó a los
Estados a extremar las medidas de protección de los derechos humanos de los pueblos
indígenas en el marco de la pandemia y que se tome en consideración el derecho de estos
colectivos a recibir una atención de salud con pertinencia cultural, los cuidados preventivos,
las prácticas curativas y las medicinas tradicionales.
F. Derecho a la educación
215. Cabe destacar que dentro de las medidas especiales de protecció n de los niñ os y entre los
derechos reconocidos a é stos en el artículo 19 de la Convenció n, está contenido “el derecho a
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la educació n, que favorece la posibilidad de gozar de una vida digna y contribuye a prevenir
situaciones desfavorables para el niñ o y la propia sociedad”. El compromiso de proteger a los
niñ os está garantizado en diversos instrumentos internacionales que establecen una
protecció n especial para los niñ os debido a su condició n de menor, tales como la Convenció n
sobre los Derechos del Niñ o y el Protocolo de San Salvador.
César Alberto Mendoza y otros (Prisión y reclusión perpetuas de adolescentes) (Caso 12.561)
contra Argentina (2 de noviembre de 2010)
172. De acuerdo a lo señ alado bajo el título de está ndares en materia de justicia penal de niñ as,
niñ os y adolescentes, y de prisió n perpetua, la necesidad de una revisió n perió dica se
encuentra relacionada con el juicio de reproche menor respecto de conductas cometidas por
adolescentes menores de 18 añ os, frente a conductas cometidas por adultos. Asimismo, se
encuentra relacionada con los objetivos fundamentales que deben perseguir las penas
privativas de libertad que se impongan por hechos que tuvieron lugar cuando el condenado
aú n ostentaba la calidad de niñ o. Como se indicó anteriormente, los Estados asumen la
obligació n de otorgar educació n, tratamiento y atenció n con miras a la puesta en libertad, la
reintegració n social y el desempeñ o de una funció n constructiva en la sociedad. En
consideració n de la Comisió n, estas obligaciones se basan en el hecho de que el momento
durante la cual el Estado asume la custodia de jó venes que cometieron delitos siendo niñ os,
constituye una etapa de la vida crucial en el desarrollo personal y social, en la determinació n
de un proyecto de vida y en la adquisició n de los conocimientos y facultades indispensables
para la vida en sociedad.
173. En ese sentido, la falta de una revisió n perió dica sobre estos aspectos que permita medir
la evolució n en el proceso de rehabilitació n y eventualmente disponer la excarcelació n con
base en dicha evolució n, conlleva una afectació n especialmente grave de las posibilidades de
reforma y reinserció n social de personas condenadas por hechos ocurridos siendo aú n niñ os,
lo que resulta incompatible con lo establecido en los artículos 5.6 y 19 de la Convenció n
Americana, en relació n con las obligaciones consagradas en los artículos 1.1 y 2 del mismo
instrumento.
Paola del Rosario Guzmán Albarracín y familiares (Caso 12.678) contra Ecuador (5 de octubre
de 2018)
113. Puntualmente en cuanto al derecho a la educació n, respecto del primer nivel de aná lisis,
el artículo 49 de la Carta de la OEA lo consagra expresamente y hace referencia a los diferentes
niveles de educació n. El artículo 34 h) del mismo instrumento subraya el rol del Estado en la
“erradicació n rá pida del analfabetismo y ampliació n, para todos, de las oportunidades en el
campo de la educació n”. Asimismo, el artículo 47 refiere que los Estados deben dar prioridad
al estímulo de la educació n orientado al mejoramiento integral de la persona, y los artículos 3
h), 30, 31, 48, 50, 52 hacen referencia a acciones y cooperació n que deben ser emprendidas por
los Estados respecto al á mbito educacional. Asimismo, el artículo XII de la Declaració n
Americana establece que toda persona tiene derecho a la educació n el cual comprende la
igualdad de oportunidades y su orientació n al logro de una subsistencia digna y mejoramiento
de nivel de vida. Por su parte, como fue referido anteriormente, el artículo 13 del Protocolo de
San Salvador, recoge este derecho y señ ala que toda persona tiene derecho a la educació n el
cual debe orientarse al pleno desarrollo de la personalidad humana, el respeto a los derechos
humanos, la justicia y la paz.
114. De lo anterior, la Comisió n considera claro que el derecho a la educació n constituye una
de las normas econó micas y sociales mencionadas en el artículo 26 de la Convenció n y, en ese
sentido, los Estados parte se encuentran en la obligació n de procurar el desarrollo progresivo
del mismo, así como de respetar, garantizar y adoptar las medidas necesarias para hacer
efectivo tal derecho. Asimismo, la CIDH considera que sumado a su competencia para revisar
de manera directa el contenido del derecho a la educació n y el cumplimiento de las
obligaciones de los Estados Parte del Protocolo de San Salvador respecto de este derecho,
tambié n tendrá en cuenta los efectos para su protecció n mediante el artículo 26 de la CADH.
118. Adicionalmente, la CIDH ya ha subrayado que uno de los factores de riesgo a la violencia
sexual en el sector de la educació n está asociado con la naturaleza misma de las instituciones
educativas, en donde se crean relaciones de confianza entre las y los alumnos y el personal
docente o administrativo, y estos ú ltimos puede cometer actos de violencia sexual abusando
de su poder. Otro factor está vinculado al encubrimiento y a la tolerancia institucional
favoreciendo a los perpetradores. Por ú ltimo, un tercer factor puede estar asociado a la
debilidad de los mecanismos de justicia en responder a las violaciones, sumá ndose a ello
factores individuales que tienden a incrementar el potencial de la violencia sexual tales como
el sexo, la edad, la etnia, la diversidad sexual, la discapacidad, la migració n, la pobreza y el
habitar en zonas rurales o marginadas.
119. De este modo, para la CIDH, la escuela, al ser el lugar central de enseñ anza, desarrollo y
socializació n, tiene un papel esencial en la vida y formació n de niñ os, niñ as y adolescentes, por
lo que la existencia de prá cticas nocivas y atentatorias contra los derechos de estos ejercidas
por el personal encargado de garantizarlo ya sea en su diseñ o, implementació n o supervisió n
afecta el derecho a recibir una educació n adecuada de calidad y en condiciones de seguridad a
la luz del interé s superior de los niñ os y niñ as. Para la CIDH, la protecció n de las niñ as y de las
adolescentes contra la violencia sexual y de gé nero en la escuela no só lo constituye una
exigencia prioritaria e inmediata, sino que implica y compromete a todo el aparato educativo,
desde la producció n de materiales de aprendizaje con enfoque de derechos humanos e igualdad
de gé nero; la construcció n adecuada de instalaciones sanitarias; el acceso a informació n
imparcial y oportuna relativa a derechos sexuales y reproductivos, la formació n y
sensibilizació n de docentes y personal administrativo; la reparació n integral a las víctimas; así
como el adecuado desarrollo de investigaciones y la sanció n de los responsables de la violencia
sexual, tanto en el á mbito penal como administrativo.
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Medidas cautelares
25. En cuanto al tema de niñez, salud integral y educación para personas con discapacidad, la
Comisión ha tenido en consideración la interrelación de tales temas y la importancia de la
educación en la primera infancia para los niños y niñas con discapacidad. Principalmente, la
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha
considerado que la vía para alcanzar el desarrollo psicofísico de las personas con discapacidad
es a partir de la educación inclusiva, entendida como “un proceso de abordar y dar respuesta a
la diversidad de necesidades de todos los estudiantes a través de un aumento de la
participación en el aprendizaje, las culturas y las comunidades; y como una reducción de la
exclusión de la educación”.
Informes Temáticos
El trabajo, la educación y los recursos de las mujeres: La ruta hacia la igualdad en la garantía
de los derechos económicos, sociales y culturales. OEA/Ser.L/V/II.143 Doc. 59 (3 de noviembre
de 2011)
181. Como otros derechos humanos, el derecho a la educació n le impone a los Estados
miembros de la OEA la obligació n de respetar, proteger y cumplir con las características
interrelacionadas del derecho, es decir, la disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y
adaptabilidad.
183. La CIDH considera que mientras los Estados no asuman que la educació n de las niñ as y las
mujeres es un derecho humano y no un servicio, y que la discriminació n es una de las causas
que las limitan en el ejercicio de este derecho, los esfuerzos en la lucha por la igualdad en la
educació n de las niñ as será n insuficientes. Debido a la relació n entre el derecho a la educació n
y otros derechos humanos, un abordaje integral de la educació n requiere el trabajo conjunto
con otros sectores involucrados como el sector trabajo, justicia y salud.
232. La CIDH considera que en base a los principios de igualdad y no discriminació n que
permean el sistema interamericano, los Estados está n en la obligació n de garantizar que toda
adolescente embarazada continú e sus estudios y que toda adolescente madre regrese a la
escuela para que finalice los mismos. Para ello, la CIDH insta a todos los Estados de la regió n a
que adopten todas las medidas necesarias para eliminar cualquier forma de discriminació n,
sea en leyes, políticas y/o prá cticas que esté n discriminando a las adolescentes embarazadas
en el disfrute de su derecho a la educació n. Asimismo, conforme a las obligaciones contraídas
internacionalmente, insta a los Estados a que establezcan medidas de monitoreo para evitar
que estas situaciones continú en ocurriendo, e implementen las medidas necesarias para
asegurar que las adolescentes madres regresen a la escuela una vez han tenido a sus hijos para
que culminen sus estudios.
Justicia juvenil y derechos humanos en las Américas. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 78 (13 de julio de
2011)
492. La Comisió n considera que los objetivos de las sanciones en la justicia juvenil exigen la
implementació n de programas de educació n, incluida la escolarizació n formal, la formació n
profesional y para el trabajo, y las actividades recreativas y deportivas (…)
493. Los niñ os privados de libertad deben acceder a programas educativos, sin discriminació n.
En el sistema de justicia juvenil el trato y la educació n de los niñ os debe orientarse a fomentar
el respeto por los derechos humanos y tomar en cuenta la diversidad cultural. Asimismo, la
educació n y la formació n profesional impartidas en los centros de privació n de libertad deben
ser reconocidas por el sistema general de educació n y funcionar en estrecha coordinació n con
aquel.
510. La Comisió n recuerda que una característica de la intervenció n está dada por el contenido
socioeducativo de las medidas de privació n de libertad. Esto implica la obligació n de los
Estados de abordar la problemá tica de los niñ os infractores desde una perspectiva integral,
contemplando el aspecto punitivo (responsabilizació n por su conducta) y el aspecto
socioeducativo (dirigido a su integració n familiar y comunitaria). En ese sentido, la Comisió n
estima conveniente que se fortalezca la participació n de las familias, las organizaciones no
gubernamentales y las instituciones privadas de educació n en el desarrollo o en la
implementació n de los programas educativos y de formació n de los niñ os privados de libertad.
Pero lo anterior no puede descuidar el cará cter formal de la educació n que debe impartirse a
todos los niñ os privados de libertad para garantizar que sus estudios no sean suspendidos a
consecuencia de la sanció n a la que está n sometidos.
608. Con base en la informació n recabada en el marco de la visita, la Comisió n observa con
preocupació n que los niñ os migrantes enfrentan diversas dificultades que para acceder a la
educació n. En primer lugar, se exige que cuenten con documentació n migratoria vigente. En
segundo lugar, la administració n les cobra derechos por validar sus estudios anteriores. Lo
anterior representa un obstá culo para muchas familias migrantes, quienes por encontrarse en
una situació n de pobreza no pueden solventar el pago de tales derechos. Lo anterior tambié n
se aplica cuando es necesario pagar multas para regular su situació n migratoria.
610. La Comisió n tambié n tiene conocimiento respecto a que muchos trabajadores migrantes
y sus familias só lo hablan idiomas indígenas, por lo cual tienen que enfrentar diferentes
obstá culos en el acceso, goce y ejercicio de sus derechos al no hablar o entender el idioma
españ ol. Por otro lado, tambié n está la situació n de que los ciclos agrícolas no coinciden con los
ciclos escolares, lo cual representa un obstá culo para que los niñ os que migran junto a sus
padres, y que tambié n trabajan en el sector agrícola, puedan gozar y ejercer su derecho a la
educació n.
632. El acceso a una educació n de calidad habilita al niñ o para el disfrute de otros derechos al
facilitarle los conocimientos y las aptitudes y capacidades necesarias para ello, a la vez que le
prepara para llevar una vida plena, satisfactoria y responsable en una sociedad libre. La Corte
se ha referido al derecho a la educación de los niños en los siguientes té rminos:
[...] dentro de las medidas especiales de protecció n de los niñ os y entre los derechos
reconocidos a é stos en el artículo 19 de la Convenció n Americana, figura de manera
destacada el derecho a la educació n, que favorece la posibilidad de gozar de una vida digna
y contribuye a prevenirsituaciones desfavorables para el menor y la propia sociedad.
634. Los niñ os, niñ as y adolescentes en centros o instituciones tienen ademá s derecho al acceso
a actividades recreativas, culturales y de ocio que contribuyan a su formació n integral, en
igualdad de condiciones que aquellos niñ os que no se encuentren en acogimiento residencial.
Las instalaciones de las instituciones residenciales deben estar habilitadas y tener espacios
suficientes para permitir la recreación, el ocio, la cultura y el juego de los niños, niñas y
adolescentes, además de adaptar estos espacios y las actividades a las diferentes edades de los
niños y adolescentes. Tal y como se señ alara respecto de la educació n, la Comisió n entiende
que la posibilidad de participar en actividades lú dicas y culturales en el seno de la comunidad
es de vital importancia para mantener los vínculos del niñ o con su círculo cercano y su
comunidad y promover su socializació n con personas del exterior de la institució n, en torno al
cual el niñ o regresará en el futuro. En adició n, para los niñ os provenientes de un determinado
grupo con tradiciones, cultura o lengua propia, el acceso a la educació n y a las actividades
recreativas y culturales en el seno de su comunidad son cruciales para el mantenimiento de la
cultura y la identidad.
trabajo, en funció n de su edad, en particular cuando está n pró ximos a la edad adulta y de
abandonar la institució n. La formació n profesional y preparació n para el empleo integran las
acciones que son propias de los planes individualizados que preparan al niñ o para su vida
independiente a su egreso de la institució n. La Comisió n ya se ha referido a la preocupació n de
que los niñ os que egresan de las instituciones al cumplir la mayoría de edad tienen mayores
posibilidades de verse en condiciones de especial vulnerabilidad en sus derechos y expuestos
a formas de explotació n si no pueden acceder a los medios mínimos de vida.
639. Para ejercer plenamente su derecho a la educació n, muchos niñ os con discapacidad
frecuentemente necesitan de servicios especiales de educació n o bien requieren de asistencia
personal, en particular, maestros formados en las metodologías y los lenguajes apropiados
para enseñ ar a los niñ os a travé s de estrategias docentes centradas en el niñ o y sus
capacidades, con materiales docentes idó neos. El Comité de los Derechos del Niñ o ha señ alado
que la educació n inclusiva debe ser, de modo general, el objetivo de la educació n de los niñ os
con discapacidad, y que la forma y los procedimientos de inclusió n se verá n determinados por
las necesidades y requerimientos educacionales individuales del niñ o, ya que la educació n de
algunos niñ os con discapacidad requiere un tipo de apoyo del que no se dispone fácilmente en
el sistema docente general. Los niñ os con discapacidad tienen derecho a no quedar excluidos
del sistema de educació n general por motivos de discapacidad, así como a recibir el apoyo
necesario dentro del sistema general de educació n para facilitar su formació n efectiva. Sin
embargo, el grado de inclusió n dentro del sistema de educació n general puede variar. En
circunstancias en que no sea factible una educació n plenamente inclusiva, deben mantenerse
opciones que permitan al niñ o el acceso a una educació n adaptada a sus necesidades de
aprendizaje Las instituciones de acogimiento con niñ os con alguna discapacidad deberá n
garantizar el derecho de estos niñ os a una educació n adecuada, intentando en la medida de lo
posible que el niñ o pueda participar en el sistema educativo en la comunidad, así como en
actividades recreativas, de ocio y culturales.
644. La Comisió n considera que los Estados deben asegurar que, salvo en casos excepcionales,
los niñ os, niñ as y adolescentes que se encuentran en instituciones residenciales de acogida
accedan a los centros educativos de la comunidad. En los casos en los que los niñ os accedan a
programas educativos en la institució n, la educació n y la formació n profesional impartidas
deben ser reconocidas por el sistema general de educació n y funcionar en estrecha
coordinació n con aquel.
Violencia, niñez y crimen organizado. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 40/15 (11 de noviembre de 2015)
deserció n escolar elevados, y el nú mero de adolescentes que cursan estudios superiores una
vez finalizada la educació n obligatoria es reducido. En consecuencia, las oportunidades
profesionales se restringen debido al bajo nivel educativo recibido, y con frecuencia los
empleos a los que los jó venes acceden son informales o en condiciones laborales precarias --
en té rminos de nivel salarial, beneficios, y estabilidad en el empleo--. Lo anterior tiene como
resultado índices de movilidad social bajos en estos sectores y la reproducció n de las
condiciones de pobreza y exclusió n social.
365. Tomando en cuenta que la exclusió n social y las desigualdades econó micas se encuentran
entre las condiciones que facilitan el surgimiento de tensiones sociales, violencia, inseguridad
y delincuencia, el hecho que no se asegure la provisió n de un servicio educativo de calidad que
proporcione oportunidades para la inserció n laboral contribuye a la reproducció n de los
referidos escenarios de exclusió n, inseguridad y violencia, ademá s de vulnerar el derecho a la
educació n. En ese sentido, las políticas pú blicas de los Estados deben tomar en consideració n
la inversió n de los recursos necesarios para garantizar un servicio educativo de calidad en
igualdad de condiciones al que acceden otros estudiantes, en contextos que presentan
circunstancias y desafíos particulares como los descritos.
366. La presencia de integrantes de las maras y las pandillas en los centros educativos, y en sus
alrededores, puede tener efectos devastadores para el ejercicio del derecho a la educació n, en
particular si no se toman medidas adecuadas para evitar y contrarrestar determinados
comportamientos. La violencia ejercida por estudiantes miembros de las pandillas o las maras
en el interior de las escuelas, contra sus compañ eros y maestros, como peleas, hurtos, robos,
coerciones, extorsiones y amenazas, y los actos de vandalismo en las instalaciones educativas,
afectan el clima escolar y generan miedo. Ello tiene importantes impactos negativos en el
derecho a la educació n de los niñ os y las niñ as.
367. En especial modo, las situaciones de violencia física y amenazas influyen negativamente
en el ambiente educativo y en el proceso de aprendizaje, en la adquisició n de habilidades para
la socializació n y en la creació n de relaciones interpersonales positivas entre los alumnos,
todos ellos elementos bá sicos del proceso educativo y formativo. La violencia supone
vulneraciones a la integridad física de los niñ os y las niñ as que pueden llegar a ser muy graves,
sobre todo debido a la entrada de armas (blancas o de fuego) en las escuelas. Ademá s se
generan tensiones y estré s que afectan psicoló gicamente a los niñ os y las niñ as, con impactos
duraderos. Así mismo, la presencia de las maras y las pandillas genera riesgos en la medida que
las maras y las pandillas captan nuevos miembros en la escuela, o despiertan el interé s de
algunos de sus compañ eros en integrarse a las mismas. Algunos adolescentes responden a las
presiones y la violencia con má s violencia, como modo de defensa; otros permanecen
sometidos al pago de las extorsiones; algunos se adicionan a la mara o pandilla por simpatía o
como medida de protecció n. Estos contextos generan tambié n ausentismo en los alumnos,
deserció n escolar y cambios de centro educativo de algunos estudiantes. Ante estas
situaciones, la escuela no logra cumplir con su funció n educativa como tampoco consigue
constituirse como un á mbito protector de la niñ ez, sino que la expone a la violencia y a otros
riesgos. En algunos países de la regió n, en particular en Amé rica Central, se ha reportado el
cierre de escuelas debido a la violencia y amenazas ejercidas por las maras.
385. La CIDH expresa que las restricciones a los derechos al descanso, el esparcimiento, el juego
y la cultura tienen impactos especiales cuando se trata de niñ os, niñ as y adolescentes debido a
su singular estado de desarrollo y crecimiento físico y psicoló gico y a la importancia del
Las mujeres indígenas y sus derechos humanos en las Américas. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 44/17
(17 de abril de 2017)
188. La educació n es un derecho humano esencial y una precondició n para el goce de otros
derechos. Ademá s, es una herramienta eficaz para lograr la igualdad de gé nero y una vida sin
pobreza. Ciertamente, la educació n es una de las inversiones má s econó micamente eficiente y
só lida para un individuo y para la sociedad, y es particularmente el caso para mujeres, dado
que la educació n incrementa de manera directa sus sueldos y provee beneficios sociales y de
salud má s amplios. Aunque esta secció n del informe se refiere al derecho a la educació n de las
mujeres indígenas en general, se centrará principalmente en el acceso a la educació n de las
niñ as indígenas, en particular sobre la educació n primaria, dado que constituye un factor
determinante en sus vidas, que tendrá impactos directos sobre sus condiciones socio-
econó micas durante sus vidas, así como sobre su capacidad de seguir su educació n en el nivel
secundaria y superior.
189. En base a estas consideraciones y en el marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio,
las Naciones Unidas hicieron del derecho a la educació n su prioridad No.2, estableciendo que
los Estados deben garantizar que: “en 2015, los niñ os y niñ as de todo el mundo puedan
terminar un ciclo completo de enseñ anza primaria”. Ademá s de los tratados internacionales
que lo establecen, la Corte Interamericana ha afirmado que los Estados tienen el deber de
asegurar el acceso a educació n bá sica gratuita. Cuando se trata de comunidades indígenas, el
Estado debe promover el derecho a la educació n desde una perspectiva etno-educativa. En
otras palabras, debe “adoptar medidas positivas para que la educació n sea culturalmente
aceptable desde una perspectiva é tnica diferenciada”.
197. Es fundamental que los Estados presten especial atenció n a la situació n particular de las
mujeres indígenas y que las consulten sobre la formulació n de respuestas para abordar la
violencia sexual contra la mujer en el sector de la educació n, a fin de tomar medidas que sean
sensibles a su cosmovisió n y que reflejen una perspectiva intercultural. La CIDH ha destacado
que una educació n intercultural exenta de todas las formas de discriminació n incluye el
derecho a una vida libre de todas las formas de violencia.
Avances y desafíos hacia el reconocimiento de los derechos de las personas LGBTI en las
Américas. OEA/Ser.L/V/II.170 Doc. 184 (7 de diciembre de 2018)
151. Respecto de este tema, la CIDH subraya adicionalmente que la educació n es un medio
esencial para promover el cambio cultural en una sociedad, y comprende no solamente los
procesos educativos formales, relacionados con las escuelas y las universidades, sino tambié n
todos los medios que contemplan la producció n de informació n para la sociedad en general. En
este sentido, la CIDH insta a los Estados que asuman su rol de garante de una sociedad libre de
todas las formas de prejuicio, discriminació n y violencia, y emprendan esfuerzos dirigidos al
desarrollo de un proyecto educativo adecuado en los ambientes formales de educació n, al
mismo tiempo en que deben impulsar un proceso de cambio cultural en todos los sectores de
la sociedad en general. En lo concerniente a la educació n formal, los programas deben ser
diseñ ados con miras a incluir la enseñ anza de gé nero, libre de prejuicios y basada en un modelo
que garantice la autonomía de todas las personas, así como los Estados deben crear un hogar
seguro para las niñ as, niñ os y adolescentes que poseen una orientació n sexual, identidad de
gé nero –real o percibida–, o características corporales diversas del binario masculino-
femenino.
156. En virtud de las consideraciones anteriores, la CIDH recuerda que los Estados tienen la
obligació n de generar mecanismos eficaces para prevenir y sancionar la discriminació n contra
las personas LGBTI, o aquellas percibidas como tales, en el sistema educativo, y destaca que la
sensibilizació n tiene un rol esencial en la prevenció n de la discriminació n contra estas
personas en los ambientes educativos y en el reconocimiento efectivo del derecho a la
educació n de las personas LGBTI.
320. Para la Comisió n el derecho a la educació n de las personas migrantes o en bú squeda de
protecció n internacional, en particular niñ os, niñ as y adolescentes sirve para protegerlos de
mejor forma ante el riesgo de que se involucren en actividades peligrosas, incluyendo el trabajo
infantil; mientras mayor sea la reducció n del contenido del derecho a la educació n existen
mayores posibilidades de conducir a la afectació n de los derechos humanos de niñ os y niñ as
en estos contextos. La CIDH tambié n subraya que el principio de igualdad y no discriminació n
rige la educació n y formació n no acadé mica y aquella enfocada en personas adultas, por lo que
es necesario que el Estado fiscalice si en esos á mbitos no se limita el acceso a la educació n de
estas personas. Ademá s, las garantías que el Estado implemente para la realizació n de dicho
derecho sirve para proteger a este grupo poblacional de la discriminació n y xenofobia, la
violencia sexual y de gé nero, riesgos por enfermedades transmisibles, la delincuencia, las
drogas y otros peligros.
164. En lo que hace específicamente al deber de garantía del derecho a la educació n, la CIDH
advierte que, para asegurar su efectivo goce, resulta necesaria la implementació n de políticas
pú blicas respaldadas con recursos financieros adecuados y suficientes, complementadas por
medidas de monitoreo que evalú en su efectividad. Ademá s, en lo que hace a las modalidades
en que debe garantizarse este derecho, tanto la CIDH como la Corte Interamericana han
seguido los está ndares delineados por el Comité DESC, el cual ha especificado cuatro criterios
esenciales que deben garantizar los Estados en relació n con el derecho a la educació n en
té rminos generales.
165. En tal sentido, debe asegurarse, en primer lugar, la disponibilidad de la educació n, es decir,
que existan instituciones y programas de enseñ anza en cantidad suficiente en el Estado, con
las debidas condiciones de seguridad e higiene para poder funcionar, personal docente
calificado, con salarios competitivos y materiales adecuados y suficientes, entre otros
requisitos. Asimismo, los Estados deben garantizar la accesibilidad de la educació n desde un
punto de vista material (en razó n de la locació n geográ fica y posibilidad de acceso físico a
cualquier persona), y desde un punto de vista económico (asegurando la gratuidad de la escuela
primaria y tender a ella a nivel secundario), asegurá ndose de que no exista discriminació n, en
especial respecto de grupos en situació n de vulnerabilidad. Aú n má s, debe garantizarse la
aceptabilidad, tanto en té rminos de forma como de fondo, incluyendo los programas de estudio
y mé todos pedagó gicos que deben ser pertinentes, adecuados culturalmente y de buena
calidad. Por ú ltimo, es deber de los Estados asegurar la adaptabilidad de la educació n, con el
fin de poder servir a las necesidades específicas en contextos culturales y sociales variados.
219. La educació n en derechos humanos constituye uno de los pilares fundamentales del
esfuerzo mundial encaminado a hacer efectivos los derechos humanos. Educar en derechos
humanos implica crear una cultura universal sobre los derechos humanos mediante la
transmisió n de conocimientos, la enseñ anza de té cnicas y la formació n de actitudes,
empoderando a quienes la reciben, ofrecié ndoles herramientas para que desarrollen un
pensamiento crítico, exijan el cumplimiento efectivo de los derechos y tengan conciencia sobre
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 89
221. La CIDH reitera que, de conformidad con los instrumentos del Sistema Interamericano, y
en especial el Protocolo de San Salvador, los Estados tienen la obligació n de impartir educació n
en derechos humanos en contextos de educació n formal y no formal, velando por la efectiva
formació n profesional del personal docente, particularmente en lo que hace a cuestiones sobre
igualdad y no discriminació n. Esto debe tenerse particularmente presente dado que el IIDH
identificó la formació n especializada y la capacitació n del personal docente para la pedagogía
en derechos humanos, como el campo de mayor rezago en la regió n.
227. Concretamente, desde el punto de vista del desarrollo humano, la educació n constituye el
entorno en el que cada persona recibe las habilidades y los conocimientos necesarios para
desarrollar todo su potencial humano. La exclusió n de las oportunidades educativas tendrá
necesariamente un impacto que limitará seriamente las posibilidades de conseguir un trabajo
digno o incluso de ingresar al mercado laboral. En otras palabras, debido a que los logros
educativos, en especial la finalizació n de la escuela secundaria o preparatoria, suele ser un
determinante significativo de la condició n econó mica que una persona podrá alcanzar a lo
largo de su vida, cuando las personas trans ven restringido o afectado su derecho a la
educació n, ven afectadas tambié n sus perspectivas econó micas futuras, al tiempo que aumenta
su vulnerabilidad social, entre otros resultados negativos sumamente difíciles de revertir.
155. Las obligaciones internacionales de los Estados respecto del derecho a la educación nacen
de un vasto corpus iuris internacional. A nivel interamericano, son importantes el artículo 26
de la Convención Americana, los artículos 34 h, 47 y 49 de la Carta de la OEA, el artículo XII de
la Declaración Americana, y el artículo 13 del Protocolo Adicional a la Convención Americana
sobre Derechos Humanos en materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
165. La CIDH y su REDESCA entienden que la inclusión focalizada de estas personas al sistema
educativo, tanto en los centros educativos públicos como privados, y en todos sus niveles lo
fortalece, constituyéndose en un activo del propio sistema, al enriquecer y ampliar la
enseñanza y aprendizaje de todos los alumnos y alumnas en general, y promover e integrar los
principios de la diversidad, respeto y solidaridad en la sociedad. En ese sentido, los Estados
deben asegurar que las personas afrodescendientes no sean marginadas directa o
indirectamente dentro del sistema educativo y velar por que los servicios de educación sean
públicos o privados, que se les proveen sean accesibles y de buena calidad, así como incluir
capacitación y sensibilización sobre aspectos que los afectan tanto hacia el cuerpo docente
como hacia el personal administrativo, en particular de los niveles primario y secundario.
166. La Comisión subraya la alta importancia y urgencia de que los Estados de la región
implementen estrategias efectivas, en el marco del derecho a la educación, dirigidas
específicamente a personas afrodescendientes y comunidades tribales, para el acceso universal
y gratuito a la educación básica. Asimismo, que incorporen una perspectiva interseccional,
teniendo en cuenta los contextos urbanos y rurales donde haya concentración de esta
población, acentuando en condiciones especiales como las de género; discapacidad; grupos
LGBTI; niñas, niños y adolescentes; personas en situación de calle; nacionalidad; origen
socioeconómico, estatus migratorio; personas privadas de libertad; y trabajadores rurales.
167. Por lo anterior, la CIDH subraya que para garantizar el derecho a la educación los Estados
deben disponer de acciones afirmativas y medidas especiales que promuevan y garanticen el
acceso y permanencia en todos los niveles de educación escolar y superior a la población
afrodescendiente. Para tales efectos, deben tomar en consideración su cosmovisión,
tradiciones y costumbres ancestrales, con miras a incluir sus lenguas autóctonas y saberes
propios en los currículos de todas las instituciones educativas, públicas y privadas, como forma
de preservación de su patrimonio cultural y empoderamiento social. En esa misma línea, la
Comisión hace un llamado a los Estados a garantizar el derecho a la memoria histórica
afrodescendiente con la implementación de una cátedra especializada que dé cuenta de la
historia de la diáspora africana y de los procesos de resistencia y reivindicación de las
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TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 91
168. Asimismo, la CIDH llama a los Estados a promover políticas pedagógicas que prohíban el
uso directo o indirecto de estereotipos o estigmatizaciones basadas en el origen étnico-racial
afrodescendiente en el ámbito educativo, tanto en el uso de recursos de apoyo como en el
contenido de los currículos.
Informes de país
Graves violaciones a los derechos humanos en el marco de las protestas sociales en Nicaragua.
OEA/Ser.L/V/II. Doc. 86 (21 de junio de 2018)
171. Ante los impactos negativos que dicho contexto está generando sobre el derecho a la
educación, en particular en el nivel secundario y superior, caracterizados por inestabilidad y
riesgos latentes contra los y las estudiantes, la CIDH considera necesario que el Estado tome
acciones para que se investiguen las denuncias de estudiantes sobre instigación provenientes
de autoridades universitarias o dirigentes estudiantiles afines al gobierno, y se garantice la
autonomía de las universidades como libertad académica y de pensamiento de sus estudiantes.
Asimismo, se debe facilitar y garantizar lo antes posible un ambiente propicio para la
recuperación de clases, priorizando la seguridad y protección de las y los estudiantes. En caso
de ser necesario, el Estado deberá realizar los ajustes pertinentes tomando en cuenta los
elementos de disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y adaptabilidad.
Situación de derechos humanos en Honduras. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 146 (27 de agosto de 2019)
140. En síntesis, bajo todo este marco, la CIDH resalta que el derecho a la educació n es
indispensable para realizar otros derechos humanos como el trabajo, la participació n política,
la libertad de expresió n, el cuidado del medio ambiente o la igualdad sustantiva entre mujeres
y hombres. Tambié n subraya que el derecho a la alimentació n, como el derecho a la salud,
deben entenderse como una garantía fundamental e indispensable, en particular, para el
ejercicio de los derechos a la vida e integridad personal, lo cual implica obligaciones para los
Estados de adoptar medidas para el ejercicio de tales derechos. Si bien desde el Derecho
Internacional de los Derechos Humanos se entiende que existen ciertos aspectos de los
derechos a la salud, a la alimentació n y a la educació n de realizació n progresiva, es necesario
subrayar que en relació n con los mismos tambié n existen obligaciones inmediatas para los
Estados, incluyendo la provisió n sin discriminació n de medicinas y de alimentos esenciales,
como la educació n primaria obligatoria y gratuita, en particular priorizando a las personas,
grupos y colectivos en mayor situació n de vulnerabilidad y pobreza. El Estado, ademá s de
cumplir sus obligaciones inmediatas, debe mostrar los progresos alcanzados y controlar las
políticas destinadas a la consecució n de las metas referidas a estos derechos así como rendir
cuentas cuando no se adopten las medidas pertinentes. Para estos efectos la CIDH considera
ú til tener como pará metro de referencia las metas aprobadas por los Estados sobre salud,
alimentació n y educació n a partir de la implementació n de la Agenda 2030 relativa a los
Objetivos de Desarrollo Sostenible.
145. […] Al respecto, la CÍDH enfatiza que los Estados y los pueblos indígenas, en concordancia
con el principio de igualdad de oportunidades, deben promover la reducció n de las
disparidades en la educació n entre los pueblos indígenas y los no indígenas. Por su parte, los
pueblos indígenas tienen derecho a establecer y controlar sus sistemas e instituciones
docentes, en consonancia con sus mé todos culturales de enseñ anza y aprendizaje. Asimismo,
que en el caso de pueblos indígenas el derecho a la educació n implica, entre otras cosas, que
los Estados en conjunto con esos colectivos, impulsen la educació n intercultural.
Informe Anual
III Informe Anual de la Relatoría Especial sobre Derechos Económicos, Sociales, Culturales y
Ambientales (REDESCA) Trabajando por la indivisibilidad, interdependencia y protección
efectivas de todos los derechos humanos para todas las personas en América “Hasta que la
dignidad se haga costumbre”. OEA/Ser.L/V/II. 24 de febrero de 2020.
Resoluciones
Resolución 4/19: Principios interamericanos sobre los derechos humanos de todas las personas
migrantes, refugiadas, apátridas y las víctimas de la trata de personas (7 de diciembre de
2019)
Toda persona migrante, especialmente los niñ os, niñ as y adolescentes migrantes, tienen
derecho a la educació n, independientemente de su situació n migratoria.
Los Estados deben disponer la accesibilidad de la enseñ anza superior para todas las
personas, incluidos los migrantes y sus hijos.
Los Estados deben, en la medida de lo posible, normalizar y flexibilizar los requisitos para
el acceso de los migrantes a la educació n, a fin de garantizarles el acceso y la finalizació n de
los estudios en todos los niveles educativos.
Resolución No. 1/2020: Pandemia y derechos humanos en las Américas (10 de abril de 2020)
64. En cuanto al derecho a la educació n, los Estados deben disponer de mecanismos que
permitan a los NNA seguir con el acceso a la educació n y con estímulos que su edad y nivel de
desarrollo requieran. En particular, los Estados deben proveer herramientas para que los
adultos responsables realicen actividades con sus niñ os y niñ as, privilegiando el refuerzo de
los vínculos familiares y previniendo la violencia en el hogar. Asegurar que las niñ as y los niñ os
con algú n tipo de discapacidad, puedan acceder a la educació n en línea sin exclusiones,
mediante sistemas de apoyo, estrategias de comunicació n y contenidos accesibles.
67. Dar atenció n especial a los niñ os, niñ as y adolescentes, que viven en la calle o en zonas
rurales. Las medidas de atenció n especial deben considerar las condiciones econó micas y
sociales y, ademá s, considerar que los efectos de la pandemia son diferenciados para cada
grupo poblacional de NNA debido al contexto social en que está n insertados, incluida la brecha
digital. La Comisió n recomienda que los Estados usen de los medios de comunicació n para
garantizar el acceso a la educació n a todos los NNA sin ningú n tipo de discriminació n.
Resolución No. 4/20: Derechos humanos de las personas con COVID-19 (27 de julio de 2020)
44. Para el goce pleno del derecho a la educació n de las personas con COVID-19, bien por sufrir
la enfermedad directamente o en el nú cleo de sus familias, los Estados deben prever dentro de
los diferentes niveles de sus sistemas educativos, la implementació n de medidas que mitiguen
Comunicados de prensa
CIDH advierte sobre las consecuencias de la pandemia por COVID-19 en niñas, niños y
adolescentes. CP No. 090/20 (27 de abril de 2020)
77. El derecho a un medio ambiente sano fue reconocido por primera vez en un tratado
internacional en el artículo 11 del Protocolo de San Salvador, y establece tanto un derecho
individual a disfrutar de un medio ambiente sano como de contar con servicios públicos
básicos. Además, se establece la obligación estatal de proteger, preservar y mejorar el medio
ambiente. De igual manera, la existencia de un medio ambiente sano es un requisito
fundamental para el ejercicio de los demás derechos humanos reconocidos en el sistema
interamericano.
78. Aunque otros instrumentos interamericanos no hagan referencia expresa a este derecho, ha
existido una importante evolución internacional hacia el reconocimiento de este derecho como
uno de carácter autónomo, protegido también por el artículo 26 de la Convención Americana.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos lo ha interpretado especialmente en el
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 95
Medidas Cautelares
Medida cautelar No. 120-16. Pobladores de la Comunidad de Cuninico y otra respecto de Perú (2
de diciembre de 2017)
Medida Cautelar No. 708-19. Pobladores de las zonas aledañas al Río Santiago respecto de
México (5 de febrero de 2020)
37. En esa línea recuerda que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ya ha subrayado
que los Estados tienen la obligació n de regular y fiscalizar adecuadamente actividades bajo su
jurisdicció n que puedan producir un dañ o significativo al medio ambiente, para lo cual deben
poner en prá ctica mecanismos apropiados e independientes de supervisió n y rendició n de
cuentas, entre los cuales se incluyan tanto medidas preventivas como medidas de sanció n y
reparació n. Los Estados tambié n tienen la obligació n de mitigar el dañ o ambiental significativo,
inclusive cuando hubiera ocurrido a pesar de acciones preventivas del Estado o si se desconoce
cuá l es el origen de la contaminació n, utilizando la mejor tecnología y ciencia disponible.
153. La Comisió n reconoce la importancia del desarrollo econó mico para la prosperidad de las
poblaciones del continente. Como lo proclama la Carta Democrá tica Ínteramericana, “[l]a
promoció n y observancia de los derechos econó micos, sociales y culturales son consustá nciales
al desarrollo integral, al crecimiento econó mico con equidad y a la consolidació n de la
democracia en los Estados del Hemisferio”. Al mismo tiempo, las actividades de desarrollo
deben ir acompañ adas de las medidas adecuadas y efectivas que garanticen que dichas
actividades no se realicen a expensas de los derechos fundamentales de las personas que
pueden ser particular y negativamente afectadas, incluidas las comunidades indígenas y
tribales, así como el medio ambiente del que dependen para su bienestar físico, cultural y
espiritual.
161. Finalmente, en cuanto al dañ o ambiental causado por las concesiones, la Comisió n
sostiene que, de acuerdo con las pruebas presentadas a la Corte, las concesiones madereras
otorgadas por el Estado en el Río Suriname Superior han deteriorado el medio ambiente y ese
deterioro ha tenido un impacto negativo en las tierras que total o parcialmente se encuentran
dentro de los límites del territorio sobre el que tiene un derecho de propiedad la comunidad
saramaka. La Comisió n considera que el perjuicio resultó en parte de la omisió n del Estado,
que no estableció salvaguardas y mecanismos adecuados, ni supervisó o controló las
concesiones, y porque no aseguró que las concesiones madereras no causaran un dañ o grave a
las tierras y las comunidades saramaka.
Pueblos indígenas Kuna de Madungandí y Embera de Bayano (Caso 12.354) contra Panamá (13
de noviembre de 2012)
233. Asimismo, aunque ni la Declaració n Americana de los Derechos y Deberes del Hombre ni
la Convenció n Americana sobre Derechos Humanos incluyen referencias expresas a la
protecció n del medio ambiente, es claro que varios derechos de rango fundamental que en ellas
se consagran requieren, como una precondició n para su debido ejercicio, una calidad
medioambiental mínima, y se ven afectados en forma profunda por la degradació n de los
recursos naturales. La CIDH ha enfatizado en este sentido que existe una relació n directa entre
el entorno físico en el que viven las personas, y los derechos a la vida, a la seguridad y a la
integridad física. Estos derechos resultan directamente afectados cuando se presentan
episodios o situaciones de deforestació n, contaminació n de las aguas, polució n u otros tipos de
dañ os ambientales en los territorios ancestrales.
234. La CIDH considera que los Estados tienen el deber de adoptar medidas para prevenir los
dañ os al medio ambiente en territorios indígenas o tribales y adoptar aquellas que sean
necesarias para proteger el há bitat de las comunidades indígenas, teniendo en cuenta las
características especiales de los pueblos indígenas, y la especial y ú nica relació n con sus
territorios ancestrales y recursos naturales que en ellos se encuentran. Al adoptar estas
medidas, como ha señ alado la CÍDH, los Estados deben poner “especial é nfasis en la protecció n
de los bosques y las aguas, bá sicos para su salud y supervivencia como comunidades”.
Asimismo, ha expresado anteriormente la Comisió n que los Estados está n en la obligació n de
controlar y prevenir la realización de actividades extractivas ilegales, tales como la tala, la
pesca o la minería ilegal, en territorios ancestrales indígenas o tribales, y de investigar y
sancionar a los responsables.
141. La CIDH no deja de notar que la contaminación ambiental tiene incidencia en el cambio
climático, el cual amenaza seria y directamente el disfrute de todos los derechos humanos, por
lo que los Estados deben asegurar que tanto entidades públicas como privadas rindan cuentas
por el perjuicio que puedan ocasionar al ambiente y el clima. La CIDH subraya que para
respetar y garantizar los derechos humanos en este contexto los esfuerzos de los Estados
deben estar dirigidos a lograr una reducción continuada y progresiva de emisiones de gases
contaminantes y tóxicos y no de facilitarlos o promoverlos, asegurando que las inversiones y
actividades públicas y privadas sean consistentes con sus compromisos sobre la materia.
Informes temáticos
Derechos de los pueblos indígenas y tribales sobre sus tierras ancestrales y recursos naturales.
Normas y jurisprudencia del Sistema Interamericano de Derechos Humanos. OEA/Ser.L/V/II.
Doc. 56/09 (30 de diciembre de 2009)
191. Tanto la Declaració n Americana de los Derechos y Deberes del Hombre como la
Convenció n Americana sobre Derechos Humanos reflejan una preocupació n prioritaria por la
preservació n de la salud y el bienestar del individuo, bienes jurídicos protegidos por la
interrelació n entre los derechos a la vida, la seguridad de la persona, la integridad física,
psíquica y moral, y la salud, y en esa medida refieren al derecho a un medio ambiente sano.
192. Tal y como lo ha explicado la CIDH, el vínculo crucial entre la subsistencia del ser humano
y el medio ambiente tambié n ha sido reconocido en otros tratados e instrumentos
internacionales que vinculan a varios Estados de las Amé ricas, entre otras, el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Econó micos,
Sociales y Culturales; el Tratado de Cooperació n Amazó nica; la Carta Mundial de la Naturaleza;
la Convenció n para la protecció n de la flora, de la fauna y de las bellezas escé nicas naturales de
los países de Amé rica; la Declaració n de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo; y el
Convenio sobre la Diversidad Bioló gica. Tanto el Convenio 169 de la OIT como la Declaració n
de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas incorporan disposiciones
específicas para la protecció n del medio ambiente de los territorios indígenas. A nivel
interamericano, el Protocolo Adicional a la Convenció n Americana sobre Derechos Humanos
en Materia de Derechos Econó micos, Sociales y Culturales (Protocolo de San Salvador), que ha
sido firmado o ratificado por varios países de la regió n y entró en vigor en noviembre de 1999,
dispone en su artículo 11, sobre el derecho a un medio ambiente sano: “1. Toda persona tiene
derecho a vivir en un medio ambiente sano y a contar con servicios pú blicos bá sicos. // 2. Los
Estados parte promoverá n la protecció n, preservació n y mejoramiento del medio ambiente”.
194. En relació n con los pueblos indígenas y tribales, la protecció n de los recursos naturales
presentes en los territorios ancestrales, y de la integridad medioambiental de tales territorios,
es necesaria para garantizar ciertos derechos fundamentales de sus miembros, tales como la
vida, la dignidad, la integridad personal, la salud, la propiedad, la privacidad o la informació n.
Estos derechos resultan directamente afectados cuandoquiera que la polució n, la
deforestació n, la contaminació n de las aguas, u otros tipos de dañ os ambientales ocurren en
los territorios ancestrales. Ello implica que el Estado está obligado a adoptar acciones
preventivas y positivas orientadas a garantizar un medio ambiente que no comprometa la
capacidad de las personas indígenas de ejercer sus derechos humanos má s bá sicos. En esta
línea, la CIDH ha explicado que el derecho a la vida protegido tanto por la Declaració n
Americana de los Derechos y Deberes del Hombre como por la Convenció n Americana sobre
Derechos Humanos “no se limita (...) a la protecció n contra la muerte provocada de manera
arbitraria. Los Estados partes deben tomar ciertas medidas positivas para salvaguardar la vida
y la integridad física. La contaminació n ambiental grave puede presentar una amenaza a la vida
y la salud del ser humano, y en su debido caso puede dar lugar a la obligació n del Estado de
tomar medidas razonables para evitar dicho riesgo, o las medidas necesarias para responder
cuando las personas han sido lesionadas.
213. En té rminos má s específicos, la CIDH ha exigido a los Estados que establezcan
salvaguardias y mecanismos adecuados para asegurar que las concesiones de explotació n de
recursos naturales no causen dañ os ambientales que afecten las tierras o las comunidades
indígenas; y les ha exhortado a “tomar medidas para evitar dañ os a las personas afectadas
debido al comportamiento de los concesionarios y actores privados (...) [y a] cerciorarse de que
existan medidas de protecció n para que no ocurran incidentes de contaminació n ambiental
que amenacen la vida de los habitantes de los sectores en desarrollo”.
216. Cuandoquiera que se esté n causando dañ os ecoló gicos significativos, u otros dañ os, a los
territorios indígenas o tribales como consecuencia de proyectos o planes de desarrollo o
inversió n o de concesiones extractivas, estos proyectos, planes o concesiones se tornan ilegales
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TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 99
y los Estados tienen el deber de suspenderlos, reparar los dañ os ambientales, e investigar y
sancionar a los culpables de los dañ os.
245. Un “estudio previo de impacto social y ambiental” [EÍSA] debe ser llevado a cabo por
“entidades independientes y té cnicamente capaces, bajo la supervisió n del Estado” en el
contexto de los proyectos de desarrollo e inversió n y actividades extractivas en territorios
indígenas. Los estudios de impacto social y ambiental responden a la finalidad ú ltima de
“preservar, proteger y garantizar la relació n especial” de los pueblos indígenas con sus
territorios y garantizar su subsistencia como pueblos.
253. En la medida en que la realizació n de los estudios de impacto constituye una obligació n
estatal vinculada al deber de protecció n del derecho de propiedad indígena, dichos estudios
deben realizarse por el propio Estado, o “bajo la supervisió n del Estado” contenidos y
condiciones de los estudios de impacto. La labor de supervisió n por parte de las autoridades
estatales debe asegurar el cumplimiento de los criterios establecidos en las normas pertinentes
en relació n con los contenidos y condiciones de los estudios de impacto.
62. Por su parte, la Comisió n tambié n ha considerado el vínculo entre la subsistencia del ser
humano y la preservació n de un medio ambiente sano. En efecto, la CIDH observa que la
degradació n del medio ambiente puede afectar negativamente el acceso al agua y el disfrute de
varios derechos humanos, entre ellos, los derechos a la vida, a la salud, a la alimentació n.
Concretamente, en relació n al vínculo entre el acceso al agua apta para el consumo humano y
el medio ambiente, corresponde indicar que el Comité DESC ha señ alado que a fin de asegurar
el derecho a la salud es necesario “velar por el suministro adecuado de agua potable y salubre
y la creació n de condiciones sanitarias bá sicas [y] la prevenció n y reducció n de la exposició n
de la població n a sustancias nocivas tales como radiaciones y sustancias químicas u otros
factores ambientales perjudiciales que pudieran afectar directa o indirectamente la salud".
Para tal fin, los Estados deben adoptar medidas para combatir los riesgos para la salud
relacionados con el medio ambiente, entre otros, formulando y aplicando políticas “con miras
a reducir y suprimir la contaminació n del aire, el agua y el suelo, incluida la contaminació n
causada por metales pesados [...]”.
Recomendaciones
5. Adoptar las medidas necesarias para poner en marcha o fortalecer los sistemas de
supervisió n y fiscalizació n de actividades de extracció n, explotació n o desarrollo, de manera
coherente con las obligaciones de derechos humanos y de modo tal que se encuentre orientado
a evitar la vulneració n de los derechos de la població n en el á rea de influencia en que estas
actividades tienen lugar. Ello implica contar con un marco jurídico e institucional que vele la
protecció n del medio ambiente y los derechos humanos vulnerables en estos contextos, a
travé s entre otros del monitoreo perió dico y la imposició n sanciones o medidas de correcció n
frente a su incumplimiento. Estos mecanismos de evaluació n y control deben ser transparentes
e independientes de las estructuras de control de las empresas y de cualquier tipo de influencia.
278. En ese sentido, los contextos de proyectos de extracció n de recursos naturales, actividades
que se producen, por lo general, en tierras y territorios habitados histó ricamente por pueblos
indígenas y tribales, independientemente de su estatus jurídico, pueden generar serios efectos
en el medio ambiente. Tal es el caso de la minería ilegal, sobre todo en regiones amazó nicas,
que trae como consecuencia un intenso ritmo de deforestació n y contaminació n de suelos y
ríos, debido al empleo de sustancias como el mercurio.
47. La CIDH y su REDESCA reafirman la relació n estrecha entre los derechos humanos, el
desarrollo sostenible y el medio ambiente cuya interacció n abarca innumerables facetas y
alcances; por ello, no só lo los Estados, al ejercer sus funciones regulatorias, fiscalizadoras y
judiciales, sino tambié n las empresas, en el marco de sus actividades y relaciones comerciales,
deben tener en cuenta y respetar el derecho humano a un medio ambiente sano y el uso
sostenible y conservació n de los ecosistemas y diversidad bioló gica, poniendo especial
atenció n a su estrecha relació n con los pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y
poblaciones rurales o campesinas. Eso incluye el aseguramiento y respeto, como mínimo, de
todas las leyes ambientales vigentes y está ndares o principios internacionales sobre la materia,
poner en marcha procesos de debida diligencia respecto del impacto ambiental en los derechos
humanos y el clima, garantizar el acceso a la informació n ambiental, los procesos participativos
y la rendició n de cuentas, así como la reparació n efectiva a las víctimas por la degradació n
ambiental. No só lo se debe prestar atenció n a la dimensió n individual del derecho a un medio
ambiente sano, tambié n se requiere dotar de efectividad a su componente colectivo, en tanto
interé s de alcance universal e intergeneracional; asimismo se debe dar la debida protecció n a
las características propias del medio ambiente como bienes jurídicos en sí mismos,
independientemente de la conexidad con su utilidad para los seres humanos. En particular, a
nivel regional, la REDESCA subraya la importancia de que los Estados ratifiquen y apliquen las
disposiciones del Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Informació n, la Participació n Pú blica y
el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en Amé rica Latina y el Caribe adoptado en 2018,
conocido como Acuerdo de Escazú , y subraya la obligació n inmediata de los Estados de
implementar estrategias y políticas basadas en los derechos humanos y con perspectiva de
gé nero para reducir las emisiones de efecto invernadero y los efectos del cambio climá tico, en
la que se incluya las responsabilidades jurídicas de las empresas y la debida protecció n de las
personas defensoras del medio ambiente.
237. Ahora bien, desde el marco de la OEA la relació n entre medio ambiente y derechos
humanos se puede identificar en diversos pronunciamientos de la Asamblea General, así por
ejemplo esta ha reconocido “que el cambio climá tico genera impactos negativos en todo el
Hemisferio provocando la degradació n de la calidad de vida y del medio ambiente para las
generaciones presentes y futuras”. Por su parte, la CÍDH ya ha reconocido el estrecho vínculo
entre la subsistencia del ser humano y la preservació n de un medio ambiente sano, y advierte
que la degradació n del medio ambiente puede afectar negativamente el acceso al agua y el
disfrute de varios derechos humanos, como los derechos a la vida, a la salud, al desarrollo o a
la libre determinació n. En particular, subrayó que los vínculos entre el cambio climá tico y la
ocurrencia de desastres ambientales cada vez má s recurrentes amenazan el ejercicio de varios
derechos humanos, incluyendo la generació n del desplazamiento forzado de personas y el
aumento de la desigualdad y la pobreza. Tanto la CIDH como la Corte IDH tambié n han
subrayado el papel positivo y relevante de las personas defensoras del medio ambiente así
como la necesidad del reconocimiento y protecció n especial que se debe dar a su trabajo y
actividades de defensa de los derechos humanos al considerarlas fundamentales para el
fortalecimiento de la democracia y el Estado de Derecho. Así, la CIDH y su REDESCA consideran
importante enfatizar la contribució n que estos actores hacen en la observancia de los derechos
humanos a travé s de la protecció n ambiental, y reiteran el rol esencial que desempeñ an dentro
de los Estados y el mismo sistema interamericano en la lucha contra el cambio climá tico y la
degradació n ambiental.
250. En ese sentido, mediante su diseñ o institucional y normativo, los Estados deben dirigir
sus esfuerzos a asegurar que las empresas contribuyan o eviten provocar impactos negativos
en los derechos humanos mediante el dañ o ambiental en general y el cambio climá tico en
particular. Las empresas deben hacer frente a esas consecuencias cuando se produzcan y
ejercer la debida diligencia, incluyendo medidas de mitigació n y adaptació n ambiental, para
prevenir afectaciones sobre los derechos humanos directamente relacionadas con
operaciones, productos o servicios prestados en el marco de sus relaciones comerciales que
generen dañ os en el ambiente. Esto tiene particular relevancia para aquellas empresas
involucradas en la industria de los combustibles fó siles y aquellas que generan deforestació n
por ser quienes má s impulsan el cambio climá tico. Las instituciones de inversió n y
financiamiento, sean pú blicos o privados, tambié n deben dirigir sus acciones en consonancia
con la reducció n y limitació n de emisiones de gases de efecto invernadero y el respeto al
derecho a un medio ambiente sano. En general, todas las empresas deben buscar reducir sus
emisiones de gases de efecto invernadero, evitar emisiones excesivas, publicar informació n de
manera accesible sobre las acciones dirigidas a ese fin y no obstaculizar el acceso a recursos de
protecció n, la labor de las personas defensoras de los derechos humanos en asuntos
ambientales, ni las políticas y marcos normativos destinados a hacer frente el cambio climá tico
y la degradació n ambiental, inclusive en aquellas actividades comerciales que tengan
naturaleza transnacional.
251. Para la Comisió n y su REDESCA tambié n es prioritario que los Estados garanticen el acceso
a la justicia y a la reparació n del dañ o en materia climá tica. Esta obligació n requiere a los
Estados que garanticen la existencia de mecanismos accesibles, asequibles, oportunos y
efectivos, para impugnar aquellas acciones u omisiones que puedan afectar los derechos
humanos por el cambio climá tico y la degradació n ambiental y para obtener reparació n de
dañ os que surjan de los riesgos climá ticos y de las políticas que se tomen al respecto, ya sea
que estas acciones provengan del Estado o por conducto de las empresas.
213. Sobre el derecho a un medio ambiente sano, la CIDH y su REDESCA destacan el Protocolo
de San Salvador como el primer instrumento vinculante interamericano que reconoce y exige
la protección de dicho derecho de manera expresa. A su vez reviste de importancia el artículo
26 de la CADH y el artículo XI de la Declaración Americana, las cuales por vía interpretativa
realizada por la Corte IDH y la Comisión también incluyen dicho derecho, así como la
Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas
Mayores en donde se establece que “la persona mayor tiene derecho a vivir en un medio
ambiente sano y a contar con servicios públicos básicos”. Por su parte la Carta Democrática
Interamericana, la Carta Social de la Américas y la Declaración Americana sobre los Derechos
de los Pueblos Indígenas también tienen referencias relacionadas al derecho a un medio
ambiente sano.
214. Por otro lado, el Grupo de Trabajo sobre el Protocolo de San Salvador, ha establecido, que
las obligaciones que se derivan para los Estados respecto del derecho al medio ambiente se
centran en garantizar a todas las personas, sin discriminación alguna, el derecho un medio
ambiente sano y servicios públicos básicos; promover la protección y preservación del medio
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TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 103
ambiente, así como el mejoramiento de este, guiándose por los criterios de disponibilidad,
accesibilidad, sostenibilidad, aceptabilidad y adaptabilidad, común a otros derechos
económicos, sociales y culturales.
216. Por su parte, la Comisión entiende que el derecho a un medio ambiente sano es una
precondición necesaria para el ejercicio de varios derechos de rango fundamental en el caso de
las comunidades afrodescendientes y pueblos tribales; toda vez que la calidad medioambiental
mínima puede verse afectada por el deterioro de sus territorios y recursos naturales. La CIDH
y su REDESCA han subrayado el estrecho vínculo entre la subsistencia del ser humano y la
preservación de un medio ambiente sano, y advierten que la degradación del medio ambiente
puede afectar negativamente el acceso al agua y el disfrute de varios derechos humanos, como
los derechos a la vida, a la salud, al desarrollo o a la libre determinación. En particular, han
indicado que los vínculos entre el cambio climático y la ocurrencia de desastres ambientales
cada vez más recurrentes amenazan el ejercicio de varios derechos humanos, incluyendo la
generación del desplazamiento forzado de personas y el aumento de la desigualdad y la
pobreza de los sectores en mayor situación de vulnerabilidad. También han indicado que toda
política pública y marco normativo que se implemente en relación con la mitigación,
adaptación y resiliencia al cambio climático, así como para enfrentar los daños ambientales
significativos deben realizarse con un enfoque de derechos e incluir los impactos y
vulneraciones producidas por las empresas, incluyendo a las agentes de financiamiento e
inversión.
Informe de país
Situación de los derechos humanos en Brasil. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 9 (12 febrero 2021)
86. Por último, la Comisión Interamericana señala al Estado que la discriminación étnico-racial
sufrida por los pueblos indígenas, centrada en la asimilación cultural histórica de esas
poblaciones y en la invasión de sus territorios ancestrales, expone a estas personas a
violaciones diversas, como actos de violencia perpetrados en los territorios por grupos ilegales
dedicados a la extracción de recursos naturales, así como la falta de una política robusta que
garantice a esas poblaciones el acceso efectivo y culturalmente adecuado a sus derechos
económicos, sociales, culturales y ambientales. La CIDH subraya que el deterioro de la
protección proporcionada por el Estado en los territorios indígenas aumenta el riesgo de
exterminio de poblaciones ancestrales a raíz de enfrentamientos con los invasores, la
destrucción del medio ambiente y de sus formas de subsistencia, la asimilación cultural y
procesos de adaptación de esas poblaciones a la voluntad de las mayorías.
Informe anual
1217. La REDESCA es consciente que, si bien hay un llamado generalizado para volver a una
“nueva normalidad”, la misma podría haber sido la misma razón que nos llevó a este presente.
La salud de los ecosistemas está intrínsicamente ligada a la salud de las personas; no es por
nada que las agencias especializadas de Naciones Unidas sobre medioambiente han relevado
que parte de los factores que ayudaron al nuevo coronavirus a expandirse de la manera que lo
hizo fue en parte debido a los grandes índices de pérdida de bio-diversad que pudieron haber
sido una barrera natural para el virus.
1218. Sin embargo, los acelerados cambios en nuestro clima, más una economía depredadora
de los recursos naturales, solamente están llevando a que las brechas sociales se sigan
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 105
Comunicados de prensa
REDESCA saluda decisiones tomadas en la región para enfrentar el cambio climático. CP No.
083/18 (17 de abril de 2018)
Esta Relatoría Especial reconoce la labor y esfuerzos impulsados desde la sociedad civil para el
avance de estas iniciativas y recuerda que la Corte IDH, mediante la Opinión Consultiva 23-17,
ha indicado que los Estados deben regular, supervisar y fiscalizar las actividades bajo su
jurisdicción que puedan producir un daño significativo al medio ambiente. En dicha Opinión
también se indica que los Estados deben aplicar el principio de precaución, frente a posibles
daños graves o irreversibles al medio ambiente, aún en ausencia de certeza científica. Lo
anterior debido a la existencia de una relación innegable entre la protección del derecho a un
medio ambiente sano y la realización de otros derechos humanos, en tanto que la degradación
de los ecosistemas puede afectar el goce efectivo de estos.
Las Américas: Los gobiernos deben fortalecer, no debilitar, la protección del medio ambiente
durante la pandemia de la COVID-19. CP No. 198/20 (13 de agosto de 2020)
En esta materia, los Estados deben suspender o abstenerse de aprobar o invertir en cualquier
actividad industrial o agrícola a gran escala si no se han aplicado los mecanismos apropiados
de consulta y participación con arreglo a las normas internacionales, incluido el
consentimiento libre, previo e informado de los pueblos indígenas. Además, deben asegurar
que todas las instituciones de protección del medio ambiente cuenten con la financiación, el
personal y el equipo adecuados para continuar sus tareas de vigilancia y aplicación de la ley en
sus respectivas jurisdicciones.
En caso de que sea necesario adoptar una decisión para reformar normas medioambientales
específicas, esas decisiones deberán respetar tanto los elementos de procedimiento como los
sustantivos de los derechos humanos. Todas las decisiones deben adoptarse de manera
transparente, con una amplia participación del público y proporcionando acceso a la justicia a
las personas, comunidades y otras organizaciones interesadas. Los Estados deben velar por
que todo cambio respete los principios de no discriminación y no retroceso.
En el Día de la Tierra, CIDH y REDESCA saludan la entrada en vigor del Acuerdo de Escazú y
llaman a los Estados de la región a fortalecer sus políticas públicas ambientales frente a la
emergencia climática. CP No.98/21 (22 de abril de 2021)
Los impactos climáticos desproporcionados ya son una realidad en las Américas, como
ejemplifica la magnitud de los incendios forestales en la Amazonía y otras zonas de la región.
La destrucción de los bosques no solo contribuye a la crisis climática, sino que provoca el
desplazamiento forzado de comunidades, la pérdida de tierras de subsistencia y el grave
riesgo para la subsistencia de los pueblos indígenas en aislamiento voluntario. Así mismo, el
aumento de la temperatura global se asocia a una disminución en el caudal de los ríos y a una
tendencia a la sequía en los ríos en Centroamérica; esto mientras que un área de entre el 20%
y el 50% de glaciares andinos se ha derretido desde los años setenta. Todo ello reduce la
disponibilidad del recurso hídrico, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria de
poblaciones enteras, especialmente de aquellas que están expuestas a condiciones
preexistentes de precariedad y desigualdad social.
Frente a esta realidad, la CIDH y la REDESCA llaman a los Estados americanos a fortalecer de
manera urgente sus políticas públicas ambientales frente a la emergencia climática,
reiterando su compromiso y disposición a contribuir en todo lo que esté a su alcance con tales
esfuerzos. En tal sentido, como mandato especializado de la CIDH en derechos ambientales,
la REDESCA seguirá impulsando acciones para determinar la vinculación "entre los efectos
adversos del cambio climático y el pleno goce de los derechos humanos", tal como previsto
en la Resolución de la Asamblea General de la OEA 2429 de 2008 sobre Derechos Humanos y
Cambio Climático en las Américas. Al respecto, la CIDH encargó a REDESCA en el vigente Plan
Estratégico 2017-2021 el desarrollo de estándares sobre medio ambiente y cambio climático,
algo en lo que el mandato ha venido avanzando y se refleja, por ejemplo, en el Informe sobre
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TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 107
H. Derecho a la salud
80. La Declaración Americana sobre los Derechos y Deberes del Hombre reconoce el derecho a la
preservación de la salud y al bienestar en su artículo XI, así como la Carta de la Organización
de los Estados Americanos en sus artículos 34 y 45. Además de lo anterior, el sistema
interamericano ha determinado la existencia de un vínculo estrecho entre la salud, diversos
derechos económicos o sociales, y los derechos a la integridad personal y a la vida.
Medidas Cautelares
Medida Cautelar No. 617-15. Gómez Murillo y otros respecto de Costa Rica (29 de enero de 2016)
12. Teniendo en cuenta dicha información, la Comisión Interamericana observa que, a más de
5 años de emitido el informe de fondo de la CIDH y más de 3 años de la resolución de la Corte
Interamericana, ambas en relación con el caso Artavia Murillo y otros, la restricción para tener
acceso a la técnica de FIV continuaría hasta la fecha. Dada la naturaleza de la situación y la
posibilidad de que el transcurso del tiempo continúe convirtiendo en ilusorio el acceso al
tratamiento que les permita la búsqueda de tener hijos biológicos, la Comisión considera
necesaria la implementación de medidas inmediatas y eficaces destinadas a atender la
situación de las personas individualizadas en la presente resolución a fin de no frustrar el
ejercicio de sus derechos.
Medida Cautelar No. 161-17. Centros Juveniles de Privación de Libertad respecto de Guatemala
(12 de junio de 2017)
Medida Cautelar No. 876-171. X, Y y familia respecto de Colombia (25 de diciembre de 2017)
[Link] otra parte, la Comisió n ha conocido sobre los obstá culos que tienen las mujeres al
intentar denunciar los hechos de violencia sufridos, así como la falta de protecciones y
garantías judiciales para proteger su dignidad, seguridad y privacidad durante el proceso. La
Comisió n ha recibido informació n por parte de su Relatoría de Derechos de las Mujeres sobre
el miedo de las víctimas de violencia a ser revictimizadas y su desconfianza para presentar
denuncias sobre los actos de violencia en su contra. En este sentido, la Comisió n ha resaltado
la importancia de que el Estado proporcione servicios mé dicos adecuados para las mujeres que
han sido víctimas de violencia sexual, incluyendo los relativos a la salud mental, sexual y
reproductiva.
Medida cautelar No. 1039-17. Niños y niñas pacientes del área de Nefrología del Hospital José
Manuel de los Ríos respecto de Venezuela (21 de febrero de 2018)
22. La Comisió n Interamericana de Derechos Humanos considera que el presente asunto reú ne
prima facie los requisitos de gravedad, urgencia e irreparabilidad contenidos en el artículo 25
de su Reglamento. En consecuencia, la Comisió n solicita a Venezuela que:
a) adopte las medidas necesarias para garantizar la vida, integridad personal y salud de las
niñ as y los niñ os pacientes del á rea de Nefrología del Hospital José Manuel de los Ríos en
Caracas. En particular, la Comisió n considera que las autoridades deben proporcionar un
tratamiento mé dico que tome en cuenta, entre otros aspectos, el acceso a los medicamentos
y procedimientos requeridos, conforme a las recomendaciones de los expertos
correspondientes, así como la satisfacció n de sus necesidades nutricionales y otras medidas
complementarias, a la luz de su interé s superior;
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b) adopte las medidas necesarias a fin de asegurar que las condiciones de salubridad y
seguridad del á rea de Nefrología en donde se encuentran las niñ as y los niñ os sean las
adecuadas, conforme a los está ndares internacionales aplicables; (…)
Medida Cautelar No. 48-18. Adolescente “M” respecto de México (2 de abril de 2018)
29. En vista de los antecedentes señ alados, la CIDH considera que el presente asunto reú ne
prima facie los requisitos de gravedad, urgencia e irreparabilidad contenidos en el artículo 25
de su Reglamento. En consecuencia, la Comisió n solicita al Estado de Mé xico que:
a) Adopte las medidas necesarias para preservar la vida, integridad personal y la salud de
“M”, teniendo en cuenta su condició n de adolescente y la necesidad de salvaguardar su
interé s superior; y
Medida cautelar N° 1014-17. Niña indígena U.V.O. y familia respecto de México (5 de mayo de
2018)
3. Tras analizar las alegaciones de hecho y de derecho efectuadas por las partes, la Comisió n
considera que los propuestos beneficiarios se encuentran prima facie en una situació n de
gravedad y urgencia, toda vez que sus derechos enfrentan un riesgo de dañ o irreparable. Por
consiguiente, con base en el artículo 25 de su Reglamento, la Comisió n requiere a Mé xico: a)
adopte las medidas necesarias para proteger la vida, integridad personal y salud de la niñ a
indígena U.V.O. de acuerdo con los está ndares internacionales en la materia y orientadas
conforme a su interé s superior, incluyé ndose tambié n a los miembros de su familia
debidamente identificados; b) adopte las medidas culturalmente adecuadas con perspectiva de
gé nero y considerando su interé s superior para asegurar que la niñ a indígena U.V.O. continú e
con y tenga acceso a las atenciones de salud mé dica y psicoló gica necesarias;(…)
Medida cautelar No. 150-19. Hospital Maternidad Concepción Palacios respecto de Venezuela
(18 de marzo de 2019)
16. En el presente asunto, la Comisió n observa que la alegada situació n de riesgo de las mujeres
pacientes en el Hospital se enmarca en un contexto específico, relacionado con una falta de
acceso a tratamientos mé dicos que só lo las mujeres requieren, por los motivos que fueron
señ alados en la solicitud. Aunado a lo anterior, los factores de riesgo enfrentados por las
pacientes adquieren una dimensió n particular, en cuanto se trata de mujeres embarazadas,
parturientas o pué rperas, que requieren por ende de una protecció n reforzada y de una
atenció n má s especializada. En efecto, tal y como lo ha señ alado la Corte Interamericana, la
Comisió n entiende que “[...] la salud sexual y reproductiva constituye ciertamente una
expresió n de la salud que tiene particulares implicancias para las mujeres debido a su
capacidad bioló gica de embarazo y parto”. Ello requiere, por lo tanto, abordar la situació n de
las propuestas beneficiarias desde una perspectiva que se ajuste a su condició n, así como de
cara al impacto diferenciado que tendrían sobre ellas los factores de riesgo enfrentados,
valoració n que la Comisió n de hecho ya ha efectuado en el marco de otras situaciones que
requieren un aná lisis diferenciado en vista de las circunstancias.
17. Partiendo de estas premisas, la Comisió n considera oportuno recordar que, bajo
Convenció n de Belé m do Pará , invocada por las solicitantes y de la cual el Estado de Venezuela
es parte, “[...] debe entenderse por violencia contra la mujer cualquier acció n o conducta,
basada en su gé nero, que cause muerte, dañ o o sufrimiento físico, sexual o psicoló gico a la
mujer, tanto en el á mbito pú blico como en el privado”, incluyendo en aquellas situaciones en
las que la violencia sea perpetrada por cualquier persona y se dé en un establecimiento de
salud. De conformidad con la citada Convenció n, los Estados tienen el deber de adoptar, por
todos los medios apropiados y sin dilaciones, políticas orientadas a prevenir, sancionar y
erradicar dicha violencia, teniendo especialmente en cuenta situaciones de vulnerabilidad,
como en el caso de una mujer embarazada.
18. Segú n lo ha señ alado la Comisió n, “[e]l derecho a la integridad personal en el á mbito de la
salud guarda una estrecha relació n con el derecho a la salud dado que la provisió n de servicios
adecuados y oportunos de salud materna es una de las medidas principales para garantizar el
derecho a la integridad personal de las mujeres”. En esta línea, señ aló que “[b]ajo el sistema
interamericano, las barreras en el acceso a servicios de salud materna se pueden traducir en la
afectació n al derecho a la integridad física, psíquica, y moral de las mujeres”.
19. Tomando en cuenta estos elementos en su conjunto, la Comisió n estima necesario señ alar
que, al momento de determinar la situació n de riesgo para la salud, vida e integridad personal
de las mujeres propuestas como beneficiarias, é sta no solo debe analizarse en sí misma, sino
tambié n sumando la dimensió n del impacto diferenciado, permitiendo así una valoració n
integral. En efecto, de conformidad con la referida Convenció n de Belé m do Pará , ello implica
reconocer que las graves barreras para acceder a un tratamiento mé dico adecuado y oportuno
supone una forma má s de violencia contra la mujer, caracterizada por el impacto diferenciado
que precisamente se produce con base en su gé nero o por su sola condició n de mujer, reflejo
de la discriminació n a la cual ha sido histó ricamente sometida. En efecto, la CIDH ha
considerado a su vez que la falta de medidas positivas para garantizar tanto la accesibilidad a
los servicios de salud materna, así como para garantizar todas las características del derecho a
la salud, pueden ademá s repercutir en una afectació n al principio de igualdad y no
discriminació n, que permean el sistema interamericano.
20. En el presente asunto, la Comisió n nota que de acuerdo con la informació n aportada por las
solicitantes, el Hospital en su conjunto adolece de diversas carencias y de graves condiciones
de insalubridad. En este sentido, la Comisió n entiende que las pacientes que ingresen al mismo
en bú squeda de un tratamiento mé dico pueden no recibir los servicios que correspondan a los
está ndares aplicables para su prestació n los cuales, conforme a los principios de aceptabilidad
y calidad de establecimientos, bienes y servicios de salud, no solo deben ser respetuosos de la
é tica mé dica y culturalmente apropiados, sino tambié n apropiados desde el punto de vista
científico y mé dico.
21. A ese respecto, la Comisió n recuerda, que junto con su Relatoría Especial sobre Derechos
Econó micos, Sociales, Culturales y Ambientales (REDESCA) se ha pronunciado respecto de la
escasez y desabastecimiento de medicamentos, insumos, material y tratamiento mé dico en
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Venezuela que se viene agravando desde el 2014, lo cual ha llevado a escasez de medicinas e
insumos a nivel nacional, con un impacto mayor sobre grupos en situació n de exclusió n y
discriminació n histó rica, incluyendo las mujeres y en particular, las mujeres embarazadas. Así,
la CIDH ha señ alado como especialmente preocupante la situació n de las mujeres embarazadas
en cuanto a la falta de tratamientos para mujeres embarazadas seropositivas para reducir el
riesgo de la transmisió n infantil así como que en el marco de la crisis alimentaria que atraviesa
el país la malnutrició n les afecta especialmente durante el embarazo y la lactancia, momentos
cruciales para la vida saludable de la mujer y el feto. De igual forma, la Comisió n ha advertido
con preocupació n los índices de mortalidad infantil y en particular, la preocupante la situació n
de los neonatos. En este contexto, la Comisió n ha sido informada que como consecuencia del
desabastecimiento de medicamentos, insumos, material y tratamiento mé dico, miles de
mujeres se han visto obligadas a migrar para dar a luz, la mayoría en estado avanzado de
embarazo y con cuadros mé dicos críticos.
Medida cautelar No. 1498-18. Marcelino Díaz Sánchez y otros respecto de México (23 de abril
de 2019)
24. Adicionalmente, la CIDH toma nota que no solo los altos grados de exposició n a sustancias
tó xicas o peligrosas representan una amenaza a los derechos a la vida, integridad personal y
salud sino tambié n pueden hacerlo la exposició n cró nica y permanente de bajo nivel a tales
sustancias. En particular, la protecció n del derecho a la salud en estas circunstancias está
estrechamente relacionado con los derechos al agua, alimentació n y viviendas adecuadas, y la
correspondiente obligació n de los Estados de protegerlos contra la exposició n a sustancias
tó xicas y los riesgos u amenazas que estas engloban. A fin de proteger los derechos humanos
amenazados en tales circunstancias, los Estados tienen, entre otras obligaciones, el deber de
generar, recopilar, evaluar y actualizar la informació n adecuada, comunicarla efectivamente,
en particular a la població n en riesgo, facilitar el derecho de participació n de los titulares de
derechos en la toma de decisiones en tales contextos, así como implementar acciones para que
las empresas involucradas con el manejo de tales sustancias realicen la diligencia debida en
materia de derechos humanos.
Medida cautelar No. 566-19. Trece personas con hemofilia y otras coagulopatías respecto de
Venezuela (15 de julio de 2019)
Medida cautelar No. 23-20. Centro de Arresto y Detenciones Preventivas de Cabimas respecto
de Venezuela (“Retén de Cabimas”) (6 de febrero de 2020)
38. Segú n lo ha señ alado la Comisió n, “[b]ajo el sistema interamericano, las barreras en el
acceso a servicios de salud materna se pueden traducir en la afectació n al derecho a la
integridad física, psíquica, y moral de las mujeres”, que a su vez pueden producir afectaciones
de naturaleza irreparable. Asimismo, como ha sido reiterado en el marco de otras medidas de
protecció n internacional, se reitera la obligació n de los Estado de tomar en consideració n la
atenció n especial que deben recibir las mujeres privadas de libertad embarazadas y en
lactancia durante su detenció n. Adicionalmente, las autoridades deben proteger a las mujeres
contra toda forma de discriminació n y violencia, má s aú n cuando se encuentran bajo la
custodia estatal, razó n por la cual deben estar separadas de los hombres y ser vigiladas por
personal femenino.
Medida cautelar No. 317-20. Juan Antonio Planchart Márquez respecto de Venezuela (3 de
mayo de 2020)
Medida cautelar No. 545-19. 12 mujeres con cáncer de mama respecto de Venezuela (14 de
octubre de 2020)
17. Tomando en cuenta estos elementos en su conjunto, la Comisió n estima necesario señ alar
que, al momento de determinar la situació n de riesgo para la salud, vida e integridad personal
de las mujeres propuestas como beneficiarias, é sta no solo debe analizarse en sí misma, sino
tambié n sumando la dimensió n del impacto diferenciado, permitiendo así una valoració n
integral. En efecto, de conformidad con la referida Convenció n de Belé m do Pará , ello implica
reconocer que las graves barreras para acceder a un tratamiento mé dico adecuado y oportuno
supone una forma má s de violencia contra la mujer, caracterizada por el impacto diferenciado
que precisamente se produce con base en su gé nero o por su sola condició n de mujer, reflejo
de la discriminació n a la cual ha sido histó ricamente sometida. En efecto, la CIDH ha
considerado a su vez que la falta de medidas positivas para garantizar todas las características
del derecho a la salud como la disponibilidad, aceptabilidad y calidad, pueden repercutir en
una afectació n al principio de igualdad y no discriminació n, que permean el sistema
interamericano.
21. Asimismo, la Comisió n y su Relatoría Especial sobre los Derechos Econó micos, Sociales,
Culturales y Ambientales (REDESCA) han advertido con grave preocupació n los efectos de la
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Medida cautelar No. 1286-18 Veinte personas diagnosticadas con Esclerosis Múltiple respecto
de Venezuela (Ampliación) (7 de enero de 2021)
104. En esta línea, la Comisión también enfatiza que la compleja situación humanitaria de
Venezuela resulta aún más difícil para las personas con enfermedades crónicas preexistentes
en el contexto de la actual pandemia, en el cual los Estados se encuentran en la obligación de
velar por una distribución y acceso equitativos a las instalaciones, bienes y servicios de salud
sin discriminación alguna, asegurando la atención de las personas con enfermedades
preexistentes que las hacen especialmente vulnerables al virus, como sería en este caso las
personas afectadas por la esclerosis múltiple. Como la CIDH y su REDESCA han dicho, dado el
carácter viral de la transmisión del COVID-19 ciertos grupos sociales se encuentran en mayor
riesgo de sufrir impactos diferenciados y que sus derechos sean afectados más fácilmente;
entre ellas se encuentran las personas con determinadas patologías y enfermedades, como la
esclerosis múltiple, por lo que las medidas que se adopten deben incluir acciones de prevención
del contagio y de garantía de la atención y tratamiento médico, medicamentos y provisiones,
evitando los impactos diferenciados del desabastecimiento.
108. Considerando la situación dentro del contexto de crisis particular que atraviesa
Venezuela, así como las acciones internas iniciadas, la Comisión no identifica información que
indique que la alegada situación de riesgo de las personas propuestas beneficiaras habría sido
efectivamente atendida por el Estado. En estas circunstancias, la Comisión lamenta la falta de
una respuesta sustancial de parte del Estado, más aún frente a la naturaleza de los hechos
alegados en el contexto actual del país. Si bien ello no justifica por sí mismo el otorgamiento o
ampliación de medidas cautelares, sí impide a la Comisión conocer sus observaciones acerca
de las presentes solicitudes de medidas cautelares. En estas condiciones, la Comisión considera
que el Estado no ha presentado información en relación con la situación de salud de las
personas propuestas como beneficiarias, la idoneidad del medicamento que requerirían o las
dificultades para garantizar su acceso, o bien, si contasen con un tratamiento alternativo
adecuado. En este sentido, no se cuentan con elementos de valoración que controvierta la
preocupante situación de riesgo alegada por los solicitantes.
Demanda en el caso de Damiao Ximenes Lopes (Caso 12.237) contra la República Federativa del
Brasil (1º de octubre de 2004)
94. El té rmino "personas con discapacidad" se refiere usualmente a cualquier persona limitada
para ejercer total o parcialmente las actividades esenciales de su vida diaria, como resultado
de una deficiencia, temporal o permanente, en su capacidad física o mental.
95. La Comisió n Interamericana ha señ alado que las personas con enfermedades mentales son
particularmente vulnerables a la discriminació n, la restricció n arbitraria de la libertad
personal y el trato inhumano y degradante.
96. Aunque las situaciones de hecho que afectan a las personas con enfermedades mentales no
siempre sean percibidas como problemas de derechos humanos, lo cierto es que muchas veces
estas personas ven afectada su integridad personal, su vida y otros derechos fundamentales en
razó n de su circunstancia especial.
97. Una persona con discapacidad mental puede tener un nivel de afectació n leve, moderado,
severo o profundo, que a la vez puede ser temporal o permanente. Pero, ante todo, tiene
características y personalidad ú nica. En té rminos gené ricos, está expuesta a prejuicio, estigma
y otros factores culturales y prá cticos que implican frecuentemente que se mantenga silencio
respecto a las violaciones que sufre. Ello facilita la impunidad y repetició n.
Demanda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso de Pedro Miguel Vera
Vera y Otros (Caso 11.535) contra la República de Ecuador (24 de febrero de 2010)
Las personas privadas de libertad tendrá n derecho a la salud, entendida como el disfrute
del má s alto nivel posible de bienestar físico, mental y social, que incluye, entre otros, la
atenció n mé dica, psiquiá trica y odontoló gica adecuada; la disponibilidad permanente de
personal mé dico idó neo e imparcial; el acceso a tratamiento y medicamentos apropiados y
gratuitos [...].
40. El Principio XXIV para la Protecció n de Todas las Personas Sometidas a Cualquier Forma de
Detenció n o Prisió n establece que “[...] toda persona detenida [...] recibirá [...] atenció n y
tratamiento mé dico cada vez que sea necesario [...]” . La regla 22(1) de las “Reglas Mínimas
para el Tratamiento de los Reclusos” establece lo siguiente:
Todo establecimiento penitenciario dispondrá por lo menos de los servicios de un mé dico
calificado que deberá poseer algunos conocimientos psiquiá tricos. Los servicios mé dicos
deberá n organizarse íntimamente vinculados con la administració n general del servicio
sanitario de la comunidad o de la nació n. Deberá n comprender un servicio psiquiá trico para
el diagnó stico y, si fuere necesario, para el tratamiento de los casos de enfermedades
mentales. 2) Se dispondrá el traslado de los enfermos cuyo estado requiera cuidados
especiales, a establecimientos penitenciarios especializados o a hospitales civiles. Cuando
el establecimiento disponga de servicios internos de hospital, é stos estará n provistos del
material, del instrumental y de los productos farmacé uticos necesario para proporcionar a
los reclusos enfermos los cuidados y el tratamiento adecuados. Ademá s, el personal deberá
poseer suficiente preparació n profesional. 3) Todo recluso debe poder utilizar los servicios
de un dentista calificado.
41. Asimismo, los Principios 1 y 2 de los “Principios de é tica mé dica aplicables a la funció n del
personal de salud, especialmente los mé dicos, en la protecció n de personas presas y detenidas
contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes”, establecen que los
mé dicos tienen el deber de “brindar protecció n a la salud física y mental de dichas personas y
de tratar sus enfermedades al mismo nivel de calidad que brindan a las personas que no está n
presas o detenidas” y que “constituye una violació n de la é tica mé dica, así como un delito con
arreglo a los instrumentos internacionales aplicables, la participació n o complicidad en
torturas u otros tratos crueles, inhumanos o degradantes, incitació n a ello o intento de
cometerlos“.
42. En vista de lo anterior, en el caso de las personas privadas de libertad, la obligació n de los
Estados de respetar la integridad física, de no emplear tratos crueles, inhumanos y de respetar
la dignidad inherente al ser humano, se extiende a garantizar el acceso a la atenció n mé dica
adecuada.
54. Lo anterior implica que el deber de protecció n se extiende al á mbito de la salud pú blica y
en el caso de hospitales pú blicos, los actos y las omisiones de su personal pueden generar la
responsabilidad del Estado bajo la Convenció n Americana y deben ser materia de
esclarecimiento y rendició n de cuentas. En el caso de la muerte de personas que se encuentran
bajo la custodia del Estado, corresponde establecer si el Estado ha cumplido o no con su deber
de garantía del derecho a la vida y si se han adoptado las medidas necesarias para esclarecer
los hechos y juzgar a los posibles responsables.
62. Asimismo, la obligació n de garantía y protecció n del bienestar físico de las personas
privadas de libertad – que segú n se indicó́ supra incluye la provisió n de asistencia mé dica –
implica que toda vez que un detenido pierde su vida el Estado tiene la obligació n de esclarecer
las causas de la muerte y las medidas que se hubieren adoptado para brindar tratamiento
mé dico adecuado.
Demanda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso del Pueblo Indígena
Kichwa de Sarayaku y sus miembros (Caso 12.465) contra Ecuador (26 de abril de 2010)
137. La Comisió n ha indicado que el suministro de informació n clara y suficiente a los Pueblos
indígenas sobre las intervenciones externas que puedan afectar su territorio es condició n
indispensable para garantizar adecuadamente el ejercicio de su derecho a la propiedad
colectiva sobre sus territorios. Asimismo, la estrecha relació n de los Pueblos indígenas con su
territorio, permite sostener que el derecho de acceso a la informació n sobre la potencial
intervenció n exó gena en territorio indígena, cuando la misma puede tener un impacto serio en
el há bitat comunitario, puede convertirse en un mecanismo necesario para asegurar otros
derechos como el derecho a la salud de los miembros del grupo, e incluso, el derecho a su
existencia misma como comunidad. Finalmente, el derecho de acceso a la informació n sobre
ingerencias exó genas en territorio indígena es condició n indispensable para garantizar el
control sobre las decisiones políticas que pueden comprometer derechos colectivos de dicho
Pueblo y los derechos fundamentales que por conexidad resultarían afectados.
170. Sin embargo, tal como se indicó en la sección relativa a las obligaciones estatales
relacionadas con el derecho a la integridad personal en el ámbito de la salud, el deber de
regular, supervisar y fiscalizar, corresponde al Estado frente a toda entidad que preste atención
en salud. En ese sentido, si se comete una afectación a la integridad personal o a la vida en una
institución de salud privada que opera sin un marco de regulación apropiado y sin una
supervisión y fiscalización adecuada y oportuna, el Estado sería responsable por
incumplimiento del deber de garantía de tales derechos. Asimismo, existen ciertas actividades
en el mismo ámbito de la salud que, por el propio riesgo que entrañan para la vida e integridad
personal, imponen en los Estados un deber más reforzado de regular, supervisar y fiscalizar la
actividad. La Comisión considera que los Bancos de Sangre, por su propia naturaleza y
funciones, se encuentran dentro de esta categoría.
María Inés Chinchilla Sandoval y otros (Caso 12.739) contra Guatemala (2 de abril de 2014)
125. Específicamente, en relació n con las personas que han sido privadas de su libertad, la
Comisió n recuerda que el Estado se encuentra en una posició n especial de garante, toda vez
que las autoridades penitenciarias ejercen un fuerte control o dominio sobre las personas que
se encuentran sujetas a su custodia. Lo anterior, como resultado de la especial relació n e
interacció n especial de sujeció n entre la persona privada de libertad y el Estado, caracterizada
por la particular intensidad con que el Estado puede regular sus derechos y obligaciones y por
las circunstancias propias del encierro, en donde al recluso se le impide satisfacer por cuenta
propia una serie de necesidades bá sicas esenciales para el desarrollo de una vida digna.
126. Ese deber de protecció n del Estado en el caso de personas privadas de la libertad se
extiende al á mbito de la salud, específicamente, la obligació n de proveer un tratamiento mé dico
adecuado durante el tiempo en que las personas permanecen bajo su custodia. La Corte ha
reconocido que los derechos a la vida y a la integridad personal se hallan directa e
inmediatamente vinculados con la atenció n a la salud humana y la Corte ha destacado que el
Estado tiene el deber, como garante de la salud, de proporcionar a los detenidos revisió n
mé dica regular y atenció n y tratamiento mé dicos adecuados cuando así se requiera.
129. La falta de atenció n mé dica adecuada “no satisface los requisitos materiales mínimos de
un tratamiento digno conforme a la condició n de ser humano en el sentido del artículo 5 de la
Convenció n Americana” y la falta de atenció n mé dica adecuada a una persona que se encuentra
privada de la libertad y bajo custodia del Estado podría considerarse violatoria de tal derecho
dependiendo de las circunstancias concretas de la persona en particular, tales como su estado
de salud o el tipo de dolencia que padece, el lapso transcurrido sin atenció n, sus efectos físicos
y mentales acumulativos y, en algunos casos, el sexo y la edad de la misma, entre otros.
131. Por su parte, el alcance del derecho a la vida cuando se trata de personas privadas de
libertad, tambié n incluye la obligació n del Estado de garantizar el derecho a la salud, tomando
las medidas adecuadas para salvaguardar la vida de las personas bajo su custodia,
específicamente bajo la obligació n de proveer un tratamiento mé dico que debe ser adecuado,
oportuno, y especializado y acorde a las especiales necesidades de atenció n que requieran las
personas detenidas en cuestió n.
134. En suma, tanto el derecho a la vida como a la integridad personal imponen obligaciones
en cabeza de las autoridades estatales, cuyo cumplimiento cobra mayor relevancia al depender
completamente la condició n de estas personas, de las acciones que realice el Estado en su favor.
Estas obligaciones se encuentran acentuadas cuando la persona se encuentra en un mayor
estado de vulnerabilidad debido a problemas graves de salud.
100. La CIDH también ha reconocido el vínculo entre el contenido del artículo 5.1 de la
Convención Americana y el principio de no discriminación consagrado en el artículo 1.1 de la
Convención Americana. Ha considerado pertinente destacar que muchas mujeres en la región
sufren afectaciones de su derecho a la integridad personal en el acceso a servicios e
intervenciones pertinentes a su salud que sólo ellas requieren por su sexo, diferencias
biológicas, y su habilidad reproductiva. En este sentido, la CIDH ha considerado que los Estados
tienen el deber de adoptar medidas positivas para garantizar la accesibilidad, disponibilidad,
aceptabilidad, y calidad de los servicios de salud materna, como parte de sus obligaciones
derivadas del principio de igualdad y no discriminación. Como principio correlativo, la Corte
Interamericana también ha afirmado que es necesario considerar el alcance del derecho a la
salud de las mujeres desde una perspectiva que tome en cuenta sus intereses y necesidades “en
vista de los factores y los rasgos distintivos que las diferencian de los hombres, a saber: (a)
factores biológicos […], tales como […] su función reproductiva”. De estos principios se deriva
que la falta del respeto pleno del derecho a la integridad personal de las mujeres en la esfera
127. Como parte de este análisis, es importante destacar que la esterilización es un método
anticonceptivo y de planificación familiar que debe estar disponible a las personas de manera
accesible, aceptable, de alta calidad y sin discriminación, coerción o violencia. Dado que se trata
de un procedimiento de mayor consecuencia para la salud reproductiva de una persona, los
controles para asegurar que el consentimiento sea otorgado de forma informada, libre, y
voluntaria deben ser particularmente estrictos.
130. Estas obligaciones parten de un reconocimiento de las limitaciones que suelen tener las
mujeres para acceder a la información necesaria para ejercer sus derechos a la salud sexual y
reproductiva, en especial cuando se encuentran en una situación de mayor riesgo de sufrir
violaciones a sus derechos por la intersección de distintas formas de discriminación por otros
motivos conexos, como su raza, etnia, edad, orientación sexual, condición social, entre otros.
Como ha señalado la CIDH, uno de los factores estructurales que limitan el acceso de las
mujeres a los servicios de salud sexual y reproductiva, y por ende, a la información en esta
materia, son los estereotipos de género persistentes en el sector salud.
149. El derecho a la vida privada está a su vez relacionado con la autonomía reproductiva de
las mujeres, la cual comprende el derecho a decidir libre y responsablemente el número de sus
hijos y el intervalo entre los nacimientos, y a tener acceso a la información, la educación, y los
medios facilitadores del ejercicio de este derecho. Se extiende asimismo a su acceso a servicios
de salud reproductiva y a tener libre elección y acceso a métodos para regular la fecundidad,
que sean seguros, eficaces, de fácil acceso y aceptables. Ello implica que el derecho a la vida
privada puede verse menoscabado cuando se obstaculizan los medios a través de los cuales
una mujer puede ejercer el derecho a controlar su fecundidad.
159. Particularmente en el ámbito de la salud materna, la CIDH ha considerado que los Estados
tienen el deber de adoptar medidas positivas para garantizar la accesibilidad, disponibilidad,
aceptabilidad, y calidad de los servicios de salud materna, como parte de sus obligaciones
derivadas del principio de igualdad y no discriminación.
160. Ahora bien, la Comisión ha reconocido que ciertos grupos de mujeres, como en el caso de
I.V., mujer migrante y de pocos recursos económicos, padecen discriminación a lo largo de su
vida en base a más de un factor combinado con su sexo, lo que aumenta su riesgo de sufrir actos
de violencia y otras violaciones de sus derechos humanos (…)
172. Por otra parte, la CIDH reitera que los Estados tienen el deber de garantizar un acceso
adecuado a la justicia paara las mujeres cuando son vulnerados todos sus derechos humanos,
incluyendo los vinculados con su salud sexual y reproductiva. Este es un deber de doble
dimensión. Una primera dimensión es la sanción penal cuando ocurren actos que pueden
constituir una forma de violencia contra las mujeres, aspecto que será discutido más adelante
en el presente informe. Una segunda dimensión tiene relación con la necesidad de abordar las
causas y falencias sistémicas que dieron lugar a la vulneración de los derechos humanos bajo
examen. La impunidad de violaciones a los derechos de las mujeres – incluyendo sus derechos
sexuales y reproductivos – constituye una forma de discriminación contra las mismas, y un
menoscabo de la obligación de no discriminar comprendida en el artículo 1.1 de la Convención
Americana.
Luis Rolando Cuscul Pivaral y otras personas con VIH/SIDA (Caso 12.484) contra Guatemala (13
de abril de 2016)
104. Tanto la CIDH como la Corte se han pronunciado sobre la relació n existente entre los
derechos a la vida e integridad personal y el derecho a la salud. Al respecto ambos ó rganos del
sistema interamericano han tomado en cuenta a fines de interpretació n de los derechos a la
vida e integridad personal en conexidad con el derecho a la salud, los contenidos de la
Declaració n Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y del Protocolo Adicional a la
Convenció n Americana sobre Derechos Humanos en materia de Derechos Econó micos, Sociales
y Culturales (Protocolo de San Salvador). Asimismo, el derecho a la salud tambié n ha sido
recogido en instrumentos del sistema universal de derechos humanos y otros sistemas
regionales.
106. A fin de evitar violaciones a la vida e integridad personal como consecuencia de una
prestació n inadecuada de servicios de salud, los mismos deben satisfacer los principios de
disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y calidad de las prestaciones mé dicas, indicando
que aquellas obligaciones deben estar “orientadas” hacia la satisfacció n de tales principios, los
cuales fueron conceptualizados por el Comité de Derechos Econó micos, Sociales y Culturales
a) Disponibilidad. Cada Estado Parte deberá contar con un nú mero suficiente de
establecimientos, bienes y servicios pú blicos de salud y centros de atenció n de la salud, así
como de programas. Con todo, esos servicios incluirá n los factores determinantes bá sicos
de la salud, como hospitales, clínicas y demá s establecimientos relacionados con la salud,
personal mé dico y profesional capacitado, así como los medicamentos esenciales definidos
en el Programa de Acció n sobre medicamentos esenciales de la OMS.
b) Accesibilidad. Los establecimientos, bienes y servicios de salud deben ser accesibles a todos,
sin discriminació n alguna, dentro de la jurisdicció n del Estado Parte. La accesibilidad
presenta cuatro dimensiones superpuestas:
i)No discriminació n: los establecimientos, bienes y servicios de salud deben ser accesibles,
de hecho y de derecho, a los sectores má s vulnerables y marginados de la població n, sin
discriminació n alguna por cualquiera de los motivos prohibidos. ii)Accesibilidad física: los
establecimientos, bienes y servicios de salud deberá n estar al alcance geográ fico de todos
los sectores de la població n, en especial los grupos vulnerables o marginados, como las
mujeres, los niñ os, los adolescentes y las personas con VIH/SIDA. [...]
iii)Accesibilidad econó mica (asequibilidad): los establecimientos, bienes y servicios de
salud deberá n estar al alcance de todos. Los pagos por servicios de atenció n de la salud y
servicios relacionados con los factores determinantes bá sicos de la salud deberá n basarse
en el principio de la equidad, a fin de asegurar que esos servicios, sean pú blicos o privados,
esté n al alcance de todos, incluidos los grupos socialmente desfavorecidos. La equidad
exige que sobre los hogares má s pobres no recaiga una carga desproporcionada, en lo que
se refiere a los gastos de salud, en comparació n con los hogares má s ricos. iv)Acceso a la
informació n: ese acceso comprende el derecho de solicitar, recibir y difundir informació n
e ideas acerca de las cuestiones relacionadas con la salud. Con todo, el acceso a la
informació n no debe menoscabar el derecho de que los datos personales relativos a la salud
sean tratados con confidencialidad.
c) Aceptabilidad. Todos los establecimientos, bienes y servicios de salud deberá n ser
respetuosos de la é tica mé dica y culturalmente apropiados, es decir respetuosos de la
cultura de las personas, las minorías, los pueblos y las comunidades, a la par que sensibles
a los requisitos del gé nero y el ciclo de vida, y deberá n estar concebidos para respetar la
confidencialidad y mejorar el estado de salud de las personas de que se trate.
d) Calidad. Ademá s de aceptables desde el punto de vista cultural, los establecimientos, bienes
y servicios de salud deberá n ser tambié n apropiados desde el punto de vista científico y
mé dico y ser de buena calidad. Ello requiere, entre otras cosas, personal mé dico capacitado,
medicamentos y equipo hospitalario científicamente aprobados y en buen estado, agua
limpia potable y condiciones sanitarias adecuadas.
107. Bajo dichos principios, la Comisió n y la Corte han señ alado que los Estados son
responsables de regular con cará cter permanente la prestació n de los servicios y la ejecució n
de los programas nacionales relativos al logro de una prestació n de servicios de salud pú blicos
de calidad, de tal manera que disuada cualquier amenaza al derecho a la vida y a la integridad
física de las personas sometidas a tratamiento de salud. La Corte ha indicado que el Estado
posee el deber de regular, supervisar y fiscalizar las prestaciones de salud, asegurando, entre
otros aspectos, el cumplimiento de los principios de disponibilidad, accesibilidad,
aceptabilidad y calidad de las prestaciones mé dicas ya mencionados, tanto en el á mbito pú blico
como privado.
110. La CIDH ha indicado que las personas que viven con VIH/SIDA han estado histó ricamente
sometidas a discriminació n en tanto “el estigma relacionado con el VÍH/SÍDA es endé mico en
las Amé ricas, lo cual no só lo dificulta una respuesta efectiva a la epidemia, pero tambié n
impacta negativamente en el ejercicio de derechos humanos”.
133. La Comisió n ha resaltado la obligació n reforzada de los Estados en casos donde confluyan
para las víctimas factores de mú ltiple vulnerabilidad, tales como su condició n de personas con
VIH/SIDA de muy escasos recursos.
Vinicio Antonio Poblete Vilches y Familiares (Caso 12.695) contra Chile (13 de abril de 2016)
23. Por otra parte, y a fin de dar mayor contenido al derecho a la salud en conexidad con los
derechos a la vida e integridad personal, la Comisión observa que en el derecho comparado se
ha hablado de los elementos esenciales de la obligación médica, a saber, la integralidad, la
oportunidad y la identidad.
136. Asimismo, la Comisió n considera que todas las circunstancias analizadas produjeron en el
señ or Poblete Vilches un sufrimiento físico y psicoló gico tanto al momento de ser dado de alta
en condiciones de gravedad, en el marco de la permanencia en su casa con un rá pido deterioro
y sin que sus familiares contaran con informació n sobre có mo cuidarlo, y a lo largo de su
permanencia en el Hospital despué s de su reingreso y hasta el momento de su muerte.
137. En virtud de las anteriores consideraciones, la Comisió n considera que tanto la decisió n
de dar de alta del hospital pú blico al señ or Poblete Vilches, como la falta de provisió n del
tratamiento intensivo que requería en su segundo ingreso a dicho centro mé dico, permiten
concluir que el Estado es responsable por la violació n de los derechos a la vida, a la integridad
personal y a la salud establecidos en los artículos 4 y 5 de la Convenció n Americana, en relació n
con el artículo 1.1 del mismo instrumento, en perjuicio del señ or Vinicio Antonio Poblete
Vilches.
Opario Lemoth Morris y otros (Buzos miskitos) (Caso 12.378) contra Honduras.
OEA/Ser.L/V/II.168 Doc. 74 (8 de mayo de 2018)
Paola del Rosario Guzmán Albarracín y familiares (Caso 12.678) contra Ecuador (5 de octubre
de 2018)
120. En cuanto al derecho a la salud, tanto la CIDH como la Corte se han pronunciado sobre la
relació n existente entre los derechos a la integridad personal y el derecho a la salud. La Corte
Interamericana ha interpretado en reiteradas oportunidades que el derecho a la integridad
personal se halla directa e inmediatamente vinculado con la atenció n a la salud humana y que
“la falta de atenció n mé dica adecuada” puede conllevar a su vulneració n. La Comisió n
considera que esta intrínseca relació n constituye una manifestació n de la interdependencia e
indivisibilidad existente entre los derechos civiles y políticos y los econó micos, sociales y
culturales. En palabras de la Corte, ambos grupos de derechos deben ser “entendidos
integralmente como derechos humanos, sin jerarquía entre sí y exigibles en todos los casos
ante aquellas autoridades que resulten competentes para ello.
121. Teniendo en cuenta lo desarrollado supra respecto del artículo 26 de la CADH, el artículo
45 b) de la Carta de la OEA consagra el aseguramiento de la salud mediante condiciones dignas
de trabajo. El artículo 34 i) del mismo instrumento tambié n subraya el rol del Estado en la
“defensa del potencial humano mediante la extensió n y aplicació n de los modernos
conocimientos de la ciencia mé dica”, subrayando con ello la importancia de la garantía de la
salud para el desarrollo integral de la persona, y el inciso l) del mismo artículo hace menció n a
la bú squeda de condiciones o factores urbanos que permitan la garantía de una vida sana.
Asimismo, el artículo XI de la Declaració n Americana establece que “toda persona tiene derecho
a que su salud sea preservada por medidas sanitarias y sociales, relativas a la alimentació n, el
vestido, la vivienda y la asistencia mé dica, correspondientes al nivel que permitan los recursos
pú blicos y los de la comunidad”. Por su parte, el artículo 10 del Protocolo de San Salvador,
señ ala que toda persona tiene derecho a la salud, entendida como el disfrute del má s alto nivel
de bienestar físico, mental y social, e indica que la salud es un bien pú blico. En ese sentido, para
la CIDH el derecho a la salud se encuentra acogido dentro de la protecció n del artículo 26 de la
CADH.
126. La CIDH ya ha indicado que los estereotipos de gé nero son persistentes en el sector salud
y que “actitudes como la indiferencia, el maltrato y la discriminació n por parte de funcionarios
del sector salud que perjudican a las mujeres y niñ as víctimas de violencia y/o abusos sexuales,
así como la falta de servicios apropiados de salud reproductiva para abordar estas situaciones
de violencia, constituyen barreras en el acceso a los servicios de salud”. Por lo tanto, para la
CIDH, los Estados deben adoptar medidas apropiadas para eliminar todo tipo de violencia y
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discriminació n contra las niñ as y adolescentes en el á mbito de la salud. Esto incluye no solo el
deber de abstenerse de reproducir dichas prá cticas sino de actuar con la debida diligencia hacia
actos de violencia contra las niñ as y adolescentes que ocurren en este á mbito, lo que
comprende, por ejemplo, la implementació n de marcos normativos, incluidos protocolos
sanitarios, que atiendan la violencia sexual contra niñ as y adolescentes, personal de salud
debidamente capacitado para detectar y tratar la violencia sexual contra este grupo etario y el
acceso a recursos judiciales efectivos que permitan proteger los derechos de niñ as y
adolescentes por actos de violencia sexual.
Luis Eduardo Guachalá Chimbó y familia (Caso 12.786) contra Ecuador (5 de octubre de 2018)
154. La Corte Ínteramericana ha indicado que “la Declaració n [Americana] contiene y define
aquellos derechos humanos esenciales a los que la Carta se refiere, de manera que no se puede
interpretar y aplicar la Carta de la Organizació n en materia de derechos humanos, sin integrar
las normas pertinentes de ella con las correspondientes disposiciones de la Declaració n, como
resulta de la prá ctica seguida por los ó rganos de la OEA”. Así, la Declaració n Americana
representa uno de los instrumentos relevantes para la identificació n de los derechos
econó micos, sociales y culturales a los que alude el artículo 26 de la Convenció n CADH. Como
ya se ha indicado, recurrir a otros instrumentos internacionales puede ser necesario para
señ alar la derivació n de un derecho a partir de una medida u objetivo de política pú blica
incluidas en una norma de cará cter econó mico, social, cultural, educativo o científico de la Carta
de la OEA.
155. De lo anterior, la Comisió n considera claro que el derecho a la salud constituye una de las
normas econó micas y sociales mencionadas en el artículo 26 de la Convenció n y, en ese sentido,
los Estados parte se encuentran en la obligació n de procurar el desarrollo progresivo del
mismo, así como de respetar, garantizar y adoptar las medidas necesarias para hacer efectivo
tal derecho.
156. Sobre los contenidos del derecho a la salud, el Comité de Derechos Econó micos, Sociales
y Culturales ha señ alado que todos los servicios, bienes e instalaciones de salud deben cumplir
con requisitos de disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y calidad. Tanto la Comisió n como
la Corte han tomado en cuenta estos conceptos y los han incorporado al aná lisis de diversos
casos. En ese marco, y teniendo en cuenta los hechos antes descritos, para la CIDH los Estados
deben asegurar la disponibilidad de establecimientos y servicios adecuados de salud mental,
los cuales deben encontrarse integrados a los servicios generales de salud, limitando el enfoque
de atenció n psiquiá trica segregada, centralizada y de larga duració n.
158. Asimismo, la CIDH ha reconocido que el derecho de acceso a la informació n – que a su vez
se encuentra comprendido bajo el artículo 13 de la Convenció n Americana – es un elemento
indispensable para que las personas puedan estar en condiciones de tomar decisiones libres y
fundamentadas respecto de aspectos íntimos de su salud, cuerpo y personalidad, incluyendo
decisiones sobre la aplicació n de procedimientos o tratamientos mé dicos. En este sentido, se
ha referido de forma particular al consentimiento informado como un principio é tico de
respeto a la autonomía de las personas, que requiere que é stas comprendan las distintas
opciones de tratamiento a su disposició n y sean involucradas en la atenció n de su salud.
de la persona a quien se le va a practicar y sin haber sido debidamente informada de sus efectos,
riesgos y consecuencias. La CIDH ha precisado que el consentimiento informado es un proceso
apropiado de divulgació n de toda la informació n necesaria para que un paciente pueda tomar
libremente la decisió n de otorgar o (negar) su consentimiento para un tratamiento o
intervenció n mé dica. Este proceso procura asegurar que las personas vean sus derechos
humanos plenamente respetados en el á mbito de la salud, y puedan llevar a cabo elecciones
verdaderamente libres.
171. Debido a ello todo el personal mé dico y sanitario debe velar por que se efectú e la consulta
apropiada directamente con la persona con discapacidad. Ese personal debe garantizar
tambié n, en la medida de sus posibilidades, que los asistentes, familiares o personas
encargadas de prestar apoyo no sustituyan a las personas con discapacidad en sus decisiones
ni tengan una influencia indebida sobre ellas. De esta forma, deben asegurar que i) se
proporcione informació n exacta y accesible sobre las opciones de servicios disponibles; ii) se
ofrezcan alternativas no mé dicas; y iii) se proporcione acceso a apoyo independiente.
Martina Rebeca Vera Rojas (Caso 13.039) contra Chile. OEA/Ser.L/V/II.160 Doc. 124 (5 de
octubre de 2018)
61. De lo anterior, la Comisión considera claro que los derechos a la salud y seguridad social
constituyen unas de las normas económicas y sociales mencionadas en el artículo 26 de la
Convención y, en ese sentido, los Estados partes se encuentran en la obligación de procurar el
desarrollo progresivo de los mismos, así como de respetar, garantizar y adoptar las medidas
necesarias para hacer efectivo tales derechos.
62. Sobre los contenidos del derecho a la salud, en sintonía con el corpus iuris internacional
relativo al derecho a la salud identificado por la Corte, en el presente caso es posible derivar
los estándares aplicables a partir del desarrollo de los alcances del derecho al disfrute del más
alto nivel posible de salud. De acuerdo con el PÍDESC “los Estados Parte en el presente Pacto
reconocen el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y
mental” y establece que entre las medidas que deberán adoptar los Estados para asegurar la
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plena efectividad de este derecho, se encuentra “la creación de condiciones que aseguren a
todos asistencia médica y servicios médicos en caso de enfermedad”.
108. La CIDH recuerda que el artículo 11 de la Convenció n Americana protege la vida privada
y familiar frente a las acciones arbitrarias de instituciones estatales. Si bien dicho derecho no
es absoluto, toda restricció n al mismo debe estar prevista en ley, perseguir un fin legítimo y
cumplir con los requisitos de idoneidad, necesidad y proporcionalidad. La Comisió n resalta que
el derecho a la vida privada ha sido interpretado de manera amplia por la Corte Interamericana
y abarca aspectos como el acceso a servicios de salud reproductiva en condiciones de
aceptabilidad, aspecto que incluye la confidencialidad de la informació n mé dica.
119. Sobre los contenidos del derecho a la salud, en sintonía con el corpus iuris internacional
relativo al derecho a la salud identificado por la Corte, el Comité de Derechos Econó micos,
Sociales y Culturales ha señ alado que todos los servicios, bienes e instalaciones de salud deben
cumplir con requisitos de disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y calidad. Tanto la
Comisió n como la Corte han tomado en cuenta estos conceptos y los han incorporado al aná lisis
de diversos casos.
120. La aceptabilidad implica que los establecimientos y servicios de salud deberá n respetar la
é tica mé dica y los criterios culturalmente apropiados. Ademá s, deberá n incluir una perspectiva
de gé nero, así como de las condiciones de ciclo de vida del paciente y deberá n estar concebidos
para respetar la confidencialidad y mejorar el estado de salud de las personas de que se trate.
En relació n con la salud sexual y reproductiva, el respeto a la intimidad y confidencialidad de
los datos sobre la salud son imprescindibles y hacen parte de las obligaciones bá sicas de los
Estados para respetar este derecho, a su vez, para asegurar el elemento de disponibilidad de
los servicios de salud sexual y reproductiva los Estados deben velar por que los proveedores y
personal mé dico esté n debidamente calificados y capacitados para la atenció n específica de
mujeres y niñ as. La Corte IDH tambié n ha considerado que “la falta de salvaguardas legales
para tomar en consideració n la salud reproductiva puede resultar en un menoscabo grave [de]
la autonomía y la libertad reproductiva”. Asimismo, la falta de informació n como la existencia
de ciertas prá cticas, actitudes y estereotipos, tanto al interior de la familia y la comunidad así
como del personal que trabaja en los establecimientos de salud pueden operar como barreras
para el acceso de las mujeres a servicios de salud sexual y reproductiva, y condicionar su
decisió n de acudir oportunamente por asistencia mé dica o informació n sanitaria.
121. La CIDH recuerda que la forma de organizació n y estructura de los servicios de salud como
el grado de conocimiento que las mujeres tengan sobre los servicios de atenció n mé dica y la
protecció n de su derecho a la salud son esenciales para dar vigencia a dicho derecho. La
Comisió n tambié n ha indicado la necesidad de impulsar políticas que propongan medidas
específicas de prevenció n y atenció n de la salud materna y de poner a disposició n de las
mujeres, en especial las mujeres pobres, servicios adecuados de salud, así como programas de
informació n y asistencia en salud reproductiva, que incluyan medidas y campañ as de difusió n
sobre las obligaciones de las autoridades y los derechos de las mujeres en este á mbito. En ese
sentido, es necesario que los Estados adopten medidas para eliminar los riesgos y dañ os
prevenibles que enfrentan las mujeres en el á mbito de la salud sexual y reproductiva, que
incluyen no solo el tratamiento y atenció n mé dica desde las necesidades e intereses propios de
la mujer, sino la eliminació n de roles y conceptos estereotipados que afecten el disfrute del
derecho a la salud.
131. La CIDH recuerda que en relació n con las personas que han sido privadas de su libertad,
el Estado se encuentra en una posició n especial de garante, toda vez que las autoridades
penitenciarias ejercen un fuerte control o dominio sobre quienes se encuentran sujetos a su
custodia. Lo anterior, como resultado de la interacció n especial de sujeció n entre la persona
privada de libertad y el Estado, caracterizada por la particular intensidad con que el Estado
puede regular sus derechos y obligaciones y por las circunstancias propias del encierro, en
donde al privado de libertad se le impide satisfacer por cuenta propia una serie de necesidades
bá sicas esenciales para el desarrollo de una vida digna, en los té rminos que sean posibles en
esas circunstancias.
132. El derecho a la vida se halla directamente vinculado con el derecho a la salud. En relació n
con las personas privadas de libertad, el servicio de salud debe brindarse en condiciones de
equivalencia, es decir comparables con aquellas disfrutadas por pacientes en la comunidad
exterior. La obligació n del Estado de garantizar la salud física y mental de personas privadas
de libertad implica, entre otras cuestiones: i) un diagnó stico mé dico inicial para evaluar el
Estado de salud del recluso y brindarle la atenció n mé dica que pueda necesitar;ii) un
tratamiento mé dico adecuado, oportuno, y, en su caso, especializado y acorde a las especiales
necesidades de atenció n que requieran las personas detenidas en cuestió n, lo cual abarca
dietas apropiadas, fisioterapia, rehabilitació n y otras facilidades necesarias especializadas; iii)
cuando lo requiera la naturaleza de una condició n mé dica, la supervisió n deber ser perió dica y
sistemá tica, dirigida a la curació n de enfermedades del detenido; iv) las personas privadas de
libertad que padezcan enfermedades graves, cró nicas o terminales no deben permanecer en
establecimientos carcelarios, salvo cuando los Estados puedan asegurar que tienen unidades
adecuadas de atenció n mé dica para brindarles un tratamiento adecuado.
133. Con respecto a violaciones al derecho a la vida imputables a un Estado por la omisió n de
prestació n de servicios de salud, la CIDH ha subrayado que para efectos de la responsabilidad
internacional del Estado por incumplimiento de alguno de los principios asociados al derecho
a la salud y vinculados por conexidad con el derecho a la vida, no resulta necesario establecer
fehacientemente cuá l fue la causa de la muerte, sino determinar que existieron medidas que el
Estado pudo razonablemente adoptar y no adoptó para ofrecer a una persona el tratamiento
que por su condició n necesitaba. Por su parte la Honorable Corte ha indicado que se viola el
derecho a la vida por omisió n de prestaciones bá sicas en materia de salud cuando existe una
alta probabilidad de que una asistencia adecuada hubiese prolongado la vida de una persona.
Segú n ha subrayado la Corte Interamericana la falta y/o deficiencia en la provisió n de atenció n
mé dica, o un tratamiento mé dico negligente o deficiente, no es acorde con la obligació n de
proteger el derecho a la vida de las personas privadas de libertad.
Pueblos indígenas Tagaeri y Taromenane (en aislamiento voluntario) (Caso 12.979) contra
Ecuador. OEA/Ser.L/V/II.173 Doc. 167 (28 de septiembre de 2019)
114. Entre las obligaciones positivas, reconocidas por la Comisió n y la Corte, que se desprenden
para la garantía de una vida y existencia dignas se cuentan la prestació n de servicios de salud,
educació n, sanitarios y la protecció n de sus derechos laborales y de seguridad social y, en
especial, de la protecció n de su há bitat. Si bien varias de esas provisiones implican un alcance
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115. En línea con lo anterior, segú n las Directrices de Naciones Unidas, la estricta integració n
de los PIAV con los ecosistemas en que habitan, sumado a la vulnerabilidad a la que está n
expuestos debido a la falta de conocimiento del funcionamiento de la sociedad mayoritaria,
genera que las amenazas y agresiones a sus territorios produzcan efectos desproporcionados
en el mantenimiento de sus culturas y de sus formas de vida. En estos té rminos, en el caso de
los PIAV, la protecció n territorial se eleva a condició n fundamental para proteger la vida, salud,
integridad física y psicoló gica, y cultura de los pueblos indígenas en aislamiento voluntario y
contacto inicial.
116. Ambos ó rganos del sistema interamericano ya han reconocido que el derecho a la salud
se encuentra integrado en el contenido del artículo 26 de la Convenció n Americana y han
derivado diversos está ndares para su protecció n, en particular a partir de la interpretació n
sistemá tica con la Carta de la OEA y otros instrumentos internacionales pertinentes sobre la
materia. Tambié n han manifestado en reiteradas oportunidades que el derecho a la integridad
personal se halla directa e inmediatamente vinculado con la salud humana lo que constituye
una manifestació n de la interdependencia e indivisibilidad existente entre los derechos civiles
y políticos y los econó micos, sociales y culturales. Teniendo en cuenta que para efectos de
cumplir con las obligaciones internacionales sobre el derecho a la salud los Estados, entre otras
medidas, deben garantizar su pertinencia cultural, el Comité de Derechos Econó micos, Sociales
y Culturales ha indicado la importancia de “proporcionar recursos para que los pueblos
indígenas establezcan, organicen y controlen esos servicios de suerte que puedan disfrutar del
má s alto nivel posible de salud física y mental”, para efectos de los PÍAV esto implicará
organizar el aparato estatal para que no se generen prá cticas que puedan limitar sus prá cticas
tradicionales medicinales y estado de salud desde los principios de libre determinació n y no
contacto antes referidos.
Djamel Ameziane (Caso 12.865) contra Estados Unidos (22 de abril de 2020)
155. La obligació n de proveer atenció n mé dica a las personas privadas de libertad surge del
deber del Estado de garantizar su trato humano bajo el Artículo I de la Declaració n Americana
a la luz de la íntima correlació n entre la salud física y mental y la integridad de la persona. La
CÍDH ha, asimismo, establecido que “en el caso de las personas privadas de libertad, la
obligació n de los Estados de respetar la integridad física, de no emplear tratos crueles,
inhumanos y de respetar la dignidad inherente al ser humano, se extiende a garantizar el
acceso a la atenció n mé dica adecuada”. La Comisió n ha definido así el derecho a la salud de las
personas privadas de la libertad como “el disfrute del má s alto nivel posible de bienestar físico,
mental y social, que incluye, entre otros, la atenció n mé dica, psiquiá trica y odontoló gica
adecuada; la disponibilidad permanente de personal mé dico idó neo e imparcial [...]”. En este
sentido el tratamiento mé dico “debe estar basado en principios científicos y aplicar las mejores
prá cticas” y “[e]n toda circunstancia la prestació n del servicio de salud deberá respetar la [...]
confidencialidad de la informació n mé dica; la autonomía de los pacientes respecto de su propia
salud; y el consentimiento informado en la relació n mé dico-paciente”.
156. En este sentido, la atenció n mé dica es un requisito material mínimo e indispensable para
el Estado a fin de garantizar el trato humano durante el tiempo bajo custodia. No es tolerable
que el encarcelamiento agregue enfermedad y padecimientos físicos y mentales adicionales a
la privació n de libertad. De hecho, “la falta de atenció n mé dica adecuada podría considerarse
en sí misma violatoria del artículo 5.1 y 5.2 de la Convenció n dependiendo de las circunstancias
concretas de la persona en particular, el tipo de dolencia que padece, el lapso transcurrido sin
atenció n y sus efectos acumulativos”. El deber del Estado de proveer atenció n mé dica adecuada
y apropiada a personas que se encuentran bajo su custodia es aú n mayor cuando las heridas
del prisionero o problemas de salud son el resultado directo de la acció n de las autoridades.
Asimismo, el derecho a la salud de las personas en detenció n implica la provisió n de atenció n
de emergencia, revisiones mé dicas regulares e independientes, tratamiento mé dico con acceso
a medicamentos cuando sea necesario e inclusive atenció n especializada de acuerdo a las
particulares necesidades físicas y mentales del individuo en esas circunstancias. El Estado está
obligado a garantizar que la situació n de los privados de libertad no implique discriminació n
de facto o de jure en el acceso a atenció n mé dica lo que quiere decir que debe garantizar, al
menos, niveles razonables de disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y calidad de las
instalaciones, bienes o servicios de salud en relació n a las personas detenidas.
158. Para proteger a los prisioneros contra la tortura y otros abusos físicos y mentales, es
crucial para los profesionales de la salud a cargo de la atenció n mé dica de aquellas personas
bajo custodia del Estado, operar con la debida autonomía e independencia, libres de cualquier
forma de interferencia, coerció n o intimidació n por otras autoridades. En este sentido, los
profesionales de la salud no pueden ser obligados a travé s de un contrato u otras
consideraciones a comprometer su independencia profesional, y los mé dicos que trabajen para
servicios de seguridad estatales deben negarse a cumplir cualquier procedimiento que lesione
a los pacientes o los deje física o psicoló gicamente vulnerables a ser lesionados. Cuando el
detenido es un adulto vulnerable, los mé dicos tienen el deber adicional de actuar como
defensores. Los mé dicos tambié n tienen el deber de manifestar su posició n y denunciar
cualquier trato hacia los pacientes que sea antié tico, abusivo o inadecuado por parte de los
miembros de las fuerzas de seguridad pero evitando exponer a los pacientes, sus familias o a
ellos mismos a riesgos de dañ os no previstos.
T.B. y S.H. (Caso 13.095) contra Jamaica. OEA/Ser.L/V/II.173 Doc. 419 (31 de diciembre de
2020)
111. La Comisió n recuerda que, para cumplir sus obligaciones internacionales con respecto al
derecho a la salud, los Estados deben no solo garantizar el suministro de servicios de salud,
sino tambié n mantener condiciones que lleven a una vida digna e igualitaria en la sociedad en
lo que se refiere al derecho a la salud. En otras palabras, la Comisió n recalca la obligació n de
los Estados de abarcar en sus políticas de salud y en sus marcos normativos los determinantes
sociales bá sicos que permiten el goce efectivo del derecho a la salud. Entre dichas políticas se
encuentra la garantía de otros derechos que permiten disfrutar de una vida sana, como el
acceso a agua y alimentos adecuados, la prohibició n de la tortura y las condiciones de trabajo
sanas. Del mismo modo, es esencial integrar los determinantes sociales de la salud en las
medidas que tomen los Estados con respecto a este derecho, como la distribució n equitativa de
recursos; las perspectivas culturales, é tnicas y de gé nero; la participació n eficaz de la població n
en las políticas de salud; la determinació n de las relaciones de poder, la violencia, la normativa,
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 129
112. En este contexto, la Comisió n observa que, en muchos casos, las amenazas para el goce del
derecho a la salud de las personas LGBTI, entre otras poblaciones vulnerables, y la violació n de
este derecho se deben tambié n a la omisió n de los Estados que no abordan precisamente los
determinantes sociales del derecho a la salud, como la validez de un marco regulatorio que
discrimine contra estas personas o grupos de la població n. En este contexto, la CIDH considera
que las leyes, las prá cticas o las políticas que penalizan las relaciones sexuales entre dos
personas del mismo sexo no solo impiden que los Estados formulen y apliquen políticas de
salud orientadas específicamente a estos grupos, sino que tambié n afectan de manera directa,
seria y discriminatoria el goce del derecho a la salud.
113. Con respecto al contenido del derecho a la salud, en consonancia con el cuerpo del derecho
internacional, el Comité de Derechos Econó micos, Sociales y Culturales ha observado que todos
los servicios, bienes y establecimientos de salud deben cumplir los requisitos de disponibilidad,
accesibilidad, aceptabilidad y calidad83. Tanto la Comisió n como la Corte han tomado en
cuenta estos conceptos y los han incorporado en el aná lisis de numerosos casos.
114. Específicamente, el elemento de accesibilidad implica, entre otras cosas, que los
establecimientos, bienes y servicios de salud deben ser accesibles para todos, especialmente
los sectores má s vulnerables o marginados de la població n, de hecho y de derecho, sin
discriminació n alguna por cualquiera de los motivos prohibidos. La Comisió n considera
procedente recordar que la norma de accesibilidad invocada por la Corte implica que los
Estados deben asegurar el trato igualitario de todas las personas que tienen acceso a los
servicios de salud. En otras palabras, de acuerdo con el artículo 1.1 de la Convenció n, los
Estados deben asegurar que todas las personas sujetas a su jurisdicció n tengan acceso a
servicios de salud “sin discriminació n alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religió n,
opiniones políticas o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posició n econó mica,
nacimiento o cualquier otra condició n social”. La Corte ha señ alado que la frase “cualquier otra
condició n social” abarca la orientació n sexual, la cual, a su vez, no se limita al hecho de ser
homosexual, sino que incluye su expresió n y sus consecuencias en la vida de la persona.
115. La Comisió n observa que tanto ella como la Corte Interamericana, así como varios ó rganos
nacionales e internacionales, han considerado que las leyes de sodomía crean obstá culos para
el acceso al derecho a la salud sin discriminació n.
Informes temáticos
89. El artículo 10 del Protocolo de San Salvador expresa en relació n con este derecho que:
“Toda persona tiene derecho a la salud, entendida como el disfrute del má s alto nivel de
bienestar físico, mental y social. Con el fin de hacer efectivo el derecho a la salud los Estados
partes se comprometen a reconocer la salud como un bien pú blico y particularmente a adoptar
las siguientes medidas para garantizar este derecho: a) La atenció n primaria de la salud,
entendiendo como tal la asistencia sanitaria esencial puesta al alcance de todos los individuos
y familiares de la comunidad; b) La extensió n de los beneficios de los servicios de salud a todos
los individuos sujetos a la jurisdicció n del Estado; c) La total inmunizació n contra las
principales enfermedades infecciosas; d) La prevenció n y el tratamiento de las enfermedades
endé micas, profesionales y de otra índole; e) La educació n de la població n sobre la prevenció n
y tratamiento de los problemas de salud, y f) La satisfacció n de las necesidades de salud de los
grupos de má s alto riesgo y que por sus condiciones de pobreza sean má s vulnerables”.
23. El derecho a la integridad personal en el á mbito de la salud guarda una estrecha relació n
con el derecho a la salud dado que la provisió n de servicios adecuados y oportunos de salud
materna es una de las medidas principales para garantizar el derecho a la integridad personal
de las mujeres. El artículo 10 del Protocolo de San Salvador expresa que toda persona tiene
derecho a la salud, entendida como el disfrute del má s alto nivel de bienestar físico, mental y
social. Asimismo, el artículo 3 del Protocolo de San Salvador establece que los Estados se
comprometen a garantizar los derechos enunciados en dicho instrumento sin discriminació n
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 131
alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religió n, opiniones políticas o de cualquier otra
índole, origen nacional o social, posició n econó mica, nacimiento o cualquier otra condició n
social.
39. Bajo el sistema interamericano, las barreras en el acceso a servicios de salud materna se
pueden traducir en la afectació n al derecho a la integridad física, psíquica, y moral de las
mujeres. Si bien se tendrá que analizar cada situació n particular, la CIDH considera que en los
casos en que se practican intervenciones quirú rgicas y tratamientos mé dicos a las mujeres sin
su consentimiento o que ponen en riesgo físico su salud, tales como la esterilizació n forzada,
pueden constituir una violació n al derecho a la integridad personal. Asimismo, constituirían
una violació n al derecho a la integridad personal los casos en los que se atente contra la
dignidad de las mujeres, como la denegació n de atenció n mé dica relacionada con el á mbito
reproductivo que ocasiona un dañ o a su salud, o que le causa un estré s emocional considerable.
En todos estos casos, las disposiciones contenidas en la Convenció n de Belé m do Pará , como
instrumento específico de protecció n especial a los derechos humanos de las mujeres, deberá n
ser utilizadas para precisar las obligaciones derivadas del artículo 5 de la Convenció n
Americana y de los artículos I y XI de la Declaració n Americana de los Derechos y Deberes del
Hombre.
75. En el á mbito de acceso a servicios de salud materna, las prá cticas de atenció n en los
servicios, como la negativa de brindar atenció n mé dica a las mujeres cuando la requieren sin
el consentimiento de la pareja o la esterilizació n realizada por personal de salud sin el
consentimiento informado de la mujer, así como las consecuencias físicas y psicoló gicas de
dicha intervenció n, son ejemplos de formas de violencia contra la mujer. La CIDH ha subrayado
tambié n las obligaciones positivas de los Estados en materia de acceso a servicios de salud y su
relació n con la violencia, al establecer que la salud de las víctimas de violencia sexual debe
ocupar un lugar prioritario en las iniciativas legislativas y en las políticas y programas de salud
de los Estados, que incluye los servicios de salud materna.
76. La CIDH considera asimismo que la falta de medidas positivas para garantizar tanto la
accesibilidad a los servicios de salud materna, así como para garantizar todas las características
del derecho a la salud como la disponibilidad, aceptabilidad y calidad, pueden constituir una
violació n de las obligaciones derivadas del principio de igualdad y no discriminació n que
permean el sistema interamericano.
las necesidades de salud de los grupos de má s alto riesgo y que por sus condiciones de pobreza
sean más vulnerables.
82. El Protocolo de San Salvador hace referencia a la satisfacció n del derecho a la salud en un
contexto de desarrollo de un sistema de salud, que por bá sico que sea, debe garantizar el acceso
al sistema de Atenció n Primaria de Salud (APS) y el desarrollo progresivo de un sistema con
cobertura para toda la població n del país. A su vez, otorga especial atenció n a los grupos
vulnerables o en situació n de pobreza.
95. La CIDH enfatiza el deber de los Estados de garantizar que los servicios de salud materna
sean proporcionados mediante una atenció n respetuosa a las mujeres. En el caso de las mujeres
indígenas y afrodescendientes, los Estados deben adecuar los servicios de salud, tanto de
prevenció n como de atenció n y tratamiento, respetando sus culturas, por ejemplo, a travé s de
la elecció n informada del tipo de parto.
100. Cabe señ alar que la Comisió n Interamericana de Derechos Humanos, desarrolló una serie
de lineamientos para la evaluació n y monitoreo de derechos econó micos, sociales y culturales
previsto en el Protocolo de San Salvador. Específicamente en el documento se desarrollan una
serie de indicadores tanto estructurales, de procesos y de resultado relacionados con el
embarazo y la maternidad. Entre los indicadores de resultado para medir el progreso del
derecho a la salud se menciona el porcentaje de personas con acceso a servicios de
saneamiento bá sico, cantidad de partos atendidos por profesionales y porcentaje de mujeres
en edad reproductiva con anemia. Entre los indicadores de resultados para medir el progreso
del derecho a la salud en relació n con la igualdad se especifican: tasa de mortalidad materna y
perinatal, distribució n de mortalidad materna segú n causas por grupos de edad, tasa de
mortalidad perinatal, porcentaje de niñ os nacidos con peso inferior a 2,5 kg, tasa de atenció n
por violencia intrafamiliar y estimaciones sobre casos de aborto ilegales, por edad, lugar de
residencia (urbano y rural) y condiciones socioeconó micas de la mujer embarazada u otros
datos disponibles.
Justicia juvenil y derechos humanos en las Américas. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 78 (13 de julio de
2011)
480. La Comisió n hace eco de lo establecido en los está ndares anteriormente citados, y reitera
que los Estados está n obligados a garantizar a los niñ os privados de libertad el acceso a
programas de salud, incluso programas de salud preventiva y educació n sanitaria, así como
programas especiales de salud sexual y reproductiva, salud bucal, prevenció n del VIH‐SIDA,
salud mental, tratamientos para niñ os dependientes de sustancias psicoactivas, programas
especiales para prevenir el suicidio, entre otros.
491. La Comisió n afirma que para garantizar el derecho a la salud de los niñ os privados de
libertad, los centros que los alojen deben asegurar el acceso a instalaciones mé dicas y
sanitarias debidamente equipadas y con personal mé dico capacitado e independiente. Los
centros deben llevar un registro de todo tratamiento mé dico y de los medicamentos que sean
administrados a los niños privados de libertad. Asimismo, los centros de privació n de libertad
de niñ os infractores deben contar con servicios de salud mental que permitan atender
adecuadamente sus necesidades, má s aú n tomando en cuenta que las condiciones de detenció n
infrahumanas y degradantes, sumadas a la violencia que suele caracterizar los centros de
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 133
Informe sobre los derechos humanos de las personas privadas de libertad en las Américas.
OEA/Ser.L/V/II. Doc. 64 (31 de diciembre de 2011)
530. Este deber del Estado de proporcionar la atenció n mé dica adecuada e idó nea a las
personas bajo su custodia es aú n mayor en aquellos casos en que las lesiones o la afectació n en
la salud de los reclusos es producto de la acció n directa de las autoridades. Así como también,
en aquellos casos de personas privadas de libertad que sufren enfermedades cuya falta de
tratamiento pueda ocasionar la muerte.
531. Por otro lado es importante subrayar que aun en aquellos casos en los que el Estado ha
delegado la prestació n de los servicios de salud de las cá rceles en empresas o agentes privados
–como sucede por ejemplo en Colombia– el mismo sigue siendo responsable por la prestació n
adecuada de tales servicios. Esto tiene su fundamento general en la doctrina ampliamente
desarrollada y asentada en el Sistema Interamericano, segú n la cual los Estados no só lo son
responsables por las acciones directas de sus agentes, sino tambié n por la de terceros
particulares cuando é stos actú an a instancias del Estado, o con su tolerancia o aquiescencia.
532. La CIDH considera que, con respecto a las personas privadas de libertad, en sentido
amplio, los deberes del Estado de regulació n y fiscalizació n de la asistencia de salud prestada
por agentes privados es aun mayor, precisamente en funció n de la posició n especial de garante
en la que se coloca el Estado frente a las personas sujetas a su custodia.
535. Asimismo, la CIDH reitera que los Estados deben adoptar medidas especiales para
satisfacer las necesidades particulares de salud de las personas privadas de libertad
pertenecientes a grupos de alto riesgo como: las personas adultas mayores, las mujeres, los
niñ os y las niñ as, los jó venes y adolescentes, las personas con discapacidad, las personas
portadoras del VIH/SIDA, tuberculosis, y las personas con enfermedades en fase terminal.
87. En sintonía con el precedente de la CEDAW, la CIDH destaca como obligaciones inmediatas:
a) la incorporació n de la perspectiva de gé nero y la eliminació n de formas de discriminació n
de hecho y de derecho que impiden el acceso de las mujeres a servicios de salud materna, lo
que es aplicable a casos de violencia sexual; b) la priorizació n de esfuerzos y recursos para
garantizar el acceso a servicios de salud a las mujeres que pueden encontrarse en mayor
situació n de riesgo por haber sido sujeto de varias formas de discriminació n como las mujeres
indígenas, afrodescendientes y adolescentes, las mujeres en situació n de pobreza y las que
habitan en zonas rurales; y c) el acceso oportuno a recursos judiciales efectivos para asegurar
que las mujeres que consideren que el Estado no ha observado sus obligaciones en esta materia
tengan acceso a recursos judiciales efectivos.
595. El acceso al derecho a la salud física y mental es indispensable para que el niñ o pueda
mantenerse en un buen estado y preservar su integridad personal. La Corte y la Comisió n se
han referido al derecho del niñ o a la salud física y mental como un derecho estrechamente
vinculado con el desarrollo personal del niñ o y con las condiciones necesarias para que el niño
pueda llevar una vida digna. Los Estados deberán garantizar que en los centros de acogimiento
y en las instituciones residenciales se respete y promueva el derecho a la salud, entendido como
el disfrute del más alto nivel posible de bienestar físico, mental y social, teniendo especialmente
en cuenta las necesidades y requerimientos específicos de los niños, niñas y adolescente, en
función de la etapa vital de crecimiento y desarrollo en la que se encuentran. Adicionalmente,
la Corte ha considerado el cará cter de indivisibilidad e interdependencia que el derecho a la
salud guarda con otros derechos fundamentales de los niñ os, así la Corte se ha manifestado en
estos té rminos:
Las afectaciones especiales del derecho a la salud, e íntimamente vinculadas con é l, las del
derecho a la alimentació n y el acceso al agua limpia impactan de manera aguda el derecho
a una existencia digna y las condiciones bá sicas para el ejercicio de otros derechos humanos,
como el derecho a la educación o el derecho a la identidad cultural.
596. Tal y como se ha señ alado con anterioridad, el Estado se encuentra en una posició n
reforzada de garante en relació n a los niñ os y niñ as bajo la tutela de un centro de acogimiento
o de una institució n residencial. Derivado de ello, el Estado tiene el deber de asegurar y
garantizar el acceso efectivo a los servicios de salud física y metal que el niñ o requiera por su
condició n, en condiciones apropiadas.
603. La Comisió n considera que el principio del interé s superior del niñ o debe regir en todas
las decisiones que se adopten en relació n a la salud del niñ o, despué s de haber escuchado la
opinió n del propio niñ o y tomado en consideració n la misma, en funció n de su edad y madurez.
El Comité de los Derechos del Niñ o tambié n ha subrayado la importancia de que el interé s
superior del niñ o sea la base para las decisiones sobre la provisió n, el mantenimiento y la
finalizació n de un determinado tratamiento, ademá s de destacar el derecho del niñ o a
participar de las decisiones que afecten a su salud, en función de su edad y madurez. Sin
perjuicio de las consideraciones referidas al respeto de la evolución de las facultades del niño
y su autonomía personal progresiva, la Comisión ya se ha referido también al derecho del niño
a tener un tutor legal que vele por sus derechos, con responsabilidades legales respecto de la
seguridad, la salud, el desarrollo y el bienestar del niño.
604. La Comisió n entiende que la prestació n del servicio de salud deberá incluir: el derecho del
niñ o a obtener informació n sobre los aspectos relativos a la salud de forma clara, accesible,
adecuada y apropiada a su edad; el derecho al consentimiento informado para los tratamientos
mé dicos; y, la confidencialidad de la informació n mé dica. Los Estados deben garantizar que los
niñ os, niñ as y adolescentes que se encuentran en un centro de acogimiento o en una institució n
residencial no será n sometidos a experimentos mé dicos ni a tratamientos que no tengan el
respaldo científico y mé dico necesario.
605. En lo relativo al acceso a la informació n sobre salud, los Estados deben garantizar el
derecho del niñ o, niñ a y adolescente a obtener informació n y asesoría adecuada y pertinente
sobre los temas y aspectos relativos a la salud, ademá s de ser apoyado en la compresió n de esta
informació n. El niñ o, la niñ a y los adolescentes requieren informació n, asesoría y educació n en
materia de salud, comprensible y adaptada a su edad, a los efectos de poder realizar decisiones
informadas en relació n a un estilo de vida saludable y al acceso a los diversos servicios de salud.
La informació n debe comprender có mo y dó nde el niñ o puede acceder a la informació n y a los
servicios de salud.
606. Asimismo, el derecho al consentimiento informado forma tambié n parte integrante del
derecho a la salud, consagrado en numerosos tratados internacionales de derechos humanos,
y garantiza que las prá cticas de salud respeten el principio de no discriminació n, la autonomía
y libre determinació n personal, la integridad física y psíquica, y la dignidad de toda persona. A
los efectos de poder emitir un consentimiento informado para un tratamiento mé dico, es
requisito previo el acceso a la informació n relevante y la salud solicitados de forma voluntaria.
El Relator Especial sobre el derecho de toda persona al disfrute del má s alto nivel posible de
salud física y mental de las Naciones Unidas (en adelante, el Relator Especial sobre el derecho
a la salud), señ aló que el consentimiento informado no es la mera aceptació n de una
intervenció n mé dica, sino una decisió n voluntaria y suficientemente informada. Garantizar el
consentimiento informado es un aspecto fundamental del respeto a la autonomía, la libre
determinació n y la dignidad humana de la persona, en un proceso continuo y apropiado de
servicios de la atenció n de salud solicitados de forma voluntaria.
611. De conformidad con lo establecido en el artículo 10 del Protocolo de San Salvador, todas
las personas tienen derecho a la salud, entendida como el disfrute del má s alto nivel de
bienestar físico y mental. Para garantizar este derecho, los Estados deben, inter alia, adoptar
medidas destinadas a: a) suministrar atenció n primaria de la salud, entendiendo como tal la
asistencia sanitaria esencial puesta al alcance de todos los individuos y familiares de la
comunicad; b) extender los beneficios de los servicios de salud a todos los individuos sujetos a
la jurisdicció n del Estado; c) la total inmunizació n contra las principales enfermedades
infecciosas; d) prevenir y tratar las enfermedades endé micas, profesionales y de otra índole; e)
educar a la població n sobre la prevenció n y tratamiento de los problemas de salud; y f)
satisfacer las necesidades de salud de los grupos de má s alto riesgo y que por sus condiciones
de pobreza sean má s vulnerables, entre los cuales se encuentran los migrantes.
613. A juicio de la Comisió n, los Estados tienen la obligació n de respetar el derecho a la salud
de las personas migrantes, solicitantes de asilo y refugiados. Tal como fuese señ alado por el
Comité de Derechos Econó micos, Sociales y Culturales y el Comité para la Eliminació n de la
Discriminació n Racial, la Comisió n reafirma la obligació n de los Estados de respetar el derecho
de los no ciudadanos, migrantes en situació n migratoria irregular, solicitantes de asilo y
refugiados a un grado adecuado de salud física y mental, lo cual incluye, entre otras cosas,
abstenerse de negar o limitar su acceso a servicios de salud preventiva, curativa y paliativa.
100. La CIDH ha desarrollado una serie de está ndares sobre el derecho de acceso a la
informació n en materia reproductiva, los cuales comprenden: (i) el respeto del principio de
consentimiento informado; (ii) el deber de los proveedores de salud de proteger la
confidencialidad de la informació n de la paciente; (iii) la obligació n estatal de “brindar toda la
informació n disponible respecto de los mé todos de planificació n familiar así como de otros
servicios de salud sexual y reproductiva que se brinden en condiciones legales”; (iv) el asegurar
a las mujeres el acceso a su historia mé dica; y (v) la obligació n estatal de producir estadísticas
confiables en esta materia.
109. A modo de conclusió n, la CIDH recuerda que la garantía efectiva del derecho de acceso a
la informació n requiere que los Estados adecuen su ordenamiento jurídico e institucionalidad
interna a las exigencias de este derecho y que implementen adecuadamente las normas sobre
acceso a la informació n con una perspectiva de gé nero. En consecuencia, la Comisió n observa
con preocupació n la falta de disponibilidad de informació n específica sobre la implementació n
de estos está ndares en los Estados, y en particular, sobre las medidas adoptadas para
garantizar efectivamente el este derecho en las esferas de la actividad estatal que tienen un
especial impacto en el ejercicio de los derechos humanos de las mujeres, como la prestació n de
servicios de salud sexual y reproductiva.
194. La CIDH señ ala que el principio del consentimiento previo, libre e informado es de la
mayor importancia y debe guiar toda decisió n relacionada con las cirugías, procedimientos,
tratamientos hormonales y cualquier otro tratamiento mé dico de las personas intersex. La
Comisió n Interamericana de Derechos Humanos recomienda a los Estados Miembros hacer las
modificaciones necesarias en materia legislativa y de política pú blica para prohibir
procedimientos mé dicos innecesarios a personas intersex, cuando son realizadas sin el
consentimiento libre e informado de las personas intersex. Se deben hacer modificaciones a
protocolos mé dicos para asegurar el derecho a la autonomía de las personas intersex: las
personas intersex deben decidir por sí mismas si desean realizarse cirugías, tratamientos o
procedimientos. Considerando que estas intervenciones mé dicas en su mayoría no son
mé dicamente necesarias y dado que, en general, acarrean altos riesgos de dañ os irreversibles
a la salud física y mental de las personas intersex, dichas intervenciones só lo podrían llevarse
a cabo cuando la persona intersex pueda manifestar directamente su consentimiento previo,
libre e informado. Las cirugías y otras intervenciones mé dicas que no son necesarias segú n
criterios mé dicos deben ser postergadas hasta que las personas intersex puedan decidir por sí
mismas.
279. Los impactos de la presencia de los metales pesados en el organismo de los seres humanos
pueden resultar irreparables si los Estados no toman medidas urgentes y especiales para
abordar cada caso concreto. Por tal motivo, la CIDH considera que se hace necesario que los
Estados adopten medidas que permitan la reparació n de los territorios degradados y
contaminados por la realizació n de actividades extractivas, lo que debe incluir la puesta en
marcha de programas especiales que incluyan como una de sus líneas centrales de acció n la
atenció n a la salud de los pueblos indígenas.
199. Tal como se reconoce en el artículo XVIII de la Declaració n Americana sobre los Derechos
de los Pueblos Indígenas, “los pueblos indígenas tienen derecho en forma colectiva e individual
al disfrute del má s alto nivel posible de salud física, mental y espiritual”. Segú n el Comité de
Derechos Econó micos, Sociales y Culturales, este derecho a la salud tiene ciertos elementos
esenciales e interrelacionados: disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y calidad. Las
comunidades indígenas en general está n lidiando con el deterioro de la salud a raíz de la poca
disponibilidad y accesibilidad de los servicios de salud. Los establecimientos de salud tienden
a estar situados lejos de las comunidades, en tanto que los servicios que ofrecen tienden a ser
culturalmente inadecuado.
201. Por su parte, el requisito de aceptabilidad de los servicios de salud exige que los
establecimientos de salud, así como los bienes y servicios relacionados con la salud respeten la
cultura de los pueblos y las comunidades. Por consiguiente, es esencial que los Estados faciliten
inté rpretes para posibilitar el pleno acceso a los servicios. Es importante señ alar asimismo que
la salud de las mujeres indígenas no es solamente responsabilidad de cada mujer, sino que es
tambié n una responsabilidad colectiva de todos los integrantes de la comunidad, ya que la
salud y el bienestar de estas mujeres influye en la vida cultural, espiritual y social de la
comunidad. A fin de atender esta necesidad, se ha promovido un enfoque intercultural en las
Amé ricas, que implica apoyar y fomentar los sistemas de medicina indígena y adoptar modelos
de atenció n de salud que respeten y apliquen sistemas de atenció n basados en conocimientos
tradicionales.
203. La CIDH ha señ alado que hay factores culturales que pueden constituir barreras para el
acceso de las mujeres a los servicios de salud. Cuando se trata de mujeres indígenas, los
servicios de salud suelen ofrecerse sin tener en cuenta sus expectativas, tradiciones y
creencias, lo cual, sumado a la mala calidad del servicio que suelen recibir, puede ser un
desincentivo para la utilizació n de los servicios. El acceso a la salud puede verse seriamente
menoscabado por la insensibilidad cultural o el trato irrespetuoso del personal mé dico, lo cual
puede llevar a las mujeres y a su familia a optar simplemente por no recibir la atenció n mé dica
que necesitan. Cabe destacar asimismo que los indígenas, y las mujeres en particular, suelen
enfrentar discriminació n cuando acuden a establecimientos de salud para recibir atenció n
mé dica. Cuando han preservado su propio idioma como ú nico medio de comunicació n, se
enfrentan tambié n con una barrera idiomá tica para comunicarse con el personal del sistema
de salud…
206. La CIDH considera que los Estados tienen ciertas obligaciones fundamentales que
requieren la adopció n inmediata de medidas prioritarias en el á rea de la salud materna. Una
de ellas consiste en dar prioridad a la labor y los recursos para asegurar el acceso a servicios
de salud materna para las mujeres que tienden a correr un riesgo mayor, como las mujeres
indígenas. La Corte Interamericana dictaminó en el caso de la Comunidad indígena
Sawhoyamaxa contra Paraguay que los Estados tienen la obligació n de adoptar medidas
especiales para que las madres puedan tener acceso a atenció n mé dica adecuada,
especialmente durante la gestació n, el parto y la lactancia.
Avances y desafíos hacia el reconocimiento de los derechos de las personas LGBTI en las
Américas. OAS/Ser.L/V/II.170 Doc. 184 (7 de diciembre de 2018)
157. El derecho a la salud, entendida como el disfrute del má s alto nivel posible de bienestar
físico, mental y social, tambié n está reconocido en diversos instrumentos del Sistema
Comisión Interamericana de Derechos Humanos | CIDH
DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 139
158. Por su parte, respecto de obligaciones de los Estados relativas al derecho a la salud, los
Principios de Yogyakarta +10 establecen una serie de obligaciones adicionales, incluyendo la
de “proteger todas las personas de la discriminació n, violencia y otros dañ os por razones de su
orientació n sexual, identidad de gé nero, expresió n de gé nero, y características sexuales, en el
sector de la salud”; y “garantizar el acceso al má s alto nivel posible de atenció n mé dica relativa
a tratamientos de afirmació n de la identidad de gé nero, con base en el consentimiento previo,
libre e informado de las personas”. En relació n con este ú ltimo punto, sobre la salud de las
personas trans, la CIDH advierte que su situació n econó mica, en general, determina la calidad
de los servicios mé dicos que reciben, incluyendo las cirugías de afirmació n de gé nero y otras
modificaciones corporales relacionadas.
160. Por otra parte, respecto de las personas LGBT, una de las principales preocupaciones
resaltadas por la CIDH en el informe citado anteriormente, tiene que ver con las llamadas
“terapias” con la finalidad de “modificar” la orientació n sexual o identidad de gé nero de la
persona (comú nmente conocidas como “cura gay”). Al respecto, la CÍDH ha instado a los
Estados a adoptar medidas para garantizar “efectivos procesos de regulació n y control de los
mé dicos y profesionales de la salud que ofrecen estos servicios” y, en general, que “[tales]
prá cticas que generan dañ o en la salud física, mental y social no deberían ser aceptadas como
terapias mé dicas” debiendo, por lo tanto, ser prohibidas.
303. El derecho a disfrutar del nivel má s alto posible de salud física y mental es un derecho
humano fundamental considerado indispensable para el ejercicio de otros derechos y, a su vez,
depende de otros derechos, tales como la alimentació n, la vivienda, o derechos de similar
naturaleza, como el agua. La CIDH recuerda que la jurisprudencia del Sistema Interamericano
de Derechos Humanos ha considerado que el artículo 26 de la Convenció n Americana protege
el derecho a la salud, y ha entendido este no só lo como la ausencia de afecciones o
enfermedades, sino tambié n como un estado completo de bienestar físico, mental y social,
derivado de un estilo de vida que permita alcanzar a las personas un balance integral. En ese
marco, la obligació n general de protecció n a la salud se traduce en el deber estatal de asegurar
el acceso de las personas a servicios, bienes y medicamentos esenciales de salud, garantizando
una prestació n mé dica de calidad y eficaz, así como de impulsar el mejoramiento de las
condiciones de salud de la població n. Tambié n recuerda, que tanto la Declaració n Americana
(artículo XI) como el Protocolo de San Salvador (artículo 10) recogen expresamente la
protecció n del derecho a la salud. Por su parte, de acuerdo con el Comité de Derechos
Econó micos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas (en adelante, Comité DESC), este
derecho abarca 4 elementos esenciales: disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y calidad.
304. En esta línea, el derecho a la salud de los pueblos indígenas se encuentra expresamente
reconocido en instrumentos tales como el Convenio 169 OIT (artículo 25), la Declaració n de las
Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (artículo 24) y la Declaració n
Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (artículo XVIII). Todos estos
instrumentos reconocen como un componente del derecho a la salud de los pueblos el derecho
a sus propios sistemas y prá cticas de salud, así como al uso y protecció n de las plantas, animales
y minerales, y otros recursos de uso medicinal, en sus tierras y territorios ancestrales. De
acuerdo con el Comité DESC, los pueblos indígenas tienen derecho a medidas específicas que
permitan mejorar su acceso a servicios de salud y atenciones de la salud. Estos servicios deben
ser apropiados desde una perspectiva cultural, lo que significa tener en cuenta los cuidados
preventivos, las prá cticas curativas y las medicinas tradicionales.
306. En esta misma línea, la CIDH ha reconocido el vínculo entre la protecció n del medio
ambiente y el derecho a la salud, dado que el medio ambiente es esencial para una població n
sana. Por ello, cuando existe contaminació n y degradació n del medio ambiente, aquello
constituye una amenaza para la vida y salud de las personas que en é l habitan. De este modo,
en contextos de industrias extractivas, la CIDH ha manifestado su preocupació n respecto a la
presencia de sustancias en el cuerpo que pueden causar enfermedades neuroló gicas, bacterias
en el organismo, malformaciones, enfermedades en la piel, discapacidades de distinta índole,
entre otras; como es el caso del mercurio. Este mineral se deposita en ríos y otras fuentes de
agua y se acumula en animales como los peces, que forman parte de la dieta tradicional de
numerosos pueblos indígenas, especialmente en la Amazonía.
307. Asimismo, es importante tomar en cuenta que existen afectaciones a la salud que pueden
resultar devastadoras para determinados grupos, como sería el caso de los pueblos indígenas
en aislamiento voluntario o en contacto inicial, afectados por la invasió n de colonos,
trabajadores de las empresas o por el propio Estado. Dado que dichos pueblos no se encuentran
en contacto con miembros de la sociedad mayoritaria, no han desarrollado las defensas
inmunoló gicas suficientes para combatir enfermedades comunes.
308. Resulta evidente que dichos pueblos requieren la adopció n planes de acció n y protocolos
de prevenció n y contingencia especializados y culturalmente apropiados en materia de salud,
atendiendo a su especial condició n de vulnerabilidad, tal como se establece en las Directrices
de protecció n para los pueblos indígenas en aislamiento y en contacto inicial de la regió n
amazó nica, el Gran Chaco y la Regió n Oriental de Paraguay y en el Informe sobre Pueblos
Indígenas en Aislamiento Voluntario y Contacto Inicial en las Amé ricas. Se debe destacar,
ademá s, que la CIDH ha señ alado que la mejor medida en el caso de estos pueblos en particular
Comisión Interamericana de Derechos Humanos | CIDH
DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 141
310. En ese marco, el Estado está obligado a proporcionar recursos para que los pueblos
indígenas establezcan, organicen y controlen dichos servicios con el objetivo de poder disfrutar
del má s alto nivel de salud física y mental. En esa línea, debe adoptar medidas para proteger
las plantas medicinales, los animales y los minerales que son necesarios para el pleno disfrute
del derecho a la salud de estos pueblos.
Informe sobre Personas Trans y de Género Diverso y sus derechos económicos, sociales,
culturales y ambientales. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 239 (7 de agosto de 2020)
316. En su Resolució n 1/2020, la Comisió n notó que es la salud es un bien pú blico que debe ser
protegido por todos los Estados y que el derecho humano a la salud es un derecho de cará cter
inclusivo, que guarda correspondencia con el goce de otros derechos, que comprende sus
determinantes bá sicos y sociales como el conjunto de factores que condicionan su efectivo
ejercicio y disfrute. En dicha Resolució n, la CIDH recomendó a los Estados adoptar medidas de
forma inmediata y de manera diligente para prevenir la ocurrencia de afectaciones al derecho
a la salud, la integridad personal y la vida.
317. En el Sistema Interamericano, el derecho a la salud es concebido “no só lo como la ausencia
de afecciones o enfermedades, sino tambié n como un estado completo de bienestar físico,
mental y social, derivado de un estilo de vida que permit[e] alcanzar a las personas un balance
integral”, aspecto que fue resaltado en la antes citada Resolució n 1/2020. Asimismo, es
definido a partir de su cará cter instrumental y de cuatro elementos esenciales e
interrelacionados que los Estados han de asegurar en la prestació n de servicios mé dicos, sean
pú blicos o privados, en funció n de los deberes de regulació n, supervisió n y fiscalizació n con
cará cter permanente que tienen sobre los mismos.
320. La Comisió n y su REDESCA subrayan que para cumplir con sus obligaciones
internacionales sobre la materia, los Estados deben garantizar no solo la prestació n de
servicios de salud sin discriminació n sino ademá s observar debidamente las condiciones que
conduzcan a una vida digna e igualitaria en la sociedad en relació n con el derecho a la salud. Es
decir, la Comisió n subraya la obligació n de los Estados en incluir en sus políticas y marcos
normativos sobre salud los determinantes bá sicos y sociales que permitan la realizació n
efectiva del derecho a la salud, particularmente de aquellas poblaciones en situació n de
vulnerabilidad.
321. Dentro de los primeros determinantes se encuentra la garantía de otros derechos que
permiten el goce de una vida saludable como el acceso al agua y alimentació n adecuada o las
condiciones saludables de trabajo. La Comisió n toma nota de que el derecho a la salud debe ser
comprendido como un derecho en si mismo, pero, ademá s, es imprescindible tener en cuenta
los determinantes sociales que tienen impacto directo en la salud tales como la distribució n
equitativa de recursos, las perspectivas culturales, é tnico-raciales y de gé nero, la participació n
efectiva de la població n en las políticas de salud, el impacto de estereotipos nocivos y de la
estigmatizació n en los servicios, así como la identificació n de las relaciones de poder, la
violencia, la discriminació n normativa, institucional y social o entornos familiares y
comunitarios nocivos que impidan la realizació n efectiva y prá ctica de este derecho. En ese
marco, para la CIDH los Estados deben adoptar medidas no solo respecto de la prestació n de
servicios y bienes mé dicos adecuados en concreto sino respecto de los entornos físicos y
psicosociales que condicionan el disfrute del derecho a la salud tanto física como mental de las
personas.
171. La CIDH y su REDESCA también han subrayado que para cumplir con las obligaciones
internacionales de respeto, garantía, progresividad y cooperación sobre el derecho a la salud
de las personas afrodescendientes es central que los Estados pongan el contenido del mismo
en el centro de los esquemas y políticas que definen su realización, incluyendo aquellos en
donde intervengan agentes privados o empresas, como puede ser la producción y distribución
de medicamentos y tecnologías sanitarias o la prestación de servicios médicos. Los Estados han
de establecer marcos regulatorios y políticas públicas claras basadas en el contenido del
derecho a la salud. También deberán someter a los proveedores privados a la plena rendición
de cuentas de sus operaciones y a un examen riguroso bajo sistemas de vigilancia
transparentes y eficaces, previendo sanciones efectivas y reparaciones adecuadas para los
casos de incumplimiento.
173. Adicionalmente, la Comisión y su REDESCA observan que, para cumplir con sus
obligaciones internacionales sobre la materia, los Estados deben garantizar no solo la
prestación de servicios de salud sino además observar debidamente las condiciones que
conduzcan a una vida digna e igualitaria en la sociedad en relación con el derecho a la salud. Es
decir, la Comisión subraya la obligación de los Estados de abarcar los determinantes básicos y
sociales que permitan la realización efectiva del derecho a la salud. Dentro de los primeros se
encuentra la garantía de otros derechos que permiten el goce de una vida saludable como el
acceso a agua, la prohibición de la tortura, las condiciones sanas de trabajo, un medio ambiente
sano o la alimentación adecuada. De la misma forma es imprescindible integrar los
determinantes sociales de la salud en las acciones que los Estados implementen respecto de
este derecho tales como la distribución equitativa de recursos, las perspectivas culturales,
étnicas, de edad, migratorias, de discapacidad y de género, la participación efectiva de la
población en las políticas de salud. Asimismo, deben identificar otros determinantes como las
relaciones de poder, la violencia, la discriminación normativa, institucional y social o entornos
familiares y comunitarios nocivos que impidan la realización del derecho a la salud. En ese
marco, para la CIDH y su REDESCA, los Estados deben adoptar medidas no solo respecto de la
prestación de servicios y bienes médicos adecuados en concreto, sino respecto de los entornos
físicos y psicosociales que condicionan el disfrute del derecho a la salud tanto física como
mental de las personas afrodescendientes.
178. En esa misma línea, la Comisión y su REDESCA hacen un llamado a los Estados de la región
a respetar, proteger y promover las prácticas de medicina tradicional ancestral
afrodescendiente y los procesos de generación de conocimientos en esta materia, tanto en la
esfera individual como colectiva, este último en el caso de las comunidades afrodescendientes
tribales. La CIDH recuerda que la salud intercultural y los sistemas terapéuticos propios de las
comunidades étnicas hacen parte de sus expresiones culturales y están arraigadas a su
cosmovisión y espiritualidad, por tanto, gozan de especial protección, así como sus autoridades
tradicionales, curanderas y curanderos. Al respecto, la Comisión, ha enfatizado en que el uso
de plantas y otros recursos naturales en los territorios ancestrales hacen parte de los
componentes del derecho a la salud de los pueblos étnico-raciales. De allí que sea
imprescindible asegurar diálogos interculturales entre las instituciones estatales y sistemas de
salud propios de comunidades afrodescendientes y tribales, para garantizar la validación e
integración de la medicina ancestral tradicional.
179. En ese marco, la Comisión y su REDESCA subrayan el deber de los Estados de la región en
diseñar e implementar políticas sanitarias focalizadas en la población afrodescendiente para
garantizar su acceso y aseguramiento en el sistema de salud, así como la garantía sin
discriminación del ejercicio y disfrute de dicho derecho. Para el diseño de dichas políticas
desde un enfoque de derechos humanos resulta crucial tener en cuenta la intersección entre
este origen étnico-racial, y otras condiciones como el género, la discapacidad, la condición de
niña, niño, adolescente o persona mayor, privación de la libertad, orientación sexual, o el origen
socioeconómico, entre otras.
Informes de país
93. La CIDH considera que uno de los principales retos en materia de salud indígena es la
adecuació n cultural del servicio de atenció n, pues el sistema de salud estatal es percibido como
ajeno a la concepció n propia de los pueblos indígenas, y su diseñ o y aplicació n se ha
determinado sistemá ticamente sin su participació n…. Asimismo, la CÍDH considera que el
cumplimiento de estos deberes debe tener en cuenta como ejes centrales el fortalecimiento y
consolidació n de la medicina tradicional a travé s del establecimiento de instrumentos y
mecanismos que permitan su puesta en ejercicio; así como la especial relació n que vincula a
los pueblos indígenas con sus territorios y con los recursos naturales que en ellos se
encuentran.
A la luz de los hallazgos del informe, la CIDH hizo al Estado las siguientes recomendaciones en
cuanto al derecho a la salud:
66. Adoptar medidas para garantizar la disponibilidad y calidad de los servicios de salud,
asegurando que los establecimientos y centros de atención cuenten con personal médico
capacitado, medicamentos y equipo hospitalario adecuado.
67. Priorizar la adopción de las medidas que resulten necesarias para asegurar a las mujeres
y las niñas el disfrute de sus derechos sexuales y reproductivos, concentrando esfuerzos en
combatir las altas tasas de mortalidad materna, así como la prevención de los embarazos no
deseados y la atención de las víctimas de violencia sexual.
69. Garantizar el derecho a la salud y la vida de las personas viviendo con VIH/sida,
movilizando los recursos necesarios y disponibles para ello, incluyendo los de cooperación
internacional.
Graves violaciones a los derechos humanos en el marco de las protestas sociales en Nicaragua.
OEA/Ser.L/V/II. Doc. 86 (21 de junio de 2018)
152. De conformidad con el derecho a la salud, los Estados tienen la obligació n de asegurar el
derecho de acceso a las instalaciones, bienes y servicios de salud. Cuando las personas no
puedan hacer valer ese derecho por sí mismas, como podría ser el caso de las heridas o
enfermas, los Estados deben adoptar las medidas necesarias para facilitar ese acceso, el cual
puede incluir la bú squeda y recogida de dichas personas, así como su atenció n inmediata.
153. Segú n lo establecido por los ó rganos del Sistema Interamericano de Derechos Humanos,
los derechos a la vida e integridad personal está n estrechamente relacionados con el derecho
a la salud, por lo que la falta de atenció n mé dica adecuada puede llevar la vulneració n de estos.
En este sentido, los servicios de salud deben ser adecuados, inmediatos, no discriminatorios y
estar preparados ante situaciones de emergencia como podrían ser contextos de protestas
sociales y violencia extendida, en particular para garantizar los derechos de las personas
heridas, lesionadas y con alto riesgo de perder la vida. Para ello, los funcionarios encargados
de hacer cumplir la ley y el personal sanitario tienen la obligació n de facilitar y proceder de
modo que se presten lo antes posible asistencia y servicios mé dicos a estas personas, así como
notificar a la brevedad a familiares o amigos íntimos de las personas heridas.
158. La CIDH resalta que los Estados no deben impedir que el personal sanitario imparta
tratamientos mé dicos a las personas que lo necesitan. No debe permitirse la detenció n u
hostigamiento al personal sanitario por el hecho de prestar atenció n mé dica. Tampoco se debe
castigar al personal sanitario por la realizació n de actividades compatibles con la é tica mé dica,
ni obligarlo a cometer actos que contravengan tales normas. La CIDH tambié n enfatiza que los
Estados deben dar a las organizaciones y personal humanitario todas las facilidades necesarias
para que puedan realizar sus actividades y desempeñ ar sus funciones así como para que tengan
acceso a la població n en necesidad de socorro. El Estado debe abstenerse de obstaculizar estas
labores y respetar y proteger al personal de asistencia humanitaria así como sus instalaciones
y medios de transporte.
162. La Comisió n subraya la necesidad y urgencia de que el Estado adopte medidas para
asegurar que se preste atenció n mé dica de emergencia de manera adecuada, inmediata y con
calidad en hospitales y centros de salud pú blicos y privados del país sin discriminació n alguna
en el contexto descrito. En esa línea, el Estado no solo debe abstenerse de obstaculizar la labor
humanitaria de personal sanitario sino protegerlo de posibles ataques o agresiones. En
particular, es necesario que el Estado nicaragü ense de seguimiento puntual a los tratamientos
mé dicos requeridos por las personas atendidas en el marco de las protestas, y en caso sea
necesario, facilitar y buscar apoyo de cooperació n internacional con objeto de garantizar el
derecho a la salud y el acceso a medicamentos de estas personas.
163. En cuanto al tema de salud mental y bienestar emocional, dado los hechos descritos, la
Comisió n considera necesario la implementació n de un programa para atender los impactos
traumá ticos de estos sucesos de manera multidisciplinaria. Dicho programa debe estar basado
en un enfoque de derechos humanos e incluir perspectiva de gé nero. En particular, respecto de
las personas má s afectadas, como son quienes fueron heridas y secuestradas, personas
hostigadas o amenazadas, así como familiares de las personas asesinadas.
164. La CIDH tambié n reitera el llamado realizado en sus observaciones preliminares sobre la
importancia de que el Estado asegure una investigació n imparcial, diligente y oportuna de las
denuncias relacionadas a la denegació n, obstaculizació n y mala atenció n mé dica en los
hospitales pú blicos así como respecto de las alegadas agresiones y obstaculizació n al personal
de asistencia humanitaria. Dichas investigaciones deberá n tener en cuenta los elementos que
configuran el delito de tortura o tratos crueles, inhumanos o degradantes con el fin de
determinar la existencia de su comisió n por la falta de atenció n mé dica o asistencia inadecuada.
Tambié n deberá n abarcar el esclarecimiento y eventuales sanciones por los hechos
denunciados sobre la manipulació n de expedientes mé dicos y actas falsas.
Situación de derechos humanos en Honduras. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 146 (27 de agosto de 2019)
144. Al respecto, la CIDH establece que los pueblos indígenas tienen derecho en forma colectiva
e individual al disfrute del má s alto nivel posible de salud física, mental y espiritual. Tienen
derecho a utilizar, sin discriminació n alguna, todas las instituciones y servicios de salud y
atenció n mé dica accesibles a la població n en general, así como a ejercer sus propios sistemas y
prá cticas de salud. En ese sentido, los Estados en consulta y coordinació n con los pueblos
indígenas deben promover sistemas o prá cticas interculturales en los servicios mé dicos y
sanitarios que se provean en las comunidades indígenas, incluyendo la formació n de té cnicos
y profesionales indígenas de salud.
Situación de los derechos humanos en Brasil. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 9 (12 febrero 2021)
459. La CIDH reconoce que Brasil logró un importante hito al establecer un sistema universal
de salud que integra y articula servicios en todos los niveles de complejidad, teniéndolos
presentes en todo el territorio nacional. El Sistema Único de Salud (SUS), a pesar de sus
históricos desafíos en temas tales como violencia obstétrica, disponibilidad de medicamentos,
entre otros, se presenta como un modelo de universalización de la salud pública y gratuita, y
constituye el compromiso del Estado brasileño con la efectivización del derecho a la salud.
Dentro del SUS se destaca también el Subsistema de Salud Indígena, el cual ha sido un ejemplo
sin paralelo de política de salud que defiende el derecho a ser diferente en la aplicación del
derecho a la salud.
implementadas por el Estado, en forma contraria a lo que sería necesario para hacer valer el
derecho a la salud para todos y todas.
461. La Comisión observó impactos relevantes en el área del derecho a la salud de personas
afrodescendientes, particularmente en relación con la atención materna y procedimientos
obstétricos a mujeres afrodescendientes. Durante la visita, la CIDH recibió información sobre
los altos índices de mortalidad materna entre mujeres afrodescendientes. Según el Informe
Anual Socioeconómico de Mujeres de 2014, el 62,8% de las muertes maternas eran de
afrodescendientes. De acuerdo con las cifras de este informe, a medida que disminuían las
muertes de las mujeres blancas, de 39 a 15 ca sos por cada 100.000 nacimientos, entre las
afrodescendientes aumentó de 34 a 51 muertes por cada 100.000 partos.
462. Además, se recibieron denuncias de malos tratos, agresiones verbales y físicas, además de
actos de racismo por parte de profesionales de la salud. De la misma forma, se destacan casos
de racismo médico por omisión o negligencia en la atención de mujeres embarazadas, así como
en la relativización del sufrimiento de estas mujeres. En particular, la Comisión destaca la
responsabilización por medio de la condena internacional al Estado por el Comité para la
Implementación de la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación
contra las Mujeres (CEDAW, por sus siglas en inglés) en el caso de Alyne da Silva Pimentel
Teixeira. También el caso de una mujer afrodescendiente residente en el municipio de Belford
Roxo, en el estado de Río de Janeiro, que falleció en 2002 a consecuencia de varias fallas en la
atención recibida en un hospital público. Según el informe, el Comité consideró al Estado
responsable por la negligencia médica causada por racismo institucional basado en el origen
étnico-racial y en la condición socioeconómica de la víctima.
463. Al respecto, la CIDH también recomienda la adopción de una ley federal que exija que
todos los profesionales médicos tengan capacitación sobre la diáspora africana, estudios
sociales brasileños y de derechos humanos, incluida la responsabilidad de respetar y proteger
los derechos fundamentales, tales como los derechos a la vida y a la integridad personal, sin
discriminación.
470. La CIDH señala a Brasil, sin embargo, que en los términos de la Convención Interamericana
para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, la violencia contra la mujer
abarca la violencia física, sexual y psicológica ocurrida en la comunidad y cometida por
cualquier persona, incluyendo perpetrada o tolerada por agentes del Estado, que comprende,
entre otras formas, el estupro, el abuso sexual, la tortura, la trata de mujeres, la prostitución
forzada, el secuestro y el asedio sexual en el lugar de trabajo, así como en establecimientos de
educación, servicios de salud o cualquier otro lugar.
471. De modo que enfatiza que el Estado debe garantizar la investigación rápida, completa,
independiente e imparcial de los incidentes de violencia obstétrica y negligencia médica,
asegurando la investigación de todas las partes potencialmente responsables y, según el caso,
su enjuiciamiento y sanción. De la misma forma, el Estado debe eliminar todos los mecanismos
legales y de hecho impedir investigaciones internas, procesos penales, procesos civiles e
investigaciones federales.
476. Por otro lado, el Consejo Federal de Psicología aprobó, en enero de 2018, la Resolución
Nº. 001/18, que prohíbe a los psicólogos “proponer, realizar o colaborar con cualquier evento
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 149
477. La Comisión recuerda al Estado que esos tratamientos “no tienen base médica y
representan una amenaza grave a la salud y a los derechos humanos de las personas afectadas”.
Asimismo, destaca que las diversas orientaciones sexuales e identidades de género no son
enfermedades y que ya han sido retiradas de la lista internacional de enfermedades de la
Organización Mundial de la Salud. En este sentido, la Comisión recomienda que el Estado
adopte medidas para que el cuerpo directivo de los servicios de salud del Estado garantice
procesos efectivos de regulación y control de los médicos y profesionales de la salud que
ofrecen esos servicios, así como la divulgación de información con base en evidencias
científicas y objetivas sobre el impacto negativo que tienen esas “terapias” en la salud.
Informes anuales
100. La CIDH recuerda que la vigencia efectiva de los derechos de las mujeres, niñ as y
adolescentes requiere de garantías para la accesibilidad de informació n y la educació n integral
necesaria para adoptar decisiones libres sobre el nú mero y espaciamiento de sus hijos y
aspectos vinculados con la planificació n familiar, particularmente en niñ as y adolescentes.
Asimismo, la CIDH reitera que los Estados de la regió n tienen la obligació n de emprender una
revisió n detallada de todas las leyes, normas, prá cticas y políticas pú blicas cuya redacció n o
implementació n prá ctica pueda tener repercusiones discriminatorias en el acceso de las
mujeres a todos los servicios de salud reproductiva. Estas medidas han de tener en cuenta la
situació n de especial riesgo, desprotecció n y vulnerabilidad de niñ as y de adolescentes, así
como de las mujeres en particular situació n de exclusió n.
244. Por otro lado, la REDESCA pone de manifiesto su especial preocupación por la situación
regional del derecho a la salud en su relación con los demás DESCA. En sus trabajos de
monitoreo, como con el sistema de casos de la CIDH, la REDESCA llama la atención que se trata
de un derecho sobre el que ha identificado serias violaciones en distintos países de la región,
resultando urgente y prioritario que se adopten medidas y acciones nacionales, como
regionales para evidenciar las situaciones más graves, identificar las buenas prácticas en
materia de legislación, como políticas públicas, así como articular esfuerzos en la materia. En
esta línea, uno de los proyectos estratégicos de la REDESCA se articula precisamente en torno
al derecho a la salud.
III Informe Anual de la Relatoría Especial sobre Derechos Económicos, Sociales, Culturales y
Ambientales (REDESCA) Trabajando por la indivisibilidad, interdependencia y protección
efectivas de todos los derechos humanos para todas las personas en América “Hasta que la
dignidad se haga costumbre”. OEA/Ser.L/V/II. 24 de febrero de 2020.
674. Por otro lado, el derecho a la salud resulta uno de los más preocupantes para el mandato
de la REDESCA, habiendo constatado profundas deficiencias y violaciones de este en
numerosos Estados de la región, lo que le ha convertido en una de las prioridades del mandato
pese a no ser un derecho originalmente mencionado en el Plan Estratégico de la CIDH que fue
la base principal de la agenda estratégica propia del mandato.
[Link] la Relatoría Especial, el derecho a la salud está en una zona roja para millones de
habitantes de América, lo cual resulta especialmente grave en el caso de Venezuela y otros
Estados que como Nicaragua o Haití pasan por graves crisis de derechos humanos, así como
para los grupos y colectivos que se encuentran en especial situación de vulnerabilidad, como
las mujeres, NNA, pueblos indígenas, afrodescendientes, población LGBTI, personas adultas
mayores o personas con discapacidad.
678. En relación con los servicios de salud sexual y reproductiva persiste una tasa alta de
embarazos en mujeres adolescentes, entre 15 a 19 años de edad, en la región. De acuerdo con
las cifras del Fondo de Población de las Naciones Unidas, en el 2018, la tasa de embarazos
adolescentes, en el rango de edad anteriormente mencionado, es de 66.5 adolescentes por cada
1.000 mujeres, las cuales no todas cuentan con asistencia de profesionales del sector salud para
realizar el procedimiento de parto. La OMS define la salud sexual como: “un estado de bienestar
físico, mental y social en relación con la sexualidad. Requiere un enfoque positivo y respetuoso
de la sexualidad y de las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias
sexuales placenteras y seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia”. Sin
embargo, persisten medidas por parte de los Estados que evitan el acceso a servicios médicos
y educativos para que niños, niñas, adolescentes y mujeres puedan ejercer sus derechos
sexuales y sus derechos reproductivos, lo cual afecta el disfrute de su derecho a la salud, como
de otros derechos humanos por la interdependencia e indivisibilidad de los mismos.
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 151
1212. En 2020, la pandemia que ha afectado la salud física y mental de las poblaciones de las
Américas, provocando más de tres millones de contagios y hasta 850.000 muertes. Así, surgió
a la luz un nuevo e inmenso colectivo de personas que requieren una protección específica de
sus derechos humanos, a saber: las personas con COVID-19. Al respecto, la REDESCA hace un
especial llamado a la comunidad interamericana a tomar en cuenta y organizar todos los
aparatos estatales para implementar las Directrices Interamericanas que en la materia
estableció la CIDH en su Resolución 4/2020.
Resoluciones
Resolución 4/19: Principios interamericanos sobre los derechos humanos de todas las personas
migrantes, refugiadas, apátridas y las víctimas de la trata de personas (7 de diciembre de
2019)
Todo migrante tiene derecho al disfrute del má s alto nivel posible de salud física y mental y
a los determinantes subyacentes de la salud; no se puede denegar la atenció n mé dica a un
migrante por razó n de su situació n migratoria, ni se le pueden negar los servicios de salud
por falta de documentos de identidad. Toda persona, independientemente de su situació n
migratoria o su origen, tiene derecho a recibir la misma atenció n mé dica que los nacionales,
incluyendo servicios de salud sexual, reproductiva y mental. Los Estados deben tomar en
cuenta que ciertos grupos, como las mujeres, los niñ os, las niñ as y los adolescentes,
requieren atenció n diferenciada.
Resolución No. 1/2020: Pandemia y derechos humanos en las Américas (10 de abril de 2020)
Destacando que la salud es un bien pú blico que debe ser protegido por todos los Estados y que
el derecho humano a la salud es un derecho de cará cter inclusivo, que guarda correspondencia
con el goce de otros derechos, que comprende sus determinantes bá sicos y sociales como el
conjunto de factores que condicionan su efectivo ejercicio y disfrute. Que el contenido del
derecho a la salud se refiere al derecho de toda persona a gozar del má s alto nivel de bienestar
físico, mental y social. Asimismo, que este derecho incluye la atenció n de salud oportuna y
apropiada, así como los elementos esenciales e interrelacionados de disponibilidad,
accesibilidad, aceptabilidad y calidad de los servicios, bienes e instalaciones de salud,
incluyendo los medicamentos y los beneficios del progreso científico en esta á rea, en
condiciones de igualdad y no discriminació n.
Subrayando que los contextos de pandemia y sus consecuencias, incluyendo las medidas de
contenció n implementadas por los Estados, generan serios impactos en la salud mental como
parte del derecho a la salud de la població n, particularmente respecto de ciertas personas y
grupos en mayor riesgo.
C. Parte resolutiva
4. Garantizar que las medidas adoptadas para enfrentar las pandemias y sus consecuencias
incorporen de manera prioritaria el contenido del derecho humano a la salud y sus
determinantes bá sicos y sociales, los cuales se relacionan con el contenido de otros derechos
humanos, como la vida e integridad personal y de otros DESCA, tales como acceso a agua
potable, acceso a alimentació n nutritiva, acceso a medios de limpieza, vivienda adecuada,
cooperació n comunitaria, soporte en salud mental, e integració n de servicios pú blicos de salud;
así como respuestas para la prevenció n y atenció n de las violencias, asegurando efectiva
protecció n social, incluyendo, entre otros, el otorgamiento de subsidios, rentas bá sicas u otras
medidas de apoyo econó mico.
8. Velar por una distribució n y acceso equitativos a las instalaciones, bienes y servicios de salud
sin discriminació n alguna, sean pú blicos o privados, asegurando la atenció n de las personas
con COVID-19 y los grupos desproporcionalmente afectados por la pandemia, así como
personas con enfermedades preexistentes que las hacen especialmente vulnerables al virus. La
escasez de recursos no justifica actos de discriminació n directos, indirectos, mú ltiples o
interseccionales.
11. Mejorar la disponibilidad, accesibilidad y calidad de los servicios de salud mental sin
discriminació n ante los efectos de los contextos de pandemia y sus consecuencias, lo que
incluye la distribució n equitativa de tales servicios y bienes en la comunidad, particularmente
de las poblaciones que se ven má s expuestas o en mayor riesgo a verse afectadas, tales como
personas profesionales de salud, personas mayores o personas con condiciones mé dicas que
requieren atenció n específica de su salud mental.
Resolución No. 4/20: Derechos humanos de las personas con COVID-19 (27 de julio de 2020)
2. La finalidad principal de toda atenció n o servicio de salud y cuidado dirigido a personas con
COVID-19 es la protecció n de la vida, la salud, tanto física como mental, la optimizació n de su
bienestar de forma integral, el no abandono, el respeto de la dignidad como ser humano y su
autodeterminació n haciendo uso del má ximo de los recursos disponibles, para el mejor
cuidado y tratamiento posible. En ningú n caso las personas deben ser sometidas a torturas o
tratos crueles, inhumanos o degradantes al existir una prohibició n absoluta e inderogable al
respecto.
11. Con el fin de garantizar y respetar el ejercicio de los derechos a la vida y a la salud de las
personas con COVID-19, los Estados deben velar por la accesibilidad y asequibilidad, en
condiciones de igualdad, respecto de las aplicaciones tecnoló gico-científicas que sean
fundamentales para garantizar tales derechos en el contexto de pandemia. El derecho a
beneficiarse del progreso científico y sus aplicaciones en el campo de la salud exige que los
Estados adopten medidas dirigidas, de forma participativa y transparente, al acceso a los
medicamentos, vacunas, bienes y tecnologías mé dicas esenciales, que se desarrollen desde la
prá ctica y conocimiento científicos en este contexto para prevenir y tratar el contagio del SARS-
COV-2.
18. Para la protecció n del derecho a la salud de las personas con COVID-19 es necesario
reconocer y garantizar el derecho a recibir una prestació n adecuada de los servicios de salud
mediante un marco normativo y protocolos de atenció n y tratamiento con pará metros claros
de atenció n. Asimismo, deben ser constantemente revisados y actualizados, segú n la mejor
evidencia científica, y mantener mecanismos de supervisió n y fiscalizació n de las instituciones
de salud y cuidado, facilitando canales sencillos de presentació n de quejas y solicitudes de
medidas de protecció n urgente relacionadas, investigando y dando respuestas a las mismas.
19. Cualquier tipo de tratamiento mé dico de las personas con COVID-19 debe recabar el
consentimiento previo, libre e informado de las personas afectadas. Cuando esté comprobado
que su condició n de salud no se lo permita, es necesario contar con el consentimiento de sus
familiares o representantes. Dicha regla só lo admite como excepció n una situació n de urgencia
donde se encuentre en inminente riesgo la vida y le resulte imposible a la persona con COVID-
19 adoptar una decisió n en relació n con su salud. La urgencia o emergencia se refiere a la
inminencia de un riesgo y, por ende, a una situació n en que la intervenció n es necesaria ya que
no puede ser pospuesta, excluyendo aquellos casos en los que se puede esperar para obtener
el consentimiento. Respecto de niñ os, niñ as o adolescentes con COVID-19 deberá n ser
consultados y su opinió n debe ser debidamente considerada por sus familiares, responsables
y por el equipo de salud.
29. Para garantizar los derechos de las personas con COVID-19, los Estados deben exigir
claramente que los actores no estatales o privados relacionados con el sector de la salud
respeten los derechos humanos y adopten la debida diligencia en sus operaciones en este
campo. Esto incluye actividades relacionadas con la prestació n directa de servicios de salud y
cuidado o el desarrollo de investigació n mé dica científica, las aseguradoras de salud privadas,
así como a la producció n, comercializació n y distribució n de material de bioseguridad mé dica,
como de medicamentos, vacunas, tecnologías y equipos sanitarios, o bienes esenciales para la
atenció n y tratamiento de salud de esta enfermedad, entre otros.
31. Con el fin de garantizar el acceso y asequibilidad en la atenció n de salud a las personas con
COVID-19, los Estados deben adoptar medidas que prevengan que los actores privados o
empresas ocasionen desabastecimiento, como el incremento desproporcionado de precios en
relació n con bienes, equipos, materiales y servicios esenciales de salud o de bioseguridad. Esto
incluye el uso de clá usulas de flexibilidad relacionadas con el ré gimen de patentes y propiedad
intelectual, como de otras medidas dirigidas a prevenir y a combatir a la especulació n, el
acaparamiento privado o la indebida utilizació n de dichos bienes.
B. Parte Considerativa
TOMANDO EN CUENTA que, de una lectura conjunta de estos derechos y las correlativas
obligaciones de los Estados, se desprende que las vacunas son bienes y servicios de salud que
deben cumplir con los estándares de disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y calidad
relativos al derecho a la salud.
7. Los Estados deben priorizar la inoculación de las personas con mayor riesgo de contagio y a
quienes experimentan un mayor riesgo frente a la pandemia, en tanto es superado el contexto
de escasez y las limitaciones en el acceso a las vacunas. Para los criterios y parámetros que los
Estados implementen se deben tomar en consideración los principios SAGE de la OMS. Dentro
de los mismos se incluyen a las personas trabajadoras de la salud, las personas mayores, con
discapacidad o con preexistencias médicas que pongan en riesgo su salud; como también a las
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10. Los Estados deben asegurar que las personas bajo su jurisdicción no sean discriminadas
por la falta de inventario de bienes e insumos para la inoculación. Al momento de incrementar
la eficiencia en la distribución de las vacunas, deben observarse las garantías de los derechos
humanos, y en particular del derecho a la vida y la salud.
Comunicados de prensa
[…] Los estándares del Sistema Ínteramericano de Derechos Humanos han establecido que la
salud y la alimentación debe también entenderse como una garantía fundamental e
indispensable para el ejercicio de los derechos a la vida e integridad personal, lo cual implica
obligaciones para los Estados de adoptar medidas para el ejercicio de tales derechos. En tal
sentido, Soledad García Muñoz, Relatora Especial sobre DESCA de la CÍDH indicó que “si bien
desde el Derecho Internacional de los Derechos Humanos se entiende que existen ciertos
aspectos de los derechos a la salud y a la alimentación de realización progresiva, es necesario
subrayar que en relación con los mismos también existen obligaciones inmediatas para los
Estados, incluyendo la provisión sin discriminación de medicinas y de alimentos esenciales, en
particular a las personas, grupos y colectivos en mayor situación de vulnerabilidad y de
pobreza. Esto aplica claramente a Venezuela en su actual contexto y debe ser objeto de acción
inmediata por el Estado”.
[…] Asimismo, considerando que el acceso a medicinas es parte integral del derecho a la salud,
dicho componente debe ser garantizado y respetado, entre otras acciones, proveyendo
medicinas esenciales destinadas a enfrentar enfermedades que presenten un riesgo de salud
pública o a aquellas necesidades prioritarias para la salud de la población en Venezuela. El
proceso de selección de dichos medicamentos y priorización de enfermedades deberá, además,
estar basado en evidencia, siendo transparente y participativo, en particular para los grupos
más gravemente afectados.
La CIDH y su REDESCA instan a asegurar las perspectivas de protección integral de los derechos
humanos y de la salud pública frente a la pandemia del COVID-19. CP No. 060/20 (20 de marzo
de 2020)
Respecto a las medidas de atención, la CIDH y su REDESCA recuerdan a los Estados que el
derecho a la salud se debe garantizar a todas las personas dentro de su jurisdicción, sin ningún
tipo de discriminación, de conformidad con los estándares e instrumentos interamericanos e
internacionales de derechos humanos. Así, enfatizan que para hacer efectivo el derecho a la
salud los siguientes elementos son esenciales e interrelacionados: la disponibilidad, la
accesibilidad, la aceptabilidad y la calidad. En virtud de este derecho los Estados deben brindar
una atención y tratamiento de salud oportuna y apropiada; destacándose que todos los
establecimientos, bienes y servicios de salud deben ser accesibles sin discriminación alguna, y
adaptarse en función de circunstancias como las que la presente pandemia plantea con apego
al principio «pro persona», a fin de que prevalezca el debido y oportuno cuidado a la población
por sobre cualquier otra pauta o interés de naturaleza pública o privada. Dada la naturaleza la
pandemia y las medidas de contención, también debe brindarse una particular atención a la
salud mental de la población.
Adicionalmente, la CIDH y su REDESCA recuerdan que los Estados deben tomar como prioridad
la integridad y bienestar de las personas profesionales de la salud frente a la pandemia,
considerando asimismo fundamental que los Estados tomen medidas específicas para la
protección y reconocimiento de las personas que asumen socialmente tareas de cuidado,
formal o informalmente, con reconocimiento de las condiciones sociales preexistentes y de su
agudización en momentos de especial exigencia para los sistemas de salud y asistencia social.
En relación con las trabajadoras y los trabajadores del sector salud, se destaca la importancia
de la adopción de protocolos a ser aplicados en el tratamiento del COVID19, así como de
medidas especiales para la protección y entrenamiento de las personas sanitarias, lo que
incluye que dispongan de equipos de protección personal y para la desinfección de ambientes,
así como la debida garantía de sus derechos laborales y de seguridad social. […]
En esa línea, las autoridades estatales competentes deben cooperar y guiar a las empresas para
la implementación de medidas de mitigación sobre los efectos de esta crisis sanitaria desde el
enfoque de los derechos humanos. En particular, se debe asegurar que las instituciones
privadas de salud y de educación no estén exentas de cumplir con sus responsabilidades de
respetar los derechos humanos, sino que están llamadas a cooperar con las autoridades y aunar
esfuerzos para mitigar los impactos que se puedan generar sobre los derechos a la salud y a la
educación.
Los Estados de la región deben adoptar medidas urgentes hacia la efectiva protección de la salud
mental en el contexto de la pandemia y la garantía de su acceso universal. CP No. 243/20 (2 de
octubre de 2020)
[…] es indispensable que los Estados incluyan la salud mental como un derecho en la cobertura
sanitaria, y no solo atiendan las problemáticas, síntomas y padecimientos físicos derivados del
COVID-19. Asimismo, que estos servicios respondan a las necesidades particulares de los
diferentes grupos poblacionales impactados y tenga un abordaje de derechos humanos y que
vaya mucho más allá de su entendimiento biomédico. La salud mental es componente
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inextricable del derecho a la salud, y su realización está intrínsecamente ligada al pleno disfrute
de los derechos humanos. Por esta razón, hay una imperativa necesidad de adoptar un enfoque
de derechos humanos en esta materia, mediante el que se persiga la dignidad y el bienestar
psicológico y psicosocial de todas las personas.
2. Considerar la salud mental en los distintos ámbitos en que se adopten políticas frente a la
pandemia (sanitario, laboral, educativo, fiscal, entre otros), en los que deben incluir
servicios de bienestar psicológico y psicosocial, cuidados paliativos y tratamiento de
adicciones.
83. El Protocolo de San Salvador contempla el derecho a la seguridad social en su artículo 9, donde
se plantea que debe abarcar distintos rubros, incluyendo la vejez, la incapacidad, el retiro, la
atención médica, licencias de maternidad, entre otros elementos. El artículo XVI de la
Declaración Americana sobre los Derechos y Deberes del Hombre también lo contempla, así
como la Carta de la Organización de los Estados Americanos en sus artículos 45 y 46. Se trata
de un derecho también protegido por el artículo 26 de la Convención Americana.
Caso 12.670. Asociación Nacional de Ex Servidores del Instituto Peruano de Seguridad Social y
otras contra Perú. Admisibilidad y Fondo (27 de marzo de 2009)
130. El derecho a la pensión, como parte integrante del derecho a la seguridad social, también
se encuentra dentro del alcance del artículo 26 de la Convención Americana que se refiere a las
normas económicas, sociales y sobre educación, ciencia y cultura, contenidas en la Carta de la
OEA. Dicha carta, en su artículo 45, incorpora el derecho a la seguridad social en los siguientes
términos:
Los Estados miembros, convencidos de que el hombre sólo puede alcanzar la plena
realización de sus aspiraciones dentro de un orden social justo, acompañado de desarrollo
económico y verdadera paz, convienen en dedicar sus máximos esfuerzos a la aplicación de
los siguientes principios y mecanismos:
(…)
(…)
132. La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, establece el derecho a
la seguridad social en su artículo XVI en los siguientes términos:
Toda persona tiene derecho a la seguridad social que le proteja contra las consecuencias de la
desocupación, de la vejez y de la incapacidad que, proveniente de cualquier otra causa ajena a
su voluntad, la imposibilite física o mentalmente para obtener los medios de subsistencia.
133. En ese sentido, la Comisión concluye que el derecho a la seguridad social constituye una
de las normas económicas y sociales mencionadas en el artículo 26 de la Convención Americana
y, en ese sentido, los Estados parte se encuentran en la obligación de procurar el desarrollo
progresivo de ese derecho.
143. […] La Comisión considera que la creación de topes máximos a las pensiones no constituye
en sí misma una medida regresiva, salvo que dicho tope sea manifiestamente incompatible con
el contenido esencial del derecho…
115. El artículo XVI de la Declaració n Americana dispone lo siguiente: “Toda persona tiene
derecho a la seguridad social que le proteja contra las consecuencias de la desocupació n, de la
vejez y de la incapacidad que, proveniente de cualquier otra causa ajena a su voluntad, la
imposibilite física o mentalmente para obtener los medios de subsistencia”.
116. Como se explica en la secció n precedente, la Carta de la OEA dispone en el artículo 45 (b)
que las condiciones de trabajo aceptables son aquellas que “aseguren la vida, la salud y un nivel
econó mico decoroso para el trabajador y su familia, tanto en sus añ os de trabajo como en su
vejez, o cuando cualquier circunstancia lo prive de la posibilidad de trabajar”. La Comisió n
tambié n considera procedente señ alar en este sentido que en el artículo 45 (h) de la Carta se
hace un llamamiento explícito al “desarrollo de una política eficiente de seguridad social”, en
tanto que en el artículo 46, sobre el tema de la integració n regional, los Estados Miembros
consideran que es necesario “armonizar la legislació n social [...] especialmente en el campo
laboral y de la seguridad social, a fin de que los derechos de los trabajadores sean igualmente
protegidos”.
117. La Comisió n considera que el derecho de todos los trabajadores a recibir prestaciones
emanadas de la relació n laboral, como las que está n comprendidas en los sistemas de
indemnizació n por accidentes de trabajo, forma parte de un grupo de derechos econó micos y
sociales que deben acompañ ar a las libertades civiles y políticas para la plena protecció n de los
derechos humanos, como los derechos a la propiedad o a la personalidad jurídica. Las
prestaciones tales como el acceso a tratamientos y servicios mé dicos pagados por el empleador
para sufragar el costo de la curació n de lesiones sufridas en el trabajo, así como los pagos por
discapacidad para proporcionar una fuente de ingresos al trabajador lesionado a fin de que
pueda mantenerse durante el tiempo en que la discapacidad le impida trabajar, son cruciales y
necesarias para cumplir las normas de seguridad social establecidas en la Carta de la OEA y en
el artículo XVI de la Declaració n Americana. El acceso a tratamientos y servicios mé dicos
tambié n está relacionado con el derecho a la integridad personal. Los trabajadores ganan estas
prestaciones, que forman parte de la indemnizació n por accidentes de trabajo. Por lo tanto, la
Comisió n considera que los programas de indemnizació n por accidentes de trabajo en general,
en la forma que tienen en los estados de Estados Unidos, procuran ofrecer protecciones a los
trabajadores en momentos de vulnerabilidad y, por consiguiente, se encuadran plenamente en
el á mbito de la “seguridad social”.
Opario Lemoth Morris y otros (Buzos miskitos) (Caso 12.378) contra Honduras.
OEA/Ser.L/V/II.168 Doc. 74 (8 de mayo de 2018)
252. En cuanto al derecho a la seguridad social, además de la última parte del artículo 45 b) de
la Carta de la OEA antes referido, dicho instrumento establece en el inciso h) del mismo artículo
el compromiso de los Estados Miembros para el desarrollo de una política eficiente de
seguridad social. A su vez, de manera más general el artículo 46 se refiere a la labor de
armonización sobre normativa de seguridad social a nivel regional. La Declaración Americana
recoge este mismo derecho en su artículo XVI y el Protocolo de San Salvador mediante el
artículo 9; en ambos se reconoce el derecho de toda persona a ser protegida para llevar una
vida digna ante las consecuencias de la desocupación, vejez y discapacidad.
Complementariamente, uno de los temas más reiterados en la Carta se refiere a la erradicación
de la pobreza y mejor distribución de la riqueza (arts. 2.g, 3.f, y 34.b) de lo cual se puede
desprender la necesidad de una consideración amplia del derecho a la seguridad social para el
logro de estos objetivos, ya sea en su faceta contributiva o de asistencia social.
267. Debido al carácter redistributivo de la seguridad social, este derecho tiene un rol clave y
es un instrumento esencial para combatir la pobreza y las desigualdades sociales, por lo que
no debe ser tratado únicamente desde una perspectiva económica, sino teniendo en cuenta un
enfoque de derechos. En particular, la CIDH destaca que para que el seguro social sea accesible,
las coberturas existentes deben incluir a las personas en situación de mayor vulnerabilidad y
pobreza, por lo cual el Estado debe prever planes que las abarquen (…)
268. Asimismo, la CIDH reconoce que el seguro social desde un enfoque de la salud aumenta el
uso de los centros, bienes y servicios de salud, promueve la igualdad de acceso y puede
permitirse niveles más altos de protección financiera para los pobres. De este modo, para que
los programas del Estado de seguro social relativos a la salud tengan un enfoque basado en
dicho derecho su diseño y alcance no solo deben tener en cuenta la capacidad financiera y la
situación laboral de las poblaciones receptoras, sino sus necesidades específicas de salud.
Martina Rebeca Vera Rojas (Caso 13.039) contra Chile. OEA/Ser.L/V/II.160 Doc. 124 (5 de
octubre de 2018)
65. Sobre el contenido del derecho a la seguridad social, este incluye la consideración de su
estrecha relación con otros derechos, como es el caso del derecho a la salud; y que la supresión,
reducción o suspensión de las prestaciones a que se tenga derecho debe ser limitada, basarse
en motivos razonables y estar prevista en la legislación nacional. Además, el Estado mantiene
la responsabilidad de regular y fiscalizar el sistema de seguridad social cuando son terceros
quienes administran los planes de aseguramiento así como de garantizar razonablemente que
los agentes del sector privado no vulneren este derecho, incluyendo una legislación marco, una
supervisión independiente, una auténtica participación pública y la imposición de sanciones
en caso de incumplimiento. Asimismo, la CIDH reconoce que el seguro social desde un enfoque
de la salud aumenta el uso de los centros, bienes y servicios de salud, promueve la igualdad de
acceso y puede permitirse niveles más altos de protección financiera para quienes se
encuentran normalmente excluidos, como pueden ser niños o niñas con discapacidad. De este
modo, para que los programas públicos o privados de seguro social relativos a la salud tengan
un enfoque basado en dicho derecho su diseño y alcance no solo deben tener en cuenta la
capacidad financiera y la situación laboral de las poblaciones receptoras, sino las necesidades
específicas de salud de quienes se benefician.
71. La Comisión considera, que en función del derecho a la salud, la regulación y fiscalización
de los aspectos que gobiernan los sistemas de salud, no solo en la prestación final del servicio,
sino también en el diseño del financiamiento del mismo a través de aseguradoras privadas, es
una prerrogativa del Estado que debe ser entendida como parte de sus obligaciones en la
creación de condiciones que aseguren a todos asistencia médica y servicios médicos en caso de
enfermedad. Para la CIDH, esta faceta evidencia la indivisibilidad e interdependencia del
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derecho a la seguridad social relativo a los planes de sanidad y el derecho a la salud, en donde
el primero adquiere un carácter instrumental o de procedimiento para satisfacer el contenido
del segundo. Cuando estos planes son manejados por empresas privadas, el Estado tiene la
obligación de asegurar que el diseño y administración de los seguros médicos tengan en cuenta
los elementos de los derechos a la seguridad social y a la salud. De allí que de la obligación
estatal de asegurar la efectividad de los derechos humanos se proyecten efectos en las
relaciones entre particulares, quienes por consecuencia tienen la obligación de respetar estos;
es decir, respecto de empresas aseguradoras, por ejemplo, la búsqueda de rentabilidad y
ganancia económica en el sistema de seguros médicos no debe anular el goce de los derechos
protegidos por la Convención Americana.
Informes temáticos
81. En materia de seguridad social, el artículo 9 del Protocolo señ ala que “Toda persona tiene
derecho a la seguridad social que la proteja contra las consecuencias de la vejez y de la
incapacidad de que la imposibilite física o mentalmente para obtener los medios para llevar
una vida digna y decorosa. En caso de muerte del beneficiario, las prestaciones de seguridad
social será n aplicadas a sus dependientes. Cuando se trate de personas que se encuentran
trabajando, el derecho a la seguridad social cubrirá al menos la atenció n mé dica y el subsidio o
jubilació n en casos de accidentes de trabajo o de enfermedad profesional y, cuando se trate de
mujeres, licencia retribuida por maternidad antes y despué s del parto”.
83. La protecció n de la seguridad social comienza a actuar, una vez configurada la contingencia,
la cual produce como efecto que una persona, o los miembros de su familia, o uno y otros,
resulten desfavorablemente afectados, en su nivel de vida, ya sea como consecuencia de un
aumento en el consumo, o una disminució n o supresió n de los ingresos.
84. Las contingencias se clasifican, en la mayoría de las legislaciones de los países de Amé rica
Latina y el Caribe en tres tipos: i) contingencias patoló gicas: aquellas situaciones que deben
protegerse ante la eventualidad de que el individuo contraiga una enfermedad (seguro de
salud), accidente o enfermedad del trabajo (pensiones por invalidez o enfermedad); ii)
contingencias socio- econó micas: son aquellos recaudos que se toman ante la eventualidad de
la pé rdida de ingresos (jubilació n o pensió n) o la falta de trabajo (seguro de desempleo) , o en
razó n de la “expansió n de la familia” como el caso de nacimiento de hijos/as, matrimonio,
(asignaciones familiares); iii) contingencias bioló gicas: agrupan a aquellas precauciones que se
toman en la vida activa para asegurar la protecció n de los derechohabientes (pensió n para el
có nyuge supé rstite o hijos menores), en caso de muerte (gastos de sepelio), o una pensió n para
aquellos no trabajadores/as carentes de recursos (pensiones graciables o no contributivas).
85. Es decir, en todos los casos, lo “protegido” es aquello que, en caso de ausencia, se entiende
como privació n. Por ello la contingencia está ligada indisolublemente con la carencia -en el
concepto má s tradicional de la Seguridad Social-, o al estado de necesidad de esta persona -en
la visió n actual. En cualquiera de los casos, debe ligarse a la protecció n –cobertura- es decir, su
superació n.
86. Con el desarrollo del derecho a la seguridad social, se fueron diseñ ando mecanismos para
la efectiva percepció n del beneficio, quedando comprendidos los trabajadores/as
dependientes y en algunos casos su grupo familiar. Para los no asalariados la cobertura resultó
reducida a ciertas y determinadas contingencias, aunque en la mayoría de los casos, la
protecció n se presenta como consecuencia de adhesió n voluntaria. Es decir, el principio de la
universalidad no ha sido suficientemente desarrollado, permaneciendo como requisito
indispensable acreditar ciertas circunstancias para acceder a ellas.
88. En rigor, los indicadores ademá s de procurar registrar los grados de realizació n del derecho
y las condiciones de acceso al mismo, se proponen captar con mayor detalle las
transformaciones acontecidas en los sistemas de responsabilidad, a fin de identificar en cabeza
de quien se mantiene la garantía de cobertura de la seguridad social. Esto es, si sigue siendo el
Estado el principal garante –y proveedor-o si la responsabilidad central se ha trasladado a los
particulares, a travé s de formas de aseguramiento específico y privado. Estos ú ltimos sistemas
só lo preservan en las legislaciones domé sticas para el Estado un rol de protecció n o incluso
responsabilidades menos claras o aú n má s atenuadas en algunos marcos legales. Estas
circunstancias se consideran relevantes para el trabajo de supervisió n de cumplimiento del
Protocolo.
Informe sobre Personas Trans y de Género Diverso y sus derechos económicos, sociales,
culturales y ambientales. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 239 (7 de agosto de 2020)
282. Al respecto, la CIDH tambié n recuerda que los ó rganos del sistema interamericano ya han
reconocido la protecció n del derecho a la seguridad social tanto por medio del artículo 26 de
la CADH como del artículo XVI de la Declaració n Americana. En particular, la Comisió n ha
indicado que los Estados deben velar por que la legislació n, las políticas, los programas y los
recursos asignados faciliten el acceso a la seguridad social de todos los miembros de la
sociedad. En ese marco, deben adoptar medidas específicas para la aplicació n de los planes de
seguridad social, en particular de aquellos destinados a proteger a las personas y los grupos
desfavorecidos y marginados, y adoptar medidas de vigilancia para conocer hasta qué punto
se ejerce dicho derecho. Tambié n ha indicado que los programas del Estado de seguro social
relativos a la salud tengan un enfoque basado en dicho derecho, su diseñ o y alcance no solo
deben tener en cuenta la capacidad financiera y la situació n laboral de las poblaciones
receptoras, sino sus necesidades específicas de salud.
Informes de país
Situación de derechos humanos en Honduras. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 146 (27 de agosto de 2019)
268. En cuanto a sus derechos laborales, las mujeres en Honduras perciben casi la mitad del
salario en comparación con sus contrapartes hombres, trabajan mayoritariamente en la
informalidad, y se ven particularmente afectadas por el desempleo. Igualmente, la Comisión
recibió información relativa a las condiciones de trabajo doméstico en el país y a la situación
de explotación laboral en la que se encontrarían aproximadamente 125.000 mujeres y
adolescentes. Según información recibida por la Comisión durante su visita al país, muchas
mujeres y adolescentes trabajadoras domésticas enfrentan jornadas de más de 15 horas
laborales, sin seguridad social, con remuneraciones inferiores a los estándares legales, con
contratos informales y privadas de comunicación con sus familiares, en contradicción con las
disposiciones laborales nacionales e internacionales en la materia. Al respecto, la Comisión ha
tenido conocimiento del proyecto de Ley de Trabajo Doméstico en discusión en el Congreso
que, si bien representaría un avance en la protección de los derechos de las personas que
trabajan en el ámbito doméstico, presenta vacíos como la determinación de una remuneración
mínima adecuada, la obligatoriedad de afiliar a la persona trabajadora al seguro social, y la
reglamentación de los horarios de trabajo, entre otros. Asimismo, la Comisión observa que el
Estado de Honduras no ha firmado el Convenio 189 de la Organización Internacional del
Trabajo relativo a las trabajadoras y los trabajadores domésticos, e insta al Estado a considerar
hacerlo.
260. Testimonios de personas cubanas recogidos por la CIDH confirman la insatisfacción con
la edad mínima para jubilación y la debilidad de cobertura de la asistencia social. Cuando se
preguntó sobre la seguridad social, una de las personas entrevistadas afirmó:
Hay que cumplir unos parámetros. Muchas personas tuvieron sus chequeras retiradas. En
2008, se redactó una ley donde explica que seguridad social es ayudar a las personas que no
tengan ni padres, hijos o personas que vivan con ellas. Sus dos hijos pueden casarse mañana.
Como tienes hijos, están obligados a hacerse cargo de ella. Su madre está obligada a
ayudarla. Como tienes familia, la seguridad social no les ayuda por primero.
Conclusiones y recomendaciones:
Sobre el derecho a la seguridad social sin discriminación, adoptar medidas para asegurar que
las prestaciones sociales sean suficientes en importe y duración para tener un nivel de vida
adecuado.
Informes anuales
871. Respecto al derecho a la seguridad social, debe tenerse presente que este derecho, si bien
se encuentra estrechamente vinculado con el derecho al trabajo y en muchas situaciones cubre
las previsiones concedidas a los trabajadores, también debe considerarse que debe referirme
a personas que no se encuentran trabajando. Tal es el caso de la inclusión de provisiones sobre
el seguro de desempleo, por ejemplo, y aquellas disposiciones referidas a las prestaciones de
salud y que se vinculan con la consideración de ese derecho específico. En este campo del
derecho a la seguridad social la tarea de elaboración normativa deberá tener muy en cuenta la
experiencia con que cuenta la Organización Internacional del Trabajo en cuyo seno existen
convenciones que regulan este derecho –como la Convención Nº 102—y en los cuales son
Estados Parte varios de los Estados miembros de la OEA. Al respecto también resultan de gran
interés las observaciones elaboradas en relación con el Anteproyecto de Protocolo Adicional.
J. Derechos sindicales
85. Los derechos sindicales contemplan el ejercicio de la libertad de asociación para fines ligados
al trabajo; en ese sentido, demuestran la indivisibilidad, interrelación e interdependencia de
los derechos civiles, económicos y sociales. El artículo 8 del Protocolo de San Salvador
contempla el derecho tanto de organización de sindicatos como de afiliación a ellos, así como
el ejercicio del derecho a la huelga.
86. Por su parte, el derecho de asociación contemplado en la Declaración Americana sobre los
Derechos y Deberes del Hombre contempla la asociación para fines sindicales en su artículo
XXII. El sistema interamericano ha reconocido de manera progresiva el ejercicio de estos
derechos, a través de su potencial justiciabilidad conforme al artículo 19.6 del Protocolo de San
Salvador.
87. Esta sección presenta una actualización del material contenido en el Compendio sobre
Derechos Laborales y Sindicales, aprobado en 2020 por la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos. Seguidamente, se compilan algunos de los documentos y párrafos más
representantivos de la CIDH en cuanto a los derechos sindicales, desarrollados en el marco de
sus diferentes mecanismos.
75. La Comisión empieza destacando que el derecho a la huelga se encuentra protegido por el
artículo 26 de la CADH en tanto que el artículo 45 inciso c) de la Carta de la OEA lo incorpora
de manera expresa al establecer que: “Los empleadores y los trabajadores, tanto rurales como
urbanos, tienen el derecho de asociarse libremente para la defensa y promoción de sus
intereses, incluyendo el derecho de negociación colectiva y el de huelga por parte de los
trabajadores”.
78. Más allá de la referencia directa del derecho de huelga por parte de la Carta de la OEA, la
CIDH estima que corresponde tomar en cuenta las fuentes, principios y criterios del derecho
internacional para fijar el alcance y contenido de dicho derecho, tomando en cuenta el artículo
29 de la Convención Americana, el cual hace referencia expresa a las normas del derecho
internacional general para su interpretación y aplicación.
83. En suma, para la CIDH resulta claro que la protección del derecho a la huelga, junto a la
libertad sindical y la negociación colectiva, son pilares fundamentales para garantizar el
derecho al trabajo y sus condiciones justas y equitativas al ser un derecho al que pueden
recurrir los trabajadores y sus organizaciones en defensa de sus intereses económicos, sociales
y profesionales. Teniendo en cuenta que el ejercicio del derecho a la huelga consiste en la
suspensión colectiva de la actividad laboral en forma voluntaria y pacífica, por lo general a
efectos de lograr la obtención de algún tipo de mejora relacionada a ciertas condiciones
socioeconómicas o laborales, la CIDH subraya el componente instrumental del mismo para la
consecución de otros derechos fundamentales dentro del ámbito laboral, el equilibrio en las
relaciones entre empleadores y trabajadores, la resolución de conflictos colectivos laborales y
la materialización del respeto de la dignidad humana y los derechos laborales, es decir se
convierte en cauce del principio democrático participativo dentro de la esfera del trabajo.
84. Si bien el derecho a la huelga no es absoluto, y puede ser limitado por ley, las restricciones
deberán tener en cuenta el propósito de dicho derecho, de manera que los trabajadores y
trabajadoras no vean restringido su derecho indebidamente o este resulte inoperante en la
práctica. Ahora bien, al igual que la libertad sindical y el derecho a la negociación colectiva, la
CIDH entiende que el derecho a la huelga puede calificarse como una libertad en tanto que es
necesario que el Estado se abstenga de interferir indebidamente en el ejercicio de dicho
derecho como de asegurar que existan las condiciones y garantías necesarias para su
realización efectiva. La CIDH observa que el disfrute del derecho a la huelga es un requisito
previo, y a la vez, el resultado del disfrute de otros derechos humanos; por ejemplo, puede
permitir evidenciar prácticas laborales irregulares o insatisfactorias que luego conduzcan a la
realización del derecho al trabajo y sus condiciones justas y equitativas; a su vez puede ser
corolario del ejercicio de las libertades de expresión y reunión, al ser una manifestación
transitoria colectiva en defensa de los intereses de los trabajadores y trabajadoras, y por tanto
estar directamente relacionado según los hechos de cada caso a dichos derechos.
85. Sobre esa base, y al igual que la libertad sindical y el derecho de negociación colectiva, la
CIDH también considera importante precisar que el elemento de progresividad presente
dentro del artículo 26 de la CADH, que usualmente puede afectar la evaluación de ciertos
componentes de los derechos económicos y sociales, no genera consecuencias sustantivas
sobre el análisis del derecho a la huelga por la forma en que dicho derecho se materializa en la
práctica, de allí que el umbral para permitir limitaciones relacionadas a la obligación de
progresividad de los Estados sobre el derecho a la huelga deba ser mucho más estricto y
elevado, y que de ninguna forma impliquen la falta de protección de los trabajadores y
trabajadoras contra actos de discriminación, injerencia o represalia en el ejercicio de sus
derechos en el ámbito laboral.
90. En cuanto al fin legítimo, la CIDH considera que en principio, los requisitos de votaciones
previas de trabajadores para poder realizar huelgas, tienen por objeto que las mismas cuenten
con el respaldo colectivo de trabajadores en el reclamo de derechos laborales, lo cual
constituye un fin legítimo. Por otra parte, en cuanto la idoneidad, la CIDH considera que la
medida contribuye en cierto modo a la consecución del fin indicado pues el sentido de la
votación demuestra la voluntad de ir a la huelga.
89. La solicitud también se preparó con base en el trabajo de monitoreo de los derechos
económicos, sociales, culturales y ambientales realizado por la CIDH y su REDESCA. Esta
actividad realizada por la Comisión y su Relatoría Especial permitió presentar el contexto sobre
la libertad sindical en el continente, analizando el ejercicio de la libertad sindical en las
Américas, su impacto en las condiciones de trabajo y el uso de las nuevas tecnologías en el
7. En ese sentido, el objeto de esta solicitud es que se realice una interpretación conjunta de
varias normas interamericanas claves sobre las obligaciones de los Estados en relación al
ejercicio de la libertad sindical, y la negociación colectiva y huelga como parte de esta, en tanto
catalizadores para la protección de derechos laborales, así como de la interpretación de estas
normas desde un enfoque de género. En contextos de prácticas antisindicales, desempleo,
pérdida del valor real de los salarios, precarización laboral, discriminación y violencia de
género contra las mujeres en el trabajo e impactos laborales por el uso intensivo de nuevas
tecnologías en el continente, resulta pertinente y oportuno que la Corte Interamericana
desarrolle estos temas y dé orientaciones a los Estados para el adecuado cumplimiento de sus
obligaciones.
68. Los avances de nuevas tecnologías en el mercado de trabajo pueden potencializar las
desigualdades de género que se identifican en los locales de trabajo. Por este motivo, en
Informe de la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo ha recomendado la creación de
una agenda transformadora para lograr la igualdad de género, que incluya políticas que
promuevan que hombres y mujeres compartan los cuidados y las responsabilidades
domésticas, medidas para garantizar la rendición de cuentas con el fin de impulsar la igualdad
de género y potenciar la voz, la representación y el liderazgo de las mujeres.
69. La CIDH considera que para que los Estados puedan enfrentar los desafíos respecto de la
realización de la libertad sindical en el contexto regional, y en particular en relación a sus
efectos sobre las condiciones laborales, la igualdad de género y el uso de nuevas tecnologías en
este ámbito, es oportuno que se desarrollen y especifiquen los estándares y acciones que deben
cumplir bajo las normas interamericanas de derechos humanos. Eso se torna más importante
aún si se sostiene que el ejercicio de la libertad sindical es un derecho que dinamiza y coadyuva
a garantizar condiciones justas y equitativas de trabajo. De allí que también se entienda que
asegurar la participación activa de las mujeres en este proceso resulta central para la
promoción de la igualdad de género en el mundo del trabajo.
14. La CIDH observa que tanto el derecho a reunión (art. 15 de la CADH y XXI de la Declaración
Americana) como el derecho a la libertad de asociación (art. 16 de la CADH y XXII de la
Declaración Americana) tienen una relación estrecha con el ejercicio de los derechos a la
libertad sindical, negociación colectiva y huelga reconocidos en el art. 8 del Protocolo de San
Salvador y el art. 45.c y g de la Carta de la OEA. Asimismo, teniendo en cuenta que ambos
órganos del sistema interamericano han reafirmado su competencia para pronunciarse sobre
posibles violaciones del artículo 26 de la Convención Americana por parte de los Estados, la
Comisión entiende que esta última clausula también se relaciona con los derechos a la reunión
y libertad de asociación bajo el objeto de esta solicitud de opinión consultiva. Al respecto, la
CIDH recuerda que en sus pronunciamientos sobre la materia, la Corte ha enfatizado la
interdependencia e indivisibilidad de los derechos económicos, sociales y culturales respecto
de los derechos civiles y políticos.
21. La CIDH ha señalado que el derecho a elegir y ser elegido y a organizarse sindicalmente son
derechos reconocidos en la Convención Americana y en la Carta Democrática Interamericana.
La organización sindical libre, sin injerencias indebidas del Estado, constituye un elemento
importante de cualquier sistema democrático. Estas decisiones incumben únicamente a las/os
integrantes de las organizaciones sindicales, como parte de su derecho a elegir y ser
elegidas/os libremente dentro de sus organizaciones y desarrollar sus actividades sin
interferencias indebidas del Estado u otros actores que tengan interés en injerir en los mismos,
como las empresas o entidades donde trabajan o gremios empresariales en general. El rol del
Estado se enmarca en velar por que no se cometan actos arbitrarios o ilegales en tales procesos
y no se vulneren los derechos de las y los integrantes de los mismos.
35. La libertad sindical y la libertad de asociación son derechos humanos fundamentales que,
junto con el derecho de negociación colectiva, reunión y huelga forman el núcleo básico para
proteger y promover el derecho al trabajo y a sus condiciones justas y satisfactorias. Para la
OIT los derechos de sindicación y de negociación colectiva son habilitantes y permiten
promover la democracia, una buena gobernanza del mercado del trabajo y unas condiciones
laborales decorosas. Por su parte, el desarrollo del contenido del derecho al trabajo es clave
para fortalecer los sistemas económicos y sociales desde un enfoque de derechos que garantice
a cada trabajador o trabajadora acceso a empleo digno y a no ser privado injustamente de este.
40. Además, los Estados deben: desarrollar políticas públicas en la promoción de la sindicación
y de la agremiación empresarial, en el fortalecimiento de los sindicatos, en la eliminación de
prácticas anti-sindicales, en la educación en libertad sindical y ciudadanía laboral, en la
resolución de conflictos laborales y en el monitoreo de la negociación colectiva; desarrollar
campañas para la promoción de la libertad sindical; garantizar recursos en los programas en
materia de protección y promoción de la libertad sindical; desarrollar mecanismos legales,
programas o campañas para garantizar el derecho de libertad sindical, huelga y negociación
colectiva de los trabajadores tercerizados; crear programas que fomenten la organización y los
espacios de negociación colectiva de población vulnerable o tradicionalmente discriminada;
publicar boletines o información sobre el goce de la libertad sindical por parte de la población,
de manera culturalmente adecuada atendiendo a la diversidad de lenguas y a la población con
discapacidad.
Comisión Interamericana de Derechos Humanos | CIDH
DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 169
Resoluciones
Resolución No. 4/19: Principios interamericanos sobre los derechos humanos de todas las
personas migrantes, refugiadas, apátridas y las víctimas de la trata de personas (7 de
diciembre de 2019)
Todo migrante tiene derecho a trabajar, lo cual conlleva la posibilidad de obtener medios
para llevar una vida digna realizando una actividad lícita libremente escogida o aceptada.
Resolución No. 1/2020: Pandemia y derechos humanos en las Américas (10 de abril de 2020)
5. Proteger los derechos humanos, y particularmente los DESCA, de las personas trabajadoras
en mayor situació n de riesgo por la pandemia y sus consecuencias. Es importante tomar
medidas que velen por asegurar ingresos econó micos y medios de subsistencia de todas las
personas trabajadoras, de manera que tengan igualdad de condiciones para cumplir las
medidas de contenció n y protecció n durante la pandemia, así como condiciones de acceso a la
alimentació n y otros derechos esenciales. Las personas que hayan de proseguir realizando sus
actividades laborales, deben ser protegidas de los riesgos de contagio del virus y, en general,
se debe dar adecuada protecció n a los trabajos, salarios, la libertad sindical y negociació n
colectiva, pensiones y demá s derechos sociales interrelacionados con el á mbito laboral y
sindical.
Resolución No. 4/2020: Derechos humanos de las personas con COVID-19 (27 de julio de 2020)
42. Las personas con COVID-19 deben ser protegidas contra el despido injustificado, tanto en
el á mbito pú blico como en el privado, como garantía de la estabilidad laboral, lo que incluye
medidas especiales dirigidas a proteger los derechos y condiciones derivados de la misma. Del
mismo modo, se recomienda que los Estados tomen medidas que incluyan permisos por
enfermedad relacionados con padecimientos causados por COVID-19, compensaciones por
ejercer funciones de cuidado, así como facilitar la participació n activa en los sindicatos y
agrupaciones de trabajadores y trabajadoras, entre otros aspectos.
K. Derecho al trabajo
90. El derecho al trabajo se encuentra reconocido por el artículo 6 del Protocolo de San Salvador.
De igual manera, la Carta de la Organización de los Estados Americanos reconoce el derecho al
trabajo, o algunos de sus elementos, en los artículos 34 y 45, mientras que la Declaración
Americana sobre los Derechos y Deberes del Hombre lo contempla en el artículo XIV.
91. Asimismo, el derecho al trabajo establece una perspectiva más general de los derechos
laborales, el cual incluye la oportunidad de obtener los medios para llevar una vida digna y
decorosa a través del desempeño de una actividad lícita, libremente escogida o aceptada.
También supone no ser obligado de alguna manera a ejercer o efectuar un trabajo y el derecho
de acceso a un sistema de protección que garantice a cada trabajador su acceso a empleo.
92. Esta sección presenta una actualización del material contenido en el Compendio sobre
Derechos Laborales, aprobado en 2020 por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
En tal sentido, seguidamente se compilan algunos de los documentos y párrafos más
representantivos de la CIDH en cuanto al derecho al trabajo, desarrollados en el marco de sus
diferentes mecanismos.
Opario Lemoth Morris y otros (Buzos miskitos) (Caso 12.378) contra Honduras.
OEA/Ser.L/V/II.168 Doc. 74 (8 de mayo de 2018)
Los Estados miembros […] convienen en dedicar sus máximos esfuerzos a la aplicación de
los siguientes principios y mecanismos:
249. En forma más genérica, el art. 34 g) de dicha Carta, también incluye entre las metas para
lograr un desarrollo integral, “(s)alarios justos, oportunidades de empleo y condiciones de
trabajo aceptables para todos”.
259. Por su parte, en los artículos 6 y 7 del Protocolo de San Salvador, los Estados Parte se
comprometen a adoptar las medidas que garanticen plena efectividad al derecho al trabajo y
reconocen que toda persona debe gozar del mismo en condiciones justas, equitativas y
satisfactorias; entre las que se incluyen el derecho a un salario digno, seguridad e higiene, la
prohibición de labores peligrosas a los menores de 18 años y todo aquel que pueda poner en
peligro su salud, seguridad o moral, así como la limitación razonable de horas de trabajo, en
particular cuando se trate de trabajos peligrosos, insalubres o nocturnos .
261. Asimismo, la CIDH entiende que para cumplir con el contenido mínimo de este derecho
uno de los elementos esenciales es que los Estados regulen y realicen acciones dirigidas a velar
262. La CIDH considera que las inspecciones de trabajo, se encuentran dentro de las medidas
esenciales que los Estados deben desplegar para prevenir y vigilar el respeto de este derecho;
en particular debe garantizar su independencia, existencia de personal capacitado, un mapeo
previo de zonas e industrias sensibles y de riesgo, que tenga la autoridad de ingreso a lugares
de trabajo sin previo aviso, así como facilitar el acceso de las víctimas a la justicia. Debe velar
además por que las sanciones a actores privados sean adecuadas y proporcionales a la
gravedad del daño, entre las que se encuentran sanciones penales, sanciones administrativas
y medidas pecuniarias.
279. Para la CIDH es claro que los hechos antes descritos se enmarcan dentro del ámbito de la
salud ocupacional dada la estrecha relación existente entre el comportamiento de las empresas
en la falta de provisión de condiciones de seguridad en el trabajo, la actitud omisiva del Estado
en fiscalizar a estas y los efectos nocivos en el derecho a la salud de los buzos miskitos.
Precisamente, una de las obligaciones básicas de los Estados en este ámbito es la supervisión y
evaluación de la eficacia de sus políticas sobre la materia, lo cual debe incluir como mínimo ¨un
examen de las consecuencias de la exposición a sustancias nocivas durante el trabajo, las
modalidades específicas de las condiciones laborales, el entorno laboral, las relaciones de
trabajo y el contexto social, ambiental y político en que se desarrolla el trabajo¨ . La Comisión
resalta además el deber esencial del Estado en asegurar que los trabajadores participen y
acceden a información adecuada y oportuna sobre salud ocupacional en el proceso de
elaboración de normas y políticas en ese ámbito .En suma, la Comisión considera que las
violaciones de derechos humanos ocurridas en el presente caso no ocurrieron de manera
aislada, sino en el marco de una situación de abandono, discriminación, indiferencia y falta de
presencia por parte del Estado que ha tenido pleno conocimiento de la problemática que
afectaba a la población indígena miskito y de los abusos cometidos por las empresas en la zona,
todo sin adoptar medidas para ofrecer a la población condiciones para satisfacer los contenidos
más mínimos de los derechos al trabajo y a las condiciones justas, equitativas y satisfactorias
de este, a la salud, a la seguridad social; y como se analizará más adelante, de acceso a la justicia.
Tampoco cumplió sus obligaciones de fiscalización y supervisión, al no requerir a las empresas
implicadas en dichas actividades medidas de debida diligencia que permitieran la protección
de dichos derechos ni sancionó a las mismas una vez verificadas la situación deplorable de los
trabajadores.
Neusa dos Santos Nascimento y Gisele Ana Ferreira (Caso 12.571) contra Brasil. Informe n.
5/2020, OEA/Ser.L/V/II.175 Doc. 11, 3 de marzo de 2020, presentado el 29 de julio de 2021 ante
la Corte IDH
40. La CIDH reitera que entre las obligaciones inmediatas con respecto al derecho al trabajo
protegido por el artículo 26 de la CADH está la de garantizar su ejercicio sin discriminación y
la de adoptar medidas deliberadas y concretas encaminadas a la plena realización del derecho
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 173
45. La CIDH también enfatizó que los Estados deben garantizar que los afrodescendientes
tengan acceso a un trabajo decente en los principales sectores económicos y ocupacionales sin
discriminación, lo que incluye programas de promoción de sus derechos dentro de las
empresas, ya sean públicas o privadas, así como políticas dirigidas a erradicar la discriminación
y la segregación en este ámbito. En concreto, recomendó a los Estados que exigieran a las
empresas la diligencia debida en materia de derechos humanos en el contexto de sus
operaciones. En el marco de las Naciones Unidas, también indicó que los Estados deben utilizar
todos los instrumentos a su disposición para promover la debida diligencia en materia de
derechos humanos como parte de las prácticas empresariales habituales.
Informes temáticos
Informe sobre Personas Trans y de Género Diverso y sus derechos económicos, sociales,
culturales y ambientales. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 239 (7 de agosto de 2020)
242. El Protocolo de San Salvador tambié n consagra el derecho al trabajo y sus condiciones
justas y equitativas en sus artículos 6 y 7. El artículo 6 exige a los Estados adoptar las medidas
que garanticen plena efectividad al derecho al trabajo, en especial las referidas al logro del
pleno empleo, a la orientació n vocacional y al desarrollo de proyectos de capacitació n té cnico-
profesional. El artículo 7 se pronuncia sobre las condiciones de trabajo, como la remuneració n,
estabilidad, descanso, entre otros. Asimismo, el Protocolo protege, en su artículo 8, el derecho
a organizar y afiliarse a sindicatos y el derecho de huelga.
246. La CIDH ha subrayado que uno de los elementos sustantivos del contenido del derecho al
trabajo implica la elecció n o aceptació n libre del mismo, lo cual a su vez conlleva, ya sea
mediante la creació n de oportunidades que permitan o a travé s de la adopció n de medidas que
no impidan, seguir la vocació n que cada persona tenga y dedicarse a la actividad que responda
de manera razonable a sus expectativas o planes de vida. Tambié n ha indicado que para
cumplir con el contenido mínimo de este derecho uno de los elementos esenciales es que los
Estados regulen y realicen acciones dirigidas a velar por su efectivo cumplimiento, en
particular fiscalizando y sancionando su vulneració n por los empleadores pú blicos y privados.
Esto adquiere mayor importancia ante la existencia de formas de trato laboral desiguales y
abusivas derivadas de relaciones laborales precarias; asimismo, ha subrayado la obligació n de
los Estados de combatir prá cticas discriminatorias en el trabajo respecto de la població n
LGBTI, es decir, no solo debe abstenerse de generar tales prá cticas, sino ademá s instaurar un
sistema integral que combata activamente la discriminació n por identidad o expresió n de
gé nero en el trabajo.
Informes de país
F. Derecho al trabajo
267. Así también, la Comisión recabó información que indica que el Código de Trabajo no señala
la identidad de género como motivo prohibido de discriminación. En general, los empleadores
no tienen en cuenta la identidad de género cuando hay una plaza vacante. Las personas trans
en Cuba no tienen acceso a ocupaciones dignas y sus opciones se restringen a puestos con baja
remuneración. En consecuencia, constituyen uno de los sectores más vulnerables de la
población en el mercado laboral. La CIDH tuvo acceso a reportes que abordan las limitaciones
para el acceso de personas trans a cargos de dirección o promoción en el empleo y de la práctica
de actitudes homofóbicas en contra las personas LGBT en el ámbito laboral.
268. La CIDH también conoció el Informe Una mirada desde la juventud cubana: educación,
empleo y participación, de la Plataforma Social Centro Esperanza (CE), Cuba Independiente y
Democrática (CID), la Plataforma Social Juventud Activa Cuba Unida (JACU), y la Unión
Patriótica de Cuba (UNPACU), quienes, dentro de sus principales conclusiones, señalaron que
los jóvenes, una vez terminan sus estudios, son ubicados a trabajar por el Estado, “y deben
pagarle al mismo su período de estudio con el servicio social obligatorio o de lo contrario
pierden su título académico”. También indicaron que el Estado cubano es el principal
empleador en la isla y no ofrece trabajos que sean necesariamente acordes con los intereses y
necesidades de los jóvenes. Además, no siempre ofrece empleos que estén en correspondencia
con los intereses, necesidades y lo estudiado por los jóvenes.
269. Asimismo, la CIDH recogió testimonios de personas cubanas sobre el derecho al trabajo
en Cuba y las personas entrevistadas apuntaron casos de discriminación racial en el acceso al
Hay algo que ocurre en Cuba que es una violación grave de los derechos del trabajador, en
las empresas extrajeras la libre contratación es imposible. Nadie se puede contratar
libremente. Eso el que contrata o subcontrata es una institución estatal y se apodera de los
beneficios salariales de este trabajador. Le está pagando al gobierno por el trabajo de esa
persona. Nunca va a llegar al 10 por ciento de lo que el hombre trabaja.
Conclusiones y recomendaciones:
23. Sobre el derecho al trabajo, tomar acciones para prohibir toda discriminación en el acceso
al empleo y en la conservación del mismo. Se recomienda adoptar medidas para que la
remuneración proporcione unas condiciones de existencia dignas, teniendo en cuenta factores
externos, como el costo de vida y otras condiciones económicas y sociales imperantes, así como
debe ser suficiente para permitir al trabajador y a su familia gozar de otros derechos
Situación de los derechos humanos en Brasil. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 9 (12 febrero 2021)
126. A pesar de las diferencias en la definición del trabajo de esclavo y el trabajo en condiciones
análogas a la esclavitud, la Comisión Interamericana, en consonancia con la decisión de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, entiende que esos conceptos no se limitan al
mantenimiento de una función de propiedad sobre una determinada persona o grupo, sino que
están relacionados con la presencia de dos elementos centrales: la situación o condición de la
persona y el ejercicio de poder o control sobre la persona esclavizada hasta tal punto que se
anula la personalidad de la víctima. En muchas ocasiones, los trabajadores no se ven o no se
identifican como personas que están en una condición análoga a la esclavitud, incluso cuando
son sometidos a condiciones de trabajo degradantes, cuando los inducen a contraer deudas
artificiales, cuando se los priva de documentos personales de identidad y cuando se los somete
a jornadas agotadoras.
127. La CIDH toma nota de que, según la información recibida, en Brasil hay un ciclo de
perpetuación del trabajo en condiciones análogas a la esclavitud, debido al cual muchas
personas trabajadoras son rescatadas más de una vez de esas condiciones en un ciclo continuo.
La situación de extrema vulnerabilidad socioeconómica en que se encuentran las obliga a
abandonar su ciudad de origen en busca de actividades mejor remuneradas. Atraídos por falsas
promesas de embaucadores o por las malas condiciones de vida de los lugares donde viven, los
trabajadores se someten a condiciones de trabajo en las cuales esas violaciones les quitan la
dignidad y la libertad y muchas veces los expone a situaciones de extrema violencia física o
psicológica. La información recibida confirma que, en los casos en que esos trabajadores logran
salir de las condiciones análogas a las de esclavitud como consecuencia de medidas de
fiscalización o porque se escapan de los lugares de trabajo, debido a la falta de políticas públicas
efectivas para mitigar su vulnerabilidad socioeconómica son propensos a aceptar otro trabajo
que, nuevamente, les quite la dignidad o la libertad. De esta forma, la persona explotada
permanece atada al ciclo del trabajo de esclavo contemporáneo. Según información del Estado
brasileño, en los últimos 20 años, alrededor de 50 mil trabajadores han sido rescatados de esta
situación.
Informe anual
1157. Durante 2020, todas las sociedades de América y del mundo se han beneficiado de un
esfuerzo inconmensurable de parte de las personas trabajadoras de la salud y del cuidado,
como de quienes realizan trabajos esenciales. Personas que han dejado su descanso, su salud y
hasta sus vidas, en el intento por cuidar a otras. Preocupa hondamente a la REDESCA que “las
personas trabajadoras de la salud o del cuidado enfrentan en su labor de primera línea una
serie de obstáculos, amenazas, hostigamientos y agresiones o riesgos, actuando como personas
defensoras de derechos humanos, cuando realizan un esfuerzo especial para garantizar el
acceso a los derechos de las personas que requieren servicios de salud y cuidado; y que han
enfrentado situaciones de estigmatización, así como de inadecuada protección. Asimismo,
expresando preocupación por las cifras de contagios y muertes relacionadas con COVID-19 de
personas trabajadoras de salud y cuidado”. Al respecto, la REDESCA recuerda y llama al
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TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 177
Resoluciones
Resolución No. 4/19: Principios interamericanos sobre los derechos humanos de todas las
personas migrantes, refugiadas, apátridas y las víctimas de la trata de personas (7 de
diciembre de 2019)
Todo migrante tiene derecho a trabajar, lo cual conlleva la posibilidad de obtener medios
para llevar una vida digna realizando una actividad lícita libremente escogida o aceptada.
Resolución No. 1/2020: Pandemia y derechos humanos en las Américas (10 de abril de 2020)
5. Proteger los derechos humanos, y particularmente los DESCA, de las personas trabajadoras
en mayor situació n de riesgo por la pandemia y sus consecuencias. Es importante tomar
medidas que velen por asegurar ingresos econó micos y medios de subsistencia de todas las
personas trabajadoras, de manera que tengan igualdad de condiciones para cumplir las
medidas de contenció n y protecció n durante la pandemia, así como condiciones de acceso a la
alimentació n y otros derechos esenciales. Las personas que hayan de proseguir realizando sus
actividades laborales, deben ser protegidas de los riesgos de contagio del virus y, en general,
se debe dar adecuada protecció n a los trabajos, salarios, la libertad sindical y negociació n
colectiva, pensiones y demá s derechos sociales interrelacionados con el á mbito laboral y
sindical.
52. Ofrecer atenció n diferenciada a las mujeres profesionales de salud que trabajan en la
primera línea de respuesta a la crisis sanitaria del COVID-19. En particular, ofrecer recursos
adecuados a la ejecució n de sus tareas, atenció n en salud mental, así como medios para reducir
la carga doble de trabajo que tienen acumulando el rol profesional y las tareas de cuidado
domé stico.
Resolución No. 4/2020: Derechos humanos de las personas con COVID-19 (27 de julio de 2020)
42. Las personas con COVID-19 deben ser protegidas contra el despido injustificado, tanto en
el á mbito pú blico como en el privado, como garantía de la estabilidad laboral, lo que incluye
medidas especiales dirigidas a proteger los derechos y condiciones derivados de la misma. Del
mismo modo, se recomienda que los Estados tomen medidas que incluyan permisos por
Comunicados de prensa
La CIDH y su REDESCA instan a asegurar las perspectivas de protección integral de los derechos
humanos y de la salud pública frente a la pandemia del COVID-19. CP No. 060/20 (20 de marzo
de 2020)
Adicionalmente, la CIDH y su REDESCA recuerdan que los Estados deben tomar como prioridad
la integridad y bienestar de las personas profesionales de la salud frente a la pandemia,
considerando asimismo fundamental que los Estados tomen medidas específicas para la
protección y reconocimiento de las personas que asumen socialmente tareas de cuidado,
formal o informalmente, con reconocimiento de las condiciones sociales preexistentes y de su
agudización en momentos de especial exigencia para los sistemas de salud y asistencia social.
En relación con las trabajadoras y los trabajadores del sector salud, se destaca la importancia
de la adopción de protocolos a ser aplicados en el tratamiento del COVID19, así como de
medidas especiales para la protección y entrenamiento de las personas sanitarias, lo que
incluye que dispongan de equipos de protección personal y para la desinfección de ambientes,
así como la debida garantía de sus derechos laborales y de seguridad social.
85. La CIDH recuerda que las limitaciones en el ejercicio del derecho al trabajo de las mujeres
tienen asimismo repercusiones en el ejercicio de todos sus derechos humanos, incluyendo sus
derechos económicos, sociales y culturales en general. La Comisión considera que es
importante que los Estados no sólo se abstengan de discriminar o tolerar formas de
discriminación en el ámbito laboral, incluyendo la esfera sindical, sino también señala su
obligación de crear las condiciones que faciliten la inserción y permanencia de las mujeres en
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 179
estos ámbitos. Por ejemplo, en la esfera de la maternidad, la CIDH recomienda a los Estados la
adopción de una estrategia integral, que aborde no sólo la adopción de licencias de maternidad,
sino también de paternidad y parentales, con el fin de que el rol reproductivo de las mujeres
no se convierta en una variable excluyente y discriminatoria.
L. Derecho a la vivienda
Informes temáticos
312. La Comisió n considera que los pueblos indígenas y tribales tienen una protecció n especial
en el derecho internacional frente al desplazamiento forzado, derivada de las obligaciones
reforzadas del Estado respecto de su derecho a la propiedad colectiva. Ello en tanto el
desplazamiento forzado atenta directamente contra la existencia misma de los pueblos
indígenas y tribales, puesto que rompe la relació n fundamental que é stos guardan con sus
territorios, tanto en té rminos de supervivencia física, puesto que de dicho territorio derivan su
sustento material; como de supervivencia cultural, en la medida en que su cultura está
directamente ligada al territorio.
234. De conformidad con la Convenció n Americana sobre Derechos Humanos y otras normas
de derecho internacional e interno, los desplazados internos tienen derecho a disfrutar
libremente de los mismos derechos y libertades que el resto de los nacionales. No obstante, en
la prá ctica, rara vez pueden hacerlo, puesto que el desplazamiento interno contradice per se el
goce efectivo de los derechos humanos. Lo anterior se debe a que una de sus características
principales consiste en que sus víctimas se han visto forzadas a huir de sus hogares o lugares
de residencia habitual, lo cual implica dejar atrá s sus proyectos de vida y en la mayoría de
casos, la pé rdida de tierras, viviendas y otros bienes y componentes del patrimonio, así como
la afectació n de diversos derechos que se derivan del desarraigo y del desplazamiento.
235. Como ya ha destacado la Comisió n, el desplazamiento forzado interno conlleva a mú ltiples
violaciones de los derechos humanos de sus víctimas. Algunos de los derechos vulnerados
como consecuencia del desplazamiento interno son: i) el derecho de no ser desplazado
internamente; ii) el derecho de circular libremente en el territorio del Estado; iii) el derecho de
escoger libremente el lugar de residencia; iv) el derecho a la integridad personal; v) el derecho
a la vida privada y familiar; vi) el derecho a la propiedad; y vii) el derecho al trabajo. En el caso
de los niñ os, las niñ as y los adolescentes, derechos específicos son, ademá s, el derecho a no ser
separados de la familia, el derecho a una especial protecció n y cuidado, y el derecho a la
educació n. En el caso de las mujeres, el derecho a la adopció n de medidas por la vulnerabilidad
a la violencia por su condició n de desplazadas. En el caso de comunidades y pueblos indígenas
y afrodescendientes, el derecho a sus tierras y territorios ancestrales y tradicionales, y el
derecho a su cultura.
268. En cuanto al contenido y alcance de este derecho, el Comité de Derechos Econó micos,
Sociales y Culturales en su Observació n General No. 4 señ aló que el derecho a la vivienda debe
interpretarse ampliamente, “como el derecho a vivir en seguridad, paz y dignidad en alguna
parte”, por las siguientes razones:
(i) En primer lugar, ..."la dignidad inherente a la persona humana", de la que se dice que se
derivan los derechos del Pacto, exige que el té rmino "vivienda" se interprete en un sentido
que tenga en cuenta otras diversas consideraciones, y principalmente que el derecho a la
vivienda se debe garantizar a todos, sean cuales fueren sus ingresos o su acceso a recursos
econó micos; (ii) En segundo lugar, la referencia que figura en el pá rrafo 1 del artículo 11 no
Comisión Interamericana de Derechos Humanos | CIDH
DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 181
se debe entender en sentido de vivienda a secas, sino de vivienda adecuada. Como han
reconocido la Comisió n de Asentamientos Humanos y la Estrategia Mundial de Vivienda
hasta el Añ o 2000 en su pá rrafo 5: "el concepto de "vivienda adecuada"... significa disponer
de un lugar donde poderse aislar si se desea, espacio adecuado, seguridad adecuada,
iluminació n y ventilació n adecuadas, una infraestructura bá sica adecuada y una situació n
adecuada en relació n con el trabajo y los servicios bá sicos, todo ello a un costo razonable".
278. Por otra parte, la CIDH tambié n subraya que si bien el derecho al agua y saneamiento es
un derecho con contenido propio, existe una relació n estrecha con el disfrute al derecho a una
vivienda digna. Al respecto, la Comisió n recuerda que: “no debe denegarse a ningú n hogar el
derecho al agua por razó n de la clasificació n de su vivienda o de la tierra en que é sta se
encuentra [...] Es preciso otorgar a los refugiados y los solicitantes de asilo el derecho al agua
en las mismas condiciones que a los nacionales”. En contextos como el analizado, hacer efectivo
el contenido mínimo esencial de los derechos humanos al agua y al saneamiento no puede ser
una opció n condicionada a la capacidad financiera, humana o té cnica del Estado. Por ello es
necesario que el Estado de Costa Rica tenga un enfoque inclusivo sobre el acceso al agua y al
saneamiento, incorporando a este grupo específico de personas, y teniendo en cuenta las
necesidades particulares de las mujeres en dicha situació n en la planificació n y respuesta de
emergencias de los servicios de abastecimiento de agua y saneamiento, a fin de asegurar y
atender las necesidades específicas de las personas refugiadas, solicitantes asilo o desplazadas
internas. Asimismo, la CIDH reconoce que en tanto estas personas tengan acceso a trabajos
dignos, tal como fue desarrollado anteriormente, las posibilidades de vivir de forma autó noma
son mayores y, por tanto, la sostenibilidad financiera para el pago de los servicios de agua y
saneamiento tambié n se ve reforzada.
279. Si bien la Comisió n reconoce que la plena realizació n de los derechos econó micos, sociales
y culturales debe lograrse de manera progresiva, esto no debe interpretarse equivocadamente
en sentido que las obligaciones internacionales de los Estados respecto a estos derechos está n
privadas de todo contenido sustantivo. Los Estados tienen una obligació n mínima de asegurar
la satisfacció n de por lo menos niveles esenciales de cada uno de los derechos econó micos,
sociales y culturales, como es el derecho a una vivienda adecuada.
293. La falta de vivienda adecuada puede tener un impacto profundo en los niñ os, niñ as y
adolescentes, dado el vínculo integral entre los derechos de vivienda y su desarrollo cognitivo,
físico, cultural, emocional y social. Un entorno de vida seguro es crucial para que los niñ os,
niñ as y adolescentes puedan ejercer de manera efectiva otros derechos humanos, como los
derechos a la educació n, la salud y a la seguridad personal.
Protesta y derechos humanos: Estándares sobre los derechos involucrados en la protesta social
y las obligaciones que deben guiar la respuesta estatal. OEA/Ser.L/V/II CIDH/RELE/INF.22/19
(septiembre de 2019).
149. La resistencia a un desalojo puede, en algunos casos, constituir una forma de protesta
cuando el operativo represente una violació n del derecho a la vivienda. Ha considerado el
Comité de Derechos Econó micos, Sociales y Culturales que “la tenencia [de la vivienda o tierra]
adopta una variedad de formas, como el alquiler (pú blico y privado), la vivienda en
cooperativa, el arriendo, la ocupació n por el propietario, la vivienda de emergencia y los
asentamientos informales, incluida la ocupació n de tierra o propiedad. Sea cual fuere el tipo de
tenencia, todas las personas deben gozar de cierto grado de seguridad de tenencia que les
garantice una protecció n legal contra el desalojo, el hostigamiento y otras amenazas”.
150. En estos casos, los desalojos só lo pueden justificarse ante situaciones excepcionales,
advirtiendo que no deberían dar lugar a que haya personas que queden sin vivienda o
expuestas a vulneraciones de otros derechos humanos. Ante la presencia de niñ os, personas
mayores, indígenas u otros grupos o personas en situació n de vulnerabilidad, los Estados
deben agotar todas las medidas existentes para la canalizació n pacífica de los conflictos, el
diá logo y la negociació n, en cumplimiento a los principios de absoluta necesidad y de
proporcionalidad en el uso de la fuerza.
151. En el caso de un desalojo violento de un campamento sin tierra por parte de actores
privados, la Corte Interamericana resaltó a su vez que cuando las autoridades tienen
conocimiento de una situació n de riesgo real para un individuo o grupo de individuos por actos
cometidos por terceros o particulares, tienen responsabilidad de prevenir o evitar ese riesgo.
185. Bajo esta premisa, la CIDH y su REDESCA consideran que los Estados deben establecer y
dirigir acciones concretas dirigidas a promover y ejecutar medidas especiales de acceso a
vivienda con especial atención a la población afrodescendiente. Además, teniendo en cuenta
que uno de los elementos sustanciales de este derecho es la adecuación cultural, dichas
acciones deben estar enfocadas particularmente en las personas afrontan condiciones de
extrema vulnerabilidad, como las que se encuentran en situación de calle, migrantes,
desplazadas o desalojadas forzosamente.
186. En tal virtud, la CIDH y su REDESCA instan a los Estados a disponer de estrategias y
políticas públicas diferenciadas sobre el derecho a la vivienda dirigidas no solamente a
proporcionar acceso a vivienda digna a las personas afrodescendientes sino a abordar las
deficiencias y desigualdades en los sistemas actuales que refuerzan la discriminación,
marginación y estigmatización de dichas personas en dicho ámbito. Estas acciones se debe
entender la vivienda como un derecho humano y adoptar medidas que protejan a las personas
de actividades empresariales o de terceros que puedan afectar la realización del derecho a la
vivienda, incluyendo la financiación de la vivienda, la prevención del desplazamiento y desalojo
forzado, y la asequibilidad de la misma para los grupos de ingresos más bajos con el fin de que
las personas afrodescendientes accedan a viviendas dignas y adecuadas con seguridad de su
tenencia. Todo lo anterior, tomando en consideración factores de interseccionalidad que
pudieran agravar los contextos de pobreza y pobreza extrema en esta población por la
discriminación estructural a las que ha sido expuesta, como pertenecer a grupos
históricamente discriminados tales como niños, niñas y adolescentes, mujeres, personas
mayores o con discapacidad, grupos LGBTI, migrantes y comunidades rurales.
Informes de país
480. La CIDH considera que deben realizarse, a la brevedad, las modificaciones legales y el
desarrollo de instrumentos interinstitucionales que tengan como eje principal que, de acuerdo
a las normas y está ndares internacionales, los Estados deben abstenerse de realizar desalojos
forzosos y está n obligados a adoptar medidas para proteger contra los desalojos a las personas
y comunidades bajo su jurisdicció n. Al respecto, el Comité de Derechos Econó micos, Sociales y
Culturales (Comité DESC) ha expresado que "los casos de desalojos forzosos son prima facie
incompatibles con los requisitos del Pacto Internacional de Derechos Econó micos, Sociales y
Culturales y só lo pueden justificarse en las circunstancias má s excepcionales y de conformidad
con los principios pertinentes del derecho internacional". Ello pues, como se ha advertido a
travé s de los Principios Bá sicos y Directrices sobre los Desalojos y el Desplazamiento
Generados por el Desarrollo de Naciones Unidas (Principios Bá sicos y Directrices sobre
Desalojos y Desplazamiento), constituyen “graves violaciones de una serie de derechos
humanos internacionalmente reconocidos”, como el derecho a la propiedad, el derecho a la
protecció n contra injerencias arbitrarias o ilegales en la domicilio, el derecho a una vivienda
adecuada, entre otros derechos conexos.
481. A la luz de las normas y está ndares internacionales, una orden de desalojo forzoso de
comunidades o pueblos indígenas exige al Ministerio Pú blico y al Organismo Judicial su
determinació n a travé s de un estricto y exhaustivo escrutinio que tenga en cuenta como
elementos fundamentales, no solo la existencia de un título registrado, sino tambié n la má s
amplia y completa informació n registral y catastral posible, la determinació n de la existencia
de un proceso sobre la tierra en trá mite ante una autoridad judicial o administrativa, elementos
de cará cter histó rico y antropoló gico sobre la ocupació n de la tierra, entre otros. En caso se
determine que podría tratarse de tierras de uso y ocupació n tradicional de comunidades
indígenas ilegítimamente adquiridas, deben abstenerse de ordenar su desalojo, sin el
consentimiento previo de las mismas. Asimismo, la CIDH considera fundamental que todas las
instituciones involucradas, incluyendo el Ministerio de Gobernació n y la PNC, actú en con la
convicció n de dar cumplimiento a la obligació n de abstenerse de realizar desalojos forzosos y
brindar protecció n contra los mismos, lo cual, en el caso de los pueblos y comunidades
indígenas, supone una obligació n de especial protecció n, segú n la misma Constitució n y el
derecho internacional.
483. La CIDH reitera el llamado hecho al Estado a dar cumplimiento efectivo y pleno a sus
deberes internacionales, teniendo en cuenta que, segú n los está ndares internacionales sobre
desalojos forzosos en casos de tierras y territorios que no pertenecen o no está n reivindicados
por pueblos y comunidades indígenas, los Estados deben proporcionar un alojamiento
alternativo suficiente que cumpla con ciertos requisitos mínimos como alimentos esenciales,
agua potable, alojamiento bá sico y vivienda; una indemnizació n justa e imparcial por cualquier
dañ o en que se haya incurrido; y la restitució n y retorno cuando sea factible, inmediatamente
despué s del desalojo, excepto en los casos de fuerza mayor. La Comisió n destaca que, frente
tierras ancestrales de pueblos o comunidades indígenas, los Estados deben adoptar todas las
medidas necesarias para permitir el retorno de los pueblos indígenas a sus territorios
tradicionales en forma segura y con dignidad, lo cual, en el caso de los desplazamientos
forzosos provocados por contextos de violencia, incluye el deber del Estado de tomar medidas
para combatir la impunidad de los actores responsables de dicha violencia.
12. La CIDH observa que los desalojos afectan a las personas que se encuentran en mayor
situació n de vulnerabilidad e intensifican la desigualdad, los conflictos sociales, la segregació n
y la creació n de guetos. Los desalojos forzados con frecuencia está n vinculados a la falta de
certeza jurídica sobre sus tierras, lo que constituye un elemento esencial del derecho a una
vivienda adecuada.
232. La CIDH advierte que la prá ctica de desalojos forzados que ha venido implementando el
Estado guatemalteco en los ú ltimos añ os, así como el desplazamiento interno que se ha
generado a partir de los desalojos. De conformidad con normas y está ndares en materia de
derechos humanos, la CIDH estima pertinente precisar que los desalojos deben realizarse
ú nicamente en observancia a las normas y está ndares internacionales en materia de derechos
humanos y a los principios de excepcionalidad, legalidad, proporcionalidad e idoneidad, con la
finalidad legítima de promover el bienestar social y garantizando soluciones a la població n
desalojada que pueden consistir en la restitució n y el retorno, el reasentamiento a una tierra
distinta mejor o de igual calidad y la rehabilitació n o la justa compensació n. Asimismo, en caso
de que sea necesario realizar un desalojo, los Estados deben brindar protecció n a la dignidad,
a la vida y a la seguridad de las personas desalojadas, asegurando como mínimo el acceso a una
alimentació n adecuada en té rminos nutricionales y culturales, agua potable y saneamiento,
alojamiento con condiciones adecuadas de habitabilidad, así como vestimenta que ofrezcan
protecció n frente a las inclemencias del clima y otras amenazas a la salud, acceso a servicios
mé dicos, medios de subsistencia, educació n y acceso a la justicia, así como garantizar el acceso
de ayuda humanitaria y monitoreo [Link], se debe garantizar el acceso
seguro a recursos comunes de propiedad de los que dependían anteriormente, lo que incluye
la posibilidad de recolectar sus bienes, enseres, cultivos y cosechas.
236. La CIDH toma nota de que el Estado ha adoptado medidas para promover el derecho a la
vivienda adecuada, no obstante, el déficit habitacional en Cuba habría aumentado, que se
estima en 1.400.000 de viviendas. Teniendo en cuenta que, según información estatal, hay un
promedio nacional de 2,98 personas por unidad de alojamiento, el déficit afectaría alrededor
de 4,200,000 de habitantes, o sea, el 37% de la población. Además del déficit habitacional, el
38% de las viviendas habrían sido reportadas en mal estado o regular de las existentes. De
acuerdo con la información de prensa, las provincias más afectadas por el déficit de viviendas
serían La Habana, Holguín y Santiago de Cuba.
Comisión Interamericana de Derechos Humanos | CIDH
DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 185
237. La Comisión también toma nota de análisis académicos sobre las medidas tomadas por el
Estado de Cuba para proteger el derecho a la vivienda. Uno de ellos destaca que, a pesar de las
nuevas políticas al respecto, el problema de la vivienda en Cuba se relaciona con cuestiones “no
solo económico-sociales, sino además regulatorias, asociados al tema de la propiedad de la
vivienda, el financiamiento, los problemas demográficos y los subsidios”, y agrega que es
importante armonizar las formas de propiedad, con las formas de producción de materiales
para construcción y reparación de viviendas a fin de crear una política pública efectiva. Otro
análisis destaca la importancia de modificar el trámite de subsidios de vivienda actuales para
que personas con baja solvencia económica puedan hacer acciones constructivas en sus
viviendas.
Conclusiones y recomendaciones:
18. Sobre el derecho a una vivienda digna, adoptar medidas que garanticen este derecho
teniendo en cuenta la necesidad de ofrecer el acceso permanente a agua potable, a energía, a
instalaciones sanitarias y de aseo, así como de eliminación de desechos. También se
recomienda adoptar medidas para que la vivienda adecuada sea asequible, asegurando un
acceso pleno y sostenible a los recursos adecuados para conseguir una vivienda a los que
tengan derecho.
Situación de los derechos humanos en Brasil. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 9 (12 febrero 2021)
2. Personas en situación de calle, población sin techo y habitantes de favelas y zonas periféricas.
119. Otro aspecto de la vulnerabilidad de las personas en situación de calle está vinculado a la
capacidad para mantener los núcleos familiares. La CIDH recibió información sobre casos en
que la asistencia prestada a mujeres en situación de calle con recién nacidos no tiene en cuenta
su derecho a la maternidad y a cuidar a sus hijos. Según se informa, madre e hijo son separados
precozmente. El menor es enviado a un albergue con carácter provisional (cuando hay
posibilidades de retorno a la familia biológica) o definitivo, en cuyo caso se produce una
pérdida irreversible de la potestad familiar, que puede dar lugar a un proceso de adopción o a
la permanencia del menor en el albergue hasta que cumpla 18 años. La Comisión tomó
conocimiento de la nota técnica del Ministerio de Salud, Desarrollo Social y Combate del
Hambre de 2016 que establece un flujo de atención para las mujeres en esa situación. Sin
embargo, la falta de divulgación de la nota técnica y de un presupuesto menoscaba su eficacia.
120. La CIDH destaca la importancia de abordar las violaciones del derecho a la vivienda en su
intersección con la pobreza y la vulnerabilidad causada por otros procesos de exclusión. Esos
factores llevaron, por un lado, al aumento desordenado de las ocupaciones urbanas, conocidas
comúnmente como favelas, y, por otro lado, a un gran crecimiento de la población en situación
de calle. Además, la reubicación de familias pobres las obliga a dejar las zonas centrales para
vivir en barrios más alejados y sin infraestructura. En ese sentido, es necesario que, a pesar de
las medidas de austeridad fiscal, se mantengan y se amplíen las políticas habitacionales y de
atención a la población sin vivienda.
Recomendaciones:
Resoluciones
Resolución 4/19: Principios interamericanos sobre los derechos humanos de todas las personas
migrantes, refugiadas, apátridas y las víctimas de la trata de personas (7 de diciembre de
2019)
Todo migrante tiene derecho a una vivienda adecuada, que comprenda: (i) disponibilidad
de servicios, materiales, instalaciones e infraestructura, incluido el acceso permanente a
recursos naturales y comunes, agua potable, energía para cocinar, calefacció n y alumbrado,
servicios sanitarios y de aseo, almacenamiento de alimentos, eliminació n de desechos,
drenaje y servicios de emergencia; y (ii) habitabilidad, en el sentido de poder ofrecer un
espacio conveniente a sus ocupantes y protegerlos de frío, humedad, calor, lluvia, viento u
otros riesgos para la salud, así como riesgos estructurales y vectores de enfermedades.
Tambié n se debe garantizar la accesibilidad, asequibilidad, protecció n física y adecuació n
cultural de sus ocupantes.
Resolución 1/20: Pandemia y derechos humanos en las Américas (10 de abril de 2020)
68. Garantizar la inclusió n de las personas LGBTI, en particular las personas trans que se
encuentran en un ciclo de pobreza, exclusió n y falta de acceso a la vivienda, en la formulació n
de políticas de asistencia social durante la pandemia –incluyendo acceso a vivienda y refugio
seguros– así como en las eventuales medidas de reactivació n econó mica.
Comunicados de prensa
CIDH y su REDESCA urgen a los Estados a proteger con efectividad a las personas que viven en
situación de pobreza y pobreza extrema en las Américas frente a la pandemia del COVID-19. CP
124/20 (2 de junio de 2020)
Por otro lado, el contexto de pandemia también ha hecho visible las extremas dificultades que
enfrentan las personas en situación de pobreza y particularmente la población en situación de
calle o con falta de acceso a vivienda adecuada para el ejercicio y disfrute de sus derechos a la
vivienda, así como al medio ambiente sano, al agua potable y al saneamiento. Así, la Comisión
y la REDESCA, tienen presente que, la efectividad de cualquier medida de prevención a la salud
en la región dependerá de la condición que se encuentre la generalidad de los determinantes
sociales que configuran un pleno disfrute al derecho a la salud. Ello incluye factores como la
calidad del aire, suelo y agua, especialmente cuando es notorio que los sectores comúnmente
más contaminados, son aquellos donde también viven las personas en situación de pobreza,
pobreza extrema, como otros grupos históricamente discriminados. Asimismo, las medidas de
contención del virus implican la preexistencia del acceso a viviendas y a espacios adecuados en
los que las personas puedan permanecer y cumplir el distanciamiento social, así como el acceso
asequible a agua potable de forma continua para prevenir afectaciones a su salud y posibles
riesgos de contagio.
96. El presente compendio se elabora con plena consideración del contexto interamericano en el
que se desarrollan las obligaciones de los Estados en materia de derechos económicos, sociales,
culturales y ambientales. Por una parte, resaltan la pobreza y la desigualdad en la región,
conocida por ser la más desigual del planeta; ambas circunstancias representan, desde la
perspectiva de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y de la Relatoría Especial,
graves obstáculos al ejercicio de distintos derechos, y particularmente de los derechos
económicos, sociales, culturales y ambientales. Además, considerando la interdependencia,
interrelación e indivisibilidad de los derechos, puede implicar también violaciones a los
derechos civiles y políticos. Así, en ciertas circunstancias, la responsabilidad internacional del
Estado puede verse comprometida, cuando las violaciones puedan serle atribuibles.
97. En el contexto del sistema interamericano, la pobreza también es entendida como una situación
de desigualdad y de discriminación. Para combatirla, es necesario que la acción pública se
desarrolle con el objetivo de lograr una igualdad no sólo formal, sino material, lo que impone a
los Estados la obligación de desarrollar acciones afirmativas que permitan que aquellos grupos
que tradicionalmente han visto vulnerados sus derechos, puedan lograr su realización efectiva.
98. Además de dicho contexto regional, la pandemia originada por el virus COVID-19 presenta un
desafío particularmente importante para los Estados de las Américas, en especial considerando
las medidas de contención que se han adoptado y que han tenido efectos importantes en
materia económica y presupuestal para los países de la región. La pandemia ha exacerbado y
dado visibilidad a las necesidades y retos pendientes para la institucionalidad, no sólo en
materia de salud, sino también de otros derechos reconocidos ampliamente en los
instrumentos interamericanos, incluyendo la seguridad social, los derechos laborales y la
educación.
99. Además, la pandemia ha afectado de forma específica a los distintos grupos en situación de
vulnerabilidad, lo cual subraya la necesidad de que las acciones de los Estados de las Américas
prevean la adopción de medidas estructurales y con perspectiva de derechos humanos, a fin de
plantear respuestas apropiadas y que contribuyan a disminuir la desigualdad que se ha
acentuado en el contexto actual. Lo anterior será particularmente importante en el contexto de
recuperación y reactivación económica, situaciones que deben enfrentarse con políticas
públicas y otras medidas de acción pública basadas en los derechos humanos comprendidos
en su integralidad, indivisibilidad e interdependencia.
Informes temáticos
90. A travé s de sus distintos mecanismos, la Comisió n ha observado que los altos niveles de
discriminació n y exclusió n social a los que se somete ciertos grupos en situació n de pobreza,
han hecho ilusoria su participació n ciudadana, acceso a la justicia y disfrute efectivo de
derechos. Teniendo en cuenta la indivisibilidad de los derechos, la CIDH ha puntualizado que
la violació n de los derechos econó micos, sociales y culturales generalmente trae aparejada una
violació n de los derechos civiles y políticos. En este contexto, una situació n de má xima
violació n de los derechos econó micos, sociales y culturales significará una má xima violació n
de los derechos civiles y políticos.
91. Para efectos del presente informe, la pobreza constituye un problema que se traduce en
obstá culos para el goce y ejercicio de los derechos humanos en condiciones de igualdad real
por parte de las personas, grupos y colectividades que viven en dicha situació n. La situació n de
pobreza trae consigo una exposició n acentuada a violaciones de derechos humanos;
vulnerabilidad incrementada por las restricciones derivadas de la situació n socioeconó mica de
las personas. Asimismo, en determinados supuestos, la pobreza podría implicar ademá s
violaciones de derechos humanos atribuibles a la responsabilidad internacional del Estado.
94. En suma, si bien la situació n de pobreza puede variar en su intensidad, llegando a ser
extrema; y en su duració n, pudiendo tratarse de una situació n cró nica, desde el enfoque de
derechos humanos, la Comisió n considera que es deber de los Estados remover los obstá culos
para el goce y ejercicio de los derechos humanos de las personas, grupos y colectividades que
viven en esa situació n. Así como crear las condiciones necesarias que garanticen una vida digna
a las personas que viven en situació n de pobreza hasta que se logre su erradicació n.
95. La Comisió n mediante sus diversas herramientas de trabajo, ha evidenciado que la pobreza
y la pobreza extrema generalmente se traducen en situaciones que configuran violació n al
derecho bá sico de no discriminació n. Ellas configuran un cuadro de exclusió n social, carencias
materiales, vulnerabilidad a distintas formas de violencia y tambié n inaccesibilidad a los
servicios pú blicos bá sicos. Por ende, se establece el consenso de que la pobreza siempre puede
conllevar la negació n de los derechos civiles y políticos al mismo tiempo que de los econó micos,
sociales y culturales.
96. En contextos de pobreza y pobreza extrema, las violaciones de derechos humanos se van
sumando, y cada una de ellas incide en forma negativa sobre las otras, causando un círculo
vicioso de afectaciones y violaciones inter conexas sobre la base de la discriminació n
multisectorial, con gravísimas consecuencias en la dignidad de las personas.
[Link] concreto, el sistema interamericano no só lo recoge una noció n formal de igualdad,
limitada a exigir criterios de distinció n objetivos y razonables y, por lo tanto, a prohibir
diferencias de trato irrazonables, caprichosas o arbitrarias, sino que avanza hacia un concepto
de igualdad material o estructural que parte del reconocimiento de que ciertos sectores de la
població n requieren la adopció n de medidas afirmativas de equiparació n. Ello implica la
necesidad de trato diferenciado cuando, debido a las circunstancias que afectan a un grupo
desventajado, la igualdad de trato suponga suspender o limitar el acceso a un servicio, bien o
el ejercicio de un derecho.
161. La CIDH ha sostenido que, de acuerdo con la normativa interamericana para garantizar la
igualdad y el principio de no discriminació n, los Estados está n en la obligació n de adoptar
medidas de acció n afirmativa y de establecer distinciones basadas en desigualdades de hecho
para la protecció n de quienes deben ser protegidos. Caso contrario, la omisió n de medidas de
acció n afirmativa para revertir o cambiar las situaciones discriminatorias, de iure o de facto,
en perjuicio de determinado grupo de personas, genera la responsabilidad del Estado.
Políticas públicas con enfoque de derechos humanos. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 191 (15 de
septiembre de 2018)
118. La CIDH ha señ alado que la planeació n del gasto pú blico debe promover la igualdad en las
Amé ricas y que una adecuada política fiscal puede contribuir a la redistribució n de la riqueza
para la reducció n de las brechas de desigualdad, a las correcciones de las deficiencias del
mercado, a la inversió n necesaria para el cumplimiento de los derechos humanos, en particular
los derechos econó micos y sociales, y a la rendició n de cuentas entre el Estado y la ciudadanía.
119. Al respecto, la Comisió n entiende que, desde el enfoque de derechos humanos, resultan
particularmente relevantes para la política fiscal los siguientes principios y obligaciones:
aseguramiento de los niveles mínimos esenciales; movilizació n del má ximo de recursos
disponibles para la realizació n progresiva de los derechos econó micos, sociales, culturales y
398. Las recomendaciones principales formuladas por la CIDH en esta materia se refieren, en
general, a la inclusió n social de las personas trans en las eventuales medidas de reactivació n
econó mica; la adopció n de protocolos de atenció n en salud y denuncias por violencia
domé stica; adoptar o fortalecimiento de políticas que garanticen el respeto a la identidad de
gé nero en el á mbito hospitalario y garantizar la continuidad de servicios mé dicos prestados a
las personas trans y la adopció n de campañ as de prevenció n y combate contra la homofobia,
transfobia y discriminació n basada en orientació n sexual, garantizando la protecció n al
derecho a la identidad de gé nero.
405. Ante ello, la Comisió n hizo un llamado a los Estados a garantizar el acceso de las personas
LGBTI a programas de atenció n social con una perspectiva de seguridad humana integral,
garantizando un refugio seguro, acceso a alimentos y medicamentos para las personas LGBTI
en situació n de calle, particularmente, tomando en cuenta a las mujeres trans que ejercen el
trabajo sexual.
408. Por ú ltimo, la CIDH resalta la importancia de que, durante emergencias nacionales,
regionales o globales, tales como la pandemia, los Estados redoblen sus esfuerzos para luchar
contra la homofobia, lesbofobia, transfobia y bifobia, enviando mensajes claros de condena a
todos los actos de violencia y discriminació n basada en el prejuicio y asegurando su
prevenció n, investigació n, juzgamiento, sanció n y reparació n.
80. A través de sus mecanismos de monitoreo, la CIDH, ha observado que las personas mayores
afrodescendientes enfrentan obstáculos permanentes para la garantía de sus derechos
relacionados con la seguridad social; específicamente en el acceso a servicios de salud,
tratamiento de enfermedades y cuidados paliativos; así como dificultades para la obtención de
jubilaciones; contexto que se agrava cuando existen situaciones de especial vulnerabilidad
como pobreza económica, discapacidad y género, como resultado de la discriminación
estructural a las que han sido expuestas y expuestos.
83. La CIDH observa que en el contexto de la pandemia del COVID-19, se han profundizado y
visibilizado las disparidades raciales, lo que ha impactado diferencialmente en las personas
afrodescendientes, quienes experimentan altos riegos de contagio y muerte a causa de esta
enfermedad debido a diferentes factores como el lugar de residencia y entorno físico, toda vez
que las personas afrodescendientes por las condiciones de vulnerabilidad a las que han estado
sometidas se encuentran cada vez más expuestas a contextos de pobreza y pobreza extrema,
enfrentando dificultades de acceso a vivienda de calidad, precariedad en el acceso a servicios
básicos como electricidad, agua y saneamiento, así como barreras de acceso a transporte
público disponible; dichas situaciones les exponen cada vez más a condiciones de
hacinamiento, situación de calle, asentamientos informales, entre otras.
Comisión Interamericana de Derechos Humanos | CIDH
DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 191
84. Otro factor lo constituyen los sistemas de salud y la asistencia sanitaria, al respecto, la CIDH
observa que existe ausencia de datos desagregados por origen étnico-racial en los registros
epidemiológicos, y por consiguiente falta de información específica sobre personas
afrodescendientes en los sistemas de salud. Adicionalmente, un tercer factor se refiere a las
características informales de la ocupación y condiciones de trabajo, toda vez que las personas
afrodescendientes representan altas cifras en empleos esenciales-actividades que no pueden
realizarse desde casa-, y también en entornos de trabajo no calificados -carecen de
prestaciones sociales-, situaciones que les hacen estar más expuestas al contagio del virus
debido al contacto frecuente con el público general. Esta coyuntura conlleva a que las personas
afrodescendientes registren ingresos más bajos, y sus niveles de endeudamiento sean cada vez
más elevados.
88. La CIDH comprende que no obstante a los datos anteriormente señalados, el impacto
desproporcionado de la pandemia del COVID-19 en las personas afrodescendientes no sólo se
puede reducir a análisis de datos estadísticos, toda vez que como se ha afirmado en los párrafos
83 y 84, no sólo se afecta el derecho a la salud, sino de manera interdependiente y
desproporcionada a los demás derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. En esta
línea la CÍDH advierte que no es el “ser afrodescendiente” lo que facilita el contagio del COVÍD-
19; por el contrario, reafirma que es la discriminación estructural y sistemática enfrentada por
la población afrodescendiente históricamente lo que la torna más vulnerable a la infección.
Informes Anuales
registrando graves crisis de derechos humanos, la REDESCA enfatiza que tales aspectos de
especial preocupación han guiado especialmente la realización del presente Informe. No
obstante, tomando en consideración las circunstancias de la pandemia, la REDESCA desde un
inicio indicó que la crisis sanitaria representa una serie de desafíos extraordinarios desde el
punto de vista de los sistemas sanitarios, la vida cotidiana de las personas y para la vigencia de
los derechos humanos en el marco de sistemas democráticos. En ese sentido, la REDESCA tomó
el derecho a la salud como su eje principal de trabajo, tomando en consideración los
determinantes sociales del mismo desde una perspectiva transversal e interseccional.
1210. Del conjunto de este informe, como de los párrafos que anteceden, la REDESCA observa
con profunda preocupación cómo durante 2020 la situación de los DESCA en la región ha
empeorado. Ello en gran medida por los impactos de la pandemia del COVID-19, que arroja
cifras desoladoras a las que se suman también las de la pobreza, el hambre o el desempleo pues,
como este informe deja claro, estamos frente a una crisis sanitaria, a la vez que económica,
social y ambiental, la que además de causar un impacto sin precedentes en la vida de las
personas en la región y en el mundo, ha develado lo que para muchas ya era cierto, que las
desigualdades sociales están presentes y no se han ido a pesar de los avances que como
sociedades hemos realizado en diversos ámbitos. En esa línea, lo que estamos observando es
una crisis multidimensional, que está afectando los derechos humanos más básicos de las
personas que, de por sí, ya se encontraban en una posición de extrema vulnerabilidad antes de
la pandemia.
Resoluciones
Resolución No. 1/2020: Pandemia y derechos humanos en las Américas (10 de abril de 2020)
B. Parte considerativa
Considerando que, si bien existen impactos sobre todos los derechos humanos frente a
losdiversos contextos ocasionados por la pandemia, especialmente en relació n al derecho a la
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 193
Subrayando que los contextos de pandemia y sus consecuencias acentú an la importancia del
cumplimiento y observancia de las obligaciones internacionales en materia de derechos
humanos, y particularmente aqué llas referidas a los DESCA, en las decisiones econó micas y
políticas adoptadas por los Estados, sea individualmente o como integrantes de instituciones
multilaterales de financiamiento u ó rganos internacionales.
Recordando que los Estados del hemisferio han reconocido la alta relevancia de la protecció n
de los DESCA como condició n esencial para la democracia, el Estado de Derecho y el desarrollo
sostenible; y que la salud es un derecho humano reconocido en el corpus iuris internacional de
los derechos humanos.
Observando que las pandemias tienen el potencial de afectar gravemente el derecho a la salud
directa e indirectamente, por el riesgo sanitario inherente en la transmisió n y adquisició n de
la infecció n, la exposició n sobre el personal de salud y la alta incidencia en la organizació n
social y los sistemas de salud, saturando la asistencia sanitaria general.
Destacando que la salud es un bien pú blico que debe ser protegido por todos los Estados y que
el derecho humano a la salud es un derecho de cará cter inclusivo, que guarda correspondencia
con el goce de otros derechos, que comprende sus determinantes bá sicos y sociales como el
conjunto de factores que condicionan su efectivo ejercicio y disfrute.
Que el contenido del derecho a la salud se refiere al derecho de toda persona a gozar del má s
alto nivel de bienestar físico, mental y social. Asimismo, que este derecho incluye la atenció n
de salud oportuna y apropiada, así como los elementos esenciales e interrelacionados de
disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y calidad de los servicios, bienes e instalaciones de
salud, incluyendo los medicamentos y los beneficios del progreso científico en esta á rea, en
condiciones de igualdad y no discriminació n.
Subrayando que los contextos de pandemia y sus consecuencias, incluyendo las medidas de
contenció n implementadas por los Estados, generan serios impactos en la salud mental como
parte del derecho a la salud de la població n, particularmente respecto de ciertas personas y
grupos en mayor riesgo.
Observando que la generalidad de las personas trabajadoras, en especial las que viven en
situació n de pobreza o con bajos salarios, dependen por definició n de sus ingresos econó micos
laborales para su subsistencia y tomando en cuenta, que existen ciertas categorías de trabajos
que exponen especialmente a las personas a mayores riesgos de ver afectados sus derechos
humanos por la pandemia y sus consecuencias, tales como personas trabajadoras de la salud,
producció n y distribució n de alimentos, limpieza, cuidado, trabajadores rurales, informales o
precarizados, entre otros.
C. Parte resolutiva
1. Adoptar de forma inmediata, urgente y con la debida diligencia, todas las medidas que sean
adecuadas para proteger los derechos a la vida, salud e integridad personal de las personas que
se encuentren en sus jurisdicciones frente al riesgo que representa la presente pandemia. Tales
medidas deberán de ser adoptadas atendiendo a la mejor evidencia científica, en concordancia
con el Reglamento Sanitario Internacional (RSI), así́ como con las recomendaciones emitidas
por la OMS y la OPS, en lo que fueran aplicables.
3. d. Ante las circunstancias actuales de la pandemia del COVID-19, que constituyen una
situació n de riesgo real, los Estados deben adoptar medidas de forma inmediata y de manera
diligente para prevenir la ocurrencia de afectaciones al derecho a la salud, la integridad
personal y la vida. Tales medidas deben estar enfocadas de manera prioritaria a prevenir los
contagios y brindar un tratamiento mé dico adecuado a las personas que lo requieran.
4. Garantizar que las medidas adoptadas para enfrentar las pandemias y sus consecuencias
incorporen de manera prioritaria el contenido del derecho humano a la salud y sus
determinantes bá sicos y sociales, los cuales se relacionan con el contenido de otros derechos
humanos, como la vida e integridad personal y de otros DESCA, tales como acceso a agua
potable, acceso a alimentació n nutritiva, acceso a medios de limpieza, vivienda adecuada,
cooperació n comunitaria, soporte en salud mental, e integració n de servicios pú blicos de salud;
así como respuestas para la prevenció n y atenció n de las violencias, asegurando efectiva
protecció n social, incluyendo, entre otros, el otorgamiento de subsidios, rentas bá sicas u otras
medidas de apoyo econó mico.
5. Proteger los derechos humanos, y particularmente los DESCA, de las personas trabajadoras
en mayor situació n de riesgo por la pandemia y sus consecuencias. Es importante tomar
medidas que velen por asegurar ingresos econó micos y medios de subsistencia de todas las
personas trabajadoras, de manera que tengan igualdad de condiciones para cumplir las
medidas de contenció n y protecció n durante la pandemia, así como condiciones de acceso a la
alimentació n y otros derechos esenciales. Las personas que hayan de proseguir realizando sus
actividades laborales, deben ser protegidas de los riesgos de contagio del virus y, en general,
se debe dar adecuada protecció n a los trabajos, salarios, la libertad sindical y negociació n
colectiva, pensiones y demá s derechos sociales interrelacionados con el á mbito laboral y
sindical.
6. Asegurar el diseñ o de un plan de actuació n que guíe los procedimientos a seguir para la
prevenció n, detecció n, tratamiento, control y seguimiento de la pandemia con base en la mejor
evidencia científica y el derecho humano a la salud. Estos procedimientos deben ser
transparentes, independientes, participativos, claros e inclusivos.
8. Velar por una distribució n y acceso equitativos a las instalaciones, bienes y servicios de salud
sin discriminació n alguna, sean pú blicos o privados, asegurando la atenció n de las personas
con COVID-19 y los grupos desproporcionalmente afectados por la pandemia, así como
personas con enfermedades preexistentes que las hacen especialmente vulnerables al virus. La
escasez de recursos no justifica actos de discriminació n directos, indirectos, mú ltiples o
interseccionales.
11. Mejorar la disponibilidad, accesibilidad y calidad de los servicios de salud mental sin
discriminació n ante los efectos de los contextos de pandemia y sus consecuencias, lo que
incluye la distribució n equitativa de tales servicios y bienes en la comunidad, particularmente
de las poblaciones que se ven má s expuestas o en mayor riesgo a verse afectadas, tales como
personas profesionales de salud, personas mayores o personas con condiciones mé dicas que
requieren atenció n específica de su salud mental.
13. Disponer y movilizar el má ximo de los recursos disponibles, incluyendo acciones de
bú squeda permanente de dichos recursos a nivel nacional y multilateral, para hacer efectivo el
derecho a la salud y otros DESCA el con objeto de prevenir y mitigar los efectos de la pandemia
sobre los derechos humanos, incluso tomando medidas de política fiscal que permitan una
redistribució n equitativa, incluyendo el diseñ o de planes y compromisos concretos para
aumentar sustantivamente el presupuesto pú blico para garantizar el derecho a la salud.
14. Asegurar que, en los casos excepcionales que fuera inevitable adoptar medidas que limiten
algú n DESCA, los Estados deben velar porque tales medidas esté n plena y estrictamente
justificadas, sean necesarias y proporcionales, teniendo en cuenta todos los derechos en juego
y la correcta utilizació n de los má ximos recursos disponibles.
17. Asegurar que las instituciones multilaterales de financiamiento e inversió n en las que los
Estados hacen parte implementen garantías específicas para proteger los derechos humanos
en sus procesos de evaluació n de riesgo y sistemas de operació n relativos a proyectos de
inversió n o pré stamos monetarios que se den en el contexto de respuesta a la pandemia y sus
consecuencias sobre los derechos humanos, en particular de los DESCA.
18. Suspender o aliviar la deuda externa y las sanciones econó micas internacionales que
pueden amenazar, debilitar o impedir las respuestas de los Estados para proteger los derechos
humanos frente a contextos de pandemia y sus consecuencias. Ello a fin de facilitar la
adquisició n oportuna de insumos y equipo mé dico esencial y permitir el gasto pú blico de
emergencia prioritario en otros DESCA, sin poner en mayor riesgo todos los derechos humanos
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 197
y los esfuerzos avanzados por otros Estados en esta coyuntura, dada la naturaleza
transnacional de la pandemia.
[Link] y vigilar que las empresas respeten los derechos humanos, adopten procesos de
debida diligencia en materia de derechos humanos y rindan cuentas ante posibles abusos e
impactos negativos sobre los derechos humanos, particularmente por los efectos que los
contextos de pandemia y crisis sanitarias infecciosas suelen generar sobre los DESCA de las
poblaciones y grupos en mayor situació n de vulnerabilidad y, en general, sobre las personas
que trabajan, las personas con condiciones mé dicas sensibles y las comunidades locales. Las
empresas tienen un rol clave que desempeñ ar en estos contextos y su conducta debe guiarse
por los principios y reglas de derechos humanos aplicables.
Personas Mayores
41. Adoptar las medidas necesarias a fin de prevenir los contagios de COVID-19 de la población
mayor en general y en particular de quienes se encuentren en residencias de larga estancia,
hospitales y centros de privación de libertad, adoptando medidas de ayuda humanitaria para
garantizarles la provisión de alimentos, agua y saneamiento y estableciendo espacios de
acogida para personas en situación de pobreza extrema, calle o abandono o situación de
discapacidad.
42. Reforzar en este contexto las medidas de monitoreo y vigilancia contra la violencia hacia
personas mayores, ya sea a nivel intrafamiliar, en residencias de larga estancia, hospitales o
cá rceles, facilitando la accesibilidad a los mecanismos de denuncia.
43. Supervisar que los protocolos mé dicos, las decisiones sobre recursos mé dicos y
tratamientos en relació n al COVID-19 sean implementados sin discriminació n en razó n de la
edad y prestando especial atenció n a las personas mayores con discapacidad o condiciones
cró nicas y enfermedades, pacientes con VIH o sida, que requieren medicació n y atenció n
regular como pacientes de diabetes, hipertensió n, demencia senil, alzhé imer, entre otras.
47. Adecuar las condiciones de detenció n de las personas privadas de libertad particularmente
en lo que respecta a alimentació n, salud, saneamiento y medidas de cuarentena para impedir
el contagio intramuros del COVID-19, garantizando en particular que todas las unidades
cuenten con atención médica.
Mujeres
52. Ofrecer atenció n diferenciada a las mujeres profesionales de salud que trabajan en la
primera línea de respuesta a la crisis sanitaria del COVID-19. En particular, ofrecer recursos
adecuados a la ejecució n de sus tareas, atenció n en salud mental, así como medios para reducir
la carga doble de trabajo que tienen acumulando el rol profesional y las tareas de cuidado
domé stico.
Pueblos Indígenas
56. Extremar las medidas de protecció n de los derechos humanos de los pueblos indígenas en
el marco de la pandemia del COVID-19, tomando en consideració n que estos colectivos tienen
derecho a recibir una atenció n de salud con pertinencia cultural, que tome en cuenta los
cuidados preventivos, las prá cticas curativas y las medicinas tradicionales.
64. En cuanto al derecho a la educació n, los Estados deben disponer de mecanismos que
permitan a los NNA seguir con el acceso a la educació n y con estímulos que su edad y nivel de
desarrollo requieran. En particular, los Estados deben proveer herramientas para que los
adultos responsables realicen actividades con sus niñ os y niñ as, privilegiando el refuerzo de
los vínculos familiares y previniendo la violencia en el hogar. Asegurar que las niñ as y los niñ os
con algú n tipo de discapacidad, puedan acceder a la educació n en línea sin exclusiones,
mediante sistemas de apoyo, estrategias de comunicació n y contenidos accesibles.
67. Dar atenció n especial a los niñ os, niñ as y adolescentes, que viven en la calle o en zonas
rurales. Las medidas de atenció n especial deben considerar las condiciones econó micas y
sociales y, ademá s, considerar que los efectos de la pandemia son diferenciados para cada
grupo poblacional de NNA debido al contexto social en que está n insertados, incluida la brecha
digital. La Comisió n recomienda que los Estados usen de los medios de comunicació n para
garantizar el acceso a la educació n a todos los NNA sin ningú n tipo de discriminació n.
Personas LGBTI
68. Adoptar o fortalecer protocolos de atención en salud y sistema de denuncias para las
personas LGBTI –incluyendo niños, niñas y adolescentes– que tomen en cuenta el prejuicio, la
discriminación y la violencia en sus hogares en el contexto de distanciamiento social o
cuarentena.
Personas Afrodescendientes
73. Implementar medidas de apoyo económico, bonos, subsidios, entre otros, para las personas
afrodescendientes y comunidades tribales que se encuentran en situación de pobreza y
pobreza extrema, y otras situaciones de especial vulnerabilidad en el contexto de la pandemia.
75. Garantizar el acceso a servicios de salud pública integral de forma oportuna a personas
afrodescendientes y comunidades tribales, incorporando un enfoque intercultural y
garantizando a esta población información clara, accesible e inclusiva sobre los procedimientos
médicos que se les practiquen.
76. Asegurar atención médica preferencial a las personas con discapacidad, sin discriminación,
incluso en casos de razonamientos de recursos médicos.
Cooperación internacional
81. Dar cumplimiento efectivo al compromiso de adoptar medidas, tanto a nivel interno como
mediante la cooperació n internacional, para asegurar la realizació n del derecho a la salud, a
otros DESCA y al conjunto de los derechos humanos, en el marco de contextos de pandemia y
sus consecuencias, conforme a las reglas generales del derecho internacional e interamericano.
Resolución No. 4/2020: Derechos humanos de las personas con Covid-19 (27 de julio de 2020)
2. La finalidad principal de toda atenció n o servicio de salud y cuidado dirigido a personas con
COVID-19 ela protecció n de la vida, la salud, tanto física como mental, la optimizació n de su
bienestar de forma integral, el no abandono, el respeto de la dignidad como ser humano y su
autodeterminació n haciendo uso del má ximo de los recursos disponibles, para el mejor
cuidado y tratamiento posible. En ningú n caso las personas deben ser sometidas a torturas o
tratos crueles, inhumanos o degradantes al existir una prohibició n absoluta e inderogable al
respecto.
5. Para la prevención, tratamiento integral, y cuidado de las personas con COVID-19 los Estados
deben adoptar medidas inmediatas dirigidas a asegurar, sobre una base sostenida, igualitaria
y asequible, la accesibilidad y el suministro de bienes de calidad, servicios e informació n. En
cuanto a la accesibilidad y suministro de bienes, esto comprende pruebas de diagnó stico,
acceso a medicamentos y fá rmacos aceptados, equipos y tecnologías disponibles, y en su caso
vacunas, segú n la mejor evidencia científica existente para la atenció n preventiva, curativa,
paliativa, de rehabilitació n o cuidado de las personas con COVID-19.
9. Para dar una primera respuesta adecuada, los centros de salud de atenció n primaria, como
espacios de relevancia de contacto sanitario, deben contar con los elementos esenciales
incluyendo provisió n de informació n, prevenció n, atenció n y tratamiento mé dico esencial, así
como canales de derivació n inmediata a otros centros mé dicos que cuenten con las
instalaciones y servicios especializados y culturalmente adecuados.
10. Los Estados deben garantizar la provisión de tratamiento intensivo y prestaciones médicas
de hospitalización para las personas con COVID-19 en situaciones de urgencia médica donde
se encuentre en riesgo la vida si no se da el soporte vital requerido; en particular velando por
que se dé un trato humanizado que tenga como centro la dignidad y la salud integral de la
persona, así como la disponibilidad y accesibilidad de bienes esenciales y básicos para el
tratamiento de urgencia y emergencia de esta enfermedad. Entre las medidas que podrían
adoptarse con tal fin se encuentran: el incremento de la capacidad de respuesta de las Unidades
de Cuidado Intensivo, la disponibilidad, y en su caso, adquisición o producción de oxígeno
medicinal, medicación relacionada o respiradores mecánicos, insumos de cuidados paliativos,
disponibilidad de ambulancias, suficiente personal de salud capacitado, así como el incremento
de camas y espacios adecuados para la hospitalización. Esto incluye también la posibilidad de
facilitar el traslado oportuno, inclusive por vía fluvial o aérea, de personas con necesidad de
atención médica de urgencia o emergencia a centros sanitarios con capacidad para responder
adecuadamente a las necesidades médicas de la persona, además de facilitar la comunicación
de ésta con los familiares directos por los medios más apropiados.
18. Para la protecció n del derecho a la salud de las personas con COVID-19 es necesario
reconocer y garantizar el derecho a recibir una prestació n adecuada de los servicios de salud
mediante un marco normativo y protocolos de atenció n y tratamiento con pará metros claros
de atenció n. Asimismo, deben ser constantemente revisados y actualizados, segú n la mejor
evidencia científica, y mantener mecanismos de supervisió n y fiscalizació n de las instituciones
de salud y cuidado, facilitando canales sencillos de presentació n de quejas y solicitudes de
medidas de protecció n urgente relacionadas, investigando y dando respuestas a las mismas.
B. Parte considerativa
RESALTANDO que la plena efectividad del derecho a la salud y otros DESCA están sujetos al
máximo de los recursos disponibles, por lo cual su utilización debe estar ceñida a mecanismos
efectivos de responsabilidad, rendición de cuentas y control por parte de las instituciones
públicas, como de la sociedad civil.
RECONOCIENDO que los actos de corrupción tales como la captura del Estado, la influencia
indebida y los abusos de poder por parte de las personas que ejercen funciones públicas y/o
por parte de actores privados constituyen obstáculos para la distribución equitativa de
vacunas en condiciones de igualdad y no discriminación.
C. Parte resolutiva
1. Los Estados deben asegurar la distribución a las vacunas, y su acceso equitativo y universal,
a través de la elaboración e implementación de un plan nacional de vacunación; y en
consecuencia, abstenerse de tratos discriminatorios a través de la remoción de obstáculos
normativos, regulatorios o de cualquier tipo que podrían propiciar esta práctica, así como crear
condiciones de igualdad real frente a grupos que han sido históricamente vulnerados en sus
derechos, o que se encuentran en mayor riesgo de sufrir discriminación.
2. Los Estados deben garantizar en sus planes de vacunación y/o sus políticas públicas la
accesibilidad económica o asequibilidad para todas las personas, lo que implica el acceso
gratuito a las vacunas. En principio, para aquéllas en situación de pobreza o de menores
ingresos, a fin de que el nivel de ingresos o su poder adquisitivo no resulte en un factor
determinante que impida o privilegie su inmunización.
4. Los Estados deben atender las necesidades particulares que derivan de factores de
discriminación, tales como edad, en particular, respecto de personas mayores); situación
migratoria o estado documental migratorio; género, identidad y expresión de género;
discapacidad; pertenencia cultural, etnia y raza; condición socioeconómica; y contexto de
privación de libertad. Asimismo, las políticas en materia de vacunación deben tomar en
consideración particularidades geográficas o de desconfianza hacia dichas medidas, en
especial por parte de grupos en situación de vulnerabilidad, como personas afrodescendientes
y personas indígenas.
5. Resulta imperioso asegurar que todas las personas bajo la jurisdicción de los Estados puedan
acceder físicamente a las vacunas. Para tales efectos, los Estados deben disponer de medios
para fortalecer la infraestructura y logística necesaria, incluyendo transporte, instalaciones y
almacenamiento para la distribución de las vacunas en todo su territorio. Los Estados deben
tomar en especial consideración a las personas y grupos, tales como pueblos indígenas y
tribales, y comunidades campesinas, que habitan en áreas remotas en contextos de profundas
disparidades en cuanto a la disponibilidad de bienes y servicios de salud en comparación con
otras zonas del país, como puede ocurrir en zonas rurales respecto de zonas urbanas, o en las
periferias. Asimismo, los Estados deben garantizar entornos accesibles para las personas con
discapacidad y movilidad reducida en sus esquemas de vacunación.
102. Las empresas tienen un papel fundamental para el desarrollo económico de la región. Su
contribución no sólo ocurre a través del cumplimiento de sus obligaciones fiscales –que
permiten a los Estados adoptar medidas para la realización progresiva de los derechos
económicos, sociales, culturales y ambientales–, sino también a través de aportaciones
directas, en muchas ocasiones como parte de sus programas de responsabilidad social, además
de aquellas que se encuentran establecidas en el ordenamiento jurídico interno de los Estados.
El llamado a su participación en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible44 de
la ONU ha reforzado el enfoque de las acciones empresariales como un elemento importante
para contribuir a alcanzar las diferentes metas ahí planteadas. Ello, desde luego, implica la
44Asamblea General, Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, A/RES/70/1 (25 de
septiembre de 2015).
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DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 203
103. Por otra parte, la privatización de diversos servicios públicos, la proliferación de industrias y
proyectos extractivistas, entre otras cuestiones contextuales, dan lugar a que, en reiteradas
ocasiones, la actividad empresarial genere impactos adversos en la realización y disfrute de los
derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. De marcada relevancia para la región
son los impactos en los derechos al agua, a la alimentación, a la educación, a la salud, a la
vivienda y la seguridad social, además de los derechos laborales, como se ha venido mostrando
en relación con tales derechos a lo largo de este capítulo. Asimismo, debido a la interrelación e
interdependencia de todos los derechos humanos, dichas afectaciones generan impactos
directos en el disfrute de distintos derechos civiles y políticos, incluso en los derechos a la
integridad personal y a la vida, incluyendo a la vida digna.
104. Considerando esta situación, es importante señalar que a pesar de la contribución positiva
que las actividades empresariales pueden hacer para la realización de los derechos humanos,
la prevención de impactos adversos que resulten tanto de sus propias actividades como de sus
relaciones de negocios es fundamental para la efectiva vigencia de los derechos humanos en el
continente. En ese sentido, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la REDESCA,
reiteran la importancia de que las empresas, independientemente de su tamaño, adopten
medidas que les permitan identificar, prevenir, mitigar y reparar los impactos adversos que se
puedan generar sobre los distintos derechos humanos, ya sea a través de sus actividades o
relaciones comerciales.
105. Lo anterior, desde luego, no sustituye la obligación de los Estados de garantizar los derechos
humanos, incluso a través de la adopción de medidas legislativas y reglamentarias al respecto.
De tal manera, para que los Estados cumplan con sus obligaciones convencionales, deberán
tomar las medidas necesarias para regular de forma efectiva las actividades empresariales,
incluyendo de las empresas públicas, privadas o mixtas, así como asegurar la efectividad de sus
mecanismos de reparación para aquellas personas cuyos derechos resulten afectados por la
actividad empresarial.
Martina Rebeca Vera Rojas (Caso 13.039) contra Chile. OEA/Ser.L/V/II.169 Doc. 124 (5 de
octubre de 2018)
58. Asimismo, la CIDH entiende que a la luz del deber de garantía previsto en el artículo 1.1 de
la CADH y la interpretación que sobre el mismo han hecho los órganos del sistema
interamericano, los Estados parte deben prevenir razonablemente la conculcación de los
derechos contenidos en el artículo 26 en el contexto de las actividades empresariales. Lo
anterior incluye adoptar un marco jurídico que permita asegurar la protección de dichos
derechos y que proporcione acceso efectivo a recursos para las víctimas de tales violaciones.
Entre las acciones que aseguren un marco jurídico adecuado, el Estado deberá exigir que las
empresas bajo su jurisdicción ejerzan la diligencia debida en materia de derechos humanos a
fin de identificar, prevenir y mitigar los riesgos de vulneración de los derechos en el marco de
sus actividades.
Comunidad de la Oroya (Caso 12.718) contra Perú. Informe n. 330/20. (19 de noviembre de
2020)
158. Respecto al deber estatal de regular en el contexto de las actividades empresariales, los
Estados deben velar por la compatibilidad y eficacia de sus marcos normativos con las
disposiciones internacionales en materia de derechos humanos a efectos de garantizar estos
últimos, ello debido a que la regulación de ciertas actividades privadas en la sociedad es un
requisito imprescindible para hacer efectivos los derechos humanos. Así por ejemplo, la Corte
Interamericana ha indicado que los Estados tienen la obligación de regular todas aquellas
actividades que puedan causar un daño significativo al medio ambiente, lo que ciertamente
puede incluir ciertas prácticas y operaciones de empresas. En la misma línea, la CIDH ha sido
clara al establecer que puede generarse responsabilidad estatal por la falta de regulación o
regulación inapropiada de actividades extractivas, de explotación o desarrollo que se
desarrollen bajo la jurisdicción de un Estado. El deber específico de regular implicará contar
con legislación sólida y eficaz, tanto en su contenido material como procesal, este marco
normativo debe ir acompañado de políticas públicas que exijan el respeto de los derechos
humanos por parte de los diferentes actores empresariales, incluyendo las referidas al respeto
de los derechos humanos en sus operaciones transnacionales.
159. Por su parte, el deber de prevenir exige que las autoridades correspondientes adopten
medidas adecuadas para evitar que los riesgos reales contra los derechos humanos
provenientes de la actuación de empresas de los que tengan o deberían tener conocimiento se
concreticen. Por ello, una vez identificados los posibles impactos y riesgos concretos, los
Estados deben adoptar, o en su caso, requerir y asegurar que la empresa involucrada
implemente las medidas de corrección correspondientes.
[Link], los Estados tienen un deber de fiscalizar las actividades empresariales que
puedan afectar los derechos humanos, incluyendo aquellas que afecten el medio ambiente. La
CIDH ha indicado que esta obligación se hace más estricta en determinados supuestos, como
puede ser cuando la naturaleza de la actividad representa altos riesgos para los derechos
humanos. Así, en casos de industrias extractivas o de explotación de recursos naturales la CIDH
ha subrayado que los sistemas de supervisión deben ofrecer respuestas eficaces y
culturalmente adecuadas frente a consecuencias negativas en el goce de derechos humanos y
deben establecer procedimientos que permitan tener en cuenta los aspectos técnicos de la
actividad en cuestión, la identificación de las falencias en los procesos de que se trate, los
errores cometidos por los responsables en los diferentes niveles y las características
particulares de la población afectada.
161. Incluso acciones u omisiones atribuibles a los Estados en estos contextos podrían generar
incumplimiento de su obligación de respetar los derechos humanos. La evaluación de las
acciones debidas en cada caso dependerá en gran medida del nivel de relación entre el
comportamiento del Estado y los factores que amenazan o permiten violaciones a los derechos
humanos relacionados con actividades empresariales. Así, la CIDH ha indicado que, dentro del
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TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 205
campo de empresas y derechos humanos, la obligación estatal de respeto implica que los
Estados deban abstenerse de desplegar conductas vinculadas a actividades empresariales que
contravengan el ejercicio de los derechos humanos.
Informes temáticos
220. Partiendo de la base de que los servicios públicos vinculados al disfrute de los derechos
humanos es parte de las funciones de los Estados, la Corte Interamericana ha indicado que en
los contextos en los que estos son prestados por agentes privados, los Estados mantienen la
titularidad de proteger el bien público respectivo para garantizar una efectiva protección de
los derechos humanos de las personas bajo su jurisdicción. En esos contextos, diversas
organizaciones de sociedad civil han llamado la atención de la CIDH y su REDESCA sobre
políticas gubernamentales y tratados comerciales y de inversión dentro de la región que
facilitarían y promoverían la provisión de servicios directamente relacionados con los
derechos a la salud, educación, seguridad social, agua o seguridad, entre otros, por parte de
empresas privadas o asociaciones público privadas, advirtiendo que en muchas circunstancias
se generan dinámicas en las que se subordina la prestación de estos servicios a intereses
empresariales, en lugar de garantizar su conformidad con los derechos humanos en juego y el
principio de no discriminación.
303. Si bien la Comisió n comprende que son los Estados los que tienen el deber de cumplir con
las obligaciones internacionales, internalizando en sus marcos jurídicos y en sus políticas
pú blicas acciones que promuevan la protecció n que beneficie a las personas trans y de gé nero
diverso, tambié n ha indicado en té rminos generales que tales obligaciones generan efectos
sobre las empresas, e involucran la responsabilidad jurídica de estas en té rminos de evitar
provocar o contribuir a provocar mediante sus operaciones vulneraciones a los derechos
humanos, el deber de ejercer la debida diligencia en este á mbito como rendir cuentas de las
consecuencias que provocan. Sumado a ello, tambié n cabe a los Estados asegurar que las
empresas, sean pú blicas o privadas, que actú an bajo su jurisdicció n, incluyendo sus actividades
transnacionales, operen bajo dichos marcos normativos y garantías internacionales asumidas
por los Estados, permitiendo que las personas trans y de gé nero diverso puedan ver realizado
sus derechos al trabajo y sus condiciones justas y equitativas. Asimismo, es necesario
complementar dicha obligació n con tareas articuladas de promoció n y visibilizació n y cambio
de cultura con la finalidad de contribuir con el rompimiento del círculo de exclusió n laboral
por medio de alianzas pú blico privadas.
Resoluciones
Resolución No.1/2020: Pandemia y Derechos Humanos en las Américas (10 de abril de 2020)
19. Exigir y vigilar que las empresas respeten los derechos humanos, adopten procesos de
debida diligencia en materia de derechos humanos y rindan cuentas ante posibles abusos e
impactos negativos sobre los derechos humanos, particularmente por los efectos que los
contextos de pandemia y crisis sanitarias infecciosas suelen generar sobre los DESCA de las
poblaciones y grupos en mayor situación de vulnerabilidad y, en general, sobre las personas
que trabajan, las personas con condiciones médicas sensibles y las comunidades locales. Las
empresas tienen un rol clave que desempeñar en estos contextos y su conducta debe guiarse
por los principios y reglas de derechos humanos aplicables.
24. Los Estados deben garantizar que las decisiones relativas al desarrollo, la utilización y la
distribución de vacunas por parte de las empresas tengan en cuenta los principios
transversales de derechos humanos, como la transparencia, la información, la igualdad y no
discriminación, la rendición de cuentas y el respeto a la dignidad humana, así como los criterios
interamericanos fundamentales en materia de empresas y derechos humanos que establece el
informe temático en la materia.
25. Para cumplir con sus obligaciones internacionales de respeto, garantía, progresividad y
cooperación en materia de derechos humanos, en lo relativo a los derechos a la salud, vida e
integridad personal, resulta fundamental que los Estados apliquen dicho enfoque en los
esquemas y políticas para su goce y ejercicio, incluyendo aquellos en donde intervengan
agentes privados o empresas en la producción, comercialización y distribución de
medicamentos, vacunas, tecnologías y equipos sanitarios o bienes esenciales para la atención
y tratamientos de salud frente al COVID-19.
27. Sin perjuicio de la compensación razonable que merecen las inversiones e investigación
generadas por empresas privadas e instituciones públicas de investigación, frente a la
magnitud de la pandemia y su peligro para la salud global, los regímenes de propiedad
intelectual nacionales e internacionales deben dejar de ser un obstáculo que impida la
producción de vacunas seguras y efectivas para garantizar el acceso universal y equitativo a las
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mismas, conforme a lo establecido en la presente Resolución. Para ello, es urgente que los
Estados tomen las medidas necesarias para alcanzar la adecuación de las flexibilidades y
excepciones previstas en tales regímenes cuando la salud pública se encuentra en riesgo, así
como otras medidas complementarias pertinentes. En particular, la CIDH se suma al llamado
de mandatos especiales del Consejo de Derechos Humanos y el Comité DESC de la ONU en favor
de la exención temporal de algunas de las disposiciones del acuerdo ADPIC7 para vacunas y
tratamiento para COVID-19 que algunos Estados han planteado ante la Organización Mundial
de Comercio, instando a los Estados Americanos a favorecer su pronta adopción.
28. Los Estados deben promover, en cuanto a los regímenes de propiedad intelectual, el
intercambio de información sobre el desarrollo de las vacunas, así como a asegurar que el valor
económico y la reglamentación no constituyan un obstáculo para la adquisición de insumos,
tecnologías y vacunas. Las pruebas de daño e interés público fijadas en el numeral 23 de esta
Resolución deben ser aplicadas cuando se advierten tensiones entre la propiedad intelectual,
el secreto empresarial y el derecho de acceso a la información.
29. Las decisiones de carácter comercial o de otra índole que adopten los Estados en este
contexto deben buscar el mejor resultado en términos de salud pública y de derechos humanos,
evitando enfoques competitivos entre países que afecten a aquellos que se encuentran en
mayor situación de desventaja económica y financiera. Así, los Estados deben evitar el
nacionalismo sanitario frente a un contexto de pandemia, promoviendo acciones que permitan
eliminar los obstáculos para la adquisición de insumos, tecnología médica y vacunas, que
impidan el acceso para los países de ingresos medios y bajos y, en particular, para las personas
en situación de pobreza y pobreza extrema. Se deben adoptar medidas preventivas mediante
la aplicación de cláusulas de flexibilidad relacionadas con el régimen de patentes y propiedad
intelectual, así como de otras medidas dirigidas a prevenir y a combatir la especulación, el
acaparamiento privado o la indebida utilización de dichos bienes.
Comunicado de prensa
Los Estados de ALC, las empresas y los empleadores, así como las organizaciones de
trabajadores, juegan un papel importante en el diseño e implementación de las respuestas para
enfrentar la crisis del COVID-19, y en mitigar los impactos adversos que la misma crisis y que
estas respuestas puedan tener en las personas, en el medio ambiente y en la sociedad. Estos
actores han comenzado a adoptar medidas de emergencia para abordar no sólo los aspectos
sanitarios de la pandemia del COVID19 en la región, sino también, sus consecuencias
económicas, financieras y sociales inmediatas, con especial atención a la protección de trabajos
y empleos.4 Se necesitarán también respuestas políticas a largo plazo, que se basen en un
enfoque integral de gobierno, en diálogo con las empresas, los trabajadores y las personas
afectadas. Es de suma importancia que el respeto de los derechos humanos, laborales, y de la
infancia, la consideración de las cuestiones de género, la protección del medio ambiente y la
promoción de la integridad y la lucha contra la corrupción, estén plenamente integradas tanto
en las respuestas inmediatas como en las de largo plazo, fomentando empresas sostenibles y
una conducta empresarial responsable (CER).
CAPÍTULO 4
GRUPOS EN SÍTUACÍON DE
VULNERABÍLÍDAD Y LOS DERECHOS
ECONOMÍCOS, SOCÍALES, CULTURALES Y
AMBÍENTALES
210 | Compendio DESCA: Estándares Interamericanos
A. Mujeres
Medidas Cautelares
Medida Cautelar No. 216-21 7 mujeres embarazadas de la etnia Wichí respecto de Argentina (16
de abril de 2021)
ejemplo, los servicios de salud que son ofrecidos sin tomar en consideración las expectativas,
tradiciones y creencias de las mujeres indígenas.
71. De conformidad con la citada Convención, los Estados tienen el deber de adoptar, por todos
los medios apropiados y sin dilaciones, políticas orientadas a prevenir, sancionar y erradicar
dicha violencia19, teniendo especialmente en cuenta situaciones de vulnerabilidad, como en el
caso de su condición étnica, cuando está embarazada o están en situación socioeconómica
desfavorable20. En este orden de ideas, la Comisión destaca que el miedo referido no se refiere
a cuestiones aleatorias, sino a situaciones de especial gravedad cuando se habla de violencia
contra la mujer, las cuales incluso afectarían de manera diferenciada a las propuestas
beneficiarias por su pertenencia a la etnia indígena Wichí.
98. Sobre estos principios, la Comisión ha sostenido que una de las medidas principales para
garantizar el derecho a la integridad de las mujeres es la provisión de servicios adecuados y
oportunos de salud materna. Estos incluyen los servicios pertinentes a la salud reproductiva, y
a tener un debido acceso a la información necesaria para adoptar decisiones libres, autónomas,
e informadas en este ámbito. En efecto, tal y como se detalla en la sección posterior, el acceso
a la información y el consentimiento informado en el ámbito de la prestación de servicios de
salud son instrumentos esenciales para la satisfacción efectiva del derecho a la integridad
personal de las mujeres, especialmente en el ámbito de sus derechos sexuales y reproductivos.
Sobre el particular, la Comisión ha aseverado que:
99. En este sentido, la CIDH ha considerado que la práctica de una intervención quirúrgica sin
el consentimiento informado requerido puede constituir una violación al derecho a la
integridad personal, consagrado en el artículo 5 de la Convención Americana.
100. La CIDH también ha reconocido el vínculo entre el contenido del artículo 5.1 de la
Convención Americana y el principio de no discriminación consagrado en el artículo 1.1 de la
Convención Americana. Ha considerado pertinente destacar que muchas mujeres en la región
sufren afectaciones de su derecho a la integridad personal en el acceso a servicios e
intervenciones pertinentes a su salud que sólo ellas requieren por su sexo, diferencias
biológicas, y su habilidad reproductiva. En este sentido, la CIDH ha considerado que los Estados
tienen el deber de adoptar medidas positivas para garantizar la accesibilidad, disponibilidad,
aceptabilidad, y calidad de los servicios de salud materna, como parte de sus obligaciones
derivadas del principio de igualdad y no discriminación. Como principio correlativo, la Corte
Interamericana también ha afirmado que es necesario considerar el alcance del derecho a la
salud de las mujeres desde una perspectiva que tome en cuenta sus intereses y necesidades “en
vista de los factores y los rasgos distintivos que las diferencian de los hombres, a saber: (a)
factores biológicos […], tales como […] su función reproductiva”. De estos principios se deriva
que la falta del respeto pleno del derecho a la integridad personal de las mujeres en la esfera
reproductiva puede contravenir a su vez su derecho a vivir libre de toda forma de
discriminación protegido por el artículo 1.1 de la Convención Americana.
Paola del Rosario Guzmán Albarracín y familiares (Caso 12.678) contra Ecuador (5 de octubre
de 2018)
126. La CIDH ya ha indicado que los estereotipos de gé nero son persistentes en el sector salud
y que “actitudes como la indiferencia, el maltrato y la discriminació n por parte de funcionarios
del sector salud que perjudican a las mujeres y niñ as víctimas de violencia y/o abusos sexuales,
así como la falta de servicios apropiados de salud reproductiva para abordar estas situaciones
de violencia, constituyen barreras en el acceso a los servicios de salud”158. Por lo tanto para la
CIDH, los Estados deben adoptar medidas apropiadas para eliminar todo tipo de violencia y
discriminació n contra las niñ as y adolescentes en el á mbito de la salud. Esto incluye no solo el
deber de abstenerse de reproducir dichas prá cticas sino de actuar con la debida diligencia hacia
actos de violencia contra las niñ as y adolescentes que ocurren en este á mbito, lo que
comprende, por ejemplo, la implementació n de marcos normativos, incluidos protocolos
sanitarios, que atiendan la violencia sexual contra niñ as y adolescentes, personal de salud
debidamente capacitado para detectar y tratar la violencia sexual contra este grupo etario y el
acceso a recursos judiciales efectivos que permitan proteger los derechos de niñ as y
adolescentes por actos de violencia sexual.
Informes temáticos
Derechos de los pueblos indígenas y tribales sobre sus tierras ancestrales y recursos naturales.
Normas y jurisprudencia del Sistema Interamericano de Derechos Humanos. OEA/Ser.L/V/II.
Doc. 56/09 (30 de diciembre de 2009)
162. La pé rdida de la identidad cultural por falta de acceso al territorio ancestral surte un
impacto directo sobre los derechos de los niñ os y niñ as de las comunidades desposeídas. La
Corte Ínteramericana ha explicado: “Con respecto a la identidad cultural de los niñ os y niñ as
de comunidades indígenas, el Tribunal advierte que el artículo 30 de la Convenció n sobre los
Derechos del Niñ o establece una obligació n adicional y complementaria que dota de contenido
el artículo 19 de la Convenció n Americana, y que consiste en la obligació n de promover y
proteger el derecho de los niñ os indígenas a vivir de acuerdo con su propia cultura, su propia
religió n y su propio idioma. // Asimismo, este Tribunal estima que dentro de la obligació n
general de los Estados de promover y proteger la diversidad cultural se desprende la obligació n
especial de garantizar el derecho a la vida cultural de los niñ os indígenas. // En ese sentido, la
Corte considera que la pé rdida de prá cticas tradicionales, como los ritos de iniciació n femenina
o masculina y las lenguas de la Comunidad, y los perjuicios derivados de la falta de territorio,
afectan en forma particular el desarrollo e identidad cultural de los niñ os y niñ as de la
Comunidad, quienes no podrá n siquiera desarrollar esa especial relació n con su territorio
tradicional y esa particular forma de vida propia de su cultura si no se implementan las
medidas necesarias para garantizar el disfrute de estos derechos”.
Justicia juvenil y derechos humanos en las Américas. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 78 (13 de julio de
2011)
469. Considerando que los niñ os son todavía sujetos en desarrollo, el derecho a la alimentació n
adecuada y suficiente adquiere una relevancia fundamental y los Estados que tienen bajo su
custodia a niñ os que han infringido las leyes penales está n en la obligació n de garantizar este
derecho.
470. Con respecto al derecho a la alimentació n adecuada y suficiente de las personas privadas
de libertad, la regla 20 de las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos de Naciones
Unidas dispone que:
[...] todo recluso recibirá de la administració n [...] una alimentació n de buena calidad, bien
preparada y servida, cuyo valor nutritivo sea suficiente para el mantenimiento de su salud
y de sus fuerzas.
492. La Comisió n considera que los objetivos de las sanciones en la justicia juvenil exigen la
implementació n de programas de educació n, incluida la escolarizació n formal, la formació n
profesional y para el trabajo, y las actividades recreativas y deportivas.
493. Los niñ os privados de libertad deben acceder a programas educativos, sin discriminació n.
En el sistema de justicia juvenil el trato y la educació n de los niñ os debe orientarse a fomentar
el respeto por los derechos humanos y tomar en cuenta la diversidad cultural. Asimismo, la
educació n y la formació n profesional impartidas en los centros de privació n de libertad deben
ser reconocidas por el sistema general de educació n y funcionar en estrecha coordinació n con
aquel.
Opario Lemoth Morris y otros (Buzos miskitos) (Caso 12.738) contra Honduras.
OEA/Ser.L/V/II.168 Doc. 74 (8 de mayo de 2018)
Luis Eduardo Guachalá Chimbó y familia (Caso 12.786) contra Ecuador (5 de octubre de 2018)
168. Como se indicó anteriormente, en relació n con las personas institucionalizadas en centros
de salud mental los Estados son los responsables de asegurar su integridad personal y salud,
lo que se desprende de su posició n especial de garante.
169. Es así como los Estados tienen diversas obligaciones frente a las personas con
discapacidad institucionalizadas. El Comité CDPD ha sostenido que los Estados deben brindar
una atenció n en salud sobre la base del consentimiento libre e informado de las personas con
discapacidad antes de cualquier tratamiento. Ello con base en que la capacidad jurídica
adquiere una importancia especial cuando estas personas tienen que tomar decisiones
fundamentales con respecto de su salud. De este modo, para la CIDH el consentimiento libre e
informado es un elemento fundamental para garantizar el derecho a la salud; en particular, en
el á mbito de la salud mental las medidas coercitivas perpetú an los desequilibrios de poder en
las relaciones entre pacientes y sus cuidadores y facilita situaciones de abuso, estigma y
discriminació n.
170. Asimismo, los Estados deben capacitar al personal de dichas instituciones y proveer una
atenció n inclusiva y que reú na las necesidades específicas de las personas con discapacidad, en
donde se tome en cuenta su voluntad. El Comité CDPD ha sostenido que el tratamiento forzoso
por parte de profesionales de la psiquiatría y otros profesionales de la salud y la medicina
constituye una violació n del derecho a la integridad personal. Ello en tanto dicha prá ctica niega
la capacidad jurídica de una persona de elegir el tratamiento mé dico que ha de recibir.
171. Debido a ello todo el personal mé dico y sanitario debe velar por que se efectú e la consulta
apropiada directamente con la persona con discapacidad. Ese personal debe garantizar
tambié n, en la medida de sus posibilidades, que los asistentes, familiares o personas
encargadas de prestar apoyo no sustituyan a las personas con discapacidad en sus decisiones
ni tengan una influencia indebida sobre ellas. De esta forma, deben asegurar que i) se
proporcione informació n exacta y accesible sobre las opciones de servicios disponibles; ii) se
ofrezcan alternativas no mé dicas; y iii) se proporcione acceso a apoyo independiente.
Informe temático
609. La Comisió n considera que los niñ os, niñ as y adolescentes, de acuerdo con la evolució n de
sus capacidades y su autonomía personal, tienen derecho al acceso a la informació n en materia
de salud, incluso de modo confidencial y sin necesidad de la presencia o el consentimiento de
los padres o adultos que tengan su guarda legal. Asimismo, los niñ os, niñ as y adolescentes
pueden y deben participar de las decisiones que afectan a su salud, salvo que sus condiciones
de madurez o discernimiento no lo permitieran.
613. Los niñ os, niñ as y adolescentes con alguna discapacidad, física, mental, sensorial o
intelectual, tienen derecho a un acceso al derecho a la salud y a una atenció n mé dica adecuada
a sus necesidades y requerimientos, que garanticen la consecució n de su máximo nivel de
desarrollo personal y autonomía, integridad personal y dignidad. De modo particular, la Corte
se ha pronunciado expresamente en relació n al deber de los Estados de asegurar una
prestació n de atenció n mé dica eficaz a las personas con discapacidad mental, obligació n que
“se traduce en el deber estatal de asegurar el acceso de las personas a servicios de salud
bá sicos; la promoció n de la salud mental; la prestació n de servicios de esa naturaleza que sean
lo menos restrictivos posible, y la prevenció n de las discapacidades mentales”.
638. Los niñ os con discapacidad tienen derecho a que se les garantice el acceso a una educació n
adaptada que les permita la realizació n de su derecho, así como al acceso a la cultura, la
recreació n y a programas de formació n profesional que sean accesibles y adaptados. El Comité
de los Derechos del Niñ o se ha mostrado en diversas oportunidades preocupado por el hecho
que los efectos de la discriminació n basada en la discapacidad han sido particularmente graves
en las esferas de la educació n y formació n profesional; en adició n, el Comité ha manifestado su
preocupació n por el ciclo de discriminació n, marginació n y segregació n al que se ven expuestos
los niñ os con alguna discapacidad:
D. Personas mayores
Medida Cautelar
Medida Cautelar No. 51-15. Personas mayores pertenecientes a la Asociación Shipia Wayúu de
la Comunidad indígena Wayúu en los municipios de Manaure, Riohacha y Uribía respecto de
Colombia (Ampliación) (1 de diciembre de 2017)
21. La Comisió n observa que la presente solicitud de ampliació n fue presentada a favor de
personas mayores del pueblo Wayú u. Al momento de valorar el requisito de gravedad, la
Comisió n toma en cuenta que las personas propuestas beneficiarias tienen un papel esencial
en la cosmovisió n de la comunidad indígena Wayú u, tanto en la transmisió n de costumbres
como en la diná mica de su sociedad. Al respecto, la Comisió n recuerda que bajo el derecho
internacional se ha reconocido la importancia de que se adopten medidas con enfoques
específicos para proteger los derechos de las personas mayores indígenas. Tal y como lo ha
identificado en su informe sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y Tribales sobre sus
Tierras Ancestrales y Recursos Naturales “en muchas comunidades indígenas, la transmisió n
oral de la cultura a las generaciones má s jó venes se encarga primordialmente de a los
ancianos”. Asimismo, segú n lo ha indicado la Corte Interamericana:
En lo que se refiere a la especial consideració n que merecen las personas de edad avanzada,
es importante que el Estado adopte medidas destinadas a mantener su funcionalidad y
autonomía, garantizando el derecho a una alimentació n adecuada, acceso a agua limpia y a
atenció n de salud. En particular, el Estado debe atender a los ancianos con enfermedades
cró nicas y en fase terminal, ahorrá ndoles sufrimientos evitables.
E. Personas LGBTI+
Informes temáticos
Avances y desafíos hacia el reconocimiento de los derechos de las personas LGBTI en las
Américas. OEA/Ser.L/V/II.170 Doc. 184 (7 de diciembre de 2018)
151. Respecto de este tema, la CIDH subraya adicionalmente que la educació n es un medio
esencial para promover el cambio cultural en una sociedad, y comprende no solamente los
procesos educativos formales, relacionados con las escuelas y las universidades, sino tambié n
todos los medios que contemplan la producció n de informació n para la sociedad en general. En
este sentido, la CIDH insta a los Estados que asuman su rol de garante de una sociedad libre de
todas las formas de prejuicio, discriminació n y violencia, y emprendan esfuerzos dirigidos al
desarrollo de un proyecto educativo adecuado en los ambientes formales de educació n, al
mismo tiempo en que deben impulsar un proceso de cambio cultural en todos los sectores de
la sociedad en general. En lo concerniente a la educació n formal, los programas deben ser
diseñ ados con miras a incluir la enseñ anza de gé nero, libre de prejuicios y basada en un modelo
que garantice la autonomía de todas las personas, así como los Estados deben crear un hogar
seguro para las niñ as, niñ os y adolescentes que poseen una orientació n sexual, identidad de
gé nero –real o percibida–, o características corporales diversas del binario masculino-
femenino.
153. Adicionalmente, la CIDH no puede dejar de resaltar el rol fundamental que deben ejercer
los educadores en lo concerniente al respeto y protecció n de los derechos de las personas
LGBTI. En efecto, los procesos educacionales deben ser llevados a cabo por profesionales
debidamente entrenados y calificados para promover una educació n inclusiva y libre de
estereotipos, y crear ambientes de seguridad para todos y todas. Asimismo, en sus relaciones
laborales, estos profesionales deben gozar de espacios respetuosos de su propia orientació n
sexual, identidad de gé nero – real o percibida, o características corporales diversas del binario
masculino- femenino. La Comisió n insta a los Estados a garantizar la elaboració n y adopció n de
reglas destinadas a promover entrenamiento y capacitació n continuados en materia de
orientació n sexual, identidad de gé nero y diversidad corporal, así como la creació n de
mecanismos destinados a proteger a los profesionales de la educació n contra la discriminació n
y violencia en razó n de su orientació n sexual –real o percibida–, identidad de gé nero o
diversidad corporal.
166. Para la Comisió n y su REDESCA el derecho a la educació n de las personas trans y de gé nero
diverso sirve como elemento clave para romper los círculos de pobreza y dotarles de
capacidades que les permita asegurar condiciones de vida digna. La CIDH tambié n subraya que
el principio de igualdad y no discriminació n debe regir la educació n y formació n de todas las
personas, por lo que es necesario que el Estado asegure que tanto instituciones educativas
pú blicas como privadas no discriminen ni fomenten discursos de odio e intolerancia contra las
personas trans. La Comisió n tambié n subraya la importancia y urgencia de que los Estados
aseguren que los sistemas educativos incorporen la perspectiva de gé nero; y particularmente
espacios de educació n de salud sexual y reproductiva, apropiada a la edad de sus destinatarios,
mismos que deben fundarse en evidencia científica y en las normas de derechos humanos. En
general, la Comisió n y su REDESCA subrayan la importancia de que los mé todos pedagó gicos,
los procesos educativos y planes de estudio, principalmente a nivel primario y secundario, no
socaven el disfrute de los derechos humanos de las personas trans; sino, por el contrario,
fortalezcan la participació n activa de estas personas, motiven su empoderamiento e impulsen
el trabajo colectivo con otros estudiantes.
167. La CIDH y su REDESCA entienden que un sistema educativo inclusivo no só lo permite
avanzar en la garantía de los derechos humanos de las personas trans en todos sus ciclos de
vida, sino que amplia la enseñ anza y aprendizaje de todos sus destinatarios y fortalece la
coexistencia en sociedad mediante la promoció n de la diversidad, el respeto mutuo, la
tolerancia y la solidaridad como principios dentro de las sociedades democrá ticas. En ese
sentido, los Estados deben asegurar que las personas trans no sean marginadas directa o
indirectamente dentro del sistema educativo. Asimismo, deben velar porque la educació n que
se les provee sea de buena calidad, que incluya capacitació n y sensibilizació n sobre aspectos
que les afectan, respete el desarrollo de su personalidad y autonomía, e incluya mecanismos
para superar y erradicar el acoso, la estigmatizació n, la violencia y la discriminació n contra las
personas trans. El Estado debe priorizar el acceso a una educació n inclusiva de niñ os, niñ as y
adolescentes trans, que proteja su interé s superior, debe poner atenció n al establecimiento de
mecanismos de formació n y de capacitació n de las personas jó venes trans y eliminar los
obstá culos para la educació n de personas mayores de gé nero diverso.
212. A su vez, acceder a educació n sexual integral con perspectiva de diversidad, entre otros
aspectos, otorga herramientas de juicio crítico para formarse y expresar opiniones propias
sobre la desigualdad en las relaciones entre los gé neros, lo cual es un paso necesario para la
creació n de conciencia sobre la diversidad. Por ello, la CIDH insta a los Estados a implementar
políticas efectivas de educació n sexual integral con perspectiva de diversidad.
250. La falta de acceso al empleo, la imposibilidad de obtener una identificació n que refleje su
gé nero y nombre, así como el irrespeto a su nombre adquirido y expresió n de gé nero en el
lugar de trabajo, o el hostigamiento y acoso por parte de empleadores, empleadoras o colegas
de trabajo, son problemas que la CIDH, junto con su REDESCA, ya identificó como obstá culos
para la realizació n del derecho al trabajo de las personas trans. Como fuera indicado a lo largo
del presente informe, la falta de acceso a empleo formal suele exponer a las personas trans a
condiciones peligrosas de trabajo, y en muchos casos, forzarlas a que tengan que recurrir al
trabajo sexual como estrategia de supervivencia.
251. Adicionalmente, y teniendo en cuenta las obligaciones de los Estados sobre esta materia,
la Comisió n y su REDESCA consideran importante que los Estados incluyan a las personas trans
en sus planes y políticas de empleo a nivel nacional como grupo en particular situació n de
vulnerabilidad, así como incluir indicadores de evaluació n específicos para estas personas en
las políticas pú blicas que aborden los distintos elementos de este derecho, incluyendo, la
reducció n de la tasa de desempleo, el nivel salarial, la seguridad y salud en el trabajo, descanso
o vacaciones pagadas, entre otros.
287. En este marco, una de las medidas primordiales para la protecció n de las personas trans
y de gé nero diverso en relació n con su derecho al trabajo es la promulgació n de normas que
prohíban explícitamente la discriminació n con base en la identidad de gé nero y la expresió n de
gé nero. La normativa debe tener el alcance de proteger a quienes ya se encuentran
desempeñ ando una actividad laboral, como a aquellas que se encuentran procurando un
empleo, de modo tal que se encuentren protegidas ante tratos o decisiones discriminatorias en
el marco de los procesos de selecció n. Al respecto, los Principios de Yogyakarta exhortan a los
Estados a prohibir la discriminació n por motivos de identidad y expresió n de gé nero en el
empleo pú blico y privado, incluso en lo concerniente a capacitació n profesional, contratació n,
promoció n, despido, condiciones de trabajo y remuneració n.
Comisión Interamericana de Derechos Humanos | CIDH
DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 219
322. En ese marco, la Comisió n y su REDESCA observan que, al igual que con otras poblaciones
en situació n de vulnerabilidad y discriminació n histó rica, en muchos casos las amenazas
existentes y violaciones producidas respecto del disfrute del derecho a la salud de las personas
trans y de gé nero diverso, tienen que ver tambié n con la omisió n del Estado en abarcar los
determinantes bá sicos y sociales del derecho a la salud, ya que dichas personas suelen
enfrentar obstá culos en el goce de este derecho no solo por la falta de acceso a servicios y
bienes de salud apropiados sino por no tomar en cuenta varios determinantes bá sicos y
sociales que agravan la realizació n de sus derechos humanos de manera interconectada. A
continuació n se identificará n los principales desafíos al respecto.
414. En consecuencia, la CIDH reitera que los Estados Miembros de la OEA deben diseñ ar e
implementar marcos normativos y políticas pú blicas que explícitamente atiendan los efectos
concretos de la situació n de exclusió n histó rica que padecen las personas trans y de gé nero
diverso y que se inscriban en una estrategia integral encaminada a la reducció n de las
desigualdades que padecen. Adicionalmente, los Estados cuentan con herramientas y marcos
conceptuales que deben acompañ ar los esfuerzos por cumplir efectivamente con el deber
general de garantía de todos los derechos humanos de las personas trans y de gé nero diverso
bajo su jurisdicció n, en particular respecto de los derechos econó micos, sociales, culturales y
ambientales. Finalmente, los tribunales de justicia tambié n deben tener en cuenta las normas
y está ndares interamericanos a este respecto al momento de aplicar, analizar e interpretar las
normas internas al momento de resolver recursos dirigidos a amparar derechos de las
personas trans y de gé nero diverso.
Comunicados de prensa
CP No. 185/17. En el Día Internacional de la Memoria Trans, la CIDH urge a los Estados a
garantizar el pleno acceso de las personas trans a sus derechos económicos, sociales, y
culturales (20 de noviembre de 2017)
La CÍDH señaló, en su informe sobre la "Violencia contra personas LGBTÍ", que “la violencia
generalizada, los prejuicios y la discriminación en la sociedad en general y dentro de la familia,
obstaculizan las posibilidades de que personas trans tengan acceso a educación, servicios de
salud, vivienda y al mercado laboral formal”. La violencia, discriminación y estigmatización que
las personas trans sufren las inserta en un ciclo de exclusión que tiende a culminar en la
pobreza, en función de la falta de acceso a servicios básicos, oportunidades educativas y
laborales y prestaciones sociales. Este ciclo de exclusión comienza generalmente desde muy
temprana edad, debido al rechazo y violencia sufrida por niñas/os y adolescentes trans y de
género diverso en sus hogares, comunidades y centros educativos. Esta situación tiende a
impedir que este grupo acceda y complete los diferentes niveles educativos, lo cual impacta
negativamente sobre su calidad de vida.
La Comisión observa que la exclusión y la pobreza suelen empujar a las personas trans hacia la
economía informal y, especialmente en el caso de las mujeres trans, al trabajo sexual. De
acuerdo a la información recibida por la CIDH, aproximadamente el 90% de las mujeres trans
en Latinoamérica y el Caribe ejerce el trabajo sexual como medio de supervivencia, lo cual
exacerba su vulnerabilidad a la violencia y las expone a la criminalización. La información
recibida indica además que las mujeres trans que están involucradas en el trabajo sexual
usualmente trabajan e incluso viven en las calles, donde enfrentan acoso permanente,
persecución y amenaza constante de ser detenidas. De forma general, la CIDH observa que las
personas trans, en función del cuadro de exclusión familiar, laboral y social que enfrentan,
tienen serias dificultades para acceder a la vivienda.
Por otra parte, la Comisión resalta las dificultades que enfrentan las personas trans para
acceder al sistema de salud y a transformaciones corporales de calidad y medicamente
supervisadas, lo que le puede generar complicaciones de salud e incluso la muerte. Asimismo,
la CIDH ha tomado conocimiento sobre la falta de capacitación del personal de salud para
atender a las personas trans. El estigma, la discriminación, el abuso y la violencia disuaden a
las personas trans de solicitar servicios de salud.
La CIDH llama a los Estados a garantizar los derechos de las personas LGBTI en la respuesta a
la pandemia del COVID-19. CP 081/2020 (20 de abril de 2020)
Por otro lado, la Comisión ha llamado la atención reiteradamente sobre la situación de pobreza
que afecta a personas LGBTI, caracterizada por exclusión social y altas tasas de falta de
vivienda, lo que les empuja hacia la economía informal y a participar en el trabajo sexual. Las
personas trans, en particular, enfrentan altas tasas de exclusión de las oportunidades de
generación de ingresos y de acceso a programas de bienestar social y servicios de salud. En este
sentido, la CIDH ha recibido información de mujeres trans y trabajadoras sexuales que
continúan desarrollando sus actividades aún el contexto de la contención del COVID-19, debido
a que no cuentan con otras fuentes de ingreso.
En atención a lo anterior, la Comisión insta a los Estados a garantizar el acceso de las personas
LGBTI a programas de atención social con una perspectiva de seguridad humana integral. De
Comisión Interamericana de Derechos Humanos | CIDH
DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 221
manera particular, la CIDH llama a los Estados a garantizar un refugio seguro, acceso a
alimentos y medicamentos para las personas LGBTI en situación de calle, particularmente,
tomando en cuenta a las mujeres trans que ejercen el trabajo sexual. Además, la Comisión llama
a los Estados a incluir a las personas LGBTI como beneficiarias de las eventuales medidas de
reactivación económica adoptadas para mitigar los impactos del COVID-19.
La Comisión exhorta a los Estados miembros de la OEA a adoptar políticas públicas que
promuevan la concientización, en todos los niveles -incluyendo el sector de atención en salud
mental- sobre la diversidad de orientaciones sexuales, visibilizando las experiencias de vida y
necesidades de las personas bisexuales. Además, llama a los Estados a implementar medidas
contundentes para evitar el deterioro de la salud mental y prevenir la muerte por suicidio entre
las personas bisexuales, garantizando que puedan desarrollar sus proyectos de vida de forma
plena, basados en sus propias experiencias individuales.
La CIDH reitera que, según estándares interamericanos, los Estados tienen la obligación de
respetar y garantizar los derechos de las personas LGBTI; en esa línea, exhorta a los Estados a
observar las recomendaciones específicas sobre los derechos humanos de las personas LGBTI
en el contexto de la pandemia, contenidas en su Resolución 1-2020 y Comunicado de Prensa
81/2020.
La Comisión resalta que, a la luz de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del
Hombre, la Convención Americana sobre Derechos Humanos y otros instrumentos jurídicos
interamericanos, los derechos de las personas intersex deben ser respetados y garantizados
por los Estados de la región atendiendo el principio de igualdad y no discriminación. Así, en
cumplimiento de sus obligaciones internacionales, los Estados deben adoptar protocolos que
tomen en cuenta que las personas intersex son particularmente vulnerables a la violencia en el
ámbito médico y a la discriminación por prejuicio en un contexto social de rechazo hacia la
diversidad corporal.
Ante ello, la Comisión subraya la necesidad de que los Estados adopten protocolos de salud
integral que atiendan a las necesidades específicas de las personas intersex, incluyendo de
manera prioritaria atención a su salud mental. Además, estos protocolos deben adoptar una
perspectiva de derechos humanos, garantizando los servicios de salud en un ambiente libre de
discriminación, violencia y malos tratos de cualquier tipo, debiendo prohibirse toda
intervención médica innecesaria en infancias intersex sin su consentimiento libre, previo e
informado. Más allá, la CIDH reitera su recomendación de adoptar medidas de capacitación al
personal médico en materia de diversidad corporal, así como adoptar estrategias para
garantizar la efectiva comunicación y traslado de información adecuada a las personas intersex
y sus familiares sobre las consecuencias de intervenciones quirúrgicas y otras intervenciones
médicas, con una perspectiva de pertinencia cultural y lingüística.
F. Personas afrodescendientes
Informe temático
El trabajo, la educación y los recursos de las mujeres: La ruta hacia la igualdad en la garantía
de los derechos económicos, sociales y culturales. OEA/Ser.L/V/II.143 Doc. 59 (3 de noviembre
de 2011)
210. Las niñ as y mujeres en situació n de pobreza, que habitan en zonas rurales, las indígenas
y las afrodescendientes enfrentan barreras particulares en cuanto a la accesibilidad y
permanencia en la escuela. Entre ellas destaca las relacionadas a la escuela en sí, como su
ubicació n geográ fica. Por ejemplo, algunos locales educativos son insuficientes o distantes.
Tanto la distancia y el costo del transporte constituye una barrera que afectará tanto el acceso
como la permanencia en la escuela. Ademá s, la persistencia de costos adicionales para ú tiles
escolares y libros de texto constituyen una barrera en el acceso a la escuela. Asimismo, la falta
de una infraestructura adecuada en las escuelas, como el no contar con sanitarios completos y
en funcionamiento, afectará n a las niñ as y adolescentes, particularmente cuando inicien la
pubertad.
67. En ese marco y siguiendo los lineamientos de la CEPAL con miras a la ronda censal 2020 y
otros operativos estadísticos, la CIDH reafirma que es trascendental que las instituciones
estatales dispongan de los recursos nacionales para la realización de censos; precisando el
fenómeno que se quiere medir, por qué y para qué, toda vez que la pretensión de medir la
diversidad de un país no sólo consiste en el propósito de identificación demográfica de la
población y la focalización de determinados grupos étnico-raciales, como pueblos indígenas y
afrodescendientes, también se propone visibilizar la situación que enfrentan estos grupos
étnico-raciales para sensibilizar hacia propuestas coordinadas que contribuyan a la superación
de obstáculos e impulsen la garantía de sus derechos. Además, recuerda la necesidad de
incorporar un enfoque intercultural y perspectiva étnico –racial en los equipos técnicos
durante todas las fases de implementación de los censos, diseño de preguntas; recolección de
datos; análisis y sistematización de datos, garantizando la confiabilidad y seguridad de estos, y
cuya utilización no genere estigmatización o refuerce estereotipos raciales.
Comunicado de prensa
La CIDH y su REDESCA hacen un llamado a los Estados de la región a garantizar los derechos de
las Personas Afrodescendientes y prevenir la discriminación racial en el contexto de la
pandemia del COVID-19. CP 092/20 (28 de abril de 2020)
En ese sentido, la CIDH y su REDESCA destacan que las medidas de contención y de aislamiento
social obligatorio pueden representar un impacto diferenciado en la vida económica de las
personas afrodescendientes, quienes tendrían más dificultades para acceder a servicios de
salud pública. Asimismo, destacan el impacto negativo que puede resultar del incremento de
rescisiones laborales y la disminución de ingresos económicos per cápita por las estrategias
institucionales adoptadas en el contexto de la pandemia; lo cual podría exacerbar e impactar
Sobre las comunidades afrodescendientes tribales, la CIDH reitera a los Estados la importancia
de reconocer los derechos territoriales de propiedad colectiva a las comunidades
afrodescendientes y garantizarles el derecho efectivo de consulta y consentimiento previo,
libre e informado, respetando su libre autodeterminación. Asimismo, insta a los Estados a
abstenerse de promover iniciativas legislativas o proyectos que afecten territorios étnicos
durante el tiempo en que dure esta pandemia, en virtud de la imposibilidad de llevar adelante
dichos procesos de consulta.
Finalmente, la Comisión destaca las diferentes estrategias adoptadas por los Estados de la
región para reducir el riesgo de contagio e impacto sanitario del COVID-19, y la necesidad de
contar con una respuesta coordinada entre los mismos. Consciente de ello, la CIDH hace un
llamado a visibilizar la situación de las personas afrodescendientes y comunidades tribales en
el contexto de esta pandemia, especialmente a incluir una perspectiva étnico-racial con un
enfoque interseccional en todas las medidas de respuesta implementadas tanto en el ámbito
nacional, como en las respuestas regionales que se puedan articular.
G. Pueblos indígenas
Medidas Cautelares
Medida Cautelar No. 754/20 Miembros de los Pueblos Indígenas Guajajara y Awá de la Tierra
Indígena Araribóia respecto de Brasil, (4 de enero de 2021)
37. En relación con la gravedad, la Comisión observa que se ha alegado la diseminación del
COVID19 entre las personas propuestas beneficiarias en la TI Araribóia en Brasil. En particular,
se observa que, según los solicitantes, las personas propuestas beneficiarias estarían expuestas
a la diseminación de la COVID-19 debido al contacto forzado con terceros no autorizados
presentes en la Tierra Indígena quienes servirían como potenciales vectores del virus dado su
constante paso por la zona y el exterior a esa Tierra. Lo anterior resulta primordial tener en
cuenta ante serio impacto que soportarían los derechos a la vida, integridad personal y salud
de las personas propuestas beneficiarias derivado de la multiplicación de contactos no
deseados, control cuyo factor se encuentra fuera de sus alcances. Tales contactos tendrían un
especial impacto en la situación de aquellos indígenas que se encuentran en una situación de
aislamiento.
44. Ante lo anterior, la Comisión no cuenta con elementos que indiquen que las acciones
estatales han sido suficientes y efectivas para proteger a los pueblos indígenas habitantes de la
TI Araribóia frente a multiplicidad y complejidad de los riesgos alegados, particularmente
considerando que los pueblos indígenas en Brasil habrían presentado históricamente
vulnerabilidad inmunológica a infecciones respiratorias (ver supra párrs. 5 y 24). Así,
considerando el presente contexto de la pandemia de COVID19, en que las personas propuestas
beneficiarias estarían en frecuente contacto con terceros no autorizados en las tierras que
habitan, quienes serían potenciales vectores de la enfermedad, aunado a la falta de medidas de
atención a la salud suficientes y eficientes a su favor; y, recordando la particular situación de
Comisión Interamericana de Derechos Humanos | CIDH
DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 225
208. La relació n entre los miembros de la Comunidad y de los miembros con la Comunidad es
lo que da sentido a su existencia indígena, es lo que da sentido no só lo a un origen é tnico sino
a la posibilidad de poseer y transmitir una cultura propia, que incluye elementos como el
idioma, la espiritualidad, estilos de vida, derecho consuetudinario y las tradiciones. Como ya se
expresó , ser y pertenecer a un pueblo indígena, en este caso al pueblo Enxet-Lengua
comprende la idea de una cultura y un estilo de vida distinta e independiente, basada en
antiguos conocimientos y tradiciones, vinculada fundamentalmente a un territorio específico.
Informe temático
306. En esta misma línea, la CIDH ha reconocido el vínculo entre la protecció n del medio
ambiente y el derecho a la salud, dado que el medio ambiente es esencial para una població n
sana. Por ello, cuando existe contaminació n y degradació n del medio ambiente, aquello
constituye una amenaza para la vida y salud de las personas que en é l habitan. De este modo,
en contextos de industrias extractivas, la CIDH ha manifestado su preocupació n respecto a la
presencia de sustancias en el cuerpo que pueden causar enfermedades neuroló gicas, bacterias
en el organismo, malformaciones, enfermedades en la piel, discapacidades de distinta índole,
entre otras; como es el caso del mercurio. Este mineral se deposita en ríos y otras fuentes de
agua y se acumula en animales como los peces, que forman parte de la dieta tradicional de
numerosos pueblos indígenas, especialmente en la Amazonía.
307. Asimismo, es importante tomar en cuenta que existen afectaciones a la salud que pueden
resultar devastadoras para determinados grupos, como sería el caso de los pueblos indígenas
en aislamiento voluntario o en contacto inicial, afectados por la invasió n de colonos,
trabajadores de las empresas o por el propio Estado. Dado que dichos pueblos no se encuentran
en contacto con miembros de la sociedad mayoritaria, no han desarrollado las defensas
inmunoló gicas suficientes para combatir enfermedades comunes.
308. Resulta evidente que dichos pueblos requieren la adopció n planes de acció n y protocolos
de prevenció n y contingencia especializados y culturalmente apropiados en materia de salud,
atendiendo a su especial condició n de vulnerabilidad, tal como se establece en las Directrices
de protecció n para los pueblos indígenas en aislamiento y en contacto inicial de la regió n
amazó nica, el Gran Chaco y la Regió n Oriental de Paraguay y en el Informe sobre Pueblos
Indígenas en Aislamiento Voluntario y Contacto Inicial en las Amé ricas. Se debe destacar,
ademá s, que la CIDH ha señ alado que la mejor medida en el caso de estos pueblos en particular
310. En ese marco, el Estado está obligado a proporcionar recursos para que los pueblos
indígenas establezcan, organicen y controlen dichos servicios con el objetivo de poder disfrutar
del má s alto nivel de salud física y mental. En esa línea, debe adoptar medidas para proteger
las plantas medicinales, los animales y los minerales que son necesarios para el pleno disfrute
del derecho a la salud de estos pueblos.
Informe anual
40. Corresponde hacer una menció n especial respecto al derecho a la propiedad y el acceso al
agua en relació n a los pueblos indígenas. En palabras de la Corte, la estrecha vinculació n de los
pueblos indígenas sobre sus territorios tradicionales y los recursos naturales ligados a su
cultura que ahí se encuentren, así como los elementos incorporales que se desprendan de ellos,
deben ser salvaguardados por el artículo 21 de la Convenció n Americana.
41. En consecuencia, el acceso de los pueblos indígenas a sus tierras ancestrales y al uso y
disfrute de los recursos naturales que en ellas se encuentran está directamente vinculado con
la obtenció n de alimentos y el acceso a agua limpia. En efecto, de acuerdo con la jurisprudencia
de la Corte, los integrantes de los pueblos indígenas y tribales tienen el derecho de ser titulares
de los recursos naturales que han usado tradicionalmente dentro de su territorio por las
mismas razones por las cuales tienen el derecho de ser titulares de la tierra que han usado y
ocupado tradicionalmente durante siglos, sin ellos, la supervivencia econó mica, social y
cultural de dichos pueblos está en riesgo. De allí la necesidad de proteger las tierras y los
recursos que han usado tradicionalmente para sostener sus formas de vida.
42. En forma conexa, la CIDH ha indicado que los derechos culturales de un pueblo indígena o
tribal pueden abarcar actividades relacionadas con los recursos naturales, tales como la pesca
o la caza. La CIDH tambié n ha notado que entre las comunidades indígenas, la vida de sus
miembros “depende fundamentalmente” de las actividades de subsistencia –agricultura, caza,
pesca, recolecció n- que realizan en sus territorios, y que por lo tanto, “la relació n que la
comunidad mantiene con sus tierras y recursos se encuentra protegida bajo otros derechos
contemplados en la Convenció n Americana, tales como el derecho a la vida, la honra y la
dignidad, la libertad de conciencia y de religió n, la libertad de asociació n, la protecció n a la
familia, y el derecho de circulació n y residencia”. La preservació n de la conexió n particular
entre los pueblos indígenas y tribales y los recursos naturales que han usado tradicionalmente
y se vinculan a su cultura “es fundamental para la realizació n efectiva de los derechos humanos
de los pueblos indígenas en té rminos má s generales y, por tanto, amerita medidas especiales
de protecció n”.
160. Ahora bien, la Comisión ha reconocido que ciertos grupos de mujeres, como en el caso de
I.V., mujer migrante y de pocos recursos económicos, padecen discriminación a lo largo de su
vida en base a más de un factor combinado con su sexo, lo que aumenta su riesgo de sufrir actos
de violencia y otras violaciones de sus derechos humanos.
161. La CIDH considera que el presente caso es un ejemplo de las múltiples formas de
discriminación que afectan el goce y ejercicio de derechos humanos por parte de algunos
grupos de mujeres, como I.V., en base a la intersección de diversos factores como su sexo,
condición de migrantes y posición económica. Al respecto, la Comisión considera que las
mujeres migrantes de escasos recursos económicos se encuentran en una especial situación de
vulnerabilidad al verse con frecuencia forzadas a acudir a servicios públicos de salud que no
son idóneos para satisfacer sus necesidades, dado el carácter limitado de las opciones
disponibles para ellas de cuidado.
Informes temáticos
277. Para garantizar los derechos económicos, sociales y culturales durante el trámite de los
procedimientos es fundamental considerar las llamadas “barreras cortafuegos”, que “consisten
en la separación real y estricta entre el control migratorio y otros servicios públicos e implican
que las autoridades migratorias no puedan acceder a la información acerca del estatus
migratorio de las personas que acuden a los servicios públicos y que las instituciones
encargadas de la prestación de estos no tengan la obligación de indagas ni de compartir
información acerca del estatus migratorio de los usuarios”.
279. Del mismo modo, las instituciones que suministran los servicios públicos no pueden exigir
la regularidad de la situación migratoria o el estatuto de refugiado ya reconocido para prestar
los respectivos servicios a las personas que los soliciten. Es importante señala que el acceso a
los DESC no debe ser objeto de condicionamiento en relación al estatuto administrativo o nivel
de protección (migrante regular, persona reconocida como refugiada o bajo otro estatuto). Al
respecto, el solo hecho de “ser persona” para que deba ser garantizado en el goce efectivo de
los DESC. En este sentido, todo solicitante de protección internacional debe tener acceso a la
salud, educación, vivienda, seguridad y otros, en condiciones de igualdad con los nacionales.
284. En su Resolución 04/19 sobre los Principios Interamericanos sobre los derechos humanos
de las personas migrantes, refugiadas, apátridas y víctimas de trata, la Comisión señala, en la
Sección IX (sobre el adecuado nivel de vida), la necesidad de garantizar ciertos derechos, cuyo
acceso debe ser facilitado a todas las personas migrantes, refugiadas, solicitantes de asilo y
otras personas con necesidades de protección internacional. Tal protección incluye el acceso
al acervo de todos los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, tales como a la
salud (principio 35), al trabajo (principio 36), a la educación (principio 37), a la vivienda
(principio 38), a la cultura (principio 39).
285. El goce de estos derechos es lo que proporciona a las personas con necesidades de
protección internacional obtener la integración local (considerada una solución duradera), la
cual solo será efectiva si el acceso a los derechos ocurre en condiciones de igualdad y no
discriminación respecto a los nacionales. La Comisión destaca que el acceso a los DESC debe
ser facilitado desde la solicitud y durante todo el trámite de los procedimientos, evitándose,
por ende, que las personas sean invisibilizadas y sometidas a situaciones de explotación. En
este sentido y debido a su situación especial de vulnerabilidad, cualquier solución en favor de
personas con necesidades de protección requiere pasos certeros para garantizar el acceso a los
DESC.
367. En particular, la Comisión insta a los Estados a garantizar a las personas apátridas
reconocidas como tales, como mínimo, los siguientes derechos:
· Derechos Económicos y Sociales:
- Derecho de acceder al trabajo con posibilidad de incorporarse a un empleo en el ámbito
formal, que incluye el trabajo en relación de dependencia y el ejercicio de profesiones
liberales en tanto se garantice el cumplimiento de los requisitos propios para el ejercicio de
cada profesión.
- Derecho a la educación, pública siempre que disponible, y siempre en bases no
discriminatorias;
- Derecho a la salud: incluyendo el acceso a los servicios de salud en todas las dimensiones
y niveles, específicamente los servicios de salud sexual y reproductiva;
- Acceso a los servicios de asistencia social y cualesquier políticas de asistencia pública;
- Derecho de beneficiarse de la seguridad social;
- Derecho a la vivienda
Comunicados de prensa
La CIDH urge a los Estados proteger los derechos humanos de las personas migrantes,
refugiadas y desplazadas frente a la pandemia del COVID-19. CP 077/20 (17 de abril de 2020)
La Comisión destaca que los fenómenos migratorios, ya sea por razones económicas o por
búsqueda de protección, requieren de los Estados un abordaje prioritario a partir de los
principios de solidaridad, cooperación y responsabilidad compartida en contexto de la
pandemia, con enfoque sobre la garantía de acceso a los mecanismos de protección y garantía
de no-devolución a personas cuya vida e integridad están en riesgo. Además, reconoce que la
pandemia puede no sólo agravar la situación de personas anteriormente desplazadas, sino que
puede convertirse en causas de nuevos movimientos migratorios, internos o internacionales,
con características forzadas, y observa que la inclusión no discriminatoria en los países de
acogida es el mecanismo más efectivo de prevención.
En relación con las situaciones de tensión, la Comisión recuerda que los Estados tienen la
obligación de respetar y garantizar los derechos y las libertades reconocidos a todas las
personas en su territorio y sujetas a su jurisdicción, sin discriminación por razones de
nacionalidad, situación migratoria o de apatridia. Vinculado a lo anterior, la CIDH urge a los
Estados a incluir a las poblaciones de personas migrantes, refugiadas y apátridas en su
territorio en todos los planes, medidas y acciones de protección en materia de salud, asistencia
social y económica desarrolladas en respuesta a la pandemia de COVID-19. Además, recuerda
a los Estados la necesidad de adecuación estructural y presencia de personal médico y de salud
en campos, asentamientos, albergues y otras instituciones que acojan a personas migrantes,
refugiadas o desplazadas.
Informes temáticos
El trabajo, la educación y los recursos de las mujeres: La ruta hacia la igualdad en la garantía
de los derechos económicos, sociales y culturales. OEA/Ser.L/V/II.143 Doc. 59 (3 de noviembre
de 2011)
210. Las niñ as y mujeres en situació n de pobreza, que habitan en zonas rurales, las indígenas
y las afrodescendientes enfrentan barreras particulares en cuanto a la accesibilidad y
permanencia en la escuela. Entre ellas destaca las relacionadas a la escuela en sí, como su
ubicació n geográ fica. Por ejemplo, algunos locales educativos son insuficientes o distantes.
Tanto la distancia y el costo del transporte constituye una barrera que afectará tanto el acceso
como la permanencia en la escuela. Ademá s, la persistencia de costos adicionales para ú tiles
escolares y libros de texto constituyen una barrera en el acceso a la escuela. Asimismo, la falta
de una infraestructura adecuada en las escuelas, como el no contar con sanitarios completos y
en funcionamiento, afectará n a las niñ as y adolescentes, particularmente cuando inicien la
pubertad.
Violencia, niñez y crimen organizado. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 40/15 (11 de noviembre de 2015)
empleos a los que los jó venes acceden son informales o en condiciones laborales precarias --
en té rminos de nivel salarial, beneficios, y estabilidad en el empleo--. Lo anterior tiene como
resultado índices de movilidad social bajos en estos sectores y la reproducció n de las
condiciones de pobreza y exclusió n social.
365. Tomando en cuenta que la exclusió n social y las desigualdades econó micas se encuentran
entre las condiciones que facilitan el surgimiento de tensiones sociales, violencia, inseguridad
y delincuencia, el hecho que no se asegure la provisió n de un servicio educativo de calidad que
proporcione oportunidades para la inserció n laboral contribuye a la reproducció n de los
referidos escenarios de exclusió n, inseguridad y violencia, ademá s de vulnerar el derecho a la
educació n. En ese sentido, las políticas pú blicas de los Estados deben tomar en consideració n
la inversió n de los recursos necesarios para garantizar un servicio educativo de calidad en
igualdad de condiciones al que acceden otros estudiantes, en contextos que presentan
circunstancias y desafíos particulares como los descritos.
Comunicados de prensa
CIDH y su REDESCA urgen a los Estados a proteger con efectividad a las personas que viven en
situación de pobreza y pobreza extrema en las Américas frente a la pandemia del COVID-19. CP
124/20 (2 de junio de 2020)
En ese sentido, resulta impostergable que los Estados de la región pongan el contenido del
derecho humano a la salud como eje articulador y central de los sistemas de salud, otorgándole
la priorización necesaria para su efectiva protección, con una específica consideración hacia
las personas que viven en pobreza o en condiciones de precariedad. Para la Comisión y su
REDESCA las persistentes brechas y costos elevados en la cobertura y calidad de los servicios
de salud, como la fragmentación cada vez más acentuada de dichos sistemas en la región
refuerzan la urgencia del efectivo cumplimiento de las obligaciones de los Estados en la
materia. En ese sentido, subrayan la importancia de que los Estados aseguren fondos
suficientes de emergencia para la salud, incluyendo sus determinantes básicos y sociales; den
prioridad a la financiación de la salud pública en sus presupuestos generales; y avancen con
firmeza hacia la garantía del acceso universal a este derecho, incluyendo la salud mental. La
REDESCA recuerda que los Estados también deben velar porque se garanticen los elementos
de disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad cultural y calidad del derecho a la salud.
Por su parte, las personas y familias en situación de pobreza corren un alto riesgo de perder
sus fuentes de empleo, o de experimentar disminución o pérdida drástica de ingresos
económicos de subsistencia debido a las disposiciones y órdenes sobre distanciamiento,
Informes temáticos
131. En este contexto, la CIDH recuerda que de conformidad con los estándares
interamericanos en la materia, el Estado debe asegurar que una persona esté detenida en
condiciones que sean compatibles con el respeto a su dignidad humana, que la manera y el
método de ejercer la medida no le someta a angustia o dificultad que exceda el nivel inevitable
de sufrimiento intrínseco a la detención, y que, dadas las exigencias prácticas del
encarcelamiento, su salud y bienestar estén asegurados adecuadamente. Asimismo, el Estado
tiene la obligación de adoptar medidas dirigidas a asegurar que las personas privadas de
libertad no se encuentren en condiciones de hacinamiento que atentan contra la dignidad
humana.
137. La CIDH destaca que proveer atenció n mé dica adecuada a las personas privadas de
libertad es una obligació n que deriva directamente del deber del Estado de garantizar el
derecho a la integridad personal contenido en los artículos 1.1 y 5 de la Convenció n Americana
y I de la Declaració n Americana. De igual forma, la CIDH ha establecido que, en el caso de las
personas privadas de libertad, la obligació n de los Estados de respetar la integridad física, de
no emplear tratos crueles, inhumanos y de respetar la dignidad inherente al ser humano, se
extiende a garantizar el acceso a la atenció n mé dica adecuada.
138. Asimismo, el Principio X de los Principios y Buenas Prácticas sobre la Protección de las
Personas Privadas de Libertad en las Américas establece que “las personas privadas de libertad
tendrá n derecho a la salud, entendida como el disfrute del má s alto nivel posible de bienestar
físico, mental y social, que incluye, entre otros, la atenció n mé dica, psiquiá trica y odontoló gica
adecuada; la disponibilidad permanente de personal mé dico idó neo e imparcial; el acceso a
tratamiento y medicamentos apropiados y gratuitos; la implementació n de programas de
educació n y promoció n en salud, inmunizació n, prevenció n y tratamiento de enfermedades
infecciosas, endé micas y de otra índole; y las medidas especiales para satisfacer las necesidades
particulares de salud de las personas privadas de libertad pertenecientes a grupos vulnerables
o de alto riesgo, tales como: las personas adultas mayores, las mujeres, los niñ os y las niñ as, las
personas con discapacidad, las personas portadoras del VIH/SIDA, tuberculosis, y las personas
con enfermedades en fase terminal”. Ademá s, en toda circunstancia, la prestació n del servicio
Comisión Interamericana de Derechos Humanos | CIDH
DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y AMBIENTALES Y
TEMAS RELACIONADOS EN LOS MECANISMOS DE LA CIDH| 233
de salud deberá respetar los principios siguientes: confidencialidad de la informació n mé dica;
autonomía de los pacientes respecto de su propia salud; y consentimiento informado en la
relació n mé dico-paciente.
144. En atenció n a lo anterior, la CIDH reitera la obligació n que tiene el Estado de adoptar
medidas dirigidas a asegurar que las personas privadas de libertad reciban alimentació n
suficiente y con alto valor nutrimental. Al respecto, la Corte Interamericana ha establecido que
es deber del Estado el asegurar que toda persona detenida viva en condiciones compatibles
con su dignidad humana, entre las que se encuentra el acceso a una alimentació n y atenciones
en salud adecuadas, oportunas y suficientes. Con respecto al agua potable los Principios y
Buenas Prácticas sobre la Protección de las Personas Privadas de Libertad en las Américas
establecen que, toda persona privada de libertad tendrá acceso en todo momento a agua
potable suficiente y adecuada para su consumo. Su suspensió n o limitació n, como medida
disciplinaria, deberá ser prohibida por la ley. La falta de provisió n y tratamiento del agua
potable, así como de alimentos en buen estado, es un factor permanente de enfermedades y
complicaciones de salud de las personas privadas de libertad.
Comunicados de prensa
La CIDH urge a los Estados a garantizar la salud y la integridad de las personas privadas de
libertad y sus familias frente a la pandemia del COVID-19. CP 066/20 (31 de marzo de 2020)
Conforme con lo establecido en sus Principios y Buenas Prácticas sobre la Protección de las
Personas Privadas de Libertad en las Américas, la CIDH recuerda a los Estados que toda
persona privada de libertad bajo sus jurisdicciones tiene derecho a recibir un trato humano,
con irrestricto respeto a su dignidad inherente, a sus derechos fundamentales, en especial a la
vida e integridad personal, y a sus garantías fundamentales, como lo son el acceso a las
garantías judiciales indispensables para proteger derechos y libertades. Los Estados se
encuentran en una especial condición de garante frente a las personas privadas de libertad, lo
cual implica que deben respetar la vida e integridad personal de ellas, así como asegurar
condiciones mínimas que sean compatibles con su dignidad. Así, los Estados están obligados a
realizar acciones concretas e inmediatas para garantizar los derechos a la vida, integridad y
salud de las personas privadas de libertad, en el marco de la pandemia.
La CIDH llama a los Estados a proteger y garantizar la labor de personas defensoras de derechos
humanos ante la pandemia del COVID-19. CP 101/20 (5 de mayo de 2020)
La Comisión destaca que las personas defensoras de los derechos humanos son un pilar
esencial para el fortalecimiento de las democracias en la región, porque el fin que motiva la
labor que desempeñan es la plena vigencia de los derechos fundamentales en la región. Sus
actividades de vigilancia, denuncia y difusión, así como el apoyo a las víctimas, la
representación y defensa de personas cuyos derechos pueden verse amenazados, contribuyen
de manera especial al respeto, protección y promoción de los derechos humanos y libertades
fundamentales de todas las personas en las Américas, labor fundamental en el actual contexto
de pandemia del COVID-19.
En razón de lo anterior, la CIDH llama a los Estados de la región a implementar protocolos que
permitan a las defensoras y los defensores realizar su labor a la vez que observan las medidas
sanitarias correspondientes. En este sentido, los Estados deben facilitar el trabajo y la
circulación de las y los periodistas y personas defensoras de derechos humanos que cumplen
una función central durante la emergencia de salud pública, con el objeto de informar y
monitorear las acciones del Estado. En este sentido, deben abstenerse de perseguir o detener
a las personas defensoras de derechos humanos por la vigilancia que realizan respecto de la
actuación del Estado ante la pandemia y frente a las eventuales vulneraciones a los derechos
fundamentales, lo que incluye no someterlas a procesos civiles o penales por sus opiniones, no
detenerlas con base en el uso de figuras penales amplias o ambiguas, ni exponerlas al riesgo de
sufrir ataques físicos o virtuales.
CAPÍTULO 5
CONCLUSIONES
CONCLUSIONES
110. En ese sentido, las obligaciones inmediatas implican que los Estados deben, por una parte,
procurar la igualdad en el acceso y ejercicio de los derechos económicos, sociales, culturales y
ambientales, es decir, la no discriminación. Por otra parte, independientemente de la capacidad
presupuestaria con que cuenten, deben tomar medidas para asegurar que los diferentes
derechos sean realizados progresivamente.
112. Por otra parte, como resultado del marco de las obligaciones que derivan de la Convención
Americana sobre Derechos Humanos, los Estados deben respetar el ejercicio de los derechos
económicos, sociales, culturales y ambientales, así como garantizarlos. Dentro de esta última
obligación, se desprende el derecho de acceso a la justicia, que debe estar presente en relación
con todos los derechos cubiertos por el artículo 26 de la Convención, así como de otros tratados
interamericanos en la materia, incluyendo el Protocolo de San Salvador.
113. La Comisión y la REDESCA exhortan a los Estados que aún no lo hayan hecho a ratificar la
Convención Americana, como también el Protocolo de San Salvador y otros tratados de
derechos humanos del sistema, como vía de fortalecer su compromiso y marco legal aplicable
para la garantía de los DESCA. En tal sentido, se ponen a disposición de los Estados, con el fin
de brindar su asistencia técnica y apoyar los esfuerzos en esa dirección.
114. Este primer compendio sobre DESCA se ha construido con la mirada de su actualización
periódica, así como para servir de modelo para la realización de nuevos compendios por
derecho o de carácter interseccional y temáticosegún sigan evolucionando los parámetros
interpretativos en materia DESCA.
115. El compendio da cuenta de la atención cada vez mayor de la CIDH a los DESCA a través de sus
distintos mecanismos, especialmente a partir de la decisión de creación y puesta en marcha de
la REDESCA como mandato específico en la materia en el marco del Plan Estratégico 2017-
2021 de la Comisión. Los trabajos desarrollados por la nueva oficina, han sido de especial
relevancia para favorecer una respuesta integral de la Comisión, centrada en el derecho a la
salud y otros DESCA, frente a los desafíos que la pandemia plantea de manera particular para
tales derechos y los grupos de mayor situación vulnerabilidad o discriminación histórica.
116. Las líneas de trabajo prioritarias de la agenda estratégica de la REDESCA 2021-2023, aprobada
por la CIDH al inicio de su segundo periodo de mandato, se centran en los mayores desafíos
que existen en la región en materia DESCA, entre ellos la situación de tales derechos frente a la
pandemia o el impacto del cambio climático en los derechos humanos. Para hacer frente a una
agenda tan urgente y desafiante, la oficina requiere contar con recursos financieros y equipo
técnico cualificado, reiterando el llamado de la Comisión y la REDESCA a que Estados y
donantes contribuyan al fondo voluntario creado por la Comisión al decidir la puesta en
marcha de la REDESCA, de modo que la misma pueda sostener y fortalecer los servicios que
presta a la CIDH, como al sistema interamericano en su conjunto.
117. Por otro lado, la sistematización realizada, con foco en los diferentes derechos, ofrece un
primer diagnóstico en cuanto al grado de evolución y necesidad de mayores desarrollos en
cuanto a cada derecho específico. En tal sentido, este compendio es una herramienta también
de carácter interno y estratégico para la propia Comisión y sus diferentes mandatos, en especial
para la REDESCA. En virtud de lo anterior, identifica áreas de oportunidad para el desarrollo
normativo de los derechos abordados en el compendio, que la CIDH y su REDESCA pueden
realizar a través de la función interpretativa, de monitoreo, o del sistema de casos y peticiones.
118. La Comisión y la REDESCA ponen a disposición esta herramienta de referencia para visibilizar
y difundir los avances existentes en materia de derechos económicos, sociales, culturales y
ambientales en el marco de los mecanismos de la CIDH. A través de este compendio, se busca
promover el conocimiento y adopción de los estándares interamericanos en la materia, con el
objetivo de fortalecer las capacidades de actores a nivel interno de los Estados de las Américas,
así como del propio sistema interamericano. La CIDH y la REDESCA apelan a los esfuerzos de
los Estados y de la comunidad interamericana en su conjunto para lograr la máxima difusión
del documento. Asimismo, la CIDH y en particular la REDESCA se encuentran a disposición para
favorecer su promoción y capacitación sobre sus contenidos en los Estados miembros de la
OEA.