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El Indio en La Lucha Por La Tierra

Este documento es un resumen de 3 oraciones o menos del libro "El Indio en Lucha por la Tierra" de Juan Friede sobre la historia de los resguardos indígenas en el Macizo Central Colombiano. El documento describe la situación geográfica y condiciones de vida de los resguardos, la procedencia de la población indígena, y las luchas de los indígenas por mantener el derecho de propiedad colectiva sobre sus tierras frente a los colonizadores y las autoridades coloniales y republicanas.

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El Indio en La Lucha Por La Tierra

Este documento es un resumen de 3 oraciones o menos del libro "El Indio en Lucha por la Tierra" de Juan Friede sobre la historia de los resguardos indígenas en el Macizo Central Colombiano. El documento describe la situación geográfica y condiciones de vida de los resguardos, la procedencia de la población indígena, y las luchas de los indígenas por mantener el derecho de propiedad colectiva sobre sus tierras frente a los colonizadores y las autoridades coloniales y republicanas.

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EL INDIO EN
LUCHA POR LA TIERRA

':'/
j).

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INSTITUT O INDIGENI STA DE COLOMBI A

J U A N F R 1 ~ D ~ ) ~c¡()f_

EL 1 N D 1 O EN
LUC HA POR LA TIER RA
HISTORIA DE LOS RESGUAR DOS
DEL MACIZO CENTRAL COLOMBI ANO

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5UCIJIU••~

¡·
PASTO

QUITO

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Digitalizado
R.tt<'..as incisas en Biblioteca Nacional de Colombia
"La~una Seca", cerca de "El Rosa!", (Cauca). - Véase Parte l. - Cap. 11.
Agradecimie nto:

Quiero expresar mi profundo agradecimiento al Pro!. ]osé Ma-


ría Ots Capdequi, por la muy eficaz ayuda que me proporciona·
ron tanto sus estudios ya publicados, como sus consejos perso-
nales, durante todo el tiempo de mi investigación.

Q uiero también agradecer al Sr. Lic. Luis Duque G. por su


valiosa ayuda en la redacción del presente trabajo .

San Agustín (Huila), agosto 1944 .

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N D e
Páginas.
Notas preliminares 7
Nociones generales 9
Tierras realengas - Dona-ciones y mercedes - Reparti- \
miento - Compos ición - Capitulación - Tie rras de res-
guardo - Resguardo indígena - Cabil:do - Obligación.
Tributo real - Corregidor de naturales - Encomiendas.
Protector de naturales.
PRIMERA PARTE
EL RESGUARDO

I - El indio en su resguardo ............................ 1~


Situación geográfica de les resguardos del M acizo Co-
lombiano. C .ima. L as condiciones de vida. L a. nutri-
ción. La coca.
II- La procedencia de la población . . .. 20
Las rocas inci~as. La Conquista. Los movimientos demo-
gráficos durante la Co:.cnia. Trabajo en las minas de
Almaguer. Los Anaconas. Inmigraciones desde el
Oriente. La tradición sobre la procedencia del P ueblo
de San Juan.
III - El indio y la tierra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25
El apego del indio a su tierra. Las causas y caracterís-
ticas de esta actitud. Las diferencias que existen entre
los conceptos de los blancos y de los indios, respecto
a ~.a tierra. La lucha del indio por su tierra..
• IV- La propiedad colectiva sobre las tierras del resguardo. 26
Derecho colectivo como causa de la superviviencia de
la ra.z a india. El memorial de los "mandones" en 1833.
El derecho individual y colectivo en el resguardo.
V - Las autoridades coloniales y las republicanas frente al
derecho de propiedad colectiva en un resguardo..... . . 28
Comprensión de las autoridades coloniales y la. hospi-
talidad de las republicanas frente al de recho colecti-
vo indígena. Despachos y fallos judiciales de la se-
gunda mitad del siglo XVIII .f avorables a los indios.

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Páginas.
El al-egato del abogado María Cabezas (1837). Dos
principios de derecho de propiedad.
VI- Las fuentes coloniales del Iegalismo indígena. . . . . . . . . . 31
Benevolencia de las leyes -españolas hacia el indio. Le-
yes protectoras y su deficiente aplicación. La contro-
versia entre la Corona y los colonizadores frente al
probl·cma de la población indígena. Hostilidad de las
altas autoridades españolas hacia los colonizadores en
la segunda mitad del siglo XVIII. El notorio fallo en
el juicio de Ambrosio Homne (1798). Causas del lega-
lismo indígena. Los pl·e itos como documentos históri-
cos. Petición de Agustín Papamij a ( 1735) .
VII- Circunstancias que favorecían a los colonizadores en
sus pleitos con los indios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 37
La ineficacia de la justicia colonial. Vagas alinderacio-
nes de las ti'2rras donadas o compradas. Política de
"hecho cumplido". La organización judicial de la re -
gión. El pleito de Jacinto Omne (1758).
VIII- La polÍtica de la Iglesia frente a los regua.r dos. . . . . . . . . 40
Benevloencia de la Iglesia Católica hacia el indio. Justi-
ficación moral de la Conquista. Testamento de Mar-
celo Verdugo (1753) y Luisa Ijají (1771). La religio-
sidad indígena. El papel que jugaba la Iglesia en los
pleitos entre blancos e indios.

SEGUNDA PARTE
DATOS HISTORICOS DE LA .EPOCA COLONIAL.
I - Visita de Dn. Antonio Rodríguez de San ISidro (1638-
1645) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 48
Un dccumento de donación (1618). "Composición" ad-
mitida al cabildo de Pancitará. Posesión dada a Se-
bastián Inca de Salazar. Confirmación de compras de
terrenos .
II- Visita de Dn. Pedro Fernández de Navia (1715)...... . 51
Cédula real que confirmaba sus poderes (1693) . Demo-
ras q ue se presentaron para su ejecución. Auto en que
se manda presentar los títu l.os de propiedad.
IU - El pleito del Resguard,o de Caqueona con, Marcelo Ver-
dugo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 53

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Páginas.
Descendencia de Marcelo Verdugo. Amparo de posesión
concedido en 1715. Oposición de Carlos Inca de Sala-
zar. El traslado del pleito a Quito (1735). Peticiones
y alegatos de las partes. Culminación del pleito (1763).
Nueva petición de los indios. Alegato del Protector
de Naturales, Dr. Quiñiones (1765). El fallo. Dificul-
tades que se presentaron durante su ejecución. La ad-
judicación del Valle de Las Papas a los herederos de
de Marce!.o Verdugo. Precios de tierras y de esclavos.
IV - Incidente acerca de la reparación d.,el puente sobre el
ría San Jorge (1735) . .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. . 70
Memorial de Juan Uní y otros. Contestación de las au-
toridades locales. Resolución del Gobernador.
V- El Resguardo de Caqueona y la Iglesia... ....... .. . ... 72
La construcción de la iglesia por Carl.os Inca de Sala-
zar. Intervención del Cabildo en la recolecta del ren-
dimiento del molino. La oposición de la Iglesia. Con-
tl'ato de construcción del molino.
VI- El resguardo de Pancitará . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 73
E: pleito de Don Diego Muñoz de Ayala. La fingida do-
nación. El amparo concedido a los indios (1746). Va-
rias peticiones de amparo.
VII - El frustrado atentado contra las tierras del resguardo
de Santiago del Pongo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75
Los linderos. Petición de amparo (1735). Introducción
de Pedro Gómez en las tierras del resguardo (1748).
Citación para el deslinde. Obstinada resistencia de
Pedro Gómez. El deslinde.
VIII- El Resguardo de San Juan del Rosal. . . . . . . . . . . . . . . . . . 78
Petición del traslado del pueblo (1710). Oposición del
cacique, Salvador Samboní. División del ·pueblo. Des-
aparición de la antigua fundación. Los títulos del res-
guardo. (1665) .
IX - El Resguardo de La Cruz (Loma de Tejoy) . . . . . . . . . . . . 81
E l pleito de Rubén Alviar con el Resguardo. Amparo
de posesión (1715). Llegada del visitador Melchor
Ortiz de Arguelta y Murillo (1756). Denuncio de la
tierra de Tejoy como realenga. Oposición de los in-
dios. Indignación del fiscal por el contenido de 1a pe-
tición indígena. Remate de la Loma. Resistencia indí-

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Páginas.
gen a en desocupar La tierra. El fallo.
X - El Resguardo de San Sebastián. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 90
Documento de 1838. Donación hecha por el Gobernador
Juan Antonio Zeleya. ( 1771-1777).
XI- Los ~esguardes en el ocaso ' de la Colonia........ . . . . . . 91
Situación económica de la Colonia al finaJjzar el siglo
XVIII. Empobrecimiento del indio. El indio abandona
sus resguardos y forma una población ambulante. Es-
fuerzos de las autoridades a. restituirla a los pueblos
de origen. Movimi-entos separatistas dentro de los res-
guardos. Relajamiento de la tradición. P etición de
Francisco E. Imbachí. Desprendimiento de algunos te-
rrenos de los resguardos.

TERCERA PARTE
EL RESGUARDO Y LA REPUBLICA

I - El Resguardo indígena y la guerra de Independencia. 100


La limitada participación indígena en las revueltas so-
ciales durante la Colonia. La indiferencia indígena ha.-
cia el , movimiento de la Independencia.
li-La Independencia y el Resguardo. .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 102
La Independencia no trajo la emancipación del indio. E L
individualismo ajeno a la tradición indígena. La in-
tervención indígena en la represión del levantamien-
to de 1863.
III-La República y el Resguardo. ¡........................ 104
La economía colonial y la libertad individual. Interés
de La Corona en la conservación de los resguardos. In-
terés de la República en su destrucción. El principio
de la libertad individual opuesto a la economía co-
l-ectiva del resguardo. La población indígena_ en los
albores de la República. Las Leyes de repartición del
resguardo. Algunas ideas sobre el progreso nacional.
IV- La legislación republicana frente a los Resguardos. ... 108
Continuación de la política indiana colonial en la Gran
Colombia (1819-1830) . Benevolencia inicial hacia el
indio. El cambio que se produjo en la Nueva Granada.
Leyes de repartición (1832 y 1834). El movimiento se-

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Páginas.
paratista apoyado por las autoridades republicanas.
Despertar d e la conciencia nacional indígena. Fraca-
so de las leyes de r-epartición en su aplicación prác-
tica. La tregua. La hostilidad de las leyes del presente
siglo.
CUARTA PARTE
DATOS HISTORICOS DE LA EPOCA DE LA REPUBLICA
I - Los Resguardos en la República . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 120
El incremento inicial d el movimiento separatista. Los
abusos cometidos por 1as autoridades. Fricciones entre
los comuneros dentro del resguardo. El despertar de
la conciencia nacional y su influencia unificadora.
El alejamiento de los resguardos situados cerca del
Macizo Colombiano de los centros de comunicación,
protege a éstos de la persecución .
II -El Resguardo de San Sebastián. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 125
Movimiento separatista en los albores de la República.
Frustrado intento de partición en 1833. Peticilm de
los indios. Largo período de tranquilidad. L a .::scuela
de Yungilla (1920). El cambio de nombre y (:levación
de Venecia a la categoría de corregimien t0 ( 1925) .
Oposición del Cabildo. Condiciones actuales de vida.
III- La repartición del Resguardo de Santiago... . . . . . . . . . . 130
Los motivos del reparto. Títulos de l resguardo. Ce nso y
avalúo de tierras. La repartición . El cabildo eclesiás-
tico.
IV- La extinción del Resguardo de El Rosal. . . . . . . . . . . . . . . 133
Desmembramiento de las tie rras entre los herede ros de
Salvad or Imbachí. Primer intento de los blancos de
introducirse en las tierras del r esguardo y su fracaso
(1836). El segundo intento (1848). El derecho indí-
ge na de prohibir el establecimiento de los blancos en
tierras de l resguardo. La ocupación violenta de un lote
por Angel A. Gómez (1879). La petición de los indios
desatendida por la Gobernación. Los indios pierden el
pleito en primera y segunda instancia. El Tribunal
Superior confirma las sentencias. Los indios abando-
nan el resguardo.

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Páginas.
V- El Resguardo de San Juan . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 143
Suspendida la. r epartición en 1833. Su protocolización
por el síndico de la iglesia en 1919. El corregidor se
apodera de un lote en 1938. El fracaso d e las prime-
ras diligencia de obtener la r estitución. Sigue la po-
lítica de "hech os cumplidos". Condicion es actuales de
vida.
VI- El Resguardo de La Cruz . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 145
Los motivos de su rep a rto e n 1834. La r ep a rtición .
VII- El Resguardo de Caquiona .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 147
I nfructuoso intento de repartición en 1833. C onsecu en-
cias de la falta de tierra. Cond1ciones actuales d e
v ida.
VIII- El Resguardo de Pancitará . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 148
R esolución del consejo Municipal de L a Vega p a ra se-
parar un área de la población (1905). Acuerdo de re-
mate de los sobrantes del á r ea para dotar con luz la
población de La Vega (1938). El remate . El despojo
en el Valle d e las Papas. Condiciones actuales de vida .
IX - El Resguardo de Guachicono . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 151
Frustr ado inte nto d e repartición e n 1833. Ple ito contra
-el quinero J osé M. Parra (1867). Pleito contra San
Migue l (1927-1937 ). Fallo adverso y des pojo. Condi-
ciones actuales d e v ida.

QUINTA PARTE

PROBLEMAS DE ACTUALIDAD

I - El problema indígena y la opinión pública . . . . . . . . . . . . 160


La negación de la actualidad del problema indígena en
Colombia. Factores económicos, históricos y políticos
que d·eterminan esta negación. E L problema indígena
de Colombia como problema nacional.
II - Problemas en un resguardo ind,ígena.. . ...... .... ..... 164
La escasez de tierras. sus causas y consecuencias. El
sistema tributario. La "Obligación". Los tributos a la
Iglesia. El diezmo. Las Comisiones de la Virgen. L as
tarifas por servicios religiosos. La relación con el Es -
tado. La indiferencia hacia los problemas de Colom-

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Páginas.
bia. El deficiente sistema educativo y sanitario. Los
abusos de los Cabildos en adjudicaciones de tierras.
I I I - Algunas susegstiones para solucionar el problema in-
dígena en Colombia. ............... .... ... ........... 173
Transformación de un resguardo en una cooperativa de
producción y consumo. · La adjudicación de tif:~rras
baldías al Resguardo. Transplantamiento de un res-
guardo a tierras baldías de la Nación. La Iglesia debe
reformar su política tributaria. La abolición de leyes
de repartimiento o su modificación.

SEXTA PARTE

DOCUMENT AL

I - Diligencias del otorgamiento de la encomienda de los


indios. de Sapúys, Calcán y Sacanpúys. Año 1655-1656.
Archivo Central. del Cauca (Número 1856. Col. l. 5 en). 184
II- Carta de Venta ·que otorga Juan de Zúñiga a Salvador
Indio. Archivo Parroquial de El RosaL - Año 1665. 193
III- Diligencias del traslado del Pueblo de San Juan del Des-
cansé al sitio de El Rosal. - Notaría de Bolívar. (Nú-
mero 36). - Años 171()<.1732...... .................. 196
IV- Contrato de construcción de un molino, hecho entre los
mandones de Caqueona y Don Luis Sánchez. - Nota-
ría de Almaguer. - Año 1750. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 202
V- Hijuela de la capellanía constituida en el testamento de
Marcelo Verdugo. - Notaría de Almaguer. - Año
1754. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 204
VI- Memorial elevado por los "mandones de los Pueblos
de indígenas de San Sebastián, Caquiona, Pancitará y
Guachicono "al. Gobernador de la Provincia, pidiendo
su intervención para la suspención de las leyes de re-
parto. - (Año de 1853. - Archivo del Cabildo de
San Sebastián) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 205

Notas Bibliográficas y Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 208


Publicaciones del Instituto Indigenista de Colombia .. . . . . . . . 211

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NOTA PRELIMINAR

El presente estudio está basado principalmente sobre documen-


tos que reposan en los archivos menores de algunas ciudades del
Sur del Departamento del Cauca (Colombia). Estos archivos están
desgraciadamente muy desordenados y sus documentos mal con-
servados. La lectura y el estudio completo de ellos, exigiría mu-
ch': tiempo de entera consagración, ya que faltan índices e inven-
tanos. El presente trabajo es fruto de dos años de investigación
~!}- lo~ que traté de recopilar los datos más importantes sobre la
lStona de los resguardos del Macizo Colombiano o Nudo Andino,
}': trazar así la evolución general del problema indígena desde Jos
tiempos de la Colonia hasta los de nuestros días. Con todo, el pre-
~ente trabajo, es apenas un fragmento del resultado que darít:I una
b~vestigación más detenida, de estos valiosos archivos, para la
Istoria de la República.

ubS~, .a pesa; de ser este libro tan incompleto, resolví darlo a la


P_ , llcidad, solo me propongo el deseo de aportar algo a la solu-
c~on de un problema de tanta actualidad e importancia como lo es
e_ problema de los resguardos indígenas que preocupa ahora pre-
~lsamente a algunas entidades oficiales. Las disposiciones recientes
e la República sobre los resguardos, vistas desde el punto de su
e~?lución histórica, son meros resultados de centenaria persecu-
ClOn a la raza india, principiada en la Conquista y seguida en
nuestros días. En el apasionado debate político se pierde, algunas
veces, el claro sentido de esas resoluciones y leyes, tanto para sus
protagonistas como para sus adversarios. Dentro de la historia de

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la persecución de la raza, estas leyes, empero, juegan un nefasto
papel: Completan la destrucción de la raza india, no lograda ni
en la Conquista, ni en la Colonia, ni en el primer siglo de la Re-
pública.

Para facilitar la lectura y entendimiento de los documentos ci-


tados en este trabajo, fue modernizada la ortografía y la puntua-
ción original. Con el mismo fin se quitaron las abreviaturas y se
insertaron en el texto los principales documentos. Las noticias bi-
bliográficas y referencias fueron reunidas en un capítulo aparte,
evitando presentarlas como notas de pie en la página correspon-
diente. Fue añadido también un capítulo general en que se expli-
can algunos términos y se describen algunas instituciones corrien-
tes en la época colonial.

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NOCIONES GENERALES

La indiferencia hacia el problema indígena de Colombia y la


despreocup ación general por su historia hace que en este campo,
más que en cualquier otro, s~:;· ignoren hasta los términos más co-
munes usados para denominar formas e instituciones relaciona-
das con la historia indígena.
Siendo el principal objeto del presente estudio despertar el in-
terés entre los colombianos por este ·a ,gudo e importante proble-
ma, he considerado oportuno explicar, a continuación, algunos de
los términos y expresiones más usados y que continuamente se
encuentran en los documentos citados sobre cuyo contenido existe
una considerabl~ confusión.
Tierras realengas.- Tierras pertenecientes a la Corona Espa-
ñola, es decir, todas las de América después de la Conquista. La
Corona se desprendía de ellas por donaciones, mercedes, repar-
tirnientos, adjudicaciones, "composición", o ventas .
Donaciones o mercedes.-Se hacían por los Reyes o sus repre-
sentantes coloniales (Virreyes, Gobernadores, etc.) a los conquis-
tadores, pobladores y pacificadores españoles, generalmente de
modo gratuito. Las donaciones podían también ser incluídas en
los capitulaciones de descubrimi~:;·nto.
Repartimientos o adjudicaciones.--Se señalaban tierras a pue-
blos indíg~:;•nas (tribus) u otras personas para que funden un pue-
blo y disfruten de ellas .

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La Composición e indulto con su Majestad.-Era lcr forma co-
mo se· consolidaban en la época colonial los títulos de los posee-
dores de tierras.
Las ventas se e·f ectuaban generalmente ante un Juez Comisio-
nado y eran sujetas a aprobación por parte de las Reales Audien-
cias o Virreyes. Se hacían en la mayoría de los casos, sacando
el lote a "vela y pregón" es decir, en pública subasta al mejor
postor. Pero cuando la tierra resultaba ocupada, aún sin justo tí-
tulo, el Juez Comisionado aceptaba la composición al poseedor.
quien mediante pago de una suma convenida, se convertía en
dueño legal de las tierras.
' La Capitulación.-Documento en que constaban }as bases acor-
dadas entre los Reyes de E:::paña y los descubridores o conquis-
tadores.
Resguardo.-Se emplea este término en dos formas: tierras de
resguardo y Resguardo Indígena .
Tierras de Resguardo.-Son terrenos que obtuvieron durante la
Colonia los indios por donación, repartimiento, composición o com-
pra. Su característica e::encial era la propiedad colectiva sobre
las tieuas, cuyo derecho ejercía todo el común de los indios. La
venta, aún con consentimiento de todo el común se prohibió ya
en el siglo XVII. En tierras de resguardo tenía el indio la parcela
donde trabajaba para su manutención. Sobre ella tenía el de·r e-
cho de usufructo pero nó de propiedad. La legislación republica-
na prevee la parcelación definitiva de estas tierras entre los co-
muneros .
El Resguardo indígena.-Es el nombre genérico dado a una
comunidad india que vive en tierras de resguardo. Es la adapta-
ción de la estructura de una tribu semi-feudal sedentaria, a las
nuevas condciiones, creadas por la Conquista. Subsiste la tradi-
cional relación de la tribu con la tierra: esta es propiedad común
de toda la tribu. El cacique hereditario, reconocido por la legisla-
ción colonial. y los funcionarios por él nombrados (gobernadores,
alcaldes, alguaciles, fiscales, e·tc.) señalan las parcelas, que de-

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ben ser trabajadas en conjunto y aquellas que reciben las fami-
lias indígenas para el cultivo y cuyos frutos son de su exclusiva
·propiedad. El "pequeño cabildo" de la legislación republicana
reemplaza el casigazgo y sus funcionarios y está elegido por to-
do el común de los indios por el término de un •a ño.
El Cabildo.- Administra la tierra del resguardo, adjudica las
parcelas y resuelve en primera instancia las quejas y desavenien-
cias entre los indios comuneros. De sus decisiones pueden los in-
dios apelar directamente a los poderes civiles. El C'Jbildo garan-
tizaba durante la Colonia los tributos reales y los pagaba al en-
comendero o al corregidor. En época republicana es elegido me·
diante· voto popular por el c-omún de los indios por un término de
un año e impone loa• "obligación".
La "Obligación". - Días de trabajo gratuito durante un año que
impone el cabildo a cada indio del resguardo para efectuar obras
en prov~cho de toda la comunidad.
Tributo Real.- Impuesto personal. directo y único que paga-
b~n los indios durante la Colonia, como pueblo conquistado al
encomende-ro o, por medio del corre.·gidor de Naturales, a la Co-
rona .
Corregidor de Naturales.-Em pleado colonial, que entre otras
obligaciones era encargado de cobra.r los tributos de los indios
"de la Real Corona", es de.'Cir, de los que no eran encomendado s.
En lo esencíal corresponde este oficio al recaudador de impues-
tcs en la época republicana .
Encomienda.- Inslitución española que consistí-a: en una dona-
ción al !'lncomende.m, del producido de- los tributos reales de una
0
más tribus de indio E. Se otorgaba la encomienda "por una vida" ,
es decir, por la duración de la vida del encomendero, o por "dos
0
tres vidas", es decir, también para la segunda y tercera gene-
ración. El otorgamiento de la encomienda dependía de muchas
condiciones personales del encomendero y podía ser donada por
el Rey como recompensa especial. Era muy solicitada, pues de-
jaba• grandes ganancias, pagando el encomendero un impuesto

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calculado sobre· el monto de posibles entradas. La pos1C10n del
,e ncomendero en la Colonia correspondía en lo esencial al del re-
matador de rentas en la época republicana, aunque el otorga-
miento de la encomienda1 no se hacía al mejor postor, sino en
vista de los méritos personales e intrigas de los interesados. Su
procedimiento de e•x torsión de los impuestos era igual y ambos
pasaron a la historia como seres crueles, desalmados y avaros.
El papel que fue asignado al encomendero por la1 legislación
española de protector de indios y velador por su bienestar moral
y materiaL no se reveló en ninguno de• los cientos de documen-
tos que tuve en mis manos con ocasión del presente estudio. En
la sexta parte del presente trabajo está inserrtada una parte de
las complicadas diligencia s de otorgamiento de una encomienda.
Hay que recalcar el hecho, que la encomienda no está rela-
cionada en forma alguna al terreno ocupado por los indios, sino
mera mente a los tributos que éstos pagaban; esto no obstante,
muchos de los encom enderos se apropiaban de· las tierras, y no
p oca s propiedades territoriale s en la República tienen su origen
en este procedimiento ilegal .
Protector de Na tura les.- Emple•ado que representaba en la Co-
lonia los intereses de los indios en sus pleitos con los blancos
(abogado de ellos), y a que aquéllos no tenían derecho de actuar
por sí mismo ante las altas autoridades coloniales. En la Repú-
blica son los persone·r os municipales y los agentes fiscales, que
hacen papel de protector es de los indígenas. Su intervención se
reduce a mera formalidad en todos los asuntos que incumben un
resguardo indígena .

'

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PRIMERA PARTE

I:L RI:SGUARDO

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1

EL INDIO EN SU RESGUARDO

Algunos de los más antiguos resguat·do s indígenns de Colombia, es-


tán situados sobre los contrafuertes occidentales del ·~1 acizo Colom-
biano justt{lmente donde la Co·rdill'cra Oriental, llamada por algunos geó-
grafos Cordillera CentraL arranca hncia el snr. Diseminados de Norte
a Sur y en alturas que varían de los 2.200 a los 2.GOO metros s obre el
nivel del mar, o-cupan una ele las denominadas zona•; fdas del .t rópico.
Por causa de la desesperada y tenaz lucha que han ~ostenidu estos r 'l'S-
guardos, desde que atpareeió en sus tierras el (·onqtüstadot·. contra e l
colono blanco, se debe la progl.'(!siva desaparición del idioma, de la I"e-
ligión y de la ma.yor pa1·te de las costumbres índígenns. A pesar de todo
y más por un instinto de conservadón que por matd ura reflexión, la
lucha sigue desesperada para cons<ervar aquello q·uc le-; queda del pa-
sado, es decir: el derecho colectivo sobre la propiedad de ·l as tierras
que ocupan. Mas desgraciadamente los resguardo·., han ido disminu ·
ytendo. pereciendo más de uno en esta lucha desigual.,· Así, por ejemplo,
fueron reparticlos en ol siglo pasado, los resgua.rJos ele La Cruz. de Los
:~·Iilagros (Jayo) y de El Carmen. El resguardo de El Hol;al (San Juan
del Rosal), todavía vigoros-o en 1892, desapareció posteriormente. sin
dejar juicio de partición. La repartición d.eJ resgum·cto de Santiago (tkl
Pon.go), ocurri'Ót en 1927, y actualmen1te ~e en<:uehtru ya abandonado
por casi la mitad de la poblacíó111 original :-\Otros resguardos (Río Blan-
co, Guacbicono, Pancittará, Caquiona, San Sebastián y San .Juan), están
al borde de extinoouirse y luchan con deiSesperación, aunque sin posibi-
lidad de éxito, contra el vecino blanco, que utiliza todos los medios . le-

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 15
gaJes o ilegales, para introducirse en sus tierras y desalojarlos gradual-
mente y oonvertir a los comuneros inde-p-en.dientes en peones asa1a-
Tiados.
No se crea que las tien•.as ocupadas por •l os resguardos son férti!les
o de un clima henéw>lo. ¡Todo Jo contrario! Debido a las cordilleras
que, ·como una muralla de más de 3.500 mebros de altura, se levantan a
espa'ldas de estas tierras, el dima es rudo ·Y hostil. Los vientos ihúme-
dos que durante ílos meses de ver.runo -marzo a octubre- soplan de 1:1
Hoya Amaz,ónica hacia e•! :Pacífico dejan, eleVIámdose y enfriándose,
toda su humedad ,e n la ladera opuesta y bajan en forma de vientos frios.
seoos y penetrantes a la regi:ón do,nde están situados los resgrr.ardos. ··
A.l.guna-s. veces, estos vientos, •a celerados por la succión que ejerce la
ardiente Hoya del Patía, se tornan en verdaderos ven'dava~es. arras-
tran ·Jos ttchos de las casas, tuml)an ranchoo, ·des.enraizan árboles y nle-
nan la atmósfera con .nubes de polvo. Durante estos meses no llueve
llunca. Las intensas sequías •h acep morir los ganados si no se les res-
guarda en las parlocs altas de l'a Cordi.Jlera. •D esaparecen las quebrad•as;
Ua tierra se seca. se agrieta ry se amarillcntan ·] as lomas de un pa-sto que-
mado por el sol. Cuando en los prinoi:piós de noviembre cambia la es-
tación y empieza a Hovcr , pasa todo lo •c ontrario: húmedos vientos que
ahora, a •la inversa, soplan del Pacifi•co sin encontrar resis·t encia poe
la poca elevacilón deJ·a Cordillera Occidental, satúranse de humedad al
Pasar por la Hoya · del Patía, descargando sobre las lomas, antes que-
madas por el sol, un verdade:ro torrente de agua~S. La abundante lluvia
Ocasiona graneles daños en las ·J·albranzas haciendo intransitables lo·s
caminos e insalvahles ·l as quebradas, y, además. arrastra la del.g'a da
CllJla vegetal a •l os lechos de los ríos convertidos en torrentes cauda-
losos .

. . El accidentado terreno con sus lomas desnudas de árboles y vegeta-


cwn -po¡· 1a prácti-ca perjud1cial de quemas a·n uales ele rastrojos y ma-
lezas --está a merced de estas fuerzas de la naturaleza. Con dificultad
arrebata el indio a semejante tierra la escasa cosecha de un maíz friuno
0
de un trigo r,a¡quítico. :Para sus siembl"as .sólo puede uHlizar unos mi-
tt~soulos ;pedazOIS de terreno menos inc1~nado que encuentra en las pen-
dJentes faldas de na 'I'egión. y para lograr una mediana cos-echa, ha de
ararlas -cad~ año (rprádtica poco :acostumbrada en Co1ombia por Ja
abundancia de tierras nuevas y fértiles), -con su primitivo y deficiente

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16 JUAN FRIEDE

arado de madera tirado por un par de bueyes. El resto de su parcela


utilízala como potrero para dar pasto a una va·c a o a su cría o a los
bueyes. Estos anima1es repre<sentan todo su capital liquido, compren-
diéndose, opor ello, el cuidado esmerado ¡que da a los animales. Durante
el verano, cua.ndo el pasto se marclhita, el ganado es llevado a una par-
cela en la alta montaña y en Jos meses de lluvia se le vuelve a bajar a
la casa. Cuando el indio no puede proporcionarle pastos duranle los
me~ses de ve:rano ~y al,g unas veces tiene que llevarlo para este fin a
potreros muy di:SII:a ntes- se ve obliJgado a venderlo <para comp.r ar otro ,
si puede, al pr>incipiar la estadón de las lluvi·as.
Lo que más se admira en un viaje por aquella regió.n es que este ga-
ll!ado pueda su!bsi stir en tierras tan pobres de pasto. Sólo la abnegada
y labor:ios•a forma de trabaja:r la tierra y el esmero en el Cl~!dado de
los animales, •q ue el indio ma ntiene atados d-e una pata para no desper-
diciar ni una •g rama del escaso <pasto·, hacen ¡posible que esta pobre re-
gi<ón del <Departamento del 1Caruca ----<Ca'l vez una de las m.á(S pohl'es de
CoJombia- sostenga una población mayor de cincuenta mil habitantes.

A:sí como una vaca nutre su ternero a pesar de la escasez del pasto,
asimismo pare la india ry cría a sus hijos a pesar de la ilnsu:ficiente y
pob:re alimentación, care<ciente de frutas, ele legumbres o de carne y
que consiste sólo de maíz, ullucos, papas, ry fríjoles. La ca:si comp'leta
ausencia del oon¡sumo ele La carne ¡por ·par1te de la población india y la
.falta de rterrenos Mrtiles apropiados para pastos de en.g orde de ganado.
hace de esta región un excelente criadero 'que aprovisiona con ganado
flaco Jas comarcas vecinas. Municipios con 14.000 habitantes, como
San Sebastián, sólo coDisumen dos reses semanales. Bolívar, la capital
de la provincia d·e Caldas, únicamente sa.criüca tres a cinco reses. En
los resguardos indígenlas ·como San Juan , 1Pancitará, etc., se mata una
res mens'Ua'lrnente.
íLa esca1sez de •la comida y la necesidad de disminuir la ración ~lia-
ría que ·necesit-a para alimentarse, obliga al indio -al hombre igual c¡ue
a la mujer o al niño- a masc!lir' desde rt:emprana edad .la ihoja de la odc.a
que, mezclada con una prcrparaci'ón de cal (mambc) sueHa el alcaloide
que adormeciendo, como parece, los· tejidos intestinales, combate tia
sensación del ihambre y permite que el indio trabaje sin ingerir cosa ~(,
~lguna durante las largas horas del día. !~
~'
~
~

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ltt. l~DJO E~ LUCHA POR J..:A TI ERRA 17
E1 neee~arlo sabro.,.ar que la t'Ot'&, d• aruerdo eon ca11 nnánlmea oplalo·
nea que pude ret'opllo.r entre 101 lndloa de la reglón, no ae Ingiere t'Omo ••
e:r.eltante o un estlmnlonte., que, afladldo a la ración diaria de la comida.,
produte ma:ror rendimiento ea el tr~bajo, Bino como un medio de aplacar
el hambre, es decir, una manera de poder trabajar sin eomer ni fatigarse.
El Indio la compra en el mercado o la cultha para e1te fla. En este sentido
ea dificil ronslderar el mambeo tomo toxlcomanla propiamente dll'ba, si
eon ella se quiere denominar el vlelo renerallzado en lae aoeledadu moder·
nas de Ingerir drogas herolras en exeeso. La dlferenela fllndamntal que u
puede observar entre el n1ambeo 7 la práctica toxleómana, consiste en que
el Indio de la Cordillera sólo excepcionalmente usa el mambeo lndependlen·
te mente C\e alguna tarea qne exige nn e1tuerzo fhleo, mlentra1 qne el nao
en nnestra sociedad de eot'alna, morfina, alcobol, taba.eo, etc., ee ejeree
COlliO UD fin en 11,

La dife r encia que existe entre el uso que a la coca da Ull cocalntlmano
7 un Indio, la pude observar en un peón que durante mese• trabajaba ep mi
hacienda. Reclbta su alimentación como los demá1 peones, sin que 70 SOl·
Pecbara slqnlera que él mascaba la coca.. U11 dla me abandonó para ayudar
en la siembra de malz a unos parientes. Cuando volvió, arregJ' eon '1 un
destaJo de deshierba. Llegaba al amanecer con otro peón 7 101 dol trabaJa·
bao baBt.a. la calda del sol. Ambos nevaban un cbnmbe con eoca como único
aumento para el dla. La mascaban sin cesar.
La co1tumbre de uUllza.r la coea eomo medio ele aplacar el hambre o, Jo
que es l.o mismo, .como un complemento de una Insuficiente alhnentaelén 7
au generalización en América., parece obedecer a ciertas eondlclone• IOCI&-
Iu )' no, eomo erróneamente se cree, a una costumbre o tradición eentena·
rla del l11dlo. El hecho e1 que, I!!Jiln las pocaa lnvestlgaelones realh:adas
hasta ahora, la1 tribus nómades y cazadores de la selva no uean la eoca, ni
lllngiln narcótico que la reemplace como sustituto en eu aUmenta.elón. Por
el contrario: las noticias transmitidas por los cronlltas eapafloles, Jo mismo
Qne loa datos suministrados por loa lnTestlgadore• modernos, demueatran
el emÑeo de Jo eoca eomo sustituto alimenticio sólo en tribu de una organf·
Z&elón feudal o semlfeudal. Dice Cleza de León al describir el uso de )a
eoca entre Jos Indios de ' can 7 Popayán, que "ella quita el hambre 7 anmen•
ta vigor 7 rueua". (Crónica del Per6, capitulo U). Por otra parte ea 111
\len documentado trP.baJo eobre la coca (La Coca, Lima. ltU) el médleo
· Peruano Luis M. Sáenz, · ¡¡~stlene la tesla (\e que la generallzaelón del co-
Qtleo, como costumbre Joefái, se debió aólo al e&tlmulo oflclal de Ja Colonia
l:spaJiola con el fin .?e tau11pentar sus entrada• fiscal e~. Antes · de la Con·
Qnlata, aflr,ma Lull ilf. sKenz, la coca era ntlllzada sólo para fines puro-
mente rllnalea o medY~fna1~ •• Y verdaderamente: Ja1 tribus lpdependlentea
de Ainérlca precolombina, al Igual de las trlbns nómades de la aelva, 'IIO
tentaa por qné utlllza.r la eoca como medio de aplacar el hambre en épocas
en laa que la base económica de au vida no era perturbada por nn 1nva1or
~· tranjero o por una clase que, como la feudal, ae basaba aobre la e:r.plo·
«. Ión de vasta• capa1 soclalu. Pero aun auponlendo q11e a la negada de

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JX JUAN FRIEPE

loa eapallolea el ·mnmbeo --t'oqueo o chaeeheo- eslu\o generalizado "" el


Jm¡¡erlo Jnraleo y entre Jaa trlbna lendalea o seml·lendnlea de América, no
u puedt' artrmnr que ello constituye una prueba evidente de ser f'l nllunu~o,
.. n 110 forma aC'tnal, una tradición o costumbre Jnnata del Indio. El últlme
lrnpcrlo lnC'uloo no eonsUtula u~a tonna prlmJth·a. de la organlzn..tón O·
d a! sino que ésta estaba ya muy cn• o~t'lonndn. A pesar de conservar ni·
~t unos ru"gos de un ('omunl mo prlmlth·o, era en su esencl·a feudal )" como
tal se basaba, como en todaw pu.rtea y eu to¡\lu épocas, sobre tributos ea
especies; exl¡rla del tributarlo t'nrn)leslno Jos sobrantes de su producción
agrlcola, ~u comida, ilejf\ndoles sólo lo lndJspcnsa.ble para la subsistencia.
La mherla de , ·astas eaJIIU sociales durante el Incanato explJcarla asl la
eostnmbre ile mo. oar la coca. como tnl!tltuto de la alimentación en el auU•
gno Porú. Y bien pudo ser que esla costumbre fu'ese Introducida durante el
dominio, .cnltnral o polltlco, del Imperio Incaico sobre vastas poulonu de
la América ilel Sur que no están definidas todo.vla por la lnv_tatlgnclón hll·
tórlca. Esto explicarla, taJvez, la lne:dstenela de dicha. co stumbre en la
América Central o en las Antillas y lo. relativa escasez de las ctto.s de 101
rronlstas sobre el empleo de la coca. como medio de aplacar el hambre al
deacl'lblr pahea que estaban situados fuera de la lnOoencla directa del Im-
perio.
Vale la pena a es&e respecto uamar la atención sobre una obsen·aelóD
que pudo hacer el Jo"VeJ1 etnólogo Luh Duque G., entre Jos Indios guambla·
1101 t" Problemas Íoclalea de algunas parcialidades lndlgenas del occidente
C'oloJnbll•no", editado por el Instituto Indlgenlota de Colombia). En las már·
genes del rlo Plendamó estAn situada.. las tierras dél resguardo lndJgena.
En la orilla opuesta estA la baelenda de Chlmáp, en tierras que antes for·
maban parte del mismo resguardo pero que le fueron arrebatadas, como
ronsecnenela de un adverso tallo judicial, por algunos "Vecinos blancos. Tan·
to Jos peones de la hacienda, que forman unas ochenta familias de terr••·
gueroa. como Jos habitantes del resguardo, son todos Indios guamblnoON•
Sin embargo, Jos Indios de la hacienda mascaban coca, en cambio. Jos del
resguardo, ()oe dlsfrutahan un relativo bienestar económico, no la mascaban.
La creciente va.uvorlzaclón del coamneslno colombiano del...sur del pala
explicarla tnh ez la extensión cada dla mayor. que tiene el uso de la coca
entre la población blanca, negra o mesttza en las comarcas suretlas lle Ja.
ll.epúbllca.. En Saa Agustln (Departamento dlll Hulla), por eje~plo, la po-
blación campesino. blanca o me llta, que llegó del Sur o del Caqnetil, I'On·
nme una cantidad cada. dla yor de coco. que, Introducida del Dc¡¡nrta·
mPnto del Canea, autea sólo era destinada para 1011 lndloa que lnml¡rrabaa
• temporadas de aqnel Depar4:Bmento como jornaleros. El hlsf~tt':llor lual·
"e doctor Joaquln Garcla ~rrero, Jo mismo que el narlli~se Ml¡pael
ta Fábre¡ra, pudieron o ervar eómo Jos negros del Piflíl' empiezan
ca.r coca en cantidades cada. dla mayores durante sn 11 faenas diaria •
1~ 11110 un me411o para aplacar el hambre, el mambeo en •u forma aetual
""r""" aer u;. vlelo neta.mente eoelal, que se desarrona eu condlclon"• ao·
rlales 7 económicas espeelfltas 7 que no dl'pende de raza, eostnmbre, color
o ttadJclón histórica.


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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 19
Los estragos •q:ue produjo el continuo uso de la ·coca durante g·c.nera-
ciones o, lo que es lo mismo, ·l a centenaria desnutrición del indio de la
comarca, se pued•en o·b¡.; ervar en s•u raq11Ítica estatura y en su debilidad,
tanto moral como meruta'l. Con lo que IW pudo acabar la coca es con su
aptitud para el trabajo como peón del campo, antes bien: debido preci-
samente al uso de la coca y al ·con,siguiente abaratamiento de su manu-
l<'lllCión, el in·dio es el jornalero más buscado no sólo por los hacenda-
. dos de la región, sino por todo¡s los de'! sur del Departamento del Huila.
Se puede afirmarr sin ex·a<g eración que sólo n estos indios, q11e periódi-
camente v.a n a trabajar en las regiones de San .1\gustín y Pita'Iito, se
debe el •progreso econ1ómico de aqueHas tierras. Su a'bnegación, su :,er-
vilismo, sus limi.tadns capacidades ment·a les unidas a una ejempla¡· hon-
radez lo· hac-en el jornalero más apetecido para todas las faenas del
campo. •
HoJ( coino ayer 'la coca ·ha ·Sido una de las bases de la explotacin eco-
nómica/ dél 'indio. Mambeanclo labraba el indio sus tier.r as, recolectaba
sus cosechas, pa·g aba sus tributos, ·b acía su trabajo ohl1gartrio, "la obli-
gación", tanto para el Cabildo como para la Iglesia. Sin embargo, tanto
en los tiempos de la Co'l onia como en los de la República, escasas veces
se ba levantado una voz de peso par.a pedir la interv-ención del Gobier-
no a fin de acabar con ese vicio que mima la raza en alto grado. ¡Al con-
trario! Hoy, .como cien ·a·ños art.r ás, todos los tra:bajos pa:ra el Cabildo, \
"la o:b ligación", son .g ratuito·s y se basan únicamente en e·J !Suministro
de la "cO<Iuita". 'En •el archivo parroqmial de San Sebastián e<ncontré
varias antiguas "Cuenta y Razón" que rendían los respectivos sí.ndicos
a los .curas d•e la ,Parroquia. Entre muchas cito una de cHas, rendida
ante el C'Ura párnoco, Salvado¡· A111tonio· Morcil'lo, el 21 de abril de 1826
y •q ue comprende dos años. Entre los ga.stos figuran:
"ldem, ¡Jara colo1•ar Jos a1lollcs en rocrt y chlclta un peso, seis reales P 001 Rs. G
"ldem. paro. las slemiJI'as y siegas 1le trigo 1lc ambos años en coca y
ehlcha, onre vesos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . P 011
"Iílem, aoco ¡·cales en guarapo y seis reales en coca para peones 11e
la pared . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . P 001 Rs. i
"Itlem tres De sos ole coca ¡¡ara el corte ílc trlge. . . . . . . . . . . . . . . . . . . P 003
Etc., etc.
Hoy mismo se ·construye, al igual que •entonces, una nueva iglesia en
1? San Se'bastián y un lJlUCVO frontis en San Juan con los indios de los
• · ~,... . ':resguardos. El trabajo de la "obli,gación" es gratuito. Sólo les dan "co-
~.~E.:uita" p.ara mascar duran~e el dia.
~ ~~ '·
1~ ,,

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20 JUAX l•'RI .E DE

11

LA PROCEDENCIA DE LA POBLACION

La falta de datos exa!Ctos sobre la formación y desaf['ollo de los res-


guardos del Miacizo Colombiano, hace difícil la tarea de est-ableceJ· con
toda clari'Ciad la procedenc·i a de IS U población indígena. Diseminadas en
varios sitios de la región se encuentran rO'cas con incisiones lineales y
dibujos de tfiguras en técnica d>C relieve negativo. (Véase la fotografía
al principio del libro). Estas obroas, echa¡s ev·i dentemente con instru-
mentos de piedra, no parecen ser representaciones totémicas de anima-
les o simp1es dibujos ·geométricos. Forman evidentes combinaciones de
siluetas de hombres y de animales con espirales, mea:ndros, círculos,
etc. Dan la impresión de ser obras de un~ marcada intención pictográ-
fica, si no se quiere ver en ellas ya la representación de una escritura
rudimentaria. Llaman Ia atención no S'ólo por la repetición de signos
y formas en puntos tan distantes entre .sí. como ''La Cueva" (cerca de
San Lorenzo), El Rosa1 y La Vega , sino por su distribución en fajas ho-
rizontales de un ancho aproximado de 70 centímetros separadas entre
sí con fajas vacía,s. Si estas incision.es fueran signos de una escritura
primitiva, lo que sólo un detenido estudio arqueológ~co podría resolver,
demostrarían la existencia de un antiguo pueblo con alto desarrollo
cultural que no correspondí·a ya a J.as tribus encontradas por los Con-
quistadores. E1s verdad que ningún cronista español parece mencionar
dídhas rocas incisas; sin embargo, este hecho no constituye prueba su_.
ficiente para negar su existencia en el tiempo de la Conquista, pues
ningún cronista tampoco hace mención de las maravillo,sas esculturas
del valle del Alto Magdalena (San Agustín), cuya existencia en aquella
época no se pone en duda. Existe pues la posibilidad de que restos de
estos pueblos vivían todavía en el siglo XVI, mezclándose, talvez, con
la¡s tribus que subían a las cordilleras ahuyentadas por la conquista es-
pañola .

.Pero, aparte de la posible ex.Lstencia de este pueblo, las cordilleras


se poblaron, ante todo, durante y después de la Conquista. Cuando los
prime1·os con{}¡'lJistadores (Juan de Ampudia y Pedro de Añasco, capita-
nes de Belalcázar, en el año de 1537) llegaron de\Sde Quito y Pasto a
esta región se encontraron. entre otras tribus, con los Patías que habi-

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 21
taban el valle del mismo nombre y que tra.taban de opone.r les resisten-
cia, ·siendo entonces calificados en la historia como ''caribe·.> feroces".
También <:on los Quillas qu-e vivían más al Oriente y que eran ·'pacífkos
y humanos.", como dice Jaime Arroyo, y por fin co.n los Guachiconos que
habHaiban los valles del río del mismo nombre y de sus afltH'ntes (todos
e1los ricos en a1uviones de oro): Sin ·embargo, a pesar de ser estos úl-
timos indios "pa·cíficos y humanos", Ampudia y Añasco, que años des-
pués, marcaron con sangre y fuego la conquista del valle del Alto Magda-
lena, " ... incendiaron cuantos pueblos y cabañas 11allaron a su paso y tala-
ron los campos con hierro y fuego". Cuando Belalcázar llegó al año si-
guiente, encontPó los campar; desolados y la región des;,¡oblada. Sin
duda fueron estos indios fugitivos los que formaron las concentraciones
de mayor importamcia en las altas Cordilleras.
Pero de todos modos , los 1·esguardos del 'Macizo Colombiano, tal
como los encont~amos •e n el siglo XVII, no son concentraciones natu·
r.a1es de tribus originarias del sitio, sino nucleos formado1s artificial-
mente como consecuencia del dcS'pojo, forzoso o legal, al que sometía
el español a la población indígena, ocupando sus tierras más bajrus. En
un documento que se encuentra en la Notaría de Al.maguer, fechado el
19 de mruyo de 1700, el Cacique, Dn. Carlos Inca de Sal azar, pid·:! un
amojonamien<to de tierras, " ..... hasta donde su cacique señalase .....
por haberlas poseído de sur; abuelengos y reducciones y trasplanta-
mientas de Pueblos que hi·cieron los Conquistadores, los cu:;tles les se-
ñalaron a dichos indios según la razón de dicho cacique, Dn. Cal'lo·S,
legua y media ... " Además, mú'ltiples documentos que se conocerán en
el t·r anscurso de este trabajo demuestran varias compras de tierras he-
chas por lor caciques para sus pueblos, con'\1)ras efectuadas con todos
lo reqpisitos legales y varias veces coil!firmadJ s al llegar un Visitador
-un Juez comisionado por la Real Audiencia de Quito- quien obliga-
ba a nueva "composición e Jmdullo con Su Majestad'', forma en la que
S·e consolidaba y legalizaba la propiedad sobre rtierras que a ntCis eran
de la Real Coroná o se conseguía confirmación doe las poseídas, con
p1resentación de títulos y mediante pago de nuevas sumas d e dilllero.
Por ot·r a ·p arte, si ¡se toma en cuenta la relación que hizo Fray Ge-
rónimo de Escobar al Rey de España en 1581, " ... a tres leguas de allí
--'Ciudad de Almaguer- están las minas de La Concepción, donde tra-
bajan generalmente dos mil indios o negros ..... ", y la confirmación de

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1
'' ¡
JUAN FRIEDE
22
la noticia sobre trabajo en las minas en otra comunicac ión, datada del
año 1583, dada por Fra-ncisco Guil1éD¡ •Chaparro, quien añade que " ... y
se ha sacado .grandísim a ·cant·i dad -<le oro- con indios naturales de la
tierra y algunos l!legros, ·a unque ¡pocos ..... '', se pued·c suponer que una
parte de la población de los resguardos del Macizo Colombian o se for-
mó con los fugitivos de las minas de Almaguer.

Además, está l üstóricame nte comprobad o que con los Conquista do- 1

l'es Uegaron a 'la región varios miles de indios forasteros y sobre todo.
/ •

Anaconas -Y·a naconas o Yanacuan as- traídos desde el Sur, que tam-
bién formaban parte de la poblaciún indígena de los Tesguardos . El ya
nombrado cacique, <Dn. Carlos Inca de Salazar, en una Cédu•l a Real, te-
chada el 15 d.e dkiembre de 1701, cuya copia encontré en la Notaria de
Bolívar (Cauca), se llama ''Cacique !Principal de •Jos Indios Anaconas y
Forasteros de esta Ciudad de San Juan de Pasto". Además, varios docu-
mentos de las Notarias de Alma.g uer, Bolívar y Popayán, <tanto <k los
tiempos de la !Colonia, como de la República, tratan 'Cie indios AnacOIIli!\S,
como pertenecie ntes a una tribu o a•g rupación definida y no sólo como
a un apellido muy esparcido entre los indios de 'la eomarea. Un docu-
mento en el Archivo Central del Cauca (2625, Col. G. 24 en) f\echado el
11 de diciembre de 17<12. tiene el sigui·ente enca1bezamient o: "Numera-
ción y Carta Cuenta de los indios tributarios de la Real Corona, Anaco-
nas, Criollos y Forasteros , puestos en ella de esta 'Prov·i ncia de la ciu-
dad de Almagu-er !hecha ¡p<:>r el Capitá·n, D<n . Jacinto 'Muñoz de Ayala
Narváez, Teniente del GObernado r, Justicia < M ayor, COI'Ifegidor de Natu-
rales y Alcalde Mayor de Minas de la di·c:ba dudad y su jurisdicció n por
Su :Miagestad del tercio de San Juan del año de mil s·e tecientos y dos,
habiendo hecho parecer, por no !haber Gobernado r, a los A:lcaldes de
dichos indios y es como sigue: ..... "

Em otro documen~o -el de ampa<ro de propiedad dado en 1715 por


Do. Pedro tF e rnández de 'Navia a Gregario Añasco (Archivo de la No-
taria de Almaguer) , éste !habla " ..... por sí y en nombre de los demás
hijos, nietos y 1h erederos d·e Bernardo de Añasco·, su abue·lo, Indio Ana-
cona de la Real Corona ;y Gobel'nado r <del •P ueblo de San Juan de El Ro-
sal ..... " Hasta en los tiempos de la República, en una petición fechada
. ,~l
,_,_c,-\Ci-1'-
el 20 d·e abril de 1833 (N·o taria de Bolívar), Enrique Alvarado llama
mismo: "indígena de los anaconas del !Pueblo del Trapiche" .

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I!:L T~t>IO EN LUCHA POR LA TIERRA 23

Tanto Garcnaao lnea de la Vega en sua "Comenta rlos Reales", ~omo


SoJórzano en su ''Polltlra Indiana" hablan de Yanacuna s como de una lnl·
Ut uelón lnralra que agrupaba todos aquellos Indios que, por falta de tierras
llrolllos, trabajaban romo siervos en tierras r eales, ea decir, del Jnr&. Loa
\' anacunas no dcpendlan de nn curnca. ni formaban una tribu. Eran, má1
bien, un grupo ROela! y no una tribu. Los conquistad ores utilizaban mllel
de 3 annconas en sus expedicion es gu erreras, :prlnclpalm.ente romo
cargue·
a partes muy distantes del lugar de su origen. Una ver:
ros, y Jos lltn allnn
ser
completad a la ronqulstn y organizad a la Colonia, el ya nac ona. volvió a
un siervo quien, por falta de tierra. propia labraba la ajena, mediante pago
de una parte de In co secha como arriendo al duello de la tierra. No tenia,
aunque legalmente libre, derecho de ca.mblar a voluntad su domlclllo (véase
Jorge Dasadre·, "Historia del D erecho l'ernnno") , l'ero esto sucedia prlnef·
ea
, ll~fln en te en las ti erras con. tradicione s Incaicas y, como parece, sólo
de la Colonia (,•6ase: Jo sé V alega, "El Vhreyna.to del
lo11 primeros tlem110S
l'er-6"). Pues ya ni come~ zar . el siglo XVIII encontram oa, como se ha. vlst11,
caciquea de Indios anaconas: Carlos Inca de Salazar. Algunos anaconas
-Bernard o de Afiase~ vestlnn la. dignidad de caciques de pueblos (véase
nnterlorme nte). Además, las autoridade s espaflolas hacfan a Jos Anaco-
los
llaa repartimie ntos de terrenos reales, para que fundasen pueblos como
Indios. Esto se despunde, por ejemplo, de la diligencia. <te remate de
clema\1
de
l11. loma "El l'oblazón" , cerca de Almaguer, fechada el !! de diciembre
1789 (Arcllh'o de la Notarla de Almaguer ), eu la cual se lee: "·
.... y por•
ftue éstas -las tierras- las poseen unos Indios Auaconas, por haberse
dado a. ellos para fundar pueblo, notlflqucs e o. su actual Goberna.do r y Fro•
teetor que se les nombrará n.d ltem vor falta de propietario ..... " Se
oh·
7&•
Sen·a que las autoridade s colonlalea huelan estuerr:o para reduch' 101
7
haeonas, cuyaa caracterlst lca& prlnelpale s eran la falta. de tierra propia
Se
del cacicazgo, a una forma de vida similar a Jos demás pueblos lndigellaa.
trató, 7 se lo gró algunas veces, transform ar una agrupación social en una
organizaci ón d-e tribu o del resguardo. No sorpren de asl el hecho de eneoll•
ll-ar el apellido "Anacona" en gran profnslón en loa r esguardos del
lila•
, C.bo Colomblllf o. En San Sebastlán, por ejemplo, el 65% de la pobla.clón
Va el apeJUdo Anacona, como se desprende de loa censos
Jel·antados por el
lle•

Cabildo.
Jorge Dasadre describe, en la obra citada, aRl a Jos yanaeona u "Loa
l'anaeunaa " o servidores arranc.a.do s d.e la vida de la comunidad y entre•
ltndoa al Inca o a sellores dete~lpado• y en7a. anerte variaba desde el tra·
bajo rudo y a.nónlmo hastaUHetl<llí cargos de confianza en la vlda doméstl•
ea, áullea, económica , administra tiva o militar".
Solórzano en su libro segundo dl~e de 101 anaeonas de la Colollla q-.e

!:!!
rl
esto• Indios eran tenldoa •• ... como por ac\serlpeló a y disputado• para
lea la.b(en 7 cultiven ous lleredo:dea, aln permltlrly se ausenten de eU&a
to11 ~ eual quedaron estos
lsmaf ~ho.c:ras y heredades
ludios
y eon
como
ellas
por
pasan
parte
a
(digámoslo
cualquier
é.. . as eomo los Indios no las puedell deJar o desampara r, tampoco
aal)
poseedor
d
que
• •-f'~~f---:.~,
'1 .r~
v,~~»r·
·\U·~'
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T am bi én se p uede r ar que emi g-r aron al gu n as tribus d esde el
Orien te y tra s;:>asamd o la Cord ill era que. a p esar de su a ltu ra, t k ne va-
r ios y cómod os pasos na turales (La Deslumbro sa, Los P a r amillos, cte.¡
d e. ). En el antjguo ~ e st a m em to de Don S ehasti á n Inca de Sal azar, abue•
lo paterno de Carl os In ca de S al az ar (~ O<ta ria d e Almague r ) , se lee c6·
m o los c onquist ado r es le se ñ alaron alg unas ti erra s ry aJ.gu nas de ellas
compradas ~ 1 ca cique de San Sebastián ... " para situa·r mil t r escie ntos
indios que trajeron de 'Las Papas, y no cabie ndo en dicho Caqu eona si-
tuaron la mitad de ellos en la Loma det Cudho de Pancitará ... '' La te-
sis del primer historiador de Almaguer, Don Arcesio Guzmán, quien,
como otros, afirma que el V~lle de las Papas fue habitado por Anda- .
quies, no ha sido comprobada ·todavía por las investigaciones. H abien-
d o sido Doo Sebastiá n Cacique de los indios Anaconas y forasteros
--como -su descendi ente Don Carlos- es mU'Y posible que se tratara de .
uno o varios pueblos traidos desde e1 Sur, durante la Conquista. y a
quienes fueron asignadas las tierras hostiles del Valle de Las Papas pa-
ra sus vivilmdas. Según Castellanos, Ampudia llegó h asta el nacimiento .
del Rio Magdalena --que seri-a el Páramo de Letreros. ••r·o m;pioodo por
entr e montañas despobl adas, lluvi osas, cen agosas y frías", que podrían
corresponder al V-alle de Las Pal)as. Castell anos lo hace devolverse al
V-alle de Sibundoy por encontrar inhabitables y de difícil acoeso las
moniañas hacia el Norte; pudiera ser, aunque no es muy verosimi1, que
algunos de sus i·ndios, ·traidos desde el Perú, se quedaran en el Valle
de Las Papas. Pero de todos modos la comunicadón de la región con
el Oriente, tanto con Caq;uetá como con la Hoya 'Amazónica en general,
es digna de un estudio más detenido, pues está corroborada en urna an~
ligua tradición. que encontré en el r esguardo de San Juan (de Buena
E speranza) . S egún ella, exi stía en el Caquetá, en el sitio que hoy tam-
bié n .llamado El Descansé, un floreciente pueblo de indios y que una vez
un hombre con cabeza -de tigrer surgió de la selva y lo destnpó. Sólo
un h abitante pudo .salvarse, lle1vando consigo - y aqui rltePcalan las
tradiciones católicas- una estatua pequeña de San Juan ' B}t1fista y Jas
campanas de la iglesh:i. · -J.>.
· ' de J
El origen cierto de los ha:b a'ntes i'lldigen as de los ~e~~rdos del
Macizo Colombiano, sólo 1o sabremos mediante ! erios estudios etnoló-
gicos. De todos modos, los documentos históricos demuestran de sobra.
eJ alboroto que produjo la Conquista y el primer siglo de la Colonia en ·
tre las tribus indígenas sedentarias.

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 25
III
EL INDIO Y SU TIERRA
La historia de los resguardos del Macizo Colombiano durante la Co-
lonia y la República tiene mucho de común. Su característica sobrresa-
liente es la lucha centenaria COIÜ'I'a el colonizador blanco -español O
criollo- por la posesión de la tierra, base del sustento del común de los
indios. La Conquis,t a ·i lnterrumpió el desarrollo económico y social del
indio en Ñ estado en que lo encontró, es decir, como agricultor inferior
sedenta,rio. Tanto la estroctura social como Jos medios técnicos de pro-
ducción, las cre·encias religiosas y las obras de arte estaban, a la llegada
de los españoles, firmemente l~gadas a la tieJ.'Tia que se cultivaba. Pero
la conquista no sólo inte!'rumpió su desarro'llo económico, sino que, sal·
vo su utiliza-ción como elemento tributario-fiscal. apartó a los indios
de la participación en la evolución posterior, tanto económica, como
social y política, de la Colonia. Estancado el desar.r ollo de su economía
persistió el apego del indio a su tierra, su única proveedora, apego que
se acentuó. más todavia, al verse rod·e ado de gent~s para él extrañas
-gue!'reros profesionales, mineros y comerciante·s - para las cuales la
tierra ·c onstituía un objeto de lucro, un objeto de compra y venta y de
ganancias metálicas. Todo lo contrario de lo que era para el indio la
tierra, base de existencia, base :;¡limenticia, en fin, base de la vida. El
iqdio con más o menos conciencia sentía -Y todavía siente, ya que la
República no cambió esencialmente su posición social-, q;ue la pérdi-
da de su tierra constituía el fin de su existencia. Y este apego a la tie-
¡-ra, arraigado en condiciones sociales permanentes, explica lo t·r ágico
y oconmovedor que •es esta luaha por la tierra. El indio del Macizo Co ·
lombiano no es jornalero, ni minero, ni negociante. Su ambición jamás
ha sido, ni lo es ho·y , tener terrenos para extraerles meta.l es o para ne-
gociar con •ellos, sino para cultivarlos. Cuando los indios de'l Hesguar-
¡fo de San Juan me indicaban como medio, paTa contnrrrestar la aguda ....__ j

escasez de .tierra que experimentaba•n, la adjudicadón al resguardo de


los ba-ldíos adyacentes en la Cordillera Orien1rul , jamás ·les vino a ]a
mente ·Ja explo.t ación de tma rica nüna de oro que, según ellos. se en-
co¡Jt.raba allí. Lo contrario: esla mina me la anunciaban >Como un re·
curso para el Gobierno Nacional, el cual <podrí-a deja·r en manos de los
blancos su explota·ción y bólitm· a ellos la labranza del terreno . Esta
posición especifica del indio frente a su tierra no ha sido, mi es enten-
dida por sus vecinos blancos, para quienes la tierra, como cualquiera

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26 JUAN FRIEDE

otra posesi•ón, es un objeto de compra-venta; ni han comprendido ja-


más el verdadero motivo de la tenaz luc'ha, que llevó -el indio en el pa ·
sado y que lleva todavía, por las tierras de su resguardo y de su opo-
sición a cua•lquier reparto. !Para el indio esta lucha no consist-e en re-
peler una simple conquista ])Olítica o en protegerse de un negocio des ·
ventajoso, o de un robo llano de sus bienes, sino en resgua•r darse del
eminente peligro de exterminio que se produce por el sólo heoho de ale-
jar al indio de su tierra , ind·ependientemente de los métodos empleados
para este fin .
La historia de semejante lucha por la •tierra •t iene páginas emocio-
nantes. Así. cuando el Resguardo de Sanlia.g o (del Pongo), después de
una centenaria defensa, resuelve al fin acceder a la partición de sus
tierras, el repartidor, con satisfacción, comunica en su infOTme al juez
lo fácil que resultará la labor ])ues "recorrido el terreno en todos sus
detalles, como opei"ación previa con exclusión de las reservas de mon-
taña y del lote de gastos, se ba'lJ.oó que él medía hasta 650 hectáreas, y
como el •n úmero de accionistas resultaba .i gual a este totaL vino a s·er
f'ácil la unidad de la división ... " (Véase parte IV, .Cap. III).
¡·Hay que entender lo que significa la vida en un minifundio seme·
jan te! ¿En qué parte d·e Colombia existe un campesino q,ue se sostenga
con una hectái">Ca de tierra? Y sin embargo, estos indios se opusieron a
la repartición durante más de cien años en la República, repudiando
las leyes sobre repartos de 1832 y las subsiguientes, ·y más de doscientos
años. contra los vecinos blancos de San Sebastián y Almaguer. Los vie-
jos caciques sabían que la repartición d el .resguardo sería el f1n de su
pueblo, como pueblo indio. Y verdaderamente sólo dieciséis años bas-
taron para que de las 121 familias que había en el tiempo de la reparti.
ción, en 1927, emi·g·rasen definitivamente 68, esparciéndos·e por e.] De-
pa rtamento del Huila y la Comisaría del Caquetá. ·
IV
LA PROPIEDAD COLECTIVA SOBRE LAS TIERRAS DEL RESGUARDO
La lucha del indio ])Or su tierra es al mismo tiempo la lucha por con-
servar la forma ,c olectiva del dcr·eoho de propiedad sobre ella para todo
el resguardo. Generalmente ni el español de la Colonia, ni el colom-
biano de hoy, ambos educados y acostumbrados a un mundo de orden
indi vidualista, entendieron que a este derecho colectivo soiYre la tierra
se debe el milagro {]e la sobrcviveneia, aunqnc mntilada, del pueblo in-

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TfERHA 27

rlio como raza. En ninguna ¡.¡arte s-e puede observar mejor la fuerza de
cons-ervación que proporciona l a colectividad como en la historia de
los res.g uardos. El indio sabe que dentro ({e su resguardo, como una
par.cela minúscula, está más "·resguardado '' que f11era de él. aun siendo
1 ~lueño de una tierra más extensa. Así se explica el porqué cumple eon
disciplina resignada el trabajo de la ''obligacióu1'', impuesto por el ca -
bildo, sin que una fuerza policiva o de otra índole lo obligue a ello. El
memorial que suscriben los ''mandones" de los re >.guardos de Caquiona,
San Sebastián, Pancitará y Guachicono, en Almaguer, el 26 de <.gosto de
1833, invocando la intervención del Gobernador de la Provincia ante
el Congreso Nacional, para conseguir la derogación de las leyes repu-
blicanas sobre el reparto y que se insertan en la parte documental de
e·ste trabajo, es muy significativo a este respecto. Después de describir
!-a aguda escasez de tierras q¡ue experimenta n tanto por la crecida po-
blación, como por la poca extensión de terrenos servibles para ag-ricul-
tura, dicen: " ..... que si se l.leva a efecto el repartimient o, quedamos
reducidos a un estado el más deplorable. que, multiplicand o nuestra
pobreza nos reducirá a la última, y aca·: o nos obligaría, para no morir
de necesidad, a abandonar nu•estro-s pueblos para buscar en otras pnr-
tes nuestra subsistencia , para no ver perecer nuestra familia ... Nues
tros bijo·s, que si se casa.n y form an nuevas familias no tendrán ya a
dónde establecerse .. . A más de esto nos veremos obligados a experi-
mentar la introduccjón de otras gente-s en nuestros puehlos y los per-
juicio·s . . .. " etc., etc. "Y por consiguiente ---.concluye n- humildemen te
suplicamos s-e interese por la felicided de esta raza de los miserables.
indios ... , ele., etc." Lógicamente pensando, la partición sólo disminuye
en po:eo la cantidad de la tierra disponible y no cambia, por consi-
guiente, en lo esencial ]¡¡¡ 'S ituación eéonómica del indio, como propie-
tario i'lldividual. Así desaparoecc el argumento lógico, . que los indios po ·
drían elevar ·co.ntra una partición. Pero no es tan fácil desbaratar el
más poderoso, el histórico argumento, no dicho claramente en estas la-
mentaciones pero existente en todas ella~, y es la firme convicción de
Q'lle a la destrucó&n del res.guardo seguirá inevitableme nte la desapa-
ridón de la raza; pues destruyendo la ccJ.ectividad indíg·ena, que le pro-
porciona la se,g uridad y la resistencia t an necesa-rias por lo rudimenta-
rio de sus medios de producción, por lo precario de su existencia y por
lo desamparad o de su posición en la sociedad moderna, se condrn:-1 al
indio a la inevitable exli•n ción.

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2x .TUA!'; FRIEDE

El -concepto de la propiedad colectiva sobre la tierra es tan arrai ·


gado entre l<>s -indios, que esta forma de propiedad jamás se discute;
aun en los muchí'sirnos casos en que los títulos legales ampaTan sólo al
0acique, .q ue la adquirió, y no al común de los indios. Hasta ahora, en-
tre decenas de pleitos que pude investigar, sólo co.nocí un caso, e'! de
Francisco E. Imbachi, descendiente del cacique Salvador Imbaahi.
comprador original de la Loma de Hatofrío (cerca de El Rosal), quien
pide al alcalde ordinario, José M. Manzano, para que intervenga ante el
actual Cabildo en asunto de una adjudicaci-ón, " ..... pero sin embargo,
siendo mis contrapartes y nuestros descendiente s de aquel tronco, aun-
que donadas dichas tierras al ''prestado" Pueblo, ya como descendien-
tes de aquel tronco, ya como oriundos de él, debemos ser preferidos
los descendient es del donante primero, que otros imparciales.... " Este
liti.g io (Notaria de Bolívar), acontecido ya en el ocaso de la Colonia,
año 1808, deja traslucir la influencia de un mundo aj-eno a la mentali-
dad indígena, ya que se basa sobre el derecho absoluto y hereditario
de la propiedad privada. De todos modos, los casos de una contTap<>si-
ción del derecho individual al colectivo en un ·resguardo indígena son
extremadam ente raros durante la Colonia. La gran mayoría de los ti-
tul<>s presentados en los litigios son expedidos a favor de lO's caciques
sin mencionar, siquiera, a la comunidad y esto no conduce nunca a re-
clamos o dificultades. Sólo en el ocaso de la Colonia y ante todo en los
primeros decenios de la República camb.ia este est¡¡do de cosas. En ese
entonces algunas familias í.ndiJgenas se desprenden de los resguardos
a-cogiéndose a las nuevas · ley-es republicanas . Pero creo que el ejemplo
de los resguardos de San Sebastián y de Guac.hicono, legalmente repar-
tidos en el año 1833 (véase parte IV , Caps. II y IX), y que sin embargo
hasta hoy adjudican 'Y reparten terrenos cada vez que un i·ndio comu-
ner{) así }{) solicita, demuestra lo hondo que está arrai,gado en los
indios el concepto de la propieadd colectiva sobre la tierra.

LAS AUTORIDA DES COLONIALE S Y LAS REPUBLICA NAS FRENTE


AL DERECHO DE PROPIEDAD COLECTIVA SOBRE LAS TIERRAS
DE RESGUARD O
Es digno de mencionar que hrs autoriciades españolas dd fin de la
Co:J onia tenían más 'comprensió n, por esta excepcional condición del

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lllL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 29
derecho de propiedad de las tierras del resguardo, que las republicanas
después de ·]as guerras de la Independencia. En el caso citado, por
ejemplo, el alcald·c se limita a darle tra·spaso de la petición de lmbachí
al Cabildo indígena, sin darle un apoyo especial al peticionario. El Ca-
bildo .a u vez . .no se opone a la adjudica·c ión pedida y dice: " .... desde
luego, señor Alcalde Ordinario, no nos oponemos a ello. mas antes su-
plicamoo a usted pase cuando tuviere por conveniente a verificar e·sta
diligencia y señalar aJ prenotado Ed'l.lardo y demás sus consortes el te-
rreno que se vea en justicia ser necesario para la satisfacción de tribu-
los y manutención, que esto se haga sin el menor peTjuicio del demás
Común de indios del citado Pueblo y que los costos que se causaren en
expres'.lda diligencia .J.as satisfaga el citado Eduardo ... " E sta decisión
pone punto final a la co11troversia, y tanto Francisco E .• como Pablo A.
Imbachí en el momento de entrega se arreglan con los demás comune-
ros, pues leemos en el auto expedido que " . .... se convinieron éstos y
los demás indios de este dicho pueblo a que quedasen siempre en unión
las tierras que comprenden el citado pueblo .. . " Pero en tiempo·s de la
República ,' en 1832. el mismo litigio bajo los mismos aTgumentos y con
presentación de los mismos documentos, llevado ahora por otro deseen·
diente, Josef Salvador Imbachí, conduce al desprendimiento de una
parte de la Loma de Hatofrío del Resguardo.
La -comprensión que tenían las autoridades coloniales. en las últi-
mas décadas de su existencia para estos específicos problemas indíge-
nas, lo demuestra también un despacho librado el 23 de abril de 1778
por el Gobernador de P-opayán al Teniente de la ciudad de Almaguer,
protocolizado en la Notaría de Bolívar. que dice así: ''·M ediante a que
de la información dada por el protector de naturales superabundante·
mente consta, que los indios de Almaguer, que se Jlaman anac¡ynas de
distintos pueblos y quedan pasando por diversos lugares sin tener asis-
tenta en ninguno y que esto se ve en grave detrimento suyo espiTitual
y :temporal por privarse por su separación de las ayudas y 10ocorros que
puédense mutuamente darse unos y otros ... y ... siendo obligados -los
(rt)bernadores- a restituir -a los ind1o·s - a sus poblaciones como pre-
~ptúa su Augusto Monarca, Don Felipe Tercero .. . ha¡ga volver y res-
tituir los indios a sus pueblos a costa de culpados por lo que ... librase
despacho ... pat·a que los indios de este pedimento no se les ponga por', =· ·
persona alguna el menor embarazo o impedimento 'Y antes pongan de

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30 JUAN FltiEDE

su parte todos los auxilios y medios necesarios, para que se reduzcan,


sitúen y restituyan a sus antiguos pueblos ... "

Con mayor claridad todavía está expresado este concepto en el auto


que data del 25 ·de agosto de 1798, dado por el Gobe-rnador de Popayán
que dice: ''Vistos: El comisionado para la ejecución de la providencia
expedida a solicitud de Nicolás Omne, en vista de lo que representa
Babiano Chilito procederá a Jo que corresponda en ju·s.ticia, bajo el
concepto que las tierras comunes del Pueblo se deben gozar con igual-
dad por todos los indios de él".

La misma comprensi•ón y respeto hacia la tradición y derecho indio


·se observa en -21 extenso proceso de Marcelo Verdugo contra el resguar-
do de Gaqueona (Parte II, Cap. III). Este Mancelo Verdugo, casado
con María Gómez Inca, descendiente del Cacique Don Sebastián Inca de
Salazar, reclamaba una parte de las tierras ocupadas · por -el resguardo,
por considerar-l as herencia de su mujer y a causa de haber sido compra-
das por su ascendiente Don Scbastián. Lo·s indios, a su vez, apoyaban su
derecho de propiedad exhibiendo los mismos títulos, pues siendo Don
Sebastián cacique del pueblo . alegaban que las compró para su resguar·
do. El Juez comisionado, Pedro Fernández de Navia, acepta, en 1715, loo
razonamientos de :\.Iar.celo Verdugo y, admitiendo la composición me-
diante un pago insignificante, pone a ~Iarcelo Verdugo en posesión le-
gítima de las tierras del 'litigio. Pero cuando el pleito llega, cincuenta
añcs más tarde, a ser fallado por la Rea·l Audiencia de Qu•ito, la com-
posidón admitida en ! 715 es revocada y se devuelven las tierras a los
indios. El ,Protector de los Naturales ......DoctGr Qui.niones- acata Ja opi-
nión de que Don Sebastián Inca de Salazar, era cacique y que de con-
siguiente para considerar las tierras por él adquiridas como de propie·
dad p articular, la contraparte tendría que probar este !hecho en forma
expli-cita. "Pues en el escrito ~di:ce ·el alegato del Protector- dan por
causa-l que la loma de El Rosal, la litigada, la paseó Don Sebastián Inca
de Salazar, cacique principal del pueblo de ·Caqueona, sin hacerse cargo
.que esto es lo que más los perjudica; pues esto mismo prueba q;ue son
tierras de la comunidad ... " Se capta asi el principio de derecho indio
que los caciques dan los pasos y hacen personería en defensa de las
tierras de la comunidad .... '' Se -capta a si el principio de derecho indio
(derecho co.Jectivo) sobre la tierra.

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IIL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 31
Una mentalidad bien distinta demuestra, unos decenios más tarde
-ya en ,Ja República- el alegato que presenta, en 1837. Pedro Marría
Cabez as ante el Juez. en nombre de unos 'indios Guamnnga contra el
Resguardo de Sa.n Juan y que produce el desprendimiento de una por-
óón de terreno de las tierras del res·g uardo. Cabezas trnta de demostrar
que el pleito es de personas particulares y no de comunidades ry dice:
" ..... porque se Iba querido hacer del común lo que jamás ha sido. pues
la contestación del cacique y sus compañeros deja conocer, que este
pleito se seguía por personas singulares y particulares, que bajo un pen-
samiento equivocado peleaban contra otra familia particular ... y con-
tra la torrente de la Constitución .... se quiere aplicar al común una
propiedad de libres ciudadanos sin presuponer una justa compensa·
ción. . . ¿Y qué diría ese ,J<ibro Santo de los Granadinos ·h oy, que la li-
bertad legal ha heaho a todso los ciudadanos iguales a•n te ·l a Ley? ...
¿Podrá resistir una posesión sin título y que sólo se apoya, entre otras
co·sas no menos Tidículas. en que antes eran los San Juan es tributarios?"
He aquí dos distintos principios de derecho de propiedad. ·P or una
parte el concepto de un derecho colectivo como básico. consagrado por
la historia y por las tradiciones y por ,Jas necesidades vitales de un
grupo de ·l a sociedad; principio que presupone la ·mmisión de intereses
particulares a los colectivos. De otra pa·r te el concepto de derecho dC's-
prendido de la colectividad, derecho de un individuo por encima· de la
colectividad, un derecho santo, absoluto e 1limitado. He aquí. oómo en
la legislación de la jov-en República se pierde el concepto mismo de la
colectividad, se pierde la visión de una comunidad de .gentes y sólo se
von ·i ndividuos. ''singu•l ares y particul ares''. Son dos épocas distintas.
dos mentalidades opuest11·s, arrai.g adas ambas >Cn condiciones sociales
fliferentes. El concepto de la comunidad estaba vivo en la España Co ·
lonial, mientras que la arrogante República Colombiana, heoha bajo el
si,gno del derecho (·libertad) individual. veía en una comunidad sólo la
a!glomeración de individuos.

VI
LAS FUENTES COLONIALES DEL LEGALISMO INDIGENA
Un rasgo característico de la lucha de los resguardos por la reten-
ción de sus tierras, es la ciega confianza y el apego incondicional del

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32 J U A N FRIEDE

indio a las disposiciones le ga:! es; es decir: el legalismo, que todavía


subsiste y sorprende al tratar con los indios. Este apego a la Ley es la
hrstórica resuHante de la política indi ana durante la Colonia. :Pues no
puede haber duda ·de que las Ley-es es·p añolas, si se •l es mira por su Jado
netamente formal, empezaron a preocuparse por la prote-cóón del in-
dio casi desde el comienzo de la Colonia. La despiadada explota-ción por
el conquistador o colonizador-encomendero, cuyo cuadro sombrío tras ·
luce por entre ·l a mll'ltitud de ·o rdenanza's, provisiones y leyes protecto-
ras, ponían en peligro la existencia misma del indio con la consec uente
despobla-ción del país, lo que era al fin y al cabo perjudicial para los
intereses de •la Corona. España que había conquistado y poblado un
continente por medio de empresas particulares, si.n riesgo alguno para
sí. ni sacrificios, ni erogaciones de importancia, se encontraba ante el
difícil problema de ·g obernar a.J país, de OTganizar la explotación sin
sacrHicar sus propios intere·.; es, muchas veces opuesto.s a las obligacio-
nes contraídas con los •colonizadores. Ya en ·l as primeras capitulaciones
concedidas a los conquistadores ·se insertaban instrucciones de protec-
ción de la población indígena q;ue muy pronto (Ordenanzas de Carlos
V, año 1542), constituían una parte integrante de todas las capitulacio-
nes de descubTimíento o de población, multiplicán<lose a medida que
aumentaba la inmigración española y los abusos contra la indefens-a po-
blación.
Naturalmente estas ley es, como todas las que trataban de poner lí-
mites a .}a explotación del país por parte del -colonizador, tuvieron una
eficacia muy relativa. "Acatar, pero no cumplir" era la fórmula genial
que desd-e el comienzo inventaron los inmigrados al abrigo seguro de
los miles de kilómetros que los sepa-raban de la potestad de la Corona.
en un país virgen, sin vías de comunicación. en donde }a voluntad y Ja
fuerza eran las únicas leyes que se obedecían. Como solución a esta
desobediencia se ·e xpedían leyes ·y más leyes y una -cantidad excesiva de
_ Provisiones y Cédulas rreales llegaban a las Américas. "Las cédulas que
Vuestra Ma·g estad tiene mandada·s dar para el Gobierno de estas Pro-
vincias es una cantidad inm ensa -escribe -el Virrey Fran·c isco de Tole-
do ya en 1570 en su Relación de Mando-. ¿Qué 'S erá ochenta años des·
pués y para todas las Indias? Como se ban ido sentando en los libros
por la orden que se han ido libran<lo, están muy confusas y muchas con-
trarias unas de otras y otras revocadas ry otras de que nunca se ha usa .
do''. Ademá!s, todo un sistema de control y vigilan~ia fue inventado. Ola

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 33

tras ola llegaban de España empleados para "tomar residencia" a otros


empleados llegados anteriormente, hasta que otros, que venían des-
pués, tomaban a ·s u vez cuentas de aquéllos. En la misma forma man-
daban las Audiencias, Alcaldías, Gobernaciones y 'Con-egidurías, ju~es,
visitadores, comisionados, lugartenientes, delegados y su bdelegadO"s pa ·
ra controlar, pedir cuentas, confirmar o deslhacer ao hecho por sus pre-
decesores.
Es obvia la deficiencia de esta forma administrativa en tiempo de
tan rudimentarias vías de comunicadón. Una orden dada, como se po-
drá comprobar en muchos casos expuestos en el transcurso de este tra-
bajo, tardaba meses y a \"eees años para llegar al lugar de su destino,
pasando por manos de numerosos intermediarios, lo que facilitaba abu ·
sos, cambios, tergiversaciones, demoras intencionadas, etc., etc. Pero la
Corte española no supo emplear otro remedio que el de la expedición
de nuevas leyes, nuevas Jimitaciones y ordenanzas, nuevos envíos de
jueces y comisionados que irritaba más y más a los colonizadores, crio-
llos y e·s pañoles ·por igual, sin que por esto se lograse cambiar esencial-
mente las cosas en esta inmensa selva virgen, que eran las Américas.
'E l problema de la población india en la CO>lonia era uno de los mu-
chos puntos de controversia ·entre la Corona y los colonizadores. Inte-
resada en Jos tributos, en los ingresos de los estancos, alcabalas y otros
impuestos indirectos, la Corte española quiso tener una población ame-
ricana fuerte, numerosa .y poseedora de atlgunos bienes. La Colonia, al
contrario, puesta la mirada en la más pronta y eficaz explotación de las
.riquezas naturales del país, condenaba al indio a ser animal de trabajo,
ya como esclavo, ora como siervo -prestación de servicios persona-
les- o bien como peón asalariado. La proletari?:ación del indio, el des ·
¡pojo de sus tierras 'Y bienes era de interés tanto directo ---4aprovoeoha
miento de sus tesoros y de sus tierras- ·c omo indirecto: la creación de
un mercado de trabajo con abundante of.erta de mano de obra.
Resultó de esto que mientras ,Ja ·Corona mediante Leyes y Ordenal!l -
zas de protección trataba de conservar la población indígena en estado
de relativa prosperidad económica, los colonizadores procuraron -Y lo
lograron- la pauperización de esa población, mediante la práctica y la
administración de justicia. Asi se explica q¡ue, al estudiar la Recopila-
c~ón de .l as Leyes de Indias de 1680, resalt-e en ellas una marcada bene-
volencia Jlacia los indios. Se les asigna un protector de oficio, se prohi-

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34 JUAN FRIEDE

be la venta de sus tierras a menos de ''justo precio", se ordena darles


tierras de sobra, aún a costa de los españoles, se ordena la restitución
de las tierras quitadas a la fuerza, se prolhibe la venta. traspaso o per·
muta de las encomiendas, se otorga a los indios el derecho de prelación
en la admisión d•e composicione·•. ·P or una Cédula Heal (Archivo Cen-
tral del Canea, Documento 1753, Col. C 5 en, año 1620) , se prohibe ex-
presamente la división de las encomiendas en dos o mús parles, para
así evitar la desmembración de pneblos indígenas. Sólo con un sentido
deprimente leemos una disposición que dice: "Porque la tierra donde
·l a coca se cría y es húmeda y lluviosa y los indios de su bendieio ge-
neralmente se mojan y enferman de no mudar el vestido mojado, orde-
namos que ningún indio entre a beneficiarla sin Uevat· el vestido du-
plicado para remudar y el dueño de la coca tenga especial ctúdrdo que
esto se cumpla bajo pena de pagar veinte cestos de coca, por cada vez
que se hallare traer algún indio contra lo susodicho''. Si sólo una partr
de estas Jeyes protectoras !hubiese sido puesta en práctica, la base mis-
ma de la onganización colonial hubiera re·; ultado distinta. Pero la pr:'tc-
lica jmlicial, el gobierno, estaban en manos de lo s colonizadores, de los
adversarios d•el indio y la existente animadversión entre éstos y los
representantes administrativos de la Corona, se acentuaba cada vez
más, tornándose en fr a•n ca :hostilidad en la segunda mitad del siglo
XVIII.
Esta J1ostilidad se nota no sólo en fallos judiciales, francamenlc ad-
versos a españoles y criollos, pues los mismos intereses económicos los
han igua.lado ante la Ley, sino también en el nuevo tono de mal disi-
mulada irritación que se observa en los alegatos de los miembros de la
Real Audiencia, al exponer los abusos e incumplimie ntos cometidos por
los colonizadores. Así, por ejemplo, en su alegato ante la Real Audien
eia de Quito contra los Verdugos, afio 1765. e.l IPrOleclor de los ~atu­
rales emplea un tono hasta >Cntonces desconocido. Después de exp:icar
cómo los indios por falta de espacio Llenen que emigrar " ... . a los de-
siertos de Timaná o a las tierras de :Mocoa o bárbaros de Sucumbía .. . ",
arremete contra los colonizadores que, por el contrario, " ..... espa!lo
les, mulatos y mestizos gozan de quintas espaciosas, casas de campo
acomodadas ... 'Y tienen ta.nta osadía los. intrusos , que siempre que se les
antoja, ocurl't'n con siniestros informes a Popayán y consiguen lanza-
mientos contra .l os indios ... '' Basta tomar en cuenta que estos ''espa-
ñoles, mulatos y mestizos, son nada menos que la aristocracia de "la

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I!:L INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 35
muy nob'e y muy leal Ciudad de San Luis de Almaguer", y que los "in·
trusas" son nada menos que lo·s. legítimos miembros de la clase podero·
sa de la Colonia, para notar el cambio que se produjo en la política ha-
cia los colonizadores, cambio que es más significativo todavía, al obser-
var la animadversión ·c on que un miembro de la Real Audiencia, corno
representante de la Corona, acusa de l)arcialidad a las autoridade·s. de
Popayán, es decir, a las autoridades .locales españolas o criollas.
Gto otro ·s ignificativo fallo que se e.ncuentra en la NotaTía de Alma-
guer. Es el logrado en el juicio de Ambrosio Omne contra los herede·
ros del mismo Marcelo Verdugo, por las tierras de la laguna de Hato-
chico, el 25 .cte agosto de 1798. En este fallo, reconociendo el juez la va-
lidez de los títulos de los herederos de 'M arcelo Verdugo, ordena; sin
embar·go, la entrega de las tierras a los indios "por la necesidad que de
ellas tienen'', ma,ndando reponerlas a los Verdugos de las tierras rea-
lengas.
Este pleito y 8U fallo se desprenden de las tres declaraciones juramentadas,
inelul<las en la ¡Jetlclón de Babiano C!llllto (2G de agosto de 1798) que se en·
euontran en la Notarla de Almaguer. Se pregunta lo siguiente:
"a la primera pregunta digan si saben y les cousta, hace años, que Ambrosio
Onme, 1n1llo y Goberuador que fue eu dicho pueblo de Caqueoua, puso ¡Jlelto a Jos
heredet·os 1le Marcelo Ver<lugo por las tierras nomhradas de la Laguna de Hato·
cltiQO y potrero, alegan¡lo pertcnecloutes dichas tlenas al referido J>ueblo; y si
110r no haber presentarlo tltulos, 111 llocumentos algunos los dichos herNI~ros, para
ltaaer constar el dcrecllo que a ellas teuiau, se declararon por la Real Audiencia
& favor del J>ucblo; y si habiendo posteriormente enrontrado los tltulos, los di·
cbos herederos si ocurrieron a la Real Audiencia ]lara que se les de volYleran las
citadas tierras y si se man1ló por los Sefiorcs se l es repondria en los que resulta·
ren realengas, JlOrqne ya las otras estaban declaradas para el Pueblo!"
El fallo aducido no es significativo tanto por su -contenido, pues ya
en la Recopiladón de Leyes de 1680 encontramos en forma vaga un
precepto (Lc¡y 14, Título 19, Libro IV), " ... y porque a los indios se ha-
brá de señalar y dar tierras, aguas y montes. si se quitare a los españo·
les, se les dará justa recompensa en otra parte''. como por el hecho de
haber sido aplicado a favor de los indios.
No se trata aquí del despertar de una nueva conciencia o de un nue-
vo sentido de responsabilid ad moral 'hacia el indio, que más que nunca
se encontraba agobiado no sólo por Jos tributos personales al encomen-
dero o a la Corona, sino también po · uestos indirectos de estan-
cos. alcabalas. ele., a iavor de el SJ»S ~ii6f 1 xteriorizadón de la a.gu-
da controversia en la que se e ~tr lo~ tereses de ·l a Corona y
k ... . 'ó
~~ 11 [IJ f.!)

~"lt.;:"f ~
•/

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JUAN FRIEDE
36
los de la Colonia, respecto de casi la totalidad de los problemas colo-
niales al finalizar el siglo XVIII, siendo uno de ellos el de la población
ind~gena.

Es comprensible, que un indio débil y desarmado, situado al mar-


gen de la vida política, y social en .l a Colonia, vea en Jas LetYes la única
forma de conseguir algún .a mparo. Sin armas ni recursos, a merced de
unas fuerzas sociales que no entiende, viéndose acosado por todos la-
dos y sintiéndose perseguido por una justicia de hecho, que demora sus
pleitos, no cumple decisiones favor ables y obstruye en todo lo posible
el camino de ·la justicia, el indio llega al convenciento que la Ley, que
"Su ,Ma.gestad, que Dios guarde", está de su parte, pero que el ''Gob.ier·
no", que la administración tiene la .culpa de sus males. Así las cosas.
nace entonces el g rito revolucionario de -aquel si.g lo: ''¡Viva el Rey y
muera el mal Gobierno!" que se podría truncar en "¡Viva el Rey y
muera el Re y", pues el indio no entiende, que ·l a Ley y su aplicación
son de inseparable unid ad, y solamente el conjunto, fruto de deter.!D).
nadas condiciones sociales, es capaz de cambiar sus condiciones de
vida. Como no le es posible entender lo inseparables que son la Ley y
su ejecudón, se apega a la Ley, a las letras , a los pár.rafos de la l.Jey,
depositando ~llí todas sus esperanzas.
Y así es como en volumi·nosos pleitos, 1lenos de escritos, peticiones,
autos ry te·stimonios, se cuenta la historia del indio, la verdadera hisí-
toria americana, que no tuvo, ni tiene todavía, cronistas o historiado-
res. En i.n terminables párrafos, e ntre citaciones de ordenanz.as y le-
yes, entre descripciones de sus lamentables condiciones de vida, trata
de evocar el ·s entido de la justicia o de Ja mise ricordia de algún Gober ·
nador. Trata de expli-car hasta el sentido de Las ,Jeyes, que le protegen.
Así, por ejemplo. en su escrito de 1735, ante el Gobernador de Popayán,
Agustí.n Papamija, c acique de Caqueona, cita la Ley 18. Titulo 2, Libro
IV, de la Recopilación de Indias de 1680 y quiere :h acerle ver al Gober-
nador, .que no se debe quitar a Jos indios las tierras que aparentemente
sobran, pues la "razón" de dicha ley -como explica ingenuamente - e·s
dar tierra no sólo a " ... los i.ndios existentes, .sino tamm(•n por Jos po-
sibles que nacieren en el futuro, porque cada indio de los que se h allan
presentes puede procrear naturalmente y sin violencia tres, cuatro, seis
y más hijos; éstos desde luego no tendrá.n donde ihacer sus chacras en
harto pedazo en que se mantuvo su padre ... " El razonamiento del in-
dio se cubre aqui perfectamente con Ja intención del legislador e·spa-

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 37
ñol: el derecho sübre la tierra de un ·r esguardo no se sujetaba, según el
derecho colonial. meramente a los títulos de propiedad, sino a las ne ·
cesidades de la población. Toda ·la política agraria de la Corona se
enfocaban en esta dirección, concediendo títulos de propiedad sobre
tierras , sólo a ·condición de cultivarlas o de poblarlas, retirándolas, por
lo menos teóricamente, en casos de incumplimiento (Véase el intere-
sante estudio del doctor Aníbal Cardoso Gaitá·n en la Gaceta Judicial
de la Corte Suprema de Justicia, Tomo LIII, número 1987, año 1942 ) .
Se limitaba más y má's ,Ja venta de tierras realengas en remates públi-
cos, otorgándolas •s ólo ·a personas que las necesitaban para su subsis-
tencia, llegando la legislación co·loni•al al extremo expresado en la Cé-
dula Real. Jlamada de San Ildefonso (año 1780), que ordenaba la en-
trega gratuita de tierras realengas. a los que quisiesen cultivarlas y
prohibiendo ·l a venta al mejor postor '' ... porque ella permite a .Jos ri-
cos y poderosos adueñarse de las tierras .... ''
La exposidón de motivos de .Aigustín IPapamija era no sólo ajustada
a la letra, sino también al espíritu de la legislación colMial. Papamija
citaba varias leyes más, que .fueron violadas. "Se sigue de aquí -recla-
ma- que no habiéndose procedido con la formalidad, que se provee
por dichas ·leyes, no se nos puede despojar tan fácilmente de didhas
nuestras tierras y antes lbien se nos debe amparar ... " El abuso come-
tido por las aut·oridades judiciales no deja lugar a duda. Pero esto no
cambia la verdadera situa·c ión: el indio está entregado a la merced de
Jos órganos administrativos de los colonizadores, sus más fervoro sos
enemigos. La benevolencia de .Ja Corona no llega a través de la enorme
distancia que la separa del indio americano.
Y por no entender que la práctica judicial hace ilusorios su s dere-
o'h<>s, el indio se ape·g a a la ley de la Colo·nia con una insistencia y te ·
nacidad que nos Mena de asombro. Su fe en la legalidad es inquebran -
table y persiste t·o davía a pesar de las modificaciones fundamenta·l es
que trajo eonsigo la legislación de la Repúiblica.

VII
CIRCUNSTANCIAS QUE FAVORECIAN A LOS COLONIZADORES EN
SUS PLEITOS CON LOS INDIOS
Aparte de la .forma lenta e ineficaz como se administraba la justkia .
hubo en la vida colonial varias otr·a s circunstancias que también con-

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.JUAN b~Il!;lJJ!}
38
tribuyeron a la derrota del indio. La mayoría de los títulos, tanto prO-
venientes de las tierras adjudicad as a los indios, como los que fijaban
las donacions e reales a los Conquista dores y sus descendien tes, adole-
cían de una falta notoria de alinderaci ón exacta. Pues un amojonam ien-
to o una más o menos. precisa demarcact ón en una selva vil'gen entre
abruptas montañas y profundas ciénagas, era casi imposible, más aún
tratándose de enormes porciones de terrenos con que los Reyes recom-
pensaban prodigiosa mente a los Conquista dores y Pacificado res. Nadie
se aventurab a a:l nacimiento de un rio o al pico de una cordillera con
el solo propósito de clavar mojones o fijar linderos. El re sultado fue
una alinderad ón vaga y poco precisa, ·c ircunstanc ia que a su vez hacia
los títulos muy deficientes . Los Conquista dores, como verdadero s aven-
turel'Os, no tenían ning¡ún apego a la tierra y se de sprendían de ella a
la primera oportunida d. Lo corrobora la circunstan cia de que ya en
1715, a le. }·l egada del visitador Don Pedro Fernández de Navia, no ha-
ibia ni una sola propiedad en manos de un conquistad or o su descen-
diente. Pero estas ventas no se efectuaban mediante entregas materia-
les de las tierras, sino por cesión de titulas y éstos, por sus deficiente s
demarcaci ones, no precisaban Jos terrenos objetos de la transacció n.
Presentab an pues un terreno muy propicio para iniciar pleitos de des-
linde, que surgían ante todo, si los colindante s eran indios.
Del estudio de los documento s de diohos pleitos se desprende ade-
más un rasgo común a todos eJ!os, y es la "política de hecho cumplido" ,
que seguían los. españoles en todos sus litigios contra los indios. Sin ex-
cepción encontram os a Jos españoles o criollos ocupando de hecho las
tierras en litigio y a los indios querellánd ose y pidiendo su restitución .
Y esta "situación de hecho cumplido'' era decididam ente favorable a los
colonizado res. Los títulos eran va·gos y si la persistenc ia de los indios
llevaba el pleito hasta su fa,lJo definitivo ante la Real Audienci.a de Qui·
to, este fallo era tan demorado que el usufrulto de la tierra dlirante
treinta, cuaTenta y !hasta sesenta años --como veremos en aJ.gunos ca-
sos- recompens aba de sobra los gastos originados . La práctiaa judi-
cial de entonces -por lo menos frente a los indios- no reconocía el
pago de perjuicios. Hay que añadir que por falta de a.Iinderam ientos
precisos. las pruebas principale s era1n testimonio s juramenta dos y la
''vista de ojos" a la que se acudía para comproba r la ocupación de un
terreno, era en extremo deficiente, por la imposibili dad práctica de
transitar por esas tierras virgenes.

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EL INDIO EN L UCHA POR L A TIFJ HRA 39
La organización judicial de la .región objeto de este estudio, fue muy
complicada. Los re ~.gu aTdos indíge nas eran suj etos en primera i.nstan-
cia a la autoridad civil de la ciudad de Almaguer. ,Ja que dependí a de la
Gobernación de :Popa,yán, q;ue, a su vez, estaba sometida a la Real Au-
diencia de Quito y ésta, como todas. al Virrey y al Consej·o de Indias.
Las comunicaciones eran difíciles en extremo. En el litigio de 1os in ·
dios de Caquiona éstos se quej an, que " .. . para conseguir un viaje -a
Quito- se les pasan varios años ... '' Bastaba así trasladar un Jitigio a
Quito para que años se conviertan en decenios. Así, por ejemplo, el
pleito de Agustín Papamija, arriba mencionado, iniciado en 1735, se
resuelv een 1765, es decir, treinta años después. El pleito de los indios
de Caquiona contra los Verdugos dura sesenta y cinco años; el pleito
contra Bernardina Ordóñez dura veintisiete años, etc., etc. En espera
del fallo, las tierras siguen siendo ocupadas por Jos colonizadores.
No hay duda que las múltiples -circunstancias favocables a los colo-
nizad·ores y la impunidad con que los iblancos podían ocupar las tie-
rras en litigio, favorecían el despojo y fomentaban ,Jos pleitos. Aquí se
seguía cumpliendo lo que el Prof. José M. Ots atribuye sólo a los con-
quistadores, cuando dice: "Cuando la tierra por ellos (indios) poseída
adqurría un valor económico suficiente para tentar la codkia de los
conquistadores, pronto sungían la detentación, violenta o solapada, que
privaba a los indios de su derecho tantas veces sancionado por la Ley".
Estoy seguro de que un estudio imparcial de la hi storia de la práctica
IPUdicial de la -Colonia comprobaría este hecho. Aqtú, sólo por vía de
información, mencionaré un pleito <¡ue encontré en la Notaría de Al-
maguer, ocuiTido en 1758, en el cual el !Protector de Naturales pide am ·
paro de posesión a favor del indio Jacinto Omne por una compra he-
cha a -Doña Bernardina Ordóñez, de las tierras de Santa Juana. En este
litigio está incluida la copia auténtica del documento original de la
venta efectuada el 12 de noviembre de 1731 -es decir ihacia ya veinti-
siete años-. por la suma de 150 patacones que la vendedora declara
haber !l"ecibido en ganado rvacuno, y la copia del auto de posesión expe-
dida a favar del indio en el mismo año. Sin embargo , leemos sorpren-
<lidos en la petici•ó•n del !Protector, que " .. , .no oostante esta clarísima
verdad y deredho indudable que consta de dicho amparo y de la escri -
tura, que presenta el :Protector de Naturales, >Otorgada a favor deJ pre-
díeho Jacinto, ha querido torcer la inteligencia a la sentencia de Vsia.
<Doña Agustina Muñoz , solicitando que se entiende con ella el amparo

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40 .1 l f !1 N !• .r~ r J~ O E

de dichas tierras, porque es hija de la enunciada doña Bernard1na y


ha conseguido po·s esión de la tierra ..... " Es verdad. que se expide un
nuevo ampa'!'O declarando que el procedimiento ''no es más que un des-
pojo violento con ·q ue se pretende lanzar Jos ill1dios . .. " Aun confiando
en que este nuevo amparo produjo efecto .y que ,Jos indios fueron pues-
tós en posesión de la tie rra, ésta les fue negada vei·ntisiete af.í-os contra
toda ley y derecho; por ello eren que el .solo hecho de que un negocio de
compra de un terreno, tan claro y evidente como en este caso, pudo
sostener un juicio por espacio de veintisiete 1años, es prueba casi con-
cluyente de los rumbos que tomaba la práctica judicial de la Colonia
frente al indio. EJ,Ja aniquilaba sus derechos a p esar de las magníficas
leyes brindadas en su favor por l1a Corona española.

VIII

LA POLITICA DE LA IGLESIA EN LA COLONIA Y LOS RESGUARDOS

De los documentos q,ue tuve la oportunidad de estucHar, no se des .


prende con suficiente claridad la política que seguía la Iglesia Católica
con relación a los resguardos del Macizo Co.lombiano. Apoyad a en inte-
reses casi idénticos a los de la Corte española -intereses fiscales y tri-
buta'l'ÍOS- la p olítica india na. de la Iglesia tendía e.n general a conser-
var una población indígena numerosa y fuerte: en má~S de una ocasión
se opuso a los abu sos cometidos por los conquistadores y colonizado-
res. Desde Jos albares del sig~ o XVI. cuando el Cardenal Cisneros acep·
tó los puntos de vista de Fray Bartolomé de las Casas, opuestos a los
del Padre Sepúlveda, la Iglesia influy•ó decididamente para que la le-
gislación española fuera benévola a los indios . Por otra parte, la Igle-
sia Católica ofrecía, además, el único móvil moral que justificaba la
conquista y colonización de Amórica : la conversión de los infieles a ]a
doctrina e atóliea. " ... Y que sean pob.lados de indios y naturales --dice
la Re a Ordenanza 36, de año 1573- a quien se puede predicar e.l Ev an-
gelio, pues éste es el principal fin para que mandamos hacer los nuevos
descubrimienlos y poblaciones". De esta consigna se sirvieron frecuen~
temente los reyes para rectific ar las concesiones, al principio demasia-
do .generosas, otorgadas a los conquistadores, pacificadores y encomen-
deros.

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JUAN FRIEDE 41
La J,ey 1, Titulo 9, ~romo segundo, J,lbro Sexto de la llC<'Opl!ación de Le-
yes <le Jrulias <le IGSO, <llr~: '"El motiYO y origen <le las cnromlonllas fue el
bien OSillritual y temtloral de los !rHllos y su d octrina y en sel1al·za en Jos
arfirulos y preceptos do nuestra Santa Fe Católica y r1ue los encomendero~
los tul'ie sen a su cargo y defe ndiesen a sus ¡H•rsonas y harlen<las, ¡lroeu-
rando que no rerihan ningún a g·raYio; y t·on c ~ ta ealltlntl in scparalJie les
hacemos merced de se los cnromcntlar tle la \ maucr·a, que si no los eum-
Illieren, sean ollllgados n restituir Jos frutos que han pt•rrilli<lo y perrlhen
y es legitima causa Jlllra prh arios de las encomiendas".

Claro es que el deseo de la Iglesia de facilitar la conversi-ón al catoli-


cismo d-e las grandes m a·' as de la población indígena, ha contribuido a la
política protectora que seguía frente a las exigencias de los coloniza-
dores. (Véas-e el interesante estudio "Le car. clére ele la Conquete Je-
suistique", ele Alfred :\1et·raux, en Acta Americana, núm ero 1 enero·
marzo 1043 ) . Por otra parte el indio prúcticamente abandonado a met·-
ced de los colonizadores y desnmpar·ado por una hostil prúctica judi-
cüd, s-e plegaba a la Iglesia Católica ciegamente, tal como lo hacía con
el monarca . La Cor·ona y la Iglesia fueron las dos instituciones socia-
les en que se ap01yó e.l indio du1·ante la Coloni¡1 para contrarresta'!' la
presi.ó n ejercida por los colonizadores. De aquí que en su '> litigios con
los blancos, los indios alegaran, nl lado ¡k la incapacidad de pagar tri-
butos si se les despojaba de la tiena, razones de índole religiosa. tales
como la clificullad para a-istir a las práct icas ·religiosas en el caso de
que se los obligara a vivi1· en la montaña distante. Y así como •:>1 apego
al mon arca engendró una confianza ciega en las Leyes - lega lismo que
persiste todavía en todo su vigor- la adhesión centenaria a la lglesia
produjo una fe tan arraigada, que bien puede afirm'arse que es el indio
el más católico de los co!ombianos y que el resguardo indígena tiene
muchos de los rasgos cr,racleristicos de los núcleos de siervos agrega-
dos a los monasterios medioevale< .

La profunda convicción r-rligiosa de los indios contrasta en forma
bien marcada con las aparatosas manifestaciOnes religiosas de los cató-
licos españoles en los tiempos de la Colonia. La comparaci·ón ele dos
testamentos, .l lenos de fórmulas co.nvencionales, como correspondía a
la época, dan testimonio de ello . El testamento de Don ;\larcelo Verdu-
go, archivado en la Notaria de Almaguer, dice así:
"En la muy Koble y Leal Ciuda<l tic Sn. Luis de Almngucr en onre <lias del
mes de junio de mil setecientos cincuenta y tres aiios, nnte mi, rl Alférez de la

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42 EL INDIO EN LUCHA POR LA •riElRRA

Infantería F!spailola Don Marc•os ~lufioz de Ayala, Alcallle Ordinario más antiguo
de oiJa y su ,Jurisdicción. por Su )1ajcstad, y de los testlg·os que de uso por falta
de escribano público ni real, pareció presente el Capitán _Uarcelo Verdugo y Gue·
vara, vecino de esta dicha Cluclad de Almaguer, a l¡ulen certifico conozco y dijo:
-Que por cuanto se halla en cama y teme en el morir, que es natural, y sano de
el entendimiento otorga esta memoria tlc testamento, última voluntad . Primera vo·
Juntad.: crcycnt1o como firmemente cree en el l\Ilsterio de la Santísima •rrlnldall,
Padre e Jlljo y Espirito Santo, tres personas distintas y solo Dios verdadero y en
Jo s demás misterios que cree y confiesa Nuestra Santa l\ladre Iglesia Católica,
Apostólica Romana; tomando 11or abogados al Glorioso San José y a San Anto-
nio de Padua, a la Serenísima Reina de los Angeles, Maria Santa N u estra del Ro·
sario, Santo de mi nombre y Angel de mi guardia; para que todos le alcancen la
vida eterna; y deseando cristianamente de scargar s u conciencia hace y ordena
esta la dicha memoria en la forma y manera sla-ulente:

Primero encomienda su alma a Dios Ntro. Seilor que In retllmló con su precio·
~islma Sangre, Pasión y 1\Iuerte y el cuerpo de In tierra de la que fue formado.
ltcm manda que Dios Nuestro Sefior fuese servido de Uentrlo de esta presente
llitla a la otra, su cuerpo sea se¡mltado en la Santa Iglesia Pal'l'oqulal de esto. di·
t•ha ChHlatl y que le neompailcn el Cura Párroco ccn C1·u.z alta y tloblón de cam·
panas; esta11do amortajatlo con el IJáblto !le nuestro Padre San Francisco con
misa canto.da y VIgilia y que la limosna se pague de sus bienes 110r ser su volun·
tatl y que su sepultura sea dentro del Arco 'l'oral pcr tener facultad ... (t·oto), de
su Sefiorio. llustrislmu. (En este Jugar está tachado lo siguiente: "sea delante el
altar de Nuestra Seilora del Rosario ... (roto), <¡uc tiene de su ... "); ltem maulla
a las ll1•wdas Forzosas a real y a Ins Casa de Jerusalem un patacón, y que las
a¡mrta lto cualesquier derechos que a sus ])Jcnes puede tener y tiene. Itom declara
que fne casado y 1·elado según ordena Nuestra Santa )[adre y (Borla con Lucia
Q(nnez y <hn·ante el Santo matrimonio tuvo y procreó once hijos ... (siguen aqui
los nombres); ltem 1Lec1ara <tue c•uantlo se casó con la dicha Lucia Gómez, su mu·
jcr, le dio llartolo Gómez, su ¡1at1re, para... (ilegible) de la carga del mntrlmo ·
nlo cien patacones en plata y 'elntlclnco caiJezas de ganado 1'1\Cnnc con crla y un
cerilo, ajuar que se compone tlc un pabellón viejo de listado de Quito, una fra·
za¡la, sobrecama coloratla, colchón y una sábana de lienzo, dos camjsas de breta·
ii!t, dos de lienzo, dos 11agnas de Jo mismo, un follado de pciinin ccn su franja do]
plata, una mantellna de bayrta tic castilla cou tres vueltas de senlr, flancta fina
y dos follados de bayeta !le la tlena con una mancellina de lo mesmoJIIn n 1•olante
tle ... (roto), con sus tirilla~, un follado de carg-a azul con tres vueltas de encajes
do cyrrenas (sic) y una lnancclllnq. 11e castilla cou otras tres , ·uellas de encajes,
do• camisas... (Ilegible) y el os fo ll ones do bayeta y un rebozo de lo mes m o, un
es mh yeno (sic) de betún co11 su boquilla de barro; silla, fHno y já(Jnhna, y <¡ne
fa lttt para el en toro . de sn legitimo ci n cuenta ¡mtu.concs, que Jos otros cincuenta ]()
dio a su marido I'etlro de la Cruz cinco potrancas, zapatos y mccllas, Ja cama, y
las manillas que manda se le entere co nforme a los demás hijos y que asi <lec!ara
para el descargo de su conciencia. (Sig ue aqui la enum erac ión de Jos bienes que
pertenecen partlcutarmeute a s u s hij os, y lo que él dio a su s hijas como dote. S I-
gue después el Inventarlo de sus propiedades ralees y muebles, ganados, etc.). ltem

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JUAN F R I E DE 43
<lec lura por bienes suyos unas tierras llamados El ftosal, las cuales compró por-
Realen g as al Capitán Pedro Feruández de Na,·ia, Visitador, en la cantidad de
ciento y sesenta pesos, que asimifdllO consta <le la Escritura. y que asi lo declara.
(Sigue la enumeración de los ganados que tiene en las tierras de El Rosal, sus
<leudas, sus acreenclas. Declara r¡ue tiene bajo >, u orden la cofraclia <le San Se·
bastlán. Funda nua Capellanht ft f¡nor tlc su hijo Basilio Vertlugo)".

Y aquí el testamento de Luisa Ijají, esposa del cacique Marcos Bam-


bagué, del Resguardo de Santiago del Pongo, que rep osa en mi archivo
particular:
"En el nomiJt·e de Dios 'l'otlopo<lcroso y en lll· esencia de la Santísima Virgen
Maria, Matlre do Dios y Señora Nuestra y fl e todos los Santos, t o!los los Angeles
y de toda la Co1·te Celestial, yo ¡> rotcsto y 1ligo t¡ue creo iicl y Ycrdatlerameutc ''"
el l\IIsterlo de la Santlslma 1'rinltlad, padre, Hijo y Espiritn Santo, tres per•O·
nas y un solo Dios ,·erdadero; creo que el Illjo el Dios se hizo hombre en el vien-
tre }>uríslmo de la Santíshna Virgen 3Iaría, siendo 1·irgcn antes d el })arto, en el
¡¡arto y después del parto; creo que .Jesucri sto Nuestro Seño1·, es autor <le los sa·
cra.tnontos y 'tuc está real y l 'Cl'tla(Leranlento en o! santishno Sacnunento del altar;
<'reo (lUO os el que ha tic juzgar ,·lvos y muerto~, <lnndo JH'cmlos a los buenos y
castigando a lo s malo s con pena c t·crna. Yo IH'Olesto, l¡uc yo <¡ulcro , ·ivir y moriL·
confesan<lo esta •·orllad y ll.e lodos Los artículos tlc la fe y de lotlos Jos Sacramen-
tos, y ~llstcrlos <¡uc tiene, cree y confiesa Nuestra Santa )!adre Ig·lcsia Católica,
AllOStólica, Romana, e11 la cual murieron tollos los santos y asi ml,mo protesto y
<ligo: si por raellltlad del ánimo 110nsanuo en el justo juicio el Dios en cuya pre-
sencia tengo de Yerme, o JIOL' tentación tlcl a,t,·ersarlo o Jll'O ... (!leg ible) de e n ten·
dlmicuto lo cual Dios IW lo Jlermita, caer en alg·una desconfianza o duua acere~~
de la fe t¡ue uesde luego la r e,oco y creo t¡ue totlo sea nulo y inl'alido, pues IJ<t
proccdorú de mi sano ententlimi e nto y yoluntad; mas protesto y tligo: qnc de seo
y quiero partirme <le este miserable mmHlo, cuantlo mi Dios y Creador se ha ser·
Vldo y estar con ,Je>ucrlsío mi Señor y Reclenlor y que estoy muy conforme con/
la tllvlna ' 'olunta!l, y que tengo firmi~ima espvranza y fe en su misericordia de
tal manera, q11e ni la g ra,·e¡latl 110 mis Jlcr!L!Ios, ni la manSetlumlJrc <le ellos, pesa
lm stante para hacerme raer rn el allismo !le la de~e~pora.ei6n y !lnsconfianza, por·
que creo firmislmamt•nt<' que una mlnlma gota tic la ¡>rcelo~islm:t San¡:'f'c fue bas-
tante ¡1ara red e nción tle touo' los hombres y lie todo~ muntlos que huhi cra ; final·
lllCnte Jlrotesto, que JlllC ~ to t¡uc la Di1·ina Clemencia 110 P~ neg-ada a. nin¡rún pera·
1lor, que deseo y pitiO tic to :lo corazón llnmll<l<' r tle,otamentc a Nuestro Señor¡
1leparte clemencia, honda<! y mi serlc or~lla y por "' l'nsión y Jlluertc o por Jo• mt'·
rceimientos de la Vll'gcn Santislma Su :illndre, y por la lniN'Reclún y por la 11e
todos los Santos y Angeles me JJCl'llone mis pecatlo s y me rcclhn en el número de
los escogltlos en la. ctorna DiHJUl\'{'Hturanza, aunque yo pag 11o tollas Jas ¡lonas que
fuere servido en el Purgatorio ccu tal que no sea excluida ¡¡ara siempre de la
Oracla y amistad y también ¡H·otesto que tleseo nmnr a todos mis prójimos, como
a ml misma, con la perfecta carhlnd que uneslro Señor mande que los ame, y me
!lesa de haberlos ot'endido, que humildemente les Jlhlo 11erdón a todos asi presen-

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA
44
tes, como ausentes de todo aquello en que les he ofendido y agraviado y escan·
dallzaolo y as! mismo do verdadero corazón 'y ' 'Oluntad perdono a todos aquellos
que me h an ofendido o agraviado en cualquier tiempo o Jugar de cualQuiera ma-
nera que sea y mediante esta caridad deseo estar unhla con todos Jos miembros
vivos !le la Ig-lesia y ser hecho partici)Jante de todos sus merecimientos y virtudes
y de todas las !menas obras r¡ue se hacen . . . - Dig-o, yo, Luisa Ijají, tlc este di·
ello Pueblo !le Santiago !lel Pongo, ltago y ordeno esta memorl:t y testamento, es ·
tando enferma llcl cuerpo y sana del entendimiento en mi entero juicio a mi vo·
Juntad ¡¡ara descargo de mi conciencia lo protesto en la forma siguiente : Itcm de·
claro, que soy casada y ,·ciada con Don 1\Iarcos Bambagnó y ¡Jurant.e nuestro ma·
trlmonio tuvimos, vimos por muertos, hijos Jegltlmos a. . . (siguen Jos nombres de
Jos herederos y un escaso in,•cntarlo de bienes)".

Existe un marcado contraste entre la fe del que se p¡·eocupa porque


su cadávea-r sea acompañado con ''Cruz ·a lta y doblón de campanas" y
sepultado si no puede ser delante el altar, por lo menos "dentro del Ar-
co Toral'', y la de una india cuyos últimos pensami-ento s enmarcan el
juicio final 'Y los dogmas básicos de la doctrina cristiana.
~iel librre pensamiento , ni las ideas moderml > han pe-netrarlo en el
resguardo. El indio es hoy tan fiel a la Iglesia como lo fueron sus an-
tepasados: ésta sigue siendo el único centro espiritual. No lo es ni la
escuela, ni la Alcaldía, ni la casa del gamonal político, que explota su
voto electoral. La Iglesia es el único lugar en donde, a cambio de una
limosna, se despliega ante los ojos del indio un mundo bello, apacible,
extraiío, lleno de lujo, de música y de palab1·as misteriosas, un mundo
ajeno a su triste realidad.
¿Ha correspondid o la Iglesia a esta fe ciega del indio a su doctrina?
Entre los documentos que pude consultar se encuentran algunos que co -
rroboran su actitud benévola. En el juicio de los indios de Caqueona,
el Cura Doctrinero de iPancit-ará, Fray Manuel de MiQya, da un testimo-
nio " ... ·como los indios de este sobredicho pueblo se hallan acorralados
sin tener donde paseen sus ganados, ni tener donde pacer sus !'Ocerias
p<>r ser las tierras donde habitarn inútiles, sin pastos por los amonta-
dos ... (14 de mayo, 1736). rC on motivo del mismo pleito, 1\farrcelo Ver-
dugo pide la certificación del Cura, sobre que los indios poseen ex ten-
sas zonas para sus ganados en el Valle de Las Papas y en las tierras de
Santa Juana. El cura certifica: " ... que también poseen dos lomas que
esta pa-rte refiere, aunque montaniosas y q,ue en ellas rozan para mai ..
ces y papas y de la misma suerte se hallan los demás pueblos de indios

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JUAN FRIEDE 45
con las mismas incomodidades y penurias .. . " (29 de octub·r e, 1736).
Otro certificado, del 'Maestro Antonio de Vargas, cura vicario, demues-
. tra. además de la actitud benévola hacia los indi-os, la 'Censura a los co-
lonizadores. Certifica .sobre la carestía de tierras que experimentan los
indios y añade: '' . . . y se.gún estoy informado ;parte de ellas y aun lo nw
jor y más útil se ha beneficiado por Su Ma.g estad po•r varios Señorc~
visitadores y jueces de tiertas ... " (9 de agosto de 1763).
Por otra parte, tenemos también, en el mismo juicio, testimonios de
personas ligada·s al orde.n eclesiásti.co. ry que son adversas a los indios.
(Véase iP•a rte II, Ü l ps. JIT y V). Sabemos asimismo que los pocteres ecle-
siásticos de P-opay¡án, por ·ejemplo , no se opusieron sino que, por el con-
trario. apoyaron la destrucción del pueblo de San Agustín y de su igle-
sia. ocn el añ-o de 1771 (véase mi folleto "Los Indios del Alto Magdale-
na''). De todas numeras, si bien •no se encuentra una uniformidad en ¡a
a<Ctitud de la Iglesia frente a los resguardos del Macizo Colombiano, sí
puede afirmarse que no !hubo malevolencia para con ellos y que ésta .
según los casos, daba su apoyo a las justas reclamaciones de los indios.

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SEGUNDA PARTE

DATOS HISTORICOS D~ LA
~POCA COLONIAL

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48 EL INDIO E •. LUCHA POR LA TJERR.\

Una Importante tarea, digna del mejor lllstoriauor americano, seria la


investigación de la historia India durante la época do la Colonia y la Rcpú·
bllca. Ella nos re\ claria hechos que relegarian a segundo término los In ·
trincados e inopo;rantos relatos sobre la vida, intriA'ns y rlntlldadcs de Jo •
euro¡>eos \'Onhlos a este continente, única preocupación de los historiado·
res americanos confemporáneos, al tlelllllO que se demostrarla la Importan·
cla c¡ue tiene I>nra. la hi storia general lle Amérle» la lucJUL centenaria del
puehlo an1ericano contra el Invasor. I.as consecu e ncias <le estot lucha, que
aún ouhslstc, Influyen directa e Indirectamente en la evolución <le las TI'·
públicas .tmerlcanas : millones de IJHlios, <léblles y rallos de recursos esp~·
ran hasta el presente su Incorporación a la v ida material y cultural d e 1'<-
to s pueblos. Por otra parte, en el americano actual, prluclpahnente en ~ ~
del centro y del sur, persiste el elemento indio y es el mestizo, y no ol 'blan-
eo, el que <.letermlnot lll vida nacional de las Américas. Salht a la vl~tu In
Importancia que tiene la Investigación de este renglón histórico.
El presente estudio sólo abriga el propósito <le reunir y ordenar algun<"
de los datos que SI' encuentran en los poiYorlentos y ucsordenados archivo '
de las ¡totarias, alcnldias, juzgados y parroquias de la reglón que motiY>t mi
estudio antes dP que deiJido a esta Indiferencia general desaparezcan pot·
completo y se pierdan as! datos lmltortantishnos pnrn. futuras lnvestl¡ra.
clones.

VISITA DE DON ANTONIO RODRIGUEZ DE SAN ISIDRO (1638-1645)

Según lo que reza en los documentos, fw, Don Alntonio Rodríg•u ez de


San Isidro, Oidor de la Real Audiencia de Qnilo, y visitador general de
las :Provincias de Popayán, el primer juez de tierTas que vino a la re .
gión para poner orden en los embrollados derechos de propiedad terri.
torial. Vino desi.g nado para este cargo, por el Virrey del Perú, el Conde
de Cinchón. Su visita se efectuó en los años de 1638 a 1645. El caos
existente -y que solamente en parte púsose en OTden por el visitador-

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JUAN FRIEDE 49
fue producido aqui, como en muchas otras partes, principalmente por
las vagas ·a linderaclones de las propiedades, tanto de las que fueron do-
nadas o repartidas por el Rey y sus representantes a los Conquistadores
y pacificadores como las que fueron compradas a estos últimos o a la
Corona misma.
Un documento de donación (cuya copia está insertada en el pleito
que los i,ndios de lPacintará sostuvieron contra Don Diego· Muñoz de
Ayala, Archivo de la Notaria de Almaguer, año. 1735) , demuestra lo va·gO
de semejantes títulos. iMediante este documento, expedido en 1618 por
el Gobernador de íPopayán Don Pedro Lazo de la Vega, se le confirma a
Baltasar de Noguera y su muje.r Doña Dorotea de Gaviria, el dereoho
de la propiedad sobre todas .]as tierras que el peticionario afirma ser
suyas " ... pOl'CJl.Je -como dice el gobernadolf- dicha Dorotea de Gavi-
ria fue hija del Capitán Juan de Gaviria, uno de los pobladores y con-
quist.adores de esta ,ciudad y Provincia (Almaguer) y el dioho Baltasar
de Noguera había servido en todas ocasiones a Su Magestad, p11rticu ·
larmente por haber actuado en la conquista y pacificicación de las Pro-
viudas del Páez y en la de los Pijaos .. .'' Las tierras pertenecían ante-
riormente a Gaspar de Alvarez y " ... por muerte suya se poc,r dieron Jos
títulos". Baltasar de Noguera aprovedha esta petidón para solicitar nue-
vas y múltiples donaciones, todas las cuales se le co,nced-cn por las ra-
zones t·ranscrita El 'COnjunto de las tierras donadas y confirmadas
mediante este documento, abarca más de la mitad del territorio que hoy
pertenece a la J>rovin:eia de Caldas (Departamento del Ca u ca) " .. . por
que -como reza el documento- la voluntad de Su l\1iagestad es rem'lme-
rar a las personas que le sirven". Sin embar,go, ninguna de estas pro-
piedades fue deslindada ni demarcada sobre el terreno mismo, sino ape-
nas señaladas en el documento, con su de·n ominación regional. No obs ·
tante indicarse algunas veces "leguas" y "medias leguas", todo indica
que no 1hubo medición ni amojonamiento ,r eal. La copia de este docu ·
mento se reproduce en Jorma completa en la obra citada de Don Arce-
sio Guzmán .
.Entre todas estas donaciones, el Gobernador otorga a Baltasar de
Noguera una de especial interés para este estudio, p·u es trata de tierras
·O cupadas por indios, así: " ... .le hace ansímismo merced de unos peda-
zos de tierra que están vacas (libres) en la P.rovinda de Pancítará, don-
de dicen estaban poblados antiguamente desde El Salado. la loma arri-

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50 EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA

ba de una •y otra banda una legua de ancho y otra de largo ... " Veinte
años después, en 1 ()38, estas tierras estaban ya en po<ler del Capitán An-
tonio Luis Navarro, quien las había comprado. El propietario presenta
su título al vi<:itador, Antonio Rodríguez de San Isidro para su confir-
mación, y obtiene ésta en forma incondicionaL sin que para ello se hu-
bieran exigido diligencias de alinderacil6n, demarcación, etc. La vague-
liad de Jos términos con que se señaló esta propiedad en el documento
transcrito anteriormente, ''unos pedazos <le tierra", provocaba despué~
un lal'go litigio entre su último propietario y .sus l-egítimos dueños, los
indios.

Durante la misma visita, como se desprende de la documentación pre-


sentada por el Cabildo de Pan:cita·rá en el año de 1715 (Notaría de Al·
ma.guer), d Visitador "acepta la composición", es decir, vende en nom-
bre de la Corona, al Cabildo !del resguar.do <le Pancitará las tierras por
ellos ocupadas, en virtud ele que " .... el general del Cabildo y vecinos
<le e>ta Ciudad por todas las tierras de su jurisdicción de ella dio cua-
trocientos cincuenta patacnnes de buen oro'', suma po·r la cual el Cabil-
do firmó una escritura de obligación a favor ele la Corona. El Oidor
confirmó la venta en 18 de mayo de 1638 expidiendo un título de pro-
pi-edad '' ... en cabeza de todos". •Como· consta en el recibo que se ad-
juntó a la misma documentac~ón , los indios pagaron esta suma el 20 de
noviembre de 1641 a "Bernardino Ptérez, Tesorero, Juez Oficial Real de
la dicha Real Caja de Cali".
El mismo Visitador, como se desprend·e de las <liligencias hechas po•r
Marcelo Verdugo (Véase Parte II. Cap. III) en 1715, dio posesión a Don
Sebastián Inca ·de Salazar, quien "compró con .su dinero a los caciqu-es
del Pueblo de S a n Sebastián" unos terrenos que comprenden en forma
vaga, las tiCTras de Caqueona y "el Cuobo de IPancitará".
También se mostraron para su confirmación, como consta en una
petición de amparo de posesión JH'esentada por Don Diego Muñoz de
Ayala en 1715, dos documentos de compra ele las tierras de Pancitará,
con las mismas vagas e insuficientes alindcraciones: uno, otorgado por
Luis de Mideros, Presbítero. y por los CaJ)ilanes Juan y Gaspar de Mi-
cleros a favor del •Capitán Don Diego Ordóñez y expedido el 12 de oc-
tubr-e de 1598, por "las ti cuas y molino de la Vega de :Pancita·rá''; y
uno " ... sin mencionar linderos ni leguas ... ··, como expresamente reza

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JUAN FTI!EDE 51
en el acto de amparo posteriormente concedido, expedido el 18 de f-e-
brero de 1645 a favor del mismo Don Diego Ordóñez por el Maestro del
Campo, Don J,g nacio de V<! lasco, ·cuyo valor era de 400 patacones '' ....
por la pdbla2.1ón de Pai1'cilará y alto de la loma hasta una casa de un in·
dio Juan Bonmarsí (sic) ... " También estos dooumentos de compra fue-
ron confirmados por el Visitador.
Se comprende fácilmente q,u e los títulos sohrc tierras tan deficiente-
mente alinderadas no daban garantía alguna a sus dueños, salvo el caso
en que éslos e staban e·n la posibilidad de defender su patrimonio a capa
y espada, lo que precisamente no podían hacer los indios. De este modo
bastaba la presencia d-e algunos arrogantes españoles para que los in-
·d ios se vieran en el grave peligro de perder sus tierras, tantas veces
donadas, compradas y vendidas.

II

VISITA DE DON FERNANDEZ DE NAVIA (1715)

En 1715 llega a la región otTo visitador, Don Pedro Fernánd-ez de


Navia, "Juez Comisionado por el Seí'ior Licenci ado Don Fernando de
Sie!'ra Osorio, del Consejo ele Su Magestad". En la copia de su poder,
protocolizada en la Notaría de Almaguer, está citada la cédula real del
añ,o ele 1693, que nos explica el objeto principal de esta visita. La cb-
dula está dirigida a 1 Licenciado Don Luis Ramírez, del Consejo de In-
dias y en ella el Rey Foeli]Je se refiere a una cédula anterior, fechada el
30 de octubre de 1692 '" ... <que mandó expediT el Rey, mi tío, q:ue en
Santa Gloria halla ... ", con destino al Licenciado Bernardo Valdés de
Girón. En estn céclula s-e recomienda al licenciado que cobre con más
enérgia lo que se debe a la Hacienda Real por concepto de remates de
tierras. por " ... las mu-c.bas asistencias ~que ~e han de hac-er a los ejér-
citos de la campaña del año ... '' Recuerda también el Rey q11e por el
clecrelo del 15 de septiembr-e se señaló para la cancelación de las deudas
atrasadas como l.Íltimo término seis meses, término que se prolongó
para las Jnclias a un año, al tiempo que ordena en caso de incumpli-
miento, se declaN'n "vacas'' las tierras las cuales, volviendo al patri-
monio .real, deben ser rematadas nuevamente. Señala, además, que por
<decreto del 15 de octubre ~<' li · · dos años el plazo ,máximo que se
~i,CA IV;¡"'-
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Digitalizado ~Biblioteca .
..._ _.._Nacional de Colombia
EL IN:QIO EN LUCHA POR LA TIERRA
52
¡puede otol'gar a Jos comprado res de las tierras rematadas . "Y porque,
asimismo -reza la cédula r·eal- se ha entendido en mi ·Consejo de In-
dias que hay en ellas (en las Indias americana s) muchos poseedore s de
tierras .q ue pertenece n al Real !Patrimoni o sin títulos ni justas causas
por donde 1es pertenecen , y que algunos que ·l os tienen han excedido
y agregándo se e introducié ndose en otros, que no les están concedido s
por sus títulos, contravini endo ... , etc., etc.", se concede la facultad pa ·
ra •q ue " ... se admitan a moderada composici ón a los poseedore.s de las
dichas tierras asegurada s sin justo título". Se observa que los motivos
de la visita y los abuso s cometidos en la ocupac~ó.n de tierras por parte
de Jos colonizado res no son nuevos. Hacía más de cien años, Cédulas
Reales (las de El Pardo en 1591) habían sido expedidas para los que
'' ... con ocasión que tienen de la merced de algunas tier.r as .... se han
entrado e o·c upado otras muchas sin título, causa o razón .... " ry para
quienes " ... las tengan y cons•crvan -con Htulos fingidos e inválidos de
quien no tuvo poder ni facultad para poderlos dar .... " La Cédula ex-
plica que por la muerte del Licenciado Valdés de Girón, se hace el nom-
íbramien to del Licenciado :Fernando de Sierra Osario y se le concede el
derec'h o de subdel-egar sus poderes. En Madrid, a 3 de diciembre de
1709, es decir, dieciséis años después de haber sido nombrado este fun-
ciona•rio, el Licenciado delega su poder a (Pedro Fernández de Navia,
quien a su vez llega a Almaguer en 1715, seis años más tarde. Asi tra-
bajaba la administra ción de la justicia en la época colonia,].
El Visitador a su llegada ordena la pre sentación ele los títulos. De un
documento de ampa1·o de posesión, fechado el 29 de julio· de 1715 y otor·
gado a Gregorio Añasco, Gobernado r del Pueblo de San Juan del RosaL
transcribo los sirguientes datos (Ardhivo de la casa cural de El Rosal):
"El Capitán Pedro Fernández de No.' Jo., Jnez Comislonacl o por el Seilor J. leen-
ciado Don Fernando de Sierro. Osorlo del Consejo de Su lllo.gesto.d, sn Oidor, AI-
<'O.Ide de Corte más antiguo de la Real Audiencia de la Ciudad de Quito y .J~ez
particular y privativo para el beneficio, Indultos y composicion es de tierras de
l'odo sn distrito. '

Por cnanto hablén!losem e eomlslonado y subdelegado las reales cédulas do Su


Magesto.d, que Dios Guarde, la una de San Lorenzo El Real do SO de - octubre del
afio de mil seiscientos y noventa y dos y la otra en Madrid a quince de agosto de
mU setecientos y siete, firmadas de su real mano y refrendadas <le Don A ntonl<i
Ortlz de Otálora y Don Gaspar de Plne<lo, sus secretarios, provei auto mandando,
que todos los vecinos, enhacendo.d os de la Ciudad de A lmaguer y sn jurisdicción
que hubiesen tierras, dehesas, plo.ntios y hortalizas comparecies en con sus titulos,

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P lt l E 1> E: 53
merc edes , esnlturas, donaciones, ventas y judicial es y cxtraj n diclaJes y d emá'
Pa peles para reconoce¡· la lcg·Jtimidail ron t¡uc las pos<'rn, a ¡Jrohar y confirmar Jo'
'!'"' fuesen bastantes y los que no, ror t·ohorarlos en vir t ud del indul to o compos l·
y
Ción q u e J•icleren con Su l\Iagestad, au n que ya Jo h u biesen heeho en l a "> enta
ro mp osició n r¡ue de estas provin cia s ltizo e l Sefio r Oi!lor , Do n A n toni o Rodrigu e~
<le San Isltlro, si t otla,·ia carecían de confirmació n del Real y Suprem o Con sejo <le
lrHllas teniendo )JI'ese n tc el que Jos Señor es Virreyes y Presl<lentes d e l as A udie n·
~ l as de los Reynos tenian cédula ex11resa para JlO < ler ltacer confirm a ci on es d e Jos
.
in tl nltoR y com posicio n es, <tn e ahora hi <•ler en . .. y d entro <l el términ o d e la , •!sit a
co mpareció Ur egorlo Aihtse o .. . , etc."

III

EL PLE IT O DÉ L RESGUAR DO DE CAQUEON A CON


MARCELO VERDUGO

La R eal Prov isión di r ig1<la. a .J oseph V allejo en la Que s e da lnformaclún


11 es t e fun ciona rio del fa ll o pr o fer ido por la R eal Audi en cia d e Quito en .-1
J>lclto Qu e s os tu yier on lo• Indios tle Ca q u cona contra lo s 11er ed ero s d e l\fnr·
colo Verdugo tien e el sig uie n te e nca bez •unlento (Xo tarh\ d e Almagn cr ) :
' IDon Carlo s 'l' er re ro J>Or la Gracl11 de Dio s, ltey de Ca s till11, d e Leó n.
de Aragón, <le In ~ <lo s S icillas, d e ,J erus al ón, d e N a varra, de Grana tla, de
Toledo, de V'alcncla, ele Galici a, de ::11111lorca, de Sevilla, de Liberh~, d e Cór·
dolm, <le Córceg·a, d e l\Iurcia, de Jaén, d e Jos Al ~< arb es , de Al g erla, de Gl·
bra ltnr, d e las b ias Can a rias, de las Indias Or ientales , y Occidental es .
I slas y 'l'lerrn }' irm e tlel l\I ar Océano, Archiduque de Au s tria, Duque d e
Borgonla, el e Drahante, <l<' )fil á n, Conde 110 E s tras !Jm·go, do And e ~, <le 'J'Irol
y .Barcelona, Señ or d e V izcay a y d e lllollna, e tc., etc. A v os, Don J os
epl1
Vall ejo, Teniente Gob ern ado r y Jus ticia l\Iayor de la Ciudad d e Almagner,
juris dicción d e la Ciud a d d e Popayán, a qui en se os cometa el n egocio que
de u s o s e hará m ención. Salud y Gracia. Sab ed que en pleito y cau sa s <~
ha tratado y segul<lo en mi Audiencia y Cancllleria Real, que en e s ta mu r
nohle y muy leal Ciudad de Sa11 Francisco de Quito reside: ante mi Pre s l·
dente y Oid or es <l e ella, entre partes , de la mm actor demandante el }lro·
t e ctor genera l de N a tural es de Don Rómulo Papamlja., cacique principal del
Pn oblo de Santa }larin d e Caqn eonn ile ht juris dicción de aqu ella UJn(lad.
Don Carlo s PalHtllllja, Gobernador, Don Ambro sio Hornnc y por todo el Co·
mim de lo s lndloR d e a q uel Pu eblo; y <le la otra. •Tnnn )lnnucl l\lo s quern ,.
promo vedor en nom bre ele lo s desce ndl ent.os y h er edero s d e )farcelo Verdn·
go y S ebas tlán Daza, ' 'oclno s <le a q uella. Clndnd, sohre la pro¡liedad de 1ns
tierras d e <'omnnlda<l y r epartimiento nombrada, h~ loma d e Ro ~ '~!, Bejueo•
y Gabrlcl as , q u e se hallan en Jo s lím it es d e d icho ¡me blo pare ce qu e la part e
de dicha protecturia se pre sentó en es ta Real Audienci a en ntanlfestació n
de cierto s In s trumentos , pldle!Hle se traigan los autos sobre la compo si -
ción, qu e r elnclonuha 11aber hecho Marcelo V erd ugo, Juan nnlz )lat\rofial y

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54 EL I:\TDIO EN LUCHA POR LA TIERRA

Domingo l\Ieueses; mandóse asi por los dichos mi !'residente y Oidores por
auto de veintitrés <le junio <lel año pasado <le setecientos treinta y seis, que
el tenor de dicho pedimento, documentos y autos sacauo a la letra es como
sigue: ..... " (aqui siguen copias de Jos docuinentos, alegatos, testimonios.
cte., que se presentaron a Jo largo del jnirio llasta ~ n fallo <lefinitiYo e11
176~).

Como hemos visto anteriormente (1Parte II, Cap. l), los títulos de
propied ad de los resguardos de Caquiona y Pancitará se apoyaban en
los repartimientos y reducciones s·eñalados por Jos Reyes de España
para los pueblos de indios o en compras efectuadas por los caciques
para sus tribus. Sin enibargo, en las tierras del re;- guardo de Caqueona
se introdujo Don ~Iarc<:lo Verdugo. Este e ra hijo natura.l de Francisc<l
Conea de iPopayán, y de un personaje cuya identidad no se revela por
la posición social que ocupaba. Jo q,ue se desprende de una info·r mación
que para calificar su cJ.csccndcncia lev an~ó el 22 de rliciembre de 180(5.
Don Lorenzo ::\1uñoz de Almaguer.

t:no tle los te:-oUgos tle esta Jnfoi·rnn.ción, Dou .Antonio Hcrnández, con -
testa la se!.n lnda t•rcgunta eu la forma siguiente: '' ... que aunque es orlun-
tlo tle la Chalad <le PoJH:lyán no t•onoció a Francisca. Correa; pero que saoc
110r haberlo oido decir de pública , ·oz y fama, que a la cllcl1a l ' ranciscu
Correa le equivocaron el nomlJre llamán<lOia el vulgo }'rasca, y también hu
oitlo decir comCmmente que ésta, como frágil mujer, comerció IlícltamentP
con un sujeto de extraño fuero, noble por su naturaleza y que de esta mala
amista<l procedió un hijo, que lo fue el C'n)litán Jiancllno Verdugo, el cual
con ocia en esta ciudad ... "
El documento citn<lo se encuentra en el arelth' o familiar de Don Llsi·
maco )[uiloz de Almaguer.

B:Faba su derecho Verdugo en el matrimonio que había contraído


con una nieta de Sebasti{m Inca de Salazar -primitivo dueño y com·
prador de estas tierras- Doña Luisa Gómez, alegando que las tierras
eran herencia de su mujer ry •q ue éstas le haibían sido d adas en dote. De
la documentación presentada al Visitador Don Pedro Fernánd·ez de Na-
vía, se desprendía que Verdugo a pesar de las protestas de la población
indígena, o:eup.a ba ya bacía varios años la tierra y que en 1692 había
logrado conseguir un amparo d-e posesión de las mismas por auto del
Gobernador Don Francisco Ma,rtínez de Arredondo ·
En 1715, a la llegada del Visitador, Verdugo en asocio de Sebastián
Daza, casado con una hermana de su mujer, pide .se le admita la com-

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.TlJAN FRIEDE 55
posición por la cantidad que fuese justa, apreciándola en 40 patacones.
L1 ha se de su petición fue el documento de amparo de posesión que en
1638 dio el Visitador Don Antonio Rodri-guez de San Isidro al cacique
Don Sebastián Inca de Sal azar (véas-e Parte TI. ~Cap. I). Fernández de
~avía acepta la composición y el 22 de julio del mismo año da posesiJón
material de la tierra al peticionario: " ... y tomó por la mano a los di-
chos Marcelo Verdugo y Sebastián Daza ... y en ella se pasearon, arran ·
caron yerbas, cogie ron terrones y los esparcieron de una parte a otra,
actos que dijeron ,11flciendo en señal de ver.dadera posesión ... " La dili-
gen cia admite que en esta s tierras Jos Verdugos tenían entonc-es '' ... ca-
sas , corrales de ganado y sementeras y que al parecer es sin perjuicio
para Jos natural-es". La composición admitida fue de 44 patacones y fue
concedida " .... sin perjuicio p ara un tercero quien mejor derecho tie-
ne ... " y con la obligación legal de 'hacerla confirmar por el Consejo
de Indias, Virrey o Presidente de la Heal Audiencia.
Lo que fue "al parecer ~ in perjuicio para Jos naturales'' dio origen .
a un pleito ·que duró más de cincuenta años. Pues los indios de Caq,ueo-
na, desde años atrás, defendían los terrenos usurpados por los Verdu-
gos como propiedad del resguardo, alegando qu e habiendo sido comJJra-
dos por Don Sebastián Inca de Salazar, que era su Cacique, y confir-
mados en la visita de 1638, les peortenccia legítimamente. Ya en 1700
''Don Carlos Inca de Salazar, ;ea cique principal del pueblo de Caqueona
y sus indios ele la jurisdicción ele Almaguer, el Gobernador Don Luis
Papamija, ~Cristóbal Mesúa, Josoeph Quinayás. Marcos Papamija, tod::>s
indios del dicho Pueblo, encomendado s al Capitán Don Matías Ladr~
ele Guevara", elevaron un memorial al Gobernador de la Pr<1Vincia por
medio del protectar de naturales, pidiendo el amojonami-ento ae las tie-
rras del resguardo. De la petición se desprendía entonces que a pesar
nr un a orden dada por non Jerónimo Joseph de la Vega, Gobernador
dr la Provincia, a Don 'Diego Muñoz de Ayala Zamb1·ano, Alcalde Ordi-
nario ele Almaguc-I" , frchada el 18 de enero, para que amojonara las tic -
nas " ... hasta donclr su caciqne señalase haberlas pos-eído de sus abue-
lengos .. . ", clicho funcionario sr negó a cumplir estas órdenes y por
consiguiente los indios se vieron en la necesidad ele solicitar d-el Gober-
nador la expedición ele una nueva orrlen ele amojonamiento con alguna
multa en caso dr incumplimirnto. Esta o1·den, con una multa de 100 pa-
taco nes se expedía el 19 de mayo y se notificaba en la misma fedha a
los blancos Ba!'lolom é Gómez, Domingo :\feneses, Pedro ipérez y Juan

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56 EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA

Ruiz Madroñal, ·l a obligación de desocupar la tier.ra ya que no había


sido oumplida, como se quejaban los indios, una orden de "el despojo
que les mandó a los hombres blancos sobre que desembaracen dichas
tierras, citándolos por aut-o y mandamiento del 29 de abril ... " Bien se
ve claramente que tampoco esta orden lleaó a cumplirse, si se tiene en
cuenta que en 1715, es decir quince años después, dos de .Jos blancos
citados en la orden anterior, Juan Ruiz Madroñ.a l y Domingo Mfellleses
no sólo retenían las tierras sino que se les concedió, .además, la com-
posición por el Visitador Fernández ·de Navia. 'Cosa pa·r ecida sucedió
con las tierras ·que retenía Marcelo Verdugo. Parece pues que otr·a di-
llgencia, la de amojonamiento de las tierras por Don Diego Muñoz de
Ayala y la orden de lanzamiento expedida contra los intrusos, mencio-
nada en el documento del 9 de diciembre del mismo año 1700, no de-
bieron s·u.rtir tampoco efecto alguno.

Los :oersonnjes que ofrecen n1ás Interés en esta époea son los Incas de
Salazar. Su procedencia tlel Perú parece ser comprobada 110r el distintivo
que acompafia su apellido. Eran ellos, como se despren¡Je de la Real Cédula
otorgada a Cnrlos Inca de Salazar (~· éase Parte I, Cap. 11) ~·caciques de
Indios anaconas y forasteros". Don SebastUtJl Inca de Salazar llegó proce-
dente ele! Valle de Las Pa¡1as acompaflado ele 1.300 indios en una fecha an·
terior al afio 1638 y compró "con su dinero" de los caciques de San Sebas·
tlán algunas tierras. Su nieto, Don Carlos, parece que vino a menos en sus
bienes, como se eleja entrever de Jos términos en que está concebida una
petición al Gobernador y qnc reposa en el archh·o de la Notarla de Bolivar,
en la cual se solicita la restitución de 1.400 patacones <¡ue Don Carlos alega
haber dado a su hermano l\Ielchor y que eran retenidos por una hija natu·
ral d~ éste, ,Juana; en esta petición se Icen Jlárrafos como el siguiente:
" ... atento que soy un POBRE cacique, cargado de mujer e hijos y que l1e
venido a pie desde <llchn Ciudad de Pasto pasando extremos necesidades
por el camino ..... " (ló <le diciembre de 1701). En el Archh·o Central del
Canea, Popayán, encontré uua declaración rendida ante el escribano pil·
bllco por el hijo de Don Carlos, Pcdt·o !pea de Salazar, quien declara (20 de
agosto ile 1743) el fallechniento de sns padres, lo mismo que <le su tio Mel·
chor; el declarante afirma la pobreza de los falleclelos hasta el punto de
haherse V1sto obligado él a vender la casa paro. pagar los gastos de entie-
rro. Entre los bienes dejados por Do u Carlos figuran: " ... ¡Jos libros de Ja
Nueva Recopilación de Indias y otro libro del mismo titulo de Castlllnl', Jo
que demuestra el af{tn de este jefe por la defensa legal de sus Indios.
Una rama del árhol genealógico de los !peas de Salazar se desprende
del texto ele la petición de amparo de posesión que h¡tce Marcelo Verdugo al
VIsitador Fernández de Navla, en 1716, Esta Jletlclón dice asi: "JIIarcelo
Verdugo Y Sebastllm Daza, veclnoR do la ciudad de Almaguer, maridos le·

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JUAN F R I E DE 57
gltlmos y cottjuntas lJCrsonas (le Luisa Gómez y ~Iaria Gómez, hijas legi-
timas de nartolomé Gómer. y Jl[aría Cabezas Inca de Salazar, quien lo fue
en la misma forma de Antonio Cabezas y de Doña Pascuala Inca de Sa-
lazar y ést·a de Don }' elllle Gaspar Inca y de Doña Paula de Salazar, quien
rue hijo leg·itimo de Don SelJastián Salazar, cacique de Caqueona ... "

·En el tran scurso de la Investigación encontró en los d l~ tlntos documen-


tos varios personaj e s que llevan el apellhlo Inca de Salazar, en los cuale~
aparecen como caciques, testig·os, apodm·ados, terratenientes, etc. Uno de
ellos, 1\Ielchor, solicita en 1675, en su calldad de allOdeJ·ado de Don J\Iartin
l\lulloz de Ayala, la adjml!cación de unas encomiendas vacantes (la diligen-
cia está Insertada en la parte documental del Jll·esente trabajo). Otro, Pe·
dro, figura como Protector de Naturales, según consta en una petición he·
ella por éste el 10 de octubre de 1735 al Visit ador Ignacio Rodríguez Mola-
no (Archivo de la Notaria de Almaguer).
El Canónigo Guillermo Diomodes Gómez, do Popayán, autor do lntoi·e-
santes estudios genealógicos, Inéditos hasta el presente, tra.o la siguiente
genealogia sobre la familia Inca de Salazur:
1\fanco Capac.
1
"'
Huayna Ca1Jac (llllUló en ló27).
1
"
Hu áscar.
1
"
Cristóbal Paulu (bautizado).
1
""
Carlos Inc:t de Salazar (casado con Nlcolasn Inés de Acosta).
1
"
Melchor Inca de Saln.zar:
- - » Pbro. ~Iclchor Inca de Salazar (murió en 1678).
--» Carlos Inca de Salazar (existe referencia de él en 1099) .
1 -->> .Juana ]Iclchora Inca <le S. (religio sa en Pasto, l G74).
" -->> Pe<lro Inca de S. (existe referencia de él en 1712).
Sebas tlán Inca do Salazar.
1
"
:ilfaria Inctt de Salazar.

D~sgracladamcnte el Pa•Ire Gómez, hombre ya de avanzada edad, no


¡1 U•IOIndicarme las fuentes exactas do esta genealogía, cuyos datos no se
t•orrespondcn con los que se encuentran en los docmnentos de Popayán y
A lmaguer.

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58 EL INDIO EN LUCHA POR LA '.riERRA

Según parece, tos ' 'ínculos de la familia Tuca de Satazar ron los indio'
se rompen definitivamente en In segunda mitad tlt>l siglo XVIII. En la ::-íO·
tarln <le Almag ucr ent•ontré un documento en r¡uc iigura un tal Juan Inca
!le Satazar, t¡ulen venrtr en 17~7 unas tierras a :\IauueJ GaJindez; um~ 1\la·
nu ela Inca !le Salazat· •·en!le al mismo unas tierras en el año 1766; en la
provisión real que llli SO fin al ¡¡Jeito entre Jos Verdugos y el resguat·do de
Caqucona, se menciona el apellido Inca de Salazar asoclatlo con la familia
Omne (Yéase final Cap.). Es el único caso en la segunda mitad del siglo
XYIII en que sr nomlJra este a!)elli<lo junto al de una familia ilHllgena.
Después tle esta fceha !lcsaparece el apellido Inca de toda In región, lo que
se oiJsena también en Ja actuall<lad. La sulJ\eYnclón de Tupac Amarú no
hacla quizás aconsejable la con sen ación del a)lelll!lo Inca. Por otra parte,
el l1echo de haberse conYerti<lo esta familia en terratenientes, que de todos
modos ya nacla tenían que , ·cr con Jos lntllos y sus )lrolltcma~, 11arece ha·
ber facilitado el ahandono de este llJ>CIIIdo.

Veinte años han pasado sin que los indios hayan adelantado cosa
alguna en su pleito con los Verdugos. En el ai'ío 1735 el juicio s·c tras-
lada, por orden del Gobern ador de Popayán, a la Real Audiencia de
Quito, la que solicita la presentación de los títulos de propiedad. Re-
presen lados por Agustín Papamija y por Alfonso Homne, ·'cacique prin ·
cipal y Gobernador de Santa :María de Caqueona", los indios elevan un
largo memorial al Protector de ~aturales. Protestan contra la antigua
admisión de la composición a :Marcelo Verdugo y otros vecinos blancos,
por haber ~ido hecha " ... suponiendo que los sitios y tie rras que nos
tocan y pertenecen y en que estamos amparados desde el tiempo inme·
morial son realengas, como por cuanto por dichos instrumentos ma-
nif-esta dos -se refieren a la orden de lanzamiento expedida en 1700·
(véase anteriormente)- está constando que por haberse introducido sus
susodichos de su propia autoridad y mano poderosa se m andó fue«en
lanzados y desterrados por las justicias de dicha Ciudad, pero en odio
de estos recursos y con la tenacidad que éstos han procedido, han soli-
citado a este paso la referida ll amada composic~ón en grave enfado y
perjuicio nuestJ·o y de todo el Combún de dicho pueblo, cogiéndose las
mejores tierras bendiciadas por los indios, dejúndoscnos por el Juez
de Comisión de este derecho las inútiles que por su mala calidad se hace
imposible que 'as podamos beneficiar de ningún modo pues se c ompo.
nen de una serranía eminentísima de tanta ladera que aun cuando no
fuese intransitable por su aspereza y fragosidad no puede servir de pas ·
to de ganado alguno por la esterilidad que en sí contiene la dicha mon-
tai'ía y de que pudieran consumirse en sus precipicios y roclad·['ros ...

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JUAN F R I E D JC 59

Lo oq,ue a más qnc para su beneficio 'Y labranza era necesario de una
cuantiosa herramienta, con que pudiéramos penetrar, destrozar y desi-
Par sus montañas y raíces dilatadas .q ue en semejantes rocerías se hu-
bieran de beneficiar nuestras chacr.as, lo que por nuestra natural mi-
seria y facultades tan limitadas no nos lo permiten, ni nue stras fuerzas
son capaces de sufrir y tolerar tan temerario trabajo" . Agregan, ade-
llllás, que si J.a contraparte cree que estas tier.ras son útiles que se le con-
ceda a ésta la adjudicación.

Se obsern~ aqul, que el problema de la falla <le herramienta para la la·


branza es mucho más antiguo, en la clase campesina, de Jo que general-
mente se cree. Con res¡>ecto a esta necesidad so nota, en el mejor <le tos ('a·
sos, una benó••ola annqnc J>asha aeHttHl de la socledail como si un Jnevlta·
ble destino ol.lll¡;ase al Indio a nsar fatalmen t e lterramlentas rn<llmentarlas
tales co1no a:.ados de 1nadera, haehas y barretones de pie(lra, etc., porque
el uso de estos Implementos fuese la característica sobresaliente del indio
tanto desde el ¡mnto <le ' 'lsta económico como del otnoló¡;lco o folklórico.
Aspecto que hace aparecer al Indio falto (le amlJielón y deseo de utilizar
tractores, tnaQninnria n!rricola, herran1 .t entns Jnodernas. etc., rcscrvallos ex·
cluslvamente a Jos ltacendados J¡Jancos. Rl párrafo clt!t<lo anteriormente,
demu estra !lreelsamente lo erróneo de esta suposición. Ya desde doscientos
años antes, los inillos comprendian lo Imperioso de e'la necesidad; sólo que
en ose entoncüs -como SlH'etle en la actuallrlail- no ,¡¡,ponían (lo las tacl·
lldailes económicas para hacer estas adquisiciones, a lo que se sumaba el
}Jrecio elevado de estos instrumentos agricolas en aquellos tiempos. La ltl·
juela do la capellanía, fundada en 17ó4 por ::llareelo Verdugo en su testa·
mento e insertatla en la part e documental de este t.rahajo, ilustra bastante
acerca de los lll'eclos que en at¡uclla época tl'ltian las herramientas. Una ba·
rra de hierro se araJuall:t en seis IHttncones, tres machetes "'·lejos" en dOS
11atacones y una ]lata de hierro en dos ¡¡ataconos. l'ara darse cuenta del
justo valor de estos objeto s basta anotar que una cabeza de ganado caba·
llar ' 'Hll>t entonces tres ¡1atacones, es ileclr que dos yeguas correSilOndian al
valor · de una barra ilo hleno; un caba.Jio ]>adrón valla cinco patacones, es
decir menos que la barra ile hierro; dos ¡>Otros , ·allan dos ]Jataconcs seis
reates, es decir un poco más que los tres machetes ' ' lejos, etc. Las dos ~a·
sas de la ltacienda, a,·aJuadas en dos patacones, aunrnte seguramente casas
campesinas y por lo tanto modestas, <lnn Indirectamente la lllea del precio
bajo de la obra de mano en In Colonia. }este precio irrisorio de la obra de
mano en aquella época, está confirmado plenamente con las ol1servaclones
de los viajeros es1Jañotes Juan y Ulloa (Noticias secretas de América, 1740).
Según ellos se pa¡;aba a un Indio mitayo, por trescientos dins de tralmjo, la
suma de dieciocho patacones.
Como se ~- e, Jas herramientas eran pues elementos de e.asl imposible a.d·
quislelón para los Indios. Se eom¡Jrende así su tenaz empelio por defender

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60 EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA

sus tierras de la rapiña de Jos Yoeinos aunque fueran porciones minúscu-


las, ya t¡uo se necesitaban esfuerzos sohrchumanos para tlesmontar, <lcs-
r>ti~ar Y t•nltlvar tierras ' ' irgcncR, cuhlertn~ tic es¡1csa montaií>t, con hach!ts
Y barrctoues !le Jlletlra y con estacas, prácticamente las únicas herramien-
tas a su disposición.

En la misma petición se citan varias de las leyes de la Hecopilación


de Indias. La Ley 18. Título XII. Libro IV, que da clere.c ho a los indios
a una mayor extensión de las tierras que virtualm<!nte necesitaban pá-
ra su subsi'Íencia, como reservas para las futur as generaciones. La Ley
VIII . Título III, Libro IV, que les olor.ga el derecho de ocupa·r ter!'enos
destinados al pastaje de sus ganados separadamente de las destinadas a
los ejidos para los cultivos. Igualmente. los indios alegan su derecho
de prelación en la admisión .de composiciones que les otorga la Ley XIX,
Título I, Libro VI. " ..... se sigue de aquí -dicen- 'que no habiendo
pr9cedido con la formalidad que se provéc en dichas leyes no se nos
puede despojar tnn fácilmente de dichas nuestras tierras y antes bien se
nos debe amparar ... " Como no 1había otras tic!'ras útiles que aquellas otor-
gadas a los espai'íolcs, m edian te 1a composición admitida en 1715, ex-
plican los indios, '' ... 'habremos con evidencia de perecer por no tener
otro modo de sustentarnos y acosados de nuestras necesidades nos su-
jetar·emos a una perpetua esclavitud por socorrerla y por cuyo motivo
se han consumido muchos pueblos porque no ctnedándoles absolutamen-
te tierras de qué poderse mantener se ausentan a partes remotas e in-
cultas dond·:! por sus malos temperame·n tos se han muerto y en cuyos
tributos es visto 1hallan·e perjudicada Su Magestad ... " Piden se decla-
ren nulas las compras que " .... se hicieran con mala fe y segunda in-
tendón .... y el qu-e las vendió ----1Pedro Fernández de ~avia- fue por
realengas, aunque vicio (vistos) .n uestros títulos antes nos .r ompió otros
papeles ... "
De este documento se trasluc-e la convicción que el indio tenia en
que la su erte del pueblo quedaba sellada una vez despojado de su tic·
rra, y por eso su naciente conci·encia ele que la:s Leyes de la Colonia po-
dían ampararlo, pues de lo contrario " .... en los tributos es visto ha-
llarse perjudicada Su :\fagestad".
Los indios adjuntan a su alegato el antiguo documento de amparo ob-
tenido en 1700 por Carlos Inca de Sal-azar, y dos declaraciones a su fa-
vor: una, fechada el 2 de mayo ele 1735, expedida po.r Ignacio Leño de

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EL ll\"DIO E~ Ll.JCIIA POR LA TIERRA 61
Rued n, sacris tún menor y vicenot:1rio de Almnguer, en Ja cnnl se certi-
fica: ·' ... cómo el pueblo de Caqueona eslá e n unas montflñns inlransi -
Labl<!s frí gid as y que los naturales que asisten en él no tienen ni en qué
hacer sus sembrados, ahora sea por lo frigidí s imo, ahora ~ en p o r ser
hosqurs qu e n o se pueden habitar . . . " Certifica también este funci ona-
rio que le consta que Do n Pe cl.ro Fernánclez ele ~avia admitió la com-
posición a los b lanco' " ... r ompiend o los tí luJo s fflvO rables a los indi os"
Y que además algunos de estos títulos desapnrecíeron en un incendio
h ab id o e n In población. E l segund o, es el presentado por Fray ~fanuel
de :\Joya, Cura doctrinero ele Pancitnní y Caquiona (véa se Parte T. Cap.
VITJ).

Ln :con lrnpar te, represe ntad n p o r Pedro de Salaza¡·. alega en un ex-


ten so escrito que el amparo con{'eclido en 1692 n ~larce'o Verdugo por
Fr·nncisco ~falíne z d~ Arredondo, fue hecho a or ti ción del mismo Carlos
Tn ea de Snlazar ~· de su hennana Doña Pascua'a. Alega ademús que el
Visitador Fernúndcz ele Xnvia habí a acept ado lfl composi ción d e 1715 al
comp r·etHler la justicia ·ele di ch :1 Tlelic~ón y de que" . . . . su ¡Jnrt·" ha po-
seído dichas li e rTa s n oventn y ocho ;1ños y Lodo el t iempo antececlentr".
Si los indios quieren tierra', añade, hay ck sobra para t odos, ~icmp re y
cunndo las trab ajen " ... y en cu ·• nlo a tenerlas limpias eslo estú lJl'tl-r
diente del cuidado de los indios", exclama pasando por allo la aq:~u­
ll1entación de Jos indios de la fal la notoria cJ.e herramienlns. '·E l se-
gundo pretexto -cont inúa- es fin gir un c recido número dr indios
cuando las que Pll i son m o ntes y el modo de siembra <le ellos es hacién·
doles rot·rrías ... '' La población, a firm a, sólo s·::> compone de ·'ocho in-
dios tributarios y cu arenta y cuatro personas de tod as las edades y
sexos ... " Ref iri éndose al derecho que asiste a los indios de ocupar vas-
los cj icl os para sus cultivos, apartados de los -potreros para ga n ados, de-
clara qu-e este derecho no es nb :olulo ni preciso, sino sujeto a la opor-
tunirlad de los puebl os y de las tierra s'' y que las tierras misnws " ... te-
niendo ta nta extensión, no ha y dificultad para que apliquen a ejido las
legu as que quisiesen. La dificultad está en qu<' éstas se limpien de mon-
te y esto no q,uie rcn los indios, si n o introducirse en Jas tie1-ra s de mi
Parle, sólo porque están limpi as y ha gastado su plat a -y -~ u cuidado en
manten-erlas así ..... . en cuya atención -prosigue- se sirva imponer
Perpe tuo silen:cio a los indi os, amparando mi parte en la posesión de
dicha lomn ... "

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62 EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA

La población de ocho tributarios y cuarenta y cuatro indios que se


menciona en el ·alegato, no podía comprender a ·l a totalidad de los in-
dios de Caqueona en aquella ·época, pues sabemos que más o menos la
mitad de los tres mil trescientos indios 1que negaron del Valle de Las
Papas .se habías establecido allí desde hacía ya por lo menos cien años.
es posible que en el área del poblado de Caqueona viviera solamente este
pequeño núcleo que se menciona en el alegato, pero hay que pensar en
Ja pobla~iJón que debía estar esparcida en las demás tierras del resguar-
do, inclu sive en las que estaban en litigio. •Claramente .se ve la mala fe
al querer dar a .Ja Real Audiencia la falsa información de que sólo ocho
tributarios eran dueños de la loma de El Rosal. /P·a ra reforzar esta falsa
impresión de holgura que tenían los indios, se adjuntaron al documento
vaTios certificados, .según los cuales los indios tenían ganados en el Va-
lle de Las Papas y en la,s tierras de Santa Juana. Sin embar.go, el he·
cho de que los naturales se vieran obligados a mantener sus ganados en
tan .apartadas regiones, como las mencionadas, demostraba la evidente
necesidad que tenían de tierras, ·necesidad que séguramente no sabían
los Oidores de la Real Audiencia en Quito.
Al alegato ·de los Verdugos ~~ e adjuntaron .los títulos de la composi-
ción admitida en 1715 y tres certificados. Uno, expedido por I·g nacio
Rodríguez Molano, Lugarteniente del Gobernador, justicia mayor y Co-
rregidor· de Naturales, quien certifica el 26 de octubre de 1736, en con-
testación a lo solicitado por -:\farcelo Verdugo, no haber encontrado or-
denanzas reales que estipulen la cantidad de tierra a que tiene dere-
cho cada indio tributario; añade que el pueblo sólo tiene ocho indios
tributarios y cuarenta y ocho indios que son ''nativos legítimos'' y que
Aifonso Homne el Gobernador tiene también ganado en el Valle de Las
!Papas, que son tierras realengas, y en .las tierras de Santa Juana. Otro
expedido por Fray Manuel de Moya, deja entrever la mísera situación
de los indios cuando dice: " ... Que también poseen dos lom as que esta
parte refiere, aunque montañosas y que en ellas rozan para maíces y
papas y de la misma suerte se hallan los demás pueblos de indios con
las mi~mas incomodidades y penurias ... ".
El teJ'cer testimonio es interesante porque da idea de la práctica
judicial en la Colonia. Demuestra la uniformidad de los métodos em-
pleados en contra de la población indígena , desde entonces ihasta la
actualidad, consistente en anular con testigos "•r espetables'' los testi-

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EL 1::-JDIO EN LPCHA l'OH LA TIERRA
G3
monios ele la contrapart e es decir, de los indios, y poner en duda la
probidad de sus testi gos (compá·rese el juicio de Quinayús en 1931. Véa·
se mi folleto citado). En este certificado, ex}J'.?dido por el Vicario y .Juez
ordinario de Almnguer, ;.; e declaJ·a que Ignacio Leño Rueda , el vicenota-
rio, que el 2 de mayo de 1735 !había dado una certificación favorable a
los indios, '·se hallaba desterrado por la Real Justicia por sus malas
operaciones" y que ya J1abía sido depuesto de su cargo. La certificación
del Cura Vicario añade que los indios tienen muchas tierras en donde
vivir, labrar y pastorear sus ganados y que de las montañas se mantie-
nen "blancos e indios", lo que trae como consecuencia frecuentes desa-
venencias entre ellos. Hace notar que en vista de estos continuos plei·
tos surgen dificullndes parn In comprn de las tierras ocasionnndo In
despoblación de la región ( ?). (29 de octubre de 1736). No est<l por le·
más agregar que, según un documento fechado el 26 de oétubre del mis-
mo año, el litigante :\lar.celo Verdugo era "~'fayordomo Mayor de la San·
la Iglesia Parroquial de ella, Síndico de la Santa Iglesia de Jerusalén y
de Ja Sa.áta Iglesin de Santa :'liaría de Caqueona".
El curso de este pleito corría en forma muy len ta por las dificulta-
des de los trámites y por lo largo y costoso de los viajes a Quito. El wa-
ve perjuicio para los indios es evidente: las tierras siguen siendo ocu-
padas y disf1·utadas por los Verdugos.
Treinta afias después, en 1763, este pleito llegó a su culminación. Es
la época en que la prádica judicial de las altas autoridades coloniale>
exterioriza franca protección a los indios y una marcada hostilidad fren-
te a los colonizadores. A una nueva petición de los indios, elevada el
6 de agosto de 1763, en la cual se reclama nuevamente la desocupación
de la tierra disfrutada por los herederos de :\[arcelo Verdugo, muerto
en 1753, se adjunta el certificado del ya citado Maestro Antonio, del·c-
gado Cura -Vicario, en el cual éste destaca la necesidad de adj udicar a
los indi os mayor cantidad de lierras ya que, careciendo de otros modos
de vivir, se ven en la nccesiclad de emigrar a ]a<; "remolas tierras de Ti-
manú, donde no oyen misa .... o a las tierras d-e San .A,guslin ... y qul'
no h;ly pueblo en el sitio de San Agustín, llamado comúnmente así .... ",
lodo lo cual trae como consecuencia el perjuicio espiri1ual. (Esta no-
licia anticipaba ya un aconl!'cimiento que sucedió posteriormente: la
destrucción del pueblecito y de la iglesia de San Agustín , e n 1771, por
intrigas de Don Genónimo de Torres. Véase al respecto mi citado folle-
to ''Los indios del Alto Magdalena'') .

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64 JUAN FRIEDE

Una petición que hacían ea esta ocas10n los indios al .Justicia Mayor
Clemente Hodríguez Molano, es inter-esante por sus alusiones di,rectas
al monarca y porque demuestra los profun<:los estragos tq ue en su vida
económica ocasiol1tó la larga y difícil lucha contra los vecinos blancos.
Declaran: " . .... como cou el transcurso del tiempo e·s tamos hoy, en lo
presente, pasa-n<:lo mil :cálamidades por no poder alcanz·ar cómodamente
así para los reales t,ributos como (pa·ra) nuestra sustentación a causa de
qrue las tierras que tenemos son cortas y !JOCO fructífer-as y muy <>Inon-
tadas, ·c omo es notorio, ry por ... haberse aumentado la gente de nuestra
parcialidad ... ; por lo que sentimos y extrañamos el no tener la como·
ldidad que mandó Su Majestad y como ha sido tolerado el negocio por
no molestar a Su ·M ajestad ni molestar a los superiores concurriendo
la poca gente que a ntigüamente había ... "; pero en vista d·e la ·"estre-
chez nos es preciso ocurrir a implorar las leyes, ordenanzas y ampa-
ros en que nos favorece nuestro católico Mlonarca, quien si supiera lo
que hasta aqui hemos pasado, resolviera mayore ~ extorsiones a nues-
tro favor ... ", pues, poT la poca extensión de tierras, "ibo1y urios labo-
ran este año y otros en el olro, (Jo que) causa m otivo de no p oder (p a ·
gar) cómodamente los tributos y de vivir algunos alca nzados y para
satisfacerles es necesario se distribuya de otros biene s y cuando no
hacen suplemento y entero, los Gobernadores principales de dicho
pueblo, por lo que vie ndo de Justicia nuest:ra pretensión se ba de ser-
vir ... etc., etc."
El certificado, que en esta ocasión expide 'Clemente Hodr:íguez Mo-
lano, dice asi:
Yo. Clemente Ro<lrlguez lUolano, Teniente y Jnstlcla 1\'fayor, Corregidor <le Na-
turales y Alcal<le 1\layor d.e 1\llnas de esta dicha chulad de Almaguer y su .Ju-
l'lsdlcclón certifico de l!t manera que puedo y debo y haya lugar en derecJ10 a
los seflores que la )Jresento oyeren, como las tlenas que ¡>oseen los indios del
¡melllo de Santa 1\farla de Caqueona <le la encomienda de Dolla Isabel de 'l'o·
rrljano, según estoy Informado de los linderos de dichas tierras me parecen sel'
}locas respecto al número de gente que 110y hay en <llrho pueblo por ser las que
quetlan, del p11eblo para arrfha, montafias de }Jeca fertilidad, y por la parte 111•
abajo tienen una loma que llaman <lel Potrero Corto y el á.mhlto de una pJa,za
])ara Jos pa s tos de sus ganados y Jos demás relejes tienen cerrtt<las para sus 111·
b1·anzas, motiYO de que muchos de ellos viven dispel.'sos y otros ausentes dP la
jurisdicción y los que viven en el pueblo no tle11en suficiente ámlllto en do1111c
pnstar sus ganados; como he dicbo, viven en pleitos y quejas por los daños qu~
reclhen del ganado el que, por buscar qu6 comer, rompe los cercos y resguardos
de hortalizas y semen ter as que tleuen; también certifico como está el número

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 65
de ge;:te de que se compone dleho pueblo de 1losclentas y dos personas entre
l'!'randes y pequer1os. Es cuanto me consta y puedo certificar en virtud del ¡Je·
dimento de las ¡¡ortes, que es d!ula en esta Ciudad de Almaguer en seis dias del
mes 1le agosto de mil setecie11tos sesenta y tres aíios actuando por mi y ante mi,
l•ot· falta de escrlllano". (firma).

'El abogado <le los herederos de IMarcelo Verdugo, .Juan 'Manuel Mas-
quera, contesta <le petición e·n 1765 subrayando el hecho de haber pa ·
gado la suma de 44 patacones a las cajas reales, por la composición
admitida en 1715, y que por consiguiente sus representados son Jos úni ·
cos legítimos dueños de las tierras de litigio. Alude, sin duda, a la in -
tt·anquili<lad social que reinaba entonces en el Virreynado cuando afir-
ma que el <leseo de los indios no es sólo apoderarse de las tierras de
los Verdugos sino en general {fe todas las tierras que poseen los es-
pañoles.
El Dr. Quiñones en .su calidad de \Protector de Naturales contesl.l
un extenso alegato •que, por su forma clara 'Y precisa, observa las ob-
vias irregularidades legales que se han cometido en este asunto por
parte de .Jos Verdugos, como también describe con perfección el pro·
blema indígena en el ocaso de la Colonia. Los principales apartes de
este interesantísimo documento son los siguientes:

"Muy poderoso Seiior:-EI Defensor General de los Naturales del Distrito


lle esta Real Audiencia ¡JOr la defensa 1le non Rómnlo Papnmlja-Caclque prln·
~lpal del .P11eb!o de Santa :l'tlarla <le C'aqueonn, .Jurls<lie<'ión <le la cllHlnd <le Al·
maguer en el Gol¡lerno de Popayán, de Don Tlllurclo Quinayás, Gobernador de
tllcho Pueblo, de Don Diego ChiJito y de Don Carlos Papaml.la, artual Gobernador
<IP. sus respectivas poblaciones y de Don Ambrosio Omne, principal, y de todo el
común de dichos Indios de la Ciudad de Almaguer en sus respeeti1'0S aíiejos y
]mel>Ios de Papas, Caqueoua, Paneitará, ¡Jucblo nuevo de San Scbastlán, J'ongo,
El Rosal ~: San Jua.n en los autos con :i\1arcelo Ver<lugo y sus herederos Pedro
tle AlJella, :ITartln Verdugo, :i\Iannel de Escarria, Antonio Hernández, Agustín Ló-
J•ez, Narclsa Gallndez y Domingo de la Cruz, sobre la posesión y propiedad de
l<1s tierras tocantes a estas "poblaciones por repartimiento y de comunidad ... dice:
Que en justicia se ha de senlr vue~tra alteza declarar con expreso y debido )Jro·
ltnncln.mlento 110r naJa y <le ningún valor ni efecto la composición que hicieron
ron Sn :i\fajesta1l <le estas tierras Marcelo Vertlngo y Sebastlán Daza el aíio <le
mn setecientos y quince at•tuatulo ¡Jor Pedro Fernárulez lle Nnvla, .Juez Snb·
delegado de ventas, Indultos y composiciones; y en consecuencia amparar al
Común de dichos Indios de Caqneona y los tlemás que debiesen ser comprendidos
en las expresadas tierras d e la Joma <le El Uo sai y las más que se refiere en Jos
Instrumentos y han sido, fuera de esto, poselda.s por <le comuuldad, y en ¡¡arU·
cular, con exnt·esa condenación df1 las <'ORtas urocesole~ y personaJes que ta.n di·

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66 JUAN FRIEDE

!atado tiempo, y con tan repetidos viajes ha ocasionado al común de dichos In·
dios y a los particulares de dicho común, la tenacidad con que han litigado las
partes contrltrias y sus antecesores desrle el afio de treinta y seis.
'.'Débese proveer y determinar asi por todo lo general de derecho fa.vorabie
que suministra el proceso y porque es manifiesta la insubsistencia de la com ·
t>oslción <lel año quince, que es el Instrumento conque pretenden establecer pro ·
piedad las ¡¡artes contrarias a los Jndlos. Lo quo <lemuestra asi, ¡Jorque en tle·
rras <le comunidad. de indios no se puede llbrar composic ión, como ¡Jor r¡ue, aún
en el caso que lmb!ere sido válida la composición, que slem¡ne se niega, pero
babléndose ésta actuado el afio qulnce con el cargo de que solicitase confirma·
clón. . . que era, como debla de ,. .. ,.• se gú n dcreclw y según la neal Céclula In ·
serta<la a ...... , no se halla que los compositores hubiesen impetrado ni obte·
nido confirmación.
"NI como la habrán tle haber obtenido cuando del mismo e<crito en que pi·
dieron com¡Jo s lción .. . se está •·educiondo la injusticia con que s ollcltaiJan dicha
composición, pues en el escrito dan por causal que la loma del Rosal, que es la
Utlgaila, la poseyó <lon Sebastlán Inca do Salazar, cacique J>rincipal del Pueblo
de Caqueona, s in hacerse carg·o, que esto es lo que más les perjudica; pues esto
mismo :' J'neba quo son tierras del común de d ichos Indio s y el ,Juez afirma que
de los instrumentos, que se le mostraron, constaba que el expuesto Olflor, el se-
ñor don Antonio Hotlriguez, ampat·ó la Joma del Rosal al expresado cacique clon
Sebastlán de Solazar el afio <le sol-cientos treinta y ocho; y bien consta por ex·
pcrlencia <¡ue los cacl<¡nes dan los ¡¡asos y hacen personeria e11 defensa tle las tic·
rras de C011Hlnlclad p(n· lo que esto no es fundamento para que el cacique se alce
con la pro¡Jieclad. privativa de Jns tierras en perjulclo del común y mucho menos
en ~~ caso presente.
" ... y a si el instrumPnto <le cOlllJ>oslelón prueha cotllra!H'Od ncenle; pues antes
tle 61 se uotluce que sun ue comunidad, porque los amparos que ttnicron Don Se·
bastlán y Don Carlos Inca de Sal azar, fueron a hmteficlo del común llc indios ...
y 110 como tierras 11rivarlas. Es Yerclad, r¡ue en la misma hoja clneo se cllce, que
Do11 St-bastlán Inca habla comprado ::tlgunas tierras a los caci<¡ues ilel pueblo
de San Sebastlán; pero lo primero J>nede ser que t::tmbién se compraron a be·
ncficlo del Común; lo segundo r¡ue sicm¡tre la legua y merl!a se salva por de co·
munldatl, romo el mlslno lo, confiesa.
"SI la Injuria do tos tiempos no llubiose lJorrad.o el In s trumento tic posesión
actuado por don Diego ~fuñoz do Ayala el año d.e setecientos so !llsolvlora fácil -
mente tolla tlutta, pero este <!Icho documento (es) tan dificil a la lectura, que no
St' puede leer todos los linderos que se nominaron, Porque no se acabe su me·
morin y porque puedan dar alguna luz molesta al defensor genet·al la atención
de Htestra alteza, traslatlanclo, no con ¡toca fatiga algunos que se ¡111cden leer
Ctrata el protector •Le naturales leer aqul los linderos) ... Esto es lo que se pue·
llc leet' tic tilchos l1111leros y ellos seryirán de algo ¡1ara Ja decisión lle este J>ICI·
to, teniendo presente que seg ún el documento ]Jreseutado, han tenltlo estos !n<llos
de tiempo inmemorial legua y l~edla de comunidad y en ella deberian ser am•
parados ya por los particulares fa,·ores de los Indios, yl\ 110r las dlficullatles (de
tan) grande maner•• para la labor, permite algo más extensión en la gracia, y
ya ¡Jorque la antigua. IJOSJlSión con justo titulo ¡1ide rlc Justicia la conrJrmaclón

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EL 1:-.IDIO le:" I~UCBA l'OR LA TIERRA 6í
Por ¡n·cs(•riprión de la Ley décima-cuar ta, titulo ilnoilécirno, libr o cuarto de la
Uecopilación y segim la Cédula del año d.e mil quinientos noventa y uno 1¡uc es
valida conlra las tierras I'ealen gas, esto aún en el caso negado, que bulliese al-
guna aparente razón lJOr las partes contrarias.
''Pero hallándos e tan destituidas dicl111s pa1·tes porque la composición otor-
g·ada no se confirmó, ni consta la confirmació n, parece, que no es mencstN otra
cosa sino 1lec!arar >can amparados estos indios en las tierras qu e ¡¡oseyeron sus
lllayorcs, IHIIH¡ne sea con cxcoso a la legua y mc1Iia JlOr Ja justa lu·escripci(¡n
'lile les fa,·orece; por Jos particulares faYoi·es que según nuestras leyes y
!'Cales
cédulas gozan, por que según la ley diez y siete, titulo dn od.écimo, libro cuarto
es nula la composición de las tierras que los eSJlañol cs hubiesen adquirido de
los in1llos y por la ley décima-octa ,·a del mismo titulo y libro, la ,· ~nta y com-
J> os i ~lón 1le tierras se (lehe hacer dejando a los indios
con sobra tollas las que
les pcrtcued ere n, así en particular como por comunidad y por ning·ún raso se
les I>U etlen , ·ent1e1· lH¡uellas tlorras que por algún heneflclo o industria personal
las lmbieseu fCl'tilizadn, y }Jcr la ley duo·rléclma se ord.ena que no se permita las
estandas dP g·anatlo a Jos es)lañoles en las cercanías de Jos pueblos por los daiios
es-
que se sig· uen a los indios y las extorsiones que Je l1acen Jos dueiíos tic 4ll<·has
tancias.
caso:
urrutlas In!!' Jeyf2'S favorccco a O$itOS htdJos <'011 CSPfl(•iali<lad en el ]H'escnte
en
JHtes, aún t.•n ra so ncg·ado, que las tJartes contrarias · hubieran algún titulo
q ue estrilJar. l'l'rO las mismas partes confiesan que (las tler.rns) fueron de in·
<llos. I~os irulios, ron sumo trnlJajo, lns han beneficiatlo 11nitándoles el monte,
y si estas tierra' >e dieran a los espaiioles no cesarán Jo s Jterjulclo s a Jos
!rulios
y estar metidas eu el deslinde d e Jos indios, como lla~·
JIOr In cercanía al ]lneblo,
la aqul lo han Px]le r· Imeutado en sus seme nten\s, en s us ganados y en s us ¡¡er·
sonas t¡u e (los españoles) !tan resuelto, destrozado y avasall ll.do en tanto grado,
rtne hasta el Prot ec tor, por r¡ue defendía a estos ltH!Ios, le p·usleron asec h anzas
en la rlil a y Jo persiguieron , de modo que salló fngltiYo y un Indio que Jo roo-
!lnció hn )l crcc ltlo en lo s I'iesgos del camino.
·'tAgTé¡caso a lo <licllO que 110r la Ley nona, titulo tercero, Jlbro sex to de la
lteCOJlllnción se manda a que a Jos Indios no se quiten la s tierras y granjerías q ue
hubiesen tenido antes, y 11ue uo admitan a com)losiclón los que no huhiesen )lO·
seldo las tierras diez aiios. Y como por los Instnunento s l'stá constando que ·~S ·
tns tierras fueron de indios y 1¡ue los caciques l>idi eron l.'ll el afio !le sr tc!'l e nt os
fuesen lanzad os Jo s es]lafíoles, como efertlv!tmen te lo fueron, .Bartolomé Uómez,
l'edro Pérez, Ulonlslo i\fen11ses, Juan JHnrtrofínl y ot r os .. : qnCila ronven!'ldo que
la composición oto1·gada el afio de quince fue nula.
" .F inalmente, por la> ~crtlflcacloneM que se presentan "e 1·e la miseria en que
están lll·lentlo t>Stos lnfell~.,s, )lues solo les han dejado lo s riscos y Jlefíascos in·
capaces de beneficiar y cultiYnr ¡¡or Jo quo se nusentan los in dios <le! dirho !'no·
ltlo do Caqucona uuscantlo nlhio por Jos , ·alles y selvas remotas y princiJ>aJmc o·
te por el ,·a.lle <le Tlmaná, uontle 111 pagan trl lJut os, ni gov.an rl el pnsto f'SJllritunl
pa~a.n uua ''hl a. la. ·más infG-!Iiz y dt-plo:rabfe, qne se ¡~netle ima-
y, e-mbrutecl(lo s,
ginar; y aún estítn ol.l ll~· ntlo~ a Irse IL bu scar hal.lJt arió n en Jos desiertos tle Tl·

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G8 J t; ,\ ::\ P R I E lJ E

1nnná, ni entre la ... t'it.•ras th· ~l,)<'ua, ni 1Júrf,aros de Sn<·umhío; })Cl'O se -ven }'re·
cisa<los >t 'lvlr muy lllstantl•' th'l Jlll<'hlu, t•omo le ~uce<iP al t'tll'i<¡ne don Aglb·
tin Papamlja, quien con su familia y otros Ynrlos vinn en <listnncla <le cuatro
leg·uas del )JnelHo; y otros se llUH acog·iti<J a wrvlr es¡>ailolcs con ¡;ra,·c tletrlmen-
t o ti<~ KU conservación, reposo y con gra' e lllspendlo Oe la enseñanza cristiana;
porque no eslanllo en el p u ehlo y sus ceHanias, <le modo t¡nc 110 se recogen :t
"nn tic (la,¡ cnm¡Janas, no pueile haber orilen.
"Y asi está tlesierto el ¡J uelJlu. cuantlo, }101' contrario, l<Js csl•~t~1oles, mulato¡~
y nwstlzos, gozan tle quintas espacio-.as, casas •le cnm¡Jo acomotltlllas y estaclo·
n es fructuosas eu las tlerras de Jos indios, <¡ue no pueden 'er (•ou Lagrimosa des ·
grnela, y tienen tanta osatlia Jos Intrusos 1¡ue siempre, que oe les aJJtoja, oeurnn
con &lnle~tros Informes a Po¡myán y con siguen lanzamientos contra los !ntJ.Io s
en aquello poco l¡ue pose~n, si n lwcerse, que la causn ha estado ra(liea,Ia en e"ln
Heal \udlen<·ia.
'·To!lo lo eual necesita del más pronto rem edio, y el do'feuso r general lo lm-
plor:t de la jnst1fleaclón ol e Vuestra Alteza, ¡¡ouien¡lo ~ohre todo presente que n o
está ¡•onflnnalla la composldón. En todo pido jusliela eon eX]Jrcsn comlenatorln
dP las eostus procesales y !Jer sonales, que han sido co n sl<lernh l c~, )Jara e•tos ml-
seralJl es indios oeunlendo <lesdc aquellas !listanclas 110r ¡Hiises tan Incómodos
y de siguales lo IJU e ha sillo moth·o para o¡ue dure esta caus a lles<l e el ai\o treinta
y seis: pues ¡Jara conseg·ulr mt Yl uje se les ¡¡asan años y esto Jut ocunlllo a lo s
cen trarlo s Jl!lra no desistir ole la )JOseslóu. Quito y Octnl>re Yelntinuove de mll se·
t.cclento s sesenta y cinco ailos, (fl l'mn) Doctor Quiñones. •·

En un nuevo alegato insiste el Dr. Quiuones que se impone la en-


trega de las tierras a Jos indios '' .. . por no ser sufrible, que por man-
tener cuatro españoles, que sa han introducido en el pueblo, hayan
padecer t antos indios co n evi dente riesgo de que perezcan . .. "
D-espués de varios alegatos en pro y en contra, se dicta por fin la
sentencia el 27 de agosto de 1766, ganando los indios el pleito, pero sin
lo,grar el pago de los gastos del proceso ni de Jos perjuicios que oca-
sionó la ocupación de las tierras durante más de setenta y cinco años.
Se ordena a Joscpih Vallejo, Teniente de Gobernador, la entrega de las
tierras a los indios y el lanzamiento de los herederos de Marcelo Ver-
dugo de las tierras del resguardo. El abogado de la contraparte ape-
la pero la sentencia es confirmada. \Posteriormente, los Verdu,gos obs-
taculizan va<J.·ias veces la entrega ma terial con alegatos dilatorios. Se
quejan de no haber ·sido citados, de que las diligencias de deslinde ha -
bían sido acordadas para días feri ados. En una petición presentada, piden
una fijac~ón más exacta de las medidas de entrega, pues "como a la
malicia o a la rudeza de los indios de aquí tomar pretexto para (que)
esta legua en .::ontorno siniestramente se extendiera con extraordina-

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ElL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 69
ria extensión a los cuatro vientos cuad.ruplicada ... " y añaden "si so-
brase tierra se entregue a mi parte en atención a 1os cuarenta y cua-
tro patacones que dieron ... "
El 27 de Marzo del año siguiente, por auto expedido en la Real Au·
diencia de Quito se elimina también esta dificultad y se establece que
la legua de tierra que iha de entregarse debe medirse desde el cenrcro
de la población de Pancitará.
Varias dificultades hay que vencer todavía. El Teniente Vallejo,
ante la imposibiJí.dad de medir estas tierras vírgenes, tiene que orde-
nar, tanto a los indios como a los Verdugos, que a su costa hagan bre-
chas anchas en 'la montaña. Al fin, el 22 de septiembre d·el año siguien-
te se entregan definitivamente estas tierras mídiendo la legua a que
los indios tenían de.recho. A petición del aboga-do de los Vé1·dugos y
en vista del pa.go de Jos cuarenta y cuatro patacones desde hacía más de
cincuenta años-la composición del año de 1715-se le•> adjudican a los
herederos de los Verdugos las tierras del Valle de Las Papas, que pa-
recían despobladas y pertene.cían a realengas. La documentación de
esta adjudicación y del final de proceso reposa en el archivo pac¡·ticu ·
lm· de Dn. Lisimaco Muñoz, de Almaguer.
Es interesante observar que· el avalúo judkial del Valle de Las Pa-
pas-una enorme extensi.ón de unos cuarenta quilómetros de largo po·r
quince de ancho-sólo asciende .a doscientos patacones, mientras que
los ga<stos de adjudicación, según cuentas presentadas por el Teniente
Joseph Vallejo, llegaban a ochenta y seis patacon-es seis reales , es decir,
a más del cuarenta por ciento del valo·r de la tierra adjudi·c ada. Es tam-
bién digno d-e mencionar que, segó·n los documentos que se encuen-
tran en las Notarías, el valor de un sólo esclavo era entonces de c ua-
trocientos a seiscientos patacones, es decir, una suma mucho mayor
de lo que costaban enormes ext€nsiones de tierra. El mismo Mar-celo
Verdugo según testamento que hizo tenía entTe tierras, e·sclavos y
otras propiedades, más de doce mil patacones y Ja capellanía que fun-
dó por valor de dos mil patacones la pagó en ~ran porción con cuatro
es-clavos (véase la parae documental de ese estudio).
La real provi81ón que fue originada 110r este pl~lto, tiene el slgulento
tenor:
"Digo yo, el Rey, Dn. Cn.•·Jos Tercero por In Grn.cla de Dios, . mando
que ninguno rlc los lJianeos, ni G olJernadores, ni Corregl(lores, Delegados,

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70 JUAN FRIEDE

~e metan con los Indios Caciques combes (sic) y la familia tle Juan Am·
brosio Omne, Inca de Salazar, cacique primero <lel Pueblo <lo Santa María
<le Caqueona y su juristlicción, que los in<llos principales de ella ... (ilegl·
ble) de no pagar tributos ni tle oficios bajos ... (Ilegible) reales fil·mo. Yo,
Dn. l\Iiguel Santa Ceniza, Ambrosio Antonio Villamil y 'l'apia, escribano
de Cámara y GoiJernatlor. ·
Real prlvisión cometirla (}tara) su cumplimiento a Dn ••Joseplt Vallejo
Teniente Gobernador y justicia mayor de la ciltda¡l de .Popayán. Para que
las cumpla y ejecute lo contenido en ella a pedimento del Protector Gene·
ral de Naturales de distrito tle ésta Real Audiencia por la protección y tle·
fensa de Dn. Rómulo Papamija cacique general de JlUCillo tle Santa Jllarl:t
de ('aqueona y p:n11!lo del Com1m <lo Jos llHlios <le! dicho pueblo en 1:1 ju-
risdicción de la Ciuil.ad.

Sólo a la tenacidad y constancia de los indios de Caqueona en de·


fende.r sus intereses se debe, como se ha visto, el feliz desenlace del
pleito. Esta tenacidad, no extinguida a pesar de los siglos provoca to-
davía los recelos de sus vecinos blancos. De Caquiona dice Arccsio
Guzmán: "Los habitantes de éste Corregimiento son -d e carácter beli-
coso y dados a las riñas domésticas, •que les Iba valido tris'te celcbril-
dad. Su animadvc.r>ión hacia los blancos es muy marcadn y va al extre ·
mo de no permitir de poblar en su jurisdicción" .. En realidad, la hosti-
lidad de estos indios es evidente; gradas a semejante actitud se ~1a po-
dido conserva r el resguardo de Caquiona. El ejemplo de lo sucedido en
el resguardo de El Rosal. ·como veremos m ás adelante, demuestra pre-
cisamente Jo conveniente que es para los indios, en las actuales circuns-
tancias, la insistencia de la política de aislamiento.

IV

INCIDENTE EN LA REPARA·CION DEL PUENTE SOBRE


EL RIO SAN JORGE (1735)

No sólo en el pleito de los Verdugos se mostra.ron .los indios de Ga-


quion a rebeldes y tenaces. En la Notaría de Almaguer se encuentra un
legajo sobre la queja, elevada en 1735 ante el Gobernador de Popayán
-~1 rededor de una reparación del puente sohre el río San Jorge. ''Juan
Uni y Alfonso Homne, gobernadores de San Sebastián y Caqueona'', pre-
sentan el memorial. H ace n hincapié -hohre la orden emanada de la Go-
bernación "para que la Justicia de dicha ciudad de Almagucr no no·s

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BL fNDIO EN LUCHA POH LA TIERRA 71
o.bligue a obra ninguna sin •que primero ~e nos pague y satisfaga". Citan
leyes y ordenanzas respectivas . Cuentan cómo para reparar el puen-
le sobre el río " .... concurrimos a esta obra treinta y seis peones de la
pa.rte de Caqueona solo, y al segundo día nos dieron dichos jueces un
ternero de valor de .doce reales, que sólo hubo para cenar y al cabo de
cuatro días ya del todo d·csflaque;eidos trabajando sin comer apelamos
al alguacil mayor . . . N os pasamos sin comer dos días .... " Cuando por
fin llegó el Alcalde ordinario al lugar del trabajo le hicieron el reclamo
respectivo y éste autorizó -así lo alegan los indios- de matar cual-
quier res de la vecindad ya ·qu·c las autol'idades la repondrían luego, ''y
entonces cogimos una res de valor de diez patacone·s en tan extrema
necesidad ... " y por esto " .... el Alcalde O!:'dinario, Don Jgn e. cio ~1uñoz
de Ayala, me prendió en esta cárcel pública y me tuvo en ella ocho días
por cuyo motivo ocho marranos entraron y se comieron una roza de al-
mú y media de sembradura y otros daño.., que me siguieron ... y junta-
mente me hizo pa,glar seis patacones por la res sin más nueve reales ... "
Las autoridades de Alm aguer, a su vez alegaron que lo declarado por
los indios era en todo falso y •que no se había dado orden alguna de apo ·
dorarse de la res; " ... •que lo hizo (Homne) por autoridad propia". In-
sinuaban que Homne debía haber sido inducido a elevar este memorial
''po1· persona pernicima", pues no presentó reclamo alguno cuando úl-
~imamente habló :con el Alcalde y hasta le dio "unos frutos de su es-
pontánea voluntad''; que a tiempo de la construcción " ... se les dieroh
a dichos indios para su manutención doce reses y de más de éstas se
sustrajeron tr-es ... y dicha pris1ón no fue tan sólo por lo referido sino
po.r quilar en lo venidero tan perverso abuso, porque pasándo·s ele ésta
sin algún reparo cuando se ofrezca volver en dicho puente robarán a los
pobres vecinos ... "
El interés d·e este pleito no consiste, por cierto, en averiguar de qué
lado estaba la verdad, aunque fi1ay que tener en cuenta que las deda-
raciones rle Jos indio·s están juramentadas ''de no proceder con m aJi.
cia", sino en que demuestra el estado de continua fricción que existía
enke los dos sectores de la población colonial. De todos modos este
alegato dio origen a una disposición del Gobernado!·, que dice: "Visto
lo alegado por la·s partes mandó su Sefíoría al señor Gob-ernador y Ca-
pitán General se ponga perpetuo silencio en este asunto y para lo ade-
lante Don Igna:cio Rodríguez ·Molano, Teniente General y Justicia Ma-

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JUAN FRIEDE
72
yor de esta ciudad no permita se saque a los pueblos de indios para
ningunas obras, que conste primero que se les ha de pagar doC' justicia.
(23 de diciembre de 1735)". Las autoridades de Popayán sabían, según
parece. quién tenía la razón; sin embargo, es bu-eno recordar que la
obligación de pagar a los indios el valor de sus trabajos fue codificad1
ya en 1542 por Carlos. V ("Nuevas Leyes de India''); esta disposición
fue varias veces ratificada en e l transcurso de los siglos sin habesre
cumplido como vimos, ni doscientos años después.

EL RESGUARDO DE CAQUEONA Y LA IGLESIA

Cuando en 1700 Carlos Inca de Sa1azar, para librarse de algunos in-


trusos pidió el amojonamiento de las tierras de Caqueona, expresó• si·
multáneamente la necesidad que tenia el puel>lo de construir una igle·
sia en tierras más templadas que las montañosas ((Ue habitaban, pue·s
''los doctrinarios no paran allí ni un día siquiera, por el mucho celo y
humedad que hay", a lo que se debe que los indios "padecen de oír
misa y doctrina". La construcción de la iglesia la ofrecía hacer " ... co-
mo Fiempre lo han acostumbrado sin ayuda dP ningún encomendero.
sino sólo con la de sus hijos y nietos y con la gente de su pueblo, como
consta de la vi·sita del Obispo Don VPlasco Jacinto de Contreras ..... ''
Esta actitud correspondía a la profunda fe católica que profesa,b an es-
tos indios y demostraba al mismo tiempo el comprensible desgano de
los sacerdotes de llevar la doctrina cristiana a costa de las incomodida-
des y penurias de los viajes en la montaña virgen.
Sin embargo, en la \historia de este resguardo, tan tenaz en la lucha
por sus derechos, se encuentra el único signo de rebeldía india contra
disposiciones de carácter eclesiástico, como se desprende de una queja
contra el Gobernador de Caqueona, Nicolás Homne (año 1798). El Pres -
bítero Don Agustín Salamanca. certifica a petición de Babiano Chilito,
que éste '' ... siempre ha concurrido y concurre a la s obligaciones de su
pueblo con toda /humildad y obediencia para con sus ju~es . porque tie ·
ne buena crianza y honrosas partidas: que no falta a la doctrina cris-
tiana y a oír el Santo Sacrificio de la :\1isa en los días festivos. También
me consta que lodo s los demás indios del citado Cr.queona son de ge-

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l~L l. "Jll<• ¡.;.· Ll ' CIL\ l'OH 1'"\ 'l'lt·:HnA ¡ ;~

nios r C>b c>l<ks y opues tos a la r aú>n \·t r dadcra dt los superiores, eom"
que a tiempo de la visit a qu l' pract i• ó el Tl u ·t rísi mo Sei'lor Obispo en
esta esta ciudad ahora tres años, ordtnó que l'l m olino de . ue · t ra Se-
ñor a de Caqueo na. qne p r od uce co nsider ables pesos al aiío, Jo adminis-
trará el sínd ico de bie nes q ue p udiera responder a cu. tl quie r nlca nce
que r esult are; hahié n <lose pasad o p or mí m ismo de ord en de su Iluslrl-
sim n a la enl r :.-ga del r il ado m oli no al ind io \1ar tín \ fales, h ombre de
bie n y de bien es, el actual Go ber nado r :\icol:'ts Ilomne, con toda s u fa ·
nülia y h ermn n os y o tr os indi os se opusieron fu erlí simamente por va -
rias oca.;io nes contra la super ior ur d en ; pre tend iend o con toda a udacia
en qu e los m andon es d<'l pueblo habían de m a nejar las diarias entradas
del refel'id o m olin o y demás der eehos con r-t• mie ntcs a la iglesia de su
pu ebl o. Es cuan to me consta . . . •·
Sa ldría de l marco d e l p1·cst>n le trabajo analiza r la siluac~ón juridic:1
del caso: , ¡ se 1rnla a r¡uí de una rebeldía contm las ley<' s eclesiásticas
o, por el ;c ontrari o, de la defens a de los fuero s del r esguardo. De tod os
modos por una ca sualidad, en con tré en un ar chiYo ¡nu·ticular el contr·¡-
to, fechado el lo. de abril de 1730. sobre la co ns trucció n de est e molin o
Es un documento privado hecho entre el Gobernador de tos indios y don
uis Sá nchez, "natm·al de la Hepúbli.ca de Génoy a·•. En él declaran Jos
indios : '' .... y siendo cierto s y sabedores que en ~ sto les compete , otor ·
gan en su nombre y demás h ere deros .... " la licencia de construir las
piedras del molino, siendo la condi c ión que el co n si ruclor disfrute du -
J·ante toda su vida de los ingresos que produzca el molino el que des-
pués de su muerte pa ~ ará" al servicio de dicha imagen de Nuestra Se -
ñora de Caqueona''. El documento mismo e,¡ ¡¡ insertado en la parte do-
cumental del presente trabajo.

VI

EL RESGUARDO DE PANCITARA

En las tierras del resguardo de IPancilará se introdujo Don Diego


:Muñoz de Ayala y Guerrero, basándose sobre el derecho que en ellas
tenia su mujer, Doi'ía Bernardina Ordóiiez de Lara, como here<le ra de
su mad1·e, Doña Augusta, compradora de la vega de Pancitará, de Don
Diego Ordóíiez (véase Parte II, Cap. !). Los derechos de propiedad sO ·

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74 JUAN FRIED1~

bre csU1s tierras estaban, como se ha visto, especialmente emurollado~ ,


debido a que tanto los indios, como los blancos, tenían títulos sobr·,·
ellas. Don Diego, al igual de Jorge de Valdenrama en el caso de los in -
dios del Alto .:\Iagdalena (véase mi folleto citado), para arreglar las
diferencias con los indios, '·dona" a éstos un t-erreno deslindado. L:1
carta de donación -respectiva no la pude encontrar pero ella se despren-
de de un auto, fechado el 30 de octubre de 1715, dado por P.2rnúnclez de
Navia, cuando dice: " ..... por cuanto habiendo Su merced hecho vist<~
de ojos y reconocimiento de las tierras del pueblo de Pancitará, el Ca-
pitán Don Diego :\luñoz de Ayala cedió a los indios un pedazo de ti e-
rras y en los linderos que se señalaron por resguardos el-e dicho pueblo
se ha excedido, incluyendo aun las tierras que son y pe-rtenecen al di-
cho Capitán, Don Diego, manda alinderar el t-erreno a los indios asi:
(siguen los linderos) .. _".
i'ol'o se trataba aquí ele clonación de tierras, •sino más bien de un ckspo-
jo, que recibió su confirmaciJón legal, al aceptar Fernández de Navia
los 'lind-eros señalados y al admitir a favor de Diego :'11uñoz ele Ayala l<l
composición en la suma de veinte patacones, de todas las tierras situa-
das fuera ele ellos. Esto se desprende del hecho de que los indios ini -
ciaran un largo pleito contra dicha decisión, pleito mencionado en la
petición del Protector de Natm·ales, 1Pedro In:ca de Salazar, del 10 d<'
octubre de 1735; además al igual que el mencionado Jorge de Valderra-
ma, el "donante", Don Diego, en repetidas ocasio•nes tomó parte contra
los indios, obstaculizando y contradiciendo las entregas posteriores.
Mal podía tratarse en este caso de donación, siendo así que fueron
los indios de !Pan citará los que en 1()38 '' ..... _por todas las tierras de su
jurisdocción'' pagaron 450 patacones por la composidóu hecha duranll'
la visita ele Don Antonio Rodríguez de San Isidro tvea',; e Parte IL Cap.
l). Además, en las tierras del "cuobo de !Pancitará" el cacique, Don
Sebastián Inca de Salazar había establecido, desde hacía más d-e un si-
glo, la mitad de los indios traídos del valle de Las Papas. En los archi -
vos que he consultado hasta ahora no be pOdido encontrar la continu t·
ción de este pleito.
En la visita, que -en 1735 hizo el Teniente Gobernador y Justicia Ma -
yor, I.gnacio Rodríguez Molano, el protector Pedro Inca de Salazar pi -
dió en nombre de los indios de !Pancitará una "vista de ojos" sobre un
terreno ''donde se dio posesión a Cristóbal Ca.y apaz ... " Y alude a una

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 75
norma judicial ele la Colonia . cuando ai'íacle: " ...... pues somos indios
tributario s pusil ánimes y por ello imposibilitarlos de poder dar nuestra
Ptrnbanza con testigos de los que pueden conocer los linderos . .. " El te-
rreno en cuestión, como se despN·nde de la eptición, habia sido com-
prado el 13 de junio de 1641!.- La p etic1óln se debió a los atropellos co
metidos por s us vecinos blancos.
En otra petición al misma Visitador, la de 30 de diciembre de 1735,
los indio s se quejaban de que un terreno -el de Salado- no les fue
entregado por los linderos fijad os en -el d ocum ento de ampa ro q ue les
habín sido otorgado anteriormente, sino que el T eniente rle Almaguer
" ... nos quitó lo mejo.r y las peñas y las lomas ·que no sirven no s dio,
atendiendo al informe del Capitán Don Diego Mui'í oz ele Aya! a ... "
En un <.locumento del 16 de febi'ero de 1746 el Protector ele Natura-
les, Ventura Henríquez Morán, pide amparo pa-ra .Jos indios Ghicangana
(;caciques <le Pancitará) en un as tierras que les fueron entregadas en el
año de 1735, ., .. . aunque con trad ijo Don Diego ~~1uííoz de Ay ala a tiem-
pos de la ent rega he c11a a ellos p or Ignacio Mol ano . .. "
Paa·ece que los indios ele Pancitará tuvieron mejor suerte que los de
Caqueona, pues no encontré má s pletios con sus vecinos blancos. Sin
duda, la terminante orden de Don 1Pablo F id algo y Zearrote, ''Teniente
Coron-el de Jos Reales Ejér cito de Su ~1agestacl, Gobemador y •Capitán
General de la ciudad y Provinc;a de Popayán, de qu e " .... d Teniente
de Gobernador y Ju s ticia :\[ayor pon ga en p osesión a (l os indios ) y lo
cumpla sin hacer cosa en contrario, ni dar lugar a que se vuelvan a
quejar .. .'', contribuyó p ara ello.
VII

EL FRUSTRADO ATENTADO CONTRA LAS TIERRAS DEL


RESGUARDO DE SANTIAGO DEL PONGO
En el ar chivo de la Inspectoría Judicial de Sa ntia.go, se encuen tran
documentos sob re la introducción forz osa d e un ve"ino bla n co de San
Sebastián, Pedro Gómez, en las tierras del re sguardo.
S-egún se desprende d e una p etició n de amparo, p!'esentacla en 1735
Por Ju an Bambagué, cacique de Santiago del •P ongo, al \robernaclor ele
la if'rovii~ c in. el sitio del Pongo fue of recido al Santo por uno de sus
encomenckros. La petición ,<J,.. un es1Jec inl interés histórico sobre el lu -
ga¡·, tiene el ·siguiente conteni do:

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76 .JUAN FRIED.lli

"Seilor Gobernador y Capitán General.-Don Juan Bambngué, seflor del Pue·


hl<> de Santiago del Pongo, en nombre de todos mis indios de mi J.Jarclnildatl ante
su Señoría !Jarecemos en In mejor via y forma que más nos convcnll'a a nuestro
recurso hubiere lugar ... y decimos: Que en conformidad de que el Rey, nuestro
Señor (que Dios guarde), nos ampata, fa1orece y da un sitio a todos Jos indios
de la Real Corona, suplicamos a s u Señoría (que) observando sus Reales Cédulas,
'o slr1•a dfl ampararnos como :'ailre llc los menesterosos y necesitados; pues en In
ocasión lo estamos por no tener on qué vh•lr nl PU qué criar ganatlos, ni en qué
J1acer nuestras Iabrauza s }Jara Jm estra manutención, por ser tan corto el pedazo
de tlena en que moramos y ha sido el motivo que nntecedentemente éramos lnd1os
tncomendados y lo fuimos hasta por tres vidas de tres encomenderos, y entonces
fue nue stro primer pueblo dentro de la montaña y bosques inhabitables, por cuya
razón o>l tAl'CAr o>ncomenllero nuestro nos sacó a dicho sitio del pongo, dándole la Ji·
mosna al Santo, en pedacitos de tierras tan cortos, que ni aún hay dónde 11acer ca-
sas ni poblados y asi nos hallamo s diSJJersos experimentando mil n ecesidades y des ·
consuelos; y siendo aJ10ra ya de Ja Real Corona es necesario el amparo de su
Seíloria porque finiquitara dicho ¡meblo y cada uno buscaremos a donde yivlr ¡JOr
no perecer de necesidad, ¡mes las famlllas de n1!s Indios son nueYe y las más clll ·
cas y grandes son cincuenta, corno si se ofreciese, daremos certlflcaclóu de nues·
tro cura y del lugarteniente <le Vuestra S<•fioi·ía de todo y por to<lo; en cuyn aten ·
clón V. Ssa. pedimos y supllcamos provea y mande según y como tenemos pedido
y alc·;rado dá1ulonos y concediéndonos e: amparo y auxilio necesario, que es jus-
t!cla que pedimos y juramos en Dios Jo n ecesario, no ¡noceder de malicia y para
ello ... (l·' lrma)".
A la p-etición se adjuntan tres declaraciones juramentadas, que son
las de Lucas Macunchuí. Lázaro Uxumaú y Gaspar Sandú, que dan fe
sobre los linderos del resgua,¡ do. Llama -l a atención el hecho de que
esas. declaraciones clatan de 1680 y es posible que fueron pedidas en
aquel entonces para repeler otro intento oc despojo. Las tres decla:ra-
cioue; tienen un ten or semejante . Trascribo aquí la de Lucas Macunchuí:
•·En el sltlo y hato <ll'l 11rngo jurlsd lrción il~ la ('iuda<l de AJmaguH, en cua·
1ro <lia~ tl~l nH·> tle m~tyo, u:io mil Heiscienl'l~ : cc hcnla, ::t:lte mi. Don Diego l\Iu·
iioz ue Ayala, l.!t~'<trtenlt•nle tle (loberna¡lor Ju<t:cla i\layor, ('onegld.or de Natu·
ra!P .> y Alcalde .>l nyor ti~ :lUnas de dicha CinJatl y su jl!rlsdicción: por su Ma·
ge~tad presento por testigo de la información que tiene ofrecida non Pnblo San·
chl a Lucaz Maneunch ui, del cual le recibió juramento por Dios N n es lr o Señor y
ln señal de la Cruz ... (roto) ... con toda formalidad ... y cum¡Jlldamen1.e promc-
lló decir la ,-erdad la que supiere, y se le fuere ¡Heguntando y s iendo examinado
a ¡ tenor de la petición, dijo: que sabe, ]JOr l1aber1o l'isto y aslstlrlo en dicho ¡¡u e·
hlo del Pon~ro, que las tierras contenldns en la r•etlclón antecedente son de los
tllchos ln<llos y que el seílor y Cnel<¡ue, <Ion Juan, difunto del ¡1ueblo de San Se·
lJastlán, le dijo mucha~ 1eces, c¡ue Jns <llchas tierras se l.:tbian repartido en In
¡Joblaclón '' los dichos in tilos y que los linderos sabe este testigo so n. . . (Ilegible),
,,ue lindan con Ins tierras tle pastar ganndo mayor que fueron del Capitán Feli¡J<'
l)lnz Lucena, difunto, y que s abe, JlOr llai:Jerlo l'isto que por señal de lindero está

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 77
sembratlo un árbol nacedero, que llaman Plngllo, todo lo que toca tle monte para
arriba IJOr la euc.llilla abajo a dar a un derrumba¡lo que cae a la dicha quebrada
Y por esta otra parte de la bantltt del pueblo ¡1or la quebra<la que llaman de Los
Ponguillos ltasta la <lerecera de di<'l10 Pueblo y que salle que las dichas tierras las
han posel!to .. . (roto) ... de la ¡¡oblación de dicho Pueblo y las han estado labran-
!lo para s u~ sementeras ltasta el !lía de ltoy y que esto !¡ue ha dicho es la ···erdatl
Y lo que sabe so car¡;o de juramento que ... (roto) ... generales <le la ley no le toca
Y dijo que no sabe firmar, firmolo ... (roto) ... !licito Señor 'J'eniento y Correg·iuor
actuando con testigos a falta de Escrlbauo Público y U.eal. Es la e1lad de este
testigo de .etenta y dos años. (Firma) Don Diego l\Inñoz ue Ayala.-•restigo, Dou
Esteban tle Melgar y Oviedo.-Testlg·o, Juan Díaz Lucena.

El auto de amparo fue concedido el 19 de diciembre de 1735 por Don


iPahlo Hidalgo y Zearote, así:
'".Po1· ¡Jreseuta<la, ampárese a estos indios en el Pnolllo del Pongo y ¡¡uedan
a.delantnr sus tiPrras l)Or la Darte llc arrllJa y (•riadero hasta una legua, como !S n
:ITagestaü Jo dls¡>one y uiuguna versoua ile cualquier citada calltlad o comlició•t
Quo sea les ]Jonga embarazo en lo mau!l.ado ¡Jor oste decreto, pena <le quinientos
llatacoues, aplicados enterameute a su l\Iagestad; y el Teniente G-eneral de esta
clndlt<l estará a la mira sobre lo determinado. Asi Jo proveyó, manda y f-irma ... "
Aprovechándose sin duda del hecho de que mucho•s. años después de
haber sido legalmente amparados los indios, sus tier-r as no fueron amo-
jonadas .y deslindadas, iP-edro Gómez, vecino de San Sebastián y colin-
danLc del resguardo, arranca un árbol que servía de lindero entre su
Propiedad y la del resguardo y trata de ocupar los terrenos de aquél.
Así leemos en una nueva petición presentada por Manuel Bambagué el
24 de julio del año 1748 a Don Carlos Pérez de la Hinojosa, Alcalde :.\la-
yor de Almagucr y Corregidor de Naturales:
" ... y digo en nombre de todos los Indios !le mi Pueblo que son de la lteal Co-
rona se ha do servir usted e11 méritos de la .1ustlcla darnos y sefialarnos la legua
<le tierras, que l>Or su :i\Iagestad está mandado, para cuyo efecto presento con la
solemnidad necesaria, la información heclla ante Don Diego l\Imloz de Ayala ....
Y por cnanto Pedro G-ómez que está inmediato a nuestro Pueblo nos estorba el que
llodamos hacer nuestras rocerías de la !larte de anlba de nuestro Pueblo en el
Sitio uel trlllndcro dotHle son tierras de nuestro Pueblo antiguo, habiendo llegado
a tal poderlo el <llcho l'edro Gómez que un árbol Plnr,-llo, que teniamos IJOr linde·
ro antiguo Jo ha sacarto 1le raiz vara tener motivo <le decir f!Ue son sus tierras .
Por lo que se Ita de servir Vuestra l\1 erced en pasar a dicho sitio y sefialarnos
nnostros linde1·os ¡>or lo cual se ha <le servir Vmd., en mérito de justicia, do notl·
flcarle que nos deje , ·!Yir quietamente bajo nuestros lluderos, me<ilante lo cual y
!lue a su costa se llaga una c!Htmba de llnuero, porque él lo Ita quitado ... "
El Teniente Hinojosa expide el soli:citado auto de amparo y notifica
al mismo tiempo a Pedro Gómez para que no inquiete a los indios ame-

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78 JUAN FRIEDE

naz¡á,ndolo con una multa ele cincuenta patacones. Simultáneamente cita


a las partes para el deslinde que debe efectuarse el 5 de agosto.
Pero Don !Ped,ro Gómez trata de evadir la notificación y wü leemos:
"En el Pueb lo tlel Pong·o . . . en cluco dias del mes tle a~·osto <le lH'-, l)on Car-
los Peña tle la Hinojo sa, 'l'enlent!', e tc., ... dijo: que ¡lot· cuanto Pedro G(nnez no
!Ja respondido a la citación que se le !t izo ¡¡ara el deslinde tle las tierras de esto~
Naturales se le cite por un ¡lapel que se fije a la puerta 1le su casa llamándolo
!¡u e com!larezca con sus escrituras. A si Jo proveyó y firmó ... "

Don Pedro Gómez tampoco acude a esta nueva cita y Don Carlos Pe·
ña de Hinojosa expide un auto diciendo: "por cuanto consta haber sido
Pedro Gómez el' que quitó de raíz el árbol naced-ero llamado Pingllo ... ,
se haga una chamba en el mismo sitio donde estaba dicho árbol a costa
del expresado Gá<mez y el Cacique Don Manuel Bambagué de la cuenta
de los peones que gastare ... Y notifiques e a dicho Pedro Gómez apronte
los quinientos patacones para su Ma.gestad ... "
E l 8 de agosto del mismo año, se cumple la diligencia del deslinde:
" ... luiblendo subido a este d.ieho sitio en corntmíila de Don 1\Ianuel Bambag·ué.
Caclf1ue del Pueblo 1le Pongo, Andrés Joa.chl, Gobernador, l\Iatias :U:ajé, Clcmeutt·
Joachi y otras muchas personas ... y recouoci en presencia 1le todo este congreso
los Jin<Leros del Pueblo antiguo del Pongo, como asimismo el sitio donde estaba 1' 1
árbol nacedero llamado :Ping·lJo, ¡¡ue era el lindero de dicho puel)lo y estalm ... y
llabléndose practicado esta diligencia Don l\Tanuel Bambapté, cacique, pidió se ]!•
diera posesión a nombre de to!los los de su pueblo, al cual tomé de la mano y lo
paseé y el <llcho !lijo que le señalase la chaJnba y yo se la señalé 110r la misma
oriJJa del tri1Jade1·o a donde estaba el árbol. .. y con todos los Naturales la abrie-
ron como una cmuta de ancho para des¡lués perfeccionarla, desauchÍlndola como
es costumbre la que han de abrir ltasta la montaña y to<lo dijo el dicho cacique J
los suyos t¡uc les tlljeron Jo l!acian en señal de Ycrdadera posesión . . . "
Como epílogo de estas diligencias, existe un auto que dice:
"l<: n la llaclcltda 1le Pedro Gómez llamada San Sebastlán, en nueye dias del m~s
J.c agosto <le 17-18 años yo, el 1'CJtlent.e y Justicia l\Iayor en cumplimiento 111•1 llttto
¡lcl d ia tle ayer Ylne a casa <le dicho Pe<l.ro para el efecto <le la tleclnraclóu tl c ht
m.ulta !le lo s quinientos patacones para su J\Iageslad en que lo cotHlenó el !;~liO!'
Go bernador, Don Pablo Hillalgo y notificación mandada y no lo IHtll é t•n su ca~"
y Je tlcjé JJilllC l en <¡ne consta la noUflcarlón. Asi lo firmo y certifico ... "

VIII
EL RESGUARDO DE SAN JUAN DE EL ROSAL
En la Notaría de Bolívar -está protocolizada una dili,g encia del tras-
lado de este pueblo, que anteriormente se llamaba San Juan del Valle

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 79
de Descansé (Iscancé, como •se lee en documentos posteriores), al sitio
que hoy ocupa.
Por otra parte, entre los habitantes actuales existe la tradición, la
que me comuniJCó Don Job Galindcs -de sesenta y ocho a1ios de edad,
como recibida de su abuela por parte materna, Serafina Qnisboní- del
traslado de este pueblo. Según ella el pueblo actual estaba anteriormen-
te •situado sobre la quebrada de Ramos y se l:amaba entonces San Juan
de Rosas.
De las diligencias se desprende que en 1710 cuatro indios: Ilarión
Girón, Santiago Quisoboní y Miguel Chito, obtuvieron de Don Diego Bo-
laños, Gobernador de iPopayán, la ,licencia "para la traslación de este
pueblo a pedimento del cura Doctrinario y del Gobernador de una par-
cialidad ... '' Esta Jicencia fue dada contra toda ley y derecho ya que,
como lo resuelve el Licenciado Fernando de Si-erra Osario, Oidor ele l::l
Real Audiencia de Quito, a quien le tocó decidir sobre la legalidnd de
este traslado· "es nula, de ningún valor ni efecto, porque la ley trece, tí·
tulo tercero del libro sexlo, prohibe 'que ningún Gobernad or. Corn·gidor
o Alcalde Ma-y or y -ot.ro cualquier justicia pueda allen1r ni mud a r los
Pueblos que una vez esluvkren fundados sin expresa orde n de su Ma-
gestad o de su Virrey [Presidente o Audiencia Real ... aunque lo pidan
o consientan encomenderos, curas o indios .. . ''
El Oidor ordena la suspensión del traslado y que se "guarde lo pro-
veído y se espera y agunrde ·el informe de dicho selior Gobern ador
pero si Vuestra Señoría quisiere oír los cuatro indios que han venido
~e sirva de nombrar-l es defensor, pc rque el Protector ha principiado la
defensa de Jos que contradicen la mudanza .... ,
En la petidó.n del traslado del pueblo y en npoyo de su solicitud, los
cuatro indios hacen resaltar "las incomodidades .q ue padecemos en di -
Ciho Pueblo de San Juan así por su mal temperamento como por la falta
de materia.Jcs necesarios para edificar nue- , tras casas y principalmente
por la falta de 1Pasto Espiritual hemos solicitado se traslade (el Pueblo)
al puesto nombrado El Rosal. .. por ser mejor, e! temple más cómodo,
para conservar la salud (de) su•s habitadores y los materia~es para ha-
cer la iglesia (y) demás viviendas más inmediatas y el Pasto Espiritual
Inás pronto, porque los curas con menos inconvenientes darán provi-
den-cia más pronto a :la administración de sa~ramentos ... "

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JUAN FRIEDE

A su vez, Salvador SambonL caciqne principal ·y Gobernador del


Pueblo de San J·uan del VaJ,le .cte Descansé, se opone, por medio del Pro-
tector de Naturales a este traslado y pide '' .. . no se mude dicho Pueblo
de San Juan ni se altere, sin embargo que otra persona lo mande y aun-
que los interesados lo pidan, ofrezcan información de utilidad, pues,
como dice la l ey, ·~ emejantes pedimentos suelen ser las más de 'as veces
procurados por intereses particulares y no de los indios .. .. ". Además,
dice el Protector, " ... si es, como informa este cacique, q,ue la rotación del
dicho Pue,blo es solamente a cont•cntación de un Gre.g orio Añasco, indio
tributario, como consta de la visita, es co• ·a lastimosa el querer que se
demuela la antigua población e iglesia, a donde !han sido criados es.tos
indios y sus antepasados y por no habcrlo ordenado los visitado¡·es en
que •s e reconocen ·q ue es también sitiado por el temple y conveniencia
'Y no se debe permitir como se intenta, que se saquen de la iglesia las
imágenes y campanas con todo lo demás perteneciente al culto divino''.
Ambas peticiones pasan por orden del Oidor al Goh•ernador de Po-
payán, para que éste :cumpla la suspenosjón y emita su concepto. La con-
tinuaóón ele este litigio •h ay que buscarla en el Archivo Colonial de
Quito. Pero de lodos modos, pareN! •q ue la política de "•h echo cump'ido''
dio aquí los resultados anhelados, pues de una ·p etición posterior se
sabe que "dicho !Pueblo de San Juan •s e dividió en dos por autoridad de
la Real Audiencia d·e Quito". También se desprende de un documento
del 10 de febrero de 1932, firmado por el cura vicario "Manuel Cleves
que " . .. y el \Pu-eblo de Iscancé (al contrario de El Rosal) se ha trans-
formado en ásperas montañas y e3tá muy decaído, como así en su po-
blaci•ón como así en la falta de gentes''. El 21 d-el mismo mes y año es-
cribe el tesorero y Vicario Gen•eral, Doctor Francisco Javier Torijano :
''Habiendo visto .Jo obrado por el Vicario de Almaguer so.b re los bienes
·de la cofradía de San Juan Bautisla, fundado nuevamente en el pu•cb-lo
de El Rosal. . . , tomando en cuenta que el de Iscancé ... se ha vuelto ya
montes ... " Alude "a las leyes del Rey Nuestro Señor, que manda se unan
los pueblos pequeños agregándose unos a otros . .. . '' El deseo del cura
fue cumplido. Unos años después. desapareció definitivamente la vi-eja
fundación y sólo quedó el Pueblo de El Rosal. La diligencia de tras-
lado del pueblo y de los bienes de lo· cofradía de San Juan Bautista está
insertada· en la parte do:cumental del presente trabajo.
En el Archivo Parroquia.! de El Rosal existe u na petición de amparo
de propiedad elevada por Salvalor Qhimbaché (o Imbaahí, como se lla-

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 81
rna después este cacique), por las tierras compradas a Juan de Zúñiga;
la peticüón data del 9 de marzo de 1665 y su tenor es el siguiente:
"SalYarlor Chimbaché, Indio natural ele! Pueblo de San Jna.n, en la Provincia
do Alma!l'uer, encomienila del Cltpltán Rlas de Aguinaga, digo. Que estando en
Posesión de lltS tierras llamadas riel Sauce, pot· ¡JOrtenecer en comím a los in·
<llos <le dicho mi pueblo, Juan de Zíu1lga, ' 'ecino de la dicha ciudad, por decir que
las illchas tierras eran suyas, trató cle c¡ue ) ' O se las desocupase o comprase; y
)Jor qultanne de 11leitos y diferencias se las compré y le di por todo diez y ocho
Yeguas a tres 11esos caheza y un burro de quince ¡¡esos más nuevo pesos en Jllata
con más ' 'einOIIós patacones a cumpllmlouto de ciento ... (ilegible), en que se las
veu<lló, que son, desde ... (aqui siguen Jos lllHlCJ'OS) ... de que me ltlzo el 11apcJ de
Vflnta, que es el que presento con el juramento necesario y en su conformidad es·
toy gozando las dicltas tierras; y ¡¡ara con~lnuarJo con toda le¡¡oitilnillad s" 11a de
servir Vm. de mnn~ar· que <llcho .luan rle Zúiílga nre haga escrltnra ~e la cllcha
'·enta y me la entregue y se sin·a n.simismo de ampararme en forma, poniendo
Sraves 11enas a llCI'Cil>imiento para que ninguna 11ersona me Inquiete ni perturbe
con ningún pretexto ... " (9 de marzo de 1665).
La es·c ritra de esta venta o el título, está insertado en la parte docu ·
rnental del p1·csente trabajo.
El amparo de posesión qwc fue con:cedido el 22 de abril de 1667 y la
entrega material de las tierras fue •h echa en la forma siguiente:
" ... reclbl de In mauo al dicho indio SaiY:lllor y le entré dentro de una e asa
que tiene una vara en tierra cubierta de ¡¡aja, dentro <le la cual le paseé: y cerró
la puerta y la voll·ló a abri•·, neto c¡ue lllzo <le posesión y en señal do ella, la cual
tomó y a¡H·ehen<Lió el dicho lmllo corporal, actual, y judicialmente... (!legible) !
Sln contratllcción <le persona alguna. Para . lo cual yo, el dicho Alcalde de la San·
In 1Iennanda<L, cumpllenilo con las Iteales Onlenanzas ayer, jue,·es, que se con·
taron ' 'elntlún dias desde dicho mes fui n.l puesto <Londc tiene José Samboni, indio
lln.tural ¡Je dicho pueblo de San .Juan, del re)lnrtlmlento de Don naJtasar de Cal·
Cedo y no hall(LJHlose, a ,Jun.ua. indin e Inés India hice saber y di a entender, como
Yo vine a tlal' al di!'IIO SalYador lnlllo JlOseslón ile tllchas tierras y en su pL'esen·
cla ... "
Hay nuevos pedimentos de amparo en 1692, en 1705 y en 1710; en
todas estas ·Ocasiones los amparos fueron concedidos y In posesión con.
firmada.
IX
EL RESGUARDO DE LA CRUZ (LOMA DE TEJOY)
En la Notaría de Bolívar está registrada la diligencia de la reparti-
ción ·del Resguardo ele La Cruz (actualmente en el Departamento de
Nariño. (Véase Parte IV, Cap. VI). A esta diligencia estó adherida la
documentación sobre un pleito que }\evaron durante varios años los be-

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82 JUAN FlliEDill

rederos de .H aimundo Alviar con el Hesguardo de la •Cruz. por la po-


sesión de la Loma de Tejoy vendida a pregón, a pesar de las protes -
tas indígenas. Este pleito tiene lugar ya en la segunda mitad del siglo
XVIIIy en el se advierten cambios muy significativos en lo que se re-
laciona en la actitud de los indios f¡·enle a los colonizadores: el indio
no es ya el sujeto humilde, resignado y sumiso a un destino ineludib-le.

EstU!llando los ¡lleltos lmligenas no ¡¡ude encontrar el tan notorio fa-


talismo IIP la raza India, que lns;->lnt con frecuencia hlstorla!lores, no1·e·
listas y artistas contemporáneos. Es , ·et·¡lad, que la lucha del Indio )Jor
sus Interese s es una lucha sin posiJJilhlades de éxito en un mmulo que le
es hostil como lo ha sido siempre. Pero en la misma slt.naclón ••stán to·
das las mlnorlas raciales o nacionales cuando luchan contra un fnerte
y bien arma!lo o¡tresor. C'll'rto es, que al¡:unas tribus rccllJieron a la lle-
gada (le In"' }~ spañoles a los ho1nbres blaneos eomo n. setnl-dloses. Pero
esta llu,lón no ¡Judo durar mucho tiempo frente a Jos hechos de la Con-
quista. rj a reslstcuela l¡ue surgió fue de,es11erada y t enaz 1\UtH¡ue Ineficaz
¡tor Hnias razones: uu !leeníplto feudalismo con lllllt dél>il y ¡trlmitha or·
ganlzaclón de tribu con luchas mesqulnns de los CllCII¡ues entre si, lmpe-
dlan una resistenc·la eficaz a los ln,nsores. El desconocimiento <le la ¡tól-
Yorn, del acero y clel calmllo, 110nlun a los ln1IIos en unu JLOtaiJI~ i nfHio-
rhla!l. J>ero aún des armados y en gran ¡n\rte nnl(!ulhHios ¡Jurante la Con·
IJUI!.tu y J'aclflcaclón Jos ' ' emos lnellnr tenazmente ¡1or su~ derccllos, ora
con leJOS y ordenanzas, ora con pleitos y peticiones y también, al presen-
tane la oportuni!la!l, con rifle s y machetes.

El tradlclo11n1 concepto solJre el earúctcr del ltHIIo hace !lech· a tan


aect·ttulo economista como lo es l,ul s E. Arieta: "}; n esa ronna en tns
altiplanicies se desarrolló una economill tipieament!l colonial: encomien·
das, Inmensos latifundios, merecdcs, etc. J, a l'llla es a¡Jaclllle y contlal,
tran1¡ulla y sua1 e. Los sumisos in<! los, ya cristianizados toleran en ,¡.
lenelo la aguda explotación a que se los somete" •.Juzgo, que Jos pocos
documento s soltre la Colonia, que se 11resentan en este tralHljo, son snfl·
clcntes 1111ra poner en dn¡\!t este conccltto. Creo también, qne una 1locn·
mcntaelón más funthtmcutal de Jos sucesos ltlstórleos de la América !In·
rnnte los t1em1JOS de la Colonia Impondrá una re,lslón de nuestro con·
cepto sobre las caraeterlsticas raciales del Indio, 'l'aJI·ez demostrarla que
la atribución del fatalismo Innato a la raza India sólo se debe a nues-
tra Incomprensión frente a una lucha tan desigual y fnen• <le todas ¡to-
slbllhlalles de éxito como lo es la del ludio contra el blanco; o tail'ez con-
flrmnria que el fatalismo Innato lndigena e• uno de 1antos ml1os que fue-
ron Jn~entados por los blancos para jus tificar ¡llrecta o Indirectamente
uno de los má~ !rrandes crimenes-no el único-del entonces npenas nnclen·
te lnl¡Jerlallsmo Europeo.

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 83
Ya en 1715, cuando el tantas veces nombrado Visitador Pedro Fer-
nández de Navia llegó a la Cruz, s·c presentó Salvador Tusunbiná, ca-
cique principal de este Pueblo, y en una petición de :unparo (14 de
agosto de 1715 ) declaró que no tiene "in•<trumenlos de las visitas ge-
nerales y de los linderos", pero que pedía, sincmbargo protección y
títulos, pues '·muchos circun vecinos se han introéfucido en las (tierras )
que nos pertenecen . . . ' ' .
Fernández de Navia otorgó este amparo. Reconoció que s-e han in·
traducido algunos ve:cinos "aunque casi en las goteras de dicho pueblo".
Y "les ampara y defiende, para que no sean desposeídos en manera al-
guna, ni .q ue ninguna persona Jos remueva , ni quite, pena de quinien-
tos patacones aplicados en la forma ordinaria y sobre la misma pcu a.
las justicias y jueces de .Ja ciudad de Almaguer mantendrán al dioho
Pueblo y •sus indios en dichas tierras, sin permitir sean despojados de
ellas; y si por alguna persona se intentase causa, demanda, contradic-
ción o litigio sobre los referidos linderos, sus tierras o p arte de ellas.
sean ante los Señorc•s Presidentes y Oidores de dicha R eal Audiencia
de Quilo, como tribunal ... y de lo contrario sean en sí nulo , de ningún
Valor ni efecto y este auto y decreto sirva de título y recaudo en for-
ma, para que en su virtud dichos indios hayan y gocen las dichas tie-
rras, confo¡·me a los linderQs que se expresan, en comunidad y no las
Pueden vender, ni enajenar a persona de las en derecho proveida ni
otra aLguna, sin especial ni expresa licencia de su ,M ajestad y los Se-
ñores de la Heal Audiencia de Quito. Así lo proveó, mandó y firmó, etc."
Se comprenderá, sin embargo, que un amparo aunque concebido
<!n términos tan amplios y generosos, no pudo dar protección eficaz a
los indios; pues el terreno del resguardo carecía de lo más indispen-
sable: de la alidenración. La economía indí.g ena era una economía co-
munal. La posesión o util ización de tcrl'cnos dependía caso a caso dt>
las necesidades ele la colectividad . Se ocupabah pedazos éfe terreno sólo
en la extensión necesaria y en puntos apropiad os. Bien podría produ
cirse la impresión de que algunos terrenos eran abandonados y algunos
insuficientemente poblados.

La falta de alinderación fue fatal para los indios, al llegar en 1756


ót ro Visitador y •Comisionado Juez de Tierras, Don Melchor Ortiz de
Arguelta y Muríllo. Fue nombrado el 19 de octubre de 1754 por el Oidor

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84 J U A N F R I E J• G

Decano de la Real Audiencia de Quito, lPcdro Gómez de Andrade , en


reempla zo de Don Santiago Rosero, ''por la morosidad que h a manifes ·
tacto en el progreso de la composición, sin haber dado paso para su
expedición con notable atraso ... " . El nu·cvo nombramiento se hizo .
para que "en su virtud admita a todos y cualesquiera personas a si eclc ·
siásticas, como seculares. vecinos, h acendados, estantes y moradores
de las dichas ciudades y sus adyacentes pueblos e indios ·n aturales o
forasteros de ellas, las denuncias de tierras baldías y realengas que hi-
cieron y en ellas se hubieren introducido en perjuicio del Real Patri-
monio y las que por dereoho de revisión le pertenecieren, declarándo-
las por tale s, para que se beneficien y rematen por cuenta de su Majes -
tad, sacándolas a vela y p1·egón ... con citación de los circunvecinos J
del ¡protector del Partido y no habiéndolo, nombrado para la defensn
de los Naturales ... ''.
El 24 ele marzo de 1756 el juez de comisión ordena la presentación
de los títulos de propiedad y advierte que si dentro del término de 17
días no se presenten los documentos solicitados o nó se ha pedido la
composición .r espectiva "se les declaren vacas baldías las diabas tie-
rras y se vende1·án por cuenta de su ?liajestad irremediablemente ... ''.
Unos día s después el Juez nombra un Protector de Naturales me-
diante el auto siguiente: "por cuanto en esta visita se halla el Protec-
tor ·de los Naturales ausente '(]e este Pueblo, por lo que se hace preci-
so nombrar su jefe, que ejerza este oficio, y hallando que la peroona
de Don Bias Muñóa: es apta para ello, debía de nombrar y nombró por
tal Protector de Naturale s, para que pida y alegue lo que a ellos les
convenga y lo 1h ayan y tengan por tal Protector ... ".

Es entonces cuando don Tiburcio Muñóz de Ayala hace la siguien -


te denuncia al Juez: "Ha llegado a mi noticia, que en el Pueblo de ]a
Cruz jurisdicción de ,Ja ciudad de San Luis de Almaguer está el sitio
baldío que llaman Del Pueblo, contiguo y a un lado de dicho Pueblo,
las cuales denuncio por baldías y pertenecientes a su ){ajestad (que
Dios guarde) ... ". El dcnun;eiante pide que se rematen las tierras de-
nunci adas y que se le de la posesión de ellas.

El 4 de julio de este mismo año declara el Visitador, don Melchor


Ortiz de Arguelta y Murillo: "•Y •habiendo venido a las tierras de este
Pueblo a hacer vista de ojos y habiendo salido en compañia del Fis-

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8L INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 85
cal y el Protector y el Alguacil Mayor, Carlos de Ortega, Domingo Mu-
i'ioz , que habiéndolas visto hallan que son útiles y buenas, que ten-
<lrán dos caballel'Ías y cuatro cuadras de longitud y quince cuadras de
latitud. (Aquí siguen los linderos) y que dichas tierras son laborables
y útiles, aguas, montes y a'brcbaderos dentro de dicho Pueblo. Así lo
certifico yo, ~Ielohor Orliz ele Arguelta, etc., etc. Y en dicho !Pueblo
no hay más ele tres indios oriundos asistentes y dos. ausentes por de -
claración que hizo el Sargento ~.[ayor don I.g nacio Muñoz, hombre de
edad de ochen La ::tfíos y envejecido entre ellos ... ". (Ignacio ~1uñoz era
.c olindante del resguardo; en la alinderaci.ón se dice: ''un zanjón que
linda con las tierras del Sar-gento ~1ayor, don Ignacio Muí'íoz de Aya-
la ... '").
Se a valúa el terreno en 350 patacones 'Y el 5 de junio firman los ava-
luador-.cs el auto corre,,:.pondiente, que es aceptado por el Juez de Co-
misión.
Los indios de La Cruz elevan entonces una enérgica protesta ante
el Juez. nfirmando que el terreno que se propone rematar es de su pro-
piedad. La petición tiene un interés especial, pues c stú concebida en
un tono vigoroso, que no tiene n ada que ver con una supuesta s umisión
tradi cional. Acmnn de parcialidad a los funcionarios y hasta profie ·
ren amenazas. El tenor ck esta petición es el si.g uientc:

"Seiíor Visitador tie 'fien·as.-Félix Jamnndino, cacique golwruador tle este


l'neblo de la Cruz, ¡¡or mi y en nombre de mi romún de Indios tic este reparti-
miento ¡Jat·eeemo~ ante Vuestra Merced, se¡¡ún haya. lugar en <iert•rho y al tlués-
tro rotnonga, y <let'imos: que lwhiéndonos clta<lo Vnesamerred para rl tleslinde
de las pocas tierras y l1arto ejido que ¡>Oseemos, ti OS hallamos ~in tlt uto 1le ellas
y con todo e s to y ]lOJ' no !!alJcrse eum¡Jli<lo el ténuino <le! em¡llar.nmiento_ ha ¡u·o-
redldo Vnesanwrcell. hacer Ja vista rle oJo sin los requisitos ¡Jrerisns tic asisten-
<·i!t de nuestl·o corref\'i<lor, ¡Jrocurador, defensor ni JlrOteetor nomllntilo; Vuesa-
merccd está así arbitrio y deYoción contra lo n1111Hiado 110r f'érlutas y Ordcnan-
Y.as Reales de su )Tajestad (que Dios gnnrdc) mostriuHlose en estos actos apa-
~lonoulo contra nosotros, sin atender a los sinf\'ularcs IJeneflcios, privilegios ~on
que s u :'t[nJestatl ampara a nuestra mlserahlc nación 110r Jndefen•n, y desenten-
tlléntloso de los re]Hit.ldos ct1cargos, que a sus ministros hace "I Mnjcshttl, sol¡re
la. atcncJóu, amparo y t.leiensa. de Jos tniseralJics hHllos, Jnirnnilo sit:'lllJlrC a Jtue~­
tra lii.J erta<l, aiiYio y consagración; y atctlto a totlo lo dicho, s~ ha de servir
l ~ uc s. amerced de sns:Dender cualquiera 'lf'tí'nHinaelón sobre las tferrns tpte posee -
mos. hasta que solicitemos y hayamos consef\'ulrlo Jos titnlos rle las tierras de
lHln semllrar y Jos cjltlos que nos sefialaron y rl c]nron parn nncstros atinos usos

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JUAN FRIEDE
86
y costumlires en la última visita. Porque tenemos noticia que están en Jos ar·
chivos de Santa Fé o Quito, para cuyo rec11rso nos ha de conceder el término
de cuatro mese s, porque nuestra suma pobreza y el dlflcli recurso se ha de ser·
vlr Vuesamerced tener presente; y que como menores pedimos este término para
hacer las diligencias de los dichos titulos y juntamente para la advertencia de
nuestro Corregidor, Protector, Procurador y Defensor, coouo está mandado por
las Reales Ordenanzas y repetidas Cédulas de su Majestad. Porque de lo contra·
rlo de esta precisa solemnidad, desde 11oy para entonces decimos con el debido
respeto, de agravio y nullrtad cuanto Vuesamerced actuase sobre las tierras que
estamos poseyeJHlo, y es11ecial y seilaladam ente sobre las tierras do La Loma,
por ser éstas las li.u!cas úlil es, desmontadas y fértil es que poseemos, con cuyos
trutos pagamos nue&trns tributos y mantenemos nuestras pobres familias de lli·
Jos y mujeres.
Por tanto, a Vuesamerced pedimos y supllca·mos suspenda cualesquiera actua·
dones y tlctermlnaciones sobre las tierras de La Loma y demás con el corto
ejido, que JlOI" 1·azón de J>ueblo y Común de indios gozamos y debemos gozar, ob·
tenemos y poseemos, ante s si nos a.mratre nuevamente hasta que sollcltcmos, ha·
liemos, y saquemos los In strumentos de Jos arcl1lvos tlon<le los vamos a buscar;
y de lo eontrarlo decimos <le nulidad y agravio y en caso de omiso y denegado a
es te nuestro juste peillmento, decimos nos queda un tanto de este csCI"ito para
con el flnnatlo de testigos fhledlgnos, ocurramos donde nos convenga a nuestras
defensas, recurso y demás que debemo s deducir. Es Justiel:\ que pedimos y en
lo necesario (juram•») non Felipe Pardo, don Félix .Tamundlno, Francisco Tu·
~un,· luá.

Otros! <leelmos, que una cláusula do la Cédula nov!slma de su Majestad, que


Dios gnnr<le, cUco: de lo .~ qne tu' le ron en l1enefic lo 1le tierras ¡1reclsa e invlolo.·
blemente, no puedan lleneílclar tlenas algunas de los Pueblos de indios, antes
;l, si les lmn u surpado al g unas, se las IJUgau restltulr sin llevarles derechos al·
~runos, ni nctuan11o cosa alguna, s!no oyéndoles verllalmente; y IJUra que esto ten·
ifl\ efecto re,·oca su Majestad lo IJrlvatlvo de esta comisión y la concede a Jo s
señores Vlneyes. Presidentes y Audiencias, en cuyo SUIJues to se ha <le servil·
Vuesamerced el contenerse en el <l.CSIJOjarnos de las tierras de la expresa<la Loma;
antes si, nos J1a de am11arar en ellns y no ~ h<~. de aplicar el eJido, por ser sumn·
mente corto el que tenemos, para que puedan J>Ustar nue s ti·os gnnados y Jos d e
nuestras eorra!lias, ¡JU.ra <¡ue se verifique el cumplimiento tlel eallílnlo de las Rea·
tes Ordenanzas, en que se manda, que Jos ganados menore s Jos retiren 1ma }egua
d.o los sembra¡los y loR mayores dos leguas de pan sembrar, lo que está prohlbi·
Jo 110r capitulo <le llt8 Reales Ordenanzas; y nos hemos llallado IJreclsallos a -rn·
ternos ele la Industrio. •le rosar montes ásperos IJara el sembrlo tle nuestro~ malees,
con cuya vista y lo quo su 1\Tajest:l!l manda, que a los I!Hllos se nos <len las tic ·
ro·as mlis fértiles, deRmnutadas, rlesem!IC<lrodas y las •l<' r l'gadio en ln s 1nmedlu·
clones <le las tomas y la s Inmediatas al Pueblo, !•ara q ue ~I n ningún Jmpedlmen·
to ¡>odamos ocurrir al Santo Sacrificio de la 1\nsa y a la Doctrina, para lo cual
malHla su 1\Iajestacl, (!lle a cada Indio tributarlo so le <le n tres topos do tierra, ca·
da topo de do scientos oc henta y ocho varas tle largo y ciento cuarenta y cuatro
•le anclw; a cad:J. ¡·esenad o, dos tOIJOS, a cada ,·luda dos topos; a catlu prlncl·

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EL INDIO RN LUCHA POR LA 'l'JERRA 87
IHll, seis to¡JOs; al cacique gobernador, doce topos; J•ara creces de comnnidad;
'einte to¡JOs; ¡¡ara las tres ¡H·eeisas eofradias del Santísimo Sacramento, Nuestra
Sefiora y las Benditas Alma~, do•·c topos a •~ad:t uno; ) el ejido para Jos gana·
tlos mayores y menores en la distancia referitla; y si ¡tor no aparecer los titu·
los, pasados los cuatro meses 1¡ue JtCdimos tle término como rncnon•s, se ¡1rocc.·
<liere a las medidas y es completa, llel modo, que su llla.lestad lo man<la, sobra·
~en tierras, <lesde hoy lHtra 1mtonces servimos a su lll:tjestad con la cantl<lad de
llesos a una moderada COillll08iclóu <le las fane gatlas ile tierras que soln·aren, eon
la ¡Jrcferencia y antelación, que su :\lajestad (1¡ue Dlos :;uarde) nos tiene conr~·
<litla; y slem}lrc •Hcienllo de nulidad y agravio de tollo Jo que Vuesamcreed artua·
~e contra el tenor de este nue~tro escrito y el otros! dellajo la. misma ¡ll·otesta, en
raso tle omiso o deneg·ado, um. queda un tanto llel [irmadn con testigos filledlg'·
nos ¡1ara con ól ocunir a donde nos eon,'ong·a y usar de nuestro s recursos y d1..
fensas. Es jnstlcllt q ne llC!li m o" y en lo necesario (siguen las firmas).

Hay q,ue tomar en cu.:nta que Blas Muñuz de Ayala es Protector df


~aturales. nombrado especialmente para este negocio por aus-encia del
Protector en propiedad; qu(' Ignacio Muñoz de Ayala es el vecino quf'
dio informe s sobre la carencia de la población en La Lomn de Tejoy.
(" '!res indios or,i undos asistentes y do s ausentes . .. ") que Tiburcio ~1u­
I'ioz de Ayala es el denunciante de La Loma como tierra realenga y qu.e
. Domingo ~tuiioz de A.y ala <',S el alguacíl mayor. Algo sospechosa es la
igua ldad de apellidos eh• los autores principales de ~ste remate.
La petición de los indios se traslada a.l fiscal y su contestación , co·
1no era de esp.erarse, fue violenta. Realza el hecho de que los indios
h.icieron la petición ".sin atender y tener presente, que son menores e
i11~apaces de pod·cr parecer e n juicio por escrito ... y que para sus ne-
cesidades . . . le3 tiene Vuesamerced :Protector nombrado''. Arremete
contra la '·nltivez sin obediencia", "tentación diabólica", "pedimentos
impropios'', etc., cte., de los indios y pide se les dcsa'lien da la petición.
Su alegato tiene el siguiente tenor:

"El fiscal nomhrndo de r<•!tl oficio por esta visita dice: Que respec to de llo-
her~<· >H)l'l'hlo Vnesamcn·ert de 'lnrlc ti·asla<lo <lo una petll"ión pr~scntntla por lo~
hHI!o ~ de este .PnciJio tle La Lru~, 011 la 11ue ' ' limen ¡¡restando <lereclto a fuerza
<le snflclcncia y poco acucnlo, si n atender y tener y¡resente. que son menores e
incu.lml'es <le po1lor a¡Htrcccr en julclo por escrlto, pues debian conocer, que Jlltl"B
''" neeesldad<•s de SHS pretensiones o pedimentos, les tiene Vnesamerced urotcr·
tor nnmhratiC, según y como matHla la neal Cédula de su Majestad, qn~ lllos
Knarde, quien les mira Y ampara como a tales menores, prornrn ndo a qu~ t'<tM
llllseraiJies no se ¡Jerjudic¡Hen, en lo que mira a la s lnopnrt una, tliligcnclns )11'1>·
••esa.les,

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88 JUAX FRIEDE

Y ¡Jarec•e que }101' que M' les muestra llcnignlllad y conmiseración, se llan g·uia·
tlo de la tentación dlabóllca y han pnsnllo a atro110llar los mandatos reales de su
Jlajestad (que l)ios guarde), romo constn 110r su escrito, pues en ól se comlnue·
ha y se llallan com·ictos a Jo que pro¡1ont:·o ¡1or ser UeYaflos de la tentación supra
uicha¡ ¡Jnes lo ¡¡rimero se •·ono('c la aJtJycz sin olledlencla, con f¡ne so demucs·
tran sallemlo de los limites de humlldntl y r¡u c,lándose sobre Vuesamerccil oln·a
contra justicia; ¡lllcs le nolun de pasión, asi ¡lor lo actuatlo Yerba!, como ¡¡or Ja
nominación !le Protector, diciendo que Im sillo !locho a su tlC\'Oción; y lo seguJHlu,
t¡ue por Jle<llmentos lmpro¡lios ~e conoce s u crecida ambuJaciÓJJ, de llUerer aqu~ ·
llo, que no asigna ninguna ] , ~y dP Derecho, (•Jftusula <le donación o estatuto, ]JUcs
es clara consecuencia, !JliC lo t[ne es 1·o1untad no es rue1·za; y asi estos tales ~e
constlluyen precursores a la 1oluntad dtl ~u l\Iajestad (que Dios guarde) res]Jet·
to a mandar aue segiln la exigencia <le los Indios que hubiese a este tenor, se les
<le la tierra que ~~~ correspontle, r•or lo (J.ue hnlJJcndo Vucsamcrcetl ejecntado los
procesos l'erl>ales a fa,-or rlo dichos Indios, dándoles dos le g uas de tierras, antes
más que menos, como consla <le la ,-lsta <le ojos y a la contemplación del Protcc·
tor nomln·ado; y por ahora, no contentos con. lo ().no se les dahn, vienen ))idlen·
tlo po~: s u escrito y lo alegado en la circunyalaclón más 1le cinco leguas, J•nes e n
¡Ucho escrito se relacionan términos engañosos, como es el que se les asigne to·
]Jos, fanegadas, tlos leguas ¡Jal'lt ganaclos mayores y menore s, siendo ehtro y lll'O·
l¡alJie rrue carecen de f•llos y pm· ltem más cofrn!lias y comunidad, siendo así,
que estos tales pretensores no constan <le más de cinco lntllos oriundos, tres asls·
ten tes y 1los (J. u e tienen repudiado este Pueblo por tiempo Inmemorial; por don !le
•e conoce que sólo esos tres son los pretensores de perjudlc>tr el tlerecho de su
.,, ajestacl, con grave ambulación y perjuicio, sometlén¡losc hasta querer un reta·
'lllo de tierras que está n denunciadas ¡lor su J\Ja,lestad, como consta en pedimento
del Capitán Tlburclo :1\luñoz.
Y nsl ¡Jor Noto y lo demás dcllucldo en este escrito sOilrc las pretensiones 'a·
nas de Jos Indios, se ha de sen·lr dcclnrarln.s po1· ningunas y de ningiln valor, llOI'
ser lodos contra Ley de Derecho y en grave !laño de la Real Hacienda¡ y lm·
riendo el couocimlento de dichos ln¡Uos fundan sn (ilegible) sobre cimientos 1·n·
g·os, y pnra que se urlfif¡ue su amllulaclón de sus ¡Jedlmentos se agregue el so·
hredlcho escrito a Jos titnlo s r¡nc se causnren; por lo 1111e Jllde el fiscal nombra·
do del Jteal Oficio que pase prosiguiendo el tenor de la última Cédula y ejcrn·
tallo lo mandado por ella y a¡ljunto puede i'lumerced ¡¡onr1· en , ·eia y pregón ¡;1
referido pedaclllo de tierras, que comúnmente llaman La Loma, sln poner jul·
cio a lo relaclonatlo ¡Jor Jos indios, antes mirando la poca exigencia de éllos; por
lo f!UC estando tllcho Pueblo tan deteriorado, tiene su :Ma,lcsta!l ol d e recho d é
l'CI'Hslón y adjunto ]Joner a la vela y pregón las obras y domasias, 1111e en di·
c·bo Pueblo hallase por se r asi de justicia e ••• mediante. A Vuesamerce•l pide )'
•np llca el fiscal crue asi lo ¡1rovea y manrle si hallase SH de justicia. Prote,ta
c•ostas y jura lo necesario. J.eo nardo 'l'eodoro de Noguet·a (3 de junio de lii\6)'' .

El Protector de Nalur¡¡Jes no toma parte en este alegato; su nom-


bramiento es mera formalidad, a lo que redujo la práctica judicial de
La Colonia la sabia providencia de las leyes españolas. que ordena·

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 89

han el nombramiento de protectores con d fin de remediar Ja falta


de acatamiento que por lo general sufrían los rindios por parte de las
autoridades.
Siguiendo las objecion-e.s legales del fiscal, el Juez de Tierras pasa
Por alto el alegato ele los indios y el 6 de junio empiezan los 30 prego-
nes reglamentarios que duran hasta el 20 de noviembre. La tierra s-e
adj udica a D. Raimundo Alviar, Alcalde Ordinario de Almaguer, por
la suma de 355 patacones .
•E l 24 de noviembre J1ace Raimundo Alviar la petición d·e amparo
Y pide " ... de librar re~a clo .correspondiente y necesario para en guar-
da de mis derechos, con especificaci-ón de sus linderos y todas Jas cu·.
cunstancias correspondientes a mi derecho y resguardo; y juntamente'
Pasar a darme la posesión y que sea con c itación de los indios priJ:.-
cipales d·cl PU<~blo y ,<.u •P rotector y demás vecinos, y que sean despo-
jados y lanzados los gan¡>dos que las ocupan y lo más que debe hacer -
se según derecho''.
El Juez de ·Comisión aprueba la petieión, dicta su sentencia y la
notifica al ·Ca:cique y Gobernador, .los cuales " ... -en sus per.sonas lo
oyeron; así lo certifico y firmo . .. ".
Cinco años después aprueba la Real Audienoia de Quito el remate
(31 de agosto de 1761). Se cob1·an el dos por ciento de impuesto y La
H.ayan, apoderado de Raimundo Alviar, deposita el valor del terreno
rematado. Los gastos del remate y de su aprobación se elevan a 89 pa-
tacones, es decir a un 25 por 100 del valor ele la transacción.

Veinticuatro ai'íos después, el 8 de noviembre ele 1785 Esteban Al-


viar, •h ijo de D. Raimundo, ,.se queja a la Real Audiencia de Quito, que
los indios siguen disputándole .la tierra. Adjunta la documentación com-
Pleta SQbre el remate efectuado por su difunto padre y dice:
"Pero como los Indios <le aq11el pueblo no se <·ontentan con las tierras que
t·onforme 11 la I,ey se l es lla asignarlo, y aún, considerado el poco número de
Ollos,' son supérfluas en la mayor parte, ocur ri ó su cacique don Félix 'l'ns unbl -1
ná y en compañia de otros Indios informaron siniestramente a ~~~ Protecturla
Oeneral, qne mi part.e -dice el abogado Jenaro Garcla- se l!abia Introducido
t'n las tlerrn s tle su pertenencia, r¡ue los indios no tienen tierras en que poder
ntar sus gann<Los ni sembrar aquellos frutos necesarios para su sustento; se
llhró una real pro,,lslón, para que vuelvan a poner los indios en posesión de La
l ,oma ti c 1'ejoy ... ".

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JUAN FRIEDE
90
La Real Audiencia, por decisiún del 19 de noviembre confirma Ios
títulos de Raimundo Alviar y or·dena al Juez de Pasto para que asig-
ne a los indios otras tierras realengas, a cambio de los que ocupan en La
Loma de Tejoy.

EL RESGUARDO DE SAN SEBASTIAN

En el archivo particu 1ar de don Roberto Guzmán, Quinchana, Hui-


la, se encuentra un docmnento expedido por el escribano público de
Almaguer, en 18a8, y que dice:

"Certifico, que en el archh·o de mi eargo se halla un certificado, dado por


el escribano Ramón Obando ele! Castillo, l•ecl•o en el m~s 1le junio del afio se !g·
nora, por hallarse intellglhle en Yarlas ¡>artes; é•te hace mención de los linde·
ros que eonespomlen en faYor de los Jn<lig enas de San Scbastlún, qu~ deslln11a
con las 11erras tlel resr,ruardo !le la parte <le Caqu oona y Panclt:ná y su tenor es
como sigue: Yo, don Uamón Obando del Castillo, e scrilmno púi>Jlco tlel Cabildo
de la Cludacl de San Luis do Almaguer, por mercecl Jcl Hoy, nuestro Seflor Jut·
liándome en este Pn.el>lo de San Sebastlán jurls!llcción de esta Ciudad se me pidió
' ·erbalrnente por \lor• ... (roto), don Lueas Cllimunja, el primero golJerna!lor Y
el se:nmdo caci q ue y demás mandones do <llChn !lUOblo sohre que con Inteligen-
cia de varios cuadernos de ¡>a¡>elcs, quo se me han ¡JUesto a la vista y en partl·
eular 011 superior de~parho, librado po,r el sello.r Coronel uon .Tnan Antonio Zc·
lea, Go1Jerna11or y Comandante GeHcrai que fue de l!t Ciudad <le Popayán y
su ProYincia a fa\'Or del comím de lo~ !Julios !le este ¡[icho pueblo, sobre que
se midan las tierras correspondientes para habltacióJl y labor~s de Jos snsodl·
ellos, cuya medición y rt.eslinde so practicó ¡Jor ol ayudante mayor, <Ion .José Bol·
trán de la 'l'orre, que ole Jo cual Jo ila por certirlraclo, Jo que hago, haclenilo te·
lnclón de los linderos, se¡;ún como están figurados en la forma y manern si·
gnlcntc, y 'an así . .. (aQlil signen los linderos)" .

Según se desprenrle de este documento las tierras de la pobhkión


de San Sebastián pert-cnecian al resguardo indígena y el pueblo no
fue una fundación de quineros, como creen algunOS, S·Ín fundamentO·
Don Juan Antonio Zelea fue Gobernador de la Provincia de Popayán
en .l os años de 1i71 a 1778, año en •q ue murió. A él se debe la dona-
ción. El resguardo indígena es mucho más antiguo, pues ya en 1638,

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EL INDIO EN LU(;HA POR LA TIERRA 91
los caciques de San Sebastián vendieron a Sebastián Inca de Salazar
algunas tierras. (Véase iParte II, Cap. 1°.)·

XI

LOS RESGUARDOS EN EL OCASO DE LA COLONIA

Las Relaciones de Mando ·de los Virreyes del Reino de la Nueva Gra-
nada en la segunda mitad del siglo XVIII dan un cuadro sombrío so-
bre la situación económica de la ·Colonia. La confirman plenamente las
sublevaciones y revueltas sociales ocurridas entonces y reprimidas
c·ruelmente. Las Relaciones dan cuenta de lo gravoso de los tributos
que pesaban sobre la población de tan atrasada y pobre colonia. "Un
reino en donde no hay come rcio activo. no tiene ejercicio de navega-
ci-ón y sus habitadores son pobres, tampoco puede producir para enri-
que:cer el erario, ni para sostener las muchas cargas a que es preciso
acudir para su conservadón y fel.icidad.. . "-decía el Virrey Guiror
en su Relación de Mando, refiriéndose al estado lamentable de la eco-
nomía colonial. Don Sa.lvador •Camacho Roldán describe asi la polí-
tica tributaria en el ocaso de la Colonia:

"Todo está gravado: el capital y la renta, la Industria y el suelo, la vida y


la muerte, el pan y el l19mbrc, la alegria y el <lucio. J\Ionstruo multiforme. ver·
dadoro Proteo, el fisco lo Invade todo, en todas partes se encuentra y ora toma
la rorma Clll'llanada del guar1la de aguardiente, el rostro colérico del ascntlsta,
ol tono grosero del cobrador de peaje, la suela sotana del cura avaro, los ante·
oJos del escribano, la figura Impasible del alcalde armado de vara, la Insolen·
cla brutal del rcmatador de diezmo o la cara aritmética del administrador <Le
aduana".

El peso aplastante de los tributos y la cantidad exorbitante de im-


puestos indirectos, aumentados considerablemente con las mayores P.xi-
gencias fiscales, que resultaron como con.~ ecuencia de la guerra de Car-
Jos III con Inglaterra, exasperaron la población campesina de la Co-
lonia y mucho más a los indios que, además de los criollos, pagaban
sus óbolo.s, como ir>dios tributarios. Los resgua-rdos indígenas no pro·
ducían rya suf-iciente para mantener su crecida pobla·c ión y para pa-
gar los altos tributos reales. El indio empobreció en forma alarmante.
Lo confirma la forma insistente en que se redactan en la segunda mi-

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JUAN FRIEDE

tad del siglo XVIII las provisiOnes reales, e n que se urge a los corre-
gidores ele cobrar más eficazmente los tributos atrasados. En el Archi-
vo Central del Cauca se encuentran muchas ele estas provisiones. La.s
numerosas encomiendas que resultaron vacantes y el reducido número
de indios encomendados en el o;caso de la Colonia también dan fe del
empobrecimiento del indio: las encomiendas que anteriormente fue·
ron la basl! del enriquecimiento del colonizador, dejaron de producie
una renta halagadora; la extrema pobreza del indio no prometía ya uti-
lid ades . La población indígena del Macizo •Colombiano, antes encomen-
dada a varios españoles, es, al finalizar la época colonial, casi en su
totalidad tributaria a la Real Corona, lo que se desprende de los do-
cumentos y p·cticiones que corre.sponclen a la época.
No teniendo medios de subsistir Jos indios abandonan en masas sus
resguardos y deambulan de una parte a otra en busca de trabajo. Al
finalizar el siglo XVIII existe en la región un a numerosa población
indígena ambulante. En una forma muy realista lo describe una co-
municación del Alc:Jlde Ordinario de ·P opayán, Francisco Hurtado y
Pontón, al Teniente del Gobernador, José Vallejo (21 de abril de 1778,
notaría de Almaguer), dándole cuenta de una información del Pro-
tector de Naturales que doce así:

"Señor Alcalde Or•linarlo.-El J'rotector de Naturales de esta Gobernación


¡1or los Indios y anaconas de la ('luda<! !le Almagucr dice que de la Información
actuada J>lenlformamente por probado, se des¡>retHle 1le quien quirra averiguarlo
que estos mi se rables vll·en bajo forasteros y sin asiento 11Jguno o huerto, pa·
gando JJOr esta merced ll!1!1a menos que su trabajo IJCrsonal a. que se sujetan, pues
no tienen casa en que ' 'lvlr, terreno 011 que sombrar, ni como ¡¡agar su tributo:
todo esto es contra las ntzones de su 1\Iajestad, Dios lo guardo, y do tantas le·
yes que recomiendan en ).)articular a ellos y anaconas mnntlando, que en eualquler
Pstancla, hacienda o chacra, que asistieren por cierto tiempo, tengan esta tle ·
rra por reducción; y si estos por si Jos deben tener, con má s razón ]>odian aco-
gerse a otro pueblo, en que ni n su )lajestad ni a otro alguno se gra,•a. Pide el
Protector de que se le pro,·ea como Pn sus antecedentes vedlmentos tiene puesto
y es de justicia".

tPara dar solución al problema surgido el Gobernado¡· mandó la in-


fo¡·macin para el estudio del abogado de las Reales Audiencias de San-
ta Fé y Quilo, el docto.r don Ignacio de Velazco, 'Y después de recibir
el concepto de éste, expidió el auto .siguiente:

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EL IX!>TO EN LGCTJA POR LA TIEIHlA !)3
":<\Iediante a r¡ue de la Información <lada }101' el Protet'lor u~ Naturales Sll·
llerabuntlantemen t e ronstn, que los üHllOs ile Almag·uer que se llaman y anaro·
nas ile distintos pu('JJios y quedan ¡>asando por ¡Jiycrsos lu!!'art'>, sin tener asien-
to en ning·uno y l)ue esto se ,.n en grave detrlmrnto suyo es¡>irituaJ y temporal,
llor prh arse por s u separarió n ue las ayu()a~ y soconos que liUCtlan mutuamen·
•~ <lane 11nos y otros y que por esta causa tam¡10co JlUC<l!'n rump!i•· ron la ,a.
tisfact'iún de los del>iilos tributos: en esa atendón y sieJHlo ¡nopia obli¡rariún
de los Gobcrnauorcs en 11ó ronceuer Iircncia !larP <rtu• los lnrlios , ·iran fuera <1••
i>us pueblos y re•lureiones y cst(ln obllgatlo> hacerles restituir a sus l>Ohlad ont•s,
como preceptúa su augusto )fonarca <lon ·Felipe TJT, por su Lt'J' tl.i~z y nueve, ti·
tnlo t erc<•ro, libr o sexto <le nuestras muulrlpali!la<lt•s: y 'ViiT<'Y y t•l .Juez ha g-n
,-oher y restituir los indios a sus puei.Jlos a ro~ta <i r culnallos: por lo que "'•
Y dejau<lo lo s <Jlll' al r>resente ]Hotege el Protector esta l'<'d ucrlón o restitución 1<•·
gaJ, lil•rcso despacho en forma conori<ln su cjcrurlón al Tenieute de la Ci n!lall
de Almagner que está. llrúxlmo n salir rll· ésta, Jllll'fl que Jos indios de este }lNii·
)n euto no so les ¡wng'an I•or JH~rsotHl alguna el nH·nor cmbnrnzo o impcd ilnento
Y antes ¡long·nn tle s u ¡lart e todos lo s auxilio~ J m<'dio~ nP<'e>!" a i.·1ns ].tara. que ~(·
l'eduzean, sitúen y I'estituyan a su:-; antiguos p ueb lo s, g·uardantl.o todo Jo pro·
'\'eido por der·ccho, lo ftuc cum']llirá y f".1c::utará :;i n la 1nenor transgresión, sin
]lermitlr· que el 1Pnor de lo mandallo st.\ ·reng·a. t'On veneración alguna, ]>ena. tlP
clen patacone s y Jo tuás que hnlJic sc lugar ("11 'l<'I"('C')IO lo <>Ontrnrio hacie ndo. (fil'·
In as)''.

Pero claro está que dispos·i ciones judiciales no cambiaron la situa-


ción. El abandono de los resguardos se debía a razones ele orden eco-
nómico: la falta de tierra era el móvil de este movimiento migratori0
y seguía siéndolo. Ya en el alegato del doctor Quiñones (véase Parte IL
Cap. LTI) se hizo incapié sobre el abandono de l as tierras d•el resguar-
do por !os indios ,c omunetos. De igual modo, le emos, por ejemplo, en
las diligencias de r emate La Loma de iPoblazón, cerca de Aimagu~r,
donada a los anaconas para ·que funden un pueblo ''y dicho pite ÓP
tlerras, ha sj,do condenado a total desprecio de Jos mencionados Ü< ·
dios por la cortedad d•e él y que no cabe Pueb lo respe,c to a la cortedad
de su recinto, por lo que deb1ó mandar y mandó que una vez que los
indios no se aprovechan de diohas tierras y su -:\Iajestad carece del im·
porte de ellas y sólo sirv·cn de particular beneficio a Ignacio Chito, in-
dio de la Real Corona, se vendan por su Majestad en fuerza de lo ex-
presado_ .. " La ,colonia, por falta de tierras desocup adas en las cerca-
nías de las poblacion•rs no pudo poner r emedio a este estado de cosas .

La migración rlc In ¡10blaciún lntllgenn en a11nello• ticm110' no era t'l


único fenómeno en la lleca<lencla tlc .Ja Colonia. l~a general panpcrlzaclón
tlel cam]Jeslno y el abandono <le sus tierra s se observan en la sil!uicnte Ut•·

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94 JUAN FRIEDB

lac·illll llel ArzoiJis¡lO-' il'l'<'Y' "J.os homlJres medianamente acomod.a ll os "'


llaman ac¡uell os que por falta ele pro,· lucn ~h~8 IJr erauth•as de la llcmasia·
da agregación lle tierras l'n un solo s uj eto, Jtau IIO!Iiclo a 'iles precios acl·
c¡ulrir Inmensos terrenos, l'n r¡ o e JlOl' lo re gular tienen como feudatnrios '1
los ue Inferior fortuna . Los JH'imeros perseveran más anaigados a s us JlO ·
SIISIOII~S por la g anancia que recihen de s u s espa rcido ~ ¡lomlls ti cos ; p H o ~s ­
tos, 1¡ue ronna¡t el m!Lyor número <le J¡abltantes libres, hac en ¡1nmanentt• ·
men te una población ·raga y volante, que, obll g·atlo s <l e la tirania de Jos
¡Jo¡!ietarlos, transmigran ron la faclli< lncl <tne IP s t•onceden P.l uoco ¡¡eso "''
sus muebles, la cor ta pérllida de s u s rancho s y el nin g ú n amor a !a ¡¡ila
en que fllPron hautl zado s. J, o mism o tie n en clonlle mueren, t1ue <lOJHlc na ·
clerou y en eu aiClnier ¡~arte IJall a n lo mismo que d<.'jaron ... "

J>or otra parte Jos indios que quedaban en sus resg uardos pade.cía!l
también de mil necesidades. La certificación de don Clemente Rodri-
guez :\iolano (6 de agosto de 1763, véas-e Parte II, Cap. lll ) c uando di-
ce : " .. . motivo de que muchos de ~llos viven dispersos y otros ausen-
tes de la jurisdicción, y los que viven en el pu eblo no tienen .s ufici-en-
te ámbito, en donde pastar sus ganados ... etc. etc."', da un cuadro ve-
rídico de la vida dentro del resguardo.
J>r•ccisamente en el ocaso de la Colonia, debido a la estrechez en
que se vivía en un resguardo y el general empobrecimiento d·c la p o-
blación india, empieza a f.l aquear la tradición -c entenaria sobre el de -
recho cole ctivo sobre las. tierras del resguardo. Varias familias inician
pleitos y elevan peticiones a las autoridades coloniales para conseguir
la adjudicación .legal de las parcel as que oúupaban, o que por heren-
~ia recibieron de sus padres. Los archivos. de la región están plagados
rle estas peticiones. Una de estas, la de Francisco Jmbachi, y su solu-
ción, es ·C aracteristica para a-quella época. Ya vimos (véase Parte T.
Cap. IV) , que este indio se d-esligó del tradicional concepto de igual -
dad entre :l os comuneros ·de un resguardo pidiendo .preferen·c ia en una
adjudicación como descendien Le directo dd cacique. El mismo Imba-
chí levanta un a extensa documentación para convencer al Juez que
desde un principio las tierras de El Rosal fueron propiedad particul ar
de Salva dor, el primitivo comprador. Entre esta documentación res al-
ta una declaración de Bernabé Imbachi, dada el 20 de a.g osto d e 179G
que dice así:

"Digo yo, Dernabé Imbachl, que por haber eonocldo Jos hál>lto s y ¡¡oscsloncs
antiguas de nuestros legltlmos padres, para que todos los menores conozcamos Y

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 95
<tofendamos nuestros derechos: La posesión antigua de la Rinconada de la Cons·
fancla y La Loma del Chircal fnt> de Pedro Im1mchí; la posesión antigua de ,Juan
Imbachí fue en La Loma del lllollno; la posesión antigua de Paula lmbachi fue
en La Loma del Sanee; la 110sesión antigua d.a Sa11t1ago Imbachi fne en La J,o.
nm de El Rodeo; la posesión a11t1gua de Lázaro Imbachl fue en la J,oma de Do·
ña Juana. Todo lo que llevo declara!lO es delante 1Lo dos testigos, que Jo fueron
]'edro Quisoboni ;y ,luan Sapnye~, alcaldes de e ste l'ueblo de San Juan, !lara IJU~
t'n cnalesqnlera tlem¡Jo que se ofrece, Jlat·a que ne s•• Inquieten ron mis hijos r
,,¡ se inqui eta ren o mis hijos anduvieren metiéndose en las pertenencias !le Jos
<)lros, se apacigiien con la Real Justicia y Jos testigos que <lejo nombrados yo, el
!leclarante, RernaiHí Imbachl; porque en este Pueblo no tenemos tleuas <ladas
<le! Rey, sino las que 11abemos son habidas 110r nuestros abuelos qut> las l1an t•om·
prado. Esta dcelaraeión llago como más anciano a pedimento !le Hcrnabé lmba·
cl1i y sus hijos con mis parientes y herederos, que · somos !le estas tierras y para
1n1e conste lo firma a ml ruego y de Jos testigos, ¡Jorque no saben firmar y yo
ser falto de la mano derecha; a rnPg-o de Rernahé Imbachi lo ha~o yo, Fran·
<•!seo Eduardo Jm !Jachi. (firma)"'.

Sin emba1·go, la justicia colonial con su constante preocupacwn de


proteger Jos resguardo-s y de reducir a los indios a sus pueblos, no ad-
mitió el reparto y al tiempo ele entrega los indio s se pusieron ele a:cuer-
do, declarando que " ... quedasen siempre en uni.ón las tierras ... " Pero
el Alcalde tiene que apremiarlos: '\Pásese -dice su auto del 30 de abril
de 1808- al Pueblo de El Rosal, y para evitar las discordias, que entre
los indios .se les ofrecen a cada paso .por el terreno que cada uno debe
ocupar ... '' , ordena la entrega de .la par-cela a Francisco Imbachí. Y
cuando la entrega se efectúa de común acuerdo con los demás indios,
les advierte " ... que en sucesivo vivan en unión y sin perjudicar un::>s
a otros en sus· po.s esiones, lo que cmnplirán bajo la pena al q,u e inquie ·
tase de cincuenta azotes, siempre que haya la menor ·queja ... ". Así de-
muestra este fallo el creciente desmoronamiento de todos los id-cales
y tradiciones indí-genas, ba.ses ele su solidaridad y unión.
Un ambiente similar se observa -e n la multitud de pleitos que se
inician entonces y '.que ouentan de ocupaciones a mano fuerte de par-
celas , discordias, alinderaciones engañosas, etc., oetc. En aquellos tiem-
pos se inicia el pleito de los Guamangas contra el resguardo de El Ro-
sal, cuyo fallo corresponde a los tiempos de la República. Babiano Chi-
lito, indio de la Real Corona del iPuehlo de Caqueona, pide el 16 de .sep-
tiembre de 1782 la partidó.n de los terrenos llamados de Ordóñez "y de
este modo obviar discordias y contraposiciones entre Jos interesados•·.
El mismo Chilito se qu·eja, el 25 de agosto de 1798, contra el cacique

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96 J U A N F R I E D :~

Nicolás Omne, quien introdujo en la parcela que ocupaba su padre, yu


difunto, a su hermano Diego. Diego Cillilito pide la partición de un
terreno, por haber vendido su ;parcela, que pose ía conjuntamente con
su mujer Joana Omne, ya difunta (año de 1806). El 5 de septiembre dr
1788 pide Manuel Burbano, indio de la Real Corona d•el Pueblo de San ..
tiago del Pon.go, la partición de la l11erencia que dejó su abuelo, Bartola
Chanchí. Francisco y Adolfo Samboní, indios del Pueblo de San Juan
del Descansé (El Rosal) piden ·p artición de la Loma d·e El Sidral (1782).
Pedro y .Juan Chito indios de la Real Corona de los anaconas, piden
la partición de un terreno como herencia de su padre. Hay varias de-
mandas de partici-ón d·e muchas parcelas en .las tierras de Santa Juana
y d~ .Jayo (Los :Milagros), que se conx:eden. La lista se podría aumen-
tar considerablemente.
Entre los muchos documentos, relacionados con las particion<cs.
LJ·::tnscribo úno, el de Prudente Quinayás, que caracteriza el estado de
continua fricción dentro del resguardo. Di.ce así:

"Seiior Aleahlc Onlinario.-Prndcntc Quinn.yá~, ludio tributario <le! Pueblo


<le ('aqueona ante V. E. seg iln derecho parezco y digo; r¡nt• me1iln.nte el litigio
t(llú tenemos ¡¡cntllentc <·on Juan l\Iauuel (!ulnayás, ln <lio <le! mismo llllCblo, sobre
la ¡•oseslón tic un llano , en r¡ne a la orilla de éste teng·o ml rasa <le Jtnbltaclón.
P a ra lt>H c •· yer el derecho que Ie gitlmamentc me asiste, s n¡•lieo l:erHLIILnmente n
Ja justificación de V. :.u. se sirva allmltit'me lnformac!ó n cle tesU !fOS y que Jo s
que representare, Jmjo la r~llglón cle juramento, altsue!Ynn lo qnl' le s constase
ar~rca de las poslsiotws siguientes :

Primeramente digan si es cierto tJUe desde Inmemorial ticm1•o lm sido cos·


tumbre darle a ea!ln ln1l10 un JlCilazo reg ular de t e¡·reno. para. que trabaje, con
l'l fin de r¡ne tcug'!l eomo mantenet· s us obligaciones y como pagar trllmtos.
29---Itcm !ligan s i es cierto, c¡uc cuantlo C111!JC<"é a edificar mi casa no llubo
l¡ulén me lo Impidiese y antes sí muchos tm·icron ft bien y práetlcam entc el dicho
.1 uan ::\ Iannel Qulnayás.
39---Ttcm si e~ cierto 1¡ne yo me h!lllo sin tener terreno doncle trabajar y s i el
tllcllo )fannel ~· sus hermanos tien~n sobrantes, sus trnba,itt<lorcs, sin nHcsldnil
de lle' nt·se el llano mencionado.
49---Item si hn mucho tiempo qne el citado llano nutlie Jo n sab a hnsta qno
ahora, después <le ltalJer plantificado yo mi casa, le entró la cnTiclia al cllndo
.luan 1\Januel.
Y hcf•hn qut> sea dicha Información s uplico a V. )l., qnc sin nten<lcr a Jos
c•uredos, que sollrt• el pa rtiClllar está fulminnndo la par1c contraria, pase al 1ll·
•·ho 1'ueblo y en \l s ta de las posesiones 11~1 diado Ju¡q¡ )Jnnnel y s ns lJCrman os
' l' ~l rva determinar lo que halle de justlc;a; !lU<' con esto r¡uedar<•mos libres !le

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EL L"IDIO E:\' LUCHA POn LA TIERRA 97
estar molestando su juzga.,lo y nosotros de toda Jnquietu,l; y mientras 1111eda Y.
)1, }lltsn.t· al <llcho sltlo se ha !le dignar mandar, (Jue ni yo ni ninguna persona
usemos ]lara nada el referido llano, que todo ¡¡arHe ser conforme a justil'ia; ella
lllediante a V • .'\J. pido y SUIIIit•o se sin a pro' eH y m:uui:11· como ,oJi!'lto y d<•
lo necesario juro ... ".

Peticiones COlllO és tas se encuentran por centenares en los archi ·


vos de la región.
Hesumicndo estos datos se puede decir lo siguiente: en el ocaso de
la Colon ia encon tramos los ¡·esguardas indígenas del l\Iacizo Colombia-
no grandemen te debilitados por su centenal'ia lucha con variable exi-
lo contra el colonizador blanco. espaliol o criollo . .Muchos indios, tan-
to anaconas como -pertenecientes a reducciones, abandonan el res·
guardo o su pueblo y deambulan por la t·egLón, viviendo como jorna-
leros. explotados miserablemente, '·pagando por esta merced (es decir
posada) nada menos que su trabajo personal ... ". ~o tienen para su re-
fugio ninguna propiedad, tierra o casa. Es un verdadero proletariado
rural. Las autoridades coloniales tratan en vano impedir la vagancia
con ordenanzas y leyes. El resguardo mismo empieza a desmoronarse:
flaquea el tradicional apego a la comunidad. Obligados por las pre·
carias condicioiÍcs económicas, falta de tierra y tributos excesivos, va-
·r ias familias indígenas se desprenden del tronco principal de la comu-
nidad, tratando de fundar propios e individuales modos de sub isten-
cia.

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TERCERA PARTE

~L R~SGUARDO Y LA R~PUBLICA

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1

EL RESGUARDO INDIGENA Y LAS GUERRAS DE INDEPENDENCIA

El papel que jugó el indio en ;la Independencia y •en las consiguien-


tes guerras civiles está aún por estudiar. La mayoría de los historiado-
res opina ·q ue la Independencia produjo la simultánea lib•rración de ]a
población india del yugo españo,J, sugiriendo así una activa participa-
ción indígena en esta campaña revolucionaria. Pero ,la impresión es
distinta cuando se estudian los -d o:cumentos históricos consignados en
los archivos de las poblaciones. De acuerdo con estos documentos se
ve bien claro que en el Nuevo Heino de Granada hubo una limitada co ·
laboración de los indios en las sublevaciones del siglo XVIII. pero la
importancia de esta colnboraci•Ón ha sido exagerada por los historiado-
res. Ni siquiera la revolución ele los Comuneros, el movimiento más
popular ele aquel sig;lo, fue ini:ciativa de la población india, ni muchú
menos inf.luída por ella. Ambrosio Pisco, aunque vinculado a este mo-
vimiento , y a pesar de su descendencia directa del Zipa, no pasaba de
ser un pequeño comerciante; ni tenía nada •q ué ver con el indio y sus
prob:lemas. Los indios de Tollma, instigados por los emisarios de Ga-
lán, tampoco jugaron un papel decisivo en esta sublevación. El sur del
.Reino, de una densa población indiligena, no participó en nada en este
movimiento subversivo contra -l a Corona.

Si la participación de •los indios en los movimientos sociales de la


Colonia es muy limitada, en las guerras de Independencia parece ser
casi nula, por lo menos en :l o que se refiere a la región objeto de estn
investigación. !Entre los múltiples documentos que tuve la oportunidad
de consultar, ·r elacionados con •los problemas indí-g enas del Departa-
mento del Cauca. zona ésta que después de Cundinamarca, juega un pa-
_ ,

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 101
pel importantisimo en las guerras de Independencia, no se encuentra
una so:la alusión, ni siquiera una muestra de simpatía o de odio hacia
estos movimientos sociales, ni a los ideales que ellos proclamaban, co ·
mo si estas luc'ha.s no hubieran existido para el indio y su resguardo.
Parece ser que los indios tomaban todos los problemas y las guerras
como asuntos de ''blancos", de sus amos, criaros y españoles.
El conocido !historiador peruano José Valega, considera la indife-
rencia de la pobla.citán india del ,P erú como una de las razones que im -
pidieron ya a principios del siglo XVI la coronación de Pizarra. A este
respecto el citado .h istoriador se expresa en los siguientes términos:
"Fuerza n ~gatlva naciona,l, •q ue dejaba actuar la positiva hispana, era la
indiferencia indiana ante la coronación de Gonzalo. Al indio no le in-
teresaba el cambio de amo. Su experiencia dolorosa de diez años. había
produ-cido una especie de enconohamienlo espiritual, un recogimiento
subjetivo, un encierre permanente .... ·P or eso el noventa y cinco por
ciento de la población peruana de entonces permaneció indiferente nnte
el cambio d.e soberano ... La suerte de Jos tFurpadores, cualquiera qu e
fuese, no tocaba el manantia.l fecundo de sus simpatías''.
J>arcce que esta política de profunda indiferencia por todo lo que
Pasaba entre los amos, tan acertadamente observada por el historiador
Peruano, !ha seguido a través de la hi storia colonial y republicana. Fal-
tan invesitgaciones más precisas al 1~pecto: pero los documentos co-
rrespondientes a la región, objeto de este estudio, corroboran indiscu-
tibleme'nte esta indiferencia ry ponen en ·d uda e.l con.cepto emitido por
Grmán Arcinigas, quien refiriéndose a las revueltas sociales de l siglo
XVIII, dice: ''Es la conciencia americana .que despi•erta por primera vez 1
desde los ellas de la Conquista. Conciencia de ·los indios, de los negros,
de lo·s mulatos, de los mestizos, de Jos criollos, de .las tres razas que se 1
fundieron en un solo haz y que empiezan a mirarse como unidas frente
a un destino común".
Intrigado por la falta de documentos referentes a la purtlclpaclón In-
•llgena en las ¡:uerras <le lndeOJendencla, he consultado los poco~ investiga·
dores que, con amor y abnegación y sin yU(Ia pecuniaria. del 1'stado para.
la realización y pnllllcaclón de s~u lnYestlgaeloues, dedican "" tiempo ni es·
tudlo de los archivos do su patria chica. Todos están de o.encrdo en que los
indios no tomaron parto activa en las guerras de la Independencia ni ell
contiendas civiles de la República •. El historiador Arceslo Guzmán, en su
folleto ~'Aimaguer'', dice que el Padre Bellsarlo Gómoz ontnsln•mó a los

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102 JUAN FH.I ·EDE

moradores de Caqueona, Guacl1lcono ;y Pancltará por la causa de la Ind~·


pendencia. En entrevista celebrada en 1944 con este Investigador, me expli·
có que en su estudio no aludia a la población lndigena y que estaba con·
vencido de la Indiferencia de este grupo étnico con respecto a los movl·
mlentos republicanos. De Igual opinión son don Israel Guzmán, de Bolivar
(Canea), auto.r de una monografia Inédita sobre la vida del Padre Bellsa·
rlo Gómez, Víctor Quintero, de Bolivar, autor de un estudio, también Jné·
dlto, sobre Almaguer, el Canónigo Dlomedes Gómez, <le Po]layán, autor de
un estudio Inédito sobre genealogías de Almaguer; don ~Iignel Antonio Ca·
brera, de Pltallto (Hulla), quien lllzo Investigaciones en las ciudades del
S ur del Departamento, y don Jo sé Maria Arboleda y J"lorente, lnYestlgador
y <llrector del Arclllvo Central <lel Canea, Popayán.

11

LA INDEPENDENCIA Y LOS RESGUARDOS INDIGENAS

¿Trajo la Ind ependen;eia la v>e rdade ra em ancipación del indio y un


cambio esencial en su posición social? Aunque son escas as todavia las
investigaciones 'h istóricas correspondientes, debido a la notoria falta
de interés por p arte de los estudiosos h acia los prob.J.r mas indígenas.
me atrevo a contestar esta pregunta negativamente. Considero que n n
pudo haberse producido tal emancipación, por c uanto. :como ya se ha
visto, la República ni pudo ni quiso compre nder los especificas pro-
blemas indios. Al contrario, habiendo surgido con la Independencia
un nuevo estímulo para el desarrollo de la economía individualista, la
sociedad criolla se apartó c ompletamente del nativo, que tenazmente se
apegaba a la form a colectivista de su economía: los resguardos. Fiel a
sus ideales, Ja Independencia declaró al indio libre ciudadano; le pro-
porcionó una libertad individual y con ella la destrucción del resguar-
do que. como forma colectiva de vida, limitaba esta libertad. Pero
tedo que. -como forma colectiva de vida, limitaba esta libertad. Pero
este género de libertad no correspondía a la Jüstoria, tradición y con -
d.iciones económicas dd indio. Este no entendía ni quería una liber-
tad .que, engendrada en un mundo extraño, presuponía la posesión de
medios económicos suficientes para gozarla en beneficio suyo; el ín ·
dio no c ontaba con es tos m edios ni la Independencia , e los proporcio-
nó. Su ·concepto de libertad personal seguía siendo determinado por
las seguridades sociales que proporcionaba el resguardo y por las -consi-
guientes limitaciones que este le imponía, marco natural en que se

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EL TNDIO EN LUCIJA POR LA TIERRA 103
desarrollaban todas sus actividades. No habiendo producido la Jnde·
Pendencia cambiOs apreciables en su vida, no pudo el indio dejar es-
ta seguridad colectiva comprobada en varios siglos cJ.c luchn, a cambio
de un ideal -q ue, bien pudiera ser bel•lo, pero peligro .< o para su exis·
tencia. No puede interpretarse esta actitud del indio como retrógrada
o anti-revolucionaria, sino simplemente como una lógica consecuen-
cia de las condiciones sociales ele su vida, que no variaron cscncial-
lllente a pesar de los cambios de su po ,. ición jurídica y del nuevo nom-
hre .que le dio la legislación republicana: ' 'indígena·· en vez ~le "indio''.
" '-..'

La última palabra sobre este problema la dirán .las investigaciones


históricas. Pero es conveniente aplicar siempre una dosis de c' cepti-
cismo frente a generalizaciones que ·e mplean algunos historiadores cuan-
do se trata de ·l a participación del indio en las guerras de Independen-
cia y en .las subsiguientes revueltas civiles.

El lmllgenlsta, Gerardo Cabrera 1\Ioreno, opina lo sl(l'uientc: "La I'c-


voluclón emancipadora de Hispano-América significó el derrocamiento del
yugo económlco·¡Jolitlco que ejercerá la Corona Española y el triunfo de
los terratenientes criollos. Estos se libraron 1lel Imperio de la ~'h•tró¡JOII y
captura1·on el Estado como Instrumento de dominio de su clase". El gran
economista ilel siglo pasado, Salvador Camacllo Roldán, hablando de la
revolución <le 1810 y su ninrruna Influencia sobre el sistema trllmtario, dice:
"Todo demuestra r¡ue el Ol'!lcn económico del pais no está en relación con
el or<len politlco, llUe la revolución sólo lla cambiado la forma exterior del
Gobierno m!'ls no su estructura Interior, qne se simboliza en el impuesto".
VIstas de este modo las guerras de la Independencia, se com¡JJ·erulc la razón
de que ellas no hubieran prouneido cambios Importantes en la ,·i¡Ja de Jos
Indios ue la Colonia .

Es Interesante oJJscryar que, por decreto del 30 ole <'nero de 1A63 se or·
dena la expropiación de las tierras que Don Julio Arhole<ln l1ah!a compra·
<lo a ;uarlano 'J'<•jada y Italmnndo Angulo, y su repartición entrr Jos Indio•
de Pltayó y .Tnm!Jaló, "considerantlo -como dh•e el decreto- quo los indi·
(l'enas de Pltayó y JamlJaló en el Estado SolJerano <lel Cauca l1an prestado
senlrlos importantes a In t•ausa federal durante la lucha que at'aha de
pasar". Sincmbnrg·o. de otro considerando se dcs]lrende que los indios no
reconocieron nunca la compra lleclra por el seilor Arbolc<la, alegando ser
estas tienas de su propiedad. De todo lo anterior se <leJ•• entrever el des·
pojo cometido )lor el caudillo -poeta, al tiempo r¡ue se explica la moviliza·
clón de los naturales contra la rP-bellón Que encabezaba éste.

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JUAN FRIED:I!l
104
111

LA REPUBLICA Y EL RESGUARDO

·L a economía ·co.lonial tuvo como consecuencia la restricción de la


libertad individual en lo tocante a la industria , comer.cio ·y agricul1u-
ra en América. Siendo su finalidad el ajuste de 'la economía america11a
!hacia los intereses económicos de la metrópo'li -política colonial seguí-
da por todas las potencias imperialistas del mundo- la economía his-
p anoamericana vino a ser una econJl_mia dirigida. Reglamentos, pro'h i-
biciones y numerosas disposiciones limitaban la- voluntad del indiví-
duo. Esta política correspondía en parte a las condiciones generales de
.la época, que gemía bajo las trabas feudales , y en parte a las especifi-
cas condiciones de la metrópoli, •q ue por falta de una desarrollada in-
dustria nacional necesitaba del oro americano para la introducción de
numerosos productos que hacían falta a su economia, y del mercado
americano para expender allí el sobrante de tales importaciones y de
algunos productos domésticos, que se suministraban a la población de
las colonias a precios recargados con impuestos y gravámenes a fa-
vor de la Corona. Esta -era la esencia de la polii1:ica económica de Es-
paña; por ello y para el logro de este fin no permitía el desarrollo de
una libre economía en las Américas, sino que, por el contrario, obsta-
culizaba su libre desenvolvimiento. Con esta política no só•lo trató de
impedir el enriquecimiento de los colonizadores, sino también el for-
talecimiento de una conciencia nacional criolla, que inevitablemente
habría de volverse contra la dominación española. ~Con todo y lo an ·
terior, como se vio posteriormente, los nuevos grupos sociales que sur-
gían en ese entonces en América lograron imponerse, tal como suce-
dió en Europa. Tanto en América como en el Viejo .c ontinente, el cla-
mor por la liberación individual de esta coyunda tradicional fue el le-
ma de todos los movimientos sociales de aquella época.
D<e es te modo, la Corona no tenía interés alguno en la destrucción
de los resguardos indígenas, ni en el enriquecimiento de los coloni-
zadores, quienes hubieran podido asi ensanchar sus propiedades por
compra o despojo de parcelas indi.genas. La ()rganización un tanto rí-
gida del resguardo facilitaba, por otra p arte, el censo, el cobro de tri-
butos, la organización de mitas, etc. La conservación de esta institu ·

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li:L INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 105
ción le era así decididamente ventajosa. Ya vimos <:ómo la Corona pro-
tegiú siempre los resguardos contra las ambicioneis de conquistadores y
colonizadores.

Distintos fueron, empero. los intereses de la República. Consumada


la Independencia se abrió un vasto campo para las ambiciones de aquel
grupo que constiluy·Ó después la sociedad neogranadina, grupo éste que
durante la Colonia había adquirido fuerza económica y riqueza sufi-
cientes para retar la tutela de la dominación ·e xtranjera. No teniendo,
como sucedía en Europa, tradiciones feudales ni una arraigada aris-
tocracia con sus fueros milenarios, este .g rupo social y con él toda la
Población -criolla de enloces, acogió inmediatamente el principio de
la libertad individual como base de sus relaciones sociales. En conse-
cuencia, brotaron por doquiera formas económicas basadas en la habi-
lidad individual que encontraron campo propicio en un país económi-
camente intacto, no obstante su centenaria explotación. La navegación,
el comercio interior y exterior, la minería, la industria y la agricul-
tura, etc., todo lo cual estaba sujeto a molestas restricciones en la épo-
ca colonial, fue dominio de la voluntad y capacidad del individuo. Ta-
les condiciones fueron las que produjeron un grave peligro para la
existencia de los resguardos, que por su posición económica y polí-
lica no pudieron tomar parte en esta ca.rrc1·a de enriquecimiento. Su
existencia, como un palpable aunque tosco ejemplo de una forma co-
lectiva de la economía, no sólo pugnaba con los ideales de la liberta :l
individual. bajo cuyos signos se produjo la revolución, sino que estor-
baba también el libre tráfico de las propiedades rurales y su acumu-
lación en las manos de los ''más hábiles''. Su existencia privaba a la
economía individualista de un numeroso grupo de trabajadores, Jos
cua,Jes al tener una pequeña propiedad, y por gozar "de las ayudas y
socorros que pueden darse mutuamente unos a otros" (como dice un
funcionario colonial del siglo XVIII.-Véase Parte I. Cap. V), se de-
fendían mejor de las fluctuaciones y ·c ontingencias del mercado libre
de la obra de mano:

Valdt·ia la pena estudiar más a fondo el censo de la población lndigc·


na en los albores de la República. Acostumbrados como estamos a atribuir
a los españoles la destrucción de los Indios, suponemos que estos formaban
una minúscula parte de la población de la República. Slnembargo, las nu·
merosas leyes expedidas para reglamentar el ¡lroblema lndigena en lit le·

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106 JUAN FRIEDE

glslnclón de In Gran Colombia, contrn<lleeu esta opinión. Además, In LeY


del 11 de octubre ~le 1821, expedida JlOI' el Congreso General de Colombia,
dlco textualmente: "· .. convencidos de que Jos principios más sanos de po·
litlca, de razón y de justicia exigen im¡Jerlosamente Que Jos in<llgenas, esta
parte CONSIDERADJ,E, <le la población de Coiomhla, que fue tan YCjada Y
oprimida )JOr el Gobierno español recupero ante to<lo s us derechos: !gualán·
dose a los demás ciudadanos, I1a ycnldo a <lccretnr y <lecreta ...

Los intereses económicos arriba anotados provocaron durante la


República un permanente esfuerzo tendi·ente a la destrucci.ón de los
resguardos. En este sentido se desarrolló la legislación republicana. El
indio fue ·d eclarado libre ciudadano e igualado a los blancos. "Ellos
~dice el Art. 1•. de la Ley 11 de o-ctubre de 1821- quedan en todo igua ·
les a los demás ciudadanos y se regirán por las mismas leyes". ''Los na·
turales, como demás hombres .Jibres de la República -dice el decreto
de 5 de julio de 1820- pueden ir y venir con sus pa saportes, comerciar
sus frutos y efectos, llevarlos al mercado y ferias que quieran y ejer-
cer su industria y t alentos libremente de modó que ellos elijan, sin que
se los impida". El indio logra así derechos y se somete a obligaciones,
como cualqtúer ciudadano. Pero según esta misma legisl ación, el res-
guardo, institución tan suya, debe desaparer: "Los resguardos de tie -
rras asignadas a los indígenas por las leyes españolas -dice el articu-
lo 3". de la misma [JCy del 11 de octubre- que ,h asta ahora han poseí-
do en común o en proporciones distribuidas a sus familias para su cul-
tivo, según el reglamento del Libertador Presidente, de 20 de mayo de
1820, se les repartirán -e n pleno dominio y propiedad, luégo que lo per-
mitan la s circunstancias ry antes de cumplirse los cinco años de quz
habla el Art. 2°.", De este modo ·el problema indio en la República se
convierte e n el problema de la supel'vivencia o desapal'ición del res-
guardo.

A través de toda la República se observa una exll'aordinaria frecuen-


cia en la expedición de leyes y decrtos encaminad\)s a conseguir la ex-
tinción de los resgu ar dos. Grupos sociales de intereses opuestos, par-
tidos políticos e ideologías que se combaten, demuestran igual fervor
cuando se trata de la destrucción del resguardo. Durante todo el siglo
pasado el pais marcha de revoluciún en revolución. Partidos político·s
y vigorosas personalidades se reemplazan en el poder. Se dictan nume-
rosas con'stituciones, se suceden federalismo y centralismo, librecam-

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T~L 1:-/DIO E:-\ Ll ' CJ lA POR T~A 'I'IEHTIA 10?
bismo y proteccionismo. La opin1ón pública cambia varias veces res·
Pccto <le cada uno de los problemas que se presentan. Así se cristali-
za la formación nacional de la jovoen República. Pero lo que persiste
a través de las fluctuaciones políticas e ideológicas es la legislación
sobre e! repartimiento de los resguardos. Siempre que ~: e produce una
tregua ·en las luchas políticas y con esto la normalidad en el país , sur-
gen nuevas ordenanzas, nuevas disposiciones para obviar dificultade>
en el repartimiento. Sólo cambian los "considera ndos·•. 13olivar y su
época hacen gala de humanitarismo; para ellos e l repartimiento de Jos
r>esguardos y la Ubre enajenación de las parcelas es un derecho del in-
dio, arrebatado por los españoles. •El General Reyes. el. dictador con ·
servador del presente siglo, ordenn, grita e impone multas a los emplea -
dos si para tal o cu al fecha no sor efectúa el avalúo, el censo o el re-
partimiento. El Gobierno liberal de Alfonso López no se preocupa po1·
doctrinns, sino que basado en disposiciones legales ele gobiernos an -
teriores reglamenta y facilita la ¡·oepartición.

Así subsisten y se refuerzan las leyes sobre la repartición de los


resguardos. Todos los grupos dominantes de la Hepública a través dP
su corta historia, están doe acuerdo en este punto. El problema indígena
se torna en un problema exclusivo de los demás grupos sociales de 1a
R.epúbl ica; la voluntad de los indios no cucnla para nada. Para el Es-
tado colombiano el problema es el siguiente: la destrucción legal y
Pacífica de los resguardos indígenas y la liberación de un:1 masa de in-
dios trabajadores y por ende la formación de un proletariado rural en
beneficio de los que tienen tierras y quieren poseer más, de los que
tienen cultivos y necesitan mano de obra y de los que levantan fábricas
y necesitan trabajadores. El repartimiento del resguardo se procla-
maba en e. e entonces, y todavía se proclama a nombre del progreso
nacional, como si verdaderamente el progreso consistiese en la indus-
trialización de un país agrícola o en el reemplazo de formas colecti-
vas de la economía --como es el caso del resguardo,- por formas in·
di vid u alistas.

Saldria del marco del presente estudio, que es puramente hlst<>•·ico. 'us·
citar una polémica sobre lo quo debe considerarse como JH"n~.:•·eso nacional.
Desde el punto 1le vista histórico no hay progreso -erolul'ión- en un ram·
1110 de forlluts colecUvns de producción por formas httlh· iclunlt•"'· aunque
cronológicamente In economilt colectivista nnte<>edló a la hllli\'l<lnallstu. F.s·

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108 JUAN FRIEDE

to Quiere decir Que una em¡n·esa lndl'tidual, 110r el solo llecllo de pertenecer
a un tudlvlduo no es por esto más progresista, utiliza mejo1·es métodos téc·
nlcos y ni da un mejor rendimiento social, :Precisamente os el latifundio una
empresa agricola Individualista en Colombia, forma esta la más ineficaz Y
perjudicial para las necesidades <¡ne contempla este pais. No sucede eso en
las tierras que pertenecen a los resguardos del Macizo Colombiano. DebidO
a la parcelación de las tierras y a su Intenso cultivo, a pesar d~ que se 11aee
con métodos rudimentarios y primitivos, la reglón sostiene una crecida po·
blaclón de cerea de cincuenta mil J¡aJ¡ltantes, no obstante su Jlocn fertilidad·
'l'amblén este as¡1ecto tiene algo que ver con el ¡1rogreso nnelonal,
:s-o debe afirmarse tam}Joco que la economla colectivista tenga fatahnt~n·
te <tue trocarse en lndlvlduallsfa, es tleelr que los rPsguar<los lnili¡renas ten·
1lrán que desaparecer forzosamente al¡rún dia. El conocido economista colom-
biano J,uls Eduardo Arteta, dice: "Es una ley lllstórlca, que se ha realizado en
muchas economias nacionales, que el desarrollo de las manuractnras y aun del
capitalismo está ¡1recedido por la desaparición de ht economia colectiva agricO·
la. Asi desa¡)nrecleron las "1narcas" en Alemania, el "mir" en lrt. vieja y ''sail·
ta" Rusia y la "zádruga" en Servia, Pero hay que recordar <tno en todos estos
casos la desaparición de estos nt'1c1eos de la economia colerttva no se debe,
como podria colegirse de la lectura de este ¡>árraro, a un Inevitable destino,
a una ratalldad hl.stórlca, sino a un adverso régimen político, que corres·
pondo a una definida agrupación de Intereses sociales, hostil a la economia
colecllvlsta. En la misma Rusia, ya no la "Santa" sino en la moderna, es·
.tán en auge las haciendas colecllvas, que obsorben Jas lndhlduales (las de
los culak) . Todo de¡1ende, pues, de la constelación (\e fuerzas sociales, que
según los gru¡>os que predominan l>ropagan o destruyen una u otra forma
de economla. No llay duda de que la permanente hostlll!lad de las leyes re-
]JUblicanas acelerará la destrucción de los l'Csguardos. Sin embargo, con Ja
rehabilitación de la cconomia colectiva y con el auge del movllnlento coopc·
ratiTlsta, como ¡1oslblc consecuencia de las dos últimas guerras mundlales,
el resguardo Indígena, como forma autóctona americana de 11na cconomla
colecth•a, podrla dar una pauta para la organización de futuros núcleos agrl·
cotas en Colombia. Su prematura destrucción serla entonces un l1ecllo lamen·
table.

IV

LA LEGISLACJO N REPUBLICA NA FRENTE A LOS RESGUARD OS

1El deseo con stan le de la destrucción de los resguardos l1ace que se


dicten en la Hepública numerósas leyes. En un principio se manifies-
ta la política paternal hacia Jos indios. Con excepción de las disposi-
ciones sobre reparto de los resguardos, consagradas en el artículo 3°.
de la Ley 11 de octubre de 1821. y del permiso otorgado a los blancos

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ElL I><DIO EN LUCHA POR LA TIERRA 109
Para establecerse en los resguardos, ''pagando el correspondiente arrien-
do por los solares que ocupan sus casas pero de ningún modo perjudi-
carán a los indígenas en sus pastos, sementeras y otros productos de
sus resguardos", como dice el Art. 11 .de la misma Loy, la Gran Colom-
bia sigue la política de la ·Corona española. El decreto del 5 de julio de
182i) reza: ''Deseando cotTeglr los abusos introducidos en Cundinamar-
ca en la mayor parte de los pueblos de .Jos naturales, así contra sus per ·
sanas como contra sus resguardos y aún contra sus libertades y consi-
derando q,ue ésta parte de la población de la República merece las
más paternales atenciones del Gobierno". En estas disposiciones se or -
dena la restitución de los terrenos "·q ue formaban los resguardos, se-
gún sus títulos, cualquiera que sea el que aleguen para poseerlo los ac-
tuales tenedores ". E l Art. 12 de la Ley de 1821 pone nuevamente en vi-
gescia la vieja proihibici-ó-n española de emplear a los indios en traba-
jos "sin pagarles el salario que antes se estipUle en contrato formal ee-
lebrndo en presencia y consentimiento del Juez Político''. Se conserva
el empleo de un Protector de Nnturales: el art. 8• de la misma Ley di-
ce: "los Protectores de Naturale-s continuarán ejerciendo sus ministe-
rios''. La Circular del 12 de octubre de 1829 declara a lo~ Fiscales co-
mo protectores de indígl.'lnas. Se conserva al principio el pago de tri-
buto personal aunque s~ll dispone que éste sea rebajado con el produ- •
ciclo de los arriendos de los sobrantes de las tierras una vez repartid o
el res.guardo entre las familias indígenas. Sin embargo, la Ley de 1821
declara abolido este ''impuesto conocido con el degradante nombre de
tributo'' reinstalándolo nuevamente con el nombre "contribución per-
sonal'' por el decreto del 15 de octubre de 1828 ' ' ._.considerando, ----co-
rno lo explica el texto de la Ley en su aparte 2a.- que habiendo igua-
lado la Ley del 11 de octubre del año 11 (a los indios) en las contribu-
ciones a los demás Colombianos, con objeto dr beneficiarlos, lejos de
haber mejorado su condición se ha empeorado y se han agravado sus
necesidadrs".

Fue así como se continuó en Jos ·días de la Gran Colombia la poli-


liea indiana de la Colonia. Su ben-evolencia se h ace más notoria toda -
vin en el decreto expedido el 11 de mano de 1822, en el que se crean
becas para cuatro indio -; en ·Cada una de 1as Escu-elas de Bogotá, Cara-
cas y Quito. y en h excen:ción del pago de derechos durante cinco año;;
(AJ-t. 2". de 11 de octubre de 1821) 'Y rle diezmos y primicias durante

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110 JUAN FRIEDE

diez años para los indígenas de las nuevas poblaciones, (Art. 10 decreto
8 de julio de 1826). El decreto expedido por Simón Bolívar el 15 de di-
ciembre de 1828 afirma una vez más su benevolen-cia hacia la pobla-
ción indígena. Repite la prohibición de emplear los indios sin pagar-
les su salario y decreta la conservación de los Pequeñas Cabildos tra-
dkionales. ''Los curas y .protectores -dice el Art . 2•- estimularán a los
indios por los medios más suaves a trabajar en común una porción su-
ficiente de tierras del sobrante de los resguardos (que se deben repar-
tir seg. art. 19) para invertir sus productos precisamente en beneficio
de los indígenas". Art. 23 dice: "Lo·s fiscales p.r otectorcs generales
presentarán al Gobierno todo cuanto ·cons~deren útil y ventajos-o a los
indígenas. a su civilización y bienestar y a la conservación de sus res-
guardos sin permitir que persona alguna los enajene y usurpe''. El Arl.
25 de la misma ·L ey impone a los protectores de las provincias de defen-
der ''la persona y propiedades de los indígenas''.
Ya en la Nueva Granada las cosas cambian. El repartimiento, orde-
nado en 1821, encuentra serias dificultades, como se desprende del "con-
siderando" del Decreto del 15 de enero de 1827, y que dice: "Conside-
rando. que la citada disposición -el ·de eximi.r durante cinco años de
pago de impuestos a los indios- supone el repartimiento en propiedad
de los resguardo s, lo que hasta el día 'h a sido imposible verificar por
las varias ·dificu Ita des que se han presentado ... .'' El General Santan-
der, trata de cump lir la Ley y de facilitar el .r eparto; es alti como la
Convención del Estado de la Nueva Granada, por Ley del 6 de marzo
de 1832 ordena que el poder ·e jecutivo ''dictará providencias eficaces,
para que a lo más dentro del término de un año, después de la publi-
cación de la presente Ley, queden cumplidas las disposiciones de la de
11 de octubre de 1821 sobre distribución de los resguardos de tie ·
rras entre los ·indígenas". La misma Ley contiene :l as bases de las fu ·
turas disposicione s sobre reparto, por cu anto señala la separación del
área de población (ocho a veinte fanegadas), la repartieión del res-
guardo en doce partes iguales. la adjudieadó·n de una parte para ]os
gastos y de un a o dos para el sostenimiento de la escuela. En previ-
sión de que los indígenas puedan abandonar las tierras una vez re-
partido el resguardo, el Art. 7•. prohibe la venta de las parcelas ad-
judicadas durante diez años después de la entrega.

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EL INDIO EN LUCUA POR LA TIERRA 111

<Esta prohibición, prolongada a veinte años por la Ley del 23 de


junio doe 1843, es en sí favorable a los indígenas, pero demuestra la in-
consecuencia de la doctrina ideol-ógica de los nuevos amos en ·l a Re-
públk:t En nombre de la libertad individual se concede a los indí-
genas la libertad de ·disponer de sus bi~nes y se ordena la repartición
de los resguardos, pero al mismo tiempo se limita esta libertad una vez
verificado el repartimiento. ¿En nombre de qué derecho se promulga
esta limitación? Todo parece indicar 'QUe fue en nombre de .los mis-
mos intereses que provocaron la expedición de las leyes sobre el re-
partimiento, es decir de los intereses de los vecinos blancos, quienes
temían perder una mano de obra segura y barata con la cm1gración de
los indígenas.
La Ley del 2 de junio de 1834 adiciona la del 6 de marzo "atendien-
do a los inconvenientes que se ·h an tocauo para la ejecución de la Ley
de 6 de marzo de 1832". Según ella deben las gobernaciones decretar
las normas para la división de los resguardos; se incluyen también en
el reparto las tierras ''al servicio del cura o alguna cofradía o cualquie.r
obra pía'', salvo el caso de ·que la donación haya sido hecha previamente
por escritura pública .

'El Art. 13 de la Ley mencionada anteriormente dice: ''En ningún


tribunal o juzgado se oirán reclamaciones cuyo único y determinado
objeto sea pedir que no se repartan los resguar·dos". Ra.r a vez en la le-
gislación indiana se admitió con más claridad que tales disposiciones
sobre el repartimiento de los ;resguardos constituyen en sí un atenta·
do contra los intereses de la población indígena. Claramente se trata
de ahogar con ellas, todo conato de resistencia de los nativos contrn
una imposición de los nuevos amos de la República sobre un indefen-
so grupo de "libres" ciudadanos.
Ya anoté como en el ocaso de la •Colonia, y debido a la continun
persecución d·c 'bcciho, por parte de Jos colonizadores. flaqueó la or-
ganización y se rclaj•ó la tradición indí.g ena respecto de la común pro-
piedad sobre las tier.r as del resguardo. Varias fnmilias se de •prendieron
del tronco principal y desaparecieron varios de los pequeños resguar-
dos. Las Leyes de la Gran ·Colombia, algunas de la s cuales favorecían el
repartimiento, dieron un nuevo empuje a estas manifestaciones sepa.
ratistas. Así por ejemplo, muchos c aciques, tales como los de Jayo,

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112 JUAN FRIEDE

(\Resguardo de los il\Hlagros) de Tejoy (Resguardo de la Cruz), ry otro.>


solicitan la parcelación de las tierras de tales resguardos en beneficio
de sus propios familiares apelando a las autoridades republicanas para
que consideren este patrimonio, que era antes colectivo, como su pro-
piedad particular. Sobra deci.r que tales aspiraciones fueron inmedia-
tamente satisfechas en favor de los peticionarios, con lo cual perdió
la población indígena de estos núcleos el histórico respaldo que le die-
ron Jos resguardos durante los siglos de la Colonia. No obstante, 1a ma-
yoría de las más importantes agrupaciones indígenns como San Sebas-
tián, Santiago, Guachicono, Caqueona, etc., siguieron luchando por la
conservacwn de su unidad, contradiciendo así las aspiraciones de al-
gunos de los comuneros. Por el contrario! ·Como consecuencia de las
disposiciones vigentes se acrecentó la resistencia contra tales medidas.
El ya mencionado memorial de ''los mandones de los pueblos indíge-
nas de Caqueona, San Sebastián, Pancitará y •G uachicono" constituye
una demostración palpable de la unificaci.ón de los indios de la comai' ·
ca, quienes empiezan a comprender entonces el atentado que contra
ellos y sus derechos tratan de adelantar los blancos. El indio se une
a los de su raza para protestar conjuntamente y emprender la defensa
común.

El despertar de la conciencia nacional indígena, provocada por la~


nuevas condiciones creadas por la legislación republicana contrarias a
su propia vida se observa en los varios litigios como por ejemplo en
el de los indios Guamanga contra el resguardo de San Juan, .pleito éste
que duró más de cuarenta años. En 1842 (1• de noviemib re), los indios
resuelven poner fin a este obstinado litigio sobre los límites de sus tie-
rras por un acuerdo mutuo entre las partes. Entre los motivos que
exponen al Juez, se lee lo siguiente: " ............. y teniendo en consi -
dera-ción los gastos que influctuosamente !hemos heC'ho, y a Jos de-
más que haremos, en la continuación de un pleito dispend ioso de nues -·
tros intereses ... , que en éste como en todo pleito dr esta naturaleza no
haremos otra cosa que gastar y consumir la subsistencia de nuestros
padres y perder el fruto de nueslm sudor y trabajo que puede servir
para nos otros y nuestros hijos . .. " a más que el litigio es entre PEIRSO-
NAS DE T~~ :.\US:.\1A SA1,m·RE entre quienes es mejor desterrar la dis -
cordia ... •· (Archivo Parroquial de El Rosal). Así nac-e, como sucede
siempre en !a historia , la más estrecha unión de un pueblo como con -

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BL JKDIO EN LUCHA POR LA TIERRA H3
secuencia de una pe.r secución oficial. Las leyes republicanas provoca-
t·on la formación de una minoría racial oprimida, cuyos dereobos no se
reconocieron entonces ni se reconocen en nuestros días. Por el contra-
rio; el legislador prohibió, como se vio en las disposiciones de 1834_,
cualquier reclamación contra la política indiana de la República por
pa•r te de Jos indios. .cien años después, el 30 de octubre de 1925, h
Corte Suprema de Justicia rechaza las demandas formuladas a nombre
de algunas poblaciones indígenas, por José Gonzalo Sánchez, en las cua-
les se pide la declaración de inconstitucionalidad de las leyes sobre re-
parto de los resguardos . Bien lo dice el .~~agistrado ponente en su ale-
gato. que la tendencia inequívoca de toda la legislación republicana fue
desde un principio in.clinada al logro de esta repartición de los res
guardas.

Pero las leyes, desde el punto de vista de la investigación histórica.


s6lo se pueden valorar como expresiones de intereses de ciertas agru-
paciones socia les, que no siempre se llevan a la práctica. :Muy pronto
se revelan dificultades ·c ircunstan:ciaks .que, en asocio a la resistencia
de la población indígena, hacen ilusorio el intento del reparto. Los re-
partidores que para cumplir las leyes llegan en 1835 a las tierras de los
t·es-g uardos del .'lfacizo •Colombiano, encuentran serias dificultades para
efectuar el repartimiento, unas vec-es por falta de títulos, otras por lo
inaccesible del etrreno y en no pocas ocasiones por una manifiesta opo-
sición por par-te de la población . .cuando los indios se dan cuenta de
que a pesar de sus protestas no logran impedir el curso de las diligen-
cias, se declaran conformes con las parcelas que poseen y se compro-
meten a pagar en común el sueldo del maestro de escuela. Entonces los
jueces toman con agrado estas declaraciones, para resolver "sin in ten.
ción de infringir la Ley'' la suspensión de las diligencias del reparto .
Asi se salvan. como veremos más adelante, los resguardos de San Se-
hastián, Cuachicono, Caquiona, San Juan y otros más.

Las dificultndes anotadas anteriormente no se limitan solamente a la


.región que comprende el Macizo Colombiano, sino que surgen en las
demás zonas indígenas del país en donde se trata de pon·er en práctica
el reparto. Es así como varias Cámaras 'P rovinci ales solicitan del Go-
bierno Ejecutivo la suspensión de las leyes respectivas. Del decreto ex·
¡pedido el 27 de noviembre de 1835 se desprende que en la provincia de

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114 JUAN FRIEDE

Hiohacha se hace imposible el repartimiento, pues ''apareoc que no es


fácil h acer el repartimiento ... por estar situadas las parroquias de iB -
dios en puntos inaccesibles por sus serranías y montañas. lo que difi-
culta enteramente la medición de dichos resguardos". Igualmente, la
Cámara iflrovincial de Cartagena formula la misma solicitud, '·ya que
no todos los pueblos indígenas tienen resguardos demarcados; que al-
gunos de los que poseen carecen de documentos de propiedad tan nece-
sarios para conoce.r el terreno que comprendan; que otros resguardos
están comprendidos en área tan reducida, que hecha la repartición que-
daría una porción insi.g nificante a cada indí.g ena; y finalmente, qut'
haciéndose poco uso del arado en aquella provincia, se necesita de un
grande espacio de tierra p ara variar sus s<'menteras y labores cada año,
cuando por otra parte sería preciso hacer pago de agrimensores, ava-
luadores y jueces a lo que tal vez no alcanzaría el valor total del terr•e ·
no". (Decreto del 2 de noviembre de 1835). La Cámara Provincial del
Chocó pide también la suspensión " ... porque obstáculos de pura loca -
lidad lo impiden absolutamente"; añade que a pesar ele ''las mucha s
disp osiciones dictadas con tal fin desde 1834, adaptables en aparienci:t
a las circunstancias y aun a la limitada capacidad de la mayor parte de
las autoridades parroquiales, la experiencia ha hecho ver que las leyes
de la materia son insuficientes para llevar a efecto un repartimiento
general''. (Decreto del 16 de noviembre de 1936). La Cámara iprovin-
cial de Pasto y la de Neiva piden lo mismo: el memorial elevado por
esta última dice en su aparte que ''en atención al desfalco que causaría
en ellos la operación de su mensura y distribución, a las dificultades
que la embarazarían y a la repugnancia manifiesta de la generalidad
de los interesados". (Decretos del 29 de diciembre de 1837 y 7 de di-
ciembre de 1838). El General Santander, y posteriormente José Ignacio
de Márquez, lPresidentes de la Nueva Granada , se ven en la necesidad
de suspender las medidas de repartimiento en todos los casos citados .
~ueva mente se advierte aquí la influencia de las condiciones america ·
nas de vida con respecto a la conservación de los indios, salvándolos ele
procedimientos trasplantados y ajenos a la .r ealidad americana. El re-
partimiento de los resguardos, lo mismo que la reducción a la vida se-
dentaria de las tribus nómadas o semi nómadas, es una tarea gigantesca;
la América del siglo XIX sigue siendo tierra virgen, tierra brava, sin
vías de comunicación, con un gobierno que no dispone de una eficaz

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 115
organización burocrática. La joven República no es capaz de destruir
de un solo golpe la centenaria o talvez milenaria, tradición indígena.
Después del levantamiento de 1840 se nota una tregua en la cxpedi-
óón de leyes sobre el reparto de los resguardos indígenas. Las revo-
luciones y los vaivenes políticos que las siguieron absorbieron la aten-
ción de los legisladores, quienes no se ocuparon por u na mayor efi-
cacia en la reglamentaóó·n de leyes vigentes sobre el rtparto. Por el
contrario, se advierte una especie de benevol-encia. Ella se expresa,
por ejemplo. en la Ley del 23 de junio de 1843, por la cual se agre-
gan a las funciones d·cl Personero J.\funicipal las de Protector de los
Naturales. El Art. 5°. de esta Ley dice: "será un deber de los Perso-
neros intervenir en los contratos de arrendamiento que los indíg·c-
nas bagan de sus terrenos. Sin su intervención y consentimiento serán
nulos tales contratos. El Person·cro Protector consultará siempre ci
interés y provecho de Jos indígenas". Con esta medida se quiso impe-
rlir que mediante contratos de a.r rendamicnto por tiempo indefinido,
se enajenaren las tierras de los indígena o; , La Ley de 1850, que des-
centraliza la legislación sotbre el reparto de los resguardos, puede con-
siderarse también como favorable a los indios, por cuanto deja en
manos de las gobernaciones la última de;cisión sobre el reparto, y és-
tas, mejor q,uc el poder central, podían decidir sobre su conveniencia
o inconveniencia. La tregua en la persecución de los resguardos du-
rante unos cincuenta aflos y culmina en la Ley básica, 89 de 1890, que
regula la organización interna del resgu ardo indígena y adopta la con-
servación de sus formas tradicionales: el pequeño cabildo, la elección
de mandones por un período determinado, adjudicaciones de paree.
las a los indios que cumplen la edad de 18 años, etc., cte. Esta Ley con-
serva las normas de la partición, exigiendo para ello asentimiento de la
mayoría de los comuneros.
Sin embargo, dictada 1a Constitución de 1886, y con el restableci-
miento de una relativa normalidad en la República, se advierte en la
legislación republicana nuevamente una marcada twstilidad hacia el
resguardo indígena. En 1892, y sin juicios de .repartición, con toleran-
cia de la Gobernación de Popayán, se disuelve de tbecho el resguardo
de El RosaL debido a la introducción arbitraria de algunos vecinos
blancos dentro del área de la población. (Véase Parte IV, Cap. IV). El
General Reyes, a principios de este siglo, trata de acelerar, por medio

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116 JUAN FRIEDE

de decretos y de multas, el .censo de los indios de los resguardos y el


avalúo y repartición de sus tierras. Por la Ley 51 de 1911, se arrebata
el Valle de Si,bundoy a los indios. Sin juicios ni p!'csentación de títulos,
sólo por medio de un simple decreto. se entregan mil fanegadas de tie-
rra para fundar una escuela de misioneros en Sibundoy, trescientas
fanegadas a cada una de las poblaciones de Santiago, San Andrés, Si·
bundoy, San Francisco y Sucre; den fanegadas a la Beneficencia de
cada uno de estos pueblos; cincu-entá fanegadas para cada huerto mo-
delo, dirigido por los Hermanos Maristas, y DOS H.BCTAREAS a cada in-
dio, ''aunque -como dice la Ley textualmente- no tenga títulos pa-
ra ello".

La misma hostilidad frente al resguardo indígena s-e deja entrever


en la Ley 104 de 1919. Por ella se señala un término de seis meses para
levantar el censo de los indios pert-enecientes a los resguasdos. Los
reclamos al respecto son de competencia ele los concejo s municipales,
entidades siempre opuestas a los intereses de los indígenas. Dichos
reclamos deben hacerse dentro de un plazo de noventa días y dentro
de los cuarenta días siguientes a ·l a aprob ac1ón d-el censo, debe ser pre-
sentada la demanda de división. A los cuarenta días siguientes debe
presentarse el avalúo del terreno, y al roepartido.r se dan cuatro meses
de término p a,ra elaborar el pl an del reparto. Con multas de cincuen-
ta a doscientos pesos, se grava a los empleados morosos. El Art. 11 de
esta Ley revela por sí solo la resistencia de los indios con respecto
a la parcelación de sus -r esguardos, y manifiesta la marcada intención
del legislador de dominar a toda costa esta oposición. Dice así: ''Si
por la culpa del cabildo de indí.genas o de otros miembro s de la par-
cialidad .que poseen terr-e nos del resguardo, no se aprobare el censo
o no se pudiese hacer la división dentro de Ios términos que señ~ala
esta Ley y las demás complementarias, los indígenas culpables sólo
tendrán derecho a la mitad de la porción del terreno del resguardo
que pos-ean el día del vencimiento del primer término excedido. Si to-
dos los indígenas de una parcialidad estorbaren •l a división de los te-
rrenos del resguardo, lo mitad de estos se aplicará a la in strucdó.n
primaria de la misma parcialidad o del distrito cor.respondiente, se-
gún lo que el Gobernador disponga en el decreto reglamentario. Esta
mitad de los terrenos de resgu ardo se venderá por lotes de conveniente
capacidad en pública subasta ... ''. El artículo 12 de la misma Ley de-

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 117

clara extinguidas Ias parcialidades o rresgua.rdos que tengan un núme-


ro menor de treinta familias o cuya población no pase de doscientas
personas.

E l único fin de las leyes posteriores es de facilitar la repartición


de los resguardos. La Ley 19 de 1~)27 nombra comisiones oficiales de
• reparto consistentes en un abogado, un agrimensor y un perito . costea -
das por la Nación. Por falta de fondos para pagar tales comisiones se
expide la Ley 111 ele 1[}31, por medio ele la cual s·c permite que el r e-
partimiento se haga por la vía de procedimiento ordinario judiciaL ad-
ministrativo o policivo sin necesidad de intervención de la s comisio-
nes. (Se puede observar aquí cómo la llegada del Partido Liberal al po-
der en 1~30. partido que derrotó al Partido Conse.r vador después de
haber tenido éste el gobierno en sus manos casi cincuenta años, hec<ho
que en sí pi'Csenta un importante momento en la vida política y eco-
Thómica del país, no influyó en nada a la legislación indian a ). La per-
secucioé>n ele los resguardos seguía en ritmo acelerado. La Ley 200 de
1936 facilita todavía más el reparto de los r-esguardos, pues declara la
diligencia fuera de la competencia de los juzgados de tierra y la colo-
ca bajo la incumbenc1a de jueces ordin a rios, según la s disposiciones
de l-eyes anteriores .

La prúctica judicial 'y administrativa ele la República facilita en to-


do tiempo esta tendencia de los legisladores hacia la completa extin-
ción ele los resguardos y aprovecha las omisiones formales que se pre-
sentan en los litigios y los crecidos gastos que no siempre pueden ser
satisfechos por los indios, para demorar indefinidament€ la solución
de los pleitos surgidos en el seno de los resguardos o para resolverlos
en contra de los indios (véase los casos de los resguardos de San Juan
y El Rosal, Parte IV, Cap. V 1y VI). Los indios del resguardo de El Ro -
sal no fueron las únicas víctim as de los mal encaminados procedimien -
tos judiciales. Ya en 1842 un indio de Guachlcono, Santiago Sevilla. di -
jo en su petición al Tribunal Superior del ,cauca, (Archivo del Juz ga-
do del Circuito, Bolívar, 8 de abril de 1842) "para hacer el reclamo de
la justicia que me asiste, tengo que venir a esta ciudad (Popayán) ha -
ciendo costos en el camino de más ele tres días de distancia. pagar :1
la persona que me defienda y otros gastos siempre excesivos, que bien

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JUAN F R I E D J':
118
sabido es que el infeliz no tiene .quien por él hable, LE INTERPONEN
LA ADMINISTRACION iDE JUSTIC[A y todo le cuesta doble valor .}
jamás triunfa aun cuando la !Ley hable a su favor ... "
Ultimamenle, ya en 1942, se adopta la p-ráctica de declarar la ine-
xistencia de los resg uardos, por la simple vía administr:1tiva, colocan-
do a sus miembros en la condición de simples colo-nos, tal como suce - ,
dió con el resguardo de San Lorenzo en el Departamento de Caldas.

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IV PARTE

DATOS ~ISTORfCOS D~ LA
~POCA D~ LA R~PUBLICA

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120 JUAN FRIEDB

LOS RESGUARDOS EN LA REPUBLICA

Las tendencias separatistas, que se han podido observar en Jos res-


guardos indígenas al finalizar el régimen colonial se intensificaron.
como era de esperarse, en los primeros años de la República. Varios
resguardos desaparecen en aquel entonces, siendo .repartidos entre los
comuneros como propiedad familiar del cacique durante la vida de és-
te, o como su herencia en caso de muerte. Se reparten así las tierras
de Santa Bárbara debido al pleito de Babiano Jiménez, iniciado el 20
de enero de 1818 ·Y fallado en 1825. Los herederos de los Tmbachí se re-
parten las tierras de El Rosal entre sí y dejan sólo un reducido peda-
zo de terreno como propiedad comunal; las parcelas procedentes de
esta parti-ción se venden y permutan a su vez . Desaparece de hecho el
resguardo de Já,yo (Los Milagros) por petición de los herederos del
tronco de Qu~nayás y Samboní. La misma suerte corre el resgua.r do
de Tejoy, (La 'Cruz) . .Muohos indios pertenecientes a un resguardo ob-
tienen de Jas autoridades republicanas títul os de propiedad sobre par-
celas en que traba,iaban sus padres, como comunero s. En est a forma se
separan a perpetuidad las tierras de la familia 'Mamián del resguardo
de Guachicono (1836), las de Leocndio Omne del resugardo de Caquco-
na (1824), las de Silveria Alvarado del resguardo del Trapiche (1822) ,
las de Florendo y Francisco Quinayás (1834), etc., etc. El aschivo de
la notaría de Alma.guer está lleno con pleitos y pocticiones semejantes.
Además. un a gran parte de los indios pierde el respeto y la considera-
ción hacia sus tradiciones centenarias y en los pleitos y litigios entre
si, piensan y actúan netamente como los blancos. As.í leemos en una

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EL IND1ú h:N L UCHA POR LA 'l'IERHA 121
petición, elevada el 15 de mayo de 1831. por los her•ederos de Fernan-
do :Papamija, que la viuda '·pretende robarse la dicha loma p .<ra un
nieto suyo ... ".

Todas estas peticiones no son dirigidas a los cabildos de los res-


guardos sinó a los alcaldes o ppefectos, es decir, a las autorid ~·de> re-
publicanas, en las cuales encuentran una buena acogida. :\fn fallan abu-
sos en la adjudicación o departición de los terrenos. Así. po.r ejempln.
el fiscaL en su calidad de protector de indígenas se queja en nombre
de :%a ría Males de Caquiona de las actuaciones del alcalde .T osé Ordó·-
ñez (29 de agosto 1831 ). El alcalde despoj.ó a l a :Males de la parc-e:a q;ue
poseía su padre a la muerte de éste, adjudicándola a otro indio. Dice
el fiscal: "que si a cada uno de estos (indíg·cnas) scglÚn el artículo 1?
citado, se les ha de dar un pedazo de tierra donde traba jar, no debe
ser desproveído para esto el c¡,u e ya tiene el suyo para poner a otro
e•n su lugar ... ". •Cuando el aLcal de se niega a cumplir la orden del
Juez y a restituir la tierra .a la Males, José Santos iPapamija escribe en
repl"Csentación de ésta ( 12 ele octubre de 1831): "es increíble, señor
para los hombres de bicr. y de alguna moralidad el abuso d·c autoridad
e injusticia criminal .con que este señor -se refiere al alcalde- se ha
manej2do para con esa miserable mujer, sobornado de algunos extra-
ños de élla, porque le dieron también por derechos, que les cobró, vein-
te y un o pesos públicamente y quien sabe de otras exacciones soCJCre-
tas, a pesar de ser indígenas''.

Estos documentos no sólo delatan abusos cometidos por 'as autori-


dades republicanas, sino ante todo e l estado de continu:l fricció-n entre
los mismos indios, como resultado de tan notoria escasez de tierra.
Para ilustrar mejor todavía el estado de ánimo que reinaba entonces
en el resguardo sirven alf,'ll.nos documentos del legajo del pleito que
llevaba la familia de los Sevil~as contra los Itá y Chicangana, ambas
pa~es indios de la parcialidad de Gua.chicona (archivo del Juzgr~clo <.jel
Circuito de Bolívar, año 1842). La petición elevada el 22 de febrero de
1842 diC'e así:

"'Excmo. sofior.-Santlngo y .l\launeJ 1\'Jn.ria Sel·lJJa, l'ednos del ('antón de .A l·


tnagner antt' V. E. con resveto y 1noderaclón repn•sentaJnos: qnp en virtud de
las repetidas úrdeu('s que V . .E. lla Utrlgldo al J-u ez Cantonal de .A lmag· uet·, so noi't
<lio posesión de In• tierras tlrnomlnadt\S Dcllones, <¡ue hemCH herC ilali o ue nueH-

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· ·f A N F R I E D E
122
tros ¡¡adres; pero nuestros adversarios obstinados en dailaruos y quc<Iar impu¡r·
nes ou todos sus delltos por la falta do a!lmlnlstraclóu de justicia, han cometido
el atentado sl~nlente: ::IIartin Itá, Juan lUarla ::ITeienge, Pedro Uni, y Jo'Hix Pa•
lechor, nos han clerrlbado tres casas r¡ue hablamos etllflcado en nuestro terreno
y con tanto atre\'lmlonto fJUC lU elengo ha rozado y ltecho casa en PI terreno de
nuestra posesión; estos atentados son castigados 110r el Código Penal eon doce
años de trabajos forzados y con ocho años de destierro a 1·clntc leguas del In·
gar en que se eomotló el delito, articulo 877, más nuestros enemiA"OS se lmllan 11·
hres y satisfechos con esos crimenes que no se castigan y de tos que se ' 'o.na-
glorean, 11or Jo que ocurrimos a V. E. y denunciamos el anterior delito, para que
be libre una providencia al seilor Juez cantonal de Almaguer ¡¡ara que proceda
<·ontra los autores de Jos dafios 'erlficados, etc., etc •• .'',

A la instancia del fiscal, como Protector de Naturales, el Juez can-


tonal de Almaguer da cuenta del orig'<'n de este pleilo y añade algu-
nos conceptos sobre la población indígena, que tienen mucha actua-
lidad. por cuanto representan opiniones que todavía hoy día son Jos
generalizado s ent1·e los funcionarios judicial-es y adminisatrat ivos. Es-
Los, sobrecargad os con trabajo, conside1·an los pleilos entre indíge-
nas, pleitos por cierto de poca valía monetaria, pero de importancia
vilal para éstos, como estorbosos, ' "frívolos", "caprichoso , ", que siem-
pre "incomodan " y ''llevan la contraria ". Dice así el documento:

"Excelentlslm o señor: en atención a lo ex¡1nesto y pedido 110r el seilor Fiscal,


Informo a v. 1~ .• con tocla Jlnntuallolad, toolo el JlOnnenor ele la cansa civil 1ntro·
d uclda 110r los hert•tleros olcl lndlgena Pedro Se1•1lla, ron Jos intligenas :Félix Pa·
lechor y ,Juan :uarla :.U I'lenge por una posesl(ln en el sitio ele la montaila do De·
llones en tlenas ole ns!)"unrdo de la. Vircparrorp1la tlo G uadtl<'nno (en esta ju·
rlsdlcclún).
En el afio de 1833 pasé como juez cantonal de aquel afio a la dicha VJcepa•
rroqula do Guarhlcona ¡1or la orden sn!•erior de la GohHnal'lón de la Pro1"in·
rla a. hacer el reparto tle las tierras de la comunidad entre las familias de
los lndlgenas, según lo dispuesto por la ley <le 6 <lo marzo de 1832; y no se pro·
t•edló por los muchos Incmn en lentes, y ¡Jorque , ·In o la orden superior a fin de
IJUC se sus¡Jon<llese dicha re¡Jartlclón: pero t•on todo, hal¡iendo oldo
algunos :re·
t·lamos a 'arios lrtdiJ:;"enns, por hallarse estrccltos en sus JlOSesiones, hn e a blclt
repartirle> algunas porciones de montnilas rructlbles, quedaJHlo ésto~ contentos
sin rcclhlr nln¡:ún perjuicio los demás, y no se tes disminuyó parte a l ~nna en
hlh posr • innt•• de los hHedero~ !lt•l finado Petlro Sevilla, por l-t'r una famllla tan
co¡•lo>n, ltUt>o!IIJHlo de e'!t' modo las t•lla!las montniias de Brllones l.'n fa¡·or de
tísto•, por haber sido otro finado un antiguo JIOsecdor y el primer fundador del
citado pueiJio ole G u1whlrono por la lleeneln d!lda del llnstrlslmo Señor Obispo
Dloeosano, doctor ,\ llf'l.'l Velnr<le y Uustamnnlc. }~n el niio de ISS~ en ltt citada
montafln do Bollones se Introdujeron Félix Pnlechor y ,Juan ::llarln )JeJenge entre

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E!L T!\"DIO EN Ll.:CI:! A POn LA TIERRA 123
los quiebres de la propiedad do Jos Sevlllas y éstos pusieron "• queja ante el Juez
Segundo Cantonal, .Juan Francl~co Gómez, quien le confirió su facultad al Go·
lJernador tle aquel pueblo, Fermín .TUSllián, para que notificase :t tllrhos llCI'I ur-
badores. :Este diclto Gobernador pasó juntamente con los <lemás lndigena.s mau·
!Iones de otro pueblo y con las partes litigantes. :Este tuYo a bien a ¡¡oseslonar a
los Sevlllas dentn) de los mismos trabajadores de la citada montafia de H~llones
J,ajo de los límites linderos que hasta la fecha mantienen, y asimismo d á n <loles
en las mismas montafias posesiones a los ulchos Palocltor y ~lelengc delm .i o tlr
la división que hace nna quebradllla !le agua vh·a.

:En el afio 1839, voh'!eron a lntroducll'Se los mismos Palechor y ~lelenge, y Jos
Sevlllas y la Yluda del finado Pe<lro Se,illa se presentaron ante el sefior juc:~ ~r­
gundo cantonal, José l\laria Casas. Este remitió una providencia al sefior Crls·
tóbal ~lufioz, juez 11arroquial de ese distrito para que les administrase justicia,
Quien habiéndose hecho carg·o de las posesiones de los Se,•lllas y de Jos eltatlos
Palecllor y Melenge los volYió a am¡tarar y conoborar en las citadas poseslon<'~
en que fueron <ladas por el referido Gobernador, Fermln Jusplán, y les illlllllSO la
multa de veinte y cinco pesos, si volviesen a perturbar a dichos Sey!Jlas, como as!
consta en las diligencias uesde fojas primera hasta la cuarta.
En el afio 1840 ocurrieron a la Gobernación los citados SeYIIlas por perturba·
elón de los mismo.s Paledlot· y Melenge, por haberse introduchlo dentro de sus po•
sesiones y el seilor Gobernador de la Pro,•lncla expidió una providencia al seilor
juez cantonal José l\laria Casas, para que les administrase justicia. :Este dicho
juez, no pu<liendo )Jasar a la citada Viceparroqu¡a de Guachlcono por la intro(
ducción de las t>·o¡¡as de Jos facciosos, remllló una orden muy seria al juez na·
tural de aquel pueblo, para que éste les adminlstntsc justicia conforme a 'derecho,
quien cumpHó con dicha comisión".
Desde aqui sigue un largo recuento de todas las diligencias que se practicaron
lmsta el afio 1842. El juez conti¡Júa asi;
":Excelentísimo sefior.-Es cuanto debo y puedo lnfonnar en <'lllll)lllmlcnto de
todo lo aprobado por los anteriores juzgMlos, como también este juzga!lo ha cum·
plluo con arreglo a su mlnlslerlo como corrcSllllde, y con arreglo al mérito de las
expresadas diligencias soguldas en este litigio, CXllresanuo Igualmente que por lo
común, los hHllgenas tle este cantón aun cuando proceda el juez d~ un modo legal
y aneglándose a las lPyes, slempro la ¡¡arte 1¡ue ¡,ale agravia1la an1la a Incomodar
los 'l'rlbunales y tlemás Juzg atlos, de modo que a este 11aso nunca \'!ven con ¡¡ule-
tud 111 se arreglan a lo formal; sino únicamente al s i mple sentido !11' sus capri·
ellos y de llevar siempre la contraria a lo dlspu e ~to por Jos .Jnzgntlo s, querlend.o
cada uno se le atlmlnsitre justicia sin tenerla y a s u antojo; y as! a este paso de·
jan ¡Jasar esle afio, y al siguiente vueh·en con In misma sim¡Jiicl tla tl a remOYPl'
nue,•ament e el asunto. Por cuya circunstancia, y nneglatlo esto .J uzl;tlllO a l mérito
fJUC ¡1resta ht prop ieda d de los Indicados Sevlllas ha da.do últimamente su senten-
cia tlcflnltinJ a frn or ile ésto s, creyendo posith amente que el Su¡Jrrior 'l'rlhunal
en , ·lsta del sentido literal <le este Informe, tendrá a bien aprobar esta sentencia
!lada por este .Juzga() o, y librar una orden se1·1a a fin !le que e u lo sucesh o se
absteng~u• los indigeuas de este cantón en andar JneOnlodanUo lns autorJdades

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124 JUAN FRIEDE

con frh•olos t>retexto s, que acarrean aun para ellos funestas consecuencias y qnl·
tar el tiempo de obrar en otras clrcunstancln de mayor entidacl exigentes por sn
minlsterio.-Aimaguer, 15 de marzo de 1842.-Domingo Gómez".

En una petici·ó-n posterior (8 de abril de 1844) leemos: " ..... conti-


nuamente somos despojados de las mencionadas tierras y como yo hu-
biese sacado repetidas providencias de su E. -el Presidente del Tribunal
Superior, para que se me restituyese a la posesión, la que aun cuando
se me ha dado, siempre continúa siendo perturbada, llegando al extre-
mo de verme sin en qué habita.r porque el citado Gobernador de Gua-
chicono dio orden para que se me derribasen las dos casas y r ancho }o
que jecutó Chicangana, por no hallar otro modo de vengarse, por ha-
berle •q uitado una posesión en que no tenía ni apariencia de derecho".
Poco a poco, bajo la influencia de las leyes de la Nueva Granada y
del inminente peligro que contenían en sí las disposiciones legales so-
bre el repartimiento de Jos resguardos, y debido a las primeras, aun-
que infructuosas, diligencias para obtener el reparto, cesan estas des-
avenencias en el seno de la población indígena. Después de 1842 son
extremadamente raros los documentos referentes a discordias entre in-
dios. Todo lo contrario. Baj~ el peso de los acontecimientos los restoc;
mutilados de los pueblos indíg-enas se unen, como en última tentativa.
para una defensa común. La petición en conjunto de Jos mandones de
los principales res·g uardos del Macizo Colombiano, insertada en la parte
documental de este trabajo, es una muestra palpable de este despertar
de la conciencia en una minoría racial. El procedimiento uniforme de
los resguardos en repeler el intento de la partición (como sucedió en
casi todos los resguardos), también presupone el mutuo entendimiento.
Su eficacia no admite dudas: a pesar de la vigencia de las leyes de 1832
y 1834 no se logró rcpa.rtir ni un solo resguardo del Maciz·o Colombia~
no, hasta el año 1927, en el que fue repartido el resguardo de Santiago.
Más de medio siglo de internas convulsiones de la República favore-
cieron al indio. Los '',blancos", entretenidos en guerras y revoluciones,
no se pr<.'ocupaban por él. El resguardo que sobrevivi·Ó al año 1842, se
encuentra casi intacto al finalizar el siglo pasado. La persecución que
se inicia en ese entonces se dirige prácticamente contra los resguardos
-' situados en regiones centrales de la República, doncíe estorban las am-
biciones expansionistas de sus vecinos blancos (como en Antioquia,
Caldas, Nariño y las Costas) . Allí se cztinguen los resguardos uno por

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 125
uno. La situación apartada de los centros de comun~ación en un De-
partamento pobre y poco poblado, favorece a los resguardos indígenas
del Macizo Colombiano. Sólo desapareci-ó el resguardo de El Hosal por
inanición (1882) y el resguardo de Santiago por repartición (1927). Pero
los resguardos todavía existentes no pudieron escapar de las influen-
cias, que produjeron los cambios experimentados en el país en los últi-
mos cincuenta años, debido tanto a la extensión de las vías de comunica-
ción como a la parcial industrializació n y colonización de regiones apar-
tadas de la República. El crecimiento de la población indígena y la con-
secuente disminnción de las parcelas individuales, la hostil legislación
y la adversa práctica judicial. los ,g raves problemas de orden económico
y sanitario y la completa indiferencia de la opinión pública, hacen que
Jos indios se debatan desesperadame nte en los marcos estrechos de los
resguardos, en parte ya vencidos por la centenaria y ctesigual lucha.
Problemas internos como falta de tierras, d-e herramientas, los abusos
de los cabildos y los pleitos entre los comuneros se unen a los litigios
con los blancos por linde.ros, ocupaciones de terrenos, solares, etc., etc.
Esto~ problemas minan poderosamente la existencia de los resguardos
y hacen dudosa su sobrcvivcncia por muchos años mús.

II

EL RESGUARDO DE SAN SEBASTIAN

El mov:imiento separatista, que para desprender sus parcelas de ]as


tierras del ~sguardo inicia,ron algunas familias indígenas al finalizar
la época colonial y al principio del período republkano, pasó casi in.
advertido en el resguardo de San Sebastián . Este hecho se debió a la
circunstancia, de que desde los tiempos de la Colonia el resguardo de
San Sebastián tenía. en relación con su población, una extensión sufi-
ciente de tierras y podía satisfa,cer así las exigencias de los que pe-
dían nuevas adjudicaciones de parcelas. A esta relativa holgura se debe
también la historia mucho más pacífica de este resguardo, en compara-
ción con otros del Macizo Colombiano. El largo pleito llevado con el
resguardo de Caquiona por las tierras de Marmato, no influyó esen-
cialmente en el desarrollo de su existencia.
La apacible vida de la población indígena se perturba en 1832, a la
llegada del Alcalde segunfln rlPl cantón, quien, en cumplimiento de la

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126 .T ·U A N F R I E D E

Ley del 6 de marzo, Imcla las diligencias de repartimiento. Los parti-


dores nombrados, Toribio de Abella y S·ebastián Toro, levantan el cen-
so de la población y emp.renden el avalúo del terreno. El censo de-
muestra para el año 1833 una poblaóón de seiscientos ochenta y cinco
individuos y el avalúo de la totalidad del terreno asciende a $ 1.600.00,
lo que da una relación aproximada de dos pesos y medio por cada co-
munero.
Alarmados por el curso de las diligencias, y con el ánimo de apla-
zar, siquiera, el repartimiento, escriben los indios la siguiente carta al
Alcald-e (archivo del cabildo de San Sebastián),
"'San Sehastlán, 1833, 21 de abrll.-En contestación a la de usted, fecha 14 del
nresPnte, en la que expresa el repat·tlmleJlto de esta parroquia atento (a) sus au·
toridados, sólo si comunico a usted, que 11ara esto ropartlJnlento P.S necesario que
estemos todos juntos." lo cual es necesario de los principales que están asistentes,
porque yo lte solicitado por ellos des1le que recibi la suya; también suplicamos a
Vmd. se sirva aguardarnos unos cortos dias inter nos juntamos todos.
El fin es decir a Vuestra iUerced: ¡1or lo que lmpiJca a la escuela parroquial
estamos prontos a ponerla a costas de cada Individuo, para que 1le esto modo no
se nos saquen las cortas tierras que para este fin, me parece, es este reparti-
miento; y si es asi, mejor fuera quo es en municipalidad, y no so mortificará on
' 'entr, y lo mesmo nosot1·os nos Ilb1·amos de to¡Jos costos y rostas que 1·an orlgl·
nnndo on este triste pueblo, que está bien atrazasado. También participamos a
Ymtl. que este pueblo se está litigando con los de Caqulona y no se sA.be e n qué
pareremos JA.s cortas tierras que hay; las más son compradas, como se justifica·
ron eon los documentos que tenemos en este mismo cabildo. Es ruanto comunico
a Vmd.. y espe1·amos en esta fecha; suplico so sirva avisarnos . en ¡¡!edad.
Dios guarde a V. S. m. a.

Custodio Anacona

Su más afecto que desea serYirlos".

E sta petición no produjo efecto alguno. Las diligencias del reparto


siguieron su !Curso, pues la preocupación del legislador republicano por
la escuela no h abía sido, corno lo suponía el indio ingenuo, el móvil
p!'Íncipal para el reparto d-el resguardo , sino apenas la justificación mo-
ral de lo que el indio consideraba como un atropello contra su ''triste
pueblo''.
El repartimiento era dictado •p or los intereses de la República y las
diligencias pers-eguían su rcurso, tomando los repartidores como linde-
ros a•quellos ·<LUe fueron señalados en la entrega que a su tiempo bahía

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 127
hecho Joseph Vallejo a los indios de Caqneona. (Véase Parte TI, Capí-
tulo lii).
Temerosos los indios que el repartimiento pudiera convertirse en
realidad, elevan el siguiente memorial al Alcalde:

"Los maiHlones 1le este JlUolllo de San Sellastlán, el Gobenuulor, <..:nsto!llo Ana ·
cona, el Alcalde, Juan Isidro Imbaclll, Reg·!dores, Custo11lo y Sil' e~trc Anacona y
demás ~omún de los ludig·enas, todos en reunión y con el más lJI'ofnn!lo respeto
ante usted parecemos y declmo>: que hallándose Vmtl. en este pueblo en cumpJi.
miento tlol reparto de las tierras de la comunltlatl, con arreglo a las leyes de ma ·
terla y estando bien persuadltla ésta 1le la generosidad en que nuestro Gobierno
&e ha manifestado en beneficiar a todos sus Jll(llgenas por un erecto 1le ,·olunta!l,
se nos !tace :preciso e indispensalJie patentizar a Vmd. el agradecimiento con que
nos demostramos por tal acción. Y sientlo la or1len que sea la entrega dosllnola1la
a pro11orclón de las familias <¡ue eada indl\'loluo tenga, no tenemos emharazo de
&upllcar a Vmd., sin ánimo tle Infringir la leJ, se slrl'3, en m<•rltos de justicia.
transigir el curso <le las clillgonclas en atención a que totlos y ca¡Ja m1o tle nos·
otros nos hallamos satisfe1·hos tlo las llOrrlones, según el resumen hecho por Vmd.
sobre el total Importe ole todo el gloho, con las ¡>oreJones c¡ue teulamos anterior-
Jnonto cla.dns po1· nuestro"' tnandoncs <·ou el tnisnlo orden que alHlra fo!C tnanrla; y
saliendo Iguales asi e11 llOrción, como en el avalúo mantlu!lO IHtt•or, y olcllltca!los
. con sus corrCSilOnolletnes llnderos, como V uu.J. lo tiene bien sabido por In práct lea
del conocimiento que tiene 11echo del terreno en consorcio tle los peritos, qulcne"
han shlo elegidos por Vmd., con cuyas partes nos hallamos ta¡1 sumamente eon·
tentos, 1¡ue 11os damos por entrcgauos de ellas, sin necesiuad de tan lnsoportnble
trabajo, el cual, lejos de sernos útil, nos us llerjudiclal, porque se nos agravan
más las cwtas e ineomodldades y haclónololo asi, para que nos quedo, siquiera,
algún petlaeito de terreno más a nuestro fnvor, pagando, eomo en creeto nos obll·
gamos a pagar, las costas hasta aqui lmpNlldas, para quetlarnos con el terreno
tlestlnatlo al mismo fin; procctllendo Vm<l . únicamente n ponerons en posesión y
asegurar nuestras pertenenelas con arreglo a lo mantlado . POI'IJIIO de lo contra·
rlo se nos otorga mucltislmo perjulelo on más Infelices familias, qul~Iles 110r nue~·
tras ¡Júlllleas IJHligenclas se hallan easi retlu!'ldus a rnendlciclad.

"Por cuya razón nos parece que el Golllerno benigno, npoya<lo dP esta" ron·
clesllllcs razones, nunca tendrá a mal nuestra Inevitable petición en el supuesto
de hallat·nos unánimemente eontorm~s y por consiguiente, con lo rcellli<lo y ser
notable el l>erjuiclo r¡ue de ello recibimos; y más, que Yenla a <¡nNiar todo el trn·
bajo que Vmd. continuase Igual al que está hecho, eomo Jo lt>uemos Insinuado a
Vuestra :!\I creed.
"I•or lo que resllecta a la parte designada para el estal>leelmiento de la e•ene·
la, que se manda poner, también supllrnmos a Vm<l. se nos a<Ljndlque ignnlmen·
te ... , obligándonos con nuesh·o trabajo personal a pagar el maestro que ponc\rl\·
mos puntualmente con aquel destino y las eostas lmpertitLas, romo tcnt•m<,. ¡lff'lJo;
por to¡J.o Jo cual y llevando Vmd. pot· mente torio" nuestro' lHHier.mlcnt os y rlt•·
más cosas que ocasionan, Jn ruina de nuestras pobres ramilla' y móviles d~ pi!'·

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128 JUAN FRIEDE

dad, r¡ue 'por derecho se ' nos debe, nos prometemos buen proYeldo a nuestra soUcl-
tud y de ello quedaremos lntlmamente reconocidos de que Vmd. sigue el mismo
estilo de beneficencia que nuestro Gobierno Superior, en justicia, como lá que pe·
dimos a Vmd., en cuyos térmnios:
"Pedimos y su¡Jllcamos se sirva proYeer y mandar según y como llevamos pe-
tildo, que lo necesario juramos 110 ¡H·oceder de mnllcla, sino por conYenlr a nuestrl•
pretensión y para ello ...

Parroquia rle San Sebastlán, 29 rle nbrll de 1833.


(Firmas).
Los repartidores, que apenas empiezan a darse cuenta de la gigan-
tesca tarea que en sí representa la partición material de las tierras, casi
inaccesibles, en cientos de parcelas deslindadas y medidas, acogen con
agrado las insinuaciones de los indios y asi, el 30 de abril, el Alcalde
segundo cantonal, Domingo Gómez, expide la siguiente resolución:
"Por }Jresentada y en atención de estar impuesto este Juzgado por las diligen-
cias seguidas hasta el presente, ser Yerdadero todo el contenido de este pedimento,
según las medidas que han tomado los agrln1ensores y cálculo que han hecho en
la porción t)ne le correspond.e a cada una <le las famllias, según su número y ava-
lúo, I1an J¡aJlado estar conformes a la 1nedida de las posesiones que tienen recl·
bldas anteriormente ¡¡or sus reSilCctlvos mandones, circulada de llnderos; y en
Ylsta de la conformidad que tienen en las citadas posesiones y que, con la partl·
clón, se priYan del uso común que tienen en las cordilleras de las montaiias frnc·
tibies y por todo lo demás, que los interesados expresan acerca de las dos partes,
que se mandan exclnlr de la partición para Jos erectos que se expresan en la ley:
"En esta Ylrtud y considerando este Juzgado que el SntJremo Go~erno, mo-
,·ido de 11ledad, ha puesto la consideración en proteger a estas tamllld'l infelleés
para su mejor alivio: por todo lo que y sin ánimo de Infringir la ley, he venido
en mandar sns11ender las diligencias que se están evacuando y r¡ue se les dé el
auto <le amparo que es pide de todo el globo de tierras comprendidas bajo los JI·
mltes y linderos r¡ue constan en él y dichas posesiones, en que se !tallan tentados,
<'omo <l.ueños ab solutos de la ¡mrte r¡ue a cada UJla de las familias le ha tocado,
para cuyo seg·uro se les <lará el certificado corres¡¡ondienlP.-f' lrmado, Domln¡¡-o
Gómez'.

1fediante este fallo se hizo legalmente la partición: cana familia ob-


tuvo un titulo de propiedad abso luta de la posesión que en ese entonces
tenia. No había impedimento legal para que un jefe de familia la de -
jara como heren.cia a sus sucesores, y no quedó en pie dereoho alguno
de intervención por parte del cabildo indígena. Sinembargo, el hecho
de haber omitido los indios poner en práctica este derecho d-e propie-
dad individual y seguir adjudicando -como lo adjudican todavía-
nuevas parcelas a los que para ello tengan derecho, demuestra de sobra

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 129
lo arraigado del concepto de propiedad colectiva de la tierra en la men-
te indígena. Lo propio sucedió, como veremos (Cap. IX), en el res-
guardo de Guachicono, y ello salvó a ambos resguardos.

Sobrevino después el largo período, en que los indios de San Sebas-


ti:'.m vivían tranquilamente, sin ser estorbados por ;:us vecinos blancos
ni por comisiones del Gobierno. La Ley 8!) de 1890 dio a los resguar·
dos las bases legales de su organización ry al amparo de e~ la se desarro-
llaba la vida comunal. En 1917 fue fallado a su favor el juicio que sos-
tuvieron durante largos años con los ck Caquiona.
Ef 2 de enero de 1916, los indios de San Sehn~tián (según documen-
taci-ón que me fue presentada por los miembros del cabildo en 1943),
pedían cn un memorial dirigido al Alcalde :\funicipal la fundación de
una escuel a pública en el sitio llamarlo "Yunguilla". Se comprometían
a pagar la maestra y a construir y sostener a su costa el edificio de la
escuela. La petición fue acogida favorablcmcnlc y en Hl20 llegó la pi·i-
mera maestra a la escuela de Ya nguilla. Cinco años pasaron tranquila·
mcnte, hasta la fecha en que el Parlre Salazar y el Concejo Municipal
resolvieron cambiar e l sonoro nombre ele "Yanguilla" po1· el de "Vene-
cia". Además, el Concejo, por medio de un acuerdo, elevó el paraje d<'
Venecia a la categoría de un Corregimiento y mandó una comisión mu-
nicipal para que de una vez demarcara una zona de población para este
nuevo Corregimiento.
Como se podía supon·l'r toclas estas decisiones fueron Lomadas sin
contar con la voluntad de los indios, dueños de los terrenos de "Vene-
cia" y éstos apelaron inmediatamente al Gobemador del Departamentv.
El memorial del 31 de diciembre del ai'io 1925 no s·ó·l o expresa su pro-
testa conlrn el cambio de nombre de un paraje de su resguardo y su
erección rn Corregimiento, >in o que niega el derecho del Concejo Mu-
nicipal para mandar una comis.ión y demarcar una zona de población
donde, sea dicho aparte se encontraban dos fuentes saladas quc servían
a los indios par~1 dar sal ~ sus ganados. Según varios te <timonios que
pude reeogc1·, este memorial drspertó tanta malquerencia contra el Ca-
oildo l' lllre la población vecina de San Sebaslián, que los manrlones del
pueblo tuvic1·on qtX ' huir a lloliva1· (C.) y allí esperar la decisión de la
Gobern:1ción . Esta negó al municipio el derecho de dcmarca1· una zona
de poblaci·ón dentJ·o del 1·es-.guardo contra la voluntad ele la población

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130 JUAN FRIEDE

indígena. pero confirmó la resolución del Concejo de elevar a Venecia


a la categoría ele Corregimiento del }funicipio de Sen Sebastián. En
1929 fu e nombrado el primer Corregidor, que se instaló en la cocina de
la escuela. Cuando ésta se quemó, en un incendio que hubo un año des-
pués, el Corregidor pasó su <lespacho al edificio propio de la escuela.
" .... sin pagar arriendo y contra nuestra voluntad", como me decía el
gobernador actual del Cabildo.
Así ~e introdujo una cmla de Jos "vecinos blancos" en un terreno del
:resguardo indíge na, debido a un simple deseo de los indios de propor-
cionar a sus hijos un lugar de instrucci-ón. El futuro demostrará hasta
dónde irá esta penetración y qué rumbo tomará respecto a la población
indígena.
El resguardo de San Sebastián contaba en 1942 con una población de
1.645 ind1viduos, que formaban 365 'familias. Las dificultades en la ad-
judicación de nuevas parcelas llevan rara vez a pleitos, pues existe to-
davía una reserva de tierras sin repartir. La ''obligación", que es el tra-
bajo personal. está fijada en <Juince días al afio y está destinado a la
con str ucción ele una nueva iglesia, a la limpi·cza ele los potreros que le
pertenecen y al cuidado de los animales de limosna. ·Con el trabajo per-
sonal se administr ~.n también dos molinos de trigo, ambos pertenecien·
tes a la iglesia.

III

LA REPARTICION DEL RESGUARDO DE SANTIAGO

El pcquciio resguardo de Santiago (antiguamente "del Pongo"), si-


tuado entre el de San Scbastián y el de El Rosal, se extinguió por par·
tición el 17 de marzo de 1927.
L os testimonios. que pude re.t•ogcr entre aquellos indios que recuer-
dan todavía las diligencias de ¡·cparto, coinciden en señalar, que el mo-
tivo principal del r epart im ie nto fue la falta absoluta de tierras para la
adjudicación de nuevas parcelas, ya que l as existentes e r an tan reduci·
das que w subdivisión ocasionaba una tenaz oposición por parte de sus
poseedores. Esto, a su vez, conducía a largos y costosos pleitos ante la
Alcaldía de San Sebastián, pkitos que producían hostilidades perma-

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!!JL INDIO EN LUCHA POll LA 'l'IERRA 131

nentes entre las familias y que, sin embargo no pudieron remediar la


causa de todas estas desavenencias: la notoria falta de tierras que ex-
perimentaba el resguardo de Santiago. (El Notario de San SebasLián ,
antes juez y alcalde, me .c oht·ó del ali-vio que sintieron todos los funcio-
narios públicos al repartirse el resguardo de Santiago). Otra de las
causas principales del reparto fue, según mis informes, el hecho de ha-
berse apoderado las principales familias de Santiago ~los descendien-
tes de los caciques Bambagué y Joaqui- de toda s las tierras del res-
guardo, obligando a la mayoría de los <:omuneros a emigrar y abando-
nar sus parcelas.
El juicio de partición se inició el 1" <le agosto de 1923, siendo enton-
ces gobernador, Gregario .Toaqui. También en esta ocasión los indios
no tenían tilulos para ncreditar su posesión. La documentadón sob-re
el derecho de pt·opiedad del ¡·esguardo y sobre la alinderación de las
tierras que le pert;.enecían se levantó por medio de testimonios, q,u e con-
cordaban en el hecho de habet· sido donadas estas tierras por el Rey en
1773 al cacique )1arcos Bambagué. Un testigo, Lorenzo Gnzmán, decía:
"y es difícil d a.r con el paracl•rro de este título. Esto lo !':é, porque re-
posan en mi poder las copias de unos títulos antiguos. relacionados con
la entrega hecha al cacique don ~fan'os Bambagué del cual tengo hasta
el testamento" .
El resguardo <le Santiago "" murho más· antig-uo riP. lo aue se desprende
de esta documentación (1·éaso Parte U, Cap. VJT). Don fl()herto Guzmán,
nieto de don Lorenzo, el testigo rn esta lnformarlón. me 11nunrló la p(•r<lldn
de los dorumentos y coplas a los <¡ue nl1111!a su abuelo don T,orPnzo.

El censo levantado por el ¡1artidor, Josc Ruhcn Córdoba, demostró


una población in dí~ na de 672 personas, con ' tiluídas a su vez en 141
ramilias. El avalúo del globo de terrenos se efectuó el lfi de septiembre
de HYM ·y dio como resultado $ G.905.00. Esto representaba $ 10.00 más
o menos por cada derecho individual y l3 50.00. por el dé cada familia .
No obstante de este atroz minifundio, se exd uyó del globo tola! un lote
para gastos (más o menos el 10% del valor total) y dos porciones de
terrenos más, por razones, (¡ue explica el artí-culo 11 del in(orme ren-
dido por el repartidor al Juez que C'st~ fechado el 17 de marzo de 1927 y
que diC'e: "el pueblo en general y el Cabildo exigieron la exclusión de dos
porciones de terrenos, que en los puntos de "El Roble" y "El Estora-
<rue" ,h a vC'nido manejando la Iglesia de Santiago, por s-eñalamiento que

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132 JUAN FRIEDB

de años atrás le hizo la comunidad, para atender con los beneficios de


estas tierras los gastos que les demanda ·e l culto católico, ~ los cuales no
pueden atender por sí mismos, por su estado de pobreza v en la medida
de igualdad que les corresponde".

Después de haber excluido estos lotes y algunos de la montaña que


para proteger los nacimientos de los ríos no se podían utilizar para el
cultivo, el repartidor ·encontró que había 650 hectáreas disponibles para
~ el reparto y q;ue e.J número de los comuneros, después rle hacer al,gu-
nos ajustes en el censo levantado, era igual a aquéllas. Así recibió cada
indio una hectárea de tierra en ·el reparto efectuado: se comprende que
ya en 1943 la mayor parte de las. familias indígenas había emigrado,
vendiendo o arrendando sus minúsculas parcelas. Esto produjo a su vez
el cambio total del aspecto de las tierras, donde antes ondulaban los
trigales y las rozas de maíz, separados por los cer·cos de caucho, a ma-
nera de tableros de ajedrez; -en los cuales vivía antes unn numerosa po-
blación que labraba intensamente la tierra y nutría con Jos desperdiciOS
y en rastrojos una que otra res, se observan ahora sólo potrero.s para
ganado y lomas completamente desnudas de árboles y rle vegetación.
Los indios son absorbidos rápidamente por los vecinos blancos y emi-
gran a los Departamentos del Huila, del ·Cauca, y a la Comisaría del
Caquetá.

A pesar de haber sido extinguido el resguardo en Hl27, subsiste en la


actualidad (año 1943) todavía un cabildo indígena, elegido anualmente
por Jos indios y que lo integran .Jos cinco miembros tr adicionales. Este
cabildo impone '·]a obligación", es decir, los días ele trabaio gratuito pa-
ra la Iglesia. Ella es dueña de cuatro potreros con sus .~~maclos de li-
mosna, pues remató el lote de gastos a tiempo de la repartición del res-
guardo y otros dos potreros Jos adquirió por clonación. Ella es además
poseedora del úni.co molino de trigo que existe en la pob]nción y hace
apenas dos años que ha sido terminada una nu·eva y espaciosa ig'esía de
muros de tapia y techo <le teja. Se •comprende .q ue la existencia del ca-
bildo indígena se impone, para deshierba r polr·cros cuidar animales,
admi nist1·ar el molino, etc .. etc. Las dos porciones del terreno excluí-
das de la partición a estos infelice s "para atender con los beneficios de
estas tierras los .gastos q,ue les demanda el .cu lto católico a Jos cuales no
pueden atender por sí mismos por su estarlo de pobreza . . " fueron in-

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EL DIDJO E"-' LUCHA POR LA TIERRA 133

suficientes para administrar los bienes de la Iglesia. Así que a pesar


del .r epartimient o oficial. a pesar de la pérdida de ·l os prerrogativa s, de
los que los indios gozaban como miembros de un resguardo, subsisk el
cabildo, continúa la "obligación" y con ello la infelicidad de este "tris-
te pueblo".
El síndico de Ja iglesia se llama fsaías Tanclioy, como me Jo explicó
el Gobernador del Cabildo, Agapito Imbachí, " .... pero se hace llamar
ahora Isaías T. Ruiz" . "Será por no juntarse con nosotros"-a ñade.

IV

LA EXTINCION DEL RESGUARD O DE EL ROSAL

Ya vimos (véase iPartc II, Cap. VIII), cómo la población del antes
llamado "San Juan del Descansé" fue dividido en dos, a pesar de ]as.
protestas de su cacique, Salvador Samboní, y cómo desapa1·eció la fun-
daóón más nntigua quednndo sólo el pueblo nuevo el "San Juan de El
Rosal", llamado <Comúnmente El Rosal.
En 1818 compareció Fermin Guamanga ante t'l Juez de la Provincia,
pidiendo la partición de las tierras del resguardo en trcs partes a los
herederos del antiguo comprador, el caciq,ue Salvado.r Imbachí. Ale-
gaba •que las tierras eran propiedad particular de aquél por compra que
d·c ellas había heoho a Juan de Zúñi.ga, y que por consiguiente los legí-
timos dueños de las tierras eran Jos descendient es Lázaro, Pedro y San-
tiago Imbachí. Esta petición se basaba en el e¡••píritu de las leyes repu-
blicanas, según las cualoes se p r esupone un derecho individual en lo~
casos en que un dere.cho colectivo del resguardo no esté plenamente de-
mostrado. La pelici•Óon sólo excluía, como tierras de pronieda<l común,
aquel pedazo de terreno que un ·h ijo de Salvador, Lázaro Imbachí, donó
el 7 de diciembre de 170.9 al pueblo para que "los naturale~ de él disfru-
ten de su terreno, ·Cogiendo posesión regular una sola en ~!icho ten,~no.
sin estarse. inquietando , ni pcrlurbando en sus poseiones, <¡ue cogieran
hasta donde alcanc-cn dichas tierras".
El reparto y las adjudicacion es se conceden el 9 de noviembre d<:
1818, quedando el resguardo de El !Rosal reducido al terreno, que >::! 1 vie-
jo cacique donó en 1709 a su pueblo. Así se consumó en los tiempos de

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JUAN FRIEDE

la República el reparto de las tierras sobre las cuales en 1808 " .... se
convinieron éstos y demás indios de este dicho Pueblo a que quedasen
siempre en unión las tierras que comprend·cn el citado Pueblo ... " (Vén-
se Parte II, Cap. XI).
Pero el reducido resguardo de rE l Rosal tampoco fue respetado por
sus vecinos blancos. Ya en 1836, cuando las ley>es sobre el repartimiento
estaban en todo su vigor, lo s indios se vieron en la necesidad de elevar
a 1 GobernadCJ.r de la P.rovincia el siguiente memorial (archivo parro-
quial de El Rosal) :
"Sefior Gobernador de la Provincia <le :Popayán.--Jullán Imbachi, Gobernador
de esta nueva Capital de la parroquia de San .1ua11 del Rosal, del Cantón de Al·
maguer, ante V. S. como mejor lll'oceda en derecho parezco y digo:

Que el documento qne en <lehldn. forma presento dará V. S. alguna protecclóJ•


de lo que pedimos y rendidamente suplicamos nos atienda en justicia, sobre la
pretensión que intentan algunos nuestros ' 'ecl nos blancos de venir a poblarse en
nuestra Parroquia, no ' 'amos a tener algún contratiempo con ellos y nsi, para que
no aleguemos i¡¡·noJ·anclas algunas, se sirva V. S. de ampararnos; n sl , como es·
tan!lo ¡Jrcsente V. S. en nuestra Parroquia nos dijo: c¡ue no podian entrar en nues·
tras prople!l.ades, que cada uno nos n•anejáramos en las propiedades que tenemos
cada uno, sólo (ron) la licencia ¡Jara oir misa y confesarse, como hemos acos·
t.umbrado todo el tiempo; jamás hemos u sado de mezqulnar, y en esta virtud v.
¡;¡. dijo: púlJilco y notorio (es) que lo s !Jiancos deben hacer su ail.ejo en las tierras
de su pertenencia; y para evitarnos de la mala ocasión y no proponernos en cosa
alguna a las ónlcnos superiores, ocurrimos a la protección de 'V. s., suplicándole
Jmmlldemente, r¡ue eu virtud. de su ministerio, se digno dirigir nuestra .Insta soll·
cltud como a V. s. le parezca en justicia: ella mediante. A. V. s. pido y supllco
se sirva pro\Cer y mandar como solicita mos, que en lo nec esario protesto no pro·
ceder de malicla.-1tosal, agosto 11 de 1836.--Jullán Imbnchi, Gobernador".

El Gobernador de la Provincia, Rafael Diago, ajustando su resolu


ción a la legislación republicana, según la ·cual las tierras comunales de
El Rosal eran de propiedad particular de los indios Imbachí (por dona-
ción de un particular, Lázaro lmbax::-hí), decretó el 12 de agosto de 1836:
"Gobernación de la Pt·ovlncia, 'l' raplchc.-Siendo propio el terreno c¡ue ocupan
los indigenas de la Parroquia del !tosa! no podrán ser perturbados de modo algu-
110 en el terreno que ocupan; no ¡Joblarán lo s que no sean rlncflos, sin la ' 'olnntad
ni expreso consentimiento de ellos.-RAFAEL DIAGO".

Aü terminó con un fracaso el primer intento de Jos blancos de apo-


derarse de los terrenos del resguardo.

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8L INDIO EN LUCHA POR LA ".riERRA 135
En 1848 tien·c lugar el segundo asalto contra las tierras de El Rosal.
En esta ocasión se unen ·el alcalde, el párroco, el juez segundo munici-
pal y •c atorce vecinos blancos más y elevan a la Gobernax::ión la siguien-
te petición:

Seiior Gobernador: Los que ab!Ljo suscribimos, ' 'ecinos del <llstrlto parroquial
del Rosal, con grande respeto ante usted parecemos y <leclmos: 1¡ue habiendo <'S·
cogido y fijado nuestro domicilio en el ex¡n·osado <llstrlto, en fuer de nuestros In·
tereses, nos vemos reducidos a una forrada InhalJltada por no po<ler construir
nuestros edificios en el seno mismo de ht ¡Joblaelón <le! Rosal y v!Yir en ellos,
cuando las exigencias ¡Ja.turales del servlt'lo llÍibllco nos llamen <le nuestros res·
!lectivos campos al centro de la ulcha población, a causa de la fu¡•rte oposición
<tue hacen los ln<llg·enas a la edificación ue de casas en el pueblo: tal fuerza, que
hnplde el aumento y atlorno de la población en el Jugar, Yiene sin duda de! dere·
eho que los expresados Indígenas creen haber adquirido por un decreto que un
Gobernador expidió en la visita que hizo de este Cantón, en el cual ordenaba qnP
~e prohlbla a los hombres blancos la coustrncclón de casas en e! área <le la ¡Job!a·
clón del Rosal, y que más 'JJion los lntligenas (tienen derecho) n resistir a taJes
construcciones.
"Juzgamos IJUes, <¡ue este decreto es abenantP, contrsuio a nuestros denchos,
Y engendra un privilegio odioso a Jos vecinos blnncos; ;y DOr conqlgnlente lmpll·
cante con nuestro liberal sistema. Aún hay más, tenemos parn nosotros que el
menclo11ado decreto es !legal, porque, sc~ím trasludmos, fue expedl<lo posterior·
monte a la sanción de la ley primera, punto sexto, tratado primero, Hecopllaei(Jn
Granadina y por lo mismo contrario a ésta.

"Cansados ya <le la obstinación CUJ.ll'lchosa de los Indígena~ y <Le la infructuo·


sldad tlo nuestras comedidas razones y suplicantes persuaslonl•s, y cansa¡los tam·
1Ji6n de cargar con Jos perjuicios e Inconvenientes de la necia resistencia de los
Indigonas, que éstos llaman defender sus derechos, a lisia ocurrimos para que, n
Ylrtud de las disposiciones sobre In materia, resuelva por si o por su agente nues·
tra reclauJaclón.

'·'Es el caso que estando eroglda la llOIJiaclón del Rosal y sus clrcum·cclnas en
Distrito Parroquial, debe tener para su sen·lclo, entre otras rosas, el terreno su·
flclente !)ara el área de Ja población -ley 23, parte 2a., tratado lo., Recopilación
Granadina; que en esta parroquia de lnd!gcnas pueden establecPrse cualesquiera
ciudadanos de cualquiera condición (siempre), que sea pagonuo el correspomllente
arrendamiento por los solares que ocupen sus casas y quedanuo suJetos a no per·
.1udlcar en manera alguna a los lndlgonas -articulo 11 <le la !)recitada Jey; Juego
esta ley nos da un Incuestionable !lcrccho <le etllrlcar nuestras casas en esta pa·
rroqula de Indígenas y a éstos, por ser corre!atlya la obl!gac!ón, de no pertnrbur
este derecho y de admltlruos en la población.
"I,a ley 2a. de la parte y tltnlos citados dispone en su articulo 3o., que se se-
r.nrcn de 8 n 20 fanegadas de tierra en área de la respecth·a población; las cua·

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136 JUAN FRIED:El

les se usarán para fomento, adorno y aumento del pobln<lo, ' 'endióndose o arren·
dándose, según el caso; empero, aunque no se hayn ,·erlflcn<lo la distribución dC
Jos resguardos, no debe !lOr esto carerer In JlOblnrión del área suficiente para
construir las casas y muclto menos, re<lnmlan<lo en pro del ornato, hermosura Y
clvlllzaclón del pueblo; y de consiguiente no se nos Jlue<le prohllJir el que cons·
trnyamos casas en la misma área de la población; y confesamos ¡¡uc a nue stras
mentes no nos viene el derecho o razim. con r:ue se nos impide.
"Por tanto pedimos se remue,·an por quien rorresponMt Jos incon,•enientes Y
embarazos nacidos <le la re ~ls te ncla. qne se nos hace a la <Hllflcación de nue stras
casas en el dicho pueblo y se fa,• ot·e~cn en esta parte nue s tros <lerechos, que se
aúnen con el hlen pítl>lico. Concebimos que el señor .Tefe l'olltlco 11~1 Cantón tlen<'
facultad. para conocer d.- nuestra solicltnd, )lero como JlO<lrian ocurrir varios cm·
lmjes y roileos en su determinación, nos lla ¡wrecl<lo más llano el camino de ocu·
rrlr a la Gobernación, para que, }Jrcvio tlecreto, se opere lo colHlucente. En tal
vlrtn<l a Usla )JC<llmos )li'OYCa lo que en concc)lto <le Usia sea nrrcgln<lo.-Rosal,
20 de noviembre de 1848".

Este documento demuestra, que pocos aíio.s después del reparto del
resguardo ent1·e los herecleros de Salvador Tmbachí. las tierras ya esta-
ba n en manos de lo s vecinos blancos, quienes ahora, por todos Jos me·
dios, trataban de introducirse también en el área del poblado, fundado
en tierras de comunidad indígena y habitado por indios.

La Gobernación transmitió la petiei·ón a la consideración de la Je-


fatura Política del Cantón con la anotación. de que según las disposi ..
ciones legales sobi'e el reparto de los resguardos no se puede prohibir
a los blancos edificar en poblaciones de resguardos " ... siempre que pa-
guen el arrendamiento de los solares que ocupen .... ". nc acuerdo con
esta autorización la Jefatura Política deacla el 11 de mayo de 1849 que
", .. los indígenas del pueblo de l Rosal no pondrán embarazo alguno :t
los parroquianos blancos del distrito para que .construyan sus .casas den·
tro del marco del pueblo ...... Los vecinos blancos que en tal distrito
quieran edificar sus casas tienen el deber ele pagar el valor legítimo del
retazo de terreno que ocupen ·Con la casa que construyan ... "

Como se pudo esperar, los indios elevaron protesta ante el Goberna·


dor contra la resolución de la Jefatm·a Política. Invocabnn predsamen-
te los principios de la legislación republicana y alegaban que siendo el
terreno del poblado propiedad pa1·ticular, no está sometido a las leyes
del resguardo indígena. Los apnrt-es principales ele esta petición son ¡os
siguintes:

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j
EL INDto EN LUCHA POR LA TIERRA 137
" ... que a sollelt ud de nnios 'eclnos blancos <lel Distrito Pal'l'oqnlal del Ro ·
Sal. . . expidió la .Jefatura Polltlra ... un <lecreto por el enai se nos impone el de·
her de ¡>ormilir tlentro <le la íu·eu <le la poblaciún la construcción <le casas a vlr·
hHl <le arrendamiento o Tenta <le! terreno respectiYO.
"Este úerreto, ilegal ;y atentatorio ¡t nuestros drrechos, fno ~Xl>P<Iido en fner?.n
<le la solicltlui expnsa<la y de Jo ordenado pot· Psta Gobernación, Jo mismo f!UC la
,Jefatura Politlca Jmn !ll'O<'edi<lo hajo un supuesto falso, <le que el t e rreno del ftre;t
de la pohlación del Distrito l'arrO<lUial tlel Itosal pertenece a la clase de resguar·
<los intligenas; y no hay <luda, <tne si asi fuese, las resoluciones indicadas serian
legales y por Jo mismo no nos Yeriamos Cl\ el caso <le reclamarlo~; mas, por for·
hma, no es asi, y como ell:ts envuehen una , ·iolación escandalosa de nuestros <1~·
rechos de prOllledad, nos ,·emos en la ¡¡rerisa <le elevar nuestra 'oz ante usted,
con el objeto de c¡ue se decl:uen Insubsistentes y se subsanen tle este modo la gra.·
'Ve falta cornetilla ...
"En las resoluciones t¡ue hemos mencionado se citan las disposiciones de Jos
:.trticulos lO y 12 úe In ley 4, ¡l. 6 a T. l de la Recopilación GranaJina sobre res·
!\'nardos . . ... Estas <llsposlclones serian muy bien aplicadas sl •e tratase de res·
guardos de indlg·enas; pero los documentos que acompañamos evidencian que el
terreno de que se trata, pertenece en exclusiYI!lad a los que suscribimos y a otros
' 'arios vecinos del Jtosal; y siendo éste Incuestionable, no lm I>O<li<lo legalmente In
Gobernación u! la .Jefa( ura Polítlc:~.. despojarnos 'loienta e iJHllsrntiblemcnle
<le él.
"El derecho de In Jll'Opledacl, seiior Gobernador, está garantll.ado por la Con•-
tltución y las Leyes de la Rein'•blica y nosotros como cludaclnnos, y en uso de
nuestros derecltos, no podemos ronset>tir bajo nlugún pretexto en que se nos d<''-
JlOje de lo que la misma Constitución y Leyes nos han conseguido y asegurado.
Asi, pues, a usted nos <llriglmos para r¡ue, como l'iel ejecutor de las leyes y guar·
<l!án de Jos <lerechos in<llviduales, llOS ¡¡ong·n a euhlcrto del atentado cometido Cll
llUestra propiedad y no ¡lnclamos <)ue el erro1·, quizás Involuntario, <le s11 antecesor
sea subsanado legalmente y en Jos términos que hemo' expresado.-l'opayán, el 20
de j nnio de 1849".

La Gobernaci·ón, en ·v ista de lo justo de este alegato, ~uspende el 23


de junio las resoluciones del Alcald.c y manrla que se practique una vi-
sita de perilos para constatar la identidad de las tierras del poblado con
las de propiedad comunal ele los indios. Así repelieron los indios el se-
gundo asalto de los v>ecinos blan.cos contra sus tierras, atrincherándose
detrás de los prnicipios de derecho individual, proclamados por la mis-
ll1a Hepública; el dercoho de propiedad inviolable. garantizado por la
Constitución y protegido por el Gobernador y demás funcionarios pú-
blicos.
Es evidente que la ley estaba de parte de los indios. Los documen-
tos p1·esentados -la Carta de venta expedida en Hi67 estú incluida en

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138 .JUAN FRIEDH

la parte documental del presente trabajo-- dC'moslraban varias compras


y amparos hechos a los caciques, que a los ojos de los legisladores ¡·e ·
JJublicanos eran personas ··particulares e individuales". Por otra pnrte.
por compra se adquiere según la legislación moderna, uno de los mejo-
res títulos de propiedad. Es verdad •qu-e las Leye ,; de la Colonia consi -
. deraban a los caciques como meros representantes de ~us resguard os
(véase Parte l, ·Cap. V); sus acto .,; favorecían al común de los indios y
se h acían a nombre d-e éste. Pero la legislación republicana se apartó·
precisamente de este concepto, considerando las adquisiciones de }os
caciques como su propiedad particular. Justamente, debido a este nue-
vo principio legal, fue repartido el resto de resguardo de El Rosal entre
los descendi-entes del cacique Salvador Imbachi. Todo indicaba, pues,
que en este caso el derecho de los indios sobre su propied ad comunal
estaba resguardado contra las aspiraciones de sus vecinos b lancos,
máxime después de los dos infructuosos ntaques contra la integridad
de la población.

Mas no fue así: El vecino blanco de un resguardo es su naturnl ene-


migo. Empleará todos los medios para con seguir la dcstruoción de-
aquél. Si en los tiempos de la Colonia fue la práctica judicial el medio
favorito de los colonizadores para apoderarse de las tierras del res-
guardo, en la República se valieron de las autoridades administrativas
de m:mor categoría para lograr el mi<mo fin. En ellos les ayudaban In
general hostilidad de la legislación republicana y la adversidad de la
opinión pública hacia el indio. Y veamos cómo se completó la destruc-
ción del resguardo de El Rosal.
En el a ño de 1880 los indios el-evan la siguiente protesta al Secreta-
rio de la Gobernación:
"Scfior Scc1·etarlo uel Gobierno: Los lnfrascrlto 6 miembro s del pequelio cabildo·
de lndlgenn s de la parcialidad del Ro sal, con el mayor reS)Jeto 11resentamos 1t us-
ted: r¡uc a su tlc spacllo ha venido en con s ulta una re solución del seííor Jefe Mn·
nlclpal de Calda ~ que aferta directamente los tlerechos de la par<"lalldad que pre-
sentam os ; y nosotr os, tn uso d e l derecl1o que nos otorg a 1:• Constitución tlol E ~ ­
t.ado · ve nimo s IL ret•ln m ar ante el Gobi erno, de ¡¡ulen usted es ó r g ano legitimo, con·
tra la metlitla atentatoria que Ro l e ha pasado en reYlslón, a fin tl.e obtener la jus -
ticia <¡n e se n os ha negatlo por las autorlllatl.es del munlci¡Jio de Caltlas.
"La ltlstoria tle e s te neg ocio es esta: d~ntro del área de población de la ¡¡:u-
claj,jdad e s tá con s truyendo una casa el señor An g el A. Gómez, sin permiso d el p~­
r¡ueño caiJll!lo tl.e Indlgenas, 1¡ne administra estos terrenos. rara hacer res¡>ct~>l"

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EL INfHO EN LUCHA POR LA TIERRA 139
nuestros derechos, solicitamos del señor Alcalde <lel lllstrito <lel ltosal que hiciera
notificar al sefior Gómez, que suspendiera la constrncrlón <le tlicha casa, porque
no siendo miembro de nuestra parclallda<l no JlO<Iin construir sin permiso del pe·
queño Cabildo. A esta legítima solicitud de nuestra parte recayó resolución del 29 de
octubre del afio próximo pasado, dando facultad no sólo al señor Gómez para.
construir edificios en nuestros terrenos, sino a todos los que quisieren hacerlo.
"'El sefior Jefe 2\funicipal alli'Ohó esta <leterminaelón en fecl1a ~~ del mes el·
tado, sin fundar su aprobación en ninguna ¡lis¡Josiclón l~gal.
"Esta es la resolución que ,.a usted a revisar. A primera vista resalta la pa-
Sión con que se ha ohrado, puesto que ni la resoludón <le! sefior Alcalde, ni la dt>l
Señor .Tefe l\Juniclpal, nos fueron Jlotificntlas.
"Ya en otras ópocas, sefior Secretario ... , lrahian sido ln••adi<los mrc~tros torre·
1\os por quienes no tienen en ellos el menor derecho; pero nosotros hablamos sido
amparados y protegidos en nuestra ¡uopledad por los justicieros ~olJernadores de
la antigua ProYlneia de Popayán, doctores Pedro A. ::11edina y Rafael Jllago, co·
mo puedo verlo usted en sus resoluciones de 12 <le agosto <le 1836 y 23 de junio de
1849.
"Aunque los títulos Icgitimos de nucstr·a propiedad no se han puesto en duda
ni han sido mater·la <le discusión, sin e m I.Jargo, para r¡ne usted reconozca cuán
jnsta es nuestra reclatnación, le adJununnos a es1o tnemorlaJ dos l'Uadernos: uno
en nueve hojas útiles y ott·o en cincuenta y tres hojas útiles, en <londe se eneuen·
tran Jos titulos de nuestra Indiscutible Jn·o¡•ledad de \os terrenos nH•nelonados.
Suplicamos a usted que estos cuallernos J10S sean del·npltos <'On la rcsolu(•i6n que
recaiga a nuestra solicitud.
"Uno de nuestros antepasados, Sal''ador Jrulio o Chlmbabé ( ' Oi'IPRO tH;tos t•··
!·renos y otros más y donó a los <le su raza, parientes suyos, los <¡ue hoy posee la
Parcialidad del Rosal. ¡Con qué derHhO, pues, se nos despoJa de Jo que nos per·
tenece por tan justos títulos! De nuestra propi~tltl(l, garantizada por la Consti.
tnclón y las Leyes, )Jodemos hacer· lo que nos ro111 enga. ; Por qué, ¡mes, ~e nos
quiere ohllgar a que cedamos terrenos a quien no queremos!
"Esperamos, sefior Secretario. que us!od res oh crá ra,•orablementc nuestra r~·
ctamaclón, por ser justa.

Popayán, 9 <le febrero de 1880.

l'lrmas: El Gobernador, Gumpr·clu<io (;al!ndez.

El Alcalde, Caslmiro Joaquin.

El Regidor, Custotllo Gunnlltn¡;n!'.

!Pero la Gobernación, al contrario Lle lo sucedido en los años de


1836 y 1849, resuelve no intenenir esta vez en d asunto. Lo devuelve
al Jefe Municipal de Caldas con la documentación respectiva y se decla-
de p.agar las costas del proceso.

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140 JUAN FRIEDE

ra incompetente para este caso que pertenece, según su resolución, a la


competencia del poder judicial. Dice así la resolución:
"10 de febrero de 1880.-Desp nello del Gobierno.- Resu••lto ¡J or· ol Poder Eje·
cutlvo.

"De la petición de los lndlgenas del Rosal, :NI!guel Qulsobonl, Santiago Ijajó Y
VIctoriano Imbachl, resulta, que éstos han intentado el Interdicto de "0BltA
NUEVA", en In cual debe observarse la tramitación estnblecldn en la ley 120•
siendo desue luego este negocio de In com¡letencla del Podr Judicial. No es el caso
pues del nrtlculo 82 de In ley 178 de 1865 sobre ¡Jollcla, porque en el presente ne ·
goclo se trata de lntervlcto en referencia.

"'Por tanto devuélvase la diligencia al señor Jefe l\I unlclpal de Caldas, para.
quo lntellgenclado de esta resolución, los dichos lndlgenns puedan hacer el uso que
les conven!l'a ante el Poder Judicial en defensa de sus derechos".

El 3 de junio entablan pues los indios un: pleito ante el Juez del Cir-
cuito de Caldas, p leito .q ue precisamente qui sieron evitar. La demanda
presentada ya no es sólo contra Angel A. Gómez, sino contra dos veci-
nos blancos más que estaban •construyendo sus casas en ter.renos del
resguardo. Tres meses después, el 2 de septiembre contesta la contra-
parte, oponiéndoe a la suspensión de l as obras alegando que ellas se
estab<m haciendo dentro del área de la población y con autorización de
las autoridad·cs municipales. Una vez ini.c iado el juicio, empiezan }as
demoras que son costumbre en la práctica judicial. Casi un año des-
pués, el Juez, aprovechando la omisión form al por parte de Jos indios.
de adjuntar a la demanda la documentación completa sobre su derecho
de propiedad de los terrenos en litigio, re chaza, el 28 de junio de 188L
su solicitud y hasta los condena a .costas, por considerar t emer aria la
demand a entablada. No se admite pues el pleito, ni se permite la des-
trucción de las casas, que .entr e tanto habían sido terminadas. A los in-
dios les condenó en este caso una formalidad judicial. r.asi dos años
después de la ocupaci·ón por ma no fuerte de sus terreno., estún en peo·
res condiciones, q,u-e cuando empezaron el pleito. No lograron conse
.guir el lanzami ento de lo s blancos y están, además, condenados a pa-
gar las costas del juicio.
Dese,pci·ados Jos indios apelan de esta sentencia ante el Tribunal
del Departamento Judicial del Cantón que oeonfirma en lo principal la
sentencia del Juez, pues la demanda fue mal presentada . Se los a bsuelve

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.hlL .l:>fl>lU Joi.'\ LlTIL-\ J•OJ: LA TTEIU.,\ 14 1

<k •pagar las rost •s de: proceso.


Jlacie:!(lo t 1 último esfuerzo d-r cebar a 'os intruso;, de •m ¡¡ucblo, Jos
indio : n!>e!an ante el Tribunal Superior de .Justicia, pues no se• despren-
den tan filcilmenlc de sus posesiones. La s-entrnci.t definiti'.'a se dicta
el :::n de enero de 1882. Después de rela tar t odo el curso del pleito des-
rlt· su iniciación, di e·~ e l Tribunn l Superior de J ust icia:
" .. . . Resultando Jll Pnamrtne pro hallo, ~nP las oh ras <len unrlatla,; no son nur -
vas, slno antiguas y 1(111' la urr!ón JHJSPscrla es súlo !l:tl':~ impe1llr t¡HI' st' si¡.:a t•ons ·
lr uyelHIO 1!1 oiH·a, pero no ¡utra t!P~trufr ohras l'i<')as ,;no cu los t•asos que la. lrJ
tl roterminn. ('onsich•rantlo, CJUP las a<'<'iOllt'H JHlSt.•sorias prt'St'ril:f' ll al <·aho tlt- nn aflo
rolllplrtn, t•omo lo orrlcna t•l ar1irulo JOO:l tlt•l ('(><li!!o ('ii'IJ y aun lns :•t·rinn<•; ron·
redltlas pnra lledh· Indemnizat'l6n qut'tian prl·~t·rltas al <•aho dl• nn ~uio com¡•:oto,
t' Onto lo o r ~ena el a r tículo 1030 tlcl mismo ('(¡dig-o; que no IJasta st' ha¡ :1 rrl¡.:ldo
rn rapltlll tic u n distrito, para t¡ue los d ueños t!cl territorio p;crt!an c·l t,nc "'a nc·
c esarJo !Hlra área de vol-.la<'lún. sino c¡ue S(' ne('C!-!ita un Ju~cio de• t•"X¡u·opiarión .
t' omo Jo ordena t'l uínnero 7 del urlí<•nlo Jo . t.lt• la Jcy 2 de .innio <lt• I~l", ·dt!.'Pntc t•n
f.l l tiempo a t¡Uf> st' refieren les dPnun<•h-tdos :r (•n raso lfp hah<'rse \ t•rifl<"a,ln la f'X -
pr oplaclón, t•l tt•rreno o área l}Ut;Uhn u l.f• J· JH'o¡~iedad dt•l Distrito J t:o podía 0('11 4

pur so 11hn•mt'll1(· sino por orden dt.~ la autoridad y t•onfnrmt· n Lt·~Ps t• ·;tahf4•C'ilta ..
}lar a ht tli!>itr:ihueión ele la área; ltOr e~~tas t'Onsldf'raí'lout•s P1 Trlhnnal Su¡wt·!or,
>tdm!n!stran!lo Justlciu en nomlJre tlcl t:stado Snhe r n u o dE> I ('a nc!l y por autorida<l
etc l a. l.cy, !'HIIfirma la. scn t enela apelada, tlt•jaJl(l O n l os indíg·l~nas tlt• Ei Rosal sn
dert~t·ho u ~allo, 11ara.. qnt· l)U('dau lnh•utar laf' H<'('io n es a <¡Uf• tl•n;.ran dt•:·(·~·hn t•n
rtefensa de sn ¡>ro¡Jietlad''.

En llano !cnguaje su.ccd ió lo siguien te : E n 187!), un· blanco, .\nge!


Gómcz, se npodcró de mano propia de u n lote de terreno pcrlcncci·~·ntc
al resguardo de El Ho al y situado den tro de la población y empezó la
construcción tic u na crsa. Los ind ios se q uejaron inmedia tamente al
Alcalde del Distrito, pa rn conseguir la suspens ión de la obra, pero no
r ecibieron apoyo d e es te funcionario . Al con trario : sin basar se en dis-
posieionc · legales, -e l Alcalde dio pe rmiso no sólo de con!in ua r la ''Olls·
trncción comenzada. sino que r e~.olv i ó permitir co nstruu ionl's a cual-
quie r blanco, si n p r eocupa r se d el de recho de propi edad, qu e ::sis tía a
los indios sobre es tos l·err enos . El J efe :\Iun icip al del Canlún, an te q uien
Jos indios ape lar on de la r eso lu ción del Alcal de, no re vocó es ta r eso lu -
ció n si no q ue la con fi rmó . Los in dios viendo lo inútil de sus quejns
nntc 'as autori datks loca les elevaron L' ll febr ero de l año sigui ent e un a
pe tióón a la Secr eta rí a d e la Gobe rn ac ió n pJ r a conseguir la res titu -
ci ón del t e rreno y evitar un la rgo v ·costoso pleito. Per o la Go ber nación
reso lvi ó qu e, siend o la 'ctem and a e-nt a bl ada pa r a su spend er un a OBRA
~UEVA. pertenece según tal y tal párrafo a la comp eten cia del P oder

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142 JUAN FRJEDB

Judici al. ::\fientras tanto pasa})a ya casi un año. Siguiendo el ejempt !J


rle Angel Gómez, otr-os dos blancos se apoderaron de otros Jotes de te-
rreno y también construyeron sus casas. Así es Ql!e, cuanrlo los indios
entablaron en junio el pleito, ya eran tres los demandados. En su de-
manda los indios exigen que se destruyan las c.llsas, o que los dueños
reciban en dinero el valor de las construcciones. Con esto demuestran
que no se trataba de la suspensión de OBRA NUEVA sino rle la destruc-
ción de cas.as ya construidas, es decir OBRA ANTIGUA. Y claro está
que no pudo tratarse de otra cosa, ya que casas de bruhareque se con:~·
tr¡zyen en menos tiempo del que un funcionario público necesita para
leer y resolv-er una petició_n elevada por indios. Por omisión formal
pierden los indios en primera y segunda instancia. Cuando el pleito lle ·
ga al Tribunal Superior, éste só"~o puede resolver la parte formal de la
controversia. Los indios, decide el TrLbunal. no pueden exigir la sus-
pensión de las obras por estar éstas concluidas; no pueden pedir la des·
trucción de ellas. pues ésta sólo se hace en casos previstos por la ley;
ni pueden exigir tampoco la entrega de la construccion-es para su de-
molición, pu~s este derecho- y aun reclamación de perjuicios precribe
rlespués de un año de comenzada la obra. !Por otra parle lo alegado por
los blancos tampoco tiene fundamento, pues no bnsta, corno sostenian
aquéllos, que El Rosal sea erigido en Capital de Distrito, para que Jos
indio s pierdan 'el derecho de propiedad que les asiste sobre una even-
tual área de población. La Nación puede expropiar el terreno, pero en
este caso éste pasa a la propiedad del Distrito, que lo puede distribuiT
entre los pobladores en la forma como lo 'Prescribe la ley, sin que se
reconozca por esto el derecho individual de éstos de apropiarse del
terreno. Por consiguiente se reconoce a los indios como propietarios
legales de los terrenos ocupados y se les concede el derecho de pedir
indemnización por las tierras de las cuales fueron despojados.

La sentencia no pudo haber sido fallada distintamente. Con un nue~


pleito los indios hubieran logrado recibir la indemnización del caso.
pero la i ntegridacl territorial de su resguardo estaba de todos modos
perdida. Y precisamente esta integridad era lo que les interesaba y na-
da más. En este laberinto judicial perdieron los indios defíniliv.an1ente
la propiedad de Jos terrenos. No siguieron jui,cios de i ndemnización.
Perdida la tierra, se había perdido todo para ellos. Los indios emigra-
ron a otras zonas. dejando el campo libre a Jos vecinos blancos y mes-

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EL 1:-<'DIO Bi'\ LUCHA POI: L.-'\ TJERI1.-\
143
tizo ', qnienes, en menos de un lustro, se apoderaron de las tierras del
antiguo resguardo.
En csle despojo se observa una vez mas cómo la vieja politica de ''he-
chos cumplidos", empleada con tanto éxito durante la Colonia, fue tam-
bién eficaz en la República. Dos veces trataron los blancos de apode-
rarse legalmente del resgun rdo y ambas veces frncasnron. Las tierras
del resguardo eran de propiedad .particular y sólo la ~ación, trns un
largo y compli:cado juicio ele expropiación, hubiera podido quilnrselas.
Pero otro procedimienlo, el ele "hecho cumplido", ·era más rúpido y efi-
caz frent-e a un indefenso y despreciado grupo de la población. Al am-
paro de ln mnlquerencia de un minúsculo funcionario <:trlminislrativo
-alcalde y juez de un pueblo- unos blancos se apoderan de un lote de
terreno y construyen sus casas. El resto Jo hace -el complicndo sistema
jurídico.
Los indios de El Rosnl perdieron sus tierras. El resguardo se extin-
guió. Las noticias que pude recoger sobre el úlLimo cabildo fueron muy
escasas. Los \'iejo~ habilnntcs recordnban que habín existido un c;1Jlil-
do "eclesiástico", hasta el año 1924 , aiio en que se concluyú la construc-
cioó·n de la iglesia. Recuerdan también que hasta el ai'io 1G1G existía en
El Ros al el cepo, donde castigaban a los indios que se negaban a cum-
plir la "obligación" impuesta por el cabildo. Hablan de nn gobernador
que visitó El Rosal e hizo destruir ese cepo. El resguardo de El Rosal
no existe. Sucumbió a los hechos, a la adversidad de los colonizadores,
a una conquista sin derramar sangre, ni erogar dineros.

EL RESGUARDO DE SAN JUAN


Este pequei'ío resguardo. perclido en las montañas, llevabn una vida
npacible clurante la Colonia. ?\o se encontrnron clocumento , sobre plei-
to ~ importantes, sa lvo el llevado por lincleros r on !os indios Guamanga.
pleito que se arregló ( vénsc Parte TV, Cap. T), porque " . .. n mús que el
liti gio es ent1·e personas ele la misma sangre, entre quienes es me.ior
rtesterrar b discordia ... "
En l a ~otnrí::t de Bolívar, sin embargo, está protoco·lizacla la diligen-
r·ia del reparto de e~te resguardo , fechada el 14 de julio rle 1833, proto-

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.) 1' A c'l J•' R I E D E
144
colización que fue hecha por .Manuel S. Timaná en el ¡¡ño 1918. Se des-
prenrle de esta diligencia que Manuel Catuohe, el cacique en aquellos
tiempos, viajó expresament~ a :Popa1yán, para impedir qur se llevara a
cabo el repartimiento. Este, bajo procedimientos iguales a los del res-
guardo de San Scbastián, Guaohicono y otros, no se llevó a cabo, desis-
tiend o -el juez de un repartimiento re al ue las tierra s. En las diligen-
cias se encuentra el censo de la población que en aquel año se elevaba
a 643 individuos, divididos en 153 familias. El avalúo de !as tierra s fue
fijado en la suma de $ 1.260.00. es decir en menos de $ 2.00 por persona
y ·en $ 8.00 más o menos por cada familia indígena. La suspensi·Ó>n del
reparto ocur-rió a tiempo que las diligencias estaban muy adelantadas,
pues ya habían sido deslindadas las doce partes, que exige la ley, y ad-
judicada la parte correspondient e a los gastos. La porción del terreno,
que s-egún las rlisposiciones legales debiera destinarse para el sosteni-
miento de la escuela. fue añadida al globo total, pues, dice la diligencia,
" .... la parte de tierras que se adjudicaba a la escuela de primeras le-
tras se reuniese al común de .] as 11 partes, por ser muchos los avecin-
dados a este co rto terreno de resguardo ... "

En 1918, el entonces sindico de la iglesia, Manuel S. Timaná, en con-


junto con .José Visitación l\f-ajé, Gobernador del Cabildo, hicieron pro-
tocolizar estas diligencias en la Notaría de Bolívar (escritura No. 38 )
con un fin no muy claro. Se¡~ún testimonios , ·c asi unánimes, de Jos más
viejos habitante s .del pueblo. esta protocolización fue hecha con e'l fin
de apoderarse de las tierras del . resguardo . De todos modos, en 1938.
Tobías Imbacbí, el ,Corregidor., se apoderó de una s parcelas libres del
Jote, que en la suspendida partición de 1833 había sido destinado para
cubrir los ¡gastos. El Cabildo. en vista ·d e Jo infructuoso de todos sus re-
clamos ante Jas autoridades locales y municipales, tuvo que iniciar un
juicio ant<' el Tribunal de Popayán, pues dejó transcurrir los treinta
días, término en el cual se hubiera podido impedir la ocupación por
medios policivos. Cinco afíos duró el p leito, muy demorado por cierto.
por la dificil recolecta ele dineros para viajes a Popayán, traslado de
testigos, pagos de abogado, etc .• cte. En 1942, el Tribunal devolvió e.l
negocio al ·Cabildo, por ·h aber se omitido entregar las diligencias al Per-
sonero ~unicípal para que conceptúe sobre ellas, lo que <"s de ri.gor e n
todos los pleitos entre indios, pues este empleado ejerce, ~egún la Ley.
lus funciones del Protector de los Naturales. Cuando llegué al resguar -

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EL lNDIO EN Ll:CHA POR LA TlERRA
145
do, en agosto el<' 1943, encontré las diligencias pnralizarla s y al Cabildo
resolviend o todavía lo que debía hacer: si arreglarse con el Corregido r
y entregarle el terreno o empezar un nuevo y costoso pleito.

Parece increíble que !a polílica de "hecho cumplido'' pueda prosperar


también en nuestros días, froCnte a esta indefensa poblnciún. Sin em-
bargo la renlirlacl comprueb a la eficacia de esta antigua política. Sin tí-
tulos de ningune~ clase se arrebata una tierra al resguardo con mucha.s
probabilid ades de quedarse con ella. ,pu-es los procedimi entos judicia-
les son largos. enredados y costosos. La Ley exime a.l indio litigante
del pago de gastos de papel sellado, pero no le asigna un abogado d()
ofir.io, no le proporcio na una oficina para diligencia do en sus asuntos.
ni radiCa sus pleitos en los rscgur~rdos. El pr~pel s~llado es un gasto in-
fimo en comparaci ón con gastos de abogados. viajes continuos a Popa-
y:in 'Y traslado de testigos.
En 1!l.t3 el Gobernado r del Cabildo es Pablo :\1ajé. La obligación im-
puesta Ps de veinte días fijos a 1 año, que se emplean casi en su totalidad
en l.t construcci ón de un nuevo frontis de la iglesia, cuyo costo S()rá de
$ 12.000.00. Con orgullo me clecia el Secretado del Cabildo que alguno~
de esDs infelices trabajan hasta cincuenta y sesenta días gratuitame nte
parn esl :t obra pía. La carencia de tierras en este resguardo es atroz.
Varia~ familias han emigrado ya al Cnquetá, formando allí una nueva
fundaci ón, prot·cisamentc en el parr~jl' "El Descansé" , de ~loncle procede.
según la tradición, este pueblo. (Véase Parte L Cap. U). \fuchas fami-
lias emigraron también a ·los baldíos de las altas cordilleras , "Los Fa-
ramillo<;''.

VI

EL RESGUAR DO DE LA CRUZ

El resguardo de J.,;¡ Cruz fue mutilado por el movimient o separatista


que se esparció por Jos resguardos en el ocaso de la Colonia y nl prin-
eipif') d(• la época republicl'}na. Basándose sobre leyes de reparto que
fueron expe<.lidas en 1832 las principale s familias entre .la población
blanea de La Cruz, los Alviar y los Mnñoz (de Ayalr~) emprendie ron va-

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146 JUAN FRIEDE

f'ias diligencia~
en el sentido de :conseguir la repartición del resguardo
y deslindar ]o así de sus propiedades particulares. Así leemos en una
declaración hecha por don Luis BraYO, nombrado Protector de Indíg~­
nas el 8 de enero de 1834 (i\otada de Almaguer), que para la reparti-
ción de la s tierras se necesitan documentos originales sobre los dere-
chos de Esteban Alviar y Tomás ~1uñoz " ... dando por nulos, de ningún
valor ni cfeclo, todas las diligencias que contra cu•yos mandatos y sin
vista de ellos como destituidos de toda defensa, han practicado los se·-
íiores Alcaldes Primeros del Cantón de Almagucr a p·cdimento ele los se-
ñores Alvenres y Muñoccs de la predicha estancia en los años 32 y 33
próximos pasados, con agravio de las propiedades de dichos res.g uar-
dos .... sin postiluírl-es para el efecto un defensor con arreglo al pare -
cer unúnime de 1 os legisladores, como inhábiles de presentar el dere-
cho ... y aun antiguamente mancl::lrlo por Reales Ordenanzas y repetidas
Cédubs o-t' Su :Vfajestad''.

El fJ oc octubre ele 1834 declara el Alcalde del Cantón, Francisco An-


tonio Gnrcés. con ocasión riel nombramiento de dos agrimensores que
preveé la 1<~~- sobr·c repartidón de resguardo " .... que muchas familias
de In Comunidad se quejan que algunos tienen más y otros menos tie-
rras . . . y por no tener dúnde abrirse por el corto r-ccinto de sus propie-
dade::. ... \' para rlar:es como corresponde el terreno suficiente a cada
una de dichas familias ... ", manda que todos presenten ~ns títulos rea-
les ; nombra los agrimensores y un protector ad hitem ,.... quien repre -
sentarú esta pobre familia' ' ...

El 15 de octubre se J'Cpnrte la tierra entre las 46 familias que for-


man el pequeño resguardo de La Cr·uz. Se deja libre y fuera dé! reparto
la loma de Tejoy, como perteneciente a los herederos de Raimundo Al-
viar. Se excluye un lote de terreno para el área de la población y ung
cuadra "asignada al protector· de nichos indios, su valor por sus dietas
y defensas que les ha hecho en litigio seguido, el importe de $ 7.0.0; y
dicha cuadra se la a<cguran para ahora y para siempre jamás ... "
La partición del resguardo de La Cruz fue hecha, como se puede ver·,
sin ceñirse a las di sposiciones legales sobr<' el reparto de los resguar-
dos. Sin duda , este pequeño resguardo de 46 familia~ fue consideracto
como propiedad particular de los rom11reros.

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EL INDIO EN LUCHA ·POR LA TIERRA 1+7
Vll

EL RESGUARDO DE CAQUIONA

En los albores de la República, como hemos visto, varias familias in-


dígenas se habían desprendido del resguardo. Pero este movimiento se-
paratista y los pleitos que le siguieron, cesaron por completo al iniciar
el Alcalde del Cantón las diligencias de repartimiento en 1833. Viendo
adelantadas las diligencias y sin resultado la común petición que sos-
tuvieron con otros caciques el 26 de agosto (véase parte documental),
los indios elevaron un memorial expresado en los mismos términos de
los presentados por los resguardos de Guachicono, San Sebastián y
otros. Los jueces suspendie1·on también aqu í la partición.
El largo pleito, que este ¡·esguardo llevabtt por las üerras de 1\Iar-
malo con los indios cJ.c> San Sebastíán. no influyó tampoco c-;encialmen-
te en su vida. En el legajo de este pleito (archivo del Cabildo de s~n
SebasUún) existe una petición fech11da el 2!) de abril de 1833, que carac-
teriza tanto las <lificultacles que . para la consecució.n de titulas de pro-
piedad experimentaban los indios, como también las relaciones entre
esto <los resguardos a pesar del pleito pcnrliente. Dice así:
"Señor A lruhlr :11 uuiclpal Segun <lo.
Ca•¡ u ion a. a Ju·H 29 de 1833.
SeñOJ' Alcalde: Hes¡¡eto.IHIO In orden oJo usted y en ft ue quedamos n manifestar
otro docnmcnlo, más mejor de mayor resguunlo, romo sen c·omllCtente; muy smior
me es doloroso el que haynmos <·aído en falta versonalmenle y <·nu ~~ úo<·umcnto,
por 110 hnhcr <•slatlo presonle el leneilor sino ausente en l'Oilnrún. <tu~ lo es J,o·
rcnzo )Jales; )' por hal1erse hallado la mujpr por la ('n'n llla' "'n (un parnje tic
Almaguer), y JIOI'<IUC dlrha mujer no da raY-ón de 1lirho doeumt•nto ) !lo se sabe ,
si lo ha <lejndo Lionlro de lla\ C Liontle las tiene; )' esto ha sido la <'>lllsa Lie no ha·
h<'l' parecido: no ha sMo por ser omiSO> a las Justil'ias. Y al liempo •tue cs t :'i ha·
nws ¡·,,rrillienflo estos l¡orroncs, ret'ibimos Ja nnlen dt· usted. en o¡u<· no" cs)JCru
pf'rsonalnu.·m tc ron los tlneunu•.ntoi". Y é~fa t<S la mayor falta: qnl' :-.t•rú infnJcLuo-
sa la. ida tle llOtoiutros n o~te puelllo, y así \~ . , .t\rá lo mejor que sea. etc justieia. ~JUC
no 8otros de nue~lra parle pedimos a Dios y a la huena jnsli<'ia ole Y., <¡uo 110!' 10
<¡ne limita a. In ¡>arte uo .<\larmato, des•lo Inmemorial tiempo lla ,¡,lo de la parlt•
de ( ' aquiOllll y, toltnnprO (lllC }lRl'OZ('Rll ]OS dO('Uill('lltOS, ]Ul ~JdO )' ha (1(' ~('1', llJOS
mediante. Y será iloloroso, que en la ocasión los rlt'"~pojen a. Jos de ('aquiona. tple
estan <·on sus (Jniebres de tnontafia.., asjmhnno s<'rá doloroso 11arn lo~ sf'ñ o r<·~ rtt•
San Sebastián, cuando S(la su despojo. PHrt~ut• Uidtas titu·ras lit~ Jl anuato e~túu
t•n ruestión. nios guardo a Vd.-Jo'Jorentlno (/ nlna)· {.-''.

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La falta de tierras necesarias para. otorgar nuevas adjudicaciones en
este resguardo se hizo notoria ya hace varios años. La consecuencia
fueron violentas convulsiones dentro de la vida del resguardo y nu-
merosos casos de sangre. Los vecinos acusan a estos indios de ser es-
pecialmente orueles. ·ya sabemos que su historia durante la Colonia
siempre se ha distinguido por ·l a rebeldía y por la defensa vigorosa de
süs intereses. Su ailimadversión contra los blancos es todavia tan .fuer-
te, que prácticamente no se ha logrado introducir hasta hoy ninguno
de ellos ni en sus tierras ni en el área de su población. A pesar de ello,
la escasez de la tierra es tan aguda, que ya hace más de cinco años no
se hacen nuevas adjudicaciones. El Cabildo las suspendió, debido a las
inquietudes y alborotos que producía cada nueva parcelación, que a su
vez hacían invivible el re.s guardo; sólo interviene en caso de muerte de
un jefe de familia para repartir su parcela entre Jos herederos. Esta
partición se hace de acuerdo con las disposiciones legales republica.n as
sobre herencias. En la mflyoría de los casos, en vista de la imposibili-
dad de una repartición por lo limitado ue la extensión de una parc•ela,
uno o más herederos compran ya desde la vida del padr¿ los derechos.
de otros hermanos, que emigran de la tierra o se quedan como jornale-
ros de otros comuneros, más ricos.
Las condiciones económicas antes descritas hacen que la población
de este resguaruo sea casi estacionaria. Así demostró el censo levantado
en 1923 una población de 2.354 individuo >, mientras que en 1943 la po-
blación sólo aumentó a 2.4jj personas.

VIII

EL RESGUARDO DE PANCITARA

El 8 de abril de 1005. el Concejo ;\>[unicipal de La V~ga, cabecera del


.\!unicipio en cuyos limites están situados los resgu ardos de Pancilará y
Guachiconu, resolvió demarcar una zona de población en Pancilará. En
su oficio a la Prefectura de la Provincia de Caldas pidi-ó la aproba-
ción ckl acuerdo y expresó la esperanza, de que el Prefecto " ... le ayu'-
de a fin que no fraca>c lan patriótico proyecto". El acuerdo fue auto-
rizado y una área de población de más o menos 40 hectáreas, fue deli-

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EL INDIO EJN LUCHA POR LA TIERRA 149
mitada. Así se fundó Pancitará, como corregimiento del Municipio de
La Vega.
Treinta años después, en 1935. el Concejo Municipal de La Vega ex-
pide un nuevo decreto (Decreto número 1) en que se declara, que el
municipio está muy pobre y que sus recursos no le alcanz:-tn a dar prin-
cipio a la planta hidroeléctrica, q;ue tanta falta hace a la población.
"Que el único medio --dice el acuerno- de arbitrar fondos para dar
principio a.! funcionamiento de dicha planta .... es la de enajenar los
excedentes de las áreas de población de Guaohicono y Pancitará ... " Se
acuerda el remate de estos excedentes para el año de 1938.
El acuerdo recibe su aprobación de la Gobernación. como es de ri-
gor, a pesar de que la venta de los terrenos se hac-e para fines que no
están ligados directamente a los intereses de los mencionados resguar-
dos. En 1938 se rematan los sob1·antes de tierras y el municipio se de-
clara deudor a los resguat·dos por el producido ele las ventas. Los com-
pradores de -las tierras rematadas son la Iglesia, muchos blancos, uno
que otro indio. La población el!' La Ve.ga recibe luz eléctrica. Al pre-
guntar yo a los indios de Pancitará si también e1los disfrutan de este
servicio. me contesta uno de ellos: "Tenernos luz. pero de la luna".

Un despojo, en el cual triunfaron los ti'tulos de propiedad por sobre


los derechos emanados de la ocupaci·ón real de las tierras, sucedió en
el Valle de Las Papas. Impulsados por la escasez de tierras algunos in-
dios de Caquiona, pero principalmente los de iPancitará, habían ocupa-
do con sus ganados y con algunas labranzas las tierras del Valle de Las
Papas, ya desde los tiempos de la Colonia. Los herederos de Jos Ver-
dugos, propietarios legítimos de Jos terrenos desde el año 1767. me-
diante. títulos de propiedad expedidos por el Teniente Joseph Vallejo
(véase Parte IT, ,Cap. U[), ni siq,u iera conocían estas tierras apartadas
y tampoco las habían ocupado en tiempo alguno. Los indios vivían pa-
cificamente en el Valle de Las Papas hasta que surgió, al principio del
presente sig-lo, el proyecto de una línea férrea -que, pasando por aque-
Jlas tierras, debia unir el Caquetá con el resto de la República. Algunos
vecinos blancos de San Sebastíán y Almaguer se hicieron entonces a tí-
tulos de propiedad sobre varios pedazos del Valle. por compra de los
derechos a los descendientes de los Verdugos. Estos derechos, como
se puede imaginar, se adquirían por un precio irrisorio, no -s ólo por lo

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150 J üA:!" FRIBDE

apartado de las tierras, sino también por el hecho de qu·e éstas cstabnn
prácticamente ocupadas por los indios lo que suponía una violenta y a
veces sangrienta lucha de despojo. L'l contienda no ~e dejó esperm·
mucho, y s·egún varios testigos, que todavía recuerdan esos tiempos, la
resistencia india y su tenncirlad en defender las tierras. obligó a mu·
chos de lo> blancos a desistir de sus propósitos; pero algunos de Jos
blnncos si ~e apoderaron de lns tierras, que 'es :correspondían por los tí-
tulos adquiridos. Así se eslab'eció en 1005, según parece, el primer
blanco y a él siguieron nmchos otros. 'Pero el verdadero de<pojo, ya
por adquisición de los rlerechos, ya por ocupación con uso de la fuerza,
ya por compra de las mejoras, se practicú en los años de 1925 a 1930,
(•poca en que el trazado del ferro;carril llegó hasta el Valle de Las Pa-
pas, y cuando todo parccia indicar que este proyecto ,<ería pronto una
rea 1idad. Esperando pingües utilidades, varios vecinos ricos de Popa-
yán. se establecieron en el Valle, el que fue entonces prácticamente
abandonado por los indios.

En Pancitará ~iguen las adjudicaciones ele tierras a cada indio, que


:1 -rllo tiene derecho, no obstante la notoda escasez de terrenos. Las ad-
judicaciones se h acen en tierras ya ocupadas por otros comuneros, ]os
que se resisten por todos lo~ medios a la entrega. "Los ricos no aflo-
jan·· -me decía un indio q.ue hace cinco años espera ya In entrega de su
p::u·cela. Pn elimulo de pleitos, llevarlos ante la Alcaldía y la Goberna-
ción, es el r(•snllaclo de este estado ele cosas. Los pleito <; duran arios y
mios y las fricciones entre las distintas familias indígenas están al or-
den del día.
Varias veces se intentó haeer el repartimiento, que es solicitado ante
todo por los que carecen de tierras. 'P ero los crecidos gastos que esto
implica hacen que los indios desistan de él.
Según ·l'l censo rle 1940, Pancitará cuenta con una población de 1.740
individuo•, constituidos en 160 familins. La "obligación" es de diez
días de trabajo anualmente. La Tglesia tiene cuatro potreros y siembra
50 arrobas rle 1rigo cada año. La junta pobladora de Pancitará adjudica
lotes para construcción ele las casas a quien Jo solicite y muchos blan-
co~ esbn raclicndos en la población. Debido a la escasez de tierras Jo~
inrlios tient•n la mayor pal'le de sus ganados en los adyacentes páramos
de la alta cordillera.

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151

IX

EL RESGL\RDO DE GUACHICONO

l:.n el año 1833, recibc el resguardo de Guacbicono la visita del Alcal-


de y ele lns r epartidores. Se leyanl a el censo de la población indígena
·que sr eleva a 4:n comuneros. Se avalúa el terreno en $ 1.560.00; así a
.cada comu 1wro le corresponden 8 3.50 más o menos. Se deslinda el glo-
bo de terreno y se divide en 12 partes, según lo dispone la ley.
Viendo los indios tan adelanladas las diligencia s de rzparto. elevan
el ~iguicnte
mem orial al Alcalde :VIunicipal:
"SPiior Alcalde ~1 unieipal Regunclo.-.EI ('al>ildo tic inclig· ~nas de este puelJio de
t\ uarhitouo , a :-~n ht~ r:
el ( ; ohf't"IHHlor. .Tosí' :uaría l<'ini qnit{t. f>l Alcalde. -vaierio
PnlccJior. y l'fl~i•lores. , .,. idano ( 'hicangann l I•'erJuin .Tu~pUln. ron el ohcdi('nte
aC'tttatnlen1o ha hlaudo llOr "-Í y dctnús indh.renas de la comunidad tle nue!"ifTa. par-
f"ialldad t-iO hl" O ht g-rada con (f u (' <'1 Gnhf(\rno atnorosametltP ~e lla ntanif('"'ita<lo pn-
ra. eon tlo-.,otros t·n (iarno"' d t~ ~ IIndados Jo~ 1orrcno ~ (¡uc ocupan las po s eslones en
tlll<' '1'\-'i mo.~ n Jl rupor<.•ión d~ ln s f amilias, qutl cntla lltdividno 1if'nc, y lo que (>S
m á~ <·o n su l'<' SlJ(IftilO a' n.lúo, Jlar·a que conozcantos y g;ocetnos f'n Ieg-Hhna pro·
¡Ji NI::t<l, co n l'l Il h rc allo!'drío de HtHI <•rlo Pn el término fi,inclo ]lOr la Loy, COlllO es
el de ol! e z a ñ o ,, con PI Jll'e \· io c orneni o del Jefe JIO!Iti('O del circuito a qno• estamos
nd' rrtftlo ~ . rrn1<" u-..te-d ¡lar'('Cf'mos y <Lt:'C'iJnos:

"Que para la. práctica ('n r¡ue aelnalmente se !talla ocupado en el reparto de
los tt:'rrPno~ eon 1n100 fatnilia~ qn(• t•xi g e <'1 easo, en In ob~erYancin de Ja'i diligen ·
•·h•~ fH'C HIII!las <'11 dicha ley <le la materia, ncompailado de do' oxpertos TJPritos .
I{Ue :ti efertn han sido nombrados ¡Jor u s tecl, y con In a<Inlescencia nuestr·a, se lla-
lla Inteligen('iaclo de las partes <fll(' cncla uno tiene, mayormente Jlnra las Qnl' cli·
dta s familias tl e non ya desi g n r11las y ad,ill!licacla~, y que 1'11 nacla se ec¡ui•ocan
¡>ara esta'r rrfut•ntes tollas a la gTa<IUat•i(Jn, que 1'i1•ne ltHhn en la tlisminnciún
<IPl lm¡Jor·tr ~P las tliez parte s asignadas a nosotros.

"J' Ilns ~·· !tallan. ~omo lo tiene Yisto, con sus rospecthos llrulm·os clrculauas,
.\ as! e s qut· lodo s voseemos dic•ha ¡¡orción con ¡Jre1·1o aeucnlo de los mandones tlrl
IJolJJado y de la )[unicipali tlatl clel Cant(Jn a propor·ción do la familia, que <·adn.
uno ti e ne. <ItH' ''" ello han tenido HOJHnnío Jos citados man<lonrs al tiempo que
u¡oortnnanwnte hn sido prerlso ¡Jos csionarlos, salen contentos con las que se no>
manda a dar !>Orla di\islón, sc g itn el ¡¡ru<lente cá lculo qu<' hn11 formado usted y
los Imparciales sn.íptos que al PfHto lP acom)lañan.
"'Eso mi!-ttno nos lnl}letP a 1nanit'fl':ootar, t•star ~a1isfechos d(' la Yerda.d q:ur anlntu
para Influ~n('iar en el conot'inli<.'nto de las partes f(Ue nos toca y e n Jos JH'rjuicio~.
iJlle "n la <·on1innn.rión de Psta clilicrPru·Ja ~P no~ irrogan por Ja~ notorias tJpficien-

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152 JUAN FRIEDE

clas en qno nos hallamo s reducldoM, tanto Clt extraernos del reducido terreno que
tenemos lo. duodécima parte para los gastos in¡lispensablcs que se originan en 111
éscuela de la partición, cua'tlto ptua 1¡ue conociendo usted In Igualdad en que esta·
mos, según nuestro haber electo, ~lga la diligencia eJt per.luiclo de nuestras pro·
plas familias: la misma Indigencia reagrava nuestra lnhabilldad ¡Htra redimir t'l
terreno excepcionado para los pagos con respecto a la •l~masla de costas, f!Ue se
orlglnarlan en adelante, ofreciendo reintegrar las que se hubiesen g-ra1·n•io ha~tu
el estado en que se halla dicha tllllgencia, hacienilo nue s tras quiebras, a fin de qu1·
nos quede a favor lo más quc , ·ni!' aquella parte para el fomento <le nuestras po •
l¡res familias.

"Todas estas razone• 11<• lu mn;·o r consltlernelón, teu~m os el lwuor tle patentJ·
~<arpara r¡ue, eouflando las <le usted unas con otras, se s!r1 a en mérito de justl·
cla mandar cesar la diligencia, transigiendo su curso con In conc.Iusión que hall<>
conveniente para su firmeza en lo sucesivo, amparáutlonos en In ¡loseslón, para
que no tenga ninguna persona lnten·enclón en ella, aun entre los mismos posee·
dores : puns vara ello ofrHPmo• ron nue s tra~ l>er,onas y h!PnPs no promover Jo
más leve en contra <le Jo que llevamos OXJiresa.d.o.
"Ignalmente suplicamos n usted rcndlllos, que la partl', r¡ue tiene exee¡>elou,.da
para Ja escuela. rlo prln1cras lflltras, se nos atlju¡llf¡ue t."n un Wn <·On la exceprio na.,ln
para las costas. pagaiHlo puntnalmentn ''" orlghHt<ln s y ohll!l·íuulonos a osta\lhwer
la escuela a nuestra expensa ...
. , . cuya~ protestas oft·ecemo,; eum¡lllr In dola!Jiemcnte ¡1or ltallarnos toilos c(lu·
tenlos en las partes que tenemo' adjudlendns 110r ttuestros antecesores y en que
rh !m os paciflcnmPnte por estar n tHOJlOrclón •le nuesll·ns ramillas e;¡ cuyos tér·
minos a u s te!l pedimos y supllenmos que haclénuono' por pr!'sentes s<:> slna ¡>ro·
~·eer y mandar como solleltamo,, <¡ne en Jo uecPsarlo Juramos de 110 proeetler de
malicia y pnra ello.-La Vi<'e¡wrror¡uln do (l uaehleono, mar~o 21 de 1883. (Siguen
la s firmas)",

El Alcalde acoge con bencvol·e ncia la pctióó·n de los indios sobre la


suspen sión de lns diligenci as y dicta un nulo cuyo contenido es el si-
guiente:

"Por ¡1reseutadn: y en \irtud do hallnrs c lrn¡m!'slo e~tc .Tm:gntlo por 111 11rá<"
tlca de las ¡tflfgeuclas seguidas hasta estn ref'llll, Hcr 1 enlad¡>ros iM puntos m á•
•nslanclnles que roust.an PU el JWillllll'nto y según las mNliilas 11110 tanto los p~tr·
tldores nor el cálculo qu<• han hHho <LP la tlor!'lútt qu .. lP <'or re st10 llde a cada um•
rtu las famllllts, segitn ,u ninnero y avalúo, han hallado es tar conforme n la me-
<lltla de las posesio ne s r¡ne tienen recibidas ant..-lllt'menh•, drcula<las de Jhuleros;
y en vista de la ¡¡az y unión <¡u~ manifiestan y 11~ eonronnhlad que tienen en 1>'
citada posesión, y que con la partición s~ ¡>riYan !lel uso <'() mún q ue tienen en ¡as
eordllleras tle Jas montallas rrucllllle•, y por todo lo demá• qne los lnteresnrtos ex·
presan acerca de las dos 11artes qne se manda exeluh· do la partll'lún para Jos de~·
tino s Indicados.

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l<lL ·INDIO EN L UCHA l"OR l...A TIERRA 153
' ••:En tlRht atenrlón ':l 1 !nlPndo u <'OIIsl!lerartón 1¡ue el Supremo Golllerno, mo.-ldt>
fi<H· lrt ben('f.l~a Jll<•<ln<l. ha ¡nu•,tn '"' mira, t•n prole¡<;t'r a estas lnfellee~ familiA~
IHtt·a uwjor aliYio .1 !l'lh'hlntl; por Jo 1 1 u~. ,tu ftnlmo tle lnfrturfr 111 ley <¡ne truHl
'OIJrc P~ta materia. ht• H•nltlu t•u Jnantlar ""~lli\Juler la )lráetl('ll •le tns dU!¡:oenrJu;
emnnnrll<ln' y <rt•e '" ies tll· uutn '''' um¡Jnro IJUf' '~'tolde por todo tll glollo de tle·
,.,,a, comJir<'tuliiiHs llll,jo lo' limlle• l lln<lt•rus <tllll <'llll,tlln en lns dlllgrncla• an·
lt·rfort'' J di•,.- t~J t·t•r·t lflc•at..IH tlt· ioi(•guro, tlllfi ~~ mnnda por c.t SuJH't\rno ((ohJ(•rno.
nontlnu-n (:{uuv'l'',

.\ i tnistno 1Íl'lll]Jo ('¡ .\lealde dü: ta olro auto, declarando a Jos indi-
gt•nas dueiios absolutos de l~rs parcelas que cadn uno ocupaba:
"En la \'11-<·rwrro•tnlu tll' ¡; nurlilro no " IO!o 'elntltr~s di a• •le! mes de marzo
<le lbllll yu, llomlugo (;ómez, Ah-altle 2o . ).lltnlcipul de la ciudad de Almaguer y ,u
Cantón, ¡>or el GoiJI(IJ·no de {'oloml>ht (r¡ue Dios g unrdc) dice:
"Que medlnnte el allannmlento 1l e JnH ln<llgenas d(• este ¡tuehlo, ¡>or resultar en
IJeneflclo lle ellos, por Hl'lc nwnos l:'l'IHOSIL, les nposeslono n cadn uno en sus Jler·
tenencias a nomiH'c del Goh!crno llo Colomhla, mauclnndo, que entre Jos citados no
se luquh•te n ni ]l('rtnt·bcn, hujo tu que <·lr<'ulc y ·p ertenezca n cuth\ un o. I~ o que
cumpllrítn ln\'iulalJh'lli<'ntt· sin ir ul •·outnHenir Jo contrario a lo C{lH' está dl~pues·
to; y por ser lf('fto, í--í' n]H'Ut.'IHt: ttf~.,.c t>uenla ni ~u¡n·t-mo (:ohlcrJIO de este t·xp('-
tll••nt_. ... "·
Es inlen•sanle obsen ar que en (;uaehieono, lo mismo que en San Se-
bastián (véase Parle l\' , Cap. JI), lo; indios recibieron en propiedad las
parcelns que ocupaban. Sin embargo y a pesar del Jegalismo indígena,
L's le reparto legal no se tomó en cuenta, como hnbía sucedido también
en San St·b;JSI iún. En ambos n•sguardos continuó el otorgamiento de
nuevas adjudicaciones. Eslo demu<'slra lo arraigado de la tradición in-
dígena con rclnción a la propiedad coleoliva sobr<' la tierra.

Guachicono tuvo que sufrir la intromisión de Jos bhmcos, en la mi-


tad del siglo pasado, época en la cual la explotación de In quina estaba
en lodo su aug•c. Según se desprende de los documentos presentados
en el pleito llevado en 18G7 contra unos quincros (Juzgado de Circuito
de Bolívar), el I'C >guardo de Guachicono arrendó a José \[aria y Pedro
Parra unos bosques para su explotació,n . En una declaración jurada
hcchn el 27 de julio por el testigo Simibalde Chicangana, se lee:

" ~\ Ja. "-t'(.rtltHln f'l que <h•clttru, (¡lH· .")., t·h·•·tn y IP <·u n~tu , (10(' .José ..\ta-
l't'~J>OlHI<'
l"lr~ Pal'l'll Jlnn~nno, t•n t•l niío 60 "e presentó unte <>1 Cnblltlo I>N¡uciio tic es ta Pa·
~lnlldatl, Jutell'ntlo 'e•· que <¡ucrla se le nrrend>lS<'II lo' btlSitllt'' .J¡• esta Parclall-
<lad, rn el pnnto tl••nominndo l!umnl y Chamu,cntio: y ~omo .ro,é ~farla Parrn

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154 JU.AN FRIEDE

lllanza.no no le arrendnt·on el Cabildo pequeilo, reunido cou toda. la Parcialidad


de este pueblo, viendo claramente que dicho :Manzano Jos engalló perfectamente•
110r t·u)·o m otil'o no quisieron dnrl<l •m 11rrlendo dichos bosunes ... ••

El quincro José Maria Parra, en vista de que el Cabildo no quiso


arrendar por más tiempo las tierras, resolvió, según se desprende de la
¡}e!ición del Cabildo d-el 9 de julio, apoderarse a mano fuerte de eJ.J¡¡s.
La petición elevada por Jos indios tiene el siguiente tenor:

"Sefior .Juez del ('Jrrulto.--Junn Donliu g·o ¡.¡cmanate, Gobex·nnt\or de lu J'arcill·


lldad de G uachlcono, Pedro. Jlamlán, Alcalde, Jullán l'alecllor, Regidor y Calixlo
Chl<·ue, Rlguadl, todos mi embro s del Jlequeño C:tl)l\do, Rnte u stNI con re•peto IT'
¡¡r~ se ntarn os, <llclentlo:

"Que en tres hojas úllles arnmpaña mo s a e~te memorial una uorurnentaclóJ'


rormal de nudo hecl1o ron la •·ual prolmmo' Jnridlcam ento, que Jo Pat'Chtlldad a
'tUi('on r~prcstlnt::unos, es dueña lt~githnn de l os terl"~nos de Chnmtl sea.Ldo y Ran1nl·
de que ho:v ttl<;¡>ola el seilor .losé l\Inría Parra )Janzauo nrbltrarlamente :v con e l
\mico titulo que le c·onnrle su malo fe y ronoclda ambición. Por esto. 'efior · ;ru~z.
Jl et!l m os ante s u JnzgRdo <¡ne, imp artiendo In jnstlda ('Omo siempre Jo hace un
(•mp lea<lo de lwnor, no s recupere la posesión de Jo s terrenos d.c {'IHlmllstít<IO J
H.umal. la"' (•ual(•'i destl<" tlf:llnpos re1notos pertenecen a la Pnrch'tlfdnct de Guachi·
cono y siempre hemos disfrutado de ellos, por haber estado en ¡>ososlón ¡oaciflca.
hasta la íer·lat en <¡ue 'e apoderó e l scüur Parra de tales hosqnes <le! modo arrlll>'
CX I>resa,to .

"Con es t a JH'Uel>a snmarla. ... el señor .1 uez le pondrá un freno pesado 111 des·
J>Ojante y nos <Inri• las gnra.ntlas, que nos concede In ley en estos ca~os . A uslecl
pedimos )lrO\'ea de conformidad ... (Fi rma s)".

El 10 de juiio dicta rl Juez su resolución. dcc l r~rando a los indios


dueños 'legítimos de las tierras de Chamuscado ry Hamal y condenando
a Parra a costas, debido a " . .. que e 1 mencionado Cabildo y la Parciali-
dad han sufrido despojo violento por José :\'lada Parra :\lanzano no sólo
de la posesión, sino también de la propiedad de los bosques . terren<'JS Y
quinas que en ('llos el dicho Cabildo tenía preparados .... ,

Sin embargo, Parra no se da por vencido. E1 5 de agosto instala a su


Vl'z un pleito de interdicto, alegando que fueron lo; indios que lo des-
pojaron de las tierras de Chamuscildo. Guabanal y de las faldas de Be-
llones . la~ que ocupaba pací fic· 1men te desde hacía siete ai'íos consecuti ·
\' os. J'[dc que se le restilu•y an estas Li -· rra ; Jlor se1· de su ~Jropiedad, co-
mo lo dcmuesl!·an los testimonios juramentados, que presenta. El Juez
d .cla su fallo el mismo día dedarando, que los terrenos de Chamuscado

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EL lNl >JO El': LUCHA POR LA 'T'IERRA 155
qu eda rún propiedad de los indios, ya .que fueron restituidos a ellos por
el auto de 10 de julio, pues "es ineluctable, qt1e si a José María Parra
jJmJZano s-r le restitu yese la posesión y propiedad ·de los bosques, te-
ITen os riel Chamuscado y RamaL habiéndose hecho antes con los indí-
,genas d.(' (;uarhicono, sería sentar un mal precedente para el porvenir
y no se pondría término a los juicios: la administración de justicia se-
ria una farsa. y los der<t'chos de lm ciudadanos se parangonarían a lfl
1orrc· de B:!}Jcl ... ·· Pero los bosques de Gua banal y las b lelas de Bello-
nes qur. por una razón u otra, no fueron incluidos en la petición sobre
restitución de las tierras ocupadas por Parra, fueron adjudicados a
é'W. La apelación que intcrpusiCl'on los indios de esta sentencia ante el
Tribunal del f}cpartamento rlel Canea, no surtió efecto alguno: el 23 de
agosto el fallo fue confin11ado y los indios, como rlespojantes en este
caso. c-ondenados a pagar las costas del proceso.

En Hl29 se inició nn largo pl·cito entre el ¡·esguardo de Guachicono y


algunos vecinos blancos de S·an :\1:iguel por linderos.
En este pleito se impuso una vez mús el concepto formalista de las
le.ve s. Se tra taba ele la loma de Bellon-cs, que los indios, según docu-
mentos presentados, habían arrendarlo a los quineros Josr~ '\[aría Parra
y Pedro Parra en los años 18fí3 y 1857. y que ahora reclHmaban como
propiedfld nlgunos vecinos de San ~ligucl (par~cc, que el quinero José
jfarí a Parra . aunque amparado en la posesión de esta lo ma por la sen-
tencia judicial del 23 de <lgosto de 1867, no tomó nunca posesión real de
la 1ierra. pne-; muy pronto d-espués del fallo favorable cesó el negocio
de la explotaci-ó·n de la quina en toda Colombia, por haberse orientado
C'l comerc io internacional el e este artículo haci::J otros países d<' abaste-
cimiento). Los indios no pudi-eron exhibir títulos de propiedncl sobre
Jo~ terrenos del resguardo con un::J alinrleradón precisa, aunque existía
un hecho evidente: los ocupaban desde los tiempos de la Colonia. El
único documento, que ]1tH'Ii~ron presentar, era el de la venta a vela y
pn·gón de las tierras ele San Miguel ihecha en el año 1715. en el que NO
~si nban incluidas las tierras de Bcllones. Probaban con declaracion-es
juramentadas haber poseído las tierras desde "tiempo inmemorial'' ~'
h aber hecho en ellas dm·ante todo el tiempo las adjudicaciones de nue-
vas parcelas a los indios que a ello tenían derecho. Afirmaban, además,
que mús de 500 f::unilins se verían perjudicadas si se les quitaban lfls tit>-
rras t>n litigio.

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156 JUAN FRrr,:DE

Pero lH contraparte, que pedía Jos terrenos a título de ininterrumpi-


da pose~ión rlurantc varios años, posesión que comprobaban mediante
testimonios, t::nnbi~n juramentados, tenía un podero so argumento for-
mal: en la p <~ rtición de 1833, , que no fue, como se ha visto, llevada a ca-
bo en la realidad . pero sí legalmente, los linderos del globo de terreno,
que se iba a repartir, no incluían los terrenos en liti.gio, sin que e'llo
hnbiera encontrado entonces oposición alguna por parte del Cabildo
Los indios r-e ch azaban e ' te argumento alegando que la partición de 1833
había sido intenlada entre familias todas indígenas ~' que su única preo-
La inexactitud de la demareadó·n rlel globo total, como también otros
cupación era entonces, impedir tal reparto, lo .que se había logrado.
cletnlles de las diligencias, no habían preocupado a sus antepasados.
Pero el hecho formal de que esta alinderación no hubiera sido obje·-
tncla por parte de los indios en 1833 selló la suerte ele la loma de Bello-
ncs, que fue declarada propiedad de los vecinos de San Miguel. En este
.] argo pleito, pues duró hasta 1937, los indios agotaron todos los recur-
sos legales. El primer deslinda se hizo por el Juez 1\funicip;¡l el 7 de
diciembre de 1931 y fue objetado pot· el iPet·sonero Municipal, en nom·
bre de los indios, como Protector de Naturales. El nuevo deslinde, eje-
cutado por peritos nombrados por el Juzgado del Circuito l:lirectamentc,
fue también objetado por los indios 'Y de la decisión se apeló ante el
Tribunal Superior de Popayún. El Juez del Circuito, no admitió, al prin-
cipio, tal apelación y el' derecllo de esta negación tuvo que ser consul-
tado al Tribunal Superior. Este admitj,ó la apelación y el negocio pasó
ul Juez Segundo del Circuito. Con la nueva alinderación, hecha el lo.
rlc octubre de 1934, se obtuvo una ligera modificación, que sin embargo
no satisfizo a los indios, por cuanto les quitaba prácticamente todas las
tierras en litigio. Los indios apelaron de esta última sentencia ante el
Tribunal Superior del Canea, pero éste la confirmó el 5 de diciembre de
1!)3ií. El negocio pas·ó entonces a la última instancia, a la Corte Suprema
de Ju sticia y ésta confirmó, como había de esperarse, el fallo el 25 de
marzo de 1937. ·Para dilata¡· la ejecución de la sentencia los indios se
opu sieron a ella mediante petición del 23 de noviembre del mismo año.
pero ya el 11 de rliei.cmbr-c fue Ol'denacla expresamente su ejecución.
El despojo en masa, que se intentó entonces, pregonaba una lucha te-
n:'lz y sangr·icnta. Los indios trataban de oponer ~ e por medio de la fuer-
zn a las autoridades jurliciales y policivas. Don Israel Guzmán de Bolí-

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F:L T.'!DJO EN LUCHA POR LA TIERRA l5i
var, upoderado .que era ele los blancos de San Miguel, me relata en una
carta particular, que inserto aquí. d curso de los acontecimientos pos-
teriores:
··Bolívar (Ca u ca) junio 27 de 1944.

En el usunto del pleito por lind·e ros entre los indígenas de Guachi-
cono, presididos por su Cabildo, y particulares de San :\li gue], la opo-
sición que hizo Guachicono a la línea qn<' seiiaLó el Juez, trajo el juicio
ordinario, que se falló conl.ra Guachicono en las tres inst:mcias, pue.; el
juicio ,fue hasta la Corte de Casación .
Al ir el Juez a ejecutar la sentencia con la entrega de lo disputado
a la parle favorccid u, se encontró que los indígenas habían levantado
un edificio en tres días y vino la O'J)Osición a mano armada, con pedrea
y heridos; pero el Juez llevó a efecto la entrega simbólica en la respec-
tiva diligencia, que se autorizó.
Pero Guachicono continuó su oposición de hecho, no abandonando
ni el edificio levantado, ni los lotes que !habían aprehendido de ante-
mano miembros de la comunidad, haciendo nuevos trabajos, y mantuvo
allí, en el territorio disputado, una situadón de rebeldín con violencia,
no dejando entrar a los vencedores en el campo judicial, situación que
trajo naturalmente reclamos, en que int<'rvino la policín.
Apreciando la Gobernación del Departamento esta situación anor-
mal, intervino para arreglos, y obtuvo que los blancos resolvieran vender
a Guachicono sus derechos, lo .que se ajustó según se dijo por $ 5.000 .00.
valor en que hubo aporte oficial, pero no sé si por e 1 total o sólo en
parte.

Guachi cono posee, pues, lo que prelendi·Ó, pero mediante arreglos.


porque la justicia falló uniformemente a favor ele los p~w'ticulares, es
decir, de los vecinos de San Miguel ... "

En 1942 había 2.342 indio .> <:ommH.'ros en el resguardo de Guachico-


no. La escasez de la tierra es completa. Las adjudicaciones se h acen
rnccliantt' parc(•lación de Lierras ya ocupadas y conducen a lnrgos y cos.
tosos p!eitos entre Jos comuneros. Las tierra ., son fértiles y se u tilizan
casi exclusivamente para la siembrn de trigo. El ganado es criado en
el alto páramo de Barbillas. l..a obligación es de quince días al año. La
Iglesia es poseedora de los dos molinos de trigo y varios terrenos den-
tro del resguardo.

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QUINTA PARTE

PROBL~MAS D~ ACTUALIDAD

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I

EL PROBLEMA INDIGENA Y LA OPINION. PUBLICA

La indiferencia que observa la mnyoría d-e los colombianos frente al


problema indígena del país obedece a la creencia de que ~'Ste problema
ncr existe sino en la mente de algunos intelectuales. Esta negación está
profund amente arraigada en la opinión pública, a pesar de que no es
el fruto de investigaciones históricas o -científicas. Por el contrario:
t·ara vez encontró un ramo de la historia nacional tan poco interés" co-
mo el que se relaciona con el indio en Colombia. Si se analiza este fe-
nómeno cuidadosamente, se observa que la negación de la existencia de
1al problema se debe a ·factores económicos, históricos y políticos.
En la evolución económica del país las comunidades indígenas en-
raízan en épocas pasadas y no encajan facilmente en la organización
social moderna o burguesa. Esta última, basada esencialmente en el
principio ele la liberta'! indíviclnal expresado en In frase de "hacer y
dejar hacer··, considera In organización del re~gunrdo indígena como
una formn anacrónica de la economía, ya que -como lo describe muy
acert::darnente L. E. Xieto Art~ta- " ... los resguardos indígenas repre-
sentan en ln economía agrícola colonial la forma colectiV'l de la mis,ma.
Son pues una realización tosca de la economía colectiva aldeana".
Cn régimen social que se basa sobre el derecho de un grupo de la
so;ciedad a gobernar a los re . tantes más o menos a su antojo, dominio
éste aleanzlHlo por razotH.'S eeonómicns o políticas, y que recalca ~iem­
pre el derecho que tiene el más hábil, el más fuerte de apropiarse de }a
mayor cantidad de valores sociales, es incompatible con una organiza-
ción que se rige de acuerdo con un principio diametralniente opuesto.
como en el ca so del resguardo indígena: a cada cual la tierra que nece-
sita para su subsistencia; ·l a tierra es el patrimonio común y la única
propiedad individual es el derecho a su usufructo , sin que se permita

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EL INDIO EN LUCHA POR LA Tll!:HRA 161

enajenarla . abandonarla, legarla, etc. Ambas organizaciones sociale~


basadas sobr€ principios económicos tan diferentes, no pueden subsis-
tir una al lado de la otra: es natural que la sola existencia de una limi-
te el derecho de la otra. Es así como los vecinos blancos de un resguar-
do indígena sienten la existencia de éste como un menoscabo de sus de-
rechos individuales: les indigna la imposibilidad en que se encuentran
de comprar las tierras, ensanchar sus propiedades, cobrar impuestos so-
bre parcelas indígenas, etc., etc. Es la pugna secular de dos principios
económicos: el principio de la colectividad, expre .:> ado en el resguardo,
aunque en forma defectuosa; el principio del individualismo, que es el
que rige fuera ne tal organización. Sólo debido al retardo en el des-
arrol'o económico de la Hepúblic.a, se debe la supervivencia del res-
guardo; el peligro de su desaparición se acentúa cada dia más, a me-
dida q,ue progr·esa la industrialización del país y con elb la coloniza-
ción blanca de regiones apartad·a s.

La negación del problema indí-g ena, que en el siglo pas sdo mereció
mucha atención por parte de la legislación republicana, es uno d.c los
muchos esfuerzos que se hacen actualmente para acele~·ar la extinción
del resguardo. Se pr<.> tende con ellú someter el carácter especial que
tiene la propiedad comunal del resguardo a principios que se aplican a.
una comunidad cualquiera. Se quiere iguala¡· un resguardo indigena, re-
sultado orgúnico de una centenaria evolución, ¡poseedor de tradiciones y
costumbres ¡: rraigadas y lazos raciales muy estrechos, una unidad, en
fin, y no una aglomeraci.&n de individuos, a una comunidad accidental.
res u 'tarJo de convenios comerciales o de interese ; particulares de dos (}
más individuos. Con esta actitud se espera obtener la desaparición pau-
latina y sistemática de las agrupaciones indígenas.

El estado actual de las investigaciones históricas en Colombia, es otra


de las causas de la negación del problema indígena. El deficiente es-
tudio de las épocas de la Conquista y Pacificación, h ace suponer la ani-
quilación del pueblo indio ya en el siglo XVI y, por consiguiente, la
poca o casi nul::l influencia ind]gena en la vida nacional. Para muchos,
pues, este problema es sólo frulo de un sentimentalismo morboso de al-
gunos pocos blancos. Se niega asi la actualidad y la importancia de los
problemas que confrontan ·las parcialidades indígenas: admitirlas, se-
ria reconocer la impotencia de los invasores de ultramar para destruir

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162 :f U A N l<' R I E D E

la raza no obstante los cuatrocientgs '<lños de persecución; seria confe-


sar que la conquista política no ha sido completada aún.

La superficial apreciación de la estrudura de las culturas america-


nas, conduce también a la negación del problema específico indígena.
Se hace aparecer la cultura india como débil, primitiva y poco desarro-
llada, que fue absorbida fácilmente por la europea, en <;u primer con·
tacto. De aquí que se niegue la actualidad del problema indio en todo lo
que se refiere a la vida cultural del país.

Aceptar, por fin, la existencia del problema indio seria reconocer la


existencia de una minoría racial, una nación indiana 'Y una falta notoria
de legislación adecuada para estas minorías en Colombia. Sería reconoce1·
la existencia de un núcleo de población con una idiosincrasia distinta a
la de los demás colombianos. Sería tomar en cuenta su idioma, traje·s,
modo de vivir, y en cierto modo sus creencias religiosas, al legislar so-
bre el país. L::~s dificultades que resultarían de este reconocimiento ha-
cen que se adopte la línea de menor resistencia: la negación del proble-
ma. "El lmperio Español de América -dice Enrique Mill:í.n ("Génesis
de la Emancipación Hispanoamericana", Revista de Indias, ~o. 56)-
~e distingue en la historia por la unidad del idioma oficial la ele la re-
ligión y la del derecho".

Esta negación, sin embargo, equivale a cerrar los ojos ante una rea-
lidad nacional. Es verdad, que los últimos cien años de la República
hicieron más para la destrucción de la raza india que los trescientos
años di) la Colonia. Pero los resguardos subsisten y la raza indi ~l vive
todavía! Desde el punto de vista económico, los resguardos proporcio-
nan al indio una siluación más segura que la que tiene, por lo general,
un terrasguero o un campesino independiente. Nadie puede negar la
mayor eficacia de la organización d-::'1 resguardo, por cuanto é<'tc pro-
porciona subsistencia a un mayor número de habitantes del que pu-
diera subsistir en el caso de que las tierras no fuesen del res-guardO·
Por otra parte, en la cvoludón de las sociedades modernas se observa
una notoria tendencia a restringir, mediante la inte1·vención del Estado
como guardián de Jos intereses de J'a comunidad, la libertad individua!
en el ejercicio de las funciones económicas. El resguardo pierde así su
"anacronismo", pues constiluyc una organización que cuenta con una

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EL INDIO EN J,UCHA POH LA 'fllCHllA 163

economía dirigida, que con todas sus fallas, es un sistema social en que
predomina el interés de la colectivida d sobre el del individuo.
Es evidente también que la nación india se ·hu mo .trado mucho más
resistente de lo que generalme nte se quiere admitir, es decir . q¡ue la
conquista política aún no ha terminado . La defensa principa l de la po-
bJadón fueron -Y ro son todavía- las condicione s americana s de vida.
que no ·Cambiaron esencialme nte a pesar de la centenari:1 duración ele
la ocupación europea: los espesos e inaccesible s bosques, las altas cor-
dilleras, las impená ables selvas y las vastas llanuras, constituye n to-
davía un grave impedimen to para la penetració n blanca. Al abrigo de
estas defensas naturales vive el indio, en número, por cierto, cada día
menor, pero poseedor todavía de fuerzas vitales y, algunas \T C'es, rlr
elementos de su cultura tradiciona l, que bien merecen tenerse en cucnt:l.

Analizando , por otra parle , el verdadero carúcter de las culturas


americana s, hay que admitir que la cultura europea care ció de la incon-
tenible fuerza de penetració n que le ban querido atribuir los historia-
dores; que el elemento indio influyó -e influye todavía- en la f ormn-
ción y evolución de las culturas americana s. La violencia só lo logró la
imposición parcial de lo europ-eo. Bastn comparar las facilidades de pP-
netración qne tuvo la reinante cultura europen y las Ji mitaciones que
fueron impuestas a la india, para formarse •ma justa idea de la fuerza
de amba s. 'P ues a pesar de estas limitacion es se lee en un documento .
fechado en 1735 (Notaría de Almaguer ), que el Alcalde ordinario anota
como caso excepciona l que para entenderse con los indi os " no había
necesidad de intérprete, pues todos son ladinos en la lengua de Casti-
lla". Esto quiere decir q¡ue todavía doscientos años despu&s de la Con·
qui sta, en aquellas comarcas el idioma indígena estaba más generali-
zado que el español. Hace sólo unos setenta y ocho años un idiomn in ·
dio predomina ba en la región de San Agustín (Depa.rtam cnt.o del Hui·
la), según una carta encontrad a en el archivo del •Corregimi ento. (Véa-
se el folleto cit:: do "Los Indios del Alto Magdalena "). Todavía hoy se
acostumbr a en varias regiones del Cauca enterrar a Jos muertos en bó-
veda s laterales, a las cuales se baja por un hoyo circular: es una de las
formas tradicionr les de los sepulcros indígenas. En todas las procesio-
nes que acompaiía n a los cadáveres al cementerio , y en muchas otras,
se observa a pesar de la forma exterior católica, una marcada influen-

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164 .J U A N F R 1 E D E

cia de creencias religiosas indlgenas. En costumbres, supersticiones Y


manifestaciones de arte popular, la supervivencia de la cultura indht
es innegable. Fue, precisamente, esta obstinada .r esistencia del indio, }a
razón que obligó al blanco para exterminarlo. ante las dificultades para
absorber lo.
Tampoco se puede dudar d-e la enorme influencia que ejercieron J.os
elementos raciales indígenas en la formación de las poblaciones ame-
ricanas. ~o me refiero tan sólo a la mezcla biológica que tuvo y toda-
vía tiene lugar, sino también a la influ-rncia que sobre su carácter ejer-
cieron los rasgos característicos de la raza india. Con esto influyó in-
directamente el indio en los destinos de este continente durante años
después de la Conquista. Falta, pues, la rehabilitación del indio como
elemento valioso en la formación de las naciones americ:mas para que
se descubra la verdadera proporción en el activo mestizaje ele la pobla-
ción de Colombia.
Viéndolo desde este ángulo general, el problema indígena cambia de
aspecto: no se trata ya de los 300.000 colombianos que viven todavía en
lo s resguardos o en los apartados Territorios Nacionales, sino de todo
lo indio que se advierte en la historia, cultura, carácter y raza ameri~
canos. El problema no {'S el de la sobrevivencia del resguardo indígena.
como lo trata la legislación ·r epublicana, sino un problema nacional:
supone la emancipación del indio como un pueblo autónomo; la reha-
bilitaci ón de su acervo cultural; la creación de medios propicios para
su desarrollo económico 'Y cultural y la creación de una legislación es-
pecial que lome en cuenta sus necesidades y peculiaridades. La solución
satisfactoria del problema indígena aportaría nuevos deroentos para la
t·enovación de las razas y culturas americanas, valores autóctonos, na-
ciclos y creados en este continente, sin artificiales trasplantamientos Y
asimilaciones.

II

PROBLEMAS DE UN RESGUARDO INDIGEN'A

Los problemas actuales que confronta el indio en Colombia son el


resu·ltaclo de su centenaria opresión por el colonizador. Estos proble-
m <>s lo afectan directamente. Para el blanco, el problem11. indígena [le-

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l<lL 1.:-.'THO F:~ Ll'CHA POR LA TIERRA 165
IW importancia s·ólo en la proporción en que limita sus derechos de
desalojnr al indio de su tierrn; para el inclio el problema es cuestión de
vida n muerte de su pueblo.

De todos los problemas que se le presentan el más grave es el de la


csca~cz de tienas. El repartimiento <'spañol, institución que después se
transformó en resguardo, no fijaba límites precisos del terrcno que se
adjudicaba a un pueblo o tribu. Se ~eña laba un punto, una vereda, un
vago lindero donde debían situarse los pueblos. Las Leyes españolas
tendían a proporcionar a los indios una extensión suficiente de terreno
p 2ra su subsistencia y le s concedían el derec.-ho de ocupar mayo¡·es ex-
tensiones de las que ·l es fueron adjudicadas, aún mediante expropiación
de las que pertenecían a los españoles (véase Pa·r te l. Cap. V), si debido
al crecimiento de la población, los indio .;; llegaban a sentirse estrecllos
l'n sus actu:Jlcs posesiones.

Este concepto de derecho sobre la propicdatl ambigua, sin linderos


fijo~. y propenso a cambios según las nece ' ida des de los pueblos, no
pudo SCI' aceptado por •l a nepública . La República, guiada por las ideas
modernas del siglo XlX no concebía un derecho de propiedad sobre una
cosa ineierta y variable. ni tampoco aceptaba la colectividad como due-
ña de este dNecho. La República fij.ó., o t1·ató de hacerlo , todas las pro-
piedades de 'US nacionales. incluyendo las di' lns comunidades indí-ge-
nas. Muy temprano. por ley de 13 rle octubre de 1821. dispuso la pre-
sentación de títu 1os de propiedad ry su registro oficial y por la de 11
de octubre ord<'nó el reparto de tierras de comunidades indígenas entre
las familias respectivas. Se quiso así, de ac uerdo con el nuevo concep-
to sobre la propiedad, señalar de una vez por todas los derechos indívi-
duale> de cada uno de los colombianos. Sin embargo las circunstancias
generales de la vida americana hicit•ron ilusorios Jos de •Pos del legis-
lador. La falla de los documentos sobre títulos de propiedad, lo inac-
<~esible de las tierras, •la escasez dc las vías de comunicación, etc., obs-
laculi7aron, como hemo s visto, la partición de los resgu::trdos. Las le-
yes sobre la presentación de títulos tuvieron que sufrir varias modifica-
ciones (años de 1824 y 1843) y ser prácticamente suspendidas por la
L·ey 70 de 1866. Pero mediante diligencias de reparto y pleitos que sur-
gían durante todo el siglo pasado y los primet·os decenios del presente
(en 1937, verbigracia, en el resguardo de Guachicono). se logi'Ó des !in-

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JUAN FRIED E
166
dar defi'nitivamentc las tierras de los resguardos indígenas de las pro-
piedades particulare s de los vecinos blancos.
En el Eeno del resguardo se creó asi un grave problema: ¿·Cómo pro-
porcio"na r medios de subsistenc ia a una población, que por l~yes bioló-
gicas aumenta constantem ente, mientras que el terreno para cultivo Y
pastoreo, única base de su subsistenc ia, queda siempre de la mis1na ex-
ten sión? Ya los censos de las pobladone s indígenas y lo!~ avalúos de
sus terrenos efectuados en 1833, demostrab an que el promedio del valor
de cada derecho eran dos y medio y tres pesos por cada comunero. Tal
situación, aun en ese entonces, significaba una posesión minúscula de
tierra y una extrema pobreza. La ley de 1890 se limitó a respetar }as
costumbres que r egia n en Jos resguardos y ordenó la adjudicaci ón de
una parcela a cada indio que cumplía diez y ocho años. Pero muy pron-
to y en la .gran mayoría de los resguardos , estas nuevas adjudicacio nes
no se pudieron hacer en tierras desocupad as, porque ya no las había.
Siendo la tierra útil ocupada totalmente , las nuevas adjudicaci ones sólO
se podían hacer mediante disgregaci-ón de parcelas ya adjudicada s, lO
que llevaba a una disminució n progresiva de la superficie de cada una.
Esta subdivisión , practicada durante decenios , produjo un exagerado
minifundio. Durante la particición del resguardo de Santiago, por ejem·
plo, que se efectuó en 1927, le tocó a cada comune1·o ~ ólo una hect&
re a de tierra; en el resguardo de San Juan se calcula el derecho en dos
hectáreas como má.ximo. Debido a esta escasez de tierra !os ocupantes
aotuales de las parcelas, se resisten desesperad amente y por todos los
medios legales y, algunas veces violentos, a una nueva subdivisión . To-
do esto produce insalvables dificultade s. Indio s jóvenes, recién casados,
>e ven oLligados a emigrar de sus tierras en busca de trabajo como jor-
naleros, y sufren la despiada explotadó. n a la que en general está so-
metido el proletariad o rural cuando no tiene respaldo o propiedad al -
guna en su apoyo. Se forman bandos beligerante s de familias. Se co-
meten abusos y atropellos por los influyente s o por Jos fUncionario s del
Cabildo. Los sucesos de sangre están a la orden del día. Se llevan vo·
luminosos y costosos pleitos ante las autoridade s judidales. El indio,
dueño de una minúscula parcela, tiene que vender prematura mente su
cosecha a un precio irrisorio a su vecino blanco y buscar trabajo como
Jornalero; su tierra ya no es capaz de producir una cantidad sufidente
de alimentos para él y para su familia. Así cesó en el resguardo de Ca-
qui ona la ·práctica de adjudicar nuevas parcelas ya hace más de cinco

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EL IND10 J!:N LUCHA POH LA TJEJtRA 167
años; a pesar de ·l as disposiciones legales es materialmente imposihle
subdividir las parcelas existentes. ·L os hermanos venden sus derechos
durante ln vida de sus padres o a la muerte de éstos y emigran o se
quedan como jornaleros en parcelas de otros comuneros, más afortu-
nados y más ricos. Existe así en Caqui o na un fuerte grupo de. peones
asalariados que, aunque comuneros, no son poseedores de tierra alguna
para el cullivo. En ·P ancitará. Rioblanco, San Juan, etc .. etc., la emi·
gración es notoria. Los resguardos de hoy son sólo expectros de las
comunidades indígenas de otros tiempos.

Otro de los graves problemas que confronta la población indígena


de un resguardo es el sistema tributario. Las disposiciones legales la
eximen del uso del papel s·ellarlo y <lel pago de los impuestos sobre la
t·enta, el patrimonio y valor predial de sus parcelas. Es cierto que se
pagan algunos: a si ']JOr ejemplo, en San Sebastián se cobrn impuesto
1-H:dinl sobre easas con techo de teja, aun cuando pertenezcan a Jos co-
muneros y estén construidas dentro del terreno del resguardo. Los in-
<lios cstún también obligados a pre , tar servicio militar- (Seria de gran
int ('r~s la investigac;ón de la influen cia que ej·erce el ambiente del ejér·
dto sobre los reclutas indígenas, pues según fidedignos testimonios, el
indio, que por falta de fondos no puede pagar su libreh militar y ~~
enrola en el ejército, rarísima vez vuc lve a su resguardo). Pero en ge-·
ncral, no son éstos Jos impuestos que agobian al comunero.
Ln gr:i YCdacl de los tributos radi-ca en la obligación. qur paga el in-
dio por <lis·posición del Cabilclo en días de trabajo gratuito y en las vo-
lun t:~r ias contribuciones que rinde , como fiel y sincero hijo, a la Iglesia.
Entre estos {'los tributos hay una aparente diferencia por cuanto el tribu-
to al Cabildo está de antemnno fij ado, mientras que el tributo a la Iglesia
es YOluntario. Sin embm·go, la aparente rliferencia de moti vos -curyo
anillisis no corresponde n este estudio -palidece ante la ~-ealidad d~ los
hechos que, dC' todos modos. hacen del indio el ciudadano más gravado
eon tributos en Colombia.
Algunas -cifras y observaciones comprueban esta situación. El afio
común tiene fuera de los días del descanso dominical, 313 días fle tra·
bajo. De allí de contnremos h1s fjestas religiosas y las fechas Dnciona·

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168 .JUAN FRIEDE

les de guarda obligatoria que suman 37, quedando así 276 días útiles de
trabajo al año.
La "obligación" impuesta por el ·Cabildo, fluctúa entre quince y vein-
ticinco dias, lo que a su vez reduce a 256 ·los días de trabajo.
Las poblaciones de los resguardos indígenas no tienen días de mer-
cado. Para vender sus productos y abastecerse de sal, sebo y algunos
artículos domésticos, tienen que ir a los mercados de San Sebastián, La
Vega, o Almaguer, ciud ades todas distantes de los resguardos por lo
menos a mecHo día de camino. El indio sale -el día anterior de su ca-
baña. duerm e en la ciudad. compra su mercado y vuelve al atardecer
del siguiente día. En vista de la prohibición de establec-er lo s dias de
merca do en los domingos, so n semanalmente un día y medio útiles, que
el indio pi erde por el>tc concepto. Esto reduce la suma total a 178 cHas
al año .
.L.as fiestas religiosas. que no son estrictamente de guarda, son ob-
servadas rigurosamente entre los indios, católicos ejemplares. Son Jos
dias d<l.' los Santos: San Juan, San Cristóbal, Slln Ignacio, San Antonio,
etc.• que reducen la suma a 168 días .
Cada año se celebra la fiesta del Patrón del resguardo :mspiciada por
la Iglesia. La aeompañan una intensa colecta de dine1·os en favor de los
servicios al Santo y un profuso consumo de bebidas alcohólicas, con las
consecuentes riñas y peleas. La fiesta dura un promedio de cuatro n
seis días, lo que a su vez reduce los días del trabajo útil a 163.
Cada año van "comisiones de la Vii~g en" de un resguardo al otro.
Consisten en procesiones que llevan una imagen del Santo, para recoger
limosnas a favor de alguna obra religio ~ a. ,Cientos de indios :lo acom-
pañan con tambores y flaut as y cada cual toma parte en una comisión
por lo menos por unos dos días. Tres comisiones son las que en prome-
dio constantemente recon·en la región del ·Macizo Colombiano. Ellas
rebajan el total de los días uti:izables para el trabajo a 157.
De aquí resulta, que de los 276 días útiles, que sirven a cualquier
colombiano para procurarse medios de manutención, 119 días o sea más
del 40 'JlOr ciento, se pierden para el indio debido a las condi-ciones de
vida en un resguardo y a su carácter de católico fervi-ente . Estas cifras
demuestran toda su graved ad al añadirles lo que el indio paga, ya en
dinero, ya en especies, a la Iglesia. Aquí hay que mencionar en prime•

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l!:L INDIO E~ LL:CHA POR LA TIERRA 169
lugar el diezmo, que el indio entrega escrupulosamen te al comerciante,
que cada aiio r·:·mala la renta de diezmos y pdmiticias en favor de la
lg1esia. Y esto sucede a pesar de las escasas cosechas, tan escasas que
el principal producto, el maíz, casi no se o·frece para la venta en los
me~ados. Escrupulosame nte deja en el campo la déeima parte de su
cosecha para que se pierda, si no es reclamada. El diezmo representa
quince días de trabajo anuales.

De este llll!JUest.o decia ya el notable economista de la Gran (..!o!omblu.


Castillo y Rada (memorlu de 1 ~ 26) refiriéndose e!Ítonccs •t toda la pohla·
clón: "El diezmo crleslfostlco es el prlmH obstáculo, f¡ue Jmpli!P su ]nogre·
so y retarda ~u ;prosperlclad. El dlozmo es nna contrllmclón dirc;cta sobre
sus productos t1rutos, f¡ue no haja de un 30 por lOO y que en much:ls partes
<fA la República excede dP- un 40; es un tributo monstruoso a que est>10
afectad,ts en heneflclo del clero todas las tierras do la RepúlJIIca; carga pe ·
sadislmÍI. que p~sa solamente sol>re la producclún más 1itll )>ara la sociedad
y ~olHe Jos ciudadanos más dig·nos de la protección de las ICTPS".
Re~]Je<'lo a una consulta sobre los diezmos eclesiásticos. ~ncontré la ,¡ .
gulente carta en un ard>ll·o ¡Jal'l'oqulal:
"Diócesis de Popayán-:'tllnlste rlo Parroquial.

El no~nl, junio 7 1lc 1~9(!.

Al Slndleo de la Santa JgiPsln de San Sebastlán.

En h1 consulta fiUC el lnfras<·rlto cura hizo al Ilmo. sei\or ObiSilO, lmllán·


dose como se encuentra servidor de pueblo de in<llos. - :m sei\or VIcario del
Cantón de Caldas de orden expresa del !Ilmo. señor Olllspn non nuenaven·
tura Ortlz, dispone, que en los pueblos de lndigenas, que ésto~ establezcan
sementems de cualquiera clase de , ·iwres comestibles, paguen el Diezmo y
la Primicia a la Ig·Jcsln de DioR, conforme a lo mandAdo en el quinto man·
damlonto de la Ley de Dios.

El Santo FHnodo del Oblspa¡lo en su capitulo XXX, artirnlo XVIII: que


dicP expresamente, donde haya ¡>arc!nll<lndes d~ lndigena~ rl ('ura Párroco
nombrar:í. un ('apltfin para que é'tr llame a Jo~ H'rinos <14' su pohlaclón pa·
ra el iomC>nto o establecimiento <11• senHinteras a fa\u.l' de la Iglesia; esto
¡1ara el culto de Dio~ y para ln compro J ornato de la Santn J,;Iesla; y co·
mo yo (estoy) recomendado Cura Interino de la Parroquia de El Rosal, han
corrido tres años y usted no mo ha dado cuenta del JHO<Incto de la semen·
tora o sementer·as que !>aya establecidas en favor de esta Santn Iglesia de
San Sebastlán.
Por tanto ¡>revengo a usted que dentro de ¡>erentorlo de ocho dias me dé
cnenta del número de cargas de trigo y de maiz, qne se hayan cogido en su

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170 JUAN FRIEDE

eoseeha, para yo mandar se vendan de acuerdo con el sindico de In. Parro·


qula: este beneflcl~ de la Iglesia de San Sebastlán.

Hace tres años que ni usted, ni el sallente sindico me han dado cuenta
de haber pagado Diezmo ni Primicia, el Diezmo de cada dlez, y la Prhnl·
cla de cada siete guaehos uno y del trigo de cada cargt\ do a ocho, una
arroba.

En esta virtud, mando a usted que tanto del año pasado como del pro·
sente pague usted la cosecha de todo lo que pertenezca a la Iglesia y me dé
cuenta hlmedlatamente para los fines que me con,·lenen. Yo estaré n.Uá muY
pronto ... "
En los archivos parroquiales se encuentran por centenat·es recibos corno
este:

"::0. esotros, Canuto Rh·era y Jua11 Antonio Guamanga, sindico de esta


Vlceparroqula y Gobernador de esta Parclaiidad, aclaramos que tenemos
l'eclbido uu becerrlto de color negro sardo y señal de sangre en la oreja de·
recha, palmo, y en 1" Izquierda razgo y con esta marca (B) al selior Fldel
Cruz. Esto semoviente Jo ha~ e pago por las ollllgaclones qno le eorreRponden
y desde esta fecha 21> de mayo 1907, aclarando que es por el término <le !J
afies 6 meses; as! es que J)Or tal razón no tiene ninguna autoridad eclesláS·
tlea a exigirle en los trabajos de la Santa Iglesia. Para que conste firma-
mos (•1 presente recibo ... ".

Las "Comisiones de la Virgen" producen copiosas entradas y a~le­


ran en grado apreciable el empobrecimiento del indio. Así, por efem-
plo, produjo la Comisión de la Vi~en del resguardo de San Juan, como
con orgullo me anunció el síndico de la Iglesia, $ 1.800.00 en los cuatro
meses del ;::ño 1942. Esta ~urna se empleó para edificar un nuevo fron-
tis de la Iglesia, cuya construcción s-e terminó en el año siguiente con
un costo total de más de $ 12.000.00. Basta tomar en cuenta el jornal pro-
medio de esta región <rue es de $ 0.25 diarios (año 1943) para ver Jo
gravosas que son para el indio la.~ comisiones de la Virg-en y lns edifi-
caciones suntuosas. tan fuera de toda proporción con el valor de su pa-
trimonio.
Un bautizo cuesta $ 1.00. lo que representa cuatro días de trabai<>·
$ 2.00 es la cuota usual que el indio paga por el privilegio de al>rigar
por una noche la imagen del Santo en su casa durante las Comisiones:
esto representa ocho días de trabajo. 1Una misa cuesta de dos y medio
a cinco pesos, lo que equivale de diez a veinte jornales. Un viaje del
cura a un resgunrdo para celebrar una misa cuesta hasta $ 150.00. que

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·:mL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 171

.~on suscritos por los "fiesteros". Todo paga su tarifa: el nacimiento, el


matrimonio, la muerte, la fe, las fiestas y los duelos. El indio trabaja
semanas y semanas y hast.a meses enteros para pagar estos óbolos. Sin
~agerac~ón se puede decir, que el setenta por ciento de su producción
-va como tributo al Cabildo y a la Iglesia. Esto sin tomar en cuenta los
.impuestos indir<!ctos, que paga el indio al Estado en el precio del aguar-
diente, del tabaco, de los fósforos, de la ohicha, etc. Así es como el in-
<'lio. el más ~)obre de los colombianos, es el ciudadano más gravado por
impuestos. Ellos lo dejan apenas al margen de ia .sobrevivencia y le
ifUitan la posibilidad de progresar tanto racial como socialmente.

Oko de los graves problemas dentro de un resguardo se produce


en sus relaciones con el Estado. El indio no favorece en nada el Es-
:tado: no sólo no paga impuestos, papel sellado, etc., sino que utiliza
"los días de trabajo, de la "obligación". enteramente a favor de la Igle-
sia. ·Con ellos se construye y se blanquea la casa cural. se repara el
·:templo . se atiende al molino, ·se siembra el trigo y se lo cosecha, se lim-
;pia los potreros y se cuida los animales de limosna. Los indios no ayu-
·dan en el sostenimiento de los caminos, ni de Jos edificios públicos, ni
-ofrecen sus servicios gratuitos para ningún oficio público. Sólo las es-
·cueJas -míseras chozas, estrechas e inadecuadas- son construidas con
-el trabajo ele la obligación.

Del libro ll.e los Inventarlos. llevallo en el resguardo f\e San Juan, trans·
rrlbo el encabezamiento del Inventarlo para el año 181!2, que unede servir
de ejem!)lo de Jos demás aflos: "Inventarlo que formamos Jos empleados
que cOlll!lOnemos el pequeflo Cabildo de Tndigenas de esta Parclalld.ad •le
San .Juan de lo poco, en nuestra pora Inteligencia y ron ayuda de la Vlr·
-g~n Rantislma do los Remedios, Patrona de esta Vleepnrroqnla: Hemos
hecho hlwer algunos trabajos favorables a esta Santa Madre Iglesia en el
presento afio de 1802; y las cosas que quedaron para que Jos eontlnóe el
entrante Calllldo de 1893, en cumplimiento de sus deberes en favor de nues·
tra Santa 1\lll.(lre TgleRia de esta Parcialidad, Y es como sigue (aqui RO
enumeran trahajos efectuados en reparaciones del altar, de las paredes,
del c•unpmuulo, los gastos Jleehos en la siembra y cosecha ll.e trigo, ll.e la
admlnlst•·aclón del n10Uno, etc., etc.").

Siendo el interés del indio dirigido totalmente hacia la Iglesia. exis-


-te una comprensible indiferencia hacia el Estado: la celebración de
~fiestas nacionales es desconocida en un resguardo; la participación en

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172 . ·J U A N F R I E D E1 .

las elecciones es ·poco activa y el indio se entrega despreocup adarnente


al gamona·l 'POlítico o al cura de su pueblo; no se conoce un verdade-
1'0 interés y preocupac ión por la vida de la· Patria. Por otra
parte las
prestacion es del Gobierno a este sector de la pob~ación son sumamen-
te re<lucidas. Sólo pocos maestros de esruela son pagados por el Go-
bierno. Los demás son nombrados por los Cont:ejos :\•fun icipales, ad-
versario .:; decididos del indio. El sueldo de estos maestros f·l uctúa entre
~ 7.00 y ~i 10.00 mensualm ente (año de 1943) ry sirv~·penas para equi-
librar en ralgo los presupuest os de qui-en, por inflt ncias personales .
consigue el nombrami ento, sin ·que su preparació n pa a una obra edu-
cativa ~e tome en cuenta. La escasez de las escuelas qn los resguardos
es en sí aterradora . Caquiona con casi 3000 indios s9lo tiene clases-
cuelas; San Sebastián, sólo una; Jo mismo Pancita1·á, San Juan, ele. La
falta de servicios médicos es abso· ~ nta. Los resguardos d~J Macizo Co-
1ombia .10 no conocen las prestacion es sanitarias establecida s para otros
Jugares del país, y hubieran desapareci do desde hnce tiCJTI1)0 , d el cli-
ma frío y sano no favorecier a a su población. Faltan. por cierto datos
estadístico s sobre la mortalidad . Pero jamás olvidaré la mañana del
!i de noviembre de 1943 -era un sábado, día de mercado en Almaguer - .
en que Jos inclios llegaban a la vieja y oscura Notaria, para hacer re-
gistrar las clcfuncion rs de sus familiares . Llegaban hombres y muje-
res de iodas las edades, unos como declarante s, otros como te stigos.
Hací~!n 'falla tres testimonio s para cada decl aración, pues así lo exi-
gían las disposicion es legal-es en casos en que el ·d eclarante no sabía
firmar: esto sucedía siempre y lo mismo acontecía con los testigos.
El viejo notario, con voz seca y monótona, preguntab a por la edad, el
sexo y la causa de la muerte. Se anunciaba n defuncione s producidas .
segt:m declaracio nes, por "cólicos··, "vientos", "mal de ojo", sin asis-
lf~ncia médica de ninguna clase. Maridos había que declaraban la muer-
te de sus j.éw~ nes esposas de "gripa", "fiebre". "mal de barriga", "dolo-
res en las costillas'', mal de cabeza". En la mayoría de los casos se
pedía el rcgi ~ tro de la muerte de "angelitos" , -como llaman a niños
de corta edad, cuando mueren antes de recibir su primera comunión.
Algunas veces de dos a la vez, pues morían con intervalo de pocas
horas. Apunté 23 casos de muerte, sin que en ninguno se hubiera po-
dido precisar e-l v-erdade·r o motivo, la verdadera enfermeda d que ha-
hí a causado 1a defunción.

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EL INDIO E:-1 !,liCHA POlt LA 'l'JEnHA 173

Otro de los graves •p roblemas que se presenta n en el resguard o s


su organiza ción inll'rJHt. El Gobierno Hepublic ano siguió el casuísmo
de las autoridad es cspa f:.olas: una vez expedida s las leyes sobre los
resguard os. intervino sólo en casos excepcio nales para resolver lo'>
problema s que se presentab an. Abandon ó el resguard o a su suerte y
a la merced de las autoridad es judiciales . Ya describí, oómo las con-
diciones económic as es decir la falta de tierras suficient es, r om-
pieron la unión de la població n indígena alrededo r de su cabildo y
como éste utiliza su posición social 'p ara favorece r a ciertas familias
con detrimen to de los intereses de los demás . .Muy sospecho sa me ha
p arecido la queja del Goberna dor del Cabildo de San Sebastián , de
q,ue el período para el cual fue elegido -un año- eTa muy corto,
pues "apenas comienza uno a trabajar se pasa e l mio ... ·· En algunos
resguardo s, como en Caquiona , Pancitar á y Guachico no. la injusta dis-
tribución de par.celas produjo un numero ~ o gru•p o de desposeíd os, que
esperan la partición oficial para reivindic ar sus derechos . A ella se
oponen otros grupos que. mediante influen cias. int•rigas y puestos en
los cabildos. consiguie ron dos o más adjudicac iones. En otros resguar -
dos, como en San Juan, los comuner os ricos ~ · poseedor es de tierra-.
situadas fuera del resguardo , quieren la partición para poder ensan-
char sus propieda des a costa de los demás comuner os; los otros, due-
ños de míseras parcel as, se oponen a ella por trmor a crecidos gasto·s
de la partición y por la duda en la justicia y probidad de los reparti-
dores. Las condicio nes económic as en cada uno de los resguard os de-
terminan la actitud de su població n frente al reparto de las tier<ras .

Estos son los principal es .problema s que afrontan Jos indios del
resguard o y que se suman a los problema s generales del campesin alo
colombia no, que no son tema del presente estudio.

J 1I

ALGUNAS SUGEST IONES PARA LA SOLUCIO N DEL PROBLE MA


INDIGEN A DE COLOMB IA.

Los resguard os indígena s del Macizo Colombi ano llegaron al punto


crucial de su historia. Las condicion es son tales que ya no es posible

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174 JUAN FRIEDE

abandonar a los resgua-rdos a su propia suerte. Tal aoción equivaldría


a permitir que desaparezca definitivamente la raza india, sin dar nada
a la nación de su .g lorioso pasado; que vastos terrenos de la Hepúbli-
ca, ,q ue abastecen ahora con alimentos a un crecida población, se tor-
nan en potreros descuidados para un ganado raquítico; que se de ~ ­
pueblan los campos y las dudades, suerte que corren siempre las tie-
rras de un resguardo después de su repartición; que ~iga, bajo la in-
diferencia del Gobierno, la ex,plotación del indio por el Cabildo ; que
continúen lns injustas adjudicaciones y que blancos arrebaten tier1·as
y cosechas a precios irrisorios. ~inguna nación que cuide de <u rn .t d
puede permitir, que una parte de su población viva en condiciones ,}e
la raza india, trabajando cuatro dias de la semana para el Cabildo t•
Iglesia y S·ólo dos días pm·a su manutención. ¿,Podrá esperarse un pue-
blo biológicamente fuerte, cunndo los P,roductos de estos dos días jtc
trabajo tienen que cubrir las necesidades alimenticias de toda la se·
mana? La resolución definitiva de estos problemas es un deber ¡k 1
Estado y la creación del Instituto Indigenista Interamericano con sus
dependenci:: s nacionales en cada uno de los '])aíses. demuestra l u reuc-
ción qu·c prc>dujo en vastos sectores ele la.> .sociedades amerieanas e!
hasta nhora descuidado problema indígena.

Con bas·e en el orden social existente, el grave problema de la e~­


ca •ez de tierras en los resguardos indígenas podria solucionarse en va-
rias formas: 1•. cambio de l método extensivo de la labranza de la tie-
rra, método qu-e prevalece ahora en la economía de los resguardos, por
uno intensivo, 2•. adjudicación de las adyacentes tierras baldías a lüs
resguardos; 3•. transplantamiento> parciales o totales de los resguar·
dos a los baldíos de la República.
El cambio de método d.e producción sólo se puede hacer mediante
la transformación de un ·r esguardo en una cooperativa de producción
y <'Onsumo. El resguardo indígena es por su carácter más que cualquie·
ra otra comunidad propicio para e.s la transformación. Existe el factor
económico para ello: la mediocre calidad de la tierra, las dificultades
que se presentan en el expendio de su productos agrícolas y en su abas·
tec:miento con los artículos de primera nec€sidad y la agricultura co-
mo medio uniforme de subsistenci:J. El momento psicológico tambiéll

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J'!YI, INDIO J;;N LUCHA POR LA TIERRA 175
favorece la formación de la cooperativa: el indio, ·p or tJ,-adición, est<í.
acostumbrado n ayudarse mutuamente, a formar "mingas", a encar-
,gar a los vecinos la venta de sus productos . etc., etc. Además le falta
.una ambición personal ilimitada, q,ue pone en peligro los iuterD: es de
la comunidad. El factor ra-cial ayuda también para el mismo fin: la
pertenencia a la misma raza 'Y la concienc ia de ser perseguido por los
.blancos, produce un sentido de unidad y de apego a la colectividad.
Existe por fin la tradición histórica: ser regidos por un cabildo, ele-
.gi.do mediante voto popular y delegar en él sus derechos. Una inver-
oon de un banco hipotecario o agrícola. pm·a el fin de dotar a una
-cooperativa indígena de maquinaria agríco la moderna, de semillas y
reprorluctores. encontraría en el patrimonio del resguardo una mag-
·fifica seguridad por cuanto las tierras están deslindadas, no pueden
ser enajenadas y ,se trabajan con más esmero, que las de los demás
.campesinos. La transformación de los res-guardos en cooperativas po-
dría solu-cionar para los próximos decenios el problema de su esca:· ez
.de tierra, pues no hay duda de que la forma intensiva de ex.plotació.1
daría subsistencia a un número mucho mayor de comuneros, de lo que
es capaz el resguardo actualmenl·e .
La adjudicación de terrenos baldíos a un rc:>guardo también podría
so)ucionat· en parte este problema. Algunos resguardos colindan con
i>ald106 de la nación, como por ejemplo San Juan; otros llegan a las
a ltas cordilleras, qu-e aunque no vropiamente baldíos son poco ocu-
pados en la actualidad y servirían como criadero para Jos .g anados del
·resg uardo. 'D onde no existe esta colindancia un buen camino de pene-
tración daría los mismos resultados . Todos los resguardos del Macizo
Colombiano están si'tuadOiS en la Jadoera occidental de la cordillera, y
un buen camino, que ah·avesare la coTdillera, daría acceso a un inmen-
so territorio, de prodigiosa riqueza natural, en parte con magnifico cli-
ma, con buenas comunicaciones fluviales: inmensas selvas y llanos
que bien podrían ser poblados por el exceso de la población indígena
.-U go parecido está ya S'Ucediendo en e'l pequeño resguardo de San
.luan. En el sitio de Descanse, en el territorio del Caquetá, se formó
uua colonia de varias familias indígenas , que si'l've como válvula de
escarpe al excedente de la pobladó.n. Sólo la falta de un buen camino .
e-~ lo que dificulta el desarrollo de esta nueva fundación .

Otra forma de resolver el problema seria la aplicación de la vieja

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176 .TUAN FRJEDF.::

¡){)~ítica espa~i.ola de •transplantamiento de los pueblos, siempre que se


proceda ..~:-n forma justa, de acu-erdo con los deseos de los indios y 5Ín
violencia. Los terrenos de los resguardos, por su relativa proximidad
a impDrtantes vías de comuni-cación, subieron .últimamente en su valDr
comercial. Parcela.> trabajadas y cubiertas con ,frutos de la ti.·CI'ra se
cotizan a $ 80.00 la hectárea. Vendiendo o •parcelando las tirrras de un
resgu.::rdo que está excesivamente poblado, se obt.cnrl!'Ía una aprecia-
ble cantidad de dinero, que serviría para instalar a la población indí-
g-ena en un territorio baldío de la Repóbli:ca. }fediant<(' ayuda de un
!Janco se podía conceder al indio comunero el derecho de preferencia
en la venta o parcelación de su resguardo, lo que llevaría sólo a un
parcial transplantamiento del pueblo al territorio demare ado por el
Gobierno. Estos trans1Jlantamiento •, sean totales, sean parciales, colo-
nizarían ext<'nsos territorios muaho más rápido, de lo que son capa-
ces los costosos ensayos del Gobierno de conseguir paro estos tcri'C-
nos una inmigración agrícola extranjera. El proyecto de los trans-
plantamientos de los pueblos no es unn utopin, por cuanto se practi-
có •profusamente <('n los tiempos de la Colonia y se practica todavía
entre varios pueblos modernos con una sana y -científica política de-
mográfica. Buena voluntad hacia e'! indio. leyes que garanti>Cen 1::1
inviolabilidad ele sus posesiones y alguna ayuda parn h. apertura de
C.'1mino', <'S Jo que hace f:'lta para resolver satisfartoriamen'te este
problema.

Otro problema, el de las relaciones ent·re la poblac~ón indígena y


e 1 Estado. debe también encontrar solución ad·ecuada. Las escuela-S
podrían ser lugares por donde se infiHra la influencia del Estado y
el sentido de Patria Colombiana. Allí se podría formar un ciudadano
indígena colombiano; allí podría ser el maestro de escuela el mejor
amigo de ·Jos indios; podría nconsejarlos en sus problemas, necesida-
des y dificultades.

Las unidades sflnitarias son otra de las perentorins necesidades de


los resguardos indígenas. Hoy por hoy, el extenso territorio com'J)ren-
dido entre Popayán, San Agustín, la Cordillera Oriental, Bolívar y La
Unión . no cuenta con una sóla unidad sanitaria. Sólo por medio de es-
LHs unidades se puede emprende1· una lucha eficaz contra la supersti-

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8L INDIO EN LGCHA l'OR LA TIERRA 177
ción y un sinnúmero de yerbateros a cuya merced está entl"('gado el
indio por ra :ta de médicos, boticas y drogas; la creación de unidades
sanitarias despertaría una vez más en el indio la confianza y el ape-
go al Estado, taks como los tenía anteriormente a la Corona Espa-
iiola _

'
-Muy serio es el problema de las relacit11'les del indio con la Iglesia.
No hay duda que ella le 'proporciona un apoyo moral, tan necesario
por el completo abondono en que se -encuentra la población indígenu.
Le ofrece un sitio decente de reuniones que son las ig!esias; fiestas
que a pesar d<~ ser religiosas, son esencialmente sociale s- El apego del
. m dio a la Iglesia, es comprensible; desterrar este avego es imposible
riadas las condiciones actuales de la vida en los resguardos_ Pero pa-
¡·ece que la Iglesia Cat.ólicn, que tantas veces en su historia snpo amol-
dnrse a condiciones sociales dive1 sas, se olvidó del indio, de su ex-
lrema pobreza y de ~u 11recaria. situación económica, pues de otro mo-
do no se concibe como permite la cons trucción en un resguardo indí-
gena de un frontis por valor de $ 12.000, cuando el remate de diezmos
produce $ Hi7, lo que hace suponer el valor total ele la p•r oducción
agricob menor de $ 2.000 anualmente; ni que permita tantas comisi c -
nes de la Virgen; lántas fieslns patronales; tántas y tan altas tarifas
por servicios religiosos.
La excesiva rellglosltlad del vueblo, siempre ha pnocupado a los PSta·
distas colombianos. De ella dice Antonio l\Ianso en su Información do 3~
do jullo 1729 como presidente de la Real AU(Ilencla de Santa l<'e: "he re·
senado nara la con!'ln•lón o\P ~>sto Informe otra oto las cansas unhersnle~
tle la polJnza del reino y sus habitantes, t:lll dificultosa rto• remO\'er qnl'
só lo al poderoso brazo do Su 3Iajestad pnNlc ser re senado su remedio. E~
:t~i, SCJ1or, f!lle la ¡Jledad de los flell's de estas ¡Jartes os exccslva. Ha en·
rJr¡uecldo a Jos monasterios y r!'llglosos con vorlns llmo~nas, obras pias.
que fundan en sus Iglesias, capelln.nias para l¡ue les Nir' an los reli~<losos ... "
y en 1831 oiJsen abo. .José [gnacio de )lárquez al referirse a loo,"(iias dt·
trabajo que tJierile el pueblo 11or la excesh·a canthlad de fiestas r ell¡!losas:
"es lndcclllll' lo qu~ deja tlo producirse 110r cada lnctiTiduo de la 80clelltul
en ltquellos dios Jos cuales se multiplicaron demasiado, como ~1 Olos Y l<H
Santos es honrasen y cOIII!IIuclesen con la oelosl<lad. Deblent trata .r se, ¡me•.
de acuerdo con la Santa Sede de que lllsmlnnye~en, quedando reo.lucldos n
Jos domll¡¡;·os y m u y ¡¡ocas fiestas prlnclpale&".
Lo qutl entonces era , ·erdad pn.rn tollo el pueblo, os Jwy rlia ante tnd<•
l' eridlco pura Jos ln<llos.

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178 JUAN FRJEDE'

No dudo, que un estudio minucioso de las relaciones del indio con ·


la Iglesia, produciría una reforma del sistema, que, aunque volunta-
rio , representa un tributo , y muy gravoso, para la población indíge-
na de Colombia.

Los abusos que comenten algunas veces Jo,s Cabildos se deben a una:
comp~eta falta de control por parte del Gobierno. Basta decir que nun -·
ca fue nombrado un visitador oficial que observe el manejo de Jo~
resguardos. Ni en el seno del Cabildo existe un fiscal que controle lfls
entradas en dinero, con que algunas veces pagan los indi os H l trabajo
obligatorio. Ni existe todavía una oficina de asuntos indígenas consi-
derf: ndose el problema como el de las tierras del resguardo y delegán-·
dolo, por consiguiente, a una oficina general de tierras del Ministerio.
de Economía. La cesación de los abusos cometidos por los Cabildos
no p1·csentaría dificultades al existir un verdadero interés del Esta·
do por el buen gobierno de los res-guardos.

La cuestión de la conveniencia del reparto de las tiorras del re~­


guardo entre los comuneros, es cuestión discutida. Estoy convencido
que la partición, lejos de ser un beneficio para el Estado, produce un
grave pcrjuido para Jos indios. De todos modos, si se deja aparte el
natural interés que tienen los terratenientes en la repartición del r es·
guardo, interés que no puede confundirse con e·J nacional por tratarse de
un .grupo limitado de ciudadanos, la repartición sólo podría exigirse por
motivos, que en la Nueva Granadn condujeron a la ex•pcdición de las
leyes de 1832 v 1834. Dice L. E. Nieto Artcta: "El mayor de~arrollo de las
nacientes ma.~ufncturas neogranadinas exigia la desaparición de la. eco-
nomía agrícola, la ·c ual es'taba expresada y representada por los res-
guardos de indígen as. Era ne~esario ampliar el mercado de tra.bajo y
para ello debían .suprimirse los resguardos a fin de que los indios, ven-
<licndo libremente sus parcelas, se trasladaran a las ciudades en las.
cuales se transformarí an en aprendioes y obreros de los talleres y de
la.s manufacturas". 'D ice además: "por tanto, rpara la economía manu-
facturera lle la Nueva Granada la supresión de... los resguardos re-
presentaba la formación de un amplio mercado libre de trabajo y .t.a·
elevación de la demanda interna de productos".

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EL INDIO E:-1 L UC HA l'OR k\ TIERRA 179

No hay duda, que si el país !hubiera sido industriali zado como }o


suponían los estadistas de la Nueva Granada , los resguarr~os hubieran
d-esaparec ido ya hace tiempos. Pero no fue así. Donde hubo par'tición,
ella no transformó al indio en un obrero m anufacture ro, sino en un
. terrasguer ro más infeliz de lo que era como comunero y con una me-
nor capacidad de consumo que lo ~ra aquel. Ya Dn. M~guel Samper es-
(Tibia en el siglo pasado '.O IJ.re el fracaso de la reform a agraria de
1&50, "los pobres indígenas fueron inducidos a vender sus pc.quoeño.s
lotes ele tierra en Jos ctJa~es tenían choza .propia, gozaban de cierta
independe ncia y .¡> ncontraba n una base segura }Jara subsü¡tir. En po-
cos años toda esa propiedad quedó concentra da en pocas manos, el in-
dio pasó a ser arrendatar io, la tierra fue destinada a oría o sebas de
ganado y el consumo de víveres p erdió gran parte de las fuentes que
lo alimentaba n". Muy actuales parecen esa; o'bscrvac.ion·Ps: esto mismo
sucedió a r aíz d e la repartición del resguardo de Santiago en 1927. Tam-
bién Dn. Salva<lor Camacho noldán observó un os años más tarde: "au -
toriza rlos para enajenar su r{'- guardo en 1858 inmediatam ente lo ven-
dieron a vil precio a los gamonales de sus pueblos; los indígenas se
convirtier on en peones de jornal con un salario de cinco a diez cen-
tavos por día, escasearon y •Cncarceic ron los viven' ' • las tierras de la -
bor fueren convet·Lda s en dehesas de ganado y los restos de la raza po-
seedora siglos atrás de estas ,regione-; se dispersaro n en bus.c a d-e me-
jor salario a las Licrras calientes donde tampoco han mejorado su tris-
te condición . Al menos . sin embargo, han contribuid o a la fundación
de las haciendas notabk•, que pueden observarse en tod o e; descenso
de la cordillera hacia el Sur y h ~tcia el Suroeste. hnsta .\mbalcma ... •·

Camacho nohlán ha visto el problema del r-rp r' rlO de los resguar-
dos en su justo úngnlo . "Al menos .......... han co·ntribuíd o a la fun-
dación de las haciendas notabks . .. " es el único motivo por el cual
se puede justificar un repartimie nto. Otros motivos no puede haber:
Colombia es todavía un prtís esencialme nte agrícola, · no se siente ]a
escas<'z de obreros manilfactu reros ni la, · apenas ct·eciente, industria
podría abs01·ber lo·s miles ele indio<> si verclitdera mente éstos se ofrecie-
ren en un momento dado en el me·r cado libre de obra el~ mano. Gene-
¡·aciones se necesitaría n, además, para convertir los indi os, que por
tradición y lazos eco-nómico s son trabajador es agrícolas, en obreros in-
du<>triaks. Por otra parte, ¿vale la pena sacrificar un resgna•rdo indí-

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180 JUAN FHIEDFJ

gen a para fundar en sus tierras haciendas de particulares? Sería tal


transformación de interés para la Nación? La contestación sólo pued·e
ser negativa. El t·esgua·rdo es económicamente mns eficaz, por cuanto
produce mayor cantidad de productos agrícolas <¡;ue un grupo de cam-
pesinos libres en las mismas condiciones, y crea muchísimos más v!l~
lores de utilidad social, que lo hace un latifundista o hacendado sobre la
misma extensión de terreno. Los resguardos no estorban la vida econó-
mica de la Repllblica. Al con'trario, proporciOJlan obra de mano, eomo
peones, en las haciendas vecinas y mediante un abnegado ruido de ani-
males producen una a•b undante cantidad de ganado vacuno anualmen-
te, que se cria con desperdicios, labazas y un es-caso pasto de los ras-
trojos, val.ores que ,s.e .p ierden en la economía de un hacendado y mu-
oho más en la de un latifundista. Los resguardos abastecen con trigo
importantes centros po'blados. ¿Para ·q ué •pue.s relpartir Jos resguardos?
Si la Nueva Granada. esperando la industrialización del país, expidió
disposiciones sobre repartimiento de las tierras del resguardo, la Re-
pública puede y debe revocar estas disposiciones, siendo el pais hoy
todavía esencialmente agricola.

Por ot·ra parte el procedimiento del reparto de los teneno.s de los


resguardos se rige todavía por disposiciones legales que fueron expe-
didas hace más de cien años en la Nueva Granada. Est-e vrocedimlento
resulta ya muy inadecuado. Conduce a pérdida de muchas mejoras. co-
mo lo son cercos, casas, chambas, etc. Exige una laboriosa y costo·
sa medjción de cada parcela. Esta es una unidad orgánica: destruir-
la. redunda ·en perjuicios para la economía de la comunidad indígena.
Si Colombia insiste en la repartición de los resguardos, es necesario
buscar procedimientos más adecuados. Sería por ejemplo más senci-
llo y menos gravoso. en vez de medir y partir realmente el terreno en
cientos de parcelas, avaluar las parcelas Ocupadas actualmente y fijar
el valor promedio del derecho de cada comunero. Pagando los due-
ños de parcelas mayores, que les <:Orresponde por derecho, a los comu-
neros que ocupan parcelas menores del valor de su derecho, se obten·
d·ria una relativa equidad en el reparto. Con e11o se evitaría una nueva
parcelación del terreno del resguardo en minúsculas porciones de tie-
rras. que de 'todos modos son incapaces de sostener una familia indi:-
gena. Se vodria entonces sólo repartir los pocos terrenos desocupados,

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EL IND IO EN L UCHA POR LA TIERRA 181

si los hay, y S>ólo aqueilas parcelas que .p or su exten sión son eviden-
temente perjudiciales para .Ja eomunidad.
De todos modos, una nueva orientación de la política indiana de
la República logrará fome·n tar una investigación científica de los pro-
blemas indígenas de Colombia, que esperan angustiosamente una pron-
ta ¡y definitiva .solución.

San Agustín, (Huila). Agosto de 1944.

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SEXTA :PARTE

DOCUMENTOS

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..

DiligencilllS de otorgamie nto de la encomiend a de los indios de Sapúys,


Calcán, y Sacanpúys , a don Martín Muñoz de Ayala. (Archivo central
del Cauca, Popayán, Número 1856. Col. Cl.-5en).

"Se •h ace saber a todos los vecinos


Auto para un pregón público. (y) moradores de esta ciudad de Po-
paryán y a todas las ilemás perso-
nas de esta gobernació n, restantes y !habitantes en toda la ciudad de
élla, como •por fin ry muerte del Capitán Dn. Pedro de Vil'lafañe Mon-
cayo, vecino feudatario que fue de la dudad de Pasto, quedaron en
términos de élla vacas las encomiend as y repartimie ntos de indios de
los pueblos de Sapúys, Calcán y Sacapúys (con) sus añejos, que el
susodicho poseyó en segunda vida; las cuales dichas encomiend as tie-
ne declaradas por vacas y las ha de proveer en persona benemérit a,
como su Majestad lo manda por su Real Cédula. Y para hacerlo, por
el 'Presente manda a los dichos vecinos y moradores , presentes y ha-
bitantes de esta dicha ciudad y de las demás de esta gobernació n, que
dentro de veinte dias primeros siguientes al pregón de este edicto,
parezcan ante Su Merced ry se opongan a la dicha vacante, con sus mé-
ritos y los servicios que hubieren hecho a Su Majesta{l, por sí y por
sus antepasado s. que está presto de oírles y guardarles justicia; y en
otra manera, el dicho término pasado, les apercibe que proveerá en
el caso lo que más convenga al servicio de Su Majestad, (y) bien y vi-
talidad de los dichos indios. Y 1)ara que (reciban) noticia todos, man-
do se pregone públicame nte y se ponga fé del pregón. Dado en la ciu-
dad de Popayún, a cinco de febrero de mil y seiscientos y cincuenta :1
cinco años. Don Luis Fajardo. Por mandato del Señor Gobernado r y
Capitán General. Sebastián Guerrero, Escribano de Su '\1ajestad".

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EL lNDJO EN LPCHA POR LA TIERRA 185
"En la ciudad de Popay.án, a veinte y seis de febrero
~ pregón. de mil y seiscientos y cincuenta y cinco años. en la pla-
za públic:t de élla, en concurso de mucha gente se pre-
gon-ó el erliclo rlc éste (y) otra parte, según y cómo en él se contiene.
rn alla;; e intelegibles voces, por voz de Gaspar ludio, que hizo oficio
de !Pregonero Público; v fue de éllo presente yó, el escribano de su
~'lajeslad. que rlc éllo doy fé, .;;icndo testigos los capitanes Valentín lb"i-
ñrz, alguacil m ayor, Dn. Diego de Velaz·co Noguera y Dn . Andrés Cobo
y Gerónimo ·Correa y otras muchas personas. - Sebastián Guerrero.
escri han o de su )!•ajestad".

"En la ciudad de Popayán, ::1 veinte y siete


l\felchor Inca de Salazar. de febrero d<: mil seiscientos y cincuenta Y
presenta su poder. .c inco ai'ios ante mí, escribano de su Majes-
tad, público del número de la de Pasto y
non1hrado de gobierno en esta Provincia, pareció Dn. Melchor Inca
de Salazar, a quién doy fé que conozco, y me entregó esta peti--
ción con poder del ·Capitán )'[arlín 'Muñoz de Ayala, que es bastante,
como rle él -consta, con más, una Cédula de Su Majestad, original
y dos Reales Provisiones despachadas en su favor por la Real Au-
diencia de Quito, con ot1·os pedimentos y testimonios. para que los
presente ante el señor Gobernador y Capitán General de estas Provin-
cias y le lea la dicha petición, quc es dc oposición a las encomiendas
de Sapúys, Calcán y Sacanpúys. de cuyas vacantes se han publicado
edictos y de su 'Pedimento doy el presente. 'hoy. dicho rlía, 'Y en fe de
éllo lo signo y 'firmo. En tcstimonio de verdad. Sebastián Guerrero, Es-
cribnno de su Majestad".
"Don Melchor Inca de Salazar, en nombre del Capitan
Petición· Martín Muñoz de Ayala y en virtud de su poder, que es
el que presento -con el juramento ne~sario, en la mejor
vía y forma que más haya lugar de derecho y convenga al rle mi parte.
digo: que por Vmd se mandó publicar edicto de la vacante de las enco-
miendas y repartimientos de indios de los pueblos de Sapúys, Calcán y
Sacanpúys y sus añejos que el Capitán Dn. Pedro de Villafañe Moncayo,
difunto, poseyó en segunda vida en términos de la ciudad de Pasto, man-
dando que dentro de veinte días primeros siguientes a la publicación de

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186 JUAN FRIED~

dicho edicto, pareciesen todas las personas beneméritas y que hubiesen


servido. a su Majestad oponiéndose a las dichas encomiendas y reparti-
mientos; en cuya conformidad me opongo a éllos y hago presentación de
estos autos . que están de veinte y ocho .h ojas, en la s cuales se comprenden
una cédula de su 1Majestad y dos reales · provisiones, es que se manda .
que al dicho mi •parte se le entreguen un mil pesos de plata ensayados
en indios vacos de r enta, atento a los muchos servicios del dicho mi
parte y S'US antepasados y remune-ración de éllos, como más por ex-
tenso se contiene en dicha Real Cédula y !Provisiones. Que con ·Jo úno
y .ótro hablando (y) -con el respeto debido, requiero a Vmd., úna, dos
y tres veces y la más •q,ue el derecho me permite, y pido s u cumplimien-
to y ejecución. comenzándose en las dichas encomiendas y repartimien-
tos y prefirie ndo en la provisión de éllos al dicho . mi parte a otras
cualesquier •personas. ·P ues, además (de) -concurrir en la del dicho mi
parte todas 1as calidades que requieren para obtener encomiendas.
siendo, como es. hombre noble e hijo de algo notorio y nieto de los
primeros conquistadores. pacificadores y .pobladores de estas Provin-
cias. tiene de más a más el rescripto de su .Majestad, que se debe cum-
plir precisa 'Y puntualment-e; atento a lo cual y a lo más que al derecho
ele mi parte hace y hacer puede (lo) que aquí (se dá) por expresado.
A Vmd. pido y suplico, me haya por opuesto a las dichas encomiendas
y repartimientos de indios y en -c onformidad de la dicha Real Cédula
y iProvisiones, provea y ·haga merced de -e llos al dicho mi parte en la
que recibiera -con justicia que pido, y en lo necesario. Otro sí suplico,
sirva Vmd. de mandar, que el •presente escribano me dé traslado auto-
rizado en pública forma y manera, que :haga fé de Jos autos que por
Vmd. se hiciesen en la dicha ciudad de ·P asto y los que se han perse-
guido hasta el estado presente. tPido justi-cia ut supra. Don Melclhor
Inca de Sal azar".

"Por presentada con el poder, autos, Cédula


Registro de la petición. Real y IPr{)visiones que refiere, y con vista
de todos, se proveerá justicia y désele el
testimonio que pide y poi' opuesto al Capitán Martín Muñoz de Ayala,
vacante de las encomiendas y repartimientos de indios q,ue refiere en
esta petición don Luis Fajardo.

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EL INDIO EN LUCHA POn LA TIERRA 187
Proveyó auto y decretó de suso (dicho) ry en él firmó su nombre el
señor don Luis Fajardo Valcnzuela, caballero de Orden de Alcántara,
Gobernador y Capitán de las Provincias de esta Gobernación de Po-
payán, por su :\1ajestad en la ciudad de :Popayán a veinte y siete de fe-
brero de mil y seiscientos y cincuenta y cinco años; y del escribano
de su Majestad notifiqué el auto y clecrelo de suso (dicho), según y
como en ·él se contiene, a don Melchor Inca de Salazar, en nombre del
Capitán Martín Muñoz de Ayala y en virtud de su poder en su persona,
q ue dijo lo oia; y de ello doy ·fé ante testigos , Andrés García Tello de
Meneses, Diego, Capitán ele Mayor.g a y Gonzalo Pérez. - Sebastián
Guerrero, escribano de su .Majestad".

"El •B.ey. Dn. Juan de Salazar. Ca-


Cédula Real que concede mil pesos ballero de la Orden de Santiago,
de renta a Martín Muñoz de Ayala. mi Gobernador de Popayán a la
persona o personas cuyo cargo
fuere su gobierno, teniendo consideración a lo que Martín Muñoz de
Ayala me ha servido y a que es hijo de Diego :\luñoz de Aya la y nieto del
Capitán Martín :\1uñoz ele Ayala, que me han ~ervido desde la cesárea
:\.1ajestad del señor Emperador Carlos Quinto, mi bisabuelo, de gloriosa
memoria, ·h e tenido por bien de hacerle merced, como por la presente
se la ·hago, de mil pesos qne los ten:ga y goce por las .dichas dos vidas;
que así es mi voluntad y que lo sobredicho se guarde y cumpla, por
cuanto ha costado y ha dado seguridad por parte del dicho .Martín de
Ayaln de que, llegando <'1 caso de situársela de renta, pagará lo que
d·ebierc al derecho de la media anata, y asímismo, que presentará en
todas las ocasiones rle galeones certificación de la contaduría de este
derecho, si se le ha situado o nó; que daréis orden para crne, cuando
!legare el <:aso ele rntrar a goz:ll' de esta encomienda el ~ucesor en se-
gunda vida, ha rle pagar la antigua y nueva media nnat.1, conforme :t
las reglas de arancel rle este derecho; y manclo que tomen la razón de
esla mi Cédula mis contadoJX·s de cuentas que residen en mi Consejo
Heal de las Indias; hecha en :\ofadrid a veinte y seis de geptiembre de
mil ·Y seiscient(ls y euarPnta y siete años. - Yo, el Rey•·.

· ~Por mandado del Rey ~uestro Señor, Dn. Gabriel de Ocaña y Alat·-
cón tomó la rszón de la ~Real Cédul:l de su ~Iajestad, es-crita en la hoja
antes de ésta, en su contaduría de cuentas, que rtlside -en su Consejo

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188 JUAN FRIEDE

Real de las Indias. - Dn. Fernando García de Buitrago. Antonio S·á n-


chez".

•·En la ciudad de Pflsto, a diez y


Se pide información sobre la ren- ocho días del mes de diciembre de
ta que producen las encomiendas1 mil y seiscientos y cincuenta y
de Sapúys, Ca·! cán y Sacanpúys. cuatro, ante el ·Capitán Dn. Juan
Díaz de Fuenmayor, Teniente de
Gobernador y Justicia l\1a.yor ele esta dicha ciudad (con) sus términos y
jurisdicción, por su Majestad. Le presentó el contenido, con la certifica-
ción que en élla se refiere el capitán Martín Muñoz de Ayala, vecino feu-
datario de esta ciudad en la mejor vía y forma que haga luga¡· de derecho.
Digo: que al mío conviene, •q ue Vmd. se sirva de mandar, que el pre-
s~n Le escribano ponga testimonio en relación autorizac!:t en manera
que ·haga ·fé al pie de esta petición, de lo que montan los tributos y
renta líquida escalafada las contri'b uciones ordinarias de los pueblos
de Sapúys, Calcán y .Sacanpúys, que vacaron po1· fin y muerte del Ca-
pitán, Dn. pcdro Villafañe y Moncayo, y que el dicho testimonio me
lo dé en conformidad de las Ca.r tas Cuentas de los dichos pueblos, que
presente con el juramento necesario; pa1·a ·q ue, habiéndose hecho lo
referido, se me devuelvan originalmente, juntamente con esta petición
lo a élla decretado; y el dicho testimonio a Vmd pido y suplico así lo
provea y mande e interponga en éllo su autoridad y judicial decreto
en que recibiré merced con justicia que pido y en lo necesario. - Mar-
t~n Yiuiíoz . de Aya la.

El dicho teniente de go-bernador la hubo p<YI· .presentada con las di-


chas certificaciones y mandó que, en conformidad de éllas, el presen-
te escribano dé testimonio en relación al pie de este auto de la renta
líq,uida, que parecieren tener de Sapúys, Cakán y Sacanpúys, que va-
caron por fin y muerte del capitán don Pedro de Villafañe Moncayo y
heoho (esto), se devuelvan originalmente las dichas certificaciones
con esta petición, su decreto y (con) el dicho testimonio, como lo pi-
de la parte. Así lo proveo, mando :y firmo. - non Juan Diaz de Fuen-
mayor".

"'Ante mí, Sebastián Guerrero, i!Scribano· de su Majestad y público".

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EI, JNDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 189
"Yo, el dicho Sebastián Guerrero, escribano de .su
La información. Majestad y público, en cumplimiento del auto Y
decreto de -esta otra parte y suso (dicho), doy fé
y verdadero testimonio de cómo en tres certi fi caciones que parecen
'hechas por el capitán Andrés de la Villota, Corregidor de Natura-
les de Q>te partido, consta y parece lo siguiente: Que el Pueblo de
Sapúys tiene noventa y seis indios útiles, tributarios, tasados a vein-
te y dos r eales cada uno por año, una manta blanca a dos patacones
por ella, una ave de Castilla o un real por ella, que todo importa al
año cuatTocientos sesenta y ocho patacones, de los cuales se qui-
tan para las contribuciones ordinarias de estipendio del doctri-
nero, salario del corregid01·, cacique y cartacuentas, ciento y treinta
y nueve patacones, con que queda por renta líquida para el encomen-
dero tre scientos y veinte y seis patacones de a ocho reales. Y que el
P·ueblo de ,Calcán tiene noventa y nueve indios útiles, tributarios, ta-
sados en la inisma forma, que los del dicho Pueblo de Sapúys y que
monta la r-enta por entero por año cuatrocientos y ochenta y dos pata-
cones y cinco reales . de que se quitan ciento y cincuenta y cinco pesos
y cinco realocs pa1·a las dichas contribuciones, con que queda por ren-
ta líquida para el encomendero, trescientos y veinte y seis patacones
<le a ocho reales. Y en el pueblo de Sacanpúys hay veinte y nueve in-
dios útiles, tributarios, tasados por año a veinte y dos reales en plata.
una fanega de maíz o por ellas un patacón, una ave de Castilla o un
real por ella, que todo monta a ciento y dos patacones de a ocho rea-
les, de los cuales se sacan, para las dichas contribuciones, cuarenta y
dos patacones y cinco reales, con que quedan líquidos para el encomen-
dero sesenta y nueve patacones y seis reales. Y las tres partidas de
rcn1n líquida para el encomendero, salvo yerro de cuenta y pluma,
suman montan setecientos y vein te y cinco patacon-cs y seis reales, se-
~tm parece por las dichas certificaciones a las cuales en Jo necesario
me remito, y para q,u e -conste doy la presente, en Pasto, a diez y ocho
de noviembre de mil y seiscientos y cincu-enta y cuatro ai'íos, siendo
testigos p1·e<entes Grcgorio de Santiago, don Melchor Inca de Salazat
y Diego Bautista de íMayorga; y en fé de éllo lo signo y firmo en tes-
timonio de verdad, Sebastián Guerrero. escribano de su Majestad y pú-
blico".

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JUAN FRIED E
190
"En la ciudad de ·P opa-
Se pide el otorgami ento ·de la\ 'e ncomiend a. )'ián a diez y nueve de
marzo de mil seisciento s
y cincuenta y dnco años, ante el señor don Luis de Valenzue la Fa-
jardo, Caballero de la Orden de Alc~ntara y ·Capitán de las Provin-
cias de esta Gobernac ión de .P opayán, por su Majestad ; le presentó
el contenido con el instrume nto que refiere: Diego Bautista de Ma-
pol'ga, en nombre del capitán Martín Muñoz de Alyala, vecino de la
ciudad de :Pasto y en virtud de su poder .q ue está presentad o ante el
presente escribano , en la causa sobre la oposi·c ión que tiene hecha a
la encomien da y repartim iento de indios de los pueblos de Sapúys,
Calcán y Sacanpúy s, que vacaron por fin y muerte del Capitán, don
Pedro de Villafañe Moncayo pretende el dicho mi parte, se le enco-
mi·cnden, en virtud de la ·Cédula de su Majestad y Reales Provision es
q;ue tiene pre. entadas ante el capitán don Juan Díaz de Fuenmay or,
Teniente y (Justicia Mayor de la dicha dudad de Pasto · unas certifi-
caciones, por dende constan los indios útiles, tributario s y los tribu-
tos que deben satis.face r a su encomen dero, pidió que el presente es-
cribano diése fé y testimoni o de éllo, que cons taba por ~icbas certi-
ficacione s, y así lo hizo , como consta del dicho testimoni o, el cual pre-
sento con el jurament o necesario ; para que, habiéndo sele de preveer,
como es justicia, la dicha encomien da al dicho mi parte, baya clari-
dad en los que toca al real derecho de media anata, perteneci ente a
su Majestad, a usted pido y supli·co haya por .p resentado el dicho tes-
timonio para el efecto referido, en 'que recibiré merced con justicia
que pido y en lo necesa rio, Diego Baut'ista de Ma•yorga.
,Por presentad a y póngase {;On los autos. Así lo proveó y rubricó
ante mí. Sebastián Guerl'Cro, escribano de su Majestad ".

"En la ciudad de Popayán , a


El otorgami ento de la encomien da. veinte de marzo de mil seis-cien-
tos y cinr.uenta y cinco años.
el señor don Luis de Valenzue la Fajardo, Caballero de la Orden de
Alcántara , Gobernad or y Capitán General de las Provincia!> de esta
Gobernac ión de Popayán , .p or su -Majestad : .h abiendo visto la oposi-
ción hecha por parte del Capitán Martín Muñoz de Ayal::t. vecino de
la ciudad d<' .P asto, a la encomien da y repartimi ento de indios de lo~

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 191

p1.1.eblos de Sapúys, Calcán y ISacaspúys, que en términos de éllo vacó


por fin y muerte del capitán don :Pedro de Villafañe Moncayo, y la
Cédula de su 'Majestad hecha en Madrid a veinte y seis de septiem-
bre del año .pasado de mil y seiscientos y cuarenta y siete por ante
don Gabriel de Ocaña y Alarcón, secretario de ·c.ámara, en que se man-
da . que el dicho capitán, Martín Muñoz de Ayala, se le sitúen y enco-
mienden mil pesos de plata ensayada en ]as encomiendas y reparti-
mientos de indios, que estuvieren vacos o en adelante vacaren, por
do > vidas, la suya y l a de un s·ucesor legítimo, conforme a la ley de
sucesión, en indios, ·como más por extenso se refiere en la dicha Real
Cédula, la cual está mandada guardar y cumplir por dos Reales Pro-
visiones de la Real Audiencia d-e Quito, sus fechas a veinte y dos del
r.Ie > de agosto de mil seiscientos y cincuenta y uno y a catorce de di-
,_;.,, hre de mil seiscientos cincuenta y cuatro, dijo: Que obedecía y
obedeció .las dichas Reales Cédu.las y Provisiones con el acatamien-
to debido en la forma acostumbrada, se,gim y como en élla se contie-
ne y en su conformidad y cumplimiento, y atendiendo a Qtle el dicho
capitán Martín Muñoz de Ayala es persona noble y principal, cargado
de hijos y obligaciones honradas y que así éL como sus antepasados,
han se rvido a su Majestad en cuanto se ha ofrecido en lo político y
militar, como es púbJi.co y notorio, y a Su !Merced le consta por ins-
trumentos. que :ha visto; en nombre de su Majestad y usando de sus
reales podere<; provée y hace merced al dicho capitán Martín Muñoz
fle Ayala de los repartimientos de indios de Sapú,ys, Calcán y Sacan-
púys y sus añejos, según y oómo los poseyó el dicho capitán don Die-
go de Villafañe il\Ioncayo, la ·cual dicha merced le hace por dos vidas,
la suya 'Y la de un mcesor legítimo, conforme la dicha ley de la su-
cesió n en indios. eon cango de traer confirmación d-e su Majestad y de
su Real Consejo de las Indias . dentro de seis ai'íos primeros sÍJgUien·
tes a la fecha del titulo que se despachare, sopen a de vacación; y con
mús cargo d-e tener casa poblada, armas y caballo en la dicha ciudad
de Pasto, para acudir a lo (Jlle se Dfreciere al servicio de su Majestad;
y de cla1· doctrina suficiente a los indios de la dicha encomienda y cui-
dar de que sean instructos y en~eñados en las cosas tocantes a nues-
II'll snnta fé católica y de defenderlos ele quien mal y daño les preten-
da hacer, sobre que les encarga la .conciencia y descarga la de Su Ma-
j~"Stad; y cumpliendo con lo referido y con las demás obligaciones del

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1~ JUAN FRIEDE

encomendero pueda gozar y goce de los tributos, rentas y aprovecha-


mientos. que conforme a tasa deben satisface¡· los dichos indios; y
atento a que por los autos presentados por el dicho capitán, Martín
Muñoz de Ayala, consta, que hay en las dicha<; encomiendas doscien-
tos •y veinte y cuatro indios útiles >y tributarios, que la renta que d.á
de éllos. escafaladas las contribucion es ordinarias de estipendios, sa-
larios y cartas-cuentas, monta setecientos veinte y cinco patacones
y Ee is reales por año. de los cuales tocan a su Majestad por su real
derecho de medio anata la mitad de éllo, que son trescientos y sesenta
y dos patacones y siete reales. manda , que satisfaciéndola en la real
caja de esta dicha ciudad o asegurándola a sati<facción de Jos jueces
oficiales de éllas, constando por certificación, se le despache título en
forma; y manda a su lu ga rteniente de la ciudad de Pasto y alcaldes
ordinarios de élla, que den al dicho capitán la posesión judicial de la
dicha encomienda en la cual Su Mer-ced desde luégo le ampara, sin
perjuicio del patrimonio rea 1 y del otro tercero, que mejor derecho
te nga para que no sea desposeído. sin primero ser oído y vencido por
fuero y por derecho. según la ley de Malinas y so la pena de élla y
de otros doscientos pesos de buen oro para la Real Cámara y gastos
de justicia por mitad. Así lo proveyo, mando ry firmo. - Don Luis Fa-
jardo. Ante mí, Sebastián Guerrero, escribano de su Majestad".

"En la ciudad de Popayán a veinte de mar-


Notificación del otorga- zo de mil y seiscientos y cincuenta y cinco
miento de la encomienda. años yo, el escribano de su Majestad, le1 y
notifiqué el auto a Su Merced de suso (di-
cho) al capitán don Melchor Inca de Salazar, podetario del capitán
:\•flartín Mui'ioz de Ayala y en virtud del poder que tiene presentado y
es tú en los autos de que doy fé . Testigos: !Diego Bautista de Mayorga
y André<; García Tello de ~eneses . - Sebastián Guerrero, escribano
rle su Majestad".

"Yo el capitán Sebastián Guerrero Ja-


La escritura de obligación. ramillo, contador, juez oficial de la real
caja de esta ciudad de Popayán, certi-
fico, que en el libro corriente y común de élla de este presente año
de mil y seiscientos y cincuenta ry seis está la partida del tenor siguién-

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EL INDTO F:N L üC HA P OR T.A TIER RA 19S

te: en Popayán a diez días del mes de diciembre del año mil seiscien-
tos y cincuenta y s~is se hace cargo al tesorero, don Bernardino de
Ubillus, una escritura de obligación, que otorgaron el capitán Martín
:\1uñoz de Ayal a y Diego :'lluñoz de Ayala y :\farvácz, su hijo , en favor
de su :\lajestad de la cuantí a de trescientos sesenta y dos patacones y
siete reales . que fue la cantidad que se le repartió por el real derecho
de media anata al dicho capitún , ~lartín de Ayala por la merced, qu e
se le hizo de la encomienda y repartimientos de indios de Sapúys, Cal-
cán y Sacanpúys, que vaca.ron por .fin y muerte del capitán don Pe-
dro de Villafaiie . la cu al dicha obligación hicieron por tiempo y pla-
zo de sei s meses, como consta de la escritura 'Y de los autos y traslado
del título. ·q ue se 1e d·espachó de la dicha encomienda, que todo que-
dará en esta real <:ontaduria , que en lo necesa1·io nos ¡·emitim os; y pa -
ra •que conste. lo firmm11os. - Don Laurencio del AguiJa . Sebastián
Guerrero .
Y para que conste, de pedimento del dicho capitán :'11artín )I!Uñoz
ele Ayala, doy la presente en 1Popayán a diez y seis días del mes de di-
ciembre de mil y seiscientos y cincuenta y seis a1'íos. - Sebastián Gue-
rre ro .Taramil~o". ·

11

Carta de venta que otorga Juan de Zúñiga a Salvador Indio. - Archivo


· parroquial de El Rosal año 1665. (Es copia dada por el escribano,
Juan Tello).

'' Certifico, conforme al derecho, que al tiempo que se remitieron


al Gobierno los documentos ele escrituras que hacen a favot· de las tie-
rras de donde están plantificadas (las) posesiones y la Tguesia de El
Rosal. me suplicaron la pobre familia de los Samboníes. que son Bea-
triz y Mai'Ía Antonia Samboní y por ésta , su esposa . .Juan Alberto Bam ·
bagué, que les r- aeasc un tanto de las escrituras, que ha~n a favo1·
de éstas en Jos tiernrs del Sauce y •Const ancilla o Constanza y Jos am .
paros de éllas, como en efecto, por ser mi natural el hacer benefici o
a los inválidos, lo ·he verificado en esta certificación que formo; y para
ést.o se clan por sacadas· esas diligencias al pie de la letra y su teno,- ·
y forma es como sigue:

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194 JUAN FRIEDE

Sepan los que vieren la presente Carta de Venta y Perpetua Ena-


jenación. ·como yó, Juan de Zúñiga, vecino de la ciudad ele Ahuaguer
y re>idente al presente en esta de Popayán, cabecera de Gobernación .
otorgo por mí y en nombre de mis hijos herederos y sucesores pre-
sentes y por venir, vendo y doy en venta real desde ahora y para siem-
pre a Salvador Indio, natural del pueblo de San Juan nn el distrito
de la ciudad de Almaguer, de la encomienda y repal'timient o que fur
del :\1aestro del Campo Domingo de Aguina.ga. dilunto, pa1·a el dicho
Indio y sus herederos y mcesorcs y par¡¡ quien de él y de éllo~ hubie-
re causa, voz y recurso en cualquiera manera. es a saber: las tierras
y puesto que llaman el Hato Viejo y el Sauce, que linda -esta venta y
Jos que así la doy: por la parle de arriba el camino real, que va al di-
cho .Pueblo de San Juan y corriendo esa derecct·a, a dar a una quebra-
da honda que desemboca al río que llaman el Hato Frío ·y puesto, don-
de yo, el dicho Yendedor, tuve un molino de trigo; y por la de abajo:
<'1 dicho río y por un lado de dicha ·q uebrada que de <emboca junto al
puesto del dicho molino y por el otl'O lado con la quebrada que bnja
a l• ensillada donde tuvo In puerta del corral de mulas el Capitán Ju:w
t)e Mid<:ros. que baja a desembocar al río de Hato Frío, qve hube y
compré del bachiller, Juan ele Mideros Morcillo, presbítero difunto,
cura y vical'io que fue de la dicha ciudad de Almaguer; con todas
sus entradas y salidas, usos, costumbre s, rle¡·ec·h os y servidumbre s cuán-
las le pzrtenecen, libre~ de otra venta y toda enajenación, que no 1:1
tiene tácita ni expresa, en p!'ecio y cu.Jntia de cincuenta p:1tacones de
a ocho reales; y que el dicho Indio me ha dado y pagado y tengo re-
cibiJos, están <'11 mi poder realmente, con efecto y porque la paga de
presente no parece, renuncio la excepción de la inmurata .p ecuña. prue-
ba y pago de éllo, y mal engaño como en él! a y cada una se contiene.

Y declam. que la dicha cantidad de cincuenta pesos de la dicha pla-


ta es el justo valor y precio ele las dichas tierras deslindarlas y seiíala-
cl s, y que si valen más, de la tal demasía de más valor le hago graciu
y -donación. buena, perfecta e irrevocable, que el derecho llama ínter-
vivos; Wb1·e que renuncio la ley del ordenamient o real y los · cuatro
alios de élla, declarados para pedir ¡·ecisión del contrato y suplemento
al verdadero valor; y desde lu~go. para que en todo tiempo me desis-
to y aparto de la tenencia, posesión, propiedad y señorío, que a las
ftichas tierras tengo ·y todo Jo cedo, renuncio y traspaso en el dicho

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I•) L 1ND10 EN LUCHA POR LA TTERRA 195

Salvador Indio y sus herederos ... y le doy poder y facultad para que
de su wtoridad o judicialmente aprehenda la posesión y en el entre-
tanto me constituyo por su inquilino, tenedor, poseedor; y en señal de
posesión y verdadera t.radición le entrego esta escritura, y romo real
vendedor me obligo a la evicción y saneamiento de esta venta en tal
manera, ·q ue no le será puesto pleilo ni contradicción por ninguna pcr-
~ o na; y de lo contrario sa ldré a la voz y defensa de él y lo seguiré
a mi costa y misión, hasta dejarle -:> n ,q uieta posesi·ón con las diclias
tierras, y de nó lo hacer, le volveré y pagaré los dichos cincuenta pe-
sos de la dicha plata y los edificios y labores y mejoramiento s útiles
o voluntnrios y las costas, .g astos, intereses que se le siguieren y de-
crecieren, cuya liquidación dijere en el juramento de la parte; y al
cump:imiento ry firmeza de e~ta venta obligo mi p<!rsona y bienes mue-
bles y raíces. derechos y acciones, habi<:las y por •h aber, ~· doy poder
cumplido a las justicias y jueces de su Majestad ele todas y cualesquie-
r·a part·es y lugares que sea n, a cuyo fuero me someto y renuncio el
mio domicilio y vecindad y la ley sit convene¡·it de jurisdicti o ne omnion
judicium, y la pragmática de las sanciones, para que a lo dicho me com-
pelen, como por sentencia definitiva a de un juez competcnt<• dada y
pasada en cosa juzgada sea ejecutada; y renuncio las leyes de mi fa-
vor y esperas d·c la Ordenanza Real ry la ley y regla general del dere-
e'ho, que prohibe la .g eneral renunciación de leyes que es hecha en es-
ta ciudad de .Popayán en veinte y nueve días de marzo, año de mil
seiscientos sesenta y cinco, siendo testigos pr.e sentes Dn. Tiburcio
Guerrero y el doctor Dn. :Martín Alfonso Díaz de Fuenmayor y Balta-
zár Verdugo, vecino de esta diohn ciudad ·y el otorgante que yo, el es-
cribano de su Maje stad y mayo r de Gobernación de Popayán en pro-
piedad, por merced suya al otorgamiento de esta escritura presente fui.
En fé de éllo lo signo y fi~·mo: - Este testimonio de verdad. - Sebas-
tián Guerrero, escribano mayor. Sin derecho doy fé".

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196 JUAN FRIEDIJ:

111

Diligencias del traslado del Pueblo de San Juan de Descansé al sitio


de El Rosal. (Notaría de Bolívar, N" 64, añ() 1710 a 1732).
"El licenciado don Fernándo
Petición del Protector para que se de Sierra Osario, del Consejo
suspendan 'las d~ligencias del traslado. de su Majestad. su oidor y al-
cal<lc de corte muy antiJguo de
la Audiencia y Cancillería Real. que en esta muy noble y muy real
ciudad de San Francisco de Quito reside, {¡ue como tal despachó el Go-
bierno de élla. por delegación de Su Señoría el >eñor don .Juan de So-
zaya, Caballero del Orden de Santiago del mismo Consejo, Presidente
Gobernador y Capitán General de esa Provincia, &.
·•Por cuanto e l ·P rotector General de los Naturales, Ilario Girón y
consortes indios naturales del !Pueblo de San Juan del Valle de Des-
cilnsé, jurisdicción de la ciudad de Almague1· presentó ante mí en este
Gobierno la p-e tición y memorial. que su tenor con lo por mí proveí-
do; y ótra. presentada por el dicho Protector General por don Sal-
vador Samboni y lo haya proveido son al tenor siguiente: el Protec-
tor General de los Naturales, dice: q,u e en e~ te ,Gobierno pidió don Sal-
vador Samboni. cacique principal del Pueblo de San Juan del Valle,
jurisdicción de la ciud ad de Almaguer y por el común de indigenas
de. dicho pu~blo no se alterase ni mudase, y si algunas alhajas hubie-
sen >acado se volviesen y se mande que el <Gobernador de la ciudad
de Popayán informase con toda expresión y claridad, sobre lo que en
esta r azón soe había pedido, y que en Jo interín no se gravase con }a
mudanza de dicho pueblo y que se restituyesen las alhajas que se hu-
biesen sacado.
"Y ahora <:uatro indios de dicho pueblo les han entregado el me-
morial (y) papeles que con ésto hacen manifestación, gastando en
otra mudanza por las razones que alegan, a que se remite, fundándo-
se en la licencia que concedió Dn. ,Pedro de Bolaños, siendo Goberna-
dor de dicha ciudad de Popayán para la trasladón de este pueblo, a
pedimento del cura doctrinario y del Gobernador de una parcialidad;
la cual es nula, de nin¡gím valor ni efecto, .por.que la ley trece, titulo
tercero del libro sexto prohibe que ningún gobernador, corregidor,

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA

o alcalde mayor u otra cualquiera justida pueda alterar ni mudar los


pueblos, que una vez estuvieren fundados, sin expresa orden de Su
Majesta<l o de su Virrey, lPresidente o Audiencia Real gobernan<lo, aun-
que lo piden o consientan encomenderos, curas, o indios. y leer in-
formación de utilidad y que. . . se haga relación de la ley o el despa-
oho ... , razón para la nulidad de dicha licen-cia y ser muy justifica-
da y leal lo mandado por este Gobierno.
"En cuya atención, a vuestra Señoría, pide y suplica se sirva de
mandar se guarde lo proveido y se espere 'Y aguarde el informe de di-
cho Gobernador, pero si vuestra Señoría quiere oír los cuatro indios
que han venido, se servirá de nombrarles defensor, porque el Protec-
tor ha principiado la defensa de los que -contradicen la mudanza. Pi-
de justi.::ia. Y para ello, &. - Licenciado de Mendoza".
"Ilario Girón y Lorenzo Girón y
Petición del traslado del pueblo . Santiago Quisoboní, indios natura-
les del Pueblo de San Juan, juris-
dicción de la ciudad de Almaguer de la parcialidad de Gregotio Anaz-
co y Miguel ühito asimismo indio de dicho pueblo de la parcialidad •
de Dn. Salvador Samboní por voz, y en nombre de los demás indios
de dicho pueblo. p:ll'ecemos ante Vues:1 Merced en la mejor via y for -
ma que nos sea permitido. Decimos, que por las incomodidades que
padecemos en dicho pueblo <le San Juan, así por su mal temperamen-
to, como por la falta de materiales necesarios, para edificar nuestras
casas y principalmente por la falta de pasto espiritual, hemos solici-
tado que el dicho Pueblo se traslade al puesto nombrado El Rosal, por
ser mejor el temple, m:'!s cómodo para conservar la salud sus habita-
dores, y los materiales para hacer la Iglesia (y) demás viviendas más
inmediatas, y el pasto espiritual más pronto, porque los curas, con
menos inconveniencia, darán providencia más pronto en la adminis-
tración de Sacramentos, como to<lo lo podrá Vuestra Merced recono-
cer de los autos que presentamos, para que se sirva, Vuesa Merced. de
hacer el pedimento y pedimentos, que nos sean más l!tiles, así a los
cuerpos, como n las almas, en conside-ración del gran provecho que
esperamos nos siga cons1guiéndose (pot·) dicha traslación, que aun-
que los indios de la parcialidad de dicho Dn. Salvador Samhoní lo han
repudiado, yo, dicho Miguel Chito, siendo de élla misma y recono-

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198 JUAN FRIEDu:.

ciendo el bién y utilidad común <le la dicha traslación; me he incor-


porado en este pedimento, coayudando (en) esta representación; y así
~e ha de servir Vuestra )1e-rced de pedir en el Gobierno de esta Re a 1
Audiencia los despachos necesarios 'Y que (se) dé comisión a una per-
sona desinteresada, q,ue se la atienda al servicio de ambas Majestade!>,
sin miras (y) respetos humanos.
"Por Jo cual, a Vuestra Merced pedimos y suplicamos que con vis-
ta de estos instrumentos se sirva de hacer el pedimento o pedimen-
tos, que más convengan, basta que se -c onsiga efectuar dicha trasla-
ción del Pueblo de San Juan al sitio del Rosal .p or las razones que lle -
vamos expresadas, que son de justicia que pedimos y juramos por
Dios Nuestro Señor y esta señal Cruz, no denomino este pedimen-
to de malicia, &. Ilario Ginón. Santiago Quisoboní. Lorenzo Girón.
Miguel Chito".
"Respecto de haberse proveido en ocho de
La decisión del Oidor agosto de este presente año por este Gobier-
de la Real Audiencia. no, al pedimento del !Protector General una
• orden de embarazar la traslación del pueblo
de San Juan del Valle al Rosal, que el Gobierno con toda expresión :f
claridad (decidió), y conducir el nuevo escrito, que presenta el dicho.
Protector General de estos indios, a que se facilite por la representa-
ción de éllos, la dicha traslación, se suspende da-r providencia hastd
que venga el dicho informe. Y para que estos indios lo consigan, se
despacha el recaudo necesario. 1Proveyó y rubricó el auto y decreto de
suso (dicho) , el señor licenciado don Fernándo de Sierra Osorio, del
Consejo de Su Majestad su Oidor y Alcalde de corte más antiguo de
esta Real Audiencia, que como tal despacha el Gobierno de élla por
delegaci-ón del seño.r don .Juan de Sozaya, 'Caballero del Orden de San-
tiago, del mismo Consejo, Presidente Gobernador y Capitán General
de esta P1·ovincia en Quilo, a diez y siete días del mes de diciembre
de mil sek'ciento ; y diez años. - Maldonado".
"El Protector General rle los Natura-
La petición del cacique para les por Dn. Salvador Samboní, caci-
que no se traslade el Pueblo. qu e Principal y Gobernador del Pue-
blo de San Juan del Valle de Des-
cansé, jurisdicción de la ciudad de San Luis de Almaguer. Y así po1·

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EL JNDIO E:\' LUCHA 1'0H LA '1'Ii.;HH.A 199
este ·Cacique y Gobernador, .que consta serlo por la visita que hace
manifestación con algunos indios de su parcialidad. le ha entregado
dos memoriales, que aunque en €!!os se expresa casi una misma cosa,
en Jos substancial. úno es sobre la mudanza del pueblo de San Juan
del Valle a otro pa.raje, llamado Ho · al, y el ótro sobre haberse intro-
ducido un indio en un caciquazgo, que sobre ·él hara pedimentos en
la He ~. ! Audiencia; y respecto de que el primero a Vuestra Merced. co-
mo en (la persona en que) rx•sicle el gobierno por la ley real. que dis-
pone que no se puedan mudar las reducciones, sin orden de Su Majes-
tad Virrey o Audiencia .... loca a Vuestra ~ferced este negocio; y en
ejecución de dicha ley pide el protector no ~e mude dicho pueblo de
San .Juan ni se altere, ~in embargo que otra persona lo mnnde y aun-
que los interesndos lo pidan, (y) ofrezcan infonnación de utilidad.
Pués, como dice la ley, semejantes pedi01entos suelen ser las más de
las veces procuradas por intereses particulares y nó de los indios y
cualquie1· rle~paeho será subverticio; y para que conste dc las cau-
S:1S es preciso y necesario se ocurra a este Gobierno y si es, como in-
forma e le caciqu·e, que la rolat:ión de dicho pueblo es solamente a
conlemplaciún de un Gregorio Aüazgo, indio tributario, como consta
de la visila, es cosa J:~stimo~a al querer, que se demuela la anti.g ua po-
blación e iglesia a donde han sido criados estos indios y ~us antepa-
sados y no h:lb(.r)o ordenado Jos visitadores; en que se reccnoce son
también sitiados por· el temple y conveniencia; y no se rJebe permitir
romo se intenta, que se saquen de la Iglesia las lmágene., y campana:>
con todo Jo demás perteneciente al culto divino, (hasta) que no se
persuach el Protector, el ,q11e el Gobernador tenga intervención en esto.
porque Ja ley Jo provee, supuesto que c·lá contradiciendo, que nin-
gún Gobemador ni otra j11slicia ha de poder alterar ni mudar Jos pue-
blos que una vez estuvieren fundados. Y en conformidad, suplica a
Vuestra Merced se sirva de mandar no se altere ni mude dic·h o pue-
b!o de San Juan del Valle y si algunas alhajas se hubiesen sacado, se
vuelvan ry restituyan y que ninguna persona vea en esta razón; y para
el cura y doctrinario se despache Juégo 'Y encargue y si viere algunas
conveniencias útiles a los indios y perjuicios o inconvenientes, infor-
men. - El Gobernador pide justicia, y para éllo, &. - Licenciado
Mendoza".
* * *

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200 .1 1J A N F R 1 E D E

"Señor Vicario. - Pedro ·Chimborazo


Diligencia del traslado de la. y Lorenzo !Macias, indios de la Real
Cofradía (Je San Juan Bautista. Corona, avencidados en el Pueblo
del Rosal. términos y jurisdicción de
l3 ciudad de Alma¡guer, en nombre de Marcos IMacías, indio fiscal y te-
nedor de bienes del glorioso San Juan Bautista, que está colocado en
dicho pueblo, como más haya lugar en derecho y convenga al servicio
de Dios y dic.ho Santo ante usted parecemos ry decimos: Que don Sal-
vador Samboní. indio cacique de dicho pueblo de San .Juan tiene pre-
sentada petición ante fuero real, pidiendo se le adjudique a dioho su
pue·blo e Iglesia la cantidad de nueve .r e >= es, chicas y grande, que el
dicho Marcos :\1acías ha mantenido y ha procurado adelantar para el
adorno de la dicha Iglesia del dicho Pueblo del J1.osal; y por Vmd se
le tiene mandado, ,que las mantenga en su poder, para que en todos
tiempos dé cuenta de dichas reses, por decir dicho cacique (que) pei·-
tenecc a dicho pueblo; y son biene s, por deducidos siete pesos cua-
tro reales, que G.regorio de Añazco, ya difunto debía, consignados a
la cofradía de dicho su pueblo de San Juan, y Jo cual es de éste, no
negamo>. Más, como dicho pueblo de San Juan se dividió en dos por
autoridad de la ,Real Audiencia de Quilo, de ser convenientes a nuestras
obras tan pías. también se agregan, (pedimos) a dicho pueblo del Ro-
sal. que hasta hory se mantiene en él; por el cual tuvimo s por bien, el
que este dicho principal y corridos, se agregara a la cofradía de San
.Juan de nuestro pueblo del Rosal de nuestras diligencias, que varios
(indios) c. tán sentados y cstún habitando, y de dicho Gregorio Añazco
y de dicho cacique (Samboni), quien debe más de treinta pesos de
principal y los corridos de algunos años, no ha pagado ni ha adelan-
tado cosa alguna en la Iglesia de dicho su pueblo, Vuestra Merced
mande que se le entregue ahora mismo con dichas reses y será para
provecho suyo y adelantamiento y adorno de dicha Iglesia, como a
Vmd constarú más claramente. En cuya conformidad y méritos de jus-
ticia se ha de servir Vmd de mandar que dicho cacique no ponga cs-
toi·bo alguno a dichas reses ... y de nó obedecer a 10 3 mandatos de Vmd
protesto ocurrir ante el Tribunal Superior del Señor Provisor y Vi-
cario GeneraL para que su seiioria determine lo que conviniese de jus-
ticia . Y vuél va senos este instrumento original con lo logrado, para efec-
tos que llevamos representados. Mediante lo cual a Vmd pedimos y

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 201
suplicamos se si.rva de proveer y mandar q,ue el dioho ·Dn. Salvado!·
Samboni no tenga interposición alguna en dichos bienes, antes sl. man-
darle debajo de pena grave ponga perpctuo silencio en lo que tiene
alegado por todo en perjuicio de su alma, de servicio de Dios y del Glo-
rio ' o Santo. Que es de justicia que pedimos y juramos a Dios Nuestro
Señor, y esta Santísima Cruz, no ser de malicia, sino alcanzar justi-
c ia (es lo que pedimos), &. - Pedro. Chimbo.razo. Lorenzo Macias".

"Por presentada y por cuanto respecto de ser un


La Resolución mismo :Pueblo d~ San Juan de lscansé y el de San
Juan del Rosal, y cual de lscansé se había propues-
to trasladar, donde ahora estú fundado el del Rosal. por ser mejor po-
blación y oportuno a la congregación de los indios y así para su pro-
vechosa y natm·al manteción, como para la asi >lencia de la Misa y Doc-
trina y para varios respetos y frívolos puntos y sedes, sitios. el caci-
que y lo más de la gente quedándose en el de Jtscansé; y así se divi-
dió pa1·te de la gente al del Rosal, como se ha verídicamente informa-
do, en donde faJleció Gregario Añ nzco, debiendo algunos reales, t¡ue
pUJgó en dos novillonas las cuales Lodo proveído por auto, se agreguen
al dicho dC' San Juan del Rosal. pues son de dichos Santos, San Juan
Bautista; pues no son dos Daulislas, sino úno y está en posesión de
que es suyo, aunque los indi os estén clivididos ... pe.ro si se debía au-
mentar al a.--1 Rosal todos los bienes del Santo por hacer en él más
ornato y culto. devoción y asistencia y el de Tscansé se ha transforma-
do en áspera> montañas y e stá muy rlecaido, como así en su població·n,
como así (en) la falta ele gentes. 1Por todos los cuales respectos se no-
tifique al Gobernador de el dicho Iscansé, cese de inquietar al fiscal
de dicho no , al, ni pretenda derecho a las reses, que son de San Juan
Bautista, pena de •que seró castigado a mi arbitrio por su inobediencia.
Y para que le conste al Gobernador del Pueblo de lscansé, se comete
esta notificación al Alcalde Mayor de Naturales. a Dn. Fernándo Gua-
manga, quién le hará la petición y notificación de este auto y decre-
to, poniendo la fecha de la notificación. Así lo preveo, mando y (i.rmo.
:\1nnuel Cleves. -Ante mí. Fr:mci •co Javier Goycochen •·.

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202 JUAN FRIEDE

IV
Contrato para construcción de un moHno, hecho entre los mandone~
de Caquiona y Dn. LuÍis Sánchez. -Notaría de Alm,aguer, año 1750
'~En la ciudad de Almaguer, en primer día del mes de abril de mil
setecientos y cincuenta años, ante mí, J)n. Nicolás Cayetano González.
Teniente y .Justicia Mayor de dioha Ciudad y su Jurisdicción, por su
Majestad y ne los testigos de juro, con <¡uienes actuó por falta de es-
cribano, parecieron presentes Dn. Luis Sánchez, natural de la Repú-
blica de Génova y residente en ésta', a quien certifico conozco. y Ma-
nuel Quinayás, indio gobernador del pueblo de Caqueona, Alfonso Om-
ne. indio principal fiscal y saoristán del dicho pueblo, Félix Omne y
demás indios naturales y agregados a dicho pueblo, a quien también
certifico conozco, quien es todos juntos de mancomún, acorde úno y
cada úno de por sí e insolidum, •·enunciando como expresamente re-
nuncian la ley de duobus rex dibendi ... y el beneficio d·c la división
y ·excursi·ón y demás de la mancomunidad 'Y fianza y dijeron: Que el
dicho Dn. Luis Sáncbez con la nolo•·ia que ha tenido de unas piedras
de molino, que hay en la quebrada o río ele dicho pueblo de Caqueona.
les h a pedido licencia y facultad, para a su costa hacer un molino con
dichas piedras en dicho sitio y queb rada de Caqueona, en la parte
en donde antiguamente se h alla haber habido molino, y siendo ciertos
y sabedores, que en esto les compete, otorgan en su nombre y demás
herederos, que le dan a dicho Don Luis Sánchez permiso, para que a
su costa pueda ·hacer dicho molino con tal de que ha de cumplir y
guardar las condiciones siguientes:

'\P rimeramente, que el dicho l])n. Luis Sánchez no ha de pretender


en ahora, ni en ningún tiempo, propiedad ni señoría a dichas piedras
y sólo ha de tener el uso de éllas durante los días de su vida y des-
pués de éllos han de quedar dichas, libres de censo e hipoteca y otra
cualquiera enajenación, pertenecer a la Imagen de Nuestra Señora de
nuestro :Pueblo; itero, que no ·h a de pretender posesión y señorío a la
parte de tierras en que le damos la facultad para hacer dicho molino
y casa de vivienda con una huerta regular, (en) que pueda seml>rar
cualesquiera hortaliza. como no sea excesiva en su tamaño; ítem, que
no pueda hacer rocerías, ·cercas, potreros para mulas ni ganados sin
consentimiento de todos los del pueblo; ítem, que con el Gobernador

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EL TNDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 203
que es o que en adelante fuere, y con Jos demás indios ele dicho pueblo
ha de tener una mutua correspondencia tratándolos con :Jmistad ry ca-
ridad. Con cuyas condiciones le damos facultad para que pueda ha-
cer y haga el dicho molino con su casa de vivienda y sitio, en donde
pueda hacer un:J huerta regular, como dicho llevamos;
"Y estando presente dicho Don Luis Sánchez y habiendo oído y en-
tendido las condiciones que se le ponen, otorga, que se obliga a guar-
dar y cumplir dichas condiciones y a más de éllas se obliga. a que des-
pués de heoho dicho molino, dará una limosna a la Imagen de Nuestra
Señora de Caqueona recompensativa por el uso de dichas piedras, por
ser de dicha Imagen, quedando a su arbitrio y elevación la c antidarl
de dicha limosna; y asimismo otorga, que durante Jos días de su vida
hace gracia y donación de dicho molino, es a saber, t ie!'l·a, casa y de-
más instrumentos consecuentes al servicio de dicho molino, a la dicha
Imagen j.e Nuestra Señot·a de Caqueona, para misa perfecta e irrevo-
cable que el derecho llama intervivos; previniendo a dichos natm·ales,
que si por algún acontecimiento, después de acabado el dicho molino
o pa~ado el tiempo, pretendieren despojo de dicho molino ha de s-er
no siendo legítimo el motivo, de cuentas de todos el satisfaceTie todos
los costos que hubieren causado en dicho molino, cuya cláusula yo,
dicho Gobernador, y demás naturales de dicho pueblo aceptamos en
toda forma de derecho y junto con el dicho Don Luis Sánchez nos
obligamos a guardar y cumplit· todas los condiciones en esta escritu-
ra expresada y damos poder a las justicias de su Majestad, para que a
lo dicho nos compela y apremie en todo vigor de derecho, renuncian-
do como renunciamos la ley ... de jurisdicción omniun judicum y la
¡'¡ llima pragmática de las sumisiones y demás leyes y fueros de nues-
tro favor y la .g eneral del derecho en forma, para que a lo dicho nos
competan y apt·emien como por sentencia pasada en rosa j·uz.gada
por nosotros consentida. En cuyo testimonio así lo dijeron y lo otor-
garon y firmaron los que supieron, y por los demás úno de Jos dichos
testigos, con quienes actúo, por falta de escribano. (Firma)" .

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JUAN FRIEDE
204
V

Hijuela de la Capellanía constituída en el testamento de Marcelo Ver-


dugo. Notaría de Almaguer. - Año 1754.

"Ha de haber la ·c apellanía que mandaron fundar Mlar·celo Verdugo,


difunto y Lucía 1Gómez, viuda, dos mil patacones de principaL a cuya
cantidad se han opuesto Leonardo Verdugo y Martín Verdugo, hijos le-
gítimos de los fundadores, con la obligación de asegurar dioha capella-
nía así con los efectos que se señalaren para élla, como con otras fin-
cas seguras y permanentes. Para ·cuyos efetos se Siñalan, para la sa-
tisfacción de dichos dos mil pesos los . bienes si•g uientes:
.P,rimeramente se adjudican en esta hijuela doscientos pesos
en que está avaluado el negro Antonio. 0-200
Item se adjudican a dicha capellanía la negra Juliana en
estos doscientos patacones de su avalúo. 0-200
Item se la adjudican la ne·g ra María por los cuatrocientos
pesos de su avalúo. 0-400
Item se le adjudican el negrito Francisco en los ciento cin-
cuenta patacones de su avalúo . 0-150
Item se le adjudica trece cabezas de ganado yeguno chico y
grande situadas en la Hacienda del Juncal a los tres pesos de
avalúo. 0- 39
Item se le adjudica un burro 'hechor situado en dicha ha-
cienda po.r los cuarenta patacones de su avaLúo. 0- 40
Item se le adjudican cinco pesos en el caballo padrón de
dicha hacienda en 1que está avalua<lo. 0- 5
Item se le adjudican una barra de hierro en los seis pata-
cones de su avalúo y también está en el Juncal. 0- 6
ltem se le adjudica una hacha que está en el Juncal por los
dos pesos de avalúo. 0- 2
Item se le adjudica una pala de hierro que está en el Jun-
cal en los dos pesos de su avalúo. 0- 2
Itern se le adjudica tres machetes viejos que asimismo es-
tán en el Juncal en dos pesos. 0- 2
Item se le adjudican doce caballos de vaquería situados en
el Juncal a los seis pesos de su avalúo. o~ 72

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EL 1NDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 205

Ttem se le adjudican dos mulas chúcaras, que están en di-


cha Hacienda a los doce pesos del avalúo. 0- 24
Item se le adjudican cuatro potros en dicha Hacienda del
Juncal a los cinco pesos ry cuatro reales de su avalúo. 0- 22
Item se le adjudican quince patacones en los platanales de
dicha Hacienda, avaluados en treinta patacones. 0- 15
Itcm se le adjudican dos patacones en las dos casas de di-
cha Hadenda que están avaluadas por cuatro patacones 0- 2
Item se le adjudican diez ry ocho novillos situados en el Jun-
cal a Jos cinco pesos ele su avalúo. 0- 90
ltem ~ e le adjudican doscientos diez y siete cabezas de ga-
nado vacuno chico y grande situado en dicha Hacienda del
.Juncal a los tres patacones y cuatro reales de su avalúo. 0-1724
Item se le adjudican cinco patacones que además los tie-
nen Maleo Jiménez del resto de un capote. 0- 5

Que las dichas partidas suman y montan dos mil patacones, que
son los · mismos que se sacaron del cuerpo de bienes para adjudicar
a 1~> dichos Leonardo y Martín Verdugo quienes lo aseguraron a fa-
vor del capellán, que es y sería delante fuére de referida capellanía.
\' firmo en dicha ciudad el 23 de julio de mil setecientos cincuenta y
cuatro. (Firma)".

VI

Memorial elevado por los mandones de los pueblos de indígenas de San


Sebastián, Caquiona, Pancitará y Guachicono al Gobernador de la Pro-
vincia, pidiendo su intervención para lograr la suspensión de las leyes
de reparto. (Año de 1833. - Archivo del Cabildo de San S~bast:ián) ..

"S<'ñor Gobernador de la Provincia del Cauca.


Los mandones de los pueblos de indígenas de Caquiona, San Sebas-
tián, Pancitarñ y Guac'hicono, comprendidos en el ,Cantón de la ciu-
dad de Almaguer ante VS con debido respeto y conforme a derecho
decimos, que en cumplimiento de la ley sobre repartimiento de tie-
r..-as de indios, se nos !ha intimado por el Alcalde Municipal Segundo
de esta ciudad, que debía pasar a practicar el de las tierras de nues-
tro pueblo y en ésto emprender esta diligencia en los de San Sebas-

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206 JUAN FRIEDE

tián y Guachi cono la que no pudo ve.rificar por las dificultades... (ile-
gible);
"Pero hoy se siguen los derechos •que ya hemos reclamado y le man-
dan devolver, para evitar el perjucio que se nos causa, pero como . ..
(roto) se ha d~ ... (roto) el .que se cumpla la disposición de la ley, ocu-
rrimos a la piedad de VS. suplicándolo que, en vista de las razones
que vamos a proponer y de los conocimientos que le asisten de nues-
tra deplorable situadón ry demás circunstancias, que imposibilitan el
expre sado repartimiento, se digne él usar nuestra representación al
próximo Congreso por el conducto ... (roto) apoyándola con el infor-
me que estima de justicia.
·ms bi~n notorio, .que nuestros pueblos y los demás de este Can-
tón están situados en montañas y riscos, cuya mayo.r parte es suma-
mente estéril, no wlamente por ser terrenos de parámo muy rígido,
sino po¡· lo escarpado de éllos y por las muchas peñas áridas e inac-
cesibles qu<e contienen. También lo es, que los terrenos correspondien-
tes a cada pueblo no tienen mucha extensión, que los indios que los
habitan son bastantes en número y que tánto ·POr ésto, como por lo
que queda expuesto, nos ·vemos sumamente estrechos y reducidos a
cu1livar sólamentc aquellas partes de los referidos terrenos, que pro-
ducen algunos frutos, sin poder adelantar nuestras sementeras, sino
a Jo que permite la tierra fértil, las que por consiguiente son peque-
ñas y apenas producen lo más necesario, para nuestro escaso y ordi-
nario a limen lo y el de nue stras familias; y. . . (ilegible) que nues.tra
pobreza y mi seria es gene.ral, porque ni .h ay proporción de dar ensan-
che a nuestros trabajos de campo, ni de aumentar nuestras facultades
con crías de animales, por no permitir la estrechez y situación de los
terrenos , y si se ve alguna u ótra ca•beza de 1ganano vacuno o lanar, o
alguna otra bestia, wn en muy poco número, porque no tenemos tie-
rras abundan de cría s .
"Esta su. . . (roto) discreción, tan cierta como notoria, es demasia-
do suficiente, para .que se conozca, que si se llevará a efeto el reparti-
miento quedamos reducidos a un estado el más deplorable, que mul-
tiplicando nuestra pobreza, nos reduciría a la última .y acaso nos obli-
garía, para no morir de necesidad, a abandonar nuestros pueblos, para
mos hacer una labranza suficiente para nuestra subsistencia, ni criar
buscar en otras partes nuestra subsistencia, para no ver perecer nues-
tra fnmilin: porque ceñidos n los límites del corto (ped:~zo d~ tierra)

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EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 207

que se señale a cada úno, cuya mayor parte debe ser inútil, ni podre-
los animales precisos para nuestro alivio. Nuestros hijos, que si se ca-
san y forman nuevas familias, no tendnán ya en donde establecerse,
porque enajenados los terrenos no le quedará la libertad que ahora
tenemos de terminar sus casas y posesiones en aquellas pa;rtes más
útiles, que no están ocupadas por otros y se venán obligados a expa-
triarse para buscar subsistencia. A más de ,ésto nos veremos obligados
a experimentar la introducción de otras ,gentes en nuestros pueblos y
los perjuicios que a ósta son contingentes; para que destinándose una
parte de los terrenos para las comunidades en su división, es natural
que éstos elijan para sí lo mejor, que pongan en éllos su posesión, a
que las vendan a otros extraños, porque nosotros carecemos de facul-
tades para comprarles el ter:reno que les toque; a más de vernos pri-
vados con dolor de esta parte útil en que les toque y a más de vernos
privados con dolor de esta parte en que podríamos trabajar, experi-
mentaríamos muchas inquietudes y perjuicios.
'\podríamos . . . (roto) a•q uí otras razones que se presentan a la vis-
ta, que favorecen nuestro reclamo, pero las omitimos porque éllas no
escápanse de la penetración de VS ni de nuestros representantes en
el ,Congreso. de cuya benignidad esperamos que así contuvieren... d
procurar una felicidad para esta•b lecer la expresada ley, así también
procurar-á n el remedio de nuesrros males en vista ele las razones que
proponemos a manifesta;r, que es inaceptable en estos pueblos, cuyas
circnunstancias quizá no... (ilegible) prever. Por tanto humildemen-
te suplicamos, que se digne a ceder a nuestra solicitud por un efecto
de la notoria bondad con 'que se interesa para la felicidad de esta raza
rle los miserables indios que, destituidos de amparo y recurso, nos aco-
gemos a la protección de VS pa;ra que se compadezca de nuestra amar-
ga situación. - Almaguer, 26 de agosto de 1833 .
"A ruego del Gobernador de tCaquiona, 1Florencio Quinayás, Pedro
Nieto . A ruego de regidor de Caquiona, Julián Córdoba. El Goberna-
dor de San Sebastián. Custodio Anacona. El Gobernador de Pancita-
rá, Marcelino .Jiménez. El Alcalde de Pancita'l".á, Javier Palechor. Jo-
seph María Lupo, el regidor mayor de San Se•b astián, Silvestre Ana-
cona. El regidor mayor de J>ancitará, ,P ablo Jiménez. El Gobernador
de Guachicono, .Toseph Pani·q uitá, Alcalde, Valerio Palechor a nombre
de regidor mayor, Efraím Jiménez.
Fermín Cuspián. - Derechos ocho reales".

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208 JUAN FRIEDE

NOTAS BIBLIOGRAFICAS Y REFERENCIAS

Parte l. - Capítulo l.

a) Los archivos consultados para el presente trabajo fueron los si-


siguientes:
Archivo del Cabildo Indígena de San Sebastián, (Cauca).
Archivo viceparroquial de San Sebastián, (Cauca).
Archiv·o de la Notaría de San Sebastián, (Cauca).
Archivo de la Alcaldía de San Sebastián, (Cauca).
Archivo particular de Dn. Roberto Guzmán. Quinchan a, (HuM-a) .
Archivo de la Inspección Judicial de Santiago, (Cauca) .
Archivo parroquial de El Rosal (Cauca).
Archivo del Cabildo Indígena de San Juan, (Cauca.).
Archivo de Ita Notaría de Almaguer, (Cauca).
NOTA:-El notario. Dn. Primo Pino, conoce a fondo el archivo y pue-
de proporcionar valiosos datos.

Archivo particular de D. Lisímaco Muñoz, de Almaguer, (Cauca) .


Archivo de la Notaría de B olívar, (Cauca).
Archivo del Juzgado del Circuito, Bolívar, (Cauca).
Archivo del Cabil.do Indígena. de Caquiona, (Cauca).
Archivo del Cabildo Indígena de Pancitará, (Cauca) .
Archivo de la Alcaldía de La Vega, (Cauca).
Archivo Central del Cauca, Popayán, (Oauca).
NOTA :-El investigador y archivario, Dn. J osé María Arboleda y Llo-
rente. hombre de vasta erudición y de profundos conocimientos
de la historia de co:ombia, es autor de un catálogo descriptivo
del archivo c oloni·a.l, catálogo desgraciadamente inédito, que re-
presenta un magnífico manual de la historia de la Gobernación
de Popayán.

b) Antonio García, Pasado y Presente del Indio. - Bogotá 1929.


e) Laurentino Muñoz, Tratado elemental de Higiene, Segunda Edi-
ción . - Bogotá 1944 . Capítulo sobre la coca.
d) Luis M. Saénz, La Coca. - Lima 1924.
e) Joaquín García Borrero. El Huila y sus aspectos. - Bogotá 1935.

Digitalizado Biblioteca Nacional de Colombia


EL INDIO EN LUCHA POR LA TIERRA 209
f) Miguel de Garganta Fábrega. Noticia sobre la coca en el Occi-
dente Colombiano. - Revista de Historia. - Pasto 1942.
g) Tomás Maya M., Geografía del Departamento del Cauca. - Po-
payán 1924.
h) Cieza de L eón, Crónica del Perú. - Madrid 1922 .
i) Luis Duque G., Problemas sociales de algunas parcialidades in-
dígenas del Occidente Colombiano. - Instituto Indigenista de
Colomb~a.. - Bogotá 1944.
j) D. Tiberio López, San Agustín (Huila), puede proporcionar da-
tos valiosos sobre la región de San Agustín y su historia .

Parte l. - Capítulo 11.

a) Jaime Arroyo, Historia de la Gobernación de Popayán. - Popa-


yán 1907.
b) Juan de Caste llanos, Elegías de Varones Ilustres. - Biblioteca
Popular de Cultura Colombiana. - Bogotá 1942 .
e) Fray Gerónimo D escobar, Relación sobre el carácter y costum-
b,res d,e ~ indios en la Provincia de Popayán. ' - Archivo de
Indias.
d) Francisco Guillén Chaparro, Memoria de !os pueblos de la Go-
bernación de Popayán y cosas y constelaciones que hay en ella.
Bogotá 1889.
e) El Inca Garcilazo de la Vega, Comentarios Reales. - Madrid 1929.
f) Jorge Basadre, Historia del Derecho peruano. - Lima 1934 .
g) José V alega, El Virreynato del Perú. - Lima 1939.
h) Arcesio Guzmán, Monografía. del Distrito de Almaguer. - Bo-
gotá 1929.

Parte l. - Capítulo VI.

a) Memoria de los Virreyes, Edición Fuentes. - Lima 1924.


b) Aníbal Cardozo Gaitán, Gaceta Judicial de la Corte Suprema
de Justicia. - Número 1987. - Año 1942 .
e) José Maria Ots Capdequi, Estudios de Historia del Derecho es-
pañol en las Indias. - Bogotá 1940.

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210 JUAN FRIEDE

Parte l. - Capítulo VII.

a) José María Ots Capdequi, El Estado español en las Indias. - Me-


xico 1941.

Pu·te l. - Capítulo VUI.

a) Alfred Metraux, Le caractére de la con,quete jesuistique. - Acta


Americana. - Número 1, 1943.
b) Juan Friede, Los indios del Alto Magdalena, vida, luchas y ex-
tenninio. - Instituto Indigenista de Colombia. - Bogotá 1943 .

Parte 11. - Ca.pítu:Io IX.

a) Luis Eduardo Nieto Arteta, Economía y Cultura en la Historia


de Colombia. - Bogotá 1942 .

Parte 11. - Capítulo XI.

a) P. M. Ibáñez, E. Posada, Relaciones de mando de los Virreyes de


Nueva Granada. - Bogotá 1910.
b) Salvador Camacho Roldán, Escritos varios. - Serie tercera. -
Bogotá 1895.

Parte 111. - Capítulo l.

a) Germán Arciniegas, Los Comuneros. - Santiago de Chile 1940 .

Parte 111. - Capítulo. II.

a) Gerardo Ca-brera Moreno, La renta territorial en Colombia. -Re-


vista de la Universidad del Cauca. - Popayán 1943.

Parte m. - Capítulo IV.

a) Codificación Nacional, desde el año 1819. - Edición oficial .

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INSTITUTO INDIGENISTA DE COLOMBIA

Bogotá- Colombia, S. A. Apartado Nacional 11-43

PUBLI1CACIONES DE D'IVULGACIO~ INDIGENISTA

PUBLICADAS:

Friede Juan- "Los Indios del alto Magdalena" .


"Comunidades indígenas del Macizo Colom-
biano".
"El indio Em lucha por la tierra" - (Historia de
los resguardos del Macizo Central Colombiano)

Duque Luis - "Problemas sociales de algunas parcialidades


del Occidente de Colombia" .

García Antonio - "Bases para una política indigenista .

Cabrera Moreno Gerardo - "El problema indígena de-l Oau-


ca, un problema nacional" .

Hernández de Alba Gregorio - "El problema de un pueblo


nómada" .

]iménez Editb y Ocboa Blanca - "La política indigenista del


Perú".

Reichel Gerardo y Alicia- "Condiciones sociales de los in-


dios motilones" .

Milcíades Cbávez - "El problema indígena en el Departa-
mento de Ncm-iño".

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Este libro se acabó de imprimir
el día 11 de octubre de 1944 en
los Talleres G;ráficos Mundo al
Día, - Calle 14, Número 13-56.
Bogotá -Colombia.

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BIBLIOTECA NACIONAL OE COLOMBIA .,.
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BNCOI36694
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