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Juan Calvino: Reforma y Calvinismo

Juan Calvino fue un teólogo y reformador protestante francés que creó la doctrina calvinista, una de las más influyentes del protestantismo. Abandonó el catolicismo para adoptar las enseñanzas de Lutero. Gobernó Ginebra de forma autoritaria e impuso un estricto código moral. Su obra Instituciones de la Religión Cristiana sistematizó la doctrina protestante y tuvo gran difusión. El calvinismo se extendió por Europa y países como Holanda, Escocia y los futuros Estados Unidos.
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Juan Calvino: Reforma y Calvinismo

Juan Calvino fue un teólogo y reformador protestante francés que creó la doctrina calvinista, una de las más influyentes del protestantismo. Abandonó el catolicismo para adoptar las enseñanzas de Lutero. Gobernó Ginebra de forma autoritaria e impuso un estricto código moral. Su obra Instituciones de la Religión Cristiana sistematizó la doctrina protestante y tuvo gran difusión. El calvinismo se extendió por Europa y países como Holanda, Escocia y los futuros Estados Unidos.
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Juan Calvino

(Jean Cauvin o Calvin; Noyon, Francia, 1509 - Ginebra, 1564) Teólogo y reformador protestante.
Educado en el catolicismo, cursó estudios de teología, humanidades y derecho. Con poco más de
veinte años se convirtió al protestantismo, al adoptar los puntos de vista de Lutero: negación de la
autoridad de la Iglesia de Roma, importancia primordial de la Biblia y doctrina de la salvación a
través de la fe y no de las obras.

Juan Calvino

Tales convicciones le obligaron a abandonar París en 1534 y buscar refugio en Basilea (Suiza). 1536
fue un año decisivo en su vida: por un lado, publicó un libro en el cual sistematizaba la doctrina
protestante -Las instituciones de la religión cristiana -, que alcanzaría enseguida una gran difusión; y
por otro, llegó a Ginebra, en donde la creciente comunidad protestante le pidió que se quedara para
ser su guía espiritual. Calvino se instaló en Ginebra, pero sus autoridades le expulsaron de la ciudad
en 1538 por el excesivo rigor moral que había tratado de imponer a sus habitantes.

En 1541 los ginebrinos volvieron a llamarle y, esta vez, Calvino no se limitó a predicar y a tratar de
influir en las costumbres, sino que asumió un verdadero poder político, que ejercería hasta su
muerte. Aunque mantuvo formalmente las instituciones representativas tradicionales, estableció un
control de hecho sobre la vida pública, basado en la asimilación de comunidad religiosa y comunidad
civil.

Un Consistorio de ancianos y de pastores -dotado de amplios poderes para castigar- vigilaba y


reprimía las conductas para adaptarlas estrictamente a la que suponían voluntad divina: fueron
prohibidos y perseguidos el adulterio, la fornicación, el juego, la bebida, el baile y las canciones
obscenas; hizo obligatoria la asistencia regular a los servicios religiosos; y fue intolerante con los que
consideraba herejes (como Miguel Servet, al que hizo quemar en la hoguera en 1553). El culto se
simplificó, reduciéndolo a la oración y la recitación de salmos, en templos extremadamente austeros
de donde habían sido eliminados los altares, santos, velas y órganos.
La lucha por imponer todas estas innovaciones se prolongó hasta 1555, con persecuciones
sangrientas, destierros y ejecuciones; después, Calvino reinó como un dictador incontestado.
Ginebra se convirtió así en uno de los más importantes focos protestantes de Europa, desde donde
irradiaba la Reforma. El propio Calvino se esforzó hasta el final de su vida por hacer proselitismo,
extendiendo su influencia religiosa, especialmente hacia Francia.
Muerto Ulrico Zuinglio en 1531, Calvino se había erigido en el principal dirigente del protestantismo
europeo, capaz de hacer frente a la Contrarreforma católica. El calvinismo superó pronto en
influencia al luteranismo (limitado al norte de Alemania y los países escandinavos): calvinista fue el
protestantismo dominante en Suiza y en Holanda, así como el de los hugonotes franceses, los
presbiterianos escoceses o los puritanos ingleses (que después emigraron a Norteamérica), y otras
comunidades importantes de tendencia calvinista surgieron en países como Hungría, Polonia y
Alemania.

Calvino se opuso siempre a la fusión de las iglesias reformadas inspiradas por él con las de
inspiración luterana, alegando irreductibles diferencias teológicas. Entre éstas destaca la doctrina de
la predestinación: según Calvino, Dios ha decidido de antemano quiénes se salvaran y quiénes no,
con independencia de su comportamiento en la vida; el hombre se salva si ha sido elegido para ese
destino por Dios; y las buenas obras no constituyen méritos relevantes a ese respecto, sino una
conducta también prevista por el Creador.

Quienes han sido destinados a la salvación han sido también destinados a llevar una vida recta;
curiosamente, esta doctrina produjo entre los creyentes calvinistas un efecto moralizante,
caracterizándose dichas comunidades por un extremado rigor moral y una dedicación sistemática al
trabajo, como Calvino prescribió. Otras peculiaridades de su doctrina, como la de admitir el préstamo
con interés (en contraste con los católicos y con los luteranos) han permitido que desde Max
Weber algunos historiadores vieran en la ética calvinista el «caldo de cultivo» más propicio para el
desarrollo de la moderna economía capitalista.
Calvino fue un teólogo y reformador religioso francés, creador de la doctrina de mayor aceptación e
influencia en el protestantismo, del que fue uno de sus líderes indiscutibles, en tanto que rector de la
vida religiosa y política de Ginebra, ciudad que bajo su batuta estuvo gobernada por una oligarquía
que regulaba el comportamiento público y privado de sus habitantes. Nació en la Francia de
Francisco I, monarca enfrascado en las guerras de Italia en virtud de sus aspiraciones sucesorias en
dicho territorio.

Acontecimientos importantes en la vida de Calvino

1509 Nace en Noyon, Francia.


1534 Se ve obligado a huir de Francia.
1536 Publica en latín su Christianae religionis institutio.
1560 La Institution de la religion chrétienne es escrita en francés.
1564 Muere en Ginebra.
Hombre combativo y creador que llevó a cabo una reforma anticatólica y antiluterana, predicador
notable, considerado uno de los primeros grandes escritores en lengua francesa, se reveló como un
elocuente panfletario que ilustraba a menudo su pensamiento con imágenes familiares y pintorescas,
aunque el escritor Bossuet lo calificara pura y simplemente de triste. Expuso sus principios
teológicos en la Institution de la religion chrétienne , de 1560, primera obra teológica escrita en
francés, en la que declara que la Biblia es la única fuente de fe y afirma la doctrina de la
predestinación y de la gracia, a la vez que proclama la vuelta a la simplicidad primitiva del culto.
Impulsor de una moral estricta y severa que glorifica el trabajo y autoriza el préstamo, se convierte,
según el sociólogo Max Weber, en uno de los primeros inspiradores del capitalismo.
Nació el 10 de julio de 1509, en Noyon, en Picardía. Su padre, Gérard Cauvin, era tonelero y se
había labrado una buena situación a la sombra del cabildo de Noyon, de cuyos canónigos era el
hombre de confianza. El hombre se casa con Jeanne Le Franc, hija de un rico hostelero de Cambrai
y, al decir de sus convecinos, una de las mujeres más hermosas de la comarca. La pareja tuvo seis
hijos, de los que sobrevivieron cinco. El segundo de ellos, Jean Cauvin, latinizaría con el tiempo sus
nombre, pasando a llamarse Calvinus o Calvino.

Destinado a la Iglesia católica

Desde muy niño fue destinado a la Iglesia, al igual que sus hermanos Charles y Antoine. Mientras
estudia en el colegio de «los Capettes» —así llamado por el abrigo con capuchón que llevaban sus
alumnos— recibe la tonsura el 10 de mayo de 1521, a los doce años, y con ella una de las cuatro
partes de la capilla de Gésine, con las rentas anejas, que servirán para financiar su educación. En
esta época una epidemia de peste que devasta Noyon lo deja huérfano de madre.
A los catórce años ha aprendido todo lo que en los Capettes podían enseñarle, y se traslada a París.
Se instala en casa de un hermano de su padre, su tío Jean, que es herrero, y acude cada día al
colegio de La Manche, donde aprende latín y francés, entre otras materias. Sin embargo, los
canónigos de Noyon no ven con buenos ojos el colegio, y las enseñanzas que allí recibe les inspiran
cierto recelo. A instancias de ellos, su padre lo cambia un año más tarde al colegio Montaigu, mucho
más severo y en el que se dedican más horas al rezo.
Allí reza y estudia, mientras en Noyon las relaciones del cabildo con Gérard Cauvin van agriándose
poco a poco, y cuando a fines de 1527 el joven concluye sus estudios, el padre, dolido por el trato
que recibe de la Iglesia, le aconseja que renuncie a la idea de ser cura y se dedique al estudio del
derecho. Así que a principios de 1528 ingresa en la Universidad
de Orleans para estudiar leyes. Allí se complacerá sobre todo en el silencio de su habitación, ya que
en esta época es un muchacho tímido y temeroso que le gusta el aislamiento y al que nada da tanto
miedo como tener que actuar. El 26 de mayo de 1531 muere el padre. La querella con sus antiguos
amos los canónigos se ha complicado de tal forma que, después de múltiples miserias, ha sido
excomulgado. No puede ser enterrado en tierra santa y la familia se encuentra con un cadáver en
casa con el que no saben qué hacer. Tras múltiples gestiones que resultan penosas y humillantes,
consiguen Charles —su hermano mayor— y Calvino enterrar el cuerpo de su desgraciado padre.
Calvinismo
Un año y medio después ya es protestante, y aunque de su conversión sólo dijo siempre que fue
repentina, sin mayores puntualizaciones, cabe pensar que el poso de amargura dejado por aquella
muerte debió de contribuir al proceso.
La noche del 17 al 18 de octubre de 1534 estalla en Francia lo que se ha venido en llamar el affaire
des placards. Los protestantes franceses pegan carteles atacando a la vez a católicos y a luteranos,
e incluso aparecen carteles en la misma puerta de la habitación del rey. Francisco I, que hasta este
momento ha tolerado a los protestantes, hace profesión pública de fe católica y ordena la
persecución de aquéllos y la hoguera para alguno. Calvino, recién convertido, debe abandonar
Francia.
Con el nombre de Martianus Lucanius se instala en la ciudad suiza de Basilea, que es un centro
protestante, y se dedica intensamente al estudio de la Biblia y de la teología. En 1536 publica en
latín su Christianae religionis institutio. La obra, que en su primera versión es un extenso catecismo
que resume su doctrina, será objeto de sucesivas revisiones hasta llegar a la edición definitiva de
1559, latina, y a la versión francesa el año 1560, que la convertirán en su obra capital y en la más
influyente de toda la Reforma, contribuyendo a extender su reputación como uno de los líderes más
importantes del protestantismo.

Calvino en Ginebra

Calvino permanece en Basilea mientras en la vecina Ginebra, ciudad-estado protestante, un consejo


electo de burgueses locales acaba de asumir el poder y, tras expulsar al obispo católico que les
gobernaba, está intentando consolidar su revolución religiosa. A fines de 1536, durante un viaje a
Estrasburgo, Calvino se detiene en Ginebra. A instancias del reformador francés Guillaume Farel,
ardiente predicador que revoluciona a los ginebrinos, decide permanecer en Ginebra y ayudar a
Farel a organizar la Iglesia evangélica. Sin embargo, los ginebrinos no están preparados para asumir
la rigidez de la doctrina propuesto por el francés y la aventura no acaba demasiado bien. Al cabo de
dos años, en 1538, después de oponerse a la autoridad del consejo, Calvino y Farel son expulsados.
Calvino se dirige finalmente a Estrasburgo. Durante tres años será el pastor de una iglesia de
refugiados franceses y enseñará teología.
En 1540, con treinta y dos años de edad, tiene el pelo blanco, las mejillas hundidas, anda encorvado
y su mala salud le proporciona la apariencia de un viejo. Es, sin embargo, el año de su matrimonio.
El 10 de agosto se casa con Idelette de Bure, viuda y madre de dos hijos, que desde el primer día se
convertirá en la dócil y eterna enfermera del clérigo.
Entretanto el caos se ha apoderado de Ginebra. Los sucesores de Calvino no han dado la talla y los
católicos ejercen fuertes presiones para que la ciudad vuelva al redil. El consejo le pide que regrese,
le prometen amplia libertad para construir el tipo de régimen que desea y en 1541 hace una entrada
triunfal. El primer paso de Calvino es imponer las Ordonnances ecclésiastiques, que elaboradas
según un esquema muy rígido vinculan el poder civil al religioso, convirtiendo a Ginebra en una
ciudad estrictamente controlada y religiosa que será llamada la Roma protestante. Idelette muere en
1549, tras dar a luz al hijo de ambos, que nació muerto.
Calvino se entrega en cuerpo y alma a educar religiosamente a los habitantes de Ginebra, y cuando
resulta necesario recurre a la fuerza para hacer frente a sus opositores. Condenados al exilio o a
veces a muerte, pocos son los que se atreven a manifestar sus discrepancias.
A esta Ginebra medio santa, regida por una moral terrible y terrorífica que más tarde será llamada
puritana, llega un día Miguel Servet, que con la refutación que había hecho de la obra de Calvino, se
había convertido en uno de sus peores enemigos. Habíanse conocido personalmente en París, y
Calvino ya había denunciado a Servet ante la Inquisición de Lyon, que lo encarceló. Ahora no sólo
será encarcelado de nuevo y sometido a un proceso arbitrario, sino que, condenado como hereje por
el Consejo de Ginebra, el 27 de octubre de 1553 será quemado vivo.
A partir de 1555, señor y dueño de Ginebra, concentra su esfuerzo en la propagación de su doctrina
por el mundo, sobre todo por Francia, provocando lo que en un principio se llamará conflicto
religioso, y que acabará en guerra civil en 1562, al emplear el gobierno la fuerza contra la religión
reformada.
Poseedor de una memoria prodigiosa y de una mente rápida que ayudaron a convertirlo en un líder
carismático, fue durante toda su vida enérgico e intolerante, capaz de desplegar una actividad fuera
de serie, aunque a partir de 1660 su salud, que siempre había sido delicada, empeoró, obligándolo a
delegar parte de sus atribuciones en su discípulo Théodore Béze, que será su sucesor. De todas
formas, ni su voluntad infatigable ni su ardor reformador flaquearon. Sólo se apagaron del todo el 27
de mayo de 1664, el día de su muerte, que tuvo lugar hacia las ocho de la noche, a los cincuenta y
cinco años, seguro y convencido de que había sido escogido por Dios para reformar su Iglesia.
Juan Calvino: biografía, filosofía y
aportes
¿Por qué es importante estudiar la biografía de Juan Calvino?

Creo que es importante cuando se estudia la vida y obra de una persona, especialmente
cuando tuvo tantos impactos en la iglesia, considerar la importancia que tiene para
nosotros.

A mi consideración, Juan Calvino es uno de los reformadores más importantes de la


época de la reforma. Y no sólo por su aporte a la reforma, sino por el lugar primordial
que tiene dentro de la teología reformada.

La Iglesia Reformada le debe la teología de sus confesiones, su forma de hacer exégesis


y su filosofía y cosmovisión a Juan Calvino. La forma de interpretación bíblica,
mediante el estudio de los idiomas originales, el contexto histórico y literario; sin
interpretaciones alegóricas y espiritualizantes, fue altamente promovida por Calvino.

Wycliffe y Huss presentaron y promovieron fuertemente la necesidad de que la iglesia


fuera reformada; Martin Lutero fue el precursor de la reforma, él fue la dinamita que
hizo que el movimiento explotara; pero quien construyó las bases, el fundamento, las
columnas y la estructura de la teología reformada fue Juan Calvino. Por eso, él es
llamado el teólogo y exégeta de la reforma.
Por eso, habiendo captado su interés, espero que estas ponencias sobre la vida y obra de
Juan Calvino sean tan edificantes para ustedes, como lo fue para mí. Veremos en tres
ponencias, la vida de Juan Calvino, su ministerio en Ginebra, y su obra.

Tabla de contenidos  mostrar 

Biografía de Juan Calvino: El teólogo


de la Reforma Protestante
Comencemos con su niñez. De la vida de Juan Calvino, especialmente de su infancia, se
tiene muy poca información, así que nos limitaremos a ver lo que considero necesario
de los primeros años de su vida.

Nacimiento e infancia de Juan Calvino


Juan Calvino nace en la ciudad de Noyon en Francia, el 10 de Julio de 1509. Sus padres
fueron Gerardo Calvino y Jean lefranc. Desde temprana edad, el pequeño Calvino fue
instruido en una gran espiritualidad y consagración. Su madre era una mujer devota
conocida en Noyon, y su padre, Gerardo Calvino, era notario y consejero legal de la
nobleza y del alto clero de la iglesia, lo cual hizo que la vida de Calvino girara siempre
en torno a lo religioso. Las conversaciones y el trabajo de su padre con los sacerdotes y
el clero plasmaron en el pequeño Juan Calvino una visión religiosa sobre el mundo a su
alrededor.

El padre de Juan Calvino tenía relaciones muy íntimas con personas de alta clase, entre
los cuales estuvo el obispo Charles de Hangest, del cual era secretario personal. Los
sobrinos del obispo eran amigos y compañeros de juego de Calvino, y se volvieron tan
amigos, que Juan Calvino fue aceptado en esa casa como parte de la familia.

La posición de su padre, y su relación con el alto clero, especialmente Charles, le


permitieron ofrecerle una buena educación al pequeño Juan. De este modo, Juan
Calvino pudo estudiar con sus amigos en el colegio de Capetos en Noyon. En este punto
es importante notar que desde su infancia Calvino reflejaba un gran intelecto y
capacidad de análisis.

Después de completar sus estudios allí, la familia Hangest decidió enviarlos a Paris, uno
de los lugares más ricos cultural y académicamente, donde Juan Calvino a los 14 años,
se vio inmiscuido con los eruditos más famosos de los colegios y universidades.

Mientras que Calvino estaba apenas en su adolescencia, creciendo y desarrollándose a


sus 14 años, había pasado ya 6 años desde que Martín Lutero había clavado las 95 tesis
en la iglesia de Wittenberg. Cuando Juan Calvino apenas estaba conociendo el mundo a
su alrededor, la Reforma ya se había puesto en marcha, por eso, se le considera a Juan
Calvino como un reformador de la segunda generación.

Y a esa edad tuvo su primera relación con la reformad, ya que en el momento en que
Juan Calvino entra a París, en la plaza de Grève se estaban quemando al primer mártir
de la reforma, un “hereje luterano” que se había vuelto a la reforma. Cuando Juan
Calvino apenas comenzaba sus estudios, las aguas de la reforma ya estaban turbias.

Estando allí, fue ingresado al prestigioso colegio de Marcha, donde después de tres
años, Calvino logró su bachillerato en artes, y allí empezó a demostrar su capacidad
para los idiomas, cuando estuvo puesto destacado en latín y otros idiomas

La educación de Juan Calvino


Desde muy temprana edad Calvino tuvo una capacidad intelectual muy grande y
demostró mucha disciplina y amor hacia los estudios. Era una persona muy estudiosa y
muy ágil con su mente; sus familiares, amigos y profesores siempre reconocieron el
gran talento intelectual de Calvino. Y como veremos en breve, Calvino era un hombre
sumamente capacitado.

En primer lugar, Juan Calvino era un hombre de letras. A través del humanismo, una
corriente filosófica que buscaba la reforma del mundo a través de los idiomas clásicos
como el griego y el latín, y los escritos de los filósofos griegos y los padres de la iglesia,
Juan Calvino aprendió griego y latín, junto con esos escritos. Esto explica su gran
conocimiento sobre la filosofía griega y sobre los padres de la iglesia, que
posteriormente le ayudaron a refutar las herejías de la iglesia de Roma, quienes
recurrían a los padres de la iglesia para apoyar sus herejías sin base alguna.

Desde que estuvo en el colegio de Marcha, su destacado don en las letras llamó la
atención de su profesor, que era un humanista. Este ayudó a Juan Calvino a profundizar
e interesarse más en los idiomas y la exégesis.

Es importante ver que Juan Calvino se dedicó gran parte de su vida a prepararse en esta
materia. De hecho, mientras estudiaba las otras profesiones, el reformador asistía
fielmente a cualquier conferencia, clase o enseñanza sobre exégesis y los idiomas
clásicos impartidos por los eruditos de la época.  Desde el bachillerato, Juan Calvino
mostró un gran amor y pasión por los idiomas.

Y esta capacitación fue lo que le dio a Juan Calvino su gran título: “El exégeta de la
Reforma”. Dios no desechó su preparación cuando creyó en él, sino que la usó para
exponer con mayor claridad y franqueza, más que otro reformador, las doctrinas
bíblicas del cristianismo. Y proveyó una de las herramientas más importantes para le
interpretación de la Escritura hasta el día de hoy: la exégesis bíblica mediante sus
idiomas originales. Lutero fue el precursor de la reforma, pero Juan Calvino fue el
exégeta que enseñó a otros a interpretar la Biblia, mediante el estudio del griego y el
hebreo.

Juan Calvino era un erudito, a pesar de su juventud. A una corta edad de veintitantos, la
audacia y conocimiento de Calvino eran tales que ya era capaz de hacer artículos sobre
el humanismo en contra de los filósofos más prominentes de su época. Y tenían tanta
profundidad, que incluso filósofos tan importantes como Erasmo, llegaron a tener uno
de estos escritos en sus manos. Tristemente, los filósofos vieron como un insulto que un
muchacho quisiera cuestionar su sabiduría. Sin embargo, no pudieron negar la fuerza
intelectual y profundidad filosófica de ese pequeño erudito.

Ahora bien, estos estudios pertenecen a las horas libres de Juan Calvino; propiamente
dicho, Juan se dedicó a estudiar para ser sacerdote, y posteriormente estudió leyes.
Debido al puesto que tenía su padre como consejero del clero, sabía que ser sacerdote
traería muchos beneficios políticos y económicos para su hijo y la familia. Así que
consagró a Juan desde muy temprana edad al sacerdocio.

Inmediatamente después de terminar el bachillerato, Juan Calvino estudió en el colegio


de Montaigu, uno de los colegios más prestigioso del lugar o de la época, pues de allí
fue egresado el erudito Erasmo de Rotterdam. En algunos escritos, Calvino
demuestra que era una persona sumamente celosa de la doctrina romanista. Él estudió
para ser sacerdote no solamente porque su padre lo haya puesto allí, sino que tenía gran
pasión por la teología. De hecho, es interesante ver que él mismo afirmó que estaba
muy envuelto y era muy celoso con las doctrinas y ceremonias romanistas. Esta
capacitación para pertenecer al clero fue lo que hizo que Juan Calvino tuviera tanta
agudeza y profundidad para refutar las herejías de la iglesia romana. Él sabía bien lo
que iglesia romana creía, y eso hizo que sus refutaciones fueran tan contundentes.

Sin embargo, a diferencia de sus antecesores Wycliffe o John Huss, Calvino no pudo
terminar sus estudios ni ejercer el sacerdocio. El padre de Calvino tuvo unos altercados
con los sacerdotes de Noyon, y rompió sus relaciones y servicios con la iglesia. Por eso
decidió que su hijo ya no estudiaría teología, sino leyes, que también ofrecían una vida
de prestigio y riquezas. Entonces Calvino hizo un viaje a Orleans, una ciudad de
Francia, para estudiar en la universidad de Orleans. Esta universidad era la escuela más
famosa de jurisprudencia de la época. Y en esa universidad Juan Calvino se graduó
como doctor en leyes.

Los impactos del aporte de Juan Calvino no solamente repercutieron en la iglesia, sino
también en la sociedad y en el estado. Y creo que su erudición en leyes, teología y
filosofía griega tuvieron algo que ver. El impacto de su obra estuvo relacionado con su
capacitación. Dios usó la preparación académica de Juan Calvino para formar los
fundamentos, pilares y teología de la reforma protestante. Lo cual demuestra que Dios
no rechaza las capacidades o preparación que nosotros tenemos, sino que las usa para el
bien y avance de su reino.
La conversión de Juan Calvino
Ahora, pasamos a su conversión y arrepentimiento verdaderos. Debo decir que esta es
un área donde hay muchos vacíos, porque realmente no se tiene conocimiento sobre
cómo sucedió su conversión. Lo que sabemos es lo siguiente: Primero, La devoción de
su madre, el puesto de su padre, y sus estudios en teología, tuvieron parte de influencia
en la conversión a Dios, porque creció en un ámbito religioso.

Y recién graduado como doctor en leyes, Juan Calvino viajó a París, y se quedó en casa
de Etienne de la Forge, un piadoso hombre de convicciones luteranas. Sus fines
realmente no eran religiosos ni laborales, no iba allí para ser pastor ni para ejercer su
nueva profesión. Más bien, lo hacía seguir profundizando en las letras y en la filosofía.
Lo que sabemos es que pocos meses después, este hombre estaba defendiendo con
mucho fervor la causa protestante. Lo que muchos especulan es que en un tiempo
indefinido entre su llegada a París y su defensa de la causa protestante, el Señor
Jesucristo llamó a Juan Calvino para ser parte de los santos escogidos para salvación. Y
en el comentario de Calvino al libro de los Salmos, relata de forma general lo que
ocurrió en su conversión:

Mi condición, sin duda alguna, es harto inferior a la suya [de David], y no es


necesario que me detenga mucho en ello. Pero, de la misma forma en que él fue
tomado de entre el rebaño y exaltado al rango de suprema autoridad, así Dios,
habiéndome sacado de mi condición, originalmente oscura y humilde, me tuvo
por digno de ser investido con el honorable oficio de predicador y ministro del
evangelio. Cuando yo era todavía prácticamente un niño, mi padre ya me había
destinado al estudio de la teología. Pero más tarde, cuando él consideró que la
profesión legal comúnmente ha elevado a la riqueza a aquellos que la practican,
esta posibilidad le indujo de pronto a cambiar su propósito. Así pues, sucedió
que yo fui retirado del estudio de la filosofía y dedicado al estudio del derecho.
En este empeño me esforcé, pues, fielmente, dedicándome a obedecer la voluntad
de mi padre; pero Dios, por medio de la secreta guía de su providencia, a la
larga le dio una dirección diferente al curso de mi vida. Y primeramente, puesto
que yo estaba tan obstinadamente dedicado a las supersticiones papistas como
para poder ser rescatado fácilmente de tan profundo abismo de inmundicia,
Dios, mediante una súbita conversión, subyugó mi mente y la condujo a un punto
en que fue susceptible de ser enseñada, ya que estaba más endurecida en tales
prácticas de lo que era de esperarse de una persona de mi temprana edad.
Habiendo así recibido un cierto gusto y conocimiento de la verdadera piedad, fui
de inmediato inflamado con tan intenso deseo de progresar en ella que, aunque
no abandoné totalmente mis otros estudios, no obstante los proseguí con mucho
menos ardor.
Me vi sorprendido mucho por el hecho de que todavía no había transcurrido un
año, cuando me encontré asediado por todos los que anhelaban la pura
doctrina, quienes venían de continuo a mí con el fin de aprender, aunque yo
mismo era apenas un novicio y principiante. Siendo yo de condición un tanto
retraída y tímida, lo cual me inducía siempre a desear más la anonimidad y la
soledad, comencé entonces a buscar un rincón oscuro a donde pudiera yo
retirarme de la vista pública; pero, lejos de lograr el objetivo de mi deseo, todos
mis retiros resultaban ser como escuelas públicas. En pocas palabras, mientras
que mi gran objetivo era vivir recluido sin que se me reconociera públicamente,
Dios me condujo de tal forma a través de muchos giros y cambios, que nunca me
permitió hallar el descanso en ningún lugar, hasta que, a pesar de mi natural
predisposición, Él me sacó a la luz pública.
Ahora bien, es necesario entender que la regeneración de Calvino estuvo íntimamente
ligada con la causa de la reforma. A su alrededor, se vivía un ambiente tenso en todo
Europa. Para 1533 habían pasado ya 16 años desde que Martín Lutero había clavado las
95 tesis. Y la causa protestante cada vez avanzaba con más fuerza, y con más fuerza las
autoridades, los reyes y la iglesia de roma procuraban parar este movimiento.

Las ideas de Lutero habían tenido gran impacto en Francia. Y Etienne de la Forge era
un hombre con las convicciones de la justificación por fe y de la Sola Escritura. Lo que
muchos especulan es que viviendo en su casa, Calvino fue llevado por el Espíritu de
Dios a creer en la Justificación por fe, y a profundizar él mismo en la Palabra de Dios. E
inevitablemente, su conversión al Señor estuvo ligada con su conversión a la Reforma
Protestante. Fíjense que él mismo en el comentario citado anteriormente dice que antes
estaba “obstinadamente dedicado a las supersticiones papistas”, pero “Dios subyugó su
mente a un punto en que fue susceptible de ser enseñada, ya que estaba más endurecida
en tales prácticas de lo que era de esperarse de una persona de su temprana edad”. Y así
“recibió cierto gusto y conocimiento de la verdadera piedad”. La conversión de Calvino
a la Reforma, no fue un mero cambió de denominación religiosa, sino una conversión
desde lo más profundo del corazón por el Espíritu de Dios.

Pero adherirse a la Reforma Protestante necesariamente conllevaba la persecución. En


el mismo año en que Calvino había creído en el Señor, ya venían personas a él
pidiéndole que le enseñaran la verdadera fe. Ese mismo año, un amigo cercano de Juan
Calvino, Nicolás Cop, presentó un discurso oficial de apertura en la universidad de
París. Este discurso tenía matices de ideas luteranas, y a los pocos días los profesores de
Sorbona (la Facultad de Teología), lo acusaron de herejía; lo que podía llevarlo a la
muerte. Y durante ese breve tiempo varios sacerdotes fueron arrestados por tener estas
ideas.  Nicolás Cop huyó a Suiza, a la ciudad de Basilea. Calvino era muy amigo de
Cop, y por eso, pudo leer el discurso antes de presentarlo. Entonces, fue considerado
como implicado en la rebelión y fueron en su búsqueda a su habitación. Pero él ya no
estaba allí. Pues ya había sido avisado, y había huido.
Para ese momento, el rey de Francia fue instigado para erradicar la causa protestante del
país. Así que comenzó una gran persecución en toda Francia hacia los protestantes. Y
no le quedó más remedio a Juan, al igual que ninguno que apoyara la reforma, que irse
del país hacia Suiza, Basilea.

La persecución aumentó cada vez más. Y para 1535, su gran y apreciado amigo,
Etienne de la Forge, fue quemado en la hoguera por sus firmes convicciones luteranas.
Y así muchos otros fieles fueron quemados a causa de su fe. El rey de Francia estaba
llevando una ejecución sangrienta de los santos del Señor. Y esto hizo que Calvino se
enardeciera, y escribiera una apología al rey de Francia para que detuviera esta
persecución a la iglesia, exponer a los instigadores de ser emisarios de Satanás para
dañar a los fieles de Dios, y demostrar que los protestantes que habían sido martirizados
no eran anabaptistas, como falsamente eran acusados; esa fue nada más y nada menos
que la Institución de la Religión Cristiana.

El matrimonio de Juan Calvino


Juan Calvino estuvo casado con Idelette de Bure, una viuda que conoció mientras
ejercía su ministerio en Estrasburgo, Alemania. Esta mujer encantó sus ojos, a pesar de
los intentos de sus amigos, Guillermo de Farel, y Martín Bucero, de que no se casara
para que se dedicara mejor al ministerio, esta mujer atrapó su corazón. Además de que
logró cumplir sus estándares tan altos para una mujer. Fíjense lo que él mismo dice:

Ten siempre presente lo que busco hallar en ella; porque no soy yo uno de esos
enamorados locos que abrazan incluso los vicios de sus amadas cuando pierden
el juicio por la hermosa figura de una mujer. La única belleza que me satisface
es esta: que ella sea casta, atenta, ni demasiado bonita ni fastidiosa, económica,
paciente y cuidadosa de mi salud.
Y aunque sus demandas eran muy grandes, ella cumplió con ellas. Teodoro de Beza la
llamó: “una dama sobria y honorable”. Sin embargo, su matrimonio no duró mucho,
porque casi nueve años después murió, lo que quebrantó fuertemente su corazón. Juan
Calvino tampoco dejó descendencia, porque los tres hijos que tuvo murieron, por parto
prematuro, u otras enfermedades. Todas estas muertes entristecieron mucho el corazón
del reformador.

La muerte de Juan Calvino


Calvino era una persona de muy bajos recursos, y con muchas enfermedades,
especialmente estomacales. De allí que fuera tan delgado. Sufría de gota, artritis, fuertes
jaquecas, hemorroides, problemas pulmonares, fiebres constantes y a veces escupía
sangre.  Además, Calvino a veces olvidaba comer, o por su pobreza no tenía comida, y
se desvelaba estudiando y preparando lo que hacía para el servicio de la iglesia.
Juan Calvino Dormía solamente cinco horas diarias, y todo lo demás lo dedicaba a
estudiar, orar, o predicar y enseñar en la iglesia. Pero su voluntad era de hierro. Pero
todo esto hizo que muriera a una corta edad. El 27 de mayo de 1564, Juan Calvino
murió en Suiza, Ginebra, a la edad de 55 años.

El ministerio de Juan Calvino en


Ginebra
Juan Calvino no solamente fue un teólogo, un gran erudito o un exégeta, también fue un
gran pastor y un gran predicador, un hombre de Dios que derramó sangre, sudor y
lágrimas para edificar a la iglesia de Jesucristo y llevar adelante la obra de Dios.

Pero en este articulo sólo mi limitaré a hablar del ministerio de Ginebra, ya que el área
de su ministerio es sumamente amplió. Sólo mencionaré que Juan Calvino también fue
pastor en Estrasburgo, pero por lo limitaciones de espacio lo veremos en otra ocasión.

Contexto de Ginebra en la época de Juan


Calvino
Para entender un poco mejor la reforma en Ginebra por Juan Calvino hay que tener un
marco general de qué era la ciudad de Ginebra hasta el momento en que Calvino llegó.
La ciudad de Ginebra tenía cierta libertad política y religiosa para ese momento. En
años anteriores, Ginebra estaba liderada por los Duques de Savoya, y los obispos que
servían en la iglesia. Pero a través de guerras sangrientas, por fin la ciudad del dominio
de los Duques de Savoya, y posteriormente, también el obispo de la ciudad tuvo que
huir.

Al estar libres, Ginebra instituyó un sistema de gobierno por concejos menores y


mayores. El concejo pequeño estaba constituido por 25 personas, y ellos se encargaban
de los asuntos rutinarios y normales. Luego estaban el consejo de los 70 que era un
apoyo para el primero. Y en 1527 se instituyó el concejo general, constituido por 200
personas, que se encargaban de los asuntos que podían afectar al pueblo. Es importante
entender esta forma de gobierno, porque estos concejos en ocasiones fueron un estorbo
y en otros una ayuda para las reformas de Calvino. Mientras hubo más personas a favor
de Juan Calvino en los concejos menores, más se aceptaban la propuesta de Calvino;
mientras que, al ser menos, su ministerio recibió más oposición.

El llamamiento al ministerio de Juan Calvino


Ahora bien, después de haber huido, el obispo de la ciudad siguió insistiendo en querer
gobernar Ginebra, y entonces, llevó a sus ejércitos a confrontarse con la armada
ginebrina. Después de fuertes confrontaciones, se decidió que todo se resolviese en un
debate público. Y Guillermo de Farel junto a otros aplastaron en el debate a sus
contrincantes.  A partir de allí, Farel predicó el primer sermón protestante en la iglesia
de San Pedro, en 1535. Ese mismo mes se hizo un edicto donde de rechazaba la religión
de roma como la religión oficial de Ginebra, se prohibió la celebración de la misa, y se
destruyeron los ídolos y los altares paganos. Para 1536 ya el concejo menor y el concejo
de los 70 había adoptado la fe reformada, pero aún faltaba el concejo general. Luego
que el concejo general también la adoptó, toda la ciudad de Ginebra juró vivir conforme
a la Palabra de Dios, y apartarse de la idolatría. Así comenzó la reforma en Ginebra.

Guillermo de Farel sabía que abandonar la religión de Roma, dejar de celebrar la misa y
destruir los ídolos era un paso importante, pero en eso no sólo consistía la reforma. La
reforma no sólo tenía que ver con separarse de Roma, sino conformarse en modelo,
estructura y vida a la Palabra de Dios. Y aunque se había hecho lo primero, se
necesitaba un arduo trabajo para lo segundo.

Y Providencialmente, en 1536, el mismo año en que esto estaba sucediendo en Ginebra,


Juan Calvino se dirigía de París a Estrasburgo, para dedicarse con tranquilidad a sus
estudios. Pero en ese momento había una situación política entre el rey de Francia
Francisco I y el emperador Carlos V de España; ambos estaban en guerra, y sacaron a
sus ejércitos al campo de batalla. Entonces, todos los caminos estaban cerrados para
llegar a Estrasburgo, porque los militares se habían apoderado de los caminos e
impedían el paso; y aunque no estaba en los planes de Calvino, pero sí en los de Dios, el
reformador tuvo que quedarse por una noche en Ginebra, precisamente una ciudad que
lo necesitaba. Guillermo de Farel ya había conocido a Juan Calvino en Basilea, y
cuando se enteró de que estaba allí en Ginebra, vio eso como una respuesta de Dios la
necesidad que tenían, y fue a buscarlo para rogarle que se quedara sirviendo con él en
ese lugar.

Sin embargo, lo que menos pensaba, es más, lo que menos quería Juan Calvino era
dedicarse al ministerio o algo parecido; sólo buscaba tranquilidad para dedicarse a
estudiar, meditar y escribir. Al leer la Institución y otros de sus escritos, uno puede
pensar que Juan Calvino era un apasionado, tajante, y fervoroso en su carácter. Pero lo
cierto es que Juan Calvino era un hombre tímido y retraído, que le gustaba mucho más
la soledad, y estar apartado de los demás; era un hombre reservado. Por eso se negó
rotundamente al ruego de Farel.

Pero enardecido, Guillermo le reprochó que si no se quedaba a ayudarlo en Ginebra,


que Dios lo maldijera por rechazar su llamado. Con una maldición ninguno hubiese
aceptado el llamado. Y es cierto que los caminos de Dios son misteriosos, pero al
parecer, Juan Calvino venía la voluntad de Dios es las maldiciones que se dirigían a su
persona.  Y desde ese momento de su vida, Juan Calvino estuvo dedicado al ministerio.
La Reforma en Ginebra
Juan Calvino era el más idóneo en su época para la reforma en Ginebra. Él era un
hombre que pensaba que la Palabra de Dios debía impregnar cada área y lugar del ser,
aún los más recónditos y escondidos del hombre. La iglesia, la sociedad, el gobierno
civil, y la vida de cada particular debían conformarse celosamente a la Palabra de Dios.
Tenía lo que la ciudad necesitaba. Y ese fue el trabajo que Juan Calvino llevó a cabo en
Ginebra.

En 1536 Juan Calvino empezó su ministerio en la iglesia de San Pedro. Pero muy
pronto llegó a estar bastante enfadado y triste porque los ciudadanos habían olvidado el
voto solemne que habían hecho delante de Dios. Un historiador dice con respecto a
esto:

Una vez más, las tabernas estaban repletas de parroquianos; por las calles se
podía ver a los borrachines tambaleándose al caminar; por doquier se oía
ruidoso vocerío de los antros de vicio donde los apostadores jugaban a los
dados y a las cartas; los hombres se jactaban de sus adulterios y presumían de
sus amantes o de sus encuentros con prostitutas; la vestimenta de tanto hombres
como de mujeres a Calvino le parecía inmoral y ofensiva; en las plazas se
alzaban tablados donde el baile público se extendía por las largas temporadas;
la mendicidad y la miseria volvieron a ser parte del espectáculo ginebrino tal
como acontecía en plena era medieval. ¡Y quienes practicaban este estilo de vida
eran los mismos habitantes de la ciudad que había levantado sus manos para
declararse en favor del protestantismo!
Ginebra se había apartado de roma, pero no había adoptado completamente el
protestantismo, que penetraba lo íntimo del ser, como le sucedió al reformador.
Entonces, Calvino ideó un plan para poder reformar esto. Primero propuso que él junto
con sus compañeros predicadores, Guillermo de Farel y Ellie Corault, se dedicaran a
predicar los domingos cada uno en las iglesias principales: Juan Calvino quedó a cargo
de la iglesia de San Pedro, Farel de San Gervasio, y Corault de la iglesia de la Riva.
Cabe destacar que empezaron a predicar diariamente. Y los tres predicadores se rotarían
las iglesias por día, para que todos pudieran atender a las iglesias.

Pero la predicación pública no era suficiente, también se debía prestar atención a que
cada persona en su vida privada se condujera de forma santa delante del Señor. Así que
encargó a hombres fieles en toda la ciudad, que estuvieran a cargo de cierta cantidad de
personas a su alrededor, para que los supervisaran, exhortaran y consolaran. Y como
unos cuantos pastores no podían estar al tanto de toda una ciudad, estas personas
suplían el trabajo que era imposible de realizar para los pastores, y sólo iban a ellos, en
caso de ser necesaria una disciplina mayor.
Juan Calvino también propuso que la base para pertenecer a la iglesia fuera una
profesión de fe verdadera. Hay que recordar que para ese momento, incluso creo que se
mantiene hasta hoy día, la iglesia de Roma consideraba el bautismo de niño como
suficiente para pertenecer a la iglesia. De modo que todas las personas en Ginebra, sin
importar si fueran creyentes o no, eran parte de la iglesia por el simple hecho de haber
sido bautizados de niños.

Para Juan Calvino esto no estaba bien, porque parte de la causa de que el pueblo
estuviera tan corrompido, es que no había un compromiso fiel, firme y consciente de la
persona que profesaba, y no había una confesión de fe y práctica, que moldeara la vida
de los miembros. Según algunos historiadores, de allí es que surge la Confesión de
Ginebra, y es atribuida a Juan Calvino, por lo menos en parte. Juan Calvino propuso
esto para que los ciudadanos tuvieran una regla de fe y práctica con la cual su vida
pudiera ser medida.

El canto de los Salmos en Ginebra


Juan Calvino también reintrodujo el canto de los salmos en la iglesia, para que el pueblo
aprendiera a cantar la Palabra de Dios. Además, enfatizó la enseñanza personal en los
niños, y por eso, Juan Calvino redactó el catecismo de Ginebra, con la cual los
ministros hacían preguntas sencillas respecto a la fe, y los niños debían aprenderla de
memoria, y ponerla en práctica. Calvino también enfatizó la enseñanza en los hogares, y
en los matrimonios.

La practica de la excomunión: el punto más


difícil de la reforma Ginebrina
Pero quizás la cosa más fuerte que Juan Calvino propuso, que tuvo mayor resistencia,
que causó los mayores impactos positivos en la reforma en Ginebra, pero que, al mismo
tiempo, fue la causante de su exilio, fue la propuesta de la excomunión para quienes no
vivieran conforme a la Palabra de Dios. Verán, en ese momento la excomunión no
pertenecía a los gobernantes de la iglesia, sino a las autoridades civiles. Y los
gobernantes de Ginebra habían sido demasiado perezosos e indiferentes con este punto.
De manera, que tú podías ser un asesino o un adultero, o un ladrón, y aun así, ser parte
de la iglesia y disfrutar del sacramento.

Juan Calvino primero propone que esa autoridad no les pertenece a los gobernantes
civiles, sino a los ministros de la iglesia. También que parte de la desgracia de la nación
y la corrupción de la iglesia, es que personas que no profesaban la fe y vivían en
disolución estaban profanando el santo sacramento de Dios, y trayendo así mucha
desgracia a los ciudadanos. Así que, quienes vivían de esta manera no podían participar
de la mesa del Señor, y que si al disciplinarlos así, no se emendaban, debían ser
expulsados de la iglesia. Con esto Calvino intentó rescatar la autoridad de la iglesia,
guardar el santo sacramento de la Cena del Señor, y guardar pura y sin mancha a la
iglesia de Jesucristo.

Las primeras propuestas fueron aceptadas, aunque de mala gana y muy a la ligera. Pero
la propuesta de la excomunión fue vista como muy radical, y como un atentado contra
la autoridad de los gobernantes de Ginebra; de modo que comenzó a recibir más y más
oposición, hasta que por fin fue rechazada. Y entonces, las personas del consejo menor
que apoyaban a Juan Calvino, y que ayudaron a que varias de las medidas anteriores
fueran implementadas, fueron expulsados ilegítimamente, y en su lugar, fueron puestas
personas que rechazaran a Juan Calvino. Y entonces, este concejo impuso sobre ellos
ceremonias de la iglesia de Berna, que aunque protestantes, estaban en contra de la
Escritura. Los ministros vieron esto como una intromisión en la autoridad de la iglesia,
y se negaron a someterse a tales prácticas.

La expulsión de Juan Calvino de Ginebra


A causa de eso, el sábado anterior al domingo de Resurrección, el predicador Corault
fue arrestado y echado en una prisión por predicar en contra de las medidas tomadas por
el concejo. Casi toda la ciudad se enardeció contra Juan Calvino y Farel, pero estos
predicadores pasaron en medio de ellos resistiendo escupidas, burlas, y amenazas de
muerte, para rescatar a su amigo. El concejo ofreció un arreglo, pero ellos se negaron
rotundamente, y salieron frente a la multitud enardecida.

Esa noche fue terrible para estos dos pastores, porque los ciudadanos cantaban
canciones burlescas y sacrílegas en contra de ellos, golpeaban la puerta de sus casas y
los insultaban y amenazaban con ahogarlos en el río; llegaron, incluso, a disparar cerca
de la ventana de la habitación donde vivía Juan Calvino. Luego, llegó un oficial
diciéndoles que o apegaban a las ceremonias, o no predicarían el domingo siguiente.

¿Saben qué fue lo que ambos hicieron?

El domingo siguiente estaban encima del púlpito, predicando en contra de las


decisiones del concejo y ni administraron la Cena. Por eso, el concejo de los doscientos
se reunió y tomaron la siguiente decisión: los tres predicadores tendrían tres días para
abandonar Ginebra.  En 1538, después de dos años, Juan Calvino fue expulsado de
Ginebra.

Después de esto Juan Calvino hizo algunos viajes, y terminó en Estrasburgo, Alemania,
siendo pastor. Como dije anteriormente, este es un área en el que no me extenderé
mucho. Sólo mencionaré que fue llamado por Martin Bucero, y que el trabajo de Juan
Calvino allí fue muy apreciado, porque la reforma ya había avanzado mucho en esa
ciudad.
Juan Calvino en Estrasburgo
Bien, Juan Calvino duró 5 años en Estrasburgo, pensando, quizás, en establecer su vida
y su ministerio allí. Pero durante ese tiempo, recibió mensajeros de Ginebra dónde se le
pedía que volviera para que necesitara su ayuda. Después de lo que había sucedido, era
suficiente para que nadie quisiese volver. De hecho, ni Corault y Farel volvieron nunca
más a Ginebra. Pero después de mucha insistencia; aunque estaba lleno de mucha
angustia y zozobra de volver a Ginebra, Juan Calvino aceptó que Dios lo estaba
llamando a servir allí. Y en 1541 Juan Calvino volvió a Ginebra por llamado de Dios.

Ahora bien, el hecho de que en Ginebra lo hubiesen llamado nuevamente, no significa


que ahora todo iba a ser más fácil. De hecho, para que Ginebra llegase a ser lo que fue,
Juan Calvino tuvo que trabajar allí fuertemente durante 14 años, recibiendo demasiada
oposición de varias partes. En primer lugar, estaba gran parte del pueblo que le
encantaba vivir en inmoralidad, desorden, y pecado; y estas mismas personas se
dedicaban a acusarlo, insultarlo, calumniarlo y hasta amenazarlo. Pero Juan Calvino
seguía adelante. Propuso a los diferentes concejos, el documento titulado: “Ordenanzas
eclesiásticas de la iglesia de Ginebra”, que elaboró junto a compañeros ministros y
algunos representantes del concejo.

Lo que Juan Calvino propuso aquí fue la estructura misionera para la enseñanza del
Nuevo Testamento. Y entre las cosas que tenía era la forma en que se iba a implementar
la disciplina sobre los ciudadanos por parte de las autoridades civiles.  Recuerden que
para Juan Calvino, aunque la autoridad del gobierno civil era diferente a la de la iglesia,
ambas no se contradecían, y por tanto, el gobierno civil debía ayudar a la causa de la
iglesia. Además, recuerden que como todo el pueblo pertenecía a la iglesia, esta medida
de disciplina era necesaria. Por eso, el concejo menor debía supervisar la moral del
pueblo. Si alguna persona caía en disciplina, y se negaba a someterse, no sólo era la
iglesia quien lo expulsaba, sino que también debía pasar por un juicio delante de las
autoridades civiles.

Esto recibió un inmediato rechazo por la gente vaga y rebelde del pueblo, pero también
por ciudadanos de alta clase, que, aunque no tenían esa conducta, eran los dueños de los
prostíbulos, lugares de apuestas, bares y otros, es decir, personas que lucraban con el
pecado de la ciudad. Y dentro de esta reforma, estos lugares llegaron a ser limitados y
casi completamente eliminados. Por eso, los que disfrutaban y se lucraban con estos
lugares se opusieron rotundamente contra Juan Calvino. En Ginebra había un grupo
político llamado: “partido libertino”, el cual usó el descontento de todas estas personas
para atacar políticamente a Juan Calvino. Su influencia, poder política más el
descontento de estos ciudadanos resultaron en una oposición contundente contra el
ministerio del reformador. Y cada vez que una persona era enjuiciada por su vida
inmoral, el partido libertino alborotaba a la gente para que se opusiera a Juan Calvino y
al consistorio de la iglesia.
Estas personas del Concejo fueron tomando cada vez más poder y fuerza política,
porque adquirieron más puestos gubernamentales dentro de los concejos y otros. Y
llegaron incluso a amenazar nuevamente el pastorado y la vida de Juan Calvino. Se
opusieron tajantemente a sus propuestas, hasta el punto, que armaron una revuelta y un
tumulto contra Juan Calvino, que ni siquiera el concejo de los doscientos sabía cómo
enfrentar.

Juan Calvino y Miguel Servet


En todo este tiempo es cuando sucedió el famoso caso de Miguel Servet, un hereje
anabaptista que negaba la trinidad, y atacaba las doctrinas fundamentales de la
Escritura. Llegó a Ginebra para refugiarse, y enseguida escribió su obra en contra de la
Institución de la Religión cristiana, llamada: “Restitución del Cristianismo”. Entonces,
los enemigos de Calvino aprovecharon el debate, para socavar la autoridad y ministerio
de Calvino. No les interesaba realmente el debate sobre la trinidad, sino que la
aprovecharon.

Sin embargo, en 1553 Miguel Servet fue ejecutado en Ginebra por hereje, y
paradójicamente, eso fue lo que necesitaba Ginebra para alcanzar su reforma. Al haber
dictado a Miguel Servet como hereje, y haberlo ejecutado, todos los enemigos de
Calvino que lo apoyaron, fueron expulsados de Ginebra. Y así el ministerio de Calvino
se llevó a cabo sin impedimento.

El gran aporte de Juan Calvino a Ginebra


Durante esos 14 años durante fuerte oposición, terribles amenazas, y grandes
tribulaciones, Calvino no se detuvo en su trabajo pastoral, sino que se dedicó a la
predicación,  a las visitas, a hacer conferencias, a escribir todos sus comentarios del
Nuevo Testamento que terminó en 1551, escribió muchas otras obras, propuso planes
sociales en Ginebra como crear industrias para dar empleos a los ciudadanos a los
refugiados inmigrantes, construir un sistema de drenaje en la ciudad, y recursos de
sanidad y hospitalarios para los enfermos de la ciudad. Incluso, también creó la
Academia de Ginebra, donde se preparaba teológicamente, y también en otras áreas, a
muchas personas.

Gracias a esto, la moral del pueblo cambió radicalmente; los ginebrinos eran decentes,
ordenados, santos, piadosos; la prostitución fue erradicada casi totalmente; las tabernas
disminuyeron en gran porcentaje y las que quedaron fueron bien reguladas; se fundaron
nuevas congregaciones para gente de otros idiomas; los pobres y enfermos eran
ayudados en el hospital de Ginebra; de modo que Ginebra, gracias al Reformador, se
volvió en un ejemplo para toda Europa en lo que significa someterse a Cristo
verdaderamente.
John Knox, después de haber ido a estudiar con Juan Calvino, asombrado dijo con
respecto a Ginebra:

Ni temo ni me avergüenzo al afirmar que es la más perfecta escuela de Cristo


que ha existido sobre la tierra desde los días de los apóstoles. Confieso que en
otros lugares Cristo es predicado verdaderamente; pero costumbres y religión
tan sinceramente reformadas no he visto jamás en parte alguna.
Dios era el autor de todo esto por supuesto, pero si pudiéramos hablar de alguna autoría
humana, Calvino tuvo una principal responsabilidad en todo esto. Gracias a Calvino
Ginebra fue casi completamente reformada, y llegó a ser “una escuela de Cristo”,
ejemplar para toda Europa.

Los aportes de Juan Calvino a la


Reforma: La Institución de la
Religión Cristiana
Como dijimos anteriormente, Juan Calvino es el gran teólogo de la Reforma, y eso es
porque su gran aporte fue estructurar y sistematizar toda la doctrina cristiana, por lo
menos en forma fundamental. Martín Lutero fue el precursor de la Reforma, pero quien
construyó todo el edificio teológico de la reforma, sobre la cual la iglesia verdadera
posteriormente se fundamentaría, fue Calvino.

Juan Calvino y la Institución de la Religión


Cristiana
Y la gran obra con la cual Juan Calvino hizo este aporte fue la institución de la Religión
Cristiana. Ciertamente Calvino tuvo otras obras. Hizo comentarios a cada libro de la
Biblia a excepción de Apocalipsis, los cuales tuvieron su debido efecto. Pero la
Institución de la Religión Cristiana es la mayor joya que Calvino pudo dejarnos para la
posteridad.

El gran aporte de la Institución es que Calvino no sólo se dedicó a desarrollar más a


profundidad el tema de la salvación y de la Escritura como la única regla de fe, como de
una u otra manera lo hizo Lutero, sino todas las doctrinas cristianas fundamentales del
cristianismo.

Juan Calvino no solamente tenía el interés de que la iglesia supiera el modo para ser
salvos (la justificación por fe), o la regla de fe y práctica, sino también qué es la iglesia,
cómo debe conducirse, los sacramentos, la predestinación, la obra de cada persona de la
trinidad, cómo considerar el Antiguo Testamento, y cosas semejantes.
Juan Calvino dijo con respecto a esto:

No es buena teología el centrar los pensamientos de una persona sobre sí misma


hasta este punto, y no colocarle delante como el motivo principal para su
existencia el celo por manifestar la gloria de Dios. Porque hemos nacido ante
todo para Dios, y no para nosotros mismos… Ciertamente es obligación del
cristiano ascender más allá de la mera búsqueda de la salvación de su propia
alma.  [1]
Y Calvino llevó esto a la práctica cuando intentó sacar a relucir lo que toda la Escritura
decía con respecto a las doctrinas principales y fundamentales del cristianismo.

Además, otra característica de la Institución es que Juan Calvino respondió a las


grandes controversias de sus días. Como vimos en la ponencia de Lutero, el reformador
Alemán aunque atacó uno de los errores principales de la Iglesia de Roma, todavía
quedaron vestigios de sus errores en su teología como la consubstanciación. Sin
embargo, Calvino dio respuestas a las controversias que estaban ardientes; desmanteló
las doctrinas heréticas de roma, por un lado, y refutó los grandes errores de los
anabaptistas por otro. Y entre todos los otros reformadores, quien tuvo una doctrina más
sobria, sólida y bíblica con respecto a casi todo fue Calvino.

Por eso, la iglesia reformada la debe todo lo que es, en cuanto a teología, a Calvino. De
hecho, dos de los escritores de nuestras confesiones fueron discípulos de Juan Calvino;
Guido de Bress, escritor de la Confesión Belga, y Zacarías Ursinus, escritor del
Catecismo de Heidelberg, fueron estudiantes de Juan Calvino. Por eso, leer la
Institución de la Religión Cristiana y leer nuestras confesiones (las tres fórmulas de la
unidad) es leer prácticamente lo mismo. Pareciera que estos autores hubiesen tenido la
Institución a un lado, mientras que escribían nuestras confesiones. Por eso considero
que todo cristiano reformado debería leer esta obra.

Contexto de la Institución de la Religión


Cristiana
Ahora bien, es importante entender el contexto de la institución para que sepamos con
qué razón se escribe. Cómo vimos anteriormente, en Francia los enemigos de la
Reforma empezaron a hacer calumnias falsas en contra de los protestantes; y eso causó
que Francisco I, el rey de Francia, comenzara una fuere persecución contra los que
apoyaron la Reforma en Francia. Y empezaron a ejecutar, exiliar, encarcelar y azotar a
quienes apoyaron este movimiento. Entonces, Calvino escribió la Institución para
enseñar a los que tenían de Jesucristo en Francia, la verdadera fe para que conocieran a
Jesucristo. En su carta al rey de Francia él dice:

Al comenzar a escribir este libro no tenía la intención, mi Señor, de escribir


nada a Vuestra Majestad: mi propósito era tan solo enseñar algunos sencillos
elementos destinados a alimentar la piedad de los que tuviesen el deseo de servir
a Dios. Mi deseo es, principalmente, que mi trabajo sea útil para los franceses, a
muchos de los cuales veo con hambre y sed de Jesucristo, y a pocos con un
conocimiento adecuado de él.[2]
La Institución tiene un propósito instructivo, pastoral y evangelístico. De allí que la
Institución sólo tenga una gran profundidad teológica sino práctica; Calvino supo lo que
significa ser un verdadero cristiano: una profunda teología y un profundo amor por
Dios. Y eso es claro en la Institución.

En segundo lugar, Calvino creía que estos verdaderos cristianos estaban siendo
perseguidos injustamente como herejes, cuando lo que estaban creyendo era totalmente
Escritural. Pero los enemigos de la reforma fueron tan perversos, que ni siquiera
permitían que ellos defendieran su causa, y la verdad que estaban apropiando con tanta
fe. Entonces Calvino escribe la Institución para mostrarle al rey de Francia que son
falsas las acusaciones que se hacían en su contra, y defiende y explica la doctrina
principalmente a través de la Escritura, muestra las contradicciones que hay en las
doctrinas de la iglesia de Roma, e incluso, cita a los padres de la iglesia a los que los
romanistas tanto citaban, para mostrarles que ni siquiera ellos apoyaban sus herejías. Y
todo esto en la Institución de la Religión Cristiana.

Y, en tercer lugar, Calvino le dice al rey, de forma demasiado respetuosa y reverente,


que con lo que está haciendo se está poniendo al Dios del cielo, y que su deber como
rey, no era perseguir al reino de Cristo, sino ayudar a su causa. En su carta Calvino
dice:

Pero a vos os corresponde, Majestad, no apartar vuestro oído ni vuestro ánimo


de una causa tan justa, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un asunto
capital: cómo mantener la gloria de Dios en la tierra; cómo conservar su honra,
su dignidad y su verdad; cómo salvaguardar totalmente el reino de Cristo…
Porque un verdadero rey sabe reconocerse como verdadero ministro de Dios al
gobernar su reino. Por el contrario, el que no reina con la preocupación de
servir a la gloria de Dios no ejerce una autoridad legítima, sino que se comporta
como un bandido. Y estamos equivocados si esperamos una larga prosperidad
para un reino que no está sometido al cetro de Dios, es decir, a su santa
Palabra. Porque la sentencia celestial no puede mentir cuando señala: “sin
profecía, el pueblo se desenfrena (Pro. 29:18).  [3]
El contenido de la Institución de la Religión
Cristiana
Ahora bien, comencemos hablar directamente sobre el libro como tal. La Institución de
la Religión Cristiana a sus comienzos, y al momento de ser publicada no era como lo
que actualmente es. Ella tuvo varias ediciones, y agregados hasta llegar a ser la obra
magna y completa que tenemos hoy. A medida que el pensamiento teológico y pastoral
de Calvino fue madurando a través de los años, mediante sus estudios, su obediencia y
su pastorada, así fue creciendo la Institución.

Actualmente tiene alrededor de 1000 páginas, y tiene 80 capítulos entre todos sus
libros. La Institución se divide en cuatro tomos. Estos fueron los nombres de los libros:

1. El primero: Sobre el conocimiento de Dios como creador y como


gobernante soberano del mundo.
2. El segundo: El Conocimiento de Dios como redentor en Jesucristo,
conocimiento que primero tuvieron los padres bajo la Ley y que después
se nos ha manifestado en el Evangelio.
3. El tercero: La manera de participar de la gracia de Jesucristo. Cuáles son
sus frutos para nosotros y cuáles son sus efectos.
4. El cuarto: Los medios exteriores, o ayudas, de las que Dios se sirve para
conducirnos a su Hijo Jesucristo y para guardarnos en él.
Para entender bien la Institución también es necesario ver que tiene una forma trinitaria,
como en el Credo apostólico. El primero Libro es sobre Dios el Padre: cómo conocer a
Dios, su gloria, su autoridad, su gobierno sobre nosotros como creador, la Escritura
cómo la forma de conocer a Dios, la adoración que es agradable delante de él, y el
deber que tenemos de someternos a su voluntad.

El Segundo Libro es sobre su Hijo Jesucristo. Habla sobre la condición pecaminosa del
hombre, su imposibilidad para salvarse y su necesidad de Jesús; cómo Dios envía su
Hijo, la promesa del Mesías en el Antiguo Testamento por tipos y sombras; los tres
oficios de Cristo: como profeta, sacerdote y rey; su tarea como Mediador en su muerte,
resurrección y ascensión, y la eficacia de su obra salvífica.

El tercer libro es sobre el Espíritu Santo, por eso el nombre tiene que ver con cómo se
participa de estos beneficios, cuáles son sus frutos, y sus efectos. Porque todo eso lo
produce el Espíritu Santo. Este libro hable sobre: la fe, la regeneración, el
arrepentimiento, la vida cristiana y la abnegación que lleva, la meditación en la vida
futura, cómo usar la vida presente, la oración, la libertad cristiana, y otros.

Y el cuarto libro es una subdivisión del Espíritu Santo que trata sobre la doctrina de la
Iglesia, especialmente los medios que Dios instituyó para edificarla y guardarla. En
cierta manera habla sobre la predicación de la Palabra de Dios, aunque de esto habló en
el primer libro; habla sobre los sacramentos, la disciplina eclesiástica, y el gobierno de
la iglesia y su debe cuidarla; e incluso, en esa última parte del libro habla sobre los
gobernantes civiles, y dice que fueron instituidos por Dios como un medio externo para
salvaguardar a la iglesia.

Hay muchas otras cosas más, pero creo que este no es el tiempo ni el momento para
hablar sobre. Creo que esto es suficiente por ahora. La Institución de la Religión
Cristiana es una combinación de fiel ortodoxia, un gran celo y amor por Dios, y una
santidad y piedad inmensa. Leer la Institución no sólo te enseña la doctrina correcta,
sino que te estimula y te exhorta a vivir cristianamente en este mundo, poniendo en la fe
en Jesucristo.

Lo último que debo decir sobre la institución es que su importancia radica en que las
doctrinas que se expusieron allí fueron la base para las confesiones y toda la teología
reformada. Por eso, si alguno de nosotros desea aprender y profundizar sobre las
confesiones y nuestra doctrina, la Institución de la Religión Cristiana es la mejor
herramienta que pueda recomendar a cualquier creyente.

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